Obras completas de Mistres Bennet
Abstract
Vols. I-IV: Ana, ó la heredera del País de Gales. Vols. V-XIV: Rosa, ó la niña mendiga y sus bienhechores
Full text
OBRAS COMPLETAS DE MISTRES BENNET, TOMO IL11,
fñ-s06sa ANA, Ó LA HEREDERA DEL PAÍS DE GALES: TRADUCIDA POR DON FELIX ENCISO S, 4. a. TOMO 1I1L o cc, MADRID. Inmerenta o Rerurzá S, 1819
a ax pul o : . Qda LA , Y Sra Ue nOoIDANez BOS
1 Er rrbee ui ANA Zip dot 535973 E E Ó LA HEREDERA. DEL PAÍS DE, GALES, Gu' ¿noj od jed omos 1095 33% UP 3D ¿21909 (12 9h 93551 "CAPÍTULO. o siibb “i La tempestad. E E, el primer hervor'de su! imaginas cion no sabia Ana: si alegrarse:y entris. tecerse por el buen éxito: de su fuga. Su deplorable situacion > Su absoluta ignos rancia de lo que es una Capital, acaso la menos conveniente á $4 actual posicion; y donde no tenia nadieá quici poderse dirigir; todo hirió tan vivamente su fan= tasía, que apénas principió-4 andar el coche, cuando ella quedó sin saber: do que la pasaba. Su timidez se renovó: de modo que estuvo tentada á volver pies atrás: pensaba que pudiera. haberse refu-
Er) unidos á esta decision general la pusieron en términos que se*creyó en vísperas: de terminarlos todos'con la muerte, Incapaz de sostenerse cayó en el suelo, y con:una voz débil exclamó: ¡ Dios mio! tened pies dad: ¿qué va á ser de mí? Las damas ini tentarón tranquilizarla , pero en vano: la agitacion de su espíritu”, las aventuras de aquel día, la incertidumbre de lo que la Sucederia antes de que concluyese lanos che, todo esto añadido á un calor extraordie nario, y á un sudor que por momentos se iba haciendo mas copioso,-la obligaron'4 aceptar la humana oferta que la: hicieron aquellas damas de ir á descansar á'su cas ma; enla que cayó rendida con un letara go tan grande, que'no fue posible el haz cerla volver en sí. Aquellas mugeres sensibles y hospita= larias'no concibieron otro temor encuane to'á ella, sino la inquietud que suponian habia de causar su retardo á sus pariens tes. Ya he dicho yárias yeces que el' asi *
Ex] pecto de Ana la hacia encontrar amigos en todas partes: así sucedió entonces, pues las damas estaban encantadas de su presencia y sus modales, y mientras que dormia no pudieron menos de acercarse á la cama, mirando y admirando su belleza. Estaban ciertas de que pertenecia á clase mas superior que la mediana , pues su vestido, aunque sencillo, era elegante y gracioso, como que era en una palabra “aquel mismo que vimos tan bien descrito en boca de Mis Bibbins. Cuando entró en la sala ocultaban la belleza de su rostro una especie de adorno negro que: llevaba en la cabeza y sus cabellos esparcidos; pero luego que se quitó aquel, y separó estos , pareció (como era verdad) la mas perfecta criatura, Era la media noche cuando volvió en sí: ¡cuál fue la consternacion de sus bienhechores cuando la hallaron ardiente, y” totalmente insensible á cuantos objetos la rodeaban! Enyiaron á llamar al;boticario
[14] mas inmediato, quien declaró que tenia una buena calentura, y se puede imaginar cuál seria la consternacion de las dos señoras cuando el tal boticario añadió, que tenia pocas esperanzas de que pudie= se recobrar el uso de sus sentidos antes de que la enfermedad tomase el giro correspondiente á su naturaleza 5 y á todo esto se aumentó, que habiendo examinado sus bolsillos no hallaron indicio alguno de su nombre, ni de su familia. En aquel terrible estado la Providencia habia felizmente depositado á nuestra heroina en manos de dos mugeres, cuyo buen corazon y humanidad eran tales, que no fal taban sino los medios para ser las bienhechoras de todos sus semejantes. Mistres Hugues era una jóven viuda que por sus negocios habia ido á pasar , “Algunas semanas en Londres, y que por casualidad habia tomado un cuarto que alquilaba la dueña de aquella pequeña tienda. Declaró que no solo cederia su
z Ex5] cama á la enferma, sino que pagaria todos los gastos de la enfermedad. La mercadera y su hija prometieron velarla alternativa= Mente, y el boticario seguir sus visitas, Dejemos á nuestra heroina en manos de tan buenas gentes, y volyamos 4 hablar de nuestros amigos de Layton. CAPÍTULO LL Desesperacion de una alma noble, Cuando Dalton habia salido aquella mañana fue su primer designio alcanzar al criado que lleyaba la respuesta de Ana á su noble amante, La rabia le dió fuer- 74, y así unas veces corriendo, y otras andando de priesa se halló 4'la puerta del Lord un minuto ó dos despues de la Jlegada del criado, quien ya habia entregádo su despacho. La segunda cosa que entonces tenia que hacer era esforzarse 'á dnlcificar la impresion que habia debido producir la ingrata y grosera carta que
[16] su señoría habia recibido. Se le introdujo en su gabinete, donde vió la flor de la nobleza procurando ocultar su corage y su altivez mortificada. bajo la apariencia del desprecio. _Muy bien, señor Dalton , le dijo. teniendo la carta abierta en la mano: por mi vida que vuestra pupila corresponde á los cuidados con que la habeis educado. Milord, respondió él inclinándose hasta el suelo, yo suplico á vuestra grandeza... ¡Ob! no rogueis: mas ,- contestó el Lord; este es un negocio concluido: ciertamente que no importunaré mas á Mis Mansel, Dijo esto con un juramento redondo como una bala, y siguió diciendo: ¡cómo se entiende! ¿un hombre de mi clase y de mis bienes, que hace tanto papel en el mundo, desechado así por una hechicera que no vale seis dineros? Ahora ya no es dudoso que está prostituida: el de Gales la ha seducido ciertamente , pues no €s po> sible que de otro modo hubiera podido
E17] , despreciar el honor que yo la hacia; pero: ella lo pagará bien'caro; .. +. Ciertamen= te, Milord, respondió Dalton interrumpiéndole, lo pagará tan caro , que si vues« tra grandeza la abandona, se verá en una cárcel, : Á esta amenaza recobró su brillo Ta magnífica presencia del Par, y convino €n que no merecia ninguna gracia ni por! parte de su amigo, ni por la suya, ni por lá de otro alguno; pero luego que Dalton le informó: de lo que habia pasado -aque- la mañana, le censuró por su zelo indis< creto, infiriendo sagazmente que si habia en realidad alguna. relacion entre ella y: Edwin, se dirigiria probablemente. á «él para tener auxilio en semejantes. circuriss tancias, j Despues de muchos Argumentos en: pró Y €n contra, se decidió que Dalton forz maria contra Ana una demanda de 150 libras esterlinas, que se aseguraria de un oficial. de justicia «con su escolta 5 Para Tomo 111, 2
Ex87 servirsode:éstá fuerza en el 'casol de: seb necesaria, á fin desobligarla 4 venir con élá la ciudad., en cuyo viaje se ofreció rambien-á venir su.señoría. Mas el poder; que desordena: los: planes. mas: profunda= mente combinados, se sirvió de esta últi ma condescendencia para trastornarlo todo: porque si nuéstra:heroina no los'¿hux biera encontrado, como:ya:heoreferido, el terror y el pesar quecexcitaba en ella su viaje sin duda da hubieran hecho «vol verse-al pueblo; ¡donde según todas: las a= pariencias y probabilidades humanas: hubiera finalmente parado en ser, cuando menos, esposa del hombre que para: ella era el mas abominable de cuantos existian sobre la tierra. Los dos socios no dejaron de tomar sus prudentes medidas cuando llegaron al pueblo; pues para no espantar la caza, como suele decirse, se apearon á-alguna distancia de la casa, se envió á buscar al ministro de justicia; y enel coche ¡se le
[19] inandó irá una AR para aguardar allí hueva órden; 01 10 u Mistres Dalton y Peggy. estaban tos mando el té cuando recibieron en sucuár to lawisita de :suz señoría, 4 quien no: as guardaban. La historia:que tenianqie cons tarle eta triste pel efecto que habia pros ducido:en la pobre Ana la cólera de Dalton habia afectado tantó á su: muger, qué apénas pudo referirle-sin conmioversé vil vamente: así su: marido-con una mirada advirtió al Lord' que no descubriese del plan combinado sino'aquella parte que nó Pudiese menos de decirse; El Lord, por mas: irritado-y resentida que estuviese, no pudo Menos de COnmo= verse al oir la deplorable situación: de su amada, y no se afigió menos coh está nueva prueba del desprecio quehacia de él y (lo que era peor) de su'clase, aquellá Jóven, 4 quien no podia dejar deadorar, Sus artificios, sus maniobras diestras. y estudiadas, todo quedó sin efecto en el
[20] instante en que este: mismo efecto era: el mas necesario para su felicidad. La idea de:queval fin se hallaba vengado: por la miserable situacion de la. belleza que le despreciaba, le daba algun placer secreto y maligno; pero, cuando se figuraba la jóven encantadora , en quien todos sus votos estaban concentrados , despedazada por la desesperacion , y espirando de dolor y destemor , entonces le humanizaban un poco, por decirlo así , los sentimientos de piedad, que por la primera vez experimentaba su corazon. Igualmente incapaz de sufrir sensaciones! tan nuevas, E de: permanecer en el tormento de la incertidumbre,. quiso verla, y rogó á.Mistres Dalton que la asegurase de su parte que seria la última vez que la importunaria; si ella:no quisiese. En efecto, Mistres su= bió:la:escalera, y la bajó en un minuto, diciendo con mucha. consternacion que ¡Ana no parecia, ¿Cómo? ¿se habrá ya restablecido?
[21] ¿habtássalido'de casa?. ¿estará durmiendo? +5 Oh! replicó Dalton , en ese caso yo haré que despierte al: momento, -y sá» liendo' de la sala: comenzó á llamarla á gritos. No halló ninguna respuesta á sus voces::se la buscó por toda la casa", «por la huerta y sus inmediaciones; pero todo en vano. Peggy opinó:que sin duda habria ido. 4 casa de Mistres Wellers, é ins mediatamente se dispuso; que ella misma fuese 4 buscarla; pero volvió:con. la res puesta de que tampoco estaba allí, y. que la señora habia ido por la mañana á Lon= dres , de donde aun no habia vuelto. Se celebró consejo. general, y. se hicie, ron todas las pesquisas posibles en el pue= blo: Peggy habia oido las palabras que Bentley habia dicho á Ana al despedirse, y así juraria que estaba en la Abadía; por lo cual se despachó allá otro expreso, pero tambien sin fruto. a El Lord Sutton no podia resolverse á marchar con esta incertidumbre: tenia el
[28] tar 4 Mistres Wellers aquella mañana; y luego que preguntó si se ofrecia alguna cosa, en seguida, y sin aguardar respues» ta continuó preguntando qué noticias cor= rian. Mistres Wellers conoció-que estas no= ticias eran relativas á Ana, y como no tenia por qué gastar cumplimientos con aquella muger, la contestó que nada sa= bia, y la puso en el caso de referir cuan= to ella hubiese oido. ¡Ay Dios , querida señora mía! con» testó inmediatamente la Wilson: esa criás tura tan bella , que estaba en casa de Dal: ton, acaba por fin de manifestar lo que “era : de veras se ha marchado con ese caballerito, que os dió de latigazos ( dijo esto mirando á Mr. Bentley), y añadió di= rigiéndose á su ama: ¡qué lastima , se» fora , que os hayais dejado engañar por ella! Esto es una cosa:que admira á todos. Mistres Wellers contestó que creía su fuga , pero no con aquel-caballerito, ¡Ah,
[291 20 señora! replicó la Wilson: es muy propio de vos que creais eso; pero en verdad es lastima que esteis equivocada. El antiguo criado del Dr. Parker está ahora sirviendo á ese señor, y no menos que ayer mismo nos contó á mi marido y á mí que la muger de su amo es una señora muy hermosa , y que ha llevado un gran caudal al matrimonio. Yo por mí creo que es mala vergiienza que se deje vivir así á esas mugerzuclas, y descára que se las quemase vivas, Ese señor vino ayer con Tom sin librea: yo tuye mucha dificultad en conocerle; pero le ví esperando cerca de nuestra casa hasta que marchó ; y ahora éstoy cierta de que no volverá nunca. Mistres Wellers se asombró: Mr. Bent= ley hizo mil preguntas; pero la otra no salia de su tema: y en verdad queen na> da podia diferenciar, pues la cosa era enteramente verdadera, respecto á que Mr, Edwin habia enviado á su criado para re= conocer el campo, é informado por esta
[307 espía de que Ana iba sola á casa:de Misa tres Wellers , habia venido precisamente aquel dia á ponerse en acecho para apro= yecharse de esta coyuntura, y tentar nue= vamente fortuna. La Wilson tambien has bia oido hablar de la enfermedad de aque= Ma jóven, pero omitió esta circustancias y Edwin, que tambien la habia sabido, conociendo que este incidente hacia inútil su viaje, no habia esperado sino hasta que supo su mejoría, y al momento. regresó á: Londres, Mr. Bentley echaba tacos y porvidas, golpeando el suelo con su baston Mistres Wellers se abismaba,en sus reflexiones; cuando étele que se presenta el Dr, Collet, y por su visita se mandó á la Wilson que saliese á la antesala á esperar nuevas órdenes. ; Este buen Doctor enel auxilio que prestó á nuestra heroina habia obrado por el divino impulso dela compasion y la humanidad, sin pensar en la regularidad,
[31] ñi en la legalidad de un acto, que sisbien era propio de la filantropía, acaso'no con-* venia á las leyes:de la prudencia. Se -ha- bia: comprometido solemnemente 4: poner su: sello sobre sus-maletas5 pero no habia juzgado apropósito preguntarlalas razones que la obligaban á tomar un partido tan desesperado. Igualmente habia prome= tido al jóven Herbert velar sobre'todas las acciones de Ana, y acababa de auxiliarla para dar un paso que le imposibilitaba de cumplir su promesa. Consideradas estas cosas, no estaba nada contento con su conducta; y: habiendo pensado en: el partido que se convendria seguir, y atormentado por sus ideas , fue á casa de Mistres Wellers para contarla el suceso, y pedir su consejo. “Mr, Bentley-y la dama estuvieron muy atentos á su relacion, y cuando la coneluyó exclamó Mr, Bentley enagenado de 8020; ¡con que, en fin, ella no se marebó con ese libertino! ¡Ha querido dejar
[32] sus ropas para pagar todas sus deudas! ¡Pobre jóven! ¡y eso á pesar de que las tales ropas eran regalo de una amiga á quien amaba tiernamente! ¡ Ah, encantas dora jóven! yo temo que hallarás demasiadas personas que quieran reemplazar por el amor, lo que perdiste en la amistad. Sí: el leon ama á la oveja, pero es para devorarla : tuya será la culpa si ahora inocente ó culpable no caminas en adelante por la senda del honor y de la paz. La primera sensacion que causó en Miistres Wellers la relacion del Doctor fue una grande alegría ; pero cuando reunió todas las circunstancias, y las con= vinó con las que contó la Wilson, noha= 116 nada que libertase 4 Ana de la sospecha de haberse fugado con Mr. Edwin. La precipitacion misma de esta fuga en el fomento en que ella sabia que iban á tomarse /informes en Grosvenor-Square , fortificaba esta sospecha, dando áenten- der que ella temia el resultado de-estos
[33] informes, La: buena «señora 'comenzó ya á; descontentarse con su propia condueta;. pareciéndola que habia sido un acto. de, debilidad: mas bien que de humanidad... Mr. Bentley no. pensaba del mismo modo, sino que se empeñaba en manteher susopinion favorable, y se incomodabade-tal: modo á la menor expresion que se Je decia en contrario, que Mistres Wellers Je dejó marchar sin informarle, como. lo hizo al Doctor, de las razones que justificaban sus temores. CAPÍTULO LIIL Política astuta. La última yezque hablamos de la familia de los Edwin no. dejamos ideas muy favorables acerca de la estabilidad de:sus amistades, ni de la consecuencia de su conducta. La. Frajan tenia fuertes motivos para temer y aborrecer á Ana, pues no bien Tomo 1IT, E 3
[347 la hubo cerrado todos los'cáminos'al'cariño:de Madama:Melmoth , cuando“insa= ciableren su codicia:, así como en su ven= ganzár, no'dejo*de=considerar bajo: cada, uno de todos los puntos de vista imaginables el'modo con que lograria que la rui= na de aquella inocente niña se convirtie sé en su propio provecho. Ya:se*habiz embolsado la: mitad” del: dinero ¿que segun los deseos del Coronel habia 'mandaw do Madama que se la diesen para el via je, y nose podia esperar de esta aya sin principios, sin modestia y sin honradez que perdiesa ocasion de afear el carácter de una niña, á quien tanto habia injuriado, y cuyo regreso á la casa y al favór de aquellos señores descubriría toda la iniquidad: Regularmente á una mala accion sigue otra, y los principios del vicio, ya sea añimado por el buen éxito, ó por la necesidad de ocultar lo” hecho, llegan 4 sew no solamente fáciles, sino fambien convenientes.
[35] «Estos estímulos no faltaron: 4 la Frajanvuel dinero ya estaba en su bolsillo; una pieza de encajes de Madaima Mel moth llegó á ser para: ella una tentacion demasiado próxima y viva para poder :resistirla. Ana: la: habia" doblado él mismo dia:que se la despidió; y aunque era¡muy hermosa, Madama no la hubiera pedido á muestra heroina, aun cuando! hubiése valido. cien veces mas, Pocos dias! despues sestrató de buscarla + se revolvió toda la: asa; y como ng se ballase , "sé infirió:que habia sido róbada: La Fraján hizo! las mayores instancias'para que se la registrasen sus ropas: y. baules, aurigue decia queá Dios gracia hasta entonces se la habian' confiado joyas: de ¡mucho valor, y quesu probidad estaba garantida por las principales damas de Inglaterra: pero añadia que como habia ténido la desgracia de tener tan mala compañía en Lodge, 'suplicaba se la examinase todo “sis equipage, Madama Melmoth' quiso que'se ..
E36] la complaciese en. esta súplica razonable, La alhaja. estaba. perdida, y, aquella: niñas, sobre cuyo rostro no se hubiera antes, permitido que. soplase siquiera: un; viento fuerte, y. en cuyo. pecho no habia, tenido entrada ni un solo vicio de ningu-=: na, especie , ahora fue mirada COMO, UNA) ladronzuela. Los negocios de Mr. Mel-: mothiestaban tan embrollados , que no:le permitian fijar la atencion en ninguna: de: las pequeñeces domésticas. La credulidad. de su. esposa -la entregaba, sin defensa-á, los; artificios de la Frajan: y asi fue-la: mas fácil de engañar. La historieta se di-; vulgó, inmediatamente , y fue redonda-: mente ercida en. casa de Madama Ashbys: El Coronel Gorget protextó que siempre: habia aguardado un lance de esta especies, porque-este galan veterano , aunque estaba muy cierto de cual: era el verdadero. autor del.robo., se empeñó. en fomentar, una fábula , que al, paso que aumentaba la desgracia de aquella huérfana, la cer=
0371 raba todos los caminos que la humanidad ó el cariño hubieran podido proportionarla para volver al fayor de la familia. Así la lamentable historia del robo hecho en la casa se divulgó primero entre los criados, luego en el pueblo, en seguiz «da corrió por las casas principales, despues pasó á la poblacion inmediata: por último se hizo general en todo el condado, y fue creida en todas partes, solo con la pequeña adicion de que en lugar 'de' una simple pieza de encajes, se contó que eran tres y algunas otras joyas de gran precio. Por fin, llegando este cuento á oidos de Mr. Melmonth, activó la despedida de la Frajan, á quien echó de su casa apénas lo supo, diciendo que antes sospecharía de su hija propia que de Ana. La Frajan á su regreso á Londres encontró á su buen amigo el Coronel desesperanzado de encontrar á la hermosa fugitiva. La recibió con agasajo, pero la dijo que no podia colocarla: en otra casa.
E 44] mentos, quedando 4 cargó de la Frajan elyabogar por la: causa de la libertad y el placer; pero la venganza, bajo la forma de un ángel, vino á detenerle en su carrera. Pensando, segun dije antes, que Ana era hija de Madama-Melmoth, y que la habian puesto á cubierto de sus tiros, se hallaba sin esperanzas de encontrarla, de donde nació que abandonase las pesquisas, sin que se borrase de su alma la imágen de aquella hermosura; pues Ana Dalton no podia apartarse de su pensamiento, y sus gracias volvian sin cesará su memoria excitando unas sensaciones, que jamás le habia podido inspirar muger ninguna. Cuando su digna confidenta vino á darle aviso de la repentina aparicion de Ana, y bajo una situacion muy propia para hacer revivir sus esperanzas, ya el viaje á Escocia, y las riquezas y noble= za de Mis Edwin no tuvieron ningun atractivo: la pagó liberalmente cl aviso, y
E4s] la despachó con muevas instrucciones, pro= metiéndola abundantes «recompénsas: por: sus futuros servicios, 109601 ; Despues de haber contado -por minutos la hora en que debia empezar la tertulia de/ Lady Edwin, se dió priesa 4 ir 4 ella, donde:apenas vió. á Ana cuando sé, borró+de.su: cabeza: la. idea de toda otra: muger,.y su corazon,:se sacrificó woJun= tariamente 4 aquella belleza ya formada, que:desde su infancia habia hecho en ¿1 unas impresiones tan vivas: Cada movis miento de:sus ojos, vada gesto de su'eara le causaban sensaciones de amor y temor; y aunque se sentó al lado de Mis.Edwin, y se esforzó á decirla «algunas lisonjas, sus miradas, su inclinacion y 'su pasion se dirigieron, únicamente hácia: Ana. Pu= so todas.sus esperanzas enel zelo y' amxi= dio de la Brajan, 4-quien sescribió un vi Jete antes de salir de aquella casa. 200004 La envidia y los zelos que habian desterrado de: Mis Edwin toda idga de cari
[46] ño á la jóven, á quien en otro tiempo habia honrado con su amistad y'sus:cartas, se aumentaron considerando la direccion que «tomaron: los ojos de:su noble amante. En-este:caso él orgullo era el estimulante mas fuerte todayia que el odio de sú:corazon3 pero: sin embargo todas estas disposiciones sel hubieran:wuelto:contra ella misma, á=no haber tenido. la di= echa de hallarse con una criada tan: respetable como Madama Frajan. Cuando nuestra heroina: seyretiró, y se acabó la tertulia; Cecilia «pidió una-audiencia á Sir William y 4 Lady Edwin: Comenzó pidiéndoles perdon , con'unz humildad afectada, por lo que habia pasado aquella mañana , alegando por eseusa la viveza natural de:su genio, y su resentimiento por ver que una persona tan indigna conio Ana gozaba de tal consideracion en su familia. Lady Edwin se abochornó, é-iba á salir de la sala, cuando Cecilia »arroján-
[47] dose á sus pies la suplicó: que por lo menos la oyese; Pin Sir William idolatraba en sis* Ao y aquella dulzura y humildad tan'inesperadas y tan raras en su hija le hubieran hecho darla: la mitad de:sus: bienes, siueso «fuese» losíque ¿asi shubiese-pedido. Rogó á su esposa que oyesenyá; su que= vida hija, y levantándola en 'sus brazos la aseguró que »haria cuanto: dependies se de un «padre tierno: para la felicidad de una hijaxi loss ) Un. torrente de lágrimass;prevenidas de intento, acabó:el triunfo:de esta hija artificiosa. Lady Edwin habia vuelto: 4 ocupar: su silla ¿ty Cecilia despues de tomar el tiempo necesario para! tranquilizarse, y componen su semblante') pidió que se llamaserÁá sucamarera, pues. ella podia informar acerca de variassanécdotas de Ana, que comprobarian cuán poco digna era del lugar que PEE en la casa,
[487 Sir William manifestó deseo de que esta escena pasase sin el testigo de aquella criada francesa, pero Cecilia insistió, y se llamó á la camarera. El informe que ella: dió de -Aná fue decir que cuando residia en Lodge encualidad de:aya de las «niñas de Madama, aquella jóven, que entonces tenia el ho= nor de hallarse de dama de compañía de Milady, estaba al lado: de Madama Melmoth, quien habia tenido la bondad de librar de esta carga á la parroquia; pero que habia correspondido con ingratitud á la caridad de su ama, y que des- “pues de haber dado toda clase de pruebas de su mala conducta,-la habia robado, por-lo.cual habia. sido «despedida de casa de su bienhechora-, quien: la: habia devuel- to sal depósito de sw: parroquia. Añadió Madama- Frajan quedespues de aquel tiempo,>esdecir en tres./ó cuatro años, no habia vuelto á oir hiablar de aquella muchacha, ni aun la habia visto hasta
[491 que aquella misma mañana se sorprendió al hallarla en su actual situacion, y oyen= do que la llamaban Mansel, cuando su yerdadero apellido era Dalton, Este plan concertado entre ella y Ces cilia tuvo todo su efecto. La verglienza y la admiración se dejaron ver sobre el ros. tro de Lady Edwin, quien confesó que, no podia ereer nada de aquello, pues su: hermana Madama Herbert se la habia recomendado. ¿Estais cierta, preguntó á la Fragan, de la persona y de los hechos? Ella respondió que el Lord Sutton era pariente cercano de Mr. Melmoth, y que se hallaba en Lodge cuando sucedió aquel lance; y añadió, que seatrevia á decir que confirmaria su relacion. Ya veis, se fora, dijo Mis Edwin, que no solamente habeis admitido á vuestra confianza una pordiosera, ladrona é insolente, sino que, la habeis introducido en vuestra tertulia, y habeis hecho que sea la compañera de; vuestros hijos, Tomo TIT, 4
[50] La tristeza y mortificacion de Lady Edwin: se convirtieron en ira al oir esta-reconvencion, y al momento escribió al Lord preguntándole si habia conocido 4 Ana Dalton en Lodge, si habia sido: despedida por su mala conducta, si su honradez era dudosa, y si la jóven que presidia en su tertulia bajo el nombre de Mansel era la misma Dalton. Respuesta: «El Lord Sutton presenta sus humildes respetos á Lady Edwin, y las asegura que solo con mucha repugnancia responde á las cuestiones propuestas en su villete; pero espera que como aquella muchacha era muy niña cuando él la' conoció, el tiempo y el favor sefialado con que la honra una dama de tan distinguido carácter como Lady Edwin, habrán podido variar mucho sus disposiciones. El Lord Sutton conoció 4 Ana Dalton «en Lodge ,+y ¿de allí ciertamente no fue despedida por tener buena conduc-
Esx] ta: su honradez era realmente sospéchos sa, y es la misma persona que'él' vió en casa de Lady Edwin en cualidad de una dama de compañía.” Al recibir esta respuesta Lady escribió 4 Madama Herbert la carta, que como hemos dicho tuvo Ana órden' de llevar, y en ella la reconvenia'por haber introducido en una casa tan antigua y respetable como la suya una muchacha, que por su orígen y sus acciones debia estar excluida de todas partes. Allí la contaba todos sus crímenes, tales como se los habian representado, y añadia que todos se confirmaban con si mudanza de nombre, ' CAPÍTULO LIV. Matrimonio bonito. Madama Herbert sucumbiendo bajo el peso de sus trabajos domésticos > que cada dia aumentaba la imprudente y di-
Es2] sipada conducta de su marido, aunque sintió. mucho este suceso, no se inquietó, tanto por la suerte de Ana,como lo hubiera hecho en circunstancias-mas felices da examinó únicamente sobre la última parte de la acusacion, y hallán, dola fundada, no quiso tomarse mas trabajo, y. obedeció ciegamente las órdenes desu: hermana irritada , despidiendo 4 la infeliz favorita. Se esforzó á hacer las paces con la familia de Edwin, contando cuanto de Ana la habia dicho la di, funta Mistris Mansel; lo que en realidad, segun observó Cecilia , se reducia á.mada, pues aquella la habia presenta» do en Llandore como una parienta .cer> cana de su marido. Esta desagradable historia de'la primera parte de la vida de nuestra heroina proporcionó á esta señorita el medio de alejar de su familia un sobjeto: que mortificaba su yanidad, poniendo obstáculos Á sus progresos de conquista, ;
[53] Se prohibió 4 Madama Herbert y 4 Patty mantener correspondencia con persona tan indigna, ni aun darla ide guna especie de auxilio; lo que ofreció «cumplir Madama Herbert por sí: y su hi2 ja, la que intimidada por su prima, qué “aparelitaba tratár con' suma altivez 4: la mas amable criatura del mundo, y+4 quien en otro tiempo 'habíapodido amar; ho tuyo Bastante valór, ni se atrevió 4 decir una palabra en favor de una amil ga ausente, aunque estaba bién 'segurá por la conducta que siempre: habia “observado en ella, por sus principios y su constante! práctica de todas las virtudes, que era imposible que ella pudiese ser culpable de los "crímenes: de que la: adusaban. Aunque «incapaz de hablar en Grosvenor-Square ,' fue muy 'elocucnte cuando volvió á su-casa, acordando á su madre mil ejemplos de la bondad” y aun grandeza de alma de Ana, que ellasimis. mas habian presenciado.
E60] sencias de la casa; todo, en fin, la haz bló un lenguage muy diferente: asi es que estaba zelosa de su poca atencion, “aun< que sin' ninguna razon particular en n que fundar sú sospecha. > 12-188 Cecilia Edwin con tanta vanidad col mo amor á los placeres, menos belleza y mas deseos de agradar, tenia igualmen* te mucho mas arte quesu cuñada, cuya confidenta era. Á fuerza de observar 4 su: hermano habia" descubierto una' cosa; que deseaba aclarar del todo. Á pretexto de divertir el ócio recorria sin cesár tó: dos los cuartos dela casa, y con particularidad el despacho de su liermáno, y aun que reunió cuantas llaves pudo atrapar, jamas consiguió hallar “una que viniese 4 su papelera. La cerradura era excelente, y la curiosa estaba desesperada, cuandoun dia Mr. Edwin, cuyas sesiones'en la casa de juego eran tan largas como frecuentes, habiendo vuelto á casa muer- to de. cansancio yde sueño álas: siete
[61] de la mañana, se acostó dexando por ol. vido puesta la llayecita tan descada, y que Mis Edwin no dejó de encontrar en uno de sus paseos. Corrió prontamente al depósito de los secretos de su hermano, y halló al instante la carta de Ana á Mis Herbert, que Edwin no habia teni= do por conveniente entregar á su dueño, Ahora sí, dijo Mis en el lleno de su maliciosa alegría , ahora sí que podré descubrir los artificios de esta pérfida criatura, y patentizaré 4 mi cuñada la conducta de su marido; pero se engañó, pues allí no habia cosa alguna que pudiese justificar sus sospechas, respecto 4 que la carta estaba dirigida á su prima. ¡Insensata! dijo Mis, esta, esta es una correspondencia que ella favorece entre la querida y el amante, La carta dirigida á Mis Herbert irá á Hughes, y así, querido hermano mio, yo me tomaré la-liber- tad de presentar esta correspondencia á ¡vuestra esposa» Esto dijo entre sí5: pere
[62] despues de háber leido y releido la car= ta, noencontró nada que en vez de culpará Ana, no hablase altamente en su elogio. Una contradiccion tan directa con las ideas que hubiera querido encontrar la chocó vivamente á su pesar, y se excitó en su pecho un ligero remordimien- to de haberla privado del favor de su madre: mas este sentimiento fue momentáneo, pues habiéndolo consultado con la Frajan , observó ésta que era una injuria contra Madama Edwin el mantener con su marido una correspondencia, que no podia menos de tener un objeto indecoroso; y añadió, que si Ana tenia algunas esperanzas fundadas sobre Cárlos Herbert, era muy importante persuadirá la hermana de su desden para Edwin. Estas observaciones reanimaron la rabia y los celos de Cecilia, y la hicieron maquinar otra vez contra la inocente Ana. + Corrió imediatamente al cuarto desu cuñada, cuyo descontento se cambió en
[63] resentimiento cuandoleyó la carta oy oyó los comentarios de Frajan, repetidos y adornados por Cecilia. Entonces creyó encontrar la causa de la frialdad, abandono é indiferencia de su maxido: -Ho= ró, se arrancó los cabellos de desespe= racion á vista de aquella que llamaba infidelidad de Edwin, pidió inmediata. mente su coche, y Á-poco rato se halló Milady con la sorpresa de ver entrar en su tocador á las dos cuñadas. Pidieron estas que se retirasen las criadas, y al instante presentaron á su madre la carta: Lady Edwin era tan altiva en su carácter como humana en sus sentimientos. En ella el orgullo de la nobleza estaba unido á una gran generosidad de alma y una elevacion de ideas, que ella miraba como virtudes heredadas, y erán lo que estimaba mas despues de los honores que la habian transmitido sus antepasados, ¡Que una muchacha, á quien habia despedido de su casa de un'imodo -
E64] tan ignominioso , hubiese tenido. la fira meza de alma necesaria para escribir aquel villete tan conforme á sus ideas de decoro! ¡Que una alma tan corrompida como se la habian pintado, pudiese dictar á otros principios tan sábios y tan nobles! Esta era una contradiccion, que no podia comprender, y como la energía de su temperamento no la permitia ser sino amiga ó enemiga de una persona, su cariño ú Ana volvió con toda su fuerza, é igualmente subió al mismo grado su odio á aquellas, que, como ya no dudaba, la habian acusado injustamente. La situacion de su nuera, jóven, huérfana, y abandonada tan pronto por su marido, no pudo menos de contristarla vivamente. La pasion de su hijo por el juego, pasion que ella misma habia fo= mentado en secreto, acababa ya de manifestarse públicamente. Veíale casado con una muger, siendo así que su corazon era
[651 deotra, y esta otra, 4: haber sido su espós sa, hubiera sido tambien la mas propia para: corregir todas sus malas costumbres; No pudiéndola obtener sino con las con= diciones que entonces podia ofrecerla, era preciso: que :estuviese «desesperado; y, :si algun dia llegaba á:¡poseerlas -noserá dudoso «que ella: :no*eobrase un «imperio absoluto: sobre su corazon. Así Lady. Edwin'veía que todas +las brillantes espes ranzas que su imaginacion la habia 'pin= tado de ver el honor y. las virtudes de:5us antepasados perpetuadas en su hijo, <dess aparecieron á la: luz de los temores qué inspiraba el carácter:mas temible, y que eran“tanto mas dolorosos , cuanto: ella ino Podia 'rebelarlos' ni '4.su: hija, ni-4:su Nuera, Laia x Las lágrimas y las penas de Madama Edwin pedian, y obtuvieron -tódos! los consuelos que podia ofrecerla el cárifio Inaternal : ella la aseguró y la rogó que así lo creyese, que el tiempo y la expes Tomo 111, 5
[66] riencia; aínidas á la constancia «y terneza deuna muger tan amable , obtendrian to» do-de un corazon «sensible. En cuanto: 4 ese. papel , añadió mirando con enojo á su hija , que tu oficiosa y aun mal, intencios hada curiosidad ha sorprendido,» y. mani» festado, quémale por amor de Dios, pues en:él no se puede yer 'ni un solo pensas mientó reprensible:por parte de Ana Man= sel, La censura que merece una corres» pondencia clandestina' por mano de Edwin se halla tambien condenada , de modo. que tampoco se la puede imputar á ella. Si tu hermano supiese el uso que has hecho de esta carta, no incurriria en mi censura, privándote de los medios de renovar: esta accion, que reprenden. las' leyes del''ho+ nor, negándote la entrada en su casa. + Esta amenaza hizo mucho mas efecto en las dos jóvenes, que cuanto habia dicho Milady, pues no podian soportar la idea de verse separadas. El jóven Edwin no pensaba ir aquel yerano al país de Ga»
IA les: en caso:dé:que dejáse:Á Londres: pog algunós dias; secialparapasar á una pre= ciósa casa que tenia»su/muger en Shróps: hire ;|»y si Mis Edwiwm se indisponia co él ,ise vería: obligadavá seguir á sumas dre: y colitentarse conla“compañía de la sencillaPatty ,ó vivir sola. La tertulig desu prima la desagradaba,, y la soledad la era:insoportable':! por lo:eual consintió, aunque de muy mala/gana; en obedecer; pero á condicion de que Patty seria reprená dida, y:amenazada cón el descontento de toda: 14; páréntela:3usi 'reperia: semejantd acto/de desobediencia: env efecto se-la doñg eedió estarbarisfaccióm ii y sur 2ue "¿Lady Edwin estaba huy irritadacona tta:Mis Herbert, la, iñismaiprudencia=8é Ani aumentaba su ofenga ¿> y aunque 11ó queria decislo¡s, la conducta! de su-hijo:14 dabacemores muy, serios. «Ei el fondó dé Su icoñádon: estimaba::aun 4: muestra heroiz nas y lá-hubiera restablecido con muehó £ustalen:isu gracia z pero por:entonces'lás ..
[68] circunstancias no lo permitián.25o 59.001 ¿Envió á llamar: 4¡Madama: Herbert 'y á.sushija, á la que:en' presencia: delas dos cuñadas trató. cón ¡mas seriedad; que nunca; y ensefecto:jamas habia» tenido motiyo para hablárla con aquella, asperes za: En seguida! se retiraron las:dos 'cuñadas, “correspondiendo friamente:4la;despedida. de Madama. Herbert; y nosdignándose de responder siquiera: 4. los cums plimientos de Patty. , Luego que partieron ; stan Hu bart ¡con toda la elocuencia de la afliccion + pidió:el perdon de su'hija, Patry añadió sus ruegos, y Milady.no'tardó. en «sére» narse3' pero viendo: despues que: aim. iambas:permanecian:afligidas, se inforinó de la, causa. de, su spena: con úsacho¡cariñó. Madama Herbert y cuyos ojosiáminciaban la desesperacion, -mas> profunda notes» pondió.á esta. pregunta; pero: suobija dijo Horando que aquella mañana habia sido arrestado su-padre por una deuda:de7009
[69] libras esterlinas que¡Mistres Nicholl: has bia contraido, y que «por esta causa iba á serconducido á la:cárcel del Bánco «del Rey, respecto á que habia declarado, que no.estaba en situacion de pagar aquella suma, ni otras muchas que bien pronto se le reclamarian. + 3 L159 No.menos sorprendida que interesada Lady Edwin las abrazó á ambas, dicien= do que nunea se perdonaria el haber agra= vado sus penas en aquellas circunstaícias. Quiso encargarse de ellas mientras: que sabia el modo de pensar de Sir William respecto: 4 Mr.. Herbert, ycexigió que in= mediatamente fuesen 4.buscar su equipas ge á Bond-Street ,y.viniesen á establecer» se á Grosvenor-Square. , Madama Herbert y su hija a con toda gratitud esta oferta: generosa: el mismo «dia quedaron transportados! sus muebles, y antes de la noche tomaron posesion del cuarto que Milady las; habia preparado; Nada omitió esta para: conso-
E763 cutarlas : en vano la suplicaba que:se tranquilizase aguardando las resultas , y que considerase que aquel cuya pérdida juraba era su hijo; pero en lugar de az mansarla estos ruegos, la ensoberbecieron mas, y en el arrebato de su cólera se dejó decir algunas expresiones, que dieron lugar á sospechar que lloraba la muerte de uno. que tenia á su “cariño. otro: título que el de hermano, bajo el cual le habia presentado. Mr. Herbert se arrojó en los brazos de su hijo “diciendo::¡oh,: Cárlos , Cárlos! ¿puedes sufrir todavia la presencia de un padre, que por ese diablo que ves ha arruinado á tu amable madre, á tu hermana y á tí, y que por esa muger y otras despreciables de su clase ha llamado sobre: su familia la dependencia y la pobre- 22, y que en fin por.los culpables excesos de: su malicia ,-tal vez. ha conducido su hijo único á una muerte prematu= ra? Huye, Cárlos, abandoname : huye,
EM mientras que la ausencia de 'csa muger y la confusion que reina en la“casa!'te proporcionan la fuga. Salva por amor de tú póbre madre una vida que la es'tan preciosa; no consientas que mis crímenes acabén de arruinarla; ni priven del su único protector á mi inócente Patty. *Cárlos , entristecido antes por la cohducta de su padre y sus resultas, experi mientó cierta alegría oyéndole hacer esta cofifesion de su vida, y le suplicó se tran= quilizase y añadiendoque pues ya'conócia el mál que habiatcausado, tal yez podria "volver "á gozar la buena fortuna. ¡Oh, hutica, nunca? respondió él: huye mi querido y digno hijo: huye, si no! quieres <privarmé de loipoca: razon que me resta: aléjate: hazme saber que yá imótés: tas en peligros júrárhe que inmediatalnentesaldrás. de Inglaterra 3 no te burles dé mi desesperacion : déjame al instante, yó te lomando. ... (y corriendo á buscar ria Pistola/añadió) yo se lo. mando, siino quies
E78] res que añada el suicidio 4 la lista demig crímenes. si La infame Nicholl habia. salido, del cuarto para acompañar al herido , que has bian transportado á. otro ;.y, así enmedio de la confusion y gritería era posible huir sin ser yisto.. Entonces dijo. Mr., Herbert, ve, mi querido hijo, corre 4. buscar otro cirujano 5 y con este pretesto. el. jóven, as travesó por medio de la. gente, y aun.da los mismos ministros de ¿justicia que Nis ehollchabia. llamado; y. cuando. llegó 4 ptra calle, en cuyo esquiriazoestaba; la casa, yió á su padre. puesto.enla: ventana mirando si habia podido escapar: apónas le divisó le. señaló:ccon: la mano al Medio> dia ¿ dándole á sion que. huyese. 4 Francia: 91 p 1390852 20 £ +:Cáxlos resolyió. hacerlo ; 5 pero antes tenia que arreglar ¿ciertos negocios. , que le eran, mas: importantes ¿que la: vida; ¡le era preciso tranquilizar Á su madre, cur ya salud:débil conocia, y tambien; habia
[793 otra persona á quen deseaba ver antes de dejar su patria. Estaba informado por su hermana. de la desgracia de Ana en Grosvenor-Squaz res y aunque no creía una palabra de cuantas acusaciones la hacian, sin embargo no estaba: libre de sospechas. con respecto á sus relaciones con Edwin , y aun le parecian confirmadas con la oferta que'él habia hecho á Patty de dirigirla sus cartas. Apasionado de ella por prin= cipios tanto como. por una pasion ;. que habia crecido cada vez que la habia visto, se hallaba incapaz de destrúir lo que pensaba á su favor; y á pesar de tantas, razones para pensar con menos respeto de uña:muger , sobré cuyo carácter se ponian tantas dudas, su imaginacion: no veía en ella sino perfecciones, y ni la razon, la reflexion , ni las insuperables barreras interpuestas entre ambos podian debilitar el imperio adquirido sobre su corazon. Agitado continuamente, y ¡enfermo
[80] por las perpétuas alternativas de temor y esperanza, habia salido secretamente de Oxford: y ¿cuál es el misterio que no descubre el amor? Habia hallado á Mis Mansel en Layton. Entonces fue cuando habia conocido á Collet, con quien man= tenia una correspondencia tirada. Este era el que queria visitar antes que á nadie: como iba 4 expatriarse tal vez para siempre, pensaba intentar el obte= neruna' conferencia con Ana, verla una vez siquiera , confesarla su amor y su desesperacion, procurar convencerla de que regresase en casa de Mr, Mansel, y en fin despedirse de ella, Atravesó, pues, el rio: tomó un cos che en Tower-Hill, «y llegó 4 Layton la mañana del dia que Ana se habia: aus sentado. Collet le recibió con sus acos= tumbradas expresiones de amistad, y le dijo que acababa de escribir una-notis cia “de Mis Mansel que sentia comunis carle. El rostro de Cárlos, en que es-
1a3 waban" pintadas todás las agitaciones de su alma; asi: como también la? desespes yracion' y “el desto: de declarar tas, par sion , que le“coniducia al ládo de?agt Ual!que adoraba , se caimbió ia aménté;) yo se puso pálido SS dose 4 preginitar aquella noticia gúette. "mia saber; Porimias" "fuertes que Piéroh Mas "apariéncias conta Hiiestra * hetoing, “EL respeto que 'su conducta pra; dEUENA TE y constamé le' habian: inspifado "ici pre en Llándore, su amable Cárácterr qué estaba tan bien comprobado; la? amistad quela profesabán unas personas tan Tes 'Petables conio Mt. Mansel! 6 esporlí “habian echadó tan “hondas raides en” sh (corazon, queno era posible variase dé Opinion; y así la esperanza que siempre “acompaña 4 los amantes», contribuía 4 hacerle desear y' creer que estada ión “ente, aunque no pudiese lisonjearse dé Posterla, El aspecto de Collet, que era á in Tomo 111, 6
1 mismo,tiempo: el emblema de, la, ¿SAMBA iderabepene a y. as de un, ho «silegcio, que su amigo. no. se Latre; ¡6/4 interrumpir), la, razon, recobró, 5, impor rio, Supo muy por: senor la fuga d de, : Ána, con, un sentimiento, «de, pena, y. compasion, y sintió, que.n no la; hubiese, seguido, au qu, ycasi no dudaba, que. habria ¿ido pá Teunirse,con Edwin., Aquellos que. alguma. vez, han experimentado emponzoñasse.su alegría , y desaparecer sus mas gras sas, esperanzas, son.los únicos. que ;pueden formar una idea, del estado de. aQquer la, alma, en tal momento. Su corazon, Ue$ taba despedazado,, y ya nose acordaba de la precision que tenia, de huir, al continente. ¿Qué es la yida para ¡un hom bre privado del último recurso de la. desgracia y de la esperanza? Sin embargo, luego que se tranquilizó un poco, teve 16 á Collet lo que le habia sucedido, y las consecuencias que tenia que temer. 4
[83] +4 Qollet:se, puso. pálido :al' oirlé; ¿Cóx mo, exclamó, podeis hablar:con tal-iña diferencia de un sioeso:que puede leon. duciros:á.la muerte? Por amor de Dibsz ¿qué haceis aquí? ¿por «qué no dejais al punto el reino? «Pero decidme, ¿dónde está ese hombre:de:quien me hablais¿ Pronto3/pronto, escribidme las:señas de su habitacion. ¡Ay! Dios nos favorezca 1Cuál serála: penalsde: vuestros” padres y de vuestros amigosk,x Pero vos: decís que teneis: madre:-Vos estais demasiado enamorado para pensarcién ella. Vamos; venid:conmigo: añadió cogiendo su soma brero:y vamos. . ¿betog io UDS - 1: Herbert, cuyo tarifñio filial le habia sepultado: enteraménite ¿bajo la desespez racion'que-le' infundierom las noticias-de lasfuga de Ana, se acordó entonces que tenía una madre: y una: hermanag que con: nadie contaban: sino con él, yracep= tó con gratitud lasoferta que Collet le hizo ¡de:acompañarle:á Lóndres para vis
[84] sitar al herido, y hacerle cuantos Servicios exigian las circunstancias. Á'su llegada Collet ¡bajó del cds; y Cárlos entró en un café, como para» ge en que podia ser. menos conocido. El primero se dirigió á la posada: de Mr. Herbert, donde le informaron de que. ya no estaba allí, porque despues de haber hecho venir á su procurador le habian conducido á la cárcel, ¡Se informó. entonces de Nicholl y. su: hermano... ¡Suhermano! respondió la posadera : el pobre= te, á quien ella: da ese nombre: está muy malo; peró 0s/aseguro, señor, que aunque yo doi posada , no la: hubiera dejado vivir aquí's:si mo. hubiesé: creido que era muger«de. Mr, Herbert. No-es accion de un'caballero' haber traido! ses mejante mugerzuela á una casa honras da, particularmente teniendo una espos sa tan amable y unos hijos» tad "bellos. ¡Pobre señora! hubiera hecho llorar «<á un corazon de bronce, Si las hubiéscis
[851] visto ás ella y su hija lamentarse una por otra, y postrarse de rodillas, pidiendo 4 Dios que su hijo logre salir del reino; porque el Doctor dice que ese hom» bre se muere. Collet:no quiso oir mas, é informáne dose 'del nombre y casa del cirujano que le asistia, corrió inmediatamente á buscarle. Se halló con que era un hombre muy hábil y compañero, que habia ser= vido en los hospitales con Collet, y. que por consecuencia era uno de sus anti: guos amigos. Le dió todas las noticias que pudo sobre el estado del enfermo, y las concluyó. diciendo que seria muy probable que se le disminuyese la. calentura siempre que.,se' pudiese arram> car de: su lado aquella muger, ó por mejor: decir ,'aquel diablo que le atormen: taba. En este caso estando entablillada la pierna, y el hueso fracturado con su correspondiente 'bendage , tenia alguna esperanza de curarle 5 pero que á pesar
[92] él que le proporcionase entrada en. la artillería. Habiendo continuado su amistad con Nicholl, la visitaba siempre que podia salir de la embarcacion en que servia: de modo que, faltando á su obli, gacion frecuentemente , fue despedido. Desde entonces se convinieron los dos en reunir una cierta suma á costa de Mr. Herbert, y ausentarse: en efecto, á fuerza de sus combinadas intrigas habian llegado á juntar 20000 libras, con las cuales debian abandonarle al dia siguiente de aquel en que sucedió el lance, que puso fin á su vida criminal y libertina. Dicho Jayme Tyrrel, obligado por sus remordimientos, declara so= lemnemente en presencia de los testigos Josiah Walker (este era el nombre del cirujano) y de Jeremias Collet, que él fue quien acometió primero á Mr. Her= bert, sin que éste le hubiese provoca= do, y que es cierto que este caballero no tenia ningun designio contra su vis
193] da, ni se le puede imputar su muerte, de la que está enteramente inocente.” Este papel fue sobre la marcha firmado por el declarante y los testigos en presencia de Emmerson y su muger, que fueron llamados paraello: y Collet apénas le guardó: en su bolsillo, se apresuró tanto á marcharse que se olvidó de abrir el cuarto: en que estaba encerrada la Nicholl , y. aun tambien de tomar el 'coche* que? habia enviado á: buscar. Corrió precipitadamente al café donde lesaguardaba Cárlos; á quien encontró rodeado de muchas cartas, que acababa de escribir y de cerrar, y aun ya disponiéndose 4 partir. Collet se arrojó .en sus dica dándole la enhorabuena! ipor las ¡noticias que le llevaba; y“enseñándole la declarátion de Tyrrel, lecdijo:que ya no tenia: motivo de separarse de su patria y su familia; No hay duda que: Herbert se alegratía de verseolibre de la acusacion de:un
C941 asesinato 5 pero aunque ya! á cubierto de las consecuencias. de. aquel lance; 0; davia la paz no habitaba en su pecho. La amable Ana reinaba allí siempre ,, y. le afiigía: y nila razon, ni la filosofia .podian reconciliarle con la idea de haber de perderla. Estaba. desesperado medip tando en su situacion actual. Habia re» flexionado una y otra yezcómo le sería posible existir respirando, el. mismo aire que ella, y sin gozar de su,vista: y, has biendo sacado por: conclusion que esto le 'era imposible, estaba resuelto/á marchar; pensando apénas lHegase/al continente'es» cribir 4:su familia;> pidiendo el permi> so de permanecer emél por: algun. tiem po antes dé casarse.dlosis t ? «De suertes quegla:noticia, que le tra> jo'¡Collet-1no produjo'todo el. efecto 'qué esperaba. Herbert ,:oyendo:que¡su madre habia estado en: casa: de Emmerson, in> firió que: ya le suponia: ausente, y/esta razon le determinó 4 verificar: realmetz
[os] teTel viaje para: evitar el dolor: de':la . despedida. Habiendo explicado sus designios 4 Collet, y obteniendo de él la promesa de “escribirle, envió á buscar una silla de posta , y tomó el camino de Douvres. “o Désde que Collet habia salido: de su casa hasta:aquel momento:no habia pen. sado: una vez siquiera en. Layton3 pero apénas hizo á Herbert:el último servicio, y le perdió de vista, :se acordó:de:que tenia tres enfermas, «para: cada una; de las.cuales habria tenido: mil recados; que tambiensasistia 4«dos-calenturientos, y ounniño con la; pierna:rota; cada:uno de:los.cuales contaba: conque él los! yi> sitaría aquella noche, y que envmedio de:tódó esto: habia: salido de: sul casá sin decir donde iba, mi cuando volvería: tambien, habia -prometido á'Cárlos::visitar la mañana siguiente 4 Madama ¡Her: bert, 6 informarlade cuanto habia paz * sado en. casa de Emmerson; perogin de-
[961 cirla', que hubiese visto á su hijo; En fin, tomó un birlocho, y regresó á su ¿ldea.. CAPÍTULO LVL Tocador de una hermosa dama. Ya era de noche cuando el Doctor llegó á su casa, donde no habia poco susto á causa de su ausencia; pero vien: do que nadie le habia llamado, se acostó para descansar de las fatigas del dia; y gozó de aquella celeste tranquilidad que produce la memoria de haber:cums plido el divino precepto, que:nos mans da amar á nuestro prójimo, y hacer: por él lo que quisiéramos que hiciesen por ROSOtros. . Por la mañana le visitaron Mistres Wellers y los demas amigos, : deseosos de informarse porqué el pobre Collet habia «desaparecido tan repentinamente "del pueblo. Unicamente á aquella .buena señora*fue“á quien contó” todos los
[97] pormenores «de: su viaje, y la enseñó las cartas que habia prometido entregar, pa= ra lo cual pensaba volver á, Londres apénas. concluyese de visitar sus enfermos. La vista de estas' cartas dirigidas á Madama Herbert, en y Grosyenor--Square chocó á Mistres Wellers ; quien le. dijo que pocos dias antes habia pasado dos yeces, por aquella casas y la habian aségurado que toda la familia habia. salido de Londres ; ¡pero como, yo: bo. he informado á mis lectores del éxito que tuvieron: sus informes sobre la conducta-de Ana, pue] á hacerlo inmediatamente. li Mistres Wellersjacompañada ds su y hi jo habia estado en: casa de Sir William, donde-con gran. sorpresargupo:que el dia antes se habian ausentado; y como el criado que dió esta respuesta añadió que el jóven Edwin vivia en Portman-Square se dirigió allá, tambien acompañada: de su hijo. Todavia era muy temprano para visitar 4 aquellas damas; y sabiendo que Tomo ITL, 7
[98] no estarian visibles hasta las dos, tuvies ron que volver 4 aquella hora. Despues de haber atravesadó muchas salas magní ficas fueron introducidos'en un gabinété igualmente adornado, donde estaban 'sentadas Madama'Edwii y Cecilia , “siryién= dolas:la Frajan, Sis ya era la favorita de ambas. ' La curiosidad de Mistres Wellers-acer= ch de estas señoritas nacia mas: de lo"qué otros la habia dicho, que de los informes de Ana; pues“la gratitud de ésta átlos primeros-favores que habia recibido de la familia impidió-que'hablase del al. rátter de Cecilia, y.en cuanto á su cuñada la era en cierto: modo desconocida. Tan bellas damas no/podian menos de ser muy célebres : eran los modelos de la moda, y así los pañuelos y sombrerillos' 4 la: Edwin eran los que corrian con mas fama, Estaban sentadas en una esquisita otomana de muselina blanca, y tenian delante un brillante almuerzo: la pieza estaba per-
[99] fumada y adornada con una porcion de forespuestas en vasos de la china : cuan= to el lujo mas elegante podia inventar, otro tanto se habia reunido al derredor de ellas, y. su vestido elegante correspondia á todo el resto. Mas la paz:no reinaba en el pecho de la: señora de tan “magnífico edificio. La tristeza: tendía sus nubes: sobre aquella frentes ly viéndose privada del cariño de su esposo, miraba como ridículos los con= sejos desu suegra', y no se cuidaba de tener condescendencias, mi tampoco manifestar amor, porque suponia:que antes bien ella tenia derecho á exigirle. Sw casa erz una perpétua escena de disipacion ; pero esto no evitaba su descontento : su constitucion: delicada: empezaba ya átresebtirse del caná sanció inseparable! dehcírculo continuo de todos los placerés deimoda ; yy aquella maz Sana estaban muy: cargados ¡sus “ojos , y sentia un gran dolor de.tabeza; efecto de háber pasado en velaila noche antecedente. ..
[100] ¿l, Cecilia estabarmas: alegre, pues enla tertulia; á que asistió con su cuñada; habia fijado la atencion en un:caballérete á la moda, que la habia prodigado bastan= tes obsequios para satisfacer su:wanidad.'- Habiendo sido: recibida Mistres Wes lers políticamente, se sentó, 1y expuso el objeto de su visita , diciendo que respecto: á que Lady Edwin:no sestaba' en la: ciúa dad, se dirigia á-ellas pára: suplicarlas: que la instruyesen de quién' eravunasjós ven,:4 quien Milady habia honrado «con su fayor, y que se llamaba Mis Maniel:> ¿1 'Madama Edwin: iya:muy indispuestay pareció alterarse mucho:al oir esté nom= bre, y:echó á. llorar. ¡Su'tristeza en: 1nedio de tantas suertes de placeres habig chocas do:á Mistres Wellers apénas: entró en la pieza., y.no sérsorpreídió menos: en diallar la causa, ¡en vel miombre desu protegida. Mis.Edwin-tamando la;palabra' respondiá á las preguntas :delimodo!que puede ¡mas ginar el lector: y+inas «sabiendo: que: la
[tor] Prajan estaba allí dispuesta no solo 4 confirmarlo, sino 4 inventar alguna cosa, Como Mistres Wellers parecia una buena señora, se la contó en confianza que habia muchos motivos de'creer que Mr. Edwin mantenia actualmente á la que cra objeto de sus informes. Las lágrimas de Madama Edwin volvieron á brotar de nuevo al llegar á esta parte de la historia, y Mistres Wellers afligida y mortificada se leyantó y despidió. Luego que entró en el coche consu hijo empezó á manifestar su pesadumbre por lo que acababa de oir, y Mr. Wellers sin alterarse nada declaró que su resolucion invariable era de no recibir 4 nadie en su casa, sin tener pruebas efectivas de quien era, por mas especiosas que fuesen las apariencias, Segur el coche iba andando Mistres reflexionaba en lo que habia visto y oido; pero cuando llegaba á comparar los hechos que la habian contado de nuestra
[108] ' "+Madama Herbert'temblaba aguardan. do saber el contenido dé“aquella carta, y Patty miraba con impaciencia las-letras por detrás del caballero, cuando con gran sorpresa de todos “hallaron que la: carta estaba dirigida 4 Cárlos, y hablaba solas mente de Ana. Patty se puso colorada; el eaballero quedó pálido. ¡Ah! exclamó Mas dama Herbert, no me oculteis nada :' de= cídmelo por malo que sea; pues si mi hijo debe morir, yo puedo resignarme con mi suerte, , El caballero la rogó que se tranquiliz' zase, y volviéndose á Collet dijo: yo entiendo que os habeis equivocado. Es yerdad , respondió él tomando la carta: que el otro le alargaba, y poniéndose coloraz do::he aquí la carta para la señora, y:es2 ta para la señorita. — ¿Pero, señor, donde está Cárlos ? — Ahora en Francia. ; ¡ Bendito sea Dios! exclamó Madama arrodillándose involuntariamente. ¡ Oh)
[1097 Dios mio! protege y. bendice 4:1mi hijo; , permíteme -abrazarle sotra vez, que esto sedeon seguridad:,, y despues dispon:segun tu voluntad del résto de mi miserable vidad sgae -+ El Doctor éstaba demasiado conmovido á vista de este interesante espectáculo para poder. ayudar 4 Wilkinsoh, pues este eras el caballero que estaba'allí ; y entoiices hacia los mayores esfuerzos, para consolar á Madama y levantarla: del sne= lo. Luego que:recobró. su silla no' pudo leer la carta, porque: sus ojos llenosde lágrimas no'la:pérmitian-ver las letras ; y á su ruego él fue tambien quien ¿leyó lo siguiente: aeb lara ome ñ 6 Cuando'esta mañana'me séparé dela Inejor delas madres ¿Cuán poco preveíala Posibilidad dezun:suceso que impediriacel deseado regreso de esterhijo:q Oh! madre mia, vos, á:quienoyo amaré ychonráré siempre, armaoscde yalor y ode:esa:ifirme Confianza:en la divina: Providencia: qué. en
[rro] toda vuestra vida habeis enseñado: vues= tros hijos con la: voz y“con' el ejemplo::ng temais que un exceso defsensibilidad sobre los pocos motivos de consuelo que os quedan me arrastre Á una muerte prematura: Yo estoy en seguridad, y-libre: las virtudes demi madre me darán valor y defen= sa. Perdonadme,'os suplico, la inescusas ble violencia, que aunque sin voluntad mia probablemente ha:privado á un hom» bre de su existencia. Yo:sé que no. cesa» reis: de rogar por mí, y-me atrevo. á 'asegurar, que por mala que sea mi súertej no caerá sobre vuestro :hijo la acusacion deasebinatos: 2 iii ui o uz d »En cuanto á mi desgraciado padres: 3 qué puedo decir de'él4 Si el co , Como me atrevo 4 esperarlo';>se. digna: darlerá conocer:sus errores, 'aunupueden icomponerse: las cosas: Sed feliz amada madte mia,:no'os aflijaisyros: suplico ; esta. des» gracia será mas cruel ipara mí ,. sino +la sufris con aquella! firmeza que:os: ha sos-
Ex] tenido hasta ahora; Inmediatamente que llegue al Continente escribiré á Sir Wi. lliam, pidiendo licencia para «concluir mis estudios fuera del reino, y. cuantas veces pueda me daré el gusto de esoribi= ros. No puedo omitir-que el portador de esta.carta Mr. Collet há sido en toda la extension de estás palabra el amigo mas zeloso , mas activo y desinteresado de Vuestro hijo Cárlos Herbert.” Esta carta , que bañada con:las lágrimas/máternales fuesdepositada por Madama Herbert ensu pecho, dió nuevo aspec- to al' semblante de todos:los presentes: Patty-dijo que su querido hermano. la habia escrito un papel encáritador ; pero:que:cono su! madre estaba: demasiados afedíada no habia motivó de leerlesTodos'se-apre- Suraron á dar gracias á:Collet':mas.cuando este llegó áshaBlar de la confesion: de Dyrrcl, no puede pintarse cuál fue suvalegría y su gratitud. Patty queriair'á ver Á suspadre aquel dia mismo, pero.sw ma-
[rre] dre se:opuso á ello, puesignoraba de qué modo recibiria esta. noticia, y si: tal vez prefiriria tener pocos testigos de sus: sens timientos. Añadió que Mr. Wilkinson tenia:que verle, y $1 Collet queria acome pañarle, podian decirle, ó callarle lo su= cedido: en casa de Emmierson , seguún.la disposicion en que:le hallaseni Collet volvió árolvidarse de su +aldea y sus enfermos: consintió. en todo.5 pero pidió antes una vaza lde-té : las: señoras se disculparon de no habérsela ya ofrecido, -y mientras que todos le tomaron:juntos preguntó 4 Madamá cómo habia sabido aquel funesto: suceso, 14 lo que ella le con. testó. enseñándole el; billete siguientesiz sos ¿L“Desgraciada: y digna esposa ¡Las re= convenciones ¡que tienes, derecho 4: hacerse meno pueden! 'aunientar midesgracia ni «mi,desesperacion, y él sentimientode tús propias virtudes noipuede darte consuéá tus aflicción: Nuestro hija, ese querido é inocente:jóyens irritado; gon -los ¿iguales EA A A A A
Err31 los vicios de su padre ha expuesto su yiz da, é incurrido en la venganza de las leyes de su patria, Por ahora está en seguridad. Ruega á Dios, á quien siempre has servido, que pueda libertarse de los que le persiguen, El tiempo puede con- Cluir tus penas, pero no tiene ningun poder sobre las mias. C. H.” + ¡Ah, exclamó Patty, si nos Mibiéreis visto cuando recibimos ese fatal billete! Pero, gracias á Dios, añadió sonriéndose, aunque sin dejar de llorar, todo ha pasado. Nos le llevaron á casa de mi pri mo, donde estábamos, y en su coche fui- Ios á casa de Emmerson. Mi padre yá no estaba allí; pues á estar, creo con se- Buridad que se hubiera venido con nos- Otras, Allí una muger habladora corrió 4 Contarnos mil cosas, que no necesitábamos saber: mi padre habia salido, y ella dijo que el hombre moriría. ¡ Bendito seg Dios! ya está fuera de peligro, y nosotras ho Volveremos á aquella maldita casa...., Tomo 111, 3
Ex:141] Pero, madre, continuó ella, ahora me acuerdo de que ni Madama Edwin ni Mis Cecilia han enviado un recado..... ¡lahumanas! exclamó Wilkinson: y dijo á Collet: vamos, señor, que temo se nos haga tarde. - Se separáron de las señoras, dejány dolas felices en comparacion de su ante> rior estado: hallaron á Mr. Herbert triste, desaseado, y cercado de papeles, Apénas vió á Wilkinson se dejó ver en sus ojos un.rayo de alegría; pero se disipó al momento. Wilkinson le dijo que sus minas estaban embargadas, y que los socios le enviaban para saber cual era su dictámen. Herbert guardó silencio, y Wil kinson prosiguió: ellos están sin saber qué hacerse. — Y yo tambien, respon» dió Herbert. ¿Habeis visto á mi. .esposa? —Sí, señor. — ¿Y no hay noticias de mi hijo? exclamó “suspirando. Ellos le dijeron que estaba en segu-
¿ [115] ridad, y Tyrrel en disposicion de “con valecer. Collet dió cuenta dela visita que habia hecho al herido, y nombró á Nicholl. —¡Oh, infame! ¡oh vil mus ger! murmulló Herbert: entre dientes; Wilkinson 'se aprovechó de esta ocasion para hablar del mérito y padecimientos de Madama Herbert, y Collet enseñó el papel firmado por Tyrrel. Herbert pareció lenarse de horror y consternación al leerle; pero no dijo na= da. Wilkinson preguntó si tendría gus- to en que su esposa y su hija le hiciesen una visita. — No, no: respondió con aspereza: tengo varios negocios que arreglar, y no quiero que me interrumpan. Vos, señor, añadió mirando á Co= let, habeis obrado con mi hijo de un modo igualmente «noble que generoso: hacedme el favor de poneros este ani llo, y le presentó un precioso diaman= te, que sacó de su dedo. Collet se retiró; pues admitir un regalo de tal ya=
[116] Jor de manos de un deudor quebrado, y por. premio de acciones que pertenecian á su profesion, le hubiera parecido un acto de injusticia, y mucho mas viendo “que se le daban para recompensar la amistad. Pero Mr. Herbert no queria sufrir este desaire, é insistió con una viveza que manifestaba le ofendia mucho la negativa; por lo cual Collet, aunque con mucha repugnancia, puso en su dedo la sortija, proponiéndose en secreto vólverla á su familia. Como Wilkinson observó que Mr, Herbert no estaba para hablar de asun tos, propuso retirarse, y la despedida fue grave y solemne. Herbert abrazó es+ trechamente á Wilkinson diciéndole: jóven, yo he sido vuestro amigo: si cuando ya no exista necesitase mi hija de tener uno, acordaos de ello. — Jamás olvidaré lo que os debo, respondió él: vuestros intereses y los de vuestra familia serán siempre los mios; y aun es:
[1173 pero, anadió sonriéndose , que tendré que pediros y obtener una nueva gracia. Dijo'estas palabras en el momento en que se' retiraron: Mr. Herbert vol. vió á entrar en su cuarto, y cerró la puertas entonces Wilkinson tuvo:la oca= sion que deseaba: de informarse de Ana. | Mr. 'Mansel hacia tres meses que'estaba! enfermo de gota, y muy: disgustado por no recibir carta suyá y aunque ignoraba su salida de casa, de: Lady Edwin, oy habia entregado 4 Wilkinson una carta quejándose de: su indiferencia. Ya se puede creer cuál sería su sorw presa «cuando Madama Herbert le dijo que habia marchado, y se ignoraba su paradero. Sus penas: no eran menores, pues ella habia sido el primero y, en realidad, el único objeto: desu amor: Mientras que la viese soltera conservaba alguna esperanza de queobtendría su mano; pero el descubrimiento que le habia proporcionado la equivocacion de
[124] dos años á aquella parte regularmente los destinaba una guinea cada semana. Al atravesar la calle de Oxford pasaron muy cerca de él dos señoras, y se metieromen-un coche: una voz; “que él no pudo: desconocer!, mandó al cochero que las lleyase al parque. Wilkin= son se admiró con tanta mas razon cuan= to era muy tarde, y no llevaban ningún criado: sin embargo conoció que-ó jamás habia visto ni oido 4 Mis Edwin, ó“ella era una de las dos damas. Un repertino movimiento de curiosidad le-hizo . seguir el coche, que iba inuy despacio, á“pesar de que las señoras instaban al cochero para que avivase. Por fin, ambas se apearon en Spring-Garden, y á la luz de la luna yió queno se habia engañado. Apénas entraron en el parque las salieron: al encuentro dos caballeros, cada uno cogió del brazo-á la suya, y ambas parejas , que parecieron muy coH- tentas, iomárou cada cual distinto rum-
[125] bo. Wilkinson, no pudiendo ir á dos par= tes, se empeñó en seguir á Cecilia hasta el fin del paseo, que parecia ser el único objeto de la cita. Media hora: despues la otra dama, que se habia alejado, se presentó, y llamándola se reunieron. Despidiéronse de aquellos caballeros, sin poder Wilkinson oir lo que les dijeron, y por lo mismo no pudo sacar ninguna consecuencia de aquel lance; pero seguro de la persona de Cecilia, y pensando enteramente en Ana, resolvió no desperdiciar aquella ocasion, tal yez la única y propia para hablar á Mis Edwin; y además de eso en la cita que acababa de presenciar habia un misterio y una falta de decoro, que le dieron un valor que no hubiera tenido en cualquie- Ta otra ocasion: tan cierto es que es im=- Posible respetar á una muger cuando se la ha sorprendido en una intriga. En consecuencia de esto, y pretextando asistir á las damas para tomar el
[126] coche, fingió reconocer:á Cecilia. Jamás el encuentro de un antiguo conocido, vis no mas fuera de propósito: ella bien hubiera querido ocultarse, pero ya era im= posible: y así tomó el partido de reirse de que las hallaba solas, y tan tardes Wilkinson participó de su alegría, y.se metió en el coche, pretextando que-el respeto que profesaba á la familia no le permitia dejarlas ir solas á tales horas. Su verdadera intencion era pedir una me-= dia hora de audiencia á Mis Edwin, -fa= vor que pensaba no se le negaría en un momento en que su buena fortuna le habia hecho encontrarla en semejante situacion. Una coqueta es un ente , cuya pasion, por seradmirada, la hace adoptar todo lo que se refiere á este objeto. Si un hombre , bajo una apariencia especiosa, se introduce en su presencia, ella ve en sus cuidados un tributo que se paga ú sus encantos; y esto siempre lisonjea,
[1271] sea quien fuese: el tributario: y así se pone mas alegre, y emplea todo:su arte para privarle del libre uso de sus sentidos, y nunca duda de sus: protextas, porque su primer interés es parecer que es víctima de ellas. Mis Edwin bien cierta de que nadie podia dirigirse á ella sino llevado del amor, Ó la admiracion, apénas conoció á Wilkinson, y no sospechando que tuviese ninguna cosa particular que decirla, se imaginó que le habia conquista» do: y aunque es verdad que esta nueva víctima de sus encantos era un simple aldeano y plebeyo, sin embargo la ofrécia un medio de divertirse. Parecíala gracioso y divertido tiranizarle el corazon, y hacerle infeliz, y con estas inhumanas intenciones consintió que él la cogiese y apretase la mano, y no respondió á sus cumplimientos con su altivez ordinaria. Su compañera, que no habia habla-
[128] do una palabra, estaba sentada y tem= blando, aguardando el fin de aquella. aventura, mientras que Cecilia con la mayor familiaridad hablaba con él, no creyendo que pudiese desobedecerla inmediatamente que juzgase oportuno man= darle retirar: mas en esto se engañó com- «pletamente, pues el humilde y obscuro provincial fue igualmente insensible 4 la sonrisa que á la gravedad con que quiso despedirle El buen humor, el descontento ,-el desprecio, la ira y las reconvenciones mas serias, todo fue inú= til para aquel carácter vulgar: él insistió en acompañarlas hasta su casa, y en ella suplicó media hora de audien= cia. En fin, ellas le dijeron que no iban á su casa: ¿dónde vais segun eso? respondió él; á lo que le-contextaron que no tenia nada que ver con esto, y que parecia mal á un hombre ser importu= no. Wilkinson manifestó que su opinion era diversa, y añadió que cuando tuviese
[1291 el honorbde ver 4:Lady-Edwiny:lo:que' á masurardar sería: dentro «de un: mes > yo lardijesd cómo: y dónde habianencono trado á su hija , estaba seguraode!que no la agradaria el haberla dejado sola, y expuesta 4 dn Hisulo! Y 40 Ahora bien ao Cecilia > Rosotras tenemos que hacer en casa de Madama Chambaúdem!S:: James-Strect) y vien= do ¿que':las noche :estaba;: heérmosa:y: nos ha dado la “gana de liriallá. La frivolii, dad del pretexto !ñio¡éra:4 propósito: pas: ra inspirar docilidadY4 Wilkinson ¿sim embargo; como Cecilia prometió!-neci4 birle la mañana siguiente á las once, con« sintió en 'apearse, y siguiendo el. coche: vió que:se paró delante. de la tienda del un mercader de lienzos, donde bien pron= to llegó un elegante «birlochp jo enique: entraron las damas despues de haberse quitado los chales; y como aquel carz> Tuasesiba muy ligero'no tardó en pera derlas. deivista. Este incidénte le detuyo: Tomo ILL. +9?
[130] hastasinuy tarde; iy no pudiendo:ya. ha» cer: la: visita que ¡pensaba ,' regresó, á Grosvenor-Square, donde le habian:daz do unicuarto.. +00 00 - CAPITA nes Eto a “EL siúicidio. SIDE Lou 13 sí 3 Cuando Wilkinson se levantó: por la mañana halló 4+las-señoras vestidas, «y. dispuestas á salir: de icasa. Yo. estoi sus mamente turbada; dijo. Madama Herbert, y no, sé por qué. En lugar del tranquilo sosiego: que pensaba encontrar esta noche , segun las. buenas noticias que iuvez me be visto atormentada de los sue» fñós mas fúnebres, y abismada en terróres inexplicables. Temo mucho que haya - muerto el malvado Tyrrel. j Wilkinson y Mis Herbert hicieron to= do lo posible para disipar aquellas apréns siones; pero viendo que se aumentaban, propuso él primero que antes de ir 4 la
Ex3r] eáircel pasasen por:casa de Emmerson :pas ra ¡informarse de lo: que sucedia, 1 Cuando ya estaba::todo arreglado. qs nunciaron la yisito de Mr. Edwin. Este jóven: era: como un extraño en su :casaz y las' personas dessu: familia eran á: las que menos visitaba: Guardíbanseen'su casa: sis vestidos, vivian allí:sus .criaz dos; pero á excepcion de los momentos en. que se 'mudaba de trage, ó las 'no= ches:que á fuerza: de su intemperancia y sus anteriores vigilias le obligaban 4 recogerse, su casa vera el paraje menos á propósito para encontrarle, Algunas ve= ces ; aunque pocas, hacia á Madama Edwin el honor de comer con ella, pero en secreto; y una vez ó dos que se yió tasien la precision de acompañarla de noche, manifestó: con mucha gracia cuan: to sentia el hallarse comprometido, y no poder disfrutar este honor. Desde: aquel tiempo su feliz esposa no le habia inco= modado con proposiciones tan indiscres
[132] £as: él: habia oido. hablar con laindi> ferencia propia de un hombre del gran tono de la:situacion:de Herbert, Ana era mas bien el objeto ¡de-:sus deseos; pero su cariño estaba dividido, y. $u: atencion todayia mas inclinada: que átodas: las mugeres «del mundo á:una banca de Pas raon, 6 al golpe de un dado, El. lógro de sus pretensiones ,, respecto de Ana, es; taba acompañado de tantas molestias (co> sa que él aborrecia), y «pedia tanto tiem> po, que él en ninguna manera podia: desperdiciar: únicamente tenia libres-los mo= mentos que se veía obligado 4 descansan, por un funesto golpe de dado, ó. por los efectos de una disipacion constante, Em uno de estos fue cuando: hizo el viaje::á Layton, y desde ¡aquel dia ¡ya'no.habia tenido tiempo de pensar en ella, Como no habia olvidado enteramente cada una de las impresiones de sus primeros años, no pudo llegar á saber con la misma indiferencia la desgracia de
[133] Cárlos. Durmió en su casa la. noche antecedente , y habiendo dispertado mas temprano de lo que acostumbraba á causa de un fuerte dolor de cabeza, habia pedido el té: mientras que le tomaba easi sin gusto, y solo para disipar los vapores del vino de Champaña que ha= bia bebido, Bates, su ayuda de cámara, le contó la historia del asesinato, la fuga de Cárlos, y los temores de su madre, con todas las adiciones que por lo comun acompañan en las nuevas narra= ciones de un suceso. Esto le sacó de la apatía en que estaba sepultado aquella mañana, y vistiéndose precipitadamente se dirijió á Grosvenor-Square, donde la amabilidad y cariño con que fue recibido le causaron la sensacion mas agrada= ble que habia experimentado en los úl. timos tres meses , exceptuando aquellas que le habian producido unas cuatro buenas suertes de naipe, ó algun brillante * golpe de dado, que, á decir verdad, no
E[x40] + iba delante: ellas le siguieron por el pri mer piso de la cárcel hasta la puerta de un cuarto, donde sobre una cama mise= rable, aunque la mejor de la casa, estaba tendido Mr. Herbert, los ojos medio cerrados, y en la agonía de la muer= te. Muchos' hombres y una muger estaban alderredor de la cama, cuyas cortinas habian descorrido para que le diese el aire. Un horror silencioso reinaba en las almas de todos los espectadores, que habian acudido á.darle unos socorros ya inútiles, ¡Oh , Herbert, Herbert! dijo su muger con el mayor desconsuelo; y arrodillándose al lado de la cama , mientras que Patty sin fuerzas para volver á mirar un espectáculo tan horroroso estaba á los pies de la misma tapándose la cara, ¿Es éste, prosiguió Madama, el consuelo que yo me habia prometido de tu reforma? Cárlos, ii querido Cárlos, ¿no me conoces ya? —Los vidriados ojos de
Er411 Herbert buscaban en vano los suyos. Pero ¿cuál es su enfermedad ? continuó ellas Mr. Wilkinson , mi sobrino Edwin,..: Señores, dijo mirando 4 los asistentes; ¿sois médicos? :¿no: haynada: que «hacer aquí? 3 ¿Un repentino: movimiento del pecho del moribundo llamó: las atencion delos presentes, y se apresuraron á cercar sw lecho':un rayo de sentimiento ¡pareció Feanimar sus últimos: instantes ,/sus ojos se abrieron, y. volvierom hácia: su'esposa, cuyas lágrimas inundaban su rostro: dió un profundo «Suspiro, y. espirós Madama Herbert:'se desmayó enlos brazos:de Edwin. y su hija , incapaz de Moverse: del. sitio: donde «estaba ¿interesó á!todos llos «presentes. se:las sacó:de alí, Mevándoselas /4:otra' pieza de la: misma Cárcel, «y. siguiéndolas. los médicos; que inútilmente se habian: amado” para: so: Sorreniá, su marido; Inmediatamente que: á fuerza de cui
[142] dados y de espíritus pudo volver en:sÍ. Madama Herbert, preguntó las particularidades de aquel horrible suceso 3 pero Mr. Edwin y Wilkinson se negaron á complacerla en este' punto : en efecto ¿'era mejor que ignorase el último acto de vio= lencia de su marido. y cada uno temia entrar en una narracion que confirmaba eruelmente lo mismo que ella: mas temia. La obligaron á fuerza de instancias Á que se volviese con Edwin , dejando 4 Wilkinson para cuidar, de todo lo rela= tivo al difunto. Mis Herbert era de ún carácter tab dulce, y tan poco inforinada:de los! efectos que suele tener la: desesperacion; qué enla: muerte de=5u padre no sospechó otras cireunstanicias;'sino que habia sido repentina ¿ y sus amigos tuvieron la: prut dencia de dejarla en este error, mientras lloraba simplemente la muerte de un ¡padre, sintiendo no haberle podido: hablar; ni recibir su bendicion. [
[1431 Mr. Edwin instó á su tia y su prima á que viniesen á vivir con él 4 Portman-Square; pero ellas conocian demasiado la insensibilidad de su muger y de su hermana para adoptar el convite : de modo que él se contentó. con insistir: ci que habia de ser: su banquero, y:quiso evitarlas la penosa: molestia de escribir esta noticia á Sir William. Al volver,á4 Portman-Square fijo toda su atencion en la lúgubre escena que habia presenciado. El terrible fin de un hombre que toda. su vida se habia ¡empleado en correr ¡tras los mismos 'placeres, dé que él era esclavo, no podia menos de «chocarle alguna cosa. Estaba: citado aquel dia en casa de una: famosa Yamera , donde debian concurrir varias personas del primer: órden. La dueña encántadora reunia-á la belleza todo el arte necesario para pasar el tiempo y la reflexion; pero como no estaba .presen= te) y en la ausencia no era tan fuerte
[144] su imperio sobre sus sentidos como cuan= do sus gracias fascinaban los ojos, for= mó la resolucion de estarse todo el dia en su propia casa, no dudando que su muger en tan crítica circunstancia no re-: cibiría ánadie. Su primera pregunta:apénas entró fue, si su muger y su hermana estabán en casa. El ayuda de cámara no respondióx, y enj efecto, era una'icosa tan extraña en cualquiera de los dos esposos el mes nor deseo,de encontrarse, que Bater apéx nas podia creer á sus oidos. Sin embargo; como la. seriedad de su amo, exigia una: respuesta, contextó que habian salido, ¿Tenemos alguien iá comer? pregun= tó Edwin. Sí señor, contextó la Fra jan: están convidados el conde Maxwel y el Coronel Mendez: ¿Quién diablos son:esós?- replicó Edwin. —Unos señores que vienen «todos los: dias. 08 Mr..Edwin cil do; AS
[145] mas admirado y resentido que quisiera, Mandó solamente que le avisasen cuando Madama volviese: despues de lo cual cumplió lo que habia prometido á Madama Herbert, escribiendo á su padre cuanto sabia de la muerte de su marido, Mr. Wilkinson llegó cuando acababa la carta, pues venia (como habia ofrecido) á informarle de todas las circunstancias de la muerte de Mr. Herbert, Desde el punto que éste llegó 4 su prision se habia ocupado mucho en ordenar sus papeles, y la noche del dia que le visitaron Wilkinson y Collet nose ha bia acostado. Su criado, que pasaba de veinte años le estaba sirviendo, hizo cuan: to pudo para convencerle á que tomase algun refresco; pero él no quiso absoluta= Mente mas que una taza de cafó, Luego que Wilkinson se despidió volvió á ocu= Parse en sus papeles, hizo varios paque= tes, que rotuló , y en esto'se empleó has» ta las cuatro de la mañana. Entonces dijo Tomo LIL, 10
[146] 4 su criado que queria dormir, y mien= tras le desnudaba le preguntó si se acordaba de su boda; y como él le respondie= se que sí, volvió á preguntarle : el dia que yo recibí la mano de Mis Edwin, ¿te hubieras figurado que yo pudicra llegar á tal extremo de horror y de bajeza , que la hubiese arruinado á ella y á sus hijos por una muger tan infame como Nicholl? El criado juzgando por la voz y el. gesto de su amo que estaba violentamente agitado, le exhortó 4 que alejase tan fúnebres pen= samientos, imaginando la perspectiva cier tamente mas feliz que iba á causar su arrepentimiento. Herbert no contestó á esto, y le mandó que se acostase en otro cuar- to inmediato. Por la mañana el criado, juzgando que dormia, hizo sin meter ruido sus haciendas; y habiendo dispuesto el chocolate, aguardaba que despertase para: presentárselo. Á- las once se acercó á la cama para observar si aún dormia, vió sangre, y sus gritos alarmaron á to-
[1471 : dos. Acudieron , y.vieron qué el infeliz se habia cortado el cuello hasta la arte ria, y todavia echaba sangre: aunque ya parecia haberle faltado la vida. Entonces se le administraron todos los'socorros po= sibles; pero ya era tarde, y se creyó que se habia herido en el momento mismo en que se apartó de él el criado. - CAPÍTULO LX, Sensibilidad moderna. Mr. Edwin se admiró de este fin trás gico mas de lo que convenia á un hombre de placeres, La conducta de Nicholl no podia sorprenderle, pues sabia que las mugeres que una vez se apartan del ca= mino de la virtud es raro que se conten= gan en la primera falta. La vida que él llevaba le enseñaba todos los dias, qué cuando el honor y la delicadeza han ces dido su lugar al vicio, éste no tarda en remontarse hasta el último grado. Es un ..
Ex48] principio de justicia que siempre halla cl libertino en cuanto pasa á sus compañeros, pero que jamas se aplica á sí mismo; y este principio es que la muger á quien . aquel hombre ha quitado el honor y la virtud le hace luego traicion , y le trata como enemigo pero ver ademas de esto que ella puede causar un fin tan terrible como el que acababa de presenciar, era para él una cosa tan horrorosa como nueva, y mas propia que ninguna para inspirar saludables reflexiones. Una pasagera resolucion de reforma entró por la prime= ra vez en su pecho; ¿mas de qué modo se le presentó esta idea?..... Pensando que si pudiera lograr á Ana, modelo de todas las perfecciones , empezaria su nueva vida gozando de la felicidad de poscerla, continuar á su lado, y vivir en sus bra= zos separado del mundo. He aquí cuál era su plan: juzgaba que podria dejar á su esposa que gozase de sus bienes: por poz eo que destinase á Ana seria para ella
[1493 un exceso de lujo: su:alma adquiriria con su trato y con su ejemplo las apariencias del honor y de la virtud. Abismado en estas, á su parecer, nobles ideas de dejar el vicio, sumergiéndose en él mas profundamente, y ahogar los remordimientos de una conciencia culpable eon la plausible excusa de su propia felicidad , volvió en su: acuerdo oyendo á Wilkinson que se despedia ; pero no quiso absolutamente dejarle marchar , exigió que comiese en su casa, prometiéndoleacompañar por la tarde á la de Madama Herbert. El golpe del aldabon anunció el regreso de Madama y de Mis Cecilia, Inmediatamente se dirigió al cuarto de la primera, que manifestó su sorpresa por una visita tan inesperada. Despues de un saludo formal, á que ella correspondió con una cortesía profunda, Edwin con tanta política como circunspeccion la informó de la catástrofe de aquella mañana,
Tasa] limpiarla encontró, y le: presentó. cuatro taleguitos ¿que él conoció ser los mismos que su hermano sacó consigo, y sobre los cuales estaba. escrito de su misma letra la suma que gada uno contenia. Turbado, y consternado á esta vista, dijo que habia enviado en seguimiento del albañil; y noticioso de que-el barco en, que iba habia naufragado. Persuadido de que su muger podia estar informada de la terrible catástrofe que recelaba , habia venido en persona á buscarla ,-lo que: consiguió fácilmente. Dijo. que ella, reconoció los taz Jeguillos que la presentó, y declaró, que su: marido los'habia recibido,con el dinero que conteniam de un escribano, á quien él finalmente habia Megado.4 encontrará fuerza de cuidados y diligencias; y concluyó diciendo, que aunque sospechaba que la respuesta de la muger no fuese sino una evasion, habia escrito. ¡aquel escribano para empeñarle á. que se: pre-
[ass] sentase delante del tribunal, como:en efecto lo habia verificado. Termino su narracion suplicando á los. jueces que examinasen bien aquella muger; y pues que la sangre del mas digno'de los hombres y de su hijalhabia sido derramada, él pedia su venganza. Ye 7 á Esta historia , contada con sensibilidad y el dolor mas verdadero y bien; sen= tido, interesó á todos los oyentes, La-mu- ger fue llamada á la barra, donde una. hora antes nuestra heroina habia. presen= tado el espectáculo de la inocencia perseguida : uno de los magistrados la exhortó á decir la verdad, y á no.variar las cir eunstancias de un cargo:tan odioso, que sus prevaricaciones no podian hacer sino agravar. En seguida se la: enseñaron los taleguillos , y ella repitió lo que' bábia dicho 4 Mr. Mordant, asegurando que el escribano que se los habia dado á su marido se llamaba Dalton,
o [2561 > Inmediatamente que este infeliz avaro vió los taleguillos, oyó su nombre, «y se vió Hamado á la: barra, se contó por per, dido; pero cuando supo que.el hombre. 4 quien se los habia dado era ya muerto, y queno tenia otro'testigo contra él que su viuda, infirió prudentemente que un 19 costaba tanto:cobnosun sí, y en virtud de esto negó positivamente: tener noticia: de aquel asunto. 29 ol 0000 % “En el momento otra muger desconoci da, y'muy' mal venida para: él, atrayesó por en medio de la porcion de espectado= res; y era nada:menos que Mistress Clarké; la “que habiendo vuelto 4. su-casa dos * horas despues que Ana fue arrancada de ella, y sabedora por la vecindad del suceso. habia venido:al tribunal. Mientras que ella procuraba: hacerse lugar llorando y gritando, la primera! persona ú quico habia divisado fue'4 Mr. Dalton, y cres Jendo que allí habia venido para socorreriá
Exs7] Ana, exclamó: “¡Bendito sea Dios! ¡aquí estais! ¿dónde está esá querida niña? ¡La matarán! ya estaba casi inuerta cuando yo la dejé: solo un lance así me hubiera hecho venir tan corriendo,”-—““¡ Cómo! ex< clamó Dalton medio confuso al aspecto del Úúnico'testigo que podia haber en la tierra para cónfrontarse con él. ¿Estais soñando?”—-" Soñar yo! dijo ella : he aquí otra gracia... vos me haceis que delire,...., ¡Cómo! 5 Mis Mansel no está aquí?” Bentley, que la conoció entonces por la posadera y amiga de su protegida, la hizo venir junto á él, procurando que Se tranquilizase , lo que no consiguió sino coi mucho trabajo , y despues que la prometió que veria á su querida hija, y que estaba muy alegre. 4 Entonces continuó el exámen pendieno te; y la muger que le sufria suplicó que la oyésen antes de firmar la órden qué debia conducirla á la' cárcel; y volviéni Tomo 111, 17
L2587 dose á Dalton le preguntó si diez--y siete años antes no habia puesto dinero en el fondo para la construccion de una nueva sala en Stepney-Fields. — “Eso es indudable, respondió Mistress Clarke :.todo el mundo lo sabe, y tambien que el malvado White huyó llevándose el fondo: yo. me acuerdo de ello, y compadecí, mucho al pobre escribano.” Inmediatamente se levantó un murmullo general, y el comerciante y: los jueces se pusieron de acuerdo, para. pedir aclaraciones á Mistress. Clarke; pero ella ne podia: decir sino lo que sabia, y no sabia mas. Sin embargo, su testimonio era grave, y se dijo á Dalton que seria comprendido en el commitimus.. Oprimida con el crímen y la yergiienza aquella alma mezquina permaneció suspensa por algunos: momentos. cuando su astucia, que generalmente era su me+ jor amiga, le proporcionó todayia un úl»
[2397 timo recurso. 'Snplicó que hiciesen: salir: la gente, y postrándose humildemente 4 los pies del comerciante confesó. toda la historia de la cajita, segun la hemos conw tado, alegando que como ni la miña ni el'dinero habian sido: ¡reclamados , habia incurrido en la tentacion de Poner en giz ro éstei, y que habiendo sido: engañado porel pícaro White ; jamas se habia atrevido á: confesar haber recibido una canti dad, que no le.era posible devolver. “Pero ¿dónde está la niña? preguntó el comerciante: mas turbado que antes; ¿existe? ¿dónde está” Dalton iba-4 empezar sus disculpas, cuando Bentley adelantándose , y diri= giéndose al comerciante, dijo que iba á ahorrar á Dalton la confusion de decir mas, noticiándole que, ella por muy buez nas razones habia dejado la casa, donde despues de haberla robado las 1400 gui> neas habian detenido su equipage 4 pres
[2603 texto de que se le debian otras 150: por tres años de alimentos 5: y que enfin él habia recibido esta suma de un jóven li= bertino, que segun se decia la estaba man: teniendo. «¡ Oh, pobre hija mia! exclamó Mr. Mordant suspirando; pero ella reconoce= rá sus extravíos, y será una de las primeras y mejores proporciones de Inglaterra: él se casará con ella.”-——“¡ Oh ! eso no puede ser, respondió Bentley.” Cós mo? ¿qué quereis decirme? exclamó yivamente el tio; ¿por qué no se casará conh ella?” —-““Por una razon convincente, respondió Bentley, y es porque él está casado.” “*Miserable, exclamó Mordant mirando á'Dalton, ¿qué responderás á esto?” — “Nada responderá, dijo Bentley; pues la verdad que os aseguró es que jamas ella ha estado con ese libertinos bien es que esto importaba poco á Dalton, que solo tira-
[2611 ba 4: coger dinero. 'Pero' venid conmigo, señor;'y si yo os devuelvo vuestra «sobrina, prometedme que no me'priyareis de mi-hija? Diciendo esto entró en el. otro cuarto seguido:de los dos comerciantes y. de Mistress Clarke, que corriendo á nuestra, heroina luego que la vió., la abrazó. con el mayor. cariño , quejándose amargamente de no haberse hallado en casa cuando fueron á sacarla de ella de un modo tan indigno. p Pero otras escenas. mas interesantes fijaban entonces la atencion de Ana. El eomerciante empezó á: llorar. luego que la vió, diciendo que era-el verdadero retra- to de su hermana, que no necesitaba otro testimonio que:su semejanza completa., y que la hubiera conocido entre mil-mu- geres. El jóven corriendo á arrojarse á sus pies exclamó; no era una simple pasion,
- [262] era el: tierño influjo ide lar sangre el* que arrastraba de un modo'tan drrésistible mi corazon hácia mi amable prima: “Padre; esta es la amable persona que os he pin= tadocomo'mi primero y último'amor. Querida/printay:5noodecis:nada á vuestro cer caño" pariente, 4 vitestro Mordant $? 005 15 Sw sorpresa Ál estár salutacion se stein= pló por Ie agradable! sensacion que pros dúcia su corazon palpitaba de placer coh lx idea de haber al fin encontrado quien la reclamaba, oyéndose nombrar querida prima; rquerida: sobrina, por dos personas tan róspetábles : verse acariciada: como”el retrato de uña: amable madres y en fin; hallarse con derechos'efectivos á unas relaciones , que hasta/ientonces Habia desconocido y por'losquestantas veces ha= bia suspirado. Este momento de placer:la hizo olvidarse de todos sus infortunios,+y hasta del mismo Herbert: Suw'tio la estrechaba «contra su pecho
[2631 mientras que su primo bañaba su mano con: las lágrimas de la ternura y el amor. Mistress Clarke no estaba olvidada en la alegría general: acariciada por el tio y el. primo: estrechaba entre «sus brazos á; Ana, diciéndola con entusiasmo: bien; os habia yo dicho que seriais feliz. En tanto Mr. Bentley, 4 quien.se privaba de sw hija adoptiva, decia. que aquello erdin+ sufrible, que la felicidad de todos le hacia ¡quedar descontento; y mientras: así hablaba;:sus ojos, sus facciones y moyimientos manifestaban la viva alegría que experimentaba su corazon, Mr. Mordant propuso 4 su sobrina que volviese con Mistress Clarke hasta que pudiese encontrarla una casa conve venientez pero Mr. Bentley se opuso, diz ciendo que Miss Mansel estaba convidada á comer: con algunas damas que conocia en casa de un amigo. Ana le miró con a; sombro, pues no sabia cómo la habia ha-
[2701 cubrir su conducta con un espeso velo, Atormentado con estas reflexiones en pro y en contra estaba el buen hombre casi convencido de lo que mas temia, cuando la mercadera de aquella tienda hizo notar 4 su marido cuán laboriosa era aquella en; cañitadora niña á pesar de estar tan mala. «“Á la aurora, dijo, se levanta á trabajar, y vedla todavia queriendo aprovechar la poca claridad que hay para gastar menos luz por la noche. ¡Pobre niña! no hay que admirarse de que esté tan débil. Á fé que no come el pan ociosa.” Estas palabras llamaron toda la atencion de Bentley, y le volvieron un rayo de alegría 5 y divisando un cartel que as nunciaba dos cuartos amueblados para un hombre solo, los tomó inmediatamente, y desde allí no perdió de vista á nuestra heroina hasta que se convenció de que solo vivia de su trabajo, y nadie la vi» sitaba.
[2713 Satisfecho con estas observaciones uy sabiendo que era huérfana, y no. tenien= do él hijos ni parientes, formó el designio de prohijarla , y. marchó 4 Layton 4 participárselo á-Mistress Wellers. La mañana misma del dia que Batés habia dado á su amo una Prueba tan grande de su destreza, era la que Bentley habia fijado para volver á Londres, dar parte de su proyecto á Ana, y conducirla á casa de la jóven Mistress Wellers, donde la madre iria á comer. Esta se encargaria. de tenerla consigo hasta que Bentley hubiese. arreglado su casa, que era como de solteron, y la. pusiese en estado de recibirá la que debia mandar en ella, y proporcionase tambien una Compañera que fuese á propósito para imponer silencio á las lenguas que solo se divierten escandalizando. Fue á Londres con efecto; pero noticioso del lance que habia pasado, y sintiendo no haber lle.
[2721 gado á tiempo de evitarle, corrió 4 impedir sus resultas. El placer de nuestra heroina al ver de ¡muevo á una muger,:á quien estimaba, fue igual al de Mistress Wellers, y 2M= bos no pueden explicarse. Cuando los sucesos de la mañana y la historia de: Mr. Mordant, que Ana no habia oido, fue= ron repetidos, no hubo persona que no se interesase vivamente ¿ y el mismo Mr. Wellers, 4 pesar de toda su apatía, quedó conmovido. Ána, arrojándose en los brazos de su tio le manifestaba mudamen= te, pero con toda claridad, su viva gratitud por el cariño y solicitud con que la habia buscado, y todos los presentes le miraron con veneracion cuando declaró % su sobrina que la mitad de todo su caudal la pertenecia por derecho; i Entonces la tocó: 4 ella la vez de contar su parte, y los corazones de todos los oyentes, 4 excepcion del de. Mr. Wellers;!
E2731 que nada-tenia de-sensible, se penetras ron de:los mismos sentimientos que nacian de la beneficencia y el amor 4 la huma-= nidad. Las desgracias, la enfermedad, los padecimientos de una jóven inocente ex= puestos con la voz interesante de la yerdad, ¿ podian dejar de enternecerlos? No hubo quien no llorase, ni una alma que no pagase el justo tributo debido ápenas tan poco: merecidas, mi hubo quien no viese con placer la feliz transformacion de sus negocios. Mistress Wellers exigió, «y Mr. Mordant consintió en ello, que Ana fuese cón ella ínterin se la disponia su casa. Bentley rió , cantó, silvó y lloró mientras el camino; y se admiraron mas de su alegría viendo que por la primera vez en veinte años que no bebia sino agua, habia bebido una azumbre de clarcte. Mr. Mordant al separarse de su sobrima la puso en la mano una carterita, que Tomo 11, 18
[274] contenia 20 libras esterlinas en billetes de banco, y la dijo: “amor mio, recom= pensa á tus amigos, humilla á tus enemigos, dándoles lecciones de verdadera generosidad: todo sentimiento mezquino es indigno de tí: aun ignoras la clase á que tierres derecho. La munificencia y la grandeza de alma son hereditarias en su familia, y la Providencia: te ha dado abundantemente los medios de vivir respetada y rica.” Dicho esto sé separó de ella , negando positivamente á su hijo el permiso que pedia para acompañarla hasta Laytom, FIN DEL TOMO 111
E2751 ÍNDICE DE LOS CAPÍTULOS QUE SE CONTIENEN EN ESTE TOMO 1II. Capítulo L. La tempestad. ... Pág. 5. Cap. LI. Desesperacion de una alma A OOO E Cap. LIL Cándidas consecuencias. . 23» Cap. LIL Política astuta. ...... 33» Cap. LIV. Matrimonio bonito. . .-+. 5h. Cap. LV. Las costillas rotas. .... Io, Cap. LVI. Tocador de una hermosa ÍA ccoo 96. - Cap. LVIL La tierna madre. .... 106. Cap. LVIIL La cita. -.... oo. 123» Cap. LIX. El suicidio. .......... 130. Cap. LX. Sensibilidad moderna. . ..- 147»
[276] Cap. LXI. La indecisión. ....... 133, Cap. LXIL. Vuelta de Ana. ..... 166. Cap: LXIIL. Reconocimiento entre dmigos ambigudS. o. .ooooooocs 174. Cap. LXIV. El amanse casado...» 185: Cap. LXV. La bordadora. ...... 193: Cap. LXVL La presentación. . - . +» 206. Cap. LXVIL El robo. .......-. 216. Cap. LX VII. Lós tres magistrados. 226. Cap. LXIX. El amigo en la ocasion. 223. Cap. LXX. Se prueba que nuestra heroina tiene padre. cier. ...- 248. Cap. LXXI. Constancia de un buen anciano... .. po oa Obi 266. Se hallará en las librerías de Escamilla calle de Carretas, y de Ampostg, calle del Príncipe.
500505353 BGU A Mont. 08/6/08-21