Hidalgo Bayal, G. Hervaciana. Barcelona: Tusquets, 2021 [Reseña]
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recensiones 394 reviews Ediciones Universidad de Salamanca / Aula, 28, 2022, pp. 394-396 Hidalgo Bayal, G. (2021). Hervaciana. Barcelona: Tusquets Editores, 270 pp. Reseñar una obra metaliteraria compuesta de trece relatos sobre los estudiantes del Real Colegio de los padres hervacianos sito en la villa de Murania puede resultar ajeno a la historia de la educación pues la creación literaria debe más a la ficción que a la memoria. Sin embargo, no es la primera ocasión en que la obra de Gonzalo Hidalgo Bayal nos ofrece peripecias y protagonistas de un pedregoso, ceniciento y apocado tiempo de escuela. En sus obras reverbera el arroyo del conocimiento que labra y pule el espíritu que nutrió la mente lábil de aquellos pupilos a los que enseñó lengua y literatura en Plasencia. Esa vocación docente subyace en la mayor parte de sus obras, pobladas por personajes que habitan aulas imaginadas, que atraviesan puertas, recorren escaleras, habitan dormitorios, se asientan en pupitres y se nutren en refectorios semejantes a aquellos que fueron reales. Son espacios proyectados por medio de una creación etérea gobernada por padres aviesos en pardos internados roídos por la herrumbre del tiempo y enmohecidos por la memoria. Las peripecias y los protagonistas de su etapa de formación aparecen antes en Campo de amapolas blancas (1997) y en la que fuera su origen, El espíritu áspero (2009), más extensa y también portentosa. Es posible que ambas surgieran como un ejercicio consciente e intelectual de la memoria. Hecho que pudiera justificar cierto aval para tenerlas en cuenta como testimonios literarios de su experiencia vital. Los protagonistas responsables de la enseñanza, la formación doctrinal y todo aquello que da forma a los procesos que componen la educación entre esos muros remite a los padres hervacianos, que en realidad son los que regentaban el colegio e internado de Plasencia donde Bayal cursó sus estudios de Bachillerato. De su pedagogía arisca y refractaria a lecturas, junto a su santo epónimo, ermita y romería, así como de sus bienes docentes también existen referencias en sus novelas Amad a la dama (2002) y La sed de sal (2013), palíndromos que se leen igual al derecho que al revés y que dan cuenta del manejo y habilidad inserta en su escritura creativa. Son obras que sobresalen por sus complejas estructuras, míticos espacios, y culturas diversas, en un mundo laberíntico que habitan héroes solitarios para lo que la ventura y la dicha solo habitan en los recuerdos del pasado. Pero Bayal desgrana su memoria escolar previa a su etapa hervaciana en otras obras, como en el monográfico o «cartapacio» que la revista Turia (n.º 137-138, 2021) dedicó a su figura, para el que compuso un relato biográfico titulado «Las lágrimas de Miguel Strogoff», en el que evocaba su primera infancia en su pueblo natal y el descubrimiento de la lectura. En cuanto a su memoria académica, más allá de El espíritu áspero (2009), antes mencionada, en La escapada (2019) hallamos a un profesor jubilado que deambula por el centro de la capital del reino en busca de otras partes de ese tiempo perdido. Se trata de la obra previa a Hervaciana (2021), que recopila secuencias vitales del tiempo que fue escolar de Bachillerato. En ellas, quizá tomado algunas frases prestadas, prevalece la nostalgia de la búsqueda como esperanza frente a la «antigua resignación final» en «estos tiempos de aflicción e incertidumbre, en los que no queda ya lugar alguno ni para la esperanza ni tan siquiera para el porvenir» (p. 25). Esta obra unitaria se divide en trece relatos propios de una narración quizá metaliteraria, protagonizados por personas y sucesos afines al Real Colegio de San Hervacio. Una institución de la que Ayala-Dip, en su artículo «Días de escuela» [El País, 24.09.2021] dice que «nunca deja de recordarnos el autoritarismo y la arbitrariedad de aquellas instituciones durante el franquismo». No obstante, la ausencia en los relatos de crítica explícita contra
recensiones reviews 395 Ediciones Universidad de Salamanca / Aula, 28, 2022, pp. 394-396 la institución hervaciana y la falta de un vislumbre nítido o presencia manifiesta del régimen político que gobierna Murania puede ser engañoso. Nuestra tesis es que ha de interpretarse como un recurso narrativo para acentuar la prevalencia de los protagonistas sobre las circunstancias. Pese a ello, se encuentran presentes. Las actitudes, hechos y situaciones de sus personajes permiten obtener una nítida visión del modelo autocrático y el orden monocromo que preside la vida cotidiana y que tiñe la institución académica. En apariencia se trata de un recuento de las cosas que sucedieron en torno a las personas que se hallaban o habían pasado por un internado regentado por una orden monástica. En la obra, que puede ser interpretada como narración generacional, sus protagonistas quedan encadenados a las circunstancias, cautivos y anclados en una realidad tangible caracterizada por el rigor extremo de sus condiciones de vida. Bayal creó la comarca de Tierra de Murgaños y la ubicó en una región cuyo único o principal empeño consiste en «cultivar la aridez de la tierra y sobrevivir con resignación a su miseria», algo parecido o común a la Extremadura real. En este medio atemporal regido por la escasez y la pobreza, el suceder de gobiernos y gobernantes apenas parece haber alterado algunos usos y costumbres. Es ahí donde se ubica el Real Colegio de San Hervacio, una institución que alberga escasas posibilidades de ser comparada con las que figuran en obras como Retrato del artista adolescente de Joyce, AMDG de Pérez de Ayala o El jardín de los frailes de Manuel Azaña. Hervaciana (2021) se compone de trece capítulos o relatos que podrían leerse de manera independiente, pero que, postulamos, forman parte de una obra construida a propósito con esta disposición. Su lectura aporta una visión multidimensional de la realidad de una institución educativa, a la vez que evolutiva, desde la perspectiva temporal e impresionista en la composición estética de conjunto. Esta aleación literaria facilita al lector las piezas o materiales con los que construir su propia obra si decide hacer una lectura independiente, parcial o aleatoria. El contenido básico de estos capítulos o relatos comienza con 1.– «Adames», protagonizado por el poeta sin obra o sin poesía, del que solo sabemos que todo lo que escribía llenaba de asombro al narrador, sigue con 2.– «Ratón de fondo», que tiene como protagonista a Pastor y sus avatares tras ser nombrado praeceptor de uno de los grupos de cinco componentes formados por los padres hervacianos. Una manera de distribuir a los estudiantes para «el control, la vigilancia, la orientación y el adoctrinamien- to». En 3.– «La condena», un inocente es inculpado por un hurto, en tanto que en 4.– «Ut boves bovis», Romero y Pelayo, dos primos procedentes de un pueblo de labradores pobres de la sierra, son bautizados, primero, por el fraile de gramática, como Menéndez y Pelayo; más tarde, la costumbre de caminar juntos en el patio llevando cada uno un brazo sobre los hombros del otro, hizo ver en los frailes un subterfugio de concupiscencia que de inmediato sería perseguido por el «padre» penitenciario. Algo parecido acontece en 5.– «La cólera de Isaías», donde Viñas será el protagonista. Se trata de un compañero de privilegiado intelecto y capacidades, al que bastaba una leve desviación de su inteligencia y su memoria para cumplir con los deberes hervacianos. Será el sujeto sobre el que se desató la ira del padre vicario a través de la parábola bíblica de los cinco talentos y del castigo con que el dueño de la hacienda condena al inútil siervo. Lo que constituye una parte más de la penitencia y el castigo escolar común en la pedagogía de los frailes. En 6.– «La partida», se narra la accidentada excursión al Garabero con resultado adverso para Lobato, y en 7.– «El signo del león», aparece Calderón, el ser más insoportable y petulante,
recensiones 396 reviews Ediciones Universidad de Salamanca / Aula, 28, 2022, pp. 394-396 de chulería superlativa e hiperbólica. En 8.– «Calle del Codo», y en 8 bis.– «Coda (del Codo)» se narra un encuentro en esa calle del centro de Madrid con López, un antiguo compañero hervaciano con el que disputaba reñidas partidas de ajedrez además de compartir otras aventuras singulares. En 9.– «Arte de prudencia», aparece el espartano, lacónico e ingenioso Zamora, el compañero que emuló a David. El título del 10.– «La boutique de nouveautes», es parte de la frase que marcó la vocación de Escudero, no exenta de sopapos y sarcasmos de frère Jacques, que pese a ello quedó entregado luego a «procurar que a los pueblos dejados de la mano de dios y de los hombres llegaran algunos de los privilegios inmateriales de la civilización». El del 11.– «Pluma 22» es la marca de la máquina de escribir con la que durante años tecleó desvaríos y ocurrencias, mecanografió a destajo o rindió sumiso vasallaje adolescente a su amiga Isidora, en tanto que el 12.– «El profeta Nicolai» es el nombre de uno de los protagonistas de la obra de teatro La ciudad sin dios al que daba vida el profesor de griego, que moría dos veces en escena, una real y otra ficticia, y al que más tarde encuentra transformado en los cines Alphaville de Madrid. El 13.– «Cancerbero» pertenece a Saturnino, el portero del colegio transformado en futbolista aficionado y dedicado a lidiar con los diversos lances de pelota desarrollados por los internos alrededor del patio durante los recreos. En todos ellos sobresalen personalidades singulares involucradas en hechos únicos cuyas tramas confluyen en un desenlace literario que a modo de sello lacrado cierra el relato sobre el que el narrador estampa su marca singular. Evocar el pasado es un pretexto para tejer la trama con que construir cada uno de estos fragmentos. En ellos la memoria facilita los materiales, pero son la voluntad, la pericia y el virtuosismo del escritor los que gobiernan y mandan sobre el relato. La evocación de estos trece fragmentos reintegra a Bayal una parte de su biografía y desde ella nos ofrece numerosas teselas o elementos constructivos para elaborar un detallado mosaico capaz de dar cuenta de una infinitud de rasgos, actos y procederes útiles para la reconstrucción de esa historia. Como muestra de su capacidad narrativa y de la riqueza de su contenido valga esta descripción que suscribo: «En realidad, si una afirmación así puede formularse, solo éramos felices en los recreos. El resto era reclusión, matemáticas, latín, cautividad y toque de campana. Hipérboles de la tristeza. Tuvimos, sí, las clases habituales, pero no creo que nadie estuviera realmente atendiendo en clase. Bien es verdad que en aquel tiempo la mayoría de las clases consistían en recitar la lección que habíamos aprendido previamente de memoria (y ay aquel que no la hubiera aprendido, que la hubiera olvidado o que vacilara en su recitación), pero también es verdad que quien sorteaba el peligro podía entregarse al tedio o a la ensoñación» (p. 167). Juan Luis Rubio Mayoral Universidad de Sevilla