La identidad y el discurso monárquicos en la prensa franquista: 1968, un año clave para la restauración borbónica
Abstract
Pese a los intentos de la dictadura franquista por evitar que el monarquismo tuviera presencia en la prensa española, los juanistas no cejaron en su propósito por difundir la histórica identidad monárquica del país a través de los medios de comunicación, principalmente el diario ABC. Ya la Ley Fraga permitirá cierta pluralidad informativa a partir de 1966, encontrándose en el año 1968 una ocasión idónea para ensalzar la próxima restauración del trono de los Borbones a la muerte del dictador, sobre todo ponderando el apoyo de la juventud española.
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Revista internacional de Historia de la Comunicación ISSN: 2255-5129 © Universidad de Sevilla LA IDENTIDAD Y EL DISCURSO MONÁRQUICOS EN LA PRENSA FRANQUISTA: 1968, UN AÑO CLAVE PARA LA RESTAURACIÓN BORBÓNICA The monarchical identity and discourse on Francoist press: 1968, a key year for Bourbon restoration Recibido: 24-01-2022 Aceptado: 29-03-2022 Fernando del Marco Marrón Universidad de Sevilla, España [email protected] 0000-0002-6861-1751 RESUMEN Pese a los intentos de la dictadura franquista por evitar que el monarquismo tuviera presencia en la prensa española, los juanistas no cejaron en su propósito por difundir la histórica identidad monárquica del país a través de los medios de comunicación, principalmente el diario ABC. Ya la Ley Fraga permitirá cierta pluralidad informativa a partir de 1966, encontrándose en el año 1968 una ocasión idónea para ensalzar la próxima restauración del trono de los Borbones a la muerte del dictador, sobre todo ponderando el apoyo de la juventud española. PALABRAS CLAVE Nacionalismo, identidad, monarquía, franquismo, prensa. ABSTRACT Despite attempts of the Francoist dictatorship to avoid the monarchism have presence in the Spanish press, the juanistas didn’t give up in their purposes to spread the country’s historical monarchical identy through the medias, principally the newspaper ABC. Once the Ley Fraga will allow certain informative plurality from 1966, finding in 1968 an ideal occasion to boost the throne of the Bourbon’s restoration after dictator’s death, especially extolling the support of the Spanish young people KEYWORDS Nationalism, identity, monarchy, Francoism, press. Como citar este artículo: DEL MARCO MARRÓN, F. (2022): “La identidad y el discurso monárquicos en la prensa franquista: 1968, un año clave para la restauración borbónica”, en Revista Internacional de Historia de la Comunicación, (18), pp. 33-51. https://dx.doi.org/10.12795/RIHC.2022.i18.03
La identidad y el discurso monárquicos en la prensa franquista: 1968, un año clave… Fernando del Marco Marrón https://dx.doi.org/10.12795/RIHC.2022.i18.03 ISSN: 2255-5129 2022 18 33-51 34 Introducción y metodología La renovación historiográfica que supuso el Giro Cultural en las últimas décadas del siglo XX tuvo entre sus múltiples consecuencias una enorme difusión del concepto de cultura política1. Cada país acoge una coexistencia, no siempre convivencia, de varias culturas políticas, en tanto que ninguna sociedad puede presentarse como homogénea; además, sólo aquellas con mayor alcance social consiguen alzarse como hegemónicas y generar identidades concretas. Éstas suponen una construcción eminentemente social y cultural, elaborada de forma subjetiva a partir de la interacción entre distintos individuos y colectivos. Asimismo, son mutables, sucesivas y simultáneas, precisamente como consecuencia de ese intercambio continuo de ideas. En este sentido, Giménez (2007) entiende la identidad como el conjunto de repertorios culturales interiorizados (representaciones, valores y símbolos), a través de los cuales los actores sociales, sean individuales o colectivos, se autodefinen para distinguirse de los demás. Para el presente trabajo nos centraremos en un aspecto concreto de las identidades políticas durante la dictadura franquista2. A partir de 1939 se impuso sobre España una nueva identidad nacional desde una óptica ultraconservadora, la cual bebía de la corriente tradicionalista que se había desarrollado durante el primer tercio del siglo XX, deudora del conservadurismo de Marcelino Menéndez Pelayo en tanto que defendía la esencia de la nación en el catolicismo y la monarquía. Por tanto, más que imponer, el Régimen franquista restauró la concepción decimonónica de la esencia española, que había ido desapareciendo paulatinamente para insertarse en las nuevas pautas políticas, sociales y culturales que se difundían por Europa. Esto es, Franco no inventó una tradición3, sino que llevó a cabo una enérgica defensa de lo que entendía como la verdadera España, mutilada, sobre todo, durante la Segunda República. La victoria del bando sublevado en 1939 supuso el triunfo de dos culturas políticas pretendidamente unificadas: el mencionado nacionalcatolicismo decimonónico, por un lado, y el falangismo, por otro, partidario de un nacionalismo secular basado en una interpretación propia del regeneracionismo. Saz ha publicado numerosos títulos sobre la naturaleza política e ideológica del franquismo (2003, 2008 y 2013). También ha participado en otra obra recomendable para la cuestión: Ruiz (2013). Mientras el falangismo se mostraba antimonárquico, el nacionalcatolicismo proponía una restauración del trono de los Borbones, no en la línea constitucional que había trazado Antonio 1. La definición más aceptada fue acuñada por Almond y Verba (1963), entendiendo por cultura política ese sistema de valores, creencias, ideas, símbolos y normas que motiva a los individuos pertenecientes a un colectivo. Según Cabrera (2010: 68), existen tres corrientes que definen la cultura política, entre las que asumiremos para el presente trabajo aquella entendida como discurso: “el espacio de enunciación de las identidades y los intereses y el que establece las condiciones de posibilidad de la acción”. 2. Para conocer la evolución histórica del nacionalismo español consultar Marco (2015); para el caso franquista ver Trullén (2016). 3. Concepto acuñado por Hobsbawm y Ranger (1983), quienes señalan igualmente que cuando una tradición requiere de alegato y protección es porque, cuanto menos, está cuestionada, sino en crisis o desfasada, como pasa con la monarquía en España a partir de 1931.
La identidad y el discurso monárquicos en la prensa franquista: 1968, un año clave… Fernando del Marco Marrón https://dx.doi.org/10.12795/RIHC.2022.i18.03 ISSN: 2255-5129 2022 18 33-51 35 Cánovas del Castillo en 1876, sino en una de corte antiliberal. Además, Franco entendía la monarquía como el sistema político natural de España, así como la encarnación misma de la nación histórica, si bien era consciente de que una restauración de la Corona supondría un retorno del liberalismo, con el riesgo que ello suponía nuevamente para la identidad española. Si bien ambas culturas políticas quedaron teóricamente homogeneizadas en el Decreto de Unificación de partidos políticos de 1937, en la práctica se mantuvieron independientes durante toda la dictadura. Además, vaticinando la derrota del Eje en la Segunda Guerra Mundial, el falangismo se vio obligado a ceder paulatinamente ante la hegemonía nacionalcatólica. De este modo, a fin de alejarse del Estado totalitario que habían impulsado los primeros camisas azules, la dictadura comenzó a revestirse de una apariencia liberal concebida como una democracia orgánica, la cual, a partir de la Ley de Sucesión de 1947, se convertía en un reino con trono vacante; esto es, sin la personificación de la figura del rey. El artículo primero establecía: “España, como comunidad política, es un Estado católico, social y representativo que, de acuerdo con su tradición, se declara constituido en Reino”. Franco, posponiendo durante cuarenta años la restauración de la monarquía, asumió la jefatura del Estado de forma vitalicia, además de mantener hasta su muerte el exilio impuesto por el Gobierno republicano a la Familia Real. El carácter camaleónico del Régimen quedaba así evidenciado en una evolución histórica marcada por la supervivencia y la adaptación a las circunstancias del contexto internacional. Dicho esto, el presente trabajo estudia la pervivencia de esa identidad nacional monárquica durante los años de la dictadura a través de la prensa. Ya desde el siglo XIX, la política encontró en ella una baza fundamental de difusión ideológica, de modo que la prensa ha asumido desde entonces un protagonismo indiscutible en la vida social. En este caso vamos a centrarnos en el diario ABC, el principal baluarte de la causa monárquica en España durante el franquismo. Su trayectoria durante buena parte del siglo XX ha sido recogida en Iglesias (1980). Además, su hemeroteca puede consultarse íntegramente online. En estos años, la jefatura de la Casa Real y la titularidad de la Corona española recaían en Juan de Borbón, conde de Barcelona e hijo de Alfonso XIII, quien contaba para llevar a cabo su empresa política con un Consejo Privado, formado por un nutrido número de políticos e intelectuales españoles, muchos de los cuales fueron colaboradores asiduos en ABC. No obstante, haremos igualmente referencia a otros cuatro medios de la época: Arriba, Diario SP, La Vanguardia y Pueblo. Para este artículo nos hemos centrado en el año 1968, el previo al nombramiento de Juan Carlos de Borbón como príncipe de España, título que lo convertía en sucesor a título de rey del dictador Francisco Franco. Se trata de una fecha simbólica para los círculos monárquicos, dentro y fuera del país. En primer lugar, el príncipe Juan Carlos cumplía treinta años, la edad mínima requerida por la Ley de Sucesión para postularse como heredero del general. En segundo, porque se convirtió en padre por tercera vez, pero en esta ocasión de un varón, lo que se traducía en un nuevo posible sucesor al trono vacante de los Borbones.
La identidad y el discurso monárquicos en la prensa franquista: 1968, un año clave… Fernando del Marco Marrón https://dx.doi.org/10.12795/RIHC.2022.i18.03 ISSN: 2255-5129 2022 18 33-51 36 Este acontecimiento propició el regreso desde el exilio de buena parte de la Familia Real, destacando el retorno de la reina Victoria Eugenia después de treinta y siete años, con lo que aquello suponía para el aletargado movimiento monárquico en el país. Si bien el presente artículo cuenta con referencias bibliográficas, predomina la consulta de hemerotecas. El análisis de la prensa histórica sigue prácticamente los mismos parámetros que los utilizados para la actual, en los que el factor de estudio esencial pasa por diferenciar entre realidad y representación. La metodología empleada responde a una síntesis personal a partir del compendio epistemológico recogido por Del Palacio (2014), las reflexiones de González (2010) y las tesis de Van Dijk (1996), quien desarrolla una teoría sociocognitiva en la que entiende la ideología en la prensa como una representación material a partir de construcciones sociales mentales. En primer lugar, debemos analizar el contexto histórico en el que se inserta el medio de comunicación, así como la identificación de sus dirigentes y editores y sus relaciones respecto tanto a las élites políticas y culturales del país como a la sociedad en general. Estudiados ambos ámbitos, identificaremos al autor del artículo, lo que permitirá esclarecer la intención que guarda su discurso, cuya difusión se verá incrementada cuando se trate de una autoridad moral e intelectual en una materia determinada. Tras ello comenzaremos con el análisis formal y discursivo del mensaje. El periódico, en tan- to que mediador e intérprete entre noticia y público, consigue construir una realidad social para influir en la opinión pública, de modo que termina siendo un actor político más a través del discurso. Giménez señala que el discurso político “no se dirige tanto a convencer al adversario, como supone la retórica tradicional, sino a reconocer, distinguir y confirmar a los partidarios y atraer a los indecisos” (1983: 128). Esto es, el periódico dialoga con sus lectores tanto para informar como para influenciar, además de poder contribuir a mantener latente un tema concreto, en este caso la monarquía, lo que viene a evidenciar la existencia de una auténtica interacción social con la clase política a través de los medios de comunicación. En este sentido, González (2010: 111) define la prensa como “un instrumento no sólo de comunicación e información, sino termómetro del comportamiento político”. Con todo, un periódico adquiere una identidad pública concreta y reconocida al mantener un mensaje ideológico de forma sistemática. 1. La prensa y la identidad monárquica durante el franquismo Una de las principales dificultades de los historiadores a la hora de estudiar el nacionalismo español durante el franquismo deriva de la monopolización que hace la dictadura sobre el discurso político. El programa de nacionalización del Régimen pasaba por una profunda recatolización de la sociedad y la supresión de las identidades nacionales alternativas, que no
La identidad y el discurso monárquicos en la prensa franquista: 1968, un año clave… Fernando del Marco Marrón https://dx.doi.org/10.12795/RIHC.2022.i18.03 ISSN: 2255-5129 2022 18 33-51 37 consiguió eliminar pese a su obsesiva maquinaria represiva, desde el monarquismo a las culturas regionales. Si bien durante cuarenta años se guardó una apariencia de consentimiento tácito de la ideología oficial, Franco no logró afianzar su proyecto nacionalista, como demostró la evolución política de España a partir de 1975, en la que también fracasó ese franquismo sociológico del que alardeaba Manuel Fraga. Ya desde 1936, el Régimen llevó a cabo una exitosa manipulación sobre los medios de comunicación a través de una censura inflexible. Durante décadas, la monarquía no existió en la prensa española más que para denigrarla, tanto como sistema político como en referencia a la Familia Real exiliada. Se trataba de una campaña pública de hostilidad y desprestigio, a menudo con cruentos ataques promovidos desde Falange, sin la menor posibilidad de réplica y con el consentimiento del dictador. Todo ello pese a entenderse la monarquía como única vía posible de sucesión para mantener los Principios del Movimiento a la muerte de Franco. Asimismo, también la información con permiso de publicación quedaba distorsionada y manipulada para hacerla favorable al Régimen, caso de los tres únicos encuentros que mantuvieron Franco y don Juan durante la dictadura4. El general siempre se mostró esquivo a que tanto los medios de comunicación como la sociedad encontraran en la Corona un tema de debate relevante y candente, soliendo igualmente vetarse las noticias de las restantes dinastías de Europa a fin de no reavivar el sentimiento monárquico en el país. No obstante, Franco justificaba esa nula presencia en la prensa alegando que no existía un espíritu realista en España. Pensaba restaurar el trono de los Borbones, sin embargo. Además, se valía de ello para no terminar de concretar la estrategia sucesoria, pospuesta hasta 1969 pese a haberse aprobado la Ley de Sucesión ya en 1947. La marginación a la que estaba sometida la Familia Real en la prensa puede observarse en multitud de ocasiones, desde el fallecimiento de Alfonso XIII en 1941 hasta la muerte del infante Alfonso en 1956, hijo del conde de Barcelona. También podemos mencionar la propia boda del príncipe Juan Carlos en 1962, cuando la censura prohibió publicar reportajes extensos, llegándose incluso a realizar artículos clandestinos que nunca llegaron a ver la luz en Madrid. Además, Gabriel Arias-Salgado, ministro de Información y Turismo, ordenó que la televisión retrasase la difusión de la ceremonia nupcial hasta la una de la madrugada a fin de evitar que contase con una audiencia masiva (Anson, 1994: pp. 337-338). En este contexto, ABC mantenía una postura de lealtad a los Principios del Movimiento, a la par que salvaguardaba el monarquismo como identidad consustancial de la nación española. Fundado por Torcuato Luca de Tena en 1903 como semanario, pasando dos años más tarde a 4. A partir de la Ley de Sucesión, que el conde de Barcelona tachó de monarquía electiva, comenzó una larga y encarnizada confrontación entre don Juan y Franco, en la que ambos personajes llevaron a cabo un juego de intereses y estrategias que no se resolvió hasta la muerte del dictador. “Fue sencillamente una lucha sin cuartel por el poder. (…) Fue una guerra abierta y frontal en ocasiones; sutil y florentina, en otras. Pública cuando a veces don Juan, a veces Franco, entendieron que les convenía. (…) los dos procuraron siempre el exterminio político del otro” (Anson, 1994: pp. 14-15).
La identidad y el discurso monárquicos en la prensa franquista: 1968, un año clave… Fernando del Marco Marrón https://dx.doi.org/10.12795/RIHC.2022.i18.03 ISSN: 2255-5129 2022 18 33-51 38 editarse como diario, ABC gozaba de gran prestigio y popularidad desde sus comienzos, contando además entre su plantilla con colaboradores de renombre, escrupulosamente escogidos desde la dirección. Pronto logró alzarse como uno de los periódicos más vendidos del país, estando editado por el grupo Prensa Española, igualmente fundado por Luca de Tena, quien llegaría incluso a ser ennoblecido por Alfonso XIII. Ya desde la caída de la monarquía en 1931, ABC se convirtió en portavoz del monarquismo en España, si bien durante la Segunda República vio este papel disputado por Acción Española, que adoptó en su efímera existencia una actitud más beligerante e intransigente. Bajo la dictadura franquista, pese a la censura, ABC actuó con cierta independencia y se alzó como un auténtico bastión del juanismo en España. No obstante, a menudo el diario se veía obligado a plegarse a las exigencias políticas en cuanto a las noticias referentes a la Familia Real; incluso se vio forzado a publicar artículos contra figuras clave del monarquismo, como José María Gil Robles o el duque de Alba, así como a dar publicidad a otros candidatos que se postulaban como candidatos de la Ley de Sucesión, acción que tenía como único fin desde el Régimen suscitar tensiones y confusiones en el seno monárquico (Barrera, 1994: 93). La censura comenzaría a cambiar en 1966, aprobándose el 19 de marzo la Ley 14 de Prensa e Imprenta, conocida como “Ley Fraga”, en tanto que fue promulgada por Manuel Fraga Iribarne como ministro de Información y Turismo. Esta legislación, que ha sido analizada por Fernández (2012) y Davara (2005), venía a derogar nada menos que otra promulgada en plena Guerra Civil, la Ley de Prensa de 1938, cuando la prensa se convirtió en una institución al servicio del Estado como medio de adoctrinamiento político (Chuliá, 2001). Barrera (1995: 450) habla de una “libertad a medias”. Vigente hasta la Constitución de 1978, el capítulo I de la Ley Fraga se titulaba “De la libertad de prensa e imprenta”, donde el primer artículo reconocía el derecho a la libertad de expresión, el tercero suprimía la censura, el quinto señalaba las garantías de la libertad y el séptimo recogía el derecho a obtener información oficial. En cambio, también se mantuvieron algunos aspectos restrictivos, como el artículo cuarto, sobre consulta voluntaria; el sexto, sobre información “de interés general”; y el octavo, sobre competencia. Llama la atención que los artículos impares fueran aperturistas, mientras que los pares resultaran más proclives al control. Entre esos artículos negativos destacaba el segundo, que limitaba, de forma ambigua y justo después de reconocerla en el primero, la libertad de expresión por “el respeto a la verdad y a la moral; el acatamiento a la Ley de Principios del Movimiento Nacional y demás leyes fundamentales; las exigencias de la defensa nacional, de la seguridad del Estado y del mantenimiento del orden público; el debido respeto a las instituciones y a las personas; la independencia de los tribunales y la salvaguardia del honor y la intimidad personal y familiar”. Con este artículo, el Régimen se reservaba la intervención puntual sobre cualquier medio de comunicación, al que se recurría de forma abusiva y arbitraria, lo que suponía una seria amenaza sobre aquella precaria autonomía informativa. En palabras de Sinova, “la ley anuló
La identidad y el discurso monárquicos en la prensa franquista: 1968, un año clave… Fernando del Marco Marrón https://dx.doi.org/10.12795/RIHC.2022.i18.03 ISSN: 2255-5129 2022 18 33-51 39 el concepto del periodismo como institución nacional, pero puso en manos de la administración un poder extraordinario para regular la acción de la prensa” (1995: 267). De este modo, a partir de 1966, la censura quedaba teóricamente abolida y se eliminaron las sanciones por “la falta de obediencia, la resistencia pasiva y el desvío de las normas dictadas”, contándose además con mayor libertad para el nombramiento de directores y editores de los medios de comunicación. Por primera vez en treinta años, la libertad de expresión comenzaba a asomarse en España, inaugurando una cierta pluralidad de prensa que vino a demostrar de forma pública unas posturas políticas de la sociedad distintas a la ideología oficial5. Se trataba de uno de los primeros gestos aperturistas del Régimen en un momento en el que la paulatina modernización del país comenzaba a demandar cambios y libertades. Si bien a partir de entonces la información periodística debía pasar por la criba de la autocensura, la Ley Fraga permitió abordar con mayor libertad temas hasta entonces vetados en la prensa, como la monarquía. Hasta entonces, la presencia de los distintos miembros de la Familia Real en los medios de comunicación había sido mínima, mientras que los artículos de opinión referidos a la causa monárquica pasaban aún con mayor esmero por el rígido tamiz de la censura o incluso eran directamente desechados (Toquero, 1989: 348). Junto a ABC, el periódico más exitoso de la época, ahora nuevamente bajo la dirección de los Luca de Tena, existía en estos momentos otro reconocido diario de filiación monárquica: Madrid, editado por Rafael Calvo Serer y dirigido por Antonio Fontán, miembros, como Torcuato Luca de Tena, del Consejo Privado de don Juan. El periódico, estudiado por Barrera (1995), se alzaba en portavocía de los anhelos reformistas del Régimen, encauzados hacia la restauración de la monarquía, si bien daban mayor prioridad a la difusión de los ideales democráticos. Se trataba así de un medio más aperturista y pragmático que ABC, lo que le permitió aunar intelectuales de distinta naturaleza ideológica. Por su parte, la prensa del Movimiento seguirá caracterizada por una beligerancia antimonárquica, la cual comenzó a perder audiencia en favor de la prensa no oficial (Davara, 2005: 134). Entre estos medios destacaban los diarios Arriba y Pueblo, que mostraban una clara preferencia por la solución regencialista en algún militar prestigioso, como también contemplaba la Ley de Sucesión, lo que algunos autores han calificado de republicanismo encubierto (Barrera: 1994, 96). En definitiva, frente a las razones histórico-legitimistas que alegaba ABC para defender el regreso de los Borbones, Madrid, ante el escaso ambiente monárquico, perseguía una legitimación sociológica de la monarquía como la forma de gobierno más adecuada para 5. Según Davara (2005: 137), los medios de comunicación en estos momentos “no pasaban de ser grupos con más ascendiente político que informativo, su interés real es lograr una clara influencia en la clase política y en los núcleos con capacidad de decisión del régimen”.
La identidad y el discurso monárquicos en la prensa franquista: 1968, un año clave… Fernando del Marco Marrón https://dx.doi.org/10.12795/RIHC.2022.i18.03 ISSN: 2255-5129 2022 18 33-51 40 conseguir una transición democrática (Barrera, 1994: 95). En cambio, desde los medios falangistas, antimonárquicos convencidos, se aceptaba como única vía de mantener el legado franquista. Ya en el mismo año de 1966, ABC desafió los límites de la Ley Fraga con un artículo del joven periodista Luis María Anson, miembro del Consejo Privado del conde de Barcelona, titulado “La Monarquía de todos” y publicado el 21 de julio. Anson defendía la monarquía como sucesión natural de la dictadura, pero una de corte constitucional equiparable a las vigentes en Europa: “la Monarquía de don Juan, que es la Monarquía a la europea, la Monarquía democrática en el mejor sentido del concepto, la Monarquía popular, la Monarquía de todos”. Para justificar estas tesis exponía los apoyos que recibía el conde de Barcelona de personalidades de toda suerte social e ideológica, veteranas y jóvenes, tradicionalistas y conservadoras, socialistas y republicanas históricas. Esa pretendida fraternidad de vencedores y vencidos constituía un intento por aunar en una misma identidad nacional todas las fuerzas políticas en torno a la restauración monárquica, la cual iba a suponer “un lugar común de convivencia para que los españoles de todas las tendencias puedan abordar pacíficamente la solución de los problemas de España”. El escándalo fue mayúsculo, llegando a tener eco en la prensa internacional. El Régimen ordenó inéditamente el secuestro del periódico e interpuso una querella ante el Tribunal de Orden Público por propaganda ilegal. Los ejemplares fueron retirados de los quioscos, mientras que policías y guardias civiles los sustraían a los ciudadanos que sorprendían leyéndolos en plena calle. Por su parte, Anson fue condenado a un exilio encubierto durante meses, actuando como corresponsal de ABC en la Guerra de Vietnam (Anson, 1994: 359)6. El diario Arriba contestó a este artículo el 22 de julio con un editorial titulado “La Monarquía de todos los enemigos”, en el que reafirmaba la imagen desfasada de la institución, además de tacharla de causante de la decadencia española por su corrupción endémica. Un día antes, Emilio Romero publicaba “Alta tensión” en Pueblo, advirtiendo que la instauración de una monarquía democrática era “un romanticismo político anticuado y una carencia de análisis histórico y de vivencias”. 2. 1968: el monarquismo resurge en España Franco no pudo evitar que el monarquismo resurgiese con fuerza en 1968, año que se esperaba con gran expectación en los círculos realistas. En primer lugar, el 5 de enero, el príncipe Juan Carlos cumplía treinta años, la edad mínima exigida por la Ley de Sucesión para 6. Franco confesaría a su primo: “El mayor enemigo de la monarquía y del Régimen no hubiera escrito nada más lamentable. Después de una guerra de tres años, con cerca de un millón de muertos y media España destruida, no se le ocurre a este señor otra cosa que “la salvación de España está en una monarquía democrática con don Juan de Borbón”, (…) que está rodeado de todos los enemigos del Régimen”. (Franco, 1976: 477).
La identidad y el discurso monárquicos en la prensa franquista: 1968, un año clave… Fernando del Marco Marrón https://dx.doi.org/10.12795/RIHC.2022.i18.03 ISSN: 2255-5129 2022 18 33-51 41 postularse a heredero del dictador. En segundo, la princesa Sofía estaba embarazada por tercera vez, ansiándose la llegada de un varón después de haber dado a luz a dos infantas. Pese a la dicha que suponía esta opción, emergía igualmente la incertidumbre en torno a que el nacimiento de un varón propiciara la aparición de otro posible heredero para el vacante trono de España a ojos de Franco. Para ABC, 1968 se antojaba un año de vital importancia, tratándose de la última gran ofensiva del juanismo en suelo español (Zugasti, 2009: 185). En la edición del 5 de enero, el principal artículo de opinión diario se titulaba “El Príncipe” y fue publicado a modo de felicitación por José María Pemán, presidente del Consejo Privado del conde de Barcelona. Tan monárquico como franquista, Pemán incidía en que “las leyes se respetan aun cuando no se admiren”, haciendo referencia a la Ley de Sucesión, que rechazaba, no sólo por su carácter arbitrario, sino también por excluir a las mujeres “en la patria de doña María de Molina, doña Isabel la Católica y doña María Cristina de Habsburgo”. Además, aprovechó uno de los lemas del Régimen para defender el orden dinástico natural: “Nadie puede querer que, en estas horas de tanta exaltación de la familia como primera célula social, se violente y deforme ante el país la familia que tiene que ser más visible y ejemplar”. Pemán invocaba también el nombre del príncipe Juan Carlos para profundizar en la histórica identidad monárquica de España al valorar la unión del conde de Barcelona, por un lado, y “de un emperador, de un rey europeizante y de otros españolísimos que reinaron sobre corazones leales”, por otro, señalando igualmente que “el carnet de identidad de un príncipe es la Historia de su patria”. Además, recordaba que aquel se había formado en Madrid a fin de estar en contacto con los españoles y cumplir así con mayor acierto su misión histórica. Sin embargo, “por razones lógicas de evitación celosa de merma del poder actualista y dirigente, padre e hijo han tenido que ser mucho más silencio, discreción y paciencia que brillantez publicitaria. Han tenido que ser titulares sin panegírico y figuras sin apologética”, lamentaba Pemán. Por otro lado, ante la reciente caída de Constantino II de Grecia, cuñado del príncipe, el escritor reconocía que “muchos aprovechan para hacer la cuenta de las monarquías que van quedando en Europa (…). Nadie niega las matemáticas. Pero temo que también puedan contabilizarse así, al revés, de más a menos, el número de los creyentes en Dios, de las vocaciones eclesiásticas, (…) de las perseverancias: todo un lote de valores clásicos entre los que bien puede catalogarse la monarquía”. Pemán, asumiendo el nacionalismo ultraconservador del Régimen, consagraba así religión y monarquía como pilares de la patria española. Sólo veinticinco días después del trigésimo cumpleaños del príncipe, el 30 de enero, nacía el infante Felipe en Madrid, acontecimiento que se difundió en la prensa sin grandes fastos temiendo represalias del Régimen. No obstante, ABC cubrió su portada del día siguiente con una fotografía a toda página de los príncipes Juan Carlos y Sofía y el significativo titular: “Primer nieto varón del conde de Barcelona”. En el artículo de opinión diario, Carlos Martínez de Campos publicaba “Veintinueve años después. Bibliografía de una Cruzada”, probablemente como una declaración de intenciones.
La identidad y el discurso monárquicos en la prensa franquista: 1968, un año clave… Fernando del Marco Marrón https://dx.doi.org/10.12795/RIHC.2022.i18.03 ISSN: 2255-5129 2022 18 33-51 48 de Barcelona “ha vivido estos días en olor de popularidad (…) para reafirmar su oferta de amplitud nacionalizadora”, si bien “no eran gritos de una nostalgia; sino gritos cargados de buen sentido presentista porque desean el orden, la prosperidad y la continuidad que asegure todo esto. Todo se paga ahora a plazos. Y el pueblo y la masa media se sentían en trance de pagar un primer plazo de monarquía; es decir, de esperanza y de futuro”, concluía Pemán en un claro discurso de intenciones ante el próximo regreso de los Borbones. También Anson rememoró la histórica visita en un nuevo alegato titulado “La verdad” el 16 de abril, poniendo además en duda la información vertida en otros medios de comunicación, que no exageraron las cifras de aquellas jornadas. “Se podrá negar, por tal o cual informador, la presencia de los jóvenes en torno a don Juan y a la reina madre durante las emocionadas jornadas de su viaje a España. Pero eso no menoscabará nunca la realidad, que habla por sí sola con la fría elocuencia de los hechos. Más de la mitad de la inmensa muchedumbre que abarrotó el aeropuerto madrileño estaba formada por jóvenes de menos de treinta años”. Anson insistía de nuevo en la simpatía monárquica de la juventud española. El periodista continuaba adulatoriamente: “Podrán algunas agencias difundir que la cifra de asistentes al recibimiento de doña Victoria fue de tres mil, de cinco o diez mil personas. Pero cualquiera de los que vivieron aquella jornada saben que la multitud fue incalculable. Un guardia urbano (…) me dijo que el movimiento de automóviles y masas era igual o superior al de un partido de fútbol en día de pasión y de gala”. Anson profundizaba aún más en el monarquismo del país señalando que don Juan “vivió sus jornadas madrileñas en olor de multitud”, en las que “él fue la estrella”, en tanto que gozaba de “un atractivo indiscutible para las masas”. Poco más de un año después de este acontecimiento, el 16 de abril de 1969, ABC anunciaba la muerte de la reina Victoria Eugenia. El diario dedicó sus veintinueve primeras páginas a la difunta soberana con varios reportajes biográficos y fotográficos, incluido el regreso “triunfal” de la reina a Madrid en el año anterior, donde “podía verse un crecidísimo porcentaje de hombres nacidos después del 14 de abril de 1931”, ponderando así nuevamente el monarquismo de la juventud española. Además, la muerte de la exsoberana aceleró de manera vertiginosa la maquinaria sucesoria: apenas tres meses después de su desaparición, el 22 de julio, el príncipe Juan Carlos era proclamado sucesor de Franco a título de rey. Para entonces, el Régimen agudizó de nuevo su vigilancia sobre ABC y Madrid, a fin de evitar explosivos alegatos monárquicos en favor de la legitimidad de don Juan (Barrera, 1994: pp. 97s). 3. Conclusiones El monarquismo en España durante la dictadura franquista es la historia de un obstáculo continuo. Desde 1938, Franco impuso una rígida censura sobre los medios de comunicación hasta convertirlos en una institución de servicio nacional. Por fin, el aparato restrictivo se suavizó a partir de 1966, aunque pasó a ser encubierto y mantuvo un carácter tan arbitrario como recurrente,
La identidad y el discurso monárquicos en la prensa franquista: 1968, un año clave… Fernando del Marco Marrón https://dx.doi.org/10.12795/RIHC.2022.i18.03 ISSN: 2255-5129 2022 18 33-51 49 limitando sobremanera la incipiente y precaria libertad de expresión. Desde entonces, la Ley Fraga permitió tratar en la prensa temas hasta entonces vetados, como la cuestión monárquica, si bien ahora las publicaciones debían pasar por la criba de la autocensura. Ya desde 1931, ABC se había convertido en baluarte del monarquismo en España, siendo la principal herramienta de don Juan para mantener una presencia mínima en la prensa franquista. Además, muchos de sus colaboradores pertenecían al Consejo Privado del conde de Barcelona. Pero será a partir de 1966 cuando el diario comience a difundir una enérgica propaganda de la causa borbónica a fin de reavivar el espíritu monárquico de los españoles, especialmente entre los jóvenes, sufriendo no en pocas ocasiones las reprimendas del Régimen. Una de las ocasiones que mejor supo aprovechar ABC para ello surgió en 1968, año que supuso un relativo auge del monarquismo en España, en buena parte gracias a este diario, pese a que Franco trató de que el regreso de la Familia Real exiliada a Madrid tuviera carácter privado y familiar. ABC se valió de este acontecimiento para reafirmar la histórica identidad monárquica del país, ponderando un nacionalismo español que se sustentaba en la tradición realista y católica. Sin embargo, sus publicaciones distaban en gran medida de la realidad, con unos artículos en los que ensalzaba el apoyo masivo a los egregios desterrados de forma áulica e hiperbolizada. Ante los acontecimientos de 1968, los distintos periódicos hicieron gala de su tradición política. Si bien La Vanguardia apenas mostró tímidamente sus simpatías monárquicas, ABC se mantuvo firme y beligerante ante las posibles reprimendas de la censura del Régimen, si bien ambos suavizarían sus alegatos en 1969 ante el nombramiento del príncipe Juan Carlos como sucesor a título de Rey aniquilando políticamente la figura de don Juan. Por su parte, los diarios más reticentes a la monarquía, como Pueblo, no dudaron en mostrarse críticos con ella, especialmente contra el conde de Barcelona. Si bien las cifras y los halagos de ABC fueron desmesurados, sobre todo el sobredimensionado protagonismo de la juventud, tampoco la indiferencia absoluta promulgada por los medios del Movimiento era cierta. No se puede afirmar que la sociedad de 1968 fuera monárquica, probablemente tampoco fuera republicana, sino que ansiaba un cambio político hacia un sistema democrático sea cual fuere su naturaleza. Esto es, el nacionalismo español se encontraba entonces una crisis de identidad ante la represión política y la imposición de la ideología oficial del Régimen. En cualquier caso, esa disparidad de manifestaciones en la prensa venía a corroborar la incipiente libertad de expresión que comenzaba a asomarse en España tras la aprobación de la Ley Fraga en 1966. Referencias bibliográficas ALMOND, G., VERBA, S. (1963): The civic culture. Political Attitudes and Democracy in Five Nations, Newbury Park, Sage Publications. https://doi.org/10.1515/9781400874569
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