scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

"Mendizábal" de Pérez Galdós. Propuesta de edición genética

Sánchez García, Miguel

Abstract

Programa de doctorado: Literatura y Teoría de la Literatura

Full text

Mendizábal de Pérez Galdós. Propuest a de edición genética. Departamento: FILOLOGÍA ES PAÑOLA CLÁSICA Y ÁRABE. Autor: Miguel Sánchez García. Las Palmas de Gran Canaria. 31 de enero de 2008. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Programa de Doctorado LITERATURA Y TEORIA DE LA LIT ERATURA. Departamento: FILOLOGÍA ESPAÑO LA CLÁSI CA Y ÁRABE, bienio 2003/05. TÍTULO: Mendizábal de Pérez Galdós. Propuesta de edición genética. AUTOR: Miguel Sánchez García DIRECTORA DE LA TESIS: Dra. Doña C. Yolanda Arencibia Santana. Las Palmas de Gran Canaria. 31 de enero de 2008. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Indice INTRODUCCIÓN. ESTA INVESTIGACIÓN Y SU CONTEXTO……………… 1 I- LA CRÍTIC A GENÉTICA………… ……………………… ……………… …. 5 II- LA EDICIÓN GENÉTIC A…………………… ……………… ………………. 12 III- UN PARÉ NTESIS OBLIGADO: MENDIZÁBAL , CREACIÓN L ITERARIA.. 19 El proceso creativo…………………………………………….. 19 Galdós y su proceder artístico Una escritura rápida……………………………. 25 Una escritura documentada…………………….. 28 Mendizábal en la prensa………………………………………... 45 IV- EDICIÓN GENÉTICA DE MENDIZÁBAL Explicaciones y convenciones………………………………….. 48 Descripción de los materiales previos………………….. 48 Codificación…………………………………………….. 51 Utilización de los colores……………………….. 53 Los signos y su interpretación…………………… 54 V- MENDIZABAL DE PÉREZ GAL DÓS. PROPUESTA DE ED ICIÓN GENÉTICA………………………………… 69 A MODO DE CONCLUSIÓN………………………………………………... 477 ANEXOS……………………………………………………………………… 487 BIBLIOGRAFÍA……………………………………………………………… 521 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 INTRODUCCIÓN. ESTA INVESTIGACIÓN Y SU CONTEXTO. El objeto último del trabajo qu e presentamos es la realización de una edición genética: la del Episodio nacional Mendizábal de Benito Pérez Galdós. E n l a t a r e a d e d e s v e l a r e l p r o c e s o c r e a t i v o d e l a o b r a , y a l n o conservarse el manuscrito original, pa rtiremos de las galeradas que el autor corrigió con esmero ante la primera edición de su obra. La versión primera de ellas (la prev ia a la corrección) habrá de corresponder a la versión corregida de ese manuscrito. Pero la tarea precisa de puntua lizaciones, a las cuales vamos a dedicar este primer capítulo, a modo de imprescindible prolegómeno. * * * La edición crítica, tal y como re coge la tradición latino-europea, tiene como campo de actuación esta blecer el texto en su redacción originaria. Así lo expone Alberto Blecua: La crítica textual es el arte que tiene como fin presentar un texto depurado en lo posible de t odos aquellos elementos extraños al autor. 1 1 BLECUA, Alberto: Manual de Crítica Textual , Madrid, Castalia, 2001. Pág. 18. 1 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 En este mismo sentido señala James Thorpe: El ideal de la crítica textual es ofrecer el texto que el autor trató de escribir. 2 O en opinión de Jean Roudil: La expresión edición crítica debe ser reservada a las reconstrucciones de textos viciados en su transmisión y reconstruidos en el estado en que el editor juzga que fueron escritos por el autor. 3 Según las declaraciones anteriores, la tarea científica que nos proponemos se circunscribiría a text os impresos de cuya veracidad se duda; o a aquellos de los que, existi endo varias versiones, se intenta reconstruir el modelo original. Es decir, textos, en su mayoría, antiguos: medievales, del Siglo de Oro, del Barroco o del siglo XVIII. Pero a medida que nos acercamo s en el tiempo los problemas para fijar el original son muy diferentes. En las citas anteriores las acepciones crítica textual y edición crítica , convergían semánticamente. Así lo plantea Germán Orduna: La crítica textual entendida como “metodología de la edición crítica de un texto” es la operación esencial del quehacer filológico: fundamento y corona a la vez, de la Filología. 4 2 THORPE, James (ed.): The Aim s and Methods of Schola rship in Modern Langu ages and Literatures , New York: Modern Languages Asso ciation. Pág. 30. 3 ROUDIL, Je an: “Pour un meilleur empl oi de l´adjec ti f “critiq ue” appliqué aux éditions d e textes spagnols du Moyen Age”, en Homenaje, Estudios de filología e historia litera ria lusohispanas e iberoamericanas pu blicados para cele brar el terc er lustro del In stituto de Estudios Hispáni cos, Portugueses e Iberoam ericanos de la Univ. Estatal de Utre cht , La Haya. 1966. P. 567. 4 ORDUNA, Germán: Ecdótica. Probl emática de la edici ón de textos , Kassel, Edition Reichenberg er, 2000. Pág. 3. 2 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Existe otra acepción que conviene comentar: ecdótica . Explica al respecto German Orduna 5 que el término fue acuñado por Dom Quentin 6 en 1926. Así, indica que: Es sinónimo de crítica textual en su acepción más amplia, aunque a raíz de de la preocupación de Dom Quentin por formular una metodología rigurosamente científica al modo matemático, ecdótica suele identi ficarse con la normativa de la recensio que lleva a la formulación del estema . Alberto Blecua 7 también se refiere al término y expone: Dom Quentim acuñó en 1926 un nuevo término, Ecdotique (Ecdótica)que algunos críticos utilizan como sinónimo de crítica textual (como es el caso de Silvio D´Arco Avalle, Principi … p.21) y otros, como A. Roncaglia (Principi e applicazioni…, p.26) dan a este término un s ignificado más extenso, puesto que incluiría, además de su núcleo puramente filológico –la crítica textual-, todos los aspectos de la técnica editorial, como es la disposición, titulación, el uso diferenciador de los caracteres gráficos, ilustraciones, índices, etc. 8 Todas las definiciones anteriores, de evidente autoridad, ma rcan caminos conducentes a dilucidar el te xto fijado por el autor; incluso atendiendo a posibles borradore s anteriores a la obra. Pero considerados estos materiales prev ios, siempr e, como elementos que han de tenerse en cuenta para llega r a la concreción del texto final. El trabajo que ahora presento aborda el texto desde una perspectiva muy diferente. Del text o elegido para nuestro trabajo, 5 Op. cit. nota 4. Pág. 6. 6 QUENTIN, Dom Henri : Essai s de critique textuelle (E cdotique) , París, Picard, 1926. 7 Op. Cit. nota 1. Pág. 18. 8 Citados: Avalle, D´Arco Silvio: Princ ipi di crític a testuale , Padova, Antenore, 1972. Roncaglia, Aurelio: Principi e applica zionidi critica testuale , Roma, Bulzoni, 1975. 3 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal , el segundo título de la Tercera serie de los Episodios Nacionales , conocemos perfectamente el año de publicación (1898), y hemos podido comprobar que no se registran modificaciones entre esta edición princeps y la def initiv a (si denominamos así a la última publicada en vida de su autor) 9 . Nos encontramos, pues, ante un texto moderno; de finales del XIX. El trabajo que expongo recoge los diferentes pasos en el proceso creati vo de esta obra sin establecer en ellos diferencias de cronología, si no considerándolos a un mismo nivel en el camino de elaboración. Y en esa línea, describimos la génesis textual de este Episodio Nacional , desde la versión del manuscrito hasta el cierre de ésta en la edición impresa. 9 Se publicó l a edición primera en la tipografía de la Viuda e Hijos de Tello; y la se gunda en Perlado Páez y Cia. (sucesores de Her nan do) en 1906, con reproducció n en 1916. Vid. HERNÁNDEZ Suárez, Manuel: Biblio grafía de Galdós (vol.1), La s Palmas de Gran Cana ria, Cabildo Insul ar de Gran Canaria, 1972; y HERRERA Navarro, Je rónimo: Bibliografía de Estudios sobre Galdós , Madrid, F.U.E., 1998. 4 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 LA CR ÍTICA GENÉTI CA ¿Qué entendemos por crítica genética? Siguiendo a Germán Orduna indicaremos que: Lo esencial de los estudios géneticos consiste en restituir los mecanismos de la producción, por el análisis de los restos y fragmentos escritos y los rastros (correcciones, dibujos, observaciones) incluidos en los manuscritos del autor 10 . Esta disciplina surge en Francia en torno a un grupo de investigadores de los manuscritos de H . H e i n e , P . V a l é r y , M . P r o u s t o Flaubert quienes, al calor del Ce ntro Nacional de Investigaciones Científicas (CNRS), crean el Institut de Textes et Manuscrits Modernes . Estos estudiosos (debemos citar entre las principales autoridades en esta materia a Roger Laufer 11 , Louis Hay 12 y Daniel Ferrer 13 ) establecieron como obsoleta la visión cerrada y limitada al texto que tenían los formalistas rusos y el estructuralismo, cuyos defensores excluían el binomio texto-autor, pues propugnaban que el texto (entendemos, publicado) debía explicarse solo, sin necesitar de 10 Op. cit. nota 5. Pág. 88. 11 LAUFER, Roger: Introd uction a la textologie , París, Larousse, 1972. LAUFER, Roger: Le texte en m ouvement , París.,Presses univ ersitaires de Vincen nes, 1987. 12 HAY, Louis (éd.): Essais d e critique génetique , París, Flammari on, 1979. HAY, Louis: La nai ssance du texte , París, José Cortí, 1989. 13 FERRER, Daniel (dirs.): Pourq uoi l a critique génétique: Méthodes et théories . CNRS Éditions, 1998. 5 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 ningún elemento exterior (incluido e l autor). Estos investigadores vieron con interés un trabajo, just amente valorado, de Jean Bellemin- Noël 14 en el cual bautiza con el nombre de pre-texto a toda una dimensión diacrónica de la c reación literaria: la que va del borrador a la primera edición. La considerac ión de esta perspectiva supuso un vuelco, un revulsivo en la materia. Se establece, de este modo, una diferencia clara entre el texto (entendemos, publicado) y el pre-texto ; pues el primero se nos ofrece como algo totalmente definido en su destino, mientras que el segundo se refiere a sí mismo y nos revel a su propia historia. Comenta Louis Hay en “La escritura viva” 15 la doble vertiente del manuscrito, «documento y monumento» que ha regido «toda la historia cultural de su transmisión». Texto, para los estudiosos; reliquia , para los coleccionistas. Señala el investigador francés que no será hasta el siglo XIX cuando los dos polos de este hecho se unan en un concepto nuevo: «manuscrit au tographe» lo llama, que reúne texto y autor. Ello permitirá desarrollar nuevos enfoques que trasladen el objeto de estudio «desde los testimonios del texto hacia los de su génesis». Este hecho, escribe Louis Hay, «supone un contraste, en la medida en que opone el manuscrito, soporte de un trabajo, al libro, soporte de una comunicación.» 14 BELLEMIN-NOËL, Jean: Le texte et l´avant-texte. Les brouillons d´un poème de Milosz , Larousse, París, 1972. 15 HAY, Louis: “L ' écriture vive” en Le s manuscrits d es écrivain s . Sous la direction de Loui s Hay, Paris, CNRS Éditions-Hachette. 1993. Traducción de María In és Palleiro. 6 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 destacar convenientemente los te xtos previos, de tal forma que primera edición y pre-textos estén a un mismo nivel de consideración. Ante la cuestión del cómo formal de los distintos textos, Giuseppe Tavani 25 incide en la necesidad de que el texto final que t r a n s p a r e n t a e l r e c o r r i d o g e n é t i c o d e l a o b r a s e a d e f á c i l l e c t u r a . E l estudioso italiano muestra, a mo do de ejemplo, dos text os de Fermo e Lucia , de Alessandro Manzini, que re producimos en el anexo 1 de nuestro trabajo (página 489) para una mejor comprens ión. Siguiendo lo contenido en ese anexo, podemos apreciar en la columna de la derecha el texto de 1840 y en el de la izquierda las variantes pertenecientes a la edición de 1827. G. Tavani propone dividir la página en columnas de ancho desigual para lograr una mayor legibilidad del texto final y sus variantes, simplificando la cone xión entre una y otra parte y permitiendo la distribución de los distintos elementos en su cronología. La versión final iría en la c olumna de la izquierda con letra 12 y las variantes en la parte derecha de la página con letra 10. Propone como modelo general ⅔ para el texto final y ⅓ para las variantes. Si éstas fueran poco num erosas la proporción sería de ¾ para el texto final y ¼ para las variantes. Estas normas estarían 25 TAVANI, Giuseppe: “Filologia e genetica” en Cuaderno s de Filología Italiana , 3 (1996), pp. 63-90. Pág. 77: “ Occorre anche analizzare qu esto materiale e dispo nlo nei modi più acconci a rapprese ntarne in sequenza l´evoluzion e. E a raggiungere uno scopo del ge nere sará necesario elaborare u no schema d i impaginazione tale per cui, fermo re stando il principi o —già confermato in pre cedenza ma che com unque vale la pena d i ribadire— della massi ma leggibilitá del prod otto dichiaratamente o congetturalmente finale, il l ectore non speciali sta sia in grado, muove ndo da esso, di riconst ruirs i personalmente il percorso geneti co del testo ”. 13 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 supeditadas a la realidad de cada obra, pudiéndose incluir más columnas o variar el an cho de las mismas si el aparato de variantes así lo demandara. Lo importante, se gún Giuseppe Tavani, es que las variantes de un mismo segmento esté n alineadas entre ellas y con el texto definitivo, de tal forma qu e el lector pueda apreciar los sucesivos cambios de opinión del autor. La Dra Élida Lois siguió las paut as fijadas por el profesor G. Tavani para elaborar la edición genética de Don Segund a Sombra 26 . En el prólogo, Paul Verdevoye comenta este aspecto del modo siguiente: Por un feliz concurso de circunstancias, el Comité Científico (debemos entender el CNRS) se enteró de que la Dra. Élida Lois, Profesora en la Universidad de Buenos Aires y autora de trabajos sobre temas gramaticales y léxicos, había emprendido una edición de Don Segundo Sombra [….] Aceptó las sugerencias de presentación textual preconizadas por el Prof. Giuseppe Tavani, tales como fueron expuestas por él en su seminario de la Biblioteca Nacional de París, y aprobadas por el comité científico de la Colección Archivos […] Élida Lois ofrece al lector un texto que responde a las exigencias de la edición crítica moderna. Un acertado manejo de la genética textual la ayuda a restablecer la cronología de las variantes y, luego, el proceso evolutivo de la de la imaginación creado ra del escritor. (Pag. 19). Presentamos en el anexo 2 (p áginas 490 y 491) una muestra de ese trabajo a título ilustrativo. En él podemos apreciar el texto 26 LOIS, Élida: «Estudio filológico preliminar» y texto establecido d e Don Segundo Sombra de Ricardo Güir aldes en Don Segund o Sombra, edición crítica de Pa ul Verdevoye, Buenos Aires, Alca XX, 1997. 14 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 escogido para esta edición por la Dr a. Élida Lois a la izquierda, y las variantes en la columna de la derecha. El tamaño de la letra es diferente y las variantes van re cogidas por ángulos, según una leyenda que la profesora dejó ex plicada en estudio preliminar. De ella destacaremos lo más significativo: a) Definir los diferente s estadios de la obra. Tenemos así: 1. cp . Cop ia mecano grafiada de los manu scritos. 2. crr. 1 Ejemplar de la edición príncipe con corre cciones de puño y letra de Ricardo Güiraldes. 3. crr. 2 Ejemplar en rústica co n correcciones de puño y letra de R. Güiraldes. 4. gal . Galeradas. 5. hj . Borrad ores en ho ja de un libro de contabilidad. 6. ms . Manuscrit o de Don Segundo Som bra . 7. O.C. Obra s Completas, Bu enos Aire s, Emecé, 1962. 8. pr. Pru eba s de págin a. 9. tj. Materiales p re-textuales con servados en tarjetas. 10. 1a. Prime ra edición. 11. 1a.Los. Primera edición Losada. 12. 2a. Se gunda edición. 13. 13ª.Lo s. Decimoterc era edición Losa da. b) «La gran mayoría de de las variantes que con signa el aparato crítico son segmentos de ms. reprodu cidos cp. que fueron allí mismo suprimidos o modificados: dichos segmentos se transcriben sin n inguna indicación a cerca de su origen. En los demás casos, las variantes van precedida s por abreviatura s que 15 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 señalan su procedencia. Cuan do existe una sola variante se la ubica a la derecha del texto establecido, en correspondencia ─ lo más perfecta po sible ─ con é l. Si hay variantes suce sivas s e anotan en pie de página numeradas, y se llega a ellas a partir de los puntos suspensivos con que queda in terrumpido el segme nto correspondiente (registrado a la derecha del te xto, sin ángulo d e cierre)». c) «Las va ria ntes se encierran entre ángulos (< >) y, toda ve z que al final del segmento confrontado va un signo de pu ntuación que coincide c on otro del texto e stablecido, dicho sig no se coloca después del ángulo de cierre». d) «Los vocablos suprimidos est án en bastardilla y, si fueron sustituidos por otra s expres iones, éstas se r egistran e ntre paréntesis a con tinuación. A veces, en una ser ie de versi ones sucesivas se adviert e una supresi ón que no ha sid o indicada en bastardilla; en estas oca siones, no existe n inguna marca ción expresa de R.G. y con la ausencia de basta rdilla se d eja constancia de la posibilida d de hallarse an te una errata o ante un caso de consulta oral con el auto r. Algunas breves indicaciones que se intercalan e ntre paréntesis se distin guen claram ente porque se ubican fuera de los segmen tos encerrados en tre ángulos y tienen siempre sintaxis oracion al. Se añaden, adem ás, notas críticas a pie de página (a las que se remite con le tras minúsculas) y notas explicativas agrupa das después del texto (a las que se envía con números arábigo s)». 27 27 Los extractos a,b,c, y d pertenece n al “Estudio Filológico Preliminar” de Don Segundo 16 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 La propuesta de la que partimos en esta edición genética de Mendizábal, incide más en la cohesi ón de las diferentes etapas del proceso creativo, fundiendo − si se nos permite la expresión − , los diferentes estadios en un solo texto, sin anotacio nes de variantes. El resultado bien podría calificarse de hipertexto; aunque estemos hablando de un texto no informát ico, es decir, de un trabajo presentado para ser leído en format o no electrónico. Ya George P. Landow ha explicado: Aunque en el futuro lejano, o no tan lej ano, todos los textos individuales estarán conectados el ectrónicamente formando así metatextos y metametatextos de u n género sólo parcialmente imaginable hoy día, ya han aparecido formas de hipertexto de mucho menor alcance. Existen ya transliteraciones al hipertexto de poesía, de ficción y de otras materias originalmente concebidas para la tecnología del libro. La forma más sencill a y limitada de esta transliteración preserva el texto lineal, con su orden e inalterabilidad, y luego añade, a modo de apéndices, críticas, variantes textuales u otros textos, cronológicamente anteriores o posteriores. 28 Nuestro intención investigadora con respecto a Mendizábal va más allá. A la vez que potencia dos de las características básicas del hipertexto: fluidez y rapidez, se manifiesta en un nuevo contexto en el cual las diferentes etapas de l proceso creativo de Galdós se integran, potenciando así el acercamiento al “usus scribendi” del escritor. Sombra . Pág. 23, 48 y 49. Obra citada en la nota 26. 28 LANDOW, George P.: Hiperte xto. L a Convergenci a de la teoría crítica contemporáne a y la tecnología , Buenos Aires, Paidós, 19 95. Pág. 51 17 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 No podemos cerrar este espaci o de introducción sin abordar otra de las cuestiones básicas que propone la genétic a: el contexto histórico, un extremo que también recoge en la introducción de Don Segundo Sombra Paul Verdevoye: Se deseaba reunir los elementos necesarios para posibilitar una lectura correcta del texto, restableciéndolo «por un lado en su forma arquetípica, y por el otro en su contexto histórico». Se entendía por «contexto histórico»: las peripecias individuales del escritor, las circunstancias sociales, políticas, estéticas, culturales; en suma: cuanto ha concurrido a producir el ambiente en el que se ha elaborado el libro. 29 Verdeyoye cita, en esta lín ea, otro de las propuestas metodológicas del profes or Giuseppe Tavani. 30 29 Obra citada en la nota 26. Pág. 18. 30 TAVANI, Giuseppe: Teo ría y metodología de las e diciones críticas , Université de París X, Nanterre, Centre de recherches latin o-américaines, Cahier nº8, janvier 198 5. 18 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 UN PARÉNTESIS OBLIGADO: MENDIZÁBAL , CREACIÓN LI TERARIA Procederemos ahora a acercarnos a la obra literaria que es base de nuestro trabajo y al period o de su creación y su publicación primera. Con el fin de indagar en la gestación de Mendizábal , nos proponemos analizar los para-tex tos que pudieron sustentar su realización y abordar la interrelación de algunos de sus elementos artísticos (caracterización de pers onajes, descri pción de ambientes, etc.) con distintas creaciones galdosianas Mendizábal : El proceso creativo Mendizábal , segunda entrega de la Tercera serie de los Episodios Nacionales, fue escrito en 1898. Galdós, después de diecinueve años de silencio, reto ma de nuevo la redacción de su magna novela histórica. Pocos meses antes, al redactar el prólogo del primero de los títulos, Zumalacárregui, había explicado: Al terminar con Un faccioso más y algunos frailes menos la segunda serie de los Episodios nacionales, hice juramento de no poner la mano por ter cera vez en novelas históricas. ¡Cuán claramente veo ahora que esto de jurar es cosa mala!... A los diecinueve años, no justos, de aquel juramento, los amigos que me favorecen, público, lectores o 19 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 como quiera llamárseles, me mandan quebrantar el voto y lo quebranto; me mandan escribir la tercera serie de Episodios y la escribo. En reducida esfera, los escritores vivimos, como en esfera amplísima los políticos, gobernados por la opinión, y la opinión es responsable de esta inconsecuencia mía… Pero el propio Galdós, al redactar sus tardías Memorias de un desmemoriado 31 , expone otras razones para la continuidad de esta obra, éstas de índole económica, …Prosigo la relación de mis desconcertadas Memorias diciendo que, viéndome dueño de mis obras, resolví establecerme como editor de ellas en el número 132 de la calle de Hortaleza, piso bajo. Dio comienzo con esto una nueva etapa de mi existencia literaria. El considerable desembolso que tuve que hacer para liquidar las resultas del pleito obligome a sacar de mi caletre los el ementos necesarios para salir del paso. Como el trabajo no me arredraba, al contrario, era mi mayor delicia, acometí la tercera serie de los Episodios Nacionales . El pleito al que se refiere el autor fue una dolorosa realidad, que ha sido documentada ampliame nte por Isabel García Bolta 32 . La cuestión ha sido ampliamente debati da por la crítica; y es posible que razones de otra índole pudieran aducirse, Nosotros preferimos inclinarnos por la explicación económica, pues, como expone 31 PÉREZ Galdós, Benito: Memorias de un desm emoriado , Madrid, Visor , 2004. Pág. 105. 32 GARCÍA Bolta, Isabel: Gal dós Editor . Santander, Ediciones Ta ntín, 1995. 20 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Hinterhäuser 33 e n s u t r a b a j o , n o h a y t e stimonios que verifiquen lo expuesto al final de Zumalacárregui , que más bien parece licencia poética. Nos parece conveniente recordar ahora el hecho de que Galdós, en esta época, es, además de escritor, editor; que tiene problemas económicos y que se impone por ello un ritmo frenético de creación para incrementar las ventas. Para ilustrar este momento reproducimos tres cartas. La primera es de 25 de noviembre de 1897 34 : La segunda carta es de 2 de marzo de 1898 35 : 33 HINTERHÄUSER, Han s: Los “Episodios Nacionales” de Benito Pérez Galdós, Madrid, Gredos, B.R.H., 1963. Pág . 52. 34 Archivo de la Ca sa Museo Pérez Galdós. 35 Archivo de la Ca sa Museo Pérez Galdós. 21 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 La tercera carta está fechada el 22 de marzo de 1898. En ella el sobrino de don Benito, José He rmenegildo Hurtado de Mendoza, que actúa de “gestor”, escribe al librero Antonio López 36 : 36 Op. Cit. Nota 32. Pá g. 20 22 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 de los lugares en donde transcurre la acción histórica y se inserta la novelesca, y realizó no pocas entrevistas a sujetos de quienes podía recabar datos de interés relevante, o bien experiencia directa sobre el los asuntos de sus textoslos libros. Con respecto a Zumalacárregui , declaró el autor 44 : Queriendo documentarme para el estudio de esta figura y de otras, acudí a mi amigo don Juan Vázquez de Mella, que a la sazón vivía en la calle de Valverde. Amable en extremo don Juan, me dio cartas para visitar diferentes pueblos y personas de Guipúzcoa, Vizcaya y Navarra. Con las cartas de introducción que me dio don Juan me dirigí a Cegama, Azpetia, Pamplona, Puente de la Reina, Estella, Viana y otras poblaciones que fueron teatro de las guerras civiles. En Cegama visité al cura don Miguel Zumalacárregui, sobrino carnal del famoso caudillo, que murió en aquella villa el 24 de junio de 1835, al volver malherido del primer sitio de Bilbao. Igualmente significativa resulta la carta que el escritor dirige a su paisano, D. Fernando León y Castillo, Embajador en París, pidiéndole ayuda para entrevis tarse con la Reina Isabel II 45 : García Barrón, Carlos: “Fuentes h istóricas y literarias de La vuelta al mundo en la Numancia”, AG nº 18 (1983), pp. 111 -124. Hinterhä user, Hans: L os “Episodi os nacionales” de Benito Pérez Gal dós , Madrid, Gre dos (1963, cap. II . I). Rodríguez, Alfred: An Introd uction to t he “Episodio s nacion ales” de Galdós , Nueva Cork, La s Américas (1967). Seco Serrano , Carlos: “Los E pisodios naci onales como fuente histórica”, Cuadernos hispano americanos , 250-252 (1971), pp. 256-285 . Utt, Roger L.: “ Sic vos non vobis : here ncia histori ográfica y cohe rencia estruct ural de La bat alla de Arapiles ”, en Peter Bly (ed.), Galdós y la hist oria , Ottawa , Dove house Edi tions (19 88), pp. 8 1-98. 44 Op. cit. nota 33. Pág. 105-106 29 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 BENITO PÉREZ GALDÓS A FERNANDO LEÓN Y CASTILLO Madrid, 2 de Noviembre de 1899 Sr. D. Fernando León Castillo. Mi querido amigo: después de tan larga in terrupción de nuestras relaciones, ya que no de nuestra buena amistad, hoy tengo que invocarla para pedir un favor al Embajador de España en París. Vamos al caso: estoy escribiendo la Tercera Serie de los Episodios Nacionales , que abraza la primera G uerra Civil, la Regenc ia de Espartero y las Bodas de Isabel II y su hermana (1846). Estimulado por el éxito de esta serie, pr oyecto escribir la Cuarta (Reinado de Isabel II, desde 1846 a 1868) y he pensado que para esta labor sería muy bueno utilizar el documento vivo, o sea la propia Reina Dª Isabel. Yo te ruego que me digas si esta señora se dignaría referirm e las infinitas cosas, hechos y casos que no están en la histor ia escrita, y que pertenezcan al orden de lo que puede decirse . Naturalmente, yo no pretendo que la Reina me cuente intim i dades que yo no habría de poder utilizar. Hay en dicho rein ado, sobre todo hasta el 54, muchos puntos políticos que perm anecen en la obscuridad, y ha de haber adem ás, infinidad de elementos anecdóticos, y si se quiere picaresco s que serían un tesoro inapreciable para el novelista. En fin, que yo me voy a París si me aseguras que la Reina me recibirá bien, y se dignará platicar conmigo de cosas de su tiempo, comenzando por los infantiles (Regencia de Espartero etc.) Lo primero es que esa buena señora se convenza de la honradez de mis intenciones, y de que en ningún caso habría yo de revelar hechos y casos que ella quisiera mantener en secreto. 45 Epistolario. Casa Museo Pérez Galdós. 30 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Para prevenirla en mi favor, así com o pa ra intro ducirme, m e permito molestarte para que me digas si podré contar o no c on la colaboración de su Graciosa Majestad. Por cierto que si voy a eso , he de pasar grandes fatigas, por mi poca costum bre de pisar alfom bras palatinas, y mi torpeza para desenvolverme airosam ente en esas alturas sociales… Pero en fin, sufriré co n p aciencia y conformidad cristiana las sorimbas , por la rica m ateria histórica y anec dótica, que de ellas pueda sacar. Para otros asuntos literarios, traducci ones y publicación de algunas obras mías en francés, intento de adaptaciones teatrale s, etc. pienso ir a París, y me conviene mucho no demorar el viaje. Lo que sobre t odas las cosas ha de determ inarme a no dilatarlo, se rá la espera nza que tú me des de obtener el auxilio documental de la que fue nuestra soberana, figura histór ica en verdad m uy interesant e, m erecedora quizás de un fallo más favorable que el que hast a hoy ha tenido. De eso hablaremos. Si tus ocupaciones te lo permiten, querido D. Fernando, te estim aré mucho una pronta respuesta. Tuyo siempre afectísim o amigo B. Pérez Galdós Con respecto al fondo documental utilizado para Mendizábal, debemos citar un interesante artículo del investigador Rodolfo Cardona 46 que recoge los resultados de su labor de an álisis en la biblioteca del escritor en re lación con la génesis de los Episodios 46 CARDONA, Rodolfo: “Apostillas a los «Episo dios nacio nales» de B . P. G., de Hans H interhäuser” Anales Gald osianos año III, 19 68, p p. 119-14 2. 31 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 nacionales . En él, el estudioso aporta in teresantes datos con respecto a la obra que nos ocupa. La monografía clave para recavar datos para la caracterización del protagonista histórico sería la Historia político-administrativa de Mendizábal dedicada al pueblo Liberal español , escrita por don Alfonso García Tejero (Tom o I. Madrid: J. A. Ortigosa, 1858). Se encuentra la obra en la Casa-Mus eo de Las Palmas, y aparece allí profusamente marcada por el propio Galdós. Posiblemente, tal monografía sirvió al autor de fuente principal para el episodio 2º de esta serie y para parte del 3º. Rodolfo Cardona llama la atención sobre el detalle de un papel que existe aún entre las páginas 326 y 327, y que marca − posiblemente − , la página en do nde Galdós dejó de leer, pues no se registran otra s mar cas en el resto de las 419 páginas de este tomo; tampoco hay ninguna marca ni señal en el tomo II de esta misma obra, public ado el mismo año de 1858. Por el índice del libro hemos podi do verifi car que es en ese primer tomo, en el que Galdós centra sus marcas, en donde se r egistran los datos más significativos de la vida de don Juan Álvarez de Mendizábal, el protagonista político 47 del episodio: su juventud, la campaña de Portugal y la vida polític a de los años 1835 y 1836. Ya el propio título ( Historia político-administrativa de Mendizábal dedicada al pueblo Liberal español) es sugerente, y vendría a subrayar otro de los aspectos interesantes comentados por 47 Anexo 6 32 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Hinterhäuser: la concepción liberal progresista que Galdós imprime a sus Episodios nacionales; el carácter pedagógico de éstos. El análisis de su biblioteca nos demuestra qu e el escritor poseía más de 300 libros sobre la Historia de España en el siglo XIX, la mayo ría de ellos escritos por liberales, muchos de los cuales incluso pasaron a la ficción como personajes o como citas en Mendizábal y en otros episodios: Nicomedes Pastor Díaz, Olózaga, Fermín Caballero, etc. … Este es otro de los datos que, de sde el punto de vista genético, es interesante: Galdós se sentía más próximo políticamente a Mendizábal, de la misma forma que detestaba a Fernando VII; o dicho de otro modo, no escondía su s simpatías por la causa liberal y sus representantes, así como tamp oco una antipatía pro funda por la parte contraria (absolutistas, realistas, apostólicos, carlistas) 48 . Otro de los libros que queremos destacar de la biblioteca galdosiana, y que cita Rodolfo Cardona, es Galería de Españoles célebres contemporáneos o biografías y retratos de todos l os personajes distinguidos de nuestros días en las ciencias, en la política, en las armas, en las letras y en las artes , obra publicada por don Nicomedes Pa stor Díaz y don Fr ancisco de Cárdenas, en 7 tomos encuadernados en 4 (Madrid: Imprenta Sánchez, e Ignacio Boix, 1841-1845). Señala el investigador Cardona que en él se documentó Galdós sobre muchos personajes históricos. De entre ellos, destacamos a las personalidades que cobran vida en Mendizábal : 48 Op. cit. nota 33, pp. 273-27 6 33 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Argüelles, Martínez de la Rosa , Caballero y Clemencín, cuyos nombres ha escrito Galdós en las páginas en blanco que figuran en los dos primeros volúmenes de es ta obra, que están encuadernados en un solo tomo. En las páginas del Tomo 2º, que corresponde al volumen 3 de la obra, Galdós escribe los nombres de las siguientes personalidades: Montes de Oca, Bretón de los Herreros y Alcalá Galiano. En el tomo 3º, que comp rende los volúmenes 4º y 5º de esta Galería , Galdós escribe los nombres de : E spoz y Mina, Toreno, don Carlos, María Cristina y Olózaga. Del volumen 4 no marca casi nada. Del 5º, escribe los nombres de don Carlos, María Cristina y Olózaga. Y en el último tomo, qu e corresponde a los volúmenes 6.º y 7.º de la obra, Galdós relaciona los siguientes nombres: Pacheco, Madrazo, General Cordova, Hartze nbusch, Donoso Cortés y Musso y Valiente. En Mendizábal apreciamos muchos de los patrones que sigue el autor para la creación de sus Episodios nacionales . Basándonos en el trabajo de Hintehäuser señalamos lo s puntos de relación con los episodios precedentes: 1. Exposición de la historia oficia l y privada, de la grande y la pequeña historia, con sus paralelismo s e interferencias. En las dos series anteriores observamos como los protag onistas novelescos que dan pie a la trama entr an en la “gran historia”; Araceli, en la primera serie, Salvador Monsal ud en la segunda, Fernando 34 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Calpena con su relación con Mend izábal en el episodio que nos ocupa. Ahora, junto a la hi storia de Fernando Calpena encontramos otras ficcionales paralelas: Carlos Maturana, José del Milagro, Pedro Hillo, Aura, Jacoba Za hón, etc. Es la historia del pueblo; las colisiones humanas; la s historias de los hombres que no aspiran a la posteridad, qu e tanto gustan a Galdós y que viven en sus obras. Así se expresa el narrador en el capítulo II al hablar de Nicomedes Iglesias y Nicomedes Pastor Díaz: El más joven hizo carrera literaria y política; el más viejo se fue a la Habana en tiempo del g eneral Tacón, y murió de mala manera bajo el mando de Ro ncali. Apenas ha dejado rastro de sí, como no sea el descubierto con no poca diligencia por el que esto refiere; rastro a penas visible, apenas perceptible en el campo de la historia anónima, es decir, de aquella historia que podrí a y debería escribirse sin personajes, sin figuras célebres, con los solos elementos del protagonista elemental, que es el macizo y santo pueblo, la raza, el Fulano colectivo. 2. En relación con el apartado anteri or, el autor permite al lector asistir a numerosos contactos en tre personajes novelescos y personalidades históricas. Así, por ejemplo, G abriel Araceli es llamado por Lord Wellington; Sa lvador Monsalud desempeña funciones importantes y se relaciona con las principales figuras políticas de la época; José Fa go ent abla relación muy directa 35 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 con Zumalacárregui; Fernando Calpena conoce y trata a Mendizábal, etc. etc. 3. Galdós entrecruza en sus episodios la novela de acontecimiento (trama amorosa: Gabriel Arac eli-Inés/ Salvador Monsalud- Jenara-Soledad/ Fernando Calpen a-Aura-Demetria), la novela de personaje (proceso de de sarrollo y formación de los protagonistas), y la novela de espacio (todo el espacio español aparece como escenario). Así ve mos que en las dos primeras series, Araceli y Salvador Mo nsalud se mueven por toda España. Fernando Calpena viene de l Norte, ha estado en París, reside en Madrid, se le ordena ir a Cádiz, etc., y los personajes secundarios se desenvuelven por todo el territ orio español y sus diferentes estratos sociales. A diferencia de las dos series anteriores, en esta tercera (p uede que por la premura), el personaje principal (Calpena) no aparece en el primer episodio sino en el segundo, y su tray ectoria vital culminará en el penúltimo. Otra pregunta que podemos hacemos es por qué Galdós decide “matar” a José Fago , el protagonista ficcional que inicia la serie tercera; es deci r, qué le movió a prescindir de este personaje como hilo conductor de la tercera seri e y a escoger a Fernando Calpena. ¿P udieron existir documentos que justifiquen tal decisión? Lástima no po der acceder a ellos, si los hubo. 36 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 4. Galdós utiliza frecuentemente el recurso de “la tertulia”, de la expansión conversación de los pr otagonistas, para apoyar la fluidez comprensiva del desarrollo histórico de sus Episodios: eficacísima estrategia para presentar a muchos de los personajes citados en la obra y para enmarcar conjugar adecuadamente el entramado social. Los ejemplos son muy numerosos. Así, el lector asiste en Mendizábal a la tertulia de Pedro Hillo con Calpena; a la de éste con Aura, Jacoba Zahón y Carlos Maturana; Calpena con Jo sé de Milagro; Calpena con Nicomedes Iglesias, etc. Presentamos, a título de ejemplo, estas líneas que inician una de las tantas tertulias entre Calpena y Pedro Hilllo (fragmento del capítulo II): El segundo día de hospedaje, desayunándose juntos, hablaron de política, que era en aquel tiempo la usual, la oblig ada comidilla , lo m ismo al almuerzo que a la cena. «¿ Qué le parece á usted, am igo D.Fernando?— dijo Hillo. —¿Nos cumplirá es e Sr. Mendizábal todo lo que nos ha prometido? Porque ya ve uste d si ha venido con ínfulas». 5. Los personajes históricos de los Episodios galdosianos no asumen un papel meramente sec undario, sino que actúan, ya en primer plano, ya en segu ndo término, o completamente situados en el telón de fondo. Mend izábal se desenvuelve en primer plano. 37 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 6. El enfoque de las figuras principales se enriquece con el multiperspectivismo, porque so n juzgadas, generalmente, por varios personajes; a veces por muchos, además del narrador, en diferentes pasajes de la serie correspondiente. En el ca so de los secundarios, el juicio suele ir añadido al retrato. Mendizábal es juzgado por varios personajes: Fernando Calpena, Pedro Hillo, Nicomedes Iglesias, Jacoba Zahón, la “mano oculta”. 7. Mientras que a los actores histór icos de segunda o tercera fila sólo se les concede el reducido espacio del retrato, en la descripción de los protagonistas se incluye, generalmente, la totalidad de su desarrollo humano, espiritual y político. La primera aparición de estos protagonistas históricos suele producirse mucho antes de que adquieran significación histórica; a veces, se intercalan anécdotas significativas de su infancia. Son muchos los ejempl os. Uno de ellos que refiere a Fernando Calpena: cuando llega éste a Madrid, Mendizá bal es ya figura política, pero result a aún desconocida para la gran mayoría pues no se ha produc ido el hecho de la gran desamortización: en la tertulia, Calpena nos pone en antecedentes sobre este hombre y sus grandes méritos en Portugal; y Jacoba Zahón hablar á de sus primeros años en Chiclana, Cádiz… Lo mismo ocu rre con Zumalacárregui en el Episodio de su nombre: cuando el escr itor lo presenta, es ya un reconocido militar; pero, aún quedan grandes hazañas por 38 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Filiberto Muñoz. Aunque na cí en Consuegra, soy orundio de Extremadura, y …» 18. Desde el punto de vista técnico, en sus Episodios Nacionales Galdós adopta de la novela popular la clave para mantener la tensión lectora en cada una de las entregas. Quisiéramos destacar en este sentido el final de Mendizábal , en que el protagonista da con sus huesos en l a c á r c e l . E l d e s e n l a c e d e esta situación, obviamente, nos es ofrecida en el siguiente Episodio nacional: De Oñate a La Granja . Mendizábal y la prensa En los diferentes capítulos de las páginas anteriores, nos hemos acercado al proceder creativo de Galdós con la intención de acceder a la génesis textual del Episodio nacional Mendizáb al . Llegando al final de esta parte, queremos cerrarla dando cuenta de las repercusiones que la publicación de la misma alcanzó en la prensa de la época. La obra conoció artículos específicos en las siguientes publicaciones: a) En el periódico La Época con fecha 19 de noviembre de 1898. 45 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 b) En el periódico Vida Nueva con fechas: 20 de noviembre de 1898, 27 de noviembre de 1898 y 8 de enero de 1899. c) En el periódico Heraldo de Madrid con fecha 20 de noviembre de 1898. d) En el periódico El Globo con fecha 21 de noviembre de 1898. e) En el periódico El Liberal con fecha 28 de noviembre de 1898. f) En la revista Blanco y Negro con fech a 3 de diciembre de 1898. Figuran en el Anexo 49 , para propiciar su lectura, cuatro de estos artículos: el de la revista Blanco y Negro , que se muestra muy entusiasta con el texto galdosiano; el del periódico El Globo , igualmente positivo respecto al text o y al tratamiento de la figura de Mendizábal; el del periódico La Época , algo críti co respecto al texto en lo relativo al tratamiento del pr otagonista; y por último el del periódico Heraldo d e Madrid , firmado por Julio Bu rell, que es el más crítico de todos (hemos añadido un apunte biográfíco de este último articulista). Para facilitar la lect ura, hemos transcrito los artículos respetando la ortografía de la época. 49 Anexos 7, 8, 9 y 10. 46 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Como se puede apreciar tras estas lecturas, los artículos de Vida Nueva se mueven en la misma línea que el de El Globo; y demuestran la gr an popularidad y respeto de que goza Galdós. Igualmente puede apreciarse cómo todos artículos, a excepción del de Blanco y Negro , entran en cuestiones políticas o sociales bajo el paraguas de la personalidad de Me ndizábal, un person aje que, por su cercanía, a nadie puede dejar indiferente. 47 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 EDICIÓN GENÉTICA DE MENDIZÁBAL EXPLICACIONES Y CONVENCIONES 1- Descripción de los materi ales previos. De Mendizábal , como ya dijimos, no se conserva el manuscrito. Se ha partido por ello como único material previo del que aporta la galerada corregida del Episodio qu e conserva íntegrame nte la Casa Museo Pérez Galdós. En ella se encierran dos opciones textuales sucesivas del novelista: 1- la del manuscrito ya corregido y 2- la que resulta de la corrección de la galerada. La galerada de Mendizábal cons ta de 178 hojas con mancha de texto en disposición vertical y con número irregular de líneas (27 tiene la 30/ 62, la más corta; y 107 la 7/39, que es la más larga). El total del documento se distribuyen en dos “tiradas” que el mismo autor numera en su margen superior. Como metodología general en es tos casos y para organizarlo adecuadamente hemos procedido a la re-numeración de las hojas, siguiendo la relación que las indi vidualiza numéricamente en lo que parecer ser dos entregas sucesivas de la imprenta al autor: así parece demostrarlo no sólo la numeración correlativa sino también algunas correcciones que aparecen en una y otra tirada en las que 48 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 puede apreciarse que variaciones de la primera parte aparecen ya corregidos en la segunda, como se podrá comprobar. Siguiendo lo indicado, hemos orga nizado dos grupos de hojas: comprende el primero las galeradas 1-32, y el segundo las galeradas 1-145. La suma de ambas daría 177 hojas, y así se indica en la carpeta que las guarda; pero son, en realidad, 178 pliegos porque una de las hojas está numerada con el número 110½. A partir de la segunda tirada hemos seguido una doble numeración para atender a la realidad de los pliegos y facilitar la comprensión global del trabajo. De este modo la galerada siguiente a la 32 (última de la primera tirada) la señalamos con el número [1/33] que supone la 1 de la segunda tira da y la 33 en el cómputo total de los pliegos existentes. Generalmente, Galdós corrige con letra amplia y clara en los márgenes de las hojas; pero cuando este espacio no basta se las ingenia para acudi r a soluciones específicas. Así, las cifras que destacamos en nuestra relación con colores, el roj o y el ve rde, quieren indicar que esas hojas cuentan con corrección añadida en papel blanco pegado sobre el origin al. No siempre es posible leer la opción desechada que queda bajo el nuevo espacio: sí que ha sido posible en los casos destacados en verde; pero cuando aparece el rojo significa lo contrario: que no he mos podido leer lo variado, en su totalidad o parcialmente; o bien que albergamos dudas sobre ese contenido. 49 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Así, nuestra numeración registra lo siguiente: Primera tirada: 1 ,2,3,4,5,6,7,8,9,10,11,12,13,14,15,16,17,18,19,20,21,22,23,2425,2 6,27,28,29,30,31,32. Segunda tirada: 33/1, 34/2 , 35/3, 36/4, 37/5, 38/6, 39/ 7, 40/8, 41/9, 42/10, 43/11, 44/12, 45/ 13, 46/14, 47/15, 48/16, 49/17, 50/18, 51/19, 52/20, 53/21, 54/22, 55/23, 56/24, 57/25, 58/26, 59/27, 60/28, 61/29, 62/30, 63/31, 64/32 , 65/33, 66/34, 67/35 , 68/36, 69/37, 70/38 , 71/39 , 72/40, 73/41, 74/42, 75/43 , 76/44, 77/45, 78/46, 79/47, 80/48, 81/49 , 82/50, 83/51, 84/52, 85/ 53, 86/54, 87/55, 88/56, 89/57, 90/58, 91/59, 92/60, 93/61, 94/62, 95/63 , 96/64, 97/65, 98/66, 99/67, 100/68, 101/69 , 102/70, 103/71, 104/72, 105/73, 106/74, 107/75, 108/76, 109/77, 110/78 , 111/79, 112/80 , 113/81, 114/82, 115/83, 116/84, 117/85, 118/86, 119/87 , 120/88, 121/89, 122/90, 123/91, 124/92, 125/93, 126/94, 127/95, 128/96, 129/97, 130/98 , 131/99 , 132/100, 133/101, 134/102, 135/103, 136/104, 137/105, 138/106 , 139/107, 140/108, 141/109, 142/110, 143/110½ , 144/111, 145/112, 146/113, 147/114, 148/115, 149/116, 150/117 , 151/118 , 152/119, 153/120, 154/121, 155/122, 156/123, 157/124, 158/125 , 159/126, 160/127 , 161/128, 162/129, 163/130 , 164/131, 165/132, 166/133, 167/134, 168/135, 169/136, 170/137, 171/138, 172/139 , 173/140, 174/141, 175/142 , 176/143, 177/144 , 178/145. 50 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Como curiosidad añadida, hacemo s constar que los reversos de algunas de las galeradas puede leerse, manuscrita, la indicación “Comprobantes”: así sucede en las hojas 5, 11, 18, y 25 de la 1ª tirada; y en las 1, 7, 14, 22, 31, 39, 58, 67, 76, 85, 94, 102, 110½, 118, 124 (lo pone en singular), 131 y 141, de la 2ª. Asimismo, en la galerada 17/49 puede leerse “Benit o Suelo” y en la 23 aparecen dibujos que asemejan muebles. 2- Codificación Nuestro trabajo precisa de una codificación de las distintas variantes que sirva de referente al lector o al estudioso. En su concepción hemos pretendido que resulte sencilla al mismo tiempo que “sugerente”. Hubiera sido muy fácil limitarnos a mostrar inclusiones y eliminaciones de texto, porque, a la postre, a eso pueden quedar reducidos los cambios; pero hemos querido ir más allá codificando otros extremos: cambios de posición, cambios de posición y sema, cambios de posición de si gnos de puntuación etc., para mostrar con todo rigor el interés del autor por la búsqueda de su texto último; tal vez el definitivo; tal vez el que mantuviera el mayor grado de lo que podríamos llamar la literariedad de su lenguaje. Para la formalización de esta codificación hemos optado por la utilización del recurso de los colore s y signos en un mismo plano, desde la convicción de que este recu rso favorece la accesibilidad de la lectura de los diferentes textos que se simultanean en el trabajo. 51 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 La utilización de los colores nos pe rmite, por otro lado, plasmar gráficamente dos cuestiones impo rtantes: por un lado, los cambios en la secuencia creativa de los difere ntes textos en el proceso de la o b r a ( y q u e e s e l m o t i v o p r i n c i pal del trabajo); y por otro, las sugerencias personales que añadimos, tentativamente, a las variaciones textuales: con ellas se podrá no estar de acuerdo, pero no hay duda de que invitan a la reflexión científica acerca del hecho creativo que ahora nos interesa. Llamamos así a los textos que co nforman el proceso creador de Mendizábal: - A será la galerada sin corregir, que suponemos se corresponde con el del manuscrito corregido. - B será la galera da corregida; el texto que Galdós devuelve a su editor. - C será la primera edición: el texto que ve la l uz en 1898. Encontramos muchos cambios entre B y C, lo que nos hace suponer la existencia de “capillas” , es decir pruebas de imprenta posteriores a la galerada, de las que no tenemos constancia escrita pero cuya existencia parecen manifestar con nit idez el contraste de los textos. El texto no tuvo correcciones posteriores en vida del autor, aunque tras la edición de 1898 en la imprenta de la Viuda e Hijos de Tello tuvo reediciones en 1900 y 1906; y el mismo 1906 lo volvió a editar, en Madrid, Perlado Páez y Ci a. (Sucesores de Hernando). Para 52 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 plasmar el último estadio del proceso creativo hemos seguido fielmente la 1ª edición, conservando la ortografía propia de la época. Si hubiéramos actualizado el texto no habríamos podido mostrar mucho de los cambios, especialment e los que afectan al uso de las mayúsculas. 2.1 Utilización de los colores 2.1.1 Colores asociados a A : - ROJO  Cambios de texto realizados sobre A. - MAGENTA  Cambio de colocación de texto sobre A. - CAQUI  Cambios de colocación y sema realizados con respecto a A. - VERDE  Cambio que realiza sobre A para después tachar y no recoger en B. 2.1.2 Colores asociados a B : - CYAN  Cambios de texto realizados sobre B. - NARANJA  Cambio de colocación de texto sobre B. - AZUL  Cam bios de colocación y se ma realizados con respecto a B. 2.1.3 Colores asociados a C : -NEGRO  Texto definitivo en la 1ª edición. Siguiendo el texto trazado en negro se podrá leer el que publicó como definitivo la 1ª edición, pues refleja el texto no modificado por el autor, además del resultante de los cambios. Las palabras 53 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 modificadas y asociadas a los diferentes signos (que ahora explicaremos), irán en los colore s que hemos asignado al mome nto en que se han producido los cambios. 2.2 Los signos y su interpretación - Doble flecha “ ↔ ”. Signo de cambio. - Corchetes “[ ]”. Inclusión de nuevos términos en el texto. - Ángulos “< > “. Eliminación de términos en el texto. 2.2.1 La doble flecha ( ↔ ). Es un signo aclara torio que delimita la palabra nueva y la anterior, que ya viene recogida por el color. El signo pretende evitar confusiones co n respecto al texto nuevo, ya que presenta el mismo color que el texto no modificado. Ejemplo: “ jovenzuelo joven ↔ ”. Pág. 71, última línea. A l a h o r a d e a f r o n t a r e s t e t i po de cambios y para una mayor sencillez, no tenemos en cuenta (y por tanto se repiten) los pronombres personales, las prepos iciones, los determinantes, las conjunciones copulativas, el adverbio “no” y las contracciones “al” y “del” siempre que queden en medio de los mismos. Un máximo de dos repeticiones por cambio en el total de estas categorías gramaticales. Ejemplo: “ese D. Manuel que ha encargado á usted dado á usted el encargo ↔ de recibirme”. Pá g. 74, línea número 18 . Si hay más de dos elemento s implicados en ese cambio y quedan afectados por cambios de posici ó n ( q u e e s l o n a t u r a l , p ue s se repiten), se procedería a codifica r de otro modo mostrando por un lado, los cambios de palabras y por otro, señalando de forma 54 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 2.2.4 Ángulos, corchetes y flecha direccional. Utilizados para señalar cuando hay un cambio de colo cación de signo, palabra o texto (colores magenta o naranja) o cambio de colocación y sema (colores caqui o azul). 2.2.4.1 Cambio de colocación. La situación antigua va recogida entre ángulos; la nueva viene delim itada por un corchete y una flecha direccional que nos indica el lu gar que ocupaba anteriormente. Ejemplo: “corte. <Quedóse> { En medio Un tanto apartado lo más claro ↔ del grupo ◄ quedóse ] como atontado palomino,”. Pág. 7 2, línea 5. Si un adjetivo se ve obligado a cambiar de género o número al ser recolocado, lo dejamos en colore s magenta o naranja. Ejemplo: “almas <generosas> [ crédulas ] , espíritus <dementes> ◄ generosos ] ,”. Pág. 142, línea 8 . Este ejemplo nos sirve para explicar las codificaciones dobles; es decir, además de la de “generosas”, la de “crédulas” y “d ementes” que no codificamos como cambio de colocación y sema, al creerlo demasiado forzado. Varios casos de este tipo. Seguimos tratando el pronombre enclítico separadamente: “para poder <le> seguir ◄ le ] .”. Pág. 106, línea 1 . A veces encontramos este tipo de ca mbio asociado al signo “ ↔ ”. Esto ocurre cuando una palabra o grupo de palabras (sustantivos, adjetivos, verbos, adverbios) se mantiene, modificándose en cambio 61 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 las de su contorno, no pudiendo de limitarse un antes y después en el texto nuevo para poder hacer do s cambios. El texto aparece recolocado. Ejemplo: “Soy partidario de que [ á ] los empleados estén <bien> remunerado s se les remunere ↔ ◄ bien ] , pues de otro modo”. Pág. 199, línea 5 . Cuando el cambio afecta interior mente a un sintagma de tres o más palabras y el cambio de coloca ción afecta a 2 de sus elementos como mínimo se colorea todo el si ntagma y se repite. Es decir, no tenemos el cambio de una sola palabra sino más bien una reordenación general de todo el sintagma o texto. Ejemplo en la pág. 100, línea 2 : “ loco ó un simple simple ó un loco ↔ .” Cerramos el cambio con el signo “ ↔ ”. Excepción a esta regla hacemos en los casos de verbos con pronombre enclític o y determinantes que acompañan a su núcleo, siempre que el orden sea el mismo. Ejemplo: “toda palidez en el rostro, [ en ] [ los ojos ► toda fuego <los ojos> ,” (pág. 40 8 , línea 1 8 ). Idéntica pauta cuando apreciamos la recolocación de todo un sintagma respetando su orden antiguo: “Haremos [ una de las levitas ► , si á usted le parece, <una de las levitas> con cordones a la húngara...”. Pág. 119, línea 7 . En los dos casos vemos texto en medio sin alterar. 2.2.4.2 Cambio de colocación y sema. Similar a la anterior en cuanto a la codificación. Es un tipo de cambio más libre. Ejemplo: 62 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 “puede <lavarse> un cristiano ◄ lavarse ] [ ... ] [ de ► <todo su> cuerpo ◄ entero ] .»”. Pág. 77, línea 5 . A diferencia de los adjetivos, los sustantivos o pronombres, al cambiar sólo el número, se codifica n en color caqui o azul. Véase en este ejemplo el caso de “algunos / alguno”: “y de éstos [ , ]<¡ay!> [ alguno ► conozco { <algunos> varios, y á ↔ [ yo, sí [ , ] señor, y ] más de los lo ↔ que quisiera...”. Pág. 95, línea 9. Como particularidad podemos en contrar que a veces se utiliza n las dos flechas, si entendemos que el nuevo texto es la modificación de otro anterior colocado antes y después del nuevo. Ejemplo: “con toda la decencia <que> ◄ compatible con ► su escaso peculio <le permitía> ”. Pág. 83, línea 1 4 . A veces encontramos una mezcla de las dos. Ejemplo: “accidentes de <novela> <ó> poema ◄ ó ] ◄ novelón ] á la moda,”. Pág. 8 3 , última línea. A veces, sugeri r la doble codificación resulta muy forzado. En estos casos codificamos sugiriendo lo más razonable. El ejemplo que utilizamos en el caso de los adjetivos es buena muestra: “almas <generosas> [ crédulas ] , espíritus <dementes> ⇐ generosos ] ,”. Pág. 142, línea 8 . No codificamos "crédulas" y “dementes” como cambio de colo cación y sema , pues nos parece «tensar» demasiado. Siguiendo la norma ya comentada, el signo, palabra o texto modificado, viene impreso en el mi smo color que los triángulos; el signo, palabra o texto nuevo, en color negro. 63 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mención aparte merece la utiliz ación del color verde. Recoge, como ya hemos adelantado, una se rie de cambios que se producen en A y que seguidamente son abortado s al cambiar de idea el autor, bien porque vuelve a dejar la pa labra original, bien po rque es un primer cambio que luego es desechad o en favor de otro. El cambio va introducido por el signo ” { ” si se produce sobre un texto, palabra o signo que luego no es modificado , bien total (ejemplo: “por las { Juntas j untas ↔ , por”. Pág. 113, línea 1 3 ), bien parcialmente (ejemplo: “corte. <Quedóse> { En medio Un tanto apartado lo más claro ↔ del grupo ◄ quedóse ] como atontado palomino,”. Pág. 7 2, línea 5). Éste signo tiene como f unción delimitar el cambio en su inicio. También lo utilizamos dentro de una secuencia que no afecta a la totalidad del texto definitivamente sustituido (ejemplo: “Calló D. Fernando, sin dejar de mirar al { patrón dueño de la casa á su aposentador ↔ como se mira un jeroglífico.”. Pág. 79, línea 3 ). También encontraremos este signo si el texto original se ve envuelto en otro tipo de modificación, que no sea la sustitución asociada al signo “ ↔ ”. Ejemplo: “y de éstos [ , ]<¡ay!> [ alguno ⇒ conozco { <algunos> varios, y á ↔ [ yo, sí [ , ] señor, y ] más de los lo ↔ que quisiera...”. Pág. 95, líne a 9. Cuando el texto en verde recoge la totalidad de una secuencia de cambio (rojo-verde-negro) no ponemos nada. Hemos de entender que el cambio en verde afectaba a la totalida d del texto en rojo. Ejemplo: “— Yo, señor...— balbució sonr iente; y sus monosílabos 64 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 declaraban la lucha entre la afabilidad y la discreción. Pues doctores tiene la Iglesia que lo explicarán. Yo no sé... Él lo explicará cuando vuelva, señor... ↔ ”. Pág. 79, línea 1 1 . El resto de los signos asociados a este color son de uso común a los otros colores y no revisten tr atamiento es pecial. Así, lo hemos utilizado cuando se produce un ca mbio, luego desestimado, de colocación de signo, palabra o texto o cambio de colocación y sema. Ejemplo: “el surtido de sangres que < llevo > en mis venas ◄ llevo] .” Pág. 30 4 , línea 4 . Si durante un cambio, un “punto y seguido” o “punto y a parte” es añadido o suprimido, la palabra siguiente se pondrá en mayúscula o minúscula si hacer mención especial. Se sobreentiende por el signo anterior cual era la situación prev ia. Igual ocurre si una palabra después de punto fuera suprimida. La contigua asume la mayúscula. Es el caso de “En” en este ejemplo: “corte. <Quedóse> { En medio Un tanto apartado lo más claro ↔ del grupo ◄ quedóse ] como atontado palomino,”. Pág. 72, línea 5. No obstante, en casos determinados, y para ayudar a comprender alguna secuencia de ca mbio, utilizaremos la nota a pie de página. Durante el proceso creador se producen errores en algunos vocablos. Unos son corregidos durante la misma evol ución y otros 65 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 quedan, como erratas, en la primer a edición. Nosotros los marcamos con un “ (sic) ” al lado, no con ánimo de “detectores de erratas”, que por otra parte, todos cometemos, si no con la de puntualizar un hecho determinado que pueda servir, ya revisadas las galeradas y la primera edición, a otros estudios espe cíficos. Ejemplo: “le dijo no sé qué palabras frasesillas ( sic ) frasecillas ↔ enigmáticas”. Pág. 74, línea 5 . No tenemos en cuenta los posibles errores realizados sobre A, porque al tratarse de un texto ma nuscrito, pudo haber confusión al interpretar las letras. Tampoco tenemos en cuenta las t ildes en el desarrollo de las correcciones, excepción hecha de las palabras que aparezcan en la primera edición y que tienen (sic) al lado. Seguimos este criterio porque el autor cuando corrige sobre A, varias veces pone palabras sin tilde. Señalamos algunos ejemplos poniendo a su lado en paréntesis la galerada: “segun” (1), “continuo” (15), “mas” (2 5), “aereos” (58/90), “heroe” (139/172), etc. Suponemos que por despiste. En otros muchos casos corri ge y pone tildes a palabras que aparecen sin ella: “clerigo / clérigo” (8), “creame / créame” (10), “quien / quién”, “recomendo / re comendó” (16/48), “cafe / café” (105/137), etc. Por ello hemos deci dido no tener en cuenta estos cambios, y como decíamos antes, atender y señalar en cuestión de tildes sólo los casos en 1ª edición. 66 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Otro dato que conviene señalar es la utilización de los signos de interrogación y admiración. Después de ellos el autor a veces escrib e en minúscula: en esos casos, nos limitamos a seguir la primera edición, sin comentar nada. Ejemplo: “ [ ¡ ] cuidado, que no trato de poner á prueba su discreción... [ ! ] pues”. Pág. 233, línea 9 . Sobre la presentación del trabajo, y para terminar, queremos hacer constar que, en pro de una mayor claridad , hemos optado por justificar completamente el texto a la hora de elaborarlo a ordenador, aunque ello suponga en algunos caso s que la distancia entre palabras aumente. En este mismo sentido, las notas a pie de página se reinician en cada capítulo; es de cir, no nos remiten, exceptuando algún caso, al total de la obra, sino al capítulo al que están asociadas. 67 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 68 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal de Pérez Galdós. Propuesta de edición genética. 69 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 70 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 77 cerca tenemos también las Niñas de Leganés , ... ↔ la casa de las Siete chimeneas , que por mi cuenta son ocho, y todo, todo lo cuanto ↔ bueno de hay en ↔ Madrid... Para que nada falte, en esta misma calle tiene usted la casa de baños de Moreier Monier ↔ , que es, según dicen, de las mejores de Europa, como que en ella, por seis reales, puede <lavarse> un cristiano ◄ lavarse ] [ ... ] [ de ► <todo su> cuerpo ◄ entero ] .» Encantado de su vivienda y de su barrio estaba el joven b u e n ↔ D.Fernando, y aunque ignoraba de dónde y de quién le venían tantas dichas, iba muy á gusto en el machito, y no pensaba más que en arrear en él mientras durase la ganga. Por de pron to, urgía pagar al mozo; y en cuanto al desconocido que había salido salió ↔ á encontrarle, no parecía hombre que desdeñara una gratificación si liberalmente delicadamente ↔ se le ofrecía. De ambas cosas habló D.Fernando á su aposentador hospedero ↔ , el cual, con aires de gran señor, le contestó qu e todo estaba pagado , y que el Sr. de Calpena no tenía que ocuparse de nada , como no fuera de pedir por aquella boca cuanto le dictasen su voluntad necesidad ↔ y sus antojos. «Pues, señor —dijo para sí el mozo mancebo ↔ , después de dar las gracias, —sin duda estoy soñando [ , ] ó me equivoqué de camino, y en vez de ir á Madrid, me he metido en Jauja. Porque esto de qu e le reciban á uno desconocidos agentes emisarios ↔ del diablo ó de las mismísimas potencias celestiales hadas ↔ , y le saquen el equipaje sin registrar, y le traigan á esta linda casa este lindo aposento ↔ , y no cobren nada, y desaparezcan [ por © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 78 escotillón ] mozos y servidores cuando uno echa mano al bolsillo para darles la propina... esto, vamos, esto que á mí me pasa, no le ha pasado á ningún nacido en sus primeros pasos por Madrid ni por parte alguna del mundo una capital grande ó chica ↔ . Aquí hay algo, y vuelvo á temer que, tras de tantas venturas, venga una triste y quizás tr ágica sorpresa. Mucho ojo, Fernando, y trata de sondear al patrón, que quizás tal vez ↔ posea la clave del enigma acertijo ↔ .» [4] «Siento mucho —dijo D.Fernando en voz alta, ↔ sentándose en la butaca y mirando observando ↔ á su patrón de los pies á la cabeza, —que haya usted dejado marchar á ese señor hombre ↔ sin que yo le dé una gratificación por haberme traído aquí. —Déjele usted, que ya, ya se la darán, y más de lo que merece. —¿Pero quién, por Cristo?... ¿Por quién vengo yo aquí? ¿En qué manos estoy? —En buenas manos, señor caballero ↔ <,> — dijo afirmó ↔ e l p a t r ó n c o n sonrisa tan benévola y franca, que el desconcertado joven no tuvo más remedio que creerle. —Ese hombre sujeto ↔ , ¿es de la policía? —Sí, señor. —¿Y por mandato de quién va á encontrarme sale á mi encuentro ↔ la policía? —No sé, señor... Yo que usted, franca mente, me cuidaría de coger la © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 79 fruta que me cae entre las manos, sin meterme en averiguar quién plantó el árbol que la da tan rica.» Calló D.Fernando, sin dejar de mirar al { patrón dueño de la casa á su aposentador ↔ como se mira un jeroglífico. « <¿> Ese hombre se llama Muñoz <?>[ ... ] —Y por mal nombre Edipo , porque fué, según dicen, del teatro... — Siento infinito Pues, la verdad, me disgusta ↔ que se haya ido sin que yo le dé siquiera las gracias, sin ob tener de él una explicación de este misterio... ¿Quién le mandó?... ¿Cómo sabía mi [ llegada, mi ] nombre? <...> <A no ser que usted lo sepa y no quiera decírmelo.> — Yo, señor...— balbució sonriente; y sus monosílabos declaraban la lucha entre la afabilidad y la discreción. Pues doctores tiene la Iglesia que lo explicarán. Yo no sé... Él lo explicará cuando vuelva, señor... ↔ —Al menos, me dirá usted, como due_o de la casa, qué tengo que pagarle por este cuarto— dijo añadió ↔ Calpena impaciente y un tanto nervioso. —Podría ser que el precio fuese superior á mis fuerzas recursos ↔ , y tuviera yo que buscar alojamiento más arreglado. —Si por más arreglado entiende más barato, señor caballero ↔ , no lo encontrará ni en los cuernos de la luna, que el colmo de la baratura es el no pagar nada. Quiero decir que... —¿Pero quién, Señor?... Esto me vu elve loco... ¿Se ríe usted? O juega conmigo, ó aquí hay gato encerrado. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 80 —¡Encerrado... aquí! Yo le juro al señor que el único que tenemos en casa, y se llama Zumalacarregui , es un gato muy bien educado de buena crianza ↔ , que no se mete á deshora en las habitaciones de mis huéspedes. —Ya que no otra cosa— indicó D.Fernando, rindiéndose á la bondad marrullera del patrón, —dígame usted su nombre gracia ↔ , y... — <¿Y qué más?...> { Mi nombre Me llaman gracia ↔ es Mendizábal...» Al oír este nombre se le crisparon los nervios al joven forastero, que se puso en pie, acercándose al dueño de la casa para verle [ mejor ► [ y examinarle ] <mejor> . 3 Era éste de alta espigada ↔ estatura, representando cincuenta años, de rostro agradable, con patillitas, corbatín, el cuerpo enfundado en un levitón alto de cuello y largo larguirucho ↔ de faldones. Al verle reír, entró más en cuidado el { joven forastero Calpena ↔ , y se aumentaron las confusiones que desde que puso el pie su novelesca entrada ↔ en la Villa del Oso embargaban su espíritu. «Me río porque... verá usted— di jo el patrón. —No es que yo me llame propiamente Mendizábal. Mi apellido es Méndez. Pero como el Sr. D.Juan Alvarez y Méndez, el grande hombre que ha venido de la Inglaterra las Inglaterras ↔ á meternos en cintura y á salv ar el país, se ha variado el nombre, poniéndose <él> Mendizábal , que tan bien suena, yo... —Usted, por no ser menos... ya. — Diré á usted Y digo más ↔ : bien podría resultar que D.Juan de Dios 3 Después de "mejor" había en A punto y aparte. Añade "y examinarle" sustituyendo el punto y aparte por punto y seguido. Modificación sobre A. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 81 Alvarez y un servidor de usted fuéramos parientes, pues [ Méndez ► [ somos ► los dos <somos> <Méndez> : él hijo de Cádiz, yo de San Roque, [5] frontero frente ↔ á Gibraltar. ¿Quién no dice que procedamos me asegura que [ no ] seamos ramas ↔ 4 del mismo tronco? Porque eso que cuentan de que el Sr. Alvarez y Méndez no viene de casta de cristianos viejos, es calumnia, señor; cosas que in venta la maldad del absolutismo para rebajar á los patriotas... En fin, que co mo mis compañeros de oficina ven en mí á un partidario furibundo del señor Alvarez y Méndez Ministro nuevo ↔ , me han puesto el nombre remoquete ↔ de Mendizábal, y así me dejo llamar, y me río... me río... 4 La no inclusión del "no" al cambiar A se debe probablemente a un lapsus, corregido posteriormente en B. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 82 II —Según eso, es usted empleado. —Para todo lo que el señor gu ste mandarme, me tiene de portero en el Ministerio de Hacienda. Miliciano nacional de artillería en el glorioso trienio, fuí colocado por el señor Feliu. Quedé cesante el 24 23 ↔ . Diez años después [ , ] me repuso el Sr. D.Francisco Javier de Burgos, que entró en Fomento el 21 de Octubre del 33. En 7 de Febrero del año siguiente pasé á Hacienda con el Sr. D.José de Imaz; me conservó en mi puesto el señor Conde de Toreno, que entró el 15 de Junio, y allí me tiene usted... Pero estoy entreteniendo al señor más de lo regular, y el señor querrá que le demos sin pensar que se aproxima la hora ↔ de cenar la cena ↔ . Antes querrá quitarse el polvo del camino y lavarse cara y manos. Voy por agua, pues creo que está tenemos ↔ el jarro vacío... Efectivamente... [ ¡ ] Y tanto que les encargué ... [ ! ] ¡Cayetana!... ¡Delfina!» Salió presuroso, llamando á su esposa é hija, y á poco se presentaron éstas con el agua y toallas limpias. Era la patrona regordeta y vivaracha ; , ↔ bastante más joven que su marido; mala dentadura ; , ↔ <buen> pecho ◄ vacuno ] , que el corsé levantaba á las alturas de la garganta; el acento gallego habla gallega ↔ ; , ↔ manos de cocinera. La ni ña, tímida y rubicunda, © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 83 habría sido muy bonita si no torciera terriblemente los ojos. Precedíalas el risueño padre, que, al presentar á la fa milia, volvió á soltar la vena de su verbosidad <, que armonizaba con la de su esposa> . <«> El Sr. D.Fernando traerá traerí a ↔ [ , según él, ] buen apetito . ... . ↔ Pronto [ se ] le serviremos serviría ↔ la cena . ... ↔ <»> Casa más sosegada no se encontraba en todo Madrid , y como no admitían sino personas recomendadas huéspedes recomendados ↔ , nunca tenían más de cinco ó seis, y á la sazón, por ser verano, tan só lo dos, sin contar al Sr. D.Fernando, los cuales eran personas de mucho asiento y formalidad. A la hora de la cena las les ↔ conocería el nuevo huésped, y tr abaría con uno y otro sujeto relaciones cordiales . ... ↔ Dejáronle [ al fin ] para que se lavase, y <Calpena> <,> despojado de su traje trajecito ↔ de mahón, se ocupó <primero> ◄ el huésped ] en sacar del baúl una la única ↔ ropita [ decente ] que traía, y camisa y corbata, para vestirse con toda la decencia <que> ◄ compatible con ► su escaso peculio <le permitía> . En todas Durante ↔ las operaciones de lavoteo y vestimenta [ , ] no cesaba de pensar en la ventura inesperada y misteriosa con que entraba en Madrid ; , ↔ y entre otras cosas que habrían revelado su confusión s i la s pasara del pensamiento á los labios, se dijo: «Es mucho cuento éste. Se em peña uno en ser clásico, y he aquí que el romanticismo le sale al encuentro persigue, le acosa ↔ . Desea uno mantenerse en la regularidad, dentro del círculo de las cosas previstas y ordenadas, y todo se le vuelve sorpresa y , ↔ accidentes de <novela> <ó> © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 84 poema ◄ ó ] ◄ novelón ] á la moda, enredo, misterio arcano ↔ , qué [6] será , y manos ocultas de deidades incógnitas , que yo no creí existiesen más que en ciertos libros de gusto dudoso... Pues , señor, veamos en qué para esto, y Dios quiera que pare en bien. No las tengo todas conmigo, ni me resuelvo á entregarme á esta felicidad que me sale al encuentro abriéndome los brazos ... Suelen , pues suelen ↔ los salteadores de caminos disfrazarse de personas decentes y benéficas para sorprender mejor á los viajeros. Vigilemos, vivamos alerta... <No resulte que estas dichas son desventuras vestidas de máscaras... que primer o embroman y después... garrotazo.> » Cenando migas excelentes con uvas de albillo, peces del Jarama fritos [ , ] y chuletas á la papillote , hizo conocimiento con los dos huéspedes que la suerte le deparaba por compañer os de vivienda, y en verdad que tal conocimiento fué una nueva caricia de la desconocida un nuevo halago de la escondida ↔ divinidad que tan visiblemente le protegía, porque ambos eran agradabilísimos, instruidos, graves y de perfecta educación. El uno frisaba en los cincuenta años, y en las primer as frases del coloquio se declaró manchego y patriota. Su locuacidad no molestaba; antes bien, instruía y deleitaba deleitando ↔ , porque narraba los suceso s y exponía las opiniones con singular donaire y una prolijidad encantadora pintoresca ↔ . Debía de tener muchas y buenas amistades con personas en aquel tiempo de gran viso, porque al nombrarlas empleaba [ casi ► [ siempre ] formas <casi> familiares. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 85 Cuando Delfinita le servía las truchas, volvióse á ella con viveza, diciéndole: « <¿> No me han dicho enterado ↔ ustedes [ de ] que hoy ha estado estuvo ↔ aquí [ Salustiano ► dos veces <Salustiano> <?>[ . ] —¡Ah! sí... no me acordaba...— rep licó la niña de la casa.— ¡Y que no se puso poco enojado la segunda vez [ , ] porque usted no estaba! —¡Si ya le he visto, criatura ! Por fin dió conmigo en el Café Nuevo, donde me había citado mi tocayo Ni comedes para leerme dos artículos [ de filosofía, una comedia en verso <,> ] y un proyecto de Constitución... —Dispénseme— dijo Calpena, que pronto empezó á tomar c onfia nza: — ese Salustiano, ¿es Olózaga? —El mismo. Le nombran Gobernador de Madrid... —Subdelegado— apuntó el otro huésp ed, de quien se hablará después, —que así se llaman ahora. — Lo mismo da Tanto monta ↔ , amigo Hillo... La denominación que se a d o p t a r á c o m o d e f i n i t i v a e s l a d e jefes políticos . Por de pronto, { llamámosles llamémosles ↔ <gobernadores> , que es empleemos ↔ la acepción que más fácilmente comprende el pueblo [ , ] : ↔ ◄ gobernadores ] . ... ↔ Pues pretende Salustiano traerme llevarme ↔ de secretario; pero... no en mis días. Mientras yo no vea clara la situación, mie ntras no vea un Gabinete decidido á marchar adelante, siempre adelante, enarbola ndo resueltamente la bandera del progreso, no me cogen, no me co gen... Nicomedes piensa lo mismo... —Oí decir esta tarde en el despacho de los Toros— indicó [ tímidamente ] © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 86 el segundo huésped, —que sería secretar io ese joven, tocayo de usted, que acaba de citar... Pastor. —Atrasad os están de noticias en el despacho de Toros, mi querido Hillo. Será secretario de del ↔ Gobierno [ de Madrid ] mi amigo Manuel Manolo ↔ Bretón. [7] —¿El poeta... el autor de Marcela ?— preguntó Calpena con vivo interés. —El mismo. Y añadiré que á mí me lo debe,— afirmó con cierta fatuidad de buen tono el que llamamos primer huésped y ahora Don Nicomedes <, porque es urgente designar lo con su verdadero nombre> . 1 Conviene declarar [ , ] [ ante todo ] [ , ] que <este D.Nicomedes> n o e s P a s t o r Díaz. El huésped de la casa de Méndez no ha pasado á la historia, aunque en verdad lo merecía, por la agudeza de su entendimiento y la variedad de sus estudios. [ Menos años contaba entonces ► el Nicomedes que después adquirió celebridad como político y publicista <era mucho más joven> : ambos se hallaban ligados por estrecha y cordial amistad. El más joven hizo carrera literaria y política; el más viejo se fué á la Habana con el en tiempo del ↔ general Tacón, y murió de mala manera bajo el mando de Roncali. Apenas ha dejado rastro de sí, como no sea el <que ha> descubierto [ con no poca diligencia por ] el que esto refiere; rastro apenas visible, apenas perceptible en el campo de la historia anónima, es decir, de aquella historia 1 Cambia el punto y aparte por punto y seguido. Modificación sobre A. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 93 —Creo que sí... digo, sí: español soy. —Habla usted nuestra lengua con gran corrección. —Lo mismo hablo el francés.» Más avivada á cada momento la cu riosidad del buen clérigo, arreció en sus preguntas: «Y dígame, si no hay inconveniente en que yo lo sepa: ¿viene usted á estudiar una carrera, ó á ocupar una plaza plazita ( sic ) placita 1 ↔ en nuestra administración? —Vengo á buscarme una manera de vivir honrada y modesta. —¿Tiene usted aquí familia, parientes, amigos...? — <¡> No <,> lo sé <!> ... <¡> Creo que no... creo que sí <!>[ . ] —Traerá usted cartas de recomendación. —No [ , ] señor... 2 M i s t í o s ( y l l a m o <mis> tíos á los hermanos al hermano y parientes ↔ del cura de Vera, en cuya casa me he criado) <me> mandaron enviaron ◄ me ] ↔ á Madrid, sin decirme más qu e lo que va usted á oír: «Anda, hijo, que aquí no saldrás nunca de la pobreza obscura, y allá... allá puedes encontrar protecciones dond e y cuando menos lo pienses.» Me hicieron el equipaje con la poca ropa que tenía, me costearon el viaje, diéronme algo para los primeros días, y aquí me tiene usted... —Esperándolo todo de la suerte, de lo desconocido... ¡Ah, señor de Calpen a, usted será un hombre pitará ↔ ! Pasará usted algunos No le faltarán 1 C onfusión por sibilante en el autor. 2 Galdós no especifica este cambio claramente en la galerada, pone una raya vertical entre "no" y "señor". La coma aparece en la primera edición. Nosotros añadimos el cambio sobre A. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 94 ↔ [ contratiempos, ] afanes; pero no es usted, me parece, de los que se ahogan en este piélago. Y dígame otra cosa: [ ¿ ] ese buen párroco de Vera... [ ? ] —Un gran humanista, señor, más versado en los clásicos latinos y griegos que en Teología y Cánones. —Bien se le conoce á usted, en su manera de expresarse, la [ sabia ► mano <de humanista> que le ha pulimentado. —Sabía mucho mi padrino— dijo D.Fe rnando con tristeza; —y aunque él se esforzó en darme todo su saber, yo no he tomado sino parte mínima. — ¿ M o d e s t i a t e n em o s ? P u e s á m í m e d a e n l a n a ri z , S r . D . F e r n a n d i t o , que usted ha de ser un grande hombre. Este endiablado tarambana de ↔ Nicomedes me aseguraba ayer que el po rvenir será de los románticos, así en literatura como en política. Yo sostengo lo contrario. La sociedad se va hartando de contorsiones y de hipérbol es, y el clasicismo, la corrección, la regularidad serenidad ↔ , la devoción de las buenas reglas, han de gobernar el mundo. ¿No cree usted lo mismo?» [10] D.Fernando, profundamente abstraíd o, fijaba sus ojos en el ya vacío pocillo de chocolate. «Yo no puedo tener opinión, no puedo acierto aún á ↔ formar juicio de nada— dijo murmuró ↔ al fin: —soy un chiquillo. <No conozco á España; menos conozco á Madrid, que es para mí el más intrincado de los enigmas...> © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 95 —Pues ya lo irá usted conociendo. lo dicho ... ↔ <Y> No sé por qué me figuro que entrará usted en esta endiablada diabólica ↔ villa con pie derecho. En todas las cosas y casos de la vida... esto es observación mía, que no me falla... los primeros pasos dan la norma de la suerte total. —Pues si es así, amigo Hillo— dijo Calpena, revelando en su agraciado rostro más confusión que alegría, —yo he de ser el niño mimado de la fortuna, porque en mis primeros pasos en Madrid no piso más que flores. —Bien, hombre, bien: hay homb res predestinados á la dicha, como los hay al sufrimiento, y de éstos [ , ]<¡ay!> [ alguno ► conozco { <algunos> varios, y á ↔ [ yo, sí [ , ] señor, y ] más de los lo ↔ que quisiera... Pues mire usted, Y puedo asegurarle que ↔ no siento envidia de usted, siendo [ , ] como soy [ , ] desgraciado a nativitate . Créame: el suelo que yo piso es todo abrojos y guijarros cortantes... Pero ando... ando siempre, y adelante. Lo repito: no soy envidioso, y cuando veo [ á ] un hombre con suerte, me alegro, y le doy mis plácemes, y digo: «Bendito sea Di os que, por hacer de todo, también hace seres felices.» —No estoy yo seguro de serlo, ni me fío de estas venturas, que bien podrían ser engañosas, traicioneras. —No digo que no... Pero cuando viene la dicha, hay que tomarla sin remilgos. La Fortuna, deidad caprichosa caprichuda ↔ , [ descaradota, ] se muestra más liberal con los que no se asustan de sus favores. Los <excesivamente> modestos [ y encogiditos ] no le gustan entran por el ojo © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 96 derecho ↔ . Sea usted arrogante, acometedor; confíe en sí mismo y en su estrella; láncese sin miedo, arrancando , á toda clase de empresas, ya políticas, ya literarias, ya mercantiles, que de fijo en todas alcanzará la meta. Ejemplos, aunque no muchos , tiene usted aquí de hombres privilegiados, que nacieron con en ↔ la mayor humildad, y luego mansamente, sin hacer nada por sí, se ven levantados del polvo, y conducidos por manos de ángeles á los cielos de la prosperidad y de la gloria. Vea usted á este señor de Mend izábal, que se nos ha entrado por las puertas de España. Le encargaron á In glaterra para Ministro de Hacienda, como se encargan los niños á París, y por llegar, con la sola fuerza de su desahogo, que se impone á todo el mund o, se ha calzado la Presidencia del Consejo y cuatro Ministerios. ¿Y qu ién es Mendizábal? Un hombre sin estud ios, q ue no a prend ió m ás que á leer y escribir, y algo de cuentas. ¿Pues qué es esto más que suerte? <¿> Y los afortunados ◄ ¿ ] qué son más que sino ↔ hombres que se pasan el mundo por de bajo de la pata, y han tirado la modestia y los miramientos [ , ] como se tira la careta de trapo que molesta y acalora el rostro? [11] —No estamos conformes— dijo D.Fernando, más comedido en sus pocos a_os que el viejo Hillo, —en esa manera de apreciar la causa las causas ↔ del éxito en la vida pública. Además, no admito que el Sr. Mendizábal sea hombre tan ignorante [ , ] ni que carezca de autoridad para desempeñar uno, dos ó media docena de Ministerios. <Yo repito lo que oigo por Madrid.> Cierto que <también he oído elogios en tusiastas; pero esos no © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 97 los repetiré mientras no veamos que las obras de ese buen señor corresponden á sus promesas y á todo ese viento de opinión favorable que por delante se ha traído. —El Sr. D.Juan Alvarez y Méndez> no sabe latín; 3 pero es muy prático en asuntos mercan tiles. Dígame usted, con la mano puesta en el corazón, si cree que para gobernar á los pueblos es indispensable tratar de tú á Horacio y Cicerón Virgilio ↔ . 3 Después de “Ministerios” y “traído” había punt os y aparte. Se suprimen y se une “Cierto” a “Ministerios” con punto y seguido. Modificación sobre A. —¡Qué sé yo!... Una pasadita de Cicerón no le les ↔ viene mal á los hombres señores ↔ de Gobierno que andan en la política ↔ . Pero, en fin, concedo... —Preveo el argumento que us ted va á emplear ahora mismo, y me anticipo á refutarlo. —Bien, hombre, bien— dijo go zozo D.Pedro, sintiéndose maestro de Humanidades. —Ha empleado usted co n verdadera elegancia una forma de raciocinio que los retóricos llamamos prolepsis ... Eso es: anticiparse á la objeción, prevenir los argumentos del contrario, refutarlos antes que los emita... —Justamente; y usted ahora, con maestría verdadera indudable ↔ , ha empleado la expolición ó amplificación ... —Que también llamamos conmoración ... ¿no es eso? —Y que cuando degenera en abuso se denomina tantología y © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 98 perisología ... Volviendo á mi prolepsis , prosigo. Usted me dirá que, si no es necesario saber latín para gobernar dirigir regir ↔ á los pueblos las naciones ↔ , tampoco estriba la ciencia de gobierno e n e l a r t e ó m a n e j o d e l o s n e g o c i o s mercantiles; es decir, que si mal nos gobiernan los humanis tas, no lo harán mejor los comerciantes. —Efectivamente. —A eso respondo que el Sr. Mendizábal no es un simple comerciante mercader ↔ [ , ] de esos que compran y venden géneros: es, si se me permite decirlo así, comerciante polític o, y no me busque usted en esta frase este concepto ↔ la anfibología , que n o la hay. C omercian te político quiere decir [ : ] el que entiende de manejar el crédito de las naciones los países ↔ y distribuir su Hacienda, de imponer y recaudar tributos... —El Sr. Mendizábal era el año 23 un comerciante traficante ↔ gaditano; menos aún, dependiente en la casa de l Sr. Bertrán de Lis, y se metió á contratista de las provisiones de l Ejército, con lo cual hizo una fortunita su pacotilla ↔ en pocos años. —Sus opiniones avanzadas y la vi veza de su genio, le arrastraron á la empresa de abastecer al Ejército y Ma rina en condiciones tales, que su servicio fué, más que negocio, un ca so de abnegación y patriotismo. Todavía no se han liquidado aquellas cuentas, y <sus> ◄ las ] ganancias ◄ de D.Juan de Dios ] , si las tuvo, están aún en poder de la nación. —Porque usted lo dice lo creo... Persona <digna> de [ mi ] mayor © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 99 crédito confianza ↔ me ha contado á mí que Mendizábal, allá por el año 20, era en Cádiz un muchachón alborotado, bullanguero, de una intrepidez loca para las aventuras políticas. El y otro s tales no hacían más que conspira r [ en logias y cuarteles ] para que volviese la Consti tución del 12, y destronar al Rey ó convertirlo en un monigote. —Es verdad. —Y que trabajó por la bandera que defendían Riego, López Baños Arco, Agüero ↔ , Quiroga... —También es verdad cierto ↔ . Todas aquellas trapisondas salían de la Masonería, que ahora es una vieja pi ntada, y entonces era una mocetona llena de vida y seducciones, con las cuales enloquecía á la juventud. —No me disgusta la imagen, señor mío. <¡> Adelante <!>[ . ] [12] —En Cádiz existía lo que llamaban el Soberano Capítulo y el Sublime Taller , y qué sé yo qué. De estos talleres y capítulos salían las conspiraciones para sublevar el Ejérci to y derrocar la tiranía; de allí las trifulcas, las asonadas, los ríos de sangre... Mendizábal era masón, que en aquel tiempo era lo mismo que decir político . Si quiere usted más noticias, pídaselas á D.Antonio Alcalá Galiano, qu e anduvo con él en aquellos trotes; al Sr. Istúriz, á D.Vicente Bertrán de Lis . ... ↔ —De donde se deduce, amigo Calpen a— dijo el clérigo suspirando fuerte, —que el que pretenda en estos tiempos ser algo ó conseguir alguna ventaja, aunque sea lo que le corresponde ésta le corresponda ↔ de justicia, © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 100 y lo intente sin agarrarse previamente á los faldones ó á las faldas de esa gran púa de la Masonería, es un loco ó un simple simple ó un loco ↔ . —No diré yo tanto. Las cosas son como son. 4 —Tenga usted presente que hay lo gias liberales y logias absolutistas. Las primeras conspiran; las segundas también. Unas y otras introducen individuos suyos en la contraria, fingiéndose amigos, para sorprender secretos. —Sí, sí; y se pelean en las ti nieblas de los ritos nefandos. De las unas salen los ejércitos sediciosos, que todo lo destruyen y profanan; de las otras los tribunales sanguinarios que levantan la horca. <Así están estamos ↔ aquí;> Así vive España... hoy te fusilo, mañana te ahorco. —Y vea usted. Si el 24 hubiera sufrido Mendizábal D.Juan de Dios ↔ la suerte de su compinche Ri ego, hoy no tendríamos la dicha de que ese señor nos arreglara la Hacienda [ , ] y nos hiciera prósperos juiciosos ↔ y ricos. —Porque <Mendizábal> escapó á Inglaterra. —Le llamaba el comercio la banca ↔ más que la política. —Se estableció en un país gran de y libre, donde forzosamente había de aprender muchas cosas sólo con tener oj os y ver, sólo con tener oídos y oír. —Sí, porque en los libros me pare ce que poco aprende su ídolo de usted. Le llamo así porque veo, amigo Calpena, que es usted de los devotos furibundos del hombre nuevo , y que conoce <usted> su vida y milagros, 4 En B después de "son" hay punto y seguido. Es un error que Galdós no advierte y que suponía unir en un solo parlamento las palabras de dos p ersonajes. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 101 entendiendo por milagro lo que dicen ha hecho en Portugal. —Algo sé del Sr. Mendizábal... Más de lo que usted piensa. —¿Andan por el extranjero biografías del grande hombre? —No he leído ninguna. —¿Pues quién <le> ◄ se ► [ lo ► ha contado <á usted todas esas cosas> ? — <Pues> Él mismo. —¡Le conoce usted... le trata!» Sí aparece corregido en la primera edición. Al ver en el rostro de Calp ena la sonrisa plácida y el movimiento afirmativo con que á su pregunta resp ondía, Hillo se quedó suspenso de estupor, de admiración... No daba crédito á tal ejemplo tan inaudito caso ↔ de precocidad. ¡Tan joven, y haber tratado á Mendizábal, <y> oirle hablar charlar con él ↔ , <y> quizás ser su amigo poseer su confianza ↔ ! Desde aquel momento vió el cl érigo en su amiguito <á> un ser extraordinario, misterioso. Aumentaban lo maravilloso su fascinación ↔ la procedencia extranjera del joven; el no saberse quién era; <su llegada;> la atención y exquisitos cuidados que le prodigaban los patrones, guardando { absoluta sigilosa ↔ reserva sobre recatando sigilosamente el nombre de ↔ las personas que habían recomendado al nuevo huésp ed; la educación exquisita de éste; su aire [ , belleza ] y modales aristocráticos... y, sobre todo, haber tratado á Mendizábal, y oír de él mismo la narraci ón de episodios históricos y lances personales. Don D. ↔ Pedro se levantó de su asiento impulsado de la © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 102 sorpresa, que como un resorte le movía, y dió pasos desordenados, repitiendo: «¡Le conoce, le ha tratad o!... Dígame, c uénteme : no deje que me abrase la curiosidad. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 109 arbitrios, recursos ingeniosos, entusiasmo para encender más la voluntad, maña para suplir á la fuerza. Lo que sí me pareció notar es que el buen señor se regodea contando sus empresas: gusta de hablar de sí mis mo, y de hacer ver que sin él no se hubiera hecho nada, lo que en muchos casos era parecía ↔ verdad. —Psh... todo se redujo á prop orcionar á D.Pedro un empréstito... Sin dinero no se hacen revoluciones , . ↔ <y> Mendizábal, por sus relaciones su metimiento en las casas ↔ mercantiles en de ↔ Londres, podría levantar fácilmente levantaba ↔ fondos para quitar y poner reyes. Si para echar á los reyes se necesita dinero, para el ↔ volver á traerlos se necesita cuesta ↔ mucho más. No anda sin unto el carro de las restauraciones. —Perdone usted. Mendizábal hizo bastante más que proporcionar á D.Pedro los cuartejos que necesitaba. Ya comprende usted que mientras el grande hombre refería sus hazañas, yo ni le quitaba ojo ni perdía sílaba. Todo lo oí, y se me ha quedado bien presente . ... ↔ Hizo verdaderos prodigios, y se mostró gran fi nanciero, gran político, y hasta [ gran ] militar, con unas facultades de organización que ya las quisieran más de cuatro . ... ↔ D.Pedro y su hija se habían re fugiado en las islas Terceras, <una parte de Portugal que les permanecía adicta,> y allí <se> pasaban su triste vida mirando al Cielo, esperando su salvación de la Providencia. Pero ésta no les favorecía hacía maldito caso ↔ , y los ingleses, á quienes el buen Emperador del Brasil brasileño ↔ pedía recursos, no soltaban ni un chelín. En una de las © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 110 sus ↔ excursiones á Londres, el abu rrido D.Pedro y Mendizábal se conocieron. D. Don ↔ Juan le dio alientos; le indujo á perseverar en su empresa, minando la tierra para procurarse hombres y dinero pecunia ↔ , ambas cosas necesarias para conquistar reinos, y empezó por facilitarle un empréstito de la casa Ardoin ; , ↔ mi casa, señor Hillo ; , ↔ la casa donde yo era fuí ↔ <un> triste aprendiz con ciento cinc uenta francos de sueldo al mes . ... ↔ Cien mil libras esterlinas entraron en el bolsillo de D.Pedro, y con ellas [ renació ] la esperanza de sentar en el Trono á su hija la niña ↔ <y las ardientes demostraciones de nuest ro paisano en pro de la causa portuguesa> . E l h o m b r e s e m e t i ó d e h o z y d e c o z e n el asunto la causa portuguesa ↔ , y no habría hecho más si Doña María de la Gloria fuera su propia hija. [16] —Bien, bien: así han de ser los hombres. — Por sí y ante sí En un santiamén ↔ compró dos fragatas por cuenta de la Regencia, que tal era el Gobierno co nstituído por D.Pedro en la capital de las Terceras. Mendizábal trabajaba Advierta usted que en estas compras ↔ empleando empleaba ↔ sus recursos, 4 sin más garantía que una palabra del Emperador. <Después de> Adquiridos los barcos, agenció en la City más dinero, más, y en seguida [ , ] á buscar hombres, sold ados. Mientras en las Terceras se organizaban unos seis mil, en Plymouth, <que es un> puerto de Inglaterra, se alistaban más. Mend izábal, que en todos estos asuntos ponía 4 Galdós no retoca el gerundio y sólo modifica las dos primeras palabras. En la 1ª edición aparece el cambio por el imperfecto. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 111 siempre una vehemencia y un ardor increí bles, y así lo declara él mismo, no tenía sosiego . ... ↔ [ Creo yo que ] las empresas políticas le seducen, le enloquecen; pone en ellas toda su alma y una actividad febril . ... ↔ El hombre se multiplicaba. Sus propios asunt os perdían para él todo interés. No vivía más que para <la causa de> la Monarquía liberal portuguesa. El mismo lo dice: «Cuando se le enciende el patriotismo no vive, no desmaya hasta conseguir lo que se <le> propone.» Cien vidas propias daría él por exterminar á los sectarios del usurpado r absolutista D.Miguel, que es allí lo propio mismo ↔ que <es> aquí nuestro D.Carlos María Isidro . ... ↔ No contento con los alistamientos que habí a hecho en Inglaterra con ayuda del Duque de Palmela, se fué á planta en ↔ Bélgica, y en cuatro días, auxiliado por su amigo el general Van Halen, buscó y encontró y organizó y equipó busca y encuentra, organiza y equipa ↔ un regimiento de mil flamencos con sus jefes y todo . ... ↔ En Ostende [ les ] embarcaron en un buque de vapor fletado en Londres, y reunidos en Plymouth [ con los ingleses y portugueses, ] zarpó la expedición contra Oporto , mandada por el mismo D.Pedro. Dominaban en Oporto los liberales, por lo que no le fué difícil al padre de Doña María la ocupación de aquella ca pital. Pero el D.Miguel acudió con mucha tropa y cerró , puso cerco á ↔ la plaza, y si bien no pudo entrar en ella, tampoco los mariistas podían salir. Allí hubiera sucumbido D.Pedro, si Mendizábal [ , ] desde Londres [ , ] no le animara á la re sistencia ofreciéndole nuevos auxilios. ¿Qué hizo el hombre ? Pues buscar más dinero; reunir más © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 112 soldados; formar al propio tiempo una escuadra, cuyo mando se ofreció al célebre almirante inglés Napier. Escuadra y segundo ejército debían operar en los Algarbes, para sublevar en pro de la Reina á las poblaciones del Sur, y atacar por retaguardia el ejército mi guelista. Todo se hizo tal y como lo había dispuesto Mendizábal. D.Juan... ↔ La segunda expedición se dirigió dirige ↔ á Oporto, donde reforzó refuerza ↔ á los combatientes asediados po r D.Miguel; después partieron parten ↔ dos mil hombres á los Algarbes, desembarcando felizmente. Allí se pasaron pasan ↔ á los liberales algunas tropas de D.Miguel miguelistas del absolutismo ↔ : entre todas invadieron invaden ↔ el Alentejo. La escuad ra mandada por Napier desbarató desbarata ↔ l a m i g u e l i s t a e n e l C a b o d e S a n V i c e n t e : ; ↔ D.Pedro salió sale ↔ de Oporto y batió bate ↔ á Don D. ↔ Miguel. Replegándose á Lisboa, recibió recibe ↔ éste otro achuchón tremendo de las tropas liberales, y ya tenemos al Emperador entrando triunfante en su capital, á la niña Doña María de Braganza en el Trono, y al D.Miguel escapando por para ↔ el extranjero como alma que lleva el diablo. [17] <—¿Y á Mendizábal qué le dieron en pago de esos servicios? Porque algo le darían, pienso yo. —Le nombraron agente extraordinario en Londres para mirar por el crédito de Portugal. Según dijo, la Rein a y su padre no han sido ingratos. Si lo son otros portugueses muy finchados que < hoy > ocupan grandes posiciones, y que á no ser por la camp aña que impulsó y dirigió el buen © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 113 gaditano, andarían hoy paseando su aburrimiento, sus ilusiones muertas y sus codos rotos por { los cantiles las playas ↔ de las Terceras.> —Y hecho todo eso, que si es como usted lo cuenta [ , ] no dudo en calificarlo de maravilloso, el D.Juan Al varez se volvió á su escritorio de Londres tan fresco, á contar m illones, calcular empréstitos, poner extender ↔ letras de cambio, mirando dónde salta otra Reina que socorrer [ , ] y un otro ↔ usurpador malsín á quien poner en la puerta. —Que no faltan, como usted ve. —Pero Portug al es chico: puedo co mpararle á un juguete [ , ] para estas cosas de revoluciones y quita y pon de tronos. Ahora veremos cómo se las arregla aquí el gaditano; aquí, donde salimos de una revolución zaragata ↔ para entrar en otra, donde no s peleamos por los derechos del Trono á la Corona ↔ , por las { Juntas juntas ↔ , por la milicia urbana Milicia Urbana ↔ , por una letra de más ó de meno s en la Constitución, y por lo que dicen ó dejaron de decir Juan y Manuela. Vamos á ver á los hombres guapos; á los salvadores de sociedades; á los que saca n el dinero de debajo de las piedras para equipar soldados; á los genios, como ahora s e dice , ; ↔ á los que calman las olas revolucionarias como Neptuno... con el ↔ quos ego [ < ... > ] como del amigo ↔ Neptuno. —Adelante ; : ↔ va muy bien. Esta usted empleando una forma de ironía muy bella. Es lo que llamamos elenasmo cleuasmo ↔ . —Dispense usted. Esta forma de ironía irónica ↔ se llama carienteísmo . © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 114 Consiste, y bien lo recordará usted; consiste... —Sea lo que fuere, amigo Hillo, mi parecer es que Mendizábal no ha venido aquí por ambición, sino por patr iotismo. Oí contar que se hallaba muy tranquilo en Londres cuando recibi ó el nombramiento de Ministro de Hacienda, que le dejó estupefacto. —Y estupefacto se ha venido aquí por Portugal; y en cuanto llegó á Badajoz, empezó á largar decretos... Bu eno: le concedo á usted que esto sea patriotismo; pero es un patriotism o... romántico, y lo romántico sepa usted que á mí no me gusta. Su La En ↔ literatura me apesta, y á ese francés que llaman Victor Hugo le mandaría yo cortar la cabeza el pescuezo ↔ : en política tengo por más funesto [ aún ] el romanticismo. —Puede que tenga usted razón esté usted en lo cierto ↔ ; pero el señor Sr. ↔ Mendizábal es ante todo hacendista , y en esto no creo yo que quepan romanticismos. Los números ¡ay! los números, amigo mío, son clásicos. —Allá lo veremos; y pues ya tenemos al hombre con las manos en la masa, pronto hemos de saber si yo me equivoco ó se equivoca usted. —Yo no profetizo: yo espero, y... —¿Cree usted firmemente qu e D.Juan Alvarez enderezará esta desquiciada nación? —No lo aseguro; pero confío en que lo hará. —Pues yo no. —¿En qué se funda? © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 115 —No dudo que el Sr. Mendizábal tiene le sobran sobren ↔ buena intención, voluntad de hierro firme ↔ , actividad, talento; pero... [18] —¿Pero qué? —Que con sus buenas cualidad es incurrirá en el defecto de todos los ilustres señores que nos vienen gobern ando de mucho tiempo acá. Talento [ no ] les sobra falta ↔ , buena voluntad también tampoco ↔ . Y fracasan, no obstante, y continuarán fracasando unos tr a s o t r o s . E s c u e s t i ó n d e f a t a l i d a d en esta maldita raza. Se anulan, se estr ellan, no por lo que hacen, sino por lo que dejan de hacer. En fin, amig uito, nuestros mandarines se parecen á los toreros medianos: ¿sabe usted en qué? Pues en que no rematan ... —¿Qué significa eso? —No se ría usted del toreo, arte que conozco como el que más me precio de conocer ↔ , aunque no prácticamente. Y sepa usted, niño ilustrado, que todas las artes <tienen> <algunas> reglas comunes ◄ hay ] reglas comunes [ á ] todas las artes ↔ ... De mi conocimiento saco la afirmación de que nuestros ministriles no rematan la rematan la ↔ suerte . —¿Y cree usted que Mendizábal...? —Hará lo que todos. Empezará con mucho coraje, y un trasteo de primer orden... pero se quedará á media suer te. Usted lo ha de ver... Que no remata remata ↔ , hombre, que no remata... Y cr éame usted á mí: mientras no venga uno que remate, no hemos adelantado nada.» © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 116 V Alejóse hacia su cuarto, accionando burlescamente festivamente ↔ , y en dirección al suyo iba también Calpena, cuando le detuvo el patrón señor Méndez [ , ] y le dijo entre risueño y respetuoso: «Ahí tiene usted el sastre. —¿Qué sastre? —Pues el cortador mayor del Sr . Utrilla, que viene á tomarle medida. Le mandé pasar á la sala, donde espera hace un cuarto de hora. —Ese señor se equivoca. Yo no he llamado á ningún sastre. —Aunque no le haya usted llamado , él viene, y cuando viene, él sabrá por qué. Déjese tomar medida, y que le hagan la cuanta ↔ ropita que necesita necesite ↔ para ponerse bien guapo. —¿Pero está usted loco?... ¿No hay más que encargar ropa? Y luego... Sr. Méndez... luego vienen las cuentas, ¿y qué hacemos? ¿Soy acaso un Sr. Mendizábal, que con un rasgueo cuatro rasgos ↔ de pluma fabrica millones? —Las cuentas no son cuenta de usted ... no, <señor> ... caballero , sino de quien las pague. ↔ Entre [ el ] ◄ señor ] en su cuarto <. Haré pasar al sastre> , y escoja las telas, y déjese que le midan <todo> el cuerpo á lo largo y á lo ancho... © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 117 —Que pase ese hombre, —dijo Calp ena prestándose á todo, con la esperanza de salir de la confusión en que [ , ] vivía desde <el momento de> su llegada á Madrid desde su ◄ venturosa ] llegada á Madrid [ , ] vivía ↔ .» En presencia del oficial, <que era un> señor hombre ↔ finísimo, colorado y regordete, que iba cargado de muestras de diferentes paños, Don D. ↔ Fernando no pudo resistir á la fascinación que ejercía sobre él, joven y apuesto gallardo ↔ , la idea de vestirse el egantemente. Ante todo quiso saber cómo y por qué los afam ados sastres acudían en busca de parroquia sin que nadie les llamase; pe ro sus interrogaciones prolijas y capciosas no lograron aclarar el enigma. «Mi principal, el Sr. Utrilla— le dijo aquel amabilísimo relamido ↔ sujeto, —me ha mandado acá con muestras [ <,> ] y encargo de tomar á usted medida para diferentes piezas. Hubiera venido él en persona con mucho gusto; pero está malo de un pie, y hoy no puede salir de casa. De qu ién ha recibido las órdenes para este encargo estas hechuras ↔ , yo no lo sé, señor mí o, ni es cosa que me corresponde averiguar. [19] —Pues yo— afirmó Calpena, —no me dejo tomar medidas medir el cuerpo ↔ mientras no sepa... ¿Será tal vez alguna broma impertinente? —Eso, de ningún modo... Utrilla no se presta á [ tales ► bromas <de { ese mal ↔ género> ... Crea usted que, cuando me ha mandado aquí, es porque ha recibido órdenes de personas que saben el cómo y por qué de lo que encargan. Con que... tomemos esas medidas esos puntos ↔ , y no piense © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 118 usted en nada más que en vestirse como le corresponde. —Accedo, sí [ < , > ] señor— replicó D.Fernando en el tono de quien se presta á seguir un bromazo de buen gé nero, y seducido además por la idea de ver realizada su ilusión juvenil de vestir buena ropa. —¿Sabe usted el cuento del perrito y del trasquilador? —Sí, señor— dijo el otro, ayudándole á quitarse <la> levita y chaleco. — Es un cuento viejísimo... —Pues ahora mida usted todo lo que quiera, y hágame todas las pr endas de vestir que haya dispuesto... el amo del perrito. —Me han dicho que dos levitas, fraque, un traje de mañana... cuatro pares de pantalones variados. — Eche Ande ↔ usted, maestro... Y si quiere <usted> dejarle borlita en el rabo, déjesela usted. —La ropa más precisa para un joven introducido en sociedad. ¿Qué menos? ¡Ah! me olvidaba. También se le hará á usted le haremos ↔ capa de sedán finísimo, con forros de piel de chinchilla. —Me parece muy bien... ¿Y las levitas, cómo han de ser? —El Sr. de Utrilla acaba de llega r de Londres... Precisamente al bajar de Londres la diligencia ↔ se estropeó un el ↔ pie. Pues ha traído las últimas novedades que se han puesto al uso en aque lla capi ta l. Las levitas son ahora cortas y de poco vuelo en los fald ones; pero siguen muy entalladas, marcando bien la cintura. Las que ha traído el Sr. Mendizábal, y que tanto llaman la atención, son ya antiguas, y en Londres no las usan más que los © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 125 contaré á usted muchas cosas que ignora , y que quizás le hagan rectificar sus juicios acerca de mí como deposita rio de la dicha terrestre. Diré á usted quién soy, de dónde vengo, por qué estoy en Madrid... —Todo eso me interesa extraordinariamente... ya Ya ↔ me lo contará usted otro día . ; ↔ Hoy hoy ↔ no puede ser... Ni uste d ni yo debemos salir hoy. Nos estaremos aquí toda la mañana acechando á Iglesias. [22] —¿Pero Iglesias no duerme aún? —Aún estaría en el primer sueño, ó empezando <en> el segundo, si no hubieran venido á despertarle muy temp rano, serían las siete, dos de sus amigotes. Sin duda ocurren cosas grav ísimas. ¿Y sabe usted quiénes son esos dos que entraron, y, tirándole de una p ata , le sacaron de la cama? Pues yo tampoco lo sé á punto fijo, porque soy poco fuerte en fisonomías. Uno de ellos me parece que es el Conde de las Navas; el otro tan pronto me parece Fermín Caballero, como Seoane... De que son pájaros gordos del jacobinismo, no tengo duda... —¿Y á nosotros qué nos importa? —A usted, hombre feliz por obra y gracia de la <Divina> Providencia ◄ enmascarada ] , nada le importa altera ↔ . ¿Ha leído usted El Español de hoy?... ¿A que no?... ¿A que tampoco ha leído El Mensajero ni El Eco del Comercio ? En mi cuarto los tengo. Vienen los tres diarios echando bombas, cada uno según el son á qu e baila. Yo me alegro, para que se arme de una vez. Esta visita de los compinches de Iglesias tan á deshora, significa que anoche hubo gran trapatiesta en la casa de Tepa, entiéndase logia , y en los © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 126 cafés donde rebulle la patriotería. Parece que las Juntas no quieren disolverse, las de Andalucía sobre todo , y he aquí al Sr. Mendizábal en un brete, porque nos ofreció poner fin á esta horrible anarquía, y en los primeros días creímos que lo iba á lograr lograba ↔ . Pero aquí, para que usted se vaya enterando, tanto puede la envidia de los propios, como la mala voluntad de los extraños; ó en otros términos, que los amigos, ó sea el agu a m ans a, son más de temer que los enemigos. ¿No lo entiende <usted> ? Pues quiere decir que [ los ] algunos moderados estatuístas templados ↔ <,> caídos del poder con Toreno, se intr oducen en los conciliábulos de los patriotas, fingiéndose más exaltados qu e éstos, para sembrar cizaña, y al propio tiempo los liberales libres ↔ que aún no tienen empleo se van á las sacristías del otro bando y atizan candela, para que los diarios moderados de la moderación ↔ se desborden y se encienda más el furor de las Juntas. Estas nos ofrecen un espectáculo delicio so. Una pide que se restablezca la Constitución del 12 . ; ↔ otra que se modifique el Estatuto, y entre todas arman una infernal algarabía. El seño r Mendizábal pretende gobernar en medio de esta jaula de locos furiosos. Manda tropas contra las Juntas, y los soldados se pasan á la patriotería... Y los carlistas, en tanto, bañándose en agua rosada, preparándose para veni r hacia acá, porque Córdova no les ataca mientras no le manden refuerzo s... Estamos en una balsa de aceite... hirviendo. ¡Qué gratitud debemos al Señor Omnipotente por habernos hecho españoles! Porque si nos hubiera hecho ingleses ó austriacos ó rusos, ahora © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 127 estaríamos aburridísimos, privados de admirar esta entretenida función de fuegos artificiales. [23] —¿Y esos que están en el cuarto de Iglesias...? —Son patriotas furibundos... de buena fe; de los que creen que con degollar frailes, azotar monjas y hablar mal pestes ↔ de todos los Gobiernos ministros ↔ , se arregla la nación. Sin quererlo, ayudan les preparan la suerte ↔ á los moderados. Algunos creen en Mendizábal, y otros le repudian porque no va por calles y plazuelas perorando, con una bandera un pendón ↔ en la mano... A todos tiene que contentar el seño r de las largas levitas. Trabajo le mando... Si quiere usted que olfateemos <algo de> lo que traman los amigos compinches ↔ de Iglesias, vámonos á mi cuarto, donde al paso que usted lee El Español y El Eco , yo me daré mis mañas para pescar al oído alguna palabreja... Véngase usted para acá.» Fuéronse de puntillas al cuarto de D.Pedro, y desde él oyeron gran batahola en el de Iglesias; y no pudiendo éste resistir el fuerte estímulo de su curiosidad, se coló en la caverna de los conspiradores conjurados ↔ , pretextando recoger un tomo de las Palabras de un creyente , de Lamennais, que había prestado á su amigo. No tardó en volver risueño <,> con el libro ◄ , ] y con preciosas noticias de <lo que tramaban los patriotas, y de> su la ↔ conspiración, que resultaba <ser> la más inocente que en cerebros revolucionarios pudiera caber. «Nuestro gozo en un pozo, amigo Calpena. No tratan de ahorca r á medio © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 128 mundo, ni de sublevar á la tropa, ni de dar valor meter más fuego ↔ á las Juntas. Las Juntas y toda esa marimore na les importa tanto á esos ángeles de Dios, como las coplas de Calaínos. Lo que les trae tan levantiscos es que las elecciones para el Estamento están próximas, y ellos, cosa muy natural, quieren ser Procuradores. Mendizábal conferenció anoche con Caballero, y parece que le asegura la elección po r Cuenca. Los otros dos, y alguno más que vendrá después, andan á la husma de las procuraciones procuras ↔ , y quieren estar bien con Mendizábal y co n el Ministro de la Gobernación, D.Martín de los Heros. Vea usted el secreto de estos aquelarres misteriosos. —¿Será posible, amigo Hillo, que yo, provinciano y desconocedor del mundo y de Madrid, tenga más malicia y , ↔ más trastienda que usted, que lleva ya no sé cuántos años de anda r en este terreno? Dígolo porque me figuro que <los compañeros de> Iglesias ◄ y sus amigotes ] le han engañado <á usted> [ como á un chino ] . Al verse sorprendidos por la brusca entrada de usted en el cuarto escondrijo ↔ , han variado de conversación <, poniéndose á hablar de cosa enteramente distinta de la que venían tratando> . —Por San Félix de Cantalicio, pienso que está usted en lo cierto... Me han engañado. Siempre me pasa lo mismo dado el trapo. Soy <un> vicho ( sic ) toro ↔ noble ↔ .» Aún no había concluído la frase, cuando entró Iglesi as resueltamente en el cuarto de Hillo, y llegándose á D.Fe rnando con resuelto ademán y sonrisa © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 129 un tanto maliciosa, como de hombre muy corrido para quien no hay nada secreto, le dijo: «Ya sabemos, amigo Calpena, que ha traído usted [ de Francia ] { un voluminoso paquete una cajita ↔ de papeles para el Sr. Mendizábal.» Palideció Quedóse un tanto suspenso ↔ el joven, y no supo qué responder. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 130 [24] VI «Le entregaron á usted ese paquete en Olorón. Lo había traído de <París, por> Burdeos <,> un señor una señora ↔ <francés, cuyo nombre sabe usted... y yo también> ... No... no se ponga uste d color ado, despué s de haberse puesto pálido. No se trata de ningún delito. Le daré dan ↔ á usted un encargo, y usted lo cumple puntualmente. No <vaya á creer que> pretendo [ yo ] ◄ ... pues no faltaba más... ] que usted me revele cosas sobre las cuales le han encargado debe ↔ guardar secreto. No : , ↔ no faltaba más señor ↔ . Lo que sí puedo decirle es que el sujeto que debía recoger ese paquete [ ó caja ] de manos de uste d, para entre g arlo al señor Ministro, ya no vendrá á desempeñar esa comisión, porq ue anoche le han preso, y se halla incomunicado en el Saladero.» Suspenso Perplejo ↔ un buen rato quedó Calpena ante la brusca osada ↔ interpelación de Nicomedes, que con brusquedad tan impertinente quería producir efecto [ , ] y ver confirmados sus informes en el rostro del simpático mozo; pero rehecho éste prontamente del estupor, le contestó con tanta dignidad como cortesía: «Nuestra amistad, señor de Iglesias, que yo estimo mucho, no es tan antigua que <permita> á mí [ me ] ◄ permita ] revelarle © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 131 informarle de ↔ s i t r a i g o ó n o e n c a r g o s p a r a determinadas personas, ni á usted preguntármelo en forma afirmati va, la cual revela una confianza un poquito prematura. Va usted demasiado á prisa, amigo D.Nicome des. Cuatro días hace que nos conocemos. —Sentiría, Sr. Calpena, que us ted interpretase mal lo que acabo de indicarle— dijo el otro recogiendo ve las. —No pretendo que usted me revele el secreto de <si trae ó no trae> [ los ] encarguitos ◄ que le han confiado ] , ni eso [ á mí ► me importa <á mí> <nada> . Creí yo que nuestra amistad, con ser de cuatro días, es ya bastante firme para que yo le dé á usted una prueba de afecto previniéndole pueda tomarme la confianza de prevenirle ↔ contra ciertos peligros... Porque us ted es un joven ta n honrado como inexperto, y podría, con el candor pr opio de los pocos años, prestarse á ciertos mensajes, de cuya gravedad no tiene la menor idea. —Se me figura, amigo Iglesias, que la calentura patriótica que usted padece le hace ver <conjuras> <y> peligros ◄ y ] ◄ misterios ] en los actos más sencillos. —No sabe usted dónde está , y yo tendría mucho gusto, si no se empeña <usted> en creer demasiado fresca nuest ra amistad; tendría yo sumo placer, digo, en iniciarle en la vida po lítica, puesto que á ella piensa, según veo, dedicarse. —No he pensado en en tal cosa. La vida política no se ha hecho para mí. —El señor— dijo Hillo con cierta timidez, <que delante de Iglesias siempre sentía en mayor grado,> — <el señor> es de los que se lo © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 132 encuentran todo hecho, y no necesita de que nadie le inicie, pues tiene mentores y directores padrinos, ↔ e n l a s o m b r a [ , ] que no le permitirían dar un mal paso. —Si hace usted caso de este cl érigo— dijo Iglesias con humorismo, —el sotana más honrado del mundo, pero al propio tiempo el más candoroso, está usted perdido, Calpena. Huya usted como Haga usted caso ↔ de mí, y déjese llevar. En la sombra no hay mentiras ni protectores mentores ni garambainas ↔ . Todo eso es romanticismo de <mala> clase ◄ averiada ] ... Vamos á cuentas. Lo primero, perdóneme si le hablé con cierta imper tinencia del encargo que trae . ... ↔ <Lo segundo, sepa que si n quererlo ha traído usted un mensaje de los facciosos, proponiendo á S.M. la Reina Gobern ador a arreglos y comp onend as vergonzosas... Po r lo menos, esas son mis noticias; ojalá me equivoque.> [25] —Yo no he traído nada papeles ↔ para el Sr. Mendizábal <ni para S.M. la Reina> — replicó Don D. ↔ Fernando, —ni me habían de escoger á mí para tales mensajes. —No abre usted la boca sin que nos dé una nueva prueba de su inexperiencia candorosa... Puesto qu e aquí todos somos amigos, déjeme usted que hable y le ponga al tanto de la situación... Y antes me permitirá que le presente á dos amigos, que espero lo serán de usted en cuanto los © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 133 les ↔ conozca.» 1 1 Ejemplo del predominio leísta que encontramos en los cambios. Varias sustituciones de este tipo. <Diciendo> ◄ Cuando ] esto ◄ decía ] , presentáronse dejáronse ver ↔ en la puerta dos sujetos, que eran lo s de la encerrona con Iglesias, ambos como de treinta á cuarenta años, y al entrar revelaron por su soltura y buenos modos ser de lo más selecto de entre ↔ la juventud intelectual de aquellos tiempos. Bien supo Iglesias, al presentarles, recalcar sus nombres: «Mi amigo Joaquín María López... mi amigo Fermín Caballero.» Era éste de color moreno; faccion es bastas y rudas, del tipo castellano [ , ] <más> común en campos ◄ más ] que en ciudades; bigote negro <,> con mosca; cabello encrespado , que parecía un escobillón; complexión dura; el habla ruda y clás ica, de perfectísima construcción castiza. El otro revelaba su casta estirpe ↔ levantina en la finura del cutis <,> [ y ] <en> la viveza del mirar, en la vehemencia de la expresión ◄ , ] y en su la ↔ flexibilidad y gracia. Recibiólos Calpena con <su> ingénita franca ↔ urbanidad, y se sentaron todos, tenien do uno de ellos que hacer sofá de la cama de Hillo, y éste no cabía en sí de gozo viendo tan honrada su pobre mansión. «Trasladamos el Sublime Taller desde los alcázares de Iglesias á las góticas arcadas de Hillo...— dijo con gr acia López. —La Iglesia nos ampara, nos acoge en su santo regazo. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 134 —La Iglesia— replicó Hillo, sentándose en un cofre, —oye y calla, mas no otorga. En el regazo de la Iglesia no entran más que los arrepentidos. — Amén — dijo Caballero, —y expliquemos en pocas palabras esta la ↔ llaneza con que asaltamos la morada de estos buenos señores. —El caso es el siguiente... Permíteme— indicó Nicomedes, que no gustaba de que otros dijesen lo que él podía decir. —Sabemos que el Gobierno por una parte, la Reina po r otra, despachan agentes al campo y corte carlista de D. Don ↔ Carlos ↔ , á los cuales se encarga encargan ↔ que se finjan rabiosos absolutistas para ganar la confianza de los íntimos del Pretendiente. El objeto es introducir allí la discordia [ , ] y acabar con el absolutismo por su propia desco mposición. Al propio tiempo [ , ] los facciosos tienen aquí infinitos emisarios que hacen e l p r o p i o j u e g o , d e l o c u a l r e s u l t a , señores, un tan espantoso lío, que ni aquí ni allí nos entendemos <ya> , y no sabemos ya cuáles son los adeptos auténticos legítimos ↔ y cuáles los apócrifos... —Pero hay otra cosa peor— inte rrumpió López, que, como buen orador, gustaba de decir expresar ↔ por sí lo que habían de expresar las ideas de ↔ los demás . ; ↔ —hay otra cosa. Hierven discordias mil en la corte del Pretendiente, por ser muchos los carlistas de viso que desean la transacción, siempre que el Gobierno liberal le s reconozca grados, emolumentos y honores. —Andan éstos— prosiguió Caballero, que hablaba poco y bien, —en © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 141 dirigida á S.M. por Flórez Estrada, co ndenando el Estatuto; el plan proyecto ↔ de asonada general; el plan de Ministerio, presidido por Pérez de Castro; los compromisos contraídos por Palafox y Calvo de Rozas, con el nombre de trabajos militares , y, por último, el informe de la Comisión que se formó nombramos ↔ para proponer al Gobierno la el ↔ mejor forma sistema ↔ de extinción de frailes . Todo eso y algo más había. Aviraneta, c omo in iciado r de la Isabelina , se llevó todo arrambló con ↔ el archivo cuando la persecución de la policía le obligó á emigrar á Fran cia. ¿Trataría de hacer algún negocio con Luis Felipe? ¿Habrá en trado en contu bernios con D.Ca rlos? Yo no lo sé... Ya os he dicho que no me fío de ese hombre, y que de su refinada astucia y doblez lo temo todo. Vosotros creéis en Aviraneta; yo no. Para mí es un monstruoso talento, el más sutil y agudo de los intrigantes para la intriga ↔ . El año pasado conspiraba ó aparenta ba conspirar con nosotros. Este año trabaja secretamente por la familia moderada los enemigos del progreso ↔ . Vosotros creéis en sus manifestaciones aspavientos alardes ↔ de <ardiente> patriotismo revolucionario; yo no. Voso tros confiáis en su lealtad; yo desconfío hasta de su sombra. Si le ayudáis, ayudáis al desprestigio de Palafox, de D.Jerónimo Valdés, de Sa n Miguel, de los patriotas Quiroga y Palarea, de Salustiano, del propio Me ndizábal, pues ya sabéis que D.Juan Alvarez comunicó desde Londres su propósito de constituir allí un Círculo isabelino , y de facilitar fondos para la causa , y en esfera más modesta ayudáis también á vuestro propio vilipendio y al mío... © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 142 —Fermín, Fermín— dijo Iglesias apretando los puños, encendido el rostro: —tú siempre pesimista, tú siempre malévolo y suspicaz, desconfiando de los hombre s más adictos á la idea, salvo de los ↔ que han sabido padecer por ella persecuciones horribles. — [ Y ] [ tú ► [ , ] Nicomedes : , ↔ <tú> siempre iluso y confiado, pobre enfermo de la calentura patriótica , ni aprendes nada de la experiencia, ni atiendes á las lecciones del tiempo. Ta nto á tí, pobre Iglesias, como á tí, Joaquín, almas <generosas> [ crédulas ] , espíritus <dementes> ◄ generosos ] , os digo que desconfiéis de Aviraneta, que no le ayudéis en sus maquinaciones, que le dejéis solo en la <eterna> [ febril ► inquietud de su conspirar <febril> [ instintivo, genial ] , por amor al arte, por ley de su naturaleza ... . ↔ » [29] Y cambiando bruscamente el al ↔ tono familiar, antes que sus atontados amigos pudieran replicarle, se levantó y formul ó la despedida en estos términos: «Ya he sermoneado ba stante, y ahora me voy, que tengo que trabajar. Holgazanes, quedaos con Dios. —Fermín, aguarda, siéntate... que aún tenemos mucho que hablar. —¡Hablar! La maldita palabra. Es la sarna del país. España llegará al fin del siglo sin hab er hecho nada m ás que rascarse, es decir, hablar... Quedaos con Dios... Y usted, Sr. de Calpena, al aceptarme por su amigo, me va á permitir que le dé un consejo. Es uste d muy joven; yo tengo treinta y seis años y alguna experiencia. No haga <usted> caso de estos locos pobres © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 143 orates ↔ . Si quiere usted seguir el consejo de un patriota honrado, que no padece la famosa calentura [ , ] y profesa sus ideas con fría convicción, no sirva usted de correo á los conspiradore s de oficio. Y pues le han cogido <á usted> de sorpresa [ , ] encargándole comisiones que no habría aceptado con conocimiento, vénguese por el método in quisitorial... En vez de entregar los papeles al Sr. de Aviraneta, entréguelos arrójelos ↔ á las llamas. Ganará usted mucho en <la> tranquilidad de <su> conciencia. —¡Quemarlos! ¡Eso no!— gritó Iglesias. —Créame á mí... —No le crea, no, Fernando. Es de Cuenca, qu e es como decir leñador y carbonero... —Carbón, sí; carbón haría yo de todo ese fárrago de sandeces— dijo Caballero con arrogancia, enarbolando su bastón. —Nuestro pasado político, amigos revolucionarios, debe ir al fu ego... Quemad la broza, que las ideas, no temáis... esas no arden.» Y encasquetándose el sombre ro, que era de los voluminosos que entonces se usaban, salió del cuarto y de la casa con resuelto y presuroso andar. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 144 VII [ Aunque ] desconcertados por la enérgica manifestación de Caballero, que al fin hubo de condenar las bajas intrigas, [ no cejaron ► Iglesias y López <no pudieron hacer nada de pro vecho > en la catequización del su propósito de catequizar al ↔ joven Calpena. <Pero> Aún insistió D.Joaquín en que entregase el lío á Don D. ↔ Eugenio Aviraneta, sin pensar en hacerlo cisco, como <con implacable rigor> le aconsejara Fermín ◄ con implacable rigor ] ; y más atrevido Iglesias, propuso al jo ven, no que pusiese en sus manos lo que era objeto de tantas cavilaciones, sino que permitiese permitiera ↔ ver su contenido, prometiendo ambos guar dar profundo secreto sobre lo poquito que <pudiesen> examinar ◄ pudiesen ] . Negóse resueltame nte D.Fernando, y ellos invocaron los principios liberales que sin duda el joven profesaba; los grandes intereses del pueblo, al cual todos pertenecían; y añadiendo á los halagos las promesas, ofrecieron traerle antes de tres días una credencial de ocho mil reales en cualquier Ministerio [ , ] si á satisfacer su ardiente curiosidad se prestaba. Pero ni las demostraciones de amistad [ , ] ni las ofertas de colocación [ , ] quebrantaron la delicada entereza de D.Fernando, el cual decididamente, con frase categórica y un tanto áspera, les quitó toda © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 145 esperanza, alentándole en esto su amigo Hillo con muecas <expresivas> y manotadas ◄ expresivas ] . Replegáronse <los patriotas> de mal talante ◄ los patriotas ] al cuarto de Iglesias, y lo primero que hizo D.Fernando al entrar en el suyo fué poner guardar ↔ bajo llave, en los seguros cajones de una cómoda, el contenido de su baúl, ó aquella parte que convenía poner á cubierto de cualquier sorpresa. [30] «Hace usted bien— le decía Hillo gozoso, —porque estos patriotas libres ↔ [ , como ellos se llaman, ] no reparan se paran en pelillos ↔ . Fuera del patriotismo, son honrados, y por nada del mundo le quitarían á usted un botón ni un cigarrillo cigarro ↔ de papel. Pero en mediando lo que ellos llaman el interés de la el interés de la ↔ Confederación y ó ↔ de la libertad, aunque ésta sea tan desacreditada como la de la impr enta; como se tra te de arma política con que puedan descalabrar descabellar ↔ al contrario y arrastrarle por el polvo redondel ↔ , se ciegan, y de honrados noblotes ↔ y decentes se convierten en los primeros badulaques del mundo.» De acuerdo en esto como en todo, pues los lazos de su amistad se apretaban más cada hora, salieron á dar un paseo antes de comer. «¡Qué hermoso apóstrofe el de Ca ballero!— decía, calle abajo, hacia la de Alcalá, el buen clérigo Hillo. —Mejor será llamarlo conminación ó deprecación ... — Lláme le lo ↔ usted Llamémoslo ↔ corrección paterna fraterna ↔ , que así deben llamarse nombrarse ↔ los hijos de tal padre. Me ha gustado © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 146 D.Fermín. ¿Sabe usted que los otros parecen locos? —Y no es lo peor que lo parezcan, sino que lo sean, y que nos comuniquen á nosotros su locura. Yo siento un gran desorden en mi cabeza. —Y yo. Le aseguro á usted que me falta poco para ponerme á gritar en medio de la calle. ¿Con que es verdad que he conspirado sin saberlo? ¿Con que es verdad que traigo papeles qu e comprometen á la Real Familia... ó á los reales masones, ó á los isabelinos, ó al demonio coronado? Y ahora consulto yo con usted esta una ↔ sospecha grave: ¿tendrá alguna relación esto este enredo ↔ con los favores que estoy recibiendo recibo ↔ de mano desconocida?... Esta Esa ↔ personalidad misteriosa que en las tinieblas me protege, ¿tendrá algo que ver con... con no sé qué?... Porque me vuelvo loco, amigo Hillo Yo desvarío, se nublan mis ideas Yo desvarío, se embarullan mis ideas ↔ . ¿Me encontraré envuelto, sin culpa ninguna, en alguna endemoniada intriga? Dígame <usted> su [ franca ] opinión... Usted es hombre de mundo, y conoce esta so ciedad y estos manejos de la política. Yo soy [ un ] inocente: vengo de un pueblo [ fronterizo ] y de ciudades extranjeras una ciudad extranjera ↔ , donde he vivido arrimado amarrado ↔ á un bufete de comerciante ; yo ... Yo ↔ no sé nada de esto. Ilumíneme usted; indíqueme si debo hacer algo [ , ► ó no hacer nada <,> y dejar correr los acontecimientos... —Pues, mi amigo D.Fernando, creo, y no se asuste usted hay que asustarse ↔ , que se halla usted metido de ho z y de coz en un lío estupendo... © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 147 Dígame ante todo: ¿es cierto que trae usted ese { encargo encarguillo ↔ esa caja ↔ ? —Sí, señor; á usted puedo decírselo. Traigo un paquete bastante pesado y voluminoso. Me lo dió una señora que en Olorón visitaba mucho á los hermanos de mi padrino... <Me> Díjo ◄ me ] que se presentaría á recibir el encargo encarguito encargo ↔ la persona á quien viene rotulado, y es también una señora, y se llama Doña Estefanía Tacón Jacoba Zahón ↔ . —Eso de Tacón Zahón ↔ me huele á masonería. Y la señora que lo entregó á usted, ¿quién es? —Allí la llamaban la Marquesa, y decían de ella que politiqueaba, que sostenía larga correpondencia, y que en Tour Tours ↔ y [ en ] Burdeos estaba estuvo ↔ en relaciones íntimas con los algunos ↔ emigrados [ liberales ] . —¡Ah... por San Pascual Bailón Benito de Palermo ↔ !... Ya veo, ya veo claro... digo, no, no veo más que oscuri dades y fantasmas... Señora allá que manda, señora aq uí que recibe... Aviraneta... La Confederación isabelina ... el degüello de regulares... Mendizábal ... Usted recibido y aposentado en Madrid por personas desconocidas que no dan la cara... usted vestido por Utrilla... usted obsequiado con billetes de teatro y con otros regalitos que no habrá querido decirme... ¡Ay! D.Fernan do de mi alma, como mi religión no me permite me ordena ↔ no creer en brujas, y mi experiencia me permite creer en enredos enjuagues ↔ masónicos, yo le veo á usted tocado de locura [ , ] y me vuelvo loco también, porque no en tiendo una palabra de este © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 148 obscuro intrincado ↔ negocio. — [ ¡ ] Y luego decimos que somos clásicos <...>[ ! ] [31] —¡Clásicos! Eso quisiéramos. El mundo está tocado de <una> insana demencia... Ya no pasan las co sas como antes, con aquella pausa y regularidad de otros tiempos; todo está invertido: reina trastornado : reinan ; reina ↔ 1 la sorpresa, [ mangonea ] el Acaso acaso ↔ , y los acontecimientos se suceden sin ninguna regla lógica ↔ . Ya no hay reglas, mi querido D.Fernandito. Esto es el caos, la barbarie, la anarquía del pensamiento de l as almas ↔ . Corre un viento de desorden, y en la naturaleza no hay aquella serenidad, aquella calma majestuosa... ¿Digo mal? —Dice usted muy bien. Yo me no to lanzado en este vértigo, en este espantoso remolino. — Y es Todo por ↔ ese maldito... Hasta me repugna pronunciar su nombre. 1 Cambio que puede deberse a un despiste, ya que posteriormente asigna un verbo personal a “acaso”, olvidando en la misma corrección poner “rei nan” de n uevo en singular. —El maldito... sí... ¿qué? ↔ —¿Sabe usted, Fernando Calpena— dijo el clérigo co n solemne gravedad, parándose <al extremo de la calle de Alca lá, frente á la Inspección de Milicias> [ en firme ] , —quién tiene la culpa de esta locura que nos trastorna saca de quicio ↔ , de esta llamarada que nos abrasa el rostro, de esta © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 149 inquietud comezón ↔ que nos hace bailar la tarántula? —¿Quién tiene la culpa?... —¡Qué! ¿No lo acie rta? Pues tienen la culpa Victor Hugo y Dumas, esos dos infames progenitores del romantic ismo... ¡El romanticismo! Ese es el remolino, ese es el vért igo, esa es la locura , ... ↔ <y ese par de diablos son los que han difundido todos esos males por el mundo.> —D.Pedro— dijo Calpena, sin encontrar atinado pertinente ↔ lo que afirmaba su amigo, —¿qué tiene que ver <?> ... ◄ ? ] ¡Du mas, V ictor Hugo!... Son son ↔ dos [ grandes ] poetas... —Que han desatado las tempestades en nuestra literatura, y tras el desquiciamiento de la literatura, ha venido el de la política [ , ] y [ luego ] el de la vida toda... Yo [ , ] á esos dos [ , ] les mandaría cortar la cabeza [ , ] sin cargo alguno de conciencia, como á malhechores del género humano <...> [ , ] [ y me quedaría tan fresco <.> ] ◄ ... ] ¿No ve usted que ya no hay orden ni reglas en el curso de los hechos qu e constituyen la vida? ¿No ve usted que ya todo es sorpresa exaltación ↔ , misterio, fantasmas, lo desconocido, lo imponderable?... Pues espére se usted un poco, que ya empezaron empezarán ↔ los espectros, las tumbas, los cipreses funerarios... En fin, <subamos ahora por la otra acera, y> vámonos á comer, que yo, la verdad sobre todo, tengo [ ya ] ganas ; . ↔ Y esta tarde nos vamos iremos ↔ á dar un largo paseo por las afueras, para qu e usted me cumpla su promesa de contarme algo de su vida, y del cómo y el por qué de haber venido á este © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 150 maldito Madrid. —Volvámonos á casa— dijo Calpena sobresaltado, pues temía un <repentino> golpetazo ◄ repentino ] d e l a s u e r t e [ , ] como contrapeso de tantas venturas, —y veremos cuál es la sorpresa de esta tarde. —¡Qué!... ¿Teme <usted> que venga [ de pronto sopetón ] la mala?... Deseche usted ese recelo, porque si vini era la mala, caería sobre mí. Quiero decir que aquí está Pedro Hillo para re cogerla, pues yo seré su pararrayos, Sr. D.Fernandito. No dude <usted> que si viene salta ↔ la chispa caerá sobre este cura , ... ↔ y usted libre, usted siempre feliz... Sí Si no ↔ , al tiempo.» Sorpresa hubo, en efecto; mas no desagradable, como Calpena temía. Al entrar le dió Méndez un paquetito que acababan de traer. Pálido y caviloso ceñudo ↔ , el joven no se atrevía á cogerlo. Hízolo Hillo, <y> tomándole al tomó <le> el ↔ peso, ◄ y ] se echó á reír diciendo: «Que me excomulguen si esto no es dinero contante y sonante.» El paquetito era como una carta muy abultada [ , ] ó como un libro de poco volumen, esmeradamente envuel to en papel superior, cerrado con lacres. Estos no tenían sello con letras ó escudo. Antes de abrirlo, preguntó D.Fernando á Méndez quién lo había traído. [32] «Ha sido el mismo señor, ese que llaman Edipo. —No puede ser más clásico— ob servó Don Pedro. —A ver, á ver... abra usted. —Podría usted haberle di cho que se esperara. Yo le habría interrogado... En fin, veamos qué es esto.» © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 253 — [ Trasteo ► le sobra <trasteo> . —Le falta mano izquierda. —¡Qué ha de faltarle, hombre! —No sabe manejar el engaño. <—¿Ese?... Antes de poco tiempo le verá usted dueño del redondel. —Paréceme á mí que éste no conoce el terreno... —Como si hubiera nacido en él. —No lo crea usted... ¡Ya verá, ya verá cuando empiece la lidia!> Hay 1 aquí gente ganado ↔ de mucho sentido, voluntariosa voluntarioso ↔ , <y> que hace por los Ministros, y no para hasta que los engancha. <—¡De nada les valdrá! Ya < les > verá usted salir por pies en cuanto mi paisano haga la humillación , y luego el hachazo... —> ¡Pobre 2 D.Juan!... El ha venido por palmas, y le van á dar... —¿Qué...? ¿qué le van a dar?...— dijo Milagro , empezando á amoscarse. —Nada, hombre: no se sulfure. De toros entiende usted poco; pero de este tinglado ni una patata. — <Usted> si que Quien ↔ no lo entiende [ es ] ◄ Su Señoría ] . Me han salido los dientes viendo Cortes... —¿En dónde, alma de Dios? 1 Galdós une “engaño” a “Hay” con punto y seguido al eliminar parlamentos. 2 El autor enlaza “engancha” con “¡Pobre” con punt o y seguido al eliminar un parlamento. Corrección con papel en blanco pegado en el margen izquierdo del pliego. Bajo el mismo podemos apreciar la eliminación inicial de “le” y encima la nueva colocación de “¡Pobre” después de “engancha.” © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 254 — <¡> En Cádiz... en San Felipe Neri <!>[ . ] —Ese santo no es de mi devoción. —De la mía sí. En mi iglesia ador amos á los patriotas y abominamos del cleriguicio de la clerigalla ↔ . —Paz, caballeros— dijo Calpena con gracia. —No me riñan aquí, ó á los dos les mando á la calle. [44/76] —Es broma. —Jugamos, nos divertimos.» En esto salían ya de la tribuna, y empezaba el penoso descenso entre un gentío bullicioso, mareante, comp uesto en su mayoría de señoras charlatanas y fastidiosas [ , ] que á quienes ↔ todo el espacio de pasillos y escaleras les parecía poco para sus fald amentas, chales y cintajos. Cerca ya de la salida, tropezaron con Edipo , el de la policía polizonte ↔ , y Calpena, que ya estaba familiarizado con su presenci a en calles, cafés y teatros, le dijo [ , permitiéndose tutearle ] : «Sí, aquí estoy... No me escapo, hombre... Puede Puedes ↔ <usted> apuntar, por si no lo sabe sabes ↔ , que esta mañana estuve con Iglesias en el café de Solís , y que hablamos de la inmortalidad del cangrejo y de la absoluta impertinencia de los empleados de la policía. —No voy contra usted, Sr. D.Fernandito— replicó el polizonte corchete ↔ risueño y humilde. —Viva usted mil años, para que proteja á los pobres el día que venga alguna tremolina. — [ ¡ ] Lo que es á usted ti ↔ ... [ ! ] ¿ A q u e n o m e acierta aciertas ↔ dónde © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 255 estuve hoy cuando salí del café de Solís? —En la corbatería de Aguayo ... . ↔ —¿Y antes de ir al café? —En la peluquería de Cortina ... . ↔ —Maldito sea usted seas ↔ , y quiera Dios que le te ↔ pase lo que al Rey de teatro que le te ↔ ha dado su nombre. —Era un Rey que padecía de la vista. — Como él será usted Ciego te vea yo ↔ ... Bueno. Pues si me acierta aciertas ↔ á dónde iré esta tarde, le te ↔ regalo una docena de puros. —¿De veras? Pues ya puede ir por e llos. Tráigamelos escogidos, de la fábrica de Sevilla, de á seis tres ↔ cuartos pieza. — [ Antes ► Adivíneme <usted> <antes> adivíname ↔ lo que haré esta tarde. —No necesito adivinarlo, porque lo sé, y usted no. —¿Y cómo es eso de ignorar á dónde vo y, teniendo el propósito de ir á una parte? —Muy sencillo. Puede que usted tenga la intención de emplear la tarde en picos pardos, y puede que haya habl ado de eso con Iglesias, que es muy aficionado á las madamas. Pero aunque el Sr. D.Fernando tenga esas intenciones esos planes ↔ , no iría irá ↔ [ á ] donde piensa, sino á donde yo sé. [45/77] —Explícame eso, Edipo maldito <—dijo Calpena, que ya se permitía tutearle> , <—> ó aquí perece un Rey de Tebas. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 256 —Pues... esta mañana, mientr as el señor andaba de <la> ceca á la en ↔ meca... <—Aguarda un poco. Dime dónde he almorzado hoy. —En el bodegón de Hermosilla, con esos dos que le acompañan. —Está muy bien. Ahora sigue. Decías que esta mañana... —>Fué fué 3 ↔ á buscarle á su casa, tres ve ces, D.Carlos Maturana. Me le encontré en la calle de Peligros, y me ha dicho que tiene precisión de cazarle á usted hoy, y que le cazará, aunque sea con perros. —¿A mí?... ¡Maturana! Sí, sí, es el pa riente de mis amigos de Olorón, á quien me recomendaron. No le he vi sto aún, porque estaba ausente de Madrid cuando yo llegué. —Ayer regresó de sus viajes por Italia y Suiza. Creo que trae Traerá ↔ relojes y abanicos... En fin, no sé... El motivo de buscarle <á usted> con tanta prisa es porque usted trajo un encargo para la <de> Zahón. —El cual aún está en mi poder, porq ue esa señora, que me han dicho es muy cargada de espaldas, no ha ido á recogerlo. —Pero va por de ↔ orden suya el Sr. Maturana , no sólo por el gusto de verle á usted, sino por llevarle á la calle de Milaneses, donde le espera con la cajita Doña Jacoba, que no pued e salir. Y como el encarguito es será ↔ de valor <... según me ha dicho Maturana (peinetas de concha orladas de diamantes finos, y otras cosillas del ramo de joyería)> , no tiene usted el Sr. 3 Galdós une “meca...” a “fué” cambiando esta última palabra de mayúscula a minúscula y eliminado los parlamentos intermedios. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 257 D.Fernando ↔ más remedio que hacer la entreg a por sí mismo, y fastidiarse, y echar la tarde á perros. —Eso no... [ Con ] entregar la caja, pedir recibo, tomarlo... —Puede que le entretengan á usted má s de lo que piensa las joyas que hay en la casa. —No soy aficionado... —Eso se verá... cuando se lo ↔ vea... Hay brillantes ... , ↔ perlas, corales, de los que pintan los poetas...» Y sin decir más, dió dos palmadas á Don Fernando, despidiéndose con palabras de premura: «Con Dios... Hago falta dentro... Mucha gente, y alguna no buena de lo mejor ↔ .» Reunióse Calpena con los sus ↔ amigos, que en la puerta hablaban con dos sargentos de la Guardia Real, amigos conocidos ↔ de Milagro, y se fueron hacia la calle de Alcalá, rumbo al Caballero de Gracia. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 258 [46/78] XVII Exactísimos eran los informes de Edipo Edipo ↔ , y cuando llegó D.Fernando á su casa, díjole la chica de la patrona, al abrirle la puerta, que un señor que había estado tres veces por la mañana, le estaba aguardando aguardaba ↔ <,> sentadito en la sala, al pare cer dispuesto á no moverse de allí mientras no lograse lograra ↔ su objeto. Dábale conversación la patrona, hablando de cosas antiguas de Pala cio que ella recordaba siempre con delectación, por haber pasado su moce dad en la servidumbre de un portero de cortina que vivía en la casa . «Aquí tiene usted al perdido, —dijo Doña { Pepa Cayetana ↔ , disponiéndose á abandonar el campo.» Y Minutos después ↔ [ hallábase ► Calpena <se encontró> [ frente ] á un señor sujeto ↔ como de sesenta años, acartonado y pequeñito, que llevaba muy bien su edad , ; ↔ mejor afeitado que vestido, pues su levita era de las contemporáneas de la paz de de Basilea; el pelo entrecano y nada corto, con ricitos en las sienes, y un mechón larg o cayendo hacia el cogote, como si aún no se hubiera hubiese ↔ acostumbrado á prescind ir del coleto; los ojos reforzados con antiparras de cristales azules montados en plata , ; ↔ el perfil volteriano, el habla cascada y lenta. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 259 « [ ¿ ] Con que es usted... [ ? ] Bien, hijo, bien. Pues me escribió mi sobrino [ Felipe; ] 1 pero hasta ayer no he llegado de mis correrías por el extranjero... Aquí me tiene usted el Sr. D.Fernando ↔ á su disposición. <Pero,> La verdad, poco puede hacer por usted este pobre viejo, pues desde que salí de Palacio... ya sabe usted que era yo primer diamantista de Su Majestad... llevo una vida... Sentémonos, si usted quiere... Pues perdí aquella plaza, despu és de treint a años de honrados servicios... y no he tenido más remedio que buscar en el comercio un modesto pa sar... Ello fué... no sé si estará usted enterado... por malquere ncia de esa farolona de la la ↔ Carlota... la mujer de D.Paco del D. Don ↔ Francisco ↔ ... otro que tal... En fin, más vale no hablar... Y usted, ¿qué me cuenta ? ¿Qué tal le va por Madrid? ¿Ha conseguido que le coloquen? Ay, señor mío, esto está perdido con tantas libertades, y la dichosa Pragmática Sanción, 2 que fué la manzana de la discordia... Al Rey le mataron á disg ustos, puede usted creerlo... Y á mí... toda la inquina que me tomaron fué por la amistad que me tenía el Príncipe de la Paz primero, y después el seño r Duque de Alagón... No sé si sabrá usted que D.Pedro Labrador me llevó consigo al Congreso de Viena; sí <,> señor... pero Pero ↔ éstas son historias viejas marchitas ↔ , y us [47/79] ted es joven, vive en lo presente, y le aburrirá esta manía que tenemos los viejos de revolver la hoja seca del pasado... En fin, vamos al asunto. 1 Aparece en A el espacio en blanco. 2 El autor empieza a eliminar “con tantas libertades, < y la dichosa Pragmá > tica Sanción,”. Al no concluir no podemos delimitar que pensaba hacer. Por ello no lo tenemos en cuenta. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 260 —Ello es que yo— dijo Calpena un tanto impaciente por despachar pronto, —no he podido entregar... —Ha hecho usted perfectamente. Encargos de cierta naturaleza no d e b e n e n t r e g a r s e s i n o e n l a p r o p i a m a n o de la persona á quien van dirigidos. La mayor parte del contenido de la cajita que entregó confió ↔ á usted Aline Aline ↔ es para mí; el resto, para Jacoba . Esta se halla enferma con un dolor tan fuerte en la cadera, que no puede moverse. —Iré yo á su casa, si á usted le parece bien. —Tan bien me parece, que traigo es a comisión, con la cual mato dos pájaros de un tiro. Cumplo con [ Felipe ] 3 , ofreciendo á usted mis servicios, y cumplo con Jacoba, llevándole el encargo, con y ↔ el portador y todo, para que llegue más seguro.» Deseando abreviar, Calpena sacó la cajita, y propuso á S. al Sr. ↔ de Maturana marchar sin pérdida de tiempo . No deseaba otra cosa el antiguo diamantista, y se echaron á la calle, no sin que en el portal recomendase Maturana D.Carlos ↔ á su acompañante que tuviese mucho cuidado con lo que llevaba, pues Madrid estaba infestado de rateros, y al menor descuido se lo arrebatarían de le dejarían con ↔ las manos [ limpias ] . Procuró Calpena tranquilizarle, y asegurando bien el bu lto bajo el brazo derecho, avivó el paso. Poco hablaron por el camino, y en cinco minutos se plantaron en la calle de Milaneses. «Amiguito, vaya un paso que tiene usted— dijo el vejete, 3 Idem nota 1. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 261 fatigadísimo, al entrar en el portal. —Y a se ve... un paso de veinticinco años. Subamos ahora despacito, que por aquí no hay peligro y no vamos á apagar ningún fuego. Esta maldita escalera no tiene pasamanos, y usted me ha de permitir que le coja del brazo. <Cuando yo tenía la edad de usted, subía las escaleras de tres en tres peldaños ... ¡Dichosos tiempos!... ¡Cómo corren los pícaros años!...> Pásmese usted. En esta casa...» Se paró en el rellano, donde apenas cabían los dos. La escalera, que arrancaba casi en la misma puerta de la calle, ascendía obscura, desigual, angulosa, como los senderos de la traición, y sus escalones patizambos ofrecían al confiado pie celadas espantosas. «En esta casa... no, en la de al la do, trabajamos juntos, cosa de un mes, Leandro Moratín y yo. Y enfrente, en el que entonces era número 14 de l a m a n z a n a 7 1 , t u v e y o e l g u s t o d e c o b r ar el primer dinero que gané en mi vida. Fué por unas arracadas que hicimos para la Infanta Doña María J osef a, el año 90... Ea, cinco escalones más y llegamos.» Tiró Maturana de la campanilla, y al poco rato se sintió la puerta rechinó la tapa ↔ de la mirilla con cruz de hierro. Vió Calpena unos ojos , ; ↔ <y> el viejo no dijo más que «yo,» después de lo cual empezó á sonar un cla queteo de cerrojos, al que siguieron vueltas de una llave, luego roce de cadenas, el caer de una barra, y aun después de todo este aparato estruendo ↔ carcelario la puerta tardó un ratito en abrirse. ¿Era un [48/80] hombre el qu e abría, era una mujer? Fernando no se enteró, porque si el aspecto podía pasar por varonil en la penumbra del pa sillo, femenina era la voz que dijo: © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 262 «D.Carlos, no le esperaba tan pronto. La señora duerme, y yo estaba en la cocina echándome unas piezas á la chaq ueta... Pasen, pasen. ¿Despierto á la señora Doña Jacoba ↔ ? —No, déjala que descanse. Aguardaremos. ¿Y Aurorita, qué hace?» Replicó el mancebo (pues hombre era por la facha, aunque <por> la voz atiplada no lo pareciera de tiple lo contrario declarase ↔ ) [ , ] que la tal Aurorita había salido de paseo con la se ñora y niñas de Milagro, y con otras cuyo nombre no recordaba, hermanas de un sargento de la Guardia Real; y e n t a n t o , a b r í a l a p u e r t a d e l a s a l a , que más bien era tienda, por las dos mesas <que en ella> , con trazas de mostradores, ◄ que en ella ] había, y los armarios de forma pesada y robusta, cerrados con fuertes herrajes, guardando con avaricia sigilosa <los> [ tesoros ó ] secretos <que se les habían confiado> . Dos ó tres sillones de va queta, de un uso secular, claveteados y lustrosos, y un par de s illas, eran los únicos muebles que en tan extraña sala brindaban comodidad al visitante. Acomodóse Maturana en un sillón, y Calpena en una silla, dejand o al fin sobre la mesa su enojosa carga, y aguardaron silenciosos, ha sta que el diamantista, sacando su tabaquera de concha, tomó un polvito, después de ofrecer al joven, que hubo de excusarse graciosamente. La conversación se reanudó en el mismo punto en que había quedado al subir la escalera. «La buena señora— dijo Maturana oliendo el rapé con la mayor finura y encandilando los ojuelos, — se empeñó en que todo había de ser zafiros... y mi padre y mis tíos estuvieron tres meses y medio buscándolos de gran tamaño... y Y ↔ que © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 269 —Aquí lo tiene usted— dijo indicó ↔ Maturana, vaciando el saquito en la palma de su mano. —¡Caramba, qué hermoso brillante!... Talla <antigua> de Amsterdam, bastante mejor que la que se hace ahora sesenta y cuatro facetas ↔ ... Vea usted [ que (sic) tabla y que (sic) culata ]. ... ↔ Este otro amarillea un poco. No daría yo [ por ► el quilate de éste ni tampoco <a> [ cincuenta ] 7 duros ... Las turquesas me gustan , y si usted quiere me quedo con ellas. Tengo yo dos hermanas de éstas, tan hermanas, que no dudo en asegurar que proceden de Venecia, como las mías, y que pertenecieron á una dama italiana, no me ac u e r d o e l n o m b r e , d e l a c u a l s e d i j o s i t u v o ó n o tuvo [ que ver ] con Eugenio Beauharnais Massena ↔ ... Lo demás vale Estas rosas valen ↔ poco... Todo es género corrien te recogido en el Bearnés y Languedoc...» Pasando de la mano del viejo á la de Doña Jacoba, ésta lo examinó friamente, diciendo: «El brillant e bueno no tendrá menos de [ cinco ] 8 quilates [ y tres cuartos ] . 7 Idem notas 1, 3 y 4. 8 Idem notas 1, 3 y 4. [52/84] —Lo tomará la de Gravelinas, que ya tiene reune ↔ seis iguales [ , ]á ese con el último ↔ que yo le vendí. —No quiero nada con la Duquesa, qu e aún me debe la mitad del collar de perlas. Lo reservo para un parroquiano que sabe apreciar el artículo, y es © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 270 caprichoso, espléndido... —Ya sé quién es. Mucho ojo, amiga Jacoba. No cuente usted con las esplendideces de los que tienen su fort una en América, en negros y caña de azúcar. A lo mejor, [ saldrán ► estos señores exaltados <le> <salen> <á usted> con la supresión de la esclavitud, y la plumada de un ministrillo deja dejará ↔ en cueros á más de cuatro que apalean las onzas... Y usted, Sr. Calpena, [ ¿ ] se aburre viéndonos examinar estas baratijas <.>[ ? ] —¡Oh!... es muy bonito— dijo Calpena Fernando ↔ ; — [ ¡ ] pero cuántos años de revolver piedras entre los dedo s para llegar á adquirir esa práctica, ese conocimiento... [ ! ] —La costumbre...— indicó la Zahón. —Desde muy niña ando yo en este comercio... y créalo usted, si <yo> dejara de ver piedras y de sobarlas y de jugar con ellas, me moriría de pena fastidio ↔ . Ya mis dedos las conocen solos, y casi no necesito mirarlas para saber lo que valen. —Yo también, desde que me dest etaron, Sr. D.Fernando, ó poco después, manejo estos pedazos de vidrio. —Para mí, lo parecen. —Y lo son: vidrio fabricado por la Naturaleza en el horno de los siglos <. Su rareza y la vanidad humana les da un valor grande, y con ellos se lucen los poderosos, y comemos nosotros, los pobres mercachifles> ... ¡Ah!... ¡ Oh oh ↔ ! atención { . ... ↔ Aquí viene lo bueno.» Al decir esto, sacaba un objeto es trecho, largo como de una carta, envuelto en finísimas túnicas de pa pel de seda. Era un abanico, obra © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 271 maravillosa estupenda ↔ del arte francés <á mediados> del siglo pasado. Al abrirlo Desplegando ↔ cuidadosamente <, mostrando> el varillaje de calado nácar, obra de mágicos cinceles, y el país pintado en cabritilla, ideal escena de marquesas pastoreando en ja rdín de amor, entre sátiros, pierrots (sic) pierrotes ↔ y caballeros con pellica... pelliza, ↔ [ Maturana lo mostró [,] abierto ► [ , ] Sutilmente sutilmente ↔ cogido por el clavillo de oro <lo mostró Maturana [,] abierto> , á los asombrados ojos de Doña Jacoba y Calpena, 9 quienes se maravillaron de obra tan sutil y bella bella y sutil ↔ . «Esta es una de las piezas más ad mirables que existen en el mundo [ , ] en el ramo de abaniquería— dijo el diamantista, ronco de entusiasmo y del gozo que le producía el arrobamiento de los dos espectadores. —Fíjense en esas varillas, que parecen hechura de los ángeles, y no tienen el menor desperfecto; fíjense en la postura pintura ↔ , en esas caras, en los ropajes y en el paisaje del fondo... Fíjense en observen ↔ las ovejitas, que no parece sino que oye uno sus balidos... Pues si no table es esta pieza por su arte, no lo es menos por su historia, que voy á contar.» Envolvió de nuevo el abanico en sus fundas finísimas de papel, y poniéndolo sobre la mesa, protegido po r su mano izquierda, se lanzó con vuelo atrevido á los espacios de la historia Historia ↔ . 9 La inclusión de las comas en color verde la explicamos de la siguiente forma: el autor pone la coma en el sintagma. Se decide seguidamente por el cambio de lugar. Vuelve a poner la coma después de la recolocación, inclinándose finalmente por no hacerlo. Queremos comentar también el cambio “pelliza” por “pellica”, que no creemos corrección de imprenta, ya que las palabras representan tipos de ropa parecida. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 272 [53/85] XVIII «Hiciéronlo [ Lancret ] y [ Lefebvre ] 1 para la Reina Mar ía Lec zinska [ , ] por encargo de Su Majestad Luis XV, y na turalmente, apenas concluid o, Mada me de Pompadour se dió sus mañas para apropiárselo. En el zócalo de la columnita que habrán ustedes visto en el país, á la derecha, pusieron los artistas la divisa de la cortesana, que dice: [ Virtus in arduis . ] 2 A la muerte de esta señora, pasó el abanico por sucesivas ventas á la Marquesa de Maurepas, y luego se nos pierde en el laberinto de la Revolución francesa, hasta que reaparece en Coblentza, dond e lo compra un mercader italiano y lo lleva á Nápoles. Qué vueltas di ó por los aires de mano en mano para hasta ↔ venir á las del Príncipe de la Paz en 1805, yo no lo sé, ni creo que nadie lo pueda averiguar. Lo que sé afirmo ↔ e s q u e l o u s ó S u M a j e s t a d l a R e i n a María Luisa. El año 8, por Marzo, hallándose la Real familia Familia ↔ en Aranjuez, se p erdió uno de los diamantes del clavillo, y <el abanico> <,> por conducto del señor Príncipe de la Paz, vino ◄ el abanico ] á mis manos para 1 Aparecen en A los dos espacios en blanco. 2 No aparece en A el espacio en blanco. Galdós a ñade, quizás por lapsus de imprenta. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 273 la reparación consiguiente. Entonces [ ¡ay! ] lo ví por primera vez, y quedé prendado de su mérito. A los pocos días de tenerlo en mi taller, lo devolví entregué ↔ compuesto á Su Alteza; mas la Pr ovidencia no favoreció al pobre abanico, pues antes de que el Prínci pe pudiera devolverlo á la Reina, sobrevinieron los terribles sucesos del día de San José. A Godoy por poco le matan. Los amotinados saquearon el Palacio y pegaron fuego á los muebles : ... ↔ ¡qué dolor! Era de temer que el precioso abanico objeto ↔ fuese á parar á manos viles, á personas ignorantes que desconociesen su valor... Pues no, señor. A fin del mi smo año de 1808 reaparece en poder del Mariscal Soult, hombre inteligente, so ldado artista, que lo estima como merece, y se lo regala á Napoleón en Enero del año siguiente. Enviado á Josefina con otros presentes obsequios ↔ , é s t a l o r e g a l a á s u h i j a H o r t e n s i a , Reina de Holanda, que lo lució en una fiesta ceremonia, ↔ á la cual dicen que fué á regañadientes: el bodorrio del Emperador con la Archiduquesa de Austria. Después de Waterloo, todo eran fueron fué ↔ peripecias y saltos terribles para el señor abanico, que pasa por distintas manos t u vo e n p oc o tiempo distintos dueños ↔ . 3 Primero, un anticuario holandés, que lo vende á la Princesa Stolbey, que murió fallecida ↔ en Baviera el año 20; segundo, el Príncipe Eugenio Carlos ↔ de Baviera, emparentado con Eugenia Eugenio ↔ Beauharnais; tercero, otro anticuario [ , ] de Nancy, que lo lleva á París, lo 3 El autor en la galerada cambia “pasa por” poniendo “tuvo en poco tiempo”, tacha la “a” de “distintas” y tacha “manos”, pero no pone “distintos du eños” en su lugar. Ya en C aparece el cambio definido. Lapsus, que dadas las circunstancias de codificación, preferimos explicar en nota a pie. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 274 hace restaurar, y consigue venderlo á precio exorbitant e á un desconocido, que obsequia con él á Mademoiselle Ma rs en una representación de no sé qué tragedia... No sé si sabrán ustedes que la célebre actriz [54/86] es muy aficionada á los brillantes, y tení a colección de ellos por valor de ochocientos mil francos; no sé si sabr án también que el año 27 le hicieron un robo d e al ha jas, valor de trescientos mil francos. ¡Pues no ha metido poca bulla ese proceso, que creo no ha terminado todavía! Parecieron los ladrones; pero las piedras <,> no. Pues bien: deseando esa señora reponer los brillantes que le quitaron y no di sponiendo de dinero suficiente, hizo varios cambalaches con Bertin y con los hermanos Sacret Rosenthal ↔ , sucesores del famoso Bœhmer, y en uno de estos cambalaches sale ot ra ve z al mercado el famoso abaniquito. Desd e entonces puse yo en él los cinco sentidos, deseoso de comprarlo: ha pasado por manos de diversos marchantes; fué á tomar aires por Alem ania y Suecia; en cuatro años ha pertenecido á Lola Montes un Poniatowsky ↔ , á una gran Duquesa de Hesse y á un coleccionista que vive en la Selv a Negra, el cual murió el año pasado, y su heredero, que era el santísimo Hosp ital de Treveris, hizo almoneda de todo. Vuelve mi abanico volando al merc ado, y en Lyón se posa en casa de mi amigo Jobard. Trato de cazarle allí, y Jobard, que es de los que persiguen <las> gangas, me toma á mí por un inoc ente y quiere explotarme. Finjo desistir del empeño, y me marcho tras de otros asuntos; pero sabiendo de buena tinta que el marchante lionés se tambalea, doy el encargo a [ l amigo ] Montefiori, <el> d e B u r d e o s , p a r a q u e e s t é á l a m i r a y aproveche la © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 275 ocasión... la La ↔ ocasión llega llegó ↔ , y hace tres meses es fué ↔ adquirido adquirida ↔ , por <mi> cuenta ◄ mía ] , el famoso abanico la famosa prenda ↔ por la mitad de lo que le costó al adorador de Mademoiselle Mars... [55/87] —De lo que usted nos ha contado, por cierto muy bien— dijo Calpena, que había oído con fruición deleite ↔ , —se saca la consecuencia de que hay objetos inanimados , cuya historia es más interesante que la de muchas personas. —Eso, admitiendo que sean verdad todas esas traídas y llevadas del abanico— dijo observó ↔ la Zahón, escéptica, desdeñosa, pues no [ le ► gustaba <de> que su colega supies e más que ella en tales materias. —No se fíe, D.Fernando, que este Maturana le compone su historia á cada pieza que vende, forma especial suya de hacer el artículo. —En esto— dijo Maturana riendo, —m e ganaba su marido de usted, Jacoba. Recordará usted Recuerdo ↔ que tuvo una pareja de diamantes, que había sido del Tamerlán, después de Antonio Pérez, y últimamente de Godoy... Ya se sabe: todas las joyas de precio que han salido á la venta del año 8 acá, se le han colgado al pobre Sr. Godoy Don D. ↔ Manuel ↔ . —Pues ese abanico— afirmó la Zahón displicente y maligna, entornando los ojos, —no le se ↔ vende <usted> en España, tal como están hoy las cosas, aunque le adorne lo adornen ↔ con más historias que tiene el Cid. —Este abanico— replicó Matura na, acariciando la joya, —lo vendo yo en España, y al precio que me dé la gana, señora Doña Jacoba, aunque © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 276 usted no quiera... ¿Cree < usted > que voy á ofrecérse le lo ↔ á esos pelagatos del Estatuto, ó á las señoras de los patr iotas, que apenas tienen para poner un cocido? —Pues [ á ] la Grandeza la tiene verá ↔ usted completamente acoquina da con estas revoluciones y estas guerras ma lditas. ¿Dinero? Poco hay, ó es que no quieren gastarlo. ¿Gusto? Ya sabe usted que aquí no privan más que las apariencias baratas... Vaya, D.Carlos, no ande <usted> con misterios, y díganos que piensa encajarle su abanico á la Reina Gobernadora. —¡Oh! no hay otra mujer en el mundo— indicó observó ↔ Calpena con entusiasmo, —que sea digna de tal joya. —Eso sí... Sabe apreciar lo bueno. Pero yo pongo mi cabeza á que si D.Carlos le propone el abanico, ofrecerá por él una miseria. —Su Majestad es artista, y además espléndida, generosa... —¡A quién se lo cuen ta!... ¡Ay, ay! Lo fué [ , ] sí [ , ] señor— dijo la Zahón amargando el con cepto con quejid os. —Lo fué... ¡Dios me favorezca, ay! [ ... ] pero desde que ha empezado á tener soltar ↔ h i j o s , s e h a v u e l t o m u y roñosa. — [ ¡ ] Si no ha tenido más que uno <.>[ ! ] —Y lo que ha de venir... ¡ay! Está ya de cinco meses, ¡ay!... Dos años de casada lleva <ya> por lo secreto, según dicen, y al paso que va, no habrá bastantes rentas para el fam ilión que nos traerá esa señora... [ ¡ ] Y este Don Carlos, bobalicón, todavía piensa que le va á comprar el abaniquito. ... ese © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 277 juguete ↔ [ ! ] — El abaniquito Este juguete ↔ , y cuanto yo quiera— afirmó el vejete diamantista ↔ con seguridad burlona, casi insolente, —me le lo ↔ comprará la Reina, y me lo pagará á los precios que como ↔ á mí me convengan convenga ↔ . —Ciertamente— dijo Calpena Fernando ↔ . —La Reina está obligada á proteger las artes... y es su deber fo rmar colecciones, que luego pasan á los Museos.» Era la Zahón envidiosa, y su egoismo comercial no toleraba que otro del grem io, aun siendo amigo suyo, hiciese mejor negocio que ella. La seguridad que mostró Maturana de vender en Pala cio con ventajas grandes, la sacó de quicio , ; ↔ <y> exacerbados sus dolores <físicos> por la emulación mercantil, empezó á dar chillidos, y entr e ellos iba soltando estas palabras: «No, no... no puede ser... Maturana loco... Reina no compra, Reina guarda dinero. [56/88] —Si Su Majestad María Cristina ↔ guarda el dinero— afirmó Maturana frío y cru el, pues cuand o se propon ía humillar á su rival no conocía la compasión, —lo sacará de las arca s para dármelo á mí... Su Majestad me comprará todos los objetos y joyas de mé rito que yo le lleve, y á usted no le comprará nada... á usted nada... á mí todo. —Bruto... majadero y vanidoso... ¡Ay , me muero!... Este dolor para usted... para usted debiera ser. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 278 —Gracias... no me conviene el artículo. —¡Vaya con D.Carlos!... Ahora sale co n que tiene vara alta en Palacio... con que le ha caído en gracia á la Reina... ¡Ja, ja!... ¡ ay Ay ↔ , ay!.. Me río llorando, ¡ay de mí! [ ¡ ] Bien por el nuevo favorito <.>[ ! ] —Favorito soy... en mi ra mo, se entiende. Y la <señora> Reina ◄ Gobernadora ] me favorece, porque me necesita... <—Bien por los hombres bien plantado s... ¡ay, ay!... No me haga usted reir, D.Carlos, que me duele más.> — [ ¡ ]Me Le ↔ necesita [ ! ] ... <en mi ramo... y ya se sabe— dijo el diamantista con toda la hinchazón de amor propio, —ya se sabe que en mi ramo no hay otro Maturana. —El ramo está hoy muy marchito...> Buenos estamos. 4 ¿Cree usted que la Reina Señora ↔ piensa encargarle arreglos y composturas? ¡Si la mo da reinante es volver á lo antiguo! —La Reina no me ha llamado para hacerle arreglos ninguna chapuza ↔ . —¿Luego [ , ] Su Majestad le ha llamado á usted?— preguntó Calpena, mientras Doña Jacoba, estupefacta, no sabía qué decir. —Sí, señor, me ha llamado he tenido ese honor esa honra ↔ . ¿No llamó á Mendizábal para arreglar la Hacienda y salvar el país? Pues á mí, que en mi ramo soy tanto ó más que Mendizábal en el suyo, me llama también la Corona [ ... ] para otros arreglos fines no menos altos ↔ . 4 Galdós elimina parlamentos, quedando unidos “necesita!...” y “Buenos”. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 285 XIX En el mismo instante vió D.Fernando , en el hueco de la puerta, una mujer, una joven, que más que person a humana le pareció divinidad bajada del Cielo. ¿La había visto antes alguna vez? Creía que sí, creía que no. ¿Y cómo había vivido tanto tiempo sin verl a? ¿Y qué habría sido de él, si por torpeza de su destino no la hubiese vist o cuando la veía? Esto pensaba en la perplejidad casi estúpida de que fué acometido su espíritu ante aquella visión celeste. La que respondía po r Aura se quedó también suspensa, y pensaba que no veía por primera [ vez ] al sujeto, cuyo nombre pronunció Doña Jacoba la Zahón ↔ presentándole. «Vete adentro: deja la mantilla; deja la sombrilla con que has apaleado al pobre Sopresti Lopresti ↔ , y vuélvete acá...— le dijo la señora. —No hagas la de otras veces, que tengo que ir á buscarte. Ya ves que no puedo moverme.» Fuése la joven, y tal era su turbación, que ni siquiera supo acertó á ↔ saludar con una ligera inclinación de cabeza á la persona que acababa de serle presentada. «¡Qué estúpida soy— se decía, corriendo hacia su cuarto, —y qué grosera y qué desmañada! No he sabido saludarle... Verdad que él n o m e s a l u d ó t a m p o c o , y s e q u e d ó como un santirulico que está en © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 286 oración... ¿Cómo dijo ha dicho ↔ Jacoba que se llamaba llama ↔ ? Pues ya no me acuerdo... Yo le conozc o... No, no le he visto nunca: no hay más sino que yo sabía que le vería pronto... ¡Y ahora qué vergüenza me da de volver!... No vuelvo... [ ¡ ] Pero si tardo, y el hombre se cansa, y se va, y no vuelve más, y no le encuentro en ninguna parte... [ ! ] » En tanto Calpena, mal repuesto de su trastorno, apenas podía enterarse de lo que Maturana y la Zahón le decían. Miraba para dentro de sí , : ↔ <pues> en su mente había queda [61/93] do grabada impresa ↔ la imagen fugitiva... ¡Qué ojos, qué boca, qué talle ! Quería recordar pormenores; cómo eran éstas ó aquellas facciones [ , ] y no podía. La imagen se borraba con el análisis; llegó un instante en que só lo quedaba de ella una vaguedad, un rastro, algo como una herida, ó como una sombra que doliera. Pero de improviso volvió á presentarse ante los asombrados turbados ↔ ojos de Calpena, no precedida de ningún rumor de p asos <,> ni de voz alguna. Entró como fantasma, trayendo consigo una luz ideal, y para mayor asombro y arrobamiento del de ↔ <joven> D.Fernando, se presentaba risueña, mostrando unos dientes dignos de mo rder un cachete al Padre Eterno. Esto Así ↔ lo pensó Calpena, y que ↔ también se sonrió mirándola al verla ↔ , y salió como á recibirla, brindándole un asiento... «No me siento: gracias,»— dijo Aura, y pasó... Iba Fué ↔ á recoger algo al otro lado de la pieza. <Volvióse Calpena para verla, y> Cuando regresaba con una cestilla de labores, recibió <el joven> de lleno ◄ el © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 287 galán ] todo el brillo, toda la expresión, toda la intensísima divinidad de los ojos negros de la damisela. El hombre infeliz ↔ no dijo na da, miró á la mesa, y cogiendo la silla que cerca tenía [ , ] dió un golpecito en el suelo, diciendo ó pensando esto así ↔ : «¡Qué rayo del Cielo de Dios ↔ !... Tempestad, locura... Si esta mujer no me quiere, me mato... vaya si me mato. No puedo vivir. —Aura— dijo Doña Jacoba dándo [ le ► un manojo de llaves <á la joven> . —Saca de aquel armario la cajita de perlas, y dásela á D.Carlos para que me aparte la docena que él sabe haga el apartado ↔ ...» Y mientras Aura traía las perlas, Calp ena se decía: «Esto es sueño. Tal mujer no existe. Es la que traigo en mi imaginación desde qué sé yo cuándo... Lo que ahora me pasa es como el morir, como el nacer. No sé si muero ó nazco... ¡Vaya una mano! Si me diera una bofetada, vería yo el cielo abierto á Dios en su trono ↔ ... ¡Y qué cuerpo, qué flexibilidad, qué gallardía! Ese traje que antes me pareció verde, ahora es azul, de un obscuro obscurito ↔ como <el de> un cielo sin luna, y esas motitas [ son ] como estrellas, que en los pliegues [ se esconden, ] se apagan... El espacio entre el borde del vestido y el suelo parece, cuando anda, <que es> un espacio que ríe, una boca que habla... No sé... estoy loco... Si Doña Jacoba la jorobada ↔ no repite su invitación, me co nvido yo mismo. Si me apalean para que me vaya, no me voy. [62/94] —Oye, mujer— dijo Doña Jacoba , poniendo las perlas sobre un tablero con bordes y forrado de baye ta, previamente colocado ante s í por © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 288 D.Carlos, —¿cómo es que no subieron tus amigas las de Milagro? —Me dejaron en la puerta. Era tarde, y como las de Fonsagrada tenían prisa... —¿Iban con ellas los dos [ chicos ] de la Guardia Real? —Sí... y también tenían pris a. Les han mandado recoger [ se ] temprano en el cuartel. Parece que hay rumores run run run-run ↔ de revolución. —Todos los días dicen lo mismo, y nunca pasa nada. ¿No sabes, Aura? he invitado á cenar á este Sr.Calpe na, y no quiere, digo, no puede... Convéncele tú. —¿Y qué caso va á ha de ↔ hacerme de mí?— dijo Aura haciendo por queriendo ↔ mirarle y sin poder levantar los ojos. —Estará invitado en otra parte... comprometido en casas grandes ricas ↔ ... <Es necedad pretender que deje sus compromisos por veni r á cenar con nosotras, en esta humildad...> —Si mil compromisos tuviera— dijo manifestó ↔ Calpena tratando de haciendo por ↔ tragarse el nudo que tenía en la garganta, — <todos> los dejaría ◄ todos ] por la satisfacción, por el ho nor, por el placer de pasar algunas horas en tan amable compañía. —Gracias,— dijo Aura, echándole to da la mirada y clavándosela con ímpetu, hasta con saña ensañamiento ↔ .» Y la voz de Aura al decir gracias , ó al decir otra cosa cualquiera, se le metía á Calpena Fernando ↔ dentro del sentido como una lanceta, y le © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 289 inoculaba un goce inefable, una turbació n honda, ganas de dar gritos y de tirarse al suelo... «¿En qué consistirá— se decía pensaba ↔ , —que me parece que la he conocido toda mi vida? Si me equivoco respecto á esta mujer; si no es la que yo soñé, la que ha veni do al mundo para mí, que me parta un rayo, ó que me asesinen esta noche al v olv er de una es qui na. ¡Es ta muj er para otro! No puede ser... Quien me lo diga miente... y si yo lo dudara ó lo temiera, estaría loco.» Mientras Doña Jacoba daba órdenes á Sopresti Lopresti ↔ , Aura y Fernando cambiaron <algunas> palabras insignificantes, sentados uno frente á otro [ , ] en el l ad o de la mes a ó mo strador opuesto al que ocupaba D.Carlos. Entre éste y la pareja estaba la luz, con enorme pantalla verde. «También usted, señorita, entiende de pedrerías, y sabe distinguir los brillantes falsos de los legítimos legítimos de los falsos ↔ ? —No sé nada... Para mí como si fueran todos falsos cuentas de vidrio ↔ . No entiendo nada de esto. Y usted, ¿sabe <?> ... ◄ ? ] —Yo no...— dijo Calpena sintiendo un impulso violentísimo de manifestarse. —No sé más sino que... No crea [ usted ► que voy á llamarla <á> <usted> piedra preciosa, diamante, perl a ó cosa tal... Eso es no decir nada. Lo que digo... digo Digo ↔ que cuando la ví á usted e ntrar [ ... ] creí que no era usted persona de este mundo. —¿Pues de qué mundo? —Del otro : , ↔ del Cielo... © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 290 —¿Pero usted cree que si yo hubiera estado en el Cielo iba á dejarme caer aquí? ¡Qué tontería! —No haga usted caso— dijo la Zahón. —Esta niña es una revoltosa sin juicio. Ya es tiempo de que vaya sentando la cabeza. —Soy muy mal criada— afirmó Aura con graciosa ingenuidad, sin el menor dejo de falsa modestia. —Vamos , que no tengo educación... No he tenido quien me eduque ni quien me enseñe nada... Y ahora trato de educarme yo misma; pero, la verdad, no sé por dónde empezar. —¡Qué deliciosa modestia! —¡Modesta yo! No, señor: ya verá us ted cómo no lo soy. Algún mérito me parece á mí que tengo, y como lo sé, lo digo. [63/95] —La sinceridad es la primera de las virtudes, » — ↔ afirmó Calpena fascinado por los ojos negr os de Aura, que no podían ser contemplados de cerca. La ardiente ad miración del joven veía en ellos tan pronto una inmensidad de dulzura qu e atraía, como una inmensidad de peligro que rechazaba. { Cuando Aura Si ella ↔ le miraba con fijeza Dulzura ó peligro ↔ , el hombre <temblaba con frío de fiebre... ó> sentía un irresistible impulso de comérselos, de apropiarse to da su luz, toda su pasión. ¡Y qué perfecta armonía entre los ojos y lo demás del rostro, en el cual todo era bonito: nariz, boca { y , ↔ frente sólo se veían perfecciones ↔ ! El color era moreno suave, blancura [ encendida ► más bien <encendida> , como si en sus mejillas se reflejasen llamaradas lejanas... La frente dominaba tan hermoso conjunto con su pureza de alabastro caldeado. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 291 «Déjeme usted que admire— dijo Calpena en tono y actitud de devoción, —esas cejas divinas, esas pe stañas que hablan y esos labios que miran... No sé lo que digo. —Diga usted de una vez que soy muy be lla... ¿Por qué no s e ha de de cir lo que es verdad? Ya ve usted cómo no conozco la modestia. El ser bonita no tiene ningún mérito, porque así ha nacido una... —Aura, por Dios, no tontees...— dijo indicó ↔ Doña Jacoba levantándose con gran esfuerzo. —Voy á ver qué hace ese pelmazo. —¿Quieres que <te acompañe? ¿que> vaya yo contigo ↔ ? —No, hija: quédate aquí acompaña ndo á estos señores... Puedo andar sola.» [ Ponía ► D.Carlos <ponía> toda su atención en las perlas que examinaba cuidadosamente, y luego las distribuía en tres grupos. Aura y Fernando se creían solos. «¿Qué?— dijo ella viendo al joven galán ↔ suspenso y como asustado, — ¿se enfada usted porque yo misma me alabo y digo que soy hermosa? —No <...> [ ; ► la sinceridad <.> ◄ ... ] Todo en usted es extraordinario, inaudito, y yo no he visto nunca nada que se le asemeje sin igual ↔ . —No me haga usted caso. Soy muy mal educada... La buena educación pide que cuando una se siente discr eta diga: «soy tonta,» y que cuando somos bonitas, sostengamos que no valemos nada. —No es eso buena educación: es gazmoñería, y falsa humildad [ , ] <que © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 292 suele ser> máscara de la soberbia. <—De modo que, según usted, no es cosa fea decir... —Lo que siente, la verdad.> — { <Pero no es fino; al menos,> A mí me han dicho que lo fino es Tengo entendido que la ve rdadera finura consiste en hecho creer que la verdadera finura consiste en ↔ 1 rebajarse <á sí misma> y elogiar á los demás. —¿Aunque no se sienta el elogio? <...> —¡Ah! no: eso sí que no puedo hacerl o yo. Por nada del mundo le diría yo á usted, por ejemplo, que me agrada <mucho>[ , ] si no lo sintiera. —Luego usted me dice que no le soy desagradable. —Yo no pensaba decírselo... Si lo he dicho sin querer, dicho se queda.» Se le encendieron las mejillas, y después de una pausa, en que Fernando, absorto, no sabía qué decir expresar ↔ , rectificó la joven su atrevido concepto: «La culpa tien e usted por hacerme caso y darme conversación. Se me escapan las tonterías cuando menos lo pienso. Bien dice Jacoba que no tengo vergüenza... —Eso no es verdad. [64/96] —Quiero decir que soy muy descarada... y Y ↔ no sabe usted los disgustos que he tenido en Madrid por esta mala costumbre mía de decir 1 Corrección con papel en blanco pegado en el margen izquierdo de la galerada. Debajo encontramos “—Tengo entendido que la verdera fi nura cons iste en”. Encima: “—A mí me han hecho creer que la verdadera finura consiste en”. Tenemos la corrección de un lapsus de escritura (verdera / verdadera) y un cambio de parte del texto. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 293 todo lo que siento. Mis amigas me crit ican, y algunas se han negado á salir de paseo conmigo. Otras, en cuanto me han oído hablar dos veces, se han resistido á recibirme en su casa. Vamos, que me tienen por un a salvaje, y lo soy, aunque no lo parezco, porque sé vestirme bien, y ponerme lo disimulo vistiéndome, ya usted ve, ↔ como las mujeres civilizadas... Eso lo sabe una sin que se lo enseñen... Pero [ ... ] mire usted qué cosas tan raras me pasan á mí . : ↔ esta noche es la primera vez que siento pena de ser así como soy ↔ . Al decirle <á usted> lo que le dije, [ ¡ ] me subió un calor á la cara... [ ! ] Me pareció figuré ↔ que usted se enfadaba conmigo, que me iba á querer mal por mi desvergüenza... —No, no : , ↔ eso no. Es sinceridad, y yo la admiro y la aplaudo <. Es una rareza que me ha sorprendido> ... ¿Pero por qué no hemo s de ser todos así? ¿Qué educación es ésta que nos impo ne la mentira en todos los actos? — Pero Pues ↔ ahora me confunde usted más— dijo Aura con una ingenuidad y una sencillez que acabó acabaron ↔ de enloquecer á Calpena. —Porque yo empezaba á querer ed ucarme procurando hacerme la vergonzosa, y usted sale ahora dicién dome que cuanto más desvergonzada mejor. —No, cuanto más sincera... Lo que usted debe hacer es no discurrir sobre empeñarse en cosa tan difícil como ↔ la educación por sí misma. No acertaría usted. Lo mejor es que confíe ese cuidado á otra persona: á mí, por ejemplo. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 294 —¿Pero cómo me va usted á educar, si no está siempre conmigo? —¡Oh!... eso se arreglaría de un modo muy fácil... —¿Cómo? —Estando... —¿Siempre conmigo? Pues le juro á usted que me gustaría no me disgustaría ↔ . En decir esto no veo yo que haya maldad. —Ninguna...» Al llegar á este punto, [ miráronse ► los dos <se miraron> largo rato sin decirse nada pronunciar palabra ↔ . ¿Les estorbaba <la presencia> del el ↔ viejo diamantista, aunque sólo en pr esencia corporal, por tener todo su espíritu aplicado al examen y selección de perlas? Calpena, perdidamente enamorado de aquella mujer con súbito incendio pavoroso, pensaba en aquel el ↔ singular caso, en aquella la ↔ inaudita sorpresa que le ofrecía su destino. Era en verdad estupendo que siendo él un misterio vivo, y encontrándose en el mundo [ , ] en su florida edad, rodeado de enigmas sombras ↔ , le saliese al paso, en aquella ocasión suprema de su amor primero (el cual, por la fuerza con que venía, debía de ser único), un enigma tan extraño como el suyo propio. « <Para mí, para mí tiene que ser este misterio no menos indescifrable que el mío> <— se> <decía.> <—> Nunca sospeché que pudiera existir una Ya sospechaba yo, ◄ — se ] ◄ dijo, ] ◄ — ] la existencia de esta ↔ mujer tan hechicera y seductora , ; ↔ <ni> [ ya me anunciaba el corazón ] que en nuestras sociedades se encontrase podía © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 301 no se entendía con la mujer de Bartol omé Zahón; pero todo ello fué malicia, mal qu er enc ia de c om pañ er os envidiosos . Siempre entró D.Carlos en casa de sus amigos con la mayor limpieza de intenciones, y si allí permanecía largo tiempo, era por ocupaciones menesteres ↔ periciales , en el tráfico { que todos ellos hacían de piedras ↔ y mercantiles ↔ . Vivía D.Carlos el diamantista ↔ honradamente con su mujer, que <no> <había salido> nunca ◄ salió ] de Madrid, y tenía dos hijas, casada la una con un teniente de la Guar dia, y otr a con un capitán de lanceros. Mirábale siempre Jacoba como un buen amigo, con quien se asociaba en cualquier negocio que uno solo no pudiera emprender. La opinión de Maturana en asuntos de pedrería era pa ra ella cosa sagrada, y la confianza entre los dos, comercialmente hablando, no se alteró nunca jamás ↔ . Verdad que Jacoba, como hembra envidiosa, de un egoísmo implacable, no podía ocultar la su ↔ rabia cuando Maturana hacía un buen negocio en que ella no llevara parte, y le contradecía, le hostilizaba por todos los medios, vengándose de su suerte con burlas y recriminaciones. Pero esto no estorbaba para la confianza, que era incondicional, absoluta. La Zahón le entregaba sin ningún recelo sus llaves; <le ponía en la mano todo su teso ro, tan fácil de sustraer,> y él, en justa correspondenc i a d e e s t a f e c i e g a , l e dejaba en depósito, cuando se iba al extranjero, cosas de grandísimo valor. En suma, socios alguna vez, ri vales otras, amigos siempre. Sentáronse á la mesa las dos damas y sus dos invitados á punto de las © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 302 nueve. Todo estaba muy bien disp uesto, aunque con un poquito de precipitación. Pudo admirar Calpena pi ezas hermosísimas de porcelana y de plata antigua , ; ↔ <notando que> todo era heterogéneo ; todo revelaba , revelando ↔ , más que la casa del rico, la de l comerciante ó el coleccionista. Uno de los candelabros de dos velas <,> con guardabrisas [ < , > ] era evidentemente de iglesia, y había servido en mejores días para alumbrar el Santísimo; el otro de [ estrado de ] casa grande , ; ↔ y por este estilo variaban las formas y abolengo de cuanto a llí se ostentaba. De lo que cenaron [ , ] no nada ↔ había que hacer más que decir, como no fuera para ↔ elogiarlo sin reservas. Todo era bueno, con tendenci as á la condimentación italiana, y revelaba las { altas dotes felices artes ↔ la buena mano culinaria ↔ del atiplado maltés. La mujer [ , vecina del tercero, ] que servía [ , ] hízolo con destreza, y Jacoba no tuvo qu e reprenderla más que dos veces , ... ↔ <y esto> por no perder la costumbre. <Doña Jacoba> <,> Obtenida venia de sus huéspedes para no cambiar de vestidos vestido ↔ , ◄ la Zahón ] ostentaba en la cabecera de la mesa su cara austriaca, su escofieta, sus joro bas y los trapos con que las envolvía. A su derecha se sentaba Don Fernando , á su izquierda Maturana, Aura enfrente. No apartaba los ojos, y menos el [69/101] pensamiento, de la hermosa doncella el enamorado Calpen a, y pudo observar que en el comer no revelaba salvajismo y ni ↔ desconocimiento de los hábitos sociales, sino todo lo contrario . : ↔ « Ella será salvaje en sus afec tos, de inteligencia inculta; © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 303 pero en sociedad sabe lo suficiente para dar el mayor realce relieve ↔ á sus extraordinarias gracias naturales ... ¡Qué mujer, Dios mío! ¿Pero de dónde ha salido este sol que viene á alumbrar mi vida?... Ahora veo cuanto hay en el Universo... antes creía ver, y no veía nada.» [ Entabló ► Maturana <entabló> la conversación hablando de perlas. «Ya le dejo á usted los cuatro tres ↔ apartados, á saber: primera calidad, en eleucos elencos ↔ y avemarías ; segunda calidad, en <avemarías,> aljófares, timpanías y verruecos berruecos ↔ , y, por último, género muerto . Otro día que venga yo á buena hora pesaremos todo el género de primera lo selecto ↔ , formando igualdades. En el primer montón apartado ↔ tiene usted un par de perlas de primer orden perfecta redondez y oriente superior ↔ [ , ] que juntas no pesan menos de 27 quilates. Sé quién daría por ellas 350 duros. Las muertas muertas ↔ , si usted quiere, me la s llevaré á París, donde conozco un platero que ha descubierto la manera de devolverles la irisación por una receta alquimia ↔ secreta , en la cual entran, según dicen, 83 drogas. < Entre las avemarías de segunda, veo una tandita de iguales, lindísimas, que [ , ] si no estoy equivocado , son las del medio collar que le cedió á usted Negretti, el papá de Aurorita. > 1 De esto tomó pie D. Fernando p ara llevar la conversación á la familia de Aura, anhelando explorar aquel in teresante mundo desconocido. Algo 1 Corrección con papel en blanco pegado en el margen derecho del pliego. Debajo vemos los signos de eliminación del texto marcado y encima hace una anotación para indicar que lo tachado vale. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 304 descubrió de lo que deseaba, y otras cosas quedaron en el misterio. Con mucha gracia describió la joven algunos pasajes de su infancia; y respecto á su nacionalidad, que fué motivo <,> en la mesa <,> de grandes controversias, dijo lo siguiente: «Verá usted, Sr. Calpena D.Fernando ↔ , el surtido de sangres que < llevo > en mis venas ◄ llevo] . Mi padre era hijo de un corso y de una española , la cual, mi abuela, era hija de portugués, y catalana. ¿Qué tal? Pues voy ahora con mi madre. Verá usted qué lío. Mi madre era hija de un francés y de una griega, y no había nacido en ningún país, sino en medio de la mar, viniendo sus padres de Salónica, donde tenían comercio de granos oro y plata ↔ . Yo nací en un pueblo cerca de Londres, que lo llaman Rochester, y á los tres años me llevaron á Mallorca. De niña hablaba inglés; pero luego se me olvi dó, y sólo recuerdo algunas palabras. De Mallorca pasé á la Valette [ , ] en Malta, donde hablé italiano, y volví á saber un poquito de inglés. A los diez años, vuelta á Mallorca, después á Cádiz, y de Cádiz á Madrid, donde me pa rece que estoy ahora, aunque no lo aseguro: tengo mis dudas de que esté yo ahora donde ustedes me ven... si es que [ me ] ven, que también lo dudo... [70/102] —No le haga usted caso, Sr. de Calpena— indicó la Zahón benévola. —Todo el día la tiene usted pensando y diciendo estas extravagancias. Es un genio inflamado, y tan desigual, que si le da por reir y alegrarse, nos atruena la casa con sus go rjeos; y si le da por las tristezas y por lo fúnebre, desde la calle se oyen sus lamentos y suspiros nos pone á todos con el corazón en un puño ↔ . Trabaja como nadie, y hace mil primores © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 305 cuando le da la ventolera , ; ↔ y cuando se pone á ser holgazana, no hay quien la aventaje. No es cons tante más que en dos cosas: limpieza, así de su persona como de cuanto cae bajo su ma no, y caridad. No deje usted en su poder cosa de valor, porque, de seguro, se la da al primero que se la pide... hablo de cosas metálicas ó comestibles, ¿me entiende usted? —Sí, señora: entiendo perfectamente. —Oiga usted más . : ↔ rarísima vez coge en su mano un libro... aunque aquí no faltan <, y no la he visto leer con afición más que la Matilde , Maleck- Adel y el> ... <De Historia y de Religión, ni una jota.> La hemos puesto maestro de piano y canto [ , ] y de baile. 2 ¿Querrá usted creer que toca muy lindamente [ , ] y que baila con toda la gracia de Dios? —Lo creeré si nos da esta noche una muestra de sus habilidades, en el piano y canto sobre todo, pues el baile la danza ↔ es más bien para lucirle lucida ↔ en sociedad. —¿Y si no, no lo cree? Pues no to co— dijo Aura. —Tiene que creerlo antes. En estas cosas es necesaria la fe. —Bueno, pues la tengo... Sin oírla á usted cantar ↔ , ya estoy proclamando que le se ↔ deja usted tamañita á la Todi. — E s o e s b u r l a . N o t a n t o , s e ñ o r m í o. Pero no vaya á creer que salgo ahora con modestias ridículas. Sepa usted que canto muy bien. Digo, muy bien <,> no; me quedo en el bien bien bien ↔ á secas. Ni me quito ni me 2 “La hemos puesto...”. Laísmo asociado a personaje. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 306 pongo nada... Pero no cantaré esta no che... digo, sí cantaré, con tal que D.Carlos me prometa no dormirse. —Lo prometo...— dijo Maturana, —sin responder, hija mía, sin responder de nada. —Yo emprendería la completa educac ión de Aura— dijo Jacoba, que no sabía cómo llegar al asunto que era su objeto principal aquella noche, —si me dieran medios suficientes para ello <;> [ . ► Y no es que la niña carezca de patrimonio, pues lo tiene sobrado <,> ◄ ; ] : ↔ sólo que está en manos que lo escatiman, que lo tasan en demasía, como si desconfiaran de mí... Sr. D.Fernando, yo espero de usted un favor muy señalado. Me consta su amistad con nuestro gran Ministro, el Sr. de Mendizábal; sé que Su Excelencia <le considera á usted, le agasaja y le mira como á un hijo> ... —Señora, ya dije...— replicó interrumpió ↔ D.Fernando lleno de confusión. —El señor Ministro me trat a como á todos sus subordinados, con cortesía... y nada más. <Apenas me atrevo á dirigirl e la palabra, y sólo he hablado con él en asuntos del servicio...> —A un lado las modestias, caballerito. 3 <—A un lado las modestias— dijo Maturana, que había empezado á beber de un rico Montilla, y siempre qu e tal hacía le entraba una alegría 3 Galdós no suprime este punto. Suponemos que por imprecisión en el trazo. Este hecho, como hemos comentado, se da con relativa frecuencia. La cuestión es que a diferencia de otras imprecisiones, ésta si aparece en la 1ª edición. Este punto no tiene sentido. En esta misma página, en el parlamento anterior, el autor no elimina con el trazo los puntos suspensivos que van después de “servicio”. Naturalmente no aparecen en C y nosotros codificamos como eliminación en A, pues estimamos imprecisión. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 307 infantil, cuya principal manife stación era repetir con torcida lengua todo lo que hablaba Jacoba. [71/103] —Usted> — añadía ésta añadió la diamantista ↔ , — <es uña y carne del señor Ministro, lo sé,> 4 y no me salga usted con negativas, que sólo sirven para demostrarnos su delicadeza... Pues sí <,> señor: espero de usted una prueba de amistad haci a mí y de interés por Aura. ¿ Sabe usted No adivina ↔ lo que quiero? Que usted me ponga en comunicación con su jefe, y si es posible [ , ] y quiere extremar el favor, que <usted> antes de llevarme á la audiencia, le hable de mí, pues me figuro que el Sr . Mendizá bal tiene de esta servidora una idea equi vocada. Sin duda le han llevado algún cuento <, sin duda le han dicho... qué sé yo> ... En fin, yo quiero ver á Su Excelencia, quiero deseo ↔ hablarle, y que usted tome este asunto [ mi ] empeño ↔ como cosa propia...» Interesado en el asunto, por tratar se de la mujer que le fascinaba, Calpena quiso saber más [ , ] y descubrir <la> [ qué ► relación <que> , sin duda, podía ↔ existía existir ↔ entre la hermosa hija de Negretti, nieta de tan distintos abuelos, y el gran Mendizáb al, relación cuyo simple anuncio le sorprendía y anonadaba. ¡ ¿ ↔ Qué sería era ↔ , Santo Dios ! ? ↔ Sólo por tirarle de la lengua á la Zahón y adquirir ma yor conocimiento, cedió en aquel punto de sus supuestas amistades confianzas ↔ con el Ministro, y ni afirmaba ni negaba, dando á entender que favorecerí a las pretensiones de la jorobada, 4 Galdós elimina el parlamento de Maturana uniendo los dos de doña Jacoba. En medio de este cambio tenemos el inicio de la galerada 71/103. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 308 siempre que se le diese alguna explicación de ellas. Por este medio sutil pudo averiguar que D.Juan Al varez era testamentario de [ Genaro ] Negretti 5 y depositario de su fortuna . Cuidaba de suministrar á Jacoba las cantidades convenidas para alimentos y educac ión de la señorita; mas lo hacía sujetándose á términos prudenciales, y no con la esplendidez y liberalidad que la Zahón pretendía , con lo demás que se ha referido qued a , con algo más de lo que referido queda ↔ . [72/104] <Esta> No se paraba en barras ◄ la codiciosa diamantista ] . , ↔ [ y ] desde que Mendizábal vino á España y se puso á Ministro ministro ↔ , <Jacoba> acarició la idea de que debía transfe rirle á ella las facultades que le otorgaba el test amento de Negretti. ¡ Cosa más nat ural! Pues ¿cómo iba á ocuparse de podía ↔ administrar [ holgadamente ] los bienes de la niña, un hombre abrumado de quehaceres políticos, con tantas cosas dentro de la cabeza? ¡Que la Hacienda hacienda ↔ , que el empréstito, que las Juntas juntas ↔ , que el Estatuto, que los frailes...! Imposible <que pudiese> atender á todo [ , Señor ] . De su peso se caía que debía entenderse con la Zahón [ , ] y pedirle por favor que se enca rgase de la tutela y gobierno de bienes de Aurora Negretti, pues algo había ó debía haber habría ↔ en el testamento que tal abrogación consintier a. No se le apartaba del magín es ta [ temeraria ► idea <ó ilusión> , ; , ↔ y si el horrible acceso reumático que en 5 Galdós, hablando de este personaje, siem pre i ntro duce la p alabr a “J enaro ”. Este es el único caso en que se “cuela” “Genaro”. Lapsus que aparece tam bién en la 1ª edición. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 309 aquellos meses sufría no le la ↔ imposibilitara para todo totalmente ↔ , ya le se ↔ habría presentado 6 á D.Juan Alvarez de Dios ↔ <, con buenas recomendaciones> , para á fin de ↔ proponerle lo que para él era un alivio y para ella una carga muy de su gusto. B i e n c l a r a e s t á l a r a z ó n d e q u e [ , ] suponiendo al joven Calpena Don Fernando ↔ cordialmente ligado á Su Excelencia, le recibiera con finas demostraciones de agasajo finuras y agasajos ↔ [ , ] y echara la casa por la ventana en aquel desusado convite. En los postres sirvieron curaçao , que era quizás la única pasión ó debilidad del viejo Maturana. Aquel dulce licor <era lo único que> le hacía desmentir muy de tarde en tarde su s hábitos de formalidad y grave continencia. Siempre que allí comía ó cenaba, Jacoba, por hacerle rabiar, aseguraba no tener curaçao ; por fin, después de mucho coqueteo trasteo ↔ , hacía traer la botella bebida ↔ y le daba un poquito, cuatro lágrimas, y así se divertía con él, vengándose de alg una trastadilla que en los negocios le había jugado. Pero aquella noche, antes de que la Zahón señora ↔ empezase la comedia el sainete ↔ , le convidó Aur a, y sa cando del aparador la botella, le sirvió cuanto él quiso, y después á Calpena Fernando ↔ . Mientras D.Carlos paladeaba con embeleso los prim eros sor bito s y Jacoba le afeaba [ su vicio ► con afectado enojo <su vicio> , Calpena charló un poquito brevemente ↔ con Aura, cuando ésta <volvió> á su asiento ◄ volvía ] . Doña Jacoba no reparaba en esto ello ↔ , ó se hacía la distraída, que también pudo ser, y 6 “ le se ↔ ”. Probable corrección de error de imprenta. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 310 Maturana se hallaba ya halló bien pronto ↔ bajo la influencia embelesadora del rico licor de Zara néctar ↔ . «¿Y qué? ¿canta usted ó no? —No... me temo que D.Carlos no se duerma si canta canto ↔ . Pero si usted se empeña en ello . ... ↔ —Deseo que usted cante... Si hablan do es su voz tan divina, ¿qué será...? —¿Cantando? Pues más divina todaví a... Bueno; pero conste que si usted me manda cantar, hace una gran tontería. —¿Qué está usted diciendo? —Que hay otra cosa mejor que el canto mío. —¿Qué...? ¡por Dios! —Hablar... que hablemos. —Chist... silencio.» © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 317 desea cogerla <,> y llevársela consigo en aquel mismo instante, como el hecho más natural del mundo. A su timidez únese sucede ↔ una arrogancia que nada respeta, una prepotencia que todo lo allana. Se siente capaz de saltar por encima de los obstáculos más imponentes, y de atravesar con su hermosa conquista por entre las multitudes, que á sus ojos se empequeñecen ya, y sólo se comp one de figurillas despreciables, microscópicas <; de saltar impávido sobr e toda ley y conveniencia artificiosa> ... Aura sola es toda la vida, Aura toda la ley, Aura el Universo físico y moral, Aura cuanto existe de Dios abajo. En uno de los que podíamos podríamos ↔ llamar entreactos, el ardor oso Calpena galán ↔ , revolviendo papeles de música, como para escoger, le dice dijo ↔ : «Aura, cuando entraste esta no che y nos vimos, ¿no comprendiste que te adoraba <...> ?» Acalorada 5 por la turbación que al rostro en llamaradas centellas ↔ l e s u b í a , A u r a s e abanicaba abanicó ↔ con una pieza de música. <Calpena> N o s e h i z o c a r g o ◄ el joven ] de que la había tuteado, ni y ↔ ella [ , ] paró sin parar ↔ mientes en la forma familiar usada por primera vez . , ↔ [ pasó ► maquinalmente <pasó> los sus ↔ dedos por las teclas <, y unas escalitas entrecortadas respondier on á la perplejidad de la hermosa joven> . «El piano me responde por tí, Aura— prosiguió D.Fernando; —el piano me dice que tú también me qu ieres, que no me dejarás morir de desesperación... [que paso en ► Un instante < ha bastado para hacerme 5 Después del cierre del estilo directo había punto y aparte, que el autor modifica sobre A por punto y seguido. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 318 pasar > de una vida á otra vida, de la vida muerta á la vida viva... <yo me siento otro muy distinto de lo que fu í... ¿Sabes lo que estoy pensando? ¿No t e r e i r á s d e m í s i t e l o d i g o ? Pues pienso que tú < me... > también ◄ , tú... ] .> Si es verdad esto que pienso, no ne cesitas decírmelo. Me lo confirmarás callando... —Si callo, y tú lo dices todo... verá Jacoba que... que tú me quieres, que me estás enamorando; y si hemos de hacerle creer que yo no te quiero, porque así nos convenga... mejor será , tontín, que hable, y que me ría [ ¿sí? ] ... como hacen las muchachas que coquetean... —Conviene que cantes otro poquit o... Dos palabras antes del canto . : ↔ Hagamos de nuestros corazones un m undo aparte, sólo para nosotros... — Hagámoslo— dijo Mundo aparte...— murmuró ↔ Aura con firme acento, arrojando sobre los ojos de su amante toda la luz y el fuego de los suyos. — Eso es fácil... yo creo que es fá cil... Desde que nos conocimos, no ceso de pensar que no hemos de separarnos más... Ni tú puedes engañarme, ni yo engañarte. Tú eres la verdad mía, yo la tuya En un momento hago yo todos toditos ↔ los mundos que quiera ↔ . —Aura, no hables más ó me muero ...— dijo Calpena casi delirante, con grande violencia violentándose ↔ para no hablar á gritos gritar ↔ , —y si no me muero, te arrebato ahora mismo de esta casa y te llevo á la mía... Canta por Dios, canta un poquito. —Y tú te callas... Después hablaremos. —Un momento... ¿Dónde, cómo? © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 319 —Luego te lo diré... Silencio ahora.» Mientras cantó cantaba ↔ con sublime expresión [ un trozo de ] la [ Medea de Cherubini, ] 6 Jacoba y sus dos amigos, en la otr a pieza estancia ↔ , hablaban con elogio del joven Calpena. Propiamente [ , ] la Zahón lo decía todo, y ellos, bajo la influencia de aquel del ↔ dulce elixir que alegraba sus gastados cerebros, apoyaban con fác iles exclamaciones y con expresivos movimientos de cabeza las palabras de la diamantista. Maturana se había encerrado en los monosílabos <y en alguna palabra suelta, que constantemente repetía>. ; ↔ Milagro, por el contra rio, se lanzaba á la verbosidad más desenvuelta , ; ↔ <y> Doña Jacoba tuvo que <contenerle, y aun> cogerle por un brazo, obligándole á recobrar el su ↔ asiento, y á contestar formalmente á lo que tres ó cuatro veces le había preguntado sin obtener respuesta. «No vuelvo á admiti rle á usted en mi casa— le dijo, —si no me contesta con claridad. A ver: si usted lo sabe, me lo tiene que decir... No valen misterios conmigo. [77/109] —Señora mía— respondió Milagro D.José ↔ plantándose la mano abierta sobre el pecho. —Por e l nombre que llevo, nombre ilustre si los hay; por la salud de mis hijos, por el amor purísimo de mi esposa, digo y juro que este mozo gallardo es hi jo del mismísimo D.Juan Alvarez Mendizábal, mi augusto jefe. —Me lo figuraba— dijo Doña J aco ba con mirada resplandeciente. —Pero 6 Aparece en A el espacio en blanco. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 320 [ me ► falta que <me> digas saber ↔ otra cosa... ¿Y la madre?... ¿quién es la madre? —¡La madre!... ¡la madre!...— murmuró Milagro D.José Milagro ↔ como en grande confusión, pasándose la mano por el cráneo. —Sí, hombre... ¿quién es la madre? —¡La madre mamá ↔ !... ¡Ah! ya recuerdo... Con el maldito néctar se le va á uno la memoria... Pues la madre ... silencio, que no nos oiga nadie... es... ¡una reina! — ¿ ¡ ↔ Una reina ? ! ↔ — murmuró Maturana exclamó D.Carlos ↔ con <ojos> espantados ◄ ojos ] . —Chitón... Es un secreto... Y créame créanme ↔ á mí... Peligran peligran ↔ las cabezas de los insensatos qu e lo divulguen...— dijo [ Milagro ] puesto en pie, aplican do su ded o índice á los morros alargados. —¡Una reina!... Chist... Aunque <ustedes> me amenacen de muerte, no saldrá de mi humilde labio el nombre del Reino en que reina la señora reina que...» © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 321 XXII Todos los bi ógrafos del insigne Milagr o están acordes en afirmar que al salir éste de <la> casa de la Zahón para diri girse con inseguro paso á la suya, <se> quitó ◄ se ] el sombrero <,> y con él se abanicó [ , ] ávido de frescura y de bañar en aire fresco limpio ↔ sus sienes abrasadas, su cráneo sudoroso. Y añaden que con el aire y el ejercicio se le aclararon de tal modo las entendederas, que al atravesar la pl azuela de Provincia, camino de la Concepción Jerónima, donde vivía, empezó <á ver claro en sí mismo, y> á sentir en su conciencia la garrafal tontería que á propó sito del joven señorito ↔ Calpena se había dejado decir, bajo la acción tóxica del nunca bastante maldecido curaçao ... «¿Pero he dicho yo esa ba rbaridad, Señor?— pensaba, parándose y mirando al cielo. — Es que lo he pensado... Sí, sí, la ¿Lo habré soñado?... No, no; lo ↔ he dicho... aún me parece que me estoy oyendo cuando solté el trueno gordo, cuan do afirmé que Mendizábal... ¡Jesús! [ ... ] y [ nada menos que ] una reina... Vamos, que me da ría una treme nda bof etada en castigo de tanta necedad, de tanta estupidez... [ ¡ ] Una reina... Mendizábal [ ! ] ... ¡Válgame Jesús bendito! ¡Que un hombre formal como tú, © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 322 oh Milagro, haya repetido, dándolo por cosa verídica, esos ridículos <chismes, esas hablillas, bromas y> dicharachos con que se mata el tiempo en las oficinas!... Pues digo, si el señor Ministro se entera de que yo... ¡Vál [78/110] game mi santo Patriarca...!» Al pensar esto, se le erizaron sobre el cráneo los escasos cabellos que tenía poseía ↔ ... Consternado, intentó volver á la calle de Milanese s para desdecirse de todos aquellos embustes que no eran más que chácha ra insubstancial de gente ociosa y f r í v o l a ; p e r o n o s e d e t e r m i n ó á desandar el camino, juzgando muy oportunamente que peor era peor era ↔ meneallo . Siguió, pues, hacia su vivienda, haciendo propósito de rec tifi c ar serenamente, en noches sucesivas, los groseros dislates de aquella noche, y se recogió taciturno, caviloso. Su mujer le sintió desvelado, dando su spiros y pronunciando monosílabos con que á sí propio se < { motejaba denostaba ↔ y se> ponía de oro y azul. ¡Infeliz Milagro! <Junto al piano permanecieron <Aura y Calpena> , terminado el canto, de tal modo> Embebecidos en su amorosa charla, <que> ◄ los amante s ] ni no ↔ repararon en la salida de Milagro D.José ↔ , que les dijo «¡adiós!» desde la puerta del gabinete , ; ↔ ni se cuidaban de ser vistos ú oídos por Doña Jacoba <y { Maturana el diamantista ↔ > , 1 que hablando permanecían permanecía ↔ ◄ con el diamantista ] [ , ] entre cabezadas. Habían alzado, sin 1 Corrección con papel en blanco pegado en el m argen derecho de la galerada. Debajo vemos el cambio y encima la eliminación, que codificamos como cambio de colocación y sema. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 323 darse de ello cuenta, una valla anchísima entre su pasión <,> y el mundo ◄ , ] y nada temían : ; ↔ la pasión <de ambos> crecía por momentos, como una enfermedad fulminante, y á las pocas hora s de iniciada [ , ] ya no cabía dentro de la reducida esfera del secreto: se salía, se ensanchaba y , ↔ quería ser patente á los ojos extraños, ó por lo menos no temía ser lo bastante poderosa en sí para despreciar afrontar ↔ la opinión y cuantos obstáculos ésta les le ↔ ofreciera. <Acordes ambos desde el primer instante, al sentirse revelados el uno para el otro, y enlaza das las dos existencias, se declararon libres y esclavos al propio tiempo, desligados de todo vínculo con el organismo social, encadenados á la com ún suerte en virtud del compromiso de amor contraído, sellado y hecho ley con la primera mirada.> Mejor q ue el narrador lo expresan ellos mismos: «Ant es de verte, antes de esta noche bonita— decía Aura, —yo, sin saber por qué, tenía la seguridad de que no estaba sola en el mundo. Cuando te he visto vi ↔ , se me quitó de encima del alma el peso terrible de mi soledad.» Y él: «¡De ayer á hoy qué abis mo! Ayer iba tras de tu sombra; hoy te poseo... { Había Tenía ↔ de llegar, puesto que hay Dios, este divino abrazo de nuest ras almas.» Y por aquí seguían, en un vértigo de fogoso idealismo, locos, ávid os de amplificar cada concepto con otro más apasionado y sutil. [79/111] Viendo que Maturana se poní a en pie, Calpena hizo lo mismo, y dijo á su amante, consternad o: «Horror de los horrores. D.Carlos se despide. También yo tendré que retirarme... © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 324 —Mañana volveremos á vernos... lo más temprano posible. —¡Mañana! es muy lejano eso...» L a m u j e r , e n l a n c e s d e p a s i ó n , tiene posee ↔ más iniciativa y más arbitrios que el hombre. Aura propuso en voz muy baja En voz muy baja propuso Aura ↔ algo que Calpena oyó con alegría. Cuchichearon . ... ↔ Despidiéronse luego en alta voz. Al poco rato, Doña Jacoba daba al Sr. D.Fernando la venia para retirarse, y con afectuosos apretones de manos le ofrecía su casa, y le rogaba que viniese á honrarla con toda la frecuencia que le permitieran sus obligaciones al lado del señor Ministro. Juntos salieron el joven y Maturana; separáronse en la esquina de la calle de Santiago , ; ↔ <pues> [ vivía ► el diamantista <vivía> en una de las casitas del Patrimonio, plaza de la Armería, junto á la casa de Pagos Pages (sic) Pajes ↔ . 2 2 El autor cambia el punto y seguido por punto y aparte. Modificación sobre A. Consta en <todas> las monografías del gran buen ↔ Maturana que en el trayecto hasta su casa domicilio ↔ se agarró más de una vez á las paredes para no medir el suelo; y algún biógra fo añade que hubo de subir á gatas la corta escalera de su casa, y que se acostó al instante, algo muy ↔ arrepentido de sus recientes abusivas relaciones con el curaçao . «No está bien, no está bien— decía, desnudándo se al revés, quitándose las botas antes que el sombrero, y las medias an tes que la corbata. —Un artífice, un tasador no debe... no, señor... Es muy expuesto...» Felizmente [ , ] tenía la © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 325 era en él añeja ↔ costumbre <de> no aceptar invitación de cena ó merienda cuando llevaba en su cartera piedras de valor. Aquella noche no llevaba nada. Tardó en dormirse, y daba vuelta s en su abrasado cerebro á las ideas sugeridas por Milagro: «¡Vaya con D.Ju an Alvarez!... No hay grande ho mbre que no tenga sus enredos... Ya , ya se ve claro por qué quiere arramblar arrambla ↔ todos los bienes del clero, que no es floja breva flojo botín ↔ . Naturalmente, ese dineral lo quiere para sí. Parece tonto, y pide para las ánimas... ¡Tremendas hormigas nos trae Dios acá! Bueno, hombre, bueno: cójase usted media España, y constituya un reino para el niño, para ese hijo de reina... Y ya veo el propósito que lleva cogiéndose á dónde va á parar con eso de coger ↔ todas las campanas de las ig lesias y monasterios. Hará su un ↔ palacio de bronce, todo de bronce , en el que las pisadas de los que entran y salen suenen como campanad as... ¡Jí, jí!... ¡qué extraño!... el palacio del [ sonido... ] tin, tan... Otra: lo mejor sería que afanase <todas> las ◄ innumerables ] alhajas de las Santísimas Vírgenes y toda la plata y oro de las [ reverendas ] catedrales, echándolo al mercado... ¡Por Belcebú, qué negocio, qué pujas!... No quiero pensarlo. De Londres, de Amsterdam y de Gramfort vendría Francfort vendrá ↔ la nube de marchantes <, y nosotros los de acá> ... Mucho ojo, Maturana <; mucha actividad para anticiparte, y á subastar con tiempo lo mejor, y llenarte bien los estuches> ... ¡Por San Carajulián Carojulián ↔ bendito, qué negocio n o t e d e s c u i d e s ↔ !... y Y ↔ tiene que venir, tiene que sacarse á subasta. Porque todo, digo yo, no ha de ser © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 326 para el niño...» [80/112] El niño, el hijo de reina, se paseaba en <el trozo de> la ◄ inmediata ] calle de Santiago <que hace esquina á la de Milaneses> . Aura le había dicho: «Mi habitación corresponde al último de los tres balcones <de la casa> por la otra calle , . ↔ <y> Cuando todos estén acostados duerman en casa Jacoba duerma ↔ , me asomaré.» El hombre no sale del término comprendido hacía su centinela ↔ entre las esquinas del Bonetillo y de Mesón de Paños, temeroso de perder, si se alejaba, el sublime momento en que su amada en el balcón apareciese. La noche era obscura; <á poco de salir con Maturana> dieron las doce en el reloj de Palacio , ; ↔ <y> <en la calle> no se veía ◄ por allí ] [ más ► gente <, como no se entienda por tal> ◄ que ] las pocas mujeres que entraban por el Bone tillo y se deslizaban calle abajo, y algún <contado> hombre que en la misma dirección iba, ó hacia las tabernas de la plaza de Herradores. El sereno se hacía presente por la luz de su farolillo [ , ] allá junto á los altos muros de San Felipe Neri. Media hora pasó Calpena en gran an siedad, recelando que Doña Jacoba, enterada del propósito de los amantes, lo estorbase encerrando á la dama ó conminándola con algún castigo. Paseo arriba, paseo abajo, sin quitar ojo del balcón, pensaba en aquélla su mudanza súbita, tan semejante á la explosión de un volcán. Toda su vida era nueva; todas sus ideas habían cambiado, despertándose dispersándose ↔ las de ayer y entrando con empuje dominante las de hoy. Ningún se nti miento de los de ayer, refiriérase © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 333 —No, no tendrías que tomarte ese trabajo, mi bien, mi vida, mi encanto, porque antes la habría <yo> matado ◄ yo ] . —Y luego <nos> iríamos juntos al presidio [ , ¿sí? ] —No pensemos en eso, qu e no ha de suceder. Yo digo: ¡qué más querrá Jacoba <!> ... ◄ ! ] —Claro: [ ¡ ] qué más querrá Jacoba... ella! ↔ No te creas, Jacoba es buena, siempre que no la obliga á ser mala el maldito interés arrastra á la maldad la maldita infame ↔ codicia ↔ . Por un brillante de buenas aguas, ó por una docena [84/116] de turquesas de roca vieja , es sería ↔ capaz de sacrificar á su padre.» A todas éstas se les iba pasando la noche. Las primeras claridades del alba trajeron á la calle alguna gente de los mercados próximos, y el sereno pasó varias veces, dirigiendo á Calp ena miradas recelosas. Aquí y allá sonaban porrazos; los gallos <vivos> del comercio de aves en la calle de la Caza cantaban anunciando el día. Sobr e esto llamó Calpena la atención de Aura, indicándole con pena que ya era hora de retirarse. — « ↔ ¿Qué prisa todavía?... Esos pobr es gallos enjaulados están tan aburridos por la falta de libertad, que anuncian el día la aurora ↔ antes de tiempo. —Ya es de día... ¿No lo ves? —¿Y qué? Mejor. Así podremos vernos las caras.» De improviso se abrió una de las pu ertas del piso bajo de la casa, y © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 334 Calpena se vió sorprendido por el un ↔ mozo, soñoliento, que salía con una escoba. Luego se abrieron dos puertas más: una cacharrería y un despacho de huevos. Imposible seguir más tiempo allí. Los hados fieros ordenaban la suspensión del <dulcísimo> coloquio ◄ dulcísimo ] , y que los amantes guardasen la ley del recato ante el púb lico, pues cada cosa tiene su ocasión y lugar propios. ¡Bonita idea tendría de la señorita de Negretti el vecindario de Milaneses si la veía colgada al balcón [ tan á deshora , al amanecer de Dios, ] picoteando con su novio! Ante s que ella comprendió él la inconveniencia de prolongar la sesión alborada ↔ de amor, y así se lo dijo. Convinieron Convenidos ↔ el cómo y cuándo de ve rse en el curso del día : , ↔ Calpena se arrancó con esfuerzo del [ celestial ► muro <de la huevería> . El día se recreaba iluminando con su s primeras claridades la ideal hermosura belleza ↔ de Aura, quien no se apartó del balcón hasta que hubo recibido el último saludo de D.Fernando. Se fué y volvió D.Fernando el galán ↔ como unas tres ó cuatro veces, jugando al escondite en la esquina de la calle Mayor, hasta que al fin, siendo preciso poner término al juego , ... ↔ <se aproximó á la casa, y dijo: «Ya no má s, ya no más... Adiós... Ahora me voy de veras...» Y> [ se arrancó ► de veras <se fué> . 6 6 Entendemos que no hay que codificar aparte el “se”, ya que su dependencia del verbo es clara. Idéntico tratamiento al de los pronombres enclíticos. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 335 XXIII <No ya> ◄ Más que ► inquieto, <sino> <alarmado y> lleno de zozobra por la desusada tardanza de Fernan dito, le esperó levantado su amigo D.Pedro, y al verle entrar, conoci ó por su rostro encendido, por <la viveza> ◄ el ] febril ◄ centelleo ] de su mirada, que algo mu y grave le había ocurrido aquella noche. Interrogóle dulcemente , y no obtuvo respuesta categórica. «Luego me lo contarás— dijo Hillo, —q ue ya es hora de que me vaya á decir misa. Me has tenido toda la noche en vela. Como no tienes es tu ↔ costumbre <de> trasnochar, me alarmé. ¿Has estado en alguna logia? ¿ Has tenido Se trata de ↔ algún mal paso, [ de ] algún lance?... Pero no quiero molestarte ahora. No me cuentes nada , y descansa, pobrecito, que estarás muerto de sueño. Yo me voy al Carmen ... Duerme todo el día si quieres, y á la tardecita me contarás...» <Recelando Calpena que si le contaba en pocas palabras el trascendentalísimo suceso de aquella noche no sería comprendido ni rectamente juzgado por su amigo, admitió gustoso el aplazamiento.> Se fué D.Pedro á celebrar, y al regreso de la iglesia [ , ] Calpena dormía. Acercóse á su lecho el presbítero y le vió dormid ito como un ángel, con ese leve sonreir © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 336 que indica un venturoso sueño. A la hora de comer quiso la patrona Doña Cayetana ↔ despertarle; pero se opuso Hillo diciendo: «No, no, <pobrecito> [ pobre ► [ hijo ] ; dejarle que duerma: sabe Dios lo molido y ajetreado que estará ese <pobre> [ bendito ] cuerpo. Guárdesele la comida.» Salió después á una diligencia que le entretuvo dos horas, y al volver á casa díjole Delfinita que D.Fernando había comido presuroso y sin enterarse de lo que metía por la boca; que no respondía á lo que se le preguntaba, como si se hubiese dejado en otra parte el pensamiento y la palabra. Y lo más singular fué que, sin probar el postre, que era miel de la Alcarria y queso de Villalón, había cogido el sombrero y echádose á la ca lle con tanta prisa co mo si le llamaran á apagar un fuego. ¡Cosa más [85/117] rara! Indudablemente ocurrirían cosas inauditas ocurrían sucesos inauditos ↔ . ¿Sería, por fin, la estupenda anagnórisis que Hillo <esperaba> de un momento á otro por momentos ↔ ◄ esperaba ] ? Entregándose á sutiles cavilaci ones y al trabajo de adivinar, esperó el clérigo la vuelta de su amig o; pero tuvo el acierto de esperarle sentado, porque Calpena no entró en casa hasta la mañana del siguiente día. Ya no podía pudo ↔ Hillo aguantar más los ardientes picores de la curiosidad, <ni la ansiedad que, por razones de afecto, sentía,> y tomando una actitud serena, le dijo: «Hoy sí que no te me escapas sin contármelo todo. <Diré la misa luego, y luego dormirás tú.> [ » ] Calpena, confuso, no sabía por dónde empezar. Hillo co rtó la solemne pausa diciendo ¡Habla! con el acento con que esta palabra se pronuncia en las tragedias [ de secano ] . © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 337 «Pues... nada. —¿Cómo nada? ¿Es acaso alguna intriga política? —No <,> señor. —Pues yo sé que en el Ministerio no se vela... Vamos, será cuestión de amoríos... —Tampoco; porque los amoríos son co sa frívola y pasajera, y esto no. —Amor entonces— dijo Hillo con bene volencia, y terminó la expresión de su idea con una nota humorística : —¿Con que amor tenemos? Bueno: con tal que sea clásico , no importa. ... ↔ —¿Y qué entiende usted por amor clásico? —El que se contiene dentro de los lím ites de la conveniencia y de la regularidad; el que no es motivo de escándalo, sino ejemplo de buenas costumbres; el que no es furor insano, sino afeite afecto ↔ plácido y limpio; el que tiene por norte la familia y por cebo una relación casta, con el consentimiento de los padres... —Yo no tengo padres. —Dí que no los conoces. Mientras te llega la anagnórisis, tu padre soy yo: yo miro por tí, y te guío en el camino de la vida. —Me temo, querido Hillo, que después del paso que he dado, tenga yo que arreglármelas solo para seguir anda ndo... En fin, puesto que usted ha bla de amor clásico, diré á usted que el mío, como águila á quien quisieran encerrar dentro de un huevo de paloma, ha roto los moldes [ , ha roto ] el viejo y podrido cascarón del clasicismo. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 338 —No te conozco— dijo D.Pedro con sobresalto. —¿Eres tú el joven Calpena? —No <,> señor... El joven Calpena que usted conoció [ , ] se ha transformado radicalmente en días, en horas. Cuando menos uno lo piensa, sobreviene la crisis capital de la vida... [86/118] —Hombre, eso es gravísimo. ¿Y quién es ... ella ↔ ? ¿Acaso la niña <esa> que llamamos marmórea?... ¿Dices que no? ¿Pues [ de ] quién es se trata ↔ ? ¿No puedo saberlo <yo> ? <—>De todos modos, Sea quien fuere ↔ podré 1 darte una opinión franca, un buen consejo. —Me hallo en una situación tal, que toda opinión que no sea la mía me hará el efecto de una enemistad irreco nciliable; y en cuanto á los consejos, debe usted esperar á que yo se los pida. —Arrogantillo estás. Por lo que dice s, voy entendiend o que tus amores son de esos que llaman, que llaman... no sé... esta clase de bregas son para mí desconocidas. Pero ello debe de ser cosa vergonzosa, una pasión de éstas que nos ha traído el romantic ismo, y que suelen acabar con estocada delantera y corta ... descabello de media humanidad. ↔ » 1 El autor cambia en A el punto y aparte después del signo de interrogación por punto y seguido uniendo todo en un mismo parlamento. Corrige lo que suponemos un lapsus. Interrumpió el diálogo la llega da de una carta. Era de la mano oculta , © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 339 que [ no ► había <estado> ◄ escrito ► una en toda la ↔ semana <sin escribir> . A Fernando le dió un vuelco el corazón, y barruntando que el contenido de la epístola heriría su vidr iosa sensibilidad, r ogó al c lérigo que la leyese. Él oiría, procuraría procurando ↔ <oir y> enterarse, pues su espíritu, en aquellos días de fiebre ansias ↔ y delirio, no acudía fácilmente al reclamo de la realidad próxima. Después de suspirar fuerte, D.Pedro leyó: «¿Con que tenemos al niño enamorado? Ya me esperaba yo el ese ↔ sarampión, que rara vez falla á los vein tidós años. Paciencia, y pues no hay más remedio que pasarlo, no le lo ↔ combatamos, 2 y pónganse los medios para que brote bien... Tontín, se te tole ra esa pasioncilla juvenil, que es el paso de la adolescencia á la madurez de la vida. <Dicen> Los hombres ◄ conceptuan (sic) ► <que> eso <es> necesario, inevitable; <que> tales turbonadas [ , dicen, ] son necesarias, inevitables, hasta ↔ convenientes. Sea: con pena lo admito, y te suplico que acabes pronto cuanto antes ↔ , no sea que la enfermedad se meta demasiado en lo hondo. No tengo tranquilidad hasta que sepa el necesario radical ↔ fin de esa novelesca aventurilla, y no dudes que he de saberlo, como supe lo del banquete que te dió la Zahón, y como ↔ tengo noticias de la mansedumbre del desenfado ↔ con que te pones á pelar la pava con la chiquilla de Negretti. También sé que es [ muy ] linda. No te acusaré de mal gusto, no; y como te tengo por hombre perspicaz y conocedor del género, presumo que en tu s largos plantones al pie del balcón 2 Galdós, cuando se trata de cosas, evita el leísmo. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 340 habrás tenido tiempo de comprender que la niña es diamante falso. ¡Ah, tontín! la pedrería fina es muy escasa, y no se encuentra en la primera cena á que nos convidan...» Al llegar á esto, Calpen a no pudo contener la pena el dolor ↔ , la ira que estas apreciaciones le produjeron , y estalló diciendo: «Eso es sen [87/119] cillamente infame... Dígalo quien lo dijera dijere ↔ , es infame inicuo, ultrajante ↔ . No tengo por qué debo ↔ hacer caso de la opinión de persona anónima, que no siente puede sentir ↔ la verdad, como la siento yo... Y juro que no habrá <razón> [ voluntad ► que me tuerza, ni <voluntad> ◄ razón ] humana que me convenza persuada ↔ de que esto no es para mí el supremo bien, el único bien posible. —Espérate un poquito y déjame acabar. Sigo: «Como para estas aventurillas, que mejor será llamar ca laveradas, se necesita dinero, te mandaré hoy mañana ↔ seis onzas. Más, mucho má s recibirás; pero entiende que este dinerito no es debe servir ↔ para prolongar la enfermedad, sino para ponerle término... Y no te digo más por hoy.» « [ ¡ ] No puedo, no puedo— exclamó Calpena dando vueltas por la habitación como un loco, —sufrir por más tiempo esta tutela anónima [ ! ] ... Y estas burlas, este desconocimiento de la verdad, me lastiman, me hieren más que si me dieran asestaran ↔ cien puñaladas... ¡Oh, cuánto diera yo por conocer á la persona que me escribe [ , ] y [ poder ] decirle [ la verdad lo que siento ] [! ► ... < ! > No, no dudo que esa persona se interesa por mí, que me © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 341 ama. También la quiero yo sin conocerla. Pues bien: yo <la diría... yo> la convencería... ¿Cómo no había de convencerla, si yo lo estoy firmemente, que si ↔ tengo llevo ↔ d e n t r o d e m i a l m a , n o s ó l o t o d o e l a m o r , s i n o t o d a l a lógica del mundo?... —Hijo mío— le dijo Hillo con expresivo afecto, —lo que esa persona la señora ↔ incógnita te dice escribe ↔ es el puro Evangelio. Considera [ tú ] ese amor como una aventurilla pasajera... co sas de muchachos, ejercicio vital... y ponle término venga pronto el fin ... [ dale ya ] puntillazo ↔ ...» 3 Le miró Calpena, plantándose ante él desdeñoso, altanero, y con grave entereza le dijo contestó ↔ : 3 Corrección con papel en blanco pegado en el marg en derecho de la galerada. Debajo podemos apreciar el texto codificado en verde y encima “... puntillazo”. «Soy un hombre; tengo un alma que es mía, una inteligencia que me pertenece, y con ellas siento y juzgo lo que me incumbe. Ni de usted ni de esa desconocida persona admito lecciones , ni soy un niño para recibirlas en esa forma. Quien nunca ha tenido familia, bien puede declararse independiente como lo hago yo ahora. La soledad en que he vivido me ha enseñado á gobernarme por mí mismo. Soy libre, Sr. D.Pedro; á nadie me someto. Los que me protegen por motivos que no { he podido entender son claros ↔ aún están rodeados de obscuridad ↔ , que den la cara, y entonces hab larem os. Si conseguimos entender nos, bien, y si no, lo mismo. No altero mis propósitos, no me someto, no me rindo.» © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 342 Sin dejar de admirar esta noble gallardía, trató Hillo de reducirle á la obediencia ciega de la deidad incógnita velada ↔ , pues así [ también ] solía llamarla, no sabiendo qué nombre darl e, y el primer argumento que empleó fué que le convenía dicha sumisión para no comprometer su brillante porvenir. [88/120] Echándose á reír, le contestó D.Fernando que él no contaba con más porvenir que el que por sí mism o se labrase, pues todo lo demás era fantasmagorías y sueños <.>[ ; ► y en último caso, que no sacrificaría á ninguna consideración, ni á interés alg uno por grande que fuese, la pasión que colmaba todos los a nhelos de su existencia <;> ◄ . ] Y como Don Pedro insistiese en que la aventura no me recía nombre de pasión seria, y que debía ponerle punto final, replicóle el joven con flema: «No puede ser, mi querido Hillo. En esto he querido aplicarme fielmente el precepto fundamental de su filosofía práctica... <Qué , ¿ya no se acuerda? Pues> Para que no diga usted que fracaso como todos los españoles que emprenden algo, me propongo rematar la suerte . —¡Ah! pillo... [ ¿ ] De modo que te casas... [ ? ] — Sí, señor Tal creo ↔ ... Esto no es aventura... para que vaya usted enterándose. —Estás perdido, perdido sin remedi o... Un joven llamado á... qué sé yo... llamado á grandes destinos... ¡Por Dios, Fernandito de mi vida, vuelve en tí; considera que dejándote conducir por ese hilo que te ha tendido una mano desconocida, podrías llegar... ¿Pero tú estás en tu juicio? m i r a b i e n l o © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 349 interés, pronto dejó de hacer caso al pobre Hillo hacerlo ↔ ; tan sorbido le tenían el seso los negocios políticos, el interés de las sesiones [ , ] y el periodiquillo que había f undado en unión de su amigo y compañero de casa amigote reciente, ↔ Luis González ó Luis Brabo, que de ambos modos le llamaban respondía ↔ , en el cual papelejo <hacían furibunda guerra al Gobierno,> apoyando apoyaban ↔ al grupito de oposic ión parlamentaria que formaban formaron ↔ en Procuradores Caballero, López y el Conde de las Navas <, y en Próceres > [ . ] 3 Si el hombre no estaba demente, le faltaba poco; su cortante lengua no de smayaba un instante durante el día, ni su envenenada enconada ↔ pluma por la noche. Competía con él en acrimonia y acometividad el tal Brabo, <que era un chico> andaluz, delgadito, aguileño, más vivo qu e la pólvora, cortado para la populachería ingeniosa política de ruido ↔ y para soliviantar con gracia á las multitudes. Meses después, Brabo escribía en papeles moderados; Iglesias extremaba sus ideas revolucionarias en los del bando liberal , ; ↔ <y> su consecuencia, que era una forma de su orgullo, le va lía persecuciones y desdenes. Pero en Diciembre del 35 todavía se le cont aba entre los hombres de porvenir, aunque su irritación por no haber entrado en el Estamento le creaba enemigos [ , ] y le alejaba alejándole ↔ de la meta de su ambición. Mientras esto ocurría <,> y cuando avanzaba Diciembre <,> Hillo con tan poca fortuna emprendía la reconquista de ↔ Calpena ◄ , ] [ éste ] se 3 El autor elimina el espacio en blanco que aparece en A. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 350 transformaba ◄ , ] haciéndose huraño y , ↔ apartándose de sus primeras amistades para contraer otras nuevas con personas bien distintas de los literatos del Parnasillo y de los concurrentes á tertulias elegantes de tono ↔ . Abandonó en absoluto la sociedad elegan te, y no volvió á parecer por la casa aristocrática, donde se entristecía con entristecían por ↔ su ausencia la marmórea divinidad que leía á Chateaubriand y Destut -Tracy las bellezas más ó menos marmóreas ↔ . <Por más que Hillo procuraba seguirle los pasos, no podía conseguirlo [,] por la flexibilidad escurridiza del joven; supo que> Cultivaba la amistad de los oficia les de la Guardia y de Infantería, casados con las hijas yernos ↔ de Maturana, y con la <familia> conoció á los ↔ de Fonsagrada, <que era> la ◄ familia ] que más trato tenía con la Zahón , . ↔ <y> Algunas veces tardes ↔ paseaba con el soldadito chiclanero y poeta [ , ] que se alojaba en casa amigo ↔ de Milagro, Antonio García, autor imberbe de un drama caballeresco que te nían en su poder los cómicos del Principe. 4 Contra lo que él Fernando ↔ temía, la Zahón Doña Jacoba ↔ no se oponía opuso ↔ á sus amores con Aura; casi los alentaba y protegía, pero encerrándolos dentro de la esfera de castas relaciones con buen fin [ , ] y sometiendo la fogosa pasión de am bos amantes á las reglas caseras que para tales casos se usan, y que en aquel tiempo eran de una monotonía simplicidad ↔ enfadosa. Hacía esto la Zahón más que por sentimiento [ , ] por 4 Galdós cambia en A el punto y seguido por punto y aparte. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 351 cálculo, mirando á su propio interés antes que al de la joven puesta á su custodia. Era antes ante todo ↔ traficante, se había criado en el compra y vende , ; ↔ <y> todas <las> ◄ sus ► canas <que tenía> , que eran muchas, y las jorobas que en su esqueleto se formaban, le habían salido en el continuo y anheloso estudio : de ↔ la ganancia fácil. Po r lo demás, su moral era tan ancha como las mangas del vest ido que el reúma le obligaba á usar, y sus creencias religiosas [ , ] tibias como las aguas con que se untaba lavaba ↔ . Su La ↔ moral de los contratos de cosas, interpretada á su manera, érale muy conocida y familiar; la otra, la toca nte al honor y al recato, sólo existía en su conciencia con formas desleídas. [92/124] Sujetó, pues, á los amantes á un régimen de apariencias estrictamente morales, prohibiendo en absoluto las entrevistas de calle y balcón, y permitiéndoles <verse y> hablarse á horas fijas en su casa y en su presencia. Con esto cumplía, y ponía sentaba ↔ sobre bases decorosas su bien planeado negocio. Muy mal sabí an á Fernando y á su dama esta reglamentación de colegio < y este método de amor casero > régimen de insulso noviazgo ↔ , { aplicado aplicada ↔ á la una ↔ pasión en que ambos se inflamaban tan flamígera ↔ ; pero lo soportaban en espera de los arranques de su albedrío, planeando también algo [ , ] que muy calladito tenían, y desquitándose por el pronto <de aquella sosería> con el carteo constante y clandestino de que era mediador <y estafetero> el atiplado cuitado ↔ Lopresti. Con los Fonsagradas se les permitía salir alguna vez de paseo, © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 352 donde eran vigilados como en casa bien vigiladitos ↔ , no pudiendo campar libremente ni á la ida ni á la vuelta, ni extraviarse en los árboles las arboledas ↔ de la Florida, ni jugar á la gallina ciega. Estaba, pues, Calpena hecho un novio clásico , contra lo que su temperam ento y sus altas ideas le dictaban; pero se sometía ó afectaba so meterse, con la esperanza de que no había de durar mucho aquella simplicidad la insípida comedia ↔ . Por aquellos días iba á la oficina al Ministerio ↔ nada más que el tiempo preciso para no caer en falta, y á veces dejaba de asistir pretextando enfermedades. Rara vez le llamaba ya el Ministro á su de spacho para encargarle contestaciones de cartas. Hacíalo siempre dando las inst rucciones á Milagro, el cual repartía la tarea y vigilaba la de Calpena su compañero ↔ , llevándolo todo á la firma. <Calpena se sentía un poquito humillado , tanto más cuanto que Milagro se mostraba reservadísimo: ya no le cont aba cosas suyas ó ajenas, y se daba aires de jefe. Atribuía esto á que se le había subido á la cabeza el ascenso, pues Mendizábal le dió los doce mil á principios de Diciembre.> [93/125] Hacia el 20 de Diciembre, poco antes de la célebre discusión del Voto de Confianza voto de confianza ↔ , en días en que Mendizábal estaba contento gozoso ↔ , como hombre que vislumbra el éxito y ve próxima la realización de sus planes ideas ↔ , llamó á Milagro y le hizo sentar frente á sí en la mesa de su despacho. Habíale tomado afición por <lo bien que le servía, por> la [ elegante donosa ] vaguedad que sabía emplear en la redacción de cartas de pura fórmula y , ↔ en que no se dice nada, y por el © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 353 estilo cortesano y { elegante meloso ↔ en que envolvía el perdone usted por Dios [ , ] que se empleaba con receta contra ↔ los pedigüeños que pedían de ↔ gollerías. «Ante todo— dijo Mendizábal con aq uella presteza nerviosa que ponía en su trabajo, —póngame usted ahora mismo, pero ahora mismo, una carta á Heros Becerra D.Martín ↔ , diciéndole que detenga el nombramiento de Catedrático de Retórica { de á favor ↔ un clérigo que se llama D.Pedro Hillo, en favor del cual le escribimos no sé cuándo... — Ayer, sí, señor Anteayer ↔ . —Me había recomendado á este sujeto Musso y Valiente, si no rec uerd o mal. —Sí, señor, y antes D.Manuel José Quintana... —Y creo que también Juan Nicasio Gallego... en fin, medio mundo. Tanto me han mareado, que me decidí á recomendarle á { Heros Becerra ↔ . Pero después he sabido algo que me pone en cuidado, y, guardia... ↔ Francamente, yo hago todo el bien que puedo; pero en este puesto, y rodeado de dificultades, no creo estar en el caso de socorrer favorecer ↔ á mis enemigos. Dígame, ¿conoce usted á ese Hillo? —Sí, señor , : ↔ vive con mi compañero de of icina, Calpena, y hemos ido juntos al café y á los Toros. Es muy entendido en tauromaquia. —¡Qué atrocidad!... cura, torero y retó rico... No he visto jamás ensalada semejante... Ello es que ese hombre sujeto ↔ ha dado en perseguirme... © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 354 Aquí viene todos los días á pedir au diencia. Como ahora no estoy para perder el tiempo, no se la he concedido. [ Pero ] el hombre me acecha ha dado en acecharme ↔ cuando entro en mi casa [94/126] y cuando salgo. Todas las mañanas tira de la campanillla tres ó cuatro veces. En la escalera, [ hoy ] [ , ► bajando yo con Cano Manuel y con Olózaga, me le encontré <,> <y el hombre>, ... ↔ Demudado, la voz temblona, me habló... La verdad, no me enteré bien de lo que dijo... Que no quería hablarme de la cátedra... que se había hecho campeón de una causa de moralidad, de justicia... que era preciso descorrer el velo... Esto del velo lo dijo tres repitió no sé cuántas ↔ veces... En fin, me dió lástima. Me pareció Paréceme ↔ que el tal presbítero no tiene la cabeza buena. Yo me zafé como pude, y luego me dijo Olázaga: «¿Sabe usted, D.Juan, que este pajarra co de sotana es de los que hacen correr por ahí historias denigrantes en que mezclan, sin ningún miramiento y quizá quizás ↔ con aviesa intención, el nombre de usted?... —¿Qué me cuenta <usted> , Salustiano? ¡Mi nombre [ ... ] ! —Sí, señor: qu ieren minarle á ust ed el terreno, echando á volar especies absurdas, actos ó relaciones de la vida privada.» Al oir esto, palideció el buen Milagro, y al contestar á Mendizábal contestando á su jefe ↔ con un monosílabo que expresaba tanta sorpresa como indignación, hizo <voto> solemne ◄ voto ] en su mente mental ↔ de no volver á probar el curaçao en lo que le quedara de vida. «No es la primera vez— continuó Su Excelencia, —que llegan á mí © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 355 rumores de esta naturaleza, unos verdaderos [ , ] y que se refieren referentes ↔ á hechos y casos que no tienen nada de ig nom in iosos , otros absurdos y sin ningún fundamento, y todos van derechos contra mi reputación, contra mi prestigio. Nada de esto me sorpre nde ni me arredra: sé que en mi posición [ , ] y entre españoles [ , ] no puedo esperar más que una guerra en la cual se emplean todas las armas, sin desdeñar las más viles. Con que ya sabe usted , : ↔ lo primero me escribe esa carta. Que detenga el nombramiento para la cátedra de Alcalá . Ese Sr. Hillo tiene todas las trazas de un perturbado. <Puede que en lo que de él me dijo Olózaga haya más { inocencia candidez ↔ que malicia...> [95/127] — [ No ] <Tal> creo ◄ tal ] , señor— dijo Hillo Milagro ↔ . — Quizás oiría [ el Sr. Hillo ] 5 algún disparate [ , ] de esos que hace correr la gente mal intencionada, y el pobre hombre lo haya señor lo habrá ↔ repetido... Y también puede ser que so ltara la especie hallándose en ese estado de atontamiento que produce el... [ la... ] —Pero qué... ¿es bebedor? —No sé... creo que... Una noche, estando juntos varios amigos ↔ en el café con <ese> Maturana [ , ] el diamantista, éste pidió curaçao y quiso que yo le acompañara; pero como no prue bo nunca ninguna clase de be bida , me resistí, dán dole las gracias. Hillo bebió y se puso perdido. Salió diciendo cada 5 No señalamos cambio de posición en el caso de “Hillo” al tratarse de la corrección de un error. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 356 desatino... [ ! ] ¡ ↔ Pero 6 después, cuando el aire de la calle le serenó, se desdijo de todo <aquel delirio> , y hasta lloraba el pobre recordando las barbaridades borricadas ↔ que habían salido de su boca. No es mal hombre , : ↔ <y> el Sr. Olózaga me dispense; que si algo contra la respetabilidad de vuecencia Vuecencia ↔ ha dicho ese sujeto clérigo ↔ , no ha sido con mala intención idea ↔ ... —Bueno— dijo Mendizábal, cuy a ate nció n, que riendo aba rcar mucho d e una vez, se detenía poco en su un ↔ asunto. — Póngame Escríbame ↔ usted la carta á Argüelles [ , ] incluyendo esta minuta de las ideas referentes á los principales puntos ↔ [ de ] Hacienda que se deben explanar debe tener presente s ↔ al defender el voto de confianza voto de confianza ↔ . Luego carta citando á Istúriz y á Don D. ↔ Antonio González [ , ] para que nos pongamos de acuerdo sobre el orden y método de discusión...» <Y> Despedido el secretario [ familiar ] , entraron los que iban á la firma, y Su Excelencia trabajó con ellos el resto de la tarde. Dos días después empezó en el Estatuto la gran tremolina parlamentaria <de la discusión> del voto de confianza , en que Mendizábal, blasonando de atrevido gobernante, pidió á los Estamentos pode r y autoridad para disponer de las rentas públicas, con el desembarazo qu e exigían las críticas circunstancias por que atravesaba la Nación. 6 El autor introduce sobre A el signo de cierre de admiración después de los pun tos suspensivos. En C aparece en su lugar el de apertura antes de “Pero”. Ni en A vemos el de entrada ni en C el de cierre correspondiente. Queda en ambos casos la admiración sin delimitar. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 357 Ya en aquellos debates empezó á torcerse la buena estrella del reformador, que hasta entonces no había visto más que satisfacciones, bienandanzas y popularidad. Los exaltados patriotas ↔ extremaron su oposición <, que de templada se hizo furibunda>, ; ↔ los llamados moderados llenaban sus discursos de reticencias maliciosas [ , ] <que eran como> chispazos que levantaban llamara das y humareda en la opinión neutral , ; ↔ y los amigos [ de Mendizábal ] , que hasta entonces le habían defendido con ardor, empezaban á sentir ese frío [ triste, ] que es síntoma de ver con malos ojos el bien ajeno. Alg unos continuaban apoyándole , porque estaban ligados por la gratitud; otros hacían de ésta tabla rasa, y empezaban á mostrarse temerosos de que Mendizábal D.Juan de Dios ↔ realizase lo que había ofrecido. 7 Entre políticos, el fracaso de los grandes halaga á los pequeños. La masa total no se entusiasma con el éx ito si éste lo representa un hombre. La vulgaridad colect iva tiende siempre á que se conserve conservar ↔ el nivel. [96/128] Empezaron, pues, las inquietudes, las comezones, las ganitas de jarana, y la curiosidad sabr osa de ver al jefe embarullado y sin saber por dónde salir. Claro que los má s votaban como carneros; pero otros se hicieron [ los ] bobos, afectando escrúpulos de rigidez constitucional. A éstos llamaban santones . 7 El autor cambia en A el punto y aparte por punto y seguido. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 358 XXV Aburrido y desalentado, vió D.Pedro Hillo entrar el año 36, á quien, desde el primer día de su Enero, dipu tó por tan calamitoso y funesto como su antecesor el maldito 35, que todo se pasó en guerras, disturbios y trapisondas. Nada había podido adelantar en la gran noble ↔ misión que se había impuesto, y el problema que dese ntrañar quería presentábasele cada día más obscuro y embrollado ; . ↔ <y> Para colmo de amargura, Calpena no <le hacía caso, ni> le refería cosa alguna de su vida y planes; apenas pasaba con él algunos breves ↔ ratos á las horas de comer y cenar comida y cena ↔ , y luego <volvía> á sumergirse ◄ volvía ] en la tenebrosa cisterna del vicio y <de> la deshonra, pues no otra cosa significaba para D.Pedro la casa de la Zahón. Y aunque se inquietaba en aquellos días, por el asunto peculiar suyo <de> <la cátedra> que pretendía Para colmo de males mayor desdicha ↔ , tuvo el buen presbítero el disgusto de saber, por un amigo de Fomento lo Interior ↔ , que hallándose extendido su nombramiento ◄ para ] ◄ la cátedra ] , Don Martín de los Heros le había dado carpetazo por indicación del Presidente del Consejo . Esto le llevó á una tristeza profunda [ , ] en que y ↔ no veía más que ocultos enemigos en todas partes, que algo se © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 365 que nunca será proporcionado al gran servicio que prestará á ese desdichado pobre niño ↔ ? Además, ni tiene [ usted ► carácter [ para ] instruir muchachos, ni está en condiciones para desempeñarla podrá nunca acomodar su condición amable á tan ingrata tarea ↔ . Si me promete no enfadarse, le diré una cosa: no está <usted> [ mi señor D.Pedro ] muy versado en letras humanas, y apenas conserva en la memoria unas cuantas reglas de retórica anticu ada y fiambre, y ejemplos [99/131] sueltos de prosa y poesía, que ya están mandados recoge r. [ ¿ ► Ni <¿> cómo podía ser otra cosa de otro modo ↔ , si usted no coge un libro á ninguna hora del día, y no hace más que hablar de política <,> y toser toreo ↔ , y bromear con Nicomedes? El baúl de libros que trajo <usted> de Zamora, lo tiene usted lleno de polvo y telarañas. No ha sacado usted más que los un ↔ [ tomo del xxxxxx xxxxxxxx xxxxx par de cuadernos del Almacén de frutos literarios , ] 3 de [ Burgos ] [ , ] y los el ↔ [ p r i m e r t o m o ( A B ) ] de del ↔ [ Diccionario de Autoridades ... pero no lo sacó <usted> para consulta leerlo ↔ , sino para recalzar el colchón de su cama que se le hundía por los pies... ] 4 <Con que> Quedamos en eso: que ↔ no más retórica, no más echar los bofes detrás de una cátedra que desempeñará mejor otro cualquiera. Desde hoy se consagr a usted á Fernando, á salvarle del desh onor, á traerle al camino de la 3 Corrección con papel en blanco pegado en el m argen derecho de la galerada. No podemos verificar la totalidad del texto que está debajo, de ahí l a ut iliza ción de las equis. Encima tenemos el texto recogido en negro. 4 Aparecen en A espacios en blanco introducidos por “los” que después cambia: “que los de y los de ”. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 366 honestidad, de la obediencia á lo s superiores. Es usted, con menos humanidades, pero no con menos menor ↔ abnegación y cariño, el sucesor del benditísimo párroco de Vera, D. [ Narciso Vidaurre ] 5 . No me replique <usted> , Sr. Hillo, ni me ponga esa ca ra compungida. Cállese usted y obedezca.» Mediano rato estuvo D.Pedro sobrec ogido de la fuerte emoción, que hubo de manifestarse en lágrimas y suspiros. <Bendijo á la Divina Providencia, que las cosas habí a dispuesto tan á su gusto, y> <más que la oferta de recursos materiales,> estimaba Estimando ↔ la confianza que en él ponía la divina incógnita . , ↔ ◄ más que la oferta de recursos materiales, ] decidió <, pues,> aceptar oficialmente el ca rgo que ya por su voluntad oficiosa desempeñaba, y consideró que rechazar el estipendio sería insigne [ ingratitud y ] gazmoñería. Era una salvación milagrosa, pues ya se le acababan á toda prisa los dineros, sin que de ninguna parte pudieran remitirle venirle ↔ rentas ni gajes, como no fueran fuesen ↔ los de la misa que diariamente celebraba. Precisamente había pensado días antes que si no vendía malbarataba ↔ todos sus libros, no tend ría con qué pagar la casa. Contento y animoso, sintie ndo duplicado el interés hacia Calpena por Fernandito ↔ y el respeto y admiración d e l a o c u l t a d e i d a d , <se> dedicó < ◄ se ] > con el mayor celo celoso ardor toda su energía ↔ á desempeñar la misión que ésta aquélla ↔ con suprema autoridad le había 5 Aparece en A el espacio en blanco. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 367 conferido. Registrado el cuarto de Calpena, no encontró encontraron ↔ armas. Recelando que las tuviera en la cómoda guardadas con llave, pensó en proveerse de ganzúa para sustraer las, pues la incógnita le había mandado que no se parase en pelillos. <Luego pensó que mejor sería apoderarse del arsenal con maña, buscando un artificio para engañar á Fernando.> Con Pero en ↔ esto llegó nueva carta, que decía: «No busque usted más ↔ las armas, señor presbítero, porque las tiene en casa de un amigote con quien ahor a intima mucho: Patricio de la Escosura, el artillerito ese á quien su ponen, y debemos creerlo, la última mosca cogida en la red las redes ↔ de esa malla araña ↔ de la Oliván. Escosura y otro joven llamado Miguel de los Santos (no me acuerdo del apellido), son ahora los insepar ables de Fernando: me f iguro que este último le acompaña alguna vez á casa de la Zahón. Según mis noticias, es un truhán de primera, que de todo saca partido para divertirse. <Procure usted hacerse amigo de él.> Vive en la calle de la Gorguera. Suele acudir andar ↔ con uno de los chicos de Madrazo, Pe rico, á quien apenas apunta el bozo, pero que ya es poeta y prosista. To dos estos niños y otros se traen unas ideas sentimentales que creo yo harán más estragos que los devaneos fúnebres, incendiarios y sanguino lentos del romanticismo. Busque usted <pronto ↔ > á ese Miguelito de los Santos y hágase su amigo. »Y vamos á lo principal. Esté us ted preparado para un viaje, ¡oh apreciable pacientísimo ↔ señor D.Pedro! y perdone que le haga andar de © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 368 coronilla. Dentro de unos días, quizás mañana ó pasado, será Fernando trasladado á una Intendencia de pr ovincia, probablemente á Cádiz ó Barcelona, lejos, lejos. Se le destina á las nuevas oficinas que se crean para la redención de censos y la venta de bi enes del clero. No creo que se rebele contra las órde [100/132] nes del Ministerio Ministro ↔ , negándose á salir. Si así lo hiciera, sería será ↔ preciso recurrir á otros medios. Pero no creo es probable ↔ que llegue á tanto su rebeldía . ... ↔ <Pues> Oiga usted lo que tiene que hacer . : . ↔ En cuanto él reciba su nuevo nombramiento, que irá acompañado de una orden para salir en po sta, usted le incita á no dilatar la partida, le dispone coche, se brinda á acompañarle, le dice que volverán [ pronto ] ; pero la vuelta de ustedes será <como> la del humo , ; ↔ y una vez < q u e m e l e t e n g a > e n l a p r o v i n c i a allá ↔ , trínquemele bien <, que yo, si cerdea, le echaré algún lazo que le sujete> . Si logramos apartarle de Madrid este tementido su infierno ↔ siquiera cuatro [ ó cinco ] meses, estamos salvados, mi buen amigo y coadjutor . »Otra cosa tengo que advertirle. Debe usted, desde que prepare disponga ↔ el viaje, abandonar el traje eclesi á sti co y vesti rse de corto. Hasta creo que le sentará <á usted> bien la ropa de hombre , digo, de paisano ... tampoco es esto; vamos, de seglar. Como hay cierta animosidad contra los vientos que hoy corren en Espa ña no son muy favorables á ↔ las personas eclesiásticas, por la guerra que [ éstas ] hacen al Gobierno, unos con las armas en la mano, otros con sermon es y escritos virulentos, no le conviene © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 369 á usted salir nuestro capellán nuestro cleriguito echarse ↔ con sotana y bolandrán balandrán ↔ por esos mundos. Tenga presente que dentro de quince días, lo más, saldrá el decreto en que se ordena limpiar <les> á ustedes los frailes ↔ el comedero, y ya verá uste d la tremolina que se arma... Con que cuidado: fíjese bien en <todo> lo que le digo me permito indicarle ↔ , y procure cumplirlo, si n nuevos intentos de conocerme descubrirme ↔ , porque si llega á mis oídos el mascarita <,> te conozco , no hemos hecho nada. Yo me quedo donde estoy; Fernan do en su laberinto de perdición, y usted en su páramo de cazador de cátedras. Adiós.» © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 370 [101/133] XXVI Jurando in mente hacer todo lo que le ma ndaba la que tenía ya por autoridad suprema y tirana indiscutible, se fué D.Pedro Hillo ↔ al Estamento de Procuradores, donde le había ci tado Iglesias para presentarle <á { su un ↔ amigo manchego, el cual le presentaría> á D.Agustín Argüelles. Habían concertado <dar una última embestida á Méndizabal> [ destruir ► [ , ] por mediación del que llamaban Divino , <y que era en realidad patriarca del liberalismo, y el objeto era> <destruir> la mala impresión de Mendizábal con respecto á Hillo Don Pedro ↔ , haciéndole ver que ni era loco ni había sido difamador de Su Excelencia, pues si bien dijo en cierta desgraciada ocasión cuatro palabrejas inconvenientes, hízolo precisamente para con el noble fin de ↔ condenarlas. Menos le importaba la cátedra, con importarle mucho, que la opinión que el señor Mi nistro formase de él; y hasta que no lograse rectificar aquel temerario juicio <de Mendizábal> , no tenía tranquilidad. Mas desde el momento en que aceptaba el cargo que la <incógnita> [ divinidad ] ◄ incógnita ] le había conferido, ya la suspirada cátedra <,> y los Ministros que la concedían, y todo el Gobierno, y lo que Mendizábal dijera pensara ↔ de clérigos locos ó calumniadores, le importaba © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 371 un bledo. Iba, pues, con ánimo de deci r á Iglesias: «Amigo mío, no haga usted nada [ , ] ni se tome el trabajo de pres entarme á estos señores, pues he renunciado á la cátedra renuncio á la mano de Doña Leonor ↔ , y es muy probable que me vaya á mi pueblo [ , ] á cavar.» En los pasillos del Estamento había tanta gente, que le fué muy difícil encontrar cazar ↔ á Nicomedes. La sesión era in teresantísima: se discutía el voto de confianza . Anduvo de aquí para allá, saludando á los que encontró conocidos, y uno de éstos le dijo que Iglesias estaba en la tribuna oyendo hablar á Toreno. Hablaría despué s Mendizábal, y se procedería inmediatamente á la votación. Arrimóse Hillo á una de las puertas laterales, donde había una gran masa de curiosos intrusos ↔ aplicando la oreja al rumor oratorio, y oyó algunas palabras del Conde, pocas y desvanec idas po r la distancia. El local era malísimo: el salón de ses ione s había sido <era> una ↔ iglesia [ secularizada ], y ; . ↔ [ Para formar ► los pasillos circundantes se habían <formado> derribando derribado ↔ tabiques de la sacristía y , ↔ aprovechando con nuevas obras fáciles chapuzas ↔ la parte de capillas y salas interiores que destruyó el incend io de 1823. Buscó Hillo mejor sitio de escucha por otro lado, y al fin [ , ► [ agazapándose ► en un rincón de lo que fué camarín de la Virgen, y que caía detrás de la Presidencia, <se agazapó> <como pudo> <,> <y> pudo ver y oir algo. Por entre un rimero una crestería ↔ de cabezas distinguió á lo lejos la del Sr. Mendizábal y parte de su busto. Acababa de levantarse, y hablaba premioso, mirando, ya al © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 372 pupitre, ya á los señores de enfrente . Por su gigantesca estatura des coll aba D.Juan entre aquel cúmulo de hombres chicos y medianos. A su corpulencia no correspondía su voz, <que er a> parda y cavernosa, ni menos su oratoria, que en las cuestiones de Hacienda era de una aridez insoportable muy árida ↔ , y en las políticas [ <sólo> ] <se> elevába ◄ se ] [ tan ] ◄ sólo ] por la energía que le prestaba su convicción y los to nos dulces que le daba la sinceridad. Estirando mucho el pescuezo por entr e brazos y cabezas de curiosos <entrometidos> que bloqueaban la puerta, pudo oír pescar ↔ Hillo alguna que otra frase: «... Pues habiendo tenido la suerte de negociar un empr ésti to para una nación vecina á 74 por 100, cuando D. Don ↔ Miguel...» Y de spués : «Se ha dicho aquí si el Gobierno, en virtud del artículo 3º...» Siguió un concepto ininteligible, y lu ego: «Pero, señores, un Gobierno que no quiere apelar á poner una contribución extr aordinaria, ¿cómo es posible que...?» Retiróse Don Pedro aburridísimo, viendo que nada en limpio sacaba, y esperó paseándose, leyendo la orden del día puesta en una tablilla, ó los partes de la guerra, que todos los días siempre ↔ decían lo mismo. Por fin, comenzada la votación, empezaron los asistentes á la tribuna á descender los parroquianos de tribunas descendían ↔ á los salones bajos y pasillos. Los Procuradores, conforme votaban, iban apareciendo por las puertas de l salón de sesiones, y el tumulto crecía, la at mósfera era espesa y cálida, y el ruido bastante á marear la cabeza más firme. [102/134] Apareciósele Nicomedes, sofocadísimo, echando lumbre © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 373 por los ojos, entre un pelotón de periodis tas, y desde lejos le intimó en esta forma: « [ ¡ ► Eh, clérigo... <¡> en qué mal día viene usted <su merced ↔ > ! Imposible hacer nada hoy. Ya ve <usted> ◄ su merced ] el jaleo que hay aquí.» En pocas palabras le inform ó D.Pedro de que no venía más que á retirar todo lo actuado, y á manifestar á su amigo que ya no quería más recomendaciones ni molestar á nadie. Sin hacer caso de lo que decía el presbítero, prorrumpió Iglesias en ruidosas exclamaciones, á las que siguieron cláusulas narrativas, en pintoresco y familiar lenguaje: « [ ¡ ] Vál gam e Di os, q ué discurso nos ha largado el camello <.>[ ! ] Lo que más gracia me hace me hace más gracia ↔ es el tonillo sentencioso que toma para decir las mayores simplezas.» Apretóse el corrillo alrededor de Igle sias (metiéndose en él D.Pe dro co n empuje de codos), y uno de lo s jovenzuelos más avispados que <bullían> en el cotarro ◄ bullían ] , se echó á reír diciendo: «¿ Pero ustedes le oyeron los latines con que hoy nos ha obsequiado?... Mutatas mutandas ... Es divino este señor. —Él no sabrá de citas históricas , como dijo ayer... pero lo que es gramática... —Esto del voto de confianza — manifestó Iglesias gravemente con saña Nicomedes ↔ , —resulta lo que digo en mi artículo de esta mañana: un cubilete de charlatán . —Como [ que ] todo esto no es más que el un ↔ tapujo de los agios y © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 374 embrollos que este D.Juan y Medio se trae. —Bueno es el mundo, bueno, bueno, bueno,— indicó dijo ↔ uno de los presentes, mozo espigadito espigadillo ↔ , de grandísimos ojos negros, que relampagueaban el en su ↔ rostro expresivo, con una seriedad que por ser tan seria resultaba extraordinariamente burlona. —Eso mismo digo yo— indicó Hillo tímidamente. — Bueno, bue no, bueno superior ↔ . —Mi queridísimo amigo Miguel Alvare z,— di jo Iglesias, presentándole.» Diéronse las manos, y D.Pedro se mostró muy afectuoso, pues aquel encuentro y presentación co lmaban sus deseos, y se permitió decir al joven Alvarez que ya le conocía de nombre por sus galanas poesías, por sus artículos y discursos... «Discursos <,> no— replicó el otro con gravedad socarrona, —porque todavía no los he pronuncia do. Los tengo, sí, aquí, en mi mente, y no los cambio por los de Cicerón. Pero todavía están inéditos, padre Padre ↔ ... Yo tam [103/135] bién tenía vivos deseos de conocerle á usted personalmente... que de fama ¿quién no le conoce? Mi amigo Fernando Calpena me ha hablado mucho de usted... Sé que es un profundo humanista, y que distrae sus ocios en la afición taurina... Yo s oy a mantísimo de los toros Toros ↔ . —Lo que tú eres [ , ] bien lo veo— dijo Hillo para su sotana: —un guasón de primera.» © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 381 ha ido ↔ al Príncipe ◄ , ] á ver el ensayo del Antony . —Pues allá me voy... ¿Vamos? [106/138] Excusáronse Alonso y Díaz por tener quehaceres, que debían de ser poéticos; pero Villalta Segovia ↔ se agarró del brazo de { Alvarez Miguel de los Santos ↔ , con ánimo de acompañarle. Calle abajo se fueron dos , y los otros, con el pegadizo D.Pedr o, se metieron por la del Lobo. Por cierto que el buen presbítero, ya en la pista de su D.Fernando, s i por una parte se hallaba satisfecho de haber en contrado en Miguel de los Santos un diligente y afectuoso auxiliar de su camp aña, por otra se sentía contrariado de tener que abandonar el campo, cu ando tan favorables circunstancias aquella tarde le ofrecía el acaso, ó la Divina Providencia. Al despedirse de Alvarez en la puerta del teatro por la calle del Lobo, le dijo apenadísimo: «No sabe usted saben ↔ cuánto siento no poder colarme con ustedes en el ensayo. Me gusta extraordinariament e ver ensayar... ¿Pero cómo entro vestido de cura? No puede ser. Otra vez será.» Y se fué triste y cabizbajo, diciendo <le> á las baldosas de la calle: «Razón tiene la señora incógnita al recomendarme que para andar en estos trotes me vista de seglar... No más hábitos. Por San Juan Capritano Capistrano ↔ , mañana mismo los ahorco.» © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 382 XXVII Salió D.Fernando Calpena del ensayo de Antony <,> con un grave aumento de la locura que ya por su s exaltados amores padecía, y al despedirse de su amigo Juan Eugenio en la esquina de la calle de las Huertas, le dijo que ni se había escrit o ni se volvería á escribir un drama tan excelente, verdadero Evangelio de los desheredados á quienes oprime <el> <peso> <de> la balumba ◄ del ] ◄ artificio ] social. El carpintero -poeta , cuya mente conservaba un excelso reposo, no dijo expresó ↔ nada en contra de tan extremosa radical ↔ opinión; pero algo tenía que decir sin duda, sólo que se lo reservaba para más adelante, cu ando los años y la experiencia le dieran la autoridad de que entonces carecía. No hizo más que mirar á su amigo con aquella expresión de intensís ima agudeza, que co nserv ó hasta s u vejez, y apretarle las manos. Al separarse le dijo: «Tendré [ copiado ] el segundo acto tercero ↔ el sábado, y enseguida lo verás podrás leerlo ↔ . 1 Aparece [ Isabel ] en la primera [ escena, ] <que va > [ vestida para la boda... 1 Corrección con papel en blanco pegado en el margen derecho del pliego. No podemos verificar todo lo que hay debajo. Hay una reordenación por sustitución de parte de lo escrito. Sí podemos apreciar “escena”, que es nuevamente escrita arriba, y la palabra de atención “ojo”. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 383 luego entra D.Rodrigo... ] 2 En fin, ya lo verás ... . ↔ Adiós.» Y echó á correr hacia su casa, con pasito corto y vi varacho. Era pequeñín, todo nervios [ , ] con una cara ratonil, graciosa y llena de inteligencia, <y> unos ojuelos que echaban despedían ↔ lumbre, y una boca como la de los ángeles feos, que también los hay [ , ] según dicen. Calpena le miró alejarse, y melancólico se decía: «¿Por qué Dios no me dió á mí su talento?... <Porque> Bien { podía pudo ↔ habérmelo dado, sin quitárselo á él... bien podía...» La transformación moral del enamor ado joven se traslucía claramente en lo físico: había enflaquecido; los sus ↔ ojos, que antes eran hermosos y alegres, brillaban <,> después de la [107/139] crisis <,> con mayor hermosura, y su alegría era <una> extraña combinación de tristez a zozobra ↔ y delirio. Hablaba con más viveza , amontonando ideas sobre ideas, empleando con frecuencia imágenes felices. Vestía con [ elegante ] descuido, sin el olvidado ya del ↔ atildamiento de su { extremo estreno ↔ del mundo, sin aquel estirado y pulcro empaque, presuntuoso ↔ que hacía de él un perfecto estatuista estatuista ↔ en capullo. Dejaba crec er la negra melena y la mantenía crespa, indómita, dejando dando ↔ á los rizos y mechones <en> libertad de para ↔ estirarse ó encogerse como quisieran. Había llegado á adquirir, con éstas y otras costumbres nuevas, un sello propio, personal, que le distinguía y señal aba en tre sus amigos. Estos eran cada día en mayor número desde que se lanzó á la independencia, y los tomaba conforme le 2 Los corchetes que están después de “primera” recogen espaci os en blanco. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 384 iban saliendo, aristócratas ó plebeyos <, literatos ó comerciantes, tontos ó discretos, vagos ó trabajadores>. : ↔ s e m e z c l a b a e n l a t u r b a m u l t a h u m a n a con indecible gozo, ávido de vivir, de ver, <de conocer,> de apreciar <,> de y ↔ discernir, de ejercitar, en fin, toda la energía intelectual y moral que á raudales le salía de todos los manantiales brotaba de todas las honduras ↔ de su alma renovada. Hizo en aquellos días amistad conocimiento ↔ con los Madrazos, Federico y Perico, el uno precoz artist a, el otro escritor y poeta, ambos excelentes chicos muchachos ↔ , entusiastas, locos por el arte y la belleza; con Ochoa, inseparable de aquéllos [ < , > ] y co-fundador de El Artista , para el cual un os escribían y otro s dibujaban; con Villalta [ , ] y con ↔ Trueba y Cossío, <éste> político audacísimo al par que e scritor bilingüe, pues lo mismo escribía en inglés que en español; con Dionisio Alcalá [ Galiano ] , hijo de D.Antonio, uno de los muchachos jóvenes ↔ más despiertos y más inteligentes de aquel tiempo; con Rev illa, Gonzalo Morón, Larrañaga y otros que en la literatura, en la crítica y en la política empezaban á bullir; con ambos Escosuras, con ambos Romeas, [ con ] Guzmán y otros actores, unos formados, otros incipientes Latorre ↔ ; y al propio tiempo intimó más con Espronceda, Mesonero, Roca de Togores, Ventur a, y todos los demás otros ↔ que ya conocía. Aquella juventud, en medio de la generación turbulenta, camorrista y sanguinaria á que perten ecía, era como un rosal cuajado de rosas flores ↔ en medio de un campo de cardos bo rrique ros , la esperanza en © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 385 medio de la desesperación, la belleza y los aromas haciendo tolerable la fealdad mal oliente de la España de 1836. { Más firme Afirmándose ↔ cada día en la fe de sus amores, <Calpena> veía ◄ Calpena ] en Aura algo más que una mujer bella, <y> veía la mujer misma, con todas las cualidades pr opias del sexo en grado superior. <Y si algo había en la hija de Negretti que á los ojos vulgares pudiera ser defecto, p ar a é l n o l o e r a. > Por perfecta la tenía desde la punta del pie á la última mata del cabello; perfecta era ta mbién en su inteligencia, que exhala exhalaba ↔ rayos; en su voluntad exaltada ardorosa ↔ , rebelde á los término s medios; en los sus ↔ caprichos, que escondían una profunda psicología; en todo, Señor, en todo, pues si Aura reía , toda la Naturaleza se alegraba con ella, y si lloraba, Cielo y Tierra se cubrían de tristeza. [108/140] Pues, señor , : ↔ bastantes días habían pasado desde el ensayo del Antony ; bastantes, sí, porque ya se había estrenado el revolucionario drama de Dumas, cuando ocurrió lo que ahora se refiere referirá ↔ . Ello fué ya á principios al apuntar principiar ↔ Febrero, despué s de pasadas ↔ las tremolinas de las Cortes á parlamentarias de ↔ fin de Enero, cuando se discutió la ley electo ral y derrotaron al Gobierno, y [ el aburrido señor de ↔ ] Mendizábal, entre la espada y la pared, no tuvo más remedio que disolver los Estamentos y convocar otros nuevos nuevas Cortes ↔ . Y como [ el diablo ► [ , ] cuando <el diablo> no tiene que (sic) hacer [ , ] se entretiene en coger moscas, Mendizábal D.Juan de Dios ↔ , libre de la fatiga © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 386 del Parlamento, que tan á mal traer agobiado ↔ le traía, se dedicó á remover el personal de su Minist erio: todo era traslaciones, cesantías, empleados que venían no se sabe de dónde; otros que se iban á sus casas á mascar el vacío , como decía dijo ↔ un cesante de aquel tiempo ... En fin, que una tar de, hallándose Calpena en su oficina aburrido y deseando que <llegara> aburridísimo, esperando ansioso ↔ la hora, [ antes que ésta ] < ◄ llegara ] > [ <,> ] recibió llegó ↔ un [ antipático ] ◄ , ] [ maldecido ] papel... ¡Ay! era nada menos que su trasla ción á Cádiz, á las secciones recientemente creadas para la Liquidación de Créditos. El efecto que esto le hizo fué deplorable: vió en ello la malquerencia de un oculto enemigo, y <clamaba al cielo y á la tierra,> echando echaba ↔ pestes contra los malos Gobiernos y contra el propio D.Juan de Dios, á quien desde aquel día retiró su admiración y aprecio cariño ↔ . En aquel estado de irritación amargura ↔ y rabia le encontró Hillo una mañana, cuando de vuelta de celebrar misa ↔ disponíase á endilgar la ropa seglar corta ↔ para echarse á la calle. « [ ¡ ] Pero, chico— le dijo, —si estás de enhorabuena <.>[ ! ] Vas á Cádiz, la cuna de nuestras libertades , como decís los patriota s, y allí vivirás como un príncipe, y harás conquistas, y beberá s la rica manzanilla, y tienes ancho campo para conspirar con los Riegos de ahora ogaño ↔ por la Constitución del 12. —Ni usted sabe lo que se dice, ni yo voy á Cádiz— replicó Fernando de © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 387 malísimo talante. —Pens aré de ho y á mañana lo que debo hacer, y se lo diré á usted... Veo la mano, sí; veo la mano que en las tinieblas me ha descargado este golpe en la nuca de maza ↔ ... Pero no caigo caeré ↔ , no: si creen que voy á caerme desplomarme ↔ , <y> á rendirme <,> y á pedir perdón, se equivocan. Abur.» Se m archó con esta seca despedida, y Don Pedro no volvió á verle hasta el día siguiente. Algunas No pocas ↔ noches dormía fuera de casa ; . ↔ Leyendo dramas ó charlando de literatur a en casa de algún amigo, se le pasaban las horas insensiblemente, y sorp rendido por la auro ra en esta febril tarea, se quedaba dormidito en un sofá ó en el santo suelo, ya en el hospedaje de Villalta Alvarez ↔ , ya en el de Pepe Díaz. También D.Pedro andaba un poco salido: desde las entre ↔ diez [ y once ] de la mañana se vestía de paisano y se iba á correrla por Madrid lanzaba al divagar callejero ↔ ; [ por tarde y noche ] frecuentaba los cafés, y hacía en unos y otros diversas amistades. En el de Solís encontró á Calpena con otro un chicarrón ↔ que iba cargado de dramas: le vió desde lejos, se acercó en el momento [ en ] que salía, le fué siguiendo, y, po r fin, le dió alcance en la calle de Cedaceros del Turco ↔ . [109/141] «Voy contigo— le dijo poniendo en práctica las instrucciones últimamente recibidas. —Tenemos que hablar. ¿No sabes lo que ocurre? Pues que mañana nos vamos largamos ↔ . —¿A dónde, mi reverendo amigo [ y capellán ] ? © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 388 —A Cádiz: tengo yo también allí un asuntillo. ¡Qué oportunidad! me acompañas y te acompaño. —Irá usted solo. Mejor será va uno ↔ solo que mal acompañado. Yo, Sr. D.Pedro Hillo, no salgo de Madrid... Y no me ponga usted la cara fosca y patibularia, porque como no es usted mi padre, ni mi tío, ni menos mi abuelo, y tan sólo es un amigo á quien aprecio muy apreciable ↔ , yo no estoy en el caso de que usted me riña. —Hombre, reñirte <,> no— dijo repuso ↔ Hillo con mansedumbre <, ajustándose á las instrucciones> . —Somos [ tan sólo ] amigos, dices bien, y ninguna autoridad tengo sobre tí, como n o s e a l a q u e m e d a n l o s a ñ o s . ¡Triste autoridad!... Bueno, buen o: no quieres ir á Cádiz. <¿> Luego Ergo , ↔ ◄ ¿ ] renuncias á tu destino? —Renuncio, [ sin ergo ] [ ; ] presento la dimisión... le digo al Sr. Mendizábal que vaya él si quiere... —Pues, hijo, siento decirte una cosa hacerte una observación ↔ que te va á saber muy mal... pero qué remedio, es mi deber decírtela hacértela ↔ , para que medites el caso [ , ] y resuelvas según tu libé rrima voluntad... Ya leo en tu cara que lo has adivinado. Palideces... —Palidezco de verle á usted tan meticuloso, empleando rodeos y perífrasis para decirme algo que podrá ser amargo y triste, pero que no me anonada, no <,> señor, no me anonada... — [ ¿ ]<Luego> Sabes... [ ? ] © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 389 —Y si no sé, sospecho... Vaya, suélteme usted pronto el rayo.» El joven vigardón bigardón ↔ que llevaba á cuestas mediana carga mediano fardo ↔ de dramas y tragedias en cuatro y cinco actos, [ con prólogo y epílogo, ] comprendió comprendiendo ↔ que t rataban de asunto delicado [ , ] y se fué se largó ↔ , dejándoles en su grave cont ienda en medio de la calle. «Pues lo que debía suceder ha sucedido. La deidad misteriosa próvida, la dulce mascarita enmascarada ↔ , nuestra grande amiga, nuestra... —Hombre, acabe usted de una vez. Total, que se ha incomodado porque no quiero ir á Cádiz. ¿Y cómo sabe mi resolución? —No la sabe, la teme, y dice en su última carta que si no vas no cuentes más con ella. [110/142] — C r e o — d i j o C a l p e n a gravemente con gravedad ↔ , —que no falto á la gratitud respondiendo que no acepto la protección en esa forma despótica, altanera. Se obedece cieg amente á una madre, á un padre, aun cuando la obediencia nos haga derramar lágrimas de sangre destroce el corazón ↔ ; pero ¿quién puede exigir que sacrifiquemos libertad, dignidad, vida [ , ] á los caprichos de un fantasma? ¿Q ue no es fantasma dice usted? Pues que se quite la gasa, el capu chón... Abandonado estuve, abandonado estoy... ¿Qué me ha dado el fantas ma? ¿Me ha dado un nombre? ¿Me ha dado algo más que alguno s trajes y algún dinero? [ ¡ ] Y á cambio de estos beneficios, pide <mi anulación como hombre; p ide> que me convierta en un parvulillo párvulo ↔ sin voluntad, sin iniciativa para nada <.>[ ! ] Amigo Hillo, © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 390 antes que un el ↔ bienestar adquirido con <la sumisión, con> una pasividad humillante, pueril, ridícula, quiero una pobreza con dignidad <. El favor hecho de esa manera parece una limosna> ... No, no entra en mis ideas vivir de lo que se me arroja en mitad de la calle; soy joven, no me falta inteligencia: quiero vivir por mí y para mí... <¿Me abandona? Lo siento... le había tomado cariño á la deidad sin co nocerla, y pues todo lo sabe, sabrá que me resigno al abandono y que confío en vencer con mi propio esfuerzo la miseria que me aguarda.> —Todo eso está muy bien— dijo Hillo el clérigo ↔ . —Quieres trabajar, quieres emplear lucir ↔ tus facultades. [ ¡ ] Magnífico <.>[ ! ] Pero, to nto, si con la protección del fantasma lo ha rás mejor que solo y abandonado. [ ¿ ]Lucharás A qué luchar ↔ desesperadamente, y es posible que sucumbas en la lucha. para sucumbir... ↔ [ ? ] En cambio, con la base de tu destinito... —No sea usted inocente, D.Pedro. ¡El destinito! ¡vivir amarrado al pesebre de la administración! ¿Pero no comprende usted que el que una vez prueba las comodidades facilidades ↔ de ese pesebre [ , ] ya está enviciado para toda la vida <?> ... , ↔ <Enviciado, sí, señor, en la holgazanería, en el fatalismo de la política....> ya no se pertenece, ya es una máquina que los ministros paran ó echan á andar, según les acomoda <...> ◄ ? ] No, no me diga usted á mí digan ↔ que sea máquina... En los empleos tiene usted la explicación de la inercia nacional, de esta parálisis, que se traduce luego en ignorancia, en malas pasiones envidia ↔ , en pobreza... © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 397 capellán, que usted se meta tamb ién en esas logias y cavernas revolucionarias endemoniadas ↔ . ¿Qué le importa á usted [ , ] si su masonismo es fingido, y conserva en su conciencia el amor de la verdad y el desprecio de esas tales ↔ majaderías? Métase usted en todo la boca del Infierno lobo ↔ , sin rebozo alguno, ni temor de que le crean jacobino. Nada debe <á> usted importarle recelar ↔ , pues aquí estoy yo para sacarle de cualquier mal paso. Adelante, y hágame usted n o v a c i l e e n h a c e r n o s ↔ esta grande y noble <obra de> caridad. A nadie tiene usted que dar cuenta más que á Dios y á mí, y Dios sabe la rectitud con que procede [ mi buen capellán, ] penetrando en los antros donde se forjan las revoluciones y el ateísmo. De ahí allí ↔ saldrá usted como entre, y si consigue sacarme de ese y otros <quizás> peores infiernos á esa quer ida alma extraviada, tendrá usted dos recompensas: la temporal y la eterna.» «Bueno, señor, bueno, » decía — » ↔ murmuraba ↔ D.Pedro <leyendo esto> , <y> cayendo en profundas meditaciones . Y al [ día ] siguiente le decía la incógnita: «No sólo le seguirá usted á todos los sitios á donde le lleve su reciente amistad con los patr iotas furibundos, sino que quiero entre usted debe penetrar <también> ↔ en casa de la Zahón. Dos días llevo pensando en el <mejor> medio ◄ mejor ] para realizar este metimiento, y creo haber encontrado uno magnífico, superior. Verá usted: la Zahón es socia, compinche ó comadre de Maturana , el diamantista. Maturana, <que es> corredor y traficante de alhajas y obras de arte en toda Europa, gran perito, © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 398 gran joyero, gran chalán, tiene posee ↔ un abanico magnífico, que ha pertenecido á la Pompadour, á la Empe ratriz Josefina, á Pepita Tudó, á la Reina Hortensia, <á la ,> 1 á Mademoiselle Mar Mars ↔ , [ y ] á , á 2 otras personas que no han adquirido celebridad ↔ . Es pieza de gran valor hist órico y artístico, y con él pensó Maturana hacer un gran buen ↔ negocio, ofreciendo su compra á la Reina Cristina. Pero Su Majestad , que ahora está por lo positivo <,> y prefiere emplear su dinero en salinas, en minas, en empresas de utilidad, le ha ofrecido muy poco dine r o , c o n l o c u a l h a e s ta d o e l h o m b r e f u e r a d e s í , tirándose de los pelos. Por fin, creo que se ha entendido entendió ↔ con la Zahón: han hecho un cambalache, dándol e él su abanico á cambio de una colección de perlas. Está Hállase, ↔ pues, hoy la hermosa obra de arte en manos de la jorobada. Nada tiene de particular que el Sr. de Hillo, variándose el nombre y poniéndose fingiendo ↔ el empaque de un señor aficionado á lo antiguo, se presente en la joyería de la calle de Milaneses, y pida que se le muestre el abanico para comprarlo <, si en efecto tiene el mérito que se le supone> . Usted lo ve, lo examina por un lado y otro, mira bien el paisaje país ↔ , el varillaje, el clavillo, di ciendo algo que revele al conocedor de estas cosas . ; ↔ elo gi a <usted> la perfección del trabajo <,> [ de Lefebvre ] y el mérito de [ Lancret ] ◄ , ] [de Lefebvre] [114/147] pintor 1 Aparece en A el espacio en blanco. 2 Idem nota 1. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 399 de la cabritilla...» 3 Traía después de esto la carta una prolija descripción del país, dando noticia de todas las figuras, de sus trajes, etc., y luego decía esto añadía concluía ↔ : «Para que no se maraville [ mi señor Sr. ↔ D.Pedro ] de que tan bien conozca [ yo ] el abanico, le diré que lo he tenido en mi mano muchas veces más de una vez ↔ , y lo he mirado y remirado... Vaya, lo diré todo: ese abanico esa artística joya ↔ ha sido mío mía ↔ . Lo La ↔ poseí tres dos ↔ años, sin que nadie lo supiera... Es decir, al guien lo supo; pero no Matur ana... Una vez que usted lo la ↔ vea bien, pide precio, y cualquiera que sea, dice usted se descuelga con la muletilla de ↔ que le parece caro, y ofrece pensarlo. Después se hace <usted> most rar p erlas y diamantes, lo ve todo, y se retira diciendo que volverá. Al día siguiente vuelve <usted> [ , ] y dice manifiesta ↔ resueltamente y sin rodeos á la Zahón que le compra el abanico al precio <por ella> propuesto, siempre que ella se comprometa á romper de una manera radical las relaciones de Fernando con la chica chiquilla ↔ de Negretti. Esta manera radical no pu ede ser otra que sacar de Madrid á la niña esa cabra loca loquinaria ↔ , y llevársela á Córdoba ó Cádiz, donde también tiene tienen ↔ casa de comercio; pero de tal modo y con tal sigilo efectuada la salida, que no pueda Fern ando saber á dónde se la llevan, ni, por tanto, pensar en seguirla. ¿Qué le parece <á usted> , mi querido 3 En el caso de “ [ Lancret ] ◄ , ] [de Lefebvre] ” aparece en A el espacio en blanco. Después de “cabritilla.»” había punto y seguido que el autor cambia por punto y aparte. Modificación sobre A. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 400 bondadoso ↔ capellán, este pensamiento mío? Si le parece bien lo estima feliz ↔ , mañana, cuando salga la primera vez de su casa [ , ] á sobre ↔ las diez, póngase el sombrero bien terciado al lado derecho, de modo que le caiga sobre la ceja... Si le parece lo encuentra ↔ mal, póngase colóquese ↔ el susodicho aparato cobertor de tapa- ↔ cabezas en forma rectilínea, bien aplomado, el ala todo lo horizontal que sea posible.» Al día siguiente <,> salió Hillo Salió Hillo al siguiente día ↔ con el sombrero bien derecho. Parecíale arriesgado Conceptuaba peligroso ↔ y con trap roducente el recurso del abanico para avistarse con la Zahón . ; ↔ <Y> discurría <el clérigo acertadamente, al considerar> que siendo la Zahón ésta ↔ mujer avariciosa, y además muy ladina , si se le ofrecía dinero por el quebrantamiento de relaciones, vería en esta oferta el reclamo de gentes poderosas. Era, pues, muy natural que se le encendiese la lógico que [ , ] encendida su ↔ ambición, <y> <que> pensara en afianzar las relaciones de los dos amantes más antes ↔ que en destruirlas, ó bien pediría más, mucho más que el precio relativamente corto del histórico abanico. «Por esta vez— se decía Hillo, —no ha sido usted, [ mi ] señora incógnita, tan lista y perspicaz como de costumbre; y permítame que se lo diga exprese ↔ con el pensamiento, ya que [115/148] de otro modo no pueda decírselo expresárselo ↔ ... [ ¡ ] En buena nos metíamos si esa bribona de la Zahón llegaba mercachifle astuta llegara ↔ á entender que <Fernandito> es ◄ Fernandito ] en el orden social persona muy distinta de lo que © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 401 parece <...>[ ! ] Déjeme usted á mí, señora incógnita invisible ↔ , que ya me arreglaré yo para llegar al fin que todos deseamos.» En efecto : , ↔ tomadas de un platero de la Concepción Jerónima, amigo suyo, dos lecciones de arte de l diamantista, y aprendidos algunos cuatro ↔ terminachos, se fué á casa de la Za hón, y trató con ella, arrancándose á comprarle unos aljófares y media docena de rosas , todo ello de poco valor. En su segunda visita le habló de l asunto con habilidad, enjaretando embustes muy meditados sutiles ↔ , para llevar al ánimo de la jorobada corcovada ↔ sentimientos contrarios á los fines de Calpena. <La Zahón> <, que estaba> <ya> Harta ◄ ya ] ◄ Jacoba ] del de un ↔ noviazgo [ que ninguna ventaja le traía ] , acabó de abominar de él con las tremendas cosas que D.Pedro le { dijo metió en la cabeza ↔ , y se propuso toma r sin pérdida de tiempo momento ↔ las medidas necesarias para mandar á paseo al joven romántico, y quitarle de la cabeza á la niña su desatinada pasión. Todo lo temía ya. Calpena <no se pararía en barras> [ , ] si le dejaban, <y> consumaría el rapto de Aura su Julieta ↔ con todo el salero, con toda la audacia de que ofrecían ejemplos mil las obras poéticas de aquel tiempo. Urgía Urgían ↔ , pues, tomar medidas resoluciones ↔ eficaces, perentorias; despedir á D.Fernando, y empaquet ar á la chiquilla para Córdoba <ó Cádi z> . Un poquitín alborotada quedó la co nc iencia del buen presbítero después de su última conferencia con Jacoba, porque, en verdad, las atrocidades © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 402 que la había dicho allí soltó ↔ 4 traspasaban quizás la medida de la intriga inocente. «¡Qué pensaría Fernando de mí— se decía dijo ↔ , andando taciturno hacia su casa, —si supier a que le he presentado como un desalmado hipócrita... si supiera ¡ay! que le he supuesto supuse ↔ en connivencia con Luis Candelas, y otro s eminentísimos ladrones!... Pero la buena intención voluntad ↔ m e a b s u e l v e d e e s t a t r iquiñuela, y Dios, que ve los corazones, sabe que en el mío no hay más que amor al bien, deseo de impedir el extravío de un ilustre joven caballero, ↔ llamado á grandes destinos... Creo que no sólo Dios, sino el mismo Calpena Fernando ↔ <,> me absolverá cuando le haya pasado esta calentura... ¡Ah, y entonces los dos nos reiremos de los disparates, de las abominaciones que dije!...» [116/149] Y á la mañana siguiente le escribía la incógnita velada ↔ : «Antes de enterarme, por lo que me dijo manifestó ↔ quien pudo observarlo, de la postura recta de su sombrero, Sr . de Hillo, señal de su desconformidad (sic) 5 con lo que le propuse, ya habí a yo reconocido que anduve muy descaminada en aquel plan de comprar co n el precio del abanico la liberación de Fernando. ¡Qué despropósito! ¡Cuánt o me alegro de que usted opinara de distinto modo, según declaró su sombrero góndola ↔ !... Es que con el <mucho discurrir y el> cavilar frecuente continuo ↔ , mi cabeza se pone á veces perdida, señor capellán, y si dormitó el buen Homero , como dicen 4 ¿Eliminación de laísmo? Es el autor el que comenta. 5 En A pone “disconformidad”. © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 403 ustedes los retóricos, ¿qué ex traño es que no sólo dormite [ yo ] , sino que sueñe disparates? Luego caí de mi burro, y he comprendido Despejada mi razón, he visto claro ↔ que si la Zahón diamantista ↔ huele dinero, estamos perdidos. Usted seguramente habrá imag inado y puesto en ejecución otros artificios por llegar al fin que nos proponemos anhelamos ↔ . Eso no quita que yo desee adquirir el abanico, y lo adquiriré, Dios mediante, cuando salgamos de este bromazo atolladero ↔ . No quiero que aq uella preciosidad <artística> , que ya estuvo en mis manos, vaya á pasar á las de otra parar á otras ↔ , ni aun á las de la misma Reina. En este anhelo mío se manifiesta la mujer más de lo q ue yo quisiera, y qu iz ás me vea usted frívola, caprichosa... Perdóneme, y cierro este paréntesis para decirle que no desmaye, que veo cercano el peligro. Si Fernando consig ue apoderarse de Aura y desaparece, cualquiera les coge después... ¡Y si contrariados en sus amores, enloquecidos por la pasión, resuelven suicidarse juntos <!> ... ◄ ! ] ¡Dios mío, qué horror! Crea usted que esta id ea me persigue desde anoche... No dormí duermo ↔ nada pensando en los distintos procedimientos de matarse que ha ideado inventa ↔ el romanticismo, y qu e los malditos poetas han puesto inventa han puesto ↔ de moda, infundiéndolos á la juventud exaltada, con e l continuo ejemplo de dramas y novelas... Esté usted Estemos ↔ alerta... y si hay vislumbres de suicidio mutuo, entonces, ¡ah! entonces no hay más remedio que transigir... [ Todo, ] todo, antes que [ ver morir á ► Fernando <muera> ... Eso no, eso no... repito que eso no... Concluyo, mi señor © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 404 capellán, recomendándole advirtiéndole ↔ que <no deje de ir á las funciones de toros, y pues tiene usted esa afició n, no conviene desmentirla en estas circunstancias. Cada persona debe ma nifestarse siempre como es: no me olvide usted este principio. ¿Y quién le dice á usted que en los toros no puede encontrar personas, incidentes que le sirvan de auxiliar en esta campaña?... Ah, se me olvidaba.> En en ↔ la logia de la plazuela del Car men andan ahora en grandes peloteras. Los libres se desatan, y en su inquietud delirio ↔ , en esa la ↔ fiebre del motín y de la bullanga, ayudan á los estatuístas á derribar á Mendizábal... Los estatuístas de la moderación ↔ , que se traen ahora un gran cierto ↔ tacto de codos con el absolutismo, se proponen no dar tiempo á [ D. ] Don ↔ Juan y Medio para la realización de su plan de reformas. Tiran á impedir que de crete la supresión de monacales y la venta de sus bienes, porque calcul an que con los recursos de la venta enajenación ↔ se haría fuerte el hombre, rodeándose de un baluarte de montones de plata y ↔ oro... [ ¡ ] Y esos badulaques, esos patriotas exaltados no ven que son instrumento de los que abominan de la libertad Libertad ↔ <.>[ ! ] [ ¡ ] Siempre lo mismo <.>[ !... ] <No es todo candidez [,] { y no es todo ↔ ceguedad revolucionaria en es os pobrecitos patriotas, no; < que > en medio de tanta tontería, late n ambiciones desapoderadas.> Con que ya sabe: métase allá, y no vacile en poners e al lado de los que alboroten en pro de Mendizábal. No me nos ↔ conviene que caiga tan pronto D.Juan: lo necesitaremos más adelante, quiz ás mu y pronto. Adiós, señor capellán; en © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 405 sus oraciones no deje de encomendarme á Dios.» © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 Mendizábal B. Pérez Galdós 406 [117/150] XXIX Seg ún atest ig uan personas coetáneas de la Zahón, tanto se afectó ésta con las inquietudes y cavilaciones de aquellos días, que se le disminuyeron las jorobas, y la exaltación de su espíritu fué parte á menear mermar ↔ las graves pesadumbres de su cuerpo. Pe ro como otros autores afirman lo contrario, manifestando que las jorobas corcovas ↔ , y con ellas el dolor y tirantez de músculos, aumentaron ho rrorosamente, el narrador de estos sucesos cree obrar con prudencia quedán dose en el justo medio entre tan opuestas opiniones aseveraciones ↔ , y así declara y establece que las protuberancias, los sufrimientos físico s y morales y el avinagrado genio de Jacoba Zahón, eran los mismos que en los días aquéllos (sic) <de la cena y> del convite que abrió á Calpena las puertas de la casa. Un día entero estuvo Jacoba la diamantista ↔ rumiando su idea una solución pronta y eficaz ↔ : escribió á su hijo, residente en Córdoba, [ ordenándole ] que viniese en su ayuda. Era ur gente apartar de la familia al exaltado joven, á quien recibió y agasajó viendo suponiendo ↔ en él secretos enlaces con damas poderosas y con ministros y personajes de gran viso. [ ¡ ] Buen chasco le había dado el tal Fern andito, que resultaba un triste y © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 ANEXO 6 (1) TOMO I 498 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 ANEXO 6 (2) TOMO I 499 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 ANEXO 6 (3) TOMO I 500 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 ANEXO 6 (4) TOMO II 501 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 ANEXO 7 (1) 502 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 ANEXO 7 (2) 503 © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 504 ANEXO 7(1 y 2) Pérez Galdós MENDIZÁBAL ___________ SEGUNDO TOMO DE LA TERCERA SERIE DE LOS ● EPISODIOS NACIONALES ● POR PÉREZ GALDÓS Era el Excmo. Sr. D. Juan de Dios Ál varez Mendizábal, cuando subió al poder en Septiembre de año 1835, un hombre de cuar enta y cinco años de edad, de cuyo físico y porte hace Pérez Galdós la siguiente pi ntura al presentarle a sus lectores en el volumen segundo de la tercera serie de los Episodios nacionales , que lleva por título el apellido del famoso hacendista. «Estaba el grande hombre s entado, y se inclinaba para sacar papeles de la gaveta más baja de su mesa ministerial. Al in corporarse presentó a la admiración y al respeto de Calpena su hermoso busto: su rost ro grave, de correctísimas facciones: el rizado cabello; las patillas tan bien encajadas en los cuellos blancos; y éstos en el tieso tafetán de la negra corbata relu ciente; y por fin, al ponerse en pie, ésta en toda su longitud, ceñida y al propio tiempo holgada….. ….. Cuando D. Juan de Dios avanzó hacia él ostentando la gallardía total de su persona, su alta estatura, Calpena, que ya había admirado el busto, admiró también el pantalón de corte perfecto, como de sast re londonense, y el pie pequeño calzado con zapato bajo sujeto en el empeine con un lazo de cintas negras.» Tal era, pues, el gran reformador cuando después de sus trabajos y de sus estudios en Inglaterra y de sus éxitos en Portugal, echó sobre sus hombros la abrumadora carga del poder , que había de lle var durant e ocho meses, desempeñando á la vez la Presidencia del Consejo y la s carteras de Hacienda y de Estado, y haciendo las cosas memorables que harán et ernamente célebre su nombre. En el espacio de esos ocho meses se comienza á desarrollar la novela, que ya unida á los acontecimientos históricos que s on el objeto principal de las interesantes narraciones del insigne autor de los Episodios ; y como esos acontecimientos fueron muchos y muy notables, resulta el volumen titulado Mendizábal uno de los más interesantes de los que comienzan con la bata lla de Trafalgar y llegan hasta la muerte de Zumalacárregui. Fué aquel periodo del otoño de 1835 á la primavera de 1836 de gran animación para los románticos que salían á la vida; de extraordinaria agitación en las sociedades secretas, que entonces abundaban, ejerciendo una gr an influencia en la marcha de los negocios públicos; de regocijo y de burla en el Parnasillo , que se había establecido hacía ya cuatro años en el café del Príncipe, y de muchos cabildeos entre los políticos, que se disputaban los puestos en el Esta mento de Procuradores como ahora se © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 505 disputan para el Senado y el Congreso de los Diputados. La solemne apertura de dicho Estamento, que se instaló provisionalmente en la Iglesia de Clérigos menores , establecida en la Carrera de San Jerónimo, constituye uno de los episodios del nuevo libro de Pérez Galdós, y en él nos presenta el ilustre escritor á la Reina Gobernadora Doña Marí a Cristina de Borbón en todo el apogeo de su espléndida belleza. «Aunque el día no era apacible, dice describ iendo la ceremonia, la multitud se agolpaba en las calles para ver á la reina y su co rte, y por admirar el lujo de corceles empenechados, los lacayos y cocheros á la f ederica, las carrozas de concha y marfil y todo el elegante barroquismo que constituye el ceremonial palatino de calle. La hermosura de la reina, su gracia y gentileza eran tales, que ante la realidad se achicaban las hipérboles que á su paso se oían. Vestía de negro. Su peinado de tres potencias, con la real diadema y el velo blanco que graciosamente le caía sobre los hombros; la pedrería que al cuello y entre los graciosos moños de su pelo ostentaba; la majestad de su rostro; la sonrisa hechice ra con que agraciaba al pueblo dirigiendo sus miradas á un lado y otro, fo rmaban un conjunto que difícilmente olvidaba el que una vez tenía la suerte de verlo. Contaba poco má s de veintiocho años y ya su nombre había fatigado á la Historia por las circunstanc ias de su casamiento, de su corta vida matrimonial, de su viudez prematura, que pus o en sus manos las riendas de una nación desbocada.» El anterior es indudablemente uno de los mejores retratos que se han trazado á la pluma de aquella reina de angelical be lleza, cuya venida á España fué saludada como una aurora de regeneración y cantada por liras tan sublimes como las de Quintana, Lista, Gallego, Pastor Díaz, los duques de Frías y de Rivas, Escosura, Espronceda, Bretón de los Herreros, Gil y Zára te, Pezuela, Ventura de la V ega, Molins, D. Pedro Madrazo, y tantos y tantos hombres eminentes. La vida de aquel Estamento fué tan efímera como la de las rosas, y fué disuelto apenas abierto, siguiendo la suerte de todas las Cortes españolas, que no han llegado ninguna al término de su vida legal, y eso que ésta no es más que de cinco. ● ● ● Entre los episodios novelescos que hac en interesantísima la lectura de Mendizábal , figura la historia de un abanico , que no puede menos de conmover á cuantos se interesan por los objetos de arte y sienten el delirio de las colecciones. Hiciéronle Laurent y Lefévre para la reina María Lenzinska por encargo de S.M. Luis XV; pero apenas concluido, se lo apropi ó Mad. Pompadour, que hizo poner en él su divisa Virtus in arduis . Fue después de la marquesa de Maurepa; llegó a manos de Godoy, que hizo con él un regalo á la reina Ma ría Luisa; se lo llevó el mariscal Soult entre el rico y artístico botín que recogió en España, y se hicieron con él aire la emperatriz Josefina, la reina Hortensia, la célebre actriz Mlle. Mars, volviendo después © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 506 de muchas vicisitudes á Espa ña y á poder de los chamarileros del tiempo de Cristina, la Jacoba Zahón, corredora de alhajas y prestamista, y el viejo Maturana, diamantista que fué de palacio en el reinado de Fernando VII y durante la privanza de su protector el duque de Alagón. Los chamarileros quisieron vendérselo á la Reina Gobernadora, pero esta señora no estaba entonces bien de fondos ó no quería emplearlos en cosas de lujos; y en Mendizábal no concluye la historia del abani co, aunque se supone que no volvió á salir de España, y debe hoy figurar en alguna de las co lecciones famosas que existen, y son la de la infanta Isabel, las de las duquesas de Fernán Núñez y de Alba, la de los herederos de la condesa de Campo Alanje, las que se han formado con la que se disolvió á la muerte de la condesa de Ve lle, ó entre los que guarda como oro en paño D. Antonio Lambea, el sucesor de Serra. ● ● ● Con la historia del héroe novelesco de Mendizábal , el simpático Fernando Calpena, sucede lo que con el abanico: no acaba, y así como la artística y preciosa prenda queda sepultada en los armarios de la jorobaza doña Jacoba, el desdichado Fernando queda encerrado en el Saladero, en castigo, más que de sus exageraciones políticas, de sus románticos extravíos. Hay que esperar el tomo próximo de los Episodios para saber cómo continúan los sucesos que se comienzan á desarrollar en el segundo de la tercera serie, que es una joya más de las que Pérez Galdós ha labrado para enriquecer la literatura contemporánea. K a s a b a l Kasabal es el pseudónimo del periodista José Gutiérrez Abascal, uno de los fundadores del periódico El Resumen , colaborador también de la revista Blanco y Negro y el periódico El Liberal . © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 513 sus reformas en España, sus luchas con los cler icales m ás o menos em bozados, su entrada en el ministerio, su caída, las anécdotas que acerca de ella se cuentan, sus tentativas ulteriores en pro de las i deas progr esist as y su muer te en la má s estrecha pobreza, cosas son todas ellas que exigen mayor espacio y estudio m ás detenido de los que le consagra el autor del episodio. De lo que Galdós dice de Mendizábal apenas puede sacarse otra idea de tan extraordinario personaje que la de que era de av entajada talla, de correctas facciones, de pie menudo y de escasísim a cultura literaria. De la en ergía que tuvo que desplegar en su lucha con las facciones de su tiempo y con las desconfianzas de la corte; del clamoreo que en torno al grande hombre form aron cuantos se sentían heridos por su radicalísima m edida; de toda aquella tempestad que contra él se desencadenó, y de la cual aún llegan hasta nosotros, aunque lejanos, algunos truenos, muy poco se trasluce al través de las 358 páginas de la novela. Com o en Zumalacárregui , en Mendizábal la figura del protagonista ap arece algo borrosa. Yo no sé si, analizada, en vista de documentos para m í desconocidos, la de D. Juan Álvarez se empequeñecerá hasta ser com o Galdós nos la presen ta; pero si he de de cir que el retrato m oral, la etopeya , como diría Hillo, que del atrevido revoluc ionario hace el insigne novelista, difiere mucho de la que su biógrafo Sendra traza y de la s que han dejado consignadas en sus historias, entre otros, Bermejo y Pirala. ● ● ● Ya dejo dicho que el episodio de Gal dós más se propone estudiar el tiem po de Mendizábal que á Mendizábal mism o. El año 35 fue como el am anecer de un nuevo día para España: la energía nacional, casi ahogada por las brutales manos de Fernando VII, brotaba vigorosa después de la muerte del Monarca. Sabi do es que el prim er esposo de la Reina Cristina comparaba su reino con una botella de cerveza, de la cual botella, él, el Soberano, era el tapón. Cuando faltó éste, el líquido saltó con espumosa violencia. El romanticism o — que, com o siem pre acontece en todo movim iento literario, fue más bien un efecto que una causa, — lo invadió todo: la política, el arte, las costumbres. La exaltación de los ánim os, la violencia de las pasiones revolucionarias, el ansia de novedades, la necesid ad de rom per leyes e instituciones viejas y q ue no se acomodaban ya al espíritu de los nuevos tiem pos, produjeron aquellos extravíos en el pensar y en el sentir que, si en el teatro y en la novela se manifestaban en espeluznantes delirios que en la vida real se traducían en negros conciliábulos y en trágicas revueltas. Este momento crítico de la historia de Es paña en nuestro siglo ha sido perfectam ente expresado, con ciertos dejos de ironía, por Ga ldós en la acción novelesca de su episodio. El cambio radical que en sus ideas ordenadas y en sus sentim ientos acompasados experim enta Fernando Calpena, pasando de un salto del más correcto clasicism o al rom anticismo m ás violento; sus amores con Aura, « encendidos al choque de la prim era mirada, » los tétricos proyectos de los dos amantes, sus graciosí simas carta s, burla finísima del estilo rom ántico… todo ello es como el resum en significativo de aquella sociedad, en la cual abundaban entes como el que nos describe Mesonero Romanos, « de convexas m elenas, de mejillas lívidas, labios mortecinos, afilada nariz, ojos de m irar sombrío y frente triangular y fatídica. » El misterio envuelve la vida de los am antes, que como los de Teruel, se adoraban antes de haber nacido, y este misterio, m uy propio del gusto de la época en que la fábula se desenvuelve, contribuye a dar interés a la novela, la cual no acaba en Mendizábal . « En el núm ero, » ó m ejor © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 514 dicho, en el episodio siguiente, De Oñate a La Granja , se continuará. ● ● ● No hay que decir, tratándose de una obra de Galdós, que hay en ella tipos tan bien estudiados como Hillo, cura taurófilo y retórico, la jorobada Jacoba, el oficinista Milagro, el policastro Nicomedes y otros de m enor importanc ia. Todos ellos hablan según corresponde a su carácter y condición social… ¡Lástima que á veces em pleen locuciones que no se usaban en el tiempo en que pasa la acción! La obra, á pesar de los lunares que he cr eído ver en ella, y con toda sinceridad he señalado, interesa y cumple su principal objeti vo, que es sin duda dar á conocer en f orma am ena y presentándolo como viviendo, un im portante periodo de nuestra historia moderna. Z E D A © Del documento, de los autores. Digitalización realizada por ULPGC. Biblioteca universitaria, 2008 [Document text truncated for crawler view.]