Biblioteca de religión o sea Colección de obras contra la incredulidad y errores de estos últimos tiempos. Tomo XIII
Abstract
Contiene: T.I 1826 (XLVI, 34 4p.) -- t.II 1826 (392 p.) -- t.III 1827 (VIII, 224 [i.e. 324] p.) -- t.IV 1827 (388 p.) -- t.V 1827 (230 [i.e. 330] p.) -- t.VI 1827 (352 p.) -- t.VII 1827 (400 p.) -- t.VIII 1827 (332 p.) -- t.IX 1827 (318 p.) -- t.X 1827 (XVI, 322 p.) -- t.XI 1827 (330 p.) -- t.XII 1828 (X, 350 p.) -- t.XIII 1828 (374 p.) -- t.XIV 1828 (IV, 327 p.) -- t.XV 1828 (XXIV, 637 [i.e. 376] p.) -- t.XVI 1828 (415 p.) -- t.XVII 1828 (VII, 388 p.) -- t.XVIII 1828 (380 p.) -- t.XIX 1828 (375 p.) -- t.XX 1820 (404 p.) -- t.XXI 1829 (XXXII, [1], 349 p.) -- t.XXII 1829 (410 p.) -- t.XXIII 1829 (350 p.) -- t.XXIV 1829 (371 p.) -- t.XXV 1829 (VII, 267 p.)
Full text
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e A ereeEmeB A N | Menores | e/1g 10m, / o ¿ea Ot ao% a obias combo la wrovedulodad , Y CIP OICÍ A CsOS arios Liempos. Y s een Comede volumen istud, et vadens loquere., EZECH. IM. yv. 1. a a TOMO XIIL Con órden Saf, MADRID: Imprenta de D, E. Aguado, bajada de santa Cruz. 1898,
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EEUIEISSSE SEUS ESCELENCIA DE LA RELIGION CATÓLICA, ON eee Continúan las notas de la Iglesia. CARTA XXIL AM. TOULMIN. sertais las observaciones sobre la que últimamente escribí á nuestro. comun amigo M. Brown, acerca de los frutos de la san=: lidad que se manifiestan.en nuestras comuniones respectivas; y hecho cargo de ella, observo que no negais ni los hechos rales que cito, ni contestais á tos, contentándoos únic ducirlas objeciones á anteriormente, y otras bien conoc H. recibido vuestra carta, en la que in= gene- MIS argumen= amente con reproque he respondido 'A €N estas Cartas, y ya en idas del público, Asegurais, *
| A, como un hecho notorio, que muchos siglos antes de la reforma, la Iglesia Católica habia degenerado en ceremonias y puro culto esterno, y que sancionaba los crímenes mas atroces. Para Ja refutacion de estas calumnias, me he remitido á nuestros escritores de Religion y moral mas celebrados, y á las vidas de nuestros Santos mas conocidos en la época en cuestion. Confieso que en esta parte usais el mismo lenguage que los demas protestantes; pero como no probais tampoco las acusaciones, lo que sería necesario para merecer algun crédito, no temo afirmar que el motivo único que tienen de avanzarlas, es hallar un pretesto para escusar la irreligion de la pretendida reforma. Ensalzais despues la imaginada «santidad de los protestantes que padecieron en la persecucion de la Reina María, á quienes dais el nombre de mártires (*). He discutido este punto con alguna estension en las cartas | (*) ¡Preciosos mártires! un Cranmer, un La= timer sin mas conciencia ni religion que la del tiem— po, sucesivamente catolico y protestante, y por últi. mo niuno ni otro; un Ridley, un Hopper, fraile apostata, y casado, tom dos obispados á un tiem— po, y por compañera una flamenca! “"Podos ellos, ydice el mismo Cobbet , eran unos malyados que
- »easti E) intituladas: Cartas á un Canónigo, y en ellas he demostrado contra John Fox y sus Copistas, que algunos de estos pretendidos mártires, lejos de haber muerto en el reinado de la Católica María, vivian aún cuando este impostor escribia la historia de su muerte (0), que muchos de ellos, y en particular Jos cinco “Obispos (*), estaban tan distantes de ser sanlos, como era notoriamente conocida su improbidad y rebelion contra el legítimo gobierno (2): que otros eran asesinos reconocidos por tales, como Gardener, Flower y A SI A O E A »bajo varios pretestos intentaron destruir á la Rei- »na María y su gobierno, para egercer de nuevo »su rapacidad en el pueblo.” “No bastaban, con= »tinúa, para esta clase de gentes los medios suaves, » y se hubieran burlado de ellos: era pues indispen— »sable, ó que la Reina emplease medios muy seve= »ros y eficaces, ó tolerase que su pueblo continua- »se atormentado por las facciones religiosas, que »estimularon muchos de los que entonces fueron gados, y que indudablemente merecian se les » hubiese quitado mil yeces la vida, si mil veces » hubieran podido morir. Todos, sin escepcion, eran »apóstatas, perjuros ó ladrones, y la mayor parte »habian sido evidentemente traidores contra la mis- »ma Reina,” (Carta 8,2 P. 335), (1) Vide carta 4 sobre la Persecucion, (*) Estos eran los ya citados Cranmer, Ge, Sec, Véanse las notas anteriores, (2) Carta 5.2 sobre la Reforma,
(12) el gran número de milagros incontestables que ha obrado por medio de ellas, y en su favor, desde el tiempo de los Apóstoles hasta nuestros dias. , Los eruditos protestantes defensores de la revelacion, Grocio, Abbadía, Paley, Wat- + son, Xc., al defender contra los infieles esta causa comun, convienen' todos en que los milagros son un signo seguro y sello de la verdad. Á su consecuencia observan que Moisés (Exod. 4, 14. Numer. 16,49), y Jesucristo (Joann. 10, 37, 38.=14, 12.= 15,24), apelaban constantemente á los pro- - digios que obraban, para atestiguar su doctrina y mision divina. En efecto, toda la historia del pueblo de Dios, desde el principio del mundo hasta el tiempo de nuestro divino Salvador, no es otra cosa que una serie casi continua de milagros (1). Jesucris- to, lejos de: limitar el poder de hacerlos á su propia persona ó á su tiempo, prometió espresamente á sus discípulos el mismo po- (1) Dejando á un lado ahora el Hurim y Thumin, el Agua de los zelos, y la cosecha superabun— dante del 4ño sabático, es incontestable , segun el Evangelio de san Juan, que en la Piscina Probática, por medio de un Angel, se curaban toda es- “pecie de enfermedades en tiempo de Jesucristo. A A
(13) der de hacerlos, y aun'á veces mas grandes (Marc. 16, 17. Joann. 14,192). Atendidas pues estas dos razones, á saber, que el Todopoderoso se ha complacido en dar á conocer por frecuentes milagros, asi en el tiempo de la Ley Natural, como en el de la Ley Escrita, la sociedad de servidores que se habia escogido; y que Jesucristo prometió á sus discípulos continuarlos en la Ley Nueva, es bien claro que se puede asegurar que en la verdadera Iglesia se obran milagros para distinguirla de las que no lo son, y probar su orígen divino. En consecuencia, los Padres y Doctores de la Iglesia, entre otras pruebas á su fayor, han apelado constantemente á los milagros que la distinguen, y echado en cara á los hereges y cismáticos de su tiempo la falta de ellos. En efecto, san Ireneo, discípulo de san Policarpo, que lo habia sido de san Juan Evangelista, vitupera á los hereges contra quienes escribia, que no podian dar la vista á los ciegos, ni 0i- o á los sordos , mi lanzar los demonios de los cuerpos, ni resucitar Muertos; dice, que frecuentemente se hacen e dadera Iglesia (1). Tertuliano, milagros, n la pera contempo- (1) Libr, contra Hares, cap, 3x, jr”
(14) ráneo suyo, dice tambien hablando de los hereges : Po querria ver los milagros que ellos han hecho (1). San Paciano , en el siglo LV, escribiendo contra el cismático Novato, pregunta con ironía : ¿Tiene el don de lenguas, ó de. profecía? ¿ha restituido la vida á los muertos (2)? El gran Padre san Agustin, en diferentes lugares de sus obras, habla de los milagros obrados en la Iglesia Católica, como una prueba de su veracidad (3). San Nicetas, Obispo de "Tréveris, en el siglo VÍ, aconseja á la Reima Glodosinda, que para convertir á su esposo Alboin'o del arrianismo de que estaba infectado, le mueva á enviar mensageros de toda confianza á presenciar los milagros que se obraban en los sepulcros de san Martin, de san German, ó de san Hilario, en los cuales frecuentemente los ciegos recobraban a A AAA 1) Libr. de Prascript, 0 Epist, 2, ad Symph. - (3) Dubitemus nos ejus Ecclesia: condere gre= mio, que usque ad confessionem generis humani ab apostolica Sede, per successionem Episcoporum (frustra hareticis circumlatrantibus, et partit plebis ipsius judicio , partim conciliorum gravitate, partim etiam miraculorum majestate damnatis) culmen auctorisatis obtinuit ? (De utilit, cred. C. 4). A om dm a A a E 13 3 h y a ¡ ]
(15) la vista, el habla los mudos , Xc., y aña-: de: ¿Se hace esto en las ¿iglesias de los arrianos (1)? Por el mismo tiempo Leovigildo., Rey Arriano de los Godos en España, viendo convertido (*) á su hijo san Hermenegildo , echaba e n cara á sus Obispos Arrianos , Segun dice san Gregorio de Tours, que entre ellos no se hacia ningun milagro, como se hacian entre los Católicos (2). El siglo VIL fue ilustrado por los milagros de nuestro Apóstol san Agustin de Cantorbery ; milagros obrados para confirmar la doctrina que enseñaba, segun y como consta por su mismo sepulcro (3); y esta doctrina, por confesion de los protes- a ii ___———_ (1) Concil. de Lalbbe, tom, 5, pág. 835. l autor añadia de Leovigildo , que habia rtido ó casi dispuesto á convertirse por su hijo san Hermenegildo : aquel. Rey , Aunque sintió grandes estímulos de conciencia, no realizó su con . version. od (2) Ss Greg. Turon. L, 9». 15 (3) Hic requiescit D. Augustínus Ke, QuÍ O0pe= rativne miraculorum sufultus, Edelbertum re SE ac gentem illius , ab ¿dolorum cultu ad fidem ( drid convertit, — Beda Hist. Eccles. 1, Y 0558 Veáse en particular lo lego 6 «quien este Santo dió la trina, E > os
(16) tantes instruidos , era la Católica Romana (1). En el siglo XI se oye esclamar á un célebre doctor hablando de las pruebas de la Religion Católica. Señor, si lo que creemos es un error, vos mismo nos habeis seducido; pero lo vemos confirmado por señales y rodigios que no se pueden obrar sino por vos (2). En una palabra , san Bernardo, santo Domingo, san Francisco Javier, Xc., todos apelaban á los milagros que Dios obraba por sus manos, para probar la doctrina católica. Es inútil citar las controversias de Belarmino, ni las de otros doctores modernos; pero no puedo menos de observar que el mismo Lutero, cuando los Anabaptistas adoptando sus principios, se arrojaron á“escesos que él desaprobaba, exigia que probasen con milagros el derecho que tenian de hacer estas variaciones (3). Naturalmente deseareis saber cómo Lutero respondia al argumento que envolvia esta peticion, que evidentemente tenia igual fuerza contra él que contra los Anabaptistas: pues ved aquí su res- a A A (1) Centurice Magdeburgenses » «sect, 6. Basilea: in Act. Rom. Pontif. Humprhey » Se, (2) Ricard. de san Victor; de Trinit, l, x, (3) Sieidan. ACETATO PoR ae | : y E O EE
(17) puesta. “Yo he convenido con el Señor en » que no me enviará visiones, ni señales, ni » Angeles, X«c. (1). En otra ocasion se alaba de sus éxtasis asi: “Yo tambien he sido » arrebatado en espíritu; y si es necesario glo- »riarme de lo que á mí toca, he visto. mas » espíritus que ellos (los Sovink-feldíanos, que » negaban la presencia real) verán en todo »un año (2).” | Tal ha sido la doctrina de los Padres y Escritores Católicos sobre los milagros en general, considerados como testimonios divinos en favor de esta Iglesia, en la que ba agradado al Señior el obrarlos. Voy ahora á ¡individualizar algunos sucesos milagrosos de una evidencia incontestable, que la han ¡lustrado durante los 18 siglos de su existencia, Ningun cristiano duda de los milagros y profecías de los Apóstoles: notorias son á todos la vision y profecía de san Policar- Po, el Angel de la Iglesia de Smirna, varon apostólico, sobre el modo de su martirio por fuego (3). Igualmente es auténtico el tests A ÉáKI A O (1) Marlius in doc, commun, Véase á Baler= ley" s Apology , pág. 4.48, 2) Luther, ad Senat, civil, Germ, Ácta sincera Martyrum, por Ruynarc, Zom, XILT, 2 ,
e (18) monio de: san Ignacio su contemporáneo, Obispo de Antioquía, y tambien discípulo de los Apóstoles, quien atestigua que un po- “der divino. impedia muchas veces á las fie= ras ofender á los mártires, cuando eran echados á ellas; á consecuencia de lo cual, pedia á Dios fervorosamente mo sucediese así con él, cuando fuese espuesto en el anfiteatro (1). = San Ireneo, Obispo de Leon, fue discipulo de san Policarpo, mártir ilustre como él. ¿Podrá ponerse en duda su testimonio, cuando, como hemos indicado ya, asegura que los milagros, aun el de resucitar muertos, se habian visto muchas veces en la Iglesta Católica, pero nunca entre los hereges (2)? ¿No nos merecerá una debida estimacion el testimonio del sábio Orígenes, quien en el siglo siguiente dice: “que los » Cristianos de su tiempo comunmente lan- »zaban los demonios, curaban las enferme- » dades, y predecian lo porvenir?” añadiendo: “Dios me es lestigo que no recomiendo la » Religion de Jesucristo sobre fábulas, si- » no únicamente sobre hechos claros é indu- A (1) Epist. ad Rom, (2) Contr, Hares,, 1. a, c. 31,
0 (19) bitables (1) 22 Uno de los discípulos de Orí- - genes fue san Gregorio, Obispo de Neocesarea, conocido con el nombre de Zaumaturgo, ú obrador de milagros, á causa de los muchos y extraordinarios que Dios obró por su medio. Los santos y sábios Padres que poco tiempo despues escribieron su vida (2), refieren muchísimos de ellos, tales como el suspender. la corriente de un rio, y trasladar un monte de una parte á otra, Xc., Xc. San Cipriano, ornamento del siglo UI, refiere muchos acaecidos en aquella época, algunos de los cuales prueban que la Eucaristía es un sacrificio, y que es permitido recibirla bajo una sola especie. A mitad del siglo IV acaeció aquel famoso prodigio, cuando el Emperador Juliano apóstata trató de reedificar el templo de Jerusalen para desmentir la profecía de Daniel sobre este pun- to (Dan. 9, 97). Tempestades, uracanes, temblores de tierra, globos de fuego, saleron de entre los cimientos, trastornaron, - disiparon los materiales amontonados, estropeando, ó sepultando, á millares de Judios (1) Contr, Cels. A (2) $, Gregor. de Nisa, Eusebio, l. 6.-S, Ba= silio,-S, Gerónimo. * tud
(20) y demas empleados en esta obra, haciendo imposible su continuacion, Al mismo tiempo apareció en el Cielo una Cruz luminosa, rodeada de rayos de luz, y muchas otras pequeñas en los vestidos y cuerpo de los que estaban presentes. Prodigio atestiguado tan circunstanciada y espresamente por casi todos los autores de aquel siglo, así Gentiles y Arrianos, como Católicos (1), que solo un- Escéptico de profesion podrá ponerlo en duda; y asi está tambien admitido por los mas sabios protestantes (2). ésa En el siglo siguiente se verificó otro, que puede equipararse al pasado por el número y cualidad de los testigos: en Typaro, ciudad de África, donde como se hubiese reunido un gran número de Católicos para cumplir los deberes de su Religion, á pe- (1) Ademas del testimonio de los PP. san Gregorio Nazianceno , san Crisóstomo , san Ambro-= sio, e. , y de los historiadores Sócrates , Soxomeno y Teodoreto, Sc. , estos sucesos estan atestiguados por Philostorgio arriano , y por Ammiano Marcelino, gentil. (2) El Obispo Warburton, ha publicado de propósito , para probar estos milagros, una obra intitulada : Juliano. Estan tambien reconocidos por el Obispo Halifax , Discours , pág. 23, a
(21) Ss órdenes del arriano Hunerico, les. hizo éste cortar á todos la mano derecha, y ATrancar de raiz la lengua: sin embargo de lo cual continuaron todos hablando tan perfectamente como antes de aquella bárbara ejecucion (1). Paso en silencio los innumerables que refieren san Basilio, san Atanasio, san Gerónimo, san Crisóstomo, san Ámbrosio, san Agustin, y los Padres € ilustres escritores eclesiásticos que fueron el ornamen- to de los siglos IV, y y VI del Cristianismo; y solo indicaré ya uno solo, que los dos últimos refieren como testigos oculares; á saber: el de un ciego, á quien le fue restituida la vista al contacto de un lienzo que habia tocado las reliquias de san Gervasio y sar de la A a (1) Este milagro está atestiguado por Victor Vitense (Hist. Persec. Vandal. 1. 3); por el Emperador Justiniano, que asegura haber visto alguxos de ellos (Cod, Justin. , tít. 27); por el his toriador griego Procopio, quien dice haber hablado con ellos (db. x de Bell. Vandal. c. 8); por Encas de Gaza, filósofo platónico , quien despues de ha ber examinado sus fauces, Ke., protestó que no tanto estaba sorprendido de que pudiesen hablar, como de que pudiesen vivir, Abadie , Dodwell, Moshein, y otros eruditos protestantes no se atre— ven á ponerlo en duda. * Véase sobre este y el anterior el Catecismo de Feller, núm. 331.
(28) monios producidos? ¿Direis que todos los santos Padres, desde el tiempo de los Apóstoles, y todos los escritores eclesiásticos, hasta el de la reforma, y desde entonces acá todos los Católicos, Prelados y Jueces eclesiásticos, se han convenido para engañar al género humano? O en otros términos, ¿que todos son unos embusteros é impostores? Tal es en efecto el absurdo y horrible sistema, que para desembarazarse de la atestacion di vina en favor de la Iglesia Católica, ha sostenido el famoso doctor Conyers Midleton, igualmente que la mayor parte de los escritores protestantes que han tratado de esta materia desde la publicacion de su ¿nformacion libre. Sistema que, ademas de ser una calumnia contra la naturaleza humana, no solamente conduce al Escepticismo sobre todas las materias, sino que mina y destruye la autoridad del Evangelio mismo, porque si no se debe dar fé niá los antiguos Padres, ni á los otros escritores sobre los milagros acaecidos en su tiempo, y de los que ellos mismos fueron testigos, ¿sobre qué fundamento se les ha de creer, cuando hablan de los milagros que oyeron referir de Jesucristo y de sus Apóstoles, primeras columnas del Evangelio y del Cristianismo? ¿Quiéu '
(29) sabe, se dirá, si forjaron ellos allá todo el contenido del primero y toda la historia del segundo” Es imposible que se ocultasen estas absurdas consecuencias á la penetracion del doctor Midleton ; pero sus temores en este punto fueron superados por una consecuencia para él mas temible, á saber: que si se admitia la veracidad de los santos Padres, se seguiria infaliblemente que la Iglesia Católica tenia á su favor una atestacion ó testimonio divino de su santidad; y entonces, á Dios protestantismo y sectas reformadas, Pero escuchemos su bello discurso. =Prin= cipia estableciendo un hecho importante que yo mismo he procurado igualmente probar en estas palabras: “Es necesario confesar que » la pretension de milagros estuvo universal. » mente afirmada y reconocida en todos los » paises cristianos, y en todos los siglos de la > Iglesia hasta la época de la Reforma; pues »la historia mo hace distincion entre un si- » glo y Otro, antes prosigue la sucesion de »sus milagros, como la de los otros ordina- »rios sucesos, en el curso de todos los. si- » glos indiferentemente, hasta esta ocasion » memorable (1). Por lo que toca á los his- (1) Libre Recherche, Introduction , Pág. 14.
(30) » toriadores eclesiásticos, no hay un punto »de la historia tan constante, tan clara y » tan unánimemente afirmado por todos ellos, »como la sucesion contínua de este poder »de milagros en todos los siglos, desde el » mas antiguo de los Padres que habló de » ellos, hasta la reforma : sucesion, que se » ha tratado y continuado hasta nuestros dias »en la Iglesia Romana, y por personas de »un carácter igualmente distinguido por »su virtud, que por su ciencia y dignidad; »en términos, que la única duda que pue- »de quedar, es saber si se debe dar crédi- »to ó no á los escritores eclesiásticos ; por= »que si se les puede dar alguu crédito en »el caso presente, es preciso estenderlo á »todos los otros: pues la misma razon que » hay para creerlos en un siglo,: tiene la mis- » ma fuerza en todos los demas en. lo que »respecta al carácter de las personas que »testifican, ó la cosa atestiguada (1). Es- to supuesto , OIZAmOs ahora la relacion del doctor Midleton , y los motivos en que la funda. “La opinion general, dice, de los » protestantes, como de Tilletson, Marchall, » Dodwel, Xc., es que los milagros conti. (1) Libre Recherche, Preface, p. 15, A O E O A a a e 4 > y
(31) » nuaron obrándose en los tres primeros si- > glos. El doctor Waterland los estiende has- »ta el siglo Iv, y el doctor Beriman hasta »el V. Pero estos escritores, sin advertirlo, » han puesto la causa de los protestantes en »las manos de sus enemigos; porque pun- »tualmente en estos primeros siglos , sobre »todo en el 1, ly y Y, tiempos tan fe- »cundos en milagros, fue cuando se intro- » dujeron las corruptelas de los Papistas , el »estado y vida monástica, la veneracion de »las reliquias , la invocación de los Santos, »las oraciones por los difuntos , el-uso su- »persticioso de las Imágenes y de los Sa- » cramentos (1). En ellos se vé que despues » de la conversion del Imperio Romano, la » mayor parte de sus. mas famosos milagros » se hizo por Monges, por las reliquias, por » la señal de la Cruz, Kc. Por tanto, si se ad- » miten los milagros, ¿es «necesario irreme- A diablemente admitir los ritos por cuyo me- »dio se obraron; pues unos y otros se apo- » yan sobre un mismo fundamento (2). Ca- » da uno puede por: sí mismo ver la seme. » janza que tienen los Principios Y prácticas su (1) Libre Recherche, ntrodúciin 5 (2) lud. pág. 66. > E
(32) » del siglo IV, segun que los mas distin- » guidos Padres de aquel siglo las represen- > tan con los rítos actuales de la Fglesia Ro- » mana (4); Cuando se reflexiona la tranquipla y pasmosa seguridad con que los Pa- »dres del siglo IV afianzan como cierto lo » que ellos mismos habian inventado , Ó sa= » bian haberlo sido por-otros , naturalmente »se ofrece que semejante desprecio de la » verdad no podia haberse adquirido , ó hé- » chose general de repente, sino que gra- » dualmente fue llevado hasta este estremo por » el egemplo de los siglos anteriores (2)= Hé ahí los fundamentos sobre que estos imprudentes declamadores tienen la osadía de acusar de impostura y de convenio, para engañar al género humano, á Jos hombres mas santos y sabios que ha conocido el mundo en el espacio de 1800 años. No se molestan en dar razones, mi una palabra, para pro: bar que tal convenio es probable ó posible; les basta la conviccion de que esta calumnia contra la naturaleza humana es necesa= ria al sosten del Protestantismo; porque en A A (1) Libre Recherche, Introd., pág, 8%, (2) 16id. pág. 65 A A A Í | p l 4 :
(33) efecto, sl concedemos , dice, en esta par= te con una exactitud irrecusable: Si con= »cedemos á los Papistas un solo siglo «les- » pues de los Apóstoles , en que haya habi- » do: milagros, nos veremos envueltos en un »sin fin de dificultades, de que no podría= » mos desémbarazarnos enteramente, sin con- »ceder el mismo don al siglo en que vi- » vimos (1), Al leer esto, me parece oirá algunos de los miembros de vuestra sociedad, decir: pues qué ¿pretendeis que la Iglesia Católica posee aun hoy dia el. don de hacer mi lagros? = Amigo mio, la lelesia nunca ha tenido, en el sentido en que lo entienden la mayor parte de los protestantes, el poder de hacer milagros , es decir, á su arbitrio, y cómo y cuándo guste, de modo que pueda obrar las curaciones ú otros acontecimien= tos prodigiosos enteramente á su antojo; pues m1 aun los mismos Apóstoles tenian este po- . > Somo se vé por la historia del Luná. tico del Evangelio (Matth. 19,96). Pero digo , que siendo la Iglesia Católica siem pre esposa amada de Jesucristo (ÁApoc. 21, 9), y continuando en todos los tiempos en ( 1) Libra Recherche Introd. pág. q6, Lom. X1IT, j 9
(34) tener hijos de heróica santidad , Dios no cesa en este siglo, así como en los siglos pasados, de ilustrarla con milagros incontestables. Esta es la causa porque en los procesos que se hacen constantemente ante la Silla Apostólica para la canonizacion de algunos nuevos Santos (4), es necesario siempre probar, hasta el último: grado de evidencia, milagros muevos y recientemente obrados, como puedo asegurarlo, por haber leido en los mismos lugares las relaciones oficiales impresas (2). Para mayor satisface cion de vuestros amigos, añadiré, que he tenido en mis manos pruebas las mas convincentes de que el fin trágico de Luis XVI, y de , S (1) De las últimas canonizaciones son las de san Francisco Caraciolo , fundador de los Clérigos menores ; de santa Ángela Mérici , fundadora de las Religiosas Ursolinas; de Sor María de la Encarnacion , ó Madre Accaria , Sec. De las beatificaciones una es la de Alfonso Ligorio , Obispo de santa Águeda de los Godos; * del B. Alfonso Rodriguez de la Compañía de Jesus ; del P, Francisco Posadas, B. Jordan, Dominicos» y ngelo de Acre , Capuchino. a 2) Uno de los milagros probados en los pro= cesos del B. Ligorio es la curacion y Testauracion de un pecho cortado de una muger, que estaba á punto de morir de resultas de un cancer, A 1
(35) la Reina su esposa, habia sido predicho por una religiosa de Fougéres , soror de la .Na= tividad, veinte años antes que sucediese estc crímen; y que el destierro del Clero de Francia habia sido anunciado mucho tiempo antes de que se verificase por el venerable peregrino francés Benito Labré, cuyos milagros obraron la conversion del difunto Mr. Thayer, eclesiástico Americano, que estando en Roma, fue testigo de muchos de ellos..== En cuanto á las curas milagrosas obradas poco há, tengo pruebas auténticas de muchas de ellas, Y conozco personalmente á cuatro ó cinco de los sugetos que han esperimentado este beneficio. Los hechos siguientes estan respectivamente atestiguados, aunque con mucha mas individualidad de lo que aquí se espresan , por el reverendo Tomas Sadler de Traffort, cerca de Manchester, y:el reverendo J.:Clathorne de Gars- Wood, cerca de Wighan. José Lamb de.Ecclés ,. en las cercanías de Manchester , de edad hoy de 98 años, cayó el 19 de AYOS- to de 1814 de lo alto de un monton de he. mo de cerca de quince pies de altura , :ACCI> dente por el cual apareció haberse quebrado el espinazo; á lo menos es podia andar;, ni tenerse en pi * cierto que no e sin las mu=
(36) letas, hasta el 2:de octubre, y estaba en un vito continuo por los agudos dolores que cufria. Este dia, habiendo podido persuadir á fuerza de-ruegos y con mucho trabajo á su padre, entonces protestante, que le llevasen en una carreta con su miuger y dos amigos suyos, Tomas Butler y Elisa Doolay, á Gartwod, cerca de Wighan, donde se conserva la mano de F. Arrowsmith, uno delos Sacerdotes-Católicos- que padecieron martirio por el egercicio de su Religion en el reinado de Cárlos 1; y mano por la cual se habian hecho ya otras curaciones milagrosas : enllegando, hízose conducir á la balaustrada ó reja del altar de la capilla, y, que con la santa mano le hiciésen sobre la espalda la señal de la cruz : practíicanlo así, y en el mismo momento, esperimentando, son sus mismas palabras, una sensacion extraor= dinaria, y una mutacion total en sí , sin po= derse contener, gritó á su muger: “ María, » ya puedo andar.” Y en efecto, al punto ti= rando las muletas, sin necesidad de ayuda de nadie, empezó á andar, primero por la capilla, luego hácia la habitacion inmediata, últimamente hácia su carreta que le ha-" bia llevado, y en que volvió sano á su casa. Los dolores cesaron desde aquel momento, A % y yl E li 4 Ñ .
(37) y la parte herida ha permanecido y se con- .serva sana y buena desde aquel entonces (1): Todas las personas aquí citadas viven aún, y todas estan prontas á testificar con juramento el suceso y todas las circunstancias de que fueron respectivamente testigos. Tengo á la vista testimonios de curaciones súbitas , de varios cánceres incurables, y de otras enfermedades, por la aplicacion de la misma reliquia; pero sería muy largo transcribirlos, como tambien otras atestaciones de la misma naturaleza que se hallan en mi poder.. Entre los sugetos que conozco personalmente, y han esperimentado curaciones milagrosas, citaré á María Wood, residente en la actualidad en Taunton-Lodge , donde viven tambien otras muchas personas, testigos oculares de los hechos que voy á referir. “El 45 de marzo de 1809, María Wood » haciendo esfuerzo para abrir una ventana, » metió la mano izquierda al traves de una » vidriera, con la que se hizo un a ancha y » profunda herida en el brazo, cortándose G ) La carta que me escribió el reverendo M, Sadl en es con fecha de 6 de agosto de 1819.
(44) jado por algunos católicos un gran núme“ ro de milagros falsos y absurdos, que otros católicos han creido ciegamente. Convengo igualmente con él y con vos, en que por ahora dejemos á un lado la Legenda aurea de Jacobo de Voragine (*), el Speculum exemplorum de Vincente de Beauvais, las vidas de los Santos escritas por el Metaphraste, y, otras varias leyendas que estan llenas de relaciones de milagros de toda especie. No podreis quejaros de que no os concedo cuan- to quereis, pero decidme: aun cuando todo - eso fuese asi como pretendeis, que efectiva- . mente esos escritores, algunos de ellos San- - tos y de una virtud reconocida por todos, hubiesen sido demasiado crédulos, ¿se ha de A gelista, por haber inventado tales ficciones. Do ' Script. Apost.— En el siglo Y el Papa san Gelasio condenó varios Evangelios y Epístolas apócrifas, — igualmente que algunas otras obras , entre ellas, la leyenda comun de san Jorge. * Tal ha sido siem= - pre el cuidado de la Iglesia de no dar lo falso ó dudoso como cierto. A (+) Wéase sobre este virtuoso escritor , colocado ya por la Iglesia en los altares) lo que decimos — en las notas al Catecismo de Feller y nm, 531, 4. 6 pág. 246. Bibl, Todas ellas son muy interesanies al asunto de estas cartas,
(45) negar por eso que ha habido verdaderos milagros? ¿se ha de negar la verdad de todas las historias , porque hay algunas falsas p ¿Con que ya será necesario poner en duda los cuatro Evangelios, porque ha habido Evangelios falsos? No, no: es necesario que hagamos mejor uso de la razon y discernimiento que Dios nos ha dado; procure= mos, sí, distinguir las relaciones falsas de las verdaderas ; pero mas, no: debemos sí ser doblemente circunspectos y severos, cuan= do examinamos revelaciones y acontecimientos que parecen contrarios á las leyes” generales de la naturaleza, pero no indiferentemente negarlos. Esto dicta la razon buen sentido; lo demas es declararse faltos de él. ? : La segunda objecion de vuestro amigo, dirigida á acusar el celo, la integridad | discrecion de los Cardenales , Prelados y demas eclesiásticos, nombrados en Roma para ES las pruebas de los milagros que. a Í se publican, dá 4 entender que está poco instruido en el asunto. En primer lusar se principia mandando hacer un DABA cion jurídica en la parte 6 p dice obrado el mila de decir relación a Informaals donde se gro, de todo cuanto pueá él, tomándose para ello
(46) las deposiciones de los diferentes testigos bajo juramento; informacion que. generalmente se repite dos ó tres veces en diversos intervalos de tiempo. En segundo lugar, los Examinadores en Roma son personas cuya' reputacion, talentos y ciencia son incontestables; pero á quienes sin embargo no les es permitido decidir ni pronunciar sobre cura cion alguna ó hecho sobrenatural, sin haber antes oido y recibido una relacion ó informe competente de físicos y médicos. Ade-= mas, lejos de pronunciar apresuradamente, se pasan y se necesitan años enteros para llegar á una decision sobre un corto núme- A ER E OE ro de sucesos, y eso en cada Santo. Esta decision, antes de presentarla á su Santidad y someterla á su determinacion, se imprime y circula entre personas desinteresadas. Dejo á un lado la escrupulosidad de los fiscales, Htc. digo solamente que este exámen es tan riguroso que, segun un proverbio italiano, es casi un milagro, probar en Rioma un milagro, El Padre D'Aubenton refiere de un; protestante inglés, que habiendo visto en aquella ciudad impresos los procesos de cuas. renta milagros que se habian espuesto á la Congregacion de Ritos (que cs á la que per tenece este exámen), quedó tan satisfecho de
(47) | sus pruebas respectivas de cada uno de ellos, que espresó sus deseos de que Roma no reconociese jamás por milagros, sino los que estuviesen tan clara y evidentemente probados, como parecian estarlo aquellos: pero con Sorpresa suya, supo despues que la Congregacion los habia desechado todos, como no suficientemente probados. De este modo se juzgan en Roma estas materias, No puedo tampoco dar mas valor á la otra reflexion de ese vuestro amigo, por la cual desecha los milagros, bajo pretesto de no haber motivo ó causa bastante para hacerlos; porque, sin recordar aqui que un gran número de ellos han sido obrados para la conversion de infieles, son muy espresas aquellas palabras del Apóstol: ¿Quién conoce las intenciones del Señor, 6 quién ha sído su Consejero? Á lo menos Sun la Escritura, que el mismo Dios que conservó á Jonás en el vientre de la Ballena para predicar la penitencia á los Ninivitas, hizo crecer una hiedra ó calab resguardar su cabeza del ardor de como hizo bajar fuego del Cielo p al profeta Elías, hizo tambien hierro de la hacha, p discípulos pudiese. yoly es cierto, seazá para l Sol; y ara salvar sobrenadar el ara que uno de, sus erla al que se la ha-
AZ (48) bia prestado (2. Reg. 6, 6). Asi que, no debemos desechar los milagros suficiente= mente probados , bajo pretesto de que son futiles é indignos de la mano del Todopoderoso; porque nos consta que Dios mudó el polvo de Egipto en mosquilos, y del mismo modo convirtió sus aguas en sangre > (Exod. 8). Habiendo leido últimamente sobre esta materia las obras de los mas famosos €scritores protestantes, quienes, defendiendo los milagros de Ja Escritura, procuran destruir la autenticidad de los que les agrada llamar milagros Papistas, creo oportunísimo, para vuestra satisfaccion y la mia, referir los principales argumentos de que se sirven, y las respuestas que se dan para refutarlos. Pero antes no puedo menos de espresar mi sor= presa, y diré mas, mi sentimiento, al ver las falsedades groseras, publicadas por unos escritores, algunos de ellos tan condecorados: falsedades avanzadas, no quiero decir con 4 intencion siuiestra, pero sí con precipitacion 4 ciega, efecto sin duda del estravio que produce en su espíritu el terror pánico del Pa- A ismo. El último y erudito Obispo de Sar. lisbury el doctor JJ. Douglas, ha tomado ] del impío Gibbon lo que llama “ pruebas q is A ESA A A e a y
»plo de un Santo que afir (49) convincentes, de que los milagros atribuidos »á los Santos católicos son invenciones de un »siglo posterior á aquel en que se pretende » hayan sido hechos (1). He aquí las palabras de Gibbon: “Es de notar, dice, que » Bernardo de Clarayal (es san Bernardo), »que tantos milagros refiere de su amigo »san Mala quías, no hace jamás mencion de » los suyos propios, que á su yez estan refe »ridos cuidadosamente por sus compañeros y, » discípulos. En toda la larga. sucesion de la » Historia Eclesiástica no hay un solo egemme de sí que ha »poseido el don de milagros (2).” Adoptando esta objecion el Obispo de Salisbury, dice: “Creo poder desafiar sin temor 48) h Chap. 15, k Como los Santos son siempre muy humil curado ocultar los dones con que los honraba el Cie 0-en esta vida, temiendo de Sí mi ; que los aplausos este peligro nuestro Señor Jesucris gaba á los Apóstole L to, y Centenares
(50) 4 todos los admiradores de los Santos cató- »licos que presenten algun escrito de uno de »ellos, en que su autor reclame este po- »der (1). Y en otra parte: “el mismo Ja- »vier (san Francisco) nos suministra en sus » cartas no sóolo-una prueba negativa de que » no tenia el poder de hacer milagros, sino » un hecho positivo que ofrece la presuncion 5 mas fuerte de que carecia de él (2).” Sin embargo, á despecho de la seguridad positiva de estos autores célebres, es positivamente cierto (aunque lo último que los Santos ueden desear se encomie, son las gracias sobrenaturales de que gozaban) que muchos de ellos, cuando la ocasion parecia exigirlo, han hablado de los milagros de que por la bondad de Dios habian sido instrumentos (3); A A mismos que habian recibido el beneficio , que á na= die lo digesen. La heregía no conoce esta virtud, y por eso lo estraña tanto. Como hijos del Rey de soberbia desean ser tenidos y llamados ab hominibus Rabbi, 05 Criterion, pág. 369. 2) Ibid. P. 76. (3) El gran san Martin reconocia sus propios milagros, pues segun sa amigo é historiador Sul picio (Viálogo 2.2), acostumbraba decir que desde que era Obispo, no tenia tanto poder de obrarlos cois a A A i N E 7 p q: k
(51) S y entre otros pueden servir de egemplo estos dos mismos santos, san Bernardo y san Francisco Javier, que Gibbon y el doctor Douglas han escogido para prueba de sus aserciones. Anteriormente hemos visto los pasages de las obras del primero (san Bernardo) donde este Santo habla de sus milagros como de hechos notorios, y pueden verse aquí tambien en la nota que va al pie de la página (1). San Francisco Javier no solamente refiere en esas mism doctor Douglas as. cartas que cita el una curación milagrosa que mo antes, * Fue desde que por una caridad no bien entendida comunicó con los ltacianos, bien los declamadores de la union con lo 1) Dirigiéndose el Santo al Papa E y respondiendo á sus enem cara el mal éxito de 1 » dicunt forsilan isti do 1106 »MO egressus sit. ¿Que signa tu facis, ut credamuis > Bn Non est quod ad ista ipse respondeam; parce. Vean esto s sectarios. ugenio IL, igos que le echaban en a segunda Cruzada: dice: “Sed € me 3 et ea que didisti ef audisti2> (De Consider, La, c, 1).—Del mismo modo escriz biendo al pueblo de Tolosa y dice respecto 4 los miz lagros que habia' hecho en aquella ciudad. “Mora > quidem brevis apud vos , sed non infructuosa, veri= vlate nimirum per nos manfestata, non soluniin ser= > MORE y sed etiam: im virtute? (Epist. alx ). * S
(52) habia obrado en el reino de Travancor, de una muger moribunda; sino que espresasmente la llama milagro, y afema que ocasionó la conversion de todo el pueblo donde eutonces residia (1). ] ] El doctor Midleton; enemigo: jurado de - Jos milagros, asienta con igual confianza otra falsedad no menos palpable. Aventuraré, »dice, toda la fuerza de mi argumento sobre » este solo punto, que despues del tiempo » de: los Apóstoles no se halla en toda la » historia un solo egemplo, no digo atesti- »guado, pero ui aun símplemente menciona- »do, de una persona que haya tenido ja- » más este don (de lenguas), ó que haya pre- >» tendido egercerle en siglo ó en pais algu- »no (9). Por si. acaso vuestro sabio amigo » A (1) -Epist. S. Franc. Xaver. ld 1. Ep. 4 * ¿Qué mos cansamos? El protestante y. viagero Tavernier, dice de él espresamenle , que puede llamarse con razon el san Pablo de las Indias; y sabido es que €ste santo Apóstol obró milagros. Baldeux, en su Hiístoria de Indias, confiesa, que los dones que había rea cibido para egercer el cargo de ministro, Y Legado de Jesucristo este Sacerdote, eran tan eminentes, que no hay palabras para espresarlos. Y estas confesiones son de protestantes, ' (2) Inquiry in to Mirac, Powers , pág, 120» SC. A A A A A PO EL A E Sa RCA AECE DS -
(53) está dispuesto Á abrazar la causa de Midle= ton , me tomo la libertad de remitirle á la historia de san Pacomio, Abad en Egipto, y fundador de los Cenobitas, el cual, “aun- » que no hubiese aprendido el griego ni el » latin, hablaba sin embargo algunas veces » milagrosamente estas lenguas,” como refiere su discípulo € historiador (1); y á la del célebre san Vicente Ferrer, que como dotado del don de lenguas, predicaba indi= ferentemente á los judíos, á los moros y á los cristianos en su idioma respectivo, y convir= _Hó un prodigioso número de unos y otros (2). La Bula de canonizacion de san Luis Beltran, espedida el 1674, declara igualmente que poseia el don de lenguas; por cuyo medio convirtió 'en menos de tres años hasta diez mil indios de diferentes naciones en la América Meridional (3). Lea ademas yuestro amigo la historia del grande Apóstol de las Indias Orientales san Francisco Javier, el cual, aunque ordinariamente estudiaba las lenguas de las diferentes naciones, á las que A A A e Tillemont, Mem, eccles. tom. 2) V. su vida por 1 Spondano , ad an. 1403. (3) Buuer, Vidas de los Santos , Octubre dia 9. . «10Zano, Obispo de Luca, =
(60) en efecto es: todo esto dice Acosta tn esa misma obra que cita el doctor Douglas; obra que ese vuestro amigo y cuantos quieran pueden consultar en la Biblioteca Bodleyana de . Oxford, donde se halla un egemplar, aun= que bajo un título bien estraño (4). El autor del Criteríon no merece mas miramien- to por las invectivas contra Ribadeneira, sobre lo que dice de los milagros de san Ig= nacio, que por las sofisterías acerca de lo que habia dicho Acosta de los de san Ja= —vier (*). El hecho es que acabando de prohibir=el Concilio de Trento la publicacion - de ningun milagro nuevo que no hubiese sido antes examinado y aprobado «por la compe- A a 5 55 5 o PP PP 7 “PP PP 5 nn nn A, eosque idoneos testes , ut vía de alio, exceptis Apos= e tolís, plura legantur, Quid magister Gaspar, aliique socit, Bcc. (De proc. ind. salute, l. 2, Cc. 10, p. 226). (1) En la Biblioteca ya se halla: este libro: bajo el título singular : Joann, Papissa tolk orbí manifestata, por el cual se debe pedir: (en 82. cap. 29. art. Seld). (*) Butler, á quien nadie tachará de crédulo, — supone en Ribadencira en la vida de los Santos de su tiempo discernimiento grande (Véase el Prólogb, 11.2 en la nota). De san Ignacio podia certifiz car cual ninguno Otro, por haber estado á su Ja. do, y scrvídole de secretario, A A
pa (61) tente autoridad eclesiástica, Ribadeneira en su primera edicion de la vida de san Igna= cio, obseryó todas las precauciones necesarias al hablar de los milagros de su santo Patriarca. Sin embargo, en esta misma edi cion declara que habia obrado muchos, y habiendo. ellos sido. despues jurídicamente examinados y probados, su historiador los publicó sin escrúpulo, como ingénuamente lo dice, para satisfaccion de sus lectores en la tercera edicion, que es la que se halla al presente en su Flos Sanctorum (1). (1) Mihi tantum abest ut ad vitam Ignatii il lustrandam miracula deesse videantur , ul multa, ea que prestantissima judicem in media luce versarí, Yin seguida cita muchas curaciones milagrosas, ke, — No puedo terminar este artículo sin protest ira la mala fé de muchos escritores protestantes que echan en cara á los Católicos las supercherías de los Jansenistas en el sepulcro del Diác ono Pa— rís, ¿Quién ha descubierto estas. supercherías , y dado al doctor Campbell y: 4 Douglas, Kc., argu— mentos y, pruebas contra ellas, simo los Prela dos y teólogos Católicos ? Los Católicos tienen igual mente moliyo de quejarse del ;modo COn que estos autores y .OLros_escrilores / protestantes disculenel celebérrimo milagro acaecido: en Laragoza el 16%o con Miguel Pellicer, el cua » despues de la ampu= tación de la pierna, alcanzó de Dios, por SUS Oraciones feryorosas á la Santísima Virgen, una nues ar con
lr (62) , Terminaré esta larga carta con dos palabras sobre una obra últimamente publica= da, cuyo objeto es censurar mi relacion de 1 la cura milagrosa de Winefrido White (1). El autor, aunque al principio, siguiendo el sistema de Midleton, entra negando ó no Ñ admitiendo mas milagros que los de la Escritura, en breve destruye los fundamentos ; de estos milagros mismos, diciendo: “que » esceptuados muy pocos casos, 'solo un tes- » timonio divino independiente y espreso, pue- i » de asegurarnos que un efecto es ó no mi- | »lagroso.” Ni solo esto; diré aun mas, que | trastorna las pruebas del cristianismo, segun que sus apologistas y su mismo Divino funq va y natural ; como si este nombradísimo milagro | no tuviese mas fundamento que la ligerísima men* cion que,hace de él el Cardenal de Retz en sus Memorías. Exa de presumir ciertamente que unas per”: sonas que se tienen por teólogos instruidos, hubie= > sen sabido que dicho milagro se habia examinado y discutido positivamente despues del suceso entre el doctor Stillingfleet y el jesuita Eduardo Worsley; discusion en la cual este último presentó tales 1 testimonios de los hechos, que parecia imposible 10 creerlos. ( Y. Reason and Religión , pág. 328)... (1) Por el reverendo Peler Roberts, rector ol Llanarmon , ác, | £
(63) dador las habian establecido ; porque añade: “Ningun mortal debe tener la presunción » de decir: esto es. ó no contrario á las leyes » Constantes de la naturaleza :” y despues: “para probar un milagro, es necesario pro- » bar una intervencion divina y particular.” Segun este sistema, se puede decir: nadie sa= be si el movimiento de la procesion fúnebre ó alguna cualidad oculta de la: naturaleza, restituyó la vida al hijo de la viuda de Naim: M. Roberts no tendrá dificultad en decirlo, pues niega que la resurrección del difunto, verificada al contacto de los huesos del profeta Eliseo (2. Reg. 12), fuese milagro. Con este modo de pensar, ño es estraño se persuada que la corvadura del espinazo y una hemiplegía, 6 cualquiera otra enfermedad, puede curarse en un instante por la simple inmersion en agua fria, ó por cualquiera otra' cosa; pero como no es probablé que otro alguno adopte opinion semejante, nada diré de sus argumentos físicos sobre pósito. Acusa á W. White de charlatanismo, y para so sacion, afirma; “que la 1 gle » ciado milagros hacía ya muchos años. ” Pero esto lo que únic amente prueba es, que su ignorancia de lo que p este pro- y Á sus amigos stener esta acusiano habia anun. asa continuamen-
(64) te en la Iglesia, iguala 4:su furor contra ella, La misma ignorancia se nota en la historia ridículaacerca de Sixto Y, que copia del inmortal Leti, igualmente que en lo que refiere del libro apócrifo y condenado: Taxe Cancellaria, Kc. Hácia el fin de su obra in- A A sinúa la duda de que yo haya leido el Cri- 1 terion del Obispo Douglas, aunque le cite tantas veces; porque sí lo hubiera leido, dice, sabría que Acosta prueba que San Francis” co Javier no hizo milagros en las Indias; lo que se comprueba tambien por las mismas cartas del Santo.=Lo que verdaderamente prueba esto es, que M. Peters, ni el Obispo Douglas, han leido jamás la obra de Acosta, mi las Cartas de san Francisco, á pesar de las muchas veces que nos remiten á ellas; y creo sea este el único medio de evadirse de una acusacion aún mas grave, =Soy co= mo siempre vuestro, Xc. ? LM, ¡ed
(65) AÁAÁAÁAÁ- —__— _—_ _— _— > CARTA XXV. Á JAMES BrowwN. rc, Catolicismo de la verdadera Iglesia. Al empezar á tratar de esta tercera Vota de la verdadera Iglesia, segun que ] | sa nuestro comun Símbolo, siento desfaliecer mi valor, y me veo casi tentado 4 dejar - la pluma, desesperanzado de toda utilidad, Porque en verdad, ¿Qué puedo prome ni qué esperanza puedo concebir de hacer reconocer á los protestantes de buena fé las Otras notas de la Iglesia, si pueden tener los ojos cerrados á esta? “Todas las veces que cada uno de ellos dirige sus oraciones a] Dios de verdad, bien sea:en sus solemnidades ó en sus devociones privadas, repite: creo la Iglesia Católica ;. y sin embargo, si se le pregunta: eres católico ; No, responde seguramente: soy protestante, ¿Ha habido jamás, ni puede darse Centre personas raciona- Tom. XITT 5 a espreterme,
(66) les un egemplo mas palpable de inconsecuencia y de acusacion contra sí mismo? La Escritura santa nos dice (Act. 11, 96): que cuando en el principio se anunció el Evangelio, los discípulos se distinguieron de los judíos por el nombre de cristianos. Asi es que el nombre de católico no se halla en la edicion original del Símbolo de los Apóstoles (1); pero no bien empezaron las heregías y los cismas á turbar la paz de la Iglesia, se sintió la necesidad de distinguir la principal familia de sus hijos fieles, á quienes pertenecian las promesas de Jesucristo, de los que pretendian elegir á su arbitrio los artículos de su fé (como lo indica el mismo nombre de herege y heregía), y de los desertores desobedientes que designa la voz cismálico. Con este designio se adop- 16 el título de católico ó universal, y se dió á la verdadera Iglesia y á sus hijos. Á su encia se encuentra usado por los disinmediatos de Jos Apóstoles, como la Iglesia verdadera. ¡lastre mártir consecu cipulos un signo distintivo de Uno de estos discípulos fue el sau Ignacio, Obispo de Antioquía, quien es- e PP. 1) Véanse cuatro copias colejadas en la Bibl. Eccl, de Dupin, Lom. 1, A
(67,) sia de Smirna dice espresamente: “Jesucristo está donde quiera que »está la Iolesia Católica.” Igualmente la Iglesia de Smirna al dar la relacion del martirio de su Obispo san Policarpo, que era igualmente discípulo de los Apóstoles, la dirige á las lolesias Católicas (1). Los Padres que les sucedieron continuaron designando en sus escritos y en las actas de sus Concilios la verdadera Ielesia por este título característico de Católica (2). San Cirilo, Obispo de Jerusalen, en el siglo IV dá á sus discípulos el aviso siguiente: “Si entrais en » alguna ciudad, no pregunteis simplemente: » ¿dónde está la Iglesia ó.la casa de Dios? >»porque los hereges pretenden ser la suya; » preguntad sí, ¿cuál es la Iglesia Católica? » porque este título no pertenece sino á nues- » tra santa Madre (3).” “Nos llamamos, de- »cia otro Padre del siglo V , cristianos ca- » 2ólicos (4) Hé aquí las señas que daba de SÍ mismo san Paciano su contemporáneo; ¿nibiendo á la Iole (1) Euseb. Hist. Eccl, ], h. e. 5, es6) e de Alejandria, A po- a Ss h Icea, Can. 9; Concil. de antinopla, Can. 7, Ke, (3) Cathech. 28. (4) Salviano de Gubern, Dei, 1, 4. e
(68) , “Mi nombre es cristiano: mi sobrenombre »católico: se me llama con el primero, se »me distingue con el segundo. El nombre »de católico distingue nuestra sociedad de »todos los hereges (1).” Pero de todos los Padres y Doctores de la antigiiedad, el que se estiende mas y con mas precision sobre el título de la verdadera Iglesia, es el grande san Agustin, que murió á principios del siglo V. “Muchas razones, dice, me detie- »nen en el seno de la Iglesia Católica: re- » tiéneme'el nombre mismo de Católica, que » tan felizmente ha conservado entre los di- » ferentes hereges, quienes á pesar de su »deseo de ser llamados católicos, si. al- »gun extrangero les pregunta: cuál es la » Iglesia de los Católicos, ninguno de ellos » osa señalar la suya propia (2).” El mismo lenguage tiene tambien en otra parte, cuando dice: “Es necesario permanecer firmes »en la comunion de esta Iglesia, que es lla- » mada Católica, mo solo por sus propios bi- »jos, sino tambien por todos sus enemigos; »porque los hereges y los cismáticos, al ha- » blar de la Iglesia Católica entre sí, Ó con q A A o ee (1) San Paciano, Ep. 1. ad Symph, (2) Contra epist. Fundamenti, C. X, AA
(69) » extrangeros, no pueden menos de darle con » voluntad ó sin ella el nombre de Católica, » porque no se les entenderia, si no la lla- » masen con el nombre que todo el mundo »le dá (1).?=La aversion de estos primeros Padres ó Doctores á todo nombre ó título eclesiástico tomado de personas, paises, ú opiniones particulares, es en proporcion de su adhesion al glorioso nombre de Católico. “¿Qué nueva heregía, dice san Vicente de » Lerins en el siglo VI, se ha suscitado. ja- » más sin llevar el nombre de su autor, la » data de su orígen, Kc. (2)?” San Justino, filósofo y mártir, habia hecho ya la misma observacion en el siglo TL, con motivo de los Marcionitas, de los Valentinianos, y de otros hereges de su tiempo (3). En fin, el enérgico san Gerónimo estableee, con respecto á esto, la regla siguiente de conducta: “es ne- »cesario vivir y morir en aquella Iglesia que, »fundada por los Apóstoles, existe aún hoy. »St oís, pues, hablar de algunos cristianos, »cuyo nombre viene, no de Jesucristo, sino »de algun otro fundador, como de Marcio= : (1) De Vera Religion, c, % (2) Commonit. adv. Heres, C. ha (3) Advers, Triphon,
(76) la América Meridional, habitado por millones de indios convertidos, igualmente que por españoles y portugueses, puede mirarse como Católico ; lo mismo puede decirse del Imperio de Mégico, y reinos confinantes en la América septentrional, comprendidos en ellos las Californias, la isla de Cuba y de santo Domingo. La Luisiana y el Canadá son casi enteramente Católicos, y en los Estados- Unidos la Religion Católica, con sus diversos establecimientos, goza de entera proteccion, y se propaga infinitamente. = Omitiendo las islas de Africa habitadas por Católicos, como Malta, la Madera, las de Cabo-Verde , Canarias, las Azores, la isla de Francia, Gorea, Xc..... hay ademas establecidas numerosas Iglesias Católicas, organiza= das bajo sus respectivos Pastores en Egip- to, Etiopia , Argél, Túnez, y en los otros Estados de la costa septentrional de Berbería; y en la occidental en todos los establecimientos portugueses , particularmente en Angola y en el Congo; y aun en la costa oriental las hay muy numerosas, especialmente en el reino de Zangiiebar y en Monomotapa. = Vense tambien una grande multitud de Sacerdotes Católicos, y muchos Obispos con numerosa grey, en la mayor parte
(77) del Asia. Todos los Maronitas de las cercanías del monte Líbano, con sus Obispos, Sus Sacerdotes y Monges, son Católicos: entre los Armenios, Persas y demas reinos y provincias vecinas se hallan igualmente muchísimos (1). En todas las islas y estados que han sido ó estan aún bajo la dominacion de los españoles y portugueses, la mayor parte, y en algunas la totalidad de los habitantes son convertidos á la Fé Católica. La poblacion entera de las Islas Filipinas, que sube á dos millones, lo es en un todo. La diócesis de Goa contiene 400.000 Católicos. En la península de la Iadia, de mas acá del Ganges, á pesar de la influencia y poderío que egerce allí la Inglaterra , es tan grande el número de Católicos, que ha escitado el celo y las quejas del misionero protestante doctor Buchanan (2). En un estado remitido últimamente al Parlamento, se dice, que en Travancor y en Cochin hay un Arzobispado y dos Obispados Católicos; uno de los cuales tiene 35.000 almas de a cd (1) Véase 1'Etat de la religion Catholique dans V'univérs , par Sir R. Steel, ¿es cian Researches in Asia, pág. 133, Mem, Liccles ),
(78) comunion (1). Hay asímismo una muchedumbre grande de Católicos con sus Sacer=- dotes y Obispos en todos los reinos y esta= dos de mas allá del Ganges, con particula= ridad en Siam, en la Cochinchina, en Tunquin (*), y en las diferentes provincias del Imperio Chino: debiendo añadir á este propósito, que ninguna de las que se dicen grandes sectas protestantes, ha sido nunca mas numerosa, ni ha estado mas estendida que lo está al presente la Iglesia Católica; y que por el contrario, esta ha sido antes la Religion de los paises que todas ellas habitan. Lo mismo puede decirse de los Griegos cismáticos, y en algun modo tambien de los Mahometanos. Bajo este punto de vista era (1) Carta del doctor Keer, citada en la última discusion del Parlamento sobre la Cuestion Católica. : (*) Hubiera sido de desear que los Procuradores dominicos de Filipinas hubiesen publicado las cartas verdaderamente edificantes de sus Misione— ros en Tunquio y Cochinchina, para que todos se penetrasen del estado de la religion en aquellos paises; y tal vez el fervor de aquellos nuevos Cristianos dispertaria el casi amortiguado de los Europeos, si no hacia temer que se trasladase allá por nuestros pecados la fé de Jesucristo,
(79) como debia el doctor Marsh instituir la comparacion entre la Iglesia Anglicana y la Romana (1); 6 mas bien /a Iglesia Católica en comunion con la. Silla de Roma. En el ínterin su cohermano el Obispo de Liucola nos asegura , “que los artículos ode la liturgia de la Iglesia de Inglaterra no »son conformes con los sentimientos de los » grandes reformadores del Continente, ni »con los Símbolos de ninguna de las Igle- »sias protestantes establecidas en él (2).” Y por lo que respecta á esta Iglesia misma (la Anglicana ); nada sería mas inconsiguiente que atribuirle la mayor parte de ia poblacion de nuestras dos islas; porque si se deducen los Católicos de Irlanda (*), los Pres- (1) Véase su cuadro comparativo de las Iglesias de Inglaterra y de Roma. - 65 Mandement en 1803. *) Es decir, las dos terceras partes de la po- “blacion. En la misma Inglaterra se cuentan cuatro Obispos Católicos, con varios Vicarios generales á sus órdenes, que tienen distribuido el pais como Vicarios apostólicos en cuatro grandes distritos; en ellos hay 372 capillas con 379 Misioneros; ademas . 22 colegios ó escuelas Católicas, comprendiendo los dos colegivs escoceses, el colegio de benedictinos de Douai, y el de dominicos de Bornheim,
(80) biterianos de Escocia, los Metodistas- y otros Disidentes de Inglaterra, igualmente que esa inmensa poblacion, que no tiene ni hace profesion de ser de religion alguna, ¿á qué vendrá á reducirse la Iglesia Anglicana? ¿qué absurdo no sería en ella figurarse el ser Iglesta Católica? Ni son estas solas las deducciones que habria que hacer entre sus - secuaces, así como en las de todas las otras sociedades separadas de la verdadera Iglesia; «pues no habiendo mas que un solo Bautismo , todos los niños que han sido debidamente bautizados en estas sectas, y todos los cristianos ¿nvenciblemente ignorantes que adhieren á ellas esteriormente , en realidad pertenecen á la Iglesia Católica, como lo hemos demostrado en otra parte (*). En fin terminaremos este asunto como un hermoso pasage de san Agustin, que puede aplicarse tan bien á los sectarios de este siglo, como á los del en que el San- to vivia, “Hay en todas partes, dice, here- » ges, pero no los mismos hereges: diversa » especie son los de África que en el Oriente; »una tercera clase es en Egipto, y Cuarta en PA AP 5 5 PPP. (*) Véase el Catecismo de Feller, nm, 411, respuesta 2.
» partes los mismos (1).” (81) Mesopotamia, y cada una: de ellas diferente »segun los diversos paises, aunque todas. na- »cidas de una misma madre; á saber, de »la soberbia. Los Católicos tambien son to- »dos hijos de una comun madre, es de- »cir, de la Iglesia Católica; pero aunque »estendidos en todas partes, son en todas , Esto debe bastar respecto á las personas; pero es aun mas necesario que la yerdadera Iglesia sea Católica 6 Universal en Cuanto al ¿empo, que en cuanto al número 6 localidad. Porque si ha habido jamas una época, desde su fundacion, en que ella haya faltado, sea predicando el error ó enseñando :el vicio, entonces faltaron las promesas del Todopoderoso en favor del hijo de David y del reino del Mesías, consignadas en los Salmos (2), y en las Profecias de Isaías, Jeremías y Daniel (3), faltaron las promesas aun mucho mas claras de Jesucristo hechas á la Iglesia y sus Pastores (4): en (1) Lib. de Pact. c. 8, (2) Psalm. 88, 8g, Ge, Mi o cap. 54, 59 - Jerem, JE) 31? DA ? . $ Matth. 13, 15, 28, 19, 20. om. XIII. 6
- (82) “una palabra , entonces el mismo Símbolo, ue es el objeto de nuestra discusion actual, es falso (1). Sobre este punto se han visto siempre estrañiamente embarazados los protestantes instruidos y envueltos en las contradiciones mas palpables. Una gran parte «de ellos ha sostenido que la Iglesia en los siglos pasados faltó enteramente, y se hizo una Sinagoga de Satanás; y que su primer Pastor, el Obispo de Roma, era y es aún (en su concepto) el hombre de pecado , el verdadero 4nte-Crísto; pero no han podido convenirse jamas sobre la época en que efectivamente 'se verificó esta revolucion, la mas notable de cuantas habria habido desde que el mundo existe: tampoco indican los autores ni los advefsarios que hubo, ni el medio estraño por donde los primeros llegaron á persuadir á tantos millones de personas diferentes en nacion, en lengua, en intereses en toda la cristiandad, que abandonasen la que creian pura Religion que habian recibido de sus antepasados, para abrazar un sistema muevo y erróneo que sus adversarios llaman hoy Papístico. En una palabra, no hay otro medio de dar cuenta de o (1) Creo la Santa Iglesia Católica, A
(85) esta pretendida mutacion de Religion , Sea la que se quiera la época en que se fije, que suponer, como ya antes hemos dicho, que una noche todos los cristianos se acostaron protestantes, y á la mañana despertaron Papistas. Es evidente que la Iglesia que está en comunion con la Silla Romana es la primitiva, así como es la mas numerosa : en es- to no cabe duda, bajo cualquier aspecto que se mire. A falta de otros testigos las piedras mismas de las paredes. clamarian, -se- gun la espresion del Profeta (4), para atestiguarlo; sí, nuestras venerandas Catedrales (*) y demas Iglesias edificadas por manos católicas y para el culto católico , tan opuesto al que se practica en ellas hoy. por los protestantes, proclaman que nuestra Iglesia es la antigua y primitiva. Esto mismo se vé, si cabe aún, mas. claramente en los bistoriadores eclesiásticos, así en los de nuestra nacion, como de las demas. El venerable Beda, en particular, atestigua (2), que un A AA) (1) Habacuc 2 y 2. (*) Habla de Inglaterra, y entiéndase de los demas estados protestantes, (2) Hist. Eccl.
(8£) amisiónero romano ( san Agustin de Cantor- «bery) y sus compañeros, convirtieron á fi- “mes del siglo VÍ á los Sajones, nuestros an= tepasados, á la creencia del primado ó supre- -macía del Papa, de la transubstanciacion, del sacrificio de la Misa, del purgatorio, de la «invocacion'de los Santos; y de las demas doc= Arinas y prácticas católicas, en lo que convienen generalmente los protestantes instruidos (4). «Y siendo estos misioneros de la misma fé -y religion no solo que: los Irlandeses, Pic- -40s y Escoceses convertidos cerca de doscien- -1os añios antes, sino tambien: que los Breto- -nes y habitantes del pais de Gales que eran eristianos desde el segundo siglo, sin diferenciarse en mas que en la época 6 dia de la celebracion de la Pascua, y alguno que otro punto de poca importancia, resulta cla- “ramente que, en los tiempos remotos de que acabamos de hablar, la Religion Católica era la de la Iglesia de Inglaterra. ='Pero las pruebas mas demostrativas de la antigúedad y soriginalidad, «si es lícito espresarse así, de nuestra Religion, se hallan en el cotejo que se puede hacer de ella con la que se vé pro- o a a (1) El Obispo Bale Humphreys. — Centurias Magdeburg. . A
(85) fesada en las obras de los: antiguos Padres.. Hubo un tiempo en que algunos protestan= tes distinguidos, principalmente en este pais, se esforzaron á contar álos:santos Padres por de su partido. Entre todos se. distinguió, sobre este particular Sewel, "Obispo de Sa-. lisbury, quien no solo se atrevió á gloriarse. de que estos venerables testigos de la doctrina primitiva eran generalmente . suyos, sino que legó á desafiar públicamente á los católicos en estos términos. Muéstrennos »un solo Padre, un Doctor, una frase en »sus obras, dos líneas que esten á su favor, » y nos damos por vencidos (1). No obstante, esta vana jactancia, Ó IMas bien esta asercion deliberada contra una «verdad reconocida, no sirvió sino de escandalizar á los protestantes prudentes é instruidos, de que es buena prueba el doctor Humphreys, quien se quejó altamente “de que por esta con= »ducta habia dado motivo á los justos vitu= »perios de los Papistas, y vendido su causa » y la de la Iglesia Protestante (2) En efec- (1) Sermon de Jewel en san Pablo, y sus.respuestas al doctor Colé. (2). Vida de. Jewel, citada por Walsingham en su escelente obra Investigaciones en las male rías de Religion, p3g. 172.
(92) mita igualmente á4.los Judíos, 4 los Mahome-: tanos y aun á los Gentiles, y los reconozca por tan buenos protestantes como lo es él mismo, ] En fin, vuestro amigo termina:su carta por.una larga disertación, en la.cual se-pro- pone probar que, silos católicos podemos gloriarnos de la antigiiedad y de la: perpetuidad de nuestra Iglesia en los tiempos pa-. sados, nuestro triunfo debe cesar bien pron- to por la estincion de esta Iglesia, ácausa de la persecucion que sufre al presente en * la Francia y en las otras partes del continente (1); como tambien por la “prepouderancia de los gobiernos .protestantes en Europa, particularmente el.de muestro propio pais, quien en su dictámen está casi tan juteresado en destruir el Papado como al. Jacobinismo (*).=A esto ¿qué hemos de de- (1) El Autor escribia esto en los años de la revolucion francesa, y Y (*) Es necesario verlo para creer el odio de la heregía á la Religion Católica. Siempre han sido los sectarios lo mismo: piden, ruegan, suplican, conjuran por el Dios de la paz, que nos sufre y tolera á todos, que hace llover sobre justos y pecadores á que se les tolere: pero en siendo admitidos, en sobreponiéndose un poco, dejando en paz
(93) cir? Veo y loro la persecución anti-católica que se ha egercido y egerce aún en Francia y en los estados que de ella dependen, donde la órden del día clara y manifiestamente es descatolízar al pueblo. Esta persecucion ha sido precedida de otra, menos sanguinaria sí, pero no menos anti-católica; á saber, las reformas del Emperador José. IL. y.de sus hermanos en Alemania y en Italia. He o1- do sobre el particular los aplausos que se daban, y las amenazas de los WVranghams, Coetlogons, Towsons, Bichenos, Ketts, Fabers, Daubenys (1), y de otra turba de declamadores predicantes y escritores, algunos de los cuales proclamaban que la Babilonia romana está ya á punto de caer, y otros que ya ha caido (*). Pero aun cuando debiesen todas las sectas, persiguen con furor á los Católicos. Sistema que ha pasado á los errantes en los tras = tornos políticos. Al fin hijos de unos mismos padres. - (1) Estos escritores son por la mayor parte poco conocidos entre nosotros, y no debemos sentirlo mucho. Mas sabidas son las blasfemias de Ceruty, Gregoire y otros, que amenazaban á los romanos de que el último de los Papas era Pio VI, «c., ác., en lo que acreditaron su furor y su odio, (*) Tambien por desgracia el pocta Quintana
(94) ser cortadas por el hierro de la persecución muchas mas ramas vivas de la yiña mística de la Iglesia, y caerse por. su propio peso otras podridas ;* mo tengo el menor temor de la subsistencia y vida del árbol mismo (1), pues osó escribir el infame periodo: ¡ Ay del alcázar... [ pero á despecho suyo, y de toda la cabala infernal, subsiste y subsistirá eternamente. Lo dijo Dios, y sus palabras no pasarán. Porte inferi non prevale— bunt adversus eam. (1) Despues de escrita la presente carta, se han verificado muchas circunstancias que han probado la falsa política de nuestros gobernantes en procurar debilitar, y suplantar la Religion de sus fieles y piadosos súbditos católicos. Entre otras determinaciones tomadas en el particular, pueden. citarse las últimas instrucciones enviadas al gober= nador del Canadá, provincia católica, la única que permaneció fiel en el momento de la prueba, cuando todas las provincias protestantes abjuraron su dependencia. Se puede citar igualmente la carta del doctor Kerr, primer capellan del Fuerte-San- Jorge, de la cual se hizo mencion en la última relacion al Parlamento. Carta donde se hace ver que los católicos en aquella provincia convertian generalmente todos los años cerca de trescientos infieles al Cristianismo, y aun que habia alguna verosimilitud de que pudiesen llegar á convertir á algunos de los gefes iudios; pero que nuestro gobierno ha tomado medidas para impedirlo, De este modo el culto infame del mismo Juggernaut es preferido á la Re- A
(95) la verdad divina responde de su permanencia ínterin duren el sol y la luna (3); Y la esperiencia de diez y ocho siglos ha confirmado nuestra fé en estas promesas divinas. Durante este largo intervalo se han levantado y, acabado varios imperios y reimos; los habitantes de todos los paises se han variado muchas veces; en una palabra, todo ha mudado, escepto la doctrina y la jurisdiccion de la Iglesia Católica, las cuales permanecen y, se conservan hoy cuales las dejó Jesucristo y A A O A TE ligion que convirtió y civilizó á nuestros anlepasados. Juggernaut, segun lo que nos dice el doctor Buchanan, es un ídolo enorme, en derredor del cual estan esculpidas las imágenes mas obscenas), y que es públicamente adorado delante de millares de personas, con canciones obscenísimasy ritos con= tra la naturaleza, demasiado indecentes para po-= derse describir. Está colocado sobre un carro, bajo cuyas ruedas se apresuran varios de sus ciegos adoradores á meterse, para que pase por cima de ellos y los oprima: este culto infernal es no solamente permitido , sino sostenido y conservado por el gobierno inglés en la India; porque recibe un tribu-— to de cada uno de los que asisten á él, y paga tambien los gastos, que suben, segun el doctor Bucha= nan á 8.700 libras esterlinas ( 809,100 rs. ) por año , comprendidos los gages de las prostitutas , dc. (Y Buchanan es un anglicano). (1) Ps. 89.
(96) sus Apóstoles. En vano, por el espacio de tres siglos, Roma pagana empleó todas sus fuerzas para anegarla en su sangre; en vano. el Arrianismo y otras heregías Minaron sus fundamentos durante otros dos siglos; en yamo las hordas de los bárbaros bajando del Norte, y los Mahometanos subiendo del Mediodia, se esforzaron á destruirla: en vano Lutero juró que sería su ruina (1): ella ha sobrevivido á sus enemigos y á muchos otros igualmente formidables, y sobrevivirá tambien al furor y á las maquinaciones de una filosofía anti-cristiana, aunque dirigidas esclusivamente contra ella; eschusivamente, sí, pues ni una sola gota de sangre protestante se ha derramado en esta persecucion impía (*). Por último, á pesar de las suposiciones de Mr, Clark, no hay apariencia de que esta Iglesia (1) Lutero mandó que se gravase sobre su se= pulcro este epitafio: Pestís eram vivens , moriens ero mors tua , Papa. (*) La heregía, predicando la tolerancia, abre los brazos al Filosofismo y al Deismo, y fraterniza aun con la Sinagoga; solo los católicos son los únicos que no pueden hallar gracia ante los ojos de unos y otros; la impiedad con la esperanza de aca= bar con la Iglesia, se ha unido com todos los que protestan contra la Iglesia,
(97) que en un solo reino ha podido dar 4 un tiempo veinte y cuatro mil mártires y Sescn= ta mil confesores, que voluntariamente se han abrazado con el destierro, esté para su= cumbir á la violencia esterior ó á la debilidad interior suya. San Juan Crisóstomo, haciendo alusion á las tentativas entonces re= cientes del Emperador Juliano, de desmentir las profecías de Daniel por la réedificacion del templo de Jerusalén, decia : “Ved el templo de Jerusalen; Dios le des= »truyó; ¿le han podido los hombres reedi- » ficar? Ved la Iglesía de Jesucristo; Dios vla edificó; ¿han podido los hombres des- »truírla?” Si el Todopoderoso permite alguna vez que una de las Comuniones pro- —testantes sufra una persecución semejante á la que hemos visto egercerse contra la Iglesia Católica en el continente, ¿cree vuestro amigo que mostraria ella la misma: constancia en sufrir por sus dogmas, que ha mostrado la Iglesia por los suyos? Mas ¿porqué dogmas sufririan los protestantes el destierro Ó la muerte, cuando sin persecución alguna todos han abandonado en alguna manera su creencia primera, por la intertidumbre de su regla de fé y su propia inconstans Tom. X11I, | 4
(uo): cia natural (*)? Las leyes humanas y el interés pueden conservar la apariencia esterior ó el puro esqueleto de una Iglesia, como lo dice uno de vuestros teólogos; pero si sus A - (*) Especialmente desde el medio siglo que acaba de pasar, dice el Baron de Stark, el protestantismo ha degenerado de sus primeras instilu— ciones, ea términos que Lutero y Melancton no le conocerian. El famoso (Gregoire en el tomo 2.2 de la Histoire des sectes religicuses (pág. 181), no ha dudado espresarse asi: “Los Protestantes actuales » casi en nada se parecen á los del siglo XVI; por »que la identidad del nombre no establece la con »formidad de la doctrina. Si Lutero y Calvino vol- » Viesen hoy sobre la tierra, quedarian sorprendi- »dos de no ser de la religion de los que tomaron » de ellos su nombre. ? Este modo de pensar es con forme al de todas las personas instruidas en la an— tigua doctrina de los Protestantes, y de las que hoy reinan entre ellos, Tabaraud confiesa ingenuamen— te, que las antiguas confesiones de fé en las Iglesias reformadas de Francia, Ginebra y Suiza, y lo mismo en las Luteranas, gozan de algun crédito, y sirven para los que solicitan alguna predica ó cátedra de instruccion, y conlinúan en ser miradas como conservadoras de: la [é y culto; pero que el modo de interpretar los dogmas ha sufrido grandes 'mutaciones. 'Prembley en su Etat present du Christianisme, pretende '“no solo que los pro= atestantes han dejado ya de serlo; sino que añade A A A A A
(99) pastores y doctores démpstrasen por sus es ritos públicos, que no sostenian ya los artículos primitivos y fundamentales, ¿se podria dejar.de pensar con uno de vuestros dignidades, que la Iglesia propiamente tal ya no existia entre ellos (1)?=5Soy con el mas profundo respeto, Xc. J. M. € ___ _ _______ KA CARTA XXVIL áÁ James BROWN. Apostolicidad de la Iglesia Católica, La última de las cuatro Notas ó caractéres distintivos de la Iglesia mencionados en nuestro Símbolo comun, es la 4postolici- »formalmente, que nn musulman que admitiese los »milagros de Jesucristo, estaria mas próximo en »la fé á los cristianos, que lo estan hoy los doc= »tores modernos del Protestantismo, ”, (Conferences de Stark, p. 65, 66, 67). (1) Confessional, pág. 244. »
(300) ad. Católicos y protestantes uniformemente decimos y declaramos en nuestras solemmnidades: El unam Sanctam, Catholicam, et Apostolicam Ecclesiam: Yo creo la Iglesia Una, Santa, Católica, Apostólica. Las últimas palabras de Jesucristo á sus Apóstoles fueron: Id, instruid á todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; y mirad, yo estoy con vosotros hasta la consumación de los siglos (Matih. 28,20). El suceso ha probado que la vida de los Apóstoles no podia. pasar el término ordinario de la vida humana; y asi, la comision de predicar y administrar los sa= cramentos, y la promesa de la asistencia divina, que iba unida á esta mision, miraban no menos á' los sucesores que á los Apóstoles mismos. Esto prueba que debe haber una série no interrumpida de sucesores de Jos Apóstoles en todas las edades desde su tiem= “po; es decir, sucesores en la Doctrina, en su Jurisdiccion, en el Orden y en su Mision. De: donde se sigue que toda sociedad religiosa, que no pueda mostrar su Sucesion en estos cuatro puntos hasta los Ápóstoles, no tiene derecho alguno al título característico de 4poslólica, LAA E A A A AID ANS IRA
(101) Conforme á-esto se vé en todos los si= glos á los Padres y Doctores de la Iglesia apelar á esta nota de sucesion apostólica, para probar que ellos pertenecian á la verda-_ dera 1 glesia de Jesucristo. San Treneo, Obispo de Leon, Y discípulo de san Policarpo, que lo. era de san Juan Evangelista, y parece haber sido ordenado por él, se vale frecuentemente de este argumento contra los hereges de su tiempo. “Nosotros, dice, po- » demos contar los que han sido hechos Obis- » pos en las Iglesias por los Apóstóles y sus »sucesores, desde su tiempo hasta el nues- »tro, y de los cuales ninguno ha enseñado »esa doctrina; mas como sería muy largo >iudividualizar Ja sucesion de los Obispos »en las diferentes Iglesias, Os remitimos á la » Tradicion de la mas principal, la mas gran- » de, la mas antigua y mas universalmente Co= » nocida de todos, Ja fundada en Roma por »san Pedro y san Pablo, y que ha sido con- »servada por la sucesion de sus Obispos has- > ta nuestros dias?? Y en seguida cita los nombres de los Papas hasta san Eleuterio, que vivia entonces (1). Tertuliano, que vi- A A NS JU OE E (1) Lib, 3, advers, Haret, e. 3,
(108) en el órden de la Gracia, como los del órden de la naturaleza, que he indicado en una carta anterior, es un testimonio divino en favor suyo. Hablando de lá conversion de los gentiles; mo puedo menos de recordar á vuestra sociedad, que nuestra Patria las dos veces que ha sido arrancada al paganismo, ¿Jo ha sido por los trabajos apostólicos de los misioneros, que nos fueron enviados por la Silla de Roma. La primera conversion fue en.el siglo segundo, cuando el Papa V. Eleuterio envió para este fin á Fugacio y Duviano á los antiguos Bretones :ó Galeses, en E IRTE SEA A MA podeis hacer: los diéz millones de egemplares de la Biblia, espareidos por todas las sectas prolestantes, no desmienten jamas este oráculo de la sabiduría misma. Preinta años ha que los misioneros protestantes se dejaron ver en la India; desde esta épo— ca han esparcido allí mas de un millon de ejemplares de los Libros Santos; y á pesar de eSO y. por confesion del mismo periódico suyo que publican en Bengala (The Friend of India), no cuentan aun” á duras penas mas que mil prosélitos. Dos siglos ha que un pobre misionero católico, con solo la cruz en la mano, recorrió estas mismas regiones, y en * el espacio de diez años predicó la fé en cincuenta y dos reinos, enarboló el estandarte de la salvacion en una estension de tres mil leguas de pais, y bautizó por su mano cerca de. un millon de infeles. No, por mas que hagan, á pesar de los pode-= i
e (109) tiempo de su Rey 6 gobernador Lucio, segun nos lo refieren Beda y los otros historiadores. La segunda conversion fue la de nuestros mayores inmediatos, los Anglo- Sajones y los Anglos, por 'san Agustin y sus compañeros, quienes á fines del siglo VI, fueron enviados de Roma para esta obra apostólica, por el Papa san Gregorio el Grande. En fin, vereis en el presente cuadro una série de los desventurados hijos de la Iglesia, que en vez de escuchar sus doctrinas, “como debian, han tenido la osada presunción de reformarlas ; y perdiendo así el jugo y a rosos esfuerzos de los ingleses, y demas propagan= distas, la heregía jamas llevará los frutos que la verdad católica. Una rama cortada carece del jugo de vida, y mal podrá comunicarla ; lo que co-* municará será la infeccion de que está impregna da, como en efecto sucede: estremece, y horroriza lo que se nos refiere en las Cartas de aquellos paises de los escándalos de los prosélitos de los mi= sioneros bíblicos : ellos mismos han tenido que arrojar de sus imprentas á los nuevos obreros que empleaban en ellas. Un discípulo de Lutero, que no pedia á Dios sino muchas mugeres, y pocos hi- Jos; ¡para quien el comercio carnal era una necesia dad como el comer! ¿qué virtud, qué pureza, qué costumbres ha de inspirar ? Mi currebant , sed non ex me, :
(410) savia vivificante del tronco paternal, se han secado y caido de él, como ramas muertas. Es la nota bastante estensa para detenerme mas en esta. =Soy, Se. : J, M. E a _—_ > Vota ó cuadro abreviado de la Sucesion apostólica de los Romanos Pontífices, Ke ., £c,, adjunto ú la carla anterior, Siglo Y. Despues del nacimiento de Jesucristo, este Mesías tan esperado fundó el reino de su san= ta Iglesia en Judea, y eligió sus Apóstoles para propagarla por toda la tierra. Puso al frente de ellos, y como cabeza de todos á Simon, como el centro de union y el primer pastor, dándole el car go de cuidar y apacentar su rebaño todo, asi las ovejas, como los corderos. Dióle las llaves del reino del Cielo, y mudó su nombre en el de Pedro, que significa Piedra, añadiendo: sobre esta piedra edificaré yo mi Iglesia, Ensalzado en estos términos san Pedro, estableció primeramente su silla en Antioquía, ciudad principal del Asia, desde donde envió á su discípulo san Marcos á establecer y gobernar la silla de Alejandría, ciudad principal del Africa; y despues trasladó su propia Silla á Roma, capital de la Europa y del mundo, En esta ciudad, habiendo juntamente con san Pablo selado su fé y el Eyangelio con su sangre, trans-
(144) mitió sus prerogativas á san Lino , de quien pasa= ron en sucesion á san Cleto y á san Clemente. = n= tre los otros doctores que ilustraron este siglo, de ben ponerse ante todos, los demas Apóstoles, y lue— go san Marcos, san Lucas, san Bernabé, san Ti- ' moteo, Tito, Hermas, san Ignacio Obispo de An— tioquía, y san Policarpo de Smirna. En los pocos escritos que nos quedan de ellos, se vé espresa la necesidad de la unidad y de la sumision á los Obispos, la Tradicion, la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía, el sacrificio de la Misa, la vene— racion de las Reliquias, Gc. = Ádemas de las par tes ya mencionadas, se fundaron iglesias en.Samaria, en la Asia menor, en Armenia, en la India, en la Grecia, en el Egipto, Etiopia, la Hta— lia, la España, y las Galias. Mas ¿quién lo diria? en este mismo siglo apostólico, y á los ojos, por de— cirlo asi, de los mismos Apóstoles , algunos orgu= llosos novadores pretendieron reformar la doctrina que ellos enseñaban : entre ellos se encuentran Simon Mago, Himeneo y Phileto, los incontinen— tes Nicolaitas, Cerinto, Ebion y Menandro (1), Siglo IL. La séric de los primeros pastores en la cátedra de san Pedro se continuó y conseryó en este siglo por los Papas siguientes, quienes por la mayor parte fueron tambien márlires. San Anacle- to, san Evaristo, san Alejandro I, san Sixto [, san Telesforo, san Higinio , san Pío [, san, Aniceto, san Sotero, san Eleuterio, que envió á Fugacio y á Duviano á convertir á los Bretones; y san Victor 1, que ejerció su autoridad contra algunos Obispos de (1) No consta positivamente en qué año fue enviado san Marcos por san Pedro 4 Alejandría: comunmente se cree fueenviado desde Roma; (Véase 4 Orsi, Hist, Escl.1.1,m. 22).
(119) Asia, que celebraban la fiesta de la Pascua fuera del tiempo conveniente. =La verdad del Cristianismo fue defendida por los apologistas Cuadrato, Arístides, Meliton, y san Justino filósofo y mártir; y las heregías nacientes de Valentiniano, Mar= cion y Carpócrales, fueron confundidas: por los Obispos Dionisio de Corinto, y Teófilo de Antio— - quía, en el Oriente; y por san Ireneo y Tertulia— no, en el Occidente. En el mismo tiempo la Igle— sia se estendió por las Gálias, la Alemania, la Scitia y la África y la India, ademas de la Gran-Bre- taMa. . : Siglo II. Los Papas que gobernaron la Iglesia en el tercer siglo, se distinguieron todos por su santidad, y casi todos recibieron el martirio : sas nombres son, san Ceferino, san Calixto 1, san Ur bano I, san Ponciano, san Antero , san Fabian, san Cornelio, san Lucio, san Esteban [, san Sixto Il, san Dionisio, san Felix [, san Eutíquiano , san Cayo y san Marcelino. = Los Doctores mas célebres fueron san Clemente de Alejandría, Orígenes y Minurcio Felix; san Cipriano y san Hipólito, ambos á dos mártires; y san Gregorio Obispo de Neocesárea , á quien sus milagros hicieron dar el renombre de Thaumaturgo. En el mismo tiempo la Arabia, la Bélgica, y muchos distritos de la Gra= lia, fueron casi enteramente convertidos , al paso que Pablo de Samosata, que negaba la divinidad de Jesucristo; Sabelio, que negaba la distincion de las personas de la Santísima Úrinidad; y Novato, que negaba el poder que tiene la Iglesia de perdonar los pecados; igualmente que Manés, que creia dos Principios ó dos Dioses, fueron cortados del árbol apostólico, como ramas podridas. Siglo IV, San Marcelo, primer Papa de este
(413) siglo, murió de los padecimientos sufridos en la prision por la fé: despues de él siguieron san Eusebio , san Melquiades , san Silvestre, bajo el cual se tuvo el Concilio de Arlés contra los Donatistas, y el 1.? general de Nicea contra los Arrianos: san Marcos, san Julio, en cuyo tiempo fue confirmado el derecho de apelacion á la Silla de Koma, san Liberio y san Dámaso. = La Iglesia que hasta entonces habia sido perseguida por los Emperadores romanos , fue alternativamente protegida y oprimida por ellos. En el mismo tiempo se aumentó pro= digiosamente .el número de sus hijos por las innu— merables conversiones en todo el Imperio romano, como tambien en la Armenia, la Iberia y la Abisinia, y su fé fue invenciblemente sostenida por san Atanasio, san Hilario, san Gregorio Nazianzeno, san Basilio, san Ambrosio de Milan, Gc., contra los Arrianos que negaban la divinidad de Jesu cristo, contra los Macedoniamos que negaban la del Espíritu Santo, contra los Aerianos que des= echaban el Episcopado, el ayuno, y las oraciones por los difuntos, y Olros nuevos hereges y cismáticos. Siglo V. Durante este siglo la Iglesia esperimentó grandes peligros y gravísimos trabajos, pero las victorias y los medios por los cuales su divino Fundador la sostuvo, no fueron menos brillantes, Por una parte el imperio romano, aquella cuarta monarquía comparada por Daniel al bierro, fue despedazada por numerosas hordas de Grodos, de Vandalos , de Hunos, de Borgoñones, de Francos y Sajones , que inundaron el mundo civilizado, y parecieron acabar á un liempo, y aniquilar á Ja vez las artes, las ciencias» las leyes y la Religion, Por otro lado diferentes clases de hereges poderoom, XIII, 8
(114) sos y sutiles no omitieron medio para corromper la doctrina Apostólica, é interrumpir la série de los sucesores de los Apóstoles. Entre ellos los Nes= torianos negaban la union de las dos naturalezas divina y. humana en Jesucristo; los Eutiquianos las confundian, los Pelagianos negaban la necesidad de la gracia divina, y los secuaces de Vigi- Jancio ridiculizaban el celibato, la invocacion de los Santos, y la veneracion de las Reliquias. Á estos novadores se opusieron con un valor invencible y con un suceso constante una multitud de santos Padres y de Pontífices ilustres, Los Papas fueron san Inocencio Í, san. Zósimo,, san Celestino, que presidió por sus Legados al Concilio de Éfeso (general 3.9); san Sixto 111, sen Leon el Grande, que presidió al de Calcedonia (4. general); san Hilario, san Simplicio, san Felix III, san Gelasto, san Anastasio II, y san Simaco, Su celo fue vigo= rosa. y poderosamente sostenido por algunos de los mas brillantes ornamentos de la Religion y de la literatura que ilustraron entonces la santa Iglesia, como san Juan Crisóstomo, san (rerónimo., san Agustin, san Gregorio de Nissa, Gc. Por su medio y el de otros varones apostólicos, no solamen— te fueron confundidos los enemigos de la Iglesia, sino estendidos tambien considerablemente los con— fines de la Religion por la conversion de los Prancos y de su Rey Clodoveo, de los Escoceses é Irlaudeses, El Apóstol de los primeros fue san Paz ladio, y san Patricio de los segundos, ambos á dos enviados por la Silla de Roma. Siglo VI, En este siglo, como en todos los otros, la Iglesia tuvo que combatir con los infieles , con los hereges y con los políticgs del mundo; pero en medio de todos sus combates, jamás dejó de recibir
(115) las pruebas ordinarias de,la proteccion divina. Los » Papas se sucedieron en el órden siguiente: san Hormisdas, san Juan T, que murió en la prision por la fé, san Felix. IV, san Bonifacio 1, san Juan II, san Agapito L, san Siloerio, que murió desterrado por la unidad de la lglesia, san Vigilio, san Pelagio I, Juan IL, Benedicto I, Pelagio 11, san Gregorio el Grande, mombre que debe estar y grabado en el corazon de todos los ingleses que sepan apreciar el beneficio del Cristianismo, pues fue el primero que trató de venir á predicar el Evangelio á los Sajones, nuestros antepasados , é impedido por la fuerza, envió para esta obra apos— tólica como diputados suyos á san Agustin de Cantorbery y á sus compañeros. Las otras antorchas de este siglo fueron san Fulgencio de Kuspe, san Cesareo de Arlés, san Lupo de Troyes,-san Ger— man, san Severo, san Grregorio de “Pours, nues tro venerable Gildas, y el gran patriarca de los Monges san Benito. = Los principales hereges que turbaron la paz de la Iglesia fueron los Acéfalos ' y los Jacobitas, cuya heregía era igualmente una | rama del eutiquianismo; los Tritheistas y fauto= res violentos de los Tres-Capítulos, Severo, Eluro, Mongo, Anthimo, y Acacio. Dios permitió tam-= bien que un azote, aún mas terrible que estos, y aun que todos los que la Iglesia habia hasta entonces esperimentado, viniese sobre ella por los progresos rápidos del impostor Mahoma. No obstante, lo que perdió en algunas partes, lo reemplazó en otras por la supresión del Arriavismo entre los Viso-godos de España, y los Ostro-godos de Italia, igualmente que por la conversion de los sg de los Axumitas y de los Ingleses meridionales,
(116) Sislo VIT. La mayor parte de los Papas de este siglo fueron célebres por su santidad, y lo eran: san Sabiniano, Bonifacio III, Bonifacio IV, Deus— dedit, ó Adeodato , Bonifacio V., Honorio I, Seve— rino, Juan IVY, Teodoro, Martín [, que murió en el destierro por..la defensa de la fé: Eugenio 1, Vitaliano, san Agaton , que presidió por sus lega— dos al Vl Concilio general celebrado contra los Monotelitas; Leon 1[, Benedicto IL, Juan V, Conon y Sergio L. —= Entre los Doctores y Santos contemporáneos se cuentan á san Sofronio y san Juan el Limosnero, Obispos, y san Máximo mártir en Oriente; á san Isidoro de Sevilla, san ll= defonso y san Eugenio en España; á san Amando, san Eloy , san Omer ú Oven en Francia, y á san Paulino, Wilfrido, Birino, Felix, Chad, Aidano y Cuthberto en Inglaterra. = El Oriente estaba turbado por los hereges Monotelitas, y en algunas partes por los Paulicianos , que renovaron la detestable heregía de los Maniqueos y aun mucho mas por las incursiones devastadoras de: los mahomelanos, que como un torrente, se derrama ron é inundaron las regiones mas cultas y mas fér= tiles de la Asia y de la África, y acabaron é in= terrumpieron la sucesion Apostólica en las Sillas primitivas del Oriente. Para compensar sus pérdidas, la Iglesia estendió á lo lejos sus raices en los paises septentrionales. Toda la Heptarchia inglesa se hizo cristiana, y esparció el suave olor de Jesucristo en el Occidente. De ella en efecto salieron san Willebrodo y san Swiberto para convertir la Holanda y la Frisia, y los dos hermanos llas mados Ewaldos, que sellaron y confirmaron su doctrina con su sangre. El mártir san Killian, que convirtió la Franconia, era irlandés; pero todos
(117) estos hombres apostólicos recibieron su mision de la Silla de san Pedro. ; Siglo VII. La sucesion apostólica en la Silla de Roma fue conservada en este siglo por Juan VI, Juan VIL, Sisinio, Constantino, Gregorio II, Gregorio HI, Zacarías, Esteban 11, Esteban UI, Paulo [, Adriano Í, que presidió por sus legados al VII Concilio general celebrado contra los lconoclastas , y Leun III. = Los sarracenos pasaron el Estrecho de Gibraltar, é invadieron casi toda la España , haciendo muchos estragos y numerosos mártires, al paso mismo que Felix y Elipando esparcian por el Occidente errores casi semejantes á los de los Nestorianos. = Los defensores Mas Sealados de la Doctrina Católica fueron san German , Patriarca, san Juan Damasceno, Paulo Diácono, el vencrable Beda , san Adhelmo, san Willibaldo, Alcuino, san Bonifacio Obispo y mártir y san Lulio. La mayor parte de estos últimos eran ingleses, y por su medio la Thuringia , Hesse, la Sajonia y utras provincias fueron añadidas á la Jalesia Católica. Siglo IX. El Árbol Apostólico se vió agitado en este siglo por tempestades mas violentas que las or= dinarias y comunes; pero refrigerado ¡por el rocío de la gracia celestial, se sostuvo firme en su raiz, Claudio de Turin reunió en un sistema las here— gías de Nestorio > de Vigilancio y de los Iconoclastas, mientras que Gótescalco por otro lado se es forzaba á inficionar la Iglesia con el veneno de la doctrina Predestinaciana. Un golpe aun mas duro sufrió con el cisma, de los Griegos, ocasionado por la ambicion y resentimiento del hipócrita Fócio; pero su mayor peligro fue el que le hizo correr elpoder irresistible de los musulmanes, enemigos en-
(194) cio VII, Gregorio XII, Alejandro V, Juan XXIII, Martino Y, Eugenio IV, que celebró el Concilio general de Florencia, y recibió otra vez á los Griegos en la comunion Católica; Nicolao Y , Ca= lito LL, Pio II, Pablo II, Sixto IV, Inocencio VIII, y Alejandro VI, — En este siglo brillaron san Vicente Ferrer, que obró innumerables milagros así en el órden de la gracia, como en el de la natu= raleza: san Francisco de Paula, cuyos milagros fueron no menos numerosos , mi menos extraordinarios; san Lorenzo Justiniano , Patriarca de Venecia, san Antonino, Arzobispo de Florencia, san Casimiro , Príncipe de Polonia , el venerable 'Tomas de Kempis, el Doctor Juan Gerson, Thomas Waldense, Alfonso Tostado, el Cardenal Jimenez de Cisneros, Gc. = En este tiempo se añadieron á la Iglesia las islas Canarias, como tam= bien en gran parte los reinos de Congo y de An= gola, y otros grandes paises en África y Asia, por donde quiera que los portugueses se establecieron. Los cismáticos Griegos, igualmente que los Árme= nios , estuvieron por algun tiempo incorporados en el Arbol Apostólico. Estas conquistas fueron balanceadas por los errores y la violencia de las dife - rentes sectas de Husitas, y por los dogmas abo-= minables y prácticas criminosas de los Adamitas, y otros restos de Albigenses. Siglo XVI, Este siglo fue distinguido por esa. furiosa tempestad que vino del Norte y despojó al rbol Apostólico de tantas hojas y ramas en esta parte del mundo, Un fraile orgulloso y apóstata, despechado por ver humillado su amor propio ¡qué principio para una Reforma!), Martin Lutero, juró la destruccion del árbol mismo, y Se estorzó 4 plantar en su lagar una de estas ramas
(195) separadas. Pero como no hay consejo contra el Se- Mor, sus esfuerzos fueron vanos; porque el tron= co principal estaba sostenido por el brazo del Todopoderoso , y las ramas arrancadas de él, dividién— dose en innumerables fragmentos, se secaron » asi como habia sucedido antes á todas las' ramas del mismo modo separadas. Sería imposible hacer la enumeracion de todas estas sectas discordes entre sí; las principales entre ellas fueron las de los Luteranos, los Zuinglianos, los Anabaptistas, los Calvinistas, los Anglicanos, los Puritanos y los Socinianos. = Al mismo tiempo el tronco del Ar— bol Apostólico llevó los Pontífices siguientes: Pío III, Julio II, que celebró el quinto Concilio de Letran; Leon X, Adriano VI, Clemente VII, Paulo LIL, Julio IT, Marcelo 11, Paulo IV, Pio IV, que terminó el Concilio de Trento, donde doscientos ochenta y un Obispos condenaron las noveda= des de Lutero, Calvino, áec.; san Pio V, Grego rio NIIE; Sixto V, Urbano VII, Gregorio XIV, Inocencio LX, y Clemente VIII. Las otras columnas y defensores de la Iglesia Católica y Apostólica con= tra los ataques que se le daban, fueron en Inglaterra Fisher, Obispo de Rochester, Tomas Moro, canciller, Cuthberto Maine, y otro millar de Sa—- cerdotes y Religiosos que sufrieron el martirio ba= . jo los reinados de Enrique VUL é Isabel, por su adhesion á la fé; los Cardenales Polo, Osio, Caetano y Allen; igualmente que los escritores Eckio, Cochleo, Campion , Parsons, Stapleton, Sic. ; y esa constelacion de Santos que se dejó ver entonces, san Cárlos Borromeo, san Cayetano de Thiene, san Felipe Neri, san Ignacio de Loyola, san Francisco. de Borja, Santa Teresa de Jesus, san Juan de Dios, san Luis Beltran, Gc., G«c. En una palabra, las pérdidas causadas por la borrasca del
(196) Norte fueron ámpliamente compensadas para la Islesia con las conversiones innumerables hechas en el Nuevo mundo, y.en el de Oriente. Solo san Francisco Javier predicó: la fé en cincuenta y dos Reinos ó Listados independientes, y bautizó por su propia mano un millon de convertidos en la India en tl Japon. San Luis Beltran, Martin de Valencia, y Bartolomé de las Casas, con los misioneros que los acompañaron, convirtieron casi todo el Mégico; se hicieron tambien grandes pro= gresos en la conversion de los Brasilianos, costando empero estas y las otras misiones católicas la vida á muchos de los predicadores, que padecieron el martirio. David, emperador de la Abisinia, con muchos individuos de su familia, y otros súbditos suyos, se reunió entonces á la Iglesia; y Puiika, patriarca de los Nestorianos en Asiria, vino 4 LKo-= ma para unir al centro de la unidad y de la verdad las numerosas iglesias que gobernaba. Siglo XVIL. Las sectas de que acabamos de hablar estaban al principio de este siglo en su pleno vigor; y aunque diferentes entre sí casi en todas las cosas, unian sin embargo sus fuerzas, bajo el nombre general, de Protestantes, para trastornar la Iglesia eterna de Jesucristo. Sin embargo, todos estos esfuerzos á la manera de las olas del mar agitado, vivieron á estrellarse contra la roca sobre la cual estaba edificada. Ellas se debilitaron por la guerra civil y nuevas divisiones. Los Luteranos se dividieron en Diaphoristas, y Adiaphoristas; los Calvinistas, en Gomaristas y Arminianos; y los Anglicanos en Episcopales, Presbiterianos , Indepen= dentes, y Cuákeros.= Cirilo Lucar ensayó enton- Ces vanamente ganar á las Iglesias griegas para el Calvinismo; pero sus. esfuerzos no sirvieron sino
(197) para demostrar su inviolable adhesion á todas las doctrinas del Catolicismo que se impugnaban y combalian. Otra tentativa mas: fatal fue la que se mtentó de inficionar la Iglesia misma con el error del Jansenismo; pero los sucesores de san Pedro continuaron durante este siglo resistiendo constan temente á las innovaciones de los Protestantes, al rigorismo de los Jansenistas, y á la relajacion de los Casuistas. Sus nombres en el órden que se su— cedieron, son: Leon XI, Paulo V, Gregorio XV, Urbano VIHL, Erocencio Xy Alejandro VII, Clemente LX, Clemente X, Inocencio XI, Alejandro VIII, é Inocencio XII. Su ortodoxia fue poderosamente sostenida por los Cardenales Belarmino, Baronio, y Du-Perron, y por los Obispos Huctio, Bossuet, Fenelon, Ricardo Smith, y los teólogos Petavio, "Pillemont, Pagi, Tomasino, Kellison, Cressy, %c. = Los Santos canonizados en este siglo mi fueron en menor número que en el siglo anterior, ni menos ilustres; entre otros se celebran san Francisco de Sales, santa Juana Francisca de Chantal, san Camilo de Lelis, san Fidel de Sigmaringa;, mártir, san Vicente a Paulo, Gic. En fin, la Iglesia con tinuó atrayendo á:su seno una muchedumbre de nuevos convertidos en el Perú, en Chile, en la Tierra-firme, en el Canadá, en la Luisiana, €n la Mingrelia, la Partaria, la India, y en una vaviedad de Islas de África y Asia. Tuvo tambien el consuelo de recibir en su comunion á los diferentes Patriarcas de Damasco, de Alepo, y de Alejandría, igualmente que á los Arzobispos antes Nestorianos de la Caldea, y de Meliapou, con sus Cleros. Siglo. XVIII Em fin, hemos llegado con el Arbol apostólico hasta nuestro siglo, La heregía en él ha caido en gran parle en la Indiferencia sci-
(198) niana , y el Jansenismo enla Incredulidad filosófica. Esta última ha hecho una guerra tan cruel á la Iylesia Catolica, y (¡oh gloriosa prueba, nota y señal de la verdad!) á ella sola, como la hicieron en otro tiempo los Decios y Dioclecianos; pero no ha servido sino para hacer visible y demostrar la fuer= za interior de sa constitucion, y la proteccion del Dios del Cielo sobre ella. Los: Pontífices que han resistido á las tempestades de este siglo son, Cle= mente XI, Inocencio XIII, Benedicto XII, Clemente XII, Benedicto XIV, Clemente ATL, Clemente XIV, Pio VI, y al principio del siglo presente, Pio VII (á quien ha sucedido Leon XII que feliz mente reina ).= Entre los otros apoyos y ornamentos modernos de la Iglesia, se puede citar á los Cardenales Tomasi y Quirini; los Obispos Languet, La-Motte, Beaumont, Valero, Chaloner, Hor= niold, VWalmesley, Hay y Moylan. Entre los es= critores se distinguen Calmet, Muratori, Bergier, Feller, Nonnotle, Guence, Gother, Manning, Hawarden, y Albano Butler; y entre los que se han hecho recomendables por su piedad, se cuentan el buen Delfin, su hermana Luisa, religiosa carme= lita, su heroica hija Isabel, su: otra hija Clotilde, cuya beatificación está entablada al presente, asi como las del Obispo Ligorio (ya está beatificado), y de Pablo de la Cruz, fundador de los Pasionis= tas; del venerable Labre y tantos otros Gonfesores y Mártires, «c. En medio de tales persecuciones, la Iglesia Católica no ha descuidado la obra Ápostólica de la conversion de los infieles. Al principio del siglo un infinito número de almas fueron ganadas para Dios por los predicadores Católicos en los reinos de Madure, de la Cochinchina, de Tunquin, y en el Imperio de la China, compren-
(199) dida tambien la península de Corea. Al mismo tiempo muchos Salvages fueron tambien civilizados entre los Hurones, los Miamis, los llineses , y otras naciones de la América Septentrional : pero la con= quista mas gloriosa, por la mas dificil y mas com—= pleta, fue la hecha por los Jesuitas en la América meridional, de los Salvages del Paragúay, del Ura= guay, y del Parana, y de otro sinnúmero de poblaciones, aduares ó rancherías del mismo conti— nente, quienes despues de haber derramado la san— gre de centenares de sus primeros predicadores, al fin abrieron sus corazones á las dulces y consola= doras verdades del Evangelio, y han venido á ser modelos de piedad y de costumbres, no menos que de amor al trabajo, de órden civil y de gobierno, * Acaso nuestros lectores echarán de menos varios Santos y sabios españoles en este catálogo; pero obsérvese que como el autor era imglés procuró presentar particularmente nacionales suyos: nos hubiera sido facil llenar muchas páginas, pero bien se ye que no se trata de dar una historia. El nombre del señor Guerra Obispo de Sigiienza, que llamó la admiracion del mundo con la conversion del Rabino Samuel Peijoot, despues de largas sesiones de controversia, bastaria para honrar otras naciones; y los de tantos Obispos y Prelados perseguidos en los últimos años por los impíos son biem conocidos de todos para que nos detengamos en recordarlos, Tom, XIII, 9
(130) o 0 ERRTA XXIX Á James BrRowN. Apostolicidad del Clero Católico. Al examinar el _4rbol Apostólico, supongo le habreis considerado, y le debeis mirar, como que representa una série no 1n- terrumpida de Pontífices y Obispos que reciben no solamente su doctrina, sino ademas, y de un modo especial, su ministerio, es decir, sus sagrados órdenes, y el derecho Óó jurisdicción de egercerlas directamente de los Apóstoles de Jesucristo. En efecto, en todos los siglos la Iglesia Católica no se ha mostrado menos celosa del sagrado depósito de la doctrina ortodoxa, que de los depósitos igualmente sagrados de la ordenacion legítima , por Obispos que ellos mismos hubiesen sido debidamente ordenados y consa= grados, y de la jurisdiccion válida, 6 divina mision, por la cual autoriza á sus ministros a egercer sus funciones respectivas en
ELIEM tales $ tales partes, respecto de tales ó tales personas, y bajo tales ó6 tales: condiciones, - segun lo que le place ordenar. por los depor sitarios de esta jurisdiccion, Así. es, que lodo pastor católico puede 'con toda verdad y razon decir á sus fieles: “Yo he recibido:el »derecho de anunciaros la palabra de Dios, » y de administraros los Sacramentos que 0S » administro, del mismo Jesucristo; porque »lo he recibido de tal Obispo Católico que »habia sido consagrado por tal Obispo tam- »bien Católico, y aquel por otro que tam- » bien lo era; y así progresivamente por una » sucesion no: interrumpida hasta los Após- » toles mismos; y estoy autorizado para pre- » dicar y celebrar por tal Prelado, quien re- »cibió para este objeto su autoridad del su- » cesor de san Pedro en la Silla Apostólica de » Roma? Hasta el presente, y durante Jargo tiempo, los teólogos mas sabios y escrupulosos de la Iglesia Anglicana, han sostenido sobre estos dos puntos los mismos principios que sostienen y sostuvieron siempre los Católicos, y. no se han mostrado menos firmes que ellos en defender el derecho divino del Obispado y del Sacerdocio. Así en efecto, se vé en las obras del célebre Hooker, que pasa, y puede en verdad conside- , A
(132) rarse como “el mas profundo y exacto de todos, el cual estensamente prueba que “el » ministerio eclesiástico es una funcion divi- » na, instituida por el mismo Dios, de quien » toma su autoridad , y en muy diferente ma- >nera de la que reciben la: suya los Prínci- »pes y magistrados civiles: que es una ce- » guedad criminal no admirar el poder tan »grande de que el clero está. revestido, ó »suponer que algun otro que Dios pueda » darle: que esta autoridad consiste en un »poder sobre el cuerpo místico de Jesucristo » (que son los. fieles ), por la: remision de los * » pecados, y sobre su cuerpo natural en el » Sacramento de la Eucaristía, poder que »la antigiiedad llama potestad de consagrar »el cuerpo de Jesucristo (4). Aun mas, » distingue entre el poder de órden y de jurisdiccion 6 mision, puntos todos sobre los cuales está igualmente apoyado y sostenido por los Cánones y las leyes del establecimien- to anglicano. En efecto, sin hablar de las leyes anteriores, el acta de uniformidad (2) «ordena que ningun ministro podrá obtener ' q 5 p (1) Ecclesiast, Polit. B. V. art. 77. (2) Stat, 13, and. 14, Cat, 2,0, 4,
e. AAN APART A e 2 ATA” MA Y (133) beneficios , ni oficiar en Iglesia alguna, -sin haber recibido la ordenacion 6 mandato del Obispo; y aun exige que haya sido aprobado y facultado para aquel destino y funcion particular. Lo mismo se vé claramente en la Fórmula de promocion de un eclesiástico á un curato (1).= En virtud de este sistema, cuando en Escocia se restableció el año de 1662 el Episcopado, habiendo sido elevados cuatro ministros presbiterianos por el Rey á esta dignidad, los Obispos de Inglaterra se negaron á consagrarlos, ínterin no consintiesen en ser antes ordenados de diáconos y de sacerdotes, renunciando así á su antiguo carácter, que decian sacerdotal, y reconociendo que no habian sido hasta cntonces mas que legos (2). De la misma ma- E (1) Curam et regimen animarum parochianorum tibi commitlimus. (2) Collier's Eccl. Hist. vol. 2, pág. 807. Pare— ce por la misma historia que otros cuatro minis - tros escoceses, que se habian antes dejado consagrar Obispos, fueron por esta razon escomulgados pecados por su Iglesia. Pieces, n. 113. * Los resbiterianos , como no reconocen la dignidad episcopal , no habian sido: ordenados Presbíteros por Obispos; y asíaunque se llaman tales, en realidad no lo eran sino simples legos,
(440) objecion. que le hacian de que no habia sido consagrado: efectivamente, por el espacio de doscientos años se Hat buscado en vano las. pruebas de su consagracion. En segundo lugar, parece evidentemente por los libros de movia que se conservan aun, que los Doctores católicos Harding, Bristow, Stapleton, y el Cardenal Allen, que habian estudiado con los primeros Obispos protestantes en tiempo de la. Reina Isabel, y que los conocian íntimamente, sobre todo á Jewel, Obispo de Salisbury, y á Horne, Obispo de Winchester, constante= mente les echan en cara en los términos mas espresos, que no babian sido consagrados; sin que jamas ellos en sus voluminosas respuestas reclamasen ni refutasen dicha acusación, contentándose con ridiculizar la consagracion Católica. En tercer lugar, parece que despues de un intérvalo de cincuenta años desde el principio de la controversia, es decir, en el año de 1613 cuando Mason, capellan del Arzobispo Abbot, publicó una obra en que se referia á un imaginado registro en Lambeth de la consagración del Arzobispo Parker por Barlow, asistido de Coverdale y otros, los católicos instruidos reclamaron universalmente que
. nienidos á los que los retuvieres ; (141) el citado registro era supuesto, y una falsificación de que no se había oido hablar ¡Ai mas hasta entonces; y entre otros argumen- .1oS, aseguraron que aun admitiendo que' fuese cierto, de nada serviria, porque el pretendido consagrante de Parker no habia sido consagrado para ninguna Silla. aunque hubiese ocupado muchas (1). | Ademas, los teólogos Católicos tienen otras muchas razones para mirar como inválidas las ordenaciones del Clero Anglicano. Entre otras han hecho varias objeciones sobre su forma; 'es decir, sobre las palabras con que han sido conferidas. En efecto, segun el ritual de Eduardo VI, restablecido por Isabel, los Sacerdotes eran ordenados por el poder de perdonar los pecados (2), sin decir nada dela potestad de consagrar ú ofrecer el sacrificio, aunque esto sea lo que consq ÓEKX4 ___— _ _ A (1) Richardson en sus notas sobre el comentario de Goduin , se vé obligado á hacer la confesion siguiente: Dies consecrationis ejus (Barlow) nondum apparet. Pág. Lo2. (2) “Recibe el Espíritu Santo: á quien le per- »donares los pecados , les serán perdo nados ; y re- y sé fiel dispensa- »dor de la palabra de Dios y de sus Santos Sacra. » mentos.” Collection del Obispo Sparr., pág. 158,
(142) tituya la. esencia del Sacerdocio (*.);. y los Obispos, segun el mismo Ritual, se consagraban sin comunicarles ninguna nueva, polestad, ni aun hacer mencion del Episcopado: en fin ,.-por una forma que pudiera igualmente usarse para dar á un niño el Bautismo ó la Confirmacion (.) ). Esto era, á la verdad, conforme á los principios del grande autor de este Ritual Cranmer, quien decidió solemnemente que “el Sacerdocio y el » Episcopado no eran dos cosas diferentes, si- »no un solo y mismo cargo (2).” Doctrina contra la cual nuestros controversistas presentan o solamente la autoridad de todos los Rituales griegos -y latinos, sino tambien la confesion del sobredicho teólogo protestante Mason, quien. dice en esta. parte con toda verdad: que Éno toda forma de pala- » bras puede servir para esta institucion (de » conferir las órdenes), sino que es necesa- A A A A A RC A (*) En efecto , en ella: se radica la potestad de absolver; y así la Iglesia puede algunas veces suplif en el Sacerdote la jurisdicción, pero el Sacerdocio n0+ (1) “Recibe el Espíritu Santo, y acuérdate de »escitar la gracia que está en LÍí por la: imposicio? »de las manos.” 1/d. pág. 164 (2) Historia de la Reforma por Burnet, vol. Y: Documentos , B. 3, Dm, 21 ) QUEBSt, 10.
(143) »rio que las que se empleen; denoten y »señalen el poder que por aquel órden se » confiere (1). En fin, estas objeciones han sido tan poderosamente sostenidas por nuestros teólogos el doctor Champney, J.: Lewgar (2) y otros, que casi inmediatamente despues que el último publicó (el 1662) su obra titulada: Erastus senior, habiéndose reunido la convocacion para desembarazarse de estas objeciones, variaron la fórmula de la 'ordenacion de los Sacerdotes, y la de la consagracion de los Obispos (3).= (1) Histor. de la Reforma, por Burnet. B. 2, Cc. 16, (2). Lewgar era amigo de Chillingworth; fue convertido por él á la fé Católica, en la cual se sos tuyo firme cuado aquel se precipitó en el Latitudinarismo, (3) La forma de la ordenacion de los Sacerdotes se yarió en estos términos: “* Recibe el Espíritu San- »to para los deberes y funciones de Sacerdote en »la Iglesia de Dios, que al presente te son enco- »mendadas por la imposicion de nuestras manos. »Los pecados som perdonados á todos aquellos á » quienes tú los perdones, Kc.” = La forma de la consagracion de los Obispos se estendió asi: “Recibe el Espíritu Santo para los deberes y fun- »ciones de Obispo en la lglesia de Dios, que al » presente te son encomendadas por la imposicion
(14h) Pero “aun admitiendo que estas” variaciones sean suficientes para:obviar ¿odas las objeciones que nuestros teólogos oponen al Ritual, delo que estan muy distantes, al fio ellas han-yenido demasiado tarde (vada menos que cien años despues) para el objeto que se proponian: de suérte, que si los Sa- . cerdotes y los Obispos de los reinados de Eduardo é Isabel, no estaban válidamente ordenados ó consagrados, los del reinado de Cárlos 11 y sus sucesores, quelo han sido por aquellos, deben estar en el mismo caso. Aunque me haya detenido mas de lo ordinario sobre este punto, no se crea que hemos agotado la. materia; lejos. de eso habia aún muchísimo que añadir. Es constante que. no es menos necesaria una sucesion Apostólica de mision, 6 de autoridad y potestad, para egercer las funciones del ministerio, que lo son las mismas sagradas Ordenes, para que pueda decirse que la Iglesia viene del mismo Jesucristo. Esta mision ó autoridad, en efecto, fue comunicada por PP 5 ¿5 5 5 5 »de nuestras manos, en el mombre del Padre, y »del Hijo, y del Espíritu Santo; y acuérdate de pescitar la gracia de Dios que está en ti, E
(145 ) Jesucristo á sus Apóstoles cuando les dijo: Como mi Padre:me ha enviado á mí, ast tambien yo os envio (Matth. 20, 21); y de ella habla tambien san Pablo, cuaudo dice de los Apóstoles: ¿Cómo pueden ellos preditar, si no han sido enviados (Rom. 10, 15)? Creo que ninguna sociedad protestante pretenda que sus ministros tienen, en virtud de su nombramiento ú ordenacion, una autoridad ilimitada en todas partes, y en toda otra Congregacion. A lo menos es cier- to, segun el ritual y los arZículos de la 1gle- sia Anglicana, que ésta limita la jurisdiccion de sus ministros 4 la Congregación para que son nombrados (4). En consecuencia, el doctor Berkley enseña “que una falta en la »mision del Clero invalida los Sacramentos, »inficiona la pureza del culto público, y por » consiguiente merece ser examinada por to- »do cristiano sincero (2).” A lo que el ar- -cediano Daubeny añade: que “la mision re- »gular no subsiste sino en las Iglesias que * » han conservado la sucesion Apostólica.” Creo A A A PA A A A A AX e a (1) Art. 23.= Fórmula de ordenacion de los Sacerdotes y Diáconos. ñ al Sermon para la consagración del Obispo orne, Fom, XIII. 10
(146) tambien que en todas las sociedades protestantes, sus ministros estan persuadidos á que la autoridad, en virtud de la cual predican y llenan sus funciones, es de una manera ú otra divina. Ahora bien: no ignorais, y yo debo haceros observar, que no hay sino dos medios por los cuales pueda probarse y ser comunicada la mision ó potestad divina: uno ordinario, y otro extraordinario, El primero se verifica cuando esta autoridad es transmitida en sucesion regular de aquellos que la recibieron de Dios; y el otro cuando el Todopoderoso interviene de un modo extraordinario, y encarga inmediatamente á ciertas personas hacer conocer su voluntad. Este úl- . timo medio exige evidentemente ser confirmado con milagros incontestables: así se vé que Moisés y muestro Salvador Jesus, que fueron enviados de este modo, apelan constantemente á los prodigios y milagros que obraban, hacian y esperaban, para probar su mision divina. Por esta misma razon cuando Muncero, Storck y sus discípulos los ' Anabaptistas esparcieron en toda la Baja- - Alemania sus errores y devastacion, Lutero aconsejaba á los magistrados que les hiciesen (sin reflexionar que con igual fundamento se le podrian hacer á él que á Muncero) estas
(147) preguntas: “¿Quién os ha conferido las fun= » ciones y ministerio de Predicadores ? ¿quién »os ha encargado el predicar? Si responden »que Dios; entonces díganles los magistra- » dos: Probadlo con algun milagro evidente; » porque así es como Dios dá á conocer su »voluntad, cuando muda las instituciones » que anteriormente habia establecido (49%. Si en este siglo, y en este pais se siguiese este dictámen del primer reformador á los magistrados, ¡cuántos forjadores de sermones é intérpretes de la Biblia se verian reducidos al silencio! porque de una parte es notorio que ellos son profetas nombrados por sí mismos, que van sin ser engiados; ó. si pretenden tener una mision, la traen de otros hombres que no habian recibido ninguna, ni aun pretendian tenerla por una sucesion regular de los Apóstoles. Tal lo era el mismo Lutero, y tales tambien Zuinglio , Calvino, Muncero, Mennon, Juan Knox, Jorge Fox, Zinzendorf, Wesley, VWitfield Swendemborg. Ninguno de estos predicadores, como hemos ya observado, ha pretendido jamas haber recibido su mision de (1) Sleidan, de Stat, Relig. 1. 5, .
(148) Jesucristo por el medio ordinario; es decir, r una sucesion no interrumpida desde los Apóstoles. Por otra parte, estaban tan lejos de tratar de hacer milagros reales para probar que habian recibido una mision extraordinaria de Dios, que como Erasmo les echaba en rostro, ni aun un caballo cojo podian curar, para probar su legacion divina. y Si vuestro amigo el Rev. Clark llega á ver esta carta, estoy seguro clamará que, sea el que quiera el estado de los disidentes, al mewos la Iglesia Anglicana ha recibido su mision, sus órdenes y potestad del modo ordinario ; es decir, por una sucesion regular desde los Apóstoles por medio de los Obispos Católicos. Efectivamente, así lo afirma con toda seguridad el Obispo de Lineoln (4). Pero creo no olvidareis que aun cuando nosotros admitiésemos en la Iglesia Anglicana una sucesion Apostólica de órden, mo podríamos admitirla de jurisdicción y mision, ó de derecho de egercer estas mismas órdenes; ni su mismo clero puede, sin la mayor inconsecuencia, pretenderlo en manera alguna; porque, en primer lugar, si A a a AAA Ar. (1) Elem, de theolog. vol, 2, p. 400,
(149) como lo afirman las Homilías (4), “la Igle- » sia Católica, es decir, su Clero y sus segla- »res, todas las sectas y todas las clases han » estado por el espacio de ochocientos años se- » pultadas en una idolatría abominable, sien- »do objeto de horror para Dios, y causa de »coudenacion para los hombres,” ¿cómo podia ella, durante todo este tiempo, conservar esta mision y jarisdiccion divina, y emplearlas al mismo tiempo en dar á su Clero el cargo de predicar esta abominable idolatría? Ademas, ¿era posible á la Iglesia Católica dar al Arzobispo Parker, por ejemplo, y á los Obispos Jewel y Horne jurisdiccion y autoridad de predicar contra ella misma? ¿se ha visto jamas, si se esceptuan los regicidas de la grande rebelion, se ha visto jamas á los que se rebelan contra un gobierno establecido, pretender estar autorizados por este Gobierno mismo para combatir contra él y destruirle? En una palabra, cousta claramente por la historia, que los primeros protestantes ingleses, igualmente que los de las demas naciones, no hacian profesion de traer de los Apóstoles, por me- 4 A (1) Contra el peligro de la idolatría, p. 3,
(272) te-sin quererlo, y pediria de ello perdon 4 Dios y á los hombres. Un dia en una efusion de mi corazon y afecto de ternura, me espliqué mas con mi amada esposa; la ma= nifesté los rumores que corrian; le confesé mi íntimo convencimiento; en fin, se lo dije todo, escepto el último paso: no le oculté tampoco que si se me preguntase públicamente, no podria negar mi fé, y estaria obligado á declararme; y aún que casi me parecia que Dios queria como precisarme á dar este egemplo. Por dicha mia, y para gran* de consuelo mio, mi muger recibió esta con= fesion con mucha paz y tranquilidad; no me dió queja alguna, y esto me hace esperar que el Cielo, aceptando mis fervorosas súplicas, la asistirá con su gracia, y Suavizará la amargura que temo causarla. Lo único que, con una tierna resignacion, me dijo, fueron estas sencillas palabras: “Si estás obli- »gado á declararte, no podríamos permane- »cer en Berna: bien que en todas partes se »puede vivir.” Otra vez dejó escapar estas otras: “Si no es indispensable, mo lo hagas »á causa de tus hijos.” Esta era tambien mi intencion; pero se contentaron con mis respuestas, y la tempestad pareció aplacada». Mi viage á París no tenia relacion algu”
(273) ma con este particular. Mi objeto era pura= mente personal y literario, como desde aquí lo escribí tambien á mi hermano mayor. Pero apenas habia pasado ocho dias en esta Capital, donde pensaba en fin gozar algunos momentos de satisfaccion, cuando me avisan de Suiza que dos periodistas, tan poco amantes de la Religion Protestante como de la Católica, y por otra parte perpetuamente enemigos de mipatria y de mi persona, sin tener miramiento ni respeto alguno, ni á la paz de una familia, ni al bien estar de un individuo, anuncian al público lo que ellos llaman mi mutacion; y que el uno de estos periódicos, aunque sin nombrarme, designa sin embargo el lugar y época con demasiada verdad. No podré deciros, amados hermanos y hermanas mias, el estado de confusion y de trastorno en que me puso esta inesperada noticia, y la agitación en que se anegó mi alma. Caí enfermo, y vuestras penas solas eran las quecausaban las mias. Absolutamente ignoro. cómo se ha podido transcender este «secreto, pero conozco mu bien la posibilidad de ello. Mi cuarto volumen de la Restauracion ha escitado la aten= cion general, y producido una gr | E an sensas ción tanto en Sujza, como en los paises ex-
(274) trangeros. Los Católicos se gozan en «el Señior, y le dan alabanzas por ello; muchos Protestantes tambien, y con esta ocasion hacen sérias reflexiones. Todos, pues, habrán querido saber si yo era efectivamente, y si mis acciones correspondian á mis escritos: se habrá inquirido por todas partes, preguntado á todos; “un criado habrá acaso hecho y comunicado una sospecha; otro la habrá aumentado mas, otro tercero la habrá afirmado como cosa segura, y comparando y reuniendo los indicios y conjeturas, acaba por «adivinarse la. verdad. De cualquiera manera que sea, en todo ello no puedo reconocer sino el dedo de Dios, que se sirve algunas veces de los mismos malos para egecutar.sus designios, y que por acontecimientos sucesivos, parece querer decididamente que yo dé este egemplo.al mundo, y no me quede á la mitad del camino. Cúmplase en todo su voluntad: debo. someterme humildemente, Despues de haber derramado:muchas lágrimas, -reflexio* nado noches enteras, invocado: de rodillas la asistencia del Espíritu Santo, y consultado á personas sabias y «prudentes, no-he encon” trado calma ni sosiego sino enla resolución de-deciros francamente toda la verdad; cús bierta hasta aquí con un velo; «confesar des.
- no se obtendria el fin.:Al contrar (975) Jante de los hombres la fé que confieso de= lante de Dios, y llevar, sices necesario, la parte de cruz que se digne enviarme, confiando en su misericordia, que vista mi obediencia y mis fervientes súplicas, dará á mi muger, á mis hijos y familia, fuerza para soportar las penas y tribulaciones que serán las consecuencias momentáneas de esta reso» lucion. Vosotros mismos direis, apelo á: vuestro propio juicio, mis queridos hermanos y hermanas, si-yo puedo obrar de otro modo, y si el secreto puede ya conservarse. La pue blicidad que yo queria evitar, ya está dada por mis enemigos, y nada hay que añadir. Una respuesta negativa 4 esos artículos de los periódicos, desmentirlos clara y formalmente como lo pedís,-no es posible: Una respuesta evasiva Ó ambigua sería facil de hacer, pero de nada serviria, y no haria sino aumentar: y prolongar nuestro comun tor= mento, ó bien se tomaria por una espresa denegacion, lo que no puede conciliarse con el deber: de un: hombre: de bien y de un Cristiano ; ó bien se:adivinaria la verdad al traves del velo con que sé queria” ocultar, y : E 10 , yo pa= saria por un hombre tímido, rresoluto, pu= silánime ,- vacilante, que: por“respetos húma-
(276) nos no se atreve á confesar su religion: ess. taria perpétuamente en contínuos compromisos, en una situacion ambigua, y final: mente viviria desestimado de Protestantes y Católicos. Se publicarian nuevos artículos en las gacetas, se me atormentaria continuamente con muevas y nuevas preguntas, Unas veces en tono de burla, otras de una manera mas séria : conoceis mi ingenuidad, enemi-. ga de todo lo que tiene la menor sombra de mentira, y tarde ó temprano sería necesario confesar la verdad enteramente. Añadid á esto la publicacion de mi: cuarto vo“ lúmen, que está estendido en todo el mundo, y en este instante se está ya reimprimiendo. En diversos diarios literarios se han hecho de él los mas lisonjeros anuncios; de todas las partes de la Suiza y Alemania me han llegado cartas: de enhorabuena y aun de gracias, y testimonios los mas patéticos de satisfaccion. Seguramente nadie Je refutará pero tampoco ninguno creerá que despues de haber escrito 'tal-libro, se:puede: perma* necer Protestante. Esto sería una contradicion que quitaria toda su fuerza: Y persua” sion á: una obra destinada acasó á:producif ' grandes frutos. Si al contrario, tomando una resolucion virtuosa, y sometiéndome á la vO%
XA) E luntad de Dios, manifestada por tantas señales, confieso sinceramente joda la verdad, resultará sin duda para vosotros sorpresa y afliccion; pero ésta pasará bien pronto como. tantos otros egemplos lo han probado: ¿e ve-. rán obligados á estimar á un hombre que sih utilidad alguna temporal, antes sacrificando por el contrario sus mias caros intereses, luchando contra las solicitaciones que quiebran su corazon, no niega la fé de que está convencido, y gozaré de tranquilidad el resto de mis dias. Vosotros mismos, queridos amigos mios, no cesareis, no, melo persuado íntimamente así,'“no dejareis: de amárme; y yo, por la-misma razon que soy Cristiano Católico, os amaré aún -mas tiernamente, Fuera de esto, todos los miramientos que la amistad y buena correspondencia pueden exigir ó permitir, siempre y cuando quede salva miconciencia, los observaré con todo mi corazon, y en este. punto me remito á los deseos y con= sejos de mi familia. ¿Os parece necesario hacer una declaracion al Gobierno? Os autorizo para ello, y si gustais podreis dar hasta copias de esta carta. = ¿Conviene pedirla dimisión de mis destinos, en especial la de Consejero seereto, aunque no hay ley que me obligue á ello, y convendria mas bien day: el' evempl Tom. -XIIL. ESA
(278) contrario? Lo haré de buena voluntad. Ya há mucho tiempo estoy disgustado de estos destinos, séa porque no puedo hacer en ellos bien alguno, ó sea por mis vivos deseos de emplear“el poco tiempo que me queda de vida | en el cuidado de mi salvacion, y poner la úl. tia mano á la obra, para laque parece haberme destinado mas particularmente la Providencia. = ¿Pensais que sería necesario ó conveniente dejar á Berna, á lo menos por algun tiempo? Mis bienes, aunque medianos, son suficientes para una decente subsistencia, y espero que mi tierna y amada esposa no me abandonará; mas, si,es posible, querria vivir y morir en mi patria. En cuanto á mis queridos hijos ofrezco incesantes suspiros al Cielo, á fin de que los dirija por el verdadero camino; pero son ya de bastante edad para que yo quiera empeñarlos á seguirme á pésar suyo, aunque las leyes exijan la Religion del padre. ¡ Quiera el Cielo que tarde ó temprano su voluntad y la de su madre no le sean contrarias! Pero ante todo es necesaria su libre y propia conviccion. Lo que en el entretanto me consue” la, es la persuasion íntima de que bien pres” lo acaso se verán sucesos en Europa que Lx cilitarán: estas especies de conversiones á mi- 1
(279) llones de nuestros hermanos separados: se disiparánmuchas preocupaciones ¡se multi plicarán los egemplos, y, si en este. caso mis hijos se inclinan hácia la Iglesia Universal, no tendrán que sufrir la «lucha que su padre. Al presente , queridos hermanos y hermanas mias, y sobre todo vos, tierna com- : pañera: de mi vida, si despues de esta esposicion ingenua y sincera confesion, me es aún permitido añadir algunos motivos de consuelo, pensad primeramente que no mi yolisted: sino la de Dios,'es la que ha dirigido tados esto. Jamas he deseado, y mucho menos procurado esa especie de celebridad literaria que tanta inquietud: causa á íni muger, y que por algunos momentos que, ofrezca de satisfaccion, no es en realidad sino un manantial de pesares. y sentimientos, una corona de espinas. Mas por el bien de la humanidad es necesario tambien haya hombres que se decidan á defender ó restablecer la verdad, especialmente en una época de gran= de crisis; y en este caso el hombre no es suyo, no. es dueño de sí mismo, hay una Providencia superior que señala á cada uno su lugar. Si yo hubiera podido ¡ Imagioar que recibiria esta mision, jamas me habria empeñado er los lazos del matrimonio, á fin US
(280) de no asociar á otra persona .á mi infortunio: el Cielo lo ha dispuesto de otro modo: ha tenido en esto sus designios. No atribuyais lo que voy á decir á un vano amor propio: está el hombre muy lejos de ese sen= timiento cuando llora, y padece, y sufre en lo íntimo de su corazon; pero considerando el curso de mi vida, se me figura .ser como un instrumento en la mano de Dios, que se ha dignado escogerme para preparar ó ejecutar algun designio de su misericordia , y que me conduce segun su voluntad, y no segun la mia (*). Él es el que me concedió esos dones de espíritu y de corazon, que desde la niñez me-hicieron amar con pasion la verdad, y combatir el error, ó lo que me parecia tal : él es el que me inspiró despues esas ideas sencillas y felices, cuyo desarrollo me hizo descubrir un nuevo mundo de verdades : él el que-, hace diez y seis años, (*) No un. intrumento ciego, sin accion propia, no: está el autor muy lejos de ese absurdo modo de pensar; sabia bien que en su libertad habia resistido largo tiempo á los llamamientos de Dios: lo que espresa en esto unicamente es la suavidad y - eficacia de la Providencia, que abraza las cosas de un estremo á otro eficacisima, pero suavemente.
(981 ) me da esta aplicacion esclusiva al mismo objeto, ese valor moral de que yo mismo me admiro muchas veces, esta perseverancia imperturbable, á pesar de tantos “disgustos Y sinsabores de mi estremada sensibilidad, y de mi natural timidez. ¿No vereis vosotros lo que tantos otros han observado? Él suscita 4 un Republicano (*) para asentar y restablecer las ¡monarquías sobre su: base verdadera; á un hombre sencillo y poco instruido, cuya educacion fue muy descuidada, "para ados la ciencia mas orgullosa de los sabios, de que él mismo estuyo imbuido en su juventud , cuyos errores siguió por un instante; á un legó en fin, y á un Protestante, al descendiente de un reformador, para hacer brillar la Iglesia Católica con un esplendor nuevo, y defenderla con armas que no se habian usado hasta ahora. ¿Creeis que yo por mí habria tenido jamás este pensamiento; que sin el apoyo de una fuerza superior hubiera podido ejecutarlo; triunfar de tantos hábitos, desarraigar tantas ideas recibidas desde mi infancia, resistir á tantos vín. A AA ÓN (*) La Suiza está dividida en varios cantones y federatiyos, y se gobiernan de este modo,
> (288) comentarios de las Escrituras, la magniftcencia de sus Cánticos y de sus Oraciones, Y tantos admirables libros de devocion y de moral; y vereis si no tienen ideas mas grandes, mas elevadas, mas puras sobre la reli- ¡ gion interior, que los nuestros. Las ceremomias, y prácticas del culto esterior son la espresion natural de la fé; todas tienen un fin y un sentido moral; contribuyen infinitamente para afirmarnos en los nueyos hábitos, y elevar el alma á las ideas religiosas. Por lo demas, no son cosas absolutamente necesarias; pueden, como sucede entre vosotros, yariar segun las circunstancias , y varían en efecto como objetos de pura disciplina. Sí hay muchas entre los Católicos, ciertamente. son demasiado pocas entre los Protestantes. y si es posible esceso en lo bueno , mas estof por este que por la escasez. Simple fiel, 10 me toca juzgar á la Iglesia : ¿qué confusiol no reinaria, si cada uno quisiese reformarla ás su modo? En nuestras repúblicas y gobier” nos populares no todos los usos y formas mé agradan igualmente; y sin embargo estoY obligado á someterme á ellas y pperiariads si quiero permanecer miembro de Tal vez creeis que la Biblia basta, pues. es la palabra de Dios, y que cada uno pue” la sociedad 4 |
(289) de deducir de ella su Religion. ¡Ay amados hermanos y queridas hermanas mias! los "Católicos tienen no menor conocimiento de la Biblia que nosotros; la citan mas frecuentemente, recomiendan su leétura á los fieles, y sobre todo la creen con una fé mas Viva que la nuestra; me ha parecido siempre que la esplican, y la esplican de un modo mas elevado y mas espiritual. De: ellos la hemos recibido, como todo lo que tenemos de bueno y: de Cristianos:- sin la Iglesia Católica mi aun tendríamos Biblia; sobre su testimonio creemos su Divinidad, su integridad, su autenticidad; solamente ella piensa, y siempre ha creido debia ser así, que cuando se suscitasen dudas ó contestaciones sobre su sentido, á la Iglesia sola toca el interpretarla. La Biblia es un libro ó una coleccion de libros. santos de la Iglesia, ó de la sociedad Cristiana; pero no es esta sociedad misma: así como las leyes escritas no forman ellas solas un reino temporal. Serian una letra muerta, sin el espíritu de la autoridad de quien dimanan, que las vivifica, El Cristianismo existia antes que la Biblia, á lo me. nos antes del nuevo Testamento ; toles mismos no la tenian visto jamas en el múndo p los Após2 - ¿Dónde habeis ropagarse y con-
(2903 . servarse pura una Religion por medio de un liBro solo, que: unos no leen, y otros comprenden mal, dejado á la interpretacion arbitraria de cada uno, sin Sacerdocio y sin ministerio?” ¿No conoceis que, segun este _principio, se podrian abolir tambien nues- _tros templos, nuestros Pastores, nuestras escuelas, y nuestros Catecismos? Demasiada- - mente vemos ya losefectos deplorables en: esa multitud de sectas estravagantes, y algunas veces abominables, que asolan. nues” tras ciudades y aldeas¿ sectas, contra las cuales, atendido el pretendido derecho de la-in- terprétacion individual, no hay remedio, Y que acabarán por destruir en ellas toda Religion, y producir terribles trastornos, d re” ducirnos forzosamente á la unidad Católica. Os quejais, en fin, que la Iglesia Católica os condena, y pretende que fuera de ella no podeis salvaros. ¡ Oh queridos mios! ¡y qué poco conoceis la inmensa caridad de esta buena Madre, que tan imprudentemen”* te hemos abandonado, mas por nuestra des” gracia, que para la suya! Ella no condent vuestras personas , sino solamente yuestro? | errores, ó los falsos principios que se os eb” señan': así como el médico no condena aborrece al enfermo, sinó á la enfermedad; 20
(291) no os aborrece;.no, os.ama; os llama sus. hermanos, aunque separados, cuando vosotros jamas dais á los Católicos este dictado amigable; ruega por vosotros todos los dias al pie de los altares; gime el haber perdido tantos hijos que ama, y vé entregados todos á los lobos, es decir, á todos los falsos doclores, y privados de tantos medios de santficación. Todas las sectas estan” conjuradas contra ella, no por una fé, sino por un odio comun; y esto es precisamente lo que me ha demostrado que debia ser la verdadera, porque todos los errores, aun Jos mas opues- 10s entre sí, se concuerdan en aborrecer la verdad, así como veis en nuestros dias á todas las sectas políticas dividirse hasta lo ¡in- -Íinito por sus constituciones estravagantes, y sus poderes facticios Ó usurpados , y mo reunirse sino en su encarnizamiento contra todo Soberano natural y legítimo. La Iglesia Católica.sola vuelve bien por mal, amor por odio, beneficios por insultos; hace bien á sus mismos enemigos, alivia y consuela á todos los desgraciados de cualquier pais y creen. cia que sean. ¿Dónde habeis visto jamas un verdadero «Católico que os haya hecho mal? Yo, puedo decir, no he recibido sino bien en todo el curso de mi yida y me. es ima
(992) posible aborrecer á los que me aman. Y si es permitido citar cosas puramente temporales en apoyo de una verdad general; Berna, nuestra patria misma, en todas las épocas críticas de su existencia, ¿dónde ha hallado amigos sino entre sus antiguos hermanos los Católicos? Al contrario, ¿quién le ha envidiado esa felicidad de que gozaba en otro. tiempo; quién ha procurado dañarla; quién la ha abandonado en todos sus peligros? Mirad al derredor de vosotros, yo no os lo diré. Temporalmente á lo menos, el hombre no se salva, dejándose llevar de todo viento de doctrina, sin tener creencia alguna fija y comun. En las guerras de este mundo no se alcanza la victoria, si cada uno combate ó duerme á su arbitrio, si todos quieren mandar, y Minguno obedecer. Lo mismo sucede en las guerras que tenemos contra el infier= no, es decir, contra las potestades invisibles del mal y del error.-En cuanto á la salud eterna, de la cual la gracia ó la salud del alma en esta vida es una condicion, su imágen” y precursora, si de buena fé, si de toda voluntad dais crédito á la verdad de la Religion Cristiana, y cumplís los deberes que esta cualidad -os impone, sin duda que Dios no imputa el érror involuntario, el
(9293) | error invencible, y os libertará de él (*). Pe=, ro yo, convencido doce años há de que estamos fuera del verdadero camino, persua= dido ciertamente que la Iglesia Católica es la legítima y verdadera Iglesia, la Iglesia de Dios viva, la columna y. firmamento de la verdad, ¿no me condenaria eterna mente á má mismo, si no. me reuniese-á ella, sobre todo cuando el dedo de. Dios parece que me llama de un modo tan evidente? No soy tam temerario que juzgue de la misericordia de Dios en la. otra vida; pero me parece demostrado que sin: un regreso sincero á la Religion y á la-Iglesia: Católica, ño hay absolutamente salud en la tierra, y que aun por esto vino Jesucristo 4 estable> cerla. Perdonad, amados mios, esta larga efuz sion de mi: corazon en un asunio de tanta importancia. He pensado que una profesion de fé tan sincera na podria menos de mover almas bien nacidas: ¿y Jas hay mas preciosas que las que el Cielo me ha concedido en mis parientes, en mis hermanos y hermanas A A AA AX (*) Véase el Catecismo de Feller, am. 414,t, 5 Bibl. p. 267, donde se ye aclarada esta idea, Tom. X1LI. 18
-(294) naturales y políticos? ¡Oh! jamás podré darle las debidas gracias, ni manifestarle digmamente mi reconocimiento. Consolaos, amados mios; vuestro hermano no será desam= parado, el brazo de Dios lo sostendrá. No lo dudeis, vivimos en una de las épocas críticas' del mundo, y sucesos increibles van á prepararse. Por entre ruinas aparentes, y purificada porlas desgracias, la Iglesia antigua y Universal se levanta mas magestuosa y santa que nunca, despues de una larga y terrible persecucion. Por todas partes gana al-, mas, aun sin proteccion alguna de las Potestades temporales. Una especie de juicio universal se acerca, ¿y quién sabe si es el último? El mundo está dividido entre Cristianos unidos al centro comun de la Silla de san Pedro de una parte, é Impíos ó Ligas Anti-cristianas de la otra; Estos dos partidos solos se combaten, porque solos es= tan organizados; pero todas las almas justas, todas las personas sinceras y religiosas entre los Protestantes, se acercan y deben acercarse mas ó menos á sus hermanos Católicos, so pena de que, atendida su dispersion y falta de Una creencia comun, se les confunda con los enemigos del Cristianismo, y se les diga: ¿de dónde venís? ¿4 quién perteneceis? ¿de quién
(995) sóis? no os conozco. Millares de ellosme han precedido, y millares me seguirán, Nunca jamás han sido. tan frecuentes las con versiones, ni tan brillantes como en nuestros dias: vereis aún egemplos mucho mas notables que el mio; y podria citaros ya algunos bien admirables en todas:las clases, desde los Príncipes soberanos y. sabios del mundo, hasta los artesanos y hasta los mismos Ministros, tan- to en Inglaterra, como en Alemania y Suiza. ¿Quién sabe si yo no he hecho mas que mostraros el camino? Entre creer y confesar hay muy poca distancia. Me concedeis lo substan= cial; ¿por qué os ha de ofender el modo!?: Dejadme, dejadme esa libertad de conciencia que pedís é invocais para todos los otros; yo venceré vuestra repugnancia, si es que la teneis: os obligaré á amarme á. pesar yuestro : os probaré por mi conducta, si no es ver= daderamente santa la moral que me impone y ¿prescribe esta antigua Religión de nuestros padres á que he vuelto. Yo seré mejor esposo, mejor padre, mejor hermano; cumpliré todos mis deberes sociales con mas exactitud aún que antes. No me negueis, vuestra amistad, lo que-quebraria mi corazon sin mudar mi fé. He pedido :4-Dios por mi amada esposa, é innumerables Cristianos han unido sus *
(296) oraciones á las mias. El Señor las oirá, y la asistirá con su gracia, para soportar las pe= > nas pasageras que le causo, acaso acaso para cambiarlas en satisfaccion. Mas si estuvie= se aún triste y desconsolada , yo os la reco= miendo: pensad que es vuestra hermana, la madre de mis hijos, la compañera de mi yida; que ha compartido conmigo: mas penas que placeres, Amadla, consoladla, derramad. el suave bálsamo de vuéstros consuelos sobre su corazon; decidla, que yo no he hecho una mala accion, que vosotros tambien me amais; entonces la calma renacerá en su pecho, se reanimará su valor, y pasaremos juntos nuéstros dias, si no sin tribulacion, á lo menos llenos de dulzura, de union, de concordia, y paz. La Providencia tendrá tambien cuida= do de mis queridos hijos; espero legarles la bendicion de Dios, y un nombre que no les: dejará sin amigos en el mundo. Algunas emociones saludables, algunos egemplos dela virtud afligida, ó>de inocentes perseguidos, les podrán servir.mucho, y+harán un gran bien 4 su/alma: Muchas weces he temido pa= ra ellos esa prosperidad mo interrumpida, que por lo comun: produce y fomenta el orgullo, endurece y seca el corazon. En fm, queridos y amados hermanos y: hermanas mias,. si me
(997) es permitido pedir tambien por mí, ahora que son los dias de la Semana Santa, yo Os ruego, os suplico por la caridad de nuestro comun Salvador Jesucristo, no me hagais esperar en vano la contestacion á esta larga Carta; sacadme de las mortales inquietudes que han turbado mi mansion aquí. Decidme que la gran crisis ha pasado; que continuareis amándome, y nada he perdido de vuestro amor; que mi muger se somete tambien á la voluntad de Dios; en fin, que puedo ir á “abrazaros y estrecharos, y estrecharme en vuesros brazos. Pero si no fuese así, si debiesen “estarme reservados aun nuevos trabajos, si, lo que no espero de vuestro amor y rectitud, debiéseis vosotros mismos abandonarme, y alejaros, y enagenaros mas ó menos de mí, yo no dejaré de amaros hasta mi último alien- to, acaso acaso mas próximo de lo que se piensa, atendida la debilidad de mi salud, causada por tantos trabajos, por mi estremada sensibilidad y contínuas agitaciones morales. = París 13 de abril de 1821. Cánros Luis DE HALLER, Esta carta salió de París el 13 de abril, llegó el 17 á Berna , y á la mañana siguiente fue leida
(304) de la Eucaristía en forma de Viático. Acar bada la ceremonia, me abracé á mi buen padre, para estrechar-en mi seno por la última vez sus miembros helados. Ll. respondia con fortaleza y precision á las .preguntas del Sacerdote sobre su nueva creencia. ¡Cuáles fueron mi gozo y mi consuelo al yer la paz y serenidad que reinaban en su frente, y que se esforzaba á hacer sensibles por algunas señales de su mano desfallecida!..... Tres veces tomó la: del piadoso eclesiástico que habia derramado en su alma un bálsa- «mo consolador; tres veces la apretó con el «afecto mas tierno, como para manifestarle su reconocimiento por el beneficio que acababa de recibir de él. En estos sentimientos dió el último suspiro aquel buen padre, aquel padre virtuoso, que tanto amábamos y nos amaba, y por cuya conservacion hubiera yo sacrificado mi propia vida. No dudo conocerás , querida hermana mia, que el espectáculo fúnebre y tan tierno que se ofrecia á mi vista, unido á la ceremonia de que te acabo de hablar, debió necesariamente producir en mí fuertes Impresiones, Repentinamente huérfana, venan á mi memoria, hasta las menores aC” ciones de mi padre; mil recuerdos se agol-
(305) paban á mi espíritu; yo esperimentaba un sentimiento que no osaba manifestar esteriormente; luchaba contra toda idea de mudanza de religion; comprimia hasta el me- nor movimiento de mi corazon que pudiese hacerme vacilar; pero ¡esfuerzos inútiles! la gracia me estimulaba interiormente... poco á poco triunfaba de mi resistencia, El que tiene en su mano los corazones de los hombres , y los dirige segun su voluntad, tenia señalado el momento de mi conversion. Era ya llegado: San Pablo fue derribado del caballo en el camino de Damasco por la mano invisible del Altísimo, y de perseguidor de la Iglesia, vino á ser su defensor mas intrépido; y yo, el dia de la agonía de mi padre, el instante mismo en que él recibió los últimos Sacramentos de la Iglesia Católica, Apostólica, Romana, fue en el que cedí:al imperio de la gracia. Yo no sé qué fue, hermana mia, te lo confieso ingénua= mente; me hinqué de rodillas obstinada Pro: testante; y me levanté Católica. ¿Quién pudo obrar en mí una mutation tan súbita y tan inesperada? No pudo ser otro que Dios, y solo Dios; porque hasta entonces, querida mia, nadie sino padre me habia hablado del Catolicismo: y yate he insinuado:al princi-
(306) pio de' esta, cuán. poco aprecio hacia de sus reflexiones, qué Importunas me eran, y.con qué: frialdad las desechaba y repelia. Pero, amada mia, si he mudado de Religion,.no creas que he procedido ciegamente: no ha sido bastante para mí el verme movida y estimulada de la gracia; estaba persuadida de mi autigua creencia, y quise ser convencida si era ó mo la verdadera. Solicité instruirme á fondo en-la nueva doctrina que me proponia adoptar, única que parecia podia lénar el vacío inmenso de mi alma, que el Protestantismo no habia podido llenar. Para ello me dirijí al respetable cura de san German Mr. Magnio, tan recomendable por sus virtudes como por una erudicion poco: comun, y cuya modestia le hace aún mas apreciable. Me pareció hallaria en él un padre, tanta era la benevolencia y caridad que me habia. manifestado eo el: momento. de mi mayor dolor: tenia derecho á mi confianza, y la puse en él enteramente, Pero. no. permitiéndole las numerosas ocupaciones de que se vé rodeado, descender conmigo átodos los pormenores de una instruccion. seguida, creyó debia encomendarlo esto al Abate Mr» de St-Arroman, aquel sacerdote que habia asistido á mi padre en sus últimos instan”
(307) tes con todo el celo que puede inspirar tan santo ministerio, 'Me dirigió en efecto á él, y en él ha- Mé ciertamente la guia que el Señor me destinaba para dirigirme y alumbrarme. Por el espacio de cerca de dos meses tuvimos mu= chas, muy largas y circunstanciadas conferencias cada semana. No se contentaba con esplicarme de un modo claro y preciso los principios de la Fé Católica, respondía tambien 4 Jas mumerosas objeciones que yo le hacia, y desvanecia hasta la menor sombra de duda de mi entendimiento. En fin, habiendo brillado suficientemente la luz en mi alma, pedí con instancia hacer mi abjuracion. El señor Arzobispo de París, prelado tan caritativo, cuyo mérito le hace tan amado á su rebaño, y que habia querido abrir por sí mismo á Padre las puertas de la verdadera Iglesia, se dignó concederme tambien á mí este mismo favor. El dia 15 de diciembre último hice la misma: profesion de fé que mi Padre, en la misma capilla, al pie del mismo altar, y en presencia del mismo venerable Prelado. ¡Y te podré esplicar, te: pintaré, querida hermana mia, la alegría interior que sentí en mi: alma, el consuelo insondable de aquel instante afor-
(308) tunado! Esto es Mas para serítido que para dicho: yo no podria esplicártelo jamas. «Solo, Dios conoce lo que pasó en mi alma, lo que al acordarme siento aún en mis. ¡Obdia bendito, oh dia afortunado! ¡ch dia de mi abjuracion, dia mil veces feliz! nunca jamas te borrarás de mi memoria: ¡ojalá -es= tés. siempre presente á mi espíritu! con tu aurora comenzó «mi felicidad..... péguese antes la lengua á mi paladar, dése al olvido mi mano derecha, antes que yo me olvide de tí, ni de los víuculos, y empeños, y obligaciones sagradas que contraje al pie del santo Tabernáculo, obaiiial Despues de este preliminar, me parece, hermana mia, oirte vituperarme. de concierto con la reforma, y tacharme de apostasía; acaso tal vez, qué sé yo, por un. movimiento irrellexivo de indignacion,- llegarás hasta privarme de tu amistad, y nO querer mirar ya como hermana á la que tanto té ama, y fue siempre tan amada de ti. Pero no te pido sino que me oigas por unos po; cos momentos, y no precipites tu juicio; yo te espondré los motivos de mi mutacion, Y tú los juzgarás. No pienses, bien conoces que no puede ser que yo me empeñe aquí en discusiones teológicas; ni tu, ni'yo. 507
(309) mos expaces de profundizar las grandes cues+ tiones que levantan un muro de separacion entre la Iglesia Católica y la“Reforma; sin embargo, he leido, he oido,:y he examina=" do bastantemente de una y“otra parte, para poder justificar á tus ojos el paso que he: creido debia dar, y efectivamente he dado; como tambien - para refutar los' miserables pretestos que los Protestantes han dado 4 la' conversion de nuestro padre, y que habiendo' seguido yo su egemplo, me son tambien oe sonales. ¿E . - Al principiar: la breve esposicion de los: motivos que han acabado en mí la obra de la: gracia, te ruego me leas hasta el fin, y sin: prevencion ; y despues sé juez en mi propia causa. Tienes uni rectitud ee Ta no ser equitativa, el Cinco motivos particulares, entre otros muchos, han sido los que me han llevado" á il los errores de la Reforma. El primero es el egemplo de nuestro digno pa-= dre, y el de tantos Protestantes como cada dia, digámoslo así, vuelven: al seno de la: Igleala, Segundo, la poca ó ninguna unifor. midad que siempre he notado entre nosotros sobre los diferentes artículos de nuestra Re= ligion dicha reformada, Tercero, la nove- Tom, XIII. 19
(310) dad de esta Religion, que tuyo por fundadores 4 dos hombres igualmente escandalosos: el uno un«fraile apóstata, el otro digno émulo de su maestro, un ambicioso cu= ya, impiedad aún superó. Los Jlamaré por su? nombre, Lutero y Calvino. Cuarto, la unidad de doctrina en la Iglesia Católica, que'sube hasta los. Apóstoles, y que conser», va intacta la fé que recibió de ellos. Quin= to, en fin, el espíritu de caridad, y me atrevo 4 decir, de tolerancia de esta Iglesia Madre, á quien yo trataba ¡ay! en otro tiempo tan injustamente de intolerante, y los Protestantes miran como tal, : Pero antes de entrar en mas pormenores, creo oportuno, hermana, mia, prevenir aquí una objecion que sin duda alguna me harás, aunque no tiene otro fundamento que: una ciega preocupacion. “¿Te parece, di- »rás, conviene á una persona de honor, que »se dirige por las. reglas de:la prudencia, »abandonar la Religion en. que ha nacido: »y ha sido educada, por. abrazar otra que »Apenas conoce aún? ¿noes esto dejar lo »£ierto por lo dudoso?” so Xo tambien, como tú, fui por largo tiempo esclaya.de esta falsa opinion, que detiene desgraciadamente en las sendas del er- ' ,
(311) rór á tantas personas, que de un espíritu recto interiormente desengañadas, no tarda= rían en volver al sagrado redil, si no temiesen incurrir en este, á su parecer, desho= nor. Pero despues que la gracia ha abierto mis ojos, no he podido menos de ver una pura futilidad (*) , donde antes me figuraba o -_ AAA (+) En efecto, basta abrir los ojos de la reflexion para penetrarse de ello. El Protestante, cuando se hace Católico, en todo rigor no muda de Religion, lo que hace es volver á la unidad que abandonó, y fijar sus “yariaciones en que fluctúa. Entiéndase bien: todo lo que creen los Protestantes, lo creen los Católicos; y asi no tiene que abjurar artículo alguno. Para convencerse de ello, constitu= yámonos, dice con razon el Conde Maistre en su carla á una: señora Protestante ( Memorial Católico, junio de 182/), en una época anterior á todas las sectas y cismas que dividen hoy el mundo, Á prin— cipios del siglo X, no habia mas que una fé en Europa. Consideremos, pues, esta fé como un conjun— to de dogmas positivos, la Unidad de Dios, la Trinidad, la Encarnacion, la Presencia real; ó para dar mas claridad á nuestras ideas, supongamos que haya en ella cincuenta dogmas positivos. 'Podos los Cristianos creian pues entonces cincuenta dogmas, La Iglesia Griega negando la Procesión del Espírin tu Santo, y el Primado del Romano Pontífice, no quedó mas que con cuarenta y ocho puntos de (6, por donde veis que nosotros creemos siempre todo lo que ella cree, aunque ella niegue dos cosas que
(312) un punto de honor. No te convenceré en este particular por mis solas reflexiones : quiero llamar en mi socorro las que me han sugerido la obra de nuestro Padre, y en particular una carta escrita sobre este objeto por el sabio Conde Maistre á una señora Protestante. Ella ha hecho tanta impresion en mi corazon , que casi la conservo de memoria; sus espresiones serán seguramente las que nosotros creemos. Las sectas del siglo XV1 (los Protestantes) llevaron las cosas mas adelante, y negaron otros muchos mas dogmas; pero los que han conservado, nos son comunes, En fin, la Religion Católica cree todo lo cierto que las sectas creen; esto es incontestable, = Luego estas sectas, sean las que se quieran, no son Religiones (porque Religion su— pone alguna cosa positiva), son negaciones , es de cir, nada por sí, porque luego que afirman, son. Católicas. De donde se sigue con la mayor evidencia, que el Católico que pasa á una secta apostata verdaderamente , porque muda de creencia, y nie= ga hoy lo que creia ayer; pero el sectario que pasa á la Iglesia Católica , no abdica dogma alguno: na= da niega de lo que ercia; al contrario, cree lo que negaba; lo que es muy diferente. Asi que, al que pasa de una secta Cristiana á la Madre Iglesia, no se le pide que renuncie á ningun dogma, sino únicamente que confiese que ademas de los dogmas que y Cre1d, y nosotros creemos como él, hay otros que él ignoraba, y que sin embargo son tambien yerda= deros,
(313) transcriba mi pluma, pues no se pueden des cir mejor, aunque pase á tus ojos por plagiaria. Los dichos y pensamientos de los hombres grandes son siempre de mas peso, y hacen mas impresion que las de un simple particular : y esta es una autoridad que no se puede recusar de buena fé. Pero vuelvo á tu objecion: “¿Es prudente, es convenien- » te, dices, abandonar la Religion en que se » ha nacido, por adoptar otra que apenas se »conoce aún?” Sí, hermana mia, sí, es conveniente: digo mas; es necesario, cuando se tienen pruebas incontestables de que esta Religion que se abraza es la única depositaria de la verdad, la única que puede hacernos verdaderamente felices. La asercion contraria tendria las mas funestas consecuencias: todo el órden social vendria á vacilar hasta en sus cimientos, si llegase á triunfar y acreditarse. Es un deber para todo hombre prudente sacrificarlo todo á la conviccion de una conciencia ilustrada, y abrazar la verdad donde quiera que se halle, No admitir esta asercion, es un absurdo, dice con razon el Conde Maistre: “porque en verdad, ¿qué cosa mas estra= » vagante ni mas contraria á un sér dotado » de razon, se puede imaginar, que la profes
(320) cia parte; y despues de un paralelo: exacto é imparcial, le era permitido sin duda el decidir, Los Ministros mas respetables á los ojos de los Protestantes, cuyos talentos y ciencia tienen entre ellos mas autoridad, todos han reconocido en mi Padre un hoi capaz de ilustrar y aclarar las cuestiones mas dificiles y dudosas; hallaron siempre en él todas las prendas que constituyen á un verdadero sabio, y lo acreditan así un sin número de testimonios suyos que tengo á la vista. Luego mudando de Religion no dió un paso inconsiderado quese pueda tachar de ligereza ó de ignorancia: la fuerza de la verdad debió sola haberle decidido: luego yo tampoco me puedo engañar siguiendo su egemplo; y caminando por las huellas de un Padre que inspiraba tanta confianza, he debido necesariamente entrar en el camino rec- to que conduce á la vida. Si á su egemplo añado el de tantos otros Protestantes, distinguidos no menos por su clase.que por su mérito personal, ¡cuánto mas prudente aún te deberá parecer mi vuelta á la Iglesia Católica! ¡Ah! ¡y qué impo” nente te pareceria esa da de testigos, si los. estrechos límites de una carta me permitieran citarlos todos.....! ¡ y cómo me. justificaria
(391) á tus ojos.....! Pero aunque me sea imposible recordarlos todos, te ofreceré sin embargo los bastantes para probar que he obrado con prudencia. Á fin de que no pongas en duda la autenticidad de mis citas, seguiré en gran parte la nota de ellos que sobre el particular he leido en la obra de mi Padre. Entre los Protestantes convertidos que voy á nombrar, hallarás mas de uno á quien la Reforma-no podrá ciertamente acusar de ignorancia, de simplicidad ó de locura; palabras vagas é insignificantes, que ella prodiga con tanta complacencia , y aún calor, á cuantos la desamparan por buscar en otra parte la verdad, que no hallan allí. De los primeros se presenta el Conde Federico de Stolberg (*), célebre literato, E (*) Fácilmente se conocerá habla la autora de los Protestantes hoy en dia convertidos, y no de los tiempos anteriores: entre estos no podemos menos de recordar al célebre Antonio Ulrico de Brunswich, autor de las Cincuenta razones que le habian movido á abjurar el Protestantismo; opúsculo sumamente apreciable, que ya se publicó entre nosotros en latin con notas por el señor Hordeñana, Canónigo de la colegiata de Jerez de la Protera, el 1760; y en castellano el 1767 por don Pedro de Castro, Ca= nónigo de Málaga, y un compendio ó resúmen de
(399) quien despues de haber estudiado á fondo todas las comuniones disidentes, y sus mas hábiles controversistas, ha vuelto al seno de la Iglesia Católica, y consignado los motivos de su conversion en una obra muy apreciada en cuatro volúmenes, bajo el título de Historia de la Religion de Jesucristo, que ha sido leida con el mas vivo interés por los Luteranos y Calyinistas.....: síguesele el Príncipe Ulrico de Brunswich, quien en 1798 motivó su abjuracion en otra obra igualmente estimada en Jos dos partidos.....; el Baron de Starck, sabio muy distinguido y Presiden= te del Consistorio luterano de Hesse-Darms- tadt que ha publicado una defensa del Ca=' tolicismo, muy propagada entre los Protestantes, y á quien la muerte sola ha impedido hacer una profesion pública de la fé Católica (*). Por otra parte se ofrece uno de , ellas al frente de la Historia de las Variaciones, por don José Miguel Fernandez; el eruditísimo Mozz lo ha traducido al italiano en estos últimos tiempos con notas interesantes, (*) Sería de desear que esta obra de Starck , co” nocida con el título del Banquete de Teodulo, ó Conversaciones filosóficas sobre la reunion de las Comu” niones Protestantes, fuese mas conocida entre no$- otros: toda ella es un tegido de testimonios ¡rre-
(323) los mas acreditados autores dramáticos de la Alemania, Werner, el cual no solamente abjuró los principios de la Reforma, sino que deseando: espiar su demasiado largo error, y sobre todo el funesto crédito de su tragedia El Lutero, se dispuso por el silencio y la austeridad del Claustro á recibir los órdenes sa= grados: con éste se unen Mr. 7:l£, Sacerdote Anglicano, convertido por los milagros del Príncipe de Hohenlohe: su esposa (*) le habia ya precedido en su profesion; el sabio Schlegel; el Conde de Sen/f, de una de las fragables del miserable estado en que se halla el Protestantismo, del cual no ha quedado ya mas que el nombre, habiendo pasado sus Ministros y célebres escritores á un Deismo ó Naturalismo vergonzoso, sin creer dogma alguno, ni la Trinidad de las Personas , ni la consubstancialidad del Hijo, mi la divinidad de Jesus, mi el pecado original, ni mas moral que la de las pasiones: para ellos tener una sola muger en el matrimonio y la prohibicion de con— sorcio entre los dos sexos fuera de él, son restos del Monaquismo; y el goze de los placeres sensuales como sean moderados por el amor, no son mas inmorales fuera del matrimonio que en el mismo , Sc, , Gc., Ge, Van hechas ya seis ediciones. | (*) Recordamos á los sencillos , que los Sacer-. dotes Protestantes son casados: los Sectarios, hijos de un padre por lo comun impúdico , no * . di apreciar la virtud limpísima de la castidad. pps.
(324), primeras familias de Alemania; la. Condesa su esposa, y su hija..... De otro lado se 1le- ga el Duque de Sajonia-Gotha, pariente muy cercano del Rey de Inglaterra, con el cual mi Padre tuvo la satisfaccion de orar á Dios en Roma el 1817 en la capilla irlandesa de san Patricio; mas allá se dejan ver el célebre Pablo de Latour, pastor de la Iglesia Protestante de Bordes, Presidente del Consistorio de Mas-de-Azil (*), y que habia fundado en Tolosa la primera Iglesia Protestante: el Cardenal Clermont-Tonerre recibió su abjuracion en 1822; Mr. Gaches, juez de instruccion pública, y magistrado distinguido en el distrito de la Audiencia de Nimes; Madama de S, Hipólito y sus dos hijas; esta señora, que vive en Mompeller, goza de la mayor estimacion como esposa y como madre; y la dulzura de su trato y agrado de su conversacion, corresponden á sus virtudes, á su modestia y á su piedad (**). Terminaré > A (+) Véase su retractacion al fin de la Carta de Laval en este mismo tomo, (**) El Duque reinante de Anhalt Coethen, y la Duquesa su esposa, en el viage que hicieron París el 1825, hicieron tambien su abjuracion €n manos del Arzobispo de París; y por un edicto pu”
(325) este cuadro por un egemplo cuya fama ha: brá sin duda llegado hasta tí, y que ha re- -soiado en toda Europa; quiero hablar del célebre Cárlos Haller, quien parece haber dado la señal del apuro y angustia que reima entre los Protestantes. Este escritor distinguido, heredero de un nombre ilustre, al que ha añadido el esplendor de sus yirtudes, A A A A PPP as blico.lo han comunicado á sus vasallos, * A todos estos se pudieran añadir la Princesa de Holstein— Beek, Baronesa de Richraf£, y la Condesa de Goert, que ha pocos años abrazaron la Religion Católica; al Príncipe Enrique Eduardo de Schoenbourg-Wal- denbourg , viudo de la Princesa de Scwartzemberg, que el 1823 entró en el seno de la Iglesia; á la AÁrchiduquesa Carlota, Princesa de Nassau; á Madama Karstner de Angenstin ; á Mr. Koehler de Nuremberg, Vice=rector de las escuelas de Neustadt sobre el Aisch, á quien habian ya precedido otros dos hermanos» el uno de los cuales se ha consagra do al estado Eclesiástico : el Conde de Spiegel , en Bona: Mr. Ernesto de Gagern, hermano de un hombre muy distinguido por sus talentos y destino: Cárlos Fleischer , literato acreditado en Prancefort, que despues de su conversion ha traducido la refutacion de una obra Protestante: egemplos que fueron seguidos el 1824 por dos sabios profesores, uno de la Universidad de Bona, y otro de la Aca demia de Dusseldorf; y otros varios. (Véase el Memorial Católico, octubre de 1824). Tom, XIII, 90
(326) de su erudicion y de sus trabajos literarios, Senador y miembro del Consejo supremo de Berna, dió algunos años há el egemplo de un amor y sacrificio sin límites á la verdad. Convencido por sús estudios y por sus investigaciones de que la Iglesia Romana es la verdadera, lo ha sacrificado todo al deber de su conciencia, y se ha hecho Católico. He tenido el consuelo y la dicha de que fuese testigo de mi abjuracion; su presencia me confirmaba tambien mas en mi resolucion. En fin, querida hermana, en todas las clases de la sociedad en Francia, en Inglaterra, en Alemania, en Suiza, parece que en el partido Protestante se hace una especie de revolucion que concurre admirablemente al triunfo de la verdad. Jamás han sido tan frecuentes las conversiones, ni tan notables como en nuestros dias. En el momento mismo en que escribo esta, tres hermanos de una familia ilustre se preparan. en secreto á su abjuracion. Despues de todos estos testimonios, que no puedes poner en duda, y de tantos otros, cuyas listas solas, dice el Conde de Maistre, forman volúmenes enteros, juzga si he obrado imprudentemente en abandonar la Reforma por abrazar la Religion Católica, ó mas bien dime, si no he se-
(327) guido todas las reglas que dicta la prudencia. No he podido, lo confieso ingenuamente, resistir á tanta luz; y no sé como los Protestantes no se rinden á tanta evidencia (1): es imposible que esten de buena fé “en su creencia; necesariamente la duda debe agitar su alma, á menos que entera Ó volantariamente ciegos, cierren los ojos al sol de la verdad que los cerca por todas partes con sus rayos. Yo me he visto casi obligada á despertar de mi letargo; ¿Y quién sabe, hermana mia, quién sabe si el égemplo que te doy, será para tí y para todos los que te amamos, una señal de salud, como el de mi Padre lo ha sido para mí? “Millares me han »precedido, dice Mr. Haller, y millares me »seguirán.” Y la esperiencia de todos / los dias confirma esta asercion. , ¿ (1) Háblase aquí de los Protestantes instruidos que se hallan en estado de juzgar por sí mismos de las cosas; y no de esa multitud de ignorantes, poco acostumbrados á reflexionar, Jos cuales son Pro testantes porque lo fueron sus abuelos; y ni saben lo que es el Protestantismo, ni se cuidan tampoco de saberlo,
(328) MOTIVO IL LOS La poca conformidad que he notado siempre entre los Protestantes sobre los diversos puntos de su Religion. Ya há mucho tiempo que habia llama= do mi atencion este flanco del Protestantismo; pero mo por eso me habia ocurrido jamas que yo mudaria de creencia. No es necesario, amada hermana mia, revolver Bibliotecas, ni ponerme á copiar índices de al- un autor Católico, para hacerte notar este defecto del Protestantismo: en nuestra propia familia hallo yo una prueba de hecho que seguramente no desecharás. En la época en que estábamos todos reunidos en Inglaterra, ¡cuántas diferencias no nos distinuian en nuestra manera de profesar la Religion! Bajo la denominacion de Anglicanos, realmente pertenecíamos á tres sectas diferentes; y nuestro culto y usos peculiares de adorar á Dios demostraban cuán diferentes eran tambien nuestras opiniones religiosas. Entre las personas que tratábamos, aun de nuestros amigos, sucedia lo mismo... ¿Y es po: sible, dí, que sea esta la Religion revelada, aquella que yiene de Dios, y Jesucristo ha
(399) establecido por si mismo? No creo tengas valor para decirlo: el Dios de toda verdad no puede negarse á sí mismo; enseñar á un tiempo el sí y el no: y si tú sostienes que estás en el camino recto, los Protestantes, que tienen otra creencia que la tuya, nO pueden estarlo; y lo mismo digo de ellos respecto de tí: porque, en fin, vosotros no estais de acuerdo en vuestra creencia, no teneis centro alguno de unidad, y por el hecho mismo estais divididos: siendo la verdad una é indivisible como su Autor, no puede hallarse 4 un mismo tiempo eú dos partidos opuestos, mucho menos en veinte, treinta, cuarenta, Sc. Ya vés que no es ne: cesario tener grandes conocimientos para comprender cosas an fáciles , y percibirlas bajo su verdadero punto de vista. Todas estas son reflexiones bien sencillas, que yo he ido perfeccionando. durante el curso de mis instrucciones. Mas por si tú quieres autoridades mas respetables, voy á citar dos que no pueden menos de hacerte impresion. La primera es muestro digno padre. Mira como se esplica en el Prefacio de sus Cartas sobre la Italia. y “ Una razon particular, dice (pág. 15), »me ha movido á publicar estas Cartas , Y
(336) escandalosa reputacion, ¿deberemos por eso precipitarnos con ellos en el abismo, y creer que es deshonrarse abandonar sus sendas estraviadas, y abandonarlas para volver al camino trillado dós mil años há, y seguido por todos los hombres eminentes, así por su clase, como su dignidad, sus luces y talentos que ha habido en este tiempo?..... De ayer sois, decia Tertuliano á las sectas que impugnaba en los primeros siglos de la Iglesia; soís de ayer; y esta sola palabra ha bastado para destruirlas y aniquilarlas. La misma puede con igual razon dirigirse á la Reforma. ¿Y qué podrá responder? ¿Cuáles son sus títulos, y derechos á nuestra creencia? ¿de dónde ha venido? ¿cuál es su orígen? ¿dónde está su principio? =Aquí no ' puedo menos de avergonzarme, ó hermana, al pensar en esos dos hombres escandalosos que tuvieron la imprudencia de erigirse en reformadores de las Santas doctrinas, Lutero y Calvino. El uno, fraile apóstata, manchado con los vicios mas vergonzosos,. que despreciando las leyes divinas y humanas, huela los vínculos mas sagrados para dar públicamente el egemplo de una depravacion hasta entonces inaudita, casándose con: una monja apóstata que habia pervertido; que
(337) sacudiendoosadamente el yugo " suavísimo de la obediencia debida al Vicario de Jesucristo, absuelve á sus secuaces de su juramento de fidelidad, para erigirse él en déspota y tirano de sus conciencias, persigue de muerte con sus castigos y sarcasmos á los que osan resistir á sus soberanos caprichos; sucesivamente se burla de los Papas y de los Reyes, á los cuales prodiga, hasta causar náusea, los mas obscenos y asquerosos sarcasmos y bufonadas: hombre, en fin, vano y presuntuoso, que de mada duda sino de su locura y estravagancia..... El otro, no menos corrompido, pero mas impío, novador, inquieto y sedicioso, desenterrando del olvido, y aumentando todos los errores propalados antes de él, duro, intratable, orgulloso, y cruel; sin respetar nada, ni dogmas, ni moral, ni Religion; ridiculizando los misterios, y denigrándolos; degradando al hombre, y sus mas nobles facultades; privándole de la libertad, para someterle al capricho de una necesidad ciega..... Hé aquí los inmortales fundadores de la Reforma; los dos grandes santos, á quienes nuestros ministrós en particular ofrecen cada día su incienso, y cuyas doctrinas proclaman como infalibles, Dime, hermana, ¿puedes tú, pue-
(338) de ninguna persona de honor y modestia, dejar de mirar con el desprecio que tan justamente provocan sus escesos á estos dos Heresiarcas? ¿y no es lo sumo de la irrision proponerlos como modelo y regla de conducta? Esto, mas bien que otra cosa, es locura, ó burlarse de la sencillez de los hombres. Ya no me admiro haya hoy tantas conversiones. entre los Protestantes, ni de que los que se muestran mas pertinaces fluctúen á todo viento de doctrina, formándose cada - Uno una Religion conforme á sus gustos é inclinaciones, que al fin no será peor que la que han recibido de sus ilustres patronos; porque entre los pretendidos Reformados, ¡cuántos pastores, ministros y particulares hay, que no han dado uno solo de los escándalos con que se houraban Lutero y Calvino! ¡cuántos que pasan una vida itreprensible segun el mundo! Lo que únicamente me admira, y de que puedo hacerme á mí misma justas reconvenciones, es, cómo he vivido tan largo tiempo en una ceguedad, que mis observaciones habrian podido disipar facilmente.
(339) MOTIVO IV. La unidad de doctrina en la Iglesia Católica, que sube hasta los Apóstoles, y que conserva intacta la fé que recibió de ellos. Tan sospechosa como me ha parecido la poca concordia que reina entre Jos Protestantes sobre los principales artículos de su Religion, Y ha contribuido á separarme de ellos, otro tanto he admirado esa uni. dad de fé, ese conjunto de principios invariables de que €s única depositaria la Iglesia Católica. El carácter del error, dice mi Padre, no me acuerdo ahora donde, es la variabilidad. Al contrario, la verdad es siempre una; y tal la hallamos en el seno de la Iglesia Católica. Ya ha dos mil años que se conserva inmoble, fija, sobre la piedra que Jesucristo le dió por fundamento; todos sus títulos se conservan intactos, y constantemente dignos de nuestra veneracion: una sola Fé, un Bautismo, el mismo Jesucristo; hé aquí sus eternas columinas: de modo, hermana mia, que lo que los primeros fieles
(340) creian, eso mismo se cree hoy en todos los lugares de la Iglesia Católica. En París, en Roma, en Alemania, como en Inglaterra, en España, como en la India, los Católicos tiemen todos la misma creencia, Pero lo mas admirable de todo, y que particularmente ha fijado mi atencion, es que el niño que principia á hacer uso de su razon, desen- «vuelta algun tanto ya por una educacion cristiana, se esplica sobre los misterios y Sacramentos tan clara y exactamente, y con la misma precision que el doctor mas consumado. Admirable efecto de la, unidad, que fija todos los espíritus en los mismos principios, por los vínculos de la misma fé, de esta fé que sube hasta los Apóstoles por una cadena no interrumpida, y que se continuará hasta el fin de los siglos. Es cierto que la Iglesia Católica ha innovado en algunas formalidades esteriores; que sus usos y ceremonias varían segun los tiempos, lugares y circunstancias; que deja alguna cosa á los acontecimientos y vicisitudes humanas; pero todas estas formalidades, todas estas prácticas son una cosa accesoria que puede modificar á su voluntad, porque son enteramente distintas de lo que constituye el fundamento de la fé; y depositaria
(341) ella de la autoridad de su divino Fundador le es permitido indudablemente establecer: cuanto crea puede contribuir á la felicidad de sus hijos: nadie le negará este derecho, así como no se puede negar á un Monarca el de hacer leyes para gobernar sus súbditos, y variarlas á su voluntad, ó modificarlas segun lo juzgue conveniente en su sabi- .duría. Pero en lo que toca y constituye la esencia de la fé, la Iglesia no puede alterar ni variar, y efectivamente nada ha mudado. La fé, lo repito, es inmutable; es un dominio, cuya propiedad se ha reservado Dios esclusivamente. : “Se debe con todo cuidado, dice mi Pa- »dre, y es necesario distinguir lo esterior, »digámoslo así, de la Iglesia, de lo interior »todo espiritual que constituye su esencia, » y encierra el conjunto de verdades que »abraza la fé, la totalidad de los dogmas »que el Cristiano hace profesion de creer » sobre la irrefragable autoridad de esta Igle- » sia fundada por Jesucristo. Es constante que »esta sociedad espiritual, considerada en su »interior, no puede variar; que para ella no » hay edades, ni niñez, ni vejez; que sus años » no acabarán, y siglos numerosos pasando » delante de ella, no harán sino perfeccio- Tom. XIII, 91
(342) > narla..... diferente en esto de todas las co- » muniones Disidentes, cuyas variaciones per- » petuas estan declarando en alta voz la ile- »gitimidad de su orígen, y le hacen pre- »sentir su próxima é inevitable decadencia, » porque no-reposan sobre fundamento al- » guno sólido.” He podido, pues, abrazar sin temor esta creencia Católica, que se muestra hoy tan pura como en el tiempo de los Apóstoles, y como entonces, Una en su doce trina, en sus dogmas, y en sus Inistérios, Las borrascas y tempestades han pasado delante de ella sin arrancarle nada de su integridad. ¡ Qué ascendiente, pues, no debe tener sobre los corazones, y cuán propia es para asegurar y tranquilizar las conciencias timoratas que no estan adheridas ya á la Reforma sino por una especie de preocupacion! ¡Ah! lo confieso; ella se ha enseñoreado de todas las potencias de mi alma: ¡bendito sea una y mil veces el dia en que me fue dado hacer su profesion pública!
(343) MOTIVO Y. El espíritu de caridad de esta Iglesia que los Protestantes acusan de intolerante, y. que yo tambien habia ¡ay! creido tal, durante largo tiempo. Hoy que conozco á fondo, por decirlo así, á la Iglesia Católica, igualmente que el carácter de sus Ministros, no puedo concebir, hermana mia, como los pretendidos Reformados, que los conocian mejor que yo, osan mentir contra su conciencia, pintando como intolerante esta Religion santa, cuyo primer precepto es la caridad, el amor del prógimo, y el perdon de las injurias. Cabalmente este es su carácter distintivo. Ínterin las Comuniones disidentes no predican sino el egoismo, ella sola vuelve bien por mal, amor por el odio que se la manifiesta. Abre la Historia sagrada y Eclesiástica, y á cada página hallarás una prueba de ello. ¡Oh y cómo hacia ya brillar desde los primeros siglos de la Iglesia esta caridad divina! Los primeros Cristianos, dicen los Libros santos, dirigian sus votos y oraciones al Cielo LS
(344) por sus atroces perseguidores; y lo que es mas aún, besaban con un santo respeto las manos de sus verdugos. Y desde entonces ¿no se ha visto fluir incesantemente, continuar esta caridad hasta nosotros? Fuera de esto, ¿qué moral se vió, ni conoció jamás mas dulce, mas.suave, mas atractiva que la de la Religion Católica? “Eh, condena, dicen » los Protestantes, á tormentos eternos á los hi- »jos de un rismo Dios, porque le adoran » de diferente modo; ¡qué mayor intoleran- »cia!” ¡Qué error, amada mia, y que blasfemia á un mismo tiempo! ¡qué poco conocer es eso á esta Iglesia, que no suspira sino por la felicidad de sus miembros! No, querida hermana, no: ella no condena al infierno vuestras personas; reprucba únicamente vuestros errores, los falsos principios que os han enseñado, y que ciertamente no vienen de los Apóstoles: y en esto, ¿qué injusticia hay, ni qué intolerancia? Única y sola depositaria de las promesas de Jesucristo, como lo demuestra del modo mas auténtico, ¿puede mirar como hijos suyos á los que se han declarado sus enemigos, y no hacen parte de aquel rebaño que su divino Gefe ha venido á formar sobre la tierra, y de que él es el único Pastor? Centro de la verdad,
(345) debe condenar todo lo que no lo es; dice, y debe decir, anatema á todas las otras comuniones, á todas las malas doctrinas. Fuera de su seno no hay salvacion: hé ahí lo que ofende á los Protestantes. ¿Pero no se halla en el Evangelio esta misma sentencia? ¿en ese Evangelio que los Protestantes tienen siempre en las manos «y los labios, al que creen y enseñan públicamente? Ademas, por este anatema que la Iglesia fulmina contra las sociedades que han roto la unidad, ella no pretende decidir irrevocablemente la suerte de todos los adultos que mueren fuera de su seno (*), mi poner límites á la misericordia infinita del Señor: reserva á éste el juicio de los particulares. Reconoce tambien que no es tanto el error como la adhesion pertinaz á él, lo que hace culpables; y por consiguiente los que estén en una ¿ignorancia invencible (**) de la verdadera fé, no son culables de sus errores: la buena fé los escusará delante de Dios, con tal que tengan un conocimiento suficiente de los dogmas fun- | ; (*) Un momento, y la autora esplicará mas claramente lo que quiere decir, (e) Esta no cabe en los Ministros, como antes ha dicho ya,
(352) -ticular algunos Ministros distinguidos, han dado á mi conversion y á la de mi Padre. “El estado y situacion en que me hallaba, » la horfandad en que mehabia dejado la » pérdida de un Padre, que yo lloraré toda » mi vida, la debilidad de mi sexo, hé ahí, »dicen, las causas de mi mutacion..... Las » que decidieron á mi Padre á dejar la Re- » forma, segun ellos, son la pobreza en que »se hallaba, su caduca vejez, su entendi- » miento ya debilitado, y diré, su locura: » porque hasta abí han llegado, hasta decir » que estaba loco cuando hizo la abjuracion.” Yo despreciaria, querida hermana, estos clamores, si no injuriasen ellos al autor de mis dias: mo los estraño: ¿han sido jamas otros los «que los Reformados han repetido cuando: alguno ha desamparado sus filas? ¿Qué no han dicho de ese hombre grande, tan estimable y estimado: de todos los buenos, de ese:sabio distinguido, que se gloriaban poseer en su secta, de Mr, Haller? Antes de su conversion era un ilustre defensor de sus principios, un escritor vigo” roso, leno de erudicion y de mérito. Se convirtió ; ya es un hombre débil, cobarde, pusilánime, un hombre regular y comun, que no se ha movido sino por miras de intere-
(353) ses. Lo mismo ha sucedido con nuestro Padre: ¿qué elogios no habia recibido de los Pastores, sus colegas? “Generalmente, le es- » cribia uno de ellos, y muy estimado en la » sociedad, se reconoce vuestro talento ora- » torio, vuestros estensos y profundos cono- » cimientos en literatura, vuestra laboriosi- »dad, y se hace la debida justicia á las obras » de vuestra elocuente y fecunda pluma. ¡Oh! » y ¡cuánto tiene que aplaudirse la Iglesia de » Nantes de vuestros trabajos actuales !.....” ¿Qué testimonios, qué certificados tan honoríficos no le han dado en las diversas épocas de su vida? Todos nuestros Ministros tenian á sumo honor estar en correspondencia con él. Mr. Marron, á quien la Reforma mira hoy como su principal apoyo, no se desdeñaba de preferirle á todos en las oca= siones en que alguno debia substituirle en las cátedras donde. él era deseado, y en las cuales un talento mediano no hubiera osado presentarse : y hoy estos mismos que tanto le elogiaban, tienen valor para decir que casi no era conocido entre los Protestantes, que se hacía poco merito de el..... No creo poder vindicar mejor este ultrage hecho 4 la memoria de mi Padre, que imprimiendo algunas cartas que le escribieron dos hom-
(354) bres de que la Francia se gloría , y son el sabio Fontanes, Gran-Maestre de la universidad, que le honraba con su estimacion, y el Vizconde de Bonald de quien no era menos apreciado (*). Los Protestantes mas (+) En efecto, no pueden ser mas honoríficas. En una de 20 de octubre de 1806, dice Fontanes “gue su imaginacion es propia de los Bossuets y Ma- » sillones: que no sabe sí es Romano de corazon, pero »en la elocuencia sí?” En otra de 6 de diciembre del mismo año, le cree digno “de acabar la obra »empezada por Leibnitz y por Bossuet.” En 29 de enero de 1807 , “que cuando todas las comuniones »Cristianas quisiesen sinceramente reunirse, merecia »ser uno de los encargados de esta mision?” En 24 de julio de id. “que el entusíasmo guerrero, Y la ma- »gestad de la Religion respiran en sus discursos, en »los cuales reuniendo el interés de las memorias his »tóricas , el literato se instruye, y el Cristiano se edi- »fica.” Asi Fontanes.=El Vizconde Bonald en 17 de febrero de 1815. “He reconocido, le escribe, en » vuestro discurso rasgos notabilísimos de elocuencia; »sobre todo aquel: No vayais á decirlo en Geth, no » lo anuncieís en Ascalon. ¡Cuánto me glorío en saber »por vos mismo que he podido influir algun tanto »en el modo de ver y sentir de una persona que vé »las cosas con tanta exactitud, cuyas opiniones reli. » giosas , decís, son casi en todo análogas á las mias, » y cuya alma es tan elevada, y la moral tan pural »¿Y por qué queda aún esa pequeña diferencia * »estoy persuadido que desaparecerá.....? A su hija Y
(355) exaltados mo se atreverán á recusar tales testimonios. Por ellos sabrán lo que era el escritor á quien afectan despreciar despues de su muerte, y Cuyo mérito quisieran disminuir hoy... Acúsanle y dicen que su pobreza ha sido el primer móvil de su conversion. Mas yo les pregunto: ¿qué riquezas temporales le venian por ella? ¿qué rentas eran las que ganaba haciéndose Católico? Perder las que tenia de Protestante. ¿Se le habia prometido algo? ¿Dónde están ni aun la sombra de indicios de ello? Desde que manifestó claramente sus intenciones, ya bastantemente espresadas en su Predicacion del Cristianismo (1), donde descubre, digámoslo así, escribia el mismo en 1/4 de diciembre de 1815, “que su estimación para con su padre hacia tiem- »po habia principiado, y solo pudo aumentarse »cuando le llegó á conocer personalmente, Xc., Sc.” (1) Obra muy estimada en la cual Mr. Joux desenvuelve los principales dogmas de la Religion Católica: como el pecado original, la divinidad de Jesucrísto, Kc, Sc. , negadas por la Reforma. Este curso de instrucciones se imprimió en Ginebra el 1803 en / vol. en 8.%; pero los Protestantes han tenido la caridad de substraerlos al público. Unos sesenta egemplares quedaban aún en casa de un Ministro de Ginebra; pero he tenido el dolor de saber últimamente que cada día encendia la lumbre con ellos ns... y
(356) todo su corazon, igualmente que su creencia interior, ¿qué alivio ha esperimentado en su estado de escasez; qué han hecho por él los Católicos que conocian sus sentimientos? Si le hubierán guiado miras de interés, mas bien no deberia haber renunciado el Protestantismo: con solo aceptar las ofertas de indemnizacion, y aun las pensiones que frecuentemente se le habian propuesto por la Reforma, con condicion que hiciese dimision de sus destinos, y cesase de pred:- car (4), tenia bastante. Pero oigámoselo deciertamente no es este el uso que hacen nuestros filósofos de las obras de Voltaire, %c. , Kc. * Un Arzobispo Católico, á quien se la dirigió , hace de ella un hermoso elogio en una carla con que contestó á su recibo. (1) No desagradará leer aquí una carta de un Protestante convertido que depone de la verdad de este hecho; y dice así=Monsieur: Al comunicarme la nueva de la muerte de Mr. Pedro de Joux, pocos dias despues de su entrada en la Iglesia Católica, me añadís que algunas personas dicen que su abjuracion fue un paso precipitado, que anunciaba exaltacion de cerebro, ó acaso algun motivo particular, y me preguntais lo que sé sobre ello. En respuesta , pues, á vuestras insinuaciones, debo deciros , como quien ha estado mas de veinte y cinco años en. relaciones seguidas con Mr. Joux, que hace ya mucho tiempo me dió á conocer la grande inclinacion
(357) cir 4 él mismo; que sus palabras probarán mejor que las mias cuán Jejos han estado de su corazon Jas miras de interés en su; con= version. Hé aquí lo que responde en sus Cardas sobre la lalía á un caballero, ¡nglés que Je ofrecia un retiro. agradable para sus últimos dias... < ss pos “Os alligís mucho del estado de penuria y de abandono en quese. encuenira A ___—_— AA que “sentia de hacerse Católico ,. pero que no que= ria realizarlo hasta tener una íntima Conviccion, Los hechos siguientes podrán servir de prueba. = “El-1813, estando Mr. N. , comisario de policía, bajo los arcos de la casa de ayuntamiento con un funcionario público, se llegó á ellos Mr, de Joux, dijo á este último: Monsieur y: ¿quereis convertir á «Mr. N. y hacerlo Católico? El empleado respondió: no quiero yo perder mi tiempo en eso. lo que re= plicó Mr. Joux: yo'vituperaria á un Calólico que se hiciese Protestante , porque no es. permitido al que 1ie= ne mas, buscar lo menos ; pero no podria viluperar á un Protestante que se hiciese Católico , porque el que diene menos debe buscar lo mas. = Casi al mismo e tiempo Mr. Joux me enseñó una carla que escri bia á un Arzobispo de Francia, en la cual decia estas palabras, bien notables en la boca de un pas= tor Protestante: Es preciso convenir que hoy mas es tiempo de afirmar , que de protestar. Estaba enton— ces asombrado de ver los progresos que hacian el Arrianismo y Socinianismo entre sus compañeros» los pastores de Ginebra; y lo quedó aún mas Tom. XILI, YY
(358) » vuestro viejo y antiguo amigo, y me con- . » vidais con las Mas vivas Instancias á gus- » tar los consuelos de la amistad, despues de » tantos viages y tantos trabajos, de tantas >» y tan penosas enfermedades que agravan el »peso de los años; insistiendo en que acepte »un retiro en el seno de vuestra familia, » doude podré ayudaros y dirigiros en la edu- » cación de vuestros hijos. Mi respetable 'amivolver de Nantes ,. despues de su viage de Italia, época en que sus colegas se reunieron casi todos para impedirle el predicar ¿en las cátedras de Ginebra, por temor de que hablase del pecado: ori— ginal y de la divinidad de Jesucristo, Y esto legó á tanto que le propusieron si queria renunciar su plaza de pastor y no predicar, y á darle 30 Luises cada año, proposicion que fue consignada en un billete (que he leido y tenido en mis manos) :con= cebido en estos términos: Yo el abajo firmado me ofrezco por mi, y. por el cuerpo á quien represento, pagar al pastor Mr, Pedro Jouxw la cantidad de 30 Luises por año, con tal que no predique en este Canton , y renuncie su plaza..... Vaucher, pastor..... Ac su vuelta de Halia el 1918, estando hablando un dia con dos 6 tres Grinebrinos conocidos mios, pero divididos de opinion «sobre la compañía de pastores, los Empeytacianos y Malanístas, viéndome llegar, y Sabiendo:que yo habia entrado en el seno de la Iglesia Catolica, les dijo señalándome: Hé ahí el que ha tomado el partido verdadero : no hay otro mediv de volver 4 la Unidad, á la verdad y á la paz.
(359) »go, ¡cuánto me cuesta haceros «esta confe- » sion! Yo no puedo aceptar vuestra oferta ge- » nerosa: quiero dejarme todo en las manos de »este Dios tan bueno, que nunca me ha » abandonado : el sentimiento de la depen- »dencia absoluta en que me ha constituido, » haciéndome recibir diariamente de su ma- »mo lo simplemente necesario , es muy pre- »cioso á mi corazon. Por otra parte, Milord, Á la mañana siguiente me declaró que en Italia se habia acabado de convencer de la verdad y divinidad de la Religion Católica, Apostólica, Romana; en particular, de la realidad de la existencia de la Cátedra de san Pedro, y por consiguiente de la legítima autoridad: de la Cabeza suprema de la Iglesia visible, en la persona del Papa residente en Roma, como Vicario de Jesucristo. Y terminó su conversacion diciéndome: En fin, querido mio, yo soy Católico como vos, y si no hago aún profesion pública de ello, es porque me veo detenido por tra— bas que no puedo romper en el dia; pero espero en la bondad de. Dios , que vé la sinceridad de mi corazon, nome dejará morir sin haber logrado antes la gracia de ser recibido por hijo de la Iglesia , y hecho una profesion clara de ello. Esto es lo que puedo deciros y aseguraros sobre el particular,.... Vengo el homor de ser Sc, J..... V.....= Este y los documen-= tos aulénticos de las citas anteriores, son bastantes para desvanecer todas las calumnias de los Secta= rios contra este hombre célebre, +
(360) »es preciso que os lo diga: aunque por mí » mismo estoy falto de todo recurso huma-= » no, mis necesidades diarias se hallan pre- »venidas: mis hijas, á quienes he criado con » esmero, y que estan colocadas de ayas con »las principales familias de Inglaterra, me » sostienen Con el fruto de su trabajo, y lo que » buenamente economizan, basta para mi sos- »tenimiento , y el de su respetada madre. » Gozo, pues, de la mayor felicidad que es » dado esperar al hombre en la tierra. Soy »un padre dichoso , y la piedad filial de mis » hijos, mada me deja que desear (dom. 2, »p. 606). Sus facultades intelectuales, dicen sus adversarios, gastadas por la vejez que le habia reducido á un estado de demencia, no le han permitido reflexionar sobre el acto de su abjuracion. Una sola palabra bastará para rebatir semejante calumnia, que prueba claramente la debilidad del partido Protestante, que acaso toca ya á su entera disolucion. Mi padre ha continuado sus trabajos literarios, hasta el momento mismo en que fue atacado de la perlesía; cada dia sa: lia de su pluma algun analísis, Ó nota, 6 redaccion. Sus Cartas sobre la Italia es la última obra en que se ha ocupado , la cual
(361) se ha publicado inmediatamente despues de su muerte. Y. bien, pregunto: ¿este libro acogido por todas partes con tanta aceptacion, buscado, y pedido aun de los paises extrangeros, indica un entendimiento debilitado por la decrepitud? ¿Con qué «aplausos no ha sido recibido en París de todas las personas distinguidas por su mérito literario, y por los Estadistas? ¿Qué elogios no se han hecho de él, y qué congratulaciones no me han dado á mí misma?..... Y si el autor no hubiese merecido consideracion alguna, ¿se hubiera apresurado el Rey en su: munificencia real á contribuir á los gastos de la impresion? Ademas, los manuscritos de que soy depositaria, á saber, el Diario de un emigrado, y las Tardes Napolitanas (1), ya conocidos de personas capaces de apreciarlos; la Predicacion del Cristianismo, que tanto (1) Estas dos obras, que son continuacion una de otra, estan ya para darse á la prensa, Desde el 1817 mi padre habia publicado el prospecto de la segunda ; pero circunstancias particulares se lo impidieron entonces. Son puramente científicas y liz terarias; contienen las investigaciones mas preciosas sobre las costumbres y usos de diversas partes de ltalia. Los fenómenos de esta tierra dúalea sn allí esplicados del modo mas interesante.
(368) ÍNDICE DEL TOMO XII. ESCELENCIA' DE LA RELIGION CATÓLICA, Notas de la verdadera Iglesia. CARTA XXI. AM. J. Tovzmry.=YFalsa pin—- tura que hacen los Protestantes de la Iglesia” antes de lo que se llama la Reforma. = Idem de los mártires de John Fox. = Los vicios personales de algunos Papas nada prueban contra la santidad de la Iglesia. = Prácticas y egercicios prescritos en la Escritura , comunes entre los Católicos, y descuidadas entre los Protestantes, . ....,..., pág. 3 CARTA XXII1. 4 M. James Browy. = Atestacion divina de la Santidad en la Iglesia Ca» tólica. = Los Milagros son prueba de la verdad. = Jesucristo apeló á ellos, y prometió su continuacion en su Iglesia. = Los santos Padres y los Escritores Eclesiásticos atestiguan la continuacion de ellos en la Igle— sia Católica, y apelan á ellos para probar cuál es la verdadera. = Pruebas incontestables de la verdad de un gran número de milagros, — Escepticismo irreligioso del doctor Conyers Middleton. = Continuacion de a
s (369) milagros hasta nuestros dias. = Testigos vivos de esta continuacioD. . ..«...« «+. .«. 11 CARTA XXIV. AL MISMO. = Continúa la misma materia. = Los falsos y no auténticos mila- -* gros, nada prueban contra los auténticos y verdaderos. = Exámen rigorosísimo que se hace en Roma de los milagros. — No es necesario conocer los designios de Dios en cada uno de los milagros que obra, — Examen de los argumentos de algunos célebres Protestantes contra los milagros Católicos.= Refútase la objecion de Gibbon, y del doctor Juan Douglas (último Obispo Anglica— no de Salisbury) contra los milagros de san Bernardo. = Los de san Francisco Javier probados por los mismos autores que citan contra ellos. = Refutacion clara de la aser— cion presuntuosa de Middleton. = Otra no menos conclusiya y evidente de la que figu= raba Douglas contra los milagros de san Javier, tomada de Acosta, por el testimo— mio de este mismo Acosta. = Testimonio de Ribadeneira sobre los milagros de sam 1g- nacio , presentado á su verdadera luz. = Verdadera relacion del milagro de Zarago= za. = Imposturas en el sepulcro del Diácomo París descubiertas por los Católicos. = Refutacion del escrito del Reverendo Pedro Robert, tocante á la curacion milagrosa de VWWinefrido Whitesciron ienco ez 43 CARTA xXY. AL MISMO, = La verdadera Iglesia es Católica, = Siempre la Romana fue Católica de nombre, por testimonio de los Padres, y aun distinguida por él á pesar de todas las contradiciones, ....,.,. 205
(370), CARTA XXVI. AL MISMO.= Cualidades de la Ca= tolicidad. = La Iglesia Romana es Católica en cuanto á sus miembros, y 4 su esten- “sion, y á su duracion. = La Iglesia primi= tiva de Inglaterra fue tambien la Romana. 72 CArrA XXVI AL Mismo. = Satisfácense algu= nasobjeciones del Reverendo Josuah Clark.= No existe Iglesia invisible. = En vano se > intenta trazar la existencia del Protestantismo al traves de las heregías discordantes de los primeros siglos. = Vana prediccion de la caida de la verdadera Iglesia. = Ultimos , pero inútiles esfuerzos que han hecho los impíos para acabarla... «87 Carra xxv11. AL mismo.= La verdadera Íglesia es Apostólica. = Y asi la describen los antiguos Padres. o... <<... 99 CARTA XXIX. AL MISMO. = Sucesion Apostólica del Clero en la Iglesia Romana. = Ninguna de:las sectas Protestantes pretende derecho á esta sucesion, sino la Anglicana. = Doc-— trina y conducta de Lutero, y de varios Disidentes sobre esté particular. — Incertidumbre. de las santas Ordenaciones en la Iolesia Anglicana, segun la doctrina de sus fundadores ó establecedores. = Y la historia de aquellos tiempos. = Y la defectuo= sidad de su forma. = La Mision Apostolica falta evidentemente á todos los Protestan= tes. = Ellos no pueden mostrar una mision ordinaría; ni menos probar la extraordi— naria haciendo milagros. = Série de los Papas, y Doctores, y Santos en la Iglesia Católica, sin interrupcion ea todos los siglos. 130 CARTA XXX. AL Mismo. = Continúa la misma
(371) materia. = El Ministerio Apostólico no se interrumpe: por los vicios personales de al gunos Papas. = Refutacion de la fábula de Juana la Papisa. = Comparacion entre las misiones de los Protestantes y de los Católicos para la conversion: de los infieles. =- Operaciones de las sociedades Biblicas. = Qué se puede prometer la Religion de ellas.= Aumenlo progresivo de delitos, á proporcion que se han aumentado estas sociedades. = Ultimos misioneros mártires, = Estado de la Cristiandad en varias misiones de Asia Y AM o aa A, Posrpara. = Recapitulacion de lo contenido en las cartas de la segunda parte. . ... 177 Reflexiones sobre el estado actual del Protes— tantismo; en él no se halla motivo alguno de ercdlUIdAd. + ia dia» + Zone . 182 CARTA DEL. Ex-MINISTRO LAY AL á sus antiguos Co-religionarios, noticiándoles su conver sion á la Iglesia Católica. ......... 189 Retractacion de Mr. PABLO LaArour, Presidente del Consistorio de Mas-de=Azil. . ... 252 CARTA DE CARLOS Luis HALLER á su familia, designando los motivos de su conversion. . Adem de JOSEFINA, JOUX DE LA CHAPELLE á una hermana suya con el mismo objeto, , 299 En el tomo siguiente se dará la célebre obra de Luis Mozzi Los Proyectos de los Incré dulos , y otro opúsculo no menos interesante,
Lin. (372) ERRATAS DEL "TOMO XUL. Dice, de los Santos. observa _ su carreta oficiales ' nulla facultas 2umortal como un Papa V Eleuterio primer * lleidan Oculto ! Bueno Espora en la Groenlandia los que llamánen sus oblida acabar: los: impíos, Léase, los Santos. observan la carreta oficiosas ,. . non illa facultas inmoral con un: Papa 5. Eleuterio primero Sleidan > Omito . Buena-Esperanza,en la Groevláudia enlosque llaman sus obligada acabar con los im=- degollar píos , degollarlos: incompresible incomprensible TOMO XIL En el dicho tomo página 27, línea 8 dice: divinidad de Moises, léase: divinidad de la de Moises. Idem 207, línea 15: no es de Dios, léase: es de Dios; y todo espiritu que no confiesa que Fesucristo ha venido en carne y no es de Dios.
(373) ) CONTINÚA LA LISTA DE LOS SEÑORES SUSCRIPTORES, NAAA Es R. P. Guardian de san Francisco de Bilbao, pof cuatro egemplares. R. P. Fr. Felipe Neri de Granoller, Religioso Capuchino. R. P. Fr. Vicente de santa Teresa , Presidente del Hospicio del Cármen. R. P. Fr. Eulogio de Ranchon, en los Capuchinos de id, R. P. Fr. Santiago Sagarmínaga, en santo Domingo de Vitoria. R. P. Fr. Pedro Estibariz, id. de id. R. P. Fr. Anselmo Vallejo, id. de id. Fr. Pablo de Gorriaran. Don José Xampané, Vicario de Esparraguera, Doctor don Roque de Echávarri, Vicario eclesiástico de Vitoria. k Doctor don José Castañon. Don Lorenzo Haedo, Presbítero, y Director del Colegio de Santiago de Bilbao. Don Matías de Basabe, Beneficiado de id. Don Martin de Orúe, Presbítero en id. Don Hipólito Manuel del Valle, Capellan del conven- to de Villasana. Don Juan Bautista de Arteaga, Cura de Guecho. Don Pedro Velasco, Cura de Sestao. Don Francisco de Ribas, Cura propi A reino de Granada. y A on José Montoya, Dean de la s : politana de nada. anta Iglesia Metro- Don Serafin del Corral, Presbítero, El señor Marques de Valde-Espina,
(374) El M. N. y M. L. Señorío de Vizcaya. Don Miguel de Artíñano, PES ¡de la Intendencia ae Policía de id. Z : Don Toribio de Achával;, ¿Oficial del Juzgado de: con= «“trabando de Bilbao... Ax Don Francisco de Tbarguengoitia. en id. Don José María de Marury. Don Lázaro de Abellaneda. Don Pedro Novia de Salcedo. Don Eugenio de Marury. Don Juan José de Zárraga. Don Serapio de la Hormaza. Don José de Aguirre y Ochandiano, Don Francisco de Acha y Gorostiza, : Don Juan Antonio de Elorduy. Don Eusebio de Larraondo. Don N. de Yarza. Don Alejo de Basabe. Don Gregorio Guillerna, en Vitoria. Don Antonio María de Ansótegui, en id, Don Valentin Verástegui, en id. Don Juan Antonio de Mendibil, en id. Don Matías Antepara, en Retinas Don Valentin de Luco, en Cii iano.. Je : (Se continuará).