La fotografía de la violencia de género en la prensa española generalista : aproximaciones iconográficas
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130 130 7. LA FOTOGRAFÍA DE LA VIOLENCIA DE GÉNERO EN LA PRENSA ESPAÑOLA GENERALISTA: APROXIMACIONES ICONOGRÁFICAS. Belén Zurbano Berenguer Departamento de Periodismo I Universidad de Sevilla [email protected] 7.1 Introducción La violencia de género sigue siendo, en la nuestra y en otras sociedades, un problema vigente que causa el sufrimiento y la muerte de muchas mujeres22. Si bien es cierto, avances políticos y judiciales han hecho que la protección de estas mujeres mejore en los últimos años. Pero para llegar a ese estadio de 22 Las cifras oscilan dependiendo del ámbito que se estime. Por ejemplo, en España la media anual de mujeres que mueren por agresiones de este tipo es de 68 mujeres en los últimos 8 años mientras que según el Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia establece en su III Informe Internacional. Violencia contra la mujer en las relaciones de pareja. Estadísticas y legislación que la prevalencia media de feminicidios generales en los países en los que disponen de información es de 19,14 por millón de mujeres.
131 131 preocupación y protección institucional se ha tenido que pasar de la concepción de esta lacra como asunto privado a la asunción de ella como problema público. En esta evolución han tenido una gran importancia los medios de comunicación a quienes de forma generalizada se les reconoce la labor de sensibilización social llevada a cabo en las últimas décadas y el impulso que han dado para la configuración de ese paso de lo privado a lo público que, es cierto, en ocasiones ha tenido funestas repercusiones23. Lorente Acosta (2009:57) nos acerca una reflexión interesante sobre el valiosísimo poder social de estos entes comunicativos: “el papel de los medios de comunicación es fundamental, ya no por ese aspecto teórico de ser medios de comunicación de masas, sino porque hemos detectado que, primero, los medios son la fuente de información fundamental de la gente, y, segundo, que la televisión ocupa un papel básico en esa adquisición de información.” El papel de los media en los últimos años ha pasado a ser el de aliados e incluso promotores, en la lucha contra la violencia de género. Gracias a éstos los ciudadanos se han acercado a este problema que hasta el momento no disfrutaba del estatus de asunto público. Al respecto se han posicionado autores como Paula Carballido González, de la Universidad Jaime I de Castellón, quien sostiene la relevancia del “papel proactivo” jugado por los medios en nuestro contexto más inmediato: el caso español. “Dicha actitud proactiva se desprende de dos aspectos constatables. Por un lado un interés creciente en este problema (…) la cantidad de noticias de manera continuada referidas a este problema no ha dejado de aumentar, incluso se podría decir que es uno de los 23 Nos referimos por ejemplo al conocido caso de Ana Orantes que fue quemada por su ex marido tras relatar en televisión la vida de maltrato a la que la había sometido pero existen también otros casos en los que la actividad mediática en torno a un caso de violencia de género ha acarreado consecuencias no sólo no deseables sino que han ocasionado la muerte de la mujer involucrada.
132 132 problemas sociales que ha conseguido un mayor grado de rutinización o de espacio en atención informativa, alcanzando así gran visibilidad y casi el estatus de problema de Estado. De otro, creemos que se viene produciendo un cambio cualitativo, una mayor implicación, cuidado y variedad de enfoques en la forma de abordarlo por parte de los profesionales de los medios de comunicación que ha redundando en un mayor conocimiento social de las características y de diversas vertientes del problema” (Carballido González, P., 2009). Tras ese gran impulso inicial de los medios como visibilizadores, reconocedores y promotores de este asunto como de interés general, son muchas las revisiones que se han hecho de su tratamiento por las consecuencias que éste pudiera tener. Cómo es transmitida la información influye –de diversos modos según las corrientes de opinión que se dan en la actualidad– en el comportamiento social. Una de estas corrientes sostiene que la información de los medios redunda en una mejora de los beneficios sociales aumentando la visibilidad del fenómeno, explicándolo y aportando datos de utilidad a las posibles víctimas. Otra, sin embargo, advierte de la peligrosidad del llamado “efecto paso a la acción” (Lorente Acosta en Periodista Digital, 19/01/2011) sosteniendo que las noticias que informan de la violencia de género pueden actuar como acicate a otros maltratadores a actuar. Sobre la responsabilidad que los medios de comunicación poseen en términos de responsabilidad social inherente ya se ha pronunciado el legislador en la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género. Boletín Oficial del Estado, 29 de diciembre de 2004, núm. 313. En parte de su articulado se refiere a los medios de comunicación como entes que habrán de fomentar la protección y salvaguarda de la igualdad entre hombre y mujer así como velar porque la difusión de informaciones relativas a violencia de género garanticen con la correspondiente objetividad
133 133 informativa, la defensa de los derechos humanos, la libertad y dignidad de las mujeres víctimas de violencia y de sus hijos (España, 2004). En el artículo 14, además de esta apelación a un comportamiento riguroso y responsable de los media en nuestro país, se recoge que habrá de cuidarse especialmente el tratamiento gráfico de las imágenes concernientes a esta materia. Aspecto que da pie a la voluntad de profundización en la praxis iconográfica de este asunto. Ya que, si la Ley estima conveniente recordar este aspecto, bien cabe plantearse qué y cómo se venía haciendo y si este comportamiento ha cambiado. En un estudio correspondiente al 2008, Ana Balseiro Expósito, de la Universidad Complutense de Madrid, ponía de manifiesto cómo aún muchas imágenes relativas a este problema social se basaban en la violencia de lo explícito, en una sobreabundancia de aspectos luctuosos y dramáticos. En la muestra que ella propone en su artículo, las heridas, la sangre y la muerte se ciernen ante la atenta mirada del lector. Pero, ¿es esto violencia de género? O mejor dicho, ¿es sólo esto violencia de género? Un análisis concienzudo de la imagen sobre violencia de género debería pasar por reflexionar sobre la simplificación del fenómeno que se hace reduciéndolo a su ámbito físico. Frente al gran poder de la imagen en general, y de la imagen periodística en particular, cabe preguntarse, especialmente en un año en el que las muertes por este tipo de violencia se están disparando (ver figura 1), cómo están transmitiendo nuestros medios de comunicación más inmediatos y de referencia este problema. De su concepción, configuración gráfica y transmisión diaria dependerá, en gran medida, lo que la sociedad entienda por violencia de género.
134 134 Figura 1. Ficha estadística de violencia de género: mes de mayo. Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad. Siguiendo a Ana Balseiro (2008): “sólo resta insistir en la imprescindible diferenciación entre (…) la imagen de la violencia frente a la violencia de la imagen. Si los medios no extreman el cuidado a la hora de escoger el discurso icónico de cada nuevo acto de terrorismo machista, la imagen de la violencia, corren el riesgo de traspasar la frontera y adentrarse en el campo minado de la violencia de la imagen, donde lejos de contribuir a la sensibilización para frenar el horror, la fotografía se convierte en una nueva agresión a la víctima, cuya dignidad –como señala en su articulado la Ley Integral— debía salvaguardar.” 7.2 La imagen de violencia de género Para abordar este fenómeno desde una perspectiva que, pese a no ser excesivamente ambiciosa en cuanto a universalización de las conclusiones obtenidas, sí se plantea cierta descripción de la realidad general, se han tomado como muestra de referencia un corpus de estudio compuesto por 117 documentos fotográficos. Éstos han resultado de una muestra realizada sobre todas las informaciones relativas a violencia de género que aparecieron en los meses de noviembre de los años 2000, 2004 y 2008 tanto en el diario El País
135 135 como en El Mundo. Sin embargo, también vamos a tener en cuenta en el análisis, imágenes publicadas en fechas más próximas para validar y matizar las conclusiones alcanzadas. Con estas referencias se ha pretendido averiguar la orientación de la dinámica fotoperiodística mediando el propio año de sanción de la Ley Integral. Esta selección de imágenes ha intentado, si no dar respuesta, al menos guiar las siguientes cuestiones: ¿qué se representan gráficamente cómo violencia de género?, ¿ha habido algún cambio de conducta antes y después de la Ley?, ¿se mantienen las mismas prácticas en 2000 que en 2008?, ¿influye la línea editorial en la representación fotográfica de la violencia de género? En una primera aproximación a esta suerte de introducción a la iconografía de la violencia de género vamos a reseñar la forma en que estas imágenes están distribuidas en los diarios estudiados ya que numéricamente ambos demuestran un comportamiento muy similar. De hecho, tanto en el periodo correspondiente al año 2000 como en el del 2008 el número de imágenes publicadas por ambos medios es exactamente el mismo. Se aprecia además una tendencia al alza –en ambos casos– del número de imágenes a lo largo del periodo estudiado pero sobre todo, en el año en que se sanciona la Ley. Cabe matizarse que el mes elegido para la muestra, noviembre, es el mes en el que se conmemora, desde la resolución 54/134 de Naciones Unidas en 1999, el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer24. Ambos factores, el que sea éste un mes de conmemoración internacional y el hecho de que sea el año de sanción de la Ley, hacen del 2004 un año ciertamente especial que puede haber influido en una mayor abundancia de información gráfica. No obstante, el tipo de imágenes de ese periodo están basadas, en su mayoría, en sucesos trágicos y no vienen si no a dejar constancia de nuevas 24 Organización de las Naciones Unidas. Asamblea General. Resolución 54/134. [en línea]. Disponible en: http://daccess-dds-ny.un.org/doc/UNDOC/GEN/N00/271/24/PDF/N0027124.pdf?OpenElement [Consultado 28.02.2011]
136 136 víctimas (el caso de una joven madre asesinada por su novio) o de casos especialmente ‘llamativos’ (el juicio y encarcelamiento del imán de Fuengirola acusado de incitación a la violencia de género). Figura 2. Número de noticias analizadas: composición del corpus. Elaboración propia. El incremento, por tanto, no se debe a la inclusión de motivos y temas distintos sino a la concurrencia de varios delitos contra la mujer y de la amplia cobertura fotográfica de algunos de éstos. Por ejemplo, en el diario El Mundo, casi el 40% de las imágenes se corresponden con un solo caso: el de la joven madre asesinada por su novio25. Parece por tanto que la hipótesis que se confirma es la de que aquel año sirvió de acicate para la proliferación noticiosa y gráfica del fenómeno y lejos de erigirse como un momento puntual se estableció, en cuanto a la publicación de estas imágenes como la habitualidad periodística. Dicho lo anterior, hemos de tener en cuenta, en primer lugar, el creciente interés de los medios por colocar un cada vez mayor número de recursos 25 Hemos optado por denominarlo así ya que es la manera en la que los medios configuran este crimen tanto literaria como gráficamente ya que de la mujer se destaca principalmente tanto su condición de víctima como de la de joven y madre. Incluso, se rescatan imágenes familiares de ella en las que posa con su bebé y que son trasmitidas por, en este caso, el diario El Mundo.
137 137 gráficos en sus páginas para aligerar las informaciones y atraer al lector como explica la tendencia al alza que se percibe: de una decena en el año 2000, a sobrepasar las 25 imágenes en el 2004 a publicarse una veintena en el 2008. Se observa cómo, a pesar de contenerse un tanto en el año 2008 esta cifra no desciende, pareciendo, como decimos, haberse consolidado la dinámica de una importante representación fotográfica de este problema. En segundo lugar, hemos de reparar en que no son pocas las fotografías publicadas ni siquiera en el año 2000, ya que no estamos teniendo en cuenta en este análisis otro tipo de elementos como gráficos o infografías. Para profundizar un poco más en el contexto de selección y publicación de cada uno de los medios estudiados y ante la duda de la sobreinformación gráfica, de la saturación de imágenes que podrían hacer de analgésico ante el dolor social, cabe afirmarse que este número de imágenes está siempre por debajo de la mitad de las noticias publicadas. Es decir, en las informaciones de violencia de género –dada siempre la muestra que se estudianunca se supera el 46,66% de presencia fotográfica. En el caso de El País se observa una tendencia al alza creciente en la inclusión de imágenes en las noticias de violencia de género mientras que el caso de El Mundo se aprecia cierta contención. En el caso de este último hay que tener en cuenta que había liderado la proliferación fotográfica del año 2004. Así, el porcentaje de informaciones con imágenes en nuestro corpus ha sido el que sigue: El Mundo El País 2000 14, 86% 26,82% 2004 46,66% 31,94% 2008 36,06% 45,83% Figura 3. Porcentaje de noticias con fotografías en la muestra analizada. Elaboración propia.
144 144 Que este tipo de imágenes no sea la habitualidad periodística no permite deshacernos de la profunda consternación, de la honda duda, que subyace en los análisis y reflexiones de muchos profesionales e investigadores de la materia y que Balseiro Expósito ha sabido trasladar concienzudamente: “Se impone el análisis de si las imágenes de esta lacra, lamentablemente amplificadas casi a diario por los medios de comunicación, contribuyen a sensibilizar a la sociedad frente al problema o, por el contrario –como parece evidente— su repetición produce un efecto narcotizante que nos inutiliza para la acción, para rebelarnos ante el horror, despojados los crímenes de su condición ante la costumbre, la normalidad con la que “consumimos” su representación simbólica. “La violencia ha llegado a ser, como recurso, un elemento constitutivo del universo cotidiano y, como hecho de representación, un discurso admitido”, afirma Gèrard Imbert, para añadir que “la muerte ya no impone respeto, la violencia ya no impresiona. Se pierde también el sentido de los límites: límites entre la representación y la acción, entre la vida y la muerte. Lo que no deja de tener dos consecuencias gravísimas: por una parte, produce insensibilización en el sujeto; por otra, puede hacerle perder el sentido mismo de la realidad” (Balseiro Expósito, 2008) 7.2.2 Dolor y repulsa, agresión y condena: lo privado y lo público se unen en la imagen Parece que en las imágenes de violencia de género no acaban de disociarse, en una ligazón natural pero que roza los límites éticos, de la agresión y el dolor. A pesar de la progresiva aparición de lo que hemos venido a llamar ‘imágenes institucionales’ –de personajes públicos, de fotografías de manifestaciones y actos de rechazo público que venimos relatando– en las fotografías periodísticas
145 145 de violencia de género siguen muy patentes las expresiones del drama que supone la violencia de género. Un ejemplo de ello lo encontramos en el diario El Mundo, en el que apreciamos cómo el seguimiento gráfico (un total de 11 fotografías) de uno de los últimos casos de violencia de género cubiertos por el medio en el mes de noviembre del año 2004 se compone eminentemente de imágenes centradas en, por un lado, la imagen de la víctima sacada de fotogramas de una aparición en televisión y de fotos familiares, y, por otro, de las muestras patentes de dolor de la familia: abrazos, lloros y otras manifestaciones del dolor propio en el que ni siquiera los menores se privan de los primeros planos de los objetivos de las cámaras. Además puede hablarse asimismo de cierta distinción entre las características emocionales de las imágenes en las que se alude a personajes y actos públicos, que suelen ser principalmente denotativas, y las que representan a personas privadas, que suelen contener una mayor carga emocional y es en la que son transmitidas las emociones que rodean a este problema social: dolor, miedo, rabia. Actualmente, en la representación de la violencia de género se aúnan la tragedia del acto violento con la respuesta social que ésta encuentra, aludiendo de algún modo a la imbricación entre drama privado y conciencia social e institucional que existe actualmente en nuestro país. Así encontramos tanto imágenes ‘de caso’, como podemos llamar a las centradas en el hecho particular de una agresión (representada a través de sus protagonistas, del escenario…) como imágenes ‘institucionales’ que responden a fotografías con representación social y/o pública, actos de homenaje, manifestaciones de repulsa, etc. Algunos ejemplos de las connotaciones de uno y otro tipo de imágenes:
146 146 El País, 4/XI/2008 [El dolor] El Mundo, 21/XI/2008 [La rabia30] El Mundo, 25/XI/2008 [El miedo]31 30 A pesar de la poca calidad de la imagen y de haber sido reducida por motivos de espacio es perfectamente perceptible en la versión impresa del diario el hecho de que la mujer está agrediendo de algún modo al hombre al que la policía lleva esposado. 31 Ejemplo de fotografía ‘dramatizada’.
147 147 7.2.3 Caracterización y tipología de las imágenes de violencia de género A tenor de lo visto podemos describir las imágenes de violencia de género como imágenes centradas en los sujetos, bien relacionados con un acto de violencia (víctima, agresor, familiares) o no (personajes públicos, ciudadanos anónimos). De aquí se deslinda además la clasificación temática de las imágenes de violencia de género. Por un lado podemos hablar, como decíamos, de ‘imágenes de caso’ en el que la configuración fotográfica nos remite a un acto de agresión concreto y que suele venir caracterizado por el escenario dónde se ha cometido o por los protagonistas de éste, o, también podemos encontrar ‘imágenes institucionales’. Con éstas últimas nos referimos a todas las que simbolizan de algún modo el esfuerzo tanto social como político que se viene realizando desde años atrás y que pone de manifiesto la respuesta social e institucional que hallan los crímenes de violencia de género. Aquí podríamos encontrar actos políticos de conmemoración, manifestaciones públicas de repulsa, imágenes de asociaciones contra la violencia de género, etc. Estas imágenes se refieren a la violencia de género pero no precisan representar ningún tipo de violencia en ellas aludiendo a otros motivos para hablar de la misma. Además de a personas como motivo principal, las fotografías contienen otros elementos identificativos, como los escenarios, las situaciones o los objetos. A fin de aclarar los siguientes conceptos se mostrará una imagen de cada categoría.
148 148 El Mundo. 25/XI/2004. Imagen centrada en personas, en este caso públicas. Puede considerarse una fotografía de corte institucional. El País. 6/XI/2008. Imagen centrada en personas, en este caso privada y con relación con un hecho concreto de violencia: el agresor. Puede considerarse una fotografía ‘de caso’. El Mundo. 29/XI/2004. Imagen centrada en personas, en este caso privadas: entorno familiar de la víctima de un homicidio. Puede considerarse una fotografía ‘de caso’. El País. 17/XI/2000. Imagen de un escenario. Puede considerarse una fotografía ‘de caso’.
149 149 El Mundo. 30/XI/2004. Imagen de una situación. Puede considerarse una fotografía ‘de caso’. El País. 26/ XI/ 2008. Imagen de una situación. Puede considerarse una fotografía de corte institucional. El Mundo. 22/XI/2008. Imagen de un elemento. Puede considerarse una fotografía de corte institucional. Desde el punto de vista de la configuración de la fotografía y haciendo una panorámica desagregada por medios puede hablarse de que en el caso del diario El Mundo se aprecia cierto viraje desde
150 150 una focalización más cerrada, centrada en un plano medio recurrente y un tipo de imagen muy espontánea a una fotografía más abierta –de plano general– y con mayor dosis de preparación. Entre sus pautas fotográficas es destacable asimismo la preferencia por el uso de la imagen de personas y de personas privadas en la mayoría de los casos identificables. En el caso de la cabecera El País, la tipología de imágenes que suele caracterizar a sus noticias de violencia de género está definida asimismo por el cambio paulatino de planos más cortos (profusión del plano corto y medio en el periodo 2000 y 2004) a los generales. Sin embargo, este diario utiliza muchas fotografías que podríamos denominar ‘dramatizadas’ o, al menos, no espontáneas. A pesar de que en el año 2000 no se percibía esta tendencia, lo analizado en periodos posteriores viene a confirmar cierto gusto por las imágenes poco naturales, haciendo uso de imágenes de archivo, de posados y de fotografías del ámbito privado de la persona (imágenes del álbum familiar personal que se reproducen en prensa; en éstas los protagonistas posan, por eso son escogidas por el periodista, para mostrar al sujeto en su cotidianeidad, pero poseen una diferencia sustancial con la que hemos denominado ‘imágenes dramatizadas’: nunca estuvieron concebidas para su exposición pública). Como en el caso anterior también existe una preferencia por la persona privada e identificable. 7.3 Reflexiones finales El principal rasgo que presenta la gran variedad de imágenes recopiladas es el de la actividad social e institucional en relación al fenómeno de la violencia de género. La mayor parte de las imágenes recogen a personas en acción, en expresión; en definitiva, comunicando socialmente mediante el gesto, su presencia, su intervención o su representación pública. Incluso, cuando hablamos de imágenes centradas en una agresión, el hecho es transmitido en la
151 151 inmensa mayoría de los casos a través de imágenes que señalan el lugar donde se produjo el acto violento, o donde se concentra la atención de políticos y ciudadanos. Hoy día, por tanto, podemos atisbar el gran peso específico que, a pesar de ciertas desviaciones que han quedado aquí patentes, empiezan a tomar las imágenes de corte institucional en esta materia. Entendiendo éstas todas esas imágenes que lejos de referirse gráficamente a una realidad de violencia, se insertan dentro de otros ámbitos del sentido: manifestaciones políticas, imágenes de figuras destacadas en la lucha contra la violencia de género, conferencias, ruedas de prensa, foros… Estas imágenes, aunque en un gran porcentaje de los casos están motivadas por un hecho violento no denotan violencia lo cual, tiende a rebajar el grado de simplificación de esta lacra y a evitar preventivamente el peligro del sensacionalismo. Dentro de esta iconografía que podemos caracterizar como eminentemente simbólica encontramos además la recurrencia de la participación ciudadana. Las manifestaciones y actos ciudadanos serán los otros grandes sustitutos de la agresión por lo que puede decirse que la respuesta al acto violento llena ese vacío representativo que se da en el acto de violencia, y que pudiera obedecer a cierta autocensura. La expresión popular, el gesto de rabia, dolor y reivindicación junto al uso de la pancarta, el crespón negro, las flores y las velas, serán esos símbolos sustitutos de las víctimas y cadáveres. También en esta repetición simbólica encontramos inmersos nuevamente a los cargos públicos y políticos. Por otro lado es destacable la preponderancia de la figura humana, de la representación de personas en este tipo de informaciones gráficas. Tal y como aducíamos en un principio pareciera este hecho una metáfora de cómo es el hombre, la especie humana, el responsable de tanto dolor y por ello ha de quedar reflejado en las fotografías. Y esto, sin duda, es una tendencia que comparten ambos medios quienes, a pesar de ciertos matices, gozan de un similar tratamiento iconográfico de la violencia de género.
152 152 En las imágenes de violencia de género que facilitan los principales diarios de nuestro país no se aprecia un posicionamiento gráfico esencialmente diferenciado, no dándose tampoco un cambio de tendencia brusco a partir de la promulgación de la Ley que a nuestro juicio no hace sino confirmar una tendencia que ya habían iniciado en el año 2000 los propios medios de comunicación: la institucionalización de las imágenes, la sustitución progresiva del drama del asesinato por la multiplicación de imágenes de repulsa, del rechazo social, de alocuciones y conmemoraciones políticas. Evitando las imágenes del horror. Podríamos concluir que la iconografía social de un fenómeno tan desgraciadamente global y vigente como el de la violencia de género, es eminentemente simbólica y no varía esencialmente atendiendo a criterios editoriales ni ha sufrido un especial ni brusco proceso de cambio a raíz de la promulgación de la Ley sino que se ha afianzado la tendencia al ‘institucionalismo’ y al ‘simbolismo’ más que a la imagen explícita y sangrante aunque, como hemos mencionado, a veces tengamos que lamentar algunas desviaciones. Bibliografía Alonso Erausquin, M. (1995). Fotoperiodismo: formas y códigos. Madrid: Síntesis. Asociación de la prensa de Mérida, Asociación de la prensa de Cáceres, Asociación de la prensa de Badajoz (2010). Acuerdo Marco del Compromiso de los Medios de Comunicación y Periodistas de Extremadura contra la Violencia hacia las Mujeres. Balseiro, A. (2008). Terrorismo de género en los medios de comunicación: la imagen de la violencia frente a la violencia de la imagen. [en línea]. Disponible:
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