Los sepulcros
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LOS SEPULCROS HERVEY, TRADUCIDOS DEL FRANCES POR EL DOCTOR Don Aanuel de Gorro, TERCERA EDICION CORREGIDA Y ENMENDADA., Co, OUT. MADRID : IMPRENTA DE SANZ. 1830. o A A TRATA SE HALLARÁ EX 6U LIDRERÍA, CALLE DE CARRETAS»
Pulveris exigui sparget non longa vetustas Congeriem: bustumque cadet: mortisque peribunt Argumenta tuz; veniet felicior vtas, Qua sit nulla fides saxum monstrantibus istud Atq, erit ZEgiptus populis fortassenepotum Tam mendax magni tumulo quam Greta tonantis, Lucax. PHARrsAL. LIB. IX, im
PREFACIO. A escribir Hervey sus meditaciones sobre los Sepulcros, lo dirigian sin duda los impulsos de su natural piedad, y las luces que le daba el modelo que se propuso seguir, que fueron las noches de Young. Nadie ignora el mérito de este escelente modelo, y se puede conocer ademas cuan sublime fue el motivo que resolvió 4 Hervey á la ejecucion de esta obra por la sucinta, aunque natural pintura, que he procurado hacer de su buen caracter é ing-
(4) truccion en la vida que precede á sus Sepulcros. Estos dotes, wuidos á un talento decidido para esta clase de producciones, pudieron formar una pieza capaz de escitar las sensaciones que en pocos han dejado de producir estos Sepulcros cuando los han leido con atencion. - Seria preciso suponer en todos los lectores una apatía muy odiosa, para que esta obra no mereciese de ellos todo el aplauso con que los recomendó la ilustracion de Inglaterra y de la Francia. Quince ediciones de ella se habian hecho en ingles | en poco tiempo , cuando llegó 4 manos de Mr. Le-Torneur, que la tradujo en su idioma frances, y todos
(5) la juzgaban una digna imitacion de las noches, que son las delicias del entendimiento y del corazon, por la energia de su estilo, y la sublimidad de sus pensamientos (1). El traductor Le-Torneur eligió los Sepuleros, como una de aquellas obras que debian perfeccionarse en sus manos. Este frances, cuyo génio para las traducciones lo hizo tan célebre, tenia, dice el autor de los tres siglos de la literatura de (1) Jamas leo esta admirable pieza, decia el mismo Heryey, hablando de las noches de Young, que no me yea impelido á esclamar: Tecum vivere amem, tecum obeam libens, Y pl
(12) manuscrito. Posteriormente conseguí la edicion de Amsterdam de 1771, que es muy correcta. Á instancia de muchos aínigos , deseosos de que se haga una nueva edicion de Hervey , he tomado el trabajo de traducirlos nuevamenté por la citada edicion. Procuré que esta traduccion saliese lo mas ajustada al original que yo pudiera, sin que por esto pareciese la obra en castellano menos enérgica y brillante que lo es en el original, para lo que tomé algunas veces ciertos giros de impresion, que aunque en lo material no sean los mismos -de Hervey, tam=- poco invierten su sentido. «e El traductor filósofo , dice Mr, de Alem- e
(13) bert en su ensayo sobre la traduc= cion, esto es, el que se atreve á no ser servil, y no quiere ser oscuro donde lo está el testo, debe abandonar el giro que este lleya cuando lo exige el sentido, ó para la claridad, ó6 para la vivacidad. — La mayor parte de los traductores , supersticiosamente adictos á sus originales, se creerian culpables si hermosearan los lugares débiles ; estos se limitan solamente á ser unos meros copiantes, temiendo ser rivales de sus au- 1 tores si no se permiten otra cosa que ser muy inferiores á ellos.” El público juzgará si he acertado en mi trabajo, del que yo quedaré muy ufano solamente con procurar
(14) ¿ los hombres en esta obra una pintura de su miseria, que sin dejar de ser útil y ejemplarísima , está ejecutada con el colorido y espresion que forman las delicias de un siglo filósofo, y que sospecha siempre alguna bajeza en todo lo que no se le presenta bajo el dorado de un estilo brillante y fecundo de todas las gracias de la imaginacion y del sentimiento. He añadido un Sepulcro, que es el último, conforme en cuanto pude “con los de Hervey , y en el que refundí el discurso que se imprimió en la primera edicion con el título de Hervey á los lectores de sus Sepulcros. No sé si habré acertado en
(15) esta prosopopeya, que sustancialmente no contiene sino el dicho discurso , que no quise omitir por la fortuna con que este ha corrido. Si esta adicion no agradare á alguno, podrá omitir su lectura , sin dispendio del gusto que le producirán los Sepuleros, de los que está enteramente separada. Agregué tambien al principio un compendio de la vida de Hervey, en el que mo hice sino seguir de muy cerca los pasos que did Le- Torneur para escribirla. Fue preciso apartarme muchas veces para evitar prolijidades, d por no sorprender 4 algunos lectores incautos con elogios muy superiores á los que se deben
(16) 4 una virtud puramente natural, y á un celo manchado con el borron torpísimo de la heregía y del cisma. Estoy muy lejos de recomendar á Hervey , sino como á un hombre de bien y de bellísimo caracter; pero sus virtudes naturales y políticas no son dignas de los encomios consagrados solamente á las virtudes animadas de la fe del catolicismo, único taller y centro de ellas. Los escritos de Hervey , enriquecidos de la mas esquisita filosofia, son dignos de colocarse al lado de los mejores filósofos de la antigiiedad; sus descripciones poéticas, yivas y animadas del fuego mas brillante de la imaginacion, lo hacen
(17) acreedor á los aplausos y entusiasmo con que leemos á Milton, 4 Young, y á otros semejantes que fijaron el gusto de la literatura, y dieron unos modelos en sus obras. Manejó Hervey el pincel de la naturaleza con toda la maestría que era precisa para pintar unos cuadros en que resalta el colorido mas suave, la dulzura mas atractiva, y el sentimiento mas patético, Tantas pinturas, particularmente de desengaño, como se encuentran en las obras de este escritor, nos prometen que al mismo tiempo que producirán en sus lectores un deleite sabroso y encantador, los harán sacar las consecuencias que se dedu-
(18) cen de la atenta reflexion de los monumentos tristes de nuestra morta=. lidad, en los que se aprende á valuar el mérito verdadero de las pomposas nadas del mundo, y de los fugitivos y falaces encantos de la vida,
AE ARAS TA CoOVLVPVVLOVLLESVLILOLLAN Tn o 5 —— *£%, Nació Hervey en Hardingsthon, ciudad cercana á Northampton en 17 de febrero de 1714. Muy breve descubrió en sí una disposicion admirable para las lenguas cultas , en las que hizo rápidos progresos. Viéronse estos detenidos por una injusta emulacion, que produjo en Hervey cierto amor al descanso, que inutilizaba sus buenos disposiciones y talentos. A los 17 años de su edad fue enviado por su padre á la unis
(20) versidad de Oxford , en donde se estinguió enteramente en el joven aquel disgusto que habia concebido de las letras. Entregóse ávidamente al conocimiento de la física, cuyos fenómenos son los primeros amores de la ' razon de un hombre, que comienza á ver en el mundo el bello espectáculo de los cielos, el poder de los elementos, y la estructura orgánica de su cuerpo. Una aplicacion infatigable, una imaginacion viva y fecunda, y unos sentimientos propios de un corazon el mas sensible y el mas honrado, le merecieron la estimacion de cuantos lo conocieron. Incapaz de prestarse á los impulsos de la ambicion, aceptó á fuerza. X
(21) | de muchas instancias el grado de maestro, cualidad necesaria para reunir en_st la posesion de dos parroquias , que su madre, su hermana y sus amigos lo empeñaron á reci> bir con las mas vivas instancias. Contento con sus pequeñas rentas, que no le hubieran bastado para vivir sin los auxilios de sus amigos, lejos de desear aquel ni otro empleo alguno, solo aspiraba ú la quietud de una vida entregada toda á su estudio y é las delicias que lc hacia sentir su bondad genial en el trato amable y benéfico con que se conducia respecto de sus semejantes. El pobre, el enfermo, el afligido tenian en Herpey un amigo tierno,
(28) sagró todas sus fuerzas en obsequió y servicio de sus habitadores: fijó en medio de ellos el domicilio de su. vida, adoptó estas familias de la= hradores , vivió y se complació com ellas como un padre con sus hijos. Juntábalas en ciertos dias para ha. blarles del Dios que fecunda sus campos , ponderábalesel valor de sus beneficios, acomodaba á su cas pacidad y á su lenguage las ide mas elevadas de la moral, enseñá* bales 4 sentir la dicha de sw trant quila condicion, y dá no envidiaf, las. agítadas fortunas de las ciuda” des: los acompañaba. en: 3us' fiesta? y en sus inocentes alegrias ¡»eonsola? ba en los trabajos á los que apre :
(29) alégraba por mucho tiempo á-. la madre de familia con acariciar un momento á su pequeño hijo: animaba al trabajo al robusto joven , mostrándole á su padre decrépito, que' habia llegado al tiempo de reposar de sus largas fatigas: se paseaba con el vie- Jo en la estacion" florida de los bellos dias, le hablaba con alegria de la muerte á la sombra de un árbol frondoso, y le suavizaba con sus discursos los horrores del. sepulcro , proponidadoselo. como un término deseable de las penas y dolores de la vida, La virtud de Hervey fue tan generosa, que no exigia ni aun las recompensas de la gratitud. Un hombre tan. bueno no careció de enemi»
(30) gos, pero nunca se quejó de ellos, Aunque se le dijera haberse invensado contra el lamas: negra calum= nia, nada mas respondia sino lo que en una ocasion semejante dijo d sus amigos. = Estas gentes tienen el ce= rebro enfermo Y desorganizado: menester rogar á Dios que las cure; ¿y yo por qué me he de enfadar-con un hombre que tiene trastornada la cabeza ? .Una alma tan sensible pudiera haber manifestado alguna Hebiia en los trabajos ; pero ella supo haz | bitar en un cuerpo enfermo tranquilamente: Se puede decir que Hervey no gustó la juventud ni la virilidad, porque nunca probó sus gncan-
(31) | los. Sus enfermedades, tan lentas como dolorosas , convirtieron la mayor parte de su vida en una larga agonía. A los 30 años fue transportado á la vejez por una enfermedad que lo puso (escribia él mismo) en tal situacion , «que no podia comtemplarse sino como un barco que habia perdido los cables y que hacía agua por todas partes : una langosta para nisería , un peso insoportable. El me- nor soplo de un viento fresco me yela: una languidez inesplicable , una indisposicion contínua me persiguen y minan mi existencia débil.” En medio de una situacion tan deplorable multiplicaba sus esfuerzos para _ Seguir los impulsos de la natural
(32) _ piedad, y á la manera de un atleta infatigable, con una mano luchaba con las olas impetuosas de sus enfermedades , y con la otra conducia el cayado de pastor, 6 una pluma sá bia y animada siempre del. fuego. poético, que le: era tangenial, y que no se apagó en él sino con las. últimas centellas de su vida. Escribió los sepuleros, de cuyo mérito y del aprecio que esta obra mereció á los sabios hemos hablado. en el prólogo. Sus meditaciones 30- bre un jardin , sobre la noche , sobre. un cielo estrellado, y sobre el ¿n= vierno, son muy poto inferiores en mérito dá sus Sepuleros. Escribió. tambien las conversaciones de TeroW
(33) ! y Aspasia; y otras obras menores, que corrieron con mucho aplauso, aunque Hervey. fijaba: muy poco la consideracion. en sus elogios para entregarse: todo á procurarse otra satisfaccion mayor, cual era la que le producia el servir de cuantos modos podia á sus semejantes, Al fins reducido por sus enfermedades á no poder ir de cabaña en cabaña visitando como lo tenia de costumbre á sus parroquianos, los Juntaba en su casa. Sentado en medio de. ellos , deploraba sin afectacion , y con un pensar sincero la ¿mpotencia á que se veia reducido de Mevarles por sí mismo sus instrue= tiones y sus socorros. Se comparaba : ges
(34) á un soldado inválido sin miembros, sin fuerzas, y al que no restaban sino la respiracion, la voz y el valor. Sus. pobres paisanos en estas - ocasiones agotaban la ternura de sta corazon para. con su cura, y formá | ban con el la escena mas natural y mas patética. | _ Ágraváronse mucho mas sus en- | fermedades á principios de octubre de 1758, y al llegar diciembre Hervey perdió toda esperanza de restablecimiento. Una tarde se vió asal= tado" de «los anuncios. mas próximos de su muerte. Mucho tavo que hacer su hermana para que pudiese subir la escalera de su cuarto, de donde ya no volvió á salir sino paré
(35) el sepulero. El sueño le abandonó enteramente. Su cuerpo estaba tan Jaco que no se le podia tocar sin lastimar sus descarnados y sensibles huesos :-todo lo constituía tristemente en la rueda del dolor. Su temperamento' no podia acomodarse al opio, con el” que pudieran adormecérsele un tanto sus amargas sensaciones. Le era indispensable velar sin descanso en la tortura. El 19 de diciembre se disminuyeron algo sus dolores, y cayó en una especie de letargo. 4 la mañana si» guiente lo vino á ver su amigo el Dr. Sthonousa, quien le habló de materias convenientes á su situacion. Hervey contestó á ellas con su acos-
(36) tumbrada energía. La víspera de morir quiso dar unos pasos en su recámara , pero hubiera dado consigo en tierra, si su hermana, recelosa de su estremada debilidad, no lo siguiese con los ojos: corrió esta viendo que se desvanecia , y lo reci= bió al caer entre sus brazos. Su as» pecto cadavérico y fria, el hallarlo sin pulsos y sin respiracion la persuadieron á que ya era difunto. al i ] ] ¡ | | ] y i ] | wolver de este desmayo estaba presente su hermano Guillermo, que habia venido. de Londres 4 visitarlo en su enfermedad ,.y le dijo: =¡03 ereimos muerto! = Yo desearia , respondió el cura, que hubiescis creido la verdad. Mini Y As a DA ik
(37) Su vicario y el Dr. Sthonousata. visitaron afectuosamente, y Hervey Procuró .manifestarles. su gratitud del modo que su estremada debilidad se lo permitia. Poco antes de morir se despidió con mucha espre= sion del médico, y le dió las. gracias por su cuidadosa asistencia en su enfermedad. Guardó silencio por algunos instantes; luego se hizo. le= vantar un poco en'su poltrona. «Apo» yó su cabeza en uno de sus brazos, dijo algunas palabras de conformidad en aquel trance, cuya proxi. midad conoció, y sin suspirar ni gemir ni otra seña aun la mas lige» 7a de conmocion, cerró sus ojos para tiempre, despues del medio dia de
(44) disposicion para meditar que pará obrar. Estábamos en la estacion del otoño , tiempo en que suele exaltarse la imaginacion , y que mas qué los otros mueye en las almas sensis bles los pensamientos y. la dulos melancolía. La hermosura esteriol del templo del lugar atrajo mi aten: cion, y aquella aptitad en que se hallaba mi espíritu dirigió mis pas sos á la iglesia. Sus puertas, como las del ciolor estaban abiertas para todo eMmundo: A nadie se reusaba la entrada. Mo interné, y luego que estuve bajo de sus bóvedas sagradas, y €n profunda paz ¿que alli discarria $50 llenó mialma de una multitud de AA
(45) Pensamientos los mas serios, y tez ñiidos de una cierta tristeza que no Carecia. de dulzura. “Entonces me quedé abismado en la meditacion... - Su nave era antigua... ¡Cuántos siglos han pasado ya desde que las imános que la edificaron estan en el polvo! Está situado el edificio en el Centro de un vasto y aislado cementerio, lejos del tumulto y del bulli= cio, Era tambien espacioso y de muy buena estructura. Todo su eonjunto respiraba una noble sim- Plicidad. Dividia su longitud una fila de-columias regulares ,'que s0s= tenian +sul bóbeda: magestuosamente.i La luz «debilitada en su paso por el templo, producia cierta + elaridad) y
(46) sombría que daba á los objetos ve aire mas serio y mas grave. El si“ lencio, la soledad del lugar redo-* blaban el horror santo, y hacian su aspecto mas sublime y mas augusto. Entonees comenzó 4 apoderarse ins sensiblemente de mi espíritu un temor religioso. A medida que me in” teroaba pensativo y taciturno en su profundidad, sentia que mis par siones se calmaban, y «casi se estins guían en mi corazon; veia que se des” hacian de mi memoria las ideas ri“ sueñas del mundo, á la manera que se disipan los fantasmas del sueño en los primeros instantes de la: vigilia-. Arrodilléme, adoré la mugestad eterna que llena el trono de los cios
(47) | los, y que es incapaz de ser circung» erita por el recinto delos templos que muestras débiles manos erigen Sobre la tierra... Levanté los ojos, Y mis primeras miradas -se fijaron tn una inscripcion que grabó el artífice, satisfecho de baber llevado su obra 4: la: última perfeccion , y deseando eternizar sobre la piedra áu reconocimieuto, ¡O cuán estimable es esta virtud, sobre todo cuando ella se dirige al Sumo benefactor! Es uno de los Sentimientos mas puros que pueden Penetrar hasta el corazon del hom:- bre. Uno de Jos principios mas no= les que pueden tener sus acciones. arrepentimiento supone «culpa,
(48) | el ruego * manifiesta nuéstra” ima potencia ; pero el-reconocimiento es una virtud desinteresada , generosa, celestial. Sí, este sublime sentimien* to sigue al hombre á los cielos y donde «el colmo de los bienes . posee, nada le deja que desear, ni la santidad'de sas habitadores tien que clamar por el perdon de una culpas que ellos no son capaces de cometer. TI 4 Un objeto mas serio se - inmediatamente de mi' atencion. VÍ todo el pavimiento de la iglesia cu” bierto del uno al otro estremo 4 epitañios breves. Creí que gn es”
(49) instante se desplegaba delante de mí el terrible libro de Esequiel , cuyas hojas lúgubres no contienen sino duelos, lamentaciones y desgracias. Importunaban mis ojos estas fatales inscripciones, y parece que los solicitaban para que leyesen su mudo lenguage... ¿Que querrán decirme Estos tristes intérpretes?... ¡ Ah! ellos Me avisan, que bajo su estrecha su- Derficie fueron "depositadas algunas Porciones de barro, insensible hoy, Pero que estuvo animado en otro tiempo; que tuvo vida, moviwiento Y palabra. ce Nosotros, me decian, fStamos encargados de conservar los ] Nombres; sin nosotros, sin esta pie- Ana que habla todavía de ollos , 3
(50) hombres y su memoria se habria sepultado en un olvido eterno.” ¡Gran Dios! (esclamé dentro d mí) ¡en qué situacion me hallo! A derredor mio veo la magestad de criador ; bajo de mis pies huesos d mis semejantes. Justo será que Y esclame ahora con el patriar ee¡ Qué augusto, qué terrible es € lugar !” Conviene pues que hombre se revista aqui de la serif dad mas grave, y que abra su € razon á las inspiraciones religiosi* ¿Puedo yo entrar en esta habitaci sagrada, sin cubrirme de horrof espanto ? . Pluguiese 4 Dios que ellos fuera sabios , dijo al morir el santo 1
(51) lador de Israel. Este fue el último voto que dirigió al cielo por los su- YOs. ¡Oh, quisiera Dios que ellos discurriesen bien, aunque fuera solamente sobre este asunto, y que Munca apartasen su vista del tér- Mino de sus dias!... Mortales , POr vosotros se dirige al cielo esta Súplica. Venid á los sepulcros : Sobre ellos es dende debeis estudiar lo que mas os importa conocer. Nunca podreis escuchar esta gran leccion en medio del mundo alborotado, mi del tumulto de los ne- Bocios. Venid 4 estas mansiones del silencio, Vuestra alma tranquila entonces, se conmoverá vivamente con la voz que se levanta del fondo de
(52) las urnas. Aqui (1) es donde el mayo! maestro , el sepulcro, tiene su cáte' dra de verdad; venid pues atencion tranquila calma, venid á recoger r pensamientos. Y tú espíritu celestia ilústrame con uno de tus rayos, ra que yo lea útilmente estas poc pero instructivas páginas, y para qu aprenda 4 morir. Examinando yo el depósito de 7 (1) Feliz el sabio que disgustado de 1 vanos placeres del mundo, se oculta gust so en la espesa y silenciosa sombra del 4 pres, y visita las bóvedas sepulcrales, gor de no hay otra luz sino sola la llama de” muerte. Con sus reflejos leyó los epitabf de los que ya fenecieron , pesó su polí y se divirtió en medio de los sepulcros. Seis versos de la noche Y. de FPourb h
(53) —Muerse , veo en él una multitud de | hombres amontonados sin distincion —Blguna (1), y mezclados confusa y desordenadamente: pero ¡con qué paz duermen todos juntos y amigos! En tsta casa del duelo jamas se disputa la Esfera ni el logar. Ninguno aspira aqui á captarse las primeras atenciones. El Polvo del hombre bajo, ningun res- Peto manifiesta al de los grandes. El Viejo lleno de años y de esperiencias, tl viejo que cuando vivió fue visto “omo el oráculo de su siglo , no deja de Verse arrojado á los pies de un niño. Aqui reposael pobre con un sueño tan dulce como el del rico. Aqui el amo (1) Mixta senum ac juyenum desentur Íunnera, (Bor.)
(60) | dencia ? ¿Qué cargo podreis hacerle? Esta es una reciente flor que tuvo cuidado de guardar en su conser». vatorio antes que el trueno comien* ce á resonar, y antes de que haya llegado la estacion de las tempestades. ¡Ah! Acordaos que este niño eri tan amado vuestro, no se os per= dió, sino que fue sustraido solamente del futuro mal que lo amenazaba (1). | Y nosotros los que estamos con* denados á sufrir el peso del dia y 0) Dichoso el hijo privilegiado, cuy0 | destino abrevió la carrera y el trabajo , Y que recibió ayer el don, ó por mejo? decir el peso de la vida, para dejarlo | mañana, Cuatro versos de Prior.
| (61) del calor, no nos acobardemos: pen= semos cuanto mas glorioso es el haber entrado en el combate, que cuanto mas duro y mas largo fuere dará mas precio á la victoria. El Señor, que debe pagarnos nuestro trabajo, sabe valuar su mérito; lle- Demos nuestros deberes, y reposemos en la generosidad de este Señor por lo respectivo 4 nuestro salario, IV. Aur estan sepultadas las delicias de una madre apasionada, y la des- Vanecida esperanza de un padre tier- DO, Este jóven crecia felizmente co- Mo una planta que se riega con el
(62) mayor cuidado. Pero cuando este. altivo cedro comenzaba á encumbrar su cima, en la edad en que iba á ser la gloria y el orgullo de la floresta, y el rey de los árboles: que lo circundaban, la hacha, ¡oh! la fatal hacha hirió su tronco. Diósele el mortífero golpe: cayó, y sus soberbias ramas fueron arrojadas y manchadas en el polvo. Asi cayó este joven en la primavera de sus dias, arrastraudo con su caida las esperanzas lisonjeras de su padres, que le dió el ser, y los proyectos. ambiciosos de la madre que lo llevó en su seno. ¡Qué espectáculo tan lastimos0 seria el yer á estos tristes padres
(63) -Suando conducian al sepulcro el €xánime cuerpo de su hijo! Me pa- Tece que los yeo abismados aun en la tristeza, en pie á la boca del se- Pulero; inmobles como unas estátuas, anegados en sus lágrimas! ¡oh , que imágenes tan enérgicas del dolor! No es una ilusion, no: yo estoy ' Ahora incorporado con la multitud que sigue este entierro , oigo los úl. timos adioses que la madre da úá su idolatrado hijo. Interin se concluye esta triste ceremonia veo á la infeliz madre silenciosa y estúpida, apoyada , abandonada en los brazos del esposo , á quien no me= MOS que 4 ella oprimen sus cuidados; Rero á poco, no pudiendo el cora.
(64) zon de la madre sostener el peso que la oprime, el silencio llega á serle mortal. Por fin, la ternura la arras tra violentamente al borde del seg pulcro: toda su alma va á refugiar” se á sus ojos, y ella fija en el féres tro, é inclinada sobre la fosa todas via quiere ver 4 su hijo antes que se le desparezca enteramente en el sepulcro. Al fin lo ve, y esclama con acentos queinterrumpen mil veces sus sollozos. «A Dios hijo mio mi hijo, mi querido hijo: ¡oh! y. quisiera Dios que yo muriese por que tú vivieros,.. Hijo amado, 4 Dios. Contigo va á sepultarse para siempro la única dicha que hubo para mí s0” bre la tierra. Nada podrá ya com
(65) Solarme ; yo iré llorando todos los dias de mi vida, hasta que el dolor Me precipite contigo en el sepulcro.” Padres y madres, si amais á vuestros hijos, si vuestras entrañas se Conmueven á vista de estas prendas de vuestras ternuras conyugales, yo 05 conjuro á que no perdoneis diligencia alguna para formarlos en la virtud. Si conseguis esto , y ellos Os vivieren , os alegrareis; y no que: darcis sin consuelo si os fuere pre: Ciso perderlos. Si se alarga la du- Tacion de su dias, serán ellos el bá= fulo de vuestra vejez, y su com- Kíía será como un bálsamo que en= dnlzará la amargura de vuestros últimos años. Pero si la muerte corta
(66) por la mitad el hilo de su vida, por dreis sin desesperacion confiarlos á la tierra, y os sostendrá la esperan” za de volverlos á ver algun dia felices é inmortales en vuestros brazos: h - Yo convengo con vosotros en que es un dolor cruel para una madró verse separada de un hijo al qué se unia su corazon .por los vínculos mas tiernos, de un hijo á quien ella habia estrechado tantas veces entró sus brazos amorosos, que formab las delicias de sus ojos y el apoy?% de su familia; y elverlo arrancad? de su seno, y precipitado desde sU juventud en la espantosa morada de la corrupcion. Pero reflexionad ta bien, discurrid cuanto mas dué
(67) Cosa:seria ir en seguimiento de su Íéretro ocupada de estos amargos Pensamientos. «Este hijo mio, á - Quien yo amé tanto, ha salido del Mundo en una edad en que ya era tapaz de distinguir el mal y bien; Sin haber aprendido de mí el fin importante para que Dios lo hizo Dacer. Recibió de mí una existencia de algunos años que ya pasaron; pero yo no supe empapar su corazon en aquellas lecciones de virtud , £n aquellos saludables avisos , que hubieran afianzado su fortuna en el tstado permanente en que hace poco Que entró. Su cuerpo está ahora en la tierra para acabar de perecer y de disolverse en ella 3 pero, ¡ay! ¿y
TS su alma? ¿Qué sé yo si. goza: de una suerte mas feliz? ¡Gran Dios, gue temor me infunde en este caso tu justicia! ¿Quién sabe si mientras. yo derramo acá unas vanas Lógica por su anticipada muerte , él maldi-. ce en otra parte el dia infeliz en que recibió la vida de una madre, tan negligente, que nunca le habló: de la virtud?” No, no hay dolor que iguale $ la amargura que producirán estos. crueles remordimientos, Y. He aquiun monumento que 1%
(69) anuncia el suceso mas trágico. Cuatro figuras en toda la aptitud del dolor, con un aire melancólico y Pesaroso, inclinan sus afligidas cabezas sobre el sepulcro. No es posible verlas sin que se apodere del Corazon la tristeza que respira sobre estos insensibles mármoles. Leamos... ¡Eh ! Este es un joyen de 28 años; Una muerte. repentina lo sepultó, Cuando estaba aun en Jo mas vigoroso de su salud y en la fuerza de la juvenil edad: ¡ah! sin duda que él estaria muy lejos de pen= Sar siquiera cuan próximo se hallaba 4 su fatal hora: y en efecto, ¿quién podria sospechar que este Brillante astro debia eclipsarse en -
(76) | amable, tu querido Fidelio duer ya en otros brazos; ya no será 3 trechado por los tuyos amoroso%% porque ya lo estrechan las elados d la muerte en el olvido,.. En el ete no olyido deeste mundo... Y detí... A vista de un espectáculo sem jante el hombre se ye tentado á le vantar su voz para insultar á muerte , y echar en cara á este . no con el grito del dolor su esti? yagante crueldad. Ella se compla? en trastornar el orden de la m1 leza, y cuando busca víctimas L4 un juego bárbaro de comenzar p el fin el registro de los vivien La cruel, en una de estas ocasio” pasará por sobre el lecho del de
| (77) Pito anciano con su guadafía suspenta y sin esgrimirla, lo dejará abando- Mado 4 su languidez, para correr á Segar la infancia, al tiempo en que £sta edad, como una flor en boton, - Apenas empieza Ú abrirse á la vida; ka juventud en su flor abierta ya, Y al adulto en su vigor y en la ma- —Vuréz llena de la edad. Hijos de los hombres, ¿cuíntas Veces os veis asaltados de la mucrte Cuando estais aun en medio de la Vida? ¿Quién puede huir sus gol- Des, sus tiros repentinos y rápidos Somo los del rayo que nos hieren y NOS trastornan en una pestañeada? ¿Qué seguridad puede haber contra * MUS traidores asaltos , sino la de vi-
(78) | vir siempre en prevencion? Nadie puede adivinar cual de sus víctimas será la primera que inmole. Final- 3 ! mente , estad preparados , porque en la hora en que menos lo penseis... Terrible advertencia ! Al escucharla me parece oigo resonar sobre mí el espantoso trueno. Mi alma se cubre de un horror frio que se comunica á todos mis miembros, j y 4 . vi. Ven aqui un nuevo monumeni, que me repite la misma advertenció” Yace aqui un hombre que fue arsé”
(79) batado de la vida, y arrastrado re- ' pentinamente basta el tribunal del Eterno, sin que so le diese lugar para despedirse de sus amigos, asombrados y llorosos por su improvisa muerte. Murió este infeliz de Un golpe casual. - ¡Un golpe casual ! ciegos mortales, este golpe salió de una mano muy certera, pero invisible. Dios es el que dirige lo que vosotros llamais casualidad. Ninguna cosa acaece por Una ciega fatalidad; ni. hay suceso alguno que no haya previsto, y no haya hecho nacer la eterna sabiduría. El Dios 4 quien siempre rodean los Mensageros de la muerte, firmó el decreto, y lo mandó ejecutar. Aquel
(80) accidente que nos pareció imprevisto y fortuito no es otra cosa que la ejecucion fiel de los decretos supremos. Un hombre encorbd el arco, y disparó la flecha al aire y sin direccion alguna, decia el monarca impío, y fue tocado de ella , y herido de muerte. El lo: creia asi, pero se engañaba. Nosotros mo vemos mas que el su= ceso, y Dios que es autor se oculta en él á nuestros ojos. Doctrina consolatoria que debe acallar nuestros llantos, y secar las «lágrimas que. tan copiosamente derraman nuestros | ojos por la de nuestros amigos, Y que igualmente nos puede inspiral. una quieta intrepidez aun en medio de los mayores peligros,
AAA (81) + Qué corto es el camino qne hay del tiempo á la eternidad ! ¡ Pobre Cremilo ! ; Aun me acuerdo!!! sí, se levantó de una mesa de juego y cayó en la noche de la muerte... Cotina se entretenia ayer, su alegria y _Vivacidad animaban toda la asamblea, y su adorno encantaba todos los corazones de cuantos la veian ; pero hoy pálida y desfigurada, su Cuerpo tendido € inmoble, va 4 aumentar ya el polvo de los muertos... El joven Ático no vivia sino de la esperanza de gozar del palacio que tstaba acabando de edificar. Impa- Ciente por verse establecido en él, Apresuraba ya la conclusion de la Obra, que no habia de gozar ni una 4 »
(82) hora solamente. El dia mas bello iluminaba sus soberbios salones; pero los ojos de su dueño se cerraron ya, e e y estan cubiertos de una etefna noche. Ya no irá 4 imaginar bajo la sombra de esos jardines plantados con tanta magnificencia, porque ha bajado ya ú los sombríos valles de la muerte, Mientras estoy meditando en medio de estos sepulcros, perece ung | multitud de hombres de nna muerte mo menos trágica. El ojo del Ser que penetra:este globo, y que re” gistra de una mirada todos sus har bitantes, vé en él ahora mism0- tantos desastres y duelos, com0 ofreció el Egipto en aquella noché |
(83) en que el angel esterminador mnltiplicaba sus golpes sobre esta nación Proscrita. El uno cae de su asiento sin vida, y ya no responde á los _ gritos que le dan sus consternados padres: otro espira debajo del mismo árbol en que habia venido á descansar y á recrearse con la vista de un paisage lisongero: otros son heridos cuando vuelven llenos de impaciencia y de gozo á sus pábrias y á sus hogares, que mo volverán á Yer; otros son sorprendidos con la injusta ganancia en las manos; algunos en el acto mismo de la disolacion ó de su crueldad, «¡Ay! ¡qué multitud de peligros Y de imprevistos inevitables escollos
(84) sitian nuestra débil existencial Uan eaballo fogoso arrojó á su ginete y j 1 ] lo «strelló contra una piedra. Se desploma un edificio, y sepulta en sus ruinas á los que pasaban junto á él. Suéltase una pizarra fatal del techo y nos mata, El átomo mas pequeño puede destruir la constitucion mas robusta; ¿pero qué digo? La muerte se mezcla en el aire que respiramos en el alimento que nos mantiene, en la sangre que nos anima. El reposo lo mismo que el trabajo nos es mortífero; perecemoS igualmente de abundancia que de necesidad. La muerte en fin se insi” Laa mua por todas partes, y circula aub | en las fuentes mismas de la yida. -
(85) yIL. 1 Fanmrren £ tí, oh desventurada Sofronia, encuentro en este lugar ?.. El negro mármol de esta columna me avisa que en este sitio estan depositados los restos de una madre tan llorada, que murió dando ¿ otro la yida, ¡Oh calamidad repetida con demasiada frecuencia! Nace el retoño y el tallo muere. Respira el hijo el primer aliento vital, y la Madre respira el último en medio de la sonrisa maternal. ¡ Qué espectá- Sulo tan tierno! En un mismo mo-
(92) sus ojos, la muerte ó la desgracia sabrán entrelazarse en esta corona, y depositar alli la amargura. Cuando nuestra alma se apasiona por un objeto, y fatiga al cielo con importunidad por conseguirlo, el cielo parece que nos responde: «e No sabei lo que pedis.” ¿Acaso tiene en sus manos la providencia inútilmente € bien porque nosotros la importuna mos? Piedad suya es que nos J0 reuse. Su negativa nos anuncia qu este bien que tanto deseamos, seri la causa de mil lígrimas nuestras , el instrumento de nuestra perdicioó si se nos concediera. Nosotros som0” unos enfermes cuyo gusto depravs” do desecha el alimento que nos je
(93) —Waria la salad, y escoge el veneno que oculta en sí la muerte. La imaginacion delirante nos promete una felicidad sin mezcla en la posesion de un objeto. Lo conseguimos, y á pesar de nuestra satisfaccion, ¿ qué hallamos en él?... Una desgracia. Aprendamos pues 4 moderar nues= tros desgos. Jamas nos apasionernos por tal ó tal forma de dicha; repodemos seguros y sin elegir sobre la sabiduría eterna, Dejémosla escoger Para nosotros los sucesos de nuestra Vida; obedecer Áá sus leyes es ser perfectamente libres; aguardarlo todo pacíficamente de su bondad, es €l modo de afianzar nuestra dicha Y de aborrarnos de mil pesares,
(94) VIII. ¿Que significará esta piedra aislalada y simple, colocada sin aparato alguno sobre la tierra? Modesta y sin adorno, parece haberla puesto aqui la mano económica de la mediocridad... Yo no distingo en ella mas que una corta inscripcion... Pero lo$ caracteres estan borrados. Apenas so puede adivinar lo que dicen... ¡ Mo” numento infiel! ¿ por qué has deja”. do que perezca el nombre cuya con” servacion fue confiada á su cuidado? Acaso estas letras estarán gastada
(95) Por el continuo curso de las lágri- Mas de una familia desolada, que Vendria frecuentemente á llorar so. bre este sepulcro... Sin duda. Aq:i Cstan depositadas las cenizas de un Padre amado, y arrebatado á sus pe» Queños hijos antes de que los pudiese establecer en el mundo, y de Que hubiera podido afirmar sus virtudes y sus principios. Ved ahí la desgracia mas deplo= table: uno de los mas complicados males de cuantos se han ofrecido Asta aqui á mis reflexiones. La re- “mara en que muere un padre de Milia presenta el espectáculo mas -tético, el mas triste que se puede "Waginar... Yo lo miro sobre su le-
(96) cho fúnebre; veo á este padre tief no, y á este esposo fiel, á este neroso amigo, á este señor buen luchar con la muerte y próximo Y á cederle el triunfo. La mediciv agotó enteramente sus recursos , enfermedad ha vencido: su furia á acabar de romper los últimos hil de una vida tan amada, y los la mas sensibles aun que unian corazón á sus hijos y á su esposa. Dos antiguos domésticos col dos á una distancia respetuosa, d% ban de cuando en cuando sobre señor unas miradas que manifestó ban bien la consternacion que 0P mia sus almas. Sus profundos sus piros lleyaban al cielo sus yotos
(97) MA señor, que los trató siempre con Una dulzura que produjo en ellos *uella gustosa complacencia con Que lo servian. Esta memoria hate “tonces su pena mas amarga. Ella Mpuja de sus ojos las lágrimas que “tren en arroyos por sus mejillas. Sas amigos, que tantas veces parleron- con él éu alegrias sus ami- $9s que sabian divertirlo ¿on mil lees conversaciones, ya no. procuin consolarlo; sufrir con él, verlo “a unos ojos tiernos y compasivos, Mar. al cielo silenciosamente, y de- e de tiempo en tiempo algunas Mabras consolatorias sacadas de la tura ; esto es lo único que pue- a
(98) ¿Y estos niños? estos séres in “centes que rodean su cama, y violentados del dolor arrojan algu nds sollozos, ¿qué, esclaman , D dejará padre? ¿y en una edad co esta sin apoyo, sin recurso, á mef ced de un mundo indiferente é ¡0 sensible ? Pero el corazon de la esposa en donde yan á reunirse todos lo dolores , y las penas que á cada u tocan. Ella está penetrada; en € sufren la amante, la esposa y madre, Tantos años, tantos dias una union tan tierna, de una ciedad tan Jlena de encantos», una amistad que llegó ú hace! necesaria: ¡qué pérdida tan in
(99) Mable ! ¡Oh! en donde encontrará Ella esta rara fidelidad, este corazon Un confiado y tan entregado al yo tan sin reserva. ¡Dónde podrá Mcontrar otro amigo tan firme, un dotector que vele sobre ella con el Mismo interes, que vele sobre sus ijos con tanto amor!.... Vedla ininada en el lecho en que su espo- o yace en manos de la languidez: ¡Yué cuidados, qué empeños toma bara prolongar una vida mas precio- €n su estimacion que la propia. si ya no hay esperanza, ¿qué es que no hace por endulzar siquielas últimas agonías de esta su ada mitad? Con una mano tré- Ma y agitada de los torrentes que
(100) deupan su pensamiento, prueba á enjugar el sudor frio que yela las mejillas macilentas de su esposo' otras veces suspendiendo sus braz sostiene en ellos su cabeza desfalle” cida: ya la procura acomodar dul cemente y con descanso sobre $ agitado pecho ;'¡ con qué ternura ja en él sus silenciosas miradas ¡Cómo lo observa en un silenci triste y con un ojo lleno de com! pasion. ¡Cuán pálido se pone. » semblante! Sus facciones se desfig” ran: mil tiernas pasiones elevan palpitante seno, su Corazon se pin cha y se despedaza. pr ¿Entre tanto este buen padre go padece en. todo su ser, somete
(101) Mma y sus dolores 4 la voluntad del ser supremo, y su resignacion Victoriosa le hace muy superior á Sus males. La afliccion de sus do- Mésticos le conmueve vivamente. Sus entrañas se destrozan á la vista de su muger, que muy pronto será Una viuda inconsolable y desamparada, y sus hijos próximos ya á ser Unos huérfanos tristes y sin arrimo. Estas crueles reflexiones lo conster=. nan, lo oprimen; pero su corazon Tesiste con firmeza á la desespera- Cion, La religion lo alienta y lo “Sostiene. La esperanza de una feli- Cidad 4 que ya se aproxima, lo re- Frigera y le da consuelo. En los inlervalos que le conceden sus dolo-
(108) confianza. ” Esta promesa los asegura, y llevará alguna alegria á sus corazones. Los hijos y la madre recogen la sentencia como un tesoro, y la graban en su memoria. Esta eS para ellos una segura herencia, un fondo de bienes incalculable. Con esta prenda se hallarán ricos: serán felices sin que los espante lo po£ venir, que ellos lo libran á Dios, sobre el que reposarán tranquilos, , 1
(109) | IX. Apevás levanté mis ojos de sobre _€ste sepulcro que ocupaba mis pen- —Ssamientos, que me hacia discurrir en él que un dia me ocultará 4 mí, Cuando se me agolpan á la vista un _ segundo sepulcro , otro tercero y una multitud de ellos. Mis ojos sin tleccion se fijaron en el mas notable de todos. El fausto de este monu- - Mento, que dominaba orgullosa- Mente 4 estos fúnebres mármoles, Me anunció el despojo de un mor- Wal que representó en el mundo un
(110) papel muy brillante. Acerquéme 4 él, y pregunté á la piedra sobre el depósito que ocultaba. Ella mé nombró al propietario de una graó fortuna, que él mismo aun la habi hecho mayor á fuerza de cuidado! y de industria. Noticióme igualmen” 4e que su fin lo habia sorprendid0 en el ardor de sus proyectos, y ul poco mas allá de la media carrer de su vila. He aqui sin duda, me dijo mi pensamiento melancólico, á uno Y estos esclavos infatigables del or% que se levantan antes del dia, ge welan en lo mas profundo de la no che, y que viven roidos de los col dados que se toman por acopiar dic
(111) Mil yeces mas oro que el que ellos Pueden gastar en su vida... Su Ca» beza se fatigaba en proyectos para ilustrar su familia, por encadenar heredades á heredades, palacios á palacios, y por hacer sus posesiones tan vastas como sus deseos. Después Que pudiese realizar estos proyectos, de proponia aquietarse al fin para Pozar... (1) ¡Qué demencia! Dios, que lo estaba observando desde lo mas encumbrado de los cielos, se Yeia de su locura... La muerte tompió y limpió como una escoba (1) Hac mente laborem Sese ferre senes, utin otia tuta recedant Aunt, cuña sibi sint congesta cibaria. (Horat, )
(112) las telas frágiles que tegia 4 costó de indecibles afanes este insecto efí* mero; sus planes y sus proyect se arruinaron, y fueron á hundirs6 con él en el sepulcro. ¡O vosotros los que fuisteis test tigos de sus postreros instantes, Y gue oisteis las últimas palabras d6 su moribunda boca, hablad: ¿n0 esclamaba el infeliz con los acento? de la desesperacion ?... «¡O muertó qué terrible es tu presencia para el hombre que atormentó su vida :co0 las vanas inquietudes de este mu” do, y que jamas levantó sus oj0 hácia el cielo! ¡O si mis dias!.... Iba á hacer inútiles votos, Ú alguns resoluciones tan vanas... Sobrevinó
(113) Wa violenta erisis que heló su len Bua, royó sus nervios , y destruyó la Máquina en menos de media hora», * ¡Qué leccion para estos ricos in- BMciables! para estos insensatos, que Tecargan de un despreciable barro el barco que conduce su eternidad, Y que embarazan sus brazos con Unos pesos tan superfluos, cuando solo importa luchar con las olas y Escapar del naufragio. Nosotros mas Sabios que estos, contentémonos con do poco que mos queda para vivir: Uéemos con moderación de los bie. Mes de la tierra; pero sin perder de Vista nuestro único negocio de jun= ne. tesoros para el cielo. Si nuestra Alma no puede elevarse al menos:
| | (114) precio del oro , conservemos 'siquier? una indiferencia saludable respect de este metal perecedero. ;¡Infeli del corazon que se apega á él! ¡Qu' dolor tan penetrante deberá sufrií cuando el violento golpe de Y muerte lo sapare de su oro! No acumulemos mil amarguras y pes! res sobre nuestros últimos instante? No sembremos de agudas espin% el lecho sobre que un dia nos ses % indispensable el morir (1). (1) No te apoyes en la tierra : sus pit” nesson mas débiles que la caña, sus pP" ceres por lo comun, estan armados de un punta que biere el corazon y que mata % él la esperanza. (Tres versos de la noche 1Y de Young: )
(115) X. Van aqui algunos que alargaron la carrera de sus dias hasta los ca- Aorce lustros. Aun hay aqui varios que se vieron morir á los ochenta Años, Yo espero que estos ancianos e acordarian desde su juventud del Dios que los crió. No aguardarian á la edad en que las fuerzas se debi- | litan, en que el corazon se agota, Y en que todo se estingue , hasta el -Meseg, y no queda sensacion alguna Para el placer, voluntad para el biem; Mi fuerzas para la virtud.
(116) ¡Qué terrible es la sorpresa qu da al hombre este invierno helad! de la vida! Cuando el hábito de 1 vicios ha echado unas raices mu profundas , se unen estas á cada Íf bra del corazon y hacen un miso! cuerpo con él; muy tarde es en tonces para comenzar á sembraf porque esta es ya la sazon de cose! char. Nada es mas cierto; tampoc? hay imposibles para Dios; pero d en este tiempo se combate por primera vez, el triunfo en tal ca%| es muy contingente. ¡O vosotros £1* yos años aun estan en flor y cuy? vida conserva todo su fuego, no A atengais á estos milagros, aproY” chad estas horas fecundas, esta €
(117) de os que os puede metecer Una: Jventud inmortal. Hace ya algudos dias que yo observaba un pájaro. El rapaz incauto se divertia sin temor alguno en arreglar sus plumas, Y reyolotesba loqueando de rama; €a rama. Un cazador lo veia: tomó, $2 mortífero tubo, apuntóle y le, Acertó el tiro de la muerte, que s2- lis y tocó al pájaro en lo alto de los aires, El infeliz baja, y cae sin vida y sin movimiento. Mortales, —temblad en medio de vuestras frís Yolas diversiones. Mas sio duda hay aqui an, - Viejos que vendrian á este último: - tiro lenos de virtudes y de diasy " Vi que cayeron bajo Ja hoz de la,
(124) que el cincel hace resaltar. en. mármol una cadena de acciones m morables! En el corazon de sus co ciudadanos es donde conviene 1 | el mérito brillante de este. mártir. la patria (1). ¿Qué le. ¿mporta 450 memoria el espediente de estos ys nos simulacros? Sin ellos sabrá m bien la nacion acordarse de. él. especie humana misma: debe :ser monumento vivo de la gloria de y hombres ilustres que ella prodo]' Ved el monumento que yo des para mí. Solo apetezco que despu% de mi muerte quede mi nom y y (1) Este es el valiente B. Granvill” que murió en las guerras civiles pelea contra los rebeldes.
(125) trabado en los corazones de mis Compatriotas. Deseo que mis amigos Que me sobrevivieren puedan: ates- Uguar que yo no viví para mí solo, y que no fui del todo inútil 4 mi generacion. Deseo que el pobre al Pasar por mi sepulcro, lo señale con el dedo, y diga: «e Aqui reposa aquel: hombre cuya 'hondad inagotuble no vió con indiferencia mis Mesgracias, ni se desdeñó de venir á mi choza, en la que me visitó lleno de ternura enando estuve enfermo Y abandonado 4 una cama... Si yo Vivo hoy, y si la vida tiene para Mí alguna dulzura, á Cl es y á sus Beneficios 4 quien lo debo. Nunca lo olvidare, ¡Ah, pueda yo volverlo
(126) ¿ ver en aquella feliz habitacion , de que él me habló tantas veces paró consolarme (1)!>” ¿Y qué duran todos estos mon'' mentos de tierra y de barro? E curso de los años Jos ha gastado y%' estos caracteres que abre en el má!” una pluma de hierro, se deshace? brevemente : la columna se rompt el arco triunfal se desarma, auf la misma estátua de bronce pere bajo el diente del tiempo (2). (1) Consta de la vida de Hervey a se cumplió este deseo. (2) Esta verdad la esplicó iran mente Mr, Fontaine en los siguientél yersos. Pereció al fin este grande , cuyo aébil
e , Ark en el fondo de este templo Yeo una salida, sin duda que da paso á la bóveda de un sepulcro - subterráneo. Entremos á él, y Y*a- mos esta mansion triste y ú sus haorgullo vejeró 60 años pesada é inútilmeñte, En vano se inyocaron las bellas artes para librar su sombra de la voracidad del sepulcro: en vano se las arma del cincel; su sombra errante volvió á aparecer á Merced de la maño que la guia, y la puso sobre el sepulcro apoyada y estúpida. El Mempo ataca aun á los mismos nombres Que el orgullo acumula y presenta juntos e contorno de un vano féretro. Poema de la rapidez de la vida.
(128) bitantes... La puerta se resiste. Ape nas cede sobre sus goznes rechí: nadores... ¡Con qué repugnancil me recibe! No está acostumbrada 4 dar paso á los vivos... ¿Pero de qué procede este repentino temblor que “ me ha entrado, y que se aumenta al paso que me aproximo 4 esta pálida asamblea de los muertos ?.. Calmaos, espíritus mios: nada hay que teme! en estos pacíficos retiros... aqui aul los malos dejan de ser malos. | ¡ Dios mio! ¡Qué espectáculo de horror; ¡Qué oscuridad tan espan” tosa! Aqui la nochees eterna. Aub en la mitad de la vida reina un? profunda noche. ¡Qué espantosa» qué negra soledad! No hay voz al"
| (129) gunz, no hay imaginacion de vida $ de sociedad que consuele. El dolor y el espanto han establecido en este Jugar solitario su sombrío im- Perio... ¿Qué oigo?... Es el ruido lúgubre de estas bóvedas que retumban bajo de mis' pasos. Sou los ecos de éstos muros largo tiempo adormidos que despierten por mí, Y que arrojan un largo gemido. Uno: ó dos. rayos de luz despues de mil vueltas llegan oscurecidos á estas sombrías profundidades, y hieren las láminas de los ataudes. La claridad débil que refleja va á Perderse en la espesura de las tinieblas. Esta multitud de féretros medio cubiertos por la an sombra,
(130) y medio blanquizcos á merced de un pálido crepúsculo , aumenta el horror de este recinto taciturno, Me aproximo , é inclinado fijo mi vista en las inscripciones. Por fin consigo leer lo bastante, para conocer que estoy rodeado de ricos, y de grandes que ya fenecieron, En | este retiro privilegiado no se admite muerto alguno vulgar: los nobles, _los ilustres de la tierra, son lo$ únicos que lo habitan. Se puede decir en realidad que aun ocupa este melancólico recinto cierta fantasms de grandeza. Aqui estan los cadáveres colocados por orden con un4 silenciosa pompa bajo los arcos de este vasto panteon, mientras que un4
(131) fosa comun, traga y confunde la multitud del pueblo, y 4 sus cuerpos desdeñados aun aqui del poder y de la fortuna. Mi imaginacion pudo finalmente recobrarse del horror, y quedé en calma. Yo estaba persuadido á que ño podia haber en este lugar otros fantasmas que los que produce el «miedo; pero aun duraba mi sorpresa. ¿Cómo podia yo dejar de admirar las novedades de este mundo "subterráneo ? “ ¡Qué, estos hombres que hacian Un largo viage sin salir de sus estados y posesiones, se ven hoy reducidos á estrecharse en el corto re- Cinto de un ataud, y bajo de algu-
z (132) nas liojas de plomo! ¿Qué les resta en este lugar de aquellos muebles suntuosos que adornaban sus soberbios palacios? Una síbana funeral, un rincon estrecho de esta gruta. tenebrosa. ¿Dónde estan ahora aque: llas insignias brillantes de su dignidad, que resplandecian sobre sus pechos, ó que adornaban sus altiyas frentes? Ya no veo aqui aque: Jla pomposa comitiva que los ro» deaba, ni aquella multitud de cor: tesanos que se agolpaban alrededor de' ellos: todos los abandonaron al entrar á esta habitacion solitaria; unos trofeos deshechos, algunos es” cudos destrozados, una estátua apo” lillada, que la mano del esculto* 5 5 e 55 5 5 O A ————_——
(133) Puso sen una aptitud llorosa y afligida ; esto es lo único que los si- Buió 4 este subterráneo, Ísterin el Mundo , insensible á su ausencia, tie y loquea segun su costumbre, Mortal nfano de tu nacimiento, Y que te envaneces de contar desde muchos siglos una larga sucesion de abuelos en tu genealogía, aqui es menester que renuncies' tus alta» Neras pretensiones. Es preciso que confieses ahora que el vil gusano ts tu igual. Pero si aun quiere tu Orgullo sorprenderme, si tu monu: Mento se atreve 4 decirme: aqui yace tl grande; yo le responderé: mármol impostor, ¿dónde está ese grande? yo Ro yeo aqui mas que un vil polvo,
(140) que eubre estos sepulcros!- Si” fijé semos nuestra vista en el fondo de los féretros , ¡de qué asombro, Y qué dolor no seriamos tocados ver la' espantosa: metamorfósis' qu la muerte nos hace padecer; la afrol” ta que recibe aqui la naturalezói y en lo que al fin viene á parar d hombre que una vez fue sepultad/ en estas mansiones subterráneas ! Aqui aquel rostro lleno de grW - cia y de magestad , aquél semblao? que es el espejo énque:el alma % recrea, ya no es otra cosa que 0 cráneo feo y desn... Aquella bo% rubia y llena de los encantos de ye sonrisa hechicera, no presenta 1% que un aspecto horrible y deforW* -
(141) Voéste ojoxilqne:eomo un: diamante, Vibraba rayos de, huz, y.que intro” Uucia la lama hastalo mas íntimo de los corazones, .¿qué' se hizo? ¿donde podrá encontrarse el azul de Su'brillante glohof Y este órgano de. la armonía, que .arrebataba. el pido. “on sus tonos melodiosos, derrama-. bá la dulce 'persuasion en los €s- Píritus y y las pasiones mas vivas en tl corazon, ahora, está mudo y ta- — últurno como la.moche.quelo rodea, Este bello cuerpo vestido en esta Wasion blandamente. de púrpura y de seda, vedlo ahí tirado, descui-, da y duramente entre los lechos de una arena angulosa. Esta muger Ra sensible, que 10 se atrovia á e
(144) cuánto horror derrama la muerff sobre estos o'yjetos,. que encanto bb en otro tiempo nnéstros ojos, 1 cautivaban nuestro corazon ! y) ¡O tú , tierno amante de Florela!| si volvieses á ver. aqui la hermosu' ra: que habia inebriado tu alma esclamarias retrocediendo á impuls del asombro y del horror. «e ¿EsP es acaso la que amé yo tan perdida” mente? ¡Cuántas yeces dije en mil amorosos transportes que esta mU ger era una diosa | Sí, yo ersia. st una divinidad , y ver en ella alg mas que pna mortal: admiraba y" | las: proporciones de su estructaé elegante, y las ligeras gracias de todos sus movimientos. Cuando B4”
(145) blaba', el tono de su voz era para mi ido una música armoniosa; pero “ando se dignaba animar mi amor “0% una sola palabra ¡qué rapto Mn cclestial se apoderaba de mí! Sus acentos llevaban al fondo demi Ama una emocion y un temblor Alco... ¿Cómo es posible que este Wjeto deforme y espantoso sea el Vismo que yo adoraba pocas sema- $ hace? ¡Qué mulanza tan horri- e. €n tan breve tiempo (1)! ¡Qué ds no ahora de aquellos eucantos (1) Quo fugitaN enus ?... Heu! Quove or? decens ; o. p» Motas ?'quid haber illius , ¡llius > Spirat amores, me Surpuerat mibi ! 7
(146) que me habian robado 4 mí mis mo? ¡Insensato! Ya no encuent! aqui sino polvo y ceniza. Re infeliz Florela, reposa en el fonú de esas sombras. Cúbrate la noc* con sus tinieblas, ocúltete á los o] de cualquiera que no te haya al do tanto como yo. Ningun 0 mortal sino tu amante sea testig0 tu desgracia... Pero yo no olvid? | en mucho tiempo la triste mud que en tí veo: nunca mas iré á butar mis homenages á hermoS perecederas; nunca me prometé", dicha de un barro bien conta! aunque sea la obra mas acabó que haya salido de las manos % naturaleza. La: hermosura es UP | . *
(147). Celestial, debe recibirse con recono- Cimiento, merece que se la ame; Pero que nunca se la adore. El bar- TO no puede hacer veces de dios ó de diosa, dignos de nuestros cultos é inciensos. Adios, querida Flore» ES , tú misma has desencantado mia Ojos. Yo preferiré siempre una alma Virtuosa y dulce á los fugitivos ma- _tices de un tejido débil de carne. -——»Oh, si pensarán en tí y en tu actual estado tus hermanas, cuando ellas ven con una sonrisa de Complacencia su imagen rodeada de Us gracias y reproducida á sus ojos *n un espejo lisonjero , cuya vista y Mractivos las hace sonrosar! Deslt- | “Ese entonces en su alma tu salu-
. (148) dable idea , acuérdeseles cuanta fu tu belleza, y “que velo de horrof eubre hoy todos sus hechizos. Dirk: ja esta reflexion el arreglo de sus encantos , haciéndolas mas solicitas para hermosear su alma con 1 adornos de la virtud, y esta vesti* dura de carne que las circunda , que ha usurpado todos los cuidado 4 que solamente es acreedor el es píritu.” e XIV. Cokavo pude apoderarme de mó ¡maginacion, que vagueabha sobre estó sepulcros , y cuando hube recogió
| (149) Mis pensamientos en un instante de tuspension , yo no pude reprimir Mis suspiros á presencia de esta es- Cena trágica de daclo, de tantos y tan Júgubres objetos, y de todos estos trofeos lamentables de la muerte. Mis lígrimas corrian hilo á hilo sobre estas ruinas tristes del mas noble de los seres. ¡Oh Adan ! exclamé desde el fondo de mi alma, ¿oh Adan, qué es lo que has hecho! ¡Qué desolacion tan fatal derramó tu desobediencia sobre la tierra?! ¡Oh malignidad desastrada de la Culpa, malignidad incomprensible ! a es la que causó tan espantosa desolacion en la especie mas perfee- Mide cuantas visibles han salido de
(150) las manos del Criador. Ella derramó en nuestros cuerpos el veneno qué los mata, y ella iba á sumergir el alma en los abismos, si el Hijo del Eterno no se hubiese puesto enti/ Dios y su víctima. | Como mi alma siempre quedab! fija en unos objetos tan fúnebres, ) yo perdido en mis reflexiones, WM. ocurrió una idea terrible que mi sacó de mi éxtasis. ¿Y yo tambieh me decia lleno de espanto, será pi ciso que muera ? ¿Sufriré no men% una mudanza tan espantosa? ¿ Al so mo podré evitar el convertirme el un insensible cadáver, y ser cua do me toque mi vez, lo mismo que me estoy aqui compadecie”” |
(151) do (1)? Sí; llegará un tiempo (y este tiempo no ha de tardar) en que €8- te cuerpo, que siento ahora lleno de vida, será encerrado en un ataud, y conducido bajo esta tierra , seguido 4-lo mas de algun amigo mio, que derramando algunas lígrimas, exclamará una ó dos veces: ¡Ay hermano mio!... Sí; llegará este (1) Nunca paso cerca de estos lugares donde la muerte acina los restos de la humana especie, sin que se apodere de mí la mas negra melancolía. Triste y pensativo, hollando con mis pies tantos Venera» bles muertos. En un tiempo (digo á mi corazon) vivian estos como yo ahora, Otro vendrá en que ya yo habré muerto como ellos lo estan hoy. (Seis versos de Parnell.)