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251 Una Cuestión de Estilo Juan Daniel Ramírez Memoria y ficción tienen una relación parecida a la que se establece entre dos términos de un binomio. Pueden complementarse, pero, también, traicionarse. Es una cuestión de compromiso por parte de quien decide dar un mayor protagonismo a una u otra de estas funciones. Podemos evocar un recuerdo con cordura y sentido o bien producir algo monstruoso, todo depende de nuestro compromiso con los eventos recordados y la honestidad con que decidimos tratarlos. En el caso que nos ocupa vaya por delante que la ética del autor de este libro está libre de toda duda. Asumir el reto de escribir a partir de los recuerdos de la vida de Javier como cuidador le comprometen en muchos sentidos: es tanto como abrirse a la posibilidad de asumir que esos recuerdos no serán engañosos, pero sí estilizados por los procesos narrativos que condicionan, dan forma y, casi podría decirse, esculpen los acontecimientos rememorados. Por suerte, la memoria de cada uno de nosotros está lejos de alcanzar la exactitud del mnemonista estudiado por Alexander R. Luria (Luria, 1973) en los años veinte. S -como se le llamaba para preservar su anonimatoera de una precisión exasperante cuando rememoraba las pruebas de recuerdo a las cuales el eminente psicólogo soviético le había sometido diez o veinte años antes. Su capacidad para registrar eventos podía ser comparada a la imagen más precisa que pueda contener una fotografía digital de las de ahora. Por suerte, quien recuerda su vida como cuidador en una época muy anterior a su actual carrera de investigador y profesor, se centra en las experiencias que Javier, siguiendo a los griegos clásicos, gusta de llamar Kairós, es decir, tiempo cargado de vivencias intensas, relevantes, constituido de momentos que rompen el tedio y la monotonía de ese otro tiempo mecánico, kronos, que iguala al tic-tac del viejo reloj de pared con la “monotonía de lluvia tras los cristales” como lo expresara con ingenio poético Antonio Machado. De una parte, tenemos las huellas que dan sustancia a la biografía, la de un joven que se enfrenta al reto de cuidar personas en situaciones dramáticamente particulares; de otra, los procesos narrativos que permiten construir eso que podríamos llamar substancia textual plasmada en forma de libro. Se trata, pues, de un juego complejo bien resuelto entre dos palabras que lengua inglesa se asemejan a la vez que se distinguen a la perfección: history (historia) e story (narrativa, relato, etc.). En una se condensaría lo que la vida nos dio y en la otra los rastros que esa vida nos legó; un legado que está ahí para ser contado. Sin embargo, en la forma de contar eventos rememorados y componer una story podemos dejarnos arrastras por la nostalgia y por la megalomanía, pero, si, como en el caso de nuestro autor, adoptamos una actitud ética, respetuosa con las personas de las que hablamos y de los lectores y lectoras que se aproximan a nuestros recuerdos, la story es una excelente herramienta de reconstrucción del pasado. Por obra y arte del compromiso del autor, los hechos revividos en el curso de Saavedra-Macías, Francisco Javier (2023). De Repente, la Maldita Lucidez: Experiencias y Reflexiones de un Cuidador en Salud Mental. Editorial Universidad de Sevilla Juan Daniel Ramírez-Garrido1 , Antonio Vázquez-Morejón2 , Raquel Vázquez-Morejón3 y Francisco Javier Saavedra-Macías3 1 Universidad Pablo de Olavide, Sevilla, España 2 Servicio Andaluz de Salud, España 3 Universidad de Sevilla, España Reseña de libro Apuntes de Psicología (2024) 42(3) 251-256 Colegio Oficial de Psicología de Andalucía Occidental Apuntes de Psicología https://www.apuntesdepsicologia.com • e-ISSN: 0213-3334 • eISSN: 19896441 Recibido: Julio 25, 2024 Aceptado: Agosto 30, 2024 Cómo citar: Ramírez-Garrido, J.D., Vázquez-Morejón, A., Vázquez-Morejón, R., y Saavedra-Macías, F.J. (2024). Reseña de libro: Saavedra-Macías, Francisco Javier (2023). De repente, la maldita lucidez: experiencias y reflexiones de un cuidador en salud mental. Apuntes de Psicología, 42(3), 251-256. https://doi.org/10.55414/6cxs6m96 Autor de correspondencia: Francisco Javier Saavedra-Macías, [email protected]
252 Ramírez-Garrido et al. (2024) / Apuntes de Psicología 42(3), 251-256 nuevo la naturaleza se burla de la razón perpetuando su ciclo de dolor y sufrimiento”, dice el narrador. Un sentimiento de impotencia del que es testigo Manuel, otro residente de la casa-hogar. “Solo Manuel sabía que yo, en mi interior, también me burlaba de mi incapacidad para comprender la cruel y misteriosa diversidad de la vida” (pág. 183). Este sería algo así como uno de los muchos “momentos-cumbre” que pueden encontrarse en este texto. Si hasta aquí descubrimos una trama que conecta a dos géneros, uno entendido como ensayo y otro como relato, descubrimos algo más en el reconocimiento de la incapacidad del cuidador para comprender el drama que le une a Rosario. Ese “algo más” es lo que en la tradición literaria alemana se conoce como bildungsroman, la novela de formación en la que, entre otras cosas, el autor trata de reconocerse a el mismo y encontrar sentido a fuerza de rellenar los huecos, las ausencias, que la vida nos deja entre el número aparentemente ilimitado de hechos memorables. Este es el impulso que lo invita a escribir. No puede ser que una parte tan compleja e intensa de sucesos como la que el autor vivió en la casa hogar y de la que tanto aprendió quede ahora sepultada, olvidada, por el peso de todo lo que vino después. Escribir sobre los personajes (compañeros y pacientes) con los que interactuaba es una manera de escribir sobre él, ejercicio necesario para dar unidad a esas experiencias, crear una Gestalt, una figura coherente y significativa que le permita cerrar con plenitud un ciclo de su vida y abrir otro en el proceso de formación continua que en la psicología humanista llamamos “construcción del Yo”. Proceso que tan positivamente afecta a quienes conviven y trabajan con nuestro autor y que tiene su continuidad en todo aquel que emprendan la lectura de De repente, la maldita lucidez. Deseo cerrar estas palabras de reconocimiento a un amigo al que sigo en su carrera añadiendo una cuestión más al análisis del Javier autor y narrador. Lo que hace que éste sepa jugar con los géneros literarios que tejen con primor las diversas fibras del texto va más allá de una habilidosa combinación de los mismo, es más una cuestión de personalidad, de eso que llamamos “estilo”, tan difícil de explicar y, a la vez fácil de sentir por los receptores de esta obra en el curso de su lectura. Se trata de algo tan inasible como el aura que desprenden las figuras literarias de Rosario a Manuel, del Javier cuidador al resto de los cuidadores, al juez en la audiencia y otros personajes que circulan formando algo parecido a lo que ahora se llama docudrama. El aura es tan etérea como la atmosfera que la casa hogar exhala a través de las páginas del libro. Todo lo que, en suma, dan expresión a la personalidad del autor y sentido a lo que cuenta. Ese algo que, por ahora, yo no sé describir ni explicar del todo, pero que hacen del libro lo que es… Ya digo, ¡una cuestión de estilo! La Psicobiografía Como Herramienta de Comprensión Antonio J. Vázquez Morejón Recordando los relatos de autores como Oliver Sacks y Siri Hustvedt el autor nos acerca a la vida de personas que sufren trastornos mentales graves (TMG) con una mirada en la que se entremezclan vivencias y reflexiones, conocimiento y emoción, la escritura ponen en el primer plano de la conciencia del lector lo que la fría objetividad desdeña. Para escribir este libro a partir de las experiencias de un momen- to de su vida que Javier dejó atrás hace tiempo, este autor lleva a cabo un ejercicio difícil que podría acarrearle críticas inmerecidas. El autor se desenvuelve en la disyuntiva de supera el “objetivismo abstracto”, propio de la vieja psicología que aún sigue institucionalmente muy viva y con amplio reconocimiento académico, o asumir el enfoque narrativo propio de un escritor de oficio. Nuestro autor no opta por ninguna de las dos alternativas, sino que incluye a ambas. No entrevera a ambos géneros, el de aquel que quiere servir a la ciencia elaborando descripciones teóricas que le permitan presentarse ante los lectores mediante una forma de escritura capaz de traslucir lo que podríamos llamar “ética empirista”, o la de un autor que asume y confía exclusivamente en su subjetividad, en la intensidad de sus recuerdos. Escritor proteico que alternar estas dos visiones o enfoques de un trabajo que pretende ser tan objetivo como cargado de respeto y afecto por las personas que estuvieron a su cargo. Ahí radica la grandeza de este texto. Sus recuerdos pueden no ser exactos (ningún recuerdo lo es) pero son honestos, bien articulados bajo principios narrativistas aplicados con rigor y, a la vez, con flexibilidad, pues, como él mismo recuerda a sus lectores, “las competencias narrativas en el ámbito de la salud implicarían las habilidades de reconocer, asimilar, interpretar y actuar sobre las situaciones vitales y las historias de los otros” (Saavedra, 2023; pág. 16). Interpretar y actuar, aquí está la clave, a las que se han de añadir la voluntad de servir a quienes se interrogan sobre su trabajo, ya sean cuidadores, como en el caso de nuestro autor, terapeutas, trabajadores sociales, maestros y profesores. Comprender y sentir a los personajes que circulan por una novela como si esta fuera un escenario teatral, cada uno con su drama, es el motivo que nos impulsa a leerla. Pero este motivo es tan intenso que olvidamos a quien conduce el relato, al autor que, con mucha frecuencia se camufla detrás del narrador, como cuando, en El nombre de la rosa Umberto Eco, autor, inventa a un personaje, el novicio Adso de Melk, narrador de la historia que el propio Eco ha inventado. En el caso de …Maldita lucidez el autor da la cara y cumple con el oficio y la responsabilidad de narrarse a sí mismo mientras cuenta sus relaciones con los residentes de la casa hogar. Se impone recordar un pasaje memorable para articular el texto a partir de la empatía mostrada por nuestro autor hacia los residentes de la casa hogar a su cargo y, también, hacia sí mismo: “Soy un monstruo”, dice Rosario, la giganta de la historia, embarazada en su delirio nada menos que por el banquero Mario Conde, a la que, en defensa de los Derechos del Menor, se le ha retirado su hijo. “No” -contesta Javier- “Eres la mujer más valiente que conozco”. Y lo dice deseando de todo corazón que Rosario vuelva a ser la persona que fue rodeada de enamorados imaginarios, porque solo así podrá ser feliz o, al menos, vivir momentos de felicidad como todo el mundo, como el resto de los mortales dentro y fuera de la casa hogar. A partir de aquí el Yo, autor y narrador, sufre por la persona a la que cuida como sufre en sí el dolor compartido. “De
253 De Repente, la Maldita Lucidez mitigar los síntomas, sino también transformar vidas a través de la promoción de la autonomía, la participación y la integración social. Francisco Javier Saavedra, Profesor Titular en la Universidad de Sevilla, ofrece una contribución esencial con su obra. Saavedra nos presenta un libro que nace tanto de su investigación académica, como de su experiencia pasada como monitor de personas con TMG en un momento crucial de cambio en el sistema de atención a la salud mental: la desinstitucionalización. Con una hermosa y rigurosa narrativa, el autor capta y transmite la magia de la conexión humana, mostrando la belleza de las relaciones interpersonales. Su escritura, salpicada de humor y profundamente respetuosa, revela con gran sensibilidad y ternura las dificultades que enfrentan las personas con TMG para encontrar su identidad, su lugar en el mundo y su integración en la sociedad. El autor mezcla autobiografía y ficción, narrativa y ensayo, para abarcar diversos temas de interés en el campo de la salud mental. A través de entrañables personajes (personas) que luchan por mantener el contacto con el mundo, Saavedra presenta once capítulos que alternan relatos y ensayos teóricos, proporcionando un contexto científico a las experiencias narradas. Esta estructura permite tocar temas clave en el ámbito de la salud mental desde una perspectiva eminentemente humanista. Con una mirada cercana y profesional, el libro está dirigido tanto a profesionales de la salud mental como a estudiantes y a cualquier persona interesada en la temática. A su vez, el autor ofrece referencias para aquellos lectores que deseen profundizar en los temas abordados, convirtiendo su obra en una valiosa herramienta educativa. En los dos primeros capítulos, el autor aborda la evolución en la atención a los trastornos mentales graves en Andalucía tras la reforma legislativa de 1984, que supuso la transición del modelo manicomial a un modelo comunitario de atención a la salud mental. Este cambio paradigmático marcó el cierre de los hospitales psiquiátricos y la creación de nuevos recursos de atención, reflejando la incorporación gradual del modelo biopsicosocial en el abordaje de la salud mental. Refiere el autor que, aunque esta reforma implicó transformaciones físicas y organizativas, algunas de las prácticas y prejuicios institucionales del pasado persistieron inicialmente. Así lo señala también Thomas Kuhn (1962) en la teoría del paradigma científico, que el cambio de un paradigma a otro es gradual y a menudo conflictivo, ya que los viejos conceptos y prácticas continúan durante un periodo de tiempo. Además de lo anterior, el autor subraya la importancia de la perspectiva histórico-cultural para entender la evolución del concepto de “locura” y su impacto en las instituciones contemporáneas. El recorrido histórico que se presenta en el libro muestra cómo la locura ha sido interpretada y abordada desde las épocas clásicas hasta la actualidad. Esta información es relevante puesto que la comprensión de la locura refleja las concepciones culturales y temporales sobre la naturaleza humana, del mismo modo que la respuesta de una sociedad a este fenómeno revela aspectos cruciaconfiriendo al texto una profunda visión humanista de las condiciones de vida y de los problemas que afrontan las personas afectadas por estos trastornos. Lograr que un libro te atrape y te vincule emocionalmente desde el primer momento no es nada fácil y en De repente, la maldita lucidez Javier Saavedra consigue trasmitir emociones y reflexiones que contactan con vivencias humanas tan esenciales y compartidas que uno no puede sino dejarse llevar por ese relato honesto, entretenido, por momentos tierno y por momentos existencialmente duro, como ya refleja el propio título del libro, con una conciencia necesaria pero maldita, a veces, por el sufrimiento que en muchas ocasiones entraña. El libro se compone de diversas miradas que enriquecen el relato. El acercamiento vivencial se alterna y complementa con la mirada académica, con el relato teórico sistemático, que encuadra el periodo de transformación de la atención psiquiátrica. A esos dos ejes de lo vivencial y lo académico, resulta de interés añadir una especie de secuencia entre la visión de un joven objetor de conciencia, de un trabajador de la salud mental y la reflexión de un profesor de universidad comprometido con la investigación de las condiciones de vida de las personas con TMG. Sin pasar por alto una cierta visión reivindicativa de las condiciones de trabajo de los profesionales de la salud mental que, como los monitores/as, están en contacto con el día a día de las personas que viven en las casas hogares, espacios esenciales para garantizar condiciones de vida digna. El estigma, la creación de un auténtico hogar, la lucidez, el suicidio, el sentido de la vida, la recuperación, la comprensión de lo patológico desde la propia psicobiografia, son algunos de los aspectos que se van abordando en cada uno de los capítulos, enlazando teoría y vivencia, lo que permite una mayor comprensión y acercamiento a cada uno de estos conceptos. Tanto su estilo narrativo como sus contenidos, con una profunda carga existencial, son aspectos que contribuyen a acercar al lector/a al mundo de la salud mental, enganchando en una lectura que se hace amena y emotiva. La revisión de los modelos teóricos de atención psiquiátrica y de la evolución de la asistencia a las personas con trastorno mental, junto con relatos de vivencia crudas, tiernas, dolorosas y a veces cómicas acaban configurando un libro de marcado interés para el público en general y muy en especial para estudiantes y profesionales del ámbito sanitario. Una Mirada Existencial a los Trastornos Mentales Graves Raquel Vázquez-Morejón Según la Organización Mundial de la Salud, aproximadamente el 3% de la población mundial padece trastornos mentales graves (TMG) que afectan significativamente a su capacidad para funcionar en la vida diaria. En este contexto, la intervención con personas que presentan estas patologías se convierte en una prioridad en el campo de la salud mental. Abordar estos trastornos no solo implica
254 Ramírez-Garrido et al. (2024) / Apuntes de Psicología 42(3), 251-256 técnicas consisten en el uso de relatos personales y la reestructuración de experiencias vitales para ayudar a los individuos a dar sentido a su vida y fortalecer su identidad. El capítulo finaliza con unas orientaciones para el “acompañamiento narrativo” y una referencia a la propia historia personal del autor, todavía en ese momento en proceso de reconstrucción. En este capítulo, el autor se enfoca en el cuidado profesional, destacando su importancia en el tratamiento y apoyo a las personas con TMG. Posteriormente, en el capítulo 10, el autor expande esta discusión al cuidado informal, un aspecto que nos define como humanos y es crucial para la supervivencia de la especie. Señala las distintas formas de categorizar el cuidado y visibiliza cómo, a pesar de su importancia, ha sido un aspecto no reconocido y principalmente realizado por mujeres en el ámbito familiar. En el sexto capítulo, en un intento por despatologizar las experiencias de las personas con TMG y reducir los prejuicios, el autor se plantea una cuestión de gran interés: ¿qué diferencia a las ideas delirantes de las teorías de la conspiración que presentan personas sin patología? La información sobre el estigma se aborda también en el capítulo 9, donde se apunta a procesos como los de categorización, los prejuicios y la discriminación. Aun así, el autor muestra cómo incluso en el caso de las dificultades que afrontan estas personas, es posible la resiliencia y el crecimiento a partir de experiencias difíciles, sugiriendo que la capacidad de adaptación y de encontrar significado en las adversidades puede transformar las percepciones y expectativas sobre la propia vida. Posteriormente, en el capítulo 8, el autor aborda el problema del suicidio, adoptando una postura reivindicativa, abogando por una atención en salud mental de calidad, con recursos y financiación suficientes para atender a quienes lo necesitan. A su vez, aporta un dato significativo: mientras que en España hay solo 4 profesionales de salud mental por cada 100.000 habitantes, en Europa esta cifra asciende a 18. El autor concluye la obra con una profunda reflexión sobre qué significa la recuperación. En este sentido, propone un último objetivo a conseguir para las personas con TMG: su incorporación plena en el mundo social y político. Así, destaca la necesidad de que estas personas se abran al mundo y participen en él a todos sus niveles, apuntando a la importancia de que, más allá de la ausencia de síntomas, las personas alcancen a vivir una vida con propósito y significado, participando activamente en la comunidad y contribuyendo al bienestar colectivo. En conclusión, el libro de Francisco Javier Saavedra ofrece una exploración profunda y humanizadora del proceso de recuperación en salud mental, destacando la importancia de la integración social para las personas con TMG. Su obra no solo desafía estigmas y prejuicios, sino que también subraya la urgencia de políticas que prioricen la salud mental, respaldadas por una adecuada inversión en recursos y profesionales. La capacidad del autor para conectar teorías con experiencias personales ofrece una perspectiva tanto educativa como profundamente humana, que inspira a la acción y al cambio positivo en la atención de la salud mental. les sobre su propia naturaleza y valores (Geekie y Read, 2012). Asimismo, Saavedra enfatiza en estos capítulos la relevancia del modelo biopsicosocial, que propone la interacción de factores biológicos, psicológicos y sociales en el origen y mantenimiento de la psicopatología, subrayando a su vez tanto la importancia de las intervenciones psicológicas, como la rehabilitación psicosocial, como también el uso de psicofármacos en el tratamiento de los TMG. En conjunto, en estos capítulos no solo se ofrece un análisis crítico de las deficiencias históricas en los tratamientos en el campo de la salud mental, sino que también proporciona una visión esperanzadora de cómo las reformas pueden conducir a una atención más humana y efectiva, aunque no carente de nuevos retos. En el capítulo 3, el autor aborda el proceso de desindividuación que han enfrentado las personas con TMG tras el proceso de ingreso, especialmente en la era de los hospitales psiquiátricos. La normativización en estos entornos reducía o eliminaba su capacidad de agencia, y la falta de espacios privados dificultaba la intimidad. En este contexto, la organización, estructura espacial y prácticas profesionales heredadas han obstaculizado un auténtico cuidado, entendido como un enfoque que prioriza la individualidad y dignidad del paciente. Tras la reforma psiquiátrica y la creación de casas hogar, entre otros dispositivos, el autor plantea una pregunta crucial: “¿Cómo crear un hogar?” Diversos estudios, como el de Nelson (2010), han señalado el impacto significativo que los tipos de hogares tienen en la recuperación de estas personas. En este capítulo, también, se destacan aspectos clave para la recuperación, tales como la facilitación de la toma de decisiones sobre aspectos de la propia vida y la creación de una estructura contextual que facilite tanto el espacio personal como la interacción social significativa. Esta idea se desarrolla, a su vez, en el capítulo 7, donde el autor, en el marco del modelo de la recuperación en salud mental, subraya la importancia de reconocer a estas personas como ciudadanos y ciudadanas con derechos. Este enfoque enfatiza la autonomía y la dignidad de los individuos, promoviendo su inclusión y participación activa en la sociedad. En el capítulo 4, el autor propone la necesidad de una comprensión existencial y cultural de la locura que complemente el análisis científico para facilitar la reducción del estigma presente en la sociedad, sugiriendo que aceptar una lucha común en todo ser humano por el sentido de la existencia puede ser fundamental para dar significado a lo que están viviendo las personas con TMG. Viktor Frankl (1946), en esta línea, ya destacó la importancia del significado y del propósito en la vida para la salud mental. En este capítulo también se presentan diversas prácticas de intervención en TMG que incorporan el arte como herramienta para facilitar el contacto con uno mismo y la autoexpresión. En el capítulo siguiente, el autor aborda el tema de la especificidad de los cuidados necesarios para las personas con TMG. Partiendo de un acercamiento a las propias experiencias y las dificultades que enfrentan estas personas, presenta las técnicas narrativas como una herramienta clave para la construcción de la identidad, un objetivo central del modelo de recuperación. Estas
255 De Repente, la Maldita Lucidez La cita de Viktor Frankl es totalmente pertinente. Hay que destacar, que Viktor Frankl, a pesar de experimentar el anti-hogar, los campos de concentración de la Alemania nazi, pudo recuperar, o más bien nunca perdió, el sentido de la vida. En algunas presentaciones de mi libro ha salido a colación como ejemplo de autor que ha vuelto a poner en la palestra el papel del significado en la salud mental. Y digo que ha vuelto a poner en la palestra, porque siempre estuvo ahí en la psicología existencial y humanista. Probablemente, esta preocupación por el significado o el sentido, que no voy a entrar a definir ahora, es el constructo que lo acerca a la tradición histórico-cultural. Ambas, la tradición existencial y la histórico cultural son los pilares de mi forma de ver la locura que he intentado dejar a la vista, como si de una rehabilitación de una vivienda se tratara. Efectivamente, como han comentado mis compañeros/as, el significado del concepto de recuperación, tan transversal desde hace varias décadas en el ámbito de la salud, es uno de los ejes vertebradores del libro. ¿Qué significa la recuperación como objetivo final de nuestras intervenciones y cómo podemos lograrla como profesionales de la salud mental? La recuperación, como el concepto de locura, es un constructo cultural. En este sentido he querido ofrecer un análisis crítico de estos conceptos, explícitamente en los capítulos ensayísticos y de forma más sutil, narrativa, en los relatos. La recuperación no se agota, quizás ni siquiera comience, en los espacios sociosanitarios que los/las profesionales de la psicología controlan, sino que va mucho más allá de lo psicológico. Muchas preguntas me asaltan en este sentido. ¿Qué conexión existe entre el concepto de salvación y el de recuperación? ¿El exitoso concepto de recuperación está ocupando espacios semánticos que correspondían a la palabra salvación? ¿Al igual que todos los seres humanos tiene que ser salvados del pecado original, según el dogma católico, todos debemos ser recuperados de algún trauma psicopatológico? ¿Quién recupera a quién? ¿Es la recuperación, que en algún lugar la he calificado como género discursivo (Saavedra, 2021), la alternativa secular, propia del discurso psicológico y de la autoayuda, a la salvación? ¿Está el concepto de recuperación, en ocasiones, tomando un cariz totalitario, universalizador, como aconteció con su primo lejano, la salvación? No es extraño, que otros movimientos alternativos, como el orgullo loco, estén tomando la alternativa en cuanto a la reivindicación de los derechos de las personas con trastornos psicológicos. Como hace medio siglo ocurrió con la recuperación respecto a otros conceptos, por ejemplo, rehabilitación o integración. En fin, concluyo mi comentario de la mejor manera posible, con preguntas, prosiguiendo la conversación con mis colegas y, por qué no decirlo, amigos/as, Juan Daniel, Antonio y Raquel. Referencias Bajtín, M. (1986). Problemas de la poética de Dostoievski. Fondo de Cultura Económica. La Escritura Como un Cuestionamiento Ético Javier Saavedra Escribir siempre es una cuestión ética, o cuestionamiento, como he decidido titular mi aportación a esta conversación con mis colegas que han aceptado amablemente a reseñar mi obra. Como bien apunta el profesor Ramírez en la primera reseña, al construir una historia (story en inglés) siempre estamos intentando poner en orden el mundo, nuestro mundo, justificando nuestra presencia en este, mucho más cuando la narración versa explícitamente sobre los recuerdos de uno mismo. El vocablo “ética”, proviene del ethos griego que significaba para los filósofos clásicos, carácter, costumbre o conducta. En este sentido, la cuestión ética está relacionada con la conducta de los seres humanos, en este caso, con mi conducta, con mi discurrir por el mundo. Y, tomando, de nuevo las aportaciones del profesor Ramírez, la ética está totalmente conectada con el estilo: Escritura, ética y estilo. En este sentido, como Juan Daniel vislumbra, me permito tutearlo, mi libro también ha querido ser una reivindicación de las historias, de la literatura no científica, no solo como fuente de conocimiento, sino como trama y urdimbre de nuestra identidad. Debo reconocer mis influencias literarias y científicas. Algunas de ellas las he hecho explícitas en mi libro, especialmente las científicas. Aunque la escritura sea un acto, en general, solitario, al escribir siempre estamos acompañados por otras voces, como diría Bajtín (1986), voces de aquellos que leímos y escuchamos a lo largo de nuestras vidas. Antonio Vázquez ha descubierto algunas de estas voces. Desde hace décadas, Oliver Sack (2015) ha sido para mí un referente en la integración de narrativa, literatura y ciencia. Mucho más, teniendo en cuenta que imparto clases de psicología de la memoria. Más recientemente los ensayos de Hustvedt La mujer temblorosa (Hustvedt, 2020) y Los espejismos de la certeza (Hustvedt, 2021) y también me han parecido un ejemplo de cómo reflexionar con rigurosidad y profundidad sobre la salud, la enfermedad y nuestros miedos a partir de la propia vida. Voy a reconocer otra influencia en mi forma de entender el género ensayístico: Montaigne y sus Ensayos (Montaigne, 1595, edición española de 2018). Probablemente fue él quien terminó de dar forma al ensayo, entendido este estrictamente como una exploración de uno mismo, un paseo sin un destino fijo por nuestro interior, un paseo cargado de cierto escepticismo esperanzado. Quisiera ir un poco más lejos en la exploración lingüística del ethos griego. Como nos recuerda Heidegger en la Carta sobre humanismo (Heidegger, 2000), para los presocráticos, y probablemente para Homero, ethos también significa morada, el lugar donde se habita. En definitiva, el hogar. Raquel Vázquez-Morejón afirma que una pregunta clave de mi obra es la siguiente: “¿Cómo construir un hogar?”. Estoy de acuerdo. Creo que como científicos sociales y del campo de la salud debemos responder, lo mejor apuntalados que podamos por la evidencia empírica, a esta pregunta, aunque seamos conscientes de que no hay recetas mágicas. Y hay que responder rápido, porque corremos el peligro de que el ser humano sin hogar se convierta en un ser humano sin ética, sin morada, sin un lugar donde habitar.
256 Ramírez-Garrido et al. (2024) / Apuntes de Psicología 42(3), 251-256 Montaigne, M. de. (1595). Ensayos (publicado en español en 2018 por Acantilado). Nelson, G. (2010). Housing for People with Serious Mental Illness: Approaches, Evidence, and Transformative Change. The Journal of Sociology & Social Welfare, 37, 123-146. https://doi.org/10.15453/0191-5096.3563 Saavedra J. (2021). Recovery stories of people diagnosed with severe mental illness: Katabatic and anabatic narratives. En Ch. Glintborg y M. de la Mata (Eds.), Identity construction and illness narratives in persons with disabilities (pp. 67-83). Routledge. Saavedra-Macías, F.J. (2023). De repente, la maldita lucidez: experiencias y reflexiones de un cuidador en salud mental. Editorial Universidad de Sevilla. Sack, O. (2015). En movimiento. Anagrama. Frankl, V.E. (1946). El hombre en busca de sentido. Herder (publicada originalmente como Experiencias de un psicólogo en un campo de concentración). Geekie, J., y Read, J. (2012). El sentido de la locura: La exploración del significado de la esquizofrenia. Herder Editorial. Heidegger, M. (2000). Carta sobre el humanismo. Alianza editorial. Hustvedt, S. (2020). La mujer temblorosa. Planeta de Libros. Hustvedt, S. (2021). Los espejismos de la certeza. Planeta de Libros. Kuhn, T.S. (1962). The Structure of Scientific Revolutions. University of Chicago Press. Luria, A.R. (1973). The working brain: An introduction to neuropsychology. Basic Books (publicado en español como El cerebro en acción, Fontanella, 1979).