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Historia del perro Paco juzgado por la opinión pública

Jocen, Blas

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: Sn Al ES El ES .. st 10 | EA P Pa! en $ pa Y: 19; | ; HISTORLA DEL PERRO PACO JUZGADO POR LA OPINION PÚBLICA ESCRITA POR - 5 D. Blas docen. — IA — SEVILLA-1882 Est. TIP. CALLE DEL AIRE, 2. Á MIS LECTORES No creí nunca ocuparme de animales, sino de personas, pero es tanto lo que me atormentan los oidos con la biografía del perro Paco, con la muerte del perro Paco, con el testamento del perro Paco y siempre con el perro Paco en la boca, hasta de per— sonas cultas y eruditas, que me he resuelto tambien á escribir sobre el tal perro. 195% conocido y que figura en la historia inglesa contemporánea, que en su yack y en viage de recreo se dirigió á Gibraltar. En seguida que Paúl y Angulo supo la llegada del General Prim, fletó un vapor, mediante 5,000 duros, y en él llegó, el yá caudillo republicano, á la 2.” aguada Puntales. Era de noche, D. Juan Bautista Topete, D. Rafael Primo de Rivera, y otro señior de S. Fernando, todos comprometidos con la Union, jugaban tranquilamente al tresillo, en el Casino aristocrático de la Plaza de S. Antonio, en Cádiz. Un alférez de navio fué á escape, desde el muelle al Casino y comunicó reservada— : mente á D. Juan Bautista Topete el grave acontecimiento de la llegada inesperada del General Prim. Entónces, púsose punto al juego; fueron trasmitidas súbitamente las órdenes de ir á bordo á todos los sefes, oficiales y guardias— marinas; el mismo Topete, poco tiempo despues, desde la fragata Zaragoza, invitó al General Prim, el cual aceptó y no tardó en dr E hallarse en amor y compaña del revolucio— nario unionista, en Cádiz. : Al mismo tiempo que esto pasaba á bor= do, salieron precipitadamente para la Carraca, el General D. Rafael Primo de Riyera y el otro señor, que no quiero nombrar, con objeto de sublevar el arsenal al primer aviso. | Los republicanos no perdian el tiempo; la gente terne de Jerez y del Puerto, esta— ban escondidos en diferentes sótanos, en Cádiz, para ayudar, al entónces coronel Merelo, en la sublevyacion del regimiento de Cantabria y otros, si bien su plan no po— dia desarrollarse como querian, por la resis— tencia del regimiento de artilleria á pié número, 3 que quería permanecer, Como permaneció, neutral. Al dia siguiente, ó sea el 13 de Setiem-— bre, aparecieron en actitud hóstil y amena— zadora todas las fragatas acorazadas y nO acorazadas y demás embarcaciones, que representaban una respetable escuadra e€nfrente de la punta de 3. Felipe. Cierto señor que, como todo el que lo— ES era llegar al pináculo, olvida y se hace enemigo de quien lo encumbró, sin reparar que debia á D.* Isabel II, hasta distincio— nes, que de manera ninguna podian otor— garse á los extrangeros, y especialmente á los .representantes de aquella rama, quedó muy disgustado con el sesgo que habia to— mado la revolucion, que él tenia fraguado y pactado. ) Los generales unionistas, Zabala, Caba— lero de Rodas y otros, hasta siete ú ocho, y con ellos por supuesto, el perro Paco, que, sin que parezca inverosímil, tenia muy buena nariz, es verdad que respondia á su casta, pues era puro perdiguero; y estaban seguros que, si le dejaban tomar la delan— tera, habian necesariamente de ir por buen camino, pues no habia ninguno desconocido para él; además, como el diabólico animal era tan hermoso, tan rozagante y tan sim-— pático, en términos que apesar de no ser falderito, se acoplaba muy bien sobre las - faldas de cualquier distinguidisima señorita, era una garantía para tranquilizar á los que querian tomar las riendas del Gobierno, sin LAS mas que un quítate tú para ponerme yo; pues este animal fué siempre muy acaricia— do por una altísima señíura. Los perros, como tienen un gran instinto, el perro Paco, cuando'vió la exalta— cion de los ánimos en las Islas Canarias, en seguida que 171 Tornado les llevó la noticia de la llegada á Cádiz del General Prim, y de la necesidad que habia tenido el capitan del Puerto, D. Juan B. Topete, de su— blevar la Escuadra, de intimar la rendicion de la plaza y la resignacion de mando de los Gobernadores militar y civil, para antepo— nerse á los planes republicanos con el General Prim de caudillo, al cual acompañaba como secretario D. Manuel Ruiz Zorrilla, saltó á bordo del Tornado, sin duda, para regresar á la península, pero como po no le seguia, volvió á tierra, Hízose la revolucion, más en sentido re— publicano que en sentido unionista: desem— barcó el General Prim en traje de marino, cuya gorra y uniforme fueron prestados por el Sr. Topete, y como la noche anterior, el coronel Merelo y otros sacaron de sus 162 cuarteles los regimientos, dejando encerra— do en su pabellon al coronel de: Cantábria, esperando en la plaza de la Libertad al General Prim; en cuanto álos paisanos ocultos, al mando de S.*y:otros republicanos que posteriormente figuraron mucho, guardaron, durante la noche, la Aduana y otros edificios donde habia caudales; fué recibido á los gritos de viva la libertad! abajo la roi—- na! abajo las quintas! etc., siguió en medio de la multitud hasta el Gobierño civil. Cruzáronse los telégramas y fué necesa riamente secundándose el. evito revolucio— nario, en todas las provincias de España. La pobre Sra. D.* Isabel Il, Gonzalez Brabo y algunos fieles á la reina, pertene= cientes al partido moderado, pasaron la frontera francesa. : En Madrid quedó un Gobierno provisio— nal, á cargo del General Concha, Marqués del Duero, y el General Novaliches á la ca— beza de los pocos regimientos, que no habian rasgado sus banderas, partió para Algolea, y allí empeñó batalla con los sublevados; siendo la causa de esta el excesivo e q celo y lealtad del Conde de Girgenti, que, como caballero y como militar, quiso conservarse en toda su pureza. Triunfó la revolucion, creóse un Gobierno Provisional y llamáronse con precipita— cion los representantes á la Asamblea cons— - tituyente. Ny Y Ds a ide EGO al CAPITULO Il. o El perro Paco en candelero / Las cosas llevadas al punto que llega-— ron, claro está que los unionistas debian de ser los dueños absolutos de la situacion; pero ellos no contaban con la huéspeda; contaban, sí, con ser ministros de Isabel II, pero no de un Gobierno provisional, que habia de dividir su mando. con el caudillo re— publicano, que era el general Prim. Vinola Asamblea, fueron exigúos los votos de la República y muy en creces los votos por la Monarquía. Quién habia de decir que el General Prim, que todo lo debia á los republicanos : —20— (puesto que los de la Union-liberal hicie— ron caso omiso de él), que siendo gefes quisieran distinguirle con el título de tal, él no hubiera salido nunca de su postergacion y de vivir en pais extrangero, ¡comiendo el pan negro de la emigracion.—Pues bien; este general, en cuanto en las Cortes tuvo ocasion, se declaró monárquico, y apesar de que trató de sobreponerse átodoscon la can— didatura Hohenzollern Sitmaringen, ni por esas pudo vencer; pues las Córtes no quisie— ron aprobar lo decidido en Consejo de Ministros: hé aquí el orígen del advenimiento al trono español de D. Amadeo 1. Don Juan Prim está en el mundo de la verdad, debemos respetarle; ¿pero si no hu— -biese sido por los sacrificios de los republi- - canos, hubiese vuelto al poder? No. ¿Y cómo le pagó? Como paga un hombre que tiene de todo, ménos corázon. El perro Paco nunca pudo ver al gene— ral Prino; cuando le veia, le ladraba, este no era muy bueno tampoco para el perro, pues todo el tiempo que estuvo de Presiden— 10] te del Consejo de Ministros, mandó encerrarle en una jaula de oro; especialmente cuando el tal Presidente, buscaba un rey por todas partes. Yá se vé, el perro no estaba hecho á jau— la, escapó, en poco tiempo llegó entre Ar— jonilla y Marmolejo, donde tropezó con otro que tenia el nombre de Terrible. Lucharon los dos de un modo espantoso, el perro Paco regresó á Madrid, donde habia tenido lugar un acontecimientoinesperado; que llenó á los españoles de terror y cons - ternacion. El general Prim había sido asesinado. Empezáronse con actividad á poner en práctica todos los medios mas eficaces para descubrir los autores de semejante crímen, pero fueron sin éxito. No obstante, nunca dejaron las autoridades judiciales de la mano tan doloroso asunto, y quién sabe si, algun dia, se des— cubririán los criminales. La Providencia querrá conceder á Españala satisfaccion desaber quién son los que hasta ahora viven ocultos en el misterio; 'CAPITULO IV. Actitud del perro Paco á la venida de Don Alfonso XII. /Los hombres políticos, que aparecieron -—conla revolucion deSetiembre, hicieron con= -cebir grandes esperanzas al pueblo español y hasta á las naciones extraneeras; porque -Creian que ibaá iniciarse en España una nueva era política que deseubriese nuevos horizontes en la parte industrial, comercial y agrícola, que, desarrollando por completo los elementos propios de riqueza existentes O UA en nuestro suelo, sacase á España de la pos= tracion en que, de antiguo, se hallaba y la elevase á la altura, si nó de su historia, por lo menos á la de las naciones que figuran á la cabeza de la civilizacion. Pronto pasaron aquellas ilusiones, y los políticos, nacientes entonces, demostraron con sus hechos, valer tanto como sus ante— pasados y tener las mismas aspiraciones que ellos, esto es, medrar tomando por pretexto la política, y hollando la buena fé de las clases necesitadas, embaucándolas con discursos muy pomposos en estilo evangélico; lo que estaban muy lejos de pensar y de sentir. | De manera que, aquellos vocingleros se constituyeron en estorba—caminos, perjudi— cando con la creacion de nuevos partidos aquellas clases de que, al parecer, se lamen— taban tanto. Poco disimulo tuvieron los queno tenian sobre qué caerse muertos; pues se hicieron ricos y personas respetabilísimas, por todos conceptos; pero, no obstante, no dejaron de hacer por la pobre España; puesto que la A A eS y a dejaron en estado tan lamentable, que casi la redujeron á su más mínima expresion. Viene D. Alfonso XII, y el Sr. Cánovas del Castillo, sin tomar en consideracion las a garantías que ofrecian los revolucionarios, comete la torpeza' de contar con ellos para formar Ministerio. Por parte de los revolucionarios se come te lo. desvergúenza de aceptar el nuevo ór— den de cosas bajo la jefatura de Cánovasdel Castillo. En ese momento el perro Paco fué el único que obró con discrecion; pues se re— tiró al palacio de uno de sus mas predilec— tos favorecedores, y no quiso frecuentar co— mo antes, los ministerios, los casinos, las reuniones políticas, ni nada; sino vivir en su rincon, pues fueron muchos los puntapiés y las malas razones que llevó. Él, apesar de ser perro, gustaba mucho de los elementos aristocráticos, pocoó nada, de aquellos individuos, que, predicando la democrácia, habian venido á sentarse en aquellas lujosas poltronas, donde él, muchas veces, se habia sentado y habia oido wil ds el ternuras de aquellos con quienes siempre habia compartido los momentos felices de su vida, Si el perro pudiese hablar, de seguro que nos contaria mil lindezas, que nosotros es— tamos muy lejos de saber. A AS CAPITULO Y. e e Desorganizacion de los elementos revolucionarios, Como quiera que, reciente la revolucion de 1868, se reunieron en Paris los más in— fiuyentes del partido moderado, y algunos de ellos manifestaron deseos de que S. M. la Reina D.* Isabel II abdicase sus derechos al Trono de España en favor de su hijo, el príncipe de Asturias, D. Alfonso, prodújose una excision en el partido, de la cual resultó la division en dos fracciones, diametral— mente opuestas; la una, tomó el nombre de partido moderado histórico, la otra de par— tido conservador ó alfonsino. o e El Sr. Cánovas, Jefe del nuevo partido, propuso y aconsejó á D.” Isabel la abdica— cion,á locual esta señora accedió; se em— pezó á trabajar en España el elemento militar para llevarle al golpe de Estado, que habia de reponer en el trono la dinastía de la casa de Borhon. Los isabelinos ó sean los moderados his— tóricos, confiados en que los Generales San Roman, Reina y otros, cumpliesen con doña Isabel, como tenian obligacion de hacerlo, durmieron tranquilamente el sueño de la ingratitud, sin haber hecho mas que pre— sentar las pruebas, posteriormente, de ad= herirse á la voluntad nacional. El Sr. Cánovas tuvo siempre recelo de lleyar al campo ministerial á los moderados históricos. Así es que, en brazos de los revoluciona— rios tuvo que resignar su poder, porque la política tirante y conservadora de más, no podia sostenerse con los vientos vaporosos que corrian en España, desde que los orado— resde club y los de más fibra parlamentaria, quisieron postergar para siempre la política o) de Gonzalez Brabo en sus últimos tiempos. Al ser sustituido, habia de serlo por el Jefe de algun partido; pues estos se multi— plicaron hasta el infinito, á causa de que los revolucionarios de Setiembre todos quisie— ron ser Generales y ninguno soldado. —Este ha sido el principal motivo de que Espa— ña vaya siempre de mal en peor. Puede decirse con verdad, que al caer Cánovas la primera vez, no faltó nada en que cayese con él D. Alfonso, mas como es jóven, y á pesar de su poca experiencia, ha sabido cap= tarse las simpatías del pueblo español, que, maldita confianza tiene en sus gobernantes, - confundiendo, con su oratoria, la táctica de esos titulados eminentes hombres políticos, que querian practicar, á la sombra de la civilizacion moderna, la política más absoluta y despótica de que hay egemplo en España. Han venido sucediéndose los acontecimientos de modo que van gastándose por completo los eminentes hombres políticos, que eran la esperanza de España. CAPITULO VL. ¡ERA Búscase al perro Paco por todas partes. El Sr. Sagasta, despues de muchas pro— mesas y de pintarnos la situacion Cánovas, con tales colores, que á todos nos dió mie— do, viene á ejercer, en el poder, tal conduc— ta, que le hace romper con sus amigos, asi como odioso á todoel pueblo español. Elseñor Sagasta, si despues de haber hecho lo que cierto oficial de sastre, que yo conocí, viene obstinándose en ser poder, es que busca con seguridad que le suceda lo que porpoco acontece á D. Luis Sartorius, conde de San Luis, en el año 1854. Contaré, antes de pasar adelante, lo que q a AE á semejante horda de esplotadores del pueblo. —Como es perdiguero, no muerde el pe— rro Paco; si fuese de presa seria muy conveniente en la actualidad.—El pobre animal, si es cariñoso con los coaligados, recibirá, por único premio, un puntapié.—Los que más acariciaban al perro Paco y que eustaban mncho de él, en términos que le retrataron en los bastones que llevaban en ciertas ocasiones, cuando lograron llegar á ser... dieron una buena prueba de gratitud al perrillo. Buscadlo, que no le hallareis. ——_—A AA A ad CAPITULO VII. e. El baile de la Condesa. Amaneció un dia sereno; el esplendente azul del cielo se mostraba más lindo y con más coqueteria que de ordinario; el sol radiante reflejaba en las límpidas aguas del lago artificial de la quinta de los Pajarra— cos; no muy léjos de Madrid, las hojas de los árboles se movian dulcemente, produciendo un suave choque unas con otras; los pajarilos, de mil colores diversos saltaban de ra— ma en rama; por último, en lo más recón— dito de las copas de los árboles visitaban sus nidos. o: | —46— Los cisnes se pavoneaban con soberbia y gentileza, en grandes y ricos estanques de mármol de Carrara; los patos cruzaban mil veces y cortaban las aguas graznando; unos micos, monos y titís, amarrados con sus cadenas á unos arbolillos, se mecian, pro— duciendo ruidos estridentes, enseñando los dientecillos, haciendo monaditas y gestos con sus 0j0s picaros, VivOS y €Xpresivos. Cascadas mil, naturales y artificiales, deslizaban con fracaso torbellinos de agua. Estátuas de finísimo jaspe, de vários co lores, representando las cuatros estaciones y y retratos de poetas, que, inspirados por la le naturaleza, llegaron á pintar sus bellezas LN con verdad y con encanto. Las fuentes ostentando dioses y diosas e cla del mundo mitólogico, revelaban á la vez e Reed el cincel de famoso escultor, columnas de a mármol y estilo corintio servian de pedes- A tal. | Pr dE Una escalera marmórea, Con jaspe y dat baranda de cristal de roca, facilitaba la en— 1 trada de un salon en que el modelado más h 2 fino competia con rica sedería indiana y A | PE con la más fina y bien trabajada tapiceria que los talleres de París son los únicos de proveer. La Sra. Condesa, conservando en su poder honrosps pergaminos, sabia mantener en todo su vigor el sello de grandeza y de distincion que deben de adornar á un título antiguo, tanto en la apariencia como en su modo de ser. Aquel dia requeria el palacio contínuas visitas de su moradora. Lo más distinguido de Madrid, el cuer— po diplomático extrangero, los ministros de la corona, quién sabe si alguien de la fami— lia real, los grandes de España, los títulos de Castilla, los caballeros hijos-dalgo, los caballeros de Santiago, Calatrava, Montesa y Alcántara, los altos empleados de Estado y del Palacio real, los Magistrados, Jueces, etc., ete., todo lo que Madrid encerraba de más notable, sin olvidar Diputados, Sena— dores, y Directores de periódicos. Era dia de gran fiesta, y era necesario que la etiqueta fuese observada con el mayor rigor; pues el descrédito de casa tan eN oi notable podia caer en toda su extension con el más pequeño descuido. Todo el dia fué empleado por los más habilidosos y acreditados artistas, para dar á aquel suntuoso palacio el aspecto de la Mansion de las Hadas, donde las maravillas se cruzan y se suceden con rapidez, y produciendo en el ánimo cierta emocion, que no: es posible describir. Habíase puesto el sol; llegaban profusa= mente los jardineros para arrojar en el pavimento y á discrecion las flores más oloro— sas y más privilegiadas por la naturaleza. Seis mozos, encargados del buffet, obe= decian las órdenes del gefe repostero y daban á todos los manjares, á todos los dulces, yá losfhelados más esquisitos, el gusto ar— tístico más nuevo y más erahdiodó Estaba ya dada la última pincelada á la residencia de un magnate, que iba á recibir mucho más. Cuando la Condesa se hubo cerciorado que no faltaba requisito ninguno, que hasta los gabinetes de toilett estaban provistos de ¡la perfameria más fina, más cara y más de 400 moda, retiróse á sus habitaciones y empezó á hacer su toilette. La Condesa de C. siempre ha sido bonita y elegante; y ademas de ésto, sus trajes son hechos teniendo en cuenta la moda y la ha— bilidad de las mejores modistas; unido á sus ricos vestidos, las perlas, brillantes y esme— raldas de sus diademas, de sus brazaletes, ete., resulta que en una noche de baile se rejuvenece sobremanera y está hecha una diosa del Olimpo ó una habitante del planeta Venus. Dieron las diez de la noche; el palacio iluminado, destellando más luz y más bri- “llantez que una estrella, estaba guarnecido de macetas con flores, más ó ménos raras y “olorosas, y de criados con visibles libreas y con sus pantorrillas más ó ménos delgadas, perfectamente calzadas de media de seda blanca y de zapato de charol escotado, eon sus hebillas de plata. El ruido de los carruages anunciaba la hora de la recepcion. La Condesa, ostentando vestido azul ce— leste, y su hija vestido blanco, los a guar 50 necidos de rosas, con hojas de oro y plata; las dos escotadas, segun la costumbre de los salones, estaban en la plataforma de la escalera marmórea del jardin, preparadas á hacer las honras á su llegada, á los felices mortales que habian tenido el honor de ser imvitados. Las tres puertas de hierro estaban abier— tas de paren par. Los candelabros, con Y y 15 luces, daban tal claridad álos paseos, que parecia que tenian el encargo de sustituir, durante la noche, al mismo sol. El rodar precipitado de los carruages ha— cíase más lento desde que penetraban en los suntuosos jardines; paraban con el ma= yor órden al pié de la escalera, las señoras y señoritas, solteras unas, casadas otras, bajaban de sus carruages, y los criados más distinguidos llevaban las colas de sus yes— tidos. En muy poco tiempo estaban reunidas las más bonitas y las más aristocráticas damas en los salones contiguos al de baile. Los caballeros más distinguidos y de alta posicion en las diferentes esferas sociales aristocráticas, formaban grupos ó invertian el tiempo en diferentes galanteos, compar tiendo su posicion con las dotes que les dió - Naturaleza. - No tardaron mucho los acordes musica— les en prevenir á todos que habia llegado la hora de la primera quadrille. La Condesa y su hija debian figurar vis á vís, con el Embajador de Francia y el de Alemania. | La Condesa bailó con el Presidente del Consejo; su hija con el Ministro de Inglate— ITA. | | En fin, no vale la pens que nos moles— temos en recordar todos los que tomaron parte en el tal rigodon. La noche se pasó agradablemente, y no faltaron, sobre todo en la segunda parte, aventuras amorosas, disensiones políticas, pactos, etc. No hay que decir que á estos bailes nunca faltó el republicano Castelar, pero á este no fué, ignoro los motivos que tuvo para ello. Cuando no se esperaba yá á nadie, cuan : —52— do el Sr. Sagasta y el General Martinez Campos se habian retirado, presentóse el perro Paco, y pasando veloz por entre los caballeros, fué derecho á las Infan— tas, que se hallaban en el salon y hacia poco que habian llegado; se dejó acariciar de ellas y se dirigió al buffet; le dieron un pastel, y él, cogiéndolo con mucha delicadeza, fué derechito al grupo de la liga democrática, bajo la Jefatura del General... y dejó caer el pastel en las manos de los Sres. Albareda y compañía, Todos llamaron al perro, pero él no quiso detenerse, lo cual no dejó de llamar la aten— cion; pero yá se vé, el instinto del animal es privilegiado por la naturaleza. Cuando estaba al pié de la escalera, . fué acariciado por el Embajador de Austria y él, con sus movimientos, mostró grandes simpatías. Dirigióse á la presidencia, el Sr. Sagasta acarició al perro y le dejó dormir tranquila— mente sobre unos papeles que decian: por razones fundamentales el Ministerio está en erísis. Al despertar tomó en la boca el papel 58 y, despues de jugar con él, salió deprisa y corriendo. Qué fué lo que hizo con él no pu— de averiguarlo. ; ; Eran las dos de la mañana, la Sra. Con— desa, muy aficionada á hablar con diplomá.-- ticos y políticos, se despachó a su gusto, dando siempre la razon á Moret y á Bala—- guer; cuando hablaba con ellos, manifes— tándoles la conveniencia que reportaria al - pais la desaparicion de todos los partidos ex— tremos y la creacion de uno solo, bajo la jefa— tura de un político eminente que no se hu— biese gastado en política, y que el pueblo le considerase como exacto cumplidor de una Constitucion, que, más ó ménos directa— mente, representase la Soberania Nacional como único rey democrático. —Añadió que, S. M. el rey D. Alfonso XIL, educado en los - principios liberales, representaria bien esa soberania nacional; obedeciendo rigurosa— mente la Constitucion, ofreciendo sacrificar sutrono, si un dia tuviese necesidad dequebrantar su pacto, ó mejor dicho, su jura— mento. Contando, como no podia menos de es— A —60— —51, señora, yá hace tiempo que sé, que á los niños y á los pueblos hay que tra—- tarlos con severidad y al mismo tiempo con dulzura. —¿V. cree que se llevará á efecto la Je— fatura de...? ——Puede ser, porque V. sabe, Sra. Conde— sa, que todo lo que es imposible de hacer en otras naciones, es lo más practicable en España El Sr. Posada no dijo nada más, y, con pretexto de dar una vueltecita por el jardin, se cogió del brazo de Cánovas y dejó la ama— ble compañía de la sagaz Condesa. Continuaban trocando sus palabras todo aquel grupo aristocrático, en esto que llega. jadeando con un palmo de lengua fuera el perro Paco, llevando en la boca un papel, y, á pesar de que se armó un gran laberinto en los salones con la llegada del perro, que to— dos y especialmente aleunos, quisieron im— pedirle el paso, no obstante, el animal llegó al sitio donde estaba la Condesa. Las señoras le acariciaron, ménos la Duquesa; el General Lopez Dominguez se levantó y —6l= se alejó. El perro dió muchos saltos, le pu— so las manos encima y le siguió. El General y el animalito recorrieron gran parte del Jardin y fueron á parará un sitio muy reservado. ¡ Militares de alta graduacion y con man— do conferenciaban con el Ministro de la Guerra. Este, que no gusta mucho de perros, creyó oportuno dejar el campo libre; porque no se dijese que se diferenciaba de los demás, hizo tambien sus caricias al animal, que no mostró, en verdad, grandes simpa— tías y se acercó rápidamente al Capitan General de Cataluña, que accidentalmente se encontraba en Madrid. El General Lopez Dominguez, acompañado de aleunos de aquellos militares, se dirigió al lado del lago donde unos monitos saltaban y hacian la más natural y más há—- bil gimnasia, que se puede imaginar, en presencia de los eaballeros de la liga; al llegar nuestros militares, el General Lopez Dominguez quiso leer el papel que el perro Paco llevaba en la boca; pero el animal H. 69 empezó á ladrar tanto, que el General no - creyó oportuno empezar la: lectura. Como ya se anunciaba el dia, con esa erandeza natural, que al hombre agrada mucho y le llena de satisfaccion el alma, volvieron á llenarse los salones, y un expléndido cotillon puso fin al baile, que ocu— pará algunas páginas en la historia con— temporánea. CAPITULO VIT. _—_——— El baile de la Condesa descrito por la prensa. Todos los períódicos estuvieron confor— mes en que el baile de la Sra. Condesa de C. habia correspondido, en grandeza y en concurrencia, á todos los que, tan distin— euidísima señora acostumbra á celebrar en su expléndida morada; haciendo uso de una amabilidad, de una distincion, de un cierto augusto sabor, que es proverbial en los ana= les del Higi-life: «Que en las pucas casas eminentemente aristocráticas, no puede haber recepciones mas brillantes, que las de la Condesa de C.» Nada discrepó de esta opinion en los periódicos heterogéneos, que +. SÁ iS 4 E NU: tuvimos el gusto de leer.—En lo que todos variaron de parecer fué en la apreciacion de los hechos políticos, acontecido en los salones al son de la música y en los conciliábulos de losjardines. Unos decian, que era inminente la caida del Ministerio; otros afirmaban lo mismo; pero indicando la salida de tres Ministros solamente: otros manifestaron sin rebozo, que yá no tenia lugar la Jefatura del General... Otros indicaban, con toda certeza, la division martista. | Aseguraban algunos que ya no quedaba mas que Castelar, benévolo para el Minis— terio; pues Martos habia dejado de serlo. Habia periódicos que daban como segu— ra la salida de Camacho y de Albareda. Los óreanos de partidos avanzados su— ponian gravísimos conflictos sinó se ponia eminente remedio á los perjuicios originados por el plan de Hacienda tan descabellado, y que, indudablemente, lo creó el Ministro, para hundir en un abismo sia fin á aquella España en que nunca se ponía el sol, como decia el cruel Felipe II. —65— Los diarios que defienden intereses ma-= teriales, fundándose, separados de toda po— lítica, en economía y administracion, con la mayor acritud patentizaban que ¿sto Ór— : den de cosas habia enterrado para siempre lo poco bueno que los Gobiernos que le ha— - bian precedido en el poder habian Nevado á - cabo, respecto á los: principios económicos y administrativos. Que se sabia de público que en-* al lalo - de la señora Condesa de C.... habia reinado grande efervescencia política y que, si en= trase en el ministerio de Hacienda, cierto hacendista notable, era evidente que lasco— sas variarian mucho en provecho de la na— cion. Un periódico posibilista demostraba que Sagasta se habia propuesto en el campo liberal ejecutar los principios esencialmente liberales, y por tanto, los demócratas de— bian contar con que esto fayorececeria so— bremanera la política democrática, y así aconsejaba ser todo lo benévolo y todo lo transijente con el Ministerio. Que este era el único camino por donde 5 a a) con seguridad se había de llegar á conseguir la aspíracion domocrática, En el caso que el Ministerio retrograda— se, entonces blandiriíamos nuestros derechos y trataríamos de confundir y anonadar el Ministerio, antes nó. Continuaba el mismo órgano posibilista: «Agitados estuvieron ciertos políticos que, desde hace tiempo, se declararon hóstiles al Gabinete, durante el baile de la Condesa de C...; no creemos, sin embargo, que hayan adelantado un paso en sus planes maquia— velicos.» Si, por ventura, hubiesen obtenido lo que hace tanto tiemno buscan, sería un nue— vo obstáculo que se opondria á la prosperidady á la consolidacion de la Nacion. Los periódicos conservadores se lamentaban de que España fuese regida por ele— mentos que tenian necesariamente que extinguir la vida y de modo ninguno for talecerla; como ya la estaria, no solo en la parte interior, sino en la exterior, si hubie- Ta continuado en el camino trazado por Cánovas del Castillo. En el baile de la señora Condesa de C.... corrieron las cosas en elsentido político muy favorables al partido conservador; pues el Sr. Cánovas mereció muchas distinciones y deferencias de personas de altísima gerar— quia é influencia. | Los óreranos del partido federal demos— traban estar locos de contentos con el desbarajuste que reinaba en altas regiones, que imposibilitaban una solucion pacífica; pues- to que habia quedado sin efecto el pacto re— volucionario de 1868. Hecho el detenido exámen necesario pa— ra formar juicio de los abusos que se vinie= ron cometiendo desde 1866 á 1868, vemos que fueron de ménos fatal consecuencia pa— ra el pueblo, que los que se vienen cometiendo desde 1874, y, sobre todo, el epílogo de toda esa obra, escrito y hasta grabado, de modo imperecedero, en el corazon de: todos los españoles por el Ministerio que tenemos el castigo de tener. No desmayeis, hijos del trabajo! dia ven— drá en que de raiz se corten los mediosrépro— bos de hacer fortuna, puestos en accion por —68— hombres que, cubriéndose con la capa de protectores vuestros, resultaron ser sanguijuelas que engordaron á costa de vuestra saugre. Los órganos militares tambien vaticina— ban, como resultado del baile, la promocion inmerecida de ciertos militares, censurando el perjuicio inmenso que se causaba á los que más se habian distinguido en los debe— res del servicio. Difícil será que el ejército se conserve incólume en la disciplina, si se repiten con demasiada frecuencia actos de esta natura— Jeza. Hecho el cómputo de todas las aprecia ciones de los periódicos, con respectoal baile de la Condesa de C.... se vé que allí pa—- só algo grave; pero que todo el mundo ignora y que queda para el curioso lector. CAPITULO IX. El perro Paco recorriendo diversos banquetes políticos. Grande algazara habia en Madrid, era dia de toros; una muchedumbre inmensa eruzaba la Puerta del Sol, la calle de Alea lá estaba de gente que no cabia un alfiler. Muchos óxnibus, colmados hasta no poder más, iban á paso ligero á los toros. Muchos carruages de alquiler y muchos de particulares, seguian la misma direc— eion. ; Mucho habia que decir de un dia de to— ros en Madrid; pues mucha gente que no tie— ne para comer, va muy temprano á empe- sel / fe que la distinguen, quedó de anfitrion. Si en estas reunionés hay lealtad, sim— patías, conflanza, verdadera amistad, etc, allí puede asegurarse que se hallaba todo esto. Fué interrumpido el silencio por la le— gada del perro Paco. '-Vasin decir que, todos, señoras y caba—= lleros, se pusieron en pié; él despues de ha— cer los movimientos naturales de p2rro, para evidenciar su alegria y susatisfaccion, se colocó en la cabecera de la mesa, que es— taba de respeto. Sentado sobre un sitial de ébano, con la cabeza muy erguida, miraba con afabilidad á todo el mundo. Concluyó el banquete en la mayor ar— monía, y el perro Paco quedó satisfecho. No obstante, cuando estaban los caballeros en el salon de fumar, yá el animal perdió la paciencia con las diferentes discu— siones que se levantaron, y que la mayor parte de ellos, olvidándose donde estaban, habian tomado aquel sitio, no como el salon de conferencias del Congreso en ciertas ocasiones, sino como si fuese la plaza de to- ros; pues muchos de los que han medrado por la política, por los negocios bursátiles y á la sombra del comercio, les falta la educacion que requieren los salones. El perro Paco mostró su desagrado, y, comprendiendo que en aquellas circunstan— cias no debia ladrar, metió el rabo entre piernas, y demostrando amarga pena, fué al salon donde estaban las señoras y señio— ritas más distinguidas de la Córte, mezcla— das con otras que aparecen como tales, si bien, por tolerancia imprescindible, alter— nan con la alta sociedad. - Esto mo puede evitarse; es uno de los inconvenientes de las diferentes gerarquias en que se divide el mundo aristocrático. Cuando el perro Paco entró en el salon, comprendió la Duquesa que su presencia era muy necesaria en la reunion de los caballeros. En efecto, ásu presencia cesaron los con— ciliábulos y quitaron sus cigarros de la boca; uno de los más distinguidos y más constantes amigos, la ofreció el brazo y vol-— vió con las soñoras, seguida de todos cuan e BACA a ARA > O , Alar dt tos caballeros habia en el salon. Las señoras tocaron algunas piezas de música de género sentimental y pasaronal- - gunas horas agradablemente. No se habló mas de política, sin duda por galanteria y respeto á la Duquesa. El perro Paco salió muy poco á poco, se dirigió á Lhardy, donde los ánimos estaban muy exaltados, donde menudeaban los dis— cursos ampulosos y exagerados, regados con el Champagne, Chartreuse vert, etc.; el animal percibió enseguida que aquella vente no discutia, luchaba, y, que si el viento cam= biaba un poco, estallaria la tempestad; no quiso saber más de aquello y, agarrando un pavo enterito en galantina, se largó con él. Llevólo en la boca al General Lopez Do— minguéz, que, al ver la actitud del payo mostrando arrogancia y severidad, lo euar— dó tal vez para siempre. ll pavo procedia de los martistas, que estaban completamente indisciplinados y dispuestos á hacer lo mismo que hacen los cazadores de elefantes; divídense en dos ban— - dos: el uno defiendeal animal y elotroquie— OS ro ofenderle; se promueve la lucha entre los dos; el elefante, lenta y gravemente se acer— ca al grupo amigo y entonces pierde su libertad; pues la division y la lucha eran pasos de comedia. "Te ele e e3 e | CAPITULO X. El perro Paco enel Teatro, Aunque parezca inverosimil, los perros nos dan muchas veces pruebas de tener más inteligencia que el hombre; por tanto no se debe hallar exagerado todo cuanto digo res— pecto al perro Paco: pues, engañándosemuy pocas veces, muestran sus simpatías 6 anti— patías con razon fundada, y, lejos de dejar de ser un medio para que el observador los considere de un modo desapercibido, por el contrario, haciendo en ellos un prolijo y profundo estudio, puede penetrarse enel ser del hombre. Así como el Doctor Gall se dedicóá estu= 6 OLE dios, que calificó de frenológicos, cuyos re— sultados son reconocidos como esenciales y necesarios, mucho adelantaríamos en estu— diar á los animales domésticos y descubriríamos el género humano tal cual es. Es evidente que la Naturaleza hizo impenetrables para el hombre muchos de sus secretos; esta es la causa de que tantolos estudiosfrenológicos, eomo los dela tendencia y revelacion animal, estén sujetosá ciertas equivocaciones; pero no obstante, se ade— lantaria mucho en várias ocasiones. Sabemos perfectamente que la policía de Francia, de Inglaterra y de Bélgica cuen— tan con un cierto número de perros que les. prestan servicios muy importantes. Cuantas veces han ido á hacer investigaciones á algunas casas donde habia pre— suncion de haberse cometido un crímen ó de albergarse algun criminal; como no tenian antecedente ninguno en el libro-verde, ni su retrato les era familiar, se convencian de que sus gestiones no podian ofrecer interés, se retiraban dejando ásus sospechosos en paz. Por datos que recogian, llegaban á tener LS ¡la conviccion moral de quesus sospechas eran fundadas; dirigíanse de nuevo los agentes acompañados de un perro y; este poniéndose furioso, sabalanzándose y simultáneamente mirando al agente, descubria el criminal. Luego se depuraban las indagaciones y rara vez resultaban engañados. No hace mas de 20 años que, en el ca— sino del Principe, sito en la carrera de San Gerónimo, un perro descubrió el ladron de una magnífica saboneta de oro, con su mag— nífica cadena. Muchos casos se podrian mencionar; pero basta lo dicho, para comprender que el perro Paco sabe bien del pié que cogean mu— chos que pasan por grandes señores y eminentes políticos; pues yá es viejo en la sociedad de la mentira y de la farsa. Fué una noche al teatroen que se repre— sentaba La Perla Gaditana, se sentó en una butaca, cual si fuese una persona; du rante el primer acto, estuvo muy alegre y muy contento; en el segundo, como versa— ba todo sobre lo moralidad de los altos cir culos, se durmió tranquilamente, compren— Bera YA diendo sin duda que nada nuevo tenia que aprender. Al instante que una jóven hermosísima habia destronado á un rey, el ruido que hu— bo en la escena le despertó; salió corriendo en busca de gente de importancia, se dirigió á la Zarzuela, se encontró allí ámuchos de de sus conocimientos, sentóse en una butaca; acariciáronle dos ladrones de gran habilidad, que pasan por señores; no conceptuandose muy seguro, echó á correr y saltó á un palco de platea, donde habia un bandido que pasaba por comerciante; tampoco el perro estaba bien; largóse con viento fresco, no hallando sitio apropósito fuese á la calle; despues al teatro de... en fin los cor— rió todos, y no quedó muy satisfecho, sin duda por no encontrar la moral en ninguna parte, como le sucedia al famoso Fray Ge-= rundio. Hoy se complacen la mayor parte de los postas, especialmente los que se dedican á la zarzuela y ¿los bufos, en ser un poco pi> cantes de más; pero no es porque les agrade, fino para asegurar las utilidades; pues el —8— público, sobre todo, el de las grandes poblaciones, no quiere ir al teatro para ins— truirse sino para divertirse y disponerse pa— ra el deleite; esto lo hemos copiado, como otras mil cosas malas, de los franceses, pues si tomamos por tipo lo que Horacio decia del objeto que debia tener la comedia y toda clase de espectáculos, se llenaria más prove chosamente para todas las clases sociales y particularmente, para las mas nescientes, el propósito del escritor. Este es el de entretener, divertir al público, moralizándole é :instruyéndole, al mismo tiempo. Todo espíritu destructor debe ser ex— cluido en todo y por todo. El perro Paco goza de las mayores sim= patias de lo mas elegante de la corte, por— que se presenta muy limpio, no es exagerado en sus hechos, es muy comedido en sus emociones, lleya siempre las patitas tan lim— pitas, que parece que no toca al suelo, nadie se enfada porque le toque en los saltos y. en todos los movimientos de satisfaccion y alegria, porque nadie teme que le ensucie CAPITULO XII, El perro Paco en los jardines de Aranjuez oliendo las flores. La corte estaba en Aranjuez; era Miuis— tro D. Manuel Ruiz Zorrilla, el Rey D. Amadeo le Saboya, Duquejde Aosta, regia la Na— cion española. —Juró la Constitucion; reinó y gobernó con sus Ministros, bajo la Presidencia de Zorrilla. Fué muy popular, se hacia visible en todas partes; nunca se presentó con la magnificencia de los Reyes de la casa de Borbon, sino de un modo modesto y revelando ser hijo de Victor Manuel. A . » a : Los españoles no merecieron nunca un Rey de aquellas condiciones: por eso Jo per— dieron, porque debian de purgar lo mal que correspondieron al más noble y más caba— llero de los monarcas de entonces. El ministerio en los primeros meses, si—- couió el camino trazado en la Constitucion que era Jlano, pero muy largo. | El Sr. Sagasta, posteriormente, gober— nó á su manera, diseustando por completo á D. Amadeo; en fin, entre uno y otro obliga— ron á persoha tan delicada y tan pundono= rosa á cambiar el trono por la vida tranqui— la de su país natal. Partió en compañia de su dignísima es— posa D * M.” Victoria. ¡Qué vergúenza para una nacion de la historia de la nuestra! El jardin de la Isla y el del Principe eran visitados todos los dias por el Rey, su séquito, los Ministros y magnates de todas cgerarquías; hermosísimas damas de nuestra aristocracia, y tambien las señoras é hijas de opulentos banqueros: pasábanse amenísimos ratos, y cuando estaban más concu— » pas rridos los paseos, venia ásorprenderles el agua por medio de los burladeros, colocados al objeto. Agunas veces eran obsequiados los con— * cirrentes con opíparos almuerzos, que la munificencia régia mandaba preparar. La caballerosidad y galantería de Don Amadeo daba cierto colorido á aquellas reu— niones, que merecian el aplauso y la alegría segun se revelaba pública y notoriamente. D. Amadeo era demócrata de corazon, y sabia, no obstante, conservar su dignidad como Rey, y. en presencia de los aristócra— - tas, descollaba entre todos ellos. Supo siempre respetar-y considerar todas las clases sociales, sin que ninguno pusiese mala cara al verle. Por si faltaba alguna cosa: para hacer brillar á este Monarca, tenia á su lado una virtuosa señora contra quien nunca pudo es— trellarse la maledicencia. Verificábase un dia un baile campestre en el Jardin de los Príncipes y el perro Pa— co asistió ¿4 él: siempre que D. Amadeo le vela, salia á su encuentro, ds to—- 98 dos y daba una vueltecita por los alrededores del improvisado salon, dirigiendo palabras cariñosas al perro, que agradecia con - demostraciones de alegria y satisfaccion. Ocurrió que cierto dia se presentó entre las señoras una cierta Baronesa, que disgus= tó sobre manera tanto á 1). Amadeo, comoá -su señora. El Rey fué distribuyendo á todas las señoras unos lindísimos y pequeños bouquets, de escogidas flores, sin olvidar á la Baronesa. | | El perro fué oliendo todos ellos y, cuan— do llegó á oler el de la Baronesa, se lo arre— bató de las manos y lo arrojó en un estanque próximo. ; Allí se bañó y se lavó bien y, despues de dar una vueltecita por todo el jardinsin du— da para secarse, fué á sentarse muy próximo á doña Maria Victoria. El Sr. Ruiz Zorrilla habló con la Baro- «nesa y la entregó un nuevo bouquet; pero no tardó en serarrebatado por el animal, que esta vez lo arrojó á los pies del Ministro. Aquí empezaron los disgustos y el —Y9— preámbulo de la caida del Sr. Ruiz Zorrilla. -Lagrande armonía, que reinaba en aquellas reuniones, fué interrumpida por cierto incidente desagradable, que no tuvo conse— cuencias; pues el duelo, que debió verificar— se no tuvo efecto, eracias á la intervencion de dos aristócratas, que ya pasaron á mejor vida hace algunos años. El perro Paco, despues de su última proeza, salió precipitadamente deljardin, se fué á la estacion, y, siguiendo á un célebre banquero y Marqués se metió en un coche de primera clase y regresó á Madrid; continuando su viage para Andalucia, aprove- _chando el conocimiento y simpatias de cier— ta Duquesa, que se dirigia á su casa solarie— ga en una de las ciudades andaluzas, Grande alarma se produjo en la corte y, las señoras y caballeros de la más antigua. y esclarecida nobleza, se retiraron de Madrid; algunos fueron álas provincias, otros al ex —trangero. Ninguna culpa tenia D. Amadeo, ni Don Manuel Ruiz Zorrilla, pero este cargó sobre — sus espaldas la responsabilidad; pues es in- 00 pa dudable que entonces demostró ser más es— tratégico el Sr. Sagasta que el Sr. Zorrilla. Este fué un verdadero demócrata y como tal fué reconocido en Florencia, porel mis— mo Victor Manuel, cuando, como presiden— te de la comision nombrada para ofrecer la Corona de España al Sr. Duque de Aosta, «se dirigió á la entonces Córte de Italia. Por todas las ciudades, villas y pueblos, por donde pasó la comision, para llegar á la ciudad bañada por el Arno, fué objeto la co mision, y especialmente él, de las mayores pruebas de simpatia y de amistad. En el palacio, residencia del rey, en el Ayuntamiento, en los jardines de la Cascine, en todos los banquetes, en una palabra, en todas partes, España fué honrada y altísimamente considerada por la inmensa multitud que recorria las calles entre ban-— deras, gallardetes y jardines improvisados. en la persona de D. Manuel Ruiz Zorrilla. Ninguno de los personages de la revolucion de Setiembre, llegó á donde aquel ministro, que, hoy expatriado, queda con— siderado, por los del antiguo partido radi- —101— eal, como cosa que llevó el viento. Sin embargo, Zorrilla, caminando siempre adelante, dejando rienda suelta á sus ideas, no solamente no quedó postergado para siempre, sino que cuenta con numerosos amigos, que le alientan y consuelan en su proscripcion, que le fortifican con la esperanza de que, cual otro Bepo, volverá á su pátria y la saludará, al poner el pié en su pais natal, con aquellas palabras que Bepo saludó al suyo. «Dichosa patria mia!...» El General Serrano es uno de los caba— lleros que mas han merecido de la pátria, y, cuando fué Regente del Reino, supo dar á España el brillo y el carácter digno de su - historia; silos hombres que le rodeaban hubiesen cumplido como él, entonces Espa— ña no hubiera llegado al estado en que se vé, -Las dos figuras brillantes de esta Nacion, desde la revolucion de 1868, son sin disputa ninguna, el Sr. Duque de la Torre y Ruiz Zorrilla, Los demás han sido obstáculos que han —102— venido á entorpecer, por sus miras particu— lares, á los dos hombres políticos. - Esto no lo digo yó, lo dice su historia. El General Prim fué un grande hombre, intrépido cual ninguno, político y diplomático sui generis; pero tiene un borron muy erande en su historia; «haberse hecho Ca-- pitan General y haber votado por la Monarquia,» dando pruebas de ambicion y de ingratitud superlativas. El General en el momento de desembar— car en Cádiz, debió dejar de ser General, y apellidarse exclusivamete: el ciudadano D. Juan Prim; en la Asamblea, debió de votar en favor de la República y no de la Monarquía; en este caso ni Ruiz Zorrilla, ni el Duque, hubiesen brillado en primer lu-— sar. Declaróse monárquico y no estuvo con forme con los partidarios de la Monarquia, sino exclusivamente consigo mismo. Pobre General! dura fué la venganza de sus enemigos!,.. España respetará siempre su tumba y le rendirá el tributo de que, por bastantes conceptos, es merecedor. —103— El perro Paco, en su excursion á Anda= lucia, fué el objeto de las demostraciones de cariño de todos los frecuentadores de la casa de la Duquesa, y cuando ella regresó á la Corte, volvió en su compañia, de quien no se separó en dos meses. Posteriormente, cuando el Sr. D. Ama— deo cambió su tren régio por la berlina de plaza y se dirigió á la Embajada de Italia, no faltó el perro Paco á mostrarle su sentimiento, como dándole á entender que Espa— ña no queria su alejamiento sino su presen— cia, si renunciaba á ser Rey, que aceptase el título de ciudadano. Era tarde; D. Amadeo estaba resuelto. e .- —110— Por eso se largó de Madrid y les siguió, hasta que tuyo éxito la revolucion de Setiembre, Al mismo tiempo, que tuyo la lucha con otros perros, discutian, ó mejor dicho lucha— ban, en cierto gabinete reseraado, hecho ad hoc, diversos militares y eminentes po— líticos, lo cual olfateó el animal y por eso no quiso entrar en la taberna porque no creyó, sin duda, que no habia motivo para ser des— leal. Esto lo tenia ya probado de antiguo; pues cuando estalló la revolucion de 1866, se encontró en el campo de los combatien— tes, saliendo completamente ileso. Como el General O'Donnell tuvo cono— cimiento de los planes de los revoluciona— rios, á las tres y media de la mañana, hora en que hacia poco se habia metido an cama; se vistió deprisa y corriendo y, seguido de varios Generales y del perro Paco, se diri- _gió por la calle de Alcalá, puerta del Sol, calle del Arenal, plaza de Oriente, Palacio y cuartel de S. Gil. El perro Paco estuvo al lado del Gobier— --111— no cuando atacaba los insurrectos. El General Blas Pierrad, habiendoresba— lado su caballo, cuando más balas cruzaban sobre su cabeza, encontró proteccion en el Palacio del Duque de L., de donde salió dis— frazado de cochero; mientras, desde el cuar— tel de guardias de Corps, sostenian un fue— so vivo y extraordinario contra los insurrectos, que estaban fuera del palacio de L* Sin embargo que la revolucion fué ven— cida, poco tiempo despues Narvaez (aquel famoso de las naranjas), vino á sustituir á O* Donnell en la Presidencia del Consejo y rainistro de la Guerra. : - Los políticos de buena fé han sacrificado, y los de mala fé han glorificado su nombre. Este es el mundo, quien peor cumple más brilla en él. -—— Blas Pierrad cumplió con su deber; pero los confabulados con él le faltaron ienomi- - nlosamente. / No fué á él solo á quien le sucedió esto, sino á otros muchos. El traidor que, cuando el mayor tiroteo en la revolucion, jugaba al escondite en la de tea 5 y ] calle de Jardines y, con mil precauciones, se atrevió á ir hasta el Suizo, á las 3 de la tarde, ocupa hoy una gran posicion y es Excmo. Sr,; lástima da que, quien no tiene nada de excelente, tenga el título de exce-- lentisimo, Cuando dejó, á altas horas de la noche, . álos revolucionarios, fué á la presidencia y enteró á D. Leopoldo de todo cuanto pasaba. Bien haria en publicar su nombre, pero no es necesario; él, si lee esto, comprenderá á quién se refiere y no faltarán políticos, que recorran su memoria y den con él.. Esto no lo digo porque quiera poner en' evidencia tal cual hombre político, sino por— que quien falta á los deberes de caballero una sola vez, debe ser completamente des— paeciado de la sociedad. El General O'Donnell fué uno de los grandes Generales y políticos de Europa: su historia es bien conocida, su nombre es inmortal, lástima fué que se mostrase tan san— guinario fusilando tanto sargento de artilleria; pues, en el siglo en que vivimos la práctica rigurosa de la disciplina se vuelve A as 113 contra los imprescindibles deberes del hombre. | | La bondadosa D.* Isabel II no pudo ver con impasibilidad tanto sacrificio, y es indudable que D. Leopoldo perdió todas las simpatías solo por aquel hecho. El perro Paco no ha gustado nunca que le hagan fiestas ciertos hombres que ocupan una posicion extraña á sus merecimientos, pero, no obstante, ha sabido tolerar en la sociedad de sus amigos la presencia de tal gente. CAPITULO XIV. El perro Paco en el Teatro Real. Era noche de gran fiesta; en el Teatro Real tenia lugar el estreno de una notabilísima ópera; todos los ministros, con el presidente de la República, darian con su presencia /realce al espectáculo; la aristocracia faltaria porque estaba viajando por los paises extrangeros; la concurrencia, sin embargo, deberia ser excesiva, Llegó la hora; llénase el Teatro; her— raosas damas manifiéstanse en los palcos; distinguidos caballeros ocupan las butacas; inmenso pueblo llena el paraiso: todas las —116— demás localidades vénse ocupadas por la clase media y gente rica, pero mezquina, ó como ellos quieren decir, económica. Empiezan los acordes de brillante sin— fonía; son de pronto interrumpidos por la llesada y presencia en su palco del Sr. Castelar; toca la Marsellesa, y, despues que el Presidente saludó á amigos y enemigos, empiézase de nuevo la sinfonia; todavia tu— vieron los músicos que hacer pausa porque los vivas á la República, y los aplausos á la orquesta, parecian no tener fin. Vuelven los pacientísimos eminentes profesores, que siempre han hecho parte de la orquesta del Teatro Real, á comenzar su sinfonía, cuando gritos desesperados de muger yinieron á obligar una nueva pausa, que no estaba indicada en los papeles de música. Pronto se vió, en el antepecho del pa raiso, una lucha empeñada entre diversos sugetos de aquellos, que la levita y todo traje de caballero les sienta lo mismo que si pusiesen á un Santo Cristo una corona de rosas. A 3 —]17= En menos de cinco minutos, corrió de boca en boca la siguiente historia: La Teresita de Lavapiés fué sorprendida por su marido en el Teatro. Estaba muy descuidada con su amante... como la cosa no ofrecia interés por ser mo— neda corriente, la orquesta dió principioála sinfonía; pero fué interrumpida de nuevo, porque los luchadores del antepecho se re— sistian á obedecer la órden de la autoridad, trasmitida por sus agentes, de abandonar el Teatro. | En fin, estaban los músicos preparándose de nuevo para la sinfonía; esta vez iban yá vencidas las dificultades, todos prestaron atencion suma. Levántase el telon y sale el empresario á anunciar al público, que por indisposicion repentina de la signora prima donna, no podia tener lugar la ópera anunciada, siendo sustituida por... En esto se arma un escándalo mayúsculo, entra precipitada— mente en el Teatro el perro Paco con una corona real en la cabeza y un gorro frigio en la boca, diríjese por medio de lamuche- ULA e dumbre que grita: fuera! fuera! y rasga en mil pedazos el tal gorro; ármase la de S. Quintin, entra la guardia civil al mando de un coronel; el Sr. Castelar, ni nadie es vespetado; todos debian desalojar el Teatro: las puertas eran pocas y pequeñas para tan— ta gente, las damas se desmayaron, hubo palos y bofetadas, algunos desfogaron su bilis gritando con la fuerza de sus pulmones, protesto! protesto! Los sables desnudos parecian que iban á convertirse en cuchilla de carnicero... por fuera grandes precaucio— nes militares... en fin, la mar... hasta con tiburones. —Como.es muy díficil encontrar un hombre, que sirva para todo, no tiene nada de particular que el gran tribuno, por su pusilanimidad y por su falta de energía tuviese que sucumbir á fuerza mayor. Estas son dotes que da la Naturaleza y por tanto no hay nada que decir. ¡ - Loque no tiene disculpa ninguna es, que en su claro talento no haya querido nunca convencerse que no servia para hom— bre político; pues se necesita manejar la lengua y la pluma con la misma facilidad —119— que la espada, ó, lo quees lo mismo, es ne— cesario un carácter enérgico y escepcional para sobreponerse á todo el mundo en cier— tos momentos, en los cuales el político se vé precipitado con prevision ó sin ella. El Sr. Castelar, es el orador del siglo, ha pronunciado discursos brillantísimos é imposibles de imitar, especialmente aten— diendo á su forma y armonía; aunque sobre -— su fondo, examinado con detenimiento. ha— -bia mucho que hablar. El estilo produce muy buen-efecto, pero muchas veces hay palabras tan altisonantes y tan sublimes que hasta el más instruido tiene que recurrir al Diccionario. Estas, como sabe muy bien el Sr. Caste— lar, no son las condiciones de un discurso político, pronunciado frecuentemente ante un auditorio, iznorante en su mayoria. En fin, para terminar, constará siempre su nombre con el calificativo de gran tribu— no, y de eminente orador, para siempre ja— más; esto es, quedará inmortal. El perro Paco no tuvo culpa ninguna de loque pasó, porque habiendo seguido á —126 que tener, el pobre millonario y su muger murjeron envenenados por este eanalla que, luego mas tarde, habia de aparecer como un gran señor. Su aspecto no puede ser más vil, Dios le castigó con una enfermedad, que le hace pasar momentos muy amargos; su muger es una tia que tiene tambien bonita histo— ria. —No la cuento por respetos á una desgraciada niña, áquien he querido y quiero mucho. El perro Paco llegó á la quinta, la atra— vesó toda, entró en la casa, cuando el mar-— qués contaba su dinero en oro y formaba montoncitos como, el sopista mendrugo, apoderóse de unos papeles antiguos y se los llevó en. la boca; salió á paso precipitado, llegó á la aldea del Rataplan, se acercó á un hombre que con su muger y su hija comia tranquilamente debajo de un emparrado, el cocidito de todos los dias, dieron un hueso al animal, tendióse en el suelo, dejó los pa— peles á un lado, y con la boca, auxiliada de las manos, royó el hueso; mientras el hombre, cogió los papeles, leyó el principio, A 8 py 6 descubrió la gravedad y los guardó en el bolsillo. E] perro quiso morderle, pero otro, más terrible que él, le hizo huir más deprisa que un tren express. No tardó el Marqués en recibir la visita de un antiguo bandido, que se presentaba - á venderle unos papeles, que indudable— mente habian sido extraidos de su casa El Marqués, con aquella risa infernal, á lo Mefistófeles, deja solo al bandido y no tar— dó en volver con un rewolver en la mano. Era yá de noche, el perro Paco entra de -_ renente, se precipita sobre el Marqués, este queria matarlo, el animal huye corriendo por las mesas, dejando caer los quinqués, vertiendo el petróleo y mordiendo en la nariz al' foragido Marqués; el bandido, en la oscuridad, penetra en las habitaciones interiores, coje por la cintura á laniña y por la ventana huye, y apoyándose en un árbol muy inmediato, llega al suelo; en— tónces el perro Paco impidió el rapto, ó me— jor dicho el secuestro; vienen otros perros, viene el marqués, y el bandido fué cruel-— Z e e > » 2 a e E E A A | 128 mente mordido y asesinado; el perro Paco huyó porque no simpatizaba con tales per ritos, si bien estos no se mostraban muy furiosos contra él. | En aquel momento no tuvo el Marqués tiempo de hacer levantar el cadáver, cuando se presentó la guardia civil acompañada de la autoridad correspondiente; registraron los bolsillos de la víctima y sacaron entre otras cosas los papeles importantes que el perro Paco llevó en la boca. Para llevar á efecto las primeras dilicencias, fué encerrado en una de las habitaciones el Marqués, con centinelas en las puertas, el cadáver fué levantado y colocado sobre una mesa, en un cuarto del palacio; mas tarde los médicos estuvieron conformes, de que'la muerte habia sido causada, no por las mordeduras de los perros, sino por una bala cónica de rewolver, que penetró en el corazon. Fué extraida la bala y se comparó con las otras que el rewolver tenia; pues este fué hallado por casualidad entre las plantas del jardin; para pleno convencimiento de que fué el Marqués y no otro el que cometió el crimen, el revólwer era ieual á otros dos que se HaMaroHia la cabecera de la cama del Marqués y todos trés tenian sus armas; en fin, para concluir, aquello tuvo una solucion. favorable para el tal gran señor, sin duda, apesar de que las principales apariencias parecián acusarle, debieron encontrarse las pruebas necesarias para el sobreseimiento. Respecto á los papeles indudablemente referentes á Carolina y ásus padres, ó se perdieron, ó no ofrecian interés ninguno. El muerto quedó muerto, pero el vivo debia de vivir para tormento de la humanidad. : Desde la cima de la montaña más eleva da, descubriase el valle, la gran verja y la encantadora casa blanca. —En aquella altu— ra me hallaba yo, un dia del mes de Junio, en ocasion que estalló una tempestad horrible; diferentes rayos cayeron, tres de ellos en la casa blanca produjeron incendio; dióse la voz de alarma por los criados de la ca— sa; muy poblado estaba el valle, pero nadie acudió en auxilio; todo quedó reducido á ce- 9 o —130— nizas. Carolina, dos criadas y un criado, salieron completamente ilesas; corrieron por el valle y hallaron gente pobre, pero carita— tiva, que les dió hospitalidad. | Algunos dias despues procedióse á sacar los cadáveres de entre los escombros; allí estaba el Marqués, enteramente carboniza— do; sus criados, caballos, perros, enteramen— te descuartizados. ¡Muerte horrible é inesperada que cons— ternó todo el valle! D.* Carolina, siete años despues, erigió una suntuosa capilla expiatoria , bajo la advocacion de Nuestra Señora de los Desamparados. La pobre jóven se casó con un empleado del Ministerio de Hacienda, con 6,000 reales de sueldo, por supuesto con su descuento respectivo; fueron siempre muy felices, tiene tres niñas y hoy goza aquel empleado de una gran posicion debida á su talento, 4 su laboriosidad y á su honradez, -Si, por casualidad, llega á leer estas líneas, estoy seguro que las considerará —131— como una prueba de recuerdo y de verdadeamistad. Respecto á D,* Carolina, mándola respetuosa y cariñosamente mis más expresivos recuerdos. e py E Ss CAPITULO XVI. El perro Paco y mi humildisima persona. Un acto, de los que se verifican muy amenudo, me hizo abandonar mi patria y separarme de mi familia. Nunca fuí político, jamás dependí de na— die, no recuerdo haber recibido el mas mínimo favor, he sido toda mi vida bueno y generoso para todos, he recibido en pago, desprecio, ingratitud, injurias, calumnias etcétera. La conciencia no me remuerde; vivi en la opulencia; alterné con la alta sociedad, no solo española sino europea; soy Muy co- A TA nocido por muchos conceptos; hoy paso casi desapercibido junto á infinitas personas, que me deben dinero y posicion. Pasaron años, perdieron mi fisonomia, no me conocen yá. No es extraño, soy un cenobita en medio de la sociedad, no tengo más compañia ni más amistad que mi estudio y observacion constante; mi única distracción es emborro— nar papel. —Estoy contento, sin embargo, porque no he tenido nunca el honor de merecer una prueba de gratitud de los muchos que he elevado yo.—Puedo asegurar, arrancando esta confesion á mi corazon, que me moriria de pena el dia que tuviese necesidad de decir; «tengo una posicion brilante, soy acatado y considerado, todo lo debo á fulano.» No llegará nunca á sucederme, porque hace mucho tiempo que formé el propósito de ver si un hombre, puede ser algo por sí, sin proteccion de otro. Yo trabajo, para la sociedad, para mis semejantes, recibo el auxilio de la colectividad, pero no de la individualidad. El perro Paco me conoce, hace muchos ES Edi años ha viajado conmigo, ha corrido muchas vicisitudes, ha sufrido desengaños, pero, por último, unióse á los personages de quien yo me separé.—Siguió á los políticos con una constancia natural, tratándose de perro ha recibido caricias y puntapiés. Es viejo, yá está desengañado, pero el pobre no puede hacer lo que yo, no puede meterse en un rincon, no puede escribir ni ganar su vida. Desde el momento que deje de frecuen— tar los grandes señores, que se ocupan de banquetes, de bailes, de lujo, de ostenta cion, de política, de farsa y de murmura— cion, muere sin remedio, porque estaria condenado á la vida aventurera en circulo desconocido para él. — Tendria necesidad de aprovecharse del descuido de un carnicero, tocinero, cocinero, etc., para apoderarse de buena carne, jamon ó solomillo, con el riesgo de perder su vida. | | Yo quiero mucho al perro Paco, no merecia el animal ser perro, estoy seguro que si algun dia se determinase á hacer conmigo un viage como el que hicimos á Italia, á —142— blica, hombres que han quedado imposibilitados en el servicio militar. Los distinguidos militares no debian consentirlo en caso que el Gobierno los de— satendiese. En fin, perro Paco, si nosotros nos diri- - jimos al sol, estamos seguros de encontrar al planeta Venus y nos presentaremos á él, como enviados extraordinarios y Ministros plenipotenciarios, y al menos en la aparien— - cla, seremos muy bien recibidos. Nada respondia el perro, pero me manifestaba con ciertas demostraciones su asentimiento. Partirémos, si! dije yo. CAPITULO XVII. El perro Paco en casa de la Baronesa del gran Talisman, Qué viento hacia aquella noche del 18 de Julio! parecia enteramente que todos cuantos pasáramos por la calle de Miente— fuerte, íbamos á ser llevados como si fué- | semos papelillos. e En mi vida conocí cosa igual! | Hacia un ruido que asemejaba al que se produce en los teatros al anunciarse la apa— ricion del Diablo. Lejos estaba el palacio de la Baronesa, pero como las personas que iban áreunir— a o Y la manera de andar? Esa si que era ui tene e. se allí tenian coche, poco importaba la distancia. La tal Baronesa daba risa verla. —Mu-— ger de 50 años, con el pelo teñido de color indefinible, gordita como pocas, fea sin copia, ojos pequeñitos, pero sin expresion ninguna, enla cara un par de chapas que hacian contraste con toda la figura; pues revelaba salud á toda prueba en su sem-— blante y en su todo. , No obstante, padecia mucho del higado y, sin duda por eso, tenia siempre un genio infernal. La Baronesa era una santa, segun decian sus amigas, y tenia muy buen cora zon. , E vella. noche estaba hecha un cielo, ong un vestido de color de rosa con enca- -3es y otros mil adornos, que parecia una $ “muñeca de, confiteria, con bombones ó sin ¿uellos. . y Ea La cab a adornada de brillantes y per— Tas, que la sentaban tambien, que parecia un portento. ¡ > € Ds ¿A —145= eraciosa, balanceábase de tal modo, que se asemejaba al columpio del tio vivo. Los convidados empezaron á llegar y la buena señora recibia con cierta franqueza, que revelaba que en su vida se habia visto - en otra. La aristocrácia antigua no estaba repre= sentada allí, habia muchísimos títulos de aquellos que calificaba (cierta.Sra. Condesa, muy respetable, que hace aleunos años que murió) de Estorba caminos; muchos poten— tados hechos de repente y un sin número de señoras y señoritas, algunas con muy bonita historia. ; No habia ministros, ni senadores, pero sí aleunos diputados de los llamados mudos, procedentes del comercio, y caciques de los pueblos, donde explotan la agricnltura con los brazos y la práctica de pobre. gente, que vive, llena de miseria y de privaciones, para que el hijo del tiesfulano ya ya á la corte á hacer el papel de señorito. Yo, como no soy partidario del desquiciamiento social, gusto dhda cual en sy te Treno. ó 2% IEA 10 E —146— Las revoluciones nos han dado á conocer enel gran mundo séres que merecian res— peto y simpatias, si se hubiesen conservado en su centro, donde prestarian eminentes servicios ásu pais y á sus semejantes; por lo contrario causan risa, desprecio y perjuicio muy trascendental. La Baronesa era inmensamente tica, se desprendia con facilidad y con frecuenciade grandes sumas, para los asilos, hospitales, inclusa, etc., lo cual es muy sensible; por= que las limosnas deben de hacerse con reca— to y con provecho. | Yo creo que seria mucho mas satisfac— torio para la persona caritativa, 11 ella misma y distribuir por su propia mano á cada enfermo, ¿cada acogido, preso ó presidiario, su óvolo correspondiente. 1 ¿Noseríauna cosa encantadora verá una señora vestida de negro, con su velo muy tupido, seguida de una criada, entrar casi “al crepúsculo vespertino, en un establecimiento de esa clase y guardando siempre el incógnito? Me parece que si. —147— » Los empleados de dichos establecimien— tos son muy dignos y muy honrados, por lo general, pero entregada la limosna por ellos, siempre da pávulo á murmuraciones, como por ejemplo: Cuando este nos da una pese— ta ácada uno, cuánto no le quedará entre las manos! Esto no lo invento yo, es textual. Los pobres empleados son heridos en su honra, nada mas que porno hacer la caridad como es debido. 4 La persona caritativa no debe cuidarse tanto de los establecimientos de beneficen— cia y penitenciarios, sino de los que sufren y mueren en un rincon. Tampoco son útiles las limosnas por re- -comendaciones, porque esto, con raras es— -cepciones, puede dar lugar á un comercio como otro cualquiera. : La señorita doña Jimena Pindaro de - —Brocamonte, descendiente de una familia - noble, cuyos antepasados se distinguieron en los campos de batalla por su valor y su bravura, hija de un comerciante de ferre— sa d Ñ E ' y EAS e IMA EA o A ns did 4 A AS de —148— ; teria y quincalla, que á fuerza de trabajo y constancia, segun él decia, llegó á tener la pingúe fortuna que hoy disfruta, que le per— mite vivir lejos de los. negocios, con lujo. y ostentacion, eozando además del título de Vizconde del Campo de los matorrales, tocó en el piano, con perfeccion, un coro de las Visperas Sicilianas. Las distinguidas señoritas doñía Beatriz y doña Enriqueta Villamuro y Placentina, hijas de un coronel que murió enel cumpli— miento de su deber en el campo de batalla, descendientes de familia noble y emparen— tadas con la grandeza, tocaban á cuatro ma-— nos, una pieza sobre motivos de La:crecia Borgia. Estas jóvenes, bonitas y bien educadas, de 20 y de 18años, viven como profesoras de piano y fueron protejidas por la señora Ba— ronesa, en términos que la llaman mamá. Efectivamente, ellas hubieran perecido de hambre sinó hubiera sido pr la Baronesa, que, informada por sus criados, de la po— sicion de las huérfanas, las reeogió en su casa, las proporcionó profesoras y las dió —149— P educacion; despues, cuando estuvieron en el caso de ganar su vida, las cedió un cuar— to modesto en el tercer piso de «una casa de su propiedad y las señaló una pension, que continuaba pagando religiosamente todos los meses, además de las lecciones, que deben á tan caritativa señora. Ellas van, generalmente, á todas las reuniones de la Baronesa, como profesoras. Solo hablan con pocas personas, porque son pobres, viven de su trabajo y por con— siguiente, no pueden alternar con gente de alto copete. La señora doña Luisa Quiteria Chinero Rondieote y Gondolfiere, Condesa de la - Garduña, viuda de dos maridos, notable por el proceso que hizo tanto ruido en Madrid, sobre sospechas de envenenamiento. Acusaban á la tal señora de haber envenenado á su segundo marido, y por sospechas de ser la segunda edicion. Quedó absuelta y.... cantó con mucho descaro y desenvoltura La Rabanera. El caballero italiano Pelly Nettini Cap- —palino, tocó'en el violin Zi Carnaval de ñ Ms - a — ARA > A CU SAN EC E QA 150 Venecia, acompañado al piano por el eran maestro compositor aleman, Sr. Windervo- -lHenhausen. La signora Teresina Pittinelli Cappe— lluccio, prima donna absoluta en el Teatro Real, cantó con mucha gracia y maestria una cavattina.... En fin, fueron alternando los profesores y los aficionados en divertir á los dilettantis y á los legos en música, que eran muchos en número, reinando en el salon la mayor animacion. Serian las once y media de la noche cuando la señora Baronesa recibió una car— ta, cuyo contenido era el siguiente: «Eucelentísima señora Baronesa.—Por lo que mas quiera en este mundo, tenga V. E. la. bondad de mandarme mil duros para esca— parme con mis hijas: pues mañana será tarde. | Hubo un traidor, fue descubierta la conspiracion... Corta será mi vida para mi agradecí miento.» La Baronesa guardó su carta, sin dar co— —151— nocimiento á nadie de su contenido. Tocó la campanilla y preguntó á su mayordomo quién la habia entregado. El respondió: Señora Baronesa, es un hombre con aspecto venerable y al parecer extrangero, que está en este momento to— cando en la calle el organillo, acompañado de dos niñas de 104 12 años, poco mas 4 menos.—Que suba! Empezaron los cuchicheos y las mur— -muraciones por el espectáculo denigrante que-iba á tener lugar. La señora Baronesa hizo entrar al hom= bre en el salon, y nohay que decir que mu— chos se pusieron en movimiento porque com-— prendian el resultado poco beneficioso para sus bolsillos; pues los muy ricos y los aven— tureros no tienen grande inclinacion á hacer bien á nadie. El hombre tocó sobre motivosde la Nor ma, en un organillo bastante viejo y malo; parecíase mucho á los óreanos de Móstoles. La Baronesa tomó en su mano el platillo de metal, que tenia una de las niñas y fué recurriendo á las señoras y caballeros, ha-