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Discurso de Presentación del libro Plaza de Toros en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Obras 2005 - 2011 [Reseña]

Gaztelu, Luis Felipe

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Fig. n.º 59.- Plaza de Toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Obras 2005 - 2011. Fundación Real Maestranza de Caballería de Sevilla, 2011. Revista de Estudios Taurinos N.º 30, Sevilla, 2011, págs. 217-230 Excmo. Sr. Teniente de Hermano Mayor de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla Ilmo. Sr. Delegado de Cultura en Sevilla. Excmo. Sr. General Jefe de la Segunda Subinspección General del Ejército. Sras. Sres. Caballeros Maestrantes «Presentar un libro me manda mi Teniente, que en mi vida me he visto en tal aprieto»... DISCURSO DE PRESENTACIÓN DEL LIBRO PLAZA DE TOROS DE LA REAL MAESTRANZA DE CABALLERÍA DE SEVILLA. OBRAS 2005 - 2011 Luis Felipe Gaztelu 218 Perdónenme la osadía de tomar como arranque de mi introducción la sorna de Lope de Vega, quien escribía los sonetos sin siquiera pensarlos, pero no es ése mi caso: la mayor parte de los arquitectos sufren al hablar en público si no tienen un lápiz en la mano. Es para mí un orgullo y una responsabilidad haber recibido el inmerecido encargo de presentar este libro, en el que se exponen las obras realizadas en nuestra Plaza de Toros durante el periodo de 2005 a 2011, coincidente con la Tenencia de D. Alfonso Guajardo-Fajardo y Alarcón. Trataré de estar a la altura que tal esfuerzo editorial merece, y seguiré para su presentación el orden de su propio contenido. Se compone de cinco capítulos relacionados con las obras llevadas a cabo en estos últimos seis años. Sus autores son los mejores conocedores de cada una de las materias que en ellos abordan. Para valorar en su contexto las obras efectuadas, conviene recordar –muy sucintamente– los antecedentes de nuestra Plaza de Toros. Ello me lleva a considerar –a través de anotaciones tomadas de los historiadores– la razón y orígenes de la Real Maestranza y su vinculación a la Fiesta de los Toros. En 1670, durante el reinado de Carlos II, se fundó la Maestranza de Caballería de Sevilla manteniendo el espíritu de la Hermandad de San Hermenegildo. Ésta había sido instituida 400 años antes por los Caballeros que acompañaban al Rey Fernando III, con objeto de adiestrarse en el manejo de las armas y las prácticas ecuestres. Durante el primer tercio del siglo XVIII, por decisión de Felipe V, estuvieron prohibidas las corridas en todo el territorio de su reino. Los Maestrantes demostraron muchísimo interés en la obtención de una autorización para correr toros. En 1729, en agradecimiento al apoyo recibido de la Maestranza en Recensiones de libros 219 la Guerra de Sucesión a la Corona española, Felipe Vconcedió importantes y decisivos privilegios a la Corporación. Apartir de entonces, tendría el tratamiento de Real, tendría jurisdicción privativa y posibilidad de celebrar Fiestas de Toros con las que sostener la Institución. Para ello, ésta mandó construir un cerrado –o plaza de madera– al principio de forma cuadrilonga junto al monte de El Baratillo. El empleo de Hermano Mayor del Real Cuerpo correspondería, más tarde, al propio Rey. Sin embargo, en un principio, lo ostentaba uno de sus hijos. De ahí, que la entrada principal de la futura Plaza de Toros fuera conocida como Puerta del Príncipe desde entonces. Esta primera plaza fue sucesivamente sustituida por otras tres –también de madera–, en las que la forma evolucionó, evitando los rincones en que se aquerenciaban los toros. En 1733 se construyó una plaza –ochavada por el exterior y redonda por el interior– que respondía a la forma cuasi circular que hoy presenta. Ala vista de los cuantiosos gastos que el mantenimiento de las plazas de madera suponían para la Real Maestranza, en 1749 comenzaron las obras de caballerizas y casas para una nueva plaza de toros –ya de material–, que se inició en 1761, coincidiendo con la cuarta instalación –todavía de madera–, que fue progresivamente sustituida. 120 años más tarde, se terminó el cierre de la arquería superior, pudiéndose considerar finalizada la construcción de la Plaza y sus dependencias. Durante este lapso de tiempo las obras se ejecutaron a lo largo de varias etapas, sufriendo sucesivas interrupciones, generalmente vinculadas a las prohibiciones de festejos taurinos decretadas por la Corona. Una de estas paralizaciones duró 60 años y en ellos no se llevaron a cabo más labores que las propias de mantenimiento. Gracias al tesón de las sucesivas Tenencias de la Maestranza se han ido ejecutando numerosas mejoras que han sido permanentemente mantenidas para poder disfrutar hoy de un monumento que constituye un ejemplo indiscutible de la arquitectura civil sevillana. Para despertar el interés del lector, el libro que hoy presentamos comienza con un Prólogo escrito y firmado por S.M. el Rey. De ello no cabe más que felicitarnos por haber merecido el interés de nuestro Hermano Mayor. Éste, conocedor del gran esfuerzo desarrollado por esta Tenencia y su Junta de Gobierno, glosa en unas cuantas acertadas frases el alcance de la actividad de la Corporación. Ensalza, como él mismo dice, su labor de mecenazgo artístico y cultural al dedicar una parte importante de sus esfuerzos al cuidado y conservación de la Plaza de Toros, de la que es propietaria. * * Continúa el libro con el primer capítulo, titulado: RESEÑA HISTÓRICA YCRÍTICA DEL PROCESO CONSTRUCTIVO DE UN EDIFICIO VIVO. Su autora es María del Valle Gómez de Terreros Guardiola. Catedrática de Historia del Arte de la Universidad de Huelva, rigurosa investigadora, autora de varios libros especializados en arquitectura monumental –entre ellos uno específico sobre la Plaza de Toros de la Real Maestranza, titulado: “La Plaza de Toros de Sevilla. Historia de su ininterrumpida construcción”–, María del Valle es sin lugar a dudas uno de los más importantes referentes en la historiografía de la arquitectura monumental de Andalucía. La lectura del primer capítulo del libro que les presento, hace comprender los múltiples avatares por los que ha pasado la construcción de la Plaza, desde sus antecesoras de 1730 hasta el cierre de la arquería en 1881. Luis Felipe Gaztelu 220 El paso del tiempo deja su huella en un edificio, todo queda registrado: ¿qué fue?; ¿para qué se usó?; ¿con qué técnica se hizo?; ¿cómo se construyó? La investigación consigue revelar su historia, pero es mucho más fluida y exacta si se dispone de restos, escritos y gráficos que la apoyen. La labor del historiador es conseguir descubrir el cómo, cuándo y para qué fue hecha una determinada obra. En definitiva, son las fuentes la que nos cuentan la vida de un edificio. Si los edificios no se mantienen o no evolucionan adaptándose a los cambios sociales no se conservan. Están muertos. María del Valle Gómez de Terreros ha sabido investigar en nuestra Plaza de Toros, cómo y cuándo fue su construcción, las sucesivas fases en que se ejecutó, cuáles fueron sus reformas y adaptaciones y la adecuación a las exigencias de la propia Fiesta. Hechos que convierten a la Plaza, como ella misma dice, en un edificio vivo. * * El segundo capítulo trata de: ELEJE PUERTA DEL ENCIERRO - PUERTA DEL DESPEJO; LAREFORMA DE LAS GRADAS CUBIERTAS POR LA ARQUERÍA. Lo escribe el actual Arquitecto Conservador de la Real Maestranza, redactor de los proyectos y director de las obras que se contemplan en el Libro: José Antonio Carbajal Navarro. Nadie mejor que su autor para describirnos las circunstancias que han ido sucediéndose en la ejecución de las obras. Su nombramiento en 2003 constituyó un nuevo éxito de la Real Maestranza, como se ha demostrado desde sus primeras intervenciones. El currículo de José Antonio Carbajal es muy importante y constituye la mejor garantía de lo que de él podía esperarse. Arquitecto desde 1968 por la Escuela de Arquitectura de Sevilla, ha participado en varias Muestras tanto nacionales como internacionales. De las numerosas distinciones con que ha sido Recensiones de libros 221 galardonado destacaría el “Premio Andalucía de Cultura a la Defensa del Patrimonio Histórico Artístico”, que ganó por la rehabilitación del Teatro Manuel de Falla en Cádiz. Sucede a una larga lista de grandes profesionales que han desempeñado el mismo cargo a lo largo del tiempo. La Plaza se construyó según un primer diseño rodeándose de edificios que determinaron la traza urbana de esta parte de la ciudad. Si se contempla la edificación entre sus calles limítrofes, incluyendo la casa que ocupaba la esquina Sur del conjunto –derribada hace unas decenas de años–, la manzana podría entenderse como una gran casa principal. El patio sería precisamente la Plaza y, como ocurre en las casas principales, de las que hay abundantes ejemplos en la ciudad, es en el patio donde se concentra la arquitectura más noble y culta de la casa. Permítanme ahora unas consideraciones generales. Los edificios en cuya concepción se desarrollan los principios de la arquitectura pueden ser agrupados en dos categorías distintas: los orgánicos, construidos para satisfacer las necesidades de sus ocupantes; y los monumentales, destinados a encender la admiración, la fe o el buen gusto del pueblo. Estas dos grandes clases de edificios se rigen por reglas distintas, puesto que tienen una naturaleza abstracta diferente. En los de la primera clase –los orgánicos–, al depender de necesidades concretas, las leyes de sus proporciones obedecen a reglas referidas a su tipología. Los de la segunda clase –los monumentales– ocupan aquellas posiciones y adoptan aquellas formas que, se supone, habrán de generar con mayor eficacia el sentimiento buscado. Esta búsqueda de la belleza y de la armonía viene desde la antigua Grecia, de Roma después y, ¡cómo no!, del Renacimiento nacido en Italia. Existe un grupo de artes cuyo objetivo principal es de carácter estético aunque puedan tener, además, distintas finali- Luis Felipe Gaztelu 222 dades prácticas. Desde una visión académica, la arquitectura debe albergar a la gente. La escultura y la pintura tienen que representar escenas religiosas, costumbristas, históricas o también retratar personajes. La música está al servicio de las ceremonias religiosas y de la danza. Pero, por encima de estos fines, estas Artes crean belleza y comunican emociones estéticas: son las Bellas Artes. La idea de que la arquitectura es una de las Bellas Artes coloca a los arquitectos en una difícil situación: tienen que buscar a la vez dos objetivos completamente distintos. Por un lado, los edificios monumentales no tienen otro objeto que el sentimiento que los inspira y la admiración que procuran despertar. Esto sólo sucede en edificios no habitados: una columnata, un arco de triunfo, etc. Sin embargo, la mayoría de los edificios importantes, de los que se espera susciten emociones estéticas –tales como templos, palacios, o… ¡¡ plazas de toros !!–, tienen que servir a una función concreta y, a veces, bastante compleja. Estos edificios tienen dos funciones: la expresión estética y la utilidad práctica. ¡Y deben cumplir simultáneamente ambos objetivos! Hasta mediados del siglo XVIII, la palabra arte se había aplicado a casi todas las profesiones. Los médicos practicaban un arte, lo mismo que los abogados. También lo hacían los ceramistas, los vidrieros, los ebanistas, etc. Pero estas artes se han denominado menores o aplicadas para distinguirlas de las Artes por excelencia: las Bellas Artes. La lengua castellana conserva el sentido genérico del término arte, que sirve para denominar cualquier clase de habilidad o de conocimiento práctico. Pero cuando se habla del Arte en general, y especialmente cuando se escribe con mayúscula, se entiende que se trata de la actividad cuyo fin principal es la expresión estética. Aplicando estas reflexiones a la ejecución de las obras de reforma diseñadas por Carbajal, debemos concluir que su actuación en la Plaza de Toros ha sido toda una obra de arte, ya que Recensiones de libros 223 ha conseguido aunar las dos funciones propias de las intervenciones en los edificios monumentales: la expresión estética -que suscita emociones- y la utilidad práctica. Si en la jerga taurina se puede definir la casta de un toro como la capacidad de provocar emoción en su lidia, podemos afirmar que José Antonio Carbajal es un arquitecto con casta. Con mucha casta. En el año 2005, Carbajal ya trabajaba en el proyecto de construcción de una nueva y moderna Enfermería. Se trataba de ocupar un espacio comercial preexistente, situado en los bajos de una parte del caserío que envuelve la Plaza por la calle Adriano. Dicho local, lindaba con la antigua entrada llamada Puerta del Despejo en recuerdo a que, antes del comienzo de un festejo, entraban por ella los alguaciles a “Despejar Plaza”. Con el paso del tiempo y la reglamentación de la lidia, la Puerta del Despejo y su conexión directa calle/ruedo cayó en desuso por lo que, en los años cincuenta del siglo pasado, se eliminó. En su lugar se dispusieron localidades de barrera. Tras ellas, la Puerta se mantuvo como un vomitorio más. El traslado de la Enfermería a este nuevo emplazamien- to ha dado lugar a varias mejoras: se ha recuperado la Puerta del Despejo en todo su trazado, por lo que el ruedo vuelve a conectar directamente con la calle. Se ha logrado el acceso a las instalaciones de la Nueva Enfermería a nivel del ruedo; y, a su vez, han sido eliminadas las barreras arquitectónicas desde la calle Adriano. Otra de las obras que ha sido posible realizar, gracias al traslado de la Enfermería, es la recuperación de una antigua escalera y su correspondiente puerta de acceso desde el exterior, adyacente a la conocida como Puerta del Encierro. Esta puerta, que debe su nombre a que por ella entraban las reses desde los campos de Tablada, comunicaba el ruedo directamente con la calle Circo. Pero, al disponerse que los toros Luis Felipe Gaztelu 224 se encerraran a través del actual Corral del Manifiesto sin pasar por el ruedo, perdió su función, por lo que fue anulada. Por un momento, pongámonos en la situación de aquel entonces. En 1913, se buscaba aumentar el aforo de la Plaza. Por ello, el entonces arquitecto de la Corporación, José Sáez López, presentó un proyecto que proponía la reducción del ruedo, la construcción de tres nuevas filas de barreras y la ejecución –sobre el primitivo– de un nuevo tendido con menor pendiente y mayor cabida. Al año siguiente se ejecutó la primera fase y se convocó un concurso para llevar a cabo una reforma general que, además de la construcción del nuevo tendido, contemplaba la reforma de las gradas cubiertas e, incluso, la realización de una segunda planta sobre la arquería. Se adjudicó al arquitecto Aníbal González –personalidad crucial en la arquitectura de Sevilla–, quien llevó a cabo la reforma de los tendidos desaconsejando la realización de la segunda planta sobre la arquería. Hubo dos circunstancias que afortunadamente coincidieron para que esta duplicación del graderío cubierto no se acometiera. Por un lado, el gran costo que ello suponía. Por otro, que en 1916 –probablemente con miras a la Exposición del 29–, comenzaran las obras de construcción de la Plaza de Toros Monumental de Sevilla, junto al barrio torero de San Bernardo. La rivalidad entre Juan Belmonte y Joselito propició la concepción de este proyecto, ya que el primero tenía casi el monopolio de la Real Maestranza. La nueva plaza fue construida gracias al entusiasta apoyo de Joselito y de su amigo José Lissén, un rico comerciante de Dos Hermanas que financió las obras. Se construyó en hormigón armado, con capacidad para 23.000 espectadores. Fue diseñada por los arquitectos José Espiau y Francisco Urcola. Éste último ya había proyectado, en 1903, la desaparecida plaza de toros de San Sebastián y, más tarde, también la de Pamplona, que fue luego magistralmente ampliada por Rafael Moneo en 1966. Recensiones de libros 225