El emigrante retornado a Canarias desde América, 1870-1940
Abstract
Programa de doctorado: Estudios económicos, sociales y políticos en el Mundo Atlántico.
Full text
Tesis Do ctor al
El emigrant e retorna do a Canar ias desde
Amé rica, 1870 -1940
Autor: Francisco Suárez Viera
Director de tesis : Migue l Suárez Bosa
Codirectora de la tesis: Carmen Ascanio Sá nchez
Entidad: I ATEXT. Divisió n de Patrimonio, Documentación e Historia Atlántic a
Órgano responsabl e del program a de doctorado: Departamento de Cien cias
Históricas de la ULPGC
Lugar: Las Palmas de Gran Canaria
Fecha: Noviembre de 2015
3
Índic e G eneral
Índice General 3
Agradecimientos 9
Resumen y palabras clave 11
Abreviaturas 13
Capítulo I. Introduc ción 15
Capítulo II. Cruzar el Atlántico 43
2.1 Cuba 43
2.1.1 Cuba colonia española, 1808-1899: esclavitu d y dominio colonial 44
2.1.2 Ocupación estadouni dense y I Rep úbli ca de Cuba: auge de un empo rio
azucarero trasatlántico, 1899-1920
60
2.1.3 La Crisis de la I Repúbli ca, 1921-1940: el ocaso de la migración can aria 73
2.1.4 Los canarios en Cuba: trabajo, empresa y redes migratorias 81
2.2 Los transportes de la migración 95
2.3 Canarias 113
2.3.1 La cimentación de las primeras redes mi gratorias en el Antiguo Ré gimen 113
2.3.2 Remodelación y consolidaci ón de la re d mi gratoria canaria en el perio do
de transición liberal, 1815-1877
120
2.3.3 Emigración y ret orno durante la era de la globalización, 1877-1936 135
Capítulo III. Soci ología del re torno 157
3.1 Aspectos socioló gicos 157
3.2 Cadenas migratorias Cuba-Gran Canaria 179
3.2.1 Análisis de las cadenas migratorias por muni cipios de Gran Canaria 181
3.2.2 Red migratoria grancanaria en Cuba 205
3.3 Aspectos antropológicos 226
3.3.1 Camaradería, secretis mo y traición 226
3.3.2 Inadaptados e Inadaptables 233
3.3.3 La moral social: honor personal, honor famil iar 242
3.3.4 Hace falta una mujer isleña para el hogar 255
4
Capítulo IV. Remesas e inversiones 261
4.1 Introducción: fuentes, ma rco temporal y balance general 261
4.2 Compraventas simples: un análisis para el periodo 1869-1900 268
4.2.1 Personas que compran y venden: nombres, profesión y género 271
4.2.2 Volumen y procedencia del capita l empleado en las compraventas 277
4.2.3 Compraventas Cuba-Cuba 300
4.3 El mundo de los Préstamos 301
4.3.1 Balance general 301
4.3.2 Definición de las fórmulas prestatarias y evaluación de los bienes
hipotecados
306
4.4 Otras transacciones, 1869-1900 312
4.5 Movimi entos de cap ital en el periodo 1902-19 20 315
4.6 Inversiones desde y hacia el Sur Global, 1869- 1920 317
4.6.1 Balance general 317
4.6.2 Análisis geográfico 319
4.7 La fortuna del indiano Francisco Cardoso 323
4.8 Tierra, agua y crédito en Gran Can aria. El impa cto de la migración
transoceánica
329
4.8.1 Minifundismo y sociedad campesina: jornaleros, apa rceros y labradores 329
4.8.2 La Propiedad Pública de la tierra y su destru cción. Transcendencia para
la cuestión migratoria
335
4.8.3 La privatización del A gua: Heredamientos y Sociedades de Agua 338
4.8.4 El infradesarrollo d el Crédito 342
4.9 Empresa e inversiones: el om nipresente imperio de la tierra 347
Conclusione s 353
5
Anexo Documental 359
Anexo Documental-Capítulo II. Cruzar el Atlántico 359
2.1 Entrevistas realizadas a emig rantes retornados y a familiares de emi grantes
retornados
359
2.2 Transcripción parcial de la entrevista realiz ada a Antonio Suárez Florido,
emigrante retornado desde Cuba
360
2.3 Transcripción de la entrevista realiz ada a Francisco Suárez Bosa, hijo de
emigrante retornado desde Cuba
364
2.4 Carta de un emigrante a su esposa en Canarias 375
2.5 La gravosa car ga imp ositiva que soporta el campesinado 376
2.6 La ruina de los pósito s isleños 377
2.7 Contra la emigración por contrata 378
2.8 Contrata de Tripulación del ber gan tín- goleta Félix 380
2.9 El Informe Beal sobre la Colonia Guaibaro 381
2.10 Ley y Reglamento de Emi gración 385
2.11 Contesta de Fernando Cambrelen g al anuncio de que ha conseguido
convertirse en Consignatario de Emigración
386
2.12 Abusos de la Guardia Rural cubana contra los jamai canos (en ing lé s) 387
2.13 Ficha de retorno de la famil ia de Ramona Rodríguez y Fra ncisco Vali do
Vega proporcionada por el Consu lado General de España en Cuba, 1932
390
Anexo Documental-Capítulo III. Sociología del ret orno 391
3.1 Expedientes de solt ería disponibles en el Arc hivo Hist órico Diocesano de Las
Palmas
391
3.2 Nota informativa del negocio conocido como “ La Casa Grand e”, enviada a la
familia de Felisa Santana Ga lbán desde Cumana yag ua
394
3.3 Expediente modelo de Sil vestre Julián Suáre z Sánch ez 395
3.4 Josefa es viuda, su marido falleció de un dispa ro 397
3.5 Historia de un marinero 400
3.6 Hija de canarios viene para cas arse 402
3.7 Lo trajeron por caridad a causa de su enferme dad 403
3.8 Viudo, su esposa falleció de fiebre amarilla 404
3.9 Trabajaba entre Colón y La Habana 406
3.10 Su padre hace mucho que no escribe desde Cuba 408
3.11 Su marido abordó un barco y no volvió 409
3.12 Investiga la desaparición de su marido 410
3.13 Sufre un grave acci dente laboral 410
3.14 La muerte de Sebastián Meli án Jimé nez 412
3.15 Ha y que casar a Juan Valentín por el bien del pueblo 414
3.16 La odisea pre-marital de Domingo y María del Pino 417
3.17 La vida descarriada de Antonia Rosario Rivero 421
3.18 Guerrillero en Santiago de Cuba 423
6
3.19 Retorna a casa lisia do y tuert o 425
3.20 Rapta a su novia y se fugan 427
3.21 Necesita esposa porque ha comprado unos te rrenos 429
3.22 Vuelve para casarse con una prima 431
Anexo Documental-Capítulo IV. Remesas e inversiones 433
4.1 Juan Bautista Cardoso Rodríguez, primera co mpra registrada de un indiano 433
4.2 La ingente adquisición del indiano Ma nuel Hernández Pérez 434
4.3 Cancelación de préstamo 436
4.4 Compras de Cristóbal Su árez Caballero 438
4.5 La primera adquisici ón de Francisco Cardoso R odríguez 440
4.6 Compraventa Cuba-Cuba 441
4.7 Venta e hipoteca a fa vor de Josefa Sánchez Peña 443
4.8 La iniciativa de Micaela Mac ario Monzón 445
4.9 María Salomé ejecuta una retroventa en nombre de sus hermanos 446
4.10 Compra de molino por el indiano Francisco Vi zcaíno Martel 449
4.11 Transmisión de mue bles, compra de la Fonda Colón 450
4.12 El préstamo sin hipoteca de José Ri vero Peñate 451
4.13 Compraventa de derechos de Herencia entre dos indianos 452
4.14 Poder a Martina Vega y Cruz 453
4.15 Compras del recién retornado Antonio Ma rtínez Ojeda 454
4.16 Herencia y partición de las propiedades del in diano Francisco Cardoso
Rodríguez
456
4.17 Ventas de Juan Cardoso Estupiñá n 467
4.18 Indianos que compraron propiedades en Gran Canaria, 1869-1900 469
4.19 Mujeres residentes en Cuba que venden propiedades en Gran Canaria, 1869-
1900
473
4.20 Localidades de procedencia del capital in vertido en compras de propieda des
en Gran Canaria, 1869-1 900
475
4.21 Prestamistas indianos que concedi eron créditos en Gran Canaria, 186 5-1900 477
4.22 Indianos que participaron en los movimient os de capital entre Cuba y
Canarias, 1902-1920
477
Listado de imágen es, cuadros, mapas, gráficas y figur as
485
Bib liografía y Docum entación 493
7
A mí Cuba me gustaba mucho, pero
había mucha libertad, es muy r evoltosa.
El país es rico, pero para estar e n
familia… no.
Antonio Suárez Florido, emigrante
retornado desde Cuba, 1907-2009
8
9
*Agradecimientos
Esta tesis fue reali zada c on la concesión d e un a be c a de inv estigación po r el Cabild o
de Gran Canaria y la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria; sin la colaboración
de las instituciones públicas, e l trabajo realizado jam ás habría podido lleva rse a cabo.
Debo agrade cer al Depa rtamento de Cien cias Hi stóricas de la Unive rsidad de Las
Palmas de Gran Canaria el apo y o recibido dura nte toda mi formación académica, un
respaldo que me h a per mitid o crecer como historiador. Agradezco, en primer lugar, a
Miguel Suárez Bosa, director de la tesis, su apo yo incansable a lo la rgo d e todos estos
años. A Carmen Ascanio Sánchez, codirectora de la misma, a demás, sus cons ejos
invaluables. Y no puedo olvid ar a Juan Manu el Santana, que m e animó en su día a
solicitar la beca de investigación para el pro y ecto “ El emigrante retornado a Gran
Canaria: evolución histórica y realidad migra toria actual ”, base de esta tesis doctoral.
Durante estos años de duro trabajo, he conta do co n la a y uda de muchas p e rsonas que
trabajaban en archivos, b ibliotecas y otras instituciones púbic as, personas que cada día
dignifican e l trab ajo del servi cio al ciudadano. Ent re ellas debo recorda r a Paco, del
Archivo Hi stórico Provincial de L as Palmas, y a María José, del Archivo Histórico
Diocesano. Su paciencia y apo y o diarios han hech o posible este pro y ecto.
El apoyo de mis amig os en esta t area ha sido inmenso, tanto desde el punt o de vista
material como, sobre to d o, aními co. Algunos y a no se encuentran entr e n osotros, otros
residen al lende lo s mares. Debo rec ordar el respaldo incondicional de mi amiga Gara,
una persona maravillos a; su padre, el gran Adolf o Santana, será por siempre un
referente para todos los a mante s de esta tierra, do nde quier a que esté. Do y las gracias a
mi amigo y camarada Iván, que siempre ha tenido un hueco para acordar se de mí, y al
que deseo toda la suerte del mu ndo en su te sis doctora l. Do y la s gracias a mi amig o y
colega Dani el, cu y o ejemp lo como formidable historiador y su apo y o in combustible , en
los buenos y en los mal os momentos, me han a compañado dur ante estos añ os. Y a mi
amigo y maestro Yerout, uno de los mejores histo riadores de nuestra generación.
Esta tesis hubiera sido del todo imposible, sin l a ay uda de mi familia , a la que dedico
este trabajo: Ca rmen, Fr ancisco y Aíssa. No t engo pal abras para describ ir el in menso
favor que les de bo, para tr ansmitir mi eterna grat itud, por su apo y o material y moral, en
este trabajo y en todas las fa cetas de la vida. Por últ imo, debo mencionar l a me moria de
mis abuelos: Antonia Sa ntana, Antonia Bosa, Mi guel y J osé. E l ejemplo de sus vidas
excepcionales me inspiró a escribir este trabajo, y guiará mis pasos por sie mpre.
16
como las áreas implica das en el proceso migratorio. Aunque el objetivo inic ial era
realizar un anális is meramente cuantitativo del fenómeno, la calidad d e las fuentes ha
permitido realizar aporta ciones de tipo cualitati vo que han pe rmitido una mejor
comprensión de la inserción socia l del indiano en la sociedad granc anaria.
El estudi o de la contribución económica de l os retornados se ha b as ado en la
recopilación d e un amplio volume n de r emesas envia das desde Cuba, así como, a modo
de comparación, de otros países americanos. Ell o ha permitido trab ajar c on detalle los
ritmos de entrada de capita les en la is la, así como la inversión de los mism os en las
disti ntas área s del te rritor io insular.
Pero incluso entr e aque llos que retorn aban con una lata l lena d e pied ras, pa ra
convencer a sus conve cinos del éxito alcanz ado, la mi gración supus o un imp acto
decisivo en sus vidas y en la de la s pe rsonas que los rodeaban. En esta inv estigación se
ha intentado abordar el proces o de reto rno desd e dos perspectivas: por una parte, el
retornado como fi gura so cial, integrado en un ma rco socioeconómico de transición entre
el Antiguo Ré gimen y el capitalismo mo derno. Por otr a parte, el indian o com o figura
individual, como persona con una experienci a vital que conta r.
Esta tesis comenzó a tomar forma hace diez años, en 2004, cuando el auto r de cidió
arrojar un poco de lu z sobre un tema que ha sido ampliamente tratado por la
historiografía canaria. Por eso el objetivo elegido fue el retorno, un tema me nos tratado
por los autores canarios. A partir de 2007 y h asta 2011 se realizó el grueso de l a
investigación recorriend o los archivos de las islas, así como los fondos documentales
disponibles en Mad rid y Cu ba. Esta labo r se r ealiz ó con una bec a d el Cabi ldo Insular de
Gran Ca n aria, concedida para un pro y e cto cu y o objetivo era estudia r la migración y el
retorno a dicha isl a. Por lo tanto, las característic as de l retorno en el re sto de Canarias
no podrán ser estudiadas con tanto detalle.
17
*Hist oriografía y Estado de la Cuestión
La emigración c anaria es uno de los gr andes hitos de la hist oriografía isleña, de tal
manera que los li bros y artículos que se han dedicado a la m ateria se cuentan por
centenares. Atendiendo al gran volumen de a utores implicados en el análisis del
fenómeno migratorio, ha de centrarse el estudio del estado de la cuestión en aquellos
que en concreto han tenido ma y or relevancia para la e laboración de este pro yecto.
Atendiendo a esa gran producción historiográfica , se analiz ará brevement e algunos
aportes al estado de la cuesti ón. Por ord en cronológico, el primero fue es crito por
Antonio M. Macías Hernández en 1992 1 . En el mismo, el autor realiz aba más que un
análisis s istemático de la producción historiográfic a, una construcción te órica en torno a
la que v ehicular las diferente s apo rtaciones h asta entonces producida s, señalando
además los puntos en los que convenía realizar un ma y or esfue rzo.
En 1994, Gregorio J. Cabrera Déniz realizaba un estado de la cuestión específico
para los emi gran tes reto rnados, aunqu e más bie n era una propuesta de trabajo de un
proyecto que nunca l legó a realizarse 2 . Abordaba las fuentes di sponibles y la si tuación a
nivel nacional, conclu y endo que las publicaciones respecto a los indi anos aún eran
escasas en las islas.
Años después, en 200 1, Carmen Asc anio realiza ba un magnífic o t rabajo que
actualizaba la ma teria 3 . La autora realizaba un metódic o análisis que incluía el volumen
de publicaciones, la d ed icación te mática d e las mismas y el ámbito cro nológico a los
que se h abían ded i cado las produc ciones elaboradas hasta en tonces. El art íc ulo no
pretendía ser un análisis sis temático de la producci ón de cada autor, sino una valorac ión
cuantitativa global. En 2013, realiz ó una propuest a teórico -metodoló gica imprescindible
para el trabajo en el camp o de las migraciones 4 .
En 2004, Antonio Santamaría realizaba el últ imo de los grandes esta dos de la
cuestión de la emigración canaria 5 . El autor centraba su análisis en el caso concreto de
1 Macías Hernánde z, 1992b
2 Cabrera Díaz, 199 4
3 Ascanio, 2001
4 Ascanio, 2013, pp .35 -39
5 Santamarí a, 2004
18
Cuba, con la peculia ridad de que los his toriadores canarios er an su únic a materia d e
estudio, para l o cual desgranaba detenidam ente las aportaciones anteriores de los
principales investigadores de la materia , tema por tema. Santamaría planteaba la
singularidad d e la mi gración canaria, así como la necesidad d e reforzar el r elativamente
endeble marco teórico sobre el que se sostenía la hi storiografía canaria.
El mism o autor, ju nto a Consue lo Naranjo, había realiz ado en 2000 uno de los pocos
trabajos sobr e estado de la cuestión de la e migración española a las Antillas 6 , en el cu al
la historiografía c anaria encontraba acomodo jun to a la pro duc ción d e otra s zonas de
España. Aquel a rtículo concluía con la necesida d de ahondar en las cuestiones
pertinentes a la integración social y el contacto cult ural.
La cuestión del retorno de emigrantes fu e trata da e n cada uno de los anteriores
trabajos con diferente for tuna. Las referencias má s destacables las hiz o Antonio Macías
con respecto a la ne cesida d de estudia r más det enidamente las remesas. D e mane ra más
amplia, C onsuelo N aranjo y Antoni o Santama ría hicie ron lo p ropio en su estudio de
2000 sobre la c reciente p roducción historiográfica dedicada a los emi grantes retornados,
más popularmente conoc idos como indianos. La his toria ora l fue objeto de un estado de
la cuestión en 1996, un estudio que concluía con la necesidad imp eriosa de aprovechar
mejor esta fuente valiosísi ma para el estudio de la m igración canaria 7 .
Hecha esta recapitulació n inicial, se abordará específicamente la obr a de los autores
más significativos para la realización de esta t esis.
-El proceso de salida migratoria
En 1981, J ulio Hern án dez García publicó una obra de refe rencia para toda la
historiografía post erior. Quizá carecía de un adecuado marco te órico, pero la aportación
empírica a la materia ha resultado im prescindible 8 . Otra s ob ras que ha re alizado este
autor se acercan mu cho más a la t emática d e esta te sis, así, junto a Man uel Hernández
6 Naranj o Orovio y Santam aría, 2000
7 Martínez y Gálvez, 20 06
8 Hernánd ez García, 1981
19
trabajó en la crisis migratoria que siguió a la G uerra del 98 9 y en la po sterior crisis
cubana de los años 20-30 10 .
En su libro de referencia de 1992, Antonio M. Macías sint etiz aba un modelo
explica tivo por el cual l as islas habrían tenido u na primera épo ca de poblamiento, es
decir de inmigración neta ha sta finales del XVII, y una segunda de ajuste
socioeconómico y de neta emi gración en la cual la oligarquí a cana ria re gulaba el
proceso de salida s se gún su conveniencia. Esta segunda fa se s e dividiría e ntre una fase
migratoria fu ertemente v inculada la crisis viti vinícola y una emigración en masa y a en
el siglo XIX 1 1 . La obra de este autor de la ULL es t ambién mu y amplia, centrada en l as
cuestiones económicas del archipiéla go. Es impo rtante señalar dos de sus artículos, el
primero por su contribución a una mejor co ntex tualización teórica del proceso
migratorio a mediados del X IX 12 y el segundo abarcando hasta principios del s iglo XX 1 3 .
La contribu ción de Manuel Hernández al estu dio de la migración c anaria es
extensí sima, una simp le búsqueda ar roja más de una veintena de tít ulos directamente
relacionados con la mat eria. Su trabajo se ha centrado sobre todo en el siglo XV III y
principios del X I X, alejándose un poco de la materia de esta tesis. Por ello han de
destacarse sólo dos artículos, apa rte d e los y a comentados, por lo que añaden a la
sociología de la emi gración, que son su trabajo s obre la migración co mo regulador de
tensiones socia les 14 y su aná lisis de l im pacto de la misma sobr e las estructura s
familiares 1 5 . También dirigió la tesi s doctoral de Félix Rodríguez Mend oza, la cual
aunque centrada en I cod en la fa s e final del Anti guo Ré gimen 1 6 , aportó va liosa s notas
sobre lo s mecanismos de financiación de la emigración, la migración de retorno y el
impacto de las remesas en la s ociedad icodense.
Sin salir de Te nerife, Gr eg o rio J . Cabrera Déniz e studió las aportaciones indianas al
arte y las construcciones de La Laguna 1 7 . La contribución de Cabr era Déniz es, sin
9 Hernánd ez González, 1993
10 Hernánd ez García, 1993
11 Macías Hernández, 1992
12 Macías Hernández, 1996
13 Macías Hernández, 1995a
14 Hernánd ez González, 19 91
15 Hernánd ez González, 19 90
16 Rodríguez Mend oza, 2 004
17 Cabrera Déniz, 2003
20
embargo, mucho más importante en el ámbito de la prensa y asociacione s canarias en
Cuba, trabajo que culminó con su obra Canario s en Cuba 18 .
Manuel de Paz también ha c entrado parte de su t rabajo en la prensa c anaria d e la
Gran Antil la. Así, destaca su análisis de la revi sta Tierra Canaria 1 9 una de las más
señeras de la colonia i sleña en aquel paí s. El autor también ha escrito sobre el retorno
con su Indianos 20 y más intensamente sobre la fig ur a de W ang ü emert, destacada
personalidad palmera que también hiz o el viaje de vuelta a las islas 21 . Manuel de Paz
abordó incluso la temática de género, a través de un análisis del colectivo de mujeres
canarias en Cuba y d e algunas figuras femeninas destacables ya desde fecha
tempranísima 22 . Pero quizá ha sido su libro La Escl avitud Blanca 2 3 el que m ás ha t enido
influencia en la present e tesis, fundamentalmente en lo que se refiere a la
contextua lización de los emigrantes en Cuba.
Desde la d emografía, la obra de Juan Franci sco Martín Ruiz sigue siendo ineludible.
Este auto r realizó el má s amplio a nálisis de mog r áfico de la provin cia ori ental de
Canarias, con atención a la cuestión migratoria a l o largo d e la historia en el capítulo V I
del mismo 2 4 . Es una obra importante no s ólo po r sus aportaciones cuantitativas, sino
también por la me todolog ía utili zada, por ejemplo, al trabajar sobre lo s balances pa ra
deducir la emigración de un territorio.
- Mercados de trabajo y r edes migratorias
La historia del A rchipiél ago ha sido inte grada po r Miguel Suárez Bosa en el marco
más general de la Hist oria Atlántica, inte resándose por los vínculos so ciales entre a mbas
orillas del océano y estab leciendo un marco genera l para la s mi graciones entr e Cana rias
y Latinoamérica 2 5 . Su tr abajo más valioso, en lo que respecta a e sta tesis, a parece en dos
artículos ded ic ados, el primero, a los trabajad ores 2 6 , en el cual se desarrolla una
18 Cabrera Déniz, 1996 y 20 02
19 Paz Sánchez, 1999
20 Paz Sánchez, 2006
21 Paz Sánchez, 1991 y 1992a
22 Paz Sánchez, 1980
23 Paz Sánchez, 1992b
24 Martín Ruiz, 1985
25 Suárez Bosa, 200 8a
26 Suárez Bosa y O jeda Déniz, 2 006
21
propuesta teórica ba sada en el me rcado de trabajo atlántico, proponiendo a lgunos
conceptos mu y útiles par a este t esis como es el de las ca denas migratorias. El segundo
artículo se refiere al empre sariado canario en Cuba 27 , abordando en el mis mo un tema
original rara vez tratado por la historiografía canaria, que normalmente ha reducido a los
isleños al papel de asalari ados.
Otros autores se h an acercado a la realidad migr atoria desde la Antropol ogía, como
ha sido el caso de J osé Alberto Galván Tudela. Este profesor de la ULL ha tr abajado
ampliamente las relacio nes cana rio-cubanas, así c omo proc esos y si tuaciones socio-
culturales ex clusivos no sólo de las is las, si no también de Cuba 28 . Su aportac ión teórica
y m etodológica es mu y valiosa, en tanto en cuánto esta vis ión antropológica es mu y
original en el contex to c anario. Partiendo de un estudi o sobre el trabajo isleño en la
Gran Antilla 29 , en Canario s en Cu ba 30 el autor r eal izaba un completo replante amient o
de la cuesti ón mig ratoria, c omo se verá en trab ajos post eriores que abarcan desd e el
campo culinario 31 al generacional 3 2 .
Junto a Galván Tudela, Guillermo Sierra Torres realizó un trabajo que influyó
fuertemente en esta tesis , refe rente a la s redes migratorias del municipio de Arona en
Tenerife 3 3 . Esta obra en re alidad es continuación de trabajos anteriores en que se
estudiaron c asos con cretos de redes migratoria s que vinculaban Aron a c on ár eas
específicas de Cuba, normalmente donde se localizaban import antes centrales
azucareros 34 Su obra más importante, Los Canarios en Cuba: juntos pero no rev ueltos ,
supone quizá el trabajo interpretativo y explicativo más desta cable en lo que a redes
migratorias se refiere 3 5 .
27 Suárez Bosa, 200 6-2007
28 Galván Tudela, 19 99
29 Galván Tudela, 19 96
30 Galván Tudela, 19 97
31 Galván Tudela, 20 00
32 Galván Tudela, 20 04
33 Sierra Torres, 20 04
34 Sierra Torres, 19 98 y 2000
35 Sierra Torres, 20 01
22
- Historia de Cuba
Dos autores ha n desarrollado su labor casi enter amente de cara al estudio entre Cuba
y España, se trata de Consuelo Naranjo y Antonio Santamaría, que ac tual mente
desarrollan su labor en el CS IC. Entr e ambos acu mulan más de 70 publicaciones, por lo
que es difíc il com entarlas en este lu gar, p ero qu e son básicas para la e laboración d e los
capítulos referentes a l a labor d e los canarios en Cuba. Se ha escogid o sólo una
publicación ejemplarizan te del t rabajo de ambos, que a ve ces h a sido conj unto. L a ob ra
de Consuelo Naranjo s e ha centr ado en cuestio nes de inmigración en Cub a a sí como en
políti ca, de he cho vincul ando ambos campos, como suc ede en Ra cismo e Inmigración
en Cuba en e l sigl o XIX 36 . Sa ntamaría ha estado mucho más escorado haci a la
economía, especialmente en lo que se refiere a l sect or azucarero, destacand o Sin Azúcar
no hay país 37 , un ex tensísimo análisis económico y técnico del sector en la fase final del
periodo analizado en esta tesis.
Por su lado, la obra de Zanetti sobre la intera cción entr e economía, sociedad y
políti ca en Cuba han si do im prescindibles para el correcto entendimie nto de estas
facetas 3 8 . En el aspecto concreto que vincula mercado de trabajo y políti ca, el t rabajo de
Imilc y Balboa Navarro es un referente 3 9 . Pa ra co ntex tualizar la historia p olític a de la
isla ha sido mu y útil la obra que Hu gh Thoma s de dicó a Cuba 40 , mient ras que los
trabajos Francisco J. Mací a s M artín, centrados en las relaciones diplo má ticas entr e
España y Cuba du rante l a era de l Ma chadato, suponen una contribución decisiva para el
entendimiento de dicha fase cru cial de la diáspora en Cuba, en ta nto que supuso el fin
de la misma 41 .
- La figura del emigrante retornado y las remesas en la historiografía
En Canarias, puede em pezarse por la tempranísim a obra de Cristina Albelo. Esta
autora fue un a de las pio neras en el estudio del re torno de emigrantes. Su artículo sobre
36 Naranjo O rovio, 1996
37 Santamaría, 2001
38 Zanetti, 2003 y 2006
39 Balboa Na varro, 2000 y 2006
40 Thomas, 2004
41 Macías Martín, 2002
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la materia 4 2 , trat ó de dar una vis ión integradora del problema, centrándose primero e n e l
contexto socioeconómico, y l uego analiz ando al detalle el fenómeno en tres apartados:
el viaj e, la figur a del indiano, donde se v alió de hi storias de vi da para aport ar una visión
cultural del fenómeno, y por últim o las remesas. Su objeto de estudio s e e nmarcó e n la
primera mi tad del X IX, e n el contex to de la independencia de los territorios americanos
que produjo el retorno de importantes c ontingentes de españoles re sidentes en aquellas
tierras, pero este pequeño art ículo, mu y bie n es crito, ha servido de base p ara posteriores
trabajos, inclu y e ndo es ta tesis. Albelo trabajó am pliamente la emigración de ida,
destacando su análisis sobre las contratas, también referencia para toda la hi storiografía
canaria 4 3 .
El apartado de las remesas ha te nido especial cabida en la obr a d e Fernando Ca rnero
Lorenzo, de l a ULL. Este autor ha centrado su trabajo en el estudio de las entidades
financieras, particularmente en las cajas de ahorro y las cooperati vas agrarias en
Canarias, en tanto que re ceptoras d e las remesas. Pu esto que se ha c entrado en el crédito
y en la ent rada de capitales a las islas, su obra in cluye algunas de las má s importante s
aportaciones r especto a las finanzas de los emigran tes y retornados. A sí de staca su
minucioso est udio so bre las remes as en la isla d e La Palma 44 que fue el a rtículo que
empujó al autor de la presente t esis hacia el es tudio del mis mo fenóm e no en Gran
Canaria. Dicho tr abajo e s, en realidad, continua ción de otros dos de ámbito más amplio
que trat aban la cuestión para todo el Arch ip iélago 4 5 . Hay que desta car también su
trabajo sobre el crédito en la agricultura canaria que compara las distinta s fuentes del
crédito en las islas, individualiz ando la aportación indiana respecto de las d emás 46 .
En un ámbito mucho más social ha de destacarse la obra de Carmen Ascanio,
también de la U LL. Est a autora ha centrado su trabajo en tres ámbitos sociológicos:
migraciones, género e identidades culturales. Aunque su investi gación ha estado más
escorada a Venezuela que a Cuba, po r la impor tancia que tuvo a l a hora de afrontar
metodológica y temátic amente esta tesis mere cen ser citada su aportación al retorno
reciente de e migrantes canarios 4 7 , su enriquec edora visi ón de la emigración desde el
42 Albelo, 1982
43 Albelo, 1985
44 Carnero Lorenz o, 2002
45 Carnero Lorenz o, 1999 y 20 01a
46 Carnero Lorenz o y Nu ez Yánez, 2001b
47 Ascanio, 1998
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punto de vis ta de género 48 así como su aportación a la represen ta ción cul tural de la
emigración 49 , amén de análi sis del estado de la cuestión y a c omentado previa mente.
Julio Antonio Yanes Me sa ha re alizado un análisis global de la figura del retornado,
destacando por lo recien te de su tr abajo, la amplitud de los te mas tra tados, sino por su
cercanía a la temática de esta tesis, sino t ambién por lo reciente d e su tr abajo. Dos son
los tr abajos que casi se sola pan con el objet ivo de esta tesis, su li bro sobre el ocaso de la
emigración a Cuba 50 y expandiendo esa temática su artículo específico sobre los
mecanismos de repatriación durante dicho periodo 51 . Aunque centr ado e n Tenerife, y
más particularmente en el municipio de Güímar, ha de ser d estac ada su más tempra na
obra 52 , pues descubrió alg unas fuentes prima rias mu y valiosas, así como los t rabajo s
desarrollados con un punto de vista archipelágico, donde hiz o importan tes aportaciones
teóricas 53 .
Además de la obra y a citada, desde la demografía J uan Fran c isco Ma rtín Ruiz
escribió el tr abajo más pormenorizado que ha tenido el retorno de emi grantes c on El
proceso migrato rio Canaria s-América: E migració n y Retorno , un ex tenso y valioso
trabajo estadístico sobre la cuestión 54 .
Y y a fuera d e Cana rias, con una aproximación a dis tintos procesos de retorno en
Europa, destac a el reciente trabajo de Núñez Seixas 55 , que estudia el fe nómeno del
retorno en el p eriodo 1850-1950. Aba rca, por lo t anto, el peri odo de estudio de esta
tesis.
La ob ra cora l dirigida p or Sá nchez Albornoz titulada Españoles hacia América: la
emigración en masa, 1880-1930 ha sido quizá el más importante esfuerzo para dar una
visión de conjunto a la e migración española 56 .
En dicha obra se encuentra un análisis de la emigración en And alucía que
proporcionó algunas claves muy import antes pa ra entender los procesos de emi gración
48 Ascanio, 2000
49 Ascanio, 1997 -1998
50 Yanes Mesa, 20 06
51 Yanes Mesa, 20 09
52 Yanes Mesa, 19 93
53 Yanes Mesa, 19 94, 1995 y 19 98
54 Martín Ruiz, 1990
55 Núñez Seixas, 201 4, p p.81-11 4
56 Sánchez Albo rnoz, 1995
25
canarios. Ex iste una dualidad mu y marcada entre la Andalucía 57 Occid ental, de baja
emigración, y la Andalucía Oriental, de alta emigración. La ex plicación a esta dualidad
reside en la propiedad de la tierra y en la estructur ación del tr abajo agrícola, en to rno al
latifundio y a grandes unidades de explotac ión-habitación bi en estructuradas en la
primera, y en torno al minifundio más individualist a en la se gunda. E sta re alidad, con
las necesarias matiz aciones, puede s er apli cada t a mbién a Ca narias, como se analiza en
los Capítulos II y IV.
Por la importancia qu e ha tenido en esta tesis, sobre todo desde un punt o de vista
comparativo y de modelos teóricos, ha de destac arse la p roducción historiográfica de
Galicia. Dest aca en primer lu gar la excepcional o bra de Xosé M. Núñez Seix as, que en
1998 publicó Retornados e Inadaptados , un est udio form i dable sobre la fi gura del
indiano en la sociedad gallega, abarcando fundamentalmente aspectos cultura les y
políti cos de la re al idad del retornado 58 . Desde el punto de vista económico y d e los
transportes, d estaca l a ob ra de Alejand ro Váz quez González, que ha publi cado div ersos
artículos en esa línea 59 . Este autor ha trabajado con detalle la estrecha relaci ón existente
entre ne gocio naviero y e mi gración, pues e l emigrante en cierto sentido actúa como una
mercancía más, pudi end o condicionar las rutas comerciales usu ales. Esto s trabajos han
servido para orientar algunas lín eas d e este pro yecto, al i gual que Las Remesas de los
emigrantes españoles en Améri ca, siglos XIX y XX , de J osé Ramón García L ópez, desde
Asturias, ha servido co mo punto de partida para el estudi o de l as tra nsferencias de
capital en esta investigació n 60 .
Pero, ¿ cómo se inte gra la emigración español a en el contexto general de la s
migraciones trasatlántic as? Quiz á ha y a sido Blanca Sánchez Alonso la que ha realiz ado
un may o r esfuerz o de in tegración de los proceso s migratorios españoles en ese m arco
más general 61 . La autora n o sólo realizó un temprano esfuerzo de publi caci ón en len gua
inglesa, sino que ad emás estableció paralelismos con otros procesos migratori os tenidos
en cuenta para este trabaj o.
57 Bernal, 1995
58 Núñez Seixas, 199 8
59 Vázquez Gonzá lez, 1995 y 200 4
60 García López, 1992
61 Sánchez Alon so, 2000
32
se constitu y ó en un fa ctor de reproducción de la migración, en tanto en c uánto suponía
la presencia de un mecanis mo de diversificación de los recursos familiares.
-Las r emesas son un fa ctor clav e pa ra l a capitaliz ación de las islas: el flujo de
remesas se incrementará proporcionalmente al fl ujo de trabajadores. Es decir, cuántos
más trabajadores canarios abandonen la s is las, más capital entrará en las misma s desde
el exterior aportado por aquellos. Pu esto que la ma yor salida de emigran tes se p roduce
en los momentos de crisis económica y desc apitalización de las islas, las remesas actúan
a modo contracíclico, pali ando la sit uación d epresiva general con el aporte de divisas
generadas por el trabajo en Cuba.
*Fuentes
- Los Archivos y H emerotecas en Canarias
La info rmación dis ponible en lo s distinto s archivos de las isla s, Madrid y Cu ba
supone la base document al de esta tesis.
La r ealidad ar chivística de Ca narias es muy div ersa, conviviendo centros con una
gran disponibili dad y cal idad de mat eriales con otros mucho más castigados por las
vicisitu des de l tiempo. Destacan fundamentalmente tres conjuntos: los Archivos
Provinciales de Las Pal mas y Santa Cruz de Tenerife, los Archivos Diocesanos de
ambas provi ncias, especialmente el de Las Pa lmas, y las hemeroteca s capitalinas,
destacando en Las Palma s de Gran Ca n aria la del Museo Canario, la cual cuenta con su
fondo digitalizado y disponib le en Jable 76 .
Otros archivos insulares han ofrecido ta mbién excelentes condiciones de trabajo: el
archivo m unicipal de T eror e i gualmente el munic ipal de Guía son ex celentes ejemplos,
el primero conserva uno de los re gistros mi gratorios más completo de las is las y el
segundo dispon e del Fondo de Pedro Bautista. El archivo municipa l de Telde cuenta
con un vasto e inex plorado fondo docum ental en el que se encuentran cerc a de un mi llar
de partidas migratorias, hasta aho ra sin trabajar, así como las fich as de l os retornados
con a y ud a del gobierno e n los años 30. El archivo de Ingenio está mu y bie n organizado
pero los incendios destru y e ron la ma y o r pa rte de la documentación an terior al siglo
76 Puede consultars e en el sigui ente enlace htt p://jab le.ulp gc.es/jabl e/
33
pasado y en Mo y a está en condiciones c asi i mposibles de util izar, por lo que no han
podido ser utilizados e n este proy e cto.
- Los archivos de otras regiones:
Como se comentó en la introducción, Canarias es una región in tegrada en la re d
atlántica m u y amplia , que no hizo sino expandirse desde 1500 hasta 1960, cuando su
naturaleza fundam ental comenz ó a cambiar a pa sos acelerados. Su s ejes f undamentales
fueron la Península Ibéri ca, la s Antil las y la v eci na costa d el Sáhara, aunque ac abó
abarcando prác ti c amente toda la América Atlántica, Europa Occidental y el África
septentrional y oc cidental. En razón de este hecho, gran parte de la in formación se
encuentra depositada en los archivos de ámbito hispá nico.
En la España peninsular se ha consultado el Arch ivo Histórico Nacional de Madrid
donde se encuentra abundante información sobre la r elación Cub a-Canarias, así como
información estadísti ca procedente de los antiguos censos. El INE ofr ece a través de
internet su amplio fondo e stadístico, que ha sido fundamental para la recopilación de
datos demográficos para este pro yecto.
En cuanto a la documentación de procedencia cuba na, se ha utiliz ado material
disponible en el Archivo Hist órico Provincial de Ci enfuegos, con material referente a
emprendedores canarios afincados en aque lla provincia, el Archivo Histór ico Pr ovincial
de Matanzas, c on docum entación sobre la entr ada de pasaj e ros canari os en la isla .
También se han analizado al gunos documentos pertenecientes a centr ales az ucareros
cubanos.
- Los archivos de instit uciones privadas.
Se ha contado con el Fondo de Pedro Bautista H ernández, disponib le en el Archivo
Municipal de Guía. Pedro Bautista era procurador en Guía y actuaba en di cha localidad
como representant e legal de muchos emigrantes, gracias a lo cual se ha p odido conocer
al detalle la vida de sus contemporáneos, pues la correspondencia y l as minuciosas
gestiones de cada caso se han c onservado 77 .
77 En Mart ínez Martín, 2008 se realiza un traba jo d e síntesis sobr e el uso de la c orrespon de ncia p ara el
estudio de l as migracion es contemporá neas.
34
También ha sido posi ble valerse d e pro y e ctos de in vestigación real izados
previamente po r otros i nvestigadores, en espe cia l se ha contado con la información
recopilada po r el Pro yecto P I2003/193, de la Consejería de Educac ión del Gobierno de
Canarias, cu y o tem a es las mi graciones entre Canarias y Latinoaméric a.
-Los I nformes C onsula res Británicos: han sid o t rabajados por l a hi storiografía
canaria y resultan ser un a fuente de gran utilid ad, empleada en est a tesis e n el Ca pítulo
II para contextualizar la realidad económica y demográfic a de Gran Canaria.
-Estadísticas de Pasaje ro s por Mar: se trata de la serie disponib le e n e l INE sobre la
entrada y sal ida d e pasa jeros. Es probablemente l a fuent e más utiliz ada para el estudio
de los movimi entos mi gratorios del siglo XX, pero como su anteces or d e la Casa de
Indias para e l Anti guo Ré gimen, ha sid o severamente critica da por l o oficial de la
mism a, adem ás de por la simplez a de los conceptos empleados.
-Memorias de l a C ámara Ofi cial de Comer cio, I ndustri a y N avegación de Las
Palmas: estas Memorias ofre cen una info rmación muy in teresante en la sección
dedicada al puerto, dad o que para el período 1925-1935 (al gunos años) muestra el
tránsito de emig rantes por dicho pue rto, si son ho mbres o muje res, si salen o entran, en
qué meses lo hacen, qué profesiones t ienen y cuál es su grado de al fabe tización. Po r
desgracia es mu y fr agmenta ria, y sólo se ha utilizado puntualmente.
-Los Padrones d e Poblac ión: los primeros censos aparecen a p artir de me diados del
siglo XIX y están disp onibles en los archivos municipal es. Al gunos de los mism os
dejan un apartado para la cate goría de “ ausentes”, en el cual a vec es suelen reseñar si la
persona está e n América, además aporta informac ión personal sobre esa p ersona, como
trabajo al que se dedica o si ha contraído matrimonio. Los censos munici pales son la
pieza clave de la demografía moderna. En el caso de Canarias, el de Las Palmas de Gran
Canaria es mu y detallado en la informac ión qu e da en mat eria mi gratoria, no así los de
otros municipios. Gracias a los pa drones de población se ha podido reconstruir el
impacto que tu vo la emig r ación, así como los distintos pic os de inte nsidad de la mism a,
en Gran Canaria y en cada uno de los municipios.
35
A la hora de elaborar la s estadístic as a partir de lo s ce nsos se ha tomado en cuenta
únicamente la pobla ció n de hecho, es decir la form ada por los re sid entes, vecinos
presentes más transeúnte s. Se definía transeúnte como “persona que en el momento del
recuento, se encuentra en otro municipio distin to de su residencia ” 78 . Se refiere
efectivamente a resid entes que en ese momento sin constar como vecinos del municipio
habitan en el mis mo, pudiendo haber n acido en otro municipio español o en el
extranjero. Dada l a presencia de is leños con resid encia en C uba y estancia temporal en
las isla s, así como el impacto demográfico qu e e ste colec tivo pudo t ener, result a
conveniente incluirlo en el global de habit antes para un correc to análisis de mográfico.
-Los C ensos Anuales de Cuba: son in formes anuales referentes al estado e conómico,
demográfico y social de la República de Cub a. Come nzaron a s er editados por l as
autoridades d e ocupació n estadounidense de la isla, y posteriormente siguieron siendo
publicados por la ya independiente repúblic a. Son una fuente va liosísima en términos
cuantitativos para el estu dio de dive rsos aspectos de Cuba en los primeros años del siglo
XX.
-Comendaticias: son los document os más valiosos para el estudio de la mig ración en
el proceso de salida, amp liamente uti liz ados por la histori ografía canaria especialmente
por Julio Hernández que realizó el má s am plio estudio sobre la ma teria 7 9 . Abarcan,
fragmentariamente, desde los años 40 del siglo X IX hasta finales de dic ho siglo. Se trata
del permiso que solicitaban a la s autoridades civil es los que querían emigrar y en ellas
se hac e constar la persona interesada, su aspecto físico, así como el lugar al que se
pretende marchar. Se encuentran almacenados en l os archivos municipales, en distinto
grado de disponibili dad. Pa ra esta investi gación, se han consultado l as d is ponibles en
Guía y Teror.
-Cartillas o L ic encias de Emi gración: en el muni cipio de G üímar el a utor J ulio Yanes
localizó una importante ca nti dad de estos valiosísimo s docu mentos abarcando el
período 1917-1934 80 . En Gran Canaria es posible localizarlas en el ar chivo de Teror, en
donde la fuent e abarca d esde 1872 hasta 1922. Pueden considerarse una co ntinua ción de
78 MHAP, s/f, p. 1; I NE, 2001, pp .21-22
79 Hernánd ez García, 1981, p p.1 75-271
80 Yanes Mesa, 19 93, p .22
36
las comendaticias, y cual quiera qu e quisiera marcha r debí a cumplimentarlas. En el ca so
de que una persona pretendiese emigrar siendo menor de edad debía pe dir autoriz ación
a sus padres, y e n el caso de que la persona fuera casada debía solicitarla a su cón yuge,
y a fuera hom bre o mujer, de manera que qued ara constancia escrita.
-Beneficencia y Consula do Español: se tr ata d e u na serie de documentos en lo s que
constan las familias a y ud adas por la Beneficencia y e l Co nsulado Español en Cuba para
regre s ar d esde allá. Se limi tan a los años 30 del siglo XX, fecha e n l a que los canarios
tenían seria s dificultad es en aquella isla, y traen una inform ación mu y co mpleta sobre
los afectados: component es, edad, b ar co en el vien en, prec io del pasaje… u sualmente se
adjunta una foto de la famil ia. Sólo se ha podido constatar su pres encia e n el Arch iv o
Municipal de Telde.
-Expedientes de Ignorado paradero: es una s erie de documentos disponi bles en el
Archivo Diocesano y por los cuale s se hace constar la d esaparición de al gún miem bro
de la familia, usualmente porque se les nec esita para al guna actuación y ha y que proba r
que están aus entes. Las f amili as de muchos de estos desapare cidos tenían const ancia de
que se habían marchado a Cuba u otro sitio, perdiendo posteriormente el conta cto.
-Expedientes de solt ería: son los documentos má s valio sos para el estudio de la
migración en el proceso de retorno y están siendo investigados deta lladamente por este
equipo de inve stigación. Se componen d e una seri e amplísi ma y comple ta, disponible en
el Arc hivo Diocesano d e Las Pa lmas de Gr a n C anaria, que abarca desde finales del
siglo XVII hasta 1933 d e forma ininterrumpida y si n lagunas, y a partir de es a fe cha
disponible en cada pa rroquia. Para que una persona que h abía estado fuera de la diócesis
pudiera casarse, debí a de mostrar su solt ería, y por lo tanto acudían a dar testim onio de
dónde habían est ado y por cuanto tiempo, ademá s normalmente presenta n dos o tres
testigos que validan su relato normalmente ap ortando su experi encia personal; suelen
aportar una cantidad enorme de información sobre los interesados, nacimi ento, fa milia,
profesión en Canarias y en el destino, vicisit udes vivid as etc. De este modo ofrecen una
valiosísim a fuente de datos que no es exclusiva de Canarias, pue sto que a través de la
información r ecogida en los mism os queda claro que eran práctica corriente en todo el
ámbito católico atlántico, desde Buenos Aires a Madrid, pasando por La Habana y Sa nta
Cruz de Tenerife.
37
-Protocolos Notariales: Los Protocolos Notariales han servido par a cono cer muchas
de las adquisic iones de los retornados al detalle, las cual es se hallan di sponibles en el
Anexo Documental del Capítulo I V.
También se hall an en est a fuente las contratas d e emigración: durant e el s iglo X IX,
especialmente entre 1830-1850 y 1870-1890 fue ron muy comunes las contratas de
emigración, bien estudia das por la his toriografía c anaria 81 . Esta fórmula significaba,
para lo s hacendados cub anos, la manera ideal para r ealizar el tránsito de la mano de
obra esclava a la ma no de obra as alariada, dado que a cambio de pagar e l pas aje a los
isleños interesados estos debía n pagar dicho pasaje con trabajo.
Otro tipo de docu m entos relacionado con la emigración fueron las Obligaciones de
Pago: abarcan des de fina les del siglo XV III h asta 1860 y están disponible s tambié n en
los Pr otocolos Notariales del AHP LP. Son una fó rmula contemporánea a la s contratas,
pero de naturaleza diferent e, aunque a veces ha y a n sid o c onfundidas: el emigrante pa ga
por su cuenta el via je, pero lo debe hacer a l a arribada a Cuba (de ahí el término
“obligación”), en donde normalmente le espera un familiar con el din ero ne cesario; en
caso de que no se produzca el pa go, se ha dejado previamente una propi ed ad a modo d e
fianza.
-Estadísticas de Pa sajeros de Mar: se trata de un a fuente clá sica par a el estudio del
tránsito de pasaj eros, di sponib le en el Instituto Nacional d e Estadística con sede en
Madrid.
-Libros de L iquidac iones: son la fue nte más valiosa para el estudio de las inve rsiones
realizadas en la isla desde Amé rica. Se enc uentra n en el Archivo Hist órico Provincial de
Las Palmas y se tra ta d e los registros de H acienda para la transmi sión de bienes y
capitales, por compra venta, herencia etc. Ofrecen los datos de l as personas
intervinientes y los detalles resumi dos de la op eración realiz ada, a su vez proporcion an
el dato necesario para encontrar dichas operaciones en los Protocolos Notari a les, en
donde se encu entra la inf ormación completa. El a utor canario qu e más ha explota do esta
fuente es Carnero Lorenzo 82 y esta investigación ta mbién se ha seguido esa senda.
81 Albelo, 1982
82 Carnero Lorenz o, 2002
38
-Periódicos y Revistas: son una fuente m u y comple ta si se quiere rastrear a personas
de relevancia. La p rensa normalmente se h acía eco de l as idas y venidas d e las personas
importantes de la so ciedad e incluso d e si había fallecido y dejado te stamento. Las
revistas editadas en América, como Tier ra Cana ria en Cuba en torno a 1930, ofr ece n
aún más i nformación con muchos deta lles sobre l a vida cotidian a. A sí mismo El
Guanche ofrece tambié n m ucha información, má s poli tizada, sobre la vi da de lo s
canarios e n Cuba. Tanto revist as como periódic os son mu y importantes a la hora de
tratar in formación general sobre la emigra ción e igualmente lo es par a estud iar el pre cio
de los pasajes, así como l os buques disponibles para la vuelta a Canarias.
Los diversos diarios de las is las ofrecen una vali osísima información a través de
artículos de opin ión, fotograf ía s, información g eneral, entrevistas, publ icidad etc. Los
ejemplos que nos han ser vido para esta t esis van d esde finales del X IX h asta la presente
década, abarcando publicaciones como Diario de l as Palmas o La Provincia .
- Las Fuentes Orales
Se han podido rea lizar algunas entrevistas a protagonistas, al gunos ya fallec idos, de
las migraciones de princ ipios del siglo XX a Cu ba. También se h a h echo uso de las
fuentes sec undarias, es de cir los recuerdos de los hijos de los emigrantes. Aunque no
alcanzan el detalle de los relatos directos de los e migran tes, son un a fuent e mu y v aliosa
para el estudio de la mate ria.
Las en tr evistas más valio sas fueron re aliza das a Antonio S uárez Florido 83 en e l
verano de 2005. Antonio había nacido en 1907, y siendo jove n se mar chó a trabajar a
Cuba, a la provincia de Camagüe y . Allí empezó cortando caña, pasando después de
varios puestos de trabajo a carretero, una prof esión mu y común entre lo s is leños. Sus
observaciones so bre el trabajo en la época ál gida del trabajo cañero durant e los años 20
son preciosas, como lo son las canciones que r ecordaba de C uba. Tambié n son mu y
útiles, sin bi en acordes c on la mentalidad de la época, su opinión sobre los trabajadores
antillanos, de los que habla en la primera entrevista de ju lio, y sobre to do en la segunda,
83 El periodi sta y aut éntico et nógrafo de l a cultur a cana ria, Ado lfo Santana , realizó en 2007 un r eportaje
sobre este e migrant e retorna do. Ver Sant ana A ., Canarias7, 02-04 -2007
39
en que fue i nterrogado a cerca d e esta cuestión por una colega de Brasil . Do n Antonio
falleció en 2009.
En ma y o de 2007 se r ealiz ó una entrevista a Francisco Ramos Ve ga, natural de El
Guriete, en los altos entre Temisas y Santa Lucí a . Francisco era hijo de un emigrante
retornado, y recordab a muc has ané cdotas d e su padre, Francisco Ramos Ojeda, qu e
estuvo cuatro años en C uba. Est e entrevistado incluso recordaba can ciones, que, como
Antonio, se había tr aído s u padre d esde el otro lado del Atlánt ico. Su relato conti núa en
la segunda parte de la ent revista hacia su e xperiencia, durísima, en la Guerra Civil
Española.
En enero y febrero de 20 09 fueron re alizadas dos entrevistas a Francisco Ortega Gil,
familiar de Antonio Orte ga. Este último se convirtió en uno de los grandes magnates de
la economía cubana , al controlar el negocio de la dis tribución de leche y s er el primero
en dar el s alto a l a pasteuriz ación. De hecho, a su empresa la conocían com o el e píteto
de “imperio”, y d e la misma se habla exte nsamente en el apartado 2.1. 4. Paquito Gil
arrojó luz sobre la tra y e cto ria de su an tep asado, fall eciendo en 2015 84 .
En junio de 2012, I sid ro Castro Alvarado fue entrevistado en Sardina del Sur,
municipio de Santa Lucía de Tirajana. El entrevi stado no emigró a Cuba , pero conoce
bien el deveni r de sus tíos, Antonio y Lucas, qu e emi graron, así como su su egro, que
estuvo 14 años en Cu ba. Los d etalles que Isidro da sobre la vida social y e conómica de
los retornados, sobre todo en lo que respecta a la adquisición de propie dades, son
magníficos.
Se ha incluido una conversa ción c on Felisa Sa ntana Galb án, ve cina d el Carrizal,
municipio de Ingenio, en que se h ablaba de los av atare s de su f amilia en l a Isla de Cuba.
Felicita fue a Cuba siendo mu y niña, de hecho, no lo recuerda, pero sí tiene m emoria de
las historias que su padre, Manuel Santana Sánche z, y famili ares le contaban.
En octubre d e 2015 se reali zó una última entrevista a Francisc o Suár ez Bosa, vecino
de Lomo Magullo, en Telde. Su padre, J osé, emigró a C uba en 1924, en plena
recuperación de l sector az ucarero; estando en C ie go de Ávila, pad eció l as persecuciones
de Machado contra lo s isleños, para verse atrapa do posteriormente por la c risis de 1929,
hasta que logró volver en 1932.
Como alg unas entrevista s fueron realiz adas en una fase mu y te mpra na de la
investigación, la habili dad del entre vistador deja mucho que desear. Pero la realización
84 Yánez Rodríguez, La Pro vincia-Diario de Las Palm as , 29 -06- 2015
40
de estas entrevistas, anteriores i ncluso al inicio formal de l a investi gac ión, modelaron
decisivamente la evolución del pro y e cto. Todas est án subi das a Youtube, donde pueden
ser consultadas libremente, el li stado de las mismas se halla en el Anexo Documental 2.
- Metodología
La metodolo gía e mpleada en est a tesis está e n consonancia con la s hipótesis
planteadas y l as fuente s disponibles, que han sido analiza das de acuerdo a los
procedimientos comunes en la historiografía d e las migraciones.
-El Í ndi ce General d e Mascu li nidad: En el Ca pítulo II , se ha realiz ado un detallado
análisis de los censos de población dis ponibles desde 1787 para obtener el Índice
General de Mas culinida d, que a yuda a d esvelar, aunque sea pa rcialment e, el volumen
general d e la e migración, así como sus periodos clave de ida y r etorno. S e ha utili zado
dicho método tanto a nivel ins ular como lo c al, y a modo comparat ivo, a nivel
archipelágico. L os resul tados han si do c omparad os con los que otros autores han
obtenido mediante el Mé todo de los B alances, es decir conociendo el número to tal de
bautismos, y el de mort alidad, se obti ene el crecimiento natural de la p oblac ión que
puesto en contraste con el cre cimiento real (obte nido a través de los censos) revelará,
por exceso o por defe cto, si ha y o no emigración-inmigración netas. En Canarias h a sido
aplicado detalladamente por Juan Francisco Martín Ru iz 85 .
-Las entradas y salid as de pasajeros: el c álculo de l os mis mos ha sido util izado
tradicionalmente p ara ev aluar el volumen y ritmo de salidas y retornos. Aq uí también se
ha aplicado dicho método, pero dada su a mplia ex plotación anterior se ha confiado en lo
fundamental en la explotación que de di cha fu ente han re alizado otros autore s. Se ha
podido reconstruir las principa les redes de transpo rte de emig rantes gracias a esos datos,
así como los buques empleados en las mismas.
-La re construcción de l as redes mi gratorias: un apartado fund amental de la tesis
supone la reconstrucció n de las redes implicadas en el proce so mi gratorio. Para la
elaboración de l as mis mas, se h an aplicado méto dos de carácter cuantitati vo a los datos
disponibles en los Ex pedientes de So ltería referidos a lugar d e partid a y lugar de
85 Martín Ruiz, 1985, pp .381-42 7
41
emigración, así como la fecha en que dichos hechos ocurrieron. En el Ca pítulo I II se
realiza una reconstrucción de las redes migratorias entre Canarias y Cuba.
-La reconstrucción del proceso de recapita lización: también se han util izado métodos
cuantitativos para la ev aluación del carácter de las re mesas . De cara a ese objet ivo, se ha
evaluado el volumen de l as mis mas, la procedencia del capita l, así como el lugar en que
se invirtió, las propied ades que se vieron impl ica das y los periodos de tiemp o en que se
produjeron. El carácter económico del retorno se analiz a en el Capítulo IV.
-Historias de vida: pa ra estudiar la evolución vita l de un emigrante s e ha recurrido a
las fuentes orales y a la información cual itativa contenida en los Expedientes de
Solt ería, de lo qu e ha resultado un an álisis antropológico en el Ca pít ulo I II. La
descripción de las propie dades hallad as en los Libros de Liquidación y en los Protocolos
Notariales ha permitid o reconstruir parcialmen te la his toria de vida del indiano
Francisco Ca rdoso Rodríguez, que ejempli fica y sobre to do def ine má s allá de las
estadísticas un proceso mi gra to rio con un impacto decisivo sobre las vid as y
experiencias de tantas pe rsonas. De una comunidad entera, de hecho.
48
La para doja de esta situ ación, es que desde 1817 España había firmado con el Reino
Unido un tra tado po r e l cual a p artir de ma yo d e 1820, con la excepción de los buques
que hubi eran sali do del puerto antes d e dicha fecha, se daba por concluida la trata
negrera (que no la esclavi tud) en los territorios españole s 96 . Este a cuerdo se demostró
prácticamente imposible de cumplir, sobre todo porq ue las autoridades españolas y los
hacendados cubanos no colaboraban en nada c on la tare a. Las que jas de los británicos al
respecto obli garo n al es tablecimiento en La H abana de agentes pa ra controlar dic ho
tráfico, pero nin guna m edida fue efectiva hasta que las autoridades españolas no se
comprometieron a fondo. Hubo que espera r a qu e el Capitán Ge neral Ge róni mo V aldés,
cerrara seis me rcados esc lavistas e n La Habana para que l as medidas fuera n efectivas, y
aún entonces los esclavi stas si guieron prospera ndo me diante el contrabando. L o cierto
es que para 1860, definitivamente, el tráfico ne grero había sido redu cido. En ello quiz á
tuvo más peso el control de la a rmada británica en a guas africanas, y po r en cima de todo
la rearticulación de las e conomías af ricanas, que viraron de la ex portación esclavista al
comercio legítimo, en el contex to de la expansión colonial europea en África 9 7 .
La Conspiración d e la Escalera de 1844, u n sup uesto complot de los lib ertos de la
zona de Matanzas, que seguía a un cierto estado de turbulencia en los años anteriores 98 ,
vino seguida por una durísima represión de la a utoridad española contra la población
negra. El hecho refleja el pavor todavía l atente de la oli garquía, sobre todo de los
hacendados de ori gen español radicados en el Oc cidente de Cuba, a un lev antamiento de
sus esclavos. Su s pesadillas par ecieron convertirse en realidad en 1868, pe ro el conflicto
que iba a estallar tenía raíc es mucho más complej as.
El Oriente de la isla, comprendiendo las re giones de Puerto Príncipe y Santi ag o de
Cuba, tenía un modelo soci oeconómico dif erente al o ccidental, era c omo si en Cuba
existie sen dos Cubas. El a zúcar no se h abía des arrollado con t anta inte nsidad, de modo
que no exist ía en la región una masa escla va de ta nta consideración como l a oc cidental,
pues en una ex tensión de superficie simila r ex istían 300 ingenios, contr a 1.068 en la
otra mitad de la isla, ademá s de ser mu cho más p equeños y menos p roductivos 99 . Por el
contrario, la población ne gra y mulata era más abundante que en nin gún sitio, si bien era
fundamentalmente libre, y vivía en siti os de su propiedad, o arrendados, d edicados a la
96 Del Castillo, A. 1843, pp .800-803
97 Law, 1995
98 Co menzand o con la Gran Rebelión de 182 5, cuand o banda s de esclavos in surgentes destruyero n
ingenios y c afetale s en la zo na; Barcia, 2012
99 Rebello, 1860
49
producción de subsis tencia, así como en hatos dedicados a la cría de ganado. La
extensi ón sin c ultivar en estas provincias era mu y am plia, especi almente en Pu erto
Príncipe, donde existía n extensas llanuras de past izales, en que s e c riaba t anto ganado
vacuno como caballar. El tabaco había hecho grandes progresos, y pa ra 1 860 contaba
con 2.504 ve gas dedicad as a su p roducción sólo e n la zona de Santia go d e Cuba; existía
además minerí a del cobr e. Pero quiz á lo má s imp ortante es qu e se h abía d esarrollado en
el Distrito Oriental, desde la llegada de lo s franceses, un próspero sector c afetero. Tanto
los hacen dados orien tal es como los pequeños propietar io s participaban de dicha
producción, pero d esde 1857, el se ctor caf etero comenzó a ex perimenta r una profunda
depresión 100 .
A los problemas en el s ector del café se unieron de sde 1860 l os produ cidos por la
caída en el precio mu ndial del azúcar, p roducida por la extensión de la producción de
azúcar de remolacha. Est os probl emas económico s se es taban conjugando con un estado
de opinión pública favorable a la ne gociación del “acuerdo” que los cubanos tenían con
España, así qu e comenz aron a moviliz arse para in troducir las urgentes reformas que la
isla necesitaba. En 1866 se creó la “Junta de I nfo rmación” desti nada a trat ar en Madrid
las medidas m ás ur gentes: los cubanos acudieron divid idos entre un secto r reformista y
otro conservador, lo que el gobierno aprovechó pa ra dar lar gas a los as untos de Cuba en
36 reuniones de resultado fina l in fructuoso. La obtusa polít ica del gobierno central
dirigido por Na rváez, qu e de hecho giró hacia condic iones más duras haci a lo s cubanos
decretando nuevos impuest os, provocó el fracaso de la vía pacífica para las r eformas 101 .
El 10 de octubre de 1868, en el ingeni o de su propie dad en La De majagua, Bayamo,
Carlos Manuel de Céspe des proclamó la indepen dencia y lib eró a los escl avos de su
ingenio; fue el c onocido como Grito de Ya ra, que dio comienz o a la Guerra Grande de
Cuba, o de los Diez Años. En 1869 C éspedes había logrado aglutinar la fue rza
suficiente como para procla mar la Re pública en Armas de Cuba, la cual no sólo se
declaraba libre de Esp aña, sino que además abolía la esclavitud en l a isla. Las fuerzas de
los rebeldes se engrosa ron con los esclavos li berados, así como con l os pequeños
propietarios y ganader o s del distrito Oriental. Pe ro el m ovimi ento estaba dividido
internamente, entre aquello s que querían la anex ión con EEUU y los qu e no, entre los
poderes lo cales y la aut oridad centraliz adora. El in tento de expa ndir la revolución a
Occidente f racasó en 18 74, pues a pesar de la invasión de la z ona de Santa Clara , los
100 Pérez Dionisio, 199 6, p.428
101 Ferrer, 1999, p. 17
50
hacendados esclavista s occidentales no most raron nin gún atisbo de unirse al
movimi ento.
Aquel año Céspe des, que abandonado por lo s suy o s enseñ aba a leer y es cribir a los
hijos de los aldeanos, m oría e n las montañas de la Sierra Ma estra, pers eguido y
tiroteado por los soldados españoles. Al mi smo tiempo, el ejército esp añol construía l a
trocha de Júcaro-Morón, que pa rtía la isla e n dos, aislando la zona oriental. La guerra
continuó hasta 1878, en que Arsenio Martínez Ca mpos, Capitán General d e Cuba, selló
el Pacto de Za njón con l os rebeldes: básicamente una rendición incondic ional de estos
últim os, a cambi o de la amnist ía. El des conte nto entre las filas re beld es por los
resultados de l a contienda todavía encen dió un postrero episodio bélico, la Guerra
Chiquita de 1879-1880 que acabó con la de rrota y el ex ilio de los principal es líd eres
insurrectos.
Las consecuencias del conflicto fu eron catas tróficas: más de 80.000 so ldados
españoles pe rdieron la vida, las regiones orientales mostraron un d escenso neto de la
población de 65.000 personas al final de la contie nda. Todas las fincas de ganadería se
perdieron, así como casi todos lo s ingenios, 496 fincas de cafetales y mile s de vegas
tabacaleras 102 , golpe del qu e el tabaco ja más se recuperó en la z ona oriental. Entonc es e l
gobierno español se pr opuso recuperar la zon a y ex tirpar las causas que habían
provocado el alzamiento: i ntentó una coloniz ación milit ar, oto rg ando tierr as a soldados
veteranos y elementos fa vorables a España con l a idea de crear una bas e pro-e spañola
sólida, tarea en la que fra casó 103 . Ante este he cho, los españoles optaron por la
privatización de los extensos montes públicos de la región, ricos en pastiz ales y
bosques, que fueron adq uiridos por hacendados azuc areros, dando inicio a un per iodo
dorado en la producción del oro bla nco en e sta z ona de la isla. La coloniz ación a través
de la ex tensión del azúcar, así como la explotación de minas de hierro, fue lo que atrajo
a numerosos isleños hacia aquella part e de Cub a 104 , que hasta entonces había sido poco
frecuentada por los canarios. Co mo se obse rva en lo s datos de e migración canaria 105 , el
año de 1878 marc ó un pico intensísimo de emigración, coincidente con el fin de la
guerra . No es que la z afra se hubiera par alizado durante l a guerra, dado que la zona
occidental no se vio afecta da en lo esencial, pero sin duda l a in seguridad del estado de
guerra d ebió jugar en con tra de la posibili dad de emigrar.
102 Balboa Navarro , 2000, p .40
103 Balboa Navarro , 2000, p p.94-103
104 Sie rra Torr es, 19 98 y 2000
105 Ver apartado 2.3.3
51
Si algo había d ejado claro el conflict o, era que la esclavitud tenía los días contados
en Cuba. L a dis y unti va se había ido fraguand o des de hacía d écadas. Un problema
decisivo se hiz o evi dente a medida que lo s en ví os de esclavos bozales 1 06 desde África
empezaron a peli grar en los años de 1840, para desaparecer del todo e n 1873 (último
buque ne grero capturado ): la z afra d emandaba m ás ma no de obr a d e la que Cuba podía
ofrecer. El problema se manifestó inicialmente media nte e l alz a en el precio de los
esclavos, y posteriorment e a tra vés de una evide nte falta de b razos en la época de la
zafra, cuando el trabajo era má s intenso. Comenz ó entonces la búsqueda de alternativas
al modelo esclavista, la s c uales pasaron por un a fase d e transición haci a el trabajo
asalariado, que fue el modelo de contratas.
Las cont ratas de canarios se enmarcan en est e contex to, así como en los proy e ctos de
“blanqueamiento” en Cuba, es decir t raer población blanca con que compensar el peso
de la masa esclava negr a. Pero la traída d e isl eños no fue la úni ca soluc ión que los
hacendados cubanos buscaron par a so lventar el p roblema de mano de obra: desde 1847
llegaron los primeros chinos contratados, desde Macao, que se eri gió en la ba se de estos
viajes. Los contratados chinos aflu yer on por dece nas de mile s a l a i sla, sirviendo a los
propósitos de los hace ndados, que los trataron como si no fue ran otra cosa que
esclavos 107 ; igual trato re cibieron los y ucatecos ll egados a la isla por l as mis mas
fechas 108 . Otra opción que se pla nteó en esta época fue la de introducir africanos libre s
en Cuba. Toda esta políti ca destinad a a substi tuir a los es clavos fu e parali zada dura nt e
los años de l a Guerra Grande, suprim iéndose el t rato con China en 1874. Con e l fin de
las hostili dades, todas estas líneas se relanzaron: canarios y galle g os vo lvieron a ser
introducidos en régimen de contrata, e n 1878 se restableció el trato con C hina, aunque
esta fuente demostró estar agotada; lle garon a Cu ba inmi grantes d e Co sta Ri ca y
Honduras, así como trabajadores d e las Antillas Menores. Llegó in cluso a plantea rse un
tratado con Liberia par a traer tr abajadores libres desde aquel país, mu y bien acogido en
Madrid, pues d esde la Península se argumentaba que lo s negros eran los trabajadores
que se había n adaptado mejor a l trabajo en Cuba 109 . Desde 1868, se empleó en los
ingenios mediante trabajos forzados a los reos acusados de bandolerismo y vagancia 1 10 .
106 Esclavo capturad o en África, por contra posición a los qu e había n nacido e n la esclavitud cuban a
107 Gómez Pedraja, 2013
108 Álvarez Cuart ero, 2007
109 Balboa Navarro , 2000, p p.131-132
110 Balboa Navarro , 2000, p .192
52
Las contratas, que podrí an c onsiderarse desde un punto de vista marxista una forma
de servidumbre , d ado qu e coartaban la liberta d del indiv iduo atándolo a la propiedad y
exigiéndole la re alizac ión de tra bajo forz oso no remunerado, demostraron ser
impopulares entre los españoles, por razones obvias, y a la larga fracas aron también
entre los obreros agrícolas de otras regione s del mundo. La oli gar quí a cubana, durante
la etapa final del gobierno español en la isla, giró dec ididamente a la contra tación de
mano de obra libre, ante la per spectiva se gura del fin de la esclavitud en la is la: por fin
comenzó a plantearse la posibili dad, de que sería más senci llo atraer mano de obra si se
pagaba un salario puntual a los trabajadores.
En 1880 se promulgaba la Ley de Patronato , que pretendía la supresión de la
esclavitud en un plazo de ocho a ños. Por la mism a, durante un periodo transitorio el
esclavo de bería pagar una indemnización a su amo, y debía trabaj ar para él a
conveniencia del patrono. Incluso d espués de a cabada la fase tr ansitoria, el esclavo
patrocinado debería presentarse ante la autoridad y demostrar que tenía tra bajo, o de lo
contrario sería enviado a trabajos forzosos en obra s públicas 111 . En 1886, finalmente, se
decretó el fin de la esclavitud, y la z afra az ucarera de 1887 se c onvirtió en l a primera de
la historia de Cuba que se levantó to talmente con brazos libres.
La liberalizac ión de la mano de obra vino unida a un intenso proceso d e
modernización en el sec tor az ucarero, hasta entonces constreñido por la exi stencia del
régimen de trabajo esclavo. Se produjo una red ucción significativa en el número de
ingenios, muchos de los cuales dejaron de moler y pasa ron únicamente a producir caña;
en un proceso que se ex tenderí a e intensifica ría e n las primeras décadas del si glo XX,
unos pocos ingenios sobrevivirían, los llam a dos “ingenios centrales”, que dieron
nacimiento al Ce ntral, u n sis tema de explotación to talmente dif erente al del ingeni o
esclavista, basa do e n el t rabajo de colonos y peo nes asalari ados. Los colonos 112 podía n
ser los propietarios de antiguos in gen io s que y a no podían poner al día sus insta laciones,
y que d ecidían por tan to producir sólo caña; pero también podían s er sit ieros y
estancieros que hubieran decidido sustit uir sus h uertas y h atos por cañ averales con l os
111 Balboa Navarro , 2000, p p.171-177
112 El término colono tiene varia s acepcion es, pero en su form ulación fina l, elabo rada casi llega do el siglo
XX, viene a signi ficar, principa lmente, “el qu e habi ta una colonia”, el “labrador que cultiva o la bra una
heredad por arre ndamiento y suele vivir en ella”. El tipo más frecuente en Cuba es un pequeño
arrend atario de tierras de l a propi a empresa du eña del central, un antiguo hacend ado o un nuevo
terrateniente que enc ontraba lucrativo expl otar múlt iples caballería s, c ontra tar cientos de ob reros y
luego negociar un bu en pr ecio por su caña . Sierra Torres y R osario Molina, 2001, pp .30-35. Jarvis Scott,
2000, p.165. Sa ntamar ía, 1998, p .132; Collazo Pérez e I barr a Cuesta, 1998, p.16 5.
53
que obten e r una gan anc ia más rá pid a. Todo este neb uloso entramado de pequeños
agricultores estab a conformando una autént ica clase media rural, que viene a ser en el
imaginario cubano el guajiro . L os c entrales, que es taban em pezando a nacer en la
década de 1880, permi tieron la i ntroducción de maquinaria mu cho más moderna, y para
su ex pansión dependieron de la llegada de mano de obra li bre : es en esta época cua ndo
el sector azuca rero se convierte en el gran polo de a tracción de trabajador es de todo el
Atlántico Norte, incluida Cana rias, que tenía u n tremendo exceso de mano de obra
producto de la crisis de la cochinilla. L os isl eños se introducirán normalmente como
peones cortadores de c aña, ascen diend o progresivam ente a escalafones intermedios del
sector, como podían ser carreteros o colonos, e incluso, a lgunos privilegia dos, a dueños
del central.
Como se observa en la Gráfica 1, la producción cubana, se había estan cado en los
niveles de 1868, y no s e había recuperado inmed iatamente tras el fin de la guerra, de
modo que no alcanzó los niveles de producción ante riores hasta en torno a 1890
El problema fund amenta l, aparte de l as turbule ncias causadas por l a guerra, era qu e
los mercados europeos d el azúcar estaba n siendo protegidos por aranceles cada vez más
fuertes, con vist as a fomentar su pro ducción loca l de az úcar d e remolach a. España no
54
podía absorber sino una fra cción de la producción cubana, de modo que la recuperación
del azúcar cubano no podí a venir del Viejo Mundo 113 .
El renacimiento az ucarero fue posibl e gracias a l a siempre crec iente de manda del
mercado de EEUU, que y a venía manteniendo intensas relaciones c on Cuba desde
mediados del X IX. En 1 890 se decretó la Ta rifa McKinle y, que condujo a una guerra
arancelaria con España, dado que por la mis ma los estadounidenses aplica ban a
productos entr antes en su me rcado el mis mo tra to arancelario que el existe nte en el
mercado emisor ha cia las exportaciones de EE UU. L os p roductores de azúcar cub ano se
organizaron en el Movi mi ento Económico y presionaron al gobierno de Madrid para
alcanzar un a cuerdo con los EEUU, hecho que lograron al año si guiente, cuando se
concertó un acuerdo comercial (Fóster-Cá novas) p or el que a cambio de la entrada li bre
de azúcar en EEUU, la harina norteamerica na entraba libre en Cub a 114 .
Dado que lo s recursos agrícolas y l aborale s cubanos estaban fundame nt almente
orientados a la produ cción de azúcar y tab aco, la agricultura d e abasto esta ba mu y po co
desarrollada, y la isl a dependía de la imp ortación de alimentos desde el ex terior para
subsisti r; la España peni nsular colocaba su producción fácilm ente, pero l a imp ortación
de harina desde EEUU se había conve rtido e n uno de l os pilares de la alimentación
cubana, de ahí la im portancia del ne gocio para la s empresas estadouniden ses. EEUU s e
convirtió de hecho en el principal socio comercial de Cuba, al importar ca si en
exclusiv idad la producci ón az ucarera cubana; ade más los estadounidenses habían hecho
fuertes inversi ones en Cu ba, que alcanzaban los 5 0 mi llones de dóla res en vísperas de la
guerra . Si n embar go, pue sto que el territorio c uba no era un mercado cauti vo de España,
la metrópoli todavía era e l principal socio en lo ref erente a las importaciones 1 15 .
El acuerdo de 1891 o freció en bandeja las inmens as posibili dades del m ercado
estadounidense a los productores cubanos, y desde entonces las exportac iones
experimentaron un aumento prodig io so, culminando en 1894 con una p roducción por
encima del mi llón de toneladas . Era evidente que la sombra del coloso norteamericano
se estaba cerniendo sobre Cuba, y el conflicto c omercial con EEUU dio un giro que
resintió los beneficios de los hacendados en Cuba. Las condiciones de 1891 resultaron
incómodas pa ra EEUU, y en 1894 el gobierno estadounidense in trodujo la Tarifa
Wilso n-Gormand que re imponí a fortísimos aranceles a la importa ción desde Cuba,
113 Zanetti, 2003, p p.14-18
114 Roldán d e Montaud, 2008, p .313
115 Suárez Viera, 201 4, p .136
55
replicada inme diatamente por España con una elevación de su ar ancel so bre la ha rina.
Del renacido conflicto arancelario salieron perdiendo los productores cu banos, que en
un momento de caíd a del precio del azúcar veían drásticamente reduci dos sus beneficios
de exportación a su principal mercado.
Entonces, si la esclavit ud había concl uido en Cu ba, y E EUU s e había co nvertido en
la potencia de referenci a en el Hemis ferio Oc cide ntal, ¿cuál era el rol que jugaba
España? Esta fue la pregunta que se hicieron muchos cubanos en los años “dorados” que
siguieron a la Guerra Grande. El de sarrollo e xperimentado por Cuba en todos los
órdenes no había corregi do mu chos de los desequilibrios ex iste ntes, a l contrario, los
había in cluso ex acerbado . Los pequeños propietari os, l o mismo bla ncos que ne gros, de
la mitad oriental habían visto sus negocios destruidos por la gue rra y l a pr ivatizac ión de
tierras había beneficiado fundamentalmente a las empre sas azucar eras; el gran
desarrollo económico ha bía propiciado un imp ortante crecimiento urbano, y lo que es
más importante de una cla se urban a letrada y con ambiciones, pe ro sin posibili dad de
acceder a lo s resortes de la administración, copada por los españoles peninsulares. En
fin, los grandes hacenda dos y a no n ec esitaban de l ejército español para m antener a ra y a
a sus trabajadores escl avos, aunque dados los beneficios que obtenía n de su ne gocio,
siempre fuero n l os más refractarios a un cambio en el orden de las cosas; por el
contrario, la ascendiente clase media rural era mu cho m ás vulner able a la coyuntura, y
pronto se unió a la causa nacional.
En Estados Unidos se hab ía ido constitu yen do un grupo de re beldes cubanos,
organizados e n t orno a l Partido Revolucionario Cubano creado en 1892 y lide rado por
José Martí, que tenía a mplios contactos den t ro de Cuba y que estaba or ganiz ando una
gran insurrección en l a isl a. El 24 de febrero d e 1895, respondiendo a una orden d e
Martí desde Nueva York , más de treinta localida des a lo largo de todo el territorio s e
levantaron en armas contra las autoridades españolas. L a in surrección fue aplastada e n
todas las provincias, sa lvo en Santia go de Cuba, en donde, como diecioch o años atrás,
había enraiz ado el senti miento a nti-español má s firmemente . En abril los t re s líderes
más carismáticos de l a r ebelión se las habían arr eglado par a llegar a la re gión desde el
exilio: Jo sé Martí, Máx imo Gómez y Antonio Maceo 116 . El Capitán General de Cuba
116 La biogra fía de los grand es héroe s de la “Guerra N ecesaria” es perf ecta mente conocid a y casi forma
parte d el mito. L o qu e intere sa en e ste ca so es obs ervar c omo cada u no ejempl ificaba las razo nes por las
56
era el p acificador de 1878, Arsenio Martínez C ampos, que acudió a O riente con la
voluntad de aplastar la rebelión p ersonalmente. Por desgracia pa ra l a causa cuban a,
Martí cayó fulminado por los soldados españoles apenas un mes después del
desembarco. Los mambises casi l ograron vengarse cuando Ma rtínez Ca mpos estuvo a
punto de ser atrapado.
Los mambises de Oriente contab an con el apoyo de la pobla ción, h abían c onstituido
un formidable ejército c ompuesto de col umnas de caballería, bien nutrida por lo s jinetes
de las e stancias ganaderas de Puerto Príncipe y Santia go de Cuba ; est a caballería
siempre ll evaba la ini ciativa contra los lentos bat a llones de in fantería espa ñola. Ante el
fracaso de las op eraciones en Oriente, los españ oles reforzaron la t rocha de J úcaro-
Morón, el complejo de t rincheras, alambradas y fortines, fue rtemente guarnecidos, que
desde 1874 ha bía separado l as dos mita des de Cuba. A finales de 1895, Gómez y
Maceo, cada uno con su columna de caballería, ata caron la T rocha durante un huracán y
la superaron. Su objetiv o era lanz ar la invasió n sobre el núcleo de poder esp añol en
Cuba, la zona occidental , y sup erar así el estancamiento que había sufri do la anterior
rebelión al lim itarse a l a mitad oriental de la isla. L os mambises llev aron a cabo la
táctica de la “tea incendiaria”, es de cir, quemar y arrasar todos los cultivos e
instalaciones az ucareras que se encontraran a su paso, con el fin de destruir las bases
económicas del poder español.
Desde Cie go de Ávila hasta La Habana, inme nsos incendios destru yer on las bases
materiales del poder col onial de España en Cuba . L os rebeldes r edujeron a escombros,
entre 1895 y 1896, el 25% de los ingenio s y alma cenes, quemaron la ma y o r part e d e los
cañaverales, y condujeron la z afra al colapso. Puesto que había m uchos ingenios
que los c ubanos se ha bían al zado en armas: M artí, ha ba nero, ha bía disfrutado de un a esmerada
educación y muy pronto se involuc ró en las reivind icaciones polít icas, pero a causa de ello sufrió po r
parte del gobierno español un bl oqueo muy frustrante de su carrera pro fesi on al como a bogado;
finalmente se conv irtió en re volucionari o a t iempo co mple to cuand o huyó de Cuba ant e la amenaza de
ser enc arce lado en C euta. M áximo Gó mez no era cuba no , sino dominic ano, y de h echo habí a luc hado
del lado del ej ército español du rant e la desgraciada a vent ura del gobi erno de I sabel II en aquel pa ís,
durant e la d écada de 1860. A sentad o en Bayamo , se había dedicado con escaso éxito a la agr icultura y la
explotación maderera, cuando decidió unirse a la rebelión en 1868. Antonio Maceo e ra una figura
particularme nte fasc inant e, dotad a de un gra n carisma. Pa r a espanto de los ha cendado s, era hi jo de un
mediano prop ietario de la reg ión de Orient e, m estizo origin a rio de V enezuela, y de una mulat a cuba na;
Maceo t enía un mínimo d e educación esco lar y habí a luchado en la Guerra Grande. Protagon izó la
Protesta de Bag uará tras la firma del Pacto de Zanjón, y se int egró en la Liga Antillana , que preconi zaba
la creación de una C onfederac ión de las Ant illas que englo bara a Cub a, Haití, l a República Dominicana y
Puerto Ric o, idea que tambi én compartía Máximo Gómez. Como mie mbro de la L iga, era correligionario
de Betanc es, e mbajad or (po rtorr iqueño) de la República Domini cana en París, a sí co mo de la Cub a y el
Puerto Rico rebeldes. Betanc es c onvenci ó a Michele Angiolillo de la necesidad de ases inar a Cáno vas:
buscaba vengar la mu erte d e Maceo.
57
propiedad de isleños, ta mbién estos se vieron afectados de lleno por est a faceta de la
contienda. Fue lo que l e sucedió a l in diano Francisco Cardoso, re gre s ado a Gran
Canaria en 1899, y entre cuyas propiedades en la provincia de Santa Clara se
encontraba:
El Potrero nombrado San Cris tóbal, hoy en día e s el Ing enio Central San
Cristóbal , habiendo desaparecido todo el ga nado vac uno, de cerda,
caballar, mular, útil es de labranza y fábricas para cubier ta de maquinaria y
vivienda, todo lo cual desapareció en el transcur so de la guerra, habi end o
sido destruidas las fábricas cuando los insurrectos quemaron la finca 117 .
Mientras Antonio Maceo se internaba hasta Pi nar del Rí o, Máxim o Gómez atacaba
los suburbios de La Habana, se mbrando el pánic o entre los españoles; al contrario qu e
en la ante rior contienda, la población rural del Occidente se mo stró f avorable a los
mambises, sobre to do los pequeños agricultore s, lo que permitió a las c olumnas
rebeldes renovar perm a nentemente su esfuerzo de guerra. En febrero de 1896, el
gobierno de Cánovas nombró a Va leriano We y l er nu evo Capi tán General de Cuba,
fueron enviad as desde Es paña ingentes cantidad es de tropas y a todo lo larg o de 1896 l a
guerra devastó el Oc cid ente de Cuba. L o primero que hiz o We y ler fue decretar la
“reconcentración” de la población rural. Pu esto q ue esta ha bía demostrado se r l a fu erza
en la qu e se apo yaban lo s guerrilleros, todos los habitante s de las zonas r urales, cientos
de miles personas, fu eron internados en auté nticos c a mpos de c oncentración,
supuestamente p rovistos de las necesidades básicas, y con campos de cult ivo de millo
para garantizar su alimentación. En re alidad, las condiciones eran at roce s, y la
población cubana sufrió una pavorosa morta ndad.
Si los mambises habían destrozado t emporalmente la cosecha d e az úcar, el verdadero
mazazo para la misma fue la prohibición de pl antar caña que We yler decretó en
septiembre de 1896. La raz ón de esta me dida d raconiana radic a en el hec ho de que lo s
mambises habían prome tido a los hacendados que podrían plant ar a cambio de un
impuesto revolucionario, lo que sin duda empujar ía a la oli gar quía azucarera a pasarse
al bando mambí 118 . Ant es de ver tal cos a, el ejé rcito español prefirió combatir el fueg o
con el fuego, ahondando en la políti ca de tierra q uemada de sus enemi gos, lo que a la
larga sólo dio más fuerzas a los guerrilleros.
117 AHPLP, Isidoro Pa drón Padr ón, Año: 1900, L : 3708, pp .345- 383. Ver An exo Do cumenta l 4 .16
118 T o ne, 2006, p.218
64
públicamente el ac ercamiento 1 39 . Ni siquiera el az úcar re finado e ncontró a comodo en
este co nte xto, puesto q ue el Tratad o contempl aba únicamente la entrada de az úcar
crudo. Las razones e ran evidentes, desde hací a ti empo se había desarro l la do todo un
sector d el refinado indus trial en EE UU que incluía decenas de fábricas por to do el p aís,
y que se aliment aba fu ndamentalmente con az úcar crudo de Cu ba. En 1887, dicho
sector se integró en la “ American Sugar Refinin g Comp any”, un gran tr ust azuc arero
controlado por Henr y O. Haveme y er que llegó a controlar el 98% del refinado
estadounidense. Por tant o, desde EEU U no se h iz o concesiones en es te campo, y la
situación permaneció invariable por un c uart o d e s iglo.
La influ encia estadounide nse sobre la e conomía cubana se dejó sentir de manera
directa en lo s c ampos cubanos a raíz de la im plantac ión de potentes centrales a zucareros
en la is la. L a evolució n hac i a el ingenio c entral conc lu y ó en este periodo, con
importantes consecuencias para la migración ca na ria. Como se obse rva en la Figura 2.2,
el número de central es c ayó a mínimos durante la guerra , pero l ue go no recuperó los
valores anteriores a la contienda
139 Zanetti, 2003, p .84
65
Al contrario, el número de centrales se est abilizó por deb ajo de los 200. El cambio
decisivo había operado no ya en el número de c entra les, sino en la productividad de los
mism os, que avanzó a pasos a g i gantados hasta me diados de lo s años 20. El cent ral
supuso una tecnificación de la producción verdaderamente industrial, al menos en el
tratamiento del azúcar 1 40 ; sobre todo supuso una reorganización del sist ema productivo.
A partir del Cuadro 2, se pueden observar los si guientes cambios:
El ing enio central (a.) controla una cantidad de t ierra mu y superior a la de los
antiguos ingenios, las mi smas se consi guieron me diante l a roturación de n uevas tierras
en el centro y oriente de Cuba, así como mediant e la concentración e n las viejas z onas
productoras. Dentro d e un central, s e hallab a el “ batey ” que era l a zona en qu e se
encontraban lo s b arracones de los trabaja dores y l as oficinas de la empre sa, área que de
hecho devino e n nú cleo urbano en muchas locali dades de Cuba. T ambién se ha llan en el
mism o la ma quinaria necesaria para la molienda y tr atamiento de la caña. Parte del
central s e destina a la explo tación directa de la ca ña, pero otra p arte susta ncial se cedía
en calidad de arrendamie nto a colonos az ucareros (área exterior de a.). También ex istían
colonias cañeras independientes (b.) que en el caso de las de may or dimensión e ran de
propietarios de antiguos in gen ios, lo s cuales pr efirieron c entrarse en dicha fa ceta d el
trabajo, dejando d e lado la mol ienda; ex istían además pequeñas colonias i ndependientes
140 Puede observarse el grado de complejida d a que había llegado el pr oceso fab ril en el siguiente
document o gráfico de 1916 : “Zafra de 1916. La ind ustria azucarera c ubana a comienzos del siglo XX” en
https://w ww.youtub e.com/w atch?v=XjDAPL GcOI w , recupe ra do el 05-8 -2015
66
(c.) que siempre ex perimentaron problemas en su funcionamiento 1 41 . El central de
principios del si glo XX t ambién tenía fe rrocarriles propios, así como puert os privado s 1 42
para la exportación de l a producción y la in trod ucción de tr abajadores ( h.). Los siti os
(d.), pervivieron, per o el desarr oll o del in genio c entral redujo de hecho los c afetales y
hatos ex clusivamente ganaderos d e la isla (e .), si bie n la gran demand a de t rabajo
animal en lo s centrales garantizó el desarrollo global de la cabaña gan ad era, pues est os
contaban con sus p ropios anim ales. Al resp ect o comentaba P.M. Bea l a finales d el
XIX 143 :
Esta coloni a tie ne como cerca de 300 bueyes y co mo 20 caballos y mulos
para los fines de los trabajos agrícolas, y también tiene unas cuantas va ca s
que suministran la leche necesari a, así como algunos animales para el
tasajo o carne n ecesaria que en tiempos nor male s variaban de 30 a 100, o
más.
Y es que las colonias intentaban en l o posible producir lo suficiente par a el
autoabastecimiento:
En 1895, al principio de la insurrección, los 1.110 acres de caña
produjeron como 2.500.000 arro bas; y además de esto se cultiv ó una gran y
suficiente cantidad de maíz y vi andas para hacer frente a todas l as
necesidades de la c olonia y de esta manera jamás tuvimos que comprar
nada.
Los cen t rale s tendieron a cubrir en lo posible todas las ne c esidades de sus
trabajadores sin que estos tuvie ran que gastar el dinero fuera d e la propia empresa.
Existían tiendas de abasto y servi cios e n el bate y dond e lo s jornaleros s e
aprovisionaban, normalmente mediante vales prop orcionados por la empres a como part e
del salario. La Ley Arte aga de 1909, había prohibido este ti po de prá cticas, pero esta
costumbre, mu y p erjudicial para los trabajado res, se extendi ó hasta con vertirse en lo
141 Ver en el An exo Docum ental 2.9 de esta tesis el in forme de P. M. Beal sobr e la colon ia c añera de
Guaibaro, en conc reto “ La s venta jas de la s colo nias grand es sobre las pequ eñas ”
142 Llamado s sub-puer tos, p rosperaro n e specialm ente después de 1902. Para cono cer su
contextualiza ción en el siste ma po rtua rio cub ano, Suárez Viera, 2014, pp. 146 -148
143 Ce nso de Cuba , 189 9, p p.540-541
67
más común. Cuando el sector azucarero entre e n crisis en lo s años 20-30, los centrales
llegarán a p a gar t odo el sal ario en vales, lo c ual, ante la quiebra d e la s empresas,
significó que muchos trabajadores no tuvieran sin o papel mojado entre sus m anos.
La colonia descrita por Beal corr e sponde al periodo español, pero puede ser
representativa de lo que sucedió en el Occidente de la isla durante el XX. Según este
modelo, el grueso de los trabajadores er a cuba no, quedando el 10% de la plantilla
constituid a por es pañole s peninsulares e isleños:
“Desde el 1º de dici embre hasta e l 1º de junio se empleó un t érmino
medio como de 350 obreros. De estos, un diez por ciento eran canarios o
españoles, un 10 por ciento muje res d e color y muchachos (las muje res
blancas en Cuba no hacen lo s trabajos del c ampo ) un 20 por ciento de
blancos nativos, y como un 60 por ciento de negros y mulatos. Desde el 1 º
de julio hast a el 1º de diciembre se empleó por término medio de 150
obreros.
…
Para cargar la caña en los carretones, arar, zanjear, reparación de
caminos y t rabajos de vía férrea, son preferibles lo s ca narios y españoles.
Están ya acostumbrados a esta clas e de trabajo, son más constantes y no
tienen tantos vicios.
La labor de los esp añoles, incluidos los c anarios, como espe cialista s de ra ngo medio
en los ingenios azucareros, dedicados sobre tod o al ámbito del transpor te de l a caña,
perduró durante todo el periodo. Normalmente, t ras una fase inicial com o machet eros
solían pasar a tar eas de ese ti po, como la de carretero y otr as. Re specto al t rabajo en los
años 20 comentaba un ant iguo emigran te:
“Yo era carrilero… ta pando los hoyos de las carretas, dos pesos y medio
ganaba cada día ” 144
144 E ntrevista: Antonio Suárez F lorido , 2005-julio, 07: 40. Ta mbién aclara ba que por mucho qu e fuer a
traba jo libre, su impresión d e la experi encia era clara: “ En Cu ba era una esc lavitud… yo fui un Esclavo ”,
en 20:55 En https ://www.yout ub e.com/watch? v=DMd8w U z2oaQ
68
Y en la misma línea sobre la experiencia d e su padre, añade un entrevistad o:
“Cuando no había par a cortar caña…si empre estaba lim piando las
cunetas de las cañas, quitando la caña seca, para cuando viniera el ti emp o
de zafra, el cultivo se pu diera trabajar mejor.” 145
Tampoco la relación de nacionalidades y etnia s e n las plantill as de lo s ingenios
pareció verse alterada. Según las cuentas de pago del C entral Lu garejos , en Nuevitas
(Camagüe y ) para 1937, de 821 tr abajado res, 132 eran esp añoles, es decir un 16% de la
fuerza de tr abajo, tasa simi lar a la de las colonia s occidentales de m edio siglo atrás 146 .
Una constante en el trabajo de la caña pare ce haber sido la presencia de niños en
ocupaciones menos exigen tes, ha sta que pudieran incorporarse al trabajo como los
adultos, trabajo por el que cobraban un pequ eño sueldo. 147
La situación, sin embar go, era diferente entre las dos mi tades de la isla. En lo que
supuso un fac tor decisivo para la formación de re des migratorias, la produ cción de caña
fue desplaz ándose paula tinamente hacia el Orie nte de Cuba. Hab ía enraizado en la
provincia de La Ha ba na durante t odo el Antiguo Rég im en, desplazá ndose a Matanzas
durante el XIX, que se convi rtió en el centro de l a industria durante el per iodo; a finales
de dicho si glo y durant e las dos primeras déca das del XX el centro es taba en Santa
Clara; y post eriormente se trasladó de modo decidido hacia Camagüey y Ori ente.
Mientras que en las reg io nes occidentales se prod ujo una racionalización de la antigua y
densa r ed de in genios, e n las regiones orientales de la isla, la producció n alcanzó una
escala masto dóntica. El c entral “ El Vertientes ”, en Ca mag üe y , controlaba 1.009 km2 de
territorio. Pa ra la provincia la media er a n 358 k m2 di stribuidos en 29 central es 148 . Así,
el modelo en torno a 1920 era el de unos pocos y mu y tecnificados centrales,
tremendamente exigentes en mano de obra du rante la épo ca de la z afra. Ha de
considerarse qu e la prod ucción de az úcar es sólo un 10% del peso de la caña, d e modo
145 Ent revista: Franci sco Suár ez Bosa, 2015, 14.20 En ht tps://www .youtu be.com/w atch?v=oVr iLOk8wl w
Ver anexo d ocum ental 2.3
146 Libro de Jorn ales y Nómina s del Centra l Lugarejo s, sin c lasi ficar
147 Santan a, 2009, Cana rias7 , p.20 El perio dista Adolfo Sant ana recogió e l t estimonio de l emigrant e
retornado Simón Suá rez Torr es, fallecido con posteriorida d. Según e l mis mo, Si món a l tener ape nas 9
años, fue asi gna do a la c ocina para da r de c omer a los de más traba jadores, mientr a s que su pa dre y su
hermano se dedi caban al trabajo en el ingenio. Ent re los dos, le completaba n el su eldo de su pr opio
peculio, de mo do qu e ganas e como un adu lto.
148 Funes Monzot e, 2004, p.37 7
69
que, para las g igantescas zafras de los años 20, Cuba estaba producien do más de 50
mill ones de toneladas de caña, previo tratam iento. En 1925, l a fuerz a laboral
involucrada en la zaf ra sumaba 323.300 trabajadores 149 ; puesto que el corte y el
levantamiento de la caña a pie de finca no estaban tecnificados en esta época, si no que
se hacía fundamentalmente a b razo, si gnifica q ue haciendo un cálculo gros ero, cada
trabajador debía mover 16,3 toneladas de caña 1 50 .
En 1912, quedaba c aña sin c ortar por mer a falta de brazos 151 . Había, por lo tanto, una
demanda tr emenda d e trabajadores en Cu ba, especialmente en las nuevas áreas
azucareras centro-orienta les de la i sla, dond e la de nsi dad de h abitantes era inferior. Y la
situación no haría sino a gravarse con el comi enzo de la Primer a Guerra Mundial.
¿Acaso no ha bía suficientes trabajadores en Cuba ? En realidad, sí. Pe ro una serie de
factores culturales y econ ómicos jugaban en contra de la plena util ización de la mano de
obra nativa. Par a atrae r mano de obra cualificad a desde el Occidente d e Cuba hacia las
regiones en expa nsión, las compañías debían atraerla vía inc remento de s alarios. Pero
dicho incremento era una opción detest ada por la s empresas azucarera s, por lo que
preferían atraer mano de obra inmigrante a l a que pagar peor qu e los nativos,
especialmente a los negros cubanos. El racismo, enquistado en la clase dominante
cubana, llevó a una situa ción social insostenible que explotó en 1912.
Pedro I vonet y Evaristo Estenot eran lo s lí deres negros del Partid o Independiente de
Color, una agrupación que de seab a abolir todas l as discrimin aciones contra los cubanos
de color, así como li mit ar el uso de inmigr antes, que les perjudic aba g ravemente. De
modo que, en 1912, agota das las vías legales de protesta, el P I C (que había sido
ilegalizado), in ició un le vantamiento armado en el Oriente d e Cuba. El co nflicto devino
en una auténtic a guer ra racista, en la que el ejército cubano invadió la provincia de
Oriente por orden del p residente J osé Miguel Gómez , y sometió por las armas a los
alzados. En to rno a San Luis, el choque racial afectó particula rmente a los canarios,
agrupados en torno a Federico Alm eida, una de las personalidades isleñas más señeras
149 Santamaría, 2001, p. 456. En c om paración, la const rucción d el Canal de Panam á entr e 190 4-1914, qu e
competía por la s mismas fu entes d e mano d e obra, a trajo a lo largo de todo el periodo 75.000
traba jadores, con un pico máximo d e 40.000 t raba jando al mismo t iempo .
150 En realidad má s, dado qu e no toda esa masa labo ral t rabajaba a pi e de finca
151 Consul ar Report s, 19 14, Cuba, p.6: “ It w ould seem a s if su gar in dustry in Cu ba h as almost n o lim its o f
exten sion ex cep t as impo sed by th e size of t he island, as a very la rge p ro portion of th e soil is suitab le fo r
cane cultu re. But a very serious obstacl e t o pro gress is now b egin ning to make itself felt in the sho rtage
of labou r, indee d th is ye ar i t is probab le tha t a la rge amo unt of cane will remain u ncut f or this reason.
Once t his obstacle is overca me, and it is the subject o f ve ry se rious considera tion o n th e pa rt of t he
Government , there would seem to be a n endl ess era o f prosperity befo re t he in dustry, in spite o f th e fact
that Cuba alrea dy produ ces more th at o ne-fifth of the tot al cane sugar of th e world ”.
70
de la emigración. En San Luis, los isleños se agruparon en mili cias paramili tares para
defender las propiedades de su lí der caciquil, que sufrió la ira de los rebeldes al intentar
estos destruir su ingen io en H atill o. La Guardia Rural y el Ejército inic i aron enton ces
una represión en extremo sanguinaria , que oficialmente ac abó la vida de 2.000 personas;
probablemente fueron 1 2.000 los prisionero s ej ecutados mas iv a y sum ariamente en
sacas nocturnas.
Por tanto, en la época en que estalló la Pri mera Gu erra Mundi al (PGM), las e mpresas
azucareras no querí an acceder a las fuentes d e mano de ob ra cubana. El p roblema es que
España, incluida Ca narias, tampoco podía proporc ionar todos los br azos necesarios. Fue
entonces cuando se hiz o evidente, que t endrían que ab astece rse con trabajadores
caribeños, ex perimentados y b aratos, si bien, negros. Po rque entonces comenzó la
Danza de los Millones, un periodo de prosperidad increíble en la historia de Cuba que
se extendió en tr e 1914 y 1920, alimentado por el ascenso fo rtísim o d el precio del
azúcar, consecuencia evidente del colapso de la producción remolachera en Europa. La
demanda de azúcar cub ano se dis paró. C omo se observa en la Gráfi ca 3, el valor de las
exportaciones az ucareras se multiplicó desde 132 mill ones de dólares e n 1914, a 732
mill ones en 1920 152
152 En realida d, la gráfi ca muestra el patrón claro d e un a bur buja espe culat iva, simi lar a la sufrida po r l a
Compañ ía de l Mar del Sur en el XVIII y ot ras
71
El crecimiento se debió t anto al volumen como al precio de la producción: en 1914 la
libra de az úcar v alía 2,64 cen tavos dól ar, subió a 9 c entavos e n feb rero de 1920, y en
abril a 22 centavos 1 53 .
El az úcar lo invadió to do, la expansión de la caña fue tan agre siv a que e n muchas
zonas ac abó con la producción de otros reng lon es como el g anadero, incl uso en z onas
centro-occidentales, y el cafetal 154 . La expa nsión en Camagüe y y Oriente permitió en
esta época el na cimiento de nuevos pueblos en l as inmediac iones del f errocarril y los
bate y s de los centrales.
Todo esto hubiera sido imposible s in la participaci ón de los trabajadores antill anos
en la producción. Los prim eros jamaicanos 155 habían ll egado en 1913, tr asla dos por la
Nipe Bay Company , cu a ndo y a era evidente que había escasez de brazos en época de
zafra 156 . La otra gran fuente de trabaj adores a ntill anos era Haití. Las c ircunstancias
empujaron a regular esto s flujos y en 1917 se decretab a la Ley de Inmigr ación , por la
cual se autorizaba la entrada de antil lanos contratados en orig en, en cualquie r caso a ser
reembarcados tras la conclusión de la zafra; el re curso a es ta mano debía co ncluir dos
años después d e la finali zación de la PGM. Respecto a los antill anos, la o pinión de l os
isleños no era favorable, pues como inmigrantes b aratos eran aún más competit ivos, así:
“ Los hait ianos, y los jamaiquinos, nos mataron a los españoles… Con lo que
se mantenía uno de nosotr os, comían cinco de ellos ” 157
Es decir, los empresa r ios del azúc ar habían encontrado de finitivamente la solución a
sus problemas de m ano de obra dur ante la za fra, mediante el uso de un a m ano de obra
en extremo barata y dó cil. L a Guardia Ru ral, intox icada de un racismo centenario, hizo
gala durante esta épo ca y tod a la qu e p ermanecieron los antillanos en Cu ba de una
brutalidad estremecedora contra es tos trabajadores. Los jamaicanos estaban
153 Moreno Fragina ls, 2000, p .18 5
154 Censo de 1919 , p .938, sobre sustituc ión de pa stos por c añ a en la zona de Sant a Clara. Lo mismo
sucedía con l os ca fetales de O riente, en p.961 de l a mis ma fuent e
155 Jamaiquinos según los conte mporáneos
156 Bethell, 1986, p. 220 Pero ta mbién indica este autor qu e debi eron produci rse envíos irregul ares de
jamaican os en años ant erior es
157 Ent revista: Antonio Suá rez Florido, 2005-julio , 11: 50. En
https://w ww.youtub e.com/w atch?v=DMd8 wUz2oaQ
72
relativamente protegidos por l os derech os qu e le s daba el ser ciudadanos británicos, y
por tanto la diplomacia i nglesa hiz o una def ensa activa de lo s mismos 1 58 , lo que llevó al
Reino Unido a fr ecuentes choques con el gobierno c ubano. Los haitianos, por el
contrario, no contab an con protección al guna, y l os abusos sobre los mismo s quedaron
impunes. Mu y pronto la Guardia Rur al extendería su usual brutalidad y x enofobia sobre
otros colectivos inmigran tes, incluidos los canari o s.
La llegada de los t rabajadores antill anos se enm arca en este momento de agudísima
demanda de brazos, pero en sí misma en realidad no causó el fin de las arribadas isleñas,
pues también los antil lanos fueron despl azados del merc ado labo ral cub ano en años
posteriores.
En 1920, Cuba er a el ce ntro de un in menso me rcado de trabajo que se ab astecía con
trabajadores de todo el Atlántico Norte. Como se observa en el Ma pa 1 1 59 , aquel año
entraron en Cuba 174.22 1 inmigrantes, de los cu ales el colectiv o más nume roso er a el
español. No to dos los e spañoles entr aron p ara trabajar en l a zafr a, pero el ritm o de
entrada d e lo s mism os indi ca que la zafra az ucarera e ra directa o i ndirectamente l a
causante de este flujo. Los canarios suponían 7.225 inmigrantes 160 , haitianos y
jamaicanos superaba n junto s los 60.000, mient ras que otros colec ti vos menos famosos
estaban igualmente invol ucrados, como los de Curazao 161 . Mapa 2
158 Dipl omatic and Consular Reports, 1924, Corre sponden ce between his M ajesty’ s Government a nd the
Cuban Governmen t re specting t he i ll-treatmen t o f British We st In dian la bourers in Cuba , Nu mber 1 and
2. Ver Anexo Do cumental 2. 12
159 Inmigración Cuba 1920, Moreno Fragina l s, 1985, p.101, mi sma fuent e pa ra lo s jamaic anos .
Inmigrant es canar ios, Hernánd ez García , 1993, p. 600; inmigrant es espa ñole s, INE , Anuari o Estadístico
1920-21; ha itianos, L und ahl, 1983, p.101
160 Cifras del INE, otras fuen tes elevan la cifr a a 11.750, Yanes Mesa, 2006 , p.72
161 Allen, 2000
73
*2.1.3 La Crisis de la I República, 1921-1940: el ocaso de la mi gración canaria
La edad de oro de la econom ía cubana ll egó a un fin mu y abrupto en l a z afra d e
1920-1921. El fin de l a guerra había supuesto el rei nicio de la producción remolacher a
en Europa, lo cu al causó un hundimiento del prec io del az úcar y a desde el final de la
contienda. C omo se obse rva en la Figura 2.3, d esde entonces la posición de Cuba en el
mundo del azúcar no hiz o sino deteriorarse, no sólo con respecto a otros produc tores de
caña, sino a nivel global por el crecimiento, más rápido, de la produ cción de azúcar d e
remolacha. E n EEUU ta mbié n existí a un sector remolachero que pr esionaba para limit ar
las importa ciones cubanas, y p ara más inri los productores cañeros de Filip inas, Hawaii
y Luisiana estaban inte resados en estorbar a s u c ompetidor cubano. Fue entonces
cuando los estadounidenses aprobaron la Tarif a de Emerge ncia de 1921, un i ncremento
muy a cusado de los aranceles sobr e la importación de az úcares ex tranjeros. Esto supuso
el fin de la política de r eciprocidad hast a entonce s imperante, y supuso pa ra el produ cto
cubano una pérdida de com petitividad mu y grave.
80
Cuba realizó un trabajo denodado pagando medios pasajes a miles de personas, o
incluso bonificando por completo muc hos de los mismos 191 .
La d esesperación l le gó a tal punto que en 1931 se produjeron asaltos al consulado,
debiendo habi lit arse comedores para mil es de p ersonas desamparadas en los puertos. La
situación en los campos e ra aún más dramátic a. Hubo que moviliz ar a la opinión públic a
en Canarias para conse guir más dinero, de modo que sólo en Arucas y T elde se llegó a
recaudar 64.000 peset as con que repatri ar a unos pocos cientos de isleños 192 . Como los
isleños de l a Imagen 1, fam ilia s enter as continua ron sie ndo rescatadas hasta el ini cio de
la Guerra Civil 1 93 .
La situ ación se estabilizó en Cuba con Ra món Grau San Martín, que no hizo otra
cosa sin o continuar l a po lí tica nacionalista in terna de Machado con su le y la boral, y d e
sumisión ex te rna a EEUU, al acordar con l os mi smos un nuev o C onvenio de
Reciprocidad comercial en 1934, aún peo r que el de 1902. También se e stableció una
191 Y a ne s Mesa, 2 006, p .89. S ólo en 193 0, el C onsulado bonifi c ó 6.547 medio s pasaj es y 2. 267 grat uitos a
ciudada nos españoles
192 Y a nes Mesa, 2006, p .94
193 AM T 1, Pob lació n/Esta dística. Inmigra ción. Varios año s, cont iene f o tos. 1844-1932. La f amilia de
Francisco Vali do Vega y Ram ona Rodr íguez. Ver an exo documenta l 2.13 para leer la ficha completa de
esta familia teld ense r escat ada con fondo s del Consulado de España en La H aba na.
81
serie de cuotas de exportación a EEUU que garanti zaron un mínimo para la exportación,
situación confirmada con el Acuerdo de Londres de 1937, que hacía l o mismo a ni vel
mundial. La Ley de Coo rdinación Azucarera de aquel año supuso la interve nción d el
estado en la regulación de la z afra, a la par que otorgaba estabilidad a la figura d el
colono, al que po r esta le y s e le garantizaba la perpetuidad de su p ropiedad, solv entando
el problema de las pequeñas colonias. Desde ent onces el núme ro de c olonos aumentó
vertiginosamente 1 94 , lo que supuso para los isle ños que habían permanecido en la isla la
confirmación del éx ito de su migración. En suma, Cuba había pa sado la crisis de lo s 30
mediante la confirmación de su modelo agroexportador 1 95 , si bie n m anteniendo s u
capacidad productiva a un nivel bajo, y empleando única mente personal cubano o
residente en l a isla . Por t anto, el mercado de tr aba jo trasatlántico con centro en la Gr an
Antilla quedó desarticulado, para siempre .
Cuando finalmente en 1936 la Compañía Trasatlántic a Española su pri mió la
deficitaria línea Canarias-Cuba por fa lta d e pas aje, terminaba d e una forma un ta nto
triste la larg uís ima vinculación con la perla de las Anti llas, que hasta hoy no ha vuelto a
recuperarse. El inicio de la Guerra Civil Española no sólo acabó con cualquier
posibil idad de entrar o salir de las I sl as, sino que supuso para muchos de los retornados
de Cuba el inicio d e una lucha por la sup ervivencia aún más d esgarradora, la de los
campos de batalla.
*2.1.4 Los canarios en Cuba: trabajo, empresa y redes migratorias 196
El asentamiento de los i sleños en la Gran Antilla vino marc ado por su desempeño
laboral y empr esarial en los dist intos ámbi tos de la economía cuba na. Se co nforma ron
redes migratorias en torno a l as actividades que probaron ser ex itosas para la
comunidad. En el ca so de lo s gra n canarios, estas fueron la a gricultura de
abastecimiento, el azúcar, la distribución de leche y el pequeño comercio, con algunos
casos de enorme éx ito en los negocios, y otr os, la ma y o ría, mucho más m odestos. El
194 Zanetti, 2006, p p.171-2 11
195 Santamaría, 2001, pp.2 94-305
196 T o do el apa rtado 2.1.4 está e xtract ado de : Suárez Bosa y Suá rez Viera, 2013
82
tabaco fue de enorme rele vancia par a la comunidad is leña en Cu ba, pero l a vinculación
específica de los naturale s de Gran Canaria con dicho sector fue limita da.
Los isle ños tendían a f ormar com unidades cerradas, esp ecialmente fre nte a los
negros, que era n compet idores la borales, pero t a mbién respecto a otros colec tivos. Por
ello era común que los i ndianos exito sos volvieran a las isla s para reclutar trabajadores,
cuyo sólo ejemplo vital era garantía de triunfo par a los demás. T ambién su puso que lo s
isleños en Cuba prefiri e sen em pa rejarse con hij as de otros isle ños 197 , y si ello era
imposi ble, volvían al pueblo durante el tiempo que fuera nec esario para encontra r
esposa. Ell o suponía la afirmación de red es mi gratorias endogámicas, persiste ntes en el
tiempo y circunscritas normalmente a unas lo calidades muy concretas.
*El Azúcar: Ingenios, centrale s y colonos.
Ya en la primera mi tad del XIX hubo propietari os azucareros canarios en el áre a
central de Cuba 198 , como es e l c aso de la f amilia Suárez Ma rtínez. En efecto, A gustín
Suárez 199 y Rosalía M artínez, constituían un matri monio canario dedicado al pequeño
comercio en Santa Clara. En 1823, al cal or d e la ex pansión coloniz adora protagonizada
por los franceses en la provinc ia de Cienfue gos, s e trasladaron al e ntorno de la Bahía de
Jagua donde expanden sus pequeños negocios, a la pa r que adquieren sus primeras
fincas. A la mu erte de A gustín, se rá Rosalía Martín ez la fundadora del in genio Nuestra
Señora de Dolores , en 1838.
Por esas fec has, Marcos Gil 200 adquirió grandes propiedades en la zona de
Cienfuegos, l as cuales destinó a la cría de ganado, par a suministrar bienes de primera
necesidad a la creciente pobla ción de dicha lo calidad. En esta línea, J osé Quesada 201 dio
el salto desde el pequeño comercio al ne gocio azuca r ero al fundar en 1840 el in genio
Santa Rosalía. Com pró ex tensas tierras en los alrededores del mismo, est ableciendo
197 Llamadas “pichon as” en aqu ella épo ca
198 Co nvien e pr ecisar qu e no ha bía ingeni os de pro piedad canaria en aquella prov incia en fechas
anteriores. Los dat os de este apart ado los debemos a Orlando García Martínez, di rector del Archi vo
Histórico de Cienfuego s, en su colaboración en la inv es ti g ación en est a área g eográfic a. Ver tambi én
García M artínez su aport ación comunicación presentada en el Coloquio de Historia Canario-Am ericana:
García Martíne z, “Pre sencia”, 2004, p .688
199 Fondo Pr otocolos Nota riales, Cienfuegos, en A HP C, J.J. Verd aguer, 1825 -1829, folio 71
200 Actas Capitulare s, Cienfuego s , en AHCP, 18 41, To mo 1, Foli o 131-1 32 y Tomo 2, fol io 190
201 Fondo Pr otocolos Nota riales, Cienfuegos, en A HP C, J.J. Verd aguer, 1825 -1890
83
vínculos con empresas estadounidenses, como la sociedad Atkins & Company de
Boston.
En la misma zona, An to nio Casanova 202 empezó como pequeñ o com erciante d e
productos a grarios, pero con el tiempo se especializó en la distribución de productos
madereros y , con otros socios, llegó a crear una auténtica empresa indu strial, con su
máquina de cort ar mad er a. En torno a 1850 adquirió tie rras ex celen tes en l a provincia y
fundó el ingenio San Antonio del Ta nteo .
Otros ejemplos destacables son los de Salvador Vill areal, propieta rio del ingenio San
Antonio, empre sa que l levó a c abo a partir de 1840 con c apital prop io, a la que
consiguió dar un valor de 80.000 pesos oro, a l a par que pro creaba 13 hijo s en su ti e rra
de acogida. Puede citarse también a Francisco San tos, quien junto a su he r mano Arturo,
levantó el inge nio Encar nación en 1855, en la localidad de Corral de Sa nta Lucía, el
cual l legó a valo rarse en 100.000 pesos oro y cu ya actividad se basaba en el e mpleo de
mano de obr a esclava. En el caso de Domin go Roldán, su ingenio Cabaña estuvo en
funcionamiento entr e 18 42 y 1880. En total, en la década d e 1850 había seis i ngenios
en la p rovincia en mano s de c anarios. Durante e sta época, el gran núme ro de ingenios
existent e, el formida ble beneficio empresarial qu e daba la explota ción e sclavista y el
hecho de ope rar en un mercado protegido por España pe rmitió la formación de
importantes fortunas.
El surgimiento del colonato en el últi mo ter cio del XIX abrió nuevas pos ibilid ades
para los isleños. Su pr esencia en esta ac tividad queda demostr ada en i nvestigaciones
sobre centr ales como el Lugareñ o (Camagüe y ), Chaparra y ot ros de l a z ona oriental de
la isla, un área especialmente bie n estudiada, donde famili as de r aíz isleña eran
propietarias de colonias cañeras para el abast ecimiento de los centrales 203 .
Durante los meses del “tiempo muerto”, el que queda entre zafra y za fra, los colonos
cultivaban ma íz en sus terrenos, del que obtenían el nutr itivo gofio 204 , así como un
202 Fondo Pr otocolos Nota riales, Cienfuegos, en A HP C, J.J. Verd aguer, 1825 -1890
203 Gran pa rte de est os co lono s eran canario s: de un tot al cer cano a los 37.500 colon os az uc areros qu e
había hacía 1915, según el Portafo lio de la in dustria Azu carera , la mayoría de los 4.200 extranjeros eran
isleños. E stas cifra s significan, a nu estro entender, la confirmación de su impor tancia en la econo mía de
Cuba. Sierra Torr es, 1998
204 H arina de mi llo o maíz to stado, técnica hereda da de lo s ca narios d e ti empo s prehi spánic os, aunq u e
en este úl ti mo caso la materi a prima fu eron ot ros cereale s , lógicam ent e, pues el maíz n o se cono cía aún
en esta part e del Atlánti co.
84
excedente de alimentos suficiente pa ra inte rcambia r o vende r pa ra conseguir otros
productos 205 . Como puede observarse, la p roducción de est e género no esta ba separada
del ciclo p roductivo azu carero. El éxit o del gofi o en Cuba fue tal qu e su rgió una ra ma
de empresas isleñ as, d edic adas a su producción y vent a, como fue el c aso de Bruno
Alvarado y la fábrica de mo lienda denominada La Lucha 206 .
Una considerable cantidad de campesinos canarios, o de sus descen dientes, se
dedicaban a sembrar productos agrícolas de fácil aceptación y con ampli as posibili dades
de transporte. Se especia liz aron en hortaliz as y granos, l a gran pasión de los cubanos, y
continuaron así una tradición ca mpesina mu y arraigada en Cuba y Canar ias. Desde la
segunda mi tad del siglo XVIII, estos agricultores con sus relativamente pequeños sitios
y estancias en ré gimen d e arrendamiento 2 07 o propie dad, jugaron un papel relevante no
sólo en el abastecimient o de los centrales y la s ciudades.
Su vin culación con el negocio azucarero podía se r indir ecta, de tal mane ra que en las
zonas occ identales, tendí an a ocupar territorios d egradados por la activid ad az ucarera,
en los que cultivaban maíz y apacentaban ganado vacuno con el fin de suministr ar leche
a las urbes así c omo forraje para los caballos. Co nformaban un cinturón de producción
de abastos, especialmen te im portante en el ca so de La H abana 208 , des de el cual
emergerán a lgunos d e los más importantes empresarios isleños vincul ados al sector
lechero.
El salto de los ingenios esclavist as a los ingenios centrales fu e más complicado. L os
centrales constituían una importante infraestructura que requería enormes inve rsiones de
capital, por lo que l a producción fue co n centrá ndose cad a vez m ás e n unos pocos
ingenios, desde 1902 cad a vez más en manos esta dounidenses. Po r es a raz ón, el asc enso
en la e scala so cial y económica de l central fue más dificultoso. Dada la sus ti tución de la
mano de obr a es clava po r asala riada, fue en el p eriodo 1880-1934 cuando se produjo la
205 Sie rra Torr es, 19 98, pp .2664
206 Esto se p uede const atar a través de la pub licidad recurrente de amba s compañías en Tier ra Can aria ,
Nº2, abril de 1930, entre ot ros. El nombre de “ La Lucha ”, hace refer encia a un depor te autóct ono de las
islas Canarias, con lo cual pa rece qu edar demo strado que el pro pietario era de orig en canario. Unos
años an tes, uno de los superviviente s isl eños del Valba ner a se ha bía asentado en Cab aiguán, en do nde
levantó un a fábrica de gofi o y empresa lla mada “ El Primer o ”; testimonio de una descendiente, recogido
en el documenta l “ Tra s la est ela d el Va lbanera ”.
207 AHDLP, Expedient e s de Sol te ría, A: 19 00, C : 60, Caso : Sal vador C abrera Sánc hez. E ste teror ense, junto
a su hermano Jos é Cab rera Sánc hez, afirma que en Unión de Reye s tr abajaba “ en la labranza d e tierras
ajena s ”.
208 Hernández Gonz ález, 2005, p.1215
85
emigración masi va con e l objeto de trabajar como cortadores de c aña durante l a zafra.
Aunque minoritarios, ta mbién hubo canarios qu e lograron prosper ar y pasa ron a se r
propietarios de grandes centrales. En la zona ori ental de Cuba se han docume ntado 10
centrales que estuvieron propiedad de c anarios: uno del tin erfeño José Tavío Sierra, y el
resto de los grancanarios Federico Alme yda (dueño de 5), la Familia Cruz, García &
Fiol, Miranda y la Com pañía Azuc arera Canaria (ce ntral San Germán ).
A principios del sigl o XX un grupo de canarios decidieron cr ear un centra l junto a la
cuenca de l Rí o Cauto (en la part e oriental de la isla ), fundando l a compa ñía Azucarera
Canaria, S.A., pre sidida por Ra fael Domínguez Domínguez, vecino de San Luis. En
1916 una empresa maderera alemana, propietari a de un aserrí o en la cuenca del río,
vendió todas sus propiedade s a la empresa cana ria. En aquel momento l as instalaciones
madereras comprendían una c asa y talle r, la casa de vivi enda del administr ador del
aserrío, un a casa cantina y fo nda , una cas a pa ra la guardia rur al, una panadería, siete
casas d e empleados y do s barracones, cuatro calderas, dos si err as y otras instalaciones.
En 1917 constru y e n el c entral, con un a capacid ad de mo lienda de 240.00 0 arrobas. Su
primer adminis trador fue Francisco Alba Gómez 209 . Pero esta empresa industrial fracasó
en 1920, viéndose obligados sus propietarios a vender el central a una compañía de
capital cubano. Los nuevos propietarios le cambia ron el nombre por el de San Germán ,
pero también debieron t raspasarlo a raíz del c rack del 21, en esta caso al Chase Nati onal
Bank (en 1922), a tr avés de la compañía azuca rera estadounidense Fidelity Sugar
Company .
L a inic ia tiv a de aq ue l g ru po de emp re sar io s ca na ri os de jó co mo he re nci a el ce ntr al Sa n
Ge rm án (a ctu al men te n omb ra do Ur ba no Nor is ) , qu e amp lia do y mej or ad o se le co nsi der a
co mo uno de lo s m ay or es d e Cuba . Muc ho s s e a sen ta ron en el te rr i tor io al ed añ o al ce ntr al ,
al c al or de la in du st ri a f un da da po r s us pa isa no s. Un g ru po im por tan te co nt in uó re s idie n do
en el lu ga r, de mod o que ha st a el mom ent o pr ese nt e viv en en e l ba tey 48 de sc en die nt es , y
es pr ev is ibl e q ue ot ra s fa mil ia s de ese o ri ge n r es id an e n lo s ca mp os al eda ño s 210 .
Un caso de stacado de propietarios de centr ales era Federico Alme y d a (o Almeida)
Cauvín 211 , que se asentó en la z ona oriental de la is la a finales d el X IX, junto con
familiares. Fundó v arias empresas, siendo considerado el único isleño q ue triunfó en
209 García Cast añeda, Municip alidad , 1 955, p. 188. El n ombre de la compañ ía era CA Canari as.
210 Abreu Claret, s/f
211 Sierra Torr es y Ro sario Molin a , Canarios , 2001, pp. 87-9 4
86
este campo en la fase final de la emigra ción can aria a Cuba 212 . Na tural del municipi o
granca nario de Mo ya, vi ajó a Cuba junto a una f amilia de ve cinos de Ter or. De colono
pasó a ser administr ador y codueño del central Hatillo (San Luis, provi ncia de Sa ntiago
de Cuba), para comprarl o del to do en 1912 y v enderlo en 1920. Adqui rió el c entral
Santa Ana , del que se d e shizo antes del cr ack de 1929. También era dueñ o de dos m ás,
el Unión y el Baltony , así como de varias compañías agrar ias, de tal man era que se le
puede consider ar e l m ayor latifundist a de la z ona del Valle Central de Santiago de
Cuba 213 . Así mis mo, fue propietar io de importantes almacenes en la bahía santi agueña.
Diversificó sus inic iativas con empresas de servicios, panaderías y hotel es;
asimismo , adquirió propiedades en Can arias con los capitales re patriados.
Efectivamente, Federico Alme yda viajó va rias veces a su isla natal para contratar
trabajadores, a la p ar que realiz ar obr as benéficas en su mu nicipio natal, por lo que jugó
por tanto un papel fundamental en la consolidación de un a red mi gratoria que vinculab a
el noroeste d e Gran Cana ria con l a zona azucarera d e San Luis. Esta si tuación está
detrás de los distu rbios vividos en torno al Hatillo en 1912, durante la Masacre de los
Independientes de Color 214 .
En Cuba se encumbró soc ialmente formando parte de la Asociación de Colo nos y
Hacendados de Cuba , llegando a emparenta rse con el presidente Mario García
Menocal, de l cual era co mpadre. Sus relaciones c on los gobiernos le permitieron llevar
a c abo polít icas colusivas, es decir, manejab a sus influencias en l a admi nistración de
cara a conse guir sus pro pios objetivos. No es extra ño, por tanto, que Fede rico Alme y da
se convirtiese en un potentado del área oriental de Cuba . Co mo tal, y con el fin de
expandir su imperio agrícola, no dudó en entrar en con flicto con los pequeños
campesinos del llamado Realengo 18 , los cuales protagonizaron una de la s más
aclamadas luchas contra la oligarquía az ucarera c ubana de la era prerrevoluci onari a 2 15 .
Es cierto que sus m étodos empresariales no f ueron del a grado de to dos: po r ejemplo, no
212 Y a nes M esa, 2006, pp.109 -11 3 Aclara e ste autor q ue inclus o A lmeida sentó l as ba ses de su fortun a e n
el per íodo coloni al españo l, y que el modelo migratorio desarrollado en torno a sus propiedades e s de
hecho muy original en el cont exto c anar io
213 En Santamaría , 2001, p.43 4, consta que e n 1919 Almeid a poseía c uatro c entrales: Almeida, Sant a
Ana, H atillo y Borjita. E n 1925, sólo el Alm eida y el Borjita. Pa ra 1937, n inguno .
214 Ver apartado 2.1.2
215 E sos método s fuero n denu nciados por el int electual y activista P. de la Torriente Brau, que l o llamó
“el isleño avaricio so”. Torrie nt e Brau, 2001, p. 130 Los suc esos en torno a l Realengo 18 comenzaron en
1928.
87
despreciaba el sobo rno, si así lograba alterar un proceso judicial en su b eneficio, o la
usura 216 .
Es to s ce ntr ale s a dm in ist ra do s por can ar io s e je rc ie ron un a po de ro sa a tra cc ión sob re la
in mig r ac ió n isl eña , a un que muy po cos tu vi er on c ab ida en la e lit e de pod er y
ad min is tr ac ión d e la indu st ria a zuc ar er a. Mu cho s lo g ra ro n oc up ar de te rmi n ad os pue st os
de re li ev e y u n n úme ro may or l leg ó a de se mpe ña r c ar g os r ela ti vam ent e i mp or tan tes a n ive l
in ter me dio de la pr od ucc ió n di re ct a: e je rc ier on fu nc ion es de ca pa tac es , jef es u of ic ial e s de
ca mpo , en ca rg ad os de d ete rmi na da s á rea s co mo l as c al de ra s, tal le r, et c. 217 . L a
im po rt anc ia d e l os i sle ño s en las t are as v inc ul ada s a l t ra n spo rte e ra de ci siv a 2 18 .
Hu bo otr os can ar io s pro pi eta ri os de ce nt ra le s. Jo sé Tav ío , un nat ur al de Aro na en
Te ne rif e, er a co lon o del ce ntr al San ta Reg in a, en Ca mpu ch ue la . Sus po se sio ne s as cen d ía n
a 43 ca bal ler ía s, en l a s que pr od uc ía 30 .0 00 ar ro bas de az úca r. T aví o , co mo otr os
em pre sa rio s de l se ct or a z uc ar er o, div er s ific ó su s a ctiv id ad es ha cia la g an ad erí a y el
pr és tamo . Al ig ua l qu e Alm ey da , inv irt ió pa rte de sus be ne fi ci os en Te ne ri fe pa ra ha cer se
co n cu an ti os as p rop ie da de s: 3 4 e n Aro na , 5 en A dej e y 7 e n Vi la flo r. Vi aja ba
fr ec ue nte men te en tre Ar on a y Cub a, y ten ía en gr an ap re cio po r e l tra ba jo de sus pa is an os,
ll eg a ndo al ext re mo de v isi tar el ca mpa me nto de Tr isc or ni a pa ra sa ca rlo s de al lí y da rle s
em ple o 219 .
Es importante la figura de Tomás Felipe Camacho, por su significado y conex iones
con el poder político y ec onómico, especialmente dura nte el machadato. Natural de la
isla de La Palma, en 1905 parti ó para Cuba en donde se graduó en Derecho por l a
Universidad de La Hab ana. Cont rajo matrimonio con l a hija del t inerfeño Domingo
León, propietario de va rios centrales azuc areros, y se inicia en la abogacía como
representante de su sue gro en Sa gua l a G rande; en 1918 instaló en la capital en el
216 Ibíd ., p.89. Podí a ser implacabl e con los suy os: Juan M elo Pérez, vec ino de Gran Canaria , necesitaba
dinero para sus “apre miantes compromiso s” y solicit ó a Almeida 34 dur os, que le fueron prestados con
un 10% de int erés. E n 1902, Melo visita a los Almeida en Cuba, que le exigen la devolución de la deuda,
ahora de 1100 pesos, en un plazo de seis meses, o consideraría n vendidas las propied ades que M elo
tenía en Moya: un estanque y varios terreno s. P ero Melo fallece en Sant iago de Cuba en 1903. Así q ue
los Almeida ej ecutan su amen aza y se apoderan de dicha s propieda des en las i slas, pero Isidora Guerra,
viuda de Me lo, se opo ne a di c ha ac ción, pu es los Alm eida se ha n apo derado de agua qu e no aparecía en
el acuerdo anterior, por lo que inicia un pleito contr a los Almeida, a pesar de lo cual, Manu el Almeida
informa a Isid ora qu e consid era suy as toda s aquellas pr opieda des de Melo. V er FPB, 4 95. 1 a 495. 9.
217 Por ejemplo, el i sleño Guillermo Lucas L uis fu e jefe de turno en el centra l Cha parra, Nicasio Mora les
Coleto era insp ector del mismo. Los ejemplos son incont ables.
218 Ver apartado 2.1.2
219 Sie rra Torr es, 20 00, pp .237-2 38
88
denominado “ bufete Camacho ”, actuando como ex itoso abogado. Se l e consid eraba uno
de los hom bres más aca udalados de Cuba, eje rciendo su labor en inst ituciones como el
Fondo Especial de Obras Públicas del Gobi erno de Machado; fue di rig ent e de la
Asociación de Ha cendados y Colo nos de Cu ba y presidente de la Asocia ción Ca naria ,
etc. Como botánico, creó el hoy conocido Orquideario de Soroa 220 .
Un caso si ngular es el J osé Ca brera Dí az. Este ilustre canario había sido el impulso r
en Canarias de la Asociación Obrera Canaria en 1901, la cual presidió. Oriundo de
Santa Cruz de Tenerife , cursó los estudios primarios en su ciudad natal y los de
bachillerato en Santa Cruz de La Palma. Perse guido en su tierra natal a causa de sus
ideas so cietarias, optó por emi grar a Cuba dond e le a cogió la colonia can aria. En 1924
fundó con otr os paisanos el P artido Na cionali sta Canario (PNC) en La Habana, que
asimismo presidió. En Cuba conoció a And rés Gómez Mena, rico hacenda do y dueño de
importantes explo taciones, quien le contr ató p ara administrar sus ne gocios. Pronto
ascendió a jefe de l a oficina del Central Mercedit a , pe ro decidió invertir l as gana ncias
obtenidas para establecer se por su cuen t a en los ne gocios de la caña de a zúcar.
Con la intención de impulsa r tanto al PNC como e l Ateneo Canario d e Cuba , entidad
ideada pa ra promover la cultura entr e los ca narios ase ntados en la Gran A ntill a, viaj ó a
Estado Unidos en 1924 para consti tuir diversos comi tés. Su i nterés por ex tender la
cultura, le lle vó inc luso a promocionar activ idades e n la compa ñía azucarera donde
trabajaba. Fundó el Cl ub Merceditas en el central del mismo nombre, donde se
impartían conferencias, se c elebraban conciertos o recitales y s e creó una bib lioteca. El
club contaba con una revista , Cúspide , que editaba y dirigía el propio Cabre ra Díaz 221 .
La experiencia colectiva de trabajadores y e mpresarios canarios en Cuba p ermitió el
trasplante de dicha activi dad a las isla s, hasta el punto de que tuvo un segundo periodo
de auge en Can arias, dando lugar a un mo delo económico pre cisamente c onocido como
“modelo cubano” 2 22 .
220 Brito de Arma s, 2008
221 La b iografía José Cabrera puede encontra rse en el estudi o preliminar de Raquel Pér ez Brito al libro
que él mismo escribió, Cabr era Dí az, Añ o , 2006, y en Gon zález Díaz, “José”, 2010
222 Ver apartado 2.3.3
89
*Los empresarios urbanos: c omerc i antes, banquer os, lecheros y bod egueros
Con ser las actividades tabaque r a y azuca r era las pri ncipales ocupaciones de lo s
canarios, entrado el siglo XX serán lo s ser vic ios urbanos un campo donde pequeños o
medianos empresarios isleños tuvieron protagonismo . En efecto, mu chos canarios, tras
años de tr abajo y ahorro, invir tieron en el es tablecimiento de pe queñas empres as
(lechería, restauración, comercio o pequeñas est ablecimientos, conocidos como
bodegas) formando importantes redes económicas urba nas.
De una mu estra de 193 casos dis ponibles para emp resas fu ndadas por isle ños e n l as
zonas de L a Habana, Cie nfuegos y Cab aig u án 223 , sólo 37 (19,1%) son de tipo ag rí cola,
mientras que 128 aparecen en e l se ctor ter ciario (66,3%), siendo los grupos más
destacados los de co merciantes y dueños de bodegas, co n 29 y 28 cas os
respectivamente. Tambié n son recurrentes l os casos de empresas de t ransp orte, o las
cafeterías. A lo largo de los años 20, muchos can arios pasaron a tra bajar en el sect or de
la restauración, constand o la creación d e numerosas cafetería s y tienda s de propiedad
isleña en La Habana, la mayoría d e las cuale s fueron nacionalizadas e n 1968 2 24 . Por
ejemplo en 1923, Antonio Su árez, natural de la localidad granc anari a de Moya, era
propietario del “ Café Primavera ”, sito en la ca lle Carlos III y Bel ascoaín, en el centro
de La Habana. Est e pe queño negocio, represen tativo del fenómeno, da ba empleo a
cuatro trabajadores y se v aloraba en unos 3.000 pe sos de la época.
-Una multinacional de origen canario: Luis Suárez Galbán 2 25
Un caso paradi gmático m odelo de imit ación lo protagonizan empresarios isleños
procedentes de Guía, Gr an Canaria . La saga la comenzó J osé Galbán Pa gán, ori ginario
de la is la de Gran C anaria, que se establec ió en T apaste (Pin ar del Río) a mediados del
siglo XIX. En 1864 apa rece re si diendo en La Ha bana, donde p romovió con éxit o un
223 Muestra ob tenid a mediante las entrevi stas y t rabajos en archivos para el Pro y ecto PI 2003/19 3. L a s
entrevistas p ara dicho t rabaj o fueron realizadas po r Merc edes Rodr íguez y Do lores Guerra Lóp ez
224 Los natura les de Moya pare cen habers e centra do en esta ac tividad: apart e de Ant onio S uárez, Miguel
Suárez, S antiago S uárez, Vicent e Pérez, Mig uel Pérez … la vinculac ión familiar e s evident e.
225 También a veces con la form a Galván. La fuente cl ave par a el estud io de este persona je cru cial es J.
Tabares Sosa, 1912, p.7. Consúl tese, también, Roig de Leusechsering, 1925, p.1876. Además, s e ha
tenido en cuenta la bio grafía inédit a de Luis Suár ez G alván realizada po r S ergio Agui ar, que ha sido
proporc ionada por este aut o r. Se disp one tambi én de document os proc edente s del Ar chivo particular
de la familia.
96
Comercio, Santa Cruz de Te nerife centra lizó los intercambios con el Nue vo Mundo, con
un consulado comercial único en La Laguna d esde 1786 246 , m ientras que e n C uba se
autorizó el tránsito c on los puertos de Santiago, Trinidad, Batabanó y La Habana 247 .
El resultado de estas medidas fue la centra lización del tráfico, tanto de personas
como de me rcancías, en los puertos indica dos, al menos de forma oficial. E sta situación
persistió hasta que en 1820 fueron a autorizados a comerciar con América ocho puertos
isleños, entre ello s el de Las Palmas, exclusivo para Gran Canaria 248 . Sin embargo, y a
en 1822 el pe rmiso hab ía sido revocado, y no volverá a se r re stablecido de modo
definitivo hasta la d ecla ración de los Puertos Fra ncos de 1852, que liber al iza el tránsito
de los puertos incluidos e n la fr anquicia. Est a le gislación, en combina ción con la
prohibición de emigrar a te rritorios fuera del ámbi to e spañol, vigente entre 1838 y 1853,
explica n la articulación de la emigración oficial durante dic ho periodo. Con
posterioridad, la jerarquía portuaria s e articul ará en to rno a criterios estrictamente
económicos.
A partir de 1852, el desarrollo económico de Gran Canaria permit en el nacimiento
paulatino de una je rarquía portuaria bip ola r en l as islas, con el Puerto d e Las Palm as
erig i do en un nuevo p unto de c onexiones clave con conexiones interconti nentales
directas y a antes de la s obras de 1883, aunqu e un peldaño por debajo del puerto de
Santa Cruz de T enerife. Este modelo bipolar será confirmado con las grandes
inversiones portuaria s d e los años 1880, persistie ndo hasta l a act ualidad. E n el año 1875
tuvo un tránsito de 1.05 6 buques, con 117.948 toneladas, casi todo corr espondiente a
veleros; estos niv eles s e mantendrían hasta mediados de la dé cada siguiente, en que las
obras de acondicionami ento del puerto y el i ncremento en el trá fico de vapores
introdujeron una escala de magnitu d mucho ma y or.
La configur ación de la red portuaria entre 1852 y 1936 va a estar condicio nada por la
existenc ia de líneas re gulares d e tránsito, lo que si gnifica l a concen tr ac ión del tráfico d e
pasajeros en lo s puertos de Sant a Cr uz de Tenerife y de Las Pa lmas, c on la adición
posterior de Sa nta C ruz de La Pa lma. En torno a estos tr es puert os se configura la
jerarquía portuaria canaria. En el caso de La Pa lma las líneas re gulares no hic ieron
246 Est e Consulad o pasaría a ser la Junta de Comercio de Can arias a part ir de 1831, siendo trasladada a
Santa Cruz de Tenerife en 183 4. Pa ra más infor mación cons ul tar Peraza de Ayala , 1959.
247 Reglamento, 1778 , pp.7-8
248 Suárez Bosa, 200 6, p.893
97
escala en su puerto hasta 1899. Mientras ta nto si el em igrante palme ro quería hacer el
tránsito a las Amé ricas en vapores d e l a época, de bía pasar a Santa Cr uz d e Tene rife, lo
que acarreaba serias complicaciones; la llegada d e estas líneas al puerto d e Santa Cruz
de La Palma implic ará un gra n crecimi ento del puerto palmero basado en el ex pansivo
tránsito de emi grantes, p ero ahora no y a sólo de La Palma sino t ambién d e La Gomera,
El Hierro y hasta de la región noroccide ntal de Tenerife 2 49 .
El caso de Lanzarote y Fuerteventura durante el siglo X IX es más dramático. El
primer buque del que s e tuvo memoria que hiciera el via j e hasta La Habana con
pasajeros fue una gol eta construida por un ta l J osé Morales, de Arrecife, en 1801, de
donde se tr ajo una fragata con la siguió prosperando en el negocio del transporte de
emigrantes durante unos años 250 . A pesar de este h echo, las islas orientales careciero n
de amplias conexiones directas transoceánicas durante todo el periodo, lo que implicó
varios hechos: el primero fue que habrían dis puesto de un nivel de información sobre el
lugar de destino muy deficita rio 251 . El segundo fue que muchas de las expediciones
migratorias de estas is las se organizaban desde Gran Ca naria, donde residía n
indeterminadamente con la esperanza de cons eguir un buque que les transportase 252 .
Cuando no era así y s e lograba orga nizar el viaje desde Arrecife, podía ser en
condiciones catastrófica s, producto de la desesperación. Así, en 182 1, part í a de
Lanzarote una b alandra recientem ente enc allada y puesta flote; iba car gada con 303
pasajeros con rumbo a Montevideo, de form a que a la altura de Senegal era evidente que
no tenían su ficiente a gua. Enfe rmó y murió una p arte su stancial del pas aje, debi endo el
buque ser rescatado por una fra gata fra ncesa, que lo condujo al Ca ribe, ac a bando tan
infausta odisea en Puerto Rico 253 . Aunque faltan t rabajos específicos al re specto, en
migraciones posteriores el Puerto de Las Pa lmas seguirá siendo un punto de salida de
referencia para los emigrantes orie ntales.
Para el caso de Gr an C anaria, el Puerto d e Las Palmas concentra el grueso de la s
salidas de la isla. Pero n o todas. La zona noroeste de la isla, d esde la Ald ea hasta Guía,
podía utiliz ar el puerto d e Santa Cruz de Tenerife, lo mismo para la exportación de sus
productos como a la ho ra de emi grar. Así, en 1875 J osé Quesada Luján y Faustino
249 Díaz Lorenzo, 2001 , p.70
250 Hernández Gonz ález, 1997, p.179
251 Macías, 1992a, p.10 3
252 Albelo, 1985, p. 30
253 Hernández Gonz ález, 1997, p.202
98
Leandro Que sada pasan a Santa Cruz en “ El Silv ador ”, para tomar allí un vapor que les
lleve a Monte video 254 . Se dieron ca sos en que emigrantes gran cana rios decidían parti r
desde La Palma, pues “ costaba 25 duros en vez de l os 32 desde Las Palmas ” 255 .
Si otras regiones c omo Galicia se produc e una especialización portuaria en
emigración y por destin os 2 56 . En Canarias, unos pocos puertos conc entrarán el tráfico
final de emi grantes, pero al contra rio que en Galicia en las is las la compartimentación
del territorio imp lica que muchos de ellos deban r ealizar varios t ránsitos portuarios. En
definitiva, la jerarquía po rtuaria a nivel migratorio se organ iz a a principios del siglo XX
en torno t res puertos p rincipales con unas á reas de influen cia que no ti enen por qué
coincidir con la admini strativa o te rritorial. El Pu erto de Las Palmas concentra el tráfico
de emigrantes desde Lan zarote y Fu erteventura, a sí como el de casi toda Gran Canaria;
Santa Cruz de Tenerife ab sorbe a parte de los emigrantes grancanarios, y al grue so de
los ti nerfeños; Sant a Cr uz de La Palma se ll eva a los palmeros, gomeros, herr eños y
parte de los tinerf eños (comarc a del noroeste). Es común que lo s buques en ruta ha cia
América toquen uno o más de los puertos de esta tríada, y l o mis mo sucede en el
retorno. Normalmente lo s barcos de retorno plan ean desembarcos en cad a uno de los
mism os, por ejemplo el caso de los buque s de la “ Compañía Hamburguesa-
Americana ”, que así lo anunciaban en l a revista El Guanche , en 1924 257 .
- Jerarquía portuaria en C uba
Inicialmente, también pa ra Cu ba fueron un puñ ad o de puertos los autorizados para el
libre tránsito. Posteriorme nte se desar rolló una extensa red portuaria por toda la isla, que
también fue organizada jerá rquicamente. Desde el punto de vista c omercial, La Haba na
era el punto de entrada m ás importante para come rcio de imp ortaciones de l a is la 258 ;
también lo fue durante el XIX en exportaciones, dada la conc entración ta nt o del tabaco
como del azúcar en la mi tad occi dental de la isla, situación que cam biaría co n el
desplazamiento hacia l a parte ori ental de la producción azuca rera. A pesar del
predominio de L a Habana, otros puertos tuvieron gran relevancia durante l a dominación
254 AMG, FPB, 496-9
255 La Provincia , 06-0 2-1971, “El Retorno de u n Emigran te despu és de 60 años en Cub a”
256 Vázquez Gonzá lez, 1995, p p.84-85
257 El Guanche, 1924, Nº1, contra portada
258 Suárez Viera, 201 4, p .133
99
española: Cienfuegos, donde el asentamiento de la colonia francesa emi grada de Haití
desencadenó un gran d es arrollo e conómico, Santi ag o de Cuba, puerto de r eferencia par a
toda la mitad orie ntal d e la isl a, y Matanzas, c entro de la p rovincia en que la caña
alcanzó un ma y or desar rollo a media dos d el X IX, concentrando hasta u n 55% de l a
producción insul ar 259 . El Puerto de M atanzas con centró por sí mi smo un gran volumen
de emigrantes: sólo en 1854 los registros o ficiales reflejan l a ent rada de cientos de
pasajeros procedentes de las C anarias 260 .
La guer ra de la independencia c ubana y la ocupación estadounidense de sarticuló el
sistema previamente exist ente. En términ os migratorios, la iniciativa más imp ortante
llevada a cabo dur ante l a ocupación norteamericana de Cuba fue la ejec ución , en el
lado oriental de la Bahía de La Habana, del Ca mp amento Triscornia 2 61 . Creado en 1900 ,
a imagen y semej anza del centro Ellis Island de Nueva York, pretendía centralizar la
entrada de inmigrantes en Cu ba. El gobier n o de la República de Cuba, ya i ndependiente,
dio continuidad a esta i niciativa e incluso la expandió: el muelle fue reformado, seis
grandes b arracones fu eron levantados, cuatro para hom br es y dos par a mujeres, cada
uno con 100 camas. Junto a estas instala ciones, se construyó un hospital para aislar a los
enfermos e impedir que entraran en la ciudad. Los inmigr antes tenían que pagar 20
centavos por vivir allí, o bien trabajar para la s autoridades del campamento de forma
gratuita; se les permitía abandonar el centro únicamente cuando un empresario se
presentara p ara contratarlos. Todo el ce ntr o era gestionado po r la “ Comi sión de
Inmigración” cubana 262 .
El Campamento de Triscornia no cult ivó buena fama, y con el tiempo las
organizaciones isleñas en Cuba cuida ron mu cho d e proteger a los inmi grados l legados a
dicho centro:
La prote cción de la mujer canaria. La Beneficenc ia Canaria ha comenzado
ya esta obra profunda, esencialmente canaria. El delegado de in migración
y a veces su propio pr esidente, vigilan la entrada y salida de la mujer
canaria en Cuba, avisa por telégrafo y carta a los familiar es de la misma
radicados en el inte rior de la isla la llegada de la pariente y evita que en el
259 San Marfil Orbis, 20 07, p .339
260 AHPM, Pasapo rtes, 1854
261 La infor mación básica re specto a Triscornia e stá tomada de ot ra ob ra del autor, un trabajo especí fico
sobre el Puerto de L a Haba na , ver Suárez V iera, 201 4, p .148
262 Naranjo O rovio, 2010, p .77
100
campamento d e T riscornia lo s canarios permanezcan más tiempo que a qu el
que exigen las ley es inmigrat orias y que los ll amados agentes de
inmigración les explote n. En la ac tualidad no ex ist en en Trisc ornia
canarios, por ninguna causa. Es deber de todo canario indic ar a los
canarios y canarias que hace n viaje a la ti erra nat iva, que se dirij an a la
Beneficencia, pues esta le s garantizará ante el consulado de España, les
entregará toda la docum entación ne cesaria, inclu sive el pasaje, sin que po r
estos servicios tengan que abonar comisiones ni gratifi caciones, y much o
menos exponerse a los manejos de los atracadore s maríti mos 263 .
El propósito in icial de centralizar la inmigració n se consiguió durante la déc ada
siguiente, en que el puerto habanero gestionó más del 75% de las entradas. La
importancia de otros puert os e n l a entrada de tr aba jadores , c omo habían sido Matanzas
y S antia go durante el p eriodo español , se redujo drásticamente. Pero tras la Primera
Guerra Mundi al y l a g ran ex pansión de la industria azucarera en la zona oriental de la
isla, para los centrales de aquella zona era mucho más eficiente tr aer a lo s trabajadores
directamente a los puertos ori entales.
Esta mano de obra procedía fundamentalmente de J amaica y Hai tí, razón por la cual
el puerto de Santia go, así como otros pue rtos menores de la z ona, re gistraron ent radas
de trabajadores c ada vez más numerosas, hasta que en 1918 super aron a La Habana.
Como se obse rva en la Gráfi ca 4, para el periodo 1903-1919, L a Haba na fue
efectivamente el puerto más important e para la entrada de l os 660.886 in migran tes
oficialmente cont abilizados durante e l pe riodo, au nque con un a pérdida d e peso notoria,
especialmente durante la Danza de los Millones
263 D iario de L as P almas , 04-01 -1926, p .1
101
La ruta de r etorno siempre estuvo dominada por un puerto: L a H abana. La razón es
sencilla, se encuentra la capital de Cuba e n el punto más sencillo para abordar las
corrientes de mar y a ire más favorables pa ra un via je hacia el este. P or otra parte,
normalmente era la últim a par ad a de los buques que ven ía n del oeste, por lo que
cualquiera que se embarcara en un puerto más oriental, acabaría igualmente e n la
capital. De h echo, existen referencias respecto al paso por Triscornia tambi én de lo s que
salen de Cuba 264 .
- Las Rutas Migratorias
Mientras “la Ca rrera”, como todavía llamaban lo s marineros a m ediados del XIX el
viaje hasta Améric a, est uvo dominada por los veleros, fue usua l que los bu ques hicieran
la ruta Ca na rias-Cuba-Canarias. Post eriormente, c on el estable cimiento de líneas de
vapores de más lar go recorrido, lo s buques normalmente llegaban desde Vi go o Cádiz si
habían r ecogido pasa jeros en el M editerráneo, recalaban en las islas y seguían pa ra
Puerto Ric o y Cub a; al gunos más allá, hasta Verac ruz en Méxi co 265 . La ruta s eg uid a por
el Valbanera en 1919 es ilu strativa: Barcelona-Valencia-Cádiz -Las Palmas-Santa C ruz
de Teneri fe-Santa Cruz de La Palma-Santiago de Cuba- La Habana, una ruta que
264 Hernández Garc ía, 1993, p .595
265 El Liberal , 04-01- 1887, publ ici dad de la C ompañía Trasatlán tica
102
maximiza ba al completo el ci rcuito migratorio canario-cubano, aunqu e por desgracia
nunca llegó a entrar en el puerto habanero.
Las escalas más usuales más usuales incluían por supuesto Sa ntiago, Matanzas y La
Habana, como qued a re flejado en el Mapa 3, pero tambi én podían ha cer esc ala en
Gibara y Nuevitas 2 66 , o en Cienfuegos 2 67 . L a publicid ad en los me dios de la é poca n o
duda en ac eptar la realidad de las contrat as en fec ha tan tardía como 1883, así se de clara
respecto al viaje de este úl tim o buque:
Deberá llegar a este pu erto de Las Palmas del 12 al 14 del corriente y
saldrá directamente para dic hos puertos c on escalas, el magnífi co vapor
Vidal Sala . Su c apitán DJA de Luzarra ga. Admite carga y pasajeros, a
quienes se les dará el buen trato que tiene acreditado. Su c onsignatario:
Salvador Cuyás y Pra t. Nota s importante s: El mismo consignatario
admitirá para embarcarse en este vapor para Santiago de Cuba, a cierto
número de pasajeros de contrata, que tendrán una buena colocación a su
llegada. También admitirá a unas cuantas f amilias e nteras que tendrán
igualmente a su l legada buena coloca ción, se gún está ya acr editada por l os
pasajeros que han ido en los vapores de esta compañía.
266 El Liberal , 09-10- 1883, publ ici dad de Vap ores-Correo s de la Compa ñía Tra satlánt ica
267 El Liberal , 09-10- 1883, publ ici dad de Vap ores Tra satlánticos
103
Respecto al retorno desde Cu ba, se repite la rut a de la tríada port uaria canaria: en
1925 el Diario de Las Palm as evalúa así la s entrada s desde Cu ba: por San ta Cruz de La
Palma, 889; por Santa Cruz de Tenerife, 1.338 ; por Las Palm as, 1.013 268 . Como se
deduce d e la jerarquía port uaria ex istente en las isla s, a pa rtir de di chos puert os se
distribuirían a otros de las isl as.
En el mapa también se h an se ñalado otras rutas mi gra tori as: era fre cuente el vi aje a
La Guaira, en Venez uela. Se podía m archar allí directamente, como fue el caso del
bergantín “ Matanzas ” 269 , o bien hacer pre vi a escala en Sa n Juan de Puerto Rico y en
Ponce (en la misma isla) 270 . Fuera del ca so cuban o, fue mu y común en el cambio de
siglo que los buques siguier an con sus pasa jeros hacia Argentina y Urugua y,
normalmente cubriendo líneas que partían desde Gé nova , a l ca lor del c reciente número
de navíos británicos que viajaban hasta Buenos Ai res.
-Temporalidad de los via jes:
La temporalidad de los viajes varió a lo largo del periodo est udiado, pero durante la
mayor parte d el mi smo siguió un patrón general mu y claro : los emi gra nt es partían en
torno a noviembre, regr esando sobre el me s de may o. Para el caso de Gal icia se ha
argumentado que este he cho estaría relaciona do con el fin del ciclo agrícol a anual en el
campo, pero es difícil sostener ese punto de vis ta para Cana rias: en diciembre comi enza
el cultivo de l a papa, en junio se re c oge el mil lo de lo s campos. La explotac ión de lo s
Expedientes de So ltería ha permitido la elaboración de un completo cuadr o de entrada s
y salidas de migrantes en Gran Ca naria, con da tos que aba rcan desd e 18 44 hasta 1933.
Las s alidas contabilizadas ascienden a 449, los retornos a 856, pudié ndo se considerar
una muestra muy representativa , Gráf i ca 5:
268 Diario de Las Palma s, 04- 01-1 926, p.1
269 El Liberal , 18-11- 1890, not a publ icitaria
270 El Liberal , 18-03- 1888, not a publ icitaria
104
Como puede observarse, el tr imestre con más salidas es el de octubre-noviembre-
diciembre, con un r epunte y a importante en septi embre. El pic o m áximo se da en
noviembre, que conc entra el 34,51% de todas las salidas. En cuanto a los re tornos, el
trimestre más nutrido es el de abril-mayo-junio, si endo mayo el mes más i mportante con
un 31.55% de todos los retornos.
Este ritmo de par ti das t uvo que es tar condicionado por el inicio de la zafra e n
noviembre, así como los retornos, casi exclusivame nte desde el Puerto de La Ha bana,
también están condicionados por el h echo de qu e l a z afra termina en abril. Precisamente
fueron la s fechas de octubre-abril, justo antes y justo después de terminada la z afra
azucarera, las que la “ Junta Prot ectora de In migración ” propuso en 1882 para la
organización de la inmigración jornalera de carácter temporal 271 .
¿Puede argüirse una razón clima tológica al res pecto? E n Cu ba, la t emporada d e
huracanes se extie nde entre el 1 de junio y e l 30 de noviembre. Por tanto, lo s isleños que
acudían en masa en sept iembre, octubre y novie mbre debieron hacerlo en numerosas
ocasiones con espantosos ciclones azotando los mares… uno de ellos hundió el
Valbanera en s eptiembre de 1919. El re torno se producía en la esta ción seca, po r lo qu e
271 Balboa Navarro , 2000, p .156
105
era mucho más seguro, y un poco m ás lento 272 . Estas circunstancias meteorológicas, que
al parecer no detuvie r on el rumbo de los v apores, más al lá de las necesarias
precauciones, no son apli cables a la era de vela: las flotas de I ndias vi aja ban hacia el
Golfo de M éx ico en ma yo, y volvían en febrero. Esta última fecha podría cu adrar con
los retornos del XIX, pero no la de partida.
El cambio de patrón en lo s viajes debió producirse en fecha tardía, precisamente
durante la época analiza da en esta te sis: para el periodo 1854-1880, que toda vía estaba
dominado por los vel eros, el 53,12% de las s alidas se produjo en la prim era mi tad del
año, siendo enero , con un 25%, el mes más concurrido en tr e los buques c on desti no a
Cuba, quedando novi embre, c on un 9,3%, mu y p or detrás. J unto al cambio tecnológico,
quizá deba aducirse una may or vinculación de los isleños con el tr abajo de la caña. Pero
estas cuestiones serán tratadas con más deta lle en futuras publicaciones.
- El pasaje, los buques y las condiciones de viaj e en el tiempo de la vela
Mientras duró la época de lo s veleros isleños, hasta finales del X I X, tanto las
condiciones de pago como las condiciones del viaje fueron mu y i rreg ulare s. L o normal,
en el caso de que el e migrante no hubier a em prendido su viaje baj o el ré gimen de
contrata, era que el pago se ef ectuara al fin al del v iaje. De acuerdo con dich a costumbre,
el emigrante llevaba consigo el dinero, o bien un famili ar en el l u gar d e des tino esperaba
la llegada del buque para a bonar el precio del pas aje. Pa ra reunir la cantid ad adecuada,
era normal que los familia res del emigrante hipot ecasen parte de sus propiedades, lo qu e
pone el acento sobre dos aspectos de la migrac ión canaria: primero, que la idea de
emigrar solía ser una estr ategia familiar, y se gundo, que l a posesión de p ropie dades era
un elemento que facilit aba la emigración
272 Entrevista a Franc isco Suáre z Bosa, 2015, https://www.y outub e.com/ watch?v=oVriLO k8 wlw 32:36:
“ Para allá ... mi p adre pa ra allá est uvo ve inte día s y para acá veint idós. No sé la razó n, pero ¿es por las
corrientes? me parece ¿no ? para acá v eint idós” . Datos pr ovisionales qu e ser án expuesto s en fut uras
publi caciones parecen a valar esta afir mación. Ve r Anexo D oc umental 2.3
112
desde 1936, las comunicaciones regulares se hab ían cortado por lo s graves problemas
que arrastraba Cuba desde hacía varios años 290
290 Ver apartado 2.1.3
113
*2.3. Canarias 291
*2.3.1 La cimentación de las primeras redes mi gratorias en el Anti guo Régimen
La conquista de Gra n Ca naria supuso una rupt ura radical d el modelo exis tente en l a
isla hasta entonces. Los datos disponibles para el pe riodo prehis pánico permite n
vislumbrar un modelo de pro ducción colectivista , si bien controlado por l a aristocracia
insular, con el Fa ycán , cabeza d e la clase sac erdotal, al frente. En época de cose cha,
centrada en torno al cult ivo de cereales en regadí o, los ha bitantes se reunían para
realizar los trabajos necesarios, siendo el producto del mismo al macenado en graneros
colectivos de gran envergadura dist ribuidos por toda la isla. Esta mos ante un modelo de
producción c entralizada y r edistributi va, el cual p ermitió la subsistencia de la población
durante si glos en un contexto de aislamiento abs oluto de cualquier fuente de alimentos
exterior. En épocas de cr isis aguda, y ante la imposib ilidad de e xpulsar a los habit antes
de la is la, se recurrí a al i nfanticidio femenino como medida de control demográfico. De
291 Mapa 4: Diplomat ic and Con sula r Report s. Spain, Trade a nd Comm erce o f the Canary Islands, p. 499.
Esta tesi s pret end er anal izar el f enómeno de la emigración y el retorno a nivel arc hipe lágico, p ero debe
centrars e en la i sla de Gran Canaria a cau sa de la s fuent es ut ilizadas. Mu chos aspect os an alizados en
exclusiva p ara la isla redo nda son, de hec ho, genera lizable s al r esto de las isla s.
114
hecho, al gún tipo de infantic idio femenino encubierto debió producirse en las islas hasta
tiempos mu y recientes 2 92 .
En 1483, con la derrota definitiva de los indíge nas, lo s castellanos establecen en la
isla un modelo de propiedad y de trabajo propi os de la Península I b érica en aquella
época, est ableciendo las ba ses para su re gulación en el Fuero otorgado a la isla por los
Reyes C atólicos. El terri torio insular se convirtió a partir d e entonces en un á r ea de
inmigración para los colonos de la s reg iones occidentales y meridionales de la
Península Ibérica, así como del v ecino archipiélago de Madeira. Junto a ellos,
encontramos minorita rios a unque mu y influ yentes grupos de me rcaderes europeos,
fundamentalmente ital ianos y flamencos, y un mucho má s importante, desde el punto de
vista demográf i co, grupo de inmigrantes forzados: los e sclavos moriscos y
subsaharianos. Este periodo de atracción mi gratoria a barca los siglos XVI y XVII,
durante los cuales se conformó la sociedad c anaria.
Los prim eros movimi entos emigratorios se detectan sin embargo desde mu y
temprano. Pa ra el caso c oncreto de G ran Ca naria, tras concluir la conquista en 1483 se
produce una fuga masi va de los primeros col onos ase ntados, es decir las tropas
(fundamentalmente de infantería) que habían realizado l a propi a co nquista . Ab reu
Galindo des cri be como Pe dro de Ve ra, realiz ando un re part o d e las tierra s en ex tremo
injust o, adjudica a los peones d e la conquista pequeños lotes en las zonas más
escabrosas e in fértiles de la isla, reserv ando la s llanuras y ti erras más fértiles para los
capitanes de la guerra. Los peones de la conquista, sintiéndose estafados y atraídos por
las perspectivas d e más generosas rec ompensas en otros lugare s, malvende n mu y pronto
sus lote s y abandonan la is la, fundam entalmente haci a Granada, pero tambié n, unos
pocos, a Indias, cuando estas sean descubiertas en 1492.
Un segundo proceso migratorio padecido por la is la, a cont racorriente de la te ndencia
general en el Archipiélago, se da a finales del siglo XV I. La industria azucarera había
alcanzado en Gran Canar ia un enorme desarrollo, con más de 30 in genios a mediados de
siglo. Esta industri a no logró competir con la que se estaba desarroll ando en la s Antillas
y sobre todo en Brasi l; tras ha ber sometido el ecosistema insular a un estrés
insoportable, que obligó a lo s leñadores granca narios a aprovisionarse de madera en
Tenerife y La Gome ra, el azúcar se convirtió e n un ne gocio inviabl e. El cultivo del
292 Sistemática mente, la ta sa de masculinida d de los menores de 7 año s en G ran Can aria, y aún más e n
Lanzaro te y Fuertevent ura, es más alta que en el r esto de E spaña , sobr epasando el lí mite nat ural de 107
hombres por mujer, un hecho sólo explicable mediante la selec ción p ost-parto.
115
viñedo, que en otras islas de Realen go alcanzó un rápido pro gre s o desde 1550, no logró
asentarse en Gran Cana ria de m anera tan afortunada, y la is la ex perimentó una profunda
crisis ec onómic a, que se vi o a gravada por los grandes at aques piráticos de finales d e
siglo.
Esta profunda crisis generó una corr ient e emi grato ria cu y as dimensiones están por
calibrar, pero que no debió ser escasa. Muc hos ha bitantes de la isla pasa r on a otras i slas,
fundamentalmente a T enerife, qu e a principios del siglo XV II se había c onvertido en el
boyante c entro económico de Ca narias, pero ta mbién, y esto es lo más pertinente, se
registra por prime ra vez una corrie nte r elativam ente intensa hacia las A ntillas. Allí,
desde mediados del si glo XV I, se prese ntan l os maestros y téc nicos granc anarios
expertos en la c aña d e azúcar, constitu y endo la prime ra mano de obra d e los
primigenios in genios azucareros antillanos. La sangría que supuso para la is la esta
migración fue tan i mpor tante, que la Corona de cretó la prohibición de emigr ar para
Indias d esde G ran Canaria en 1574 293 , la cual se mantendría vi gente h asta fina les del
XVII .
Carecemos de un estudio in tegral respecto a la emigración de sde Gra n Canaria a
América, por ello es difícil precisar su volu men y naturale za durante l a ma y o r parte del
Antiguo Ré gimen. Si bien constatamos la exist encia de la emig r ación fi nisecular de l
XVI, durante el siglo XV II y p rincipios del XVIII est a se vio aminorada. Pasado el
momento más agudo de la crisis azucarera, la economía de Gran Canaria se reorientó
hacia dos sectores. En primer lugar al viti vinícol a, sector qu e alc anzó su máx ima
expansión en la isla a fin ales del XV III y p rinci pios del XIX, coincidie ndo con una
expansión mu y importan te del sector a raíz de las guerr as n apoleónicas, que cerraron a
los mercados del Nuevo Mundo los vinos producidos en la Europa continental. El vino
granca nario, al contr ario que el malvasía tinerfe ño, era de baja calidad y se destinó en
los primeros años al ab a stecimiento del propio me rcado grancanario, así como el muy
limi tado existente en Lanzarote y Fu erteventura. Co n e l aumento de la p roducción, el
producto se e mpezó a destinar pa ra las flotas de I ndia s, así como a los puertos
americanos. Las zonas más intensamente dedica das al vino se hallaban en el cuadrante
noreste de la isla, tenien do un impacto limitado en el conjunto insular, no alcanzando el
desarrollo y prepond erancia respecto a ti erras y aguas que sí alcan zó en o tras islas. En
Tenerife, el viñedo ocupó las mejores z onas agrícolas de la fachada de barlovento,
293 Sánchez Albornoz, 2006, p.67
116
concentrando una pobla ción jornal era de gra n envergadura, que en el Ce nso de
Floridablanca aparec e como la má s destacada de Ca narias. A lo largo del XVIII , la s
sucesivas crisis del viñedo empujará n a esta gran masa hacia Améric a, consti tuyen do
durante aquella centu ria el grupo canario más nu me roso. La producción ex perimentó un
pico muy importante al come nzar la Revoluc ión Frances a, y especialmente con el
bloqueo continental na poleónico. Para el caso de Gran C anaria, de p roducir 3.000 pipas
de vino al año en 1776, se pasó a más de 8.000 en 1802, un incremento mu y
significativo aunque aún lejos de l a producción tinerfeña de 20.000 pipas anuales.
El segundo y mucho m ás importante sector que ex perimentó un fuerte d esarrollo en
la economía grancanaria durante los siglos XV II-XVIII fue el de producción de
subsistencias. La expa nsión de dicho sector no sól o se debió a un intento d e abastecer a
la propia pobla ción gran canaria, sino también a l a vecina Ten erife, l a cua l hallándose
fuertemente especializada en la producción de vi no sufr ía un déficit de producción de
alimentos muy a cusado. A principios del siglo XIX, la producción agrícola de Gran
Canaria puede desglosarse del siguiente modo, Fi gura 2.5:
El éx ito del modelo de producción de al imentos para la exportación tuvo c omo causa
y efec to un inte nso proce so de p resura sobr e los m ontes de la i sla, i mpulsan do un nuevo
avance coloniz ador, así como de de pred ación ecológica, sobre zonas de la isla que hasta
entonces habían sido escasamente a fectadas.
117
La economía disfrutaba de cierta dive rsificación gracias a la ex istencia de una
relativamente extensa cabaña ovi na, que disfrutaba de amplias extensiones de pasto en
los montes pelados, esteparios del centro d e la isla, y por la c ual s e lograb a la
exportación de lan a e n bruto así como de textiles. L os artesanos gra ncanarios
exportaban ciertas canti dades de productos ela bora dos, no sólo al resto del
Archipiélago, sino también a Améric a, productos muy variados como pu dieron ser las
tallas para la destilació n de a gua. El panorama económico se completaba con una
desarrollada industria pesquera, que a princi pios del XIX emple aba a 3 0 bergantines
para las faenas de altura en las ag uas africanas. La revitalización de las exportaciones de
vino, así como de alime ntos, durante l as Guerras Napoleónicas permit ió una bonanz a
económica que permit ió cierta acumulaci ón de capitales, lo cual se vio reflejado en
importantes c onstrucciones arquitectónicas, así co mo en un renovado crecimiento
demográfico.
Este modelo económico, consolidado durante el XVIII y culmin ado a i nicios del
XIX, s ienta las bases de la configuración social pre sente a mediados del X IX. Sin
embargo, fue un mo delo económico más exte nsivo que in tensivo, dep endiendo en
últim a inst ancia de l a expansión de las tierras agr ícolas en el finito e spacio insular. Po r
esa raz ón, el modelo expansivo domi nante dur ante el si glo XV III no fu e c apaz de d ar
plena satisfa cción laboral a la creciente pobla ción. Aunque la expansi ón viti vinícola
posterior a 1789 permitió aminorar l a emi gración, las tensiones sob re el uso y
propiedad, tanto de la tie rra como del agua crea ron una creciente corriente migratoria y a
desde mediados del XV III . Antonio Macías ha consta tado estos vaivenes prime ro con
una fase emigratoria qu e abarcaría 1777 -1802, con un esta ncamiento en el ba lance n eto
de la migración hasta los años de 1820, en que vue lve con fuerza la emigrac ión 294 .
Esta corriente mi gratori a dieciochesca es bien conocida y tuvo una i mportancia
decisiva, en tanto en cuánto constitu ye la base sobre la que se asientan posteriores
migraciones, dado e l poderoso ef ecto que, com o ha sido analiza do en el Capítu lo I ,
tienen las redes migrat orias. L as c aracterísticas de la mi gración en e sta época son
netamente diferentes de l as que se estudian en la presente tesis: en primer lugar, el papel
la Corona tuvo un papel m uy relevante, tanto en materia regulatoria co mo en el
patrocinio de lo s desplaz amientos. Es bien conocido que a tr avés del “ Derecho d e
Familias ”, la Corona pe rmitió desde 1672, y con má s regularid ad desde 1718 hasta
294 Macías Hernández, 1991, p.6 2
118
1765, la salida re gular de famil ias canarias medi ante un acuerdo entre los navieros y la
Corona. El interés est ata l en la colonización de las regiones críticas de l i mperio en
América hiz o que esta emigración, o al menos u na parte mu y signifi cativa de la misma,
fuera encauzada y fa cil itada por la propia monarquía, que sumin istró los recursos
básicos para la fund ación de l as nuevas pobla ciones 295 : Santo Domin go (contra la
francesa Haití), Luisiana y Florida (contr a el Re ino Unido) o Uruguay (contra e l Bras il
portugués) fueron las regio nes más favorecidas.
La políti ca de colonizac ión centralizada y diri gida siguió vigente en la s dé cadas
posteriores a 1765, así, e n la gran col onización de Luisi ana de 1778 2 96 de las 2.373
personas involucradas, 989 se habían embarcado en Gran Canaria (es decir, que parte de
los mi smos era posible mente de L anz arote y Fuerteventura). El peso de esta época
“fundacional” de las redes migratori as isleñas se de muestra con el ejemplo de lo s
emigrantes de Lanzar ote y Fuerteven tur a, que fu eron enc auzados por la Corona hacia
Uruguay a p rincipios d el XV III ; pu es bien, to davía a pri ncipios del XX ese se guía
siendo el principal destino de a quellos isleños 297 .
Otra forma d e coloniz ación oficial menos estruendosa, pero m ás im portante para el
caso de Cuba, fue el de los reclutas pa ra el servi cio en las unidades militares cubanas.
En 1775 el Regimi ento de Infantería de La Haban a fija su primer a band era de enganche
en Canarias, asentándose en Gran Ca naria ya d esde marzo de aquel añ o. El banderín
contó con la oposic ión de l a oligarquía canaria, p ero contra sus admoniciones, fue todo
un éxito, y pronto otros re gimientos americ anos, como el de Carac as en 1785, también
asentaron bandera en la isla . L a recluta mili tar supuso el drenaj e continu o de varon es
canarios h acia América, normalmente en grupos de var ias decenas, p ero en épocas de
grandes operaciones bélicas de hast a varios centenares anuales 298 .
La emigración die ciochesca tuvo un carácter fa mili ar mu y marcado, promociona do
además por la propia Corona. Esto fue particularmente cierto para Lan z arote y
Fuerteventura, aunqu e las demás i slas participaron de esa características. Sin embargo,
como se ha visto en el caso de los reclutas, tambié n había sesgo hacia la emigración
masculina. Los censos de la época y a estaban re flejando el impacto de l a emigración,
así, si las poblaciones antiguorregimentales normalmente muestran u n índice de
masculinidad superior a 100, o ce rcano a l a paridad, en Gran Canaria este índice y a era
295 Hernández Gonz ález, 2008
296 Santana Pérez y Sánchez Suárez, 1992, p. 168
297 Rivero, 2015
298 Sánchez Suárez, 1994
119
significativamente deficie nte en el Censo de Aranda de 1769, con 93,85 hombres por
cada 100 mujeres, y aún más acusado en el de Fl oridablanca d e 1787, con un índi ce de
88,19 como se ap recia en la Figura 2.6 En realida d, la r elación de masculi nid ad de 1769
será la más equitativa de las siguientes dos centurias.
Después de 1815, a gotadas las tierras disponibles para la presura, h undido el
mercado del vino con la reactivación de las exportaciones continental es tras la derrota
de Napoleón, dañados los mercados de e xporta ción de alimentos como era el de
Tenerife, y habiéndose cortado el flujo comercial con América tras la in depe ndenci a d e
aquellas repúblicas, la isla se presenta en el se gundo cuarto del si glo XIX c omo una
auténtica t rampa p ara su s habi tantes, iniciándose el pe ríodo m ás agudo de la migración
canaria.
120
*2.3.2 Remodelación y consolidación de la red mi gra tori a ca na ria en el período de
transición liberal, 1815-1877
El proceso de independe ncia de las repúblicas la tinoamericanas y la c risis polític a en
España tras la Guerra de la I nd ependencia supuso un cambio significativo en la polí tica
migratoria esp añola, así como en l as redes qu e hasta entonc es h abían ex isti do entre
Canarias y América. As í m ismo, se produjeron imp ortantísimos cambios dentro del
Archipiélago, p roducto d e los complejos cam bios inst itucionales acontecidos entre 1815
y 1877, un periodo caracterizado por la transición ent re el Antig uo Régimen y e l
Régimen Liberal. Si 1815 marca el fin de las Guerra s Napoleónicas, con los problemas
económicos que ello produjo en Canarias, 1877 fue el año en que se in stauró el sistema
de r eclutamiento de la Restauración, que m arcaría d ecisivamente la n aturaleza d el
emigrante canario; en torno a dicha fecha, se concluía t ambién el pro ceso de
privatización de tierras públic as (1875) y d el a gua (1879). Los procesos migratorios
anteriores a dicha s fecha s tienen má s en común con l os de décadas pasada s que con las
posteriores, fundame ntal mente porq ue todavía aparecía un fuerte ca rácter fa mil iar.
Durante este periodo se experimentó ad emás un profundo cambio en las redes
migratorias hasta entonce s existente s.
*La era de las contratas, 1815-1852
En 1827 se ponen los primeros límites a la emigrac ión hacia t erritorios no e spañoles,
y en 1838 se prohíb e por completo la marcha ha cia te rritorios americanos
independizados. Esta regulación persist e hasta 1853. Durante dicho períod o, muchos de
los destinos que hasta entonces habían sido usuales para lo s isleños, como Luisiana,
Florida, Santo Domingo, Campeche etc. dejan de ser atractiv os y prácticamente
desaparecen. Otros, como Argentina, Urugua y y Venezuela, aunque serán secundarios
respecto a Cu ba, no dej arán d e tener importa ncia e incluso en p eriodos posteriores
alcanzarán un gran peso, probablemente debido a las buenas comunica ciones ex istentes
entre las islas y dichos destinos. La emigrac ión, por tanto, se va a reorientar
fundamentalmente hacia Cuba.
A la vez que se producía este reajuste de la red migratoria, c ambiaba su naturaleza.
Si durante el periodo anterior la emi gración estuvo fuerte mente promocionada por la
121
Corona, que no sólo se leccionaba los destinos a lo s que emigrar sin o que apo y aba
logísticamente el asenta miento, a partir de esta época se produce una l iberaliz ación del
proceso mi gratorio, con un peso mu cho ma y or de lo s agentes privados en el l ugar de
destino. Se tratará de enc auzar a los is leños ya de sde Canarias, mediant e la labor de los
enganchadores en las islas.
Va a ser la ép oca de la emigrac ión por contr ata. Este tipo de emi gración no es un
fenómeno nuevo, ni exc lusivo de Canarias, al contrario e s un fenómeno que alcanzó
escala global y que aparece en la biblio grafía b ritá nica como “ indent ured labour ” o
“ indentured servitude ”. Resumidamente, la contrata supone el traslado de trabajadores a
su lugar de dest ino de for ma gratuita por parte del contratador, a c ambio y hasta que sea
pagado el pasaje, el trabaj ador re alizará su labor en las propiedades de aquel de forma
también gratuita, o po r un salario mucho más bajo del normal en el t errito rio. El sis tema
aparece y a en el siglo XVII en el á mbito an glosajón, vinculado a l a emigración
irlandesa 299 pero adquiere ver dad er a relevancia mundial a principios d el X IX y
prácticamente hasta el XX. David Northrup, que cent ró s u investigación
fundamentalmente e n el I mpe rio Británico y en la contrata d e trabaja dores indios y
chinos, contextualizó la emigración por contrata en un momento en q ue el trabajo
esclavo se volvió e scaso por l o difícil del acce so a l m ismo. Sin la posibilidad de recurrir
masivamente al trabajo li bre, surgiría por tanto un modelo de transición entre ambas
formas de trabajo 3 00 .
En España, la emigra ción por contrata a fectó no sólo a los canarios, sino también a
los gallegos 301 . Este tip o d e trab ajo entre l a esclavi tud y e l trabajo asalariado ha sido
magníficamente estudiado para Ca narias 302 , suponiendo un periodo d e ext rema
explotac ión para los isleños, del que escaparon en l a medida de sus posib ilidades. Co n
el tiempo, se conociero n perfectamente las circunsta ncias de dicha emi gración, pues
como comentaba Fernando de Castro par a el Ayuntamiento de Telde en 1857 3 03 :
299 McCafferty, 2002
300 Nort hrup, 199 5. Los chinos siguieron siendo presa del modelo de trab ajo por contrat a allí don de el
factor traba jo se encont raba esca sam ente des arrollado, co mo sucedió en el Congo en 1929-1932 p ara el
traba jo en el ferrocarr il; Dub ois, 2007.
301 Cambrón Infan te, 2000
302 Albelo, 1985
303 AMT1, “ Poblac ión/E stadística. Inmigración. Varios año s, contiene foto s. 1844-1932, A cta del pl eno
del Ayun tamiento d e Teld e”. En el Anexo Doc umental 2. 7 e stá el texto c ompl eto
128
cuajo para dejar espacio cultivable para el cactus, y grandes trozo s de
terreno baldío se dedicaron al mismo product o. La produc ción de cochinil la
aumentó rápidamente y l a oferta pronto superó a la demanda mientras que ,
por otra parte, se desc ubrieron unos tin tes rojos que se produ cían a un
costo muy in ferior. Los precios de la cochinilla entraron entonces en un
constante declive y los culti vadores empezaron a ser incapaces de de volver
los fuertes préstamos que habían recibido de los comerciantes y que, en s u
mayor part e, habían malgasta do. E sta ha sido la tó nica general hasta e l dí a
de hoy; los precios son ahora un 50 por c iento más bajos, la confianza
pública casi ha desaparecido y los pocos capitali stas que quedan s e niegan
a prestar, no importa cuál sea el tipo de interé s ni la garantía” 315 .
*La fiscalidad territorial com o factor de peso en la migración canaria
La aprobación en 1852 de L e y de Puertos Francos supuso un cambio radical con la
tradición fiscal hasta entonces impe rante en Canarias, enmarcándose en el largo proceso
de liberalización de la economía canaria. Durante el Antiguo Ré gimen, la financiación
de la Co rona en Canarias s e conseguía fundamentalmente a tr avés de la imposici ón
sobre el comercio del almoja rifazg o (6% sobr e e l valor de la mercancía), e l tránsito de
buques y sobre lo s rendimi entos del esta nco del tabaco 316 , quedando lib res los isleño s
de la contribuci ón territo rial y de impuestos sobre el c onsumo, bien que la Iglesia hacía
gravitar sobre ellos el pe so del di ezmo, parte del c ual era aprovechado por la Co rona a
través d e las “terc ias”. Las r azones que habían lle vado a la Co rona a permit ir esta
situación eran evidentes entonces: había que ga rantiza r el poblam iento de unas islas
distantes y siemp re am e nazadas. La o fensiva m ercantili sta de pri ncipios del XIX no
supuso sino un agravamiento de dicho modelo, por el cual desde 1820 se elevab an las
tasas a la im portación, c on el fi n de promociona r la industria local 3 17 ; así e n 1831 se
introdujo una tarifa del 1 5% sobre las merca ncías ex tranjeras, fijándose sólo tres puertos
en toda Ca narias para dicho trá fico, Sant a Cruz de Tene rife, Puerto de la Cruz y Las
315 Quintana N avarro, 199 2, pp.178-17 9
316 Solbes Ferri, 2010
317 Bergasa Perdomo, 2004, p.17 33
129
Palmas 318 . Pero como en Canarias fue casi imposib le dic ho desarrollo, y como la
situación agrícola había llega do a un callejón sin salida, este aumento de l a carga sobr e
el comercio no redundó en ningún beneficio.
La oligarquía local entonces hiz o bandera del lib recambismo como solu ción para l as
islas, póngase por ejempl o las palabras del Alcalde de Gáldar en 1849, preguntado sobre
de qué manera podría remediarse la situación económi ca 319 :
…Además de lo di cho , contribuiría mucho al fomento de es ta
Provincia el que los buques estrange ros que pasan para las Americas del
Sud hiciesen escala en su s puertos así para aclimatars e como para tomar
provisiones; y es to s e conseguiría con la franquic ia de pu ertos, por lo
que este ayuntamiento, e s de opinión qu e V.S. lo proponga al Gobierno
de S.M. suplicando su aprobación en beneficio de est os habitantes.
Las pre sio nes sob re el gobierno de M adrid dieron sus frutos en 18 52, con la
declaración d e la Ley d e Pu ertos Franco, de ca rácter te mpo ral y más tarde perma nente.
Por la m isma, las car gas sobre el comercio extr anjero, permit ido en die z puertos de las
islas, prá cticamente d esaparecían, reducidas primero a un 1 por ciento, y en 1853 a un 1
por 1000. Esto tuvo indudables beneficios p ara el sector c omercial del Archipiéla go, y
así ha sido apuntado en trabajos más espec íficos 320 .
Y sin embarg o, el estado debía seguir financiándose como hasta entonces , e incluso
ampliar sus ingresos, lu e go, ¿ de dónde procederían los ingres os fiscal es? De l campo, d e
los propietarios y pro du ctores a grícolas qu e te ndrían que p a gar un r ecargo del 2%. El
legislador impuso sobr e los campesi nos cana rios la carga de la modernización
económica. Desde 1852 hasta 1900, la imposición indirecta no l ogró jamás constituirse
en la base de los ingresos públi cos Figura 2.10:
318 Quintana N avarro, 199 2, p. 116
319 Domínguez Mujica, 2005, p .507
320 Suárez Bosa, 200 2
130
La situación cam bió con la reforma de los Puertos Francos de 1900, que impuso una
serie de arbitrios sobre la importación de productos de todo tipo. No quedó otro
remedio, dado que desde mediados de la déc ada de 1880 se había producido una caída
constante en el número de contribuy ente s rurales, así como en el to tal de la recaudación
agrícola, la cual se prolongaría has ta los años 1920, si gno de la postración en que había
caído la producción inter na insular 321 . Si los Puertos Fra nc os han sido ensalzados por su
contribución al desarrollo de las isla s en las décadas de expansió n económica
(cochinilla, expansión portuaria del si glo XX), también es necesario resaltar sus
aspectos menos atractivos. L o cierto es que en lo s mo mentos de depresió n económica,
el esfuerz o imp ositivo sobre la m asa campesina in sula r tuvo e fectos pernici osos. A ello
habría que añadir l a en trada de productos a grícolas des de el e xterior, que si bien
permitían el abaste cimiento barato de l a población urbana , así como de aque lla parte de
la misma no dedicada a l a producción de cereales, implicaba para los productores de
alimentos una compe tencia casi insalvable, y ell o a pesar del arbitrio i nicial que se
aplicó sobre los cereales importados.
Así comenta ba la situac ión dese sperada de las poblaciones rur ales la p rensa de la
época 322 :
“Nuestr o corresponsal de Mogán nos dice lo siguiente: Tr iste e s el estado
en que se encuentra este pueblo. Perti naz sequía le afl ige desde e l año de
321 Ojeda Quintana , 1983, p.133
322 El Liberal , 27-11- 1883, not a i nformativa
131
1878, interrumpida a veces por terribles aluviones que han arrastra do al
mar las mejores tierras de cultivo.
Los campos secos nada producen a estos míseros habita ntes, muchos de los
cuales han t enido que alimentarse de yerba s; lo s manantiales casi
totalmente perdidos; la ganadería, principal base de la escasa riqueza de
este término, extinguiéndose por fal ta de pastos.
Como consecuencia de tantas calamidades, l a em ig ración ha to mado
extraordinarias proporciones. Baste saber que d esde aque l año hasta ho y
han emigrado 672 indivi duos, es decir, las d os terceras partes de la
población, que según el últi mo censo constaba de 1011 habitantes.
Para rematar este lastimoso cuadro, los ejecutor es de apremios ejerce n s u
oficio con actividad imp lacable: se calcula qu e l as dos terceras partes d e
las fi ncas del término pasarán en brev e a ser propie dad del estado.
El ayuntamiento ha procurado ali viar sit uación tan l amentable, solicitando
de las C ortes y del Gobier no el perdón de l as últimas contribuciones; cuya
petición ha sido recomendada eficazmente a nu estro ilustre Diputado, el
excelentísimo señor don Fernando de León y Cast illo.
Mientras han podido, estos habit antes han dado a l a Nación parte de su
trabajo y economías; hoy se ven agobiados por infortu nios, justo es que se
les proteja.”
¿Reculó la administración? En absoluto, en cua lquier caso demoró el pago de los
impuestos, acumulándolos sobre años posterior es, lo que ll evó al em bargo de las
propiedades campesinas y su posterior subasta, como ha sido dem ostrado para otras
islas como Lanzarot e 323 y como se deja entrever en el caso d e Mo gán, procesos que
están detrás de la erosión de la m asa ca mpesina propietaria. No es posi ble entrar en
muchos más detalles sob re est a c uesti ón, pero l a relación entre emi gración e impuestos
ha sido puesta de relieve en otros trabajos 324 .
Tampoco c onviene c argar l as tintas sobre la Ley de Pu ertos Francos en exclusiv a, las
quejas por la pr esión fisc al y su íntima relación co n la emigración son r ecurrentes desde
antes de 1852, así resumía el Alcald e de Guía la situación en 1849 3 25 :
323 Ojeda Quintana , 1983, p.73
324 Cabrera Arma s, 1999
325 Alcalde de Guía, a la Junta de Agricul tura de Canarias, 184 9. Do mínguez Muj ica, 200 3, p.513. V er
Anexo Docum enta l 2.5
132
“…el conseguir una con siderable rebaja en las c ontribuc iones y qu e en el
pago de ellas se admita una gran parte en fru tos, pues habiendo llegado el
cupo de la Provincia a un esceso asombroso, y no consiguiéndose el
metálico sin o con mucha difi cultad, cuando para poderlas cubrir con él, era
preciso que lo hubiere en muchísima abundancia es indudable que si en
esta parte no s e adoptan las medidas que se han indicado no está muy
lejana la completa ruina de las Islas.” 326
Procede, por tanto, considerar la política im positi va del libera lismo político en su
conjunto, come nzando en 1820, como un pe ríodo de reajuste mu y lar go y doloroso que
se exti ende hasta aprox imadamente 1890. Quiz á los efectos benéficos d e los Puertos
Francos se aprecien m ejor en e l pe riodo po sterior a 1900, enr aizando con la
construcción de los grandes puertos insulares desde 1883, Las Palmas y Sa nta Cruz de
Tenerife, que explotaron plenamente los aspectos positivos de la Le y . Desde entonc es,
el ré gimen de franquicia s ha figurado en el ideario polític o canario, o al menos entre su
oligarquía, incluso como una seña de id entidad de la canariedad 3 27 .
*La le y de Reclutamiento de 1877: el impa cto de las quintas
El 10 de en ero de 1877 el gobierno de Cá novas promulg a ba una nueva le y de
servicio m ilit ar obli gatorio que acababa con la in estabilidad del siste ma de
reclutamiento hast a ento nces vigen te. Por la misma , los reclutas pasa rían al ejércit o al
cumplir los 20 años. Durante o cho años, lo s s oldados tendrían qu e se rvir al estado,
cuatro de los mismo s en el ejér cito permanente, y otros cuatro en l a reserva. La le y abrí a
la posibili dad a la sustitución del recluta po r parientes, así como a su redención previo
pago de 1.200 p esetas; se contempla ban ex enciones según taras físic as 328 . Esta ley de
reclutamiento permaneció vigente en lo esencial hasta 1912, con alg una s reformas: el
pago p ara la redención s e a umentó sucesivament e hasta las 2.000 pe setas, y e n 1896 se
326 Ver Anexo Docu mental 2.5 p ara más detalle s
327 Brito Díaz, 2001, p p. 15-16
328 Quesada González, 2013, pp. 144-1 45
133
rebajó la edad de los moz os a 19 años. Durante el periodo 1877-1912, se es tablecían una
serie de cupos pa ra ca da ayuntamiento, eligié ndose por sorteos a los re c lutas qu e
deberían servir de entre el grupo que tenía la obligación de hac erlo e n caso de ser
escogidos. Este si stema c ambió en 1912, cuando todos los re clut as fueron
automáticamente conside rados so ldados, salvo que se prob ara alguna ta ra fí s ica que lo
impidie se.
El imp acto que e l establecimient o de la recluta obl igatoria tuvo en Canarias fue
enorme, pu es estim uló e l profuguismo a una esc ala desconocida en el resto del te rrito rio
nacional, aprovech ando las bue nas comunicacio nes de las islas con Am érica. Para el
caso conc reto de Gran C anaria, el profuguismo h a sido estudiado det alladamente para el
municipio de Agüimes 329 y pa ra Las Palmas d e Gran Ca naria 3 30 . La impor tancia de l
mism o radica no sólo en el hecho de que impulsara la emi gración, si no también porque
empujó a los prófugos a no dar noti cias de sí mismos mientras Cuba fue española. Po r
norma general, ll evó a re tras a r el m omento del retorno, quiz á indefinidamente, por
miedo a las repr esalias l egales de su t emprana p artida de las islas, que normalmente
tenía lugar a los 17 años, de mane ra que antes d e siq uiera ser d eclarados r eclutas, ya no
se encontraran en l as islas. Como la vigilancia se i ncrementó a medid a que el
profuguismo se extendía, comenz aron a da rse c asos de suplant ación de identid ad 3 31 .
Para el caso d el r etorno, el emi grante podía llevar a cabo ac ciones des esperadas: en
1890, Manuel Quevedo Alemán, na tural de Arucas, confiesa que había emigrado a
Santo Domingo, y que allí efectivamente había cambiado su na cionalidad por la
dominicana, a fin de que al volver, no le volvieran a molestar con las quinta s 332 .
El reclutamiento tuvo a demás un impacto import antísim o sobre l a n aturaleza del
emigrante can ario. Los d atos dis ponibles para la déc ad a de los 60 y principios de los 70
del XIX indican qu e la emigración famil iar seguía teni endo mucho pe so: de los 95
individuos que emigraron de Guí a en 1860, n ada menos que 47 lo hicieron en f amilia 333 .
Los datos disponib les para Teror en los mis mos años indican una tendencia simi lar, con
329 T a rajan o Pérez, 1997
330 Márquez Quevedo, 1998
331 Francisco Suárez Bosa, tío d el ent revistado con el mi smo no mbre, a ntes de cu mplir los 1 7 años se
marchó a Cuba con un nombre falso. Entre vista: Fra ncis co Suárez B osa, 2015, 08:25. En
https://w ww.youtub e.com/w atch?v=oVri LOk8 wlw Ver An ex o Documenta l 2.3
332 Expedientes de Solt ería, 1900 Julio-Di ciembre, Legajo : 60, C aso: Manu el Que vedo Al emán
333 P or ejemplo, la familia de Antoni o García Gonzá lez (54 año s) de Monta ña Alta, que el 15 de
noviembr e de aquel año pa rtía acompaña do d e: su esposa Francisca Bo sa (5 2), sus hij os e hijas Ant onio
(10), Tomasa (17), Isidora (1 5), Marcelino (13) , Andr és (10) y Sebastiana (7), más otra hija ( 21)
acompañad a de su y erno . AMSMG, Co mendaticia s, 15 d e noviembre d e 1860.
134
una gran cantidad de fa mi lias y m uchas p ersonas ca sadas. Co mo result ado de este
modelo migratorio, la edad medi a a que se realiz aba la emigración rondaba los 25 años,
Fig ura 2.11:
Como se aprecia en ambos cuadros, a un periodo con edades medi as mu y altas siguió
otro c on edades ex cepcionalmente bajas. El cambio decisi vo se produjo después de
1877, y en ello intervinieron dos factores: en pri mer lugar, la a gudización de la crisis ,
que tomaba cohortes d e ed ad c ada vez más ext remas, y en segundo lugar y más
importante, por la introducción de la le y de reclutamiento dicho año. A partir de ese
momento, la ta sa de solte ros se dispar a hasta sup erar el 90% a p rincipios del siglo XX,
el emigrante viaja sólo, y l a e dad media de pa rtida cae hasta parámetr os realmente
atroces: en 1889 los emigrantes de Guía ab andonaban su ho gar cu ando apena s tení an 14
años de edad.
135
Durante este período lo s principales conflictos que afectaron al reclutami ento de
isleños fueron: el final de la Guerra Grande de 1868-1878 en Cuba , l a Guerra Chiq uita
en dicho país en 1879-1880, y sobre to do la Guer ra de Independencia de 1 895-1898, en
que lucharon 2.550 isleños en el bando español, más 550 con el de los ma mbises 334 .
A los conflictos cubanos siguieron lo s de Marruecos, empezando en 1909 con los
combates e n torno a Mel illa y si guiendo con la f ase más s an grienta de dicho conflicto
en la lu cha co ntra Ab d-el-Krim, que terminó en 1927. Durante este periodo, el
reclutamiento fue espec ial mente aborrecido, y el miedo a marchar a África fue lo que
empujó a muc hos reclutas isleños a emigrar antes de cumplir la edad milit ar. Co mo
desde 1912 el reclutamiento era automático, todos ellos pasaron a se r prófugos.
2.3.3 Emigración y retorno du rante la era de la globalización, 1877-1936
Con la s bases insti tucionales de l régimen l iberal y a plenamente establ ecidas en
España, este pe riodo se inicia c on una primera fase que podría definirse c omo el de la
plenitud de la migrac ió n canaria por dos mot ivos: encuadra una primera década en que
las tasa s de emigrac ió n alcanzan su parox ismo, con nive les no igualados antes o
después; y lu ego, a r aíz de la Guerra de Cuba de 1895-1898, es testigo d e una llegada
masiva de in dianos. A raíz de la independencia cu bana y d ebido a los cambios operados
en la economía anti llana, se produce una re activación de la emigración al imentada por
una demanda ma siva de mano de obra en Cuba, que tendrá su culmen en la gran
migración de 1918-1921, para en una tercer a y últi ma fase producirse e l colapso de
dicha dema nda, a raíz de la compete ncia de otr as fuerza s la borales y d e la crisis del
azúcar en aquella isl a. Paralel amente, se pro duce la afirmación de l m odelo
agroexportador isle ño, e n consonancia con el desarrollo de una e conomía urbana y
moderna imp ulsada por la construcción del Puerto de Las Palmas, que aca para cada vez
en ma yor medida la m ano de obra expulsada d el c ampo. El año 1936, por motivos
obvios, marca una cesura de finitiva para esta era.
334 D iario de Avisos , Carrié, F., 30-05-2004, “Unos 880 can ario s murieron en la Guerra de Ind epend encia
de Cuba”
136
*La plenitud de la migración cana ria, 1877-1902
La b ajada en los precios de la cochinilla no supuso un colapso inme diato del cultivo,
sino que e l mismo fue agonizando a l o l argo d e una déc ada en qu e los productores
nunca perdieron la esperanza de volve r a recuperarlo. Gran Canaria se había convertido
en el primer productor del Archipiélago, con má s de 1,6 mi llones de kil os exportados en
1869, una cantidad que suponía más del 50% del total reg io nal. Dich a ex portación
alcanzó un valor de 11,3 millones de pesetas, una cifra que no volvería a superarse hast a
los años de 1910, casi cuatro décadas después, l o que da id ea d el torrente de riquezas
que supuso para la isla. Sie ndo un cultivo en ex tr emo lucrativo, er a ló gico que l os
agricultores no se d eshic iesen del mismo a l as pr imeras de cambio. Desp ués de cierta
parálisis durante l a primera mit ad de la década d e 1870, l a producción se reanimó en l a
segunda mi tad y aún en 1881 superó en volum en a la de 1869, como se ap recia en la
Fig ura 2.12:
Y sin embargo, la crisis era generalizada, y la emigrac ión, rampante d esde 1877, ¿ por
qué? Porque lo s productores habí an intentado s a lvar la caída de pre cios me diante un
aumento de la producció n, un mec ani smo bien c onocido de muchas crisis económicas
137
como fue la Gra n Dep resión de 1930, que a la larga só lo lleva a un a gravamiento del
problema por l a g enera ción de stocks, los cuales hunden los pr ecios. Un repunt e
respecto al precio de la grana moti vó el último impulso productor, pero inmediatamente
siguió el colapso de su cotiz ación, lo que liquidó la rentabilidad del negocio. En la
Gráfica 6 pu ede apre ciarse el imp acto de esta caída sobr e las re nta s d e una finc a de
cochinilla en particular, la que se situaba en “El Paso de María de los Santos”,
municipio de Santa María de Guía . Dicha finca era propieda d de Juan Gonz ález Boza,
que la arre ndó a dife rentes individuos a lo la rgo del peri odo. Par a 1885, la propiedad
daba tan po co rendimiento que no alcanzaba no sól o a pa gar a los peones, sino si quiera
a comprar abono 335 .
Fue este el tipo de situa ciones que empujó a ta ntos jornaleros y propietar i os a
abandonar la isla. Para el caso de Gran Can aria, el to rrente se contuv o durante un
tiempo, probabl emente hasta l a segunda mitad de los años 1870, cuando en todas la s
335 FPB, 4 97.20 a 497.51 Por en tonc es Jua n Gonzá lez ya habí a falleci do y la finc a ha bía pa sado a su
hija, Dolo res Gonzál ez, resid ent e en Jesús del Mont e, La Haba na; su apo derado en Gran Cana ria, Pedro
Bautista, le recomendó desh acerse de la propieda d. La v enta de la misma reportó 13.080 reales de
vellón, qu e fueron en viados a La H abana.
144
Este estado de cosas no había de durar mucho. Porque la in dependencia de Cuba
cercenó las ventajas de q ue los productores y comerciantes e spañoles había n disfrutado
hasta entonces, s iendo s ustitu idos por importadores de los EE UU 3 43 . Para 1931, las
exportaciones desde el Pu erto de L as Palmas a Cuba apenas ascendí an a 130.974
pesetas, mientras qu e la s im portaciones superaban los dos mi llones de pesetas 344 ; el
valor relativo del comercio con C uba, en compara ción con otros socios, había llegad o a
niveles ínfimos.
La interrupción del tráf ico comercial con Cub a supuso la ruptur a de una línea
comercial que había sido crucial p ara el Atlántic o español desd e ha cía cuatro si glos,
dejando el tránsito de buques entr e amb as zonas lim itado al de pasajeros; cuando,
mucho tiempo después, Cu ba experimente s us agudas crisi s azuca reras y los
trabajadores cana rios no te ngan dinero ni para pa garse el pasaje , qued ando atrapados en
la mendic idad, la fa lta de buques que comunicaran con Canarias se co nv ertiría en uno
de los grandes dram as de la mi gración canaria. Y así como Cuba r eorientó sus lí neas
comerciales hacia EEU U y el contine nte americano, Ca narias lo hiz o hacia Á frica,
Europa y Sudamérica, al calor de l t ránsito de buques europeo s que cubrían dichas
líneas. Así, en 1929 apenas cinc o buqu es retornaron desde La Habana, por 21 que
hicieron el viaje de ida. En comparación, 381 buques entraron en G ran C anari a desde
Buenos Aires, y otros 14 9 navegaron h acia dic ho puerto 345 . Este cambio radical en las
líneas de tr áfico vino unido a transformaciones mu y profundas en la estructura
económica insular, y estuvo mot ivado por el gran desarrollo del Pu erto de Las Palmas.
Por tanto, es en lo s puer t os donde debe fijarse la lupa para entender el cambio de
coyuntura ex perimentado desde los años 1880. La aprobación de l a construcción del
Puerto de La Luz en 1882 y el in icio de su construcc ión en 1883 3 46 , que se p rolongaría
hasta 1902, es un hecho de primer a ma gnitud par a la histo ria de la isla . Es este un tema
muy bien trab ajado por l a historiografía canaria 3 47 . El aspecto clave del desarrollo del
puerto refugio d e La Luz fue que por pri mera v ez introduj o una economía plenamente
343 Suárez Viera, 201 4, p p.135-136
344 COCINLP, 1931, p. 225. Desde Cuba se si guieron imp ortando grandes cantidades de bebi das
alcohólic as y tabac o . De hecho la compañí a Pinillos basaba su tráfico de retorno a Canarias e n el
transpo rte de grandes cant ida des de taba co y de emigrantes re torna dos, s e gún comenta el úl timo
presidente d e la compañ ía en el d ocumenta l “ Tras la e stela del Va lban era ”.
345 C OCIN LP, 19 29, pp .186-195
346 Martín Galán, 20 08, p. 88
347 Suárez Bosa, 199 8 y 2000; Ca br era Armas, 2014
145
moderna en la i sla, inser ta en el proceso de globa lización industria l que ex perimentaba
el mundo por entonc es. El trabajo en el puerto será, por fin, uno totalm ente li bre de
prácticas s emifeudales, como eran las h abituales en el mundo agrí cola. Abastecimiento
de carbón a los buques, negocio controlado fundamentalmente por grandes empres as
británicas 3 48 , construcción de m uelles y almacenes, más toda la economía urbana que
giraba en torno a esta s actividades mu y ex igentes en mano de obr a, son factores que
explica n el desarroll o de un polo de actividades mo dernas, con fuerte capacidad de
atracción de traba jadores prove nientes d e las z ona s rur ales. El desarrol lo portuario,
vinculado a la configuración de una economía extr overtida y que canaliza a gra n escala
el tráfico de buques inter nacional, hubiera sido ca si imposible sin el papel de los Puertos
Francos, que dur ante es te periodo encuentran su pleno d esarrollo e ins erción en la
economía canaria.
Por tanto ha de contemplarse el pa pel de las infraestructuras públicas, cuy o capital
provino también desde el sector privado, para el desarrollo de la economía insular y por
consiguiente para el am inoramiento de la emigración al ex terior, o incluso para el
fomento del retorno. Como se aprecia en la Fig ura 2.17, ha y un salto cuantit ativo muy
importante en dicha materia desde la absoluta miseria de dichas inversio nes en el
periodo anterior a 1882. La obr a pública d esarrollada desde entonces coincide con el
freno en la tendencia emi gra toria desde la se gunda mit ad de los 80 y a todo lo largo de
los años 90. M ás allá de este periodo, el lanz amie nto de una segunda f ase de ex pansión
portuaria en 1926 se ajusta ta mbién a un cambio significativo en la tende ncia migratoria
348 Suárez Bosa, 201 2, pp .394-396
146
La situ ación fue bi en d efinida en 1885 por el vicecónsul británico en la ciudad,
Thomas Miller:
“… a pesar de la gran caí da del co mercio de la cochinilla, las
condiciones en Gran Canaria, en conjunto, pare c e que están mejorando y
cita como evidencia la consid erable disminución de la emigración, dirig ida
sobre todo a Río de la Plata. Además de lo barato de la comida, y la
abundancia de tr abajo para las clases trabajadoras, tales como el
abastecimiento de c arbón a los buques, la construcción de al macenes y
depósitos flot antes para carbón, así como la co nstrucción del romp eolas,
todo contribuye a l a o cupación, a crear em pleo y bienestar para las cl ases
humildes” 349 .
Y añade el cónsul Harford en 1891:
“El incremen to en el número de casas construid as en Tenerife y Gran
Canaria indica que la población sig ue aumentando y que la emigración no
es lo suficientemente importante como para afe ctar a la situación total del
número de habitantes. Los isl eños no tie nen el mismo concepto de la
emigración que nosotros los británicos; mi entras que el ingl és em igra co n
la intención de asent arse en el lugar, el canario, al menos que yo s epa,
piensa volver después de dos años” 350 .
Es evidente que los re pr esentantes del Reino Unido experimentaban cierto sesg o en
sus observaciones. Entr e 1877 y 1887, A gaete, Arucas, Firgas, Santa María de Guía,
Mogán, Santa Bríg ida y Tejeda ex perimentaron pérdidas netas de pobla ción; para el
periodo si guiente de 188 7-1897, también lo harán A gae t e, Gá ldar, Guí a, Mo y a y Telde,
que todavía tendrá otra d écada más d e d ecrecimie nto neto. Es d ecir, que h ubo zona s del
interior que perdi eron p oblación continuadamente durante vei nte años. Durante est e
periodo, hasta principios del siglo XX, la expansi ón de los cultivos de tomate y pl átano
fue insuficiente para absorber toda la m ano de obra agrícola desempleada.
349 Quintana N avarro, 199 2, p. 310
350 Quintana N avarro, 199 2, p. 365
147
La clave de estas contrad icciones está en las palab ras extractadas: había tra bajo, tanto
de carbonero como d e p eón de ob ra en Las Palm as, por lo que es la capit al la que está
creciendo aún en un conte xto de crisis en las zonas rurales. Por otra parte l a afirmación
de Harford está mal pla nteada: no es que la emigración no afecte al nú mero total de
habitantes, es que el desarrollo urbano a pesar de s u in tensidad no lo gra absorber toda l a
emigración, como suc ederá en los años 60 d el siglo XX. Se perfila po r lo tanto un
escenario clásico de tr ansición a la modernidad, por el que ya h abía pas ado tiempo atrás
el propio Reino Unido.
En dicho escenario, de inserción en la modernidad industr ial, se operan algunos
cambios en los destin os de la migr ación c anaria . Dado que la isla estab a r eorientado su
actividad a graria hacia la exportación de frutas, la produ cción de abastos no era
suficiente para alimentar a la población. Gracias a l a pol íti ca fiscal puertofranquista, la
importación de cereal de sde Argentina se convi rtió en una al ternativa fac tible, lo que
generó un inte nso tráfic o portuario con Buenos Aires, Rosario y Bah ía Blanca 351 ,
comercio en el que lo s buque s británicos jug a ban un pap el decisivo, dado que los
mism os realizaban la m is ma labor d e transpo rte de cereal h acia el Rein o Unido. El
establecimiento de tan e strechos vín culos con el Cono Su r de Sudaméric a generó una
intensa ola emigratoria, fundamentalmente desde L as Palmas. Como se obse rva en la
Gráfica 8, para 1900 de 296 vecinos ausentes en el extranjero, 79 se hallaban en
Argentina, fundamental mente en B uenos Aires
351 Rodríguez, 1998
148
La importa ción de ce real desde Sudamérica a yuda a in tegrar l a cr i sis a graria isleña
en la mu cho más general acontecida a nivel europeo en la déca da de 1880, vinculada a
la mejora de los transpor tes y a la imp ortación m asiva de cereal desd e áreas periféricas
al núcleo industrial del globo. Esta crisis ha sid o trabajada en otros lugares 352 y en
resumidas cuen ta s supone que l a importación de dichos cereales causó un colapso del
precio de los mismo s, lo que empujó a mil lones d e ca mpesinos a abandona r los campos,
acudir a las ciudades o emi grar a otros lu gares del mu ndo. Ello obliga a n o olvidar, qu e
la crisis de la cochinilla t ambién fue crisis de los cultivadores de mil lo en la s islas: para
1931, se importaban desde Argentina 34.679 tone ladas de millo , s uficiente para
alimentar a la mitad de la población de la isla 353 .
Y sin embargo, al princi piar el siglo XX la agricul tura canaria muestra sí nto mas de
mejoría.
*Emigración durante la Edad de Oro del Puertofr anquismo, 1902-1921
El papel decisivo en el renacer de l a economía agraria lo jugarían el pl átano y el
tomate, un impuls o que vino sin embargo d esde el Re ino Unido. El pr imer súbdito
británico en alcanzar gr an éxito en Canarias fue James Swanston, que desde Escocia
llegó a Canarias en 1812 , en ci rcunstancias mu y novelescas 3 54 . A r aíz del desarrollo del
Puerto de Las Pa lmas de sde 1883, hecho en el que los Swanst on jugaron u n papel clave,
comenzaron a l legar a l a isla numerosos comerci antes y empresarios b ritánic os, en
principio estrechamente vinculados al abaste cimiento ca rbonero de los buques 3 55 . Esto s
empresarios británicos n o tardaron en dar el salto al mundo agrario, primero explotando
en arriendo las tierras propiedad de isleños, p ara después adquirirlas pl enamente. El
salto que dieron a las actividades agrícolas fue decisivo: a causa de la dolorosa
experiencia d e la co chinilla, la terraten encia loca l se mostraba ex tremadamente suspicaz
ante la per spectiva de t rabajar c on cultivos novedosos, hecho que los británicos
352 Corona, 1994; Pla nas Mar esma, 1992
353 COCINLP, 1931, p.19 1
354 Su bu que, qu e se dirigía a las Ind ias Oc cidentales, fue cap tur ado por co rsarios francese s du rante las
Guerras Napoleóni ca s. Abando nad o por sus a tacantes, se las arregló para pa sar a Las Pa lmas de Gran
Canaria, establ eciéndos e en l a mi sma. En “Los Miller i nformaron a Londre s de l su ministro a submar inos
nazis”, La P rovincia- Diario de La s Palmas, Dominica l, 2 6 de a gosto de 2 012
355 Suárez Bosa, 200 2, pp .747-752
149
intentaron combatir activamente, aunque la incorporación de los isleños a lo s nuevos
cultivos no se realiza r ía hast a la primera década de l siglo XX 356 .
Los británicos, en forma de Fyffes (de spués fusionada con Elder Dempster ),
Y eoward , o los Leacock, domin aron la produ cción de toma te s y pl átano s, e l ren glón
más productivo de la economía grancanaria , desde sus primero s compases. Esta
expansión productiva hubiera sido imposible sin la asist encia técnica br itánica en la
explotac ión de los recursos hídricos, así como en el aprovisio namiento de ma quinaria de
últim a generación. L a importancia de los L e acock, ha de ser subr a y a da, dadas la s
innovaciones t écni cas que introdujo el se gundo de la dinastía, D avid, en sus
propiedades del noroeste de Gran Can aria desde 1918, entre las que se encontraban
tuberías de acero, moto r es Ro uston para los poz os y otr os ingenios 357 , que después se
extenderían a toda la isla, posibil itando un i ncremento en la escala productiv a mu y
importante
Lo cierto es que en l as dos primeras d écadas el desar roll o del plátano y del to mate
fue má s bien le nto, hasta que la promoción activa por parte de los britá nicos y la g ran
expansión del tráfico portuario permitieron colo car dichos productos en los cada vez
más frecuentes buques que p asaban en lastre ha cia las Isla Británicas,
fundamentalmente a Londres y a Liverpool. Durante los años de 1910 y ha sta la Primera
Guerra Mundial, la ex pansión del plá tano en Gran Canaria fue formidable, como se
aprecia en la Gráfica 9. Durante dic ha década logró por fin sup erar las cifr as de
exportación de cochinilla al canzadas tres décadas atrás, y p ara 1913 s u ex portación
suponía la enorme cifra de 24 m illones de peset a s, un nivel ja más alcanzado hast a
entonces por ningún producto.
356 González Lemu s, 2005, pp.4 55-458
357 Jiménez, 1980
150
¿Podría concluirse que los fa ctores objetiv os q ue habían causado la emigración
habían des aparecido, y que la misma fin almente se había encauzado al des arrollo
interno? No es posible , pues a p artir de 1902 se o bserva una reactivación de l a corriente
migratoria. Los ín dices de masculinidad caen des de 88,09 en 1900, a 86,3 6 y 86,06 en
1910 y 1920 respec ti vamente, reflejo de que ex istía una fuerte emigración masculina.
Mucho se h a discutido sobre l a existencia en este p eriodo de una emigración
golondrina, que vis itar a Cu ba por unos me ses, lo s de la za f ra, y la abando naran a cabado
el trabajo, una emigración estacional. O si bi en la misma fue d e c arácter temporera, más
no estacional. Sobre este aspecto se hará n algunas aportaciones en el Apartado 3.1. El
modelo tradicional supo ne que tras unos años de emi gración y retorno a un ritmo
regular, la Prime ra Gue rra Mundia l, con el bloqueo efectivo a que la guerra subm arina
alemana sometió a las is las (por más que fu eran n eutrales), h abría supu est o un freno de
las salidas ha sta 1917. Y como si todos los emi grantes que no pudi eron salir durante
aquellos años hubie ran decidido hacerlo a la misma vez , los años 1918, 1919 y 1920
ofrecen un auténtico par oxism o mi grat orio. El mi smo se vio fomentado tanto por la
crisis coy unt ural de los productos de ex portación isleños como por el auge, igualmente
coyuntural, del azúcar en Cuba en la que fue ll amada “Danza de los M illones”.
151
Como se aprecia en la Gráfica 10 358 , los índices de natalidad m uestran m u y a las
claras el impacto d e dicha aval ancha sobre la pobl ación isleña. Con la m archa masiva de
tantos hombres en edad de pro crear, lo s nivele s de nat alidad ca y eron prácticam ente
hasta el 20 por 1000 a nivel regional.
Algunos datos parciales apuntan a una necesaria matización de dicho planteamiento.
Como se observa, se venía produci endo un de scenso muy acusado e n la s tasas de
natalidad desde antes d e 1920. Esto se plasma, po r ejemplo, en los d atos de emigración
del municipio de Teror, como se aprecia en la Gráfica 11
Ya desde en t orno a 1910 se aprecian fuertes salidas, que son continuadas durante los
años de aislamiento de l a Primera Guerra Mundi al, particularmente en 1917. No h a de
descartarse probl emas con el registro documental, pero la tendencia ex iste . A mo do de
curiosidad, ni siqui era en estas fechas se sup eró el terribl e pico migratorio de la
cochinilla. Estas cifras so n div ergentes re specto a las que ofre cía J ulio Hernández por el
hecho de que se han in cluido la s licencias d e emigración, una fuente di ferente a las
358 H ay un ses go estadístic o e n esta gráfica q ue de be tenerse en cuenta . Al calcular l os índi ces d e
natalida d y mortalida d sobre la última cifra de pobl ación c onocida, qu e para esta época correspon día a
los c ensos de cada añ o termi nado en cero, tiende a produ cirse un alza despropo rciona da el último año
de la década y un bache al comienzo de la siguiente. A pesar de ello, la t endencia es manifiesta por
ejemplo pa ra la dé cada de 1910, con un descenso muy gr ave en la segun da mitad qu e anula el bac he
estadístico.
152
comendaticias, y que no habían sido recogidas en aquel traba jo, al cu al compleme ntan
estos datos 359 .
Las lic encias de emigración ofr ecen un aspecto poco conocido de l a realidad
migratoria, como puede ser la estructura f amiliar. Co mo se aprecia en la Fig u ra 12, el
grueso de la s licencias las otor gan los padres a sus hij os, como corresponde a una
sociedad patriarcal 360 . Sin embargo, en un amplio número de casos la mi sma e s
concedida por la madre del sujeto, y en alguno por sus abuelos, tíos o tutores; la s
personas qu e declaran l a causa de este hecho, afirman ha cerlo por encontrarse el p adre
de familia ausente en Amé rica. Un asp ecto mu y i nteresante de este capítul o lo ofrecen
las autorizaci ones d el cónyuge: sólo uno de lo s casos corresponde a una mujer
emigrante, el de María Dolores Domínguez Rodríguez en 1881, oto rgado po r su
cónyuge Franc isco Yánez Puli do; en el r esto de los c asos, 51, l a au toriza ción la
conceden las esposas a s us maridos, Figura 2.18
359 Hernández Garc ía, 1981, p .218
360 Por ejemplo, AMT, 1872, Licenci as de Emigrac ión, 29 de Octubre: “ En la villa de Teror a veint e y
nueve de Octub re de mil ochocientos setenta y dos, hallándose el señ or Don Jua n Jiménez y Miranda,
juez mu nicipal de la misma, asistido de mi el a utorizant e secretario, en las sala de su despacho , p areció
Francisco Orteg a y Gran ado nat ural y vec ino de est e térm ino municipa l, de cin cuent a y cinco años de
edad , casad o y arriero, y d ijo: qu e con p lena y delib erada volu ntad co ncede lice ncia para p asar a la isla
de Cuba a su hijo Francisco Ber n ardo Ortega y Falcó n de catorce a ños de eda d, nat ural y vec ino t ambién
de la referida villa. El p areciente se ratificó en lo d icho, y el seño r juez dio por t ermina do el acto d el que
mand ó expedir al in teresado la s ce rtificaci ones que del m ismo solicita re, y no firma por expresar n o
saber ha ciéndo lo a su ruego un test igo qu e suscribe d el que yo el se creta rio certifico”
153
*La era del último retorn o: 1921-1936
El hecho de que tanto la crisis en Canarias como la D anza de los Millones cubana
fueran, en efecto, factores coyunturales, se vio con claridad en 1921. Cual crisis de la
cochinilla, pero con una intensidad y unas dimen siones totalmente diferentes, el az úcar
cubano se e ncontró con una caíd a de precios abismal, que destrozó las p erspectivas de
crecimiento en la i sla y que causó una contra-aval ancha de emigrantes can arios, esta vez
apiñados en los puertos cubanos para volve r a las islas. Pasado este trance, se reinició a
un nivel más bajo el flujo migrat orio a medida que la zafra az ucarera se recuperaba
parcialmente, hasta reve rtirse del todo en la se gunda mi tad de l os años 1920. A la c risis
de 1921 le su c edió ot ra mucho más prolon gada a partir de 1929, que acabó
definitivamente con la e migración i sleña a Cuba . L a recuperación de di cha crisi s no
trajo consigo un retorno a las condiciones laborales anteriores a la misma, dado que la s
condiciones del mer cado laboral cubano h abían c ambiado 361 . Es por ello que, a pe sar de
la crisis global de 1929, los retornos fueron la nota domi nante en la mi grac i ón canaria
desde lo s p rimeros años de la década de 1920, de modo qu e en 1930, lo s retornos
oficiales desde Cu ba superan en diez veces a las idas como se ap recia en la Figura 2.19,
con un balance migratorio general positivo para la isla, a pesa r de l a prese ncia de una
corriente de relativa inte nsidad hacia Ar gen ti na y Uru guay
361 Ver apartado 2.1.3
256
…se dice que el interes ado al contrario que otro s, no se d edicaba a
festejos y noviazgos co n jóvenes del lugar; no improvisó noviazgo para
pasar el tiempo 485 .
Lo cual indica que los isleños que trabajaban en la región central de Cuba , como es
natural, viví an con m ás a legría de la qu e d eclaraban. En otr os destin os y por otros
medios, los testimonios so n mucho más grá ficos. En el fondo de Pedro Bautist a, en
Guía, se hal la la corresponde ncia privad a que aquella figura ilustre del munic ipio
norteño mantenía con sus representad os en Amér ica. En una de esas cartas privadas, un
sujeto desde algún punto de la Améric a tropical escribe subido de t ono:
De mujeres esto es bastante regular, abundan la s canelas ( hijas de
blanco y mulata ) que materialmente ec han lumbre, aquí l os raptos son
frecuentísimos, es materia predispuest a y moneda corriente, es muy raro el
hombre tanto casado como soltero que no tiene su querida, tengo u na
vecina que se fue c on el novio, a l os dos días aparecieron en una hacienda,
la famili a la recogió, dio parte, se form ó el suma rio, pero luego por 100 p.
perdonó y en paz, hoy está la chiquilla met iéndose por lo s ojos y en estado
de merecer, tiene 16 año s y se llama Gabriela Masonte , canela pura, en f in
allá veremos.
Pero una cosa son las relaciones esporádic as, y otra el matrimonio. De ca ra al mi smo
también podían valer las hijas de c anarios, condición que las situaba por encima de l as
no isleñas. Tal era el caso de María Isabel Martín Afonso 4 86 .
Nacida en Ar gentina, resid ente en Santa Rosa (temporalmente en Aruc as) e hij a d e
canarios, M aría sólo tení a 15 años cu ando ya habí a sido prometida a un ho mbre, el cual,
no consumó el matrimonio. El novio cortó la re la ción, volvió otra vez , pero el disgusto
había si do tan grande, qu e y a no retomaron la idea de casarse. Por lo tanto, argumenta la
485 AH DLP, E xpedientes de Solt ería, A: 1 895, C: 4 3, Caso: Ant onio Benítez San tana . Telden se, retorna do
desde Cruc es
486 AHDLP, Expedient es de Solt ería, A: 1900, C: 6 0, Caso : María Isabel Martín Afon so
257
familia, ha y ur gencia en demostrar su soltería para un nuev o pro yectado matrimonio,
“ porque si se enteran de que ha estado prometida, la dejan, después nadi e la querrá. ”
Según un a testi go, entró en la pubertad en Canarias, y y a había urgencia p or ca sarla en
la ocasión anterior; el pro blema era que la chi ca había tenido un desarrollo p rematuro.
Una vez llegados a Cana rias, era mu y común que los retornados se casaran con sus
primas:
José Reyes Díaz 487 , solte ro, labrador, de veinticinco años de edad,
natural y vecino de Quemado de Güi nes, Isla de Cu ba, y hoy residente en la
parroquia de San Bartolomé de Tirajana a donde vino con el fin de
conciliar matrimonio para mejor servir a Di os… se presentó Narciso
Hormiga Carreño, a quie n como el anterior doy fe y conozco, soltero de
esta vecindad, de treinta y tres años de edad, labrador… Que D. José Reyes
Díaz es soltero, porque le c onoció en Quemado de Güines, Isla de cuba,
ocho años tenie ndo buenas amistades con el mismo, con quien co mo
hombres so lteros y amig os, habla ban de las pretensiones que ambos tení an
para casarse, para cuyo fin vino desde aquella Isla acompañado de su s
padres. Que lo mismo que él declara con juramento lo declaran, si fuera
necesario, muchas perso nas que hay en Fataga y que conocieron al Señor
Reyes Díaz en la Isla d e Cuba. Que lo s padres de dicho señor son muy
honrados y no hubiesen consentido y aún lo hubieran manifestado por
(roto) a su sobri na si alguna cosa en contra de su solte ría hubiera habido. Y
por últi mo dij o que D. J osé Re yes Díaz es solte ro, porque lo conoció o cho
años soltero en Cuba, porque por tal lo tenían otras muchas personas que
lo habían conocido d esd e pequ eño y sus mismos padres que le facilit an
medios para que venga a Canarias a casarse con una sobrina de los
mismos.
487 AHDLP, Expedient es de Solt ería, A: 1910, C: 7 9, Caso : José R eyes Díaz. V er Anexo Do cum en tal 3. 22
258
En el caso de qu e efe ctivamente los contra yentes fueran p rimo s, debí a tram itarse una
dispensa matrimo nial po r el grado de p arentesco, que en sí mi sma pued e ser una fuente
muy útil para el estudio de las migra ciones, pe ro que en est a tesis ap enas han podido ser
trabajadas. Tal fu e el c aso de la unión de J osé Su árez Sánchez a su retorno de Cal imete,
y d e su prometida María del Pi no Sá nchez de 1896 488 , naturales d e Lomo Ma gullo
(Telde):
… que aunque los padres de la inter esada tie nen alg unos bien es de
fortuna son de corta cant idad y apenas les dan lo indis pensable para la vida
y a la mu erte de los mismos, se repart irá en seis contando con la
contrayente y en este caso su part e será miserable, y te ndrá que aliment arse
con el trabajo de su braz o, que el pago donde vive es reducido y tiene po c os
vecinos, hallándose empare ntada entre est os lo que la pone en parecida s
circunstancias con algún otro que pudiera solicitar su mano. Y lo s que lo
pueden hacer son pocos, a causa de la s conti nuas em igraciones para la
América, qu e d esde ti empo ha ha sostenido amor osas relaciones con este su
pretendido, y esto como es notorio la hace perder en su mérito personal…
Pero también podía suc eder el c aso contr ario, que una famili a de isleños vi niera a l as
Islas para encontrar marido para su hija cubana:
Ramona Lui sa Morales 489 , solte ra, natural del Pueblo Nuevo de
Matanzas, y v ecina de la Vega de San Mateo, a VS expone: que habie ndo
determinado contraer matrim onio con Francis co Amador, vecino de la
Vega de San Mateo, y no pudiendo r ealizarlo, por falt ar la firma o
autorización a la par tida de bautis mo, y tenien do testigos aquí en este
pueblo que declaran co mo fu i bautizada en dicho pueblo, y está también
en este pueblo el que rompió in voluntariamente la partida.
…
488 AHDLP, Dispen sas Matrimoni ales, 1896, Caso : José Su árez Sánchez
489 AHDLP, Expedientes de Sol tería, A: 187 4-1877, C: 28, Caso: Ra mona Luisa Morale s. Ver An exo
Documental 3.6
259
El mismo día ant e el mismo señor Cura y de nos los autorizante s,
presenta la parte c omo testigo a D. Pedro Déni z Montesdeoca, de esta
vecindad, casado, labra dor y de treinta y dos años, y habie ndo prestado
juramento enterado de la solic itud y partida que le f ue leída, después de
manifestar s er hermano polí tico o cuñado de la solic itante, dij o: que
aunque no ha estado en América, juzga de se r cierto el contenido de l a
partida que antecede como lo han sido todos los demás hermanos d ela
solicitante, y que él mism o por una in advertencia por no saber leer rompió
la firma que autoriz aba dich a part ida 4 90 . Y no fi rma por no saber…
El trabajo de la mujer en el hogar no corresponde con la lógica capitalista del digno
trabajador asalariado, vinculado directament e con el mercado. Si n embargo,
indirectamente l as muje res acometían una tarea decisiva e n una época en la que no
existía el estado de bienestar, a saber, la ta rea de los cuid ados f amili ares y del
mantenimiento del nivel de vida 491 .
Por tanto, en muchos ca sos, lo s retornados reconocen que la idea que les empuja a
casarse es la de que ne cesitan a yuda pa ra sacar adelante sus i ntereses: es decir, sus
490 Im agen 4. Fotografía del expedi ente roto hace 140 añ os por las torpes manos de Pedro Déni z
Montesdeoca y q ue casi l e cu esta a Ramona Lui sa Moral es su feliz matrimonio
491 Carrasco et al., 20 11, p .23
260
tierras y casas, de tal modo que la mujer se erige en parte constit uy e nte, y util ita r ia al
mism o tiempo, del hogar:
Domingo Martel Ortega 4 92 , natural y vecino de la Parroquia de San
Gregorio de Telde, la brador, de veinte y cinco años de edad, a VS como
mejor proceda expone: q ue ti ene concertado matrimonio con su convecina
y pariente, María del Pino Martel y Bordón, y no puede e fectuarlo sin
acreditar antes qu e durante ci nco años y medio que es t uvo fuera d e esta
diócesis y con reside ncia fija en Unión de Reyes, Provincia de Matanzas
de Cuba… y deseando por otra part e tener una mujer que le atienda y
cuide de su persona e i ntereses, sufrie ndo mie n tras tanto, menoscabo e n
los mismos…compareció personalmente Bartolomé Rodríguez y
Rodríguez, de esta natu raleza y vecindad, a quie n conozco y doy fe, el cual
juramentado por Dios y una Cruz, ofreció por ella decir verdad,
preguntado dijo: que es casado, de t reinta y cinco años d e edad, que se
hallaba en Unión de Reyes trabajando, cuando llegó a la Isl a de Cuba y a
la dicha población Domingo Martel Ortega…Que juzga muy convenien te
este matrimonio porque el Domingo Martel, con l a corta cantidad que
pudo reunir en Cuba, ha comprado unos te rrenos fuera de su pueblo y no
los puede abandonar, por lo cual n ecesita una mujer que le atienda y l e
acompañe y cuide sus in tereses a f in de que pu eda dedicarse al trabajo.
Que la novia tiene todo preparado para e l matrimonio…
Precisamente a estudiar e sas inversiones de los retornados se dedi ca el siguiente
capítulo de este estudio.
492 AHDLP, Expedient es de Solt ería, A: 1910 C :79 , Caso : Doming o Martel O rtega. Ver Anexo doc umental
3.21
261
*CAPÍTULO IV. REMESAS E INVERSIONES
*4.1 Introducción: f uente s, marco temporal y balanc e general
En este c apítulo se re alizará un an álisis de las remesas e inversiones d e los isleños
residentes en Cuba, el o rigen de las mismas, su de stin o, el tipo de propieda des en qu e se
invirtieron y la evolución temporal de dichas inversiones.
Dos son las fuentes prin cipales para el estudio d e estas i nversiones, en prime r lu gar,
los Lib ros de Li quidación de la Administrac ión de Hacienda 493 . En Espa ña, toda
compraventa inmobilia ria, así como contratos de préstamo, c ancelación de los mism os,
transmisiones de bienes y otras operacion es deberían, y deben, pa gar una c antidad
determinada a Hacienda. El responsable de pagar e l impuesto de liquidación es el
vendedor d e una pro piedad, o bien el b eneficia rio de una tr ansmisión de bienes por
herencia.
El problema fundamenta l e ncontrado durante est a investi gación es que el cobro del
impuesto, gestionado por la Ofi cina Liquidadora de Impuestos sobre dere chos real es y
Transmisiones Patrimoniales, estaba dividido entre las dos a dministraciones de
Hacienda existe ntes en la I sl a para tal efecto, correspondientes a l os Parti dos J udiciales
entonces vigentes.
Por un lado, el de Las Palm as , que abarcaba los términos municipales de Las Palmas,
San L ore nzo 4 94 , Arucas, Firgas, Teror, Vallese co, Santa Brígida, San Mateo, Telde,
Valsequillo, I ngenio, A güim es, Santa Lucía de Tirajana y S an Bartolo mé de Tir ajana.
Por el otro, la administración de Santa María de Guía , que co mprend ía el propio
término de Guía, Moya, Gáldar, A gaete, Artenara , San Nicolás de Tolent ino, Tejeda y
Mogán. La información disponib le para la primera está perfectame nte cat alogada y su
acceso es s encillo, mient ras que la s egunda, aun conservando toda su inf ormación, se
encuentra desorganiz ada. Por esa ra z ón esta in vestigac i ón se ha centrado en la
administración de Las Palma s, requiriendo la de Guía futuros esfuerzos. Mapa 14:
493 Aqu ellas figuras gráfic as e n que por motivos técnico s no ha sido posible incluir la fuente d e
información, son toda s prod ucto de la c onsulta de los L ib ros de Liqui dación , ademá s d e elaboración
propia
494 Fusionado c on el de La s Pal mas en 19 37. Abarcaba las loc alidad es int eriore s del ac tual m unicipio d e
Las Palma s de Gran Cana ria, c omo S an Lorenzo , Tamarac eite y Tenoya.
262
Desde 1869 y h asta 190 0, Ha ci enda llevó un control regular mu y d etallado de este
impuesto, de modo que los lib ros en qu e se anota ba re cogen: persona q ue vend e una
propiedad, su vecindad y ocupa ción; persona qu e compra la propiedad, su vecindad y
ocupación; naturaleza de lo s bienes, localiza ción y valor de lo s mismos. El cotejo de la
información disponible para e l Pa rtido de Las Palmas ha permiti do l a recopilación de
667 operaciones en que el capital vino desde Cuba, por razones de todo ti po, y otr as 601
con destino a la mis ma; má s, 193 e n que ambos inte resados residían e n Cuba, per o
263
intercambiaron propied ades en Gran Ca naria. Para el periodo 1869-1900, es to supone
un volumen total de 3.807.740,61 pesetas 4 95 .
Para el p eriodo 1902-1920, analiz ado en e l apartado 4.5, las defici e ncias son
evidentes: no se consigna el tipo de operación realiz ada, tampoco se es pecifica si la
vecindad de lo s involucra dos reflej a si e s una oper ación hac ia o desde Cu ba. Po r lo
tanto las 321 operaciones con un volume n to tal de 1.534.935,29 pesetas catalogadas
para este periodo, sólo son indicativas del m ovim iento g eneral de c apitales (e n
comparación con los 3,8 m illone s del periodo anterior), sin que se pueda separar la
inversión real. Los datos dis ponibles sí son útiles así para establecer la localización de
los residentes en Cuba, así como el ritmo de l a actividad in versora.
El cómputo de todas la s oper aciones involucradas entre 1869 y 1920, incluyendo las
transferencias efectiv as de capital y l as que no lo fueron, se r eflejaría del siguiente
modo, Gráfica 19, en pesetas:
495 Desglosadas en: 1,40 millones de capital ent rant e en Gran Cana ria, 1, 34 millone s s ali ente, 0, 56 d e
transaccione s en que ambo s int eresados vi vían en Cuba, y 0,49 de otras tr ansacciones sin flujo real de
capitales
264
Se observa un i nc remento continuado en el volu men de las opera ciones duran te el
siglo X IX, que culmina en el quinquenio 1891-1895. La Guerra de 1895 y el fin del
dominio español sobre Cu ba coinciden co n un colapso en el movim iento de capitales,
del que s e produ ce un a re cuperación en el siguiente quinquenio. Sin embargo, la
tendencia general es d ecreciente, l a evolución, dislocada, con un repunte muy
importante en los años poste riores al fin de la Primera Guerra Mundial 496 .
. Este cuadro general del periodo estudiado parece indicar que la posición económi ca
de los isleños tras la inde pendencia d e Cuba emp e oró, lo que se tr adujo un deterioro de
la capacidad de ahor ro. Estos factor es conc ernientes al poder de adqui sición de lo s
emigrantes isleños ya habían sido apuntados previament e por otr os autores 497 ,
confirmándose en este análisi s.
El volume n real de in versiones fue me nor al expresado, puesto qu e una parte
importante del val or de l as oper aciones reseñadas no supusie ron un tr asvase efectiv o de
capitales, por ejempl o, lo s bienes he red ados. Pa ra el primer p eriodo analizado, de 1869-
1900, es posible re alizar un est udio detallado de todas las op eraciones re a li zadas en esos
años. El cálculo de aquellas transacciones que en efecto si gnificaron una entra da y
salida de capitales, ex clu y e ndo también los fluj os in tra-cuban os, s e expresa del
siguiente modo, Figura 4.1:
496 Maluqu er de Motes, 2013, p.97-9 8. H a de t enerse en cu e nta el bi en c onocido efecto d e la inf lación,
que fue muy ligero a lo lar go de casi t odo period o analizado. La reciente obra de M aluquer de Mot es
recoge un índ ice general d e p recios pa ra toda España , anu al, en extremo út il. Con b ase 1 00 en 1850 :
1869 1879 1889 1899
122,17 134,21 132,18 139,32
.
Con base 100 en 1900 :
1905 1910 1915 1920
105,66 99,57 110,49 197,74
El mont ante de los diversos capí tulos debe ser compr endido t eniendo en cuent a esta evolución. No se
ha realiza do una conversión a moneda s moderna s por ente nder que estas ci fras d eben ana lizarse en su
contexto histórico. Como se observa, el efect o del aba ratamient o de la peseta fue muy limitado en el
siglo XIX y pr imera q uincena del XX, p ero no debe s er ob viado p ara el qu inqu enio 1915 -1920.
497 Y a nes Mesa, 2006
265
El balance general es apenas positi vo para las entradas de capital, de ahí la necesidad
de realizar un análisis c omparat ivo e ntre las e ntradas y las salidas. La evolución
temporal mu estra un a cl ara tenden cia al incremento en el volumen d e movimi entos, este
incremento est á causa do por dos hechos: por una part e, por el inc remento del
contingente emigrado en Cuba, producto de la fortísima corriente de ex pulsión que
siguió a la crisis de la cochinill a; por otra, por las mejoras en las comunica ciones.
Las inversiones en Gran Canaria, de india nos 4 98 residentes en Cuba, ascendieron por
lo tanto a un total de 1 .409.196 pesetas, con u nas salida s de 1.340.427 pesetas. Su
naturaleza se ex presa en las Gráficas 20 y 21:
498 ¿ Eran todos los residentes en Cuba, cana rios? E n la inmensa may oría de los casos cotejados en las
escritura s de pr opiedad, sí, pero ha y excepciones. De ah í qu e mucha s v eces se hable de “resid entes en
Cuba” y no de “cana rios en C uba”. A pesar de ello, pu ede considerarse que el grueso de esta s
inversione s indiana s fue g enera do por isleño s residentes en C uba.
272
Y de la otra parte, doña María Salo mé Oliva y Ol iva, de treinta y cinc o
años de edad, de estado viuda, propietaria y de la mencionada veci ndad,
con cédula personal número setecientos de orden, librada por la re ferida
alcaldía el veinte y nueve de septiembre y próx imo pasado; esta en el
concepto de mandataria de sus hermanos don Fe liciano y don Juan Oliva y
Oliva, de veinte y cuatro y veinte y ochos años de edad respectivamente,
solteros, jornaleros, vecinos del barrio de G uásimas de la ciudad de
Cárdenas, en la Isla de Cuba, según escritura de t reinta de octubre del año
último, otorgada en la precitada ciudad ante el no tario don Domingo Pérez
Manso, que contiene entre otros los siguient es conceptos:
“Primero: para que en nombre de los otorgantes, en públi ca subasta o
privadamente y con capit al que los exponentes le rem it an desde esta Isla
(de Cuba ), co mpre lo s predios rústi cos o urbanos situados en la
mencionada isl a de la Gran Canaria y que considere con venientes para l os
que otorgan, por el precio que estime pagable al contado o a plazos y c on
los pactos y condiciones que contrate, toma ndo posesión corporal o
simbólica de los in muebles que adquiera; a ceptando las correspondientes
escrituras que contenga n cuantas cláusula s, requisitos, sean propias y l as
hagan firmes y va le deras en todo tiempo, reconociendo las cargas q ue
afecten a los inmuebles y haciendo inscribir dic has escrituras en él o los
Registros de la Propiedad correspondientes. Tercero: para que arriende
dichos bienes a quie n le parezca por el ti empo, precio y condiciones que
estime, es tipulando el p ago en dinero o en fru tos según c onsidere más
ventajoso y desahucie y despoje a los inquilinos o colonos cuando lo crea
conveniente”.
El porcentaj e de apodera dos aumenta si gnificativamente en el caso de las ventas. En
este caso, los indi anos recurrieron a sus apoderados en 258 oc asiones (60%),
presentándose en la isla para re aliz ar las transac ciones en 166 c asos. Esta diferencia tan
comp raventa en pa cto de retro, po r estar e n el p leno g oce de to dos sus d erechos ci viles y en el u so de su s
faculta des in tele ctuales, prev ia la correspo ndient e licencia marital preven ida en el a rtículo sesen ta y un o
del Códig o Civil, qu e de h aber sido p edida , con cedida y ace pta da po r la compa reciente do ña Ma ría
Dolores Pér ez Ceballo s…”
273
significativa entre quién realizaba las compras y l as ventas ob edece induda blemente una
diferente posi ción económi ca: vende r propieda des e n la isla re fleja un momento de
dificultades o pla nes de inversión de algún tipo, a los que no se debía añadir el gasto
extra del viaje. Por el contrario, la inver sión de los preciados ahorros debía realiz arse
con detenimiento, e n persona la may oría de las ve ces, y d enota una posi ción económi ca
más holgada.
La división por género d e los involucrados en la s compras y en las vent as ta mbién es
muy mar cada: sólo tr es d e las 188 personas involu cradas en la s compra s de propiedades
fueron mu jeres (1,6%), e n conc reto Micaela Macario Monzón, Jose fa Marrero Garcí a y
María del Pino Sil va González, a las que hay que añadir Carmen Medina Macario, con
sus hermanos. Estas t res mu jeres adquirieron propie dades por valor d e 9.198,75 pesetas,
apenas un 1,07% del tota l. ¿Significa esto que la emigración femenina en Cuba era
igualmente misérrima? En absoluto: de los 349 titulares que re aliz aron ventas en
Canarias, nada m enos q ue 82 fueron mu jeres (2 3,4%), eso sin contar lo s numerosos
casos en que aparecen como cóny u ges del ti tular , si n más señas 514 . El volumen de
ventas, 181.050 pesetas (22,2%). Las mu jeres por tanto, no siempre tienen un papel
pasivo, como apoderadas baj o órdenes de sus maridos, sino que también toman un papel
activo en l as compraventas realizadas. Es el caso de Micaela M acario 515 , viuda de un
isleño en Cuba que enví a a su hijo como apoderad o a Ca narias p ara realiz ar una serie d e
importantes compras en el municipio de Telde. Ahora bien, el esca so número de las
mism as en las adquisiciones habla de un ses go mu y imp ortante en el acaparamiento de
capitales, mu y pro babl e mente por un acceso al trabajo en Cuba mucho más li mit ado.
¿Y qué profesiones eran estas? En el Capítul o II quedó d esarrollado el rol de los
isleños en la e conomía cubana. Tenían un papel mu y im portante en la agricultura , tanto
en el az úcar como el ta baco, pero t ambién desa rrollaron una importante labor en el
mundo urbano, sobre t odo ligados al comercio . El análisis de la pro fesión de los
individuos que compraron propiedades en Gr an Ca naria es mu y revelador al respe cto 516 ,
ver F igura 4.3:
514 Ver Anexo Docu mental 4.19
515 AHPL P, Protocol os No tariales, José B enítez Lar ena , L: 356 7, A : 18 90, pp .1001 -101 0. Ver Anex o
Documental 4.8
516 Ver Anexo Docu mental 4.18
274
Como era de prever, el grupo dedicado a l a a gricult ura es el más importa nte, con un
33,36% de las compras re ali zadas. Este gru po está form ado fundamental mente por
labradores, lo cual significa que o bien era propietarios del terreno que c ulti vaban, o lo
tenían en arr endamiento en forma de colonias o s itios. Los jornal eros ocupan el quinto
puesto con 56.848 pesetas, pero no se han incluid o en e l sec tor a grícola: j ornalero podía
ser el machetero de la ca ña, pero también el repart idor de leche, la palabra sencillamente
denota trabajo a jorn al, si bien en puestos de baja cualificación. Su partici pación no es
tan importante, denotando que los peones agrícolas no se embarcaban en fuertes
inversiones ha sta h aber mejorado su posición, n ormalmente a lab rador, propietario o
trabajador urbano.
Los propi etarios son el s egundo grupo más imp ortante. La de finición del términ o es
muy v aga, p ero po r ej emplo Fra n cisco Ca rdoso Rodríguez lo era, y en su testamento y
repartición d e bienes puede dedu cirse qu e habie ndo comenz ado en el sector agrí cola,
pronto ex pandió sus pro pie dades hasta incluir ca sa s, préstamos e ins talaciones
275
azucareras 517 . L os propietarios s on por tanto un g rupo mix to, cu y a pertenencia
normalmente denotaba que el sujet o vivía de sus propi edades, y no a jornal.
Un gru po particularme nte in teresante es el vinculado a l mu ndo del comerc i o, así
como el de los asalariados del sector servicios. Como quedó establecido 518 , el estudi o
del peso de las actividades comercial es en el cole ctivo canario ha si do tr adicionalmente
desatendido, pues la figura del is leño ha estado si empre vinculad a al camp o. E l vínculo
de los isle ños con las activ idades comer ciales en la s ciudades cuban as debe reevaluarse,
pues no sólo es evid ente su presen cia activa a través de num erosos establecimientos a su
nombre, sino que contribu y en con una quinta parte del total de la s inversiones en Gran
Canaria.
Si los miembros de la Iglesia aparecen como lo s inversores m ás important es desde el
punto de vista personal, pues tie nen la media por persona má s alta (25.485 pesetas), no
puede de cirse lo mismo de otros colectivos c omo e l empleado en la a dminis tración
pública (maestros y milit ares), así como los de la construcción (mam posteros, a lbañiles)
o el mundo del trabajo artesanal (carpinteros, curti dores, zapateros…), en e l que destaca
la presencia de tab aqu eros . Tampoco fue importante, de cara a la acumulación de
capital, la presencia de t ra nsportist as, ni mu cho menos el de l as mujer es, total mente
infrarrepresentadas con a penas dos pe rsonas en la muestra. El éx ito en el m undo urbano
cubano estaba vinculado a las actividades comerciales.
¿Estos datos como contrastan res pecto a los usuales en Canarias? El estudio de los
compradores con resid enc ia en Gr an Canaria 519 , es esclarecedor, y permit e apuntar a
importantes transformaci ones en el colectivo emigrado, ver Figura 4.4:
517 A HPLP, Prot ocolos Not ariales, Isidoro Padr ón y Padrón , L: 3708, A: 190 0, pp .345-38 3. Ver An exo
Documental 4.1 6
518 Ver Capítulo II, epí grafe 2.1.4
519 Es decir, aqu ellos que apa recen en la fu ente co mprando prop iedades en G ran Cana ria a l os
residentes en Cuba
276
Las mujer es, al igual que sucedía con el colectivo femenino que vendía desde Cuba,
tiene un papel mucho más re l evante 5 20 . Los t rabajadores de la adm inistración públi ca
están igualment e mal representados, al i gual que l os de la construcción; en este c aso, los
eclesiásticos no se destac an. Pero lo relevante es la escasa presencia de los comerciant es
canarios en este capítu lo, así como la casi nula re presenta ción del depauperado
colectivo j ornalero insula r. La transformación so cial del colectivo emigrant e es evidente
a raíz de estos datos, Figura 4.5:
520 La cifra real del valor de las prop iedades adqu iridas po r mujere s resid entes en Gran Cana ria asciend e
a 121.845 pe setas, un 14,92% del t otal. Habí a efect ivament e 37 dedicada s a sus ocupa ciones
domésticas, con una cont ribución de 66. 682 pe seta s, pero además hab ía ocho propietarias con 49.338
pesetas invertida s, cuat ro intitulada s la brado ras que compraron p or valo r de 5.375 pesetas y una
jornalera con una pequ eña compra de 450 pes etas. Franci sca de la Rocha y Lu go, de evi de nte y ran cio
aboleng o oligárq uico, compró en 1897 pr opieda de s rústicas y ag ua en el munic ipio de Tel de po r valor d e
32.625 peseta s, la segund a mayor c ompra rea lizada po r resident es en la i sla a los e migrados en Cuba .
277
Los jornaleros canarios en Cuba t enían una capacidad de adquisición mu y superior a
la de los residentes en la Isla, testim onio de que incluso en los e scalafones más bajos de
la economía cubana habí a ventaj as con respe cto a lo s mismos trabajos en Canarias. Los
propietarios y labrador es están representados en simil ar forma, mientra s que los
colectivos a rtesanales, transportist as y ot ros qu e s e mu estran en el gráfico in cluso están
infrarrepresentados en c omparación con la situación en Canarias. No sucede lo mismo
entre el cole ctivo dedicado a acti vidades come rciales, que experimentan un incremento
del 300%. Puede co n cluirse, que una de las p rincipales características d e la movilid ad
social del colectivo emi grante isleño e n Cu ba e ra su exit oso desplaz amiento hacia el
sector comercial en las urbes. En la dicotomía ent re presumib les ocupados e n la
agricultura (lab radores, jornaler os y propietarios) o en otros sec to res, l a agricultura
resultaría en un 62,62% del tota l, inferior al registrado para Canarias (73,6 8%).
*4.2.2 Volumen y procedencia del capital emplead o en las compraventas
*Análisis geográfico y cronológico de las remesa s cubanas
Son varios los aspectos a tener en cuenta: la loc alidad e n que se halla una propiedad
no es indicativ a del destino de l capital, más bien lo es la vecindad del vende dor. Ahora
bien, teniendo en cu enta que una compraventa no es más que un int ercambio de
278
capitales, mo neta rio por inmo biliario, el facto r cl ave a tener en c uenta es l a localiz ación
de las propi edades. Por eso se realiz ará un análisis detallado de la s mismas por
localidades para el caso d e Gran Canaria, y po r provincias para Cuba.
Desde la G ran Antilla , este fue el bala nce de las entradas y salidas por p rovincias,
Fig ura 4.6:
Las p rovincias cub anas h an si do organizadas se gún el volumen de entradas. Destaca
la provincia de La H abana, con un volumen d e 411.187 pesetas, ca si el 50% del tota l.
La fuerte concentrac ión del colectivo ter ciario en La Habana, el pri ncipal núcleo
comercial e institucional de la isla, viene a confirmar la hipótesis apunta da en el
epígrafe inmediatamente anterior, pues co me rciantes, asalariados no agrícolas y
eclesiásticos acumulan el 51,25%, un porcentaje muy sup erior a l d el conj unto de Cu ba
(37,38%). La Ciu dad de La H aban a concentra el grueso de las remesas (92,28%), pero
también aparecen otr as localidades de su entonces ext rarradio, como J esús de l Monte,
Regla etc., así como loc ali dades de su provin cia más alejad as como Aguacate, Al quízar
o Güi nes. E stas re mes as desde La Haban a al c anzaron su culmen en el quin quenio
inmediatamente posterior a la conclusión de la Guerra Grande, el de 1881-1885, con
120.793 pesetas.
La provin cia de Matanz as, con 232.287 es la segunda gran provinci a emisora ,
seguida por Santa Clara con 142.079. Matanzas, sobre todo, era el principal emporio
279
azucarero de l a época. La provincia matanc era e s particularmente inte resante po r la
diversidad de localidades en que es tab an asentados los isleños, destacando, además de la
capital, localidades co mo Cárdenas, Bolo ndrón, Colón, San J osé d e los Ramos,
Guamutas etc. En la provincia santaclareña, desta ca la localidad de Cruc es, con 45.441
pesetas, por encima de la capital provincial. Di cha lo calidad era uno de los grandes
centros de inmigración c anaria en Cuba, por su importancia en el sector d e la caña.
Dentro de la mi tad oc cidental de la isla tambié n a parece Pinar del Río, pero dada l a
menor dedicación grancanaria a dicha activid ad aparece en el últim o luga r de la lista .
Pero esto es un ses go pro pio de la migración granc anaria que no pu ede apl icarse a la del
Archipiélago, pues fu ertes conti ngentes de las Isl as occidentales se dedicaron al taba co.
De hecho, aparecen dos inversores en G ran Cana ria c u y a dedi cación era l a e laboración
de tab aco: Je rónimo Pestana Llarena, r esidente en Matanzas, y Fernando F rancés
Calmiano, residente en La Habana.
También aparece otro se sgo con respecto a la provincia de Sa ntiago de Cu ba. Puesto
que la mu estra recogida sólo es sistem ática en lo que respe cta a la mit ad oriental de
Gran Ca naria, la importantísim a migración de los grancanarios regida por la
administración de Hacienda del Partido Judicial de Guía no aparece recogida. L os
naturales de Mo y a y Guía, per o ta mbién otros de la zona noroccidental, habían
establecido una densa re d migratoria con la zona de Manzanillo , red al fre nte de la cual
se situó Federico Al mei da desde finales del X IX 521 . La co nsolida ción de dicha red a
partir de 1890, se deja not ar en las fu ertes inversiones desde Santia go de Cuba en lo s
años inmedi atamente anteriores a la contienda 522 . Por el contr ario, el que l a pr ovincia de
Puerto Príncipe a parezca mu y m al r epresentada se debe al esc aso desarrollo que dicha
región ex perimentó dura nte la época española, todavía limitado a la ganadería
extensi va. El au ge azuc arero cama güeyano d eb erá espe rar a la fase pos t-española, y
entonces sí co menz arán a adquirir re le v ancia las inversiones isleñas desde sus
localidades.
Las p rovincias de La Habana y Sa ntiago de Cuba son las que ofrecen u n saldo de
entradas y sal idas d e ca pitales más fav or ables. Matanzas, al contrario, parece ser
521 Ver Capítulo 2.1.4.1
522 En concre to, en 18 94: Pedr o Quevedo H ernández y Sant iago Quev edo Hern ández, posible ment e
hermanos, jornalero s r esid ent es en Santia go de C uba, invirtieron entre a mbos 28.000 pesetas en
propieda des rústica s sitas en el térm ino mun icipal d e Moya.
280
fuertemente deficitaria, Sa nta Clara hallándose en un punto de equilibrio. La razón que
se esconde detrás de est e poco impresionante r endim iento de las regiones cen tra les de
Cuba se explic a por l os efectos de la Guerra de 18 95: hasta e l comienzo de la conti enda,
estas provincias ofrecen un balance posit ivo, a f avor de las remesas hacia Ca narias. El
últim o quinquenio obse r vado, ofrece fuertes entrada s de capital desde Canarias hacia las
mism as, 66.620 pesetas para Matanz as y 54.275 hacia Sa nta Cl ara. Es evidente que los
isleños que habit aban d ic has zonas, las más afectadas por los combates, inte ntaban
enjuagar los daños causados transfiriendo capita l desde las islas mediant e la venta d e
sus propiedades en las misma s. Obsérvese en la figura 4.7
A medida qu e el desa rrollo azucarero cubano fue extendiéndose hacia el este de la
Isla, la procedencia de l as inversiones is leñas fu e desplazándose en esa dirección. Esta
evolución se rá mucho más m anifiesta en el siglo XX , pues durante todo el periodo
español La Habana y M atanz as centran la activida d económica cubana 523 .
523 Ver apartado 2.1.1
281
*Análisis geográfico de las inversi ones en Gran Ca nari a
La distribución geográfica de la s c ompras y venta s en la isla r esulta c lave pa ra
entender el im pacto econ ómico de l a e mig r ación a C uba. En la figura 4.8 se observan
los municipio s de la isla ordenados según el balance entre entr adas y salidas de capital:
Como puede observarse, el análisis de los munic ipios del área oriental a rroja unos
volúmenes más nutridos en la capital y su entorn o inmedi ato, así como e n las áre as en
que tradicionalmente se desarrolló la a gricultura más dinámica de la isla: Las Palmas
sobresale con dif erencia sobre los dem ás, si guiendo Telde, Sa n Lorenzo mu y de cerca y
288
adquisiciones de a gua su pusieron un v alor eq uiv al ente al 176 % de las venta s, el va lor
más alto de toda la serie, lo que demuestra que los indianos centraro n su s mejores
esfuerzos en dicho recurs o, el auténtico oro de Canarias.
Tierra y a gua son los elementos más importantes de la economía premode rna, sobre
los que gravita el grueso de la producción y la organiz ación social. Si la economía de
Canarias estaba ca mbiando a pasos a gigantados en los años estudia dos, la s
Mentalidades no lo esta ban haciendo al mi smo ritm o. Desde la pe rspectiva actual se
juega con vent aja: a med io plaz o, las propiedades y a ctividades urbanas experimentaron
una valorización mu chísimo más alta, a l a par que la tie rra y el agua fuer on perdiendo
su tradicional peso. Los indianos no gozaban de dic ha vent aja, y apostaron por un
modelo conservador, focaliz ando sus inversiones en lo s elementos más v aliosos de la
sociedad anti gua. D esde este punto de vista, l as re m esas de l os indiano s jugar on un
doble papel en e l mund o a grario isle ño: como dinamizador de la e conomí a, sí, pero
también como un elemento c onservador, reforzador del modelo ex istente.
*Análisis de las compraventas por Municipios
-San Bartolomé y Santa Lucía de Tirajana:
Al igual que suc ede a ni vel insul ar, la s compraventas de fincas rústic as co n agua son
las más valio sas, mi entras que las ventas de propi edades en blo qu e resulta n ser las má s
perjudicadas. L a muestra es relativamente peq ueña, pero ofrece uno de los casos
paradigmáticos del india no Antonio Martín ez Oj eda, que, una vez retornado, invie rte su
dinero en fuertes compras en la zona 529 , en este caso, concentradas d entro de la Caldera
de Tirajana, a medio camino del vecino térmi no de Santa L u cía.
Este término también mu estra un balanc e positivo, concentrado en las propi edades de
tipo rústic o; los indianos que protagonizaron estas inversiones fueron Pedro Vega
Quevedo, residente en P ina r del Río , y Graciliano Ramos Medina, comerciante de La
Habana. Es necesario ha cer una matiz ación im portante para ambos muni cipios: por su
529 AHPLP, Pro tocolos Nota riales, José Bení tez L arena, L: 36 56, A: 1896, pp .2339-2346. Com pr as del
recién r etornado Ant onio Ma rtínez Ojeda , pp .22-24. Ver An exo Do cumental 4. 15
289
cercanía, aparecen mu ch as transacciones en que aparece n fincas sitas en S an Bartolo mé
y en Santa Lucía. En concreto, ventas en por valor de 17.750 pesetas, lo que dejaría el
balance de la comarca casi a cero. Fi guras 4.13 y 4.14:
-Agüimes e Ingenio
Las inversiones en esta zona ofrecen un b alanc e altamente positi vo, ello a pesa r de
que las venta s conjuntas en ambos municipios restarían 8.942 pesetas, la gran inversión
de Cristóbal Suárez Cabal lero ex plica la situación en el antiguo señorío episcopal. Si
Agüimes es b enefic iario, las ventas de pro pied ades rústicas en Ingenio causan en este
municipio un déficit im portante. L os dos compradores más importantes de I n gen io
fueron Francisc o Díaz Espino y J uan del T oro Acosta, entonces resident es en Cárdenas.
En ambos casos, la inversión más fuerte es la de propi edades rúst icas y a gua de
Heredamientos, si bien ningún indiano compró a gua por separado. Figuras 4.15 y 4.16:
290
-Telde y V alsequillo
El municipio de T elde es el segundo en volumen de compras, y el s e gundo también
volumen de ventas, con un saldo de ent radas y s alidas claramente d esfavorable. Si las
inversiones en el epí grafe “Rústico y Ag u a” son l as más imp ortantes, al contrario que en
otras zonas son un episodio deficitario; de hecho, prácticamente todos lo son este
municipio, in cluy e ndo los capít ulos urbanos. Só lo el ag ua resulta c lara me nt e
beneficiaria, siendo el te rcer epígrafe en volumen total de compras, suponi endo más de
la mitad de toda la in v ersión específica en agua re a li zada en la is la. Desta ca la compra
291
en el Heredamiento del Valle de los Nueve de agua por valor de 4.593 pesetas, realiz ada
por José Navarro Medina en pleno pico de la cochinilla. Figura 4.17:
El epígrafe “Rústi co y es tructuras hidráulicas” inclu y e un molino. En los capítulos en
que se producen vent as de propieda des en blo que, inclu y e ndo tierras, casas y agua,
Telde es manifiestamente deficitario, como sucede a niv el insular.
En Valsequillo , Figura 4.18, destaca la inversión realizada por Francisco Vizcaíno
Martel, ent onces re sidente en Sab anilla, ta mbién co n la compra de un molino harinero
en la zona de Colmenar de Abajo 5 30 . Esta adquisición, ju nto al molino de Telde, son las
dos únicas inversiones de tip o industrial recog id as en esta investi gac ión.
530 AHPLP, Protocolos Notaria les, Julián Torres Lorenzo, L: 3666, A: 1893, pp .397- 402. Ver Anexo
Documental 4.1 0
292
-Santa Brígida y Vega de San Mateo
Estos dos mu nicipios, que ocupan la zona media y alt a del Barranco de Guiniguada,
son ambos deficitarios. En ambos casos, las adquisi ciones rústicas f ueron las más
importantes, si bien en Santa Brígida se obtuvo un balance positivo, m ientras que en
San Mateo l as ventas fue ron aún m ás importantes. En este últi mo términ o, las vent as en
bloque, como es usual, resultaron en un déficit mu y marcado, que no fue compensado
por prácticamente ninguna partida, pues salvo el epígraf e “Rústi co y Urbano”, todas las
demás so n negativas. San Mateo desarroll ó al gunas de las cadenas mi gratorias más
importantes de la migración grancanaria, siendo de destac ar la de Las Lag uneta s, pe ro
en tér mi nos globales má s que beneficiarse d e la mi sma pare ce haberla fi nanciado. Un
aspecto importante en este término es la mu y esc asa presencia de agua : San Mateo es un
municipio ll uvioso, e n que pre domina la a gricultura de secano, pero el ag ua de sus
cauces es llevada desde tiempos de l a Conquista hacia Las Palmas. Figuras 4.19 y 4.20:
293
En Santa Brí gida, la inv ersión más im portante fue de 20.000 p esetas, y la llevaron a
cabo sobre terrenos rústicos los hermanos Francisco y Diego Ra mírez Martel en 1891,
ambos labradores de La Habana. En San Mateo, y a en 1899, Felipe Quint ana Betancor,
un labrador de Cienfuegos, invir tió 15.000 pesetas también en terrenos rústicos.
-Las Palmas
La capital insular o frece un pano rama de in versiones mu y posit ivo. En
prácticamente todos los epí grafes se registra un balance favorable, ex cepción hecha de
las ventas de propieda des en bloque, al igual que en el resto de la isla. La partida más
importante, con 96.749 pesetas, es la de propiedades de tipo urbano, a la que si se
suman las casas y solares, pa r ti cularmente los solares aislados, s e obtienen 109.251
pesetas de inver siones netamente urbanas, u n 67,44% del total invertido en el
municipio, un hecho insólito a nivel insular. De hec ho, un 72,36 % de todas la s
inversiones estri ctament e urbanas realiz adas en la isla corresponden al término
capitalino, que además muestra un balan ce n etamente positivo de 15.558 pesetas. Ello
supone que el sector urbano capitalino er a el m ás dinámico de la isl a, mientras que en el
resto de la misma el proceso es el contrario, advir tiéndose una tendencia a vende r
propiedades urbanas: 55.178 pesetas en ven t as por 41.711 compras. Este hec ho podría
indicar un proceso de relativo decaimient o en las lo calidades urbanas, o m ás bien s emi-
urbanas, de la isla, en beneficio de L as Palma s (c on la ex cepción del vecino San
Lorenzo). Figura 4.21:
294
Y a pesar de la magnitud decisiva que tiene el sec tor urbano en L as Palmas, lo
rústico hace vale r su peso. La compra de parcelas rústic as, de una casa con terrenos y
más significativamente de terr enos con agua, apo rta el grues o de los beneficios de las
inversiones, pues se compró en dichas áreas muc ho más de lo que se vendió. En Las
Palmas, existía una boy a nte agricultura centrada en las fértiles vegas de la costa, bien
regadas con el agua que, por derecho establecido tras la Conquista , de bía transportarse
desde la s z onas alta s hasta la Ciuda d. Estas vegas, como lo fuera la de Sa n J osé, tenían
acceso i nmediato tanto al mercado de consumo más grande de la isla como al Puerto,
desde el que exportar l os productos a mercad os de ult ramar. De h ec ho, la mayor
inversión realiz ada en L a s Palma s, por valor de 20.655 pesetas, la realizó en 1889 el
propietario radicado en Cruces, Antonio de la Nuez Romero, precisamente en una
propiedad rústica co n a gua. Aquí, como en otros lugares, la mentalidad conservadora
del indiano deja su huella
-San Lorenzo
Este términ o, ho y extinto y fundido con el de Las Palmas desde 1937, ocupaba la
mitad int erior del actual municipio de Las Pal mas de Gran Canaria y abarc ab a las
actualidades loc alidades de San Loren zo, Teno ya y Ta maraceite, entre otras muchas;
pero no la zona de Tafira, ni Marzagán. Fue du rante toda su existe ncia un lugar de
intensa actividad a grícola, y esto se de ja notar en la intensa actividad in versora que lo s
indianos realizaron en el mismo. Nada menos que 57.087 pesetas en com pras, con un
balance positivo en ese concepto de 40.066 pes etas, el ma y or volumen de i nversión
rústica en la isla. Figura 4.22
295
Así mis mo destaca n las compras de ti po urbano, qui zá por la cercanía con el área
urbana en fuerte desarrollo de Las Palmas.
De entr e las adquisiciones, destac a l a extensa compra de una finca d e 40 fanegadas
en el Barranco de Lezcano por 15.000 pes etas, re alizada por M anuel Hernández en
1877, finca que contenía e dificios para su explotación y que entonc es e staba cultivada
de c ochinilla, pa r a la explotación de la cual debía respetarse un acuerdo de
arrendamiento con J uan Fernando Espino. Aún más importantes fu e la adquisición que
realizó Francisco Marrer o Rodríguez, un agricultor avecindado en Plac etas, provincia de
Santa Clara, que invirtió 22.500 peseta s en la compra de una finca rústica.
-Arucas y Firgas
La información dis ponible para el munic ipio de Firgas es demasiado p arca, si bien
muestra un balance posit ivo. Entre l os indianos destaca Francisco Ar encibia Castellano,
entonces em ple ado como jornalero en Matanzas, que en 1892 compró propiedades
rústicas por valor de 7.000 pesetas. Figura 4.23
El munic ipio de Arucas es uno de lo s grandes p rotagonistas d e esta histor ia. Con un
total de ventas que asciende a 147.563,35 pesetas, Arucas se convirtió en esta época en
la principal contribu y e nt e a la aventura de la emi gración. Recibió al mi smo tiempo una
cantidad imp ortante en in versiones, 64.080 pesetas, entre la s que destacan las dedicadas
a la compra de fincas r ústicas. El principal inversor en el municipio fue Francisco
Cardoso Rodríguez , que en 1884 invirtió 18.750 pese tas en la compra de tierras y a gua
en la zona de Las Hoyas 5 31 .
531 Por la import ante acti vidad desarrolla da por Fra ncisco Cardoso R odríguez, ha sido po sible recon strui r
su aventura mig ratoria, ver apa rtad o 4.7 Para los detalles de esta inv ersión rea lizada en 1884,
296
Arucas fue uno de los grandes emporios de la producción de cochin illa, pe rmitiendo
un importante desarrollo agrícola y d el núcleo u rbano. La f ase d e crisis subsiguiente s e
dejó notar c on fuerza. Las v entas hechas por los emigran te s fue ron e specialmente
significativas en e l ámb ito urbano, c on un valor de 30.811 pesetas; pero e s que la s
ventas, mu y supe riores a las compras, tambié n fueron mu y importantes en los epígrafes
de fincas rústi cas, de compraventas de fincas rús ticas con aguas etc Al i gual que en el
caso de Telde, qu e tiene un comportamiento m u y si mil ar, sólo el agua y l as estructur as
hídricas muestran un balance positivo, Fi gura 4.24:
Como muestra de que la migración, y todos sus ef ectos aso ciados, so n un realidad u n
ciclo, y d e que a veces las certezas cambian según el punt o de inicio y con clusión que e l
historiador elige, o se ve obligado a elegir, sirva como muestra que la actividad de los
Cardoso se remonta a 1869, c uando Juan Cardoso, herman o de F r an cisco, compró
algunas tie rras en El Ca rdonal por valor de 390 escudos 532 . Poste riormente, Fra n cisco
Cardoso realizaría sus im portantes inversione s en el mu nicipio con sus ahorros c ubanos,
y retornaría a su Aru cas natal p ara acabar los días de su vida. Su hijo, J uan Cardoso
consúltes e AHPLP, Pr otocolos Notaria les, Vicent e Mart ínez, L: 3502, P: 1884, pp .1725 -1732, pp .7-9. Ver
Anexo Docum enta l 4.5
532 AHPLP, Protocolos Notarial es, José Bení tez Cabrera, L: 3212, A: 1869, pp.1561-15 64. Ver Anexo
Documental 4.1
297
Estupiñán, habi endo progresado hasta abogado y sie ndo de h echo cub ano, vendió en
1900 las tierras qu e su padre le d ejó en h erencia por 35.000 pesetas, y abandonó la
Isla 533 . Lo que aquí se observa es la fluidez del capita l entre Canarias y Cuba.
-Teror y Valleseco
Estos dos municipios desar rollaron densas cadenas mi gra to rias vinculad as al sector
lechero e n La Habana. El pro ta gonismo de esta ár e a con re spe cto a la migración
granca naria es desproporcionado, y ello se re fle ja en l as fuertes invers iones rea li zadas
en los mismos. Ambos términos son lluviosos y presentan una des arrolla da agricult ura
de secano, pero tambié n tienen acceso al a gua de los Heredamientos, sobre to do Teror,
al contra rio de lo que su cede con los municipios del Guini guada, cuy o acceso al agua
estaba lim itado por la s necesidade s de Las Palm as. En Teror, l as inve rsiones rústicas
sumaron 54.168 pesetas, el se gundo volumen sólo por detrás de San Lorenzo. En ambos
casos, la s ve ntas de casas fueron defic itarias, pero en conjunto es esta una zona con un
balance de entradas de ca pitales mu y positivo.
Destaca, también en Teror en 1877, la in gente compra de Manuel Herná ndez en la
zona de El Palmar: una fi nca de 45 fanegadas valorada en 40.000 pesetas. E n Valleseco,
Vicente Guerra Ar encibia, labrador de L a Haban a, realiz ó en 1897 compras de fincas
rústicas y casas por val or de 15.000 pesetas. Comienz a a aparecer la huel la de lo s
Ortega, que por este t iempo estaban estable ciendo las bases de su im perio lechero d e La
Habana: un tal J osé Sánc hez Ortega, com erciante de J esús del Monte, realiz ó unas
modestas comp ras en Te ror en 1891 y 1892 valor adas en 1.472 pesetas 534 . Figuras 4.25
y 4.26:
533 AHPL P, Protocol os No tariales, José B enítez Lar ena , L: 370 3, A : 19 00, pp .2142 -214 7. Ver Anex o
Documental 4.1 7
534 Por las mi sma s fechas, el mismo José Sán chez Ort ega co mpró dos solares por valor de 3 .375 pes etas
en Las Palma s… ciertam ente un n egocio con perspecti vas mucho más inter esant es.
304
Si esto es cierto para la s entradas de capital, aún lo es más atendiendo al balanc e
global, que es extremadamente positiv o para la provinci a matancera. Por tanto, la
provincia de La Habana se ve desplazada de su p osición preeminente, si bie n, la Ci udad
de La Habana, con 125.083 pesetas es la principal localidad fuente del crédito
estudiado, seguida por Cárdenas con 112.893, y Matanzas con 109.495 pesetas
Hipotéticamente, el h echo de que Mata nzas fu era el principal c entro del ne gocio
azucarero de Cuba debió traducirse en ma yores facili dades p ara la ac umulación de
capital. Sin embar go, e l e studio de las profesi ones de l os in volucrad os di buja un
panorama complejo: un 47,34% del capital fue prestado por comer ciantes radicados en
la provincia, ¿ en qué medida tenían relación con la economía productiva? No es posib le
responder a es a pregunta por ahora. Tomando en consideración toda Cu ba, una
perspectiva a l as prof esiones involucradas en los préstamos de capital es reveladora de
algunas te ndencias esbozadas con respecto a las compraventas. Como se observa en l a
Fig ura 4.36, que analiza a los indi anos que concedieron créditos en Gran Canaria, l os
representantes del sector comerc ial son el grupo más imp ortante, estando incluso mejor
representados en el mu ndo de los préstamos que en el de las compraventas inmobili arias
(37,6% vs 20,1%); les siguen lo s a gricultores, y lu ego los e mpleados de la
Administ ración Públi ca. Este últi mo caso, que ofrece un a seria div ergenc ia con el c aso
de las compraventas, se explic a por la figura de Agustín Bravo de Laguna y J oven,
representante de una de las famil ias más importantes de Cana rias, y que en aquellos
años era Gobernador Civil de Puerto Príncipe 538 . Figura 4.31
538 Este suje to fue el respon sable del mayor crédito registrad o en el mat erial estudi ado: 5 8.100 pe seta s
contra una hi poteca sobre bienes urb anos en Las Pal mas, en 1894
305
Al hacer la compa ración con los prestamistas granca narios que otorgaron créditos a
indianos, resalta la posición de lo s Propi etarios, es decir terratenientes, que copan el
47,7% de lo s préstamo s; esta fortaleza de los acr e edores agrícolas ya ha bía sido
apuntada por otros autores 539 . L os inte gra ntes d el s ector c omercial tien en menor peso
que entre los acreedores residentes en Cuba, aunque ma y or que en el me rcado d e las
compraventas (23,5% vs 6,7%). Figura 4.32
Aparecen con ma yor f recuencia las muje res, qu e están prácti camente ausentes e ntre
los in dianos, y el sector t ransportista está genero s amente representado en Canarias; para
el caso, se trata del “marino” J osé Vener o Acejo , que de hecho e ra s antanderino. Al
igual qu e sucedía con las comprav entas, los representantes del mu ndo d e la in dustria y
de la artes anía apenas t ienen presencia, debiendo nombrarse al indiano Fernando
Francés Calimiano, tabaquero residente en La Habana qu e prestó por val or de 15.500
pesetas.
Por tanto, puede constat arse que la ex periencia migratori a cubana, al igual que
sucedía en el mercado de las compraventas, contempló un avance im portante de lo s
isleños hacia posiciones del mu ndo comercial.
539 Carnero Lorenz o, 2001b, p. 15 2
306
*4.3.2 Definición de las fórmulas prestatarias y evaluación de los bie nes hipotecados
Los préstamos aparecen e n los L ibros d e Liquida ción de diferentes formas , las cuales
ilust ran el difere nt e com portamiento de los créditos entrados y salidos, Fi gura 4.33
Sólo en dos supuest os ap arece e l cr édito en su co ncesión inicial (Hipoteca-Préstamo
y Préstamo sin Hipotec a), en el rest o de casos se registra an te notar i o una acción
sucesiva respecto a dicho crédito que es necesario hacer constar por escrit o, pero quiz á
en el mom ento de la cont ratación los involucrados no lo hici eron ante notario, o no al
menos en el Partido Judicial de L as Pa lmas. Esas otras ac ciones son las cancelaciones,
cesiones y adjudic aciones en pago, las cu ales reflejan el monto total del préstamo.
*Préstamos sin hipoteca: son la forma más básica de crédito y ta mbién la má s
arriesgada, por lo que aparece con una frecuencia muy baja, apenas 8.555 pesetas
prestadas por indianos en Gran Canaria obedecen a esta fór mula. Supone, sencillamente,
que el prestatario con cede un préstam o sin una gara ntí a, como fue el caso del capital
prestado por J osé Rivero y Peñate, r esidente en Guamutas, a Antoni o Ri vero, de
Arucas 540 .
540 AHPL P, Protocol os No tariales, José B enítez Lar ena , L: 362 7, A : 18 94, pp .2049 -205 2. Ver Anex o
Documental 4.1 2
307
*Hipotecas-Préstamo: es la forma más común u ti lizada a la hor a de co nceder un
préstamo. Se trata de hip otecar un bien inmobili ario como garantí a en caso de no poder
devolver el pré stamo; en caso de que no se hubiera n estipula do intereses, el acreedor
podía disfrutar del producto de las fi ncas 5 41 . Esta fórmula fue la fa vorita e ntre los
indianos, ascendiendo e l monto de lo s créditos concedidos a residentes en Gran Canaria
a 246.124 pesetas 542 . Como puede observarse en la Figura 4.34, la naturaleza de lo s
bienes hipotecados contrast a en un punto decisivo con respecto a las compr as
Los indianos concedieron créditos pref erentemente c ontra bienes de naturaleza
urbana, ascendiendo el valor de los mi smos a 211.238 pesetas, de la s c uales 185.163
pertenecían a bi enes sit uados en la ciudad de Las Pa lmas. Es de c ir, si a la hora de
realizar una inversión productiva a lar go plaz o, c omo eran la s compras, s e prefe rían los
bienes rústicos, en e l c aso de la s inve rsiones de ca rácter esp eculativo primaron los
541 AHPLP, Prot ocolos Notaria les, Agustín Millares, L: 3 436, A: 18 80, pp.71-76. Ver Anexo Doc umenta l
4.3, en concr eto sobre do s casas, una en V egueta y otr a en Arucas: “Terce ro : que n o se estip ulaba
interés fijo, pero en ca mbio disfrutaba el acree dor del pr oduct o de l as fincas hip otecada s , ten iéndo las el
deud or en b uen estad o y satisfaci endo la s cont ribuciones. ”
542 P uede con sultars e: AH PLP, Pr otoc olos Notariale s, La s Pa lmas, E: Jo sé Benít ez Larena, L : 3629, A :
1895, pp.396-4 07 Pré stamo de 3.000 pesetas de Agustín Bravo de Lagun a a José Navarro Past rana,
contra hipot eca de bienes in mobilia rios, con intermedi ación de Gregorio d e León y Bravo d e Laguna .
308
bienes urbanos. En este sentid o, ha y importantes s im ilitudes con los bie nes hipotecados
por los prestamistas residentes e n Gran Canar ia a los indianos, salvo en el caso de las
hipotecas al completo (la finca, el agua, la casa, to do) que tienen gran importancia como
sucedía en el caso de las ventas.
Los bienes hipoteca dos de tipo rústico son el seg undo capítulo preferido por los
prestamistas i ndianos, destac ando también la presencia préstam os otor gados c ontra agua
en exclusivi dad; lo s casos recogidos de agua entr egada como seguro contra el préstamo
proceden d e Telde y Arucas, concretamente par a este último término, ag ua del
Heredamiento de Arucas y Firgas , en el Ba rranco de Jim énez.
Como se observa en l a Figura 4.35 la localiz ación de los bien es hipote cados muestra
una concentración mu y alta en la ciudad de Las Palmas
Como se ha comentado, esto es producto de la preferencia por bienes urbanos. De
hecho, el 100% de l os bienes hipote cados en Las Palmas tenían dicha naturaleza; la
mism a proporción com pleta presen t an los bie nes hipotecados por in dianos para
conseguir un crédito Gra n Ca naria. No sucede lo m ismo en el resto de munic ipios, en
309
que los bienes afectados están fundamentalment e relacionados c on bien es inmue bles
vinculados a la agricultura.
Aunque la ma y or parte d e las lo calidades estudiadas tu vieron un bal ance posi tivo en
cuanto a la entrada y sali da de cré dit os, d estaca por su dé ficit Sa n L or enzo. El crédit o
que generó esta situació n, valorado en 55.440 p esetas, es peculi ar, po rq ue aunque se
pusieron bienes de San Lorenzo como g arantí a de la hipotec a, el pré st amo fue
concedido en últim o t érmino por Fra ncisco Dor este Calderín, residente en Trinidad,
Uruguay, a Fr ancisco Dore ste de los Rí os, reside nte en Cuba. No fu e el único caso en
que el pr estatario era exterior a l a isla, de hecho los ma y or es créditos contra tados por
indianos en Gr an Cana ria te nían es a c aracterística: aparte del caso comenta do, está el de
José Ve nero Ace jo, de Santa nder (33.250 pe setas), y el de Francisco de Paula, de
Madrid (15.551 pesetas).
El primer gran préstamo de capit al canario a indianos es el conc edido por Salvador
Cuyás y Prat 5 43 a Antonio Zerpa Rodrí guez, residente en La Habana, de 15.142 pesetas
en 1892, operación e n e l que la compañía Swanston&Compan y 544 de Londres hizo de
intermediaria; para finales del siglo X IX, Can arias se hallaba inmersa en una vasta red
de financiación trasatlán tica, hasta el punto que comienz a a se r complica do definir la
“nacionalidad” del capita l.
*Cancelación: por este c oncepto un pré sta mo se daba finalme nte por pagado. En el
caso recogido en el a nex o documental 545 , José Déniz Pérez, residente en La Habana,
había recibido de Juan Ra món Déniz , vecino de Santa Brígida, un crédito de 22.000
pesetas, contra el cual Déniz Pérez había hipotecado una casa en Ve gueta y otra en
Arucas. Para da r por finiquit ada la devolución del c rédito, Déniz Pérez debió ceder
ambas casas, y ade más aportar 3.690 peseta s en metálico.
*Cesión: esta fórmula supone que el acreedor cede el cob ro y b eneficio de un
préstamo concedido por el mismo a otro sujeto. Las condiciones por la s qu e se otorgó el
crédito normalm ente p erm anecen invariabl es, no así la del d eudor, que como se v erá
puede cambiar en caso de f allecimi ento del mis mo. Unos pocos créditos valorados en
543 Que de hecho era catalán , aun que d esde muy joven se a sentó en las Islas
544 La primera compañ ía adj udicat aria de las ob ras del Pu erto de L a L uz
545 AHPLP, Protoc olos Not ariales, Agust ín Millare s, L: 3436, A: 1880 , pp .71-76. Ver An exo Doc ument al 4.3
310
13.220 pesetas fue ron tr aspasados a otras manos por este procedimiento, de h echo al
constituirse los créditos en un jugoso ne gocio, los indianos mo straron interés en
apoderarse de los mismos, aún sin ser los acreedores iniciales 546 .
*Adjudicación en pa go de deuda: esta es un a de las fórmulas más int eresantes por la
que se reflejan lo s préstam os en las fuentes. Supone que se ha i ncumplido el pago d e un
crédito, y por tanto se procede a adjudicar el bien hipotecado como pago de dicho
crédito 547 . Como se observa en la fi gura 4.38, los indianos fallaron en el pago de un
gran volume n de crédito s, ascendien do lo s mismos a 109.483 pesetas, mientras que los
créditos fallados y ejecutados a favor de los india nos apenas alcanzaron el mo nto 18.238
pesetas. Est o supuso un déficit en el balance de capitales de 91.244 pesetas, e s decir,
capital que sa lió de la is la, y y a no retornó, dado que la compensac ión por el
incumplimi ento eran ca pi ta les inmobiliarios situ ados en la pro pia Gran Can aria.
Sólo es posible especular respecto a las causas de esta situación, que en principio
demuestra una sorprendente i ncapacidad de p agar por parte de l os in dianos. Es mu y
posible que dicha concl usión sea in correcta, o al menos que deba ser m atiz ada: los
indianos sencill amente, debieron ent ender que e ra más provechoso económi camente
entregar sus propiedad es en las Islas a envi ar c apital desde Cuba. Un 60,3 8% del va lor
total de las adjudicacione s en pa go, es d ecir de los incumplimi entos en el pa go por pa rte
de los indianos, se prod ujeron dur ante los años de guerra en la Gran Antil la. Aquellos
años coincidieron con l os de ruina generalizada e n Cuba, así como en un trasvase d e
capital de Gran Canaria a C uba en forma de pr éstamos y v entas de propie dades. Es
decir, el capital se requería e n aquel lado del Atlánti co, no en este.
546 P uede con sultars e: AH PLP, Pr otoc olos Notariale s, La s Pa lmas, E: Jo sé Benít ez Larena, L : 3628, A :
1894, pp .269 7-2712. En di cho caso, Franci sco Ponce Mart ín ez de Aruc as había real iza do un préstamo a
Ceferina Gonzá lez Castellano , también de Aruc as, de 4.875 pesetas. Pero se prorrogó, a condic ión de
colocar un as fincas en hipo teca. En la fe cha reseñada , Francisco Ponce cedió el crédito y su cobro a
Bruno M orales Gonzá lez, c omerciante d e La Haba na, qu e lo debería ha ber ejecu tado sobre los
herederos de Ceferina .
547 Puede c onsultar se : AHPLP, Prot ocolos No tariales, E : José B enítez Larena , L: 3487, A:18 83, pp. 97-101.
José Torres Sánchez era vecino d e Telde, había prestado en moneda 375 pes etas a C ristóbal Aguilar
Alemán, labrado r de 39 años vecino de C olón, en Cuba . Este últi mo no pued e pa gar en metálico la
cantida d acorda da en su moment o, y ord ena a su apo dera do en las Islas, Di ego S ilva Martín, qu e salde la
deuda entregando un a finca de un celemín y algo má s (sic) , o 4 áreas, 58 cent iáreas, seis mil t rescient os
ochenta y un centímetros, a T orr es Sánchez.
311
*Préstamos I nmuebles: Una cierta cantidad de préstamos no se hizo en metálico, sino
que aparec en como préstamos de in muebles en G ran Canaria, sobre todo urba nos. No se
ha incluido esta categoría en el monto total de los créditos, dado que en principio no
suponen un tra svase efectiv o de capitales entre Cu ba y Gr an Canaria. Sin embargo, los
préstamos de inmuebles debiero n tener un imp acto mu y si gnificativo en la posición del
indiano en la sociedad de la época.
Ha y una div ergencia muy fuerte entre pro pieda des inmuebles empr estadas por
indianos a vecinos de la isla por un l ado, cuy o valor global ascie nde a 59.736 pe setas, y
por otro lado las prestadas a in dianos, que apen as suponen 480 pesetas. Puede
especularse que la circulación de capital en for ma de intereses y ar rendamientos de
estos inmuebles favorecería la salid a de capit ales hacia Cuba enormemente . Por razones
desconocidas, esta fórmu la sólo fue ut ili zada entr e 1874 y 1881, y af ectó
fundamentalmente a pro piedades urbanas, por eje mplo, el 35 de la C alle de Tria na,
valorado en 6.000 peset as y que fue prestad o p or Ba rtolomé Díaz Díaz, residente en
Puerto Príncipe, a María de los R emedios Falcón Suárez en 1874.
*Préstamos Cuba-Cuba: Al igual que en el caso de la s com praventas, no se han
incluido aquellos créditos re a lizados entre dos residentes en Cu ba, aunque este hecho
necesita una matiz ación imp ortante: puesto que s e hipotecaban bienes en Gran Ca naria,
el incumplimi ento en el pag o d el cr édito pudo suponer la adquisición ef ectiva de ca pital
inmobil iario en la isla. El volumen de estos pré stamos ascendió a 131.7 22 pesetas, de
las cuales 57.722 pese tas fueron declar adas como adjudicación de pa go, e s decir que la
ejecución hipote caria supuso al final la adquisición de propiedades en G ran Canaria por
dicho valor.
*4.4 Otras transacciones, 1869-1900
Bajo numerosas fórmulas jurídicas los india nos realizaron otras transm isio nes de
capital que pudi eron s er efectivas en su to talida d de forma inmediata, o no. Por esa
312
razón han sido separadas de la s compraventas simple s, hasta que en futuros trabajos
pueda realiz arse un trabajo más ex haustivo. Obsérvese en la figura 4.36 el valor de la s
mism as
*Compraventa por hipotec a: esta e s la fórmula más recurrida por los in dia nos tras la
compra o venta plena. Su pone que el c omprador c arece d e todo el c apital necesario para
realizar la adquisición, por lo que debe hipotec ar parte de su patrimonio p ara garantizar
el pago d el resto de la compra. En el caso recogido en el Anex o Docum ental 5 48 , ventas
de Josefa Sánchez Peña en Valsequillo, en 188 7, l as fi ncas hipote cadas fueron las
propias adquiridas, sobre las que se im puso un int erés d el 10% anual. J osefa, natural de
Telde era de hecho resi dente en Matanzas, por lo que el caso comentado es uno de
salida de capitales. Y es que la fórmula de l a venta e hipote ca sumó 153.282 pesetas,
por sólo 48.518 pes etas para el caso de las comp ras, es dec ir, los indianos no gusta ban,
o más bien no necesitaban, esta fórmula a la hora de comprar; por e l contrario, los
vecinos del país no podían afrontar plen amente el costo de la transac ción, por lo que
debían hip otecarse. Ello habla de un desi gual niv el de ahorro y capacidad de inversión,
más importante entre el c olectivo emigrado.
Pero la c ronolog ía de l as ventas por hi poteca también habla de la ur gencia por
acceder al capital durante los años cruciales de la Gue rra de 1895-1899. Durante ese
periodo, se concentran el 60,37% de las ventas de este tipo, destacando la realizada por
548 A HPLP, Prot ocolos Not ariales, Isidoro Padr ón y Padrón , L: 3577, A: 188 7, pp .127-13 2. Ver An exo
Documental 4.7
313
Francisco Suár ez Suárez, residente en La Habana, de fincas rúst icas, ur banas y agua
sitas en Teror, en el año 1899, venta que ascendió a 61.125 pesetas. Can arias financiaba,
con sus limit adas posibilidades, la recuperación de la economía cubana .
*Retroventa: otro recurso mu y c omún. Aparece en las fuentes como “comp raventa
con pac to de re troventa” y supone que l a transacción per m anec e abierta. En el caso
recogido 549 , María Salomé ejecuta en nombre de su s hermanos, Felici ano y Juan Ol iva ,
jornaleros residentes en Cá rdenas , la compra con pact o de retroventa de la mi tad de una
casa en T elde por 750 pesetas. L os vendedores de la casa tienen el derecho de
recuperarla si después de cuatro años reinte gran a los hermanos Oliva el dinero recibido,
amén de ot ras condicione s. Por este método de la ret rove nta, los indianos adquirieron en
la isla propiedades por valor de 26.352 pesetas, por 6.625 pesetas vend idas según la
mism a fórmula.
*Otros: arrendamientos, transmisión de muebles y sociedades co n y ugales. Las
retroventas podía n ser t odavía un poco más retorcidas: si el vendedor quería disfrutar de
su antigua propiedad, po día hacerlo pa gando un arrendamiento anu al, co mo se observa
en el ca so d e los Oliva, y en otros estudia dos 5 50 . E stos arrendamientos, ap arecen en los
Libros d e Liquidación y suponen una salida efecti va de capitales hacia Cu ba de 41.030
pesetas, por 7.680 p esetas en concepto de arrendam ientos pagados de sde a quel lado. En
un 79,15% de los casos, el arrendamiento af ectó a propiedades de tipo urbano. No todos
los arre nd amientos parecen obedecer a est a c ausa, cuestión sobre la que trab ajos
posteriores arrojarán más luz .
Las adquisiciones en “Sociedad Con y u gal”, con 25.867 pesetas tuvieron un volumen
importante, pero es el capítulo “Transmisión de muebles” el que of rece alg unos
ejemplos de c ompraventas inusuales. Así, las dos únicas adqui siciones de empresas
549 AHPLP, Protoc olos Notaria les, Julián Torr es Na varro, Telde, L: 3604, A: 18 91, Ago sto-Di ciembre, caso
130, p.188. Ver Anex o Docu m ental 4.9
550 AHPLP, E: José B enítez La r ena, L: 3619, A: 1 893, pp .10 55-1060 José Valido Mart ín resident e e n
Cruces vende a Diego R amo s Galván una finca en Cueva Blanca (Caserones, Telde) de t reinta y seis
áreas, sesenta y nu eve c enti áreas y mil cincu enta centímetro s cuadr ados, u ocho celemine s. Tierra
labradía y a rrife, po r mil p esos o tr es mil setecien tas cincuenta pes etas, con pa cto de retro venta, y
durant e el periodo mediante de dos años, qu edarán a rrend adas siendo su du eño Diego R amos, y
debiend o pagar José Valido 187 pesetas con 50 céntimos el pr imer a ño y el segund o 300 pesetas, a
anualid ad vencida.
320
El gran sa lto en la in versión se produce a partir de 1886 por las entradas , masivas, de
capital desde el Cono Su r. E llo habla de la importancia de la construcción y puesta en
funcionamiento del moderno Puerto de la Luz y de L as Palmas, a r aíz de lo cual se
establecieron nutridas línea s ma rítimas con Ar gentina y Uru gua y , fundament almente
controladas por británico s e italianos.
*Uruguay: con un volum en global de capita les de 805.642 pesetas, la república de la
Banda Oriental se constitu ye en el p rincipal fo co emisor de capitales apa rte del cuba no.
Prácticamente todas la s remesas procedían de Montevideo, pudiendo añadirse las
localidades de Salto Orie ntal, San J osé y Trini dad. El peso de los préstamos en la
aportación uruguay a es decisivo, pro vinie ndo el grueso d e los mismos de un m u y
reducido grupo de indianos: Francisco Dor este Calderín, L uis González Brito y sobre
todo su hermano, Ginés González Brito. Este indiano, natural de Yaiza en Lanzarote,
aportó él con su sola persona y capital es, 441.430 pesetas, constit uy é ndos e con
321
diferencia en el ma y or inversor de toda la mu estra estudiada, cubana o no. Po r su
importancia, ha sido estudiado con detalle por ot r os autores 554 .
*Argentina: en e l artíc ulo de 2005 sobre el em igrant e re tornado y a r eseñado, se
comentaba: “ Su pres encia entre lo s desti nos migrat orios se hace relevante en las fechas
posteriores a la Guerra del 98, para después desaparecer prá cticamente… se deja
traslucir, por la s ed ades, una acusada juventud en el grupo emigrado, signo de
emigración reciente…c abe como hipótesis que esta pr eferencia por el m ercado
argentino sea un hecho li mitado a Las Palmas de Gran Canaria ” 555 . En el apartad o
2.3.3.1 de esta t esis se aportaba i nformación demo gráfica que p robaba la i mportancia de
la emigración en Ar gentina para los v ecinos de Las Pa lmas. Ahor a, tenien do los datos
desde 1869, qu eda c laro que la emigración a la re pública riopla tense pre cede en al gunos
años a l a Gue rra del 98, en realidad se desarrolla a partir de 1885, con la construcción
del Puerto de L a s Palmas , y alcanz a su culmen e n el qui nquenio 1902-1905. El volumen
de capitales involucr ados con Argentina asci ende a 587.375 pesetas, el terc ero tras Cuba
y Uru guay, siendo sus principales re presentantes Francisco Pérez Monz ón (31.161),
Ildefonso Pérez Díaz (19.700), Juan Álamo y Ber múdez (66.000 pesetas). Al igual que
en otros de stinos, se da una preferencia clara por la capital de la nación, Buenos Aires,
pudiendo señalarse tambié n Rosario, Mendoza, Río Negro… local idade s dista ntes de
las islas, 9.000 kiló metros.
*Venezuela: con 245.69 2 pesetas, e s el cuarto destino e n volumen de capital. Su
antigüedad con respecto a los demás destinos de emi gración hac e que los emigrantes en
Venezuela apa rezcan los prime ros en las series estudiadas (1871, José Mar ía Mendoza
Santana, radicado en La Guaira). Caracas, La Guaira, Santa Eulalia, Bolívar son
localidades desd e la s q ue se enviaban ca pita les. Antonio Hernández Montesdeoca
(Caracas, 45.000 pesetas en compras de fincas rústica s en San L ore nzo, 1894) y Juan
Lorenzo Domínguez Santana (Cara cas, 67.875 pesetas en fincas urbanas en Las Palmas,
1894) destacan entre los indianos má s activos.
554 Carnero Lorenz o, 2006, p p.13 0-132
555 Suárez Viera, 200 5, p .55
322
*Filipinas: desde el otro lado del mu ndo, y excl usivamente desde Manil a, ll egaron
fuertes entradas de capital de manos de mu y poca s per son as (141. 361 pesetas). No es
esta una mi gración tóp icamente canaria: desde un punto socio-labo ral, Francisco
Verdugo M assieu, general (34.000 peset as); Alejandro González Suárez , arcediano
(11.347) o Francisco D oreste de los Ríos 5 56 , abogado residente en Ce bú ( ventas por
valor de 78.866 pe setas) están bastante lejos d el cortador d e caña de Cr uces, o del
lechero de J esús del Monte. Forman parte de la admi nistración civil, religiosa y mili tar
española en Filipinas, y con el fin del domi nio hispano en aquello s territorios,
desaparecen de las fuentes.
*África: no aparece nin gún emigrante isl eño en el vecino continent e en el siglo X IX,
ni siq uiera radicados en el vecino Ma rruecos, y e so que existí an relaciones comerciales
muy importantes entre C anarias y Á frica 5 57 . Desde 1903 em piezan a aparecer personajes
radicados en Fernando P oo (Ant onio Gonz ález del Pino, Se bastián Muñoz Fernán dez ).
El grueso de l capit al q ue aparece p ertenece, s in embargo, a l Director General de
Aduanas d e Liberia, que en 1914 realiz ó una op eración por v alor de 54. 530 pesetas;
muy probablemente se trate de un préstamo contra tado por aquel g obie rno en las Islas.
*Otros destinos: Méx ico, en donde desta can la s ciudades de Mérida y Veracruz,
apenas l a capital; no pu ede ser c asualidad, la zona yucateca fue uno d e los grandes
centros mig ratorios c anarios durante el XV III . P erú (Trujillo), Co sta Rica (Carta go),
Bras il (Río de J aneiro, Santos), Puerto Ri co sobre todo, pero no má s después de 1900…
incluso Asunción, en Paragua y , en el co razón de Sudamérica, fueron testigos de la
migración canaria.
Fuera del Sur Global, en 1879 un marinero natural de Las Palmas lleg ó a L os
Ángeles, en Esta dos Un idos, y desde allí vendió sus propiedades en e l Barranco de la
Angostura por 22.500 pe setas 558 . También hubo muc hos emi grantes en Eur opa, sobre
todo estudiantes y gentes de negocio vinc ulados a las na vieras que trabajaban en el
556 Este sujeto era ade más uno d e los repr esenta ntes de la fra ncmasonería en C anarias
557 Santana Pérez, 2012
558 AHPLP, E: Vic ente Martínez, L : 3368, A: 1 879, p .686
323
puerto: en Alemania (Hamb urg o), Francia (París) y R eino Unido ( Liverpool, Londres).
Pero esto, es materia para futuros trab ajos.
*4.7 La fortuna de l indiano Francisco Cardoso
La familia Cardoso Rodríguez 559 de Arucas es un ma gnífi co ejemplo de los avatares
de la emi gración a fina les del siglo X IX. El primero de sus miembros de que aparece
noticia e s Juan Bautista Cardoso Rodríguez, que en 1869, teniendo 33 años y siendo
residente de La Habana dedicado al c omercio, co mpró unas tie rras labradí as y de secano
en El Cardonal, por valor de 390 escudos.
Años después, en 1885, el mi smo Juan Bautista vuelve a aparecer a los 48 años, esta
vez como propietario afincado en Aru cas, como represent ante de su hermano, Fra n cisco
Cardoso, en una compr aventa mu y importante d e tierras. Es este último mi embro de la
familia Cardoso el realmente trascendente.
En qué momento Fra nci sco partió para Cuba no es conoc ido, per o para 1 884 ya se
había labr ado un imp ortante patrimonio en torno a la ciudad d e Santa Clar a. No lo hiz o
en solitario, sino en unión de otro he rmano, J osé Cardoso Rodríguez. Así, declara en su
testamento de aquel año, una se rie de actividades que abarcan la a gricultura, la
ganadería y el préstamo . Su posición en Cuba había prosperado hasta la de ser un
ganadero con marca propia para sus reses 5 60 :
Tercera. Declaro por mis bienes dos fincas urbanas casas bajas de
mampostería y teja radicadas en esta poblac ión y término la una e n la calle
de San Agustín…y la otra en la calle de Cuba.
…
Cuarta. Declaro por más bie nes un Potrero nombrado San Cristóbal
como de cuarenta caball erías de tierra, radicand o en la hacienda Ceibabo,
barrio del mismo nomb re de este término con una fábrica de te jas, q ue
cubre un trapi che de elaborar azúca r y otras a la rústica, labranzas y
campo de caña, cercado de piña con sus div isiones del mism o material…
559 Ver Anexo Docu mental 4.1, 4.5, 4.16 y 4.17
560 Ver Anexo Docu mental 4.16
324
conteniendo dicho Potr e ro como ochoc ientas res es vacunas de varias clases
y edades y marcadas co n el hierro y señal que acost umbro, así como c rías
de cerdo, caballar y mular.
Quinta. Declaro tener arrendado a don Agustín González Abre u e l
Potrero conoc ido por In genio Viejo correspondiente al término de San Ju an
de los Teras, y en él co mo c uatrocientas reses vacunas de varias clases y
edades, también se ñaladas con el hierro y señal que uso, así como cerdos y
caballos sin poder precisar su número.
Sexta. Declaro tener dad as a Don Eduardo Prado a parti r de util idades,
treinta y cinco vacas y u n toro, igualmen t e a don Santiago Moya treinta y
seis vacas y doce añojos; así mi smo a Don Polic arpo Guerra veinte vacas,
cuatro novill as y doce añojos; a don Francisco Parets once vacas con s us
crías y a don Diego Prado cien vacas entr e paridas y horas.
Séptima. Declaro que a don Policarpo Guerra le tengo vendida una
caballería de tierra de la Hacienda Ceibabo, barrio del mismo nombre, por
la cantidad de cuatroc ientos pesos, de los cuales me paga el uno por ciento
mensual, sin que hasta la fecha me haya abonado cosa alguna.
Octava, declaro que tengo varias c antidades e n poder de algunas
personas de esta Ci udad, de la s que está instruido mi he rmano don José y
las que serán cobradas por el mismo en su oportunidad.
Novena, declaro que al contraer el se gundo matrimonio con la citada
doña Rita Prado, aporté a é l la cantidad de cuarenta mil pesos y la citada
mi esposa cosa alguna.
Décima, declaro que todos los bienes relacionados está n en sociedad co n
mi legítimo hermano don José de mis apellidos, inventariados y tasados,
cuyas operacion es conse rva en su poder mi citad o hermano, habiendo ya el
testador intr oducido en la sociedad la cantidad de cuarenta y ocho mil
seiscientos ochenta pesos y mi hermano José la de t reinta y cuatro mil
seiscientos treinta…
325
Undécima, declaro t ener en poder de mi h ermano Juan Cardoso
Rodríguez residente en Islas Canaria s la cantidad de v einte y tre s mil pesos
en efectivos…
Fruto de su bo yan te p osición económic a, en 1885 compró a Francisco María
Rodríguez Rodrí guez las siguientes propied ades que el susodicho había ad quirido, entre
otros medios, gracias a la s desamortizaciones:
Primera: una t rozada de ti erra labra día, situada donde llaman Las
Hoyas, té rmino municipal de la no mbrada Vil la de Arucas…tiene de cabid a
una fanegada, dos cuarti llos, quin ce y un ter cio b razas, o cincuenta y siet e
áreas, noventa y cinco centiáreas, siete mil c uatrocientos diez y siete
centímetros cuadrados.
…
Segunda: otr a trozada d e tierra labradía en la mi sma situación…ti ene
cabida una fanegada aproximadamente, o cincuenta y cinco ár eas, tres
centiáreas, seis mil quinientos setenta y seis centímetros cuadrados.
…
Tercera: ot ra tr ozada d e tierra labradía con algunos arrif es y eriales, en
la referida situación…tiene de ca bid a dos fanegadas poco más o menos, o
una hectárea, diez áreas, siete cent iáreas, tres mil ciento cincuenta y un
centímetros cuadrados. Co ntiene esta finca dos casas terreras accesorias.
…
Cuarta: una azada de agua de las noventa y tres que constituye el
Heredamiento de San Juan de la Vil la de Arucas, donde se halla enclavado,
formando hoy parte de la He redad de Arucas y Firgas, su dula de tre inta y
un días y su entrada el veinte y dos de dula.
Hubo esta agua por compra al Est ado en remate público…
326
Quinta: Y otra azada de agua, también de las re feridas nove nt a y tres
llamadas de San Juan de Arucas, incorporada igualmente a la Heredad de
Arucas y Firg as, su dula de treinta y un días y su entrada el veinte y cinco
de dula.
Hubo esta agua por el tí tulo últimamente citado, o por la referida
compra al Estado…
Los hermanos C ardoso dieron un gran pas o al crear una sociedad a grícola centrada
en el Ingenio San Cristóbal , provincia d e Santa Cla ra. La soci edad y a ex istía de m anera
extra-oficial desde h acía unos años, pero en 1893 se decidieron fin almente a
formalizarla bajo las si guientes condiciones:
Francisco Car doso y Rodríguez y su hermano don José de los mismos
apellidos constitu yeron una Soci edad de la naturaleza ante s indicada para
dedicarse a la explotac ión de una fi nca Ingenio de elaborar azú car,
denominado San Cr istób al de la p ertenencia del primer o, y en la cual con
dicho objeto el se gundo o sea don José, había hecho por su cuenta las
instalaciones de maquinari a necesarias con arreglo a los adelant os
modernos.
Entre otras bases que no es del c aso mencionar se establecieron en el
contrato social las siguientes:
La Soci edad e stablecía sus operaciones en la c asa de vivienda de la
citada finca que se d enominaría en adelante Cen tral San Cri stóbal, siendo
su domicilio legal la Ciudad de Santa Clara, Capital de la Provincia del
mismo nombre.
La razón social sería l a de “Cardoso y hermano”.
El término del contrato será de ocho años contando desde primero de
junio del indicado año de mil ochocientos nov e nta y tres hasta ig ual día y
mes del año mil novecien tos uno.
327
El capital social lo conforma la suma de cincuenta mil pesos que los
socios aportaron en la siguiente forma: veinte y cinco mil pesos de don José
en el valor dado de común acue rdo y con intervención de peritos mecánicos
a la maquinaria que había in stalado en la Finc a Ingenio San Cri stóbal…
que es la mism a que se d escribirá en el cuerpo d e bienes de esta partic ión y
los veinte y cinco mil pe sos restantes los aportó el don Francisco, previo
justi precio por peritos inteligentes en el valor de los terrenos, plantíos de
caña, bueyes, carr etas, aperos de la branza y dem ás anexidades qu e había n
sido in ventariadas pr iv adamente, así c omo los c rédito s activos y pasivos y
la casa de vivienda de la aludida fi nca Ingenio.
Desafortunadamente p ara los Cardoso, la guerra vino a interponerse en su camino.
Durante las terribles campaña s que asolaron e l centro de Cu ba en 1 896-1897, la
propiedad de la familia a ruquense fue arrasada:
Subsiste en l a te stamentaría el Potrero nombrad o San Cristóbal de que
habla la cláusula cuarta, cuya fi nca se ha convert ido en el Ing enio Centra l
San Cris tóbal que má s adel ante se mencionará, habie ndo desaparecido en
absoluto todo el ganado vacuno, de cerda, ca ballar y mular, útiles d e
labranza y fábricas para cubierta de maquinaria y vivienda, todo lo cual
desapareció en el trascurso de la guerra, habi endo si do destruidas la s
fábricas cuando los insurrectos quemaron la finca .
…
No se mencionan en esta liquidación el ganado vacuno y caballar, úti les
de labranza y las fábricas para cubierta de maquin aria, vivienda cit ada,
porque los primeros d e saparecieron en el tran scurso de la gu erra y las
fábricas fueron des truidas al que mar la finca los insurrectos. Conformes
con estas partidas y su liquid ación la firmamos en Santa Clara a ve inte y
cuatro de Agosto de mil ochocientos noventa y nueve. José Cardoso
Rodríguez-Juan Cardoso.
328
La insurre cción mambí en Cuba y los desastres de la guerra d e inde pendencia cubana
fue l o que empujó a Francisco Cardoso Rodrí guez, en su s úl timos años de vida, a
retornar a su tierra natal. Probablemente no pudo sino lament ar el giro tan amar go del
destino en sus últim os días de vid a, pues fa lle ció el 16 de juli o de 1899 e n Aruc as. Es
por ello que sus herede ros organiz aron la re partición de los biene s de Fran cisco, es
decir, su viuda Rit a Prado y Lleva de 41 años, y su hi jo, producto de un mat rimonio
anterior, el abo gad o d e 30 años Juan Cardoso Estupiñán, nacido en Sant a Cla ra. Las
cláusulas del testamento de Francisco no esti pulaban del todo las cond iciones de la
herencia, por lo que se aplicó el Códi go Ci vil de la époc a, se gún el cual 1/3 de la
herencia debía pas ar a la viuda. Es por eso que en 1900 se hace una tas ación de todos
los bie nes de Francisco, resultando que el mismo había incrementado su patrimonio
significativamente: las propiedades de Arucas, que Francisco adquiri e ra por 18.750
pesetas, son e valuadas en 5.760; pero a las mi smas se añaden propiedades en Telde por
valor de 36.960 pes etas, en Las Palmas por 220 p esetas, una casa en Santa Clara 20.000
pesetas, y la mit ad del Ingenio San Cristóbal, 29.2 50 pesetas.
Es decir, un patrimoni o de 92.192 pesetas, de la s c uales la casa de Sant a Clara y
10.730 pesetas pasan a l a viuda, Rita, quedando el resto en manos de J uan Cardoso. Que
estas propiedades están ar tificialmente desvaloriz adas, quiz á por mo tivos espurios, lo
prueba que inmediatam ente tras la adquisi ción por herencia de las mism as, el cubano
Juan Cardoso vendió por 35.000 pesetas l as propiedades de Aruc as, curiosamente a su
antiguo propi etario, Francisco María Rodrí guez Rodríguez. Es decir, una revaloriz ación
del 607%. Aplicando dicha proporc ió n, co s a que es cues ti onable dado que el merca do
de la propi edad en Cuba debía funcionar c on otr os parámetros, el valor del pa trimonio
de Francisco Cardoso rea lmente debió ascender a 559.605 pese tas.
El porqué de esta pr áctica debi ó ser doble: por un a parte , al reducir artificialme nte el
valor de l as propieda des, Ha cienda se quedaba con un porce ntaje muc ho menor d el
valor real de los mismos. Po r otra parte, la viu da que daba satisfe cha con un porcentaje
de las propi edades í nfimo, quedando el grueso de las mism as en m anos de J uan
Cardoso. Las inmensas p ropiedades d e Cuba tenían una superficie de 31.3 02 hectáreas,
por 6.591 hec t áre as de terre no en Gra n Can aria. Por mucho qu e hubieran sid o
temporalmente arrasadas , formaban parte de una important e explo tación azucarera, y
por tanto su valor debió ser mucho, mucho ma yor al reseñado.
329
*4.8 Tie rra, agua y c rédito en Gran Canar ia. El impacto de la m igra ción
transoceánica
Existen una serie de factores que explic an la gén esis y evolución, en lo que respecta
a Canarias, del proce so migratorio en este periodo. Esto f actores fueron: dominio del
minifundismo, destrucción de la propiedad públic a de l a ti erra, priva tización del a gua,
infradesarrollo del cr édito, la fiscalida d t erritorial y el reclutamiento por quintas. Sobre
dichos factores se frag uó la transformación del sis tema soc ial anti guorregimental en uno
liberal y mo derno. Es la comple ja respuesta de la sociedad canaria a la tra nsformación
de la estru ctura d e la propiedad, lo que está detrás de las pulsiones migrat orias isle ñas;
es justo ahí donde deb e contextual izarse el i mpacto económico de l os indianos y
retornados.
*4.8.1 Minifundismo y s ociedad campesina: jornale ros, aparceros y labradores
Si la propiedad privad a de la tierra habí a quedado regulada po r el r epartimi ento que
de las mi smas hizo Pedro de Vera, posterio rment e reformado por J uan Ortiz de Zárate,
este reparto fue en extre mo inj usto. En efec to, el gobernador favoreció a los capitanes
de guerra, así como a los financiadores genoveses de la conquista, otorgándoles las
mejores ti erras en las z onas bajas de la isla. Los soldados y colo nos más pobr es
recibieron las peores tierras, que dedicaron a l a producción de abastos.
El cultivo se centró al principio en los cereales, pero mu y p ronto dos productos
americanos, el millo y la papa, iban a cambiar radicalmente las c ircunstancias,
ocupando el cultivo del mil lo las mejores t ierras de la isla hasta bie n entrado el siglo
XIX. L a isla pos eía bu enas condiciones pa ra su desar rollo: fértiles llanuras aluvial es,
cálidas y con aguas dis ponibles par a su riego. E n medianías se cultivaba dos cosechas
de papa y un a de mill o a l año, en combinación co n los cereales; en la costa dos de mil lo
y una d e pa pa. El culti vo del mil lo vino pare jo a l a expansión del ganad o vacuno en la
isla, a un a escala descon ocida en el resto del Arc hipiélago, y es que el t allo de l a planta
permitía a limentar a los animales de manera muc ho m ás ef ectiva que la p aja de trigo o
cebada. El ganado a su vez producía abundante estiércol c on que abonar los terrenos
intensamente cultiv ados. Esta situación permitió e l desarrollo de un a clase má s o menos
extensa de pequeños campesinos, propiet arios de una pequeña parc ela y de algunas
cabezas de ganado vacuno. Son lo s llamados “labradores”.
336
mism as. Los terrenos de la Corona est aban adminis trados por la Real Audiencia, en
representación del Re y , siendo su ex plotación estricta mente regulada. Estaban formados
por los terrenos más difí ciles de traba jar, compre ndiendo fundam entalmente bosques y
pastizales.
La propiedad públic a ju gaba un papel clave pa ra la población de la isla, porque los
campesinos podían utiliz arlas para el apa centamiento de sus ganados, así como para
suministra rse de leña, piedra pa ra sus casas etc. A medida qu e el proceso d e
colonización de la isla fue acelerándose durante los siglos XVII y XV III , lo s montes de
barlovento se viero n cercados y ata cados por ambiciones privadas de todo ti po, co ntra
las cuales las institu ciones públicas plantearon u na lu cha que se perdería a la la rga. La
importancia de dichos m ontes, como eran la Mont aña de Doramas, el Pinar de la Ciudad
y el Monte L entisc al, resulta ba de es ta r en clavados cerca de las zonas de máx ima
explotac ión agríco l a y concentración demográf i c a. L os peq ueños campesinos iniciaron
un auténtic o proc eso de presura sobre los mismos, talando y rotur ando los bosques,
tratando de adquirir la propiedad del territorio mediante la le y d e los hechos
consumados: son l as llamadas usurpaciones. Les empujaba el hambre d e tierras, que
destinarían a la producción de aliment os para la supervivencia.
El mis mo impulso les empuja ría también hacia el suroeste insular, aunque era de más
difícil a cceso, y además carecía de suficientes recursos híd ricos, así como de suelo útil ;
a pesar de este hecho, se llegó a planear una coloni zación en toda regla de la zona 564 .
Más grave fue el ataque a los bien es públicos d e lo s grandes pr opietarios, que en
connivencia con las insti tuciones locales, l os Ay untami entos y el Cabildo, se adueñaron
irremisiblemente de gran des ext ensiones que luego ponían en ar riendo, o b ien sometían
a los bosques a un a e xplotación inmi sericorde, ra zón por la cual desde muy tempr ano la
Corona ordenó que los principales propietarios n o estuvieran presentes en las reuniones
en que se debatiera la e xpl otación de los recursos naturales. Las crecient es te nsiones
entre las p artes a fectadas trajeron consi go viole ntos e nfren ta mientos civiles, cada vez
más numerosos a medid a que nos acercamos al si glo X IX, y que culm inaron con el gran
motín de 1823, iniciado por los pequeños campesinos del norte contra el régimen
liberal. E n el fondo, aquel memorable motín su puso una r espuesta contra el intento de
privatizar la Montaña de Doramas.
564 Béthencourt Mas sieu, 198 1
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