Las relaciones familiares durante la adultez emergente
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LAS RELACIONES FAMILARES DURANTE LA ADULTEZ EMERGENTE Memoria presentada por: María del Carmen García Mendoza Para la obtención del Grado de Doctora con Mención Internacional Directoras: Dra. Águeda Parra Jiménez Profesora Titular del Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación Dra. María Inmaculada Sánchez Queija Profesora Titular del Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación UNIVERSIDAD DE SEVILLA Sevilla, junio de 2021
FAMILY RELATIONSHIPS DURING EMERGING ADULTHOOD Submitted by: María del Carmen García Mendoza Doctoral Thesis with International Doctorate Mention Supervised by: Dra. Águeda Parra Jiménez Tenured Professor. Department of Developmental and Educational Psychology Dra. María Inmaculada Sánchez Queija Tenured Professor. Department of Developmental and Educational Psychology UNIVERSITY OF SEVILLE Seville, june 2021
Dpto. de Psicología Evolutiva y de la Educación Facultad de Psicología. Universidad de Sevilla. Las Dra. Águeda Parra Jiménez y la Dra. M. Inmaculada Sánchez Queija, adscritas al Dpto. de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Sevilla y directoras de esta Tesis Doctoral, HACEN CONSTAR: Que la Tesis Doctoral realizada por D.ª María del Carmen García Mendoza, titulada “Las Relaciones Familiares durante la Adultez Emergente” ha sido realizada bajo nuestra dirección y, puesto que cumple los requisitos científicos y los establecidos en la legislación vigente, autorizamos su presentación en el Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación y su defensa posterior para optar al grado de Doctora con mención internacional. Y para que conste a efectos de depósito e informe, firmamos la presente en Sevilla a 26 de abril de 2021. Águeda Parra Jiménez M. Inmaculada Sánchez Queija SANCHEZ QUEIJA MARIA INMACULADA - PARRA JIMENEZ AGUEDA -
Esta investigación se ha desarrollado gracias a la financiación recibida por el Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (Agencia Estatal de Investigación, AEI), Referencia: EDU2013-45687-R y por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (MCIU) del Gobierno de España (Agencia Estatal de Investigación, AEI) y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER), Referencia: RTI2018-097405-B-I00.
Esta tesis doctoral se ha desarrollado gracias a la participación de la Universidad de Sevilla (España), la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea (España) y la Universidade do Porto (Portugal).
Agradecimientos La tesis doctoral que se presenta a lo largo de las siguientes páginas es el resultado del trabajo y esfuerzo realizado durante años. Un trabajo que ha sido posible, sin lugar a dudas, gracias al apoyo de las personas que han estado presentes durante su elaboración. A todas esas personas que han contribuido, de una u otra manera en la realización de esta tesis doctoral, les quiero expresar mi agradecimiento. Comienzo con uno de los agradecimientos más sinceros. Gracias a mis directoras de tesis. Gracias a la Dra. Águeda Parra Jiménez y a la Dra. María Inmaculada Sánchez Queija por vuestra dedicación, disponibilidad, cariño y apoyo a lo largo de estos años. Gracias por acogerme en vuestro equipo y depositar vuestra confianza en mí desde el principio, brindándome la oportunidad de iniciarme en el ámbito de la investigación junto a vosotras, personas de extraordinaria calidad profesional y personal. Gracias por facilitarme el camino para la consecución de esta tesis doctoral. Un camino que en algunas ocasiones ha sido largo y complicado y por ayudarme siempre y, sobre todo, en los momentos más difíciles en los que debía superarme a mí misma. Me siento profundamente afortunada de sentir que los lazos que hemos ido creando durante estos años han sido no sólo profesionales sino también personales. En definitiva, un enorme GRACIAS por permitirme aprender de vosotras y crecer a vuestro lado de todas las maneras posibles. Dentro de nuestro equipo de investigación, gracias a la Dra. Marta Díez López, por la amabilidad y dulzura que te caracteriza. Gracias por contagiarme de tu energía y por las horas de trabajo que hemos compartido. Gracias a Rocío de la Fuente Martín y a Reyes Vargas Jiménez, que empezaron siendo mis compañeras de doctorado y que han estado ahí desde el primer momento. Con vosotras, Marta, Rocío y Reyes, ha sido un todo privilegio poder compartir este camino. Gracias por nuestras charlas frente a un café o simplemente por teléfono. Gracias también por vuestro consejo y apoyo sinceros tanto dentro como fuera del ámbito profesional y, finalmente, gracias por haberme acompañado durante estos años. Gracias igualmente, dentro de nuestro equipo de investigación, al Dr. Carlos Camacho Martínez- Vara del Rey y al Dr. Francisco José Rivera de los Santos. Gracias a Carlos, por tu inestimable asesoramiento en mis dudas estadísticas y por tu rápida resolución ante cualquier problema metodológico. Gracias a Fran porque, aunque te has unido al equipo de manera más tardía, ya formas una parte indispensable de él. Agradezco también el tiempo y la ayuda recibida por parte de las personas que conforman nuestro equipo de investigación en el País Vasco. Gracias al Dr. Enrique Arranz Freijo, por permitirme trabajar con uno de los mayores expertos en España en el ámbito de la familia y gracias a la Dra. Izarne Lizaso Elgarresta, por enriquecer al equipo con tus conocimientos.
Dedico unas líneas de agradecimiento al Dr. Jeffrey Jensen Arnett, referente mundial y creador de la Teoría de la Adultez Emergente. Gracias por proponer la teoría y marco conceptual que ha servido de inspiración para el desarrollo de esta tesis doctoral y gracias por apoyar tan amablemente a nuestro equipo de investigación y formar parte de él. Mi agradecimiento al equipo de investigación portugués. Gracias a la Dra. Susana Maria Gonçalves Coimbra, por aceptar ser mi tutora y abrirme las puertas de la Faculdade de Psicologia e de Ciências da Educação da Universidade do Porto. Gracias por tu apoyo para que esta tesis opte a la mención de Doctorado Internacional. Gracias por tu amable acogida, por confiar en mí y por estar siempre disponible haciendo que mi primera estancia en Porto fuese maravillosa, tanto que repetí una segunda vez y, una tercera. Gracias por permitirme conocer a todo tu equipo, invitarme a participar en tantas actividades y reuniones y, en definitiva, hacerme sentir como en casa, algo muy necesario cuando estás fuera de ella. Gracias al Dr. José Egídio Barbosa Oliveira, por ser el primer puente de conexión con Portugal. Gracias por tu inestimable ayuda, por estar pendiente de mí en todo momento y permitirme aprender de ti. Gracias también porque junto a Susana, me has enseñado los rincones más bonitos de Porto. Gracias a la Dra. Anne Marie Fontaine y la Dra. Daniela Fonseca de Freitas por ayudarme en la investigación realizada en Porto y por aconsejarme y acompañarme cuando lo he necesitado. Finalmente, gracias al resto de compañeros y compañeras portugueses, Dra. Claudia Andrade, Dr. Jorge Gato, Dra. Marisa Matias, Dr. Carlos Barros, Dra. Joyce Aguiar, Daniela Leal, Filipa César… por acogerme con una sonrisa y hacerme sentir parte del equipo. ¡Muito obrigada a toda a equipe! Un agradecimiento muy especial a mis amigas. A esas amigas que han estado conmigo desde hace años y años, en especial a Elena y a Kathia con las que tantos momentos he compartido y, a aquellas que han ido llegando más tarde. Gracias a mis amigas PhD de Porto por haberme acompañado en la aventura. En definitiva, gracias a todas vosotras, María del Mar, Victoria, Beatriz Mendoza, Cristina Varas, Cristina Sánchez, Alba, Rocío, Mariu, Dania, Daniela… por vuestra paciencia para escuchar tanto mis penas como mis alegrías, por interesaros y preguntarme sobre los avances de mi tesis. Gracias también por ser una fuente de optimismo, alegría y risas y por ayudarme a desconectar a lo largo de estos años. Aunque algunas ahora estáis lejos siempre os siento cerca. Otro de mis agradecimientos más sinceros es hacia mi familia. Gracias de corazón a mi hermana Irene. Gracias por ser tan importante e imprescindible en mi vida y por ser además de mi hermana, mi amiga. Gracias por estar siempre disponible y a mi lado cuando te necesito. El otro de mis más sinceros agradecimientos es hacia mi padre y mi madre. Gracias a Enrique y María del Carmen, por ser mi principal fuente de apoyo en todos los sentidos. Gracias por confiar, creer en mí y apoyarme en todos los retos a los que decido enfrentarme por muy complicados que parezcan, ofreciéndome siempre vuestro amor incondicional. Gracias por compartir conmigo cada una de las alegrías y las incertidumbres que he sentido a lo largo de la realización de esta tesis doctoral. Gracias por ser un ejemplo de trabajo y constancia para conseguir lo que nos proponemos. Sé que mis logros también son los vuestros. A vosotros, os escribo el GRACIAS más grande de estas líneas.
Finalmente, me gustaría mostrar mi agradecimiento a las personas adultas emergentes que han hecho posible esta investigación cumplimentando los cuestionarios de manera desinteresada y anónima. A todas las personas mencionadas… ¡MUCHAS GRACIAS! Mari Carmen
ÍNDICE PRESENTACIÓN .................................................................................................... 1 LISTA DE PUBLICACIONES ..................................................................................... 7 CAPÍTULO I. INTRODUCCIÓN ................................................................................. 13 1. LA ADULTEZ EMERGENTE: UN NUEVO PERIODO EVOLUTIVO ........................................ 13 1.1 Perspectiva histórica del estudio de la juventud ............................................................... 13 1.2 Claves socioculturales asociadas al surgimiento de la adultez emergente ....................... 16 1.2.1 La aparición de una nueva etapa evolutiva: cuatro revoluciones y sus repercusiones en la vida de las personas jóvenes ...................................................................................... 16 1.2.2 La importancia del contexto sociocultural: la adultez emergente en el sur de Europa ............................................................................................................................................. 22 1.3 Características que definen la adultez emergente............................................................. 25 2. LAS RELACIONES FAMILIARES DURANTE LA ADULTEZ EMERGENTE ............................... 29 2.1 El funcionamiento familiar durante la adultez emergente ................................................ 29 2.1.1 El impacto de la permanencia y el proceso de independencia del hogar familiar de hijos e hijas ............................................................................................................................... 32 2.2 Las dimensiones parentales durante la adultez emergente .............................................. 38 2.2.1 El cariño, la implicación y el apoyo parental .............................................................. 38
2.2.2 El control psicológico y el control conductual ejercido por la familia ....................... 41 2.3 La autonomía emocional durante la adultez emergente ................................................... 43 3. LA CALIDAD DE LAS RELACIONES FAMILIARES Y EL DESARROLLO PSICOLÓGICO DURANTE LA ADULTEZ EMERGENTE ................................................................................................ 48 3.1 La influencia de las dimensiones parentales sobre el desarrollo psicológico durante la adultez emergente ................................................................................................................... 48 3.1.1 Relación del cariño, la implicación y el apoyo parental con el bienestar y el malestar psicológico ........................................................................................................................... 49 3.1.2 Relación del control psicológico y el control conductual ejercido por la familia con el bienestar y el malestar psicológico ..................................................................................... 50 3.2 La influencia de la autonomía emocional sobre el desarrollo psicológico durante la adultez emergente ................................................................................................................................ 52 4. OBJETIVOS .................................................................................................................. 55 CAPÍTULO II. MÉTODO .......................................................................................... 57 PARTICIPANTES ........................................................................................................................ 59 INSTRUMENTOS ....................................................................................................................... 60 PROCEDIMIENTO ...................................................................................................................... 65 CAPÍTULO III. RESULTADOS ................................................................................... 69 1. ARTÍCULO I. Relaciones familiares y ajuste psicológico en adultos emergentes universitarios españoles. ................................................................................................................................ 71 2. ARTÍCULO II. El rol de padres y madres en el bienestar psicológico durante la adultez emergente: un análisis centrado en el individuo ..................................................................... 87 3. ARTÍCULO III. Autonomía emocional y ajuste psicológico durante la adultez emergente: el rol moderador de las relaciones familiares .............................................................................. 127 CAPÍTULO IV. DISCUSIÓN ...................................................................................... 163 1. RESUMEN GLOBAL DE LOS RESULTADOS DEL ESTUDIO ................................................. 165 1.1 ¿Cómo son las relaciones familiares durante la adultez emergente en España? .............. 165 1.2 ¿Cómo se relaciona la calidad de las relaciones familiares con el desarrollo psicológico de las personas adultas emergentes de nuestro contexto? ......................................................... 167
2. DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES ...................................................................................... 169 2.1 Las relaciones familiares durante la adultez emergente ................................................... 169 2.2 La calidad de las relaciones familiares y el desarrollo psicológico durante la adultez emergente ................................................................................................................................ 175 2.3 Conclusiones finales ........................................................................................................... 185 3. LIMITACIONES Y FORTALEZAS DEL ESTUDIO ................................................................ 187 4. CONTRIBUCIONES DEL ESTUDIO, IMPLICACIONES PRÁCTICAS Y FUTURAS LÍNEAS DE INVESTIGACIÓN .............................................................................................................. 192 CHAPTER V. ENGLISH SUMMARY OF THE PhD THESIS ............................................ 199 PRESENTATION ............................................................................................................... 201 1. BACKGROUND ............................................................................................................ 203 1.1. Emerging adulthood: a new developmental stage ........................................................... 203 1.2 Family relationships during emerging adulthood .............................................................. 214 1.3 Quality of family relationships and psychological developmental during emerging adulthood ................................................................................................................................. 215 1.4 Aims .................................................................................................................................... 218 2. METHOD ..................................................................................................................... 221 Participants .............................................................................................................................. 221 Measures .................................................................................................................................. 221 Procedure ................................................................................................................................. 223 3. SUMMARY RESULTS, DISCUSSION AND CONCLUSIONS ................................................. 227 3.1 Global summary of the study results ................................................................................. 226 3.2 Discussion ........................................................................................................................... 230 3.2.1 Family relationships during emerging adulthood ......................................................... 230 3.2.2 Quality of family relationships and psychological developmental during emerging adulthood .............................................................................................................................. 235 3.3 Final conclusions ................................................................................................................ 244 4. LIMITATIONS AND STRENGHTS. CONTRIBUTIONS AND IMPLICATIONS FOR FUTURE RESEARCH ...................................................................................................................... 245
REFERENCIAS ....................................................................................................... 249 ANEXOS ............................................................................................................... 283 Anexo A. Cuestionario TAE ....................................................................................................... 285 Anexo B. Preguntas del cuestionario TAE empleadas en esta tesis doctoral .......................... 303 Anexo C. Dictamen del Comité Coordinador de Ética de la Investigación Biomédica de Andalucía .................................................................................................................................. 309 Anexo D. Dictamen de la Comissão de Ética da Universidade do Porto (CEUP) ...................... 311
Las relaciones familiares durante la adultez emergente 1 PRESENTACIÓN La familia es un contexto fundamental de desarrollo y socialización para el ser humano. Un sistema dinámico sujeto a cambios, donde se produce un encuentro intergeneracional y que se constituye como un elemento central para la provisión de bienestar y seguridad entre sus miembros. Ciertamente, existen multitud de estudios que coindicen en que la importancia del rol que desempeña la familia es incuestionable para el desarrollo de la persona durante la infancia y la adolescencia. Sin embargo, los estudios que se centran en analizar dicho contexto en años posteriores del desarrollo son bastante más escasos. A pesar de ello, gracias a las investigaciones realizadas en las últimas décadas sabemos que la familia continúa constituyendo una fuente de apoyo fundamental para las personas jóvenes más allá de la adolescencia. Durante la tercera década de la vida, las personas jóvenes experimentan numerosos cambios y transiciones en la vida, entre ellas, buscar la estabilidad laboral, independizarse del hogar familiar, establecer relaciones de pareja estables o convertirse en padres y madres. Todos estos cambios ocurren como parte del proceso de transición hacia la vida adulta que las personas atraviesan, en la mayoría de los casos, acompañadas de su familia. En nuestro país, además, la importancia de la familia durante estos años cobra especial relevancia. En España, al igual que en otros países del sur de Europa, el sistema familiar está basado en fuertes
Lista de publicaciones y aportaciones a congresos 8 Publicaciones científicas relacionadas con esta tesis doctoral: IV. García-Mendoza, M. C., Parra, Á., Sánchez-Queija, I., Oliveira, J., & Coimbra, S. (under second review). Gender differences in family involvement and family control during emerging adulthood: A cross-country comparison in Southern Europe. V. Parra, Á., Sánchez-Queija, I., García-Mendoza, M. C., Coimbra, S., Oliveira, J. E., & Díez, M. (2019). Perceived parenting styles and adjustment during emerging adulthood: a cross-national perspective. International Journal of Environmental Research and Public Health, 16(15), 1-15. https://doi.org/10.3390/ijerph16152757 * Tercer Premio José Antonio Pérez Gil a la mejor publicación científica de Psicología donde participen investigadores jóvenes. Cuarto trimestre de 2019. VI. García-Mendoza, M. C., Parra, Á., & Sánchez-Queija, I. (2017). Implicación en los estudios y consumo de drogas en adultos emergentes universitarios. Apuntes de Psicología, 35(1), 45–54.
Las relaciones familiares durante la adultez emergente 9 Aportaciones a congresos internacionales relacionadas con esta tesis doctoral: - García-Mendoza, M. C., Parra, Á., Sánchez-Queija, I., De la Fuente, R., & Arranz, E. (2020). Anxiety and Parenting Behaviors during Emerging Adulthood. A Longitudinal Analysis. Poster presented at the 17th Conference of the European Association for Research on Adolescence (EARA). Porto (Portugal). 2th to 5th September. - García-Mendoza, M. C., Parra, Á., Sánchez-Queija, I., Oliveira, J. E., & Coimbra, S. (2019). Contexto Familiar y Bienestar Psicológico en Adultos Emergentes Españoles y Portugueses de Educación Superior. Comunicación oral presentada en el V Congresso Ibero-Americano e Luso-Brasileiro de Psicologia da Saúde y I Congresso Promoção da Saúde e do Bem-Estar no Ensino Superior. Faro (Algarve, Portugal). 9 a 11 de Mayo. - García-Mendoza, M. C., Parra, Á., Sánchez-Queija, I., Coimbra, S., & Oliveira, J. E. (2019). Estilos Educativos Parentales y Malestar Psicológico en Adultos Emergentes Universitarios del Sur de Europa. Póster presentado en el V Congresso Ibero- Americano e Luso-Brasileiro de Psicologia da Saúde y I Congresso Promoção da Saúde e do Bem-Estar no Ensino Superior. Faro (Algarve, Portugal). 9 a 11 de Mayo. - García-Mendoza, M. C., Parra, Á., Sánchez-Queija, I., Oliveira, J. E., Coimbra, S., Fontaine, A. M., & Freitas, D. (2018). Family Relationships and Adjustment in South Europe: A Cross-national Comparison between Spain and Portugal Emerging Adulthood. Oral communication presented as part of the invited symposium Transition to adult life, family and diversity. 9th Congress of the European Society on Family Relationships (ESFR). Porto (Portugal). 5th to 8th September. - García-Mendoza, M. C., Parra, Á., Sánchez-Queija, I., de La Fuente, R., & Vargas Jiménez, R. (2017). Family Relationship Patterns and Well-being in Emerging Adulthood. Poster presented at the 3rd International Congress of Clinical and Health Psychology on Children and Adolescents. Seville (Spain). 16th to 18th November.
Lista de publicaciones y aportaciones a congresos 10 - García-Mendoza, M. C., Sánchez-Queija, I., & Parra, Á. (2016). Family Relationships and Adjustment during Emerging Adulthood in Spain. Poster presented in XV Biennial Poster presented at the XV Biennial Conference of the European Association for Research on Adolescence (EARA). La Barrosa (Cádiz, Spain). 16tth to 19th September. - Parra, Á., García, M. C., Sánchez-Queija, I., & Díez, M. (2015). Emotional Autonomy, Parent Involvement, and Flourishing during Emerging Adulthood in Spain. Poster presented at the 7th Conference on Emerging Adulthood. Society for the Study of Emerging Adulthood (SSEA). Miami (Florida, EEUU). 14th to 16th October.
Las relaciones familiares durante la adultez emergente 11 CAPÍTULO I. INTRODUCCIÓN En este primer capítulo introductorio se presenta el marco y justificación teórica de la investigación objeto de esta tesis doctoral a lo largo de tres apartados. El primero de ellos se centra en la conceptualización de la adultez emergente como nuevo periodo del ciclo vital. Al inicio de este apartado se analizan los primeros acercamientos históricos al estudio de la juventud. A continuación, se describen las claves socioculturales asociadas a este nuevo periodo. Finalmente, se describen las características que definen a la adultez emergente. En el segundo apartado se analiza cómo son las relaciones familiares durante la adultez emergente. Inicialmente se realiza una descripción general del funcionamiento familiar durante estos años. Las siguientes páginas se centran en dimensiones parentales concretas: el apoyo parental, el cariño parental, la implicación parental y el control psicológico y conductual ejercido por la familia. Para finalizar este apartado se profundiza en el desarrollo de la autonomía emocional durante este periodo evolutivo. En el tercer apartado se describe la influencia de la calidad de las relaciones familiares sobre el desarrollo psicológico de las personas jóvenes durante este periodo evolutivo, en lo relativo a las dimensiones parentales descritas en el párrafo anterior y, a la autonomía emocional. El capítulo introductorio finaliza con la exposición de los objetivos que guían este trabajo de investigación.
Introducción 12
Las relaciones familiares durante la adultez emergente 13 1. LA ADULTEZ EMERGENTE: UN NUEVO PERIODO EVOLUTIVO El primer apartado teórico se centra en la conceptualización de la adultez emergente como nueva etapa del desarrollo humano y se divide en tres subapartados. En el primero de ellos se analiza el estudio de la juventud desde una perspectiva histórica. Seguidamente, se describen las claves socioculturales asociadas al surgimiento de la adultez emergente y que permiten comprender la relevancia del contexto cultural en el estudio de esta etapa evolutiva. Finalmente, se describen las características que definen este periodo evolutivo. 1.1 Perspectiva histórica del estudio de la juventud. Como se ha comentado previamente, en este primer subapartado se analiza el estudio de la juventud a lo largo de la historia. De este modo, en los párrafos siguientes se hace referencia a las aportaciones que, en décadas anteriores, la investigación científica ha hecho sobre la juventud y, finalmente, se presenta una aproximación psicológica a la teoría de la adultez emergente. Tradicionalmente, la adultez se ha entendido como el periodo en el que las personas han adquirido los roles y responsabilidades propias de la vida adulta, viven de manera independiente, tienen una carrera profesional estable, han contraído matrimonio o tienen una pareja estable y pueden ser padres y madres. Sin embargo, las transformaciones políticas, socioeconómicas y culturales que han sufrido los países occidentales en el último siglo han supuesto que las personas jóvenes retrasen la adopción de todos esos roles y responsabilidades adultos a edades más tardías (Aassve, Arpino & Billari, 2013; Arnett, 2006a; Oinonen, 2010; Settersten & Ray, 2010). Debido a estos retrasos, en la sociedad actual es difícil determinar cuándo termina la adolescencia y empieza la adultez (Hendry & Kloep, 2007). En la mayoría de las culturas occidentales se considera que la adolescencia termina alrededor de los dieciocho años, cuando se alcanza la mayoría de edad y las personas se convierten legalmente en adultas (Arnett, 2014a). Sin embargo, aun siendo personas legalmente adultas, el hecho de continuar estudiando y seguir viviendo en el hogar familiar son sucesos que ocurren de manera cada vez más frecuente en estas sociedades. Este hecho plantea una cuestión importante para la investigación científica, ¿se pueden considerar a estos y estas jóvenes como personas completamente adultas o se encuentran en un periodo evolutivo intermedio entre la adolescencia y la adultez?
Introducción 14 Una de las primeras contribuciones respecto a estos años intermedios entre la adolescencia y la adultez fue la de Erik Erikson (1968). Este autor realizó su aportación en el marco de su teoría sobre el desarrollo humano a lo largo del curso de la vida. Erikson sugirió el concepto adolescencia prolongada para referirse a una etapa que tenía lugar durante estos años y que se daba típicamente en los países industrializados. El autor parece distinguir un periodo que algunas veces se acerca más a la adolescencia y otras veces se acerca más a la adultez sin ser completamente ninguna de las dos etapas del desarrollo. Un periodo sin límites definidos, donde las responsabilidades adultas son pospuestas mientras que el momento de experimentación que comenzó en la adolescencia continúa y, de hecho, se ve intensificado. Más tarde Kenneth Keniston (1971) propuso el término juventud para referirse a la etapa característica de estos años intermedios del ciclo vital. Una etapa que implicaba la entrada en el mundo adulto para la mayoría de las personas jóvenes. El autor creó este término para referirse a estudiantes universitarios durante un periodo concreto, la década de 1960, dentro de la cultura estadounidense. Este término hacía referencia a personas jóvenes que eran participantes visibles de movimientos sociales de protesta en Estados Unidos y reflejaba, fundamentalmente, las circunstancias históricas que se vivían en el momento. Otra aportación importante fue la de Daniel Levinson (1978) que describió dos periodos del desarrollo para referirse a estos años posteriores a la adolescencia y previos a la adultez. Un periodo transcurría entre los 17 y 22 años y otro periodo transcurría entre los 22 y 28 años. Durante el primero de ellos, las personas jóvenes iniciaban su entrada en el mundo adulto y, durante el segundo, las personas construían una vida estable. Según Levinson, ambas etapas suponen un periodo de grandes cambios, exploración e inestabilidad para las personas jóvenes en su búsqueda de la estabilidad. Más allá de estas primeras aportaciones, el análisis de los años intermedios entre la adolescencia y la adultez ha sido objeto de estudio para numerosos autores y autoras en las últimas décadas. Parece claro que las personas jóvenes se encuentran en una etapa que, ciertamente, es un periodo único y diferente a la adolescencia y a la adultez (Arias & Hernández, 2007; Macek, Bejček, & Vaníčková, 2007; Mayseless & Scharf, 2003; Tanner & Arnett, 2009). Por ello, gran parte de la comunidad científica coincide en afirmar que ha surgido una nueva etapa en el ciclo vital del desarrollo humano (Cohen, Kasen, Chen, Hartmark, & Gordon, 2003; Eccles, Templeton, Barber, & Stone, 2003; Nelson, Badger, & Wu, 2004; Nelson & Barry, 2005). Arnett (2000, 2014a) ha denominado este nuevo periodo como adultez emergente.
Las relaciones familiares durante la adultez emergente 15 Aunque los autores Erikson (1968), Keniston (1971) y Levinson (1978) han constituido y asentado los fundamentos teóricos de la teoría de la adultez emergente, la naturaleza del periodo ha cambiado considerablemente desde que estos autores hicieron sus contribuciones hace ya más de cincuenta años (Arnett, 2000). Tanto es así que, la introducción del concepto y la teoría evolutiva de la adultez emergente ha generado desde su creación una gran cantidad de investigación y es, según algunas aportaciones científicas, la contribución teórica más importante en psicología del desarrollo de los últimos años (Gibbons & Ashdown, 2006). La adultez emergente o emerging adulthood hace referencia al periodo que transcurre entre los 18 y los 29 años, entre el final de la adolescencia y los años intermedios o finales de la tercera década de la vida (Arnett, 2000, 2014a). El profesor Jeffrey Arnett no sólo ha creado el término adultez emergente, también ha propuesto toda una teoría del desarrollo humano sobre los cambios evolutivos que se producen desde los 18 años hasta el inicio de la edad adulta. La adultez emergente se entiende como un periodo evolutivo que tiene un desarrollo y características que se inician y finalizan de manera gradual, durante el curso de la tercera década de la vida de las personas (Arnett, 2006a, 2011) y, que son diferentes de la adolescencia y la adultez (Arnett, 2007a, 2010). Los años en los que transcurre la adultez emergente coinciden con numerosos eventos y transiciones que ocurren de manera paralela en la vida de las personas jóvenes, como parte del proceso de adquisición de los roles y responsabilidades adultos (Arnett, 2000; Bleske- Rechek & Ryan, 2015). Por ello, este periodo constituye un momento de continuo cambio y de muchas posibilidades (Rindfuss, 1991) y, su finalización conlleva para la mayoría de las personas la consecución de una vida familiar propia y un trabajo estable (Arnett, 2000). Diferentes estudios coinciden en afirmar que la adultez emergente se caracteriza por muchos cambios, exploraciones y diversidad en todos los ámbitos de la vida de las personas (Arnett, 2000, 2014a; Cohen et al., 2003). Consecuentemente, esta nueva etapa no tiene una naturaleza normativa clara, más bien, tiene claves demográficas diversas y difícilmente predecibles. Algunas de esas claves se relacionan con los cambios y retrasos vividos por las personas jóvenes respecto a la edad para incorporarse al mercado laboral, la edad para contraer matrimonio o iniciar la vida en pareja o la edad para acceder a la paternidad o maternidad. Otras claves se relacionan con los diferentes estatus residenciales de las personas jóvenes durante estos años (vivir en pareja, en solitario, en pisos compartidos, en el hogar familiar…). En cualquier caso, todas estas claves son un reflejo de la heterogeneidad de esta etapa.
Introducción 16 Parece, por tanto, que adultez emergente es el término que mejor se adapta a la experiencia subjetiva que supone la entrada en el mundo adulto en la actualidad. Además, parece que el término emergente define de manera adecuada el sentido dinámico, fluido y cambiante de esta etapa evolutiva (Arnett, 2000, 2007a). Así, este nuevo concepto recoge la nueva realidad que viven las personas jóvenes de las sociedades occidentales, y destaca que no es simplemente un período de transición, como podía desprenderse de los planteamientos anteriores, sino que es una etapa con entidad y características propias. Por todo ello, la adultez emergente nace como una teoría del desarrollo que pretende describir, analizar e investigar la naturaleza de todos esos cambios y transiciones que, en la actualidad, ocurren de una manera y en un momento diferente respecto a décadas pasadas. Asimismo, la teoría de la adultez emergente pretende analizar la influencia que todos estos cambios y transiciones tienen en los diferentes contextos significativos de la vida de las personas jóvenes, a lo largo de los años que componen este nuevo periodo evolutivo (Arnett, 2000). 1.2 Claves socioculturales asociadas al surgimiento de la adultez emergente Este segundo subapartado se centra en describir las claves socioculturales asociadas al surgimiento de la adultez emergente como nueva etapa evolutiva. Así, en primer lugar, se describen las revoluciones que actúan como desencadenante del surgimiento de esta nueva etapa. Seguidamente, se realiza un análisis de la importancia del contexto sociocultural en el estudio de la adultez emergente, prestando especial atención al contexto del sur de Europa. 1.2.1 La aparición de una nueva etapa evolutiva: cuatro revoluciones y sus repercusiones en la vida de las personas jóvenes La adultez emergente como etapa evolutiva del desarrollo humano no es universal, existe sólo en aquellas culturas donde se produce un retraso en la adquisición de roles y responsabilidades propios de la edad adulta (Arnett, 2000, 2007a, 2014a). Por este motivo y, como se acaba de exponer en el apartado anterior, este nuevo periodo aparece solo en países industrializados, postindustrializados o en vías de desarrollo, sociedades que permiten a las personas jóvenes un prolongado periodo de tiempo para explorar roles al final de su adolescencia y durante la tercera década de sus vidas (Arnett, 2002).
Las relaciones familiares durante la adultez emergente 17 El retraso en la adquisición de los roles propios de la adultez ocurre de manera paralela a una serie de importantes transformaciones que suceden en las sociedades postindustrializadas entre los años 1960 y 1970. Jeffrey Arnett (2014a) resume estas transformaciones en cuatro revoluciones que sentaron las bases para el surgimiento de la adultez emergente como periodo evolutivo. Las cuatro revoluciones son: la revolución tecnológica, la revolución sexual, la revolución feminista y finalmente, la revolución juvenil. La revolución tecnológica tiene lugar mucho antes de la aparición de internet. Esta revolución supone el cambio de la economía basada en la fabricación a la economía basada en la información y el conocimiento. Este cambio conlleva dos aspectos importantes para el mercado de trabajo. Por un lado, da lugar a la reducción y desaparición de puestos de trabajo relacionados con la manufactura. Por otro lado, las nuevas formas de organización del trabajo abren un gran campo de oportunidades que requiere de mayor cualificación profesional, y por ende educativa, a fin de alcanzar las habilidades necesarias para desempeñar los nuevos puestos de trabajo. Sin duda, el cambio producido a partir de esta revolución supone, para las personas jóvenes, aplazar la consecución de la estabilidad laboral a edades más tardías (Arnett, 2014a). La segunda revolución descrita por Arnett (2014a) es la revolución sexual, que tiene como hito importante la creación de la píldora en 1964 y supone el inicio del cambio en las costumbres sexuales y en las convicciones morales de la juventud en torno a la sexualidad. Esta revolución implica, por una parte, una mayor aceptación de las prácticas sexuales prematrimoniales y, por otra, el acceso generalizado a los métodos anticonceptivos permitiendo controlar la natalidad y posponer el embarazo y la crianza de los hijos e hijas. Asimismo, los cambios asociados a la revolución sexual permiten que la presión de las personas jóvenes para contraer matrimonio disminuya, al hacer más seguras que antes las prácticas sexuales fuera del matrimonio. La tercera revolución descrita por Arnett (2014a) que favorece el surgimiento de la adultez emergente como etapa evolutiva es la revolución feminista. Este movimiento cobra su mayor relevancia en las décadas de los años sesenta y setenta, y abre nuevas oportunidades a las mujeres. A partir de esta revolución, las mujeres tienen más opciones de acceso al mercado laboral y a recibir una educación superior, lo que supone la oportunidad de lograr el éxito y la autonomía en la vida tanto laboral como personal. El matrimonio y la crianza de los hijos sigue siendo, sin duda, un objetivo primordial en la vida de la mayor parte de las mujeres. Sin
Introducción 24 inestables entre las personas jóvenes que dificulta la consecución de una estabilidad laboral y una vida independiente. En segundo lugar, políticas sociales pobres e insuficientes que obligan a la familia a seguir manteniendo económicamente a sus hijos e hijas adultas (OCDE, 2013). En tercer lugar, el concepto de la familia como eje central del desarrollo individual está fomentado por una fuerte tradición católica. Para la Iglesia católica la familia y los valores que representa constituyen un pilar central de la sociedad. Por este motivo, en los países con fuerte tradición católica la familia cobra una especial importancia (Gal, 2010; Moreno & Marí- Klose, 2013; OCDE, 2013). A este respecto, Vogel (2002) hace referencia al concepto family welfare regimes cuando describe a países de este contexto. Según el autor, los países del sur de Europa se caracterizan por una precariedad en el mercado laboral, ingresos desiguales, limitado desarrollo de políticas sociales, fuertes tradiciones familiares y altas ratios de pobreza. Ciertamente, la población joven de este contexto en comparación con la población joven de otros países europeos, concede mayor importancia a la unión familiar por encima de conseguir llegar a ser personas independientes (Iacouvou, 2010; Moreno et al., 2012). Por tanto, parece que la cultura familiar de dependencia emocional y económica adquiere mayor relevancia en este contexto que en otras regiones europeas o estadounidenses. Ante un marco caracterizado por un alto desempleo y un débil apoyo del estado, la familia constituye una de las más importantes fuentes de apoyo para las personas jóvenes durante estos años. En este contexto, la transición hacia la vida adulta que se produce durante este periodo se entiende como un proceso que deben afrontar conjuntamente ambas generaciones (Andrade 2010a; Mendonça & Fontaine, 2013; Rossi, 1997). Así, la familia adquiere un rol especialmente importante en este contexto, actuando como la fuente principal de cuidado y seguridad, no solo durante la infancia y la adolescencia, sino también durante la adultez emergente (Bosch, 2015; Moreno & Marí-Klose, 2013). Cabe destacar que, debido al carácter heterogéneo de la adultez emergente, para tener una visión completa de esta etapa es esencial realizar investigaciones en distintas realidades socioculturales. Como ya se ha mencionado a lo largo de este capítulo, hasta ahora la mayoría de los estudios se han centrado en Estados Unidos y países norte europeos, sin embargo, las marcadas diferencias sociales y culturales que existen entre los diferentes contextos justifican la relevancia de trabajos centrados en países del sur de Europa.
Las relaciones familiares durante la adultez emergente 25 1.3 Características que definen la adultez emergente Arnett (2000, 2014a), creador de la teoría de la adultez emergente, conceptualiza esta nueva etapa evolutiva en función de cinco características principales que dan sentido a un periodo repleto de gran diversidad. Durante estos años las personas se encuentran en una edad de: exploración de la identidad, inestabilidad, estar centradas en sí mismas, sentirse en medio y posibilidades. Para finalizar el primer apartado teórico se describen detalladamente estas cinco características comunes a todas las personas adultas emergentes. Edad de exploración de la identidad La adultez emergente es una edad de exploración de la identidad. Un periodo en el que las personas jóvenes exploran sus posibilidades en los diferentes ámbitos de la vida, especialmente en el área del amor y el trabajo. Los años durante los que transcurre la adultez emergente ofrecen la mejor oportunidad para realizar una autoexploración ya que las personas son más independientes de sus familias que en años anteriores. Además, algunas viven ya fuera del hogar familiar, aunque todavía no han alcanzado los compromisos estables de la adultez (Arnett, 2000, 2014a). Quizás ésta sea la característica central para la comprensión de la adultez emergente como nueva etapa evolutiva. El proceso de exploración que se produce durante estos años tiene sin duda, consecuencias por un lado positivas y por otro lado negativas para el desarrollo de las personas jóvenes. Las consecuencias positivas se refieren a que en estos años las personas aprenden sobre quiénes son y quiénes quieren ser en la vida. La exploración que se realiza fomenta la búsqueda y consolidación de la propia identidad, un proceso que se había iniciado durante la adolescencia pero que se ve intensificado durante estos años. La adultez emergente se convierte así en una oportunidad excepcional en la que las personas jóvenes pueden elegir entre diferentes caminos y opciones de vida (Arnett, 2000, 2014b). Sin embargo, algunas aportaciones señalan que durante este periodo las personas jóvenes tienen que hacer frente a experiencias difíciles, entre ellas intentar encontrar su propio camino dentro del mundo adulto (e.g., Robbins & Wilner, 2001). De este modo, las consecuencias negativas se refieren a que en muchas ocasiones supone un gran desafío para las personas jóvenes saber quiénes son y quiénes quieren ser en realidad. El reto que supone encontrar caminos que sean satisfactorios en los diferentes ámbitos de la vida conlleva a veces, la aparición de ansiedad y depresión en las personas jóvenes y la adopción de conductas de riesgo como el consumo de sustancias (Arnett, 2007a; Miller, 2013).
Introducción 26 Edad de inestabilidad La adultez emergente es un periodo de gran inestabilidad en la que los cambios y fluctuaciones sobre todo en las áreas de la pareja, el trabajo y el lugar de residencia son bastante comunes (Arnett, 2006b). Tanto es así que, quizás sea el periodo evolutivo más inestable del ciclo vital de las personas (Arnett, 2014b). Aunque todos estos cambios supongan nuevas opciones y posibilidades que se abren ante las personas, pueden al mismo tiempo suponer una gran fuente de estrés. Así puede suceder en los casos en los que se produzcan cambios no elegidos por las personas jóvenes, como la inestabilidad en el ámbito del trabajo debida a trabajos temporales o despidos laborales, los cambios de residencia producidos por inicios o cambios de estudios, o los cambios en la situación sentimental producto de una ruptura con la pareja (Arnett, 2000, 2014a). La búsqueda de un plan de vida que seguir hasta alcanzar los roles propios de la adultez apremia durante estos años. Las personas deben construir un camino en sus vidas que les permita conseguir la estabilidad personal. Para ello, resulta esencial que antes encuentren la estabilidad en dos de los ámbitos más relevantes durante estos años, el amor y el trabajo, consiguiendo un balance entre las relaciones de pareja y la consecución de un futuro laboral. Todo ello, sin duda, genera incertidumbre e inestabilidad porque ese camino está en construcción y en constante revisión. De este modo, cualquier cambio que se produzca en alguno de los ámbitos de la vida obliga al joven a volver a lograr de nuevo un balance en la búsqueda de su estabilidad personal (Shulman & Connolly, 2013). Edad de estar centradas en sí mismas La adultez emergente es un periodo de gran libertad. Durante los años de la adultez emergente las personas jóvenes no tienen excesivas obligaciones y compromisos diarios, por lo que disfrutan de la oportunidad perfecta para estar centradas en sí mismas (Arnett, 2000). Esta oportunidad viene motivada por dos razones. Por una parte, todavía no han adquirido las obligaciones familiares y laborales de la vida adulta. Por otra parte, al ser personas legalmente adultas ya no tienen que continuar obedeciendo constantemente las normas, reglas y exigencias marcadas por sus familias durante los años de la infancia y adolescencia (Arnett, 2006b, 2014b). Durante estos años las personas jóvenes hacen frente a gran variedad de cuestiones: ¿Ir a la universidad o realizar otro tipo de formación?, ¿trabajar a tiempo completo?, ¿intentar combinar trabajo y formación?, ¿cambiar de universidad?, ¿permanecer en la educación
Las relaciones familiares durante la adultez emergente 27 formal o abandonar?, ¿cambiar de trabajo?, ¿romper con la pareja?, ¿mudarse con la pareja? Son muchas decisiones que surgen a lo largo de este periodo y que las personas jóvenes deben tomar por sí mismas reflexionando acerca de lo que realmente quieren en sus vidas (Arnett, 2014a). Edad de sentirse en medio Durante la adultez emergente, las personas jóvenes consideran que pertenecen a una edad en la que ya no se sienten adolescentes, pero tampoco se sienten personas adultas (Arnett, 2007c). De este modo, las personas adultas emergentes se encuentran en un periodo entre la adolescencia, cuando la mayoría de las personas viven con sus padres y tienen que seguir las restricciones marcadas por ellos, y la adultez, cuando la mayoría de las personas tienen independencia económica, ya han contraído matrimonio, han accedido a la maternidad o paternidad y tienen una vida relativamente estable (Arnett, 2014a). De hecho, cuando se pregunta a las personas jóvenes si consideran que han alcanzado la adultez, a menudo la respuesta es ambigua. La razón por la que la mayoría de las personas durante estos años se sienten en medio se hace evidente al considerar los tres criterios que ellas mismas consideran esenciales alcanzar para llegar a ser personas adultas. Estos tres criterios son en primer lugar, aceptar las responsabilidades de sus propios actos; en segundo lugar, tomar decisiones de manera independiente y; en tercer lugar, ser económicamente independiente. Las personas jóvenes consideran que estos hitos se consiguen de manera gradual, por lo que su sensación de convertirse en personas adultas es también gradual (Arnett, 2000, Arnett & Padilla-Walker, 2015). Edad de posibilidades La adultez emergente es un periodo durante el que las personas tienen acceso a multitud de opciones acerca del futuro. Ante las personas jóvenes aparecen diferentes caminos entre los que pueden elegir y que ofrecen diferentes oportunidades para desarrollar sus vidas. Asimismo, a lo largo de estos años los diferentes caminos permanecen abiertos a cambios y revisiones cada vez que hay un nuevo acontecimiento en sus vidas (Arnett, 2000). Del mismo modo, la adultez emergente es una etapa de grandes esperanzas y expectativas, donde los sueños son libres y susceptibles de ponerse a prueba en la vida real. Tanto es así que, la mayoría de las personas jóvenes suelen mirar hacia el futuro con expectativas altas y optimistas sobre encontrar un buen trabajo y sueldo y sobre tener un
Introducción 28 matrimonio e hijos e hijas felices (Arnett, 2006b, 2014a, 2014b). Arnett (2014a), afirma: “it is the age of possibilities, when hopes flourish, when people have an unparalleled opportunity to transform their lives” (p.19). Por tanto, este periodo proporciona a las personas una oportunidad de transformarse a sí mismas y convertirse en las personas que realmente quieren ser, tomando decisiones de manera independiente respecto a qué clase de personas desean convertirse y cómo desean vivir sus vidas. En conclusión, a lo largo del primer apartado teórico se ha realizado un análisis de la bibliografía existente en relación a la tercera década de la vida de las personas, proporcionando evidencias empíricas de que la adultez emergente va más allá de su terminología y, se constituye como una nueva teoría del ciclo vital respaldada por una amplia fundamentación teórica. Así, como ya se ha expuesto, la teoría de la adultez emergente aparece como respuesta a una nueva realidad social que surge debido a una serie de transformaciones sociales y culturales que se producen en las últimas décadas y que, sin duda, tienen un impacto en la vida de las personas jóvenes. Este impacto es, por una parte, normativo a toda la población adulta emergente y puede categorizarse en función de unas características comunes que, a nivel bastante general, definen la etapa de la adultez emergente. Por otra parte, a lo largo del análisis que se realiza en este apartado teórico se hace evidente que, en el sur de Europa, las personas jóvenes no viven los años en los que transcurre la adultez emergente exactamente de la misma forma que en los países del norte europeo o en Estados Unidos. Por tanto, este impacto en la vida de las personas jóvenes es vivido de manera diferente en función de su contexto sociocultural de referencia siendo necesario realizar estudios que capten esa realidad. En línea con lo expuesto es este primer apartado, en las páginas siguientes se profundizará sobre cómo son las relaciones familiares en el contexto de este nuevo periodo evolutivo. Y es que, como se refleja más adelante, el impacto producido por todos los cambios acontecidos en la sociedad en los últimos tiempos, no sólo afecta a la vida de las personas jóvenes sino también a sus familias.
Las relaciones familiares durante la adultez emergente 29 2. LAS RELACIONES FAMILIARES DURANTE LA ADULTEZ EMERGENTE El segundo apartado teórico se divide en tres subapartados. En el primero se proporciona una visión general sobre cómo son las dinámicas familiares durante este periodo evolutivo. Seguidamente, se describen cómo son las relaciones familiares en lo relativo a las dimensiones de cariño, implicación y apoyo parental, así como al control psicológico y conductual ejercido por la familia. Finalmente, la última parte de este segundo apartado se centra en describir cómo se desarrolla la autonomía emocional dentro del contexto familiar. 2.1 El funcionamiento familiar durante la adultez emergente Como se acaba de mencionar, en este primer subapartado se proporciona una descripción general sobre cómo son las relaciones familiares a lo largo de esta etapa evolutiva atendiendo a los cambios que suceden durante el periodo. Seguidamente, se realiza un análisis del impacto de la permanencia en el hogar familiar y del proceso de independencia residencial de las personas jóvenes, un aspecto sin duda esencial para entender el funcionamiento familiar durante estos años. En la comunidad científica, la familia se entiende como un sistema dinámico de relaciones que puede cambiar como respuesta a las necesidades de los miembros que la componen. Como cualquier sistema vivo y cambiante, la familia intenta seguir siempre una misma tendencia dirigida a mantener el equilibrio en sus relaciones (Steinberg & Silk, 2002). De este modo, cuando alguno de sus miembros avanza hacia otra etapa evolutiva diferente, como puede ser, desde la infancia a la adolescencia o desde la adolescencia hacia la adultez emergente, la familia ha de avanzar de manera paralela debido a que el equilibrio establecido en etapas anteriores se ve alterado por los cambios individuales que afectan a las personas y, que suceden como parte de esa transición. Desde hace algunas décadas, como se ya se ha descrito previamente, las personas jóvenes de las sociedades occidentales adquieren los roles adultos a edades más tardías, en comparación con épocas pasadas (Arnett, Žukauskienė, & Sugimura, 2014; Arnett, 2000; Lindell & Campione-Barr, 2017). Así, la prolongación de la educación junto a la búsqueda de nuevas oportunidades hace que las personas retrasen su incorporación al mercado laboral, el compromiso con una pareja sentimental estable y la construcción de una familia propia a edades más tardías. En este largo camino hacia la adultez, las personas necesitan apoyarse en
Introducción 30 sus contextos de desarrollo más próximos para poder superar la inestabilidad propia de esta etapa y lograr exitosamente, la consecución de todos estos sucesos. Sin duda, la familia juega un rol clave en todo este proceso ayudando a sus hijos e hijas a atravesar este nuevo periodo del ciclo vital (Hardie & Stanik, 2012). Los recursos que la familia proporciona, durante esta etapa evolutiva, son de muy diversa naturaleza. Concretamente, entre ellos se encuentran de manera más visible, durante estos años, los recursos materiales y financieros. Algunos de estos recursos son los relativos, al menos en los estudiantes universitarios, a los gastos económicos que suponen alargar el periodo formativo o, en algunos casos, a vivir fuera del hogar familiar para poder iniciar una carrera universitaria. No obstante, la familia también aporta a sus hijos e hijas, de manera destacada, otro tipo de recursos como son los afectivos y emocionales que favorecen una mayor adquisición de dominios necesarios para hacer frente a este nuevo periodo. De este modo, la familia es durante estos años una fuente de recursos que, sin lugar a dudas, contribuye a que sus hijos e hijas adquieran los roles adultos y, en definitiva, se conviertan en personas completamente adultas. Parece haber acuerdo en la comunidad científica acerca de la continuidad que, en general, caracteriza a las relaciones parentofiliales respecto a los patrones previos de interacción familiar. A este respecto, algunas investigaciones han encontrado que, aunque hay un cierto grado de continuidad entre los patrones de relaciones familiares durante la adolescencia y durante la adultez emergente, los estilos de interacción no están anclados por completo en las características de años anteriores. Los cambios individuales, el desarrollo evolutivo y los procesos de transición de los miembros de la familia, como puede ser la salida del hogar familiar de los hijos e hijas, facilitan la creación de nuevos patrones de interacciones parentofiliales (Aquilino, 2006). Otros estudios longitudinales destacan una fuerte continuidad entre la calidad de los patrones de relaciones familiares sólo durante los primeros años de la adultez emergente (Thornton, Orbuch, & Axinn, 1995). Como se ha descrito previamente, a inicios de este siglo las personas jóvenes abandonaban el hogar familiar a principios de la década de los 20 años. Sin embargo, en la actualidad dos generaciones de personas adultas, padres y madres por un lado, y adultos y adultas emergentes por el otro, conviven en el hogar familiar durante toda una década, en muchos casos independizándose a inicios de la década de los 30 años. Sin duda, este suceso afecta a las relaciones familiares que se producen a lo largo de este nuevo periodo evolutivo. De hecho, diversas investigaciones han señalado que para la mayoría de las personas jóvenes
Las relaciones familiares durante la adultez emergente 31 los cambios y retrasos en la adopción de los roles adultos, que se producen durante la adultez emergente, implican también cambios en las relaciones parentofiliales, afectando a la dinámica familiar (Kins, Beyers, & Soenens, 2013; Leccardi, 2010; Lefkowitz, 2005; León & Migliavacca, 2013; Rodríguez & Rodrigo, 2011). Durante la adultez emergente, la familia se ve obligada realizar reajustes en su vida cotidiana (Aquilino, 1997, 2006; Konstam, 2007; Leccardi, 2010; Milevsky, Thudium & Guldin, 2014; Parra, Oliva, & Reina, 2015; Rodríguez & Rodrigo, 2011; Sneed et al., 2006) con el objetivo de que las relaciones parentofiliales encuentren un nuevo equilibrio, convirtiéndose en relaciones más simétricas que años anteriores (Arnett, 2018; Fosco, Caruthers, & Dishion, 2012; Kins, Soenens, & Beyers, 2011; Manzi, Regalia, Pelucchi, & Fincham, 2012; Parra et al., 2015). Las relaciones familiares se envuelven de una reciprocidad mutua cambiando la manera en que padres, madres, hijos e hijas se ven los unos a los otros (Mendonça & Fontaine, 2014) lo que permite que las interacciones parentofiliales sean más empáticas (Wintre & Yaffe, 2000), creando una nueva realidad en el contexto familiar (Carrà, Lanz, & Tagliabue, 2014). Diversos trabajos encuentran que tanto los patrones de interacción previos, como los procesos de transición actuales sobrellevados en el hogar familiar, tienen su influencia, en cierto sentido, sobre la calidad de las relaciones parentofiliales que se producen durante estos años (Aquilino, 2006; Maccoby, 1999). Así, a pesar de los cambios producidos en la dinámica familiar se produce, en general, un mantenimiento de lazos parentofiliales fuertes y positivos (Fingerman & Yahirun, 2016) que ya existían en etapas evolutivas anteriores y de los que la mayoría de las personas jóvenes se ven beneficiadas (Fingerman, Cheng, Tighe, Birditt, & Zarit, 2012; Johnson & Benson, 2012). Concretamente, la familia se constituye como una importante fuente de supervisión y afecto (Fosco et al, 2012; Kins, de Mol, & Beyers, 2014) que además, continúa ejerciendo gran influencia en el desarrollo de los hijos e hijas en estos años (Fingerman & Yahirun, 2016). Durante la adultez emergente, en general, se perciben las relaciones familiares como buenas y positivas (Crocetti & Meeus, 2014; Kenny, 1987; Lefkowitz, 2005; Milevsky et al., 2014), relaciones que mejoran a lo largo de los años llegando a ser más cercanas, igualitarias y saludables (Lefkowitz, 2005; Thornton et al., 1995). Es más, el conflicto parentofilial parece decrecer en los primeros años en los que transcurre la etapa, cuando una parte de la población joven comienza la universidad (Aquilino, 1997). Por otra parte, el papel que las relaciones familiares tienen durante la adultez emergente parece estar culturalmente determinado (Buhl, 2007). Tanto es así que, en el
Introducción 32 propio contexto europeo, algunas aportaciones científicas han encontrado diferencias entre las relaciones familiares establecidas en el sur y el norte del continente. En los países del sur de Europa, las personas jóvenes viven los años en los que transcurre este periodo en el seno de la familia (Crocetti & Meeus, 2014), que como ya hemos tenido oportunidad de describir, está basada en fuertes vínculos (Giuliano, 2007). La familia sigue siendo un contexto de desarrollo y socialización fundamental también durante estos años (Fosco et al., 2012; Manzi et al., 2012; Parra, Oliva, & Sánchez-Queija, 2015). Es decir, en estos países la familia es entendida no sólo como una fuente proveedora de recursos, sino también como el principal contexto de socialización dentro de una cultura familiar de dependencia (Moreno, 2008). Por el contrario, el contexto familiar en los países del norte de Europa está basado en vínculos familiares que en ciertos aspectos son más débiles a los que se crean en los países de la zona sur del continente. En los países norte europeos, la familia también constituye un contexto de desarrollo individual muy importante, sin embargo, tiene una menor influencia sobre los hijos e hijas que están en cierta medida más desvinculados emocionalmente de sus familias, en comparación con el contexto del sur de Europa (Giuliano, 2007). 2.1.1 El impacto de la permanencia y el proceso de independencia del hogar familiar de hijos e hijas Uno de los cambios más importantes que experimentan las personas jóvenes y, que caracteriza la entrada en el mundo adulto es la transición de vivir con la familia a vivir de manera independiente (Dubas & Petersen, 1996; Iacovou, 2001). A pesar de la importancia del suceso, los estudios centrados en el proceso de independencia del hogar familiar no encuentran un acuerdo total sobre cómo las personas viven este acontecimiento. Como se describe ampliamente en los inicios de esta tesis doctoral, durante la adultez emergente se abren multitud de opciones diferentes en relación al futuro entre las que las personas pueden elegir. De este modo, las personas jóvenes se encuentran en el momento perfecto para explorar e intentar alcanzar sus metas personales y profesionales, siendo una época de grandes esperanzas y expectativas (Arnett, 2014a). En consecuencia, las personas durante estos años pueden percibir el momento de abandonar el hogar familiar como una experiencia positiva y emocionante porque les ofrece una gran oportunidad de elección y cambio respecto al futuro y supone un momento de nuevas responsabilidades (Bernier, Larose, & Whipple, 2005; Kins et al., 2014; Mann-Feder, Eades, Sobel, & De Stafano, 2014). No
Las relaciones familiares durante la adultez emergente 33 obstante, el hecho de tener tantas opciones y posibilidades entre las que elegir puede suponer al mismo tiempo, un momento de ansiedad e incertidumbre para ellas (Arnett, 2014a). Muchas personas jóvenes, precisamente por encontrarse en un periodo de transición entre la adolescencia y la adultez, todavía no tienen una idea definida de hacia dónde quieren enfocar sus metas y su futuro. De este modo, hacer frente a los nuevos desafíos que se presentan durante estos años viviendo lejos de la familia, puede suponer en muchas ocasiones una situación difícil y confusa (Fisher & Hood, 1988; Mann-Feder et al., 2014), más aún en un contexto “familiarista” como el que se ha descrito en líneas anteriores. Desde la década de los años ochenta se observa una tendencia generalizada en la población joven de las sociedades occidentales, que consiste en seguir viviendo con sus padres hasta finales de la década de los 20 años o regresar al hogar familiar después de un corto periodo de tiempo viviendo de manera independiente (Aassve, Cottini, & Vitali, 2013; Stone, Berrington, & Falkingham, 2014; White, 2002). La tendencia de continuar residiendo en el hogar familiar parece estar estrechamente ligada a la precariedad laboral, a la carestía de la vivienda y al largo camino que supone la transición hacia la adultez. En este sentido, algunas investigaciones destacan que aunque la transición a la independencia del hogar familiar supone uno de los primeros pasos hacia una vida adulta independiente (Mann-Feder et al., 2014; Seiffge-Krenke, 2010), es evidente que muchas personas jóvenes se quedan en casa de su familia durante más tiempo que antes (Bernardi, 2007; Billari & Liefbroer, 2010; Bosch, 2015) y, que este fenómeno es común en la mayor parte de países occidentales. Ciertamente en la década de los años 50, la edad en que las personas jóvenes se convertían en residencialmente independientes, era muy cercana a los 20 años en la mayor parte de los países occidentales. En Estados Unidos, el retraso en la salida del hogar familiar y el aumento del porcentaje de población joven que continúa viviendo bajo el mismo techo que sus padres y madres es, en cierta medida, considerable (Arnett, 2000). Aun así, la tendencia en este contexto continúa consistiendo en abandonar el hogar familiar a principios de la década de los veinte años (Aassve, Billari, Mazzuco, & Ongaro, 2002; Becker, Bentolila, Fernandes, & Ichino, 2005; Le Blanc & Wolff, 2006). Además, en Estados Unidos es habitual que las personas pasen un largo periodo de tiempo entre dejar el hogar familiar e iniciar la construcción de una familia propia (Buhl, 2007). Es decir, las personas jóvenes atraviesan un periodo en el que viven diferentes transiciones residenciales (cambiar de vivienda para ir a la universidad, para compartir piso…) antes de formar una familia propia. Por este motivo, Arnett (2000, 2014a)
Introducción 40 balance este acompañado por el cariño proporcionado por padres y madres. Y es que, algunas familias sienten que sigue siendo necesario que prolonguen sus años dedicados a las actividades de crianza porque así pueden ayudar a sus hijos e hijas a atravesar un periodo marcado por la inestabilidad, la experimentación y la exploración (Arnett, 2000) mientras al mismo tiempo, les promocionan la autonomía e independencia que necesitan durante estos años. Las diferencias de género dentro del contexto familiar es una de las cuestiones que más interés ha generado en la investigación centrada en este periodo. A este respecto, tras la incorporación de la mujer al mercado de trabajo (González, 2010; Mínguez, 2010; Navarro, 2006) se ha producido una transformación en los roles asignados en función del género y las sociedades occidentales muestran ahora ideas de género más igualitarias que en décadas pasadas (Domínguez, 2010). A pesar de ello, continúan existiendo diferencias dentro del entorno familiar produciéndose un tipo de relaciones parentofiliales diferenciadas para los hijos y para las hijas que, continúa estando en consonancia con el modelo tradicional de familia y, que está presente en la mayoría de las sociedades occidentales (González, 2010; Lee & Goldstein, 2016; Mínguez, 2010; Navarro, 2006). De esta manera, la investigación muestra que padres y madres tienden a hablar temas emocionales más con sus hijas que con sus hijos (Cross & Madson, 1997). Las jóvenes mantienen más contacto con sus familias que llega a ser una fuente de apoyo emocional más importante que para los jóvenes durante estos años (Adamczyk, 2016; Duru, 2007). Además, perciben las relaciones afectivas con su familia como más cálidas (Kenny & Donaldson, 1991; Parra et al., 2015), íntimas y cercanas (Marinho & Mena, 2012; Noack & Buhl, 2005; Sneed et al., 2006) en comparación con los jóvenes. En términos generales, perciben la calidad afectiva en sus relaciones parentofiliales como más positiva que ellos (Kenny & Donaldson, 1991). Asimismo, ellas se sienten más afectadas por los cambios en la dinámica familiar (Beyers & Seiffge-Krenke, 2007) y parecen obtener mayores beneficios del apoyo proporcionado por la familia en comparación a ellos (Sifers, 2011). Por el contrario, los jóvenes tienden a mostrar una menor implicación en las relaciones familiares y a percibir la cercanía o intimidad por parte de su familia como intrusivas en su autonomía (Marinho & Mena, 2012). Tras el análisis de la investigación científica existente realizado sobre el cariño, la implicación y el apoyo parental a lo largo de la adultez emergente, parece que los distintos contextos culturales, es decir, el contexto estadounidense, del norte de Europa y del sur de
Las relaciones familiares durante la adultez emergente 41 Europa siguen una misma tendencia en lo que se refiere a estas dimensiones de la relación parentofilial. 2.2.2 El control psicológico y el control conductual ejercido por la familia El control ejercido por la familia ha sido entendido a lo largo de los años como un conjunto de diferentes dimensiones que ejercen su influencia sobre el desarrollo individual. A partir de los años 1989 y 1990, gracias a los trabajos de Steinberg (Steinberg, Elmen, & Mounts, 1989; Steinberg, Lamborn, Dornbusch, & Darling, 1992; Steinberg, Mounts, Lamborn, & Dornbusch, 1991) la comunidad científica dio un gran paso adelante en la clarificación conceptual de control con la distinción entre control psicológico y control conductual (Barber, 1996; Barber, Olsen, & Shagle, 1994). A partir de entonces, las aportaciones científicas han seguido una tendencia clara analizando ambos tipos de control de manera independiente, verificando que existen estos dos tipos de control en distintas culturas (Bean, Barber, & Crane, 2006; Deater- Deckard et al., 2011; Wang, Pomerantz, & Chen, 2007). El trabajo de Petit y Laird (2002) proporciona una de las definiciones más importantes de este concepto dentro de la investigación científica. Estos autores afirman que el control psicológico emana de una motivación de los padres y madres por seguir manteniendo el poder en la relación, inhibiendo el desarrollo de la autonomía de los hijos e hijas y manteniendo su dependencia. Por otra parte, según los autores la monitorización refleja el esfuerzo parental por adaptar y regular la conducta de los hijos e hijas a través de su guía y supervisión. En los siguientes párrafos y, a partir de esta definición, se profundiza en la delimitación conceptual de ambos tipos de control. El control psicológico se define como comportamientos parentales que son intrusivos y manipuladores de los sentimientos y pensamientos de los hijos e hijas. Los padres y madres que controlan psicológicamente pueden utilizar multitud de métodos. Entre estos métodos se encuentran la inducción de culpa, estrategias para presionar a sus hijos e hijas a realizar un comportamiento concreto o el chantaje afectivo donde pueden hacer que su atención, interés, cuidado y amor hacia sus hijos e hijas dependan de la ejecución de ciertas normas parentales (Soenens, Vansteenkiste, & Sierens, 2009). En línea de lo encontrado por los autores Petit y Laird (2002), el control psicológico está principalmente orientado hacia el intento de padres y madres por mantener la posición de poder dentro del contexto familiar, en relación a sus normas, objetivos y aspiraciones. Por tanto, los padres y madres psicológicamente
Introducción 42 controladores presionan a sus hijos e hijas para que sientan, piensen y actúen de una manera determinada (Soenens et al., 2009). Según algunas aportaciones científicas este tipo de comportamientos parentales impiden claramente el desarrollo de la autonomía de hijos e hijas (Barber, 1996; Barber & Harmon, 2002). Por otra parte, el control conductual se refiere a conductas parentales dirigidas a regular la conducta de sus hijos e hijas a través de estrategias como el establecimiento de límites o la monitorización de conductas con el fin de facilitarles un desarrollo más saludable (Barber, 1996). Aunque la comunidad científica ha encontrado dificultad en conceptualizar el control conductual en lo referido a cómo delimitar y evaluar la supervisión parental, los trabajos de Kerr y Stattin (2000) y Stattin y Kerr (2000) supusieron un paso adelante en la conceptualización de este constructo. En sus investigaciones diferenciaban entre las actividades parentales dirigidas a supervisar u obtener información sobre lo que hacen sus hijos e hijas fuera de casa, lo que estos autores llamaron monitorización y, el conocimiento real que padres y madres tienen, es decir lo que saben sobre las actividades de sus hijos e hijas, lo que ambos autores denominaron conocimiento. Aunque la monitorización y el conocimiento son aspectos muy relacionados no implican exactamente lo mismo. El estudio del control parental resulta especialmente importante durante la adultez emergente porque parte de la naturaleza misma de esta nueva etapa conlleva que la familia conceda una mayor autonomía a las personas adultas emergentes (Padilla-Walker & Nelson, 2012). Los resultados de los trabajos realizados hasta la actualidad siguen una misma tendencia en Estados Unidos, norte y sur de Europa, y coinciden en afirmar que los niveles de control psicológico y control conductual durante la adultez emergente son generalmente medios o bajos (Padilla-Walker, Nelson, & Knapp, 2014; Soenens et al., 2009). Asimismo, respecto a años anteriores del desarrollo es posible que el control parental ejercido, al menos el conductual, disminuya a medida que los hijos e hijas vayan cumpliendo años, sean más independientes y vayan adquiriendo los roles propios de las personas adultas. Tanto es así que, existen evidencias de un menor deseo de las familias de ejercer control hacia hijos e hijas al menos desde la adolescencia hasta la mitad de los veinte años (Aquilino, 1997). Respecto a las diferencias de género, algunos autores coinciden en destacar que durante la adultez emergente, los hombres perciben mayores niveles de control psicológico y control conductual en comparación con las mujeres (Kins et al., 2011; Soenens, Vansteenkiste, & Luyten, 2010).
Las relaciones familiares durante la adultez emergente 43 Es escasa la evidencia empírica sobre la asociación entre control psicológico, control conductual y otras dimensiones parentales. Algunos trabajos han mostrado que durante la adultez emergente altos niveles de control psicológico se relacionan negativamente con aspectos positivos de la crianza y la relación parentofilial, como el cariño parental o la implicación parental y por tanto, con la percepción de una menor calidad de las relaciones familiares (Nelson, Padilla-Walker, Christensen, Evans, & Carroll, 2011). A este respecto, Urry, Nelson y Padilla-Walker (2011) encontraron que las personas jóvenes que percibieron un mayor control psicológico por parte de su familia estaban, en general, menos satisfechas con la relación parentofilial. Estos hallazgos sugieren que las relaciones familiares durante la adultez emergente son más saludables cuando padres y madres proporcionan altos niveles de cariño, fomentan en mayor medida la autonomía de sus hijos e hijas y forman nuevos límites en las relaciones parentofiliales basados en ejercer un menor control sobre ellos, al menos de carácter psicológico (Nelson et al., 2011). 2.3 La autonomía emocional durante la adultez emergente A continuación, se realiza un análisis del desarrollo de la autonomía emocional de las personas adultas emergentes dentro del contexto familiar. Como se ha expuesto anteriormente, la desvinculación emocional de la familia es un aspecto fundamental del desarrollo humano y, por tanto, se analiza de manera independiente a las dimensiones parentales analizadas previamente. En las últimas décadas, el estudio del proceso por el que las personas jóvenes van adquiriendo independencia de sus padres y madres ha alcanzado cada vez más relevancia en la evidencia científica. La autonomía, en el marco de las relaciones familiares, ha sido tradicionalmente entendida como un aspecto del desarrollo que marca la entrada al mundo adulto (Allen, Hauser, Bell, & O’Connor, 1994; Grotevant & Cooper, 1986; Holmbeck & Hill, 1986) y, que debe conseguirse a través de relaciones adecuadas con las personas significativas del contexto, especialmente con la familia (Parra & Oliva, 2009). Este concepto adquiere un significado especial durante la adolescencia porque en esta etapa, las personas comienzan a sentirse capaces de dirigir sus propias vidas y, ser menos dependientes de sus padres y madres. Sin embargo, la autonomía, al menos en nuestra sociedad, no se consigue plenamente en la adolescencia, sino que es una tarea fundamental durante la adultez emergente. En el camino hacia la edad adulta la autonomía continúa
Introducción 44 desarrollándose y suponiendo desafíos para las personas jóvenes (Laitonjam & Gulati, 2014), comenzando durante la adolescencia y extendiéndose a la adultez emergente. Diversas aportaciones científicas parecen coincidir en que no existe un consenso en su definición (Noom, Deković, & Meeus, 1999; Noom, Deković, & Meeus, 2001; Zimmer-Gembeck & Collins 2003). Así, quizás la autonomía se entienda mejor si se analiza como un constructo que engloba diferentes dimensiones siendo por tanto, un constructo multidimensional del desarrollo humano (Steinberg & Silverberg, 1986). Desde esta perspectiva multidimensional, la autonomía parece estar compuesta de, al menos, tres dimensiones íntimamente relacionadas (Noom et al., 1999). La primera dimensión es la comportamental y se refiere a la capacidad de la persona para actuar de manera independiente, siendo capaz de tomar sus propias decisiones. La segunda dimensión es la cognitiva e implica la adquisición de un sentido de competencia y autoeficacia a través del cual la persona sabe cómo tener el control de su propia vida. La tercera dimensión es la emocional y se refiere a la percepción de independencia que se adquiere a través de un cierto alejamiento emocional de la familia y al establecimiento de vínculos afectivos más simétricos que los establecidos durante la infancia. La dimensión emocional de la autonomía es la que más interés ha despertado entre la comunidad científica (Pace & Zappulla, 2009). La mayor parte de los trabajos sobre el desarrollo de la autonomía emocional en la adultez emergente se centran en los primeros años de la etapa. Así, estos trabajos coinciden en señalar que las personas jóvenes de las sociedades occidentales, perciben niveles medios o altos de autonomía emocional, siendo esos niveles iguales en hombres y mujeres (Chan & Chan, 2009; Laitonjam & Gulati, 2014; Parra et al., 2015; Zimmer-Gembeck, Madsen, & Hanisch, 2011). Estos datos, quizás se deban a la nueva reestructuración que se produce en las relaciones familiares durante la tercera década de la vida, que supone el establecimiento de un nuevo balance entre la autonomía de las personas jóvenes y la dependencia hacia sus familias (Aquilino, 1997, 2006). Una cuestión relevante que surge tras realizar el análisis de los estudios centrados en la autonomía emocional es conocer si realmente es beneficioso para su correcto desarrollo que las personas jóvenes sean emocionalmente autónomas. Para dar respuesta a esta pregunta es necesario profundizar en el origen del estudio de este concepto. La autonomía emocional se entiende como un constructo complejo que no tiene un marco teórico único. Desde sus inicios, han sido varios los autores y autoras que han conceptualizado este constructo desde diferentes teorías (Kaur, 2013). Estas teorías han puesto de manifiesto la
Las relaciones familiares durante la adultez emergente 45 controversia existente respecto al papel que desempeña la autonomía emocional en las relaciones familiares (Pace & Zappulla, 2009). Desde la orientación psicoanalítica trabajos como los Anna Freud (1958) o los de Peter Blos (1979) afirman que el desarrollo de la autonomía emocional, que según concluyen, ocurre de forma privilegiada durante la adolescencia, significa un cierto distanciamiento de los vínculos familiares, es decir, un proceso que implica abandonar la dependencia afectiva característica de la infancia. De acuerdo con esta perspectiva, el desarrollo de la autonomía emocional se entiende en términos de un proceso de individuación, concepto central de esta perspectiva, donde la desvinculación familiar implica que las personas durante la adolescencia puedan lograr relaciones afectivas con otros. En este marco, los autores consideran que la autonomía emocional es una tarea evolutiva de la adolescencia (Allen et al., 1994; Connely & Goldberg, 1999; Grotevant & Cooper, 1986; Noom et al., 2001) y, un requisito fundamental para la adquisición de los roles adultos (Freud, 1958). De este modo, se entiende que llegar a ser emocionalmente autónomo de la familia es un proceso necesario para el desarrollo individual. Los trabajos de Steinberg y Silverberg (1986) están estrechamente relacionados con esta perspectiva. En el año 1986 ambos autores crearon la Escala de Autonomía Emocional, la primera escala utilizada para evaluar la autonomía emocional y desde entonces, el instrumento más utilizado en las investigaciones centradas en la medición de este constructo. Según estos autores, la autonomía emocional está formada por dos componentes muy relacionados entre sí. El primero de ellos, es un componente de carácter cognitivo que hace referencia a la desidealización parental. El segundo, es un componente de carácter emocional que hace referencia a la individuación e independencia de la familia. Concretamente, la desidealización parental se refiere a la capacidad de las personas jóvenes para ver a sus padres y madres como personas con virtudes y defectos, que cometen errores y que, por tanto, no son figuras omnipotentes que todo lo saben. Dentro del segundo de sus componentes se encuentra, por una parte, la individuación, que se refiere al sentimiento de ser una persona con características propias y distintas a las de sus padres y madres, sentimiento que ayuda a la persona a hacerse con el control de su propia vida. Por otra parte, se encuentra la independencia de la familia que se refiere a la capacidad de las personas jóvenes para enfrentarse a situaciones difíciles en sus vidas y tomar decisiones sin contar necesariamente con la opinión o ayuda parental.
Introducción 46 En la mayor parte de las sociedades occidentales, el hecho de que las personas jóvenes ganen autonomía es considerado un signo de madurez, por lo que no es extraño que la autonomía emocional aumente con la edad. En esta línea fueron los resultados encontrados por Steinberg y Silverberg (1986) en sus primeros estudios longitudinales, donde analizaron cómo se comportaba este constructo encontrando un aumento de la autonomía emocional a lo largo de la adolescencia. Otros autores como Ryan y Lynch (1989), sin embargo, cuestionan que el logro de la autonomía emocional sea realmente una tarea evolutiva. Desde esta perspectiva, ser emocionalmente autónomo no supone ningún beneficio en el proceso de individuación de la persona. Así, la desvinculación afectiva no es necesaria para el desarrollo adolescente, es más, quizás refleje problemas en la dinámica familiar. Los trabajos que siguen esta línea señalan que aquellos y aquellas adolescentes que tienen una mayor autonomía emocional de su familia son quienes perciben las relaciones parentofiliales con una menor calidad, afecto y cariño (Ryan & Lynch, 1989; Zimmer-Gembeck et al., 2011). En esta línea, otras investigaciones destacan que altos niveles de autonomía emocional se asocian con dificultades en las relaciones familiares durante la adolescencia, con patrones familiares menos cohesionados, marcados por la falta de cercanía emocional, apoyo, comprensión y comunicación, así como relaciones parentofiliales más difíciles (Chan & Chan, 2009; Neff & Harter, 2003; Oliva & Parra, 2001; Parra & Oliva, 2009; Ryan & Lynch, 1989; Yu, 2011). En definitiva, dar una respuesta a la pregunta sobre si la autonomía emocional es realmente una tarea evolutiva, resulta complicado y no puede hacerse con rotundidad ni en la adolescencia, ni en los años posteriores del desarrollo. No obstante, el desarrollo de la autonomía emocional de las personas jóvenes claramente es un proceso complejo que puede afectar a la calidad de las relaciones familiares (Lamborn & Steinberg, 1993; Smetana & Gettman, 2006).
Las relaciones familiares durante la adultez emergente 47 En resumen, a lo largo de este segundo apartado introductorio se ha realizado un análisis de las aportaciones científicas existentes en relación a las dimensiones parentales de cariño parental, implicación parental, apoyo parental, control psicológico y control conductual, así como, en relación la autonomía emocional a lo largo de la adultez emergente. Como ya se ha desarrollado, los trabajos destacan que las relaciones parentofiliales, en general, están basadas en vínculos fuertes y positivos donde el alto cariño, implicación y apoyo de la familia son una constante. Además, las aportaciones científicas también destacan que los niveles de control percibidos por hijos e hijas durante estos años son generalmente medios o bajos y que cuando son altos se relacionan con una menor satisfacción de la relación parentofilial. Respecto a la última variable analizada, los trabajos son contradictorios y no responden claramente sí alcanzar la autonomía emocional es una tarea evolutiva necesaria y si es beneficiosa o no para el desarrollo de las personas jóvenes. Asimismo, las evidencias empíricas apuntan a que el desarrollo de las dimensiones parentales y de la autonomía emocional sigue una misma tendencia independientemente del contexto sociocultural. En línea con lo expuesto en este segundo apartado, seguidamente se profundiza sobre cómo la calidad de las relaciones familiares se relaciona con el desarrollo psicológico de las personas durante la adultez emergente. Y es que, tras el análisis de bibliografía realizado, es evidente que los cambios en la dinámica familiar, que acontecen durante este periodo, tienen su influencia en el desarrollo psicológico de las personas jóvenes.
Introducción 48 3. LA CALIDAD DE LAS RELACIONES FAMILIARES Y EL DESARROLLO PSICOLÓGICO DURANTE LA ADULTEZ EMERGENTE Como se ha mencionado al inicio de este capítulo y en líneas anteriores, el tercer apartado teórico se centra en la influencia de la calidad de las relaciones familiares sobre el desarrollo psicológico de las personas durante la tercera década de la vida. Este análisis se realiza a lo largo de dos subapartados donde se analizan las variables descritas en el apartado anterior. Así, el primero de ellos se centra en las dimensiones parentales afectivas y en las dimensiones relacionadas con la supervisión parental y, el segundo, analiza la influencia del desarrollo de la autonomía emocional en el ajuste y desajuste psicológico de las personas jóvenes. Entender los factores que promueven un desarrollo psicológico saludable es una de las tareas fundamentales de la ciencia del desarrollo humano (O’Connor et al., 2011). En este sentido, algunas de las investigaciones centradas en el contexto familiar de las últimas décadas, han ampliado su foco de atención analizando no sólo la influencia de la familia sobre el desarrollo psicológico de los individuos durante la infancia y la adolescencia, sino también durante la tercera década de la vida (e.g., Holahan, Valentiner, & Moos, 1995; Poon & Knight, 2013; Powers, Hauser & Kilner, 1989). Estas investigaciones sugirieren que el vínculo parentofilial adquiere relevancia como un factor clave para el bienestar psicológico de las personas jóvenes (Musick & Meier, 2012; Ratelle, Simard, & Guay, 2012; Umberson, 1992; Van Wel, ter Bogt, & Raaijmakers, 2002), desempeñando un papel esencial en la predicción del desarrollo positivo durante estos años (O’Connor et al., 2011; Zarret & Eccles, 2006). Por consiguiente, la calidad de las relaciones familiares continúa siendo, respecto a etapas anteriores, un aspecto clave para la competencia psicosocial en la adultez emergente. 3.1 La influencia de las dimensiones parentales sobre el desarrollo psicológico durante la adultez emergente Las siguientes líneas se centran en el análisis de la influencia de las dimensiones parentales sobre el bienestar y crecimiento saludable de las personas jóvenes durante los años en los que transcurre la adultez emergente. En primer lugar, se analiza la influencia del cariño, implicación y apoyo parental y, en segundo lugar, se analiza la influencia del control psicológico y conductual ejercido por la familia sobre el ajuste y desajuste de las personas jóvenes. Es relevante señalar que el análisis de la calidad de las relaciones familiares que se realiza en esta tesis doctoral, sigue uno de los enfoques tradicionalmente más utilizados por la
Las relaciones familiares durante la adultez emergente 49 comunidad científica, el enfoque dimensional. Desde este enfoque se analizan las conexiones entre el bienestar de las personas jóvenes y diferentes dimensiones parentales como el cariño parental o el control parental (Steinberg & Silk, 2002). 3.1.1 Relación del cariño, la implicación y el apoyo parental con el bienestar y el malestar psicológico Respecto a las dimensiones parentales afectivas, los niveles percibidos de cariño, implicación y apoyo en las relaciones parentofiliales influyen en el ajuste psicológico de las personas jóvenes y en su capacidad de mantener relaciones interpersonales saludables con otros (Meeus, Iedema, Maassen, & Engels, 2005; Tubman & Lerner, 1994). Así, las relaciones familiares caracterizadas por la percepción de altos niveles de cariño, afecto, cercanía, implicación y apoyo se relacionan con altos niveles de bienestar psicológico y de satisfacción vital durante la tercera década de la vida (Holahan et al., 1995; Zupančič, Komidar, & Levpušček, 2014). En concreto, algunos estudios sugieren que los contextos familiares caracterizados por altos niveles de apoyo están relacionados con bajos niveles de malestar psicológico, por ejemplo, bajos niveles de ansiedad y depresión (Gomez & McLaren, 2006; Holahan et al., 1995; Lanz and Tagliabue, 2007). Parece por tanto que el apoyo parental actúa como un factor protector para el ajuste de las personas jóvenes (Gomez & McLaren, 2006). Por el contrario, la desvinculación afectiva percibida en las relaciones parentofiliales se asocia a niveles mayores de estrés (McCarthy, Moller, & Fouladi, 2001). De manera similar, el apoyo de la autonomía por parte de la familia se asocia en general a altos niveles de bienestar psicológico, bienestar social y a un óptimo funcionamiento psicosocial durante esta etapa evolutiva (Downie et al., 2007; Joussemet, Landry, & Koestner, 2008; Kins et al., 2009). En concreto, la percepción de altos niveles de apoyo de la autonomía proporcionado por la familia se relaciona con altos niveles de satisfacción con las condiciones de vida actuales, sensación de vitalidad (Kins et al., 2009) y autoestima (Soenens et al., 2007). Por el contrario, el bajo apoyo de la autonomía proporcionado por padres y madres se relaciona con mayor sintomatología depresiva durante estos años (Kins et al., 2009). Estos estudios destacan la importancia de que la familia fomente la autonomía de sus hijos e hijas durante esta etapa evolutiva y, este hecho no es extraño teniendo en cuenta que fomentar la autonomía de personas que son ya prácticamente adultas es fundamental para su correcto desarrollo.
Introducción 56 person-centered approach en función de cinco variables familiares (cariño parental, implicación parental, apoyo de la autonomía por parte de la familia, control psicológico y control conductual ejercido por padres y madres) (artículo II). 3. Analizar la relación existente entre la calidad de las relaciones familiares, en términos de cariño parental, implicación parental, apoyo de la autonomía por parte de la familia, apoyo social de la familia, control psicológico y control conductual y bienestar psicológico y malestar psicológico de las personas adultas emergentes. Este objetivo se analizó prestando especial atención a las diferencias de género y a si las personas jóvenes vivían o no en el hogar familiar (artículo I, artículo II). 4. Conocer el significado de la autonomía emocional durante la adultez emergente (artículo III). Para responder a este objetivo se analizó, en primer lugar, la relación entre autonomía emocional y apoyo social de la familia percibido por las personas adultas emergentes. En segundo lugar, se analizó la relación entre autonomía emocional y el bienestar psicológico y el malestar psicológico durante esta etapa del desarrollo. 5. Examinar si el apoyo social de la familia modera la relación entre autonomía emocional y bienestar psicológico y malestar psicológico durante la adultez emergente (artículo III). 6. Proporcionar conocimientos que pudieran encaminarse hacia la creación de políticas sociales de intervención en familias con hijos e hijas durante la adultez emergente (objetivo abordado de manera transversal en el artículo I, artículo II, artículo III).
Las relaciones familiares durante la adultez emergente 57 CAPÍTULO II. MÉTODO En este segundo capítulo se describe la metodología utilizada en esta investigación. Para ello, en los siguientes apartados se presentan las características sociodemográficas de las personas participantes, los instrumentos de evaluación utilizados y el procedimiento que se llevó a cabo para la recogida de datos. En su último apartado se describen las principales técnicas estadísticas empleadas para el análisis de datos.
Método 58
Las relaciones familiares durante la adultez emergente 59 PARTICIPANTES La muestra de esta tesis doctoral forma parte del proyecto TAE. El presente estudio se ha centrado en población universitaria como la mayoría de los estudios realizados sobre esta etapa del desarrollo. Un 26.4% de las personas jóvenes entre 18 y 24 años eran estudiantes universitarios en el curso 2014-2015 (MECD, 2014), curso en el que se recogieron los datos del proyecto TAE. Este importante porcentaje de estudiantes universitarios refleja, como se ha mencionado a lo largo del primer capítulo teórico de este trabajo, la tendencia actualmente generalizada entre las personas jóvenes de incrementar los años de educación, antes de acceder al mercado laboral. Esta tendencia es una de las principales razones por las que se produce el retraso en la adquisición de los roles adultos en los países occidentales (Arnett, 2014a). Así, aunque la adultez emergente no es un periodo exclusivo de la población estudiante universitaria sí parece ser el grupo más representativo de la etapa. La muestra resultante estuvo compuesta por 1502 personas adultas emergentes (599 hombres y 903 mujeres) de edad comprendida entre 18 y 29 años (M = 20.32 y SD = 2.13). Del total de la muestra, vivían dentro del hogar familiar 975 adultos y adultas emergentes (64.9% de la muestra), 396 hombres y 579 mujeres y vivían fuera del hogar familiar 527 adultos y adultas emergentes (35.1% de la muestra), 203 hombres y 324 mujeres. Quienes vivían fuera del hogar familiar lo hacían, principalmente, en viviendas compartidas o residencias de estudiantes (n= 459), seguidos de quienes vivían con algún otro familiar (n= 29), en pareja (n= 28), solos (n= 8) y con su/s hijo/s o hija/s con o sin pareja (n= 1). Asimismo, respecto al nivel de ingresos familiares, la mayor parte de la muestra percibía un nivel medio de ingresos (69.9% de la muestra), seguidos de quienes percibían un nivel bajo de ingresos (15.8% de la muestra) y de quienes percibían un nivel medio-alto de ingresos (14% de la muestra). La totalidad de la muestra cursaba estudios superiores en dos universidades de España, la Universidad de Sevilla (US) y la Universidad del País Vasco-Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU). Para la selección de la población participante en el estudio se utilizó un procedimiento de muestreo no probabilístico por cuotas, de forma que estuvieran representadas las diferentes áreas de conocimiento en una proporción similar a la poblacional. Por ello, la muestra estuvo compuesta de forma proporcional por alumnado de las cinco grandes áreas de conocimiento: Artes y Humanidades (8.5%), Ciencias (6.7%), Ciencias de la Salud (29.2%), Ciencias Sociales y Jurídicas (32.2%) e Ingeniería y Arquitectura (23.5%).
Método 60 INSTRUMENTOS El proyecto TAE tiene como objetivo general analizar en profundidad la adultez emergente en España para identificar las variables que promueven el ajuste psicosocial de las personas adultas emergentes y su capacidad de adaptación al entorno. Dentro de este ambicioso objetivo, la presente tesis se centra en analizar las relaciones familiares, para lo que se utilizaron preguntas relativas a variables demográficas e instrumentos que evaluaron tanto las relaciones parentofiliales, como el ajuste y desajuste de las personas jóvenes durante este periodo evolutivo. Cuando existían, se utilizaron las versiones validadas de los cuestionarios en español. En el caso de no existir se llevaron a cabo traducciones realizadas por el equipo de investigación mediante una traducción oficial. A continuación, se describen, de manera general, los instrumentos empleados para la realización de la investigación de esta tesis doctoral. Las preguntas y escalas utilizadas pueden consultarse en el Anexo A (Cuestionario TAE) y en el Anexo B (Preguntas del cuestionario TAE empleadas en esta tesis doctoral) donde aparecen en su versión completa. Variables demográficas: Se utilizaron las variables edad, sexo, si las personas jóvenes vivían dentro o fuera del hogar familiar y el nivel percibido de ingresos familiares. En relación a si las personas adultas emergentes vivían dentro o fuera del hogar familiar, se utilizó una medida ad hoc desarrollada por el equipo de investigación del proyecto TAE con siete opciones de respuesta. Las opciones de respuesta fueron: 1 (en casa, con mis padres o con alguno de ellos), 2 (con algún otro familiar), 3 (en vivienda compartida o residencia de estudiantes), 4 (entre semana en residencia o piso compartido y los fines de semana en el domicilio familiar), 5 (con mi pareja), 6 (con mi/s hijo/s o hija/s con o sin pareja) y 7 (solo o sola). Estas opciones se recodificaron en dos opciones de respuesta para su análisis estadístico posterior. Las dos nuevas variables resultantes a partir de las siete opciones de respuesta originales fueron: 1 (vivir con mis padres o con alguno de ellos) manteniendo la opción 1 de las siete originales porque es la única que se refiere a compartir vivienda con el padre, la madre o ambos y 2 (vivir fuera del hogar familiar), creada unificando las opciones 2, 3, 4, 5, 6 y 7 de las siete opciones originales.
Las relaciones familiares durante la adultez emergente 61 La variable nivel de ingresos familiares también fue medida utilizando una pregunta ad hoc desarrollada por el equipo de investigación del proyecto TAE. En ella, se preguntó a las personas adultas emergentes sobre el nivel percibido de ingresos de su unidad familiar ofreciendo seis opciones de respuesta. Las opciones de respuesta fueron: 1 (en estos momentos no llegamos a fin de mes), 2 (cubrimos gastos si no llegan gastos extra), 3 (vivimos relajadamente, aunque sin lujos), 4 (podemos ir de vacaciones y pagar algún que otro capricho), 5 (vivimos relajadamente) y 6 (sin preocupaciones económicas). Estas opciones se recodificaron posteriormente en tres opciones de respuesta para su análisis estadístico. Las tres nuevas opciones creadas a partir de las seis originales fueron: 1 (percepción de serias dificultades económicas) creada unificando las opciones 1 y 2 de las seis opciones originales, 2 (percepción de ingresos familiares medios) creada unificando las opciones 3 y 4 de las seis opciones originales y 3 (percepción de ingresos suficientemente altos para vivir confortablemente) creada unificando las opciones 5 y 6 de las seis opciones de respuesta originales. Variables familiares: - Cariño parental, implicación parental y apoyo de la autonomía por parte de la familia. Este contenido fue evaluado a través del instrumento Perceptions of Parents Scales (POPS), College Student Version (Grolnick, Ryan, & Deci, 1991; Robbins, 1994). Esta medida se compone de 20 ítems en una escala tipo Likert con 7 valores de respuesta, de 1 (completamente falso) a 7 (completamente verdadero). La escala POPS evalúa tres dimensiones: cariño parental (e.g., “Mis padres expresan claramente su amor por mí”) ( =.82), implicación parental (e.g., “Mis padres encuentran tiempo para hablar conmigo”) ( =.83) y apoyo de la autonomía (e.g., “Siempre que es posible, mis padres me permiten decidir qué hacer”) ( =.81). En este estudio la fiabilidad global fue alta ( = .92). Puntuaciones altas en la escala implican un elevado cariño parental, implicación parental y apoyo de la autonomía percibido por las personas jóvenes. - Apoyo social percibido de la familia. La evaluación del apoyo social percibido de la familia se realizó a través de la Multidimensional Scale of Perceived Social Support (MSPSS) (Zimet, Dahlem, Zimet, & Farley, 1988). Se administró la subescala familiar de la adaptación española (Landeta & Calvete, 2002). Esta subescala se compone de 4 ítems en los que se pregunta a las personas adultas emergentes por el grado de apoyo social que perciben de su familia en una escala tipo Likert con 7 valores de respuesta, de 1 (totalmente en desacuerdo) a 7 (totalmente de acuerdo). Un ejemplo de ítem sería: “Consigo la ayuda emocional y el apoyo que
Método 62 necesito de mi familia”. La fiabilidad de la subescala en este trabajo fue alta ( =.90). Puntuaciones altas en la subescala implican un elevado apoyo social percibido de la familia. - Control familiar. La evaluación del control familiar se llevó a cabo a través de dos medidas diferentes. El control psicológico fue medido a través de la subescala control psicológico del instrumento Parenting Styles Scale (Oliva, Parra, Sánchez-Queija, & López, 2007). Esta subescala se compone de 6 ítems en una escala tipo Likert con 6 valores de respuesta, de 1 (completamente en desacuerdo) a 6 (completamente de acuerdo). Los ítems preguntan acerca del grado de manipulación parental de los sentimientos y pensamientos percibido por las personas adultas emergentes. Un ejemplo de ítem sería: “Mi padre/madre me hace sentir culpable cuando no hago lo que quiere”. En el presente trabajo, la fiabilidad de esta medida fue alta ( =.87). Puntuaciones altas en la escala implican un elevado control psicológico percibido por las personas jóvenes. La evaluación del control conductual fue realizada a través del instrumento Kerr and Stattin's Control Subscale (Kerr & Stattin, 2000). Esta medida se compone de 5 ítems en una escala tipo Likert con 6 valores de respuesta, de 1 (completamente en desacuerdo) a 6 (completamente de acuerdo). Los ítems preguntan acerca del grado de control percibido por las personas adultas emergentes en el establecimiento de límites y monitorización de las actividades que realizan. Un ejemplo de ítem sería: “Mi padre/madre intenta controlar cómo gasto mi dinero”. En este estudio la fiabilidad de esta medida fue alta ( =.77). Puntuaciones altas en la escala implican un elevado control conductual percibido por las personas jóvenes. - Autonomía emocional. Para evaluar la autonomía emocional se empleó la Emotional Autonomy Scale (EAS) desarrollada por Steinberg y Silverberg (1986). El instrumento original está compuesto por cuatro subescalas, sin embargo, la subescala parents as people (la visión del padre y la madre como personas normales), que es la última subescala, no fue utilizada en el estudio. Esta subescala tiene más que ver con hitos evolutivos normativos propios de la adolescencia, específicamente con el logro del pensamiento formal que con diferencias individuales, por lo que no formó parte del cuestionario final de estudio. Las tres subescalas utilizadas en esta investigación fueron: no dependencia de los padres (e.g., “Pido ayuda a mis padres antes de intentar solucionar los problemas por mí mismo”), individualización de los padres (e.g., “Cuando sea padre/madre, hay cosas que haré de forma diferente a como las hicieron mis padres conmigo”) y desidealización parental (e.g., “Mis padres y yo estamos de acuerdo en todo”). Estas tres subescalas fueron agrupadas en un factor de segundo orden: autonomía emocional. El instrumento quedó compuesto por 14 ítems en una escala tipo Likert
Las relaciones familiares durante la adultez emergente 63 con 4 valores de respuesta, de 1 (completamente en desacuerdo) a 4 (completamente de acuerdo). Para el propósito de esta investigación se utilizó el factor de segundo orden, autonomía emocional, que tuvo una fiabilidad alta ( =.74). Puntuaciones altas en la escala suponen una elevada autonomía emocional percibida por las personas jóvenes. Variables de desarrollo psicológico: - Bienestar psicológico. Se utilizó la adaptación española en su versión reducida (Diaz et al., 2006) del instrumento Psychological Well-Being Scales (PWBS) (Ryff, Lee, Essex, & Schmutte, 1995) para evaluar el ajuste psicológico. Esta medida se compone de seis subescalas: autoaceptación (e.g., “Cuando repaso la historia de mi vida estoy contento/a con cómo han resultado las cosas”), relaciones positivas con los otros (e.g., “Sé que puedo confiar en mis amigos, y ellos saben que pueden confiar en mí”), autonomía (e.g., “Tengo confianza en mis opiniones incluso sin son contrarias al consenso general”), dominio del entorno (e.g., “Si me sintiera infeliz con mi situación de vida daría los pasos más eficaces para cambiarla”), propósito en la vida (e.g., “Me siento bien cuando pienso en lo que he hecho en el pasado y lo que espero hacer en el futuro”) y crecimiento personal (e.g., “Para mí, la vida ha sido un proceso continuo de estudio, cambio y crecimiento”). Las seis subescalas fueron agrupadas en el factor de segundo orden bienestar psicológico (Van Dierendonck, Díaz, Rodríguez-Carvajal, Blanco, & Moreno-Jiménez, 2008). La escala está compuesta por un total de 29 ítems que son respondidos en una escala tipo Likert con 6 valores de respuesta, de 1 (completamente en desacuerdo) a 6 (completamente de acuerdo). En la presente investigación se utilizó el factor de segundo orden bienestar psicológico que tuvo una fiabilidad alta ( =.86). Puntuaciones altas en la escala suponen un elevado bienestar psicológico percibido por las personas jóvenes. - Malestar Psicológico. Se utilizó la adaptación española en su versión reducida (Bados, Solanas, & Andrés, 2005) del instrumento Depression Anxiety Stress Scales (DASS-21) (Lovibond & Lovibond, 1995) para evaluar el desajuste psicológico. Esta medida está compuesta por tres subescalas: depresión (e.g., “Me he sentido desanimado/a y triste”), ansiedad (e.g., “He estado preocupado/a por situaciones en las que pudiera ser presa del pánico y hacer el ridículo”) y estrés (e.g., “Me ha resultado difícil relajarme”). Las tres subescalas fueron agrupadas en el factor de segundo orden malestar psicológico general (Daza, Novy, Stanley, & Averill, 2002; Lovibond & Lovibond, 1995). Este instrumento se compone de 21 ítems en una escala tipo Likert con 4 valores de respuesta, de 1 (nada aplicable a mí) a 4 (muy aplicable a mí o aplicable la
Método 64 mayor parte del tiempo). Para el propósito de esta investigación se utilizó el factor de segundo orden malestar psicológico que tuvo una fiabilidad alta ( =.89). Puntuaciones altas en la escala suponen un elevado malestar psicológico percibido por las personas jóvenes.
Las relaciones familiares durante la adultez emergente 65 PROCEDIMIENTO Recogida de datos La recogida de datos se realizó entre los meses de febrero y mayo de 2015, siguiendo el procedimiento de muestreo descrito anteriormente. En primer lugar, se contactó con profesorado de dos universidades españolas, la Universidad de Sevilla y la Universidad del País Vasco-Euskal Herriko Unibertsitatea, se le explicó el objetivo de la investigación y se le pidió permiso para entrar en sus aulas y recabar información. Una vez que el profesorado aceptó que entráramos en sus aulas, se explicaron los objetivos del estudio al alumnado, aclarando que su participación era voluntaria y podían dejar de cumplimentar el protocolo de respuestas cuando quisieran. Esta información aparecía, en cualquier caso, en la primera página del cuadernillo de instrumentos (ver Anexo A). Una vez el alumnado accedió a colaborar, completó un cuadernillo con los instrumentos de manera anónima e individual en el aula, en presencia de un miembro del equipo de investigación, durante 30 minutos aproximadamente. Las respuestas de las personas participantes fueron tratadas con los máximos estándares de rigurosidad y privacidad según la ley de protección de datos vigente y, finalmente, dieron lugar a la matriz de datos utilizada en esta tesis doctoral. El proyecto TAE ha contado con la evaluación positiva del Comité de Ética de la Investigación Biomédica de Andalucía (ver Anexo C). Por este motivo, la investigación llevada a cabo en esta tesis doctoral cumple con los requisitos éticos fundamentales para la investigación científica con humanos y se ajusta a la normativa vigente en España y la Unión Europea. Plan de Análisis Esta tesis doctoral tiene un diseño transversal, por lo que los datos de la población participante en la investigación fueron recogidos en un único momento temporal. Por otra parte, todos los análisis estadísticos de la investigación llevada a cabo en este trabajo fueron realizados con el programa Statistical Package for the Social Sciences (SPSS) versiones 20.00, 22.0 y 24.00 para Windows (IBM Corp., 2011, 2013, 2016). Como respuesta a los objetivos de esta tesis doctoral, se empleó exclusivamente el análisis de datos cuantitativo. El enfoque cuantitativo analiza hechos y realidades a través de la recolección de datos con base en la medición numérica y el análisis estadístico para establecer patrones de comportamiento en una población, utilizando el experimento y el instrumento de
Resultados 72 Relaciones familiares y ajuste psicológico en adultos emergentes universitarios españoles María del Carmen García-Mendoza, Águeda Para & Inmaculada Sánchez-Queija Universidad de Sevilla, España Resumen El objetivo de este estudio fue analizar la calidad de las relaciones familiares y su influencia sobre el ajuste de los jóvenes durante la adultez emergente. Se prestó especial atención a las diferencias de sexo y al hecho de vivir dentro o fuera del hogar familiar. En el estudio participaron un total de 1502 adultos emergentes de 18 a 29 años (M= 20,32; DT= 2,13) que cursaban estudios universitarios. Los principales resultados mostraron que chicos y chicas perciben como positivas las relaciones familiares. Sin embargo, ellas perciben mejores relaciones familiares que ellos. Sólo las chicas mejoran las relaciones familiares cuando viven fuera del hogar familiar. Las buenas relaciones familiares se relacionan significativamente con el bienestar de los jóvenes. Estos resultados apoyan la idea de que la calidad de las relaciones con padres y madres sigue siendo, al igual que durante la infancia y la adolescencia, un elemento esencial en el ajuste psicológico de los jóvenes durante su tercera década de vida. Palabras clave: adultez emergente, relaciones familiares, ajuste psicológico, emancipación.
Las relaciones familiares durante la adultez emergente 87 2. El rol de padres y madres en el bienestar psicológico durante la adultez emergente: un análisis centrado en el individuo. Artículo II García-Mendoza, M. C., Sánchez-Queija, I., & Parra, Á. (2018). The Role of Parents in Emerging Adults’ Psychological Well-Being: A Person-Oriented Approach. Family Process, 58(4), 954-971. https://doi.org/10.1111/famp.12388 Enlace del artículo en versión completa: https://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/famp.12388
Resultados 88 The Role of Parents in Emerging Adults’ Psychological Well-Being: A Person-Oriented Approach María del Carmen García-Mendoza, Inmaculada Sánchez-Queija & Águeda Para Universidad de Sevilla, Spain. Abstract The purpose of this study was to gain an overview of Spanish emerging adults’ family relationships and their link with psychological well-being and psychological distress. The sample comprised 1502 undergraduate students (903 women and 599 men) aged between 18 and 29 (M = 20.32 and SD = 2.13), recruited from two universities in Spain. A cluster analysis identified three groups of families based on the centrality of five family variables: parental involvement, parental support for autonomy, parental warmth, behavioral control, and psychological control. The three groups or clusters were labeled high-quality family relationships (HQ), intermediate-quality family relationships (IQ), and low-quality family relationships (LQ). Women were overrepresented in the HQ cluster, whereas men were overrepresented in the IQ cluster. Moreover, emerging adults who perceived better family relationships (high levels of parental involvement, parental support for autonomy and parental warmth, and low levels of behavioral and psychological control) were found to have a higher level of psychological adjustment. Thus, our results indicate that family plays a key role in the psychological well-being of emerging adults. The discussion focuses on the implications of this finding for the parent-child relationship, and explores how it extends our knowledge about family relationships during emerging adulthood. Keywords: Emerging Adulthood; Family Relationships; Psychological Well-Being
Las relaciones familiares durante la adultez emergente 127 3. Autonomía emocional y ajuste durante la adultez emergente: el rol moderador de las relaciones familiares. Artículo III García-Mendoza, M. C., Parra, Á., Sánchez-Queija, I., & Arranz, E. (2020). Emotional Autonomy and Emerging Adults Adjustment: The Moderating Role of Family Relationships. Scandinavian Journal of Psychology, 61(3), 380- 387. https://doi.org/10.1111/sjop.12614 Enlace del artículo en versión completa: https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/sjop.12614?casa_token=I8uKqw uN9TsAAAAA%3AFQNPREyfL2K6piiaD9JrGVVtvT- bAH5HLmRV9MJvH4AOvK9sQ85kwIsFtbiMAVEt9CYZ1BF7D5YycA
Resultados 128 Emotional Autonomy and Emerging Adults Adjustment: The Moderating Role of Family Relationships María del Carmen García-Mendoza1, Águeda Para1, Inmaculada Sánchez-Queija1 & Enrique Arranz2 1Universidad de Sevilla, Spain 2Universidad del País Vasco, Spain Abstract Emerging adults build their personal maturity within the family context, however, there is a lack of studies regarding the role of emotional autonomy during this stage. The aim of this study was to analyze the relationship between emotional autonomy and adjustment during emerging adulthood, bearing in mind the possible moderating role of parental support in this relationship. Data was collected from 1502 Spanish undergraduate students (903 women) aged between 18 and 29. Results indicated that emotional autonomy correlated negatively with family support and psychological well-being and positively with psychological distress. However, only when young people perceive a family context with low social support is gaining emotional distance from their parents associated with an increase in their psychological well-being. Our findings highlight the crucial role that family environment plays in well-being during young adulthood, and reveal that the effect of emotional distancing from parents on adjustment depends on the quality of the family climate. Future research should gain more in-depth knowledge of emotional autonomy during emerging adulthood, taking into account cross-cultural diversity. Keywords: emotional autonomy, family relationships, emerging adulthood, psychological wellbeing, psychological distress
Las relaciones familiares durante la adultez emergente 163 CAPÍTULO IV. DISCUSIÓN El capítulo cuarto se dedica a la discusión de los principales resultados obtenidos en esta tesis doctoral tras el desarrollo de la parte empírica del estudio. Este capítulo se desarrolla a lo largo de cuatro apartados. En el primero de ellos se realiza una síntesis global de los resultados obtenidos a través de las tres publicaciones científicas, presentadas en el capítulo anterior, siguiendo las dos grandes preguntas de investigación que guían esta tesis doctoral. En el segundo apartado se discuten los resultados de este trabajo contrastándolos con la investigación y bibliografía previa. Este apartado finaliza con una descripción de las principales conclusiones obtenidas en esta tesis doctoral. El tercer apartado incluye algunas de las limitaciones, comunes a todas las publicaciones que componen esta tesis doctoral y, que deben ser tenidas en cuenta en la interpretación de los resultados. Este apartado finaliza con un resumen las principales fortalezas del estudio. El último apartado se inicia con una descripción de las contribuciones de esta tesis doctoral junto con las principales implicaciones prácticas del trabajo. Finalmente, se presentan algunas líneas futuras de investigación.
Discusión 164
Las relaciones familiares durante la adultez emergente 165 1. RESUMEN GLOBAL DE LOS RESULTADOS DEL ESTUDIO En este primer apartado se presenta, como se ha mencionado en líneas anteriores, un resumen de los principales resultados obtenidos en las publicaciones científicas presentadas en el capítulo anterior. Este resumen global se encuentra organizado en dos subapartados siguiendo las dos grandes preguntas de investigación propuestas en el primer capítulo de esta tesis doctoral. 1.1 ¿Cómo son las relaciones familiares durante la adultez emergente en España? La primera pregunta de investigación comenzó a ser abordaba a través del análisis de estadísticos descriptivos y correlaciones de Pearson de las variables familiares: cariño parental, implicación parental, apoyo de la autonomía por parte de la familia, apoyo social de la familia, control psicológico, control conductual y autonomía emocional. La toma de decisiones, respecto a realizar un abordaje inicial descriptivo se realizó debido a, como ya se ha comentado a lo largo de este trabajo, la falta de evidencia empírica previa centrada en la adultez emergente en países del sur de Europa y, más aún, en el contexto español. Los resultados obtenidos en esta tesis doctoral mostraron que las personas jóvenes perciben relaciones familiares positivas. En general, las personas jóvenes percibieron altos niveles de cariño, implicación, apoyo de la autonomía y apoyo social de la familia durante estos años. Asimismo, percibieron bajos niveles de control psicológico y conductual ejercidos por sus padres y madres. En cuanto a la relación entre las diferentes variables analizadas, se encontró una correlación significativa y negativa entre, por un lado, el cariño, la implicación, el apoyo de la autonomía y el apoyo social de la familia y, por otro lado, el control parental. Es decir, a mayor percepción de las personas adultas emergentes de cariño, de implicación, de apoyo de la autonomía y de apoyo social, menor fue la percepción de control psicológico y conductual ejercido por sus padres y madres. Con el objeto de profundizar en la descripción inicial y abordar esta pregunta de investigación desde una aproximación complementaria, en la presente tesis doctoral se llevó a cabo un análisis centrado en las personas, en términos estadísticos un análisis de clusters o conglomerados. Este análisis permitió la clasificación de las personas adultas emergentes que componen la muestra en diferentes grupos o conglomerados en función de la percepción que
Discusión 166 estas personas tienen respecto a las variables familiares objeto de estudio. El análisis de clusters realizado encontró tres grupos diferentes en función de dichas variables. El primer grupo denominado relaciones familiares de calidad baja (Low Quality Family Relationships, LQ) incluía a las personas adultas emergentes que percibían las relaciones parentofiliales de baja calidad. Concretamente, esta parte de la muestra percibía niveles bajos de cariño parental, implicación parental y apoyo de la autonomía por parte de la familia, así como, niveles altos de control psicológico y conductual. Este grupo constituye un 15.9% de la muestra total. El segundo grupo denominado relaciones familiares de calidad media (Intermediate Quality Family Relationships, IQ) incluía a las personas adultas emergentes que percibían las relaciones parentofiliales de calidad intermedia. Específicamente, este grupo percibía niveles medios en todas las variables, aunque con puntuaciones ligeramente por debajo de la media en cariño, implicación y apoyo de la autonomía y ligeramente por encima en control psicológico y control conductual. Este grupo constituye un 35.9% de la muestra total. El tercer grupo denominado relaciones familiares de calidad alta (High Quality Family Relationships, HQ) incluía a las personas adultas emergentes que percibían una alta calidad en las relaciones parentofiliales. En concreto, las personas jóvenes de este grupo percibían niveles altos de cariño, implicación y apoyo de la autonomía, así como, niveles bajos de control psicológico y conductual. Este grupo constituye un 48.2% de la muestra total. Respecto al análisis de la autonomía emocional los resultados obtenidos sugirieron que las personas adultas emergentes percibían un nivel medio de autonomía emocional. Además, los resultados revelaron una asociación significativa y negativa entre la autonomía emocional y el apoyo social de la familia. Específicamente, altos niveles de autonomía emocional se asociaban con bajos niveles de apoyo social de la familia. Un segundo paso para dar respuesta a esta pregunta de investigación supuso analizar la relación entre las variables familiares y algunas variables sociodemográficas. En particular, las variables relativas a si las personas jóvenes viven o no dentro del hogar familiar, el género de las personas jóvenes y el nivel económico de las familias. Para este propósito se llevaron a cabo diferentes pruebas ANOVAS y chi-cuadrado (χ2). Respecto al hecho de seguir viviendo en el hogar familiar o ser residencialmente independientes, sólo se encontraron diferencias significativas en una de las variables estudiadas, el cariño parental. En este sentido, los resultados revelaron que las personas adultas emergentes que vivían fuera del hogar familiar son quienes percibían más cariño por parte de sus padres y madres.
Las relaciones familiares durante la adultez emergente 167 Los resultados mostraron también algunas diferencias de género. Por un lado, las adultas emergentes percibían mejores relaciones parentofiliales, es decir, más cariño, implicación, apoyo de la autonomía y apoyo social que los adultos emergentes. Por otro lado, los adultos emergentes percibían más control ejercido por su familia en comparación con las mujeres, tanto psicológico como conductual. Por el contrario, los resultados fueron similares en mujeres y hombres respecto a los niveles percibidos de autonomía emocional. Respecto al hecho de vivir o no bajo el mismo techo que sus familias, mientras que los adultos emergentes percibían los mismos niveles de cariño, implicación y apoyo de la autonomía independientemente de su lugar de residencia, las adultas emergentes que vivían fuera del hogar familiar percibían más cariño y, más apoyo de la autonomía que aquellas que continuaban viviendo con sus padres y madres durante este periodo. Asimismo, en relación con el análisis de clusters, los resultados también encontraron diferencias de género, estando las mujeres sobrerrepresentadas en el grupo HQ mientras los hombres estaban sobrerrepresentados en el grupo IQ. Finalmente, los resultados obtenidos encontraron algunas diferencias significativas en relación con nivel económico de la familia en los tres clusters analizados. Así, los resultados señalan que la población adulta emergente que percibía ingresos familiares medios-altos está sobrerrepresentada en el grupo HQ, aquella que percibía ingresos familiares bajos está sobrerrepresentada en el grupo LQ y aquella que percibía ingresos familiares medios está sobrerrepresentada en el grupo IQ. Sin embargo, los resultados no mostraron diferencias en la variable autonomía emocional en función del nivel económico familiar percibido por las personas jóvenes. 1.2 ¿Cómo se relaciona la calidad de las relaciones familiares con el desarrollo psicológico de las personas jóvenes de nuestro contexto durante la adultez emergente? Para dar respuesta a esta pregunta de investigación el primer paso consistió, de nuevo, en realizar análisis de estadísticos descriptivos y correlaciones de Pearson. Estos análisis sugieren que, de manera general, la población adulta emergente percibía niveles altos de bienestar psicológico y niveles bajos de malestar psicológico. Además, las variables parentales afectivas estudiadas se relacionaban significativamente con el bienestar psicológico y el malestar psicológico. En concreto, niveles altos percibidos de cariño, implicación, apoyo de la autonomía y apoyo social, se asociaban con un mayor bienestar psicológico y un menor malestar
Discusión 174 comentado en anteriores capítulos de la presente tesis doctoral, se siguió una aproximación centrada en el individuo o person-centered approach en función de cinco variables familiares: cariño parental, implicación parental, apoyo de la autonomía, control psicológico y control conductual. Este segundo objetivo fue abordado en el artículo II y forma parte del capítulo que presenta los resultados de este trabajo. Como la evidencia ha constatado, la aproximación centrada en la variable considera a la variable como la principal unidad de estudio y analiza cómo cada variable se relaciona con otras variables diferentes (Bergman & Magnusson, 1997) no permitiendo explorar agrupaciones de diferentes variables según un mismo individuo (Bergman & Trost, 2006). Por el contrario, la aproximación centrada en la persona permite la identificación de grupos de individuos que funcionan de manera similar en base a las variables seleccionadas, es decir, esta aproximación agrupa diferentes variables en función de los individuos en lugar de agrupar a los individuos en función de las variables estudiadas (Magnusson, 2003). El análisis de clusters realizado muestra tres patrones de relaciones familiares diferentes en función de cómo la población adulta emergente percibe la calidad de las relaciones parentofiliales. El grupo denominado relaciones familiares de calidad baja (Low Quality Family Relationships, LQ) constituye el grupo más pequeño según reflejan los resultados obtenidos. La población adulta emergente que pertenece a este grupo percibe relaciones familiares de más baja calidad que el resto de las personas jóvenes de la muestra. Dentro de este grupo, la población adulta emergente percibe bajos niveles de implicación, cariño y apoyo de la autonomía y se siente altamente controlada, tanto psicológica como conductualmente. El segundo grupo es el denominado relaciones familiares de calidad media (Intermediate Quality Family Relationships, IQ), que incluye a las personas adultas emergentes que perciben niveles medios en todas las variables, aunque con puntuaciones ligeramente por debajo de la media en cariño, implicación y apoyo de la autonomía y ligeramente por encima de la media en control psicológico y control conductual. El último grupo se denomina relaciones familiares de calidad alta (High Quality Family Relationships, HQ) y, según indican los resultados, es el grupo más numeroso de la población adulta emergente. De hecho, casi la mitad de las personas jóvenes pertenecen a este patrón de relaciones familiares. Dentro de este grupo, la población adulta emergente percibe altos niveles de implicación, cariño y apoyo de la autonomía. Al mismo tiempo, quienes pertenecen a este grupo perciben bajos niveles de control psicológico y conductual.
Las relaciones familiares durante la adultez emergente 175 Cabe destacar que en los resultados de esta tesis doctoral y, para los tres patrones de relaciones familiares encontrados, el control, tanto psicológico como conductual, está negativamente relacionado con las variables cariño parental, implicación parental y apoyo de la autonomía por parte de la familia. Una explicación para estos datos supone que quizás esta relación podría ir en un doble sentido. Por un lado, no es extraño pensar que en un buen clima familiar y, especialmente cuando hijos e hijas son personas adultas, la supervisión no tenga que ejercerse de forma directa, sino a través del cariño y la implicación de padres y madres. Los trabajos de Kerr y Stattin (2000) y Stattin y Kerr (2000) hace dos décadas constataron que ya durante la adolescencia, la forma más efectiva de control era la revelación de los propios chicos y chicas adolescentes, una revelación que era fruto de unos patrones familiares afectivos y comunicativos. En este sentido, en los hogares denominados HQ, las personas adultas emergentes podrían estar siendo supervisadas y guiadas a través del clima afectivo de sus familias y, al mismo tiempo, esos bajos niveles de control podrían estar contribuyendo a mejorar el clima familiar. Por el contrario, en los hogares LQ, la percepción de elevados niveles de control podría provocar rechazo por parte de unos hijos e hijas ya adultos, que contribuiría a dificultar las relaciones entre ambas generaciones, disminuyendo el afecto y la cercanía dentro del contexto familiar. Estas relaciones difíciles podrían provocar a su vez que la supervisión parental fuera necesaria realizarla de forma directa, lo que probablemente contribuiría a dificultar aún más el clima familiar. En cualquier caso, los datos indican que ejercer altos niveles de control, tanto psicológico como conductual de manera directa, es perjudicial para el establecimiento de relaciones familiares saludables y, por tanto, para el desarrollo psicológico de las personas durante la tercera década de sus vidas, resultado que será discutido en líneas posteriores. 2.2. La calidad de las relaciones familiares y el desarrollo psicológico durante la adultez emergente El tercer objetivo específico, propuesto en esta tesis doctoral, consistió en analizar la relación existente entre la calidad de las relaciones familiares y el bienestar psicológico y malestar psicológico de las personas jóvenes. La calidad de las relaciones familiares fue medida en términos de cariño parental, implicación parental, apoyo social de la familia, apoyo de la autonomía por parte de la familia, control psicológico y control conductual. Este objetivo fue abordado en el artículo I y el artículo II y forman parte del tercer capítulo de esta tesis doctoral. Los análisis realizados muestran que las personas jóvenes que perciben niveles mayores de cariño parental, implicación parental, apoyo de la autonomía y apoyo social por parte de sus
Discusión 176 familias también son quienes perciben niveles mayores de bienestar psicológico y niveles menores de malestar psicológico. Ciertamente y de acuerdo con la investigación previa, mantener relaciones familiares marcadas por el cariño, la implicación, el apoyo parental (Gomez & McLaren, 2006; Meeus et al., 2005), así como, el apoyo de la autonomía por parte de la familia (Joussemet et al., 2008; Kins et al., 2009) proporciona beneficios positivos para el ajuste de hijos e hijas durante estos años. Además, aunque los trabajos en el contexto español son muy escasos, estudios realizados en otros países del continente europeo pueden ponerse en relación con estos datos. Así, Oliveira y colaboradores (2014) encontraron que, el apoyo a la autonomía proporcionado por la familia, se relaciona positivamente con el bienestar psicológico de la población adulta emergente en Portugal, un país con una cultura muy similar a la española. Como se explicó en el capítulo introductorio de esta tesis doctoral, debido a las características socioeconómicas de los países del sur de Europa y a que tienen una marcada tradición católica, la familia es uno de los pilares fundamentales de la sociedad en este contexto. Los resultados de esta tesis doctoral han demostrado que este pilar fundamental sigue ejerciendo su rol también durante los años de transición de las personas jóvenes hacia la edad adulta. Más específicamente, en España, la familia es un recurso clave para las personas jóvenes, yendo más allá de ser un simple proveedor de apoyo financiero y, actuando como contexto clave de socialización dentro de la cultura familiar de dependencia propia de nuestro país (Moreno, 2008). A la luz de este conocimiento, no sorprende que las personas jóvenes que mantienen vínculos positivos con sus familiares perciban niveles más altos de bienestar psicológico que quienes no mantienen unas relaciones parentofiliales de calidad. Ciertamente, parece que además de vivir la transición hacia la edad adulta en un entorno familiar seguro, estas personas jóvenes también cumplen sus expectativas y las de la sociedad, porque adquieren su independencia, uno de los roles propios de las personas adultas, dentro de la cultura familiar de dependencia (Moreno, 2008). Las personas jóvenes que se sienten más controladas por sus familias son quienes perciben un nivel mayor de malestar psicológico y un nivel menor de bienestar psicológico. Estos datos coinciden con la bibliografía existente, que refleja también que el hecho de que padres y madres ejerzan un control excesivo a sus hijos e hijas durante la adultez emergente tiene un efecto negativo en su ajuste, como el aumento de los niveles de ansiedad y depresión (Nelson et al., 2011). Esto sugiere que, a diferencia de la adolescencia, donde el control conductual es necesario y, efectivamente, existen numerosas evidencias que constatan que chicos y chicas se benefician de las normas y límites implementadas por sus familias (Fletcher et al., 2004; Lippold, Glatz, Fosco, & Feinberg, 2018), durante la adultez emergente es fundamental que la familia
Las relaciones familiares durante la adultez emergente 177 estimule la madurez y la autonomía de sus hijos e hijas ya adultos, disminuyendo los niveles de control directo que ejerce. De hecho, incluso cuando la población adulta emergente continúa viviendo en el hogar familiar y manteniendo buenas relaciones parentofiliales, el control parental excesivo y continuado tiene un efecto negativo, porque parece ir en contra de la necesidad de autonomía que apremia durante este periodo. Respecto al análisis de clusters realizado y a la relación de los conglomerados obtenidos con bienestar psicológico y malestar psicológico, se encontró que la población adulta emergente que se encuentra en el grupo HQ, es decir, el grupo que percibe relaciones familiares de alta calidad, fue el grupo que obtuvo mayores niveles de bienestar psicológico y menores niveles de malestar psicológico. Estos resultados podrían ponerse en relación con la teoría de la autodeterminación (Deci & Ryan, 2000, 2008; Ryan & Deci, 2000, 2017). Según esta teoría los seres humanos tenemos tres necesidades psicológicas fundamentales para desarrollarnos y funcionar de manera óptima, que son la competencia, la vinculación y la autonomía. Son muchas las investigaciones que coindicen en destacar la importancia de estas tres necesidades psicológicas básicas, que se constituyen en los contextos de desarrollo próximos (e. g., Milyavskaya et al., 2009; Véronneau, Koestner & Abela, 2005). Dentro de estos contextos, destaca la familia, que contribuye al desarrollo psicológico, positivo o negativo, de sus hijos e hijas a través del modo en que promociona esas necesidades psicológicas fundamentales (Soenes, Vansteenkiste & Beyers, 2019). En este contexto parece que, las variables cariño, implicación y apoyo social de la familia contribuirían a satisfacer la necesidad de vinculación y la variable apoyo de la autonomía contribuiría a satisfacer la necesidad de autonomía. Y es que, según Soenes y colaboradores (2019) la teoría de la autodeterminación aplicada al desarrollo de la parentalidad durante la adolescencia supone esencial que padres y madres expresen afecto y un adecuado apoyo a sus hijos e hijas para promocionar su desarrollo psicológico positivo, la misma dirección en la que avanzan los resultados de esta tesis doctoral. Por otra parte, la guía y supervisión parental, lo que estos autores denominaron estructura, sería fundamental para satisfacer la necesidad de competencia. Esta estructura, más que al control ejercido de forma tradicional, hace referencia a la ayuda, asistencia y feedback proporcionado por la familia, en definitiva, a una cierta guía parental hacia los hijos e hijas. De este modo, según la teoría de la autodeterminación, si bien cierta guía parental sería fundamental, el control ejercido por la familia, al contrario de lo que afirman otros estudios, no tendría efectos positivos en el desarrollo psicológico durante la adolescencia. Tiene sentido que, si sucede esto en años anteriores, el control tampoco tendría
Discusión 178 efectos positivos durante la adultez emergente, suposición que se confirma con los hallazgos de esta tesis doctoral. Así, los resultados encontrados en este sentido vienen a constatar lo importante y beneficioso que es para hijos e hijas, también durante la adultez emergente, tener relaciones cercanas y afectuosas con sus padres y madres (Inguglia et al., 2015) y que éstos fomenten su autonomía (Downie et al., 2007; Joussemet et al., 2008; Kins et al., 2009; Soenens et al., 2007), reduciendo los niveles de control directo. Esta reflexión es especialmente importante en un país como España, donde la mayor parte de las personas jóvenes continúan viviendo bajo el mismo techo que su familia hasta casi los 30 años (Eurostat, 2020) y, donde la cultura familiar de dependencia y solidaridad entre sus miembros es la columbra vertebral de la sociedad (Moreno,2008). Con el propósito de analizar más detalladamente el tercer objetivo de esta tesis doctoral, se realizaron diferentes análisis teniendo en cuenta si las personas jóvenes viven o no en el hogar familiar. Además, se incluyó el análisis de la variable nivel de ingresos familiares al ser también considerada, dentro de la comunidad científica, una variable sociodemográfica clave asociada a la naturaleza de las interacciones familiares (Duncan, Morris & Rodrigues, 2011; Mistry, Vandewater, Huston, & McLoyd, 2002). En lo relativo a las diferencias entre las personas jóvenes que viven en el hogar familiar o fuera de él, los análisis realizados revelan que elevados niveles de cariño, implicación y apoyo de la autonomía se relacionan con un mejor ajuste psicológico independientemente de que las personas jóvenes vivan dentro o fuera del hogar familiar. Como se ha descrito en el capítulo introductorio de esta tesis doctoral, la evidencia empírica previa se muestra contradictoria a este respecto. Así, los hallazgos de este trabajo parecen ir en contraposición de aquellos estudios que encuentran que el ajuste de las personas jóvenes es diferente en función de vivir o no bajo el mismo techo que la familia. Concretamente, estas investigaciones apuntan a un mejor ajuste cuando las personas jóvenes viven fuera del hogar familiar (Dubas & Petersen, 1996; Tanner, et al., 2009). Por el contrario, los resultados de este trabajo parecen seguir la dirección del estudio de Kins y colaboradores (2009) que apuntaba a que, si las relaciones familiares eran buenas, vivir con la familia durante la adultez emergente no es perjudicial para el bienestar de las personas jóvenes. Y es que, las personas adultas emergentes que forman parte de la muestra de la investigación de esta tesis doctoral perciben en general buenas relaciones familiares, vivan o no bajo el mismo techo que sus familias, por lo que es esperable que el impacto en su ajuste sea, de la misma manera, positivo sean o no residencialmente
Las relaciones familiares durante la adultez emergente 179 independientes. Otro aspecto que debe ser tenido en cuenta para dar respuesta este resultado es que, el efecto sobre el desarrollo psicológico de las experiencias vitales es diferente en función de si son consideradas o no como normativas, generando más efectos negativos cuando no son consideradas como normativas (Neugarten et al., 1965; Neugarten & Datan, 1996). En este sentido, en contextos como el español donde y, como se ha mencionado anteriormente, es normativo independizarse del hogar familiar a edades tardías, es esperable que como indican los hallazgos de esta tesis doctoral, este hecho no afecte negativamente a la salud de las personas jóvenes. Los resultados relativos al nivel económico familiar señalan que las personas jóvenes que perciben menor nivel de ingresos familiares están sobrerrepresentadas en el grupo LQ mientras que las personas jóvenes que perciben mayor nivel de ingresos familiares están sobrerrepresentadas en el grupo HQ. Estos datos pueden ponerse en relación con numerosas investigaciones que afirman que un nivel bajo de recursos económicos familiares (bajos ingresos, desempleo…) se asocia a más problemas de ajuste en población adolescente y adulta emergente (e.g., Hammack, Robinson, Crawford, & Li, 2004; Najman et al., 2010) y, tiene efectos negativos en la relación parentofilial, al menos, en años previos del desarrollo (Duncan, Morris & Rodrigues, 2011; Mistry, Vandewater, Huston, & McLoyd, 2002; Morris, Duncan, & Clark- Kauffman, 2005). Parece por tanto que, un menor nivel económico supone tener mayores problemas de ajuste y, más patrones disfuncionales dentro del contexto familiar. En esta misma línea, los datos de esta tesis doctoral apuntan a que las dificultades económicas, además de influir en los miembros de la familia a nivel individual, también influyen en ella como sistema, estando relacionadas dichas dificultades con patrones familiares más disfuncionales durante la adultez emergente. De hecho, el modelo de estrés familiar (Conger, Rueter, & Conger, 2000) sostiene que la pobreza es uno de los factores más importantes que hace incrementar la disfuncionalidad en el entorno familiar. Los resultados obtenidos en este trabajo apoyan este modelo. Las personas jóvenes que perciben más dificultades económicas en el sistema familiar perciben las relaciones familiares de manera más negativa. Es decir, estas personas perciben una menor calidad en la relación parentofilial y tienen mayores problemas de ajuste psicológico, en comparación con aquellas personas jóvenes que perciben una situación familiar económica que les permite vivir de manera confortable. Indudablemente, este hallazgo es especialmente interesante en el sentido de que la muestra de participantes de esta tesis doctoral está compuesta exclusivamente por estudiantes del ámbito universitario. Las personas jóvenes a pesar de estudiar en universidades públicas tienen recursos económicos suficientes
Discusión 180 para acceder y permanecer en Educación Superior. Así, aunque las personas jóvenes que componen la muestra de este trabajo provienen en su mayoría de familias con un nivel de ingresos económicos que permite que sus hijos e hijas asistan a la universidad, es interesante observar que los hallazgos encontrados resaltan el efecto negativo de las dificultades económicas, tanto para el bienestar de las personas jóvenes como para el funcionamiento del sistema familiar. El cuarto objetivo específico de este trabajo perseguía conocer el significado de la autonomía emocional durante la adultez emergente. Este objetivo fue abordado en el artículo III y presentado en el tercer capítulo de esta tesis doctoral. Para responder al objetivo planteado se analizó, en primer lugar, la relación entre autonomía emocional y el apoyo social de la familia percibido por las personas jóvenes. En segundo lugar, se analizó la relación entre la autonomía emocional y, el bienestar psicológico y el malestar psicológico de las personas durante esta etapa del desarrollo. Según los datos obtenidos en esta tesis doctoral, la autonomía emocional de las personas jóvenes se relaciona negativamente con el apoyo social percibido de sus familias. De este modo, la población joven más emocionalmente autónoma respecto a sus padres y madres es la que percibe menores niveles de apoyo familiar. Este resultado sigue la tendencia encontrada en investigaciones previas. Entre ellas, el interesante trabajo de Yu (2011) centrado en la adolescencia media y tardía y la investigación de Neff y Harter (2003) realizada con población universitaria que se encontraba en los primeros años del trascurso de la adultez emergente. Ambos estudios encontraron una asociación entre elevados niveles de autonomía emocional y patrones familiares pobres y menos cohesionados. Estos resultados también confirman los hallazgos del estudio longitudinal de Parra y colaboradores (2015) con población española adolescente y adulta emergente que encontró que la autonomía emocional se relacionaba negativamente con la cohesión familiar y con la satisfacción vital de las personas jóvenes, apuntando a que elevados niveles de autonomía emocional podrían ser el reflejo de unas relaciones familiares difíciles. Otro resultado que cabe destacar de esta tesis doctoral es que las personas jóvenes con mayor autonomía emocional son quienes muestran un menor bienestar psicológico y un mayor malestar psicológico. De nuevo estos datos se relacionan con otros obtenidos en estudios previos, alguno de ellos llevado a cabo en el contexto español en los que, durante la adolescencia, la autonomía emocional se relaciona con un pobre ajuste psicológico como niveles
Las relaciones familiares durante la adultez emergente 181 mayores de depresión o menor satisfacción vital (Beyers & Goosens, 1999; Chou, 2000; Oliva & Parra, 2001; Ryan & Lynch, 1989). De este modo y, en línea con estudios previos centrados en población adolescente y adulta emergente, los resultados de esta tesis doctoral parecen confirmar que, al menos en el contexto español y durante los años iniciales de la adultez emergente, la desvinculación emocional en la relación parentofilial no es un requisito necesario para llegar a ser una persona adulta, sino más bien, constituye el reflejo de un bajo ajuste psicológico y de relaciones familiares difíciles. Una posible explicación a estos hallazgos se podría encontrar en la naturaleza colectivista de la cultura española. Según lo afirmado por Kagitcibasi (1996, 2000, 2012), en culturas individualistas como sería la estadounidense, la autonomía emocional se desarrolla a partir de un proceso de individuación o separación afectiva dentro del entorno familiar, es decir, a causa de una necesidad de autonomía por parte del o la joven que no da especial importancia al mantenimiento de relaciones familiares cercanas. La desvinculación afectiva por parte de hijos e hijas se complementa con un alto respeto hacia su privacidad. Sin embargo, en las sociedades de carácter más colectivista, como España, sucedería lo contrario. Estas culturas se basan en un modelo de familia caracterizado por lazos estrechos (Giuliano, 2007), por lo que construir fuertes vínculos en el entorno familiar sería una tarea necesaria para el desarrollo saludable de las personas jóvenes en estos contextos. Debido a las claras diferencias entre las culturas de las que son representativas Estados Unidos y países del norte de Europa en relación con los países del sur de Europa, se hace imprescindible resaltar que la investigación científica debe tener cuidado en extrapolar los resultados encontrados a diferentes contextos. Y es que, aportaciones científicas previas han mostrado que las creencias, actitudes y comportamientos de los padres y madres son construidos e interpretados dentro su contexto histórico y cultural (Harkness & Super, 1992). La discusión de los resultados encontrados respecto al cuarto objetivo se ve enriquecida con los resultados y discusión relativos al quinto objetivo específico de esta tesis doctoral: examinar si el apoyo social de la familia modera la relación entre autonomía emocional y bienestar psicológico y malestar psicológico durante la adultez emergente. Al igual que el objetivo anterior, éste también fue abordado en el artículo III y forma parte del capítulo que presenta los resultados de este trabajo. A pesar de que, en general, elevados niveles de autonomía emocional se relacionan con peor ajuste en las personas jóvenes, los resultados encontrados en esta tesis doctoral apoyan la
Discusión 182 idea de que, para entender de forma más completa la autonomía emocional, hay que tener en cuenta otras variables del sistema familiar (Fuhrman & Holmbeck, 1995; Lamborn & Groh, 2009; Lamborn & Steinberg, 1993). Y, de hecho, los datos encontrados revelan que el apoyo familiar percibido aparece como una variable moderadora significativa entre la autonomía emocional y el bienestar y el malestar psicológico de la población adulta emergente. De esta manera, cuando las personas jóvenes perciben un contexto familiar caracterizado por un bajo apoyo social, separarse emocionalmente de sus familias hace que aumente su bienestar psicológico. Pero, cuando las personas jóvenes perciben un alto apoyo social de sus familias, separarse emocionalmente de sus padres y madres hace que aumente su malestar psicológico y que disminuya su bienestar psicológico. Los resultados encontrados van en consonancia con los hallados en la investigación de Fuhrman y Holmbeck (1995). Estos autores analizaron variables como la cohesión, el conflicto familiar y el control parental durante la adolescencia encontrando que, la autonomía emocional es más funcional en contextos de bajo apoyo familiar. Es decir, cuando la naturaleza afectiva de la relación parentofilial es positiva, la autonomía emocional baja se asocia con elevado ajuste adolescente. No obstante, cuando la naturaleza afectiva de la relación parentofilial es negativa, la autonomía emocional alta es la que se relaciona con elevado ajuste adolescente. Por tanto, una alta o baja autonomía emocional no siempre puede predecir el ajuste de hijos e hijas dentro de cualquier contexto familiar, sino que se debe tener en cuenta la calidad de las relaciones parentofiliales. La cuestión clave que rodea a estos resultados es si alcanzar la autonomía emocional es una tarea evolutiva durante la adultez emergente y, ciertamente, aunque la respuesta a esta cuestión no parece ser simple, los hallazgos encontrados en esta tesis doctoral apuntan a que no es una tarea evolutiva. Y es que, según los resultados encontrados, elevados niveles de autonomía emocional se relacionan con bajo apoyo familiar, mayores problemas emocionales y menor bienestar psicológico. Parece dudoso que una tarea evolutiva conlleve estas dificultades. Esta posición coincide con la de autores como Ryan y Lynch (1989) cuyas investigaciones cuestionan el logro de la autonomía emocional como tarea evolutiva. Los resultados de esta tesis doctoral indican que la autonomía emocional sólo es positiva en un ambiente familiar caracterizado por el bajo apoyo. Esta afirmación tiene sentido cuando se entiende que en un contexto en el que las personas jóvenes no sienten el refugio de su familia, ser autónomo emocionalmente mejora su bienestar psicológico. Sin embargo, cuando las
Las relaciones familiares durante la adultez emergente 183 personas jóvenes perciben un alto apoyo por parte de su familia, ser autónomo emocionalmente contribuye a aumentar su malestar psicológico. Estos hallazgos parecen ir en la línea de estudios existentes que aportan evidencias de que el impacto que esta dimensión tiene sobre el desarrollo psicológico de la población adulta emergente depende en gran medida de la calidad de las relaciones familiares y, el significado de éstas depende, asimismo, del contexto sociocultural de referencia. Así, los datos encontrados ponen de manifiesto la necesidad de estudiar las dimensiones parentales más allá de las fronteras estadounidenses o del norte de Europa. Ciertamente, y como se ha comentado en líneas anteriores, una misma práctica parental puede tener diferentes significados para las personas en función de su cultura de referencia (Kagitcibasi, 1996) y, por tanto, el impacto de estas prácticas parentales en el desarrollo psicológico de hijos e hijas puede diferir también. Probablemente, en países de la zona sur de Europa, como España, donde la transición a la adultez ocurre muy ligada al contexto familiar (Bosch, 2015; Leccardi, 2010), lo más adaptativo sea mantener unos fuertes lazos familiares, aún en detrimento de las posibles ventajas que pudiera conllevar la autonomía emocional del o la joven. Los datos encontrados en esta tesis doctoral subrayan que es fundamental seguir profundizando en el estudio de las relaciones familiares que tienen lugar durante estos años, prestando especial atención a variables como la autonomía emocional, que nos hacen dudar de lo que en décadas pasadas se entendían como tareas evolutivas de la transición a la adultez. Esta profundización, sin duda, ha de pasar por estudios transculturales que tengan en cuenta las realidades familiares diversas que siguen existiendo en nuestro mundo en función del contexto sociocultural. Finalmente, el sexto objetivo específico de este trabajo suponía proporcionar claves para la intervención con las familias durante la adultez emergente, así como, proporcionar conocimientos que pudieran encaminarse hacia la creación de políticas sociales de intervención en familias con hijos e hijas que se encuentren en este periodo evolutivo. Este objetivo fue abordado de manera transversal en el artículo I, artículo II y artículo III. Respecto a este objetivo es necesario volver a dos hechos ya mencionados a lo largo de la presente tesis doctoral. En primer lugar, el hecho de que hay una extensa bibliografía previa llevada a cabo en el contexto español acerca de la dinámica familiar y del rol determinante que las familias desempeñan en la vida de sus hijos e hijas durante la infancia y la adolescencia (Camacho et al., 2020; Jiménez-Iglesias & Moreno, 2015; Jiménez‐Iglesias, García‐Moya & Moreno, 2017; Moreno-Maldonado, Jiménez‐Iglesias, Rivera & Moreno, 2020; Oliva, Arranz, Parra & Olabarrieta, 2014; Oliva, Morago & Parra, 2009; Oliva, Romero, Antolín-Suárez & Parra,
Discusión 190 evidencia empírica relevante tanto a nivel nacional como internacional. Y es que, esta nueva etapa en el ciclo vital tiene una construcción basada en marcadores socioculturales (Arnett, 2011), lo que subraya la relevancia y proporciona entidad al estudio de la adultez emergente en países del sur del continente europeo que, como España, tienen marcadas diferencias sociales y culturales respecto a otros contextos como el norte de Europa y Estados Unidos. En segundo lugar, la muestra utilizada para la investigación. Como se ha descrito en capítulos anteriores de este trabajo, la amplia muestra utilizada estuvo compuesta por 1502 personas adultas emergentes. La recogida de datos del proyecto TAE se llevó a cabo en las regiones norte y sur de España, concretamente en Andalucía y País Vasco. Asimismo, la muestra se recogió con una distribución de hombres y mujeres similar a la población de estudiantes universitarios de las universidades participantes en la investigación, la Universidad de Sevilla (US) y la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU). A pesar de que la muestra estuvo compuesta solo de estudiantes universitarios, es una muestra recogida de diferentes áreas de conocimiento. Así, estuvieron representados de manera proporcional población universitaria, tanto hombres como mujeres, de las cinco ramas principales de conocimiento (Artes y Humanidades, Ciencias, Ciencias de la Salud, Ciencias Sociales y Jurídicas e Ingeniería y Arquitectura). Este hecho, hace que esta investigación supere una de las limitaciones más comunes de los estudios centrados en estudiantes universitarios que, de manera general, suelen obtener sus muestras de la rama de Ciencias Sociales. Otra fortaleza destacable de esta tesis doctoral se refiere a la amplia variedad y relevancia de las dimensiones parentales analizadas durante la investigación. Sin duda, la utilización de una amplia variedad de contenidos respecto a las prácticas parentales ha permitido mejorar la comprensión sobre las relaciones parentofiliales durante la adultez emergente y, sobre la relación entre la calidad del entorno familiar y el desarrollo psicológico de las personas jóvenes. La investigación científica sugiere que, para el estudio de la familia y debido a su naturaleza dinámica y compleja, es necesario analizar este contexto yendo más allá del estudio de sus elementos aislados. Es decir, teniendo en cuenta una visión más global que implique el análisis de los procesos interpersonales entre generaciones que se producen dentro del entorno familiar (Granic, Dishion, & Hollenstein, 2003). Por ello, la cuarta fortaleza destacable es que esta tesis doctoral realiza un esfuerzo por analizar procesos y dinámicas, no elementos aislados, es decir, supone una investigación que tiene en cuenta los cambios y las interacciones de diferentes elementos. Y es que, frente a la investigación realizada en el siglo XX, centrada en
Las relaciones familiares durante la adultez emergente 191 variables estancas, esta investigación tiene en cuenta las interacciones y el análisis centrado en la persona, siendo el análisis de cluster y de moderaciones una pequeña aportación que realiza esta tesis doctoral en este sentido. En último lugar y relacionada con la anterior, otra fortaleza de esta tesis doctoral está constituida por la variedad de análisis estadísticos empleados. Entre estos análisis se incluyen ANOVA, regresión y cluster que han permitido obtener una visión más matizada sobre cómo son las relaciones familiares y el papel que desempeña la familia en el ajuste y desajuste psicológico de las personas jóvenes. Además, la combinación de aproximaciones centradas en las variables y aproximaciones centradas en las personas permiten también obtener una visión más integrada y completa de las relaciones entre las variables analizadas en esta tesis doctoral. Si bien es cierto que la aproximación centrada en la variable ha sido usada de manera mayoritaria en la investigación dentro del ámbito de la psicología del desarrollo, muchas veces resulta insuficiente para comprender los procesos evolutivos de los individuos, siendo la combinación de ambas una fortaleza de esta tesis doctoral.
Discusión 192 4. CONTRIBUCIONES DEL ESTUDIO, IMPLICACIONES PRÁCTICAS Y FUTURAS LÍNEAS DE INVESTIGACIÓN. A partir de los hallazgos encontrados en la investigación y de la discusión presentada en páginas previas, a continuación, se describen las principales contribuciones de este estudio, así como sus implicaciones prácticas. Finalmente, este cuarto apartado termina con la descripción de algunas líneas de investigación futura que han surgido a lo largo de la elaboración de esta tesis doctoral. El marco teórico en el que se basa esta tesis doctoral, la teoría de la adultez emergente, supone un esfuerzo y una aportación para avanzar hacia una nueva conceptualización de los años que componen la tercera década de la vida de las personas. Además, la teoría de la adultez emergente pone su énfasis en cómo estas personas jóvenes se relacionan con sus contextos importantes de desarrollo. Esta tesis doctoral camina en esa misma dirección. Este trabajo realiza un esfuerzo y, hace un acercamiento a la etapa desde el modelo de desarrollo positivo al estudio de uno de los contextos de desarrollo más importantes para las personas durante la adultez emergente, el contexto familiar. Este trabajo de investigación aporta un valioso conocimiento respecto a algunas carencias existentes en la investigación científica actual en lo que concierne a esta nueva etapa en nuestro país. A este respecto, esta tesis doctoral subraya, desde el marco de la psicología evolutiva, cómo son las relaciones familiares durante un periodo en el que la familia como sistema dinámico, tiene que aprender a encontrar un nuevo equilibrio en las relaciones parentofiliales. El estudio de diversas dimensiones parentales y el rol que desempeñan respecto al desarrollo psicológico de las personas jóvenes ha permitido explorar y profundizar sobre la contribución de la familia durante un periodo del ciclo vital que ha emergido en las últimas décadas y, sobre el que todavía se ha estudiado en nuestro país de manera muy escasa. De este modo, la presente tesis doctoral contribuye de forma empírica a destacar la importancia que la familia sigue teniendo para el desarrollo de las personas durante la tercera década de sus vidas. Más específicamente, este trabajo de investigación evidencia que las personas jóvenes perciben que sus padres y madres son afectuosos, siendo favorecedor para su desarrollo que se impliquen y proporcionen un alto cariño, implicación y apoyo a la vez que atienden las necesidades crecientes de autonomía de sus hijos e hijas. Además, este contexto favorecedor implica que padres y madres ejerzan un bajo control, adaptando su supervisión o guía parental a la edad de sus hijos e hijas, y creando así un contexto de desarrollo óptimo. Sin duda, este
Las relaciones familiares durante la adultez emergente 193 contexto familiar óptimo se convierte en un escenario que favorece el desarrollo más saludable de las personas jóvenes. Otra importante contribución es la que hace esta tesis doctoral respecto al estudio de la autonomía emocional durante la adultez emergente. El análisis del papel moderador del apoyo social de la familia en la asociación entre la autonomía emocional y el bienestar y malestar psicológico de las personas jóvenes ha revelado que, el efecto del distanciamiento afectivo de madres y padres sobre el ajuste psicológico depende de la calidad del ambiente familiar. Asimismo, el hecho de que las personas jóvenes alcancen la autonomía emocional parece que no puede considerarse un requisito necesario para llegar a ser una persona adulta, al menos en países del sur de Europa, donde la transición a la adultez ocurre dentro del contexto familiar. Estos resultados ponen de manifiesto, una vez más, la importancia de estudiar las características sociales y culturales que subyacen a la construcción de este periodo. Bajo la premisa de que el fin último de cualquier investigación en psicología debe ser generar conocimientos que puedan ser aplicados para mejorar el desarrollo humano y la calidad de vida, este trabajo de investigación aporta algunas claves con interesantes implicaciones prácticas. Así, los resultados de esta tesis doctoral ponen de manifiesto la necesidad de que las administraciones públicas estimulen el desarrollo de políticas de apoyo a las familias no sólo durante los años de la infancia y adolescencia, sino también durante la adultez emergente. Como se ha comentado en líneas anteriores, los resultados de esta tesis doctoral subrayan, al igual que otros estudios, el importante rol que la familia sigue desempeñando durante la adultez emergente respecto al bienestar de hijas e hijos. En este sentido, padres y madres pueden sentirse especialmente perdidos sobre cómo ejercer de manera correcta su parentalidad durante estos años. Y es que, educar a hijos e hijas durante su infancia y adolescencia ha sido parte de nuestra historia, pero convivir con unos hijos e hijas legalmente adultos, aunque dependientes económicamente hasta casi los 30 años, es una realidad reciente que se vive en el contexto familiar y para la que padres y madres no tienen modelos comportamentales de referencia. Por tanto, se torna fundamental el desarrollo de programas psicoeducativos que fomenten la parentalidad positiva y estén destinados a optimizar las relaciones parentofiliales, ya que estas relaciones ayudarán al desarrollo saludable de las personas jóvenes y facilitarán su entrada en el mundo adulto. Estos recursos, que en la mayoría de los países son muy escasos (e.g., Arnett & Fishel, 2013), parece que en España son inexistentes. Por ello, el desarrollo de
Discusión 194 políticas de apoyo hacia las familias con hijos e hijas que se encuentren en la tercera década de sus vidas es la principal implicación práctica de esta tesis doctoral. A este respecto, la amplia muestra utilizada en esta tesis doctoral aumenta el alcance de sus hallazgos y proporciona conocimientos basados en la evidencia científica a las administraciones, permitiendo el diseño de intervenciones ajustadas a las necesidades reales de la población joven. Así, cabe esperar que este estudio contribuya, aunque sea modestamente, a sensibilizar sobre la necesidad de invertir en recursos diseñados para apoyar a las familias e implementar intervenciones específicas con las familias con hijos e hijas que se encuentran en esta etapa evolutiva. Además, también contribuye a que madres y padres sean más conscientes de la influencia vital que continúan teniendo sobre sus hijos e hijas más allá de la infancia y la adolescencia. De este modo, esta tesis doctoral además de proporcionar conocimientos de interés científico actual, también proporciona claves de intervención ante una nueva necesidad social del contexto famiilar que ha surgido en las últimas décadas. Como ya se ha expuesto a lo largo de esta tesis doctoral, la investigación que se presenta proporciona hallazgos interesantes sobre el contexto familiar durante la tercera década de la vida de las personas. No obstante, a medida que este trabajo se ha ido desarrollando han surgido nuevas preguntas de investigación que pueden dar lugar a líneas de trabajo futuro. Sin lugar a dudas, esta tesis doctoral explicita la necesidad de seguir realizando estudios desde el ámbito de la psicología, centrados en el contexto familiar durante la adultez emergente porque es un prometedor campo de investigación e intervención. En las páginas que siguen, se describen algunas de las líneas de investigación futuras más relevantes, que se derivan de esta tesis doctoral, respecto al estudio de la adultez emergente. Como se ha tenido oportunidad de avanzar en el apartado anterior, en algunas de ellas, el equipo de investigación del proyecto TAE y TAE II ya está trabajando, en otras, sin embargo, queda un amplio camino por recorrer. De este modo, respecto a las líneas de investigación futuras que han suscitado los hallazgos de esta tesis doctoral encontramos, en primer lugar, la necesidad creciente de llevar a cabo investigaciones centradas en la adultez emergente que vayan más allá de las fronteras de Estados Unidos o del norte de Europa. En estos contextos surge, como se ha comentado previamente, la mayor parte de las aportaciones científicas sobre este periodo. Aunque es cierto que poco a poco se van sumando a la investigación existente estudios llevados a cabo en países como España, Portugal o Italia, es evidente la falta de estudios sobre este periodo en contextos
Las relaciones familiares durante la adultez emergente 195 distintos al estadounidense o al norte de Europa, más aún desde el ámbito de la psicología. Concretamente, en nuestro país, la mayoría de los estudios sobre la juventud están centrados en las conductas de riesgo (García, Calvo, Carbonell, & Giralt, 2017; González-Ortega, Echeburúa& de Corral, 2008; Hernández-Serrano, Font-Mayolas, & Gras, 2015; Piqueras, Espinosa-Fernández, García-López & Beidel, 2012), siendo innegable la necesidad de estudios que profundicen sobre este nuevo periodo evolutivo con el objetivo de fomentar el desarrollo positivo de las personas jóvenes. Por otro lado, sería muy interesante la realización de estudios transculturales, que permitan comparar a las personas jóvenes durante este periodo en distintos contextos (Kins et al., 2014). Como se ha mencionado repetidamente a lo largo de esta tesis, la construcción de la adultez emergente está muy definida por las características socioculturales del contexto en el que tiene lugar (Arnett & Padilla-Walker, 2015; Zhong & Arnett, 2014). De esta manera, los estudios transculturales permitirían dar un paso más en el desarrollo de la investigación. En este sentido, el equipo del proyecto TAE y TAE II ya ha ampliado su labor de investigación. Esta labor se ha centrado en la elaboración de un proyecto conjunto entre España y Portugal, surgido a partir del encuentro entre el equipo de investigación del proyecto TAE y el equipo de investigación portugués, liderado por la Dra. Susana Maria Gonçalves Coimbra. La realización de varias estancias de investigación en la Faculdade de Psicologia e de Ciências da Educação da Universidade do Porto (Oporto, Portugal) que permiten que esta tesis opte a la Mención de Doctorado Internacional, han hecho posible la construcción y coordinación de este proyecto. El proyecto de investigación Transição para a adultez e relações familiares em Portugal e ajustamento psicológico: investigação intercultural entre Espanha e Portugal que obtuvo la aprobación del Comité de Ética de la Faculdade de Psicologia e de Ciências da Educação da Universidade do Porto (Refª 2017/10-2) (ver Anexo D), es una investigación transcultural que analiza las diferencias y similitudes existentes en variables del contexto familiar de los dos países del sur de Europa. Algunos de los resultados de este proyecto se encuentran en las aportaciones complementarias que se presentan junto a esta tesis doctoral (ver listado de publicaciones científicas y de aportaciones a congresos relacionadas). Este estudio transcultural, sin duda, abre una puerta hacia otras muchas líneas de investigación que permitan profundizar y ampliar nuestro conocimiento sobre las relaciones familiares durante la adultez emergente en distintos países y contextos. Entre ellas, otras líneas de futuro a emprender serían, por una parte, ampliar el estudio de los países del sur de Europa
Discusión 196 con otras muestras de países como Italia, Grecia o Croacia. Por otra parte, sería relevante la comparación con países de otros ámbitos ajenos al sur de Europa. En este sentido, la alianza de investigación entre el equipo español y portugués ha dado un paso más en la investigación transcultural con un estudio comparativo entre el Sur de Europa y América Latina, concretamente, entre España, Portugal y Brasil gracias a la colaboración con el Dr. José Egídio Oliveira, miembro del equipo de investigación portugués y otros investigadores pertenecientes a la Universidad de São Paulo. Esta investigación está centrada en analizar los desafíos de la transición hacia el mundo del trabajo durante la adultez emergente, comparando la realidad de Sevilla, Porto y São Paulo. Concretamente, este estudio analiza la gestión de la incertidumbre en la transición al mercado laboral y se centra en las variables que facilitan la que sin duda es una de las tareas más importantes de la adultez emergente: la obtención y mantenimiento de un empleo. Además, este trabajo incluye el análisis del papel de las relaciones familiares en dicha tarea. Actualmente, este estudio transcultural se encuentra en fase de recogida de datos. Otra línea de investigación futura se relaciona con el estudio de la importancia de las relaciones familiares, a través del análisis de su impacto en las relaciones que las personas jóvenes tienen con otras personas significativas (Milevsky et al., 2014). A este respecto, la realización de estudios que analicen y profundicen en la asociación entre las relaciones familiares y otras relaciones como son las relaciones de pareja o entre iguales durante este periodo ampliarían en gran medida nuestro conocimiento acerca de estos años. De hecho, ya hay algunos estudios que sugieren que existe una cierta continuidad entre la calidad de las relaciones familiares y la calidad de las relaciones románticas posteriores (e. g., Seiffge-Krenke, Shulman, & Kiessinger, 2001). Sin embargo, es escasa la investigación centrada en este aspecto en los años en los que transcurre la adultez emergente. Si bien es cierto que, esta tesis doctoral se focaliza en una gran variedad de dimensiones parentales también es cierto que, este contexto de socialización, proporciona amplios límites de actuación para la investigación empírica. Por ello, otra línea de investigación futura se encuentra en incorporar nuevas variables que permitan dar una visión todavía más extensa y completa sobre las relaciones familiares durante la tercera década de la vida de las personas. Algunas de ellas podrían ser, en lo relativo a las personas adultas emergentes, incluir otros indicadores de funcionamiento psicosocial relacionados con la satisfacción vital o la autorrevelación. Por otra parte, en lo relativo a las familias, incluir indicadores como la implementación de guía, asesoramiento, consejo o el estrés parental. También enriquecería la investigación incluir
Las relaciones familiares durante la adultez emergente 197 indicadores de funcionamiento familiar como la comunicación y el conflicto. En relación a esta línea de futuro, el proyecto de investigación TAE II ya ha incorporado algunos de estos indicadores en su investigación. Otra línea de investigación futura a destacar se relaciona con el estudio de la adultez emergente más allá del ámbito universitario. Estudios centrados en analizar la calidad de las relaciones familiares y su papel en el desarrollo psicológico de las personas jóvenes no estudiantes, jóvenes trabajadores, jóvenes inmigrantes o jóvenes en riesgo de exclusión social, sin duda, serían valiosas aportaciones. Todas estas aportaciones supondrían dar un paso adelante hacia un campo con escaso conocimiento a nivel mundial. Aunque existen evidencias de investigaciones centradas en estas poblaciones durante la adultez emergente y, en algunas de ellas se analiza el contexto familiar (Gutiérrez-García, Benjet, Borges, Ríos, & Medina-Mora, 2018; Musso, Inguglia, Lo Coco, Albiero, & Berry, 2017; Qin et al., 2015), es cierto que son bastantes escasos los estudios que tienen en cuenta variables de ajuste y desajuste psicológico durante este periodo evolutivo. A este respecto, el equipo de investigación del proyecto TAE II, como se ha comentado en el apartado anterior de esta tesis doctoral, incluye dentro de la muestra seleccionada el análisis de población adulta emergente no universitaria con el fin de proporcionar, entre otros aspectos, una visión más completa de las relaciones familiares durante esta etapa evolutiva. Una última línea de investigación futura que cabe destacar está relacionada con la situación sanitaria surgida hace poco más de un año, originada por el COVID-19 (SARS-CoV-2) y que ha afectado especialmente a las personas jóvenes (Cowie & Myers, 2021; Sahu, 2020; Szczepańska & Pietrzyka, 2021). Esta nueva situación sanitaria ha supuesto un impacto global en la población en el ámbito sanitario, social y económico (Bénassy-Quéré et al., 2020; Cacciapaglia et al., 2020; Moreno et al., 2020; Usher et al., 2020). La Organización Mundial de la Salud declaró, en marzo del año 2020, la situación de pandemia mundial originada por el nuevo coronavirus. En lo referente a nuestro contexto, el Gobierno español decretó, en ese mismo mes, el estado de alarma en todo el territorio nacional (BOE, 2020). Además, asociado al estado de alarma impuso un estado de confinamiento domiciliario junto con otras medidas entre las que se incluían el distanciamiento social y la suspensión de la actividad comercial y educativa que han continuado en distintos grados de severidad hasta la actualidad. Una interesante y necesaria línea de investigación futura supondría analizar el impacto psicológico del COVID-19 y de esas medidas restrictivas dentro contexto familiar. En España, la pandemia ha modificado las formas de vida y rutinas habituales dentro de los hogares lo que ha
Discusión 198 supuesto, principalmente, un aumento del tiempo de convivencia entre ambas generaciones adultas dentro del mismo hogar. Y es que, algunas de esas medidas restrictivas han conllevado limitaciones de movilidad y que las personas jóvenes retomen sus estudios universitarios en modalidad online o semipresencial. Aunque en nuestro país y, como se ha comentado a lo largo de esta tesis doctoral, las personas jóvenes viven bajo el mismo techo que su familia hasta casi los 30 años de manera normativa, ahora comparten más tiempo que antes en casa con sus familias. Además, muchas personas jóvenes habían iniciado una separación residencial para comenzar sus estudios y, debido a la pandemia, han tenido que volver al hogar familiar. Por otra parte, unido al aumento del tiempo de convivencia parentofilial debido a estos aspectos, se encuentra la complicada situación económica que atraviesa el país y las nuevas formas de trabajo de la población. La situación sanitaria también ha conllevado que muchos padres y madres retomen sus trabajos adaptándose a un nuevo modelo de teletrabajo desde sus hogares y que, quienes pertenecen a sectores más desfavorecidos hayan perdido, en muchas ocasiones, su empleo. Además, esta durísima situación económica puede conllevar retrasar, aún más, la incorporación al mercado laboral de las personas adultas emergentes, una incorporación que ya antes de la pandemia se producía de manera tardía. El impacto en la vida familiar de las consecuencias originadas por el COVID-19 ha supuesto, sin duda, que en los últimos meses se produzca un reajuste en las relaciones parentofiliales. Un reajuste que, en algunas ocasiones, ha podido ser negativo por el aumento del estrés familiar que suponen todos estos cambios mientras que, en otras ocasiones, quizás haya sido positivo reforzando los vínculos familiares. Este es un nuevo ámbito de investigación que es muy necesario abordar desde la psicología evolutiva. En cualquier caso, las líneas de investigación futuras deben seguir analizando las contribuciones específicas del contexto familiar en el desarrollo saludable de las personas jóvenes. Así, debido a que los cambios acontecidos en las últimas décadas han tenido repercusiones en la vida de las personas jóvenes y en las dinámicas familiares, se tornan necesarios estudios que analicen aspectos concretos de las prácticas parentales y de las relaciones parentofiliales que influyen en el desarrollo psicológico de las personas durante los años en los que transcurre la adultez emergente.
Las relaciones familiares durante la adultez emergente 199 CHAPTER V. ENGLISH SUMMARY OF THE PhD THESIS
English summary of the PhD thesis 206 The importance attached to family during emerging adulthood in Southern European countries is due to various different factors. Firstly, the high youth unemployment rate and job precariousness among young people makes it hard for them to find stable employment and become independent from their parents. Secondly, poor and insufficient social policies force families to continue to financially support their older children (OECD, 2013). Thirdly, the strong Catholic tradition situates family at the heart of individual development. In this sense, Vogel (2002) refers to the concept of family welfare regimes when describing countries in this context. According to this author, countries in Southern Europe are characterised by the precariousness of the labour market, unequal income, limited social policies, strong family traditions and high poverty rates. It is true that, in comparison with the youth population in other countries, the youth population in this context attach greater importance to family union, over and above becoming independent (Iacouvou, 2010; Moreno et al., 2012). It therefore seems that the family culture of emotional and financial dependence is more important in this context than in other regions of Europe or the United States. Given this framework characterised by high unemployment and weak support from the state, families are key sources of support, care and security for young people during this period. In this context, the transition to adulthood that occurs during this period is understood as a process through which both generations must pass (Andrade 2010a; Mendonça & Fontaine, 2013; Rossi, 1997). Characteristics which define emerging adulthood Arnett (2000, 2006b, 2007c, 2014a) conceptualises this new developmental stage in accordance with five characteristics: - The age of identity explorations: Emerging adulthood is an age for exploring identity. It is a period in which young people explore their possibilities in different areas of their lives, particularly those of romantic love and work. - The age of instability: Emerging adulthood is a period of intense instability, in which changes and fluctuations, mostly in the areas of romantic love, work and place of residence, are fairly common.
Las relaciones familiares durante la adultez emergente 207 - The self-focused age: Emerging adulthood is a period of immense freedom, in which young people do not have too many obligations or daily commitments and therefore have the ideal opportunity to focus on themselves. - The age of feeling in-between: During emerging adulthood, young people no longer feel themselves to be adolescents, but nor do they consider themselves adults. - The age of possibilities: Emerging adulthood is a period during which young people have access to a multitude of different options for the future. Many different paths open up before them, enabling them to choose to develop their lives in different ways. 1.2 Family relationships during emerging adulthood Family functioning during emerging adulthood At the beginning of this century, young people tended to leave home in their early twenties. Currently, however, two generations of adults (parents and their emerging adult children) often live under the same roof for an entire decade, with young people often not moving out until they are in their early thirties. This clearly affects family relationships during this period. Indeed, many different studies have reported that for the majority of young people, the changes and delays in the assumption of adult roles that are inherent to emerging adulthood also imply changes in their relationship with their parents, and affect family dynamics (Kins, Beyers, & Soenens, 2013; Leccardi, 2010; Lefkowitz, 2005; León & Migliavacca, 2013; Rodríguez & Rodrigo, 2011). During emerging adulthood, families are forced to readjust their everyday life (Aquilino, 1997, 2006; Konstam, 2007; Leccardi, 2010; Milevsky, Thudium & Guldin, 2014; Parra, Oliva, & Reina, 2015; Rodríguez & Rodrigo, 2011; Sneed et al., 2006) in order to find a new balance in parent-child relations, which become more symmetrical than before (Arnett, 2018; Fosco, Caruthers, & Dishion, 2012; Kins, Soenens, & Beyers, 2011; Manzi, Regalia, Pelucchi, & Fincham, 2012; Parra et al., 2015). Family relations become more reciprocal, with parents and children seeing each other differently (Mendonça & Fontaine, 2014). This in turn renders parent-child interactions more empathetic (Wintre & Yaffe, 2000), creating a new situation in the family context (Carrà, Lanz, & Tagliabue, 2014).
English summary of the PhD thesis 208 Family is an important source of supervision and affection (Fosco et al, 2012; Kins, de Mol, & Beyers, 2014) and continues to have a major influence on young people's development during this period (Fingerman & Yahirun, 2016). During emerging adulthood, family relations are generally viewed as good and positive (Crocetti & Meeus, 2014; Kenny, 1987; Lefkowitz, 2005; Milevsky et al., 2014), and tend to improve over the years, becoming closer, healthier and more equal (Lefkowitz, 2005; Thornton et al., 1995). Moreover, parent-child conflicts tend to decrease during the early years of this period, when part of the youth population start university (Aquilino, 1997). The role played by family relations during emerging adulthood seems to be culturally determined (Buhl, 2007). So much so, in fact, that in Europe, some studies have found differences between the family relations established in the northern part of the continent and those established in the south. In Southern European countries, young people spend these years in the family home (Crocetti & Meeus, 2014), which continues to be a fundamental development and socialisation context (Fosco et al., 2012; Manzi et al., 2012; Parra, Oliva, & Sánchez-Queija, 2015). In other words, in these countries, family is understood not only as a source of resources, but also as the main socialisation context within a family culture of dependence (Moreno, 2008). In contrast, the family context in Northern European countries is based on family ties that, to some extent, are weaker than those established in the more southern regions of the continent. Whereas in Northern European countries the family is a very important context for individual development, it has a weaker influence on young people, who are, to some degree, more emotionally detached from their parents than their counterparts in the south (Giuliano, 2004). - The impact of remaining in the family home and children's process of becoming independent One of the most important changes experienced by young people, which characterises their entry into the adult world, is leaving the family home to live independently (Dubas & Petersen, 1996; Iacovou, 2001). During the nineteen-eighties, an increasing number of young people in Western societies began to remain in the family home until their late twenties, or returned home after a short period of living independently (Aassve, Cottini, & Vitali, 2013; Stone, Berrington, & Falkingham, 2014; White, 2002). The trend towards remaining in the family home is closely linked to unstable employment, high house prices and the long path involved in
Las relaciones familiares durante la adultez emergente 209 transitioning towards adulthood. Indeed, some studies have highlighted that although leaving the family home is one of the first steps towards living an independent adult life (Mann-Feder et al., 2014; Seiffge-Krenke, 2010), it is clear that many young people continue to live with their families for longer than before (Bernardi, 2007; Billari & Liefbroer, 2010; Bosch, 2015), and that this phenomenon is a common one in most Western countries. In the nineteen-fifties, in contrast, most young people in the majority of Western countries left home at around age 20. In the United States, the delay in leaving home and the increase in the percentage of young people who continue to live with their parents are, to a certain extent, considerable (Arnett, 2000). However, the trend seems to be even more common in Europe. Indeed, in 2017, 68.2% of young people aged between 16 and 29 years in the European Union lived with their families (Eurostat, 2018c). In Spain, the mean age for leaving home is around 30. Specifically, between 2009 and 2019, the mean age at which young people left the family home rose from 28.3 years to 29.5 years (Eurostat, 2020). This means that eight out of every ten Spaniards aged between 16 and 29 years (or in other words, 81% of the youth population) continue to live with their parents (CJE, 2019). Consequently, in Southern Europe at least, it is far from uncommon to find different generations of adults living under the same roof, thereby extending the period in which young people live with their parents (Mendonça, Andrade, & Fontaine, 2009; Mendonça & Fontaine, 2013). There are four principal reasons for this delay in young people leaving home. First, they often find it very difficult to access and consolidate their position in today's increasingly demanding and competitive labour market. Second, the real estate market is characterised by both high house and high rent prices (Bernardi, 2007; Denche, 2017; Requena, 2002). Third, leaving the family home has traditionally been associated with having a stable romantic partner. Although this is still mostly the case, over recent years, other reasons more closely associated with individual achievements have begun to emerge, and young people sometimes leave home simply because they want to be more independent (Arnett, 2014a). Fourth, the changes which have occurred in the family context and in parent-child relations have resulted in some young people not being in any hurry to leave home. This is partly due to the fact that the standard of living enjoyed by families has improved (e.g., families tend to have fewer children), although it is also true that young people in general feel close to their families when they live under the same roof (Mann-Feder et al., 2014). As described in more detail above, during this period, parentchild relationships become more flexible and are characterised by a more equal distribution of authority within the family context. This makes living with one's parents a more comfortable
English summary of the PhD thesis 210 choice than before (Bernardi, 2007; Denche, 2017; Requena, 2002). All these factors, which follow on from a longer period of education, inevitably contribute to postponing young people's residential independence (Settersten & Ray, 2010). In Spain, studies disagree regarding the question of whether young people live with their parents for longer because it is convenient for them (Douglass, 2005), or whether they do so because the economic situation does not allow them to gain the financial independence they require to move out (Martín, 2002). Whatever the reason, families continue to be one of the principal sources of financial and emotional support for young people as they transition towards adulthood (Baizán, 2001; Moreno, 2008). Parenting dimensions during emerging adulthood - Warmth, involvement and parental support In relation to perceived parental warmth and involvement, studies have generally tended to report that young people perceive their family relations as being characterised by warmth (Gomez & McLaren, 2006) and a high degree of involvement by their parents (Duchesne, Ratelle, Larose, & Guay, 2007; Gomez & McLaren, 2006). Families also seem to be a source of essential support for emerging adults, with perceived social and emotional support being the aspects most frequently analysed in empirical research to date (Thoits, 1995). Indeed, many studies have found that young people perceive their families as a key source of social and emotional support (Albertini, 2010; Fingerman & Yahirun, 2016; Fosco et al., 2012; Holdsworth, 2004; Holdsworth & Morgan, 2005; Lee & Goldstein, 2016; Moreno & Marí-Klose, 2013; Seiffge- Krenke, 2009), and view them as playing a significant role in their development (Trommsdorff, Kim, & Nauck, 2005), helping them make better decisions and assume adult roles more successfully (Fingerman & Yahirun, 2016). One of the issues that have generated most interest in relation to this period is gender differences. After women started accessing the labour market (González, 2010; Mínguez, 2010; Navarro, 2006), a transformation occurred in gender-based role assignment and Western societies now have more equal ideas about men and women than in past decades (Domínguez, 2010). Despite this, however, differences continue to exist in the family environment, with parent-child relations being different for sons than for daughters. These differences generally coincide with the traditional family model and are present in the majority of Western societies (González, 2010; Lee & Goldstein, 2016; Mínguez, 2010; Navarro, 2006).
Las relaciones familiares durante la adultez emergente 211 For example, research has shown that parents tend to talk more about emotional issues with their daughters than with their sons (Cross & Madson, 1997). Young women maintain closer contact with their parents and families are a more important source of emotional support for them than for young men during this period (Adamczyk, 2016; Duru, 2007). Moreover, young women perceive their relationship with their family to be warmer (Kenny & Donaldson, 1991; Parra et al., 2015), closer and more intimate (Marinho & Mena, 2012; Noack & Buhl, 2005; Sneed et al., 2006) than young men. In general terms, emerging adult women perceive the affective quality of their relationship with their parents as being more positive than emerging adult men (Kenny & Donaldson, 1991). They are also more affected by changes in family dynamics (Beyers & Seiffge-Krenke, 2007) and seem to benefit more from the support provided by their families than their male counterparts (Sifers, 2011). In contrast, young men tend to be less engaged in family relations and perceive closeness or intimacy by their families as something that encroaches on their autonomy (Marinho & Mena, 2012). - Psychological control and behavioural control exercised by families The study of parental control during emerging adulthood is particularly important because one of the characteristics of this period is that families grant emerging adults greater autonomy (Padilla-Walker & Nelson, 2012). Studies carried out to date have reported similar results for the United States and Northern and Southern Europe, and coincide in asserting that levels of psychological and behavioural control during emerging adulthood are generally either medium or low (Padilla-Walker, Nelson, & Knapp, 2014; Soenens et al., 2009). It is possible that parental control (or behavioural control at least) decreases as children grow older, become more independent and assume the roles inherent to adulthood. Indeed, evidence suggests that parents' desire to control their children diminishes as they move from adolescence to their mid twenties (Aquilino, 1997). As regards gender differences, some authors coincide in highlighting the fact that, during emerging adulthood, young men perceive higher levels of psychological and behavioural control by their parents than young women (Kins et al., 2011; Soenens, Vansteenkiste, & Luyten, 2010). There is scarce empirical evidence on the association between psychological and behavioural control and other parenting dimensions. Some studies have shown that, during emerging adulthood, high levels of psychological control are negatively associated with positive aspects of parenting and parent-child relations, such as parental warmth and involvement, and are therefore linked to a perception of poorer quality family relations (Nelson, Padilla-Walker,
English summary of the PhD thesis 212 Christensen, Evans, & Carroll, 2011; Urry, Nelson & Padilla-Walker, 2011). These findings suggest that family relations during emerging adulthood are healthier when parents provide high levels of warmth, foster their child's autonomy and establish new limits in the parent-child relationship, based on less control (at least in terms of psychological control) (Nelson et al., 2011). Emotional autonomy during emerging adulthood Within the framework of family relations, autonomy has traditionally been understood as a developmental aspect that marks entry into adulthood (Allen, Hauser, Bell, & O’Connor, 1994; Grotevant & Cooper, 1986; Holmbeck & Hill, 1986) and should be achieved through adequate relationships with the significant others in a person's environment, particularly their family (Parra & Oliva, 2009). This concept is especially significant during adolescence, because it is during this stage that people begin to feel capable of governing their own lives and being less dependent on their parents. However, in our society at least, autonomy is not fully achieved during adolescence, but rather is a key task of the emerging adulthood period. On the pathway towards adult life (Laitonjam & Gulati, 2014), autonomy continues to develop and pose challenges for young people, starting during adolescence and continuing on throughout emerging adulthood. Many authors coincide in stating that no consensus has yet been reached regarding the definition of autonomy (Noom, Deković, & Meeus, 1999; Noom, Deković, & Meeus, 2001; Zimmer-Gembeck & Collins 2003), and it is perhaps best understood when analysed as a construct that encompasses several different dimensions, or in other words, when analysed as a multidimensional construct of human development (Steinberg & Silverberg, 1986). From this multidimensional perspective, autonomy is viewed as being made up of at least three closely interrelated dimensions: behavioural, cognitive and emotional (Noom et al., 1999). The emotional dimension of autonomy is the one which has attracted most interest among members of the scientific community (Pace & Zappulla, 2009). Most studies on the development of emotional autonomy during emerging adulthood have focused on the early years of this stage, and coincide in pointing out that young people in Western societies perceive medium or high levels of emotional autonomy, with these levels being the same among men as among women (Chan & Chan, 2009; Laitonjam & Gulati, 2014; Parra et al., 2015; Zimmer- Gembeck, Madsen, & Hanisch, 2011). The may be due to the restructuring of family relations during the third decade of children's lives, which implies striking a new balance between young people's autonomy and their dependence on their families (Aquilino, 1997, 2006).
Las relaciones familiares durante la adultez emergente 213 One relevant question that arises from an analysis of those studies focusing on emotional autonomy is whether or not being emotionally autonomous is truly beneficial for young people's correct development. To answer this question, it is necessary to explore the origins of past analyses of this concept. Emotional autonomy is understood as a complex construct with no single theoretical framework, since, right from the beginning, different authors have conceptualised it from different theoretical perspectives (Kaur, 2013). These theories have served to highlight the controversy which exists over the role played by emotional autonomy in family relations (Pace & Zappulla, 2009). Studies conducted from the perspective of psychoanalysis, such as those by Anna Freud (1958) and Peter Blos (1979), argue that the development of emotional autonomy (which, they hold, mainly occurs during adolescence) implies a certain distancing from family ties. In other words, it is the process of abandoning the affective dependence characteristic of childhood. According to this approach, emotional autonomy is one of the developmental tasks of adolescence (Allen et al., 1994; Connely & Goldberg, 1999; Grotevant & Cooper, 1986; Noom et al., 2001), and a fundamental requisite for assuming adult roles (Freud, 1958). The work of Steinberg and Silverberg (1986) is closely linked to this perspective. In 1986, these two authors created the Emotional Autonomy Scale, the first scale used to assess emotional autonomy. Since that time, it has become the most commonly-used instrument in studies seeking to measure this construct. Other authors, such as Ryan and Lynch (1989), however, question whether achieving emotional autonomy is truly a developmental task. According to this perspective, being emotionally autonomous has no benefits for the individuation process. Affective detachment is not necessary to adolescent development, and may indeed reflect problems in the family dynamics. Studies which adhere to this approach point out that adolescents who are more emotionally independent from their families tend to perceive parent-child relations as being lower quality and entailing less affection and warmth (Ryan & Lynch, 1989; Zimmer-Gembeck et al., 2011). Similarly, other studies highlight that high levels of emotional autonomy are associated with difficulties in family relationships during adolescence, less cohesive family patterns characterised by a lack of emotional closeness, support, understanding and communication, as well as more difficult parent-child relations (Chan & Chan, 2009; Neff & Harter, 2003; Oliva & Parra, 2001; Parra & Oliva, 2009; Ryan & Lynch, 1989; Yu, 2011).
English summary of the PhD thesis 214 1.3 Quality of family relationships and psychological developmental during emerging adulthood The influence of parenting dimensions on psychological development during emerging adulthood - The relationship between parental warmth, involvement and support and psychological well-being and distress Regarding affective parenting dimensions, perceived levels of warmth, involvement and support in parent-child relations influence young people's psychological adjustment and their ability to establish and maintain healthy interpersonal relationships with others (Meeus, Iedema, Maassen, & Engels, 2005; Tubman & Lerner, 1994). Family relationships characterised by high levels of perceived warmth, affection, closeness, involvement and support are associated with high levels of psychological well-being and life satisfaction during the third decade of life (Holahan et al., 1995; Zupančič, Komidar, & Levpušček, 2014). Specifically, some studies suggest that family contexts characterised by high levels of support are associated with low levels of psychological distress, such as, for example, low levels of anxiety and depression (Gomez & McLaren, 2006; Holahan et al., 1995; Lanz and Tagliabue, 2007). It therefore seems that parental support is a protective factor for young people's adjustment (Gomez & McLaren, 2006). In contrast, perceived affective detachment in parent-child relations is associated with higher levels of stress (McCarthy, Moller, & Fouladi, 2001). Similarly, family support for autonomy is associated in general with high levels of psychological well-being, social well-being and optimal psychosocial functioning during this developmental stage (Downie et al., 2007; Joussemet, Landry, & Koestner, 2008; Kins et al., 2009). Specifically, high levels of perceived family support for autonomy are linked to high levels of satisfaction with one's current living conditions, a sense of vitality (Kins et al., 2009) and good self-esteem (Soenens et al., 2007). In contrast, low parental support for autonomy is associated with more depressive symptoms during this period (Kins et al., 2009). These studies highlight the importance of families fostering their children's autonomy during this developmental stage, which is hardly surprising given that fostering the autonomy of those who are practically adults is fundamental to their correct development. The trend identified in other Western societies has been identified also in Southern Europe. For example, some authors have found that positive emotional bonding is associated with better adaptive psychological functioning (Leondari & Kiosseoglou, 2000) and more
Las relaciones familiares durante la adultez emergente 215 emotionally distant family contexts are negatively related to life satisfaction during emerging adulthood (Parra et al., 2015). Moreover, other studies have confirmed that perceived support from parents is negatively associated with anxiety and stress among emerging adults (Inguglia, Ingoglia, Liga, Lo Coco, & Lo Cricchio, 2015). - Relationship between the psychological and behavioural control exercised by families and psychological well-being and distress In general, high levels of parental psychological and behavioural control are associated with higher levels of anxiety, depression and impulsiveness during emerging adulthood (Nelson et al., 2011). Furthermore, high levels of psychological and behavioural control, as perceived by young people, are linked to low self-esteem and academic and social maladjustment (Padilla-Walker & Nelson, 2012). Other studies have found specifically that psychological control is positively associated with depression among young people (Soenens et al., 2009; Soenens, Park, Vansteenkiste, & Mouratidis, 2012). Moreover, emerging adults who perceive their parents as psychologically controlling tend to be more anxious and indecisive (Luyckx, Soenens, Vansteenkiste, Goossens, & Berzonsky, 2007), have a lower capacity to cope effectively with stressful life events (Abaied & Emond, 2013) and, in general, have more psychosocial adjustment problems (Nelson et al., 2011; Soenens et al., 2009). Due to a lack of research, it is impossible to confirm the impacts of parental control in Southern Europe. Studies focusing on parental control on young adult children in their thirties are almost non-existent in these countries, which highlights the importance of researching this construct in our immediate environment. The influence of emotional autonomy on psychological development during emerging adulthood The repercussions for children of the development of emotional autonomy have been the subject of fairly controversial debate within the scientific community, due to the different theoretical perspectives from which emotional autonomy has been approached, as described earlier in this doctoral thesis. From the framework espoused by those who consider emotional autonomy to be a developmental task of adolescence (Allen et al., 1994; Connely & Goldberg, 1999; Grotevant & Cooper, 1986; Noom et al., 2001), this process contributes positively to adjustment and guarantees healthy development during both the teenage period and the initial years of emerging adulthood (Frank, Pirsch, & Wright, 1990; Steinberg & Silverberg, 1986).