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La antropología aplicada y su problemática

Esteva Fábregat, Claudio

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LA ANTROPOLOGIA APLICADA Y SU PROBLEMATICA Claudio Esteva Fábregat Universidad de Barcelona La Antropología! es una ciencia que tiene una amplia demanda social. Esta se manifiesta en un desarrollo creciente de su enseñanza, asi como en el número de adeptos y de profesionales que fi guran en sus nóminas y, por añadidura, en la ampliación constante de sus recur sos de investigación. Todo el apoyo que recibe de las institucio^s bernamentales y privadas en los países más avanzados es Parte del esfuerzo de promoción de la enseñanza superior para el estudio de pro blemas. Asimismo, es parte del concepto de que la Antropología contribuye positivamente al conocimiento del modo de vivir de los ^versos grupos de nuestra especie. Atmque es frecuente la deformación que mantienen algunos medios oficiales, e incluso académicos, acerca e o que puede ofrecer la Antropología, sin embargo es también cierto que en muchos de ellos se ha producido el convencimiento de que esta clase de estudios puede ser utilizada en la resolución de problemas sociales y en la orientación de cambios programados, como ocmre en la im^- mentación de políticas de desarrollo economico, de alfabetización de gru pos subdesarroUados y en campañas de higiene entre pueblos del Uamado Tercer Mundo. ^ ¿ • 4. Desde el último cuarto del siglo pasado la Antropología esta in e- , n , Antraoolosla para referimos al estudio del hombre mediante técmcas . iníStiSSff de campo. Se enüende que se ocupa del com^rtamlento y métodos empíneos especie en sus diversidades adaptativas en el espacio y en el de los individuos de nues^ 2 gma y variedades biológicas, así como el estudio, clasificati^po. Z S.rgrupos culturales. Dmtro del concepto de cultura y del SSdirdel compoíSdento social del hombre se integran la Etnología, la Arqueólo^ y la ^tumo .aei co P ,.nsos la Antropología Social, entendida por nosotros como una Sociolofas mites citadas. iT^rtienle del estudio biológico del hombre es el objeto de la Uamada ^^S'°AntronSS ApUcaSf Spone un desarrollo práctico de los conocimientos antropológicos en general a Ic^ cuales integra en un solo conocimiento. Fundamentalmente, se ocupa en la res(Sución 'de problemas humanos a nivel de grupos sociales y de poblaciones de proceso con trolado. Su einpleo suele ser soUcitado por instituciones gubernamentales o privadas. — 253 'ii'iSÍÍíií grada en el grupo de ciencias que se ocupan del estudio de regiones con formas de vida que, en contacto con las de cultura occidental, sufren grandes transformaciones políticas y que, por lo tanto, presentan pro blemas adaptativos y a menudo emergencias conflictivas. Mientras la Antropología es una disciplina que solventa problemas de teoría y de método relacionados con los estudios que le son propios, también se ocu pa de cuestiones que le son directamente suscitadas por solicitudes que le llegan de instituciones y personas que existen fuera del ámbito aca démico y que operan dentro del sistema económico que es parte del mercado de trabajo del antropólogo. Ahí es donde encuentran lugar las investigaciones de Antropología Aplicada. Dichas instituciones repre sentan para el antropólogo el lugar donde puede vender algunas de sus producciones intelectuales, producciones que, por lo mismo, tienen el carácter de una mercancía utüizada para propósitos prácticos. En cierto modo, esta antropología es considerada en los mismos términos con que se contratan los servicios especializados de uan agencia de publicidad o de una empresa de programación racional del trabajo. Las evidencias actuales indican un incremento de la demanda de antropología en tiempos de grandes crisis, como en la última guerra mundial hicieron algunas de las grandes potencias aliadas occidentales, y como lo hacen comúnmente países que tienen una problemática pluricultural, como los hispanoamericanos y los africanos. En estos últimos la demanda se concreta en estudios sobre reajustes étnicos a los siste mas políticos nacionales, alfabetización de grupos tribales, programas sanitarios, dietas e introducción de nuevas tecnologías. En todo este amplio contexto de intereses están ocupados millares de antropólogos por todo el mimdo. En cada país, cualquiera que sea su grado de evo lución, encontraremos antropólogos ocupados en la enseñanza, pero también los hallamos enrolados en centros de investigación, guberna mentales y privados, con estudios de amplio espectro entre los cuales fi guran los relacionados con programas de uso práctico. Con ser muy variados, estos trabajos tienen un estilo común: tienden a ser descrip ciones y análisis personales por medio de los cuales el antropólogo expli ca el modo de ser los diferentes pueblos que estudia. Es por lo mismo cierto que los antropólogos son leídos y estudiados por un número de personas cada vez mayor. Algunas lo hacen por curiosidad, pero otras se interesan vivamente por relacionar las conclusiones de los antropó logos con las suyas propias. Esta ponencia es, pues, ima presentación que tiene por fi n establecer gj porqué de la existencia de una Antropología Aplicada. Lo hacemos a partir del reconocimiento positivo con que son valorados estos tra bajos en muchos países, pero también nos acercamos a su problemática con ima perspectiva ciertamente crítica y valorativa. Admitida ya la particularidad del papel social de la Antropología, veamos cuál es el marco y el sentido que tiene para nosotros la Antropología Aplicada 2. 2. Algunas de las ideas que aquí expondremos han sido desarrolladas en mi libro Antropo logía Industrial, págs. 149-186. Véase, Bibliografía. 254 — Para ello es indispensable comenzar con el planteamiento de su fun ción como Antropología, esto es, como ciencia que estudia diversidades humanas y adaptaciones culturales dentro de sistemas de teoría general y de teorías particulares que, en cada caso, se ocupan de explicar al hombre y a los hombres en sus problemáticas específicas. Antropología para antropólogos y ciencias afines A partir de los presupuestos que acabamos de exponer orient^emos la problemática de la Antropología Aplicada conforn^ a a i ea de que ésta confronta dos niveles de acción, ambos apoya os, sm bargo, en formulaciones empíricamente verificadas. o En el primer nivel tratamos con estudios cuyo fi n propi , explícito, se dirige a representar un ámbito de 7_tadas a lisis que incluyen: a. Investigaciones puras o académicas terreno desarrollar o a probar alguna clase de teoría relevan e formade la solución de hipótesis operantes, a su vez deri"N^ b Tralización de resultados previos que se han considerado scu 'pódelos bajos de campo o investigaciones experimentales , í»tnocráficos etnográficos sueceptibles de reanálisis posteriores, ° cualitativa derique ¿ueden limitarse a ser una descripción vada de observaciones empíricas personales que su: publicaciones en ción o mejoramiento profesionales del antropo • ' y gg ¿[g revistas especializadas donde tanto la tern^o asimismo investigación tienden a una puesta al día de pro Seminarios suelen someterse a la crítica interna de la de carácter restringido que pueden tener por o je o^ i. Antroblema de la disciplina en función de la Antropo y P , • , pología. En este último ámbito se hallan los mveles de la docencia, lo congresos de la especialidad, los simposios y las reuniones para el planteamiento y resolución de cuestiones ¿ mismo desarrollo de confrontaciones periódicas ^ éstos con otros científicos puestos en relaciones tal sentido confrontaciones sobre asuntos convergentes "1"® nificar la formalización de alguna metodología especial o, s""?]®^^®' la elaboración de técnicas o de medios que conduzcan a corregir y mejorar los instrumentos de objetivación al uso. Lo que se hace ostensible en este planteamiento es el hecho de que cualquiera que sea el resultado de estas confrontaciones, se trata de estudios o de averiguaciones que se limitan a ser de^ antrapologia para antropólogos. Todo lo más puede ser de antropología para otros científicos que aun fuera de la disciplina antropológica, se mteresan por sus conclusiones y por su teoría, de la misma manera que, a menudo, nosotros nos interesamos por la información y por las cuestiones que resultan de los estudios especializados de otras ciencias más o menos afines. —< 255 Dentro de este primer nivel de antropología para antropólogos, lo que cada uno de ellos se juega es su prestigio personal puesto a prueba dentro de la misma profesión, lo cual significa que esta clase de inves tigaciones mantiene un espíritu de rigurosidad y de formalización desde luego más exigente que el que demuestran tener los estudios dirigidos a im público de ámbito general. Incluso esta clase de estudios, al ser estipulados para una audiencia antropológica o científica cuidan, sobre todo, de orientarse hacia la teoría de problemas, más que hacia la pre sentación o descripción simple de los mismos. Obviamente, éste es un prestigio que, por lo general, se cuida hasta el extremo de convertirse, en muchos casos, en la neurosis particular más ostensible de cada antro pólogo. Si hiciéramos un estudio de cómo funciona la profesión, desde el punto de vista psicológico y de las situaciones interpersonales, vería mos que los mayores niveles de ansiedad del antropólogo no se refieren al grado en que uno es aceptado o celebrado por el gran público, sino al grado en que uno es postulado, reconocido o rechazado por sus com pañeros de profesión. Es así evidente que la antropología ocupada en estudios de este nivel es una antropología de ámbito científico cerrado o para uso interno. Resulta ser así también porque, puesta en tales objetivos, su lenguaje no es tampoco muy asequible a las audiencias de masas; no usa im lenguaje convertible al sentido de los lenguajes que podríamos designar como de significación común o intercambiables. El gran público queda al margen de la actuación crítica de esta antropología, con lo cual aquí destacamos que los antropólogos que operan a este nivel desarrollan una función científica apta para sintropólogos y profesionales de cien cias hermanas. Al colocarse dentro de este nivel y al considerar el grado relativo de adecuación al lenguaje de una audiencia no especia lizada, el antropólogo no se esfuerza en ser comprendido por ésta. Pien so, por ejemplo, en los análisis especializados de parentesco, o de siste mas de descendencia, o de simbolismo cuyos vocabularios son altamente particulares a nuestra disciplina; y asimismo pienso en los lenguajes formalizados del estructuralismo, con sus tejidos de relaciones capaces de desconcertar a los mismos antropólogos no iniciados en los intrín gulis de las conversiones abstractas. Según eso, el alto grado de formalización alcanzado por algunos enfoques de la Antropología contemporánea se ha convertido en un obstáculo para que ésta pueda ser difundida y comprendida por públi cos no especializados, incluso reconociendo que es cada vez mayor el nivel de información obtenido por personas que no forman parte de la profesión. Con independencia del juicio que pueda merecernos el desa rrollo de métodos de formalización cuyo lenguaje es comprensible por una audiencia reducida, lo cierto es que se trata de una clase de teoría cuyos problemas tienden a ser solventados dentro del ámbito estricta mente interno de la misma Antropología. En otro sentido, su intencio nalidad es buscar la sanción o aprobación crítica de los grupos profeeionalmente constituidos dentro de la disciplina. 256 — Este planteamiento excluye, por lo tanto, la posibilidad inmediata de una verificación crítica conducida a niveles públicos, lo cual convierte a dicha Antropología en una disciplina constituida por individuos intelectualmente elitistas, orientados por un sentimiento, no siempre cons ciente, de grupo autosuficiente y, si se quiere, aristocrático. Es, como si dijéramos, un club de antropólogos que sólo tienen cosas que decir a los antropólogos. En tal caso, podríamos definir a este grupo como el de la Antropología del sentido no común, o lo que es igual, aquí debiéramos reconocer que estamos tratando de presentar una clase de Antropología cuya fi nalidad está constituida por el objetivo de analizar y explicar el testimonio antropológico dentro de la misma Antropología. El hecho de que esta Antropología reduzca su carácter a un ámbito altamente interno, no supone que con ello carezca de una voluntad in trínseca de ser, de algún modo, una forma de servicio social. Más bien podemos decir que en esta fase de su desarrollo su actuación es equi valente a una clase de investigación aplicada a soluciones de teoría y a discusiones de metodología. Se trata, en tal caso, de un nivel que se da habitualmente en todas las ciencias y que sólo puede ser comprendido en su estructura interna por aquellos individuos que las estudian como especialidad profesional. Siendo así, es obvia la legitimidad relativa de este nivel, e incluso es obvio que su existencia es indispensable para el desarrollo crítico de problemas que son la condición de su crecifniento, por lo mismo de su estructura teórica. Incluso es patente que Is Antropología Aplicada actual debe sus posibilidades de expansión gran peso ejercido sobre el conjunto de la Antropología por la teoría pura y por las investigaciones sobre metodología, en su mayor parte llevadas a cabo sin fi nalidad inmediatamente practica. Aunque el grado en que una ciencia es solicitada por el mercado de trabajo no constituye un índice absoluto de sus posibilidades sociales, es también cierto que sus progresos fundamentales deben considerarse asociados con el volu men relativo de su investigación y de su frecuencia experimental, lo cual significa que, en relación con estos últimos factores, cuanto mayor sea el número de los mismos, mayor sera el rendimiento que obtendrá en materia de modelos teórica y empíricamente más ricos que en el caso de un desarrollo experimental más reducido. Lo anterior implica que la demanda ejercida por el mercado de trabajo juega un papel altamente selectivo, a través también de la ofer ta relativa de investigación, todo lo cual contribuye a enriquecer sus opciones problemáticas. Asimismo, lleva a construir síntesis teóricas mas refinadas. En este sentido, el desarrollo relativo de la Antropología Aplicada como teoría de modelos etnográficos para la resolución de pro blemas prácticos, es una especie de desarrollo que podemos ubicar den tro del marco antropológico general. En esta su expansión hacia dicho campo se revela la vitalidad que puede reconocérsele como planificadora de acción social, esto es, como directora de una praxis o política enten dida a partir del valor de uso que puedan tener los modelos culturales en su explicación social. — 257 .'Ííií;, ^ygjqujgra quG sssi Is cliiii©iisioii sntropolo^ics qu© 3clopt©irios, ©s cierto qu© será independiente de su grado relativo d© popularidad. Para el caso la Antropología pura o académica constituye una disminución que es previa a una clase de desarrollo histórico que incluye el que sea aceptada como ciencia de problemas sociales para la aplicación de polí ticas específicas. D© ahí resulta qu© lo fundamental ©s considerar a la Antropología Aplicada dentro del marco mayor de la antropología general en lo que podemos llamar su capacidad relativa para abarcar el planteamiento de problemas históricamente nuevos en el contexto de la orientación social de la Antropología. El contexto de la Antropología es así un sistema de cuestiones puestas en forma de modelos teóricos que progresivamente van siendo eauipados con métodos y técnicas adaptados a las condiciones sociales de cada problema. De este modo, el que aparezcan nuevas posibilidades sociales o de aplicación de los conocimientos antropológicos, no es otra co^a que una expresión de posibilidades de la disciplina en orden a implementar un sistema teórico más rico que los anteriores. El desen- ^iv^ento de una antropología dotada de un mas amplio espectro volvimienw recepción social también mas amplia. Como coníecuenf^de'eu^ la antropología pura ha constituido una alternativa Sricamente prioritaria, en tanto su emergencia como investigación Smca refirió a una explicación del pasado -orígenes, evolución y SíSsiórde íormas o elementos culturalesa través, por adición a lo iraueológico, del estudio del progreso cultural de las sociedades pri mitivas contemporáneas. Pero en la medida en que estas sociedades pri mitivas constituyeron un problema político, religioso, economico o sim plemente social para las potencias europeas, coloniales, en esta medida se inicia la transferencia de la investigación pura a la investigación aplicada. Estos son hechos ampliamente conocidos y comentados, lo cual nos dispensa de más comentarios. Sin embargo de eso, la primera clase de investigación ha represen tado el mayor volumen de resultados habido en método y en teoría sobre variabilidad cultural, hasta que la Antropología ha pasado a ocu parse de las culturas actuales de nuestras propias socie a es, o por lo menos de aquellos estratos o secciones socio-culturales que le son de pendientes y que, de diversos modos, son presentadas como grupos con problemáticas adaptativas cuya resolución incide ^ propia con miuLd o cambio de cada sistema histórico. Este ° nes empobrecidas de las sociedades nacionales m • eos problemáticos, es evidente que requieren una conciencia an ropo ogica, no sólo económica, y conocimientos relativos, ® o, a a unción social de la teoría antropológica y de sus aplicaciones. Podemos aceptar como cierto, entonces, que la investigación pura o académica representa desarrollos históricos necesarios que han servi do para preparar una conciencia propia de sus posibüidades experi mentales, tanto como una posterior conciencia publica de sus ventajas para resolver problemas sociales. Por ello, para nosotros es obvio que 258 — lo importante de este desarrollo de aptitudes aplicadas ha sido el hecho de haberse procurado la Antropología ima teoría de su objeto y métodos y técnicas capaces de solventar las cuestiones emanadas de su teoría. Este es para nuestro enfoque un modo de legitiméir la actual posición de muchos antropólogos entregados a la tarea de implementar una direc ción socialmente aplicada de su disciplina, pero al mismo tiempo impli cando también el reconocimiento de que sin la existencia previa, y ahora simultánea, de una antropología académica, tampoco dispondríamos de una teoría suficientemente probada para abordar los problemas de ima Antropología Aplicada. Con esto en mente, la edificación de una teoría antropológica basada en el estudio de sistemas culturales cada vez más complejos, ha sido algo semejante al crecimiento y desarrollo de un organismo vit^ cuya madurez para adaptarse a su medio y transformarlo, como en^ el caso humano, sólo se alcanza cuando su experiencia social del ambiente ha sido diversa y de período adaptativo prolongado. Este es el caso de la Antropología. Su justificación para estar en el mundo de la política social o aplicada a la solución de problemas, se va dando a medida que propone una teoría bien experimentada de su objeto. Con tales supuestos el desenlace histórico de una teoría antropológica debe ser ^necesariamente el de una Antropología Aplicada. Asimismo, si los mé todos aplicados a esta teoría demuestran ser idóneos para absorber nue vos problemas, entonces se manifestará un desarrollo permanente de su organización y estructura, con lo cual presenciaremos una constante ampliación de su contexto aplicado. En todos respectos, sin argo, la Antropología Aplicada representa un desarrollo secundario e a an tropología académica; constituye, pues, una consecuencia del análisis de modelos etnográficos concernientes a países y a pueblos de diferente estructura cultural, que mientras no fueron causa de conflicto político y social para los intereses de las potencias coloniales dominantes, se limitaron a ser un objeto del estudio casi único de los antropólogos y la lectura de un público más o menos fascinado por las descripciones etnográficas. Ha sido precisamente a través del conflicto entre dominadores y dominados cómo parte de la antropología académica se ha convertido en antropología aplicada. Y así, una teoría del conflicto interétnico en el seno de sociedades pluriculturales, con grupos dispuestos según una estratificación evolutiva cultural y social diferentes, se ha convertido en problema de la Antropología, y tanto como ya lo era para los pode res políticos, ha pasado a ser parte de una antropología interetnica. Han sido, pues, los poderes públicos quienes han hecho de algunos antropó logos académicos, antropólogos aplicados. El desarrollo inicial de la Antropología Aplicada consiste, pues, en ser el desarrollo de la problemática del conflicto interétnico. Este desa rrollo ha significado la aplicación de técnicas ya tradicionales en la Antropología, pero asimismo ha obligedo a ciertos cambios de enfoque, entre otros, considerar focalmente más importante el estudio de la cul259 tura por sí misma y del medio en que se da prescindiendo de sus efectos en las personas de estas sociedades, en cuanto son dichas personas las que discrepan del nuevo statu quo, y son asimismo éstas las que reac cionan conflictivamente ante el poder o, por el contrario, se adaptan a él en términos de situaciones sociales específicas de la cultura. Estudiar la cultura en estas personas y sus instituciones y valores resulta ser, por lo tanto, para una antropología aplicada más importante que estu diar la cultura sin personas. Lo más significativo de este nuevo enfoque consiste, entonces, en el hecho de que la cultura no se estudia como una configuración formal cerrada, sino como una estructura dinámica o abierta por medio del in tercambio entre dominadores y dominados. En tal extremo, lo que se han estudiado son los problemas derivados más que del contacto y de la aculturación, del intercambio entre personas que, a través de sus respectivas maneras culturales de comportamiento, se han visto obli gados a efectuar relaciones sociales relativamente estables con valores de acción diferenciados. Aquí, entonces, la Antropología Aplicada ha emergido como una teoría de la implementación política del cambio y, por lo tanto, se nos aparece como una teoría de la problemática de las realciones sociales entre culturas diferentes, una de las cuales desen vuelve un rol dominante, en contradistinción con la otra que lo ejerce de dominada. A pesar de ello, el método de investigación del antropólogo ha continuado siendo básicamente el mismo: investigación de campo y re ducción etnográfica del comportamiento social de la cultura. Este es un nivel de actuación antropológica necesario, pues sin un modelo de la acción que es propia o característica de una sociedad o grupo étnico, difícilmente puede uno plantear un análisis coherente que explique el modo de ser de los individuos del grupo estudiado. Así, el valor del modelo etnográfico sigue siendo un paso previo de la investigación antro pológica, aunque en Antropología Aplicada la distribución de los diver sos fenómenos observados en el comportamiento social se ajusta a los énfasis del estudio, de manera que si, por ejemplo, estudiamos los efec tos de una política sanitaria sobre la salud de una población, en tal caso lo que procuramos es adquirir la máxima información intensiva sobre este punto y, asimismo, sobre las relaciones que el patrón de con ducta pueda mantener con otros sectores del comportamiento social de la cultura. En este caso, si lo económico es más importante que lo polí tico, o si la creencia predominante sobre enfermedad y salud es más significativa para la explicación del fenómeno que la forma como está organizado el sistema de parentesco, es indudable que el antropólogo aplicado trabajará intensivamente sobre el modelo etnográfico de los sectores que más importan a la resolución de su problema. El modelo etnográfico en la Antropología Aplicada Veamos, pues, qué sentido tiene el modelo etnográfico para la Antro pología Aplicada. Lo hacemos abundando en cierto modo en lo que es interés de la investigación antropológica. Para ello podemos confirmar el postulado de que ésta es una teoría basada en el estudio empírico del hombre como organismo animal que vive en función de su ambiente orgánico y de su organización cultural en forma de relaciones sociales con sus compañeros de especie y con los demás seres vivos. El ambiente orgánico y su organización social y cultural reactuan constantemente entre sí y se constituyen en causas mutuas de su adaptación y tr^sformación. La teoría general de esta acción resulta de la aplicación del método etnográfico comparado en su empleo de las monografías etnográ fi cas concernientes a sociedades diferentes, de manera que dicha teoría es un modo de generalizar las observaciones empíricas específicas. Esta capacidad relativa de generalización puede ser empleada para diversos propósitos, entre otros: a. Para estimular la resolución de pro blemas científicos; b. Para desarrollar explicaciones que contribuy^ a una mejor comprensión del comportamiento de nuestra especie, c. ^a establecer las condiciones en que los hombres se adaptan a sus c^ ras; y d. Para determinar el modo como se mo^fican sus adaptaciones y predecir, asimismo, las experiencias o reacciones que los hombres desenvuelven cuando son sustituidas unas técnicas por o ras, o cu^ o un cambio político o educacional trae consigo nuevas situaciones sociales y nuevas re actuaciones del medio sobre el hombre. En cada uno de estos casos, la Antropología se ® el cómo de la acción humana. Para ello se interesa explicar dónde y cuándo dicha acción tiene o ha tenido ^ ción científica primaria es clasificatoria y descrip iva. i 'bav tal caso, que el modelo etnográfico es la condición sin la jual no hay análisis antropológico, sin el cual serán a menudo incoherentes la ea^licación y la comprensión de las Lo que hacemos aquí patente es una representación de la "organización interna de la cultura. Po mismo, se propone integrar los elementos en sus relaciones, hasta cons tituirlos en conjuntos culturales" (cf. Esteva, 1969, 6 y ss.) Este modelo etnográfico actúa incluso en los casos en que no se describe minuciosamente el detalle cultural como, por ejemplo, cuando uno habla de su propia sociedad y pasa por alto muchos detalles por considerarlos ya conocidos. Es así frecuente que no se describa la acción de la propia cultura en una reducción etnográfica, precisamente porque de hacerlo así se considera comúnmente como una obviedad. En gran manera, pues, aunque muchos científicos sociales no lo usan de inanera formalizada, lo explican sin hacerlo evidente, esto es, considerándolo como tácitamente constituido. El modelo etnográfico se ha hecho necesario en la exposición de culturas diferentes, particularmente de las pri mitivas o muy extrañas a nuestras costumbres, porque esta descripción 260 — 261 . íM implica presentar los ingredientes o elementos a partir de los cuales damos explicación al comportamiento. Desde la perspectiva del antropólogo, la elaboración del modelo etno gráfico supone una observación empírica y personal de la vida social de los grupos humanos. Implica llevar a cabo el que llamamos trabajo de campo. Un enfoque que se proponga reconstruir la historia de una cultura no podrá depender únicamente de esta técnica de investigación 3, pero en su primera íormalización de la cultura el antropólogo usará sus propios materiales de observación contemporánea, hasta incluso recupe rar el pasado desde este presente, esto es, actuando metodológicamente en profundidad. En general, más que un proceso o diacronía de situa ciones, lo que el antropólogo describirá serán formas culturales de vali dez sincrónica, esto 6S, estructuras constituidas como un stdtu quo, lo cual es equivalente a la idea de un modelo etnográfico. Ocupados en el análisis de este statu quo, los antropólogos aspiran a determinar: a. Cómo es la cultura de un grupo humano, y b. Cómo se establecen las adaptaciones por medio de las cuales ciertos individuos se comportan de una cierta manera y cómo suelen reaccionar ante acon tecimientos específicos. En cuanto a un stdtu quo de la cultura, el mode lo etnográfico constituye a ésta en una estructura formalizada, esto es. formando un nivel cuya descripción anula las acciones individualizadas. Según eso, en un nivel etnográfico presentamos el cómo es o, lo que es igual, damos un diagnóstico. En tal caso, y mientras el modelo etno gráfico describe situaciones institucionalizadas, recurrentes, es también un modelo de predicción del comportamiento específico de la cultura del statu quo. En otro sentido, cuando el antropólogo se ocupa de cuestiones de aculturación, entonces estudia otra clase de statu quo: aquel que resulta de comparar un complejo cultural anterior con otro que ha resultado de un proceso de cambio o de transformación. La comparación de dos modelos etnográficos se constituye en un procedimiento necesario si aspiramos a tener control de lo que estudiamos, pues lo que observa mos en una contemporaneidad no es lo que fue estructuralmente la cul tura de ayer. De este modo, el modelo etnográfico siempre es, de algu na manera, una expresión de statu quo cultural, aunque la causa de toda modificación siempre asume un carácter histórico: es extraña a la misma estructura tradicional a través de algunos elementos nuevos. En tal caso, estructuramos dos formas de statu quo, o por lo menos partes de las mismas, la que fue y la que es, con lo cual la predicción de fenómenos es una función de cuán correcto sea el modelo etnográfico y de cuán correctamente hayan sido controlados sus variables individuales. Todas aquellas variables que entran desde fuera, que son históricas por que modifican el proceso interno, tienen que ser observadas como parte de un proceso, el de aculturación, pero sus resultados o sincretismos 3. Deberá recurrir a materiales escritos cuando los haya, a los arqueológicos y a los pro pios de la tradición oral, e incluso a los lingüísticos. 262 constituyen un statu quo etnográfico, el de la contemporaneidad corres pondiente al momento de la investigación. La predicción sólo puede llegar hasta este punto, o lo que es lo mismo: hasta donde alcanza el control. Es así evidente que cuEindo el antropólogo se interesa por el estu dio de un cambio cultural emplea de algún modo un método experi mental, uno según el cual se toma como punto de partida un statu quo cultural. A partir de la innovación operada en algún punto de la cul tura (por ejemplo, la introducción de alguna nueva tecnología, im cam bio económico o una ruptura del sistema político), el antropólogo estu dia medios y procesos, esto es, cultura y relaciones sociales, y hace sig nificativos los puntos en que se producen las nuevas adaptaciones, o sea, respuestas que en forma de acción aparecen como configuraciones para un nuevo estatus etnográfico. De esta manera, el antropólogo estudia el statu quo cultural desde la perspectiva del análisis de los elementos que son sincrónicos a su observación. Al adoptar un método de control sobre los pasos que siguen las transformaciones culturales y sus reac ciones sociales, en los individuos que llevan a cargo la acción, el antro pólogo se hace cargo de una metodología de carácter experimental. Esta metodología es Uevada a cabo por antropólogos interesados en estudiar la dinámica de los cambios culturales. En gran manera, quienes Se ocupan en la aplicación de programas dirigidos a controlar las dife rentes variables o alternativas que ocurren en las adaptaciones de indi viduos y grupos en relaciones de interacción, pueden considerarse inte grados dentro del campo de la Antropología Aplicada. Pero en orden a la consecución de sus objetivos, actúan conforme a observaciones cuyo medio de control supone la elaboración de un modelo etnográfico. Este es un paso previo a toda otra clase de predicción. En realidad, ésta fue la clase de integración a que se refería Malinowski cuando postulaba cuáles debían ser las condiciones en que debía operar el método antropológico. En este extremo, la ignorancia del valor positivo que tiene el nivel etnográfico del statu quo ha llevado a muchos antropólogos a confundir este medio descriptivo y analítico con la idea de que ésta debe ser la única fi nalidad del funcionalismo^. Quizá la más confusa de las actuaciones que se han dado en esta materia ha sido la del estructuralismo lévi-straussiano, cuando al reducir diferentes es tructuras etnográficas a la existencia de un principio inconsciente uni versal en ellas, ha destruido el valor del concepto de estructura histó rica adaptativa, psicológica y semántica, que tienen como propio los sistemas culturales y que se definen, en su singularidad, por sus res pectivas cualidades etnográficas. Según eso, el método lévi-straussiano destruye la interpretación histórica en su singularidad e ignora, por lo menos teóricamente y no en cuanto a información, el valor de la dia léctica del crecimiento social de la cultura, puesto que al reducir ésta 4. Una exposición de la problemática y de la crítica del funcionalismo la hemos formulado en Esteva, 1965. — 263 a principios generales, formalizados, la despoja de su explicación diná mica, de su evolución y de sus transformaciones históricas. En todo caso, es en el análisis de modelos etnográficos donde tienen virtualidad las posibilidades de la Antropología Aplicada. En este sen tido, si la solución de problemas teóricos generales en la Antropolgía viene dada por la comparación y reducción de los actos sociales en for mas de cultura, la solución de los problemas abordados por la Antropo logía Aplicada vendrá dada por el estudio interno o adaptación especí fi ca de los individuos de cada cultura, expresada en la forma de una singularidad etnográfica. Es entonces obvia la importancia del modelo etnográfico cuando aspiramos a interpretar las formas culturales, ya que son éstas las que nos permiten, a su vez, explicar los comportamientos específicos en sus contextos propiamente singulares, históricos y referi dos a estructuras básicas, esto es, económicas, sociales, políticas y reli giosas, y, en último análisis, semánticas y psicológicas. La intuición popu lar es, en este sentido, lo suficientemente concreta como para advertir que cada monografía etnográfica es, en sí misma, un documento cultural singular en el que se expresan las respuestas de cada sociedad a lo que son, eso sí, principios de actividad humana universales. La observación del statu quo histórico de cada cultura, su etnografía, es por ello el medio operativo de explicar cómo es la adaptación de individuos de nuestra especie dentro de una particularidad ecológica. Por estas razones, si entendemos que la conciencia social de cada problema antropológico presenta un fondo histórico, la interpretación de cada singularidad cultural se observa como una relación estructuralfuncional, de manera que con ambos en combinación es como puede abrirse una vía práctica de explicación para los cometidos de la Antro pología Aplicada. Este reconocimiento implica que cada antropólogo apli cado trata cada experiencia como un caso particular, como una etno grafía o singularidad que en su manifestación a través de las personas de una población nos proporciona también una singularidad psicológica. En tal caso, más que buscar una forma universal de cultura, el interés primario del antropólogo aplicado es encontrar una explicación social interna. Esta se encuentra en el estudio de las adaptaciones específicas y en las respuestas que proporciona el modelo etnográfico. Aquí es donde el relativismo cultural se expone como una experiencia particu lar de cada cultura, o sea, se explica como la expresión de los efectos que tiene cada proceso social específico en la formación de valores en los individuos que forman parte del mismo 5. 5. Algunos de los aspectos relacionados con la singularidad que es propia del relativismo los hemos expuesto en Esteva, 1957, 421 ss. 264 — CÓMO Y QUÉ ESTUDIA EL ANTROPÓLOGO APLICADO En la Antropología Aplicada se estudian relaciones de segmentos o conjuntos socio-culturales limitados, semejantes a un statu quo etnográ fi co, pero diferentes porque se tiene en cuenta el proceso de transfor mación de la cultura y de sus relaciones sociales, de manera que en tal caso se toman en cuenta variables estratégicas referidas a la producción del cambio sobre el statu quo y a las interferencias que dichas variables causan en la adaptación social tradicional de individuos concretos. Se comparan sincrónicamente la variable estratégica del cambio, digamos un cambio tecnológico, con la variable estratégica del statu quo, digamos el comportamiento social en términos de la variable tecnológica anterior sustituida. Tratamos, pues, con un modelo etnográfico pero referido a proble mas localizados; por ejemplo, dentro del marco de una empresa indus trial, o del desarrollo económico de una región, o de un programa de alfabetización, o de un cambio directo de instituciones legales. En tal caso, son objeto de estudio la cultura nativa en su comportamiento en términos de la variable estratégica considerada y el comportamiento de los miembros de la cultura de la innovación en interacción unos con otros. Se implica, en este sentido, que de algún modo ha habido inter cambio entre personas de cada grupo. De este modo, si es cierto que "el problema" en Antropología Apli cada suele radicar en algún aspecto de la cultura y del comportamiento social específico de una población, no lo es menos que el estudio y solu ción del mismo depende de que sean consideradas las diferentes rela ciones que intervienen en el proceso social de la adaptación o del rechazo de una variable. Por ejemplo, el comportamiento de los miem bros de una comunidad ante un programa de salud o de higiene implementado por algún organismo gubernamental forma parte de una ideo logía médica específica, pero también es parte de un sistema económico de seguridad relativa que, en ciertos casos, puede manifestarse en forma de desplazamiento de ansiedades centradas en una experiencia económica deficiente que se refleja en términos de una racionalización religiosa que explique la enfermedad de un modo subjetivo. Y por añadidura, tanto la racionalización como la forma económica son aspectos de una orga nización social y de una tecnología que en conjunto toman un carácter de ideología. En su resultado fi nal, éstas son configuraciones que pue den expresarse psíquicamente y determinarse a través de nexos axiológicos. Asimismo, si éste es un comportamiento que se funda en la obser vación del statu quo tradicional, también es cierto que la reacción ante el programa sanitario debe considerarse en función de la actuación mé dica de la cultura de los programadores que, en tal caso, se convierten en una variable estratégica del comportamiento de la comunidad nativa, y puesto que interfieren en el pensamiento de ésta provocan respuestas de carácter adaptativo específico. De esta manera, la reacción nativa no — 265 puede explicarse sólo en términos de la actuación de la ideología médica tradicional, sino, además, de la aparición de la nueva ideología y de su implementación social y material actuando como catalizadora de reac ciones que de alguna manera entran en conflicto con la estructura ideo lógica del sistema propio de cultura nativa. Es entonces evidente que un problema de Antropología Aplicada cruza por una amplia gama cultural, de manera que la actuación del antropólogo incluye la observación de varios subconjuntos o complejos culturales de una sociedad, para de este modo comprehender las varia bles del problema dentro de un sistema mayor. De algún modo, la selec ción de variables se constituye a partir, dijéramos, de un enfoque fun cional, puesto que las conectamos entre sí por su movimiento, las inte gramos en relaciones entre individuos que forman parte de grupos socia les, y como sea que la Antropología Aplicada se dirige a resolver pro blemas sociales, las cualidades psicológicas o reacciones de los individuos dentro de un proceso controlado constituyen una fuente de información fimdamental. Para que resulte así, lo que hacemos es observar a las personas en sus cualidades de personalidad y en el curso del desenvol vimiento de sus actividades sociales, conforme a su situación en el sis tema de rol-estatus, mientras que, al mismo tiempo, consideramos sus reacciones ante otros individuos en función del problema que interesa definir. No hay duda entonces de que si actuamos para producir una información que afectará a los miembros de los grupos estudiados, los fenómenos que hacen referencia a su situación y a las condiciones en que viven son especialmente significativos y deben considerarse como los medios de entender una dinámica del problema. Conforme a lo que decimos, la Antropología Aplicada establece no sólo un orden de problemas dentro de un tema central, sino también un orden de prioridades en materia de información estratégica. Una parte de su etnografía refiere al estudio de la organización cultural de la sociedad, sobre la base de concentrarse en los aspectos del problema que configura a los demás. Otra parte refiere a la distribución de roles y de estatutos, para de este modo hacer significativa la posición social de los individuos, y la escala relativa de sus adaptaciones, y por lo mismo los límites relativos de su actividad dentro de la estructura social. Y, fi nalmente, una tercera fase consiste en el registro y análisis de las relaciones sociales según los dos niveles anteriores, más la ideolo gía o valores que gobiernan dicha acción, para de este modo explicar los grados de socialización, realización o, en su caso frustración, de las metas de fi nalidad de la cultura en los individuos observados. En todo caso, este último extremo constituye una pieza clave para la interpre tación del comportamiento actual de los grupos humanos Las tres fases de esta reducción etnográfica deben considerarse como un proceso único formando un solo complejo de actividad. Sin embargo, cada una de ellas describe un nivel de realidad metodológicamente autó6. Conñ'óiitese nuestra posición ante el problema de adaptarse el individuo en las metas de fi nalidad de su cultura, en Esteva, 1973 a, 117 y ss. 266 — nomo y que corresponde, respectivamente: 1. A la forma y estructura de los contenidos de la actividad; 2. A las relaciones o actividad de los contenidos en individuos concretos; y 3. A los efectos de ambos nive les en la estructura de personalidad o psiquismo de los individuos especificos del sistema. En última ins,tancia, lo que el empleador de antro pólogos aplicados suele desear saber es el qué es (la etnografía o modelo social de la cultura), tanto como el cómo es en forma de expectativas de comportamiento más probable; pero particularmente, lo que a menu do se le solicita es el qué debe hacerse con el qué y con el cómo, para de este modo considerar las expectativas de la acción y establecer en el grupo social estudiado un determinado tipo de motivaciones adaptadas a un fi n, el del empleador, y con ello alcanzar un grado de control suficiente sobre la realidad social que se produce a partir de la actua ción de las variables estratégicas. Es importante entender, por eso, que si estas políticas van diri gidas a conseguir determinados tipos de comportamiento en las pobla ciones que son objeto de esta Antropología, será decisivo saber como es la estructura de los contenidos que en términos de su acción pro vocan en los individuos una determinada conciencia sobre la realidad y un conjunto de reacciones que suponen, a veces, una vuelta al pasado, y otras, una reorganización de su orientación básica sobre el sistema social. En cualquier caso, se trata de construir un modelo que suponga conocimiento de estas reacciones y de sus variables. Esta orientación antropológica de estudio de problemas incluye, en tonces, un cuarto nivel: el de las socializaciones, o sea, el que registra el modo como se transmite la información adaptativa en los individuos, la educación para la acción, y, en definitiva, este cuarto nivel se ocupa del sistema de autoridad que las impone y hace psicológicamente desea bles en los diversos individuos que forman el sistema social. Este es un nivel psicológico-cultural, en el sentido de que se interesa por el modo como se internaliza en el individuo la experiencia social a través del aprendizaje y de la identificación con modelos e imágenes de personas poderosas y cómo, además, se desarrolla una estructura de personalidad ajustada a los requerimientos del carácter social. En cada una de estas experiencias se expresa el modo como la estructura social, en sus ppectos de rol-estatus, define las posibilidades sociales de cada individuo dentro del contexto social. En cierta manera, estas observaciones equi valen a determinar la estructura de las adaptaciones sociales y ayudan al antropólogo a formarse criterios relativos a la psicología adaptativa del grupo. El estudio de estos procesos permite contemplar los síndro mes derivados de la acción de la cultura sobre sus sujetos y las reac ciones y actitudes que éstos forman bajo determinadas presiones inter personales. Es así notorio que el antropólogo se interesa por la dialéctica cul tura-grupo-sociedad-individuo, entendiendo que la primera categoría se manifiesta en forma de reacciones individuales, psicológicas, o sea, como organizaciones subjetivas de las tres primeras. Esta dimensión dialéc- — 267 tica refleja la actividad del programa social que es cada cultura: nos dice cómo es la cultura de un grupo o de una comunidad regional en términos de los intérpretes dinámicos de la misma, las personas. Si la elaboración de un modelo etnográfico del problema constituye ima con dición indispensable para situar correctamente el proceso, es también una necesidad relevante integrar este último dentro de resultados psi cológicos, tanto como materiales y sociales. Lo que observamos, pues, son relaciones entre personas que, como tales, representan sistemas de cultura distribuidos por medio de una organización social que, por lo mismo, conecta entre sí a las diversas variables, como son el habitat, el lenguaje, la economía, la tecnología, el parentesco, la familia, el matrimonio, la política, la religión, los valores, la estética y el ocio, el deporte, los tipos de personalidad, y otros subconjuntos culturales que son el sustento de la.s explicaciones antropológicas. Este es el nivel propio del statu Quo visto en su actuación intrínseca o por sí mismo, y considerado dinámicamente en función de las variables estratégicas que lo interfieren y que lo modifican hasta transformar la adaptación, con virtiendo el statu quo en una variable de síntesis dialéctica. Son así dos statu quo constituyendo un proceso nuevo, una historia. Traducida en trabajo experimental de campo, el antropólogo se ve obligado a identificar problemas de proceso y a implementar recomen daciones sobre cómo solventar las dificultades de un programa, o sim plemente determinar cómo debe ser la acción social dentro del grupo estudiado. Como ejemplo de su rol específico como antropólogo aplicado, veamos de qué se ocupa. Si la cuestión es considerar las posibilidades adaptativas de un cambio en la realidad social de una población, el caso se presenta como una teoría verificada de aculturación en términos de individuos concretos puestos en relaciones sociales. El cambio dirigido consiste, pues, en alterar la orientación del sis tema cultural (cf. JefiPreys, 1956, 723) y es aquí donde intervienen las habilidades del antropólogo en orden a lo que podemos designar como arte de programación de una nueva conciencia de la realidad. Este arte o política social se enfrenta con dos problemas principales: 1. Con el ocasionado por el rompimiento o fi sura, según la importancia o fuerza relativa del impacto, de la estructura social; y 2. Con la readaptación inevitable de la personalidad a nuevas organizaciones cognitivas. Aquí puede reconocerse que en la Antropología Aplicada el antro pólogo influye sobre el proceso que estudia, de modo que los problemas de que se ocupa deben ser planteados desde la perspectiva de una obser vación participante. Dentro de esta perspectiva, para el antropólogo la predicción de resultados o de comportamiento debe considerar que una vez implementado un cambio, éste se convierte en causa de otro. Mien tras puede reconocerse que un cambio causa nuevas situaciones, éstas 268 — como efectos causan otras actuaciones. Esto es parte de lo que el antro pólogo debe intentar demostrar. Conforme a este enunciado, nos encontramos con que el antropólogo aplicado se ocupa del estudio de factores intrínsecos que serían los que forman parte del proceso normal del sistema en estado de cambio, como son: 1. El mismo antropólogo; 2. El grupo de acción del programa; 3. Los percipientes del programa; y 4. El grupo observado en su tiempo y su proceso. Estos factores pueden ser modificados o pueden estar con dicionados por otros de carácter extrínseco, como serían la intervención de nuevas variables, entre otras la atracción de grupos extraños a la comunidad, ajenos a la predicción primaria y que actuarían, por ejem plo, como vendedores, o como militares, o como profesionales, pero en este extremo constituyendo nuevas variables al margen del proceso ini cial. Estos factores extrínsecos representan variables aleatorias y poste riores. Sus efectos específicos no pueden ser previstos hasta que no se constituyen en el proceso. Sin embargo, son causales y obligan al antro pólogo a considerarlas como una expectativa secundaria. Algunos de los principios proclamados por los diferentes antropó logos que se dedican a esta clase de investigación, pueden aceptarse como válidos porque se ajustan a teorías experimentadas, como cuando se dice (cf. Erasmus, 1959, 387) que una política a largo plazo no suele recibirse con entusiasmo por las poblaciones primitivas, como tampoco por las campesinas. Según eso, para producir dicho entusiasmo o acep tación, es indispensable desarrollar resultados tangibles. Por ejemplo, una nueva semilla que aumente la producción será inicialmente bien recibida, y puede que no lo sea una técnica nueva de protección del suelo, en la medida en que los efectos de ésta no seráin inmediatos (Ibid.). Si dicha protección incluye, asimismo, la necesidad, digamos, de evacuar una población determinada de su territorio ancestral, para de este modo dar tiempo a que se produzca la regeneración biótica del sistema ecológico, entonces es probable que sea mayor la resistencia del grupo sujeto de la innovación, precisamente porque, en tal caso, intervienen factores emocionales cuya fuerza de conflicto puede ser for midable. Lo mismo es válido para las políticas sanitarias aplicadas a poblaciones económicamente atrasadas. En éstas, por ejemplo, una cura espectacular es más eficaz para convencer al grupo social, que una polí tica de prevención de enfermedades (Ibid, 388). En tal sentido, es dable pensar que las poblaciones afectadas tendrán más confianza en im indi viduo o en una entidad que cura, que en uno que previene. Las soluciones empíricas o inmediatamente evidentes, son más fáci les de introducirse que las empíricas a largo plazo. Y por añadidura, no basta la expectativa de que se vaya a producir más cantidad de xma determinada mercancía o artículo para inducir a una población a que adopte otra técnica. Sin el conocimiento de estas particularidades sería difícil entender las reacciones indígenas al programa. En un caso, por ejemplo, Erasmus (Ibid., 390) cita que en Nuevo México se introdujo un maíz híbrido que producía el doble que el cultivado hasta entonces. — 269 es fundamentar cómo debe ser el rol político del antropólogo. Para eso, vemos a éste como un factor importante en el proceso que puede influir en el crecimiento de la capacidad de objetivación crítica de la propia realidad por parte de los grupos afectados por un programa y por la información provista al mismo por el antropólogo. Desarrollar la conciencia crítica de las poblaciones afectadas por un programa es equivalente a desarrollar en ellas un conocimiento cons ciente de su propia realidad. Por lo mismo, es equivalente a producir una antropología racionalmente humanista. El objetivo último del an tropólogo aplicado será, en tal caso, producir una triple realidad de participación social: 1. La del antropólogo interpretando el sistema cultural puesto en acción social y visto en sus efectos sobre el grupo humano. Esta será una descripción objetiva de la situación y curso de un problema antropológico visto como problema de ciertos grupos hu manos; 2. La del grupo que implementa recursos para una acción social y que usa el conocimiento del antropólogo como un instrumento de dicha acción. Esta puede ser reconocida como una variable ejecutiva depen diente de las reacciones de la población manipulada; 3. La del grupo que vaya a ser manipulado, que por serlo pasa a ser el sujeto de la información. Al comienzo del estudio antropológico, este sujeto se halla en situación de ignorante objetivo de su realidad manipulada. El carác ter de la responsabilidad del antropólogo visto en sus relaciones con esta población, incluye el intercambio social entre uno y otra. Es en este contacto donde consideramos está el núcleo del problema ético que asume el antropólogo en tales condiciones. A nuestro entender, la cues tión consiste en desarrollar en la población involucrada una conciencia de su realidad presente, a la vez que una conciencia del proceso que deberá llevarle a otra realidad, la que resultará de las consecuencias del programa. Así, el antropólogo aplicado trata con dos niveles de acción: 1. El del grupo programador, y 2. El del grupo programado. En cada caso, el antropólogo aplicado fi ja su responsabilidad ética dentro del propó sito humanista de producir una conciencia objetiva del problema en ambos grupos. La triple realidad a que hacemos referencia es un domi nio de la teoría antropológica, entendiendo que esta teoría se interesa por un modelo o sistema de relaciones en cuyo análisis se integran el antropólogo, el grupo programador y el grupo percipiente de ambas influencias. Los tres protagonizan el proceso y los tres participan de una dinámica social en la que pueden incluso intervenir tres culturas. Gran parte de los problemas éticos que confronta el antropólogo en sus investigaciones aplicadas son de ideología personal, en el sen tido de intervenir a menudo una reflexión que tiene su centro en la pregunta de hasta qué punto es, comparativamente, mas legítimo un modo de vivir que otro. Y por lo mismo, hasta que punto la interven ción del antropólogo coadyuva a determinar nuevas situaciones sociales, incluidas la reorganización de la estructura social y de la personalidad de los individuos sujetos a un programa. Como punto de partida se entiende aquí que es buena la instrumentación de una tecnología que aumente la productividad material y el nivel de consumo de una pobla ción, pero asimismo postulamos que si la transición que conduce hacia dicho objetivo amenaza la integración del ego social en el individuo, entonces debemos reconocer que ésta es ima parte del proceso que debe mos procurar impedir que se produzca, a menos que exista una deter minación consciente de riesgo por parte de los grupos implicados. Advertimos en la posición actual de los antropólogos aplicados un predominio del sistema teórico de proposiciones, junto con una relativa mente pobre advertencia de responsabilidades en lo que concierne a las consecuencias que pueda tener la manipulación de sus informaciones. Es cierto, en este sentido, que el antropólogo suele resistirse a la idea de tener que manipular el destino de las poblaciones que estudia, puesto que no se considera a sí mismo un político y porque, ademas, en mu chos casos, no quiere contribuir a cambios con los que no se identifica ideológicamente. El antropólogo tiene la conciencia de que sólo el polí tico se justifica como manipulador de personas. Sin embargo, y a des pecho de la repugnancia con que suele enfrentarse a la solicitud, pública o privada, de convertirse en artífice y ejecutor de acciones de manipu lación social, lo cierto es que los objetivos prácticos de su teoría se mantienen implícitos en el mismo contexto de su análisis predictivo, como cuando afirma que si se dan ciertas condiciones, se producirán ciertos fenómenos o resultados. El hecho de que la Antropología Aplicada se sobreponga al postu lado estrictamente empirista del trabajo de campo, y el hecho de que, por añadidura, trate de constituirse en una ciencia de diagnóstico, y de pronóstico de lo que será la acción social, no obsta, empero, para que en la mayoría de los casos se sienta ciertamente culpable ante sí misma cuando el curso de su desarrollo histórico se ve a menudo con la misma política de los intereses coloniales, y cuando, en otros casos, es solidaria de la acción de estados nacionales esforzándose en intentos de asimila ción étnica de sus minorías nativas, como ocurre con las llamadas polí ticas indigenistas de algunas naciones americanas. En gran manera, la conciencia de que esta pérdida de identidad étnica, por parte de los grupos indígenas, es un proceso irreversible, se usa como un recurso que sirve para descargar de responsabilidades morales al antropólogo, asumiendo, por contrapartida, la compensación de unos beneficios eco nómicos, sanitarios, educativos y tecnológicos que se identifican con el progreso material y con la adquisición de un nivel intelectual superior al que se poseía al comienzo del cambio. Ciertamente es así, pero también lo es el hecho de que, a menudo, tales progresos suponen la alienación política y étnica de estas pobla ciones cuando, como es también común, son demográficamente pequeñas e incapaces de oponerse con sus medios a las manipulaciones de que son objeto. Estas son ocasiones de conciencia culpable por parte de algu nos antropólogos, aunque también obra en favor de éstos la convicción de que su influencia relativa en tales programas puede ser positiva por282 — 283 que, al contribuir al bienestar material y a objetivar el mismo proceso de transformación histórica de la estructura social y cultural del grupo indígena, ayuda a desarrollar una estructura más progresista. No hay duda de que así ocurre cuando el esfuerzo del antropólogo se dirige a mejorar dichas condiciones, pero cuando además dicho esfuerzo reporta la alienación de la identidad política del indígena, está igualmente claro que al mismo tiempo, el antropólogo actuará de alguna manera iden tificado con la ideología política del programa y de su implícita absor ción étnica del indígena. En tales casos, es difícil discernir en el hu manismo supuesto en la implementación de un progreso material una justificación suficiente, si en todo caso fundamos nuestro humanismo, además de en el logro de un mejoramiento individual, en la idea de todo proceso de cambio dirigido racionalmente no debe atraer la nrogramada de la identidad étnica y de la integridad del ego por parte del grupo que es objeto de la manipulación. Al considerar los programas de desarrollo económico modernos como . ¿ manipular poblaciones, el problema del antropólogo consiste ^ Mír hasta qué punto debe advertir al grupo manipulado acerca en „_gcuencias objetivas, y hasta emocionales, de su situación en de las con material que se le implementa. Asimismo, si todo el marco aex gg equivalente a una creación de situaciones programa a condición para advertirlas es una responsa antropólogo y, en tal caso, como humanista está obUgado a bd,dad del an facerlas conscientes a la totalidad udorroarlas P as contexto social y étnico de que se ocupa, o a partes signi ^ proyección política de la información En tales^ „ análisis explicativo determina una conciencia objetiva antropológica: situaciones del proceso en su perspectiva humana de las conc^cione verdadera configuración ética del problema. que es en de^ ^ destacar, entonces, que cuando el antropólogo actúa í^ evidencia r o o ejecutor de programas racionalizados a través de su como convierte en un manipulador de personas, y por 1= investigación, se convmr P r ^ tivista necesariamente condenable, no obstante, en la medíl r iTr^enrS posteado de la defensa del ego indígena"^:^^! m^üpulado, en dicha medida exhibe una ideología de ciencia fi n humanista, puesto que al contribuir a la pérdida obS i^We dicho ego, contribuye también a reforzar las políticas del poder tn su proyección social alienadora. Antropología ideológica Al incidir sobre lo que un antropólogo suele hacer en esta clase de investigaciones y al considerar la clase de pronóstico a que acuden SUS datos, planteamos dos cuestiones: 1. ¿Se trata sólo de saber qué 284 — ocurrirá al reconocer que la combinación de ciertos elementos es una condición para que se produzcan determinados acontecimientos? 2. ¿O se trata de saber, además, cómo manipular dichos elementos para así impedir que se produzcan dichos acontecimientos? En la primera cuestión nos enfrentamos con procedimientos de ob servación a nivel experimental, donde el carácter del problema refiere a hacer significativo el sistema cultural. Por ejemplo: si la aplicación de una mejor tecnología agrícola supone la reducción de la fuerza de trabajo empleada en la agricultura, ¿qué clases de cambios se definirán en la estructura social y qué clase de reorganización de la vida cotidiana resultará de las adaptaciones personales a nuevas formas de cultura? Este nivel experimental está básicamente referido: 1. A cuestiones de aculturación; 2. A cuestiones de readaptación social (contracción de ima clase de mercado de trabajo, como es el directamente aplicado a los cultivos, y ampliación de la estructura ocupacional proporcionándole una mayor diversidad funcional); y 3. A cuestiones de personalidad, puesto que se han modificado ciertos puntos de los sistemas cultural y social. Esta aculturación supone una información que hace evidente el valor del método experimental, ya que por este medio se revelan las condiciones en que se reorganizan las diferentes estructuras del sis tema particular que representa esta clase de acción. Un segundo aspecto del problema consiste en que la objetividad con que es presentada la reahdad puede llevar aneja la definición de otros acontecimientos, como son, especialmente, los grados en que estos cambios provocan conflictos entre grupos, y hasta que punto los desequilibrios provocados por frustraciones individuales o de^upos ori ginan una dialéctica de cambios en el statu quo lo suficientemente enérgica y agresiva como para amenazar la integridad de los mdividuos implicados O en otro caso, si la derivación del conflicto supone también poner en causa la estabüidad relativa del sistema de poder tradición^. De este modo si por un lado tenemos un fenómeno psicológico (el de la desorganización relativa de la personahdad y sus correspondientes intentos adaptativos para su reorganización), por otro se habra desarro llado un proceso poUtico, puesto que estamos considerando la sustitución del poder anterior por otro nuevo. La significación apUcada de este acontecimiento implica que mien tras por parte de la población observada se carece de las ventajas objetivas que puede proporcionar la información antropológica, en cam bio por parte del empleador del trabajo antropológico existe el bene fi cio de dicha información. Por lo tanto, mientras el primer grupo actúa como una fuerza ciega abandonada a sus propias intuiciones e impulsos, el segundo grupo actúa como una fuerza dialéctica inteligentemente orientada y por ello disponiendo de una mayor capacidad de control sobre la realidad social. Es notorio que el antropólogo aplicado está en condiciones de tener una conciencia clara del alcance de las ventajas que su conocimiento procura a los empleadores o instituciones que han contratado sus ser- — 285 vicios en cuanto al poder implícito que obtienen frente a la incons ciencia del grupo que puede ser objeto de una acción por parte de dicho poder. Es evidente, en tal caso, que la posición ética del conoci miento antropológico es neutral, pero no lo será relativamente nunca su utilización social. El fi n del conocimiento es siempre equivalente al de los mismos fi nes del poder; dominar la realidad por medio de las ventajas de la información. Aquí es donde la Antropología Aplicada se convierte en problema codal del mismo conocimiento antropológico. Si este conocimiento no estuviera impHcado en la dialéctica del poder entendido como dominio obre la realidad, uno no tendría dificultades para entender que toda objetivación es evidentemente neutral, pero el hecho de que toda trans formación objetiva de la realidad deriva de las ventajas obtenidas por arte de qiüenes poseen la información, y el hecho de que dichas ventaiac suele ejercerlas el statu quo político, o los grupos dirigentes que su mayor desarrollo social y económico programan la innovación a sus fi nes, hace que los supuestos de neutralidad se va oor su mayor f-o la readaptan a sus fi nes, hace que los supuestos de neutralidad se ven gan abajo, ya que la información antropológica jugará el papel de una üiformación que dota de sus posibUidades al grupo que la obtiene más que al grupo que carece de ella. dimensión etica a que nos referimos existe en el antropólogo bajo la forma de que, con independencia de su capacidad científica, su Dosición como profesional de una disciplina humanista le sitúa dentro de la órbita de un conocimiento comprometido con su sociedad. En su la Antropología es, por su misma definición la disciplina moralmiñte más obligada a una responsabilidad con el hombre mientras que iT^tronología Aplicada lo está especiflcanaente con los mdividuos de ÍLl^clSadei a que, por manipulación, puede afectar su conocimiento. Fn térros de la utUización de este conocnmento por un grupo social ^hiet!v^ente "informado", un antropólogo aplicado puede producir inSlmente consecuencias sociales^ Esto es, puede contribuir a desarroUar una nueva realidad social rendad que mientras esta siempre latente "^¿ posibilidades de una hipótesis y de su ^smo desarrollo teórico M f¿ción real en una sociedad depende de decisiones ejecutivas qué « impíementan por grupos de poder o de prestigio capaces de produ"¿ te modificación del sistema en su statu quo. Al considerar el modelo etnográfico como un exponente del statu ■~,tural no dejamos de pensar también que la resolución de nro ^reVaf sociéles por parte de la ^tropología Aplicada presenta'"^ csScter de statu quo en otro sentido; en el de que en la mayor parte de los casos, y en la medida en que se trata de conocimiento para producir determinados resultados, la Antropología Aplicada es también un servicio social. Esto es, si el antropólogo aplicado trabaja para una insti tución, gubernamental o privada, lo que hace es contribuir al statu quo de la institución, aunque la implementación de un programa persiga el objetivo de mejorar o de cambiar las condiciones de vida de una población. Sin embargo, ocurre que, en cualquier caso, hay instituciones 286 — que operan sobre la base de mejorar materialmente a ima población, y hay otras, en cambio, que además se ocupan de modificar su estructura social. Las primeras son conservadoras de lo político y de lo social, mientras que las segundas lo son sólo de lo primero. Las primeras son conservadoras estructurales; las segundas son progresistas estructurales. Asimismo, hay políticas sociales dirigidas a solucionar problemas de poblaciones diferentes que viven fuera del marco estrictamente na cional; y hay otras que se aplican a poblaciones propias, que aim siendo étnica o culturalmente distintas, son parte del mismo Estado y de los mismos límites geográficos, y son poblaciones consideradas por dicho Estado como propias. Las primeras pueden alinearse dentro del concito de estados nacionales basados en una metrópoli dominante sobre pobla ciones situadas en otros continentes; las segundas pueden ser as que entran dentro del concepto de estados concentrados pluriculturales. De esta manera, la Antropología Aplicada tiende a operar en muchas situaciones, por lo cual su teoría de los casos puede variar porque en el caso colonial debe predominar la teoría histórica de la dominación externa, mientras que en el segundo prevalecerá la teoría de la inte gración o de la asimilación interna. En cada caso puede darse progre sismo material y cambio estructural, pero puede faltar en una lo que le sobra a la otra: sentido de unidad nacional. Este sentido se acoge a la idea de estados sin colonias, pero con poblaciones internas pluricultu rales unidas por una estructura política común. En cambio, los estados con colonias no tienden a formar una sola nación con estas, de manera que mientras la metrópoli forma una unidad política de proceso común a todas sus poblaciones, las colonias suelen tener procesos desfasados y se gobiernan por alguna clase de estatus diferente a la metropoh. Por lo mismo, dicho estatus es también una evidencia de que las expecta tivas históricas y los sentimientos de un destino común entre la metropoli y las colonias tienden a mantenerse también diferenciadas. Dado el carácter de estas estructuras gubernamentales, la antropo logía aplicada a los problemas que se presentan en las poblaciones enmarcadas en tales sistemas políticos se ocupa de cuestiones que, en cualquier caso, están orientadas al estudio del mantenimiento del statn quo del poder aun cuando la problemática refiera a la implementación de algún progreso en las formas de vida de las poblaciones imphcadas. La diferencia de problemática puede estar dada en el hecho de que mientras las etnicidades colonizadas tienen un estatus cultural menos evolucionado que las metropolitanas, las etnicidades internas o situadas dentro de los límites de una misma continuidad geográfica tienden a formar parte de una cierta tradición cultural común, incluso existiendo desfase entre los logros evolutivos particulares de cada una respecto de la otra, y con frecuencia presentan el carácter de un conflicto político caracterizado por sentimientos de unidad política forzada o falta de consenso, como ocurre en muchos estados modernos, o simplemente se nos ofrecen, como en la mayoría de las naciones modernas iberoameri canas, constituidas en forma de estructuras pluriculturales, no sólo dife- — 287 ..—i renciadas étnicamente, sino asimismo diferenciadas en su desarroUo evo lutivo, de manera que mientras unas presentan el estatus propio de las sociedades industriales modernas, en el extremo opuesto encontramos otras que pueden considerarse primitivas. Dentro de este marco encontramos, pues, poblaciones que en el progreso evolutivo de la cultura han desarrollado estructuras y mate riales más sencillas que otras dentro del mismo Estado nacional. La antropología aplicada a estas problemáticas resulta ser, así, de orienta ción diferente porque los objetivos gubernamentales se dirigen a con seguir fi nes también diferentes, pero en todos los casos el mantenimiento del statu qyuo politice es una condición impuesta al antropólogo en cuanto refiere a la resolución del problema específico. Estos mismos principios pueden aplicarse a los casos en que el antropólogo se ocupa de estudiar y resolver problemas de alguna em presa industrial, o de cualquier otro tipo. El obietivo siempre es el mismo: mejorar la eficacia de la organización y de su sistema de rela ciones sociales para asi asegurar su estabilidad, esto es, para mantener el statu quo político o del poder industrial o burocrático, cualquiera que sea la clase de cambio que se quiera producir en sus estructuras internas. . j uNo necesariamente son siempre estudios sobre efectos de cambios o control de los mismos lo que se quiere del antropólogo, pues en algu nos casos puede que la acción de su conocimiento se limite a saber el porqué de una determinada actitud en ciertas relaciones sociales o en contrar explicación a una determinada ideología en el comportamiento de un grupo respecto de la producción o respecto de otro grupo. Estos son conocimientos que se proponen obtener información para conseguir un mejor control de las situaciones sociales conocidas, pero no suficien temente explicadas. Sin embargo, en la mayor parte de los casos abunda la demanda de conocimiento para el estudio del cambio social, o para la implementación de una política que sirva a los fi nes del grupo diri gente. En su conjunto, sin embargo, todo tiene conexión con la defensa del statu quo. En este extremo es evidente que en la Antropología de cualquier época nos encontraremos con toda clase de ideologías, de manera que mientras unas corresponderán al pensamiento conservado^ otras puede que tengan una orientación revolucionaria, al propio tiempo que otras se configurarán como ideologías de compromiso entre el statu quo social y movimientos institucionalizados conducentes al cambio controlado de las estructuras sociales contemporáneas. Una muestra del primer tipo de pensamiento ha sido expuesta por Bonñl (1966) cuando afirma que está constituido por un cierto número ¿0 tendencias, que serían! 1. Pasar por alto en sus estudios las causas 288 — que han producido las condiciones objetivamente defectuosas en que se halla, por ejemplo, la salud o el sistema de nutrición de las poblaciones indígenas de Iberoamérica, mientras al mismo tiempo explican dichas deficiencias como debidas a una estructura psicológica innata en el gru po; 2. Evitar que se produzcan cambios rápidos en la estructura social y cultural de las poblaciones indígenas, bajo el supuesto de que esta clase de proceso suele desorganizar los sistemas adaptativos de los indi viduos afectados por el cambio; 3. Tener una clase de posición relati vista que incluye la idea de que cuando uno respeta los valores de las sociedades observadas, al mismo tiempo debe suprimir todo juicio que entrañe valoraciones sobre este modo de vivir, con lo cual se unplica un desinterés por las causas de su atraso; 4. La conciencia de que por conocer sólo algunas dé las causas de un problema, no podemos hacer otra cosa que proponer cambios pequeños y renunciar a la definición de las grandes leyes de la historia; 5. Intentar explicar el bajo nivel de vida sólo en términos de los ingresos, sin apreciar que éstos se man tienen condicionados por ]a forma de la estructura social, con lo cual no advierten que una modificación de ésta supondrá modificar las con diciones del proceso social abriéndolo a una mayor participación en la distribución de la riqueza producida; 6. Defender el principio de la difusión como vehículo el más importante del cambio social,^sin pensar que los objetivos de un programa deben tener como función aceler^ dicho cambio con el máximo posible de beneficios para la población afectada. En otro contexto, más concreto en su exposición de objetivos, pero siempre dentro de una linea conservadora, se encuentran los antropó logos que se consideran como ingenieros sociales o propiamente antro pólogos aplicados. Chapple (1955) es uno de sus mejores exponentes. Dice éste que la antropología aplicada debe entenderse como^ una acción tendente al mantenimiento del equilibrio de la organización social, a partir del momento en que los efectos de un cambio cultural son causa de una modificación de la estructura tradicional. En rendad, esta clase de antropología está orientada por la noción del equilibrio, si tenemos en cuenta que su actividad suele desarrollarse teniendo como clientes a empresas privadas cuyos intereses consisten en la idea de que to o cambio estructural no debe significar pérdida de las relaciones de auto ridad, ni descenso de la producción, ni mucho menos conflicto social. La noción de equilibrio es importante para la continuidad del poder interno industrial, pero en todo caso el papel del antropólogo en estas investigaciones consiste precisamente en estudiar el modo practico de estabilizar las relaciones sociales en la industria cuando se introducen nuevas técnicas y cuando, por esta causa, corren peligro las formas habituales de autoridad, hasta el extremo de producir conflictos sociales que disminuyen la productividad y aumentan los costos económicos y sociales de ésta. La preocupación principal de Chapple en este sentido tiene, pues, como núcleo problemático la del factor equilibrio, en cuanto la pérdida de éste implica conflicto (Ihid., 397-98), de manera que vma 289 función del antropólogo consistirá en buscar en las formas de conducta de los individuos que pueden considerarse como fuentes de dicho con fl icto las reacciones de referencia por cuyo medio se pueda obtener un control de expectativas, y por cuyo medio se haga posible la implementación de técnicas adecuadas de manipulación sobre el potencial confl ictivo de los individuos. El conocimiento de estas técnicas, o sea, el conocimiento del modo cómo hacerlo, es Uaiñado por Chapple (Ihid.) ciencia de las relaciones humanas ^ Lo especialmente significativo en los estudios de antropología Tcada al servicio de empresas industriales consiste, pues, en ser inves tigaciones destinadas a evitar, por medios persuasivos, la ruptura del ImTilibrio de lo cual resulta que ésta es una Antropología también ^rvadora cuyo objetivo no consiste sólo en procurar servir los deconser también impedir que toda reorganización tecnoseos del suponga un desarrollo del conflicto social, ententodo conflicto es negativo por sí mismo. Esta no es sólo diendo , del statu quo o conservadora; es además, una teoría una pública y privada donde la principal función es! de la Chapple (Ihid.), determinar que los desajustes que pue de acuerdo con supongan disturbios sociales en el sistema dan segw a u equilibrio orgánico. y debilidad aoi chapple insiste en que esta antropología tiene Para este p v consistirá en que el equilibrio del sistema una ainbiCiOB nw . directamente autoritarios, ni tampoco denno debe jg empresa, sino fuera de ella, en el ámbito social tro únicamente d según él, esta antropología debe procurar indu mayor, de ínte'resados a producir compensaciones en otras áreas cir a los individuos objetivo el sistema de recomendaciones de su vida soci^.^| erganisación "democrática" basada en la idea de incluye una ® _ jg_te el reequilibrio de las relaciones debe operar de que para ser eficien ^g„ajisación permanente de las opiniones de modo que ^«8® P°®iéudose asi que este modo vendrá a significar algo los dirigidos, ge tensiones sin conflicto abierto. Este sería ^ así como «n® ^aación eficiente a unos intereses privados industriales ejemplo de ap ° =níropología conservadora del equiUbrio dispuesta contra el tal como fuera expuesta por Chapple, también se refleja en conflicto, tal . .gg. Estas mientras buscan someter a los nuebi^ las políticas «o ¿e organizar sus nuevas condiciones históricas en indígenas, se ^ .y modificar sus estructuras tradicionales, al ™re"e contóla racionalmente el desarrollo de los coilflfctrqu: tiempo I de los cambios de condiciones. 1"*® uñ gobernador colonial francés, M. Deschamps (1953), en una con ferencia que pronunciara en París, señalaba que el cambio de los indi. gOias a una situación de tutela y dominación europeas implicaba prodiscusión de esta problemática considerada en el nivel de las relaciones entre empresarios y trabajadores, véase Esteva 1973 a, 41 y ss. 290 — blemas en las relaciones entre unos y otros. Afirmaba en dicha confe rencia que el único modo de someter pacíficamente a los indígenas afri canos era conocer sus costumbres, y esto podía hacerse por medio de la Etnología. A partir de dicho conocimiento se trataba de organizar la vida de dichos indígenas a los fi nes de una explotación económica de los territorios controlados por la potencia europea, en este caso Francia. Esta política, dice M. Deschamps (Ihid., 7), supone que al sus tituir, después de la 11 Guerra Mundial, el concepto de país colonizado por el de país subdesarrollado, es mayor la obligación de la potencia dominante en orden a conocer cómo son los pueblos de que se ocupa, de manera que para dicho fi n será indispensable aprender sus idiomas y su historia, para de este modo explicar mejor a los africanos su pro pia historia, porque de lo contrario surgirán individuos nativos ultranacionalistas que enseñarán una historia pasional antiblanca a las nuevas generaciones. La idea de este gobernador es la de introducir el progreso occident^ en Africa, y para ello entiende que es indispensable aprovechar al afri cano como fuerza de trabajo, de manera que para conseguirlo deben ser mantenidas la cohesión y la autoridad, pero también la ^ estas poblaciones, incluyendo en estos fi nes la conservación de vivir, esto es, su identidad étnica, y evitando su pro ® - QUe ésta dice (Ihid 12), trae consigo desorientación, delmcuencia y vSos, stiuÓ "ne?éfíás qu^^ fomentan el co„meto y ía —^ e geo logías disolventes que suponen, con la perdida "Jal "Ja desorganización de la propia sociedad colonial y ° situación o amenaza para la continuidad de ios intereses franceses en Africa. , a. 1 Esta idea de equilibrio, traducida en la ^ iridea" dav! "armonía tradicional" ®¿a?er¡al del naüvo tutelado, pero para el desenvolvimiento ecraomwoj^^^ francesa en aquetambién es ia clave 1 - ¿estacado es el reaUsmo del enfollos territorios africanos. Aquí lo ™ ^ armonía de la sociedad que político al considerar ^ ,. .. gra su progreso, pero también de tradicional constituye una cdonial o de dominación. El modo la estabilidad del mismo regimen coionieu u « más eficaz es conocer primero el que es y cómo es, y '•ncfitnrÍnríP«; champs, como los etnólogos sabe tanto de costumbres y de instituciones de pueblos no europeos, y nadie por lo mismo esta en tan buenas condiciones para indicar cuál puede ser la mejor política de manipulación que los resultados que derivan de tales estudios. Asi, entonces, uno advierte que el problema principal es como asegurar el equilibrio, o sea, la situación tradicional en la medida en que ésta supone mantener la cohesión del grupo indígena, y por lo mismo el statu quo. Es evidente que el problema de esta antropología consiste en pro porcionar no sólo conocimiento, sino también instrumentos predictivos mediante los cuales el indígena es integrado dentro de un sistema colo nial, sin que aparezca el temido conflicto; en definitiva, sin que se pro291 duzca la clase de violencia que en la mayor parte de los casos marca la respuesta de los pueblos a la dominación de que son objeto por otros. Este es entonces un pensamiento conservador, y en cierto modo contra dictorio consigo mismo, porque mientras requiere para su propia continuidad y beneficio el progreso material de estos pueblos, dicho pro greso es también el modo de equipararlos con los instrumentos que Centras han servido para explotarlos, al mismo tiempo servirán para nara liberarlos. ^ . -i. En tales casos, el antropólogo actúa, sin embargo, dentro de fi nes de conservación del equilibrio o statu quo, y su posición es mayormente dependiente de todas las situaciones del poder, puesto que se limita a indicar cuáles son las instituciones y cómo funcionan, y cómo pueden explicarse las reacciones nativas, mientras que los funcionarios se ocu pan de solventar los problemas de su administración. Firth (1955, 379) también se ha ocupado de formular el concepto de ingeniería social cuando señala que los estudios hechos sobre las sociedades primitivas deben llevar al desarrollo o evolución de éstas por medio de la aplicación de esta clase de conocimientos, particular mente si tenemos en cuenta que, de cualquier modo, los pueblos pri mitivos serán llevados a la civilización por los pueblos más avanzados. Este acontecimiento evolutivo puede ser llevado a cabo por métodos de planificación implementados por la antropología aplicada. Sin embargo de ello, Firth postula que el problema principal en esta clase de pro gramaciones antropológicas es el de que no siempre coinciden los pun tos de vista del antropólogo con los de la Administración pública y con los de las poblaciones a que van dirigidos los programas.^ Y asi mismo, la cuestión se plantea en torno al hecho de hasta qué punto estas poblaciones son conscientes de que están siendo manipuladas con ayuda de los conocimientos del antropólogo. Para el caso, Firth señala (Ihid., 380) que el antropólogo debe tomar una posición según la cual no debe ser dirigido por los poderes gubernamentales, y en todo caso un estatus ideal para el antropólogo sería el de diagnosticar y predecir, para lo cual es indispensable deter minar cuáles van a ser los medios y métodos que deben ser empleados para producir cambios en las poblaciones. .Sin embargo, el antropólogo no debe estar necesariamente de acuerdo con los fi nes de la aplicación de sus conocimientos, lo cual le permitirá mantener su libertad de jui cio en estas situaciones (Ihid.). Si uno de los problemas más frecuentes en esta clase de antropología es el de que los gobiernos suelen estar interesados en mejorar la salud de los indígenas, pero no en conservar sus instituciones, entonces el antropólogo debiera en tal caso limitarse a diagnosticar los acontecimientos a partir de la información de cómo son las instituciones y costumbres de los indígenas y de cómo son los significados de su comportamiento. Esta es una clase de comprensión que incluye, por parte del antro pólogo, la información que permitirá desarrollar en el administrador una inteligente comprensión del medio cultural nativo, para de este modo contribuir a soluciones racionales de esta problemática (Ibid., 382). En cada caso, se trata de constituir ima comprensión racional de la proble mática para la aplicación, también racional, de una política que para su consolidación requiere modificar la estructura adaptativa de los indíge nas, sin destruirlos. En tal extremo, éste seria im pensamiento conser vador de carácter humanista, puesto que al mismo tiempo que se con solida el statu quo político existente, hace progresar en el camino de la civilización a los pueblos primitivos, y los prepara para la modifica ción del dicho statu quo. En gran manera, aquí hay ima mezcla de ciencia política o de acción racional sobre las sociedades humanas y de ciencia psicocultural, puesto que, en una estricta división del trabajo, se diagnostica y se deja que sea el funcionario o el político quienes resuelvan los proble mas prácticos. Una muestra del segundo tipo estaría representada por los antropó logos de la llamada ideología de izquierda, cuyo objeto consiste en utili zar la teoría y los métodos de trabajo antropológicos como im medio para el fi n de producir no sólo cambios económicos, sino especialmente cambios políticos decisivos, en el sentido de sustituir los gobiernos ac tuales, considerados como causa principal del atraso social y cultural de ciertas poblaciones, por otros de carácter popular que, de manera práctica, realizarán la transformación de la estructura social antes que la modificación de la estructura económica, o por lo menos simultánea mente. Esta posición implica, además, el autogobierno indígena y, por lo mismo, supone que las decisiones relativas a su desarrollo social y político deben ser tomadas a partir de la conciencia de sus ventajas, y particularmente a partir del reconocimiento de que este desarrollo no conducirá a la explotación económica y al sometimiento político de la etnia en beneficio de grupos o de clases políticamente dominadoras. Estos son antropólogos que hacen significativo el hecho de que la Antropología viene a ser una ciencia política, puesto que postula un conocimiento que tiene por objeto transformar, por métodos revolucio narios, la organización social y económica de las poblaciones considera das. En esta antropología ideológica se pone en evidencia el apriori de la existencia de sistemas de dominación clasista por cuyo medio, en el caso de Iberoamérica, las oligarquías tradicionales impiden el progreso social y económico de los indígenas, considerados en este caso como una clase explotada. Se trata de un tipo de antropología que se interesa, básicamente, por el estudio de las relaciones entre las clases sociales y tiende a explicar más sociológica e históricamente que cultural y psi cológicamente. Al ser una antropología claramente política, los fi nes últimos de su investigación convierten al antropólogo en un militante más de la acción 292 — — 293 social. Debido a su falta de participación en programas oficiales de cambio dirigido, sus actitudes principales son de denuncia de las situa ciones que designan como características de sistemas de dominación colo nial y que a veces interpretan como asimilables a un colonialismo in terno o referido al poder irrestricto de las clases altas de algunos países sobre las poblaciones indígenas o étnicamente diferentes de sus propios países. Una muestra del tercer tipo podría ser la representada por la polí tica indigenista en Iberoamérica, especialmente la de los antropólogos r«^^>anos que trabajan en las instituciones gubernamentales que operan «^p^iones habitadas por poblaciones indígenas o étnicamente diferenen regiones política donde el uso de antropólogos persigue el He integrar al indígena en el marco de una conciencia nacional objetivo de ^ acción integral ha sido últimamente redefinida mexicana. ^ gj declarar como fi nes de su gobierno en materia S®"" ^^ión hacia el desarrollo de los indígenas la construcción de una de ¿3 que, por lo mismo, sea capaz de integrar a los indínacion unnx mncento de una misma nacionalidad v Ho nación unmc concepto de una misma nacionalidad y de un genas de aqu ^ mismos derechos y obligaciones que el mismo destino, común de los mexi Aguirre implica, asimismo el La acción m ^ g^isten factores estructruales (ecológicos, histó réconocimiento sanitarios, tecnológicos, económicos y de 0+,.., • Hp Olio exiotdx ^ . #■ . » alistóréconociroiento ae u sanitarios, tecnológicos, económicos y de otra ricos, políticos, .jgionado al indígena de tal modo que, actualmente índole) t ° so respecto del resto del país constituye un problema su posición f®/®*^¿iverse acudiendo a ia implementacion de programas que sólo P"®®®„®' nte racionalizados y de amplio espectro teórico y rápidos. P®~„, ^gramas deben ser intensivos y contemplar, al mispráctico. Dicho® P^® iyei g Ja gada comunidad, como los nivele» mo tiempo, tanto^^ actuando en relaciones dinámicas de interdepenregional y ^®"'=«eólante acho enfoque se reconoce la dependencia del proceso . fíoca de estas poblaciones respecto de las poblaciones regional aríonaí de manera que el proceso histórico de las sociedades indiy nacional, resultado de su propia dinámica »i„\ " as no se dcpuca V't'ij 1 1^" Propia dinámica, sino ®®g®también se considera el efecto de relaciones con sistemas de domi ^ +íAnpn oriffen en los antecedentes cnlnnialee v o., i,..- que también se a j . , ue aominación que tienen origen en los antecedentes coloniales y que se han continuado hasta nuestros días, Dichos sistemas continúan condicionando el desarrollo evolutivo de las comunidades indígenas hasta el punto de separarlas del mismo proceso regional o nacional y de afirmación de la mexicanidad de dichas poblaciones. Ta] como ha sido planteada por Aguixre, esta acción integral se entiende como una promoción del indígena a la categoría consciente de 294 — sentirse y actuar como un ciudadano mexicano. Para este objetivo, los antropólogos que trabajan en estos programas se ocupan de hallar el modo de desarrollar la participación indígena en los mismos, al mismo tiempo que crean la teoría de una clase de Antropología Aplicada cuyo carácter más distintivo es el de ser una teoría del modo cómo a través del progreso material y de los cambios estructurales, los indígenas son llevados a la integración nacional. En gran manera, esta antropología aplicada de integración tiene más que ver con una teoría de la transformación que con una teoría de la aculturación, pues si en ima primera fase de intercambio social entre indígenas y programadores, aquéllos se aculturan, el fi n último y los resultados del contacto no es propiamente el de aculturar, sino más bien el de transformar la estructura sociopolitica de las comuni dades indígenas integrándolas en la sociedad de estructura política na cional. Esta antropología integradora es la clase de antropología que combina el mayor número de disciplinas científicas en torno de la ^ acti vidad del antropólogo, pues si por una parte se plantea el estudio de la estructura sociocultural como un nivel etnográfico y relaciones sociales de la cultura, por otra, al emprender la solución de problemas, incorpora médicos, ingenieros, dietistas, agrónomos, economistas, maes tros de escuela, psicólogos, especialistas industriales y otros cuya parti cipación es importante como expertos del programa y a los efectos de acelerar la transformación estructural de la sociedad indígena. Así considerada, esta antropología es semejante al vestigaciones interdisciplinarias. En esta clase de e^que resulta ^e se aplican esquemas unioperativos dentro de los cuales diferentes en - ques se mantienen igualados en la comprensión de ui^ misma f mática (cf. Bennett, 1972, 227-28). En tal caso, cada disciplina trabaja sobre una variable especializada o equivalente a su ^ado relativo de especiaUzación, de manera que así concebida esta vendría a rechazar, en palabras de Bennett (Ibid., 228) el estudio variables sencillas y explicaría de acuerdo con metodologías eclécticas. En este enfoque no hay, o por lo menos no debe haber mente descriptivos. Todo lo contrario, en su operación lo son "conceptos operativos" que implican, asimismo, el rechazo del Jholismo" o noción de una cultura-una sociedad (Ihid., 232), ya que dic a noción es trascendida por la misma realidad de la metamorfosis sociocultural, por controles dirigidos desde fuera y actuando en función de sociedades mayores o de estructura nacional, a su vez incluso incorpo rada a interdependencias internacionales. Aunque no existe en esta antropología integradora, este "holismo" está, sin embargo, presente en el contexto estructural-funcional de cada comunidad indígena como una realidad, dinamos, alienada en cuanto a su proceso, en la medida en que de algún modo mantiene relaciones estratificadas', de etnia desfavorecida, con miembros y con grupos perte necientes a sistemas mayores, regionales y nacionales. En cierto modo, relaciones más constantes con el medio regional que con el nacional. — 295 En este diferente grado de rezago cultural del mundo indígena, el problema fundamental radica en las fuertes tendencias centrípetas o aglutinantes de los indígenas, las cuales no favorecen precisamente esta integración a lo nacional mexicano 8, con lo cual se hace evidente que sólo un proceso de transformación originado desde fuera puede producir los estímulos necesarios para este desarrollo histórico ahora evolutiva mente estancado. -i .' j Es indudable que esta antropología se aplica a la solución de muchos nroblemas históricos de las sociedades indígenas, entre otros y funda mental su atraso cultural respecto de la sociedad nacional. De esta ma nera mientras se persigue consolidar en los ideales de la Revolución al mismo régimen nacional, y mientras se procura el desenvolvimiento de instituciones democráticas entre los indígenas, asi como de su economía V sociedades en la dirección de un progreso que les iguale con el obtenldrpor las poblaciones del país, al mismo tiempo se persigue el objetivo maopori P conciencia de una sola etnia, la mexicana, ^^^menos en cuanto expectativa fl nal del proceso. Si hasta ahora por lo participado plenamente de esta conciencia, y si Jas históricas no se habían integrado ^ sistema nacional, por ^ de conseguirlo más que por métodos de tuerza o de una A nZ^del llamado sistema de dominación colonial interno, por reproducción a ¡mplementación de programas capaces por sí mismos los métodos de u j avanzando el paso de su evolución de hacer super^ al mdigen^^ ^ socio-cultural ^ j - designada por Aguirre flWd., 5/2) como Esta clase de /üitropoiogia "felicidad nacional". Como señala una anteop&ogía no tiene un carácter puramente científico, este autor, dicha an cocales y poUticos, aparte del logro de una pues se ^ -nroblema indígena. soluc^ iitrapóiogos que tra\>aian en esta que podemos designar antroolo^a patriótica tienen una clara conciencia de la fi nalidad de sus ^dagaciones. Muchos de ellog acuden a colaborar en esta antropología poseídos de una mística nacionalista, y en algunos casos se convierten en administradores de los planes gubernamentales. Dada esta actuación, dichos antropólogos dominan la casi totalidad de la perspectiva de sus programas, puesto que a su identificación con los fi nes de éstos y con su trabajo profesional, añaden el de su responsabilidad política, y en este sentido comparten vicariamente el poder gubernamental, del que son depositarios entre los indígenas. Si lo peor que puede ocurriría a uno es dominar los medios e ignorar los fi nes, éste no es el caso en dicha antropología, puesto que el antropólogo juega un papel activo en la realización de los programas y se siente solidario con^ sus objetivos. El único problema que podría planteársele a estos antropólogos sería en ei caso de mantener una ideología discrepante con los fi nes de cada uno dé estos programas, lo cual no ocurre en la mayoría de los casos. El é. Hemos planteado este problema de la integración del indígena en México a la cultura modémá en üna exposición anterior. Véase Esteva, 1953. 296 — hecho de que coincidan en los antropólogos ideología y programas, hace que imo pueda afirmar que esta clase de Antropología Aplicada es la que mejor se adapta a una concepción política de la Antropología por el antropólogo. En su realización el antropólogo es, además de un científico, un ciudadano que ve reconocidos en la antropología de acción sus posi bilidades como militante activo de ima ideología. Siendo así, éi antro pólogo está en condiciones de unir los dos relativismos, el cultural y el ético, pues mientras se ocupa de etnografía indígena y desarrolla sus tesis sobre teoría antropológica, especialmente la relacionada con el estu dio del cambio sociocultural y de la transformación histórica de las sociedades indígenas, al mismo tiempo se emplea en la resolución de cuestiones de economía, de alfabetización, de recolocación ecológica, de salud e higiene, y de otras particularidades que toda política integral hace emerger, como pueden ser la ampliación del sistema de comunica ciones y el aprovechamiento más dinámico de los recursos del medio en función de las nuevas energías sociales que esto permite. Mientras esto es así, cabe añadir que el antropólogo adaptado cons cientemente a los fi nes de esta antropología políticamente orientada, también desarrolla su propia vocación política en ellos, pues de algún modo forma parte de un equipo de dirección que decide y que toma el papel ejecutivo en los programas y que, por lo mismo, se realiza per sonalmente al realizarse en éstos de alguna manera. Una antropología de este carácter tiene, además de las ventajas de consolidar la identifi cación nacionalista de estos antropólogos, el ser exponente de una am plia gama de experiencias científicas, políticas y humanas en general, ya que en la ejecución de esta clase de programas el antropólogo aplica a la vez una política de amplio estilo, como es la integración de comu nidades culturales diferentes a un modelo de proceso nacional que trata de ser uniforme, por lo menos en la sincronía de su realidad política. Parece obvio que la verificación de teorías antropológicas está aquí condicionada por los objetivos políticos de los programas. Si la inte gración del indígena a la cultura y a la sociedad nacionales es un obje tivo fundametnal de estos programas, el antropólogo debe adaptarse a ellos y procurar que la dirección del proceso de transformación de dichas comunidades siga este camino. Según eso, la experiencia teórica del pro blema no está postulándose desde la perspectiva de una integración estructural-funcional, o de proceso interno; o sea, no supone el enfoque de solucionar problemas de una sociedad cerrada para el fi n de que permanezca cerrada, sino que más bien supone desarrollar ima clase de estructura sociocultural abierta, que mientras rompe su aislamiento, rompe su estática y desarrolla sus funciones en el contexto del sistema nacional. Esta es una clase de enfoque en el que cada antropólogo es miembro él mismo del proceso, con lo cual es a la vez sujeto y objeto del sistema. Podríamos incluso decir que su trabajo de investigación consiste en darse cuenta de que su teoría antropológica será la teoría de sí mismo como miembro agregado a ima sociedad diferente. Será en tal caso la teoría de una historia social de la que ha sido 297 protagonista y en cuyo proceso es, por lo tanto, causa y efecto. Como experiencia de una política que tiene por causa a una institución guber namental, esto es, el Instituto Nacional Indigenista, ésta es la antropo logía del comprenderse uno mismo mientras comprende a los demás, a los indígenas. En este contexto, y ya en función política más general, su comprensión se extiende a la realización de^ su propia ciudadanía o cultura nacional en acción. En una antropología que se convierte en la historia que uno hace con los indígenas y con su propio país, viene a ser una historia que, en cierto .modo, tiene un carácter experimental, ya que se hace a partir de estructuras controladas y de expectativas o programas con fi nes específicos, mientras que se plantea como una teo ría de la programación que no es necesariamente la teoría de un resul tado cultural estrictamente programado, sino que es también la teoría dinámica del proceso específico que sigue la programación en su dia léctica específica, una dialéctica que reconocemos como dada por inter pretaciones nativas hechas a los instrumentos de transformación implementados por la sociedad nacional. ^ ^ . TTn orograma de este tipo donde la dimensión adaptativa indígena funSón del objetivo central de conseguir la integración de éste f ia cultura nacional, es un programa que mientras reconoce la diveretnográfica indígena, y mientras supone como ya a ser el statu fi nal esto es, mientras se prepara para producir una conciencia «rnínnal mexicana en el indígena, en cambio no puede a priori establenacional m proceso adaptativo. Digamos que es en este pro- ""^Tnde se halla la incógnita del programa, y digamos que es'ahí ceso donde se antropología sena, en nuestra opinión, la teoría donde la de un modelo cultural o etnografía indígena en ^ de^ientación política ideológicamente no in^'gena. El proun entonces, en el cómo lograr la conciencia de una ideoblema se susci cionai, j„ismo tiempo se transforma la logia , cultural de las comunidades implicadas en cada proestructura social y antropológica de estos programas tiene su grama. Por eno, explicación de cómo es el proceso más que en punto o, si tenemos en cuenta que éste desaparece a partir cómo es el staíw QU^ in^piementa el logro del objetivo político y de 'ín^rctón sociedad indígena, transfoon jg Antropología Aplicada es un apriori de la _1® ación final, y si ésta no puede darse sin aquélla, puesto que la verdadera explicación antropológica, aquí, es una función de la historia o proceso de una acción, en el caso mexicano, como en los demás, esta explicación viene dada por una descripción que es tanto una biografía de una comunidad a partir de las reacciones implementadas por el statu quo propio, como es también una biografía de quienes, los antropólogos, describen las vicisitudes de la transformación y de su acción en ésta. Esta forma de antropología presenta todo el aspecto de una movili zación política de las ciencias sociales y de quienes la suscitan y dirigen: los mismos antropólogos. Aquí, pues, no hay neutralidad. En gran mane298 — ra, es una clase de antropología que abre el camino a la crítica cons tante de su propia acción, lo cual significa que es ima antropología de gran alcance experimental, aimque muchas de sus descripciones cono cidas tienen el aspecto de informes sin análisis, y, por lo nüsmo, sin teoría universal de sus resultados, o sea, sin un modelo teórico trans formable. Sólo enuncia sus fi nes y sólo parece ofrecernos el conocimiento de la clase de medios implementados para la acción. Ni siquiera hace entrar en juego la teoría de una antropología política que sería, en defi nitiva, la clase de antropología que este indigenismo ha formulado como programa de su actuación. El problema principal de esta antropología indigenista es, pues, en nuestro entender, el de no haber puesto en evidencia el papel de la Revo lución mexicana como teoría política en acción cultur^ integradora, en contraste con el papel de la teoría política de la acción colonial de los países imperialistas en su expansión sobre Africa, Asia y ceama, ^ e incluso sobre la misma América. Todo eUo, y especialmente, en función de que mientras el desarrollo de la teoría estructural-funcional es im resultado, en tal caso, del enfoque estático de la cultura, en el caso de esta otra antropología en México, sería el resultado del desarrollo de la teoría histórica de la cultura, de la transformación de esta esto es, de la teoría que describe las leyes que rigen el cambio de las estruc turas sociales a partir del acto político de ser la vida de las comunidades indígenas una función del sistema nacional. Pero, asimismo, dicha teoría debe ser rteorT^^^^ dimensión histórica de la cintura en su acción social entendidr como expresión del acto de hacer del antropólogo un factor mffiílñte en la dirección controlada desde fuera del cambio h,s. tórico de las estructuras culturales, cambio ^scitado para ello desde la expectativa de su participación social en la transformación. Dentro de un tal contexto, y por la importancia que nosotros damos a este punto nuestro problema sería el siguiente: si lo que se proclama , . ' 1 rt ' íie ol desarrollo integral de las poblaciones mdigeen esta antropología es el desarrouu im-cg ^ ñas para el propósito ^ valeTat « ptotes^por los indígenas de su identidad étnica, vaienie a la peraiaa p s opacidad política como grupo diferente. Hptokma esté en saber hasta'qué punto dicha clase de antropología es un meSo de una política que mientras intenta suprimir la injusticia de las desigualdades sociales y cultuales a que han estado sometidos los indígenas, al mismo tiempo también suprime su capacidad de deci sión consciente como grupo étnico. Si sucediera esto ultimo, aquí se cumpliría lo que podríamos llamar ley histórica de que los pueblos marginales o desaparecen físicamente por la misma inercia de su con tracción social, cultural y demográfica, o son absorbidos por la mayor capacidad social, cultural, demográfica y política puesta en acción por los pueblos más fuertes y expansivos dotados de una mística unitaria. Inmersos en la realidad de este destino de los pueblos marginales, los antropólogos que aplican en México una política humanista, como — 299 es la indigenista que hemos exEuesto, según las formulaciones dadas por Aguirre, habrán optado por la alternativa del desarrollo nacional que incluye la conversión de las poblaciones tribales en poblaciones campe sinas del sistema mexicano, frente a la alternativa de mantenerlas en su identidad étnica particular con desarrollo, esto es, con igualación rela tiva de su paso evolutivo al paso evolutivo regional o nacional. No esta mos seguros de que ésta sea una intención fi nal de los objetivos, pero sí lo estamos de sus resultados. En cualquier caso, ésta es una antropología al servicio de un go bierno, y por añadidura de xmos grupos, los indígenas, hecha por antro pólogos que, en la conciencia de esta situación, comparten la ideología de los programas a que sirven. Este hecho supone reconocer que frente a la posición conservadora y a la posición revolucionaria, existe una posición "integradora", evolucionista en sus medios y programada desde el sistema político de poder. Desde un punto de vista político, esta posi ción no es discutible en la medida en que el antropólogo la adopta como parte de sus fi nes como ciudadano, y tampoco es discutible cuando los programas implementados producen condiciones objetivas de progreso material y procuran el cambio de imas estructuras sociales como en el caso que comentamos, ponen al indígena en condiciones de romper la estructura que lo ha mantenido en la situación del estatus de persona sometida a sistemas de dominación regionales. Hay en este caso una con ciencia de fi nes y de medios que permiten al antropólogo poseedor de una ideología progresista, puesta al servicio de una idea cional, participar en el sistema sin a cambio sentirse poseí o e sen imiento de una conciencia culpable. El problema ético que se nos plantea es el de si la^ misma conciencia patriótica o nacional que tiene este antropólogo mexicano es una con ciencia igualmente compartida por el indígena o si, por o ra par e, es a última vendrá dada por decisión voluntaria inevitable en e con e o el desarrollo y cambio de sus estructuras internas. I«a ci^s ion es en saber si este desarrollo supone el automatismo de la per i a e i en idad étnica simultáneamente con la compensación de un esaijo o e su ego individual que provea al indígena de una mayor capacidad cntioa, en cierto modo una capacidad que le hace más idoneo para o je ivar su propia situación dentro del nuevo contexto cultural.^ Parece evidente que, tratándose de minorías étnicas de población muy pequeña, la absorción nacional a que nos referimos sera cuestión inevitable. El proceso puede que sea irreversible considerado en la actual perspectiva de su transformación; pero en el caso de las minorías de fuerte tradición cultural, como en algunas del Sur, de poderosa his toria política, la perspectiva inmediata no nos resulta tan clara. Aquí el problema que nos planteamos es el de hasta qué punto el antropólogo que se aplica a estos programas está en condiciones de formular la teo ría del caso étnico cuando, asimismo, se identifica politicamente con una ideología de integración del indígena. Para nosotros, la oportunidad de una respuesta teórica basada en esta experiencia de casos, puede ser una 300 — contribución antropológica del máximo valor, sobre todo cuando este problema de las relaciones interétnicas ha obtenido gran significación en el enfoque de las antropologías modernas ubicadas dentro del con texto de una antropología de las sociedades nacionales pluriculturales, como es el caso específico de México. Llegados a este pimto, tenemos la convicción de que las tres acti tudes indicadas —^la conservadora, la revolucionaria y la integradora— constituyen aspectos de una misma problemática fundamental en cuanto a la teoría antropológica aplicada. En ésta, lo cierto es que el antropó logo se compromete en los resultados de su conocimiento, cualquiera que sea su ideología y la de los programas. Pero la ética es diferente a partir de las convicciones ideológicas del antropólogo y de los políticos que utilizan su conocimiento. En este último extremo, si la actitud con servadora corresponde a la ética del statu quo político y etnográfico, que no modifica y que sólo atiende a la descripción y que, asimismo, se ocupa del análisis en sí del sistema cultural sin considerar su transfor mación; y si la actitud revolucionaria es causa de una antropología denunciante y teorizante, que explica sin oportunidades ni medios de implementar programas de acción, y que por su postura ideológica care ce de capacidad de negociación para vender su clase de antropología a los gobiernos que pudieran interesarse-por sus estudios; y si la acti tud integradora y progresista se entiende como una actividad que une el statu quo con la idea de la transformación histórica de las comuni dades indígenas o culturalmente rezagadas de su sistema nacional; en tonces es cierto que la antropología aplicada de mayores alcances prag máticos es la que sirve a sistemas gubernamentales o a instituciones implicadas en intereses de masas. Estas direcciones de trabajo permiten construir: 1. Teorías dinámicas relativas al estudio de los procesos de mante nimiento del statu quo político por medio del desarrollo económico, del mejoramiento de las condiciones sanitarias, o de la alfabetización de sus poblaciones ágrafas, sin que todo ello afecte a la estabilidad de las estructuras sociales, de manera que encontrándose en este punto la acti tud conservadora, es para nosotros evidente que dicha antropología apli cada debe formular al máximo el análisis de teorías de equilibrio social, y por lo mismo teorías de enfoque estructural-funcional. 2. Teorías dinámicas relativas al mantenimiento de la estabilidad política nacional sobre la base de la integración de los grupos margina les, de modo que esta integración supone tanto ima transformación de la estructura interna de dichos grupos como asimismo implica el refuer zo del poder nacional y de su ideología. Esta será, pues, la teoría de la aculturación con reequilibrio histórico permanente, un reequilibrio que puede designarse como una opción de las partes para el beneficio mutuo. Esta teoría histórica de la cultura de transformación, puesta socialmente en acción, sería la teoría dinámica que explica la ruptura del equilibrio estructursil-funcional a nivel comunitario o local sin ruptura del equi librio estructural-funcional regional y nacional. —. 301 Esto nos obliga a reconocer que mientras no hay dos etnografías iguales, tampoco podemos edificar dos teorías iguales. Y precisamente por eso, en Antropología Aplicada interpretamos casos y formulamos su teoría considerando que toda actuación social de la cultura deja de ser una supraorganicidad y se manifiesta como una circunstancialidad en cada hombre. Las variables con las que se constituye^ un sistema social de la cultura son, en tal caso, equivalentes en numero a las actuaciones posibles de los individuos dentro del marco de la estruc tura del sistema de rol-estatus. Así establecida, la duración de una teoría general es igual a la duración relativa del caso-teoría, lo^ cual supone que la Antropología Aplicada viene a ser la antropología de casos específicos, de problemas particulares estudiados en un contexto cultural que es, por antonomasia, una función de la forma como los hombres se comportan dentro de la estructura social. Conviene tener en cuenta, sin embargo, que al proponer la teoría del caso en términos funcionales, ésta no sería información suficiente, puesto que, asimismo, lo que se pretende es explicar dicha teoría tam bién en términos históricos. Bonfil (1966), en su excelente articulo, señala que el impedimento principal que encuentran los antropólogos aplicados para proponer soluciones a los problemas de las poblaciones que estudian, es el hecho de que en su relativismo cultural carecen de comprensión histórica sobre las consecuencias de los cambios en las estructuras sociales. Incluso en los casos en que la adaptación que se pretende por parte de las poblaciones a las que se ^lican programas sea en beneficio del poder político gobernante, el estudio de causas his tóricas nos permite explicar el statu quo contemporáneo en términos de las fuerzas sociales y políticas que lo modifican. I'or lo tanto una des cripción y análisis funcional de la integración actual de un si^ema debe ir acompañada de una explicación de sus causas dinámicas, s precisa mente a través de un doble conocimiento —funcional e his orico como será posible establecer las líneas de actuación de un programa e acción socidl r En reaHdad, se tratará de eliminar causas de integración cultural o sistema social sin fi n y sustituirlas por otras, hist ricas, que a ^^rtidas como dinámicas nos proporcionan la explicación corree a so re la adaptación relativa del programa y de sus sujetos en erminos e su proceso de estructuración. Con esto en mente, una n ropo ogia Aplicada que ignore el factor histórico de una estruc ura e compor amiento, fallará en una de sus funciones principales, la predicción, a menos que pueda manipular experimentalmente las po aciones so re las que se aplica. Esta clase de experimentación es obvio que puede trascenderse re curriendo a los resultados de la historia del caso, esto es, estudiando la situación anterior al programa. De este modo, la teoría de un caso en Antropología Aplicada es la teoría de una causa-efecto mas que la teoría de una configuración o circularidad integrada. Al implicar la significación del conocimiento de las causas históricas 314 de un problema hacemos también patente el postulado de que estas causas no deben estudiarse sólo como productos de un proceso cerrado, sino que, en la mayor parte de los casos, suponen el reconocimiento de que la historia de una sociedad es parte de la historia de otra, de una región o de una nación vinculada al grupo por medio de una tradi ción común. Cuando hablamos de causas históricas hacemos relevante el hecho de que la integración particular de un proceso histórico puede formar parte de las estructuras en expansión del poder de otra sociedad, por lo cual el proceso no puede examinarse ni ei^licarse por sí misnio, sino en función del intercambio con otras poblaciones o con fuerzas de presión representativas de otras poblaciones. Así la estructura de una causa histórica no será necesariamente simple, sino que pue e o a explicaciones que vayan más allá del marco estricto e una e nogra la particular y, por ello, necesitar información co-etnografica. En tal ex tremo, el antropólogo debe conocer el carácter exp ica ^ , para las pequeñas comunidades las grandes con nnTnliío<; aue los estados nacionales convertidos en fundamento de los cambios que sufren los grupos marginales. Un sentido de finalidad para la Antropología Aplicada Al Dostular aue la Antropología Aplicada es un conocimiento para Al P°ftular qu condiciones adaptativas de cierla promocion del cambio sociai y rtravi»? dp taleQ estu- +« Joc no«5 encontramos con que praxis ae xaies estu tos grupos y sociedades, nos e preocupación ética del antrodios se ha constituido, como vim , nrofesión ante las „-»rtvic?QV»iHdad aue asume ante la proiesion, ame zas pologo. en una '•fP^^^^^des o grupos que son objeto de su invesmstituciones y una fuerte conciencia critica entre los tigación Esta ente cuando se ha puesto en entredicho su papel moraf"®^ invSigaciones que no sólo servían a intereses contrarios moral en las inve g conocimiento, sino que, ademas, estas a las poblaciones sujeto ae conocimiento. Alarmados podían ser POUudieadas por información por las instituciones por el uso que podía te^r «te// Antropología, los y agencias po i evidente que la manipulación de poblaciones era antropólogos han hecho eviden q^^ información el resultado, «n ^^^fo'^una declaración por parte de The Society for TpplU:d°Anthropologv (1963-1964), en la cual se puso en claro que los + '1 cr /ioV.ínn responsabilizarse en el siguiente sentido: a. Toda fnvest'igaclóñ de antropología contratada por alguna institución, gubernamenfal o privada, debe significar que el antropólogo se compromete, al mismo tiempo, a servir tanto a la institución como a la PoWacion o grupo al que van dirigidos los resultados de su estudio; b. El antro pólogo debe hacer causa con el respeto que merecen la dignidad, la inteS-idad y el modo de vida de la población que estudia; c. El antro pólogo está obligado a no recomendar acciones que puedan dañar dichos — 315 valores de dignidad e integridad de los grupos de que se ocupa; d. Aun cuando no se apliquen la totalidad de las recomendaciones, debe ase gurarse de que, por lo menos, serán tomadas en cuenta un mínimo de ellas, de modo que los resultados de su estudio supongan un beneficio para la comunidad o grupo en relación con la situación existente en el punto de partida; e. Es indispensable asegurar las fuentes de informa ción contra toda posible represalia por parte de las autoridades políticas de cualquier plan; f. La comunidad o grupo observado debe ser infor mada del programa por el mismo antropólogo a través de la publica ción del estudio; g. El antropólogo debe requerir de la institución que su programa incluya la participación consciente en el mismo del grupo afectado por el informe antropológico; h. La redacción de cada progra ma por el antropólogo debe implicar que el mismo no impide el desa rrollo de la Antropología como ciencia, ni siquiera ha de admitirse que la información antropológica del programa permanezca al margen del conocimiento por parte de los demás antropólogos, i. La investigación gjj^j'opológica no puede significar daño para personas ni regiones, en el sentido de que el informe de campo pudiera impedir con sus conclusio nes la realización de otros trabajos por personas que discrepan de las opiniones manifestadas por el antropólogo; j. El antropólogo debe hacer accesible a la sociedad en general las recomendaciones que haya hecho a su cliente; k. La investigación antropológica debe negarse a todo compromiso que suponga recomendar acciones que no puedan llevarse a término; y 1. Cada antropólogo debe poner en claro su posición ética personal ante la institución que le contrata, al mismo tiempo que define su intención de no cooperar en toda política que pi^da perjudicar los intereses y la salud de la comunidad o grupo estudiado. Keesing (1958, 419 y ss.) también se ha ocupado de formular algu nos principios de actuación del antropólogo aplicac^. Según él, entre otros serían: 1. Que el programa debe orientarse hacia la aceptación por él grupo, más que hacia la utüidad que pueda reportar al progra mador* 2 Que deben ser valorados altamente los modos de ser cultu rales de ios individuos que reciben el programa; 3. Que el cambio no debe ser compulsivo, sino elegido por el grupo al que va dirigido; 4. Que las recomendaciones para una acción deben ser hechas en función del medio cultural de los percipientes de la misma; 5. Que cualquier frus tración que pueda producirse entre los miembros del grupo percipiente debe ser sustituida por una compensación suficientemente gratificatoria que se traduzca en beneficios tangibles para el grupo percipiente; 6. Que es importante vigilar ciertos índices de reacciones, como serían el pro blema de la moral del grupo, sus grados de faccionalismo, tensión, des organización, ansiedad y tendencias migratorias; 7. Debe evitarse que los resultados del programa supongan beneficios sólo para un grupo en detrimento de los demás; 8. Es preferible desorganizar un punto pero conseguir movilizar la participación de toda la comunidad en forma de consenso, para así provocar un esfuerzo total; 9. Conviene mantener abiertos los canales de la comunicación y de la información sociales; y 316 10. Deben ser entrenados intermediarios nativos para el objeto de que sirvan de monitores del programa en el seno de su propio grupo. Esta toma de posición profesional del antropólogo viene a ser, como vemos, la expresión de una problemática ética que a lo largo de sus actuaciones se ha ido presentando a la Antropología, cualquiera que haya sido la ideología personal de cada antropólogo. En esta ejecutoria el antropólogo confronta, por lo tanto, las expectativas inherentes a la conciencia de que el uso de sus informes puede tener efectos sobre los grupos que haya estudiado por cuenta de instituciones. Aquí lo que se pone de manifiesto es el hecho de que todo programa de innovaciones implica el reconocimiento de reacciones sociales al mismo. Según esto, los antropólogos han determinado medios de introducir programas en poblaciones muy diferentes y han dispuesto en muchos casos, el carácter de las reacciones que pueden producirse en los pueblos afectados. En otros casos se trata de la implementación de políticas de sentido común, como cuando Erasmus (1968, 577) plantea que ante la alterna tiva de disminuir la mortalidad o aumentar la productividad, debemos tomar antes la segunda decisión porque, de lo contrario, aumentaremos los problemas de salud de la población afectada. Este es im problema de moral oersonal que indudablemente afecta directamente al grupo perS^^nte ae un Y, asimismo, un aumento de producción será más fácil conseguirlo allí donde el grupo social forma parte de una economía de mercado más que de una economía autosuficiente o de subsistencia (íbid., 571). M Mead insiste (1955, 270) en una posición semejante cuando afir ma que todo cambio debe ser examinado en función de las personas que lo experimentan y, por añadidura, si los cuidados de la medicina mo derna tienen por fi n prolongar la vida de los seres humanos, es evidente que este progreso debe coincidir con ima clase de organización social que suponga la conciencia de que esta fase de la vida humana tendrá valores suficientes como para ser vivida con Uusión creadora (íbid., 274). Si ésta debiera ser una conclusión de política sanitaria específica, sin embargo, es evidente que la marginación creciente del papel social de los ancianos constituye ima contradicción con las políticas sanitarias que, mientras hacen longevos a los hombres, en cambio no combinan dicha longevidad con una justificación funcional de los ancianos en la sociedad que protege sus vidas. En gran parte, algunos resultados de esta contra dicción pueden manifestarse en forma de frustraciones, ansiedades y des ajustes que, a veces, alcanzan a ser socialmente dramáticas para la per sonalidad de quienes sufren la discriminación, sino también para la sociedad que soporta económicamente su propia contradicción. Es indudable que el sentido común a que nos referimos forma par t<E: de las contribuciones del antropólogo aplicado a los programas guber namentales o de instituciones interesadas en solucionsir problemas de ajuste o readaptación sociales de ciertas poblaciones, y en este sentido puede destacarse una posición predominante, como es la de que cada nueva necesidad social debe identificarse con las condiciones mismas del — 317 proceso local. Esto significa que no vale éticamente producir necesidades que no podrán ser satisfechas con los medios habituales disponibles. En gran manera, si es cierto, como dice Bateson (1972, 160), que muchos gobernantes y científicos ven el mundo como un marco de medios y fi nes puestos al servicio de su propia satisfacción, entonces resulta indu dable que si la antropología va a ser usada para manipular personas, lo que haremos será servir más a una concepción totalitaria que a ima concepción democrática. En este sentido, y prodigando el modo de pen sar de M. Mead, Bateson señala (Ibidem) que lo importante en cuanto a la aplicación de nuestra disciplina es considerar cuáles son la direc ción y los valores implícitos en los medios más que en ocuparse de cuáles son las metas impuestas en el modo de pensar de personas o instituciones que llevan a cabo una manipulación de sociedades o de grupos humanos. Esto es, el valor de una planificación no debe sepa rarse del acto mismo de realizarse su acción. Y en todo caso, podemos añadir que si el antropólogo no es él mismo un administrador y orien tador ejecutivo de una acción social de su conocimiento, entonces se convierte en un aspecto de los medios a utilizar por los manipuladores de la información antropológica. El hecho cierto, empero, es que la investigación antropológica apli cada suele tener el carácter de una información utilizada, y en tal caso lo que el antropólogo no puede asegurar es cómo va a ser interpretada esta información. Al ser adquirida en el mercado de trabajo por una institución o por un determinado cliente, el antropólogo deja de tener capacidad de decisión social o política sobre sus materiales, con lo cual se limita a ser el medio —sus conocimientos informados para un fi n cuyos detalles ejecutivos puede que ignore. Esto significa que su estatus habitual en el programa es semejante al que tiene un economista integrado en un plan de desarro o econó mico implementado por un gobierno. En tal caso, se limita a manejar unos datos y a estudiar las situaciones que éstos permiten prever. Sin embargo, el economista no toma decisiones sociales en términos del programa. Dichas decisiones son adoptadas por los organismos pohticos que usan los datos, con lo cual resulta que los niveles e o a e ermianción de carácter social, o que afectan a ^upos e personas, no emanan directamente de los campos científicos, sino de os cen ros po ticos. Sólo en el caso de que el antropólogo sea al lempo que creador de sus problemas y elaborador de teorías el ^7 gonista de la acción social de sus modelos, es cuando realmente podrá decirse que su Antropología Aplicada es controlada por e as a sus consecuencias históricas en un grupo. Lo cierto es que esta posible posición del antropólogo puede consi derarse en los términos de una utopía, ya que de algún modo su estatus forma parte de un tejido de utilizaciones sobre las que pierde control a partir de su publicación, precisamente porque toda información divul gada se convierte en un patrimonio de la sociedad común, y hasta de la especie en general. Todo el problema va a consistir en cómo va a ser 318 usado este patrimonio. Para nuestro entender, la cuestión crucial con siste en no haber elegido el problema y en no decidir de acuerdo con su conciencia política sobre la utilización de su conocimiento. Pero sería pueril por nuestra parte no darse cuenta de que todo conocimiento di vulgado, oral o escrito, termina por escapar a la autoridad de su creador y acaba siendo un conocimiento socialmente reinterpretado y común mente transformado en unas pocas o en unas muchas aplicaciones, de pendiendo su expansión del campo de utilización práctica que se le reconozca o del volumen de posibilidades que ofrezca su mismo desa rrollo teórico. No obstante, el hecho de que la Administración Pública, o la pri vada, hagan uso de la información antropológica no significa que pue dan interpretar ésta de manera tan completa como pueden hacerlo los mismos antropólogos. Tax (op. cit., 391) ha expuesto muy bien este problema cuando dice que los funcionarios gubernamentales o los polí ticos no suelen buscar los datos antropológicos en la misma dirección que lo habrá hecho el antropólogo, con lo cual se pone de manifiesto que no los puede aprovechar con toda su teoría, hasta el extremo de que incluso lo que es relevante para el antropólogo es posible que no lo sea para el funcionario. Es indudable que a partir de una posición inicial en la que no elige sus problemas, la creación de teoría antropológica tendrá un carácter distinto al que obtiene dentro de sus investigaciones independientes. La diferencia entre trabajar problemas de campo elegidos por el antropó logo y trabajar los elegidos por otras personas ajenas a la Antropología, consistirá en que mientras la primera teoría es una prolongación teórica autodeterminada, en el segundo caso el antropólogo trabaja lo que en algunos casos ni siquiera se había planteado. En este punto, el carácter de una Antropología Aplicada cuyas investigaciones no tienen acompa ñamiento de decisiones del antropólogo sobre sus recomendaciones, es equivalente al de una posición instrumental, puesto que se convierte en un medio para la realización de los fi nes de otros. En el contexto de esta clase de investigaciones se producen, pues, dos orientaciones o fines diferentes: La del antropólogo sigue siendo el incremento de su desarrollo teórico y profesional; en cambio, el de la institución que conviene con sus servicios se distingue porque procura desarrollar la interpretación de este conocimiento entendiendo que éste le es proporcionado por especialistas que harán más eficaz su acción social. La institución que encarga al antropólogo un estudio de esta clase condiciona, de alguna manera, la creación pura de problemas por parte del antropólogo, de modo que éste permanece en la situación de un individuo políticamente marginal. Si en cambio el antropólogo pro pone los problemas a solventar, entonces no hay duda de que manten drá una gran porción de su independencia. Empero, en la Antropolo gía Aplicada es muy difícil permanecer al margen de un proceso de preguntas y de necesidades, de problemas y de situaciones que no pro vengan del grupo de personas que utilizarán la información antropoló- — 319 gica y que, asimismo, tienden a intervenir en la ceración de la proble mática. Esto sólo significa que no hay Antropología Aplicada fuera del contexto político de la sociedad del antropólogo, y significa asimismo que no habrá Antropología Aplicada sin problemas personales del an tropólogo cuando su situación se considera en términos de una ideología y de una ética más que de una teoría científica de la Antropología. BIBLIOGRAFIA Aguirre Beltrán, Gonzalo 1974 Applied Anthropology in México. Human Organization, vol. 33, núm. 1, 3-6. Bateson, Gregory , j, t>. u- « 1972 Steps to an ecology of mtnd. 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