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Amor, y virtud a un tiempo : drama en cinco actos y en prosa

Marqués y Espejo, Antonio; Navarro, José Carlos; Ferrer de Orga, José

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AMOR, Y VIRTUD A UN TIEMPO. DRAMA EN CINCO ACTOS Y en prosa. POR EL Dr. D. a. M. y E. pensionado POR S. M. Y AüTOK. DR OTRAS VARIA? PIRCAS fiíJ J>R.O?A Y VERSO. REPRESENTADO POR PRIMERA VEZ EI^ TEATRO DE ESTA CIUDAD A RENEPICíD, DE LA SEÑORA JOSEFA GARCIA 5 SEGUNDA ACTRIZ, EN EL DIA de febrero DE ESTE ANO. Lectorem delectando , pdriterque monendo. Q. Hoiat, CON UCENCIA^ EN VALENCIA^ EN LA IMPRENTA DE JOSÉ FERRER de ORGA. Alio i8i6. 4 Amor. inírepetar en semejante ocasión, digo yo , y todas las de mi clase. Pm//. Tienes razón, sin duda; y aun por eso esta'n las familias , donde entráis, infernadas ecin mil chis¬ mes. Por eso, y porque no pueden vivir sin criados, nos llaman ene¬ migos forzosos; se nos mira como -á tales; nos tienen generalmen¬ te por pura necesidad, sin amor, ni ley, hasta que viene nues- . tra . vejez , y nos abandonan - nuestras fuerzas. Entonces que 3oi araos no sacan ya de ellas toda Ja utilidad posible , te nos ajusta la cuenta , nos despiden de BU casa , y suele ser el pre¬ mio de nuestra conducta' necia, el deplorable abandono dé nues¬ tros últimos años, Ijuc. se pa¬ san en loB santos edificios de la misericordia, d del hospital ge¬ neral. Gracias á Dios, mi honfado proceder roe pone á cu¬ bierto de tan miserable suerte. Pero que quieres , si en toda uii vida he visto mas caras de amos, que las de dos solos, y me pienso morir en la casa que estoy con -* una .asistencia tan opulenta,.co¬ mo pueda tenerla el mismOi Mar¬ ques, que es el según do.: El pri¬ mero fue el Rey, á quien .j he ■ -servido treinta y cinco áilos^ de soldado y cabo; em paz y en guerra ; dia ynoche; .mezo y vicio; pero síenjpre con la hon- : rosa -estimación . de^ mis gpfes, que representada á'S. M.o para mi retiro , ha sido recompensa¬ da con dos cédulas de preemi¬ nencias,; con las ginetas , que fstá» viendo ^ con este par ^e medallas ; con tres quarteron®* > de pan por dia; y con treint* | y ocho reales mensuales de reu- i ta. ¡Vivan los buenos servicio^ y viva, por siempre amen, generosa recompensa que acompaña! yas^' Anic. Está demas toda mi habí' lidad para con este viejo. ¡ diferencia tan notable entre s'* carácter y el mió! El me C®' lia con obstinación lo que puede menos de saber., y quisiera que me dixese lo. qu^ seguramente no podria yo ca¬ llar , si lo supiera. En fin , pa' ciencia , señora Anica! El tieni' po Jo aclara todo. El nos descubrirá el-objeto de Ja intim» correspondencia entre el Mar¬ ques y Ja niña; y aun püedo esperar , que no aguardará naí Ama al último dia del desen' laze de esta intriga , para qu® llegue yo á saJjerJo. Por fot' tuna es como todas , que no ca¬ llan ni Jo suyo ni lo ageno, y nos> tratan luego de picoteras..* ' Pero aquí viene ella.... Arregle¬ mos estos muebles , porque no í , m e vea - ' o ciosaaunque.- nada tiene de regañünai;.i; ‘ -Sale llamándola . Doña 'FeUj>{i> Doña FeL Auica , Anica I Anic. Señora. Dona Fel. Yo no ..se como es qu< ^ tarda tanto Dom-^ílverio. ¿ Le -:'ienviaste á buscaf ?/¿ Le.-bas i; hecho decir que- Je e.speraba ; Anic. No creo que tardará en .vbnir ,. según dixo al criado por quien le advertí. JDowa jfVL Teftd.r^s Jf . por el, 5 y virtud á un tiempo. sí no liega pronto. En el moniento voy á cumplir con mis ideas, que han de ser executadas sin remedio. Estoy ya gracias á Dios, sola y libre de aquella importuna Doña Flo¬ rencia , mi cunada. •^nic. Si que la echasteis de aquí con destreza. Bien hecho: quando mi amo vi vía , era esta una casa de conveniencias , j una nuiger mas , 6 menos *á la mesa , importaba muy pocoj pero hoy , que Nicasia es ya grandecica , y uo necesita de aya , ni tu tora ; que, se arre¬ gle Doña Florencia como pue¬ da , que los tiempos no están para sopas bobas. La econo¬ mía es una virtud. MI. Si hubiese tenido otro genio, partiría yo gustosa con ella mis cortos haberes j pero no es mas que una mo'gigata, que con la costumbre de cui¬ dar de la niña , se pensaba, qne debiamos estór sujetas to¬ das á su magisterio.. En efecto , jamas habla mas que para repreender. Doíía Fel. For lo mismo , ya que me he quedado con la liber¬ tad. , que me proporciona la muerte de mi esposo , quiero disfrutar de ella , sin que me la censuren, las personas mis¬ mas que deberían aprobar has¬ ta mis desaciertos , si los tuviese. Desde hoy voy á ar- - reglarme de modo que pocos meses puedan desquitarme de la fastidiosa melancolía , en que por varios años me han tenido ,un marido viejo, y esa cuñada tñtrica , y beatona. Quiero co¬ ronarme de rosas , en la pri¬ mavera de mi juventud , que harte sembrada está de espinas la carrera de nuestra vida , sin que procuremos aguzarlas con la privación de los placeres inocentes. Para cíito Anica , ne¬ cesito lo primero , que nos mu¬ demos al punto á la rica ca¬ sa , que me buscó Don Sil verio. En quanto el venga.... (Suena la campanilla de la puer~ ta. ) Puede que sea este. Abre¬ le , y de.xanos solos. ( P ^a ^ni¬ ca ú abrir. “Sale Don Silverio, y ella se entra.) D. Silv. Madama , á los pies de usted. Doña Ftl. Bien venido Don Silvcrio. Muy serias deben de ser las ocupaciones , que os sepa¬ ran de una amiga , que os de¬ sea con ahinco. ¿ Donde an¬ dais ?. D. Silv. Menos quejas , amigita ; porque no me las merez¬ co. Teneis ya preparada la nucv^ habitación, donde en lle¬ vando los muebles , que restan aquí , hemos concluido. Doña Fel. Paes pronto. Dad vues¬ tras ordenes , y á mudarnos. Mandad tirar Jas esquejas de aviso' para misconocimientos, y que no haga falta , ni se olvide en ellas el mejor artí¬ culo^ : convite, de hayle' con ambigú para la primera visi¬ ta , que ha de ser esta mis¬ ma noche. D. Silv. Todo lo tengo ya dis¬ puesto. Doña Fel. Os advierto , que me 6 Amor, hagais quedar bien. Ahorros fuera , quaudo , se trata de mi lucimiento. D. SilvMea haya los genios garbo¬ sos ! lid vuestro lo fue' siem¬ pre ; pero el de aquel cadu¬ co marido os traía uíuy á ra¬ ya. Pues digo.! y el de la cunadita ? que sermonazos os hacía sobre la santa virtud de la moderación I Así , así. A nuevo estado, ( dice el refrán ) nuevas costumbres. Djna Fel. Yo estoy empeñada eu recobrar aquellos anos perdi¬ dos. Vaya que vuela el tiem¬ po j id , que yo me quedo para hablar aquí á Nicasia. Decidla que la espero. Allá nos veremos después , por que. en quíuito nos vistamos , hecha á correr acia mi nueva casa. ( F ase JO. Silverio. ) Ya que la fortuna empieza á favore¬ cerme, aunque por raro modo, no la quiero ser ingrata. Dis¬ fruten de los bienes , que me procura los seres capaces de una justa correspondencia con¬ migo ; haber si así me sacan de una viudedad , siempre im¬ portuna para toda jo'ven , que no se cree desprovista de al¬ gunas gracias naturales , ni de los deseos de agradar al que las aprecie, á costa del nuevo lazo del himeneo... { Viendo á Nicasia que sale triste. ) ¿Aun no estás vestida , nina ? ¿ En que piensas?... Pero dime , tu has llorado 1 Qué tienes ? ¿ Qué disgusto puede ocurrirte , sin que le comuaiques con esta tu amiga , que no tiene mas cui¬ dado , que tu .complacencia? Nicas. Verdad es que nada debo estimar tanto , como las gene¬ rosas atenciones que me dis¬ pensa vuestra ternura. Pero no dexa de aburrirme el conoci¬ miento propio de mi desgra¬ ciada situación. Bien lo sahei* señora. De algún tiempo á esta parte se ve privado mi cora¬ zón de unos objetos, que debian serme muy queridos. El mismo cielo quiso depositar e» ellos los sagrados derechos de mis padres á quienes apenas pu¬ de conocer. Perdimos ú, vuestro esposo , mi bienhechor , y ipara mi mayor desgracia , su her¬ mana Doña Florencia nos ha dexado también , sin que sepa yo el motivo. Quanto la debo! quantos cuidados se tosnd en mi educación I Siéndome entera¬ mente desconocido el lugar de su domicilio , estoy privada del consuelo de su amable compa¬ ñía , de la prudente luz de sus consejos, y de las demos¬ traciones de mi gratitud por tantos desvelos como la costé en mi infancia. El avanddno en qua me dexd , y me tiene á pesar del cariño maternal, que la hé debido siempre , pu¬ diera ser muy bien el triste efecto de la falta de su sa¬ lud , 6 de alguna otra des¬ gracia suya , cuya sola idea traspasa mi corazón , y in« pone en el estado de melan¬ colía , que me notáis. Doña Fel. Así es como te ator¬ mentas con unas reflexiones, sugeridas por tu excesiva sen- y virtud á íibilidad, de que debería yo ofenderme , si no te estimase tanto. Doña Florencia está bue¬ na , y dichosa , no lo dudes. Y para que la necesitas ? Yo podría quejarme de tí, si juz¬ gas necesarios sus consejos , te¬ niendo aquí los mios , muy su¬ ficientes para tu dirección. ¿ Si me creerás capaz de abandoearte , ó querrías tu dexarme á mi? No , Nicasia mia , no , jamás nos separaráraos. Yo partiré con¬ tigo quanto tengo, y valgo. jNícútí. Ah ! Tuestra bondad me tranquiliza, y debe bastarme. Sed señora , para siempre , mi única/ , y amada protectora.. Compadézcaos esta huérfana , que no aspirará á mas , que á re¬ compensaros de los buenos ofi¬ cios , que la prometéis. Dona Feli ( Abrazándola. ) Telos ofrezco hija mia. Seré tuya por siempre,. amada de mi co¬ razón. Mira ; para empezar á darte pruebas de ello , pienso que te dediques al cultivo de «iertas habilidades, de que ca¬ reces, y que realzando las gra¬ cias de nuestro sexó, son pro¬ pias de una noble educación. No me olvidaré de todo lo que pueda serte útil, ó de agradex. Descansa en mi amistad , y deia... ( Ve salir al Marques., y la dice en tono mat haxo.\ Pero el Harques viene. Tu sa¬ bes quanto sentiría él, tu tris¬ teza J disimula , y vé á ves¬ tirte para que podamos salir luego. Marq. (Como yéndose hacia la otra puerta.) A Dios señoras j Ni- un tiempo., 7 casia á Dios.. Pasare mañana á la casa nueva á ver á ustedes, p6r si se ofrece algo, y para saber si las va bien en ella. Doria Fel. ¿Ya nos dexa usted, Marques ?- Marq.. Es. preciso. Nicas. (Con tono de súplica.) Quer¬ ría yo que usted nos acompa¬ ñara.. Marq. ¿Y no será lo mismo que nos veamos allá? Nicas. Como mi aprobación del nuevo quarto dependerá .segura¬ mente de lo que pueda usted decir de él , desearía yo pron¬ to su parecer. Estimo mucho tu sinceri¬ dad , Nicasita j pero si logra agradarte, también pued«s es¬ tar segura de que no lo desa¬ probaré yo. Me llama cierta diligencia ¿ sin embargo , si tú.... Nicas. No señor; no. Así , sería yo una imprudente. Cumpla us^d con ese deber , y hasta . luego. P^ase. Marq. Preciosa criatura! Jamás he visto en ella mas que deseos moderados. Lo dicho dicho Doña Felipa. Procuremos aliviar su triste horfandad quanto nos sea posible. Su virtud se lo me¬ rece. Yo , es cierto , que pue¬ do poco por ahoVa. Aunque descendiente de una antigüa, y noble familia , no soy rico. Mis Padres no me dexaron mas bienes , que las esperanzas de un pleyto , que mis Abuelos han seguido muchos años , y «stá ya para verse. Su senten¬ cia , que aguardo de dia en dia 15 Amor á nü favor , xne declarará he¬ redero de una casa ilustre , po¬ seedora de quantiosos mayoraz¬ gos , y podré ser así muy poderoso. Un tio quo me esti¬ ma con extremo.... Do^a Fel. Lo sé V'señor Marqués, está de MinistrOé Os dá crédi¬ to y algunas riquezas que sabéis emplear á favor de los desgra¬ ciados. Marq. No me lisonjee usted , señora. Qualquier otro en mi lugar haría por Nicasia mucho mas de lo que yo hago. La pensioncilla que la señalé, y recibirá usted men¬ sualmente para su 'asistencia es muy inferior á lo que muchos -ricos distribuyen por menor en¬ tre l'i iutiuita multitud de hol¬ gazaneó viciosos. Siempre rae he creído, que Jo poco bien dado vale mas que lo mucho que se reparte sin discreción. El aosso me hizo conocer á esta huerfanita. Su conversación me la ha hecho-tan recomendahie, que en¬ cuentro mi mayor delicia en su trato familiar y continuo. Esta ocupación me arrebata de modo, que pí)co á poco se hizo una necesidad en mí , y con ella me he olvidado de todas esas vanas diversiones que el mundo llama jdiceees , y que no sirven mas que de entretener á los ociosos. Este bien debo á Nicasia , y es justo recorn'pensarlo con otro que H ella Ja haga subsistir; pero se lo repito á usted seriamente, que jamás llegue á saber Ja mano ‘ que la franquea el beneficio. Hoña Fel. Proceder nuevo y extrafío en el mundo! ¿Pues como quiere., usted que ella le ame, ocultándola la pasión que á us¬ ted le inspira? Marq. Deseo mucho que no lo se¬ pa. Yo la estimo con extremo, pero no quiero seducirla. Inten¬ to que sea libre , sin forzarla con mis dones á su correspon¬ dencia. Doña Fel. Prometo conformarme coa las intenciones de usted, y le guardaré su secreto. Sale Anica con doe mozos de cor' del. Marcha el Marqués , saludan' do con una cortesía á Doña Felipa^ que le corresponde con otra , y acompañándole hasta la puerta. Anic. Vamos pronto. Empezad i liar. Todo esto se puede llevar en dos viajes. ( Mientras ellos hacen esto , hablan las dos ap.) Está ya todo como desea Da us¬ ted. Allá he mandado poner la comida., y de nada me he ol¬ vidado a costa de mis huesos que tengo bien molidos. - Dona Fel. Tiempo te queda para descansar. Te he buscado otras dos compañeras que nos servi¬ rán á entrambas. Quiero que disfrutes de mi prosperidad, de Jas comodidades que me espe- • rsn^.y de Jos regocijos que me prepaco. Anica. Quien oyga á usted tantos proyectos de luxo y abundan¬ cia , deberá creerse que la ha caído Ja lotería. Doña Fel. La industria es por lo común él temo mas seguro y cierto. Anib. Ese es un buen dicho; el todo - está en saber hacer de él y virtud 'mía bitena aplicación. (Yendo hacia los mozos\f cardados ya.) ■ V amos ; á donde os he adver¬ tido, Galle de Caballeros : á la misma casa de antes. ( 2 nse ellos por una puerta , y ellas por la otra , y íe corre el telón.) ACTO SEGUNDO. Antesala iluminada de una casa grande , con puertas al medio por las que se ve otra pieza con una escalera que al parecer va á dar á otro piso , donde te oirá una músi¬ ca que demuestre ser de un bayle nocturno. Para figurar bien est4.¡ subirán y bajarán continuamente varias personas. En los cortos in¬ tervalos de la orquesta te harán oir palmoteos de broma y aplauso. En la antesala habrá algunos criados.^ que con capotes , mantones y faro¬ les manifiestán esperar á sus amos. Unos duermen por las sillas , y otros están de conversación á voz laxa junto á la puerta. Toca la or¬ questa una contradanza , y luego un vals. Paulino y Nicasia lle¬ gan á la parte exterior del teatro. Nicas. ¿ Que está haciendo el Mar¬ qués , seííor Paulino? PsLul. Lo que hace á las tres de la noche todo juicioso que no trata de trastornar el drden de la na¬ turaleza : dormir á pierna suel¬ ta. Esto de velar á semejantes horas es propio del libertináge ó de un indispensable deber. Ja¬ más me he visto yp (bendita sea la hora en que lo digo!) en el á un tiempo, q primer caso. En el segundo si; ] quantas noohes he pasado, en la sazón de los rigurosos frios , por los encumbrados Pirineos , sin dexar el grito de ; centinela aler¬ ta! En tales ocurrencias, la pe¬ nalidad del insomnio es honrosa j laudable, porque la obligación la. prescribe. Pero ¿que diremos de estas otras gentes, que se en¬ tregan á continuas vigilias para darse á unas diversiones como es¬ ta? Que! que por lo regular el arrepentimiento, la pérdida de la salud , y el deshonor, son sus inseparables compañeros. Mi , amo , señorita , es harto pruden¬ te para dexar de conocerlo, y no busca sus recreos á las horas en que las lechuzas andan dan¬ do vueltas por los tenebrosos ayres para satisfacer los suyos. Cesa la música. Sígnense los pal¬ moteos.., y empieza un vals. Nicas. Si pensára así Doña FeHpa, gozaría yo aun de mi pasada tranquilidad. Pero ¿de que me serviría oponerme á su gusto, tan decidido por estas diversio¬ nes peligrosas , sino de privarme de su protección? Mientras mi buena Mama , que es como yo llamaba á Doña Florencia , vivid en esta casa con su honi*ado her¬ mano , y cuido de mi educación, quantos habitábamos en ella , lo¬ gramos de la mansión del reposo, porque Dona Felipa tenia que reprimir su frívolo carácter, d si usistia alguna vez á los festejos de esta especie , lo ignurabanios nosotras ; pero desde que se se¬ paró de aquí mi amable totora, mi buena y fiel amiga , un nuc- B vo orden de casas , enteramente contrario al anterior, ha destrui¬ do mi felicidad. Paul. Al caso: ahora que me nom¬ bra usted esa señora : voto á mi mollera! Se me hahia ya olvida¬ do. Ahora me acuerdo de que me vid por una calle.... Nicas. Quien ? señor Paulino : diga usted ¿ Doña Florencia ? Paul. La misma , la misma. Nicas. I Dios mió, si estará en Va¬ lencia'. pero como 5 j porque no vendria á verme , o dexaria de avisarme! Paul. Si (según creo, me diio) no ha salido nunca de la ciudad! Vive muy cerca de esta casa. Yo iba á.... á.... yaya no importa ni me puedo «cordar donde, iba por una calle , quaudo oygo que una señora, que me seguía con ace¬ leración , empieza á gritarme: señor Sargento! señor Sargento! Me vuelvo, y me encuentro con Doña Florencia, tan política y afable como siempre. Me hizo mil atenciones, y otras tantas preguntas sobre el estado, de mi salud. Ya, se ve , com© yo no oia que su boca pronunciase siquiera el nombre de usted : de esta hija que había criado, y amaba tan¬ to , la dixe : j>Y que? ¿no me pregunta usted por su Nicasica? ¿Se ha olvidado usted de ella? jQuanto ha crecido! ¡Y que au¬ mento ha dado su edad á sus encantadotas gracias! Ya se ha he¬ cho una señorita en forma, y sa¬ be engalanarse como una Princeía.” Apenas la dixe estas pocas palabras , empezd á arrojar unos . gemidos dolorosos , y asomándo¬ se las lágrimas á sus ojos ,, ipc interrumpid , diciéndome : jeGalle usted por Dios : no me ha¬ ble nada de eso: harto bien sé por mi desgracia y la suya,. lo que usted me dice.” Nicas. Ella no sabe quanta inquie¬ tud me ha causado siempre sii inesperado olvido. Jamas he lle¬ gado á comprehender el misterio del abandono en que me dexd en la ocasión en que mas debí* yo consultarla , sobre el partido quff debería tomar á la muerte de. su hermano. Npnca he podido conciliar esta indiferencia con su carácter caritativo y benéfi¬ co , ni con las pruebas que por varios años me tenia dadas de su amor. ¿ En que habré podi¬ do ofendería ? Ah! yo misma iré volando á saberlo de ti , arnada amiga mia! Yo te haré ver que si mis recuerdos excitan aun tus lágrimas , no las detramo yo me¬ nos por tu memoria. Paul. I Gomo , señorita , también llora usted! ¡Y que la haya con¬ tado nada de esto! jMal haya mi pico! Pero mejor. Con eso se ve¬ rán ustedes dos pronto j se ha¬ blarán j se arreglará un nuevo tratado de paz por lo pasado; y se echarán pelitos al ay re para lo futuro. ¿No es verdad? Nicas. Si, amigo Paulino. Sin pa¬ sar de hoy iremos juntos á verla, Paul. Quando usted mande. Si digo que vive á la tercera casa, en saliendo de esta á la izquier¬ da. No se puede errar. Sale Anica. Anic. Es posible, señorita, que ne y virtud.á ■ «e corrija ese genio, siempre té¬ trico é insociable. Mi ama se es¬ tá allá repudriendo , porque us¬ ted sin atención á las señoras del convite, parece que huye de su ' compañía. Me dice que busque á usted. Se van ya despidiendo ca¬ si todas , y va á acabarse nues¬ tra función. Nicas. Voy, voy. (Cesa la música, f^ass Nieasia. Empiezan ú ba¬ scar todos. Se alzan los criados-, gncienden sus faroles j entran á \ buscar á sus amos.) Paul. (A Anica.) Bravo! si, ya es tiempo. Ya empieza la aurora á esparcir la luz por el emisferio, y es preciso que las aves noctur¬ nas se vayan retirando de ella. Anic. ¿ T que quiere decir eso ? Paul. May poco ó nada. Esto es lo mismo que haber dicho, que es¬ tas gentes se irán ahora á dormir hasta el medio dia lo menos.. El sueño es una necesidad de la na¬ turaleza. No paede dexar de sa¬ tisfacerse. Esos señores tendrán regularmente casa , familia y obligaciones. Las han abandona¬ do por la noche , y será lio mis¬ mo por el dia. Bueno! Bueno! Anic. Y ¿no es eso murmurar; d querrá usted que se viva á lo re¬ coleto ? Paul. A lo racional, dirías mejor. Pues que! ¿no se puede l)aylar un rato á la hora del paseo , la mas propia para hacer exercicio? Ha de ser precisamente por la noche, quando se hacen los pa¬ nes tuertos, — {Se oyen varios gritos para llamar á los cria¬ dos , diciendo : Martínez. Sentó. Antonio. Entran-, dan las ro-, 'un íiempg, tt pas se las ponen , y vanse. Paulino , mirando á dentro , di¬ ce.) Ninguno de estos maricones seria capaz de desvelarse un solo quarto de hora para servir una taza de caldo á un pobre enfer¬ mo. Los mas son oficinistas, mer¬ caderes , 6 agentes de la Audien¬ cia, que vienen muy placenteros á hacer ostentación del luxo y belleza de sus mugeres é bijas, -ante unos oficialitos petimetres j celibatarios, los linicos para re¬ moverlas , no solo el cuerpo, si- . no los cascos. Los buenos maridotes, quepor lo regular no baylan , se están bostezando por algún rincón. Pobres simples! qué mal entendéis vuestros pro¬ pio^ intereses! Hespues decla¬ máis conira las costumbres. Men¬ tecatos! las costumbres dependen de vuestro proceder! Anie. Usted me parece mas filo¬ sofo que militar , señor Paulino. Paul. No son incompatibles esas • dos cosas ; y yo puedo muy bien tener mi cachito de una y otra, señora Anica. Anic. Aun por eso no se ha casado usted, y juzgo que sucederá Jo mismo al señor Marqués , su amo. Paul. (Alzando ta voz como enfa¬ dado.) Poco á poco con hablar de los ausentes. El sabrá lo que ha de hacerse, sin necesidad de con¬ sultarlo con nosotros. Lo que yo puedo asegurar és , qn« no enga¬ ñará á ninguna , y. procurará no ser engañado por ellas. Mi señor es muy juicioso y noble.... Salen Doña Felipa y Nieasia. jPofía Fel. .¿.Que es esto, Pauli- Amor^ acarreará unos devoradores ar¬ repentimientos ; pero no te que¬ jes de mí, qüe he cumplido con lo que me prescriben mi amistad , mi honor y mi con¬ ciencia. Nicas. No mi amada amiga , no destrocéis mas mi. alma. ¡O quanta amargura derramáis so¬ bre ella! ¡Conque os teraeis que yo llegue á la vergüenza, y á los remordimientos ' ¡Hasta ese punto despreciáis á vuestra pobre amiga!... No os -ofendáis de mis quejas. Soy débil y qui¬ zas injusta j pero escusadme, por¬ que el dolor me oprime. Bien me habéis hecho conocer , que aunque mi conducta sea pura, debo reputar mi reputación; que aquella muger recibe los dones del Marques ; rae los oculta, y que tienen todos razón de pen¬ sar mal de raí. Pues bien j no me propongáis que yo vuelva con ella. No quiero fiarme en lo sucesivo mas que’ en vues¬ tras luces, y vuestra amistad. Ni siento perder la comodidad conque vivía , ni la fortuna que aquella muger me procuraba. Pero permitidme que se desaho¬ gue mi dolor en vuestro seno. ¿Gomo es posible abandonar á mi querido y generoso amigo? ¿Podré tener valor para aflixirle , para abandonarle con du¬ reza , y causarle los mismos tormentos , que estoy ahora sin- 'tiendo ? Doña Flor. Y quien te dice eso? Ai contrario , debes hablarle y haeerle. sentir’ia necesidad en que c§tás de separarte de una muger de tan mala repu¬ tación. Le dirás que no lo sa¬ bía* ; pero que bien informa¬ da no puedes ya vivir mas con ella. Creo pues , que de¬ bes escribirle , que venga aquí al momento. En mi primera conversación con él , copoceré sus intenciones. Si fuesen bue¬ nas no desaprobará mis conse¬ jos 5 pero después de todo , sí no le acomodasen , tií serás siempre dueña de hacer lo qüe te parezca. Nicas. Estoy conforme. Tenéis ra¬ zón. La riíitud , y mi ho¬ nor exíjen este sacrificio. Debo hacerle *in dilación. ( Púnese á escribir una carta. ) Doña Flor. ( Hablando á sus so¬ las ^ mientras Nicasia escribe.) Por esa amable docilidad reco¬ nozco en tí la bondad de tu corazón. Os bendigo mil veces, divinos cielos! Aun se conser¬ va en él la delicadeza de la virtud ! Este descubrimiento, que destruirá mi equivocación, colmará mi felicidad , demos¬ trándome el irresistible poder del germen dichoso de la buena educación. Desengañaos , d Madres! por la que deis á vuestras hijas , conseguirá el bello sexó los frutas indelebles de la bondad , ó los de su viciosa y vaja degradación!... Nicasia. ( Entregando la carta á Doña Florencia. ) Tomad} leedla , y remitidla por Pau¬ lino , que está ahí, pues vi¬ no á acompañarme. Doña Flor. ( Lee la carta á voz alta.^ jjMí estimado Marquéis: y virtud Á un tiempo. »Acabo de saber lo que es 55 Düna Felipa , y la reputa- »cion que tiene entre las perjjsonas de providad. Yo no vol- ?5vcré en nú vida á casa de 55tal inuger. También se xne ha • winanijestado , que vos • mismo, 55á quien después de un. aíío 73veo continuamente con tanto : 3 plac¿r , á quien estimo j amo ?5taato , podéis ser un pérfido, 73/ tener males intenciones. Yo asno puedo creerlo. Si no fuese 7 ?así en efecto , y si podéis 7 ?justificaros con una señora res- 7 ?petable , que es nú antigua 57/ verdadera amiga , venid al 5 ?punto á casa, de Doña Flo- 33 r encia , donde os aguardo, con ? 5 impaciencia, esperando halla- ?5ros digno de todo .el amor 73que os tiene vuestra ■ ; Ni- 73casia. ” ( Representa. ) Está bien. Se la llevará ese criado de su confianza. [Vase y vuel¬ ve pronto.) Juicas. Estoy segura de h no¬ bleza de tu corazón amado ami¬ go mió. No ofendo tu bella alma , ni desconfío de ella. Te conozco, pero debo prestarme á esta prueba de una virtuosa delicadeza. ] Permita el cielo, que no me cueste cara ! liona Flor. Ahora mismo, dice Paulino , que volverá con su amo. Prepara tú tu corazonj armale de un nuevo brio para el penoso ensayo , que nos descubrirá las intenciones de un amigo , cuya honradez pon¬ deras tanto. Í^J'icas. Há aquí la -vez primera que la vista del Marqués cau¬ 19 sará en mí úna sensacioA mez¬ clada de inquietud. Temo aho¬ ra su presencia , y desearía ocultarle los movimientos de mi corazón. Doña Flor. Ese pudiera ser un bien para vosotros dos. El se explicará conmigo sola con mas libertad , y tu podrás oirlo todo desde esa pieza. Puedes retirarte á ella.... Pronto , pron¬ to que llega ya. ( Nicasia se retira ., Doña Florencia al ver al NTárques dice aparte. J El es sin duda..i. Agradable pre¬ sencia ! Oxalá que su moral corresponda también ! ( Yéndose hacía él. ) Seáis muy bien ve¬ nido señor Marqués. Marq. {.Mirando á los lados.) A vuestros pies señora.... Me pen¬ saba encontrar en este sitio á la persona que me manda ve¬ nir á él, aunque sin el honor de conoceros. Doña Flor. Ya me conoceréis. Soy vuestra servidora. Deseo el honor de hablaros. Marq. Y yo el de que me digáis con franqüeza, en que puedo serviros. Doña Flor. Tomad asiento. ( S ién¬ tanse. ) Marq. 'Os obedezco y escucho. Doña Flor. Tal vez «strañareis, se¬ ñor mió, que sin autoridad ni derecho pretenda yo forzaros i cierta confianza j que quiera pe¬ netrar vuestros secretos , y os pida la explicación, de una con¬ ducta , que no puede ser justi¬ ficada sino por algún motivo muy particular j pero el interes que me ha inspirado Nicasia, so Amor. por haberla criada y porque la quiero con tqdo mi corazón, me autorizan á este atrevimiento. ¿Os dignareis pues decirme quales son vuestras intenciones so¬ bre vuestra intimidad con ella? Marq. En verdad , señora, que no me es posible satisfaceros, porque yo mismo no lo sé , y lo líuico que puedo responderos es , que no tengo ninguna. No concebiréis jamás ,. quanto me embarazáis con una pregunta, que me he hecho mil veces á mi mismo,. sin poder nunca sa¬ tisfacerme. El único sentimiento que hallo en mi corazón , es de¬ sear la felicidad de Nicasia ,, y de hacerla dichosa. Esto es todo Jo que sé de mi, y no, me (X)- nozcü otras intenciones. Me atre¬ veré yo á preguntaros ¿si ha¬ lláis en mi conducta algo , que os parezca poco decente, y que merezca vuestra desaprobación ? Dona Flor. Estrado mucho', señor Marqués , y aun siento , que una persona como vos, pregan¬ te , si su conducta ^es digna de censura , quando expone Ja re¬ putación de uHa pobre mucha¬ cha , que no tiene mas bienes, que su honor j tened á bien de¬ cirme ¿ quien os ha dado el de¬ recho de separarla de mí, de privarla de mis consejos y de inducirla á dexar un estado po¬ bre , pero tranquilo y honroso, por hacerla gozar de las dul¬ zuras de una opulencia pasagera ? La habéis vos acostumbra¬ do á gozar de ella, y la ex¬ ponéis , á que por continuarla sacrifique la honestidad de sus costumbres. Que! ¿ No os baldonáis nada , quando os habéis divertido en inspirarla una pa¬ sión , que la pondrá en la tris¬ te necesidad de ser culpable é infeliz ? 1 Marq. Confieso, señora, que vues- i tra reflexión me turba y aflixej convengo en que la merezco, y en qiíe me la he hecho muchas veces á mi mismo. Heconozco que eii la situación de Nicasia y fla iniá , yo no dehia dexar tomar' fuerzas á mi inclinación, ^ ni fomentar en ella una pasión que no podía ser feliz , sin que " alguno de los dos , no hiciese al otro muy grandes sacrificios. Quizás hubiera sido, mas pru* dente cortar el hilo de una pe¬ ligrosa amistad j pero os asegu¬ ro por todo mi honor , que nohe intentado seducirla. Yo uo la he engañado ni con falsas . promesas, ai con lisongeras es- , peranzas. No abusé jamás, de ¡ su ingéiiuacredulidad ; y lejos de .encenderla con los discursos del amor, ni siquiera me he permitido declararla mis senti¬ mientos. Yo estaba enteramente satisfecho con el delicioso pla¬ cer de amarla en secreto. No ^ tenia otro deseo que servirla, gozando así de una felicidad su¬ perior á quanto puede presentanue el mundo. Me parece que Nicasia estaba también conten- ' ta. Ay señora! que mal nos ha¬ béis hecho con las funestas lu¬ ces que la habéis dado. Doña Flor. No os persuadáis á que por un zelo curioso , ñ j indiscreto me he tomado par- ¡ y virtud á te en el asunto presente. Ha Tenido ella misma.... Marq. No teneis que disculparos. Yo no os disputo el derecho so¬ bre una persona, que os debe su primera educación ; pero ja¬ mas llegareis á saber , que ha¬ ya yo intentado con ella nada, que ofendiese su honor. Aan os diré mas. Habiendo jugado con buena suerte en el exército, hi¬ ce ganancias considerables, que me propuse entonces destinárse¬ las á mi querida, y las tengo ya puestas en su nombre en poder de un sugeto acaudalado, que la procura unas ganancias suficientes , y esentas también de interés. Yo me decia á mi mismo, pues que tantos hacen estas liberalidades en favor de la baxeza del vicio ¿porque no lo haré yo por la hermosura pobre , donde hallo amor y vir¬ tud á un tiempo? Estos son los motivos que me determinaron, y ya podéis ver si es justo, que se diga á Nicasia , que yo puedo ser pérfido y tener ma¬ las intenciones. J}oña Flor. {Ap.) ¡Que noble fran¬ queza! No sé que decirle , pe¬ ro es fuerza probarlo aun mas. i^A él.) Aunque no pueda yo menos de tributar mis elogios á un proceder tan noble y de¬ sinteresado, tampoco dexareis de concederme la justicia de mis temores para lo sucesivo. Res¬ pondedme de una vez, y con¬ cluyamos con una conferencia, poco agradable a todos. Decid¬ me •• ¿ dexaréis disfrutar a Nica¬ sia dá( vuestros beneficios en el un tiempo. 21 convento á donde pienso llevar¬ la prontamente? Marq. Al instante. No digo en el convento.... Nicas. Ay de mí! Cielos! Priva¬ da de su vista ! (ap. ) Marq. Fuera de España , en el fin del mundo , donde quisiere ella. Yo no pretendo sugetarla á na¬ da. No señora 5 Nicasia es li¬ bre , independiente, y me miraria yo con', horror , si por tan iVíbolos beneficios, me imagi¬ nara el menor derecho sobre ella. Doria Flor. (Se levanta con vivena 5 corre al gavinete ; to¬ ma d Nicasia por la mano , y trayendola hacía el Marqués la dice. ) Ven hija mia. Da las gracias á tu amable, y gene¬ roso protector. Ahora te digo que no debes avergonzarte da su generosos beneficios , ni tie¬ nes que temer de . un hombre de tan noble carácter. Los do¬ nes de una amistad tan desin¬ teresada , y decorosa, no envile¬ cen. Trata tá de merecer con una gratitud constante y viva, el amigo que te ha dado la bondad del cielo. Nicas. ( Cogiendo la mano del Marqués , se la besa con llan¬ to , muy tierna. ) Dichosa yo lííil veces!... Mi amado bien¬ hechor!... mi dulce y fiel ami¬ go.... Marq. Porqué lloras Nicasia?.... ¿ Sientes algún disgusto por el asilo que te se propone ? Nicas. Ay señor! Yo no puedo sentir jamás repugnancia por lo que vos aprobáis. Yo seguiré Amor. los consejos de Dana Florencia, y obedecere á todo lo que me mandáis. Marq. ¿Lo que 70 te mande? ¿Go¬ mo me hablas con ese estilo? Yo no puedo ni quiero mandarte na¬ da 5 7 rae da la nia7or pena oír¬ telo decir. (^A Djfía Florencia.) Yo os suplico , señora , que pi¬ dáis á vuestra amiga que me trate con mas confianza. Nicas. ¡Y vos os conformáis!... Vi¬ vir privada 70 de vuestra pre¬ sencia!... Si , solo la idea trastoi'na todo mi ser.... ¡A7 de raí!... ' Marq. Enxuga tu llanto. Nada te¬ mas. Yo iré á visitarte. Doña Flor. Tu vas de pensionaria solamente. Marq. No llores mas. Levanta esos hermosos ojos sobre dos personas que te estiman verdaderamente, y son tus fieles amigos. Que ten¬ ga 70 el gusto de mostrar á los de tu amiga , que nada he per¬ mitido á mis deseos, que te obli¬ gue á baxar los tuyos en su pre¬ sencia. Doña Flor. Basta ya sobre eso, seííor Marqués.... No se hable mas que de lo venidero. Mirq. Es fuerza que me encargue 70 desde ahora, de hacer adver¬ tir á Doña Felipa de la repenti¬ na separación de Nicasia. Voy á dar mis drdenes para, que se sa¬ que de allí quanto tiene de ella. Vendrán á vuestro poder sus muebles que haréis que se tras¬ laden a' donde mejor os parezca. Os encargareis tanibien del co¬ bro de sus rentas , cuyos tí- , tulos pondré luego en vues¬ tros manos. Tengo que retirar¬ me para ocuparme de todo esto. ( A Nicasia. ) A Dio* querida amiga. No te olvide* jamás de un hombre, que ha pasado tanto tiempo á tu lado, 7 que ha sabido reprimir una pasión , que podía hallar mu¬ chas disculpas. Ya sabes que te amo ; pero rae es mu/ dulce repetírtelo. Si , 70 te amo, 7 no rae ha costado po¬ co , callártelo tanto tiempo ; pc- ' ro ahora siento un placér inéxplicable porque te he sabido respetar. Por lo mismo que mis deseos eran muy vivosj por lo mismo que tu inexpe¬ riencia , tu ingenuidad , 7 la ternura de tu corazón me pro¬ metían una conquista segura, por lo mismo mi alma está aho¬ ra muy ufana de haber con¬ seguido una victoria , tan difí¬ cil ,. sobre la violencia de rní inclinación , 7 si tu crees de¬ ber alguna recompensa á tan penoso sacrificio, solo te pido -que rae concedas una gracia , 7 és que no te aflijas ; que vea 70 disiparse tu tristeza ; que no pueda advertir en esos o os, tan amables , mas señales de tus lágrimas.... (La coje la ma¬ no y se separa de allí pron¬ to para marcharse. Sigue Ni¬ casia con su silencio y mas llorosa. Doña Florencia le acom¬ paña hasta la puerta , allí se vuelve él , 7 la dice. ) Me res¬ ta pediros aun la gracia de que no os neguéis á que os vuelva 70 á ver. D oña Flor. Mi casa 7 mi estima- y virtud á un cion por esos sentimientos de amor y virtud, serán siempre vuestras. Sabrá agradeceros vues¬ tras visitas. Yo desdeño una se¬ veridad Jas mas veces afectada, y siempre opuesta al verdadero honor. (iSe entra Nicasia al gabi¬ nete.) ^arq. No la dexeis mas 5 id á con¬ solarla. ( V ase. Doña Florencia traviesa el tablado para ir en busca de Nicasia , y cae el te¬ lón. ) ACTO QUARTO. ^iiiés y Paulino en la habitación del Acto anterior. J^aul. {Con Una caxa debaxo del brazo.) ¿'No están Jas señoras eu casa, Giaés ? ^in. No seííor 5 pero salieron bas¬ tante temprano , y juzgo que no pueden tardar. Paul. Me alegrará, porque quisie¬ ra enterarlas de todo lo que se ha traído de casa de Dona Felipa. ^in. Siendo por eso; pues que aquí se ha recibido, me persuado á que no me juzgareis de tan poca Confianza.... VoJaverunt! Ya desbarra tu discurso. Vamos , señor Ginás ¿á que vendrá esa respuesta? Yo no desconfío de nadie , sino que de¬ bería hablarlas ; y por otro la¬ do tengo que volverme pronto, porque me lo encarga mi amo. Ya se estaba, disponiendo para Venir aquí, y me dixo que abre¬ viara yo. Ni puedo estar en to- ‘ das partes , ni soy mas que uno, haciáiidome mucho favor ; pues tiempo. 23 si considero mi edad, y me des¬ pojo de mi amor propio , dirá que no soy ni aun medio. Los años , amigo , no se echan en sa¬ co roto. Son la polilla del hom¬ bre , y le van royendo por den¬ tro y fuera de modo que se le, comen hasta las barbas. En fin, quádate con esto {entregándole la caxa.) que pondrás en manos propias de Ja señorita. Cuidado no se cayga Ja llavecilla que vie¬ ne puesta. Gin. i Caramba , que peso tiene ! Mire usted donde Ja dexo : aquí podrán encontrarla , y la verá usted si vuelve. {En la mesa.) Paul. Pero no dexes de dar el re¬ cado á la señorita : Jo entiendes? Vase. Gin. Palabras superfinas. Está en¬ tendido. — Como tardarán tan¬ to! Mi ama, si entra en una igle-. sia , se olvida hasta de sus lec¬ turas. Es muy buena ciertamen¬ te , como la nueva huáspeda la quiera imitar , se Ja quitarán las ganas de tertulias y recreos , y no tardará también en perder su inveterada costumbre de las vi¬ sitas del Marques. Hay mucha diferencia de esta casa á la de Dona Felipa. Aquí! aquí se hila mas delgado!... pero chiton , que ya llegan. Salen Doña Florencia y Nicasia. Esta se quita la mi/niilla. Doña Flor. Quá te dixo Paulino? (o Nicasia.) Nicas. Que tengo ya aquí mis mue¬ bles. Que parecía Doña Felipa una furia , según Jos extremos con que leyá el paj)eJ del Marquás , donde la avisaba de nues¬ tras determinaciorie*. Que nos Atnor^ 24 amenaza á todos, y que. Doña Flor. Bueno , bueno j bastan no inc digas mas. La conozco, y no rne cojea de susto sus execra¬ ciones , que debo despreciar. Yo, Nicasia , he sabido cumplir con lo que me pide la memoria de tu madre, y el amor que te he pro¬ fesado siempre. Está ya en parte satisfecho mi corazón, y lo esta¬ rá completamente , luego que te vea retirada , donde la mordaz censura no pueda interpretar mis intenciones, ni ofenderte con sus sospechas injuriosas. — Ginés, vete á disponer, que he de vol¬ ver á salir al punto contigo. se Ginés diciendo ) Ginés. Bien, señora. Nicas. Me dixo Paulino, que el Marqués vendria luego.... vos os vais.... Dona Flor. No creo que le haré falta, aunque venga. ¿No sabrás tú hacerle los honores de mi ca¬ sa? Le recibirás com* correspon¬ de, mientras rae empleo en vues¬ tros propios asuntos. Asi se lo podrás decir. Es fuerza sepa yo donde entrarás de pensionarla.... ( N icasia se consterna , y enjuga sus ojos.) Pero ¿que motivo tie¬ nes ahora para esa. a.fliecion ? Conio! ¿Por que viertes esas lágri-, mas de amargura? Nicas. No lo sé; pero siento mi co¬ razón tan oprimido.... Yo misma no me entiendo. No tenia antes ningún deseo, ni esperanzas al¬ gunas. Sin embargo mi situaciónme parecía la mayor felicidad: ella me bastaba para satisfacer¬ me por entero, sin darme lugar á desear otra cosa. Jamás esperé que el tiempo me pudiese daf otro bien , que el que gozaba; y aun así, hoy me parece que 1 ® he perdido todo. Doña Flor. Acuérdate de las pal*' bras que dixo ahí el Marques? y que todavía resuenan en tnl* oidos: »Esta pasión no puede ser feliz, sin que alguno de los do* haga grandes sacrificios al otro. Así lo dixo, y veo la verdad de su aserción. Nicas. ¡Ah Marqués! No has me¬ nester hacerlos muy grandes pa' ra que Nicasia sea dichosa. Eli* no los exigiría nunca , ni desea¬ rá una felicidad que pudiera per¬ judicar á tu reposo, d á tu glo¬ ria. Se han abierto ya mis ojos, y veo el espacio inmenso que noS separa.... Pero ¿por que me cues¬ ta tanta pena el desengaño de una esperanza que nunca tuve? Do ña Flor. Ni creo «pie pueda* tenerla jamás. Seducidos ambo* por el trato y la inclinación, os habéis dexado llevar de vues¬ tro afecto , y cada dia os habéis empeñado mas en una ciega pa¬ sión. Si no procuras desecharla ¿en que podrá parar tu amor? El no puede desposarse contigo sin echar por tierra todas las es¬ peranzas de su fortuna , y sin perder la gracia de su tio, quC jamas aprobaría tu alianza coi' él. ¿Y qué será del Marqués? si pierde su pleyto? Nicas. Vuestras razones son mu/ justas. Deberían persuadiruifi pero veo ¡ay de mí! que nad* en el mundo me le podrá hacét olvidar , ni quitarme el cónsul' lo de amar y ser amada de n*' y virtud hombre de su m(?rito. Doria Flor. Espéralo todo del tieuipo y la razón. [Entra Gi~ nés con capote , y sombrero en mano ) Nu quisiera dexarte en¬ tregada á tus tristes reí^xíones. Me quedare, si no me das pa¬ labra de distraerte. Nicas. Id , scdora * no os detengáis por mí. Abreviad el dia que tan¬ to asusta á esta desgraciada. Sale el Marqués. Doria Flor. Llegáis ú tiempo , seüor Marque's. Iba á dexarme so¬ la á Nicasia. Vos me disimula¬ reis; no puedo menos,... i Marq. Sois nm_y dueiía de hacer lo que os parezca. Os acompañaré también si gustáis. Doria Flor. No 5 me basta con Ginés. Volveré muy luego. [Vase y Ginés.) Marq. Cielos! [hablando ap.) ¡Go¬ mo podré darla la noticia de mi repentina partida ! Mi tio me llama á la corte con precipitación y empeño. ¿ Para qué me quer¬ rá?... Gran causa debe tener para desearme allí con tanta pri¬ sa.,.. [Á Nicasia.) Me creo adi¬ vinar , Nicaiia, donde va esta señora ; y lo mas triste para mí es el conocer yo ¡gualmente, que aus diligencias para nuestra for¬ zosa separación , no solo te com¬ placen , se las mandas tal vez. ¿Td eres la que exiges esta pre¬ caución? ¿te desconfías de mi? Bien lo veo. Ya no me amas , y me miras como un hombre a 1 quien se delie tener miedo. ¡Ay querida mia! ¡Gomo, y con que prontitud te has mudado! ¿Quese hizo aquel dichoso tiempo, en que me veías apenas, quando vo¬ labas á mi encuentro con una vi¬ veza llena de alegría 5 en que te d un tiemp». _ 3 5 apoyabas sobre n i brazo , y nes paseábamos juntos con tanto pla¬ cer por los lugares mas solita¬ rios? Ahora todo son ya temo¬ res , frialdad y reserva. Ya no - eres la rnisma; tu amistad no es tan tierna , ni tu corazón es tan ingenuo. Td misma te has bus¬ cado las luces funestas que des¬ truyen nuestra recíproca felici¬ dad. Dime si te he dado ocasión jamás.... Nicas. No sigas con unas que¬ jas que traspasan mi corazón. ¡Quanto siento que me atribu¬ yas el infeliz estado , en que te miro! ¿ Gomo es posible (¡ue sea yo la que te aílixa quan¬ do tu felicidad es el dnico de¬ seo de mi vida ? Pero dime ¿ porque fatalidad necesitas aho¬ ra para ser feliz, que pierda su reputación una luuger, que respetaste siempre tanto ? Mi precaución te oíVnde, ¿ Y como pudiera hoy tratarte con la fa¬ miliaridad de mi antigua ig¬ norancia ? Ella era entonces mi única escusa. Antes te miraba yo como al hermano mas que- ■ rido. No conocía la diferencia de nuestras fortunas , ni la distancia de nuestro nacimien¬ to , y nada podía contener los afectos de mi corazón. Yo no uie he mudado, no; soy siem¬ pre la ndsma 5 pero he sabido lo que ignoraba ; y si no te temo, debo temer que soy jo¬ ven ; que te debo todo lo que soy y que te amo hasta el ex¬ tremo. Si, te amo. Desde los primeros momentos en que te conocí , te amé. Este amor ha crecido cada dia; en mi corazón, y es el' dnico sentiíuiento que me hace amar la vida. Tus be- D i6 Amor^ neficios podian hacer mi exis¬ tencia menos penosa ; pero solo tu amor podía hacer mi feli¬ cidad. Yo no conocía otra que la de peiisar en ti , conservar¬ me tu amistad , y merecer la estimación de mi único, y me¬ jor amigo. No tenia otro deseo que verte , y leer en tus ojos, que mi presencia te causaba alegría. Con esto solo era su¬ mamente dichosa. ¿ Porque me han quitado una felicidad tan grande? ¿Me la pudieras tu restituir , amado Marqués mió ? pero ay! Bien siento que no me la puedes tu volver! Marq. ¡ Gomo he sido tan tira¬ no , que te haya obligado á hal larme así ! Que ternura ! que j}ondad 1 que alma tan no¬ ble , y generosa !... Que 1 ado¬ rable Nicasia ¿ sería yocapaz de envilecerte , de abusar dé tu amor , y de tu dulce con¬ fianza ? Ah! No 5 no lo ternas de tu amante , de tu amigo que te respetará siempre , y que dexaría de.... importunarte muy pronto. Nicas. Que me dices?... Cruel ex¬ presión ! Abandonando por mi parte estos sitios, en que te veía con libertad , no hago mas que obedecer á los conse¬ jos de la prudencia j pero no es por huirte , ni por dexar de verte. Tu mismo me dixiste ántes , que podrás hacerlo en el retiro , en que esté j pe¬ ro sí quieres absolutamente que éste no se verifique , yo someteré mi conducta á tu so¬ berana decisión. Por dar con¬ suelo á tus disgustos , nada hay á que no me disponga.... Aau así j veo que nos conviene y apelo, á tu fina generosidad* Marq. Yo no sé lo que me quie¬ ro , y solo, sí, que somos infe¬ lices. No tengo valor para de¬ cirte mas. Acaso soy injusto con¬ tigo. Tal vez voy á perderte para siempre. El honor , la gr*“ titud y mi palabra.... Todo fuerza á sacrificio tan eruel..** jQue pena es para mí el no ser dueño de mi libertad 1 Pierdo ya hasta la esperanza j pero ¿la he tenido jamas? Noj nunca me he lisonjeado con idea tan dul¬ ce. Mi culpa es haber dexado correr mi pasión sin contenerla, y haber contribuido á la tu¬ ya.... ¿Me perdonarás tierna amiga de mi corazón ? ¿No me despreciarás? ¿Podrás acordarte de mi sin horror ?... Nicas. Qué dices? No redupliques mi confusión. Ya no pueden au¬ mentarse mis tormentos. Acaba de explicarte. Marq. Mi tio ,me llama con ins¬ tancia , y presteza. Acaso me obligará á un eterno disgusto, con un enlace proyectado ante¬ riormente; pero ¿que he de ha¬ cer ? Así lo quiere el cielo, y lo exigen mi gratitud y mi ho¬ nor. En quaiito á tí, vive tran¬ quila y dichosa. Si la memoria de un constante , y verdadero amigo te arrancára algún sus¬ piro , yo deseo que no sea do¬ loroso. Nicas. ¡Vas á ausentarte de mí!... No volveré á verte , ¿y quie¬ res que yo viva tranquila y dichosa!... Tranquila sin tí! di¬ chosa , lejos y privada de tu vista ! Como es posible! Ay! no puedo mus.... {Béxase caer so¬ bre una silla» Sale JPaulim ace¬ lerado.) y virtud á \ ■ P«u/. Señor, señor! Perdón si os interr^íiiipo. Tenéis en el instan¬ te que venir á casa. Marq. Llamad quien socorra á la señorita. Que vengan pronto. Sale Doña Florencia , y detrás al ruido una criada. Doña Flor. {Viendo á Nicasia vá hacia ella.) Qué es esto?.. ISlicasia!... {Al Marqués.) ¿Que la ha sucedido? 'Marq. Lo sabréis. Socorredla , so¬ corredla. Doña Flor. Nicasia!... Paul. {Llevando de Ici n mano al Marqués á un lado , le dice ap. ) Venid , señor , á casa. No podéis menos. Está esperándoos un señor Ministro de esta sala, y dice que le importa veros. Marq. A mí?... Un señor Minis¬ tro !... Paul. Y de oficio; con un real decreto que debe notificaros. Marq. Te sigo allá. Vé á decir¬ lo.... {Vase Paulino-, el Mar¬ qués se aproxima á Nicasia . ) jAun no vuelve en sí!... {A Doña Florencia ap.) Doña Fio- . rencia, otro empeño de no me¬ nos c Jíiseqüencia , me arranca de aqii sin arbitrio. No sé si Volve:é á veros. Tendré quizás q le partir en posta para la or¬ to. Ali tio el Ministro, me 11 ami. jMo pude ocaltar á Nicasia el sentimiento de mi partida, y esto ha excitado tanto el su¬ yo , que la ha trastornado. Cui¬ dadla ahora y siempre. Yo no sé lo que recelo.... pero, eii to¬ do caso , desde allá ó donde yo estuviere , sereis las dos el ob¬ jeto principal de nii memoria.... Que nada la falte , pues pro¬ veeré á todo, si me es posible. No» escribiremos , y á Dios. n tiempo. Dadla esta alhaja conque avive sus recuerdos ppr mí. No me oDideis , y á Dios.... {Al sa¬ lirse se vutlve y dice. ) A Dios Nicasia..., Vase. Doña Flor. ( Muy triste.) ¡ Que confusión ! Que disgustos , Dios mió I Nicas. { Volviéndo en . si. ) Ay ! {Mirando á todas partes.) Ya no está aquí... Yo oí su voz. Doña Flor. Vamos hija. Dexa de abandonarte á un dolor sin mo¬ tivos. El volverá. Alzate 5 ven. Nicas. {Incorporándose. La criada se sale.) Me ha dexado... y tal vez.... Doña Flor. Por poco tiempo. Nicas. No 5 para siempre, para siempre 1 ' B ien lo infiere mi co¬ razón, aunque por ahorrarme de tormento, no me lo haya di¬ cho... Cruel! Si su honor le obli¬ gaba á partir, débia hacerlo^ pero ¿ porque.sin despedirse si¬ quiera de mí?... ¡Temia que fue¬ se yo tan vil que le disuadiera de lo que la razou.y su gratitud le prescriben... iVuuca tuve mas deseo que el de su felicidad! Doña Flor. Sigue co utante en esa c)iiformi.laJ , y te.iJris que su¬ frir ine.ius. Si te cuiteiias on sus seiui nieut >s :iiuít)s >s , en niiigau cuso |)i)dráu íáltarte: asi te lo promete por mi , y en prueba de ello te dexu aqui su retrata. ( Dásele. ) Nicas. El es, si. En otros tiem¬ pos mas diciiost S se le hice yo misma. ¡Que contentos, tan pu¬ ros disfrutaba yo entonces! Doña Flor. No *ie puedes estar viendo , sin que aumente tu quebranto. Pdnlé por ahora aqui. ( y abre la caxita. ) Déxale entre las demas joyas de tu uso, D 2