Tabaco e escravos nos impérios ibéricos
Abstract
Este libro es el trabajo de varios investigadores internacionales. Trata de poner sobre los elementos básicos del Sistema Ibérico Atlántico, entre los siglos XVII-XIX: por un lado, los monopolios de tabaco integrados en la realidad imperial, y por otro, el papel desempeñado por trueque de esclavos.
Full text
CENTRO DE HISTÓRIA D'AQUÉM E D'ALÉM-MAR FACULDADE DE CIÊNCIAS SOCIAIS E HUMANAS UNIVERSIDADE NOVA DE LISBOA UNIVERSIDADE DOS AÇORES E&D Estudos & Documentos
TABACO E ESCRAVOS NOS IMPÉRIOS IBÉRICOS
TABACO E ESCRAVOS NOS IMPÉRIOS IBÉRICOS Organização de Santiago de Luxán João de Figueirôa ‑Rêgo & Vicent Sanz Rozalén LISBOA 2015
FICHA TÉCNICA Título TABACO E ESCRAVOS NOS IMPÉRIOS IBÉRICOS Coordenadores Santiago de Luxán, João de Figueirôa ‑rêgo & Vicent Sanz rozaLén Edição centro de HiStória d’aquém e d’aLém mar FacuLdade de ciênciaS SociaiS e HumanaS / uniVerSidade noVa de LiSboa uniVerSidade doS açoreS Director João Paulo Oliveira e Costa Sub ‑Director Luís Manuel A. V. Bernardo (Pelouro Editorial) Coordenadora Cátia Teles e Marques Editorial Capa Carla Veloso Imagem da capa [Processamento de tabaco por africanos escravizados em Santo Domingo], gravura do século xViii. Colecção ESTUDOS & DOCUMENTOS 24 Depósito Legal ISBN 978 ‑989 ‑8492 ‑34 ‑0 Data de Saída Dezembro de 2015 Tiragem 500 exemplares Execução Gráfica acd print, S.a. Rua Marquesa de Alorna, 12A | 2620 ‑271 Ramada, Odivelas Tel.: 219 345 800 – Email: [email protected] – www.acdprint.pt Apoios: Publicação subsidiada com fundos do projecto de investigação La integracion de las economias atlanticas: el papel del tabaco en los Imperios Ibericos 1636 ‑1832, HAR2012 ‑34535. O Centro de História d’Aquém e d’Além Mar da Faculdade de Ciências Sociais e Humanas da Universidade NOVA de Lisboa e da Universidade dos Açores é financiado pela Fundação para a Ciência e Tecnologia, através do projecto estratégico UID/HIS/04666/2013.
ÍNDICE Introducción Santiago de Luxán meLéndez, João de Figueirôa ‑rêgo & Vicent Sanz rozaLén .................................................................................................... El presente libro ............................................................................................................ JoSé manueL rodríguez gordiLLo, El descubrimiento y arraigo del tabaco (1492 ‑1700) .................................................................................................... Santiago de Luxán meLéndez, El marco institucional del tabaco en el Imperio Español. La especial integración de Cuba en el estanco español, 1684 ‑1727 ............................................................................................ Lía de Luxán Hernández, Diplomatic letters concerning the English asiento contract ............................................................................................................... João de Figueirôa ‑rêgo, «Escravos do fumo». Notas sobre a escravatura no contexto tabaqueiro: Bahia, Costa da Mina e Angola (séculos xVii ‑xix) .............................................................................................................. oScar bergaSa perdomo, Monopolio de tabaco y contrabando en el siglo xViii en los imperios atlánticos ............................................................................... maría de LoS reyeS Hernández Socorro y Santiago de Luxán meLéndez, Dos proyectos de construcción de una fábrica de tabaco en Lima durante el virreinato de Teodoro de Croix (1785 y 1788) ............................................. mª montSerrat gárate oJanguren, Pensamiento económico liberal versus estanco del tabaco cubano (el proceso de la abolición del monopolio en 1817) .................................................................................................. margarida Vaz do rego macHado, A luta pela introdução da cultura e industrialização do tabaco nos Açores de Oitocentos ................................................ 9 27 29 41 69 87 109 121 139 179
Vicent Sanz rozaLén, Tabaco, escravidão e campesinato na construção identitária cubana ........................................................................................................... micHaeL zeuSke, The carta de Jamaica 1815. Simón Bolívar and the fate of independencia as revolution in Spanish America ...................................................... eduardo gaLVán rodríguez, La revolución de 1868 y los desafíos jurídicos en torno a la abolición de la esclavitud en España ....................................................... WiLLiam a. morgan, Cuban tobacco slavery in the nineteenth ‑century ........................ cHarLotte a. coSner, Tobacco, slavery and race in colonial Cuba: labor in the island’s fields and factories ................................................................................... Resumos ........................................................................................................................... 193 219 233 243 271 287
A José Manuel Rodríguez Gordillo Historiador de Sevilla e do tabaco
INTRODUCCIÓN 15 los estudios del estanco del Perú14; Luján Muñoz que nos brindó un pano‑ rama introductorio sobre la creación y la primera historia de la Renta en Guatemala15; Arias Divito, Areces y Bouvet sobre Buenos Aires y Paraguay16; Santamaría sobre Cuba y Puerto Rico17; Rico Aldave sobre Costa Rica18; Díaz Hernández sobre Nueva España19 y, finalmente, Iraola sobre Buenos Aires20. El sistema atlántico del tabaco ibérico. Una nueva perspectiva A partir de 2012, se abre otra etapa en la historiografía del tabaco con la creación de un Seminario permanente de Historia del Tabaco entre univer‑ sidades españolas y portuguesas, en el seno del CHAM (Centro de História d’Aquém e d’Além‑Mar / Portuguese Centre for Global History), con el obje‑ tivo de realizar un estudio comparado del tabaco en los dos imperios ibéricos. El paraguas de sistema atlántico del tabaco21 ha impulsado nuevas investiga‑ ciones, con la perspectiva de tener en cuenta las dos orillas del Atlántico y sus influencias mutuas. Dentro de un marco general de monopolio total (España) y de mono‑ polio incompleto (Portugal), que comienza en el segundo tercio del siglo xVii ‑teniendo presente que la primera experiencia de creación de una estructura organizativa (factoría) para coordinar las compras de tabaco en Venezuela, 14 VIZCARRA, Catalina (2001): Markets and Hierarchies in Late Colonial Spanish America: The Royal Tobacco Monopoly in the Viceroyalty of Peru, 1752–1813, unpubl. PhD diss., Univer‑ sity of Illinois; C. VIZCARRA y R. SICOTTE, “El control del contrabando en el Perú colonial: el caso del monopolio del tabaco, 1752–1813”, en Carlos CONTRERAS and Manuel GLAVE (eds.), Estado y mercado en la historia del Perú, Lima, 2002, pp. 184–211; de la misma autora, “El monopolio del tabaco en Hispanoamérica colonial”, en L. ALONSO, L. GÁLVEZ, y S. LUXÁN, (eds.), op. cit., pp. 231 ‑244; de la misma autora, “Bourbon Intervention in the Peru‑ vian Tobacco Industry, 1752–1813”, in Journal Latino American Studies, 39, 2007, pp. 567–593. 15 J. LUJÁN MUÑOZ, “El Establecimiento del estanco del Tabaco”, in Mesoamérica, 41, 2001, pp. 99 ‑136. 16 J.C. ARIAS DlVITO, Siembras de tabaco en Paraguay 1772 ‑1812. Instituto Bibliográfico Antonio Zinny, Buenos Aires, 2001; N. R. ARECES, y N. E. BOUVET, Nora, “La ‘Libertad de los tabacos’ y las relaciones entre Asunción y Buenos Aires 1810 ‑1813”, en Boletín Americanista, Universitat de Barcelona, 52, 2002, pp. 57 ‑83. 17 A. SANTAMARÍA, “Reformas coloniales, economía y especialización productiva en Puerto Rico y Cuba 1760 ‑1850”, en Revista de Indias, vol. LXV, 235, 2005, pp.709 ‑728. 18 J. RICO ALDAVE, La renta del tabaco en Costa Rica (1766 ‑1860), San José de Costa Rica, Universidad Estatal a Distancia, 2014. 19 M. DÍAZ HERNÁNDEZ, “Contrabandistas tabaqueros en la región de Veracruz (1765‑ ‑1807). El sistema alternativo al estanco del tabaco”, Chronica Nova, 34, 2008, pp. 199 ‑217. 20 J. IRAOLA, “La Dirección General de Tabacos. Buenos Aires (1787 ‑1820)”, Asociación argentina de Historia Económica, Universidad Nacional de Río Cuarto, XXII Jornadas de Historia Económica, Río Cuarto (Córdoba), 2010, doc. en Pdf. 21 S. LUXÁN y M. GARATE, 2010, op. cit.
TABACO E ESCRAVOS NOS IMPÉRIOS IBÉRICOS 16 se inicia en 162022‑, hay que tener en cuenta las siguientes variables. Nos refe‑ rimos a la producción de la materia prima: la concentración del cultivo en determinadas zonas; la elección de las Antillas y Bahía como centros produc‑ tores principales; las instrucciones y política de fomento del cultivo; la utili‑ zación de mano de obra forzada o libre y, por tanto, el flujo de esclavos desde África al Nuevo Mundo a través de compañías reales o privadas23: tabaco por esclavos y esclavos por tabaco; el uso de mano de obra india forzada en Paraguay y en otras partes del territorio indiano; la estructura de las unida‑ des de explotación tabaqueras; el conflicto con la producción azucarera; sin olvidarnos de la mayor competitividad de otras economías productoras, espe‑ cialmente la Bahía de Chesapeake (Maryland y Virginia). En lo referente a la adquisición hay que tener en cuenta: el precio de compra fijado por la autoridad monopolística; las circunstancias y mercados del tabaco no adqui‑ rido por el monopolio; los tabacos no coloniales comprados por el Estanco (asientos y agentes extranjeros); la especificidad de los archipiélagos atlán‑ ticos españoles y portugueses. Si atendemos al transporte debemos fijarnos en la Carrera de Indias/navíos de guerra y/o de registro, o las dificultades del transporte terrestre. Por lo que respecta a la manufacturación se plantea la oposición entre Sevilla y La Habana; el papel menor de las fábricas portu‑ guesas; la creación de una red de factorías que en la segunda mitad del xViii se establecen por el territorio español, debilitando el predominio sevillano y anunciando, ya en el siglo xix, el nuevo parque fabril español; igualmente hay que atender al “sistema de fábricas”, implantando por las Intendencias en América. En lo concerniente a la distribución del producto hay que tener presente los precios y las circunstancias que influyen en su modificación (Estado fiscal ‑militar); los puntos de venta; o la posible existencia de un comercio regional del tabaco en América. Debemos también fijarnos en el control de los flujos tabaqueros fuera de los ámbitos monopolísticos, es decir, la reexportación desde la metrópoli o las ventas directas desde América a otros mercados. Si atendemos a la estructura organizativa y a las reglas del juego se hace necesario plantear la organización y estructura territorial; el desarrollo de la normativa; la relevancia en el funcionamiento de la Renta de la elección de los cuadros dirigentes, que deben velar por la buena actuación de sus subordinados; el funcionamiento de los agentes de la Renta (arrenda‑ 22 S. de LUXÁN, “La defensa global del imperio y la creación de los monopolios fiscales del tabaco americanos en la segunda mitad del siglo xViii” en S. de LUXÁN (dir.), 2014, op. cit., pp. 177 ‑229; J.I. MARTÍNEZ RUÍZ, “El tabaco de las Indias, las Reales hacienda y el mercado inglés en el primer tercio del siglo xVii”, en Anuario de Estudios Atlánticos, 2015, nº 61: 061 ‑003. http:// anuario ‑satlanticos.casadecolon.com/index.php/aea/article/view/9303. 23 S. de LUXÁN y L. de LUXÁN, “Las compañías reales de esclavos y la integración de cuba en el sistema atlántico del tabaco español 1696 ‑1739”, Anuario de Estudios Atlánticos, 2016, nº 62, pp. 1 ‑22.
INTRODUCCIÓN 17 dores, funcionarios, asentistas extranjeros); o la contribución de la Renta del Tabaco a la construcción territorial y administrativa del Estado. Con relación a los resultados fiscales hay que valorar la recaudación y peso de la Renta en los ingresos del Estado. Si atendemos a la regulación monopolística ínti‑ mamente relacionada con la existencia del fraude y del contrabando, hay que observar a los principales defraudadores (arrendadores, funcionarios, estamento eclesiástico); la normativa jurídica contra el fraude y el contra‑ bando y la posible medición de este último. No deja de ser importante la respuesta de los afectados ante el establecimiento del estanco del tabaco, de ahí la necesidad de analizar las experiencias de rechazo y las políticas de consenso o confrontación. Finalmente, la Renta se vio sujeta a un enorme dinamismo, que nos lleva a estar muy atentos a la interacción entre la expe‑ riencia española y lo aprendido en el funcionamiento de la primera factoría de La Habana (1698 ‑1760), cuando se establezcan los nuevos estancos ameri‑ canos durante el reinado de Carlos III. Lectura comparada de los monopolios ibéricos En sentido estricto, no podemos hablar de la existencia de modelos de monopolio económico, tal y como lo concibe la teoría económica moderna, durante el periodo que conocemos como el Antiguo Régimen. La interdepen‑ dencia entre acciones políticas de las monarquías absolutas y la práctica de las actividades económicas y comerciales distorsiona la posibilidad de obser‑ var en el desarrollo de las estructuras de mercado de esa etapa, institucio‑ nes económicas que puedan equipararse con lo que entendemos como una empresa monopolística, operando con criterios de racionalidad económica en mercados de competencia. El monopolio mercantilista fue, antes que un modelo económico, una propuesta política de control del mercado nacional, todavía incipiente, en el caso de las monarquías continentales y, por lo tanto, fue más una práctica que una concepción teórica sobre la organización de la actividad económica. Su importancia estuvo limitada a los supuestos concre‑ tos en los que se aplicó como sistema general de comercio, que fueron, por otra parte, bastante limitados por la competencia del contrabando24. En el Sistema Atlántico del tabaco Ibérico se articulan cinco realidades diferentes. La metropolitana y la de Bahía, para el caso portugués. La metro‑ politana, la de las Antillas –y de modo especial la Isla de Cuba ‑ y la del resto de las Indias, en lo que se refiere a España. 24 O. BERGASA, “¿Soñaban los Déspotas con Monopolios perfectos? Una visión a la luz de la teoría económica”, en S. LUXÁN (dir.), 2014, op. cit., pp. 341 ‑363.
TABACO E ESCRAVOS NOS IMPÉRIOS IBÉRICOS 18 El Imperio español dejó al margen del monopolio del tabaco metropo‑ litano, con la excepción manifiesta de Cuba y, en el siglo xVii de Venezuela y Santo Domingo, al resto del mundo colonial. Podemos constatar la existencia de un comercio interregional americano, teniendo a Cuba como principal oferente, en la segunda mitad del siglo xViii. Los intercambios atlánticos estu‑ vieron dominados por el mayor peso del tabaco de Virginia25. Los datos de las entradas de tabacos a la Real Fábrica de Sevilla nos proporcionan la evidencia de una entrada legal anual de un 21,8% de todos los tabacos controlados por la manufactura de la capital andaluza y casi el 40% con relación con todos los tabacos llegados desde nuestras colonias, para el período de 1711/12 ‑1760. En la esfera de la política económica mientras que, con relación a las compras de tabaco rollo del Brasil, se mostró una permanente preocupación y se desarro‑ llaron experiencias y proyectos muy costosos para tratar de reducirlas o erra‑ dicarlas por completo, con el virginia existió una actitud mucho más pasiva. El tabaco norteamericano, continuó siendo importado en grandes cantidades para abastecer al estanco español en el xViii –la modificación en la gestión del monopolio con el control directo por parte de la Real Hacienda no significó cambio alguno ‑ y representó una fuerte y constante sangría económica para la monarquía española. El tabaco brasil se convierte en el nexo entre los dos monopolios ibéricos, ya que el territorio español fue el principal mercado de este producto. Las razones del éxito del virginia y del brasil hay que buscar‑ las en su bajo precio; en las claudicaciones internacionales de España; en los intereses de ciertos grupos hegemónicos a uno y otro lado del Atlántico; en la expansión creciente de los cigarros, que se elaboraban con esta variedad de hoja, y en los propios agobios del estanco para lograr hacer frente al aumento del consumo. Con ello, se quebraba uno de los fundamentos esenciales de las teorías mercantilistas que, en teoría, regían nuestra política económica. El tabaco cubano verá seriamente amenazada su presencia en el mercado español, entonces, por la competencia de las labores brasileña y virginiana. En este siglo las necesidades de defensa del Imperio, cuando en la metrópoli el estanco ha alcanzado su madurez, justifican a los ojos de los gobernantes una nueva política fiscal, en la que la creación de los estancos americanos se convierte en piedra angular del Estado fiscal ‑militar26. No obstante, el diseño responde a un sistema de estancos autosuficientes con escasa participación en el comercio internacional. Igualmente hay que resaltar la importancia del 25 J.M. RODRÍGUEZ GORDILLO, “El mercantilismo español en la encrucijada: el tabaco virginia en el estanco español en el siglo xViii (1701 ‑1760)”, en S. LUXÁN (dir.), 2014, op. cit., pp. 47 ‑89. 26 R. TORRES (ed.), War, State and Development. Fiscal ‑Military State in the Eightheenth Century, Pamplona, Eunsa, 2007.
INTRODUCCIÓN 19 tráfico de esclavos que se intercambian por tabaco y que son decisivos para su producción. Del mismo modo queremos destacar la importancia del monopolio comercial con el Brasil, como factor estimulante del tráfico tabaquero hacia la metrópoli y hacia Guinea. Es relevante la presencia de la Companhia Geral do Comércio do Brasil, desde 1649, aunque esta firma no detente el mono‑ polio del comercio del tabaco. El régimen de producción libre de la colonia tabaquera de Bahía, y, sobre todo, su llegada a los mercados consumidores, difieren notablemente del modelo monopolístico español. Desde el punto de vista económico, el tabaco brasil y su comercialización se definen como un efecto colateral del monopolio de bienes ‑trueque; el auge del tabaco, enton‑ ces, es una de las respuestas a la caída del precio del azúcar. La actividad tabaquera no estuvo sujeta a las mismas restricciones que en el caso español, fue libre, tanto en la producción como el comercio entre Brasil y Portugal27. Estamos ante un modelo de estanco que –como en el caso de Francia con la Declaración del 27 de septiembre de 1674, que autorizaba el monopolio ‑ había dejado el comercio exterior del tabaco libre28. El estanco en Portugal se estableció en el mercado interno. Después de un breve período de administración directa, el estanco se arrienda en forma de contratas generales. Respecto de los contratistas generales y los consor‑ cios, los forman pequeños comerciantes, partícipes del comercio ultramarino con Brasil29 y Angola, varios de ellos extranjeros, pero, sobre todo, portugue‑ ses. El origen converso de muchos de esos actores sociales es un hecho indes‑ mentible y muy presente a lo largo de los siglos xVii y la primera mitad del 27 L. COSTA FREIRE, «Os primórdios do tabaco brasileiro: monopólios e expansão do mercado (1600 ‑ 1700)«, en S. LUXÁN (dir.), 2014, op. cit., pp.21 ‑45. 28 J. PRICE, France and the Chesapeake. A history of hte French Tobacco Monopoly, 1674‑ ‑1795, and of Its Relationship to the British and American tobacco trades. Michigan, University of Michigan Press, 1973. 29 Para el conocimiento de muchas de estas cuestiones fue de indiscutible importância la participación del investigador J. Figueiroa ‑Rego en los trabajos realizados en el marco del proyecto Bahia 16 ‑19 – Salvador da Bahia: American, European and African forging of a colonial capital city, Marie Curie Actions, IRSES, GA ‑2012 ‑318988, CHAM ‑ FCSH/NOVA‑UAc (Portugal); EHESS (France); UFBA (Brasil).
TABACO E ESCRAVOS NOS IMPÉRIOS IBÉRICOS 20 xViii30, incluso en distintos contextos geográficos,31 de las Índias de Castilla32 a la América portuguesa.33 Lo que ha ocasionado las sospechas y persecución por parte de la Inquisición del Santo Ofício34 Las plazas mercantiles donde se asentaban eran Lisboa y Oporto. El compromiso adquirido según la contrata establecida no se cumplió en nume‑ rosas ocasiones. Desde el punto de vista de la fiscalidad, como en el caso español, la renta del tabaco en Portugal supuso entre el 17 y el 21% del total de los ingresos y, por lo tanto, su contribución a los gastos y al manteni‑ miento del Estado fue estratégica Antes de 1765, las principales fortunas portuguesas no entraron en el arrendamiento que traspasa a manos privadas el papel de agentes fiscales. La causa hay que buscarla en los problemas de agencia a escala nacional. Era un negocio difícil que exigía aprendizaje y adaptación. Tener un control muy amplio sobre centenares de intervinientes lo que aumentaba los riesgos. Exigía, además, la inmovilización de capitales muy elevados (el valor de los contratos se multiplicó por dos a lo largo del período, e incluso más). Las grandes fortunas prefirieron implicarse en el arrendamiento de rentas más seguras35. Como en el caso español, pero quizá con más fuerza, la Iglesia es uno de los principales agentes del tráfico ilícito en los mercados monopolistas ibéricos. La vigilancia contra el contrabando aunque constante fue claramente insuficiente, todo ello a pesar de las pesa‑ das sanciones establecidas. La Iglesia en general hizo caso omiso de la ley y en ello tuvo mucho que ver el marco jurisdiccional y las competencias entre 30 J. FIGUEIROA ‑REGO, «2015 ‑ «Os Homens da Nação e o trato tabaqueiro», in José Tavim, Maria Manuel Torrão (eds.) en Dossier “Os Judeus e o comércio colonial (séculos xVi ‑xix): novas abordagens”, Anais de História de Além ‑Mar, XIV, (2013), pp. 177/ 199. 31 J. FIGUEIROA ‑REGO, «Os agentes do tabaco e a mobilidade ibérica. Brasil, Índias de Castela e conexões italianas (séculos xVii e xViii)», Ammentu, n. 5, luglio ‑dicembre 2014, ISSN 2240 ‑7596 32 J. FIGUEIROA ‑REGO, «Notas de errância e diáspora. A Presença de Cristãos ‑novos Portugueses no Peru: inquisição e tabaco (Séculos xVi ‑xVii)», en Isabel Araújo Branco, Margarita Eva Rodriguez García (ed.) Descrição Geral do Peru em particular de Lima, Lisboa, Centro de história de além ‑mar, Faculdade de Ciências Sociais e humanas / Universidade Nova de Lisboa, Universidade dos Açores, Centro de estudos Comparatistas / faculdade de letras | Universidade de lisboa, núcleo de estudos ibéricos e ibero ‑americanos; Faculdade de Ciências Sociais e huma‑ nas | Universidade nova de Lisboa, pp. 33/53, 33 J. FIGUEIROA ‑REGO, «Negócios entre “afins”? Penitenciados do Santo Ofício e os agen‑ tes do tabaco (séculos xVii e xViii) en Júnia Ferreira Furtado, Maria Leônia Chaves de Resende (org.),Travessias Inquisitoriais das Minas Gerais aos cárceres do Santo Ofício. Diálogos e trânsitos religiosos no império luso ‑brasileiro (sécs. xvi‑xviii), 2013, Belo Horizonte, Fino Traço, pp. 145 ‑171 34 J. FIGUEIROA ‑REGO, «Entre a Honra e a suspeita. A desconcertante ambiguidade social dos agentes do tabaco nos séculos xVii e xViii», en Ana ‑Isabel López ‑Salazar, Fernanda Olival, João de Figueiroa ‑Rego (coor.), Honra e Sociedade no mundo ibérico e ultramarino. Inqui‑ sição e Ordens Militares séculos xvi ‑xix, 2013, Caleidoscópio, pp. 273 ‑293. 35 J.P. SALVADO, «O estanco do tabaco em Portugal: contrato geral e consórcios mercan‑ tis (1702 ‑1755»), en S. LUXÁN (dir.), 2014, op. cit., 133 ‑153.
INTRODUCCIÓN 21 instituciones. La Junta de la Administración del Tabaco (JAT), en el caso portugués, intentó mantener con mano férrea la jurisdicción real36. En el Contrato del tabaco en el Antiguo Régimen, las Azores tuvieron una presencia residual. El archipiélago no pudo ser ni un centro de reexpor‑ tación de tabaco –como lo fue durante un tiempo en el caso de Canarias ‑, ni un centro de producción. En cualquier caso este producto fue un elemento dinamizador de la actividad económica insular37. Un aspecto fundamental, por último, es el final del estanco en Cuba, en la coyuntura de las guerras de independencia de España y Americana. El análisis de la quiebra del Sistema Atlántico del Tabaco no se entiende sin el análisis de los desajustes existentes desde la propia creación del Estanco. El marco en el que se desenvolvía éste se sustentaba fundamentalmente sobre tres vérti‑ ces: Nueva España ‑que financiaba la compra de tabaco cubano ‑, Cuba como centro productor y abastecedor por excelencia de la primera materia, y, por fin, Sevilla, receptor de los tabacos cubanos, centro manufacturero y distribui‑ dor en el mercado metropolitano, así como también en Europa. Sin embargo, ya desde sus inicios, fueron continuos los desajustes entre producción y consumo metropolitano y otros mercados. Estos desajustes originaban que el tabaco cubano buscara otros cauces para dar salida a su producción fuera del sistema oficial. Además no se tuvieron en cuenta otros centros productores dentro del imperio hispánico. Por otro lado, la financiación no fue ni regular ni suficiente, provocando problemas en el sistema. En resumen, el funciona‑ miento del estanco tabaquero se asentó sobre unos presupuestos que nunca se cumplieron. El equilibrio entre producción y consumo no se dio. Y por añadi‑ dura, el dinero para pagar a los productores de la primera materia se utilizó para otros fines, provocando la quiebra del sistema38. El enfrentamiento de la Real Factoría de La Habana frente a los inge‑ nios azucareros modificará la estructura de la propiedad de la Isla en la fase final del Estanco. En el caso de Cuba hay que destacar, en la etapa última del monopolio, el predominio generalizado de las explotaciones de pequeñas dimensiones de las vegas tabaqueras en el occidente de la Isla. El despla‑ zamiento del cultivo del tabaco hacia Nueva Filipina (la región de Vuelta Abajo) –política de la Real Factoría de mantener los ingresos de la Corona – 36 J. FIGUEIROA ‑REGO, «A grande devassidão que há nos conventos regulares em serem velhacouto dos descaminhos do tabaco». As instituições monásticas e o contrabando tabaqueiro (séculos xVii e xViii), en S. LUXÁN (dir.), 2014, op. cit., pp. 91 ‑131. 37 M. VAZ DO REGO MACHADO, «O contrato do tabaco nos finais do Antigo Regime e início do liberalismo: sua importância na economia açoriana», en S. LUXÁN (dir.), 2014, op. cit., pp.155 ‑175. 38 M. GÁRATE, «La quiebra del sistema imperial del tabaco hispánico. Un proceso en el largo plazo: 1717 ‑1817», en S. LUXÁN (dir.), 2014, op. cit., pp.231 ‑282.
TABACO E ESCRAVOS NOS IMPÉRIOS IBÉRICOS 22 provocado por la presión de los ingenios azucareros tendrá como principal consecuencia una ocupación intensa del territorio, incrementando el número de vegas puestas en explotación en esa región. Este desplazamiento generó una nueva estructura de la propiedad, modificando el predominio de las vastas explotaciones ganaderas. En el transcurso de las siguientes décadas, la abolición del estanco, la supresión de la Factoría habanera, el reconoci‑ miento de la propiedad plena de la tierra, el auge incesante del azúcar, la proliferación de la mano de obra esclava, incidirán sobre esta realidad agra‑ ria en la periferia plantacionista para, a mediados de la centuria, configurar un escenario en que la demanda de tierras para tabaco será cada vez mayor. Un nuevo escenario agrario que se convertirá en la base del desarrollo taba‑ quero en la isla de Cuba durante el xix39. Es relevante, por último, el estudio de la imagen de los hombres del tabaco. En el caso concreto de la Factoría la Habana nos hemos acercado a los capitanes generales que ocuparon, no solo la máxima jerarquía de la Isla, siendo el eslabón con la autoridad metropolitana, sino que tuvieron un gran protagonismo en el establecimiento del monopolio del tabaco, ocupando, hasta 1783, la superintendencia de la Renta del Tabaco. Cobra especial relevancia la galería de capitanes generales que empezó a formarse en la propia Cuba en el último tercio del xViii de la mano de los pinceles de Vicente Escobar, Nicolás de la Escalera o Juan del Rio (el marqués de la Torre, Luis de las Casas o el marqués de Someruelos). Esta colección de retratos sería adquirida por el capitán general Francisco Dionisio Vives (1823 ‑1832), para decorar el salón del edificio de la Capitanía General, obra iniciada por el marqués de la Torre y, al término del dominio colonial, se trasladaron al Archivo de Indias de Sevilla. La imagen de estos hombres, que están en la cúspide de la Renta del tabaco, pero que son representados por ocupar la máxima jerarquía civil y militar en representación del rey, queda plasmada a través de grandilocuentes retratos de aparato, que muestran al personaje de modo encorsetado, aunque intentando caracterizarlos fisionó‑ micamente con el fin de que puedan ser reconocidos. Bastones de mando, cartelas, elementos heráldicos, elegantes y ornamentadas indumentarias, escenográficos cortinajes, edificios etc., arropan a cada uno de ellos y lo rela‑ cionan con su mandato y poder40. 39 V. SANZ ROZALÉN, «Las vegas de tabaco en el occidente cubano a comienzos del siglo XIX» en S. LUXÁN (dir.), 2014, op. cit., pp. 283 ‑309. 40 M.R. HERNÁNDEZ, «Contribución al estudio de la prosopografía del estanco impe‑ rial español: galería de retratos de los gobernadores ‑capitanes generales de la isla de Cuba», en S. LUXÁN (dir.), 2014, op. cit., pp.311 ‑339.
INTRODUCCIÓN 23 La «segunda esclavitud» y la sociedad plantacionista La aparición en 1944 de la obra de Eric E. Williams Capitalism and Slavery abrió la puerta a una reconsideración del trabajo cautivo y, por exten‑ sión, de las sociedades esclavistas en el mundo contemporáneo.41 A partir del cuestionamiento de la interpretación canónica predominante entre la historiografía británica del momento que presentaba la abolición del sistema esclavista desde la metrópoli como resultado de la expansión humanitarista y filantrópica –‘idealista’ en la propia acepción de este autor– establecía una relación directa de raíz marxista entre el desarrollo del capitalismo británico y el sistema esclavista vigente en sus colonias. Williams argüía en su estu‑ dio que en el marco del comercio triangular que conectaba Europa, Africa y América, el tráfico de seres humanos entre los dos últimos puntos geográficos para aprovisionar de mano de obra las plantaciones del último de ellos por medio de la esclavitud, se convirtió en una pieza fundamental del proceso de acumulación de capital que estableció las bases para la eclosión de la revolu‑ ción industrial en el primero de los escenarios, y de forma especial en Ingla‑ terra. Fue el desarrollo del capitalismo desde finales del siglo xViii y a lo largo del xix lo que exigió la abolición de la esclavitud –y por ende del tráfico de esclavos– para poder proseguir su expansión.42 Esta obra, junto con la de Frank Tannembaum aparecida en 1947, abría la puerta a una reinterpretación de las relaciones entre la esclavitud y el desa‑ rrollo del capitalismo cuyos planteamientos incidirán en el análisis del sistema plantacionista, del mundo de la esclavitud y de los procesos abolicionistas.43 Ha sido a lo largo de la última década cuando la historiografía intere‑ sada en los sistemas esclavistas ha experimentado un mayor avance en distin‑ tas direcciones. Por un lado en el estudio de las formas de trabajo esclavo en las sociedades plantacionistas influido por los trabajos del recientemente 41 Eric E. WILLIAMS, Capitalism & Slavery, Kingston/Miami, Ian Randle Publishers, 2005 (1ª ed. University of North Carolina Press, 1944). 42 Por lo que se refiere a la obra de Eric Williams puede destacarse Barbara L. SOLOW y Stanley L. ENGERMANN (eds.), British Capitalism and Caribbean Slavery: The Lecagy of Eric Williams, Nueva York, Cambridge University Press, 1987. Más recientemente y con un avance de conceptualización fundamental, las reflexiones al respecto de Dale W. TOMICH, Through the Prism of Slavery: Labor, Capital, and World Economy, Lanham, Rowman & Littlefield Publishers Inc., 2004. 43 Frank TANNEMBAUM, Slave and Citizen: The Negro in the Americas, Nueva York, Vintage Books, 1946. La obra de Tannembaum partía fundamentalmente de una comprensión cultural de las relaciones raciales para establecer pautas diferenciadas entre el mundo anglosa‑ jón y el mundo latinoamericano que derivaban en marcos morales y estructuras legales distin‑ tas a la hora de regular la sociedad esclava. Reflexiones de las aportaciones de Tannembaum y Williams en Márcia BERBEL, Rafael MARQUESE y Tâmis PARRON, Escravidão e política: Brasil e Cuba, c. 1790 ‑1850, São Paulo, Editora Hucitec, 2010, en especial cap. 1 (versión inglesa reciente University of New Mexico Press, 2016).
TABACO E ESCRAVOS NOS IMPÉRIOS IBÉRICOS 24 fallecido Sidney W. Mintz.44 La plantación pasa a ser considerada algo más que una unidad de producción para concebirse como un complejo entra‑ mado de relaciones sociales que, en última estancia, se conectaban con las relaciones de poder colonial. De otro, la indagación sobre los procesos abolicionistas derivando el protagonismo hacia las resistencias esclavas que dificultaron la ‘optimiza‑ ción’ del trabajo esclavo y subrayando el papel de la propia población esclava en su proceso de emancipación.45 Línea que ha recuperado el interés por el acaecer histórico de las poblaciones africanas en el proceso de comprensión de las relaciones esclavistas. Finalmente, y en combinación con los anteriores, una última derivación de los estudios confluye en el surgimiento del concepto de ‘segunda esclavi‑ tud’. Con este término se pretende trascender tanto una concepción lineal del capitalismo como superar el peso eurocentrista (con una presencia impor‑ tante del trabajo proletario) en la comprensión del ‘trabajo’ capitalista.46 De esta forma el trabajo esclavo pasaría a incorporarse al capitalismo no tanto como una pervivencia de sistemas caducos y en declive, sino como una parte integrante del propio concepto de ‘capital’. Por tanto, tras la crisis de la escla‑ vitud colonial en el tránsito del siglo xVii al xix, las formas esclavas de extrac‑ ción de fuerza de trabajo en las sociedades plantacionistas se rearticularon a lo largo del Ochocientos en el marco de la nueva expansión –mundialización– del capitalismo occidental.47 44 Sirva citar escuetamente Sidney W. MINTZ, Three Ancient Colonies. Caribbean Themes and Variations, Cambridge, Harvard University Press, 2010. También Dale TOMICH, Flávio DOS SANTOS, Olivia GOMES (eds.), Rethinking the Plantation: Histories, Anthropologies, and Archaeologies, dossier de Review, vol. XXXIV/1 ‑2 (2011). Para las plantaciones de algodón en los Estados Unidos, Walter JOHNSON, River of Dark Dreams. Slavery and Empire in the Cotton Kingdom, Cambridge, Harvard University Press, 2013. También, de gran repercusión, Edward E. BAPTIST, The Half Has Never Been Told: Slavery and the Making of Modern Capitalism, Nueva York, Basic Books, 2014. 45 A modo de ejemplo la obra colectiva de Seymour DRESCHER y Pieter C. EMMER (eds.), Who Abolished Slavery? Slave Revolts and Abolitionism. A debate with João Pedro Marques, Nueva York/Oxford, Berghahn Books, 2010. También Manuel BARCIA, The Great African Slave Revolt of 1825. Cuba and the Fight for Freedom in Matanzas, Baton Rouge, Louisiana State University Press, 2012; y más recientemente del mismo autor West African Warfare in Bahia and Cuba. Soldier Slaves in the Atlantic World, 1807 ‑1844, Oxford, Oxford University Press, 2014. Y Josep M. FRADERA y Christopher SCHMIDT ‑NOWARA (eds.), Slavery and Antislavery in Spain’s Atlantic Empire, Nueva York/Oxford, Berghahn Books, 2013. 46 Marcel VAN DER LINDEN, Transnational Labour History. Explorations, Aldershot, Ashgate, 2003. Que en el proceso de revolución industrial en Inglaterra coxistieron de forma destacada otras formas de trabajo en convivencia con el trabajo proletario lo señaló Maxine BERG, The Age of Manufactures: Industry, Innovation, and Work in Britain, 1700 ‑1820, Oxford, Oxford University Press, 1985. Desde otra perspectiva Edward P. THOMPSON, The Making of the English Working Class, Londres, Victor Gollancz, 1963. 47 Una definición en Dale W. TOMICH, Through the Prism of Slavery, en especial cap. 3.
EL DESCUBRIMIENTO Y ARRAIGO DEL TABACO (1492 ‑1700) 31 a partir de las décadas centrales del siglo xVi. No puede extrañar este papel a la vista de su brillante contribución en la gran aventura de los descubri‑ mientos geográficos llevada a cabo por los pueblos ibéricos. Desde siglos atrás la capital andaluza se había convertido en un enclave esencial de los intercambios comercial en el Occidente europeo. Es bien conocido que a su puerto en el Guadalquivir arribaban naves desde los rincones más apartados del Viejo Mundo para realizar múltiples intercambios y transacciones. Estos flujos posibilitaron un fuerte desarrollo demográfico en la Baja Edad Media (A. Collantes4) y una expansión económica sin precedentes en la historia de la capital hispalense (E. Otte5). Por ello, reunía las condiciones necesarias, para ocupar una posición privilegiada en el instante mismo del descubri‑ miento del Nuevo Mundo en 1492. Desde Sevilla, capital del reino de su mismo nombre, se generaron los instrumentos precisos para la gran aven‑ tura colombina: poderosas minorías extranjeras (genoveses, florentinos, pisa‑ nos, portugueses, franceses etc.), fuerte desarrollo de la actividad económica, gran florecimiento cultural; innovadoras experiencias técnicas y científicas, élites privilegiadas muy afectas a tales prácticas y otros muchos pormenores6. No puede extrañar, por tanto, que desde el litoral del territorio del reino sevillano partiese la primera expedición que alcanzó el Nuevo Mundo. Tampoco ha de sorprender que desde aquellas mismas tierras se prosi‑ guiese encauzando todo el proceso posterior de conquista y colonización del inmenso ámbito americano. Todo ello llevó a que apenas una década más tarde de la gran aventura colombina Sevilla pudiera consolidar esta posición de supremacía absoluta en el marco de los descubrimientos españoles. En febrero de 1503 los Reyes Católicos ordenaron el establecimiento de la Casa de Contratación en la ciudad con lo que se le otorgaba el monopolio comer‑ cial con el Nuevo Mundo. Como centro neurálgico de todo aquel proceso, en Sevilla debieron conocerse las primeras experiencias americanas antes de que se difundiesen en cualquier otro lugar. Una de ellas fue el tabaco y las múltiples prácticas y 4 A. COLLANTES DE TERÁN, Sevilla en la Baja Edad Media. La ciudad y sus hombres. Sevilla, 1977; del mismo, “Los efectivos humanos”, en Historia de Andalucía III, Andalucía del Medievo a la Modernidad (1350 ‑1504) [bajo la dirección de M. GONZÁLEZ JIMÉNEZ Y J. E. COSTA CASTAÑER], Madrid, 1980, pp. 77 ‑98. 5 E. OTTE, “Sevilla, plaza bancaria europea en el siglo xVi”, en A. OTAZU (ed.), Dinero y crédito (siglos xVi al xix), Coloquio Internacional de Historia Económica, Madrid, 1978, pp. 89 ‑112; del mismo, “La navegación europea en el puerto de Sevilla a fines de la Edad Media”, en Navi e navigazione nei sécoli xV e xVi. Actas del V Congreso internacional de estudios colombinos, Génova, 1990, pp. 539 ‑562; del mismo, “Los instrumentos financieros” en E. AZNAR VALLEJO et al., Andalucía 1492: razones de un protagonismo, Sevilla, 1992, pp. 157 ‑183. 6 R. CARANDE TOVAR, Sevilla, fortaleza y mercado, Sevilla, 1974. A. DOMÍNGUEZ ORTÍZ, Orto y ocaso de Sevilla: estudio sobre la prosperidad y decadencia de la ciudad durante los siglos xvi y xvii, Sevilla, 1974.
JOSÉ MANUEL RODRÍGUEZ GORDILLO 32 usos diversos que de él realizaban los pueblos indígenas del Nuevo Mundo. No nos es posible establecer las líneas maestras de este fenómeno de trans‑ culturación, pues quedó casi todo él oscurecido por la importancia que alcan‑ zaban otros productos ya conocidos y muy apetecidos por los europeos: los metales preciosos, en primer lugar, pero también las especias, los tintes, el azúcar y algunos otros; es decir, los que siempre se han considerado como los verdaderos motores que propiciaron el ciclo de estos grandes hallazgos geográficos (Vitorino Magalahes Godinho, Pierre Chaunu)7. Certezas tenemos sólo a partir de los años centrales del siglo xVi, aunque ya para entonces no fueran exclusivas de Sevilla y de su inmediato hinterland. En Portugal, Inglaterra, en Francia, en los restantes países occidentales y, al mismo tiempo, por todo el norte de África, el tabaco era ya conocido y experi‑ mentaba un incipiente arraigo8.En todos los casos, y de manera muy especial en la capital andaluza, la labor de hombres de ciencia contribuyó de manera decisiva a este inicial conocimiento de la nueva y medicinal planta indiana. Aunque hoy día puede sorprender a muchos lectores, es justo resaltar que uno de los vehículos que más impulsó el establecimiento del tabaco fue su empleo generalizado como fármaco prodigioso. Fue así tanto en su primera difusión en tierras americanas como más tarde en el proceso de transcultura‑ ción a Europa. Tal vez sea esta una de las pocas certidumbres que podemos ofrecer de aquel período inicial, en el que tantas cosas nos están aún vedadas por completo. El empleo medicinal del tabaco estaba generalizado en todas las comunidades indígenas precolombinas y ocupaba un lugar privilegiado entre todos los diversos usos que se daban a aquella planta. Quizá lo más llamativo radique en el hecho de que semejantes prácticas encontrasen un eco extraordinario entre los científicos más ilustrados del continente europeo9. Sevilla destacó sobremanera en tales experiencias, sin duda debido a lo avanzado de su posición y a la primacía que detentaba en el conocimiento y adaptación de todo lo americano desde un primer momento. A Nicolás Monardes (ca. 1493 ‑1588), renombrado médico sevillano, corresponde el mérito de haber desarrollado todo el proceso para aclimatar la planta en el jardín botánico de su casa en la calle Sierpes, esquina Azofaifo, y al tiempo 7 V. MAGALHAES DODINHO, Historia económica e social da expansâo portuguesa, Lisboa, 1947; del mismo, Les grandes découvertes, Coimbra, 1953; del mismo, A economía dos descubrimientos henriquinos, Lisboa 1962. P. CHAUNU, La expansión europea (siglos xii al xv), Barcelona, 1972. 8 El estudio más completo de todo el proceso inicial del conocimiento del tabaco en J. E. BROOKS, Tobacco, its History Illustrated by the Books, Manuscripts and Engravings in the Library of George Arrents, Jr., Nueva York 1937 ‑1952. Desde la última de las fechas citadas se han editado varios apéndicescon las numerosas obras incorporadas a la colección. 9 Ibídem. También S.A. DICKINSON, Panacea or precios bane, Nueva York, 1954. G.G. STEWART, “A history of the medicinal use of tobacco (1492 ‑1860)”, Medicinal History, 11 ‑3, julio de 1967, pp. 228 ‑268.
EL DESCUBRIMIENTO Y ARRAIGO DEL TABACO (1492 ‑1700) 33 el de realizar las prácticas terapéuticas que condujeron a su aceptación como una hierba prodigiosa para múltiples padecimientos. En su caso debió resul‑ tar un apoyo inestimable el contacto de primera mano con la realidad del Nuevo Mundo gracias a su actividad como comerciante con Indias. Sabe‑ mos, no obstante, que por las mismas fechas J. Nicot, embajador de Francia en Portugal, constató idéntico empleo medicinal del tabaco en Lisboa y lo transmitió casi de inmediato a la corte parisina10. Por tanto es de rigor desta‑ car que Monardes no fue el único y, tal vez, ni siquiera el primero, pero el impacto generalizado de su trabajo –sin duda, el más riguroso y completo de cuantos se conocen ‑ alcanzó el reconocimiento de la comunidad científica en todo Occidente. Su obra principal, Primera y segunda parte de las cosas que vienen de nuestras Indias occidentales para el uso e medicina11, conoció diversas ediciones y fue traducida a los principales idiomas europeos, otor‑ gando al tabaco la posición de primacía que llegó a tener durante décadas como fármaco prodigioso. Pero si Monardes pasa por ser el mayor difusor de tales experiencias, no se deben olvidar los nombres de Rembert Dodoens, André Thevet, Pietro Andrea Mattioli, Jean Liébault, Petrus Pena, Mathias de L’Obel, Francisco Hernández, Juan Fragoso, Juan Cárdenas y otros muchos por su decisiva contribución a este mismo fenómeno12. Uno de ellos, Giles Everard, llegó a publicar una obra cuyo título, De herba panacea13, es el mejor compendio de tales expectativas. La primera fábrica de tabacos del mundo Si todas estas experiencias propiciaban la difusión del tabaco en la capital sevillana y, de manera especial, en los puertos del litoral de su reino (Cádiz, Rota, Sanlúcar de Barrameda, El Puerto de Santamaría etc.), fue la gran urbe andaluza donde cristalizó el proyecto de un primer núcleo manu‑ facturero. Poco conocemos de sus inicios, pero ningún otro, por lo que sabe‑ mos, se le adelantó en todo Occidente. Los pocos autores que hasta hoy se han detenido en este tema se muestran unánimes en reconocer el testimonio 10 J. NICOT, Dictionnaire Français ‑Latin, París 1573. 11 N. MONARDES, Segunda parte del libro de las cosas que se traen de nuestras Indias Occi‑ dentales que sirven al uso de Medicina, Sevilla, 1571. 12 R. DODOENS, Crüydeboeck, Amberes, 1554. A. THEVET, Les singularités de la France Antartique, Amberes 1558. P. A. MATTIOLI, Comentario sobre la materia médica de Dioscori‑ des, Praga, 1562. J. LIÉBAULT, L’Agriculture et maison rustique, París 1570. P. PENA y M. de L’OBEL, Stirpium adversaria nova, Londres, 1570 ‑1571. F. HERNÁNDEZ, Cartas al rey Felipe II de España desde la ciudad de Méjico, Méjico 1572. J. FRAGOSO, Discursos de las cosas aromáti‑ cas, árboles y frutales (…) que traen de la India Oriental, Madrid, 1572. J. CÁRDENAS, Primera parte de los problemas y secretos maravillosos de Indias, México 1591. 13 G. EVERARD, De herba panacea quam alii tabacum…, Ámberes, 1587.
JOSÉ MANUEL RODRÍGUEZ GORDILLO 34 de nuestro cronista Justino Matute, como si tratara el acta de nacimiento de la nueva industria. Así lo hicieron hace ya más de medio siglo Luis Cuevas Alcober (1946), Manuel Carrera Sanabria (1952) y Pérez Vidal (1959), y, algu‑ nos años más tarde, también Antonio Domínguez Ortiz, Francisco Aguilar Piñal, Alberto Oliver Carlos y José Manuel Rodríguez Gordillo14. El testimo‑ nio original es extremadamente conciso: “por los años de 1620 –dice el citado cronista ‑ había tenido principio en esta ciudad la fábrica de tabacos por un tal Juan Bautista Caraffa, de nación armenio, con facultad real para su elaboración y venta”15. Debemos a Domínguez Ortiz un interesante comen‑ tario sobre estos inicios de la que pronto sería la principal actividad manu‑ facturera hispalense. Según el inolvidable historiador sevillano, el arranque de 1620 tan solo fue la concentración en un único inmueble de los diversos talleres u obradores de tabaco existentes por entonces en la capital16. De las noticias por él recogidas en las Actas Capitulares del cabildo sevillano deduce que las continuas protestas vecinales ante las actividades de tales artesanos fueron el motivo impulsor de la disposición municipal para su concentración en nuevo recinto: un caserón, que antaño había servido de casa de comedias y también como hogar de recogida para mujeres de mala reputación, ubicado en el mismo corazón de la ciudad frente a la iglesia de San Pedro, al que muy pronto debieron unirse algunas piezas aledañas. Es decir, un conjunto que las fuentes denominan siempre como “las casas de la Galera”, embrión de la futura manufactura de tabacos de la capital, a la que desde un principio se le llamó con el nombre de la parroquia inmediata: fábrica de San Pedro. Nada más sabemos de aquella destacada efeméride hispalense. 14 L. CUEVAS ALCOBER, Un ejemplar español de arquitectura industrial del siglo xviii, Madrid, 1946. M. CARRERA SANABRIA, “La primitiva fábrica de tabacos de San Pedro en Sevi‑ lla”, en Revista Industrial y Fabril, vol. 7, nº 73, 1952, pp.548 ‑555. J. PÉREZ VIDAL, España en la historia del tabaco, Madrid 1959. A. DOMÍNGUEZ ORTÍZ, op. cit. F. AGUILAR PIÑAL, “Siglo xViii”, en Historia de Sevilla, Sevilla, 1982. A. OLIVER CARLOS, La Arquitectura y el lugar, Sevilla, 1987. J.M. RODRÍGUEZ GORDILLO, “Primeros proyectos de las Nuevas Fábricas de tabacos de Sevilla en el siglo xViii”, en Archivo Hispalense, LVIII, nº 177, 1975, pp. 1 ‑35 (reed. en J.M. RODRÍGUEZ GORDILLO, La difusión del tabaco en España, Sevilla, 2002); del mismo, “Sobre la industria sevillana del Tabaco a fines del siglo xVii”, en Cuadernos de Historia, t. VII, 1977, pp. 532 ‑552 (red. en J.M. RODRÍGUEZ GORDILLO, La difusión del tabaco en España, Sevilla, 2002); del mismo, “Una aportación al estudio de la expansión de la renta del Tabaco en el siglo xViii. El papel de las Atarazanas Reales de Sevilla como posible sede de la Real Fábrica”, en Historia, Instituciones, Documentos, nº 5, 1978, pp1 ‑30 (red. en J.M. RODRÍGUEZ GORDILLO, La difu‑ sión del tabaco en España, Sevilla, 2002); del mismo, “La Real Fábrica de Tabacos de Sevilla”, en Sevilla y el Tabaco, cat. Exp., Madrid, 1984, pp. 35 ‑46. 15 J. MATUTE Y GAVIRIA, Anales Económicos y Civiles de la ciudad de Sevilla, Sevilla, 1887. 16 A. DOMÍNGUEZ ORTIZ, op. cit. p. 52.
EL DESCUBRIMIENTO Y ARRAIGO DEL TABACO (1492 ‑1700) 35 Sea como fuere, esta información venía a coincidir con otros testimo‑ nios, recogidos más tarde por Juan García de Torres (1875)17, relativos a las primeras imposiciones arancelarias para la entrada de tabacos procedentes de Indias, y sobre un fracasado proyecto planteado a la Corona, para “estan‑ carlo” en Castilla, por un tal Duarte Eustacio, en 1618. No es difícil acep‑ tar que todo ello revelaba un primer arraigo del nuevo hábito en nuestro país, como para despertar el interés oficial y el de algunos particulares para hacerse con su comercio en alza. El intento de control monopolístico de esta actividad en fecha tan temprana puede despertar cierta sorpresa, no porque fuese una figura extraña en la administración de la Real Hacienda –que no lo era ‑, sino por el hecho de que este sería el sistema que, finalmente, se impuso para su gestión años más tarde, manteniéndose desde entonces casi sin alte‑ ración por espacio de trescientos cincuenta años. Sin duda algo insólito y sin parangón en las restantes rentas. Aquel pequeño embrión de fábrica de San Pedro debió experimentar un primer proceso expansivo –más tarde volveremos sobre ello ‑, cuando, al fin, tras un prolongado debate en las Cortes, se alcanzó el acuerdo para estancar el tabaco, a finales de 1636, en el marco de la petición de Felipe IV (1605‑ ‑1665) y su valido el conde ‑duque de Olivares (1587 ‑1645) a los diputados que fueron requeridos una y otra vez para votar nuevos, cuantiosos y gravo‑ sos “servicios”18. El control sobre los distintos centros que hasta entonces habían estado elaborando tabaco pasó a ser una prioridad entre los come‑ tidos con que se facultaba al arrendador de la fábrica en el que se rematase la nueva renta estancada. De este modo, la fábrica sevillana quedaba desde entonces legalmente constituida en el centro manufacturero del nuevo entra‑ mado administrativo creado con efectos de 1 de enero de 1637. En ella debía concentrarse la producción y desde ella debían abastecerse las administra‑ ciones o demarcaciones establecidas al efecto, salvo en lo concerniente al tabaco “brasil” que se regía por otros cauces. Las atribuciones dadas al arrendador –Antonio de Soria, un converso nacido en Portugal en 160419‑ para el mejor control de la gestión del estanco, fueron de extraordinaria importancia. En ello radicaba su negocio y, de la credibilidad y crecimiento de éste, el posible incremento de futuras pujas 17 J. GARCÍA TORRES, El tabaco: consideraciones sobre el pasado, presente y porvenir de esta renta, Madrid, 1875. 18 El estanco del tabaco fue aprobado por las Cortes castellanas de 1632 a 1636 y se impuso mediante una Real Cédula de Felipe IV de 28 de diciembre de este último año, pero con efectos desde el 1 de enero inmediato. Muchos años más tarde se iría logrando su expansión a los reinos de la Corona de Aragón y a los restantes territorios de la Monarquía española y de su Imperio. Un estudio pormenorizado del proceso inicial de implantación puede verse en J.M. RODRÍGUEZ GORDILLO, La creación del estanco del tabaco en España, Madrid, 2002. 19 Archivo Diocesano de Cuenca, Inquisición, leg. 492/ 6573, fl. 81r
JOSÉ MANUEL RODRÍGUEZ GORDILLO 36 para la renovación del arriendo. Así que todo propendió a asegurar el éxito de su actividad. Se le garantizó el suministro de tabaco preciso y el control sobre todo del existente en el reino, con extremadas ventajas sobre los restantes comerciantes del ramo; se le autorizó el nombramiento de administradores, estanqueros, verederos, guardas y demás integrantes de la administración de la Renta del Tabaco; se le entregó la fábrica de Sevilla con los útiles, pertre‑ chos y tabacos en ella existentes y, por último, también se le otorgó facultad para establecer los precios de venta de las distintas labores y algunos otros pormenores. Como es fácil comprender, todos los esfuerzos realizados para alcan‑ zar este primordial objetivo fueron eficaces sólo en parte. Sevilla quedó convertida a todos los efectos en el centro neurálgico del nuevo estanco, pues concentraba el monopolio comercial del tabaco como producto originario de América y, al mismo tiempo, obtenía la oficialidad de su manufactura. Diría‑ mos que este era el marco legal, y apoyándose en él la fábrica de San Pedro inició su espectacular andadura. Sin embargo, tanto en uno como en otro cometido –manufacturero y comercial ‑ el fraude alcanzó niveles inimaginables tan sólo unos pocos años antes, y por esta vía escapaban muchos de los beneficios que se pensaba obte‑ ner del nuevo sistema. Desde comienzos de 1637, toda la actividad en torno al tabaco en los territorios castellanos quedaba bajo el marco legal del monopo‑ lio y con ello se multiplicaban las previsibles actividades irregulares20. Pero, además, el fortísimo incremento de precios que se impuso en todas las labo‑ res con el cambio de gestión hizo que tales prácticas encontraran enormes alicientes para su desarrollo. El resultado en las actividades de transforma‑ ción fue la continuidad de muchos pequeños talleres que con mayor o menor permisibilidad según el momento, elaboraban tabaco haciendo la competen‑ cia al esperado desarrollo del centro hispalense. La demanda, no obstante, debía ser de tal envergadura ya en aquellos años que la fábrica de San Pedro, pese a estas dificultades, creció continua y espectacularmente, como enseguida veremos. Antes, y para comprender mejor su evolución y las características peculiares de tal desarrollo, parece conveniente explicar, siquiera sea someramente, la especificidad propia del consumo de tabacos en aquellos momentos en que se produce el paso de la 20 Con respecto a esta problemática puede verse J.M. RODRÍGUEZ GORDILLO, “El fraude en el estanco del tabaco (siglos xVii y xViii), en El Fraude fiscal en la Historia de España, Hacienda Pública Española, Monografías I, Madrid, 1994, pp. 61 ‑76 30 (red. en J.M. RODRÍGUEZ GORDI‑ LLO, La difusión del tabaco en España, Sevilla, 2002). Igualmente A. GONZÁLEZ ENCISO, “En torno al contrabando de tabaco en el siglo xViii”, en Estudios de Historia Moderna y Contemporá‑ nea. Homenaje a Federico Suárez Verdeguer, Madrid, 1991, pp. 199 ‑209.
EL DESCUBRIMIENTO Y ARRAIGO DEL TABACO (1492 ‑1700) 37 actividad artesanal en libertad a la elaboración bajo control del nuevo estanco. Ella justificará, según creo, las medidas adoptadas en la manufactura. Las primitivas labores de tabaco Las noticias que se tienen, llevan al convencimiento de que a lo largo de las primeras décadas del siglo xVii sólo se producían distintas variedades de tabaco “polvo” en Sevilla21. Según todos los indicios eran las labores más primorosas, más complejas en su manufactura y, al mismo tiempo y como era de suponer, las más costosas. En gran medida su particular arraigo era prioritario entre las clases acomodadas de aquella sociedad22. De cualquier forma, parece posible que el influjo desde estos grupos privilegiados hacia otras capas inferiores –mero mimetismo de usos o comportamientos supe‑ riores tan habituales en todo momento ‑ ya se dejaba sentir en la elaboración de cierta variedad de tabaco polvo de inferior calidad y menor precio, cuyo consumo se había extendido de forma extraordinaria. A todas ellas se dedica‑ ban, pues, las actividades concentradas en San Pedro. Es ia tan abundante la copia [acopio] de tabaco seco en estos Reynos y el uso dél (…) –escribía Cristóbal del Hayo en 1645 ‑ que se brindan los unos a los otros graciosamente con él en banquetes, conversaciones y fuera dellas haciendo sentimiento sino se recibe el ofrecimiento, especialmente del uso dél en polvo, que es más común y aparejado23. Pocos apuntes aparecen, por el contrario, sobre cualquier tipo de “torcido” o “cigarro”, tal vez debido a que este fue el hábito más arraigado entre el pueblo llano y las capas marginadas del momento24. Por todo ello los cigarros fueron de producción mucho más tardía en la fábrica hispalense. Con seguridad no se elaboraron de forma oficial antes del último tercio del siglo xVii. 21 Labor de tabaco sevillana muy apreciada durante los siglos xVii y xViii. Se lograba mediante una compleja y laboriosa manufactura en la que se conjugaban distintos procesos (beneficios). Solo Sevilla la realizaba, aunque también, paralelamente, se ultimaban labores llegadas de Cuba medio procesadas (tabaco polvomonte). Véase J.M. RODRÍGUEZ GORDILLO, Diccionario histórico del tabaco, Madrid, 1993. 22 Una obra esencial para el conocimiento del arraigo del tabaco en España, de sus moda‑ lidades, formas de elaboración, fábricas y hábitos y costumbres en torno a él es la citada de PÉREZ VIDAL de 1959. Con relación a la forma de difundirse por nuestro país, sobre los grupos humanos que antes y mejor lo aceptaron, etc., véase J.M. RODRÍGUEZ GORDILLO, “El tabaco del uso medicinal a la industrialización”, en La Agricultura Viajera, cat. exp., J. FERNÁNDEZ e I. TASCÓN (eds.), Madrid, 1990, pp. 53 ‑81 30 (red. en J.M. RODRÍGUEZ GORDILLO, La difusión del tabaco en España, Sevilla, 2002). 23 C. del HAYO, las excelencias y maravillosas propiedades del tabaco, Salamanca, 1645. 24 Esta fue la tesis que defendí en mí artículo (véase J.M. RODRÍGUEZ GORDILLO, 1990, op. cit.) frente a la opinión planteada en su día por Pérez Vidal.
JOSÉ MANUEL RODRÍGUEZ GORDILLO 38 De forma genérica, se puede establecer que las labores25 de polvo se obtenían mediante la cuidada molturación de las hojas secas de tabaco. Su diversidad inicial provenía entonces de dos causas esenciales. Una era la variedad de la materia prima empleada –bien por su procedencia colonial, bien por su extracción de diferentes partes de una misma planta ‑. La otra era el proceso de transformación al que se la hubiese sometido: en unos casos, solo moliendo las hojas y cerniendo el polvo por cedazos, mientras que, en otros, se añadía un “lavado” del polvo realizado con diversas sustancias olorí‑ ficas para perfeccionar la labor26. Téngase en cuenta que la elección de las hojas dependía a su vez de la variedad final a obtener, con lo que ambas causas estaban íntimamente relacionadas. Los tabacos más afamados de las colonias y seleccionados de las mejores partes de la planta se destinaban a las labores más primorosas, que necesitaban un largo proceso manufactu‑ rero y alcanzaban los precios de mercado más elevados27. Las fuentes hablan en exclusiva de dos labores durante los primeros años, que serían resultado a su vez de uno u otro proceso fabril: el tabaco “somonte”28o “sumonte”, en el caso de la simple molturación y cernido, y el tabaco “de olor”, si recibía todos los procesos señalados. Difícil se nos hace aún hoy especificar con claridad los distintos condicionantes de tales manu‑ facturas, pero todo lleva a pensar que responden con bastante exactitud al esquema anterior. Aunque no puedo afirmarlo con toda certeza, tengo el convencimiento de que una parte destacada de las primeras de tales varie‑ dades se elaboraba en exclusiva con el “polvomonte de Indias” cubano29, es decir un tabaco polvo molturado ya en la isla caribeña. En el caso del tabaco “de olor” parece que siempre era de fabricación sevillana, si bien es posible que se utilizase parte de las remesas molidas en las colonias para la primera fase de su elaboración. De todo ello se deduce la existencia de un hábito casi en ciernes, pero en el que una primera fase de expansión plantea ya una inicial diversificación de labores, aunque éstas se mantengan en unos moldes de cierto primitivismo. Todo parece apuntar a que, en un principio, con la aludida concentra‑ ción de obradores de tabaco dispersos por la ciudad en 1620, no debieron 25 Labor es el nombre dado a diferentes tipos de productos realizados en las fábricas de tabaco. 26 Lavar y desmontar. Proceso o beneficio consistente en suavizar el tabaco polvo mezclán‑ dolo con agua en una artesa. 27 En torno a los tipos de hojas de tabacos, variedades de elaboración y formas de produc‑ ción es conveniente recurrir a J.M. RODRÍGUEZ GORDILLO, 1993, op. cit. 28 Tabaco sin lavar y sin aderezo alguno. 29 Tabaco polvo al que se ha dado los dos primeros beneficios, pero restan el lavado, oreo y repaso. Por lo general, el así denominado procedía de Cuba, en especial, de los alrededores de La Habana.
EL DESCUBRIMIENTO Y ARRAIGO DEL TABACO (1492 ‑1700) 39 suscitarse grandes transformaciones. Por lo que podemos deducir de los escasísimos datos conocidos, sólo es posible constatar, en aquel momento, un mero agrupamiento de artesanos que incorporaron al viejo caserón, frente a San Pedro, sus técnicas primitivas de laboreo. Estas consistían en simples morteros metálicos con sus “manos” de idéntico material, algunos cedazos para cribar el polvo obtenido, y el empleo de determinados olores y aderezos (agua de azahar, almagra, albín, almizcle etc.), que se le añadían en aque‑ lla inicial diversificación de la producción. En cambio, la implantación del estanco en los territorios castellanos desde el 1 de enero de 1637 (Real Cédula de 28 de diciembre de 1636), y la evidente expansión del tabaco en múltiples áreas desde el primer tercio del siglo xVii, si representaron un fuerte estímulo para la manufactura hispalense, que desde entonces inició lo que podemos considerar su auténtica andadura.
EL MARCO INSTITUCIONAL DEL TABACO EN EL IMPERIO ESPAÑOL. LA ESPECIAL INTEGRACIÓN DE CUBA EN EL ESTANCO ESPAÑOL 1684 ‑1727 47 las islas de Cuba y Santo Domingo e, incluso, en la Costa firme, al territorio de Barinas (Venezuela). De este modo, a comienzos del siglo xViii, el estanco español incluyó en su estructura un centro expedidor de tabaco (principal‑ mente la Factoría de La Habana) que tenía como contrapartida la prohibición de su cultivo en la metrópoli. Podemos constatar, que el desarrollo histórico de la institución conformará en su largo recorrido, una estructura compleja, en la que se advierten tres componentes esenciales, que, por supuesto, no están presentes desde el principio. El estanco metropolitano, propiamente dicho, cuya característica diferencial fundamental fue la prohibición del cultivo, pero que también debe ser analizado desde la perspectiva de la inter‑ vención total de la monarquía en todos sus frentes: producción, comerciali‑ zación y rendimiento fiscal. Estamos realmente ante una organización que se dejó en manos privadas, mediante el procedimiento de arrendamiento, o se administró directamente. Efectivamente, durante el Antiguo Régimen, pasamos de una etapa de arrendamiento (1636 ‑1684), en el que se estableció solamente en las “Provincias de estos mis Reynos de la Corona de Castilla y León”25, un breve intervalo de administración directa (1684 ‑1687)26; otra etapa, también breve, en que estuvo en manos de particulares (1687 ‑1700), unos años en que rigió un sistema mixto (en administración y en arrenda‑ miento, entre 1701 ‑173027) y, finalmente, a una época de Universal Adminis‑ tración, como se llamó en su momento, que se iniciaría en la década de 1730, que es cuando el Estanco alcanza la madurez (Instrucciones de 1740). En esta estructura se insertará, de modo especial desde el último tercio del xVii, la Isla de Cuba como región productora principal de la materia prima. Esta característica convertirá a la Factoría de La Habana en fechas muy avanzadas –durante el gobierno de Esquilache ‑ en un organismo depen‑ diente de la Dirección General de la Renta del Tabaco. La Factoría de La Habana, la intendencia, o los asentistas particulares se erigirán en los princi‑ pales compradores, ‑o tendrán la exclusiva, según la época ‑, del tabaco a los cosecheros. A este modelo se acercarían Santo Domingo, Puerto Rico y, con sus particularidades, Venezuela. 25 ARCHIVO GENERAL DE SIMANCAS (AGS), Dirección General de Rentas, Inv. 4, leg. 29, ff. 1v ‑8v. Real Cédula de Felipe IV decretando el estanco (28 de diciembre de 1636), Ha sido editada y estudiada por J.M. RODRÍGUEZ GORDILLO, op. cit., 2002, pp. 137 ‑202. Una reflexión sobre este trabajo, en S. de LUXÁN, y O. BERGASA, “La institucionalización del modelo taba‑ quero español 1580 ‑1636: la creación del estanco del tabaco en España”, en Vegueta (Anuario de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Las Palmas), 2003, vol. 7, pp. 135 ‑153. 26 R. ESCOBEDO, “La desprivatización de la hacienda española durante el siglo xViii: El ejemplo del monopolio de tabacos”, Revista Empresa y Humanismo, 2005, Vol. IX, 2, pp.35 ‑66. Este autor califica el período de administración como la primera experiencia de administración directa o pública, aunque señala que tuvo un carácter meramente subsidiario (cit. p. 37). 27 AHNM, OGR, lib.7389, folio 30 recto Real cédula de 9 de abril de 1701.
SANTIAGO DE LUXÁN MELÉNDEZ 48 Por último, tenemos que referirnos al resto del territorio indiano, que podemos definir a través del estanco que tuvo más éxito, que fue el de Nueva España. Sus rasgos dominantes serían: cultivo restringido a determinadas zonas, manufacturas estatales y control de la distribución28. Es decir, una síntesis de los dos componentes anteriores. La regulación de la actividad tabaquera en Indias antes de la creación del estanco en 1636 Son muchas las cuestiones que todavía necesitan aclaración para poder entender la temprana regulación de la actividad tabaquera en Indias. Por ejemplo ¿Se intentó controlar el suministro de tabaco hacia Europa dentro de la Carrera de Indias, antes de la creación del Estanco español en 1636? La respuesta es afirmativa y el resultado es que se saldó con un completo fracaso. Efectivamente, se siguió una política contradictoria para controlar la producción. De un lado, se optó por prohibir el cultivo con el fin de no dar ventajas al competidor extranjero y, a la vez, se llegaron a abandonar poblaciones. De otro, el reconocimiento de la inutilidad de la medida anterior condujo ocho años después a un giro de 180º, es decir, a la proclamación de la libertad de cultivo, acompañada de medidas que impulsasen su fomento, y a la organización de la recogida del tabaco con una factoría, que implemen‑ tase su transporte dentro de la Carrera de Indias. Antes de la creación del estanco, como hemos señalado anteriormente, hubo un intento de institucionalización del abastecimiento de tabaco con el nombramiento de un factor en América. Las alarmas se encendieron cuando los barcos ingleses, holandeses y portugueses comenzaron a “resca‑ tar” tabaco en las costas de Venezuela a comienzos del siglo xVii. La reacción de la Corona fue, como señalábamos, prohibir el cultivo en determinados territorios de Venezuela y en las principales islas caribeñas, en los que se producía dicha planta29. En 1606, en Cuba, Puerto Rico, Santo Domingo, Isla Margarita y Venezuela se prohibió su plantación30. En el caso de Venezuela, 28 S. de LUXÁN, op. cit., 2014, pp. 177 ‑230. 29 AGI, Santo Domingo, 869, L.5, ff. .59v ‑61r: Real Provisión (San Lorenzo, 26 de agosto de 1606) a Pedro Suarez Coronel, gobernador de Cumaná y Nueva Andalucía, concediéndole comi‑ sión para despoblar la ciudad de Cumanagoto de aquella provincia, con motivo de los rescates de tabaco que los vecinos tienen con rebeldes holandeses, ingleses y franceses, y para que reduzca a los españoles e indios de dicha ciudad a la de Cumaná. 30 AGI, Santo Domingo 869, L.5, f.63r: Real Cédula al gobernador de la isla de Cuba (San Lorenzo, 26 de agosto de 1606), mandando dar orden para que no se cultive tabaco en ella por un periodo de diez años en adelante, que remita informe en caso de seguirse inconvenientes de ello, o de lo contrario haga ejecutar lo dispuesto publicándola en distintos lugares de la isla, con encargo de poner cuidado en hacer que se guarde y cumpla. Igualmente para los otros territo‑ rios: AGI, Santo Domingo, 869, L.5, ff.61v ‑63r.
EL MARCO INSTITUCIONAL DEL TABACO EN EL IMPERIO ESPAÑOL. LA ESPECIAL INTEGRACIÓN DE CUBA EN EL ESTANCO ESPAÑOL 1684 ‑1727 49 en este comercio ilícito de los ingleses se vieron, además, envueltas las auto‑ ridades de la colonia31. En la prohibición del cultivo hubo que dar marcha atrás en 1614, tiempo suficiente para dar pie al establecimiento de colonias tabaqueras de otros países, en otras partes de América, que muy pronto ampliaron la oferta de tabaco en el mercado occidental, haciendo perder a España las ventajas del first comers32. Este es el significado de la Real Cédula de 26 ‑VIII ‑1614, con la que se intentaba reservar —según Rodríguez Gordillo— el cultivo del tabaco colonial para la metrópoli, desde donde, una vez manufacturado, se reexpor‑ taría al resto de Europa. En esta última cédula, se explicitaba que el tabaco remitido a Sevilla debía ser todo el que no se consumiese en los territorios americanos. Se ponía el énfasis, además, como hemos indicado, en la liber‑ tad de cultivo y en la obligatoriedad de remitir el tabaco excedentario a Sevi‑ lla, señalándose duras penas por su incumplimiento: Es nuestra voluntad que los vecinos de las islas de Barlovento, Tierra Firme, y otras partes donde se siembra y coge tabaco, no pierdan el apro‑ vechamiento que en él tienen y nuestra Real Hacienda goce el beneficio que resulta de su comercio. Y tenemos por bien y permitimos que lo puedan sembrar libremente, con que todo el tabaco que no se consumiere, y hubiera de sacarse de cada isla o provincia donde se cogiere, venga regis‑ trado directamente a la ciudad de Sevilla; y los que contrataren en él por otras partes incurran en pena de vida y perdimiento de sus bienes, como los que rescaten con enemigos, en que desde luego los damos por condena‑ dos; y aplicamos los dichos bienes mitad a nuestra cámara y la otra mitad al juez y denunciador por iguales partes. Y mandamos a los gobernadores que lo ejecuten inviolablemente, advirtiendo que se les pondrá por capí‑ tulo de residencia, con pena de privación perpetua de oficio si hicieren lo contrario, y perdimiento de la mitad de sus bienes, aplicados en la forma referida33. 31 AGI, Santo Domingo 869, L.6, ff.142r ‑143r. Real Cédula (Madrid, 9 de mayo de 1612) a Alonso de Velasco, embajador en Inglaterra, mandándole informarse sobre el presunto asiento que hizo García Girón, gobernador y capitán general de Venezuela, con los ingleses Diego de Ovalio y Juan Bernardo, sobre proveerlos de cierta cantidad de tabaco cada año, enviando aviso de lo que averigüe; igualmente Otra con la misma fecha al obispo de Venezuela, mandándole que, luego que llegue a su obispado, procure informarse de personas confidentes sobre el presunto asiento que hizo García Girón; otra sobre el mismo asunto y fecha a Diego Gómez de Sandoval, gobernador, capitán general y presidente de la Audiencia de Santo Domingo, mandándole infor‑ marse a través de Sancho de Alquiza u otro confidente sobre el presunto asiento que hizo García Girón, gobernador y capitán general de Venezuela. 32 S. de LUXÁN y M. GÁRATE, “La creación de un Sistema Atlántico del Tabaco (siglos xVii ‑xViii). El papel de los monopolios tabaqueros. Una lectura desde la perspectiva española”, en Anais del Centro de Historia de Além ‑Mar (Lisboa), 2010, vol. XI, pp. 145 ‑175. 33 J.M. RODRÍGUEZ GORDILLO, op. cit, 1994, p. 63.
SANTIAGO DE LUXÁN MELÉNDEZ 50 Estamos ante un modo de enfocar el abastecimiento de tabaco de la metrópoli, ‑ repetido en el momento de creación del estanco en 1636 ‑, que tiene bastantes concomitancias con la política que se intentará seguir con Cuba, muchos años después, aunque todavía solamente nos movamos, insisto, en el ámbito del monopolio comercial de la Carrera de Indias y lo que se pretenda es fomentar el comercio para obtener réditos aduaneros. Otro aspecto de interés, resaltado igualmente por Rodríguez Gordillo, es la posible connivencia de las autoridades con el fraude, que también queda sancionada en la citada Real Cédula. Existiendo un cierto tráfico de tabaco entre las Indias y la metrópoli, entendemos que hubiese algunos hombres de negocios interesados en arren‑ dar el tabaco. Entre 1615 ‑1630, antes de la creación del estanco en Casti‑ lla se presentaron dos solicitudes. La de Juan Bautista Sobranes (1615), que intentó quedarse con los derechos de exportación en 4.000 ducados, impo‑ niendo una tarifa fija de 2 rs./lib., y la de Payo Rodríguez de Paz, que ofreció algo más de 32.000 ducados34. La existencia de un comercio estable, registrado por la Casa de Contra‑ tación de Sevilla, hay que situarla en las primeras décadas del siglo xVii. La región de Barinas representaría el 50% de las llegadas y estarían entrando en Sevilla unas 200.000 libras al año35. Lo cierto es que las exportaciones espa‑ ñolas, una vez que el tabaco de Virginia se asienta como principal proveedor de Inglaterra, pasaron a representar en términos relativos cantidades muy modestas, en los años de 1630 ‑1640, con lo que el negocio de la reexportación apenas se habría desarrollado36. El 25 ‑V‑1620, se nombró al sevillano Diego Pinelo como factor y admi‑ nistrador de tabacos de Indias y, como tal, le vemos gestionando el envío de los excedentes de tabaco de Venezuela a la metrópoli hasta por lo menos 34 J. GARCÍA DE TORRES, El Tabaco. Consideraciones sobre el Pasado, Presente y Porve‑ nir de esta Renta, Madrid, Revista de España, 1875, p.13. J. LÓPEZ LINAGE, C. ARBEX, y J. HERNÁNDEZ ANDREU, Una historia del tabaco en España. Madrid, Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, 1990. 35 J. ARCILA FARIAS, Economía colonial de Venezuela, Caracas, 1973, t. I, pp. 113 y 131. G. CESPEDES, op. cit. p. 43. H. y P. CHAUNU, Seville et L’Atlantique, París, 1955 ‑56, vol. VI ‑2, p.1033. 36 J. PRICE, op. cit. p. 75. Y S. de LUXÁN y O. BERGASA, op. cit. 2003, p. 141.
EL MARCO INSTITUCIONAL DEL TABACO EN EL IMPERIO ESPAÑOL. LA ESPECIAL INTEGRACIÓN DE CUBA EN EL ESTANCO ESPAÑOL 1684 ‑1727 51 162337. En definitiva, con anterioridad a las Cortes de 1632 ‑1636, el consumo del tabaco se estaba generalizando en España y en Sevilla, donde, como estudió Rodríguez Gordillo, se habían concentrado los obradores de tabaco frente a la iglesia de San Pedro, constituyéndose la primera fábrica de tabacos de Occidente38. No cabe duda, que puede establecerse una relación entre el nombramiento de un factor de compras en Indias y el nuevo establecimiento manufacturero. Esta interpretación presenta, además, concomitancias con la política seguida, un siglo después, con la creación de la primera factoría de La Habana. ¿Una vez que la oferta americana fue mucho más amplia que la espa‑ ñola se intentó mantener el abastecimiento del Estanco con la producción de las Antillas? La pregunta tiene dos posibles soluciones. Antes de crear el monopolio, la monarquía española intentó vencer las distancias que se iban abriendo con otros países con medidas de fomento del cultivo, princi‑ palmente eximiendo de ciertos impuestos a los plantadores ‑almojarifazgos y alcabalas a los vecinos de Trinidad y la Guayana que enviasen tabacos a Sevilla, según se desprende de la Real Cédula de 25 ‑XI ‑162539‑. Cuando el monopolio se puso en marcha, sin embargo, los arrendadores, especialmente a finales del siglo, no dudaron en comprar tabaco virginia y, por supuesto, continuaron adquiriendo rollo brasileño40. 37 AGI, Santa Fe, 105 (Microfilm, AGI, 1139 ‑1.140): Proyecto de creación del Estanco de 1620 en Venezuela, puesto en práctica en 1622. Suprimido por Real Cédula de 11 de abril de 1623 (Madrid).Igualmente, Santa Fe N 67: Expediente de la ciudad de Barinas (15 de julio de 1622) en que solicitan se les conceda licencia para vender libremente su tabaco por aquellos reinos pagando los derechos correspondientes de salida y entrada. El nombramiento de Diego Pinelo, en AGI, Contratación 5793, L.1, ff. 270 ‑271. Igualmente, AGI, Santo Domingo, 869, L.7, ff. 184R ‑184V: Real Cédula a Diego Pinelo, factor y administrador del tabaco de las Indias Occi‑ dentales, avisando de la orden dada al gobernador y oficiales reales de Cumaná en relación con el envío de la cosecha de tabaco. Otra 869, L.7, ff.197r ‑198r de 11 de abril de 1723: Real Cédula a Diego Pinelo, factor y administrador del tabaco de las Indias Occidentales, ordenando enviar e España el tabaco pagado a sus dueños y en cuanto al no pagado, da licencia a sus dueños para enviarlo por su cuenta. 38 Véase el texto de este autor en este mismo libro. 39 L. GARCÍA FUENTES, El comercio español con América 1650 ‑1700. Sevilla, 1980, p. 361. 40 J.M. RODRIGUEZ GORDILLO, “La influencia del tabaco de Virginia en la configura‑ ción del mercado español en la segunda mitad del siglo xVii”, en E. VILA VILAR, y J.J. LACUEVA MUÑOZ, (Coords.), Mirando las dos orillas: Intercambios mercantiles, sociales y culturales entre Andalucía y América, Sevilla, Fundación Buenas Letras, 2012, pp. 227 ‑250; del mismo, “El mercantilismo español en la encrucijada: el tabaco virginia en el estanco español en el siglo xViii (1701 ‑1760)”, en S. de LUXÁN (ed.), op. cit., 2014, pp. 47 ‑89.
SANTIAGO DE LUXÁN MELÉNDEZ 52 Otro antecedente especial del estanco del tabaco, es el de la intervención a su entrada en los mercados de Orán y Mazalquivir. Una vez traspasada la barrera aduanera, sin embargo, la venta del tabaco sería libre, por lo que no estamos hablando de un estanco propiamente dicho, sino del cobro de unos derechos especiales. La cantidad que se enviaba desde Sevilla en 1623 ‑55.000 libras ‑, para su venta en Argel, tiene una cierta relevancia para los volúmenes de la época. A la altura de 1632, el experimento del control del Norte de África había fracasado41. Durante el período de los Felipes en Portugal asistimos, igualmente, al establecimiento de un estanco, muy parecido al que hemos señalado para el Norte de África, con la puesta en marcha de impuestos aduaneros específicos para el tabaco en Goa (1624), con el objetivo de costear los gastos de defensa provocados por el asalto holandés42. Del mismo modo hay que señalar que, en torno a 1638, se estudió la posi‑ bilidad de poner en régimen de estanco a Santo Domingo y Puerto Rico43, y unos años más tarde, en 1642, a las Islas Filipinas44. El abastecimiento de tabacos en el momento de la fundación del monopolio en 1636 El abastecimiento del tabaco al territorio del estanco metropolitano fue una de las cuestiones básicas de su organización, desde su institucio‑ nalización en 1636. Tres aspectos nos interesa destacar de este documento fundacional. En primer lugar, que la procedencia de la materia prima no fue exclusiva de las Indias españolas. En segundo lugar, que el acarreo del tabaco desde las Indias no estaba sujeto a restricciones especiales. Finalmente, que 41 B. ALONSO ACERO, “La renta del tabaco en Orán y Mazalquivir: fortuna y fracaso de un estanco pionero”, en Cuadernos de Historia Moderna, 1996, 17, pp. 11 ‑39. 42 C. HANSON, “Monopoly and contraband in the Portuguese tobacco trade 1624 ‑1702” en Luso ‑Brazilian Review 1968, 19, 2, pp. 149 ‑168. 43 AGI, Santo Domingo, 870, L.10, ff.107v ‑108r: Real Cédula al presidente y oidores de la Audiencia de Santo Domingo, para que informen sobre la conveniencia de dar por estanco la venta del tabaco que se consume en la isla de San Juan de Puerto Rico, que según lo expuesto por [el tesorero] Gaspar Flores de Caldevilla en su carta de 24 de diciembre de 1637, podía llevarse a cabo. Otras cédulas iguales a ésta se enviaron al fiscal de la Audiencia de Santo Domingo, a los oficiales reales de Santo Domingo y al gobernador y oficiales reales de Puerto Rico. 44 AGI, Filipinas 340, L.5, ff.153V ‑156R: Real Cédula (Cuenca 24 de junio de 1642) al presidente y oidores de la Audiencia de Manila, para que guarden las cédulas insertas sobre el estanco del buyo, bonga y tabaco, ordenando que como saben están prohibidos los estancos, se dejen vender libremente de aquí en adelante, el vino, aceite y frutas, y se informe sobre la causa de haber establecido los estancos y con qué licencia se han hecho.
EL MARCO INSTITUCIONAL DEL TABACO EN EL IMPERIO ESPAÑOL. LA ESPECIAL INTEGRACIÓN DE CUBA EN EL ESTANCO ESPAÑOL 1684 ‑1727 53 la reexportación también era libre, aunque sometida al pago de derechos45. De todas ellas, la que tendrá menos trascendencia posterior, como ya hemos reiterado, será la última. En la Real Cédula de creación del estanco se recogía, aunque de modo todavía no muy preciso en cuanto a las zonas de producción, que el tabaco que llegase del otro lado del Atlántico debía ser de polvo, hoja y rollo46. En consecuencia, la elección de la Isla de Cuba todavía no estaba bien definida, o por lo menos en el grado de casi exclusividad que luego tendrá. La presencia del rollo nos indica –ha insistido Rodríguez Gordillo ‑ que, desde sus prime‑ ros pasos, el estanco español recurrió al tabaco del Brasil como abastecedor complementario47. La unión política a la Monarquía española (1580 ‑1640), junto al papel señero de los conversos portugueses en su manejo, ayuda a explicar esta vinculación. Por otro lado, no hay que olvidar que los estancos español y portugués se crearon en paralelo48. Igualmente, en este importante documento fundacional, se regulaba que el comercio del tabaco desde el Nuevo Mundo era libre, aunque sujeto a la obligación de registrarse a la entrada y a la salida (reexportación) en Sevilla, como cualquier otra mercancía procedente del otro lado del Atlán‑ tico: “por quanto no se puede impedir el comercio y entrada del tabaco en la ciudad de Sevilla, los que lo traxeren de las Indias lo han de registrar antes de desembarcarlo ante el administrador o arrendador en la dicha ciudad y en los demás puertos”49. La misma circunstancia se repetía a la hora de querer enviarlo fuera del Reino, aunque, en este caso, las facultades de intervención 45 Hasta 1624 el tabaco de Virginia ni siquiera podrá competir en los puertos ingleses con el procedente de las colonias españolas. Recordemos que entre 1611 ‑1614, en los inicios por lo tanto del tráfico tabaquero las exportaciones de tabaco desde Sevilla fueron de 1.205.000 libras, a un promedio de 301.250 libs/año. Cf. J. GARCÍA DE TORRES, Las rentas estancadas. Apuntes históricos, observaciones y datos estadísticos. Madrid, Imprenta de Loterías, 1884, p. 84. Según las cifras de Price, cuando el estanco español empezaba a funcionar, las exportaciones de tabaco español al puerto de Londres eran ya residuales. En 1637 ‑1638, 60.597 libs. (3,94% del total de las entradas), en 1638 ‑1639, 93.306 (2,97%), en 1639 ‑1640, 115.773 (8,54%), finalmente en 1641‑ ‑1642, 6.379 (0,50%). Cf. J. PRICE, op. cit. p. 75. 46 J. M. RODRÍGUEZ GORDILLO, op. cit. (2002), p. 175. 47 No obstante hemos encontrado algún indicio, como el que refiere el padre A. VÁZQUEZ DE ESPINOSA, [Compendio y descripción de las Indias Occidentales, Washington, Stmitsho‑ nian Institution, 1948, nº 146], al referirse al cultivo del tabaco en Trinidad que nos indica que el rollo era una forma utilizada en esta isla: “(…) Y luego le van quitando el palillo de en medio, y le van torciendo en ramal o rollo; y ai hombres tan diestros al torno, que en un día tuercen trescientas libras, y más”. 48 S. de LUXÁN y M. GÁRATE, op. cit. 49 J.M. RODRÍGUEZ GORDILLO, op. cit. (2002), p. 176.
SANTIAGO DE LUXÁN MELÉNDEZ 54 del arrendador eran mayores, puesto que podía restringir la saca si hubiese falta del producto en el territorio del estanco50. Cuba principal abastecedora del estanco español – 1684 ‑1727 ¿Se elige alguna zona especial de América como abastecedora? ¿Por qué se eligió la Isla de Cuba? La elección de La Habana tardó en articularse. Hay que esperar a 1684 ‑1687 y, sobre todo a 1692, para que la Isla sea la principal ofertante. Se han barajado como explicaciones más plausibles: la posición estratégica de La Habana en la ruta de las flotas y Galeones y las condiciones naturales y económicas para su cultivo. No obstante habrá que esperar a la financiación de la compra de las cosechas de la Isla con el situado de Nueva España, ya bien entrado el siglo xViii, para que las dos condiciones anteriores se robustezcan. Nos queda abierto un interrogante que es valorar la distinta suerte que tuvo el tabaco del resto de las Antillas y de Venezuela frente al cubano, pese a que figuran en los documentos iniciales con el mismo rango que el de la Habana51. Después de un largo período ininterrumpido de arrendamiento, a fines de 1683, se decidió intervenir a los arrendadores de la Renta, especificándose en la orden que debía vigilarla un ministro real para asegurar el caudal que debía percibir la Hacienda: Que se forme una Junta en quien resida plena jurisdicción y que abrace todas con inhibición a todos los Consejos y Tribunales, a fin de que tenga la Superintendencia y conocimiento de todas las causas de fraudes, sustan‑ ciándose con el fiscal de Millones y tomándose por ella (precediendo consulta) las relaciones convenientes52. A la altura de 1684, la Corona era muy consciente de la importancia de esta Renta. De este modo, en el preámbulo de la Real Cédula de 3 ‑V‑1684, por el que la entraba en administración directa, podemos leer: “Siendo la 50 J.M. RODRÍGUEZ GORDILLO, op. cit. (2002), p.177. 51 Al respecto, A. GUTIÉRREZ ESCUDERO, “Tabaco y algodón en Santo Domingo, 1731‑ ‑1795”, en SARABIA, JUSTINA Y OTROS, Entre Puebla de los Ángeles y Sevilla. Sevilla, 1987; del mismo, “El tabaco en Santo Domingo y su exportación a Sevilla (época colonial)”, en E. VILA VILAR y A. KUEHTE, Relaciones de poder y comercio colonial: nuevas perspectivas. Sevi‑ lla: Escuela de Estudios Hispano ‑Americanos, CSIC y Texas ‑Tuch Univ, 1999, pp. 135 ‑168; del mismo, “Tabaco y desarrollo económico en Santo Domingo”, en Anuario de Estudios America‑ nos, 58, 2001, pp. 713 ‑736. 52 AHNM, OGR, lib. 8009, f. 323. Buen Retiro 5 de noviembre de 1683. Constituyeron dicha Junta: Carlos de Herrera, Gobernador del Consejo de Hacienda; Agustín de Espínola, consejero de Guerra y Hacienda; Antonio de Sevil Santelizes, ministro del Consejo de Castilla y de Inquisi‑ ción; el Conde de Canalejas, por el de Indias; Francisco Guadalajara como procurador de Cortes.
EL MARCO INSTITUCIONAL DEL TABACO EN EL IMPERIO ESPAÑOL. LA ESPECIAL INTEGRACIÓN DE CUBA EN EL ESTANCO ESPAÑOL 1684 ‑1727 55 renta general del Tabaco del Reyno la más principal de mi Real Hacienda, y la que promptamente socorre las urgencias de la causa pública…”. Pero el punto principal, es que se daba todo el protagonismo a la Fábrica de Sevi‑ lla, que se convertía, de este modo, no solo en el centro receptor del tabaco procedente de las Indias y, de modo especial de La Habana, sino en el redis‑ tribuidor del producto, una vez elaborado, al resto del territorio español53: de resultas de haberse mandado administrar la renta del tabaco por cuenta de la Real hacienda, se da una instrucción y se encarga dicha administración a la fábrica de Sevilla, de donde ha de surtirse todo el Reino54. En el capítulo 9º de la Real cédula se volvía a insistir en esta idea, al señalarse que en la Fábrica de Sevilla se aumentase lo que fuese menester para que solo en ella “se disponga de todos los tabacos que se han de consu‑ mir en estos mis Reinos”. El capítulo 20º recogía, igualmente, que los tabacos que venían de Indias solo podrían ser vendidos por el estanco y, por tanto, su distribución se iniciaría desde la Fábrica. Esta Instrucción, compuesta por 23 capítulos, puede ser considerada el segundo documento básico ‑podemos hablar de una refundación ‑ desde la creación del estanco en 163655. En la ordenanza, se dejaba claro que la Renta tendría un administrador general en la Corte (Cap. 8º), pero que habría en Sevilla un ministro y un contador “por ser la oficina de Sevilla en la que se funda el fruto de todo el Reino” (Cap. 1º). Hay continuidad, por otro lado, con las zonas elegidas para las compras de tabaco con los espacios de cultivo de comienzos del xVii, es decir, La Habana y Trinidad de La Habana, Trinidad de la Guayana, Puerto Rico y Santo Domingo, quedando fuera el territorio de Nueva España, que será el principal mercado consumidor: “Que solo se fabriquen tabacos de manojos de La Habana y de la Trinidad de La Habana, Trinidad de La Guayana, Puerto Rico y Santo Domingo por considerarse 53 J.M. RODRÍGUEZ GORDILLO, Historia de la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla, Sevi‑ lla, Fundación Focus Abengoa 2005. 54 AHNM, OGR, lib. 8009, ff. 337 ‑344. Real Cédula de 3 mayo 1684. Los arrendadores que detentaban en aquellos momentos la administración eran Francisco López Pereira y Manuel de Aguilar. El nuevo marco institucional se elaboró en el marco del Consejo de Hacienda con intervención de los ministros de la Sala de Millones. Se nombró una comisión compuesta por cuatro personas que redactaron las nuevas reglas que fueron consultadas al Rey el 18 ‑II ‑1684 y remitidas después a la Junta, donde se les dio la forma final. Está firmada por el Rey y por su mandato por Francisco de Baus y Frías del Consejo de Hacienda y secretario de Millones. Debajo figuran 8 rúbricas. 55 Los documentos que interesan entre 1636 ‑1684 son los distintos contratos de arrenda‑ mientos. J. PÉREZ VIDAL, España en la historia del tabaco, Madrid, Consejo Superior de Inves‑ tigaciones Científicas, 1959. J. M. RODRIGUEZ GORDILLO, “Sobre la industria sevillana del tabaco a fines del siglo xVii”, en La difusión del tabaco en España. Diez estudios. Universidad de Sevilla ‑Fundación Altadis, 2002, pp. 59 ‑77; nos interesan especialmente para nuestro estudio las pp. 63 ‑66 en las que se analiza la Instrucción. Sobre los arrendamientos los capítulos redactados por Rodríguez Gordillo en S. de LUXÁN, M. GÁRATE, y J.M. RODRÍGUEZ GORDILLO, op. cit.
SANTIAGO DE LUXÁN MELÉNDEZ 56 todos de una misma calidad, igual temple y bondad…” (Cap. 1º). La resolu‑ ción anterior significaba que no se podría expedir otro tipo de tabacos que los señalados. Como había ocurrido en la cédula inicial del estanco, sin embargo, el tabaco de rollo del Brasil seguía contando para las autoridades españolas, puesto que se exceptuaba en el aprovisionamiento de hoja, de las restriccio‑ nes impuestas y por tanto, en su expedición en los estancos y estanquillos. Se insistía en su libre abastecimiento en el capítulo 11º. Junto a la calidad, que era el factor determinante en la Real Cédula para la elección de los lugares de aprovisionamiento, nos encontramos con la prevención contra la adulteración del producto importado. Se señalaba de modo explícito que los arrendadores no habían cuidado la calidad de los tabacos que ponían a la venta: Y que sean de toda ley y bondad libres de la mezcla con que los han adulte‑ rado de algunos años a esta parte por ser uno de los puntos en que consiste el acrecentamiento del consumo porque mediante venderse generalmente buenos tabacos en todo el reino se le excusaren muchos fraudes” (Cap. 1º). El transporte seguía siendo libre dentro de los cauces de la Carrera de Indias, con los registros subsiguientes a la entrada y a la salida. Los tabacos estarían en depósito cuatro meses antes de poder ser reexportados (Cap. 2º). El registro permitiría poder evaluar las necesidades de tabaco del monopolio: “Se conocerá si hay tabaco bastante en España de manojos de La Habana, Trinidad de La Habana, Trinidad de la Guayana, Puerto Rico y Santo Domingo hasta que venga el nuevo de Indias” (Cap. 4º). Nos interesa especialmente el capítulo 5º, que señalaba la necesidad de que en Sevilla, o en La Habana, se hiciese un asiento para la provisión de la fábrica de San Pedro. Esta circunstancia nos está mostrando el interés de la Corona por regularizar y dar estabilidad a las compras de tabaco en Cuba, que es ya la elegida por la Renta: Obligándose los asentistas a entregar en Cádiz o en Sevilla a la venida de galeones o flota el tabaco que se considere por necesario para el consumo de estos Reinos, devolviéndoles todo lo demás que trajesen al precio del de la obligación para que se eviten los fraudes. Y en caso de no conseguirse esto el ministro o persona a quien estuviese encargada en la ciudad de Sevi‑ lla la Superintendencia de la dicha Renta del Tabaco reserve del producto della en las arcas de las tres llaves que estuviesen formadas para el tiempo que se aguardan galeones o flotas el caudal que verosímilmente se consi‑ derase por necesario para pagar los tabacos que se manifestaren. Para que con eso se asegure el comprarlo prontamente quitando las ocasiones de los
EL MARCO INSTITUCIONAL DEL TABACO EN EL IMPERIO ESPAÑOL. LA ESPECIAL INTEGRACIÓN DE CUBA EN EL ESTANCO ESPAÑOL 1684 ‑1727 63 atajar los fraudes que en ella se cometiesen por todos estados y personas lo primero que se persigue es la exclusividad de la fabricación”75. La Paz de Utrecht trajo consigo que la Compañía francesa de Guinea fuese sustituida en el asiento de negros por la South Sea Company. De los franceses, apenas tenemos datos cuantitativos del volumen de tabaco que extrajeron de la isla. La historiografía cubana clásica, especialmente Rivero y Marrero, se refirieron a su actuación como un auténtico boom tabacalero, que incrementó la producción, el número de molinos y la exportación de tabaco, reduciendo en grado sumo su calidad, que unida a las circunstancias de la Guerra de Sucesión, ocasionó un gran daño al consumo metropolitano, que reforzó la acogida de los tabacos americanos y brasileños76. Por su parte la Compañía inglesa, entre 1717 ‑1739, extrajo tabacos que llegaron a repre‑ sentar la cuarta parte del total de los tabacos que entraron en la Fábrica de Sevilla, como pago en especie por la introducción de esclavos. Sobre la entrada de tabaco en polvo en Sevilla antes de la creación de la primera Factoría, contamos con la información elaborada por Rodríguez Gordillo. Las remesas de La Habana nunca sobrepasaron, en las dos primeras décadas del siglo xViii, el millón de libras anuales, muy por debajo de las cifras que se contabilizarán a partir de 1717. El Real Decreto e Instrucción de 11 ‑IV ‑1717, acompañada de un minu‑ cioso reglamento, tuvo como resultado la creación efímera de la Factoría de La Habana77. Efectivamente, como consecuencia de las sublevaciones vegue‑ ras, tendría escaso recorrido. De este documento fundacional puede colegirse que su establecimiento perseguía el mayor control de la producción de La Habana, que las compañías esclavistas francesa y británica estaban desviando en su beneficio. La factoría trataba de evitar la extracción del tabaco sin tener cubiertas las necesidades de la fábrica de Sevilla, que la Instrucción de 1684 había situado en la cúspide del sistema. El 27 ‑VII ‑1717 el gobernador hizo pregonar la Real Cédula y la Instruc‑ ción Real de 11 ‑IV ‑1717, por la que la Isla quedaba integrada en el Estanco. La medida se justificaba por los graves daños que para el erario suponía la extracción de los tabacos de Cuba a otros países, dejando a la Península en la necesidad de tener que comprárselos para su abasto. Los dueños y 75 AHNM, OGR, lib. 8011, ff. 473 ‑478. 76 J. RIVERO MUÑIZ, op. cit. y L. MARRERO, op. cit. 1977, pp. 41 ‑92. Ambos señalan el incremento del número de molinos como principal indicador de la expansión de la actividad tabacalera, pero carecemos de datos de los retornos franceses en tabaco. En 1712, se contabili‑ zan 300 molinos de tabaco en La Habana y sus inmediaciones. 77 No hemos tenido delante el texto de la Real cédula, de la que solo conocemos el análisis que realiza J. RIVERO, op. cit., pp.91 ‑94, que no cita fuente de procedencia.
SANTIAGO DE LUXÁN MELÉNDEZ 64 cosecheros del tabaco adquirían la responsabilidad de tener que vendérselo al Superintendente general. Se trataba, en consecuencia, de un monopolio de compra. Debe precisarse que la nueva institución solo abarcaría al “tabaco que se cogiere en las seis leguas del contorno de La Habana, de polvo y hoja, así de seculares como de eclesiásticos, por razón de diezmos u otro derecho, los compre de concurrencia de veedor, contador y tesorero de esta depen‑ dencia”78. Hay que insistir en que la base del Estanco era que no se podría vender libremente el tabaco fuera de la Isla, donde sí podrían, sin embargo, comerciarlo. En la Instrucción se ordenaba, además, el desmantelamiento de molinos que hubiese en la Nueva España y la concesión de privilegio por 6 años al “fabricador de rollo”79. Lo más interesante del Informe previo para la crea‑ ción de la factoría, era la estimación de la producción por encima del doble de lo adquirido antes de su creación. El Informe realizado por Manuel de León Navarro, a quién se encargó la dirección general de la compra y distri‑ bución de tabaco en San Cristóbal de La Habana, sobre el que se fundamentó la erección de la primera Factoría en 1717, mereció un dictamen negativo enviado al Secretario de Guerra y Hacienda Miguel Fernández Durán, por Juan Francisco Venegas y el marqués de Tolosa, responsables de la Renta en España, firmado en Madrid el 30 ‑XII ‑171880. A modo de conclusión: La Habana proveedora del monopolio según la Instrucción de 1726 El Real Decreto de 1 ‑XI ‑1726 suprimía el cargo de Superintendente81, pasando la administración de la Renta a tres directores generales, Jacobo de Flon –que hasta entonces había ocupado ese cargo ‑ Ventura de Pinedo y Mateo Pablo Díaz, que estarían presentes en la nueva Junta del Tabaco presi‑ dida por Patiño: Y en la expresada Junta se ha de tratar todas las dependencias de la Renta del Tabaco, y los casos de justicia, y contenciosos, con todo lo demás que fuere gobernativo, y se trataba antecedentemente por el Superintendente 78 L. MARRERO, op. cit., 1977, VII, p. 46. 79 J. RIVERO, op. cit. I, p. 93, basándose en Jerónimo de Uztariz, señala el fracaso en la fabricación de tabaco de rollo, con dos operarios traídos de España, por la Factoría de La Habana, no obstante ser la rama cubana “mucho mejor y más a propósito que la del Brasil”, país donde este tabaco gozaba de universal renombre. 80 AHNM, Estado, leg. 4.829. 81 AHNM, OGR, lib.8011, San Lorenzo 1 ‑XI ‑1726, ff. 219 ‑248v.
EL MARCO INSTITUCIONAL DEL TABACO EN EL IMPERIO ESPAÑOL. LA ESPECIAL INTEGRACIÓN DE CUBA EN EL ESTANCO ESPAÑOL 1684 ‑1727 65 General, y el Secretario ha de hacer en la Junta, todos los expedientes, cartas y órdenes que hubieran acaecido de una Junta a otra…82. La Renta quedaría ubicada “en la casa de la Administración General donde está en Madrid el Real Estanco, y donde se halla la Contaduría…”. Entre las competencias que el decreto se encargaba de destacar leemos: que la Junta en fin de cada mes, me ha de consultar (…) todas las compras de Tabacos, que se huvieren hecho en aquel mes, y sucesivamente en los demás, con distinción de calidades, precios y personas a quienes se huvie‑ ren comprado; y asimismo en los arribos de Armadas y navíos sueltos de la América, me han de dar puntual noticia de los tabacos que vinieren de su cuenta embiados de los Factores de aquellos Reynos…83 La responsabilidad efectiva de las compras recaía, entonces, en los tres directores generales, que perfeccionarían las “contratas”, tanto de los tabacos de las Indias, como los de virginia y rollo que se compran a los extranjeros. En este documento tenemos la confirmación normativa de los tres abaste‑ cedores del monopolio español: La Habana, Colonias británicas y el Brasil. Obsérvese que el Real Decreto de 1 ‑XI ‑1726, dividía el territorio del Estanco en tres demarcaciones (Corona de Aragón más Navarra; Andalucía, Murcia y La Mancha; y el resto), pero encomendaba la responsabilidad de la relación con la Habana a los tres en conjunto. Antes de la Instrucción de 1726, Gerónimo de Uztariz definió la creación de la factoría de La Habana, poniendo el énfasis en el nombramiento de un agente comprador (factor). Para que no haya escasez, escribirá, conviene se destine en La Habana: Una persona inteligente y práctica en tabacos y de conocido celo e inte‑ gridad para comprar en cada un año al tiempo de las cosechas, ocho mil quintales de tabaco hoja y dos mil quintales de polvo rancio, uno y otro de la mejor calidad, o mayores porciones si conviniera; con solo esta compra de un millón de libras que en cada año se haga por cuenta de SM y lo que conducirán los particulares abundarán en la Fábrica los tabacos selectos. Y si se ve que con aumento de la calidad, aumenta el consumo se podrán incrementar las compras84. 82 Ha sido estudiado y publicado, junto a la Instrucción, por J.M. RODRÍGUEZ GORDI‑ LLO,“El pensamiento de los economistas españoles y la Renta del Tabaco en la primera mitad del siglo xViii”, en A. GONZÁLEZ ENCISO (ed.), Política económica y gestión de la Renta del Tabaco en el siglo xViii, Madrid, Fundación Altadis, 2008, pp. 29 ‑119. El Real Decreto y la Instrucción en la pp.89 ‑116. 83 Ibídem. 84 Uztariz, op. cit, p. 368.
SANTIAGO DE LUXÁN MELÉNDEZ 66 El funcionario del Consejo de Indias no planteaba la existencia de un estanco en la Isla, sino la organización de la compra del producto, dejando el resto del negocio en manos privadas. El Real Decreto empezaba señalando que las nuevas reglas tenían como objeto principal el mayor resguardo de la Renta, así como la “evitación de fraudes”. Los nueve primeros artículos del documento –de un total de 72 artículos ‑ se refieren a la compra de tabacos en Cuba. Es muy importante anotar que los tabacos del resto de las Antillas y Venezuela han desaparecido de la reglamentación e, igualmente, que no hay ninguna mención al fomento del cultivo. En la Instrucción se pone de manifiesto sin ambages que la Habana es la proveedora del estanco. El artículo 1º explicitaba que la compra de taba‑ cos era el primer fundamento de la Renta “procurando que estos sean de la mejor calidad, para lograr el fin del más abundante surtimiento; siendo este el medio más adecuado para evitar los fraudes”. Los artículos 2º, 3º, 4º y 5º se centraban en el transporte (14 navíos/año), en los registros al arribo de los barcos, en el almacenaje y en la posible exportación de tabaco fuera del Reino por particulares. Los artículos 6º, 7º, 8º y 9º, se consagran, sin embargo, a la Factoría de La Habana, a los embarques de tabaco, a la necesidad de conti‑ nuar con la elaboración del falso Brasil (tabaco de rollo) y a la prohibición de vender tabacos de la Isla a los extranjeros “a excepción de los que estuviesen capitulados en el Assiento de Negros”. De esta Instrucción nos interesa especialmente, como hemos puesto de manifiesto, todo lo relacionado con el abastecimiento del estanco que, como es lógico, se centra en los tabacos remitidos desde la Factoría de La Habana. Ya desde el artículo 1º, se está reafirmando el interés de la Corona por primar el flujo de tabacos desde la isla antillana: disponiendo que las Fábricas se abastezcan de abundantes porciones de tabaco de polvo rancio, monte, redondo, hoja de moler, y de chupar de la isla de La Habana, respecto de ser propia de su Majestad, donde se crían todos estos tabacos, o que navegando a ella anualmente diferentes Arma‑ das y Navíos sueltos de España, pueden conducir de vuelta, todos los que se necesitan, aun para duplicado consumo del que hoy tiene esta Renta85. En el artículo 2º se hace una evaluación de las necesidades del estanco en 2 500 000 libras, aunque se plantea que debe haber un repuesto en los almacenes de la Renta de, al menos, el doble de lo que se consume en el Reino. 85 J. M. RODRÍGUEZ GORDILLO, op. cit. (2008), p. 92.
EL MARCO INSTITUCIONAL DEL TABACO EN EL IMPERIO ESPAÑOL. LA ESPECIAL INTEGRACIÓN DE CUBA EN EL ESTANCO ESPAÑOL 1684 ‑1727 67 Necesidades del estanco en libs. Según la Instrucción de 1726 Consumo anual del Reino Transporte Capacidad de carga y almacenaje 1 800 000 de polvo rancio, monte y redondo 14 navíos/año Carrera de Indias (rey + particulares) 4 500 000 de polvo 700 000 hoja de moler y chupar 1 500 000 de hoja 2 500 000 6 000 000 Fuente: Instrucción de 1726 En esta Instrucción hay continuidad con las normas anteriores en rela‑ ción a los registros de los navíos (Flota, Galeones o Sueltos) (art. 3º), y al almacenaje del tabaco (art. 4º): Se hagan conducir a la Ciudad de Sevilla, y se almacenen en ella; los del Rey en sus Reales Fábricas; y los de los Particulares en los que les tenga cuenta, á excepción de los vecinos y Comerciantes que residieren en dichos Puertos, que si no los quisieren conducir a Sevilla se les ha de permitir dexarlos en aquellas Ciudades con el resguardo correspondiente, teniendo, como es práctico, una llave de los Almacenes el Administrador General de las Reales Fábricas, o Factores de los Puertos y otra los dueños de los taba‑ cos en interin que no estuviesen ajustados y vendidos al Rey… Se restringía la decisión de la saca de los tabacos para su venta en el exterior a los directores de la Renta (art. 5º). Como ya hemos dejado anotado, cuatro artículos dejaban perfilada la función de la Factoría de La Habana. Como en épocas anteriores, se trataba de tener en la Isla un factor entendido y con competencia exclusiva en la elección de la calidad del producto que comprase los tabacos de cuenta de su Majestad, dependiente de los direc‑ tores generales, que sería auxiliado por el gobernador y oficiales reales que se encargarían de realizar los pagos (art. 6º). Los comandantes de los navíos tendrían la obligación de vigilar los embarques, reconociendo los “Sacos, Zurrones y matules en que viniere embasado y terciado el polvo y rama” (art. 7º). Un espacio especial era dedicado al perfeccionamiento de la Fábrica de rollo que se quería asentar en La Habana, contando con técnicos portugueses que serían solicitados a la Corona de Portugal. Aunque mientras no estuviese en producción seguirían realizándose los asientos:
SANTIAGO DE LUXÁN MELÉNDEZ 68 Siendo muy conveniente el establecimiento de la Fábrica de este género de Tabaco en la dicha Isla de La Habana, assí por escusar la extracción de más de dos millones de reales, que anualmente salen fuera de España para el Reyno de Portugal, en donde se compran los Tabacos de Rollo, que se necessitan para el surtimiento de nuestras Fábricas, como porque logrado el fin de perfeccionarse la empezada en La Habana, no sólo dará abasto para todos los dominios de su Majestad, sino que se conseguirá su mayor beneficio con las porciones, que se podrán vender para fuera del Reyno. Finalmente, se tenía especial cuidado (art. 9º) en mantener la prohibi‑ ción de que en la Isla se vendiese tabaco a los extranjeros, con excepción del Asiento de Negros.
DIPLOMATIC LETTERS CONCERNING THE ENGLISH ASIENTO CONTRACT Lía de Luxán Hernández* Universidad de Las Palmas de Gran Canaria THE ENGLISH ASIENTO CONTRACT The English Asiento Contract refers to a treaty between Phillip V and Queen Anne (later George I and George II), that is, between Spain and England. It was ratified in the Treaty of Utrecht (1713), which was signed after the Spanish War of Succession (1702 ‑1713). It consisted of giving to the English party the slave trade from Africa to the West Indies for 30 years. It involved the delivery of 144,000 piezas de India (4,800 per year), for which the English party had to pay 33 1/3 pesos. The British Asiento followed the French Asiento Contract model, but with the supplementary addition of the annual ship. One of the objectives of the British through the Peace of Utrecht was to acquire the Asiento Contract, removing the French, in order to enter into the Spanish America through a back door. The Contract was signed on 26 March 1713, but, because some aspects were not clear, an amended treaty was needed. Thus, in June 1716 the “Convention for explaining the Articles of the Assiento” was signed. The Contract1 consisted of 42 clauses, which were written by the English party * Lía de Luxán Hernández graduated in Translation and Interpreting Studies (2007) and in Law (2010) from the University of Las Palmas de Gran Canaria, from where she also obtained a PhD (European Mention) in Translation and Interpreting Studies in 2012. She has also quali‑ fied as a sworn German ‑Spanish translator. She was a visiting research scholar at the University of Limerick, Ireland in 2010 and at the University of Leeds, England, in 2011. She works as a teacher in the Department of Modern Languages at the University of Las Palmas de Gran Cana‑ ria. [email protected]. 1 ARCHIVO GENERAL DE INDIAS (AGI), Indiferente General, 2769
LÍA DE LUXÁN HERNÁNDEZ 70 and accepted by the King of Spain, despite the objection of El Consejo de Indias. The Contract had an extra clause, referring to the Annual Ship, a privilege conceded “in compensation for expected losses in the slave trade.”2 The Annual Ship consisted of the permission of sending 500 tons of merchan‑ dise tax ‑free (which, after 1716, consisted of 650 tons because no ship had been dispatched between 1713 and 1716) every year at the time of the fair (in the Convention Treaty it was agreed to hold a fair annually in America) and once the Spanish fleet had arrived in America (the 1716 treaty allowed the merchandise to be sold after four months from arrival if the Spanish ships had not arrived).3 English and Spanish diplomatic letters: structure and examples The letter is the text type chosen because it was the most prolific document: correspondence was the fastest way of communicating and letters frequently enclosed other text types. When sending a missive, accounts, memorandums, instructions, passports, etc. could be found in the same envelope. Letters between the two nations were written using the language of diplomacy. Some of the letters studied were kept by Thomas Gerladino (1682 ‑1755), originally named Thomas Fitzgerald, who watched over the interests of Spain, firstly in the London based Court of Directors of the South Sea Company and secondly as Ambassador in London. a) SpaniSH LetterS opening ‑ Excelentísimo Señor, ‑ Muy Señor Mío, 2 V.G., SORSBY, British Trade with Spanish America under the Asiento 1713 ‑1740. Thesis presented to the University of London. Department of History, University College, London, p. 1, 1975 3 V.G., SORSBY, op. cit. R., DONOSO ANES, “Accounting and Slavery: The English Company of the South Sea Accounts: first period 1713 ‑1722”. En VIII World Congress of Accoun‑ ting Historians, Madrid, 2000. R., DONOSO ANES, “Accounting and Slavery: The English Company of the South Sea Accounts, 1713 ‑1722”, The European Accounting Review 11:2, pp. 441 ‑452, 2002. R., DONOSO ANES, “El barco anual de permiso del Asiento de Esclavos con Inglaterra: el caso del viaje a la Veracruz del navío La Real Carolina en 1732”, Revista de Historia Naval 93, pp. 67 ‑100, 2006. R., DONOSO ANES, “Un análisis sucinto del Asiento de esclavos con Inglaterra (1713 ‑1750)”, Anuario de Estudios Americanos 64:2, pp. 105 ‑144, 2007. R. DONOSO ANES, “Los navíos anuales de permiso del Asiento de Esclavos con Inglaterra hasta la feria de Portobello de 1731”. Revista de Historia Naval, 2008, p.100. R. DONOSO ANES, “La Compañía del Asiento y la Guerra de la Oreja de Jenkins: sus causas económicas y algunos aspectos conta‑ bles relacionados”. Revista de Contabilidad, 2008, 11:1, pp. 9 ‑40.
DIPLOMATIC LETTERS CONCERNING THE ENGLISH ASIENTO CONTRACT 71 body ‑ Dirijo con ésta a manos de Vuecencia […] ‑ Con fecha de […] tengo escrito a Vuecencia a que me refiero ‑ En carta de […] di cuenta de […] ‑ En carta de […] da cuenta Vuecencia de […] ‑ En carta de […] cuyo recibo acusé […] ‑ En carta del presente se sirve Vuecencia […] ‑ Por carta fecha en […] ‑ Por carta de […] me previene Vuecencia quedar enterado ‑ Logrando la ocasión del presente […] ‑ En respuesta de la con que Vuecencia me honra de ayer […] ‑ […] en respuesta a […] ‑ […] he tenido por mi obligación escribirle […] ‑ […] a la que me dieron respuesta en […] ‑ […] quedo instruido de que enterado el Rey […] ‑ Y hallándome informado […] ‑ Y en la misma conformidad […] ‑ Con esta noticia en […] ‑ Habiendo yo instado a la Dirección de la Compañía […] ‑ […] se ajustó con la Compañía Real de Inglaterra […] ‑ […] los derechos de esclavos y utilidades del Real Navío […] ‑ […] de haberse visto en la Asamblea de Directores de la Compañía del Asiento […] ‑ El Rey se sirvió conceder […] ‑ […] conforme(s) a lo estipulado por el Tratado de Asiento ‑ […] lo que le servirá a Vuecencia poner en la Real noticia […] ‑ […] para que Vuecencia lo ponga en la Real noticia […] ‑ […] por lo que pueda importar al Real Servicio de Su Majestad se halle con las noticias que contienen ‑ […] de lo que se servirá Vuecencia dar cuenta a Su Majestad y instruirme de su Real ánimo ‑ […] avisan los factores de la Compañía del Asiento a la Dirección […] ‑ […] haber sido de la Real aprobación […] ‑ […] haber salido de aquel puerto […]
LÍA DE LUXÁN HERNÁNDEZ 72 ‑ […] no tenía otra cosa que noticiarles que […] ‑ […] en vista de […] ‑ […] remitiendo la traducción de […] ‑ […] de la traducción que acompaña a ésta […] ‑ Asimismo, me veo obligado a […] ‑ […] servirán darme su respuesta […] ‑ […] Por cuanto […] ‑ […] me previene Vuecencia quedar el Rey enterado […] ‑ […] cuya traducción […] ‑ […] a razón de […] ‑ […] en virtud de lo acordado […] ‑ […] y en orden a […] ‑ […] cuya gracia […] ‑ […] por la falta de inteligencia en […] ‑ Lo que he tenido por digno de la noticia de Vuecencia ‑ Lo que he dirigido en su ausencia […] cLoSing ‑ Dios guarde a Vuecencia los muchos años que le quedad y es menester ‑ [Excelentísimo Señor.] Bendigo las manos de Vuecencia su más rendido servido b) engLiSH LetterS opening ‑ Sir, ‑ My Lord, ‑ May it please Your Grace, ‑ Gentlemen, body ‑ By Your Grace´s letter of [...] ‑ In obedience to your order dated [...] ‑ In obedience to His Majesty´s commands signified in Your Grace´s letter [...]
DIPLOMATIC LETTERS CONCERNING THE ENGLISH ASIENTO CONTRACT 79 Derechos de esclavos Duties to be paid for negros That for each Negro […] the Asientists shall pay thirty ubsis of Eight (Escudos) and one third of a peice of Eight (second article of the Asiento Contract). That the Duties upon the Negroes imported, are to be due from the Day of their Landing in any of the Ports of the Indies […] (article 24 of the Asiento Contract). […] que habiendo tenido con Don Benjamin Keene diferentes conferencias sobre el ajuste del valor de los pesos que la Compañía del Asiento debe pagar al Rey por los derechos de esclavos […]1 Director Director The directors are agents of the company and bind it by all acts done by them within the scope of their authority (The Oxford Companion to Law). In this context, it refers to those who took decisions in the South Sea Company and to the agents in charge of watching the interests of the Spanish Crown, according to article 28 of the Asiento Contract. […] y ha de nombrar su Majestad Católica dos Directores o Factores, los cuales han de redidr en Londres, otros dos en Indias y uno en Cádiz para que de su parte intervengan con los de su Majestad Británica (condición número 28 del Contrato del Asiento de negros). Feria Fair Mercado de mayor importancia que el común, en paraje público y días señalados (DRAE). Outdoor market of great importance taking place on certain occasions. The annual ship merchandise was to be sold at the time of the fair, once Spanish galleóns had arrived in the West Indies. Navío de Permisión Navío de Permiso Annual Ship Consistía en la licencia de introducir anualmente y en el marco de la legalidad, mercancía en las colonias españolas, en tiempos de feria y, por tanto, una vez que la flota y los galEónes españoles hubiesen llegado a puerto (650 toneladas). Condición anexa al Contrato del Asiento de Negros. According to the terms of the asiento, the South Sea Company was allowed to introduce legally 650 tons of merchandise into Spanish colonies in America on annual ships.
LÍA DE LUXÁN HERNÁNDEZ 80 Navíos Autorizados Licensed Ships En los momentos de negociación hacia la paz, Felipe V tuvo a bien autorizar, y como extra a los navíos anuales de permiso, el envío de dos barcos de casi 1000 toneladas de mercancías de primera calidad con destino a Veracruz y Cartagena o Portobello. During the first trading period the South Sea Company sent to the Spanish colonies in America two licensed merchant ships with cargoes that by agreement could not be less than 500 tons nor more than 600. The privilege had been granted to Queen Anne by Phillip V in 1713 and then assigned by Anne to the Company2. Pieza de India Pieza de India […] referred to a prime male slave in good physical condition between 14 and 30 years of age and about 4´8´´ tall”3. […] regular standard of seaven quartos, not being old, or defective, according to what has been practiced & established hitherto, in the Indies […] (second article of the Asiento Treaty). Compiled by author Translations and translators of diplomatic letters Translation played a fundamental role in the relations between Spain and Great Britain during the Asiento contract. Thus, the character of the translator is of great importance. Nevertheless, it has to be pointed out that the majority of translations produced were not signed and hence it is not an easy task to bring to light who were the persons in charge of this acti‑ vity. However, it can be deduced from original documents from the Asiento Contract (mainly letters) and secondary sources about the subject that those who acted as translators were not only translators: at the same time they could perform other activities, translation being the secondary activity or vice versa. From the papers consulted, it becomes obvious that the competences required were to have a command of the languages involved and also to be loyal to the Crown in the case of diplomats. But, taking into consideration the humanistic background that employees of the Secretaría de Interpreta‑ ción de Lenguas8 should have, being well versed in this area of knowledge was also a highly demanded competence. Diplomats and their officers could also act as translators, and they were supposed to speak not just their native 8 I. CÁCERES WÜRSIG, “Breve historia de la Secretaría de Interpretación de Lenguas” En Meta: Translators’ Journal. Vol. 49. N° 3, 2004, pp. 609 ‑628.
DIPLOMATIC LETTERS CONCERNING THE ENGLISH ASIENTO CONTRACT 81 language and have political and cultural knowledge related to both nations, these requisites could also be framed within the translators´ competence. a) tranSLatorS For tHe SpaniSH party There was not just one institution or one person in charge of transla‑ ting Spanish, English, Latin and French documents into English, Spanish, Latin and for the Spanish party. Diplomats and their officers, employees of the Secretaría de Interpretación de Lenguas, external translators hired by the Secretataría de Interpretación de Lenguas and translators working for speci‑ fic government departments formed, in my opinion, the corps of translators of documents on the Asiento Contract. The Spanish agent in the Court of London and the Spanish ambassa‑ dor in this city were the most important diplomats living there who had to deal with Asiento Contract issues. A considerable number of the documents they sent which required to be translated had already been translated, so the employees for the Secretaría de Interpretación de Lenguas could not have translated them. It can be assumed that diplomats and their offices did it. b) dipLomatS and tHeir oFFicerS As explained earlier, diplomats had to be loyal to the Spanish Crown in all their activities. In field of translation this was to be reflected in being loyal to the author and faithful to the words of the ST. Yet not all Spanish Agents were faithful to the Crown: some of them accepted bribes and it is indeed possible that some of the translations of documents which spoke about the subject could be mistranslated, if those originally asked to translate them were also bribed in order not to let the King and his most loyal servants know about it. No proof has been found, but it is very difficult because trans‑ lations are not normally saved with their original texts. Apparently the most successful method of paving the way for the introduc‑ tion of illicit wares into the Spanish colonies was through a well ‑calculated and widespread system of bribery, extending from some of the highest offi‑ cials in Spain to the common soldiers9 Guillermo Eón (1717 ‑1732) substituted Arthur Moore (1714 ‑1717) as agent in the Court of Directors in London, representing the interests of the Spanish Crown, but, as Sorsby10 points out that he had no knowledge of English. Thus, in this case, any translations to be done by the Spanish related 9 G.H., NELSON, “Contraband Trade under The Asiento 1730 ‑1739”, The American Histo‑ rical Review, 51:1, p.58, 1945 10 V.G., SORSBY, op. cit., p. 45.
LÍA DE LUXÁN HERNÁNDEZ 82 to the issues he was involved in, could have been his officers’ duty. Because of his lack of English, it is assumed that he needed an interpreter when inte‑ racting with the British and a personal translator who could have translated his notes, letters and speeches so that he was able to communicate with the South Sea Company Agents. Nevertheless, I have found a letter Eón sent to the Spanish King in which he declared he had translated an English document he enclosed, but it was clearly limited. According to this letter, the aim of this rudimentary transla‑ tion was to serve as a guide to what was said in the ST, so that the King could be aware of its content while waiting for an accurate translation. Eón´s tasks are to be seen in the Instrucción secreta the king sent to him. The topics of the documents to be translated should have been in cohesion with these duties: Instrucción secreta que von Don Guillermo Don Caballero del Orden de Alcántara, habéis de tener reservada observar en el encargo que os he hecho de Director en la Corte de Inglaterra para asistir en mi Real Nombre en la Asamblea adjunta de la Compañía Real del Assiento de Negros, en los casos en que se hubiere de tratar de las dependencias concernientes a él. Luego que habéis llegado a la Corte de Londres presentaréis el Despacho de Director a los Directores de la Compañía para que a consecuencia de lo estipulado por el artículo 28 del tratado del asiento se os admita en las conferencias en als cuales se hubiere de tratar del despacho de navíos para el rescate de negros en África, de examinar las cuantas de […] en Indias, de los productos que se trajeren , y finalmente de todos y cualesquiera casos y cosas dependientes del tráfico de negros en el interés que tengo […] como la cuarta parte y si os parece […] posiciones discurridas no sean conve‑ nientes al mayor beneficio y utilidad general, debéis proponer las razones […] en contrario para persuadirlos a lo mejor y de informarme por medio del Despacho de mi real hacienda de lo que juzgaréis digno de ser expuesto en mi real noticia11 Eón was suspected of bribery and therefore the translations that came from his people could have been mistranslated. One of the Spanish representatives, the Chevalier d`Eón, had been bribed to connive at the mismeasurement of the two permission ships, allowed to sail to the Indies at the beginning of the Asiento under article 12 of the Asiento treaty as a special favour to Queen Anne, but this irregularity had not had the approval of the whole board of directors12. 11 ARCHIVO GENERAL DE SIMANCAS (AGS), Valladolid, Estado, 6840. 12 J. McLACHLAN, Trade and peace with the Old Spain 1667 ‑1750. A study of influence of commerce on Anglo ‑Spanish Diplomacy in the first half of the eighteenth century. Cambridge at the University Press, 1940, p.79.
DIPLOMATIC LETTERS CONCERNING THE ENGLISH ASIENTO CONTRACT 83 Thomas Geraldino was named in 1732 to occupy Eón´s position until 1736 (although Joseph Blanco substituted him a few months in 1724). Geral‑ dino was versed in Spanish, English and French. He was in very high demand because of the linguistic knowledge of his assistants and it can be guessed that he supervised their translations, when they were supposed to act as translators. Donoso claims that Geraldino was the translator of several docu‑ ments of the Asiento Contract. For instance, he assumes that he translated the accounts of the Royal Company and of The Bedford (a licensed ship) sent on the 21st October 1733 to Patiño (2010: 189, 207). It cannot be guaranteed that Geraldino was the translator of all the translated documents he had to be sent to Spain, but he most certainly did some of them. The documents to be translated were related to his duties, which are well mapped out by Sorsby (1975) and are a summary of the Instrucción Secreta the King sent to him in 1732 (AGS, Estado, 7007): Geraldino presented his credentials to the Company on 2 June 1732. In Keene´s opinion the Spanish could not have selected “a more fair or Honest man”. [...] Geraldino was well ‑briefed on the South Sea Company, and his instructions were more severe than had been anticipated by the directors. He was to monitor closely the asiento trade; attend all directors´meetings; keep his government informed about new factory regulations, the schedule of Company ships, the appointment of officials and the number of slaves introduced; and to give special attention to the prevention of contraband on the annual ships. In addition he was responsible for keeping the newly appointed Spanish agents to Company factories appraised of the situation in England as it pertained to the asiento trade13. He was a very watchful and honest man and this explains why he was so trusted to fight against the bribery that has been previously refered to. [...] the Spanish government had secure positive proof of this contraband trading from Dr. Burnet and Mathew Powles. [...] In order to prevent such violations, Philip V sent the ever watchful Sir Thomas Geraldino as his representative to sit on the board of Directors of the South Sea Company14. Hence, translations provided by him (done by his officers and supervised by him or written by him directly) were to be trusted. After him, Pedro Terry, recommended by both Geraldino and Montijo (AGS, Estado, 6902), became Spanish Agent in the Court of Directors of the 13 V.G., SORSBY, op. cit., p. 172. 14 G.H., NELSON, op. cit., p. 56.
LÍA DE LUXÁN HERNÁNDEZ 84 South Sea Company. He mastered English and had a vast command of the politics and culture of both nations. So, like Geraldino, Terry probably super‑ vised the translations sent to the Spanish party and it is likely that depending on the amount of work he had to do and the length of the document to be translated, he participated in the translations of some of them. Regarding the translations that came from the Spanish Embassy, it can also be assumed that the officers and assistants working for the Spanish ambassador were ordered to translate. Yet the ambassador probably supervi‑ sed and also translated. Ibáñez, Montijo and Geraldino held this post. Bribery and thus temptation to mistranslate could also be seen. Also, Montijo, president of the Council of the Indies, was spoken of as having aided the cause in a way that was very satisfying for both parties15. c) tHe Secretaría de intepretación de LenguaS The Secretaría de Interpretación de Lenguas was probably created in 1527 in order to help the Consejo de Estado to establish communication among the territories belonging to Spain and the other countries where Spanish was not spoken. The secretaries in charge of this institution between 1729 and 1755 were Francisco Gracián y de Pereda (1714 ‑1734), Miguel José de Aoiz y de la Torre (1734 ‑1744) and Domingo Marcoleta (1744 ‑1756). It can be proved that translators working for the Secretaría de Interpre‑ tación de Lenguas were also involved in the translation of documents of the Asiento Contract because the signature of the Secretary is to be seen on some of the translations. Traducído de franzes por mí Dn. Franco. Gracían del Consejo de su Magd. y su secretario dela Ynterperazión de Lenguas, y lo firmo en Madrid, ã quatro de Marzo de millsezs y veintey cinco16. d) tranSLatorS For SpaniSH goVernment departmentS The traductores del Estado, as Cáceres Würsig17 refers to the translators working for some Spanish Government departments. I have no proof of it, but I would dare to claim that translators working for the Consejo de Indias and Consejo de Hacienda were in charge of some translations regarding the Asiento Contract, due to they dealt with issues related to it. José Joaquín Montealegre, Juan Amador and Juan de Iriarte are the most remarkable 15 G.H., NELSON, op. cit., p. 58. 16 AGI, Indiferente General, 2803. 17 I. CÁCERES WÜRSIG, op. cit.
DIPLOMATIC LETTERS CONCERNING THE ENGLISH ASIENTO CONTRACT 85 officers during 1729 and 1755 and therefore could have produced some of these translations. e) tranSLatorS For tHe engLiSH party It is more difficult to guess who the translators for the English side were because information to that respect is rarely provided. I have seen in some documents translated into Spanish kept in the AGS “traducción de oficio del Tribunal de Directores de la Compañía del Asiento de negros”. This suggets that probably there were translators working for the Court of Directors or employed officers whose one of their activities could have consisted in trans‑ lating or writing documents in other languages. Establishing a parallelism with the Spanish party, the South Sea Company representatives and their officials would have probably translated documents into English. Thus, Francis Stanford and Benjamin Keene and his officers could have worked as translators. Brief conclusions Historical diplomatic letters, which are written in the first person, but always using polite expressions and taking into account the importance of the issue being discussed, are more direct and less formal than other official communication. They offer an interesting insight into the nature of diploma‑ tic and political relations and, at the same time, an opportunity to study the first ‑person experience of the historical moments being analyzed. Getting to know who was in charge of translating texts in the Asiento Contract is not an easy task. Translations were not normally signed. A care‑ ful reading of the documents produced in and during the Asiento Contract, helped me to conclude that many translations came from diplomats and their officers watching over the interests of the Spanish Crown in London and that translators working for the Secretaría de Interpretación de Lenguas and for the Consejo de Indias and the Consejo de Hacienda were definitely in charge of some of them. Geraldino played a very significant role as direct or indi‑ rect translator, which means he could not have been the real translator of all the translated documents he sent to Spain, but the supervisor of them. His mother tongues were English and Spanish and it is known that he was well versed in French.
«ESCRAVOS DO FUMO». NOTAS SOBRE A ESCRAVATURA NO CONTEXTO TABAQUEIRO: BAHIA, COSTA DA MINA E ANGOLA (SÉCULOS XVII ‑XIX)* João de Figueirôa ‑rêgo CHAM, FCSH, Universidade NOVA de Lisboa, Universidade dos Açores CIDEHUS, Universidade de Évora O tráfico de escravos, cujo porto principal no Brasil colónia foi Salva‑ dor da Bahia, deverá, segundo a historiografia, muito do seu incremento ao comércio do tabaco1. É corrente a noção de que o açúcar, o ouro e os diaman‑ tes foram parte importante do negócio esclavagista. Contudo, ainda que, em termos práticos, o cultivo tabaqueiro não impusesse a necessidade de aplicar grande mão ‑de ‑obra escrava, as explorações agrícolas daquele género eram em regra pequenas, a verdade é que os rolos de tabaco teriam tido lugar destacado na permuta por lotes de peças. Porém, ainda que o papel primordial desempenhado pelo escambo de escravos versus tabaco pareça hoje uma realidade iniludível e um argumento (quase) pacífico entre os historiadores que se ocuparam do tópico, a verdade * Este trabajo se inserta en el proyecto de investigación “La integración de las economías atlánticas: el papel del tabaco en los imperios ibéricos 1636 ‑1832” (HAR2012 ‑34535) y Salva‑ dor da Bahia: American, European, and African forging of a colonial capital city (BAHIA 16 ‑19), MARIE CURIE ACTIONS, PIRSES ‑GA ‑2012 ‑318988. 1 Deve ‑se ainda, pelo seu manifesto interesse, ter bem presente o fruto de um labor de pesquisa de duas décadas, de Pierre Verger, Fluxo e Refluxo do tráfico de escravos entre o golfo do Benin e a Bahia de todos os Santos: século xvii ao xix. São Paulo, Corrupio, 1987, sobretudo pp. 19/31.
JOÃO DE FIGUEIRÔA ‑RÊGO 88 é que tal noção não passou nunca despercebida aos actores sociais que nela intervieram e manteve ‑se até épocas bastante tardias e ainda que com dife‑ rentes origens e enquadramentos geográficos2. Por essa razão, a importância do binómio tabaco ‑escravos foi objecto de destaque em vários estudos, dos quais uma tese doutoral, motivo por que não valerá a pena insistir em dados já referenciados, somente aportar algumas notas recolhidas em diferentes fontes e que possam contribuir para confir‑ mar ou infirmar suposições da historiografia recente. Urge, parece, renovar o debate, que, na expressão de alguns autores, corre o risco de se “fetichizar” ao insistir ‑se excessivamente na bipolaridade do tráfico (escravos/ tabaco)3. Escravos da Mina e tabaco da Bahia A Costa da Mina, consubstanciou o escambo realizado com os negros vindos dos quatro portos da região conhecida como Benim, Grand Popo, Figura 1 – Mapa da Costa dos Escravos 2 Kulikoff, Allan. Tobacco and Slaves: the Development of Southern Cultures in the Chesa‑ peake, 1680 ‑1800. Chapel Hill: Published for the Institute of Early American History and Culture, Williamsburg, Virginia by the University of North Carolina (1986). 3 MENZ, Maximilian; ACIOLI, Gustavo «Resgate e Mercadorias: Uma análise comparada do tráfico luso ‑brasileiro de escravos em Angola e na Costa da Mina (século xViii)». Afro ‑Asia (UFBA), v. 37, p. 43 ‑74, 2008.
«ESCRAVOS DO FUMO». NOTAS SOBRE A ESCRAVATURA NO CONTEXTO TABAQUEIRO: BAHIA, COSTA DA MINA E ANGOLA (SÉCULOS XVII ‑XIX) 95 presença do superintendente do tabaco que, por aquelas bandas, era o mesmo ouvidor geral da capitania da Paraíba27. Matias Soares Taveira, a quem a Junta da Administração do Tabaco (JAT), denunciara, era um homem de negócios importante, dono de dois engenhos que se fizera familiar do Santo Ofício (1740), mestre de campo do Terço dos Auxiliares da Companhia da Paraíba do Norte 28, coronel de um regimento de Infantaria das Ordenanças da cidade da Paraíba29 e que em 05.03.1743, escrevera, ele mesmo, ao rei [D. João V], sobre a má gestão do capitão ‑mor da Paraíba, Pedro Monteiro de Macedo, acusando ‑o de levar a capitania à miséria.30 Este tipo de perfil de opositor era uma realidade com que a JAT tinha que lidar frequentemente, com a agravante de que se tratava de gente que se mexia habilmente em diversos meios, quer mercantis, quer sociais, estabelecendo contactos, de certa maneira nos limites do promíscuo, com as magistraturas locais e outras mais próximas do centro político31. Tal o caso, antes referido, que envolvera o vice ‑rei Atouguia e Teodósio Rodrigues de Faria. O peso da influência dos homens de negócio da Bahia parece ter sido determinante, ainda que o tabaco do seu recôncavo até pudesse nem ser o que melhores encaixes financeiros proporcionasse, pelo menos na geneali‑ dade dos contextos geográficos. A historiografia terá feito eco dessa aparente vantagem bahiana, mas sem atender a outros indícios presentes na documentação dispersa por numerosos fundos arquivísticos. A título de exemplo, será de referir um caso ocorrido em 1685, em que pareceu conveniente embarcar na nau da Índia para se aproveitar o frete e entregues ao mestre Manuel Gonçalves Nogueira, cerca de 47 rolos de tabaco com duzentas e setenta e cinco arrobas e meia, entre os quais 15 rolos mais curtos e grossos que pesavam noventa e seis arrobas e eram da capitania de Alagoas que, pelo sitio e qualidade, se busca‑ vam para o estanco por se venderem por maior preço do que o melhor tabaco da Bahia e, por se não ter ainda ajustado com o seu dono, iam em branco na carregação, com conhecimento do mestre, as quais, parecia, importariam em 184$730 réis. Bahia, 30 de Junho de 1685 (sublinhado nosso).32. 27 Idem, ibidem, citando IHGP, Ordens Régias, Códice: 1720 – 1732. Doc. 162. 28 AHU_ACL_CU_014, Cx. 18, D. 1435 29 [ant. 1724, junho, 21, Paraíba] requerimento de Matias Soares Taveira, ao rei [D. João V], solicitando carta patente de confirmação do posto de coronel de um regimento de Infantaria das Ordenanças da cidade da Paraíba; AHU_CU_014, Cx. 5, D. 415. 30 AHU_CU_014, Cx. 12, D. 982. 31 SOUZA, Laura de Mello e, O sol e a sombra: política e administração na América portu‑ guesa do século xviii. São Paulo: Companhia das Letras, 2006. 32 ANTT, JAT, Avisos, Mç. 56.
JOÃO DE FIGUEIRÔA ‑RÊGO 96 Por outras palavras, em diferentes ocasiões os desvios eram feitos com plena consciência do incumprimento das formalidades regimentais e, mais sintomático, com o beneplácito régio, conforme revelado, no presente exem‑ plo, por Francisco Lamberto, provedor ‑mor da Fazenda do Brasil33 em carta ao vedor da Fazenda34. Bahia e Angola no comércio escravocrata em correlação com o tabaco Circa 1645, quando parte do território angolano estava ainda sob domí‑ nio holandês, sendo a penetração no interior mais difícil, os portugueses que possuíssem embarcações pequenas e andassem pela costa à pesca, eram soli‑ citados para o resgate de escravos, cujo escambo se fazia, essencialmente, como referiu David Birmingham, em troca de álcool, de tabaco e de tecidos35. Tabaco esse, que, facilmente, se deduz ser de origem brasílica. A “tradição” perpetuou ‑se, mesmo após a saída dos neerlandeses, como a historiografia tem vindo a testemunhar, e manter ‑se ‑ia na centúria seguinte. Da pretensão de continuidade fez ‑se até eco nos canais oficiais. Frutuoso Vicente, familiar do Santo Ofício36, natural de Viana da Foz do Lima, mora‑ dor na Bahía de cuja praça era negociante, requereu ao rei [D. José] que ordenasse à Mesa de Inspecção da referida cidade que fosse franqueado o comércio do tabaco de pouca qualidade para Angola, assim como se fazia para a Costa da Mina37. O capitão Bento Fernandes Galiza38, que, em 1754, fizera um requeri‑ mento ao rei [D. José] solicitando provisão para poder mandar a Benguela o navio Santo António e Almas a fim de carregar escravos,39 continuou a actuar 33 Homem de grande influência, que, em 1687, teve Provisão para servir por mais 5 anos o cargo de Provedor ‑mor da Fazenda da Baía, ANTT, Registo Geral de Mercê D. Pedro II, liv. 1, f.310 e que em 1690 e 1692 obteve Provisão. Para por mais 1 ano o ofício de Administrador Geral do Comércio da Baía com a ajuda de custo de 400$000 réis anuais. Em 1694 foi ‑lhe passada carta de fidalgo da Casa Real, ANTT, RGM, D. Pedro II, liv. 8, f.458v. 34 Manuel Teles da Silva (1641 ‑1709), 1º marquês de Alegrete e 2.º conde de Vilar Maior, que em 1669 foi nomeado regedor da Casa da Suplicação e, em 1672, tendo já o cargo de consel‑ heiro de Estado, tornou ‑se vedor da Fazenda.Vd. ANTT, Manuscritos da Livraria, n.º 168 (80), “Carta de Manuel Teles da Silva para O Bispo Secretário de Estado dando ‑Lhe parte de se terem acabado os seus três anos de Vedor da Fazenda do Reino” (1684). 35 BIRMINGHAM, David, A Conquista Portuguesa de Angola, Porto, A Regra do Jogo, 1974, p. 33. 36 ANTT, HSO, Frutuoso, mç. 2, doc. 19. 37 AHU_ACL_CU_005, Cx. 146, D. 11232. 38 Galiza, decerto por ser natural de Ourense, Galiza, uma vez que não tinha esse designa‑ tivo como nome de família, ANTT. Feitos Findos, Conservatória da Companhia Geral de Pernam‑ buco e Paraíba, mç. 28, n.º 9, cx. 37. 39 AHU_ACL_CU_005,Cx.119,D.9291
«ESCRAVOS DO FUMO». NOTAS SOBRE A ESCRAVATURA NO CONTEXTO TABAQUEIRO: BAHIA, COSTA DA MINA E ANGOLA (SÉCULOS XVII ‑XIX) 97 entre 1750/ 1755 no comércio da Costa da Mina (escravos/ fumo). Activi‑ dade que terá prosseguido nos anos subsequentes, porquanto, em 1757, fez petição, ao provedor ‑mor da alfândega da Bahia, a pedir autorização para que a sua corveta Nª Sª do Cabo fosse à Costa da Mina resgatar escravos e de lá retornar em «direitura» ao porto de Salvador ou ao do Rio de Janeiro40. O que não deixa de ser curioso, uma vez que o dito capitão tinha, de há muito, autorização para usar essa rota da Mina. Dada a sua ligação a Manuel Dantas Barbosa, administrador do contrato de escravos de Angola, não é de rejeitar a possibilidade de que tudo isso se tratassse de um estratagema para viabilizar a participação em “rotas” diversificadas, não incluídas nos périplos tradicionais. Neste caso, Angola seria o objectivo não declarado mas efectivo. Tanto mais que a documentação existente revela que Galiza, em parceria com dois outros sócios armou a sumaca Nª Sª da Aparecida, São José Santo António e Almas, a qual levou para o «presídio de Benguela a resgatar escra‑ vos» uma carregação de «12 rolos de tabaco dos grandes que costumavam vir do porto de Cachoeira».41 Sabe ‑se que dos 253 escravos que largaram de Benguela chegaram à Bahia cerca de 224. Poucos anos volvidos, em 1764, sendo Dantas Barbosa administra‑ dor dos contratos dos dízimos reais42, por escolha directa do Conselho da Fazenda, na falta de interessados, foram vários os homens de negócios bahia‑ nos que, em requerimentos à Corte, solicitaram licença para enviar navios ao presídio de Benguela. Entre esses figurava Bento Fernandes Galiza. Diga ‑se, por último, que dois anos volvidos, 1766, Dantas Barbosa era já deputado da Mesa de Inspecção do Tabaco da Bahia e será nessa qualidade que permite que sejam feitos negócios no presídio de Benguela, chegando, em outra ocasião a suspender ordens emitidas pelo conde da Azambuja, governador‑ ‑geral, para, com a conivência de outros inspectores da Mesa, defender os interesses dos lavradores de tabaco. Na posse deste rol de dados estaremos, então, perante um subtil jogo de ilusões em que tudo se conjugava para satisfazer interesses, aparentemente dispares mas, afinal, coincidentes? Será por isso prematuro arriscar a hipó‑ tese que as redes sociais e comerciais estabelecidas se projectassem para lá da esfera mercantil e mantivessem uma dinâmica de ligação política com as próprias instituições? 40 ANRJ, Alfândega da Bahia, Códice 141, Livro 11 (1754 ‑1828), s/ fl 41 AHU, CA, BA, doc. 2639, pasta 013 42 AHU, Bahia, cx. 35, doc. 6562.
JOÃO DE FIGUEIRÔA ‑RÊGO 98 Para Ana Staben não repugna a ideia de que «para muitos membros do Conselho Ultramarino fosse mais interessante que os comerciantes de escravos luso ‑brasileiros deixassem a Costa da Mina e se dirigissem para Angola».43. Como suporte dessa asserção a autora alega dois motivos: em primeiro lugar, uma maior possibilidade de controlo das autoridades portuguesas ali estabelecidas, ao determinarem não só quais as mercadorias a ser trocadas pelos africanos, quais as proibidas, e as que pagariam taxas mais elevadas. Desse modo, defende a mesma fonte, conseguiriam diminuir a supremacia dos “luso ‑brasileiros” no negócio dos escravos. Em segundo lugar, o aumento do número de mercadores lusos nos portos angolanos minaria a influência mercantil de ingleses, franceses e holandeses naquela região, principalmente em Benguela44. Para lá das leituras e interpretações atribuíveis, o certo é que Angola terá estado, em toda esta conjuntura, intimamente ligada à história do Brasil desde o século xVii até metade do xix45 e, em particular, muito próxima da Bahia. São numerosas as fontes documentais, sobretudo, dos séculos xViii e xix que apontam para a presença dos africanos centrais (angolas, benguelas e congos) entre a população escrava de Salvador e do Recôncavo e sertão bahianos. Por sua vez, os cursi honorum de numerosos homens de negócio bahia‑ nos, na prática quase um eufemismo para designar verdadeiros traficantes a actuar nos limites da legalidade, confirma a persistente e longeva relação desenvolvida no contexto fumageiro/ esclavagista, tanto no âmbito da Costa da Mina, como no de Angola. Situação perceptível na correspondência oficial, no recurso frequente às instituições soteropolitanas e metropolitanas que interagiam com as estruturas fumageiras, e, como não poderia deixar de ser, no teor de diversas petições alegando serviços prestados à Coroa e a “justa” recompensa. Serviam, essencialmente, para disputar hábitos de ordens mili‑ tares, provimento de cargos e ofícios, tenças para os próprios e/ ou descen‑ dentes, além de outras benesses. É Roquinaldo Ferreira, quem, ao tratar do processo de abolição do tráfico atlântico de escravos em Angola na primeira metade do século xix, e tendo em conta as diferenças e dinâmicas regionais do tráfico sediado em 43 STABEN, Ana Emilia, «Visões sobre o comércio de escravos entre Pernambuco e a Costa da Mina no século xViii», disponível on ‑line: http://www.humanas.ufpr.br/portal/cedope/ files/2011/12/Vis%C3%B5es ‑sobre ‑o‑com%C3%A9rcio ‑de ‑escravos ‑Ana ‑Emilia ‑Staben.pdf (consultado em 02. 02. 2016). 44 MILLER, Joseph C. «A economia política do tráfico angolano de escravos no século xViii», in: PANTOJA, Selma, SARAIVA, José Flávio Sombra (org.). Angola e Brasil: Nas rotas do Atlântico Sul. Rio de Janeiro: Bertrandc Brasil, 1999. p. 25. 45 PANTOJA, Selma; SARAIVA, José Flávio S. (orgs), Angola e Brasil nas Rotas do Atlântico Sul, Rio de Janeiro: Bertrand Brasil, 1999, pp. 123/131.
«ESCRAVOS DO FUMO». NOTAS SOBRE A ESCRAVATURA NO CONTEXTO TABAQUEIRO: BAHIA, COSTA DA MINA E ANGOLA (SÉCULOS XVII ‑XIX) 99 Luanda, Benguela e no chamado “norte de Angola” (Cabinda e Ambriz), argu‑ menta que, para entender o impacto das políticas abolicionistas em Angola, é preciso primeiro analisar, entre outras questões, a participação das elites locais no tráfico e os laços estreitos estabelecidos entre Angola e o Brasil46. Tópico pertinente até porque, convém lembrar, haverá que ter em conta a própria fluidez das redes de financiamento do tráfico negreiro. Tais grupos, forjados por nexos clientelares ou elos de parentesco, permitiriam estabe‑ lecer formas de acumulação, com base na circulação de informações e no desenvolvimento de estratégias de interesse mútuo47. A região de Benguela estaria, essencialmente, nas mãos dos negociantes do Rio de Janeiro. «Entre 1795 e 1811, Benguela respondeu por aproximadamente metade dos navios negreiros que atracaram no Rio»48, informa um autor que, citando Joseph Miller, reforça ainda que «pelo menos 80 por cento dos navios que saíram de Benguela tinham como destino o Rio de Janeiro, entre 1796 e 1828»49. A despeito das (in)certezas quantitativas dever ‑se ‑á aduzir que os resul‑ tados obtidos em Benguela, encarada de início como um contraponto à dimi‑ nuição de influência da Costa da Mina, não foram, afinal, tão expressivos como o esperado, pelo menos para os negociantes baianos que tentaram reto‑ mar a sua relação secular com a baía do Benin, desta vez em portos mais a leste, como Onim, Porto Novo e Badagri. A estratégia terá sortido efeito, já que os números estimados para o tráfico baiano de escravos parece terem ‑se reaproximado dos indicadores referentes às primeiras décadas do século xViii. Toda esta situação foi, ironicamente, vivida quase à margem do centro político ibérico. Embora nesse movimento mercantil estivessem incluindo portos que figuravam nos roteiros de viagem para o «resgate de escravos» e tabaco, os negociantes bahianos podiam agir sem qualquer contato direto com o porto de Lisboa. Desde 1720, pelo menos, que em Lisboa existia a desconfiança e o receio que o centro de gravidade do comércio, entre o Brasil e a Europa, estivesse a deslocar ‑se para África.50 Esse temor seria exagerado, 46 História Unisinos, v. 15, n. 1 (2011) Janeiro/Abril, Dossiê: Escravidão e experiências atlânticas, FERREIRA, Roquinaldo «A supressão do tráfico de escravos em Angola (ca. 1830 ‑ca. 1860)», pp. 3/13. 47 GOUVEIA, Maria de Fátima S., «Conexões imperiais: oficiais régios no Brasil e Angola (c.1680 ‑1730)», in BICALHO, Maria Fernanda; FERLINI, Vera Lúcia Amaral. (orgs), Modos de governar: Idéias e práticas políticas no Império Português (séculos xvi a xix), São Paulo: Alameda, 2005, pp. 179/181. 48 Ofício do Governador de Benguela, em 14 de janeiro de 1798, AHNA, cód. 442, fls. 51v. ‑52 apud FERREIRA, Roquinaldo, «A supressão…ob.cit. 49 MILLER, Joseph, “Legal Portuguese Slaving from Angola. Some Preliminary Indica‑ tions of Volume and Direction, 1760 ‑1830», Revue Française d’Histoire d’Outre ‑Mer, vol. LXII, nos 226 ‑227, 1975, p. 145. 50 HANSON, Carl, “Monopoly and Contraband in the Portuguese Tobacco Trade, 1624‑ ‑1702”, Luso ‑Brazilian Review, vol. XIX, nº 2, 1982, p. 161.
JOÃO DE FIGUEIRÔA ‑RÊGO 100 porque o que se passava na realidade era o aumento da abrangência geográ‑ fica e a não recusa em explorar os mercados possíveis, mesmo que á revelia das leis em uso ou das proibições vigentes. João Lourenço Veloso que, entre os anos de 1745 e 1750, enviou um navio para a região da Costa da Mina e outro para Benguela, trabalhou como testa ‑de ‑ferro em terras brasileiras de seu irmão Vasco Lourenço Veloso, homem de negócio da praça de Lisboa, o qual se servia de uma rede de procu‑ radores desde o Rio de Janeiro até à Colónia do Sacramento, portos da Bahia, Pernambuco, Maranhão, Pará e Paraíba, reino de Angola e seus presídios51, cujos contratos da escravaria arrematara por 6 anos em 1723, pagando 1200 réis por cabeça52. Nesse mesmo ano de 1723, quando fora posto a pregão o primeiro contrato da dízima da Alfândega da Bahia para o triénio de 1724 a 1726, Vasco Lourenço Veloso, arrematara ‑o pelo preço de 303:900$00053. Tinha nele todo o interesse e por isso enviara o irmão, porque conhecia bem a má fama que tinha aquela alfândega no tocante a descaminhos. É nesse sentido que requere a D. João V solicitando licença para transportar para a Bahia pessoas que vão administrar um navio negreiro.54 Adquirira a galera «Nª. Sª. do Carmo e Almas» (1723), a que juntaria a de «Santo António de Pádua» (1725), ambas destinadas a viagens para o porto de Benguela, no intuito de resgatar escravos. Possuiu ainda os navios «Santa Ana e Alma», «Rainha Santa e Almas», e «Nª. Sª. da Ajuda e Europa». Nos Açores administraria o contrato dos tabacos de 1725 a 1728, o qual detinha em socie‑ dade no «contrato geral do tabaco do reino para que nas ilhas dos Açores pudessem fabricar e vender tabacos»55. Pelo caminho Vasco Lourenço Veloso arrematara novamente, em 1726, o contrato da dízima da Alfândega da Bahia para o triénio 1727 ‑1729, pelo preço de 304:200$000 réis56. De 1750 a 1757 foi administrador da Real Fábrica das Sedas, «por ser necessário que fosse um homem bem poderoso em cabedais, para dar a devida amplitude à labo‑ ração de uma fábrica que a companhia não pode sustentar».57 O Terramoto 51 ANTT, Desembargo Paço, Estremadura, C ‑12B, Cx. 41, Lº525, fls. 19 ‑20. 52 ANTT, Desembargo Paço, Estremadura, C ‑12B, Cx. 40, Lº521, fls. 32 ‑32v. 53 AHU/ BA/ 2ª série, cx. 34, doc. 3151 (AVISO do secretario de estado, Diogo de Mendonça Corte Real, ao conselheiro do Conselho Ultramarino, Antônio Rodrigues da Costa, a ordenar que se consulte o que parecer da consulta que baixou sobre o estabelecimento para se pagarem os direitos do dízimo da Alfândega; Lisboa, 05 de novembro de 1729). 54 AHU / BA / 2ª serie, cx. 17, doc. 1471. 55 ANTT, Desembargo Paço, Estremadura, C ‑12B, Cx. 44, Lº543, fls. 71v ‑72v. 56 SALLES, Hyllo Nader de Araújo. «A dízima da Alfândega da Bahia: a alteração da pauta, 1723 ‑1730», in Anais da xxviii Semana de História da Universidade Federal de Juiz de Fora. “Geno‑ cídios, Massacres e Nacionalismos”. Juiz de Fora, 2011, pp. 21 ‑38 (p.22). 57 NEVES, José Acúrcio das, Noções Históricas Económicas e Administrativas sobre a produção e Manufacturação das Sedas em Portugal (...) Lisboa, Imp. Régia, 1827, pp. 67 ‑77.
«ESCRAVOS DO FUMO». NOTAS SOBRE A ESCRAVATURA NO CONTEXTO TABAQUEIRO: BAHIA, COSTA DA MINA E ANGOLA (SÉCULOS XVII ‑XIX) 101 de 1755 viria a afectar o seu património lisboeta, sem que, contudo, deixasse de habitar o seu palácio da zona de Santa Apolónia, que curiosamente viria na centúria seguinte a servir de Companhia Lisbonense de Tabacos. Vasco Veloso surge referido como «homem de negócios dos exceptuados», servido por três criados (bolieiro, criado de servir e um grave) à data da sua morte, em 16.11.1770, recebendo sepultura na «Igreja dos Barbadinhos»58. A conquista de status a despeito de… A origem prosaica da esmagadora maioria dos homens de negócio que promoveram o intercâmbio fumo / escravos, quer no Brasil, como na Costa da Mina ou Angola, não serviu de impedimento a que os mais afortunados galgassem num ápice os degraus sociais. Como, do mesmo modo, as mecâ‑ nicas existentes no sangue dos próprios e na parentela ascendente não se tornou óbice para a obtenção de hábitos de ordens militares, ou mesmo foros e filhamentos da Casa Real, entre outras mercês. Patentes nas companhias de ordenanças e familiaturas do Santo Ofício, tal como a pertença a orga‑ nizações confraternais, foram, igualmente, objecto de interesse, sobretudo para os que não tinham cabedais e influencia para aspirar mais alto. Manuel Álvares Pereira, de origem cristã ‑nova, casado com mulher de “grandes rendas”, teve duas filhas freiras e um filho que foi para Coim‑ bra estudar direito canônico. Era um bem ‑sucedido homem de negócios da Bahia, encarregado da arrecadação do tabaco em pó, exportava para Portugal, Angola, ilhas Atlânticas e região do rio da Prata, exerceu cargos burocráticos: e honoríficos, quer como tesoureiro da Irmandade do Santíssimo Sacramento da Sé da Bahia, procurador do Convento do Desterro ou moedeiro e tesou‑ reiro da Casa da Moeda da Bahia, além de juiz e escrivão da segunda frota. A sua escrita metódica permite acompanhar um processo de escambo, even‑ tualmente semelhante a outros do género. Em 1701, mandara um patacho à Costa da Mina com 6 rolos tabaco torcido (18 arrobas) no valor de 19$800 réis + despesas = 20$500 réis. No regresso trouxeram 2 cabeças no valor de 90$000 réis. Deduzido frete e os direitos, recebeu 39$070 réis de lucro e o seu procu‑ rador na Costa da Mina quedara ‑se com cerca de 18$570 réis59. Se no exemplo anterior tivemos um protagonista que conseguiu contor‑ nar o defeito de limpeza de sangue e estabelecer laços sociais com comuni‑ dades religiosas e confraternais, outros casos haverá em que a ousadia e o 58 ANTT, Registos Paroquiais, Santa Engrácia, Óbitos, Cx.27, Lº º6. 59 Arquivo Público do Estado da Bahia (APEB), Arquivo do Convento Santa Clara do Deste‑ rro, papéis de Manuel Álvares Pereira.
JOÃO DE FIGUEIRÔA ‑RÊGO 102 desrespeito pelas leis, também não constituíram obstáculo intransponível. Vejamos alguns sinais dessa evidência. Um dos mais eloquentes teve como personagem principal Inácio de Almeida Jordão. Natural do Rio Janeiro (1687) era filho de Francisco Almeida Jordão, ali almotacé e moedeiro O avô paterno ganhou a vida como almocreve e depois como tratante e rendeiro. O avô materno era carniceiro. Nada disso impediu o neto de ascender, em 1711, a cavaleiro da ordem de Cristo60, embora no ano anterior falhasse a familiatura para o Santo Ofício61. Nomeado administrador das Minas, não chegou a ser provido nem obteve o foro de fidalgo que pretendia. Em 1730 era contratador da dízima. Sabe ‑se que esteve envolvido em cunhagem falsa de barras de ouro, na qual partici‑ para, também, José Borges Raimundo. Este último arrendara em 1725/ 1728 o contrato do tabaco do Rio de Janeiro (por 25 mil cruzados) e o da taxa do fumo do subsídio da Nau Guarda‑ ‑Costa, no valor de 8 mil cruzados e 33$000 réis/ano, anexado a pedido seu62. No ano inicial do contrato recebera Carta de Confirmação de Terras no Rio de Janeiro63. Em 24.05.1726, o mesmo obtivera provisão régia para adminis‑ trar o contrato de tabaco do Rio de Janeiro e em data anterior a 30.08.1727, requerera ao rei [D. João V] solicitando licença para tirar em cada um ano mais de 1500 arrobas de tabaco64, em Novembro seguinte pediu para extrair do tempo de seu contrato da Bahia o tabaco necessário65. Como corolário das actividades pouco recomendáveis protagonizadas logrou, em 1739, Carta de Padrão do Hábito de Cristo com 12$000 réis de Tença66, sendo já escudeiro‑ ‑fidalgo da Casa Real67. Quanto a Inácio Jordão, que chegou a ter os bens sequestrados, acaba‑ ria por conseguir ser absolvido. Confiante na sua boa sorte voltou a partici‑ par em muitos outros ilícitos. Em 1735, juntamente com o irmão, Dr. João Mendes Almeida, FSO, e com o seu cunhado capitão Paulo Carvalho da Silva (homem de negócios e FSO) dedicou ‑se ao contrabando de tabaco. Soube ‑se da façanha no dia em que cerca de 136 arráteis (que diziam ser de chá) lhes foram apreendidos em tomadia. Beneficiavam de uma rede bem organizada 60 ANTT, RGM, D. João V, liv. 5, f. 33 a 33v. 61 ANTT, HSO Incompletas, doc. 2185 62 CRUZ, Ana Lúcia Rocha Barbalho da, PEREIRA, Magnus Roberto de Mello, «Ciên‑ cia, identidade e quotidiano. Alguns aspectos da presença de estudantes brasileiros na Universi‑ dade de Coimbra, na conjuntura fnal do período colonial», Revista de História da Sociedade e da Cultura, 9 (2009) 205 ‑228 (p.214, nota 21). 63 ANTT, RGM, D. João V, liv. 16, f.400. 64 AHU_ACL_CU_005, Cx. 31, D. 2781 65 AHU_ACL_CU_005, Cx. 31, D. 2811. 66 ANTT, RGM, D. João V, liv. 31, fl.112 67 ANTT, RGM, D. João V, liv. 16, fl.100
«ESCRAVOS DO FUMO». NOTAS SOBRE A ESCRAVATURA NO CONTEXTO TABAQUEIRO: BAHIA, COSTA DA MINA E ANGOLA (SÉCULOS XVII ‑XIX) 103 de conluios e manipulavam até os bastidores do Conselho Ultramarino. Em 1746 Jordão obteria provisões para mandar um navio a Benguela carregar escravos. O filho, António Mendes de Almeida, cavaleiro da Ordem de Cristo e bacharel formado em Cânones, conseguiria carta de familiar do Santo Ofício, alegando ser irmão de Antónia Joaquina de Andrade e Almeida, casada com o familiar Francisco Rodrigues dos Santos Benavente68. Já Manuel Pereira de Andrade, a quem se atribuía à época a quarta maior fortuna inventariada de Salvador da Bahia era, também, o quinto maior credor particular.69 Da sua fortuna faziam parte «dois engenhos, uma fazenda de gado, um alambique, uma loja aberta, um trapiche (….) um barco grande e duas lanchas, uma grande e outra pequena (…) atuava no comércio de escravos africanos, fazendo negociações em portos da África», e ainda era administrador do real donativo do açúcar e tabaco70. António Marques da Silva, negociante, hábil e audaz, alegou vários prés‑ timos para pedir a propriedade do ofício de tabelião da vila de Cachoeira71. A sua folha de serviços ficou patente, quando, em 1798, requereu que lhe fossem passadas certidões do valor e quantidade de tabaco que exportara para o Reino e Costa da Mina entre 1777 e 1788, do número de escravos de Angola e Benguela que despachara na alfândega da Bahia, bem como a importância dos direitos que pagara para o efeito, assim como a indicação de quais as embarcações que possuía afectas ao negócio de escravos. Ver ‑se ‑ia ainda recompensado com um hábito de cavaleiro da ordem de Santiago72. António Pereira de Azevedo, que vivia no Recife, sendo desde 1719 cava‑ leiro do hábito de Cristo, obtivera em 1730 Carta Patente de uma capitania‑ ‑mor no Reino de Angola.73 (na qual seguiria seu filho)74 e participou com sucesso, entre 1750/ 1755, no comércio de escravos/ fumo na Costa da Mina. Inocêncio José da Costa, natural de Lisboa, especializou ‑se no tráfico atlântico e foi procurador da administração do tabaco na Bahia. Familiar do Santo Ofício75, Provedor da Santa Casa de Misericórdia, em 1782, reeleito duas vezes, benemérito da Ordem Terceira do Carmo. Em 1778 obteve carta de padrão e tença de 12$000 réis a título de hábito da ordem de Cristo e em 1796, recebeu a mercê de tenente ‑coronel do Regimento dos Úteis.76 68 ANTT, HSO, António, mç. 104, doc. 1843; ANTT, HSO, Francisco, mç. 61, doc. 1173. 69 APEB, Judiciário Inventário de Manoel Pereira de Andrade, 1793, 4/594/2063/7. 70 RIBEIRO, Alexandre Vieira, A cidade de Salvador:…. ob.cit., p. 260. 71 Anais 1914 Vol 36. 72 ANTT, RGM, D. Maria I, liv.14, f. 347v. 73 ANTT, RGM, D. João V, liv. 21, f.149. 74 ANTT, Feitos Findos, Juízo da Índia e Mina, Justificações Ultramarinas, África, mç 7, n.º 2, cx. 14 75 ANTT, HSO, Inocêncio, mç. 1, doc. 8. 76 AHU, Bahia, docs. 14436, 14564.
JOÃO DE FIGUEIRÔA ‑RÊGO 104 Um derradeiro mas eloquente exemplo, que justificará maior detalhe, vem de Manuel Barbosa Torres, natural de Lisboa, afilhado do marquês de Pombal e filho do contratador Estevão Martins Torres77 de cuja casa seria administrador durante 27 anos (a partir de 1776) o célebre Jácome Ratton, nomeado por decreto, «sem interesse algum, só pela Real Fazenda», como o próprio confessou78. Barbosa Torres começou a sua vida como caixeiro de Feliciano Velho Oldenberg, detentor do contrato de tabaco em 1741 e depois em sociedade com Inácio Pedro Quintela de 1743 a1746.79 Em 1740, ano em que lhe foi passado alvará para servir como escrivão da portagem80, Barbosa Torres obtinha tença de 12$000 réis e hábito da ordem de Cristo81, que professou em 174382, tendo recebido, também, carta de fami‑ liar do Santo Ofício83. Arrematou por seis anos (1754 ‑1759) os contratos dos rendimentos dos Direitos Velhos e Novos de Angola, por três anos o contrato do rendimento dos direitos pagos por escravos que dos portos de Pernam‑ buco, Bahia e Rio de Janeiro iam para Minas e contratos da Dízima da Alfân‑ dega da Bahia. Um dos seus fiadores foi Policarpo José Machado, que possuía grandes créditos em Angola e Génova84, com quem deteve em sociedade o contrato do Estanco do Tabaco, sendo, também, acionista, deputado e procu‑ rador da Companhia de Pernambuco e Paraíba. Entretanto casara com uma filha de António Rodrigues Neves, cavaleiro do hábito de Santiago, escrivão do Fisco Real (1728), por quem lhe viria a posse da quinta da Estrela, mais tarde executada judicialmente.85 O seu perfil, sendo ilustrativo de uma tipologia específica de um homem de negócios, a meio caminho entre a legalidade mercantil e os limites do incumprimento das normas, torna ‑se ainda mais interessante por permitir aferir as relações no seio das parentelas, as quais podiam e eram, bastas vezes, inquinadas por interesses divergentes. 77 ANTT, Feitos Findos, Inventários post mortem, Letra E, mç. 20, n.º 3. Em 1764 já teria morrido, porquanto é publicada uma Epitome apologético, que a favor da viúva, filhos e herdeiros de Estevão Martins Torres, compôs José Gomes da Cruz para servir de sustentação aos embargos formados contra a sentença do juizo dos feitos da fazenda que vai oferecida por Manoel José da Nobrega, sobre os descaminhos do navio Maria Afortunada 78 Recordaçoens de J. Ratton ... sobre occurrencias do seu tempo em Portugal ... 79 ANTT, HSO, Inácio, Mç. 5, nº 78. SANTOS, Raul Esteves dos, Os Tabacos, vol. I, p. 38. 80 ANTT, RGM, D. João V, liv. 29, f.88. 81 ANTT, RGM, D. João V, liv. 31, f.393. 82 ANTT, RGM, D. João V, liv. 34, f.137v. 83 ANTT, HSO, Manuel, mç. 116, doc. 2104. 84 ANTT, Inventário orfanológico, Letra C, mç. 5, cx. 677 (inventário do filho Caetano José da Gama Machado. 85 ANTT, Feitos Findos, Juízo da Índia e Mina, mç. 11, n.º 3, cx. 378 (1777).
MONOPOLIO DE TABACO Y CONTRABANDO EN EL SIGLO XVIII EN LOS IMPERIOS ATLÁNTICOS 111 a lo largo del siglo xViii8 ratifica esta apreciación. En efecto, podemos consig‑ nar infinidad de disposiciones al respecto entre 1700 y 1729; RR.CC. de 9 de abril de 1701, de 20 de septiembre de 1720, de 16 y 19 de febrero de 1728, etc. No sería menor el contrabando en la segunda mitad del xViii, a pesar de la normativa que intentaba reprimirlo. Tanto en la metrópoli como en las colonias, sobre todo en Cuba alcanzó dimensiones que algunos observado‑ res de finales de la centuria lo cifraban en tres veces superior al tabaco que oficialmente se contabilizaba. Desde 1650, la Real Cédula de 31 de enero, había otorgado competen‑ cias al Consejo de Guerra para intervenir en los asuntos relacionados con el contrabando, y en los tratados internacionales, se trató de incorporar cláu‑ sulas relativas al tratamiento del contrabando (Utrecht, con las Provincias Unidas, con Portugal, con la Liga de la Hansa y con Francia). La creación de monopolios y sus efectos: el cambio de estrategia en el siglo xviii En 1668, el dominico español Fray Juan de Castro9 presentó a la Reina Regente un plan ambicioso para fundar una compañía de comercio con una flota mercante y una armada propias que monopolizara el comercio de América, esto es la creación de un monopolio bilateral perfecto. Pero por sorprendente que pudiera parecer, Castro proponía que en esa compañía participaran todos los reinos de la Monarquía Hispánica, y no sólo Castilla, y que todos los hombres libres que lo desearan y que estuviesen dispuestos a arriesgar su dinero, pudieran participar como socios. Como es lógico el proyecto no prosperó. Sin embargo, y pese al escaso éxito de la idea, los arbi‑ tristas insistieron en proponer la creación de compañías de comercio sin el menor éxito. La explicación hay que buscarla en el riesgo que para el mono‑ polio de Sevilla sobre el comercio con América como puerto de entrada y salida suponía la creación de ese tipo de compañías. Corrían nuevas corrientes ideológicas. Los gobernantes del siglo xViii imbuidos de un nuevo espíritu ilustrado, emprendieron un cambio en la política comercial y por lo tanto fiscal de la Hacienda Castellana. Pronto el estanco del tabaco fue acusado de ir en contra de los principios del libre comercio, mecanismo fundamental para activar la economía del maltrecho imperio español. Los movimientos reformistas chocarán con los intereses de una sociedad estamental y con la permanencia de instituciones tradicionales 8 J.L BERMEJO CABRERO, “Dos aproximaciones al contrabando en la España del Anti‑ guo Régimen”, en Cuadernos de Historia del Derecho, nº 4, Servicio de Publicaciones de la Univer‑ sidad Complutense de Madrid, Madrid, 1997, pp. 11 ‑59. 9 H. KAMEN, op. cit., p. 177.
OSCAR BERGASA PERDOMO 112 como los señoríos de nobles y eclesiásticos. El sistema tributario se hallaba también anquilosado en el organigrama de rentas ordinarias y extraordina‑ rias de todo el Antiguo Régimen. Francia La Carta de la Compañía Francesa de las Indias Occidentales confir‑ maba las exenciones sobre las importaciones de tabaco en Francia para su reexportación. Esto representaba una clara ventaja sobre el sistema britá‑ nico, en donde los productos reexportados del tabaco perdían ¼ de los dere‑ chos abonados a su entrada. Pero el sistema aduanero francés era excesivamente complejo y su rendimiento fiscal claramente menor que el inglés. Esto hizo que el Estado pensara más en el mercado interior como fuente de ingresos fiscales que en las aduanas, y por lo tanto, que la opinión del Gobierno se decantará hacía el monopolio. Sin embargo, la Declaración del 27 de septiembre de 1674 autorizando el monopolio había dejado el comercio exterior del tabaco libre; el arrenda‑ miento limitaba a cuatro los puertos por los que el tabaco sería normalmente importado: Marsella, Burdeos, La Rochelle y Rouen. Además, podía ser importado por Dieppe para su venta en Normandía solamente y por Morlaix, St. Maló y Nantes, para su venta sólo en Bretaña, autorizaciones que venían a reconocer la importancia de las manufacturas y el comercio de estas ciuda‑ des. Esta lista fue ampliada por el Decreto de 25 de enero de 1676, con los puertos de Les Sables, St. Valery, Narbonne, Sète, Agde y Toulon, añadién‑ dose Honfleur en 1680. Los precios de venta mayorista fueron fijados en 20 soles por libra para el tabaco francés o colonial y en 40 soles por libra para el tabaco extranjero. El problema inmediato que planteó el monopolio fue el derivado de la brusca ruptura con un sistema de comercio abierto y el paso a una situación de estricto control, al igual que había sucedido en el caso del estanco caste‑ llano treinta años antes. Se ordenó el cese de las ventas, el almacenamiento del tabaco y la declaración de monopolio bajo severas medidas de castigo para los infractores. Se estableció un plazo de tres meses para ejecutar estas medidas. Como es lógico la respuesta fue el desarrollo de un intenso comer‑ cio de contrabando. Holanda e Inglaterra A finales del siglo xVi más del 25% de la población de los Países Bajos vivía en las ciudades, y por lo tanto tenían acceso a un amplio mercado de
MONOPOLIO DE TABACO Y CONTRABANDO EN EL SIGLO XVIII EN LOS IMPERIOS ATLÁNTICOS 113 bienes y disponían de un nivel de renta mayor que sus contemporáneos espa‑ ñoles o franceses. En 1675 la población urbanizada en Holanda alcanzaba un 43%, y en el campo de las ideas religiosas, el progreso del Calvinismo, unido a un creciente grado de tolerancia hacia otras confesiones, produjo un efecto de atracción muy poderoso sobre otras poblaciones del entorno, permitiendo el desarrollo de importantes redes de intercambio comercial. No sólo la flota holandesa, que ocupó estratégicamente los océanos (en Oriente, Batavia, y en Occidente, Las Antillas), sino la red de agentes de comercio (cónsules, factores, etc.), que ofrecían las mejores condiciones económicas a los productores locales, les permitió centralizar todo el comer‑ cio mundial frente a las pretensiones de monopolio españolas y portuguesas. Fue la defensa de la libertad de los mares lo que les permitió desarrollar una economía capitalista avanzada para su tiempo. El otro factor decisivo fue la educación que comenzó a aplicarse con carácter obligatorio en Holanda a partir del siglo xVii, lo que fue un medio poderoso de mejora de la producti‑ vidad del trabajo. Condiciones parecidas se produjeron en Inglaterra, sobre todo a partir de la Revolución de Cromwell y la limitación por el Parlamento de los pode‑ res de la monarquía absoluta. Las transformaciones en el marco institucional de la economía explican el despegue económico de estos países y el comienzo de un proceso de divergencia a su favor frente al estancamiento de Francia y España10. La confrontación entre el modelo de monopolio defendido por Francia, España y Portugal, y el de libertad de comercio holandés e inglés, determina el enfrentamiento político y militar de ambos sistemas hasta la derrota final del mercantilismo monopolista. Fueron las compañías inglesas y holandesas, empresas privadas con apoyo de la Corona, las que crearon los imperios ultra‑ marinos con armadas y ejércitos propios, que en el caso de los ingleses fue esencial para la economía del tabaco con la creación de la colonia de Virginia de 1607, puesto que va a ser el soporte fundamental de la economía colonial americana a partir de ese momento. La expansión de las colonias del tabaco, puesto que a Virginia le siguieron Massachusetts y Maryland, permitieron a Inglaterra crear un potente mercado de consumo de las manufacturas produ‑ cidas en la metrópoli. La consecuencia lógica del enfrentamiento de los dos modelos de socie‑ dad que se habían desarrollado en Europa a partir de la Paz de Westfalia de 1648, fue la antesala de lo que finalmente se consagraría en el tratado de 10 C. R. ALLEN, Historia Económica Mundial: Una breve introducción. Madrid, Alianza Editorial, 2013. pp. 30 ‑31. Revoluciones inglesas de 1649 y 1688 que introducen el sistema de gobierno representativo. Y rebelión holandesa de 1586 frente a los Habsburgo, creando la Repú‑ blica de las Provincias Unidas.
OSCAR BERGASA PERDOMO 114 Utrecht de 1713, que en su artículo octavo, establece la libertad de comercio para los súbditos en las colonias americanas, y en sus artículos 4 ‑7, la libertad de comercio para los ingleses sin pago de impuestos ni control con las colo‑ nias de América y con libertad de navegación y transporte. El contrabando El contrabando en el comercio atlántico como actividad fraudulenta frente al Estado, comenzó desde los principios de la Carrera de Indias y no cesó en ningún momento posterior, pues como se ha explicado en los apar‑ tados precedentes, el monopolio otorgado a Sevilla provocó esta reacción entre los comerciantes y empresarios que arriesgaban su dinero en el tráfico atlántico. El contrabando afectó a todos los bienes comercializados desde la plata, hasta el tabaco y se convirtió en la fuente principal de desarrollo de un mercado clandestino (ilegal) en la Península Ibérica y en Canarias. Hasta tal punto creció el mercado ilegal del tabaco, que lo he estimado en una magnitud equivalente a la del mercado legal11. Si nos refiriéramos a Cuba, su tamaño sería aún mucho mayor. Miguel de Múzquiz Secretario de Hacienda de Carlos III en 1769 nos dice en su Memoria de la Real Hacienda, que las empresas contrabandis‑ tas eran compañías clandestinas de hombres acaudalados que reduciendo los precios del tabaco un 10% conseguían enormes beneficios. El segundo aspecto a tener en consideración sobre el problema del contrabando es el alto grado de tolerancia y aceptación social de los contrabandistas12. Evidente‑ mente también aparecen voces críticas y protestas de autores que denuncian esta situación. Frente a la situación descrita anteriormente, la reacción del monopolio español (y el francés igualmente) fue la de incrementar las medidas repre‑ sivas y gastar ingentes sumas de su renta en mantener El Resguardo, una fuerza paramilitar que llegó a disponer de quince mil efectivos reclutados de tropas y oficialidad del Ejército. Como es lógico, la magnitud del contrabando a lo largo del siglo xViii en los mercados europeos de consumo y en especial en los imperios ibéricos solo es una conjetura. Pero como tuve oportunidad de exponer en mi trabajo citado, debe tratarse de una magnitud enorme. A lo largo del siglo xViii el tamaño del mercado español de tabaco (todos los reinos peninsulares) se estimaba en términos de consumo en unos seis millones de libras anuales, en 11 O. BERGASA PERDOMO, Monopolio de Tabaco y Real Hacienda: Un modelo economé‑ trico de estimación del mercado de tabaco. Fundación Altadis, obra colectiva. 12 Vid ut supra, trabajo citado.
MONOPOLIO DE TABACO Y CONTRABANDO EN EL SIGLO XVIII EN LOS IMPERIOS ATLÁNTICOS 115 tanto que el consumo legal solo representaba unos tres millones de libras por año, luego la conclusión es bastante obvia. El mercado global de tabaco en los Imperios Atlánticos en el siglo xviii A fines del siglo xVii, la producción mundial de tabaco posiblemente alcanzaba los cien millones de libras, siendo el territorio de Virginia en América del Norte, el principal productor con casi 90 millones de libras. Estas cifras se expandieron a lo largo del siglo xViii hasta alcanzar en el comercio trasatlántico la cifra de 250 millones de libras de tabaco. El tabaco espa‑ ñol bajo control legal de la Corona, representaba unos 6 millones de libras (Cuba), el portugués unos 20 millones de libras, y el Virginia unos 100 millo‑ nes de libras, lo que nos da un margen de 100 millones de libras de tabaco comercializadas en régimen de contrabando y fraude fiscal, es decir un nego‑ cio fabuloso en el que se pueden enriquecer transportistas, intermediarios, banqueros, funcionarios corruptos, gobiernos y hasta los propios reyes. El contrabando se convirtió, en opinión de Hamilton en un porcentaje no menor del 30% del comercio atlántico y esto era una consecuencia directa de una fiscalidad abusiva (el almojarifazgo de Indias era un 15% del valor CIF de las mercancías). En 1630 el contrabando en el gobierno de La Plata y que está en el origen de la llamada “Guerra de las Misiones” y del problema de la Colonia de Sacramento. (Tratado de Mersen y Cia. del Mar del Sur, 1698). A lo largo del siglo xVii España firmó sucesivos tratados de comercio con Holanda, Francia e Inglaterra (Holanda en 1648, Francia en 1659 e Ingla‑ terra en 1667 y 1670) que no sirvieron para mitigar el fenómeno del contra‑ bando y menos aun, el del fraude de tal forma que no es exagerado imaginar la existencia de una connivencia culpable entre comerciantes de todos los países y funcionarios públicos. No sabemos qué representaba el comercio internacional en porcentaje del PIB de las diferentes economías imperiales, pero es lógico suponer que tenía una importancia creciente en la financiación de las monarquías del Antiguo Régimen. Por lo que se refiere a las cifras del tabaco y su distribución en el comer‑ cio atlántico, la historiografía existente en el ámbito español y latinoameri‑ cano, aun reconociendo la importancia del contrabando, se mueve desde un punto de vista cuantitativo con cifras muy modestas, que nunca exceden de los 6,5 millones de libras referidas al comercio “legal” a pesar de la evidencia de un comercio de contrabando en las provincias vascas (territorios exen‑ tos), en la frontera con Portugal y en la frontera de los Pirineos. Del mismo modo que existe un poderoso comercio de contrabando en Inglaterra (costas de Cornwall, el Dorset y el Severn), que se explica por la elevada fiscalidad inglesa sobre el tabaco. Después de la Guerra de Independencia de los EE.UU.
OSCAR BERGASA PERDOMO 116 se interrumpió durante años la importación de las labores de Virginia, de forma que se impulsó la plantación del tabaco en Escocia que finalmente fue un fracaso. En Alemania a través del Báltico, con ramificaciones a los países escandinavos y Rusia. Es un hecho común el desconocimiento y la carencia de información contrastada acerca de las cifras del contrabando más allá de reconocer su enorme importancia. Durante la mayor parte del siglo xViii, el tabaco es el principal producto de exportación de las diferentes colonias americanas de los imperios conti‑ nentales europeos, aunque a partir del último cuarto el azúcar lo va a susti‑ tuir en importancia para El Caribe y en parte para Brasil. En el caso de las colonias de América del Norte, el tabaco, arroz índigo pan, harina y pescado suman más del 63% de sus exportaciones, que en su mayor parte van a Gran Bretaña (58%), Antillas (27%) y sur de Europa (13%) entre 1768 y 1772. La Guerra de los Siete Años fue un escenario propicio, merced a la actividad británica comercial y sobre todo fraudulenta, para producir una expansión sin precedentes del contrabando. Quizás esta guerra sea un ejemplo perfecto de cómo se utiliza un pretexto absurdo, para obtener ganancias territoriales y económicas en cualquier lugar posible por parte de Gran Bretaña que ya disponía de un espacio comercial a nivel mundial enorme, pero la expansión de su producción industrial y sus necesidades de consumo, le imponían la necesidad de expandirse a costa de Francia y España. En el caso español, la falta de preparación y medios para la guerra y la resistencia de los ciudada‑ nos españoles a involucrarse en un conflicto que ni entendían, ni compar‑ tían hizo que sufriéramos sucesivas derrotas y pérdidas territoriales como La Habana, Manila y el Rio de la Plata, y Baleares, Belice en Centroamérica, proporcionando bases sólidas para que las compañías comerciales británicas y los contrabandistas pudiesen operar libremente. Por el Tratado de Methuen de 1703 firmado entre Inglaterra y Portu‑ gal, se abre el comercio trasatlántico para las flotas inglesas, a cambio de abrir el mercado inglés a los vinos portugueses y proporcionarle protección militar, dado el estado de guerra existente en la Península a consecuencia de la Guerra de Sucesión española (en realidad una guerra civil disfrazada de guerra dinástica). Pese a los compromisos suscritos en el Tratado de Utrecht (el asiento y la apertura al comercio de las Colonias americanas, la realidad es que el contrabando no solo no descendió, sino que siguió creciendo a lo largo del siglo xViii como lo atestiguan todas las fuentes documentales. La primera compañía de tabaco en Cuba fue creada por Real Cédula De 18 de Diciembre de 1740 con el siguiente propósito:“….se forme una Compa‑ ñía, a cuyo cargo esté la conducción de tabacos, azúcar, corambres y otros
MONOPOLIO DE TABACO Y CONTRABANDO EN EL SIGLO XVIII EN LOS IMPERIOS ATLÁNTICOS 117 frutos de la isla de Cuba con la dirección, reglas, exenciones y obligaciones que se expresan….”13. La citada Compañía debía hacerse responsable de la exportación de tabaco al resto de las Colonias y a la Metrópoli, de acuerdo con reglas muy precisas tales como: “Art. VII; que los tabacos que comprare la Compañía se paguen en dinero y a precios ventajosos.” “Art.XXX; conducción de familias que ofrece hacer de Canarias a la Florida” “Art.XXXIX; prohibición de cons‑ truir molinos de tabaco en la isla.” Como es lógico el contrabando creció inmediatamente como respuesta a las restricciones impuestas al comercio, tanto a un lado como al otro del Atlántico. Por ejemplo, en 1796 el Visitador Joseph Catalá y Font desarticuló una extensa red de contrabando con labores de Brasil desde Valencia. En la segunda mitad del siglo xViii se lleva a cabo una intensa labor de institucionalización de la lucha contra el fraude y el contrabando de tabaco y así por RC de 22 de Mayo de 1746 se crea la Real Compañía de Comercio y Fábricas de Extremadura. Se producen dos extensos informes de Costas Castillo en 1769 y de Úztariz en 1785, sobre el contrabando en la frontera de Portugal y Extremadura, ya que desde 1756 se vienen recopilando los infor‑ mes relativos al contrabando, sobre todo tabaco Brasil. En 1791 se decreta un Indulto General de contrabandistas, que podría estar relacionado con la Crisis entre España y Portugal que da lugar a la guerra por el Algarve de Godoy. La derrota española y francesa en la Guerra de los Siete Años, puso de manifiesto la debilidad de la defensa del imperio americano español, e incluso francés, ya que Francia perdió todas sus colonias en América del Norte y además nos devolvieron la Luisiana. La necesidad de crear un ejército en América que sustituyese a las poco efectivas Milicias Virreinales, obligó a la Corona a establecer nuevas fuentes de ingresos, teniendo en cuenta el carác‑ ter de regalía que tenían estos territorios. Posiblemente el establecimiento de los estancos americanos durante el reinado de Carlos III, como ha afirmado Luxán14, esté relacionado con este hecho. Pero a pesar de las nuevas condi‑ ciones políticas impuestas tras el fin de la guerra en 1763, que permitían un comercio legal entre el ahora Reino Unido y las Colonias Americanas de España y Portugal, el comercio ilegal y el contrabando para eludir la fiscali‑ dad creció continuamente. Las medidas propuestas por Campillo y aplicadas 13 Mª Montserrat GÁRATE, Comercio ultramarino e Ilustración. La Real Compañía de La Habana, San Sebastián, edit. Ilustración Vasca, 1994. 14 Santiago de LUXÁN, «La defensa global del imperio y la creación de los monopolios fiscales del tabaco americanos en la segunda mitad del siglo xViii», en S. de LUXÁN (dir.), Polí‑ tica y Hacienda del tabaco en los Imperios Ibéricos. Siglos xvii ‑xix, Madrid, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2014, pp. 177 ‑229.
OSCAR BERGASA PERDOMO 118 por Gálvez entre 1776 y 1787 en los Virreinatos, con el fin de generar 20 millones de pesos a repartir por mitades con la Metrópoli, es decir el estable‑ cimiento de los monopolios coloniales, no significaron un cambio significa‑ tivo en el statu quo. En 1764, la llamada Comisión Secreta de Reformas, recomendó crear un ejército colonial de tropas regulares formado por dos clases; unidades fijas americanas y tropas españolas traídas de la Metrópoli por periodos limi‑ tados. Era un sistema excesivamente costoso con el agravante de que sería el germen de los ejércitos independentistas. El Teniente General Juan de Villalba y Angulo que llegó en 1764 a América con el Regimiento de Infantería de América, creo dos nuevos regimientos y en 1766 ya se habían creado seis más de infantería y otros dos nuevos de caballería. En 1769 el Regimiento de América regresa a España, pero lo reemplazan los Batallones de Saboya, Ultonia y Flandes. Esta situación se prolonga hasta 1787, y son reemplazados por tropas locales permanentes. El ejército colonial alcanzó la cifra de 16.755 efectivos en 1783 y provocó una profunda alteración del orden social colonial. El aspecto más importante de estas reformas fue el reconocimiento del Fuero Militar a favor del ejército colonial. Las consecuencias de la desastrosa Guerra de los Siete Años para las Colonias Americanas de España fueron: la implantación de los estancos del tabaco, la aplicación de un sistema de libertad de comercio limitado intra‑ colonial, la introducción de las Intendencias en la administración colonial y la aparición de un ejército de criollos organizado alrededor de las Milicias Provinciales y Urbanas. En América del Norte, la Colonia de Virginia, ahora Estado Soberano después de la Independencia es una potencia exportadora de tabaco, ya que entre otros factores, las labores de Virginia son muy apreciadas por los consu‑ midores europeos tanto británicos, como españoles y franceses. El contrabando a fines del siglo xViii está alcanzando su cenit y se está convirtiendo en el negocio más lucrativo de cuantos se emprenden en el comercio trasatlántico. En España se levantan muchas voces a favor de acabar con el Estanco y permitir el libre comercio del tabaco15 a cambio de una fiscalidad más moderna basada en la aplicación de impuestos específicos16. Pero a pesar de 15 Ya José Campillo a comienzos de los 60 del xViii planteaba que el “viejo monopolio debía ser abandonado”, tal como recogen Juan Carlos GARAVAGLIA y Juan MARCHENA, “La socie‑ dad colonial ibérica en el siglo xViii”, edit. Crítica, Barcelona, 2005, p.158. 16 Hay autores que afirman que la estructura fiscal del imperio español en el siglo xViii, fue moderna, tal como recoge John JAY TePASKE, la crisis de la fiscalidad colonial, en E. TANDE‑ TER (dir) Historia general de América Latina, Edic. UNESCO, 2000, p. 25; aunque sea difícil mantener esta afirmación para el caso del tabaco.
MONOPOLIO DE TABACO Y CONTRABANDO EN EL SIGLO XVIII EN LOS IMPERIOS ATLÁNTICOS 119 las opiniones de políticos y hacendistas, prevalecerá la actitud más conserva‑ dora, manteniendo el Estanco peninsular durante todo el siglo xix y la mayor parte del siglo xx. Habría que preguntarse, quién o quiénes se beneficiaron de esta situación, aparte del Estado. Conclusiones Sería necesario ampliar la base documental y las áreas de estudio del fenómeno del contrabando en el mercado atlántico durante el Antiguo Régi‑ men, aunque el problema surge desde los orígenes del desarrollo de las econo‑ mías coloniales y en el caso español, desde el comienzo de la llamada Carrera de Indias. Por supuesto que ningún imperio se libró de este problema y que el mismo llegó a convertirse en una guerra encubierta entre contrabandistas y estado, al igual que ocurre hoy entre los cárteles de la droga y los gobiernos. De hecho, en el Mar Caribe, se libraron varias guerras “pequeñas” a lo largo del siglo xViii provocadas por el contrabando, y otras mayores que, además de incrementar el fraude, fomentaron los intercambios de forma substancial17 El producto que representaba el mayor valor añadido y el menor volu‑ men de ocupación de la capacidad de transporte era, después de los metales preciosos, el tabaco y por ello no puede causar extrañeza que fuera el tabaco el que produjera el mayor caso de contrabando del comercio interamericano y europeo. Fue además un arma estratégica utilizada en conflictos políticos y militares, por ejemplo, la Guerra de los Siete Años, que se libró simultánea‑ mente en Europa, en Asia y en América y que significó una redistribución de territorios importantísima y de la que el Reino Unido salió convertido en gran potencia continental, tuvo al tabaco como protagonista. ¿Cuál era la magnitud del contrabando? Esta es una asignatura pendiente de la investigación historiográfica y económica a pesar de lo loables esfuerzos realizados por innumerables académicos. Yo he sugerido que en el caso espa‑ ñol el contrabando tuvo la misma magnitud del mercado legal y teniendo en cuenta que hacían contrabando, la Iglesia (los curas claro), el Ejército y hasta los miembros de la Casa Real la estimación es bastante modesta. ¿Qué habría ocurrido si se hubiese suprimido el Estanco? ¿Se habría desarrollado una potente economía tabaquera como las de Virginia y Maryland en América del Norte?. Un estudio de historia contra factual no tendría demasiada utilidad, pues el Reino Unido que no implantó el mono‑ polio, tuvo un grave problema de contrabando, llegando a autorizar el cultivo de la en Escocia, aunque con pobres resultados económicos. 17 Jacques BARBIER y Allan KUETHE, The North American role in the Spanish imperial economy, 1760 ‑1819, Manchester Latin American Studies, 1983, p. 123.
OSCAR BERGASA PERDOMO 120 En síntesis, el contrabando fue el problema más grave al que se enfren‑ taron los imperios coloniales y no fueron capaces de resolverlo, posiblemente por la enorme potencia corruptiva que tenía el comercio del tabaco. Lo sorprendente es que el problema persiste por razones fiscales y a pesar de la espectacular reducción del consumo en las sociedades desarrolladas.
DOS PROYECTOS DE CONSTRUCCIÓN DE UNA FÁBRICA DE TABACO EN LIMA DURANTE EL VIRREINATO DE TEODORO DE CROIX (1785 y 1788) 127 los cigarros largos tendrían cuartos separados para el beneficio, engrudos, labrados etc., además de pilas y almacenes, para escurrir los mazos, y otra pieza de “asoleo” para las tripas. Igualmente, se necesitaba un depósito del tabaco labrado antes de que estuviese encajonado, con el fin de controlar las mermas. Del mismo modo, debía contarse con un almacén para las especies labradas, cuya custodia quedaría a cargo del fiel. Finalmente, era imprescin‑ dible la existencia de un patio destinado a la carpintería, con otro almacén, donde se guardarían los cajones y las maderas. Esta descripción de espacios funcionales, concluía Otermín, sería suficiente argumento para la realización del traslado de la Renta a un solar, donde pudiesen ser resueltas todas las necesidades que hemos enumerado. El informe del citado director general consideraba imprescindible la nueva instalación de la fábrica, pero trataba de relativizar su alto coste, proponiendo la gestión directa de la obra por parte de la Renta, es decir, “a cuenta e intervención”. El elevado precio de los materiales se reduci‑ ría trayendo directamente la madera de Guayaquil y la tablazón de Chile, proporcionando al maestro de obra el resto de los materiales (hierro, ladri‑ llos y piedra). No obstante, habría margen para gestionar la construcción con contratas y asientos particulares. Para la herrería, por ejemplo, se podía negociar con el maestro herrero que se obligase a entregar las piezas necesa‑ rias por un precio convencional por cada una, por uno general para todas, o, incluso, mediante salario. Con el fin de aumentar, aún más, las economías, el presupuesto de 1785 estipulaba que había que determinar con la mayor exactitud posible el número de llaves, chapas, cerrajes y ventanas. Por supuesto, el material de carpintería de puertas, ventanas, techumbres y pies derechos, que se provee‑ ría también al maestro y peones con quien se ajustase su labranza. El control se extendería, además, al personal de la fábrica, puesto que comenzada la obra, un teniente del resguardo pasaría diariamente lista a los trabajadores, o cotejaría su existencia con la que formase el maestro o sobrestante, para que con ellas se ajustasen diaria o semanalmente los jornales, con el fin de que no hubiese plazas supuestas y pudiese comprobarse al final el coste del edificio. Pese a esta prolija valoración del director general de la que hemos dado cuenta, el primer proyecto de la fábrica de la Chacarilla no siguió adelante. Como se vio en la Junta Superior de la Real Hacienda, la Renta ya estaba ocupando parte de las edificaciones de la Chacarilla y contaba con otras dependencias desperdigadas en casas particulares. No podían evitarse los desperfectos y pudriciones del papel blanco y del sellado, de los naipes y, por supuesto, del tabaco en rama, labrado y polvo. Tampoco podían ejecutarse los correspondientes tanteos y repesos. La Casa de las cinco Rentas unidas
MARÍA DE LOS REYES HERNÁNDEZ SOCORRO Y SANTIAGO DE LUXÁN MELÉNDEZ 128 solamente disponía de cuatro piezas y un almacén. La Contaduría estaba entonces embarazada con más de 100 cajones de tabaco polvo. Esta necesi‑ dad de más dependencias se justificaba, por último, por el fuerte crecimiento experimentado por la Renta, tanto en valores como en las cosechas de tabaco (Cf. Cuadro 2). Se tenía que almacenar, por tanto, mucho más género y las tareas administrativas eran mucho más prolijas. El proyecto del ingeniero Vicente Veza (1788) Examinados por el virrey Teodoro de Croix los papeles del primer expe‑ diente de la nueva fábrica, en 1788, decidió realizar una visita a los locales de la Chacarilla, acompañado de los ministros de la Junta Superior de Hacienda, resolviendo en sentido positivo su construcción: Me fue preciso decretar que en atención a la urgente necesidad que había de proceder a la ejecución de construir una casa cómoda y espaciosa para la expresada renta, especialmente unos almacenes donde se custodiasen con seguridad sus efectos, que inmediatamente pasase el comandante de ingenieros a reconocer el sitio de la Chacarilla y formase el plano y cálculo de la obra19. Naturalmente, el ingeniero Vicente Veza20 debía tener en cuenta el número de almacenes que se necesitaban y el plano que ya estaba realizado en la época de Escobedo por el maestro Martín Gómez, valorando si en el sitio de la Chacarilla y su huerta había espacio suficiente para la obra. Cumpliendo con el encargo, el ingeniero formó el plano, elevación, perfil y cálculo de la citada obra, dejando de lado la idea del hospicio porque no cabía en la citada área. Se evitaba, además, como hemos señalado, la apre‑ hensión en los consumidores de que los trabajadores fuesen hombres enfer‑ mos y achacosos. El cálculo del gasto ascendió a 448.112 pesos 4 reales (Cf. Cuadro 1) que, por su volumen, el Tribunal de Cuentas emitió dictamen sobre la necesidad de consultar a SM. Antes de que ésta fuese enviada a Madrid, el 19 AGI, Lima, 690, N.49: Carta del virrey del Perú Teodoro de Croix a Antonio Valdés (Lima 2 ‑III ‑1790) en que da cuenta del proyecto de 1785. 20 AGI, Lima, 670, N.79: Carta del virrey de Perú Teodoro de Croix a José de Gálvez, Secre‑ tario de Indias, Marqués de Sonora (Lima, 16 ‑VII ‑1786), acusando recibo del nombramiento del teniente coronel e ingeniero ordinario Vicente Veza (R.O. de 26 ‑I‑1786) para la Comandancia de ingenieros de Lima en sustitución de Vicente de Rueda. Veza ocupó el cargo hasta que por R.O. de 8 ‑III ‑1792, el rey dispuso que se restituyese a la Península, siendo sustituido por Antonio Samper. Cf. AGI, Lima, 704, N.53: Carta del virrey de Perú Francisco Gil de Taboada y Lemos al Conde del Campo de Alange, secretario de Estado de la Guerra (Lima, 20 ‑VII ‑1792), acusando recibo del relevo del ingeniero Vicente Veza. I. CAPEL y otros, Los ingenieros militares en España. Siglo xViii. Repertorio biográfico e inventario de su labor científica y espacial, Edicions de la Universitat de Barcelona, 1983. ; C. LAORDEN RAMOS, op. cit. pp. 47 ‑48.
DOS PROYECTOS DE CONSTRUCCIÓN DE UNA FÁBRICA DE TABACO EN LIMA DURANTE EL VIRREINATO DE TEODORO DE CROIX (1785 y 1788) 129 expediente de la fábrica fue visto por una Junta extraordinaria formada por el Real Acuerdo, el Tribunal de Cuentas y ministros de la Real Hacienda de esta capital, así como el director, contador y tesorero de la Renta del Tabaco y el director general de la expedición de Temporalidades, que no presentó obje‑ ción alguna. Solamente se solicitó al responsable de la Renta del Tabaco una valoración económica de los perjuicios que recibía la Renta, si no disponía de la nueva fábrica. Éstos fueron evaluados en 42.148 pesos, sin incluir los robos. Es decir, un 8,3% y algo más del 10% de los ingresos netos de 1785 y 1787, respectivamente. Visto que el asunto iba para largo y que, además, podía atascarse en Madrid, Otermín solicitó la construcción inmediata de doce almacenes, siguiéndose los planos del proyecto de la fábrica, a excepción de las labores de puros y cigarros, por no tener oficinas en la Chacarilla. Por su parte, la Junta Superior de Hacienda en 19 ‑XI ‑1788 decidió que quedase el camino expedito para la nueva Fábrica, ordenando la evacuación de la Dirección General de Temporalidades, que ocupaba el edificio de la Chacarilla desde la expulsión de los jesuitas, y la construcción de seis de los doce almacenes que solicitaba el responsable de la Renta. Más de un año después, el 11 ‑XI ‑1789, la propia Junta decidiría la edificación de los almacenes que restaban. Esta obra se consideró provisional y fue mandada realizar, sin esperar a la apro‑ bación de SM, por la necesidad y urgencia. A finales de 1789, la situación de la nueva fábrica, era la siguiente. Además de los almacenes, se encontraban acomodadas en la Chacarilla, las oficinas, estanquillos de Lima, tercenas de polvo y hoja y talleres de cigarros de mujeres. El sistema de construcción había sido el de paredes y tabiques, que llaman de quinchas, es decir, de caña y barro. Por su fragilidad –seña‑ laba el Virrey a al Secretario de Indias ‑ urgía llevar la obra a término. Por otro lado, “el laboratorio de cigarros de hombres” había quedado ubicado en espacio externo al solar de la Chacarilla, pero frente a la fábrica y en terrenos de la Renta. En este punto seguía residiendo una de las principales debili‑ dades de la instalación, puesto que 500 operarios trabajaban sin agua y sin condiciones. Instruido todo –escribía Croix al Secretario de Indias ‑ espero que lo ponga en manos de SM para que en el sitio de la Chacarilla se ejecute la refe‑ rida obra para Casa de la Renta de tabaco con sus oficinas, almacenes y fábri‑ cas de cigarros, según el plano que se incluye formado por el comandante de ingenieros. Podría destinarse para que no perjudicase a la obra la cantidad anual entre 35 y 40.000 pesos para que se ejecute la obra hasta su conclusión.
MARÍA DE LOS REYES HERNÁNDEZ SOCORRO Y SANTIAGO DE LUXÁN MELÉNDEZ 130 Cuadro 1 Lima 13 de octubre de 1785 presupuesto de obra hecho por el maestro Martín Gómez Fuente y presupuesto de 1788 realizado por el ingeniero Vicente Veza, Lima 14 de septiembre de 1788 [se observan grandes diferencias en la ornamentación de las fachadas y en el segundo presupuesto se contemplan 4 patios] Conceptos Fábrica de labor de hombres, almacenes, oficinas y demás piezas (1785) Dirección con sus almacenes y oficinas y almacén de la fábrica de mujeres (1785) Total 1785 Fábrica que se pretende construir en el lugar de la Chacarita de San Bernardo con todos los almacenes, lavatorios y oficinas correspondientes (1788) Obras del terreno y demoliciones 1539 3257 4796 12 000 Cimientos y paredes (mampostería) y “adovería y enmarcados de ventanas y puertas y quinchas dobles de las viviendas 36 954 27 930 68 884 181 058 Portadas y arcos del zaguán en piedra de cantería + portadas de lavatorios + remates de las fachadas 5 062 1 513 6 575 4 729 Piedra labrada en zócalos, ángulos de las fachadas, pilares de los 4 patios, pies derechos de los lavatorios, “sardinales”, tiendas y escalones de las escaleras principales 6 281 Pilares, pies derechos de arcos y cubiertas 35 235 23 146 58 381 115 983
DOS PROYECTOS DE CONSTRUCCIÓN DE UNA FÁBRICA DE TABACO EN LIMA DURANTE EL VIRREINATO DE TEODORO DE CROIX (1785 y 1788) 131 Puertas, ventanas y rejas de hierro [puertas de los 12 balcones de la fachada de traza francesa y hierros de los balaustres] 4556 3352 33 073 Empedrados y suelos 5399 2328 7227 20 311 Enlucidos y blanqueados 1794 991 6788 Cañerías, pilones y pilas, acequias 11 070 2775 12 391 Escaleras de comunicación interna + madera de las balaustres, escalones, pasamanos y corredores 1536 8010 Asientos en todos los sitios comunes 254 Viviendas del Tesorero y contador 41 737 Total (sumas oficiales) 101 609 [101 614] 66 828 [68 855] 170 464 443 115 [448 112] AGI, LIMA, 690, N.49, ff.115 ‑133 y ff. 158 ‑176. Entre corchetes hemos colocado las cifras dadas en el proyecto que difieren algo de las calculadas por nosotros. Las cantidades son en pesos. El fracaso del sistema de fábricas Uno de los argumentos que se han utilizado para explicar el distinto éxito de la Renta en México frente al Perú, es precisamente el hecho de que en Nueva España se logró el monopolio de la fabricación de cigarros y puros, mientras que en Perú, con excepción del período comprendido entre 1780‑ ‑1791, quedó en manos privadas21. En la serie histórica (1750 ‑1809) de los 21 C. VIZCARRA, op. cit. 2007. H. PIETSCHMANN,“Comentario”, en JACOBSEN, N. y PULHE, H. J. (eds.), The economies of Mexico and Peru during the late colonial periode, Berlin, Colloquium Verlag, 1986, pp. 418 ‑425. S. DEANS ‑SMITH, Bureacrats, Planters, and Workers. The Making of the tobacco Monopoly in Bourbon México, Austin, University of Texas Press, 1992.
MARÍA DE LOS REYES HERNÁNDEZ SOCORRO Y SANTIAGO DE LUXÁN MELÉNDEZ 132 ingresos del tabaco, tanto en valores totales, como netos, puede observarse que durante la década de 1780 ‑1789, se alcanzó el cenit. Cuadro 2 Rentas del tabaco en el Virreinato del Perú (1750 ‑1809) en pesos Décadas Ingresos totales Ingresos netos 1750 ‑59 325 164 141 246 1760 ‑69 400 000 163.797 1770 ‑79 414 314 183.069 1780 ‑89 920 875 375 952 1790 ‑99 671 384 268 954 1800 ‑09 643 771 291 170 Fuente: C.VIZCARRA, 2007, p.570 Una de las reformas del período de gestión de Gálvez fue precisamente el monopolio de la fabricación de cigarros que, junto a la subida de precios y medidas más efectivas de lucha contra el contrabando, explican este éxito. Con Gil de Taboada, sustituto de Croix al frente del Virreinato, se hizo una visita a las fábricas de tabaco en abril de 1790, señalándose como problema fundamental el deterioro del género en los almacenes, lo que determinaba la menor de calidad del producto, circunstancia que había provocado las quejas de los consumidores limeños. Junto a este problema, la elaboración con hoja peruana, afectó igualmente al producto final. Como señaló en su momento Céspedes del Castillo, y ha confirmado la historiografía posterior, el nuevo virrey, en vez de reformar y mejorar el sistema de fábricas, decidió su cierre en mayo de 179122. Gil de Taboada estaba dispuesto, por encima de todo, a terminar con el monopolio de las labores de hoja. La visita a la que antes aludíamos, después de tres años, acabó dictaminando el absoluto desorden de la Renta, que fue definida como un laberinto y, sobre todo, acusó a los que habían sido responsables de la administración –especialmente al director 22 G. CÉSPEDES, op. Cit. pp22 ‑24. C. VIZCARRA, “El monopolio del tabaco en Hispa‑ noamérica colonial, en L. ALONSO, L. GÁLVEZ y S. LUXÁN (eds.), Tabaco e Historia Econó‑ mica. Estudios sobre fiscalidad, consumo y empresa (siglos xVii ‑xx). Madrid, 2006, Fundación Altadis ‑Ediciones El Umbral, pp. 241 ‑243.
DOS PROYECTOS DE CONSTRUCCIÓN DE UNA FÁBRICA DE TABACO EN LIMA DURANTE EL VIRREINATO DE TEODORO DE CROIX (1785 y 1788) 133 general Miguel de Otermín y al contador Pedro Trujillo ‑ de haber falsificado los estados de la Renta enviados a la Corona desde 178023. ANEXO Descripción del proyecto del proyecto de Vicente Veza24 Frente y perfil de la Real fábrica de tabacos de Lima [En el alzado del proyecto se utilizó el lenguaje neoclásico, destacándose la utilización de piedra para reforzar las esquinas del inmueble, así como en el recercado de la portada principal, coronada por un frontón semicircu‑ lar, en el que puede apreciarse el escudo de España y una inscripción que hace alusión al rey Carlos IV. La fachada exterior es muy sobria y elegante. La planta superior está estructurada en forma de pequeños balcones, mien‑ tras que en la inferior observamos puertas y ventanas. La ornamentación se reduce a la presencia de perillones coronando el edificio]. Plano que manifiesta el Proyecto de la Real Fábrica de Tabaco: Explicación [Podemos destacar que la distribución funcional de la fábrica bascula sobre ocho patios con sus pilones que cumplen el cometido de airear y proporcionar luz a las distintas dependencias, además de servir de elementos de conexión. Las viviendas del director, contador, tesorero y administrador estaban situadas en la planta alta de la zona W, junto a la cerca del convento de Santa Teresa] 1 Entrada principal del Edificio 2 Cuerpo de Guardia 3 Dos Piezas pa. El Portero 4 Dos Piezas para la Tercena 5 Administración del casco que consta de quatro piezas 6 Oficio del Escrivano 23 AGI, LIMA, 708, N.37. Carta de Francisco Gil de Taboada y Lemos a Diego Gardoqui, secretario de Estado de Hacienda (Lima 23 ‑X‑1793), en la que “informa con documentos del verdadero estado que ha tenido la Renta de Tabacos desde el año 1780, que empezó la fábrica de Cigarros hasta su abolición, con el que tiene desde la reforma”. 24 AGI, MP ‑PERU_CHILE, 196 y 197. Frente y perfil de la Real fábrica de tabacos de Lima” del proyecto de Vicente Veza. “Plano que manifiesta [la planta] el proyecto de la real fábrica de tabacos de Lima”
MARÍA DE LOS REYES HERNÁNDEZ SOCORRO Y SANTIAGO DE LUXÁN MELÉNDEZ 134 7 Cocheras 8 Tres Piezas para la Contaduría Principal 9 Tres Piezas para la Tesorería General 10 Veinte y cinco Almacenes 11 Almacén de havieros (sic) para cuando se acabe la contrata 12 Casa del Administrador de Almacenes 13 Oficina de Administración de Almacenes 14 Transpatio, quarto para cueros y pilón para remojarlos 15 Comunes para los empleados en Almacenes 16 Tránsito para el Jardín 17 Oficina con Tendales alrededor para oreo de cigarros puros 18 Quarto ‑oficina del Fiel del encajonado 19 Oficina del Encajonado 20 Almacén de depósito de Cajas y Cajones vacíos 21 Obrador de carpintería 22 Tres Piezas para la Administración de fábricas 23 Callejón y quartos para los Guardas 24 Oficina del Fiel de Limpiones 25 Almacén para depósito de tabaco 26 Almacén de los ingredientes de la Chicoria 27 Sala de labor de los Limpiones 28 Cocina para engrudos 29 Comunes 30 Dos piezas para oficina del Fiel de la Labor de puros 31 Almacén con tarima para tabaco en oja 32 Almacén para depósito de Tripa 33 Idem del tabaco mojado 34 Salones de Labor para los Pureros 35 Idem para los Pureros 36 Era con su ramada para desoje del tabaco 37 Patio con dos pilones de agua corriente para el moje del Idem 38 Oficina del Fiel del picado 39 Almacén para depósito de tabaco 40 Salón de Labor para los Picadores 41 Tránsito de comunicación del tercer patio a la fábrica 42 Comunicación o paso al solar sobrante 43 Dos piezas para Oficina del Fiel del Cigarros de Papel
DOS PROYECTOS DE CONSTRUCCIÓN DE UNA FÁBRICA DE TABACO EN LIMA DURANTE EL VIRREINATO DE TEODORO DE CROIX (1785 y 1788) 135 44 Almacén del depósito del tabaco 45 Laboratorio de cigarros de papel 46 Comunes para cigarros de Idem 47 Tránsito para luces y comunicación del Fiel al Lavoratorio (sic) de las mujeres 48 Pieza destinada para el dho. Fiel 49 Pieza para el Sobrestante de las Mugeres 50 Patio del Laboratorio de las Mugeres desde donde se les subministra la comida 51 Tres Piezas de la retora con destino la una para el registro y guarda ropa de las mujeres y las otras dos para su havitación 52 Cocina de Idem 53 Traspatio para deshaogo (sic) y luces 54 Comunes de Idem 55 Salones de labor para Idem 56 Tránsito a dho Lavoratorio 57 Dos piezas para el Portero de la Fábrica 58 Portada de la Fábrica 59 Patio de las cocineras 60 Quarto para los Guardas de Registro 61 Quarto de la tropa de guardia 62 Entrada a la Fábrica de Cigarros 63 Patio de la Fábrica de Cigarros 64 Patio de la Administración de Fábricas con su Pila 65 Patio de Almacenes con su Pila 66 Patio principal 67 Tránsitos 68 Escaleras para los altos 69 Entrada por bajo de la Escalera 70 Patio para luces 71 Almacén de Breas 72 Sitio para Tiendas a la Calle 73 Tránsito por bajo de la Escalera 74 Entrada a Comunes y Corrales 75 Comunes para la Gente 76 Comunes para los empleados en Oficinas 77 Dos quartos para Yerva (sic) 78 Sitios para Corrales
MARÍA DE LOS REYES HERNÁNDEZ SOCORRO Y SANTIAGO DE LUXÁN MELÉNDEZ 136 79 Cerca del Convento de Santa Teresa Explicación de la Casa del administrador de almacenes marcada con el número 12 y es como sigue a Sala b Cuadra c Dormitorio d Dos Recámaras e Estudio f Despensa g Comedor h Cocina i Quarto para criado j Sitio para Corral, Lavadero, Común y Gallinero k Callejón de comunicación l Patio de los Corrales pertenecientes a las Viviendas altas de Tesoreros y Administrador de Fábrica m Dichos Corrales n Patio de dha Casa 80 Escalera que baja de la Vivienda del Director al jardín…W 81 Huerta perdida Quatro viviendas altas que son: 1ª del Director 1 Sala común 2 Quadra 3 Tocador 4 Dormitorio 5 Dos Recámaras 6 Comedor 7 Azotea 8 Dos quartos para Criados 9 Despensa 10 Cocina con su Bomba a la Acequia 11 Común y Gallinero 12 Luces para los Corrales y Comunes bajos 13 Lavadero 14 Tránsito del Corredor a la Azotea
PENSAMIENTO ECONÓMICO LIBERAL VERSUS ESTANCO DEL TABACO CUBANO. EL PROCESO DE LA ABOLICIÓN DEL MONOPOLIO EN 1817 143 cantidades ingresadas en la Real Hacienda procedentes de los vales reales, también emitidos en la etapa del propio Múzquiz. Sin dinero disponible para pagar a los labradores, las compras de tabaco de la Factoría de La Habana disminuyeron, mientras que el contrabando en Cuba se incrementó, y los ingresos reales por ventas de tabaco en el mercado metropolitano comenza‑ ron a descender en pocos años. Los problemas de falta de financiación en La Habana10, con el consi‑ guiente aumento del contrabando por necesidad, fueron denunciados ante las autoridades metropolitanas una y otra vez, pero poco o nada se hizo para remediarlo. A partir de 1790, la precariedad de la Factoría habanera era alarmante. Tal y como manifestaron sus responsables en un informe enviado al entonces ministro de Hacienda de Indias, Antonio Valdés, no solo no llegaba el dinero de Nueva España para pagar a los cosecheros cubanos de tabaco, sino que además eran las administraciones de América las que resultaban deudoras de la Factoría de sumas importantes. Y, a falta de pago de la primera materia, los labradores vendían la hoja fuera del sistema. Si la abolición del monopolio del tabaco en Cuba se decretó en 1817, de facto, el estanco del tabaco no funcionaba desde hacía años. El texto que se incluye a continuación y que corresponde a 1790, describe muy bien la situación en la que se encontraba la Real Factoría. En él se recogen los distintos problemas con los que se enfrentaba aquel establecimiento, pero el meollo de la cuestión estaba en la falta de dinero para comprar tabaco. El texto describe el desmo‑ ronamiento del monopolio del tabaco cubano. La Habana, 22 de mayo de 1790. (…) la factoría hasta febrero había liqui‑ dado todo. Pero a partir de entonces, con la cosecha de este año quedará debiendo. La factoría de La Habana abastece a España y la mayor parte de los reinos y provincias de América. Si todas reintegrasen el valor prin‑ cipal y gastos hasta su embarque, quedaría desempeñada. Encima, lo que se manda de México, 500.000 pesos, para compra de tabaco, se hará en adelante por tercias (cada cuatro meses). Los labradores no pueden resistirlo por sus urgencias, lo que hace que lo vendan a comerciantes, con pérdida del 8 o 10%. Hace falta que desde México se mande íntegro durante los 6 primeros meses del año. (…) La Factoría (…) no ha recibido nada de la actual cosecha, por lo que vuelve a estar empeñada por el tabaco rama verdín, de lo recibido de aquí y Matanzas, y de los gastos de recolec‑ ción; los del nuevo edificio de la propia factoría y demás costos de ella y sus molinos, no bajarán desde 10 de marzo hasta la fecha de 125.000 pesos, de los que más de las ¾ partes se deben a los labradores del campo. 10 La falta de financiación era el resultado de una crisis general de la Hacienda, entre finales del XVIII y los primeros lustros del XIX. Ver al respecto el artículo de R. HERR, Richard, “Hacia la disolución del Antiguo Régimen. Crisis fiscal y desamortización bajo Carlos IV” en Moneda y Crédito, nº 118, Madrid, 1971.
Mª MONTSERRAT GÁRATE OJANGUREN 144 El 1º de junio se da principio al recibo de los tabacos secos de toda la isla (…) Su valor principal pasará de 500.000 pesos. A esto deben agregarse otros gastos (…) lo que no bajarán de otros 200.000 pesos. Lo que por la actual cosecha no bajará de 825.000 pesos esperándose para su desempeño caudal de los 500.000 de la actual consignación, más 150.000 que el virrey de México tiene anunciados enviará este año en cuenta de los 700.000 que todavía deben a la factoría las cajas de azogues de Nueva España por resto de los tres situados que dejó de remitir durante la última guerra pasada. De modo, que aunque llegue, quedará el ramo empeñado con los cosecheros en 175.000 pesos. Las compras de tabaco que hace la factoría no están ceñidas a sólo el consumo de los estancos de España. Provee también a la mayoría de los reinos de ambas Américas, con las porciones de polvo y rama que piden a ella los respectivos directores y administradores que gobiernas la renta. Si todas reintegrasen el valor principal y gastos hasta su embarque, quedaría desempeñada, sin necesidad de reclamar al ramo de azogues de México. Pero como hace 24 años, la administración de Cartagena por orden del Virrey de Santa Fe, cesó enteramente de reintegrar lo que adeudaba, este crédito en el día asciende a 388.416 pesos. El de Panamá, sin incluir el importe de las remesas que en la actualidad se están embarcando, 219.064 pesos. La dirección de la renta de la misma capital de Santa Fe debe 5.338 pesos. La administración de Guayaquil 566 pesos; la de Caracas 2.820 pesos; la tesorería del ejército de esta plaza por cuenta de la administra‑ ción de Caracas y la del reino de Guatemala, 14.443 pesos. Estas 6 partidas ascienden a 630.659 pesos, que si se agregan 96.531 pesos que la misma tesorería de ejército está debiendo a esta factoría para urgentes obligacio‑ nes de su cargo. De modo que si hay que hacer frente a las atenciones de la mayor parte de la actual cosecha, se ve la factoría empeñada (…) No es esperable que la factoría se vea aliviada por el pronto arribo de los 500.000 pesos del crédito atrasado, pues según avisó [el virrey de Nueva España] remitirá por tercias cada cuatro meses. Con ello no se libra a la adminis‑ tración de verse oprimida de tantos acreedores cuantos son los coseche‑ ros, en solicitud del importe de sus frutos (…) ¿Cuántos labradores podrán soportarlo? Creo que no llegarán al 10%. Así lo venden en el comercio (…) sin que la administración pueda evitarlo, mientras no se remita de México el caudal consignado para la compra de tabacos en los primeros 6 meses de cada año11. Al tiempo que esto ocurría en Cuba, también descendieron los envíos a la metrópoli, cuando menos desde la Factoría. Su resultado quedó plasmado en la baja del consumo oficial en España, totalmente inexplicable ante un aumento de la población12. Lógicamente, el contrabando también aumentó en 11 ARCHIVO GENERAL SIMANCAS [AGS], Secretaría de Hacienda, Leg 1854. Informe de Domingo de Hernani a Antonio Valdés. 12 O. BERGASA, Óscar (2008): “Monopolio de tabaco y real hacienda: el impacto del contrabando sobre los “dineros del rey” durante el siglo xViii. Un modelo econométrico de esti‑ mación del mercado de tabaco” en A. GONZÁLEZ ENCISO (Edit), op. cit., 2008, p.379 ‑80.
PENSAMIENTO ECONÓMICO LIBERAL VERSUS ESTANCO DEL TABACO CUBANO. EL PROCESO DE LA ABOLICIÓN DEL MONOPOLIO EN 1817 145 la metrópoli, al igual que estaba ocurriendo en la colonia. Y lo peor de todo fue que esta secuencia: menos dinero para adquirir la hoja, incremento del contrabando y descenso de las ventas oficiales en la metrópoli, se hizo crónica. En este estado de cosas, no es de extrañar que surgieran las primeras voces contra la política monopolística que pesaba sobre el estanco en Cuba. Por eso, ya en la década de los 80, Pedro Antonio de Gamón –quien en 1802, ocuparía el empleo de administrador general de la Factoría de La Habana ‑ elaboró un informe en el que manifestaba la necesidad de liberar al tabaco de las trabas a que estaba sujeto, al igual que lo hacían otras naciones de Europa. El lenguaje empleado en su escrito era un tímido asomo a lo que en la práctica estaba cambiando en las naciones vecinas, y a lo que de forma teórica, empezaban a defender algunos pensadores económicos. Paradójica‑ mente, tal como señala Bergasa, el periodo en el que se mantenían y aún se creaban en algunos espacios nuevos monopolios en el xViii (entre otros, en el imperio hispánico), a través de otorgar privilegios comerciales, coincidía con la reivindicación de libertad de comercio de otros. Hubo que esperar a que se asimilaran las teorías de Adam Smith o David Ricardo, sobre las ventajas de un mercado libre y competitivo entre distintos países13. El primero defendía la necesidad del comercio internacional libre porque llevaba al bienestar de la gente, o como habían definido antes los ilustrados: a la felicidad pública. La clave para lograr el bienestar estaba, según expresaba Smith en La Riqueza de las Naciones, en el crecimiento económico que se potenciaba con la división del trabajo. Esta división exigía la extensión de los mercados bajo la libre competencia. Cada país se dedicaría, según Smith, a producir aquello para lo cual estuviera mejor dotado –ventaja absoluta ‑. De alguna manera, la teoría clásica del comercio internacional tiene sus raíces en sus ideas14. Pero, si bien Smith señalaba la ventaja absoluta, David Ricardo afinaba algo más, seña‑ lando la ventaja relativa o comparativa, todo en un marco también de libre competencia. De esta forma, a finales del xViii, se iniciaba un cambio en las ideas de los intercambios lejos de las trabas a las que habían estado sometidos. Y es precisamente también entonces, cuando se sucedieron numerosas manifestaciones en el mismo sentido, cuyo contenido trataba de justificar las ventajas de comercializar y manufacturar libremente el tabaco de Cuba. Quizá, sus promotores estaban lejos de secundar la teoría smithiana, y menos aún ricardiana. La situación del sector tabaquero supeditado a una Factoría insolvente llevó a la sociedad cubana a denunciar un monopolio que perju‑ dicaba los intereses de la colonia. Los discursos e informes que siguieron 13 BERGASA, 2015, op. cit., p. 345. 14 F. COHEN, “Grandes pensadores de la historia. Las 25 cabezas más influyentes” en J. PARDINA, Muy historia, España Ediciones, S.L, Madrid, 2011.
Mª MONTSERRAT GÁRATE OJANGUREN 146 apuntaron algunas soluciones que hicieran compatibles los intereses hacen‑ dísticos y los propios de los productores tabaqueros. Sin embargo también se sucedieron manifiestos en los que se defendía el mantenimiento del monopo‑ lio como lo más adecuado. ¿Por qué el gobierno de la metrópoli no fue sensible a liberalizar aquel producto? Por entonces, últimos lustros del xViii, el fruto más importante de Cuba era el tabaco y también el que mayor contrabando soportaba. Al mismo tiempo, el 32% de los productos americanos importados por España procedían del Caribe, en cuyo valor, el tabaco tenía un peso elevado15. ¿Por qué entonces la metrópoli no cuidó más de establecer una política económica más allá del estanco? Liberalismo económico y procesos de independencia colonial ¿Hasta qué punto los principios de liberalizar la economía colonial condujeron a un enaltecimiento del deseo de desligarse de la metrópoli? Los factores que explican la independencia de las colonias son múltiples. En primer lugar, tanto la independencia de los Estados Unidos, declarada en 1776, el mismo año en el que salía a la luz la obra de Adam Smith, como la Revolución Francesa16, proclamando la libertad e igualdad de los individuos, tuvieron su eco en Hispanoamérica17. Sin embargo, al mismo tiempo que tuvieron lugar estos dos acontecimientos, se decretaban medidas que choca‑ ban con los intereses coloniales. Por ejemplo, la prohibición del cultivo de frutos de Europa en espacios coloniales fue algo que despertó aún más el descontento entre criollos y nativos de la sociedad colonial. Pero sin duda, la ocupación de la metrópoli por el ejército de Napoleón y la declaración de guerra en España en 1808, marcaron un punto de inflexión para el futuro de las colonias españolas en América, así como también para las relaciones de 15 J. FISHER, Relaciones económicas entre España y América hasta la independencia, Fundación Mapfre, Madrid, 1992. La cifra corresponde al periodo 1782 ‑1796. Este autor cifra que el valor de los productos procedentes de Nueva España suponía el 36%, mientras que los de Río de la Plata y el Pacífico el 15 y el 17% respectivamente. 16 Sobre este tema remitimos al lector a la lectura de G. ANES, (coord.), España y la Revolución Francesa, Turner publicaciones, Madrid, 1989, y especialmente a los artículos de G. ANES, “Revolución, contrarrevolución e Independencia: La Revolución Francesa, España y América”, pp. 17 ‑39; A. GARCÍA BAQUERO, “La Revolución Francesa, España e Hispanoamé‑ rica: coyuntura económica y crisis política”, p. 57 ‑65; J. PÉREZ, “La Revolución Francesa y la independencia de las colonias hispanoamericanas”, p. 114 ‑120. 17 Incluso la revuelta de Haití despertó el entusiasmo de los movimientos independentis‑ tas. En el caso de Venezuela, parece que fueron acontecimientos que influyeron en su propio proceso. Judith EWELL, Venezuela and the United States. From Monroe’s Hemisphere to Petro‑ leum’s Empire, The University of Georgia Press, Athens and London, 1996, pp. 11 ‑12.
PENSAMIENTO ECONÓMICO LIBERAL VERSUS ESTANCO DEL TABACO CUBANO. EL PROCESO DE LA ABOLICIÓN DEL MONOPOLIO EN 1817 147 los territorios americanos que permanecerían por más décadas dentro del imperio español, en nuestro caso Cuba. En 1809, surgieron varios movimientos de descontento e/o indepen‑ dencia en los territorios americanos. La razón que esgrimían quienes los abanderaban era el apresamiento de Fernando VII, así como el rechazo a los franceses y el temor de que su influencia pudiera ocasionar sangrientas revueltas. Asimismo, la falta de reformas que beneficiaran a las colonias en su desarrollo económico, entre otras: la libertad comercial en todo su conte‑ nido, fueron el caldo de cultivo para que se originaran algunas reacciones violentas. Algunas colonias asociaban la prosperidad de Estados Unidos con la independencia18, lo que hacía crecer el deseo de emancipación. El verano de 1809, estallaron las primeras rebeliones contra los peninsulares en La Paz y Quito. Aunque pronto fueron acalladas, un año después, cuando la noticia de la caída de Andalucía llegó a América, tuvo lugar una reacción aún más radical: ya que España había caído o estaba a punto de caer en manos de los franceses, los criollos no tenían otro remedio que velar por sus propios intereses. Entre abril y octubre de 1810, hubo levantamientos en Venezuela, Colombia, Argentina, Ecuador, Chile, México, Bolivia, Paraguay y Uruguay19. Por si fuera poco, los gastos de la guerra en la península se fueron multi‑ plicando, tal y como había ocurrido en el xViii20. La ya maltrecha Hacienda hispánica debió echar mano de cuantos recursos tenía a su alcance. Con unos ingresos cada vez más reducidos en España, se recurrió a América, además de a los préstamos británicos. Respecto de las prestaciones americanas para financiar los gastos de la madre patria, es muy curioso cómo fueron evolu‑ cionando en su forma. Primero fueron donativos patrióticos. Entre ellos hay que recordar las ayudas recibidas de miembros de la oligarquía novohispana, preocupados en principio por la situación metropolitana21. Fueron impor‑ tantes las aportaciones de algunos criollos como Fagoaga, Murphy, etc., y 18 EWELL, op. cit., p. 13 ‑4. 19 Ch. ESDAILE, Spain in the Liberal Age. From Constitution to the Civil War, 1808 ‑1939, Blackwell Publishers, Massachusetts, 2000, pp. 42 ‑3; del mismo autor, The Peninsula War, Penguin Books, 2003, p. 287. 20 J. MARCHENA, “Capital, crédito e intereses comerciales a fines del periodo colonial: los costos del sistema defensivo”, en Tiempos de América, nº 9, 2002, p. 205. Los gastos generales del ejército de América, señala Marchena, que en 1700 ascendían a casi 5 millones de pesos, en 1800, superaron los 40 millones. 21 C. MARICHAL, Bankruptcy of Empire, Cambridge Latin American Studies, 2007, pp. 250 ‑1. Indica el autor las donaciones realizadas por conocidos miembros de la oligarquía mexi‑ cana, Fagoaga, Murphy, etc., a los que habría que añadir José Ignacio Aguirrebengoa, que a diferencia de los anteriores era nacido en la metrópoli y se distinguió por su apoyo a la causa de la “madre patria”, tal como él se manifestaría. Su toma de partido hacia los intereses de la metró‑ poli fue la causa de que, cuando se declaró la independencia en México, tuviera que salir del país. Posteriormente, y una vez establecido en París al frente de una casa banca, Aguirrebengoa fils et Uribarren, sería el corresponsal del banco nacional español en la capital gala.
Mª MONTSERRAT GÁRATE OJANGUREN 148 también las realizadas por otros nacidos en la metrópoli como los de José Ignacio Aguirrebengoa22 o Fausto de Elhúyar (quien fuera director del Pala‑ cio de Minería de México durante los últimos años de la etapa colonial23) y quien, según recoge Marichal24, también colaboró a favor de la causa metro‑ politana. A esos donativos siguieron los llamados préstamos patrióticos, en algu‑ nos casos sin interés; en otros a un interés bajo. Pero siendo cada vez mayo‑ res los gastos, también se recurrió a los préstamos con interés. No era para menos. El avance de las tropas francesas por todo el territorio peninsular obligó a un repliegue de los ejércitos patrióticos y al cambio de sede de la Junta Central, que finalmente se estableció en Cádiz. En enero de 1810, la Junta Central tuvo que disolverse, nombrándose en su lugar una Regencia. La falta de recursos y el desorden de la Hacienda, junto a los elevados dispendios del ejército, obligaron a la Regencia a seguir una política econó‑ mica dirigida por la Junta de Cádiz, que a su vez estaba bajo el control de los comerciantes de la ciudad. La Regencia tuvo que acceder a las condiciones de la Junta gaditana: se haría cargo de los gastos a cambio de disponer de todos los ingresos, incluidos los que llegaran de América25. De esta forma se pudieron cubrir algunas de las muchas necesidades, en parte gracias aún a los recursos que aún seguían llegando de Ultramar. Las cifras hablan por sí solas: entre los meses de noviembre de 1810 y marzo de 1811, el Erario ingresó 351 millones, de los que el 55% correspondían a remesas americanas y sólo el 29%, a Cádiz26. Tal como señaló Marichal, el Tesoro público hubiera 22 José Ignacio Aguirrebengoa fue quien se encargó en México de recoger las ayudas económicas para la causa española. Sobre la banca Aguirrebengoa, Mª M. GÁRATE OJANGU‑ REN, “Circuitos financieros del capital novohispano, s. xViii‑xix (Las remesas de los Amigos Bascongados)” en IV Seminario de Historia de la Bascongada, La RSBAP y México, Universidad Ibero ‑americana y RSBAP, México D.F. y San Sebastián, 1994, pp. 311 y ss., así como su biogra‑ fía, publicada en el Diccionario Biográfico de la Real Academia de la Historia, Madrid, 2011 ‑12. 23 Desconocemos si Fausto de Elhúyar fue uno de los que aportó dinero para la causa española. No obstante MARICHAL, op. cit., p. 251, le cita como uno de quienes apoyaron econó‑ micamente al gobierno “patriótico”. Lo que sí sabemos que es Elhúyar tuvo que volver a la metrópoli una vez comenzó en México el levantamiento por lograr la independencia, E. FELIPE, “La labor de Fausto de Elhúyar como científico y administrador en el Seminario de Vergara y en el Colegio de Minería de México (1782 ‑1822)” en IV Seminario de Historia de la Bascongada, La RSBAP y México, Universidad Ibero ‑americana y RSBAP, México D.F. y San Sebastián, 1994, p. 567 y ss. Los servicios de Elhúyar fueron compensados en la metrópoli al ponerle al frente de la cartera de Minas. 24 MARICHAL, op. cit., p. 251. No obstante, la participación económica de Elhúyar en la causa “patriótica” no debió alcanzar las cifras de otros hacendados. Incluso, a su vuelta a España declaraba su “absoluta insolvencia”, FELIPE, art. cit., p. 567. 25 J. FONTANA, Guerra y Hacienda. La hacienda del gobierno central en los años de la Guerra de la Independencia (1808 ‑1814), Instituto Juan Gil ‑Albert, Alicante, 1986, pp. 67 ‑9. 26 Tal como señala Fontana, op. cit., además de los 351 millones, se ingresaron con retraso otros 20 más. Del total, sólo se enviaron a provincias y ejército 112 millones, redundando el resto en gastos generales y defensa de la propia ciudad de Cádiz, pp. 70 ‑1.
PENSAMIENTO ECONÓMICO LIBERAL VERSUS ESTANCO DEL TABACO CUBANO. EL PROCESO DE LA ABOLICIÓN DEL MONOPOLIO EN 1817 149 colapsado de no haber tenido los ingresos procedentes de las colonias27. A pesar de todo, los ingresos seguían siendo insuficientes para cubrir el gran déficit hacendístico. La dependencia de la Hacienda metropolitana de las remesas americanas era evidente. No hay más que observar la proporción que ocupan en el conjunto de los ingresos del Erario hasta 1810. Según Fontana, entre 1809 y 1814, la Hacienda central recaudó unos 1.500 millones, de los que 600 procedían de América (abundantes hasta 1810 y en rápido descenso a partir de 181128). Ingresos hacendísticos. Porcentaje según procedencia29 FUENTE: Elaboración propia sobre datos de FONTANA, 197830 y 1986, y ESDAILE, 2003. Pero el protagonismo que desde el comienzo de la guerra de 1808, tuvo el tema americano, no sólo fue por sus aportaciones directas a la Hacienda española como se aprecia en el gráfico anterior, sino también en relación con las ayudas británicas a España. Al inicio de la guerra de la Independencia en 27 MARICHAL, op. cit., p. 235. 28 Las cifras están calculadas sobre los datos que aporta J. CUENCA ESTEBAN, “Ingresos del Estado español, 1788 ‑1820”, en Hacienda Pública Española, nº 69, 1981, pp. 183 ‑208. 29 No se han incluido los recursos obtenidos a través de la Deuda, que fueron elevados entre 1793 y 1806. A partir de 1808, la gran deuda española emitida durante el periodo anterior y el desorden hacendístico limitó este recurso para financiar la guerra. Es por ello por lo que los ingresos procedentes de las colonias adquirieron mayor importancia. 30 La quiebra de la monarquía absoluta, 1814 ‑1820, Ariel, Barcelona, 1978.
Mª MONTSERRAT GÁRATE OJANGUREN 150 España en 1808, las Juntas de Asturias y Galicia se vieron obligadas a solicitar ayuda británica para luchar contra el ejército de Napoleón. Pero la condición de los ingleses, de que aquélla tendría lugar siempre que ellos obtuvieran el acceso a la plata americana y al comercio colonial, sugiriendo así un cambio en las relaciones metrópoli ‑colonias españolas31. Pero, por parte española no se quiso ceder en materia de comercio ultramarino. Incluso, cuando en 1810, la Junta Central se estableció en Cádiz, ésta siguió desoyendo las demandas británicas, al igual que lo hizo el posterior gobierno de la Regencia, en este caso por estar comprometido con la Junta de Cádiz, controlada, como se ha indicado, por los comerciantes de la ciudad. Cuando a comienzos de 1811, Canga Argüelles se hizo cargo de la cartera de Hacienda, la situación era alarmante ya que los ingresos procedentes de las colonias sufrieron un gran descenso. Con el fin de lograr una mejora, fueron varias las propuestas del ministro. Las memorias que redactó y sobre todo las dedicadas a la reanimación del crédito público32, son una muestra de la quiebra económica del país. Fue también aquel año cuando pronunció un discurso proponiendo la abolición del estanco de tabaco cubano, al que nos referiremos más adelante. Mientras que la metrópoli necesitaba más y más recursos, las colonias no estaban por la labor. Por ejemplo, la gran deuda que se acumuló en Nueva España por los abultados préstamos, la emisión de Deuda a que se vio obli‑ gada, al tiempo que la insolvencia que presentaba el Erario metropolitano, provocaron el colapso de las finanzas de aquel territorio y también el rechazo a la metrópoli. Las revueltas coloniales que comenzaron en 1809 ‑10, fueron el principio de la ruptura definitiva. En efecto, si en 1812, la convocatoria a Cortes fue seguida de una arrolladora victoria liberal, y también de la independencia de gran parte de la América española33. Los diputados americanos presentes en las Cortes intentaron introducir reformas dirigidas a una mayor apertura de su economía, pero no se les escuchó, lo que precipitó la pérdida de aquellos territorios. En algunos espacios americanos, estos movimientos fueron lide‑ rados por los criollos que defendían sus intereses económicos y que además 31 ESDAILE, op. cit., 2003, p. 175. No obstante, la respuesta por parte española fue el memorando enviado por Martín de Garay a Canning, en el que ponía el acento en el patriotismo español, al mismo tiempo que protestaba por la forma en que los británicos denegaban la ayuda a los españoles. Prometía que una mayor ayuda podría tener como consecuencia unas concesio‑ nes mayores. Mientras, la política española respecto de sus colonias fue la de declarar a aquellas parte integral del estado español y concederles una representación en la Junta Central. 32 Mediante la liquidación de todos los créditos (entre cuyas medidas se contemplaba el reparto de baldíos entre los labradores y en pago de deudas) contra entrega de billetes que queda‑ ban habilitados para la compra de bienes nacionales, etc., etc. FONTANA, op. cit., 1986, p. 79. 33 H. JURETSCHKE, “Concepto de Cortes a comienzos de la Guerra de la Independencia. Carácter y actualización”, en Revista de la Universidad de Madrid, IV, nº 5, 1995.
PENSAMIENTO ECONÓMICO LIBERAL VERSUS ESTANCO DEL TABACO CUBANO. EL PROCESO DE LA ABOLICIÓN DEL MONOPOLIO EN 1817 151 eran capaces de articular un sistema político, social y económico aparente‑ mente estable. Para ello ya ocupaban cargos y honores en las distintas insti‑ tuciones, ya fueran políticas o económicas. En otros casos, los movimientos por la independencia tuvieron un carácter social, y como define algún histo‑ riador en el caso de Venezuela, la revolución se llevó desde abajo34. Estos procesos trasladados a Cuba tienen una lectura muy especial. El análisis de la permanencia de la Isla dentro del imperio español es una cues‑ tión bastante compleja, que va más allá de este trabajo. A decir de Brading, una de las principales causas fue porque el elemento servil suponía un tercio de la población35. Por otra parte, tan importante era el tabaco en la Isla, a pesar del indiscutible crecimiento del cultivo de caña, que la fidelidad al Monarca y a la “madre patria” o lo que es lo mismo, la permanencia de Cuba dentro del sistema del imperio, se llegó a supeditar por entonces a la desapa‑ rición del monopolio. En estos términos se manifestaría el Consulado de La Habana en 1814. Libertad para el tabaco cubano o mantenimiento del estanco: una cuestión de Estado Ya durante el último cuarto del xViii, eran evidentes las contradicciones entre el sistema monopolístico establecido en Cuba y la realidad económica de la Factoría de tabacos de La Habana, organismo encargado de las compras del fruto por cuenta del Real Erario. Las principales causas de aquéllas ya se han apuntado anteriormente: la falta de dinero; menos entradas de tabaco en la Factoría, descenso de los envíos a la metrópoli, disminución del consumo en términos oficiales, todo ello sin contar con los efectos perniciosos del contra‑ bando además de las entradas de tabacos extranjeros. Pero las disfunciones del estanco cubano iban aún más allá, porque afectaba a la manufacturación. Mientras se elaboraba más hoja en la Isla, menos se torcía en Sevilla. En este estado de cosas, las peticiones desde Cuba para desestancar aquella renta fueron cada vez más numerosas. Se esgrimían toda serie de soluciones para que la renta del tabaco, recurso de gran importancia para la Hacienda Real, no sufriera una caída. La libertad del tráfico del fruto, se 34 M. IZARD, y Jane RAUSCH, “Tierra Firme. Historia de Venezuela y Colombia”, en Hispanic American Historical Review, nº 68, 3, 1988. La revolución de Caracas desde abajo se entiende a la protagonizada no ya por los criollos, sino por los libres de color. GÓMEZ, A.E. “la revolución de Caracas desde abajo”. Con este término define la que tuvo lugar, no ya por los crio‑ llos, sino por los libres de color, los cimarrones. También de M. IZARD, Orejanos, cimarrones y arrochelados, Sendai Ediciones, Barcelona, 1988. Describe el autor el papel destacado de estos en la independencia venezolana, aunque a la postre serían dominados por la oligarquía criolla. 35 D. BRADING, “La España de los Borbones y su imperio americano”, en América latina y su época colonial. España y América de 1492 a 1808, Crítica, Barcelona, 2002, p. 299.
Mª MONTSERRAT GÁRATE OJANGUREN 152 argumentaba, traería un mayor volumen de producción y comercio y por lo tanto, sería beneficiosa también para el Erario. Los discursos en pro de la libertad del tabaco cubano La mejor expresión de la corriente de “liberalismo económico” aplicada al tabaco de Cuba, tendría su concreción en dos discursos: el primero el que Canga Argüelles, leyó en las Cortes gaditanas en noviembre de 1811, seguido del de Ruiz de Arana. El segundo, el informe elaborado por el Consulado de La Habana, fechado en 1816. Ambos tienen como trasfondo la quiebra de la Hacienda imperial y el hecho de que el estanco como tal no funcionaba. Los dos defendían la desaparición del monopolio del fruto en Cuba como la mejor solución. Sin embargo, los argumentos y análisis que plantearon ambos fueron muy distintos. Nuevos aires liberales en la metrópoli: el discurso teórico de Canga Argüelles y los ejemplos prácticos de Ruiz de Arana: noviembre de 1811 El 2 de noviembre de aquel año, 1811, Canga Argüelles leía un discurso defendiendo el desestanco en las Cortes Generales36. El lenguaje utilizado, además de bien articulado desde el punto de vista de los principios económi‑ cos, destaca por su sentido y terminología liberal, hasta entonces poco habi‑ tual en los medios de gobierno de la metrópoli. Y más sorprende su defensa de abolir el estanco por cuanto su autor conocía bien las circunstancias excepcionales que se estaban viviendo en España: la ruina hacendística y las necesidades urgentes que debían cubrirse. A esto se unía el cese de las reme‑ sas metálicas americanas a España, lo que agravaba aún más la situación. El discurso de Canga Argüelles sobre liberalizar la producción, manufactura y distribución del tabaco en Cuba, iba precedido de un análisis de la quiebra en la que se encontraba la Hacienda española37. Si las necesidades de todo tipo, pero sobre todo las que originaba una guerra, había sido el argumento para defender el estanco del tabaco que según se presumía era el que producía la renta más importante del reino después de la plata novohispana, Canga Argüelles era defensor de la libertad de produc‑ ción y comercialización del fruto: “Los reglamentos para sostenerla o más propiamente, para sacarla de su quicio han sido los que han acarreado más 36 ARCHIVO GENERAL INDIAS [AGI], Ultramar [Ult] 239. 37 En febrero de 1811, Canga Argüelles confeccionó un presupuesto. Su valor se elevaba a 1.200 millones de reales, cuando los productos se cifraban en 255 millones (de hecho, en 1811, se recaudarían solamente 201,6 millones), por lo tanto era consciente de la necesidad de ingresar, también del ramo tabaquero.
CUBAN TOBACCO SLAVERY IN THE NINETEENTH CENTURY 255 explosive as sugar” over the same period.”38 As a result, it is in this very period that Cuban vegueros successfully attempted to increase the number of slaves working in tobacco cultivation. The general deficit of slaves was problematic for all sectors of Cuba’s plantation economy and as a result, the thousands laboring in tobacco fields must have held a pointed meaning for both sugar planters (who proved inca‑ pable of pulling in all available slaves) and tobacco farmers (who were effec‑ tive at maintaining a sizable labor). That tobacco did not just preserve its own slave labor force but also continued to absorb additional laborers from other slave sectors is an important observation about both the economic viability and availability of slave labor in Pinar del Río. Coffee, Tobacco, and the Hurricanes of the 1840s Vegueros were able to increase their number of slave laborers in part because of the 1840s transfer of slaves on coffee farms, cafetales to vegas, especially in the principal tobacco ‑growing region of Pinar del Río. In this period, the sudden and rapid demise of Cuba’s coffee industry, the third branch of Cuba’s slave ‑based agricultural ‑export economy, helped define the parameters of slavery’s expansion in the last half of the nineteenth century. The first quarter of the nineteenth century was a boom time for Cuban coffee, and historians consider it to have been a true rival to sugar, in relation to the allocation of land and labor as well as potential profits. 39 All of this changed as a result of three major hurricanes in 1842, 1844, and 1846, which together led to a pivotal restructuring of land use and labor practice in Cuba’s agricultural economies.40 According to Louis Pérez, the “magnitude of disruption of the cafetales was incalculable and in many instances permanent”, while Levi Marrero describes the impact of these hurricanes as nearly eliminating the production of coffee as a basic element of Cuba’s economy.41 In this context it has been argued that after the hurrica‑ nes, the sugar industry absorbed the land and resources that had been dedi‑ 38 From 1827 to 1862, the production of sugar as a percentage of Cuba’s total agricultural value rose by 139%, while tobacco’s production similarly increased by 131%. 39 William C. VAN NORMAN, Shade ‑grown Slavery: Life and Labor on Coffee Plantations in Western Cuba, 1790 ‑1845, The University of North Carolina at Chapel Hill, 2005, p. 45; BERGAD, Cuban Rural Society in the Nineteenth Century, pp. 46 ‑48; MARRERO, Cuba. Economía y Socie‑ dad, vol.11, pp. 97 ‑135. 40 For the most comprehensive analysis of the hurricanes of 1840s and their impact upon Cuba’s society and economy, see Louis A. PEREZ, Winds of Change: Hurricanes and the Transfor‑ mation of Nineteenth Century Cuba, Chapel Hill, N.C., University of North Carolina Press, 2001. 41 PEREZ, Winds of Change, p. 86; MARRERO, Cuba. Economía y Sociedad, vol. 11, p. 121. Van Norman suggests the damage was significant, but less so than the larger historiography has proposed. VAN NORMAN, Shade ‑grown Slavery, p. 118.
WILLIAM A. MORGAN 256 cated to coffee production. Pérez, in particular, claims that the combination of a destroyed coffee economy and a lack of slaves allowed sugar planters, in the aftermath of the hurricanes, to find “a new supply of slaves from among the failing coffee estates” and thereby secure the future prospects of sugar production in Cuba.42 In this narrative, the hurricanes and their consequen‑ ces for the coffee industry in Cuba were directly responsible for a significant enlargement of the sugar industry during this period. A closer analysis (one that maintains a crop ‑specific focus especially in relation to viable zones of production) suggests that sugar was not the exclu‑ sive recipient of coffee’s resources; tobacco farms also directly benefited from the redistribution of land and labor formally associated with coffee produc‑ tion. This was especially true in the Vuelta Abajo where there was a direct causal relationship between the hurricanes and an increase in tobacco ‑based slaves, a development that has previously been understood as occurring only within the sugar industry. A broad range of statistical data demonstrates that in the geographic heart of Cuban tobacco cultivation, the decline of the coffee economy coincided with an expansion of tobacco production in the Vuelta Abajo, as more land became available for use by tobacco’s growing economy. At the same time, the coffee industry’s decline also acted as a significant catalyst for the enlargement of the slave ‑based labor force in tobacco cultivation. The coffee industry in Cuba was ravaged by the impact of successive hurricanes in a concentrated period, the extent of which can be seen in the difference between coffee production and number of slaves before the hurri‑ canes and after the hurricanes. In 1862, the coffee industry employed just fewer than 26,000 slaves, in contrast to the 50,000 slaves it employed in 1827. In terms of production, in 1862 the coffee harvest had dropped by almost 75% of 1827 levels. The western half of the island suffered the worst of the damage, as the impact of the hurricanes was particularly pronounced in this area with the cultivation of coffee in the Vuelta Abajo cut by more than half in the aftermath of the last hurricane in 1846.43 Remarking on the level of devastation, José María de la Torre wrote in 1855 that as a result of the hurri‑ canes, there were “no coffee plantations” in the province of Pinar del Río and by 1862, only one cafetal had emerged in the jurisdiction of Pinar del Río. 44 42 PEREZ, Winds of Change, p. 104. Pérez’s account of the hurricanes’ impact upon tobacco, although short (coming in at just two pages), is exceptional, especially in noting how this event significantly transformed the industry. Pérez states, that in the long run, “tobacco benefitted from the demise of the cafetales, particularly in the western region of Vuelta Abajo,” and that this “outcome reinforced the dominant position of the ingenio and the vega at the expense of the cafetal”. PEREZ, Winds of Change, pp. 94 ‑95. 43 MARRERO, Cuba. Economía y Sociedad, vol. 11, pp. 114, 130 and 132. 44 José María de la TORRE, The Spanish West Indies: Cuba and Porto Rico: Geographical, Political, and Industrial, 1855, p. 75.
CUBAN TOBACCO SLAVERY IN THE NINETEENTH CENTURY 257 This lone cafetal also illustrates the extreme decline in the number of slaves devoted to coffee cultivation in the region: although this was a particularly large estate with 152 listed slaves attached to it, these slaves represented the total measure of listed coffee slaves in the entire region. 45 The contrast of coffee with tobacco in this area in regard to production, number of farms, and extent of slavery is illuminating. As coffee growers abandoned their farms en masse and were forced to sell anything remaining of value, including most of their land and labor, vegueros located in the same area of Pinar del Río as many of the cafetales also faced widespread destruc‑ tion. However, conditions unique to tobacco production served to mitigate the degree of devastation. For example, tobacco yields a seasonal harvest, whereas coffee yields an annual harvest, and an initial coffee crop can take up to seven years to cultivate. As a result, tobacco production only suffered a temporary setback, and since it inherently required fewer initial costs, recovery was much more immediate. As the contemporary traveler Carlton Rogers noted, hurricanes appeared to affect tobacco farms less than it affected cafetales.46 Another factor also suggesting a direct transfer of coffee’s resources to tobacco is the reality that coffee and tobacco closely resembled each other in terms of scale of production, labor requirements, and slave demographics. Their similarity was heightened when the tobacco industry in the Vuelta Abajo underwent a general aggrandizement of its production model to more closely mirror the larger coffee estates of the period. The ease with which tobacco could readily co ‑opt coffee’s similar resources was noted by several individuals in the nineteenth century, including Wenceslao Ramírez de Villa Urrutia. Ramírez, a Spanish nobleman, politician, and estate owner, had previously argued that even if slaves were not necessary for the production of tobacco, their use nevertheless would “grow and multiple” tobacco’s products to the point that it would rival sugar. Writing in 1844, he explicitly framed this argument in the context of Cuba’s coffee economy by claiming that the intro‑ duction of more slaves could be achieved with relatively little effort if Cuban planters would transfer only one ‑third of the slaves currently employed in the unproductive coffee industry.47 Based upon shared similarities in land and labor use, officials in Spain were also attuned to the feasibility of repla‑ cing coffee with tobacco, maintaining in 1845 that if tobacco was “protected 45 FRIAS, Noticias estadísticas de la isla de Cuba, pp. 133 ‑138. 46 Carlton Holmes ROGERS, Incidents of Travel in the Southern States and Cuba with a Description of the Mammoth Cave, General Books LLC, 2010, p. 127. 47 As quoted in MARRERO, Cuba. Economía y Sociedad, vol. 11, p. 59. Similarly, the contemporary writer Maturin Ballou remarked that with the demise of coffee, not all planters devoted their farms to sugar production; many turned to tobacco cultivation. Maturin Murray BALLOU, Due South; or Cuba Past and Present, Boston/New York, Houghton, Mifflin and co, 1885, p. 246.
WILLIAM A. MORGAN 258 with an absolute freedom from duties by the supreme government, [it] could perhaps supply in the same manner the deficit that should come very soon from the depressed and almost expiring cultivation of coffee.” In fact, as the report also notes, this was already occurring as many cafetales were being planted with tobacco seeds, resulting in an “advantageous change to how the land was used as these smaller crops proved more profitable.”48 The viability of the transfer of coffee’s resources to tobacco can be also seen on a macro and micro level in Pinar del Río with longstanding and immediate changes to the fundamental structure of tobacco cultivation in this region occurring in the wake of the hurricanes’ destruction. In terms of production, the hurricanes of the 1840s were followed by rapid and signi‑ ficant gains in tobacco production, as measured by exports of raw leaf. In fact, tobacco had its most productive cycle of the decade in the four years surrounding the last of the three hurricanes, from 1845 through 1848, with tobacco’s two biggest years, 1846 and 1847, occurring in the immediate after‑ math of the last hurricane.49 This nearly instantaneous recovery of Pinar del Río’s tobacco economy was also identified by one of the preeminent authori‑ ties on Cuban tobacco writing during this period, Miguel Rodríguez ‑Ferrer. Rodríguez ‑Ferrer located the revitalization of tobacco primarily in its return to positive production, in contrast to the more destructive impact of the hurri‑ canes on other agricultural sectors, citing a nearly 40% increase in quantity of raw leaf exports from 1845 (6.674.873 libras) to 1847 (9.309.500 libras).50 In addition to export values, the inverse relationship between the demise of the coffee industry and the growth of the tobacco industry in Pinar del Río is further demonstrated by the impressive long ‑term growth in overall numbers and percentages of listed vegas in the area. In the jurisdiction of Pinar del Río and the immediate surrounding area in 1846, the year of the last major hurricane of that decade, there were zero cafetales listed, in contrast to 1.635 tobacco farms. By 1861, the number of vegas had risen to 2.138, 48 Superintendencia General Delegada de Real Hacienda Spain, Informe fiscal sobre fomento de la población blanca en la isla de Cuba y emancipación progresiva de la esclava con una breve reseña de las reformas y modificaciones que para conseguirlo, Madrid, Imprenta de J. Martín Alegria, 1845, pp. 40 and 90. Additionally, this report noted the desirability of tobacco as a subs‑ titute for coffee based upon tobacco’s suitability for small ‑scale production and the high profit available relative to low land and labor use. 49 The impact of the last hurricane in 1846 was diminished in the tobacco fields, and the coming crop was not expected to be “as small as one might think.” Sociedad Económica de Amigos del País, Memorias de la Sociedad Económica de la Habana, vol. 20, 1845, p. 342. Diario de la Marina de la Habana., Estado Político y Económico de La Isla de Cuba En 1851, 1852. 50 RODRIGUEZ FERRER, El tabaco habano, pp. 57 ‑58. One libra is roughly equivalent to 2.2 lbs.
CUBAN TOBACCO SLAVERY IN THE NINETEENTH CENTURY 259 representing a 32% increase.51 In 1862, the number of official tobacco estates in the area around this region of Pinar del Río had risen to 3.616, with an overall increase of more than 122% between 1846 and 1862.52 For compa‑ rison, Pinar del Río had just one cafetal in 1862, while the number of sugar mills, ingenios, grew from four in 1846 to five in 1862.53 The production‑ ‑specific geography of Pinar del Río, especially the Vuelta Abajo region, when combined with rising international market for Cuban tobacco, served to exclude any inroads the sugar industry might have made as a result of the area’s cafetales disappearing, leaving tobacco and its vegas as the sole expan‑ ding enterprise in the province. Illustrative of the transfer of coffee estates and production resources to Robert Paquette notes that “already sick coffee estates succumbed” to the first hurricane, a statement supported by Marrero, who dates the process of decline for coffee as having begun in the 1830s.54 Further backdating coffee’s demise, contemporary author Abiel Abbot claimed that Cuban planters in the 1820s, especially those who had previously grown coffee, were devoting a larger percentage of their land to tobacco cultivation. With respect to coffee planters, many of whom, Abbot argued, “may repair their fortunes” by culti‑ vating “the fascinating weed for which master and slave, and in this country, I might also say, ladies and gentleman, are equally eager.” 55 As a result of this evolution, there is a strong case for tobacco surpassing coffee much earlier than the 1840s. If that is the case, it is likely that many of the cafetales’ former slaves were purchased for tobacco, especially considering that crop’s expan‑ sion in the 1840s occurred on the heels of coffee’s demise. In addition to economic and vega expansion, tobacco in the Vuelta Abajo had also shown extraordinary growth in its use of slaves just before the hurri‑ canes. Beginning in 1819, the more than three thousand slaves in Pinar del Río accounted for 28% of the region’s total population.56 This is not a vega ‑ or slave ‑specific statistic, but as has been demonstrated, tobacco cultivation in this region encompassed nearly all the area’s economic activities and resour‑ 51 The number of cafetales listed for the entire province was also zero. Cuadro estadístico de la Siempre Fiel Isla de Cuba correspondiente al año de 1846, p. 85. Félix ERENCHUN, Anales de La Isla de Cuba: Diccionario administrativo, económico, estadístico y legislativo. Año de 1855, La Habana, Imprenta La Antilla, 1859, vol. 4, p. 2262. 52 FRIAS, Noticias estadísticas de la isla de Cuba, p. 134. 53 Cuadro estadístico de la Siempre Fiel Isla de Cuba, p. 41; FRIAS, Noticias estadísticas de la isla de Cuba, p. 133. 54 PAQUETTE, Sugar Is Made with Blood, The Conspiracy of La Escalera and the Conflict Between Empires Over Slavery in Cuba, Middletown, Conn., Wesleyan University Press, 1988, p. 232; MARRERO, Cuba. Economía y Sociedad, vol.11, p. 121. 55 Abiel ABBOT, Letters Written in the Interior of Cuba, The Black Heritage Library Collec‑ tion, Freeport, N.Y., Books for Libraries Press, 1971, pp. 137 ‑139. 56 SANTOVENIA, Pinar Del Río, p. 76.
WILLIAM A. MORGAN 260 ces, including slaves. By the next census in 1827, the number of slaves had increased by 41% (3.634 to 5.104), yet the ratio of slaves to overall popula‑ tion in the area remained steady at 27%.57 Nevertheless, this pattern of slave expansion would continue as the number of slaves in this area escalated from 5.104 in 1827 to 12.137 in 1846. In this later period however, an increase in the number of total slaves in the region now corresponded to an increase in the percentage of slaves, who in 1846 were 30% of the total population of Pinar del Río. This expansion represents an astounding increase of 138% in the growth of this community in less than two decades, justifying the claim that that by 1840 “the use of slaves in cultivating tobacco was widespread from the Vuelta Abajo all the way to the far east of the island.”58 Remarkably, the rate of growth for the slave population of Pinar del Río would sustain such elevated numbers in the years before the next census in 1862. In 1862, the number of slaves located in Pinar del Río province had risen to 28.882. In a striking contrast to an island ‑wide rate of growth in number of slaves (13.8%), Pinar del Río’s expansion of its enslaved popula‑ tion again experienced a 138% rate of growth in the provincial slave popula‑ tion between 1846 and 1862.59 Largely a consequence of the hurricanes’ effect upon the tobacco industry in the western region of Cuba as well as dynamic growth in its export sector, the trend of expansion in the use of slaves for the tobacco industry in Pinar del Río would continue for the rest of the century. Moreover, during a critical junction in the restructuring and expanding plan‑ tation economy of Cuba, the slave population in Pinar del Río (especially the prime tobacco ‑growing regions) not only maintained an extraordinary rate of growth over nearly four decades but actually outpaced the national rate of growth for the same demographic. The transferal of slaves into the expanding tobacco economy of the Vuelta Abajo had important consequences for the scale of production in this area. 57 Cuadro estadístico de la Siempre Fiel Isla de Cuba correspondiente al año de 1827, pp. 45 ‑60. 58 Ibid., pp. 45 ‑60; Cuadro estadístico de la Siempre Fiel Isla de Cuba correspondiente al año de 1846, p. 86; MARRERO, Cuba. Economía y Sociedad, vol. 13, p. 203. In numbers that I have been unable to verify, Torres ‑Cuevas cites 7.927 slaves laboring in vegas in 1827, a number which rose to 14.263 in 1841, and resulted in an 80% increase in this population during this period. TORRES CUEVAS, “La sociedad esclavista y sus contradicciones”, p. 284. 59 The total save population from 1846 to 1862 rose from 323.759 to 368.550. Note, in addition to the two main jurisdictions of the Vuelta Abajo, Pinar del Río and San Cristóbal, I have included within Pinar del Río’s provincial totals the jurisdiction of Bahia ‑Honda whose slaves totaled, 6.115, but excluded Guanajay, whose slaves equaled 17.145. While both of these locales are within the political territory of Pinar del Río province and both can be considered prime tobacco growing land, only Bahia ‑Honda can be judged to have an economy that is prima‑ rily devoted to tobacco so that the majority of its slaves are deemed to be used in the cultivation of tobacco, while Guanajay does not exclusively meet this criteria. FRIAS, Noticias estadísticas de la isla de Cuba, p. 14.
CUBAN TOBACCO SLAVERY IN THE NINETEENTH CENTURY 261 Building on contemporary reports as well as the gains in tobacco produc‑ tion, numbers of vegas, and the tobacco slave population, historian Julio Le Riverend argues that the fall of coffee “opened the way for the conversion of the coffee plantations into…the first large tobacco plantations of the capi‑ talist type, with great number of slaves.”60 Sharing this perspective, Pérez also explains the advent of large ‑scale tobacco production in Pinar del Río as occurring when “producers converted defunct coffee estates into large vegas, relocating slave labor to tobacco production.”61 Levi Marrero is even more emphatic in his assessment of the impact of the 1844 hurricane. Arguing from a more tobacco ‑centric perspective, Marrero states that the hurricanes ruined almost all the cafetales in the western part of the island and insists that this directly “favored the cultivation of tobacco in the Vuelta Abajo in the following years.” Marrero goes on to link this salutary effect on the tobacco industry with an immediate increase in the slave population of the region; he argues that some coffee farmers sold slaves to the owners of ingenios, while “others preferred to form vegas of larger dimensions than traditional.” 62 Because of coffee, Cuban tobacco in the Vuelta Abajo underwent a funda‑ mental evolution towards increased production scales on individual estates. This explains the general trend toward latifundia in tobacco’s production structure beginning at the midpoint of the nineteenth century; a process marked by an enlargement of estate size and enhanced dependence on a larger number of slaves. The fact that the vegueros in Pinar del Río were expanding tobacco production with slaves alongside sugar’s expansion meant the two were competing directly for the land and slaves of defunct coffee farms. Rather than be subsumed by that competition with sugar and its rising profits or “induced [to] a switch of coerced labor from tobacco into sugar” as Eltis has argued, tobacco producers continued to successfully expand the number of slave holdings in opposition to sugar’s demands. Moreover, because the trajectory of tobacco’s expansion continued unabated throughout the ninete‑ enth century as a result, it is absolutely untrue that the “ingenios must have absorbed almost all of the 250,000 bozales that arrived in Cuba in these years, particularly after 1835.” 63 In this case, the existence of an expanding tobacco 60 Julio Le Riverend in GUERRA, A History of the Cuban Nation, vol. 3, p. 160. The author offers a contradictory statement (one that is perhaps influenced by an overarching focus across the volumes that generally dismisses tobacco ‑based slavery in Cuba) when he states that tobacco “was maintained as a lesser crop, and with little participation of slave labor” even after the end of the monopoly in 1817, when despite attempts to introduce slaves into the vegas, the effort to transform the plant into a plantation crop “was never really achieved.” Ibid, p. 172. 61 PEREZ, Winds of Change, p. 95. 62 MARRERO, Cuba. Economía y Sociedad, vol. 11, p. 50. 63 ELTIS, Economic Growth and the Ending of the Transatlantic Slave Trade, p. 192.
WILLIAM A. MORGAN 262 economy, and one increasingly dependent upon slave labor, not only influen‑ ces the depiction of sugar slavery and its growth but also the larger unders‑ tanding of Cuban slavery during this period. In reality, tobacco saw signifi‑ cant increases in land, labor, and most significantly, slaves in the immediate aftermath of the 1840s hurricanes that decimated Cuba’s coffee economy. Consequently, the origins of latifundia in Cuba’s tobacco economy are explicitly located in the aftermath of the hurricanes in the 1840s; a process made possible by the land and enslaved labor that tobacco took over from coffee. These findings suggest a new narrative concerning Cuba’s plantation economy in the nineteenth century. After the demise of the Cuban coffee industry, tobacco, through increased land acquisition and labor, emerges to “regain importance”; it then fundamentally influences the institution of slavery on the island by helping maintain a diversified slave ‑based economy.64 The Tobacco Economy of the 1860s: The General Expansion of Vegas and Slaves Historical accounts and statistical data show the impact of the 1840s hurricanes on tobacco production. The expansion of tobacco and its slave population in Pinar del Río during the mid ‑point of the nineteenth century was not only an economic issue, however. It took place in a context of broader social and political developments that significantly influenced the parame‑ ters of tobacco ‑based slavery. The most pressing concern during this period was the impact British abolitionists’ measures were having in Cuba. Slavery was coming under question just as the supply of available slaves within Cuba was severely reduced. The result produced a state of crisis for Cuba’s planta‑ tion economy and left estate owners across Cuba facing an “abysmal state of plantation force” and a larger sense of “urgency” to replace these workers.65 In a measure designed to address the perceived insufficient supply of slaves for Cuba’s plantation ‑based economy, the Cuban government suggested a variety of new taxes for slaves not working in agricultural production, along with a reduction of taxes for planters in rural export sectors who encouraged the natural reproduction of their slave populations.66 Outside the country, 64 Grupo Cubano de Investigaciones Económicas, A Study on Cuba; the Colonial and Repu‑ blican Periods, The Socialist Experiment, Economic Structure, Institutional Development, Socia‑ lism and Collectivization, Coral Gables, Fla., University of Miami Press, 1965, p. 63. 65 Michele Bernita REID, “Negotiating a Slave Regime: Free People of Color in Cuba, 1844 ‑‑1868”, The University of Texas at Austin, 2004, p. 131. 66 Fe IGLESIAS, “Algunas consideraciones en torno a la abolicíon de la esclavitud”, p. 76.
CUBAN TOBACCO SLAVERY IN THE NINETEENTH CENTURY 263 international pressure meant that “African imports had virtually ceased.”67 As a result, “slave prices increased more between the mid ‑1840s and early 1860s than in any other comparable period in the history of Cuban slavery,” with some Cuban historians placing the rise in prices at 103%.68 For both contemporary and current observers the effect of prohibitions on Cuba’s slave population were most pronounced in Cuba’s sugar indus‑ try as the perception was that all available land and labor had an “irresisti‑ ble tendency” to be directed towards the sugar economy.69 According to this perspective the inevitability of sugar expansion translated into the exclusive allocation of Cuba’s slaves to the ingenio such that “by midcentury only sugar producers could afford to pay the prices of slaves.” 70 In this view, the tightening of resources in Cuba only allowed sugar, Cuba’s most profitable economy, to exist as the plantation economy on the island. But Cuba was not uncompromisingly or implacably moving to sugar production. Thou‑ sands of slaves were involved in tobacco cultivation in Pinar del Río, and their numbers continued during this period to grow as vegueros expanded their estate holdings. Pinar del Río’s slave population statistics in this period demonstrate the viability of enslaved labor for tobacco cultivation despite the push of multiple constraints and the pull of sugar’s “inexorable” needs. At the midpoint of the nineteenth century Pinar del Río’s slave population would continue to grow, both as a proportion of the total population and in raw numbers with a 36% increase from 1846 to 1853.71 As testimony to the expansion of tobacco slavery in the midst of Cuba’s abolitionist crises, a British diplomat in the 1850s argued that once slave smugglers had “crossed the barriers of the law, the slaves were divided into a thousand parts and 67 Laird W. BERGAD, “The Economic Viability of Sugar Production Based on Slave Labor in Cuba, 1859 ‑1878”, Latin American Research Review, 24/1 (1989), p. 95. The following authors cite a figure of just 8.700 slaves introduced into Cuba from 1863 to 1867: María del Carmen BARCIA and Eduardo TORRES CUEVASs, “El debilitamiento de las relaciones sociales escla‑ vistas. Del reformismo liberal a la revolución independentista”, in Historia de Cuba: La colonia, p. 405. 68 ELTIS, Economic Growth and the Ending of the Transatlantic Slave Trade, p. 193; BERGAD, IGLESIAS and BARCIA, The Cuban Slave Market, p. 55. 69 Mariano TORRENTE, Bosquejo económico político de la Isla de Cuba: Comprensivo de varios proyectos de prudentes y saludables mejoras que pueden introducirse en su gobierno y admi‑ nistración, vol. 1, Manuel Pita, 1852, p. 149. 70 Eltis writes, as a result, the “orientation of Cuban society shifted inexorably toward the ingenio.” ELTIS, Economic Growth and the Ending of the Transatlantic Slave Trade, p. 193. Italics in the original. 71 In 1853 the jurisdiction of Pinar del Río had 9.998 slaves (28% of the area’s total popu‑ lation), while the other central tobacco jurisdiction, San Cristóbal, had 6.548 slaves (33% of the total population). In combination, the two areas had 16,546 slaves. DE LA TORRE, The Spanish West Indies, p. 118.
WILLIAM A. MORGAN 264 although most of those went to the sugar mills, more than a few went to the coffee and tobacco estates.”72 Although pressure to abolish the importation of slaves into Cuba would remain, paradoxically, this pressure initially led to an escalation of the number of Africans imported into Cuba. As a result, the last significant period of slave importation occurred in 1855 ‑1865, just before the final Spanish decree of abolition for Cuba in September of 1866. In this era, roughly twelve thousand slaves were imported per year, with a high of twenty ‑five thousand in 1859‑ ‑1860.73 The combination of so many arriving Africans, many of whom would be used in tobacco cultivation, and sustained growth within the tobacco economy effectively concentrated the wealth of this industry in certain areas and among certain producers. As a result, the growth of Cuba’s tobacco economy over the course of the nineteenth century was characterized by an increase in the size of vegas. A corresponding increase also occurred in both the overall number of slaves devoted to tobacco cultivation and the number of slaves within individual, estate level populations, dotaciones. As a result, the continuing growth of the population of Cuban tobacco slaves further consoli‑ dated the institution of enslaved labor in the Cuban tobacco economy. By the 1860s, Marrero declared the argument that tobacco and slavery were “exclu‑ sive terms” was “unsustainable,” especially in the major growing areas of the Vuelta Abajo.74 Marrero’s assertion is largely based on the evolution towards latifundia in the industry where the true extent of this process is reflected in increases in land use and value, capital investment, production capacity, commodity price and in the augmented value and use of slaves. Table 2: Latifundia: The Value of Land and Labor in Cuba’s Tobacco Economy, 1861.75 72 Mariano TORRENTE, Memoria sobre la esclavitud en la isla de Cuba con observaciones sobre los asertos de la prensa inglesa relativos al tráfico de esclavos, C. Wood, 1853, p. 68. 73 ERGAD, IGLESIAS and BARCIA, The Cuban Slave Market, p. 27(fig. 3.1) and p. 31. 74 MARRERO, Cuba. Economía y Sociedad, vol. 11, p. 58. 75 PARDO y BETANCOURT, Informe ilustrado y estadístico.
TOBACCO, SLAVERY AND RACE IN COLONIAL CUBA: LABOR IN THE ISLAND’S FIELDS AND FACTORIES cHarLotte a. coSner Western Carolina University On 23 June 1817, King Fernando VII signed a decree ending the one ‑hundred ‑year monopoly on Cuban tobacco had ended. The Spanish monarch noted that the monopoly’s privileges had led to the decline of the island’s tobacco production. Those in Havana did not learn of the monopoly’s abolition until a 3 July Gaceta de Madrid supplement arrived in mid ‑August with a passenger sailing from Cádiz. Cuba’s Diario del Goberino de la Habana and the Memorias de la Sociedad Economíca republished the document the following month.1 The Cuban royal tobacco monopoly’s history ended much more quietly than it began. In 1717, when the monopoly was created, the island’s tobacco farmers (vegueros) protested in a series of three separate uprisings, including one which drove the Spanish governor from the island.2 When reviewed at the macro level, Cuba’s tobacco industry through the royal monopoly provided Spain with much needed funds, and allowed the metropole to exploit what it realized was a valuable and unique commo‑ dity. Cuban tobacco remained an important economic commodity for Spain even after the monopoly ended, however. Other regions attempted to 1 ARCHIVO GENERAL DE INDIAS [AGI], Audiencia de Santo Domingo, Sevilla, leg. 2000 («El Rey: Dedicado desde la divina Providencia me ha resituido al trono de mis amados vasallos, formentando la agricultura, el comercio y la industria de mis reinos… », Fernando VII, Madrid, 23 June 1817); José RIVERO MUÑIZ, Tabaco: Su historia en Cuba, vol. 2, («Desde los inicios de la Segunad Factoría de Tabacos de la Habana hasta mediados del siglo XX»), La Habana, Instituto de Historia, 1965, pp. 231 ‑232. 2 Charlotte COSNER, The Golden Leaf: How Tobacco Shaped Cuba and the Atlantic World, Nashville, Vanderbilt University Press, 2015, pp.71 ‑76; José RIVERO MUÑIZ, Las tres sedicio‑ nesde los vegueros en el siglo xviii, Havana, Academia de la Historia de Cuba, 1951.
CHARLOTTE A. COSNER 272 replicate Cuba’s success with the plant, to mixed results. Examination of Cuba’s tobacco industry at just the macro level, however, omits an important part of the island’s tobacco history, namely those who grew and produced the plant. A micro level study of documents such as tazmias (tobacco accoun‑ ting sheets) along with other Spanish and Cuban archival sources reveal an alternative picture of those who participated in Cuba’s tobacco industry. Throughout Cuba, slaves assisted their owners in the tobacco fields, plan‑ ting, tending, and harvesting tobacco, while some also grew tobacco on their own account, perhaps even using the money earned to purchase their free‑ dom. Free people of color, like their enslaved counterparts, grew tobacco and, thereby, further integrated themselves into their community’s economic fabric. The value of black labor, however, did not end in the island’s tobacco fields, and extended to the production of tobacco within the confines of the Cuban royal tobacco monopoly. Slaves worked at the island’s inland tobacco mills (molinos) grinding tobacco before it was transported to Havana, as well as within the capital’s tobacco factory and nearby buildings such as the Casa de Beneficencia (Poor House) to produce the more finely ground tobacco, cigars, and other tobacco products for shipment to Spain and other places throughout the Spanish Empire and beyond.3 The end of Cuba’s monopoly led to an expansion of tobacco cultivation, and the number of farms grew, increasing from 4,960 in 1811, to 5,534 in 1827. Production simultaneously flourished, rising from 9.3 million pounds of tobacco in 1811 to 22.5 million pounds by 1836. One nineteenth ‑century contemporary observed that following a dip in prices, coffee farmers shif‑ ted their slaves to growing tobacco instead. The 1830 census showed that less slaves lived on tobacco vegas as compared to those residing on ingenios (sugar estates), 14,263 versus 100,000. This disparity largely was due to the individual labor requirements for each type of agricultural exploit, howe‑ ver, with sugar growing requiring a much larger labor force than tobacco. Yet, the total number of people involved in tobacco production continued to grow as the nineteenth century progressed, increasing from 32,248 to 58,039 between 1846 and 1863. By 1862, 18 percent, or 15,500, of all Cuban free people of color lived on the island’s vegas, as did 5 percent of all slaves, 17,675. Interestingly, the ratio of male slaves to females was higher on 3 Requests for tobacco came from all parts of the world including the King of Prussia, Court of Rome, King of Russia, England’s Duke of Sussex, among others. See, for example, ARCHIVO GENERAL DE INDIAS [AGI], Archivo Historico de la Real Fabrica de Tabacos [AHRFT], Seville, Spain,leg. 61; AGI, Ultramar, leg. 245.
TOBACCO, SLAVERY AND RACE IN COLONIAL CUBA: LABOR IN THE ISLAND’S FIELDS AND FACTORIES 273 Cuba’s tobacco farms, where there were one hundred ninety two men to every one hundred women. By comparison, the ratio on sugar plantations (one hundred seventy four to one hundred) and coffee estates (one hundred twenty four to one hundred) was lower, indicating that male slaves compri‑ sed more of the labor force on tobacco farms than on either sugar planta‑ tions or coffee estates. By 1900, tobacco in all possible forms made up over half of Cuba’s total exports. Tobacco leaf and cigars alone that year accoun‑ ted for $23 million, one historian estimates.4 Fernando Ortiz’s Cuban Counterpoint, his seminal work, set the trend for future historiography. In this study, he poetically contrasts sugar’s whiteness and tobacco’s darkness, and continues this analogy to overlook the presence and contribution by those of color, both free and slave, within all sectors of Cuba’s tobacco industry. Even scholars who do indicate the presence of people of color in Cuba’s tobacco fields give them a limited role in the plant’s cultivation and production. Research in Spanish and Cuban archi‑ ves reveals that Cuba’s tobacco farmers (vegueros) and producers were a far more complex group that included whites, free blacks, and slaves. This study attempts to reinsert people of color back into the discussion of the plant that Ortiz described as the “color of its race.”5 Sugar and slavery have dominated much of the historiography of colo‑ nial Cuba. Joan Casanovas rightfully argues, Historians have concentrated on the study of sugar and its impact on Cuban society as if it were the only major export that has influenced modern Cuban history. Again, historical analysis has become the victim of the present: because sugar became by far the most important export in the twentieth ‑century, other Cuban products, such as tobacco, lost their previous significance.6 4 PÉREZ, op cit., 47, 54, 94 ‑95; Rebecca J. SCOTT, Slave Emancipation in Cuba: The Transition to Free Labor, 1860 ‑1899, Princeton, Princeton University Press, 1985, pp. 8, 12; Victor BULMER ‑THOMAS, The Economic History of the Caribbean Since the Napoleonic Wars, Cambri‑ dge, Cambridge University Press, 2012, pp. 504 ‑505. 5 Fernando ORTIZ, Cuban Counterpoint: Tobacco and Sugar, trans. Harriet de Onís, intro. Bronislaw Malinowski, prologue Herminio Portell Vilá, new intro. Fernando Coronil, reprint, 1947, Durham, Duke University Press, 1995, p. 9. 6 Joan CASANOVAS, Bread, or Bullets! Urban Labor and Spanish Colonialism in Cuba, 1850 ‑1898 Pittsburgh, University of Pittsburgh Press, 1998, pp. 17 ‑18.
CHARLOTTE A. COSNER 274 Only in recent years has the study of Cuban agriculture shifted away from sugar to explore other pursuits.7 Interestingly however, period writers and observers of colonial Cuba noted the importance of people of color to tobacco cultivation and manufacture. Francisco Arango y Parreño, Jacobo de la Pezuela, and various foreign travelers all noted the presence of slaves and free people of color in the island’s tobacco cultivation, with one official noting that 113,700 slaves worked in tobacco cultivation in 1859. This image is not the one presented by most modern historians of Cuba, however.8 As Casanovas argues, Cuban history frequently has served non ‑histori‑ cal masters. E. J. Hobsbawm noted the particular challenge facing historians was that despite one’s attempt to maintain professionalism and impartiality “history is inextricably bound to contemporary politics….” Historians in Cuba sought to craft the island’s history in the years leading up to and after its inde‑ pendence, and an artificial national identity emerged. Emphasizing Cuba’s whiteness and rejecting its African influences, Cuba’s iconic figure of Liborio was depicted as “a thin, short, white guajiro (peasant) with sideburns and a mustache,” Aline Helg notes.9 The construction of a predominantly white identity was in direct opposition to the island’s history, yet it mirrored Cuban society where one’s legal color was the primary social dividing line. Cuba’s tobacco farmers, or vegueros, were key players in the continuation of this mythical identity. Writers described the colonial tobacco farmers as proud and independent rural peasants who defied the mighty Spanish crown and fought against the imposition of a tobacco monopoly during the early 1700s. The lowly white veguero embodied the best traits of the Cuban people, and 7 The historiography of Cuban sugar and its predominant labor form, slavery, is extensive and includes Raúl CEPERO BONILLA, Azúcar y abolición (Apuntes para una historia crítica del abolicionismo, La Habana: Editorial Cenit, 1948; Ramiro GUERRA Y SÁNCHEZ, Sugar and Society in the Caribbean: An Economic History of Cuban Agriculture, foreword Sidney W. Mintz, Caribbean Series, New Haven and London, Yale University Press, 1964; Félix GOZIETA ‑MIMÓ, Azúcar amargo cubano: monocultivo y dependencia economica, Madrid, Instituto de Sociolo‑ gia y Desarrollo del Area Iberica, 1972; Manuel MORENO FRAGINALS, The Sugarmill: The Socioeconomic Complex of Sugar in Cuba, 1760 ‑1860, trans. Cedric Belfrage, New York, Monthly Review Press, 1976; and Laird W. BERGAD, Cuban Rural Society in the Nineteenth Century: The Social and Economic History of Monoculture in Matanzas, Princeton, Princeton University Press, 1990. For studies that are not sugar ‑centric, see María Elena DÍAZ, The Virgin, the King, and the Royal Slaves of El Cobre: Negotiating Freedom in Colonial Cuba, 1670 ‑1780, Stanford, Stan‑ ford University Press, 2000; Sherry JOHNSON, The Social Transformation of Eighteenth ‑Century Cuba, Gainesville, The University Press of Florida, 2001; Louis A. PÉREZ, Jr., Winds of Change: Hurricanes and the Transformation of Nineteenth Century Cuba, Chapel Hill, University of North Carolina Press, 2001; William C. VAN NORMAN, Jr., Shade Grown Slavery: The Lives of Slaves on Coffee Plantations in Cuba, Nashville, Vanderbilt University Press, 2013. 8 CASANOVAS, op cit., p. 22. 9 E.J. HOBSBAWM, The Historian Between the Quest for the Universal and the Quest for Identity,” in The Social Responsibility of the Historian, François Bédarida (ed.), Providence, RI, Berghahn Book, 1994, p. 55; Aline HELG, Our Rightful Share: The Afro ‑Cuban Struggle for Equa‑ lity, 1886 ‑1912, Chapel Hill, University of North Carolina Press, 1995, p. 105.
TOBACCO, SLAVERY AND RACE IN COLONIAL CUBA: LABOR IN THE ISLAND’S FIELDS AND FACTORIES 275 thus the myths that surround the island’s colonial tobacco industry and parti‑ cularly those who cultivated the plant were not only born, but perpetuated. Tobacco: Cuba’s special gift The uniqueness of Cuba’s tobacco products was well known even in the eighteenth century. In 1769, Tobias George Smollett declared that Cuban tobacco was “thought to excel that of all the world.” Soil, climate, seeds, and method of culture all play a role in the resulting flavor of tobacco. Nineteenth‑ ‑century traveler Richard Robert Madden noted that the mildness or strength of tobacco’s flavor depended on cultivation practices. Another contemporary wrote, “…although every known climate and soil of the earth have been tried in the cultivation of tobacco, Cuba…is still first in the quality produced, and Cuban tobacco need never fear a successful rival in excellence.” Not unlike wine or champagne, tobacco’s taste and quality was the result of terroir, histo‑ rian Jean Stubbs argues. This made it difficult for other locations to duplicate the taste of a genuine Cuban tobacco product, but did not stop farmers across the globe from trying to do so.10 Various locations in the United States attempted to replicate Cuba’s success with the plant to uneven results. One of the first locations associated with Cuban tobacco, although not initially grown in the U.S., was Connecti‑ cut. General Israel Putnam returned home with Cuban cigars following his participation in Havana’s siege and capture during the Seven Years’ War. By 1799, domestically produced cigars were made in Connecticut, but using local leaf. A “half Spanish cigar” using Cuban filler was produced later in the nineteenth century. Cuban tobacco seed was introduced and planted in Connecticut in the 1870s. The experiment was successful, and lead to an all ‑Cuban leaf cigar. Within several years however the plant developed its own characteristics from the local soil, nevertheless it was still considered superior to standard domestic wrapper leaf.11 Farther south, several articles reprinted in the American Farmer in 1822 note that A.W. Foster brought Cuban seed to Pennsylvania in an attempt to 10 Tobias George SMOLLETT, The Present State of All Nations: Containing a Geographi‑ cal, Natural, Commercial, and Political History of All the Countries in the Known World, vol. 8, London, R. Baldwin, W. Johnston, S. Crowder, and Robinson and Roberts, 1769, p. 495; W.A. BRENNAN, Tobacco Leaves: Being a Book of Facts for Smokers, Menasha, Wisconsin, Collegiate Press, 1915, pp. 21 ‑23; Richard Robert MADDEN, The Island of Cuba: Its Resources, Progress, and Prospects, Considered in Relation Especially to the Influence of Its Prosperity on the Interests of the British West India Colonies, London, Charles Gibson, 1849, p. 180; Robert P. PORTER, Indus‑ trial Cuba, New York, G. Putnam’s Sons, 1899, 303; Jean STUBBS, «El Habano: The Global Luxury Smoke», Commodities of Empire Working Paper, Nº 20, September 2012, pp. 9 ‑11. 11 STUBBS, «El Habano and the World it has Shaped», Cuban Studies, Vol. 41, 2010, pp. 48 ‑49.
CHARLOTTE A. COSNER 276 cultivate it there. Foster used a hot bed to start the plants, knowing that he needed to harvest them well before the first frost. He admitted that he had “no practical knowledge” of curing the plant, but also stated that the resulting cigars “have all the indications of the family from which the plant is descen‑ ded.” No matter the outcome, Foster concluded, “…at least my cigars will be well puffed.” By the 1840s, Dr. Joseph E. Muse of Maryland successfully cultivated Cuban tobacco there. Selling his cigars for $14 for a box of one thousand, he estimated that he would be able to produce 600,000 for the 1845 crop year.12 The plant grown from Cuban tobacco seed, over time, lost its Cuban‑ ness, as Connecticut farmers discovered. Local conditions made the tobacco eventually more domestic and less Cuban, leaving those wishing to emulate the Cuba’s quality generally unable to replicate it outside of the island. Spain benefitted economically from its colony’s unique agricultural product for longer than it did with virtually any other territory, since the metro‑ pole controlled Cuba until the end of the nineteenth century. One way that Spain attempted to ensure exclusive power over Cuba’s tobacco was via a royal monopoly on the plant. Between 1717 and 1817 the monopoly deman‑ ded that Cuba vegueros deliver all of their tobacco to only the state. Offi‑ cials insisted that contraband was to be avoided at all costs, although this was near ‑impossible to enforce. Tobacco farmers and others went to great lengths to hide their activities, and today the historical record only includes the accounts of unsuccessful attempts at contraband, not fruitful ones. The sheer volume of correspondence between Spain and those in charge on the island at both the capital and local levels is a good indication of the problem of tobacco contraband during the monopoly years. Notwithstanding tobacco that went unrecorded due to illicit transactions, the estimated value of Cuban tobacco exported to Spain in just fifty years, 1760 to 1810, was one hundred million pesos, or 25 percent of Spain’s total revenue. The market value of Mexican precious metals at its highest point, by comparison, was between 99.1 and 133.3 million pesos.13 Cuban tobacco continued to be an important commodity export for the island and metropole even after the end of the monopoly. Leaf tobacco 12 A.W. FOSTER, The American Farmer, containing Original Essays and Selections on Rural Economy and Internal Improvements, with Illustrative Engravings and the Prices Current of Coun‑ try Produce. John S. Skinner, (ed) 6 September 1822, No. 24, Vol. 4, Baltimore, J. Robinson, 1823, pp. 191 ‑192; United States Congress, Congressional Series of United States Public Docu‑ ments, Vol. 484, U.S. Government Printing Office, 1846, p. 272. 13 COSNER, op cit., pp. 68 ‑117; 136; John H. COATSWORTH, «The Mexican Mining Industry in the Eighteenth Century», in Nils Jacobsen and Hans ‑Jürgen Puhle, (eds.), The Econo‑ mies of Mexico and Peru during the Late Colonial Period, 1760 ‑1810, Berlin, Colloquium ‑Verlag, 1986, p. 31.
TOBACCO, SLAVERY AND RACE IN COLONIAL CUBA: LABOR IN THE ISLAND’S FIELDS AND FACTORIES 277 exports in 1839 alone were valued at $1,273,069, while cigars accounted for $637,558. Together these two products comprised 11.5 percent of the island’s total exports that year. Cigar exports supplanted those of tobacco leaf by 1841, and were valued at $1,331,121 and $719,360 for leaf. Cigar and leaf exports combined accounted for just over 9 percent of Cuba’s total 1841 exports in terms of value. The tobacco leaf harvested in 1867 was estimated to be thirty million pesos, and by 1902, although land under sugar cultivation covered half of the island’s arable land, compared to just 10 percent for tobacco, “the export value of the two crops…is about equal.’” Again, these figures did not reveal the complete economic picture of Cuba’s tobacco industry, since esti‑ mates indicate that in 1859 somewhere between 40 and 70 percent of all exported Cuban tobacco leaf and cigars left the country as contraband, with the higher figure more likely.14 Statements of quality and the economic impact of Cuban tobacco howe‑ ver do little to explain what, other than the island’s soil and particular climate, made its tobacco so renowned. Instructional manuals attempted to explain to those interested in the plant’s cultivation what was needed to produce good tobacco, and copy the methods utilized in Cuba, but adapted to local condi‑ tions. The manuals concluded that success, ultimately, was not ensured, as much depended on the farmer’s experience. Spain realized this, acknowled‑ ging the valuable knowledge possessed by Cuba’s vegueros and attempted to export that information to other parts of the empire. In the summer of 1811, a royal order requested that four Cuban tobacco farmers be sent to Peru, along with one hundred pounds of Cuban tobacco seed, in an effort to establish the industry there and instruct local farmers of the best cultivation practices.15 Yet, if tobacco growers were responsible for ensuring Cuban tobacco’s quality through harvesting and curing, these are the very people who should be at the focus of Cuba’s tobacco history in order to present a complete story of the industry. The historiography however has misrepresented who these people were, repeatedly describing them as typically poor, white, Canary Islanders. Scholars generally have dismissed or discounted as insignificant 14 Freeman HUNT, The Merchants’ Magazine and Commercial Review, vol.3, New York, 1840, p. 351; Niles’ National Register, containing Political, Historical, Geographical, Scientifical, Statistical, Economical, and Biographical Documents, Essays and Facts: Together with Notices of the Arts and Manufactures, and a Record of the Events of the Times, Jeremiah HUGHES (ed), vol. 62, Baltimore, 1842, p. 392; CASANOVAS, op cit., pp. 20 ‑21. 15 Lino LOPEZ MENDEZ, Manual del veguero venezolano. Cultivo del tabaco segun los mejores metodos empleados en Cuba y adaptados a la practica en Venezuela, Cáracas, Imprenta al Vapor de “La Opinion Nacional”, 1883; ARCHIVO NACIONAL DE CUBA [ANC], Havana, Inten‑ dencia General de Hacienda, leg. 973, exp. 22, (C [name illegible] Arguelles to Superintendente General de la Factoría de Tavacos de la Havana, 28 June 1811, Cádiz); ANC, Intendencia General de Hacienda, leg. 973, exp. 22 (Juan Antonio de Unzueta, “Aviso al publico,” 17 September 1811).
CHARLOTTE A. COSNER 278 the contributions of slave labor and that of free people of color.16 Reinserting people of color into this history also merits an examination of the geogra‑ phic and occupational areas where they typically have been overlooked. One such region is western Cuba, specifically Pinar del Río, which was a primary focus of tobacco cultivation on the island. This region in particu‑ lar, along with others, are studied to reveal the contributions of people of color as part of the larger tobacco ‑growing population. Even the Spanish crown acknowledged their contributions in various ways. The Real Facto‑ ría de Tabacos provided funds to farmers in order to purchase slave labor for the fields and authorizing enslaved women living in Havana’s Casa de Beneficencia (Charity or Welfare Home) to produce tobacco products for the monopoly, for example. Through examining the labor of those of color both in the field and factory, a more complete and accurate view of colonial Cuba’s tobacco history can be developed. Tobacco and the “color of its race” Dating back to at least the third quarter of the seventeenth century, tobacco was cultivated in western Cuba. This long association with tobacco continued throughout the remainder of the region’s colonial history, beco‑ ming its primary agricultural and dominant activity. One historian argues that many of the Havana area’s rebellious tobacco farmers remaining from the initial 1717 revolt left the region and moved to western Cuba’s Vuelta Abajo. When a new administrative district was created in 1774, the lieutenant governor’s responsibilities included receiving and making payments to the Real Factoría de Tabacos, and ensuring that local vegueros turn in all tobacco to the official monopoly.17 The remote location’s population was small compared to other parts of the island, yet people of color comprised a significant and increasing share of its inhabitants, and those who cultivated tobacco. The 1774 census listed 2,617 people in western Cuba, 519 of whom were free blacks and 451 who were slaves, representing 20 percent and 17 percent respectively of the region’s total population. Western Cuba’s population of color continued to grow as the years progressed. In 1792, free blacks and slaves comprised 43 16 COSNER, op cit., pp. 24 ‑38; ORTIZ, op cit., pp. 105, 155. Exceptions to this argument include Julio LE RIVEREND, Historia económica de Cuba, Barcelona, Ediciones Ariel, 1972, p. 80; Efrén CÓRDOVA, El trabajo forzoso en Cuba (Un recorrido amargo de la historia), Miami, Ediciones Universal, 2001, 98; Robin BLACKBURN, The Making of New World Slavery: From the Baroque to the Modern 1492 ‑1800, London and New York, Verso, 1997, pp. 495, 498; CASANO‑ VAS, op cit., p. 22. 17 Emeterio S. SANTOVENIA, Pinar del Río, Mexico, Fondo de Cultura Economica, 1946, pp. 37, 42 ‑43, 56 ‑57.
TOBACCO, SLAVERY AND RACE IN COLONIAL CUBA: LABOR IN THE ISLAND’S FIELDS AND FACTORIES 279 percent of the area’s total of 4,192 people. The 1819 census showed that the 7,155 people of color now made up over half of the area’s population, nearly 55 percent. As the nineteenth century continued, not only did the population of color increase, their economic holdings and activities did as well. By 1899, Pinar del Río’s 1,775 free black owners and renters of tobacco land made up 17 percent of the region’s total landowners, holding 11 percent of all land. Indeed, over ‑three quarters of western Cuba’s free people of color who rented property, 1,260 persons in total, were tied to a tobacco vega.18 Domingo González was one of those people residing in western Cuba during the late eighteenth century for whom slave ownership and tobacco growing went together. Born in the Canary Islands, and a member of the local militia, González grew tobacco by 1770 in the San Juan y Martínez region and continued to do so for at least a dozen years. Even his wife, María Asuncíon de los Reyes owned a tobacco farm, which she listed among her possessions in her will. González purchased three slaves, sold one, and freed two more between the mid ‑1770s and 1800. On 24 April 1775, he promised freedom to Antonio Bentura, a recently purchased Mina slave, which he granted before the year was over. The following month, González sold a forty ‑year old Cara‑ vali slave to the local priest, José Ignocencio, for 400 pesos, and purchased a thirty ‑one ‑year ‑old Lucumi slave, María in return from the cleric. Gonzá‑ lez manumitted fifty ‑year ‑old slave Vicente Pedroso for 200 pesos in October 1800. Tazmias taken during this period also indicate that multiple people, although unspecified, labored in tobacco on his behalf. Together, González’s ownership of slaves and records of multiple people working on his tobacco land suggest that he used slave labor in order to become among the top growers in the area. His two manumitted male slaves, Bentura and Pedroso, likewise may have earned the money to purchase their freedom through the cultivation of tobacco for themselves in little garden plots, known as conucos. Although it is difficult to determine the exact role that these slaves played in his tobacco production, or where they earned the money for manumission, the example of Domingo González illustrates the close relationship between slave ownership, freedom, and tobacco cultivation in a region where little other agricultural activities took place.19 18 SANTOVENIA, op cit., pp. 60, 63, 76; Scott, op cit., p. 263. 19 COSNER, op cit., pp. 42 ‑47; ARCHIVO HISTORICO PROVINCIAL DEL PINAR DEL RIO [AHPPR], Escribania de Gobierno, Protocolos Notariales, v. 1 (1775 ‑1789), exp 3, (declato‑ rio, Domingo González, San Juan y Martínez, 24 April 1775); AHPPR, op cit., exp. 7 (venta de esclavo, José Ignocencio, San Juan y Martínez, 29 May 1775); AHPPR, op cit., exp, 8 (venta de esclavo, Domingo González, San Juan y Martínez, 29 May 1775); AHPPR, op cit., exp. 82 (venta de esclavo, Nicolas Hidalgo Gato, Pinar del Río, 7 May 1777); AHPPR, op cit., exp. 82 (venta de esclavo, Nicolas Hidalgo Gato, Pinar del Río, 7 May 1777); AHPPR, Escribania de Gobierno, Protocolos Notariales, v. 2, exp. 65 (libertad, Domingo González, Pinar del Río, 17 October 1800).
CHARLOTTE A. COSNER 280 Western Cuba’s notarial records also log various transactions invol‑ ving tobacco land owned by free people of color. When Silvestre de Vielma Castillo, a freed black man living in Pinar del Río and described as Congo, made his last will and testament on 22 March 1777, he noted that he owned a tobacco farm. Other notarial entries during the following decades note the purchase and sale of other vegas (tobacco land) by people of color in western Cuba. On 7 September 1785, free black (moreno libre) Antonio Caste‑ llon purchased riverfront tobacco land from Pedro de Leon of Filipinas for 100 pesos. The following month, the notarial record indicates that free black Sebastian Moreno from Filipinas sold tobacco land along the Río Seco that he had owned for three years. Antonio Milian purchased this land for 50 pesos, which also included a residence on the property. These real estate transactions pale in comparison to the complicated network of community connections experienced by free black José Antonio Ribero and his wife, María Loreto. Both of these free people of color owned tobacco land and interacted on a regular basis with other vegueros in the region, either selling or purchasing land. After Ribero’s death, Captain Bartolomé Diaz, a slave owner and fellow tobacco farmer, acted as the widow’s representative on two land transactions.20 All of these real estate transactions demonstrate that not only were free people of color actively working in the fields cultivating tobacco but were doing so for their own profit on land they owned. Individuals like Ribero and Loreto were not merely labor, but proprietors in western Cuba’s tobacco industry, an area famous for its superb tobacco. These are the very people that Ortiz and others downplay when they argue that slave labor and free people of color were not significant to the overall production of tobacco on the island. Yet, it is in these very tobacco enclaves where many free and ensla‑ ved peoples, comprising between 37 and 55 percent of western Cuba’s total population, lived and worked in local tobacco fields as noted above. These statistics and examples reveal that it is impossible to completely tell the story of tobacco in Cuba, particularly western Cuba, without including people of color. This was not the only area of colonial Cuba however where tobacco growing was undertaken by people of color. Along the entire stretch of the island of Cuba, free blacks and slaves both labored in tobacco fields, someti‑ mes for others, and frequently for themselves. Oriente located in the far eastern part of Cuba in the shadow of the Sierra Maestra Mountains generally was not viewed as a tobacco ‑growing 20 AHPPR, Escribania de Gobierno, Protocolos Notariales, v. 1 (1775 ‑1789), exp 273 (venta de vega, Pedro de Leon, 7 September 1785); AHPPR, op cit., exp. 279 (venta de vega, Sebastian Moreno, 10 September 1785); AHPPR, op cit., exp 317, (venta de vega, José Antonio Ribero, 27 March 1786).
RESUMOS
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