Cognición, lengua y traductología: revisión teórica interdisciplinar del concepto de equivalencia para una poética gramatical de la traducción
Abstract
Programa de doctorado: Nuevas Perspectivas Cognitivas en los Estudios de Lengua, Literatura y Traducción
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Anexo I Dª Lydia Esther Bolaños Medina, SECRETARIA DEL DEPARTAMENTO DE Filología Moderna DE LA UNIVERSIDAD DE LAS PALMAS DE GRAN CANARIA, CERTIFICA, Que el Consejo de Doctores del Departamento en su sesión de fecha ............................. tomó el acuerdo de dar el consentimiento para su tramitación, a la tesis doctoral titulada “Cognición, lengua y traductología: revisión teórica interdisciplinar del concepto de equivalencia para una poética gramatical de la traducción” presentada por la doctoranda Dª María Pilar Lema Quintana y dirigida por la Doctora Dª Juana Teresa Guerra de la Torre. Y para que así conste, y a efectos de lo previsto en el Artº 73.2 del Reglamento de Estudios de Doctorado de esta Universidad, firmo la presente en Las Palmas de Gran Canaria, a ............de.............................................de dos mil...................
Anexo II UNIVERSIDAD DE LAS PALMAS DE GRAN CANARIA Departamento: Filología Moderna Programa de Doctorado: Nuevas Perspectivas Cognitivas en los Estudios de Lengua, Literatura y Traducción Título de la Tesis Cognición, lengua y traductología: revisión teórica interdisciplinar del concepto de equivalencia para una poética gramatical de la traducción Tesis Doctoral presentada por Dª María Pilar Lema Quintana Dirigida por la Dra Dña Juana Teresa Guerra de la Torre ________________________________________ El/la Director/a, El/la Codirector/a La Doctoranda, Las Palmas de Gran Canaria, a ……. de ……………….. de 2009
UNIVERSIDAD DE LAS PALMAS DE GRAN CANARIA Departamento de Filología Moderna COGNICIÓN, LENGUA Y TRADUCTOLOGÍA: REVISIÓN TEÓRICA INTERDISCIPLINAR DEL CONCEPTO DE EQUIVALENCIA PARA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN Tesis doctoral presentada por: María Pilar Lema Quintana Dirigida por: Dra. Dña. Juana Teresa Guerra de la Torre Las Palmas de Gran Canaria, 2009
A mis padres, enormísimos cronopios A la memoria de Zinaida Lvóvskaya
Parte de la investigación conducente a esta tesis se financió con una beca de la Fundación Canaria Universitaria de Las Palmas a través del Programa Innova Canarias 2020®, patrocinada por PUBLICIDAD ATLANTIS.
Agradecimientos Este trabajo ha sido una estructura abierta a la que habitantes de mundos paralelos le ha ido aportando energía. Me gustaría darles las gracias a todos ellos. Muchas gracias a las reseñadoras internacionales, Małgorzata Fabiszak y Mette Steenberg por su trabajo y sus valiosos comentarios. A la directora de la tesis, Juani Guerra, por compartir conmigo sus ideas durante estos años y por organizar un programa de doctorado que me descubrió tantas cosas. A Pachi Lema, por estar siempre y para todo y por descubrirme y guiarme en la antropología, y a Mary Luz Lema, por lo difícil que es ser hermana mayor. Gracias a Antonio Gómez, por su sensible y detallado tratamiento de la forma final y edición del texto. A Víctor Benítez, por acompañarme en estas reflexiones desde hace tanto, y por su entusiasmo en la corrección del borrador. A Víctor Manteiga y a Susan Cranfield, por su paciente ayuda en la corrección del texto en inglés. A mis compañeras de la Facultad de Filología Española de la Universidad Adam Mickiewicz de Poznan: Barbara Pirecka, Alfons Gregori, Magda Potok, Ita Wachowska, Barbara Łuczak, Milena Moreno, por compartir conmigo su sabiduría y por contagiarme de su interés por las culturas. A los alumnos de las promociones 2004-2007 de la UAM, por obligarme a reflexionar sobre mi propia lengua y enseñarme con tanto cariño los entresijos de la suya. A mi alumnos de la ULPGC, que se han dejado acompañar por los conceptos de este trabajo al estudiar un lengua nueva y misteriosa. A Piotr y a Dorota, por llevarme de la mano por la lengua polaca. A Paqui Afonso, por enseñarme a pensar la literatura. A Juanma Santana, dedicado a regar esta tesis con litros de café. A Heidrun Witte, por su generoso apoyo. A mis compañeros Jadwiga Stalmach, Detlef Reineke, Ana Carranza, Jessica PérezLuzardo. A los compañeros de la Biblioteca de Humanidades de la ULPGC, muy especialmente a Siqui, que han atendido mis dudas y peticiones con paciencia y profesionalidad. A mis tíos Mauela y Luis, por las repetidas becas de estancia en Sarela. A Luis Ángel Martínez, la voz de los consejos informáticos y vitales más sabios que escucharse pueda. A mis amigos, por la suma de los minutos que les debo.
Ciencia y arte: la receta del éxito; wissen frente a können en alemán, el “saber qué” junto al “saber cómo” se entremezclan en nuestra vida diaria. Y, sin embargo, können, el “saber cómo”, no tiene un lugar en la ciencia. ¿Por qué? Stuart Kauffman, Investigaciones […] (todo cuento es como se lo cuenta, la conciencia de que fondo y forma no son dos cosas es lo que hace al buen narrador oral, que no se diferencia así del buen escritor aunque los prejuicios y los editores estén a favor de éste último) […]. Julio Cortázar, La vuelta al día en ochenta mundos
9 ÍNDICE Tomo I. Tesis en español INTRODUCCIÓN. LA EQUIVALENCIA: UN PROBLEMA, UNA ENCRUCIJADA ........................ 13 CAPÍTULO I. EL CONCEPTO DE EQUIVALENCIA EN TRADUCTOLOGÍA ................................ 19 1.1. EQUIVALENCIA Y ESTRUCTURALISMO .................................................................................................. 21 1.1.1. La perspectiva de la lingüística comparada: Vinay y Darbelnet, Mounin, Vázquez Ayora......... 22 1.1.2. El enfoque lingüístico de James Catford ..................................................................................... 27 1.1.3. La equivalencia dinámica de Eugène Nida y Charles Taber....................................................... 30 1.1.4. La Escuela de Leipzig.................................................................................................................. 35 1.1.5. Equivalencia y estructuralismo: algunas conclusiones ............................................................... 46 1.2. EQUIVALENCIA Y FUNCIONALISMO....................................................................................................... 47 1.2.1. El núcleo de las teorías funcionalistas: Reiss y Vermeer ............................................................ 49 1.2.2. Jerarquía de equivalencias.......................................................................................................... 57 1.2.3. La importancia de un término relacionado: la adecuación......................................................... 60 1.2.4. Funcionalistas de transición: el primer Kussmaul y la primera Snell-Hornby........................... 61 1.2.4.1. Paul Kussmaul y la creatividad del traductor ........................................................................................ 61 1.2.5. Algunas conclusiones................................................................................................................... 64 1.3. EQUIVALENCIA Y TEXTOLOGÍA............................................................................................................. 64 1.4. EQUIVALENCIA Y MANIPULACIÓN. LA ESCUELA DE LA MANIPULACIÓN .............................................. 67 1.4.1. Rosa Rabadán y la equivalencia translémica .............................................................................. 73 1.4.2. Entre la manipulación y la deconstrucción: Vidal Claramonte................................................... 76 1.4.3. La perspectiva holística de Snell-Hornby.................................................................................... 77 1.4.4. El poder explicativo de la noción de equivalencia en la traducción vista como manipulación... 80 1.5. EQUIVALENCIA Y DECONSTRUCCIÓN .................................................................................................... 82 1.6. EQUIVALENCIA Y COGNITIVISMO.......................................................................................................... 89 1.6.1. Protocolos TAP, estrategias y equivalencia: la atención a los procesos..................................... 89 1.6.2. Equivalencia y lingüística cognitiva............................................................................................ 93 1.6.3. Enfoques modernos sobre la discusión........................................................................................ 95 1.7. CONCLUSIONES: LA CONSTRUCCIÓN DEL CONCEPTO DE EQUIVALENCIA .............................................. 97 CAPÍTULO II. POÉTICA Y EQUIVALENCIA: ALGUNOS CONCEPTOS CLAVE PARA EL ESTUDIO DE LAS ESTRUCTURAS....................................................................................................... 103 2.1. ¿QUÉ ES LA POÉTICA?......................................................................................................................... 104 2.1.1. Poética frente a hermenéutica ................................................................................................... 106 2.1.2. Poética y texto............................................................................................................................ 109 2.2. CONCEPTOS TEÓRICOS........................................................................................................................ 110 2.2.1. Poiesis........................................................................................................................................ 110 2.2.2. Las poéticas del siglo XX: modernismo y relatividad................................................................ 112 2.3. ALGUNAS HERRAMIENTAS CONCEPTUALES DE LA POÉTICA ................................................................ 115 2.3.1. La relación entre la poética y el mundo: mímesis e imitación, representación y referencia, realismo y simbolismo ......................................................................................................................... 115 2.3.1.1. Representación .................................................................................................................................... 117 2.3.1.3. Referencia ........................................................................................................................................... 119 2.3.2. Dinamicidad, estabilidad y cambio: las estructuras. Indeterminación, puntos de vista............ 120 2.3.2.1. Estructurandos..................................................................................................................................... 120
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 10 2.3.2.2. Punto de vista ...................................................................................................................................... 122 2.3.3. Texto e intertextualidad..............................................................................................................124 2.3.3.1. Texto.................................................................................................................................................... 124 2.3.4. Los entresijos de la forma. Forma, homeomorfismo..................................................................126 2.3.4.1. Forma .................................................................................................................................................. 126 2.3.4.2. Metáforas de lo visual: la imaginería................................................................................................... 129 2.4. LA POÉTICA DESDE UNA PERSPECTIVA INTERDISCIPLINAR: LAS CIENCIAS DE LO COMPLEJO ................130 2.4.1. ¿Qué es la complejidad? ............................................................................................................130 2.4.2. La poética y la Poiesis en-acción...............................................................................................132 2.4.3. La poética y las ciencias cognitivas ...........................................................................................133 2.5. CONCLUSIONES ...................................................................................................................................134 CAPÍTULO III. LAS BASES BIOLÓGICAS DE LA CONSTRUCCIÓN DEL CONCEPTO DE EQUIVALENCIA: UN RECORRIDO POR EL ÁRBOL DEL CONOCIMIENTO.............................137 3.1. LA PERSPECTIVA FILOGENÉTICA: LENGUA Y NEUROCIENCIA ...............................................................139 3.1.1. ¿Qué es una lengua? Una definición incluyente para un sistema abierto .................................140 3.1.2. ¿Qué implica romper el dualismo cartesiano?...........................................................................145 3.1.3. Ideas básicas: ¿Qué es un concepto? Una explicación desde la psicología cognitiva y la dinámica neuronal................................................................................................................................148 3.2. LA PERCEPCIÓN DE LO MISMO: LA MENTE ANALÓGICA.........................................................................154 3.2.1. La mente analógica y las ciencias cognitivas.............................................................................157 3.2.1.1. La mente analógica y el punto de vista................................................................................................ 161 3.2.2. Localización neuronal de los mecanismos de analogía .............................................................164 3.2.3. La equivalencia experiencial y el acceso a la experiencia.........................................................166 3.3. CORPOREIDAD Y EQUIVALENCIA: LAS NEURONAS ESPEJO ...................................................................172 3.3.1. Corporeidad y equivalencia .......................................................................................................173 3.3.2. ¿Para qué sirven las neuronas espejo?......................................................................................178 3.3.3. Del sistema motor a la lengua: ¿traducción de intenciones?.....................................................180 3.3.4. ¿Qué podemos compartir? Intersubjetividad, mímesis corporal y la base biológica de las emociones.............................................................................................................................................183 3.4. LA PERSPECTIVA ONTOGENÉTICA: LA REPRESENTACIÓN .....................................................................186 3.4.1. Cerebro y representación...........................................................................................................190 3.4.2. Lenguas y representación. ¿Por qué se parecen las lenguas? ¿Por qué no se parecen más?...194 3.4.3. De la representación cognitiva a la lengua: la preparación para la acción..............................199 3.5. NEUROSEMÁNTICA: LAS RESPUESTAS DE LA NEUROCIENCIA A LAS PREGUNTAS DE LA SEMÁNTICA ....203 3.6. HACIA LA PERSPECTIVA FILOGENÉTICA: LENGUA-CEREBRO-REPRESENTACIÓN E HISTORICIDAD.........209 3.7. LA PERSPECTIVA CULTURAL: ¿DE QUÉ MANERA SE DISTRIBUYE EL CONOCIMIENTO LINGÜÍSTICO? .....218 3.7.1. ¿Qué es una comunidad lingüística?..........................................................................................218 3.7.2. ¿Dónde está la lengua? El conocimiento no sólo es social y distribuido: también es emergente .............................................................................................................................................223 3.8. CONCLUSIONES: CRÍTICAS AL CONCEPTO DE EQUIVALENCIA DESDE LA BIOLOGÍA DEL CONOCIMIENTO ..........................................................................................................................................228 CAPÍTULO IV. LA CODIFICACIÓN DEL SIGNIFICADO: LINGÜÍSTICA COGNITIVA Y EQUIVALENCIA........................................................................................................................................233 4.1. CUESTIONES PRELIMINARES: ¿POR QUÉ LA LINGÜÍSTICA COGNITIVA? ................................................236 4.1.1. ¿Qué tiene de “cognitivo” la lingüística cognitiva?..................................................................237 4.2. EL SIGNIFICADO DE LA GRAMÁTICA ....................................................................................................240 4.2.1. La conceptualización del espacio: dinámicas de fuerza y otros fenómenos espaciales observados desde la lingüística cognitiva............................................................................................249 4.2.2. La hipótesis simbólica................................................................................................................253 4.2.3. ¿Qué podemos comparar, si sólo existe el lenguaje en uso?......................................................254 4.2.4. Los límites del significado gramatical. ¿Límites de las posibilidades de expresión en una lengua?.................................................................................................................................................267 4.2.5. Otras formas de estudiar la interacción de sentido: la gramática de construcciones ...............270 4.2.5.1. Construcciones e intersubjetividad...................................................................................................... 274 4.2.6. Gramática y universales de traducción......................................................................................277 4.3. LA EQUIVALENCIA Y EL SIGNIFICADO LÉXICO ¿QUÉ ES UN CONCEPTO? ¿CÓMO SE REPRESENTA?.......280 4.3.1. Modelos de categorización: consecuencias de asumir el modelo de prototipos ........................282 4.3.1.1. El concepto de imaginería en el nivel lingüístico ................................................................................ 285 4.3.2. Formas inconscientes de organizar la experiencia: metáforas conceptuales ............................287
Introducción. La equivalencia: un problema, una encrucijada 17 que haya ha experimentado un desarrollo exponencial en las últimas décadas y que se plantee cada vez con más fuerza su necesaria vertiente empírica. La misma situación se da en lingüística, antropología o sociología. Creemos que una perspectiva experiencial puede ayudarnos a reformular y someter a reflexión fenomenológica el conocimiento que existe de cara a sentar las bases de futuras exploraciones, y que siempre conviene analizar a fondo el entramado ideológico que hay detrás de cada concepto clave para poder rechazarlo con verdaderas consecuencias para la producción de nuevo conocimiento.
19 CAPÍTULO I. El concepto de equivalencia en traductología In studying translation and equivalence, we are studying the means by which all things can be compared. Sandra Halverson El objeto de este estudio es definir y someter a una revisión crítica interdisciplinar desde el marco de las ciencias cognitivas el concepto de equivalencia en traducción. Pero, ¿qué entendemos por traducción? En el marco de este trabajo damos por sentado que con traducción entendemos tanto el producto como el proceso y que esta doble definición no solo corresponde al uso del término en la vida cotidiana, sino también en los textos teóricos. Entendemos también que el objetivo de este repaso por la historia de la traductología es analizar qué concepción concreta de la lengua y de la cultura nos ha acompañado históricamente para acercarnos a un fenómeno conceptual de tal complejidad como es la equivalencia. En este capítulo nos acercaremos de manera cronológica a los variados acercamientos al concepto que nos interesa, considerando que refleja lo que sucede en el pensamiento meta-traductor. Sí nos gustaría advertir al lector de que tenga en cuenta que los textos teóricos, aunque constituyan una tradición, pocas veces aclaran de manera explícita las bases epistemológicas de lo que consideran equivalencia, y que el concepto no siempre se manifiesta de manera explícita. Sobra decir que en este capítulo no nos proponemos resumir de manera exhaustiva todos los acercamientos que se han hecho a esta escurridiza noción a lo largo de la historia de la traductología, ni siquiera la del siglo XX. Lo que nos interesa, como apuntábamos antes, es analizar las estructuras conceptuales subyacentes a cada paradigma y con un sesgo particular, que es un acercamiento con herramientas meta-teóricas con las que poder juzgar luego nuestra propia visión del tema. El problema para cualquiera que tenga la paciencia (y la ingenuidad) de acercarse hoy a los textos traductológicos en busca de una descripción teórica de la actividad
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 20 consiste, sobre todo, en que encontrará recetas de cómo traducir (con las que estará o no de acuerdo, según su visión, su gusto y su experiencia) y descripciones del porqué de esta postura, con las que no se puede dejar de estar de acuerdo, ya que cada una es coherente con alguno de los criterios que definen qué es una traducción. Los teóricos responden casi siempre sí a la pregunta de si es posible traducir. Esto hace que, explícita o implícitamente, todos asuman algún tipo y algún grado de equivalencia, entendiendo por ese término una noción compleja que marca los límites de nuestra descripción. En cierto modo, no podemos entender el desarrollo del término sin entender el contexto y las ideas de base que han servido de apoyo a los traductólogos, de la misma manera que es difícil criticar una traducción sin ponerse en el lugar de la mente del traductor que la llevó a cabo. Otro de los problemas consiste en que cada marco explicativo crea una nueva definición de equivalencia, otorgándole un lugar distinto en un sistema que enfoca una realidad de extremada complejidad desde perspectivas distintas. Las teorías lingüísticas y estructuralistas describen de manera teórica el inventario de similitudes y diferencias entre las lenguas y culturas centradas en el sistema, y no en las posibilidades de comprensión y las expectativas de los receptores, que sin duda influyen en las decisiones de los traductores. Tampoco describen la traducción como actividad humana. Como apunta Wilss: TE [Translation Equivalence] cannot possibly be integrated in a general translation theory (Vermeer 1978), but must be looked upon as part of specific translation theories which are at best text-type-related or, even more restrictedly, single-text-oriented. (Wilss 1977:135). Estamos de acuerdo con Ricardo Muñoz (1995) en que los diferentes estadios (monádico, estructural, textual, cognitivo) no hacen sino fijarse en distintas perspectivas del problema, sin llegar a dar soluciones complejas ni conceptos que eliminen cierta rigidez en la concepción de la equivalencia sin irse hacia extremos simplemente relativistas. En realidad, es lógico que esto sea así si tenemos en cuenta que los distintos estadios hacen visibles no sólo aspectos concretos de la construcción de sentido textual, sino también ideologías científicas. Así lo ha resumido Chesterman (1997:21-40) en su análisis de las metáforas dominantes en traductología: “traducir es reconstruir”, “traducir es copiar”, “traducir es imitar”, “traducir es enviar un mensaje a alguien”, traducir es manipular”, “traducir es pensar” (Martín de León 2005:33).
CAPÍTULO I. El concepto de equivalencia en traductología 21 1.1. EQUIVALENCIA Y ESTRUCTURALISMO El estructuralismo, no hace falta señalarlo aquí, supuso un paradigma de pensamiento que impulsó un desarrollo sin precedentes en el marco de las Ciencias Humanas en occidente. Su influencia es tal que quizás no tengamos, aún a principios del siglo XXI, distancia suficiente para comprender cómo sigue influyendo en nuestra concepción de la ciencia, ni para establecer una crítica total de todos sus límites. Como paradigma teórico, sirvió de fondo al nacimiento científico de la traductología, prestándole tanto conceptos para el análisis del sentido en lenguas como una base filosófica con la que acercarse al funcionamiento formal de las mismas. Como es lógico, muchos de sus planteamientos subsisten, ya sea de forma declarada o de una manera más inadvertida por los propios teóricos, en muchos de los planteamientos que abordan de alguna manera la equivalencia. Como es de esperar también, los trabajos traductológicos que se adscriben claramente al estructuralismo no son, ni mucho menos, homogéneos, si bien es verdad que pueden categorizarse como enfoques lingüísticos, marcados, como veremos, por una tendencia equivalencista, es decir, que tienden a considerar la equivalencia propiedad definitoria de lo que es traducción y marcan como no equivalentes los límites de la igualdad. Como señala Halverson (1997:212), la equivalencia tiene una función doble en los acercamientos lingüísticos a la traducción: como objeto de estudio y como categoría definitoria de la actividad frente a otro tipo de textos (adaptaciones, versiones, resúmenes). Con el nacimiento del interés científico por la traducción se hizo necesaria una definición calara de la actividad. En un panorama en que la traductología carecía aún de fundamentos teóricos científicos (en el sentido de ciencia que impulsó a los estructuralistas a hacer ciencia del lenguaje), un concepto o noción como la equivalencia parece un candidato ideal para situar el objeto de estudio. Lo primero que salta a la vista es la observación no de la diferente conceptualización de las lenguas, sino de las diferencias en la forma lingüística. La obra a la que suele hacerse referencia respecto al concepto de equivalencia desde un punto de vista lingüístico es el ensayo de Roman Jakobson de 1959 En torno a los aspectos lingüísticos de la traducción (el famoso On Linguistic Aspects of Translation), concretamente el fragmento que sigue: Equivalence in difference is the cardinal problem of language and the pivotal concern of linguistics. Like any receiver of verbal messages, the linguist acts as their interpreter. No linguistic specimen may be interpreted by the science of language without a translation of its
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 22 signs into other signs of the same system or into signs of the same system. Any comparison of two languages implies an examination of their mutual translatability; widespread practice of interlingual communication, particularly translating activities, must be kept under constant scritiny by linguistic science. (Jakobson 1992[1959]:144). Jakobson entendía que existen tres tipos de traducción: intralingüística, interlingüística y traslación entre códigos diferentes. Nunca se habrá subrayado bastante que Jakobson se refería a una perspectiva lingüística de la traducción, es decir, que no pretendía contribuir a la traductología como tal y sí era consciente de este hecho (a diferencia de otros enfoques en los que este interés queda implícito). Jakobson se apoyaba en una base epistemológica en la que no cuestionaba que la experiencia pueda expresarse en lenguas diferentes, aunque los referentes exactos no sean los mismos. Haremos un repaso por las teorías más representativas centrándonos en los sistemas conceptuales sobre los que construyen su definición de equivalencia más que sobre su pertinencia para el marco epistemológico desde el que queremos orientar nuestro trabajo. 1.1.1. La perspectiva de la lingüística comparada: Vinay y Darbelnet, Mounin, Vázquez Ayora Jean-Paul Vinay y Jean Darbelnet, con su clásico ensayo sobre la traducción francésinglés, conciben la traducción desde el punto de vista de la estilística contrastiva. Para ellos, la equivalencia es solo una entre todas las relaciones posibles entre dos textos. Se inscriben, por tanto, en la tradición de desarrollar una teoría para un par de lenguas concreto y a partir de fórmulas de traducción. Traducir es, pues, para Vinay y Darbelnet, establecer relaciones entre las lenguas: In the process of translating, translators establish relationships between specific manifestations of two linguistic systems, one which has already been expressed and is therefore given, and the other which is still potential and adaptable. (Vinay & Darbelnet 1995[1958]:30) En lo que se refiere a la traducibilidad, entienden que los elementos se transponen de uno en uno según tres tipos de situación (siempre comparando elementos del TO y del TM1) y parten de tres situaciones posibles: la existencia de categorías paralelas entre las 1 Durante todo el trabajo se usarán estas abreviaturas traductológicas: TO (texto original) vs. TM (texto meta); LO (lengua original) vs. LM (lenga meta). En inglés, corresponden a ST (source text) y TT (target text) y SL (source language) y TL (target language).
CAPÍTULO I. El concepto de equivalencia en traductología 23 lenguas (para ellos paralelismo en el plano de la forma, resultado del paralelismo estructural), la existencia de conceptos paralelos (plano del contenido, resultado de paralelismo metalingüístico) o la existencia de vacíos o lacunae: But translators also notice gaps, or “lacunae”, in the TL which must be filled by the corresponding elements, so that the overall impression is the same for the two messages. (Vinay y Darbelnet 1995[1958]:31) Vinay y Darbelnet reservan el término equivalencia para un tipo de procedimiento (llamado indirecto) junto con la transposición, modulación y adaptación. Los procedimientos directos, por su parte, serían préstamo, calco y traducción literal (Vinay y Darbelnet 1995 [1958]:31-35). Vinay y Darbelnet definían la equivalencia en su glosario de la siguiente manera: A translation procedure, the result of which replicates the same situation as in the original, whilst using completely different wording. Example: the story so far: résumé des chapitres précédents. Es importante recalcar que Vinay y Darbelnet utilizaron el término equivalencia para referirse a un procedimiento de traducción (entre otros posibles), y no como un resultado o una característica intrínseca de la relación entre el texto original y el texto meta. […] one and the same situation can be rendered by two texts using completely different stylistic and structural methods. In such cases we are dealing with the method which produces equivalent texts. (Vinay y Darbelnet 1995[1958]:38) Aunque hablen de textos, los ejemplos que dan son de unidades transponibles, como las onomatopeyas, frases hechas, proverbios. Como vemos, subsiste en el análisis el criterio de forma-sentido, y se denomina equivalente aquello que se considera el ejemplo prototípico (el margen) de máxima diferenciación en la forma y máxima coincidencia en contenido. Esta idea se desarrollará también en Nida y Taber (1982), aunque de una manera más compleja. A pesar de su coherencia y valor científico, la comenzada por Vinay y Darbelnet supone una visión con todo estática y cerrada de la traducción, que obvia aquellos aspectos filosófico-epistemológicos más controvertidos.
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 24 El famoso texto de Mounin Los problemas teóricos de la traducción (1963), a pesar de pertenecer a la misma época, enfoca el problema de la traducción desde una perspectiva que solo superficialmente se puede comparar con la de Vinay y Darbelnet y que también ha tenido enorme repercusión en el desarrollo de las llamadas teorías lingüísticas de la traducción. En cierto sentido, también es mucho más complejo, ya que presenta una visión filosófica de la posibilidad de la traducción echando mano de conocimientos interdisciplinares. Subyace en el texto la duda acerca de si la traducción es posible, además de cuestionarse su entidad y definición conceptuales. Mounin resume las aportaciones que podría hacer a la traductología la lingüística estructural, de la que él mismo fue uno de los más visibles representantes. Subyace en su texto la cuestión de la posibilidad o imposibilidad de la traducción: La crítica saussuriana del sentido explica, a lo sumo, científicamente, por qué la traducción palabra por palabra jamás ha podido funcionar de manera satisfactoria: porque las palabras no tienen forzosamente la misma superficie conceptual en lenguas diferentes. (Mounin 1977[1963]:41) Mounin se plantea las definiciones mentalistas y conductistas de sentido y concluye con Bloomfield: Pero su definición —confiesa el propio Bloomfield— lleva a afirmar que una percepción del sentido de los enunciados lingüísticos es científicamente imposible, puesto que equivale, según él, a postular “casi la omniscencia”. En efecto, “el estudio de las situaciones de los hablantes y de los comportamientos-respuestas de los oyentes equivale a la suma total de conocimientos humanos” (Bloomfield, Language:74). (Mounin 1977[1963]:43) El desplazamiento del sentido desde el hablante a la situación es el mismo que encontramos en los teóricos de la escuela de Leipzig. De esta manera no se resuelve el problema, porque llevaría a postular que por medio de la traducción no se puede trasvasar conocimiento que no se pueda corporeizar por una sociedad. Creemos que a este pensamiento subyace el problema de la toma de tierra (en el sentido que le da De Vega 2002), al que nos referiremos en el capítulo III como el problema de la corporeización o embodiment en ciencias cognitivas. Esta cuestión remite también al problema de la relación entre forma y sentido, que Bloomfield resuelve con su postulado:
CAPÍTULO I. El concepto de equivalencia en traductología 25 Como no tenemos medios para definir la mayoría de las significaciones, ni para demostrar su constancia, debemos adoptar como postulado de todo estudio lingüístico este carácter de especificidad y de estabilidad de cada forma lingüística, exactamente como las postulamos en nuestras relaciones diarias con los demás hombres. Podemos formular este postulado como la hipótesis fundamental de la lingüística, en esta forma: “En ciertas comunidades (comunidades de lengua) hay enunciados lingüísticos que son los mismos en cuanto a la forma y en cuanto al sentido.” Esto significa, en otros términos, que “cada forma lingüística tiene una significación específica y constante” (Bloomfield, 44). (Mounin 1977[1963]:45) Para pronunciarse sobre la dicotomía equivalente-no equivalente Mounin elige, con Martinet, la metáfora del líquido. Se trata de la misma idea expresada antes por Louis Hjelmslev (1943) en sus Prolegómenos a una teoría del lenguaje: “El mismo puñado de arena puede ser echado en moldes diferentes”. Traducir era expresar el contenido en litros de un tonel por su contenido en galones, pero era siempre el mismo contenido; era, efectivamente, la misma parcela de realidad la que se expresaba en ambos casos. (Mounin 1963: 58). Se partiría así de la base de que el pensamiento del hombre segmenta la experiencia (la sustancia del contenido lingüístico y las categorías lingüísticas) según categorías lógicas o psicológicas universales. Sin embargo, Mounin también plantea la paradoja del observador, considerándolo un problema teórico. […] aquí, aunque admitamos, a pesar de Bloomfield o de Hjelmslev, que en cada lengua alcanzamos cierta cantidad de sustancia del contenido asociada a una forma lingüística pero no esta sustancia entera, jamás podremos estar seguros de que la fracción de la sustancia de este contenido para dos lenguas diferentes es la misma. (Mounin 1977[1963]:70). Para ilustrar las diferentes sustancias de contenido, Mounin recurre a la comparación de estructuras. Sus ejemplos, al igual que en los tratados de lingüística estructural, son frases aisladas y, por lo tanto, fuera de contexto. a. Cruzó el río a nado. b. He swam across the river. c. Il traversa la rivière a nage. Mounin se pregunta si se puede afirmar que una estructura traduce por completo a la otra. Esta pregunta puede parecer extremadamente ingenua y poco relevante a la vista de los desarrollos posteriores de la traductología, o extremadamente lúcida y pertinente viendo
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 26 su parecido con los experimentos psicolingüísticos relacionados con la relatividad lingüística del tipo de Slobin (2003). Pero lo que plantea de manera interesante es la idea de si estos contenidos estables de los que hablaba Hjelmslev quizás sean también estables desde el punto de vista de la lengua. Es lo que Harris llama la “inmovilidad de las estructuras lingüísticas frente a la movilidad de las estructuras que organizan nuestro conocimiento del mundo” (Mounin 1977:75). Mounin se pregunta también por la equivalencia de objetos de la cultura material. Es decir, se acerca a cuestiones de contenido, igual que haría Nida para referirse a la equivalencia dinámica. Se trata del mismo tipo de ejemplos a los que nos referiremos al hablar de equivalencia comunicativa (véase epígrafe 1.1.3). Cuando se trata de traducir la Biblia a lenguas de la América Central, la agricultura ofrece ya mil trampas, como la de la vid (para la que habría que buscar equivalentes no botánicos, sino alimenticios). (Mounin 1977[1963]:82). Al problema de la indefinición del concepto de equivalencia se le une la existencia de otro concepto estrechamente ligado a él: el de fidelidad, al que Mounin concede especial importancia. Mounin rescata de la tradición traductológica francesa la figura de las belles infidéles señalando otro plano de tensión entre original y traducción: el marcado por la tensión entre fidelidad y libertad. Como veremos, esta metáfora subsiste en la traductología posterior hasta teóricos comunicativos como Lvóvskaya (1997). Al igual que en el caso de la dicotomía equivalente-no equivalente, al hacer uso de la metáfora de la fidelidad corremos el riesgo de caer de nuevo en otra dicotomía igual de engañosa: la de forma frente a contenido (fidelidad a la forma frente a fidelidad al contenido). Podríamos pararnos aquí y analizar hasta qué punto este atajo conceptual oscurece el problema de la equivalencia desde el punto de vista del traductor. Como veremos, la oposición entre forma y contenido tampoco es sostenible en una perspectiva monolingüe, y no es otra cosa que el resultado de postular un estructuralismo a un niveles ocultos de formación de analogías (Fauconnier y Turner 2002:13). Pero esta será una reflexión posterior: de momento, nos interesa describir cómo el concepto de equivalencia surge del intento de deslindar la equivalencia traductológica de la puramente formal.
CAPÍTULO I. El concepto de equivalencia en traductología 33 One way of defining a D-E [dynamic equivalence] translation is to describe it as “the closest natural equivalent to the source-language message.” This type of definition contains three essential terms: (1) equivalent, which points toward the source-language message, (2) natural, which points toward the receptor-language, and (3) closest, which binds the two orientations together on the basis of the highest degree of approximation. (1964:166) Desde este punto de vista, cada lengua está contenida en sí misma (Nida, 1964:147). Lo interesante es que, al unir el concepto de lengua al de cultura, es consciente de que el receptor meta está inmerso en otro universo de sentidos que tienen que traducirse. Con todo, su definición de equivalencia fue cambiando hasta incorporar al receptor. En opinión de Vidal Claramonte, la equivalencia dinámica constituyó para Nida y Taber (1982) un intento de superar la controversia decimonónica sobre si la traducción debe favorecer la LO o la LT (la eterna oposición fiel/bello, literal/libre, forma/contenido). El principio de la equivalencia dinámica subraya, en cambio, la importancia del tercer elemento de la comunicación, el receptor. (Vidal Claramonte 1995:28). De alguna manera, su definición de equivalencia subraya su vocación de romper el prejuicio (sobre todo entre los traductores bíblicos) de la fidelidad a la forma. Podría decirse que representa, en el siglo XX, una reedición de las ideas de Lutero, aunque sea en el sentido de que hay que acercar el texto bíblico al lector y no viceversa. Si este enfoque teórico, en principio diseñado para la traducción de este texto autoritativo, ha tenido tanta repercusión es porque esta sencilla fórmula que enuncian Nida y Taber, “To preserve the content of the message the form must be changed” (Nida y Taber 1982:5), no era ninguna obviedad. Otras definiciones son las siguientes: “A very close similarity in meaning, as opposed to similarity in form” (Nida 1982:200). El hecho de que el enfoque teórico de Nida esté enfocado a la formación de traductores hace que intente describir un proceso por el que se determina el grado de equivalencia. Aquí podemos observar claramente su visión composicional de la semántica. The process by which one determines equivalence between source and receptor languages is obviously a highly complex one. However, it may be reduced to two quite simple procedures: (1) “decomposition” of the message into the simplest semantic structure, with the most explicit statement of relationships; and (2) “recomposition” of the message into the receptor language, in such a way as to employ those correspondences which (a) conform to an F-E translation, a D-E translation, or a compromise translation, and (b) provide the most appropiate communication load for the intended receptors. (Nida 1964:245).
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 34 El principal problema de esta propuesta es que el lenguaje no es composicional. Nida apunta a la descomposición semántica cuando, en realidad, creemos que se refiere al proceso mental. Al estar motivada por la dificultad de traducción del griego de la Biblia al inglés y por la distancia que separa a las dos culturas, su propuesta enfatiza las relaciones lógicas entre los elementos del texto, buscando en ellos el tertium comparationis, es decir, la esencia del sentido. Cuando Nida describe el proceso de la traducción es cuando se puede apreciar de una manera más explícita su adscripción a la teoría chomskiana. En el proceso de descodificación alude a las estructuras profundas. Es entonces cuando cobra relevancia, además, el concepto de transferencia (transfer): Instead of attempting to set up transfers from one language to another by working out series of equivalent formal structures which are presumably adequate to “translate” from one language into another, it is both scientifically and practically more efficient (1) reduce the source text to its structurally simplest and most semantically evident kernels, (2) to transfer the meanings from source language to receptor language on a structurally simple level, and (3) to generate the stylistically and semantically equivalent expression in the receptor language. (Nida 1964:68). La unidad de sentido relevante, para Nida, es el mensaje (1975:190). En ese sentido, su teoría es comunicativa (o pre-comunicativa) (como en su concepto de communicative context, Nida 1964:243), y como tal tiene en cuenta tanto el contexto cultural de la lengua origen (1964:244) como el de la lengua meta (1964:245). La aportación de Nida (más adelante, de Nida y Taber) a la traductología rentabiliza al máximo la interacción ente lengua y comunicación, centrándose en el mensaje. Como advierte Lvóvskaya (1997:11): En nuestra opinión, el mayor mérito de Nida consiste precisamente en haber atraído la atención hacia la situación comunicativa. Más tarde profundizaría en el papel de los factores extralingüísticos que determinan el contenido (léase el sentido) del mensaje. En cuanto a las críticas, Zinaida Lvóvskaya considera que “…el punto débil del concepto de equivalencia dinámica consiste en que apunta principalmente hacia las reacciones de los receptores de ambos textos dejando aparte otro aspecto de la pragmática que es la intención del autor del TO” (Lvóvskaya 1997:12). Otra de las críticas principales la formula Gentzler, quien considera que Nida interpretó mal el concepto de estructura profunda de Chomsky (Gentzler 1993:50). En una de las escasas referencias explícitas a
CAPÍTULO I. El concepto de equivalencia en traductología 35 Chomsky que hemos veremos en este trabajo, Gentzler cita al lingüista estadounidense previniendo sobre esta simplificación: The existence of deep-seated formal universals… implies that all laguages are cut to the same pattern, but does not imply that there is any point by point correspondence between particular languages. It does not, for example, imply that there must be some reasonable procedure for translating between languages. (Chomsky, 1965:30; citado por Gentzler 1993:50). La concepción nideana de equivalencia dinámica parte de una concepción también dinámica de la comunicación (Nida 1964). Es una muestra de que las teorías llamadas “lingüísticas” de la traducción ya eran conscientes de que el tertium comparationis estaba “más allá” de la lengua. Lo mismo sucederá, como veremos, en el caso de los teóricos de la Escuela de Leipzig, que desarrollaron el concepto de comunicación ligado al de equivalencia. 1.1.4. La Escuela de Leipzig Se conoce como Escuela de Leipzig a un conjunto de lingüistas y traductólogos que se formaron en la RDA y cuyo acercamiento teórico a la traducción comparte el interés en establecer la traductología como disciplina científica (su lema era igualar traducción con ‘disciplina científica, empírica’, en la fórmula Übersetzung=Wissenschaft). Su complejo legado es en general poco conocido en las escuelas de traducción españolas, y tiende un puente histórico entre el estructuralismo y el funcionalismo alemán, este sí, mucho más estudiado y apreciado, aunque también, como veremos, malinterpretado. Con la excepción de Linus Jung, quien le dedicó su tesis doctoral (publicada en el año 2000) en nuestro país no se le han dedicado trabajos serios a esta escuela. ¿En qué consiste, pues, su importancia? De cara a este trabajo, la Escuela de Leipzig es una de las que hay que analizar con más detalle dado el lugar primordial que ocupa en su teoría el concepto de equivalencia (cf. Jung 2000:42). Linus Jung concluye que los logros se basan en el concepto de valor comunicativo, base teórica para postular la equivalencia comunicativa (Jung 2000:122). Ahora bien, ¿cómo llegaron a este concepto? Seguimos su estructuración, que delimita de una manera no cronológica, pero sí lógica, las aportaciones de los distintos miembros de la Escuela:
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 36 Sentar las bases de un conocimiento científico de la traducción: definición del objeto de estudio para desligarlo de disciplinas afines. Describir en qué consiste, lingüísticamente, esta equivalencia. Aplicar los logros anteriores al texto: el proceso top-down: Neubert. Enfocar el proceso traslativo desde la semántica: bottom-up, equivalencia traslativa ilocutivo-enunciativa. Los dos primeros puntos corresponderían a los años 70 del siglo XX, mientras que los dos segundos se refieren a los desarrollos de los 80. A pesar de que todas las nociones están interrelacionadas, es posible deslindar los conceptos aportados por cada uno de los teóricos en torno a la cuestión central de la equivalencia. 1.1.4.1. La equivalencia y el objeto de estudio de la traductología: Otto Kade A la pregunta de qué relación hay entre dos sistemas lingüísticos, Kade (1968b:7982) afirma que “esta descripción no es suficiente, ya que la sustitución de un signo lingüístico de la LO por uno de la LM no garantiza la equivalencia comunicativa” (citado en Jung 2000:123). Esta es una de las aportaciones principales de los teóricos comunicativos, perspectiva que habría de descentrar la atención del sistema lingüístico propiamente dicho para centrarla en aspectos interaccionales, verdadero objeto de estudio de la traductología. A la misma conclusión que Kade llegan otros teóricos comunicativos. La aportación más importante en este campo fue la del propio Kade, quien concluyó que el objeto de estudio de la traductología era la mediación interlingüistica (como vemos, no se habían despojado de la lingüística, a pesar de todo) y que es la traducción la que mantiene una relación de equivalencia comunicativa entre TO y TM. Kade también llamó la atención sobre la necesidad de estudio de la situación comunicativa estudiada por medio de parámetros pragmáticos (Kade 1980:103-113): por qué, a quién, en qué sociedad, mediante qué lengua y en qué condiciones se lleva a cabo esa comunicación. La coincidencia o no de estos factores de la situación comunicativa entre TO y TM determinará el grado de equivalencia (máxima, óptima, restringida y parcial). Se normalizan de esta manera aspectos supra-textuales o comunicativos. 1.1.4.2. La equivalencia como propiedad definitoria de la traducción: Jäger
CAPÍTULO I. El concepto de equivalencia en traductología 37 Entre los teóricos de la Escuela de Leipzig, quien se encargó de describir específicamente en qué consiste lingüísticamente la equivalencia fue Gert Jäger. Por un lado, describió los componentes lingüísticos, deslindando el significado: en semántico, sintáctico y pragmático. Por otro, identificó cuatro clases de proceso traslativo: a) relaciones entre TO y TM (reproducción y modificación); b) traslación y adaptación; c) traducción e interpretación; y d) sustitución. La traducción propiamente dicha sería solo uno de los procesos o productos posibles de la interacción entre un TO y un traductor. Desde su punto de vista, definir la equivalencia comunicativa suponía también definir qué es la propia traducción. Como objeto de la Traductología consideramos solamente los procesos de la traslación, es decir los procesos de mediación interlingüística en los que existe la relación de la equivalencia comunicativa entre el TO y el TM. De este modo, excluimos como objeto de la Traductología aquellos procesos de la mediación interlingüística en los que existe la relación de la heterovalencia comunicativa entre el TO y el TM. (Jäger 1977b:16, citado en Jung 2000) Y, como consecuencia de los tipos de equivalencia postulados por Kade, los productos y procesos reciben nombres distintos, dependiendo del grado de equivalencia comunicativa: a) Equivalencia máxima → traslación (no se tiene en cuenta los valores extralingüísticos, los receptores comparten conocimientos culturales, enciclopédicos y generales del tema), adaptación. Texto como entidad lingüística. (Jäger 1980:5) b) Equivalencia óptima → reproducción o modificación. Se determina por la heterovalencia comunicativa. El valor comunicativo medio del TO y del TM, atribuidos por los posibles receptores, no coincide. El texto se entiende como mensaje (Jäger 1986:31): Relación entre TO y TM dependiendo del valor comunicativo medio: reproducción o modificación Atención a los significados del TO y del TM: traslación o adaptación Disponibilidad temporal del TO: Traducción o interpretación Según procedimiento traslativo: sustitución de signos o interpretación según referente denotativo Tabla 1. Productos y de la traducción según relaciones de equivalencia (Jäger 1986:39)
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 38 La equivalencia, para Jäger (1976a:2), consiste en lo siguiente: Consideramos textos de lenguas distintas comunicativamente equivalentes si un hablante —que domina estas lenguas de forma igual en una comunicación con otro hablante que domina estas lenguas de forma igual— puede optar libremente por utilizar cualquiera de estos textos para realizar su intención en el enunciado; dado que todos estos textos provocan en el receptor los mismos efectos, de tal forma que la decisión por este o aquel texto por parte del hablante resulta casual, es decir, que depende de una causa que no está determinada por el objeto, el fin o la situación de la comunicación y que no depende de las lenguas mismas, sino que proviene del ámbito de la individualidad del hablante. (cit. por Jung 2000:55, cursiva nuestra) La traducción ideal sería, por tanto, aquella en la que los textos son perfectamente intercambiables en una situación dada, es decir cuando coinciden equivalencia comunicativa y funcional. Esto es lo que Jäger llama equivalencia máxima. Podemos considerar que el concepto de efecto es, en este caso, no psicológico, sino formalista. La equivalencia máxima se da cuando las desviaciones constatables entre TO y TM provienen solamente de las diferencias que hay entre las dos lenguas respecto de sus estructuras y normas de uso de los signos lingüísticos; serían, por tanto, inevitables o regulares (Jäger 1980:3, citado en Jung 2000:56). La definición de equivalencia comunicativa sería el resultado de una doble idealización ya que no se da normalmente el caso de una comunicación directa entre un emisor de la L1 y un receptor de la L2 (de ahí la idea del traductor como mediador). La equivalencia comunicativa sería un constructo teórico o postulado ideal que presupone la coincidencia entre la intención comunicativa del emisor y la comprensión del receptor (Jung 2000:58). Por este motivo es necesariamente un valor relativo, ya que: a) está contenido principalmente igual en las distintas estructuras de los sistemas lingüísticos históricamente formados; b) estos factores se plasman en distintas experiencias históricas de las comunidades lingüísticas, que se reflejan en la diferente relevancia social de ciertos conceptos cognoscitivos; c) se muestra la situación comunicativa por medio de convenciones lingüísticas, es decir, que se tienen en cuenta las convenciones textuales de la lengua (compárese
CAPÍTULO I. El concepto de equivalencia en traductología 39 con la importancia que le concede Lvóvskaya (1997) en su modelo comunicativo relacionado con las formas de comportamiento verbal propias de la cultura). Como vemos, el interés por el ámbito de la comunicación no resta atención a los factores lingüísticos, o a la posibilidad de comparar los sistemas lingüísticos en sí. Dice Jäger al respecto: Cada proceso traslativo [significa] una activación de las relaciones que objetivamente existen entre las dos lenguas […] que se pueden describir a través de medios lingüísticos. (Jäger 1968:35, cit. en Jung 2000:47) Sin embargo, al establecer que el valor comunicativo depende de la situación, saltan al espacio de la comunicación, resaltando que en el proceso de la traducción no solo hay dos lenguas distintas, sino que hay dos situaciones comunicativas diferentes (SC1 y SC2). Por lo tanto, la equivalencia no dependerá de las posibilidades de la lengua, sino de la diferencia entre las situaciones comunicativas. En nuestra opinión, esta afirmación contradice su propia descripción de la traducción en términos lingüísticos. Según el grado alcanzado en la equivalencia comunicativa entre dos textos, se pueden distinguir dos tipos de equivalencia comunicativa: la equivalencia comunicativa total y la equivalencia comunicativa parcial; ambos representan, en todo caso, una abstracción (Jung 2000:61). El valor del acercamiento de Jäger es, pues, el reconocimiento de que la equivalencia es, por un lado, un concepto relativo, y por otro, resultado de una abstracción. Esta conceptualización habría de concretarse en el nivel textual, de lo que se encargaría Neubert. 1.1.4.3. Neubert y la equivalencia textual Al sacar la equivalencia del plano de las lenguas o los enunciados y colocarla en el plano de la comunicación, los estudios necesariamente tenían que llegar al texto como unidad de sentido, ya que la traductología no se ocupa de describir la comunicación en sí, sino un tipo especial de comunicación que se realiza a través de textos concretos. De ahí la llamada equivalencia textual de Neubert (1985:142-145):
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 40 Los valores comunicativos son el objeto (propio) de la traducción. Mejor dicho, la afirmación generalizada de que traducimos significados oscurece el hecho de que solo los valores comunicativos pueden ser equivalentes. Los significados, al igual que los sistemas lingüísticos, no pueden traducirse. La equivalencia, por tanto, se convierte en un fenómeno textual: se trata de la relación entre textos, entre el texto original y el texto término. Una vez más, la equivalencia textual es la base de la equivalencia de las unidades inferiores como son los segmentos de texto, las oraciones, las frases y las palabras. […] La traducción textual implica identificar todos aquellos segmentos del texto original que pueden transferirse de una forma más o menos directa a segmentos textuales equivalentes en la lengua término. La tarea del traductor consiste en comprobar la capacidad de transferencia de los diversos niveles y componentes del original y en integrarlos (es decir, encontrar sus equivalentes) de forma coherente y completa en el texto término. (Neubert 1992:18, negrita del original) Al igual que Catford, Neubert señala distintos niveles del texto. En este modelo, el lugar más alto en la jerarquía de la organización del significado corresponde al texto. Sin embargo, falta la idea de la función del texto; de otra manera, se vuelve a caer en el significado, del que huye al centrar el estudio en los valores comunicativos. A continuación y citando a Neubert podría entenderse que ambos textos, TO y TM, son analizables en fragmentos que corresponden o son equivalentes entre sí. Sin embargo, como explica Jung, no es exactamente así: […] lo decisivo en la equivalencia textual son las relaciones textuales en el TO, que deben reproducirse en el TM. En efecto, por un lado se buscan relaciones de equivalencia en el micronivel mediante correspondencias gramaticales y léxicas, por otro, en el macronivel, se persiguen macroestructuras que caractericen determinados tipos de texto y que representen la base para las relaciones de equivalencia entre el TO y el TM (Neubert 1973b:126). Lo determinante de las relaciones textuales, evidentemente, es la función del texto. (Jung 2000:90). En Neubert empieza a hacerse ver el siguiente paso en el proceso de pensar la equivalencia, que sería el de equiparar la equivalencia comunicativa a la funcional: existe equivalencia siempre que “el TM cumple la función del TO bajo las condiciones de la LM (Neubert 1973b:122)” (citado en Jung 2000:90). Neubert se interesó además por el significado pragmático del texto (Neubert 1973a:24): el punto de vista del hablante y el receptor, las convenciones textuales de la lengua, la evaluación de los contenidos cognitivos conceptuales de las representaciones.
CAPÍTULO I. El concepto de equivalencia en traductología 41 El interés por comparar el contenido conceptual de ambos llevó a Neubert a enunciar también el principio de relatividad traslativa (Neubert 1986b): como la diferencia que hay entre TO y TM respecto a su conjunto cognitivo, ya que el TO tiene una única forma de representarlo, mientras que el TM tiene varias formas de reproducirlo. Esta idea es clave en su concepción, y le hace reconocer la prioridad cronológica del TO, más estático en su sentido que el TM. De las críticas a su noción de equivalencia (críticas que recibieron todos los enfoques lingüísticos o equivalencistas por parte de teóricos posteriores, por ejemplo, Snell-Hornby 1988) se defendió Neubert en trabajos muy posteriores comentando que la equivalencia no existe como tal, sino que surge como resultado de tres competencias del traductor: competencia lingüística, conocimientos del tema y competencia traductora. A translation should not only be linguistically correct and make sense with regard to a particular subject area. It has to stand in some kind of equivalence relation to the original. But “equivalence” here has nothing of the mathematical or logical identity connotation (SnellHornby 1988). It is rather an admittedly misleading concept characterising the notion of “transfer of something else”, and this something else stands in a value relationship to a certain “subject” or topic expressed in an original (L1) language. This equivalence relationship, which is anything but clear-cut and predictable, is the outcomesmall wonderof the workings of just our three competences. The higher they are, the more effectively and efficiently they are put into play, the greater the equivalence achieved in a particular piece of translation. Thus equivalence in translation is not an isolated, quasi-objective quality; it is a functional concept that can be attributed to a particular translational situation. (Neubert 1992b:414) Como vemos, desde esta perspectiva lo más importante sigue siendo describir el tipo de relación, ya sea funcional o estructural entre fragmentos del TO y del TM en situaciones comunicativas concretas que explicar los límites de la compleja noción que nos ocupa. 1.1.4.4. La equivalencia traslativa ilocutiva-enunciativa de Wotjak El acercamiento a la noción de equivalencia de Wotjak, a pesar de ser posterior a los del resto de los representantes de la escuela, sigue en una misma línea epistemológica. Al centrarse en el estudio del léxico, el hispanista alemán tiene una visión clara de los complejos procesos de actualización del sentido. Esto le lleva a enriquecer el marco teórico de la Escuela Traductológica de Leipzig con nociones centrales del estudio funcional del léxico, entre ellos el concepto de conocimiento compartido (shared knowledge). Se trata de
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 42 cubrir un aspecto que no había sido tratado por Kade, Jäger ni Neubert: el protagonismo no solo de los valores comunicativos en función de la situación, sino también de estos respecto al receptor. Así se afronta el problema teórico del tertium comparationis, cuyos valores se entienden tal y como son asociados por la comunidad de llegada: Postulamos que el tc (tertium comparationis), los valores comunicativo-enunciativos ilocutivos e interaccionales que asocian los receptores del TO como mensaje en un contexto sociocultural e interaccional dado y los valores comunicativo-enunciativos, ilocutivos e interaccionales atribuidos al TM por los receptores de la comunidad comunicativa de llegada, deben coincidir al máximo. (Wotjak 1995b:95, citado en Jung 2000: 111. Cursiva nuestra). Lo que tiene que coincidir, entonces, entre TO y TM es el valor comunicativo potencial de ambos, o al menos así se pronuncia Gerd Wotjak (Wotjak 1993b:185). También llaman la atención sobre uno de los aspectos de interpretación textual que han pasado prácticamente desapercibidos hasta este momento y que retomarán teóricos preocupados por la interpretación del TO, como Kussmaul (1995, 2000), y es la infraespecificación de los significados textuales. También es una novedad relacionar significado semántico no con el sistema, sino con la función textual: En definitiva, el significado semántico se corresponde con la función textual de representar un contenido conceptual cognitivo que se refiere a una realidad extralingüística. No obstante, esta realidad no queda reflejada completamente en el texto, ya que este solo puede expresar una realidad del mismo modo que las formas; estas tampoco describen la realidad enteramente, sino que solo se refieren a ella pars pro toto (Jäger 1973a:56, citado en Jung 2000:51). Como sabemos, relacionar el contenido cognitivo de un texto (entonces comprendido como conceptual o cognoscitivo) con la realidad extralingüística supone tener que crear otra dicotomía de cara al análisis interpretativo del TO: significado semántico versus denotativo. Sin embargo, y es esta una línea de investigación que retomarán los teóricos cognitivos, no se utiliza esa distinción para incidir en la equivalencia de las imágenes, sino como referente extratextual: (a) El autor de La crítica de la razón pura. (b) El destructor de la metafísica.
CAPÍTULO I. El concepto de equivalencia en traductología 49 1.2.1. El núcleo de las teorías funcionalistas: Reiss y Vermeer Los nombres más conocidos en el ámbito académico español en relación con las teorías funcionalistas son los de Katharina Reiss y Hans Vermeer. Su libro de 1984 Grundlegung einer allgemeinen Translationstheorie (Fundamentos para una teoría general de la traslación) fue publicado en español en 1996 con el título Fundamentos para una teoría funcional de la traducción. Como explica Heidrun Witte, el título español, responsable de la posterior confusión entre funcionalismo y teoría del Escopo se explica por la voluntad de “resaltar el rasgo distintivo más importante con vistas al público español” (Witte 2005:30). A juzgar por la gran cantidad de malentendidos provocados por esta obra, bien serviría en sí misma para ilustrar la problemática de la equivalencia en traducción. Lo más importante de la obra de Reiss y Vermeer para nuestros fines es que las dos partes del mismo llegan a contradecirse en su concepción de equivalencia. Como argumenta Nord (1997:27, citado en Witte 2005:30), la discrepancia entre las dos partes del libro se debe a que Reiss trataba de rentabilizar un enfoque textual, basado en la equivalencia, mientras que Vermeer ponía sus miras en una teoría funcional relacionada con el concepto de acción. Esta discrepancia pone de manifiesto la magnitud del problema de la equivalencia, que limita o dificulta la búsqueda conceptual de otros puntos de observación sobre el fenómeno que intenta explicar. Otra de las confusiones habituales es identificar la teoría del escopo (Skopostheorie), definida por Vermeer en 1978 y revisada en 1984, con la teoría funcionalista. En realidad, el objetivo de Vermeer al enunciar la Teoría del escopo fue crear un marco teórico más amplio desde el que se fuera capaz de identificar todos los aspectos relevantes para la traducción de un texto dado en un contexto dado y para un receptor o receptores determinados. En resumen, lo que pretendía decir Vermeer al enunciar su teoría es, nada más y nada menos, que lo más importante en el proceso de traducción no es necesariamente el TO. En este sentido, su teoría destrona al TO desde varias perspectivas: a) El TO se entiende como oferta informativa. Deben conservarse aquellos aspectos que se consideren relevantes según la función que el texto debe cumplir en la otra cultura/situación. De ahí el papel del encargo de la traducción.
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 50 b) Si entendemos el TM como un texto nuevo, creado para unas circunstancias concretas, cobrará importancia la figura del traductor, un experto que decide sobre sus acciones profesionales. Es en este contexto en el que Vermeer aplica a la traducción la frase de Maquiavelo, “Der Zweck heiligt die Mittel” (“el fin justifica los medios”), que ha sido y sigue siendo blanco de no pocas críticas a su modelo. Creemos que Vermeer no se refería más que a lo que la segunda generación de funcionalistas (Nord o Kussmaul, por ejemplo) entendieron como función teleológica de la traducción como factor que afecta al proceso. Esta misma idea sería formulada diez años después en términos menos radicales: “[e]l objetivo comunicativo determina los métodos traslativos” (Nord 1994:99, citada por Witte 2005:36). Respecto a la equivalencia, las conclusiones son claras: si los enfoques tradicionales no consideraban salir de la dicotomía fiel-infiel o equivalente-no equivalente es porque consideraban la constancia de función la regla en traductología. Sin embargo, para los funcionalistas, esta constancia será considerada la excepción. Es decir, que, como bien señala Witte (2005), se trata de una postura relativista. La confusión terminológica no nos ha de extrañar si, haciendo un pequeño alto en nuestro camino histórico, repasamos la gran cantidad de términos surgidos en solo 50 años para teorizar acerca de la traducción. Tampoco ha de extrañarnos que un pensador como Vermeer entendiera que, antes de seguir creando y acumulando teorías acerca del hecho traductor, debía definirse el contexto más allá de la lengua (y utilizando otras herramientas que las proporcionadas por la Lingüística), en términos de actividad humana (entendida como acción). Más específicamente, al menos tal y como lo define Vermeer en un artículo de 1989: The skopos theory is part of a theory of translational action (translatorisches Handeln). Translation is seen as the particular variety of translational action which is based on a source text. (Vermeer 1989:227) Desde el punto de vista de la traductología de nuestros días, esta afirmación parece de todo punto trivial. Pues, ¿de qué otra manera podemos acercarnos a la equivalencia, si no es en el nivel textual y tras haber analizado los aspectos extralingüísticos?
CAPÍTULO I. El concepto de equivalencia en traductología 51 Katharina Reiss, a su vez, había partido en su primer libro (Reiss 1971), anterior a su colaboración con Vermeer de un punto de vista más relacionado con el concepto de equivalencia: el análisis de las funciones del lenguaje en uso (en los textos). Como explica Hönig (1997), la contribución de Reiss desde el análisis textual en su libro de 1971 fue muy importante al aplicar por primera vez elementos de la lingüística textual, y sobre todo el concepto de tipo de texto al análisis contrastivo. Siguiendo la hoy clásica categorización de funciones del psicólogo Karl Bühler, Reiss clasificó los textos tipos de texto según su función principal (representativa, expresiva o apelativa). Más adelante, Reiss será la introductora de una nueva etiqueta para la equivalencia: la equivalencia formal. Así la define en un artículo de 1981: Interlingual translation may be defined as bilingual mediated process of communication, which ordinarily aims at the production of a TL text which is functionally equivalent to an SL text (2 media: SL and TL + 1 medium: the translator, who becomes a secondary sender; thus translating: second communication). (Reiss 1981, citado en Venutti 2000). Esta apreciación de Reiss era relevante en ese momento, ya que no todos los enfoques anteriores partían de esta base: o colocaban la equivalencia en planos de menor complejidad (la palabra, la oración) o en otros aún más abstractos (la comunicación). Si bien se considera que el trabajo pionero en traductología funcionalista es el de Hans Vermeer (1978), que desarrollaría en el libro de 1984, lo más interesante de esta corriente es su desarrollo posterior, mucho más elaborado y bastante diferenciado de las primeras versiones de Reiss y Vermeer, y que representan entre otros Christiane Nord (1991, 1997), Hönig y Kussmaul (1982), Hönig (1997) y Paul Kussmaul (1995, 2000). Otra característica de los desarrollos del funcionalismo, aún vigentes, consiste en que se ocupan sobre todo no de la descripción del proceso en sí (vertiente representada por Kussmaul y Hönig), sino de la descripción de cara a la enseñanza de la traducción y la crítica de textos traducidos. Sin embargo, la historia del funcionalismo en traducción (y muy especialmente, el funcionalismo alemán) ha sido el esfuerzo por deshacer los malentendidos que se han venido produciendo acerca de sus definiciones teóricas prácticamente desde el principio. Comentaremos estos malentendidos relacionándolos con los conceptos clave de la teoría que nos interesan a efectos de nuestro estudio.
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 52 Como marco general, puede considerarse que la ciencia modelo o la base epistemológica de las teorías funcionalistas ya no es la lingüística en sí, sino aproximaciones teóricas más amplias, como la epistemología evolucionista (y creemos que de ahí, y precisamente de la antropología evolucionista surgió el concepto de función), la Teoría de la Acción (tal y como esta se entiende en que sería rentabilizada por la teórica Holz-Mänttäri), las Teorías de la Socialización y los estudios de Comunicación Intercultural (cf. Witte 2005:34). Los funcionalistas entran en la discusión sobre la equivalencia centrándose no en la relación entre original y traducción, sino en el objetivo o finalidad del TM. Este cambio de enfoque (centrar la atención en un nivel más amplio del proceso) tendrá consecuencias muy profundas en lo que tiene que ver con la equivalencia, ya que llevará, en última instancia, a cuestionar la inmovilidad del sentido del texto original, puesto que se parte de la base de que TO y TM pueden tener funciones distintas. Lo más interesante de las aproximaciones funcionalistas es que recuperan o subrayan la visión de la traducción como actividad humana que, como tal, está sujeta a normas culturales. Sin embargo, no rechazan el concepto de equivalencia, sino que le dan un lugar secundario (no prescriptivo) en la relación entre TO y TM. El resultado es que el plano de la relación queda subordinado al análisis de la función del texto, que ha de determinar cuáles de sus rasgos relevantes deben reproducirse. Por ejemplo, Christiane Nord (1991) asocia conceptualmente las nociones de fidelidad, libertad y equivalencia: “A translation is normally expected to render faithfully all the relevant features of the source text” (Nord 1991:22, cursive nuestra). Este punto de vista rentabiliza el análisis funcional del texto y elimina (al menos en parte, como veremos) la metáfora del CANAL, sustituyéndola por una visión más holística o gestáltica, lo que reduce las enormes expectativas que otras visiones cargaban sobre el traductor y sobre el poder explicativo del concepto de equivalencia. No se considera, por tanto, que se pierda algo al redactar el TM, sino que este se crea a partir de los aspectos relevantes del original según la finalidad del TM; es decir, con carácter prospectivo (relevantes en una situación dada, y de ahí otro problema: el de decidir qué es relevante en un contexto dado). Por eso, Nord interpreta que equivalencia se entiende en la historia de la traductología como “the greatest possible correspondence between source and target texts” (1991:22, cursiva nuestra). Aunque la idea de transferencia y de correspondencia sean afines, y aunque ambas subsistan en el enfoque estructural, no se refieren ya a las
CAPÍTULO I. El concepto de equivalencia en traductología 53 posibilidades de la lengua o de los textos, sino a criterios con los que juzgar un estado de cosas que es la traducción. Nord considera, creo que con gran acierto, que el concepto de equivalencia es demasiado ambiguo y que las discusiones sobre él no nos han llevado a ninguna parte. Recalca que el concepto de equivalencia atiende a la pragmática si pedimos que dos textos tengan la misma función, y a los factores intra-textuales de forma y contenido si pretendemos que imite al original (de esta manera los funcionalistas trasladan la dicotomía forma-sentido a la de forma-función). Por lo tanto, Nord considera que la equivalencia debe ser entendida como una de las posibles relaciones entre TO y TM: Functional equivalence between source and target texts is not the “normal” skopos of translation, but an exceptional case in which the factor “change of functions” is assigned zero”. (Nord 1991:23). Pero, para Nord (1993: 17 y ss.) el traductor está siempre sujeto a la sanción cultural de lo que se considera en cada caso como traducción. El concepto de escopo o finalidad es producto de la lingüística textual de los años 70. Esto es así en parte porque los teóricos funcionalistas, debido a su vocación explicativa y docente, echaron mano de textos reales traducidos en situaciones reales, y no necesariamente literarios. Creo que es importante llamar la atención sobre el hecho de que la inmensa mayoría de los corpus de textos que representan el pensamiento traductológico, desde Cicerón hasta principios del siglo XX, se centraban en el problema de la traducción de textos literarios o autoritativos. Por su parte, las teorías lingüísticas o estructuralistas se centraban en aspectos concretos de los textos o, muy a menudo, ni siquiera en el nivel textual, sino en el de comparación de las lenguas, sin tener en cuenta el valor o función de los textos traducidos. Quedaba a un lado, así, el hecho de que la traducción es una actividad que tiene, como toda actividad humana, un objetivo. Esta es la visión teleológica, que pretenden introducir Reiss y Vermeer, a la búsqueda de criterios generales con los que juzgar la adecuación (y aquí damos con otro concepto de difícil definición) de las traducciones. Es decir, Reiss y Vermeer se plantean responder a la siguiente pregunta: ¿Podemos hablar de equivalencia como una relación estable entre cualquier TO y TM, independientemente del tipo de texto y de su función? Como veremos, al responder a esta pregunta Reiss y Vermeer no rechazan el concepto de equivalencia, aunque sí lo restringen.
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 54 El texto con el que se dio a conocer la teoría del escopo en España es Fundamentos para una teoría funcionalista de la traducción (Reiss y Vermeer 1996[1984]), obra en la que se da un papel fundamental al concepto de escopo o finalidad de la traducción. En esta obra, Reiss y Vermeer relacionan precisamente el concepto de equivalencia con el de adecuación: A nuestro entender, no se trata de renunciar al término de “equivalencia”; sino de precisar su contenido y restringir de manera adecuada su uso. (Reiss y Vermeer 1996 [1984]:111). Reisss y Vermeer añaden una metáfora (conceptual) más a las múltiples que nos hemos encontrado en el siglo XX: en su analogía, la equivalencia en traducción funcionaría como la equivalencia en electrotécnica, para lo que recurren a la metáfora de la TRANSMISIÓN ELÉCTRICA (Reiss y Vermeer 1996 [1984]:115). También consideran, con Koller (1979:176-191; 1992:216-224), que es vital separar el concepto de equivalencia en traductología del concepto en lingüística contrastiva. Es esta una idea que aparece en otros autores (Rabadán 1991:49) y que nunca está de más repetir, pues es uno de los mayores malentendidos que se producen en la concepción de la traductología: confundir su objeto de estudio. Como se ha venido resaltando al menos desde los funcionalistas, el análisis contrastivo en traducción y en lingüística tienen objetivos muy diferentes. Se trata de una cuestión metodológica que, en nuestra opinión, suele olvidarse demasiado a menudo, sobre todo cuando los que se pronuncian sobre la equivalencia son lingüistas y filósofos, como veremos. Esto suele llevarles a considerar que, superado el estadio contrastivo, se debe eliminar a la traducción de los programas de estudio científico riguroso, es decir, que, dado por superado el estadio contrastivo, consideran probado científicamente (partiendo del marco epistemológico que sirve de apoyo a la lingüística generativa) que el estudio científico de la traducción es imposible o inabordable. Sin embargo, muchos traductólogos, entre ellos Rabadán (1999) siguen considerando el análisis contrastivo una herramienta que marca, en traductología, la frontera entre teoría y práctica (Rabadán 1999, citado en Mayoral Asensio 2001:43). Discusiones epistemológicas aparte (discusiones estrechamente vinculadas con el objetivo de nuestro trabajo, y que retomaremos a su debido tiempo), de lo que parecen darse cuenta Reiss y Vermeer es de la variedad de elementos textuales (más propiamente, niveles) a los que hacemos referencia cuando usamos el término equivalencia en traductología:
CAPÍTULO I. El concepto de equivalencia en traductología 55 Los numerosos calificativos que aparecen en la bibliografía sobre la traducción acompañando al término “equivalencia” (p.ej. dinámica, formal, funcional, de contenido, referencial, estilística, de efecto, etc.) son ya una muestra suficiente de que la equivalencia textual se compone de tantos elementos como el propio texto. (Reiss y Vermeer 1996 [1984] :116) Reiss y Vermeer se dieron cuenta de que, al margen de que se trate de diferentes tipos de equivalencia según el nivel del texto al que se refieran, también subsiste la diferencia hacia la forma frente a hacia el contenido. Así es en el ejemplo que dan de la traducción en prosa de textos persas que encargó Goethe para componer su Diván. Para ellos, Goethe compuso su obra a partir de la “información recibida del texto de partida” (Reiss y Vermeer 1996[1984]:123). Pero lo mismo pasa con traducciones de versos que apuntan a la equivalencia semántica, y no poética (Reiss y Vermeer 1996[1984]:117). Una de las ideas clave relacionadas con el escopo es que los funcionalistas critican (y este punto es crucial para entender la descripción teórica que proponen) la afirmación, no cuestionada en los marcos teóricos anteriores, de que el objetivo de todas las traducciones sea considerarse equivalentes a su original, puesto que: [s]i el traductor o su cliente le asignan a la traducción funciones comunicativas diferentes a las del texto original, ambos textos ya no mantendrán una relación de “igualdad de valor”, dado que solo se buscarán y encontrarán correspondencias para dimensiones parciales del texto de partida en la lengua final. (Reiss y Vermeer 1996:119). Por lo tanto, dan primacía al concepto de adecuación, que, tal y como lo entendemos, supone una equivalencia no con el TO, sino con las expectativas prospectivas (orientadas a la cultura meta) que tiene el autor del TO o el que encarga su traducción con respecto a la función comunicativa de este en la LM: Se traduce de forma adecuada cuando se supedita consecuentemente la elección de signos a la finalidad de la traducción. (Reiss y Vermeer 1996:124). En este sentido, me parece interesante su concepto de la traducción como “información sobre una oferta de información” (1996:119), que parte del hecho de que a veces no se quiere o no se puede ofrecer toda la información que hay en el texto de partida (el ejemplo clásico de esta situación son las traducciones auxiliares, en las que lo que le interesa al receptor es tener conocimiento puntual o estratégico del contenido del texto en la lengua que desconoce).
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 56 En opinión de Reiss y Vermeer, las traducciones literales no pueden considerarse equivalentes, ya que el TM cumple una función del “informar al lector de la lengua final acerca del modo en que el autor del TO se comunica con los lectores del texto original” (en el sentido de Schleiermacher de “acercar el lector al autor”). Tan solo es exigible una relación de equivalencia en las traducciones comunicativas (entendida como “información sobre una oferta informativa mediante la imitación de la oferta informativa del texto de partida con los recursos de la lengua y la cultura final” (Reiss y Vermeer 1996 (1984):121). Aquí, consideran que el objetivo de la traducción es crear un equivalente textual en todos los planos (sintáctico, semántico y pragmático). Tal y como lo entendemos, Reiss y Vermeer continúan con la idea de Kade (1980:103-113) de que la coincidencia o no de estos factores de la situación comunicativa entre TO y TM determinará la posibilidad de la equivalencia, cuando consideran que: En algunos casos la naturaleza misma del tema impide realizar una traducción equivalente, ya que los conocimientos previos de la cultura de partida (aún) no existen en la cultura final, por lo que la traducción apenas podrá mantener constante la función del texto en la comunicación. (Reiss y Vermeer 1996:122). Por lo tanto, se traduce de forma adecuada cuando se supedita consecuentemente la elección de signos a la finalidad de la traducción. Entendemos, así, que Reiss y Vermeer usan el adjetivo equivalente para el producto, y no para el proceso: Equivalencia expresa la relación entre un texto final y un texto de partida que pueden cumplir de igual modo la misma función comunicativa en sus respectivas culturas. (Reiss y Vermeer 1996:124). Equivalencia es, según nuestra definición, un tipo especial de adecuación, es decir, adecuación cuando la función entre el texto de partida y el final se mantiene constante. (Reiss y Vermeer 1996:125). Como comentábamos más arriba, Reiss y Vermeer ponen las cosas en su sitio en lo que se refiere a considerar que la equivalencia sistémica es un elemento de la lingüística o análisis contrastivo y no de la traductología. No consideran que las lagunas (Wilss 1977:177) o la equivalencia cero pertenezcan al campo de la traductología, sino de la lingüística contrastiva, de manera que no son obstáculos para impedir la comunicación
CAPÍTULO I. El concepto de equivalencia en traductología 57 intercultural. Se establece una jerarquía en la que lo más importante, conceptualmente, es la función del texto traducido, entendida como escopo (skopos): Es imposible establecer equivalencias definitivas entre segmentos de un texto de partida y del texto final, incluso tratándose de una pareja de lenguas concreta, y que tampoco podemos comprender la equivalencia textual exclusivamente en relación con el fenómeno texto, sino como factor dependiente del objetivo (escopo) de la traducción. (Reiss y Vermeer 1996:129). Reiss y Vermeer proponen una perspectiva nueva y polémica al desligar la función del TM de la función del TO, de manera que los signos lingüísticos del TO sirven “de «señales y guía de control» de la función del texto de partida” (Reiss y Vermeer 1996:130). Esto es muy importante, ya que no se habla de significado o sentido del TO. Lo que se considerará equivalente en el TM serán los signos lingüísticos que sirvan como señalesguía análogas, definidos como “factores que guían la comprensión del texto que ha de traducirse y la composición final” (1996:135). La elección de los signos que ha hecho el autor del TO sólo se comprende al actualizarla con el “conocimiento del mundo” (cfr. la visión de la infra-especificación de significado textual como pars pro toto de Jäger en 1973 o la de Wotjak): En definitiva, el significado semántico se corresponde con la función textual de representar un contenido conceptual cognitivo que se refiere a una realidad extralingüística. No obstante, esta realidad no queda reflejada completamente en el texto, ya que este sólo puede expresar una realidad del mismo modo que las formas; estas tampoco describen la realidad enteramente, sino que solo se refieren a ella pars pro toto. (Jäger 1973a:56, citado en Jung 2000:51). Esta concepción pone de manifiesto (para crear otro camino conceptual) una de las metáforas más poderosas del paradigma estructural, pero que se mantiene en niveles más profundos en la traductología funcionalista: la de que los signos lingüísticos contienen significados (véase Martín de León 2005). 1.2.2. Jerarquía de equivalencias Si bien ni Reiss ni Vermeer se pronuncian explícitamente sobre este asunto, se puede entender que su concepción de la equivalencia no parte de la base de que exista o se deba buscar una equivalencia total (concepto prescriptivo, platónico). Reiss y Vermeer vinculan la idea de función comunicativa del texto con una jerarquía de equivalencias. De esta
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 58 manera, la equivalencia textual es solo una de las posibles relaciones de equivalencia entre TO y TM. Reclaman, con Busch, el carácter relativo del concepto, sugiriendo el de aproximación (Ladmirall 1981:393). Distinguen entre equivalencia textual parcial y total. Reiss y Vermeer dan ejemplos de diferentes textos en los que distintos planos tienen primacía. Un ejemplo de supeditación de la equivalencia semántica a la pragmática5: […] si yo digo que “el sol sale por Oriente” lo que mis palabras […] propiamente dicen es que un ente de sexo varonil y capaz de actos espontáneos —lo llamado “sol”— ejecuta la acción de “salir”. (Ortega y Gasset: Miseria y esplendor de la traducción. Ejemplo extraído de Reiss y Vermeer 1996:142). Reiss traduce varonil por femenino dado que el sol es femenino en alemán. Se podría decir, desde otro punto de vista, que el rasgo “masculino” no era relevante en este contexto. Este tipo de diferenciaciones ayudan a comprender la interacción entre los rasgos obligatorios de la estructura lingüística y el carácter dinámico de la equivalencia. La equivalencia es, por tanto, un concepto dinámico que define la relación entre un texto de partida y un texto final, y que requiere para cada texto en particular (y para cada uno de sus elementos, en la medida en que estos contribuyen a la conformación del sentido y de la función del conjunto del texto) que se reconsidere la jerarquía de todos los factores que determinan la estrategia traslativa, que trasciende el conocimiento de las lenguas en cuestión. (Reiss y Vermeer 1996:147, cursiva nuestra). Es importante que por primera vez se considere que la estrategia traslativa es distinta (o al menos, no reducible) al conocimiento de las lenguas. En el modelo de Leipzig, Kade introducía el factor humano como responsable del alejamiento de la equivalencia ideal, y no como centro de la actividad. Otra consecuencia de colocar al traductor en el centro del modelo es el reconocimiento de Reiss y Vermeer del rasgo de actividad intersubjetiva que caracteriza a la traducción. Equivalencia restringida: el grado de equivalencia es menor por razones que dependen del sujeto de la actividad traslativa, el traductor. (Kade 1980:146 y ss., citado por Jung 2000:63) 5 Aunque solo sea a título orientativo, podemos comparar este tipo de juicios con la polémica, aún vigorosa en filosofía del lenguaje, sobre la primacía de las nociones semánticas sobre las pragmáticas. Véase Acero, Bustos y Quesada 2001:106-107.
CAPÍTULO I. El concepto de equivalencia en traductología 65 teórica, su desarrollo no presenta herramientas textuales, sino de comparación de elementos aislados. Consideraremos aquí como enfoques textuales aquellos que llaman la atención sobre los diferentes tipos de texto y sobre éste como constructo cultural. Además de la importancia conferida al concepto de texto en Reiss (1971) o Reiss y Vermeer (1984), es Meschonnic quien propone en 1972 una poética de la traducción como epistemología de la escritura. Desde el punto de vista de Coseriu, es necesario estudiar el texto ya que los textos no solo se elaboran con medios lingüísticos, sino también con la ayuda de medios extralingüísticos (Coseriu 1977:19, citado en Hurtado Albir 2001:411). “En el plano de las lenguas, las equivalencias existen o no existen, pero en el plano textual las inequivalencias desaparecen por la intervención del contexto” (Hurtado Albir 2001:411). La toma de conciencia de las distintas convenciones textuales en diferentes comunidades lingüístico-culturales atrajo el interés por incorporar la metodología de la estilística comparada o contrastiva a los estudios de traducción, pero esta vez no como medio de comparación de las lenguas en sí, sino de las formas convencionales de organización textual. Por ejemplo, para Hartmann, se trata nada menos que de conocer “cuáles son las estructuras equivalentes en las lenguas a las que queremos traducir. Este conocimiento se obtiene a partir de la comparación, de la lingüística comparada, o, más concretamente, de la textología contrastiva” (Hartmann 1980:51, citado en Hurtado Albir 2001:413). Este tipo de enfoques fue muy popular durante la década de los 80, y siguieron proliferando en los noventa como solución para diseñar estudios empíricos o estadísticos de las soluciones de traducción. Ejemplos de estilística contrastiva aplicada son proyectos como el encabezado por Zinaida Lvóvskaya (2002, 2003), quien se centró en el análisis sistemático de los marcadores textuales según el tipo de texto. Las aplicaciones de la estilística contrastiva presuponen, de manera tanto retrospectiva como prospectiva, la equivalencia de los textos. Dos o más textos que cumplen funciones similares en dos o más culturas (ya sean normas de construcción, folletos publicitarios o de instrucciones) se consideran textos paralelos. Su estudio en condiciones determinadas puede ser una herramienta muy útil para los traductores a la hora de informarse sobre diferentes representaciones de la textualidad. Lo interesante aquí es
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 66 que no se comparan texto original y traducción, sino dos textos que forman parte de sistemas distintos. Hurtado Albir pone como ejemplo de trabajos de este tipo a Beeby (1996), quien incide en el aspecto textual-interpretativo de cohesión y coherencia. En lo que se refiere a la coherencia del texto, Beeby señala que “cada sociedad tiene su visión del mundo, por lo tanto, una red de relaciones semánticas, pragmáticas o semióticas que tiene sentido en un contexto social carecerá del mismo sentido en otro contexto” (1996:73). Lo mismo sucede con la cohesión: las lenguas difieren en sus maneras de establecer referencia deíctica o repetición léxica. El enfoque textual aplicado a la noción de equivalencia puede observarse asimismo en textos eclécticos, como Hatim y Mason (1995), quienes dedican un capítulo a la cuestión del tipo textual. Este tipo de trabajos, inspirados en las nociones básicas de la estilística en sus desarrollos textuales, tratan de estudiar de forma contrastiva los factores de textualidad en varias lenguas con el fin de crear un inventario de reglas de equivalencia al nivel del texto que tenga en cuenta los factores externos o convenciones tipográficas y de presentación de los textos en distintas comunidades. Creemos que un prejuicio a la hora de reconocer la aportación de la estilística contrastiva al estudio de la traducción en general y de la equivalencia en particular procede de la caída en desgracia (por agotamiento) de los recursos de la lingüística contrastiva. Sí creemos, en cambio, que aplicaciones de la lingüística textual moderna, como las de Bernárdez (1982, 1995) pueden aclarar en gran parte el problema de la equivalencia. En suma, todos los teóricos admiten hoy que el único acercamiento posible a la equivalencia, tanto de manera descriptiva como prescriptiva, es textual, aunque no siempre se disponga de las herramientas metodológicas para ello (véase los intentos, por ejemplo, de Tabakowska 1993 de analizar la equivalencia medida en parámetros de análisis de la crítica literaria, como la equivalencia del punto de vista). El estudio de las características de textos equivalentes en distintas culturas no constituye el objeto de la traductología en lo que se refiere al problema que nos ocupa (la definición de la equivalencia), porque crea la ilusión de que es posible sustituir un texto por otro. La traducción no consiste en sustituir un texto en una lengua por su equivalente sistémico en otra: de ser así, si en cada lengua existiera exactamente la misma oferta informativa (término de Reiss y Vermeer 1984 [1996]). Por ejemplo, si un contrato de
CAPÍTULO I. El concepto de equivalencia en traductología 67 compraventa británico fuera igual a uno español, y solo fuera cuestión de encontrar el documento legal equivalente, no se traducirían textos. El problema es otro: explicar cómo se crea un tercer espacio donde la oferta informativa que está en una lengua se plasma con medios lingüísticos (por lo tanto, textuales) de otra. Los enfoques a los que nos hemos referido son, en general, equivalencistas, ya que estudian los factores textuales con el fin de señalar qué estructuras, estrategias o mecanismos funcionan de manera equivalente (es decir, cumplen la misma función). Otro tipo de relaciones entre equivalencia y discurso se sitúan en las corrientes de la manipulación, deconstruccionistas, que analizan el discurso desde una perspectiva ideológico-antropológica. Nos ocuparemos de ellos en los epígrafes 1.4. y 1.5. 1.4. EQUIVALENCIA Y MANIPULACIÓN. LA ESCUELA DE LA MANIPULACIÓN La Manipulación es la aplicación a la traductología no de un paradigma lingüístico, sino de ideas procedentes de definir en qué consiste una traducción desde el punto de vista de la teoría literaria. Por eso mismo surge para describir el papel de las traducciones como mecanismo de comunicación entre polisistemas literarios, lo que supone un nivel mayor de abstracción en la definifición de los procesos y productos implicados en la traducción. Aunque se trata de un enfoque heterogéneo, se identifica con dos grupos principales de investigación, uno europeo, centrado en los Países Bajos, y otro en Israel. El grupo surgió en la década de los sesenta con pretensión de convertirse en un nuevo paradigma traductológico (Cf. Hurtado Albir 2001:559).6 La idea que da nombre a esta corriente de pensamiento parte de Teo Hermans, quien afirma que, “desde punto de vista de la literatura meta, toda traducción implica un grado de manipulación del texto original con un objetivo determinado” (Hermans 1995:11, citado por Vidal Claramonte 1995:60). De la misma manera en que el estructuralismo constituyó la era prescriptiva de la traductología, el funcionalismo, la manipulación y la deconstrucción inauguran una era descriptiva en la que predomina una preocupación meta-textual o meta-traductológica. A los funcionalistas les interesaba (y les sigue interesando) desarrollar una teoría general de la traslación con una fuerte rama aplicada a la docencia, dentro de la que el término 6 Recordemos cómo Witte (2005) consideraba que el estadio funcional constituía un nuevo paradigma en Traductología.
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 68 ‘equivalencia’ se entiende como una de las posibles relaciones entre textos concretos. En la manipulación vamos a encontrar abundante y valiosa reflexión humanística que se centra en los aspectos más abstractos del proceso, acudiendo a la semiótica y a la teoría literaria. No encontraremos aquí, en general, un interés especial por desechar ni por conservar el concepto de equivalencia en los armazones teóricos. En este sentido, es interesante tener en cuenta que para los teóricos de la Manipulación la equivalencia no constituye un concepto, sino una noción. Con la Manipulación volvemos al terreno de la traducción literaria, del que, como hemos visto, la traductología no había conseguido salir en muchos siglos. Con esta vuelta a una de las formas textuales más complejas se aviva la discusión de si es necesaria una teoría particular para la traducción de cada tipo de texto. En este sentido, la Escuela de la Manipulación es continuadora del formalismo ruso y hereda su preocupación por el papel del texto literario en una cultura dada. En su concepto de polisistema puede observarse también la huella del pensamiento semiótico de Lotman (y su compleja concepción de sistema cultural). De esta manera, se vuelve a textos clásicos del siglo XX, como al famoso ensayo sobre traducción literaria de Popovic (1975). Por otro lado, supone una corriente de aire fresco en lo que se refiere al enfoque sobre la equivalencia, ya que se interesa por una perspectiva cultural o literaria y no lingüística. Otra característica de este enfoque es que surge como un enfoque descriptivo frente a los que se consideraban enfoques prescriptivos. Por eso algunos de sus teóricos se agrupan en lo que se conoce como Descriptive Translation Studies. Es descriptivo porque pretende resaltar (describir) el papel que ha tenido la traducción en la historia de las culturas. Se describe como una perspectiva orientada al receptor o, más concretamente, a la cultura receptora (la idea es de Hermans, que la califica de targetoriented (Hermans 1999:7). Hemos de esperar, pues, que critiquen la noción relacionándola con el cambio de contexto cultural. Acudimos a la definición de equivalencia de Toury en In Search of a Theory of Translation (1980), uno de los libros más influyentes en el pensamiento posterior de esta escuela. Para que podamos hablar de traducción, según Toury (1980:63), habrá a) dos lenguas naturales diferentes, entendidas como códigos; b) la presencia (o establecimiento) de dos mensajes distintos, cada uno codificado en uno de los códigos; y c) la existencia (o establecimiento) de una relación entre los dos mensajes, independientemente de la relación entre los códigos. En este marco de interpretación, “the establishment of such a
CAPÍTULO I. El concepto de equivalencia en traductología 69 relationship, which is usually designated «equivalence», between the original and the translated messages, is a necessary, though not a sufficient condition for the identification and definition of a certain process and its product as a translation”. Por la terminología de la cita (código, mensaje) es fácil deducir que Toury piensa en clave semiótica y formalista. De esta posición fundamental, en la que perfila la equivalencia como una cuestión consuetudinaria (“is usually designated «equivalence»”) vemos que dos décadas más tarde se sigue considerando la equivalencia solo por su valor explicativo retrospectivo: Equivalence, again, is of little importance in itself. There is a point in establishing it only insofar as it can serve as a stepping stone to uncovering the overall CONCEPT OF TRANSLATION underlying the corpus it has been found to pertain to, along with derived notions such as DECISSION-MAKING and the factors which may have CONSTRAINED it; not an idealized process, as presented, for example, by Jirí Levy (1967), but real-life decissionmaking under real-life constraints, as reconstructed, e.g., by Even-Zohar (1975) with respect to the Hebrew translation of Baudelaire´s “Spleen”. Finally, the notion of equivalence may also facilitate the explanation –in reverse order– of the entire network of translational relationships, the individual coupled pairs (as representing actual translation units under the dominant norm of translation equivalence) and the textual-linguistic representation of the translational solutions, which has made them into (surface) translational phenomena, in the first place. (Toury 1995:86). Otro de los aspectos interesantes de esta cita de Toury es el papel auxiliar que se le concede: sería posible establecer, analizando corpus de traducciones, qué idea de la traducción subyace. Esto no hace sino poner de relevancia el carácter no determinista de la equivalencia, cuya actualización en textos concretos estaría supeditada al concepto de norma, como veremos más abajo. La noción de equivalencia sigue siendo, con todo, clave en el marco de la teoría del polisistema; precisamente porque está bien definida, es fruto del eclecticismo teórico y de la integración de la teoría y la práctica. Dice Rosa Rabadán que las teorías que renuncian a definir la equivalencia son “normativas, estáticas y ahistóricas” (Rabadán 1991:58). Sin embargo, la visión de Rabadán no es representativa de todos los teóricos de la llamada Manipulation School. Podríamos considerar más bien que la equivalencia está presente con amplio valor explicativo en este marco metodológico, y que se irá evolucionando hasta posturas más radicales y menos equivalencistas, como la deconstrucción.
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 70 En el caso de la Escuela de la Manipulación, se introducen conceptos más amplios para describir el sistema en el que los textos se traducen y cobran sentido para una cultura dada. Estos conceptos clave giran alrededor de dos fundamentales: el de norma y el de polisistema. El primer concepto, el de norma, fue introducido por Gideon Toury para definir la actividad traductora de una manera no prescriptiva, sino descriptiva7: [...] translational norms are intersubjective factors influencing, and to a large extent even determining, the choice of translational solutions. It might be said, in other words, that they act as a model, in accordance with which translations are actually formulated, whether it is the model of ST (that is, the norm of adequate translation) or a target-based model. (Toury 1980:64). Este sirve, asimismo, para explicar la relación de correspondencia que hay entre TO y TM (para describir, a posteriori, cómo se ha dado esa equivalencia). Según Vidal Claramonte, se trata de “una categoría para el análisis descriptivo de la traducción que da cuenta de la dimensión social e intersubjetiva de esta” (1995:70). Rosa Rabadán la define así: […] aquellas pautas de comportamiento traductor que, sin ser reglas (como las gramaticales), determinan qué actuaciones traductoras se consideran aceptables y válidas en una cultura dada en un periodo histórico determinado. (Rabadán 1992:48, citado por Vidal Claramonte 1995:70). Al anclar la idea de norma a un sistema lingüístico-cultural concreto, consideran que los traductores deben ser nativos (para la idea de native translator, véase Toury 1995), es decir, conocer las normas para traducir en un contexto cultural-semiótico determinado. Este native translator deberá “asess the norm-governed translation equivalence” (Vidal Claramonte 1995:73). Esto tendrá una gran importancia en lo que se refiere estrictamente a la equivalencia. Como apunta Hermans: Gideon Toury introduced the idea of translation as a norm-governed activity in an attempt to redefine the vexed notion of equivalence. Instead of taking equivalence as the central criterion for judging translations, he argued that the relation between a translation and its source was 7 Creemos que este concepto sí introduce variantes dinámicas y tiene un amplio valor explicativo, quizás análogo al concepto de habitus (Bordieu 1980) tal y como ha sido rentabilizado por Bernárdez para la lingüística (2004, 2005). Quizás podría hablarse de un habitus de la traducción.
CAPÍTULO I. El concepto de equivalencia en traductología 71 determined by the choices which the translator made along the way. These choices were governed by norms as “performance instructions”. As a result, “norms […] determine the (text type and extent of) equivalence manifested by actual translations” ([Toury] 1995:61). (Hermans 1999:7). Desde este punto de vista, podríamos dar por zanjado el escabroso asunto de la propia definición de proceso, explicando que, tal y como otros procesos y productos relacionados con el lenguaje humano (redacción, conversación), este está sujeto a normas. Sin embargo, si tuviéramos que definir las normas para traducir cada tipo de texto, ¿no estaríamos usando de nuevo una perspectiva evaluativa? Y si postulamos normas generales, ¿cómo atender a la extrema variedad de los textos? Así, como denuncia Hermans, la equivalencia se habría convertido en un concepto vacío, ya que habría que redefinirlo en cada caso concreto, en cada traducción (Toury 1995:86). Sin embargo, Toury, como vimos más arriba, opta por conservar el concepto en la teoría (1995:61), sin concederle una posición central. Hermans no está de acuerdo, ya que: Variance and invariance strike me as dubious concepts, due not only to the asymmetry between languages and cultures but also to the intervention of a norms concept which draws attention to the colouring, the slant, the ideological weighting of translation. Secondly, stripping equivalence down to a mere label and then re-introducing it by the back door without further questioning the term’s implications seems unwise because it blurs precisely the aspect of non-equivalence, of manipulation and displacement which the norms concept did so much to put in the foreground. (Hermans 1999:97). Hermans considera que, de entrar el concepto en la teoría, debe hacerlo de manera crítica, para no eludir el hecho de la asimetría de las relaciones de poder entre las lenguas. Propone, como concepto que reemplace al de equivalencia, el de relevant similarity (Chesterman 1997:62, Hermans 1999:97). Hermans considera, con Pym (1997), que la equivalencia debe ser entendida como “a belief structure, the creation of a pragmatically necessary illusion” (Hermans 1999:98). Considera que la función del traductor es desempeñar un papel ideológico, equiparable a la función autorial para Foucault (1984) (desarrollos que se redefinirán de manera más concreta en las visiones traductológicas deconstruccionistas propiamente dichas).
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 72 Equivalence could be seen as a part of that construction. That is why a critical discipline of translation studies would do well to keep the term at arm’s length, or, as Deconstructionists would say, use it “under erasure”. (Hermans 1999:98). Esta idea es extremadamente relevante, ya que marca el punto de unión de la Escuela de la Manipulación con la deconstrucción: conceptos clave y definitorios en distintas disciplinas, tales como autor, original o equivalente se ven no como realidades universales, sino como construcciones o armazones conceptuales que nos ayudan a definir una realidad. En este sentido, la manipulación se coloca entre los enfoques críticos con el concepto de equivalencia, al igual que el funcionalismo alemán. La equivalencia cambia, pues, de estatus: de propiedad definitoria (de la que Toury, como vimos, no podía desprenderse por completo) o explicativa (como definitoria del propio proceso) pasa a tener una función confesadamente metafórica. Resulta curiosa por eso la manera en que se relaciona con la búsqueda de universales en la traducción, como “the occurrence of shifts” para Toury (2004 [1995]:208). Rosa Rabadán, más en la línea de Toury, entra en el debate defendiendo la adecuación de un concepto como norma para acercarse al concepto de equivalencia, ligado a la función textual: Desde el punto de vista metodológico el único criterio legítimo que permite incluir en una misma categoría elementos materialmente distintos es el de funcionalidad. Las características comunes y constantes, que permiten definir un TM como traducción de un TO y que se aplican a todo binomio TO-TM son de naturaleza funcional y relacional. Esta afirmación conlleva cambios radicales en la concepción tradicional de la equivalencia: la cuestión no es si un TM es equivalente a su TO, sino qué tipo o grado de equivalencia presenta este binomio textual TOTM (en la escala entre los polos adecuación-aceptabilidad). (Rabadán 1991:54). El problema ahora será el de buscar una definición adecuada de funcionalidad. Como podemos sospechar, el contenido conceptual del término será distinto al que emergía en el contexto del funcionalismo alemán. La idea de funcionalidad aparece en otros textos de Toury (por ejemplo en 1995 habla de “Dynamic Functionalism”, siguiendo a Even-Zohar). Esta idea va acompañada de una definición más amplia de equivalencia: The study of norms thus constitutes a vital step towards establishing just how the functionalrelational postulate of equivalence has been realized – whether in one translated text, in the work of a single translator or “school” of translators, in a given historical period, or in any other justifiable selection. […] Rather than being a single relationship, denoting recurring type
CAPÍTULO I. El concepto de equivalencia en traductología 73 of invariant, it comes to refer to any relation which is found to have characterized translation under a specific set of circumstances. (Toury 2004[1995]:211). Otro aspecto importante puesto de manifiesto por la Escuela de la Manipulación es el carácter intersubjetivo de las normas, lo que apunta de nuevo a la necesidad de estudiar la equivalencia desde un paradigma no prescriptivo. Esto añade aún más dinamismo al modelo, a la vez que coloca al traductor en el centro de atención. Como consecuencia de la actividad del traductor, surgirá un texto guiado por las señales de un texto en otra lengua y que pretende adaptarse a las normas de una cultura meta, sin adaptarse del todo. Podría considerarse así que, como entidad epistemológica, el texto traducido no se sitúa en la cultura o código meta, sino que crea un espacio propio de cuyo estudio se encargaría, precisamente, la teoría del polisistema. Es la idea del tercer código, que encontramos en Frawley (1984) o en Kubiński (2000) junto a la teoría de la “innovación semiótica”: The act of translation, of recodification, is also an act of sign-production. That is, the new code derived from the matrix code and the virtual target code is a semiotic unit, capable of interpretation as that, and not solely as a secondary sign or a derivative semiotic unit. The activity of the translator is thus not the production of a translated sign, which is the standard view and which suggests that translation is the disembodiment of some “universal significance” and its miraculous reincarnation by the translator into another code: that is, it is not at all the case that the sign becomes translated. Rather, recodification, as the production of a new sign, is something like “signed translation”: the recodifying happens, and the event/object that ensues, the new code, signifies by its own individuation. Translation is thus a unique sign-producing act, not at all derivative. (Frawley 1984:173) La concepción de la traducción como actividad semiótica será muy importante para entender el funcionamiento de las normas en el marco de una teoría general de la equivalencia translémica. Uno de los ejemplos más sistemáticos de acercamiento a la equivalencia desde la manipulación es el de Rosa Rabadán, difusora en España del pensamiento de la manipulación. 1.4.1. Rosa Rabadán y la equivalencia translémica Es importante destacar que la equivalencia no constituye un elemento válido para todos los teóricos que se consideran defensores del paradigma de la manipulación, llámense Descriptive Translation Studies o Manipulation School. La obra de Rosa Rabadán
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 74 Equivalencia y traducción (1991) constituye un texto de obligada referencia acerca de la equivalencia, no solo porque se trata de uno de los pocos monográficos que existen sobre el tema en traductología, sino porque se pronuncia sobre la mayor parte de los puntos de vista que hemos venido señalando. Para Rabadán, la equivalencia es una noción (en esto, como veíamos, sigue a Toury) y llama la atención sobre el marco en el que esta tiene poder explicativo, diferenciando claramente (mencionamos este problema por enésima vez) entre el significado del concepto en lingüística contrastiva y en traductología. Para evitar esta confusión, Rabadán acuña el término de equivalencia translémica (Rabadán 1991:45-46). Volvemos a incidir aquí en que una voz más que se alzó sobre esta confusión de marco científico fue la de Krzeszowski, desde la lingüística contrastiva (1990:21). Otra puntualización muy útil que hace Rabadán es la de diferenciar los enfoques centrados en el producto (más antiguos) de aquellos centrados en el proceso (más modernos), también en línea con el pensamiento derivado de los Estudios Descriptivos de Traducción. Considera que los estudios descriptivos, entre los que ella se inscribe, aportan una visión más dinámica. La traducción se inscribe, así, en una teoría general de la transferencia semiótica, como proponen Even-Zohar (1981) o Ivir (1983). La inclusión de factores de variabilidad sociolingüística (receptor, situación, etc) en el marco hipotético supone el abandono de consideraciones normativas y uniformes a favor de una visión que sustituye la concepción estática de estructura por la más dinámica de polisistema.(Rabadán 1991:50). La definición de equivalencia translémica de Rabadán tiene en cuenta tanto la posición del texto en un polisistema dado, como los condicionantes que limitan la noción: a) Existen dos textos, TO y TM, de los cuales el primero tiene prioridad lógica y cronológica sobre el segundo, que, a su vez, deriva y tiene su razón de ser en el texto origen (TO). b) Ambos textos pertenecen a distintos polisistemas culturales y su materialidad lingüísticotextual, así como su posición en ambos polos, es distinta para el TO y el TM. c) Entre ambos textos, TO y TM, es necesario cierto tipo de relación que defina al TM como traducción de un TO determinado. Esta relación global, única e irrepetible para cada binomio textual, y, por supuesto, para cada actuación traductora, presenta un nivel jerárquico superior al de las relaciones estrictamente lingüísticas o textuales, ya que está subordinada a normas de
CAPÍTULO I. El concepto de equivalencia en traductología 81 Otro concepto clave para la Escuela de la Manipulación es el de polisistema, acuñado por Even Zohar. El polisistema se centra en el producto, y no en el proceso, lo que supone preocuparse por el papel que desempeña un texto (un texto traducido) dentro de lo que llamaríamos en biología su nicho ecológico, distinto al que originó el texto original. El concepto de polisistema, sin embargo, es más restringido que el que proponemos tomar prestado de la biología, ya que fue acuñado para referirse a los sistema literarios. Dentro de los sistemas literarios, la traducción juega aquí, por tanto, un papel creativo e innovador: se la entiende como parte integrante de la cultura receptora y no como mera reproducción de otro texto. Hay, pues, un evidente cambio de orientación de la LO a la LT. También se pasa de poner el énfasis en el aspecto formal del texto como fragmento aislado del lenguaje a entender la traducción como parte de un contexto socio-cultural. (Vidal Claramonte 1995:68). Así, la idea de equivalencia vuelve a estar unida a la de la definición cultural de traducción. A su vez, consideran que traducción es todo aquello que la cultura receptora considere como tal, lo que supone una nueva descentralización del ideal de equivalencia (Vidal Claramonte 1995:69). Esta es una de las ideas más polémicas, ya que, intentando evitar la interpretación prescriptiva de la noción, convierten a la traductología en una ciencia descriptiva (de ahí que se llamen Descriptive Translation Studies). En mi opinión, así eliminamos la posibilidad de explicar nada, además de que se pierde interés por la calidad de las traducciones. Creemos que nos estaríamos refiriendo a dos áreas de interpretación muy diferentes, precisamente por estar hablando de una actividad humana. Sabemos que esta perspectiva ha sido muy aleccionadora, ya que proyectos de este tipo han permitido descubrir, entre otras cosas, traducciones ficticias (textos que funcionaban en una cultura como si fueran traducciones, sin serlo: cf. Toury 1995:40-52). Llevemos esta discusión a un terreno práctico con un ejemplo. Imaginemos a un investigador que se proponga analizar las traducciones producidas en un contexto concreto, como, por ejemplo, las traducciones de una normativa de la Unión Europea de su original (en inglés o en francés) a su versión en polaco o en checo. De entrada, sabríamos que, autoritativa y legalmente, estas traducciones no solo se consideran traducciones sino que funcionan, a todos los efectos, como textos equivalentes. El hecho de que sus usuarios las consideren como tal no le impediría al investigador señalar en qué puntos Toury, por ejemplo, entiende la equivalencia como una relación “dinámica y funcional que se establece entre el TO y el TT con independencia de la calidad de este último”. La pregunta clave, por lo
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 82 tanto, no es “si hay bastante equivalencia entre dos textos o cuál es el grado ideal de equivalencia: por el contrario, al darse por supuesta dicha equivalencia, la cuestión estriba en qué tipo de relación se da y por qué esa y no otra” (Claramonte 1995:70). Esta perspectiva permite acercarse a la traducción como proceso natural, evitando el juicio (hasta cierto punto siempre subjetivo) sobre la calidad de los textos traducidos. Toury admite la equivalencia como propiedad definitoria de la traducción, y establece tres concepciones distintas (según Toury 1980a:65, cit. en Rabadán 1991: 52). Deslindar estas tres concepciones supone también inventariar los distintos ángulos desde los que puede estudiarse la equivalencia. Estos serían el de la equivalencia potencial (que concierne a la teoría de la traducción), la equivalencia real (importante, sobre todo, para la descripción del proceso) y la equivalencia requerida (que trata de la equivalencia aplicada). Como decíamos más arriba, el único criterio válido, para Rabadán, era el de funcionalidad, que marcará la dominante en lo que ella denomina modelos de equivalencia (Rabadán 1991:78). Como se ha visto, no todos los teóricos que trabajan desde la manipulación o la deconstrucción descartan la noción de equivalencia. Mientras Snell-Hornby o Vidal Claramonte la rechazan de plano, Rabadán sigue considerando que el problema no está en la noción, sino en la falta de definición de la misma y su dependencia de otras disciplinas. Por eso opta por describirla en profundidad y ponerle una nueva denominación: equivalencia translémica. En los teóricos de la deconstrucción ya no será posible encontrar este punto medio, dado su interés por criticar toda estabilidad de las representaciones a un nivel social y hermenéutico. 1.5. EQUIVALENCIA Y DECONSTRUCCIÓN Ya comentábamos más arriba que la deconstrucción supone un acercamiento mucho más radical a los fenómenos de la traducción, ya que viene precedido por profundas reflexiones acerca de un estado de cosas que no había interesado a la traductología antes de la manipulación. Las aplicaciones de la deconstrucción a la traductología suponen cuestionarse elementos antes implícitos. Un ejemplo es el cuestionamiento de la oposición original/traducción:
CAPÍTULO I. El concepto de equivalencia en traductología 83 No se trata de que la traducción pase a primer plano y de que el traductor se convierta en autor sino de subvertir los conceptos de originalidad y autoría que subordinan la traducción al texto original: minar de una vez por todas el concepto de equivalencia; invertir el pensamiento tradicional que supone que la traducción depende del original; poner de manifiesto la importancia de la intención e interpretación que lleva a cabo el traductor; olvidarse, en suma, de las oposiciones binarias, jerárquicas por naturaleza, y hacer indecible la diferencia. (Vidal Claramonte 1995:89). Los deconstruccionistas pretenden redefinir la escritura, afrontando para ello una crítica frontal a las metáforas que subyacen al hecho de escribir (al menos en la cultura occidental). En esta lógica, la traducción se ve como un tipo de reescritura que en ningún caso es (ni puede ser) imparcial ni objetiva. Como hemos venido advirtiendo, las visiones de la equivalencia han venido apoyadas por metáforas muy poderosas, pero desprovistas de valor explicativo real (¿pues, cómo si no interpretar el hecho de que prácticamente cada década aparezca un nuevo intento de derrocar las antiguas metáforas?). La traducción es, así, una actividad cuya referencia, como en el caso de tantos otros fenómenos lingüísticos, se hace a través de metáforas implícitas, ya que acumula todas las que tienen que ver con la lengua y el sentido, además de las que se refieren de una u otra manera a procesos de transferencia. Los deconstruccionistas ponen de manifiesto su interés por el juego metafórico y reformulan el proceso con nuevas metáforas en las que la equivalencia tiene muy poco lugar. Para Vidal Claramonte, por ejemplo, “traducir es encontrar un camino descubriendo dónde estamos al examinar dónde hemos estado” (Vidal Claramonte 1995:96), retomando la idea de que las lenguas no serían completamente conmensurables entre sí. Ya vimos que esta idea aparece en visiones anteriores, como la de Catford, quien no habla de transferir, sino de sustituir. Sin embargo, el acercamiento que hace la deconstrucción es mucho más profundo y radical, ya que se plantea la propia existencia de la disciplina desde posicionamientos filosóficos. Para Derrida, la cuestión de la traducción está en la base misma de la filosofía: “the origin of philosophy is translation or the thesis of translatability” (citado en Vidal Claramonte 1995:90). Claro está, para Derrida la différance se hace visible precisamente en el proceso de traducción, que define como un juego de similitudes y diferencias que se puede analizar de manera interminable. Por lo mismo, cuestiona la naturaleza del original, algo que habían hecho, por otros motivos y con distintas consecuencias, los funcionalistas alemanes: en el caso de la deconstrucción, el interés principal es la crítica del concepto de significado trascendental.
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 84 Así, una división en tres tipos de traducción como la que proponía Jakobson (traducción intra-lingüística, interlingüística o traducción propiamente dicha e intersemiótica) presupondría, para los deconstruccionistas, la existencia de una lengua y de una traducción en sentido literal. Comenta Kathleen Davis: In discussing Roman Jakobson’s translation divisions, Derrida questions the clear-cult divisions between intralingual, interlingual, and ‘intersemiotic’ translation, which imply not only clear delimitations between languages, but also between the linguistic and the nonlinguistic. Derrida recognizes that language performs as part of an open weave with the social, political, sexual, familial, economic, etc. and suggests that everything meaningful to us, not just the language that we speak and write, participates in a systematic play of differences. (Davis 2001:23). Para los teóricos que entienden la traducción como manipulación no hay significados únicos y estables que transmitir. En su visión, pues, no se resalta la identidad o invariancia, sino la diferencia (en sentido literal y también en el trascendental, más abstracto, de la différance). Dice Vidal Claramonte: “La traducción es lugar de dislocación de la lengua, manipulación de la cultura del yo; ida hacia el otro y regreso hasta uno mismo” (1995:99). En la búsqueda de un tertium comparationis fuera del texto (y de la lengua), los deconstruccionistas no acuden a la situación comunicativa, sino a la preocupación por la intención del autor. Vidal Claramonte acude al famoso reto que lanzó Borges a sus traductores: “Os insto a traducir, no lo que he dicho, sino lo que he querido decir” (Vidal Claramonte 1995:99). Es por este camino por el que la deconstrucción se sitúa necesariamente en la línea explicativa de la hermenéutica: Derrida considera que significado y significante mantienen entre sí una relación intrínseca que se rompe en el acto de traducir, porque se cambia el significante y se viola, por tanto, el significado esencial del término. La Traductología tradicional también es rechazada por Derrida, en tanto en cuanto intenta acabar, según dijimos, con la polisemia, intenta llegar a una estructura en la que todas las diferencias hayan quedado reducidas a una esencia que sea siempre la misma, al centro, al origen, todo lo cual es inherente a la metafísica del lenguaje. (Vidal Claramonte 1995:99). El hecho de que no existan significados trascendentales se convierte en argumento para tratar de la misma manera la interpretación de la literatura y su traducción. Sin duda, la postura de Vidal Claramonte (siguiendo a Derrida) marca el límite de lo que podemos conocer.
CAPÍTULO I. El concepto de equivalencia en traductología 85 […] Al cuestionar la posibilidad de que exista ese significado trascendental en que se reconoce que todo significado está también en posición de significante, la distinción entre significado y significante se torna problemática, y, además, implica pasar por la deconstrucción de toda la historia de la metafísica, que ha impuesto a la ciencia semiológica ese significado trascendental. Sin esa distinción entre significado y significante, la traducción no sería posible, comenta Derrida en Posiciones. En efecto, es en el horizonte de una traducibilidad absolutamente pura, transparente y unívoca, donde se constituye el significado trascendental: la traducción practica, según Derrida, la diferencia entre significado y significante. Pero el filósofo francés señala que, en tanto esa diferencia nunca es pura, tampoco lo es la traducción. (Vidal Claramonte 1995: 103). La deconstrucción rechaza el concepto de equivalencia porque ataca todo lo que relacione sentido y estabilidad. Una traducción puede entenderse como una manera de abrir el significado de un texto, y no de establecer correspondencias sin más. Entendiendo que traducir consiste en modificar el original, que Derrida describe como “una presencia ausente, una ausencia presente”. El autor de la Gramatología afirma que nunca nos habremos de enfrentar con ningún transporte de significados puros que el instrumento significante dejará incólume de una lengua a otra. La eficacia de la gramatología, del pensamiento de la escritura como huella, consiste en desmontar el postulado logocéntrico del significado trascendental, separable de la cadena de significantes. (Vidal Claramonte 1995:103). La negación de la existencia de “significados transcendentales” afecta tanto a los significados en una lengua como al significado sometido a la variación interlingüística. Aunque creemos que estas intuiciones son constatables desde la moderna semántica, ¿cuál sería la característica que diferenciaría la interpretación de un texto en una lengua de su interpretación para la traducción, o, finalmente, de su traducción? Nos parece que Vidal Claramonte señala características muy importantes de la lectura de textos literarios (ya que no se pronuncia sobre los convencionales). Ahora bien, al referirse al proceso de traducción, prefiere utilizar, con Derrida, el concepto de “transformación de un texto en otro”. Descartando, de entrada, la posibilidad de que se establezca un tertium comparationis, cuestionando la universalidad del logos, verdadera piedra de estabilidad del pensamiento en nuestra cultura desde el Cratilo.
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 86 En su libro de 1998, titulado, sintomáticamente, El futuro de la traducción, Vidal Claramonte cita a James Holmes en su conocida advertencia de que “El mapa no es el territorio”. Veremos esta metáfora en otras partes de este trabajo, refiriéndonos a cómo la lengua no contiene, sino que guía los sentidos, precisamente porque cualquier comprensión de lo que significa la equivalencia en términos psicológicos tendrá que dar cuenta de cómo interfiere el factor interpretativo. Pero, además de empezar a referirse a la metáfora del código y señalar la falacia representacionista en la que ha caído en ocasiones la discusión sobre la equivalencia, Vidal Claramonte afirma que existe un “giro culturalista” con Vermeer, Hönig y Kussmaul, Holz-Mänttäri. Ahora bien, la primera consecuencia de esta apertura del concepto es que se queda sin capacidad explicativa, como hemos señalado antes. Dice Vidal Claramonte: Pronto se vio que la definición de traducción clásica, a lo Catford, era imposible de mantener: como había señalado Schopenhauer ya en 1851, no toda palabra de un idioma tiene sus equivalentes en otro; “conceptos parecidos y próximos se tornan diferentes por cualquier pequeña modificación”. La total y absoluta simetría –lingüística y cultural– entre dos sistemas es imposible, así que se buscó una definición más débil de equivalencia como similitud, analogía, correspondencia o “matching” (para decirlo con Holmes) en un cierto grado y en determinados niveles. El concepto de equivalencia se fue haciendo cada vez más relativo, pero el problema era, y sigue siendo, hasta dónde puede llegar ese relativismo. (1995:38). Respecto al sentido, la traductóloga considera que “es algo emergente y recreado sin cesar, como corresponde al continuo cambio de las condiciones en que se desenvuelve” (Vidal Claramonte 2005:6). Los representantes de la Escuela de la Manipulación, y entre ellos, Gideon Toury, empezaron a responder a la pregunta de qué es la traducción haciendo uso, una vez más, de la teoría de los polisistemas. Se consideraría traducción aquello que es considerado así desde el punto de vista de la cultura meta (1980:43). En realidad, se da la equivalencia por sentada, de manera que lo que puede estudiarse es cómo se establece esa relación y por qué esta y no otra. Para señalar la relación entre TO y TM se crea el concepto de norma, que determina “what type of translational relation, at what textual level, there will be between a Source and Target Text. In this way the concept of «norm» replaces that of «equivalence» as the researcher’s focus of attention” (Hermans en van Leuven-Zwart y Naaijkens 1991, citado en Vidal Claramonte 1995:39). Las normas serían categorías para el análisis descriptivo de la traducción.
CAPÍTULO I. El concepto de equivalencia en traductología 87 Traducir es según Toury un acto teleológico; su teoría se basa en la descripción, y las traducciones no tienen para él una identidad fija sino que dependen de diversos factores contextuales y de las decisiones que se vayan tomando durante el proceso de la traducción. Así, las diferentes traducciones de un texto son igualmente válidas porque se han hecho según las normas del periodo histórico correspondiente. Gracias al concepto de norma se ha podido acabar con la idea de correspondencia unívoca, de equivalencia absoluta, entre TO y TT. (Vidal Claramonte 1995:41). Esa relación unívoca tampoco estaba presente en los textos de los funcionalistas, así que no son los primeros en criticarla. La idea de equivalencia absoluta, sin embargo, sí seguía presente en la Escuela de Leipzig, por ejemplo. Las normas determinan, según Toury, el tipo y alcance de la equivalencia tal y como se manifiesta en textos reales. Se trata de mantener el concepto de equivalencia pero introduciendo un cambio fundamental: de la descripción ahistórica a la histórica. La relación de equivalencia no reproduce un tipo de invariancia, sino que se usa para hacer referencia a cualquier relación que, en un contexto dado, pueda entenderse como traducción. Así, las normas serían la actualización de la idea de equivalencia, y dependerían del lugar que ocupa el traductor en la cultura meta (Toury 1991:61). Se realza el papel del traductor como un filtro9: Ya no se trata de reemplazar, como en la famosa definición de Catford, sino de “like all (re)writings [translation] is never innocent. There is always a context in which the translation takes place, always a history from which a text emerges and into which a text is transposed. (Bassnet y Lefevere 1990:11, citados en Vidal Claramonte 1995:49). Se llega, por tanto, a la visión de Translation Studies (propuesta por Holmes para nombrar el paradigma) como Intercultural Studies (que es la propuesta de Susan Bassnet): la unidad de traducción ya no es el texto, sino la cultura. Una vez dejado de lado el concepto de equivalencia absoluta y la idea de la correspondencia unívoca entre dos textos o la de que el TO tenga una identidad fija, los estudios de traducción empiezan a relegar también viejas nociones relativas a buenas y malas traducciones; ya no se habla de traducciones fieles o infieles, guiándonos por criterios puramente lingüísticos y pretendidamente científicos, sino que lo importante ahora 9 Este es un aspecto muy importante, pues convierte a las normas en relaciones con perfil. En nuestra propuesta, desde la lingüística cognitiva, el traductor será visto como un conceptualizador.
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 88 es reflexionar sobre la función del texto en cada uno de sus dos contextos, sobre el producto final, sobre la influencia social, cultural, política, del TT, etc. La fidelidad ya no depende de la equivalencia entre palabras o textos sino de otros muchos factores culturales o ideológicos; así, puede influir el público al que va destinada la traducción, el estatus del TO, y otros factores que tradicionalmente no se habían tenido en cuenta. Y es que el contexto, en sentido amplio, forma parte del proceso de traducción, entendida como un proceso por el que los sujetos de una cultura se comunican por medio de mensajes traducidos y que están determinados, principalmente, por limitaciones locales. Estamos de acuerdo con Genzler en que estas limitaciones se ven oscurecidas cuando pensamos en traducción como un tipo de fidelidad: Inescapable fidelity is presumed as a condition of the process; translators do not work in ideal and abstract situations nor desire to be innocent, but have vested literary and cultural interests of their own, and want their work to be accepted whitin another culture. Thus they manipulate the source text to inform as well as to conform with the existing cultural constraints”. (Gentzler 1993:134). Curiosamente, en este enfoque no se abandona la estabilidad conceptual del tertium comparationis ni de la equivalencia, pero sin duda no la colocan en el centro de la actividad. El centro pasa a ocuparlo el “giro cultural”. En palabras de Vidal Claramonte: Estamos ante el “cultural turn” de la traducción. Las normas y reglas cambian según el momento histórico y el lugar […], pero también por la influencia del poder y de los grupos dominantes en una sociedad. La nueva visión de la traducción ya no hace estudios comparativos entre originales y traducciones, porque dichos estudios, comentan Lefevere y Bassnet, tienden a ser víctimas de la teoría del tertium comparationis, tienden a establecer juicios sobre buenas y malas traducciones: las traducciones no se producen en el vacío, libres de las constricciones de los grupos de poder o de un momento histórico, sino que reflejan una cultura, o, mejor, a un grupo o comunidad de una cultura. El traductor tendrá más libertad en aquellos textos que no afecten al poder, mientras que los esenciales para los grupos dominantes exigirán una traducción lo más literal posible: lo que Lefevere denomina “translatio”, el intercambio de significados en una especie de vacío intelectual y emocional que ignora las cuestiones ideológicas y culturales del TO. La “translatio” es, sin duda, imposible. La “traductio”, en cambio, atiende tanto las cuestiones lingüísticas del texto como las culturales. Es más creativa y puede servir para minar la autoridad de los grupos dominantes de una cultura con los que no está de acuerdo el traductor. (Vidal Claramonte 1998:53).
CAPÍTULO I. El concepto de equivalencia en traductología 89 Resumiendo el lugar que ocupa el concepto de equivalencia dentro del paradigma de la Manipulación y la Deconstrucción, podemos decir que ambos enfoques coinciden en certificar las líneas de ruptura de su estaticidad, además de criticar de frente su validez como concepto definitorio de la traducción. Desde nuestro punto de vista, el concepto de norma cumple dos tareas importantes en la relativización de la estaticiad de la equivalencia: plantea la relatividad del hecho traductor en cada cultura, y entiende la relación entre TO y TM como un artificio que se estructura socialmente y la propia traducción como un proceso situado. 1.6. EQUIVALENCIA Y COGNITIVISMO En este apartado nos acercamos a algunos enfoques que aplican a la investigación traductológica metodologías de la psicolingüística y la psicología cognitiva, tanto de primera como de segunda generación, además de aquellos que rentabilizan herramientas de otras disciplinas afines (tales como la lingüística cognitiva). Este tipo de enfoques son variados, y no suponen un acercamiento homogéneo a la traducción. Precisamente por ello, el concepto de equivalencia que presentan no será tampoco homogéneo. Sí tienen en común un cierto desinterés por el debate terminológico centrado en este término. Creemos que es de rigor tratar aquí también los acercamientos que incluyen la lingüística de corpus, ya que esta tradición de análisis parte de los principios psicológicos de lenguaje en uso que sustenta la lingüística cognitiva, como veremos. 1.6.1. Protocolos TAP, estrategias y equivalencia: la atención a los procesos En un intento de descubrir qué sucede en la mente del traductor (en la “caja negra”, en palabras de Kiraly 1995: 42) se han aplicado, junto a otros, los métodos de la psicología cognitiva al estudio de los procesos mentales en traducción, y consiste en “grabar, filmar o anotar todos los pensamientos manifestados en voz alta por los sujetos investigados mientras traducen un texto” (García Álvarez 2003: 546). Sus principales representantes también parten de la que hemos llamado escuela escandinava de traductología, que incluye a Jääskeläinen y a Tirkkonen-Condit (1991), entre otros. Como señala García Álvarez, este
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 90 tipo de investigación, conducida principalmente por estas traductólogas de la universidad de Joensuu (Finlandia) han permitido hacer un retrato general de la generalización de los procesos de traducción orientada a la didáctica, descubriendo tendencias generales en las estrategias que adoptan profesionales y estudiantes de traducción: […] los resultados obtenidos hasta la fecha demuestran que los sujetos pasan por alto en sus argumentaciones referencias pragmáticas esenciales con respecto al encargo, la idiosincrasia de los receptores de la cultura meta, las convenciones textuales y la situación comunicativa del tipo de texto que funcionará en la cultura meta, entre otros posibles aspectos. Los sujetos se caracterizan por argumentar sus estrategias sin una reflexión consciente, aspecto que se puede apreciar en el modo en que consultan el material documental, la inclinación de los sujetos en obviar la técnica de la paráfrasis como solución traslativa o el desequilibrio existente entre los procesos top-down y bottom-up en la interpretación textual. (García Álvarez, 2003: 547). El interés por los procesos lleva a plantear la estabilidad entre un original y sus traducciones como una relación que es resultado de aplicación de estrategias, que no pueden estudiarse en el texto traducido, sino en su proceso (véase Muñoz Martín 1994b). Por primera vez, un acercamiento a la traducción no se basa en búsqueda teórica de la relación de equivalencia entre original y traducción, sino que investiga de manera empírica dos elementos fundamentales de los procesos: los protocolos de pensamiento en voz alta, interesados en analizar los procesos que llevan a los traductores a tomar decisiones concreta; la relación entre el ideal de equivalencia sostenido conscientemente por el traductor profesional y la dinamicidad y amplitud de sus estrategias. Así, por ejemplo, la rigidez en la interpretación del texto original y de las estrategias adoptadas para su traducción también parecen ser una constante en los sujetos que inician la actividad: esta rigidez puede estar unida a sus ideas preconcebidas sobre la relación de equivalencia entre TO y TM. Las características lingüísticas de los textos traducidos: se han desarrollado metodologías adecuadas basadas en la lingüística de corpus (véase Mauranen 2004). Siguiendo la línea abierta por Gideon Toury con su concepto de norma de traducción, empezó a pensarse que la línea empírica de investigación en traductología debía definir la búsqueda de regularidades. Es de esta manera abierta, en el sentido de Toury pero también en el de Mona Baker (1993) en pleno marco de la manipulación en el que hay que entender el concepto de “universal de traducción”.
CAPÍTULO I. El concepto de equivalencia en traductología 97 1.7. CONCLUSIONES: LA CONSTRUCCIÓN DEL CONCEPTO DE EQUIVALENCIA In asking what equivalence is, we are asking what translation is, and in constructing theories and explanations of translation, i.e. engaging in the pursuit of answers to our questions, we are required to engage in the very activity that we are set to understand. We are told to explain explanations. Sandra Halverson A lo largo de este capítulo hemos guiado al lector a través del estado de la cuestión en traductología para dar cuenta de la inestabilidad de su definición. A lo largo de varias décadas se han ido acumulando multitud de apellidos para el concepto de traducción, con etiquetas como equivalencia formal, equivalencia dinámica, equivalencia comunicativa o equivalencia funcional, surcadas a su vez por otro eje epistemológico, que no es otro que el que resalta sucesivamente la posibilidad y la imposibilidad de la tarea de la traducción y las eventuales consecuencias para el tratamiento del concepto que nos interesa. Lo que más llama la atención es la variedad de las propuestas, la escasa unidad terminológica, la repetida reflexión sobre los cimientos (objeto de estudio, ciencias auxiliares, ciencias modelo, herramientas) y la tendencia, cada vez más marcada, a rechazar la equivalencia como un concepto válido. Creemos haber mostrado que la equivalencia se ha venido definiendo de una manera dependiente en cada estadio de la investigación, así como que, a pesar de los esfuerzos de un número ya importante de generaciones de traductólogos, la disciplina sigue estando tan parcelada como lo ha estado la teoría literaria o, últimamente, la lingüística. Un sociólogo de la ciencia, como Woolgar, podría llamar la atención sobre el hecho de que la definición de la equivalencia ha dependido de una manera demasiado estrecha de la perspectiva epistemológica de cada una de las corrientes. Otros filósofos, como Gerald Edelman, subrayarían que en el desarrollo de las descripciones de esta noción no se observa cambio conceptual. La razón es que no se ha tomado conciencia del problema de los niveles de estudio, advertido, entre otros, por Halverson: “contending theories have chosen to focus on units at different levels, ranging from units below word level to entire texts” (Halverson 1997: 209). A juzgar por las ocasiones en las que distintos marcos de estudio traductológico se perciben o se autodenominan pertenecientes a nuevos paradigmas, quizás sería conveniente
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 98 definir lo que consideramos paradigma en Ciencias Humanas. En 1981, Enrique Bernárdez cuestionaba la adecuación de aplicar directamente a la lingüística el modelo kuhneano de revolución científica. Sus razones eran las siguientes: a) En lingüística, tanto o más que las motivaciones internas, tienen importancia las motivaciones “externas”, lo que Koerner [1972] llama “intellectual atmosphere”. b) En lingüística, un “paradigma” no sustituye completamente a un paradigma anterior. c) En lingüística, los argumentos puramente científicos e internos de la disciplina no son suficientes para provocar el abandono de un paradigma anterior. d) Los sucesivos paradigmas son en realidad, en lingüística, desplazamientos del centro de atención del campo lingüístico que se estudia. (Bernárdez 1981: 180) En vista de lo descrito en este capítulo, nos parece que estas cuatro razones son aplicables a la traductología, y muy especialmente, la última. Pero Bernárdez se refería al concepto kuhneano tal y como se aplica a las ciencias naturales, mientras que se puede identificar en distintas disciplinas un empleo del término paradigma para designar orientaciones de una misma disciplina con presupuestos epistemológicos distintos. Desde el punto de vista de otra disciplina relativamente joven como es la psicología intercultural, Lutz Eckensberger considera que existen paradigmas en tanto que la epistemología determina la ontología: There is no doubt that theories (epistemology) determine (to a large extent) what a ‘datum’, a relevant aspect of reality (ontology), is. Hence the reality that is the object of the theory depends on the theoretical perspective taken (which means that epistemology leads ontology). (Eckensberger 2002:345). Las teorías no se desarrollan exclusivamente a partir de planteamientos racionales; por eso, es necesario afrontar que en toda teoría existen ángulos muertos que serán considerados como “razones metafísicas”. En el caso de la equivalencia, gran parte del conocimiento sobre el que se sustenta la noción se refiere a conceptos muy complejos, en los que es fácil asumir estabilidad a niveles donde esta no suele ser visible. Un posible corte epistemológico permite ver la historia del concepto en traductología sin desligarla de las corrientes de pensamiento del siglo XX y hablar, así, de
CAPÍTULO I. El concepto de equivalencia en traductología 99 estructuralismo, funcionalismo, deconstrucción y cognitivismo. Otro corte nos lleva a plantearnos cómo el generativismo, y, más particularmente, la concepción chomskiana del lenguaje, han influido considerablemente en el pensamiento de las Ciencias Humanas en la segunda mitad del siglo XX sin encontrar un reflejo directo en las teorías traductológicas (sí en Nida, como vimos, para ser criticado en seguida). La poderosa metáfora de la lengua en uso como estructura superficial, aplicada a la traducción, ha servido más de fondo epistemológico que de figura. Creemos que esto es así porque la estructura profunda de Chomsky no atiende a la superficie semántica, sino sintáctica de las lenguas, y esta es una perspectiva rentable para la traducción automática, pero no tan directamente aplicable cuando se trata de explicar la interpretación de textos reales. La pregunta fundamental es: ¿cómo definir en qué consiste la traducción sin echar mano del concepto de equivalencia? ¿Tenemos motivos reales para considerar que este concepto es inadecuado? ¿De qué maneras podemos definir cómo decimos lo mismo? Resumiendo lo dicho hasta ahora, la conclusión más importante a la que podemos llegar tras esta retrospectiva es que la traducción funciona, en su visión teórica y metateórica de la lengua, como un punto de confluencia de todas las metáforas del giro lingüístico. Como ha quedado también patente, en definir la equivalencia supone en cada momento, también, definir qué es la propia traducción. Podríamos preguntarnos si una disciplina que se ve constantemente definiendo sus términos, incluso los más básicos, como traducción, acumula conocimiento sobre su objeto de estudio o, por el contrario, intenta actualizar con cada avance de las ciencias afines todo su aparataje metodológico y conceptual, apoyándose en distinto conocimiento. En general, hemos mostrado que, antes que modelos para acercarse al objeto de estudio, las reconceptualizaciones van marcando los límites del concepto de equivalencia y no su extensión conceptual en el nivel de estudio deseado. Comenta Snell-Hornby: [...] within the discipline of translation studies even if not in public awareness, the term translation has since the early 1980s been broadened greatly from its original, strictly linguistic sense to include aspects of sociology, ethics, postcolonial studies, nonverbal communication, new fields of interest resulting from the process of globalization plus the advances of information technology and many other aspects, as can be shown by countless publications. Not all of these can be described as ‘‘turns’’: some (such as gender-based translation studies) made a promising start, but hardly got beyond deeply committed bursts of activity, while others almost masochistically revolve around never-ending themes (such as the ‘‘linguistic’’ versus
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 100 the ‘‘cultural’’). It is also true that as far as translation studies is concerned, the much-cited and very positive activities produced by interdisciplinary cooperation have up to now tended to be a one-way track: translation studies is still at the stage of ‘‘importing’’ impulses and methods from other disciplines rather than interacting or exporting them, the much-desired ‘‘reciprocal’’ phase discussed in Kaindl (2004, en Snell-Hornby 2006, 72; cf. Snell-Hornby 2008:217) (Snell-Hornby 2009: 48). Estamos de acuerdo con Snell-Hornby en destacar los sucesivos acercamientos al problema como “giros”. Resumiendo el recorrido de este capítulo, podemos presentar las distintas escuelas como atractores de distintos niveles del sentido: Unidad de análisis Escuela/paradigma Idea de equivalencia Unidades lingüísticas Sintaxis Lengua + cultura Enfoques lingüísticos Equivalencia como resultado de comparaciones estáticas Desplazamientos de traducción (translation shifts) Equivalencia formal frente a equivalencia dinámica Convenciones comunicativas desde un punto de vista lingüístico Escuela de Leipzig Equivalencia comunicativa Función, adecuación Tipos de texto Skopos Funcionalismo Textología Traducción como un tipo de acción Desplazamientos motivasos por la cultura Categorías textuales Normas Manipulación Manipulación de estructura por las limitaciones del contexto meta Equivalencia traslémica Procesos: operaciones mentales Características del texto traducido como resultado de un proceso cognitivo Enfoques cognitivvos Universales de traducciónn Desplazamientos, estrategias Tabla 2. Escuelas de traducción y objetos de estudio Como vimos más arriba, no faltan los teóricos que reivindican para su teoría el límite de los estudios de traducción. Desde lo que se ha defendido aquí, parecería que este límite lo marca la deconstrucción, ya que es este punto de vista hermenéutico el que cierra el círculo de la modernidad en torno a lo que puede decirse del fenómeno de la equivalencia desde el humanismo. Entre las críticas generales que pueden hacerse a los enfoques presentados aquí, podemos resumir, además de las ya enunciadas en el texto, las siguientes: • En general, los modelos o acercamientos presentan escasa cientificidad (en el sentido de Bernárdez 1995), dado que se mezclan constantemente en la discusión
CAPÍTULO I. El concepto de equivalencia en traductología 101 niveles de estudio y no se hacen conscientes los trasfondos epistemológicos de las aproximaciones teóricas. • En las teorías traductológicas, el primer interés (claro y legítimo) es la separación del objeto de estudio del de otras disciplinas. Una vez situado este, la equivalencia se convierte en un estorbo o en una categoría indefinible, que se da por supuesta o que se niega, es decir, rechazando su posibilidad en términos lingüísticos (lo que es incoherente una vez definido que el objeto de la traductología no es la lengua, sino la comunicación mediada). • Las definiciones aportan puntos de vista epistemológicos restringidos • Se basan en una mezcla de modelos no científicos del funcionamiento del lenguaje • En general, los enfoques se fijan en la equivalencia como figura (entendida como sentido o contenido), en detrimento del fondo (entendido como contexto) y no proponen visiones globales o integradoras • Existe un claro y creciente interés por revisar las metáforas con las que se construye el discurso científico, pero no se identifica ningún término que pueda definir la relación entre elementos del TO y del TM para sustituir a la metáfora del CANAL. Intentaremos ver, en los capítulos siguientes, si estamos en disposición de acometer una definición del sentido, verdadera tarea que presupone una visión científica de la equivalencia, como señala Mayoral Asensio (2000). A pesar de todo esto, el recorrido por la historia del término también es un ejercicio de humildad para cualquiera que pretenda acometer una definición de este término, este no lugar epistemológico. En 1992, el filósofo francés Marc Augé acuñaba este término, no-lugar, para situar la antropología como método de la filosofía en las sociedades posmodernas: Si un lugar puede definirse como lugar de identidad, relacional e histórico, un espacio que no puede definirse ni como espacio de identidad ni como relacional ni como histórico, se definirá como no lugar. La hipótesis aquí defendida es que la posmodernidad es productora de nolugares, es decir, de espacios que no son en sí lugares antropológicos y que, contrariamente a la modernidad baudeleriana, no integran los lugares antiguos: éstos, catalogados, clasificados y promovidos a la categoría de “lugares de memoria”, ocupan allí un lugar circunscrito y específico. (Augé 2004 [1992]: 83). Augé habla de espacios en dos sentidos: uno de ellos es físico, espacial (hoteles, campos de refugiados, medios de transporte) y otro antropológico, que deviene del uso
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 102 social del espacio. Ambos sentidos corresponderían a la oposición entre “espacio geométrico” y “espacio antropológico” de Merleau Ponty (1944[1985]). En este segundo espacio se incluyen, para Augé, “la posibilidad de los recorridos que en él se efectúan, los discursos que allí se sostienen y el lenguaje que los caracteriza” (Ibídem, 87). Continuos → Marco epistemológico ↓ Continuo: lingüístico → social → la mente Lenguaculturacomunicaciónmentecognición → Estructuralismo Lengua como envase del sentido y de los modelos culturales Funcionalismo Lengua como instrumento de expresión de objetivos comunicativos: función, teoría de la acción, objetivos comunicativos (intención) Estrategias: lingüística textual Manipulación Lengua como sistema convencionalizado culturalmente Traducción como proceso sujeto a normas Sistemas literarios como polisistemas configurados socialmente Deconstrucción Estabilidad del signo a la luz de la construcción cultural Enfoques cognitivos Lengua como resultado de interacción con espacios mentales Estrategias de construcción de sentido Universales de traducción Tabla 3. Aspectos salientes de estudio para las diferentes escuelas de traducción Como se ha demostrado a lo largo de este capítulo, se ha escrito sobre la equivalencia desde las corrientes de pensamiento más importantes del siglo XX, pero a menudo se ha pensado en esta problemática desde dicotomías como forma-función, forma-intención, forma-interpretación, en las que se ha optado por situar la diferencia en la forma y la estabilidad o equivalencia en la función, intención e interpretación. Es decir, que el espacio físico de la traducción (representado por las formas) ha sido relativizado para destronar su supremacía y poder describir la dinamicidad de la relación entre original y traducción. Entendiendo que este camino ha sido necesario para una epistemología de la traducción, nos preguntamos cómo afectaría a las metáforas de la equivalencia el hecho de que reificáramos de una manera interdisciplinar y conceptual el concepto de forma para reintroducirlo en el discurso traductológico. Este será uno de los objetivos de los capítulos que siguen, en los que se relativizarán las bases de conocimiento que nos permitirán adoptar nuevas metáforas para esta compleja relación. Lo más importante de las nuevas metáforas es que permitan integrar los distintos niveles de análisis que han interesando a los traductólogos, ya que todo ellos son susceptibles de ser descritos en términos de estabilidad.
103 CAPÍTULO II. Poética y equivalencia: algunos conceptos clave para el estudio de las estructuras ¿Por qué dedicamos un espacio a la poética en un trabajo dedicado a la noción de equivalencia? Precisamente porque la poética es “el arte del lenguaje”, y porque propone presupuestos epistemológicos que, tal y como argumentaremos más adelante, conectan con aspectos holísticos de ejecución e interpretación del lenguaje. La tradición de análisis poético nos conecta con una de las disciplinas más antiguas de estudio de la creación de estructuras miméticas, que constituye uno de los problemas fundamentales para definir la estabilidad y variabilidad de las estructuras de significado a escala humana. ¿Cómo podemos entender la poética desde una perspectiva humanista y experiencialista actual y desde la interdisciplinariedad, una vez interiorizada una metavisión de la cultura occidental desde la lengua propiciada, primero, por el “giro lingüístico” y, más tarde, por los movimientos hermenéuticos y deconstruccionistas? ¿Qué nos puede enseñar la poética sobre la creación de significados equivalentes? ¿Cuál es la interacción no trivial que nos interesa descubrir entre poética y lingüística, entre poética y estructuras conceptuales, o entre poética y biología? ¿De qué manera la poética nos ayuda, a un tiempo, a comprender cuál es la tradición representativa que hemos heredado y una posible solución al problema de la creación de equivalencia, entendida como poiesis? La idea que nos lleva a prestar atención a la poética es el papel de caja de tesoros conceptual, y de guardián del fuego de la ciencia del lenguaje desde una perspectiva de construcción de sentidos. Y es que muchos de los conceptos que se han teorizado en poética como fundamentos poéticos del texto literario son estudiados ahora, en el giro cognitivo, como fundamentos lingüísticos de cualquier texto. Por eso, como propondremos en el capítulo V, una definición de sentido que sea lo suficientemente abierta y a la vez situada para dar cuenta de los fenómenos de creación de textos “equivalentes” en traducción tiene que venir desde un punto de vista que no es estrictamente lingüístico, sino
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 104 que entienda de una manera más amplia qué son las formas y cómo entran en relación con la praxis de la comunicación humana intercultural. Buscamos, en fin, una definición de la estabilidad del sentido mejor situada como proceso, que integre las intuiciones de la poética con las herramientas de una lingüística que, como se irá viendo (a lo largo de todo el trabajo, pero especialmente en el capítulo V), empieza a disponer de recursos para analizar la interacción entre lengua y pensamiento (entre lo lingüístico y lo conceptual). 2.1. ¿QUÉ ES LA POÉTICA? El concepto de poética ha cambiado a lo largo de los siglos, conforme se iban configurado distintas necesidades de estudio de los textos literarios y de su relación con las lenguas y las culturas. Nos interesará aquí deslindar uno de sus sentidos más universales. Pero veamos la definición de poética en español. Según el diccionario de la RAE, poética (Del lat. poetĭca, y este del gr. ποιητική) tiene cuatro significados: 1. f. poesía (arte de componer obras poéticas). 2. f. Ciencia que se ocupa de la naturaleza y principios de la poesía, y en general de la literatura. 3. f. Tratado en que se exponen los conocimientos de poética. En la biblioteca hay una buena colección de poéticas. 4. f. Conjunto de principios o de reglas, explícitos o no, que observan un género literario o artístico, una escuela o un autor. Nos centraremos en las acepciones 2 y 4, en definir la poética, por un lado, como “principios y reglas, explícitos o no, de la composición literaria”, y la “ciencia que se ocupa de estudiar estos principios y reglas”. María Moliner es más sucinta, pero también apunta en la dirección que nos interesa: poética. “Arte poética”. Tratado de las reglas de la poesía.
CAPÍTULO II. Poética y equivalencia 105 La diferencia entre ciencia y arte mostrará las dos perspectivas de lo mismo: el conocimiento experiencial del artista (en tanto que poeta, el que “ejecuta” las obras de arte) y el científico que busca los principios de construcción e interpretación de las obras12. En la tradición anglosajona, poetics tiene un uso más amplio: The term poetics has been used in the West in several senses. In recent decades it has been applied to almost every human activity, so that often it seems to mean little more than “theory”: such usage is the most general and least useful. Applied to the works of authors, as in the “poetics of Dostoevskij”, it means something like “implicit principles”. More narrowly, the term has been used to denote “theory of literature”, i.e. theory of literary discourse: this usage is more productive because it remains framed within the theory of (verbal) discourse and it specifically retains the concept of the literary, i.e. the distinction between the literary and nonliterary. Critics who have denied that distinction, extending “textuality” beyond the realm of the verbal, hold a minority view. This is the sense used by Aristotle, who bases the Poetics on verse drama, and by most 20th century theorists, e.g. Jakobson, operating after the collapse of the classic theory of genres. Part of the virtue of this usage is that it will allow concepts such as “the poetics of prose”. For Northop Frye, poetics is “theory of criticism” (Anatomy 22), which is one level up from “theory of literature”. (Preminger et alii 1993:929). En este trabajo, la poética puede entenderse como la búsqueda de principios implícitos en el lenguaje literario, si bien las propias dinámicas de configuración de los textos estudiados hoy en traductología sugieren que existen, también, distintas ‘poéticas’ de la traducción en el sentido de “teoría”. Por lo tanto, el interés de esta disciplina en contestar a la pregunta de en qué se diferencian el lenguaje literario y no literario (lo que se reflejará, en otro nivel de estudio, en la distinción literal/figurado) (Gibbs 1984, 1994; Giora 1997). En línea con lo que más le interesa a la traductología actual, el término poética ha servido, a lo largo ya de siglos, para organizar ideas y conceptos acerca de la forma lingüística y conceptual de las composiciones textuales de la experiencia humana en 12 Aunque no nos ocuparemos de este tema en este trabajo, la polémica sobre si la traducción es un “arte” o una “ciencia” es una de las constantes de la traductología hasta bien entrado el siglo XX (véase la recopilación de De Vega). Aquí, consideraremos con Roberto Mayoral (como vimos en el capítulo I) que se trata de una “tecnología”, si bien en algunos aspectos puede compartir límites difusos con la concepción de “arte” en el sentido que le dio Henry James en “The Art of Fiction”. Nos parece que este es un tema muy interesante que debe estudiarse y que está relacionado de una manera muy estrecha con el problema de la equivalencia en tanto que la traducción es, por un lado, un proceso “natural” (en lo que tiene de inconsciente o automatizado) y una técnica (en lo que tiene de artificio, de “taller”). Remitimos al lector al capítulo V para que conozca las coordenadas poéticas en las que pensamos esta cuestión, basadas en los conceptos de ejecución y realidad (inspirado en la novela angloamericana del siglo XX).
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 106 nuestra cultura (nos referimos, claro está, a lo que denominamos “cultura occidental”). En general, se puede decir que en los estudios cognitivos de segunda generación se parte del conocimiento científico de las formas literarias que nos legó Aristóteles en su Poética. Este conocimiento, como hemos adelantado ya, se refiere a lo que la poética, como disciplina, ha ido estudiando a lo largo de los siglos como dos perspectivas fundamentales: descripción y crítica de los textos literarios. Además, en la poética encontramos la necesaria materialización lingüística del pensamiento acerca de la relación entre las obras literarias, tanto individuales como colectivas, entre sí, entre estas y la cultura, entre estas y nuestra visión del mundo, etcétera. La pregunta que guiaría nuestro retorno a las primeras formalizaciones de las construcciones cognitivas que nos ocupan entroncaría con nuestra postura con respecto a la gramática o a la retórica tal y como las entienden las nuevas ciencias cognitivas. ¿Qué pensaría Aristóteles de la lingüística actual? ¿La consideraría retórica? ¿O entendería que hemos llevado demasiado lejos el estudio de la gramática? Desde aquí, no nos es difícil llegar a la idea de que estudiamos aquellas formas del lenguaje que “están vivas”, es decir, que son relevantes para nuestra sociedad. Es lo que hoy llamamos realismo, también en la lingüística cognitiva. Toda disciplina científica refleja las necesidades y prioridades de su época. Tras todos los “giros” del pasado siglo (lingüístico, cultural, cognitivo) se han venido trazando nuevas epistemologías y divisiones de la labor investigadora. En lo que concierne a la poética, ha creado dimensiones críticas para explicar qué le pasa a la lengua literaria después de la última crisis de la mímesis. Los humanistas empezamos a entender que las nuevas poéticas, surgidas de la relatividad y el realismo y centradas en la forma, quizás nos puedan ayudar a reconstruir la “episteme de la modernidad” de la que hablaba Foucault13 a un nivel menos abstracto, que genere conocimiento sobre la relación entre los distintos aspectos del discurso y la relación entre el todo y las partes, que, como hemos visto, es un enorme problema para definir la equivalencia en traductología. 2.1.1. Poética frente a hermenéutica Uno de los aspectos fundamentales de la concepción de la poética en el postmodernismo es la separación entre lo ideológico-interpretativo y lo formal. Lo que más nos interesa de esta separación es la manera en la que la poética centra su mirada en la 13 Ya señalaba Foucault que el siglo XX sería recordado como el “siglo del espacio” (véase Duranti 2000:33).
CAPÍTULO II. Poética y equivalencia 113 ve cada realidad de forma única; esto provocó el giro posterior a todas las innovaciones formales en lenguas y en otros sistemas de representación con el fin de reflejar la multiplicidad de observadores, que es reflejar la relación. En esa dinámica de la relación entre estos observadores es donde se busca la realidad. Son los primeros pasos de la búsqueda de lo real en lo artificioso en el campo de la teoría poética tal y como la entendemos hoy en la lingüística cognitiva. En uno y otro caso, la palabra ficción es clave como sinónimo de construcción. La dinámica pasa a primer plano mientras se teoriza sobre las relaciones y los procesos en todo lo que toca al lenguaje. Esto marca no sólo la evolución, más formal, del estructuralismo al post-estructuralismo, sino la más filosófica hacia la articulación de la postmodernidad. El siguiente gran paso epistemológico desde las ciencias es la mecánica cuántica, que convierte a este observador específico en participante: cada vez que mira una realidad, la modifica. Por ejemplo, es lo que pasa en la interacción lector-texto. Por eso, a partir de ahí el concepto más importante en las humanidades pasa a ser, sin duda, el de construcción. En la teoría poética del siglo XX, lo pictórico facilitó siempre la comprensión de lo lingüístico o lo narrativo a este nivel de abstracción, lo que fue siempre intuido por los artistas. Por ejemplo, afirmaba el escultor Naum Gabo con respecto a la idea de constructivismo en arte: All formalistic movements…never went so far as to presume the possibility of an independent existence of a work apart from the naturalistic content, nor to suspect that there might be a concept of the world could reveal a Content in a Form. This was the main obstacle to the rejuvenation of Art, and it was at this point that the Constructive idea laid the cornerstone of its foundation. It has revealed a universal law that the elements of visual art, such as lines, colors, shapes, posess their own forces of expression independent of any association with the external aspects of the world; that their life and their action are self-contained psychological phenomena rooted in human nature; that those elements are not chosen by convention for any utilitarian or other reason as words and figures are…but they are immediately and organically bound up with human emotions. The revelation of this fundamental law has opened up a vast new filed in art giving the possibility of expression to those human impulses and emotions which have been neglected. (Naum Gabo, “Constructive idea in Art”, 110-112. Citado en Altieri 1989:51. Cursiva nuestra). La poderosa idea puesta de manifiesto por Gabo es que no sólo las funciones confieren sentido, sino que las formas, al igual que las líneas de los cuadros, tienen (más propiamente “guían”, “activan”) sus propios sentidos. Estos mecanismos lingüísticos
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 114 sirven de guía a la construcción de imágenes conceptuales, que Charles Altieri describe como “líneas de equivalencia” refiriéndose a un ejemplo concreto de mecanismo lingüístico, la conjunción inglesa as: We use the “as” not only to proliferate resemblances, but also to make attributions about sight and insight as they are defined by those resemblances. We can say, not only that I see this diagram as a duck or as a rabbit, but also that I understand the whole figure as a design that may create the appearance of duck or rabbit, depending on which line of equivalences the eye develops. (Altieri 1989: 346). Son ya muchos los trabajos de crítica literaria en los que se describe cómo los aspectos formales crean el “mundo del texto”, que no es más que otra metáfora para la imagen. Un ejemplo es el fragmento inicial de Mrs. Dalloway, de Virginia Wolf, y el uso de la preposición for: Mrs. Dalloway said she would buy the flowers herself. For Lucy had her work cut out for her. The doors would be taken off their hinges; Rumpelmayer’s men were coming. And then, thought Clarissa Dalloway, what a morning-fresh as if issued to children on a beach. (Woolf 1953 [1925]). Como en un cuadro, un elemento gramatical (es decir, local) de la composición del texto nos adentra en la mente de la señora Dalloway, de la misma manera que lo harán otros recursos a lo largo de la novela, seleccionados conscientemente por la autora. Esto tiene unas consecuencias muy claras en la configuración del texto de Woolf en tanto que estructura consciente y que son susceptibles de “perderse” en una traducción. La señora Dalloway dijo que ella misma se encargaría de comprar las flores. Sí, ya que Lucy tendría trabajo más que suficiente. Había que desmontar las puertas; acudirían los operarios de Rumpelmayer. Y entonces Clarissa Dalloway pensó: qué mañana diáfana, cual regalada a unos niños en la playa. (Woolf, traducción de Andrés Bosch: 9). En tanto que representación textual, la forma española de este texto estaría orientada a reproducir en español la estructura del texto de Virginia Woolf como estructura poética consciente. Es lógico que no podemos referirnos a la equivalencia en un sentido estático, pero tampoco asignarle al problema un nivel de lengua concreto. Si reconocemos que la preposición for del texto de Woolf guía la imagen del lector hacia la mente de la señora
CAPÍTULO II. Poética y equivalencia 115 Dalloway, tendremos que explicar cómo funciona este mecanismo y cuál es su potencial como artificio. Esta cuestión se encuadra no en la interpretación del texto, sino en una descripción detallada de su estructura imaginística y poética. La poética habrá de ayudarnos a comprender cómo la composición de un texto (de su estructura gramatical, como la llamaremos en el capítulo V) guía unas imágenes (una estructura poética) que representan, en un sentido imaginístico e intersubjetivo la intención del autor del texto. Desde una perspectiva así, el sentido de todo texto y la posibilidad de su interpretación surgen de la interacción de ambas estructuras, guiadas por la integración entre las formas y el acoplamiento estructural con el lector (el intérprete), que debe tener una sensibilidad a las condiciones del texto como objeto estabilizado de la cultura. Mientras el objetivo de la hermenéutica es actualizar el contenido de los textos para que éstos se mantengan estables, la poética se preocupa por las formas que construyen, guían y deifican esta estabilidad, dinámica y abierta como es. Como veremos, la poética trata de describir cómo la forma guía el perfil conceptual, una de las claves desde las que ya podremos preguntarnos con un andamiaje conceptual si es posible la existencia de formas equivalentes. 2.3. ALGUNAS HERRAMIENTAS CONCEPTUALES DE LA POÉTICA 2.3.1. La relación entre la poética y el mundo: mímesis e imitación, representación y referencia, realismo y simbolismo Es difícil afrontar una exploración poética de la noción de equivalencia sin acudir al concepto de mímesis. Y lo mismo sucederá con otros ámbitos de estudio de la interacción entre conceptualización y cultura que estudien aspectos más abstractos de los sistemas lingüísticos, como la iconicidad. Para ilustrar cómo puede entenderse la cuestión de la mímesis en el análisis lingüístico baste con ver una cita de un estudioso de la iconicidad en lingüística: Are obvious or suggestive cases of iconicity windows on the very origin of language, or the results of more or less deliberate attempts at using arbitrary language sounds and the flexibility of sui generis sentence structures to model aspects of experience? The former hypothesis, which could be called “the mirror theory” evokes a universal process and must provide
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 116 explanations for the fact that not all words are iconic. The latter, which considers mimesis a form of poiesis, must account for the phonological and syntactic plasticity that it presupposes. (Boussiac 2007:19, cursiva nuestra). El concepto de poiesis podría así convertirse en uno de los vórtices del estudio de la similitud de las formas a todos los niveles en los que estas se manifiestan como artefactos culturales (que, como se verá más adelante, incluye cada vez niveles más abstractos). Empecemos por el concepto de mímesis. 2.3.1.1. Mimesis: ¿imitación o representación? Una constante en la historia de la poética es la interacción y oposición entre mímesis, representación y referencia. Mientras que la herencia platónica incide en el concepto de mímesis como imitación (concepto dinámico), una interpretación (supuestamente posterior) del concepto aristótelico de poiesis como representación nos habría llevado a las diferentes interpretaciones históricas (o, si se quiere, reificaciones) del concepto. Afirma Doležel que la formulación de una poética no mimética no tiene lugar hasta el siglo XVIII con una crisis del concepto de mímesis. Es interesante que también Foucault sitúe en el mismo siglo la crisis del concepto de representación. Afirma Doležel: El estímulo de la poética leibniziana fue ignorado durante mucho tiempo porque la poética estructural aceptó la teoría no referencial del significado, formulada por Frege-Saussure, como base de la semántica literaria; la literatura como estructura “auto-referencial” no precisa de un mundo, real o imaginario, como su universo de discurso. Sólo en la poética contemporánea se ha desarrollado una teoría moderna no mimética de la relación entre la literatura y el mundo; el episodio leibniziano aparece ahora como el comienzo de una tendencia significativa en la tradición investigadora: la poética del mundo posible de la ficcionalidad. (Doležel 1990: 25). Para una definición de equivalencia deberíamos aproximarnos a una crítica de la idea aristoteliana de mímesis como presentación de universales. Y es que la idea de mímesis subyace a distintas teorías modernas pero es muy difícil de deconstruir, Para Aristóteles, la imitación (Poetica, 4) se entiende como un principio humano fundamental, que se representa tanto en la poética como en las otras artes. La mímesis representaría los universales del pensamiento humano, entendidos como características “permanentes, características del modo humano de pensar, sentir y actuar” (Preminger et alii 1993:575). Sin embargo, como tendremos ocasión de ver en los capítulos III y IV, es difícil definir los
CAPÍTULO II. Poética y equivalencia 117 universales tanto en biología como en lingüística de otra manera que como “límites a la variación”. Esto no quiere decir que la noción de universalidad heredada de este sistema de pensamiento vaya a ser válida en el nivel de análisis que atañe a los procesos que nos interesan al estudiar los procesos de construcción de significado que se estudian en esta disciplina como ejecución o poiesis. Estos universales no son de acceso exclusivo del filósofo. El concepto de imitación poética se refería a la imitación de la acción, mientras que la tragedia era la imitación de la acción en lo que concierne a la felicidad del ser humano: But the poet’s creation is not of some “second nature” existing only in his fancy; it is a valid representation of the actions of men according to the laws of probability or necessity. Aristotle’s concept of imitation was subtle and complex. His chief successors in criticism were men of another stamp, more literally than philosophical in their view of poetry. So far as imitation remained a key term in the Hellenistic age (actually we do not hear a great deal about it), it seems to have conceived as meaning the portrayal of standardized human types […]. (Preminger at alii 1993: 576). Como se verá en el capítulo siguiente, las ciencias cognitivas, por su parte, estudian la interacción entre este tipo de conceptos (mimesis o imitación) y la actividad lingüística de una manera que nos puede servir en la búsqueda de estos universales, lo que hará a las distintas ciencias (a las distintas maneras de afrontar el problema de la representación) girar en torno a los conceptos de mímesis, analogía, representación y forma. Desde una perspectiva biológica, pero también desde el conocimiento lingüístico sobre los universales, empezaremos a entender los universales como “límites a la variación” (que marcarán la perspectiva global) y las formas como maneras de ejecutar los procesos poiéticos, a los que nos referimos normalmente con el término de representación. 2.3.1.1. Representación ¿Cómo se ha entendido, desde la poética, el concepto de representación? Para resolver el enorme problema epistemológico (metafísico, en la terminología aristotélica) de la representación, la poética ha relacionado ésta con la mimesis: Representation is one of the most difficult problems in philosophy; the issues are not merely central to aesthetics: they are fundamental to epistemology and metaphysics. Since we are compelled to talk about the nature of language in words themselves, the structures and limitations inherent in words presumably already constrain our ability to talk about language at
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 118 all: there is no vantage point from which we can stand outside language so as to critique it. But conversely we do not know how severe these constraints are, we do not know how severe these constraints are, and we do not know that language is capable of both creativity and growth so as to convey new concepts. A priori, it would seem reasonable to explore the nature of hammers as a construction language by engaging in verbal discourse. (Preminger et alii 1993: 1038. Cursiva nuestra). El concepto de representación es extremadamente problemático cuando se relaciona con una idea de estaticidad, sobre todo cuando se ha intentado identificar con la codificación en virtud de su identidad, o de su relación con conocimiento no lingüístico. La poética ha estado más interesada por el problema de la relación lengua-mundo, al menos hasta la aparición de las teorías de los mundos posibles. A lo largo de su historia, la poética ha tenido una relación especial con la idea de representación. En opinión de Doležel, la re-cosificación del término mímesis habría llevado a dejar en segundo plano la explicación de la poética como procesos de creación de significados, llevando a nuestra cultura científica a identificar los procesos de mímesis con categorías estáticas, es decir, reinterpretando de una manera más simple la concepción poética de Aristóteles. Recordemos que la innovación de Frege había consistido en que dos oraciones pueden tener sentidos distintos con la misma referencia, lo que estaría motivado, desde el punto de vista de la lingüística cognitiva, por el hecho de que cada estructura guía una construcción conceptual distinta en virtud de su organización lingüística. Como veremos en el capítulo III, difícilmente podemos escapar, desde esta perspectiva, del problema de la representación, a no ser que ampliemos el concepto de mímesis en una perspectiva de cómo hacer cosas con palabras: la poiesis. Las teorías posmodernas son mucho más radicales con el concepto de representación, que cuestionan relacionándolo con la referencia y la teoría de los mundos posibles. A un nivel macro, el problema de la representación (al igual que el de la imitación y el de la mímesis) se resuelven en el análisis del argumento o trama. Y es que, ¿qué es una trama, si no una representación de una complejidad autoorganizada? Hasta el siglo XX, los argumentos o tramas se habían analizado en términos aristotélicos, como imitación de la acción. Desde este punto de vista, no había diferenciación clara entre el contenido del texto y su representación. El interés por los aspectos estructurales del texto fue reintroducido por Propp (1928) y por Northon Frye
CAPÍTULO II. Poética y equivalencia 119 (1971) en la crítica literaria, y, en lingüística, por la lingüística textual. No puede haber reglas para establecer las tramas o argumentos en literatura; tampoco puede haber normas universales, ya que, como ha puesto de manifiesto el estudio intercultural del concepto de texto, tanto el contenido como la forma están sujetos a convenciones culturales, lo que impide hablar de “gramáticas del texto” (Bernárdez 1982). En otras palabras: el concepto de representación surge de una estabilización de la mimesis y debemos relacionarlo con el interés crítico por el análisis de las estructuras. Para un análisis intercultural del sentido, debemos entender la forma no como resultado de estrategias de representación, sino de poiesis. 2.3.1.3. Referencia Uno de los caminos más explorados por la filosofía para acercarse a la estabilidad de los significados es el de establecer una referencia, otro de los aspectos tradicionalmente relacionados con la representación. En poética, al igual que en el arte constructivista, la idea de referencia ha sido puesta entre paréntesis para llamar la atención no ya sobre la diferencia entre los aspectos denotativos y connotativos del significado, sino para ver las formas como estados de agentividad. En palabras de Charles Altieri: Statements can have sense even if they cannot be translated into proposed descriptions for states of affairs. By analogy, the pursuit of representation is not the only way that artworks take on semantic force. One can also refer to the world by what Goodman calls “exemplification”: that is, by exhibiting and clarifying properties that we can, on other occasions, employ for making denotations. Then the reference resides in the fact that the exhibiting properties or labels can be denoted, and then the constructive actions within the work can take on existential significance as examples of possible states of agency. (Altieri 1989:52). Y, como argumenta Monika Fludernik (1993), también el concepto de reproducción tiene que confrontarse con las enseñanzas de Derrida en su Gramatología: si decimos que dos objetos son idénticos debemos decir que es el mismo, con lo que se borra la diferencia que les confiere su entidad. El código escrito confiere una ilusión de representación fija dado que la letra impresa es un código estándar y no está sujeto a tanta variación como la identidad fonológica o sémica. Por eso, advierte lo siguiente en torno a la identidad y la diferencia guiada por el concepto de representación:
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 120 What is being represented in writing can only be characterized as an ideality of form in a new medium. What applies to writing applies perforce to translation and to the less august practice of paraphrase. Even in the most innocuous and banal uses if direct discourse in everyday colloquial narrative ⎯reproduction at its most mimetic⎯ the reproduction process unrolls by means of a constitutive typological écart, and this constitutive feature of typification, of a necessary derouting via the signifié, prepares the way for far-reaching linguistic experiments with saying the same differently and in one’s own terms. (Fludernik 1993: 18,cursiva nuestra). Es decir, que probablemente, como intuyen por igual los teóricos de la literatura y los artistas, el concepto de representación no sólo es dinámico, sino que, antes que referirse a “elementos del mundo”, está encaminado a reproducir “estados de agentividad”. A esto es a lo que se refieren los lingüistas cognitivos con el concepto de “atención”, y lingüistas, como Langacker, cuando sugieren que las estructuras significativas (para él, unidades léxico-semánticas) abren “ventanas de atención”. 2.3.2. Dinamicidad, estabilidad y cambio: las estructuras. Indeterminación, puntos de vista 2.3.2.1. Estructurandos ¿Cuáles son los antecedentes, en poética, de este “modelo morfológico” que nos interesa? Un lugar común es identificar los antecedentes de la idea de poética morfológica en Goethe y su teoría de las estructuras junto al concepto de metamorfosis. Originariamente, la ‘estructura’ era un concepto estático que “abstrae (…) de lo móvil” y representaba el todo como “determinado, cerrado y fijado en su carácter” (1817a: 116). En la morfología de doble nivel, sin embargo, la ‘estructura’ se convierte en un concepto dinámico, “móvil, cambiante, transitorio”. (Doležel 1990:92-93). Una constante de la poética morfológica es el concepto de Ur-tipo desarrollado por Goethe en su teoría de las estructuras biológicas. El concepto de Ur-tipo es el término genérico que utiliza Doležel para referirse a los de Ur-planta y Ur-animal que Goethe acuñó para “expresar las similaridades18 estructurales y las homologías que advirtió en la naturaleza”. El concepto pretendía organizar y comprender los fenómenos de la naturaleza desde una perspectiva mereológica (de ahí sus conexiones posteriores con la poética). 18 Citamos de la traducción española del inglés; creemos que Doležel no pretendía deconstruir este término y se refería simplemente a‘similitudes’.
CAPÍTULO II. Poética y equivalencia 121 Podemos decir que todas las estructuras orgánicas superiores, entre las que se cuentan el pez, los anfibios, los pájaros, los mamíferos, y, a la cabeza de esta última categoría, el hombre, están formados de acuerdo con un prototipo [Urbild] que, en sus partes constantes, oscila apenas dentro de ciertos límites y se forma y transforma diariamente a través de la reproducción. (Goethe 1820:349. Citado en Doležel 1990:92). El concepto de Ur-tipo es muy importante porque subsistió en la poética dando lugar a las formas que luego interesaron a los formalistas. Por ejemplo, Goethe definió dos tipos de homología biológica que serán interesantes en el modelo morfológico de Humboldt: • La homología posicional, que estaría determinada por la constitución de un elemento en el diseño del esqueleto • La homología funcional, que derivaría de la función de un constituyente dentro del conjunto óseo. La clave aquí, y lo será para poder estudiar de una manera rigurosa la equivalencia, es la posibilidad de estructurar una poética de lo particular: Humboldt tampoco resolvió el problema de lo universal y lo particular en la relación entre los Ur-tipos y lo universal. […] en el caso de las estructuras significativas, la homología de posición tiene que ser reafirmada como equivalencia de categorías sintácticas (‘lugares’) y la homología funcional como equivalencia semántica. Necesariamente, una poética del Ur-tipo presupone una sintaxis y una semántica de la estructura poética bien desarrollada donde se especifican los criterios de equivalencia sintáctica y semántica. Una poética semejante no era posible en los tiempos de Goethe. Tuvieron que pasar casi cien años hasta que la poética morfológica descubriera los Urtipos. (Doležel 1990:107). La morfología del Ur-tipo en Rusia está representada por el trabajo del folklorista Vladímir Propp (1928), que, como es bien sabido, sentó los conceptos clave de una teoría morfológica del cuento basándose en el reconocimiento de que la narración entre variantes narrativas (‘motivos’) e invariantes narrativas (‘funciones’) no es una correspondencia biunívoca. Una y la misma función puede ser expresada por diferentes motivos (equivalencia funcional) y uno y el mismo motivo (o secuencia de motivos) puede representar diferentes funciones. (Doležel 1990:199). En opinión del erudito checo, la narratología de Propp (1928) restringió el concepto de homología morfológica, es decir, no formuló reglas interpretativas, lo que le habría llevado a preguntarse no el cómo de la organización de los cuentos maravillosos, sino el
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 122 por qué (la función). La interacción entre motivo y función parece determinista. Dice al respecto Doležel: El funcionamiento holístico de los motivos en el cuento de hadas no depende de sus propiedades semánticas. La narratología de Propp, siendo una sintaxis de las funciones, no considera la semántica de los motivos. (Ibídem:199) Parece difícil no estar de acuerdo con Doležel pero, al mismo tiempo, cuesta resistirse a hacer una relectura de Propp en términos de poética cognitiva. Como veremos tanto desde una perspectiva biológica (en el capítulo III) como de poética cognitiva (en el V), lo que Propp estaba describiendo no eran construandos, sino estructuras en un proceso avanzado de organización. Para orquestrar visiones más dinámicas y quizás teleológicas de la estructura del cuento tenía que haber conocido los trabajos de su compatriota Lev Vygostsky y contar la otra parte de la historia que los humanistas de principios del siglo XXI están empezando a reconstruir: contar de qué manera interactúan las funciones del cuento con la representación del conocimiento del mundo de la colectividad. Pero en realidad, desde el punto de vista de cómo “avanza” el conocimiento científico esto no puede extrañarnos. Y es que, antes que entender la poética morfológica de Propp como una descripción de un tipo de texto convencional, nos interesará más, para nuestros propósitos, describirlas en tanto que estructuras emergentes ancladas en la sociedad. Su alto grado de convencionalización (de estabilidad) supuso desvelar un conocimiento sobre la organización del conocimiento que, siendo la mayor enseñanza del estructuralismo, sigue sin ser del todo comprendida. 2.3.2.2. Punto de vista Otro de los conceptos clave de la historia de la poética, sobre todo desde el Modernismo, es el de punto de vista. El punto de vista se entiende en la narratología como perspectiva narrativa, que no sólo se ha relacionado con el narrador, sino también con un concepto que nos interesará luego para describir las estructuras semánticas: el de focalización. Así la definen Reis y Lopes: la perspectiva narrativa es una designación importada del dominio de las artes plásticas para referir el conjunto de procedimientos de focalización que contribuyen muchas veces a la estructuración del discurso narrativo. De esta manera, la perspectiva narrativa, en tanto que denominación genérica y en cierto modo metafórica, puede ser entendida como el ámbito en el que se determina la cantidad y la calidad de información diegética vehiculada: potencialmente
CAPÍTULO II. Poética y equivalencia 129 cognitiva, hablante y oyente son conceptualizadores y, por defecto, observadores omniscientes de la realidad. Bartmiński relacionará puntos de vista y prototipos, con lo que dan el salto hacia la distribución social y estabilización de los puntos de vista tal y como son guiados por la lengua en una perspectiva socio-histórica (4.6). Ambas perspectivas nos permiten hablar del punto de vista como una estrategia narrativa (conceptual) con efectos en la elaboración lingüística. 2.3.4.2. Metáforas de lo visual: la imaginería La pregunta que se hacía más arriba Bartmiński a colación del interfaz entre punto de vista y metáfora está muy relacionada con las formas preferidas de representación. El siglo XX ha sido el siglo de la imagen, con la irrupción de los medios de comunicación masivos como el cine o la televisión, y probablemente esto tenga consecuencias interesantes tanto en las metáforas que creamos en la lengua como en su estudio meta-lingüístico. Pero, ¿cómo entiende la poética qué es una imagen? Una de las representaciones de la imagen en la literatura son las figuras literarias, los tropos, que, como veremos, serán reinterpretados por la lingüística de corte experiencial como representaciones de los mecanismos conceptuales de organización del conocimiento del mundo. Es importante plantearse cómo entra el concepto de imagen en la poética: ¿se trata de un reflejo de nuestra estructura científica, o, como en un espejo, refleja el conocimiento intuitivo de cómo se organiza y conforman los sentidos? El concepto de imagen entra en la crítica literaria inglesa por la “influencia de los modelos empíricos de la mente” (Preminger et alii 1993: 556). No sería de extrañar que fuera así, habida cuenta de las enormes consecuencias que tuvo el empirismo en la conformación de la lengua moderna21. La imagen es, pues, parte de la episteme de la modernidad de la que hablaba Foucault (1985[1966]) de la misma manera en la que los modelos de estabilización del sentido en textos autoritativos debieron de contribuir a la conformación de la idea occidental de representación que están tratando de cuestionar las ciencias cognitivas. La lingüística moderna, conectada como está con el experiencialismo, puede considerarse una nueva realización del proyecto empirista. Imagen e imaginería son 21 En sus “conceptos fundamentales de filosofía”, Carlos Thiebault define el empirismo como la “Teoría o conjunto de teorías que acentúan que el origen del conocimiento es la experiencia sensible y que está limitado al alcance de dicha experiencia”. (Thiebaut 1998: 39).
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 130 difíciles de definir por su amplio uso en la poética: podría decirse que se trata de conceptos reificados o poco claros. Lo que nos interesará, de cara al problema de la equivalencia, es la relación entre imaginería y mímesis, conceptos relacionados con la semejanza, la reproducción y la copia. Lo que ha intuido la poética, y con ella los artistas visuales, es que lo que hacemos conceptualmente por medio de la representación y la imaginería es plegarnos a las formas, estabilizar colectivamente la similitud. Como veremos en el capítulo III, esta intuición puede cotejarse con los conceptos de imaginería desde la biología del conocimiento o la antropología, que nos acercarán a la estabilidad colectiva de las formas y a su dinamicidad por medio de la distribución. 2.4. LA POÉTICA DESDE UNA PERSPECTIVA INTERDISCIPLINAR: LAS CIENCIAS DE LO COMPLEJO What most significantly unites literature and science in our age of noise and chaos is the notion of complexity and its implication for interdisciplinary understanding. (Paulson 1991: 38). 2.4.1. ¿Qué es la complejidad? Gran parte de los mecanismos y estrategias creadoras de sentido que los estudiosos de la poética han identificado en los textos tienen que ver con nociones clave del siglo xx, como la auto-organización. Para Juani Guerra (1992:388), la autoorganización se define como la “aparición de organización estructural que se produce en los sistemas dinámicos disipativos no lineales”. Quizás sin alejarse mucho conceptualmente de esta definición, pero llevándola al terreno del texto, Atlan apunta esta interesante perspectiva: la autoorganización es lo que nos permite adquirir sentido a posteriori en un contexto determinado de observación. (Atlan, citado en Paulson 1991:41). La conexión entre la poética y las ciencias de la complejidad viene marcada por la necesaria interdisciplinariedad del siglo XX. Pero, ¿qué es la complejidad? ¿Cómo la entenderemos aquí, y por qué la relacionamos con la poética? Se trata, en palabras de Juani Guerra, de “relacionar dos tipos de conocimiento”: Concepto [la complejidad] que debemos entender como lo entienden estas ciencias: no como ausencia de orden sino como presencia de más información y más rica; este concepto ha
CAPÍTULO II. Poética y equivalencia 131 servido a los métodos científicos para conocer la realidad y pensamos que en adelante servirá a los métodos artísticos. Quizás no sea necesario recordar aquí algo tan obvio como que el conocimiento científico se distingue del conocimiento artístico por sus actitudes fundamentales, aunque sí el hecho de que las preocupaciones básicas son las mismas para científicos y artistas: el cambio y la relación enre los todos y sus partes; el cambio se refiere a la estabilidad y la evolución, y la relación todos-partes a la estructura y la función. (Guerra 1992: xviii). La complejidad, las ciencias de la complejidad, pretenden dar respuestas situadas en todos los ámbitos de estudio que rechacen la visión codificadora de la experiencia o determinista en la suma de fenómenos. Se trata de una perspectiva aplicable a los procesos complejos e irreversibles. A partir de la interacción entre poética y complejidad podemos insertar en el estudio de lo lingüístico conceptos topológicos, pero también de las teorías de sistemas, como el ruido. Y, como veníamos anunciando, las ciencias de la complejidad están interesadas no sólo en las estructuras, sino en su emergencia. Literary texts inevitably contain elements that are not immediately decidable and that therefore function for their readers as what information theory would call noise. With this in mind, we are in a position to extend a crucial conjencture advanced by Jurij Lotman in The Structure of the Artistic Text and argue that noise both within and outside the text can lead to the emergence of new levels of meaning neither predictable from linguistic and genre conventions nor subject to authorial mastery. (Preminger et alii 1993:43) Las ciencias de la complejidad, interesadas por la aplicación a la lengua de los descubrimientos de las matemáticas y la topología, nos han descubierto que la diferencia entre estructuras distintas (como entre la novela y el relato corto, por ejemplo) está relacionada con grados de complejidad. Por ejemplo, Bernárdez (2000) relacionará los grados de complejidad para explicar la relación de homeomorfismo entre oración y texto, que a su vez proceden del estudio de los procesos complejos aplicados a la narratología. Juani Guerra (1995) interpreta la diferencia entre el relato breve y la novela en términos de la presencia en el relato de un único atractor central, aunque éste pueda poseer una topología bastante complicada, mientras que la novela posee un mayor número de atractores equivalentes: esto se entiende también en términos de complejidad, de tal modo que lo simple equivaldría a la presencia de un solo atractor y lo complejo a la existencia de una red de atractores de potencial semejante. La brevedad no parece desempeñar un papel especialmente significativo, pues una novela puede ser tan corta como un relato, pero
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 132 seguirá manteniéndose la diferencia basada en la distinta organización de atractores. El salto cualitativo que se produce, en las propuestas de Guerra, entre el relato y la novela, lo veo como paralelo al que se encuentra entre estructuras lingüísticas como la oración y el texto. Podemos representar esta relación entre complejidades, siguiendo a Bernárdez, de la siguiente forma: Mínima complejidad Máxima complejidad Palabra Cláusula Oración Oración compleja Texto (Bernárdez 2000: 825) Debemos entender la traducción, desde este punto de vista, como una forma de correspondencia que se establece entre sistemas complejos, materializados en textos que son necesariamente imprecisos. Sin esta imprecisión, sin esta no-linealidad entre los procesos de construcción de significado en una y otra lengua, el sistema se vendría abajo porque no se producirían emergencias al azar, es decir, creatividad. Por tanto, las equivalencias deben ser entendidas desde niveles de indeterminación, de creación de posibilidades (affordances), niveles dinámicos que las teorías de la complejidad designan como caóticos, es decir, creativos. 2.4.2. La poética y la Poiesis en-acción La definición clásica de poiesis es el hilo que une, como si se tratara de una continuidad, la disciplina poética con los procesos enactivos que observamos en las lenguas. ¿Qué son los conceptos en los procesos poiéticos? En realidad, asistimos a procesos de categorización, y la ilusión de estabilidad no proviene de las posibilidades de la rigidez del sistema ni de su pertenencia a un código, sino de nuestro tratamiento cultural de la interacción entre pensamiento y lenguaje. En la doctrina peripatética, se hablaba de poiesis como elemento no racional, poiema como forma, lo que se puede reglamentar y poietés, creador, artífice (Ayuso de Vicente, 1990:302). Esta distinción entre elementos visibles o codificados del sentido y los procesos de construcción sólo puede ponerse en movimiento para estudiar la estabilidad de las formas si somos capaces de encontrar una metáfora adecuada y desarrollar herramientas de análisis derivadas de ella.
CAPÍTULO II. Poética y equivalencia 133 2.4.3. La poética y las ciencias cognitivas Un síntoma de cómo se ha producido, durante las últimas décadas, el paso del nivel de estudio local al global es el cambio de consideración entre lo que se considera literal y lo que se entiende como figurado. Podemos señalar algunos niveles en los que esta transformación ya ha tenido lugar en el marco de las Ciencias Cognitivas en diferentes conceptos clásicos: A) MODELOS COGNITIVOS IDEALIZADOS: Frente a los modelos retóricos de la poética, la lingüística se pone a estudiar y sistematizar en distintas lenguas los modelos cognitivos idealizados (Lakoff 1987). El más conocido de los modelos idealizados es la metáfora, que, de ser considerara una figura retórica respecto a su objeto de estudio, pasa a ser redescubierta como uno de los procesos cognitivos fundamentales. El análisis conceptual de las metáforas es una cuestión de la que se han ocupado filósofos y epistemólogos antes del paradigma cognitivo y que empieza a desvelar aspectos de la estructura de las lenguas y su relación con el conocimiento del mundo analizables desde los morfemas hasta el discurso, y tanto en lo convencional y menos consciente (metáforas conceptuales) hasta lo más emergente, puntual y situado (metáforas discursivas, Zinken, Hellsten y Nerlich 2007). B) LA CONCIENCIA: De ser un objeto literario, la conciencia pasa a ser objeto de estudio de interés de los lingüistas y psicólogos cognitivos. Se estudia su complejidad cognitiva y su viabilidad lingüística, lo que redefine la comprensión de los “objetos en la mente”. C) EL EXTRAÑAMIENTO (остронение): Es uno de los procesos retóricos fundamentales del método formalista de análisis del texto literario como objeto de estudio (métodos formales de análisis lingüístico y poético). Por ejemplo, el extrañamiento en el Formalismo ruso puede entenderse como un búsqueda de la proyección conceptual guiada lingüísticamente (definición de procesos). D) EL PUNTO DE VISTA: De ser un concepto relacionado con las estrategias de perspectivización narrativa, el punto de vista se ha integrado en la lingüística como uno de las dimensiones del
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 134 significado lingüístico. En este trabajo, el concepto de “punto de vista” se relacionará con la gramática cognitiva y con la etnolingüística (sobre todo, con la metáfora del “cuadro del mundo”). Entender el punto de vista como herramienta de la poética supone preguntarse por la interacción entre lo real y el artificio. Cuando el punto de vista se construye como un artificio, puede estudiarse en términos de “focalización cognitiva”. 2.5. CONCLUSIONES Este breve recorrido por la poética ha tenido el objetivo de situar la problemática de la equivalencia en el contexto de uno de los “mares de conocimiento”, pero también de estructuración implícita de nuestra manera de entender la relación entre la lengua y el mundo. El lector advertirá, en los restantes capítulos de este trabajo, de qué manera este reducido número de conceptos se han rentabilizado en las ciencias cognitivas de estudio del lenguaje. ¿Qué queremos decir al afirmar que la poética había tratado ya los conceptos desarrollados posteriormente por la lingüística de finales del siglo XX? Esperamos que, siguiendo el hilo del trabajo hasta el capítulo V, donde retomamos las herramientas de la poética enriquecidas con elementos de otras perspectivas, el lector se convencerá de que, en líneas generales, el estudio de las estructuras de sentido que emprenden las ciencias humanas en estos momentos (y que resolverá, en parte, el problema de la equivalencia con nuevos métodos, metáforas y herramientas) ya estaba perfilado en la poética del siglo XX. No debemos perder de vista, en lo sucesivo, los dos aspectos fundamentales resaltados por la poética en lo que tiene de estudio de las formas: a) La relación entre la lengua como conjunto de estructuras poéticas y el mundo está mediada por procesos de mímesis y estabilizada no por medio de representaciones, sino de estructurandos, es decir, de estructuras emergentes. En nuestra cultura, estas representaciones guiadas lingüísticamente se estructuran en forma de imágenes a las que tenemos acceso por medio de las formas. Cualquier estructura, como advirtieron los formalistas, guía el conocimiento de una manera especial en virtud de su infraespecificación;
CAPÍTULO II. Poética y equivalencia 135 b) Lo que observamos en las estructuras poéticas es nuestra manera de cuestionar, sometiéndolo a la estabilidad, procesos de construcción de sentido que son dinámicos y están en continuo cambio. El objetivo de los siguientes capítulos será el de profundizar en el concepto de ESTABILIDAD teniendo en cuenta que lo que podemos comparar son estructuras poéticas y la manera en la que éstas guían el conocimiento del mundo. Para ello, se reflexionará sobre los motivos que hay para cuestionar el concepto de representación, estrechamente relacionado con el de mímesis, y las precauciones que nos obliga a tomar la conciencia de una definición experiencialista de estabilidad.
137 CAPÍTULO III. Las bases biológicas de la construcción del concepto de equivalencia: un recorrido por el árbol del conocimiento Los conceptos en los que se sustenta el de equivalencia son, como se ha visto, muy complejos desde cualquier punto de vista que se los afronte. Se trata de conceptos cuya definición plantea problemas no menos profundos, como son la representación del conocimiento, la interacción entre lengua y cultura, entre la cultura y los individuos, entre los textos y sus tradiciones históricas o la interacción de distintos niveles de análisis para determinar la valencia de un elemento. Se trata, en definitiva, de problemas que se han dejado parcialmente de lado en la creencia (seguramente cierta) de que disponíamos de multitud de intuiciones derivadas de la introspección y pocas herramientas para definir el material conceptual identificado previamente por la intuición. Si acometemos esta definición no es porque consideremos que vamos a dar la solución a estos enormes problemas de las ciencias humanas. Esta redefinición conceptual parte de la convicción de que el estado actual del paradigma interdisciplinar de investigación en ciencias cognitivas nos permite, utilizando la conocida metáfora, subirnos a hombros de gigantes. El gigante de nuestra metáfora es nada menos que el conocimiento acumulado en los últimos 50 años, es decir, desde la primera revolución cognitiva. ¿Qué puede aportar la construcción del conocimiento a comprender la entidad ontológica sobre la que se sustentan tanto la equivalencia (entendida como fenómenos relacionados con la estabilidad del sentido) y nuestra construcción científica del concepto? Al estudiar cómo se construyen conceptualmente conceptos afines al de equivalencia pretendemos descontextualizar la búsqueda de una equivalencia lingüística y someter la equivalencia a la falsación de otras ciencias, estudiando, al menos hasta donde sea posible (ya que utilizamos fuentes de otras disciplinas), la meta-conceptualización de esta noción clave. En otras palabras, nos proponemos describir algunas de las partes del árbol del
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 138 conocimiento humano que sostiene esta compleja noción (inspirándonos en la empresa de Maturana y Varela 1980, 1987). Es decir, que intentaremos resumir los aspectos descubiertos por las ciencias cognitivas que se revelen más significativos de cara a una definición de la equivalencia. La metáfora que hemos elegido para estructurar este capítulo, EL CONOCIMIENTO ES UN ÁRBOL, no es casual: proviene de la metáfora biológica del ÁRBOL FILOGENÉTICO del que se derivan las clasificaciones de las especies según su historicidad evolutiva. Por un lado, la biología ha servido y seguirá sirviendo de modelo para las ciencias humanas, prestándole tanto términos como modos de entender cómo funcionan realidades abstractas22. Los ejemplos son innumerables: desde la analogía lengua-especie natural (véase Bernárdez 2001) hasta el préstamo conceptual. Y es que parece natural relacionar la evolución lingüística con evolución biológica. En 1871, Darwin afirmaba: The formation of different languages and of distinct species, and the proofs that both have been developed through a gradual process, are curiously parallel...We find in distinct languages striking homologies due to community of descet, and analogies due to similar process of formation. (Darwin 1871:89-90, citado en Atkinson y Gray 2005: 513). Esta intuición de Darwin se ha rentabilizado en diversos ámbitos de la lingüística, sobre todo en la lingüística histórica. Es bien sabido que el paradigma computacional, tanto en psicología como en lingüística, rentabilizó otras metáforas no biológicas, como la distinción entre hardware y software, para promover un estudio no de las lenguas, sino de la capacidad humana de crear representaciones computacionales. Con ello, se abandonó en gran parte una posible integración entre todos los aspectos que motivan y limitan la actividad lingüística desde el punto de vista de la biología, y que suponen un continuo desde la percepción y la mente hasta la cultura como naturaleza humana. La vuelta a los modelos biológicos que han emprendido las ciencias de lo humano está, creemos, justificada desde puntos de vista metodológicos, psicológicos, pero también por la voluntad de interdisciplinariedad. A lo largo de este capítulo, el uso de la metáfora del árbol del conocimiento tendrá dos objetivos: por un lado, nos permitirá ir recorriendo distintos niveles de construcción o emergencia de la lengua; por otro, preparará el terreno para contextualizar el compromiso cognitivo tal y como se plantea en lingüística cognitiva, asunto que se abordará en el siguiente capítulo. Se trata de sintetizar los aspectos más 22 Véase Atkinson y Gray, 2005 sobre el concepto de filogénesis en biología y en ligüística.
CAPÍTULO III. Las bases biológicas de la construcción del concepto de equivalencia 145 Maturana proponía la metáfora del árbol del conocimiento en colaboración con Varela (1980, 1987), optando por una nueva epistemología de la interacción entre conocimiento y procesos biológicos. En esta empresa intelectual se han visto involucradas las ciencias humanas de finales del siglo XX y principios del XXI: precisamente en la ruptura del dualismo cartesiano a la hora de hacer ciencia; ese es el objetivo que motiva el proyecto de investigación heterogéneo formado por funcionalistas y cognitivistas. La pregunta es: ¿podemos buscar ejemplos de equivalencia en la experiencia humana sin recurrir a la experiencia lingüística? Creemos que sí, y que, de hecho, disponemos de ejemplos en la psicología. La siguiente etapa del problema será mucho más compleja, porque remite a la cuestión filosófica de cuál es la interacción entre lengua y conocimiento, o, mejor dicho, entre lenguas y tipos de conocimiento. Apoyándose en la interdisciplinariedad que le ofrecen hoy la lingüística, la psicología, la biología y los estudios culturales, la traductología tendrá que plantearse relativizar y sustituir el concepto de equivalencia en el giro cognitivo. Para ello, podrá guiarse por preguntas como las siguientes: a) ¿Hasta qué punto estos sistemas autoorganizados mantienen entre sí una relación de autosemejanza observable? b) La equivalencia lingüística, ¿sigue teniendo validez desde la perspectiva de nuestra experiencia? Para responder a estas preguntas tendremos que deconstruir la equivalencia como representación del dualismo cartesiano. 3.1.2. ¿Qué implica romper el dualismo cartesiano? Si analizamos el legado de la lingüística del siglo XX encontraremos un amplio inventario de oposiciones que nos recordarán las que hemos tenido oportunidad de repasar en el capítulo I a propósito de la equivalencia. Así, por ejemplo, en la lingüística generativa encontrábamos la distinción entre centro y periferia, competencia y actuación, estructura profunda y estructura superficial. Este dualismo, aspecto fundamental de nuestra cultura científica, interviene de tal manera en la representación de presupuestos epistemológicos y filosóficos que resulta muy difícil de deconstruir. Pero, ¿por qué habríamos de deconstruirlo? Bastaría con que entendiéramos que las dicotomías muestran los puntos
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 146 extremos de realidades que son, en realidad, continuas. Sin embargo, el problema, como han planteado distintos epistemólogos, es mucho más profundo. Desde el punto de vista de la filosofía del lenguaje, el dualismo trae consigo el problema de la referencia, claramente ligado al de la igualdad, la identidad, la otredad y, por ende, a la propia equivalencia. ¿Qué conseguiremos con buscar otro punto de vista para nuestras observaciones en ciencias humanas? En primer lugar, como argumenta el epistemólogo Steve Woolgar (1991), el dualismo tiene un problema fundamental: crea una distinción entre representación y objeto que se extiende a la metodología de observación y acaba determinando la forma de hacer ciencia. Este dualismo se plasma, en las metodologías de las ciencias, en dicotomías como imagen/realidad, documento/ patrón subyacente, significante/significado, acción comportamental/intención, acción comportamental/causa, lenguaje/significado, explanandum/explanans, conocimiento/ hechos, entre otros, dando lugar a lo que él denomina “problema de la representación”, y a los “ desastres metodológicos” derivados de éste. El problema de la representación, en este contexto, remite a cómo podemos estar seguros de que nuestras representaciones (codificadas en los primeros miembros de estas dicotomías) pueden llegar a ser un reflejo apropiado de su objeto (Woolgar 1991[1988]:46-47). Las representaciones del dualismo cartesiano en nuestra cultura científica han venido siendo analizadas al menos desde Reddy (que identificó en su conocido artículo de 1979 “metáfora del canal” en lingüística) por infinitud de epistemólogos y filósofos. Sin embargo, la corriente mayoritaria en filosofía sigue siendo la no reduccionista, representada fundamentalmente por Steven Pinker (1997, 2002) y basada en la autonomía de la mente. Por lo tanto, ya en las raíces de nuestro árbol identificamos dos corrientes opuestas, que serán reconocibles en todos los niveles de estudio. Hablamos, claro está, de la oposición entre corrientes autónomas y corrientes integradoras en lo que se refiere a la relación entre cerebro, mente y lenguaje. Nuestro trabajo está claramente dedicado a rentabilizar el conocimiento de las corrientes integradoras, que llamaremos también experiencialistas. En el terreno de la psicología, la neurociencia y la lingüística, la postura no reduccionista ha estado claramente representada por el paradigma cognitivo de primera generación y, más explícitamente, por sus presupuestos epistemológicos y filosóficos. Así, encontramos la tesis de la autonomía de la psicología de Jerry Fodor (1983), para quien esta disciplina es autónoma con respecto a las generalizaciones de la neurociencia. El
CAPÍTULO III. Las bases biológicas de la construcción del concepto de equivalencia 147 paradigma computacional de investigación intentó y sigue intentando aplicar los ordenadores para comprender el funcionamiento del lenguaje, básicamente identificando algoritmos y reglas de combinación. Como es sabido, la crítica principal a la tesis de Fodor consiste en que la distinción conceptual entre hardware y software, tan rentabilizada en el pensamiento de las últimas décadas, no se corresponde con una distinción real o siquiera identificable en el funcionamiento de los sistemas nerviosos (Smith Churchland 2002:26). El dualismo cartesiano ha sobrevivido en el funcionalismo de Fodor, en el que la sustancia mental de Descartes se ha visto sustituida por el concepto, más o menos explícito en el modelo, de software (Smith Churchland 2002:27). Pese a que los psicólogos computacionales han redefinido esta tesis autonomista, partimos aquí de la base de que el paradigma computacional o autonomista no va a contribuir a la generación de conocimiento sobre el funcionamiento de los sistemas lingüísticos en la medida que nos interesa aquí, precisamente porque parte de una dicotomía que se muestra a todas luces insuficiente como herramienta explicativa de los fenómenos en su realidad biológica, social y situada. Como apunta el psicólogo cognitivo Herbert Clark (2004), la lengua es un recurso que compartimos y que sirve para “estabilizar, anclar y estructurar tanto el pensamiento individual como la coordinación interpersonal”. Creemos que es interesante citar aquí a Clark in extenso para ver los puntos de confluencia con las definiciones que acabamos de ver más arriba: […] language is also internalized and understood. It is indeed capable of triggering rich, context-sensitive semantic associations, and lingua-form items are available both as vehicles for thought and as the objects of thought. It is also, as Ross elegantly suggests, both a means of expressing ourselves, and a tool for creating our selves. All this makes language a potent transformative tool, a rampantly boundary-crossing and (hence) almost comically tricky object for understanding and analysis. Language, I conclude, is an essentially contested structure, productively poised between the inner and the outer, the private and the public, the biological and the artifactual. It is in this unique bio-cultural positioning that its special utility consists. (Clark 2004:725). De esta compleja (y, creemos, bastante acertada) definición nos gustaría destacar algunos aspectos que tendrán mucha importancia en cualquier esfuerzo por repensar el concepto de equivalencia. Y es que, ¿qué razones hay para desechar del todo la metáfora del canal en aras de un mejor entendimiento de qué es la equivalencia?
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 148 Por un lado, como hemos visto en el capítulo I, hay razones epistemológicas relacionadas con nuestra cultura científica que nos hacen darnos cuenta de que la cuestión de la equivalencia se ha planteado (por motivos que podemos considerar resultantes de los paradigmas) de una manera demasiado estática y composicional precisamente por la interacción entre el conocimiento experto y las metáforas populares heredadas. Por otro, no creemos que sea posible construir conocimiento sobre un fenómeno a la vez tan cotidiano y tan complejo sin ir mucho más atrás, hasta la naturaleza de los conceptos. En este punto de nuestro recorrido por el árbol aún creemos que conocer las metáforas nuevas con las que se conceptualizan ideas clave como concepto o situación puede provocar una reacción en cadena que nos lleve a nuevas metáforas para pensar la equivalencia. Continuemos, pues: si una lengua es un sistema abierto, ¿de qué está compuesto?, ¿cómo se organiza?, ¿cómo debemos entender la interacción, en una lengua, entre representaciones simbólicas y conceptos? Algunas de estas respuestas vendrán de la interacción entre biología y psicología cognitivas. 3.1.3. Ideas básicas: ¿Qué es un concepto? Una explicación desde la psicología cognitiva y la dinámica neuronal ¿Somos capaces de pensar que alguien es alto y bajo al mismo tiempo?¿Qué quiere decir Anna Wierzbicka cuando afirma que el contenido conceptual de elementos léxicos de su lengua, el polaco, como tęsknota (en polaco, “nostalgia de algo familiar”) o granatowy (“azul o azul marino”) son intraducibles? ¿Cómo podemos pensar en el contenido conceptual si sospechamos de antemano que no hay nada que contener, sino complejos mecanismos con los que compartimos sentido, al que accedemos por “conceptos que se codifican lingüísticamente” (recordando la definición que dimos más arriba de Zlatev)? Y, parafraseando de nuevo a este investigador, qué es lo que los hablantes de polaco comparten cuando acceden lingüísticamente a un concepto, por ejemplo, el de tęsknota (‘sentimiento de nostalgia por una cosa o persona’)? ¿Cuántas construcciones distintas pueden elaborarse a partir de la misma realidad? Como sabe cualquier lector que esté al corriente de los caminos que han ido transitando (o, quizás sería mejor decir, trazando) la lingüística y psicología cognitivas en las últimas décadas, afirmar que se tiene la respuesta a alguna de estas preguntas es,
CAPÍTULO III. Las bases biológicas de la construcción del concepto de equivalencia 149 cuando menos, pretencioso. Pero sí podemos señalar cómo se sustentan las intuiciones de los que buscan explicar cuál es la interacción identidad/semejanza en el nivel conceptual. Lawrence Barsalou (1993) concede prioridad a la percepción sobre la categorización: El conocimiento básico sobre el que se fundamenta todo el sistema conceptual, tanto humano como animal, es de raíz perceptual. Está formado por esquemas perceptuales que constituirían la arquitectura cognitiva del sistema conceptual que, por tanto, sería de raíz no lingüística. [...] a pesar de lo atractivo que resulta considerar los símbolos lingüísticos como núcleo del sistema de categorización y conceptualización –entre otras cosas porque desde un punto de vista metodológico es más fácil acceder a este tipo de código–, no es el lenguaje sino la percepción el núcleo básico del proceso de categorización. (Peraita 2001:200). ¿Por qué es tan importante que Barsalou sitúe en primer plano la percepción, y no el lenguaje? La respuesta que da Peraita (2001:201) en su interpretación de esta teoría, es interesante aquí, porque cuestiona la estabilidad representacional de los conceptos. Comentando la teoría de Laurence Barsalou, Peraita afirma que, frente a la convención existente en psicología cognitiva, psicología y filosofía, de entender que un concepto era una estructura estable que estaba presente o se recuperaba de la memoria a largo plazo, [...] un concepto es una representación temporal operativa o de trabajo (Barsalou 1993:29) cuyo origen está en el conocimiento que tiene el sujeto sobre las categorías (naturales, de objetos, de eventos, de acciones, es decir, pertenecientes a diferentes dominios ontológicos) cuyo conocimiento a su vez está almacenado en la MLP: Ni siquiera es necesario que esta activación/representación temporal de la categoría, que es lo que constituye el concepto, sea consciente. (Peraita 2001:201). Es decir, que Barsalou traslada el problema de la identidad o estabilidad conceptual al plano de las tareas cognitivas, explicando qué es un concepto en función de las tareas cognitivas para las que los usamos. Es decir, que a la pregunta de qué necesitamos saber sobre la estructura de los conceptos para relativizar nuestro conocimiento de la interacción entre estos y los elementos simbólicos de la lengua, Barsalou responde colocando en un lugar central la situación, como se rentabilizará en el paradigma de la situacionalidad (véase 3.7.). Veamos la definición de concepto propuesta por Yeh y Barsalou (2005): We define a concept as the accumulated information in memory abstracted for a category, where a category is a set of things in the world perceived as the same type of thing (for one of many possible reasons). Following Barsalou (1999b), we assume that a multimodal simulator
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 150 underlies a concept, where a simulator is an organized body of knowledge that produces specific simulations of a category’s instances (cf. Barsalou, 1987, 1989, 1993). (Yeh y Barsalou 2005:6). Barsalou relaciona la estabilidad conceptual (entendida como poca variabilidad o variabilidad dentro de unos límites) entre individuos pertenecientes al mismo grupo (1993:33) con la estabilidad de los contextos. Otras líneas de investigación señalan la función de las teorías ingenuas sobre el mundo en mantener la coherencia conceptual dentro de un grupo, como sostienen Medin y Wattenmaker (Peraita 2001:205). Sin embargo, también encontramos definiciones de estabilidad conceptual en otros niveles, como señala Hutchins (2005): Thinking processes sometimes involve complex manipulations of conceptual structure. Conceptual structure must be represented in a way that allows some parts of the representation to be manipulated, while other parts remain stable. The complexity of the manipulations of structure can be increased if the stability of the representations can be increased. The stability of the representations is a necessary feature of the reasoning process, but it is often taken for granted. The need for representational stability becomes more visible in circumstances where the necessary stability is not present. (Hutchins 2005:1557, cursiva nuestra). Edwin Hutchins se interesa por el anclaje material de los símbolos, sobre todo en lo que tienen estos de distribuidos, como veremos más abajo. Hutchins ha estudiado, por ejemplo, sistemas de navegación de la Micronesia en los que las representaciones, además de estar distribuidas en el grupo, no tienen un aparente anclaje material. Lo que más nos interesa de la concepción de la cultura que tiene Hutchins como antropólogo cognitivo serán dos aspectos que afectan a la cognición distribuida: a) la estabilidad de las representaciones depende de las necesidades del grupo y no al revés; y b) desde el punto de vista de una cultura, la estabilidad que existe en otra puede ser más visible simplemente por los mecanismos de analogía implicados en la comparación. En resumen, la estabilidad de las representaciones puede variar y ello no siempre es observable en un nivel lingüístico. Esto se entenderá mejor más adelante, conforme vayamos adentrándonos en la naturaleza dinámica de las representaciones. La pregunta que nos interesa ahora es: ¿qué tipo de acceso a los conceptos tiene nuestra conciencia? ¿Qué tipo de estabilidad conceptual existe dentro de una cultura, una vez aceptamos que la cognición es distribuida? Para entender por qué existe estabilidad conceptual en el marco de una cultura a pesar de que la cognición sea distribuida es
CAPÍTULO III. Las bases biológicas de la construcción del concepto de equivalencia 151 necesario recordar, con los antropólogos cognitivos, la diferencia entre cerebro y mente. No podemos seguir manteniendo que las representaciones se encuentran en el cerebro, ni siquiera en la mente (tal como se ha entendido de manera tradicional): es preciso entender qué es una representación, poner su definición entre paréntesis y plantearse, sin pretender eliminar del horizonte la trampa objetivista, si este conocimiento puede falsarse. Para ello, es interesante conocer cuál es la respuesta que dan a estos asuntos las teorías antirrepresentacionistas. La principal tesis antirrepresentacionista, formulada por Gerald Edelman (1992, 2000), afirma que los conceptos son “propiedades emergentes de redes neuronales”. Esta hipótesis, bautizada por el neurocientífico norteamericano como la “teoría del núcleo dinámico”, se basa en que “la actividad de un grupo de neuronas solo puede contribuir directamente a la experiencia consciente si forma parte de un grupo funcional”, es decir, un grupo que se constituye en torno a una función: This hypothesis states that the activity of a group of neurons can contribute directly to conscious experience if it is part of a functional cluster, characterized by strong mutual interactions among a set of neural groups over a period of hundreds of milliseconds. (Edelman 2000:138). La hipótesis del núcleo dinámico evita entender la experiencia consciente en relación con grupos concretos de neuronas y remite, en última instancia, al problema de irreductibilidad de los qualia. Pero afirmar que algo es irreductible equivale a considerar que está almacenado en algún sitio, que tiene una entidad física23: parecería necesario pensar que los conceptos, en tanto que ideas o sustancias están almacenados en la memoria. También en este punto, visiones de los procesos neurofísicos como la de Edelman desmontan esta idea: en lugar de representaciones almacenadas, los conceptos se entienden como “rutinas cognitivas” (Edelman 2000:182-186). Una rutina cognitiva es más difusa que una representación, pero también más flexible, con lo que se convierte en un concepto desde el que solucionar el problema de la estabilidad desde el punto de vista de la lengua. Distintas maneras de decir las cosas (de hacer cosas con palabras) están en una relación más o menos directa con las rutinas cognitivas o afianzamiento (inglés entrenchment). El afianzamiento de las rutinas 23 Según Houdé et alii (2003), “el término técnico quale (plural, qualia) se utiliza convencionalmente para designar las características cualitativas de la experiencia consciente. Esta caracterización es vaga y no hay acuerdo general en las definiciones propuestas en la bibliografía”.
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 152 cognitivas es uno de los asuntos más delicados en la interacción entre los sistemas cognitivos y la lengua, ya que sitúa los estructurandos lingüísticos en relación con su activación en el grupo. Este problema es el que pretendemos resolver en el capítulo V haciendo uso de la distinción entre estructura poética y gramatical como elementos de la estabilidad en el marco de una comunidad lingüística. El concepto de rutina cognitiva explica en líneas generales tanto el afianzamiento de estructuras gramaticales con un sentido concreto como la relativa apertura y flexibilidad de los sistemas lingüísticos en lo que es admitido como estructura poética. En virtud de su entidad conceptual, muchos enunciados traducidos presentan un bajo nivel de afianzamiento. Ponemos un ejemplo anecdótico: en España, el título de la novela The boy in the Striped Pyjamas, de John Boyne, se tradujo como El niño con el pijama a rayas. El título español pareció, para nuestra sorpresa, no producir extrañeza a nadie, aunque, escuchando a diversas personas hablar del libro o del filme se refiriesen a él, probablemente de manera inconsciente, como al niño del pijama a rayas (es decir, utilizando la estructura más afianzada). ¿Por qué sucede esto? ¿Acaso estamos hablando de un error estilístico? Por supuesto que no. La estructura “el niño con” no se rechaza de frente porque es perfectamente gramatical en español, a pesar de su escasa frecuencia y de que guíe una estructura poética (una imagen) que el espectador no identifica con la imagen visual que está recibiendo en el filme. Lógicamente, la construcción del título no está motivada por la intención de presentar al protagonista con un pijama en la mano, y esta es precisamente la imagen que construye el título en español. La estructura que está automatizada en español para identificar a un elemento de un conjunto es, precisamente, “el+SUSTANTIVO+de”, que es lo que activan los lectores o espectadores cuando reproducen el título de la novela o la película. Pero esto es así en ausencia de la estructura gramatical a la que han tenido acceso y que no se corresponde con la estructura poética que es equivalente, en términos de imagen, al original, lo que nos dice que, si bien las dos estructuras gramaticales (“el niño con” y “el niño de”) guían estructuras imaginísticas diferentes, en el contexto concreto en que están situadas un hablante sin demasiada conciencia meta-lingüística no sentirá extrañeza. Encontramos aquí un nuevo problema de diferenciación entre lo que forma parte de un sistema lingüístico en sí como intenciones convencionalizadas y su activación o copia. Sin embargo, si entendemos la conducta lingüística expresamente como conducta podremos relativizar también este extremo. Como señala Duranti (2000:32), “Heidegger y
CAPÍTULO III. Las bases biológicas de la construcción del concepto de equivalencia 153 Bourdieu comparten la idea de que buena parte de la conducta humana se produce por medio de la capacidad de copiar, sin participación alguna de estados mentales (i.e. creencias, deseos, intenciones, etc.)”. Suponer que a los espectadores españoles un título como El niño con el pijama a rayas deba producirles extrañamiento presupone una capacidad metalingüística basada en la reflexión sobre la forma. Pero es distinto “copiar” la forma que activarla. El mismo problema afecta a la traducción, en la que un texto surge de mecanismos conscientes y meta-lingüísticos y de otros inconscientes. En todo caso, aquí nos estamos refiriendo aún no al problema situado de la equivalencia, sino a su mera posibilidad, que se sitúa no en los códigos en sí sino en la interacción entre estructura lingüística y activación. A ella se ha referido Talmy Givón (1989), llamando la atención sobre el hecho de que los mecanismos que llamamos lingüísticos (morfología y sintaxis) se activan como procesos automatizados que surgen de la interacción de aspectos ontogenéticos, históricos y filogenéticos. Givón (1989:402), siguiendo a Mayr en su concepto de “evolución guiada por el comportamiento”, entiende que los niveles de interacción de la lengua con la cultura pueden analizarse desde tres perspectivas: a) ONTOGÉNESIS: describe la flexibilidad del aprendizaje de los jóvenes miembros de la especie, dirigida al aprendizaje de nuevas condiciones de adaptación. b) HISTORIA: concibe la historia de la lengua como un proceso intermedio de selección. c) FILOGÉNESIS: la experimentación adaptativa de los individuos, transmitida a través del filtro de la historia sociocultural como “precedente de comportamiento” de la evolución en términos genéticos. El hecho de que una lengua no se pueda entender separada de su contexto cultural – entendido como “nicho biológico” en el sentido que le dan Sinha y Jensen de López (2000)– nos lleva a relacionar los conceptos con los contextos de situación en los que han evolucionado. En cada estado de su evolución, la lengua rentabiliza para usos comunicativos tres aspectos distintos del contexto: a) el contexto genérico, cultural; b) el deíctico o situacional; y c) el textual, del discurso compartido (Givón 1989:403). Cualquier definición de equivalencia no solo tiene que atender a la dinamicidad del núcleo conceptual, sino a estos tres aspectos de la representación de los conceptos. Esto no quiere
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 154 decir que renunciemos a reconocer que existe estabilidad, sino que quizás tengamos que relativizar aún más a qué nos referimos cuando señalamos que dos objetos pueden igualarse por su pertenencia a la misma categoría, por activar la misma intención o presentar la misma función. 3.2. LA PERCEPCIÓN DE LO MISMO: LA MENTE ANALÓGICA A día de hoy, sigue sin ser tarea fácil para psicólogos, neurocientíficos y estudiosos de la percepción definir cómo funciona el mecanismo o mecanismos mentales que nos permiten integrar en una misma categoría dos o más objetos, lo que implica decir que entre ellos existe una relación de igualdad. Por ejemplo, usar el plural de un sustantivo cualquiera, en un gran número de lenguas, equivale a incluir esos elementos dentro de una categoría, es decir, conceptualizarlos como iguales desde algún punto de vista. Sin embargo, esta distinción psicológica entre las cosas que son iguales y las que son diferentes está en la base de la mayor parte de los procesos psicológicos de selección y codificación, como podemos observar en el nivel lingüístico. Percibir la similitud presupone llevar a cabo generalizaciones en distintos niveles (léxico, gramatical, discursivo...). Hay muchas perspectivas para explicar qué incluimos dentro de una categoría y por qué lo hacemos. La lingüística a menudo ha pasado por alto los elementos obligatorios de un sistema en tanto que representaciones de distinciones conceptuales con implicaciones en las tendencias de los protocolos de pensar para hablar característica de cada lengua. La cuestión que sigue debatiéndose en ciencia cognitiva en general, pero sobre todo en psicología y en lingüística, es si la forma incide de manera significativa en la conceptualización. Si bien la mayoría adopta una posición de determinismo blando frente a esta cuestión (véase 4.3.), sí parece estar bastante claro que pocos defienden hoy que un hablante está atrapado por su visión gramatical del mundo, porque las categorías gramaticales son meta-analizables y superables, aunque, en rigor, hablar desde fuera de una visión del mundo equivale necesariamente a descontextualizarla y, por lo tanto, perder la posibilidad de explicarla (como reflexionaremos en 4.6.). De nuevo necesitamos una integración válida entre niveles de estudio: por un lado, parece claro que podemos relativizar las estructuras que hemos codificado colectivamente. Por otro, los análisis situados cada vez más detallados de construcciones en lingüística de corpus nos llevan a
CAPÍTULO IV. La codificación del significado: lingüística cognitiva y equivalencia 257 gramática tradicional, que el verbo do está léxicamente “vacío” o que no aporta sentido sólo porque tenga una función específica? (a) Do you like children? (b) They do not sound serious. (c) I did warn you. (d) Kittens like pizza, don’t they? (Langacker 1987: 28). Una vez más, intentar aplicar directamente estas intuiciones a la traductología no sólo no complica las cosas, sino que parece dispuesta a aclarar en qué consiste el problema de la invariancia. Si tuviéramos que traducir estos ejemplos al español, es claro que no usaríamos un mismo recurso para todos los significados del verbo. Sería difícil sostener que todos los significados del verbo to do son derivables del significado prototípico. Sería difícil sostener, también, que no aportan sentido a la imagen por ser obligatorios. Más bien, tendríamos que hablar, desde una perspectiva monolingüe y sincrónica, de polisemia. Desde una perspectiva diacrónica, hablaríamos de cambio conceptual basado en fenómenos de metáfora, metonimia o extensión. Desde la perspectiva que nos interesa aquí, la pregunta es cómo el mismo sentido aportado por estos mecanismos en inglés (o en una lengua cualquiera) puede recrearse con otros en español. Otro problema que surgirá en seguida, desde el punto de vista de la traducción, es si podemos hablar de estructuras equivalentes cuando las formas convencionales de una lengua obligan a elegir un tipo de estructura concreta, como sucede en el caso de la traducción de expresiones de lenguas eslavas (con tendencia a la nominalización) a latinas (con tendencia verbal) en ejemplos frecuentes como los ejemplos siguientes. (a) Jestem po studiach. (estoy tras estudios-GENITIVO-PL) (b) Soy Licenciado/ Terminé la carrera. Podemos hacer extensiva la misma pregunta a todos los aspectos de codificación lingüística, no sólo a lo que se refieren a la gramática. Claramente, la
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 258 elección de la estructura gramatical está más limitada que la elección léxica, pero, en realidad, las dos aparecen limitadas. Como traductólogos, al analizar la convencionalidad en la lengua nos preguntamos, como sugiere Elżbieta Tabakowska (1996:787), si las diferencias en las formas lingüísticas convencionales afectan a la manera en que construye una escena un autor y a la manera en que ésta es reconstruida por un traductor a otra. Independientemente de las complejas relaciones semánticas y de la propia complejidad intrínseca a cualquier punto de vista, las expresiones lingüísticas no contienen la conceptualización, sino que la guían, es decir, que por definición infra-especifican el significado al que se refieren. Otra pregunta es si el texto traducido está sujeto conceptualmente a los medios seleccionados por el autor en la lengua original. Desde esta perspectiva podría llegar a postularse que ningún texto es traducible. Un texto es la representación de conocimiento y de imágenes mentales, lo que justifica que, como representación material, cada texto es único. Una teoría cognitiva de la traducción deberá investigar, tal y como señala Tabakowska, cómo es posible crear imágenes equivalentes o análogas con los medios de otra lengua, es decir, adaptándose a otros modos (también convencionales) de codificar el punto de vista. Se trata de ver cómo pasan la prueba de la traducción las teorías que estudian la especificidad de la conceptualización lingüística en cada lengua (nos referimos a la perspectiva de Pensar para hablar de Dan Slobin (1990, 1996, 2003) a la que hicimos referencia en el capítulo III). La crítica a la que somete Ronald Langacker la definición de gramática pone de manifiesto que la manera de acometer estudios lingüísticos está sesgada por unos fundamentos conceptuales que hemos heredado sin cuestionarlos. El lingüista norteamericano se queja de que la mayoría de las teorías lingüísticas sólo se puedan formalizar dejando de lado muchos aspectos importantes de organización lingüística, precisamente por caer fuera de categorías pre-establecidas. Otro problema es la ausencia de definiciones adecuadas o unánimes para conceptos básicos. En su opinión (y seguimos refiriéndonos al volumen fundacional de 1987) los fundamentos conceptuales de la lingüística tenían que revisarse, para lo que señala, entre otros, el problema de la fragmentación artificial de diferentes niveles de estudio a la que hemos hecho referencia antes:
CAPÍTULO IV. La codificación del significado: lingüística cognitiva y equivalencia 259 Cognitive grammar claims (…) that lexicon, morphology, and syntax form a continuum of symbolic units serving to structure conceptual content for expressive purposes. It is incoherent in this view to speak of grammar in isolation from meaning, and the segmentation of grammatical structure into discrete components is rejected. It is hardly surprising that these two positions carry with them very different conceptions of the data to be accounted for, both quantitatively and qualitatively. (Langacker 1987: 35). La distinción léxico-gramatical, que se sustituye en LC por la diferenciación entre categorías abiertas y cerradas en las lenguas, es significativa en tanto que atendería a dos maneras diferentes de aportar significado50. Entre las categorías abiertas encontraríamos sustantivos, verbos y adjetivos, si bien Talmy (2000:21) también incluye aquí las “formas expresivas” o ideófonos que se encuentran en lenguas de Asia y África y los compuestos léxicos o collocations (para Langacker expresiones convencionales, de las que hablaremos en seguida). Entre las cerradas, preposiciones, artículos y conjunciones. Sin embargo, una distinción como la que existe entre significado literal y figurado no se puede eliminar sin complicar de manera innecesaria nuestro estudio e identificación de los problemas de interpretación del sentido. En lugar de invalidarla, debemos advertir que la entre sentido literal y figurado es conceptual, es decir, la aporta el interpretante a partir de complejos mecanismos de comprensión. Los lingüistas cognitivos consideran que ambos subsistemas tienen “distintas funciones semánticas, que son indispensables y complementarias” (Talmy 2000:21). Esta clasificación hace uso del concepto de “constreñimiento” (constraint), según el cual el significado de las formas gramaticales estaría más limitado que el de las formas léxicas. La función básica de las primeras sería estructurar la concepción, mientras que la de las formas léxicas, aportar contenido conceptual (Talmy 2000: 24)51. Otro aspecto muy importante que ha puesto de relevancia la lingüística cognitiva es el de las “expresiones convencionales”, que serían el resultado del afianzamiento de rutinas cognitivas. En su búsqueda de universales, la lingüística se olvidó en el siglo XX, salvo excepciones (Melchuk 1974) de estudiar la combinación 50 No en todas de manera explícita, ya que la categoría la hemos creado para nuestras lenguas: piénsese, por ejemplo, en la distición entre léxico y gramática en lengua de signos. 51 Esta especialización de cada uno de los sistemas no debe interpretarse como una nueva reificación de la metáfora forma-contenido: más bien, se trata de reconocer que cada uno de los sistemas está especializado en un aspecto de la construcción del sentido.
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 260 de elementos que se sitúan entre el nivel de la palabra y de la oración. Este aspecto es especialmente importante para los traductólogos. A falta de categorías lingüísticas con las que referirse a estas expresiones, los traductólogos explicaban la no adecuación de una expresión al contexto de la lengua meta con razones intuitivas. Por ejemplo, no hay razones de gramaticalidad para afirmar que el texto (b) es un mal ejemplo de traducción de (a). En otras palabras, ¿cómo podemos explicar, si no es intuitivamente, que la traducción del titular reflejada en (c) es más aceptable que la (b)? (a) PO ZAMACHACH W LONDYNIE. Pierwsze nazwiska ofiar. Trasatentados(GEN-pl) en Londres (PREP). Primeros nombres de-víctimas (GEN-pl) (b) DESPUÉS DE LOS ATENTADOS EN LONDRES. Los primeros nombres de las víctimas. (c) LONDRES TRAS LOS ATENTADOS. Se ofrecen los primeros nombres de víctimas. La versión de (b) constituye lo que suele denominarse traducción literal reproduciendo la metáfora del CANAL (palabra por palabra). Desde el punto de vista de la lingüística cognitiva, una traducción literal correspondería a la explicación de los elementos léxicos que dan acceso a una información conceptual, tal y como suele hacerse en las glosas. ¿En qué se diferencian, conceptualmente, las dos traducciones propuestas? En lo que se refiere a los elementos gramaticales obligatorios (convencionales) podemos resaltar algunos aspectos de las construcciones tal y como están afianzadas en ambas lenguas: a) la estructura polaca (atentados EN Londres) suele corresponder semánticamente a la relación que en español se expresa con la preposición de (atentados DE Londres); b) la preposición po (tras) va seguida de genitivo c) en polaco, la estructura SUST+GEN PLURAL (nazwiska ofiar [nombres devíctimas] no implica señalar si se trata de un referente al que se ha hecho mención anteriormente o no, mientras que en español, la construcción SUST+de+SUST obliga
CAPÍTULO IV. La codificación del significado: lingüística cognitiva y equivalencia 261 a elegir entre la presencia o ausencia de artículo. Así, en el ejemplo (c) aparece nombres de las víctimas y en el (b), nombres de víctimas. Si consideramos que el ejemplo (c) presenta al lector una mayor facilidad para acceder al significado del titular de prensa es porque presenta una estructura semántica que está más acorde con la conceptualización (y consiguiente codificación) convencional en español. Es decir, que los constreñimientos (o limitaciones, ‘constraints’) son comunicativos, configurados históricamente de distinta forma por medio del afianzamiento de estructuras. Una reflexión más allá de la gramática (que tenga en cuenta el estilo discursivo, las limitaciones impuestas por el tipo de texto, y los modelos culturales implicados en la construcción de significado) estaría acorde, así, con las características “emergentes” de nuestra memoria a las que hacen referencia los neurocientíficos y que los lingüistas empezaron hace ya más de dos décadas a incorporar a análisis contrastivos de sistemas gramaticales. Un modelo basado en el análisis del significado de la gramática señala aquellas estrategias de construcción de espacios mentales a partir de los medios disponibles en cada lengua. Sin embargo, una explicación holística de los elementos implicados en la construcción del sentido tiene que tener en cuenta otros niveles de análisis. (a) He querido aprovechar esta ocasión para darte las gracias y desearte muchas felicidades. (b) Chiałbym tobię dziękować. Me gustaría a-ti agradecer. (c ) Tobie pragnę dziękować, Boże mój i wielbić Ciebie! A-ti deseo agradecer, señor mío, y adorar a-ti. Para Langacker, expresiones como dar las gracias, cuyo inventario es enorme en cualquier lengua, constituían ejemplos de “la habilidad lingüística del hablante”, su sentido de la convención. Es precisamente por eso por lo que el manejo experto e intuitivo de este tipo de expresiones nos da una idea de la competencia del hablante de una lengua determinada (Langacker 1990: 263). De cara a nuestros propósitos,
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 262 añadiríamos que su transposición uno-a-uno puede producir extrañamiento en un texto traducido, y no porque se trate de elementos que no podrían aparecer en una lengua en un estadio concreto de su evolución, sino porque se trata de rutinas cognitivas que gozan de un grado alto de convencionalización en una lengua. Estas expresiones convencionalizadas (del tipo de ser responsable de, expresar interés por, dar los buenos días) no las trata ni la sintaxis (porque les interesan las reglas generales, y no los casos particulares) ni los estudios del léxico porque son mayores que las expresiones prototípicas (véase, por ejemplo, la problemática que implica definir conceptos de realidades bien establecidas en las lenguas, como las unidades fraseológicas, en Quiroga Munguía 2006). La motivación de estas unidades también podrá entenderse desde dos puntos de vista: desde el de los esquemas imaginísticos y desde el anclaje de puntos de vista sobre situaciones en términos metafóricos. Sin embargo, si integramos lo que sabemos sobre la categorización intentando concebir la lengua en tanto que mecanismo que nos permite “hacer cosas con palabras”, y si centramos, además, nuestro estudio en el uso, nos empezará a parecer cada vez más natural entender este tipo de expresiones convencionalizadas como etiquetas para acciones prototípicas, que tendrán un comportamiento, a su vez, en tanto que prototipos léxicos. Este es otro de los puntos en los que la interfaz representación lingüística-conocimiento del mundo merece ser explotado por la traductología. Los ejemplos en los que este tipo de expresiones están formados por diferentes imágenes en diferentes lenguas son la norma, y no la excepción, y están claramente motivados diacrónicamente. Por ejemplo, tomemos la expresión española “hacer la cama”. Su expresión equivalente en polaco, “zasłać, uścielic łóżko”, se construye literalmente como “cubrir la cama”. La cultura española ha lexicalizado un punto de vista que se refiere a esta acción como algo que hay que “hacer”, mientras que la polaca resalta la acción de cubrir. Podríamos decir que, señalando que las dos expresiones son equivalentes, estamos poniendo en relación las características prototípicas de las dos maneras de hacer algo. Lo que no quiere decir que sean exactamente iguales, ya que, en realidad, en los dos pueblos las camas tienden a vestirse de diferente manera, con ropa de cama que difiere en su forma, o que incluso se hace en diferentes momentos (las camas españolas están hechas todo el día, las polacas, se pueden hacer a la hora de acostarse). Esto, dicho así, parece una obviedad, pero realmente es una obviedad tan frecuentemente olvidada en la historia
CAPÍTULO IV. La codificación del significado: lingüística cognitiva y equivalencia 263 de la traductología que se hace necesario llamar la atención sobre que se trata no de aspectos de lengua, sino de la interacción lengua-cultura observables desde el punto de vista de la lengua. Pero volvamos a la pregunta anterior: ¿cómo analizamos estas unidades, desde el plano de la gramática (es decir, analizaremos por qué no se dice “hacer cama”, sino “hacer la cama”, o por qué en polaco se puede usar tanto en imperfectivo como en perfectivo) o desde el léxico (dando cuenta de los rasgos prototípicos de ambas acciones)? ¿Desde qué punto de vista analizamos la estabilidad entre estructuras que tienen diferente perfil?52 Esta es una cuestión emergente en traducción, ya que las estructuras convencionalizadas para situaciones o contextos similares pueden tener distinto perfil. Por ejemplo, podemos traducir el título de la entrada de un blog (a) con dos estructuras que tienen distinto perfil (b) y (c): (a) Dostałam pracę. ‘Obtuve (femenino) trabajo (acusativo)’ (b) Conseguí el trabajo. (c) Me dieron el trabajo/Me contrataron. Si cuestionamos que exista una frontera clara entre significado léxico y gramatical desaparecen ambos problemas, ya que la estructura en sí tiene una semántica que se puede describir con esquemas imaginísticos. Las dos expresiones se construyen de diferente manera porque, icónicamente, reflejan dos maneras distintas de referirse a una situación análoga. ¿Qué problema habrá, pues, para extender esta explicación al inventario de cosas que “hacemos” con palabras? Para la lingüística cognitiva, sin embargo, la gramática de una lengua representa el conocimiento de un hablante de la convención lingüística53, una gran parte del cual corresponde a su dominio de expresiones convencionales. No se puede decir que estas expresiones sean exclusivamente “una cuestión de uso”: la gramática de una lengua, incluso a un nivel descriptivo, difícilmente puede sistematizarse sin 52 Langacker (1990:491) define perfil como: “The entitiy designated by a semantic structure. It is a substructure within the base that is obligatorily accessed, functions as the focal point within the objective scene, and achieves a special degree of prominence (resulting in one level of figure/ground organization)”. 53 La definición de Langacker de gramática: Those aspects of cognitive organization in which resides a speaker’s grasp of established linguistic convention. The grammar of a language is a structured inventory of conventional linguistic units. (Langacker 1987:489).
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 264 atender a estas diferenciaciones semánticas. Entenderemos aquí la gramática en términos de poética, un término que integra, como venimos argumentando, la función y la forma de construir significados. La misma idea afecta al resto de las dicotomías que encontrábamos en la lingüística tradicional y en la semántica generativa, como, por ejemplo, a la distinción literal-figurado. Creemos que aquí está también justificado citar a Langacker in extenso: Linguists are particularly fond of positing sharp dichotomies. Sometimes the practive serves well initially, allowing the analyst differentiate a complex mass of data and fix attention on vertain variable features. It may even be descriptively appropiate. Not infrequently, though, it leads to the reification of working distinctions into disjoint categories, which are taken as “established” and accorded a theoretical status quite unjustified by the facts. Among the many distinctions commonly treated by investigators as rigid dichotomies are the following: synchrony vs. diachrony, competence vs. performance, grammar vs. lexicon, morphology vs. syntax, semantics vs. pragmatics, rule vs. analogy, grammatical vs. ungrammatical sentences, homonymy vs. polysemy, connotation vs. denotation, morphophonemic vs. phonological (or phonological vs. phonetic) rules, derivational vs. inflectional morphology, vagueness vs. ambiguity, and literal vs. figurative language. I regard all of these as false dichotomies […]. Strict adherence to them results in conceptual problems and the neglect of transitional examples. (Langacker 1987:18). Una gramática tiene que dar cuenta de fenómenos tan frecuentes como el paso de lo literal a lo figurado, entendiéndolas y explicando las tendencias de su formación, previendo el sentido del cambio conceptual que se da en los sistemas lingüísticos54. Si atendemos a la codificación del significado en las lenguas, tanto desde el punto de vista sincrónico como diacrónico, dejaremos de considerar que la distinción real-figurado constituya un problema para la descripción de sistemas lingüísticos, y empezaremos a considerar que, más que una dicotomía, estos conceptos señalan distintos estadios en un continuo. O, como recuerda Langacker, 54 Si bien no tenemos espacio para desarrollar este tema aquí, sería interesante estudiar qué entendemos por equivalencia en términos diacrónicos, entedida como la correspondencia que establecemos entre elementos de distintos estadios de una misma lengua. A este problema se refiere el poeta Stanisław Barańczak en los comentarios a sus traducciones de Shakespeare al polaco (Barańczak 2004).
CAPÍTULO IV. La codificación del significado: lingüística cognitiva y equivalencia 265 este tipo de fenómenos, por lo demás extremadamente comunes, deben verse en términos de tendencias lingüísticas. La lingüística cognitiva ha venido interesándose muy especialmente por la perspectiva diacrónica, en la que podemos encontrar multitud de ejemplos en los que los fenómenos de lexicalización. Desde una perspectiva diacrónica, el cambio lingüístico se manifiesta como un síntoma del cambio conceptual, que los lingüistas han denominado gramaticalización (Hopper y Traugott 1994). Desde una perspectiva conceptual, abstracciones como la metaforización se entienden como fenómenos semánticos (Langacker 1987:38). En definitiva, el programa de investigación señalado por Langacker apunta al estudio de la gramática como “hecho natural” (1987: 3), basado en tres principios: a) La estructura semántica no es universal, sino que es, hasta cierto punto, específica de cada lengua; b) la estructura semántica está basada en una imaginería convencional, y c) se organiza según las estructuras de conocimiento (prototipos, conocimiento ingenuo). Postular que la estructura semántica se apoya en nuestra estructura de conocimiento nos lleva a realizar análisis semánticos con referencia no a condiciones de verdad, sino a estructuras avaladas y significativas en el marco de una comunidad. Este principio no sólo se puede aplicar a la comunicación intralingüística, sino también a la interlingüística, ya que explicaría cómo el grado de conocimiento distribuido afecta a los procesos de comprensión textual. En el caso de la traducción interlingüística, obliga a situar el tertium comparationis fuera de la estructura semántica, lo que plantea problemas epistemológicos, pero también elimina otros muy importantes. Decimos que plantea problemas porque exige de la lingüística una interdisciplinariedad real, un interés por cómo se estructura el conocimiento del mundo en las comunidades. Pero elimina otros problemas, ya que relaciona representación lingüística y contenido, con lo que evita que hablemos de forma frente a contenido, una de las metáforas más poderosas en la conceptualización histórica de la equivalencia. Para Langacker (1987:2-3), estos continuos se presentan desde otro punto de vista:
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 266 a) La gramática y la sintaxis no constituyen niveles autónomos de representación formal. La gramática es de naturaleza simbólica y consiste en la convencionalización de la estructura semántica. b) No existe una distinción significativa entre la gramática y el léxico. El léxico, la morfología y la sintaxis constituyen un continuo de estructuras simbólicas que difieren en varios parámetros, pero pueden separarse sólo de manera arbitraria. Es este “continuo de estructuras simbólicas” representado por la lengua constituye la red que pretendemos analizar para la búsqueda de una base desde la que analizar la equivalencia en traducción, sin olvidar (precisamente porque el objeto de estudio de la traductología es la posibilidad de la equi-comunicación), la interfaz entre lingüística cognitiva y funcionalismo. Una teoría funcional-cognitiva se definiría como la creación de la posibilidad de explicar la relativa prototipicidad de cierto tipo de construcciones para usos concretos (Langacker 1987: 4). En este sentido, la gramática cognitiva puede concebirse como una aplicación de la teoría general de sistemas en el sentido de Laszlo (1972) (Langacker 1987: 5). A pesar de que estemos centrándonos en los aspectos simbólicos y conceptuales del lenguaje que interesan a la lingüística cognitiva, no podemos olvidar que una lengua es, sobre todo, un ente social y, como tal, un conjunto de convenciones. Por eso, una de las premisas de esta manera de hacer lingüística consiste en equiparar el significado lingüístico con su uso. Este aspecto del lenguaje será entendido como interno: It is perhaps the basic insight of Winch (1958) that we need criteria, whose use is governed by rules [=norms], to identify entities as same or different, and that as regards social entities, such criteria are internal to them. (Itkonen 1978:185, citado en Itkonen 2008:289). Esto quiere decir que cuando describimos cualquier aspecto de una lengua estamos objetivizando el conocimiento común o compartido por los hablantes de esta lengua, en virtud de su realidad ontológica, como describimos en 3.9.
CAPÍTULO IV. La codificación del significado: lingüística cognitiva y equivalencia 273 ¿Por qué es interesante esta división de cara a definir equivalencia? Ponemos un ejemplo de una lengua no tan lejana (tipológicamente) a la nuestra, el polaco: BACZNOŚĆ, BOLENIE, BREJKANIE, BURZENIE, CAŁOWANIE, CHCENIE, DELIKATNIENIE, DNIENIE, DZWONIENIE, GADANIE, GOLENIE, GOTOWANIE, KLAMANIE, KOCHANIE, KUPOWANIE, LEZENIE, ŁADNIENIE, MANIFESTOWANIE, MARNOWANIE, NEUROWANIE, NICOWANIE, NIEŚMIERTELNIENIE, OBIECYWANIE, PALENIE, PSTRYKANIE, RAJENIE, ROBIENIE, ROZMAWIANIE, SCIEMNIANIE, TLENIE, TOPIENIE, UMIERANIE, USUWANIE, UWODZENIE, WINIENIE, WRACANIE, WYCHODZENIE, ZABIJANIE, ZDRAZANIE, ZMIENIANIE, ZMYWANIE, ZLENIE, ŻEGNANIE. (Świetlicki 2001)56 No es necesario introducir glosas para que el lector pueda apreciar que todas las palabras de esta lista tienen algo que las identifica como pertenecientes a la misma categoría gramatical. Respecto a su pertenencia a dichas categorías, todas estas unidades tienen en común que son sustantivos formados a partir de verbos. Podríamos llegar, desde el nivel de la equivalencia, a dos observaciones iniciales: a) ¿en qué sentido es relevante para un traductor el hecho de que el sufijo OŚĆ, entendido como construcción, sea o no sinónimo de -ENIE/ANIE? b) ¿cómo “medir” la equivalencia de construcciones con una hipotética traducción al español? Si utilizamos el cuadro anterior, veremos que algunas de las categorías son distintas en algunos aspectos que no podemos “ver” o, si se quiere, “nombrar” desde la nomenclatura de la lingüística clásica: los sustantivos de la lista se han creado a partir de verbos aprovechando, y forzando la productividad de los morfemas que el polaco presenta. Algunos son convencionales (como zabijanie, ‘asesinato’; otros, creación del poeta, como brejkanie (neologismo, del inglés break: ‘rotura’, ‘rompimiento’). Es decir, que para traducir esta lista de sustantivos (títulos de los poemas del tomo Abierto hasta nueva orden, de Świetlicki) la principal decisión del traductor al español sería elegir la construcción o construcciones que pueden permitirle crear estructuras formalmente análogas, es decir, que tengan similares affordances en los términos que establece Croft. Para traducir estos sustantivos, el 56 Siguiendo la convención de Croft, destacamos en negrita las partes que se pretenden comparar para estudiar si se refieren a la misma construcción.
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 274 traductor podrá forzar, al igual que el autor, las construcciones españolas: es un ejemplo de que las estructuras nos permiten crear nuevas realidades semánticas violando el afianzamiento cognitivo si el contexto lo requiere (es lo que habrían tratado de hacer los deconstruccionistas). Lo mismo sucede en la traducción de la terminología de la lingüística cognitiva, originariamente en inglés, al español, con el concepto de construal: mientras en español sólo podemos tener un sustantivo estático, construcción el polaco ofrece posibilidades más afianzadas y naturales: konstruowanie y konstrukcja (Tabakowska 2001: 33). El primer término conforma una estructura imaginística de proceso; el segundo, de estado. Un traductólogo podría argumentar que este tipo de definición semántica no aporta nada en la definición intercultural de significado, pues las correspondencias no se establecen uno a uno, y mucho menos en el nivel morfológico. Sin embargo, como concluiremos en el capítulo V, nos interesa una visión del significado que atienda a sus aspectos imaginísticos, y para ello se necesita tener en cuenta aspectos que se encuentran a este nivel de detalle. Lo que no es relevante sólo en textos literarios: como veremos fácilmente por los ejemplos de Verhagen en el siguiente epígrafe, las construcciones guían aspectos modales de la comunicación, como la intersubjetividad, hacia el nivel discursivo. Por otro lado, la comparación por medio de estudios de corpora de textos que sean el resultado de distintas direcciones de traducción pueden ayudarnos a comprender cómo influyen en los textos traducidos las características conceptuales codificadas de las lenguas (como apuntaban los resultados de Jantunen 2004, véase 1.6.2.). 4.2.5.1. Construcciones e intersubjetividad La noción de construal o construcción ha estado ligada al concepto de subjetividad, sobre todo en los trabajos de Traugott y Langacker sobre los tipos de construcción que imponen la estructura sobre el objeto de la conceptualización (Verhagen 2005:6). La intersubjetividad se define como el estudio de los mecanismos lingüísticos que reflejan la capacidad específicamente humana de ponerse en el lugar de otro agente o individuo: es decir, sería la representación en las construcciones, guiadas por el uso, del hecho de que la lengua refleje estados intersubjetivos, como exploramos en el Capítulo III respecto al nivel conceptual. Más
CAPÍTULO IV. La codificación del significado: lingüística cognitiva y equivalencia 275 específicamente, Verhagen (2008:307) la define como la comprensión mutua de contenido conceptual por parte de sujetos. En su opinión, el carácter convencional de los símbolos humanos, la relación entre lo observable y lo no observable (forma y función) se da gracias a que existe una intersubjetividad. En este sentido, las convenciones serían convenciones mutuas de resolución de problemas de coordinación. El concepto de intersubjetividad nos permite no olvidar que, en el uso lingüístico, el único aspecto saliente para la comunicación no es que los elementos lingüísticos señalen el mismo objeto o que lo hagan con los mismos medios. Todos los enunciados lingüísticos tienen una base (o ground, para Langacker) que está conformada por el conocimiento que comparten los dos conceptualizadores. Arie Verhagen, en su trabajo Constructions of Intersubjectivity llama la atención sobre el poco espacio que se le ha dedicado al tema de la intersubjetividad en lingüística cognitiva, y señala los problemas de considerar que al interpretar sólo activamos lo que está codificado en la lengua: Even in the absence of an actual speaker, an addressee (for example, the reader of an ancient text) always takes a linguistic utterance as having been intentionally produced as an instrument of communication by another being with the same basic cognitive capacities as the addressee; otherwise it would not be justified to call the material being interpreted a ‘linguistic utterance’ (Verhagen 2005: 7). En el nivel de las construcciones podemos analizar expresiones equivalentes desde el punto de vista de las condiciones de verdad y explicar la interrelación entre estructura o construcción elegida y la intersubjetividad que la motivó. Verhagen (2005:10) cita un ejemplo significativo: en el año 2001, al comentar los presupuestos generales daneses, los funcionarios no presentaron el superávit económico del país como un ‘superávit’, sino como un ‘déficit negativo’. Lógicamente, había razones para ello: la implicatura (que entenderemos, con Bruner (1990), como “desviación de la norma que produce búsquedas adicionales de sentido”) era que había, era cierto, más dinero que nunca, pero también más razones para controlar el gasto. El comentario de Verhagen sugiere que este es un caso en el que lo que se mantiene estable o constante es “el valor argumentativo del signo”, es decir, su “potencial de maniobra” (Verhagen 2005:11).
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 276 Verhagen sugiere, así, que el valor constante de los términos depende de su orientación argumentativa, es decir, de su potencial para activar la escala de medida que le interesa presentar al emisor en un contexto dado. Nos parece que el concepto de intersubjetividad tiene dos funciones importantes en los procesos lingüísticos y comunicativos que nos interesan aquí: por un lado, los mecanismos de intersubjetividad nos dan una idea de cómo se ha configurado un sentido en la lengua a partir de la deriva histórica en forma de “maneras de hacer las cosas” motivadas pragmáticamente. Por otro, integra en un análisis lingüístico las razones por las que no es trivial el hecho de tener un conceptualizador, ni los fines u objetivos generales con los que ponemos en funcionamiento no sólo las construcciones que hemos heredado, sino su potencial argumentativo. Como sugiere Verhagen, el significado lingüístico debe de estar relacionado de manera directa con el nivel del Ground (en términos de la gramática de Langacker 1987), es decir, una parte del conocimiento lingüístico consiste en saber cómo se activa una expresión concreta en el contexto de la intersubjetividad. La intersubjetividad, sin embargo, no es una parte indisociable del significado lingüístico: dos elementos pueden tener distintas funciones como consecuencia de que uno haga referencia a la intersubjetividad y el otro no. Además de que debemos ser conscientes de que sí es posible señalar realidades en el discurso que no estén marcadas implícitamente por nociones intersubjetivas como la de causa, aunque estas “maneras de hablar” exigen esfuerzos conscientes, como es el caso de tipos especiales de texto como el discurso científico o, en ciertos aspectos, la novela experimental, en la que es importante mantener estable la relación de intersubjetividad guiada por las estructuras. En la obra citada, Verhagen tiene en cuenta la posibilidad de utilizar el concepto de intersubjetividad en una perspectiva intercultural de la siguiente manera: [...] it is always an open question whether some element or construction has a specific conventional function in the dimension of intersubjectivity or not. Consider the situation of wanting to determine the extent to which elements in different languages are similar in meaning. When the hypothetical meanings include some component of contrast or negation (coordinating opposite epistemic instances) there may still be differences, but the involvement of the level of intersubjectivity will necessarily be a point of similarity. In other cases, however, an element in one language may precisely have the distinct
CAPÍTULO IV. La codificación del significado: lingüística cognitiva y equivalencia 277 function of invoking intersubjectivity while an apparent corresponding element in another need not [...](Verhagen 2005: 211). Así, por ejemplo, el análisis de la intersubjetividad en el discurso que hace Verhagen le lleva a describir cómo una estructura con un conector causal en holandés (want) impone una limitaciones específicas respecto a la interpretación de la relación de coordinación, mientras que su “equivalente” inglés (because) no lo hace. Este es el tipo de limitaciones (constraints) guiadas por las configuraciones específicas léxico-gramaticales en distintos contextos que se corresponden con el nivel local de análisis intercultural de sentidos que describiremos en el capítulo V. 4.2.6. Gramática y universales de traducción Quizás no podamos llegar a desarrollar nunca herramientas lo suficientemente amplias como para describir la equivalencia en todas sus formas y al mismo tiempo lo suficientemente concretas como para que nos digan algo relevante científicamente sobre la relación entre elementos del texto original y del texto meta. Sin embargo, el concepto de equivalente traductológico debería ser más sencillo de definir como categoría intuitiva, lo que se reflejaría en que hubiera estrategias que se repitieran en todas las situaciones de traducción. A partir de esta lógica surge la investigación sobre los universales de traducción. ¿Existen universales de traducción? Como habíamos visto en el apartado dedicado a la equivalencia en enfoques cognitivistas (véase 1.5), una de las líneas de investigación que adquiere relevancia en varias universidades escandinavas (Tampere y Joensuu-Savonlinna, en Finlandia, sobre todo) se ha centrado en plantearse una definición de los universales de traducción basados en enfoques empíricos siguiendo la estela señalada por Gideon Toury con las “normas de traducción”. Definimos “universales de traducción” como las operaciones conceptuales y cognitivas que se realizan siempre, en cualquier acto de traducción, independientemente de las lenguas implicadas. Los universales de traducción se entienden, pues, como tendencias observables en los textos traducidos con respecto a los originales, señalados por Baker (1993) (véase definición en 1. 5.). Dado que los universales de traducción no atañen a lo puramente lingüístico, deberíamos describirlo en tanto que operaciones conceptuales. Así, podría seguir
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 278 dándose una oposición entre operaciones lingüísticas y conceptuales (de sentido, de transformación). Desde las perspectivas de estudio de la lengua que estamos perfilando aquí, los universales de traducción pueden considerarse un problema tan lingüístico como los universales lingüísticos que ocupan (y preocupan) a los tipólogos, y que se están intentando resolver desde distintas perspectivas, algunas de las cuales están plasmadas en este trabajo (la gramática y lexicosemántica cognitivas o las metáforas etnolingüísticas sobre la construcción de sentido). El creciente interés por definir e investigar sobre los universales de traducción lleva de nuevo a la traductología no a terrenos equivalencistas de nivel lingüístico, sino que, como propone el giro cognitivo, se interesa por los procesos, si bien investiga los resultados en forma de textos. Una de las preguntas fundamentales que se proponen responder es, por ejemplo, en qué se diferencia un texto original de uno traducido. Es decir, ¿cuál es la constante que nos lleva a considerar que un texto es una traducción de otro? ¿Cuáles son las operaciones cognitivas que definen la estabilidad del concepto de traducción? ¿En qué se diferencia, conceptualmente, un texto traducido de un original? Nos parece que la investigación está yendo por un camino desde el que podrá responder a estas preguntas, dados sus presupuestos: The value of universals in deepening our understanding of translation lies in developing theory and accumulating evidence from all the three main domains that are relevant to universals: cognitive, social and linguistic. (Mauranen y Kaujamäki, 2004: 2). Los conceptos más rentabilizados son los de redes esquemáticas, saliencia cognitiva y asimetría (Halverson 2003:198), que proceden de los estudios de bilingüismo.
CAPÍTULO IV. La codificación del significado: lingüística cognitiva y equivalencia 279 Halverson 2003 Como también advierte Halverson, no podemos reducir el problema de la equivalencia al nivel léxico, ya que el significado de cada unidad lingüística emerge en distintos contextos de maneras adecuadas al nicho o contexto análogo. La tarea de traducir una palabra se puede entender de la siguiente manera: Translation again involves the tracing of links (spreading activation) from the lexical representation of a word in one language to that of this word in the second language via conceptual memory, but now the links to be traced are those connecting the lexical nodes with the individual meaning elements of the conceptual representation. (de Groot 1992a: 392. Citado en Halverson 2003:212). Los traductólogos que están interesados en los efectos de este tipo de representación semántica en la traducción tendrán, pues, mucho que decir sobre la perspectiva situada de la equivalencia que estamos buscando, señalando cómo resultados fenoménicos de la poiesis de la traducción que estamos buscando pueda ser al mismo tiempo estable (en lo que se refiere a los procesos) y dinámica en lo que atañe a lo situado en cada contexto. La búsqueda de universales de traducción puede situarse, así, en las ciencias cognitivas al compartir su interés por las tendencias de los autores de textos traducidos entendidos como “lenguaje en uso”.
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 280 ¿Cómo rentabilizar, por otra parte, esta metodología para la gramática de la traducción que nos interesa definir? En primer lugar, pueden compararse las operaciones cognitivas que realizamos en una lengua con las que se estudian para la relación original-traducción, como explicitación, desambiguación y simplificación, además de la tendencia a evitar las repeticiones. En segundo lugar, los resultados de este tipo de investigaciones con corpus (frecuencia léxica, “interferencias”) pueden trazar las líneas para intuir una metodología de estudio en la que se utilicen herramientas psicolingüísticas interesadas en los procesos de traducción, inaugurando una nueva metodología que llamaríamos “Pensar para traducir” (siguiendo a Slobin con sus protocolos de “Pensar para Hablar”). 4.3. LA EQUIVALENCIA Y EL SIGNIFICADO LÉXICO ¿QUÉ ES UN CONCEPTO? ¿CÓMO SE REPRESENTA? Para las ciencias cognitivas, la definición de “concepto” es una de las bases de la propia reflexión sobre qué es una lengua. La Enciclopedia MIT de ciencias cognitivas lo define de la siguiente manera: The elements from which propositional thought is constructed, thus providing a means of understanding the world, concepts are used to interpret our current experience by classifying it as being of a particular kind, and hence relating it to prior knowledge. (Wilson y Keil 1999: 162, cursiva nuestra). Esta definición relaciona directamente el concepto con la experiencia, aunque es conveniente distinguir que existen tres tradiciones diferentes de estudio de los conceptos: la relacionada con el desarrollo, asociada a Piaget (1967), una segunda que procede de la psicología conductista y la relaciona con la categorización, y una tercera que quiere aplicar a la psicología los métodos de la semántica léxica. Como vimos en el capítulo III, en virtud de la “teoría del núcleo dinámico”, un concepto se entiende como un conjunto de enacciones. Si estamos de acuerdo con esta hipótesis e intentamos aplicar a la lingüística lo que implica con todas sus consecuencias, no tendremos más remedio que redefinir la relación entre concepto y expresión lingüística (entendida como unidad simbólica). Al hablar de una posible equivalencia conceptual tendremos, pues, que repensar todo el continuo de
CAPÍTULO IV. La codificación del significado: lingüística cognitiva y equivalencia 281 elementos que englobaría, desde la lengua a la percepción o siguiendo el camino contrario, de la percepción a la lengua. A lo largo de la historia de la filosofía, las posiciones respecto a esta cuestión han sido complejas, pero, en líneas generales, pueden resumirse en unas cuantas preguntas. Los conceptos, ¿son innatos, o se elaboran según nuestra experiencia? Las categorías, ¿responden a fenómenos naturales, o están elaborados por la cultura? ¿Son fenómenos psicológicos, del tipo de las imágenes mentales, o lógicos y de tipo proposicional? Una lectura ya clásica sobre la naturaleza de los conceptos es la de Lakoff (1987), en la que el lingüista resume las aportaciones a la teoría de los prototipos de Eleanor Rosch (1975). Consideramos que las teorías de Rosch y sus consecuencias para una teoría de la categorización (límites difusos, centralidad, prototipicidad) son lo suficientemente conocidas y no hace falta reproducirlas aquí. Sí es importante resaltar la idea, quizás aún polémica para los psicólogos, de que “un concepto es un principio de categorización” (Taylor 2002:43). Los filósofos que desacreditan o desconfían del proyecto de investigación de la lingüística cognitiva lo hacen precisamente por este motivo: consideran, que no es compatible una visión “holística” del significado con su explicación en términos neuronales (véase, por ejemplo, la crítica de Andrzej Pawelec 2005). Sin embargo, la hipótesis simbólica precisa ciertas cualidades de los conceptos, como que estos no son “objetos en la mente”, sino propiedades emergentes de redes. De esta manera, el significado de una palabra puede equipararse con su uso, y no buscando un isomorfismo entre una palabra y un concepto. Este punto de vista es similar a la manera en que define el isomorfismo Talmy Givón, para quien la forma está compuesta por elementos estáticos y dinámicos. Así, el isomorfismo no constituye ni explicación ni motivación de la codificación icónica, sino que se entiende como parte de su definición57. Si enfocamos la cuestión tal y como lo hace Ronald Langacker, tendremos que centrarnos en los procesos, es decir, en la conceptualización como tal. ¿Qué 57 “Isomorphism is thus neither an explanation of nor motivation for iconic coding, but simply part of its definition.” (Givón 1989: 96).
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 282 consecuencias tiene entender, con Taylor, que “un concepto es un principio de categorización”? (Taylor 2002: 43). La cuestión de las categorías es otro de los aspectos en los que la lingüística cognitiva entiende que sólo podemos llegar a conocer “tendencias”, y no estabilidad. Al considerar que la pertenencia a una categoría no se define por “condiciones necesarias y suficientes”, sino por medio de su distancia de la categoría central, (Rosch 1975, 1978; Hawkins 1984; Lakoff 1982) han intentado buscar modelos más realistas (cognitivamente) de cómo se activa el conocimiento en uso. 4.3.1. Modelos de categorización: consecuencias de asumir el modelo de prototipos Como admite Langacker, explicar en qué consiste el significado gramatical exclusivamente desde una teoría de los prototipos conlleva problemas que están relacionados, precisamente, con la invariancia. ¿Qué pasa cuando un significado metafórico “niega” partes que se consideran centrales de un prototipo? O, ¿qué sucede cuando el esquema es demasiado concreto? Veamos otro ejemplo de Langacker: el significado del sustantivo arena, en inglés, como una extensión del concepto ‘ring’. Si entendemos que el concepto de ‘arena’, en inglés, está relacionado, precisamente, con el de CIRCULARIDAD por medio de las relaciones de extensión metafórica representadas en el esquema, tendremos que admitir que en el significado de ‘arena’ como espacio rectangular las características prototípicas del centro de la categoría ‘circular object’ se han perdido (Langacker 1990: 1558). Necesitamos, en palabras de Langacker, “other kinds of baseness”, es decir, otras estrategias para entender hasta qué punto los conceptos pueden o no entenderse como entes estables, y parámetros para definir los primitivos semánticos de esta estabilidad. En realidad, el hecho de que “casi todo en la lengua sea cuestión de grados” (1990:14) no es más que una consecuencia, observable desde el nivel de la codificación, de que las lenguas sean sistemas abiertos en perpetuo cambio. Langacker intenta resolver este problema postulando que existen dos tipos de procesos conceptuales en la construcción del sentido: el prototipo y los ejemplos de 58 Este ejemplo, que aparece en el “Foundations of Cognitive Grammar” para ilustrar el problema del “discreteness”, lo utiliza también Langacker para el problema de la invariancia.
CAPÍTULO IV. La codificación del significado: lingüística cognitiva y equivalencia 289 • Los mecanismos conceptuales distribuidos colectivamente están en relación constante con la lengua, reflejando los mecanismos de construcción de sentido históricos configurados por la interacción entre lengua-cultura (la “visión lingüística del mundo”)60. La literatura sobre los modelos de estructuración metafórica que presentan distintas lenguas y culturas es ya inmensa y ha producido gran cantidad de conocimiento sobre los principios metafóricos de construcción de sentido. Podría esperarse que una descripción así, centrada por lo general en lo transcultural, proporcionara una perspectiva realmente científica y contrastada de lo que significa la construcción de elementos equivalentes. Y en cierto modo ha sido así, pero con muchos matices. Por motivos que seguramente tienen más que ver con la organización de la cultura científica que con la de nuestra arquitectura conceptual, la investigación contrastiva de las representaciones lingüísticas de las metáforas conceptuales ha venido marcada por dos características señalables: por un lado, la búsqueda tuvo desde el principio como modelo las estructuras metafóricas y metonímicas de una lengua modelo, el inglés (como denunciaba Bernárdez en 2005). Por otra, en seguida empezó a pensarse en la existencia de mecanismos metafóricos universales cuyas manifestaciones lingüísticas debían encontrarse en las lenguas, lo que reifica en el nivel lingüístico una nueva dicotomía entre lo pre-lingüístico y lo lingüístico (contenido/representación o forma/contenido). En seguida surgen dos problemas relacionados con la equivalencia: por un lado, hablar de un “inconsciente cognitivo” reproducía, en otros términos, la tan criticada división competenciaactuación y estructura superficial-estructura profunda. Por otro, la búsqueda de universales se trasladó al plano de lo biológicamente corporeizado, por lo que, por ejemplo, se exageró la universalidad de las metáforas con una motivación fisiológica. Algunos de estos problemas se han ido resolviendo a lo largo de estas décadas, y en la mayoría de los casos, redefiniendo la relación entre cultura y corporeización o embodiment61. Para decirlo de otra manera, la teoría cognitiva de la metáfora parecía tan explicativa que era difícil resistirse a utilizarla para generalizar algunos aspectos de los principios que estructuran la representación del conocimiento en las lenguas. 60 Concepto que usamos aquí de manera laxa, relacionándolo con la Weltanschaung humboldtiana o cosmovisión. Lo definimos en el marco de la etnolingüística en 4.6.2. 61 Para una definición de este término y de su problemática, véase en 3.3.
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 290 Sin embargo, desde la perspectiva actual es bastante obvio que se cometió el mismo error que se intentaba evitar: convertir la descripción de principios psicológicos en la descripción de los mecanismos que median entre las lenguas y su conceptualización del mundo. Desde muy pronto, la teoría cognitiva de la metáfora empezó a asociar la estructura lingüística con estructuras imaginísticas que simplificaban el estudio de la estabilidad y sistematicidad de las metáforas, pero olvidando su situacionalidad histórica y cultural. Por ejemplo, Zoltán Kövecses formuló una teoría sistémica de la relación entre la experiencia corporal y las metáforas que se refieren a emociones (1989). Una de sus hipótesis era que la metáfora EL ENFADO ES EL CALOR DE UN LÍQUIDO EN UN CONTENEDOR tenía una base fisiológica, basada en el conocido argumento de la conflación experiencial (en este ejemplo: cuando un sujeto se enfada, experimenta calor corporal). Dirk Geeraerts y Stefan Grondelaers (1995) se plantearon otra estrategia para explicar este fenómeno de conceptualización cultural, buceando en el conocimiento folk en el que se basa históricamente esta conceptualización, es decir, en la teoría de los humores corporales. La conclusión de los lingüistas holandeses fue que los análisis de la motivación de las metáforas culturales sobre las que se construye el conocimiento del mundo reflejado en las distintas lenguas (modelos culturales) tenían que tener en cuenta la dimensión diacrónica. Geeraerts y Grondelaers concluyeron aportando una perspectiva antropológica, histórica y situada de los modelos metafóricos en tanto que modelos culturales: If cognitive models are cultural models, thay are also cultural institutions, and as such, they carry their history along with them: their institutional nature implies their historical continuity. It is only by investigationg their historical origins and their gradual transformation that their contemporary form can be properly understood. (Geeraerts and Grondelaers 1995: 177). Casi quince años después de este artículo, no debería sorprendernos que los desarrollos del estudio de la metáfora cognitiva hayan ganado en complejidad y situacionalidad, reproduciendo los estadios de investigación como niveles de estudio que veíamos en el caso de la equivalencia en el capítulo I.
CAPÍTULO IV. La codificación del significado: lingüística cognitiva y equivalencia 291 Niveles de análisis Nivel epistemológico Trabajos representativos basados en la Teoría Cognitiva de la Metáfora La metáfora como unidad Lengua-inconsciente Análisis y reconocimiento de metáforas (Lakoff y Johnson 1980) Los patrones metafóricos y la comparación intercultural Lenguas-modelos de conceptualización Sistematización de patrones universales (Kövecses 1989) Interés por procesos psicológicos Maneras preferidas de expresión (Thinking for Speaking) Procesos Pensamiento-LenguaCultura Estudios de Pensar para Hablar basados en conceptos con estructura metafórica (Boroditsky 2001) Nivel del uso: metáforas emergentes Conocimiento socio-situado Redes emergentes Distribución social del conocimiento Corpora (Deignan 2004) Metáforas discursivas (Zinken et alii 2008) Tabla 11. Desarrollos de la teoría cognitiva de la metáfora Como advierte el antropólogo Michael Kimmel (2008), demasiado a menudo nos olvidamos de que no estamos estudiando la cultura, sino “las culturas”. A juzgar por la problemática de la metodología contrastiva en el estudio de la metáfora, parece ser que, antes que definir los mecanismos “inconscientes” de organizar la experiencia, la lingüística tiene que seguir planteándose el estudio de la metáfora teniendo en cuenta una perspectiva tipológica62. Con cada nuevo nivel de estudio, los acercamientos cognitivos a la metáfora cognitiva van afinando lo que puede rentabilizarse en estudios traductológicos contrastivos que nos pueda dar datos sobre la organización de la experiencia. Lo interesante, para lingüistas y epistemólogos, no es ya señalar los universales de cómo las lenguas suponen una vía de acceso a nuestros modelos de estabilización de sentidos. Una vez comprendido el alcance conceptual de lo que se había considerado en el pensamiento occidental un tropo, el centro de interés pasa a estar en comparar para qué surgen y cómo nos ayudan (o no) a entendernos las metáforas a distintos niveles de abstracción y de lexicalización. Para seguir con la visualización de Croft, podemos ver la metáfora como estabilizadores de acciones, como “límites de la variación”: [w]hat does a particular metaphor express, and how, there is [...] another question that needs to be asked: How felicitous is a particular metaphor in a particular context (e.g., 62 Véase Ibarretxe-Artuñano (2008) para una descripción de idea de cultura y la problemática de considerar que las metáforas son universales. El ejemplo analizado es el de la metáfora conceptual ENTENDER ES VER.
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 292 solving a problem, obtaining consensus, elucidating a difficult subject matter, and so on)? (Mey 2001: 62. Citado en Zlatev 2005:366). Las últimas aplicaciones de la teoría cognitiva de la metáfora, sobre todo los que se interesan por las metáforas en el discurso (Nerlich 2004; Fabiszak 2007; Zinken 2008), tienen mayor poder explicativo para modelizar la cuestión de la equivalencia porque presentan ejemplos situados (en el sentido al que nos hemos referido en el capítulo III) y analizan su uso en la línea que señalaba Mey. ¿Por qué la descripción de usos metafóricos de las expresiones lingüísticas reales en contextos reales? Como señala Mey en otro lugar (2006) las metáforas no tienen sentido si se extraen de su contexto. De cara a la definición de la equivalencia en traducción nos parecen especialmente interesantes dos aspectos: a) la correlación entre las metáforas discursivas como formas de actividad lingüística y la cultura (por ejemplo, el interesante análisis de Nerlich 2004 de cómo una metáfora discursiva concreta, la del “cruce del Rubicón”, sirvió para estructurar la opinión en una sociedad y no en otra) sitúan el problema de decir “lo mismo” en una perspectiva situada en el sentido que vislumbraba Hanna Risku para la traductología cognitiva (Risku 2002); b) el estudio de la metáfora, sistematizado en el nivel del discurso, tiene consecuencias en distintos niveles de la organización textual, representando, a su vez, una perspectiva sobre distintos niveles de afianzamiento que son estudiables en distintas culturas, desde la metáfora como motivación de los signos lingüísticos a la función de las metáforas discursivas en la estructuración del pensamiento situado. Los diferentes estudios interculturales que han tenido como objeto la metáfora conceptual alguna idea de comparación entre aspectos situados de la cultura tienen implícito el problema de la equivalencia. Una perspectiva intercultural de estudio de la metáfora puede ayudar a clarificar la cuestión de la equivalencia a distintos niveles de complejidad: • La relación entre el Pensar para hablar y la lengua: el caso del tiempo y el espacio en los hablantes de chino (Boroditsky 2001). La hipótesis de partida de Boroditsky en 2001 era comprobar si la existencia de metáforas conceptuales para expresar el tiempo en chino afectaba la conceptualización del espacio al pensar para otra lengua, como el inglés.
CAPÍTULO IV. La codificación del significado: lingüística cognitiva y equivalencia 293 • La manera en la que la visión naïve del mundo está codificada en las metáforas rusas e inglesas sobre emoción que tienen en común la conflación experiencial (Valentina Apresjan 1997). • La función social de metáforas análogas: cómo la misma idea se vio transmitida y distribuida socialmente por la misma metáfora con significado político de distinto signo: L’estaca (Llach) frente a Mury (Kaczmarski) (Gregori i Gomis 2007). La equivalencia supone un punto de inflexión para cualquier estudio interlingüístico e intercultural de la interacción entre metáforas conceptuales y lingüísticas, ya que la dimensión histórica y situada de los elementos guiados lingüísticamente hace que sea muy difícil concretar la distribución de los modelos metafóricos, siquiera de los más abstractos, como universales. Definir un tertium comparationis para el estudio contrastivo de la metáfora supone estudiar, por un lado, la historia del afianzamiento de las estructuras, y, por otro, de los modelos culturales como conocimiento del mundo. Esta es una de las conclusiones a las que llega Christina Schäffner al analizar desde la perspectiva de la metáfora conceptual ejemplos de traducción del discurso político: Shifts, specifications, or differences identifed in a TT [target text], when compared retrospectively to its ST [source text], can only rarely, if at all, be characterized as translation errors. Of much more interest is the fact that translations can make differences in conceptual metaphors, and/or metaphorical expressions explicit, and that they may indeed trigger controversial debates in intercultural communication [...]. Once a metaphor has been brought into international (political) discussion, it can undergo changes when transferred from one language and culture into another. The analysis of texts with respect to metaphors and metaphorical reasoning processes in different languages can, thus, reveal possible cultural differences in conceptual structures. (Shäffner 2004: 1267) Nos parece que, además de estudiar correspondencias situadas, la teoría conceptual de la metáfora tiene otra aplicación importante a la traductología como estructuradora de la experiencia lingüística: guiándonos por los estudios contrastivos podemos situar la estabilidad desde niveles morfológicos (la dimensión imaginística de las categorías obligatorias y de las metáforas de los construals) hasta el de la
HACIA UNA POÉTICA GRAMATICAL DE LA TRADUCCIÓN 294 dimensión histórica y situada del sentido. En otras palabras, constituye otra dimensión de estudio de las estructuras post-miméticas. 4.3.3. Una perspectiva holística del significado Los problemas de una teoría semántica de la lengua no han sido señalados, lógicamente, tan sólo por Langacker y por la “escuela lakoffiana” de estudios semánticos. El paso de una tradición que entendía el significado de una manera referencial a otro que lo entiende por medio de relaciones no es menos polémico por haber sido anunciado por la filosofía del lenguaje del siglo XX. Sin embargo, Langacker insistía, en 1990, en el carácter especulativo del enfoque de la Gramática Cognitiva. Y es que, ¿cómo podemos saber si nuestros modelos gramaticales están en consonancia con los complejos procesos de conceptualización? Afirma Langacker: Since I claim no privileged access to the operation of human mind, there is obviously a substantial (some may say intolerable) element of speculation in any such proposals (concerning the specifics of cognitive activity). Still, a cognitively grounded linguistic analysis must at some point receive a serious cognitive interpretation. (Langacker 1990:6) En este sentido, la teoría gramatical propuesta por Langacker es más cauta acerca del “compromiso cognitivo” que lo que lo fue Lakoff (1987) al enunciar la teoría cognitiva de la metáfora. Como se ha visto en la última década, la pretensión de Lakoff de que al estudiar las metáforas conceptuales teníamos acceso a la organización de la experiencia es demasiado problemático. Como sugieren los estudiosos de la conceptualización cultural (Sharifian 2003, 2007, 2008), o como apuntan estudios discursivos sobre metáfora conceptual (Cameron 2007), a lo que tenemos acceso por medio de los distintos modos de estudio de es a “formas culturales” de organizar el discurso.
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