scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Periodistas infiltrados en las redes sociales. Estudio de caso: Anna Erelle, en las entrañas del terrorismo virtual

López Hidalgo, Antonio; Fernández Barrero, María Ángeles

Abstract

El auge de Internet en las dos últimas décadas ha tenido su impacto en el ejercicio de la profesión periodística. En lo que respecta al periodismo de investigación, las redes sociales han comenzado a proporcionar un nuevo escenario para la infiltración con fines informativos, tanto las inmersiones parciales, que favorecen la toma de contacto del periodista con grupos de riesgo, como las infiltraciones desarrolladas de manera íntegra en la red. El caso más sintomático ha sido el de la periodista francesa Anna Erelle, que recurrió a la infiltración con un perfil falso en las redes sociales para contactar con terroristas radicales islámicos. Su experiencia de inmersión se desarrolla completamente en línea y consigue hacer creer al yihadista Abu Bilel que se iba a casar con él para extraer información sobre IS y la captación de jóvenes para la yihad en las redes. A Erelle le asaltaron las dudas éticas sobre el método utilizado pero la fragrante actividad delictiva del grupo disipó sus planteamientos. El debate ético que siempre ha acompañado a la infiltración como método de investigación periodística se intensifica en las redes, por su facilidad de acceso, más versátil de la red, y su estructura descentralizada.

Full text

Estud. mensaje period. 24(1) 2018: 733-752 733 INVESTIGACIONES Y DOCUMENTOS Estudios sobre el Mensaje Periodístico ISSN-e: 1988-2696 http://dx.doi.org/10.5209/ESMP.59976 Periodistas infiltrados en las redes sociales. Estudio de caso: Anna Erelle, en las entrañas del terrorismo virtual Antonio López Hidalgo1; María Ángeles Fernández Barrero2 Recibido: 12 de febrero de 2017 / Aceptado: 10 de julio de 2017 Resumen. El auge de Internet en las dos últimas décadas ha tenido su impacto en el ejercicio de la profesión periodística. En lo que respecta al periodismo de investigación, las redes sociales han comenzado a proporcionar un nuevo escenario para la infiltración con fines informativos, tanto las inmersiones parciales, que favorecen la toma de contacto del periodista con grupos de riesgo, como las infiltraciones desarrolladas de manera íntegra en la red. El caso más sintomático ha sido el de la periodista francesa Anna Erelle, que recurrió a la infiltración con un perfil falso en las redes sociales para contactar con terroristas radicales islámicos. Su experiencia de inmersión se desarrolla completamente en línea y consigue hacer creer al yihadista Abu Bilel que se iba a casar con él para extraer información sobre IS y la captación de jóvenes para la yihad en las redes. A Erelle le asaltaron las dudas éticas sobre el método utilizado pero la fragrante actividad delictiva del grupo disipó sus planteamientos. El debate ético que siempre ha acompañado a la infiltración como método de investigación periodística se intensifica en las redes, por su facilidad de acceso, más versátil de la red, y su estructura descentralizada. Palabras clave: Anna Erelle; periodismo de investigación; periodismo de inmersión; infiltración; redes sociales; terrorismo. [en] Undercover journalism in social networking. Case study: Anna Erelle, in the bowels of the virtual terrorism Abstract. The rise of the Internet in the last two decades has had a strong impact on journalistic profession. In relation to investigative journalism, social networks have begun to provide a new scenario for journalistic infiltrations and partial immersions, in which journalist use social networks to get in touch with groups of interest, as well as complete immersions on line. The most symptomatic case has been French journalist Anna Erelle’s infiltration using a false profile on social networks to connect with radical Islamic terrorists. His undercover experience is fully developed online and she manages to convince the jihadist Abu Bilel she would marry him to extract information about IS and how yihadism recruit members through social media. Erelle hesitated about the ethics of how the truth is revealed with this technique but flagrant criminal activities convinced her about its suitability. The ethical debate associated to undercover journalism as an investigation method is more intense in social networks because of their easy access, versatility and decentralized structure. _____________ 1 Universidad de Sevilla E-mail: [email protected] 2 Universidad de Sevilla E-mail: [email protected] 734 López Hidalgo, A.; Fernández Barrero, M.Á. Estud. Mensaje Period. 24(1) 2018: 733-752 Keywords: Anna Erelle; investigative journalism; immersion journalism; undercover journalism; to infiltrate; social networking; terrorism. Sumario. 1. La infiltración y el periodismo de investigación. 2. Periodistas enredados. 3. Infiltrados en las redes sociales. 4. El terrorismo en las redes sociales. 5. Estudio de caso: Anna Erelle, en la piel de una yihadista. 6. Conclusiones. 7. Referencias bibliográficas. Cómo citar: López Hidalgo, Antonio y Fernández Barrero, María Ángeles (2018): "Periodistas infiltrados en las redes sociales. Estudio de caso: Anna Erelle, en las entrañas del terrorismo virtual", en Estudios sobre el Mensaje Periodístico 24 (1), 733-752. 1. La infiltración y el periodismo de investigación Las fuentes, para el periodista, son el alimento de la noticia, pero no siempre suministran los nutrientes necesarios. Otras veces, el periodista sólo alcanza a alimentos caducados y podridos, alacenas demasiado altas o incluso vacías. Antes de morir por inanición, el periodista de investigación hace uso de métodos extraordinarios de acceso a la información que le permiten llegar a una realidad a la que no podría acceder con las herramientas convencionales periodísticas. En este sentido, Javier Chicote Lerena define el periodismo de investigación como “aquél que no se conforma con las fuentes ordinarias, institucionales, e indaga en otros canales de información para acabar descubriendo por sus propios medios la verdad. Una verdad que, además de resultar novedosa, trascendente e interesante para el público, ha permanecido oculta. O lo que es más normal, ocultada” (Chicote Lerena, 2006: 72). Una de estas estrategias extraordinarias es la infiltración, que plantea para el periodista el reto de adentrase subrepticiamente, durante un periodo de tiempo determinado, en redes, comunidades y grupos, interactuando con los individuos que los conforman, más allá de la mera observación, para conseguir, con esta experiencia de inmersión, una información privilegiada. En función de si el periodista asume este riesgo personalmente o de si opta por mandar a un tercero, Pepe Rodríguez diferencia en su libro Periodismo de investigación: técnicas y estrategias dos modalidades de infiltración: la infiltración propia y la infiltración dirigida. En ambos casos, el periodista trata de ocultar su identidad, en mayor o menor grado, para desenmascarar la realidad, de ahí que se haya generalizado la etiqueta de “periodismo encubierto”. Pese a que estamos ante un objetivo sumamente ético, el debate sobre si el fin justifica los medios no se ha resuelto: los recelos deontológicos no han parado de sobrevolar sobre la infiltración desde el momento en que parte del engaño, un engaño al servicio de la verdad, eso sí, pero un engaño que, como bien saben los periodistas, debilita la credibilidad de la información. Con esta máxima, en Estados Unidos muchos periódicos, entre ellos el Washingston Post, prohíben expresamente a los reporteros acceder a la información a partir del engaño. Numerosos medios llegaron a este tipo de acuerdo normativo tras el debate generado en el seno de la organización de los premios Pulitzer, cuando precisamente Benjamin C. Bradlee, director del Washingston Post López Hidalgo, A.; Fernández Barrero, M.Á. Estud. Mensaje Period. 24(1) 2018: 733-752 735 en los tiempos del Watergate, se opuso a galardonar trabajos que recurren al engaño para documentarse (Smith, Ron F., 2003: 279-280). Los defensores de la infiltración reconocen sus riesgos y apuntalan sus límites: cuando la vista sólo alcanza a alimentos caducados y podridos, alacenas demasiado altas o incluso vacías, para los casos en los que el daño que se pretende prevenir con la información sea mayor al daño que causaría el engaño. 2. Periodistas enredados El gran desarrollo experimentado por Internet en las dos últimas décadas ha tenido su impacto en el ejercicio del periodismo y en la modificación de las rutinas profesionales periodísticas. Ya en 2003, una investigación desarrollada por el profesor Pere Masip demostraba que Internet se había convertido en un medio de uso habitual en las redacciones en Cataluña, en las que más del 85% de los periodistas utilizaban la red diariamente. La encuesta realizada por Masip (2003) revelaba que los periodistas apostaban por el uso del correo electrónico para el contacto con las fuentes, así como la lectura de periódicos, la localización de información en buscadores concreta y la identificación de nuevas fuentes para completar las noticias. Los periodistas encuestados ya atisbaban entonces los principales problemas asociados al uso de la red como herramienta de trabajo en la búsqueda de información y documentación: la escasa calidad de la información disponible, la dificultad de verificación de la autoría y, en definitiva, la falta de credibilidad, que obliga o bien a dedicar más tiempo al proceso de autentificación de las fuentes y a duplicar el proceso de verificación cuando la información original procede de una fuente digital, o bien a optar por la consulta de sitios conocidos merecedores de confianza y de prestigio, un prestigio construido habitualmente fuera de la red, como puntualiza el profesor Masip. Pese a ello, los periodistas han sucumbido a la explosión de las redes sociales y han terminado por incorporar su uso a sus rutinas productivas y profesionales, en la medida que ofrece un espacio casi ilimitado de posibilidades para la búsqueda de información al margen de las fuentes institucionales, tanto para detectar nuevos temas como para documentarse y contactar con fuentes. Al margen de la estrategia de posicionamiento de medios para la distribución de contenidos en redes sociales, los periodistas también recurren a la red como un mecanismo de "viralización" de los contenidos que han generado para otros soportes y los que también han generado otros colegas. El uso que hagan en este sentido depende, según Manuel Moreno (APM, 2016: 77-78) de si el periodista dispone de un perfil propio y autónomo o si por el contrario el perfil está vinculado a un medio de comunicación. En el primer caso, apunta Moreno, es el profesional quien marca sus propias reglas, su ámbito de temas y el tono de sus contribuciones. En el segundo, cuando el periodista aparece vinculado a un medio, suele tener que sujetarse a las normas, cada vez más frecuentes, de los medios como, por ejemplo, no retuitear los contenidos de medios competidores. Habría que añadir, además, un tercer perfil, mixto, en el que el periodista retuitea con frecuencia los contenidos de su medio pero añade también otros contenidos personales. 736 López Hidalgo, A.; Fernández Barrero, M.Á. Estud. Mensaje Period. 24(1) 2018: 733-752 La mayor parte de los estudios diferencian entre redes sociales verticales (concebidas sobre la base de un eje temático aglutinador, como Flickr o Instagram, en torno a la fotografía, o YouTube, sobre vídeo) y horizontales (dirigidas a todo tipo de usuario y sin una temática definida, como las redes de contacto, Facebook, Tuenti). Pese a las diferencias técnicas entre unas y otras, todas ellas tienen un punto en común: la voluntad de compartir información. Una información que ha crecido hasta límites insospechados en un espacio desestructurado, como también han crecido los usuarios. Un 82% de los internautas de entre 18 y 55 años utilizan redes sociales, lo que representa más de 14 millones de usuarios en nuestro país, según la Asociación de la publicidad, el marketing y la comunicación digital en España (2015: 4), mientras que el estudio sobre la Sociedad de la Información en España (2016: 38-44) revela que en el último año analizado, 2015, el uso de las redes sociales había descendido 2,4 puntos porcentuales respecto al año 2014, cuando eran utilizadas por el 67,1% de los usuarios. La cifra sigue siendo, en cualquier caso, bastante elevada, especialmente en determinadas franjas de edad, como la de los 16-24 años, que también está empezando a apostar por otros servicios, como el comercio electrónico, ambas prestaciones con una evolución pareja, pues ya el 36% de las empresas europeas utilizaron las redes sociales con fines empresariales. Facebook sigue siendo la red social por excelencia, según IAB (2015: 5), al absorber el 90% de los usuarios, seguida de YouTube (con un 66%) y Twitter (56%), mientras que LinkedIn, Instagram y Twitter son las que suben más en usuarios, seguidas de Spotify, Pinterest, Flickr y Facebook. Las preferencias de los usuarios en 2015 refleja igualmente la caída de Tuenti, Badoo y Google+, seguidas de MySpace. En cuanto al gremio de periodistas, el Estudio sobre la profesión periodística elaborado por la Asociación de la Prensa de Madrid (APM, 2015: 8-9), revela la creciente incorporación de las redes sociales a las rutinas productivas: el 56 % de los periodistas encuestados reconocía utilizar las redes sociales por razones personales y profesionales, mientras que el 40 % trabaja ya en gestión de contenidos digitales y el 25% son gestores de comunidades digitales. Como el prototipo del internauta, la mayoría de los periodistas españoles pertenecen a más de una red social y, como indica Eva Herrero Curiel (2013: 243), Facebook y Twitter se posicionan como las más usadas entre los periodistas encuestados. Curiel advierte que Facebook, para los periodistas encuestados, “representa entretenimiento, imagen de marca, inmediatez y libertad”, en consonancia con las propias características de esta red, más orientada al entorno privado y de ocio, mientras que Twitter se asocia con atributos como la “inmediatez, pluralidad, libertad e información.” Según Herrero Curiel, Twitter es la red más valorada por el gremio de periodistas y también la más usada para fines profesionales, como difundir información del medio en el que trabajan, conocer la opinión de los usuarios, detectar nuevos temas, buscar documentación, contactar con fuentes, promocionar sus propios trabajos o el de sus compañeros, buscar imágenes y también buscar empleo, branding personal y completar la agenda de contactos. López Hidalgo, A.; Fernández Barrero, M.Á. Estud. Mensaje Period. 24(1) 2018: 733-752 737 3. Infiltrados en las redes sociales En el ámbito del periodismo de investigación, las redes sociales también han comenzado a proporcionar un ámbito jugoso para la infiltración con fines informativos, siempre que la información no pueda ser alcanzada con otros métodos y se priorice el valor del interés público. En estos casos, el periodista crea una identidad falsa para acceder a colectivos peligrosos y grupos con naturaleza delictiva, aprovechando la naturaleza sumamente versátil de la red y su estructura descentralizada y relativamente horizontal. Pese a que Twitter lidera las preferencias de los periodistas para un uso profesional, para experiencias de infiltración el periodista, que encubre su identidad, apuesta normalmente por las redes con un mercado más global, principalmente Facebook y Youtube, mediante las que entran en contacto con particulares y grupos en los que tratan de infiltrarse. Adicionalmente, se sirven de software para las comunicaciones de texto, voz y vídeo, como skype. Sin la mediación de la red, resultaría sumamente difícil adentrarse en estos grupos, por el secretismo que los envuelve, la distancia cultural y su presencia diseminada en distintos países, a menudo hostiles para el ejercicio informativo. Suelen ser grupos radicales o peligrosos para los que las redes sociales también constituyen un elemento de cohesión y un instrumento movilizador y de convocatoria (para grupos ultras, radicales y extremos), una herramienta para la captación de adeptos (movimientos religiosos extremos) y un canal para el intercambio de información (para pederastas, por ejemplo). El uso de redes sociales, como forma de interacción humana, ha supuesto, como apunta Óscar de la Cruz Yagüe, una prolongación de las actividades delictivas que en la mayoría de los casos ya existían, pero en su variante digital han sido “amplificadas por las peculiaridades de las comunicaciones a través de la red, como son la sencillez para conseguir anonimato, o el hecho de poder suplantar fácilmente cualquier dato que vincule a una identidad” (De la Cruz Yagüe, 2012: 71). Los delitos más comunes que describe De la Cruz, cometidos a través de las comunicaciones en redes sociales, son los relacionados con menores (como son la pornografía infantil, abusos sexuales a menores y grooming, o el ciberbullying); los delitos de fraude y falsificación informática, en sus distintas versiones como fraudes bancarios y phishing, y fraudes en el comercio electrónico; los delitos contra la confidencialidad, integridad y disponibilidad de datos y sistemas, más conocidos como hacking; y los delitos contra la propiedad intelectual y derechos afines. Para las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, el terrorismo merece un tratamiento diferenciado, aunque en la práctica, la evolución tecnológica de la delincuencia organizada y el terrorismo, la ciberdelincuencia y el ciberterrorismo, respectivamente, mantienen relaciones de interdependencia y se sirven mutuamente para lograr sus objetivos, como ocurre con el blanqueo de capitales y la financiación del terrorismo, según precisa Óscar de la Cruz Yagüe (2012: 66). Por otro lado, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad también alertan de conductas y contenidos que circulan por la red, que si bien no están tipificados en el Código Penal, y, por lo tanto, no son perseguibles, generan peligros para los menores, 738 López Hidalgo, A.; Fernández Barrero, M.Á. Estud. Mensaje Period. 24(1) 2018: 733-752 como la publicación de imágenes y vídeos de violencia extrema, homicidios y asesinatos, automutilación o apologías de la anorexia y bulimia. Todos estos ámbitos constituyen objetivos para el periodismo de investigación y, por tanto, para el uso de métodos extraordinarios de acceso a la información, como la infiltración. En 2014, el ministro británico tory Brooks Newmark se veía obligado a dimitir después de caer en la trampa de un periodista freelance infiltrado en las redes sociales, con el pseudónimo Sophie Wittams, en las que se hizo pasar por una joven activista social dispuesta a intercambiar fotos subidas de tono. Después de una noche de chat, Sophie consiguió documentar el interés de Newmark con el historial de la conversación y una foto del ministro en paños menores. Sophie pasó el material al Sunday Mirror. Newmark, casado y padre de cinco hijos, había caído en el anzuelo de una investigación que pretendía demostrar que los ministros hacían un mal uso de las redes sociales. Para ello, el periodista creó una cuenta con un perfil falso en Twitter, desde donde comenzó a seguir a varios ministros. Newmark, después de ver la foto del perfil, invitó a Sophie a seguirle en Facebook con un mensaje privado. También chatearon por Whatsapp. Y ahí empezó el affaire virtual. En Estados Unidos algunos reporteros también crearon perfiles falsos en redes sociales de amplio uso entre los jóvenes, como Kik Messenger, para descubrir cómo interactúan en estas app. Stephanie Chernow sostiene, no obstante, que los casos en los que los subterfugios y la infiltración están justificados son mínimos. Asegura que muchas veces lo que realmente mueve al periodista es el sensacionalismo y la búsqueda de la audiencia, que termina por dañar la confianza del público en el medio y, por ende, la credibilidad del periodismo: “Often the objective is simply sensationalism with the aim of selling more newspapers. But it is a shameful abuse of journalism; it damages public trust and undermines ethical journalists working hard to earn an honest living” (Chernow, 2014). En los últimos años, sorprenden, por su asiduidad, los casos de periodistas que se han infiltrado en redes sociales para acceder la información relacionada con el terrorismo. En julio de 2016, el Sydney Mornig Herald publicaba el reportaje de un periodista, cuyo nombre preferían no facilitar, infiltrado durante 2015 en un grupo radical islamista australiano. El periodista se valió de Twitter, donde dejó el mensaje: "Assalamualaikum Warahmatullahi Wabarakatuh. I'm from Australia and want to make hijra (a migration). Any Australian ikhwan (brothers) in Syria or Iraq, or in dar al kuffar (land of the infidels) can help?". Las respuestas le condujeron a Neil Prakash, uno de los líderes radicales del Estado Islámico en Melbourne, y a un terrorista conocido como Abu Hassan Australi. Prakash le responde usando Surespot, uno de los principales servicios encriptados de mensajería instantánea utilizados por terroristas y radicales. El periodista manifestó a los terroristas su interés en la hijra, el viaje a Siria o Irak, y se vio sometido a un proceso de tazkiya (recomendación), un paso previo necesario para los reclutados extranjeros, dirigido a filtrar espías. Una vez avanzados los contactos, con el propósito de proteger su seguridad, el periodista contactó con la policía para transmitirle sus planes. A través de las redes sociales y las aplicaciones de mensajería, el periodista era convocado por los radicales para la asistencia a reuniones de formación islámica López Hidalgo, A.; Fernández Barrero, M.Á. Estud. Mensaje Period. 24(1) 2018: 733-752 739 organizadas en los parques de Springvale, Dandenong, Broadmeadows y Preston, lo que evidencia el amplio uso de las redes sociales por el yihadismo como elemento de cohesión y convocatoria, pero también la necesidad de los encuentros cara a cara para el radicalismo. El periodista, que siguió estas sesiones durante nueve meses, narró su experiencia en el reportaje “My year undercover with Australia's Islamic radicals” (Anónimo, 2016). También en 2015, una periodista de la BBC, infiltrada en las redes sociales con el nombre falso de Zahra, una edad figurada de 25 años, y ataviada con un burka, consigue acercarse a un grupo radical del IS a través de este resquicio. Uno de los terroristas, con el pseudónimo Mario, con ascendientes alemanes e italianos, intenta su captación y le pide matrimonio en tan sólo media hora de conversación. El vídeo de la inmersión, íntegramente virtual, puede visualizarse en el Daily Mail on line. Zahra aseguró haber pasado mucho miedo. La enorme generalización del uso de las redes sociales no nos puede llevar a pensar en su simplicidad. La facilidad de acceso y el manejo intuitivo son directamente proporcionales a la pérdida de privacidad y de seguridad, aspectos que el periodista no puede obviar a la hora de plantearse una inmersión. La infiltración en las redes sociales está tan expuesta al riesgo como el encubrimiento físico en las experiencias de inmersión periodística. De hecho, como ha revelado el periódico El Mundo, el Estado Islámico cuenta con su propio equipo de hackers. Los atentados contra el semanario humorístico francés Charlie Hebdo en enero de 2015 desataron la actividad hacktivista del grupo Annonymus contra el IS, que evidenció que estaban ante un enemigo mucho más fuerte de lo que pensaban, tras la identificación de más de 10.000 cuentas de Twitter, Facebook o emails de presuntos miembros y simpatizantes del IS. En Francia, donde el terrorismo yihadista ha golpeado con fuerza en los últimos años, distintos periodistas se han acercado a grupos terroristas a través de experiencias de inmersión. Sahid Razim es el pseudónimo del reportero francés que consiguió adentrarse en un grupo de entrenamiento de futuros terroristas del IS y que grabó con cámara oculta su estancia durante tres meses en este centro. Se trata, en esta ocasión, de una inmersión mixta en las redes sociales, en la que las redes le sirven al periodista para establecer el contacto virtual con un grupo o individuo de interés, aunque posteriormente la inmersión se completa con una infiltración física en la zona de conflicto. El resultado de su experiencia es el documental ‘Soldats d'Allah', ('Los soldados de Alá'), grabado con cámara oculta y emitido por Canal + Francia. Razim cuenta cómo contacta con los terroristas a través de Facebook, que le facilitó la entrada en contacto con un grupo radical y un encuentro personal con el autoproclamado emir, un joven franco-turco que se hace llamar Osama. Razim consigue adentrarse durante tres meses en un campo de adiestramiento yihadista y grabarlo con cámara oculta. El final de su infiltración se precipita cuando le proponen perpetrar un atentado en Francia. 740 López Hidalgo, A.; Fernández Barrero, M.Á. Estud. Mensaje Period. 24(1) 2018: 733-752 4. El terrorismo en las redes sociales El terrorismo transnacional yihadista opera en un doble escenario: el de la realidad convencional y el de la realidad virtual. Para estos grupos, las redes sociales, entendidas como estructuras compuestas por individuos vinculados por afinidades de amistad o ideas políticas y religiosas, entre otros vínculos, proporcionan un canal para entrar en contacto con los reclutadores. Como explica Javier Jordán, lo normal es que un individuo se introduzca en una institución a través de otra, y las redes, por su dinámica, facilitan que entren en contacto con otros individuos con marcos normativos, afectivos y cognitivos similares. Además, como apunta Jordán, las redes también preparan el camino a la militancia yihadista “mediante la transmisión y fortalecimiento de determinados valores”, pues los movimientos pietistas, salafistas e islamistas, aunque condenen abiertamente el terrorismo, se aproximan a la interpretación del islam y la visión del mundo del yihadismo, de manera que “pueden convertirse en ‘caladeros’ o ‘canteras’ de quienes realizan misiones de captación” (Jordán, 2007: p. 14). A este respeto, el secretario de Estado de Seguridad del Ministerio del Interior (2016) español, Francisco Martínez, ha sentenciado que “el yihadismo no sería lo que es sin internet". La intensa actividad de la yihad mediática para la producción y distribución de vídeos macabros se traduce en cifras estremecedoras: España ha contabilizado más de 1.000 vídeos en los dos últimos años en los que aparecen más de 1.500 ejecuciones; además, se estima que controlan entre 35.000 y 75.000 cuentas en Twitter. El periodista Javier Lesaca (en Jiménez, 2014), experto en el uso de las redes sociales como instrumento de propaganda por parte de la yihad, detectó que, en menos de seis horas, el vídeo original de la decapitación del periodista estadounidense Steven Sotloff había sido tuiteado en 768 ocasiones; a través de 1.500 cuentas se lanzaron 3.000 tuits en árabe y en inglés apoyando la ejecución que llegaron a 2,5 millones de usuarios. Lesaca aseguraba que "los yihadistas son un grupo totalitario que pretenden llegar al mayor número de jóvenes con un lenguaje muy sencillo y con un soporte audiovisual", por lo que “las redes sociales les ofrecen la mejor tecnología para lanzar sus mensajes sin límites geográficos". Asimismo, una tercera función de vinculación en torno a mezquitas sería atribuible a las redes sociales en el yihadismo. Jordán explica que en la inmigración, la pertenencia musulmana se convierte en un factor identificador de vinculación colectiva entre personas de diferentes orígenes étnicos y lingüísticos y en la mezquita ese nexo alcanza su mayor expresión como potenciador de la sociabilidad. De igual modo, les permiten establecer vínculos con redes de delincuencia, común u organizada y otras redes yihadistas para la obtención de recursos (financiación, armas, explosivos) y adquisición de conocimientos avanzados (medidas de autoprotección fabricación de explosivos, logística). Cuenta el periodista Javier Lesaca (en Jiménez, 2014) que, después de que páginas como Facebook, Twitter o Youtube cancelaran sus enlaces al Estado Islámico la yihad se pasó a una red social rusa llamada VK y un programa de encriptamiento del MIT (Massachusetts Institute of Technology) para comprobar López Hidalgo, A.; Fernández Barrero, M.Á. Estud. Mensaje Period. 24(1) 2018: 733-752 741 que los archivos no han sido manipulados ni hackeados. Además, advierte de que han mejorado la calidad de sus vídeos y que productoras audiovisuales como Al Furqan y Al Hayat Media Center se encargan de grabar, montar y editar las cintas con sofisticados equipos, hasta drones adaptados a las cámaras. Se trata de vídeos al estilo hollywoodiense, según Lesaca (en Pardo, 2015), con reminiscencias, desde el punto de vista creativo, con la estética de las cintas de Tarantino y Robert Rodríguez, los videojuegos 'Grand Theft Auto', 'Mortal Kombat' y 'Call of Duty', las series de televisión 'Homeland' y 'Person of Interest'; y de taquillazos como 'Saw' y 'The Matrix'. Contienen acciones figuradas y hasta los actores leen guiones con el objetivo de captar mártires para la causa. Echando la vista atrás, encontramos rastros de intertextualidad hasta en El viento y el león, de John Milius (1975). A pesar de que Facebook y Twitter trabajan intensamente para bloquear las páginas y materiales propagandísticos de grupos radicales islámicos, junto a los foros restringidos, siguen funcionando como herramientas para la captación, adoctrinamiento e interrelación de radicales y potenciales radicales, porque por cada dos cuentas que se cancelan, aparecen tres nuevas. La mayor parte de los mensajes en Twitter se publican en árabe, el 18% de los tuits del Estado Islámico se escribe en inglés y el 7% en francés, según precisa La Gaceta, que describe minuciosamente cómo se realiza la captación de adeptos. Aseguran que un simple “me gusta” puede significar un acercamiento a la presa. Si los reclutadores detectan comportamientos continuados de simpatía, pasan al punto de mira e incluso inmediatamente a estar en el punto de mira de los reclutadores. Si estos detectan que ese comportamiento continúa, pueden pasar a la acción y entrar en contacto con él y recomendarse foros de contenido radical. Según el nivel de interés, se va facilitando el acceso a otros puntos cada vez más radicales. Cuenta La Gaceta que cuando el grado de radicalización es alto, el jefe de la célula de captación suele presentarse personalmente a los usuarios, aunque, con excepciones, se trata de un proceso largo, que puede durar entre dos o cuatro años. “Una vez terminado el proceso online comienzan los encuentros en fincas, pisos o mezquitas, donde terminan de convencer a estos jóvenes de que su destino es morir por Alá”, explica La Gaceta. Las necesidad de las redes para estos grupos, como bien apunta Jordán, constituye al mismo tiempo una de sus principales vulnerabilidades, pues si las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y los servicios de inteligencia consiguen interceptarlos y adentrarse en el entramado, pasa a ser un valioso sistema de alerta temprana para frustrar atentados. El trabajo del periodista investigador, que a menudo recurre a estrategias policiales para acceder a la información, genera suspicacias entre las fuerzas policiales al considerar que pueden entorpecer sus pesquisas. Otras veces el trabajo periodístico va más alá de la denuncia y la movilización y consigue resultados de facto, como la infiltración de Anna Erelle. 748 López Hidalgo, A.; Fernández Barrero, M.Á. Estud. Mensaje Period. 24(1) 2018: 733-752 interferencias. Recupera el papel de Mélodie. Bilel le pregunta dónde está y “qué mierda he hecho”. Bilel le dice que los ha subestimado, que se enfrenta a una organización terrorista. Le dice: “Las personas con las que hablaste este fin de semana tienen quince años de experiencia en contraespionaje. Encontrarte es cuestión de minutos”. El número francés es de un tal Hamza (nombre modificado), con domicilio en Albertville, Saboya. El 30 de abril, Erelle escribe en su libro: “En estos momentos desconozco que todos mis teléfonos están sometidos a escucha policial. No me enteraré hasta tres semanas después, cuando mi nombre aparezca varias veces en diversos informes judiciales de personas que han viajado a Oriente Medio. En concreto, en el de Vanessa, la chica embarazada de más de seis meses”. Más adelante, añade: “Nuestros mensajes contribuyeron a formar un sólido informe para que las autoridades competentes la detuvieran antes de marcharse. Y aprovecharon la ocasión para desmantelar una importante red de reclutamiento vinculada a la chica”. Y concluye: “Entre las amenazas de Bilel, la historia incomprensible de Hamza y ahora esto, el periódico me pide que cambie de domicilio y de número de teléfono lo antes posible. Debo marcharme. Inmediatamente. Ahora mismo. Si Daesh ha relacionado a Mélodie con la periodista y me atribuye esta funesta serie de arrestos, mi vida no volverá a ser la misma. Pero no me lo creo demasiado” (Erelle, 2015: 215-216). Al periodista infiltrado le acechan no pocos peligros: son coaccionados, se sienten perseguidos –en muchos casos lo son-, les duele mentir y encubrir su personalidad para buscar la verdad, tienen miedo a ser descubiertos mientras ejercen su trabajo, sufren el exilio, el secuestro, agresiones, torturas psíquicas y físicas, la cárcel incluso. Viven con amenazas de muerte. Mimetizan el miedo a morir. A veces, desean morir para que todo acabe. Otras veces, también, son asesinados. Evitan ser claros cuando hablan por teléfono, porque pueden estar intervenidos. Ningún lugar es seguro. Tampoco sus propios domicilios. La batalla judicial y jurídica es otra herramienta sutil y eficaz para hacerles desistir en su empreño de investigar y de informar. En el fondo, el desempeño de este duro oficio en un futuro próximo es, para muchos periodistas, un horizonte difuso e imposible. Es el precio al que se someten y que pueden pagar aquellos profesionales que se empeñan, sobre todo y con cualquier método posible, en desmontar la falacia y desenmascarar la realidad (López Hidalgo y Fernández Barrero, 2013: 167). Nellie Bly, por ejemplo, el tiempo que estuvo encerrada en un manicomio de Nueva York, sintió el miedo psicológico a ser reconocida como periodista y ser expulsada de la institución. Pero también tuvo miedo de lo contrario: de no poder salir del centro. Hunter S. Thompson corrió peligro cuando investigó para escribir Los Ángeles del Infierno. Le habían advertido del peligro. Llegó un momento en que no sabía ya si se había introducido en un ambiente forajido o si los Ángeles estaban absorbiéndolo poco a poco. El periodista mexicano Sergio González vive amenazado de muerte. La también mexicana Lydia Cacho sufrió el secuestro y el exilio. Abandonó su propia personalidad para transmutarse en novicia y en prostituta. Escribiendo Esclavas del poder lloró más que nunca en toda su vida. El alemán Günter Wallraff fue torturado y encarcleado en Grecia, después de una protesta contra la dictadura militar. Y también abandonó alguna investigación por López Hidalgo, A.; Fernández Barrero, M.Á. Estud. Mensaje Period. 24(1) 2018: 733-752 749 miedo a ser descubierto. La misma sensación que vivió Nellie Bly. Anna Erelle tampoco pudo escapar a este laberinto de peligros y otros sinsabores. Acompañada de su perro, Anna Erelle encontró en el animal el apoyo que han dejado otras ausencias. El Ministerio del Interior francés y la policía estaban preocupados por ella. Dice la periodista que hay un video circulando por Internet con una foto suya en la que se llama a su asesinato. Las autoridades francesas comprobaron que esa amenaza fue emitida desde Siria. La Dirección General de Seguridad Interior, así como la Dirección General de Seguridad Exterior, le han asignado un programa de protección desde los atentados contra Charlie Hebdo, producidos en enero de 2015. Para ella, el precio que ha pagado por sus investigaciones, además de las amenazas señaladas, es alto: “Mucha gente ha salido de mi vida sin que yo lo quiera, gente que tiene miedo de verme muy a menudo o de demasiado cerca. Pero si tuviera que hacerlo, volvería a hacerlo. Tuve acceso a mucha información sin tener que ir al infierno” (Elola, 2015: 4). Precisamente, con motivo del atentado contra Charlie Ebdo, el periodista Antonio Salas viajó a París e intentó contactar con Anna Erelle, de quien dice que “chateando por Facebook y Skype Erelle consiguió introducirse como nadie en la mentalidad del ISIS a través de la red”. Al ser testigo protegido del Ministerio del Interior francés, Salas no consiguió entrevistarla, pese a los ruegos insistentes a su editorial: “Creo que puedo comprender la fase en la que se encuentra mi colega. Tras la publicación de su interesantísimo libro llegaron las amenazas, y el miedo. Un miedo que puede llegar a paralizarte. Las noches largas, pobladas de pesadillas. Ojalá consiga superarlo” (Salas, 2015: 265). Con el título ‘En las entrañas de la yihad 2.0 con Abu Biel’, el periódico El País informaba de la inminente publicación del libro de Erelle en España. Los comentarios a la noticia ilustran el posicionamiento del público a favor y en contra estos trabajos de inmersión y encubrimiento, que despiertan tantas pasiones como odios. Los detractores cuestionan la ética de estos medios; el peligro en el que se ponen a otras formas de informar, pues todo el gremio puede pasar a estar en el punto de mira de un nuevo ataque; y la revelación de fuentes en la que incurre a partir del momento en el que facilita la intervención policial. A favor, se destaca la valentía de la periodista para adentrarse en un ambiente hostil y peligroso, aunque los más críticos observan que la mediación de las redes sociales le resta riesgo a la experiencia, pese a que los terroristas también pueden rastrear y localizar a infiltrados a través de las redes sociales. Los lectores también valoran la capacidad de haber desarrollado un periodismo no solo de denuncia y movilizador, sino también un periodismo que consigue resultados de facto. De hecho, a partir de la intervención de las comunicaciones, la policía consigue desarticular dos facciones del IS en Europa. De igual modo, aprecian la capacidad de Erelle de haber encontrado un resquicio y una debilidad del grupo para acceder a este entorno: ser mujer. Habrá que añadir, en cualquier caso, que el periodismo de infiltración, desde sus orígenes, lo han practicado muchas mujeres: Nellie Bly, Lydia Cacho, Gabriela Wiener y un largo etcétera. Al final de En la piel de una yihadista, Anna Erelle narra la muerte de Bilel. David Thomson, un periodista muy fiable de RFI, especialista en integrismo religioso tuitea la muerte de Abu Bilel al-Firansi. Adjunta una foto de Bilel vivo. Su redactora jefe se lo comenta alegrándose por ella, si bien la muerte de un 750 López Hidalgo, A.; Fernández Barrero, M.Á. Estud. Mensaje Period. 24(1) 2018: 733-752 hombre, auqnue sea un asesino, no le produce placer ni entusiasmo, pero piensa que esta noticia reduce considerablemente los riesgos de represalias por parte del Daesh; incluso las puede eliminar. La periodista escribe: “Me da igual cómo ha muerto. Peor para él. En cambio, el porqué es importante. Si su muerte inesperada tiene algo que ver conmigo, directa o indirectamente, entonces me desprecio por el papel que he asumido para publicar un reportaje. Él era un asesino peligroso, pero yo no. No quiero tener la menor relación con la muerte de un hombre, sea quien sea. En este momento es omo yi yo hubiera decretado su pena de muerte” (Erelle, 2015: 219). El final de esta investigación contiene las características que toda infiltración conlleva. Hasta la publicación del libro, Erelle cambió de teléfono en dos ocasiones. Ya no vive en su casa. Los periódicos para los que trabajaba le prohíben escribir sobre el Estado Islámico y sus filiales “por su seguridad”. Se han reforzado drásticamente las medidas de seguridad en algunos de los lugares en los que trabajó. Las amenazas también se han acentuado. Las múltiples unidades policiales han clasificado a Rashid X., llamado Abu Bilel, como “vivo”. Cuando apareció el libro, no había prueba alguna de que hubiera muerto. Tiene tres mujeres, de veinte, veintiocho y treinta y nueve años. Erelle no ha vuelto a tener contacto directo con Bilel. Mientras hacía un reportaje en la otra punta del mundo, un amigo periodista le dice que se había lanzado una fatwa contra ella. Nunca se ha sentido seguida o vigilada. Un día, buscando en la red, se tropezó con un video que tenía que ver con ella. Se descubrió con velo sentada en el sofá. Supone que es una captura de pantalla tomada por Bilel. 6. Conclusiones Efectivamente, el auge de Internet en las dos últimas décadas ha tenido su impacto en el ejercicio de la profesión periodística que ha transformado de manera drástica las rutinas de trabajo de los profesionales de la información. Asimismo, las redes sociales han comenzado a proporcionar un nuevo escenario para la infiltración con fines informativos, tanto en las inmersiones parciales, que favorecen la toma de contacto del periodista con grupos de riesgo, como en las infiltraciones desarrolladas de manera íntegra en la red. El caso más sintomático, como se ha visto, ha sido el de la periodista francesa Anna Erelle, que se adentra en las entrañas del yihadismo, aprovechado elemento de cohesión y captación que suponen las redes sociales para los grupos terroristas radicales. Su experiencia de inmersión se desarrolla completamente en las redes sociales y reúne todas las características que definen esta práctica periodística. Falsa identidad, dudas éticas en torno a los métodos utilizados, la asunción de riesgos y de los peligros subyacentes a la actividad realizada, el miedo a ser descubierta. El de Anna Erelle no es el único caso de infiltración de las redes, pero sí el más paradigmático, la prueba evidente de que las nuevas tecnologías y los viejos métodos de indagar en las fuentes y obtener información son compatibles, y que abre un nuevo mundo a una profesión que, a la vez que agoniza, encuentra salvavidas insondables para hacer frente a un futuro que ya le han dibujado poco benigno. López Hidalgo, A.; Fernández Barrero, M.Á. Estud. Mensaje Period. 24(1) 2018: 733-752 751 7. Referencias bibliográficas Anónimo (2016): “My year undercover with Australia's Islamic radicals”. The Sidney Morning Herald, 16 de julio. [Consulta: 20 de julio de 2016]. Disponible en: http://www.smh.com.au/action/printArticle?id=1010374146. APM (2016): Informe Anual de la profesión Periodística 2015. Asociación de la Prensa de Madrid (APM), Madrid. Asociación de la Publicidad, el Marketing y la Comunicación Digital en España (2015): VI Estudio Redes Sociales. [Consulta: 15 de julio de 2016]. Disponible en: http://www.iabspain.net/wpcontent/uploads/downloads/2015/01/Estudio_Anual_Redes_Sociales_2015.pdf Chernow, Stephanie (2014): “The Ethics of Undercover Journalism: Where the Police and Journalists Divide”. Ethical Journalism Network. [Consulta: 15 de julio de 2016]. Disponible en: http://ethicaljournalismnetwork.org/en/contents/the-ethics-of- undercover-journalism-where-the-police-and-journalists-divide Chicote Lerena, Javier (20016): “Los enemigos del periodismo de investigación” en Estudios sobre el Mensaje Periodístico, 12, 71-90. Daily Mail On Line, en: “Undercover reporter posed as 'Zahra', 25, to talk to jihadis online”. Fecha de consulta: 13/07/2016. Disponible en: Follow us: @MailOnline on Twitter DailyMail on Facebook http://www.dailymail.co.uk/news/article-3416203/ISIS- thug-takes-just-30-minutes-propose-undercover-reporter-researches-jihadis-online.html De la Cruz Yagüe, Óscar (2012): “Delincuencia en redes sociales”. XXIII Seminario Duque de Ahumada: Ciberamenazas y redes sociales, pp.65-80. Academia de Oficiales de la Guardia Civil. ED. Ministerio del Interior. [Consulta: 10 de julio de 2016]. Disponible en: http://www.interior.gob.es/documents/642317/1203227/Ciberamenazas_y_redes_social es_126130424.pdf/23c0a745-f6c7-4b49-bb41-048539d0476b. Elola, Joseba (2015): ‘En las entrañas de la ‘yihad 2.0’ con Abu Bilel’, en El País, 22 de marzo, p. 4. Erelle, Anna (2015): En la piel de una yihadista. Una joven occidental en el corazón del Estado Islámico. Debate, Barcelona. Herrero Curiel, Eva (2013): Periodistas y redes sociales en España. Del 11M al 15M (2004-2011). Tesis doctoral. Departamento de Periodismo y Comunicación Audiovisual. Universidad Carlos III de Madrid. Dirigida por Pilar Carrera Álvarez. Getafe, Madrid. Jiménez, Ana (2014): “El yihadismo navega en las redes sociales”. RTVE, 12 de septiembre de 2014. [Consulta: 16 de julio de 2016]. Disponible en: http://www.rtve.es/noticias/20140912/yihadismo-navega-redes-sociales/1009760.shtml Jordán, Javier (2007): "Las redes yihadistas en España: evolución desde el 11-M". Athena Intelligence Journal, 2 (4). 1-27. www.athenaintelligence.org La Gaceta.es (2015): “Así se capta a yihadistas en las redes sociales”, 7 de diciembre. [Consulta: 11 de julio de 2016]. Disponible en: http://gaceta.es/noticias/reclutayihadistas-redes-sociales-07122015-1703 López Hidalgo, Antonio y Fernández Barrero, Mª Ángeles (2013): Periodismo de inmersión para desenmascarar la realidad. Comunicación Social, Salamanca. Masip, Pere (2003): “Presencia y uso de Internet en las redacciones catalanas”. Zer, 14, Bilbao: Servicio Editorial de la Universidad del País Vasco. Disponible en: http://www.ehu.es/zer/zer14/presenciayuso14.htm, consultado el 04/09/09 Ministerio del Interior (2016): “Francisco Martínez ha clausurado hoy en Madrid "Expocloud 2016", encuentro sobre las nuevas tecnologías y el Cloud Computing”, nota de prensa, Madrid, Madrid, 1 de abril. 752 López Hidalgo, A.; Fernández Barrero, M.Á. Estud. Mensaje Period. 24(1) 2018: 733-752 Pardo, Pablo (2015): “Hollywood para la yihad del Estado Islámico”, en El Mundo, 28 de noviembre. Disponible en: http://www.elmundo.es/internacional/2015/11/28/565883a146163f405d8b458a.html Rodríguez, Pepe (1994): Periodismo de investigación: Técnicas y estrategias de investigación. Ediciones Paidós, Barcelona. Salas, Antonio (2015): Los hombres que susurran a las máquinas. Hackers, espías e intrusos en tu ordenador. Barcelona, Espasa. Smith, Ron F. (2003): Groping for ethics in Journalism. Iowa, Blackwell Publising Company. VV. AA. (2016): La Sociedad de la Información en España. Año 2015. Fundación Telefónica. [Consulta: 11 de julio de 2016]. Disponible en: http://www.fundaciontelefonica.com/arte_cultura/publicaciones-listado/pagina-item- publicaciones/itempubli/483/. Antonio López Hidalgo es Profesor Titular (acreditado a catedrático) del Departamento de Periodismo II de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla. Perfil en ORCID: 0000-0003-1595-7043 María Ángeles Fernández Barrero es Profesora Asociada doctora del Departamento de Periodismo II de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla. Perfil en ORCID: 0000-0001-7045-7880