Historia de la contabilidad señorial en España a través del Marquesado de Adeje, el Condado de la Gomera y el Señorío de El Hierro (1695-1790)
Abstract
Programa de doctorado: Gestión de la Nueva Economía
Full text
Anexo II
UNIVERSIDAD DE LAS PALM AS DE GRAN CANARIA
Departamento ECONOMÍA Y DIRECCIÓN DE EMPRESAS
Programa de doctorado GESTIÓN DE LA NUEVA ECONOMÍA
Título de la Tesis
HISTORIA DE LA CONTABILIDAD SE ÑORIAL EN ESPAÑA A TRAVÉS DEL
MARQUESADO DE ADEJE, EL COND ADO DE LA GOMERA Y EL SEÑORÍO
DE EL HIERRO (1695 – 1790)
Tesis Doctoral presentada por Dª ISABEL SONIA GRANADO SUÁREZ
Dirigida por el Dra. Dª. MERCEDES CALVO CRUZ
Codirigida por el Dr. D. LÁZARO RODRÍGUEZ ARIZA
Las Palmas de Gran Canaria, a 14 de septiembre de 2015
El presente trabajo de i nvestigación ha contado con
la ayuda económica de UNELCO a través del
Programa Innova Canarias 2020® en el año 2007.
Asimism o, ha sido m eritorio del Margit F.
Schoenfeld and Hanns Martin W. Schoenfeld
Scholarship in Accounting History , otorgado por la
Academy of Accounting Historians en su edición
inaugural de 2008.
Debido al largo camino recorrido en la elab oración de la presen te tes is doctoral,
he ido acumulando muchas deudas personales e intelectuales a las que difícilmente
hallaré modo de saldar.
De forma especial, quiero que co nste mi gratitud a los directores de esta
investigación. Sin su profesionalidad, su s valiosos conocim ientos y sus acertadas
directrices, este trabajo difícilmente se hubiera podido concluir. A la profesora Dra.
Mercedes Calvo Cruz, mi agradecim iento por darme a conocer el mundo de la Historia
de la Contabilidad y por ofrecerm e la posibi lidad de investigar en el tem a que hemos
desarrollado. Gracias por el apoyo y los buenos consejos recibidos durante este tiempo.
Junto a ella, el profesor Dr. Lázaro Rodrígu ez Ariza ha dirigido esta investig ación desde
la distancia que nos separa el Atlántic o, pero –sobre todo– desde la cercanía que
siempre m e ha brindado su persona. Mi gratit ud por aceptar la codire cción de esta tes is
doctoral, por su inestimable ayuda y su con tinuo apoyo en el desarro llo de este trabajo.
Igualmente, quisiera recordar con cariño y gratitud a la prof esora Dra. Francisca
Piedra Herrera, por haberme inculcado m uch os de los valores que hoy día trato de
aplicar en el desarrollo de mi trabajo.
Mi agradecimiento al Departam ento de Economía Financiera y Contabilidad de
la Universidad de Granada, donde inicié mi s estudios de Doctor ado. En especial, al
profesor Dr. José Manuel Aguayo Moral por la ayuda que siempre me ha ofrecido. A él
debo, además, m i interés por la Contabilidad, pu es tuve la gran fort una de tenerle como
profesor en mi primer curso de la Licen ciatura en Ad ministr ación y Dirección de
Empresas.
Asimism o, quisiera agradecer al Depa rtam ento de Economía y Dirección de
Empresas de la Universidad de Las Palm as de Gran Canaria la oportunidad que me ha
brindado para concluir mi Doctorado. De form a especial, al profesor Dr. Víctor Padrón
Robaina, por ofrecerme su ayuda y su continuo apoyo m oral.
A mis compañeros del Departam ento de Economía Financiera y Contabilidad,
por haberse interesado en el curso de mi tr abajo. Mención especial merece la profes ora
Dra. Margarita Mesa Mendoza, co mpañera de la que siempre he recibido estímulo y
buenos consejos. Mi gratitud ha cia ella por su constan te ayuda y por las sugerencias
aportadas en la revisión de este trabajo. Igualmente, quisie ra agradecer las aportaciones
realizadas por la profesora Dra. Candelari a Castro Pérez, que tam bién ha colaborado
desinteresadamente en la c itada revisión. Mi agradecim ien to al profesor Dr. Félix
Blázquez Santana, por su apoyo desde que me incorporé al Departam ento de Economía
Financiera y Contabilidad, y al profesor Dr. Pedro Balboa La Chica, que siempre me ha
animado para que la conclusión de este trabajo fuera una realidad.
También quisiera h acer constar mi gratitud al pe rsonal de los diversos Archivos
que he consultado durante este tiempo. En especial, al personal d e la Sociedad
Científica El Museo Can ario, por las facilidades q ue me ha brindado para la rea lización
de esta tesis doctoral y por el cari ño con el que siempre m e ha acogido.
A mis amigos, por confiar en m í. A Álva ro por su paciencia y su ayuda. A mis
hermanas y m i madre, por las palabras de ánim o que me han hecho no desistir en los
momentos de desaliento. A m i padre, que también deseaba ver cumplido este proyecto.
A mis padres, por m uchos motivos
TESIS DOCTORAL
HISTORIA DE LA CONTABILIDAD SEÑORIAL EN
ESPAÑA A TRAVÉS DEL MARQUESADO DE ADEJE, EL
CONDADO DE LA GOMERA Y EL SEÑORÍO DE EL
HIERRO (1695 – 1790)
ISABEL SONIA GRANADO SUÁREZ
Septiembre de 2015
UNIVERSIDAD DE LAS PALM AS DE GRAN CANARIA
DEPARTAMENTO DE ECONOMÍA Y DIRECCI ÓN DE EMPRESAS
ÍNDICE DE ILUSTRACI ONES,
ESQUEMAS, GRÁFICOS Y TABLAS
Índice de i lustraciones, esquemas, gr áficos y tablas
IX
Las ilustraciones, esquemas, gráficos y tablas han sido enum erados de forma
correlativa dentro de cada capítulo para facilitar su localizac ión, por lo que la
codificación adoptada muestra dos dígitos. El primero de ellos indica el número del
capítulo donde se hallan insertos, mientras que el segundo refleja el orden consecutivo
establecido dentro del mismo.
ILUSTRACIONES
Ilustración 1.1 Plano y alzado de la casa-fuerte de Adeje (s. X VIII) ................
.
50
Ilustración 1.2 Fragmento del cu aderno de órdenes para la Contaduría
(1771) ........................................................................................
.
75
Ilustración 1.3 Fragmento del cuaderno de órdenes de la Contaduría (1783) ..
.
77
Ilustración 1.4 Transcripción pa rcial de la ilustración 1.3 ................................
.
77
Ilustración 1.5 Niveles administrativos de la Casa desde los marqueses de
Belgida ......................................................................................
.
86
Ilustración 2.1 Cabecera del informe Extinción de yngenio (1810) ..................
.
94
Ilustración 2.2 Fragmento de la Mem oria de la gent e que sirve en la
molienda (1762) ........................................................................
.
104
Ilustración 2.3 Fragmento Cuenta y razón de los pies de morales dados a
renta (1786) ...............................................................................
.
125
Ilustración 2.4 Transcripción parcial de una propuesta de cambio en los
arrendamientos (1753) ...............................................................
.
142
Ilustración 2.5 M emoria de lo ganan los trabaj adores de esta Casa de
Adexe (1768) .............................................................................
.
186
Ilustración 2.6 Transcripción pa rcial de la ilustración 2.5 ................................
.
186
Ilustración 2.7 Ajuste para los que sirben en Casa (1697) ...............................
.
190
Ilustración 2.8
Ilustración 2.9
Ilustración 2.10
Primer fo lio de la Nómina de las raciones de trigo (1791) ........
.
Transcripción parcial de la ilustración 2.8 ................................
.
Organización de los dependientes libres en la hacienda de
Adeje .........................................................................................
.
194
194
200
Ilustración 2.11
Transcripción parcia l de la cuenta corrien te Agustín
Casimiro (1767-1768) ...............................................................
.
205
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
X
Ilustración 2.12
Ilustración 3.1
Ilustración 3.2
Copia del informe sobre la s rentas anuales de lo s
mayorazgos de Adeje, La Go mera y El Hierro (1749) ..............
Firma del conde-m arqués Domingo de José de Herrera
Ayala en una quenta de la administración gomera (1755) ........
Portada del catálogo de la administración principal de
Adexe (1796) ..............................................................................
210
251
255
Ilustración 3.3
Portada y letra A del abecedario de las cuentas particulares
del libro cor riente nº 2 (1768-1769) .......................................... 259
Ilustración 3.4 Primer folio del Extracto de efectos correspondiente 1770 ....... 261
Ilustración 3.5
Ilustración 3.6
Transcripción parcial de la ilustración 3.4 .................................
Fragmento del ca tálogo correspondiente a 31 de enero de
1766 ...........................................................................................
262
264
Ilustración 3.7 Transcripción pa rcial de la ilustración 3.6 ................................. 264
Ilustración 3.8
Ilustración 3.9
Ilustración 3.10
Ilustración 3.11
Ilustración 3.12
Ilustración 3.13
Ilustración 3.14
Ilustración 3.15
Ilustración 3.16
Primer fo lio de la Demostración matemática de las cuentas
corrientes y de efectos de la Contaduría de Adexe (1787) .......
Primer folio de la cuenta por Cargo y Data de Adeje (1781-
1787) ..........................................................................................
Segundo folio de la cuenta po r Cargo y Data de Adeje
(1781-1787) ...............................................................................
Transcripción parcial de las Cuentas hechas entre el
Adelantado de Canaria y Hernando de Castro, su
administrador (mayo de 1570 a septiembre de 1571) ...............
Primer folio del cuaderno de salidas de azúcar (1611) ..............
Transcripción parcial del cuad erno de salidas de azúcar
(1611) .........................................................................................
Memoria de desburga (1800) ....................................................
Memoria semanal de las raciones de trigo para los
desburgadores (1801) ................................................................
Cuenta de la desburga de caña de Francisco Martín Borrego
(1787) .........................................................................................
267
271
272
277
278
279
283
285
286
Índice de i lustraciones, esquemas, gr áficos y tablas
XI
Ilustración 3.17
Ilustración 3.18
Ilustración 3.19
Ilustración 3.20
Ilustración 3.21
Ilustración 3.22
Ilustración 3.23
Ilustración 3.24
Ilustración 3.25
Ilustración 3.26
Ilustración 3.27
Ilustración 3.28
Ilustración 3.29
Ilustración 3.30
Ilustración 3.31
Ilustración 3.32
Ilustración 3.33
Ilustración 3.34
Ilustración 3.35
Ilustración 3.36
Ilustración 3.37
Ilustración 3.38
Ilustración 3.39
Cuenta corriente de Francisco Martín Borrego. Libro
corriente de la Contaduría nº 7 (1787) .....................................
.
Quenta Z afra de molienda (1721) .............................................
.
Quenta del emborco de azúcar (1721) ......................................
.
Cuenta Trigo en Fañabé (1770) ................................................
.
Transcripción parcial de la ilustración 3.20 ..............................
.
Portadas del quaderno de sementera de 1770 ...........................
.
Memoria de sementera de trigo salido de Fañabé para
sembrar en Chabor con medianeros (1770) ..............................
.
Me moria de cosecha elaborada por Francisco Casañas
para la era de El Rincón (1770) ................................................
.
Transcripción parcial de la ilustración 3.24 ..............................
.
Fragmento de la Cuenta y razón d e la cosecha de cereal
(1770) ........................................................................................
.
Resumen de la cosech a de cereales (1770) ...............................
.
Portada del libro de relaciones de tributos nº 7 ........................
.
Tributo nº 81 . Libro de relaciones nº 7 (1698) .........................
.
Transcripción parcial de la ilustración 3.29 ..............................
.
Cuenta del t ributo nº 81 . Libro de rentas y tributos nº 23
(1738-1766) ...............................................................................
.
Asiento del t ributo nº 81 en la memoria de cobranza de
Texina (1760) ............................................................................
.
Entregas del cobrador P edro Ruiz . Memoria de cobranza de
Texina (1760) ............................................................................
.
Cuenta del cobrador de Tejina (1760) ......................................
.
Cuenta del cobrador de Tejina (1760) (Continuación) .............
.
Inventario de esclavos (1795) ...................................................
.
Cuenta Esclavos (1768-1769) ...................................................
.
Transcripción de la ilustración 3.37 ..........................................
.
Transcripción parcial del asiento de la dotación de ropa a los
esclavos (1768) ..........................................................................
.
287
292
296
301
302
304
305
310
311
314
319
323
324
324
328
330
332
334
335
342
344
345
348
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
XII
Ilustración 3.40a
Ilustración 3.40b
Ilustración 3.41
Ilustración 3.42
Ilustración 3.43
Ilustración 3.44
Ilustración 3.45
Ilustración 3.46
Ilustración 3.47
Ilustración 3.48
Ilustración 3.49
Ilustración 3.50
Ilustración 3.51
Ilustración 3.52
Ilustración 3.53
Ilustración 3.54
Ilustración 3.55
Ilustración 3.56
Ilustración 3.57
Ilustración 3.58
Ilustración III.1
C uenta corriente de Domingo de Morales (1697-1698) ...........
C uenta corriente de Domingo de Morales (1697-1698)
(continuación) ...........................................................................
Transcripción parcial de la s ilustraciones 3.40a y 3.40b ...........
Transcripción de la cuenta Antonio Luis. Molinero (1758-
1759) ..........................................................................................
Transcripción parcial de las c uentas corrientes habilitadas
para Antonio Luis el molinero (1759-1760) ..............................
Cuenta corriente Francisco Rodríguez Roque (1785) ...............
Fragmento de la Memoria de los semaneros para la siega de
Aponte (1798) ............................................................................
Primer fo lio de la quenta de la administra ción gomera
(1776) .........................................................................................
Fragmento de la quenta de la administración d e L a G o m e r a
(1750) .........................................................................................
Transcripción parcial de la ilustración 3.49 ...............................
Pie de la quenta de la administración gomera (1785 y 1786) ...
Dictamen favorable de la quenta de la administración de El
Hierro (1757) .............................................................................
Transcripción parcial del Borrador del pliego de
advertencias a la quenta de la administración de La Gomera
(1767) .........................................................................................
Primer fo lio del Borrador del pliego de advertencias a la
quenta de la administración de La Gomera (1767) ...................
Primer fo lio de la quenta de la aduana de La Gomera (1767) ..
Transcripción parcial de la ilustración 3.53 ...............................
Razón de la orchilla de La Gomera (1767) ...............................
Cuaderno de la orchilla de El Hierro (1788) ............................
Recibo por gastos de traslado de la orchilla (1791) ...................
Transcripción parcial de la ilustración 3.57 ...............................
Entrada de la cuenta Esclavos (1766) .......................................
351
352
352
356
357
361
364
369
376
377
378
380
383
384
388
388
389
392
394
394
519
Índice de i lustraciones, esquemas, gr áficos y tablas
XIII
Ilustración III.2
Salida de la cuenta Esclavos (1766) ..........................................
.
520
ESQUEMAS
Esquema 1.1 Genealogía de la línea de los Ponte ...............................................
.
64
Esquema 2.1 Proceso de elaboración de l azúcar en el ingenio de Adeje ............
.
105
Esquema 3.1 Proceso de rendición de cuentas desde 1767 para los estados
occidentales ....................................................................................
.
253
Esquema 3.2 Organización contable del estado de Adeje ...................................
.
263
Esquema 3.3 Documentos contables re lacionados con la producción de
azúcar .............................................................................................
.
281
Esquema 3.4 Flujo de información y doc um entos contables implicados en la
desburga de la caña ........................................................................
.
289
Esquema 3.5
Esquema 3.6
Esquema 3.7
Esquema 3.8
Esquema 3.9
Esquema 3.10
Flujo de información y docum entos contables implicados en la
hala de la caña ................................................................................
.
Relación existente entre las cuen tas Zafra de molienda y
Emborco .........................................................................................
.
Documentos contab les relaci onados con la siembra y la
recolección de cereales en régimen de m edianería y cultivo
directo .............................................................................................
.
Proceso de registro del censo en su incorporación al patrimonio ..
.
Flujo de inform ación para contabilizar el cobr o de censos y
rentas ..............................................................................................
.
Procedimiento para la rendición de las quentas de la
administración d e E l H i e r r o y L a G o m e r a a n t e l a Contaduría
de Adeje .........................................................................................
.
290
295
303
326
329
381
GRÁFICOS
Gráfico 2.1 Destino de los cereales en la hacienda de Adeje (1767-1784) ...........
.
135
Gráfico 2.2 Titularidad de lo s censos a cobrar por el estado de Adeje..................
.
156
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
XIV
Gráfico 2.3 Tipología de los censos a cobr ar impuestos por el I marqués de
Adeje ...................................................................................................
158
Gráfico 2.4 Tipología de los censos a pagar por el estado de Adeje...................... 164
Gráfico 2.5
Titularidad de los cen sos a pagar por el estado de Adeje ................... 166
TABLAS
Tabla 2.1 Rentas y pensiones anuales de los estados canarios (1761-1765) ....... 208
Tabla 3.1
Tabla 3.2
Tabla II.1
Tabla IV.1
Estructura de las quentas de la administración d e L a G o m e r a y E l
Hierro ..................................................................................................
Componentes del Cargo y la D ata en las quentas de la
administración de La Gomera y El Hierro ..........................................
Asignaciones de los servidor es de la Casa (1787-1795) .....................
Administradores de los tres estados insulares de la Casa (1695-
1790) ...................................................................................................
367
372
515
523
SIGLAS Y ABREVIATURAS
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
XXII
4. Las lagunas encontrad as en los text os primarios se han m ostrado entre
paréntesis, señalándose su razón de ser. Ejemplo: (roto), (m acha de humedad),
(tinta desvaída), etc.
5. Las palabras o expresiones que no hemo s podido reconocer se han sustituido por
la anotación: (ilegible).
6. Las frases, expresiones, palabras o núme ros que hemos transcrito con reserva de
dudas llevan tras de sí el signo tipográfico: (?)
7. Para una mayor claridad, hemos desarroll ado gran parte de las abreviaturas
halladas, mostrando entre corchetes las letr as que no figuran en el tex to original.
Sólo hemos decidido conservar aquellas abreviaturas q ue se repetían con
asiduidad, incluyendo el significado de la s mismas en la tabla de siglas y
abreviaturas que proporciona mos en este trabajo.
8. Las contracciones del, della, dello, desta, quel, questa, questo, entre otras
similares, se han m antenido.
9. Hemos acentuado las palabras según las re glas dictadas por la Real Academ ia
Española, aunque en el texto orig inario aparecieran sin tilde.
10. Hemos m odificado o añadido signos de puntuación sólo donde lo
considerábamos necesario, a efectos de mejorar la com prensión del texto.
11. Hemos conservado la grafía originaria encontrada, incluso el uso de letras
dobles (rr, ff, tt, ss) al comienzo de palabra.
INTRODUCCIÓN
Introducci ón
3
“En los libros de cuenta está la vida de las
organizaciones y de las personas que forman parte de
ellas. Para contemplar es a vida, no hay sino asom arse
a los registros y leer los asientos qu e se plasmaron en
ellos en su momento” (H ernández Esteve, 2013: 17).
Hubo un tiempo en que ser duque, conde o marqués com portaba mucho más que
la mera posesión de un título. En el Antig uo Régimen, estos privilegiados, que
conformaban la élite del estam ento nobiliario, no sólo gozaban del honor, el privilegio y
la consideración social –en definitiva el status – que todos ansiaban en aquella época,
sino que, además, poseían poder social, pol ítico y económ ico, manteniendo bajo su
control un medio de producción tan elemental com o era la tierra. Debido a la política
matrimonial que adoptaban, la indivisibi lidad patrim onial que les brindaban sus
mayorazgos y la prim ogenitura masculina como criterio prioritari o de sucesión, m uchos
linajes acumularon bajo sus Casas nobiliarias extensos patrimonios, quedando buena
parte del territorio español subordinado a las jurisdicciones señoriales que ellos
ostentaban (Domínguez Ortiz, 1980: 1; Atienza Hernández, 1987c: 36; Ibáñez
Rodríguez et. al , 1996: 26 y 27 y Usunáriz Garayoa, 1997b: 11, entre otros). A tenor de
esta realidad, la importancia del estam ento nobi liario en el devenir histórico de nuestro
país resulta hoy día un hecho incuestionable para los investigadores, como ponen de
manifiesto Colás Lator re y Serrano Martín (1 996: 22 y 23), a través de las siguientes
palabras: “Hoy la tesis dominante en los m ás variados ámbitos historiográficos afirma
sin paliativos la hegem onía de la nobleza en el s istema tardof eudal en todos los sectores
de la vida económica, social y po lítica. (…) La nobleza [era] im portante por el papel
que [jugaba] en la sociedad. Su presencia [era] abrum adora en la econom ía, en la
sociedad y también en la política”.
De la importancia que este grupo soci al alcanzó, hallam os reflejo en la
producción historiográfica que sobre el mi smo ha sido publicada. Evidentem ente, un
tema de trascendencia com o la nobleza no só lo ha generado una extensa bibliografía,
sino también variada, en cuanto al espect ro temático abordado, el espacio temporal
considerado y el ámbito geográfico anal izado. Así pues, basta con observar las
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
4
revisiones y las compilaciones bibliográficas existentes (Quintanilla Raso, 1990; Sarasa
Sánchez y Serrano Martín, 1993; Sanz Cuesta et al ., 2001; Soria Mesa, 2007: 23-35 y
García Hernán, 2010: 27, por ejemplo) para deducir que del pasado de los nobles se ha
examinado, entre otras posibles tem áticas: su genealogía, la relación que mantenían con
la monarquía, su m ecenazgo artístico, la tipolog ía de sus rentas y gastos, su educación y
mentalidad, el régim en señorial que imperaba sobre m uchas de sus aldeas y villas, sus
problemas financieros, las estructuras y las estrategias fam iliares adoptadas, así como la
conflictividad antiseñorial por parte de sus va sallos. Asimismo, el estudio de la nobleza
se ha abordado de manera individua lizada, es decir, sobre Casas nobiliaria s particulares
(Osuna por Atienza Hernández, 1987c; In fantado por Carrasco Martínez, 1991;
Alcañices por Carmona Pidal, 2001, entre otras), pero también existen investigaciones
más amplias, referidas a zonas geográficas concretas (Extremadura por A ragón Mateos,
1990; Valencia por Catalá Sanz, 1995; Navarra por Usunáriz Garayoa, 1997b y
Andalucía por Andújar Castillo y Díaz López, 2007, por ejemplo). Del m ismo modo,
hallamos divers idad en cuanto a la dimensión temporal considerada en las
investigaciones realizadas has ta el moment o, toda vez que existe n trabajos centrados
tanto en los nobles de la Edad Media (Moxó y Ortiz de Villajos, 2000 es una referencia
ineludible), como de la Época Moderna (Dom ínguez Ortiz, 1973; García Hernán, 1992;
Yun Casalilla, 2002; Morales Moya, 2004 y Soria Mesa, 2007, entre otros) y la
Contemporánea 1 . Además de toda esta variedad te m ática y temporal, la revisión de la
literatura q ue hemos llevado a cabo nos desvela que so n diversos los campos de
conocimiento que se h an acercado a la cues tión nobiliaria y al rég imen señorial,
pudiendo señalar a título ilustrativo: la Histo r ia Social, la Historia del Derecho, la
Genealogía y la Historia Económica.
Ahora bien, a pesar de la referida amplitud, y del especial interés mostrado por
los historiadores sobre los aspectos económ icos de la nobleza –uno de los temas más
estudiados–, llama la atención que los trabaj os realizados desde la Historia de la
Contabilidad sean escas os en materia señorial. Los reite rados llam amientos que desde
hace un tiempo vienen formulando diversos au to res sobre la necesidad de ahondar en la
1 Precisame nte a esta última época se han dedi cado la s jorna das de Historia más recientes de las que
tenemos noticia en materia no biliaria, organizadas por el In stituto CEU de Estudios Histórico s en Madrid
el pasado m es de ma yo del año corri ente (www .iehistorico s.ceu.es. Cons ultado el 0 6/09/2015 ).
Introducci ón
5
Contabilidad privad a señorial, de ter ratenientes y Casas aristoc ráticas –campo de
estudio delimitado así por Hernández Esteve ( 1990: 7) dentro de la Historia de la
Contabilidad– ponen claram ente de manifiesto que las cuentas de las organizacio nes
nobiliarias precisan de una mayor atención. En este sen tido, cabe señalar que el
desconocimiento existente sobre sus sistem as contables ya ha sido advertido desde los
inicios de la actual centuria por parte de historiadores com o Ezzamel (2002: 236),
Boyns y Carmona (2002: 150) o Hernánd ez Esteve (2005a: 59), encontrándonos una
década después que la situación apenas ha m ejorado (Hernández Esteve, 2012: 6 y
2013: 394; López Manjón, 2012a: 2).
Respecto a la investigación realizada en nuestro país, concretam ente, Hernández
Esteve (2012: 6) ha resa ltado “el altísimo inte rés que la con tabilidad seño rial tiene en el
estudio de la Historia de la Contabilidad española, dada la impor tancia excepcional que
las economías nobiliarias (…) jugaron dentro del sector privado durante los últimos
siglos de la Edad Media y t odos los de la Moderna, hasta el final del llamado Antiguo
Régimen”. Evidentem ente, para el mantenim iento y funcionamiento de sus señoríos,
fragmentados y dispersos geográficam ente en muchas ocasiones, la nobleza tuvo que
haber establecido “una organización contable com pleja, bien instrumentada, deta llada y
minuciosa, al objeto de poderlos adm inistrar adecuadamente, de llevar las cuentas de
sus explotaciones agrícolas, forestales y ganaderas, de tom ar nota de los importes
recibidos o adeudados por la rent a de las fincas arrendadas, etc. Ello po ne de relieve el
enorme potencial de investigación histórico-c ontable que encierra en España el tema de
los dominios señoriales” (Hernández Esteve, 2013: 394).
Pese a esta evidente importancia del cam po de estudio que nos ocupa, Hernández
Esteve (2012: 6) lamenta que España se encuentre “en desventaja” en co mparación con
la investigación desarrollada en lengua i nglesa, mucho más productiva en cuanto a la
Historia de la Contabilidad señorial. En el mundo anglosajón, existen divers os
investigadores que se han oc upado de las cuentas de los manors y de los nobles (Noke,
1981; Postles, 1981 y 1994; Napier, 1991; Funnell, 1996 y Ezzamel, 2002, por
ejemplo), pero en nuestro país Hernández Esteve (2013: 395) señala que, realm ente,
sólo la contabilidad de una Casa nobiliaria –la de los duques de Osuna– ha sido
estudiada en profundidad, gracias a los tr abajos llevados a cabo por López Manjón
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
6
(2003, 2005, 2007, 2009, 2010, 2012a y 2012b). Consecuentemente, ante un escenario
como este, el trabajo de investigación que presentam os tiene como principal objetivo
aportar nuevos datos dentro del cam po de la Contabilidad privada seño rial,
contribuyendo a incrementar nuestro conocim iento y comprensión sobre los sistemas
contables derivados de las ac tividades económ icas desarrolladas por la s organizaciones
aristocrátic as españolas.
Para dar cumplimiento al anterior objeti vo, hemos optado por el método del caso
como m etodología de investigación, sigui endo la práctica que habitualmente emplean
muchos historiadores de la contabilidad para co nducir sus propios es tudios dentro de
ámbitos como el público, el eclesiástico, el militar, el com ercial, el industrial o el
bancario 2 . Desde la historia de la n obleza y el régimen señorial, concretamente, los
investigadores tamb ién acuden a esta técnica de anális is para desarrollar s us trabajos 3 y
entienden, además, lo apropiado de su ap licación, pues este método perm ite acercarse a
la multiplicidad de variantes que adm itía la realidad. Sobre ello, Heras Santos (1 999:
117), por ejemplo, m anifiesta la dificultad de abordar un estudio de conjunto sobre el
régimen señorial, pues explica que ya Dom íng uez Ortiz “negaba la existencia de un
régimen señorial un ificado y prefería habla r de los señoríos en sus mú ltiples
variedades”.
Pues bien, la unidad de análisis que, c oncretamente, hem os escogido para nuestra
investigación ha sido la Casa nobiliaria de los m arqueses de Adeje, condes de La
Gomera y señores d e El Hierro; títulos tod os ellos cu yo ámbito geográfico de
adscripción se em plazaba originariamente en tres de las Islas Canarias, a saber: la
tinerfeña, la gomera y la herreña, resp ectivam ente. Entre las razones que nos han
llevado a la elección de este caso, se encuentra eviden te mente nuestro interés por el
devenir histórico del territorio canario –fruto, como es lógico, de nuestra procedencia–,
aunque, por encima de esta m otivación pers onal, existen otros dos razonamientos de
2 Dada la extensa pr oducción bi bliográfi ca que actualm ente existe sobre estos cam pos de estudio de sde la
perspectiva histórico-conta ble, omi tim os ofrecer refere ncias concretas de los trabajos existentes y
remitim os a la amplí sima bibliog rafía que ha recopilado Hernández Este ve (2013: 769-862), donde
pueden enc ontrarse num erosos ejem plos de la utilización del m étodo del caso en el seno de la Histori a de
la Contabilid ad.
3 Sirvan com o ejemplo las referencias bibliográf icas apuntadas con anterioridad sobr e las Casas
aristocráticas concretas.
Introducci ón
7
importancia: la conservación de un f ondo docum ental con abundante información
contable y el hecho de que este se encuentre prácticam ente inexplorado.
Con relación a la conservación del arch ivo histórico que hemos consultado, es
necesario puntualizar que –a nuestro juicio– su mera existencia constituye por sí m ismo
suficiente justificac ión para abordar un anális is de esta naturaleza. Téngase en cuen ta
que, como ocurre en n uestros días, la utilidad de la inform ación contable tiene una
vigencia temporal para sus usuarios, de ahí que la preservación de estas cuentas durante
siglos haya de considerarse un hecho de extr aordinario valor. Esta es nuestra opinión
respecto al fondo histórico que hemos manejado y así lo entienden también otros
historiadores, pues varios son los investigad ores (Hernández Esteve, 1990: 7; Rivero
Suárez, 1990: 14 y Planas y Saguer, 2005: 171, por ejemplo) que proclaman la
importancia de la documentación contable pa ra conocer nuestro pasado, y diversos los
autores que se lamentan de la escasez de fondos de esta tipol ogía (Mertes, 1988: 11;
Macías Hernández, 1984: 415-419; Carrasco Martínez, 1993: 265 y Soria Mesa, 2002b:
70, entre otros).
En lo que respecta a nuestra investig ación, contamos –afortunadam ente– con
información de carácter prim ario, esto es , f uentes archivísticas m anuscritas que
conforman el denominado “Archivo de la Casa Fuerte de Adeje”, cuyo contenido
sustenta básicamente nuestro trabajo. Este fondo docum ental contiene hoy día parte de
los documentos que los condes-marqueses guardaban hace más de dos siglos en su
fortaleza adejera –al suroeste de Tenerife–, en una dependencia específica que el mismo
naturalista francés Berthelot (1834 [2004]: 258 y 259) describió en su Primera Es tancia
en Tenerife (1820 – 1830) :
“Aún no me he referido a la estancia más importante del palacio: es la que
contiene los archivos, a los que Viera llam ó el Tesoro de las Canarias; este
historiador documenta a llí una parte de sus Noticia s . Cuatro grandes armarios
repletos de documentos fueron puestos a nuestra disposición. Estos preciosos
legajos amontonados en desorden, nos ponían en una situación em barazosa a la
hora de seleccionar. Pero c on ayuda de nuestro acompaña nte hicim os interesantes
descubrimientos”.
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
8
Con el transcurso del tiempo, en la c itada dependencia permanecieron olvidados
los libros de cuentas y demás docum entos, hasta que en el siglo XX –en fecha
desconocida– “una pequeña porción fue separada de la masa docum ental” (Santana
Jubells, 2002: 317) y rem itida a la Bibliot eca Municipal Central de Santa Cruz de
Tenerife. La restante d ocumentación fue donada en 1933 por la familia Curbelo –
propietaria en ese momento de la fortaleza adejera– a la Sociedad Científ ica El Museo
Canario en Las Palmas de Gran Canaria. Ambas instituciones 4 custodian hoy día el
principal corpus documental objeto de nuestro estudio (BMSC/ACFA y AMC/ACFA,
respectivamente).
Siguiendo la descripción del técnico encar gado de su catalo gación en El Museo
Canario (Santana Jubells, 2002: 318) –cor roborado, por nuestra parte, mediante la
investigación realizada–, podría indicarse que el fondo documental objeto de estudio
integra, entre otros conten idos, la documentación econó m ica, notarial y judicial
generada en el devenir de la administración de los estados 5 de Adeje, La Gom era y El
Hierro, cubriendo cronológicamente desde el siglo XVI hasta el XX. Del m ismo modo,
el citado archivo contiene información sobre otros mayorazgos peninsulares que –por
motivos hereditarios y por vía de litigios– rec ayeron sobre el linaje nobiliario que
investigamos, com o son el de Ampudia en Pa lencia, el de Cea en León y el fundado por
el Veinticuatro 6 Don Pedro Suárez d e Castilla en Sevilla. Estas tres últim as unidades
económico-adm inistrativas son, precisamente, las que poseen un menor volum en de
información contable dentro del archivo que nos ocupa, razón por la cual decidimos
acotar nuestro análisis para el marco geogr áfico canario, imprim ie ndo con ello cierta
homogeneidad en nuestra investigación. Por lo tanto, las página s que a continuación
presentamos han sido elaboradas a partir del estudio rea lizado sobre la docum entación
de los estados gomero, herreño y adejero, si bien este últim o ocupa una extensión
superior dentro de nuestro trabajo, pues su hacienda marquesal presentaba una mayor
heterogeneidad de actividades económicas y regím enes de explotación, recayendo sobre
4 Nuestro expreso agra decimiento a estas dos orga nizacione s por darnos acceso a la consulta de e ste
tesoro do cumental.
5 Término i ncluido en el glosari o del apéndi ce I.
6 “En algunas ci udades de Andal ucía, según el ant iguo régim en municipal , regidor de ayuntami ento”
(www.rae .es. Consul tado el 12/09/ 2015).
Introducci ón
9
este señorío, además, el mayor grueso docum en tal que hoy día se conserva en el fondo.
Luego, tanto la elección de las unidades señor iales objeto de estudio como la extensión
que estas ocupan dentro de nuestra inve stigación han venido condicionadas por las
fuentes de información primaria que m anejamos.
A tenor del carácter señorial que revestían estos tres estados nobiliarios, el
archivo de la Casa Fuerte conserva docum entación de variada índole, estando referida
tanto al dominio territorial o solariego de aquellas unidades com o a la dimensión
jurisdiccional que las caracterizaba. A pe sar de esta riqueza docum ental, nuestra
investigación en el cam po de la Histor ia de la Contabilidad nos ha llevado,
fundamentalmente, a analizar la sección económ ica de este fondo y a ahondar en la
organización contable inherente a su expl otación patrim onial. Además de su carácter
económico-contable, el considerable volum en de la documentación a consultar y la
amplitud temporal que pretendíamos abar car con nuestra investigación tam bién
aconsejaban delim itar así el con t enido de nuestra investigación.
Con relación al intervalo de tiempo obj eto de estudio, hem os de indicar que si
bien el fondo documental que nos ocupa comp rende una cronología más dilatada –desde
el siglo XVI hasta el XX, como apuntam os con anterioridad–, por cuestiones operativas
hemos acotado el period o a analizar. Abarcar toda la am plitud temporal de este arch ivo
hubiese resultado técnicamente imposible. A hora bien, la delimitación de los lím ites de
tiempo para el presente trabajo no son producto del mero azar, sino que, por el
contrario, cuentan con una justificación. As í pues, el año de 1695 –como inicio de
nuestra investigación– viene motivado por su importancia en la form ación de la Casa
nobiliaria que estudiamos, pues rep resenta el prim er momento en que confluyeron bajo
un mism o titular los estados gom ero, herreño y adejero. Tal y como expondremos en el
capítulo primero, nuestro análisis com ien za con el descendiente primogénito del
matrimonio celebrado entre el conde de La Go m era –Diego de Herrera– y la marquesa
de Adeje –Mariana de Ponte–, lo q ue nos permite abo rdar la entidad nobilia ria objeto de
estudio en un periodo de máxima extensi ón geográfica en cuan to al Archipiélago
Canario se refiere. En opinión de Díaz Pa dilla y Rodríguez Yane s (1990: 19, 91 y 443),
dicho concierto matrimonial no sólo supuso un reforzam iento del linaje desde un punto
de vista jurisdiccional, te rritorial y financiero, sino que además conllevó una
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
16
significación y alcance”. Para ello, hem os de sarrollado tres apartados. El primero lo
dedicamos a exponer brevem ente el escenario en que se encontraba inmersa la nobleza
dieciochesca, haciendo especial referencia a la alta noblez a titulada, por ser esta la
categoría jerárquica que alcanzó el lin aj e que nos ocupa. Además, recordam os las
diversas for mas de obtención de un título y las principales carac terísticas de las
instituciones del mayorazgo y el señorío, so bre las que asentaban su poder económ ico,
político y social. Especial interés tiene aludi r a los habituales problemas de gestión que
el absentism o de la alta nobleza entrañaba, pues en tal escenario la con tabilidad pod ía
jugar un importante papel como vehículo de control y de tr ansm isión de la información
económico-financiera. Con todo este contenid o inicial pretendem os sentar las bases
necesarias para poder entender la form ación de la Casa objeto de estudio –expuesta en
el segundo apartado– y para comprender la necesidad de contar con una estructura
organizativa para la gestión económica de sus fragmentados estados canarios –descrita
en el apartado tercero–.
Conocida la Casa objeto de estudio, en el segundo capítulo pasamos a analizar
los tres señoríos insulares bajo su consideración de uni dades económ icas de producción.
El objetivo principal de este capítulo reside en conocer el funcionamiento interno de las
haciendas que los condes-m arqueses poseían en sus estados señoriales, con relación a
qué actividades económicas llevaban a cabo, có mo se organizaban para la consecución
de las mismas y qué fórm ulas empleaban pa ra la explotación de sus propiedades. El
conocimiento de todo ello se hace ne cesario pa ra poder entender en el capítulo posterior
las anotaciones contables deriva das de este devenir económico.
Ahora bien, adem ás de cubrir esta neces idad como paso previo al análisis
estrictamente contable, con el desarrollo de este segundo capítulo tam bién hemos
querido poner de manifiesto el grado y el detalle de inform ación que pueden llegar a
contener los registros de contabilidad consultados, toda vez que las cuentas han
constituido nuestra documentación base por ex celencia. En este s entido, cabe encuadrar
nuestra pretensión dentro de la actual m anera de entender la Historia de la Contabilidad.
Así pues, siguiendo a Hernández Esteve (2010: 25), la investigación en esta disciplina,
ocupada inicialmente “en el estudio de la evolución de las doctrinas y técnicas
contables, ha pasado a convertirse en una actividad de investigación histórica
Introducci ón
17
multidisciplinar, con dedicación preferente a la historia económica –su disciplin a
madre, de la que form a parte–, con la meta primordial de obtener todos los
conocimientos que puedan extraerse del estudio y análisis de los libros de cuentas y de
la demás docum entación contable del pasado ”. Luego, entendiendo que la Contabilidad
va más allá de la teneduría de libros y planteando com o objeti vo superar el mero
análisis de una técnica registral –Historia de la Contabilidad “en sentido estricto”, según
Hernández Esteve ( ibídem )–, desarrollam os este segundo cap ítulo en el sentido “lato”
( ibídem ) que apunta el refe rido historiador.
Pues bien, teniendo en cuenta es ta meta, y considerando que cada estado señorial
contaba con su propia contab ilidad, entendimos oportuno estructurar el contenido de
este capítulo respetando esta separación entre los señoríos, es decir, presentando, de una
parte, la actividad económica vinculada al estad o adejero y, de otra, la correspondiente
a las unidades gomera y herreña. N o obstant e, debemos aclarar que el mayor volumen
de información existente sobre la hacienda m arquesal de Adeje y su sistem a contable
más detallado, nos permitió cono cer con mayor profundidad su gestión y organización
económica. Por esta razón, los cuatro prim eros apartados de este capítulo están
dedicados a Adeje, mientras que el últim o se refiere a La Gom era y El Hierro.
De todas las operaciones económicas lleva das a cabo en la hacienda adejera,
resultaba ineludible destinar el prim er apartado al func ionamiento de su ingenio
azucarero. Cuatro motivos, fundam entalment e, nos han impulsado a dedicarle un
tratamiento diferenciado: en prim er lugar, el fu erte arraigo de la caña dulce a la h istoria
del Archipiélago Canario; en segundo, el he cho de que Adeje constituyó el último
ingenio en funcionamiento en la isla de Te nerif e; en tercer luga r, el periodo de tiempo
que abordamos, prácticamente desconocido por la historiografía al encontrarse a caballo
entre el « primer » y el « segundo » ciclo de l azúcar canario; y, por últim o, porque
apoyamos nuestro estudio en la docum entaci ón propia del ingenio, a diferencia de los
protocolos notariales que util izan algunos historiadores.
Tras la actividad azucarera, dedicamos un segundo epígrafe a otras formas de
explotación de las tierras poseídas por los c ondes-marqueses en plena propiedad bajo el
régimen directo, o bien bajo el acuerdo de m edianería. Aunque el cultivo del cereal
ocupa un lugar destacado dentro de este ap artado –debido a su im portancia para la
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
18
gestión de la hacienda–, también nos refe rimos a las actividades de apicultura,
sericultura y cría de ganado mayor y m enor. Por otra parte, el condominio y otras
fórmulas censales han sido objeto de estudi o en el apartado terc ero, distinguiéndose
dentro del mismo los tributos o censos a favor del estado adejero y las cargas censales
en su contra. En ambos casos, realizam os un análisis estratificado en varios niveles –
gracias al detalle informativo contenido en las escrituras consultadas–, al objeto de
conocer qué papel jugaba la figura censal y si esta coin cidía con la habitualmente
observada para otras Casas nobiliarias.
Dada la presencia del régimen de explot ación directa en diversas actividades
económicas, la Casa nobiliaria objeto de estudio precisaba abundante m ano de obra.
Con la gente que sirve en la hacien da marquesal cerra mos, pues, los cuatro apartados
dedicados a la unidad señorial ad ejera, distinguiendo al respecto las diversas formas de
trabajo presentes en la m isma. Téngase en cuenta que en la é poca estudiada todavía
existía la esclavitud y q ue el régimen señoria l presente en A deje comportaba, asimismo,
ciertas obligaciones para los vasallos de su jurisdicción. Del rég imen esclavista, el
trabajo servil y otras relaciones mantenidas con los servidores de la Casa nos ocupamos
en este cuarto apartado. Tras el mismo, finalizamos el capítulo segundo con la
exposición de las operaciones ec onómicas realizadas en los estados occiden tales
gomero y herreño que, por su coincidencia, son tratadas bajo un quint o epígrafe final.
De la actividad económica desarrollada en Adeje, La Gomera y El Hierro, hemos
tenido conocimiento hoy día gracias al lenguaje contable que utilizaba la Contaduría de
los condes-marqueses para la correspondi ente captación y representación en sus
cuadernos y libros de contabilidad. De estos soportes documentales, de sus
interrelaciones, del método registral aplicado y de las prácticas contables seguidas nos
ocupamos en el últim o capítulo de nuestro trabajo. A efectos de exponer la organización
contable desarrollada por la Contaduría de los condes-m arqueses, y considerando que
con ello se facilitaba su com prensión, decidimos mantener para este cap ítulo tercero un
esquema en línea con el anterior, de ahí que la estructuración de ambos capítulos guarde
una cercana coincidencia. Consecuentemente con ello, exponemos de forma
diferenciada las cuentas generadas por el in genio azucarero, la contabilidad del cultivo
de cereal, los registros contables relaciona dos con las rentas por arrendamiento y
Introducci ón
19
tributos , así com o la captación cont able del factor trabajo; t odo ello referido al estado
adejero. Además, tal y com o procedimos en el capítulo segundo, abordam os la
rendición de cuentas de los estados gomero y herreño de m anera conjunta en el último
apartado de nuestra investigación.
Ahora bien, antes de desarrollar los cinco apartados donde exponemos esta
organización contable de forma pormenor izada, resu ltaba preciso conocer las
contabilidades de otras Casas nobilia rias, a efectos de poder establecer las
comparaciones que, en su caso, fueran oportuna s. Por esta razón, decidimos iniciar el
capítulo tercero con un repaso de los trabajos existentes en el campo de la Contabilidad
señorial, tanto en nuestro país como en I nglaterra, pues, siguiendo a Hernández Esteve
(2013: 376), estos dos son “los dos único países en los cuales se ha estudiado en alguna
medida la contabilidad señorial en el An tiguo Régim en”. Con el desarrollo de este
apartado, pretendíamos dos objetivos: de una parte, conocer el estado de la
investigación en el ámbito de estudio en que se inserta nuestro trabajo y, de otra, extraer
los rasgos generales que definían las contabilidades nobiliarias.
Tras este primer apartado, entendimos oportuno ofrecer una visión genérica del
sistema contable utilizado por la C asa nobi liaria objeto de est udio, toda vez que la
instrumentación contable, la técnica regi stral y la inform ación demandada por los
condes-marqueses sobre sus posesi ones canarias difería entre el estado adejero, de una
parte, y los estados d e L a G o m e r a y E l H i e r r o , d e o t ra. De la caracterización general de
ambos modelos contables se oc upa el segundo epígrafe del capítulo ter cero, el cual sirve
de antesala a la exposición pormenorizad a que explicamos con anterioridad.
Finalmente, las princip ales conclusiones obtenidas del cont enido desarrollado a
través de los tres capítulos ante riores se presentan en un apartado habilitado
específicamente para ello.
Capítulo
1
LA CASA DE LOS MARQUESES DE
ADEJE, CONDES DE LA GOMERA
Y SEÑORES DE EL HIERRO
Fuente: AMC/ACFA 096028
Capítul o 1. La C asa de los m arqueses de A deje, conde s de La Go mera y se ñores de El Hierro
23
1.1.- CONTEXTO HISTÓRICO: LA NOBLEZA Y EL SIGLO XVIII
Desde la Edad Media, la sociedad es pañola se había organizado siguiendo una
estructura estamental. En ella los individuo s aparecían adscritos a diversos estratos
ordenados jerárquicamente, fruto del principi o de desigualdad jurídica imperante hasta
la llegada de las corrientes li berales en el sig lo XIX. Bajo la cúspide de la p irám ide
social, ocupada por el monarca, residía un esquem a tripartito, presidido –como es
sabido– por dos estamentos privilegiados: uno por razones religiosas (el clero) y otro
por motivos político-so ciales (la nobleza) (Domínguez Ortiz, 1973: 10). Debajo de estos
dos estratos, conformando la base del sistem a social, se hallaba –por exclusión– el
“tercer estado”, “estado general” o “es tado llano”, constituido por una “amalgama
heterogénea donde las ocupaciones eran diversas y los niveles de riqueza variaban de
cero al infinito” (Carra sco Martínez, 1991: 32).
La diferenciación social que impregnaba la anterior jerarquizació n estaba
fundamentada en la función que cada estrato debía cumplir dentro del cuerpo social, así
como en los privilegios que la ley con fería a sus miembros. Con relación a las funciones
atribuidas, Carrasco Martínez explica que al clero correspondía ve lar espiritualmente
por la sociedad, los nobles debían defenderla y di rigirla, m ientras que el tercer estado se
ocupaba de producir el sustento para todos. En cuanto a la s prerrogativas que gozaban –
admitidas legalm ente–, Domínguez Ortiz (1973: 40 y 41 ) señala diversos privilegios
para el estado nobiliario, vinculados fundament almente al terreno fiscal y al jurídico.
Así pues, tener inmunidad tributaria, dis poner de jueces especi ales (alcaldes de
hijosdalgo 9 ), contar con prisión separada de lo s plebeyos, no sufrir penas afrentosas
(azotes y galeras), no poder ser encarcelados por deudas (salvo la s debidas a rentas
reales) y estar liberados de torturas constituyen algunas de las preeminencias
enumeradas por el citado autor. De igual m odo, Domínguez Ortiz ( ib ídem , p. 41) añade
que la ley reconocía a los nobles su priori dad para acceder a ca rgos públicos ante
igualdad de condiciones de los candidatos y que en muchos municipios se les reservaba
9 “Se llama en l os lugares donde h ai mitad de of icios el Alcalde o rdinario, nombrado por el estado de lo s
hijosdalgo (…). Se elige todos los años y es acto distintivo de nobleza” (Di ccionario de la Lengua
Castellana, 1726: 177) .
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
24
la mitad de oficios , en d etrimento del acceso de los pl ebeyos a los cargos concejiles, lo
que hacía aum entar el peso polític o de la nobleza en los municipios.
Ahora bien, aunque todas estas ventajas de índole material eran deseadas por la
sociedad de la época, el citado historia dor encuentra que la pr in cipal motivación de
ascenso social se hallaba, sin embargo, en “el honor, es decir, [en] el deseo de
consideración social” ( ibídem ) que confería la pertenen cia a un estamento superior.
Luego, para Domínguez Ortiz, la sociedad de l Antiguo Régimen se estructuraba y se
movía en torno al honor, el pr ivilegio y la consideración so cial; elem entos todos ellos
que podían resumirse bajo el térm ino de status , según interpretación realizada por Colás
Latorre y Serrano Martín (1996: 18) . El status en aquella sociedad era, en consecuencia,
lo importante. Su búsqueda fue el afán de los plebeyos y su mantenimiento el objetivo
que determinó la conducta seguida por los nobles que lo habían alcanzado.
Dentro del propio estamento nobiliario existían, a su vez, diversos rangos
ordenados jerárquicamente, cuya diferenciaci ón conviene tener presente por cuanto cada
categoría alcanzó cotas políticas, económ icas y sociales distintas. La nobleza no era,
pues, un grupo compacto. Al contrario, su he terogeneidad ha sido una característica
resaltada por todos los estudiosos de este grupo privilegiado, habiendo aportado estos
historiadore s clasificaciones m ás o menos amplias respecto a la jer arquía interna
nobiliaria. Según Domínguez Ortiz (1973: 50), la legislación de la época no indicaba
con claridad los diversos grados en que se subdividía el esta mento nobiliario, ni
tampoco existía una opinión unánim e a este respecto, lo que ha dificultado el
establecimiento de una única gradación. El citado autor ( ibídem , p. 52) distingue, por
ejemplo, para la nobleza castellan a las siguien tes siete categorías –enunciadas de menor
a mayor rango–: situaciones pr enobiliarias, hidalgos, caballe ros, caballeros de hábito,
señores de vasallos, títulos y, finalmente, grandes de España. Soria Mesa (2007: 41 y
42), sin embargo, disiente en algunos aspect os de la anterior división y propone un
esquema centrado en la existencia de tres grandes tipos de nobleza, que define como:
baja, media y alta. Aragón Mateos (1990: 68), por su parte, revisa las clasificaciones
utilizadas por diversos tratadistas dieciochescos (Campom anes, Cadalso y Jovellanos) y,
apoyándose en ellos, establece una estrat ificación tripartita, diferenciando entre:
hidalgos, caballeros y titulados. Estos tres úl timos grados también son considerados por
Capítul o 1. La C asa de los m arqueses de A deje, conde s de La Go mera y se ñores de El Hierro
25
otros autores como Calvo Poyato (1986: 522) y Morales Moya (1984: 48), aunque este
último ahonda un poco m ás dentro del grupo de los títulos, añadiendo una distinción
entre: la alta nobleza cortesana (las grandes Casas residentes en la Corte) y la nobleza
que se encontraba más vinculada al ámbito regional.
Todas las subdivisiones que, a título ilustrativo, hemos mencionado en el párrafo
anterior pretenden acomodar, de una u otra forma, a los mismos individuos, esto es, a
aquellos que gozaban de la c ondición jurídica de nobles en los tiempos m odernos. De
los diversos rangos que podían diferenciarse dentro del grup o nobiliario, el que resulta
más claramente iden tificable y sobre el que existe coincidenc ia entre todos los
historiadores es, sin lugar a dudas, el de lo s titulados: nobles a los que el Rey concedía
la distinción de duque, marqués, conde o, en menor m edida, vizconde. Por encima de
estos títulos, coronando la cúspide de l es tamento nobilia rio se encontraban los
denominados grandes de España 10 : dignidad aneja a una mi noría de títulos que
representaba la élite de las él ites en la estructura social, goz ando del privilegio de ser los
más cercano s a la familia real. Tanto los titulad os como las grandezas conformaban lo
que se ha venido a identificar como alta nobl eza y es en este grupo, precisamente, donde
hallamos los titulares de la Casa nobi liaria objeto de nuestro estudio.
Entre los nobles que no eran titulados ( hidalgos castellanos, infanzones
aragoneses, parientes mayores en Euskadi y señores de vasallos, según Soria Mesa,
2007: 41-48) y la alta nobleza con títu lo (duques, marqueses y condes,
fundamentalmente) existían diferencias de índole económ ica, política y social. Por ello,
los primeros –a pesar de ser nobles– ansi ab an alcanzar un título, mientras que los
segundos –ya titulados– buscaban, adem ás, ser grandes de España: todo un movimiento
de ascenso en búsqueda de la cúspide social . Bien es verdad que, al tratarse de una
sociedad estamental, el nacim iento de cada individuo era lo que predeterminaba
inicialmente su adscripción social: el descendiente del esclavo era esclavo, el plebeyo
10 Según Domínguez Ortiz (1973 : 77), el título de vi zconde era d e carácter transitorio y se cancelaba con
la concesión del título d efinitivo de marqués o co nde. Estos dos últimos se otorg aron en número casi igual
y entre ellos no existían diferenc ias jerárquicas signi ficativas de los siglos XVI al XVIII, aunque para
Soria Mesa (2 007: 49) la m erced marquesal se fue prefirie ndo poco a poc o con el paso del t iempo. Ahora
bien, la verdadera distinción dentro del esta mento nobiliario se conse guía al alcanzar la grandeza de
España. De ent rada, todos los duques lleva ban impl ícita esta condici ón, mi entras que algunos m arqueses
y condes ll egaron a ostent arla por concesi ón real. Sobre el significado y las prerrogat ivas inhere ntes a los
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
32
consolidando la jurisdicción señorial, sie ndo el objetivo principal perseguido con su
constitución: la defensa de las tierras y el impulso de la repoblación. En palabras de
Atienza Hernández (1987c: 117), la creación d e estos seño ríos m edievales derivaba,
realmente, de “la fragm entación política y [la] debilidad” regia, toda vez que los
monarcas se vieron obligados a emplear este recurso señorial por la “inexistencia de
unas instituciones eficaces de tipo centralizad o para la guardia de las fronteras, la
práctica de la justicia, la administración, el gobierno, etc. ”. Luego, inicialm ente, los
señoríos medievales –y los nobles titulados a los que se ot orgaron– tenían una función
militar y rep obladora del territorio.
Pues bien, desde la Reconquista, los suces ivos monarcas no dejaron de otorgar
mercedes de señoríos co mo muestra de su gratitud por los servic ios recibidos, aunque
no todos los reyes recurrieron a la citada figura con la misma intensidad. Es conocido,
por ejemplo, el periodo de “relativo rem a nso” (Moxó y Ortiz de Villajos, 1964: 218)
experimentado bajo los Reyes Católicos o el nuevo im pulso que el régimen señorial
tomó en los siglos XVI y XVII con el reinad o de la Casa de Austria. De estas dos
últimas cen turias, precisamente, los his tor iadores destac an el activo proceso de
señorialización que los monarcas emprendier on sobre tierras de realengo, acudien do
repetidamente a una segunda m odalidad de acce so a la cond ición señorial, a saber: la
venta de jurisdicciones por pa rte de la Corona para tratar de solventar la precaria
situación financiera de su Hacienda regia 19 . En este caso, los señoríos m odernos –
creados de nuevo cuño o señorío s “tardíos” para Moxó y Ortiz de Villajos (1972: 63)–
estaban prácticamente alejados de su inicial “virtud coloniz adora” ( ibídem , p. 225), pues
muchas de las aldeas y villas que se vendi eron como señoríos en la Edad Moderna ya
estaban poblados y formados, con sus campos puestos en cultivo por los vecinos “a los
que no cabía despojar de sus tierras”. Luego, más que la tierra, lo que la Corona estaba
realmente traspasando a los señores en la Época Moderna m ediante estos actos de
enajenación era el elemento ju risdiccional, es decir, las funciones públicas de gobierno
y justicia sobre el territo rio sujeto a señorío 20 .
19 Nótese, pues, cómo con la Casa de Austria no sólo se vend ieron títulos n obiliarios –a lo que
anteriormente aludimos–, sino también señoríos (j urisdicci ones), amén de oficios, rentas, etc.
20 Del planteamiento expuesto en este párrafo puede inferirse que los señoríos m edievales castellanos
fueron creados generalmente por m erced regia a los servicios recibi dos, mient ras que m uchos de los
señoríos m odernos tuvi eron su ori gen en la com pra efectuada a la Corona p or nobles que buscaban un
Capítul o 1. La C asa de los m arqueses de A deje, conde s de La Go mera y se ñores de El Hierro
33
En el espacio geográfico canario –y, por tanto, en las unidades señoriales objeto
de nuestro estudio– también podemos diferenc iar dos formas de acceso a los señoríos.
Como es conocido, los com ienzos del régime n señorial en el Ar chipiélago aparecen
ligados a la conquista de las islas m enores (Lanzarote, Fuer teventura, La Gomera y El
Hierro) a principios del sigl o XV, siendo el normando Jean de Bethencourt el primer
señor de las Canarias que recibió del rey Enrique III de Castilla lo s der echos de señorío
sobre las Islas, tras rendirle el oportuno pl eito-homenaje (Viera y Clavijo, 1773, t. II, p.
3). A partir de ese momento, la titularidad de estos dom inios señoriales insulares f ue
objeto de una continua fragmentación y de un complejo proceso de transm isión 21 , a raíz
del cual La Gomera y El Hierro quedaron des ligados de la línea sucesoria que siguió el
señorío de Lanzarote y Fuerteventur a. Tras diversos litigios, h erencias, compraventas y
otros ajustes, las posesiones gom eras y herreñas llegaron finalmente a recaer en uno d e
los miembros de la nobleza titulad a que estudiamos 22 . Luego, de lo anterior, queda
patente, pues, cómo los señoríos de La Gom e ra y El Hierro tuvieron su origen en la
etapa de conquista señorial.
Además de la referid a etapa de conqui sta señorial, dentro de las denom inadas
islas de realengo (Gran Canaria, Tenerife y La Palma) también surgieron algunos
núcleos de señorío, reafirmándose con ello la habitual dualidad entre lo señorial y lo
realengo, presente tanto en el territorio peni nsular como en el continente europeo. En
Gran Canaria, por ejemplo, sólo se constit uyó un lugar de señorío sobre la Villa de
Agüimes en 1486, por merced de los Reyes Católicos a la Cámara Episcopal 23 . Para las
islas de La Palma y Tenerife debem os es perar, sin embargo, al siglo XVII para
ascenso social. Pu es bien, aunque esta constituye la g eneralidad ob servada por Moxó y Ortiz de Villajos,
este autor (1964 : 187) entiend e oportuno aclarar –y así lo traslad amos nosotros– qu e, “lo expuesto no
indica que fal tasen en la Eda d Media las ve ntas de señorí os, especialm ente en la C orona de Arag ón, ni
que –aunque e scasas– no se encuentre algu na donación en la Edad M oderna”.
21 Diversos son los tra bajos que abo rdan la tra nsmisi ón del seño río de Canarias e n el siglo XV, por l o que
omit iremos rela tar en estas pági nas los di versos tr a spasos que se sucedier on. Entre l os estudios m ás
recientes que hemos manej ado podemos citar, a título ilustrativo: Díaz Pad illa y Rodríguez Y anes (1990:
26-47), Aznar Vallejo ( 2004) y Bernal R odríguez (2004).
22 Estudia r los inicios de los señorí os gom ero y herre ño result a comple jo, toda vez que los num erosos
ataques pirát icos sufrid os por estas isl as llevaron a una p érdida im portante de document ación prim aria.
No obstante , alguno s historia dores ha n tratado de a bordar esta etapa hist órica. Concret ament e, sobre el
devenir d e los señoríos de La Gomera y El Hierro en lo s siglos XVI y XVII –antes de iniciar se el periodo
de nuestra investigació n–, puede co nsultarse Díaz Padilla y Rodrígu ez Yanes (1990: 47-91).
23 Este señorío de nat uraleza eclesiástica ha sido ob jet o de estudio de sde una pe rspectiva histórico-
contable por parte de Castro Pérez (2005).
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
34
encontrar diversas fam ilias que pretendieron comprar a la Corona luga res de señorío,
aprovechando los apuros económicos que atravesaron los Austrias –aludidos con
anterioridad–. Fue, concretamente, bajo el reinado de Felipe IV donde hallam os los tres
ejemplos de enajenación de señoríos que la historiografía cita para Canarias. Uno de
ellos es el de Nicolás Massie u, quien adquirió la jurisdicci ón sobre Argual y Tazacorte
(La Palma) m ediante abono de 4.000 y 9.000 ducados, respectivamente, aunque fue
posteriormente reincorporado al ámbito real engo dado la oposición de las autoridades
isleñas. En lo que respecta a Tenerife, Felipe IV vendió dos enclaves realengo s: en
primer lugar, el valle de Santiago –Real Cédula de 3 de julio de 1663– a Fernando del
Hoyo-Solórzano por 3.200 ducados y, unos años después, la Villa de Adeje que
nosotros estudiamos 24 . Por políticas matrimoniales y cuestiones hereditarias que m ás
tarde explicarem os, la propiedad de este último señorío adejero –creado por compra
onerosa– terminó recayendo sobre el m ismo individuo que poseía los señoríos de La
Gomera y El Hierro –originados, com o se ha apuntado, en la etapa de la conquista
señorial–. Los tres estados señoriales, que tuvieron orígenes distin tos, se mantuvieron
vigentes hasta el siglo XIX, cuando el régimen señorial quedó abolido en nuestro país.
La confluencia de vario s señoríos –que acabamos de m encionar– bajo un mismo
titular resultó ser una no ta característica entre la alta nobleza de la Edad Moderna. B asta
con acercarse a los trabajos realizados por algunos historiadores s obre las grandes Casas
nobiliarias –como la de Osuna (Atienza He rnández, 1987c: 72), Me dinaceli (Sánchez
Gómez-Conrado, 1992: 240), Alcañices (Carm o na Pidal, 2001: 44), Aranda (Becerrica
Sanz, 2001: 4 y Navarro Espinach, 2009: 68) y Arcos (Gutiérrez Núñez, 2007: 770),
entre otras– para advertir la can tidad de jurisdicciones –y títu los– que atesoraban y
transmitían de unos sucesores a otros. Tal ni vel de acum ulación se hizo posible, como
es conocido, gracias a tres el em entos presentes en la formac ión de casi todos los linajes
nobiliarios, a saber: el m ayorazgo, la primogenitura mascul ina com o criterio hereditario
y la política matrimonial endogám ica adoptada.
24 En Díaz Padilla y Rodr íguez Yanes (1990: 27) puede consultarse un instructivo mapa del archipiélago
canario con indicaciones de la supe rficie señorializada. Según los cálculos de e stos autores, esta
representaba el 46,2% de la superficie total canaria, quedan do incluido en este dato Agü imes, Valle de
Santiago, Adeje y las cuatro islas de señorío (Lan za rote, Fuert eventura , La Gom era y El Hierr o).
Capítul o 1. La C asa de los m arqueses de A deje, conde s de La Go mera y se ñores de El Hierro
35
En efecto, como explicamos páginas atrás, la instituc ión del m ayorazgo –a la que
asiduamente acudió la nobleza– perm itió trasladar en el tiempo las unidades seño riales
de forma indivisa. Como dichas vinculac iones se transm itían, con carácter gener al,
siguiendo la primogenitura m asculina, el prim er descendiente varón no sólo concentraba
los títulos y los mayorazgos acum ulados por su figura paterna, sino recibía también los
que la figura materna había aportad o al m atrimonio. Cuando una determinada familia
noble quedaba sin sucesión masculina –hecho que ocurrió en el caso que estudiam os–,
la hija mayor se convertía en heredera y tran smisora de los vínculos de su linaje hacia la
Casa de su marido, de forma tal que el primogénito de este enlace matrimonial
terminaba acaparando tanto los mayorazgos com o los títulos nobiliarios de ambos
progenitores. Como explica Soria Mesa (1992: 327) “esta operaci ón, repetida con cierta
fortuna durante varias generaciones, es la que explica que en los siglos XVII y XVIII
las grandes familias posean decenas d e pingües vínculos”.
El proceso de acumulación de señoríos que hemos descrito, repetido generación
tras generación, permite entender con facilidad porqué la dispersión geográf ica
constituía uno de los rasgos diferenciadores del patrim onio poseído por la alta nobleza.
Sin lugar a dudas, la tenencia de un patrimoni o extenso, fragm entado y disperso bajo un
mismo titular es una de las carac terísticas unánimem ente aceptadas por los historiadores
(Lemeunier, 1998: 253-254; Carm ona Pidal, 1995: 77-80; Aragón Mateos, 2000: 37-38;
Yun Casalilla, 2002: 13-14; Garrabou et al. , 2002 y Molina Recio, 2012: 996, entre
otros), constituyendo esta peculiaridad uno de los problemas que afectaba a la gestión
de las Casas aristocrá ticas. Así pues, la fragmentación y disper sión geográfica de su
patrimonio im posibilitaba al noble estar presente físicamente en tod os sus estados
señoriales, máxime cuando este aspiraba, ad emás, a residir cerca de la Corte para
beneficiarse económica y socialm ente de su proximidad al Rey. El absentismo de la
nobleza titulada –especia lm ente la cortesana 25 – les im pedía gestionar y controlar
personalmente todas sus posesiones, lo que lle vaba aparejado la neces idad de contar con
un conjunto de oficiales o ad ministradores sobre los que delegar tanto el gobierno de
sus señoríos como la explotación econó mica de sus bienes patrim oniales.
25 En Yun Casalilla (20 02: 287) puede leerse sobre la te situra q ue estos nobles podían plantearse entre las
ventajas de una vida cortesana y l as dificult a des que entrañaba la leja nía de sus estados.
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
36
La figura del “señor ausente” –expresión to m ada del título del libro de Aragón
Mateos (2000)– lleva ap arejada cierta problem ática que quisiéram os recordar, si qu iera
brevemente, pues algunos de los planteam ient os desarrollados en torno al absentismo
han llegado a convertirse en mitos historiogr áficos a la hora de definir al estam ento
nobiliario. Así pues, en la literatura sobre la nobleza encon tramos historiadores para los
que la condición absentista del noble y la inhe rente presencia de sus administradores en
los señoríos im plicaban deja dez, despreocupación y m ala gestión. Lemeunier (1998:
253), por ejemplo, m anifiesta que “la falta de contacto directo con las realidades locales
inclina[ba] a los señores a descuidar la c onservación y [el] mejoram iento del aparato
productivo”. De igual modo, bajo la voz “absentism o” recogida en el Diccionario de
Historia Moderna de España se transmiten ideas sim ilares a la opinión anterior.
Textualmente, el citado Diccionario (Martínez Ruiz, 2007: 9 y 10) señala que:
“Los efectos económico-sociales del abse ntism o fueron import antes en el campo
a lo largo de la Edad M oderna, ya que esta falta perjudicó no sólo a los
propietarios sino también a sus colonos y enfiteutas. El dueño de las tierras, m ás
interesado en la v ida fuera de ellas, sólo se preocupaba de obt ener rentas que le
permitiesen m antener un estatus social y económico allá donde se encontrase. La
administración de estas propiedades era casi siem pre encomendada a un
administrador, que en m uchos casos no se interesaba por la población,
limitándose a cobrar las rentas y pagar al señor lo estipulado”.
Como bien puede inferirse de las dos referencias que hem os tomado a m odo de
ejemplo, el absentism o nobiliario constituía la principal razón por la que estos titulares
habían desarrollado una actitud económica rentista y desinteresada en acom eter
inversiones dentro de sus posesiones –cuando es tas últimas resultaban ser necesarias en
la tierra, por ser fuente básica de riqueza en el Antiguo Régimen–. El rentismo de este
grupo social se debía, en parte, a que, al estar ausentes, los nobles solían optar por
sistemas de explotación indirectos, que les proporcionasen una renta fija. C omo
recuerda Carmona Pidal (1995: 72), una de las principales críticas lanzadas a la
aristocracia terrateniente residía, precisam ente, en “haber desarrollado un sistem a de
explotación indirecto, con c ontratos de arrendamiento a corto plazo, que habría
Capítul o 1. La C asa de los m arqueses de A deje, conde s de La Go mera y se ñores de El Hierro
37
desincentivado cualquier tipo de inversión o mejoras, tanto por el lado del propietario
como del arrendatario”.
Tanto la ausencia de sus señoríos como el uso extendido de los sistem as de
explotación indirectos, entre otros motivos, propiciaron la creación de cierto estereotipo
sobre la figura de la alta nobleza titulada –poseedora de los patrim onios más extensos y
dispersos–. Dicha im agen se caracterizaba por la despreocupación sobre sus haciendas,
la mentalidad rentista, el desinterés por la introducción de innovaci ones y el absentism o
pasivo del terratenien te aristócrata, v alora ciones estas –o m itos– que han sido recogidas
en la historiografía (Yun Casalilla, 2002: 11 y Molina R ecio: 2011: 20 y 21, por
ejemplo), junto a otros rasgos com o la ocio sidad y la ostentosidad de sus gastos.
Con relación al absent ismo nobiliario que venim os señalando, quisiéramos
precisar que si hemos traído a colación este te m a en el presente apartado, no ha sido
únicamente para com entar en este punto los sistem as de explotaci ón patrimoniales y la
mala prensa generada so bre la alta nobleza –aspectos que, p or otra parte, no dejan de ser
relevantes en cualquier est udio sobre el estamento privile giado–, sino porque la lejanía
de los nobles de sus estados también tuvo incidencia en otra dim ensión que para nuestra
investigación reviste de una especial importancia. Nos referimos, claro está, a la
dimensión contable.
Lógicamente, la relac ión existente entre p ropiedad absentista y contabilidad
resulta un hecho eviden te: si la ausencia d el titular exigía delegar la a dministración de
su patrimonio en m anos de un administra dor, este no sólo tení a la obligación de
informar al prim ero sobre la gestión reali zada, sino que también el primero tenía la
necesidad de controlar desde la distancia al segundo, ante la posib le existencia de
comportamientos oportu nistas. Luego, ante esta necesidad de inform ación entre el noble
y sus agentes delegados, el sistema cont able –junto a la correspondencia periódica–
constituyó un importante vehículo de transmis ión, tal y como han puesto de manifiesto
investigadores como Funnel (1996: 32), Ca rmona Pidal (2001: 227), Arbelo García
(2006: 36 y 37) o Molina Recio (2 012: 996). Pero, además de es ta utilidad, autores
como Ezzamel (2002: 235) han dado un paso m ás en sus planteamientos sobre la
contabilidad y el absentismo, pues, precisam ent e, vinculan el origen de muchas de las
cuentas pertenecientes a los estados privados con la situación absentista de sus
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
38
propietarios. De hecho, esto es lo que par ece haber sucedido en los prim eros momentos
en que la contabilidad empezó a ser utilizada por los señoríos ingleses – manors 26 –, pero
este es un tema sobre el que volveremos c on m ás detalle en el capítulo tercero.
Respecto a los mitos historiográficos que apuntam os párrafos atrás es preciso
aclarar que, desde hace un tiempo, diversos au tores (Yun Casalilla, 2002: 12; Carrasco
Martínez, 2002: 289, Saavedra, 2003: 20 y Mo lina Recio, 2011: 19, por ejemplo) han
mostrado su rechazo a la asunción de tales es tereotipos, poniéndolos en tela de juicio
por carecer, en su opinión, de una investigac ión histórica de base que realm ente los
sustente. En consonancia con ello, y siguiendo esta distinta concep ción, existen trabajos
que pretenden modificar aquella “visión si m plista del mundo económico de la alta
nobleza” (Carrasco Martínez, 2002: 289), dando a conocer, por el contrario, el interés
de muchos nobles por: re alizar inversiones e in troducir mejoras en sus estados ,
intervenir personal y directamente en la ge stión económ ica de sus patrimonios, así como
por organizar el gobierno de sus señoríos. Así, por ejemplo, Díaz López (2007: 270)
demuestra “el perfecto conocim iento” que tení a el marqués de los Vélez a m ediados del
XVIII sobre “el funcionam iento del aparato hacendístico de su m arquesado”, dadas las
Instrucciones que al efecto dictó. Molina Recio (2011: 24, 26 y 28), por su parte, revela
el interés del conde de Luque en la administración de sus posesiones, tom ando como
evidencias: la correspondencia, las órdenes dict adas y los libros de cuentas. En la misma
línea, García Hernán (2010:87-95) explica las ordenanzas dictadas por el marqués de
Astorga para la ordenación de sus estados , algunas de las cuales entraron en el campo
de la contabilid ad ( ibíd em , p. 88-89) . Otro posible ejemplo lo hallam os en Carmona
Pidal (2001: 220-226), cuando describe las inve rsiones y el interés personal puesto por
los marqueses de Alcañ ices en su estado de Cadreita, mientras que López Manjón
(2005: 80-92) alude a los cambios introduci dos por el XII duque de Osuna en el
nombram iento de sus apoderados, lo que propici ó reformas a nivel contable para tratar
de mejorar el nivel de endeudam iento por el que la Casa atravesaba . Luego, a través de
todos los ejemplos que acabam os de mencionar 27 –referidos a la alta nob leza titulada–,
podemos concluir que tanto en las inversi ones realizadas como en las ordenanzas
26 “A unit of land, originally a feudal lordship, consis ting of a lord’s deme sne and la nds re nted to te nants”
(www. oxforddi ctionaries.c om. Cons ultado el 24/03/2 014).
27 En Yun Casalilla (2002: 294 ) pueden en contrarse otro s tantos ejemplos .
Capítul o 1. La C asa de los m arqueses de A deje, conde s de La Go mera y se ñores de El Hierro
39
emitidas, la correspond encia mantenida o la c ontabilidad registrada, los historiado res
han hallado evidencias de una actitud más activa de la nobl eza respecto a la
administración de sus patrim onios y el gobierno de sus estados señoriales, quedando en
entredicho aquella imagen negativa que se había generado en torno al estam ento
nobiliario.
Ahora bien, es preciso señala r –por cuanto atañe al inte rvalo tem poral elegido en
nuestra investigación– que si la historiografía se hizo eco preferentemente de una m ala
imagen de la nobleza, a pesar de la existenc ia de ejem plos como los anteriores, fue
porque algunos ilustrados del XVIII y los libe rales del XIX vertieron en la historia una
opinión negativa que ha sido difí cil de erradicar. Este razonamiento es, al menos, una
posible explicac ión que hemos encontrado en la literatu ra nobiliaria, procedente de la
mano de historiadores como Colás Latorre (1993: 55-56), Y un Casalilla (2002: 278) y
Carrasco Martínez (2002: 289). Si rvan las siguientes palabras de este último autor para
demostrarlo con clarid ad: “Sól idos son los m otivos que ha n contribuido y contribuyen
todavía hoy a que se tenga una visión del fenómeno señorial estructuralmente negativa
por epidérmica. Y quizá el m ás importante haya sido la perv ivencia entre los
historiadores de las opiniones de algunos ilu strados y de los liberales decim onónicos,
para quienes el sistema jurí dico y económ ico que había so stenido la riqueza de la
aristocracia era la razón prof unda del atraso español”.
En el siglo XVIII, bajo el reinado de la nuev a dinastía borbónica y los aires
ilustrados procedentes de Europa, el estame nto nobiliario y el ré gim en señorial que lo
sustentaba protagonizaron una serie de cambi os y ataques al lustre y a los privilegios
que hasta entonces habían gozado; situación qu e –lejos de disiparse– se in tensificó aún
más en la centuria sig uiente, consumándose m ediante la definitiva abolición de los
mayorazgos y la disolución de los señoríos en el XIX.
El momento en que se inicia nuestro pe riodo de investigación coincide con los
últimos años del reinad o de Carlos II, un m onarca débil física y m entalmente bajo el
que la alta nobleza seguía ocupando destacado s puestos, tanto en la esfera política del
Estado como en la Corte 28 . Fue, precisamente, con el m andato de este último Austria
28 Sobre el pa pel de los no bles en la Cort e y la im portancia que para estos suponía la cerc anía al m onarca,
como expresión de poder, pued e consultarse García Hernán (1992: 2 4-26). Asimismo, en Yun Casalilla
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
40
donde Kamen (1974: 146) 29 encuentra que “la influencia de los nobles y las sórdidas
intrigas de la Corte habían eclipsado casi por completo la autoridad de la Corona. Carlos
II no era en realidad sino un rey fantasm a (…) [y] bajo su reinado alcanzó la aristocracia
su última y m ás alta cota de esplendor y poderío”. Al morir el monarca sin haber
engendrado un descendiente que asegurase la cadena sucesoria, Felipe de Anjou, de la
Casa de Borbón, fue designado por el propio Carlos II para acceder al trono, decisión
esta que, como es sabido, no gustó ni al ot ro aspirante a la Corona –el archiduque
Carlos de Austria– ni a la s potencias europeas que le apoyaban. Con la oposición de
estos se desató la Guerra de Sucesión, conf licto que alcanzó carácter inte rnacional hasta
la firma del Tratado de Utrecht en 1713.
En los altos recursos financieros que demandó la citada contienda y en la
necesidad de recom pensar los servicios prestado s durante la m isma, Felices de la Fuente
(2011: 253 y 254) halla el m otivo por el cual Felipe V otorgó al menos 318 títulos
nobiliarios nuevos a lo largo de la primera m itad del siglo XVIII 30 , localizándose la
mayoría de estas concesiones dentro del pe riodo que duró la Guerra de Sucesión. Con
esta cifra, Felipe V se convirtió, después de Carlos II, en el rey que m ás títulos
nobiliarios creó (Soria Mesa, 2007: 51), obs ervándose bajo su reinado –según prueba
Felices de la Fuente (2013b: 697)– una continuidad en cu anto a los motivos y los
procedimientos de concesión –el m érito y la venalidad– que ya habían sido aplicados
por los Austrias durante la segunda m itad de la centuria anterior. Luego, fue
nuevamente la necesidad de dinero la que aún en los inicios del Setecientos m antuvo
abierta la puerta a la ca tegoría de los titulados. No f ue hasta su hijo – el rey Fernando
VI– cuando Andújar Castillo (2013: 160-161) detecta un cambio de tendencia en cuanto
al volumen de m ercedes otorgadas, pues en comparación con su padre tan sólo entregó
un total de 42 nuevos títulos. La ausencia de conflictos bélicos, la disminución en la
demanda de títu los y una política asistida por Ensenada para s uprimir la venalidad en el
(2002: 287) puede profundizar se sobre las ventaj as económicas que la vid a cortesana les podía r eportar.
Añadim os, finalm ente, un úl timo trabajo q ue nos ha pareci do interesa nte, aunque e stá referi do a un
periodo de tiem po (1665-1675 ) anterior al definid o en nuestra in vestigación. Se trata de la t esis doctoral
de Crespí de Valld aura Cardenal (20 13), donde se es tudia la p articipación d el estamento nob iliario en las
diversas esta ncias de l a Corte baj o la regenci a de Mariana de Austria.
29 Referencia tomada de Morales Moya (2004: 249) .
30 En el cómputo indicad o, la autora consider a los pertenecientes a Castilla, Aragón y Navarra.
Capítul o 1. La C asa de los m arqueses de A deje, conde s de La Go mera y se ñores de El Hierro
41
ámbito de los honores ( ibídem , p. 160) son algunos de los motivos que el citado autor
expone para justificar dicha reducción.
Pues bien, si las cifras ante riores ponen de manifiesto que el estam ento de la alta
nobleza titulada siguió creciendo en el XVIII –especialm ente en su primera mitad–, el
panorama al que estos privilegiados se enfr entaban era, sin em bargo, diferente al que
habían experim entado en el siglo precedente. En el Setecientos, la alta nobleza continuó
siendo el grupo económicamente dom inante por que –siguiendo a Morales Moya (2004:
248)– controlaba un medio de producción tan elem ental co mo era la tierra, pero su
relación con el Estado difirió, las institucione s básicas sobre las que sustentaba su poder
–mayorazgo y señorío– fueron objeto de cier tos ataques y sus conductas y privilegios
también recibieron críticas con dis tintos niveles de dureza.
En lo que respecta al primero de los cam bi os mencionados en el párrafo anterior,
este es, su relación con el Estado, la histori ografía da cuenta de que, al amparo de la
política unificadora y centralizad ora de la nueva dinastía borbónica, la consecución de
diversas ref ormas adm inistrativas comenz ó a desplazar a los grandes títu los de las
estructuras políticas que en el pasado habían ocupado, mermando con ello su capacidad
de poder. Para García Hernán (1992: 24) “sólo en el siglo XV III (y en lo q ue se refiere a
la alta nobleza) empiezan a ser apartados sist emáticamente y de una m anera clara de la
administración”. Este desplazam iento del gr upo privilegiado de los puestos de gobierno
atendió a diversas razones, entre las que Mo rales Moya (2004: 258) apunta: el fracaso
de los grandes como dirigentes y la “escasa valía” que –salvo algunas excepciones–
habían demostrado.
Además de su alejamiento de la vida política del siglo XVIII, los nobles también
se vieron en la necesidad de lidiar con las ofensivas que empezaron a difundirse
respecto a las instituciones económico-jurídi cas que fundamentaban su poder. Sin lugar
a dudas, la figura del mayorazgo –a cuya importancia aludim os páginas atrás por
garantizar la perpetuación de los linajes– se convirtió, a juzgar por la historiografía
existente, en una pieza central del deba te ilustrado. La cr ítica, desarrollada
fundamentalmente en la segunda m itad de l XVIII, trató de poner de relieve las
repercusiones negativas que tení a la propiedad vinculada.
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
48
Evidentemente, existen trabajos como los de Rodríguez Yanes (1984), Rivero
Suárez (1991: 55-58) y Rumeu de Armas ( 2006) que están dedicados al estudio de
miem bros concretos de la f amilia ref erida –fundam entalmente a las f iguras de Cristó bal
de Ponte y Pedro de Ponte–, pero en lo que respecta a la presentación de conjunto d el
linaje que nos ocupa, la revisión de la lite ratura nos demu estra que los trabajos
existentes sobre ellos son más escasos, si los com paramos con la ram a de la línea condal
gomera 36 .
Para la presentación de la líne a ma rquesal, hem os tomado como base la
descripción genealógica de Ramos (1972: 25-38) y el Nobiliario de Canaria s de
Fernández de Bethencourt (1959: 28-39 y 158-176), com pletando ambos trabajos con
algunas referencias halladas en la documentación prim aria consultada. Asimism o, al
objeto de facilitar el seguimiento de lo e xpuesto en este epígrafe , entendimos necesario
contar con un árbol o esquema genealógico, donde de forma si ntética se reflejaran los
personajes que daban cabida a la citada línea sucesoria. Co mo el ár bol de costados de
Salazar y Castro (1795: 134) y el esquema genealógico conten ido en la tesis doctoral de
Nuez Santana (1997: 1072) solamente alcanz aban hasta el titular donde iniciamos
nuestro estudio, hem os optado por conf eccionar uno nuevo, completándolo hasta el
último poseedor incluid o en nuestro trabajo. E l esquema genealógico así elaborado
aparece al final de este apartado –ba jo la numeración 1.1–, donde los nom bres
sombreados representan a los dueños de los señoríos en el tiem po de nuestra
investigación.
Como puede observarse en el citado esquema , el primero de la Casa de los Ponte
que se estableció en Canarias fue Cristóbal de Ponte; mercader y noble patricio de
origen genovés que, por sus “eminentísim os servicios a los Señores Reyes Católicos
durante la conquista de Canari as” (Fernández de Bethencour t, 1959: 28), fue agraciado
en 1502 con tierras y aguas en el partido de Daute –al norte de de Tenerife–, bajo el
comprom iso de construir en él un ingenio azucarero (Serra Ráfols, 1961: t. 27, p. 169).
36 Sobre el linaje de los condes de La G omera y sus o rígenes puede n consult arse, por ejem plo, los tra bajos
de Fernánd ez de Bethencourt (1 959), Darias Padrón (2004), así como Díaz Padilla y Ro dríguez Yanes
(1990) .
Capítul o 1. La C asa de los m arqueses de A deje, conde s de La Go mera y se ñores de El Hierro
49
Con las datas recibidas y otras tierras que adquirió (Rivero Suárez, 1990: 55),
llegó a convertirse en uno de los cuatro grandes hacendados de aquella comarca
(Guimerá Ravina, 1980: 120). Según explica Rivero Suárez (1990: 56 y 128), dada su
“buena visión económica”, Cristó bal de Po nte buscó otras posibilidades para su
hacienda desde los años 20 del siglo XVI, aún cuando el azúcar canario ocupaba una
buena posición en el m ercado europeo. Así pues, f ue de los prim eros en sustituir la caña
por la vid para comercializar vino e introdujo mo rales para la cría de seda. Además de
explotar su hacienda, también estuvo invol ucrado –como buen genovés– en actividades
comerciales con las Indias (Rivero Suárez, 1990: 57), c ontando para ello con la
participación de los dos hijos que tuvo c on su esposa Ana de Vergara –hermana del
conquistador Pedro de Vergara y sobrina de Alonso Fernández de Lugo–: Bartolom é y
Pedro de Ponte y Vergara.
El segundogénito de los hijos en quien c ontinúa la línea sucesoria –Pedro de
Ponte, primero de su nom bre o el viejo – siempre se mantuvo vinculado al negocio
azucarero que había conocido de su padre, to mando en arrendamiento varios ingenios y
comercializando sus azúcares y m ieles en el mercado flamenco durante la segunda
mitad del siglo XVI (Rodríguez Yanes, 1984: 28 y Rivero Suárez, 1990: 58). Pero,
como bien señala Riv ero Suárez ( ibídem ), su m ayor éxito provino de la construcción y
puesta en funcionamiento de un ingenio en el heredam iento de Adeje –sur de Tenerife–
a comienzos del citado periodo 37 . Es aquí cuando la Casa objeto de estudio inicia su
andadura en la producción y comercialización del azúcar adejero; un dulce cam ino que
aportó riqueza y poder al linaje de Los Ponte, conduciéndoles a un progresivo ascenso
social que terminó con la obtención de un título nobiliario. Desde ese m omento, la
relación de la Casa con el azúcar de Adeje siempre est uvo presente a lo largo del
periodo analizado en nuestra investigación, aden trándose, incluso, en la prim era década
del siglo XIX.
Pues bien, paralelamente a la puesta en m arc ha de su ingenio, el citado Pedro de
Ponte – el viejo – solicita a la Corona licencia p ara er igir en su hacienda de Adeje una
37 Respecto a la partición celebrada en 1554 sobre los bienes de Cristóba l de Ponte y la par te que
correspond ió a su segundo hijo con r elación al he redamiento de Adeje y el ingenio azucarero –en
construcci ón en ese mom ento–, puede c onsult arse Pérez Morera ( 2013: vol. I , p. 250) y R odríguez Yan es
(1984 : 30).
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
50
casa-fuerte (ilustración 1.1), al egando como motivo el que por aver en el dho término
muchas caletas y puerto de mar, no puede la gente rresistir a los corsarios franceses y
otros enemigos que desembarquen en el mismo (BMSC/ACFA 3539).
Ilustración 1.1: Plano y alzado de la casa-fuerte de Adeje (s. XVIII)
Fuente: Fumero Álvarez (2003: 97)
La autorización para la edifición de la ci tada fortaleza llegó en la Real Cédula de
2 de mayo de 1555, facultando a Pedro de Ponte no sólo su construcción con el tamaño,
forma y grueso de paredes que se indicaba en la mism a ( ibídem , p. 2v), sino tam bién su
aprovisionamiento de artillería y municiones y otros pe rttrechos y aparejos de guerra
que fueren necesario s ( ibídem , p. 2v). Igualm ente, se le entregaba a él y a sus sucesores
con carácter perpetuo la alcaidía de la fortaleza, debiendo realizar en principio de cada
un año el juramento pleito y omenaje y fidelidad que en tal ca so se requiere [ y]
acostumbra (…) ante nuestro Governador ( ibídem , p. 2v). C on el paso del tiempo esta
Capítul o 1. La C asa de los m arqueses de A deje, conde s de La Go mera y se ñores de El Hierro
51
casa-fuerte llegó a convertirse en símbol o del poder señorial ostentado por la Casa,
albergando en ella la Contaduría central de los te rritorios canarios 38 .
Edificada la casa-fuerte en tierras adej eras y habiendo sido designado como su
primer alcaide perpetuo, las as piraciones de Pedro de Ponte el viejo se elevaron a la
creación de un señorío sobre sus tierras y as í lo solicitó del Rey Felipe II en 1558. Pero,
según relata Rumeu de Armas (2006: 462-463) , sus ambiciones de enseñorearse fueron
truncadas por la fuerte oposición que ejerci eron los vecinos y el Cabildo de la isla
tinerfeña. No obstante, a pesar de ello, gozaba del cargo de Regidor perpetuo de
Teneri fe y a la histor ia ha pasado como el promotor del desarro llo del núcleo adejero
(Decreto 378/2007, p. 23906), “el potentado más rico de la isla (…) y quizás del
archipiélago” en su tiempo (Rum eu de Armas, 2006: 459) y com o un “caballero tan
principal, tan bueno, tan sabio, ri co y de tan pura conciencia que no hará agravio ni aun
a sus enemigos, si los tuviera” (Vie ra y Clavijo, 1776: t. III, p. 142).
Pero, la pureza de conciencia –de que le hacían valedero en su época– no parecía
estar reñida, sin embargo, con el tipo de ac tividades com erciales que desarrollaba, pues
además de ejercer como hacendad o en su explotación azucarera de Adeje, m antuvo
relaciones comerciales y de am istad con el corsario inglés John Hawkins en torno a
1560, “para abrir las puertas de América al tráfico clandesti no de esclavos africanos”
(Rumeu de Armas, 1991: 365). Como señalare mos en el capítulo siguiente, es en la
realización de estos negocios donde puede enc ontrarse justificación a la presencia de
esclavos negros como mano de obra en su hacienda adejera.
Tal y como explicamos en el aparta do anterior, era cost umbre por aquellos
tiempos que los nobles y los grandes terra tenientes acudieran a la creación de
mayorazgos, com o estrategia para blindar sus patrim onios y asegurar con ello la
continuación de sus linajes. Así lo hizo Pedr o de Ponte junto a su esposa Catalina de
Las Cuevas. Para conservar y perpetuar su linaje, casa e renombre , fundaron bajo
38 Para m ás información sobre la casa fuerte de Adej e, puede consultarse la desc ripción realizada por
Sabino Berth elot durante su primera estancia en Tener ife (1820-1830) (Berth elot, 1834 [2004]: 2 51-259),
así como los trabajos de Pinto de la Rosa (1996: 64 4-653) y Pérez Morera (2 013: vol. I, p. 258- 261). En
abril de 1902 l a fortaleza fue seri am ente dañada a causa de un ince ndio. Hoy día está catalogada como
monum ento de interés de cultural, c onstituyendo un re clamo turístico, pese a s u pobre estado de
conservación. Su torre de hom enaje almenada y alguna s otras po cas dependencias son la s que
permanecen e n pie.
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
52
licencia real lo que en la documentación prim aria se concibe como mayorazgo viejo o
antiguo de Adeje. Su escritura de constituci ón de abril de 1567 (BMSC/ACFA 3538)
relacionaba con detalle la riqueza que el m atr imonio llegó a acum ular en vida, así como
los bienes que asignaron a su primogénito Ni coloso, sigu iente en la línea sucesoria.
Entre la dotación de es te se encontraba ( ibídem ): la haciend a de Adeje con las casas de
aposento e yngenio de moler azúcar, casa de prensa y casa de calderas y con todas las
calderas y cobres y otros pertrechos del dho yngenio , la casa-fuerte y su alcaldía, el
oficio de Regidor de la isla, as í como sus tierras, montes, viñas, tribu tos , esclavos, etc.
Toda esta relación constituyó, por tanto, el núcleo patrimonial donde se asentaron las
actividades económicas que expondrem os en el capítulo siguiente.
Nicoloso de Ponte y Cuevas, sucedió a su padre desde el fallecim iento de este
último en 1568 hasta el final d e sus propios días, lo que aconteció en 1575 en La
Orotava (Fernández de Bethencourt, 1959: 33). Continuó, entonces, como poseedor de
la hacienda adejera y como tercer Alcaide de la casa-fuerte, el hijo mayor de Nicoloso y
su esposa –Ana de Vergara Ponte–, el cual se llam aba Pedro de Ponte, como su abuelo.
Pues bien, de la vida de estos dos titular es –Nicoloso y su hijo Pedro– apenas hemos
hallado noticias en la histor iografía consultada. Tampoc o hemos podido extraer muchos
datos de la documentación contable analizad a, toda vez que los cuadernos y libros de
cuentas conservados no se remontan a épocas tan tempranas. No obstante, sobre Pedro
de Ponte, segundo del nombre, sí sabem os que se hizo un inventario en 1612, al año
siguiente de su fallecimiento. En dicho inventario se describía el ingenio en un m al
estado de conservación (AHPT leg. 2265), aunq ue parece que su actividad azucarera no
cesó. Precisamente de dicho año data la cuenta (AMC/ACFA 041001) m ás antigua que
disponemos del com plejo adejero, la cual será objeto de análisis en el capítulo tercero.
El primogénito de Pedro de Ponte II fue Bartolom é de Ponte y Calderón, Regidor
perpetuo de Tenerife, cuarto poseedor de Adeje y cuarto Alcaide de su fortaleza.
Aunque Fernández de Bethencourt (1959: 36-37) ofrece algu nos datos adicionales sobre
este último, lo que nos intere sa resaltar de él, a efectos de nuestra investigación, es que
fue padre de una de las grandes figuras que contribuyero n al engrandecim iento y al
lustre de la Casa obj eto de estudio. Nos referimos a su prim er hijo Juan Bautista de
Ponte Fonte y Pagés, reconocido en la historia como “uno de los m agnates del
Capítul o 1. La C asa de los m arqueses de A deje, conde s de La Go mera y se ñores de El Hierro
53
Archipiélago canario” ( ibídem , p. 38) y alabado por Viera y Cl avijo (1776: t. III, p. 50)
por su “don de economía y de gobierno”. Posi blemente, a este don deba atribuírsele no
solo la transformación d e Adeje en “una de las más bellas poses iones de Tenerife” –
como apuntaba el anterior hi storiador–, sino también el di seño del sistem a contable que
llevaba su Contaduría adejera y la redacción del Directorio de la Casa Fuerte . Este
último, concretam ente, constituía un “libro de direcciones” (F umero Álvarez, 2003: 48 )
redactado de 1654 a 1656, que contenía un c onjunto de órdenes encaminadas a regular
el funcionamiento de la hacienda. De su lectura hemos observado directrices
relacionadas con: el trabajo en el ingenio azucarero, los cultivos de cañamieles y
cereales, el aprovechamiento del ag ua, el tratamiento de los esclavos, el salario de los
servidores de la haciend a, los registros contables a realizar y las comp etencias atribuidas
a los diversos servidores de la Casa. Por la m inuciosidad con que aparecen detalladas
estas instrucciones, el Directorio evidencia, en nuestra opinión, el exhaustivo
conocimiento que Juan Bautista de Ponte Font e y Pagés tenía sobre los asuntos técnicos,
económicos y organizativos de su hacienda adejera. S obre el contenido de este
Directorio y la im plicación del citado titular en el d iseño del sistem a contable adejero,
haremos referencia m ás detallada en epígrafes posteriores 39 .
Bajo el mandato de Juan Bautista de Ponte Fonte y Pagés –que ocupó gran parte
de la segunda mitad del siglo X VII 40 – encontram os una etapa trascendental en el
devenir histórico del linaje, un tiempo en que, sin duda, se forjaron los cim ientos que
permitieron a la familia avanzar en su ca rre ra h acia el encumbramiento social. Co mo
expondremos en el capítulo siguiente, tales cimientos –en lo que respecta a la parte
económica– procedieron de una activa incorporación de tributos al esta do adejero y de
una política compradora de tierras muy intens a, “sin duda la m ás dinámica de las fases
compradoras del m ayorazgo desde el punto de vista cuantitativo” (Nuez Santana, 1997:
308). Su intensidad fue tal que para Nuez Santana ( ibídem ) “a fines del siglo XVII ya
podemos dar prácticamente por cerrada la et apa expansiva del m ayorazgo, iniciada a lo
39 El original del Directorio que redact ó Juan Ba utista de Po nte y Fagés no ha llegado a n uestros dí as. Sin
embargo, se conserva copia de la rectificación que s u biznieto realizó sobre el m ismo, a la que nos
referirem os más adelante.
40 Sabemos que su posesión sobre el here dami ento de Adeje terminó a su fall ecimiento en 1681, pero
desconocem os la fecha exacta de su inicio. Su padr e –Bartolomé de Ponte y Ca lderón– hizo testam ento
en 1634 (Fe rnández de Bethenco urt, 1959: 37), pe ro no dispo nemos de info rmación so bre el mom ento de
su fallecimiento.
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
54
largo de la segunda mitad del XVI, es decir, desde el m omento mismo de la fundación”.
Luego, de las palabras anteriores se deduce que la actividad inve rsora desarrollada por
Juan Bautista de Ponte Fonte y Pagés am plió significativamente el patrimonio f amiliar,
vinculando todos sus bienes libres en un nuevo mayorazgo (Viera y Clavijo, 1776: 56 y
Fernández de Bethencourt, 1959: 38), el cual quedó añadido al viejo de Pedro de Ponte
y Catalina de Las Cuevas.
Pero, el objetivo pretendido con sus much as inversiones no sólo perseguía un
engrandecimiento económ ico y un incremento de sus rentas. Por el contrario, su
intención también trascendía al plano social y jurisdiccion al, pues, amparándose en la
posesión de sus tierras, compró el señorío de Adeje. De la siguiente transcripción,
tomada de la Real Cédula dada en Madrid en 1655 por el rey Felipe IV , puede inferirse
cómo en la concesión de la condición se ñorial se hacía mención a las extensas
propiedades que Juan Bautista de Ponte Fonte y Pagés tenía en el térm ino de Adeje, si
bien dentro del mismo existían algunas tie rras que no eran de su pertenencia (R.C. 1655,
f. 1v):
Por quanto por parte de vos Don Juan Bautista de Ponte Fonte y Paxés, mi
Regidor de la Isla de Tenerife, una de las de Canaria, i Aycayde perpetuo del
castillo y casa fuerte del lugar de Adexe en la dicha isla, me ha sido hecha
relación que el sitio y suelo del dicho l ugar, y todas las casa s que ay fabricadas
en él son propias vuestras y de vuestro Mayorazgo, de las qual es los vezinos que
están y habitan en ellas os pagan renta en cada un año; y el dicho lugar tiene de
término tres quartos de legua en contorno, poco más o menos, y dentro del dicho
lugar habrá sesenta vecinos, unos que viven en él y otros en el dicho término; y
casi todas están en tierras vuestras propias, y en el dho término se
comprehenden y están dentro de [él] algunas tierras de pan sembrar que son de
los herederos de Juan de Mena el mayor, Juan Delgado, Juan Ramos y
Bartholomé de Cabrera (…)
Pues bien, teniendo en cuenta lo anteri or y a cambio del pago de un precio de
63.216 reales de plata –que se calculó en atención al número de leguas del térm ino–
(R.C. 1655, f. 45r), el monarca le vendió el señorío, haciéndole m erced de la
jurisdicción, señorío y vasallaje del dicho lugar de Adexe . Le otorgó el privilegio de
Capítul o 1. La C asa de los m arqueses de A deje, conde s de La Go mera y se ñores de El Hierro
55
inmunidad ante las actuaciones del corregidor y el Cabildo de Tenerife y le dotó,
asimismo, de poder para adm inistrar justicia en prim era instancia, mediante los alcaldes
y jueces que él mism o nombrara. Dicho de otra forma, al enajenarle la jurisdicción de
Adeje, el rey traspasó a un pa rticular –Juan Bautista de Po nte Fonte y Pagés y a los que
le sucedieren– las funciones de gobierno y justicia sobre los vecinos de esta villa. Las
siguientes palabras tomadas de la anterior Real Cédula resulta n, a nuestro juicio,
ilustrativas de las facultades que le fuer on concedidas (R.C 1655, f. 39v, 40r y 40v):
Y desde luego eximo, saco y libro al dic ho lugar y su jurisdicción con su término
y territorio (…) de la jurisdicción del mi Corregidor de la dicha isla de Tenerife
y su Lugarteniente en el dicho officio, y la de su Cavildo i Ciudad de La Laguna,
y de los demás juezes, justicias dellas, y de otra qualquiera a que esté sugeto el
dicho lugar; y le hago Villa por sí y sobr e sí con jurisd icción civil y criminal,
alta y baxa, mero misto imperio con Se ñorío i vasallaje, penas de Cámara,
homicidios y derechos de sangre, calumnias y mostrencos i todo lo demás
tocante a la dicha jurisdi cción en primera instancia (…) y podáis poner y tener,
pongáis y tengáis horca, picota, cuchill o, cárcel, cepo y todas las demás
insignias de jurisdicción que sean necesar ias y os doy licencia i facultad, poder y
autoridad para que podáis poner y nombrar Alcaldes mayor y ordinarios, y de la
Hermandad, regidores, jurados, escrivanos, alguaciles, guardas, y todos los
demás oficiales del Concejo i Ministros de ju sticia que fueren necesa rios y
convinieren para el uso y exercicio de la dicha jurisd icci ón y govierno de la
dicha villa y su término y territorio, si n que para ello sea necessario mas que
solo un nombramiento i el que hicieren vues tros herederos y sucess ores en la
dicha villa (…) territorio; y todo ello lo tengáis por vuestro (…) con todos sus
vasallos y vezinos y moradores que al pres ente ay i tiene la dha villa, y con los
demás que huviere y se acrecentaren adelante (…) y los dichos Alcalde mayor y
ordinarios puedan traer y traigan bara de mi justicia y conozcan en la dicha
primera instancia de todos los pleitos y causas civiles y criminales de qualquier
cantidad, calidad y gravedad que sean, que en la dicha Villa de A dexe y su
jurisdicción, término y terr itorio acaecieren y se mo vieren; y castigar
qualesquiera delitos y excesos que se hici eren dentro de ellos por q ualquier
personas de qualquier partes que sean, assi de muertes, heridas, hurtos, (…).
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
56
Si consideram os las facultades ju risdiccion ales relatadas en el párrafo anterior y
las unimos al hecho de que –com o habíamos señalado– Juan Bautista de Ponte Fonte y
Pagés tenía la propiedad particular sobre muchas de las tierras de su jurisdicción,
podríamos concluir que el de Adeje represen taba uno de esos pueblos calificados por
Domínguez Ortiz (1980: 6) com o “mixtos” “en lo s que el propietario de toda o parte de
la tierra era a la vez señor jurisdiccional ”. Esto quería decir, pues, en el plano
económico que adem ás de multas y penas de cám ara derivadas del ejercicio de la
justicia, el señor de Adeje percibía rent as procedentes de la explotación de sus
propiedades agrarias. Asimism o, para el caso que nos ocupa, resultaría también
aplicable el comentario señala do por el citado hi storiador, con rel ación a la condición
originaria del seño r. Para Domínguez Ortiz ( ibíd em ), aunque la mayoría de los señores
de vasallos pertenecían a la nobleza y eran titulados, no pocos señoríos del siglo XVI y
XVII tenían com o titular a un “simple particular, un advenedizo en riquecido que
precisamente invertía su fortuna en la com pra de un pueblo para ascender de categoría
social”. Y esto último fue, sin duda alguna, lo que ocurrió con Juan Bautista de Ponte
Fonte y Pagés.
En efecto, el quinto poseedor de la hacienda adejera, quinto alcaide de su casa-
fuerte y primer señor de Adeje no era un noble titulado cuando adquirió la jurisdicción
sobre la villa. Al contrario, el señorío fue, como resultaba característico en el siglo X VII
(Soria Mesa, 1992: 332), el “primer escalón de im portancia en el proceso de ascenso
social” que pretendía. Así pues, Juan Bautis ta de Ponte Fonte y Pagés pasó de señor a
alta dignida d castellana once años m ás tarde, mediante el títu lo de primer m arqués con
denominación tom ada de la villa que le pert enecía: Adeje. Esto ocurrió en 1666, cuando
el Rey Carlos II, siguiendo su activa política de concesión de títu los, le otorgó este
reconocimiento por Real Merced de 26 de m a rzo, a perpetuidad y con carácter sucesorio
“en atención a la calidad, m éritos y serv icios” prestados a la Corona (Fernández
Bethencourt, 1959: 38). Se trataba, pues, de un noble “de nuevo cuño” (Viña Brito y
Ronquillo Rubio, 2009: 47), que había escalado socialmente hasta alcanzar el estam ento
privilegiado gracias a la trayectoria de su s antepasados, enriquecidos por el negocio del
azúcar y una acertada política inversora en tierras y tributos 41 .
41 Téngase en cuenta que para llegar a ser titulado se requería fortun a, pues conllevaba el pago de ciertas
contribuciones com o las lanz as y me dia annat a (térm inos incluidos en el glosa rio) La fal ta de recurs os
Capítul o 1. La C asa de los m arqueses de A deje, conde s de La Go mera y se ñores de El Hierro
57
Como era co mún entre las clases privilegiad as de aquella épo ca, el casam iento no
era entendido com o una consecuencia de los sentimientos amorosos de una pareja, sino
como el resultado de las estra tegias seguidas por las fam ilias en el intento de am pliar
sus patrimonios y acumular títulos, presti gio y poder. La crea ción de redes de
parentesco mediante una acertad a política m atrimonial constituía, po r lo tanto, una d e
las vías más utilizad as por los linajes para tratar d e progresar socialmente y a ella
también acudió la Casa objeto de nuestro e studi o. El mat rim onio de Juan Bautista de
Ponte Fonte y Pagés con María de Ponte Xi ménez y Castilla no logró descendencia
masculina alguna, por lo que se centraron en la prom oción de su hija mayor,
concertando al efecto su enlace m atrimonial con un título de Castilla. Así, en 1664,
Mariana de Ponte Fonte y Pagés y Castilla casó en primeras nupcias con Diego de
Herrera Ayala, al que se le c onocía como VII conde de La G omera y señor de la isla de
El Hierro.
Dado que la calidad de noble y los bienes am ayorazgados se transmitían
hereditariamente, Mariana rec ibió de su padre la villa de Adeje y el título del
marquesado desde 1681 hasta que f alleció en 1695. Ella fue, por tanto, la II marquesa
de Adeje. De su contribución al engrandecim iento de la Casa, destaca el haber dejado
un descendiente bajo su primer m atrimonio, pues fue en su único hijo donde quedaron
acumulados dos de los títulos nobiliarios radicados en Cana rias: el de conde de La
Gomera –considerado en la historiografía com o el más antiguo del archipiélago, pese a
las vicisitudes por las que pasó 42 – y el de marqués de Adeje –de más recien te creación–.
Luego, Juan Bautista de Herrera y de Ponte, primero de su nom bre, tomó el mando de
ambos linajes entre 1695 y 1718, ejerciendo com o VIII conde de La Gomera, III
marqués de Adeje, señor de El Hierro, regidor perpetuo de Tenerife y alcaide de la casa-
para afrontar estos desem bolsos era motivo suficiente para la negación de esta gracia (Felices de La
Fuente, 2011 : 213).
42 Ante las dificultad es de presentació n del documento orig inal que sufrieron algu nos titulares en diversos
mome ntos de la hi storia, la digni dad co ndal de La Gom e ra fue puesta en tela de juicio, llegándose a dudar
de si existió real mente una concesión real o fue un título autoconferido. Asimismo, resulta controvertida
la fecha de expedición del mismo. El origen del títu lo de conde de La Gomera suele vincularse a la
historia de la conq uista de las Islas Cana rias, pero no existe una nimi dad respecto al m omento exacto de su
concesión. A pesar de ello, los historiadores sí han coincidido en señalar que su reconocimiento definitiv o
como título de Castilla tuvo l ugar en 1670, coincidiendo, precisamente, con la figura del prim er poseedor
de nuestra i nvesti gación –Jua n Bautist a de Herrera y de Ponte, el prim ero–. Sobre t oda esta pro blemáti ca
relativa a los inicio s del título condal, pu ede consultarse, entre otros, Díaz Padilla y Ro dríguez Yanes
(1990: 42-4 4 y 80-82) y Darias Pad rón (2004: 118, 119 y 121-122).
Esquema 1.1. Genealogía de l a línea de los Ponte
Capítul o 1. La C asa de los m arqueses de A deje, conde s de La Go mera y se ñores de El Hierro
65
1.3.- ESTRUCTURA ORGANIZATIVA PARA LA GES TIÓN
ECONÓMICA DE LA CASA NOBILIARIA.
Como acabamos de exponer en el apartado an terior, los señoríos occidentales de
La Gomera y El Hierro, de una parte, y el de Adeje, de otra , tuvieron orígenes distintos.
Los primeros nacieron vinculados a la c onquista de las Islas y provenían del linaje
Herrera-Peraza, mientras que el segundo se fue gestando d e la mano de los Ponte, en
torno a un ingenio azucarero al sur de Tene rife. Con el transcurso del tiempo, las
posesiones y los títulos nobiliario s que lle vaban aparejados estos señoríos fueron
sucediéndose de unos titulares a otros dentro de cada una de las familias anteriores,
hasta que ambas líneas llegaron a entroncar a finales del siglo XVII por cuestiones de
política matrim onial, como era habitual entr e los m iembros de la nobleza. Bajo el
primer Juan Bautista de Herrera y de P onte –primogénito del m atrimonio entre el VII
conde de La Gomera y la II m arquesa de Adeje– quedaron acumulados, por tanto,
aquellos tres estados señoriales, iniciándose con ello una nueva etapa en la historia de la
línea condal y la marquesal. Comienza, as í, el intervalo tem poral de nuestra
investigación, encontrándonos con tres estados señoriales, radicados en tres islas
distintas y en m anos de una misma fam ilia de nobles.
Al referido conde-marqués –Juan B autista de Herrera y de Ponte– le sucedieron
otros tres siguiendo el tronco varonil de la Casa, pero este quedó extinguido cuando
tanto Antonio José de Herrera y de Ponte como su herm ano Domingo José de Herrera y
de Ponte fallecieron sin posteridad. La herencia de los dos títulos canarios y los tr es
estados insulares recayó, entonces, en una sobrina de ambos, la cu al residía en Madrid.
Al tratarse de una mujer, Florencia Pizarro Picolom ini –la nueva titu lar– se convirtió en
receptora, p ero también en transm isora de es tas posesiones hacia la Casa de su m arido.
Por ello, desde 1767 los marqueses de Belgida pasaron a ostentar los títulos de condes
de La Gomera y marqueses de Adeje. Este c onstituyó otro de los m o mentos claves en el
devenir histórico que abordamos.
Historia de la con tabilidad nob iliaria en Esp aña a través del Marqu esado de Ad eje, el Condado de…
66
Tal y como puede inferirse del proceso re latado hasta ahora, la Casa que nos
ocupa se formó siguiendo las pautas habitual es de otros linajes nobiliarios, pues sus
miembros acudieron tanto a políticas m atrimoniales endogámicas com o a la
constitución de mayorazgos y al criterio de prim ogenitura para la sucesión. La
conjunción de estos tres m ecanism os propició la acumulaci ón de un patrim onio que no
llegó a alcanzar las dimensiones de Casas co m o la de Medinaceli, Infantado o Medina
Sidonia, pero que se caracterizó, pese a su menor extensión, por la misma
fragmentación territorial que sufr ieron aquellos grandes nobles.
Según indicamos en el primer apartado de este capítulo, la historiografía del
Antiguo Régimen repite com o rasgo caracterís tico de los grandes linajes titulados la
parcelación y la dispersión i nherente a los vastos patrimon ios am asados a través de
generaciones, lo que provocaba inevitablemente la ausencia física de sus propietarios y
la mayor complejidad de sus sistem as de administración. E n nuestro caso, y al menos
antes de la entrada de los m arqueses de Belgida, el patrimonio acum ulado se limitaba a
tres señoríos –La Gomera, El Hierro y Adeje, como sabemos–, pero no por esta menor
dimensión sus poseedores quedaron exentos de los problem as de absentismo que
hallamos en casi todas las filas de la alta nobleza. Al contrario, en la Casa objeto de
estudio la fragmentación patrim onial pro cedía de la condición insular de los estados
canarios, que dificultaba la gestión y el c ontrol personal de los señores sobre todas sus
posesiones. No olvidemos, a es te res pecto, que desde el prim er Juan Bautista de Herrera
y de Ponte hasta su nieto Domingo José de Herrera Ayala, los titulares no fueron
residentes en la isla go mera ni en la herreña.
A esta inevitable lim itación geográ fica se añad ió otro motivo de absen tismo a
mediados del siglo XVIII. En es ta ocasión, la ausencia de lo s propietarios no sólo afectó
al condado de La Gomera y al señorío de El Hierro sino también al estado de Adeje.
Ello aconteció –como ya hemos apuntado– cuando estos tres señoríos insulares
recayeron en manos de Florencia Pizarro Pico lo mini y su esposo Pascual Benito Belvís
de Moncada, cuya Casa tenía sede prin cipal en Madrid. Luego, fuese por aquella
fragmentación insular o por esta lejanía geog rá fica de los marqueses de Belgida, lo
cierto es que el abse ntismo de los propietarios siempre estuvo presente, de una manera u
otra, a lo largo del peri odo histórico que abarca nuestra investigación.
Capítul o 1. La C asa de los m arqueses de A deje, conde s de La Go mera y se ñores de El Hierro
67
Ahora bien, esta condición absentista no debe ser tratada de manera homogénea
para todo el intervalo temporal objeto de estudio. A nuestro entender, es preciso
diferenciar el tiempo anterior y posterior a la entrada de la Casa Belvis de Moncada.
Como sabemos del apartado preced ente, antes de este cambio en la línea sucesoria, los
condes-marqueses residían en Te nerife. Esta residencia en la isla no debe interpretarse,
sin embargo, com o que los señores vivían permanentemente en la casa fuerte de Adeje,
pues, a través de Viera y Clavijo (17 76: t. III, p. 73 y 85) y otros documentos prim arios
que hemos encontrado –libros de cuenta s y correspondencia, básicam ente–, sabemos
que los titulares tuvieron hacienda en el norte de la is la (La Orotava, P u e r t o d e L a C r u z
y Garachico), donde vivieron durante años junto a otras élites locales.
Lamentablem ente, por el momento, carecemos de evidencias docum entales suficientes
para definir qué temporadas exactas pasaron en sus residencias nor teñas y qué visitas o
estancias temporales pudieron haber re alizado a la casa-fuerte de Adeje 46 . No obstante,
a pesar de ello, entendem os acertado afirma r que la residencia de los prim eros
propietarios en la isla de Tenerife confer ía a la condición absentista de la nobleza una
dimensión diferente; dim ensión que Garrabou et al. (2002: 322) han obs ervado para los
grandes terratenientes catala nes, calificándola como “grado de lejanía moderado”. Pues
bien, para los referidos autores, una “l ejanía moderada” implicaba “un conocimiento
más detallado y aproximado del m edio local” ( ibídem ) y una participación m ás cercana
en las tareas de gestión de sus hacienda s. Y esto es, precisam ente, lo que hemos
observado respecto a los primeros tit ulares de nuestra investigación.
Ciertamente, el m andato de los condes-m arqueses residentes en Tenerife ha sido
el periodo para el que hemos detectado m ás ejemplos de intervención directa sobre el
funcionamiento de sus estados , fundam entalmente con relaci ón a la hacienda de Adeje.
Una de las evidencias halladas, a este respecto, viene dada por el Directo rio que
rectificó Juan Bautista de Herrera y de Ponte –segundo del nombre– para la buena
marcha de su hacienda. Al final de este libro de instrucciones, el citado conde-marqués
escribió las siguientes palabr as, de las que se deduce –a nuestro juic io– su activa y
46 Para Dom ingo José de Herrera y Ayala hem os podido c onstatar su presen cia física en la casa-fuerte de
Adeje a través de las inscripc iones realizadas – de su propia m ano– en los denom inados quader nos de
órdenes . A ellos ha remos referenci as en las páginas sig uientes.
Historia de la con tabilidad nob iliaria en Esp aña a través del Marqu esado de Ad eje, el Condado de…
68
directa participación en los asuntos con cernientes a su hacienda adejera (Fumero
Álvarez, 2003: 95):
“Estas advertencias, órdenes y mé todo para el buen régim en y buena
administración de la Casa y hacienda de Adeje, se han hecho por un directorio
antiguo, habiéndose reformado y añadido di stintas cosas por la s noticias que he
adquirido de diferentes factores y adm inistradores y otros sujetos inteligentes de
quienes me he inform ado, con la espe riencia y conocimiento que catorce años
hasta el año de 1730 he tenido, los dos de asistencia antes de poseer y los doce de
posesión de dicha Casa y hacienda de Adeje”.
Además de la redacc ión del Dir ectorio por parte del anterior Juan Bautista de
Herrera y de Ponte II, también sabemos que su sucesor Antonio José de Herrera Ayala
no sólo tenía interés en el buen funcionamiento de sus estados canarios, sino que
además poseía conocimientos sobre m ateri as tan diversas como (AMC/ACFA 096028):
el aprovechamiento del agua, la explotación de los m ontes, los precios de mercancías
como el trig o o la seda, el arrendam iento de sus tierras y el sistema de archivo de s us
papeles, entre otros posibles ejemplos . Todo ello lo hem os deducido de una Instrucción
hallada en el fondo documental consultado, escrita por el citado conde-m arqués con
motivo de su partida a territorio peninsular 47 . Asim ismo, del último poseedor residen te
en Tenerife –Domingo José de H errera Ayala– hemos hallado otros ejemplos que
ilustran sobre su particip ación directa en la organización del trabajo de sus operarios y
servidores, la definición de procedimientos contables y la em isión de diversas órdenes
para la explotación del patrimonio adejero. De ellos y de otras evidencias docum entales
daremos cuenta a lo largo de los capítulos siguientes.
47 El docu mento que nos o cupa (AMC/ACFA 096028) lleva p or título Instrucción que hizo el c onde de La
Gomera para que la observasen sus admi nistradores. Aunque se e ncuentra catalogado como un legajo
del sigl o XVIII, realment e, ha llegado a nuestros días sin fec har, razón por la c ual se desco noce –en
principio– qué titular concreto p udo haberlo redactado . A pesar de ello, pensamos que podría tratarse d e
Antoni o José de Herre ra Ayala. Nuestra suposición sobre su autoría está basada en la aparición del
nombre de J uan Bonhom e en la cit ada Instrucción . De este últim o sabemos –a través de otr o documento
(AMC/ACFA 013003)– qu e comercializó las orchillas de l referido conde-marqués a partir del año 17 41.
Además, existe otra re ferencia en la Instrucci ón sobre la cosecha de ce real del año 1746, de la cual hemos
deducido que este document o pudo habe rse elaborad o en el año a nterior (1745). Asi mismo, sa bemos que
Antonio José de H errera Ayala se trasladó a Madrid, precisamente, en 1745 p ara casarse, por lo que cobra
pleno sentid o el que re dactara la cit ada Instrucción . Por todas estas razones, a partir de ahora asum iremos,
pues, que él fue su aut or.
Capítul o 1. La C asa de los m arqueses de A deje, conde s de La Go mera y se ñores de El Hierro
69
Pues bien, con los ejemplos indicados en el párrafo anteri or, pretendemos resaltar
la idea de que, basándonos en la document ación prim ara manejada hasta el mom ento,
hemos podido percibir una mayor intervención de los nobles propietarios ante un grado
de lejanía moderado, si lo co mp aramos con el tiempo en que la Casa estuvo bajo el
mandato de los m arqueses de Belgida. Luego, el conocimient o m ostrado por los
primeros titulares resi dentes respecto a sus estados canarios nos ha recordado m ás a la
“nobleza provincial” ex tremeña del siglo XVIII que a los grandes linajes nobiliarios de
Castilla, toda vez que Aragón Mateo (1990: 99) real iza la siguiente descripción sobre
los hábitos de los nobles extremeños –ap licable, en nuestra opinión, al caso que nos
ocupa–: “residen en villas de cierto fuste, sin d escuidar sus posesi ones rurales. Aunque
no vivan en la villa de su señorío –general mente pequeños núcleos (…), poco atractivos
para la vida social– su resi dencia habitual no dista mucho de aquella, y suelen tener
palacios allí para su solaz o para controlar de manera más efectiva las recaudaciones del
terrazgo o las faenas agrícola s más importantes del año”.
Como apuntamos en el prim er apartado, la historiografía da cuenta de que los
nobles –tuviesen un mayor o un m enor grado de lejanía de sus estados señoriales 48 –, no
solían llevar directamente la gestión de su s patrimonios. Al contrario, la alta nobleza
tendió a rodearse de oficiales o administra dores. Luego, sobre un conjunto de agentes –
organizados jerárquicamente–, delegaron, por tanto, la tom a de decisiones cotidianas
para la explotación de sus haciendas, dem andándoles al mismo tiempo información
periódica sobre la marcha de sus rentas y posesiones.
Lógicamente, para la co nsecución de este último cometido la contabilidad jugaba
un importante papel com o sistema de in form ación, pues como bien ha afirm ado
Vlaemminck (1961: 54) “cae por su propio peso ” que el m andatario o apoderado al que
se le confiaba la administración de bienes ajenos tenía “forzosam e nte que rendir cuentas
de su gestión”. De estas palabras, se deduce claram ente que ligada a la existencia de u na
organización adm inistrativa ajena a la propiedad deviene necesariamente una
organización contable. Y este es, precisame nte, el m otivo por el que conviene conocer
ahora cómo se organizaba la Casa objeto de estudio y quiénes gestionaban sus
48 Aragón Mateo (1989: 292) ha observado que a ún en la nobleza media, “cuyas propiedades estaban
concentradas en una sola villa o a la sumo en su hint erland”, resultaba habitual el delegar la dirección de
sus negoci os en un administ rador.
Historia de la con tabilidad nob iliaria en Esp aña a través del Marqu esado de Ad eje, el Condado de…
70
haciendas, pues estos eran los que debían llevar las cuentas que posteriormente
analizaremos en el capítulo tercero 49 .
Ahora bien, a este último respecto debemos aclarar que en el presente apartado
no pretendemos profundizar en las atribuciones y obligac iones de cada uno de los
cargos que vamos a m encionar, sino ofrecer una imagen sintética de su composición y
de las líneas generales de actu ación de sus principales part ícipes. Con ello perseguimos
acotar nuestra explicación a los aspectos que estimam os necesarios para una mejor
comprensión de los capítulos siguientes. Asimismo, conviene recordar que, dada la
condición señorial de sus nobles titulares, la organización adm inistrativa de la Casa
adoptaba una doble vertiente: de una parte, la administ ración relacionada con su
dominio jurisdiccional –referid a, por tanto, a las funciones políticas y judiciales de
alcaldes, alguaciles, etc.– y, de otra, la administración ocupada en las cuestiones de
dominio territorial, vinculada, m ás concre tamente, con la gestión del patrimonio
nobiliario que poseían. Pues bien, aunque he mos encontrado momentos en que algunos
sujetos asum ían tanto obligaciones jur isd iccionales como cargos hacendísticos –
mezclándose, por tanto, lo público y lo privado com o fue habitual en el mundo
señorial–, en este apartado nos centraremos, fundam entalmente, en la última de las
dimensiones m encionadas, toda vez que nuestra investigación –según aclaramos en la
introducción– está orien tada hacia el anális is económico-contable de la Casa que nos
ocupa. Luego, más que al gobierno de los señor íos, en las páginas sucesivas harem os
referencia a los serv idores encargados de gestio nar su economía nobiliar ia.
Como los tr es estados insulares se encontraban ge ográficamente separados, cada
uno de ellos contaba con su propia unidad admi nistrativa, coincidiendo este rasgo con el
carácter “multid ivisional” que Molina Recio (2012: 997) confiere a la organización
económica nobiliaria. Al frente de cada uni dad se encontraba, según hemos observado,
un administrador , denominación esta que hemos observado en la documentación
primaria. Asistiendo a cada adm inistrador ex istía un equipo de pers onal subalterno, pero
49 Díaz Padilla y Rodríguez Yanes (1990: 443 - 4 45) ofrece n una “estructura de la maquinaria
burocrática” de la Casa que nos ocupa , correspondiente al final del sigl o XVII, cuando el linaje condal y
el marquesal quedaron entronca dos por enlace ma trim onial. En nuestro trabajo, gracias a la
docum entación económica consultada, ampliamos ciertos aspectos de dicha estruct ura organizativa e
incluim os algunos carg os que en la a nterior no se menci onan.
Capítul o 1. La C asa de los m arqueses de A deje, conde s de La Go mera y se ñores de El Hierro
71
la composición y cuantía de estos últimos no eran iguales para los tres señoríos
canarios. Como hacen notar Molina Recio ( ibídem ) y otros autores com o Garrabou et al .
(2002: 304), la configuración de las ad ministraciones podía diferir de unos estados a
otros según las peculiaridades de cada territori o y de los recursos gestionados. Y esto es
lo que hemos observado para la Casa que nos ocupa.
Según nuestras investigaciones, la gestión económica del estado adejero contaba
con una estructura más amplia que las de El Hierro y La Gomera, toda vez que las
actividades desarrolladas en el prim ero eran más numerosas y los regím enes de
explotación a que estaba so metido su patrim onio eran má s diversos. Lógicam ente, una
hacienda –como la de Adeje–, que explot aba sus propiedades directam ente, bajo
arrendamiento y tam bién a par tido, añadía a la adm inistr ación tareas adicionales a las
meramente recaudatorias y conllevaba –s egún expondrem os en el capítulo siguiente–
una mayor m ovilización de recursos humanos y m ateriales. Para la dirección y
organización de estos se requería obviamen te un m ayor número de oficiales como
apoyo a la gestión. Luego, en consonancia con ello, para el caso adejero hemos
detectado una mayor variedad de dele gados o agentes del señor, de ahí que
continuaremos nuestra exposición con la administración económica de su hacienda,
reservando para el final la correspon diente a La Gome ra y El Hierro.
El administrador de Adeje 50 se encontraba en la cúspide de la estructu ra
organizativa del estado de este nombre, por debajo, lógicamente del señor. La
relevancia que dicho cargo ostentaba dentro del ap arato adm inistrativo puede
observarse en el Directorio redactado por el IX conde-IV m arqués, pue s este se refería a
aquel oficial utilizando los siguientes térm inos (Fumero Álvárez, 2003: 25): “es el
dueño y señor de dicha hacienda, el que manda”. Esta frase concisa y directa encerraba,
sin embargo, un significado de gran am plitud, por cuanto suponía que el administrad or
era la mano derecha del titu lar y constituía, por ello, una m anifestación de su poder ante
los vasallos.
50 Véase en el apénd ice IV una relación de los personajes qu e ocuparon este cargo duran te el periodo
objeto de estudi o.
Historia de la con tabilidad nob iliaria en Esp aña a través del Marqu esado de Ad eje, el Condado de…
72
Con relación al administrador de este estado , la documentación prim aria
consultada revela que estaba encargado de la dirección de la haci enda, interviniendo en
temas tanto de carácter técnico, como ec onómico, organizativo y contable. Así, por
ejemplo, a través d el Directorio (Fumero Álvárez, 2003: 25) se le ordenaba supervisar
la molienda de la cañ a de azúca r –por la importancia que es ta actividad ostentaba–, así
como asistir en los pleitos de la Casa, ju nto a las figuras del a bogado y el procurador.
Igualmente, hem os observado que el ad ministrador imponía censos y otorgaba
escrituras de arriendo sobre la s tierras del señor; disponía qu é parcelas debían reservarse
para cultivo directo y cuáles ceder en explotación; cerraba acuerdos comerciales para la
venta de los productos de la hacienda (véase, por ejemplo, AMC/ACFA 169003);
ordenaba y supervisaba el trabajo de lo s oficiales subalternos; velaba por el
cumplimiento de las órdenes dadas por el s eñor; llevaba y superv isaba los lib ros de
contabilidad y, en general, representaba y defendía los intereses de este titular.
Dada su proximidad a los nobles titulare s, el adm inistrador era un puesto de
confianza. Por este m otivo, su ocupante no sólo debía poseer cual idades propias de un
buen gestor (contabilidad y e xperiencia jurídica), sino, sobr e todo, mostrar fidelidad al
señor (Carmona Pidal, 2001: 236). Para el caso de Adeje, el paso del tiempo supone,
desde nuestro punto de vista, la mejor evidencia de estos lazos de fidelidad, pues como
pauta habitual hemos encontrado que los ad ministradores solían mantener sus cargos
durante amplios interv alos te mporales, al menos dentro del periodo analizado. El
Capitán Francisco de Castillo San telices c onstituye un buen ejemplo de ello, por cuanto
su administración ocupó unos 30 años de la segund a mitad del siglo XVIII,
sobreviviendo incluso a tres su cesiones en la titularidad de la Casa. Al falle cimiento de
Domingo José de Herrera y de Ponte –conde-m arqués que lo vinculó a su Casa entorno
al año de 1753–, quedó constanc ia en su testamento de la plena confianza que tenía
sobre el citado Castillo Santelices, quien ejercía por entonces de adm inistrador,
contador y secretario. En nue stra opinión, resulta concluyent e a este respecto el que
diera por aprobadas todas sus cuentas sin someterlas previam ente a un proceso de
verificación. De esto hemos tenido conoc im iento gracias a la lectura del citado
testamento, que textualm ente señala ba lo siguiente (AMC/ACFA 157061):
Capítul o 1. La C asa de los m arqueses de A deje, conde s de La Go mera y se ñores de El Hierro
73
Digo pues q e , por cuanto D n F co de Castillo Santelices me ha servido con la
maior fidelidad, quiero y es mi voluntad que se esté a las cuentas q e el diere de la
Adm on que ha tenido de mi estado de Adege, p r que desde aora pª entences las
apruebo p r fieles y legales así esta s como otras qualesquiera q e dho D n Fran co
diere de los gastos de mis dependencias en q e ha estado (…) y asimismo quiero y
es mi voluntad q e se paguen de mis vienes qualesquiera cantidades q e dho D n
Fran co diga deberse a qualesquiera pe rsonas sin pedirle a dho Fran co justificaz on
de esta (…) porque tan grande es la confianza q e tengo hecha de dho D n Fran co
de Castillo q e quiero q e se dé y pase p r cuanto el digere (…) sin q e otra ninguna
persona le pueda pedir cuenta alguna (…).
Dependiendo del administrador, encontram os la Contaduría de Adeje. Como
pauta general, este órgano estaba integr ado por un contador y un oficial de apoyo,
aunque en algunos momentos del intervalo temporal estudiado sólo hemos apreciado la
figura exclusiva del primero y en otros he m os detectado la presencia de un segundo
oficial adicional. Para el pres ente tr abajo, no nos hemos planteado delimitar con
precisión la adscripción temporal de uno y otro caso, pero, a priori, resulta lógico pensar
que las variac iones cuantita tivas del personal de la Contaduría debieron estar
fundamentadas por necesidades de volumen de trabajo. En los tiem pos iniciales de
nuestra investigación, cu ando se rectificó el Directorio de la Casa (Fumero Álvarez,
2003: 33), sólo se incluyó la figura del contad or y, sobre esta figura, el citado libro de
direcciones establecía, lógicamente, com o principal función el “ten er los libros y
papeles con todo aseo y claridad”. Ahora bi en, este no era el único cometido asignado.
Al margen de la teneduría de libros, al contador también correspondía la asistencia a
pleitos ( ibídem , p. 34), la inspección del ingenio azucarero en tiempo de m olienda
( ibídem , p. 33) y la selección de al gunos trabajadores com o los hombres de eras
( ibídem , p. 34). Luego, com o puede deducirse de estos ejemplos, el contador no ejercía
exclusivamente como responsable de contab ilidad, sino que debía tener “parte en la
administración de su conocim iento” ( ibídem , p. 25), actuando, por lo tanto, com o una
especie de asistente para el administrador. Y este es un hecho que nos recuerda, en
cierta manera, al am plio papel que el auto r Gabriel Pérez del Barrio Angulo (Hernández
Historia de la con tabilidad nob iliaria en Esp aña a través del Marqu esado de Ad eje, el Condado de…
80
patrimonio. Se ocupaba, pues, de la gestión de los asuntos económicos, debiendo llevar
cuentas periódicas de su actu ación. Un papel semejante lo encontramos entre las Casas
nobiliarias, como la de: Osuna (Atienza Hernández, 1987c: 129), Infantado (Carrasco
Martínez, 1995: 71), Medinaceli (Aragón Ma teos, 2000: 182-192) o las de los linajes
conquenses (Ortega Cervigón, 2009: 712). Aquí, en el ámbito nobil iario, el cargo de
mayordom o solía resultar asimilable al de un adm inistrador de bien es y rentas, a ni vel
de un estado o a nivel de un señorío concreto.
Pues bien, para el estado señorial que nos ocupa –el de Adeje–, hemos observado
que esta figura difería de la comentada en el párrafo anterior, toda vez que los
mayordom os no realizaban funciones contable s ni se ocupaban de la gestión económ ica
de los bienes señoriales. Del estudio llev ado a cabo, hemos inferido, por el contrario,
que su perfil encajaba m ás bien con el de capataces de hacienda , a los que se les
atribuían funciones de organización y vigilancia sobre el trabajo de lo s esclavos y el
resto de la servidumbre. En este sentido, no debemos ol vidar que, según adelantam os
páginas atrás, la explotación del patr imonio nobiliario de Adeje se realizaba
parcialmente en régim en directo y bajo el co ntrato de aparcería: fórm ulas agrarias que
requerían la movilización y la organización de recursos hum anos para su consecución.
De ahí, la necesidad de contar con figur as com o la de los mayordomos. Con carácter
general, a lo largo del periodo analizado hemos det ectado la presencia de un
mayordomo de la viña grande , un mayor del campo –a cuyo m ando podía encontrarse
una cuadrilla de unas dos decenas de operarios libres (AMC/ACFA 044026)–, así como
un mayordomo de negros , encargado este ú ltimo de coordinar y super visar las labores
de los esclavos, llevarlos a misa, etc. (véan se las funciones asocia das a este cargo en
Fumero Álvarez, 2003: 64).
Detrás de la f igura de lo s m ayordomos, la documentaci ón primaria nos revela la
existencia de los denominados mandadores . Sobre estos últimos, hemos de señalar que
resultan escasas las disposiciones halladas s obre las funciones atri buidas a estos cargos,
aunque la lectura de los quadernos de órdenes nos ha ayudado para deducir que su labor
también estaba vinculada a la organización y la supervisión del trabajo, si bien a una
escala inferior de los mayordom os. Dentro del grupo de mandadores hemos encontrado,
por ejemplo, un boyero, un hom bre de graner os, un pastor de camellos, un guarda de
Capítul o 1. La C asa de los m arqueses de A deje, conde s de La Go mera y se ñores de El Hierro
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cañas y un rabadán, quienes, respecto a sus homónimos, podían mandar la realización
de tareas concretas y controlar su s entradas y salidas al trabajo.
Además de la organización del trabajo, otra de las actividad es que se realizaban
en el estado adejero consistía en la recaudación de las rentas procedentes de tributos y
arrendamientos de tierras. Pues bien, durante el Antiguo Régim en, uno de los
procedimientos m ás utilizados por la nobleza pa ra llevar a cabo el cobro de este u otro
tipo de ingresos residía en su arriendo a particulares. A juic io de Feliu Montfort (1985:
31) “la mayor parte de los tenedores de las diversas m odalidades de rentas señoriales no
obtenían sus ingresos del cobro directo de sus derechos, sino que preferían arrendar
estos y obtener una cantidad alzada”. Dicho de otra m anera, frente a la gestión directa
del cobro de sus ingresos, los señores prefer ían trasladar a un tercero la organización y
ejecución de esta actividad. El arrendatario, tras superar un proceso de subasta en caso
de concurrir varios licitadores, adquiría la pot estad de recaudar todas aquellas rentas que
le fueran adjudicadas. A cambio, debía satisfacer a su legítimo propietario una cantid ad
determinada. Esta cantidad adelan tada solía fi jarse a la baja, pero, a p esar de ello, el
arrendamiento podía favorecer al Señor, pues no sólo le proporcionaba liquidez
anticipadamente, sino q ue además le evitaba tener que incurrir en costes derivados de la
gestión y el control del cobro directo de su s rentas. El arrendatario, por su parte, se
lucraba con la diferencia generada entre lo efectivamente recaudado y el importe
satisfecho para ello.
Dadas las ventajas comentadas en el párr afo anterior, el arrendamiento de rentas
fue un sistema ampliamente socorrido, no sólo por la nobleza sino ta mbién por la propia
Hacienda Regia y la Iglesia. A títu lo ilu strativo podem os señalar su utilización en: la
diócesis canariense (Macías He rnández, 1986: 307, 347 y ss.) y el Cabildo Catedralicio
de Sevilla (Hernández Borreguero , 2010: 77), para el cobro de sus diezmos; la diócesis
de Pamplona, para sus rentas episcopales (Hernández Escayola, 2000: 341); la Casa del
Infantado, para recoger sus alcabalas (Carrasco Martínez, 1991: 114-117), así com o los
marqueses de Llom bai (Ardit, 2006: 12), la Casa de Medinaceli (Iglesias Rodríguez,
2003: 98) y el Marquesado de los Vélez (Dí az López, 2007: 273) para la percepción de
sus diversas rentas señoriales. Ahora bien, fr ente a la popularidad de este sistema, para
el caso de Adeje hemos encont rado, por el contrario, que la propia Casa se encargó de
Historia de la con tabilidad nob iliaria en Esp aña a través del Marqu esado de Ad eje, el Condado de…
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recaudar sus propios ingresos, conta ndo para ello con la figura de los cobradores . Esta
gestión directa conllevó, como explicaremos en el capítulo tercero, una s obligaciones
contables concretas para estos recaudadores.
En cuanto a la existencia de estos c obradores, las referencias m ás antiguas que
hemos detectado –a través de las memorias contables que elaboraban– datan de finales
del siglo XVII (AMC/ACFA 045002 y Fume ro Álvarez, 2003: 40-42) y las m ás
recientes de 1872 (AMC/ACFA 006080). Esto quiere decir, pues, que a lo largo de todo
el periodo objeto de estudio la Casa no recu rrió al sistem a de arre ndamiento de rentas,
sino que, por el contrario, ge stionó su captación y cobr o directamente, apoyándose en
estos cobradores adscritos a zonas geográficas concretas. En la figura de estos agentes
debían concurrir “las circunstan cias de diligenc ia, celo y fidelidad” (Fumero Álvarez,
2003: 41) y, según observamos en la contabili dad, a veces solían compatibilizar sus
funciones recaudadoras con otros cargos en la hacienda adejera, com o el de rabadán
(Fumero Álvarez, 2003: 41) o el de factor (AMC/ACFA 005007) 59 . Por la recaudación
de las rentas cobraban una comisión, indepe ndientem ente de la contraprestación que
percibían por el desempeño de aquellos otros cargos.
Pues bien, administrador, contador, factor, contrafactor, mayordom os,
mandadores y cobradores constituían la organización económ ico-administrativa del
estado de Adeje en cuanto a la explotación de su patrim onio se refiere. Al margen de
ellos, las cuentas conten idas en los libros Mayores también nos han permitido saber que
la Casa mantenía relación con un procur ador y un abogado en La Laguna (para los
asuntos judiciales), un agente en la m isma ciudad (para los negocios realizados en dicha
plaza), así como un escribano (para levant ar certificaciones y reda ctar escrituras).
E n l o q u e s e r e f i e r e a L a G o m e r a y E l H i erro, la estructura o rganizativa descrita
anteriormente quedaba sim plificada, toda v ez que, como apuntam os páginas atrás, el
volumen de actividades desarrollado y la diversidad de regím enes de explotación
aplicado resultaba inferior para estos dos estad os occidentales, c onllevando esto un
menor volum en de trabajo. Al igual que ocurría en Adeje, las figuras de los
59 En el Directorio de la Casa (Fum ero Álva rez, 2003: 4 0-41) pueden co nsultarse, a m odo de ejem plo, las
condiciones qu e rigieron el n ombramiento d e Juan de Alayón, vecino d e la villa de Adej e, cobrador y
rabadán e n tiem pos del cond e-marqués J uan Baut ista de Her rera, segun do del nom bre.
Capítul o 1. La C asa de los m arqueses de A deje, conde s de La Go mera y se ñores de El Hierro
83
administradores gom ero y herreño se em plazaban en lo alto del aparato adm inistrativo
local, mostrando plena f idelidad hacia el Señor 60 . Como prueba de esto últim o sirva el
caso del estado herreño, cuya gestión estuvo –según hemos deducido de la
contabilidad– unos 35 años, al menos, en ma nos de la m isma familia: el Capitán y
Alférez Mayor Mateo Fernández Salazar hasta el año de 1752 (AMC/ACFA 043001 a
043013) 61 , su hijo el Teniente de Capitán Dion isio Antonio Fernández Salazar desde el
año citado hasta 1769 (AMC/ACFA 043014 a 043041) y, por últim o, su sobrino Manuel
Padrón Barreda, desde esta última f echa hasta 1780 (AMC/ACFA 043042 a 043045).
Luego, con este ejemplo que acabamos de señalar vuelve a cum plirse, nuevamente, el
planteamiento de Carmona Pidal (2001: 236) que apuntamos anteriorm ente para el
señorío adejero, según el cual la contabilid ad y la experiencia jurídica no eran las
cualidades que m ás pesaban en la elección de los adm inistradores, “sino la honradez, la
seguridad, y, sobre todo, los lazos de fidelidad que se podían haber tejido en el pasado y
que vinculaban a determinadas familias con una Casa nobiliaria” 62 .
Como com etido general de estos administra dores se encontraba el representar y
defender los intereses de los condes-mar queses dentro del m arco insular de su
actuación, lo que significaba, concretamente: arrendar tierras, ve lar por el cobro de
rentas y tributos , satisfacer los gastos, pensiones y dem ás cargas del esta do , cuidar por
la conservación de las propiedades nobiliarias y querellarse contra los que osaban
usurpar lo montes señoriales ( perseguidores de ciervos , incendiarios , cortado res de
madera sin la correspondiente licenc ia, etc.) (AMC/ACFA 096028). Además de
gestionar todos estos asuntos de orden hace ndístico, los administra dores de La Gom era
y El Hierro representab an la imagen del se ñor a n ivel local, lo que en buena lógica
procedía si recordamos que los titulares d e la Casa no residieron en estas tierra s
occidentales durante el periodo objeto de est udio. Probablemente, a esta circunstancia se
deba el hecho de que en dos Instrucciones redactadas por los condes-m arqueses para sus
60 Recordam os que en el apéndice IV pue de encont rarse una relación de los persona jes que oc uparon
estos cargos durante el periodo objeto de estudi o.
61 Desconocem os la fecha exacta de su com ienzo. La cuenta m ás antigua que de este se conserva data de
1745 ( AMC/ACFA 04300 1).
62 Que lo conocimientos contables no fueran prioritari os en la selección de los adm inistradores resulta,
precisam ente, notori o en la famili a que acabam os de apu ntar, toda vez que Dionisio Ant onio Fernández
Salazar confundía de form a reiterada el uso del Deve y el Ha de haver en sus cu entas (véas e, por eje mplo ,
AMC/ACFA 043021) .
Historia de la con tabilidad nob iliaria en Esp aña a través del Marqu esado de Ad eje, el Condado de…
84
administradores (AMC/ACFA 096028 y 101014) , aparecía repetido como especial
reclamo –fuera del ámbito económ ico– la buena conduct a del administrador y el
mantenim iento de las buenas relaciones con las institu ciones eclesiásticas y los vecinos
de la jurisdicción 63 .
Otra de las funciones atribui das a los administrado res de La Gomera y El Hierro
–de importancia para lo s fines de nuestro tr abajo– estaba relacionada co n la necesid ad
de mantener inf ormados a los titulares ausente s sobre la marcha de sus estados . En el
plano económico, el vehículo transm isor de esta información lo constituía, lógicamente,
la contabilidad y, más concretamente, la s cuentas que con carácter anual debían
confeccionar. Para el es tudio de estas cuentas, h emos habilitado un apartado espe cífico
en el capítulo tercero.
Como apoyo a los adm inistradores de La Gomera y El Hierro, encontramos, de
una parte, las figuras de los cobradores (para la re caud ación de las rentas por
arrendamiento y tributos ) y, de otra, la del guarda de aduana. Esta últim a,
concretamente, era de importanc ia para la Casa, por cuanto los condes-marqueses tenían
el derecho –como veremos en el próximo capítulo– de cobrar im puesto a la entrada y
salida de mercanc ías de las is las. Sobre el com etido del citado guarda, encontramos la
siguiente explica ción en la Instrucción redactada bajo el mandato de la marquesa de S an
Juan (AMC/ACFA 101014):
Regularmente tiene la administraci ón para celar sus rentas un guarda q e cuide
las calas y puertos, dando quenta a el administrador de quanto ocurra y
tomando sus órdenes todas las noches. (…) Para ello, formará un quaderno de
cuenta formal q e diga por días los barcos q e entran y salen y lo q e cada uno saca
de la ysla o entra en ella.
Pues bien, las unidades administrativas de Adeje, La Gomera y El Hierro –con la
configuración que acabamos de explicar– se encontrab an, jerárquicamente hab lando,
bajo la figura del titular princ ipal de la Ca sa. Esto fue así mientras los propietarios de
63 La Instrucción catalogada c omo AMC/ ACFA 09602 8 fue señalada pá ginas atrás y creemos que su
autoría corr espondió a An tonio José de Herr era Ayala. La identificad a como AMC/ACFA 10114
perteneció al m andato de la m arquesa de San Jua n y llevaba com o cabecera Instrucci ón para el gobierno
y manejo de la admi nistración de la ysla del Hierro y s us rentas .
Capítul o 1. La C asa de los m arqueses de A deje, conde s de La Go mera y se ñores de El Hierro
85
estos tres estados resid ieron en la isla de Tenerife, pues al recaer los títu los y las
posesiones canarias en los m arqueses de Belgida se interpuso un nuevo cuerpo
administrativo, tal y como puede observarse en la ilustración 1.5. Ciertam ente, entre
aquellas administraciones y estos nuevos titulares se emplazaron, lógicam ente, los
órganos centrales de gestión que la Casa Belvis de Moncada tenía en su lugar de
residencia, es decir, en Madrid. Lamentab lemente, sobre la estructura de esta
administración central poca inform ación hemo s podido obtener a partir de los fondos
documentales que en Canarias se custodian respecto a la Casa objeto de estudio.
Únicamente sabem os, a través de la contabilid ad, que existía como órgano la
Contaduría central , a la cual se remitían –según explic arem os más detalladam ente en el
capítulo terc ero– las cuentas de los tres estados canarios.
Además de esta superposición de los ór ganos peninsulares a la administración
canaria, la llegada de los marqueses de Belg ida trajo consigo otro cam bio. Y es que el
administrador local de Adeje –Fran cisco de Castillo Santel ices , en ese momento– fue
nombrado en 1767 administrador general y apoderado de la Casa en todas sus
posesiones Canarias para la administración general de todos sus ha de haveres en esta
ysla [Tenerife] , la de L a Gomera y Hierro (AMC/ACFA 156042). Este nombramiento
tuvo repercusiones a nivel cont able –objeto de estudio en el capítulo tercero– y tuvo
lugar una reorganización administrativa, dond e los dos administradores de los señoríos
occidentales se convirtieron en subalt ernos del que se encontraba en Adeje 64 . Esta nueva
estructura –representada en la ilustraci ón 1.5– se mantuvo así desde el año 1767 hasta el
final de nuestro peri odo de investigación.
64 Quisiéramos aclarar que este calificativo “subalte rno” n o se empl eaba en la docum entación prim aria
correspon diente al m andato de los ma rqueses de Belgida . La primera refere ncia que, por el momento,
hemos detect ado data, sin e mbargo, de 1841 y aparece inserta da en una de las cuentas elabora das por el
admi nistrador de La Gome ra (AMC/ACF A 02763).
Historia de la con tabilidad nob iliaria en Esp aña a través del Marqu esado de Ad eje, el Condado de…
86
Ilustración 1.5. Niveles admi nistrativos de la Casa desde los marque ses de Belgida
A través de las páginas preced entes hemos tratado de presentar las líneas
generales que conformaban la maquinaria bu rocrática de la Casa que nos ocupa,
centrándonos de forma individualizada tanto en el estado de Adeje, primeram ente,
como en los de La Gomera y El Hierro, a continuación. Según expl icamos al comenzar
este apartado, la necesidad de ad ministra dores y otros delegados para la gestión
económica del patrim onio nobiliario quedaba justificada por el absentism o que
observamos en sus titulares a lo largo del periodo analiza do, aunque hasta la década de
los Sesenta del siglo X VIII proced e matizar e ste rasgo absentista, d ado el grado de
“lejanía moderado” de los condes-marqueses c on residencia tam bién en el norte de la
isla de Tenerife.
Asimismo, quedó puesto de m anifiesto que en la evolución de la Casa estudiada,
dos son los momentos a destacar e n l o q u e a s u organización administ rativa se refiere.
El primero de e llos marca el inicio de l intervalo temporal que abarca nuestra
investigación y viene dado por la fusión de los linajes condal y marquesal. A nivel
administrativo, esto supuso un m ovimiento de los órganos de gobierno y gestión de la
Casa hacia la fortaleza de Adeje. El segundo momento destacado tuvo lugar a
consecuencia del agotam iento de la línea sucesoria princ ipal, cuando los títulos y
posesiones canarias se trasvasaron a los mar queses de Belgida a partir de 1767. En este
caso, las adm inistraciones canarias pasaron a depender de los órganos centrales de la
Capítul o 1. La C asa de los m arqueses de A deje, conde s de La Go mera y se ñores de El Hierro
87
Casa en Madrid y el que desempeñaba el cargo de adm inistrador de Adeje fue
nombrado apoderado y adm inistrador general de los estados canarios.
En cuanto a la composición d e la s unidades administrativas de cada estado
insular, hemos explicado en este apartado que estaban encab ezadas por la figura de un
administrador, al que le sucedían jerárqui cam ente diversos delegados como apoyo para
la gestión. Para la hacienda de Adeje, c oncretam ente, hemos descrito un número y una
variedad de delegados mucho m ás amplio que para el caso de El Hierro y La Gomera.
La justificación a esto la hem os encont rado en el hecho de que en el primer estado
señalado las actividades económicas realizad as eran m ás diversas, al igual que los
regímenes de explotación aplicados. En el prese nte epígrafe, los señoríos cana rios han
sido analizados como unidades adm inistrativas , mientras que en el sigu iente capítulo los
abordaremos como unidades económ icas de producción. Analicemos, por tanto, a
continuación cómo era el funcionam iento económico de los tres estados canarios.
Capítulo
2
ACTIVIDADES ECONÓMICAS DE
LOS ESTADOS SEÑORIALES DE
ADEJE, LA GOMERA Y EL HIERRO
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
96
Cuevas en 1567 7 . Además de tenerlos en propied ad, la explotación del negocio
azucarero corrió por cuenta y riesg o de los titulares del señorío, al menos durante el
periodo objeto de nuestro estudio. Sabemos que hasta 1790 la producción del azúcar se
mantuvo bajo la explotación directa de la Casa, pues en los docum entos primarios
consultados no sólo se relacionan con detall e todas las labores realizadas durante el
cultivo y la transformación de la cañ a, sino que además dan cuenta d e la mano de obra
(libre y esclava) implicada. Com o pondremos de manifiesto a lo largo de este epígrafe,
no hemos encontrado ev idencias contables que demuestren una posible cesión a terceros
de sus cañaverales o de su ingenio, en régimen, por ejemplo, de arrendam iento o a
partido. Ni siquiera las hemo s hallado durante el últim o tramo del periodo estudiado,
cuando los marqueses de Belgida y, posteri ormente, la marquesa de San Juan
alcanzaron su titularidad. Luego, a través de la contabilidad, hem os podido verificar que
la residencia de estos últim os poseedores en territorio peninsula r y, por lo tanto, su
condición absentista no modi ficó, según nuestras investigaci ones, el régimen directo de
explotación; al menos no lo hizo durante los años analizados.
Este vínculo directo, que mantuvieron los condes-m arqueses hasta casi finalizar
la centuria Dieciochesca, no es un rasgo que estuviera pr esente en t odas las Casas
nobiliarias del Antiguo Régimen. Com o ap untamos en el capítulo anterior, la
historiografía ha tendido a resa ltar lo contrario, esto es, qu e la alta nobleza en la España
Moderna prefería, con carácter general, ceder la explotación de su s tierras a terceros
(García Hernán, 1992: 30) percibiendo a cambi o una renta fija anual. Y sólo en
“contadas excepciones y en épocas determinad as” (Bernal Rodríguez, 2010: 12) decidía
involucrarse de forma directa en su explot ación. De ahí, el carácter rentista que
criticaron algunos ilustrados.
De los títulos valencianos, por ejemplo, Catalá Sanz (1995: 186) señala que
“recurrieron de m anera generalizada a la cesi ón en arriendo com o método predilecto de
recaudación de sus derechos señoriales y de e xplotación de sus fincas rústicas. Tan sólo
en ocasiones excepcionales (…) se aventura ron a gestionar direct amente la percepción
de sus derechos dominicales y a correr co n los riesgos e inconvenientes de la
7 Obviam ente, queda rían fuera de esta restricción la s tierras que , habiénd ose adquirido c on posteri oridad a
este año, n o hubiesen si do objet o de vinculac ión al m ayorazgo po r parte de algún suces or.
Capítul o 2. Activ idades econ ómicas de los est ados señoriale s de Adeje, L a Gomera y El Hierro
97
explotación de sus tierras mediante el us o de m ano de obra asalariada”. Del mismo
modo, sobre los Duques de Feria, Aragón Mate os (2000: 141) afirma que tendieron al
arrendamiento sistem ático de sus propiedades , erigiéndose este sistema de explotación
en “una de sus actividades m ás exclusivas, im portantes y delicadas”. Atienza Hernández
(1987c: 293), por su parte, explica que la explotación directa –utilizando jornaleros– no
se encontró en la Casa de Osuna durante el Antiguo Régimen, siendo lo habitual el uso
del sistema de arriendo. Y esta m isma tendenc ia hacia la explotación indirecta de sus
patrimonios tam bién la hemos hallado entr e la nobleza navarra (U sunáriz Garayoa,
1997b: 203), los condes de Aranda (Navarro Espinach 2009:76) y los condes de Luque
(Molina Recio, 2011: 24), entr e otros posibles ejemplos.
Ahora bien, frente a los cas os anteriores, encontramos algunas excepciones en la
historiografía como: los m arqueses de Ve lada, involucrados directamente en sus
dehesas para recoger y vender bellota (M artínez Hernández, 2002: 702); los duques de
Medina Sidonia, explotando directamente sus alm adrabas (Navarro Sainz, 1990: 175) y
la Casa de los marqueses de Alcañices. S obre esta últim a, Carmona Pidal (2001: 60)
explica que el ar rendamiento constituía e l régimen de gestión m ás habitual, pero sus
titulares ten dieron a reservarse el cu ltivo directo de sus oliv os debido a la alta inversión
que exigían y al peligro que entrañaba deja rlos en manos de arrendatarios. Para los
citados titulados, dejar sus olivos a la suer te de un contrato de arriendo resultaba
inapropiado, debido, probablemente, al riesgo de que los arrendatarios eludieran ciertos
cuidados requeridos por aque l cultivo –am parándose en la temporalidad de sus
contratos–. Pues bien, esta atención especi al que requería la producción también pudiera
tener aplicación al caso que analizamos y c onstituir, por tanto, uno de los motivos por
los que la Casa objeto de nuestro estudio d ecidió m antener su intervención directa sobre
sus cañaverales y su producción azucarera.
Debido a esta fórmula directa de explot ación sobre la activ idad económica que
nos ocupa, procede exponer, a continuación, cómo se fabricaba el azúcar y las m ieles de
caña en el ingenio adejero del siglo XVIII. Su conocim iento facilitará posteriorm ente la
comprensión del sistem a cont able diseñado al efecto.
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
98
2.1.1.- EL ARTE DE FABRICAR AZÚCAR Y MIELES DE CAÑA
Uno de los temas m ás estudiados por la hi storiografía con relación a la actividad
azucarera gira en torno a las técnicas de cultivo em pleadas en los cañaverales y el
funcionamiento interno de los ingenios . Cuestiones tales como: qué m edios de
producción empleaban, cóm o organizaban el trabajo, qué fases o etapas permitían
extraer el azúcar de la cañ a, qué variedad de outputs obtenían y qué tecnología
disponían para ello, constituy en algunas temá ticas que han despertado interés po r parte
de los historiadores. Los trabajos llevados a cabo por Fabrella s (1952), Cam acho y
Pérez Galdós (1961), Cioranescu (1963), Rivero Suárez (1990), Viña Sosa (1994), Viña
Brito (2005), Luxán Meléndez y Viña Br ito (2006), Lobo Cabrera (2006), Gambín
García (2008) y Luxán Melénde z y Viña Brito (2009), entre otros, así lo atestiguan.
Este interés mostrado por los historiadores respecto al arte de fabricar azúcar y
mieles de caña en épocas preind ustriales también lo compartim os en la presente
investigación. Para nosotros, conocer las particularidades técnicas de la producción
azucarera en Adeje resulta imprescindible, po r cuanto condicionan y, a la vez, ayudan a
entender sus pormenores contables. Dicho de otro modo, en el inge nio adejero no sólo
acontecía la transformación física de la caña en azúcar m erced a la aplicación de una
determinada tecnología, sino que adem ás, paralelamente a este proceso productivo,
resultaba otro de carácter econó mico, c uya medición y registro com petía a la
contabilidad. Es por este mo tivo que entendem os preciso desc ribir los principales rasgos
técnicos que caracterizaban el proceso de elaboración del azúcar. Con esta forma de
proceder, pretendemos, por lo tanto, alcanzar un doble objetivo: de una parte, facilitar la
comprensión del sistem a contable que abordare mos en el capítulo posterior y, de otra,
lograr que nuestro trabajo de investigación suponga una aportación a la historiografía
azucarera de nuestro Archipiélago. Respecto a esta últim a pretensión, téngase en cuenta
que analizamos una época escasamente estudi ada por los historiado res –al encontrarse
entre el primer y el segundo ciclo azucarero – y que, además, utilizamos como
documentación prim aria la contabilidad del propio ingenio, cuando los historiadores
suelen recurrir a protocolos notariales como principal fuente de información. Adem ás
de esto, recordemos que el ingenio objeto de nuestra inve stigación fue el último en
Capítul o 2. Activ idades econ ómicas de los est ados señoriale s de Adeje, L a Gomera y El Hierro
99
funcionamiento en Tenerife. Luego, por todo es to, consideramos que el análisis técnico
que pretendemos abordar en las páginas suces ivas queda suficientemente justificado.
Por desgracia, en el fondo histórico de la Casa Fuerte de Adeje no hemos
encontrado ningún docum ento manuscrito del si glo XVIII que describa íntegramente los
pormenores de la extracción del azúcar. Por el lo, para reconstruir este proceso hemos
empleado fundam entalmente las cuentas del ingenio, apoyándonos además en las
instrucciones generales del Directorio de la Casa. Asim ismo hemos recurrido a algunas
fuentes secundarias disponibles, cuando la documentación original del ingenio ofrecía
ciertas caren cias informativas.
Ahora bien, respecto al uso de estas fu entes secundarias, quisiéramos advertir
que la mayor parte de los trabajos consulta dos están referidos a un espacio tem poral
anterior al periodo fijado en nuest ra investigación, pues corresponden
fundamentalmente al prim er ciclo del azúca r canario. A simple vista, este periodo
pudiera parecer algo remoto o, quizás, desfasa do para el ámbito cronológico que nos
hemos planteado, pero en nuestra opinión r ealm ente no ocurre así. A nuestro juicio,
consultar las investigaciones circunscrita s a la prim era época del azúcar resulta
apropiado para nuestros objetivos, debido básicamente a dos motivos. Prim ero, porque
los citados trabajos hacen referencia al ám bito geográfico canario y, en consecuencia,
recogen la idiosincrasia pr opia de sus ingenios. Y segundo, porque si bien las fuentes
secundarias disponibles describen la actividad azucarera en una época más temp rana, la
tecnología aplicada en el tratamiento de la caña –siguiendo a Viña Brito (2008: 124) y
Duque Arimany (2008: 17)– no varió sign ificativamente a lo largo del Antiguo
Régimen. Por lo tanto, basándonos en estas dos consideraciones, entendemos que tanto
tecnológica como geográficam ente no resulta impropio sustentar la reconstrucción del
proceso productivo adejero apoyándonos en la historiografía existe nte sobre el primer
ciclo del azúcar canario. Justificada, pues, nuestra form a de proceder, exponemos a
continuación las actividades que se llevaba n a cabo para la produc ción del azúcar y las
mieles de caña.
En la hacienda que los condes-marqueses pos eían en Adeje, la obtención de tales
productos era posible merced a la consecución de dos grandes etap as: la primera tenía
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
100
lugar en la plantación de cañav erales, m ientras que la segunda se llevaba a cabo en el
ingenio y otras casas anexas, precisas para completar la transform ación de la caña.
Con relación a la primera etapa menci onada, esta es, la desarrollada en los
cañaverales, hem os hallado en la documentaci ón contab le las cuenta s habilitadas para
cañavereros 8 , regadores y guardas de cañas. De esto s tres oficios, Viñ a Brito (2006:
367) destaca el papel del primero, por la esp ecial cualificación que se requería en el
“curado” de las cañas. Explica, además, respect o a esta figura, que el pago de su trabajo
se realizaba con frecuencia m ediante la entreg a d e una parte de la cosecha, toda vez que
su contratación solía celebrarse mediante con tra tos a partido. Pues bien, para el caso de
Adeje este tipo de contratación no lo hemos observado, pues –com o adelantamos
anteriormente– la Casa m antuvo siempre sus cañ averales bajo el régimen de explotación
directa. Por tal motivo, la f unción del cañaverero estuvo desempeñada por un servidor
de la hacienda, al que se le asignaba una mensualidad. De igual modo ocurría con los
regadores y el guarda de cañas, aunque, al considerarse personal no especializado, su
asignación mensual siempre era inf erior a la del prim ero 9 .
Además del personal involucrado en los cañaverales, también disponemos de
información técn ica sobre los procedim ientos seguidos en Adeje, recogidos en el
Directorio de la Casa. En este cuaderno, el Se ñor redactó expresamente qué pautas
debían observarse para el corre cto cuidado de la caña: la fo rma en que se debía plantar
(Fumero Álvarez, 2003: 72), el modo de realizar las regaduras ( ibídem , p. 38), la
frecuencia de riego para distintas épocas del año ( ibídem , pp. 34-35), la prohibición de
entrar animales a los cañaverales ( ibídem , p. 35) y un cronogram a de actividades
extensible a los doce meses del año ( ibídem , p. 15-18) constituyen algunos ejemplos de
ello 10 . Asimism o, junto a estas especificaci ones, el conde-m arqués que redactó el
8 Término incluido e n el apéndice I.
9 En el epígrafe dedicado a la gente que sirve en la Casa , ahondarem os sobre los compone ntes de esta
mensualida d y su form a de pago . En el apéndice II ofrecem os, a efect os ilustrativo s, una tabla indicativa
de algunas c ontraprest aciones fijadas a los se rvidores de la Casa.
10 No considera mos oportuno entrar a describir las e specificaciones técni cas relativas a cada uno de los
aspectos me ncionados, p ues excedería de los objet ivos plant eados en nue stra inve stigación. No obstante,
si se desea pro fundizar en ello, puede consu ltarse el conte nido de las re ferencias ofrecidas y com pararse
con los trabajos d e Camacho y Pérez Galdós (196 1: 23-27), Sánc hez Valerón y Martín Santiago (2003:
69-74) y Lo bo Cabrer a (2006: 56-59 ), entr e otros. Para aspectos técnicos de los cañaverales en el ámbito
tinerfeño , conc retame nte, apuntam os los es tudios real izados po r Fabrel las (1952: 464-4 66) y Ri vero
Suárez (1 990: 34- 35).
Capítul o 2. Activ idades econ ómicas de los est ados señoriale s de Adeje, L a Gomera y El Hierro
101
Directorio incluyó ciertos procedimientos para un m e jor control interno de la hacienda.
Así, por ejemplo, el cañaverero, a cuyo ma ndo se encontraban los regadores, estaba
obligado a dar cuenta de lo regado cada dí a (ibídem, p. 38); al guarda de cañas le
correspondía, por su parte, repo rtar diariam ente sobre el esta do de las cañas (ibídem, p.
52), mientras que el factor debía supervisar el qu ehacer de los dos anteriores, m ediante
la inspección “a pie y n o a caballo” de los cañaverales al menos una vez a la semana
( ibídem , p. 35). Todas estas detalladas directrice s no sólo nos deben hacer pensar en la
importancia que para la hacienda ostentó la caña de azúcar, s ino también en la activa y
directa participación que Juan Bautista de Herrera y de Ponte –m iembro de la nobleza
titulada y redacto r del citado Directorio – tuvo en los asuntos concernientes a sus
haciendas señoriales.
Tras el cultivo de la caña, y una vez que esta alcanzaba el estado de madurez
apropiado, comenzaba la segunda etapa, en cam inada a su transformación. Sobre esta
segunda fase, también hem os encontrado numerosas referencias en el Directorio de la
Casa, siendo especialmente interesantes –a nue stro entender– las órdenes referidas a: la
forma de blanquear el azúcar (Fumero Álva rez, 2003: 27), las fechas apropiadas para
limpiar las dependencias del ingenio ( ibídem , p. 36 y 37), los tiem pos requeridos antes
de desmoldar y em paquetar los panes de azúcar ( ibídem , p. 27 y 28) y el tipo de
trabajadores requeridos ( ibídem , p. 56 y 57). Ahora bien, en com paración con la etapa
de cultivo, los registros as ociados al proceso producti vo –propiamente dicho– son
mucho más abundantes y detall ados, pudiendo inferirse de ellos cómo se organizaba la
producción azucarera. Continuemos, pues, nuestra exposición con un documento de
singular contenido, del que no hemos hallado sím il en la literatura consultada, pero que
en Adeje se confeccionaba anualm ente antes del inicio de cad a zafra de molienda.
Para la etapa preindustrial, la historiograf ía consultada pone de m anifiesto que la
transformación de la caña era un pro ceso laborioso, dado los num erosos pasos
encadenados que requería, así como la a bundante y diversa mano de obra especializada
que exigía. Esta complejidad debió ser, qui zás, la causa por la que la producción
azucarera en Adeje no se dejaba en manos de la im provisación. Según el Directorio de
la Casa (Fumero Álvarez, 2003: 56), tres días an tes de comenzar la zafra de molienda,
debía planificarse y organizarse d etalladam ente qué trabajadores intervenían en el
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
102
proceso. Para tal fi n, se redactaba una memoria , cuyo form ato y contenido no varió para
todo el periodo analizado, ajustándose, además , al modelo especificado en el propio
Directorio ( ibídem , pp. 56-57).
La memoria de la gente para la molienda , nom bre con el que se conocía el citado
documento, consistía en una relación de los diversos pu estos de trabajo que se
adscribían al ingenio, con indicación del nombre de los operarios designados para
cubrirlos en cada zafra. Según nue stro análisis, se trata de un documento que informa
sobre la composición cuantita tiva y cualitativa de la p l antilla, toda vez que incluía
cuántas personas se necesitaban, qué puestos se requerían y quiénes los cubrirían. A
nuestro entender, esta memoria reviste especial importancia para la historiografía del
azúcar canario, ya que autores como Viña Brito (2006: 362) han i ndicado: “no sabemos
con exactitud el tota l de pers onas q ue trabajaban en las plantacion es y en el ingenio,
salvo datos aproximados que podemos extraer de diversas fuentes, testam entos, repartos
de bienes, pleitos, etc.”. Pues bien, como acabam os de indicar, este dato sí está
disponible en la documentación del ingenio de Adeje, a través de las memorias que nos
ocupan.
Sobre la elaboración de este documento, hem os de señalar que no disponemos de
referencias expresas al respecto, aunque su redacción pudiera haber correspondid o al
factor o a algún mayordomo de la hacienda, toda vez que, com o apuntamos en el primer
capítulo, estos delegados se ocupaban de la superv isión y la organización de los
trabajadores . Una vez elaboradas, sabemos que se som etían a un posterior proceso de
comprobación y validación. De este últim o tenemos certeza que correspondía al
administrador de la hacienda o, incluso, en algunas ocasiones al propio Señor. Esta
última afirmación la h acemos basándonos en las firmas encontradas en las memorias ,
aprobando o rechazando la propuesta d e dist ribución del trabajo que incluían. La
memoria de 1765, por ejemplo, fue firm ada po r el conde-m arqués Domingo José de
Herrera Ayala, quien escribió, jun to a su firma: Aprebo toda esta lista (AMC/ACFA
079007). He aquí, pues, un ejemplo de la intervención directa de este noble residente en
Tenerife sobre las actividades econó micas de su Casa 11 .
11 Quisiéramos advertir que para el periodo en que los marque ses vivían en la Península, no hemos
encontrado –con lógica– s us firmas en las memorias q ue nos ocupa n.
Capítul o 2. Activ idades econ ómicas de los est ados señoriale s de Adeje, L a Gomera y El Hierro
103
Según hemos observado en las memorias disponibles, por térm ino medio se
listaban alrededor de 32 puest os diferentes y una media de 90 trabajadores para
cubrirlos 12 . Entre ellos encontram os: desburgadores , tareeros , guardas, camelleros,
boyeros, maestro de azúcar, m aestro de espumas o escuma s, yerberos de bueyes y
camellos, tr oceros , moledores, al por ro , gabaceros , llenadores y vaciadores de cestos,
abridores del corral, caldereros, ta cheros , banqueros , apagadores de fornallas, lavadores
de formas , lejieros y calcaños , entre otros 13 . Toda esta larga lista sirva para demostrar
que en Adeje también se verificaban dos de los rasgos que los historiadores (Rivero
Suárez, 1991: 115 y Viña Brito, 2006, entre otros) suelen destacar respecto a la
elaboración del azúcar durante su primer cicl o, cuales son: la abundante mano de obra
requerida y la gran división del trabajo que precisaba. Pa ra una mejor com prensión de
ello, en la ilustración 2. 2 insertamos el pr imer folio de la memori a que se elaboró para
la molienda de 1762. En la m isma pueden encontrars e listadas las personas asignadas a
los puestos de: moledores , a la boca , gabaceros , troceros , llenadores de cestos y a la
pala .
Como puede apreciarse en la citada ilust ración, los diferentes oficios a ocupar se
asignaban a personas concretas, con nombres y apellidos. Disponer de este detalle ha
sido especialm ente útil, por cuanto n os ha permitido indag ar sobre el sistem a de trabajo
empleado en el ingenio de Adeje. Así, cotejando tales datos con otros documentos
contables hemos verificado que algunos nomb res pertenecían a esclavos, pero otros
tenían cuenta person al en los libros Mayores de la Contaduría , donde se registraban las
asignaciones que la Casa les entregaba. Esto s últimos servidores tenían la condición
jurídica de ser personas lib res, pero dentro de es te colectivo tam bién existía
heterogeneidad. Unos eran personal espe cializado (maestro de azúcar, m aestro de
escumas y desburgadores , por ejemplo), mientras que otro s se ocupaban de trabajos no
cualificados ( llenador de cestos , por ejemplo). Algunos (como el maestro de azúcar)
eran contratados específicamente para la zafra a cambio de una contraprestación
económica. Otros, sin embargo, eran serv idores de los condes-m arqueses y –como
12 Este valor m edio lo hemos calcul ado a partir de los dat os contenid os en las memo rias de la gente del
yngenio y c asa de calderas que se conservan e n el fondo docum ental de la C asa Fuert e de Adeje para los
años 1759 y 1761 a 1767 (A MC/ACFA 079002 a 079009).
13 Remitim os al glosario de t érminos para co nocer el signi ficado de estos pue stos, al menos de aquel los
para los q ue hem os encontrado sus funcione s.
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
104
explicaremos m ás detalladamente en un epígrafe posterior dedicado a la gente que sirve
en la Casa – estaban obligados a prestar sus servic ios en la época de m olienda, dada su
condición de vasallos en la jurisdicción señor ial adejera. Asimism o, se encontraban los
que realizaban actividades auxiliares (m aestro herrero y ofic ial de c arpint ero) ,
orientadas a la construcción, reparación y ma ntenim iento de calderas e instalaciones.
Ilustración 2.2: Fragmento de la Memoria de la g ente que sirve en la molienda (1762)
Fuente: AMC/ACFA 079004
Pues bien, tras la planificación de todo este trabajo m ediante la memoria de la
gente para la molienda , comenzaban las labores de transformación de la caña,
propiamente dichas. Al igual que ha señalado la historiografía para el primer ciclo del
Capítul o 2. Activ idades econ ómicas de los est ados señoriale s de Adeje, L a Gomera y El Hierro
105
azúcar canario, también en Adeje el pro ceso suponía una serie de operaciones en
cadena. Para una más fácil com prensión de cómo se producían los azúcares y las m ieles
en el siglo XVIII, hemos representado es ta secuencia en el esquem a 2.1. En su
elaboración, hemos respetado las referencia s halladas en la documentación primaria
respecto a las diversas dependencias y casas que participaban en el proceso productivo,
señalando a lado de cada una ellas –mediante r ectángulos– las actividades adscritas a las
mismas.
Esquema 2.1: Proceso de elaboración del azú car en el ingenio de Adeje
Fuente: Adaptado de Sánchez Valerón y M artín Santiago (2003: 76)
En primer lugar se requería desburgar la caña, ocupándose de ello entre 13 y 15
personas 14 . Tal y como se explica en uno de los libros de la Contaduría de Adeje, esta
actividad no es otra cosa que cortar caña p[ar] ª llebarla al yngenio y limpiarla como
corresponde (AMC/ACFA 001066). La desburga solía iniciarse en el m es de marzo o
14 Estas cifras hacen referencia al núm ero mínimo y m áximo de desburgadores que participaron en las
desburg as correspondien tes a las zafras de 1759 a 1766 (AMC/ACFA 079002 a 079008), datos ex traídos
de las me morias a la s que ante riorme nte aludim os.
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
112
El calderero de atrás si entrega buena la caldera al fin de la molienda se le
darán dos pesos sobre su ganancia y si se ro mpe se le desquenta de ella seis r s de
plata. Al calderero de medio si entrega buena su caldera al fin de la molienda se
le darán dos pesos y medio y si se rompe se le desquenta uno. Al de melar, si la
entrega buena se le dan quatro pesos y si se rompe se le desquenta uno y medio.
Una vez el jugo de la caña alcanzaba el nivel óptim o de limpieza y cocción en las
anteriores calderas, el melado resultante era trasegado a los peroles y tachos para
finalizar con su cochura y l ograr una reducción más intensa, hasta llegar a su adecu ado
punto de concentración y refinado. La propia documentación prim aria explica que el
tachero es el que da punto al azúcar (AMC/ACFA 001092). Para el caso de Adeje,
creemos que este trasvase pudiera haberse re alizado colando el co rrespondiente cocido a
través de pa ños, de ahí que la melaza residual resultante de este pr oceso se regis trara
contablemente bajo el nombre de miel de paños o miel de tachas 22 .
Según apuntan algunos histor iadores (Rivero Suárez, 1991: 121 y Lobo Cabrera,
2006: 64, entre otros), la cocción final en los tachos se realizaba en una estancia
conocida como “casa de refinar”. Sin em bargo, para el ingenio que nos ocupa, hemos de
advertir que la docum entación contable no hace alusión expresa a esta última
dependencia e incluye el proces o de refinado dentro de la cas a de calderas . Tampoco se
nombra la citada “casa d e refinar” en el Director io , ni en el inventar io realizado en 161 2
con motivo del fallecim iento de Pedro de Ponte y Vergara (AHPT leg. 2265). Ahora
bien, en el documento fundacional del m ayorazgo de Adeje sí que se relacionaba. Esta
escritura de constitución, elevada a públic o –como sabem os– en 1567, enumeraba como
dotación la casa de refinar, con sus tachos y paroles 23 . Ello nos lleva a pensar que,
quizás, en un principio esta dependencia pudiera haber existido como habitáculo
separado e inde pendiente de la casa de caler as , pero que con el paso del tiempo
desapareció.
22 Esta idea nos la transmitió el histo riador Carlos Santan a Jubells, a quien agrade cemos su valiosa
aportación. Si n lugar a duda s, suscribi m os su razonamiento, ya que en el Directorio de la Casa se
ordenaba di sponer de paños para las tachas existentes en la casa de calderas (Fum ero Álvarez, 20 03: 3).
La cantidad que de esta tela se req uería durante la zaf ra puede conocerse a través de los cor respondie ntes
abonos registrados en la cuenta Ef ectos de ropa. Así , por ejem plo, el 14 de abri l de 1766 se anot ó el
siguie nte asiento: Por veinte y tres varas de d [ic]ho salió para paños d e las tachas (AMC/ACFA
021027) .
23 Los voca blos tacho y parol se encuentran en el glosa rio del apéndice I.
Capítul o 2. Activ idades econ ómicas de los est ados señoriale s de Adeje, L a Gomera y El Hierro
113
Con el melado resultante tras los p ro cesos de cocción, purificación y refinado
descritos anteriorm ente, se rellenaban las formas u hormas 24 , que habían sido lavadas y
preparadas con anterioridad. Según aparec e explicado en la contabilidad, el banquero –
figura cuyas funciones resultaban desconocidas para Corrales Zumbado y Corbella Díaz
(2008: 348)– era el encargado de recibir el azúcar en las formas y batirlo dentro de ellas
hasta que quedara frío (AMC/ACFA 001070). Po steriormente, tales contenedores se
colocaban en el tendal , a la espera de ser trasladados al día siguiente a la denominada
casa de purgar .
En la casa de purgar se destapaba el orificio inf erior de las fo rmas , mientras que
su boca superior se untaba y cubría con una capa de barro húm edo, a modo de tapa. Esta
técnica, conocida en la historiografía co mo embarrado, debía ser, sin duda alguna, de
gran importancia en la elaboración del azúcar adejero, pues en el Directorio (Fumero
Álvarez, 2003: 27) se orde naba expresamente que se tu viese “cuidado en que el
purgador no se adelante con el barro y que le eche el que requiere”. Con este sistem a se
pretendía desprender la miel que pudiera quedar pegada a lo s cristales ( Rivero Suárez,
1990: 123), obteniéndose así un azúcar má s blanco y puro. Obviam ente, a mayor
blancura y pureza deseada, menor era la cantidad de azúcar que finalmente se
conseguía, ya que una gran parte de los cris tales se disolvían con la humedad dim anante
del sucesivo embarrado al que se som etía la forma .
Todo el proceso descrito hasta el momento, se encontraba baja la supervisión del
especialista m ás importante del com plejo: el maestro de azúcar, de cuyo arte y destreza
dependía en buena medida la ca lidad del azú car resultante. Es , quizás, esta relevancia de
sus funciones el principal argumento que jus tif ica la larga relación con tractual que la
Casa mantuvo con sus m aestros de azúcar. As í, por ejemplo, hemos detectado a través
de las cuentas de los libros Mayores que el palmero Dom ingo González ejerció esta
función durante más de 23 años, desde m arzo de 1765 (AMC/ACFA 001065) hasta al
menos la zafra de 1788 (AMC/ACFA 001099). El contrato concertado con el mismo
aparece transcrito en la propia cuenta que la Contaduría le habilitó en el libro de 1765,
cuando comenzó sus servicios. Un fragmento de su contrato puede leerse a continuación
(AMC/ACFA 001066):
24 Véase este vocablo en el glosario del apéndice I.
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
114
Digo yo, Domingo González, vecino del lugar de Los Sauces en la ysla de La
Palma, q e estoy ajustado con el Ex[ celentísi] mo S
or Conde de La Gomera y
Marq[ué ] s de Adeje para limpiarle y purificarle el azúcar de su mayorazgo que
tiene en la Villa de Adeg e, esto es, todo el oficio de casa de calderas y de purgar,
hasta ponérselo a S. Ex a purificado y en su perfección en el quarto del emborco y
hasta tanto, y hecha la miel de tinglado y limpias las canales de casa de purgar,
no podré dejar dicho azúcar, pues a todo ello me obligo, estando para templar y
purgar dicho azúcar todo el tiempo que sea necesario, há gase en mucho o en
poco, y para esto he de benir de dicha isla con t[iem]pô bastante antes de la
molienda, y si S. Ex a o su Adm or abisare que venga antes del tiempo regular por
el adelantamiento de la caña o otros accidentes, desde luego me obligo a benir
en el t[iem ]po que se me abise con tal que por todo es te trabajo se me haya de
dar lo siguiente. En dinero mil y doscientos r s por los dos oficios de templador y
purgador, (cinco ?) (tinta desvaíd a) f s de trigo, cinco barriles de vino y cinquenta
r s de conducto, esté mucho o poco tiempo y valgan estos efectos caros o baratos.
Y no tendrá d[ic]h o Ex[celentísi ] mo S or Conde ni su Adm or otra obligación que la
de arriba dicha, pues todos costos y gastos de ida y buelta por (tinta d esvaída)
son míos, de modo que absolutamente por ningún título, razón ni causa se me
dará más de lo de arriba d[ic]ho, ni yo pretenderé más 25 .
Como se deduce del contenido de este contrato, la s atri bu ciones principales
asignadas al puesto de maestro incluían: de una parte, el templado de los caldos en la
casa de calderas , dotándoles del grado óptim o de co cción y, de otra, su purgado, hasta
lograr el nivel de b lancura y pureza apre ciado por la hacienda. Ambas funciones,
adjudicadas tradicionalmente por la historiogr afía a los em pl eos de maestro de azúcar y
25 Además del contenid o de este co ntrato, resul ta interes ante la lect ura del pr oceso se guido pa ra la
búsqueda y contratación de e ste maestro de azúcar. Dicho proceso se encuentra documentado en el fondo
históric o de la Casa Fuerte. S egún hem os conocido, su bú squeda f ue encomendada a Fr ancisco Loren zo
Capote, q uien viaj ó a la isla de La Palm a para este fi n. Una copia de la s instrucciones dadas a este agente,
firmada por el administrador Francisco de Castillo Santelices, puede encon trarse en el cuaderno tipo
Diario d e 1765 (AMC/ACFA 021026). A modo de ejemplo, tr anscribimos a contin uación la primera y la
tercera instrucc ión: 1º. Primeram[en] te se le encarg a el secreto en todo, que es una de las cosas
principales en los asumpt os. (…) 3º. Es su viage a La Pal ma a fin de traer un maestro de t emplar y
purgar az úcar, u no de los mejores y princi pales q e haya en La Pa lma, de modo qu e ha de ser d e aquellos
con que se sirv en actualment e los yngeni os de aquell a ysla, el que te nga más fama, y si no, no traerl o. El
término temp lar aparece en el glosario.
Capítul o 2. Activ idades econ ómicas de los est ados señoriale s de Adeje, L a Gomera y El Hierro
115
maestro de purgar , respectivam ente, coincidían sin embargo en es te caso bajo la
diligencia de una m isma persona en el ingen io adejero.
Tras la operación de purgado del azúcar, procedía su secado y el posterior
emborco de las formas para libe rar los panes de azúcar. Este térm ino de emborco , según
se explica en una de las cuentas de 1770 (AMC/ACFA 001071), es lo mismo que sacar
el azúcar de la bodega donde se purga y pasarlo en las formas de barro al quarto
donde se guarda el azúcar y allí se le da el golpe a la forma p[ar]ª que deje el pan.
Dicha operación de desmolde se realizaba en los meses de verano en un habitáculo al
que denominaban quarto del emborco .
La citada habitación disponía de “tres llave s: la una [la] tiene el contador que
hubiere, la otra el fact or y la otra el ayudant e factor o la persona que señalase el señor”
(Fumero Álvarez, 2003: 78). En nuestra opi nión, esta disposición incluida en el
Directorio de la Casa no era m ás que una medi da de seguridad establecida por sus
dirigentes, ante la preocup ación por el riesgo de hurto de su producto más preciado. De
hecho, en dicho cuaderno ( ibídem , p. 78) se hacía hincapié s obre la necesidad de tener
“gran cuidado en lo que se desem borca”, así co mo sobre la im portancia de vigilar si las
puertas y ventanas del citado quarto “están seguras o las han urgado”. Ante estas
advertencias, obsérvese cómo vuelve a repetirse la preocupación ante el robo que ya
apuntamos para la casa de calderas. Este desasosiego tendrá, como ya hemos
adelantado, repercusión en el sistema contable adejero.
Posteriorm ente, se procedía al em pape lado, etiquetado y pesaje de los panes
(Fumero Álvarez, 2003: 78), para su co rrespondiente almacenam iento en el quarto del
azúcar , quedando listos para su comercializaci ón o consumo por parte de la Casa.
Desde un punto de vista cont able, el pesaje de los panes adquiría una especial
significación, pues marcaba el m omento en qu e debía contabilizarse la producción de
azúcar finalmente obtenido. A este respecto, el Directorio señalaba la necesidad de
asentar en un libro tipo Diario –denom inado, como veremos, catálogo – el volum en de
producción medido en este m omento, tal y como se infiere de la siguien te transcripción:
“A su tiempo, que es por el mes de noviem br e, se pesa el azúcar y se entrega al
factor con la asistencia de todos, ponie ndo en el catálogo por entrada. Y si antes
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
116
precisare sacar alguno será con la misma asistencia, poniendo tam bién en el
catálogo” .
De un mismo proceso productivo podían obtenerse diversos tipos de azúcar
dependiendo, entre otros motivos, del núm ero de cocciones realizadas, el proceso de
purgado seguido, el modo en que se rellenaban las formas o el grado de cristalización y
blancura que se lograba. Aún más, de un mismo pan o pilón podían resultar variedades
distintas en función del grado de purificación alcanzado. Así, el azúcar que se
encontraba en la pa rte superior de la forma , más cerca del barro empleado en el
purgado, era lógicamente m ás blanco que el azúcar localizado cer ca de su orificio
inferior. A diferencia de lo que ocurre actualmente, en el pasado se verificaba que a
mayor blancura, m ayor calidad del azúcar y, en consecuencia, mayor valor de venta en
los mercados.
Con respecto a los tipos de azú car que se producían en los ingenios canarios,
autores como Camacho y Pérez Galdós ( 1961: 39-41), Díaz Hernández (1982: 23) y
Viña Brito (2008: 126-129) hacen referencia, entre otras posibles varian tes, al azúcar:
Blanco: el más preciado y de m ayor calida d. Era el producto pr incipal al que se
orientaba todo el proceso de transformación. Se elaboraba a partir de la cochura
del primer jugo de la caña y estaba de stinado principalm ente a la exportación.
Mascabado: más oscuro, por contener residuos de m iel debido a un mal purgado
en el fondo de las formas.
Quebrado: resultante de los pilones d efect uosos que, al no alcanzar los estándares
requeridos para su comercia lización en los m ercados exteriores, eran quebrados
con un martillo. De ahí su denom inación. Era de inferior calidad y, por ello, se
destinaba fundamentalmente al consumo local.
De “escumas”: de inferior calidad, ela borado a partir de la cocción de las
espumas retiradas de las cal deras y los tachos durante la fase de purificación.
Capítul o 2. Activ idades econ ómicas de los est ados señoriale s de Adeje, L a Gomera y El Hierro
117
De tercera: se conseguía, se gún la descripci ón aportada por Thomas Nichols 26 , de
una segunda cocción llevada a cabo con las mieles que destilaban de la purga del
azúcar blanco (Cioranescu, 1963: 110).
Pues bien, si com paramos estos tipos de azú c ar que cita la literatura especializada
con la información que nos aporta la contabil idad del ingenio de Adeje, encontraremos
ciertas similitudes, pero también algunas di ferencias, qu e por el mom ento no hemos
sido capaces de explicar. Según se despre nde del nombre dado a las cuentas de
existencias, en Adeje se producían funda mentalmente cuatro clases de azúcar,
designadas con la nomenclatura AA , R , T y TA , además de una quinta denominada
molido .
Respecto a la última de las varied ades señaladas, esto es, el azúcar molido ,
creemos que coincid ía con el que los historia dores llam an “quebrado”, toda vez que su
propia denominación – molido– evoca los panes roto s o des echos durante la fase de
desmolde. Ahora bien, de las re stantes categorías mencionadas no conocem os el
significado de sus siglas ( AA , R , T y TA ), pues no hemos hallado ninguna referencia a
ello en toda la documentación primaria consultada. Tampoco nos ha sido posible
establecer su paralelismo con aquella tipología enunciada por la hist oriografía, si bien
sabemos que obedecían a calidades y grados de refinam iento distintos gracias a los
asientos contables con sultados. Precisament e, el exhaustivo es tudio llevado a cabo
sobre las cuentas de existencias y s us motivos de cargo y abono, nos ha perm itido
aproximarnos a este con ocimiento. Así, por ej emplo, entre los registros realizados el 21
de enero de 1792 se asentó un traspaso desde las cuentas Azúcar de T y Azúcar de AA
hacia la cuenta Azúcar Molido con motivo de haverse humedecido y deshecho a causa
de la humedad (AMC/ACFA 021045). Ello denota la in ferior calidad de la variedad
molida frente a la T y a la AA .
26 Figura de referencia ob ligada en lo s trabajos rela tivos al primer ciclo del azúcar canari o. Mercader
inglés que residió e n Canaria s durante siet e años: dos co mo factor de u nos comerci antes londinense s y
cinco en las cárceles d e la Inquisición. A raíz de su es tancia en las Islas, escribió en 1583 la obra titulada
Descripción de las Isla s Afortunadas, que se llaman ahora Isla s de Canarias , de la que se co nserva un
ejemplar en el British Museum de Londres. De di cha obra result a conocido entre los historia dores
canarios el relato que realiza so bre el proceso de elaboración de l azúcar. Sobre la figu ra de Thomas
Nichols , así com o la traducción al español de su obra , pueden c onsultarse Ciorane scu (1963).
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
118
Otros asientos contables que nos ilustraron al respecto se encuentran en el Libro
de 1787. Concretamente, en la cuenta Azúcar de R se realizó el siguiente cargo: Por 696
½ libras doy entrada aquí y salida en la clase de molido fol. 147, porque estando en
pedazos la maior parte de esta partida, nos pareció podría venderse deste precio q e es
superior a aquél (AMC/ACFA 001097) 27 . De igual modo, en el Deve d e l a c u e n t a
Azúcar AA se registró el siguiente apunte: Por 1149 ¾ libras doy entrada en esta clase y
salida en la de R, porq e según su calidad nos pareció podr ía venderse al mismo precio
que éste ( ibídem ). Pues bien, tomando el contenido de estos dos asientos y uniéndolo a
la información conten ida otras anotaciones similares llegam os a la conclusión d e que
los azúcares fabricados en el ingeni o era n, de mayor a menor calidad, los siguientes: T ,
TA , AA , R y, finalmente el molido .
Por lo que respecta a las dos primeras clas es señaladas, hemos leído en el
Directorio de la Casa (Fum ero Álvarez, 2003: 50) que T y TA se empleaban en el
marcado del “azúcar fin o”. Asimismo, la cont abilidad del ingenio nos m uestra que su
producción diezmaba al 5 por 100 (AMC/A CFA 001016). Si comparamos este tipo
impositivo con el señalado por Bernal Rodrí guez y Macías Hernández (2007: 16) o por
Rivero Suárez (1991: 183) para otros inge nios tinerfeños, podríamos concluir que las
citadas m arcas T y TA eran en realidad azúcar blanco y purificado.
Las variedades AA y R diezmaban, por su parte, al 4,5 por 100 y en un asiento
contable correspondiente al 23 de agosto de 1756 (AMC/ACFA 021016) encontramos,
además, la siguiente inscripción:
Peso del azúcar: 2.686 ½ ll s , de las cuales 2.149 ll s de R, 155 ½ ll s de AA y 382
ll s de molido. Y todo fue de espumas y fa ramallas, y de la marca R son 206 panes
y 12 panes de AA que entró en el quart o del emborco y está sin diezmar.
De acuerdo con esta anotación, los panes que se pesaron el citado día procedían
de formas rellenadas con el m elado resultante de la cocción de las espumas y las
faramallas 28 , lo que nos lleva a inferir que tanto el AA com o el R eran de una calidad
27 La medi da de la libra se encuentra en el a péndice I.
28 Desconocem os el signifi cado del térm ino faramallas , pues su acepci ón no la hem os hallado ni en la
documentación p rimaria ni en los trab ajos consultado s sobre léxico azu carero (Mar tínez Ruiz, 1964;
Capítul o 2. Activ idades econ ómicas de los est ados señoriale s de Adeje, L a Gomera y El Hierro
119
inferior y podían corres ponderse con el azúcar de escumas o tercera mencionado en la
literatura.
Pues bien, además de las anteriores ti pologías de azúcar, los m otivos de abono de
sus cuentas arrojan información sobre la uti lidad que la Casa daba a estos productos
terminados. Los tres principales destinos que hem os observado a través de los libros
consultados son: la comercialización, su uso como m oneda de pago y los regalos de
yngenio .
Según hemos observado en la contabilidad, la venta del azúcar suponía una
fuente de entrada de numera rio para la hacienda. La co m ercialización se realizaba
mediante la entreg a a crédito a diversas personas que se [lo ] llevan a vender , tras lo cual
procedía el registro de su cobro en dinero. A lo largo de l periodo objeto de estudio nos
hemos encontrado con diversos nombres invol ucrados en esta activ idad, pero por la
dimensión del volum en de azúcar que colocab an destacamos los nom bres de Antonio
Recarey, Cologan, Commys y los hermanos Blanco; apellidos todos ellos relacionados
con familias de relevan tes comerciantes en Canarias. De la rela ción mantenida con los
últimos m ercaderes citados, se conserva en el libro Mayor de 1765 (AMC/ACFA
001064) una copia de las cláusulas 11ª y 12ª pertenecientes a la contrata celebrada,
donde se indican algunas de las obligac iones a que se acogí a el conde-marqués
Domingo José de Herrera Ayala. Estas eran:
Nº 11. Que dhos SS. Han de recivir y yo en tregar todo el azúc ar que se cogiere
en mi mayorazgo de Adeje y me han de pagar por cada libra a razón de trece q tos
y medio.
Nº 12. Que el peso de dhô azúcar se d everá hazer por todo el mes de Diz[iembr ] e
o antes si les con veniese a dhos SS. (…) y yo daré las ca xas para el traxín y
condución de dhô azúcar y pondré en el ma r con mis bestias t odo el azúcar que
dhôs SS. quieran embarcar y dho azúcar ex istirá todo el t[ie m]pô que dhôs SS.
quieran en mi almacén de Adege, en donde se empapelará y beneficiará hasta
entregarse, y se advierte que en este ajus te entra todo el azúcar de todas marcas
y calidades y para mis gastos y pagam[ento] s tomaré el que quisier e y
Academia de Ciencias de Cuba, 1972; Medina Guerra, 1989; Corrales Zum bado et al. , 1996; Corr ales
Zumbado, 1997 y Corrales Zumbad o y Corbella Díaz, 2001, 2006 y 2009).
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
120
precisam[en] te necesitare y nada más. (…) Y esta contrata es assi mismo por
cinco años y de la azúcar de cinco moliendas que son la próxima de este año y la
de mil sept[ecien to ] s setenta.
Como puede inferirse de la transcripci ón anterior, todo el azúcar producido entre
1765–1770 se vendía a los hermanos Nicolás y Cr istóbal Blanco, vecinos del puerto de
La Orotava, a excepción, claro está, del que precisaba el Señor para sus gastos y
pagamentos . Este último destino, incluido com o salvedad en la citada cláus ula
decimosegunda, estaba relacionado, precisam ent e, con la segunda de las utilidades que
mencionamos anteriormente, esta es: el uso del azúcar com o moneda de pago.
Según hemos observado en los libros de cuentas, la Casa de Adeje tomaba este
efecto para ajustar las contrapres taciones asignadas al trabaj o de sus servidores (como
explicaremos en un apartado posterior), am én de pagar con él transacciones de diverso
género, como: la com pra de esclavos (a ño de 1720 AMC/ACFA 001022), la adquisición
de tierras (año de 1756 AMC/ACFA 021016), la compra de casas (año de 1766
AMC/ACFA 021027) y el pago de tributos (año de 1756 AMC/ACFA 021016). Luego,
todas estas referencias contables ponen de ma nifiesto que la Casa nobiliaria objeto de
estudio continuaba empleando azúcar en el siglo XVIII para satis facer parte de sus
deudas, a pesar de que Rivero Suárez (1990: 1 48) haya evidenciado el desuso de este
sistema desde los años 20 del siglo XVI. De bido a su continuidad com o moneda de
pago y a la importancia que el azúcar aú n tenía en la centuria del Setecientos,
Hernández Rodríguez (2004: 678) concibe esta práctica de la hacienda adejera como un
síntoma de su estancam iento.
Además de su empleo com o moneda de pago, la contabilidad nos revela que los
productos del ingenio también se util izaban para rea lizar anualmente regalos con los
que los condes-marqueses agasajaban a diversas personalidades, tales como
(AMC/ACFA 062): el procurador de la Casa, el abogado de los Reales Consexos , el
escribano de guerra , el veedor y contador de la Real Hacienda o el administrador del
tabaco. Sin duda alguna, recurrir a regalos y gratificaciones para mantener una
importante red clien telar –de la cual espe rar favores y dispensa s de variado tipo–
constituía una baza habitual mente utilizada por la nobleza (Yun Casalilla, 2002: 285),
para ganar fidelidades y afianzar poder a ni vel local. Para el lin aje que nos ocupa, las
Capítul o 2. Activ idades econ ómicas de los est ados señoriale s de Adeje, L a Gomera y El Hierro
121
memorias contables (AMC/ACFA 062) nos demu estran que tales agasajos se
conseguían a través de lo s derivados de la caña.
Pues bien, junto a la obtención de azú car, del proceso productivo resultaba
conjuntamente otro producto derivado, que a nuestro entender tendría la consideración
de subproducto. Nos referimos, lógicam ente, a la miel de caña. Por lo que respecta a
esta, la historiografía sólo hace una me nción genérica aludiendo a las “mieles” y
“remieles” resultantes d e su transformaci ón. Sin embargo, en la contabilid ad de Adeje
hemos observado la existencia de diversas variedades, registradas bajo los nom bres
siguientes: común , de paños , blanca , de tinglado , philip ina y buganga.
La primera de las clases m encionadas – común – procedía del tratamiento de las
espumas tanto de la casa de calderas com o la de purgar (AMC/ACFA 001092). A tenor
de los motivos de abono observados en sus cuentas, este tipo de m iel se empleaba
generalmente para conducto de los trabajadores o bien pa ra el pago de sus asignaciones
por el trabajo realizado. De hecho, en el propio Directorio (Fumero, 2003: 66) se
ordenaba que con este tipo de miel se pr ocurara “hacer todos los pagam entos que se
puedan”. Además de su papel com o alimento y moneda de pago, la miel común con taba
con otros posibles usos secundarios, como, por ejemplo, su aplicación en el cuidado de
esclavos enfermos para medicinas (véase por ejemplo AMC/ACFA 001101).
La miel de paños , por su parte, p rocedía exclus ivamente de la casa de calderas .
Como ya apuntam os anteriormente, creem os que esta miel resultaba de los restos que
quedaban en los paños utilizados para colar e l caldo contenido en las calderas en su
trasiego hac ia las tachas . Poseía una calidad superior a la miel común , según inferimos
del siguiente abono realizado en una cuen ta del libro perteneciente a 1713 – 1714
(AMC/ACFA 001018):
Por 3.694 q[uarti]llos se dan salida y entrada a f. 17 Miel Común, que por estar
corrompida y no servir p[ar ] ª quaxar se ha dado salida (…) y está
experimentado que en pasando más de un año se corrompe .
Dada esta mayor calidad, la m iel de paños se destinaba fundam entalmente a la
venta en el m ercado local y “para hacer los regalos” pertinentes (Fum ero Álvarez, 2003:
67), si bien también hemos encontrado apunt es contables que re flejan su consum o para
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
224
considerasen oportunas para embarcar y desembarcar los navíos por otros puntos
costeros distintos del puerto seña lado com o principal. Igualmente, debían rendir cuentas
regularmente ante los nobles pr opietarios sobre las rentas ge neradas por los derechos de
quinto, almojarifazgo y anclaje; obligación cont able esta de la que nos ocuparemos con
más detenimiento en el capítulo tercero.
Con respecto a la intervención del admini strador local en la actividad ad uanera
que nos ocupa, es preciso matizar que sus atribuciones quedaban reducidas cuando los
condes-marqueses cedían su explotación a un te rcero bajo el régimen de arrendam iento.
En efecto, según hemos podido observar a través de las cuentas consul tadas, a lo largo
del periodo estudiado la recaudación directa de las aduanas m ediante administradores
fue alternada con el sistema de arriendo, tant o en la isla de La Gomera como en El
Hierro. Esta últim a modalidad de explotación, ta n utilizada por el estam ento nobiliario
(Atienza Hernández, 1987c: 254; Franco Silva, 1998: 204 y González Arce, 2014: 252,
entre otros) como por la propia Hacie nda Real (García-C uenca Ariati, 1983: 241),
consistía en entregar temporalm ente a un partic ular la cobranza de los derechos anejos a
la aduana, a cambio de cobrar su titular un canon fijo anual.
Pues bien, en un libro de contab ilidad elaborado por Migue l de Echeverría en el
año de 1743, bajo el mandato de Antonio José de Herrera Ayal a, el citado administrador
escribió: la haduana de la Gomera [se] arrien da o administra según la horden que
diere S.E. (AMC/ACFA 013003). De esta afirmación, deducim os que la forma de
explotar la actividad aduanera debía ser una decisión importante, tom ada por el propio
conde-marqués. Así ocurrió, al m enos, para el caso del anterior titular m encionado.
Ahora bien, con relación a las razo nes que pudieran justificar su elección entre uno u
otro sistema de recaudación, no hemos encontrad o una explicación de forma expresa en
la documentación consultada. Para el caso de las aduanas reales, resulta conocida la
transición que los m onarcas Borbones llevar on a cabo en el siglo XVIII, sustituyendo el
sistema de arriendo por la adm i nistración directa para inte ntar aum entar sus ingresos
fiscales (García-Cuenca Aria ti, 1983: 240 y Solbes Ferri, 200 9: 45-46, entre otros). Esta
búsqueda de mayores rentas po r parte de la Hacienda Real también pudiera aplicarse en
la Casa nobiliaria estudiada, toda vez que en un conjunto de Instrucciones de abril de
1785 (AMC/ACFA 096021) hemos observado alguna s referencias de orden económ ico,
Capítul o 2. Activ idades econ ómicas de los est ados señoriale s de Adeje, L a Gomera y El Hierro
225
para justificar el mantenim iento de la adua na bajo gestión directa. De su tenor, que
transcribimos a continuación, podemos inferir qu e, para el momento en que se redactó,
resultaba más adecuado m antener la aduana bajo explotación directa en los años
sucesivos, dada la escasa renta que había pr oducido hasta aquel momento el sistema de
arriendo:
Por ciertas causas de economía, ha estado la adm on de aduana de La Gomera a
cuidado de Pedro Casañas con tit[ul ] º de arrendam[ien] to . Este govierno
terminará desde que haya adm on en la ysla de La Gomera. Si alguna persona de
respeto y conv[enienci ] a se asomara a arrendarla se podría ver su proposición,
pero no sobre los productos de esto s próximos años, que sin culpa del adm or
g[ene]râl de Canarias ha producido poco.
Pues bien, fuese bajo contrato de ar rendam iento o mediante el sis tema de
explotación directa, lo cier to es que la recaudación del derecho de quintos y aduanas
suponía una actividad económica particular de los estados occidentales gomero y
herreño, ausente, sin embargo, para el caso de l señorío tinerf eño. Ahora bien, lo que sí
hemos detectado en común para las tres uni dades señoriales objeto de estudio era la
cobranza de rentas y tributos sobre las propiedades agrarias de los nobles titulares. En
efecto, tanto en los inventarios como en la s cuentas consultadas hem os observado para
el Condado de La Gomera y el Señorío de El Hierro –al igual que lo hicimos para
Adeje– la cesión de tierras en régimen de arrendam iento y bajo censos de naturaleza
enfitéutica. Así, por ejemplo, en la primera isla m encionada los va lles de Benchijigua,
Gran Rey y Alojera estuvieron arrendados durante el periodo analizado –con sus tierras
de labranza, manantiales, viñas, palm as , árboles y animales (AMC/ACFA 064033) –, a
cambio de un canon o renta fija anual en beneficio de los condes-marqueses. Pero, por
encima de estos y otros arriendos agrari os similares, Núñ ez Pestano (1991: 53)
encuentra para esta is la gomera que “lo comú n era que las tierras estuviesen cargadas
con algún censo que percibía el señor”. De esto s últimos, también ten emos constancia
en la contabilid ad, a través de los tributos contabilizados bajo áreas geográficas
diversas, diseminadas por el territorio insu lar (San Sebastián, Alajeró, Valleherm oso,
Agulo, Chipude y Arure, entre otros).
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
226
Al igual que lo observado para la hacienda marquesal de Adeje, las cuentas de las
dos islas occidentales nos han permitido de tectar que los condes-m arqueses tendieron
preferentemente a la gestión directa de sus rentas y tributos , contando para su
recaudación con la figura de diversos cobradores . Estos agentes, adscritos a zonas
geográficas concretas, no sólo se ocupaban de la percepción de tales rentas, sino que,
además, tenían asignadas otras obligaciones, tales como: llevar cuenta y razón de sus
cobros, supervisar que arrendatarios y enf iteutas respetaran los lindes asignado s,
informar al adm inistrador de los impagos pr oducidos e iniciar las di ligencias judiciales
a este respecto. Asimismo, debían controla r las compraventas celeb radas sobre tierras
atributadas –informándose, in c luso, a través de los escribanos público s (AMC/ACFA
013003)–, al objeto de cal cular y cobrar la décima que le correspondía al señor. Por
todo esto, los cobradores percibían una comisión, que ascendía al 15% sobre las
décimas cobradas, el 10% sobre los tributo s y alquileres efectivamente recaudados.
De todas las funciones que acabamos de describ ir, tenemos noticia gracias a las
cartillas o memorias de la cobranza , es decir, los estadillos contables donde los
administradores locales o la Contaduría de Adeje anotaban anualm ente a los cobradores
los importes a recaud ar. Con caráct er general, al pie de tales memorias , los
administradores solían añadir para observanc ia de los cobradores una nota recordatoria
de sus funciones. A título ilustrativo, tran scribimos la redactada por Francisco de
Castillo Santelices en el año de 1783 para el cobrador Bernardo Jiménez, cuyo tenor era
como sigue (AMC/ACFA 016034):
Se encarga a este cobrador ponga toda efic acia y diligencia en cobrar, de modo
que nada quede a dever, tan así que lo que no cobrare o diere dilig[encia] s
judiciales hechas para ello, será de su cargo. No recivirá ni entregará sin orden
otros efectos ni especies que los que di cen los mismos encavezados o rótulos de
los mismos tributos, arrendamientos o títulos, dando cuentas al adm or de dho
estado en tiempo pª su percepción. Tr atará con el modo y honor que corresponde
a todos los inquilinos. Procurará beneficiar y acomodar las propiedades sueltas
según su estado. Procurará saver y form ará memoria de las compras y ventas
que se hayan hecho y hagan en las propiedades de tribut os, por quiénes y en qué
Capítul o 2. Activ idades econ ómicas de los est ados señoriale s de Adeje, L a Gomera y El Hierro
227
cantidades y, deduciendo las décimas que devan pagar, las cobrará [firmado por
el administrador general de Canarias].
Pues bien, amén de las tierras cedidas a censo o bajo arriendo, en las cuentas
consultadas no hemos observado, a diferencia de lo ocurrido en Adeje, la existencia de
tierras de labor explotadas de form a directa, mediante la aplicación de los propios
medios humanos y m ateriales de la Casa . Por este motivo, probablem ente, tampoco
encontramos en la contabilidad gomera y h erreña cuentas de exis tencias de esclavos, ni
referencias a una plantilla de operarios trabajadores para la realización de las faenas
propias del campo, bajo los correspondientes ajustes retributivos. En este sentido,
nuestro análisis contable sobre las cuentas de La Gomera y El Hierro nos revela un
conjunto de actividades económ icas de carácter extractivo y de corte rentista, m ás
acuciado que en el caso de la hacienda marquesal. A una conclusión sim ilar llega
Hernández Rodríguez (2004: 673), cuando afir m a que los condes-marqueses no tienen
en estas islas occidentales propiedades agrí colas que exploten directamente, por lo que
“su papel se reduce exclusivamente a dren ar la economía”. Com o expondremos en el
capítulo sigu iente, esta diferenciación de los estados gomero y herreño, respecto al tipo
y la diversidad de operaciones eco nómicas realizad as, constituye un rasgo relev ante,
pues repercute en su diferente forma de rendir cuentas en comparación con el estado
señorial adejero.
Capítulo
3
ORGANIZACIÓN CONTABLE DEL
MARQUESADO DE ADEJE, EL CONDADO
DE LA GOMERA Y EL SEÑORÍO DE EL
HIERRO
Fuente: BMSC/ACFA 001078
Capítul o 3. Orga nización c ontable del M arquesado de Adeje, el C ondado de L a Gomera y el Señorío…
231
3.1.- LA CONTABILIDAD SEÑORIAL: ESTADO DE SU
INVESTIGACI ÓN HI STÓRICO-CONTABLE
Aunque el fenómeno señorial estuvo presen te en diversos países europeos,
Inglaterra y España han sido, sin embargo, los dos únicos cuyos historiadores de la
contabilidad han estudiado con mayor prof und idad las cuentas perten ecientes a los
señoríos (Hernández Esteve, 2013: 376). De esto s dos países, Inglaterra sobresale con
diferencia, tanto por ser pione ra en el estudio de las contabilidades señoriales –en
inglés, manorial accounti ng – como por registrar en su haber una mayor producción
historiográfica. Según puntualiza Hernánd ez Esteve (2013: 378- 380), los primeros
estudios que incluyeron entre sus páginas referencias a esta s contabilidades procedieron
de la mano de paleógrafos e historiadores anglosajones, tales com o Denholm-Young
(1963), Oschinsky (1947 y 1971) y Harvey (1972 y 1976). A partir de ellos, otros
investigadores, incluyendo los historiadores de la contabilidad, fueron interesándose por
los sistemas contables que nobl es y señores utilizaban en la gestión de sus Casas y
señoríos, pudiendo citarse a Noke (1981), Postles ( 1981 y 1994), Edwards (1989),
Napier (1991), Funnell (1996), Ezzamel (2002), Mcdonald (2005) y Dobie (2011a y
2011b), a título ilustrativo.
Según hemos inferido de la lectura de los tr abajos citados en el párrafo anterior,
los investigadores anglosajones han orient ado su investigación ha cia el estudio de
contabilidades fundamentalmente encuadrada s en el periodo medieval (siglos XIII y
XIV, preferentemente). A través de esta s cuentas, h an analizado las formas de
administración aplicadas y los docum entos contables em pleados en el seno de los
manors , tanto los de carácter laico com o los pe rtenecientes a la Iglesia, m onacales y
seculares 1 .
1 La inclusión del m undo eclesiástico dentro de la investigación se ñorial anglosajona constituye para
Hernández Esteve (2 012: 2 y 3) una caract erísti ca dife renc ial respecto a la forma de proceder en Es paña,
toda vez qu e en nuestro país “siempre se ha considerado la contab ilidad señorial como la prop ia de
domi nios poseídos por pr opietarios la icos”. C omo resul tado de est a costum bre españ ola, los tra bajos
realizados so bre señoríos ecle siásticos suelen vi ncularse má s al campo de estudi o de la Iglesia q ue de la
contabilid ad señorial. Esta sep aración entre lo eclesiás tico y lo señorial la hemos observad o, por ejemplo,
en el traba jo de Cast ro Pérez (200 5) sobre el señorío epi scopal de la Vill a de Agüim es (Gran C anaria ),
más conoci do entre los hist oriadores por su vinc ulación con la Igl esia que por su propia condi ción de
señorío.
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
232
De las cuentas anglosajonas conocidas hasta el momento, las evidencias más
tempranas nos rem ontan a principios del si glo XIII. Concretamente, los histo riadores
suelen admitir com o ejemplo más antiguo la co ntabilidad del ob ispado de Winchester
para el periodo 1208-1209. Escritas bajo la forma de Cargo y Data –en inglés, Charge
and Discharge method –, sus cuentas de periodicidad a nual eran elaboradas por oficiales
para rendir cuentas ante el obispo, es decir, inf ormar al m ismo sobre las rentas, los
pagos y el stock disponible en cada uno de los estados que este poseía (Hall, 1903: vii).
Desde la fecha señalada para las anteriore s cuentas hasta finales del siglo XIII, la
historiografía anglosajona pone de manifiesto el notable de sarrollo que la contabilidad
experimentó entre los manors ingleses, extendiéndose y ge neralizándose entre ellos el
uso de cuentas escritas como herramienta para la gestión indi vidualizada de cada
señorío . Entre los investigadores del mundo angl osajón (Harvey: 1976: 16; Edwards,
1989: 34; Bryer, 1994: 211 y Bailey, 2002: 97, entre otros), existe la opinión
generalizada de que dicha expansión de la co ntabilid ad señorial estuvo motivada por un
cambio sustancial en la forma de adm inist rar los señoríos en Inglaterra. Tal y como
explica Bailey (2002: 98), “the broad moveme nt towards direct exploitation corresponds
closely with the development and spread of the manorial account”.
Ciertamente, según relata este últim o autor ( ibídem , p. 97), en la segunda mitad
del siglo XII, los señores solían ceder sus manors a lo cales, que arre ndaban la totalidad
del estado señorial, como una unidad indivisible, a cambio del pago de una renta f ija
anual. Bajo esta forma de explotación indire cta, el citado arrendatario só lo entregaba al
propietario el monto de la renta co nvenida –a veces en especie–, reteniendo para sí
cualquier beneficio o soportando cualquier pérdida que pudiera haberse generado a
consecuencia de su gestión. Siempre y cua ndo el señor ingresara puntualm ente dicho
alquiler y los activos de sus manors estuvieran convenientemente cuidados, aquel
arrendatario podía explotar la s tierras, el ganado y demás elementos patrim oniales a su
libre albedrío, corriendo de su cuenta los ri esgos inherentes a esta explotación. De este
periodo, en que el arrendamiento de los manors prevaleció com o forma de explotación
entre los señores ingleses, apenas ex isten ejemplares de cuentas señoriales .
Sin embargo, con la llegada del siglo XIII, m uchos seño res se alejaron de esta
política de arrendamiento y, en su lugar, una proporción cr eciente de propietarios se
Capítul o 3. Orga nización c ontable del M arquesado de Adeje, el C ondado de L a Gomera y el Señorío…
233
hicieron cargo de la totalid ad o de una parte de sus manors 2 . Esto quiere decir que
comenzaron a gestionar las actividades agríco las y ganaderas de sus señoríos, así como
la recaudación de los impuest os con que gravaban a sus colonos. Cedieron en arriendo
algunas de sus tierras y bienes inmuebles, pero no com o una unidad, sino de forma
individualizada. Adem ás, esta implicación en la explotación de sus dominios generó a
los señores la necesidad de supervisar gastos e ingresos –así como pagos y cobros–
procedentes de alquileres, tributos, venta de productos agrarios, etc. Pues bien, ante
todas estas nuevas labores, Bailey (2002: 98) aclara que sólo los señores más hum ildes
participaron directa y personalmente en su consecución. Sin embargo, la m ayoría de los
grandes propietarios –poseedores de dive rsos señoríos geográficam ente diseminados–
delegaron tales funciones sobre agentes locales ( reeve y/o bailiff ). Estas figuras se
convirtieron, pues, en los oficiales encargados de gestionar y organizar el día a día de
los feudos. Además, debían entregar al señor –p rincipal, en esta rela ción bilateral– las
rentas generadas por los manors , manteniendo para sí una re muneración si previam ente
se había convenido.
Ante una situación como la que acabamos de describir, resulta evidente pensar
que el señor necesitaría algún tipo de m ecanismo o instrumento para m antenerse
informado de la m archa de sus propiedades, además de poder controlar la actuación de
su oficial, pues ahora los éxitos y fracasos de lo s negocios emprendidos en sus manors
repercutían sobre su propio pa trimonio. De otra parte, el citado agente tam bién estaría
interesado en probar su honestidad ante la ge stión realizada sobre la s propiedades de su
principal, en otras palabras , rendir cuentas. Siguiendo a Harvey (1976: 14), para que
este sistema funcionara, el oficial al frente de cada estado señorial debía ser capaz de
comunicar a su propietario qué dinero había entrado en su poder y qué pagos había
realizado con él. Según el signo de la operaci ón, la diferencia entre ambos conceptos
representaba el excedente que el agente debía entregar al señor o bien la cantidad qu e
este último adeudaba al prim ero. Además de dinero, el admini strador también debía
responder de todo aquello que había quedado a su cuidado. Así, para cada variedad de
cereal tenía que indicar cuán to había recolectado, qué ca ntidad había empleado en
2 A la porción de tierra que se reservaron para ex plotación directa se la conoce con el término demes ne :
“ the piece of land attached t o a manor and retained by the owner for their own us e ”
(www. oxforddi ctionaries.c om. Cons ultado el 03/04/2 014).
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
240
Sobre estos manuales, González F errando (2 013: 96) hace notar su evidente
escasez, si lo comparamos con los num eroso s tratados medievales que surgieron en
Inglaterra desde el siglo XIII –a los que nos referim os con anterioridad–. En opinión de
este autor, hasta el m omento sólo se conocen en nuestro país cuat ro manuscritos que,
con mayor o m enor detalle, incluyen entre sus páginas referencia s a esta m ateria,
aunque de ellos, realmente sólo uno – Dirección de secretarios de señores – podría
concebirse como un auténtico m anual de ges tión y contabilidad para Casas señoriales,
equiparable, por tanto, a los manuscrito s ang losajones menc ionados. Comentemos,
pues, brevem ente el contenido de los cuatro textos a los que se refiere el anterior
investigador, redactados todos el los entre los siglos XVI y XVII:
Suma de arithmética práctica y de todas mercaderías, con la horden de
contadores , escrito por Gaspar de Texeda y publicado en Valladolid en 1546 7 :
Se trata de un manual de aritm ética mercantil com puesto por 61 capítulos,
estando dedicado el número 57 a “la horde n que debe[n] tener los contadores
de señores y los que tiene[n] cargo de h azienda (…) para que (…) haga[n] bien
su officio y el señor sea servido y su casa governada y los criados pagados y
los vasallos bien tratados sin que en lo uno y ni en lo otro aya fraude ni
engaño” (Texeda, 1546: LIV vº). El referido capítulo constituía una breve guía
para administrar y llevar cuentas en la Casa de un señor. En prim er lugar,
contenía algunas recomendaciones sobr e divers os mecanismos para recaudar
rentas, y, en segundo, proporcionaba una de scripción sobre el funcionamiento
de los seis libros contable s que –a juicio de Gaspar de Texeda– precisaba toda
Casa señorial. La variedad y el núme ro de libros utilizados obedecía a la
necesidad de reg istrar de forma separada : el d inero (libro del tesorero), lo s
sueldos de los empleados y los dependi entes (libro de acostamientos), las
rentas recibidas y los pagos realizados por cada mayordom o (libro de
mayordom ías), así como las operaciones de granos (libro de señoríos), entre
otras magnitudes. Todos estos libros –s alvo el de m ayordomía– adquirían la
7 Su contenido ha sido obj eto de estudio por González Ferrando (1956 y 2013: 104 -106) y Hernán dez
Esteve (2007: 190-193 y 2013: 126-12 9). El texto íntegro de este m anual está disponible en la dirección
web: http:/ /hdl.handl e.net/10 366/833 53 (consul tado el 16/0 4/2014).
Capítul o 3. Orga nización c ontable del M arquesado de Adeje, el C ondado de L a Gomera y el Señorío…
241
forma de “pliego horadado” y seguían el método de Cargo y Data con
secciones superpuestas p ara la presentación d e sus cuentas 8 .
Libro de la Cámara Real del príncipe D on Juan e offiçios de su Casa e serviçio
ordinario : Manuscrito de Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés, redactado
entre 1547 y 1548 sobre la organización admi nistrativa y la contabilidad que a
finales del siglo XV llevaba la Casa del Príncipe Don Juan, primogénito de los
Reyes Católicos 9 . Este texto, adem ás de de scribir los numerosos oficios
vinculados con la citada Cámara Real –mayordomo m ayor, contador, escribano,
maestro, despensero, etc.–, explicaba el f uncionam iento de los cuatro libros que
se utilizaban para lleva r las cuentas del P ríncipe, a sab er: Borrador , Mayor ,
Entero o de Joyas e Ynventario . De este sistema contable, lo que nos parece
llamativo señalar es su m étodo de regi stro, pues difiere del Cargo y Data
mencionado en el m anual de Gaspar de Texeda. Para el manuscrito que ahora
nos ocupa, la técnica registral utilizada ha sido calificada por González Ferrando
(2013: 104) como “una singular apli cación de la partida simple, muy
evolucionada para su tiempo” porque “aunque las operaciones se [asentaban] por
Cargo y Data o Descargo, esto se [hacía] en libros encuadernados y la utilización
del Borrador –de hecho, un Diario – se engarza[ba] con el Mayor (…), al estilo
de la partida doble, aunque con asientos unigráficos” ( ibídem , p. 126).
8 Según señala Hernández Est eve (2013: 91), en l os primeros sigl os de la Eda d Moderna exist ía en
nuestro país la práctica habitual d e presentar las cuentas en pliegos su eltos, por lo que “la contab ilidad por
Cargo y Data era cono cida en Castilla también por el n ombre de lib ro de pliego horadado”. Esta práctica
consistía en aguj erear los folio s de las cuentas y at arlos con c ordel, de t al manera q ue pudiera n ser
intercambiables. Esta form a de proceder contrastaba, cierta mente, con la alterna tiva de la enc uadernación,
exigida en los libros por partida doble como m ecanismo para garantizar la autenticidad de las anotaciones
contable s.
9 La impresi ón de este m anuscrit o no se llevó a cabo hasta 1870. Una copia digit alizada de est a edición
puede encon trarse en la dirección web: https://archi ve .org/details/librod elacamarar00fernuoft (con sultado
el 02/12/ 2015). Para prof undizar en s u conte nido, cons últese He rnández Este ve (201 3: 162-1 67) y
González Ferra ndo (199 3 y 2013: 100-10 4).
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
242
Libro de caxa y manual de cuentas de mercaderes, y otras personas, con la
declaración dellos , redactado por Bartolomé Salvador de Solórzano y editado
en Madrid en 1590 10 : Constituye e l primer tratado de contabilidad por pa rtida
doble escrito y publicado en España. Como se infiere de su títu lo, este texto
estaba dedicado básicamente a las cuen tas de los mercaderes, aunque su
capítulo sexto aparecía adaptado a “los señores que biven de sus rentas y
hazienda o a sus contadores” (Salvador de Solórzano, 1590 [1990]: 7r). Para
estos señores, concretamente, el autor recom endaba en su exposición “tener
todas sus cuentas por buena orden y reguladas a libro de caxa y m anual”
( ibídem , p. 7r), ya que “desta m anera podrán ver los contadores el estado de la
hazienda y renta de cada un año, y lo que se ha cobrado, y lo que deven, y lo
que se ha gastado, para dar cuenta y razón con facilidad y brevedad a los
señores de ella” ( ibídem , p. 7v). Al objeto de justif icar la idoneidad de la
partida doble, Salvador de Solórzano aludía al hecho de que los señores
“aunque no negocian ni trata[ n] [con] mercaderías, no por ello se excusan de
tener por buen estilo la razón y cuenta de sus haciendas y re ntas”, ya que –aun
sin mercaderías– precis an contabilizar correctam ente “en lo que se arrienda
cada un año sus rentas, y a qué personas, y a qué plazos lo han de pagar, y lo
que de ellas les deben, y lo que van ga stando, para saber en cualquier tiempo
que quisieren en el estado en que es tán sus rentas, y lo que deben hacer”
( ibídem , p. 7r). Para que el señor estuviera informado de todo esto, Salvador de
Solórzano proponía la llevanza de tr es libros encuad ernados: los dos
tradicionales libro de caxa y manual , junto a un tercero denominado libro de
rentas , donde se recogía a modo de inventar io todas las propiedades y fuentes
de rentas en posesión del señor, tanto la s arrendadas com o las procedentes de
su explotación directa ( ibídem , p. 7v). Asim ismo, ofrecía en su tratado una
relación de cuentas adaptadas a las unida des señoriales, junto a una descripción
de su funcionamiento 11 .
10 Existe una edición facsímil pu blicada en 1990 po r el Instituto de Contabilidad y Auditoría de Cuentas.
Asimismo, pueden con sultarse los trab ajos de He rnánde z Esteve (1994 y 2013 : 311-327) y González
Ferrando (19 91 y 2013: 106 -108).
11 En González Ferrando (199 1: 714-719) puede encontrarse una exp licación detallada de los asientos que
proponía Salvad or de Solórzano p ara el libro Diar io o manual llevado en una contab ilidad señorial.
Capítul o 3. Orga nización c ontable del M arquesado de Adeje, el C ondado de L a Gomera y el Señorío…
243
Dirección de secretarios de señores , escrito por Gabriel Pé rez del Barrio Angulo
y publicado en Madrid en 1613: Manua l de adm inistración y contabilidad
orientado a instruir en e l oficio de s ecretario de grandes señores, cargo que el
propio autor desempeñó durante buena parte de su vida. La obr a estaba dividida
en 6 partes o libros independientes, siendo el título del que nos interesa destacar:
Compendio en razón de acrecentar el estado y hacienda, y o ficio de contador 12 .
Según hemos inferido de su lectura, este se iniciaba con una aclaración sobre la
posible coincidencia de los oficios de secretario y contador en Casa de algunos
señores, tras la cual se desarrollaban trece capít ulos conteniendo información
útil para el desarrollo d e esta última pr ofesión. La fertilización de tierras, e l
tratamiento a los vasallos, la concesión de arrendam ientos y la cobranza de
rentas eran, por ejemplo, algunos de los temas tratados. Lógicamente, al
contador se le atribuía también la funci ón de llevar cuenta y razón. Por ello, en
el último capítulo del Compendio se describían los ocho libros que debía llevar
la Contaduría de todo gran señor. En estos libros, utilizando el sistem a de Cargo
y Data y empleando el pliego horadado, se registraban de forma individualizada
los movim ientos de tesorería (lib ro de car go del tesorero y libro de la data del
tesorero), las retribucion es de los criados ( libro del asiento de gajes y salarios ),
el cobro de las rentas ( libro de la hacienda ) y la rendición anual de cuentas a
que estaban sometidos algunos oficiales ( libro de la hacienda y libro de cuentas
fenecidas ). Luego, tal y como ha hecho notar Hernández Esteve (2013: 133), en
este Compendio “no se habla en absoluto de partida doble, a pesar de que el
libro de Bartolomé Salvador de Solórza no había explicado (… ) veintitrés años
antes cómo podía utilizarse la m isma” en una Casa señorial.
Pues bien, como puede inferirse de la sí ntesis expuesta para los cuatro textos
anteriores, cada uno de sus autores sugería la llevanza de determinados libros de cuentas
para el acopio de la actividad señorial, los cuales variaban en número, denom inación y
contenido 13 . Es ta realidad difiere, evidentem ente, de nuestra situación actual, a tenor de
la homogeneización contable que se pretende con el proceso de norm alización seguido
12 Su texto íntegro aparece tran scrito en González Fe rra ndo (2013: 135-152) y un comentario al m ismo
puede halla rse en Hernández Est eve (2013: 12 9-133).
13 Una de tallada comparativa entre ello s puede co nsultarse en González Fer rando (2013 : 125-128) .
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
244
en nuestro país. Lógicamente, la comparabilidad de la inform ación no era una cualidad
requerida en aquella época de nuestro es tudio, pues, como recuerda López Manjón
(2009: 34), las Casas nobiliarias no estaban obligadas a seguir normas y su regulación
contable obedecía exclusivamente a reque rimientos de carácter interno. Añade el
referido autor que, salvo en el caso de embarg ados por parte de la Corona, los usuarios
de la información contable eran bás icamente in ternos, a saber: los se ñores y los oficiales
que administraban sus propiedades y rentas 14 . Por este m otivo, Chatfield (1977: 25)
afirma que: “the absence of reports to outsiders meant th at little of what we c all
financial accounting was needed”.
Además de la diversidad de libros, otra diferencia que hemos percibido entre los
cuatro manuscritos com entados viene relaciona da con la técnica registral empleada. Tal
y como hace notar González Ferrando (2013: 126), tanto Gaspar de Texeda como
Gabriel Pérez del Barrio Angulo apostaban po r el sistema de Cargo y Data para las
Casas de los señores, mientras que Bartol omé Salvador de Solórzano recom endaba,
naturalmente, la aplicación de un libro de caxa y manual . Entre los dos prim eros y este
último se encontraba Gonzalo Fe rnández de Oviedo y Valdés, p ues –como ya
indicamos– este au tor describía para la Cáma ra Real del Príncipe Don Juan un modelo
contable híbrido, es decir, “una aproximaci ón del m étodo de Cargo y Data al de partida
doble” (González Ferrando, 2013: 126) . Hernández Esteve (2013: 155) se refiere a este
último con los calificativos de “i ndefinido, m ixto o incompleto”.
Luego, de acuerdo con el análisis realiz ado, podemos concluir que los anteriores
textos españoles del siglo XVI y XVII recogí an entre sus páginas una m ayor variedad
de métodos contables que los m anuscritos medievales de los manors ingleses.
Recordemos que es tos últimos, al e star redactados m ayoritariam ente en el siglo XI II,
sólo incluían referencias al modelo de Ca rgo y Data, pues esta er a la form a dominante
de llevar cuentas en la Europa m edieval.
14 Sobre otros usua rios interesados en la con tabilidad, cuando los patrimonios nobiliarios estaban
intervenido s por el Consej o de Castilla a consecuencia de sus pro blemas financiero s, puede con sultarse
López Manjón (2012b: 118 y 121 ), quien alude a los acreedores del duque de Osuna para final es del siglo
XVI.
Capítul o 3. Orga nización c ontable del M arquesado de Adeje, el C ondado de L a Gomera y el Señorío…
245
Ahora bien, la diversidad de métodos contables que ofrecían los cuatro
manuscritos españoles difiere d e la realidad observada en las Casas aristocráticas de
nuestro país. Según hemos deducido de la historiografía consultada, cada C asa
nobiliaria propugnaba la llevanza de sus propios libros para instrum entar sus cuentas,
pero, en cuanto a la técnica de registro se refiere, exis tía cierta uniform idad. Así, frente
a los tres modelos contables recogidos en lo s tratados españoles anteriores (Cargo y
Data, partida doble y un sistema híbrido), en la práctica contab le señorial sobresale sólo
uno: el de Cargo y Data. Como prueba de e llo, sirvan los trabajos de López Manjón
para la Casa de Osuna –citados páginas at rás–, y los estudios realizados por otros
historiadores sobre: el conde de Villafuertes (Gárate Oj anguren, 1997), el ducado de
Alba en el siglo XV (Calderón Ortega, 1996: 188), el condado de Casares en el XVI
(Benítez Sánchez-Blanco, 1994: 378), el marquesado de los Vélez para el periodo X VI-
XVIII (Díaz López, 2007: 272), el ducado de Feria en la segunda m itad del Setecientos
(Sánchez Gómez-Conrado, 1992: 242), el m ar quesado de Astorga para las centurias
XVII y XVIII (Rubio Pérez, 2002: 110 y 111), el marquesado de Alcañices en el XIX
(Carmona Pidal, 2001: 251 y 252) y el m arque sado de Sentmenat para los siglos XIX y
XX (Garrabou et al. , 1993). Todos estos ejemplos, entre otros posibles, ponen de
manifiesto que desde el siglo XV hasta, in cluso, el XX las Casa s nobiliarias españolas
tendieron preferentemente al uso del m ismo mé todo registral. Y ello viene a corroborar
las palabras de Hernández Esteve (2013: 126) , cuando afirma que “el sistema contable
preferido en las administraciones se ñoriales era el de Cargo y Data” 15 .
Esta realidad que acabamos de describir no sólo es apreciable en nuestro país,
sino que también parece repetirse fuera de nuestras f ronteras. En este sentido,
Lemarchand (1994: 120) ha constatado para la Francia del siglo XVIII que, aunque la
partida doble terminó triunfando, “the m ercha nt´s m odel [was] double entry and that of
the nobles (…) charge and discharge”. Del mismo m odo, Napier (1991: 164) ha
confirmado para el ám bito anglosajón que “the basic form of estate accounts as late as
the nineteenth century had changed little from that developed in the Middle Ages for
controlling and reporting on the ac tivities of m anorial bailiffs and reeves: the charge and
15 Quisiéramos advertir que en el últi mo trabajo m encionado , sus autore s (Garrab ou, et al. 1993: 103 )
señalan la partida dob le como técnica utilizada por los administradores del marqués de Sentmenat. Sin
embarg o, de la lectura de su trabajo ( ibídem , p. 104- 113), hem os inferido que se trataba, realment e, del
método C argo y Data.
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
246
discharge method”. Las cuenta s que este últim o autor pres enta –perten ecientes al
Marquesado de Butes (Cardi ff) para el periodo 1814 a 1840– constituyen un ejem plo de
la pervivencia del método de Cargo y Data durante ciento s de años para las Casas
nobiliarias.
Pues bien, de la revisión bibliográfica llevada a cabo podemos concluir que, tanto
en España como en otros países, la cont abilidad señorial y nob iliaria estuvo m arcada
por el método de Cargo y Data. Su aplicación pervivió desde la Edad Media hasta la
Contemporánea, conviviendo en paralelo, por ta nto, con el sistem a de la partida doble.
Como ha quedado puesto de m anifiesto a lo largo del presente apartado, Cargo y Data
era un modelo contable diseñado en su orig en para “organizaciones en las cuales las
actividades económicas estaban confiada s a un adm inistrador o a una serie de
administradores y agentes” (Hernández Esteve, 2013: 90). Estaba orientado,
básicamente, a la rend ición de cuentas, a ef ectos de controlar la gestión realizar por
estos últimos y determ inar su posición contable frente al titu lar de la organización.
Ahora bien, com o aclara Hernández Esteve ( ibídem ), “ello no quiere decir, por
supuesto, que, colateralmente, y aprovechan do las anotaciones efectuadas, no se
pretendiera también estar al corrien te y seguir la marcha de las operaciones”.
Evidentemente, adem ás de controlar a sus administrado res, también estaría el
interés por conocer la marcha de los negocios, pero –como explica el citado autor
( ibídem )– la consecución de este objetivo sólo podía alcanzarse de una manera lim itada.
Esta limitación procedía del hecho de que, en las contab ilidades por Cargo y Data, las
anotaciones contables se efect uaban en cuentas personales, registrándose únicam ente las
operaciones realizadas por el administrador. En otras pala bras, el método de Cargo y
Data recogía exclusivamente la relación entr e este últim o y su principal. No estaba
diseñado para informar sobre la situación patrim onial íntegra del propietario de los
libros, ni tampoco para captar su situación en relación c on terceras personas, tales como
deudores y acreedores 16 .
16 No consideramos o portuno pro fundizar más en el fun cionamiento de la contab ilidad por Cargo y Data,
toda v ez que Hernán dez Esteve (200 7: 180-230 y 2 013: 90 -97) cu enta con do s trabaj os específico s sobre
esta materia. Asim ismo, existen estudios que analizan s u aplicación a entidades c oncretas, tales com o: las
salinas de Ro quetas (Carm ona Moreno et al ., 1997), el obispa do de Canarias (Calvo Cruz, 2000), la
parroquia de Agüim es (Castro Pérez, 2005), el alm acén de Agüera (C a pelo Bernal, 2007), el monast erio
de Silos (Maté Sadornil, et al. 2008) y la cated ral de Toledo (Villaluenga , 2012: 21-25, 2013 a y 2013b).
Capítul o 3. Orga nización c ontable del M arquesado de Adeje, el C ondado de L a Gomera y el Señorío…
247
Luego, ante la situación que acabamos de describir en los párrafos p recedentes,
resulta preciso indagar si la Casa objeto de nuestro estudi o empleó el método registral
característico de las entidad es nobiliarias –Cargo y Data– o si, por el contrario, la
casuística p articular de los se ñoríos de Adeje, La Gom era o El Hierro aconsejaron la
aplicación de una técn ica contab le d istinta. A la aten ción de este asunto, dedic amos el
siguiente epígrafe.
3.2.- CARACTERIZACIÓN GENERAL DE LOS SISTEMAS
CONTABLES DESARROL LADO S PARA LOS ESTADOS
INSULARES: MÉTODO E INSTRUMENTACIÓN CONTABLE
Como acabam os de explicar, el uso de las cu entas escritas entre los manors
ingleses se convirtió en una práctica habitual cuando su s propietarios delegaron en
administradores externos la gestión de sus pa trimonios. La utilidad de la contabilidad
adquirió entonces especial rele vancia entre los grandes seño res: poseedores de diversos
señoríos cuya dispersión geográf ica les impedía, muchas veces, su presencia física p ara
el desempeño de una gestión y un control di recto sobre sus propiedades. Al igual que
ocurrió en el ámbito anglosajón, la alta nobleza española fu e absentista –según
expusimos en el capítulo previo–, por lo que la contabilidad se erig ió en una importante
herramienta de inform ación y supervisión en opinión de Carmona Pidal (2001: 227),
Arbelo García (2006: 36 y 37), Molina R ecio (2012: 996) y Ezzamel (2002: 235), entre
otros.
Pues bien, la Casa nobiliaria que nos oc upa no fue una excepción a la realidad
anterior. Como sabem os del prim er capítulo, la ausencia de sus dominios territor iales
resultaba casi obligatoria para los titulares, toda vez que la condición insular de los
estados canarios así lo imponía. A esta ineludible lim itaci ón geográfica sobrevino –
como también explicamos– otro mo tivo de ab sentismo por lejanía, cuando los señoríos
de Adeje, La Gom era y El Hierro recayer on a mediados del sig lo XVIII en la Casa
Belvis de Moncada, con sede principal en Ma drid. Tanto en la primera etapa, cuando los
condes-marqueses residían en Tenerife, com o en la segunda, bajo la posesión de los
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
248
marqueses de Belgida, los nobles titulares contaron con un administ rador al frente de
cada estado señorial canario, tal y como quedó explicado.
Según nuestras investigaciones, cada uno de estos administradores debía cumplir
unas obligaciones contables concretas, encaminadas a inform ar y rendir cuentas de su
gestión ante los señores. En el Dir ect ori o de la Casa hemos encontrado órdenes
específicas a este respecto, concretamente dos disposiciones: una referida al Condado
de La Gomera y la otra al Marquesado de Adeje. Desconocem os el m otivo por el cual el
administrador herreño quedó excluido de este Directorio , ya que tam bién estaba
obligado a la rendición de sus cuentas, se gún hemos deducido de nuestro estudio. Esta
omisión nos resulta, adem ás, in explicable, por cuanto la última vez que se m odificó y
amplió el citado Directorio fue –como sabemos– en algú n momento entre 1716 y 1730
(Fumero Álvarez, 2003: 9). Para estas f echas, el conde-marqués ya era titular del
Señorío de El Hierro.
De la disposición referida a la rendici ón de cuentas por parte del administrador
gomero, resulta destacable la parquedad de su contenido. N o ofrecía referencias sobre el
tipo de documentación a exhibir por el m i smo y únicamente ind icaba que era en la
“Contaduría de Adeje donde se ha[bía] de registrar y ver sus cu entas, y estando buenas
firmárselas, par y conform idad” (Fumero Álvarez, 2003: 25) 17 . Frente a esta, el m andato
dirigido al administrador adejero, sí precisaba un m ayor detalle, indicando la frecuencia
y la tipología de docu mentos a presentar an te el señor. Textualmente señalaba lo
siguiente: “se han d e mandar a su Excelencia en cada un mes los catá logos firmados del
factor y contador y, por fa lta de este, el escribiente. Y al cab o del año el libro corriente
(…), el cual (…) se h a de mandar firma do del administrador, factor y contador y
estando el dueño en España se ha de mandar dicho libro en un cajoncito” ( ibídem , p.
70).
Además de las dos órdenes contenidas en el anterior Directorio , también ha
llegado a nuestros días la Instrucción que hizo el conde de la Gomera para que la
17 Recuérdese que, según explicam os en el capítulo prim ero, la centralización de la Contaduría en Adeje
se produjo tras la unión entre la Casa de los Her rera –condes de La Go mera– y la casa de l os Ponte –
marqueses de Adeje–. De ahí que las cuent as de los estados occidentales se presentara n en la casa-fuerte
adejera.
Capítul o 3. Orga nización c ontable del M arquesado de Adeje, el C ondado de L a Gomera y el Señorío…
249
observasen sus administradores (AMC/ACFA 096028), de donde deducimos
nuevamente obligaciones contab les para estos oficia les 18 . En com paración con el
conten ido del Directorio , esta Inst rucción que nos ocupa resultaba ser un tanto más
precisa e incluía, adem ás, al estado herreño. Así, en cuanto a los administradores de La
Gomera y El Hierro, dic ho documento señalaba la oblig ación de remitir al señor sin
falta en cada un año las quentas de la administración . Para el administrador de Adeje,
sin embargo, dem andaba otra información. A es te último, concretam ente, le requería el
siguiente detalle informativo, contenido en el libro corrie nte de la Contaduría : las
quentas se me han de remitir todos los años y en ellas la salida po r mes, con los
resúmenes de los efectos de dinero, trigo y azúcar y sus balances, y asimismo de mieles
y lo demás de ganados por minutilla 19 .
Como bien puede inferirse de los párrafos an teriores, al igual que ocurría en los
manors ingleses medievales, la inform ación solicitada por los titulares estaba
individualizada para cada estado canario, dado que cada uno de ellos constituía –com o
sabemos– una célula adm inist rativa. Ahora bien, la documen tación contable requerida
para los tres señoríos no era uniforme. De una parte, resultaba co incidente el tipo de
documentación a preparar por el adm inistra dor de El Hierro y el de La Gomera,
mientras que, de otra, se encontraba el adm inistrador adejero, al que se le exigía un
detalle informativo diferente. Luego, dada es ta divergencia, se hace preciso abordar de
manera diferenciada la contabilidad de lo s señoríos occidentales, de una parte, y las
cuentas del marquesado de Adeje, de otra . A lo largo de las páginas sucesivas,
trataremos de configurar las líneas ge nerales que caracterizaban ambos modelos,
centrándonos especialmente en sus procesos de rendición de cuen tas ante el señor.
Comenzando con el Condado de La Gom era y el Señorío de El Hierro, podemos
señalar que la documentación contable an alizada (AMC/ACFA 027 y 043) nos permite
confirmar que los adm inistradores de a mbos estados occidentales rendían cuentas al
señor a través de las denominadas quentas de la administración –m encionadas en la
Instrucción anterior–, ajustándose el formato de la s m ismas –según hemos detectado– al
18 Recordemos que esta Instrucción fu e nombrada en el capítulo primero. Allí explica mos que se hallaba
sin fechar, pe ro que, pese a ello, pensá bamos en el co nde-marqués A ntonio José de Herrera Ay ala como
su posible autor.
19 Entendem os que por minutilla significa “con detalle”.
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
256
Otro aspecto a destacar con relación a los catálogos que nos ocupan reside en la
importancia que este ostentaba dentro del sistema contable adejero, pues no olvidemos
que para Hernández Esteve (2013: 105) “el lib ro Diario es, precisam ente, el hallazgo
fundamental de la partida doble”. Con re lación, pues, a su importancia para los
dirigentes de la Casa, hemos encontrado diversas evid encias documentales. Según
apuntamos en el prim er capítulo, el conde-marqués que redactó el Directorio ordenaba
al contador “tener los libros y papeles c on todo aseo y claridad” (Fumero Álvarez, 2003:
33 y 34). Ahora bien, de estos libr os, el citado titu lar hacía una m ención especial al
catál ogo, indicando que “no haya descuido en la entrada y salida de efectos en tiempo
en el catálogo y, de haberlo, dará cuenta si n dilación a mí o m i ad ministrador (…), para
que todo vaya en el mayor aum ento de la hacienda”. De igual modo se expresaba el
último propietario residente en Tenerife –D omingo José de Herrera Ayala–, pues es te
plasmó en los quadernos de órdenes diversas disposiciones resaltando la importancia de
no olvidar realizar la s anotaciones en el diario . Sobre este repetía: todo se pondrá en el
Catálogo (AMC/ACFA 023003).
Además de estos dos ejemplos que acabam os de mencionar, donde m ejor hemos
apreciado qué papel jugaba el catálogo dentro del sistem a contable adejero ha sido en
las palabras manuscritas por Ma teo de Albo y Gándara en el año de 1787, dirigidas a la
Contaduría de Madrid . Aquel, que había ejercido de cont ador en Adeje durante más de
20 años escribió (AMC/ACFA 025005):
El régimen y orden de esta Contaduría no dexa lugar (a menos de un notable
abandono, que no es presumible ni esper ado) a extracción ni fraude en los
haveres de S.Ex a . porque en ella se sigue un Diar io con el nombre de catálogo,
en donde los que manejan s on responsables a los efectos de la Adm[inistraci ] ón ,
apuntan por oras y instantes lo que sale y entra para sus respectivas cuentas a
donde se pasa de él a el Libro, corregi do por la Contaduría y superintendencia
del Administrador .
Como se desprende del párrafo transcri to, para Mateo de Albo y Gándara la
fiabilidad d el sistema contable implantado en Adeje residía, precisa mente, en la
existencia de un diario con el nombre de catálogo , pues este era el instrumento donde
se asentaban las transacciones realizadas – lo que sale y entra – tan pronto com o
Capítul o 3. Orga nización c ontable del M arquesado de Adeje, el C ondado de L a Gomera y el Señorío…
257
sucedían – por oras e instantes –. E n opinión del citado co ntador, la posibilidad que
confería el catálogo de inscribir en el acto las oper aciones –como paso previo para un
posterior traslado al libro corr iente – constituía una cualidad necesaria para dism inuir la
comisión de errores en la llevanza de la contabilidad. De ahí la defensa que hacía sobre
la importancia de este cuadern illo y, por extensión, sobre la idoneidad del sistem a
contable adejero.
Pues bien, una vez asentados los hechos económicos en el catálogo , procedí a –
según apuntaba el contador anterior– tr asvasar su información a otro libro, que en la
documentación prim aria se conocía bajo denominaciones tales como : quaderno de
quentas , libro de la administración y más habitualm ente libro corriente o si mpl e men t e
Libro. Se trataba este último de un lib ro contable tipo Mayor en cuadernado en
pergamino o piel donde se representaba el m o vimiento de las cuentas que habían sido
previamente iden tificadas en el cuadernillo diario . Sus hojas aparecían num eras “al
encuentro”, es decir, con planas enfrentadas: un a a la izquierda y otra a la derecha bajo
un mismo núm ero de foliación. La numeración de estas páginas resultaba ineludible,
toda vez que en el catálogo debían referenciarse los folios del Mayor a donde se
trasladaba la información. Asimismo, la paginación del libro corriente era precisa
porque al asentar una partida de ntro de este libro se anotab a el número de folio donde se
encontraba su cuenta de contrapartida, tal y como lo proponía Pacioli. Además de las
referencias cruzadas anteriores, dicha foliaci ón también era necesaria p ara la confección
del abecedario , formalism o este al que nos referiremos m ás detalladamente con
posterioridad.
Aunque la serie documental bajo la que se encuentran cat alogados (AMC/ACFA
001) está algo fragmentada, con los ejem pl ares que han llegado a nuestros días hemos
podido confirm ar el uso de los libros corrientes para todo el periodo objeto de estudio,
esto es, desde 1695 (AMC/ACFA 001002) ha sta 1790 (AMC/ACFA 001101). Para este
intervalo temporal hemos detectado en ellos algunos cam bios de carácter formal, pero la
esencia y el contenido de los mismos se mantuvo prácticam ente inalterable ante los
diversos contadores, adm inistradores y titulares que se sucedieron en el estado señorial.
Entre las modificacion es formales que hemo s observado podemo s señalar, por ejemplo,
la adopción del año natural como ejercicio económ ico. Así es, con anterioridad a 1770
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
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hemos observado en los libros corrientes lo que Calvo Cruz y Castro Pérez (2006a:
1419-1420) detectaron, esto es, que los libros de cuentas se iniciaban el 1 de mayo y
finalizaban el 30 de abril d el año siguiente, momento en que se procedía a su cierre
contable. Sin embargo, por motivos que descono cem os y que no vienen explicados en la
documentación prim aria consultada, desd e el año referido a ño 1770 aquellos libros
continuaron abarcando un intervalo temporal de doce meses, pero coincidiendo ahora
con los del año natural. El libro corriente catalogado como AMC/ACFA 001071,
correspondiente al ejercicio económico de 1770, es el prim ero donde hemos apreciado
esto 24 .
Otro de los cambios form ales que hemo s detectado estaba relacionado con la
mejor ordenación de las cuentas dentro de los libros , a efectos de facilitar su pronta y
correcta loc alización. Así, para los p rimeros año s analizados no hemos apreciado que se
siguiera un orden alfabético en la disposición de las cuenta s, ni tampoco respondía su
colocación a la posible vi nculación con uno u otro ramo de actividad . Sin embargo, es a
partir de la primera década del sig lo XVIII (véase, por ejemplo, AMC/ACFA 001019)
cuando observamos el m ecanismo descrito por Calvo Cruz y Castro Pérez (2006a:
1418), consistente en distinguir dentro del libro corriente dos secciones diferenciadas: a
un lado del libro se c olocaban las quentas particulares o corrientes y al otro, las
quentas de efectos . Dentro de cada una de estas part es, las cuentas se disponían, a su
vez, siguiendo un orden alfabético.
Asimism o, para facili tar la búsqueda de las cuentas dentro del libro corriente ,
cada sección contaba con su propio índice o abecedario (Calvo Cruz y Castro Pérez,
2006a: 1418). Respecto a estos, recordemos que constituían una form alidad señalada
por Salvador de Solórzano (1590 [1990]: 11v) pa ra la partida doble y que desde el siglo
XVI existen mu estras de su utilización en la práctica (véase, por ejemplo, Rodríguez
González, 1995: 102-104). A efectos ilustra tivos, en la imagen 3.3 m ostramos la
portada correspondiente a la sección de cuentas corrientes , así como el prim er folio de
su abecedario para el libro corriente de 1768-1769.
24 Hemos detectado que la transición se realizó acortando el ejercicio del libro corrien te inmediatamente
anterior. Así, se rellenó un libro para el peri odo 1 de m ayo de 1768 a 3 0 de abril de 1 769 (AMC/ ACFA
001068) y o tro (AMC/A CFA 001070) para el interv alo comprendido entr e el 1 de mayo y el 3 1 d e
diciem bre de 176 9. A parti r de aquí , los libros respondiero n al año nat ural.
Capítul o 3. Orga nización c ontable del M arquesado de Adeje, el C ondado de L a Gomera y el Señorío…
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Ilustración 3.3: Portada y letra A del abecedario de las cuentas particular es del libro corriente nº 2 (1768-1769)
Fuente: AMC/ACFA 001068
Por cuentas corrientes o particulares se entendía las cuentas personales que la
Contaduría habilitaba para registrar dé bitos y créditos mantenidos con dependientes de
la hacienda, personal cualificado del i ngenio, artesanos, mercaderes, abogados,
escribanos, instituciones eclesiásticas –el convento de Adeje, por ejemplo– y
recaudadores del diezmo, entre otros posible s deudores y acreedores de la Casa. Se
expresaban, con carácter gene ral, en unidades monetarias 25 y contaban de dos partes
diferenciadas, las dos que conocemos en nuestros días: el Deve, colocado en la plana
izquierda del libro , y el Ha de haver , enfrentada en la derecha.
Aparte de las anteriores cuentas personales, en el libro corriente también se
recogían las referidas a los efectos . E stos representaban bienes producidos o comprados
por la hacienda, destinados al consumo y/o a la venta, como por ejem plo: cereales, vino,
25 Es preciso ad vertir que hasta el año de 177 5, inclusive, los libros de cuentas emplearon la an tigua
moneda imagina ria desta s Yslas (AMC/ACFA 001082) . Sin em bargo, des de el ejercicio eco nómico de
1776, sigui endo la reform a monetari a llevada a cabo por la Corona , pasaron a e xpresarse en moneda de
Castilla . A efectos contabl es, el cam bio de moneda no su puso ning ún ajuste parti cular. Sim plem ente, se
cerraron unas cuentas e n moneda de las Isl as y se abrier on otras en un nuevo lib ro, donde el saldo in icial
ya aparecía convertido a la nueva m oneda.
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
260
animales (b ueyes, camellos, cabras, etc.), aceit e, azúcar, miel, sal, aguardiente, suelas de
zapatos, coleta, brea, acero, pólvora y hie rro. La tesore ría y los esclavos también
ostentaban esta consideración. Para cada clase de efecto , la Contaduría utilizaba una
cuenta específica en su libro corriente , poniendo en su cabecera a m odo de título el
nombre del bien en cuestión y no el de l factor o contrafactor a cuyo cargo se
encontraban. Todas estas cuentas, al igual que ocurría en las corrientes o particulares ,
se plasmaban en secciones contrapuestas –con la Entrada a la izquierda y la Salida a la
derecha–, pero se diferenciaban de las anteriores en que no se reducían a valor
monetario. Al contrario, sus anotaciones se registraban en unida des físicas (fanegas,
libras, cuartillos, quinta les, etc.).
Al objeto de ofrecer una visión glob al sobre los movimientos acaecidos durante
el ejercicio económico, la Contaduría confeccionaba a su térm ino un resumen o
extracto de las cuentas de efectos , el cual colocaba al final del libro corriente . Dicho
extracto sintetizaba los movimientos de entrada y salida que habían tenido lugar durante
el ejercicio.
Con relación a los ejemplares que he mos encontrado, quisiéram os aclarar que
todos los extractos hallados pertenecen al m andato de los marqueses de Belgida, pero,
dada la fragmentación docum ental que pr esenta el fondo histórico consultado, no
podemos precisar si la Contaduría de Adeje introdujo esta práctica en algún momento
anterior. Recordemos, por ejem plo, que Ant onio José de Herrera Ayala ordenaba al
administrador de Adeje (AMC/ACFA 096028): las quentas se me han de remitir todos
los años (…) con lo s resúmenes de los efectos de dinero, trigo y azúcar y sus balances,
y asimismo de mieles y lo demás de ganados por minutilla . Pues bien, un extrac to como
el que nos ocupa pudo haber constituido el resumen que solicitaba el anterior con de-
marqués. En la ilustración 3.4 m ostramo s el prim er folio perteneciente al extracto del
libro corriente número 4 de 1770. Una transcripción parc ial de su contenido puede
hallarse en la ilustración 3.5.
Capítul o 3. Orga nización c ontable del M arquesado de Adeje, el C ondado de L a Gomera y el Señorío…
261
Ilustración 3.4: Prim er folio del Extracto de efectos correspondiente 1770
Fuente: AMC/ACFA 001071
Como puede observarse en la ilustración 3.4, el extra cto of recía la información
en unidades físicas, en consonancia con la unidad de medida empleada en las cuentas
que habían servido de base para su elaboración. Además, los datos aparecían
individualizados para cada tipo de efecto existente en la hacienda y el esq uema seguido
con cada uno de ellos era similar: de una part e, se totalizaban las entradas –por com pra
o producción– y, de otra, se i ndicaban las salidas, diferencia ndo para estas últimas: lo
que se había vendido, lo dado a cuentas –a los servidores y dependientes de la hacienda,
por ejemplo–, lo consum ido por la propia Casa o el número de anim ales muertos, entre
otros motivos. La diferencia entre aquella s entradas y estas salidas explicaba,
lógicamente, el nivel de existencias al acabar el ejercicio econ ómico.
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
262
117 Lau s Deo Adege Año de 1770
Estracto del Lib[ro ] num. 4 de 1770 de la Adm on grâl del Cap[itá] n Fran[cis ] co de
Castillo Santelices de los Estados que posee en estas Yslas el Exmô. S r Marqués de
Belgida como Conde de La Gomera, a saber:
Aguardiente
Entrada como su cuenta d esde el fol. 1 hasta el 7………………………
Dado a cuentas y gastado en oblig az[ione] s de casa…. 144,,3
Vendido y su valor dado entrada al Dine ro…………….. 449,,
Quedan existentes para 1771 sugetos a mermas……………………….
Acero
Entrada como su cuenta fo l. 8……………………………………………..
Dado a cuentas…………………………………………………. 090,,2
Vendido y su valor dado entrada al Dine ro……………… 032,,2
Quedan existentes para 1771………………………………………………
(…)
Quartilllos
4.154,,
593,,3
3.560,,1
Libras
223,,
123,,
100,,
(…)
Ilustración 3.5: Transcripción parcial de la ilustración 3.4
Pues bien, el catálogo y el libro corriente que hemos descrito en las páginas
precedentes constituían piezas claves en el sistema contable adejero, de ahí que el
Directorio d e l a C a s a y l a Instrucción de Antonio José de Herrera Ayala exigieran su
elaboración y rendición periódica. Ahora bie n, según hemos com probado a través de la
investigación llevada a cabo, es tos no eran los dos únicos instrumentos en los que se
asentaba su contabilidad. Al contrario, junto a este Diario y libro Mayor han llegado a
nuestros días diversas memorias , cuadernillos y libros que actu aban com o soporte
documental de los anteriores, es decir, da b an entrada a la información en el sistema
contable de manera analítica y detallada, pa ra su posterior proces amiento y trasvase a
otros instrumentos contables. Constituían, por tanto, documentación de carácter auxiliar,
cuyo detalle iremos exponiendo a lo largo del presente capítulo.
Luego, de acuerdo con lo que acabamos de indicar, podríamos concluir que, a
grandes rasgos, el sistema contable adejero estaba instrumentado en m emorias y otros
documentos auxiliares, donde se recopilaba la información para su pos terior registro en
catálogos y libros corrientes . Los catálogos reco gían y explicaban las operaciones po r
Capítul o 3. Orga nización c ontable del M arquesado de Adeje, el C ondado de L a Gomera y el Señorío…
263
orden cronológico, señalando las cuentas e importes que intervenían en las m ismas,
mientras que los libros corrientes contenían esta informaci ón dispuesta en forma de
cuentas –particulares y de efectos –. Esta concatenación de instrumentos contables la
hemos representado en el esquem a 3.2.
Esquema 3.2: Organización contable del estado de Adeje
Como puede inferirse de la descripci ón anterior, este esq uema contable del
estado adejero difería del habitualmente encont rado en las contabi lidades llevadas po r
Cargo y Data. Como es sabido, la teneduría de libros Diarios y Mayores –con su Debe y
Haber dispuestos en secciones con trapuestas– no constituía una práctica asociada a
aquella técnica registral, sino a la partida doble. Pu es bien, para el caso que nos ocupa,
la existencia de catálo gos y libros corrientes no nos debe llevar a pensar que la
Contaduría de Adeje empleaba la partida doble co m o método de registro contable. Al
contrario, hemos observado que la contabil idad adejera adolecía de algunos de los
requisitos mencionados por Hernández Este ve (2013: 108-109) para su calificación
como tal. Entre ello s cabe resaltar: la util ización de unidades de medida distintas para
las cuentas corrientes y las de efectos , así como la falta de cuentas de neto y
diferenciales, que impedían registrar cierta s operaciones bajo el principio de dualidad.
Esto último puede apreciarse en las anot acio nes recogidas en la ilustración 3.6,
correspondientes al catálogo de 31 de enero de 1766. Su transcripción parcial aparece
en la ilustración 3.7, para facilitar su lectura.
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
264
Ilustración 3.6: Fragmento del catálogo correspondiente a 31 d e enero de 1766
Fuente: AMC/ACFA 021027
Azúcar m[olid ] º
Dinero
Orchilla
Trigo
Trigo
Vino
9
171
41
109
106
119
Enero 31 de 1766
Por tres q tos se vendieron
Por un real y dos q tos valor de dho en el Caudal
Por sesenta y ocho ll s se compraron
P r una fanª y diez almud[ e] s de los quemados p r
dha [compra]
Por tres fanegas de S n Juan a la Ama
Por veite quartillos al combento f. 166
(…)
Ilustración 3.7: Transcripción parcial de la ilustración 3.6
Del referido catálogo, obsérvese primeramen te la inscripción m anuscrita en la
quinta posición, cuyo te nor era com o sigue: Trigo 106. Por tres fanegas de S[a] n Juan a
la Ama. Esta anotación aparecía precedida por el nom bre de la cuenta ( Trigo ) y el
número de folio ( 106 ) del libro corriente donde se hallaba plasm ada la misma. A
Capítul o 3. Orga nización c ontable del M arquesado de Adeje, el C ondado de L a Gomera y el Señorío…
265
continuación, incluía una expl icación de la operación real izada, consistiendo en este
caso en un autoconsumo de cereal, tom ado del granero de San Juan para la producción
de pan como alimento de dependientes y moradores de la hacienda. Com o puede
apreciarse claramente, este as iento carecía de co ntrapartida, pues el cuadro de cuentas
empleado por la Contaduría no contem plaba la captación de gastos ni resultados.
En contraposición al anterior asiento, nót ese a continuación la contabilización de
una venta de vino a crédito, esto es, una tr ansacción económica cuya propia naturaleza
llevaba implícita una dualidad en el registro: uno, por el efecto que salía y otro, por el
derecho de cobro sobre la persona que lo recibía. Dada esta doble anotación, la
inscripción realizada en el ca tálogo dictaba así: Vino 119. Por veinte quartillos al
combento f. 166. Como puede observarse, este asiento identificab a las dos cuentas
implicadas en la operación ( Vino y Combento de Adeje ), así com o la numeración de las
dos páginas del libro corriente en donde se localizaban ( 119 y 116 ).
Ahora bien, pese a la repres entación coordinada de am bas cuentas –fruto de la
dualidad intrínseca de la transacción–, obsérve se que el anterior as iento no mencionaba
el signo que debía asumir cada una de ellas, es decir, no indicaba cuál debía ocupar la
posición deudora y cuál la acreedora. A cons ecuencia de ello, el asiento carecía de
términos como “Por” y “A” –propuestos por Pacioli– o expresiones como “Debe por” –
de Salvador de Solórzano–; términos estos que ayudaban a separar la cuenta objeto de
cargo, de una parte, y la cuenta objeto de abono, de otras. Luego, aunque las dos cuentas
asentadas en el ejemplo que nos ocupa aparecían relacion adas bajo la explicación del
mismo hecho económico, desde una perspectiva contable la coordina ción captada entre
ellas resultab a incompleta, toda ve z que en sus asientos no s e identificaban las cuentas
deudora y acreedora. Por lo tanto, siguie ndo a Jócano y Madaria (1793: 25), un libro
Diario com o el catálogo adejero tendría la c onsideración de libro “ r elator ” y no de libro
“ maestro ”, pues, a efectos de trasvasa r las p artidas al Mayor, el catálog o constituía una
“guía” limitada para el contador, toda vez que no hacía referencia a qué cuenta debía
cargarse y cuál abonarse.
Pues bien, cuanto hemos explicado hasta el momento nos perm ite evidenciar que
para contabilizar el día a día de las operac iones adejeras no se acudía al método registral
de la partida doble. En su lugar, se ut ilizaba un sistem a contab le desarrollado por
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
272
Ilustración 3.10: Segundo folio d e la cuenta por Cargo y Data de Adeje (1781-1787)
Fuente: AMC/ACFA 025010
Según hemos detectado en los document os contables analizados, todos los
administradores que sucedieron a Franci sco de Castillo Santelices en el estado de Adeje
continuaron empleando el método de Cargo y Data para la rendición de sus cuentas ante
los condes-marqueses 27 , si bien conservaron el sistem a de partida simple –con sus
Diarios o catálogos y su libros Mayores o corrientes – para el registro de las operaciones
27 Aunque inc om pleta, en la unida d docum ental AMC/ ACFA 02501 2 puede cons ultars e, por ejem plo, la
cuenta por Cargo y D ata de la admi nistración de Ade je para el periodo 178 7-1792, a cargo de Matí as
Fernández y Francisco Espejo.
Capítul o 3. Orga nización c ontable del M arquesado de Adeje, el C ondado de L a Gomera y el Señorío…
273
diarias de la hacienda. Sobre esta nueva forma de proceder, donde se utilizaban
conjuntamente dos técnicas contables para la misma unidad económica, quisiéramos
resaltar que no resulta una característica excl usiva del señorío adej ero. Bien es verdad
que en la esfera de la c ontabilidad señorial no hemos ha llado otros casos similares al
nuestro, pues –como pusim os de manifiesto en el apartado anterior– las cuentas de los
nobles se elaboraban siguiendo un único mét odo: el de Cargo y Data. Sin em bargo, es
en el ámbito eclesiástico donde encontram o s, por lo menos, un ejem plo asimilable al
nuestro. Nos referimos a la Catedral de Toledo, donde la partida doble era utilizada
como “m étodo contable a diario” y el regis t ro por Cargo y Descargo para la rendición
de cuentas (Villaluenga de Gracia, 2013: 126 y 128). Según explica esta autora ( ibíde m ,
p. 127), “a pesar de la coincidencia de ambos m étodos, no eran iguales en sus formas y
se conservaron conjuntamente porque atendían a objetivos distintos”. Pues bien, un
razonamiento sim ilar lo entendemos para el sistem a contable adejero, aunque en lugar
de la partida doble se aplicaba –como hem os señalado– la partida simple.
Como ha quedado puest o de manifiesto de cuanto anteced e, la instrumentación
básica de la partida sim ple que hemos identifi cado en nuestro trabajo, es decir, el uso de
catálogos y lib ros tipo Mayor para ref lejar las cuentas corrientes y las cuentas de
efectos , supone una diferenciación en la contab ilidad del marquesado de Adeje. Ahora
bien, si la Contaduría –o el I marqués de Adeje– dise ñó para su hacienda tinerfeña un
sistema contable m ás detalla do que el observado para los estados occidentales era
porque su realidad económica resultaba m á s amplia y compleja, según explicación
ofrecida en la anterior Demostración matemática . En este sentido, recuérdese del
capítulo precedente, que en los estados gom ero y herreño la diversidad de actividades
económicas era considerablem ente inferior a la adejera y que predominaban tanto las de
naturaleza extractiva –recolección de orchi lla– como las recaudato rias –cobranza de
arrendamientos, derechos de aduana y tributos –, reduciéndose con e llo el volum en de
tareas a realizar y el número de serv idores involucrados en las mism as.
La Gomera y El Hierro c onstituían, en definitiva, unidades señoriales donde las
operaciones a realizar eran menos variadas que en Adeje y seguían, además, un patrón
más repetitivo y constante de un ejercicio econ ómico a otro. Luego, para realidades
económicas com o estas –donde “[the] activitie s were repetitive (…) and the number of
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
274
transactions was small” (Edwards, 1989: 34 y 36)– el m étodo de Cargo y Data resultaba
fácilmente aplicable. F rente a estos dos estados occidentales, encontram os, sin
embargo, el de Adeje, cuya dim ensión y di versificación parecían requerir un mayor
detalle en la información contable. Con este último se cumple, a nuestro entender, las
palabras señaladas por Boyns et al. (2000: 8) cuando afirm an que : “the larger the entity
and the greater number of transactions to be processed, the more sophisticated will be
the system of record keeping and rep orting it requires”.
Pues bien, una vez conocidas las técn icas registrales aplicadas en los estados
insulares, y expuestas las líneas generales de la instrumentación contable em pleada,
procede centrarnos a continuación en los procedimientos y las prácticas contab les
seguidas para llevar cuenta y razón de sus principales transacciones económicas. Como
cada estado señorial producía su propia info rm ación contable, hemos creído
conveniente respetar esta indi vidualidad en nuestro trabajo. Así, los siguientes apartados
están referidos a la con tabilidad de Adeje, m i entras que el ú ltimo se ha reservado p ara
presentar la rendición de cuentas de lo s administradores gomero y herreño.
Finalmente, antes de dar paso al siguie nte epígrafe, quisiéramos advertir que, a
efectos de simplificar nuestra exp licación, hemos decidido om itir en los siguientes
apartados las referencias al uso del catálogo , toda vez que, com o ha quedado puesto de
manifiesto, este cuade rnillo tipo Diario se empleaba en e l registro contable de las
operaciones, com o paso previo a su captación en el libro corriente o libro tipo Mayor.
Luego, en los esquemas contables que vamos a ofrecer en las páginas sucesivas,
entiéndase que a una anotación del libro corriente le precedía un registro en el
correspondiente catálog o .
3.3.- CUENTAS DEL INGENIO AZUCARERO DE ADEJE
A pesar de que los historiadores ha n analizado profundamente el mundo del
azúcar, abordándolo desde diversos ángulos (cultivo, producción, comercialización,
esclavitud, etc.), la s im plicaciones contables inhere ntes a su gestión económica han
Capítul o 3. Orga nización c ontable del M arquesado de Adeje, el C ondado de L a Gomera y el Señorío…
275
pasado desapercibidas, incluso entre los i nvestigadores de la Historia de la
Contabilidad.
En el ámbito intern acional, los estu dios más recientes referidos a la con tabilidad
de explotaciones azucareras han sido real izados por Fleischman y Tyson (2000), así
como por Fleischm an, Olroyd y Tyson (2004 y 2011). Estos trabajos se centran en las
plantaciones localizadas en el Nuevo Mundo y están referi dos a diversos intervalos
temporales dentro del siglo XIX. Tanto las explotacio nes americanas com o las
antillanas se diferencian del caso adejero en su sis tema de trabajo, pues en las del
Nuevo Mundo la mano de obra utilizada en los cañaverales e ingenios era,
fundamentalmente, esclava. Quizás, sea por este sistema es clavista que los
investigadores citados sólo se han ocupado de los documentos contables inherentes a la
mano de obra servil, dejando de lado el estudi o de otros aspectos c ontables relativos al
proceso de elaboración del azúcar.
En lo que respecta al ámbito canario, c oncretamente, ya hem os señalado que la
producción historiográfica es abundante, pero rara v ez suele contener referencias
contables sobre la actividad azucarera. De todos los ingeni os que llegaron a construirse
en Canarias durante el primer ciclo azucar ero, pocos son los documentos contables que
han visto la luz en la actualidad 28 . A juicio de Gambín García (2008: 70), el m otivo de
esta escasez docum ental puede encontrarse en el hecho de que “las contabilidades de los
ingenios tenían carácter privado y, como la m ayoría de la documentación empresarial de
aquel tiempo, tenía utilidad práctica inm edi ata, que desaparecía al poco tiempo”. Luego,
para el referido autor, la fa lta de utilidad que iba impregnando las cuentas a medida que
transcurría el tiempo era el p rincipal mo tivo que desincentivaba su conservación por
parte de los señores de ingenio. Pues bien, sea la falta de utilidad por el paso del tiempo
o simplemente los caprichos del destino, lo ci erto es que m uchas contabilidades de los
antiguos ingenios azucareros canarios se han perdido, otras quizás permanecen
dormidas entre los legajos de algún archivo y sólo algunas pocas han visto la luz por el
momento.
De las escasas cuentas que conocemos hoy día, gran parte han sido halladas por
los historiadores como parte de expedientes notariales, por lo que consideramos un
privilegio tener acceso directo a una contabilidad com o la de Adeje. Para el desarrollo
28 En Gambín García (2008c: 25 4) puede enc ontrarse una enumeración.
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
276
de nuestra investigación, hemos podido anal izar las dos siguientes: las cuentas del
ingenio de Agaete, de una parte, y las cuentas hechas en tre el Adelantado 29 de Canaria y
Hernando de Castro , de otra.
Las primeras cuentas reseñadas correspondí an al ingenio azu carero de Agaete,
localizado al noroeste de Gran Canaria. Dich as cuentas fuero n de scubiertas por Gambín
García (2008c: 10- 27) dentro de una carta de fe expedida en febr ero de 1505. Se trata
de un documento público, insertado en un expedi ente que sustentaba un proceso judicial
contra la figura de su propietario Franci sco Palom ar. Según explica el citado autor
(2008c: 254-255), dichas cuentas comprendían dos tipos de regi stros: de una parte, la
relación de los pagos realizados entre juni o de 1503 y febrero del año siguiente y, de
otra, una especie de estadillo de produ cción, que informaba sobre el núm ero de formas
de azúcar que diariamente fueron elaborad as entre noviembre de 1503 y febrero de
1504.
El segundo de los ejemplos consultados ( AHPT, leg. 1222) incluye, por su parte,
cuentas pertenecientes a la hacienda e inge nio azucarero que Alons o Fernández de Lugo
poseía en Los Realejos, al norte de la isla de Tenerife, correspondientes al periodo mayo
de 1570 a septiembre de 1571. Concretam ente, se trata de la rendición de cuentas que su
administrador Hernando de Castro realizab a ante escribano público. Sob re su contenido
podemos com entar que, si bien su encabezado indicaba Gastos hechos en la hacienda
del Realejo del Adelantado de Canarias por mí Hernando de Castro , de la lectura de su
contenido realm ente se infiere que se tr ataba de una relación manuscrita de los
desembolsos realizados por aquel adm inist rador, expresados en maravedíes. Dichos
pagos aparecen asentados cronológicamente y no se observa ni nguna agrupación en
atención a su naturaleza o a la fase del pro ceso productivo en la que se originaban. Entre
ellos cabe citar, a títu lo ilustrativo, los abo nos de jornales y los importes del
equipamiento adquirido para la expl otación azucarera. En la ilustración 3.11
transcribimos un fragmento de dicho listado.
29 “Antiguamente, jefe militar y político de una pr ovincia fronteriza” (www.r ae.es. Co nsultado el
10/09/ 2015)
Capítul o 3. Orga nización c ontable del M arquesado de Adeje, el C ondado de L a Gomera y el Señorío…
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+
(…)
Este día deven d[ic ] hos gastos /144/ mrs por /31 R s
se dieron a los tacheros por /31 días que 277icieron
la remiel del yngenio___________ _____________
Este día deven d[ic ] hos ga stos /48/ mrs por tantos
costó una manga de (ilegoble) para el t anque de la
casa de calderas_______________ ___________ __
Gastos deven en 25 de junio /192/ mrs por tantos se
pagaron a a Pedro Gil clérigo por u na misa dixo el
día que hecho a moler el yngenio _____ __________
Este día deven d[ic ] hos gastos /240/ mrs por un
capote se compró para el moledor fuera de su
salario ____________ ___________ ______
(…)
@144
@ 048
@ 192
@ 240
Ilustración 3.11: Transcripción parcial de las Cuentas hechas entre el Adelantado de Canaria
y Hernando de Castro, su administrador (mayo de 1570 a sep tiembre de 1571)
Fuente: AHPT, leg. 1222
Pues bien, las cuentas que acabamos de comentar, correspondien tes a los
ingenios de Agaete y Los Realejos, const ituyen ejemplos de registros contables
inherentes a la actividad azucarera en época preindustrial, concretamente datan del siglo
XVI. Estos documentos, que form an parte de la m anifestación contable más temprana
de las explotaciones azucareras canarias, consis tían básicam ente en relaciones o listados
cronológicos, que informaban sobre los pa gos efectuados durante cierto periodo de
tiempo, así com o sobre los volúmenes de producción obtenidos.
De la época en que se redactaron estos docum entos de Agaete y Los Realejos, no
hemos hallado libros de cuentas para el comp lejo azucarero de Adeje. Bien es verdad
que –como señalam os en el capítulo anteri or– la const rucción del ingenio adejero se
inició en 1553 y que su primera zafra tuvo l ugar dos años más tarde. Sin embargo, pese
a estar en funcionamiento, la antigüeda d de los documentos económ icos que se
conservan en el Archivo de la Casa Fuerte no se remontan al siglo XVI. De hecho, ya
indicamos en el capítulo anterior qu e la ev idencia contable m ás antigua –hallada por el
momento– data del año 1611 (véase ilustraci ón 3.12), cuando el mayorazgo de Adeje
aún no había adquirido la condición de señorío ni de marquesado.
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
278
Ilustración 3.12: Primer folio del cu aderno de salidas de azú car (1611)
Fuente: AMC/ACFA 041001
La unidad documental a que nos referim os consiste en un cuadernillo donde se
registraban cronológicamente volúm enes de az úcar y miel, desde el 28 de septiembre
del año mencionado hasta el año de 1612, incl usive. Según nuestras investigaciones, la
fecha de comienzo coincide con el m o mento en que Pedro de Ponte –segundo del
nombre– marchó hacia Garachico, dejando al frente del inge nio a su hijo primogénito
Bartolomé de Ponte y Calderón. E l document o, escrito de la m ano de este último y
redactado en primera persona, contiene tres listas independientes. En ellas no aparecen
anotados los volúmenes de producción alcan zados durante el citado periodo, sino las
salidas o consum os realizados respecto al azúca r, la miel y, por último, las panelas y
remieles. En la ilustración 3.13 mostram os la tr anscripción parcial de un fragm ento del
citado cuadernillo.
Capítul o 3. Orga nización c ontable del M arquesado de Adeje, el C ondado de L a Gomera y el Señorío…
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Panes
@006
@002
@001
@049
+
___ 16 11 a[ño] s ___
E sacado de spués que mi p[adr ]e se fue a
Gar[achic] º el asúca r siguiente____
En 28 de se ptiembre s aqué seys p[ ane]s de
asúcar que brado p[ar ]ª cassa, que pes aron
sinq[uen]ta y seis l[ibra] s y ½ ………………...
Yten saqué p[ ar]ª el maestre Baptista por su
q[uen ] ta do s panes de azúc ar blanco que
pesaro[n] veinte l[ibra ] s y ½ ……………… ….
Yten un pan de quebrado que di p[ar]ª cassa a
mi hermana doña An a de Ponte en 16 de
octubre que pessó nueve l[ibra]s ½ …………. ..
(…)
Todo este d[ ic]ho asúc ar que hasta aquí e
sacado a sido por orde n y m[an da]do de mi
Señor P[edr ]º de Ponte y de Bergara mi
p[adr ] e y lo que sac o de aquí adelante l o saqué
yo después que Dios fue servido de llevarle a su
santa gloria, ques lo siguiente____
___ 16 12 a[ño] s ___
Primeramente saqué cuarenta y nueve p[ane ]s
de asúcar Blanco que pesar on Veint e y quatr o
arovas y l o saqué e n 14 de he n[er ] º de 1 612
a[ño ] s , que son libras ………………………….
(…)
L[ibra] s
@ 056 ½
@ 020 ½
@ 009 ½
@ 600
Ilustración 3.13: Transcripción parcial de l cuadern o de salidas de azúcar (1611)
Fuente: AMC/ACFA 041001
Con relación a la contabilidad del ingenio azucarero para el bienio 1611 –1612, al
que pertenece el documento expuesto, poc o m ás podemos indicar, pues el cuadernillo
que nos ocupa constituye un registro aislado que ha llegado a nuestros días.
Desconocemos, por tanto, si el citado documen to form aba parte o no de un sistema de
información m ás amplio, pero, a juzgar por las anotaciones conten idas en el mismo,
podemos afirmar, al m enos, que los propietar ios del ingenio guardaban cuenta y razón –
en unidades físicas– de los volúmen es de azúcar y sus derivados.
Por la escasez documental existente en el fondo objeto de estudio para las
primeras décadas de nuestra investigación, saltam os a la segunda mitad del XVIII,
donde hallamos el mayor grueso de la documentación contab le, coincidiendo grosso
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
280
modo con las administraciones ejercidas por Fran cisco de Castillo Santelice s, así como
por Matías Fernández y Francisco Espejo. Este es, pues, el motivo por el que
centraremos nuestra exposición en los procedim ientos empleados por la Contaduría de
Adeje durante la segunda mitad del Setecien tos. Como demostraremos en las páginas
siguientes, durante esta última época encontr amos una contabilidad más detalla da y
minuciosa que la conocida actualm ente para las explotaciones de Agaete y Los
Realejos. Así, frente a lo s antiguos listados cronológico s de pagos y volúmenes de
producción, descubriremos en el ingeni o adejero un completo engranaje d e quentas ,
memorias , quadernos y libros, a través de los cuales se con tabilizaban las diversas fases
del proceso productivo.
Ahora bien, antes de profundizar en las cuentas del ingenio, nos gustaría aclarar
dos aspectos sobre nuestra exposición. En prim er lugar, quisiéramos señalar que en el
fondo histórico consultado las series documen tales no aparecen catalogadas de forma
interrelacionada, es decir, no m uestran la secuencia contab le que seguía la Contaduría
para la contabilización de las actividades económicas 30 . Por tal m otivo, la exhaustiva
comparación de datos que hem os realizado en tre unos docum entos y otros es lo que nos
ha permitid o averiguar qué orden seguían e stos documentos en e l sucesivo trasvas e de
información que el contador llevaba a cabo. En segundo lugar, quisiéramos explicar que
nuestra intención inicial consis tía en to m ar co mo referencia un único ejercicio
económico, cuyos registros contables sirviera n de ejemplo para ilustrar todo este
proceso. Sin embargo, esta pretensión no ha sido posible porque la docum entación
económica que se conserva en el Archivo de la Casa Fuerte pres enta algunas lagunas.
Luego, para explicar cómo se traspasaban los datos contables de unas determinadas
memorias a ciertos quadernos y cómo desde estos se pasaba la inform ación a los
correspondientes catálogos y cuentas del libro corriente de la Contaduría, hemos tenido
que utilizar ejemplos perten ecientes a ejercicios económ ic os no concatenados. Debido a
esta manera de proceder, la com prensión de l proceso contable podía verse dificultada.
Por tal motivo, entend imos oportuno diseña r el esquema 3.3, donde ofrecem os una
visión conjunta de todos los documentos implicados. Dicho esquem a, lo hemos
plasmado sobre nuestro dibujo del proces o productivo del azúcar –expuesto en el
30 En el apartado “fuentes doc ument ales”, que ofrecem os al final del pr esente trabajo, puede apreciarse
cómo está catalogada la documentación.
Capítul o 3. Orga nización c ontable del M arquesado de Adeje, el C ondado de L a Gomera y el Señorío…
281
capítulo anterior–, a efectos de representa r la relación existen te entre el proceso
productivo técnico, de una part e, y el proceso contable inherente a la actividad
azucarera, de otra.
Esquema 3.3: Documentos contables re lacionados con la producción de azúcar
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
288
segunda (55 reales y 29 maravedíes) al líquido de l a desburga –como hemos explicado–
y en la última (29 reales y 14 maravedíes) n o se especificaba el trabajo concreto
realizado, tan sólo se indicaba ganó en 34 días que sirbió en el trabajo de Casa . Todas
estas asignaciones fueron compensadas m ediante los conceptos cargados en el Deve de
su cuenta. Sobre el funcionam iento de las cuentas mantenidas con los trabajadores de la
hacienda, profundizaremos más adelante, en un apartado dedicado exclusivam ente a
ello.
Pues bien, el proceso contable descrito hasta el mom ento –sintetizado en el
esquema 3.4– constituía el modus operandi general para la captación, m edición,
valoración y posterior represen tación de la actividad de desburga. No obstante, hemos
de advertir que para algunos de los casos analizados no hemos observado este proceso
general, ya que el líquido de la desburga –calculado como hem os explicado– no se
trasladaba a la cuenta corriente del trabajado r. Por el contrario, al desburgador se le
hacía entrega de cierta cantidad de miel al concluir el trabajo, cuyo valor se registraba
en la propia cuenta del quaderno de desburga , quedando esta saldad a y cerrada (véase,
por ejemplo, AMC/ACFA 032005). Respecto a esta distinta m anera de proceder,
carecemos de explicació n, pero –a tenor de nuestro análisis – su aplicación resultaba ser
menos frecuente.
A través del procedimiento y los instrum entos contab les representado s en el
citado esquema, la Contaduría de Adeje podía conocer la labor desarrollada por cada
desburgador de forma individualizada, gr acias a la m edición de las tareas de caña que
habían cortado. A partir de es te dato, y teniendo en cuenta los adelantos en form a de
trigo, el contador gestionaba el pago de las asignacione s económicas pendientes.
Capítul o 3. Orga nización c ontable del M arquesado de Adeje, el C ondado de L a Gomera y el Señorío…
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Esquema 3.4: Flujo de in formación y documentos cont ables implicados en la desburga de la caña
Esta mism a organización contable q ue acabamos de exp licar para la desburga de
la caña resultaba aplicabl e en la actividad de hala , si b ien a través de memorias y
quadernos específicos al efecto. Recordemos que la activid ad de hala permitía
aprovisionar de madera al ingeni o. La tea se apartaba para la fabricación de utensilios y
piezas, mientras que la leña se destinaba a combustible para el funcionam iento de las
calderas. Su traslado desde el monte hasta las dependencias de la hacienda se realizaba a
través de una parada intermedia, que en la documentación primaria figura com o lance .
La asignación económica establecida para los haladores era variable y se determ inaba
en función del número cargas haladas desde el m onte hasta el lance , así com o del
número de viajes realizados desde esta últim a posici ón hasta el patio del ingenio. Cada
carga de leña se abonaba a dos real es de vellón, mientras que cada viaje suponía una
retribución de real y medio, t odo ello en moneda antigua de las Islas. La tea recogida
contaba, sin embargo, con una valoración dife rente atendiendo a sus características. La
contraprestación to tal de cada trabajador era sa tisfecha por la Contaduría al final del
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
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periodo de la hala , si bien a cuenta de esta se entregaba sem analmente cierta cantidad de
cereal.
Dado que esta fórmula retributiva result aba sim ilar a la comentada para los
desburgadores , la Contaduría de Adeje articuló un pr oceso contable análogo al
anteriormente descrito. E ste procedimiento s uponía computar, de una parte, las raciones
de grano entregadas semanalmente y de otra, las cargas y los viajes de m adera
efectuados por cada halador , diferenciándose la tea de la le ña por su distinta valoración.
Tras la introducción de estos datos en el sistema a través de las correspondientes
memorias , procedía su traslado al denominado quaderno de hala para su conversión
monetaria. De la confrontación entre la as ignación total devengada por la madera y el
valor de los cereales entregados, s e determinaba la deuda de la Casa respecto cada
halador . Finalmente, este im porte se transfer ía a su cuenta corriente , tal y como puede
observarse en el esquema 3.5.
Esquema 3.5: Flujo de in formación y documentos cont ables implicados en la ha la de la caña
Capítul o 3. Orga nización c ontable del M arquesado de Adeje, el C ondado de L a Gomera y el Señorío…
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El proceso contable que hemos descrito hasta este m omento se corresponde con
las primeras dos activ idades que propiciaban el abastecim iento de caña y madera para el
funcionamiento del ingenio. Sobre su capta ción contable, hemos pue sto de m anifiesto
que la Contaduría elaboraba divers as memorias y quadernos con un objetivo específico:
contabilizar las asignaciones econó micas y el pago correspondiente a haladores y
desburgadores en función de la cantidad de trabajo que realizaban. Toda la caña cortada
debía procesarse tan pronto se recogía en los cañaverales, por lo que no resultaba
precisa su inventarización. La madera, por su parte, sí era susceptible de
almacenam iento, pero para este inpu t tampoco hem os hallado cuentas de efectos en los
libros corrientes de la Contaduría.
Pues bien, tras el aprovisionam iento de caña y madera, procedía la extracción del
jugo de la materia prim a en la casa del yngenio , cuyo traslado a la casa de calderas
permitía realizar las op eraciones de cocci ón, purificación y refinado. Con ellas se
lograba separar las escumas del caldo limpio, así como ob tener los correspondientes
melados para el relleno de los m oldes de barro. El trasvase del zum o de la caña entre
ambas dependencias y su posterior introducción en las formas de barro se contabilizaba
en la denominada quenta y razón de la molienda , quenta y razón de las calderas o
si mpl e men t e Zafra de molienda . En la ilustración 3.18 m ostramos un ejemplo de ella,
perteneciente a la m olienda de 1721.
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
292
Ilustración 3.18: Quenta Z a fra de molienda (1721)
Fuente: AMC/ACFA 001023
Sobre el contenido registrado en este tipo de quentas , hallam os la siguiente
explicación en la propia documen tación primaria (AMC/ACFA 001066):
Esto es lo mismo que una recolección de los panes o formas que se llenan de
azúcar en la casa de calderas (o casa donde se coce el caldo de la caña para el
azúcar) y se pasan diarios a la casa en donde se purga y las calderas que los
dieron .
Capítul o 3. Orga nización c ontable del M arquesado de Adeje, el C ondado de L a Gomera y el Señorío…
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Como se desprende de esta transc ripción –perteneciente a 1767–, dicha quenta
constituía un estadillo contable do nde se registraba el v olumen de producción en
proceso de elaboración. De una parte, rec ogía la cantidad de j ugo que provenía de la
molturación de la caña, expresada m ediante el núm ero de calderas que se lograban
llenar. De otra, asen taba el núm ero de formas que se rellenab an con el melado resultante
de su cocción, antes de salir hacia la casa de purgar . Estos datos, representativos del
output obtenido en la casa del yngenio , de una parte, y en la casa de calderas , de otra,
se especificaban para cada dí a de trabajo, detalle que puede apreciarse para el mes de
mayo en la ilustración 3.18. En su m argen izquierdo, obsérvese cómo el contador
anotaba las fechas en que realizaba el regist ro contable, coincidente generalmente con el
día siguiente al del trabaj o. A continuación, insertaba un texto donde describía el
contenido de las tres columnas siguientes. Es tas representaban: el núm ero de calderas de
jugo salidas del yngenio (colum na Caldo ) y la cantidad de formas rellenadas con
melado (colum nas Blanco y Espumas ). A título ilustrativo, tran scribimos el registro
perteneciente al 2 de mayo:
Por 48 panes de azúcar se hizieron del día 30 de abril
de 4 caleras de caldo, los 37 de B[lan] co en formas de
a 2 ½ de Avero 35 y los 11 de espumas y faramallas,
que salieron de la casa de calderas y entraron en la
de purgar
Caldo
004,,
Blanco
037,,
Espumas
011,,
Con relación al número de formas o m oldes objeto de co ntabilización, nótese en
la transcripción anterior el rec onocimiento de diversas tipologías: blanco (asentado en la
columna que lleva este nom bre), espumas y faramallas (bajo la colum na Espumas 36 ) .
De estas tres categorías, debem os aclarar que en la documentación prim aria consultada
no hemos hallado explicaciones so bre sus rasgos distintivos. Si tenem os en cuenta sus
propias denominaciones, pudiera pens arse que la prim era variedad ( blanco )
35 Aveiro es la región d e Portugal de dond e solían importarse lo s moldes utilizado s en Canarias para la
elaboración del azúcar (Santa na Pé rez y Lobo Cabrera, 2000 : 1904; Luxán Melénd ez y Viña Brito, 2009 :
34, entre otros).
36 Debemos advertir, no obstante, que en alg unas cuen tas (véase, por eje mplo, AMC/ACFA 001066)
hemos detect ado la separación en col umnas inde pendientes de l as formas rellenadas con espumas , de una
parte, y los moldes de faramalla s , de otra. Ca recemos de una e xplicación a este respecto.
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
294
correspondía a las formas rellenadas con el melado resultante del primer jugo de caña
limpio, m ientras que la segunda ( espumas ) hacía referencia a los moldes com pletados
con la cocción de las escumas procedentes de la limpieza del caldo. De ser así, las
formas contabilizadas bajo la columna Blanco producirían un azúcar de m ayor calidad.
En cuanto a las faramallas , ya advertimos en el capítulo anterior que desconocíamos su
significado .
Además de la estru ctura y conteni do que hem os descrito, otro aspecto a
considerar con relación a la quenta Zafra de molienda reside en su posible utilidad para
la Contaduría de Adeje, toda vez qu e nos encontra m os ante un estadillo contable cuya
elaboración, según el estudio que hemos r ealizado, se m antuvo casi inalterable a lo
largo de los casi 100 años analizados. A este respecto, no hemos hallado explicación
alguna en la documentación prim aria consul tada. No hemos encontrado, por ejem plo,
que con sus datos la Contaduría de Adeje determinase la eficiencia técnic a en la casa de
calderas , ni tampoco hem os observado que sus cifr as se tomaran como base para el
cálculo de retribuciones a los trabajadores . Recordem os, sobre esto último, que las
anteriores memorias y quadernos de hala y desburga sí tenían esta finalidad.
Ahora bien, frente a las anteriores opci ones, el exhaustivo estudio llevado a cabo
sobre el ingenio azucarero, y algunas evidencias documentales halladas, nos hacen
pensar en una utilidad diferente para la quenta Zafra de molienda . Tal y como hemos
representado en el esquema 3.6, creemos que su finalidad residía en propiciar el control
interno de la producción en proceso de el aboración, merced a su com paración con otro
documento contable denom inado Emborco.
Capítul o 3. Orga nización c ontable del M arquesado de Adeje, el C ondado de L a Gomera y el Señorío…
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Esquema 3.6: Relación existente entre las cuen tas Zafra de molienda y Emborco
La denominada quenta del emborco de azúcar , quenta y razón del emborco o
si mpl e men t e Emborco era un estadillo contable similar al que venimos explicando para
la casa de calderas . Se incluía en el libro corriente de la Contaduría , en una página
enfrentada a la anterior quenta Zafra de molienda , y presentaba una estructura sim ilar a
esta última para facilita r su oportuna comparación. Así, hemos com probado que la
información contenid a en la quenta Emborco también aparecía dispuesta en varias
columnas y detallada por días, si bien en es te último caso estaba referida al núm ero de
panes desmoldados en el denominado quarto del emborco . Estos panes de azúcar eran
registrados atendiendo a las categorías de blanco , espumas y faramallas , tal y com o lo
habíamos observado para la quenta Zafra de molienda . En la ilustración 3.19 insertam os
la cuenta Emborco de 1721, correspondiente a la Zafra de molienda que anteriorm ente
mostramos. A efectos ilustrativos, transcribim o s la anotación perteneci ente a 9 de julio:
Por 99 panes de azúcar se emborcaron de blanco, que
salieron de la sala de purgar y entraron en el q[uar] to
del Emborco …………………………………………...
Blanco
@099,,
Espumas
@----
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
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Ilustración 3.19: Quenta del Emborco de azúcar (1721)
Fuente: AMC/ACFA 001023
Según nuestras investigaciones , el recuento final de panes de azúcar
(contabilizado en la quenta del emborco ) debía coincid ir con el número total de formas
sacadas de la casa de calderas (registradas, por tanto, en la quenta Zafra de molienda ) .
Obsérvese esta concurrencia en la parte inferior de las imágenes 3.18 y 3.19. En ambos
estadillos co ntables, el cómputo tota l de panes blancos (999) y panes de espumas (443)
resultaba coincidente. Pues bien, a tenor de lo expuesto, podemos concluir que la
finalidad pretendida con la práctica contab le descrita era cont rolar el proceso de
generación de la producción, dada su importanc ia para la Casa. A nuestro juicio, esta
afirmación cobra pleno sentido si tenem os en cuenta, adem ás, los siguientes dos hechos:
Capítul o 3. Orga nización c ontable del M arquesado de Adeje, el C ondado de L a Gomera y el Señorío…
297
primero, que entre el relleno de las formas (en la casa de calderas ) y su correspondiente
desmolde (en el quarto del emborque ) m ediaba un periodo de unos dos meses 37 y,
segundo, que existía una preocupación explícit a sobre el riesgo de hurto durante el
proceso de fabricación. Sobre esto últim o, r ecordemos del capítulo anterior que la casa
de calderas y el quarto del emborco eran, precisamente, las dos dependencias del
complejo azucarero sob re las que el Directorio de la Casa establecía advertencias
expresas a este respecto. Tomando en consid eración, pues, estas a dvertencias, tendría
sentido admitir que el mecanism o contable arbitrado por la Contaduría a través del
binomio Zafra de molienda-Emborco atendía a motivaciones disciplinarias internas,
más que a necesidades inform ativas de índol e económica, pues lo que se pretendía con
ello era evitar o minimizar sust racciones indebidas de producto.
Este razonamiento que acabam os de pl antear podemos fundam entarlo en las
prácticas contables descritas por otros inve stigadores españo les, referidas tam bién a
contextos productivos preindustriales. Nos referi mos, concretamente, al caso de la Real
Fábrica de Tabaco de Sevilla en la segunda m itad del siglo XVIII, donde se arbitró un
procedimiento para la m edición del flujo de tabaco en dist intas etapas de la línea de
fabricación. Para Carmona Moreno et al. (1997: 443), este mecanismo contable se
convirtió en una herramienta de apoyo para los adm inistradore s de la citada fábrica, ya
que su implantación “contributed to the prom otion of a strict work discipline which
culminated in the reduction of opportunites for theft”. Según explican estos autores, el
interés por medir, registrar y controla r el volum en de producción en curso de
fabricación era consecuencia d irecta de la creciente im portancia que el tabaco había
adquirido para la Corona española, pues este producto representaba una de sus
principales fuentes de ingresos. Esta relevanc ia del tabaco y el consigu iente intento de
controlar su proceso de ela boración mediante la docum ent ación contable nos recuerda,
ciertamente, al caso que venim os exponiendo para el azúcar adejero, si bien los
mecanism os implantados en aquella Real Fábr ica de Tabaco eran más sofisticados y
completos, dada la m ayor complejidad de esa organización 38 .
37 Media calculada com parando las fechas del último día de activid ad en la casa de calderas con las del
primer dí a de desmol de de los panes de azúcar. Datos provenientes de las cuentas Zafra de molie nda y
Emborco (AMC/ACFA 001) .
38 Para profundizar en las prácticas con tables impuestas por la Real Fábrica de Tabaco d e Sevilla,
consúlte se Carm ona Moreno et al. (1997, 2002)
Historia de la con tabilidad señorial en España a través d el Marquesado de Adeje, el Cond ado de…
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extraídas de los graneros se entregaban al mayordomo de negros (F umero Álvarez,
2003: 82) y en el segundo a los medianeros. Para guardar mem oria de la cantidad
entregada a uno y a otros, se utilizaba el denominado quaderno de sementera o libro de
la sementera (AMC/ACFA 022) . Este cuadernillo, resu ltante de la ag regación de un
conjunto de folios cosidos sin encuadernar, se elaboró a lo larg o de todo el espacio
temporal objeto de estudio, siendo la unidad docum ental más antigua que se conserva la
correspondiente al año 1661 (AMC/ACFA 022001).
Aunque a lo largo de este periodo descubrimos algunas m odificaciones en cuanto
a su formato de presentación, realmente, el contenido del quaderno siempre fue el
mismo. Se confeccionaba uno para cada ejer cicio económ ico, registrándose de manera
diferenciada la sembradura realizada con m edi aneros y la correspond iente al cultivo con
yuntas de casa . La ilustración 3.22 muestra las por tadas que encabezaban estas dos
secciones en que quedó dividido el quaderno de sementera de 1770. La imagen de la
izquierda alude a la sementera que hacen los medianeros de trigo , mientras que la d e la
derecha hace referencia a la sementera con yuntas de casa.
Ilustración 3.22: Porta das del quaderno de sementera de 1770
Fuente: AMC/A CFA 022022
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