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El carácter binomial de las relaciones entre sujeto y objeto en su dimensión semiológica. Un acercamiento semiológico al inicio de la conversión del contenido a objeto y sus desintermediaciones

Romero Ruiz de Castro, Jaime

Abstract

En este artículo se examina desde una óptica semiológica un acercamiento al inicio del sector del libro, esa dicotomía de autoría-obra/ obra-edición, y cómo afectan a la desintermediación y la pérdida de funciones a otros sujetos y desde el cómo el objeto libro es influido desde una doble vertiente bourdiana y de cómo proviene por parte de la autoría. A través de un examen de estos sujetos, se concluye que la hibridación y los límites imprecisos de lo digital y lo físico coexisten en la comunidad autoral y ésta desmaterializa los restantes actores.

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El carácter binomial de las relaciones entre sujeto y objeto en su dimensión semiológica Un acercamiento semiológico al inicio de la conversión del contenido a objeto y sus desintermediaciones The Binomial Character of the Relationships between Subject and Object in its Semiological Dimension A Semiological Approach to the Beginning of the Conversion of Content to Object and its Disintermediation Jaime Romero Ruiz de Castro Universidad de Sevilla [email protected] Fragmentos de FilosoFía, nº 20, 2024: 11-19 issn: 1132-3329, e -issn: 2173-6464 https://dx.doi.org/10.12795/fragmentos_filosofia.2024.20.02 Editores Juan José Gómez Gutiérrez Facultad de Filosofía, Universidad de Sevilla Alejandro Martín Navarro Facultad de Filosofía, Universidad de Sevilla Fernando Gilabert Bello Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Málaga Comité científico José Luis Abdelnour Nocera, University of West London Salvatore Cingari, Università per Stranieri di Perugia Anacleto Ferrer Mas, Universidad de Valencia Claudia Giurintano, Università di Palermo Antonio Gutiérrez Pozo, Universidad de Sevilla Alicia De Mingo Rodriguez, Universidad de Sevilla Antonio Molina Flores, Universidad de Sevilla José Ordóñez García, Universidad de Sevilla Hugo Viciana Asensio, Universidad de Sevilla Producción editorial Miguel Fernández Nicasio, Universidad de Sevilla © de los textos: sus autores Edita: Editorial Universidad de Sevilla ISSN: 1132-3329; e-ISSN: 2173-6464 https://dx.doi.org/10.12795/fragmentos_filosofia.2024.20.02 Facultad de Filosofía Departamento de Estética e Historia de la Filosofía C/ Camilo José Cela s/n, 41018 Sevilla (España) https://revistascientificas.us.es/index.php/fragmentos_filosofia/index Correo: [email protected] 13 Jaime RomeRo Ruiz de CastRo FRagmentos de FilosoFía, nº 20, 2024: 11-19. issn: 1132-3329, e-issn: 2173-6464 doi: https://dx.doi.org/10.12795/fragmentos_filosofia.2024.20.02 La edición de libros es una actividad que al nacer se adscribe al carácter ontológico e inmaterial de la mente así como desde una óptica mercantil y financiera. Es una actividad que irreductiblemente pertenece a un conjunto de actores y elementos simplemente yuxtapuestos que requiere una primera aprobación por parte de una sola figura para convertirse en un material filtrado y amplificado, el sujeto editor, y por otra parte, la aprobación del público protolector. Tal como Pierre Bordieu (2002: 14) señala: «la existencia de un `mercado literario y artístico´ hace posible la formación de un conjunto de profesiones propiamente intelectuales —sea porque aparezcan nuevos personajes o porque los antiguos reciban nuevas funciones». Por tanto, las funciones que se articulan desde la creación de contenidos físicos, como es el libro, se articula desde el autor y su contenido original. Desde una óptica semiológica, el sujeto de la cadena de valor del libro que más se ha estudiado es el autor a través de las teorías de recepción y la sociología de la literatura, especificando que autor no es escritor, sino que un escritor se transforma en autor cuando entra en la dimensión del mercado. Por tanto, es un sistema, el editorial, donde se legitiman los actores que bajo reglas técnicas y culturas tradicionales transfieren sus conocimientos para articular y convertir el contenido autoral en contenido leíble, amplificando el contenido y enmarcándolo en contenedores determinados a través de dichas reglas. Estos procesos, mediante la transgresión de las categorías de la economía política, como es la cadena de valor instrumental, son aquellos que materializan el contenido que, a través de modelos articulados y conformados por el sujeto editor, superan las limitaciones del manuscrito original. Sin embargo, no es el autor a quién hemos colocado en punto originario de un sistema, sino que es el escritor quién se subvierte en autor a través de ese sistema. Es Michel Foucault (2010:8) quién expone la primera acción del escritor, puntualizado que «son objetos de apropiación; la forma de propiedad de la que dependen y es de un tipo muy particular; se la ha codi- Resumen: En este artículo se examina desde una óptica semiológica un acercamiento al inicio del sector del libro, esa dicotomía de autoría-obra/ obra-edición, y cómo afectan a la desintermediación y la pérdida de funciones a otros sujetos y desde el cómo el objeto libro es influido desde una doble vertiente bourdiana y de cómo proviene por parte de la autoría. A través de un examen de estos sujetos, se concluye que la hibridación y los límites imprecisos de lo digital y lo físico coexisten en la comunidad autoral y ésta desmaterializa los restantes actores. Palabras clave: libro, autor, editor, contenido, desmaterialización, Abstract: This article examines from a semiological perspective an approach to the beginning of the book sector, that dichotomy of authorship-work/work-publi- shing, and how it affects disintermediation and the loss of functions to other subjects and from how the book object It is influenced from a double Bourdian aspect and how it comes from the authorship. Through an examination of these subjects, it is concluded that hybridization and the imprecise limits of the digital and the physical coexist in the author community and this dematerializes the other actors. Keywords: Book, Author, Publisher, content, dematerialization. 14 El carácter binomial de las relaciones entre sujeto y objeto en su dimensión semiológica Fragmentos de FilosoFía, nº 20, 2024: 11-19. issn: 1132-3329, e-issn: 2173-6464 doi: https://dx.doi.org/10.12795/fragmentos_filosofia.2024.20.02 La actualidad y el autor En la actualidad es el carácter de «desintermediación» el que está alterando los parámetros de la sacralidad y el simbolismo del autor, subvertido por el mercantilismo neoliberal, a través de las plataformas de auto publicación, donde el autor debe subyugarse a otros aspectos que dependen de los actores más industrializados como son la editorial y la distribuidora, primando la lógica mercantil que Bordieu describió como una de las variables del objeto libro. En este carácter de desagregación encontramos otra función que es el crowfunding, o micro mecenazgo que hace que el escritor dependa del compromiso de sus lectores para poder transformarse en autor. La desarticulación que realiza de aquellos enmarcadores y amplificadores de contenido, así como de los comercializadores del objeto libro, es un auténtico desafío que resta valía al contenido al no ser filtrado ni intermediado a través de los cánones establecidos. El contenido pasa a modelos pre-estableci- dos mercantilmente en un sujeto comercial sin concesiones culturales o simbólicas en su mayoría y sin perfilar el reflejo de dicho contenido ni articular el discurso del sujeto editorial en su materialización. Otro carácter que determina al autor actual es la «interactividad». La constante dialógica que ofrecen las redes sociales es usada por los autores para relacionarse con los lectores y protolectores. Estas relaciones dan lugar a otros anexos al contenido, como precuelas, secuelas, expansiones, ediciones añadidas… He aquí, una aplicación web, que ha transformado ciertamente la estructura de la función autor, como es Wattpad, que lejos de ser un repositorio, constituye una red social de apasionados por la lectura y escritura creativa. Por un lado, los lectores pueden leer numerosos textos categorizados por sus temas y tras ello agruparse en función de sus intereses, dando lugar a un segundo punto. El contenido es modificado y adaptable a los lectores, ajeno a la creatividad del autor de cuyo contenido es trasformado en el momento que también se convierte en lector. Esta reconceptualización y multi factorización de la función autor que se origina en ficado ahora desde hace algunos años». Por tanto, la codificación del lenguaje es algo inherente a la acción creativa del autor. La definición del contenido primario por parte del autor, no es el contenido final, a pesar de la «función clasificadora» descrita por Focault, ya que así determina su impronta en el contenido original. Román Barthes ([1967] 1987:71) en su artículo original «Le mort de l’auteur» declara definitivamente la muerte del autor confirmando que «el nacimiento del lector se paga con la muerte del Autor». El autor declara esta muerte porque, con su análisis, desvanece la autonomía del escritor y la consistencia de su sentido unívoco. La escritura, por tanto, es un juego discursivo en que el autor crea una experiencia textual donde la función autor pasa a ser texto escrito y donde el trazo formal adopta la importancia esperada por el lector. Bourdieu (1997:98) nos habla de un capital simbólico que atañe directamente a la autoría y su contenido de forma diacrónica y sincrónica. Tal como señala: «el nombre propio se desgaja del tiempo y del espacio, y de las variaciones según los lugares y los momentos: gracias a ello, garantiza a los individuos designados, más allá de todos los cambios y de todas las fluctuaciones biológicas y sociales, la constancia nominal, la identidad en el sentido de identidad para con uno mismo, de constantia sibi, que requiere el orden social». A su vez, Foucault sostiene que la tarea fundamental atribuida a la función-autor garantiza la unidad, pese a las posibles contradicciones de un conjunto de textos, de una fuente de expresión. Si embargo, esta división entre escritura y autoría, Roman Chartier (1999:12)1 matiza: El texto de Borges, «Borges y yo», publicado en El Hacedor en 1960, manifiesta con una particular agudeza, la distancia que separa al autor como identidad construida del individuo como sujeto concreto, describiendo la captura, la absorción o la vampirización del ego subjetivo por el nombre de autor: «Al otro, a Borges, es a quien le ocurren cosas. 1 Texto leído en la Cátedra Extraordinaria Michel Foucault, 23 de noviembre de 1998, UAM-Iztapalapa 15 Jaime RomeRo Ruiz de CastRo FRagmentos de FilosoFía, nº 20, 2024: 11-19. issn: 1132-3329, e-issn: 2173-6464 doi: https://dx.doi.org/10.12795/fragmentos_filosofia.2024.20.02 una conjunción de ambas dimensiones en la propia materialización del contenido, sin embargo, contenía una mirada industrializada donde en la propia transformación surge lo simbólico. Ahondando en esta dualidad bourdiana, Siegfred Unseld (2018:32) afirma: La doble vertiente de la curiosa función del editor, como dijo Brecht, tiene que producir y vender `la sagrada mercancía libro´; es decir, ha de conjugar el espíritu con el negocio, para que el escribe literatura pueda vivir y el que la edita pueda seguir haciéndolo. En este sentido Michael Bhaskar (2014:226) insiste en el carácter sacralizado del libro: «Un ambiente editorial fuerte y abigarrado contribuye a crear sociedades deliberativas y reflexivas. La edición ha sido tanto catalizadora para el cambio como elemento cohesionador de la gente, humilde intermediaria, pero cuyo impacto es incalculable». Es Jorge Luis Borges (1998:76) quién puntualizó: «No me interesan los libros físicamente (sobre todo los libros de los bibliófilos, que suelen ser desmesurados), sino las diversas valoraciones que el libro ha recibido». Esta diatriba, pone en jaque la propia materialización y sobrepone lo puramente simbólico, su bagaje cultural y social, que es lo que le interesa al lector, además de un punto más que importante que es su carácter diacrónico y dinámico que obtiene el contenido en el campo literario o académico y una capacidad de ser asimilable. Esta materialización en libro o bien como servicio son meras variables finales. Por tanto previa a dicha transformación ya existe un acto de comunicación, donde el contenido está filtrado por el proceso de edición, de ahí que conforme ese acto comunicativo que será reforzado por la materialización del objeto por los marcos en los que encaje el contenido. Objeto desmaterializado En otro ámbito, y como señala Bashkar (2014:49): «El contenido digital está desmaterializado… …El contenido es maleable, la actualidad va en detrimento del carácter sagrado y de unicidad del autor. Objeto El objeto libro podemos descifrarlo como fracciones de signos. Estas composiciones de objetos conforman una sintaxis simple que adoptan su función en el contexto en el que se halle. La adecuación del contenido a un contenedor físico o virtual (materialización del contenido) que lo transforme en objeto se traduce en un objeto que dialoga direccionalmente, uno hacia el elemento de consumo y otro desde su articulación simbólica. En esta superficialidad que ofrece la materialización, Barthes (1993:247) subraya: «El objeto se define entonces como lo que es fabricado; se trata de la materia finita, estandarizada, formada y normalizada, es decir, sometida a normas de fabricación y calidad; el objeto se define ahora principalmente como un elemento de consumo». El objeto es el término al que nos referimos cuando hablamos del contenido enmarcado, el libro. Y es relacionado a éste, al que Bourdieu lo concibe como un objeto dicotómico: Cómo lógica mercantil, en torno a la productividad más física, y por otro lado, cómo lógica en el espacio social, como capital simbólico que conlleva anexo el objeto libro para circular en él. Bajo esta dualidad, Bourdieu (1999:242) ratifica: Otro principio de diferenciación, independiente del precedente, es la competencia específica, que es la condición de éxito o fracaso en la profesión: por el hecho de que el libro, objeto de doble faz, económica y simbólica, es a la vez mercancía y significación, el editor es también un personaje doble, que debe saber conciliar el arte y el dinero, el amor a la literatura y la búsqueda del beneficio. Incluso anteriormente, Karl Marx y Friedrich Engels ([1848] 1998), en su Manifiesto Comunista señalaban que: «lo que ocurre con la producción material también acontece con las producciones del espíritu», es decir, anexan el simbolismo y su materialización en solo proceso, la producción. Observamos 16 El carácter binomial de las relaciones entre sujeto y objeto en su dimensión semiológica Fragmentos de FilosoFía, nº 20, 2024: 11-19. issn: 1132-3329, e-issn: 2173-6464 doi: https://dx.doi.org/10.12795/fragmentos_filosofia.2024.20.02 en un objeto impreso, sino en un objeto visible, que provoque el deseo de su posesión primero y de su lectura después. Pero debe hacerlo de modo tal que, una vez que el lector decide, como se dice, adentrarse en sus páginas, todo rastro de la existencia del editor quede diluido». El sujeto editor debe presentar y contener el contenido. Dicho contenido nunca es garantía de pureza, sino que siempre está influido mediante el proceso de envase, de materialización, que construye un contexto, una distribución determinada por el sujeto editor. Sin embargo, esta afirmación de Katz puede inducir a error, debido a que no solo debemos hacer público el contenido sino adecuarlo al contexto y al proceso de edición, otorgándole un determinado prestigio y crédito, como subraya Bourdieu (2009: 223): El editor es el que tiene el poder totalmente extraordinario de asegurar la publicación, es decir, de hacer acceder un texto y un autor a la existencia pública, conocido y reconocido. Esta suerte de creación implica la mayoría de las veces una consagración, una de capital simbólico… Esta transferencia la otorga los restantes objetos que acompañan a una determinada obra del catálogo del sujeto editorial. El proceso de la edición acciona el mecanismo de la reproducción de un contenido en otro espacio y en otro tiempo, es decir, al procesar la materialización del contenido y amplificarlo hacia otros campos. Previamente a estos procesos, la edición se enfrenta a la filtración de contenidos: el cómo de la edición; Donde entran el contexto social, intelectual, ideológico y político para elaborar un proceso de filtraje individualizado bajo un modelo propio, es decir, estructuras bases donde se articula el contenido de cada sujeto editorial. En este sentido y tal como señala Bashkar (2014:207): «El contorno del contenido y la naturaleza del filtrado y la amplificación nos brindan una idea convenientemente abierta de mediación». Esta amplificación armoniza el contenido que previamente ha sido filtrado, por tanto son procesos que elabora el actualizable y transferible». Por tanto aunque el contenido sea el mismo, la percepción del lector cambia radicalmente debido a que la estructura contextual tiene otros parámetros que la lectura lineal y sin posibilidad de variaciones. Es Bryan O´Leary (2011:45) quienes desafían a la materialización del contenido, mediante marcos y contenedores: «Centrados históricamente en el contenedor, nos hemos quedado atrapados en su uso como fuente principal para los contenidos digitales. Sólo después de que llenamos el contenedor físico ponemos nuestra atención en reconstruir las `raíces´ digitales del contenido: el contexto (incluyendo etiquetas, enlaces, investigación y material inédito), que puede perderse en la sala de montaje. La mayor parte de este contexto jamás volverá». Esta desmaterialización del contenido se realiza mediante la transmutación de las grafías latinas a un código binario y al carecer de entidad física necesita de instrumentación lógica. Insistiendo en este proceso, Manuela Moro Cabero (2016:2) El documento desmaterializado precisa ser codificado y decodificado mediante la ayuda de las tecnologías, su contenido debe de ser separado del soporte de vez en cuando para asegurar su conservación, conllevando un alto grado de pérdida de su integridad; a su vez, la estructura del mismo puede ser desconocida para el usuario común, dado que no es evidente a la observación. Sin embargo, debemos especificar el alto impacto que tiene en la recepción, y es que no existe tecnología que pueda enmendar una limitación neurofisiológica y que acelere el proceso de compresión lectora sin afectar profundamente al significado, por tanto la desmaterialización se produce tanto en el contenido como en la recepción. Sujeto Denominamos sujeto al editor, aquél que materializa lo inmaterial, tal como señala Alejandro Katz (2014:22): «transmutar los sentidos expresados en las páginas no sólo 17 Jaime RomeRo Ruiz de CastRo FRagmentos de FilosoFía, nº 20, 2024: 11-19. issn: 1132-3329, e-issn: 2173-6464 doi: https://dx.doi.org/10.12795/fragmentos_filosofia.2024.20.02 de lo simbólico en el capitalismo cultural y cognitivo, convierte a los intermediarios culturales en productores de signos, mostrando el desplazamiento de los productores de mercancías en el prototipo del trabajador posfordista». Sujeto y desintermediación La óptica tecnócrata está afectando al sector del libro desde su inicio a través del distanciamiento al contenido original y humano hacia planteamientos tecnológicos, que requieren una convergencia en las labores de la edición, es decir, competir en todo el espectro de articular el contenido en cualquier espectro. La disrupción que supone estos planteamientos tecnócratas se traduce en presión por un establecimiento de normativas que no solo son técnicas sino mercantiles. La IA o bien la big data en el sector de la edición se convierten en factores de reajuste de los paradigmas de la edición y modificación de los influjos y las líneas recursivas de influencia. ¿Estamos por tanto entre dos personajes antagónicos (humanidad y tecnología) dentro de un relato cultural universalista? Estas tecnologías cuya inserción es opaca y desregulada en complejas redes tecno-eco- nómicas; por tanto, no hay un modo predeterminado de compromiso contextual, tan solo constelaciones de factores influyentes implacables. Desde esta perspectiva amenazante y misteriosa, tan solo se desequilibra y desvirtúa el conjunto editorial de más alto nivel tecno-económico. El perfil específico que refleja cada editorial es su propio paradigma que se articula en su instante fundacional. Por otra parte, podemos señalar que son los autores y el contenido quienes afectan al equilibro estructural de este agente, por tanto, la desintermediación que influye en la identidad editorial es un factor endógeno del sector. Julio Alonso Arévalo y José Antonio Cordón García (2014:20) nos ilustra en este sentido: El vaciado rápido de intermediarios —ya sean editores, minoristas tradicionales, agentes editor, un relato afín al contenido destinado a gravitar sobre el mismo que añaden valor. En un sentido más práctico: «La imagen de una editorial está determinada por el contenido en sus libros, pero también por su aspecto exterior, tampoco en este caso hay que pretender la uniformidad, pero sí una cierta unidad en la pluralidad» (Unseld 2018:55). La reacción activa del editor debe acontecer en todo momento del proceso de creación del libro publicado pensando ya en el público objetivo y pertinente, aunque debe comenzar con una lectura sensible previendo los futuros lectores al que alcanzará el libro. Tal como señala Thomas McComarck (2010:7) «El editor como lector deberá sentir placer o satisfacción cuando los macroelementos fundamentales, como la trama y la conclusión, se plantean correctamente». Por tanto, todo nivel del proceso del objeto debe ser concordante con el objeto de articular el objeto-libro-medio. Si el diagnóstico, que se debe a la codificación y recursos que tiene el editor, es positivo, entrará en la siguiente dimensión o nivel que es el diseño editorial, pero si encontramos «desequilibrios químicos y fallas anatómicas» (McComarck, 2010:15) que el propio autor entiende como ciertas inconsistencias en el objetivo o faltas en los propósitos, esfuerzos, acciones, promesas, logros e interconexiones de los personajes no pasará por tanto el filtrado de contenido, es decir, «el momento decisivo tras la decisión primaria de producir o escribir están tomando la decisión de publicar el contenido» (Bhaskar, 2014: 132). Estamos, por tanto, en la configuración del marco del contenido, algo que depende exclusivamente del proceso editorial y su capacidad creativa y técnica con el objetivo de crear una legibilidad de alto grado. Extrayéndonos a un plano más abierto, podemos afirmar que la edición propone un diálogo y debate en la sociedad con su acción no tan solo cultural, sino político y social. Los valores añadidos, así como el contenido al llegar a los protolectores crean un simple juego de azar entre opiniones individuales que pueden asentar argumentos a través de la ficción. En la actualidad, tal como señala Daniela Spilbarz (2013: 6): «La importancia 18 El carácter binomial de las relaciones entre sujeto y objeto en su dimensión semiológica Fragmentos de FilosoFía, nº 20, 2024: 11-19. issn: 1132-3329, e-issn: 2173-6464 doi: https://dx.doi.org/10.12795/fragmentos_filosofia.2024.20.02 del propio sector editorial como las nuevas tecnologías; la realidad aumentada y la inteligencia artificial como elementos disruptores, obviando la mediación del agente editorial como garante de todas las operaciones de verificación con el fin de alcanzar el medio que es el libro a través de numerosos actores de la cadena de suministro y procesos que se integran en la cadena de valor del libro. No obstante, hace ya casi cien años, Walter Benjamin ([1934] 2004:26) apunta al contenido en relación con el contexto temporal cuestionándose: «Por tanto, antes de preguntar: ¿en qué relación está una obra literaria para con las condiciones de producción de la época?, preguntaría: ¿cómo está en ellas? Pregunta que apunta inmediatamente a la función que tiene la obra dentro de las condiciones literarias de producción de un tiempo». Por tanto, aunque Benjamin se centra en lo literario, si lo extrapolamos al contenido de forma general, nos aproximamos a una evolución continua que nos hace cuestionarnos hasta qué punto los sujetos se disgregarán o se afianzarán de una forma u otra, abriendo nuevos interrogantes que surgen del análisis. ¿Cómo evolucionará el contenido en relación al formato y su diversidad? ¿Cuál será el impacto de la IA en la creación del contenido? Serán cuestiones abiertas a analizar que operan sobre los sujetos autor, editor y lector y como interaccionan entre ellos y en el contenido. Referencias Alonso Arévalo, J. y Cordón García J. A. El libro como sistema: hacia un nuevo concep- to de libro. Cuadernos de Documentación Multimedia, vol. 26, vol. 26, 2015, pp. 25-47, doi: https://doi.org/10.5209/ rev_CDMU.2015.v26.50628. Benjamin W. El autor como productor. (1934) Traducción y presentación de Bolívar Echeverría. Itaca, 2004. Bhaskar, M. (2014). La máquina de contenido : hacia una teoría de la edición desde la imprenta hasta la red digital. FCE - Fondo de Cultura Económica. Barthes R. La aventura semiológica. Paidós. 1993 medios del libro, o agentes de la cadena de valor de la publicación— es un fenómeno bien documentado, y animado por la llegada de las «intermediaciones delgadas,» término que utiliza a menudo Glenn Fleishman, para referirse a las plataformas tecnológicas que permiten la producción directa, sin la intervención de la distribución y los esfuerzos de marketing que tradicionalmente han estado en manos de las grandes empresas. Nos encontramos que son los propios iniciadores del sector del libro aquellos elementos disruptores que influyen plenamente en las competencias del sujeto editor (cuya experiencia y posición, facultado para una labor necesaria al convertir el contenido en obra). Los ámbitos codificados de la función-au- tor en este sentido más tecnócrata son aquellos que afectan al paradigma editorial y su desfragmentación. Conclusiones En este trabajo observamos la emergencia de prácticas y soportes que conviven con los mecanismos tradicionales, donde los sujetos de editor, escritor y lector se sitúan en un continuo proceso de transformación donde las interacciones se configuran haciendo uso del carácter tecnocrático de las herramientas de edición, marketing y lectura que desarticulan el carácter simbólico de la obra, dejando toda ella como una materia puramente inorgánica. Las empresas editoriales se hallan en una situación actual de cambios constantes, debido a factores internos y externos: Factores Internos, como el carácter disruptivo provocados por el propio formato del contenido, así como el sujeto autor, mediante la inmersión de éstos en la cadena de valor por la explotación de contenidos sin contar con la intermediación de la edición. Los factores externos son aquellos que afectan a la cadena de valor y suministro2 2 Por cadena de suministro nos referimos a los agentes del sector del libro, por cadena de valor a las actividades de tales agentes. 19 Jaime RomeRo Ruiz de CastRo FRagmentos de FilosoFía, nº 20, 2024: 11-19. issn: 1132-3329, e-issn: 2173-6464 doi: https://dx.doi.org/10.12795/fragmentos_filosofia.2024.20.02 Barthes R. «La muerte de un autor». El susurro del lenguaje. Paidós, 1987. El placer del texto. Buenos Aires: Siglo XXI, 1993 Borges J.L. Otras inquisiciones. Alianza. 1997 Bourdieu, P. «Una revolución conservadora en la edición», en Intelectuales, política y poder. Buenos Aires, Eudeba, 1999 Bourdieu P. Campo de Poder, Campo Intelectual Montressor, 2002 Bourdieu, P. Intelectuales, política y poder. Eudeba. 2009 Bourdieu, P. Razones Prácticas. Sobre la teoría de la acción. Anagrama. 2006 Chartier, R., (1999). Trabajar con Foucault: esbozo de una Genealogía de la `función-autor´. 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