Crónica regia : viaje de la corte a Sevilla en 1862
Full text
EL ARCHIVO MUNICIPAL DE SEVILLA« ESTUDIOS HISTÓRICOS, B IOGRÁFICOS Y CURIOSOS. CRÓNICA REGIA: VIAGE DELA CORTE Á SEVILLA EN 1862. (NÚMERO S HVILT Imprenta y Litografia. Siérpes 35. 1864.
ESTUDIOS HISTÓRICOS, BIOGRÁFICOS Y CURIOSOS. Número 33. CRÓNICA RÉGIA.
1 •
ESTUDIOS HISTÓRICOS, BIOGRÁFICOS Y CURIOSOS. Número 33. P CR ONICA REGIA: VIAJE DE LA CÓRTE Á SEVILLA EN 1862, POR 1,_.(_.,i.ENía.A1)(.) JOSt VELAZ01117 ) 7 _ S.ANLRi4/ "V ABOGADO DEL ILUSTRE COLEGIO HISPALENSE, ARCHIVERO POR OPOSICION EN LA SECRETARÍA DEL EXCMO. AYUNTAMIENTO CRONISTA DE LA CIUDAD. Vocabitur nomen ejus SEVILLA„ IMPRENTA: LITOGRAFÍA Y LIBRERÍA ESP. a Y EXTRAN. a 7 DE D. J. M. GEOFRIN, . Impresor honorario de Cámara de S. M. Sierpes, 35. 1X15:.1,
PROEMIO. •■••■•~.."/"...~..r. H A llegado el momento de dar á la estampa esta reseña histórica, sin lesion de intereses particulares, sin apariencia de aspiraciones ambiciosas é impacientes, y cuando satisfecha la espectacion pública en críticos instantes, queda lugar expedito á un trabajo que relaciona los hechos bajo la garantía de la sancion oficial, y atiende á, la exactitud y á i precision en. los detalles con preferencia á la forma galana y al efecto del conjunto. La crónica oficial precedía en otros tiempos á toda especie de narraciones acerca ce los sucesos notables de las repúblicas; porque la autoridad entónces presidia al movimiento de ellas, iniciando la marcha con sus medidas preliminares. La crónica oficial en nuestros dias aguarda su turno, cediendo el paso á las obras que han dado en llamar de palpitantes circunstancias; porque el principio de autoridad en nuestra época huye de imponerse, y se ejercita conciliándose cuanto es posible con la amplitud de accion de todos. Antes se aspiraba á fijar la opinion por medio de las publicaciones autorizadas, y previniendo cuidadosamente los extravíos que pudiera sufrir por el error, involuntario ó malicioso. Hoy se abre curso á las opiniones, que por su misma diversidad no ofrecen grave peligro, y cuando se agota el texto á fuerza de comentarios sienta mejor la historia comprobada y severa que restablece los juicios en su centro natural.
••••--- 10 m nits; distribuyendo al coun de los necesitados, abundantes u por desgracia en los grandes centros de poblaeion, veinticuatro mil panes de á libra y media en exactas proporciones en los cuatro dias. La se g unda clase de auxilios tocaba de derecho á las familias afligidas por los rigores de la adversidad al tiempo mismo de la llegada de SS. MM. y AA., y se dispusieron bonos de quinientos reales á favor de cuantas perdieran su sosten y amparo en instantes tan plácidos para sus convecinos. Coincidió con tan prósperas circunstancias cierto legado piadoso de un bienhechor difunto, y por medio de la Junta Municipal de Beneficencia decidiose repartir la suma de cuarenta y cinco mil ochocientos treinta y seis reales, noventa céntimos, entre huérfanos, viudas, clérigos, religiosas y religiosos de Sevilla. El alivio de la clase proletaria, tan sujeta á desdichados accidentes y á repetidas penalidades, no pocha pasar desapercibido para los celosos comisionados, y en efecto deparó su liberalidad 40,000 reales á la obra de redimir los empeños de me- nor cuantía, verificados sobre ropas y prendas en el Monte de Piedad durante los meses de febrero, marzo y abril. La Excma. Biputacion Provincial acordó distribuir cien mil reales en diferentes premios para recompensar las acciones meritorias de individuos pobres que tuviesen establecida su residencia en los pueblos de la provincia; repartir veinte mil reales en limosnas á domicilio, y costear comidas extraordinarias á los penados del correccional de San Agustin y á las penitenciadas de Santiponce. La testamentaría del Emmo. Sr. Cardenal Arzobispo de esta metrópoli, D. Manuel Joaquin Tarancon (Q. S. G. H.), prometió favorecer á la seccion pobre del vecindario con dos mil hogazas de pan. El Tribunal Superior del territorio votó una comida extraordinaria para los presos de la cárcel pública en uno de los dias de festejos; y el Ilustre Colegio de abogados señaló diez mil
reales vellon para subvenir á los apuros de viudas y linérfano,,, pobres de sus colegiales, sin perjuicio de los dividendos ordinarios. La distinguida Acadeniia de Jurisprudencia y Legislacion dejó resuelto costear un grado de licenciatura, en una d otra de las dos nuevas secciones que se reparten el estudio de la ciencia del derecho, á un estudiante sobresaliente y de escasos medios de fortuna; remitiendo la eleccion al cláustro de la Universidad Literaria con honrosa galantería. Las órdenes militares convinieron en repartir mil hogazas de pan; fijando por punto de recogida de tal limosna la capilla de San Benito de Calatrava. Los, caballeros de la órden de San Juan de Jerusalem facilitaron recursos para dar comidas extraordinarias á los recogidos en los hospitales del Santo Cristo de los Dolores, Sacerdotes Venerables, San Bernardo ó de los viejos y San Juan de Dios, como asímismo á las alumnas gratuitas del Beaterio de la Santísima Trinidad, acogidos de ambos séxos en el de San Vicente de Paul, y jóvenes arrepentidas; distribuir un socorro en metálico á los enfermos del hospital militar; favorecer con un donativo á las religiosas de la órden y á las viudas y huérfanos de los caballeros que hubiesen venido á trances aciagos de fortuna. La Real Maestranza de Caballería de esta ciudad, dueña de la plaza de toros, dispuso dar t los pobres las carnes de los animales que se lidiaran en la primera corrida á que SS. MAI. se dignasen concurrir; adquiriéndolas del asentista á este propósito y para coadyuvar á las limosnas de panes de otros institutos. La Sociedad Sevillana de Emulacion y Fomento se propuso adjudicar catorce mil reales en premios á los individuos pobres que mas se hubiesen distinguido por sus virtudes y aplicacion al estudio, y dos medallas de oro á los maestros de primera enseñanza que tuviesen demostrados mayores desvelos por la edncacion de sus alumnos. La Academia de Medicina y Cirujía vino á asociarse á la
— 1 2 --- beneficencia de todas las corporacione s con el contingente de mil panes de á libra y media que habían de darse en el segundo día de festejos. El Hospicio Provincial, merced á las solicitudes constantes de su Junta directiva, recibió veinticinco dotes de á mil reales para otras tantas jóvenes pertenecientes al instituto benéfico; invirtiendo además una suma considerable en el pago de dotes de diferentes patronatos, adjudicados antes, y no satisfechos por no alcanzar á su abono los productos de las correspondientes obras pías. Los hermanos de la Santa Caridad, dignos hijos del venerable siervo de Dios Don Miguel de ?dañara, destinaron á los pobres cuatro mil panes de á libra y media, y el cabildo de gobierno costeó una comida extraordinaria á, los numerosos recogidos en el hospital, primitivamente hermita de S. Jorge. Las clases comercial y mercantil dividieron la cantidad de cien mil reales en donativos de dos mil a quinientos, con destino á, los individuos de ambas clases, anexas profesiones y carrera marítima, víctimas tristes de inmerecidos infortunios; estendiendo beneficio semejante á viudas y huérfanos de los fallecidos bajo el imperio de tan acerbas circunstancias. Las sociedades, consagradas al solaz y á la reunion grata en círculos y centros, se adhirieron noblemente á la excitacion generosa de todas las clases de nuestra sociedad en época tan notable, y el Círculo Mercantil, no contento con acordar dos comidas extraordinarias á los pobres del beaterio del Pozo San- to, y a las huérfanas educadas en el de la Santísima Trinidad, determinó el sorteo de cinco dotes de á dos mil reales entre niñas totalmente huérfanas, impúberas y recogidas en el. Asilo de Mendicidad de San Fernando; admitiendo la oferta laudable de la sociedad sevillana de seguros mútuos sobre la vida, intitulada la Paternal, quien aceptara dichos dotes, libres de todo gasto por concepto de a dministracion. El centro del Recreo decidió repartir una abundante limosna depan á los necesitados
A durante la permanencia de la Córte en este pueblo, y el Círculo de labradores y propietarios redimir los empeños de á diez reales vellon, hechos sobre ropas en el Monte de Piedad., antes del treinta y uno de agosto anterior inmediato. De esta manera las autoridades locales y de provincia, cuerpos, institutos, sociedades y asociaciones estimaron de con veniencia suma y extremada oportunidad prevenir á la Córte un acceso, pródigo en efusiones de júbilo y entusiasmo; atendiendo á disminuir en la esfera posible los sufrimientos de la clase menesterosa y la angustia de las personas desvalidas: sombrías nubes en el limpio horizonte del alborozo popular, tan expresivamente ingenioso en los pueblos meridionales. En punto á demostraciones públicas el municipio sevillano, no solo debia trazar el cuadro de las que le fueran respectivas, sino combinarlas con las votadas por las demás autoridades y cuerpos, á fin de repartirlas en Bias y horas competentes y adecuados al mayor lucimiento de todas y cada una de ellas. Por su parte el cuerpo capitular dispuso que en la noche de la llegada de SS. MM. y A.A. se obsequiara á los ilustres viageros, huéspedes de los Serenísimos Sres. Duques de Montpensier, con una brillante serenata de instrumental de cuerda; componiendo la orquesta ciento cincuenta músicos, entre cantantes é instrumentistas, dirigidos por el antiguo y acreditado profesor D. Andrés Palatin, maestro de la seccion filarmónica en el Asilo de Mendicidad de San Fernando y músico mayor de la Ciudad. Habia de preceder á las escogidas piezas que componian la serenata un himno, dedicado á la Real persona, letra del distinguido escritor D. José Fernandez Espino , catedrático de literatura española en la facultad de filosofía de nuestra ínclita Universidad Literaria, y música del expresado compositor Palatin. Para la noche en que SS. MM. fueran servidos de honrar
1 4 — con su presencia el coliseo de S. Fernando (donde actuaba temlmente la compañía cómica á cargo del primer actor señor poi Bardana), fué deparado por determinac ion de S. E. otro himno nustra augusta Soberana composicion lírica del eminente á aestro D. Francisco Rodriguez Muela y poesía del autor de m estos apuntes históricos. Coincidiendo con la bellísima constraccion de un templete mnedio de la plaza que l leva el nombre de la Infanta Doña e Isabel, y del que nos ocuparemos mas adelante, acordose elevar dos tablados espaciosos, donde se ejecutaran toda suerte de danzas nacionales: lo mismo la vetusta muñeira que la donosa jota valenciana; las redondeles de Castilla que las picantes seguidillas manchegas; la jota de kragon que las saladas mollares andaluzas. Treinta parejas, segregadas en grupos, lujosa y diversamente vestidas, y bajo la direccion del coreógrafo Don Juan Alonso, tenían cometido el solaz de la Córte en espectáculo ameno; constando de cincuenta instrumentistas la banda militar con destino al acompañamiento de las evoluciones airosas de las diferentes cuadrillas. Atendiendo al esparcimiento de los ánimos de las ciases menos acomodadas, y que en tales circunstancias careciesen de facultades para introducirse en muchos de los espectáculos, preparados para solemnizar la venida de la Córte, resolvió el municipio utilizar los adelantos en la pirotecnia recreativa del jóven maestro en la es p ecialidad de fuegos artificiales, D. Manuel Martinez de Pininos, experimentado en mérito y puntualidad en anteriores fiestas. Quedó contratado dicho jóven profesor para dar funciones públicas en las tres primeras noches de la residencia de SS. MM. en Sevilla: la primera á las ocho de la noche en la plaza de los Descalzos, hoy consagrada al Serenísimo Príncipe heredero: á igual hora la segunda en la famosa Alameda de Hércules, y la tercera 'frente al ex-convento de San Jacinto en el barrio de Triana. El cumplimiento escru p uloso de los programas que sirvieron de base al convenio con S. E. que-
— aló satisfactoriamente acreditado; sancionando el público con su explícita aprobacioii el acierto de la Ciudad en valerse de los servicios de tan notable corno laborioso pirotécnico. A estas demostraciones escogitadas por la administraeioii correspondieron con las suyas respectivas la autoridad militar, organizando un simulacro vistoso; la Real Maestranza de Caballería, preparando un baile en el edificio del Consulado, traza admirable del maestro Juan de Herrero; el comercio, autorizado galantemente por el Ilmo. Cabildo eclesiástico, ofreciendo una suntuosa funcion de fuegos de artificio en la enhiesta torre de la Giralda bajo la direccion facultativa del polvorista D. Fernando Muñoz; la Diputacion provincial, señalando dia para la inauguracion de las obras clei puerto; exornando con iluminaciones de gas el magnífico puente de hierro de Isabel Segunda; erigiendo una lujosa tienda de campaña entre la torre del Oro y el puente para recibir á SS. MM. y comitiva; facilitando las condiciones de una fiesta veneciana en el Guadalquivir, y dando una costosa funcion pirotécnica en la banda del arrabal de Trajano, bajo la direccion inteligente del maestro D. Ricardo Muñoz; la empresa del teatro de S. Fernando escogiendo las funciones mas acreditadas de su repertorio, y la del circo tauromáquico, anunciando dos corridas extraordinarias, en las cuales el singular diestro Manuel Dominguez, con los tres hermanos Carmonas (José, Manuel y Antonio), alternarian en ala lidia de dos tandas de toros, pertenecientes á las reputadas ganaderías de los Sres. Taviel de Andrade y de la Concha Sierra. Conviene expresar que el municipio adornó con fausto verdaderamente régio el palco destinado á SS. MM. y AA. en el coliseo de S. Fernando; confiando la direccion de obra tan importante al maestro D. Antonio de Paradas, justamente reconocido por sugeto de gran pericia y gusto inmejorable en este género de exornos.
— 16 — IV. Votadas yá las demostraciones públicas de que habian de ser objeto SS. MM. y Real familia en el recinto de la fidelísima ciudad, quedaban por resolver las especiales, dirigidas al particular obsequio de los huéspedes augustos. Unas habian de preceder á la entrada de la Córte; otras coincidir con ella, y las demas por su órden formar parte de las manifestaciones de alborozo, rendidas por el municipio en calidad de intérprete de los leales sentimientos del vecindario. Entre las primeras especiales merece colocarse la primera la construccion de una carretela airosa, elegante y rica, acomodada al género de tiro, esencialmente andaluz, llamado á la calesera; obra del maestro de carruajes D. Julian iglesias, quien de acuerdo con la comision de festejos reales no perdonó diligencias ni gastos para que el vehículo reuniese las circunstancias de gusto y esplendor á las condiciones propias de esta especie de coches, tirados por troncos de caballos escojidos, y enjaezados con vistosa gala; obedeciendo más á la voz de sus mayorales que á la sugecion de las riendas, y remitidos los delanteros á la direccion inteligente del zagal, obligado coadjutor de los conductores. Los caballos fueron buscados en la posible analogía de formas, pelos y alzadas por el Sr. Marqués de Sales, aficionado de indisputable inteligencia, y animado á mayor abundamiento en su cometido por el afan de corresponder á la lisonjera confianza de la Ciudad; tomando á su cargo D. Antonio Ortiz, dueño de un acreditado depósito de coches de alquiler, acomodarlos á la union en el tiro ; familiarizarlos con perspectivas y afluencia de gentío, como con las salvas, estrépito de músicas y bandas militares y bullicioso movimientopopular. La municipalidad quería añadir á este presente, ofrecido con respetuosa reverencia á la Real familia, otro regalo en armonía Pon la índole del primero; contribuyendo á la vez al efecto
— 1 I á de las Reales personas en el numeroso concurso que saliera recibirlas á la estacion de la via férrea de Córdoba á Sevilla. Era práctica acertadísima de S. 31, en viajes anteriores hacer vestir á los tiernos Príncipes, sus hijos, con el trago característico de las' provincias que visitaban; habiéndose repartido por entónces y circulando profusamente por la Península, retratos fotográficos, grabados y en litografía del Sermo. Sr. Príncipe en hábito de labrador de las montañas de l Santander, huertero del ameno jardín que circuye á, Valencia, y payés catalan. El trage andaluz favorece indisputablemente mas que todos los del norte de España; porque en lo bizarro del colorido, en la gracia del corte, en el lujo de los accidentes, y en la bella variedad del conjunto, no solo denuncia la valiente inspiracion de un clima privilegiado, sino tambien alía á esta influencia local las tradiciones árabes, vivo reflejo del lujo de Oriente. Ofrecer á SS. AA. equipos andaluces equivalía á secundar el gusto de nuestra Soberana porque sus hijos excelsos honrasen el tipo particular de cada provincia ; completando el donativo de la carretela con añadir á la gracia del regalo el gracejo de los vestidos, como digno esmalte de la donosura infantil de los Príncipes. En esta parte de la Andalucía baja es donde el trago andaluz se recorta y atilda; mereciendo la calificaron de majo, perdido un tanto el carácter agrícola que adquiere en las ciudades de Übeda, Jaen y Granada. Aquí, esto es, de Córdoba á los puertos, el majo toma carácter de ciudadanía: la faja es de doble seda; la camisa ostenta botones de pedrería ricamente montada; la chibata (5 porra se convierte en larga y derecha caña de Indias, con casquete, contera y anillos de plata en sus nudos, y el mismo botin se perfila de suerte que indique no servir para montar á caballo. A aparecer con este vestido el Sermo. Príncipe de Asturias iba á juntar á sus títulos al amor y al respeto de Sevilla la satisfaccion de distinguir adoptándole un tipo galan, acreedor á las simpatías que disfruta en la estimacion artistica de naturales y extrangeros. 5
8 — onde q uiera que un tipo se pone en contacto con persona D naltecida por privilegio de la naturaleza, favor del nacimiento, e realce de la fortuna, y e aun más por esa supremacía del buen gussabe g ran á la belleza que adopta un accesorio que la toqu sublima, resulta necesariamente una modificacion, un giro nuevo que de allí en adelante constituyen regla preferente para la atenta imitacion. Habiendo venido á nuestra capital, y en temporada de féria, en compañia de nobles deudos'', la hermosa y atractiva Señorita Doña Eugenia de Guzman, Condesa de Teba 9 (hoy Emperatriz de los franceses, prez de su hidalgo país en las márgenes del Sena, y ángel tutelar de pobres y desvalidos en el vecino imperio), determinó presentarse en las avenidas del real, ginete sobre un arrogante caballo andaluz, y en el trage de hija encantadora del suelo bético. La maja andaluza nada tenia de ecuestre, y cuando mas en romerías devotas ó en bulliciosas giras solia aparecer sentada á la gurupa del tordo ó el alazan que regía el majo con gallardía y destreza; ceñido el brazo á la cintura del mancebo, y confiada totalmente á su apoyo y tutela galante. Estudiando la manera de realizar su capricho, la apuesta y gentil Condesita formó un compuesto entre el vestido femenil andaluz y la traza de esas audaces contrabandistas de la serranía lindante con Portugal, y de la montuosa cercanía del Pirineo; prolongando la enagua, cargada de faralaes y pasamanería de seda, hasta las proporciones de una amazona; cubriendo la cabeza con un pañuelo de Madrás, flotantes sus picos á la espalda; haciendopesar en torno á sus sienes el sombrerillo redondo, derivado del turbante morisco, y marcando el óvalo de una cara radiante de hermosura y animacion el barbuquejo de cinta negra, anudado en lazada profusa bajo el rosado hoyuelo de una barba adorable. El tipo, gracioso de suyo, y realzado con el esplendor ° de su favorecida creadora, obtuvo un éxito difícil de explicar, y la maja contrabandista quedó leconocida por compatriota, pués su idealidad no desmentía el sello de orígen.
La Ciudad dispuso para la Infanta Isabel un trago de este género que con el de su augusto hermano, ambos perfectamente concluidos, habian de ser presentados en Córdoba á los esclarecidos viajeros por una comision capitular, presidida por el Sr. Alcalde, 1). Juan José García de Vinuesa. Tanto el conductor corno los zagales recibieron equipos andaluces á, todo costo: chaqueta, chaleco y calzon de terciopelo azul; medias de seda de patente; zapatillas con escarapela y boton; sombrero de alzado reborde con piñas correspondientes en ala y copa; botonadura de cuello, pechera y puños; camisa de chorrera de encajes; juego de afianzadores de muletilla y de plata para completar el adorno, y sendos látigos; sin olvidar los finos pañuelos de punta bordada en los bolsillos laterales de la chupa rumbosa y macarena. Los hermosos caballos del tiro ostentaban jaeces, laborados con pulcritud y esmero; sacudiendo sus cabezas en los aires de briosa marcha los penachos, borlas y caireles lindísimos de seda roja y oro en motas, madroños, cordones y flequillos, y haciendo vibrar en alegre concierto campanillas y cascabeles sonoros, pródigamente sembrados en sus colleras. No faltó Zoilo envidioso, ni dejó de haber ceñudo Aristarco, que tachasen de inoportuno, y aun escéntrico, el donativo de la carretela así preparada; porque no hay peor familia que la familia de los críticos que procuran esta ocupacion á sus ócios. Los que conceden su valía á las particularidades de cada distrito y localidad aplaudieron la idea de la cornision como la mas idónea para significacion genuina del pais, y muestra de un estilo peculiar de sus moradores, que' cabalmente asocia la circunstancia de especial y atractiva en alto grado. El pueblo con su instinto fiel y seguro, cuando la seduccion no le extravía, ni le impelen pasiones aviesas, dió sancion espansiva al pensamiento del regalo, y más tarde S. M. convino, como no podía menos de suceder, con el dictamen de las personas sensatas; otorgando al obsequio de Sevilla una estimacion marcada y preferente.
— 26 donde habia de ser ofrecida á S. M. la llave simbólica de las comarcas meridionales; singularizando su yá distinguida persona con esta oficiosidad, estudiosa y útil á la vez; enriqueciendo las columnas de su estimable periódico con rápidas pero interesantes correspondencias, relativas al recibimiento de los viageros augustos en las poblaciones favorecidas en su tránsito, y recogiendo notas, apuntes y datos preciosísimos para la confeccion de un volumen deleitoso, corno sin duda lo será (i) el que espera impaciente el público de tan bien tajada péñola. Al incorporarse de voluntario y fiel satélite en la órbita cortesana yá quedaban procurados y obtenidos los patrocinios oficiales de la Excma. Iiputacion Provincial y cabildo civil en favor de la edicion de gran lujo, prometida alentadamente por el Sr. Tubino, apesar tle las dificultades extraordinarias que presenta la ilustracion en debida escala de tales textos en nuestra provincia, donde escasean tanto aun los dibujantes, grabadores y litógrafos, que colaboren con sus respectivas tareas á la hermosura de la tirada y á la estimacion de la obra en su parte artística. Circulaban los prospectos, todavía sin el poderoso incentivo del nombre de un autor semejante, cuando el periódico La Andalucía anunció á sus lectores la audiencia particular, concedida á su director por una Soberana, fácil siempre al acceso de los hombres de inteligencia y valía moral, y luego supo el público aficionado á estas obras de circunstancias palpitantes que S. M. la Reina habia venido en admitir la dedicatoria de tan ameno trabajo histórico en nombre del tierno Príncipe de Asturias; autorizando al Sr. Tubino á colocar ambos venerandos nombres al frente de su crónica. Corno se vé por esta gradacion de adelantos el vine de la córte proporcionó al director de La Andalucía honra y provecho; si bien los merecían sobradamente sus afanes de editor; sus gastos, corno escursionario á suspro- (i) Recuérdese que estas páginas se escribieron en octubre de 1.862, y cuando solo era conocido el prospecto de la obra mencionada.
mas expensas; sus gestiones fatigosas por introducirse en todas partes á explorarlo todo; sus mismas horas vacantes, empleadas en revistas con destino á la insercion inmediata en el diario sevillano de las peripecias de cada dia; sus vehementes solicitudes por llenar la cartera de noticias raras, pormenores curiosos y antecedentes ámplios de las cuestiones locales; sus luchas continuas por fijar fugitivas impresiones, coordinar fugaces recuerdos y establecer enlace entre episodios de variedad tan múltiples; sus penalidades en el mero hecho del doble papel de asiduo testigo y concienzudo historiógrafo de acontecimientos, tan eslabonados como heterogéneos entre sí. El Sr. Tubino conoce bien el subido precio á que se adquiere la significacion social, y puede repetir como pocos aquel célebre endecasílabo: "Por estas asperezas se camina" La Ciudad (después de una pretension reciente al encargo de escribir su historia, que dió por resultado la adjudicacion de este deber al gefe de la seccion de archivo, sin grávamen alguno de los fondos del comun) contaba con un cronista, como Barcelona, Valencia y Córdoba, á quien cometer la redaccion de un libro oficial, que á la simpatía del escritor acompañara el prestigio de la autorizacion especial de S. E. y la ocasion favorable de registrar los precedentes y actuados en que constaran los hechos, desde sus preliminares hasta su consumacion. Yá se imprimiera este libro para su reparticion gratuita por cuenta del Ayuntamiento, yá se dejara la publicacion al cuidado del cronista, auxiliando con algun contingente los indispensables costos de la edicion, el municipio hallaba ejemplares de ambos estilos en los anales de la antigua y moderna administracion. Pero acordado subvenir á la crónica del Sr. Tubino por una parte, y temiendo por otra provocar concurrencia entre las publicaciones, con detrimento de interes privados, la comision dispuso abstenerse de sacar á luz relacion oficial del viage de la Córte, sin perjuicio de dar empleo á la pluma de su historiógrafo; tanto para elevar el fruto de sus vigilias estudiosas á las manos
28 augustas de la excelsa Soberana, cuanto . p . ara incluir en su archivo de privilegios (seccion 1. a de la division histórica) la erencia del feliz acontecimiento con todos sus detalles, entre ref los demás testimonios de los calorosos preparativos, obsequiosos homenages, y ardientes manifestaciones de la Ciudad. El Ayuntamiento tenia la ventaja de ocupar entre los individuos que componen el - personal inteligente y laborioso de su secretaría á uno de esos raros y concienzudos conservadores de las buenas tradiciones caligráficas , que desdeñando el carácter mixto de Iturzaeta, mantienen la gallardía de la antua escritura cancilleresca española, sábiamente modificada -, ;0u pul . Torcuato Torío de la Riva, y reducida á mayor soliniu en rasgos y nexos por el famoso padre Santiago de las Ecuelas Pías. B. Manuel BaMomero Romero, hijo de un reputado profesor de instruccion primaria, y afecto desde sus primeros años á los trabajos que constituyen la bella y clásica escritura, era el oficial mas apropósito para sustUir al lápiz de diestro litógrafo ó á los buriles de hábil grabador con el ministerio de su pluma firme y magistral; imitando en la superficie tersa de batido pergamino el texto de códices, privilegios rodados, Reales cédulas y testimonios de blason, al copiar dos ejemplares de la crónica con el destino que mencionado quela. De esta conformidad la relacion histórica del cronista, ora consignada en poder de S. M. la Reina, ora en fiel depósito en el archivo para su transmision á las administraciones futuras, propalase conciliar en su redaccion la alteza del recuerdo y la mayor conveniencia de método y estilo, y en la parte material del pensamiento escolia las formas pulidas bizarras con que encumbraron el arte pendolista los monges trapenses y los oficiales del Consejo, Cancillerías y Reyes de armas, con otros ponderados escritores de los siglos XIII, XIV y XV. El Sr. concejal D. Francisco Javier de la Borbolla propuso esta sostitucion del invento de Guttemberg por la esmerada escritura caligráfica, y consagrada su mocion por el acuer-
— 29 do del cabildo, se procedió sin pérdida de momento á componer y escribir esta memoria; privada del curso expedito que abre la tipografía á los frutos del entendimiento en aras de personales consideraciones; más no desmayando por este sacrificio, ni en la fé del ánimo, ni en la constancia de la voluntad. VEZ. Apurados los recursos ordinarios del municipio, é insuficientes á subvenir á las atenciones que acrecen cada día en pos del desarrollo de la cultura, diose á conocer á los primeros proyectos de fiestas públicas la irremediable necesidad de proponer al gobierno supremo la ampliacion de medios establecidos en la ley para sufragar los gastos legítimos; cubriendo las expensas,, traidas por el imperio de apremiantes circunstancias. El Aym tamiento de Cádiz, dejándose arrastrar por los impulsos del entusiasmo, votó para sus festejos una suma superior á la permitida en vigentes instrucciones, y al saber la desaprobacion del correspondiente centro administrativo hubo de enviar una comísion de su seno á la villa y córte para representar la cuantía de perjuicios que iba á, sufrir, si lo señalado de la ocasion no se tenia en cuenta y por bastante disculpa del referido exceso. El cabildo sevillano se abstuvo de medir los arranques de su generosidad por la desembarazada accion de otros tiempos, y consultando las reglas que el principio de centralizacion impone por norma indeclinable á todas sus dependencias, ciñó sus demostraciones á las facultades espresamente otorgadas; obteniendo una aprobacion pronta y feliz, trasmitido su anuncio en despacho telegráfico por el diputado á córtes, Sr. Conde de Peñaflor. Era llegado el tiempo de trazar las decoraciones y perspectivas con que se engalanaran plazas, paseos y edificios, iluminándose de nocheprofusamente. El Ayuntamiento acordó
— levantar un arco de triunfo en la calzada que desde el puente de Isabel II sigue hasta la puerta de Triana , y entre los últimos trozos del malecon, que desde el almacen del Rey se prolonga hasta la resolana de la Caridad, y otro en las gradas de la iglesia matriz, ante la adjunta parroquia del Sagrario y presentando el otro costado á, la calle travesera de Bayona. El Sr. Gobernador de la provincia y los empleados públicos de la capital erigieron á sus expensas otro arco á la entrada de la calle del Ángel, y la Diputacion Provincial elevó el suyo en la plaza de Santo Tomás y hacia su promedio. El primero de los arcos á costa de la Ciudad, ó sea el de la calzada, pertenecia al órden corintio ; severo y magestuoso en su estructura; sencillo pero noble en la traza y arreglo de trofeos, alegorías y bajos relieves; distinguiéndose en los intercolumnios las clásicas figuras de Hércules Libio, y Julio César y las estatuas del Santo Rey y de Garci Perez de Vargas. Por la parte del friso que se descubria desde el puente hailábase escrito este cuarteto endecasílabo: "Abre sus puertas á Isabel Segunda la muy noble ciudad de S. Fernando, alborozada al generoso impulso del respeto, el amor y el entusiasmo." En cl friso que servia de reverso podía leerse en caracteres romanos esta otra inscripcion: "A1 rumor de los vítores sin cuento, señal de su cariño y alegría , de serte fiel hasta el postrero dia Ifíspalis te renueva el juramento."
51 Este arco se confió por la comision de festejos á la relevante inteligencia artística del pintor italiano D. Juan Bautista Vivaldi , acreditado en nuestra capital por brillantes pruebas de su génio y competencia para ejecutar y di-igir, y á quien el Sr. Alcalde presidente invitó al concurso de sus planes; haciéndole venir de Cádiz en compañía del Sr. Alessandri, su reputado cólega. Lástima que tan esmerada obra no estuviese totalmente concluida á la llegada de SS. 11111. y AA.; no sin dar pábulo á la murmuracion, que si alguna vez se fijó en el artista, increpaba mas, y con visos de fundamento, á los encargados en dirigir las distintas piezas que la componian. El monumento constaba de sesenta y cinco piés en su altura total por diez y ocho de luz en el centro. Lo cierto es que sin hallarse coronada la obra por el cuerpo ático, en cuyo remate debia figurar una estatua gigantesca, los inteligentes aplaudian el pensamiento y los detalles, y el mismo vulgo cedía á la magnífica impresion de aquel órden arquitectónico, interpretado en toda su grandiosa solemnidad. Las inscripciones, originales del Sr. D. Juan José Bueno, traducen la sublime s e ncillez de la antigüedad en los idiomas helénico y latino. El arco segundo de los costeados por el E71'filo. Ayuntamiento, cerca de la iglesia catedral, era composicion del arquitecto munícipe D. José de la Coba; y dirigido en la parte material de su ereccion con asídua perseverancia por este celoso facultativo, estuvo acabado dias antes del término preciso. Pertenecia como el primero al órden corintio, el mas propio sin duda tratándose de pórticos y arcadas ; ocupando un rectángulo de treinta y siete y medio piés de largo por una latitud de diez seis, y esparciendose agradablemente la vista en la regularidad y de cornisamento, pedestales é intercolumnios, donde resaltaban las estatuas simbólicas de las bellas artes. Un cuerpo ático descansaba sobre la cornisa, y en dos lápidas contrapuestas leíanse las inscripciones siguientes, admirable importacion al idioma castellano del corte gráfico latino, hecha por el Sr. Bueno:
52 A Isabel Segunda Clementé , munífica , Patrona de las ártes y de las ciencias , Autora inmortal de sábias leyes, Nieta de San Fernando, Heredera de los Alfonsos , Y de Isabel la Católica. En el lado posterior decía : A Isabel Segunda, Piadosa ,feliz, triunfadora , Madre de la Pátria , Alivio del infortunio , Gloria del sólio hispano, Salvaguardia de las libertades públicas , Sevilla gozosa. En los estremos de este arco ochó génios sustentaban escudos con el blason de Sevilla y en el centro España en figura de bélica matrona sostenia el escudo Real. La altura del arco era de sesenta y nueve piés, en imitacion del mármol blanco su masa, y de oro sus basamentos, chapiteles y relieves. SS. MM. distinguieron esta obra con estimacion benevolente; ocupándose de su acierto en una recepcion afable de la comision municipal que diariamente les acompañaba en sus visitas. El arco sito en la calle del Ángel pertenecia al órden dórico; entrando en su comp g sicion imitaciones del granito, la piedra arenisca y el mármol. El erigido por la Diputacion Provincial denunciaba el órden compuesto, si bien era mas armónico con el anterior del
55 municipio en la distribucion respectiva del blanco y del oro. Todos se iluminaban con arañas de cristal, candelabros, aparatos de gás y vasillos de colores. V LE Los jardines á izquierda y derecha de la puerta de Jerez se adornaron con un número considerable de vasillos de colores; ideándose para el centro del salon llamado de Cristina una fuente fantástica, alimentada por gás y compuesta de tres cuerpos, decorados con jarrones y estátuas, arrojando raudales de fuego por las conchas y bocas de los leones. No fué posible acabar á tiempo esta fuente y en las condiciones que suponia su traza; que á serlo hubiérase singularizado en las perspectivas de mayor novedad y efecto que votó el cabildo. La empresa del gás, abrumada por toda especie de compromisos de parte de las autoridades, corporaciones, institutos, sociedades y particulares distinguidos y opulentos, declaró que no alcanzaban sus calderas á surtir el caudal de aguas de fuego que dicha fuente requería; limitándose. entónces la idea y amenguando no poco el golpe de vista nocturno, supuesto que la cantidad de luces ya no correspondia al inspirado pensamiento original de este monumento, fantástico verdaderamente. La puerta de Jerez fué tarnbien iluminada por el gás en labores primorosas; demarcándose por el propio medio la inscripcion que existe en el ático. El Ayuntamiento costeó mil seiscientas fogatas con destino á la torre de nuestra metropolitana Basílica , y á fin de que las arquitecturas arábiga y gótica, que campean rivales en la Giralda y templo contiguo, destacasen de entre las sombras sus arcos atrevidos, sus agujas bizantinas, el laberinto de sus terrados, sus linternas y cimborrios, y caprichosos remates. La Ciudad contribuyó con el clero á iluminar los campanarios de todas la$ iglesias parroquiales para que al vuelo de las campanas
alegres repiques correspondier a la decoracion festiva de las en torres. El paseo del Triunfo por su proximidad á los Reales Alcázares recibió por aumento de su alumbrado ordinario dos candelabros de varios mecheros, farolillos de colores y aparatos de gás en las copas de los naranjos; cumpliendo marcar con este gran. foco de luz el distrito donde se encuentran los edificios mas notables de la metrópoli. Las plazas del Salvador, Duque, Magdalena y Museo, fueron engalanadas con esbeltos candelabros que hiciesen mas lucida la iluminacion general en las noches de festejos, y la del Sermo, Príncipe D. Alfonso, ademas del expresado contingente de mecheros, distinguióse con luces extraordinarias de colores prismáticos en gracia del nombre augusto que la designa. En cuanto á las Casas Capitulares habia que atender á la decoracion del trozo monumental y galerías alta y baja; porque tanto el área de la nueva obra para construir un pabellon al gusto plateresco, como el que se restaura hoy, cuanto la fachada de la plaza nueva en el espacio que fué convento del Patriarca de Asís, exigían alzados provisionales, yá ocultando el comienzo de nuevas obras, yá la demolicion de las antiguas. Contrayéndonos al referido trozo monumental dirémos que á las colgaduras de terciopelo carmesí y tela de damasco, estrenadas recientemeWe para la fiesta del Santísimo Sacramento, agregóse la exhibicion del retrato de S. M. bajo un sitial de todo lujo, y al pié de la galeria, y en la línea que resta de lo que se llamaba el apeadero, se colocaron macetas de naranjos de China y plantas raras, formando un jardín artificial vistosísimo, alumbrado por luces de gás en hechura de azucenas. El espacio que antes ocupaba una acera de casas y accesorias, derruidas para el ensanche del consistorio en segundo pabellon, quedó cubiertopor una imitacion en perspectiva del pabellon antiguo, debida á los pinceles del artista escenógrafo Don Salvador Montesinos. Se pensó en figurar la fachada futura de la casa de Ciudad en la
55 — plaza de la Infanta Doña Isabel, valiéndose del lienzopara el fróntis y de madera torneada para los objetos salientes y cuerpo de verjería, pero el excesivo costo de tan dilatada decoracion y el escaso tiempo de que podía disponerse hicieron desistir de su proyecto á los individuos de la comision contentándose con el diseño y traza presentados por el Sr. Montesinos y que satisfacían esa necesidad en que se ha constituido el Ayuntamiento de conceder sitios de preferencia en cuantas funciones ocurren, sean cívicas ó religiosas. Consistía la idea del Sr. Montesinos en levantar dos extensas galerías en plano inclinado, con balaustrada y capaces de gran número de sillas y bancos en largas hileras. Por la parte baja componían este cuerpo un muro de bien fingida sillería con zócalos, recuadros, cornisa, balaustres, pilares y remates de flores, y detrás de los asientos lanzábase el cuerpo segundo de arquitectura, entre cuyas columnas y arcadas habia transparentes con perspectivas de jardines que á favor de las iluminaciones interna y exterior hacían una ilusion imponderable. Los dos órdenes de balcones de los edificios particulares en el cuadrado de la plaza nueva lucían colgaduras rojas y blancas, guirnaldas de flores y trofeos; fijándose mástiles en todas las azoteas, en cuyas puntas flotaban banderas y gallardetes de todas las naciones y matrículas; consagrándose á la iluminacion de los huecos de luz farolillos de cristales verdes y rojos alternados. Ilumináronse tambien los cuadrados del paseo con aparatos de gás en los pies de los faroles, y en forma de soles radiosos y de estrellas, y una tubería de plomo, adherida á las ramas de los copudos naranjos, y despidiendo en su interior séries de llamitas, reflejaba la clara luz del gás con el tinte pálido que le imprimía el verdor lozano de las hojas. El obelisco (del que nos ocuparemos inmediatamente, y que la córte espontáneamente calificó de monumento régio en todas las acepciones de la palabra) venia á completar el cuadro ofrecido á la multitud en la plaza nueva, y cuya grata
42 isimulados su aspecto y su interior incomodidad. Árcos de d triunfo con leyendas sentidas y breves se levantaban al ingreso y á la salida de cada estacion, y la distancia entre las estaciones marcábase con ástas pintadas á franjas de los colores de nuestropabellon perínclito; sustentando banderas de várias naciones, y gallardetes de gran parte de las matrículas de las primeras ciudades mercantiles de Europa. XI. Los edificios militares se distinguieron á porfía en el adorno de sus fachadas; debiendo agotar los recursos de la imaginacion y los auxilios del arte la tarea de embellecer en algunos el fróntis descarnado de antiguos conventos, como el Cármen, el Hospicio de Indias, S. ilerrnenegildo y S. Francisco de Páula. Para evitar semejante empresa y los dispendios consiguientes, arbitró el Excmo. Sr. Capitan general, D. Genaro de Quesada, que cada instituto del ejército decorase el cuartel mas idóneo para el caso; yá por su particular situacion, yá por las ventajas relativas de sus condiciones externas , recayendo su eleccion oportuna en el local que frente á la parroquia de S. Miguel ocupa el bizarro batallon cazadores de Simancas; en el espacioso cuartel de caballería á la salida de la puerta de la Carne, que alberga al brillante regimiento de lanceros de Villaviciosa, y en el ex-convento de S. Francisco de Páula, donde se alojan algunas secciones de artillería á, caballoy que por su aspecto deforme y defectuosa direccion de las líneas de sus muros hizo necesario ocultar su frente con un cuerpo avanzado de bella y bien entendida decoracion. La Capitanía general, sita al extremo de laparte ancha del barrio, y casi paralela á una esquina que forma la entrada á la calle de las Palmas , carece depuntos de vista propicios al buen efecto de su decorado , y excluye todopen-
43 sarmiento de perspectiva á falta de espacio óptico. Comprendiendo S. E. el generalQuesada esta circunstancia desfavorable, y apercibiéndose de que los curiosos se habian de agolpar ante la, portada, única manera de ver el edificio, ideó una iluminacion de gás, severa y diestramente repartida; mandó erigir un dosel, de terciopelo grana con flecos de seda en el balcon principal, y entre dos centinelas de honor mantuvo patentes al respeto público los retratos de cuerpo entero de SS. MM. , obra de gran mérito artístico del Sr. B. Joaquin 1). Becquer. La Subinspeccion de artillería empleó un delicado gusto en colgar é iluminar su fachada. La de ingenieros, aprovechando la renovacion del edificio que ha utilizado (ex-convento de religiosas de Jesús), corno la anchura de la calle en que se encuentra sito, figuró en perspectiva un castillo militar, imponente y formidable como Gibralfaro ó Monjuich. La Intendencia militar sacó todo el partido posible de su fróntis para. destacarle del ángulo que le embebe en la plaza de Maese Rodrigo.. XII. Antes de cerrar esta parte primera de nuestra. relacion (la mas embarazosa ciertamente por el estrecho círculo de voces técnicas, giros análogos y semejanzas inescusables que la contiene en sus descripciones) haremos constar, que desde la ilustre casa solariega hasta el tugurio mas recóndito, no hubo morada alguna que espontáneamente no colgara sus huecos de luz en proporcion á los arbitrios de sus dueños; iluminando balcones y ventanas para favorecer el animado discurso de la gente por todos los barrios de la capital. El Exorno. Sr. Conde de Zuque hizo alarde esta vez de su casa-palacio en la plaza de la Magdalena , en cuya obra ha gastado sumas enormes ; estrenando un juego de colgaduras , bordadas de oro , dignas de las pilastras de la
— 44 -- amera Basílica del orbe cristiano , y alumbrando área y pr costados del edificio con extrema profusion de candelabros, arañas y flarneros de gás. El Sr. Marqués de Gandul, cuya casa hallábase restaurada con extraordinario acierto, le tuvo, y no poco, en disponer colgaduras de una elegancia notable para los balcones del dilatado frente, pabellones airosos en los marcos, y una série de lámparas caprichosísimas, con cabida para grupos de luces de muy buen efecto. Sería punto rnénos que imposible trazar un bosquejo siquiera de todas las casas que llamaron la atencion por su decorado y multitud de ideas ingeniosas para iluminar sus fachadas con novedad y esmero; más entre las de calle de Francos atraian la atenta consideracion de continuos espectadores la Villa de Madrid, almacenes y tienda amplísima de los Sres. Carrascosa 2 y el establecimiento, sin rival en nuestro continente en extension, belleza y lujo, propio de los Sres. Camino. Esperada la córte el diez y siete de setiembre, estaban concluidas desde el quince ó diez y . seis casi todas las decoraciones públicas y de particulares, y el Exorno. Ayuntamiento confió á la castiza y delicada pluma de su secretario, el Dr. D. José Elías Fernández, la redaccion de un folleto detenido, y fecundo en útiles pormenores de cuantos obsequiosos preparativos disponia la Ciudad para festejar digna y cumplidamente á SS. MM. y AA. Este precioso libro, repartido profusamente, rep roducido íntegro en los periódicos de la plaza,y estractado en hojas sueltas por impresores subalternos, era unaguía de comun utilidad para recorrer los distritos en que habiaperspectivas, exornos y objetos merecedores de la curiosidad de naturales y forasteros.
PARTE SEGL N DA. UNTO por punto iban llegando á nuestra capital por la vía telegráfica partes de oficio; dando sumaria cuenta de fervientes recepciones y singulares festejos que acreditaban á las Reales personas el amor y fineza de sus buenos súbditos, los dichosos pobladores de Andalucía. Los periódicos de nuestras provincias meridionales, y algunos de la córte, trasladaban á, sus columnas las impresiones del público alborozo en relatos de ceremonias, espectáculos y fiestas; en narraciones y programas de solemnilades y regocijos, y en poesías, mas ó menos inspiradas por el dulce influjo de Erato; pero todas, ó la mayor parte, destellando la verdad del sentimiento y el sentimiento de la verdad. Algun que otro periódico matritense creyó oportuno agitar sobre más de una reseña, y de una produccion del hético númen, la burlesca muñequilla de Momo, y probó cumplidamente sus títulos á, empuñar este cetro de la mofa; no sin disgusto de cuántos no otorgan ni al talento el fuero de la befa contra los frutos de la buena intencion. Nuestro pueblo alimentaba su curiosidad con la narracion detallada de la entrega simbólica de la llave de Andalucía, feliz pensamiento de la provincia de bel]; con el cuadro ofrecido en Bailen y en el teatro de la famosa batalla contra Dupont; con
46 el espectáculo magestuoso que tuvo lugar en las Navas de To— losa; con los esplendores desarrollados en el antiguo califato de Occidente y la fiesta de campo en la quinta del Sr. Marqués de , Benarnejl. Ardía en impaciencia el vecindario por ver conclui— das las obras proyectadas por el municipio, Diputacion Provincialy demás cuerpos administrativos; temiendo que otras capi— tales se adelantaran en la pompa y efecto de las manifestacio— nes, ó que la estacion cambiara, como era muy natural, aguándose las fiestas. La seccion local de los periódicos de la plaza, El Porvenir, La Andalucía y Las Novedades (hoja sevillana) nutria la espectacion de nuestros vecinos; yá con las probabilidades del alojamiento de tales ó cuáles dignatarios en estas ó las otras casas de ricos é influyentes particulares; yá con el anuncio de novedades introducidas en el programa defunciones por acuerdo posterior de cuerpos é institutos; yá proponiendo con el deseo mas laudable mejoras en varios puntos de la ciudad por donde podía ocurrir transitára la Córte. Tanto el Sr. Alcalde presidente, como las diferentes comisiones municipales, se multiplicaban con infatigable celo, y todas las secciones de la secretaría de S. E. formaban una sola al servicio del recibimiento, obsequio y agasajo de S. M. y Real familia. El Sr. García de Vinuesa participaba á sus administrados con escrupulosa fidelidad el itinerario de la Córte, y al llegar á Córdoba los Reyes y Príncipes se dirijió á dicha ciudad á la cabeza de una comision, designada para recibir las órdenes augustas de SS. MAL; adelantar el saludo respetuoso de los siempre leales sevillanos, y ofrecer al Sermo. Príncipe de Asturias y á la tierna Infanta Doña Isabel los trajes andaluces, obra selecta del acreditado maestro D. Francisco Galvez. Se supo entónces que acompañaban y asistían á SS. MM.. y AA. en distintas secciones de su alta servidumbre y comitiva las siguientes y notables personas, cuya lista fué comunicada al Gobierno civil y ` Ayuntamiento para los finesque son de suponer:
— 47 MAYORDOMÍA MAYOR DE S. M.—Excmo. Sr. Duque de Bailen, mayordomo mayor.—Excmo. Sr. Marqués de Alcañices, mayordomo y caballerizo mayor de los Sermos. Sres. Príncipe de Asturias é Infantas.—Excmo. Sr. Arzobispo de Cuba, confesor de S. M.—Excmo. Sr. D. Miguel Tenorio, secretario particular de S. M.—Excmo. Sr. D. Isidro de Losa y Cruz, mayordomo de semana.—Sr. D. Fernando de Mendoza, secretario de la mayordomía mayor. SUMILLERÍA DE CORPS. —Excmo. Sr. D. Ignacio Arteaga. Sr. D. Federico Argüelles.—Excmo. Sr. Marqués de S. Gregorio, primer médico ordinario de S. M. y Presidente de la facultad de la Real Cámara.—Excmo. Sr. D. Juan Drumen, segundo médico de Cámara.—Sr. D. Mariano de García Herreros y Bouligni, oficial primero de la Secretaría de Cámara y Real Estampilla. REALES CABALLERIZAS. Excmo. Sr. Conde de Balazote, caballerizo mayor de S. M. Caballerizos de campo: Sres. Don Luis Leon y D. Emilio Perales. CAMARERÍA MAYOR DE PALAcio.—Excma. Sra. Marquesa de Malpica, camarera mayor y aya de SS. AA. RR.—Sr. Juan José Gonzalez y Lopez, oficial primero de la secretaría.—Excma„ Sra. D. a Francisca Tacon.—Tenientas de ay i :—Excnias. Sras. D .a Carlota Saenz de Viniegra y D. a Fanny Erstrinna Inglis, viuda de Calderon.—Azafatas:—Sra. D. a Joaquina Fidalgo y Excrnas. Sras. D. a Antonia Anguians y D.' Cristina Sorrondégui.—Cantaristas:—Señoritas Doña Consolacion Iluet y Toña Cristina García Gallardo. CUARTO DE S. M. EL REY.—Excmo. Sr. D. Miguel Balestá, primer ayudante.—Excmo. Sr. D. Joaquin Fítor, segundo ídem. Aw:,dantes de órdenes de S. M. Sr. D. Fernando Cuadros. Sr, D. Vicente Maugenis.—D. Manuel Campos, secretario. ADMÍNISTRACION GENERAL DE LA REAL CASA . — Sr. Administrador general, D. Francisco Goicoerrotea. Secretario de la
— 48 administr acion general , ID. Fernando Cos-Gayon.-0ficial ídem, D. José Velasco Dueñas. REAL CUERPO DE ALABARDEROS.-EXCM0 Sr. Buque de humada, comandante general.—Secretario, Sr. D. Valentin A Ferrery Muxica.—Oficiales mayores.—Sres. D. Buenaventu— ra Puig y klena.—D. Luis Giron y Ugalde.—D. Andrés Cuadra y Bourman.—Marqué s de la Solana. D. Pedro Halcon y Mendoza. INSPECCION GENERAL DE LA REAL CASA .—Inspector general, Excmo. Sr. D. Atanasio Orate. Venial" en seguimiento de las Reales Personas el Excmo. Sr. Buque de Tetuan, Conde de :Lucera, Presidente del consejo de Ministros, y los de Estado, Marina y Fomento, Excmos. Sres. D. Saturnino Calderon Collantes, general Zabala y Marqués de la Vega de Armijo; incorporándose á la comitiva régia los gefes de servicios administrativos y públicos de cada provincia, adelantándose á las fronteras de sus distritos y departamentos para tributar á la soberanía histórica los homenages de respeto que le son debios. Tambien giraron en la elíptica cortesana algunos satélites literarios y artísticos, así nacionales como extrangeros; y entre los últimos un corresponsal de cierto periódico francés, autor de diferentes memorias de viajes, galardonado al término de la espedicion con la cruz que lleva por divisa: «Virtuti ac mérito." Los representantes de la aristocracia genealógica andaluza, y algunos individuos de valía y social influencia en las ciudades y capitales del tránsito, se agregaban al séquito de las Reales Personas, y venían formando otra córte especial de los augustos viajeros en los dominios, arrebatados en días felices á la posesion árabe por las armas unidas de castellanos y leoneses. Tanto las inscripciones, corno las medallas y monedas, señalaban el dia 17 de setiembre por destinado, segun el itinerario de la córte , á, la entrada pública y solemne de la Real familia en la capital de las Andalucías,y así hubiera aconte-
49 Lecido sin el lastimoso accidente que sobrevino por entonces; pués Doña Isabel II se muestra nieta dignísiina de aquel Luis el Grande, que solia decir: »la puntualidad es la cortesía de los Reyes." S. M. el Rey se habla sentido indispuesto desde su salida de la villa y córte, tratando de encubrir su malestar para no detener un punto el proyectado viaje ; pero las incomodidades anexas al movimiento, y á las ceremonias extraordinarias de recepciones, visitas y festejos, y la dificultad de prevenir con el descanso el embate de tantas emociones juntas, causaron una alteracion mas séria de su salud, y la fiebre le postró en el lecho en Córdoba ; dilatándose la venida de la córte por esta sensible causa. Ya estuvo dictada la órden suspendiendo la partida hasta el dia 19, y aun se creyó que habria, necesidad de dilatar el plazo por el crecimiento observado en la calentura del Rey consorte. En tanto, y ateniéndose al itinerario comunicado por la Mayordomía mayor de S. M., el Sr. Alcalde Presidente puso en noticia del vecindario, extendiéndose por consiguiente á las villas y aldeas circunvecinas, el dia marcado en que la córte proponíase ingresar en el pueblo nobilísimo, edificado por Hércules, ceñido por Julio César de muros y torres, y ganado por Fernando III en gloriosa campaña. Este anuncio equivalía á provocar la afluencia á nuestra poblacion de diez á quince mil almas, y aquí se permite esta reseña oficial una digresion que explique las poderosas razones, tenidas en cuenta por el municipio para obrar de la manera que expondremos, después de especificados los antecedentes. Cualquiera que conozca la situacion de Sevilla penetrará con facilidad suma la série de transformaciones, en cuya virtud han desaparecido multitud de alearías árabes, sitas en los montes y vegas del Osseth romano, ampliado luego por los moros en la comparticion que intitula Haznalfarach el repartimiento del siglo XIII. De la propia manera se estudia la ley de equilibrio que á la expulsion de hebreos y moros, y de los moriscos
50 Ultimamente, dió por resultado instituirse villas francas en tierrasyermas, y trocarse en barriadas los caseríos rústicos y a su vez estas barriadas en poblaciones nuevas. I r á, del dominio señorial de Sevilla, ó bien de particulares señoríos, estos pueblos del radio de la metrópoli, aunque los fraccionaran distintas demarcaciones eclesiásticas, jurídicas ó militares, reconocían en la capital topográfica el centro de los elementos indispensables á, su vitalidad. Sevilla era el mercado, el recurso en la adversidad, como en las prosperidades. En Sevilla venían á, consumirse sus frutos, especies y géneros, y Sevilla surtíalos de numerario y de 1as mercancías de que era pingüe depósito. Sevilla reflejaba su floreciente situacion en las poblaciones limítrofes; dando corno una madre amorosa más de lo que reciba de estos hijos de adopcion, Estos pueblos se acostumbraron á identificar sus intereses con los de Sevilla, y enlazándolos cada cija mas estrechos, celebraron mancomunidad de pasturage, en que llegaron á reunirse treinta y seis villas comuneras. De este modo hicieron causa coman con la metrópoli, y tanto los alborozos corno los duelos de la ciudad protectora y aliada alegraban (5 afligian á sus protegidos y aliados; convidándoles en unos y otros con el espectáculo de sus imponderables fiestas, (5 con la solemnidad lúgubre de sus pompas funerarias ó procesionales rogativas. Principalmente los pueblos del Aljarafe y banda moríscas, y bastantes de los esparcidos á uno y otro lado de la antigua carretera á Madrid, acostumbran emprender el viaje á Sevilla y pasar algunas horas en su recinto, regresando después á sus hogares en tres celebridades señaladas: la del Córpits, la procesion matinal de Nuestra Señora de los Reyes y las raras salidas de la hermandad famosa del Santo Entierro de Cristo. En estas circunstancias escepcionales desde tiempos de entaño, y hoy tambien invitadas por la animacion introducida en nuestro carnaval, y en las veladas lucidas de S. Juan Bautista, S. Pedro y Santa Ana, numerosas familias
5 I de los pueblos circunvecinos acuden á tomar activa parte en nuestras fiestas pnblicas; arrastrando este alud de peregrinos bulliciosos á la gente labriega, repartida en caseríos rústicos, haciendas y aperos de labor. Los escursionarios no se cuidan de procurarse alojamiento. 'Vagan embebecidos por la, carrera del Córpus, en torno de la Basílica, metropolitana, e', por las avenidas de la espaciosa, Alameda de Hércules. Acomodan en mesones y posadas sus caballerías por un módico precio, y se proveen al paso, y en cualquiera de nuestras abundantes abacerías, de los víveres que satísrw , en su frugal apetito. PescaKvau el sueño en los asientos de nuestras plazas-paseos. Toman descanso en las gradas de la, catedral ó casa-lonja. Se refrigeran en el primer puesto de bebidas ó licores que se ofrece á su tránsito. Ganan á toda costa el primer término en la estacion de las cofradías, en los corrillos de espectáculos al aire libre, y en torno de las mítsicas é iluminaciones. 0( upan con marcial franqueza los poyos de los zaguanes en las casas donde sirven parientas ó conocidas, naturales de sus pueblos, y regresan á, sus hogares y á sus faenas ordinarias, alimentando sus 'Tett( rdos con las gratas impresiones disfrutadas en la capital; sobrellevando sus fatigas con la esperanza próxima de, volver á la metrópoli, óasis deleitoso en el curso de sus laboriosas existencias, Para este viaje no hay necesidad de fondos ex_traordína- líos, de preparativos embarazosos, ni de combinaciones prolijas; porque, desde el abuelo octogenario hasta el niño de pocho, á nadie se escluye (le la gira; porque Sevilla no encarece su pan por la agloineracion de consmnidores; Por que el for'aster'o tiene derecho á la hospitalidad del ciudadano, y es una, especie de contribucion admitida la de ofrecer asiento en la, mesa de la, servidumbre á padres, hermanos y deudos (le las sinficillw-4, cuando las vienen á visitar. Una mayoría inmensa de estas familias escursionarias no trae mas dinero que el estrictamente necesario para los gastos (le un dia, porque riada en la -miseri- cordia de Dios, no espera funestos accidentes Illle embarac(li el
58 za u ales, y regi do el tiro con maestría por el experto mayoral, :Lre las oleadas de la muchedumb re , que acariciaba los caballos; e ecoliocía interior y exteriormente la bien con s truida carretela, r y preguntaba á los conductores si habría peligro para la familia Real en el tránsito por entre tanta gente agrupada; pues sabido es que el sistema calesero sirve más para camino á lo largo que para las revueltas y travesías en poblado. Aquella era una satisfaccion de amor propio para cuantos cobijaba el azul firmamento de Sevilla; porque todos se estimaban participes en aquel agasajo, y le decían nuestro, como si fuese una propiedad en el siglo de oro. Entre los muchos que celebraban la idea, dándose el parabien por su feliz ejecucion, no faltaba algun que otro murmurador enconado, y tal cual descontento de la donacion sevillana; pero. ..... . ¿no ha demostrado el telescopio solar feas manchas en el brillante disco del padre de la luz?.... El clero esperaba á SS. MM. y AA. en el arco frente á las gracias de la iglesia matriz: el catedral en hábitos de coro, y el de las treinta parroquias de Sevilla con sobrepellices y bonetes, precediendo cruces y manguillas de las feligresías correspondientes. Nuestra Catedral incomparable Rabia alfombrado todo el tránsito hasta el altar mayor, colgando de terciopelo el átrio de la que nuestro pueblo llama puerta grande, y que se abre solo al paso de las Magestacies, Divina y humana, para la toma de posesion de nuestros Prelados, y para la entrada de sus despojos, expuestos en las fúnebres exequias. Las tropas de la guarnicion formaron en la carrera, sufriendo con paciencia admirable los impulsos desatentados de la gente, atropellada por el continuo vaiven que producían las oscilacones en rumbos contrarios; perdido ese respeto que impone á las masas la fuerza militar, y comprendiendo el instinto fiel de los soldados que clia semejante no debia regirse por las reglas ordinarias de las prevenciones comunes. Entre nftmero y número de la formacion aglomerábanse espectadores sin guansmo; disputándose con en carnizamiento un almo de tierra p
59 -- donde posar la planta, el encogimiento de un codopara intercalarse en tercera ó segunda fila, ó una posicion que no impidiese la vista por la diferencia de estaturas. De vez en cuando el ileon, adelantado á fuerza de agresiones del tumulto, se volvia enojado, pidiendo que no le comprometieran á emplear medidas rigorosas; dando lugar estas escenas á diálogos, llenos de picante gracia y de chispa. No en valle discurrían por entre los compactos grupos esas personas, aficionadas al estudio de las costumbres y rasgos del pueblo, y seguramente no perderían el tiempo en la escursion; por mas que salieran molidos entre apretones, pisadas y codazos de esa plebe, cine sacrificaría las vidas de los siete sáhios de Grecia con tal de ver una funcion con mas holgura sobre sus restos hacinados. Al fin ondeó el pabellon nacional en la Giralda, corno anuncio fausto de recorrer los viajeros el límite de la metrópoli. Las salvas d o la artillería, el repique general de las campanas, y la aclamacion estrepitosa del pueblo respondieron á esta alarmante señal; rayando en delirio la escitacion pública. Un penacho de humo se dibujó en la parte más lejana del horizonte, avanzando con su paso de jigante el mónstruo do hierro, dotado por Fúlton con las alas del huracan bravío y con el grito atronador del viento desencadenado. El tren real empezó á reprimir el ímpetu de su marcha, pasado el empalme con la línea de Cádiz. Discretamente se llamó la atencion de S. M. hácia la derecha, fijándola en el verdor y lozanía de la vejetacion que desciende hasta la ribera del Guadalquivir; porque á la izquierda destaca su tápia cuadrangular, su alta cruz pintada de negro, y las dtpulas?de sus monumentos funerarios, el nuevo cementerio general esa necrópoli . de Sevilla que será menos curiosa que la célebre del Padre Lachaise en Paris; pero que dará sin duda mejor idea de la sepultura católica si la discrecion del vecindario ayuda á las miras y providencias del municipio. El tren pasó por delante de aquella ciudad de los muertos como la imagen típica de esa cona ulsa actividad quI s , devora nuestra
— 60 existencia, pintada por Job en la nube, en la flor, en la sombra en la guerra, y en el trabajo servil. El viva ensordecedor de los trabajadores en la Barqueta difundió una alarida indescriptible en la multitud que aguardaba la llegada del tren, y subió de punto la escitacion de los espectadores al ver á los Serlos. Sres. Infantes encaminarse con la celeridadque distingue á los sentimientos vivos y espontáneos hácia la escalinata á donde venia á detenerse la locomotora á la presion de la palanca que le sirve de freno. El momento de parar el tren pareció el instante dado de levantarse la esclusa que contenía el desbordamiento del entusiasmo público. Los víctores rasgaban sin interrupcion el aire, dando á las salvas y á los repiques el confuso eco de rumores perdidos en el espacio. Pañuelos ondeantes, sombreros agitándose sin tregua y tirados en alto, fisonomías destellando alborozo, lágrimas involuntarias brillando en los párpados como frescas gotas de rocío, uniformes civiles y militares en torno de la escalinata y trages distinguidos entre la variedad de nuestros tipos provincianos hé aquí el golpe de vista que la Reina abarcó con su perspicua mirada; sintiendo el choque eléctrico de aquella ardiente simpatía popular, envolviendo su persona en ese áura de prestigio y de fascinacion, capaz de mantener inerte la diestra, del más feroz regicida. La entrevista de S. M. con su excelsa hermana y cuñado hubo de ser breve; porque las autoridades y cuerpos esperaban, algun tanto retenidos, oportunidad de allegarse á las Reales personas, y un signo afable de nuestra Soberana les indicó esta oportunidad. El Sr. Alcalde Presidente, con el laconismo que el caso req j ría, no solo presentó á S. M. el testimonio de amor sincero del pueblo sevillano, sino que dió gracias en su nombre á la Reina por vestir el Sermo. Príncipe de Asturias y la Sra. Infanta Doña Isabel los trages donados por el municipio, atreviéndose á esperar que fuese admitida tambien la dádiva de la carretela en tiro calesero, anunciada con tanta discrecion como delicado sentimiento en la frase.
— 61 S. M. el Rey mostraba en su semblante la huella del padecimiento que afectaba su salud; pero giraba en torno la vista con enternecimiento grato, correspondiendo al saludo de la muchedumbre y á las reiteradas preguntas de los circunstantes respecto á la mejoría que daba á entender la continuacion del viaje interrumpido. Hubo un momento en que S. M. no acertando á significar á, medida de sus deseos el júbilo que embargaba su ánimo, en presencia de aquel innúmero pueblo y entre sus holocáustos sin fin, levantó en sus brazos maternales al niño Príncipe, como si le encomendára á la lealtad de la ciudad siempre fiel. Así Doña María de Molina presentó á las Curtes á su ilustre vástago, apelando á la nunca desmentida hidalguía castellana. Así ofreció al Archiduque José la Emperatriz María Teresa de Áustria á la noble fidelidad del belicoso pueblo húngaro. Nuestro pueblo ignoraba en su gran mayoría estos ejemplos históricos; pero entendió á maravilla la intencion y mente de aquella actitud, respondiendo con un viva prolongado; porque el pueblo hace la historia que luego escriben el sábio y el docto. Al subir los Reyes en la carretela, ofrecida á su estimacion por la Ciudad, estalló un aplauso estrepitoso, poniéndose en marcha la comitiva, y repitiéndose las demostraciones en todas las calles del tránsito hasta el arco de la Catedral. Allí se presentó el clero, rivalizando con el pueblo en muestras de efusion agradecida y de vehemente cariño; apeándose la Córte y penetrando en el templo, donde se cantó un solemne T3 Deurn, actuando el Ilmo. Sr. Obispo auxiliar de Doliere., con acompañamiento de ámbos órganos y música de capilla ele la Catedral. Visitada la Real capilla de S. Fernando, y concluidas las preces ante el altar de Nuestra Señora que clá su titulo al santuario del patronato regio, apareció la Real familia en la puei a de S. Miguel, y volviendo á ocupar las carruajes entre incesantes aclamaciones, llegó al palacio de S. Telmo cerca de las seis y media de la tarde. Al despedirse la Reina de as autoridades llamó al Sr. Gar-
62 cía de Vinuesa diciéndole:—Alcalde, estoy envanecida del reciiento que Sevilla me ha hecho. No merezco tanto. Quiero bim que me escolte la guardia municipal; porque yo debo entregarme totalmente al cariño y á la fidelidad de Sevilla. Espero que nos acompañes á la mesa. El Sr. Alcalde tuvo la honra de besar la mano de nuestra Soberana, que simultáneamente reconocía en su persona la investidura del público sufragio y el mérito particular que le es propia. La serenata comenzó á las diez de la noche por el precioso himno, letra del Sr. Fernandez Espino y música del profesor D. Andrés Palatina mereciendo esta composicion inspirada que S. M. comunicase la órden de repetirla. Siguieron otras piezas escogidas, entre las cuáles mencionarémos la sinfonía famosa de Guillermo Tell y la de Stradella, terminando cerca de las doce con una fantasía española, dedicada á S. M. la Reina por el compositor Gevant. El pueblo abatió las verjas que limitan las demarcaciones diferentes al exterior del paseo de Cristina; acomodándose en los cuadros, y arrancando de raiz cuántos arbustos le estorbaban la perspectiva de S. Telmo, privándole de saludar á nuestra Soberana cuando apareciese en el balcon principal y entre su familia y alta servidumbre. (19 de Setiembre.) S. M. después de recibir al Ilmo. Cabildo eclesiástico, Pro- Capellan mayor y capilla Real, y de dirigirse al Sr. Dean con afabilidad suma, hizo llamar á su presencia á la comision del Excmo. Ayuntamiento, presidida por el Sr. Alcalde, ,García de
63 Vinuesa, y compuesta de los Sres. Diaz, Ascarza, Mejías y Dherbe, con el cronista de la Ciudad y archivero munícipe que constantemente asistía á las comisiones. S. M. expresó en frases sumamente alhagüeñas su satisfaccion por las extraordinarias ovaciones de que era objeto, y que probaban la lealtad y amor de este vecindario, las cuales, añadió la augusta Señora, estaban indeleblemente grabadas en su corazon. Hablando de la anirnacion y bellísimos panoramas de la capital en dial de júbilo tan intenso manifestó la Reina que rabia diez y seis años abrigaba el proyecto de visitar á sus queridos hijos, los andaluces, y que este viaje responclia á una de sus ilusiones mas gratas. El Sr. Vinuesa contestó lacónica pero sentidamente que S. M. pocha estar segura de que Sevilla merecía y justificaba el cariño y reiterados favores de sus Reyes desde antiguo y sin desmentir jamás sus tradiciones. Trás de las recepciones, y dando el brazo á S. M. el Serenísimo Sr. Duque de Montpensier, y siguiendo S. A. R. la Serenísima Sra. Infanta .D. a María Luisa Fernanda y la egrégia Infanta, hija de S. M. púsose en marcha la comitiva; componiéndola los Sres. presidente del consejo de ministros, Buque de Tetuan, marqués de la Vega de Armijo, general Zabala, ministro de Estado, Arzobispo de Cuba, confesor de S. M., Sr. Obispo de Boliche, y alta servidumbre, con los Sres. Gobernador civil, Capitan general y comision del Ayuntamiento. Un innumerable concurso agoipábase con avidez frente al palacio de San Telmo desde las primeras horas de la mañana, y al aparecer S. M. prorrumpió en un viva asordador, inmenso, y que repitieron cincuenta mil voces de otras tantas personas que formaban dos compactas filas en el tránsito de la córte, anunciado al pueblo de Sevilla por su Alcalde en hoja suelta extraordinaria y en edictos fijados en las esquinas. Entre víctores, flores arrojadas desde balcones y terrados en profusion, y seguido el carruaje Real por jóvenes del pueblo, ondeando banderas con los colores nacionales, y blancas
64 ---- llegaron los visitacon la inscripcion « Viva Isabel Segunda" dores excelsos al monasterio de Santa Inés, á cuya puerta fueron entre g ados á S. M. vários memoriales, recogidos con agrado por la Soberana española comitiva penetró por la puerta claustral , dirigiéndose La al coro, y al atravesar la galería con balaustrada que le antecede lo hizo por entre las madres, novicias y educandas, formadas en dos hileras, y llenas de alborozo por la honra que su convento recibía. El Te-Deum, entonado por las cantoras al eco magestuoso del órgano, hizo inclinar todas las frentes en el recogimiento religioso mas profundo; porque hay en ese que pide al Dios de Sabaoth su amparo para reyes y pueblos algo que une á reyes y pueblos ante la misericordia como ante la justicia del Altísimo. Terminado el sublime cántico, mostraron á S. M. el cuerpo de D. María Coronel en la urna donde incorrupto yace, y el Sereno. Sr. Duque hizo notar las particularidades históricas, concernientes á la célebre D. a María. Nos causó gran placer que nadie refiriese las consejas y falsedades que circulan acerca del atropello, calumniosamente atribuido al rey D. Pedro el Justiciero; por que lo desmiente Williams Prescott con documentos irrefragables, y en un cronicon que posee en su archivo la municipalidad consta que el rey acogió con miramiento á D.' María cuando vino á demandar el perdon de sus deudos rebeldes, replicando el monarca «vengo en darvos lo que pedís, mas la mi justicia cúmplese de presto" S. M. dijo al examinar con atencion respetuosa el cuerpo de la Coronel y volviéndose al general O-Donnell: «Parece viva" Aunque estaba determinado en la órden del dia visitar el beaterio de la Santísima Trinidad, hubo de remitirse á mejor ocasion por la urgencia del tiempo en las demás visitas acordadas; encaminándose la comitiva hácia el hospital de la Sangre,
rundacion de la ilustre sevillana D.' Catalina de Rivera, hoy central y militar en uno de sus departamentos. La travesía de S. M. desde el monasterio de Santa Inés hasta la puerta de Macarena fué un homenage continuo de todas las clases, y de todas las edades; pués cuando se detuvo el coche régio en el vestíbulo del hospital tardaron cinco minutos en desembarazarle de flores, plantas odoríferas y lazos con los colores del nacional pabellon. Esperaban á la Reina los señores de la hospitalidad, cuerpo de facultativos civiles y militares, superiora de las hermanas de caridad de S. Vicente de Paul y empleados en el ramo de beneficencia. El pueblo seguía aclamando con entusiasta exaltacion á S. 3.1. y AA., tremolando pendoncillos, banderas y estandartes con los colores del pabellon nacional, y resistiendo á contenerse detrás de las filas que interceptaban el paso á veinte mil personas, agitando al aire pañuelos, sombreros y banderines; mezclándose la noble dama á la jovial hija del pueblo, y el caballero principal á los mozos cruos del barrio de la Macarena, asociados en un holocausto propio á la Reina de las Españas y su excelsa familia. En la iglesia del hospital se entonó el Te-Deum por una selecta capilla, y después del sagrado himno pasó nuestra graciosa Soberana con SS. AA. RR. y los Sres. Gobernador civil, Romero de Balmaseda, Rincon y Huidobro en representacion de la Junta Provincial de Beneficencia, con los Sres. García de Leaniz (D. Pedro), Oñatibia, y Zaldo, y empleados de sus secretarías respectivas, á las salas de medicina del departamento asignado á hombres, intituladas de S. Francisco de Paula y Amor de Dios, y á la de inugeres bajo la advocacion de Santa Catalina. De allí fueron los augustos visitadores á la sala de cirujía, que lleva el esclarecido nombre del Cardenal Cervantes; mostrándose S. M. en extremo lisonjeada del esmero, pulcritud y órden de salas y camas, y celebrando el edificio, su distribucion y arreglo. Visitadas las habitaciones de las hermanas de caridad, y su lindí- 9
— 66 simo oratorio, pasó la comitiva á las oficinas íntimas del establecimiento, admirándose en ellas el método y el aseo mas escrup n m ulosos. El Sr. D. Pedro García de Leaniz aprovechó hábilte una ocasion propicia de compendiar la historia de la ins- e talacionprovisiona l de los militares en el edificio para concluir P or hacerse su hospitalidad absoluta dueña del cedido departamento: una de tantas páginas, unida á la posesion exhausta de título hábil de los cuarteles de San Hermenegildo, de Milicias y la Caba. • El hospital militar fué visitado tambien por S. M. y AA., haciendo notar el Sr. Capitan general del distrito las condiciones desfavorables del departamento que exigian perentoriamente el oportuno remedio. Desde el Hospital central á la casa misericordiosa del venerable siervo de Dios D. Miguel de Mallara hay un trecho largo, que comprende como una tercera parte del circuito de la capital por sus afueras, y en todo el arrecife habia grupos compactos de gente, apostada para ver y saludar con fervorosas aclamaciones á la nieta de Felipe Y, el Animoso, y á su Real familia. La comision del Ayuntamiento con el Sr. Alcalde precedia á gran distancia para vigilar el riego de vías, facilitar la libre expedicion de la comitiva régia, y ofrecer en todas partes el testimonio de la próvida solicitud que compete á los ediles y magistrados, representacion viviente del cuerpo moral de los pueblos. El Sr. Gobernador civil y el Capitan general se adelantaban asimismo con el propio y laudable celo en sus respectivos encargos. En la puerta de la Santa Caridad aguardaba á las Reales personas la hermandad del instituto, presidida por el Sr. Doctor Don Francisco Arboleya, y Sr. Marqués de Sales; poblando los corredores contiguos infinitas señoras distinguidas,y familias de los benéficos congregados. Antes de llegar S. M. y AA., se arrojaron al pueblo monedas de memoracion en cobre, • distribuidas tambien en las visitas anteriormente reseñadas y en gran
V7 número , por disposicion del Sr. García de Vinuesa. Al apearse la familia Real se arrojaron de balcones y ventanas multitud de ejemplares de una delicada, sentida y preciosa composicion poética, debida á la notable é ingénua pluma de la Sra. D. a Antonia Diaz de Lamarque. La Reina entró en el templo de la casa piadosa, y después del Te-Deum y la adoracion contempló con marcado placer los lienzos admirables de Valdés y Murillo, que tanto precian aquel santuario; oyendo breves pero luminosos detalles de boca del Serio. Sr. Duque de Montpensier, cicerone sin precio en ilustracion artística y conocimientos especiales. A riesgo de parecer prolijos, haremos notar que señalándose á nuestra Soberana el sitio donde estuvo la Santa Isabel de Hungría, hoy sin título válido en el Museo de Madrid, se expresó por el Sr. Ministro de Fomento que allá, estaba el cuadro en esmerada custodia, á lo que S. M. con una prontitud adorable contestó:—»¿Y no lo guardarían bien aquí? "—Respuesta que contiene la espansion de un doble sentimiento de justicia y de bondad. De la iglesia pasó la régia Señora al hospital, besando la mano al pobre mas antiguo de la casa: ceremonia edificante que arrancó un viva frenético á todos los conmovidos espectadores de tan noble acto de humildad evangélica. Levantada el acta de recibimiento de S. M. como hermana y fautora de aquel asilo de la desvalida humanidad doliente, firmóse por la Reina y los Sermos. Sres. Duques, Ministros de la Corona, y altos personares: guardando en su archivo la respetable hermandad este documento entre sus timbres mas altos para que acredite á los tiempos futuros la huella del paso de la Segunda Isabel por los ámbitos de aquel refugio de menesterosos. Aceptado el refresco, prevenido por los hijos de Mallara, y empleado espacio brevísimo en la estancia dispuesta al efecto, S. M. y AA, tributando los debidos elogios á la hermandad por el cumplimiento de sus delicados deberes, y otorgando á los señores Arboleya y Sales pruebas de estimacion afectuosa,
74 ev. (21 de Setiembre.) Después de recibidos en audiencia particular los Sres. Alcaldes y comisiones de los Ilustres Ayuntamientos de esta provincia, presentados por el Sr. Gobernador de la misma, SS. 31M. y su córte dirigiéronse al Museo de Pinturas y Academia de Bellas Artes; pasando en su estacion por bajo del arco frontero al puente, concluido yá y soberbio en su arranque, construccion, ornato y clásicas inscripciones. En el Museo aguardaban á SS. MM. los Sres. Académicos de la de Bellas Artes, presididos por el Sr. D. Miguel de Carvajal y Mendieta, vice-presidente de la comision de monumentos históricos y artísticos y presidente de la Academia, y el profesorado de artes á cuya cabeza figuraba como Director el Sr. Don Claudio Boutelou. SS. MM. examinaron con la atencion debida los admirables lienzos y obras de escultura que aquel rico depósito contiene; pasando á reconocer las obras de profesores y alumnos, expuestas en su lugar correspondiente; fijándose con particularidad, segun creímos advertir, en el cuadro del canto de una moza del pais, original del Sr. Becquer (Don Joaquin), en los dibujos de el Sr. Becquer (D. Valeriano), bocetos del Sr. Cano y retrato admirable del Sr. Hernandez, ejecutado por el autor del famoso lienzo que representa el entierro de D. Alvaro de Luna. Tambien sé detuvieron SS. MM. ante los cuadros del Sr. Roldan, y uno del Sr. Bejarano (D. Manuel), que presenta el paso de la cofradía de Monserrat por la plaza de S. Francisco. Los Reyes salieron de la Academia extraordinariamente complacidos y con harto fundamento para el caso. El exorno del local y de su vistoso fróntis se dispuso con exquisito esmero.
75 — SS. MM. fueron de seguida á la Escuela Industrial. La Reina y su ilustre consorte manifestaron grande complacencia al Sr. Director Losada, catedrático de química Sr. Manjarrés, y demás distinguidos profesores de aquella escuela, tan merecedora de especial proteccion. Obras de cerámica del Sr. Pickman, pianos del Sr. Cavayé, productos de la fábrica de loza de San Juan de Aznalrarache, mosáicos y mármoles del Sr. Frápoli, disecciones de diferentes animales por el doctor Roby, sedería del Sr. Castillo y Povea, máquinas de cosery pespuntear, objetos de platería, y frutos del pais, decoraban la sala primera; registrándose en las cercanas galerías máquinas aratorias, segadoras, hidráulicas, prensas de moler aceituna de los señores Parizot y Perez hermanos, camas de hierro de los señores Bubuisson y Martinez y el clásico púlpito, obra de los bien montados talleres del Sr. Groso. SS. MM. visitaron las clases altas, deteniéndose en los pormenores de cada una, explicados con brevedad y precision por el profesor respectivo á cada asignatura ó por el Sr. Losada.- Antes de abandonar la escuela, y corno expresára el Director su anhelo por elevar el instituto á su máximo grado de esplendor en utilidad de la juventud estudiosa, contestó la Reina:—»Hay establecimientos que justifican los sacrificios que imponen, Director, y te prometo no olvidarlo." Al aparecer SS. MM. y AA. en el pórtico de la Escuela, y entre el profesorado de aquel instituto, que contribuye al desarrollo de los gérmenes de nuestra industria, prorumpió la multitud en calorosas aclamaciones, contestadas por la familia régia con viva efusion. En la Universidad fueron recibidos SS. MM. por el Sr. Rector y cláustro de Doctores, rodeando á los Reyes los Sres. Decanos de las facultades de Teología Sagrada, Derecho y Filosofía. El Sr. Rector en la precedente noche habia sido bondadosamente interrogado por nuestra Soberana acerca de los personajes de alto recuerdo que yacían sepultos en las bóvedas y
— 76 — urnas del templo, dia santuario de la casa profesa de la Compañía de Jesús. Entre los nombres de Perafan, los Riberas y la memorable D. Catalina, pronunció el Sr. Villa el de Alonso, ganador de Gibraltar del poder de infieles, y la Reina al escucharlo esclainó con acento melancólico:— » ¡Ay Rector! ¡quién pudiera resucitar á ese Alonso!"—SS. MM. pasaron á la biblioteca provincial á cargo del Sr. Camacho, donde examinaron varios códices antiguos de gran mérito, y los árabes últimamente donados por el Sr. D. Francisco .31. a Tubino, con una lucida memoria sobre su texto, significacion é importancia; manifestando S. M. el Rey su predileccion por los estudios históricos, y colmando su augusta esposa al entendido y laborioso gefe de la Biblioteca de lisonjeros plácemes. En la cámara rectoral tomaron los Reyes un refrigerio en el ambigú, servido con gusto, abundancia y delicadeza; siendo despedidos por el Sr. Rector, que dijo á S. M. las palabras siguientes: »Señora : la Universidad Literaria se propone perpetuar »en el mármol la memoria de tan fausto dia, como provisional- »mente lo ha inscrito en el lienzo; prometiéndose con este po- ))deroso estímulo alentar á la juventud en tal manera, que nue- »Vos Titos Livios, hijos de estas áulas, escriban el reinado au- ))gusto de la Segunda Isabel." Los Reyes demostraron su satisfaccion y justa deferencia al Sr. Villa, que allí personificaba una vida de incesante desvelo en pró de la ilustracion pública, y que como todas las de su especie pagan á precio muy caro sus sacrificios y rara abnegacion. En el beaterio de la Santísima Trinidad se detuvieron poco SS. ?Vd. aunque las maestras y educandas á falta de cosa mejor les ofrecieran su voluntad obsequiosa en el donativo de una bien trabajada obra manual, cuya dedicatoria en una décima, no espinela sino espinosa, fué dicha á tropezones por cierta niña, lindísima y cortada en presencia de los Reyes. Fácil era de co mprenderque la córte había penetrado la índole escepcional de aquella casa, sostenida aún por el cariño
— 77 á las tradiciones que envuelven derechos patronales; pero hasta cierto punto incompatible ya con el método que preside á la instruccion pública, y absorviendo en sus costos un capital _de más réditos, aplicado á la enseñanza conforme á la planta del dia. Por eso expresó en toda la visita S. M. mas benevolencia que atencion estudiosa; llevando su impresion chancera y festiva hasta dirigirse á una educanda, de corta edad y agraciada figura, diciéndole con relacion al uniforme peinado de sus compañeras:—»Así me ponia mi madre de tu edad; pero yo no estaba muy conforme, aunque dicen que es muy sano para el pelo." La familia Real regresó al palacio de San. Telmo cerca de oscurecer, en la misma forma en que verificó su salida. Al Excmo. Ayuntamiento correspondia aquella noche rendir un homenage obsequioso á la \'iagestad, albergando á los viajeros augustos en el ostentoso templete de la plaza, dedicada á la tierna Infanta Isabel. La iluminacion de la plaza era de lo más espléndido que puede concebir la imaginacion de una persona, acostumbrada al espe r 3táculo de las grandes fiestas en las córtes más celebradas en Europa; porque á las mil formas nuevas y brillantes de imitar en las sombras de la noche los rutilantes fulgores del dia se agregaba ese influjo plácido de un clima meridional, esa calma gratísima de una noche de otoño, libre de humedad la atmósfera, y adormido el viento hasta hacer imperceptible la ondulacion de aquel número infinito de luces. Desde el templete no se veía más que un occéano de cabezas, cuyos ojos buscaban ávidos á las Reales personas; sintiendo perder el menor de sus movimientos, y alargándose en esfuerzo inútil para recoger el eco de la voz de S. M., visiblemente conmovida en presencia del tributo de amor de su Pueblo. En la galería levantada en el muro zaguero de las Casas Consistoriales, y dando frente al obelisco se apiñaba doble número de espectadores del que suponian las cédulas del convite, y el punto de vista de aquellas gradas, adelantándose de un fondo fantástico, enga-
78 fiando á los ojos con la perspectiva deleitosa de jardines soberbios, no conoce términos hábiles de reproduccion en estas páginas. Los Reyes, los Príncipes y los Sermos. Infantes, Duques de Montpensier, estaban rodeados por los individuos de la corporacion municipal La Reina, dirigiéndose al Duque de Osuna, decano de la grandeza española y embajador en la capital de las Rusias, le preguntó si era posible superar cuadro semejante en materia de regocijos públicos. —Alcalde, dijo S. M. al Sr. Presidente, dá en mi nombreexpresivas gracias á todos tus dignos compañeros. Esto es regio verdaderamente. El baile nacional mereció el agrado de tan egregios espectadores, que pasaron más de una hora en el imponderable edificio; dando inequívocas pruebas de viva satisfaccion, y reiterando las gracias al Municipio Sevillano por la manera digna y esplendorosa con que rabia sabido representar el cariño y la fastuosidad de un pueblo, tan merecedor de su renombre histórico en los fastos de la monarquía española. Cuando SS. MM. y AA. atravesaban por ante el seminario de S. Isidoro , de regreso al palacio de San Telmo , iluminó la plaza de Maese Rodrigo Santaella una luz eléctrica de gran intensidad y tamaño, dirigida por el Sr. Vice-rector del instituto. VE. (22 d ',Setiembre.) Cerca de la una y media de la tarde SS. MI. salieron del palacio; obstruyendo el paso la infinidad de gente que sigue los pasos de la comitiva régia, advertida con anticipacion del itinerario por los acertados avisos impresos del Sr. Alcalde
presidente. El patio de la fábrica nacional de Tabacos estaba cubierto de flores sobre tapices elegantes, y en el interior esperaban las autoridades y el gefe del establecimiento, Sr. D. Joaquin Hazañas, con los empleados á sus órdenes, la llegada de los visitadores ilustres. Diremos en resúmen que no cabe mejor arreglo en el órden fundamental de semejantes institutos; que los adornos de los ranchos, compuestos de objetos particulares, traídos á colacion y para aquel ella por las operarias, formaban un conjunto singular, heterogéneo y gracioso por lo mismo que representaba los esfuerzos de la voluntad individual, concurriendo al comun propósito; que SS. MM. tuvieron razon sobrada para felicitar al Administrador y á sus subordinados, y responder cumplidamente á los víctores y obsequios repetidos y cariñosos de aquellos honrados trabajadores y de aquel enjambre de mugeres laboriosas, tan diversas en sus tipos corno notables en su conjun¿o. La ciencia económica y su hermana la estadística lo han probado hasta la saciedad : los gobiernos fabricantes pesan como un dogal sobre la industria, secando la fuente de riqueza que se proponen explotar, como se agosta la flor al soplo del áustro. El Gobierno tiene gefes activos y celosos en sus fábricas; empleados asiduos y solícif os; trabajadores probos y llenos de interés por sus faenas; pero es el hecho que en España se fuma la planta de Nicot bajo la forma de estrignina en puros, y en la especie de guano en picado de cajetillas. Hacer con buenos elementos productos hiperbólicamente detestables es una industria que en ley de Dios no merece los honores del privilegio exclusivo. Todo lo que se alegue en favor de la moralidad de cuantas personas intervienen en la direccion y materiales faenas de las fábricas, y todo cuanto se encarezca en punto á la economía escrupulosa introducida en los costos que impone el sustentar la fabricacion por cuenta del Estado, lo admitimos como eficaces comprobantes de nuestra opinion. Si tan propicios elein2ittos dan de sí tan públicos y deplorables resultados qué esencialmen
— 80 m será no será la idea de la industria á cargo de los gobiernos, y corno ramo de su peculiar explotacion? ¿Qué ser cuando faltenpor acaso las condiciones de probidad en algunos empleados , ó bien altere el régimen de la fabricacion alguna evolucion errónea ? Al salir de la, fábrica de Tabacos SS. ATM., rompió las filas de la apiñada multitud un hombre de edad madura, llevando de la mano á un muchacho próximo á lapubertad, y arrodillándole y arrodillándose á los piés de nuestra Soberana, le dijo conmovido : —»Señora, mi hijo viene á conocer á su madre. Yo soy un indultado de Loja, condenado á diez años de presidio, y por M. tiene padre esta criatura." Es inútil manifestar el efecto de esta escena en el espíritu de los régios consortes y en el ánimo de los circunstantes, que prorumpieron en un viva estruendoso. El itinerario marcaba despues de la fábrica nacional de Tabacos la visita régia á la fábrica, fundicion y talleres de maquinaria de los Sres. Portilla hermanos y White, joya de nuestro suelo, privilegiado por la naturaleza, que un dia próximo fué centro de contrataciones poderosas, y emporio de las industrias sedera y de argentería. La fábrica en síntesis moral es la emancipacion vigorosa del pais del yugo extrangero en cuanto á labores de metales y dinámicos agentes; porque la independencia de los pueblos hoy no estriba solo en sus brios tradicionales, ni en su respetabilidad guerrera, sino en producir lo necesario y conveniente á su consumo con recursos propios, y atraer el tráfico con sus sobrantes, sin perder lastimosamente materiasprimas, que luego ha de adquirir organizadas á grande costa. La fábrica en deduccion inmediata de esta síntesis obedece á un pensamiento económico de moralidad y consecuencias; porque escluye los intereses egoistas y esplotadores para asociar su vida á la vida de industrias confluentes, dando tanto ó másque recibe en una circulacion que hermana el lucro con la honra,y que hace
— 81 el honor y el provecho comunes al particular y al público. Allí está, y en estado de gérmen fecundo, la cadena de futuras é inmediatas relaciones entre la vía ferrada de Mérida, las cuencas carboníferas de Belmez y Espiel y los hierros superiores de las minas del Pedroso: es decir, todo un porvenir para Andalucía, que corno siempre se nutre al calor del seno maternal de la reina del Bétis, su verdadera metrópoli. El edificio, sito á la orilla del Guadalquivir, á corta distancia del puente de Isabel 2. a , adosado á la fábrica del gás, y contiguo al embarcadero de la vía férrea de Córdoba, responde con espesas columnas de humo, evacuado por sus chimeneas incesantemente, á la salutacion fabril que sin tregua le dirijen los elevados hornos de Cartuja; destacándose sobre los renovados muros del ex-convento de la órden trapense en la opuesta margen del que se llamó por los hijos de Islam el gran vio. La fábrica tiene ciento doce varas de fróntis por noventa y cinco de fondo, y su aspecto es típico fabril, esto es, sencillo, y consultada la utilidad bajo todas sus fases. La tercera parte del área cuenta el abrigo de un piso alto, donde se acomodan con amplitud y separacion talleres de pormenores indispensables para montado y ajuste, como tainbieu para el surtido de repues- to que exige la fabricacion en escala tan vasta como la han emprendido los Sres. Portilla y White. Consta el piso bajo de cuatro espaciosos y bien ordenados talleres: tornos de todas dimensiones, fundicion, montado y ajuste, y calderería, sin contar con vastos almacenes de materiales de todo género en copiosa abundancia, y un patio espacioso, por donde con auxilio de grúas fijas y portátiles y por carriles de fierro se transportan las piezas de unos á otros talleres para sufrir la série de modificaciones que de la materia bruta fraguan la potencia gigante, llamada á realizar los imposibles de lo pasado. El piso alto se con sagra con preferencia á detalles prolijos, y á piezas de laboracion delicada, ó de aplicacion general; conteniendo buen número de tornos y taladros que confeccionan esos ajustes á que podetno I I
— 82 — llamar moléculas industriales; moléculas que forman el cuerpo de ese Encelado arrogante que amaga con volver á escalar el Empíreo. La decoracion externa de la fábrica indicaba en las diferentes banderas que ondeaban al aire, fijas sus astas en la línea superior del edificio, como en el orlado escudo real de la puerta de entrada preferente, la honra que iba á recibir, y el extremo con que se aprestaba á recibirla. En el muro frontero al vestíbulo se leía esta inscripcion en seis cornparticiones: A Isabel II: Gloria de España: Ampara, fomenta, honra el trabajo. Componían los caractéres piezas de maquinaria, como silbatos de vapor, válvulas, perillas y remates de bronce, tornillos, tuercas y otros elementos análogos en ensamblado caprichoso; más siguiendo el perfil de las letras con precision y visualidad encantadoras á la vista, y harto difíciles á la confeccion de los signos. En el muro de enfrente, calculando la salida de SS: MM. del establecimiento, y sobre un grueso tablon pintado de azul habia preparada otra inscripcion de despedida, cuyos caractéres formaban tuercas exagonales laboradas ápresion mecánica y que decía en dos divisiones: A nuestra Reina Gratitud Eterna. El vestíbulo estaba tapizado con una alfombraque encubria una enorme báscula para pesar las grandes masas de materias
— 85 -- primas á el ingreso en el establecimiento fabril, ó á su salida y yá laboradas; no pudiendo ocultarse las líneas metálicas que limitan el paso de los vehículos. A la derecha y en el propio vestíbulo hablase preparado un saloncito con gusto y elegancia, donde hallábase arreglado el refresco que los dueños de la fábrica-fundicion deparaban á los augustos visitadores. Serían las dos cuando el vigía, situado en el punto mas culminante del edificio, hizo la señal convenida, como anuncio de la llegada de SS. ATM.; poniendo en conmocion á la multitud que se agolpaba á la puerta de aquellos talleres de maquinaria, á la vez que comunicaba una especie de impaciente escitacion á las notables personas, invitadas á concurrir á la honra del trabajo por la Soberana, bajo cuyo dominio la industria española. cobra aliento y reivindica, sus títulos á la estimacion europea.. A la puerta de la fábrica recogió S. M. buen número de solicitudes, presentadas por indigentes y menesterosos; siendo recibida con entusiasmo, y saludada con respeto por el convite de los Sres. Portilla y White; pasando al saloncito de reposo después de presentados por el Sr. Gobernador á las Reales personas los hermanos, sócios capitalistas en aquella empresa fructuosa y digna de estimacion especial y eficáz estímulo. S. M. expresó á los Sres. Portilla que le era sumamente grato visitar aquel recinto; pués consistia su sueño de oro en el auge de la industria española; dándoles la enhorabuena con efusion por el feliz ensayo de la máquina de hélice, construida para la goleta Vad-Ras. Tomado el descanso suficiente en el saloncito del zaguan, SS. MM. penetraron en el pátio de la fábrica, saludados con un viva del convite, dependientes del establecimiento y operarios. Al distinguir la inscripcion primera, y llegar en su lectura al último punto »honra el trabajo" la Reina volviéndose á los Sres. Portilla esclarnó con vivo enternecimiento :—»mi voluntad es grande." A una señal del Sr. White se dispersaron los quinientos operarios que en masa formaban á la entrada de los
— 90 -- bien arregladas macetas y jarrones aliaban á la obra del arte el concurso de la naturaleza; saliendo lisongeramente impresionada de aquella fiesta suntuosa la seccion mas distinguida de nuestro vecindario, y las personas que vinieron á favorecerla de Córdoba y los puertos andaluces. VIL (23 de Setiembre.) Fué admitida en la mañana de este cija al honor de particular audiencia la ilustre cuanto escel3nte dama que se oculta bajo el pseudónimo de Fernan-Caballero, y sustenta en España la escuela ingénua é insinuante que ilustró en Francia Marmontel, que precia en Alemania el canónigo Smith, y cultiva entre nosotros el simpático Trueba. Los Reyes testimoniaron al célebre escritor de costumbres y pura moralidad todo el afecto á que le hacen acreedor sus obras ejemplares, y aunque intenciones malévolas turbaran la satisfaccion de aquella entrevista con observaciones cáusticas, rechazadas por Fernan-Caballero con dignidad y mesura en un concluyente remitido, las personas sensatas comprendieron en aquella señalada honra una justicia indudable de parte de la Majestad, y una debida recompensa al mérito, sublimado por la virtud. Tambien fueron recibidos el gobernador de la provincia de Huelva y una comision de la misma, y el Señor F 1 ernandez Negrete á la cabeza de otra comision de las provincias de Estremadura. La comision del Excmo. Ayuntamiento, presidida por el Sr. Garcia de Vinuesa, compuesta de los Señores Espinosa, Borbolla, Palomo y Segura, y asistida como subalterno inmediato por el cronista de la Ciudad, precedió á la llegada de SS. MM. y AA. á la parroquia de Señora Santa Ana en el barrio Trajanense, flor y nata de las poblacionesque admiten los
91 progresos de la cultura sin perder su índole característica, ni la originalidad de su tipo. A poco tiempo de su presentacion en la iglesia el repique de la enhiesta torre, los crecientes murmullos de los próximos al templo y las aclamaciones de los más distantes anunciaron la real visita al antiguo y célebre santuario. Entre vítores sin cuento bajaron del elegante y espacioso breek de S. A. Serena. S. M., su augusto consorte, el Sr. Duque de Montpensier, la Sra. Infanta Real y Sras. Infantas, menores hijas de los Sermos. Duques, nuestros amados convecinos; con la alta servidumbre, autoridades de la provincia é individuos de los cuerpos de administracion provincial. El clero, á cuya cabeza iban los Sres. curas Mijares y Labrador, recibió bajo palio á las Reales personas, que entre las ruidosas armonías del órgano se dirijieron al altar mayor, orando ante las imágenes en tabla de Pedro de Campaña en número de quince y que tanto le precian; sobresaliendo la figura de S. Jorge en el centro del retablo y la Asuncion que sirve de remate. Sin la urgencia del tiempo, tasadamente compartido, la Córte habría logrado encontrar en el benemérito beneficiado de la parroquia, presbítero D. José Cubero, un excelente guía para ilustrar su atencion en pun- to á particularidades de aquella iglesia, que contiene tablas excelentes del siglo XY y de los maestros Sanchez de Castro y Alejo Fernandez, del gusto gótico-árabe; cuadros de Varela, Roelas, Frutet y Pacheco, un sepulcro del albor del siglo XVI, de azulejos á la italiana, esculturas de Pedro Delgado y vários objetos dignos de mencion. Pasando á la sacristía los egregios visitadores de la parroquia leyeron el cuadro, renovado en 186'1, y que refiere el origen del santuario del barrio de los cómitres: documento notabilísimo, cuya copia auténtica guarda el archivo municipal en su seccion de históricas curiosidades, y que en resúmen explica, que hallándose muy enfermo de los ojos B. Alonso el Sabio sanó por intercesion de Santa Ana, y en debida gratitud á favor semejante quiso edificar un templo á su bientie-
— 92 chora á la margen del Bétis, junto á los arsenales de la otra parte de la ciudad. Los nuevos pobladores contestaron que era preciso ponerse de acuerdo con el Arzobispo, padrino de B. Sancho, é compadre por ende del Señor Rey , y el monarca fué á cho, visitar al ilustre D. Remond, é rogole que cavalgasse bendixesse la eglesia, lo cual hizo de muy buena gana el prelado, concediendo indulgencias al nuevo templo, y otorgándolas tambien D. García Gutierrez, cuarto Pastor de esta metrópoli, Don Sancho Gonzalez, quinto en el órden de los Sres. Arzobispos y D. Juan Almoravit, sexto en el propio catálogo. De la parroquia, y siempre aclamados con entusiasta fervor, pasaron SS. 3131. y AA. 1c la fábFica de loza, china y objetos cerámicos de los Sres. Pikman y compañía, establecida en la Cartuja, en deliciosa posicion topográfica, y engalanada para recibir dignamente á sus excelsos favorecedores. En el vestíbulo, y contigua á la puerta, existe una capilla que estaba decorada con severidad religiosa; prolongándose el trayecto entre frondosos árboles hasta el ingreso del instituto fabril, donde en lo alto del fróntis, y en caractéres de china, fondo azul-oscuro con filetes dorados, sobre tarjeton grana se leía esta irrepcion: 1. F. Régios viajeros, Salud. Los Sres. ministros, huéspedes de la Reina del Guadalquivir, esperaban á SS. MM. en la puerta del establecimiento, donde vimos, entre otras señoras distinguidas, á la Duquesa de Tetuan. Llegado que hubo la Córte empezó la visita de la acreditada y lucrativa fábrica; precediendo al convite particular las señoras de Pickman y Hernandez, y las señoritas, hijas de ambos. Dirétnos para ahorrar detalles de ornato(que degeneran en cansados por mas discretos que fueren) que todos los talleres y comparticiones del edificio ostentaban guirnaldas follage y
95 flores, banderas y pabellones vistosos; con leyendas en targetones y muros, alusivas á, la prez de nuestra Soberana, al honor del país y á la loa del traMo. La fábrica de Cartuja en puridad es una fáusta naturalizacion de la cerámica extrangera en un país, atrasado hace poco en este ramo industrial; pero que rebelde á recibir productos extraños, por más que fueran superiores á los suyos, imponía exagerado arancel á este género de tráfico; creyendo sacar partido de sus necesidades propias, y retribuirse en parte por los adeudos de lo que perdía en extraccion numeraria por la importacion de géneros que no sabia elaborar. Así es que luego que hubiese cerámica en el país, siquiera inferior á la buena del extrangero, no labia competencia posible para Inglaterra y Sajonia con la Cartuja, y paulatinos adelantos concluirían por declarar el triunfo á favor de una industria protegida contra otra lejana, y exaccionada con avalúos cuantiosos en la tarifa de introduccion. El negocio era excelente, y los Sres. Pickman y compañía han sacado el partido, que era de esperar; no sin provecho del pia- Mico, utilidad é importancia de la metrópoli. Estamos muy léjos de increpar á la fábrica de Cartuja el pensamiento utilitario que sirve de base á su institucion, porque si bien son dignos de alta loa los capitales (72 se arriesgan en dotar al pais de una industria sin probabilidades inmediatas de reir uneracion en armonía con el lucro general, no cometerémos la injusticia de negar la estimacion correspondiente á, los establecimientos que llaman en auxilio de sus ganancias al concurso de especiales inteligencias y de multitud de brazos, empleados en organizar un órden de faenas que correspondan á los varios géneros de disposiciones laboriosas de nuestra clase proletaria, r(,- ducida hace algunos años á gfavar con ri( p -nero excesivo los oficios menestrales, Ó II llamar 1 las puertas de las fábricas del Estado para buscar ocupacioli, no siempre pero siempre abusiva. La fábrica de Cartuja no se limita por cierto á favorecer el anhelo de la clase Irabajadora por ganar los mes !.os de
— 94 subsistencia, sino que moraliza á sus operarios con el ejemplo elocuente de un anciano director y propietario (M. Pickman), consagrado sin tregua á las tareas ímprobas del escritorio, á la gestion de árduos negocios, inherentes á los progresos fabriles, y á la inmediata vigilancia de talleres y faenas, en cuyas ocupaciones le ayuda y promete sucederle con impulso fecundo el estudioso y recomendable < Oven Don Ricardo, su primogénito. La moralizacion está patente en la posicion holgada que disfrutan algunos probos y antiguos trabajadores del establecimiento, remunerados así de su fidelidad y honradez; en la indulgencia paternal que disimula las primeras faltas; en la expulsion irrevocable que sigue á toda probada indignidad; en la inspeccion cuidadosa que frustra todo conato de desórden; en la regularidad estricta de un régimen que viene á ser la garantía del trabajo y dá origen al estimulo. Se podrá decir con visos de fundamento que la fábrica del Cartuja no progresa como elaboradora de cerámica de lujo, conforme á lo que prometen sus adelantos en otros ramos de consumo abundante; pero téngase en cuenta que no hay razon de exigir á las fábricas un giro artístico de sus productos mientras no preexista una inclinacion á tales obras, al menos en las clases que fomentan la evolucion de lo útil á lo bello. Las fabricaciones de vasos etruscos en Venecia, de pomos y frascos de Milan, y de porcelana de Sevres indican la proteccion del Estado y el' gusto de . : las clases nobles y ricas por aquellos objetos, "mejorados á medida que aumentaba su estimacion. Las porcelanas sajonas y británicas de nuestros dias denuncian un comercio bastante ramificado para darles salida en muchos puntos y para los mil círculos de sugetos, amantes de la especialidad. Los talleres para la preparacion del b arroconfeccion , de piezas, estampado, moldeo, litografía, harnizamiento, bruñido, pintado, dorado y demás operaciones , corno incluir los objetos en oportuna forma para su coccion en los hornos, y
••••••••••■ 9 5 apartar las piezas sanas de las imperfectas, ocuparon' la atencion. de los visitadores, segun se iban presentando en. la e:scursion, no muy holgada por cierto en determinados sitios; pués abundan pasadizos incómodos, y algunos que pudieran desaparecer sin dificultad, á lo que nos parece. Los operarios victoreaban á SS. MM. y familia Real á su tránsito por cada departamento de la fábrica, y la Reina llevó la amabilidad hasta el pun- to de dirigir preguntas á vários trabajadores, más para darles una prueba de estimacion que para inquirir detalles de los mecanismos en que los veía asiduamente ocupados. Al llegar á un patio del establecimiento supimos que el general Prim se estaba descargando, mientras al Duque cle Tetuan, yá cargado, se le iba á prender fuego; más no se apresuren á, regocijarse los mal intencionados con tales noticias, pués se trata de dos hornos bautizados con los nombres de dichos personages, y al oir lo que iba á suceder con el advocado á su intencion debió decir para sus adentros el Presidente del Consejo de Ministros aquella memoranda frase: »ahí me las den todas." Celebrando la situacion ventajosa de aquella casa industrial y satisfechos de las tareas examinadas, SS. MM. y AA. fueron invitados á tomar un refrigerio en el local destinado al propósito con delicado gusto y sin escusa de gasto; repitiendo nuestra Soberana la viva espresion de su interés por el creciente desarrollo de la industria en sus dominios, y el alborozo que le causaban los alardes de adhesion y continuas pruebas de cariño que rendia Sevilla á su persona. A las tres y veinte minutos salió de Cartuja la Córte, habiendo recibido y dejado en .ella impresiones de esa especie que no debilita el tiempo. Tocaba el turno á Itálica (el Herculano de Sevilla) y la academia arqueológica comision de monumentos históricos y artísticos, de acuerdo con el municipio y Diputacion provincial, habian dispuesto ofrecer á la Córte el espectáculo de aquellas venerandas ruinas, salvadas á tanta costa de letal extincion; templando el efecto imponente y melancólico de la derruida gran-
— 96 ---- deza con la escursion procesional en carretas, carros y cabalcr aduras de la hermandad de Nuestra Señora del Rocío en el art, rabal de Triana, y la expedicion á los contornos del romano anfiteatro de comparsas bulliciosas de comarcanos pueblos, que trajeran las bandas m(sicas, organizadas hoy en todos con fomento de la ilustracion y la moralidad; atrayendo así .carabanas intorescas de Sanlíicar, de Albaicia, Benacazon, Burguiilos y p demás lugares del circuito. Erigidos arcos triunfales en las villas de Camasy Santiponce, distribuidas parejas de guardia civil por la extension del arrecife, y colocadas banderas de trecho en trecho, desplegándose al arrullo de un aura de otoño, tibia y lánguidamente voluptuosa, Ilegábase á las ruinas; saludando al raso el maltratado y antiguo monasterio de S. Isidro del Campo, donde yacen en paz Alonso Peru, de Guzman el Bueno y la honrada dueña doña María, que al decir del cronicon en pergamino que posee el archivo de la Ciudad: «fizo en su persona punicion de los sus deseos. Hablase levantado una tienda para sus Nagestades y Altezas frente al anfiteatro, á cuya entrada y en estandartes t:le pendoncilio á la romana guisa, de color morado, guarnecidos de flecos de oro, leíanse en letras de cobre galvánico nombres ilustres en la colonia patricia, luego diócesis de San Geroncio. Allí esperaban á SS. MM. las autoridades, corporaciones é institutos arqueológico y monumental; reemplazando al presidente Sr. Carvajal y Mendieta el estimable militar y distinguido literato, Sr. D. Fernando de Gabriel Ruiz de Apodaca, y agrupándose en torno suyo los individuos de un cuerpo que merece tan especial proteccion de parte del gobierno de S. ^ ., en. que la realidad del presente y las aspiraciones del porvenir no sacrifiquen las tradiciones de lo pasado á su febril impaciencia. Al apearse del breek SS. MM .Real Real fan-lila recibieron una ovacion imponderable dd gentío que coronaba alturas, collados y alrededores de la escavacion italicense, comenzandopT' adorar la imágen de la Vírgen del Rocío,y dirigiéndose de se-
97 _ gaida al anfiteatro y á las galerías abovedadas últimamente descubiertas, y desembarazadas de la obstruccion del terreno, debida á la accion exterminadora de los siglos. El Sr. D. Demetrio de los Rios, profesor de la escuela de Bellas Artes , y escritor aventajado, tuvo la honra de presentar á la Reina un plano del municipio famoso, y los Sres. Duque de Tetuan y Ministro de Fomento manifestaron una sincera voluntad de contribuir á los trabajos de exhurnacion de obras tan admirables con los recursos conducentes á este designio y posibles en su relativa esfera. Al detenerse la comitiva en torno del pilar en que se han grabado algunos versos del inspirado Rioja entre mutilados des - pojos el panorama que desde allí se descubría causaba una sensacion grata y triste á la par. A lo lejos, y en la eminencia, el cerro de Santa frígida (ermita en lo antiguo, y punto fortificado por los franceses en la invasion de 1808), en cuya cúspide flotaba al aire la bandera nacional, sostenida en un mástil robusto y corpulento. En los declives de aquella cadena de alturas en descenso gradual cordones de gente, diferenciando su procedencia por medio de banderas con divisas é inscripciones, y gritando ¡viva la. Reina! con el nombre de su villa por comienzo de la aclamacion. En un repecho con ancha meseta, formado en órden de parada, un escuadron de lanceros, cuyos cascos herían los moribundos rayos del sol, hundiéndose en su ocaso entre celages de tornasoladas y suaves tintas. En el valle la tienda real, y á diez pasos della, el coro de la juventud filarmónica en trage andaluz y uniforme, con guitarras, parideras, flautas y violines; cantando himnos y endechas á la Segunda Isabel. Al costado de la tienda la hermandad del Rocío de Triana, formando campamento en torno de la imágen de su patrona. Coronando las eminencias de la barranca circular que forma el anfiteatro itálico gentes campesinas, señoras y caballeros que habian abandonado sus carruages para asistir á la fiesta, y alternadas las músicas de cada 15
98 villa, emulando en tocatas y aires del pais. Y en medio del circo una Reina en la flor de sus años; de impulsos generosos; franca al bien; accesible á los sentimientos elevados y á los proyectos grandes; rodeada de sus deudos, de consejeros y amantes súbditos; aplaudida hasta el frenesí por mas de cinco mil stigos de la escena, y pen s ando cada cual en que si es el te símbolo de la monarquía, es el emblema de las libertades, recon instadas en relacion con nuestra historia y en armonía con nuestros adelantos Una lápida de mármol transmitirá á las edades venideras la visita de Isabel TI á los vestigios del convento jurídico hético; más no hay mármol donde consignar en conceptos propios y fieles la impresion y las emociones de aquel cuadro que no encontraría el olvido ni en las turbias aguas del Loteo. SS. MM. habiau tenido la dignacion de contestar con estreinada complacencia al discurso del Sr. Ruiz de Apodaca, y mandaron cubrir á la comitiva que registraba en su seguimiento las galerías excavadas hace poco; conversando con los Seíiores Bueno y Ariza, quien presentó á la Reina un lindísimo camaleo, encontrado en las exploraciones de aquel recinto. Se refirió por entonces un diálogo entre S. M. y el Sr. Bueno C y algun periódico tuvo la inoportunidad de consi u narlo en equivocada forma) que importa á mi propósito rectificar; induciéndome á ello el decoro de la augusta persona áquien se atribuyen satisfacciones innecesarias, y la proverbial delicadeza del Sr. Bueno , incapaz de libertades inconvenientes. lié aquí lo que pasó en el centro del anfiteatro de Itálica, á diez pasos de mí, y ante mas de veinte irrecusables testigos. Admiraba S. M. la Reina el espectáculo que ofrecian las colinas musgosas y las moles derruidas del edificio, coronadas de ansiosa muchedumbre, tija la vista en la Real persona,y espiando sus movimientos con afan cariñoso. Muchos ancianos se acordarían al conocer á la Soberana española de sus hijos y nietos, inmolados en la guerra civil por sustentar la causa de
99 una niña inocente contra las pretensiones de la usurpación. _Muchos testigos de aquella inolvidable escena pensarían al seguir con atenta mirada á la augusta Señora que si las peripecias de la revolucion imprimen huellas indelebles en la existencia de personas y familias, trás de aquella satisfaccion habría bastantes reminiscencias bien amargas, y aquella bondad no podia concebirse sin el generoso olvido de pesares y agravios. ,Impresionada S. M. por aquella atmósfera de tierno interés que la circuia, y dando espansion á sentimientos impregnados de cierta felicidad melancólica, dijo al Sr. Bueno, que tenia á la derecha: ¡Qué hermoso es todo esto! ¿No es verdad? Señora (contestó el Sr. Bueno inclinándose), mucho debe Y. M. al amor de los españoles. Y les pago (repuso la Reina irguiéndose en protesta solemne de veracidad); porque los amo corno una madre ama sus hijos, y como á mis propios hijos. Entonces llegó el Rey al centro del anfiteatro, y al lado de su excelsa consorte, y su llegada produjo un movimiento respetuoso de los circunstantes que no dió lugar á la respuesta del Sr. Bueno. Al regresar á la tienda la Córte y séquito oficial vieron el desfile en procesion de la hermandad del Rocío , demostrando todos extraordinario placer en aquel episodio clásico de las costumbres del país; tanto mas de agradecer su efecto, cuanto que se cornponia de detalles de otros cuadros, llenos de vida y mágia en su conjunto. Cerca de las seis y media se retiraron. SS. 31.M. sin admitir el refresco, que preparado habian dichas corporaciones y cuerpos científicos á espaldas de la tienda real; reinando en la mesa, que ocuparon después los concurrentes, una franca alegría, escitada por brindis corteses y ocurrencias oportunas. Mientras tanto la comitiva de SS. MM. atravesaba rápidamente el espacio entre las ruinas famosas y el monasterio gerónimo de San isidro del Campo, fundacion de Doña María Alonso
106 tucion de extensos almacenes de depósito y contratacion, y á la directa esportacion de los frutos y especies que afluyan por las vías férreas de Estremadura, Huelva y Córdoba. Por esta série de ideas se esplican el concurso extraordinario de todas 1 , a-‘, cia ses de la poblacion á las márgenes del rio, las aclamacion - es es truendosas que acogieron la calda del mazo sobre la primera piedra al impulso de la diestra Real, y el aplauso que anunció haber firmado S. M. el acta de tan acepta ceremonia. El general Bustillos debia dirigir el timen de la falúa en que se embarcaron SS. MM. Al llegar las Reales personas, augusta familia y numerosa comitiva, frente á las llanuras de Tablada se les dió el agreste espectáculo de derribar ganado vacuno con la garrocha y corriéndole; enlazando el diestro Manuel Dominguez á un buey por el sistema de los ganaderos americanos, y luciendo en cabalgar y dirigir el lazo esa ligereza y habilidad que tanto distinguen al guajiro de Buenos-Aires, y á los dependientes de vastos saladeros en el litoral de las que fueron colonias españolas en Bias mas faustos y tranquilos para ellas. Al regresar de la enunciada ceremonia y de la rústica, diversion hacia el embarcadero, espresamente levantado para SS. MM. cerca del puente, una multitud innumerable agolpábase una y otra margen del Guadalquivir, saludando á los escursionarios egregios con entusiasta alborozo. Los buques de la marina real y mercante, formados en fila del lado de Triana, estaban iluminados con sartas de lucernas ,de colores, fogatas en los estremos de sus arboladuras y grandes faroles en sus portas y huecos de luz. Lanchas y botes caprichosamente empavesados, coronados de farolillos, elevadas tarimas en sus céntros, y llenos de músicas y de coros discurrian sobre las ondas del rio grande; exhalando trobas, himnos y aires nacionales, que los céfiros de la noche llevaban como un blando murmullo á los distantes ecos. Una soberbia iluminacion de gas, votada por la Diputacion de provincia, marcaba con los rayos de luces sin gua-
— X07 ---- rismo todos los contornos del ligero y esbelto armazon del Puente de Isabel Segunda, desde la base de las barandas hasta los grandes círculos, sostenidos en fuertes machones, y las aguas, rizadas por manso viento y el curso de la marea, rielaban á el fulgor (le aquel dibujo de fuego, haciendo temblar en sus líquidos cristales la estructura y planta baja de aquel adelanto de nuestro siglo, hermano del Carroussell de Paris, y segundo-gó- nito del sistema de Polonceau. Al llegar la falúa frente á la Torre del oro, iluminada con galana profusion de vasillos de colores, rodearonla multitud de lanchas y botes empavesados, y luciendo farolillos de rizado papel que fingían otra fiesta de Dríadas y Ninfas en el fondo del antiguo Bétis. Bandas militares, cuerpos de coros, orquestas, grupos de trobadores, venian por turno á mantener suspensa la atencion da los obsequiados Príncipes. El profesor D . Andrés Palatin compuso para esta ocasion dos lindísimas barcarolas, letra del Sr. Fernandez Espino, que merecieron universales elogios, y el tenor Beracochea se hizo aplaudir en la balada melancólica de la ópera de Verdi »2In bailo in máschera." Las sociedades corales La Andaluza y La Sevillana rivalizaron en cantos graciosos y perfectamente acordados; y mas de un grupo de trobadores fué saludado por SS. MM. con emocion cariñosa. Aquella escena nos hizo soñar con voluptuosa indolencia en la Grecia galante, que adoró como sémi-diosas a Lais , Frinea y Aspasia; agotando los recursos de la inventiva y el alcance de la riqueza en festejar a las conocidas por las tres gracias. Aquello nos acordó las soberbias ostentaciones de Cleopatra que cautivaron con su esplendor a César y á Marco-Antonio. Aquel cuadro nos parecia una evocacion de las giras nocturnas de Cláudio Neron 0Enobarbus• por las dormidas aguas del golfo de Nápoles, y entre las magnificencias de un lujo que pasa por fabuloso, aun registrado en la historia. La Diputacion provincial obtuvo el premio de sus afanes' . porque nuestra Soberana al rebasar la falúa el torno frente á la
— 108 máquina de las Delicias, y avistarse la iluminacion como un panorama fantástico, esclamó conmovida: Este es el Paraiso vislumbrado, señores. S. M. el Rey al acercarse á la Torre del oro, y distinguir la iluminacion del puente advocado á su escelsa consorte dijo: —Admirable! No se puede hacer más ni mejor. Tanto el duque de Osuna, como el embajador inglés, recordaron las fiestas imperiales en San-Petersburgo y las celebradas en el Bósforo; confesando que no podian esceder á este grandioso espectáculo, ni en belleza ni en animacion. Los fuegos de la Torre del oro y barrio de Triana añadieron atractivo á cuadro tan deslumbrador; pudiéndose afirmar que agradaron generalmente y que habrían sido felices por completo sin la resistencia á partir de algunas coronas volantes de crecidas dimensiones, y la dificultad en el giro de otras piezas* de gran tamaño. Bien dice el adagio: »RO hay rosa sin espinas." Esta diversion pirotécnica estuvo á cargo del entendido polvorista D. Ricardo Muñoz. IX. (25 de Setiembre.) Serian las once menos diez minutos de la mañana, cuando el coche régio se detuvo ante la puerta de S. Miguel en la Basílica Patriarcal; recibiendo á SS. MM. el deany cabildo de la Santa iglesia Catedral y los capellanes de Nuestra Señora de los Reyes, presididos por su pro-capellan, el Sr. canónigo Alvarez, persona de tan claro entendimiento corno dignidad en. todos sus actos. La Córte penetró directamente en la Real capilla, separada en lo antiguo del templo catedral de SantaMaría de
109 la Sede por una reja de balaustre para determinar el reparto en dos partes distintas de la mezquita árabe, y la independencia mútua de calonges é capellanes de su merced el Sr. Rey. Al construirse la iglesia matriz hubo de quedar en pié la capilla real hasta que otorgase licencia para su derribo el patronato régio; concediéndola D. Juan el Segundo en 1452, prévio compromiso del cabildo de canónigos á reedificarla propia y conveniente. El Sr. Alvarez celebró el incruento sacrificio , y terminada la misa procedieron SS. MAI. á registrar lo mas digno de nota en su capilla; examinando el incorrupto cuerpo de Fernando III, depositado en la urna que costeara el cabildo, ayudando al gasto el primer monarca de la estirpe de Borbon. S. M. el Rey leyó las inscripciones latinas en los sepulcros de la Reina Doña Beatriz y de Alfonso X, y el Sr. Alvarez llamó la atencion de los Reyes hácia los arcos que en dos medallas ostentan los bustos de García, y Diego Perez de Vargas ; refiriendo con notable brevedad la anécdota de la consulta hecha á Felipe II respecto á quitar los bustos que alteraban la ordenanza sobre prohibir figuras de particulares en los Reales sitios. La Reina aprobó con una sonrisa de complacencia infinita la resolucion comunicada por Felipe II de conservar los medallones en gracia de dos tan buenos y cumplidos caballeros como los mejdres adalides de San Fernando. Después fué mostrada á la Córte la imágen pequeña de Nuestra Señora que segun fama solía llevar el Santo Rey en el arzon de su caballo , hoy colocada debajo del presbiterio en una bóveda. Fueron pronunciados los nombres de [os infantes D. Alonso y D. Pech-o, hijos de Sancho el Bravo, de la Fcina Doña María de Padilla y del infeliz Maestl . e de Santiago D. Fadrique , sepultos en aquel régio panteon, y una especie de meditacion triste nubló todas las fisonomías: privilegio de la muerte que arredra á la orgullosa nada con los horizontes sin término de la vida inmortal. Al contemplar á la Virgen de los Reyes oirnos al augusto
110 — esposo de S. M. inclinarse á la fundada opinion de ser la imagen regalo de San Luis de Francia á su primo Fernando de Castillay Leon: creencia mucho mas cuerda y prudente que la tradicion popular que atribuye al ministerio de los ángeles una escultura que revela los primeros vaguidos del arte en el siglo XII de la éra cristiana. Al pasar ante la tumba del conde de Floriclablanca , presidente de la junta central gobernadora del reino durante la prision en Valencey de Fernando el Deseado, se detuvo S. M. y oró un breve rato. Mucho habla que ver en la Real capilla; pero se hallaba repartido el tiempo de modo que apenas alcanzaba para pasar materialmente ante las maravillas que la iglesia matriz contiene, y así es que la visita á la Basílica Metropolitana sirviera solo para dar una idea ligerísima del templo y de sus principales joyas á los egregios visitadores. Lo que atrajo más la consideracion de SS. MM. fué la imágen de Ntra. Señora de la Antigua; las esculturas de Alonso Cano y Martinez Montañés; la sillería del coro de Nufro Sanchez, Darcant y Guillen; los libros de canto llano , escritos y adornados de péndola por calígraros del siglo XVI; los sepulcros de los Arzobispos Hurtado de Mendoza y el Emmo. Cervantes, y sobre todo, el S. Antonio de Pádua de la capilla del baptisterio. Al mostrar á S. M. la Reina la sepultura de D. Fernando Colon, hijo del famoso Almirante D. Cristóbal, en la nave donde se eleva el ostentoso monumento de Semana Santa, hubo de decirse erradamente que allí yacía el descubridor de las islas del mar Occéano, y nuestra Soberana, volviéndose con presteza, repuso: Nó: este es su bastardo Fernando. El grande Almi, rante tiene digna sepultura del otro lado del mar. Tampoco debemos omitir la referencia de un sucesoque produjo sensacion profunda en los circunstantespor la respuesta be S. M. á un propósito inoportuno. Acercándose á la Reina uno de los Sres. canónigos con cierta pretension, relativa á persona del número de beneficia-
— 111 dos, y aun de los mas antiguos, creyó el Sr. Dean que esto podía ceder en menoscabo de la autoridad que le compete, y en consecuencia trató de cortar la palabra al canónigo, reclamando el derecho de que se estimaba asistido para la iniciativa en casos semejantes. Nó, Dean, nó, repuso la nieta de Felipe Y con expresiva firmeza. Á mí se me habla por todos, de todo, y en todas partes. Saliendo de la iglesia Catedral por la puerta llamada de la Torre se encaminaron los Reyes al frente de la comitiva hácia la escalera que conduce á la Giralda; pués á pesar de las observaciones de que habia sido objeto la subida se decidió por esa régia voluntad, enérgica y potente corno la del varon mas resuelto y brioso. El Sr. Alcalde presidente, García de Vinuesa, léjos de retraer á S. M. del ascenso á la torre, sostenia la animacion de p . a Isabel, que sir ,descansar un punto, y aun burlándose de las pausas y retrasos de algunos de su comitiva, llegó de cuesta en cuesta hasta el terraplen de las campanas; recorridas treinta y cinco rámpas sin muestra de cansancio, ni atender á las instancias por que interrumpiera ejercicio tan fatigoso, aprovechando el sillon que dos peones del cabildo llevaban tras de su Real persona. Aquella torre tiene un recuerdo que añadir á los cuatro que la hacen memorable en la historia, y que nos permitiremos enumerar para instruccion y solaz grato de cuantos favorezcan con su lectura esta reseña oficial. Refieren vários analistas, y entre ellos el celebrado Ortiz de Zúñiga, que poco después de reconquistada esta ciudad del dominio sarraceno tornáronse á sus solares de Castilla y Leon muchos ricos-homes y adalides; abandonando por el interés de sus casas y familias las ventajas del repartimiento en la sojuzgada tierra de moros. Fernando III pensó entónces en dejar al Príncipe Don Alonso de gobernador en la Andalucía, y reunir córtes en sus estados para atender á puntos de su interior régi-
112 men, temeroso el Rey Santo por los efectos de una dilatada ausencia. En estos dias de indecision é incertidumbre un juglar de la corte, á quien titulan Paja las crónicas, convidó al monarca á subir á la torre de Gcber en la mezquita, consagrada ya como iglesia de Sana- María de la Sede; diciendo tenerle prevenido allí un banquete digno de su angiista persona. Fl Sr. Rey, mas por donaire que de veras, se avino á la ascension; concurriendo puntual á el emplazamiento de Paja. El bufon, mostrándole el circuito de Sevilla, sus risueños campos, su caudaloso río, y la multitud de alearías á una y otra de sus már- o-eile;i le movió á considerar la hermosura de aquel espectáculo 7 corno un convite á su gloriosa ambicion, instándole á permanecer en tan privilegiada comarca, y á que guardase por sí una prenda de tamaña valía. Este picaño conocía perfectamente á D. Alonso, y receló con fundamento que el gobernador perdiera sus estados, como luego se le vió perder su señorío real durante su azarosa vida, y gemir en tristes duodecasílabos por su destino y el de su primogénito de la Cerda. Del rey D. Pedro se cuenta que sabia muy amenudo á la torre de la iglesia Catedral, y trasladamos este párrafo del cronicon inédito que la municipalidad posee, y que así lo asegura: »Piada grLoidemente al rey asomarse á dicha torre (dice) é »dende allí, registraba el campo é la ciudat; quier solazando la »vista, qui2r divertiendo pessaclumbres que no dejaban de acui- »tar su ánimo." Hé aquí de qué manera describe el mismo cronicon el ascenso de D.' Isabel la Católica á la torre, que no tenia á la sazon los tres cuerpos que hoy componen el giraldillo: »E corno ficiessen saber á la Ileyna lo áspero del terrizo »por do habia de trepar para venir á lo postrero de dicha torre, »por consejo é deliberacion de los suyos, é con acuerdo é licen- »eia del Cabildo, arreose muy bravamente una bacanea conpe- »nachos é caireles, é silla asaz holgada, épaños de oro é seda »por detras é delante como en dia de entrada, é la sobre dicha
— 115 »Reyna y Señora mostró grande contento dello é subió sobre la »dicha alimaña, é llevada por escuderos que la guardassen de »azar, vino al punto de subir é holgosse grandemente cá, la (Jiu- »dad se muestra de alli corno cossa nueva é nunca vista, é dijo »1a Reyna que no habia, tal en sus reinos é señoríos." Al llegar S. M. á la puerta de la escalera que desemboca en la galería de las campanas notó la lápida de mármol, en que se halla consignado el recuerdo de la subida á la torre del Sr. D. Cárlos Cuarto, su Real consorte, sus hijos D. Fernando, D.' Amalia y D. a Luisa, y sus yernos los infantes D. Antonio y D. Luis, en 24 de Febrero de 1796. Alcalde, esclamó la Reina, ¿Estás cansado? Señora, protesto que nó, dijo entonces el Sr. Garcia de Vinuesa. Pués yo me atrevía á bajar y subir otra vez, contestó S. M. en el colmo de la escitacion alegre. S. M. el Rey se incorporó á su escelsa cónyuge y ambos se asomaron al balconaje que da vista al Real Alcázar, seguidos del Sr. Alcalde presidente; retirándose á, cierta distancia el concurso para dejar en libertad á las Reales personas y á la autoridad superior en el municipio, entretenidos en animado diálogo que duró mas de un cuarto de hora. S. M. el Rey íbase informando del Sr. concejal, marqués de Villavelviestre, acerca de la situacion de la Biblioteca Colombina; tan reputada un tiempo entre las mas distinguidas de Europa, y falta yá de la riqueza bibliográfica de nuestro siglo por no atender á dotarla con lo mas selecto entre lo contemporáneo sus patronos el *Duque de Veraguas y el Cabildo catedral. La Córte se dirigió á, dicha biblioteca, siendo recibida por los señores canónigos Calormarde y Escudero, y el Sr. Fernandez de Velasco, gefe del servicio; persona de tan merecida y honrosa fama, y afecto extraordinariamente á coadyuvar con sus noticias y auxilios á las obras de ilustracion y provecho. Fueron enseñados á SS. M.M. los apuntes, cartas, notasy apostillas de
• • • • • • • • • • • • • • • • • • • • . u • • • • • • • • • • • r e • • e • • • 114 — mano del ilustre genovés; Biblias, crónicas y devocionarios en vitela, la espada tenida por de Garci-Perez, (cuya materia, temele y montado no corresponden á un arma que se atribuye al conde Fernan-Gonzalez) y las galerías de señores Arzobispos y sevillanos esclarecidos en letras, armas, artes y notorias virtudes. La Córte salió de la Catedral, encaminándose liácia el celebérrimo archivo de Indias, establecido en el piso alto de la Casa-Lonja. Bien merecia el afamado archivo, donde Wáshington Irving y Willans Prescott encontraron tanta suma de noticias preciosas como comprueban sus luminosos y concienzudos trabajos, una de aquellas visitas detenidas y pródigas en informes que Felipe Segundo consagró á Santa María de las Cuevas, á la iglesia y archivo de la Catedral, y á el palacio y depósito de papeles interesantes y objetos artísticos de la casa de Rivera. El Sr. Archivero gefe, y sus inmediatos, el reputado Sr. Juarez y el entendido Sr. Janer, tenían patentes á la vista de los augustos visitadores multitud de autógrafos de las celebridades históricas en Nueva España y gran variedad de documentos de inmensa importancia para fijar las opiniones en punto á las conquistas y procederes de Cortés, Pizarro, Almagro y demás héroes de aquella lijada de un inundo nuevo. SS. MM. vieron una parte mínima de aquellos datos históricos, y despidiéndose con la mas bondadosa eonsideracion de los dignos empleados en la ordenacion y custodia de aquel tesoro de instruccion peregrina, fueron á descansar algunos momentos en. los Reales Alcázares. Los Bias anteriores, y en conversacion tenida en la mesa entre SS. M. y los Serenos. Sres. Duquesa y Duque de. Montpensier, se habló de la extension del circuito de Sevilla, de la irregularidad de muchas de sus calles, y de los barrios que más conservaban el estilo árabe, de calles tortuosasy sombrías,
— 113 — con grandes edificios retraidos al fondo de inmensos patios, y casuchas deformes é infectos, como se registran hoy en Tetuan, Tánger y Fez. S. M. la Reina espresó vivamente el deseo de examinar las comparticiones menos renovadas de la Sevilla de Ajataf, y de Fernando contando para esta visita con persona, que como el Sr. Duque, tuviese noticia de esos pormenores, histórias, tradiciones y consejas, referidos á propósito de muchas calles y casas de aquellos extraviados é imponentes sitios. Algunos sugetos que por su posicion particular oficial carácter poclian ser empleados por S. M. en el oficio de cicerone se entretuvieron algun tiempo antes de la venida de la córte á la metrópoli de Andalucía en recoger anécdotas é histórias, y comprobar las referencias del vulgo en gran parte de los sucesos, recibidos en su fé por relacion consecuente de sus antepasados, y el autor de esta reseña creyó de su deber preparar la ilustracion de este paseo de SS. MM. por los bárrios de Santa Cruz, de San Nicolás y San Bartolomé; previniendo el caso muy verosímil de utilizarse á insinuacion del Excmo. Ayuntamiento los datos y antecedentes de la seccion histórica á su cargo. En los régios Alcázares ocurrió de improviso á S. M. la Reina discurrir por las estrechas y solitarias vías que del callejon del Agua conducen á la Montería y plaza de D. a Elvira , calles de la Vida, de la Gloria, de la Muerte, del Atahud y Jamerdana hasta los Menores. Nadie se cuidó de hacer observar la destruccion de los muros de aquella sólida bóveda, garita del centinela árabe en los pasadizos del palacio de Abdalazis. Nadie enseñó á la Córte en el patio de la Montería el punto donde el Rey Don Pedro hizo erigir un trono de piedra de sillar, sobre gradas circulares, y en el que administraba al pueblo en audiencia Viblica su justicia espeditiva y severa; ni el lugar qu ocupaba el teatro, consumido por el fuego en 1691. Nadie ft,j1 la atencion de los Reyes y de su comitiva en aquella antítesis (3 nombres entre las calles de la Vida y de la Muerte, de la Gloria y u de l A t a bl a No se con f,(1 á 5. M., tan afecta (t las notables
122 transmitir á presentes y pósteros las visitas Reales á los dominios de la corona, y los regocijos con que recibian los puelos á sus Reyes y Señores, con las pruebas fehacientes de su b liberalidady los testimonios irrecusables de su acatamiento. Hoy la prensa se encarga en describir los viajes de Realespersonas por las diferentes comparticiones de sus monarquías y los festejos que las provincias consagran, tanto al lustre y honor de las Magestades, cuanto á la digna representacion de sus sentimientos y rango respectivo. Cuando el periódico, el folleto y el libro esplotan las ocasiones críticas y señaladas, y vienen á ser hilos conductores de una conmocion eléctrica, la crónica oficial privada de los fueros de esclusiva, ó corre el peligro de aparecer harto severa en cotejo con la animacion de las obras de circunstancias, ó se espone á padecer el contagio de esa escitacion que cede en detrimento de la mesura y reposo con que ha de escribirse la historia, si la historia ha de ser la verdad. Ifé aquí, Señora, la razon que ha movido al cuerpo capitular sevillano para reducir á dos ejemplares esta crónica: el uno que se levante hasta el dominio de V. M., nuevo y atrevido Prometen en busca del gérmen vívido de la luz: el otro que se custodie para memoria perpétua del fausto suceso en el archivo privilegiado de la Ciudad entre análogas tareasy no menos preclaros timbres. Be este modo la municipalidad deja libre espacio á ediciones particulares, que con motivo de la visita de vuestra Córte á las Andalucías y los holocaustos espresivos de las provincias meridionales invoquen en auxilio de sus empresas al ingenio, al arte y á la industria. Asi encuentra coyuntura favorable de acercar esta humilde dádiva al modelo de tiempos pasados, si bien no fecundos en los progresos mecánicos de hoy, sólidos en susprincipros, hidalgos en sus medios é indeclinables en sus fines. El pergamino y el papel representan fielmente aquellas edades y
125 -- nuestra época: de firme consistencia el primero; el s e g undo ° b de duracion efímera: conservando el uno en la integridad de los caracteres la invencible constancia de las convicciones• sujeto el segundo á todas las injurias de la destruccion, obran' do contra materia frágil y deleznable de suyo. Por eso el pergamino recibe hoy una preferencia que merece, tratándose de solemnidades y de reminiscencias grandiosas. El Ayuntamiento de Sevilla no se ha contentado, Señora con ofrecer á su cronista y archivero el honor de reseñar la, estancia de la Real familia en la ciudad de Hércules, Julio César y Fernando III (el Sant,o); que tambien ha querido proporcionar á su comision las condiciones de dignidad y reserva, como las: mas aptas para dar de sí el apetecido fruto en semejantes obras; que no es otro que la verdad, sinceramente escrita y ejemplarmente enseñada. Cuando el historiador se aisla, guareciendo su juicio de las preocupaciones comunes y emancipándose del prurito de la novedad y del ánsia del efecto, entonces su espíritu se depura de inclinaciones adversas y ante el pensamiento de un público futuro ajusta mas sus ideas y palabras á, la exactitud y precision de los hechos coetáneos; preciando á los venideros como á jueces de mayor neutralidad y competencia, y respetando á la par las tradiciones recibidas y las comunicadas; por que nadie consiente en circuir de oprobio y vilipendio, sin el cebo de utilidad inmediata, el recinto de su tumba con el menos recio j u stificado del porvenir hácia los profanadores de una ciencia á, quien llama el divino Tulio »maestra de la vida." El Ayuntamiento de vuestra insigne ciudad de Sevilla se complace en creer que un dia remoto hallada esta crónica en el archivo Real ó en el munícipe, sus lectores no podrán sonreir incrédulos, ni compadecer la vanidad pomposa de su estilo; porque la lisonja no ha dictado los conceptos, ni encubre el afan de producir una erudicion, inconveniente tras de indigesta,
— 124 Los hechos se suceden y no se asemejan ha dicho un céle bre escritor; más el pueblo que ostenta en su escudo y en la madeja simbólica el comprobante de su nunca violada fidelidad, acaba de p oner en evidencia á vuestros enternecidos ojos que semejante máxima carece de los elementos que determinan al axioma; y Dios continúe, Señora, en vuestros egregios sucesores el favor de experimentar reiteradas y sentidas demostraciones de cariño y agasajo filiales, como los buenos lo demandan á la Providencia en votos solícitos por que vayan unidos siempre la gloria de la estirpe Real y el esplendor de la ibera monarquía. SEÑORA: -Á L. R. P. de Y. M.—Juan José García de Vinuesa. Sevilla 4 de Octubre de 1862. SEVILLA CÓRTE. Omitiendo referencias anteriores á la reconquista de esta ciudad á que se remontan los primeros y autorizados datos de su archivo municipal histórico, cumple á los fines de esta reseña enumerar los Monarcas de Castilla y Leon que establecieron su Córte en la reina del caudaloso Bétis. FERNANDO m.—Primo carnal de San Luis, Rey de Francia; primero de su progénie que uniera en forma definitiva bajo su cetro los estados leoneses y los dominios castellanos. Inspirado por la idea religiosa y el alto pensamiento político de convertir sus fuerzas militares contra la degenerada morisma andaluza, entró por los desfiladeros de Sierra-morena, burlando los aprestos y emboscadas de los muslimes y sembrando el terror con sus algaradas y conquistas, tomó á, Córdoba, Califato de Occi-
— 125 dente, y puso cerco á Sevilla, (Sbilia), cuyo Walí era el 11111S poderoso y respetado de entre los reyezuelos ó potencias de segundo órden de la familia islamita en las regiones héticas. El sitio de Sevilla es un poema inmortal, y tan augusto que aun no ha nacido un Hornero para cantar la magnitud de la empresa y las hazañas de sus héroes. Fernando representa en la historia de la goda restauracion una figura tan gigantesca como la de Pelayo; pudiendo decirse que en estos dos polos giró la obra providencial, principiada en Covadonga y concluida en Granada. Fernando, ilustre en los fastos de la santidad, no lo fué menos en la historia monárquica y militar de Iberia, y astro de radiosa luz hizo moverse en su órbita á satélites tan luminosos como Pelai-Correa, Garci Perez de Vargas, Alfonso Tello, EL Lorenzo Suarez, el Almirante Bonifaz, Domingo Muñoz, uno de los ganadores de Córdoba, Fernan Yañez, y tantos y tantos ricosornes, escuderos, oficiales y criados de su merced el Rey, con la prez y espuma de sus adalides, almocadenes y almogavares. Á Fernando III debió Sevilla el fuero toledano; el repartimiento urbano y rural entre señores, hidalgos y ornes buenos que le ayudáran en la conquista; grandes honras y mercedes señaladas, cuyas cartas de privilegios, transcritas en tumbos ó testimoniadas por exhibicion de los originales, conserva en la primera seccion de su archivo histórico. La ciudad que babia arrebatado al imperio de la media-luna guarda en memoria de tan excelso Rey las llaves de plata y fierro, que se juzgan entregadas por los moros en las ceremonias de la rendicion; la espada de Garci-Perez en la biblioteca Colombina; testimonios (-V fundaciones piadosas y donaciones magnánimas á la metrópoli, y joya sin precio, su cuerpo incorrupto en la ostentosa capilla (11 los Reyes en la iglesia Catedral. La veneracion de los sevillanos por el Santo Rey no ha decaido un punto, ni en los tiempos de subversion de todas las creencias, y su estátua ecuestre, coronada de rayos de gloria la cabeza, y en la diestra la espada vencedora del Aicoran, eleva-
— 126 -- da sobre triunfal columna á expensas de la Segunda Isabel, sería, Señora, un monumento mas durable que el bronce, cual dice el poeta latino, y que transmitiera á la posteridad con el sublime rasgo de una Reina Católica la apoteosis do tan grande abueloy el entusiasmo y gratitud de la ciudad que restituyó á la cultura cristiana, y que se nombra por suya con legítimo orgullo. ALONSO EL SÁmo.—Sevilia le debió sus famosas atarazanas; arsenal y colegio de cómitres; los donativos y tierras de Tejada; lugares, términos y jurisdicciones; el repartimiento, reformando por diferentes causas el anterior de su padre; las concesiones de alquerías tenidas por moros, y buen número de franquicias y libertades que hicieron ricos y acatados á los cabildos eclesiástico y secular, vecinos heredados, gentes de labranza, negociantes, mercaderes y demás pobladores de la antigua Hispana. Fundó la procesion del dia de San Clemente, en que son llevados espada y pendon del Santo Rey; creando entre otras la célebre féria en la calle larga en la parroquia de Santa María de todos los Santos: sitio de contratacion que dura en menor escala hasta nuestros dial. Conquistó á Niebla, cuyo Wall fué en socorro de S. Fernando contra Sevilla, y atrajo el Rey á su servicio á los caballeros que en. África y en Andalucía militaban á sueldo y en pró de los moros, entre los cuales vino D. Alonso Perez de Guzman el Bueno. Levantados los reinos en favor de su hijo B. Sancho, y afligido por las rebeliones en daño de los infantes de la Cerda, sus legítimos é inmediatos sucesores, Sevilla le sirvió de refugio y de consuelo, recibiendo la Ciudad por empresa de su escudo el nodo y la madeja, con las declaraciones honoríficas de su rara fidelidad. Pasó el Rey á vida mejor á 21 de Abril de 1284; encerrándose sus restos, con imperiales vestiduras, como electo de Alemania, cerca de la huesa de su padre, segun su postrera voluntad.--La iglesia matriz sevillana tiene entre sus mejores preseas las tablas alfonsíes, las biblias hebraicas y la urna que incluye sus despojos en la capilla de Nuestra Señora de los Reyes.
127 - SANCHO EL BRAVO. Entró en Sevilla confirmando los privilegios de su padre y abuelo, y celebrando córtes, restrin giendo excesivas mercedes, comunes en las guerras intestinas. Guerreó con los moros de Jerez sin obtener al principio grandes ventajas, y resuelto á cortar las correrías de los mahometanos les ganó á Tarifa, castigando las talas de Ab-ben-Jacob. La defensa de Tarifa, cercada por los alarbes y el infante D. juan dió el titulo de Bueno á D. Alonso Perez con el sacrificio de los' sentimientos paternales, y á los amoríos aventureros de D. Sancho se refieren el castigo de la esclava, tercera de sus solicitudes, por el rico-orne Bustos Tavera, y la doliente historia de Sancho Ortiz de las Roelas y de Doña Estrella, apellidada por su hermosura la estrella de Sevilla: título de una inspirada comedia del fénix de los ingenios, Lope Félix de Vega Carpio. FERNANDO iv.—A este monarca fué deudora Sevilla de la franqueza para el entonces pingüe negocio de vinos con Portugal; de Alcaldías, fieldades, escribanías y oficios que recayeran en su cabildo civil; de la donacion del castillo de Free eral con sus aldeas, y su Alteza hizo cumplida justicia al derecho y á la lealtad, confirmando las mercedes de su abuelo D. Alonso á los que sirvieron constantemente su causa. La peña de Martos cierra, corno página última y terrible, la historia de Fernando, el emplazado ante el tribunal divino por los hermanos Carvajales; probando una vez mas que la justicia de Dios no es una fábula convencional de los hombres. ALFONSO m. —Su índole guerrera y sus alentados bríos le fijaron en Sevilla como punto de partida contra los alarbes de la costa,y sus amores con Doña Leonor, de la estirpe de los Guzmanes, dieron atractivo á su residencia. Superó á sus abuelos en amor é interés por Sevilla, y diez y seis privilegios que custodia la Ciudad en su archivo dan testimonio de su deseo por acrecentar los cuantiosos haberes del cabildo y regimiento, con donaciones tan ópimas como la villa de Arcos, Matrera y su castillo, lasuar las (roy u G (1 . Puebla junto á Coria) y las salinas
— 128 de Valeargado con las de Bráines. Jóven aún y lleno de justas y lisongeras esperanzas, finó en el cerco de Gibraltar; trascendiendo á sus reinos los elementos, deplorables de la guerra civil en la descendencia bastarda, producto de los desórdenes que oscurecían un tanto sus circunstancias relevantes é insignes prendas. PEDRO EL JUSTICIERO. Aquí, Señora, deseára el cronista espacio suficiente á vindicar una memoria que lavó de vilipendio la severa é imponente magestad de Felipe II. Sevilla no necesita comprobar las indignas falsedades de Lopez de Ayala, objeto de tantas ilustradas polémicas; porque tiene el eco de una tradicion sagrada que llama justiciero á Pedro de Castilla; acreditándole entre la plebe su perenne oposicion al abuso de los fueros, á las extorsiones de las clases privilegiadas, y á las arbitrarias y escandalosas impuridades. Pedro de Castilla hace edificar los Alcázares con la magnificencia que alía á lo; primores arabescos la arrogancia del gusto bizantino: ronda las travesías de su ciudad, inquiridor y vigilante, y la calle del Candilejo prueba que el Rey no amparaba al hombre en los encuentros personales nocturnos. La historia del exámen de escribanos de Sevilla por las naranjas del estanque de su palacio, demuestra que los oficios se daban á los hombres de mayor valer. El renombrado lance del canónigo y el zapatero, modernamente popularizado por la fecunda péñola de Zorrilla, acreditase por el famoso capítulo, igualando las penas del omecillo en todos los foros y contra la corruptela de los juzgados eclesiásticos. La usura mereció sus rigores cuantas veces provocara conflictos en sus reinos por el monopolio, la estafa y los arteros fraudes. Probó con su espada misma el ánimo de los mas fuertes es a ri- o midores de su tiempo, cual aconteciera con el veterano servidor del convento de S. Francisco: aventura que dió motivoplausible á la pródiga concesion de agua al monasterio. Dio cuenta á sus vasallos de las causas y efectos de sus justicias ejemplares, cual lo hizo con la ejecucion de Alonso Fernandez Coronel y castigo
129 ---- de la villa de Aguilar: documento inolvidable contenido en el archivo de privilegios de la metrópoli, seccion de cartas régias. Si la justicia de Pedro 1 era cruel en sus formas la Thérnis de aquella éra buscaba la eficacia del escarmiento en la crudeza del castigo, y lié aquí de qué modo se entendía la penalidad en el proemio de la carta á que hicimos antes referencia y dice así: —E por que de los Reyes es e al ssu estado pertenesce de estraúar é escarmentar los malos ffechos é desaguisados que se facm, en su Regno é ssu señorío é señaladamente aquellos que son contra el ssu estado y 97iengua del ssu señorío Real é la pena que es dada á los malos é á los que en tul yerro caen es engienplo á los otros que lo oyen é lo ven é lo saben de se guardar de caer en tal yerro é guarden por ello mas complidamente Imitat á que son temidos de guardar á ssu Rey é á ssu señor Por ende quiero que sepon lodos (mantos esta carta vieren como yo Don Pedro, por la gracia de Dios Sic Si las pasiones del mancebo Real le arrastraron á descomposturas reprehensibles, su educacion por un lado, las costumbres de su tiempo y el incentivo de su carácter por otro, explican las flaquezas del hombre, sin justificar la forma de mónstruo con que le denigra una malquerencia enconada. Si conspiradores sin tregua, perdonados mas de una vez por el hijo de Alonso el Onceno, y reincidentes en sus amaños y tramas, no hubieran soliviantado á sus ricos-ornes, comprometiendo el sosiego público, y atizando el fuego devorador de la discordia, Don Pedro, hijo sin el amor de madre, y señor sin confianza en los infanzones y próceres que le servían, no diera al mundo el. espectáculo doloroso de la violencia, provocada con agresiones incesantes, y atribuida lu go á sañuda condicion y a natural fiereza. Los campos de Tablada por la parte que mira al primer torno del rio traen á las mientes el paso de la galera florentina, desde cuyo bordo trató un Nuncio de la Santa Sede, constituida en Avignon, notificar á Don Pedro exeomunion del Pontífice Urbano; lanzándose el Rey á las ondas del Bétis con su caballo, 17
50 enardecidopor tan inusitada forma de notificar sentencias. Mas allá suponen el lanceo del Rey moro de Granada por la propia mano del Rey de Castilla y Leon: aventura de que Sevilla no guarda recuerdo alguno tradicional corno de las otras. A Don Pedro reconoce Sevilla la donacion del peso de las mercadurías en su Aduana; el arreglo satisfactorio de sus justicias, el número y calidades de sus veinticuatros, exenciones favorecedoras á sus vecinos y fomento próvido de sus intereses morales y positivos, En el templo del ex-convento dominico de San Pablo (hoy parroquia de Sta. María Magdalena) existe reproducida la imágen de Santa María de las Fiebres, á cuya intercesion, invocada por Doña María de Portugal, debió el Rey la salud en su valetudinaria niñez. A. los piés de la efigie estuvo, Señora, la estátua de Don Pedro, a finojada é de plata toda ella al decir de un cronicon del siglo XV, conservado en el depósito de la Ciudad, y arrancóse de la peana, acaecida la, tragedia del castillo de Montiel, y segun el mismo códice, »por quitar membranzas al vulgo é desazones á su Alteza D. Enrique." JUAN L—Vino á Sevilla á dar priesa, á las prevenciones contra el reino de Portugal, y tras de la infausta jornada de Aljubarrota, volvió á ocultar en ella el acerbo pesar del vencimiento; asociando su vergüenza y su dolor al sentimiento profundo de nobles familias y á la desolacion del pueblo que perdiera en aquel desastre tantos déudos, dignos de mejor fin. ENRIQUE m.--Nacido en esta ciudad fidelísima, regresó púbero y doliente á su recinto entre las ovaciones amantes y melancólicas en el fondo de un pueblo que saludaba el curso de un astro-rey, confundiendo el oriente de, su cuna con el ocaso de su sepulcro. ENRIQUE iv. Sevilla no ha podido olvidar que la aparicion de este Monarca dentro de sus muros fué señaladapor atropellos torpes de los moros admitidos en su comitiva, y la iniquidad de Monjauás con la hija del mercader Sanchez de Orihuela y lo s ,
— 131 --- alborotos contra desmanes de los señores, favoritos del Rey testimonian la corrupcion de aquella corte y la evidente razon de los pueblos para levantarse, concitados en abominacion del escándalo y la ignominia. Sevilla, testigo de tanta abyeccion en la Real familia y de tanta indignidad en sus áulicos y allegados, una vez destituido en Ávila el Monarca impotente, reconoció por medio de procuradores al alentado jóven Don Alfonso, hijo habido en segundas nupcias de Don Juan el Segundo, y hermano de la esclarecida Princesa Doña Isabel.—Alfonso XII representa en la historia el derecho de los pueblos á destituir á los Reyes, declaradamente indignos de la corona, é incapaces de un régimen ordenado, moral y justo. Sevilla le debe en pago de sus buenos servicios la donacion de las rentas de ejea y meaja, malamente adquiridas por el Comendador Juan Fernandez Galindo; el reconocimiento de cuantos privilegios y mercedes le concedieran los Soberanos antecesores; libertades de alcabala para las semillas importadas á su Alhóndiga y extraidas de sus mercados, y una imposicion sobre el pescado á favor de sus propios: concesiones inclusas en el archivo histórico de S. E. y en cuyo respaldo firman el Arzobispo Toledano, el duque ele Benavente y los condes D. Diego y !7), Enrique, apareciendo confirmadas las dos postreras por los Señores Reyes Católicos. DOÑA ISABEL i.—Después de las sangrientas colisiones en tre las gentes del duque de Medinasidonia y las del conde de Árcos durante la vida del Cuarto Enrique, Sevilla aclamó á Doña Isabel, acallando las pretensiones de Doña Juana la Bel-- traneja, tibiamente alentadas por la casa de los Girones y por su déudo el marqués de Cádiz. En 1477 á 25 de Julio, quedando en Estremadura el Rey de Aragon, su esposo, entró en esta ciudad Doña Isabel por la puerta de la Macaren, recibida bajo pálio, y admitiendo las fiestas sin perjuicio de cortar de raiz los desórdenes; logrando justificarse el marqués y comprendiendo losque habian nutrido la guerra civil que regía el cetro casto-
— 158 — en vehemente adhesion. El cronista Espinosa narra las fiestas que solemnizaron el acontecimiento, dando lugar á que Sevilla hiciese notorios al mundo su grandeza y rendimiento obsequioso en la formaque lo relata el cronista Cabrera al servicio de la Católica Majestad. En laplaza del Duque de Medinasidonia dijo el Rey á este prócer, señalando á su palacio:—» Otro tal, Duque, no le han muchos reyes," frase que menciona el cronicón y memorial inéditos del archivo histórico de la Ciudad. En la Basílica metropolitana, siéndole expuesta la efigie de Nuestra Señora de los Reyes, añadió S. M. »y es también reina de las imágenes."— Ante el incorrupto cuerpo de S. Fernando esclamó, inclinándose con reverencia:—»acabad, la real capilla y de presto, que bien merece el difunto sepulcro de oro." Quince dias pasó el hijo de Cárlos Primero en la ciudad que le asistiera con seiscientos mil ducados para su viaje y matrimonio con la Infanta de Hungría y Bohemia, y dos se mantuvo retirado en el monasterio de Santa María de las Cuevas, Cartuja de Sevilla, largamente entretenido en registrar libros raros y singulares códices que en gran parte llevóse para enriquecer el nuevo archivo en la fortaleza de Simancas con privilegios originales del Santo Rey, que obtuvo del cabildo secular, quedando copias en extensos tumbos, y aumentaron la prez del depósito, situado en el histórico castillo. Sevilla se votó de tal guisa al favorecimiento de las necesidades de S. M.y al auxilio de sus empresas militares, con servicios, préstamos v donativos tan cuantiosos que mereció á Felipe II el dictado de »mi tesorera" en Cédula Real; y las campañas de Flándes,y la conquista del reino portugués, las prevenciones contra Inglaterra, y la defensa de las costas andaluzas contra armadas británicas, agotaron los productos de sus propios y la valía de sus arbitrios basta provocar el desempeño de 1605: extremidad infáusta, Señora, cuyas consecuencias de plorablespesan aún sobre la actual administracion.
139 El Rey Don Felipe IV resolvió su viaje á las Andalucías en 1624; habiendo precedido alguna resistencia de las córtes á otorgar el servicio de millones y subsidios, en que representaron con viveza los procuradores de Sevilla; encareciendo el daño que recibían con semejantes tributos los exhaustos pueblos de su reino y señorío. Escitado por el Conde-duque, y movido por el deseo de recoger á su paso las donaciones crecidas, con que la liberalidad servia de testimonio á la fineza, escribió al cabildo, ordenándole ahorrara dispendios en fiestas públicas, pués el estado de la monarquía aconsejaba no despediciar en fáusto lo que se liabia de menester para defensa y conservacion de sus dominios. Saliendo de Madrid el ocho de Febrero, é incomodado en la travesía por récios temporales, llegó á Carmona el veinticuatro del antedicho més, donde recibió besamanos y á la comision del cabildo secular, presidida por el Asistente Ramirez Fariñas, que se adelantó á merecer la honra de sus mandatos.. Después de alojarse en el monasterio de S. Gerónimo de Buena-vista, y de penetrar en Sevilla de incógnik al cerrar la noche para visitar la santa iglesia matriz y el cuerpo glorioso de S. Fernando, de cuya canonizacion activamente se trataba, volvió á San Gerónimo hasta Viérnes primero de Marzo, en cuyo dia y á las cuatro de su tarde tuvo lugar su entrada pública con las ciernas demostracionesy gentilezas, circunstanciadas por el historiador Don Gonzalo de Céspedes. En los trece dias de su real estancia en la metrópoli andaluza, á vueltas de mascaradas y escursiones por el Bétis, visitas de templos y magníficas recepciones, hízose asistir con la suma de treinta mil ducados, además de concederse los millones que las córtes repugnaran, dando por merced el regocijo lo que negó por imposible el justo miramiento. Publicóse que tornaría S. M. luego de visitados los puertos
— 140 andaluces; pero mudóse de resolucion en la córto espedicionaria, y de los estados de Medinasidonia pasó á Granada el Rey; volviendo á la villa de Madrid el diez y nueve de Abril del mismo año; quedando en Sevilla la funesta impresion del valimien- to de Olivaresy el apuro de la exaccion que sufriera el erario de la decaída ciudad. Ev. Inútil fuera repetir cuántas hazañas y pruebas de perseverancia heróica ganaron á vuestro glorioso abuelo Felipe Y esa diadema que V. 31. ciñe á sus sienes, la adrniracion y el cariño de sus vasallos y el dictado de Animoso que distingue al primero de la familia de Borbon, asentado en el sólio que ocuparan cinco Hapsburgos, desde la figura magestuosa de Cárlos 1, hasta la sombra real del desmayado Cárlos II. En 17 9 9 resolvió el nieto de Luis XIV visitar sus dominios de Andalucía, haciéndose conocer próximamente de tan leales súbditos, como ya le conocían y estimaban las dos Castillas, Estre madura, Aragon y Valencia; y como se hubieran verificado en Badajóz las dobles bodas del Sermo. Príncipe de Asturias con la Señora Infanta de Portugal, y del Príncipe del Brasil con la Señora Infanta de España Doña Mariana Victoria, interpuso Sevilla su amante solicitud para merecer la estancia de la córte dentro de sus muros; logrando la dicha de saludar á la familia régia el tres de Febrero, con las solemnidades, ceremonias y aparato que prolijamente describe el contador Don Lorenzo de Zúñiga en su luminosa Olimpíada ó Lustro Real. Aquí recibió la Maestranza de Caballería el mayor de sus blasones en el cargo de Hermano mayor, vinculado en la estirpe Real. Aquí fueron trasladados con singular acatamiento los despojos mortales del Santo Rey; llevando las cintas del carro la familia soberana, entre los aplausos del piadoso pueblo, que al través de los siglos mantiene incólumes la fé y la
--- 111 — gratitud que debe á su esclarecido conquistador. Aquí dió á luz la Reina el diez y siete de Noviembre á la infanta Real Doña María Antonia Fernanda, bautizada por diligencia de los Padres Predicadores en la pila donde fué cristianado en Calaruega el Patriarca Santo Domingo de Guzman. Aquí fomentó el Rey la' casa piadosa del edificante hermano, instructor de la niñez desamparada, Toribio de Velasco, vindicándole de calumnias y de malvadas extorsiones. Aqui subsisten los testimonios de su religioso celo en las dedicaciones de la iglesia-hospital del Buen- Suceso y nueva iglesia de San Antonio Abad. Aquí recibieron confirmacion solemne las muestras de veneracion, ordenadas por nuestros antiguos Reyes de Castilla respecto á la conduccion del Sagrado Viático á impedidos y enfermos. Aquí se hicieron rogativas por las empresas militares en África, celebrándose las victorias obtenidas en Oran y Ceuta. Aquí, por último, dejaron los miembros de la familia real memoria insigne de sus personas y de sus hechos, memoria cuyos datos conserva amorosamente en su archivo la municipalidad sevillana; cabiéndome la satisfaccion de custodiar y regir el depósito de tan altas tradiciones. La venida de la Córte en 1796 no tiene mas historia que las prevenciones y los festejos de la siempre fiel Ciudad , y el placer con que fueron recibidos por los regios consortes, - Don Cárlos y Doña Maria Luisa, los homenages solícitos del vecindario. Por lo ciernas aquella espedicion no clescubria el pensamientopolítico que habia determinado la de otros Monarcas, ni aun la paladina demostracion de querer penetrar en los intereses particulares de los pueblos , que les saludaban á su paso; temiendo á las nubes que empañaban el horizonte del porvenir y á la tormenta revolucionaria que 'labia costado la vida á ,
— 142 Luis XVI, á sus déudos, allegados y defensores, comprometiendo á Europa en la subversion de los destinos de Francia. Un dia, Señora, generacion mas distante de los hechos, menos interesada en sus consecuencias, libre del rudo vaiven de las pasiones políticas, y afecta á conciliar á las personas con sus circunstancias interiores y externas, se esplicará los principios del siglo que transcurre; concordando con sus multiplicadas fases las varias peripecias de los Reyes y de los pueblos. Hoy todavia se hunde nuestra planta en el piso de lodo y de sangre donde enemigos bandos lidiaran sedientos de esterrninio, y aun no están cerradas las heridas ni enjuto el llanto de la madre patria, desgarrada por las manos de sus hijos en subversiones violentas contra las bases del Órden del Estado, paladion del órden de las familias. Y. M. que simboliza en su persona excelsa el triunfo del derecho contra la usurpacion, y el restablecimiento de las libertades pátrias contra los resabios de un régimen imposible, se consagra sin descanso á extirpar los gérmenes de la discordia civil, desarrollando los intereses legítimos que deben sostituir á los designios egoístas y á las miras bastardas. Si Y. M. , Señora , halla penosos embarazos en el ancho camino de la reparacion suprema, dígnese considerar cuántos estorbos han de obstruir la senda escabrosa de monarcas y pueblos, llamados á resolver sin demora y sin excusa cuestiones vitales Y de inmensa importancia, social. El rumor de la sorda marejada de mal estinguidas revoluciones advertirá á vuestra perspicaz inteligencia que no han llegado los dias de reposo,y que sin ellos el juicio neutral y desapasionado de la historia es un fantasma que se persigue en balde, y que huye al contacto de la mano ávida que pugna por asir sus impalpables formas.
— 145 Esa generacion inmediata á la nuestra, emancipándose de reminiscencias tristes, que hoy nos conmueven, y exenta de sugestiones interesadas y calorosas, que hoy nos extravian, traerá á cuento la multitud de datos indispensables para determinar la entrada en Sevilla de un Rey en la condicion de cautivo; poco despues declarado incurso en incapacidad mental, y á su regreso de Cádiz proclamado absoluto por un bando do candentes pasiones, que conspiró algunos años mas tarde contra su soberanía; disputando á V. M. la corona en siete años de guerra • s ruel y fratricida. Esa generacion que se adelanta recogerá el fruto de las maternales solicitudes de la Segunda Isabel para borrar las huellas de disturbios lamentables, y en las delicias de la bien asentada paz y de prosperidad floreciente sentirase inclinada á la benevolencia, característica de los pueblos cultos y felices; y entonces como se desecha el recuerdo de la borrasca en el tiempo bonancible y sereno, pasará indulgente por yerros y extravíos de unos y otros para saludar como Virgilio la nueva y afortunada éra que alcance á conocer. VII. Vuestra Magestad habia visitado como su ilustre abuelo Felipe Quinto diferentes provincias de España, sin realizar un deseo de diez y seis años de grata ilusion, cual se ha dignado decir á las autoridades de Sevilla en momentos de espansion y de adorable franqueza. Ya en las proximidades de la Semana Santa, yá en Bias anteriores á nuestra celebrada fória, Señora, periódicos y cartas particulares anunciaron repetidamente el viaje de la Córte al mediodia de la Península; acreditando la verosimilitud de 1111a, excursion tan deseada la residencia de los Sermos. Sres. _Duques
144 — de Montpensier en la ciudad que se precia de merecer el preclaro timbre de su escudo. Sevilla se congratulaba de ofrecer á Y. 31. su ambiente balsámico de primavera; el aroma del azahar de sus paseos vergeles; el espectáculo de su galanura y animacion en dias y olemnes para el culto, ó señalados para la contratacion y el lucimiento; más á cada esperanza que se le hacia concebir contestaba el desengaño, esparciendo nuevas de viajes de la corte por otras provincias, tan meritorias como las meridionales sin duda de semejante favor; pero donde la fábula griega no ideó colocar el deleitoso jardín de las Hespérides. Al fin, y cuando menos podian imaginarlo vuestros súbditos andaluces, en la temporada del otoño , precursora macilenta del aterido invierno , próximos los temporales que preparan con lluvias y tormentas la sazon de las primeras faenas agrícolas, adquieren estos pueblos la certidumbre de una visita. real cine colma su alegría á la vez que perturba los ánimos con la inquietud de que la naturaleza frustre con sus alteraciones estacionales los festejos que vota su lealtad acrisolada. La beneficencia se espacia en todo género de limosnas; porque la liberalidad pública trataba de acercarse al tipo de la caridad régia. Las autoridades locales consultan las fiestas análogas anteriores para superar en lo posible los pasados ejemplos. Las corporaciones asocian sus recursos á los medios oficiales; porque siendo comun el sentimiento, comun ha de ser la espresion. El vecindario se ofrece á la cooperacion y auxilio de sus magistrados; porque el obsequio oficial sin el entusiasmo del pueblo sería una de esas plantas exóticas, guarecidas al amor del invernáculo, y privadas del aroma, color y tamaño que les son peculiares en sus nativos climas. Be nada sirven los arcos triunfales, las alfombras tendidas en la carrera, ni la fuerza militar desplegada en columnas de honor, si falta un pueblo que salude exaltado á sus régios huéspedes , Poblando los aires de aclamaciones y gritos de alborozo. Por esto,
145 Señora , decia vuestro predecesor Enrique Tercer tanme mas las maldiciones de mis vasallos que las armas de mis enemigos." Vuestra Magestad no ha menester que esta humilde crónica detalle el recibimiento singular de que han sido objeto su egregia persona y Real familia de parte de este pueblo , acreoído por el concurso de innumerables forasteros de su extenso circuito; ni buen níimero de páginas bastarían á describir el efecto de su presencia augusta, ni las ovaciones improvisadas y espontáneas que esmaltaban con su viveza el homenage, tributado á la que ha sabido añadir á su título de Reina el (fr madre de los españoles. Vuestra Magestad ha superado con su conducta en estos breves dias en la reina del Guadalquivir la altísima opinion que estos moradores concibieran de su Soberana por la fama de sus hechos y los testimonios de sus magnánimas cualidades; porque hay una mágia particular en el aspecto y el trato de la digna sucesora de Isabel Primera de Castilla, que el pincel de los Apeles y Ticianos no bastaria á reflejar; que las relaciones maestras de Tácitos y Marianas no conseguirian traducir fielmente. Lápidas conmemoratorias dirán á nuestros pósteros que V. M. visitó la Universidad Literaria, la Academia de Bellas Artes y Museo Provincial, y las ruinas de la que fué un tiempo Itálica famosa. La tradicion, mas duradera y sagrada que el mármol y el bronce de los recuerdos históricos, transmitirá (le los padres á los hijos y á los nietos el religioso fervor con que habeis asistido, Señora, á las ceremonias rituales de nuestra severa y magnífica catedral ; la bondadosa solicitud que manifestábais en los establecimientos de beneficencia ; la atencion vigilante con que examinábais los institutos deparados á la instruccion pública; la emocion generosa que agitaba vuestro elevado espíritu en presencia de los adelantos fabriles y de los progresos industriales; la satisfaccíon radiosa con que inaugu- 19
rásh l is las importantes obras del Guadalquivir; placer ineiabley puro con que aceptabais los holocaustos y festejos que os eran continuamente ofrecidos ; la íntima confianza que os hizo pasear por las calles céntricas de un pueblo, acreedor por tan tos títulos á esta honrosa seguridad; la cesion del terreno de la huerta del Retiro pava llevar á cabo una mejora importante del pUblico ornato en la perspectiva de nuestra imponderable feria ; las concesiones, dádivas y socorros de vuestra longanimidad munificente; la llaneza que os movió á discurrir por barrios extraviados para conocer vias escusadas y tortuosas de f a antigua Sevilla hasta su célebre calle del Candikjo; la re huncia admirable á un monumento votado á su estatua para glorificar al Santo , al ley , al político y al capitan en la persona de Fernando Tercero ; las nobles palabras é inolvidables apotegmas que tienen mejor lugar en nuestros conmovidos corazones que en las hojas del libro mas inspirado. Reciba V. M. estos desaliñados fúlios que se me previene escribir por el respetable acuerdo de la Ciudad, mi Señora, y en defecto de ingenio superior y elegante pluma acepte la benevolencia exquisita, de Y. M. el verídico testimonio de adbesion y respeto que el cronista rinde a sus Reales plantas. SEÑORA. —it L. II. P. de Y. M. Licenciad ,o (Tos( Vela:- que: y Sanchez. E STA crónica, escrita en pergamino vitela, exornada como las antiguas Reales Cédulas de, privilegios, encuadernada por el int' ! i (2'ente artífice D. José del Campo en Manco i)?o,Wi.), y graba- . ; -n relieve de oro el escudo Real de España en la portada, ;resentú en cabildo; pareciendo la Ciudad en su redae- , ck,i , escritura, adornos y forma, e orrespoildiente á la idea que inspirado, y digna de la benevolencia, soberana. Los ;,1)kt,as sevillanos„Tuan de Malar' a y l contador Zínliga, ha-
— 147 -- bias levautadQ á las manos excelsas de Felipe Segundo y der Felipe Quinto sus crónicas de ambos viajes de la córte á la famosa ciudad. El uno en elegante prosa latina, vertida al romance en otra edicion para la inteligencia vulgar, y á expensas del concejo. El otro escribió su Olimpíada en las proL a coruscante de su época, degeneracion del culteranismo del siglo XVII; pero entonces obtuvo este libro una boga extraordinaria, porque á través de la afectacion de su estilo el pensamiento es levantado, la narracion exacta, y el respeto hacia la Real fa milia nunca llega á las adulaciones que entonces se prodigaban con harta facilidad. Una pension vitalicia, abonada por la caja del Real patrimonio, demostró al maestro Malara la aceptacion que rabia merecido su trabajo á la inteligencia superior de D. Felipe el Prudente. Los honores de gentilhombre, otorgados al contador Zftiliga por D. Felipe el Animoso, sirvieron de recompensa munffica á su tarea histórica. La crónica oficial, que debia ser depositada en las manos augustas de la Segunda Isabel, ni era un vol(imen , doblemente ilustre por el clasicismo del idioma del Lacio, empleado en la reseña, y por las dimensiones de la obra; ni tampoco tenia la pretension de continuar los anales famosos de Ortiz de Zúñiga. La Ciudad, poco despues de aprobado el texto que antecede, y siempre dispuesta a la remuneracion de sus servidores, acordó el obsequio de una alhaja al cronista; consistiendo el regalo en un veló de construccion moderna; haciendo grabar sobre la tapa interior del mecanismo la antigua empresa de su escudo, una sencilla dedicatoria, y la fecha en que su generosidad correspondió tan noblemente á, servicio, tan desigual á los deseos del mismo que le prestara. Se comprende sin decirlo que hay formas de hacer las cosas que centuplican (1 valor real de las acciones, y esceden con mucho á la entidad positiva de los objetos; produciendo en las almas agradecidas esa profunda impresiou que salva con (=1 espíritu los dominios tenebrosos de la muerte„