Influencia de la adiposidad y la actividad física en la condición física
Abstract
Programa de Doctorado: Actividad Física, Salud y Rendimiento Deportivo
Full text
Programa de Doctorado “Actividad Física, Salud y Rendimiento Deportivo” Título de la Tesis Influencia de la Adiposidad y la Actividad Física en la Condición Física Influence of adiposity and physical activity on physical fitness Tesis Doctoral presentada por Dª. Safira R. Delgado Guerra. Dirigida por el Dr. D. José Antonio Serrano Sánchez. El Director El Doctorando (firma) (firma) Las Palmas de Gran Canaria, octubre de 2011
Índice de contenidos I. Prólogo y agradecimientos ....................................................................................... 6 II. Proyectos de investigación ....................................................................................... 8 III. Ayudas y subvenciones ............................................................................................ 9 IV. Publicaciones ......................................................................................................... 10 V. Resumen ............................................................................................................... 11 VI. Abstract ................................................................................................................. 12 VII. Abreviaturas y acrónimos ....................................................................................... 13 1. INTRODUCCIÓN .................................................................................................. 15 2. ANTECEDENTES .................................................................................................. 18 2.1. Obesidad .................................................................................................. 19 2.1.1 Definición de sobrepeso y obesidad. ................................................... 19 2.1.2 Prevalencia y evolución de la obesidad. .............................................. 20 2.1.2.1 Adultos................................................................................ 21 2.1.2.2 Niños y jóvenes. ................................................................. 23 2.1.3 Causas de la obesidad. ...................................................................... 25 2.1.3.1 Predisposición genética. ...................................................... 27 2.1.3.2 Durante el embarazo. .......................................................... 28 2.1.3.3 Lactancia Materna. .............................................................. 29 2.1.3.4 Ganancia rápida de peso en los 2 primeros años de edad .... 31 2.1.3.5. Cambios en la alimentación. ................................................ 31 2.1.3.6. Actividad física, inactividad y tiempo frente a pantallas. ........ 32 2.1.4. Influencia de la obesidad en la salud actual y futura. ........................... 34 2.2. Actividad física y condición física.................................................................... 43 2.2.1. Definición de actividad física y conceptos relacionados........................ 43 2.2.2. Relaciones entre la condición física, la actividad física y la salud. ........ 46 2.2.2.1 Adultos. .............................................................................. 48 2.2.2.2 Niños y jóvenes. ................................................................. 49 2.2.2.3 Estudios de intervención con actividad física para prevenir la obesidad y la salud en niños y jóvenes. ...... 51
3. OBJETIVOS E HIPÓTESIS..................................................................................... 58 4. MÉTODOS. ............................................................................................................ 60 4.1. Muestra ......................................................................................................... 61 4.2. Consentimiento y aprobación ética. ................................................................ 61 4.3. Recogida de datos. ........................................................................................ 61 4.4. Evaluación de la actividad física. .................................................................... 62 4.4.1. Gasto energético estimado. ................................................................ 62 4.4.2. Nivel de actividad física. ..................................................................... 63 4.5. Evaluación de la condición física. ................................................................... 64 4.5.1. Velocidad de carrera........................................................................... 64 4.5.2. Capacidad anaeróbica. ....................................................................... 65 4.5.3. Potencia aeróbica máxima. ................................................................ 65 4.5.4. Capacidad de salto y fuerza isométrica máxima de las extremidades inferiores. ............................................... 65 4.6. Antropometría y composición corporal. ........................................................... 66 4.6.1. Antropometría .................................................................................... 66 4.6.2. Composición corporal ......................................................................... 67 4.7. Análisis de datos . .......................................................................................... 67 5. RESULTADOS. ...................................................................................................... 70 5.1. Gasto energético estimado vs. antropometría y composición corporal. ............ 71 5.2. Gasto energético estimado vs. condición física cardiorrespiratoria. ................. 71 5.3. Gasto energético estimado vs. condición física muscular. ............................... 73 5.4. Nivel de actividad física vs. condición física, antropometría y composición corporal ........................................................... 73 6. DISCUSIÓN. .......................................................................................................... 74 6.1. Rol de la adiposidad en las relaciones de la actividad física con la condición física. ................................................... 75 6.2. Asociaciones entre el gasto energético derivado del IPAQ con la condición física, antropometría y composición corporal. ........................ 77 6.3. Diferencias de condición física, antropometría y composición corporal entre los tres niveles de actividad física del IPAQ .............................. 78 7. CONCLUSIONES. .................................................................................................. 80 8. REFERENCIAS. ..................................................................................................... 82 9. ANEXO: MANUSCRITO. ..................................................................................... 102
6 I. Prólogo y agradecimientos. El estudio en el que se basa esta tesis fue llevado a cabo entre los años 2006-2008 en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, en el laboratorio de Rendimiento Humano y en el Departamento de Educación Física. Estoy altamente agradecida a mis supervisores, el profesor doctor José Antonio López Calbet, coordinador del grupo de investigación en Rendimiento Humano, Ejercicio Físico y Salud, a la profesora doctora Cecilia Dorado García, investigadora principal del proyecto de investigación que me ha permitido formarme como doctoranda y particularmente al profesor doctor José Antonio Serrano Sánchez, tutor y director de este trabajo doctoral, por su predisposición a reunirnos en cualquier circunstancia o situación para avanzar y discutir constructivamente sobre diversos aspectos de la tesis. A los tres supervisores debo agradecerles su “feed-back” productivo y enriquecedor, y ofrecerme la oportunidad de formar parte del grupo de investigación y participar en los trabajos científicos. A mis compañeros por su entusiasmo y buen humor que acompañaron mi trabajo diario en el laboratorio y en las pistas recogiendo datos y posteriormente cuando preparábamos las comunicaciones para los congresos del European College of Sports Science y American College of Sports Medicine; todos ellos formarán parte de esta experiencia de formarnos como doctorandos. Los desafíos han sido muchos, y mis compañeros han contribuido con su apoyo y ejemplo a facilitarme el trayecto. Las discusiones acerca de los aspectos estadísticos me han resultado especialmente instructivas gracias al profesor doctor Juan José González Henríquez. Aprecio realmente su predisposición para atenderme y la pedagogía de sus explicaciones.
7 Deseo agradecer al Departamento de Educación Física la admisión como alumna del programa de doctorado y acogerme en sus instalaciones. Igualmente me siento agradecida al Servicio de Deportes de la ULPGC por facilitarme el acceso a las instalaciones para la realización de muchos test de condición física. La Facultad de Ciencias de la Actividad Física también me hospedó académicamente durante estos años, facilitándome el acceso a los laboratorios donde se realizaron una buena parte de los test de condición física y composición corporal. Igualmente hago extensivo mi agradecimiento a la Academia Canaria de Seguridad, por creer en este proyecto y proporcionar la ayuda financiera necesaria. Mi agradecimiento va también dirigido a José Navarro del Tuero, su ayuda y consejo diario para funcionar bien dentro del laboratorio ha contribuido sin duda a hacer mas llevaderas y eficientes la tareas cotidianas. A Yolanda Bergaz le expreso mi gratitud por su diligencia y facilitar los trámites burocráticos. A mi padre Alfredo, quien se fue pronto… muy pronto. Que cuando miro al cielo, pienso que me está mirando y siguiendo todos mis pasos. A menudo me acuerdo de tan cortos pero bellos momentos: por la mañana, por la noche, cuando estoy feliz, triste, cansada, cuando llegan ciertas fechas, cuando escucho una canción o visito un lugar, un olor, mirando las estrellas... Te extraño, te amo. A mi madre Antonia, que la adoro. A quien debo lo que soy y mucho de lo que hago. Mi gratitud será eterna. A mis hermanos, David y Alfredo, les profeso un profundo agradecimiento porque me han dado muchas alegrías, apoyo y compañía en todo momento. A mis sobrinas, Andrea, Claudia, Carlota y Adriana, que me han aportado fuerza y coraje. Su compañía y vitalidad han aliviado muchas horas de esfuerzo. Gracias.
8 II. Proyectos de investigación. La presente Tesis Doctoral está basada principalmente en los datos obtenidos del Proyecto de Investigación con el cuerpo de la policía local de Gran Canaria, pero también se han incluido datos de los proyectos que más abajo se detallan: 1. Título del proyecto: Evaluación de la condición física del cuerpo de policía local y bomberos de Canarias. Establecimiento de un programa piloto de ejercicio para la mejora de la condición física. Entidad financiadora: Gobierno de Canarias (ref. convenio 6/04) Duración, desde: enero 2004 hasta: diciembre 2006 Investigador responsable: Cecilia Dorado García. Implicaciones de la candidata doctoral: participación en todas las reuniones de trabajo, selección y seguimiento de la muestra y evaluaciones de campo y clínicas. La candidata ha estado también implicada en la depuración y análisis de datos, presentación de resultados en congresos y redacción de los manuscritos. 2. Título del proyecto: Influencia del polimorfismo del receptor de andrógenos en la masa muscular, la morfología muscular y la respuesta hipertrófica al entrenamiento de fuerza. Entidad financiadora: Ministerio de Educación y Ciencia (referencia DEP-2006-56076-c0604/acti) Duración, desde: enero 2006 hasta: diciembre 2009 Investigador responsable: Cecilia Dorado García. Implicaciones de la candidata doctoral: participación en todas las reuniones de trabajo, selección y seguimiento de la muestra y evaluaciones de campo y clínicas. La candidata ha estado también implicada en la depuración y análisis de datos, y redacción de los manuscritos. 3. Título del proyecto: Influencia del ejercicio físico en los mecanismos de señalización de leptina en el músculo esquelético humano. Entidad financiadota: Ministerio de Educación y Ciencia. (ref. BFU2006-13784/BFI) Duración, desde: enero 2006 hasta: diciembre 2009 Investigador responsable: José Antonio López Calbet. Implicaciones de la candidata doctoral: participación en todas las reuniones de trabajo, selección y seguimiento de la muestra y evaluaciones de campo y clínicas. La candidata ha estado también implicada en la depuración y análisis de datos, y redacción de los manuscritos. 4. Título del proyecto: Mecanismos fisiológicos y moleculares de la reducción de masa grasa en seres humanos mediante ejercicios de musculación. Entidad financiadora: Comunidad Autónoma de Canarias (ref. PIO-42005/177). Duración, desde: enero 2006 hasta: diciembre 2007 Investigador responsable: José Antonio López Calbet. Implicaciones de la candidata doctoral: participación en todas las reuniones de trabajo, selección y seguimiento de la muestra y evaluaciones de campo y clínicas. La candidata ha estado también implicada en la depuración y análisis de datos, y redacción de los manuscritos.
9 III. Ayudas y subvenciones. La formación doctoral de Safira Delgado Guerra ha sido financiada con una beca del Cabildo de Gran Canaria, durante los años 2005-2009. Esta tesis tampoco hubiera sido posible sin las ayudas que a continuación se indican: • Beca de Formación Profesional de la Fundación Canaria Universitaria de Las Palmas durante el año 2004, para la realización del proyecto señalado con el número uno en el apartado anterior (Evaluación de la condición física del cuerpo de Policía Local y Bomberos de Canarias). • Ayuda de la ULPGC para asistir al 10th Annual Congress of the European College of Sport Science, en Belgrado (Bosnia-Herzegovina) entre los días 1316 de julio de 2005, y presentar el trabajo “Direct and indirect assessment of physical fitness: lack of validity of the International Physical Activity Questionnaire (IPAQ) in adults?”. • Ayuda de la ULPGC para asistir al 11th Annual Congress of the European College of Sport Science, en Lausanne (Suiza) entre los días 05-08 de julio de 2006, y presentar el trabajo "The International Physical Activity Questionnaire: Short or Long version?" • Ayuda de la ULPGC para asistir al American College of Sports Medicine 53rd annual meeting, en Denver (Colorado) entre los días 31 de mayo-3 de Junio de 2007, y presentar el trabajo "Reduced Serum Leptin Concentration following Strenght Training Combined with Plyometric Exercises in Young Women". • Ayuda de la ULPGC para asistir al 12th Annual Congress of the European College of Sport Science, en Jyväskylä (Finlandia) entre los días 11-14 de julio de 2007, y presentar el trabajo "Negative Association Between Leptin and Bone Mineral Density in Human Males".
10 IV. Publicaciones. La presente Tesis está basada en el siguiente manuscrito científico. Serrano-Sánchez, JA., Delgado-Guerra, S., Olmedillas, H., Guadalupe-Grau, A., Arteaga-Ortiz, R., Sanchis-Moysi, J., Dorado, Cecilia y Calbet, JAL. Adiposity and age explain most of the association between physical activity and fitness in physically active men, PLOS ONE, 5 (10): e13435, DOI:10.1371/journal.pone. 0013435.t003
17 “fitness” (Saltin y Rowell 1980; Stofan et al. 1998), incluyendo fuerza muscular y potencia (Paalanne et al. 2009). Hasta la fecha, ningún estudio único ha determinado qué componentes de la condición física están asociados con el nivel de actividad física evaluado con la versión corta del IPAQ. Esta información es importante para definir qué aspectos de la condición física pueden estar influenciados por la actividad física diaria evaluada con cuestionarios generales, como el IPAQ. Una falta de asociación parcial o total entre los componentes de la condición física con los datos de la versión corta del IPAQ podría indicar que la condición física no está influenciada por la actividad física o que el IPAQ no es lo suficiente sensible para detectar la influencia de la actividad física sobre algunos componentes de la condición física, incluyendo la composición corporal. Por lo tanto, el principal objetivo de esta tesis fue determinar si existe una relación entre la actividad física evaluada con la versión corta del IPAQ y los componentes musculares y cardiorrespiratorios de la condición física (“physical fitness”). Otro objetivo fue determinar si la potencial asociación entre la actividad física y alguno o varios de los componentes de la condición física fueran explicables por el nivel de adiposidad. Dado que un nivel reducido de actividad física está asociado con la acumulación de masa grasa y ésta tiene una influencia negativa en los test de condición física, nuestra hipótesis es que la adiposidad podría explicar parte o la mayor parte las asociaciones encontradas entre la actividad física y la condición física en hombres saludables.
18 ANTECEDENTES (2)
19 2.1 Obesidad 2.1.1. Definición de sobrepeso y obesidad. La obesidad a menudo se aborda como una condición o estado antropométrico, sin embargo se trata de un proceso dinámico caracterizado por la acumulación de adiposidad en el cuerpo. La información que generalmente capturamos de ese proceso son categorías del estatus ponderal: normopeso, sobrepeso tipo I, sobrepeso tipo II, obesidad y obesidad mórbida. El sobrepeso y la obesidad son estadíos avanzados en el proceso de cambios en el estatus ponderal. El sobrepeso y la obesidad usan como criterio operacional el índice de masa corporal (IMC) (Bellizzi y Dietz 1999). El IMC es un constructo antropométrico y se calcula dividiendo el peso o masa corporal (en kg.) por la talla (expresada en metros y elevada al cuadrado), tal que IMC = peso / talla2. Un adulto sufre sobrepeso si su IMC ≥ 25 (kg/m2) y obesidad si su IMC ≥ 30 (kg/m2). Por lo tanto, el diagnóstico de sobrepeso incluye tanto a personas que sólo tienen sobrepeso como a personas que tienen obesidad. En el caso de los niños, estos criterios no se pueden aplicar, ya que el IMC varía durante el crecimiento. Para resolver este problema se optó por usar tablas estandarizadas representativas de la población y definir como puntos de corte de IMC para sobrepeso y obesidad, utilizando como criterio el percentil 85 y 95, respectivamente, específico para cada edad, sexo y talla. Como la adiposidad de la población infantil ha ido en aumento durante los últimos 20 años, se ha decidido utilizar tablas desarrollas hace 10 o 20 años. No obstante, existe incertidumbre acerca de la validez de estos puntos de corte en los niños. Para resolver estos problemas en 1999 un comité de expertos constituyó la International Obesity Task Force (IOTF) y determinó que a pesar de que el IMC no es la medida ideal para medir la adiposidad, podía ser utilizado para definir sobrepeso y obesidad en niños (Bellizzi y Dietz 1999). Como no está claro en niños a qué nivel del IMC aumenta el riesgo para la salud, este panel de expertos decidió establecer como punto de corte para los diagnósticos de sobrepeso y obesidad aquellos estadísticamente equivalentes a los puntos de corte usados en los adultos para sobrepeso (IMC=25 kg/m2) y obesidad (IMC=30 kg/m2). Para ello, utilizaron datos de 6 poblaciones de referencia diferentes (Gran Bretaña, Brasil, Holanda, Hong Kong, Singapur y USA). Con estos datos, Cole y col. (Cole et al.
20 2000) derivaron las curvas con sus percentiles correspondientes que pasan a través de los puntos de IMC de 25 y 30 a los 18 años (figura 1). Todo ello resulta en unos puntos de corte específicos para la edad y el sexo que definen el sobrepeso y la obesidad. Las tablas recomendadas por Cole y col. son útiles para la investigación epidemiológica en la que los niños son categorizados como nosobrepeso, sobrepeso y obesos utilizando para ello una herramienta estándar sencilla. Los puntos de corte fueron desarrollados utilizando tablas de datos diversas que representan valores de referencia internacional para poder comparar niños/poblaciones en todo el mundo. No obstante, uno de los problemas de utilizar el IMC basándose en las tablas por sexo y edad es que no se tiene en cuenta el grado de maduración sexual. El IMC en los niños puede aumentar cuando incrementan su masa muscular bajo la influencia de la testosterona, sin que ello deba ser confundido con una ganancia de masa grasa. 2.1.2. Prevalencia y evolución de la obesidad. En general hay una escasez de datos epidemiológicos longitudinales en relación a la obesidad, en particular en España y sus regiones. Sin embargo, los datos acumulados en las dos últimas décadas en diferentes países y continentes permiten una visión bastante fiable sobre la magnitud nacional e internacional de la obesidad (su prevalencia) y su tendencia. Figura 1. Tablas de Cole y col. que establecen los puntos de corte del IMC para sobrepeso y obesidad (Criterio IOTF) (Cole et al., 2000).
21 2.1.2.1. Adultos. Usando los datos de la Encuesta Europea de Salud de 2009 (INE, 2011, http://www.ine.es) se ha observado que la mitad de los adultos españoles padecen sobrepeso-obesidad (figura 2). No obstante, los diversos grupos de edad presentan amplias diferencias de sobrepeso-obesidad. En los colectivos de mayor edad, a partir de los 55 años, la tasa de sobrepeso-obesidad se elevó por encima del 60%. . En España, el sobrepeso y obesidad ha seguido una tendencia de aumento sostenido desde 1987, hasta duplicar o casi duplicar la prevalencia de la obesidad y el sobrepeso en 2009. El total de la sobrecarga ponderal ha pasado de un 23.8% en 1987 hasta un 50.6% en 2009. Hay que considerar que el grupo de mayores de 65 años probablemente esté infraestimado y requeriría indicadores específicos de sobrepeso y obesidad, al igual que los niños y jóvenes, debido a la sarcopenia asociada a este grupo de edad. En el estudio EXERNET se estimó que un 15% de los adultos españoles mayores de 65 años presentaban obesidad sarcopénica (masa magra reducida y masa grasa aumentada) (Gomez-Cabello et al. 2011). En dicho estudio EXERNET la prevalencia de sobrepeso-obesidad en los adultos mayores de 65 años se estimó en un 84% sensiblemente más alto que 0.0 10.0 20.0 30.0 40.0 50.0 60.0 70.0 Sobrepeso 17.7 30.3 35.8 39.6 43.4 43.6 35.5 Obesidad 4.9 9.5 14.2 16.8 21.6 23.6 15.1 18-2425-3435-4445-5455-64 ≥ 65 Total Figura 2 . Distribución del sobrepeso y obesidad por grupos de ed ad en adultos españoles (2009; ≥18 años). Fuente: Elaboración propia con datos extraídos de la Encuesta Europea de Salud elaborada por el INE (2009)
22 en la encuesta europea, sin embargo las medidas antropométricas del estudio EXERNET (estadiómetro portátil y analizador de impedancia bioeléctrica) fueron más fiables que las medidas del estudio europeo (cuestionario de talla y peso). 0.0 10.0 20.0 30.0 40.0 50.0 60.0 Obesidad 7.7 12.9 14.0 15.1 Sobrepeso 16.1 18.2 35.3 35.5 Total 23.8 31.1 49.3 50.6 1987 1997 2003 2009 Figura 3 . Evolución del sobrepeso y obesidad en adultos españoles (≥18 años). Fuente: Gutierrez-Fisac, JL, et al., (2000, 2006) Los datos de 2009 son extraídos de la Encuesta Europea de Salud elaborada por el INE Hombres Mujeres 0.0 10.0 20.0 30.0 40.0 50.0 60.0 70.0 Obesidad 7.2 12.3 13.0 16.6 Sobrepeso 19.2 22.9 44.2 43.7 Total 26.4 35.2 57.2 60.3 1987 1997 2003 2009 8.3 13.5 13.6 13.7 12.9 13.5 20.0 27.7 21.2 27.0 33.6 41.4 1987 1997 2003 2009 Figura 4 . Evolución del sobrepeso y obesidad en hombres y mujeres españoles adultos (≥18 años). Fuente: Gutierrez-Fisac, JL, et al., 2000, 2006. Los datos de 2009 son extraídos de la Encuesta Europea de Salud elaborada por el INE
23 El mayor aumento en la sobrecarga ponderal de los adultos españoles entre 1987 y 2009 se ha producido principalmente en el sobrepeso, pasando del 19% al 43% en hombres y del 12% al 27% en mujeres (figura 4). Considerando ambos estatus conjuntamente (obesidad y sobrepeso), el mayor aumento se produjo en los hombres que pasaron del 26% (1987) al 60% (2009) (figura 4), mientras que las mujeres el aumento fue del 21% al 41%. 2.1.2.2. Niños y jóvenes En la figura 5 se presentan valores de prevalencia de sobrepesoobesidad infantil en Europa usando los criterios estandarizados de la IOTF. En Europa, el sobrepeso-obesidad infantil (7-11 años) mantiene en la actualidad una prevalencia entre el 10-36%. El aumento de la prevalencia de obesidad a través del tiempo es notorio desde la década de los años setenta. En el plazo de 10 años se han constatado incrementos de la prevalencia de obesidad comprendidos entre el 50% y el 100% en países como EEUU y Japón. En Inglaterra, la tendencia del sobrepeso y obesidad conjunta, en niños de 7 a 11 años, ha aumentado un 400% en 27 años, pasando de un 7% en 1974 a un 27% en 2001 (Lobstein et al. 2004). Figura 5 . Prevalencia de sobrepeso - obesidad (en porcentaje) en niños de 7 a 11 años de edad en varios países europeos (1990-2002). El sobrepeso se definió con criterios IOTF (Lobstein y Frelut 2003). En círculo rojo se ha enmarcado algunos países mediterráneos donde supuestamente se sigue la dieta mediterránea.
24 En Europa se ha estimado un crecimiento global de la obesidad (todas las edades) del 2.3% en mujeres y de un 2.4% en hombres para el quinquenio (2006-2010). Para los niños se ha constatado un crecimiento preocupante. En la década de los 70 el aumento anual era de 0.2%, en los años 80 de 0.6% y en los años 90 de 0.8% al año y en algunos casos ha alcanzado valores del 2% anual (World Health Organization, 2005). Son cifras alarmantes porque supone un crecimiento anual entre 10.000 y 20.000 jóvenes al año por cada millón (entre un 1-2% anual). En España, los datos transversales de obesidad y sobrepeso en niños y jóvenes (2-24 años, n=3534), evaluados a través del estudio Enkid (Serra Majem et al. 2003) mostraron cifras del 13.9% de obesidad y del 26.7% de sobrepeso y obesidad conjuntamente (12.8% de sobrepeso). No obstante, la prevalencia del sobrepeso-obesidad resultó ser aún mayor en el grupo de alumnos de la enseñanza primaria (6 a 13 años), alcanzando una prevalencia ligeramente por encima del 30%. Por regiones, la comunidad gallega alcanzó cifras del 25% de sobrepeso-obesidad, ocupando una posición intermedia entre el conjunto de las comunidades españolas, liderada por Canarias (32.8% de sobrepeso-obesidad), cerrando el grupo con Cataluña (21.8 % de sobrepeso-obesidad). Otro estudio realizado con niños de 9-10 años de la provincia de Cuenca constató un aumento de la prevalencia conjunta de sobrepeso-obesidad del 12.2% entre 1992 (18.6%) y 2004 (30.8%) (Martínez Vizcaíno et al. 2006). Los datos españoles son congruentes con los ofrecidos por la propia OMS a través de su región europea (WHO-EU) con niños de 7-11 años, que sitúa a España como el tercer país europeo con mayor prevalencia de sobrepesoobesidad, con un 34% en el grupo de edad indicado (Lobstein et al. 2004; World Health Organization 2004b). Otros estudios transnacionales recientes (Cattaneo et al. 2009), con niños de edad preescolar (1-4 años), confirman a España como uno de los tres primeros países que lideran la prevalencia del sobrepeso-obesidad infantil en el conjunto de la Unión Europea, con valores comprendidos entre el 29.7% (niños de 2 años) al 33.2 % (niños de 4 años), usando los puntos de corte de la IOTF. La posición española en relación a la obesidad infantil no cambia sustancialmente usando los puntos de corte de la OMS (Cattaneo et al. 2009). En la figura 6 se representa la evolución del sobrepeso-obesidad infantil en varios países.
25 2.1.3 Causas de la obesidad. Cada vez existe mayor evidencia de que la obesidad se origina en la infancia, incluso antes del nacimiento, en la etapa de gestación (Muhlhausler, 2007). La obesidad no es una patología específica de los adultos y aunque se da con mayor incidencia en este colectivo, las causas de la obesidad tienen su origen por lo general en las primeras etapas de la vida. Guo y Chumlea (1999) constataron que el riesgo de desarrollar obesidad adulta a la edad de 35 años, en niños de edad superior a 9 años que ya eran obesos, era de un 80%. Adicionalmente, se ha comprobado que los niños obesos menores de tres años con padres de peso normal tienen escaso riesgo de convertirse en adultos obesos, pero en niños obesos mayores de 3 años el riesgo de convertirse en adultos obesos aumenta mucho y empeora con la edad del niño, independientemente de que los padres sean o no obesos. Si los padres son obesos, el riesgo relativo de que sus hijos menores de 10 años (obesos o de peso normal) se conviertan en adultos obesos se duplica (Whitaker et al. 1997). Figura 6 . Tendencias en la evolución de la prevalencia de sobrepeso y obesidad infantil y juvenil en varios países Fuente: Lobstein et al., 2004
26 La obesidad constituye un problema de salud complejo por la multitud de factores implicados y las intrincadas interrelaciones que estos factores mantienen entre sí (figura 7). Desde una perspectiva individual, la obesidad depende en primer lugar de factores genéticos, que juegan un papel importante, así como del ambiente nutricional y hormonal que experimenta el feto durante el desarrollo embrionario, de la lactancia, ya que los niños que no reciben lactancia materna tienen mayor riesgo de obesidad infantil y adulta, de la ganancia de peso durante los dos primeros años de edad, de la alimentación, de la actividad física, inactividad y del tiempo frente a pantallas. Figura 7. WEB causal de influencias sobre la obesidad de la IOTF
33 En un estudio longitudinal de 173 niñas de 8 a 12 años de edad seguidas hasta 4 años después de la menarquia, se observó que el cambio longitudinal del porcentaje de grasa corporal correlacionó inversamente (o sea perdieron grasa corporal) con la actividad física y positivamente con la inactividad, medidas como el número de horas en que las niñas estaban dormidas, sentadas o de pie (sin desplazarse). Esta asociación entre inactividad física y mayor acumulación de grasa fue más intensa en las niñas con al menos un progenitor con sobrepeso u obesidad (Must et al. 2007). Datos obtenidos a partir del Framingham Children's Study, en niños entre los 4 y los 11 años de edad, demostraron que los niños en el tertil superior de actividad física acumularon menos grasa corporal (Moore et al. 2003) En la población infantil de Gran Canaria hemos constatado que los niños que participan en actividades deportivas extraescolares (al menos 3 horas semanales) presentan un 30% menos de masa grasa corporal y de grasa en la región del tronco que los niños que no practican deportes (Ara et al. 2004). Además, los niños que siguen practicando deportes a lo largo del crecimiento mantienen estable su porcentaje de grasa corporal (Ara et al. 2006). Resultados similares han sido comunicados en otros estudios, por lo que la evidencia a favor de los efectos protectores frente al riesgo de obesidad que tiene la práctica de actividad física en la infancia es muy sólida (Must et al. 2009) La inactividad no es meramente el recíproco de la actividad, ya que se puede dar en un mismo niño valores elevados de ambos (Must et al. 2009). Tal sería el caso por ejemplo de un niño que practica una hora diaria de deporte extraescolar, pero que luego pasa 5 horas diarias frente a pantallas. El tiempo delante de pantallas, especialmente el dedicado a la televisión, se ha asociado con mayor adiposidad en múltiples estudios (Proctor et al. 2003). La influencia negativa de la televisión no sólo obedece a la falta de actividad física sino también a la exposición de anuncios que incitan a la ingestión de alimentos (Must et al., 2009), ya que varios estudios han demostrado que la exposición a anuncios de alimentos se relaciona con un aumento del consumo de los alimentos anunciados (Robinson 1999; Taras et al. 1989).
34 Por otro lado, el consumo de energía durante la práctica de videojuegos es mucho mayor que en sedestación, leyendo o viendo la televisión (Segal y Dietz 1991), especialmente cuando se trata de videojuegos activos en que los niños juegan de pie (Mellecker y McManus 2008). El efecto perjudicial del número de horas delante de la televisión podría ser mayor para las niñas que para los niños, tal vez porque las niñas picotean más que los niños (Crespo et al. 2001) o debido al tipo de publicidad televisiva al que están expuestas las niñas, más interesadas en comedias frente a los niños más interesados en programas de deportes (Must et al. 2009). Aunque durante el sueño el gasto energético es mínimo, la duración del sueño se asocia también a la adiposidad, tal que los niños que duermen menos horas presentan mayor adiposidad (Chen et al. 2008; Must y Parisi 2009). Finalmente, el ejercicio parece contribuir a mejorar la regulación del apetito (Martins et al. 2008), lo que podría explicar porqué los programas de adelgazamiento que incluyen ejercicio son más eficaces para mantener en el tiempo la pérdida de peso. 2.1.4. Influencia de la obesidad en la salud actual y futura Aunque la salud de la población ha mejorado en las últimas décadas, el aumento experimentado en la prevalencia de obesidad (Wang y Dietz 2002; Wang y Lobstein 2006) supone un reto presente y futuro que conlleva importantes costes socioeconómicos a nivel global (James 2006). En los adultos, la obesidad se ha asociado a síndrome metabólico, diabetes tipo 2, dislipemia, hipertensión, enfermedades coronarias, múltiples alteraciones neuro-endocrinas, algunos tipos de cáncer (endometrial, ovárico, de mama, cervix, próstata, colorectal, pancreático, hepático, renal y vesícula biliar), alteraciones hepáticas (niveles aumentados de transaminasas por esteatosis hepática) y gastrointestinales (reflujos), colelitiasis, artrosis y complicaciones ortopédicas en rodillas, apnea del sueño, aumento de la actividad simpática y alteraciones en la función respiratoria (figura 8). Además, las personas obesas sufren una mayor discriminación social por razones culturales y tienen una mayor incidencia de problemas psicológicos (autoestima) y desórdenes alimentarios (WHO, 2000, pp.39-60).
35 No sorprende pues, que estudios epidemiológicos hayan determinado que la obesidad comporta un descenso de la expectativa de vida, especialmente cuando el IMC es superior o igual a 35 (Finkelstein et al. 2009) (figura 8). Sistema orgánico obeso Enfermedades relacionadas con la obesidad Pulmonar Apnea del sueño Asma Síndrome Pickwickian Ortopédico Desplazamiento de prótesis Enfermedad de Blount (tibia vara) Torsion tibial Pies planos Esguinces de tobillo Aumento del riesgo de fracturas Neurologico Hipertensión intracraneal idiopática Gastrointestinal Colelitiasis Esteatosis hepática(higado graso no-alcohólico) Reflujo gastroesofágico Endocrino Resistencia a la insulina/intolerancia a la glucosa Diabetes tipo 2 Anormalidades menstruales Anormalidades menstruales Síndrome del ovario poliquístico Hipercorticismo Cardiovascular Hipertensión Dislipidemia Bandas grasas (fase inicial de la arteriosclerosis) Hipertrofia ventricular izquierda (corazón) Otros Inflamación sistémica/proteína C reactiva elevada Fuente: IOTF (2004) Tabla 1. Alteraciones de salud afectadas por la obesidad
36 Comorbilidades relacionadas con la obesidad que antaño eran excepcionales en niños y jóvenes, como el síndrome metabólico y la diabetes tipo 2, son diagnosticadas en estos colectivos cada vez con mayor frecuencia (Cook et al. 2008; Kelishadi et al. 2009a; Kelishadi et al. 2009b; Schwimmer et al. 2008). Especialmente alarmantes son los datos de prevalencia en todas las edades del síndrome metabólico, el cual constituye una asociación de factores que predisponen a la diabetes tipo 2 y a la enfermedad cardiovascular. Los criterios diagnósticos del síndrome metabólico para adultos están claramente establecidos (Adult Treatment Panel III: [ATP III] of the National Cholesterol Education Program (U.S.)) (2002) y están recientemente harmonizados en el caso de los niños. No existe una definición única universalmente aceptada de síndrome metabólico. Los mismos criterios adaptados en función de la edad se pueden aplicar a niños y adolescentes (Cook et al. 2003; Figura 8 . Años de vida perdidos en la población d e Estados Unidos debido a la obesidad en función del grado de obesidad. (Fuente: Finkelstein et al., 2009)
37 Weiss et al. 2004), aunque es necesario establecer criterios mejor estandarizados (Cook et al. 2008). En EEUU el Third National Health and Nutrition Examination Survey (19881994), que incluyó 2 430 niños de entre 12 y 19 años encontró una prevalencia de síndrome metabólico (diagnosticado usando los criterios ATP III ajustados por edad) de 4.2% en la población general, 6.1% en varones y 2.1% en niñas, siendo las diferencias de género estadísticamente significativas. No obstante, casi un 30% de los niños obesos y un 7% de los niños con sobrepeso (pero sin obesidad) cumplieron criterios de síndrome metabólico (Cook et al. 2003). La prevalencia de síndrome metabólico en niños ente 12-19 años, en U.S. entre 1999 y 2002, queda reflejada en la tabla 2. Se puede apreciar como la prevalencia varia en función del criterio diagnóstico, pero en cualquier caso se observa que la prevalencia global oscila entre un 2.0 y un 9.4%. No obstante, en los niños con sobrepeso la prevalencia sube entre un 12.4% hasta un 44.2% (Cook et al. 2008). Estas cifras son realmente alarmantes, pues implican que al menos un 12% de los niños con sobrepeso tienen síndrome metabólico, con todas las consecuencias que esta situación puede conllevar para su salud a corto y largo plazo, así como por los costes que esta situación conllevará para el sistema nacional de salud. Hombres Mujeres Obesidad abdominal ≥ xxx Circunferencia abdomen 1≥ 94 cm. ≥ 80 cm. Triglicéridos ≥ 110 mg/dl HDL-C ≤ 40 mg/dl ≤ 40 mg/dl ≤ 50 mg/dl Presión arterial ≥ xxx / xxx mmHg Glucemia en ayunas ≥ 100 mg/dl 1 xxx ≥ al percentil 90 (específico de edad, sexo y talla) (Ford et al., 2007). Fuente; niños (Ford, et al, 2007), adultos (Alberti et al., 2011) ≥ 100 mg/dl Adultos Niños y jóvenes Tabla 2. Criterios diagnósticos de Síndrome Metabólico en adultos y niños ≥ 150 mg/dl ≥ 130 / 85 mmHg
38 La obesidad abdominal se asocia a mayor prevalencia de síndrome metabólico (Taksali et al. 2008). Esta asociación es más intensa si se combina obesidad general junto con obesidad abdominal (Kelishadi et al. 2008). El aumento del perímetro del abdomen y la dislipemia (aumento de triglicéridos y disminución del colesterol HDL) son los componentes del síndrome metabólico más frecuentes (Cook et al. 2008). En el colectivo de niños, una circunferencia de cintura superior al percentil 80 correspondiente a su edad se ha asociado a una probabilidad 11 veces mayor para tener acumulación excesiva de grasa en el tronco. En el caso de las niñas, la probabilidad es 16 veces mayor si tienen un perímetro de cintura superior al percentil 80 para su edad. Si el perímetro de cintura fuera superior al percentil 90, entonces se tomaría como un criterio del síndrome metabólico en niños (Taylor et al. 2000). La grasa visceral libera ácidos grasos a la circulación portal que en el hígado causan resistencia a la insulina (hepática), mayor formación de triglicéridos, Cook / Ford Cruz Caprio Adult % (ES) % (ES) % (ES) % (ES) Todos 9.4 (1.2) 2.0 (0.4) 2.4 (0.4) 5.8 (0.9) Estimación número 2.900.000 600.000 700.000 1.800.000 Sexo Hombre 13.2 (2.0) 3.0 (0.8) 3.8 (0.8) 7.0 (1.4) Mujer 5.3 (1.2) 1.0 (0.4) 0.6 (0.3) 4.5 (1.2) Raza/etnia Blanco 10.7 (1.9) 2.2 (0.5) 2.5 (0.6) 6.0 (1.4) Negro 5.2 (1.1) 1.6 (0.5) 1.9 (0.7 4.7 (1.1) Mejicano-Americano 11.1 (1.2) 2.6 (0.6) 3.1 (0.7) 6.0 (0.9) Estatus IMC Normal 1.6 (0.7) 0 (0) 0 (0) 1.1 (0.5) En riesgo 7.8 (3.6) 0 (0) 0 (0) 5.8 (2.8) Sobrepreso 44.2 (2.9) 12.4 (2.5) 14.1 (2.6) 26.2 (3.6) % = Prevalencia; ES = error estándar NHANES = National Health and Nutrition Examination Survey Tabla 3. Prevalencia (y error estándar) del síndrome metabólico en adolescentes de USA usando varias definiciones (NHANES 99-02, Cook et al, 2008) (n = 1.826)
39 VLDL y disminución del aclaramiento hepático de insulina, contribuyendo al síndrome metabólico. Characteristic %SE (%) OR(95% CI) Total,crude 1 34,4 (1.3) -- -- Total, age-adjusted 1,2 34,0 (1.1) -- -- Sex 2 Male 35,1 (1.3) 1,00 -- Female 32,6 (1.6) 0,89 (0.73 to 1.07) Male Age 20–39 years 20,3 (2.0) a3 1,00 -- 40–59 years 40,8 (2.1) b 2,70(1.96 to 3.73) 60 years and over 51,5 (3.1) c 4,18 (3.01 to 5.79) Race and ethnicity 2 Non-Hispanic white 37,2 (1.6) a3 1,00 -- Non-Hispanic black 25,3 (2.0) b 0,54 (0.40 to 0.73) Mexican American 33,2 (2.9) ab 0,78 (0.57 to 1.07) Body mass index (BMI) 2 Under- + normal weight 6,8 (1.1) a3 1,00 -- Overweight 29,8 (2.0) b 6,17 (3.96 to 9.62) Obese and over 65,0 (2.4) c 31,92 (20.06 to 50.78) Female Age 20–39 years 15,6 (1.8) a3 1,00 -- 40–59 years 37,2 (2.6) b 3,20 (2.32 to 4.43) 60 years and over 54,4 (2.8) c 6,44 (4.75 to 8.72) Race and ethnicity 3 Non-Hispanic white 31,5 (2.2) 1,00 -- Non-Hispanic black 38,8 (2.1) 1,44 (1.05 to 1.98) Mexican American 40,6 (2.5) 1,55 (1.06 to 2.29) Body mass index (BMI) 3 Under- + normal weight 9,3 (0.9) a3 1,00 -- Overweight 33,1 (2.9) b 5,48 (3.75 to 8.02) Obese and over 56,1 (2.6) c 17,14 (12.54 to 23.44) SE (%) = Standard error (percentage) 2Ageadjustedpercentagesandstandarderror.Thelogisticregressionmodelscontrolledfor agegroup.Referencegroupsforlogisticregression:sex—males;age—20–39years;raceand ethnicity—Non-Hispanic white; body mass index—underweight and normal weight 3p<0.05.AdjustedformultiplecomparisonsusingtheBonferronimethodofadjustmentwhen threelevelswereexamined.Lettersthataredifferentfromeachotherindicatesignificant differences. 1Totalincludesracialandethnicgroupsnotshownseparatelyplusrespondentswithmissing BMI values.
40 Characteristic n % (SE) % (SE) % (SE) % (SE) % (SE) Total,crude 2 3,423 53,2 (1,3) 31,4 (1,0) 24,7 (0,9) 40,0 (1,3) 39,0 (1,9) Total,age-adjusted 2,3 3,423 52,8 (1,1) 31,2 (1,0) 24,7 (0,9) 39,5 (1,1) 38,6 (1,6) Sex 3 Male 1,794 44,8 (1,3) a,4 35,6 (1,5) a 21,6 (1,5) a 43,4 (1,4) a 45,8 (1,8) a Female 1,629 60,7 (1,6) b 26,5 (1,1) b 27,8 (1,5) b 35,2 (1,3) b 31,3 (1,7) b Male Age 20–39 years 607 32,0 (2,2) a,4 29,6 (2,1) a 21,4 (2,5) 24,1 (2,0) a 28,8 (1,8) a 40–59 years 546 52,1 (2,5) b 41,5 (2,5) b 23,0 (1,9) 44,5 (2,7) b 50,3 (3,3) b 60 years and over 641 55,2 (2,4) b 36,7 (2,1) a,b 19,5 (1,3) 74,4 (2,7) c 67,8 (1,9) c Race and ethnicity 3 Non-Hispanic white 967 47,4 (1,4) a,4 36,6 (1,7) a 22,6 (1,9) a 43,5 (1,7) a,b 44,8 (2,2) Non-Hispanic black 346 36,0 (2,9) b 21,2 (2,4) b 11,5 (1,6) b 51,3 (2,8) a 40,9 (2,3) Mexican American 364 37,6 (3,6) a,b 43,7 (2,8) a 26,0 (2,8) a 35,5 (2,7) b 49,8 (3,1) Body mass index (BMI) 3 Under- + normal weight 532 * * 18,0 (2,2) a 9,4 ** (1,9) a 32,0 (1,8) a 35,0 (2,7) a Overweight 701 35,1 (1,8) a,4 37,7 (1,8) b 22,6 (2,7) b 40,3 (2,2) b 45,0 (2,2) b Obese and over 557 94,4 (1,1) b 48,6 (2,7) c 31,3 (3,3) b 57,5 (2,4) c 55,5 (2,0) c Female Age 20–39 years 488 49,8 (2,7) a,4 17,8 (2,0) a 29,4 (2,5) 6,8 (1,2) a 13,4 (1,5) a 40–59 years 542 64,1 (2,2) b 27,3 (1,7) b 29,4 (2,4) 43,2 (2,2) b 35,5 (3,0) b 60 years and over 599 74,0 (2,6) c 40,1 (3,0) c 22,7 (2,2) 71,0 (2,6) c 55,1 (2,7) c Race and ethnicity 3 Non-Hispanic white 846 58,0 (2,3) a,4 27,3 (1,5) a 27,6 (2,1) a 33,0 (1,5) a 28,7 (2,0) a Non-Hispanic black 348 76,3 (2,1) b 14,4 (1,8) b 26,8 (2,7) a 53,4 (2,8) b 38,7 (2,4) b Mexican American 306 74,9 (3,3) b 34,6 (2,1) c 39,6 (3,3) b 32,1 (3,0) a 41,7 (3,8) b Body mass index (BMI) 3 Under- + normal weight 519 13,6 (1,5) a,4 12,9 (1,3) a 12,9 (1,7) a 26,4 (1,9) a 15,8 (1,7) a Overweight 474 77,7 (3,1) b 32,3 (3,0) b 30,5 (1,8) b 31,7 (1,9) a 31,2 (2,3) b Obese and over 634 99,6 (0,2) c 36,8 (1,8) b 43,1 (2,8) c 46,8 (2,6) b 46,9 (2,5) c 1 Blood pressure measurement is the average of up to three blood pressure readings. 2 Total includes racial and ethnic groups not shown separately plus respondents with missing BMI values. 4 p< 0.05. Letters that are different from each other indicate significant differences. Comparisons involving three categories were adjusted for multiple comparisons using the Bonferroni method of adjustment. 3 Age-adjusted estimates. Age adjustment was performed using the direct method of adjustment to the 2000 U.S.Census. High fasting glucose or medication use Table 5. Prevalencia de los factores de riesgo individual para el síndrome metabólico en adultos de 20 años o más (USA, 2003–2006, Ervin, 2009) * Indicates a relative standard error of 30% or more. These estimates are considered highly unreliable and are not shown (7,10). ** Indicates a relative standard error greater than 20% but less than 30%. These estimates may be unreliable and should be interpreted with caution (7,10). Abdominal obesity Hypertriglyceri demia Low HDL cholesterol High blood pressure1 or medication use
41 Las células adiposas del tejido adiposo subcutáneo tienen propiedades bioquímicas diferentes de las células adiposas de la grasa visceral. Las células de la grasa visceral son más resistentes a la supresión de la lipólisis por insulina, más sensibles a la acción lipolítica de las catecolaminas, producen menos leptina y más TNFα. Por lo que la grasa visceral contribuye a la inflamación que suele acompañar al síndrome metabólico. El exceso de grasa visceral se puede asociar a niveles normales de colesterol LDL, pero las partículas LDL son más densas y de menor tamaño con apoB aumentada, lo que aumenta el riesgo cardiovascular unas seis veces (Despres et al. 2001). En consecuencia, en los obesos, una mayor circunferencia abdominal se asocia a peor perfil lipídico (aumento de triglicéridos y disminución de colesterol HDL) (Flodmark et al. 1994; Freedman et al. 1999; Tresaco et al. 2009). Si el colesterol LDL está aumentado en un niño existe riesgo de que cuando sea adulto su LDL también esté aumentado (Lauer et al. 1988). La resistencia a la insulina constituye el componente cardinal del síndrome metabólico. La resistencia a la insulina se caracteriza por una menor respuesta biológica a la insulina por parte de los músculos esqueléticos, el tejido adiposo y el hígado (menor capacidad de la insulina para bloquear la gluconeogénesis). La medición de la prevalencia de la resistencia a la insulina en niños y adolescentes es compleja ya que depende de los criterios utilizados para establecer los puntos de corte de HOMA-IR (el HOMA-IR es un índice de resistencia a la insulina) a partir de los cuales se considera que un niño tiene resistencia a la insulina. No obstante, se estima que entre un 45 y un 80% de los niños obesos tienen resistencia a la insulina y entre un 10 y un 60% de los niños con sobrepeso, mientras que este problema sólo afecta a entre un 2 y un 20% de los niños con peso normal (Lee et al. 2006). Los niños con síndrome metabólico tienen mayor riesgo de progresión hacia la diabetes tipo 2 (Weiss 2007; Weiss y Caprio 2006; Weiss et al. 2006), este riesgo es mucho mayor para los niños que se ubican en el decil superior de resistencia a la insulina (HOMA-IR) y de concentración basal de insulina: aproximadamente la mitad de esos niños desarrollarán diabetes tipo 2 (Nguyen et al. 2009). Además, se ha constatado que en niños la concentración basal de insulina correlaciona con la presión arterial 6 años más tarde (Taittonen et al. 1996). Mientras que la hipertensión acelera la formación de placas de arteriosclerosis (McGill et al. 1998).
42 El síndrome metabólico se asocia a hiperuricemia en niños (al igual que ocurre en adultos) (Ford et al. 2007). Está relación podría ser debida a que el aclaramiento renal de urato es inversamente proporcional a la resistencia a la insulina (Facchini et al. 1991), ya que la insulina inhibe la excreción renal de urato (Ter Maaten et al. 1997). La hiperuricemia puede tener efectos negativos en la función endotelial al contribuir a la arteriosclerosis al fijar óxido nítrico (un vasodilatador) (Nakagawa et al. 2006). También se ha descrito en niños con síndrome metabólico inflamación (Winer et al. 2006); esteatosis hepática noalcohólica, que se asocia a un aumento de la alaninoaminotransferasa (ALT), hipoadiponectinemia, hipertrigliceridemia, aumento de la grasa visceral y disminución de la sensibilidad a la insulina (Burgert et al. 2006) y microalbuminuria (índice con capacidad predictora de enfermedad cardiovascular) (ibid). La obesidad se asocia a un descenso del tono parasimpático y un posible aumento del tono simpático (Rabbia et al. 2003), posiblemente mediado por el aumento de la concentración sanguínea de ácidos grasos libres (Florian y Pawelczyk 2010). Los niños obesos tienen mayor riesgo anestésico en caso de requerir cirugía (Tait et al. 2008). La depresión y la baja autoestima son más frecuentes en niños obesos (Erermis et al. 2004; Strauss y Pollack 2003). Además, la obesidad en la adolescencia se ha asociado con un aumento de riesgo relativo de muerte por cualquier causa de (riesgo relativo de 1.8) y del riesgo de muerte por enfermedad coronaria (riesgo relativo de 2.3) (Must et al. 1992). Frente a esta situación un estudio transversal con 1732 niños seleccionados al azar de 9 y 15 años de edad de Dinamarca, Estonia y Portugal determinó el riesgo cardiovascular (+1SD) usando un factor combinado de riesgo cardiovascular calculado en función de la presión arterial sistólica, los triglicéridos, el cociente colesterol total/HDL, la resistencia a la insulina (HOMA), la suma de cuatro pliegues cutáneos y la condición física aeróbica (potencia máxima en un test incremental hasta el agotamiento en cicloergómetro). El riesgo relativo de padecer un desorden metabólico fue de 3.3, 3.1, 2.5 y 2.0 para los quintiles de actividad física (medidos mediante acelerometría), comparados con el quintil con mayor actividad física (figura 9). Es decir, este estudio indica que el riesgo cardiovascular en los niños y adolescentes disminuye con la acumulación de actividad física. Estos resultados llevaron a los autores a recomendar para todos los niños al menos una hora diaria de actividad física de intensidad al menos moderada (Andersen et al., 2006).
49 cardiovascular y mortalidad (Blair et al. 2001; Fogelholm 2010; Laukkanen et al. 2001). La obesidad, que es un componente morfológico de la condición física, se ha asociado a un riesgo cardiovascular y diabetes tipo 2 aumentados (WHO 1998). No obstante, cuando los adultos obesos poseen un buen nivel de condición física cardiorrespiratoria su riesgo cardiovascular es menor que aquellos con peso normal y bajo nivel de condición física cardiorrespiratoria (Fogelholm 2010). Los principales riesgos de la obesidad se han asociado a la distribución abdominal de grasa más que al total (Welborn y Dhaliwal 2007). 2.2.2.2. Relaciones entre la actividad física, la condición física y la salud en niños y jóvenes. Se ha criticado la creencia de que la condición física de los niños es el resultado de la actividad física que hacen, de modo que los niños con mejor condición física son activos y los de peor condición física serían menos activos o inactivos. En los adultos esta relación es más consistente, pero en los niños parece ser más débil (Armstrong y Welsman 1997; Dencker et al. 2006; Hansen et al. 2005; Thomas et al. 2003; Welsman y Armstrong 1992). En algunos estudios longitudinales y de intervención, la condición física cardiorrespiratoria no se ha mostrado vinculado con la actividad física (Kemper y Koppes 2002; MartinezVizcaino y Sanchez-Lopez 2008). Podrían surgir problemas si las puntuaciones de los test de los jóvenes se usaran por ejemplo para prescribir actividad física. Un niño activo que puntúe mal en los test de condición física puede resultar desmotivado y frenar su actividad, mientras que un niño inactivo que puntúe bien puede llevar a la conclusión que todo está bien, cuando no es así (Cale et al. 2007). Hay muchas razones para pensar que los test de condición física durante la niñez y adolescencia son por naturaleza inestables (Rarick y Smoll 1967). La debilidad de las relaciones condición física-actividad física en niños y jóvenes es debida a la dificultad de medir la actividad física en niños, incluso con métodos objetivos como acelerómetros, al nivel de motivación en los test, a la variabilidad de los test de campo, a la heterogeneidad de las muestras y a otras variables de confusión (Malina 2001; Malina y Katzmarzyk 2006; Martinez-Vizcaino y Sanchez-Lopez 2008). Mucho más clara parece la asociación entre la condición física y la salud en dichos colectivos.
50 Diversos estudios con niños y jóvenes han mostrado que la condición física, en sus dimensiones de resistencia, fuerza y velocidad, tiene una buena potencia predictiva sobre diversos indicadores de salud ósea, metabólica y cardiovascular, a corto o medio plazo (Andersen et al. 2008; Ewart et al. 1998; Friedlander et al. 1995; Garcia-Artero et al. 2007; Gutin et al. 2005; Ortega et al. 2008). Si la condición física mejora, igualmente la salud, pero necesita mantenerse para no perder las ganancias, por lo que las relaciones a largo plazo entre la condición física y la salud tienden a perderse. Aparte de la condición física, la actividad física de intensidad moderada a vigorosa (superior a 3.5 METs) en cantidad suficiente (al menos 60 min. diarios) se ha mostrado asociada a diversos resultados de salud cardiovascular, ósea y metabólica (Andersen et al. 2006; Blair et al. 2001; Blair y Church 2004; Dwyer et al. 1983; Harrell et al. 1996; Hasselstrom et al. 2002; Hurtig-Wennlof et al. 2007; Timperio et al. 2004; Trudeau et al. 1999). Ambos, condición física y actividad física, tienen efectos positivos en la salud, en el caso de la actividad física el punto crítico reside en su intensidad y cantidad. A largo plazo, la condición física se ha mostrado un mejor predictor de salud que la actividad física (Hasselstrom et al. 2002; Twisk et al. 2002), sugiriendo prestar más atención a la intensidad del ejercicio en el presente que a la cantidad de energía consumida a lo largo del día. Hay un amplio reconocimiento de que la dificultad de alcanzar resultados más consistentes en las relaciones condición física−actividad física−salud en niños y jóvenes son en parte debidas a las limitaciones de las medidas de actividad física y a otros factores confusores que pueden enmascarar los resultados en la investigación (Martinez Vizcaino et al. 2008). La diversidad de enfoques y medidas explican resultados mezclados. La adiposidad, por ejemplo, podría interferir en la relación de la condición física cardiorrespiratorio con la salud cardiovascular y metabólica. Los niños obesos parecen necesitar dosis diferentes de actividad física que los niños normales para alcanzar resultados de salud (Gutin et al. 2008). Por otra parte, la genética ha sido sugerida como un factor con mayor peso que la actividad física para explicar los cambios de la condición física cardiorrespiratoria a largo plazo, en la edad adulta, tras un seguimiento de 23 años (Kemper y Koppes 2002). El conjunto de la investigación sugiere que ambos, condición física y actividad física, son positivos a corto y medio plazo para la salud de niños y
51 jóvenes, con efectos diferenciados sobre algunas dimensiones de la salud que se siguen discutiendo. Al largo plazo, los efectos de la condición física y la actividad física en la salud, son más discutidos. Se sabe que en el caso de intervenciones en las escuelas, las mejoras del programa de intervención tendían a perderse en los periodos no lectivos y en vacaciones (Gutin et al. 2008). 2.2.2.3. Estudios de intervención con actividad física para prevenir la obesidad y la salud en jóvenes. Los estudios de intervención suponen la mejor evidencia para indagar en las relaciones entre la actividad física y la condición física con la obesidad y otros marcadores de salud. En el año 2005, Carolyn Summerbell publicó una revisión bibliográfica de los estudios de intervención con actividad física para prevenir la obesidad en niños-jóvenes en la prestigiosa revista Cochrane Database Systematic Reviews (Summerbell et al. 2005). De los 22 estudios incluidos en el análisis de ensayos clínicos para prevenir la obesidad en niños, 10 eran estudios a largo plazo (entre 12 meses y 3 años) y 12 eran estudios a corto plazo entre (12 semanas y 1 año). Diecinueve estudios se llevaron a cabo en el ámbito escolar o pre-escolar, uno fue una intervención comunitaria dirigida a familias con bajo poder adquisitivo y dos fueron intervenciones dirigidas a familias con niños no obesos de padres con sobrepeso u obesidad. De los estudios a largo plazo, 6 de ellos combinaron educación nutricional (consejos dietéticos) con actividad física, de los cuales 5 no encontraron efectos sobre el IMC y uno encontró una mejora en las niñas, pero no en los niños. Dos estudios se centraron únicamente en la actividad física. De ellos, uno empleó una solución multinivel que resultó eficaz en la prevención de la obesidad. Otros 2 estudios a largo plazo se centraron únicamente en la educación nutricional sin resultados positivos. De los 12 estudios realizados a corto plazo, 4 de ellos se centraron en intervenciones orientadas a incrementar la actividad física, de los que 2 resultaron en una ligera disminución del IMC. Los otros ocho estudios combinaron consejo dietético y aumento de actividad física sin efectos significativos en el IMC. A pesar de estos resultados desalentadores, la mayoría de los estudios de intervención consiguieron los objetivos de aumentar la actividad física y modificar la dieta, aunque mayoritariamente con nulo o escaso efecto sobre el IMC.
52 ¿Significa esto que la las intervenciones basadas en consejo dietético y actividad física deben abandonarse por ineficaces? No puede concluirse así. Como se explica mas adelante, es posible tener éxito en la prevención y tratamiento del sobrepeso y la obesidad con una intervención, pero evidentemente tiene que ser una intervención diferente. Una visión negativa frente a los programas de intervención para tratar la obesidad en niños fue también sostenida por la agencia estadounidense (US Preventive Services Task Force) en sus recomendaciones de 2005. Sin embargo, en las recomendaciones más recientes reconocen que un programa de intervención que incluya consejo dietético y conductual y actividad física puede resultar eficaz para reducir el IMC en niños obesos (ver, http://www.ahcpr.gov/clinic/uspstfix.htm). En efecto, en 2008 se publicó el primer estudio randomizado de 4 años de duración con resultados positivos en niños de entre 9.9 y 13.8 años al inicio del programa (Simon et al. 2008). Los niños que participaron en el programa de intervención incrementaron menos su adiposidad y mejoraron su colesterol HDL comparados con los del grupo control. El programa de intervención se planteó con un enfoque multinivel con la intención de: 1) cambiar las actitudes negativas hacia la actividad física, 2) promover el soporte social por parte de padres y educadores, 3) proporcionar condiciones ambientales e institucionales que animen a los adolescentes a la practica de actividad física. El programa incluyó un componente educativo centrado en la actividad física y las conductas sedentarias. Se ofreció a los niños nuevas oportunidades de actividad física a la hora de la comida (mediodía), en los recreos y al terminar el horario lectivo. Las actividades, ya fueran académicas o menos formales, fueron organizadas por educadores físicos evitando cualquier restricción competitiva, es decir, se facilitó la participación de todos los niños, ayudando a los menos competentes para que adquirieran el nivel suficiente y poder así disfrutar de las actividades físicas. Asimismo organizaron eventos deportivos y promocionaron el desplazamiento activo a la escuela (en bicicleta). Como resultado de la intervención los participantes del grupo de intervención realizaron 66 minutos más de actividad física supervisada en el tiempo de ocio. La intervención disminuyó la incidencia (es decir, nuevos casos de sobrepeso de niños que antes no tenían sobrepeso) en un 50% a los cuatro años. Sin embargo, los niños que tenían sobrepeso al inicio del programa no mostraron
53 una evolución diferente de la adiposidad a la observada en el grupo control al final del programa de intervención, pero sí mostraron mejoras del colesterol HDL. Martínez Vizcaíno y col. (2008) llevaron a cabo un programa de intervención de 24 semanas en niños de 9.4 años, basado en tres sesiones de actividad física extraescolar de 90 min. distribuidos en 15 min. de ejercicios de estiramiento, 60 min. de ejercicios aeróbicos y 15 min. de ejercicios de fuerza. La actividad generada por el programa fue evaluada con acelerómetros en 75 niños elegidos al azar, que alcanzaron una media de 1345 cuentas por minuto (c.p.m.) durante los 90 minutos de la sesión frente a una media de 527 c.p.m. a la misma hora del día en un día sin sesión de ejercicio. La intervención no tuvo efectos sobre el IMC, pero produjo un descenso del pliegue adiposo cutáneo tricipital (1.1 a 1.4 mm), un descenso de la apolipoproteína B y un aumento de la apolipoproteína A. No observaron efectos en colesterol total, triglicéridos y presión arterial, con la excepción de la presión arterial diastólica que aumento 1.4 mmH en los niños (varones) del grupo de intervención. Además, en el subgrupo de niños con un IMC entre el percentil 25 y 75 el programa de intervención redujo significativamente el porcentaje de grasa corporal de 23.2 a 22.7%. Cambios similares se observaron en los niños con IMC superior al percentil 75. Con un enfoque similar al anterior, Reed y col. (Reed et al. 2008) efectuaron un estudio de intervención durante un curso escolar, en el que aparte de actividades de promoción de la actividad física incluyeron en su programa de intervención 15 min. de ejercicio obligatorio, aunque no se explica bien qué tipo e intensidad de ejercicio efectuaron los niños. El programa de intervención consiguió mejorar el rendimiento en el test de Luc Léger (Course Navette de 20 m), sin efectos significativos en IMC ni en el perfil lipídico. La principal diferencia entre el estudio de Martínez-Vizcaíno y el estudio de Reed está en la cantidad total de ejercicio y el grado de control del programa, mucho mayor en el estudio de Martínez-Vizcaíno, que sí fue eficaz para disminuir la adiposidad. De hecho, un estudio reciente ha comprobado que existe una relación directa entre el número de minutos semanales de actividad física moderada o intensa (intensidad media estimada en el estudio de 3.4 METs) y el cambio producido en el IMC en los estudios de intervención (Donnelly et al. 2009).
54 Tal y como se puede apreciar en la figura 12, los niños que efectuaron más minutos semanales de actividad física moderada o intensa incrementaron menos su IMC a lo largo de los tres años que duro el estudio de intervención. Además, los niños del grupo de intervención mejoraron más su rendimiento académico que los niños del grupo control (ibid). Los estudios de cohorte proporcionan una evidencia menos sólida que la proporcionada por los ensayos clínicos randomizados. Entre estos estudios tiene especial interés el estudio de cohorte de Wardle y col. (Wardle et al. 2007) que se extendió durante 5 años. Estos investigadores estudiaron a niños de 11 y 12 años al inicio del seguimiento, pertenecientes a 34 escuelas de secundaria de Londres, de las cuales 25 de ellas tenían una sesión de educación física, 7 dos sesiones y 2 tres sesiones. No se observaron efectos en el IMC atribuibles a la frecuencia semanal de las clases de educación física. No obstante, tras 5 años, los varones de las escuelas con 3 clases de educación física semanal redujeron 4.5 cm. el perímetro abdominal en comparación a las escuelas con sólo 1 sesión semanal. Este efecto no alcanzó significación estadística. Figura 12 . Relación entre el cambio en el índice de masa corporal y el número de minutos dedicados cada semana a actividad física moderada o intensa (Donnelly et al. 2009)
55 En general, los estudios de intervención en los que sólo se ha incidido en la modificación de conducta, el soporte social y aspectos educativos acerca de la conveniencia de realizar actividad física y de las características de la alimentación sana han fracasado en conseguir prevenir el incremento de la adiposidad. No obstante, sí han mostrado cierto éxito en conseguir modificar los patrones alimentarios, en mejorar el conocimiento de los niños y padres, y mejorar las actitudes hacia el ejercicio. Estos programas de intervención han conseguido disminuir el número de horas de televisión y aumentar el tiempo dedicado a actividades físicas (Flynn et al. 2006; Verstraete et al. 2007). Las intervenciones que han utilizado programas de ejercicio de intensidad moderada o vigorosa, con un mínimo de 3 veces por semana (añadida a la que se hace diariamente) han mostrado efectos beneficiosos sobre la adiposidad (Connelly et al. 2007; Gutin et al. 2008). Cada vez hay más evidencia a favor de la intensidad del ejercicio como principal variable determinante del éxito de los programas de intervención (Connelly et al. 2007; Gutin et al. 2008). Los niños que realizan cada día al menos una hora de actividad física vigorosa tienen mejor composición corporal (más masa ósea y más masa muscular), mejor condición física y un porcentaje de grasa mucho menor que los niños que no realizan actividad física vigorosa, a pesar de que los niños que realizan 1 hora de actividad física vigorosa consumen a diario más calorías (figura 13). Figura 13. Porcentaje de grasa corporal medido mediante DXA en 661 adolescentes en relación al tiempo dedicado a actividades vigorosas. (Mitin et al., 2004)
56 La importancia de la actividad física vigorosa ha sido constatada en un estudio de intervención en el que sometieron a niñas de 8 a 11 años de raza negra (una minoría con elevado riesgo de desarrollar sobrepeso y obesidad en Estados Unidos) a un programa de actividad física vigorosa de 80 min./día, 5 días por semana, durante 10 meses. La actividad física se incorporó como actividad extraescolar, por la tarde, al final de la jornada lectiva. Encontraron efectos positivos sobre el porcentaje de grasa corporal, IMC, grasa visceral, densidad mineral ósea y condición física aeróbica (Barbeau et al. 2007). Los niños del grupo de intervención que mantuvieron las frecuencias cardíacas más elevadas durante las sesiones de ejercicio y que más participaron (o sea los que menos días de ejercicio perdieron) mostraron los mayores decrementos de porcentaje de grasa corporal y los mayores incrementos de densidad mineral ósea (Barbeau et al. 2007) Tal y como puede apreciarse en la figura 14, los cambios en la densidad mineral ósea, el porcentaje de grasa corporal y el IMC dependieron del número de sesiones a las que efectivamente acudieron las niñas (Barbeau et al. 2007). El impacto que tiene en los efectos del programa de intervención el volumen semanal fue verificado por estos mismos autores en un estudio de intervención posterior de tres años de duración (aunque publicado antes) (Yin et al. 2005a; Yin et al. 2005b). No obstante, los autores observaron que durante los veranos los participantes del grupo experimental recuperaban la grasa perdida y perdían la ventaja en condición física sobre el grupo control (Gutin et al., 2008). Este último resultado demuestra la importancia que tiene mantener los niveles de actividad física en los periodos de vacaciones. Incluso se ha demostrado que es posible disminuir la grasa corporal en adolescentes (16 años) en 5 semanas al someter a un programa de ejercicio en un campamento de verano que incluía de 120 a 150 min. diarios de actividad vigorosa (Eliakim et al. 2000). Sin embargo, no se observaron efectos en los lípidos plasmáticos, que posiblemente requieren de una intervención más larga para producirse. No obstante, hay que tener presente que si uno de los progenitores es obeso o bien si el IMC al inicio de la intervención es elevado, las posibilidades de éxito de la intervención son menores (Eliakim et al. 2004).
57 Figura 14. Cambios en la densidad mineral ósea (A), porcentaje de grase coporal (B) e IMC (C) teniendo en cuenta el porcentaje de participación en el programa experimental. El estudio se realizó con niñas de raza negra de 8 a 11 año, que siguieron un programa de AF vigorosa de 80 minutos por día, 5 dias por semana, a lo largo de 10 meses. Los efectos son mas claros en las niñas con una participación superior al 80% (equivalente a 4 clases por semana) (Barbeau et al., 2004)
58 OBJETIVOS E HIPÓTESIS (3)
65 en marcha de forma automática cuando el participante cruzaba la primera célula, y de ahí en adelante tomaba los tiempos cada 5-m. Se motivó a los participantes (así en todos) para que corrieran lo más rápidamente posible, tomándose como valor representativo de la prueba el mejor de tres intentos separados por al menos 1 minuto de descanso. 4.5.2. Capacidad anaeróbica. Para estimar la capacidad anaeróbica se utilizó un test de carrera de 300-m (Vicente-Rodriguez et al. 2003). Este test fue elegido debido a que la capacidad anaeróbica es el principal determinante del rendimiento en esfuerzos máximos que llevan al agotamiento entre 30 y 60 s (Calbet et al. 2003; Calbet et al. 1997). El test se realizó en una pista de atletismo de 400-m y se midieron los tiempos mediante un cronómetro. A todos los sujetos se les pidió que corrieran los 300-m tan rápido como pudieran y los test fueron efectuados individualmente, realizándose un sólo intento. 4.5.3. Potencia aeróbica máxima. Para estimar el consumo máximo de oxígeno (VO2 max) se utilizó el test máximo de carrera de ida y vuelta de 20-m descrito por Leger y col (1988). Se requería que los participantes corrieran entre dos líneas separadas por 20-m, estando en cada línea en el momento en que sonaba un pitido emitido por una cinta magnetofónica. La frecuencia de las señales sonoras se incrementaba de tal forma que la velocidad de carrera que comenzaba a 8.5 Km•h-1 aumentaba en 0.5 Km•h-1 cada minuto. El tiempo (segundos) que los participantes eran capaces de correr se registró para calcular el VO2 max. Este test ha mostrado una gran validez y reproducibilidad para la predicción del VO2 max (Leger et al. 1988). 4.5.4. Capacidad de salto y fuerza isométrica máxima de las extremidades inferiores. Las fuerzas generadas durante el salto vertical se midieron mediante una plataforma de fuerza (Kistler, Winterthur, Switzerland). Cada participante realizó dos tipos diferentes de salto vertical máximo en los que se eliminó la contribución de los brazos. Adicionalmente se evaluó la fuerza isométrica máxima en posición de semisentadilla.
66 • Squat jump (SJ) en el que hay que saltar desde una posición de salida con las piernas flexionadas por la rodilla a 90º y en el que no se puede realizar contramovimiento previo. Para verificar la flexión de rodilla a 90º antes de realizar el SJ se usó un goniómetro digital (Lafayette Instrument Company, Lafayette, IN). • Salto con contramovimiento (CMJ) en el que se parte de la posición de pie y se realiza un contramovimiento flexionando rápidamente las rodillas hasta unos 90º para conseguir impulso previo. A partir de los datos recogidos con la plataforma de fuerza se determinó la altura de vuelo (AV), en el mejor de tres intentos tanto en el SJ como en el CMJ . • La fuerza isométrica máxima neta (FIMax) desarrollada durante la extensión de piernas en posición de sentadilla a 90º también se midió con la misma plataforma de fuerza, siguiendo el protocolo descrito por Calbet y colaboradores (Calbet et al. 1998). Brevemente, a cada participante se le animó para que realizara la mayor fuerza posible, intentando mantenerla durante 5 segundos. Se guardaron los datos del mejor de tres intentos que se realizaron con al menos 5 minutos de recuperación entre ellos. 4.6. Antropometría y composición corporal. 4.6.1. Antropometría. La talla (cm), el peso corporal (kg), el índice de masa corporal (IMC), así como los 9 pliegues cutáneos (tricipital, subescapular, bicipital, pectoral, cresta ilíaca, supraespinal, abdominal, anterior del muslo y pierna), 11 circunferencias (brazo relajado en extensión, brazo contraído en flexión, antebrazo en extensión, muñeca, tórax, cintura, glúteo, superior del muslo, medial del muslo, pantorrilla y tobillo) y 2 diámetros óseos (ancho del húmero y del fémur) fueron medidos según el Advanced O-Scale Physique Assessment System (Ward et al. 1989) El índice de cintura-cadera se calculó usando la fórmula circunferencia de la cintura (cm) : circunferencia de la cadera (cm).
67 4.6.2. Composición corporal. El porcentaje de grasa se determinó mediante absorciometría fotónica dual de rayos X (DXA) (QDR-1500, Hologic Corp., Software versión 7.10, Waltham, MA). El equipo DXA se calibró utilizando un fantoma de espina lumbar y siguiendo las recomendaciones de Hologic. Los participantes fueron escaneados en la posición de tumbados boca arriba y operando el escáner en la mayor resolución. A partir del análisis de cuerpo entero se calculó el porcentaje de grasa en el tronco y en el cuerpo entero (Ara et al. 2006; Vicente-Rodriguez 2006). A partir del análisis regional y de cuerpo entero se calculó la masa magra (g), la masa grasa (g), el área ósea total (cm2) y el BMC (g). El BMD y la masa magra se calcularon siguiendo las formulas: También se realizó un análisis regional de la composición corporal (Calbet et al. 2001). La masa magra de las piernas se asumió equivalente a la masa muscular. Dos análisis adicionales se realizaron para estimar la masa ósea a nivel lumbar y de la parte superior del fémur izquierdo. Este análisis permite presentar los valores de contenido y densidad mineral ósea del cuello del fémur, el trocánter mayor, la zona intertrocanteriana y el triángulo de Ward, siguiendo las recomendaciones del fabricante. La mayor ventaja de ésta técnica de análisis de la composición corporal reside en su validez y fiabilidad (Haarbo et al. 1991; Mazess et al. 1990; Van Loan y Mayclin 1992). Además, se considera que es la técnica más adecuada, debido al tiempo tan corto de escaneado que necesita y a la baja irradiación, que es inferior, por ejemplo, a la radiación soportada en un viaje en avión de Las Palmas a Madrid (Lewis et al. 2001). 4.7. Análisis de datos. Los datos fueron analizados con la versión 15.0 del programa estadístico Statistical Package for Social Science (SPSS Inc., Chicago, IL, USA). Todas las Masa magra = masa corporal – (masa grasa + masa ósea) B MD = BMC x área - 1
68 variables fueron testadas para comprobar su ajuste a una distribución normal con el test de Shapiro-Wilks, asumiendo un ajuste adecuado cuando p > 0.05. Algunas variables no resultaron ajustadas a la normalidad, concretamente: edad, circunferencia de cintura y cadera, tiempo en 30 y 300 metros, gasto energético (GE) de caminar, GE moderado, GE vigoroso y GE total. Estas variables fueron transformadas en su logaritmo para el análisis estadístico. La tabla 6 presenta las características de los participantes en el estudio en relación a las principales variables de esta tesis. Para analizar las correlaciones entre el GE estimado mediante el IPAQ, con la condición física, antropometría y composición corporal se usó el test de correlación de Pearson, asumiendo diferencias significativas cuando p < 0.05. Se N Edad 182 31.2 7.1 * Gasto energético Caminar (METs/hora) 182 21.2 32.2 * Moderado (METs/hora) 182 14.8 15.6 * Vigoroso (METs/hora) 182 8.3 16.9 * Total (METs/hora) 182 44.3 43.2 * Antropometría IMC (kg/m2) 182 25.6 3.2 Circunferencia torax (cm) 182 100.4 7.7 Circunferencia cintura (cm) 182 89.2 8.8 * Circunferencia cadera (cm) 182 98.6 6.5 * Composición corporal % grasa total 182 20.5 7.3 * % grasa del tronco 182 20.2 9.5 * Fitness VO2máx 182 45.9 7.9 300 mts. (seg.) 182 50.9 7.8 * 30 mts. (seg) 182 4.6 0.3 * Fuerza isometrica max. (kg.) 182 106.0 22.0 Altura salto sin contramov. (cms) 182 28.6 5.1 Altura salto con contramov. (cms.) 182 32.3 6.2 * p < 0.05 en el test de Shapiro-Wilk; SD = Desviación Estandar Media ± SD Tabla 6. Características de la muestra
69 realizaron análisis de correlación simple (bivariados) y parciales (covariados, ajustando por la edad y porcentaje de grasa total). La potencia estadística para los análisis de correlación estuvieron por encima de 0.8 (para r< 0.20) en todos los análisis excepto para el GE vigoroso. La potencia estadística para el GE vigoroso fue de 0.8 para un valor de r = 0.32. Para analizar las diferencias entre las 4 categorías del nivel de actividad física (ligera, moderada, vigorosa y total) con la condición física, antropometría y composición corporal se empleó el análisis de la varianza (ANOVA). Las medias y desviaciones estándar (SD) fueron usadas como estadística descriptiva. Las diferencias entre las categorías de actividad física se analizaron con el test posthoc de Bonferroni. Adicionalmente, para explicar el rol de principales confusores (edad y porcentaje de grasa) en las relaciones del nivel de AF con la condición física, se llevó a cabo un análisis de la covarianza (ANCOVA). Para analizar la potencia predictiva de la actividad física en la condición física, teniendo en cuenta la edad, la adiposidad y el tipo de actividad física, se realizó un análisis de regresión múltiple por pasos sucesivos. Este análisis permite cuantificar qué variables de antropometría, composición corporal y tipos de actividad física (p.e., vigorosa) tiene mayor valor predictivo para la condición física y sus diversos componentes (condición física muscular y cardiorrespiratoria).
70 RESULTADOS (5)
71 En este apartado se resumen los resultados más relevantes. La descripción detallada se encuentra en el artículo anexo que se adjunta a la tesis. 5.1. Gasto energético estimado vs. antropometría y composición corporal. Se observó una relación inversa de la antropometría (IMC, circunferencias de cintura y cadera) y de composición corporal (% grasa total, % grasa del tronco) con el GE moderado con valores entre – 0.21 a – 0.29 (p < 0.05). El GE vigoroso correlacionó de manera similar con los indicadores antropométricos y algo más acusadamente con la composición corporal (r = – 0.37, p < 0.05). Por otra parte, el GE total no resultó asociado a la antropometría y composición corporal, mientras que el GE de caminar correlacionó con la composición corporal (r = 0.28, p < 0.05) y con una variable antropométrica, el ratio cintura/cadera (r= 0.28, p < 0.05). 5.2. Gasto energético estimado vs. condición física cardiorrespiratoria. El VO2 max resultó asociado positivamente al GE moderado y al GE vigoroso (r = 0.26 y r = 0.27 respectivamente, p < 0.05). El GE de caminar resultó asociado inversamente (r = – 0.31). Cuando los análisis fueron ajustados por la edad, las asociaciones entre la condición física y el GE estimado solo se expresaron significativas para el VO2 max con el GE vigoroso (r= 0.31, p < 0.05) y con el GE de caminar (r= – 0.25, p < 0.05). Cuando se sumó el % de grasa total en los análisis, se perdieron las asociaciones encontradas, excepto para el GE de caminar (r= – 0.40, p < 0.05). Finalmente, cuando se sumaron ambas, edad y % de grasa, como variables de control en las correlaciones parciales, ninguna asociación cruda entre la condición física y el GE estimado se mantuvo significativa. Como quiera que el % grasa y la edad presentaron un rol de confusión en las relaciones entre la condición física cardiorrespiratoria (VO2 max estimado) y el GE moderado y vigoroso, se ensayaron varios modelos de regresión lineal para predecir cuál de estas variables contribuía más en dicha relación. En un modelo donde se introdujeron por pasos sucesivos las variables de GE estimado para
72 predecir el VO2 max se obtuvo como resultado que el GE vigoroso y el GE de caminar predecían el VO2 max, mientras que el GE moderado fue excluido del modelo. VO2 max= 51.5 – (0.79 x log GE caminar) + (6.5 x Log GE vigoroso) R 2 = 0.34, p < 0.01. El % de grasa total (r = – 0.73, p < 0.05) predijo mejor que el GE estimado el VO2 max en un modelo sin ajustar (figura 15). Cuando se introdujo la edad en el modelo la correlación cayó a r = – 0.63 (p < 0.05) y se mantuvo en este valor cuando se añadió el GE moderado y el GE vigoroso. Así, el VO2 max se mostró asociado más intensamente al % de grasa corporal que la actividad física evaluada por el IPAQ (gasto energético estimado) Finalmente, en un modelo de regresión lineal por pasos sucesivos para predecir la condición física cardiorrespiratoria combinando las siguientes variables: LogGE caminar, LogGE moderado, LogGE vigoroso, LogGE total, Log % grasa y Log edad los resultados mostraron que el % grasa explicó un 62% de la varianza en el VO2 max mientras que la edad explicó un 10% adicional. El GE no mejoró la potencia predicativa del modelo: Figura 15. Asociación entre el VO2 max y el logaritmo del % de grasa (sin ajustar) (Serrano et al., 2010)
73 VO2 max= 129.6 – (25.1 x log % grasa) – (34.0 x Log edad) R 2 = 0.72, p < 0.05. 5.3. Gasto energético estimado vs. condición física muscular. No se encontraron asociaciones entre las variables relacionadas con la condición física muscular (fuerza isométrica máxima, capacidad de salto, velocidad en 30 y 300 mts.) y las variables de GE derivadas del IPAQ. 5.4. Nivel de actividad física vs. condición física, antropometría y composición corporal. Las diferencias de condición física en los tres niveles de actividad física, fueron ajustados por la edad y el % de grasa corporal. Tras los ajustes, se encontraron diferencias significativas para el VO2 max en el grupo de baja actividad física comparado con el moderado y el alto. No se apreciaron diferencias en la condición física muscular entre los 3 grupos de actividad física. Al igual que la condición física cardiorrespiratoria, se observaron diferencias antropométricas significativas en el grupo de baja actividad física respecto al moderado y el alto, en relación a la circunferencia de cintura y cadera, que fueron superiores en el grupo de bajo nivel de actividad física. En el IMC no se observaron diferencias entre los tres niveles de actividad física. Con relación a la composición corporal y de modo similar a la condición física y antropometría, las diferencias se observaron en el grupo de bajo nivel de actividad física respecto a los dos grupos superiores en relación al % de grasa corporal y al % grasa en el tronco, que fueron significativamente más altos en el grupo con bajo nivel de actividad física.
74 DISCUSIÓN (6)
81 Las principales conclusiones de este estudio son: 1. La adiposidad corporal es el factor que mejor explica la variabilidad del consumo máximo de oxígeno en adultos saludables, antes que la cantidad y tipo de actividad física que se hace o la edad que se tiene, con un grado de explicabilidad superior al 50%. 2. El gasto energético en actividades físicas moderadas y vigorosas, evaluado con la version corta del IPAQ, está asociado inversa y moderadamente con diversos indicadores de adiposidad corporal (% de grasa corporal, índice abdomen/cadera y circunferencia del abdomen). 3. El gasto energético de caminar se relaciona positivamente con la adiposidad (% grasa, índice abdomen/cadera y circunferencia del abdomen); pero esto no implica que caminar promueva la obesidad y es plausible que sea una actividad física “refugio” de quienes tienen escasa condición física o niveles elevados de adiposidad. Futuros estudios podrían examinar esta cuestión para direccionar adecuadamente dicha relación. 4. La condición física muscular (fuerza máxima, capacidad de salto, capacidad anaeróbica, velocidad) no guarda relación con ninguna de las dimensiones del gasto energético, sea caminar, moderado o vigoroso, ni tampoco con las categorías de actividad física evaluadas a través de la version corta del IPAQ. 5. La condición física cardiorrespiratoria y la adiposidad guardan relación con las categorías de actividad física derivadas del IPAQ, pero esta relación solo se observa al comparar el grupo insuficientemente activos vs. suficientemente activos. Así, la versión corta del IPAQ es sensible para discriminar diferencias de composición corporal, antropometría y capacidad cardiorrespiratorio en el nivel de las recomendaciones públicas de actividad física, pero no entre el nivel superior vs. intermedio, en línea con la teoría de una relación curvilínea entre la actividad física y los beneficios de salud.
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102 MANUSCRITO (9)
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