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El comportamiento cosmopolita del yo autobiográfico en los libros de viajes de Bill Bryson

Santana Quintana, María Del Pino

Abstract

Programa de doctorado: Estudios interdisciplinares de lengua, literatura, cultura y traducción

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n UNIVERSIDAD DE LAS PALMAS DE GRAN CANARIA Departamento de Filología Moderna D/D°..!^^^^íiíííñi...{^^f^:^í?....^..é:í^:^. SECRETARIO/A DEL DEPARTAMENTO DE ...^£¡^.újkJí-...../í^aA(í:i^. DE LA UNIVERSIDAD DE LAS PALMAS DE GRAN CANARIA, CERTIFICA, Que el Consejo de Doctores del Departamento en su sesión de fecha ..:?.^.C4ÍÍ^/{°^?..... tomó el acuerdo Pa a su tramitación, a la tesis de dar el consentimi doctoral titulad ./Sí^...-^^¿«í?:í?v.C.'' presentada por la doctbranda D^.4:.•í./-s?^..^íVr?.>í?i4t...^f^.?^ ^ ^dirigida por el Doctor ^áfp:?.'í<.<^.y:/.rf?^íí^v^^ Y para que así conste, y a efectos de lo previsto en el Art° 73.2 del Reglamento de Estudios de Doctorado de esta Universidad, firmo la presente en Las Palmas de Gran Canaria, a^... de .^.^fíí^ de dos mil <?*:f^.... UNIVERSIDAD DE LAS PALMAS DE GRAN CANARIA DEPARTAMENTO DE FILOLOGÍA MODERNA PROGRAMA DE DOCTORADO: ESTUDIOS INTERDISCIPLINARES DE LENGUA, LITERATURA, CULTURA Y TRADUCCIÓN /5, UNIVERSIDAD DE LAS PALMAS DE GRAN CANARIA TESIS DOCTORAL EL COMPORTAMIENTO COSMOPOLITA DEL YO AUTOBIOGRÁFICO EN LOS LIBROS DE VIAJES DE BILL BRYSON -- X • Realizada por M" DEL PINO SANTANA QUINTANA Dirigida por Dr. D. SANTIAGO J. HENRÍQUEZ JIMÉNEZ Dr D. Santiago J. Henríquez Jiménez D^ M" del Pino Santana Quintana Las Palmas de Gran Canaria, noviembre de 2005. .SV>f ; ;^-i'1'.;3Tl:Cí. ü;-!!VcHy!TñR: 1 . lANASI,* ,Q, LAS»'AI.M JN."Doaiii;ji4.. _ : N." Copia IS^ & 6 Bt?. EL COMPORTAMIENTO COSMOPOLITA DEL YO AUTOBIOGRÁFICO EN LOS LIBROS DE VIAJES DE BILL BRYSON AFrauny Agradecimientos En primer lugar, quiero agradecer a la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria la concesión de una Beca de Postgrado de cuatro años que me permitió llevar a cabo el presente estudio, brindándome, además, la oportunidad de realizar diversos viajes de investigación y participar en una serie de conferencias en las que pude mostrar la evolución de mi trabajo. Me gustaría, en segundo lugar, mostrar mi más profundo agradecimiento a mi director, el profesor Santiago Henríquez Jiménez, quien me sugirió el tema de este trabajo y cuyos comentarios e indicaciones fijeron de gran ayuda a la hora de elaborarlo. Igualmente, quiero dar las gracias al profesor José Rodríguez Herrera, por su apoyo y su amistad; a los profesores Francisco Ponce Lang-Lenton y Daniel Fyfe, por su generoso interés y sus sabios consejos; y a la profesora Pilar González de la Rosa, por todos esos años en los que compartimos despacho. Quiero también dar las gracias a Rosa, a Carolina y a Cristina, que siempre me han alentado en mi trabajo y, sobre todo, a Pablo, por toda su dedicación y por nuestros incontables viajes. También quiero dar las gracias a mis padres y a mi hermano, sin cuya presencia no habria sido posible este trabajo. A ellos, claro, está dedicado. Y también a Mingo, que me enseñó a tirar con una bola alta a la luna, a oírla caer en el patio de al lado y a echarme en el césped pensando "mañana voy a buscarla". índice L INTRODUCCIÓN 17 Ll. Sobre el género de viajes, la movilidad y los desplazamientos: el estado de la cuestión 19 1.2. Libros de viajes y novelas de viajes: hacia un modelo de objetivación distinta del género 29 1.3. El contexto de los libros de viajes recientes 40 L4. Bill Bryson: primer acercamiento 55 n. LA OBRA LITERARIA DE BILL BRYSON Y LA CRÍTICA 63 n.l. Clasificación de las fuentes 65 n.2. La trayectoria literaria de Bill Bryson 81 n.3. La obra de Bill Bryson en el contexto de la narrativa de viajes británica contemporánea 91 II.3.1. Aspectos más estudiados 95 n.3.2. Cuestiones desatendidas 98 II.4. La recepción académica sobre el componente autobiográfico en los libros de viajes 101 n.5. Sobre la presencia cosmopolita del yo 109 n.6. Nota final a II 117 m. LOS LIBROS DE VL\JES DE BILL BRYSON 121 ni.l. Destinos, senderos, paisajes, descubrimientos...: tradición y contemporaneidad del género 123 III.2. Bill Bryson: un caso de integración y simultaneidad 127 in.3. La obra viajera de Bill Bryson 136 III.3.1. The Lost Continent: Trovéis in Small Town America 148 ULi.l. Neither Here Ñor There. Trovéis in Europe 161 IIL3.3. Notes from a Small Island 174 ULiA.AWalkititheWoods 185 JIL3.5. Down Under 197 JIL3.6. Bill Bryson'sAfricanDiary 208 IIL4. A modo de resumen 213 IV. LOS VIAJES DE BILL BRYSON: ENTRE LA IDEA DEL HOGAR Y | EL CONCEPTO DE LO EXTRANJERO 217| i IV.l. Sobre la noción del hogar 219 i IV.1.1. La reescritura del hogar 225 | IV.1.2. La nostalgia del hogar y el sentimiento patriótico 2361 rV.2. La tierra extranjera, el yo y el encuentro con el otro 2431 IV.2.1. El descubrimiento del otro 247| rv.2.2. El otro frente al yo 2561 IV.3. El espíritu cosmopolita 268f IV.3.1. La tradición transatlántica 2761 IV.3.2. El yo cosmopolita en la obra de Bill Bryson 2863 IV.4. Como conclusión a IV 306 V. CONCLUSIONES 311 VI. BIBLIOGRAFÍA CITADA 331 VLl. Obras primarias 333 VI.2. Obras secundarias 333 "Hay que escoger entie el museo y la vida.' Paul Morand, Venecias. INTRODUCCIÓN El comportamieiito cosmopolita del yo autobiográfico en los libros de viajes de Bill Bryson acaecidos en la segunda mitad del siglo XX, especialmente al fenómeno del turismo tan criticado en las últimas décadas. A lo largo de la evolución del género, el motivo del viaje se ha ido definiendo de forma paralela a la figura del viajero. Si la Ilustración basa sus viajes en el conocimiento científico a través de figuras como la del descubridor y el explorador, si el siglo XIX integra a la idea del desplazamiento la búsqueda de instrucción e inspiración del viajero romántico y el grand tourist, y la primera mitad del siglo XX introduce la figura del escritor de viajes como testigo de la realidad social, hoy dia, es la imagen del turista la que prima en el contexto viajero. Fussell sintetiza la situación del género en las últimas décadas mediante la explicación de una clara evolución del individuo que recorre mundo: "[fi-om] explorer [to] traveller [to] tourist" (1982:121)". Es tal el número de críticos que se decanta por esta aparente degradación de la figura del viajero, y tantos los autores que defienden su disposición para la aventura fi-ente a la subestimada victima del turismo programado, que una de las principales diatribas en las aportaciones críticas de las últimas décadas es el acopio de diferencias que separan al turista del viajero de antaño. De acuerdo con Carlos García Gual no es sólo la figura del turista la que recorre mundo hoy día: "[djesde el emigrante forzoso y el exiliado al turista accidental y desde el turista rebañego de vacaciones estándar al viajero sentimental y al post-turísta irónico caben muy distintas actitudes y empeños" (1999:82). Además, estas categorízaciones pueden llegar a resultar erróneas, pues, en más de una ocasión, el antropólogo se comporta como un viajero, el viajero como un turista, el turista como un aventurero, y el aventurero como un mero corresponsal; En este sentido, el periodista y escritor de viajes Mark Lawson opina que la figura del viajero guarda ciertas semejanzas con la del periodista: "[bjoth are dropped in strange places and expected quickly to interpret them -though one is paid to do it and the other pays- '^ Esta evoliunón, como afinna el mismo Fussell en su articulo "Footworic as Scholaiship", viene determinada por el nivel de conocimiento que caracteriza a cada uno de los distintos viajeros: The e}q)lorer must be tboroughly leamed, a master of ancient and modem languages as well as of histoiical topograplQr undostood from original souices. The tiaveler must at least be literaiy, knowing hist(Hy from guiddxMks and prevíous tiavelers' styles of perception fiom travel books. Finally, the tourist, ÍT the industiy devoted to him is to ñmction well, must know nothing" (1982:121). Dean MacCannell, en su análisis sobre el turismo en las sociedades contemporáneas, The Tourist. A New Theory of the Leisure Class (1976), entiende este proceso histórico en la figura del viajero en términos sociales: "What begins as the proper activity of a hero (Alexander the Gieat) develq>s iuto the goal of a socially orgamzed group (the Crusaders), into the maric of status of an entire social class (the Grand Tour of the British "gentleman"), eventually beooming universal experience (the tourist)" (1989:5). 25 M* dd Pino Santana Quintana before dashing somewhere else" (1993:11). Incluso el turista, como indica el texto de García Gual, ha pasado de una generalización inicial a una subdivisión; existe el turista literario, el turista de los viajes programados al detalle, y el post-turista. El primero, cuya tradición parte de los escritores románticos, tiende a banalizar el lugar visitado a través de una recreación en el espacio y en el tiempo de la ñgura o el hogar del artista''*; el turista en si por otro lado, es aquél cuyo itinerario persigue los trazos ideados no por éi mismo, sino por luia agencia de viajes; el post-turista, por último, es una especie de turista conciente, un individuo que se desplaza con una visión pesimista y desesperanzada, vencido por un mundo que ya no tiene nada que ofrecerle y al que se acomoda con una postura particularmente irónica'^. En cuanto al viajero, la variedad es aún más amplia, pues términos como "viaje", "viajero" o "viajar" poseen el don de la ubicuidad. No todo el que viaja ha de ser viajero, pero sí ha de introducirse en un espacio ajeno. El aventurero, el historiador, el explorador y el descubridor -figuras postro-as del esplendor del pasado-, el exiliado y el emigrante, el científico, el naturalista, el antropólogo y el arqueólogo, e incluso el "armchaír traveller"'*, todos ellos parten con fines diversos y un sólo denominador común, el desplazamiento. En último lugar, es preciso mencionar una categoría más temi<la entre el turista y el viajero, la que Paul Theroux '^ El viaje de Manuel Rodríguez Rivero a la región natal de William Faulkner es un ciato ejemplo de las diferencias existentes entre el turista y el viajero literarios. El primero viene representado por la comercialización de la figura del escritor a través de multinacionales como McDonald's, CIQ^O restaurante en JefTerson incluía un retrato de Faulkner hasta que los ñmiliares de éste lograron retirailo; el viajero literario, por el contrario, es aquél que planifica y persigue la geogtafia del autor acompafiado de su producción literaria, pues, en palabras de Rodríguez Rivero, la "literatura es tan buen pretexto como cualquier otro para emproidaun viaje" (1997:70). '^ La figura del post-tuiista se lia convertido en un interésame objeto de estadio a lo iaigo de las líltimas décadas. Pata Chris Rojek, las características que lo identifican son principatanraite tres: "The post-toiuist is aware of the conunodification of tourist expeñence"; "[he/she] is attracted by experience as an end in itself and not by what the experience teaches about one's itmer resources, or wbether the attraction is authentic"; "[he/she] is stimulated by the interpretation or colusión between diBerent &cets and lepresentations of the tourist si^" (1994:177). Paul Fussell, por otro lado, partiendo de las ideas desarrolladas por Lévi-Strauss en su renombrado Tristes Trópicos (1955), aplica el término post-turista, no al turista, sino a todos aquellos viajeros de la segunda mitad del siglo XX cuyo estilo emocional refleja el talante pesimista y desilusionado que caracteriza al post-turismo. Los últimos textos de Evelyn Waugh, la obra de Paul Bowles, V.S. Naipaul y Paul Theroux encabezan la lista de la antología viajera recogida por el propio Fussell. Las razones que definen la actitud del postturista son, según Fussell: "litter and fillh"y"tíiehomogenizationof the modemworld" (1987:756). '' Esta figura, según John Anthoi^ Cuddon, representa al lector de viajes ideal, es decir, a aquél que se desplaza en el eq)acio y en el tiempo a través de la lectura y que, sin duda, ha contribuido al éxito del género a lo largo de su historia: "Since the Second World War, «arm-diair» travelling has become an occupation for many people; and, as travelling has become easier and easier, so people read more books about the places they have heard of, have been to or are going to" (1992:999). 26 El comportamiento cosmopolita del yo autobiográfico en los libros de viajes de Bill Bryson denomina "Traveling As A Versión Of Being At Home", y que tiene mucho que ver con la funcionalidad del Grand Tour. En este tipo de viajes, donde la comodidad prima sobre cualquier asomo de iniciativa e inquietud, la aspiración máxima del viajante consiste en desplazarse sin dejar de sentirse en casa; va y viene, por tanto, con la fantasía de que el país visitado no es más que una traslación del hogar a un entorno similar. En palabras de Theroux: Many petóle travel in order to feel at home, or to have an idealized experience of home: Spain is Home-plus-Sunshine; India is Home-plusServants; África is Home-plus-Elephants-and-Lions; Ecuador is Homeplus-Volcanoes. It is not possible for people to travel in large mimbers and have it any other way (1986:133)' . Esta creación de las agencias de viajes, junto con la fatídica avalancha del turismo contra la que el escritor de viajes moderno ha tenido que lidiar, ha dado pie, como acertadamente añrma Theroux, a un resurgimiento del género cuyo estatus en los estudios literarios ingleses ha ido aumentando en las últimas décadas. Autores como Bruce Chatwin, Redmond O'Hanlon, Jonathan Raban, Peregrine Hodson, Bill Bryson, Ryszard Kapuáciñski y Patrick Mamham, entre otros, han conseguido una mayor notoriedad gracias al respaldo que les han dedicado algunas revistas literarias como Granta que, desde su aparición en 1979 de la mano de Bill Buford, ha dedicado al género de viajes cuatro monográficos y una interesante antología llamada The Best of Granta Travel (1991)'*. Otros factores que han contribuido al auge y posterior asentamiento del género son, en primer lugar, la preocupadón que han mostrado diversas editoriales británicas tales como Abacus, Haiper CoUins Publishers, John Murray, Reinhardt Books, Hogarth Press, Flamingo, Picador, Penguin, Vintage Departures, Signal y Sickle Moon -estas tres últimas " Es más, esta visión del turista como ente que, fiíeía de su enlomo, busca aquello que más se le parezca al hogar para no dejar de sentirse cómodo en el exterior, ha sido expresada con anterioridad por el autor británico Aldous Huxley. En Along the Road Notes and Essays ofa Tourist (1925), el autor escribe: "tourists are, in the main, a veiy gloomy-looking tribe. 1 have seen much há^atsc faoes at a fimeral than in the Piazza of St Maric' s. Ctaly when tfaey can band together and pretend, for a brief, precarious hour, tfaat tiiey are at home, do tfae majority of tourists look really bappy. One -wondeis why they come abioad" (1994:3). '' Uno de los méritos de Oranta, de acuerdo con Femando Calvan, ha sido el de "haber fomentado la narrativa de viajes y el relato periodístico de calidad", dando a conocer a autores británicos como Bruce Chatwin, Colin ThubFon, James Fenton, Jonathan Raban y Redmond O'Hanlon; y a esta revista d^)emo5 también la transmisión en Gran Breiafia de viajeros norteamericanos como Paul Theorux y Bill Biyson (2000:19). 27 M* del Fino Santana Quintana dedicadas específicamente al libro de viajes-, y el creciente interés de estas tanto en la publicación de autores noveles, como en reediciones de clásicos; la compilación de numerosos textos viajeros en diversas antologías especializadas en etapas, zonas o autores concretos; la mejora que han realizado revistas de corte literario tan conocidas como Times Literary Supplement, The Sundqy Times Travel Section, The London Review ofBooks o The New York Times Book Review en las secciones de presentación y crítica literaria dedicadas al género; el nacimiento en 1980 del prestigioso Thomas Cook/Daify Telegraph Travel Book Award, cuya contribución al libro de viaje ha servido de estímulo a numerosos autores"; y, por último, la afinidad existente entre los diversos autores, es decir, lo que Patrick HoUand y Graham Huggan describen como "[t]he «club» at work as established authors wríte blurbs congratulating one another, or signaling a probationary acceptance for lesser-known writers" (2000:206^*. An Área ofDarkness (1964) de V.S. Naipaul, y The Great Railway Bazaar: By Train through Asia (1975), primera de las incursiones viajeras de Paul Theroux que conforma su trilogía de viajes en tren^', son ios primeros textos en impulsar el "boom" del género que hemos notado en las últimas décadas. Si a estos sumamos otras narraciones posteriores tales como In Patagonia (1979), un texto que es todo un clásico del viajero Bruce Chatwin, Oíd Glory: An American Voyage (1981), primer libro de viajes de Jonathan Raban y merecedor del Thomas Cook Award, Into the Heart of Borneo (1984) del naturalista Redmond OHanlon, Behind the Wall: A Joumey through China (1987) de Colín Thubron, el más tradicional de los escritores contemporáneos de viajes nacido en Gran Bretaña, y también ganador del Thomas Cook Award, o InXanadu: A Quest (1989), primer libro de viajes del premiado autor escocés William Dalrymple, no cabe duda de la contribución que estos viajeros han '° Existen otros premios que, aunque no estén enteramente consagrados al libro de viajes, si han contribuido al auge del género incluyendo narraciones viajeras entre su lista de galardonados. Cabe destacar el Somerset Maugham Award, el Hawthome Prize y el Duff Cooper Memorial Prize. Además, tabloides de prestigio como Ihe Sunday Times y TTie Independent contienen certámoies de libros de viajes y sus respectivos premios. ^ Tal es el caso de Bill Bryson: por un lado, sus reseñas litoarias de textos de viajeros noveles como Maik Lawson, o autores de décadas anteriores como W. E Bowmaim, confirman la correlación existente entre los escritores del género; por otro, la mención del propio Bryson en narraciones viajeras de autores más recientes y con un estilo afin al suyo, tales como Martín Fletcher o Pete McCarthy, muestran el consentímiento del mismo pata la promoción de nuevos viajeros. ^' Esta trilogía se completa con The Oíd Patagonian Eiqjress: By Train through the Americas (1978) y Riding the Jron Rooster: By Train Oirough China (1988). 28 El comportamiento cosmopolita del yo autobiográfico en los libros de viajes de Bill Bryson proporcionado a un género que la industña turística parecía dar por finalizado. Al mismo tiempo, la solidez de estos autores consagrados ha dado lugar a la aparición de una nueva generación de viajeros, ya sean periodistas, free lance o meros aventureros, entre los que podemos mencionar a Douglas Kennedy, Richard Rayner, Mark Shand, Henry Shukman, Betuna Selby, Peter Moore, Martin Fletcher, William Langewiesche, Philip Marsden, Alastair Scott, Justin Wintle, James Greenv^ood y Bill Bryson, entre otros, que añaden a sus escritos un mayor grado de contemporaneidad a través de la metáfora o de la percepción subjetiva de sus periplos, pero sin dejar de seguir las huellas de todos aquellos viajeros, descubridores y científicos del pasado, que los han inspirado. L2. Libros de viajes y novelas de viajes: hacia un modelo de objetivación distinta del género "And wbat does else want credit, come to me And ril be swom 'tis true: tiavellers ne'er did lie, Thoagh fools at home condemn'em." William Shakespeare, The Tempest. Intentar definir el género de viajes es siempre objeto de controversia, especialmente por tratarse de una narrativa que goza de múltiples interferencias. En su obra Travel Literature and the Evolutíon ofthe Novel (1983), Percy G. Adams sostiene que la estructura multiforme del libro de viajes, el sinñn de formas y perfiles de los que dispone, dificulta la posibilidad de una definición inalterable: tfae récit de voyage cannot be a literary genre with a fixed definition any more tban the novel is; it is not even sui generis since it includes so many types both by form and by content. For, like other forms just as amorphous, it evolves and will continué to evolve (1983:282). Este constante proceso de evolución al que se ven sometidas esta y otras formas narrativas viene determinado, por tanto, por la influencia de otros géneros. Glenn Hooper y Tim Youngs, en su introducción a Perspectíves on Travel Writing (2004), establecen un paralelismo entre la práctica del viaje y su expresión literaria: "In much the same way that travel itself can be seen as a somewhat fluid experience, so too can travel writing be regarded as a relatively open-ended and versatile form" (2004:3). Puesto que el viaje en sí brinda un sinfin de vivencias y aprendizajes, la 29 M* dd Pino Santana Quintana construcción de su relato reproduce estas experiencias mediante la inserción de distintos estilos y contenidos narrativos que reflejan el ritmo vital de la andadura. Quizás sea necesario, por el tema que vamos a tratar, distinguir la novela de viajes de ese otro libro de viajes más apegado a la veracidad y que es objeto de este estudio. Aunque ambas narraciones se engloban bajo un mismo enunciado -literatura de viajesy comparten entre sí el motivo del desplazamiento, el número de diferencias que separan a una forma narrativa de la otra es considerable^^. La novela de viajes está representada por todas esas narraciones tan universales como fícticias en las que el tema del viaje conforma la trama narrativa. Se trata, por tanto, de itinerarios ideados por la mente de un autor que, aun basándose en la realidad del momento, es a un personaje ficticio a quien traslada por uno o más espacios. Este personaje, tal y como explica Juan Villar Dégano, carece de autonomía por estar supeditado a la ficción narrativa: Su actitud de protagonista se verá en todo momento condicionada por las circunstancias de su viaje, el cual en este caso es el producto del intelecto de un autor, que aunque tenga, como es más que posible, la experiencia de los viajes reales o una buena información sobre los mismos, escribe en su gabinete y conoce la tradición de los usos poéticos y retóricos, que acabará plasmando con mayor o menor fortuna en su obra (1995:16). Protagonistas de la novela inglesa como los peregrinos de Chaucer en The Canterbury Tales (1387), el náufrago Robinson en Robinson Crusoe (1719), Lemuel GuUiver en la novela de Swift GuUiver's Trovéis (1726), Lord Jim y el capitán Marlow, protagonistas de las aventuras relatadas por Joseph Conrad en Lord Jim (1900) y Heart of Darkness (1902) respectivamente, o Leopold Bloom en Ulises (1922) son personajes eminentemente ficticios que dan vida a una serie de ^ Jan Boim, en un interesante articulo titulado "Defining Travel: Qn tlie Travel Boolc, Travei Writing asd Terminology" (2004), establece una categorización similar entre los términos "libro de viajes", "novela de viajes" y "literatura de viajes". Mien&as que lo que nosotros denominamos "libro de viajes" tiene un equivalente directo en la lengua inglesa, "travel book", la "novela de viajes" es referida como "travel writing" o también "travel literature". El epígrafe bajo el que se integra a ambos tipos de textos, conocido en español como "literatura de viajes", seria, para Borm, "travel writing" o "travel literature", lo cual residta un tanto equivoco a la hora de distinguir "travel writing" -como encabezamioito de aquellos relatos de ficción cuyo tema ¡vincipal es el viajedel conjunto de textos tanto reales como fictivos al que se denomina, igualmente, "travel writing". Precisamente, para evitar esta confusión de nomenclaturas, hemos (q>tado por aplicar el término "novela de viajes", y no "literatura de viajes", a las narraciones ficticias cuya trama gira en tomo a un periplo. 30 El comportamieiito cosmopolita del yo autobiográfico en los libros de viajes de BiB Bryson argumentos en los que la razón del viaje no responde más que al mundo novelesco en el que se enmarca la obra. £/ Quijote (1605), Tom Jones (1749) y The Pickwick Papers (1837) son buen ejemplo, según Baquero Goyanes, de novelas cuya estructura se organiza en cieito modo sobre una misma motivación: la del viaje, la del ir y venir de mi personaje o personajes que, según van haciendo su camino, van entrando en contacto con nuevas gentes, con nuevas posibilidades novelescas, con seres que suponen otras tantas historias (1989:32). En estas obras la narración reñere una serie de incidentes acaecidos durante un itinerario, pero la realidad del recorrido sólo tiene cabida en el universo ficticio del que se compone. En los libros de viajes, esos que llamamos escasamente novelescos debido a que, en la mayor parte de los casos, se traía de una experiencia vivida por el autor, contamos con la autenticidad del narrador -que no es otro que el propio viajeroy la constante veracidad de sus hechos. Mientras que en la novela el viaje es el principal motivo con el que desarrollar la trama novelesca, en el otro libro de viajes dicho motivo se define como el eje temático capital. El narrador, en tanto que personaje, relata sus idas y venidas por una geografia que coincide totalmente con la realidad que todos conocemos; sus reflexiones sobre el espacio recorrido se basan en la observación de un paisaje y unas gentes que tienen lugar, y existen, en la contemporaneidad del viajero. Se incluyen, por tanto, en este corpus, todas las narraciones relatadas por los mayores y menores viajeros de todos los tiempos, desde Cristóbal Colón, Thomas Cook y Sir Richard Burton, hasta Robert Byron, Lawrence Durrell y V.S. Naipaul. Este tipo de libros y recorridos abarca expediciones, exploraciones, navegaciones, peregrinaciones... y se enmarca en un contexto real y reconocible. Entre el viaje físico y la narración literaria que intenta reproducirlo, no obstante, pueden filtrarse elementos ajenos a la realidad del periplo, es decir, aspectos más propios de la ficción novelesca que del libro escrito con un claro propósito documental. Un debate común en la teoría de los libros de viajes es el de la 31 M" del Pino Santana Qnintana línea divisoria entre lo real y lo ficticio^^; precisamente por esto, el libro de viajes, de acuerdo con Steve Clark, presenta dificultades para el estudio académico (1999:1-2). Se trata de un tipo de narrativa que juega con la dualidad entre lo verdadero y lo imaginario; en palabras de Bill Buford: [travel narratives] are all informed by the sheer glee of story-telling, a narratíve eloquence that situates them, with wonderfiíl ambiguity, somewhere between fíction and &ct. Tbsie is of course nothing new in this kind of ambiguity, although travel writing seems to be its purest expression (1984:7). Posiblemente sea esta fusión de acontecimientos factuales y fíctivos el aspecto más creativo del libro de viajes. Una vez finalizado el recorrido, el ejercicio de la memoria que requiere la narración traiciona, en numerosas ocasiones, la veracidad de los hechos. Por muy cuidadoso que sea el viajero con las notas que ha ido recogiendo en su itinerario, reflejarlas por escrito en un tiempo posterior no resulta del todo una tarea fácil si lo que se pretende es reencontrarse con la experiencia veraz. Es entonces cuando la redacción de lo sucedido realmente recurre al acopio de elementos propios de la ficción literaria, tales como la caracterización del viajero como personaje y protagonista de la historia, y el empleo de recursos estilísticos como la metáfora y la hipérbole^^. A estos mecanismos narrativos propios de la novela, podemos sumar otros como el diálogo -elemento motivador del misterio, de la intriga en el género novelesco-, la aventura que da forma al argumento, el encuentro del viajero con diversos personajes, la descripción de distintos escenarios y las alusiones a un modelo social referente. De acuerdo con Barbara Korte, estas estrategias narrativas, sin restar importancia a la experiencia real del viaje, son añadidas a la redacción del periplo con el fin de reconstruir lo vivido, de novelarlo: " En su ensayo titulado "Metaficción y literatura de viajes" (1994), Femando Calvan atribuye esta cuestión de la distinción entre la ficción y la realidad al postmodemismo. Por un lado, "la experimentación postmodemista ha conducido a un mayor énfasis en la nqXura de los géneros"; por otro, el "propósito de ensanchamiento de los limites de la novela, que es en cierto modo paralelo a la novela «histórica» y a la autobiogiafia, que tanta atoición de creadores y críticos ha recibido en los últimos afios, es el que ofiecen los libros de viajes" (1994:32). ^^ Aunque, como apunta Steve Claik, "seeing presiqq)oses believing" (1999:2), el narrador-viajero puede dejarse llevar por la hipérbole para dar un mayor interés a sus testimonios y corroborar la impoitanda de su papel dentro de la obra. Al mismo tiempo, esta figura retórica era enq>leada hasta entrado el siglo XX para remarcar el grado de alteridad del higar visitado; en palabras de Chloe Chard, la hipéibole "plays a major pait in lepresentiiig the foreiga as dramaticaUy different" (1999:4). 32 El comportamiento cosmopolita del yo autobiográfico en los libros de vii^es de Bill Bryson Notwitfastanding tfaeir authentic and fiíctual element, reports of travel necessaríly K-create the experíence of the joumey on which they are based.... The experíence of travel is translated, in the text, into a travel /7/0/(2000:10). La creatividad del viajero queda expresada, por tanto, mediante la fabulación de los hechos experimentados. El libro de viajes toma prestados elementos de la ficción literaria, pero estos los combina con otros más cercanos a la realidad del periplo, pues el género se nutre de la mezcla de ambos. La ya mencionada identificación del viajero como personaje de la narración es similar a la ñgura del protagonista novelesco; sin embargo, el papel del viajero, no como personaje, sino como narrador, es equiparable al de las primeras novelas del siglo XVín por el énfasis en la realidad y la corroboración de los hechos. Las estrategias del narrador-viajero para conseguir un mayor grado de veracidad incluyen: la intercalación en la narración de notas tomadas de un diario, las descripciones detalladas y plenamente gráficas, la inclusión de mapas y fotografias directamente relacionados con el itinerario seguido por el viajero, las frecuentes apelaciones al lector, la mención explícita de establecimientos en los que el viajero ha dejado su huella y, sobre todo, la intención expresa de contar la verdad. Este puede ser el caso de J.B Priestley en su English Joumey (1934). En dicha obra, el escritor británico no deja de insistir en el propósito de su periplo: "But I am here, in a time of stress, to look at the fece of England, however blank or bleak that face may chance to appear, and to report truthfulfy what I see there" (1934:61-2). La autenticidad del viaje radica en el itinerario escogido por el autor, cuya descripción armoniza con el tono realista de la narración. En la primera parte de su recorrido, Priestley pasea por las calles de la ciudad industrial de Leicester y, no encontrando nada relevante que contar, admite: "Indeed I foimd nothing amusing in these streets. (It would not be difBcult to invent something amusing for them [the streets], but I am here to tell the truth)" (1934:119)^'. Tal y como hiciera el narrador dieciochesco. " Paul Thaoux, al final de su obra The Great Raibvay Bazaar: By Train through Asia (1975), lleva a cabo un procedimiento similar. Bien con objeto de en&tizar la autenticidad de su leconido, bien porque defiende la veracidad como intención final del libro de viajes, Theroux se lamenta de no poder hacer uso de la ficción en la redacción de su periplo: "Fiction", escribe, "is puré joy -how sad that I could not reirrvent the trq) as fictíoa It would have had... such a pleasing sbape if I had artfiílly distributed light and shadow and played with the grammar of delay" (1976:341-2). 33 M* dd Pino Santana Quintana Pñestley da constancia de la veracidad de los acontecimientos mediante esporádicas llamadas de atención al lector. A pesar de las mencionadas analogías entre el libro de viajes y la novela, las diferencias entre ambas formas narrativas hacen de la primera un tipo de relato que intenta hacerse con perfiles propios. Tratándose de un discurso puramente autobiográfico, el libro de viajes no suele contener el desarrollo argumental que caracteriza a la novela. Su redacción se basa en la composición de los hechos a posteriori y, por tanto, no deja lugar a la intriga propia de la trama novelesca dado que la redacción misma del periplo revela la supervivencia final de su autor. Puesto que, como afirma Carrizo Rueda, en el libro de viajes la función descriptiva predomina sobre la narrativa, el desarrollo del itinerario y su desenlace subyacen en un plano secundario (1997:14). Los relatos de viajes, por consiguiente, se presentan como contínuums de narraciones que, por su naturaleza descriptiva e informadora, no participan de la intriga novelesca^ . Como hemos indicado más arriba, el libro de viajes se caracteriza por la combinación de elementos que recibe de otros géneros. No sólo la novela, también el cuento, el ensayo, las memorias, la literatura picaresca, el romance, el género epistolar, las narraciones fantásticas o de carácter utópico, los tratados de etnografia, el conde, el periodismo de investigación y el Bildungsromcm, entre otros, han influido en la producción de la narrativa de viajes como fijente de inspiración. £1 libro de viajes persigue la narración y, como apunta César Aira, "la estructura misma del viaje es narrativa", con unidades de principio y fin, o en términos más concretos, de partida y de regreso (2001:2). Su estructura episódica lo asemeja al BUdungsroman o novela de aprendizaje, en la que el desplazamiento se explica como un componente esencial en el desarrollo e instrucción del protagonista". Esta ^ Esta idea, por supuesto, no es aplicable a todos los libros de viajes, puesto que hay una señe de autores que hacen de la aventura uno de los actores más recurrentes en la narración, y es la propia aventura la que enmarca el nudo argumental del relato en la cadena novelesca de principio, núcleo y desenlace. Tal es el caso de todos aquellos Ubros de viaje que desde el primer momento presentan tm reto. A Walk in the Woods (1997), de Bill Bryson, es un claro ejemplo de influencia novelesca en un texto basado en la realidad; como veremos más adelante, Biyson no viaja solo y, por consiguiente, la desaparición de su compañero, Stq)hen Katz, mantiene el interés del lector hasta el esperado reencuentro entre los dos peisonajes. '" De acuerdo con Maria Francisca Llamada, el ¡xtipósito principal del BUdungsroman no es otro que el desarrollo de la personalidad como resultado de un periplo vital que conduce al protagonista de la inocencia a la madurez, alcanzando, de este modo, conocimiento de si mismo y del mundo que le rodea (2002:213). En cuanto al aspecto formal del BUdungsroman, Saquero Cioyanes afirma que este 34 El comportamiento cosmopolita del yo autobiográfico en los libros de viajes de Bill Bryson deterioro en épocas anteriores, su clara continuidad en los últimos treinta años y la naturaleza heterogénea de todos aquellos lectores que han sabido apreciar el resurgimiento de un género clásico, lo han convertido, como veremos, tanto en objeto de crítica como de alabanza. En efecto, no es hasta el siglo XX cuando el libro de viajes pasa a tener un predicamento más elevado entre la crítica; el "boom" de los años veinte y treinta fomentó y consolidó este tipo de narración, al tiempo que consagró a una serie de escritores que hoy día parecen conformar el canon de la narrativa viajera. No obstante, y a pesar del continuado auge de estos escritores viajeros, el libro de viajes apuntaba a desaparecer al ñnal de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, esta falsa impresión que se inscribe en la crítica de los años sesenta y setenta en Inglaterra, perdió credibilidad a medida que nos aproximábamos a la década de los ochenta. El novelista y escritor de viajes Evelyn Waugh creía a mediados de los años cuarenta en la muerte del género en un futuro próximo: "My own travelling days are over, and I do not expect to see many travel books in the near fiíture" (1951:9). Su conocida antología de viajes When the Going Was Good (1946) refleja, como el propio título indica, una época en la que la guerra aún no había sido un episodio desastroso para la política, la economía y la sociedad en Europa y en el mundo, y en la que se podía viajar a todas partes con pasaporte en mano; una época, además que, como afirma Bill Buford, quedó finalmente sometida a una especie de "monoculture of mass consumerism, package-holidays and the extraordinary imperialism of the American hamburger" (1984:5). Las comodidades proporcionadas por la industria del turismo a partir de los años cincuenta dificultan cada vez más las formas alternativas del viajero independiente. Paradójicamente, es esta individualidad del viajero frente al estado apacible del turista la que ha revalorizado al primero y la que explica, al mismo tiempo, la coincidencia del auge turístico con la de su aparente rival, es decir, el libro de viajes. El turismo no sólo ha creado la figura del falso viajero -es decir, la de aquél que sigue los pasos programados por la agencia y, no por ello, pretende hacer de su viaje una iniciativa auténtica-, sino que también nos ha acercado frivolamente la idea de lo lejano y lo exótico. El antropólogo francés Claude Lévi-Strauss, abarcando con su análisis un número considerable de siglos, denunciaba la aparición del libro de viajes contemporáneo por tratarse de un texto 41 M* dd Pino Sanüma Quintana "falsiñcado" de un pasado de exploraciones y grandes descubrimientos que no presentaba parangón posible con la actualidad del siglo XX: ¿Diremos entonces que nuestros modernos Marco Polo traen de esas mismas tierras, ahora en forma de fotografias, libros y relatos, las especias morales que nuestra sociedad, sintiéndose naufiagar en el hastío, necesita con mayor apremio? Otro paralelo me parece más significativo. Pues estos modernos condimentos son, quiérase o no, Msificados. No ciertamente porque su naturaleza es puramente psicológica, sino porque, por más honesto que sea el nanador, no puede ya traérnoslo de manera auténtica (1988:42-3)^'. Intentando emular al héroe de antaño, el viajero contemporáneo -el "moderno Marco Polo", tal y como lo identifica Lévi-Straussse desplaza en la fantasía de una tierra ignota y, no encontrando nada que descubrir para proporcionárselo a la sociedad del momento, opta por relatar su experiencia viajera. La idea subrayada por Lévi-Strauss de que ya no se puede viajar "de manera auténtica" es posiblemente la contribución más insistente en tanto que perjudicial a la hora de explicar la caducidad del género. Lo que muchos críticos y viajeros parecen preguntarse es si existe aún la posibilidad de aventura o, en otras palabras, si aún hay algo que contar. En su artículo "Hombres con suelas de viento" (1993), Javier Goñi distingue al viajero joven de otro de mayor edad conforme a una serie de expectativas de aventuras posibles en la actualidad; mientras este último se muestra pesimista y descarta la posibilidad de riesgo y descubrimiento, el viajero joven, como Bruce Chatwin y Redmond O'Hanlon, continúa explotando regiones que, no por ser conocidas, agotan su condición de remotas^'. La aventura llevada a cabo por Chatwin ^ En su capitulo titulado "La fin des voyages?", cuyo epígrafe nos remite a la controvertida sección de Lévi-Strauss "El fin de los viajes", contenida en su obra Tristes Trópicos (1955), Adrien Pasquali reconoce la crisis de alarma que asedia al libro de viajes en las últinias décadas, dd>ida, en gran parte, a la domesticación absoluta del planeta y a la muerte del exotismo (1994:61). La cuestión del exotismo ocupa un lugar señalado en su análisis de las modalidades actuales del libro de viajes. El autor recurre a la obra de James Clifiord y a la de los surrealistas fianceses con el fin de explicar el cambio de perspectiva que se aplica al exotismo en el siglo XX, donde lo femiliar se toma extraño y lo exótico pasa a constituiíse en lo cotidiano. Se trata, en definitiva, de una "etnología de lo cotidiano" donde prima lo que Adríen Pasquali, haciendo uso de las palabras de Geoiges Perec, denomina "l'endotiqne", en cqxjsición a "l'exotique" (1994:67-8). ^' Maik Cocker, en su historia del hbro de viajes británico en el sigjo XX, afirma la existencia de zonas deshabitadas y apenas exploradas que aún hoy día aportan el sentido de la aventura del viajero de antafio: "There are still áreas, even in the most populous countries on eartb, that are almost or completely without inhabitants. Moreover, there is not ciily scope for travelleis; there are still portions of the glóbe -in Borneo or Papua New Guinea, in the Antarctic or Aictic Canadá and Russiaso little 42 £1 comportamiento cosmopolita del yo autobiográfico en los libros de 'najes de Bill Bryson en In Patagonia (1977), y las hazañas conradianas de O'Hanlon y su compañero, y también escritor de viajes. James Fenton referidas en Into the Heart of Borneo (1984) abarcan zonas de peligro -La Patagonia y la selva de Borneo, respectivamenteescogidas por el ánimo de aventura que despierta en estos viajeros. Estas y otras áreas de África, los Polos Norte y Sur, la selva amazónica, el Tíbet o las islas del Pacifico Sur, subsisten aisladas de la modernidad; brindan al viajero contonporáneo un refugio impoluto y le aportan una ilusión de primitivismo que lo aproxima a la aventura. La elección del espacio, sin embargo, no es indicativo de la calidad del desplazamiento y, menos aún, de la calidad del texto pues, como indica el propio Goñi, "el viajero moderno no tiene por qué perderse en la selva tropical o en la sabana africana" para hacer que su narración atraiga a un mayor número de lectores (1993:4). El grado de valia del viajero, por tanto, aunque sea un componente importante en la configuración de la aventura, no se rige solamente por el nivel de riesgo que presenta la zona visitada, sino también por otros factores determinantes en el resultado final del texto, tales como la introspección narrativa, el nivel de transformación experimentado a la vuelta o el retrato autobiográfico ofrecido al lector. En su crónica de los viajes a los rincones más seguros del planeta, The Batile for Room Service: Joumeys to All the Safe Places (1993), Mark Lawson reivindica la figura del viajero protegido y acomodado que emerge del Grand Tour y llega hasta nuestros días en forma de turista: I read -in a business magazine, left q>propriately enough as a compliment in a hotel roomthat Control Risks, a "security and crisis consultancy", divided the places of the world in to four categories for prospective travellers (1994:3). Estas categorías o niveles insertados por el propio Lawson en el prólogo introductorio de su libro, son cuatro: el primer nivel abarca países como Singapur, donde la tasa de crímenes es insignificante y no hay organizaciones terroristas; el segundo nivel ofrece demostraciones terrorístas esporádicas y la tasa de asesinatos es vlsited that those who go there can cali themseWes "eiqilorers" even today. There are still commuiüties with rich ancient baditioiis barely touched by Western influence. There are áreas in lian, Afghanistan or ncnrtfaem Burma that have been "lost" to tfae tiavel fiatemity, the last beyond the reach of Western visitors for balf a centmy, if not since the tune of Eric Bailey. Then, of couise, there is always the etemal mysteiy of Tibet" (1992:251-2). 43 M* dd Pino Santana Quintana mínima siempre y cuando el viajero haga uso del sentido común; el tercer nivel sí presenta riesgos no sólo por el elevado número de homicidios, sino también por ocasionales ataques terroristas; el cuarto nivel, por último, comprende países como Irak, la posibilidad de una guerra es probable, no existe la ley ni el orden y hay campañas terroristas explícitas contra el viajero. Según Lawson, el libro de viajes contemporáneo tiende a concentrarse en esta última zona, mientras que los territorios recorridos en su itinerario precisan de un nivel nuevo, el nivel cero: LEVEL ZERO (Noncbalance): There is almost no seríous crime. Politically, one rigfat-wing monetarist govenunent is occasionally repiaced by another, but this leads only to minor ttaffic hold-ups on poUing day or duiing a royal visit or religious procession (1994:4). Lawson invierte el canon aventurero de la narrativa viajera ofreciendo una alternativa para todos aquellos autores que, como él, contemplan la idea del viaje desde un punto de vista más contemporáneo. Alaska, Luxemburgo o Milton Kejmes son, por consiguiente, zonas libres de todo peligro, cuyo único desafío parece ser la superación del tedio. El notable auge que han mostrado los libros de viajes en las últimas décadas queda maniñesto en el número de lectores que solicitan este tipo de narrativa. Particularmente en Gran Bretaña, que es donde el género figura con frecuencia como número uno en ventas en las listas dedicadas a la no ficción, el libro de viajes ha pasado a ocupar el espacio anteriormente asignado a textos de temática viajera pero escaso interés literario. Así lo expresan James Duncan y Derek Gregory: "bookstores whose travel shelves were once confined to atlases, guidebooks and maps -to nominally "factual" and "objective" accountsnow include sections devoted to personal, avowedly imaginative accounts of travel" (1999:3)'"'. Por otro lado, el interés académico desarrollado a partir de los afios ochenta ha contribuido en gran ^ Bill Biyson, en su introducción a The Best American Travel Writtng 2000, alude a esta misma transformación en la acogida del género en los Estados Unidos y se refiere a la desorientación que solia reinar en las libieiías a la hora de ubicar los textos viajeros. "Oa. those occasions when I droi>ped inte bookstoies..." -comenta Biyson- "I would geneíally find fliem [tiavel books] in the oddest places, shelved under cuirent afbiis or social commentaiy or geography -anywheie, in shoit, but near the travel section, where Fodor, Frommer, ani Let's Go reigned sámeme. How hap|iy I am to leport that aU tbat has cbanged" (2000:xx). 44 El comportamiento cosmopolita del yo autobiográfico en los libros de viajes de Bill Bryson medida a la aceptación del libro de viajes en los niveles que todos conocemos"". Pioneros en la crítica literaria del género como Paul Fussell y Percy G. Adams han servido de punto de partida para un gran número de estudiosos -incluyéndose viajerosque, a través de antologías y colecciones de ensayos han favorecido la inclusión del libro de viajes en el estudio académico. No obstante, como afirman Patrick HoUand y Graham Huggan en el prefacio a su estudio sobre el género en la actualidad, Tourists with Typewriíers (2000): suspicion persists as to the worthiness of travel writing as a serious subject. Academics have «discovered» it, only in most cases to move beyond it, preferring either to intellectualize it as so many discourses of displacement or to focus on the canonized writers, most of them from earlier períods (2000:vii). Los juicios que la crítica literaria ha emitido sobre el libro de viajes son, por consiguiente, variados. Dada la propia naturaleza heterogénea del género, no es de extrañar una recepción académica de la misma naturaleza. Tratándose de un tipo de narrativa que concierne no sólo a la literatura, sino también a otras disciplinas de carácter empírico como la sociología y la antropología, el libro de viajes ha servido como punto de referencia para la ejemplificación de modelos imperialistas, teorías postcoloniales y cuestiones de otra índole como el desarraigo personal y el exilio. A esta "intelectualización" del género -empleando el término de Holland y Huggan-, hemos de sumar otra alternativa: la tendencia a concentrarse en aquellos autores que conforman el canon de la narrativa de viajes"*^. Los argumentos que ofrecen estos dos autores, sin embargo, están más cerca de favorecer al género que de lo contrario. En primer lugar, el enfoque intelectualista amplía la fiínción informadora del libro de viajes, en tanto que lo acerca a otras posibilidades de estudio distintas a la puramente literaria. En segundo lugar, el análisis critico sobre autores viajeros de periodos "" Según Baii>aTa Brothers y Julia M. Gergits, tras la escasa atención investigadora prestada al género durante la mayor parte del siglo XX, en las últimas décadas el libro de viajes ha experimentado wi proceso de revalorización en el medio académico: "In the last quaiter of the twentieth centiuy, however, scholars who see literature as a pait of and a reflection of the culture by and in which it is produced have broadened the definition of literature to include nonfiction prose woiks, including travel books" (1999:xvi). ''^ Steve Clark coincide con Holland y Huggan a la hora de juzgar la recepción académica del género: The tactic of singling out texts such as Kinglake's Eothen or Byron's The Road to Oxiana as isolated masterpieces simply devalues the vast majoñty of these nanatives" (1999:1). 45 M* del Pino Santana Quintana anteriores, especialmente aquellos presentes en la edad dorada del género y cuyas directrices narrativas conforman el canon viajero, constata el peso de la tradición en los libros de viajes y motiva la iniciativa del viajero contemporáneo. En los últimos años, no obstante, son cada vez más numerosos los estudios académicos sobre autores relativamente jóvenes y ya laureados en el género como Bruce Chatwin y Paul Theroux, así como la mención de otros viajeros más recientes como Jonathan Raban, Richard Rayner o William Dalrymple en ensayos críticos y apuntes bibliográficos. A estas consideraciones, asimismo, habría que añadir otras señaladas por la crítica del género. Jas Elsner y Joan-Pau Rubíes, por ejemplo, definen el libro de viajes contemporáneo como "a literature of disappointment" debido a la incapacidad de desarrollo espiritual del viajero moderno (1995:5). La supremacía científica sobre el pensamiento religioso y la ya mencionada imposibilidad del viaje "auténtico" respaldada por Lévi-Strauss, truncan cualquier intento de identificación con el pasado. El viaje "verdadero" pertenece a un tiempo pretérito en el que el viajero del presente intenta sumergirse, y es la imposibilidad de llevar a cabo este deseo lo que convierte al género en una literatura de fhistración y desencanto. Pero la modernidad, como añaden Jas Elsner y Joan-Pau Rubíes, no tiene por qué estar reñida con el pasado: Even while there may exist ideologies of modemity which proclaím a complete rejection of the past as the key to progress, this rejection entails an awareness of this past and can only ñinction in the wider context of an appropríation of tradition (1999:7). El viajero moderno, como testigo del mundo que le rodea, es conciente de la barrera constituida entre el pasado esplendoroso ejemplificado en la narrativa viajera de antaño y el panorama aparentemente caótico y fi^agmentado de la actualidad. La presencia del pasado en el subconciente del viajero moderno, lejos de finstrar su motivación, le incita al desplazamiento y le advierte de la disparidad existente entre el pasado y el presente. Otra consideración a tener en cuenta es la de Steve Clark, en cuya introducción al volumen editado por él mismo, Travel Writing and Empire: Posícolonial Theory in Transit (1999), destaca los fines comerciales del libro de 46 El comportamiento cosmopolita del yo autobiográfico en los libros de viajes de MB Brys(m viajes, pues su producción requiere un anticipo considerable, distribución masiva y ganancias substanciales. "The profit motive", señala Clark, "is as apparent in the auctioning of Elizabethan logs as in the posthimious proliferation of Chatwin's notebooks; Samuel Johnson paid for his mother's ñineral by wríting the Abyssinian fable Rasselas" (1999:1). La mayoría de los viajeros, sin embargo, acostumbran a omitir este tipo dé información, prefiriendo dejar que sea el propio lector quien imagine los entresijos económicos que mueve cada libro. Además, este aspecto comercial de la narrativa de viajes señalado por Clark, aunque no deja de ser cierto, atañe a todos los géneros, pues no hay escritor que no haya pedido un anticipo, ni editorial que no se haya preocupado de una distribución masiva. Tal vez sea más certero razonar la comercialización del libro de viajes con relación a la industria del turismo. La aventura se ha convertido en un negoció cada vez más asequible para el ciudadano medio: safaris en Kenia, viajes recreativos a Vietnam, estancias en la Antártida, vacaciones espirituales en la India... Tanto el turismo de masa como la red de negociaciones que lo envuelve -revistas, tiendas de ropa y material para la aventura y el aire libre, folletos de agencias de viajeshan facilitado el camino a muchos aspirantes a aventureros que pretenden equiparar su experiencia a la del propio viajero. Tal es el caso de la comercialización viajera llevada a cabo por la cadena noiteíameñcaxia Banana Republic*^; en palabras de Michael Kowalewski: Adventure and risk-taking have been transformed by stores like the Banana Rq>ublic into conimodities that have more to do with status anxieties and utopian longings tfaan a genuine inteiest in other cultures. The illusion cre^ied by Banana Republic maiketing, as Stephen Tatum notes, is that wearing uncombed cotton and wool products imported from independent artisans "itself qualifíes as an adventurous feat" analogous to global adventures (1992:1)**. Esta parece ser una de las razones, según Kowalewski, por las que el libro de viajes ha pasado de ser un género afianzado en la década de los años veinte y treinta, a *^ Fundada en 1978, Banana Republic se dedica a la comercialización de ropa incitada en la aventura y el aire libre. Su equivalente en el mercado europeo seria la cadena catalana "Coronel Tapiocca". '" Algo muy similar afirma Paul Smith ea su articulo "Visiting the Banana Republic": '^e conq>any's catalogs feature a kind of mimiciy and perveison of late nineteentfa-ccntuiy colomalist travel-writing, mixed with a relatively fiuniliar forum of contemporaiy catalog sales ihetañc". (Universal Abandon? The PoUtics of Postmodemism, ed. Andiew Ross. MinnesqMlis: Univeisily of Minnesota Press, 1988. Citado por Terry Caesar, Forgiving Ote Boundaries, 1995:196). 47 M* dd Pino Santana Quintana constituirse en un tipo de narración que para muchos está ligada a la industria turística. La figura del turista, a pesar de lo dicho, ha contribuido al auge del libro de viajes como prueba viviente de la movilidad y viabilidad que caracterízan a la sociedad moderna. Ubicable en cualquier parte del globo, el turista consume cultura y, en la mitad de los casos, lee. Pero si leemos libros de viajes en la actualidad no es sólo por las facilidades explotadas por las agencias de viajes; tanto Morag Campbell como el editor de la revista Oxford American, Marc SmimofE^ justifican la popularidad del género con arreglo a la rapidez con que se está desarrollando el mundo y los cambios constantes a los que la sociedad moderna queda sometida'*'. Según SmimofT: It's as if we sense, with more clarity than we ever have, that tfae treasures and idiosyncrasies of the world are r^idly vanishing and that we must get out there and see and e?q)erience them ríght now, right this minute, if we want to see and experience them at all. Those redwood tress or those cultural difíerences that we once believed would hold up forever now don't seem such sure bets (2001:11)''*. Nos desplazamos para ser testigos de un pasado inmediato cuya existencia permanece a través de la experiencia viajera, ya sea de forma física o a través de la lectura. El libro de viajes se explica, por tanto, como la prueba real de una época en un entorno determinado que puede o no sobrevivir en la actualidad y que, de conservarse, amenaza con extinguirse. Bill Buford, por el contrario, elude el estado de cambio global producido en el siglo XX y opta por atribuir el éxito del libro de viajes contemporáneo a la necesidad de huida que siente el lector modemo^^. Buford equipara la depresión norteamericana originada en 1929 con el nivel de vida existente en la Inglaterra de los años ochenta, periodo en el que el libro de viajes ••^ Tal y como lo expone Morag Campbell en Writing about Travel: "Peihaps the feeling that the world is changing so rapidly, that it is being reshaped aiound us and will never be the same again, makes us want to capture it in ptint now" (1989:2). ^ Otro &ctor clave paia el desarrollo de los viajes y, por ende, de la narrativa viajera es, en palabras de Smimoff, "a growing realization that a covetous society shq)ed and dominated by the speedy advance of technological wizardiy, or the Web, or whatever you want to cali it, is both dubious and vulnerable" (2001:11). El viaje, presente desde las primeras huellas del hombre sobie el planeta, se revela como un signo de fiabilidad y potencia ancestrales en comparación con la inseguridad que, por su constante evolución e inmediatez, presentan las nuevas tecnologías. " En palabras de Buford: "Certainly the most obvious attiaction of travel writing is in what it represents: escape." (1984:6). 48 El comportamiento cosmopolita del yo autobiográfico en los libros de viajes de BOI Bryson aumenta sus ventas. El desempleo y las restricciones económicas del régimen thatcheñano sumergen al ciudadano medio en un estado similar al sufrido por ios norteamericanos en la década de los años treinta. El libro de viajes, por consiguiente, posee la misma función en Inglaterra que el celuloide y la novela en Norteamérica, una función que, como señala el propio Buford, proporciona un estado agradable de "arm-chair emancipation"(1984:7)'*. Viajar, en cualquiera de sus formas, incita a la lectura. La ya mencionada popularización del viaje ha incrementado considerablemente el número de lectores. El libro de viajes, además, invita a la movilidad, a abandonar el curso de la rutina y recorrer otras esferas. En este sentido, es preciso señalar las dos modalidades de lectores -y de lecturaque proporciona el género. En primer lugar, tenemos al lector que toma el texto como referente para un desplazamiento futuro o inmediato con el fín de autentificar su lectura a través de la experiencia real. Tal y como sostiene Carlos García Gual, la utilidad del libro de viajes para todo individuo que se dispone a conocer mundo es considerable: ...lo que da hondura y calidad a un viaje no es tanto cubrir ea un vuelo grandes distancias o descubrir exóticos paisajes y pintorescas gentes y paradisíacas playas, como renovar o contrastar las expectativas con las experiencias, y reinterpretar las experiencias a partir de las orientaciones y fiíntasías previas... Reconocer lo leído o rastrearlo y releerlo en el nuevo paisaje es imo de los más agudos placeres del viajero (1999:83). La lectura de textos viajeros es el punto de partida para nuevas interpretaciones, pues cada lector reconstruye el relato mediante la experiencia vivida. El texto deja de ser el referente único del receptor ima vez que éste se desplaza al espacio narrado, es decir, una vez que verifica con sus propios ojos la información contenida en el libro de viajes. Este ejercicio de confi-ontación entre lo leído y lo experimentado, sin embargo, no confina la lectura del libro de viajes a los márgenes de lo utilitario, pues la orientación literaria que proporciona la narración juega un papel esencial en la motivación, inspiración y conocimiento del lector y futuro viajero. ^ Aunque Buford no lo mencione, el periodo de entreguerras británico es también buen ejemplo del escapismo requerido por el lector de la época. Cienamente, como se ba sugerido antoioimente en el apartado 1.1, el libro de viajes estaba entre los géneros más solicitados y de mayor publicación en Inglaterca. En este sentido resalta de imoés el capínilo de Fussell titulado "The Travel Atmosphere" (1980:50-64). 49 M* del Pino Santana Quintana En segundo lugar, existe otro tipo de lector que, sin ánimo de desplazarse físicamente, se basta con la lectura del texto. Nos referimos, como se ha dicho, al "armchair traveller", un lector que sigue el itinerario de la narración y se sumerge en la aventura del relato acomodado en el sillón del hogar. Se trata de un viajero, en definitiva, que se desplaza con la mente al espacio proporcionado por el texto y deja volar su imaginación a través de la lectura, ayudado por los datos que el narrador le va proporcionando. Tal y como sugiere García Gual, sólo mediante la lectura, este arquetipo de lector adquiere un conocimiento considerablemente superior al del turista. A pesar de los avances de la ciencia, de todas las formas de viajes imaginarios existentes y, sobre todo, de la televisión, el "armchair traveller", por acuñar el término utilizado por Buford en 1984, sigue vigente aún con más ahinco que en décadas anteriores. Dos razones fundamentales son las que, de acuerdo con Morag Campbell, hacen prevalecer la existencia de este tipo de lector-viajero: [1.] Many travellers are armchair ones partly because they don't want tiieír illusions destroyed; each of us needs a personal Sbangri-La to retreatto. [2.] And, let's fece it, many people are content to be armchair travellers because they haven't the couiage or tfae stamina to be a traveller of the adventurous type they admire, ñor do they have the time or money (1989:56). El planteamiento generalmente subjetivo del libro de viajes transmite una serie de ideas y opiniones que el "armchahtraveller" no puede verificar, a menos que se desplace en un futuro; el texto, entonces, instaura un retrato del espacio visitado que acaba por convertú-se en el único referente para el lector -siempre y cuando no se descubran otros textos de esa misma geografía con opiniones dispares a la inicial-. Cuando esté espacio, una vez leído, coincide con los gustos personales del lector, llega a la categoria de espacio ideal o soñado, y visitarlo puede frustrar las idealizaciones del "armchair traveller". En palabras de Campbell, "it can spoil the dream for ever" (1989:56). La segunda razón que anima al "armchair traveller" a consumir Ubros de viajes tiene que ver con el grado de valentía y el nivel adquisitivo del lector; parámetros personales, finalmente, que no son del todo controlables por él 50 El comportamiento cosmopolita del yo autobiográfico en los libros de viajes de Bill Bryson My intention was to catch a flight home from Heathrow the next day; I was due to resume my listless university studies in two weeks. But over many beeis in a cheery pub called The Rose and Crown, it was intünated to me that the hospital was always looking for menial sta£f and that I, as a native speaker of English, was a shoo-in. The next day, with a muzzy head and without benefit of reflection, I found myself fílling in forms and being told to present myself to the chaige nuise on Tuke Ward at 7 a.m. the following moming (1998:74-5). El autor permanecerá dos años en Virginia Water, Surrey, trabajando como vigilante de una de las salas del hospital psiquiátrico Holloway Sanatorium. Durante este tiempo, Bryson conoce a Cynthia Mitchell, enfermera del mismo hospital con la que pocos meses más tarde contrae matrimonio. En 1975 regresa a lowa en compañía de su esposa con objeto de terminar sus estudios universitarios en la Drake Urtiversity, en Des Moines. El autor compaginará sus estudios trabajando como redactor jefe en uno de los periódicos de su ciudad natal, el Des Moines Register. Después de dos años en los Estados Unidos y con el título imiversitario bajo el brazo, Bryson retoma nuevamente a Inglaterra y obtiene una plaza eventual para el periódico Daily Mirror. Poco después, el autor se instala en Boumemouth, donde ejercerá de subeditor del Boumemouth Evening Bicho durante dos años. Su siguiente puesto de trabajo será en Londres para el Financial Weekly. En 1980 ingresa en la plantilla del prestigioso tabloide The Times, donde llegará a convertirse en redactor jefe de la sección de negocios y, cinco años más tarde, en subeditor de noticias nacionales de la sección de negocios de Jhe Independent. Pero no sólo de periodismo vivirá nuestro autor. A comienzos de la década de los ochenta, para complementar sus ingresos, Bryson comienza a escribir artículos de viaje para diversas revistas y periódicos. Con residencia fíja en una pequeña villa de Yorkshire Dales, el viajero abandona en 1986 su trabajo de periodista para dedicarse de lleno a la creación literaria. Esta decisión, como el propio Bryson explica en su introducción a TTie Best American Travel Writing 2000, parte de un viaje a Copenhague con el fin de cubrir un artículo para la revista Trans World Airlines: It was whilé dawdling over a cofFee on Streget, the city's principal pedestrian thorough&re, that the gjddy if somewhat tardy rc^ization dawned on me that I was spending fíve days in a European capital at someone else's expense, having an awfíilly good time, and that all that was required of me in retmn was to write down a Ifaousand words or so of observation on what I saw and did. And for this I was to be paid real 57 M* del Pino Santana Quintana money -pretty good money, as I recall. It was then it occurred to me that this was a pretty well unbeatable way to make a iiving (2000:xix-xx). Dos años más tarde, en 1989, su primer libro de viajes sale a la luz. Dedicado a la memoria de su padre, fallecido poco antes del periplo, The Lost Continent: Trovéis in Small Town America relata el reencuentro de Bryson con su patria, así como su propio afán por descubrir la ciudad americana perfecta. A esta primera obra le sigue, en el año 1991, Neither Here Ñor There: Trovéis in Europe, donde el autor emprende su viaje de adulto a Europa, evocando en su recorrido algunas de las escenas más emotivas de aquél realizado veintisiete años atrás en compañía de su amigo de juventud Stephen Katz. Notes from o Small Island, publicado en 1995, será el libro de viajes que mayor fama le reporte, especialmente en su país adoptivo, donde Bryson logra vender más de setecientas cincuenta mil copias, permaneciendo durante largas temporadas en las listas de libros más vendidos. Se trata de un homenaje de despedida a Gran Bretaña, el país que lo ha acogido durante veinte años y del que Bryson decide partir con el ñn de establecerse por un tiempo en Norteamérica. El motivo de su decisión radica principalmente en el deseo de que su esposa e hijos tengan la oportunidad de experimentar la convivencia en un entorno distinto al británico y también de habitar un espacio más urbano que el de Yoricshire Dales. Existe, además, otro motivo que lo impulsa a regresar a su propia tierra. Así nos lo hace saber irónicamente en Notes from a Small Island: "I had recently read that 3.7 million Americans, according to a Gallup poli, believed that they had been abducted by aliens at one time or another, so it was clear that my people needed me" (1998:34). En el mes de mayo de 1995, Bryson y su familia abandonan Inglaterra rumbo a los Estados Unidos. El lugar escogido para establecer su nuevo hogar será Hanover, una pequeña y apacible ciudad universitaria en el estado de New Hampshire. Apenas dos años después de su llegada, en 1997, se publica su cuarto libro de viajes e inmediatamente se convierte en un best seller en su propio país. A Walk in the Woods narra las peripecias de Bryson y su compañero de viaje Stephen Katz en su intento por recorrer el sendero natural más extenso de Norteamérica, el Appalachian Trail. Durante la redacción del libro y su publicación, Bryson no deja de colaborar en diversos periódicos y revistas. En especial queremos destacar la columna que, con 58 El comportamiento cosunopolita dd yo autobiográfico en los libros de viajes de Bill Bryson una periodicidad semanal, publica en la revista londinense A/a// on Sunday's Night & Doy, en la que nuestro viajero relata al lector británico su proceso de readaptación en América y los incidentes que le procuran el llamado American wqy of Ufe. Estos artículos, escritos entre octubre de 1996 y mayo de 1998, se reúnen finalmente en un libro que varía en su titulo asi como en una pequeña parte de su contenido de acuerdo con el pais de publicación: en Inglaterra, Notes from a Big Country; en Estados Unidos, con im enunciado \m tanto más explícito que el anterior, I'ma Stranger Here Myself: Notes on Retuming to America After Twenty Years Awqy. Como explica el propio Bryson en una entrevista para January Magazine (2000): What happened was in the British editíon tfaey just todc the fírst 18 months of [U.K. newspq)er] columns -all of them but one or two. By the time the Americans got aroiind publishing, I'd done die colunin for two years and they had extra six months worth of stuffto choose from. And I just left it to Üie editor in New Yoik to choose". Es también durante este periodo cuando Bryson regresa a su adoptiva Inglaterra con el fín de rodar ima serie para la televisión británica basada en el viaje relatado en Notes from a Smalllsland. Publicado justo a tiempo para las Olimpiadas del año 2000 celebradas en Sydney, su siguiente libro de viajes también presentará una variación en el titulo: Down Under en el Reino Unido Q In a Sunbumed Country en Norteamérica y Australia. El viajero se basa en sus ocho visitas al continente australiano, siendo la primera de ellas en 1992, para relatamos sus andanzas por este remoto pais. Tras su publicación, Bryson, que no olvida el periodista que fiíe, aceptará colaborar de nuevo con The Times como corresponsal de los juegos olímpicos. En ese mismo año, su contribución al género de viajes se verá igualmente reflejada en su labor como editor, junto con Jason Wilson*', de The Best American Travel Writing 2000, una antología que recoge los mejores relatos viajeros producidos en el año 1999. Destaca, en " Entrevista realizada por Linda Richards para la revista publicada en Internet January Magazine, jul. 2000. " Jason Wilson es profesor de Uteratnta latinoamoicana en el Univeisily College de Londres; sus contribuciones como critico incluyen diversos estudios sobre la poética de Octavio Paz y un análisis acerca de la historia y la cultura de Buenos Aires en Buenos Aires: A Cultural and Literary Companion (1999). Como editor ha publicado South and Central America: Literary Companion (1995). 59 M* dd Pino Santana Quintana segundo lugar, su participación en The English LandsccqK (2000), una interesante colección de ensayos en tomo a la campiña inglesa cuya introducción corre a cargo del propio Bryson. En 2001, el autor se encarga del prólogo a la reedición de The Ascent ofRum DoocBe, un clásico de la literatura de montaña publicado por primera vez en el año 1956 por el escritor británico W.E. Bowman. Su más reciente incursión en el género de viajes lleva por título Bill Bryson 's Afiican Diary (2002). Se trata de un libro en el que el autor narra sus experiencias en Kenia de la mano de la organización no gubernamental CARE International. Además de a la actividad viajera, Bryson ha consagrado parte de sus años al estudio de la lengua inglesa. Libros como Mother Tongue: English ondHow It Got That Way (1990), un estudio sobre la evolución de la lengua inglesa desde sus origenes hasta la actualidad, y Made in America (1994), que comprende un repaso personal a la historia de la lengua y la cultura popular de los Estados Unidos, han sido aclamados por la crítica anglosajona. A estos podemos añadir otras obras como The Penguin Dictionary of Troublesome Words (1983) -recientemente actualizado y adaptado al lector norteamericano con el título de Bryson's Dictionary of Troublesome Words (2002)- y Jhe Penguin Dictionary for Writers and Editors (1991). Contamos, además, con un libro de formato pequeño e ilustraciones publicado en 1980 bajo el título de Bizarre World. Se trata de un compendio de anécdotas extraídas tanto de la prensa británica como de la norteamericana que no pretende otra cosa que ilustrar el lado más singular del ser humano. Cabe destacar, asimismo, una guía de viajes publicada en el año 1985. Ihe Palace Under the Alps and Over 200 Other Unusual, Unspoiled, and Infrequently Visited Spots in 16 European Countries comprende un itinerario personal hacia los lugares menos visitados del continente europeo. A Short History ofNearly Everything (2003), una obra de carácter científico y divulgativo a la que el autor dedicó más de tres años de estudio, constituye su publicación más reciente fuera del género de viajes. En ella, Bryson nos ofrece una panorámica general de la ciencia contemporánea, abarcando cuestiones como el origen del universo, el descubrimiento gradual del tamaño y la edad de la tierra, la anatomía de un átomo y el surgimiento de la civilización. 60 El comportamiento cosmopolita del yo autobiográfico en los libros de viajes de Bill Bryson Por otra parte, su participación en numerosas revistas especializadas en el tema de los viajes como Outsick, National Geographic y su afiliada Traveler, Conde Nast Traveler, Travel & Leisure o la británica Granta, y otras como The Australian Magazine, Bon Appetit, Sports Illustrated y New York Times Magazine, demuestra el interés de sus editores, así como del público en general, por un autor que año tras año se ha ido imponiendo en el género. Los libros de viajes de Bill Bryson son reeditados con frecuencia*^; al menos cuatro han alcanzado de manera sistemática el número uno de ventas y, en los últimos años, prácticamente todos han sido editados en audiobooks, y narrados en su mayoría por el galardonado actor británico Kerry Shale. Además, su obra viajera ha sido traducida a varios idiomas, concretamente en países europeos como Francia, Italia, Alemania y España.*^ En 1996, Bryson recibió el premio al autor del año de la mano de los British Book Awards; los patronatos de turismo de Inglaterra y Gales, a su vez, distinguieron la figura del viajero por sus escritos sobre Gran Bretaña. En el año 1999 fiíe galardonado con el National Librarles Association Reader's Cholee Award y el New England Book Award, ambos premios correspondientes a la categoría de no ficción. En una encuesta realizada ese mismo año, Bryson ñie nombrado el escritor más popular de Gran Bretaña. Además, ha sido nominado en dos ocasiones para los premios concedidos por la James BeardFoundation. ^^ Notes fivm a Small Island, sin ir más lejos, es buen ejemplo del éxito del autor. Publicado por primera vez en 1995, al afio siguiente fue objeto de seis reediciones; en 1997, de once; en 1998, de tres; en el año 2000 continuaba siendo un best seller en Inglaterra. " En nuestro país contamos con la traducción de cuatro de sus obras: la {nimera. Menuda América (Mondadori, 1994), es una traducción de Made in America llevada a cabo por Carlos García-Rodrigo; a ésta le sigue la versión española del viaje a Australia realizado por Bryson, con el título d&En las Antípodas (Integral, 2000) y traducido por Estfaer Roig Formosa; en tercer lugar, Historias de un gran país (Altair Viajes, 2002), traducción al castellano de Notes from a Big Country a cargo de Antonio Padilla Está)an; por último. Una pequeña historia de casi todo (RBA, 2004), titulo español que corresponde a A ^ort History ofNearfy Everything, traducido por J. M. Álvarez Flórez. 61 II LA OBRA LITERARIA DE BILL BRYSON Y LA CRÍTICA El comportamiento cosmop«riita dd yo autobiográfico en los libros de viajes de KO Bryson n. 1. Oasificación de las fuentes "Besides tbe ttavelling and the wiitiiig, it is die criticism of these activities tliat is in prooess." Glenn Ho(q>er & Tim Youngs, Perspectives on Travel Wríüng. La preocupación por el estudio académico del libro de viajes es, si la comparamos con la que hemos sentido por otros géneros, prácticamente reciente. Como ya hemos advertido en los apartados anteriores, especialmente en el 1.1, lafigura del viajero ha estado presente en casi todas las épocas, aportando con sus testimonios una visión del mundo que siempre estuvo en consonancia con el contexto social, cultural y político que le tocó vivir. Tal y como parece atestiguar la historia del género, a pesar de que sus comienzos se-remontan a la antigua cultura griega, no es hasta las últimas décadas del siglo XX cuando se convierte seriamente en objeto de análisis. Unido a otras formas lit^arias que, como el relato epistolar o la novela, sí han gozado de una amplia aceptación crítica, el viaje es un género que, hasta principios de los años ochenta, carecía de una atención especializada. Es precisamente a partir de esta década cuando el libro de viajes comienza a plantearse en el ámbito académico como una narrativa que merece ser estudiada. Se inicia, de esta forma, una crítica específica del género cuya presencia se irá haciendo cada vez más notoria a medida que nos acerquemos al presente siglo. Tal y como afirma Tim Youngs en su ensayo titulado "Where are we going? Cross-border approaches to travel-writing", "travel writing studies is now in fashion" (2004:171). Prueba de ello es la creciente producción de monografías y colecciones de ensayos centrados exclusivamente en el análisis del género; también, el número de estudiosos pertenecientes a otras disciplinas distintas a la crítica literaria que han puesto su mirada en este tipo de textos. Al acercamiento literario que, desde un principio, ha dominado la recepción académica del libro de viajes, se han ido incorporando otros campos de estudio como la sociología, la historia, la geografia, los estudios culturales y postcoloniales, la lingüística, la historia del arte o la antropología'. ' De acuenk) con Tim Youngs, esta confluencia de acercamientos teóricos en la critica del libro de viajes ba dado como resultado que "those who woili on travel writing vaaiy find themsetves occiq>>ing an ili-defined space between disciplines" (2004:171). 65 M" dd Pino Santana Quintana No cabe duda de que ha sido la crítica anglosajona la que más se ha preocupado por el estado de la cuestión de los últimos veinticinco años. Paul Fussell, en Abroad: British Litercay Traveling Between the Wars (1980), ha dejado muestras de cuáles han sido los años de mayor vitalidad del libro de viajes en cuanto a su nivel de publicación e interés social por los títulos. Se trata, en primer lugar, de un. estudio pionero en la crítica literaria del género, que originó a su vez la aparición de otros textos de enfoque similar, los cuales han contribuido igualmente a despejar incógnitas de una época caracterizada, ai menos en apariencia, por la escasa producción de textos viajeros^. Abroad, además, nos ha permitido profundizar en la narrativa viajera de todos aquellos autores británicos vinculados al periodo de entreguerras. La extensa variedad de material bibliográfico existente en la actualidad nos conduce de manera obligada a un modelo de organización y selección tan sencillo de interpretar como ajeno a manifestaciones y circunstancias que impidan llegar a los textos con claridad. De este modo, la distribución de las fuentes que proponemos está basada en criterios de adscripción e interés editorial de cada uno de los manuales. Haciendo uso de una exposición crcmológica en cuanto a fechas de publicación, nos centraremos, en primer lugar, en las antologías y los diccionarios. Las monografías dominarán la segunda parte de la clasificación, para cuyo caso optaremos por mencionar las más destacadas en cada uno de los periodos de los que se ocupan. Nos detendremos, en primer lugar, en aquellos trabajos que ofi°ecen una visión global del género y que, por tanto, comprenden un margen extenso en el devenir histórico de este tipo de narrativa, desde sus comienzos hasta el estado actual de la misma. Seguidamente, señalaremos monografias centradas en la producción viajera que abarca desde el sigla XV hasta los albores del siglo XX. Por último, incluiremos una serie de obras especializadas en el período que parte de los dorados años veinte y treinta hasta nuestros días. ^ David Espey, en su discurso en haooi a Paul Fussell para la Conferencia "Writing the Joumey: A Conference on American, British, and Anglophone Travel Writers and Writing" (1999), sostiene que, mientras entre los afios 1935 y 1980 tan sólo habia catorce libros de critica sobre el género, a partir de 1980, con la publicación de Abroad, hay un total de cioito treinta y tres estudios sobre el libro de viajes, sin contar con la multitud de artículos existentes. 66 El comportamiento cosmopolita del yo autobiográfico m los libros de viajes de Kn Bryson De los estudios monográficos pasaremos a reseñar un grupo de trabajos cuya temática gira en tomo a una cuestión central draitro del contexto de la narrativa viajera. Dado el vasto número de materias relacionadas con el género y las diversas formas de desplazamiento sujetas a cada uno de los periodos históricos, hemos optado por aunar este tipo de estudios de acuCTdo con su tema. Nos referiremos, con el siguiente orden, a tectos centrados en el fenómeno del Grand Tour, la interesante vertiente paisajística del género, la aportación de la mujer al libro de viajes, la cuestión postcolonial, la percepción socio'política, la evohición del viaje, su rol cultural y, en último lugar, los manuales para el futuro escritor viajero. Finalizaremos el presente apartado incluyendo una miscelánea en la que trataremos de romir la labor de la prensa escrita con respecto al tema del viaje, revistas académicas con estudios monográficos consagrados al género, actas de congresos y asociaciones. Tanto en el caso de las monografías y obras de temática central, como en el apartado de miscelánea con el que concluiremos esta clasificación bibliográfica, la selección de los textos está constituida por aquellas obras que, en su contexto, nos resultan las más representativas. No obstante, todas aquellas a las que no se hace mención aquí podrán confrontarse en la bibliografía final. Entre las antologías más señaladas conviene tener en cuenta la editada por Philip Dodd, The Art of Travel: Essqys on Travel Writing (1982), así como The Norton Book of Travel (1987) y Temperamental Joumeys: Essqys on the Modem Literature of Travel (1991) de los norteamericanos Paul Fussell y Michael Kowalewski respectivamente; cabe destacar, igualmente, otras antologías de publicación más reciente como la editada por Peter Hulme y Tim Yoimgs, The Cambridge Companion to Travel Writing (2002), Issues in Travel Writing: Ejnpire, Spectacle, and Displacement (2002), a cargo de Kristi Siegel, y Perspectives on Travel Writing (2004), editada por CHenn Hooper y Tim Youngs. Publicada en el año 1982, la primera de ellas supone, tal y como suscribe Philip Dodd en el prefacio, la primera colección de ensayos críticos dedicada por entero a la lita-atura de viajes británica. Su estudio, centrado en viajeros vinculados a distintos periodos en la historia del libro de viajes, aunque con especial atención a la primera mitad del siglo XX, es relevante en cuanto al acercamiento literario que se ofi-ece de ios textos en un período de formación para la teoría del género. Algunos ensayos, como el de John 67 M* dd Pino Santana Qnintana Thieme titulado "Authorial Voice in V.S Naipaul's The Middle Passagé", destaca principalmente por tratarse de uno de los primeros ejercicios literarios en tomo a un escritor de viajes moderno; otros artículos como "Travel Writing Victorian and Modem: A Review of Recent Research" de Joanne Shattock, sobresalen por el manejo contrastado que se hace de las fiíentes bibliográficas y por el rescate de viejos libros que conviven con otros enteramente desconocidos. A pesar de tratarse de una antología de textos viajeros, más que de ensayos criticos en tomo al viaje, The Norton Book of Travel (1987), editada por Paul Fussell, merece ser incluida en este apartado. Sus más de ochocientas páginas aportan ima visión global del desarrollo del género, incluyéndose en ellas fragmentos de narraciones viajeras que abarcan desde Heródoto hasta el post-turísmo. Además de ima excelente introducción en la que Fussell no pierde detalle en su análisis particular del libro de viajes, el autor divide los textos en distintos apartados, todos ellos precedidos de un ensayo, en los que cada autor está acompafíado de una breve reseña biográfica. ". Temperamental Joumeys: Essays on the Modem Literature of Travel (1991) posee el privilegio de ser la primera colección de ensayos consagrada exclusivamente a la producción viajera del siglo XX. Editado por Michael Kowalewski, el volumen celebra el florecimiento del género a lo largo de las últimas décadas mediante artículos de apreciados estudiosos en la materia como Paul Fussell y Terry Caesar, así como de acreditados viajeros como William Least Heat-Moon y Mary Morris. La obra destaca no sólo por estar centrada en un marco contemporáneo, sino también por la novedosa diversidad de sus temas; los textos, orientados hacia el libro de viajes tanto en Gran Bretaña como en Norteamérica, constituyen una lectura esencial para cualquier aproximación al género. Asimismo, Temperamental Joumeys... se complementa con una cronología que parte del año mil novecientos. Cabe destacar otras antologías de publicación posterior como la recogida por Santiago Henríquez, titulada Travel Essentials: Collected Essays on Travel Writing (1998), y Writes of Passage: Reading Travel Writing (1999) editada por James Ehmcan y Derek Gregory, que reúnen en sus páginas numerosos ensayos críticos que abarcan cuestiones y periodos de carácter diverso, poniendo de relieve el interés académico que despierta el género cada día. 68 El comportamiento cosmopolita del yo autobiográfico en los libros de yii^ de Bill Bryson A raíz de los estudios feministas desarrollados en la segunda mitad del siglo XX y su incursión en la critica literaria, el libro de viajes escenificado y escrito por mujeres intrépidas y aventureras es objeto de estudios distintos. Desde el período romántico iniciado por autoras como Mary Wolfstonecrafthasta la actualidad, las narraciones viajeras de mujeres son el punto de partida de diversos ensayos, monografías, biografías y, principalmente, antologías. Obras como Travel, Gender and Imperialism: Mary Kingsley and West Afhca (1994) de Alison Blunt y A Wider Range: Travel Writing by Women in Victorian England (1994) de María Frawley, centran su atención en el libro de viajes de mujeres a lo largo del período Victoriano. Otros títulos, como el publicado por Elizabeth A. Bohls, Women Travel Writing and the Language of Aesthetics, 1716-1818 (1995), analizan la presencia de escritoras viajeras como Janet Sc^aw y Dorothy Wordsworth en la literatura romántica. Un enfoque más contemporáneo del libro de viajes de mujeres nos lo presenta Sidonie Smith; en su libro titulado Moving Lives: Twentieíh-Century Women's Travel Writing (2001), la autora profundiza en la obra de una serie de viajeras del siglo XX, como Alexandra David-Neel, Robyn Davidson, Amelia Earhart o Mary Morris, cuyos recorridos son llevados a cabo en medios de transporte atípleos. Smith analiza en su estudio en qué forma el modo de desplazamiento escogido por estas autoras afecta a la escritura del viaje. Por otro lado, tal y como algunos críticos han sugerído, la irrupción de los estudios postcoloniales en el marco académico influye considerablemente en el género de viajes^. El período imperial del que ñie testigo el viajero Victoriano, el nuevo orden geopolítico conformado a través de las zonas colonizadas, los cambios surgidos a lo largo del siglo XX y la consecuente migración periférica dejan huella en una gran parte de los testimonios que constituyen el corpus viajero actual. El Imperialismo genera una serie de nociones fundamentales para el entendimiemo de las teorías postcoloniales tales como el Oríentalismo, la Otredad y el desarraigo. Estos conceptos son, a menudo, perceptibles en los libros de viajes, sobre todo ^ Syrine Chafic Hout, por ejemplo, afinna que el estudio académico del género que tiene lugar en los afios ochenta es una consecuencia directa de la critica postcolonial y, también, de los estudios culturales (1997:5). Para Brian \bisgrove, la reedición de textos clásicos del género, las primeras incursiones de escritores como Bruce Chatwin y Paul Theroux, los inicios teóricos bada una poética del viaje y el nacimiento de la critica postcolonial son acontecimientos que oculten de forma simultánea (1999:33). 75 M* dd Pino Santana Quintana cuando el periplo y el viajero tienen algo que ver con las antiguas colonias. Imperial Eyes: Travel Writing and Transculturation (1992) de Mary Louise Pratt, es ima de las primeras y más significativas obras que hemos de tener en cuenta a la hora de estudiar el género desde el punto de vista postcolonial. Centrando su interés en áreas de África y Sudamérica, Pratt analiza el libro de viajes como antiguo portador de ideologías imperialistas, mostrando con ello el papel decisivo del viajero en la comunicación de la expansión política y económica del pasado. En su estudio, la autora maneja una serie de conceptos significativos en el posterior desarrollo de la teoría postcolonial aplicada al género, tales como "contad zone", "anti-conquest", "auto-ethnography" o "transculturation". A este último recurre Pratt con el fin de explicar la manera en que tiene lugar el paso de la cultura de las colonias a la metrópolis, y para reflejar las diversas formas en las que las colonias adaptan a su cultura modos de representación propios de la metrópolis. Las representaciones del otro en el desplazamiento actual, así como sus construcciones en un espacio foráneo, el exotismo y las actitudes posthnperialistas del nuevo viajero son también objeto de análisis en la teoría postcolonial. Así lo demuestra la obra editada por Steve Clark, Travel Writing and Empire: Postcolonial Theory in Transit (1999). Clark plantea un estudio del género de viajes a través de una lectura crítica de aquellos textos cuya producción está ligada a periodos marcados por el dominio imperialista; de esta forma, los diversos ensayos que componen la obra se centran en cuestiones como la reapropiación de lo foráneo por parte de las culturas indígenas, el papel que desempeña la sexualidad en la construcción identitaria del viajero, la interacción entre la esfera doméstica y la imperialista o el desarrollo del saber colonial en áreas como la geografía, la medicina y la zoología. La percepción del viaje como referente político y social del entorno contemporáneo queda reflejada en una serie de estudios enfocados en las ideas del exilio, la migración, la diáspora y el nomadismo, y también en el planteamiento de cuestiones como la identidad o el hogar como espacio de arraigo. En los últimos años, la publicación de títulos tan significativos como Migrancy, Culture andldenttty (1994) de lain Chambers, Travellers' Tales: Narratives ofHome and Displacement (1994), editado por George Robertson, Melinda Mash, Lisa Tickner, John Bird, 76 El comportamiento cosmopolita del yo autobiográfico en los libros de viajes de BiB Bryson Barry Curtis y Tim Putnam, Questions of Travel: Postmodem Discourses of Di^lacement (1996) de Caren Kaplan, y Being/s in Transit: Travelling-MigrationDislocation (2000) a cargo de Liselotte Giage, sorprenden por el planteamiento socio-político del estudio del género. La diversidad cultural del mundo contemporáneo y la relación entre el espacio y la identidad que surge a medida que el viajero fluye por el paisaje son, tal y como demuestran este tipo de obras, algunos de ios contenidos más discutidos cuando se trata de analizar el estado actual de la literatura viajera. Una buena parte de las publicaciones más recientes versan sobre el estudio del género como medio de representación de la propia evolución del viaje. Carel Traynor Williams, editora de la colección de ensayos recogida en Travel Culture: Essays on WhatMakes Us Go (1998), expone los parámetros que definen lo que ella acierta a llamar "travel culture", una disciplina que abarca el viaje y todo to relacionado con los recorridos: Travel culture covers travel and tfae Éiraway places and also everything that goes wtth travel: all the media and artifiícts connected wiA the Orient Express or the «small, small world» of Disney; the hype, tr^pings, and general milieu of a Princess cruise or a Smithsonian eíq)edition (1998:xiii). Se trata, por consiguiente, de un acercamiento al género más propio de áreas como la sociología y la historia que del estudio literario. De igual forma. Jas Elsner y Joan-Pau Rubiés, editores de Vqyages and Visions: Towards a Gutural History of Travel (1999), plantean el estudio cultural del género como catalizador del desarrollo de la identidad moderna. Teniendo en cuenta la función que han tenido los viajes en la tradición occidental a lo largo de la historia, Voyages and Visions... aborda la progresión cultural de los mismos desde la Antigüedad hasta el siglo XX. Esta ramificación del análisis académico en la que el viaje se estudia como fenómeno cultural además de movimiento físico, incluye asimismo trabajos sobre el significado del desplazamiento en el mundo actual, el turismo y las zonas más visitadas, la democratización del viaje, la globalización y 77 M* del Pino Santana Qnfaitana Otros temas igualmente vinculados a los estudios culturales^. Por lo expuesto hasta ahora, queda claro que el interés literario que ha despertado el libro de viajes durante las cuatro últimas décadas ha dado pie a la publicación de una variedad de libros que nada tienen que ver con la atención académica del género. Nos referimos a los manuales dirigidos a todo aquel que desee iniciarse como escritor de libros de viaje. Esta especie de vademécum literario pretende explicar los distintos parámetros por tos que ha de regirse el aspirante a viajero si desea tener éxito con sus narraciones. En Wrttíng about Travel (1989), Morag Campbell expone los tipos de discurso presentes en el texto viajero, ya se trate de guias, artículos periodísticos, revistas especializadas o libros de viaje. También se refiere a otras cuestiones como la organización del trabajo, el estilo, la perspectiva del cuento o la inclusión o no de otro material documental^. Jane Edwards, en Travel Writing in Fiction and Fací (1999), nos advierte de la importancia del viaje en la escritura y nos ofi'ece sus consejos junto con los de otros expertos en la materia para, entre otras cosas, desarrollar relatos viajeros o crear verosimilitud en textos de ficción. Otros títulos de idéntica índole e intencionalidad algo más directa como el publicado por Curtís Casewit titulado Haw to Make Money from Travel Writing (1991), plantean las claves necesarias para atraer editores y obtener beneficios económicos. Finalmente, conviene destacar el papel que ha jugado la prensa escrita en el desarrollo académico del libro de viajes. Suplementos literarios de gran tirada en el mundo anglosajón como The Times Literary Supplement, Times Educational Supplement, London Review of Books o New York Times Review ofBooks incluyen no sólo artículos de crítica literaria, sino también reseñas de libros de viajes, ya se trate de novedades o de reediciones de clásicos, que ayudan a mantener vivo el interés por el género. •* The Tourist: A New Theory ofthe Leisure Class (1976), de Dean MacCaimell es uno de los piimeros estudios académicos sobre el fenómeno tuiístico. Otros trabajos más recientes como The Tourist Gaze: Leisure and Travel in Contemporary Societies (1990), de John Uny, y Ways of Escape: Modem Transformations in Leisure and Travel (1994), de Chris Rojek, entre otros, presentan teorías esenciales dé caiácter económico, político y social para el entendimiento del tuiismo y su desanollo. Lucy R. Lippard, por último, en On the Beaten Track: Tourism, Art and Place (1999), analiza con detenimiento la iqnesentación de los espacios turistícos y su papel en la transformación de los lugares queociq>aa ^ Esta obra de Campbell cuenta con una traducción al espaíiol, a cargo de Joan Caries Cíuix Vilaplana, con el titulo Escribir literatura de vieges (Barcelona: Paidós, 2003). 78 £1 comportamiento cosmopolita del yo autobiogránco en los libros de viajes de Bul Bryson Contamos también con un considerable grupo de revistas de corte académico que, en más de una ocasión, han dedicado uno o varios monográficos al tema del viaje. Además de Granta 10 (1984), 20 (1986), 26 (1989), 73 (2001) y The Best qf Granta Travel (1991), otras revistas como Ariel, The Oxford American o The CEA Crttic, han editado volúmenes especiales consagrados en su totalidad a la literatura de viajes. En el año 1990, Ariel publicó un monográfico titulado The Literatwe qf Travef. En dicho ejemplar se incluyen ensayos con planteamientos teóricos y documentales en tomo al libro de viajes. The Travel Issue de The Oxford American (2001), contiene reportajes de autores viajeros, así como reseñas de figuras clásicas del género como Richard Halliburton. La también norteamericana The Cea Critíc, dedica im número especial al aspecto didáctico del género titulado Teaching Travel Literature\200l). En España, las revistas Compás de Letras, 7 (1995), Revista de Occidente y Nerter, 7 (2004) han seguido la misma línea que las publicaciones mencionadas sobre el panorama anglosajón. Más concretamente. Revista de Occidente ha dedicado tres amplias monografías relacionadas con el objetivo que aquí nos ocupa: una, bajo el titulo Viajes: del Vagabundo al post-turista (1997); otra que lleva por título Las crisis económicas. Placeres y desengaños del viaje (1999); y una tercera titulada Caminar escribiendo: expansión europea y literatura de viajes (2003)*. Entre las revistas académicas especializadas en el estudio y crítica del género, destacamos The Journal of African Travel-Writing, Studies in Travel Writing y Joumeys. International Journal of Travel and Travel Writing. La primera de ellas tiene carácter semestral y comenzó a editarse en 1996. Entre sus intereses está el de mostrar y analizar el relato de viajes en tomo al continente afiicano. Diversos contenidos enriquecen sus ejemplares: narraciones de ficción y no-ficción, poesía. ^ Nos referimos al número 4, con aitictdos tan interesantes como la pitqna "Introduction'' de I.S. MacLaien o "Nanative Occasions and the Quest for Setf-Piesence in tbe Travel Diaiy" de Andrew Hassam. ^ Se trata del número 1, perteneciente al volmnen 64, cooidinado por Scott Chiistianson y Julia Gergits, entre cuyas aportaciones se encuentran artículos de Sytine Cbafic Hout y Santiago Heniiquez. ' El númm) 193 (1997) cuenta con la paiticipación de figuras tan destacadas como Chiis Rojek y el escritor de viajes Javier Reverte; los números 218-219 (1999) contienen, a su vez, ensayos de Carlos García Gual y Pico lyer, el número 260 (2003), por último, convoca a un gn^ de investigadores, entre los que se incluyen Juan Pimentel y Miguel Ángel Puig Samper. 79 M" dd Pino Santana Quintana reseñas, ensayos académicos. Ei propósito común de estos es la exploración de África como lugar propicio para la narrativa. La revista que edita Tim Youngs y que inició su andadura en 1997, Studies in Travel Writing, comenzó siendo una publicación anual hasta que en el año 2003 pasó a editarse dos veces al año bajo la editorial WMte Horse Press. Su principal objetivo es el de intercambiar y debatir los distintos trabajos académicos de los que la revista se hace eco. Además de una sección de reseñas, en algunos de sus números, se incluyen entrevistas a autores de viajes y escritos elaborados por los mismos. Joumeys. IntemationalJoumal of Travel and Travel Writing, por último, sobresale entre las revistas más recientes. Fundada en el año 1999 por la editorial Berghahn Books y los editores Gany R. Marvin, Robert C. Davis y Maria Pia Di Bella, Joumeys cuenta con la participación de reputados críticos del género como Chloe Chard, Jas Elsner, Dean MacCannell o John Uny. Se trata de una publicación bianual de carácter interdisciplinarío y de interés para aquellos interesados en el estudio del género desde distintas perspectivas como la antropología, la geografía, la crítica literaria y los estudios culturales. Además de artículos de prensa, números monográficos de revistas y otras publicaciones especializadas, el libro de viajes ha sido objeto de análisis en diversos congresos. En España, la Universidad Complutense y la Universidad de Murcia han ofi'ecido seminarios entre los que ya es habitual encontrar el viaje como tema central. En ellos, se vienen ofreciendo distintas visiones del género, desde su expresión física hasta su popularidad literaria. En el ámbito anglosajón, son numerosos los actos académicos que se celebran anualmente en tomo al libro de viajes. En los Estados Unidos, las Universidades de Minnesota y Petmsylvania han organizado congresos que sobresalen tanto por su variado acercamiento al género, como por la asistencia de autores como Colín Thubron y Paul Fussell. En el ámbito europeo, es importante destacar la labor llevada a cabo por el congreso internacional Borders and Crossings / Seuils et Traverses. Se trata de un evento académico de carácter multidisciplinar y consagrado por entero al género de los viajes, que comenzó en el año 2000 y se ha venido celebrando anualmente hasta la actualidad. Presentadas en inglés o en fí-ancés, las ponencias abarcan un sinfín de temas relacionados con el viaje y presentan una gran variedad de acercamientos teóricos, desde la literatura, la geografía, la historia 80 El comportamieirto cosmopolita del yo autobiográfico en los libros de viajes de Bill Bryson del arte o la traducción, hasta la antropología, la historia y los estudios culturales o mediáticos. Contamos también con organizaciones académicas como la Popular Cultural Association (PCA), Association for the Study qf Travel in Egypt and the Near East (ASTENE) y Jhe International Society for Travel Writing (ISTW), centradas en fomentar los trabajos realizados por estudiosos del género mediante conferencias, exhibiciones y seminarios, boletines informativos y colecciones de ensayos. Esta información bibliográfica viene a demostrar tan sólo la creciente actividad académica en la que se encuentra sumergido el género en los últimos años. Es importante subrayar, en este sentido, el interés que presenta una clasificación de las fuentes como la constituida en este apartado; su consulta, en primer lugar, nos facilitó la resolución de cuestiones que se iban a plantear a lo largo de este trabajo, y que son capitales para el desarrollo del mismo; en segundo lugar, las opiniones vertidas por los autores en las distintas fiíentes estudiadas serán motivo de contraste, propiciando con ello el debate entre los distintos planteamientos críticos. Sin duda alguna, el interés por mostrar un comentario de los textos como se ha hecho supone referenciar la obra en el marco que la relaciona al tema que nos ocupará en capítulos posteriores. n. 2. La trayectoria literaria de BiU Bryson Desde que Bill Bryson decidiera en el año 1986 conducir su carrera literaria hacia la literatura de viajes, su producción viajera ha seguido una línea uniforme e imparable. Su narración irónica, desenfada, su particular sentido del humor y el hecho de haber publicado hasta ahora siete libros de viajes, lo han convertido en uno de los más soUcitados e}q)onentes del género. Queremos decir que no sólo se trata de un escritor muy conocido en el panorama anglosajón, sino que dicha popularidad se debe a la publicación constante de libros de viajes escritos con suficiente altura literaria. Fue la editorial británica Secker & Warburg la encargada de publicar The Lost Continent: Trovéis in Small Town America (1989), conodda como la primera aportadón viajera de Bryson. Sin embargo, este libro con el que nuestro autor inicia 81 M* del Pino Santaiu Qiiintana su incursión en el género, correría distinta suerte en Inglaterra que en los Estados Unidos, donde la pertinaz sátira del autor con respecto a su pais de origen no fue bien recibida por el público lector. A pesar de que Harper CoUins, la editorial responsable de la publicación de la obra en América, parecía estar convencida del triunfo literario que podia generar el viaje del autor por las pequeñas ciudades de Norteamérica, el resultado final fue una atención crítica pobre y un número de ventas considerablemente limitado. Nadie mejor que el propio Bryson para respondemos a esta fdta de aceptación -tan contraria, por otro lado, a la entusiasta acogida del libro en el Reino Unido-, pues son numerosas las ocasiones en las que el autor ha hecho referencia al escaso sentido del humor del americano medio. Ejemplo de ello es el que vemos en una entrevista paraJanuaryMagazme en la que Bryson, perplejo ante la escasa identificación del público norteamericano con su obra primera, comenta: When I do reading anywhere in Canadá I get bigger laughs than in the US. Canadians will respond a lot more readily to ironic humor than Americans. And they'U get it right away. Where Americans really have to warm up to it. When you do a reading they tend to cotton on to it as the reading goes on. You have to smile a lot to let them know it's just a joke. It's a di£Ferent culture... Eveiyone in the English speaking world has a real q>preciation for irony. In Australia, Canadá, Ireland, New Zealand wherever you go people pretty much get the same jokes. Then you go to the United States and that stops. I don't know what the explanation is exactly, but it's strange^. El ingenio y la ironía británicos de la que Bryson se contagió durante sus veinte años en Inglaterra, no se corresponden con el lenguaje directo y sin reticencias por el que se caracteriza su país de origen. Esto explica, sin duda, que The Lost Continent haya resultado ofensivo para el lector norteamericano, y que la critica de su país no haya sido capaz de adivinar el tono bromista que exhibe la obra de Bryson. Tal y como sugiere Michele Slung en su reseña para The New York Times ^ Esta entrevista realizada por Linda Ridiards para la revista publicada ai Internet Jamiary Magazine (1997) se conq>ienientará, un afio después, con un artículo de Biyson, finalmente compilado en Notes from a Big Country (1998) y titulado "Sense of humour feilure". El autor parece encontrarle una explicación a la <a de comprensión que su propio sentido del humor genera en el público noiteamericano: "Irony is, of course, the key word here. Americans don't use it much. (I'm being ironic; they don't use it at all.) In most drcumslances this is actually ratfaer a nice thing. lT(my is cousin to cynicism, and cynicism is not a viitoous emotion. Americans ^lot all of them, but a significant propoitionhave no need for either one. Their approadi to everyday encounters is trusting, straightfbnvaid, ahnost touchingly literal. They don't expect any verbal sleight of hand in conveisations, so it tends to throw them when you employ it (1998:308). 82 El comportamiento cosmopolita del yo autobiográfico en los libros de viajes de Bill Bryson "So, How do you like America" (1989), el texto pasó a ser interpretado como una crítica hiriente a los Estados Unidos. Slung no sólo reprocha a Bryson el permanente estado de decepción que presenta la narración, sino también su tendencia -en realidad, aparentea revestir de ironía lo que en último lugar se desvela como puro sarcasmo (1998:26). En su siguiente libro de viajes, titulado Neither Here Ñor There: Trovéis in Europe (1991), Bryson desvía la atención de su país natal, para concentrarse en las idiosincrasias del continente europeo. Teniendo en cuenta la escasa aceptación que provocó su debut literario en los Estados Unidos, la perspectiva de un recorrido europeo suponía la apertura de una nueva página en la trayeaoria viajera del autor. Bryson tal vez intentase equilibrar la balanza de su éxito en ambos lados del Atlántico tras el malogrado resultado de Jhe Losí Continent en los Estados Unidos. La situación, sin embargo, se repite: mientras que en Norteamérica la obra publicada por la editorial William Morrow pasó desapercibida, en el Reino Unido obtuvo un alto número de ventas. Entre las numerosas reseñas que alabaron Neither Here Ñor There y que contribuyeron a consolidar la carrera literaria del autor en el viejo continente, podemos destacar la de la escritora de viajes Dervla Murphy. Publicada en The Times Literary Supplement bajo el inspirado titulo de "The urban tourist" (1991), Murphy subraya la calidad descriptiva de la narración, así como los elementos cómicos que, desde su primera aportación al género, han dominado la prosa viajera de Bryson. La idea de escribir un libro de viajes centrado en Gran Bretaña había sido propuesta en diversas ocasiones por el propio Bryson, pero Secker & Warburg, la editorial británica encargada de publicar los dos primeros libros de viajes del autor, rechazaba la propuesta. Dan Franklin, el editor de Bryson por aquella época, basó sus continuas negativas en la reacción que The Lost Continent había producido en el lector norteamericano. Dado el particular estilo de Bryson, era de esperar que los comentarios dirigidos a Gran Bretaña y sus habitantes fueran de origen similar a los expresados anteriormente en su viaje por Norteamérica, y Franklin, en este sentido, parecía dudar de la capacidad del lector británico a la hora de aceptar las críticas sobre sí mismo. En 1994, tras la marcha de Franklin de Secker & Waiburg, Bryson decide cambiar de editorial. Su propuesta es esta vez aceptada por Transworld, y 83 M* dd Pino Santana Quintana Notes from a Small Iskmd (1995) se convierte en un best setter. De acuerdo con Edward Maniot en su articulo para The Times "Notes from a big island" (1997), la óptíma acogida de esta obra en el Reino Unido se debe, principalmente, a lo que él mismo explica como "the undisguised fondness that Bryson evidently feels for bis adopted home -a feeling, to be fair to Franklin, that nobody w^o had read Bryson's previous cultural, demolition jobs could ever have predicted" (1997:16). No cabe duda de que los comentarios de la crítica contribuyen favorable o desfavorablemente en todo lo que se refiere a la recepción del libro como fenómeno literario; en el caso de la conocida reseña escrita por Roy Hattersley para The Times se trata de una serie de criticas negativas para la obra y para el autor. En su artículo irónicamente titulado "The joke isn't íiinny anymore" (1995), Hattersley acusa al lector británico de sobrevalorar la obra de Bryson, im autor que, en su opinión, deberia reservar sus comentarios tan sólo para aquellos lugares que son de su agrado: My sympathy for his [Bryson's] plight is mcxierated by the knowledge that everybody except me thinks that his books are wcnderfiíl. But I persist in believing that travel writers should feel a gentle sympathy for at least same of the tovms and villages on their itineraries (1993:12). No obstante, y a pesar de la diatriba de Hattersley, Notes from a Smatt Island genera un número de ventas hasta esas fechas inusitado dentro del género de viajes. Bryson es considerado una especie de héroe nacional y su totir británico es llevado a la pequeña pantalla'". Teniendo en cuenta el número de años que el autor ha vivido en Inglaterra, sus aciertos a la hora de describir el particular carácter de la nación y sus habitantes permiten una óptima identificación entre el lector y el texto. Asimismo, y contrariamente al escaso éxito de acogida de The Lost Continent en su país de origen, la capacidad que se atribuye Bryson para crear sarcasmo literario encaja a la perfección con la percepción emocional del lector británico. Conciente de ello, en su siguiente libro de viajes, titulado A Walk in the Woods (1997), el autor parece tener '° Pnxlucida por Alian Sherwin, la serie Bill Bryson 's Notes from a Small Island fue emitida por la cadena de televisión británica ITV durante los meses de enero y febrero del año 1999, y comercializada en Estados Unidos en fonnato de video por White Star ese mismo año. La señe consta de seis capítulos de aproximadameme treinta minutos en los que Biyson vuelve sobre sus pasos para leciear algunos de los lugares recorridos en su libro. Actores, ciudadanos de a pie y personajes célebres en la televisión británica como Stephen Fiy, Alexei Sayle y Viaotia Wood intervienen en esta adaptación para la televisión. 84 El comportamiento cosmopolita dd yo autobiográfico en los libros de viajes de BÍH Bryson En una entrevista para la cadena de televisión británica BBC 1, el viajero considera la obra "a kind of book act"'^, tal vez por abarcar en su narración poco más de sesenta páginas; lo cierto es que su Africcm Diary contiene la información suficiente para captar sus vivencias en Kenia y descubrir la labor humanitaria de CARE en la región. Hay que decir, además, que tanto los beneficios obtenidos de su aventura africana como los derechos de autor están siendo destinados a la asociación. De igual forma, las editoriales Transworld en Inglaterra y Broadway Books en los Estados Unidos se han sumado a la propuesta, donando el total de sus ventas a esta laboriosa ONG. n. 3. La obra de Bill Bryson en d contexto de la narrativa de viajes británica contemporánea Teniendo en cuenta el valor que ha ido adquiriendo el género en el transcurso de las últimas décadas y a pesar de que la obra de Bryson goza de importantes reseñas, el material critico que existe sobre nuestro autor se limita a un número reducido de libros. Conviene señalar, sin embargo, que no nos encontramos ante un fenómeno aislado en cuanto a la recepción académica se refiere. Escritores de viajes que, como Bill Bryson, tuvieron en su momento la oportunidad de contemplar la publicación de sus primeros fí'agmentos en la revista Granta, carecen igualmente de estudios más o menos profundos sobre sus obras. Nos referimos a escritores y viajeros como Colin Thubron, Gavin Young, Richard Rayner y Peregrine Hodson. Existe otro grupo importante de autores que, sin contar con la aportación generosa de Granta, han contribuido de igual manera con sus aportaciones literarias al auge del libro de viajes a lo largo de los últimos años. Casi todos ellos comparten con los anteriores una despreocupación significativa por parte de la crítica. Hablamos, en este caso, de viajeros de la talla de William Dahymple, Bettina Selby o Paul Hyland. La nómina de autores desatendidos es, por lo tanto, notable. Como hemos podido observar en la clasificación de las fíientes expuesta en el apartado n.l, la critica de viajes contemporánea tiende a centrar su atención '^ Esta entrevista, junto con un forum interactivo en el que Biyson también participó, fue lealizada el día siete de octubre de 2002, en el programa "Break&st" de la BBC 1. 91 M* dd Pino Santana Qniatana mayorítaríamente en viajeros vinculados a etapas antraiores al "boom" de los años ochenta. Esto nos permite suponer que el florecimiento de la narrativa de viajes reciente ha generado una serie de trabajos académicos que no se centran en la actualidad del género sino, más bien, en contextos anteriores. Quizás con el ánimo de valorar científicamente los comienzos literarios del libro de viajes y su continuada presencia a lo largo de los siglos, la crítica moderna opta por concentrar su atención en figura como la del viajero ilustrado o el emprendedor imperialista del siglo XDC. La recepción académica del género es también notoria en el estudio de aquellos autores que se revelan como "escritores" antes que "viajeros". Los poetas lakistas, los novelistas de los años veinte y treinta, los norteammcanos expatriados y una buena parte de todos aquellos escritores de renombre que se sintieron alguna vez tentados por narrar sus andanzas en tierras extranjeras, disfrutan de un lugar privilegiado en la critica literaria del género. Esto explica, por ejemplo, el hecho de que autores contemporáneos como V.S. Naipaul o Paul Theroux aparezcan con cierta frecuencia en los textos académicos; su presencia en estos casos, se debe, sobre todo, a la reputación literaria que han ido alcanzado con sus novelas más que con textos considerados íiiera del canon literario. En el marco de la literatura de viajes británica actual, la producción literaria de Bill Bryson ocupa un lugar destacado. Síntoma de ello es el incremento por el interés de su obra, asi como la inclusión de algunos títulos de su producción viajera en diversas antologías del género. Además de Bill Buford, sin duda uno de los primeros criticos en reconocer la calidad literaria de Bryson mediante la publicación en el año 1988 de un fragmento de The Lost Contment (1989) en Granta 23 (1988)", podemos encontrar pasajes de sus obras en otras colecciones de textos viajeros. Especialmente en el panorama norteamericano, editores como Clint Willis, Tim Cahill y Lee Gutkind han tenido en cuenta al autor a la hora de elaborar sus antologías. " Se trata, concretamoite, del inrimer capitulo extraído de la obra que un afio más tarde verá la luz bajo el titulo de The Lost Continent: Trovéis in Small Town America. Acompaflado de brillantes fotografias que ilustran escenas de la vida cotidiana de lowa, "Fat Giris in Des Moines", titulo bajo el que se publica este fragmento, apenas presenta modificaciones con respecto a su publicación libresca. En el afio 1989, el monográfico de viajes Granta 26, dedicado por entero a la memoria de Broce Cbatwin, volverá a contar con otro pasaje de The Lost Continent, presentado esta vez bajo el titulo de "More Fat Girls in Des Moines". 92 El comportamiento cosmopolita del yo autobiográfico ea los libros de viajes de Bill Bryson Publicada en el año 1999 bajo la dirección de Clint Willis, Wild Stories qf Survival from the World's Most Dangerous Places (1999) constituye una de las aportaciones antológicas más destacadas de los últimos años. Viajeros contemporáneos como Redmond O'Hanlon, Bany López y el propio Bryson, aventureros vinculados a periodos del pasado como Wilfred Thesiger o Evelyn Waugh, novelistas de renombre como James Dickey y Jack London protagonizan, junto a otros, esta colección de textos cuyo tema gira en tomo a la experiencia del viaje en escenarios de alto riesgo. Como es de suponer en una antología de contenidos semejantes, la obra de Bryson escogida por Willis no es otra que A Walk in the Woods. En este sentido, tenemos que decir que la presencia de nuestro autor en esta compilación de textos sorprende por el dispar tratamiento con el que Bryson encara su aventura en plena naturaleza, especialmente cuando el fragmento escogido por Willis comprende dos de los capítulos de mayor comicidad en toda la obra'^. Acostumbrados al tono alarmista que suele imperar en el relato de viajes de corte aventurero, la aparición del autor entre este grupo de intrépidos viajeros reales e imaginarios no deja de resultar un hecho curioso. Bryson añade una nota de humor a la antología, sin que ello signifique no haber experimentado situaciones de peligro en plena naturaleza. Con un título más afín al talante narrativo de Bryson, Not So Funny When It Hqppened The Best ofTravel Humor and Misadventure (2000) reúne una interesante muestra de algunos de los episodios más característicos de la vertiente humorística del género. Coordinada por el conocido escritor de viajes norteamericano Tim Cahill, la obra cuenta con un voluminoso índice de aportaciones, entre las que podemos destacar algunas de autores británicos como Nigel Barley y William Daliymple. La presencia de Bryson queda representada en esta colección mediante imo de los artículos más ingeniosos de su obra I'ma Stranger Here Myself: Notes ort Retuming to America After Twenty Years Away. "What's Cooking", título bajo el que se presentan las andanzas del autor en un distinguido restaurante de Vermont, da cuenta, tal y como apunta Tim Cahill en la introducción, de los constantes infortunios '^ Se trata, ooncretamente, de los capítulos cuatro y cinco de A Walk in the Woods, en los que la hilarante figura de Maiy Ellen, como explicaremos más alelante, domina la escena. 93 M* dd Pino Santana Quintana que arrastra el viaje y die cómo el humor se encarga de salpicarlos una vez que pasan a ser narrados. Por último, Lee Gutkind, editor de la colección de textos que lleva por titulo On Nature: Great Writers on the Grectt Outdoors (2002), reúne un total de veinte autores contemporáneos que han tomado un contacto directo con la naturaleza. Retazos ensayísticos de escritores de renombre como Joyce Carol Oates y Maik Dotty se combinan con pasajes narrados por los más señalados representantes del género en el habitat natural, como John McPhee y Bany López. Una vez más, y dado el tópico bajo el que se engloban los textos, la aportación de Bryson vuelve a ser tomada de su libro A Walk tn the Woods. Hay que decir, no obstante, que el pasaje recogido por Gutkind dista considerablemente del expuesto anteriormente para la antología de Clint Willis. Se trata, en esta ocasión, de uno de los capitulos más reveladores de la obra; Bryson expone, no sin cierta dosis de erudición, su particular temor a los osos, ilustrando afinadamente las aprensiones a las que se enfrenta el viajero incluso antes de partir. Efectivamente, la tendencia de la crítica a excluir de su estudio a un amplio grupo de viajeros contemporáneos no abandona la obra de Bryson en los márgenes del género. En los próximos apartados tendremos ocasión de exponer algunos hechos sobre la escasa consideración crítica a la que queda reducida la producción viajera del autor. Es por esto por lo que para su distribución hemos seguido un críterío basado en la atención académica de sus obras, teniéndose en cuenta, en primer lugar, aquellos estudios que de alguna forma u otra abordan ciertos aspectos de su narrativa. En páginas posteriores intentaremos señalar, cómo no, los rasgos más desatendidos de su producción literaria. La labor crítica, aunque obviamente insuficiente, presenta variaciones en cuanto al planteamiento y el contenido de sus textos. Así, podemos encontrar trabajos que estudian la primera obra de Bryson, The Lost Continent, en un contexto parcialmente distinto al género que nos ocupa: más concretamente en una derivación del libro de viajes conocida entre los estudios literarios norteamericanos como road novel. De la misma forma, hemos hallado estudios sobre la obra de Bryson de carácter lingüístico y, por ende, mayormente desligados de la narrativa de viajes. La mezcla de estas aproximaciones teóricas es 94 El comportamiento cosmopolita del yo antobiográflco en los libros de viajes de BiU Bryson indicativa de la necesidad de análisis y unifonnidad académicos que precisan las obras que componen la colección viajera de Bryson. IL3.1. Aspectos más estudiados A pesar de que los libros de viajes de Bill Bryson se incluyen en diversas antologías y gozan de numerosas reseñas, la recepción académica de su obra es prácticamente nula. Entre todas las ñientes consultadas, no contamos con ningún ensayo académico que esté dedicado enteramente al autor. Tal vez por tratarse de un escritor relativamente nuevo en el género, no es hasta comienzos de la década de los noventa cuando podemos apreciar por vez primera ciertas intenciones del sector critico sobre el estudio de sus obras. En el año 1992, im estudio relevante dentro de la crítica del género como el editado por Michael Kowalewski, Temperamental Joumeys: Essays on the Modem Literature of Travel, incluye una obra de Bryson en su extensa bibliografía, pese a que no se haga mención alguna del autor en la más de una docena de ensayos que componen la antología. El libro en cuestión no es otro que The Lost Continent, conocido como la primera aportación de Bill Bryson al género de viajes. Aunque se trata de una de las primeras compilaciones bibliográficas sobre el género, la labor de Kowalewski no resulta del todo acertada al incluir el libro de Bryson bajo el epígrafe de "English Works". Este error permite suponer que la prolongada estancia del autor en Inglaterra dio por sentado su nacionalidad británica. La siguiente mención al autor la encontramos, esta vez más convenientemente, en la obra de Malcolm Bradbury que lleva por titulo Dangerous Pilgrimages: Trans-Atlantíc Mythologies and the Novel (1995). Bradbury se limita a introducir al viajero en la voluminosa lista de autores norteamericanos que han establecido su hogar, ya sea temporal o definitivamente, en el continente europeo. Hablamos de escritores procedentes del Nuevo Mundo como Paul Theroux o Bill Buford, cuyas migraciones encuentran su equivalente europeo en nombres como Jonathan Raban o Martin Amis, por citar dos ejemplos igualmente significativos. Los primeros estudios académicos sobre la obra de Bill Bryson están orientados hacia la road novel. Se trata de una forma literaria que deriva del género 95 M* del Pino Santana Quintana de viajes y que, atendiendo a la definición que de ella hace Ronald Primeau, estudia "fiction and nonfiction prose narratives by and about Amerícans traveling the highway" (1996:ix). Esta vertiente propia de la crítica norteamerícana incluye, por tanto, textos viajeros autentificados por la propia experiencia del autor, como Blue Highways: A Joumey into America (1982) de William Least Heat-Moon y novelas como The Grapes of Wrath (1939) de John Steinbeck o la mítica On the Road(195T) de Jack Kerouac. Tanto Ronald Primeau, en su obra titulada Romance ofthe Road: The Literature of the American Highway (1996), como Kris Lackey, en Road Frames: The American Highway Narrative (1997), incluyen The Lost Continent en sus respectivos estudios. Tratándose, efectivamente, de un viaje constituido a lo largo y ancho de las pequeñas ciudades de Norteamérica, el protagonismo que juega la carretera en esta primeriza obra de Bryson resulta más que evidente. La road novel o novela de carretera, al igual que el libro de viajes, se caracteriza por una estructura narrativa marcada por la secuencia de un viaje. La inmersión de The Lost Continent en estudios de este tipo no es, por lo tanto, desatinada. En Romance ofthe Road: The Literature of the American Highway (1996), Ronald Primeau enmarca la obra de Bryson en una de las variaciones más frecuentes en el género de carretera: la parodia. Partiendo de un enfoque similar, en Road Frames: The American Highway Narrative (1997), Kris Lackey analiza la figura de Bryson como partenaire literario de una serie de escritores, entre ellos Francés Trollope, Henry Miller y Vladimir Nabokov, cuyas dotes para la sátira ayudan a expresar el descontento en sus recorridos. En el año 1998, cuando Bryson lleva publicados cuatro de los siete libros de viajes con los que cuenta en la actualidad, Patrick HoUand y Graham Huggan apenas dedican unas líneas a la obra del viajero. En su estudio Tourists with Typewriters: Critical Reflections on Contemporary Travel Wrtting (1998) ambos críticos resaltan la comercialidad del autor dentro del género, tal y como hemos hecho referencia en el apartado anterior. Además, Holland y Huggan hacen una breve mención a la obra de Bryson Neither Here Ñor There. Junto con The Pillars of Hercules: A Grand Tour ofthe Mediterranean (1995), del también viajero norteamericano Paul Theroux, esta segunda aportación del autor se explica como una variante contemporánea de la tradición del Grand Tour en lo concerniente a la amplitud del recorrido. 96 El comportamiento cosmopolita del yo autobiogrffico en los libros de viajes de BiB Bryson Las primeras aportaciones académicas sobre la obra de Bill Bryson se centran, por consiguiente, en la interpretación de sus dos primeros relatos viajeros como reescrituras de formas tradicionales que tienen en cuenta la road novel y el Grand Tour. En estudios posteriores, uno de los aspectos más investigados por la crítica es el humor que contagia toda su obra. En "Popular Science on the Road: Adventures in Island Biogeography" (1998), Michael Bryson destaca al autor de Jhe Lost Continent (1989), no por compartir su apellido, sino por su genuino sentido del humor. Muchos han sido los críticos inclinados a alabar la vena humorística del viajero; para Dwight Gamer, por ejemplo, Bryson es "a satirist of the first rank, one who writes (and walks) with Chaucerian brio" (1998:35); la escritora de viajes Dervla Murphy asemeja el humor de Bryson al del autor británico P.G. Wodehouse y al novelista irlandés Flann O'Brien, ambos destacados escritores humorísticos del siglo XX (1991:28). Esto explica, sin duda, el hecho de que un número determinado de críticos insistan en destacar su papel como escritor cómico, a la par que su visión como viajero. Para Guillermo Altares, los libros de viajes de Bill Bryson "garantizan una carcajada por página" (2000:17); Mordecai Richler lo considera "a stranger to malice and a bom-lddder" (1996:7). Otros críticos como Michele Slung, sin embargo, tachan el humor de Bryson de petulante e inmaduro (1989:26). En el aflo 1999, el diccionario biográfico editado por Barbara Brothers y Julia M. Gergits, British Travel Writers. 1940-1997, concede unas breves lineas a Bill Bryson a pesar de tratarse de un autor norteamericano. Centrándose en la popularidad que ha cosechado el género en el último cuarto del siglo XX y el interés de los: lectores que procura su incremento en el número de ventas, Brothers y Gergits acuden a la obra de Bryson como ejemplo perfecto de este florecimiento al que se refieren. En ese mismo año, Stephen Clark, en un ensayo titulado "Transatlantic Crossings: Recent British Travel Writing on the United States" incluido en la antología editada por él mismo, Travel Writing and Empire: Postcolonial Theory in Transit (1999), plantea la identidad postcolonial de un grupo de viajeros británicos, entre los que se incluye Bill Bryson. Clark sostiene que los viajes al Nuevo Mundo en el transcurso de las últimas décadas pueden ser interpretados como una inversión en las relaciones de poder. Libros de viajes como New York Days, New York Nights (1984) de Stephen Brook, The Heart oftke World (1992) de Nik Cohn, Oíd Glory 97 M* dd Pino Santana Qnintana (1981) o HtmtirtgMr Heartbreak (1990) de Jonathan Raban y The Lost Contimnt (1989) de Bill Bryson comparten, entre otros, una visión de América desprovista del orgullo imperial británico. Clark, además, lleva a cabo im estudio comparativo en tomo a la influencia del cine y la música popular en tres obras concretas: Los Angeles without a Múp (1989) de Richard Rayner, American Heartbeaí (1993) de Mick Brown y The Lost Continent (1989) de Bryson. El acercamiento postcolonial empleado por Clark para el estudio de la narrativa viajera de Bryson se con^lementa con la aportación académica de Michael Cronin. Across the Lines: Travel, Lemgíiage, Translation (2000) es, tal y como sugiere el mismo título, un estudio sobre la disparidad lingüistica que propicia el viaje. Cronin articula su obra en tomo a; la figura del viajero como intérprete del lenguaje de la sociedad contemporánea. Teniéndose en cuenta el papel del viaje como actividad que encierra un constame proceso de interpretación lingüística por parte del viajante, Across the Lines (2000) centra su atención en los contrastes culturales percibidos a través del idioma. De esta forma, el tercer libro de viajes de Bryson, Notes from a Smalllsland, pasa a convertirse en objeto de estudio lingüístico mediante el análisis de las diferencias léxicas que se aprecian en la obra entre el inglés británico y el norteamericano. En el año 2002 encontramos una mención a Notes from a Small Island en el ensayo de Peter Hulme titulado "Travelling to write (1940-2000)", incluido en la antología The Cambridge Companion to Travel Writing (2002), de la que el propio Hulme es editor junto con Tim Youngs. Pese a no gozar de im análisis significativo como el llevado a cabo por Cronin, la obra de Bryson es señalada como texto representativo de la tendencia cómica del género de viajes en los últimos veinticinco años. De acuerdo con Peter Hulme, Notes from a Small Island constituye un buen ejemplo de aquellos libros de viajes recientes en los que predomina la parodia. IL3.2. Cuestiones desatendidas Como ya hemos apuntado en el apartado anterior, la narrativa de viajes de Bill Bryson carece de estudios que traten la totalidad de su obra. Al mismo tiempo, la variedad de aspectos que contiene su producción viajera está desprovista de la debida 98 El comportamiento cosmopolita del yo autobiográfico en los libros de viajes de Bill Bryson atención académica. Los rasgos formales que caracterizan sus escritos y la calidad descriptiva de los mismos, su tarea de composición literaria y los tintes novelescos que impregnan la narración de los distintos poiplos, los factores ideológicos y culturales que asoman a lo largo del discurso narrativo, todos estos elementos que caracterizan su prosa y que son fácilmente perceptibles en una primera lectura, apenas han sido contemplados por la crítica. Los componentes diferenciadores y las similitudes que comparte con otros viajeros contemporáneos precisan, de igual forma, ser estudiados. En efecto, existe un marcado desajuste entre el amplio interés editorial con el que han sido acogidos los textos de Bryson y la escasa recepción académica de la que carecen los mismos. No obstame, hemos de agradecer el papel desempeñado por la prensa escrita, pues una buena parte de las numerosas reseñas críticas que versan sobre la obra del autor han venido a rebajar la despreocupación que existe por la narrativa de viajes contemporánea. Contamos con diversos artículos periodísticos que, aunque de forma somera, introducen una serie de factores clave para un acercamiento serio a la obra viajera de Bryson. Diarios como The New York Times Book Review en los Estados Unidos y The Times Literary Supplement en Inglaterra descubren análisis y comentarios de carácter diverso. Si bien es cierto que, en su mayoría, la valoración periodística coincide en destacar la singularidad de su narrativa dentro del género, esto no supone, como ya hemos tenido ocasión de comprobar en el apartado II.2, que la opinión académica sobre sus libros corra la misma suerte. Dada la combinación de &ctores que convergen en los libros de viajes del autor, las reseñas consultadas presentan una nutrida diversidad de enfoques. Artículos centrados en resaltar la personalidad del viajero y su característico sentido del humor se complementan con otros en los que el autor es objeto de comparación con sus contemporáneos; en ocasiones, son las particularidades que deñnen su estilo narrativo y los mecanismos lingüísticos empleados los temas que predominan en las reseñas; otras veces, cuestiones como la disposición de la trama y el análisis del argumento conforman el estudio de los artículos. Hay que tener en cuenta, por otro lado, que la narrativa viajera de Bryson es un claro reflejo de su trayectoria vital; la prolongada estancia del autor en Inglaterra, su decisiva vuelta a Norteamérica y los viajes que ha ido realizando a uno y otro lado 99 M* dd Pino Santana Qnintana del Atlántico a lo largo de su carrera literaria, quedan manifiestos en el conjunto de sus libros. Su obra, por tanto, comporta rasgos temáticos y culturales estrechamente ligados a su experiencia vital. De no ser así, estaríamos ante im conjunto de narraciones totalmente distintas; no olvidemos el carácter verídico que define al género y el papel que juegan ios acontecimientos personales en el ejercicio narrativo. Esta simbiosis entre vida y obra, tal y como queda expresada en el universo literario del viajero, desencadena una señe de interrogantes en tomo a su producción literaria. Nos referimos a cuestiones vinculadas a la modernidad, como el extrañamiento provocado por un entorno socio-cultural distinto al acostumbrado, el desarraigo que origina el distanciamiento del lugar de origen y la condición cosmopolita que reporta la vivencia en distintos espacios; cuestiones, en definitiva, que continúan estando carentes de cualquier acercamiento académico. La idea del cosmopolitismo aparece con cierta fí^ecuencia en aquellas obras referidas a las rutas transatlánticas de autores norteamericanos que acaban por afincarse en el continente europeo. Hablamos de figuras ampliamente reconocidas y estudiadas en el ámbito literario como Henry James, T.S Eliot y Ezra Pound". No obstante, desde el punto de vista contemporáneo, el material crítico existente es insuficiente, tendiéndose más al estudio de otros términos también afincados en la modernidad, como el nomadismo -especialmente a la hora de analizarse la narrativa viajera de Bruce Chatwiny la dislocación. Otras cuestiones como la búsqueda de una identidad y la reconstrucción del hogar en un espacio aparentemente ajeno son a menudo trabajadas por la crítica del género; no ocurre lo mismo, sin embargo, con la cuestión cosmopolita. En general, podemos afirmar que el aspecto cosmopolita del yo viajero en el contexto de los libros de viajes apenas ha sido explorado; menos aún, en tomo a una figura de incuestionable actualidad en el panorama literario como la de Bill Bryson. Las investigaciones sobre la presencia del género autobiográfico en el libro de viajes son, como veremos en el siguiente apartado, cuantiosas. La forma " Véase, por ejemplo, el libro de Alan Holder Three Voyagers in Sewch ofEurope. A Study of Hemy James, Ezra Pound, and T.S Eliot (1966), en el que se estudian con detenimiraito las experiencias cosmopolitas de estos tres autores a través de sus estancias en el continente europeo, o el de Janis P. Stouí ñe Joumey Narrative in American Literature: Pattems and Development (1983), donde la autora define el viaje a Europa como parte esencial de la formación socio-cultural en la ttadición norteamericana. 100 El comportamiento cosmopolita del yo autobiográfico en ios libros de viajes de Bill Bryson preilustrado" frente al "yo posilustrado", caracterizándose este último por ser más autobiográfico que el anterior. Carmona Fernández, en su magnifico estudio sobre el libro de viajes en el contexto de la narrativa medieval, titulado "La descripción, lo maravilloso, lo real y las Mirábilia descripta de Jourdain Cathala de Séverac" (1996), investiga la representación del yo en los libros de la época en contrqjosición con la presencia autobiográfica que caracteriza al género en la modernidad. Esta evolución del género, en cuanto a la presencia autobiográfica se refiere, es también comentada por Casey Blanton en su libro Travel Writing: The Selfcmd The World (1997). Dicha evolución viene determinada por la progresión de la voz autorial en la narración del periplo, desde los textos objetivos que identifican al género en sus comienzos - relatos de navegantes, peregrinos y mercaderes marcados por un tono fácticohasta los libros de viajes cuyo vinculo con el texto autobiográfico se expresa de forma cada vez más evidente. En el apartado que Patrick Holland y Graham Huggan titulan "Roving «I»s", perteneciente a la obra Tourists with Typewriters: Critical Reflections on Contemporcay Travel Writing (1998), \apersona autobiográfica del escritor de viajes contemporáneo es objeto de análisis como parte integrante de la necesidad de movilidad que caracteriza a ciertos autores. A través de la prosa viajera de Bruce Chatwin y Redmond O'Hanlon, Holland y Huggan teorizan sobre el componente autobiográfico presente en estos escritores. Steve Clark, en la "Introduction" que contiene la obra Travel Writing and Empire: Postcolonial Theory in Transit (1999), distingue el procedimiento narrativo de la descripción autobiográfica propia del Bildungsroman de aquel otro característico del libro de viajes. Asimismo, el autor pone en duda el paralelismo existente entre el desarrollo interior del viajero y el desplazamiento físico del mismo: Centñng the genre round the figure of the traveller s^pears to make tíie form a sub-species of autobiogr^hy... Any direct equation of interior development with physical movement, however, should be viewed with suspicion (1999:13). Femando Galván, en un ensayo titulado "Travel Writing in Brítish Metafiction: A Proposal for Analysis" (1999), establece la conexión existente entre 107 M* dd Pino Saiitana Quintana la evolución del relato de viajes y el surgimiento de la novela dieciochesca, sin dejar de mencionar las analogías que el género comparte con otras formas literarias más dadas a la inclusión del yo como el diario y la autobiografía a lo largo de los siglos XKyXX. Por lo que respecta a los últimos cinco años. Barbara Korte, en el capitulo inaugural de su libro English Travel Writing from Pilgrimages to Postcolonial Explorations (2000), examina brevemente los rasgos más distintivos del género en la actualidad, incluyendo tanto los elementos ñctivos como los autobiográficos inmersos en este tipo de narrativa. Scott Chrístianson y Julia Gergits, en su artículo "Introduction to «Teaching Travel Literature»" (2001), reconocen el papel del género de viajes a la hora de desvelar aspectos autobiográficos del autor difícilmente perceptibles en otros discursos literarios. Tal es el caso de los novelistas y escritores de Adajes británicos Charles Dickens y D.H. Lawrénce, cuya literatura viajera manifiesta aspectos y estilos narrativos carentes en su obra de ficción. Melanie R. Hunter, en el ensayo que lleva por título "British Travel Writing and Imperial Authority", incluido en la antología editada por Kristi Siegel Issues m Travel Writing: Empire, Spectacle and Displacement (2002), sostiene que el impulso del viaje está asociado con la autobiografía del viajero y su búsqueda de la identidad. Recurriendo a la obra de autores como Joseph Conrad, Dorís Lessing, V.S. Naipaul y Paul Theroux, Hunter demuestra que la construcción de lá identidad del viajero es también un medio para establecer su autoridad. Cabe destacar, por último, uno de los ensayos más relevantes en cuanto a la escritura autobiográfíca en el género de viajes se refíere. Se trata del estudio llevado a cabo por Loredana Polezzi, titulado "Between Gender and Genre: The Travels of Stella Canziani", y que forma parte de la antología editada por Glenn Hooper y Tim Youngs Perspectives on Travel Writing (2004). Polezzi analiza el vínculo histórico y formal que une a ambos géneros. Entre sus rasgos más comunes, la autora señala la forma en que la autobiografía y la narrativa de viajes construyen las perspectivas de sujeto y objeto; esto es, mientras que el lector asume que el autor, el narrador y el protagonista del relato son im mismo sujeto, el objeto de la narración se considera verdadero y fectual. Polezzi subraya el protagonismo del yo -en sus propias palabras, "the centrality of the «b>" (2004:122)- como prueba testimonial de la autenticidad y 108 El comportamiento cosmopolita del yo autobiográfico oi los libros de viajes de Bill Bryson la precisión que se espera de ambas formas narrativas. Además, estos géneros constituyen un terreno fértil para la exploración de la teoría contemporánea de la identidad, entre cuyo estudio se encuentra el modelo binario del yo y el otro, así como nociones de nomadismo y mestizaje. Por lo expuesto hasta ahora, parece quedar claro que la labor teórica del género no se ha mostrado indiferente ante la influencia del texto autobiográfico en la narrativa de viajes. A juzgar por las fuentes críticas consultadas en este apartado, los planteamientos propuestos son de dos tipos. Contamos, en primer lugar, con un grupo de manuales cuyo interés radica en la localización de la presencia autobiográfica en la evolución histórica del género. Aunque son varios los críticos que destacan el empleo de la primera persona en escritos ubicados en la Antigüedad, la mayoría coinciden en la notoriedad que el yo adquiere a partir del período romántico. Destacan, en segundo lugar, una señe de obras críticas en tomo a las analogías existentes entre la autobiografía y la narrativa de viajes. Ambos géneros comparten una estructura basada ñmdamentalmente en la e?q)eríencia del yo y revelan pormenores sobre la identidad del protagonista a medida que ésta se construye en el texto literarío. n. 5. Sobre la presencia cosmopolita dd yo "Whenhe was adced wbere he carne fiom, Sócrates said not ñom Atliens but &om tfae worid." Alain de Botton, TheArt ofTravel. El cosmopolitismo, como doctrina y como parte inherente a la configuración de las grandes ciudades, acostumbra a relacionarse con todo aquel individuo que, lejos de sentirse vinculado a un lugar detemoinado, contempla todos los países como su misma patria. La propia etimología de la palabra ya nos indica el significado inherente del término: Koono7toA,iTTiC, ciudadano del mundo. Sus predecesores se encuentran en los antiguos estoicos, cuya filosofia discrepaba en gran medida de la distinción entre griegos y bárbaros tradicionalmente concebida por los propios griegos. Haciéndose llamar a sí mismos cosmopolitas, los estoicos demostraban que su polis encamaba la totalidad del cosmos; su mayor propósito era que la ciudad 109 M* dd Pino Santana Quintana alcanzara hasta los confínes del mundo, huyendo con ello de la superioridad racial y lingüistica del pensamiento griego. Su fe en la humanidad los llevó a abolir las diferencias entre individuos, basando su credo filosófico en la igualdad del hombre como ser sujeto a una razón universal o común al resto de los mortales. De acuerdo con Julia Kristeva, el fundador de los estoicos, Zenón de Citio (h. 335 - h. 264 a. JC.) y, posteriormente, Crisipo (h. 281 - h. 205 a. JC.) opinaban que '^odo ser viviente se basa en el principio llamado de Oikeiosis, noción compleja que se traduce por el término «conciliación»" y que los estoicos romanos traducen por Conciliatto y Commendatío (1991:71)^. Y puesto que el cosmopolitismo operaba como ideología contraria a las restricciones sociales de la polis, esta ética de la conciliación conduce al deseo de disolución de las ciudades separadas con el fin de sustituirlas por una sola, la megal^jolis. En épocas sucesivas, el cosmopolitismo se ha ido desvinculando de su base filosófica para amoldarse a contextos más acordes con el discurrir de los tiempos. En el Renacimiento, el estudio del mundo antiguo saca a la luz el ideal cosmopolita fi'ente a la política absolutista que imperaba en el marco europeo. Asimismo, y a la par con su interpretación en el debate político, el cosmopolitismo alcanza en este periodo un significado mayormente vinculado a las aspiraciones éticas de los estoicos; tal y como constata Amanda Anderson, este comprende "both intellectual and ethical dimensions, with a prominent emphasis on the practice of selfcultivation" (2001:64). Cosmopolita será, por tanto, todo intelectual que desarrolle el uso de la razón para ilustrar ima concepción humanitaria de carácter universal^^. En el siglo XIX, el cosmopolitismo adquiere un cariz, si cabe, más político, como doctrina intelectual opuesta al nacionalismo. Frente al talante abarcador del ciudadano del mundo, el nacionalista aboga por las divisiones territoriales y políticas. ^ "Esta oondliacite origmal", afiade Kristeva, "no sólo nos acerca a nosotros mismos, sino también a las esferas concéntricas que representarian la diq)osición de nuestros semejantes: parientes cercanos a toda la humanidad, según la teoría de Hierocles; al revés, cerrando los circuios, llegamos a asimilar todos los hombres, sin distinciones de raza o de sangre, a nosotros míanos (1991:72). ^ Así lo e^qxme Sharrai Marcus en su ensayo titulado "Anne Frank and Hannah Arendt, Universalism and Pathos" cuando escribe: "When Enligjitermient intellectuals desoibed themselves as cosmopolitan, they complimented themselves for exemplifying a universal faumanity based on reasoa Pliilosq>hers linked reason to universality in two ways: the activity of reasoning united particular actions to general rules and thus generated universal cat^ories; and reason was itself a universal attñbute that defined the common ground of humanity. Philosophers wbo had perfected the use of reason thus saw themselves as cosmopolitans, citizens of a world usified by rationality" (2001:89). 110 El comportamiento cosmopolita del yo autobiográfico en los libros de vi^es de BiB Bryson Sharon Marcus subraya esta idea cuando explica: "European nationalists descríbed not themseives but others as cosmopoiitan, in order to attack those others... for an unstable, rootless universality that consisted of sheer ubiquity" (2001:89). Si trasladamos este pensamiento al discurso contemporáneo, nos encontramos con una idea del cosmopolitismo que guarda una estrecha relación con la visión postcolonial del otro. El ser cosmopolita es aquel que abandona su tierra de origen para echar raices en una multiplicidad de pueblos; desde el punto de vista del pais anfitrión, este individuo, victima del mestizaje y el desarraigo, es contemplado como el otro; para la escuela postcolonial, sin embargo, siempre identificada con el ser desplazado, ese otro viene a ser precisamente el habitante del pais anfitrión. De acuerdo con Indira Ghose, "...the Other produced in travelogues and other texts of colonial discourse is a construction of the observing self (2000:94); esa especie de yo espectador al que Ghose se refiere se traduce en el texto viajero mediante la escritura autobiográfica. No nos encontramos, sin embargo, ante una narrativa caracterizada por la sola expresión de un yo aislado, sino en constante interacción con el entorno que le rodea. La identidad del autor, lejos de permanecer estática, acostumbra a participar del mestizaje que resulta de la unión de culturas y sociedades discrepantes. Es por esto por lo que la identidad del viajero, tal y como queda expresada en el texto citado, se construye a través de la percepción del otro^'. Si, en un principio, este contacto con el otro pudo resultar ideológicamente conflictivo -pensemos, por ejemplo, en la era de los Descubrimientos-, hoy día ha pasado a conformar una suerte de condición normalizada de la modernidad. Así lo refleja el escritor contemporáneo, en cuyas narraciones parece transitar por mundos que, aunque ajenos a sus raices, no dejan de ser asimilables. El viajero actual atraviesa las barreras étnicas, geográficas y culturales que definen un territorio, abandona su tierra de origen para sintonizar con zonas abiertas, que dialogan entre sí, y que impulsan su yo hacia una identidad que acaba por definirse global o, dicho de otra forma, cosmopolita. Patrick Holland y Graham Huggan, en su ya mencionada obra Tourists with Typewriters: Critical Reflections on Contemporary Travel Writtng (1998), acentúan " Algo similar opina Casey Blantwi, en cuyo libro Travel Writtng; the Self and the World (1997) plantea la idea del libro de viajes como medio de introducción del otro, de forma que el género nace del esñierzo del sujeto por trasladar el relato de lo extranjero a un contexto &miliar. 111 nr dd Pino Santana Qnintana el afán de correspondencia del viajero moderno con la zona y las gentes del país visitado, aun tratándose, en muchas ocasiones, de regiones geográficas que distan en gran medida del continente europeo. Si bien es cierto que la condición cosmopolita cada vez más generalizada de escritores de viajes contemporáneos como Pico lyer o Salman Rushdie tiende a expresarse con mayor frecuencia en el género, no deja por ello de observarse cierta preocupación en tomo al concepto de hogar. Así lo expone Barbara Korte, en cuya obra English Travel Writíng from Pilgrimages to Postcolonial Exploratíons (2000) analiza la noción de identidad en el escritor de viajes contemporáneo. Una buena parte de las narraciones viajeras publicadas a lo largo de los últimos veinte años demuestran cómo a pesar del cosmopolitismo imperante en el mundo actual, son numerosos los autores que plasman en sus escritos dudas determinadas acerca de su pertenencia a uno u otro lugar^^. En el transcurso de las últimas décadas, cuestiones como el multiculturalismo, la migración, el antinacionalismo, la globalización o el mismo postcolonialismo han dado lugar a una revitalización teórica del cosmopolitismo^^. Para Sharon Marcus, se trata, sin embargo, más que de una revitalización del término, de un "nuevo cosmopolitismo", contrarío a postulados anteriores y en armonía con los conceptos aparentemente opuestos de universalismo y nacionalismo: No longer liie ou^rowth of universal reason, cosmc^oUtanism now refers to transnational experiences that are paiticulaT rather than universal; no longer a despised intematíonalism, cosmopolitanism now provides a valued way to achieve what the subtitle of Cosmopolitics terms "thinking and feeling beyond the nation"^*... The new cosmopolitanism transvalues the philosophical categoiies of the European Enlightenment: the universal thinker becomes a global intellectual woiker, the abstract individual becomes a concrete heterogeneous citizen (2001:90). ^ Para el viajero postcolonial, la inceitiduinbie es aún más notable, de ahi que Korte preste especial atención a los trayectos que suponen una vuelta al lugar de origen, pues estos representan ia variante poscolonial del Home Tour británico (2000:171-2). " No en vano. Bruce Robbins, en su introducción a Cosmopolitics: Thinking and Feeling Beyond the Nation (1998), toma una cita de Benita Pany en la que se relaciona el tránsito intercultural de las últimas décadas con lo que Pany considera "an emersent postcolonial cosmopolitanism" (1998:1). ^ La autora se refiere en particular al libro editado por Phoig (Sieah y Bruce Robbins, que lleva por titulo Cosmopolitics: Thinking and Feeling beyond the Nation (1998). 112 El comportamiento cosmopolita del yo autobiográfico en los libros de viajes de Bill Bryson Estamos plenamente de acuerdo con la defmición que Marcus hace del término. El cosmopolitismo que invade el mundo contemporáneo ha acabado por despojarse de su condición global para centrarse en la experiencia particular de cada individuo. Se trata, por tanto, de una actitud vital de carácter personal que trasciende a la cultura nacional, pues la aspiración primordial del cosmopolitismo es la de adquirir una sensibilidad universal que permita la identificación con todos los pueblos, sentimientos e identidades del mundo. En este sentido, la vivencia individual del cosmopolita parece encontrar su mayor expresión en la literatura de viajes, donde el yo del viajero adquiere una perspectiva abierta que se revela contra el encorsetamiento de las distintas identidades en convivencia. La idea de la cosmópolis, tal y como señala Vinay Dharwadker, es considerablemente anterior en la historia al concepto de nación (2001:5); es por esto por lo que el cosmopolitismo debe deshacerse de los contenidos políticos a los que se le ha ido asociando en el devenir histórico, así como de la visión peyorativa que dicho término adquirió en determinados contextos^'. En el presente trabajo trataremos la cuestión cosmopolita como consecuencia contraria al aislamiento territorial, como ima experiencia abarcadora que, lejos de la impronta política que la ha caracterizado, contribuye al enriquecimiento del viajero allá donde se desplaza. Tal es el caso de Bill Bryson, un autor que con edad temprana reemplaza el suelo de su patria por el europeo. Desde entonces, sus sucesivas travesías por el Viejo y el Nuevo Mundo se han revelado como ima constante en su producción literaria: la primera de ellas, referida en The Lost Contimnt (1989), supone un reencuentro con la atmósfera americana que marcó la infancia del viajero; sus siguientes publicaciones, Neither Here Ñor There (1991) y, especialmente, Notes from a Small Islcmd (1995), son magníficos ejemplos del elevado índice de identificación que nuestro autor proyecta hacia el continente europeo; en/4 Walk in the Woods (1997), Bryson retoma su país natal como destino, alejándose esta vez de la homogeneidad de la ciudad americana para entrar en contacto con la naturaleza más primaria; su aventura australiana, por último, relatada en Down Under, auna las vivencias del viajero en ^ El sigjo XDC es un buen ejemplo de las connotaciones negativas que arrastraba el cosmc^litismo. El ténoino cosmopolita era referido al "hombre de mundo", más que a la concepción de los Antiguos de "ciudadano del mundo", pues se trataba, «a el primer caso, de un individuo de gustos refinados y mente cultivada, cuyas constantes estancias en diversos paises lo alejaban del sentimiento territorial de sus compatriotas. 113 M* dd nno Saotana Quintana Europa y los Estados Unidos mediante una visión unifícadora y cosmopolita de Australia. Bryson es un viajero que aboga por la inmersión directa en los espacios que va recorriendo y que, por regla general, se concentran en zonas urbanas. La gran ciudad -que no deja de interpretarse como ima traslación a nuestros tiempos de la antigua poli»- es el terreno que alimenta su literatura; el autor recrea la atmósfera local mediante el sonido de otras voces, el sabor de la comida extranjera, la contemplación de paisajes y arquitecturas ajenas. El exotismo, en su caso, no radica en la lejanía del destino, ni en la extrañeza que comportan costumbres foráneas determinadas, pues cualquier metrópolis puede ser objeto de singularidades propias. De esta forma, nuestro protagonista se impregna del ritmo de la ciudad, dotando de exotismo espacios urbanos. Observar el despertar de las urbes, su funcionamiento, la cotidianeidad de sus habitantes, los diversos modelos de ocio que brindan a sus ciudadanos, son materia común en la narrativa de Bryson. A su paso por una nueva ciudad, su yo se descubre como un constante germen de renovación y nuevas posibilidades, eludiendo con ello el sentido de arraigo único, actitud que caracteriza al viajero cosmopolita. Como ya adelantábamos en el apartado n.3.2, concerniente a las cuestiones desatendidas en la obra literaria de Bill Bryson, la cuestión cosmopolita en tomo a la literatura de viajes ha sido un tanto ignorada por el debate contemporáneo. En los párrafos anteriores, hemos tenido ocasión de señalar algunos de los estudios más relevantes; nos referimos, en concreto, a obras críticas que no están directamente relacionadas con el género que aquí nos ocupa pero que, sin embargo, nos han servido de ayuda para una definición histórica del cosmopolitismo y su orientación presente. Se trata, en primer lugar, del volumen editado por Pheng Cheah y Bruce Robbins Cosmopolitics: Thinking and Feeling Beyond the Natton (1998), en el que un renombrado grupo de estudiosos y teóricos brindan su visión del cosmopolitismo resurgido en las últimas décadas bajo puntos de vista diversos, desde el histórico y filosófico hasta el político y social. Los distintos ensayos de los que se compone esta antología consideran cuestiones como el nacionalismo, la pertenencia cosmopolita y la ciudadanía multicultural, el universalismo y las variantes actuales del cosmopolitismo. Resulta de especial interés para este trabajo el análisis llevado a 114 El comportamiento cosmopolita del yo antobiográñco en los libros de viajes de BiB Bryson cabo por Kwane Anthony Appiah, en "Cosmopolitan Patriots", y los estudios de Bruce Robbins, en "Actually Existing Cosmopolitanism" y "Comparative Cosmopolitanisms". Destacamos, en segundo lugar, la antología editada por Vinay Dharwadker Cosmopolitan Geogrcq)hies: New Locatíons in Literature and Culture (2001). El volumen presenta un estudio interdisciplinario que combina el análisis teórico con la interpretación literaria, y cuyas aportaciones -entre las que destacan particularmente la de Sharon Marcusestán orientadas hacia la formación y evolución del concepto de cosmopolitismo en diversos tiempos históricos y zonas geográficas. El texto de Amanda Anderson, titulado The Powers of Distance: Cosmopolitanism and the Cultivation of Detachment (2001), es igualmente relevante para el estudio del cosmopolitismo. La autora se acerca a la figura del cosmopolita en el periodo Victoriano mediante la lectura crítica de obras pertenecientes a escritores de gran relevancia en la época -Charles Dickens, Mathew Amold, George Eliot, Osear Wilde...-. Anderson estudia la cuestión del desarraigo de acuerdo con la visión que el escritor Victoriano ofrece de sus personajes, y teniendo en cuenta las nociones de nacionalismo y cosmopolitismo en el contexto histórico en el que estos se enmarcan. Conviene señalar, por último, los monográficos publicados por Revista de Occidente que llevan por título "Mestizajes culturales e identidades en conflicto" (2000) y "Metáforas del siglo XXI: cosmopolitismo e hibridación cultural" (2005)'°. Destaca del primero de ellos el ensayo de Renato Ortiz "Diversidad cultural y cosmopolitismo" en el que, tal y como reza su enunciado, el autor reflexiona sobre la problemática de la diferencia cultural desde una perspectiva cosmopolita. Deteniéndose en el análisis de conceptos como cultura y nación, Ortiz analiza la pluralidad de culturas desde el punto de vista que dictan disciplinas como la antropología y la historia. El monográfico publicado en el año 2005 centra su debate en la contradicción entre lo local y lo global, recurriendo para ello al análisis de procesos que proliferan en la sociología y la crítica de la cultura actual, como hibrídación, cosmopolitismo, aculturación o deslocalización. Resulta de especial '° Se trata de los números 234 y 286 req)ectivameiite. El primero, cooidinado por Cristiiia Pefíamaiin, incliiye aiticalos de Héléne Cixous y Nancy Houston, entie otros. El segundo monogiáfico, a cargo de Chan Kwok Bim y Joaquín Arango, reúne a un gnipo de expertos en la relación odie tradiciones culturales asiáticas y euroameticanas. 115 M* dd Pino SantaiM Qmiitana interés para este trabajo el ensayo de Chan Kwok Bun que lleva por titulo "Sobre la condición de extranjero", en el que el autor aborda los conflictos y las situaciones ventajosas del sujeto extranjero, asi como la forma en la que el sentimiento de dualidad identitaria y cultural pueden llegar a convertirse en cosmopolitismo. Existe, por otro lado, un género de textos que, aunque no abordan con cierta proñmdidad la práctica cosmopolita en el contexto viajero, sí aluden a cuestiones relacionadas con el término. Se trata, en este caso, de obras críticas específicas del género de viajes, entre cuyos diversos enfoques podemos encontrar temas como el desarraigo, la experiencia de la alterídad, la representación de espacios interculturales o la dislocación territorial. Como hemos juntado en el primer apartado de este capítulo, la labor de la escuela postcolonial ha sido fundamental en el resurgir del género. Es precisamente a críticos como Edward Said y sus estudios sobre el Orientalismo (1979)^' a quien debemos una buena parte del arranque teórico surgido a comienzos de los años ochenta. Mediante la interpretación del relato de viajes como portador de ideologías propias de periodos de expansión imperial, la crítica postcolonial ha centrado su interés en descifrar el contenido histórico y cultural de numerosos textos viajeros. La visión del otro, la percepción transformadora del colonizador o la interpretación del género como catalizador de culturas de mestizaje son algunas de las cuestiones introducidas por la teoría postcolonial. Es importante destacar asimismo el número de críticos que consideran la narrativa de viajes la forma literaria que mejor ilustra el choque cultural entre el mundo conocido y aquel otro que descifra el viajero en sus textos. Indira Ghose, Casey Blanton, Patríele HoUand y Grabam Huggan o Barbara Korte son sólo algunos de los estudiosos a los que nos hemos referido en este apartado, y a los que no dejaremos de recurrir para la elaboración de capítulos posteriores. ^' Nos referimos en concreto a Orientalism (1979), texto pionero en el discurso postcolonial en el que Edward Said toma la literatura de viajes como referente para el acercamiento poMoo, social y cultural de las antiguas colonias. 116 £1 comportamiento cosmopolita del yo autobiográfíco en los libros de viajes de Bill Bryson totalmente ignorados. Tal es el caso de Bruce Chatwin, en cuyas expediciones no hay lugar para los pormenores del desplazamiento'^ El compromiso literario del viajero queda, asimismo, reflejado en la organización narrativa del periplo. Lejos de la estructura cronológica de la que siempre se ha hecho eco, el género se construye mediante digresiones, saltos en el tiempo y notas tomadas durante el viaje e insertadas a modo de prosa en la obra. De esta forma, el lector que tome el libro de viajes contemporáneo con la idea de recorrer paso por paso el itinerario relatado, no lo tiene fácil. Tal y como sugiere Jan Borm, autores de estas últimas décadas como el ya citado Bruce Chatwin en In Patagonia (1977), o Jonathan Raban en Coasting (1986) recrean la experiencia de sus viajes de forma discontinua, eludiendo con ello la narrativa lineal que suele predominar en este tipo de relatos (2004:17)'^. Estos procedimientos literarios demuestran el complejo proceso de elaboración que se esconde tras las páginas que conforman el género en la actualidad. La idea originaria del libro de viajes como texto espontáneo basado en notas tomadas al azar durante los distintos recorridos de la aventura parece haber quedado atrás; el autor moderno, concierne de su trabajo no sólo como viajero sino también como escritor, se decanta por una narración sujeta a múltiples modificaciones. Participa de una historia que es reinterpretada cuando pasa a formar parte de la expresión escrita. Estas particularidades a las que se ve sujeto el género en la actualidad, sin embargo, no suponen una desconexión absoluta entre el libro de viajes contemporáneo y aquel otro perteneciente a épocas pretéritas. El periodo romántico, sin ir más lejos, introduce la introspección de la que tanto hará uso el viajero moderno; la etapa dorada del Grand Tour despoja al relato de sus fines utilitarios y En su articulo "Chatwin Revisited", Paul Theroux recuerda una conversación mantenida con el autor acerca de las omisiones de datos prácticos en su producción viajera. Habiendo escrito cada uno im libro de viajes sobre la Patagonia, ñeroux muestra su desacuerdo con el resultado ñnal del texto de Chatwin: "I said straight off that it bothered me that he [Chatwin] never explained the difficulties and in-betweens of travel -where he slept, what he ate, what kind of shoes he wore-... I said I believed that a travel book ought to give enough Information for the reader to be able to take the same trip. He didn't tfaink so. I also liked having the right equipment: shoes, poncho, water bottle, sleeping bag, whatever. No, no, he said. Leave it out. He liked maldng everything cotmected with travel and his life a bit of a mysteiy" (2000:403-4). ^ A propósito de los libros de viajes de Jonathan Raban Coasting (1986) y Hunting Mr. Heartbreak, (1990), Jan Borm comenta en otro de sus artículos, titulado "Jonathan Rában's Coasting and Literary Sttategies in Contemporary Biitish Tiavel Writin¿": "Raban is, if not elliptical, at least discontinuous about his itinerary in Coasting, and literally becomes another U.S. citizen during one añemoon in Gunteisville in Hunting Mr. Heartbreak, and his fíctional, "third-person self" in Seattle, represented by a character named "Rainbird", the traveler's alter ego" (2002:284). 125 M* del Pino Santana Quintana concentra su interés en razones estéticas; el "boom" de entreguerras establece la mirada critica del viajero. Incluso lo que Fussell reconoce como "pre-travel"'' genera una serie de convenciones formales, tales como la estructura del viaje, el énfasis en la autenticidad de los hechos narrados y las apelaciones al lector, que aún hoy día continúan formando parte del género. No se observa, por tanto, una discontinuidad entre los relatos de viajes publicados en la actualidad y aquellos otros formulados en épocas pasadas. Además, un viajero siempre se inspira en otro anterior para desplazarse. En palabras de Heather Henderson: "The literato traveler cannot escape the literature that preconditions his experience of travel. Wherever he goes, as Emerson observed in «Self-Reliance», the traveler carnes his «giant» with him" (1992:239). Este filtro literario del que se nutre el viajero es, en la mayoría de los casos, el eje motivador del desplazamiento'''. En HuntingMr. Heartbreak (1990), por ejemplo, Jonathan Raban recorre los Estados Unidos guiado por los pasos de Héctor St. John de Crevecoeur, que no es otro que el "Mister Heartbreak" al que hace referencia el título de su obra. De igual forma, Alastair Scott, en Tracks Across Alaska: A Dog Sled Joumey (1990), confiesa haber leído con avidez las hazañas llevadas a cabo en la región del Ártico por los exploradores Victorianos; de todos ellos, Scott se siente atraído en particular por la figura de Archbishop Hudson Stuck. Así lo afirma cuando dice: Of all the travellers I carne to know, Archbishop Hudson Stuck was my favourite. I read and reread his Ten ThousandMiles with a Dogsled until I could picture him in perfect detail, standing behind the sacramental cloth which hung permanently from the sledge's handlebars as he mushed across his parish -Alaska. He became my mentor. I moulded myself on him. We became the closest of friends -of a kind, for he died in 1921 (1990:3). '" Es decir, el período que abarca desde Heródoto hasta finales del Renacimiento, puesto que, según Fussell, no es hasta comienzos del siglo XVIII cuando podemos hablar del libro de viajes tal y como lo conocemos hoy día (1987:21). ''' En su ensayo titulado "Defining Travel: On the Travel Book, Travel Wríting and Terminology", Jan Bonn mteipreta esta cualidad de intertextuaUdad como una de las características primordiales del libro de viajes contemporáneo. Cita, para ello, im pasaje perteneciente a la obra de Jean-Didier Urbain, Secrets de voyage: Menteurs, imposteurs et autres voyageurs invisibles (1998), en el que el crítico ¿"anees afiniia que en los orígenes de todo viaje hay "a story, or another joumey, or yet another story, in brief, there is a mediator of desire, a model to be translated that informs one's visión, govems one's action and feeds one's discourse" (2004:23). 126 £1 comportamiento cosmopolita del yo autobiográfico en los Ubros de viajes de BiB Bryson Paul Theroux se suma a la tradición decimonónica del libro de viajes cuya ruta concluye en la inhóspita zona de La Patagonia en The Oíd Patagonian Ejqiress. By Train through the Americas (1979), donde el autor emula los viajes de Charles Darwin y Henry Hudson. Bruce Chatwin inicia su carrera como escritor de viajes una vez que lee el primer libro de Paul Theroux, The Great Railwqy Bazaar (1975). En Trovéis on My Elephant (1991), por último, Maik Shand se desplaza a la India a lomos de un ele&nte, estimulado por las andanzas de Tom Coryat, "the eccentric Englishman who travelled to India overland in 1615, on foot, on two pence a day" (1992:1). Estos ejemplos parecen alejar de toda duda el interés que sigue teniendo el autor contemporáneo por la producción viajera de sus predecesores. £1 libro de \dajes de las últimas décadas, por tanto, mantiene vigente la tradición del género a través de las lecturas previas de autores anteriores que estimulan, inspiran y siguen animando la experiencia literaria del viaje en la actualidad. Esto no implica, sin embargo, que cada generación de escritores, al menos las formadas en el transcurso de los siglos XIX y XX, no presente rasgos claramente diferenciadores con respecto a grupos de viajeros anteriores. El aventurero del periodo romántico, el grand toitrist, el círculo literario de los años veinte y treinta, el viajero perteneciente al período de posguerra, asi como la generación de escritores que impulsó el aclamado "boom" de los años ochenta presentan una serie de características comunes al género, sin dejar, por ello, de distinguirse en si mismos por elementos y motivaciones propias. IIL2. Bill Bryson: un caso de integración y simultaneidad "A joumey is a peison in itsdf, no two are alike." John Steinbeck, Trovéis with Charlie Los libros de viajes de Bill Bryson son un magnifico ejemplo de la continuidad que ha logrado mantener el género desde sus lejanos comienzos hasta hoy día. Su producción viajera muestra la integración del autor en la tradición de sus predecesores, no sin dejar por ello de presentar ima seríe de características vinculadas al libro de viajes en la actualidad. La lectura de su prosa nos descubre una afortunada combinación de influencias: elementos propios de la más clásica literatura de viajes 127 M* dd Pino Santana Quintana conviven en su obra con procedimientos narrativos de carácter innovador. Es precisamente esta simultaneidad de influencias la que hace que en sus libros encontremos huellas literarias de viajeros alejados entre sí en el tiempo, pero unidos en la contemporaneidad por la pluma de nuestro autor. De esta forma, ecos de escritores pertenecientes al siglo XIX, como es el caso de Mark Twain, y de viajeros relacionados con los dorados años veinte y treinta, como J.B. Príestley, H.V. Morton o George Orwell, junto con otros más cercanos a Bryson, como Paul Theroux y Stephen Brook, sustentan el imaginario literario del viajero. Como otro de tantos autores que basaron su vida en la aventura de viajar, Bryson se suma a la tradición de sus predecesores mediante la inclusión en su obra de una serie de elementos estilísticos y de contenido que han estado presentes en el género a lo largo de la historia. En su narrativa podemos distinguir rasgos de orden formal comunes ai viajero de todas las épocas. Diversas apelaciones al lector o el seguimiento de ima estructura narrativa de principio, núcleo y desenlace son algunas de las técnicas narrativas empleadas por Bryson para la exposición literaria de sus recorridos. En cuanto a las cuestiones de contenido se refiere, uno de los paradigmas más recurrentes en este tipo de relato es la justificación del periplo por parte del viajero. A pesar de que, una vez entrado el siglo XX, la idea de viajar y narrar posteriormente los hechos acontecidos apenas precisa explicación, el escritor de viajes contemporáneo conserva la vieja costumbre de exponer al detalle los motivos que lo inducen a llevar a cabo su aventura'^. Las razones que mueven a Bryson en la idea de atravesar el Appalachian Trail son varias. En^ Walk in the Woods, su cuarto libro de viajes publicado, explica algunas de ellas: I formed a number of ratíonalizatioiis. It would get me fit añer years of waddlesome slotfa. It would be useíUl -I wasn't quite suie in wfaat way, but I was sure nene the lessto leam to fend fbr myself in the wildemess. When guys in camouflage pants and hunting hats sat around ^ Los nuevos viajeros -explica Francisco J. Satué en su articulo "El vértigo inmóvil"- "se justifican, lecumeD a motivaciones concretas, mundanas, corrientes, desde el esnobismo hasta los premios áepOTÚvos, desde el desprecio de la decadencia de la cultura occidental hasta la aventura cinegética en la selva" (1992:41). Los libros de viajes de las dos últimas décadas abundan en ejemplos. En Trovéis with Aíy Trombone. A Caribbean Joumey (1992), Henry Shukman visita el Caribe bajo el pretexto de su atracción pw los ritmos y el fienesi de la música salsa; Maik Ked>le, en Independence Doy (2000), recune al viaje para olvidar tm desengafio amoroso tras una relación de seis aíios con su pareja; Pete McCaithy, con una justificación más excéntrica, nos cuenta en su libro McCarthy 's Bar. A Joumey ofDiscavery in Jreland (2000) cómo decide recorrer la Irlanda natal de su madre atendiendo a un criterio muy simple: "Never Pass a Bar That Has Your Ñame On It" (2000:3). 128 El comportamiento cosmopolita del yo autobiográfico en los libros de viajes de Bill Bryson in tfae Four Aces Diner talking about fearsome things done out of doors I would no longer have to feel like such a cupcake. I wanted a little of that swagger Aat comes with being able to gaze at a &T horizon tfarough eyes of chipped granite and say whh a slow, manly sniff, "Yeah, Tve shit in the woods." And there was a more compelling reason to go. The Appalachians aie the home of one of the worid's great hardwood fbrest... and that fbrest is in trouble (1998:12). Junto con la justifícación del viaje, otro de los rasgos de contenido que comparte Bryson con viajeros anteriores es su interés por el paisaje rural. La sensibilidad paisajística desarrollada por el viajero romántico a lo largo del siglo XVín se expresa, hoy día, mediante lo que James Ehincan y Derek Gregory denominan "industrialized romanticism." A lo largo de la segunda mitad del siglo XIX tienen lugar una serie de cambios que afectan directamente a la experiencia viajera del escritor romántico; Thomas Cook -cuyo primer tour data de 1851y el complejo proceso industrial que facilita el desplazamiento acercan la práctica del viaje a un mayor número de individuos. Y, aunque la sensibilidad romántica permanece, y se extiende hasta alcanzar las últimas décadas del siglo XX, ésta se desarrolla de forma más ordenada y mecanizada, convirtiéndose en el "romanticismo industrializado" al que Duncan y Gregory aluden: At the end of the twentieth century we are stiU in Ihe age of "industrialized" romanticism. By tfais we mean that ahhough the bureaucratization of travel has increased since the tum of the century, the romantic ñame tbrough which places are viewed remains much the same (1999:7). En este sentido, la mirada de Bryson en Notes From a Small Island hacia la campiña inglesa es un elemento ilustrador de la predación romántica del paisaje. Fascinado por la figura del canúnante inglés, el autor sustituye el Claude-glasi^ del primer viajero por irnos modernos prismáticos para caminar la zona de los Lagos o recoirer pequeños tramos de la costa inglesa. Bryson, además, persigue vistas hasta ^ El poeta y viajero Thomas Giay fue el primero en enqdear en la segunda mitad del siglo XVm esta especie de espejo convexo y oscurecido cuyo noníbie fiíe tomado en honor al pintor paisajista Claude Lonain (1600-82). Con la ^uda de este instnunento, el videro contemplaba vistas como la ofrecida por h zona de los Lagos como si de distintas secuencias de cuadros se tratase. Su modo de empleo, tal y como lo e?q>lica Lynne Withey, era el siguiente: To use the glass, one stood &cing away fivm the view, holding tfae minor in fiont to catch tlie reflection of the scene, a technique that supposedly sbatpened tfae image and soñened tfae colors" (1998:47). 129 IMF* dd Phio Santana Qointaiia el punto de convertirlas en el leitmotiv del viaje. Las primeras páginas de Neither Here Ñor There sitúan al viajero en Hammerfest, una pequeña ciudad localizada en el extremo septentrional del continente europeo, más cercana al Polo Norte que a Londres, y donde el sol desaparece durante diez semanas en los meses de invierno. La única razón que mueve a Bryson a soportar los dos mil kilómetros de carretera que conducen desde Oslo hasta Hammerfest es la de contemplar la aurora boreal. Ésta, sin embargo, sólo será visible tras dieciséis largos días de espera. On my sixteenth day in Hammerfest, it happened. I was retuniing from the headland after my moming walk and in an empty piece of sky above tbe town there appeared a translucent cloud of many colours -pinks and greens and blues and palé purples. It glimmered and seemed to swirl. Slowly it stretched across the sky. It had an oddly oily quality about it, like tíne lainbows you sometimes see in a pool of petrol. I stood transfixed (1998:35). Los libros de viajes de Bill Bryson, por tanto, y tal y como hemos ido refiriendo a lo largo de este apartado, reflejan una vinculación con periodos anteriores mediante la práctica de determinados factores estilísticos y de contenido. En páginas sucesivas nos ocuparemos de algunos de los rasgos más característicos de la literatura viajera contemporánea de los que nuestro autor participa. La generación de escritores en la que se enmarca la obra de Bryson, que no es otra que aquella derivada del auge que ha experimentado el género en las últimas décadas, cuenta con una serie de aspectos distintivos en cuanto a temática, disposición ideológica o predilección geográfica se refiere. En los últimos años, una de las tendencias más apreciables en la narrativa de viajes es el marcado interés del viajero por el entorno social. El escritor de viajes contemporáneo rechaza la actitud contemplativa y la superioridad imperialista de algunos de sus predecesores, optando por la integración en la cultura que le rodea. En algunos casos, la interacción del viajero con el espacio visitado viene dada por las impresiones que reporta la opinión del oriundo. Paul Theroux acostumbra a conocer cada lugar a través de la observación directa; en The Kingdom by the Sea (1983), por ejemplo, elude las vistas y monumentos que rodean Gran Bretaña para concentrarse en la cuestión social del país. Para ello, el viajero entabla conversación con individuos de toda suerte -im ferroviario retirado, im antiguo bailarín...-. Partidario 130 El comportamiento cosmop<dita del yo autobiográfico en los libros de viajes de Bill Bryscm de la tendencia de Theroux, el también escritor de viajes Martin Fletcher se implica en todo tipo de situaciones a lo largo de su viaje por los Estados Unidos. Tal y como lo relata en Altnost Heaven. Trovéis throvgh the Backwoods of America (1998), Fletcher selecciona los puntos de parada de su itinerario de acuerdo con las posibilidades de participación que estos puedan ofrecerle: la recogida de cangrejos en South Island, la caza de osos en West Virginia, una reunión de partidarios del platillo volante y un burdel legalizado en Nevada, la casa natal de Bill Clinton en Arkansas o el estado penitenciario de Louisiana. Este empeño en conocer el pais a través de la experiencia directa de sus habitantes no excluye, sin embargo, otras formas de mtegración en el medio social. En su libro de viajes Notes from a Small Island, Bryson no deja de sorprenderse ante la facilidad con la que ciertos autores entablan conversación a lo largo de sus viajes; ciertamente, esta forma de interacción no encaja con el perfil de nuestro autor, un viajero que prefiere abstenerse del diálogo y delegar las dotes de conversación a otros compañeros de profesión: Over a long períod of time it gradually dawned on me that the sort of person who will talk to you on a train is almost by deñnition the sort of person you don't want to talk to on a train, so Üiese days I mostiy keep to myself and rely for conveisatioiial entertainment on books by more loquacious types üke Jan Morris and Paul Theroux (1998:244). Algunos viajeros como Peter Mayle y el propio Bryson reflejan su interés por el contexto social mediante la experiencia directa de sus nuevas ciudadanías. Mayle, plenamente integrado en la región de Provenza, no precisa indagar sobre ios habitantes que pueblan su zona, habiendo llegado él mismo a convertirse en uno de ellos. De la misma manera, Bryson percibe el entorno social de Inglaterra a través de su vivencia como residente. Su prolongada estancia en un espacio foráneo, por tanto, acaba por integrarlo en la realidad social circundante, haciéndolo participe de situaciones que le conciemen, aunque tan sólo sea temporalmente. Su intervención en el medio se expresa en gran medida mediante el empleo de términos comparativos. Notes from a Small Island, por ejemplo, plantea un estudio sobre las diferencias en la calidad de vida británica entre 1973, año en el que el autor visita Londres por primera vez, y 1995, fecha en la que se pubHca el libro. Para ello. 131 Af* dd Fino Santana Quintaiui Bryson se basa no sólo en su experiencia personal pomo individuo integrado en el contexto socio-político de Inglaterra, sino también en indagaciones realizadas expresamente para el estudio. Artículos periodísticos, estadísticas, consultas de archivos y otro tipo de material bibliográfico complementan las páginas de cada uno de sus libros. Unidas ai nudo argumental del periplo, las referencias sociológicas de su narrativa aportan, junto con otras de contenido histórico, im mayor entendimiento del país visitado. La creciente inquietud del viajero contemporáneo por el entorno social es, en cierto modo, im factor determinante a la hora de escoger entre un destino u otro. Teniendo en cuenta la variedad de zonas geográficas que abarca el género en la actualidad, se observa cierto paralelismo entre aquellos libros que concentran su atención en parajes naturales; en ellos, la destrucción del medio ambiente se revela como ima constante. El viajero moderno parece estar cada vez más concienciado con la preservación del ecosistema; prueba de ello es la inclinación de algunos autores por medios de transporte puramente ecológicos, o el tono de reprobación que podemos encontrar en muchos de sus libros. Temas como la extinción de determinadas especies, la destrucción paulatina de los bosques, o la carencia de servicios encaminados a la conservación del medio aparecen con fi'ecuencia en el libro de viajes de las últimas décadas con el principal propósito de sensibilizar al lector. La narrativa viajera de Bill Bryson participa, sin duda, de esta tendencia. Su critica hacia el expolio del medio ambiente, tanto en Norteamérica como en Europa, y la creciente implantación del paisaje urbano en entornos propiamente naturales son una referencia constante en cada uno de sus viajes. Arduo defensor del paisaje natural y apenas industrializado, Bryson reprocha una y otra vez la intrusión en las pequeñas ciudades de lo que él mismo denomina en Notes from a Small Island "manifold enemies of the High Street" (1998:102), es decir, centros comerciales, gasolineras, aparcamientos, cadenas hoteleras, y muchos otros establecimientos que aniquilan la forma original de estas localidades. "We used to build civilizations." - concluye en Neither Here Ñor There- "Now we build shopping malls" (1998:128). En entornos tan genuinamente naturales como el recorrido en A Walk in the Woods, Bryson es aún más critico. La lluvia acida, la desaparición del castaño norteamericano, el peligro de extinción de una buena parte de la fauna que habita el 132 El comportamiento cosmopolita dd yo autobiográfico en los Ubros de viajes de Bill Bryson Appalachian Trail -como la salamandra, el mejillón de agua dulce y el león de montaña- , el escaso compromiso ecológico del norteamericano medio, la polución, los efectos del zinc; estas cuestiones son expuestas por un Bryson fuertemente documentado que, en ocasiones, actúa como si temiera cansar al lector. Así, sobre un problema de urgencia como la tala de árboles en los bosques estadounidenses, Bryson concluye: But let's stop there. I think we've both had enougfa science for one chapter. But hold that thought, please, and bear it in mind when I tell you diat there wasn't a day in the Appalachian woods when I didn't give passing thanks for what there was (1998:165-6). El discurso ecológico que ocasionalmente domina la narración de A Walk in the Woods no es sólo una aguda crítica hacia la degradación del medio ambiente, sino también un gesto de agradecimiento hacia los elementos de la naturaleza que, a pesar de su descuido, todavía permanecen. El espíritu festivo con el que Bryson toma contacto con el medio alterna con otro más crítico que, a veces, roza la exasperación. El autor denuncia, sin ir más lejos, la construcción de carreteras por parte del Servicio Forestal norteamericano para que las compañías privadas madereras tengan acceso a la tala de árboles en las zonas más inaccesibles. En los años ochenta, como excusa a esta barbarie, se alegó que la madera sería de utilidad para la ingeniería forestal. La opinión de Bryson al respecto se expresa en los siguientes términos: [t]his isn't science. It's rape. And yet the Forest Service grinds on. By the late 1980s -this is so extraordinary I can haidly stand itit was the only significant player in the American timber industry that was cutting down trees fitster than it xephsxá them. Moreover it was doing this witfa the most siunptuous inefBciency (1998:69). A esta preocupación del autor contemporáneo por preservar el medio ambiente y su ya mencionada integración en el contexto sodaL, podemos añadir una nueva característica tanto o más notable que las anteríores; nos referimos, en esta ocasión, a la tendencia del viajero a exponer en su relato pensamientos internos mediante la exteríorización de estados emocionales como el miedo, la incertidumbre o la soledad. Quizás sea Colín Thubron quien mejor defina esta particularidad del 133 M* dd Pino Santana Quintaiú género cuando afinna que los escritores de viaje contemporáneos se han vuelto menos exclusivos en comparación con sus predecesores: These travellers share their humanity with you. Where the Victoríans expressed danger laconically, or infiísed it into the textuie of their joumeys, with the modem writer hardship may loom as the very subject ofhistravel (1986:177). Si retomamos las páginas de A Walk in the Woods, podemos observar fácilmente el desasosiego de nuestro autor con respecto a la Mta de e;q>eriencia y la escasa preparación ñsica tanto de él mismo como de su compañero de viaje Stephen Katz. El temor a encontrarse con un oso, aun tratándose de una posibilidad remota, es la mayor obsesión de Bryson, hasta el punto de asegurar, poco antes de iniciar el periplo, que será presa de un oso negro, el Ursus americanus (1998:28). Estos miedos del viajero son igual de evidentes en su libro de viajes Dcwn Under, donde las particularidades de la ñora y la fauna australianas forman el centro de atención de sus temores. La mirada del viajero contemporáneo es, por consiguiente, más humana, más comunicativa, Autores como Paul Theroux, Redmond O'Hanlon, Jonathan Raban y el mismo Bryson, no pretenden impresionar al lector ocultando sus inquietudes, sino, más bien al contrario, prefieren involucrarlo haciéndolo participe de ellas. La narración de sus viajes se caracteriza por el tono confesional con el que manifiestan sus emociones; dudas, aprensiones, fobias, desilusiones, nostalgias..., el escritor de viajes de las últimas décadas vierte sus impresiones sobre el papel con ánimo de entablar una relación, más de igualdad que de distanciamiento, con el lector. Además del miedo en determinadas situaciones de riesgo, el viajero acostumbra a transmitir el aislamiento del que es víctima cuando se desplaza solo. El escritor de viajes australiano Larry Buttrose lo expone con claridad cuando se refiere a esta condición del autor moderno como "the malaise of the solo traveller"; en su libro de viajes The Blue Man: Tales of Travel, Lave and Coffee (1997), Buttrose se desplaza hasta Accra con la única intención de escribir una novela ambientada en África. Una vez en la habitación del hotel, solo y ebrio, el autor se enfi-enta a la realidad de su situación con las siguientes palabras: 134 £1 comportamiento cosmopolita del yo antobii^rifico en los libros de viajes de Bul Brjrson Bryson, para empezar, carece de una formación física adecuada -esto es, sobre todo, bastante evidente en su cuarto libro de viajes, A Walk in the Woods-\ durante el periplo no mantiene una dieta equilibrada sino que, más bien al contrario, se despreocupa de ella a base de comidas copiosas y sobremesas, en ocasiones, salpicadas de alcohol"**. A lo largo de su prosa, Bryson há ido construyendo una imagen de si mismo -lo que en su propia lengua se define como personaque expone su filosofía viajera y, por ende, vital. Esta estrategia narrativa, más propia de la ficción literaria que de otras formas Tactuales, consiste en la proyección del viajero como un personaje con perfiles propios que no han de ser coincidentes con la personalidad real del autor. Para John Thieme, la configuración de la persona literaria es, en numerosos libros de viajes, una práctica ineludible en la labor creadora del escritor de viajes: inst as the novelist dons a particuJar costume and acts a particular pait in each of his fíctions, so the writer who sets out to give an account of bis travels inevitably has to invest himself witfa his own particular versión of the role of the traveller (1982:139). Una de las mayores cualidades de Bill Bryson como escritor de libros de viajes es su sentido del humor. A medida que relata sus periplos, el autor va perfilando un retrato cómico de si mismo que acaba por definir su particular estilo narrativo. Lejos del chiste fácil, el humor de Bryson es denunciador y analítico; bromear sobre cualquier tipo de asunto le permite verter su opinión de una manera velada, pues, en efecto, detrás de cada lance se esconde ima sutil crítica. El viajero proyecta su sentido del humor en un sinfín de situadones, pero, sobre todo, en sí mismo. Si, como afírman Patrick HoUand y Graham Huggan, "[sjelf-parody offers self-protectíon" (2000:35), el humor reprobatorio de Bryson no es más que un escudo con el que protegerse a sí mismo. El autor ridiculiza aspectos de su carácter como la falta de disciplina en la práctica del viaje, sus debilidades, la rutina de ciertos hábitos, su irremediable tendencia a la queja o su propia disconformidad en tomo a su '°' La descripción que Biyson hace de sí mismo en Neither Here Ñor There tras una larga velada en un restaurante de Hamburgo es un buen ejemplo del tipo de viajero que iq>resenta el autor: "I bad a bangover you could sdl to science, but añertwo cq>s of strong co^e at a sunny table..., abandñd of aspirins, two cigarettes and a cough so robust tiíat I \apfeá into two new seams of phlegm, I fek tolerably buman and was able to undenake a gentle stroll to tbe watrafiont..." (1998:118). 141 M* dd Pino Santana Quintana apariencia física. Su primer libro de \dajes, The Lost Continent, nos muestra los primeros esbozos de la comicidad del autor con respecto a su aspecto exterior: Abraptly, I decided to head south for the aríd mountains of New México, over which the weather-m^ showed nothing much in particular bappening. I had a niece at a small, exclusive coUege in Santa Fe whom I hadn't seen for a long time and I was surc she would be deligfated for all her ñiends on campus to witness a siobby, overweight man pulí up in a che^, dusty car, lesap out and embrace her. So I decided to drive straightthere (1998:221). En sus siguientes trabajos, Bryson no dejará de exteriorizar constantes señas de desaprobación para consigo mismo. Unas veces se tacha de excéntrico, otras de desventurado; en ocasiones muestra su temor a la burla ajena -un sentimiento frecuente en el viajero que se desplaza solo-, o reprende su propia pereza. Estos ejercicios de auto-critica ofrecen al autor la posibilidad de evadir su responsabilidad como viajero. Tanto es así, que en determinados pasajes de su narrativa, como indica el siguiente ejemplo tomado de Neither Here Ñor There, Bryson se adelanta a los juicios del lector, y nos dice: "-don't say you never leamed anything from me" (1998:64). Otra de las dianas del viajero a la hora de manifestar su comicidad es la figura del turista. La aversión del escritor de viajes hacia el turista forma parte de la retórica del género. Muchos autores contemporáneos redundan con cierta frecuencia en criticar al individuo que decide desplazarse, no por su propio pie, sino bajo las directrices de un itinerario estructurado con esmero y sujeto a estrictos horarios. El turista es también objeto de reproche por su identificación con la afanosa industria que ha generado. Esta convención del género, al mismo tiempo, acostumbra a estar dirigida al turista norteamericano. En su capitulo titulado "The Coca-Cola Age''''^ Mark Cocker sostiene que la asociación del americano medio con la industria turistica forma parte de una tradición genuinamente británica cuyos orígenes datan de la Segunda Guerra Mundial'"^. Cocker parte de uno de los iconos más '°^ Cocker toma la expresión del escritor de viajes británico Patridc Leigli Fennor, en cuyo libro The Troveller's Tree: A Joumey through the Caribbean Islanes (1950), habla de la "Coca-Cola age" como emblema de la era moderna en los viajes. "" Esta opinión es también mantenida por Paul Fussell cuando afirma: "Cruel mockeiy of touiists -oñen Americanis an impottant conventional element of the British travel boak" (1980:186). 142 El comportainieiito cosmopolita del yo antobiográfico en los libros de viajes de Bill Bryson representativos del fomento de la cultura norteamericana en el Reino Unido, para explicar el efecto del turista americano en el libro de viajes británico: "...if CocaCola held for Brítish travellers all the sinister resonance of an inverted swastika, its human analogue was a garishly ciad, camera-strapped, whistle-stopping American tourist" (1992:246). Esta tradición, como atestigua la narrativa de Bill Bryson, se ha extendido hasta nuestros días. En The Lost Contínent, el autor no pierde ocasión para dirigir su burla hacia cualquier turista que se encuentre en el camino. A su paso por Cherokee, la mayor reserva india de los Estados Unidos convertida al presente en un paraíso turístico, Bryson escribe: I don't tfaink I had ever been to a place quite so ugly, and it was jammed witii tourists, almost all of them ugly also -fet people in noisy clothes with cameras dangling on their beUies. Why is it, I wondered idly as I nosed the car üm>ugh the throngs, that tourists aie always M and dress like morons? (1998:91)"*'. En otra ocasión, el autor visita el hogar de juventud de Maric Twain en Hannibal; allí, Bryson mantiene una ocurrente conversación con un turista norteamericano que añrma no haber leído nada del escritor y, sin embargo, visita su domicilio dos o tres veces en un solo año (1998:35). "Anomaly" -afirma Paul Fussell- "is what unites comic novel and travel experience" (1980:207). En su primera visita a Inglaterra, im Bryson joven e inexperto desembarca en Calais y decide pasar la noche en Dover, una ciudad desierta y hostil que, desde un primer momento, presenta problemas de adaptación para el viajero. Los modales y las costumbres inglesas quedan expuestos en su llegada a la casa de huéspedes, donde nada más acercarse a la entrada, Bryson tropieza con la cultura británica. "The fi-ont path" -rememora el autor- "was pitch dark and in my eagemess and un&miliarity with British doorways, I tripped on a step, crashing face-fírst into the door and sending half a dozen empty milk bottles '"* Concretamente en este pánafo, Bryson participa de una tendencia que en la retórica del Ubro de viajes es conocida como el síndrome del '^gly American". Se trata de mía figura que, aunque su mayor apogeo se produce tras la Segunda Guara Mundial, su primera aparición en el género tiene lugar en The Innocents Abroad (1869), de Mark Twain. En su viaje por Eunqia y otros lugares de Oriente y África Septentricmal, el escritor norteamericaiK) no pierde detalle de la imagrai ridicula que proyecta el turista norteamericano en el extranjero; tanqxico Hemy James, cuyos relatos de viajes contienoi diversos pasajes que muestran su desestima hacia sus conqtatriotas viajeros. 143 M* dd Pino Santana Quintana clattering" (1998:12). Este no es más que un ejemplo de ese mundo complejo e ignoto que encierra las anomalías del país extranjero. A lo largo de sus viajes, Bryson se enfrenta una y otra vez a situaciones extrañas que, como indica Fussell, convierten la e}q)eríencia del periplo en una narración puramente cómica'"^. Junto con su sentido del humor, Bryson ha aportado otros elementos a su narrativa que, como hemos indicado anteriormente, contribuyen a la imagen -o personaliteraria construida por el mismo viajero. Nuestro autor, como el escritor y viajero norteamericano John Steinbeck reveló de si mismo en una ocasión, "was bom lost" (1986:70); leer sus viajes, por tanto, es smónimo de enfrentarse a la desidealización del viajero intrépido y valiente, pues Bryson, en efecto, encama a la perfección el papel del antihéroe. La inexperiencia demostrada en el Appalachian Trail, el desparpajo a la hora de comentar sus temores, las constantes interrupciones de sus periplos, todo ello lo desvía del canon viajero. En Loneliness and Time, Mark Cocker destaca el papel del escritor de viajes británico Eric Newby como el de "traveller as comic anti-hero" (1992:141). Al igual que Newby, Bryson se decanta por ofrecemos un retrato de sí mismo opuesto a las proporciones míticas del arquetipo de viajero que acostumbra a presentar el género. En determinados pasajes AtA Walk in the Woods, por ejemplo, nuestro escritor alardea de bravura y sacrificio, hasta el punto de referirse a si mismo, junto con la figura de Stephen Katz, como "two lonely héroes" (1998:69-70). Si bien es cierto que ambos viajeros han conseguido adaptarse al clima árido del bosque, a la escasez de alimentos y a doce kilómetros diarios de caminos dificultosos, estos rasgos de heroicidad son tan sólo reconocibles dentro de sus limitaciones. Son precisamente las pequeñas hazañas que Bryson enaltece las que introducen el elemento paródico del viaje. El final mismo de la aventura no nos presenta la imagen del héroe que retoma al hogar una vez superadas las dificultades del viaje; más bien al contrario. El autor, junto con Katz, decide abandonar el Appalachian Trail, sin haber alcanzado apenas la mitad del trayecto, con la siguiente constatación: "So we decided to leave the endless trail and stop pretending we were mountain men because we werent" (1998:343). '°^ Según Steve Claik, la fidta de conexión entre la propia cultura y aquella del pais visitado genoa situaciones propias de la comedia: "Comedy is intrinsic to the genre: misunderslanding, piesumption, and the cat^ogue of enors and endeniic la¿k cf dignity to which any cross-cultuial interchange nnist be sensible" (1999:14). 144 El comportamiento cosmopolita del yo autobiográfico en los libros de vi;^ de BiO Bryson Esto es asi puesto que, en sus libros de viajes, Bryson compensa los incidentes físicos característicos del género con la observación y el ingenio; mientras otros escritores contemporáneos como Redmond O'Hanlon o Colin Thubron atraviesan tierras áridas y poblaciones inhóspitas, Bryson, exceptuando su gesta viajera en A Walk in the Woods, apenas se aleja de los encantos de la civilización, y opta por detenerse en escenarios urbanos y perfectamente amoldados a las comodidades de la vida moderna. El viajero descubre el espectáculo visual en el corazón mismo de las ciudades; Roma, Londres, Sofía, Hamburgo, París, Estocolmo, Nueva York o Sydney son espacios presentes en su ruta, y por los que el autor no se cansa de deambular. La metrópolis, tal y como la concibe Bryson, invita al callejeo, al ocio y al mestizaje, &cilitando la participación en conductas vitales más acordes con su espíritu viajero. Esto no qmere decir, por supuesto, que Bryson no sea capaz de transmitir su emoción ante pmsajes esencialmente naturales. No tenemos más que remitimos a sus vagabundeos por la campiña inglesa o a su desmesurado interés en contemplar la aurora boreal, para comprender la inquietud paisajística de nuestro protagonista"*^. Su acercamiento a la naturaleza es mediante una actitud meramente contemplativa. Bryson rechaza parajes hostiles y alejados de la mano del hombre, en favor de rincones q>acibles y con un elevado contenido pictórico; se trata de espacios, en definitiva, ideales, de formas y líneas armónicas, y envueltos en una naturaleza relativamente domesticada. De esta forma, podría decirse que su literatura viajera alterna escenarios rurales con zonas esencialmente urbanas. Esta miscelánea de paisajes viene a explicar, por otro lado, la inclinación del autor por destinos determinados. Países como Inglaterra, Australia y los Estados Unidos prometen una combinación perfecta de naturaleza y asfalto. Con la elección de estos territorios, sin embargo, el viajero ha corrido el riesgo de encasillarse en el contexto anglosajón'"^. Su interés por descubrir zonas geográficas que comparten hechos históricos afínes y una sola lengua, aunque con variantes considerables, es '"^ Véanse al respecto las páginas 104 y IOS, en la que nos referimos a los ejemplos mencionados. "" James Bone, en una entrevista realizada a Biyson para The Times, argumenta la trayectoria viajera del autor en relación con los países nacidos del dominio británico, y propone a Bryson Canadá como destino próximo. La respuesta del viajero al respecto es la siguiente: "I do not want to t>e remeníbeied as the guy who wiote the bo<dcs about the En^^-speaking countries... It would be pushing my lude to do another accessible Engjish-speaking nation. I would be interested in Latin America or Añica, but I have to be careful because my jokes are usually about people who can stand up for themselves, like Australians. It's another thiñg to make fím of someone who is starviag" (2000:13). 145 M* dd Pino Santana Quintana uno de los principales motivos que le han impulsado a recorrer estos países. En el conjunto de su literatura viajera, además, se aprecia cierta tendencia afectiva a rememorar lugares visitados con anterioridad: Bryson regresa a su tierra natal con ánimo de reestructurar las piezas que componen su infancia; viaja por Europa emulando sus aventuras con Stephan Katz, compañero de juventud con el que casualmente, años más tarde, se adentrará en el Appalachian Trail; se despide de Inglaterra trazando un recorrido personal a lo largo de la isla; Australia, por último, es un país al que ha retomado en varias ocasiones con objeto de promocionar su obra y cubrir reportajes periodísticos. Tal vez sea ésta la razón por la que el autor rechaza la etiqueta de "escritor de viajes"; su reputación como viajero urbano subyace en la falta de riesgo que caracteriza su peripecia, bien por los territorios escogidos, bien por las comodidades de las que se rodea. Al menos esto es lo que se observa en su narrativa y en las palabras del mismo Bryson cuando afirma: "I do not see myself as a travel writer. To me a travei writer is someone who goes ofT and faces some really extreme dangei" (2000:12)"'*. Bryson es, tal y como afirma el crítico Terence Blacker, "an ordinary guy abroad" (2000:33). Su idea del viaje, como ya hemos apuntado, poco tiene que ver con la aventura: "I will not sleep with the Beduin or bed down with the camels", confiesa el viajero en una ocasión, "I'm simply a tourist who writes books. I'm one of US, a person who is slightly out of his element, lost and worried" (1995:14)"". Bryson se expresa bajo la expresión latina Mutare animum en la que, como "^ Esta declaración, concedida a James Bone para The Times (2000), se coiiq>lemeiita con la expuesta a Linda Richards, editora de January Magazine, por esas mismas fechas. En ella, Biyson reconoce su admiíación por viajeros contemporáneos como Redmond O'Hanlon y Tim Cahill tanto por su valentia como por ^ calidad litetaiia: "...what I like about both of them is that they are proper travclers. They go to dangerous places. Th^r engage in high risk activities. But they also write very, very well and are both extr»nely ñumy. And, you know, as someone who toils at that «id of the literaiy spectrum, you can appreciate when someone writes a really good comic passage" (2000). En su "liitnoductiQn" a The Best American Travel Wríting, Bryson vuelve a hacer hincapié en la aventura como el motivo por excelencia que mueve al verdadot) escritor de viajes. Relata, al respecto, una conversación mantenida con el viajero británico (^lin Thubron en la que queda eiqmesta, una vez más, la admiración de nuestro ssüar hacia la figura del aventurero. "He [Tbubron] had just retumed fiom a long trip through the remote paits of Western China, as I recall. Thubron is a modest and undemonstrative fellow, but he grew animated as he described for me the pleasures of spending weeks sleeping on hard floors, eating strange and stringy foods, being days beyond the reach of editors and fiieñds. I had always thou^ of that Idnd of disoomfort and dislocation as the pnce you paid to experience inteiesting places, but not part of the pleasure. For Thubron it was -be positively rejoiced in itand to me it was the greatest revelation. I suppose we most admire what we cannot do, and 1 cannot be truly adventurous" (2000:xxvi). '°^ Estas declaraciones han sido tomadas de una entrevista realizada al autor pw Julia Llewellyn para el periódico The Times en el afio 1995. 146 El comportamiento cosmopolita del yo autobiográfico en los libros de viajes de BiU Bryson oportunamente explica Garda Gual, "lo esencial es cambiar de ánimo, de humor, de ideas; mudar sólo el paisaje o el clima es secundario" (1999:83). La narración del periplo, por ello, se centra tanto en el viaje interior, mediante los testimonios autobiográficos brindados por el viajero, como en el exterior o físico, que se expresa mediante la descripción de las escenas y los paisajes visitados. El autor busca lo desconocido no con ánimo de aprender, sino de aprehender, captando la esencia integra de las ciudades a través de su convivencia. Atraer el interés del lector hacia el país protagonista no es más que una sutil estratagona que acaba por revelar el estado de feliz inconciencia que envuelve a nuestro protagonista ante im país desconocido, y que se explica como un componente definitorio del viaje: I had an itch to roam. I wanted to wander tlmnigh Europe, to see movie posters for films that would never come to Britain, gaze wonderingly at hoardíngs and shop notices fiíU of exotic umlauts and cedíllas and No Paiking-sign es, heai pq> songs that could not by even the most charhable stretoh of the imagination be a hit in any countiy but tiieir own, encounter people whose Uves would never again intersect witíi mine, be hopelessly un&miliar with everything, fíom tiie woikings of a phone box to the ídentity of a foodstufF(1998:43-4). Pasajes como éste, extraído de Neither Here Ñor There, ponen de manifiesto el deseo del viajero por sentirse perdido y rodeado de novedad a un mismo tiempo. Llegar a una ciudad que no conoce es el estado ideal de Bryson; y es por esta razón por la que, en numerosas ocasiones, el autor se desvía de la ruta prevista antes de la partida. En cada uno de sus viajes, el escritor intenta llevar a cabo un itinerario trazado con anterioridad, pero es el instinto y no la lógica geográfica lo que finalmente lo guía. En sus andanzas por Europa, podemos observar de qué manera las alteraciones en la ruta acaban por definirse como una parte significativa de la personalidad de Bryson; llevado por momentos de inspiración, el autor confiesa: "A voice that seemed to be my own said, «Hell, Bill, go to Paris.» So 1 did" (1998:46). La misma situación se repite cuando nuestro protagonista, una vez en Suecia, decide cambiar el rumbo de su recorrido y marchar, no a Alemania, sino directamente a Roma; esta vez, Bryson apunta: "At length I gazed up at the unkind sky and took an important decisión. I was going to Rome" (1998:160). 147 M* dd Pino SanUna Quintana En Notes from a Small Island, por el contrario, no es el impulso lo que guía al viajero, sino los curiosos y pintorescos nombres de los pueblos ingleses. Bryson no sólo siente devoción por la parafemalia que forma parte del viaje -brújulas, guias, mapas...-, sino también, y en mayor medida, por la inclinación de los británicos a la hora de asignar nombres a sus poblaciones, paradas de metro, pubs o equipos de fútbol. La estación londinense de Drayton Paric, en palabras del autor, "it's a Jane Austen novel" (1998:55); la ciudad de Dorset "goes in for characters in a Barbara Cartland novel" (199S:181); algunos pueblos como Husband's Bosworth o Whiteladies Aston "seem to hide some ancient and possibly dark secret"; otros, como Winterboume Abbas o Weston Lullingfíelds, "summon forth an image of lazy summer añemoons and butterflies darting in meadows" (1998:181). Esta excéntrica disposición del viajero explica, por ejemplo, que, una vez en Londres y conciente del tiempo que ha transcurrido desde su partida, aviste el nombre de un pueblo en el mapa y enseguida se convierta en su nuevo destino. Así mismo le ocurre con Devil's Dyke: "... as I glanced over the map my eye caught a Une across the landscape called the Devil's Dyke. I had never heard of it, but it soimded awñilly promising. I decided on an impulse to go there" (1998:182). Efectivamente, Bryson parece responder al paradigma del viajero impulsivo. Los itinerarios, en su opinión, no deben existir más que como un punto de partida sobre el que luego desviarse, pues el viaje se construye a lo largo del camino. Tal y como concluye en Neither Here Ñor There: "Travelling is more fiín -shit. Ufe is more funif you can treat it as a series of impulses" (1998:161). IIL3.1. TheLost Continent: Travek in Small Town America "...la infiíncia es el camino real por el que accedemos al conocimiento más exacto de un pais. En el fondo, no hay más país que el de la in&ncia" Roland Baithes, Incidentes. Publicado en el año 1989, el primer libro de viajes de Bill Bryson introduce una linea temática que, aparte de ir consolidándose a lo largo de su trayectoria viajera, ha quedado perfectamente definida por Andró Linklater como "the theme of transatiantic misunderstandings" (1995:38). Esta especie de desacuerdo o de 148 £1 comportamiento cosmopolita del yo autobiográfico en los libros de viajes de Bill Bryson desorientación de la identidad a la que nos referimos surge a raíz de las discrepancias entre la cultura, los hábitos y la distinta conciencia nacional que separan a Europa de los Estados Unidos. Tratándose de un viaje en el que Bryson se reencuentra con su entorno natal y juvenil, la constante argumental planteada por Linklater se vislumbra desde el propio título de la obra. En este sentido, The Lost Continent: Trovéis in Small Town America evoca la desfamiliarización del autor con su lugar de origen, así como la ausencia de una idea de Norteamérica ya inexistente por formar parte del pasado. Esta condición de pérdida que acompaña al enunciado de la obra ha sido analizada por Steve Clark en "Transatlantic Crossings: Recent British Travel Writing on the United States", donde se sugiere una primera interpretación similar a la expuesta en líneas anteriores. Para Clark, The Lost Continent, como título, "gestures at a notional decline in small-town valúes" (1999:220). Una segunda interpretación, más acorde con el contexto histórico del país, apuntaría de forma más precisa, según Clark, a la disolución de las trece colonias durante la Guerra de la Independencia"". Aunque no descartamos la idea de que Bryson haya destinado cierta alusión histórica al titulo de su primera obra viajera, sí creemos que la intención final del enunciado está mayormente orientada hacia el deterioro de la pequeña ciudad norteamericana y hacia la desvinculación del protagonista con su lugar de procedencia. The Lost Continent fluye entre anécdotas y reflexiones, erigiéndose a partir de dos argumentos claramente definidos y, a su vez, complementarios: por un lado, el descubrimiento de la infancia; por otro, la búsqueda utópica de la pequeña ciudad americana perfecta. Una vez más, la presencia simultánea de ambas tentativas queda condensada en el título de la obra. La noción de pérdida -bien de las carreteras y los paisajes, bien de los valores y las costumbreses la base sobre la que se sostiene el eje argumental de este viaje. A lo largo de casi trescientas páginas, Bryson recorre el paisaje urbano de la "small town America" en busca de todos aquellos componentes que distinguieron su infancia y que, década tras década, fiíeron siendo arrebatados por la labor industrial del país. Al volante del modesto Chevrolet de su madre, el "° Es costumbre en detenninados viajeros contemporáneos hacer alusión a momentos concretos en la historia de Norteamérica mediante la reinterpretación personal. Jim Keeble, en su libro Independence Doy (2000), aprovecha la nomenclatura de im acontecimiento histórico de renombre como el Dia de la Independencia, aplicándola en este caso al alivio que supone su liberación afectiva tras un largo viaje de desamor y recuperación sentimental por distintas ciudades de Norteamérica. 149 M* del Pino Santana Quintana autor se entrega a las viejas carreteras de su niñez abarcando un total de treinta y ocho estados -una distancia que en cifras se traduce en trece mil novecientas setenta y ocho millas-. En su rastreo por la América de finales de los años ochenta, la nostalgia se revela como el motor que mueve los mecanismos mentales del viajero y, al mismo tiempo, como la propia justificación del periplo. El papel de la infancia en esta primera obra de Bryson ocupa un lugar privilegiado no sólo como línea temática, sino también como elemento determinante para la organización literaria de la historia, pues el viaje de nuestro autor es también un viaje atrás en la memoria. Su regreso al hogar desencadena una sucesión de recuerdos que, aun sin romper la linealidad estructural del viaje, quedan plasmados en el propio argumento mediante lances retrospectivos evocados en su madurez. Bryson, por tanto, se desplaza en el espacio y también en el tiempo. Su viaje se ajusta en cierto modo a lo que el crítico Rob Nixon ha definido como "Conradian atavism" y que, tal y como lo describen Patrick Holland y Graham Huggan, consiste en "the mechanism, displayed most clearly in the novella Heart of Darkness, by which a joumey forward through space simultaneously moves backward through time" (2000:30)"'. En la medida que el discurso viajero avanza, nuestro protagonista aventurero recorre kilómetros y paisajes, pero retrocede en el tiempo al rememorar su infancia. Una de sus primeras paradas la constituye el hogar de sus abuelos, cuya dirección le hace exclamar: "This was like going back in time. I was about to be a boy again" (1998:19). Sus reencuentros con el Gran Cañón del Colorado o la isla de Mackinac, donde el autor se siente como si ñiera otra vez aquel niño que recorría estos parajes en compañía de sus padres, propician la ebullición de los recuerdos. El desarrollo de su itinerario fisico, ese que podemos identificar fácilmente en un mapa, se desarrolla de forma paralela al itinerario de la memoria, y ambos quedan reflejados en la exposición narrativa del relato. Como ya hemos indicado al comienzo de este apartado, el primer viaje de Bryson es un regreso al hogar; tanto es así, que es mediante la explicación de su procedencia como el viajero comienza el relato: "I come fi"om Des Moines. ''' Aunque rescatado por Patrick Holland y Graham Huggan en su obra Tourists with Typewriíers: Critical Reflections on Contemporary Trove! Writing (1998), este témtíno acufiado por Rob Nixon aparece por primera vez en su ensayo titulado "Preparatíons for Travel: The Naipaul Brothers' Coniadian Atavism" (Research inAfrican Literatures 22, 1991. 177-90). 150 £1 comportamiento cosmopolita del yo autobiográfico en los libros de viajes de BiD Brygon ubicación realizable en la América de finales de los años ochenta; tendrá, entonces, que diseñarla él mismo tomando retazos de cada uno de los pequeños rincones que conforman su viaje y uniéndolos, finalmente, como las piezas de un puzzle: "I was beginning to realise that I was never going to find it in one place. I would have to collect it piecemeal -a courthouse here, a fire station there-" (1998:66). Tomando fragmentos de la ficción, Bryscm pretende encontrar en la realidad la ciudad perfecta; una ciudad, por tanto, real, que tiene cabida en el contexto de los años ochenta, pero que se corresponde con el mundo ficticio de la infancia del autor. La ficción ha ejercido siempre un poder significativo en la percepción que se tiene de América. La irrealidad de su concepción radica tanto en el enfoque que propone la industria del cine, como en la fantasía que evocan muchos de sus lugares: "Could anyone really Uve in a town called Fertile? Eureka? Promise City? Edén? Harmony? Eldorado? Cosmos? Hopeville? Arcadia?", se pregunta Jonathan Raban en Hunting Mister Heartbreak (1990:26). "Amalgam", la Arcadia ideada por nuestro protagonista, bien podria incluirse en esta enumeración Hay que decir, por otro lado, que detrás de esta búsqueda infiuctuosa que tanto obsesiona al viajero late una enorme crítica al sistema de industrialización de las pequeñas ciudades. El viejo mito del oeste o la vida errante de los hoboes - esbozos supervivientes del American Dreamcohabitan con la creciente mecanización del país no siempre de forma armónica. La estancia del autor en Las Vegas es una buena prueba de ello. Bryson, dispuesto para una velada de casinos y máquinas de juego, atariza en el mítico Caesar's Palace. Su empeño en divertirse, sin embargo, pronto se toma una crítica mordaz no sólo hacia la artificialidad y el consumismo desatinado del país, sino también hacia el intrínseco ñucaso de la quimera americana: It takes almost no skills, no intelligence, no class to run a casino. I read in Newsweek that tfae guy who owns the Horseshoe casino downtown has never leamed how to read and write. Can you believe that? That gives you some idea of the sort of level of intellectual attainment you need to be a success in Vegas (1998:242). Esta reflexión nos remite a la perversión del sueño americano que Hunter Thompson encontró en su particular viaje a Las Vegas y que, apenas transcurridas dos décadas. 157 M* dd Pino Santami Qidiitaiia Bryson parece percibir de forma similar"*. Tras ima serie de intentos forzados por entender el espíritu del juego que alimenta la ciudad, el protagonista regresa al hotel, donde acaba la noche ante un desñle televisivo de asesinatos locales. El delirio de la industrialización encuentra, por tanto, su igual en la maquinaria del ocio de Las Vegas. América se define a través del cúmulo de decepciones que frustran las esperanzas del viajero. Parte de su desencanto surge de las expectativas creadas antes de iniciar la aventura; tal y como constata Heather Henderson, en el relato de viajes "the narrator moves in a climate of expectation... but the potential for disappointment is so great that it becomes virtually a convention of the genre itself' (1992:235). Bryson, en un intento por llevar a cabo un sueño irrealizable de su infancia, se desplaza hasta California. Su propósito parte, esta vez, de una postal recibida en su niñez del Parque Nacional Sequoia, cuya ilustración muestra a una joven pareja atravesando un árbol de tales dimensiones que se ha construido una pequeña carretera bajo su copa. Las aspiraciones primarias del viajero se derrumban, sin embargo, una vez que localiza el árbol de sus sueños y se da cuenta de que sólo se puede traspasar a pie: "...it was no longer posible to drive through the tree. This was a disappointment -ñame me something in Ufe that isn't-" (1998:251). Su visita al Parque Nacional Yosemite se expresa en términos idénticos: "And what a disappointment that proved to be. I'm sorry to moan, I truly am, but Yosemite was a let-down of monumental proportions" (1998:252). Teniendo en cuenta estas observaciones, The Lost Continent podría interpretarse como ima elegía al paisaje y a las gentes de la América rural. En el transcurso de su viaje, especialmente en el recorrido que cubre la primera parte de la narración, Bryson no concibe más que pérdidas. Breves digresiones acerca de ia eliminación de los palcos en los cines, el descenso cualitativo de los medios de comunicación o la desaparición de las vallas publicitarias a lo largo de la carretera nos ayudan a comprender el significado y la magnitud de estos hechos en su mente; no importa la calidad de la pérdida, es la "* Publicada en el afio 1971, la novela de Hunter S. Thon^json Fear and Loathing in Las Vegas dxstáa el tema del American Dream mediante la parodia de su búsqueda en el mismo corazón de Las Vegas. Aunque sus viajes sean completamente distintos, Thompson y Bryson coinciden en la concepción de la ciudad como el reverso oscmo de Norteamérica y el eq)acio donde la dq>ravación del mito tiene lugar. 158 El comportamiento cosmopolita del yo autobiográfico en los libros de viajes de Bill Bryson nostalgia del autor lo que los enaltece por haber sido un simbolo de América durante su infancia. En efecto, la nostalgia por un tiempo pasado es una muestra del deseo de nuestro autor por mantener los lugares de su infancia tal y como los ha recordado siempre. Cualquier alteración se toma decepcionante. De acuerdo con Patrick HoUand y Graham Huggan, Travel wríting... generales nostalgia for otfaer times and places, even as it recognizes tfaat they may by now have "lost" their romantic aura. Contemporary travel writing tends to be self-conscious -self-ironicabout such losses: it is bodi nostalsic and, at its best, aware of the decqitiveness of nostalgia (2000:8)" . Bryson recorre diversos estados del Sur, los ghettos de Filadelfía, el mítico oeste y tantos otros escenarios americanos, conciente de las transformaciones surgidas en el país. América es un espacio que siempre está renovándose y que tiende, por ello, a deshacerse de aquellas costumbres que no resultan prácticas ni beneficiosas para el presente. La homogeneidad del paisaje, la planificación arquitectónica de las pequeñas ciudades, donde se privilegia al coche y no al ser humano, o la implantación de los patrones básicos de la subcultura americana que tanto han influido en el modo de vida del país, son algunas de la pérdidas que superan el afán de reencuentro del viajero: "Now most of the little towns offered the customary stretch of gas stations, motéis and hamburger emporia. It was Anywhere, USA" (1998:255-6). La constatación de los cambios y las pérdidas acaecidas en el país acaban por conducir a Bryson a la asimilación de una nueva América. De esta forma, el espacio distinguido durante su infancia -el de las pequeñas ciudades perdidas en alguna desviación de carretera-, aunque ya derruido, queda estacionado en la memoria, y su recuerdo convive con la percepción reciente del país, ausente de todo icono identifícable con el pasado. Y la aceptación de ima nueva América conlleva, finalmente, a la máxima establecida por el viajero no bien arranca el segundo capitulo de sus andanzas por la '" En su articulo "Vaneties of Nostalgia in ContenqMiaiy Travel Writing", Patrick Holland y Graham Huggan retoman esta misma idea: "Travel writing, it bears reminding, is both an agent of deception and a means by which deception -of which nostalgia is just one formm^ be analysed and reassessed" (2004:144). 159 M* dd Pino Santana Qnintaiu patria; nos referimos, efectivamente, a la frase "you can't go home again" (1998:22). Esta sentencia, como propiamente indica Bryson antes de hacerse eco de ella, tiene sus orígenes en la odisea transatlántica novelada por Thomas Wolfe en su libro titulado You Can 't Go Home Again (1940). La obra constituye un retrato intimista y con claros tintes autobiográficos de los años de la depresión norteamericana y el auge del nazismo de la mano de George Webber, joven escritor protagonista de esta historia que, tras un prolongado tour europeo, regresa al hogar para encontrarse con un país apenas reconocible. Este libro nos conduce, al mismo tiempo, hacia otro escritor también norteamericano, John Steinbeck, en cuya narración de viajes Trovéis with Charlie (1962) retoma la fiase que da título a la novela de Wolfe y la hace suya. Como Webber, Steinbeck es también escritor y, aunque no tan joven, comparte la mirada crítica del personaje de Wolfe a la hora de examinar su país. £1 relato de Steinbeck, sin embargo, presenta un argumento propiamente real y, por tanto, diferente al recreado por el héroe ficticio de Wolfe; su viaje, además, no es ima vuelta ai hogar sino, más bien, un redescubrímiento del mismo. Cerca de los setenta y en compañía de Charlie, tm abnegado caniche francés, Steinbeck se adentra en las carreteras norteamericanas con un único objetivo: conocer el país del que tanto ha estado escribiendo durante años. Su llegada a California del norte desata una sucesión de reflexiones sobre la visión del hogar y la confirmación de sus cambios. El novelista se hospeda en Salinas, su ciudad natal, y también en Monterey, donde visita la casa de sus hermanas y se reúne con un grupo de viejos amigos en un bar de la ciudad. Allí, con el poco español que recuerda de su juventud y al calor del alcohol y el baile, Steinbeck introduce la máxima que, poco menos de tres décadas más tarde, será pronunciada por el mismo Bryson: "There was a great man named Thomas Wolfe and he wrote a book called You Can 't Go Home Again. And that is true" (1986:201)"*. Como Bryson, Steinbeck no resiste los cambios que el tiempo ha ido cincelando a su paso. En su recorrido por Monterey, el escritor no encuentra más que elementos extraños: las calles de su juventud han sido tomadas por nuevos establecimientos que sustituyen los recuerdos que mantenían una idea diáfana del hogar; la ciudad se ha visto asediada por la inexorable marcha de la industrialización. Sólo la memoria puede mantener Monterey sin cambios: "Tom "'De acuerdo con Teny Caesar, el titulo de la obra de Wolfe "carne to piovide possibly tbe most enduring piety Americans bave uttered ever since about the veiy idea of borne" (1995:132). 160 £1 comportamiento cosmopolita del yo antobiográfíco en los libros de viajes de Bill Bryson Wolfe was ríght. You can't go home again because home has ceased to exist except in the mathballs of memory" (1986:206). Tanto Biyson como Steinbeck contemplan la evolución de Norteamérica como im factor determinante para la destrucción actual del lugar de origen. Lo ajeno a sus propios recuerdos -esas pequeñas intrusiones que, una vez acumuladas, terminan por definir un paisaje distinto al añoradoenfrentan a nuestro autor con la asimilación de una desviación de la ilusión de hogar mantenida hasta entonces. Precisamente por eso, los cambios sufiidos en las ciudades vislumbradas en su infancia hacen que éstas sean descritas bajo el tono hostil y apesadumbrado de la decepción. Aunque bien es cierto que no todos los cambios han de ser malos, el talante pesimista de Biyson ensombrece el relato, dando lugar a las características quejas del viajero, a menudo censuradas por los críticos de su país'''. No obstante, y a pesar del cúmulo de pérdidas detectadas en el transcurso de su viaje, van asomando pequeños atisbos de esperanza. Tal vez a fiíerza de tomarse una costumbre, las transformaciones del paisaje son cada vez menos trágicas, los recuerdos de su padre, menos negativos. Bryson expresa su descontento al tiempo que constata su paso de la juventud a la madurez; el redescubrimiento de su infancia exige forzosamente una vuelta a sus raíces -"a joumey of discovery" (1998:12), como el mismo protagonista nos advierteen la que tendrá que recabar en la distancia existente entre el joven que se fue y el hombre que regresa. IIL3.2. Ndther Here Ñor There. Travek in Europe "... I felt a palpable senseofwondertofindmyself here, on tfaese sbeets, in this body, at this time. 1 was in Europe now. It seemed an oddly profi>i]nd notion." Bill Bryson, Neither Here Ñor There. Apunta Femando Serrano que "cualquier texto, todo texto, no se termina sino que se detiene, se para. Con mucha mayor razón si ei tema es sobre el viajar" (1997:62). Esta observación no sería del todo cierta si no nos encontrásemos ante im '" Nos remitimos a la reseña de Michele Slung para The New York Times "So, How do you like Ameiica?", en la que Biyson, en palabras de la autora, es descrito como "a relentless if wholly uninventive oonq>lainer" who "bas picked up the Theroux torch, at least when it comes to crabbiness" (1989:26). 161 M* dd Pino Santana Quintana autor cuya trayectoria vital está tan íntimamente ligada a su labor literaria. Bryson parece dotar al conjunto de su obra de una linealidad cronológica: si tn The Lost Contínent se propuso seguir los pasos de su infancia, en Neither Here Ñor There. Trovéis in Europe, publicado en 1991, serán las andwzas europeas de su juventud las que compongan el material narrativo. Hay, por tanto, una clara interdependencia entre las etapas vitales del autor; para explicar ima de ellas es necesario el conocimiento previo de la anterior. De esta forma, Bryson decide comeiizar por sus orígenes, por su niñez en lowa y su deseo de visitar una Europa que acabará por rememorar en su segunda aportación viajera. Aunque ambos libros exponen un viaje nostálgico, uno mediante la evocación de la niñez y otro a través de los recuerdos de la adolescencia, hay una clara diferenciación en el estilo. En Neither Here Ñor There, Bryson se deshace de la huella de la infancia que tanto caracterizó su primera obra viajera, adoptando un tono más acorde con la alegría y la plenitud juvenil de sus primeras escapadas europeas. Resulta simbólico, en este sentido, el hecho de que la ñgura paterna pierda protagonismo; solamente serán dos escasas menciones las que nos remitan a ella, pues, en su lugar, será su compañero de viaje en la adolescencia, Stephen Katz, el que ocupe una buena parte de las reminiscencias del autor. Siendo su juventud la etapa que motiva los recuerdos del protagonista, se nos revelan datos de este periodo de la misma manera en que en su libro de viajes anterior descubrimos detalles de su infancia. Mediante el ejercicio de la memoria Bryson intercala su viaje presente, el llevado a cabo a comienzos de los noventa, con aquellos realizados en los años 1972 y 1973, fechas que corresponden respectivamente a su primera salida a Europa y a su segunda visita al continente en compañía de Stephen Katz. El contraste entre su periplo actual y aquellos llevados a cabo en su juventud hace que en la mayor parte de los países visitados por el viajero se exponga una doble perspectiva. El libro nos presenta, por un lado, el descubrimiento de Europa a los ojos de im joven Bryson que, como narrador y personaje de determinados pasajes de la historia, escoge un acertado punto de vista: el del viajero perplejo. El autor se describe a sí mismo como un atolondrado estudiante de veinte años; acostumbrado a la inmensidad de Norteamérica, se sorprende del tamaño de los países europeos, de sus distintas lenguas, de la diversidad de sus costumbres y de su sentido de la 162 El comportamiento cosmopolita del yo autobiográfico en los libros de viajes de Bill Bryson tradición, tan anticuado y opuesto a la América de los años setenta que el protagonista ha dejado atrás. Europa no es solamente el Viejo Mundo, sino también "otro mundo". Esto lo podemos detectar fócilmente en las primeras impresiones que el viajero vierte sobre Luxemburgo en su primera visita al continente: Eveiything seemed so vivid and acotdy focused and new. I felt like someone stepping out of doors for the first time. It was all so dififerent: tfae language, Üie money, the cais, die number plates on the cars, the biea4 tile fbod, die newspqieis, the paiks, tibe people. I had nevo' seen a zebra-crossing before, never seen a tram, never seen an unsliced loaf of bread (never even considered it an option), never seen anyone wearíng a beret vibo e}q)ected to be taken seriously... And the pe(q>le - \^y, tfaey were Luxembouigers. I don't know why this amazed me so, but it did. I kept thinking, That man over there, he's a LiKembourger. And so is ttaat gilí. TTiey don't know anything abont tiie New Yoik Yankees, tiiey don't know the theme tune to The Mickey Mouse Club, they are from another worW (1998:15). El autor confecciona una relación caótica de elementos propios de la cotidianeidad europea, cuya principal característica viene marcada por la diferencia. Pero su exaltación se debe no sólo a la exposición de estas diferencias, sino también al sorprendente hecho de que su país de origen y, por extensión, su propia identidad, quedan en el anonimato. Bryson ha llegado a Luxemburgo tras treinta y seis horas de vuelo; en uno de sus característicos impulsos, no encontrando habitación, decide hacer autostop hasta Bélgica, y es conducido por una pareja un tanto peculiar que le ofrecerá, además, una exi^a cena. "Monsieur Strange" y "Madame Strange", de tal forma es rebautizado este matrímonio por nuestro autor, se suman a la escena de esta prímera visión adolescente de Europa, donde la desoríentación del joven viajero no puede ser mayor: I had never been away fiom faome before. I was on a strai^e continent where they didn't speak my language. I had just travelled 4,000 miles in a chest freezer with wings, I had not úepí for thirty hours, or washed for twenty-nine, and here I was in a tiny, spartan apartment in an imknown town in Belgium about to eat dinner with two veiy strange people (1998:18). Tras estos comienzos, Bryson dedica cuatro meses a recorrer el continente en un estado que él mismo define como "prívate astonishment" (1998:20). Regresará a Des 163 M* dd Pino Santana Quintana Moines para partir de nuevo al verano siguiente, esta vez con la figura sin par de Stephen Katz -cuya descripción concuerda milagrosamente y pese al tiempo transcurrido, con la proyectada por el narrador en su cuarto libro de viajes A Walk in the Woods (1997)-. Frente a esta perspectiva que tiene de Europa el Bryson adolescente tenemos, por otro lado, la mirada cosmopolita de im viajero adulto, semieuropeo y experimentado que, presa de ese estado de déjá vu a menudo evocado por tantos otros autores, nos brinda una visión madura y reflexiva del continente. Es precisamente en estos pasajes, más frecuentes en la historia que las traslaciones temporales a las que en ocasiones se ve sujeto el texto, donde encontramos el tono astuto y sarcástico al que Bryson nos tiene acostumbrados. Neither Here Ñor There, en este sentido, descubre al lector un perfil del viajero que ya se intuía en Jhe Lost Continent pero que aquí, efectivamente, percibimos en su esplendor. Los imprevistos y avatares del viaje -Bryson sufre una pequeña caída, se pierde en varias ocasiones, se resfiía y es víctima de un robo a manos de una hábil niña-, son más notorios en este segundo libro. Sumados a los ocasionales accesos de mal humor y a las horas muertas que transcurren en los trenes y los autobuses, obtenemos una imagen del protagonista en confrontación consigo mismo. La evocación de sus escapadas adolescentes es, en comparación con el presente, un universo aparte. Se observa en la obra, además, cierto énfasis en la soledad del viajero, tal vez por faltarle en este recorrido de su madurez la compañía de Stephen Katz. No deja de resultar un hecho incuestionable, sin embargo, que en el transcurso de la narración el autor compare muchos de sus pensamientos con los de aquel joven ingenuo y un tanto abrumado ante la diversidad de escenarios bajo los que, por vez primera, se le mostró el viejo continente. Bryson no se aparta en ningún momento de él; de ahí la infinidad de comparaciones a las que se verán sujetas las rutas en las que el viajero actual y el adolescente de antaño coinciden. Muchas de las ciudades visitadas parecen conjugar el pasado y el presente. En París, el recuerdo de su luna de miel se intercala con la irrisoria visita al Louvre del joven Bryson con Katz; de camino al actual Estambul, el autor nos cuenta su decepcionante experiencia en el Orient Express. Su visita a Alemania y Holanda se encuentra igualmente salpicada de viejas memorias: sus experiencias con Katz en un 164 El comportamiento cosmopolita del yo antobiográñco en los libros de viajes de Bill Bryson restaurante bávaro, su primera impresión de Amsterdam..., todo ello sin delegar a im segundo plano la narración de su viaje actual, que de por sí constituye una encantadora historia. Evidentemente, el grado de extrañeza es superior en su juventud, pero esto no significa que Europa haya dejado de poseer determinadas cualidades que le sigan sorprendiendo. Además, y pese a llevar unos quince años residiendo en Inglaterra, el autor admite conocer muy poco del continente, exceptuando unas breves escapadas a Copenhague, Bruselas y los Países Bajos. Como d joven que fiíera una vez, Bryson viaja con una pesada mochila y un juego de mapas europeos de la época en que nuestro héroe contaba con tan sólo veinte años; a propósito de ellos, escribe: Printed in Switzerland, with all the obsessive precisión and expense tfaat that implies, each Künunerly and Frey m^ covered ene or two countries within its smart blue and yellow folders... the explanatoiy notes were in Germán and French only, which gavc them an exotic ring tfaat ^pealed to me in 1972 and appeals to me still (1998:45). Junto con este material de su juventud, el viajero lleva consigo im sinfín de sensaciones almacenadas en sus primeros recorridos que se irán mostrando a lo largo de su itinerario actual. Asi, avistando por primera vez la disposición del paisaje europeo desde la ventanilla del avión, el protagonista nos explica: "It was all so green and minutely cultivated, so compact, so tidy, so fetching, so... European. I was smitten. I still am" (1998:14); frente a la polivalencia del continente, comentará de forma similar: "I loved the idea that you could never be sure of anything in Europe. I still enjoy that sense of never knowing quite what's going on" (1998:40). Pero en Neither Here Ñor There encontramos también esa característica sensación de pérdida que es una de las constantes de la prosa viajera de Bryson. "I just don't understand the world" (1998:111), nos dice el autor, en un esfuerzo por comprender la desalentadora transformación de las principales ciudades europeas en los últimos veinte años. En París, sin ir más lejos, el viajero observa con estupor la voluminosa fachada del Pompidou Centre; en Amsterdam, la sombra amenazante de un Holiday Inn en una de las calles más pintorescas de la ciudad. Al igual que en The Lost Continent, en este segundo libro Bryson se lamenta de los cambios, pero su protesta no deviene en decepción; más bien al contrario, Europa sigue estando dotada de un aura especial que no le ha hecho perder la 165 M* dd Pino Sultana Qointana ilusión. Neither Here Ñor There, en este sentido, persigue una topografía simbólica. El arranque del libro sitúa al lector en Hammerfest. Un comienzo irt media res nos explica la elección de este remoto destino europeo: disfrutar de una aurora boreal en todo su esplendor. Durante diecisiete largos días, Bryson va generando una expectativa en el lector, haciendo de su inactiva estancia en esta pequeña localidad noruega una suerte de riitina. Cumplido el sueño, el autor se traslada a Oslo, y desde esa ciudad viaja de vuelta a Inglaterra, no volviendo a partir sino con la llegada de la primavera. "Hammerfest had been a kind of over-extended limbering-up exercise," - confiesa el viajero- "but now I was going to get down to some serious travelling - and by that I mean the moving-about kind of travelling... But first it was time to go home" (1998:43). El libro presenta, por tanto, una doble justificación: una para Hammerfest y otra para el resto del recorrido; de ahí la partición en la estructura de la narración, que se corresponde a su vez con la parada que hace Bryson en Inglaterra. La continuación de su trayectoria está orientada hacia las chítales y ciudades principales de Europa: desde Paris hasta Colonia, desde Hamburgo hasta Roma, desde Salzburgo hasta Estambul. En el transcurso de la narración, el viajero establece una especie de tipología de las ciudades. Están, en primer lugar, aquellas cuya condición esencial viene delimitada por la constatación de sus cambios; Brujas, Colonia, Innsbruck o Split son espacios vislumbrados bajo un prisma familiar en los que Bryson se sumerge, perfectamente conciente de sus visitas en el pasado. Son, por lo tanto, ciudades de la memoria que, de no haber sido exploradas un tiempo atrás, habrían sido enfocadas de una manera totalmente distinta. Frente a estas, encontramos ciudades que, lejos de ser conocidas, se presentan como una incógnita para el autor. Tal es el caso de Italia, donde la totalidad de las urbes visitadas son vislumbradas por primera vez y, consecuentemente, no hay traslaciones temporales que nos remitan a experiencias anteriores. Italia, sobre todo la región del sur, es especial objeto de personificación por parte del viajero. Tanto el capítulo dedicado a Roma como el que nos conduce hasta Ñapóles, Sorrento y Capri, despliegan una concatenación de imágenes deleitables que tan sólo se verán interrumpidas por la pobreza y el tumulto de Ñapóles. Sorrento y Capri se presentan como espacios esencialmente idílicos -no en vano, en el primero de ellos, Bryson se hospeda en un hotel con el nombre de "Edén"-; la 166 El comportamiento cosmopolita del yo autobiográfíco en los libros de viajes de BiH Bryson Thinking and Feeling Beyond the Nation (1998). Conforme a los ideales de la antigüedad gñega, retomados posteriormente en la Ilustración, cosmopolita era el individuo cuyas ñliaciones se extendían a la comunidad mundial de seres humanos; hoy día, sin embargo, este carácter único del cosmopolitismo no resulta del todo aplicable. Tal y como afirma Robbins: Like nations, cosmopolitanisiiis are now plural and particular. Like nations, they are both European and non-European, and they are weak and underdeveloped as well as strong and pñvileged... Difficutt as it may be to make a plural for "cosmos," it is now assumed more and more that worlds, like nations, come in difierent sizes and styles (1998:2). Puesto que el cosmopolitismo, en palabras de Robbins, se centra en la experiencia particular y acoge a todo tipo de personas, desde el individuo poco privilegiado y el que se ve forzado a llevar una vida fuera de su patria, hasta el intelectual, el viajero y el expatriado que goza de ciertas libertades, las impresiones que cada uno de ellos nos aporta pueden ser completamente distintas entre si. Tal y como sostiene James Clifford en su influyente ensayo "Traveling Cultures", incluido en su obra Routes: Travel and Translation in the Late Twentieth Century (1997), la vivencia de un viajero en im entorno foráneo no puede ser comparable a la del trabajador inmigrante que ha de abandonar su país por motivos principalmente económicos. Sin embargo, y pese a que cada uno desarrollará un punto de vista cosmopolita concreto, su desplazamiento propiciará la creación de culturas especificas de la migración mediante la continuación de las expresiones culturales propias del país del que proceden. Las diferencias entre las distintas formas de cultura emergentes del desplazamiento producen lo que ClifiTord denomina "discrepant cosmopolitanisms" (1997:36)". No obstante, y pese a su diversidad de '' En 1998, un año después de la publicación de Traveling cultures", CMord retoma el concepto de "discrepant cosmQpolitanisms" en tm enssryo titulado "Mixed Feelings", incluido en la antología compilada por Pheng Cheah y Bruce Robbins, CosmopoUtics: Thinking and Feeling Beyond the Nation. Clifibid da un nuevo cariz al ténnino ofreciéndonos una explicación acaso más social y menos cultural del mismo; más que manifestaciones a través de la beiencia cultural que conserva el individuo en un pais extranjero, "discrepant cosmopolitanisms" se refiere, en esta ocasión, a maneras de pertenencia en la sociedad actual, a fonnas de búsqueda de un espacio propio en un mundo totalmente habitado. En palabras del propio Clifford: "People bave, for many centuries, consttucted their sense of belonging, their notions of home, of spiritnal and bodily power and ñeedom, along a continuum of sociospatial attachments... In these diverse contact zones, people sustain critical, non-absolutist 271 M* dd Pino Santana Quintana modos de vida y expresiones artísticas, el individuo cosmopolita se distingue del resto de los ciudadanos por su mirada abierta hacia la cultura del otro^^. Scott L. Malcomson, en un ensayo titulado "The Varieties of Cosmopolitan Experience" (1998), enumera algunas de las prácticas cosmopolitas que conviven en la sociedad actual. Se trata de modelos de apropiación cultural e ideológica que pueden darse tanto de forma física, es decir, mediante la práctica del viaje, como de forma psíquica, especialmente a través de los medios de comunicación. Malcomson menciona, en primer lugar, el cosmopolitismo surgido como consecuencia de una expansión religioso-militar; en segundo lugar, un cosmopolitismo antiimperialista o extranacional, que mira más allá de su propio territorio para buscar modelos más acordes con su ideología; razones puramente mercantilistas constituyen un tercer tipo de cosmopolitismo; a este habría que añadir el fenómeno de la inmigración, sin duda, un modelo más de la ciudadanía del mundo; y, por último, el cosmopolitismo que deríva de la cultura del entretenimiento. "Áll of these actually existing cosmopolitanisms" -apunta Malcomson- "involve individuáis with limited choices deciding to enter into something larger than their immediate cultures" (1998:240). Al margen de las razones que lo lleven a incorporarse a ima o varías comunidades diferentes a su tierra de origen, el individuo cosmopolita se integra en la sociedad del nativo y participa del diálogo de culturas que forma parte de la experiencia del viaje; pero jamás deja de reafirmar su individualidad cosmopolita, caracterizada principalmente por la transitoríedad de sus vivencias. Atraviesa las fi'onteras de su propia nación, y también las que dividen una geografía ajena, pero su interés va más allá del mero espectáculo; pues, contrariamente a la imagen de fiialdad y desentendimiento que haya podido ensombrecer la figura del cosmopolita, su actitud se corresponde realmente, y en la mayoría de los casos, con la de un individuo que se apega con especial habilidad a los espacios por los que va transitando; y que, pese a verse liberado de lo que Roland Barthes denomina "la stiategies for survival and action in a world whae space is always already invaded. These conmetences can be redeemed under a sign of hope as «disoepant cosoK^litanisms»" (1998:367). "Cosmopolitanian" -sostiene Amanda Anderson- "denotes leflecttve distance ñom one's original or primaiy cultural affiliations, a broad understanding of other cultures and customs, and a beliefin universal humanity" (2001:63). 272 El comportamiento cosmopolita del yo autobiogrifico en los libros de viajes de BiD Bryson responsabilidad del ciudadano"'^, no deja de interesarse por la cuestión sociopolítica de su nuevo entorno, ni de mostrar consternación por los posibles conflictos a los que este se ve sometido. En este sentido, la frase con la que Antonio Skármeta concluye su reflexión sobre la pertenencia territorial, "Tú eres del lugar donde todo lo que allí pasa te duele" (2003:58), es en su totalidad aplicable al pensamiento cosmopolita. En im ensayo titulado "Cosmopolitans and Locáis in World culture"'", Ulf Hannerz define la figura del cosmopolita mediante una serie de exclusiones. "Anybody who moves about in the world" -afirma- "is not a cosmopolitan" (Robbins, 1998:254). El turista, por ejemplo, y pese a que muchos puedan confimdirle, no es cosmopolita, pues se muestra observador pero no participe de la cultura del otro. Su observación, al mismo tiempo, puede estar dirigida a elementos totalmente estereotipados que nada tienen que ver con la vida diaria de la sociedad visitada. De acuerdo con Dean MacCannell, la experiencia turística se caracteriza por el deseo del turista de contemplar la vida como realmente la vive el otro y de integrarse en la sociedad del nativo. Sin embargo, su fi°acaso a la hora de intentar alcanzar estos objetivos convierte sus viajes en ima práctica deplorable (1976:94). Tampoco ha de ser cosmopolita el exiliado, ya que su relación con el entorno cultural foráneo se ha constituido de manera más o menos forzada''. Los emigrantes en busca de trabajo tampoco se incluyen en la práctica cosmopolita; "For them", argumenta Hannerz, "going away may be, ideally, home plus higher income; often the ^^ Roland Barthes, en su ensayo titulado "No se consigae nunca hablar de lo que se ama" (1980), parte de los cuadernos de viaje de Stendbal por Italia con el fin de analizar la visión que el novelista nances tenía de este país. "Italia" -escribe Bartheses el pais en que Stendhal, al no ser por completo tm viajero (turista) ni completamente indigoia, se encuentra voluptuosamente letiíado de la responsabilidad del dudadano" (1987:351). Se trata del ensayo a;>arecido en un monográfico especial de la revista Theory, Culture & Society, titulado "Global Culture" y editado por Mike Feathersone (n° 7, 1990), que Bruce Robins menciona en su artículo "Compaiative C^osmopolitanisms" (1998:246-264). ^^ Existe otra forma de exilio, no obstante, que, lejos de estar asociada con los conflictos políticos que normalmaite lo caracterizan y de revelarse como un aspecto de alejamiento obligado y posible en la vida del homtoe, se constituye como una e;q)eriaicia elegida por el individuo. Al no ser una situación impuesta desde el exterior, esta especie de exilio voluntario ^x>rta una serie de conocimientos beneficiosos para el viajero. Su situación es, sin duda, paiangonable a la del expatriado, ima suerte de exUiado cultural que convive deliberadamente en una sociedad distinta a la de sus orígenes. Un viajero y teórico del género como Paul Theroux afirma al comienzo de su colección de ensayos Fre^ Air Fiend (2000): "Exile is a large concept for which a smaller versión, the one I chose, is e^qpatriation" (2000:1). Ulf Hanneiz, que no parece contemplar la idea del exilio voluntario en su ensayo, asemeja, como veremos en lineas posteriores, la eiqierienda del e^qjatriado a la del individuo cosmc^lita, lo cual nos hace pensar que de haberio contemplado, también habría establecido ciertas semejanzas entre el auto-exilio y el cosmopolitisnK). 273 M* dd Pino Santana Quintana involvement with another culture is not a fringe benefit but a necessary cost, to be kept as low as possible" (Robbins, 1998:254). Otras figuras como la del expatriado, y también la del ex^expatríado, sí se corresponden en cierta medida con la del cosmopolita, sobre todo en lo que se refiere a la citación de experiencias culturales divergentes. Cosmopolitas, tai y como los define Hannerz, "are people who have chosen to Uve abroad" (Robbins, 1998:254); su transitar pOT el mundo constituye sobre todo un acto voluntario y, consecuentemente, su integración en las distintas sociedades forma parte de su elección por una existencia que se reconstruye con cada espacio visitado. El cosmopolita, como hemos apuntado al comienzo de este apartado, no deja atrás su país, sino que lo incorpora a todos aquellos lugares que va recorriendo; los motivos que se esconden tras su decisión por una ciudadanía múltiple, por tanto, no se remiten exclusivamente a una necesidad de huida del entorno doméstico, ni a una actitud de desacuerdo con las ideas sociopoliticas de su patria. El cosmopolita escoge y se habitúa a una vida que transcurre entre distintos trayectos físicos y psicológicos; como el nómada, es un viajero que elude la permanencia en un único espacio. Viajar, cambiar de lugar, reemplazar un hogar por otro..., sus vidas comparten una misma dinámica, pero mientras que la inquietud del cosmopolita surge de la curiosidad por conocer otras culturas, de la aspiración personal de no perderse nada de lo que hay en este mundo, la del nómada, por el contrario, parte de la necesidad física de seguir en marcha, de no descansar en un mismo lugar por mucho tiempo'*. Esa misma trashumancia por países y culturas que comparte el viajero nómada con el cosmopolita, el deseo de descubrir qué lugares se esconden tras las ^ lain Chambers, en su libro Mgrancy, Culture, Identíty (1994), estudia la figura del nómada, símbolo del escapismo y la inquietud, y considera el nomadismo como una caracteristíca más de nuestro tiempo. Esto es así puesto que, para Qiambeis, nuestra idea del hogar y de la pertenencia ya no forma paite de nuestros orígenes, sino de la menKHia, y ésta convive con las experiencias actuales que nos van sucediendo: "Faced with a loss of roots, and Üie subsequent weakening ia tfae grammar of «authentídty», we move into a vaster landscape. Our sense of belonging, our language and the myths we cany in us remain, but no longer as «oñgins» or signs of «antfaenticity» capable of guaranteeing the sense of our Uves. Tbey now lingaaa as traces, volees; memories and ninnnuis that are mixed in with other histories, episodes, encounters" (2001:18-9). El escritor e in&tigable viajero Bruce Chatwin ha desempefiado un papel jnimoidial en el estudio del nomadismo; tal y como afirman Patrick Holland y Graham Huggan, "[he] has been instrumental in maldng the nomad available as an ideal versión of the modem traveleí" (2000:167). A él debemos algunas de las teorías más relevantes sobre el nomadismo, jdasmadas principalmoite en su Ubro de viajes The Songlines (1987), acerca de la naturaleza enante de los aborigénes australianos, y en diversos ensayos publicados postumamente. 274 El comportamiento cosmopolita dd yo autobiográfico en los libros de viajes de KU Bryson líneas de un mapa y de explorarse a uno mismo a la vez que a los otros, es un rasgo defínitoño de la literatura viajera de Bill Bryson. Pese á las ataduras emocionales que lo condicionan a permanecer vinculado a un determinado espacio, nuestro autor se desenvuelve con una soltura exquisita entre los divagares y la oscilación del viaje. "There is something about the momentum of travelling", concluye en su segundo libro Netther Here Ñor There, "that makes you want to just keep moving, to never stop" (1991:303). Resuena en esta frase la voz del escritor que se habla a sí mismo, que se convence de que el ímpetu viajero puede llegar a ser imparable. Uno de los argumentos que subyace de manera especial en la obra de Bryson es el de la imposibilidad de estar en dos o más lugares a un mismo tiempo. Acaso tenga que ver con la motivación de este trasfondo el hecho de haber abandonado su país a una edad relativamente temprana y no haber regresado a él de forma definitiva hasta bien transcurridos veinte años. Europa ha sido, y parece seguir siendo, un espacio de pertenencia para el autor, mientras que América, no cabe duda al respecto, se erige como el territorio de origen, como ese extraño lugar del que se parte con el convencimiento de que permanecerá inalterable en la ausencia. Inglaterra y los Estados Unidos, América y Europa, son en su obra metáforas geográficas de una existencia dividida. En el siguiente apartado estudiaremos la relación histórica y cultural entre estas dos naciones que tan bien han prefigurado la condición de viajero de Bill Bryson. 275 M* dd Pino Santana Qniírtaiui IV.3.1. La tradición transatlántica "the Oíd World -nsy cholee, n^ need, iiQr Ufe." Heniy James, Notebook^^. "Esa sefloia cmbaiaTada, con su bata de pliegues de bronce y su candelabro OÍ la mano, es la libertad iluminando al Mundo, de Bartholdi. Vuelve ligiamente su antorcha hacia Europa, como para iluminaila lo primero." Paul Morand, Nueva York. Existe una tendencia en la historia de Norteamérica a atribuir al ciudadano medio estadoimidense una inclinación a la movilidad física que lo conduce a mudar de paisaje con cierta frecuencia. Tanto si decide permanecer en su propio país como traspasar sus fronteras, a lo largo de su vida se suceden una multiplicidad de hogares y de ciudadanías. Viajar, trasladarse de un sitio a otro con la experiencia acumulada, parece ser un acontecimiento habitual. Así lo sugiere Wm. Thomas Hill, en cuyo ensayo titulado "The Shiñing Foundations of the American Traveler in American Literature" acude a Heidegger y a su firme oposición a la práctica del arraigo, para e7q)licar esta predisposición del pueblo estadounidense al viaje: In a sense all Amerícans are expatriates (origjn uncertain), traveling, never settling. We change residences an average of once every six years. We change Jobs an average of once every four years...We are always moving, never, in a Heideggerian sense, able to build our own dwellings or dwellings for our children, the ñiture wouid-be travelers of America (1998:93). De alguna manera, el cosmopolitismo está presente desde los orígenes de Norteamérica: forma parte de su tradición. Tanto es así que para Walt Whitman era precisamente su amalgama de ciudadaiúas el rasgo más preciado de la nación^^. Esta tierra emergida del Nuevo Mundo y su inmediata colonización inglesa dio lugar a un país de inmigrantes y de unificación de las diferencias, de manera que Norteamérica ha reconstruido sus raíces con la vista puesta en el viejo continente. Bill Bryson, en su introducción a The Best American Travel Writing 2000 se refiere a los Estados " Esta fiase peitoiece a la compilación de notas de Hemy James que se publicaron postumamente bajo el titulo de Notebooks (1947) a cargo de F. D. Matthiessen y Kenneth B. Mudock, y que es citada por M* Antonia Álvarez Calleja en su obra "América-Europa" como ideal de Civilización en Henry James (1988:79). '^ En palalHas de María Antonia Álvarez Calleja, "Whitman afirmaba que lo mejor de América es su cosmc^Mlitanismo" (1988:77). 276 El comportamiento cosmopolita del yo autobiográfico en los libro» de viajes de Bill Bryson Unidos como un país constituido bajo la ¡dea del movimiento, tanto mediante el viaje que conduce a toda clase de emigrantes a Norteamérica como por el continuo transitar que los lleva a deambular de este a oeste. Es la propia historia del país la que ha dispuesto en la naturaleza del ciudadano norteamaricano la predilección por el viaje. Se trata, además, de ima tendencia que, de acuerdo con Bryson, pervive: There is still a resüessness in Úts American character -a willingness to up sticks and move elsewhere without much in the way of a backward glancethat would strike many peq>le in more settled countries as at Ihe very least unusual, pedu^s even just a trifle shiftless. In any case, if anyone ought to be predisposed by nature and histoiy to an interest in die excitement and possibility presented by the un&miliar and &r-flung, then surely it would be us (2000:xx-xxi). Alan Holder, en su estudio sobre la trayectoria cosmopolita de figuras literarias como Henry James, Ezra Poimd y T.S. Eliot en Europa, explica la necesidad inherente del individuo norteamericano de desplazarse y conocer nuevas culturas. Extrae para ello de los escritos de Henry James la siguieme idea: "I have noted James's assertion that pait of one's heritage as an American is a tendency toward cosmopolitanism, the surveying of other cultures to see what they have to offer" (1966:132). Este entusiasmo del pueblo norteamericano por todo lo extranjero, y por Europa especialmente, ha formado parte de la identidad cultural del país. £1 Viejo Mundo se ha constituido como un museo imaginario para el escritor del Nuevo Mundo. Sus raices culturales, su tradición literaria y la huella imborrable que la historia ha dejado en su paisaje hacen de Europa un espacio paradigmático. En el siglo XIX, cuando la cultura y la sociedad norteamericanas se hallaban aún en un periodo de formación, fueron muchos los intelectuales que sintieron la necesidad de emigrar al continente europeo, unos en busca de inspiración, otros con el afán de comprobar por sí mismos la geografía artística de la que se habían nutrido en su juventud. Políticos y pensadores, novelistas y poetas fueron los pioneros en establecer lo que pronto se convertiria en toda una tradición para el escritor norteamericano: el viaje transatlántico a Europa. Este peregrinaje exaltado hacia los cimientos culturales del continente desencadena lo que James W. Tuttíeton refiere como "la gran enfermedad americana" y que María Antonia Álvarez Calleja nos define como "el apetito mórbido y monstruoso de color y forma, de lo pintoresco y lo 277 M* del Pino Santana Quiotana romántico a cualquier precio", la rendición más absoluta "a la presencia de la tradición y a la influencia de una atmósfera cargada de historia" donde la vida parece "mucho más elevada, más rica y más llena de significado" (1988:21)". La admiración incondicional del viajero norteamericano hacia el continente europeo desencadena una afluencia de recorridos transatlánticos cuyo máximo esplendor tendrá lugar en la década de los años veinte mediante la figura del artista expatriado. Paris, el sur de Francia, Londres o Roma son espacios ensalzados por la imaginación norteamericana que permiten poner en práctica un estilo de vida artístico y en cierto modo disipado. Son lugares, en definitiva, que representan la antitesis del Nuevo Mundo. Tal vez sea esta cualidad de contraste entre las ciudades del Viejo y el Nuevo Mundo lo que ha llevado a Kasia Boddy, en su ensayo titulado "The European Joumey in Postwar American Fiction and Film" (1999), a apuntar que escritores de ese mismo periodo como Ezra Pound, Emest Hemingway y Gertrude Stein "left America not to search for a cultural heritage in Europe but simply to find a place that was not America" (1999:241). No deja de resuhar un hecho significativo que esa "no América" que persigue el individuo norteamericano en su afán de nuevas experiencias en el extranjero se ubique precisamente en el continente europeo. En la tradición literaria y viajera de Norteamérica, Europa ha sido vista incesantemente como el polo opuesto. Claro que, si lo que se busca verdaderamente es la diferencia, el viajero norteamericano bien podría haber recurrido a otros escenarios donde la otredad sodo-cultural es aún más acentuada. Que se decante por Europa, y no por otros continentes como pueden ser el añicano o el asiático, encierra una explicación que va más allá de la propia búsqueda de la cultura y la exquisitez europeas. La travesía al viejo continente está estrechamente relacionada con la búsqueda de las raíces. Se trata, consiguientemente, de un trayecto iniciático no sólo en cuanto al aprendizaje estético se refiere, sino también en la autoafírmación de la identidad norteamericana en contacto con el otro europeo. Siguiendo el acercamiento de Janis Stout a los parámetros del viaje en la literatura norteamericana: "Europe has been the necessary destination, the place where the American or the American imagination has had to go in order to define itself by '' James W. Tutüeton, "Hemy James: The Superstitioiis Valuation af Eurq»", en 7%e Novel of Manners in America. New Yoric: W.W. Norton & Co. 278 El comportamiento cosmopolita dd yo antobiogrifico en los libros de viajes de BiD Bryson reference to an other" (1983:68)*°. Ateniéndonos al pasado europeo que constituye la identidad norteameñcana, Europa se configura como una especie de hogar cultural para el ciudadano del Nuevo Mundo, como un espacio con el que le es preciso intimar para conocerse a si mismo. Pero si en la década de los años veinte el ambiente europeo resultaba enormemente fiívorable para el viajero norteamericano, no ocurrirá lo mismo en los períodos sucesivos. Los conflictos bélicos acaecidos en Europa dejan a su paso un panorama de destrucción y caos que será en parte reformado por la ayuda venida del otro lado del Atlántico. Europa, que habia sido hasta el momento un valuarte arquetipico de la civilización en la mentalidad norteamericana, pasa a convertirse en un continente despojado de algunos de sus rasgos históricos más importantes y que se reconstruirá a imagen y semejanza de las sociedades estadounidenses a medida que pasan los años*'. América, por el contrario, se establece como ima de las entidades políticas más importantes, y también como la nación más opulenta y avanzada en la producción tecnológica; "culturally", afirma Mark Cocker, "it was the shallowest and most emulated of nations" (1992:246). Para Kasia Boddy, es a partir de este turbulento período histórico cuando el recorrido transatlántico va perdiendo parte de su atracción para el viajero norteamericano: ^ Kasia Boddy, en su ya mencionado ensayo "The Eurqpean Joumey in Postwar American Fiction and Film" (1999), sostiene una idea similar a la expr^ada por Janis Stout: "In the American imagination Euiope has traditionally fiínctioned as a place of conttast; it was the place against whicta America defined itselT (1999:241). Pero al contrario que Stout, su idea de la formación de la identidad norteamericana en contacto con la escena evaopea se basa, sobre todo, en la relación de sistemas opuestos que caracteriza a ambos continentes, y no en las raices que ambos conq)aitea '' Ya en el afio 1929, Edmund Wilson expresaba la uniformidad que comenzaba a smgir oitre Europa y los Estados Unidos en los siguientes ténninos: "Industrially, politically and socially, Europe... is becoming more and more like America eveiy day... It is 19 to American writers to tiy to make some sense of fheir Amoican world -for their worid is now eveiybody's world" (Edmund Wilson, 77ie ^ores ofLight, New Yode, 1952,440, ea Alan Holder, 1966:353). De igual forma, Kasia Boddy, en un qiaitado de su ensayo que no en vano titula "Europe is oveí^, sostiene: "By 1945 the cultural and economic strength, as well as the mihtary prawess, of the United States were well established. Europe was now a place where American business ambitions could be fulfilled as well as rejected, and where Americans perceived themseKes as both imitated and resented" (1999:241). En efecto, tras la Segunda Guena Mundial, el modo de vida norteamericano comienza a invadir las sociedades europeas. Paiadójicamente, el imitador pasa a ser el imitado; y esto explica la actitud de determinados escritores hacia la influencia que comienza a ejercer el Nuevo Mundo sobre la vieja Europa. Cabe mencionar como ejemplo de eúo la manera en que la figura del turista norteamericano se convierte en obj^ de burla para determinados viajeros británicos -un tema al que nos hemos referido con anterioridad, concretamente en el apartado in.3-, o la queja incesante ante la presencia de establecimientos y cadenas hoteleras estadounidenses en los enclaves históricos de las principales ciudades europeas, un hecho al que Bill Biyson es particulaimente sensible. 279 M" dd Pino Santana Quintana tbe European joumey is certainly less important than it once was as a defining act for Ameñcan -writers. Within American cuttuie there has been an increasing awareness that tfae Eunqiean heritage is only eme of tile many herítages of the United States, and recently more attention has been paid to the sources of those others -for example, Añican, Latín American, Chinese, Native American" (1999:244). Si bien es cierto que el carácter multirracial de Norteamérica despierta el interés de sus ciudadanos hacia otras culturas distintas a la europea y que la creciente impresión de homogeneidad que comienza a imperar en la década de las años cincuenta desvía su atención, el viaje a Eivopa continuará formando parte de la tradición cultural y viajera de los Estados Unidos. Autores norteamericanos como Paul Theroux y Bill Bryson han dejado constancia en sus cuadernos de viaje de que la travesía transatlántica permanece vigente. Concientes de que las raíces de su patria están contenidas en el Viejo Mundo, sus recorridos por el continente europeo son dignos de los más veteranos viajeros clásicos y sus prolongadas estancias en Inglaterra, acaso más concretamente, ponen de relieve los lazos de unión que comparten ambos territorios*^. Inglaterra, como destino, ha producido caudales generosos de relatos viajeros narrados por escritores estadounidenses. Esta peculiar nación, que gusta de distanciarse a sí misma del resto del continente alardeando de la propia condición de isla con que la distribución geográfica la ha dotado, ha sido siempre el modelo por excelencia de la cultura europea en el imaginario norteamericano. Desde autores como Henry James y T.S Eliot, cuyo afecto por la vieja Inglaterra culminó, en ambos casos, con la obtención de la nacionalidad británica, hasta ejemplos más recientes, como los ya mencionados Paul Theroux y Bill Bryson, la travesía de América a Inglaterra ha sido contemplada como un amplio terreno de experiencia y conocimiento acerca del país de acogida. En las dos últimas décadas, sin embargo, ha surgido con especial énfasis una oleada de viajes a la inversa; esto es, desde Inglaterra hasta los Estados Unidos. Viajeros británicos como Stephen Brook, Mick ^ Este vinculo entie In^aterra y los Estados Unidos lia sido expresado maiaviUosamaite por Paul Moran4 en cuyo libro de viajes titulado Nueva York (1930) nos recuerda la relación colonial entre ambas naciones de la siguiente forma: "Todas las bromas que circulan sobre los Estados Unidos e In^aterra, dos países separados por la lengua y por el Atlántico, etcétera, etc., han acabado por hacemos olvidar que son madre e hija. La más joven reniega de la tm^oi como reniega una generación de otra; es decir, en vano" (1930:109). 280 El comportanüento cosmopolita del yo autobiográfico en kts libros de viajes áe Kll Bryscm autor- "and could not" (1998:113). Acaso esta incomprensión propia de la infancia sea una metáfora de su inadaptación, y su deseo de entender el mundo adulto, expresado en este sentido mediante la violencia del pueblo norteamericano, un primer intento de entender América. En el recuerdo de su viaje a Nueva York, emprendido a los dieciséis años para visitar a su hermano, prevalece la atmósfera de peligro que se respiraba por aquel entonces en la ciudad. Lefrak City, el barrio de Queens en el que se hospeda, es descrito como a strange, Kaflcaesque coRimunity... [wfaich] consisted of about a dozen tall aparttnent buildings clustered around a seríes of lonesome qiiadrangles... Something like 50.000 people lived there. I bad never conceived of so many people gathered in ene place. I couldn't understand why in such a big, open country as America people would choose to live like that (1998:139-40). Observamos nuevamente la falta de correspondencia entre la mentalidad de un joven Bryson y una de las ciudades mito contemporáneas, reflejada, en esta ocasión, mediante su desacuerdo con una parte determinada del modo de vida norteamericano. Esta impresión de disconformidad se repite a su paso por el sur del país. Nuestro autor, esta vez un joven universitario de pelo largo que viaja con unos amigos, se detiene en un pequeño pueblo de Georgia y entra en un café. No bien toman asiento en la barra, la visión de la América profíinda se manifiesta a su akededor. Tal y como Bryson recuerda: ...wfaen we took our seats at tfae counter the place fell silent. Fourteen pecóle just stopped eating, their food resting in their mouths, and stared at US... It was disconcerting. To them, out here in the middle of nowhere, we wcre at once a cimosity -some of them had clearly never seen no long-haiied, nigger-loving, Northern, college-edjicated, conmtíe bippies in the flesh beforeand yet unspeakably loatíisome (1998:35). En esta cita, al igual que en los ejemplos anteriores, Bryson parece obsovar los lugares que visita en sus propios términos, y no bajo el punto de vista correspondiente a su espacio de origen. El autor desarrolla una mirada crítica, un pensamiento de la diferencia que lo distancia en cierto modo de sus conciudadanos. Esta inadaptación temprana en su propia tierra, además de la experiencia del tedio en 287 M* dd Pillo Santana Quintana su lowa natal y la frustración desatada por los viajes con su padre, desemboca de forma inexorable en un deseo de alejamiento del hogar paterno. Su partida, no obstante, carece de un destino predeterminado. No hay una ubicación concreta en su decisión de abandonar sus orígenes, tan sólo la intensa aspiración de convertirse en un joven europeo: I wanted to iive in an apartment across fiom a patk in tfae heart of a city, and ñotti my bedroom window iook out on a crowded vista of hills and roof-tops. I wanted to ride trams and understand strange languages. I wanted friends named Wemer and Marco wbo wore short pants and played soccer in the strcet and owned tqys made of wood. I cannot for tfae life of me tiiink why. I wanted my mother to send me out to buy long loaves of bread from a shop with a wooden pretzel hanging above tfae entrance, I wanted to stq) outside my £ront door and be somewhere (1998:7). Vemos en esta atracción de Bryson hacia el modo de vida europeo una relación caótica de elementos que no surge de su desconocimiento del Viejo Mundo, sino del afán por abarcar la totalidad de una existencia que nada tiene que ver con la suya. En este ensalzamiento de lo cotidiano, destaca la obsesión del autor por formar parte de la heterogeneidad europea. De acuerdo con Adeline Tintner, la idea de pertenecer a Europa sin decantarse por una de las múltiples ciudadanías que engloba el continente es un rasgo inherente del carácter norteamericano: "A European is always French, Germán, Italian, or some other nationality. Only an American" - añade- "can wrant or hope to be European without belonging to a specific nationality" (1991:2). Se trata, consecuentemente, de un tipo de cosmopolitismo mediante el cual se aspira a una nacionalidad, la europea, que tan sólo tiene cabida en el imaginario norteamericano. En la serie de espacios geográficos que delimitan la marcha de Bryson hacia el viejo continente -esto es. Des Moines, lowa, Norteamérica y, finalmente, Europa-, el autor ignora toda relación no ya con su estado natal, sino también con el resto de su país. Su deseo no es otro que el de estar en cualquier lugar distinto a Norteamérica, y Europa es el espacio que posee esa cualidad de diferencia que el viajero persigue en su afán por una múltiple pertenencia. En su siguiente aportación al género de viajes, Neither Here Ñor There (1991), observamos de qué manera la visión cosmopolita de Bryson va ocupando 288 El comportamiento cosmopolita del yo antobiogrifico en ktg libros «te viajes de KII Bryson mayor terreno. Una buena parte de los espacios que incluye en su recorrido son objeto de diversos elogios. "What a perfect Ufe you could lead in Hamburg" (1998:125), exclama el autor a su paso por la ciudad alemana; "What a wonderful country"*' (1998:168), concluye tras su visita a Roma; y, a propósito de Sorrento, no duda en afirmar: "I wanted to Uve here, starting now" (1998:178). Sus descripciones de las ciudades están siempre presididas por la aspiración del going native. Testigo del ritmo vital y de la multiplicidad de hábitos que caracteriza a cada espacio, Bryson ansia imbuirse del sabor local, mezclarse entre la muhitud y participar de cada uno de esos posibles "yoes" que le ofrecen los distintos lugares visitados. Su rechazo a permanecer en el espacio de origen, no obstante, va más allá del territorio europeo. Tal y como queda reflejado en Neither Here Ñor There, Bryson extiende las fronteras de su ideal cosmopolita y tras su Uegada a Estocolmo, escribe: I grew up wanting to Uve in buildings like these. It needn't necessarily have been in Europe -it could have been in Buenos Aires or Dar es Salaam, saybut it had to be in the ntidst of a big foreign city, fidl of noises and smells and sights unknown in lowa (1998:154). Además de la inclinación de nuestro autor a incorporar otros territorios a su propio paradigma cosmopolita, lo singular de este comentario es el empeño en habitar zonas esencialmente urbanas. Su espacio ideal se compone de una gran ciudad en la que confluyen un sinfln de rasgos foráneos, donde se dan lugar el bulUcio del quehacer cotidiano y el mestizaje de costumbres y culturas que aportan sus habitantes. El carácter de transitoriedad y el movimiento de identidades que se respira en la construcción de sus calles, hacen de la metrópolis contemporánea un espacio favorecedor para la experiencia cosmopoUta. Tal y como lo expUca lain Chambers: In its everyday details, its mixed histories, languages and cultures, its elabórate evidence of global tendencies and local distinctions, the figure of the city, as both a real and an imaginaty place, ^par»itly provides a ready m^ for reading, interpretation and comprehension (2001:92). ^ Esta misma fiase, o de ejqnesión similar, ha sido insenada en más de una ocasión en su {Himer texto viajero The Lost Contínent a propósito de Norteamérica (1998:24,63,136), y también en su obra titulada Down Under, centrada ea el territorio australiano (2000:167). Su reiteración nos lleva a pensar que para Biyson, al menos de una manera global, no hay distinciones entre el mundo del que procede 289 M* dd Pino Santana Quintana La actitud de Bryson ante el paisaje urbano se asemeja a la del flánett/'*; espectador permanente del panorama que le ofrece la gran ciudad, el viajero pasea por sus recovecos, recorre los espacios de aglomeración y ocio, disfruta de sus cafés y se detiene en sus grandes estaciones, como un ciudadano más. Observador infatigable del movimiento urbano, el autor siente especial debilidad por la contemplación del despertar de las urbes. A su paso por París, escribe: "I love to watch cities wake up, and París wakes up more abruptly, more startlingly, than any place I know. One minute you have the city to yourself' (1998:51). La ciudad desierta, libre por unas horas del trasiego diarío, parece desvelar a Bryson la esencia verdadera del espacio, ai tiempo que lo sitúa en una posición de supremacía con respecto al resto de los habitantes. Esta misma idea se repite durante su estancia en Roma: "I rose daily just after dawn, during that perfect hour when the air still has a fresh, unused feel to it, and watched the city come awake" (1998:163). La metrópolis se erige en su narrativa como la zona de exploración y descubrimiento del espectáculo de la vida cotidiana; es la faz material de esa otra existencia a la que el autor aspira desde sus años de juventud. Tanto es asi, que el paisaje uibano está presente en la totalidad de su obra viajera. Incluso en libros como A Walk in the Woods, que destaca precisamente por la presencia de espacios enclavados en la propia naturaleza, Bryson no deja de referirse a la ciudad como el lugar de residencia idóneo. Esto ocurre, particularmente, cuando después de seis días en el Appalachian Trail, Bryson y su compañero Stephen Katz vislumbran desde las montañas las formas de una pequeña urbe. El idealismo de la vida en la naturaleza desaparece de inmediato. "From where we stood" -escribe el autorwe could just make out what were clearly the lai^ge, bríglitly lit, colourcd signs of roadside restauíants and big motéis. I don't tiiink I have ever seen anythiog that looked half so beautiíul, a quarter so tantalizing... We stared at it for ages, as if it were something we had read in books buthad never expected to see" (1998:169-70). y aquel que explora. Tanto su lugar de origen como el resto de los enclaves extranjeros son calificados en los mismos términos; cualquier país, parece decimos, puede llegar a ser "a wonderfiíl oountry". ^ De acuerdo con la definidto que Cbris Roj^ nos ofiece de esta figura ubana, prevúunoite considerada por Baudelaire y Walter Benjamín, el fláneur "is a metropolitan observer nonparaeil. StTOlling, browsing, listemng, watching and reflecting is bis métiei^ (1994:125). 290 £1 comportamiento cosmoptriUa del yo autobiogrifico en los libros de viajes de BHI Bryson Esta apología del medio urbano no es únicamente palpable en aquellas ciudades que Bryson recorre, sino también en las que decide asentarse. Tal es el caso de Londres, un espacio que nuestro viajero domina a la perfección y sobre el que recaen una serie de calificativos especialmente vinculados a su condición de paraíso urbano. La capital inglesa, tal y como nos apunta el autor en Notes from a Small Island (1995), es "a metrópolis of such dazzling and unknowable conq)lexity", "a great, teeming urban organism" (1998:43;47). Pese a que el aspecto efímero y cambiante de la ciudad no destaca como una cualidad positiva para Bryson, no deja de referirse a Londres como "the most wonderfiíl city in the world" (1998:46). Su experiencia vital como ciudadano londinense a lo largo de ocho años le confiere un estatus de superioridad con respecto al extranjero que se encuentra de paso. Su situación coincide plenamente con la defmición que el escritor británico Peter Mayle, en su obra Toujours Provence (1991), nos ofrece de sí mismo, y que no es otra que la de "permanent visitors in someone else's country" (1991:213). De esta forma, su periplo por Gran Bretaflia diñere en cierta medida del resto de sus recorridos, puesto que Bryson viaja por im territorio en el que reside en el momento de llevarlo a cabo. Tanto Londres como las regiones de Boumemouth y Yorkshire, donde ha vivido dos y siete años respectivamente, están vinculadas a su experiencia como habitante. En este sentido, la condición de nuestro autor está más próxima a la idea del "residencevmter" acuñada por Lawrence Durrell que a la del "travel writer" per se®. El tiempo físico empleado en el viaje resulta ñindamental a la hora de determinar el grado de cercanía que se alcanza con un espacio determinado. La permanencia prolongada conlleva el reconocimiento del otro y de uno mismo en un contexto que, con el transcurso del tiempo, deja de ser desconocido. Esto es precisamente lo que le ocurre a Bryson en Inglaterra, de tal forma que toda aquella información que recoge en Notes from a Small Island está influenciada no sólo por su viaje actual, sino también por el cúmulo de experiencias que posee de los años transcurridos en ese mismo espacio que conforma su itinerario. ^^ En su obra The Spirit of Place: Letters and Essays on Travel (1969), Lawrence Dunell se describe a si mismo en los siguientes ténninos: "I am not leally a «travel writer» so much as a «residence writer». My bodes are always about living in places, not just rushing thiough tiiem" (1988:156). 291 M* dd Pino Santana Qointana Esta variante del desplazamiento en la que la práctica del viaje se fusiona con la cohabitación guarda ciertas similitudes con la etnografía^". En los planteamientos críticos del género de viajes que abarca las últimas décadas, autores como James Clifford, Peter Hulme, Tim Youngs, Patrick Holland y Graham Huggan han propuesto un modelo de acercamiento entre ambas disciplinas. Como algunos de sus predecesores, el viajero contemporáneo se decanta por la convivencia prolongada en el destino escogido, muestra su interés por las culturas nativas y su apreciación por los modos de vida y pensamientos indígenas; además, tal y como destacan Holland y Huggan, el escritor de viajes actual "tend[s] to share with professional ethnographers the yeaming to establish a reciprocity with the people and places they visit and abput which they write" (2000:68)". Tanto por parte del viajero como del etnógrafo, el objetivo de mantener una relación de correspondencia con el entorno foráneo requiere un proceso de observación diaria y de participación en la realidad cotidiana que les rodea. Atendiendo a la defínición que James ClifTord nos proporciona de la fígura del etnógrafo, la experiencia de convivir con la cultura nativa le procura el traspaso de determinadas barreras sociológicas e históricas. Puesto que el propósito de todo discurso etnográfico se basa en "estar allí", y no en ese otro motivo que caracteriza a diversos libros de viajes que es el de "llegar allí", el etnógrafo deja de poner el acento sobre el trayecto del períplo en sí mismo y, en cambio, se centra más bien en su destino. Los espacios por los que ha de pasar hasta alcanzar la localización elegida son omitidos, al igual que el centro de estudio donde tiene lugar la investigación, ya que la zona de trabajo se encuentra en el propio destino. Por último. '° Tal y como sostiene James ClifTord, mi autor clave en la crítica histórica de la antropología contemporánea: Twentietfa-centuiy ethnograidiy [is] an evohing practice of modem tiavel... [It] has privileged relations of dwelling over relations of travel" (1997:19;22). ^' No obstante, y pese a estas similitudes presentes en amt>as formas de de^lazamioito, el elemento autobiogiáGco que caracteriza al género de viajes establece una diferaicia esencial con respecto a la escritura etnográfica. Esta es la razte por la que Patrick Holland y Graham Huggan pr35eren definir la literatura viajera como "/ueutfoethnograjrfíic" puesto que, si bien nos oficce un reportaje de otras gentes y culturas, éste actúa como telón de fondo para la búsqueda personal del propio autor (2000:12). Obos trabajos recientes en el campo de la literatura de viajes y la antropología cultural nos ayudan a profundizar en las diferencias presentes entre el género que aquí nos ocupa y la etnografia Terry Caesar, por ejemplo, en su libro Forgiving the Boundaries: Home as Abroad in American Travel Writing (1995), afirma qne una de las asimetrías existentes entre ambas disciplinas radica en la visión del otro: "One of the foundational assunq)tions of antlmqx>logy is that all cidtures are equal. All societies are comparable, all valúes are culturally relative... Travel writing, by the sharpest possible contrast, ^ories in the judgement of national dilferences, and is today possibly the most important textual médium for keeping these differences alive as things to be judged, not merely analyzed or accqited" (1995:121). 292 El comportamiento cosmop4dita dd yo autobiográfico ta los libros de viajes de Bill Bryson las relaciones de interpretación entre una cultura y otra quedan reducidas a un minimo. Tal y como lo explica Clifford: When tfae fíeld is a dwelling, a borne away fix)in home wfaere one speaks the language and has a kind of vernacular conq>^ence, the cosmopolitan intermediañes -and conq)lex, o&en political, negotiations involvedtend to dise^ear. We are left witfa participant-observation, a kind of hermeneutic freedom to circle inside and outside social situations (1997:23). Todos estos factores que determinan la función y la práctica viajera del etnógrafo, lejos de quedar enfrentados a aquellos en los que se circunscribe el escritor de viajes, unen ambos modos de desplazamiento, especialmente cuando la experiencia del periplo te convierte en un viajero de permanencia ñja, como és el caso de Bryson. Su itinerario británico se caracteriza por el conocimiento que el autor posee de la zona. Con la excepción de sus recuerdos de juventud, apenas se percibe esa sensación de extrañamiento que, en suelo extranjero, sobreviene con las gentes y los objetos. Como muchos otros autores del género, el nuestro tiene en cuenta la dimensión etnográfica en sus recorridos. Habiendo reconstruido su propio hogar fiíera de su espacio de origen, Bryson ha superado los problemas lingüísticos esenciales, percibe la psicología de sus conciudadanos y no precisa de ese desciframiento de la cultura nativa que, por regla general, acostumbra a llevar a cabo el recién llegado. Su condición a un mismo tiempo de observador y sujeto participe le brinda la oportunidad de penetrar en el contexto nativo, de actuar, con escasa diferencia, como un ciudadano más y, también, de excluirse del mismo, ejerciendo de mero espectador. Michael Cronin, en su libro titulado Across the Unes: Travel, Language and Translation (2000), distingue entre los conceptos horizontal travel y vertical travel. El viaje horizontal se entiende como el recorrido lineal de un lugar a otro. El vertical, por el contrario, consiste en la cohabitación temporal en un espacio determinado en el que el viajero descubre las particularidades del lugar en el espacio (mediante el estudio de la botánica, el micro-clima o el paisaje local) o en el tiempo (atendiendo a la historia local, la arqueología o el folklore). En efecto, esta segunda modalidad sería parangonable con el desplazamiento etnográfico, puesto que prevalece la 293 M" dd Filio Santana Quintana estancia prolongada frente a la transitoria. Cronin opina que el modelo dominante en Notes from a Small Island es el del viaje horizontal, puesto que Bryson apenas deja transcurrir el período de tiempo necesario para ahondar en los distintos entornos que visita. No obstante, Cronin reconoce la presencia de determinados comportamientos propios del viaje vertical en esa misma obra: "there are always moments of dwellingin-travelling where horizontal travel gives way to vertical. Literary travel involves these constant shifts between the macroscopic scale of the horizontal and the microscopic scale of the vertical" (2000:19). Si bien es cierto que nuestro autor recorre un espacio geográfico lo suficientemente amplio y diverso como para detenerse en él un mayor número de dias, el hecho de que no dedique más tiempo a cada uno de los lugares que conforman su itinerario no implica que su conocimiento del terreno sea insustancial. Contrariamente a la opinión de Cronin, el paradigma viajero de Bryson se corresponde por entero con el periplo vertical; esto es, fundamentalmente, porque el autor recorre un espacio que en cierto modo es el suyo, puesto que ha vivido en él durante dos décadas. En el conocimiento de la realidad que entraña Notes from a Small Island, se observa esa mirada minuciosa y de gusto por el detalle que Cronin atribuye al modelo de viaje vertical. Bryson no necesita proñmdizar en el carácter británico, ni en las características del paisaje; menos aún, en los posibles contrastes que los espacios visitados puedan aportar con respecto a su lugar de origen, porque estos ya han sido interpretados y asimilados a lo largo de su estancia en Inglaterra. Se fija, por consiguiente, en las particularidades de lo local, en los aspectos más intrínsecos de cada lugar. Analiza los distintos acentos que comprende la geografia brítánica, participa de lo local y extrae experíencias de cada ríncón que visita, sin caer en alguno de los tópicos en los que suele incurrir el viajero que está de paso en un lugar, esto es, el viajero horizontal. El estrecho vinculo que Bryson mantiene con Inglaterra lo convierte en un "ciudadano de dos naciones"^. Junto con los Estados Unidos, ambos territorios ^^ Esta expresión está tomada del estudio llevado a cabo por Maiia Antonia Álvaiez Calleja en su obra "América-Europa" como ideal de civilización en Henry James (1988), en la que la autora analiza la relación cosmopolita del autor con ambos continentes. Habiendo tenido la suerte de coiHxxr mundo desde ima edad muy temprana. James se transforma "en im ciudadano de dos naciones, la nación de su juventud y la nación de su madurez: un ciudadano del mundo, lo que le convierte en el inimer escritor cosmopolita" (1988:21). Pese a que conviven en distintas épocas y llevan estilos de vida claramente dispares, el paralelismo existente entre la experiencia cosmopolita de Henry James y la de nuestro viajero resulta evidente. De origen norteamericano, ambos autores comparten una atracción sefialada 294 El comportamiento cosmopolita dd yo antobiográñco oi los libros de vit^es de BiD Brysm constituyen en su trayectoria dos nacionalidades opuestas que, como tendremos ocasión de comprobar, llegan a ser complementarias. Dejando a un margen el lugar de origen de nuestro viajero, resulta complejo aventurar una respuesta que deñna su nacionalidad. Decir que se identifica en mayor medida con el Viejo o el Nuevo Mimdo no responde más que a ima mera cuestión de hábito. Lo que sí es cierto es que Bryson coquetea con la posibilidad de ima doble nacionalidad, con una existencia dividida entre lo familiar y lo extraño. Una de las claves para entender su pertenencia dual la encontramos en uno de sus libros de viaje más recientes, Dcnvn Under (2000), donde el autor parece encontrar un universo paralelo a su condición cosmopolita. Australia, aunque considerablemente remota a los ojos del viajero, queda definida como una curiosa mezcla de Inglaterra y los Estados Unidos. La ciudad de Melboume, en particular, le atrae de inmediato por ese clima lluvioso que tanto le recuerda a su prohijada Inglaterra y también por el carácter europeo que emana de sus calles: Something about it [Melboume] just agreed with me. I suppose it helped tfaat I had spent half my Ufe in America and half in Britain because Australia was sudí a comfortable fusión oííhe two. It had a casualness and vivacity -a lack of reserve, a comfortableness with strangérstfaat felt distinctly American, but hung on a British ñamework. In their optimism and infonnality Austialians could pass at a glance for Americans, but tfaey drove on the leñ, drank tea, played cricket, adomed their public places with statues of Queen Victoria, dressed their children in the sort of school unifornis that only a Britannic people could wear without coDspicuous regret. I feh extremely confortable with this (2000:152). Es digno de relieve en esta cita el énfasis que pone el propio Bryson en la palabra "comfortable", puesto que denota la sensación de bienestar que le produce el descubrimiento de Australia como un terreno en el que expresar su pertenencia dual. Pese a que el viaje en si aporta contraste, el viajero encuentra a lo largo de su periplo entornos geográficos que le recuerdan a la lowa de su infancia, a Minneapolis, pero también a Sussex. Australia, en definitiva, evoca a un mismo tiempo los espacios de por un pais y una cultura ajenas a la propia. Fijan su hogar &i Inglaterra y se adhieren a los hábitos del Viejo Mundo. Si bien es cierto que James toma la decisión de permanecer en el continente emxqjeo hasta el punto de adquirir, finalmente, la ciudadania británica, Biyson, en cambio, retomará su eq>acio de origen una vez transcurridas dos décadas. 295 M* dd Pino Santana Quiíitaiia pertenencia que conforman la identidad cosmopolita de nuestro autor; es el lugar donde confluyen sus dos nacionalidades y donde se amian, con exquisita armonía, el paisaje de su tierra natal con los hábitos y los elementos culturales que caracterizan a Gran Bretaña. Claro que esta tipificación de la pertenencia dual conduce, en determinadas ocasiones, a la confusión nacional y a la desorientación de la identidad. Esto es palpable en la multiplicidad de "yoes" que impregna muchos de los relatos de Bill Bryson. Como todo individuo que abandona su hogar nativo para asentarse en suelo extranjero, el autor experimenta una serie de situaciones que lo inducen al replanteamiento de su ciudadanía. Siendo la suya una vida escindida entre el Viejo y el Nuevo Mundo, su personalidad comporta una amalgama de rasgos afínes a ambos territorios. Mientras que en Inglaterra, su acento norteamericano no deja lugar a dudas sobre su lugar de origen, en los Estados Unidos, es precisamente la entonación y otras formas de expresión propias del inglés británico lo que le hace pasar por un extranjero. En cada uno de sus viajes podemos observar de qué forma la nacionalidad norteamericana del autor se ve siempre acompañada por una serie de tópicos. Así, en Notes from a Smcdl Islcmd, Bryson nos da cuenta de su indignación ante un empleado de la oficina de turismo de Salisbury que, dando por hecho que nuestro viajero no es más que otro turista norteamericano, le sugiere tomar un taxi para visitar Stonehenge. Deseoso de recorrer el trayecto en autobús e irritado ante la actitud de este joven, Bryson reacciona en los siguientes términos: "I explained to him that though I wras technically an American, I had lived in Britain long enough to be careñil Avith my money" (1998:108). En su visita a Canberra, Bryson solicita a un grupo de jóvenes que le indiquen algún lugar donde cenar; al descubrir estos que es norteamericano, le sugieren el McDonald's. "Gently" -escribe Bryson en Down Under- "I explained that it was not actually a condition of citizenship that I eaí the food of my nation" (2000:93). Durante su estancia en el continente europeo, la conñisión nacional del viajero es igualmente notoria en la complicación que surge a la hora de definir su ciudadanía ante los demás. En la cita tomada de Notes from a Small Island a la que nos referimos anteriormente, vemos de qué forma Bryson se describe a sí mismo como "technically an American". Como hablante y como sujeto de su discurso, el 296 El ccHoportamieiito cosmopolita del yo autobiográfico en los libros de viajes de BiU Bryson Bryson, en su divagar por los distintos países que prefiguran su existencia, nos transmite una manera de estar en el mimdo. Allá donde se desplaza, no deja de sentirse atraído por la gastronomía del lugar, sus medios de transporte peculiares y sus pasados repletos de relatos históricos y humanos. Anhela participar en cada una de las culturas que visita, penetrar las diversas sociedades^ formar parte del ritmo cotidiano que agita a sus habitantes. Tanto es así, que son pocos los espacios explorados por el autor que, en algún momento del viaje, no hayan sido considerados terrenos en los que desarrollar su experiencia como ciudadano. A su paso por Brujas, por ejemplo, Bryson observa la atmósfera de exquisitez, la proporción arquitectónica y el irresistible encanto de sus calles y siente un deseo de integración inmediata. Así nos lo relata en su libro Neither Here Ñor Títere: [I] never once saw a street I wouldn't want to live on, a pub I wouldn't like to get to know, a view I wouldn't wish to cali my own" (1998:73). Esta misma idea se repite en su visita a Capri, donde el autor se detiene a contemplar el ambiente festivo de una pequeña plaza y no desea otra cosa más que sumarse a él como un habitante más: I longed to be part of it, to live on this green island witfa its wonderfiíl views and ñiendly people and excellent food and to stroll nigfatly here to this handsome square with its inconq)arable terrace and chat to my neighbours (1998:188). En su periplo por Australia, Bryson visita la casa de su amiga Catheríne Veitch y queda &scinado con el ambiente familiar que irradia. No en vano, el viajero la describe como "the kind of household I had always longed to grow up in -happy, comfortable, nicely chaotic, fiíll of shouted conversatíons of the «Try looking in the cupboard at the top of the staks» type" (2000:120). De igual forma, las cartas que Catheríne Veitch le envía desde Melboume reflejan una vida que le resulta enormemente atractiva; son escritos que pormenorizan el quehacer doméstico y las costumbres cotidianas de la ciudad: "taking a tram itto the city, sufferíng through a heatwave in December, attending a lecture at the Royal Melboume Instítute, shopping for curtains at David Jones, the big local department store. I can't explain it" -añade Bryson- "except to say that, without gjving up any part of the life I had aheady, I wanted intensely to have all that in my life as well" (2000:120). 303 [Document text truncated for crawler view.]