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149 Creneida, 10 (2022). 149-192. www.creneida.com. issn 2340-8960 Juan Montero, Variantes de autor en un poema de Fernando de Herrera: Elegía a la muerte de don Pedro de Zúñiga Variantes de autor en un poema de Fernando de Herrera: Elegía a la muerte de don Pedro de Zúñiga Juan Montero Universidad de Sevilla [email protected] Título: Variantes de autor en un poema de Fernando de Herrera: Elegía a la muerte de don Pedro de Zúñiga. Title: Author Variants in a Poem by Fernando de Herrera: Elegy to the Death of Don Pedro de Zúñiga. Resumen: Estudiamos en este trabajo un caso dentro del complejo problema textual herreriano, el de la Elegía a la muerte de don Pedro de Zúñiga, fallecido ca. 1570-1571. Del poema nos han llegado dos testimonios íntegros, uno en un manuscrito de 1578 y otro impreso en la edición póstuma de los Versos de Herrera por Francisco Pacheco (1619), además del testimonio parcial (tres versos), pero muy útil, que se recoge en las Anotaciones a Garcilaso (1580). El análisis de las variantes demuestra que la versión P es el resultado de una intensa y coherente reescritura del poema, marcada por la intensificación cultista. Esto nos lleva a concluir que su autor es el propio Herrera, en algún momento entre 1582 (Algunas obras) y 1597 (fecha de su muerte). Resulta verosímil que P represente la redacción final del texto, pero no puede demostrarse. Abstract: We study in this work a case within the complex Herrerian textual problem, that of the Elegy to the death of don Pedro de Zúñiga, deceased ca. 1570-1571. We have received two complete testimonies of the poem, one in a manuscript from 1578 and the other printed in the posthumous edition of Herrera’s Versos by Francisco Pacheco (1619), in addition to the partial testimony (three verses), but very useful, which is collected in the Anotaciones a Garcilaso (1580). The analysis of the variants shows that version P is the result of an intense and coherent rewriting of the poem, marked by cultist intensification. This leads us to conclude that its author is Herrera himself, at some point between 1582 (Algunas obras) and 1597 (date of his death). It is plausible that P represents the final redaction of the text, but it cannot be proved. Palabras clave: Elegía a la muerte de don Pedro de Zúñiga, Crítica textual, Filología de autor, Variantes de autor, Fernando de Herrera, Edición póstuma Key Words: Elegía a la muerte de don Pedro de Zúñiga, Textual Criticism, Authorial Philology, Author Variants, Fernando de Herrera, Posthumous Edition. Fecha de recepción: 25/6/2022. Date of Receipt: 25/6/2022. Fecha de aceptación: 27/6/2022. Date of Approval: 27/6/2022.
150 Creneida, 10 (2022). 149-192. www.creneida.com. issn 2340-8960 Juan Montero, Variantes de autor en un poema de Fernando de Herrera: Elegía a la muerte de don Pedro de Zúñiga El problema textual que aqueja a la poesía de Fernando de Herrera (1534- 1597) es tan complejo que dificulta la adecuada valoración de su papel en la transición entre el Renacimiento maduro y el primer Barroco. Como se sabe, la cuestión surge básicamente de las notables diferencias entre la edición en vida (Algunas obras, Sevilla, Andrea Pescioni, 1582 = H) y la edición póstuma al cuidado del pintor Francisco Pacheco (Versos, Sevilla, Gabriel Ramos Bejarano, 1619 = P), mucho más voluminosa y muy condicionada por las dificultades del suegro de Velázquez para reunir los materiales. A estos dos dispares conjuntos hay que sumar otros testimonios secundarios, el más importante de los cuales es la sección herreriana del códice Cisnes del Betis (Madrid, Biblioteca Nacional, ms. 10.159 = B), encabezada así: “De Herrera, 1578”1. Según demostró Salvatore Battaglia2, el núcleo de la cuestión reside en los trece poemas comunes a B - H - P, cuyo análisis revela un proceso de revisión autorial tan sostenido en el tiempo como coherente desde la versión manuscrita a la póstuma impresa —frente a la idea previa de que los poemas de P constituían versiones primitivas desechadas por el autor en 1582—3. 1 Fue editada por primera vez en Fernando de Herrera, Rimas inéditas, ed. José M. Blecua, Madrid, C.S.I.C., 1948 (=Ri), y consta de 131 poemas copiados por alguien que no es Herrera. Una detallada presentación de los testimonios que transmiten la poesía herreriana puede verse en Fernando de Herrera, Obra poética, ed. José Manuel Blecua, Madrid, RAE, 1975, i, pp. 65-78 (= OP). Alguna actualización aporta Juan Montero, “La transmisión de los textos poéticos de Fernando de Herrera: estado de la cuestión y nuevas perspectivas”, en De Herrera. Estudios reunidos en el iv centenario de “Versos” (1619), eds. Juan Montero y Pedro Ruiz Pérez, Sevilla, Editorial Universidad de Sevilla, 2021, pp. 107-149 (pp. 113-123); sobre la valoración del testimonio B y su probable conocimiento por los editores de P, vid. pp. 142-147. 2 Salvatore Battaglia, “Per il testo di Fernando de Herrera”, Filologia Romanza, i (1954), pp. 51-88. 3 Como se sabe, fue Quevedo el primero en deslizar esa sospecha en su prólogo a las poesías de Francisco de la Torre (Madrid, Imprenta del Reino, 1631) y Adolphe Coster lo aceptó en la introducción a su edición de Algunas obras (París, Honoré Champion, 1908). Entre los estudiosos recientes solo ha vuelto a plantearlo Ricardo Senabre, “Los textos emendados de Herrera”, Edad de Oro, iv (1985), pp 179-193; a quien replica Bienvenido Morros Mestres, “Algunas observaciones sobre la poesía y la prosa de Herrera”, El Crotalón, ii, (1985), pp. 147-168 [147-153].
151 Creneida, 10 (2022). 149-192. www.creneida.com. issn 2340-8960 Juan Montero, Variantes de autor en un poema de Fernando de Herrera: Elegía a la muerte de don Pedro de Zúñiga La tesis de Battaglia, apoyada por Oreste Macrí, fue puesta en tela de juicio por José Manuel Blecua, no ya en lo concerniente a la cronología B - H - P, sino a la plena autoría herreriana de P, postura que han reiterado luego otros editores de Herrera, como Cristóbal Cuevas4. Del otro lado, Inoria Pepe Sarno se ha sumado a la tesis de Battaglia y Macrí, enriqueciéndola con el análisis de las variantes que presentan los setenta y cinco poemas comunes exclusivamente a H - P5. Aunque centrado en el núcleo antedicho, Battaglia también se ocupó de analizar cinco de los sesenta y siete poemas comunes solo entre B y P, con resultados análogos a los presentados para B - H - P6. A esos cinco casos añade, por último, el estudioso la mención de una elegía que tiene la particularidad de que Herrera cita uno de sus tercetos en las Anotaciones a Garcilaso (Sevilla, Alonso de la Barrera, 1580 = An), cuyo tercer verso presenta ahí un estado redaccional intermedio entre B y P7. Esa feliz 4 Oreste Macrí, “Autenticidad y estructura de la edición póstuma de Versos de Herrera”, Filologia Romanza, vi (1959), pp. 1-26 y 151-184, luego incorporado a su Fernando de Herrera, Madrid, Gredos, 1972; José Manuel Blecua, “Introducción”, en OP, i, pp. 11-63; y Cristóbal Cuevas, “Introducción”, en Fernando de Herrera, Poesía castellana original completa, ed. Cristóbal Cuevas, Madrid, Cátedra, 1985, pp. 87-99. Para otras intervenciones en el debate, remitimos a Montero, op. cit., pp. 111-113. En breve ha de publicarse el volumen de la poesía de Herrera (Algunas obras. Otros poemas) en la colección de Clásicos Españoles de la RAE, al cuidado de Mª. Teresa Ruestes Sisó, con la colaboración de Antonio Ramajo Caño y José Solís de los Santos. 5 Lo fundamental de la aportación de esta autora se recoge en una serie de cinco artículos: “Se non Herrera, chi? Varianti e metamorfosi nei sonetti di Fernando de Herrera. i parte”, Studi Ispanici, 1982, pp. 33–69; ii parte (1983), pp. 103-127; iii parte (1984), pp. 43-76; “Se non Herrera, chi? Varianti e metamorfosi nelle canzoni di Fernando de Herrera. iv parte”, Studi Ispanici, 1985, pp. 43-73; y “Se non Herrera, chi? Varianti e metamorfosi nelle elegie di Fernando de Herrera. v parte”, Studi Ispanici, 1986, pp. 21-59. Las conclusiones del trabajo conjunto se recogen en esta última entrega, pp. 43-59. 6 Afirma Battaglia, op. cit., p. 74: “…l’epurazione formale del testo postumo risulterà sempre sicura. I criteri che il poeta adoperava per la revisione stilistica della stessura di B, dapprima per il testo H e poi per l’altro di P, si continuano con la medesima oculatezza e con lo stesso impegno nel diretto trapasso della versione più antica a questa più recente”. 7 Ibidem, pp. 85-86. La cita reza así: “I yo [Herrera], en la elegía por la muerte de don Pedro de Çúñiga, hijo del duque de Béjar: “Yo, al amor que te devo agradecido / (si
152 Creneida, 10 (2022). 149-192. www.creneida.com. issn 2340-8960 Juan Montero, Variantes de autor en un poema de Fernando de Herrera: Elegía a la muerte de don Pedro de Zúñiga coincidencia confirma, por tanto, que a la altura de 1579 —la licencia de impresión lleva fecha de cinco de septiembre de ese año— Herrera ya había empezado a revisar el texto B en la dirección que lleva a P. Este es el caso que elegimos para nuestro estudio, con la idea de explicar el proceso de correcciones en su conjunto y ver en qué medida arroja conclusiones extrapolables al estudio del problema textual herreriano. Para ello nos valdremos de los conceptos que la filología de autor suele aplicar al análisis de las variantes8, combinándolos en algunos puntos con herramientas de las Humanidades digitales, cuya utilidad ha quedado demostrada para el caso de Herrera en la reciente tesis doctoral de Laura Hernández Lorenzo9. 1. Testimonios y fechas de redacción Al margen de ese testimonio parcial, el poema nos ha llegado en dos versiones diferentes. La primera, de 181 vv., está recogida en B, ff. 206-210, con el encabezamiento “Elegía. A la muerte de don Pedro de Cabrera”, y empieza “Luego que me hirió el profundo pecho”10; la segunda, de 172 algo pueden mis versos), te prometo / que tu nombre no esconda [sic, por: asconda] eterno olvido” (Fernando de Herrera, Anotaciones a la poesía de Garcilaso, eds. Inoria Pepe y José María Reyes, Madrid, Cátedra, 2001, p. 618, que se corresponde con la p. 336 de 1580; son los vv. 154-156 del poema en la edición que ofrecemos luego). Herrera cita esos versos como ejemplo de imitación virgiliana (Eneida, ix, 446: “si quid mea carmina possunt”). Es importante, como ya observó Battaglia, que Herrera identifique ahí al difunto con don Pedro de Zúñiga, como también se lee en P, mientras que B trae por error “A la muerte de Don Pedro de Cabrera”. Otro detalle, pues, que corrobora la fiabilidad de P. 8 Ofrecen un sintético estado de la cuestión Paola Italia y Giulia Raboni, Che cos’è la filologia d’autore, Roma, Carocci, 2010; un extracto del mismo se recoge en “¿Qué es la filología de autor?”, trad. Paolo Tanganelli, Creneida, 2 (2014), pp. 7-56. 9 Los textos poéticos de Fernando de Herrera. Aproximaciones desde la Estilística de corpus y la Estilometría, Sevilla, Universidad de Sevilla, 2020 (tesis doctoral); accesible aquí: https://idus.us.es/handle/11441/93465. Agradezco a la autora que haya realizado las operaciones y comprobaciones que le he solicitado para este estudio y que se irán detallando a lo largo de él. 10 Editada en Ri, pp. 168-177, con el título de “Elegía v”, también se incluye entre los poemas sueltos en Fernando de Herrera, Poesía, ed. María Teresa Ruestes, Barcelona, Planeta, 1986, pp. 170-174. Esta versión tiene nueve versos (los que van del 13 al 21)
153 Creneida, 10 (2022). 149-192. www.creneida.com. issn 2340-8960 Juan Montero, Variantes de autor en un poema de Fernando de Herrera: Elegía a la muerte de don Pedro de Zúñiga vv. y titulada “Elegía vi. A la muerte de don Pedro de Çúñiga”, consta en P, libro ii, pp. 214-221, con este arranque: “Luego qu’el pecho me hirió el esquivo”11. El fallecido hay que identificarlo con don Pedro de Zúñiga y Sotomayor, séptimo hijo de Francisco de Sotomayor (f. 1544), quinto conde de Belalcázar, y de Teresa de Zúñiga y Guzmán (f. 1565), tercera duquesa de Béjar y marquesa de Ayamonte12. Sobre la fecha de su muerte, el poema nos dice que fue temprana (especialmente, vv. 12+1-12+3 de B) y, más en concreto (vv. 73-84), que ocurrió poco después de la de un amigo suyo, don Luis Ponce de León, fallecido el 10 de febrero de 1569 en combate con los moriscos en el peñón de las Guajaras Altas, tras ser malherido por unas rocas que desprendieron los rebeldes13. En realidad, don Pedro —a quien Herrera dedicó, además de la Elegía, el soneto “Las estatuas, las tablas en que muestra”14— vivía eliminados en P. Para facilitar la referencia conjunta a las dos versiones, nos referiremos a ellos mediante la indicación 12+1, 12+2, y así sucesivamente hasta 12+9. 11 Puede verse el texto en OP, ii, pp. 241-251, con la versión B al pie. Macrí cataloga esta elegía entre los poemas que él considera integrados en lo que llama la estructura P, es decir, los que representan la fase estilística propia de la revisión final herreriana (Macrí, Fernando de Herrera, pp. 173-174 y 178). 12 Don Pedro era, pues, hermano menor de don Antonio de Guzmán (f. 23-04-1580), iii Marqués de Ayamonte y Gobernador del Estado de Milán, a quien Herrera dedicó en primera instancia las Anotaciones a Garcilaso. Lo decimos así porque el marqués murió durante la impresión del libro y Herrera redactó entonces una segunda dedicatoria a un hijo suyo, don Francisco, que solo se recoge en uno de los estados de la edición. Vid. Obras de Garcilaso de la Vega con anotaciones de Fernando de Herrera (Sevilla, Alonso de la Barrera, 1580), ed. facs. con un estudio bibliográfico por Juan Montero, Sevilla, Universidades de Córdoba, Huelva y Sevilla, 1998, pp. 33-56. 13 Lo señala Francisco Pacheco en el elogio que le dedica al personaje en su Libro de descripción de verdaderos retratos de ilustres y memorables varones, eds. Pedro M. Piñero y Rogelio Reyes, Sevilla, Diputación Provincial, 1985, pp. 249-252. Herrera dedicó otros dos sonetos a don Luis: uno a un poema espiritual que compuso, “Vuestro canto i aliento eccelso i pío”, y otro a su muerte, “Aquí donde tú yazes sepultado”. Ambos están copiados en B y, con algunas variantes, en el citado Libro de retratos (OP, i, pp. 156-157). No debe confundirse este don Luis con el homónimo duque de Arcos (1528-1573), al que Herrera dedica la canción “Ô clara luz i onor del Ocidente”, testimoniada en B y P, con variantes (OP, ii, pp. 225-231). 14 Solo recogido en B, ff. 141-141v (OP, i, pp. 184-185). El poema afirma que la poesía podrá dar muestra, mejor que la escultura o la pintura, “de la luz que os inspira el Rey del çielo” (v. 6).
154 Creneida, 10 (2022). 149-192. www.creneida.com. issn 2340-8960 Juan Montero, Variantes de autor en un poema de Fernando de Herrera: Elegía a la muerte de don Pedro de Zúñiga a mediados de 1570, pues el 6 de junio de ese año otorga escritura reconociendo haber recibido la dote y el mayorazgo de su esposa doña María (o Leonor, según las fuentes) de Recalde15. Es probable que poco después se celebrase el matrimonio, cuya fecha exacta sería aquí de gran utilidad, pues el genealogista Salazar y Castro afirma que don Pedro murió trece días después de su boda, celebrada en Sevilla16. De manera que podemos concluir provisionalmente que Herrera bien pudo componer la Elegía en la segunda mitad de 1570 o en la primera de 1571, redacción de la que B constituye sin duda el testimonio más próximo. Según su costumbre, el poeta sometió luego a revisión el texto y de ese proceso ha quedado una mínima huella en el terceto que se cita en las Anotaciones, cuya redacción indica una fase todavía no muy avanzada, como se ve en el v. 156: B que tu nombre no bañe’eterno’oluido. An que tu nombre no asconda eterno olvido. P que no asconda tu nombre ingrato olvido. En cuanto a la fecha de la redacción P, lo único seguro es que ha de ser posterior a la publicación de Algunas obras en 1582, con licencia fechada el 27 de junio de ese año: la Elegía quedó excluida de ese volumen y resulta lógico pensar que Herrera estuviese ocupado por entonces en seleccionar y revisar los 91 poemas del libro y en cuidar su impresión. Si, como parece probable, hubo alguna redacción intermedia entre la que existía en 1579, mínimamente recogida en A, y la impresa en P, no hay testimonio que lo confirme. Se antoja verosímil, por otra parte, que esa última sea la definitiva, aunque falta la prueba documental que lo confirme. 15 Así consta en el Catálogo de la Colección Salazar y Castro de la Real Academia de la Historia (accesible en https://www.rah.es/wp-content/uploads/2016/11/Salazary- Castro_22_nov_2016.pdf), en una entrada que remite a M-41, ff. 15-71; nº 51494 del inventario. 16 El apunte consta en el ms. D-32, f. 5 de la Colección Salazar y Castro de la RAH. En ese caso, don Pedro tendría al morir no menos de veintisiete o veintiocho años, dado que su padre todavía engendró en su esposa dos hijos más antes de morir el 4 de noviembre de 1544. Agradezco a Juan Luis Carriazo estas informaciones sobre don Pedro.
155 Creneida, 10 (2022). 149-192. www.creneida.com. issn 2340-8960 Juan Montero, Variantes de autor en un poema de Fernando de Herrera: Elegía a la muerte de don Pedro de Zúñiga 2. Los dos textos Seguimos la edición de José Manuel Blecua en OP, que moderniza acentuación y puntación solo en B17. Texto B ELEGÍA A la muerte de don Pedro de Cabrera Texto P ELEGÍA VI. A la muerte de don Pedro de Çuñiga. Luego que me hirió el profundo pecho el triste son del caso suçedido, turuose el coraçón, vn yelo hecho. Luego qu’el pecho me hirio el esquivo i triste son d’el caso sucedido, enfriò el coraçon un ielo vivo. Quise’engañar yo mesmo a mi sentido y negar a la fama la çerteza: que tanto mal no deue ser creydo. 5 Quise empero turbar a mi sentido i vencer a la fama con engaño; que tanto mal no deve ser creido. Mas el lloroso estado y la tristeza y el común sentimiento que se uía, me declaró del daño la grandeza. Mas el quexoso sentimiento estraño en el comun dolor, que se veia, me descubrio, cuanto era grande’l daño. ¡Quán de otra suerte, triste, yo fingía la alegre nueua, y toda la memoria que’en la ponpa real se me ofreçía! 10 Cuan d’otra suerte (ai misero) fingia el sucesso i memoria de las cosas; qu’en la pompa real se m’ofrecia! Contaua los sussesos y la gloria en exerçiçios de la diestra’ardiente y del feroz cauallo la vitoria; +5 el jüyzio, el ingenio floreçiente, el valor de aquel ánimo dichoso, que era sola esperança de Oçidente; 17 OP, ii, pp. 241-251, que edita el texto de P y al pie el de B. Aunque esta edición elimina en el texto B algunos pequeños descuidos de transcripción de Ri, todavía quedan en ella otros tres que hemos salvado. A saber: v. 25 del duro; v. 49 mala; v. 84 león (pero es apellido); también hemos retocado la puntuación de los vv. 103-104. Además hemos corregido algunos errores evidentes de uno u otro testimonio, que Blecua conserva: B, 149 lamentos; B, 168 mora; P, 69 vitoria (pero la frase es interrogativa). Cuestión distinta son algunas correcciones que figuran en B. La más interesante afecta al v. 164, en el que la lectura rociada va interlineada, de otra mano, tras haber tachado desseada. No puede descartarse que las dos sean lecciones herrerianas y que tengamos ahí, por tanto, un mínimo vestigio del proceso de correcciones.
156 Creneida, 10 (2022). 149-192. www.creneida.com. issn 2340-8960 Juan Montero, Variantes de autor en un poema de Fernando de Herrera: Elegía a la muerte de don Pedro de Zúñiga el santo zelo, el pecho generoso, la pïedad, el ser afable, vmano, la constançia y grandeza y el reposo. +10 Mas, ¡o mis esperanças, quán en vano salieron, quán en breue cortó Muerte la tierna flor con rrigurosa mano! 15 Mas ô mis esperanças glori sas cuan mal surten! cuan mal divides, Muerte, la union de tantas gracias venturosas! ¿Quál coraçón se uio tan duro y fuerte que no quedase’en lágrimas deshecho, que no temblase con tan graue suerte? Que coraçon se vê tan duro i fuerte, que no acábe’n sus lagrimas deshecho? que no estálle, estrechado de tal suerte? Murió don Pedro, y mi terrible pecho no se rompe. ¿Qué espera mi dureza, después deste cruel y triste hecho? 20 Murio, ai dolor, i no rompio mi pecho? que mal, que pena espera mi dureza despues d’este cruel i acerbo hecho? ¿Qué muestras podré dar de mi tristeza, sino suspiros tristes y lamento, que condenen del hado la’aspereza; Que señales darè de mi tristeza? suspiros tristes i lloroso acento; que condenen d’el hado l’aspereza; y en exequias de duro sentimiento estos versos, que sean los despojos del bien que ya perdí, del mal que siento? 25 I en esequias d’eterno sentimiento estos versos; que sean los despojos d’el bien, que ya perdi, d’el mal, que siento. Lágrimas ¿quién dará para mis ojos? Suspiros ¿quién al coraçón doliente? ¿Quién palabras que hieran como abrojos? 30 Lagrimas quien darà para mis ojos? suspiros quien al coraçon doliente? quien palabras, qu’espinen como abrojos? A mis ojos ya ueo estar presente aquel semblante’en nueua luz cubierto, con pura claridad resplandeçiente. Ya veo, ya conosco aqui presente aquel semblante’n viva Luz cubierto, con pura claridad resplandeciente; Y culpa si su espíritu desierto lloro, que en la región del alegría está, dexando en tierra el cuerpo muerto. 35 I me culpa, su espiritu desierto si llóro qu’en region de l’alegria està, desamparando el cuerpo muerto. Gran causa de llorar es esta mía, pues considero quánta confiança a España’arrebató vn oscuro día. Grande causa de llanto es esta mia, pues contemplo cuan alta confiança, España, te robò un oscuro dia. Mas si rebueluo intento esta mudança, y ueo a quien suspiro más dichoso, donde el poder terreno tarde alcança, 40 Pero si buelvo intento esta mudança; i veo, a quien suspíro, venerable, donde’l poder terreno tarde alcança; es inuidia y no llanto lastimoso que se tiene a quien huye del cuydado y miseria del suelo trabajoso. 45 Invidia es, no congoxa lamentable al que huye’n la senda peligrosa los trabajos d’el suelo miserable. ¿Quién llora porque biua descansado, lexos de las congoxas desta vida, el que siempre’estimó y fue dél amado? Quien llora, porque góze’n paz dichosa, lexos d’estos Euripos de la vida, l’alma de quien amò mas gloriösa?
157 Creneida, 10 (2022). 149-192. www.creneida.com. issn 2340-8960 Juan Montero, Variantes de autor en un poema de Fernando de Herrera: Elegía a la muerte de don Pedro de Zúñiga Allí la ambiçión vana y sin medida, odio, cudiçia, miedo y la tristeza, su quïetud no turuan escondida; 50 Alli l’ambicion vana i sin medida, odio i codicia i miedo i error ciego su quiėtud no alteran escogida. mas seguro sossiego y la simpleza, que’en çelestes espíritus assienta, diuino amor de la immortal belleza. Mas la simpleza amable i el sossiego; qu’en celestes espiritus presenta de la immortal belleza ardiente fuego. Nuestra mísera vida’¿a quién contenta? ¿Quién dessea viuir en las cadenas donde la alma se cansa y atormenta? 55 Nuestra misera vida a quien contenta? quien dessea luchar en las cadenas, donde l’alma se cansa i atormenta? Nuestras glorias, de afán y dolor llenas, sin bien, sin esperança, sin consuelo, siempre con más dolor doblan las penas. 60 Nuestras glorias d’afan i dolor llenas, sin bien, sin esperança, sin consuelo descubren con mas cuita nuevas penas. Nunca’alçamos los ojos en el çielo, sugetos con la carga y peso vmano que al alma impide levantar el buelo. Nunca alçamos los ojos en el cielo, opressos con la carga i peso umano; qu’a l’alma impide levantar el buelo. Rebueltos en desseo y temor vano viuimos, enemigos de la gloria de aquel supremo assiento soberano. 65 Rebueltos en desseo i temor vano, temblamos, enemigos de la gloria d’aquel felice assiento soberano. ¿A quién no cansa la cruel memoria, do más ilustra Betys la alta frente y da’al mar de sus ondas la vitoria? A quien n’ofende la cruel memoria, do mas ensancha Betis l’alta frente; i dà’l mar de sus ondas la vitoria? Hambre, peste, furor de Marte ardiente, rigor del çielo, nunca mitigado, y contino temor del mal avsente. 70 Hambre; peste; furor de Marte ardiente; rigor d’el cielo nunca mitigado; i ansi so temor d’el mal ausente. Entonçes nos lleuó el aduerso hado de León aquel iouen animoso, con la cumbre del monte quebrantado. 75 Entonces (ô dolor) el impio hado arrebatò aquel Ioven animoso, con la cumbre d’un monte quebrantado. Quedó tendido el cuerpo generoso sin vida en la desnuda tierra, elada con el orror del golpe impetüoso. Quedò tendido el cuerpo generoso sin vida en la desnuda tierra elada, con el orror d’el golpe impetu so. No baxa con tal furia’arrebatada el rayo resonante, despedido de la nuue, con ímpetu rasgada. 80 No cala con tal furia acelerada el rayo penetrante, despedido de la nube con impetu rasgada. Betys turuó sus ondas con gemido y sus ninfas llorauan a su amante y del León sonó el feros rugido. Turbò sus ondas Betis con gemido; i sus Ninfas lloraron a su amante, i d’el Leon sonò el feroz rugido. Jamás dolor a este semejante sintieron las riberas caudalosas que hiere’el alto piélago de Atlante, 85 Iamas dolor ėste semejante sintieron las Riberas caudalosas; que toca el hondo pielago de Atlante.
164 Creneida, 10 (2022). 149-192. www.creneida.com. issn 2340-8960 Juan Montero, Variantes de autor en un poema de Fernando de Herrera: Elegía a la muerte de don Pedro de Zúñiga intervenciones y soluciones que ofrece P. En el v. 4 se aprecia ante todo la supresión del redundante yo mesmo26 y la reconducción completa de la andadura prosódica, marcada en B por la presencia de acentos antirrítmicos en las sílabas centrales y la balbuceante reiteración del sonido m, con pretendido efecto de patetismo27. Por otra parte, el engañar de B se sustituye por turbar (aquí ‘enturbiar la percepción’), previamente eliminado en el v. 3 de B. He aquí un primer ejemplo de las numerosas variantes encadenadas que se dan en el proceso de revisión; al tiempo, engañar se retoma en P bajo la forma del sustantivo engaño, en posición de rima. Con el conjunto de los cambios, la posición del sujeto lírico queda mejor perfilada: si en B esta era de incredulidad ante la noticia (negar), en P implica un rechazo más activo (vencer), siempre bajo el signo del querer autoengañarse. La preocupación por la coherencia lógica se explicita en el empero del v. 428, que contribuye a clarificar el proceso psicológico del poeta cuando recibe la nueva, al igual que la adversativa que abre el siguiente terceto en las dos redacciones. En los vv. 7-9, el sintagma tripartito en polisíndeton de B da paso a una frase que, pivotando sobre elementos previos (el sustantivo sentimien- to y el adjetivo común), aglutina mejor el concepto en P, con el refuerzo 26 Esta supresión del pronombre de primera persona es rasgo consistente en la revisión, pues se da también en los vv. 10 y 110, aunque se conserva en 109 y 154. Ya lo señaló Battaglia, op. cit., p. 76: “Pare una preoccupazione costante del poeta di evitare la pleonastica solennità di yo”. Y Macrí, op. cit., pp. 284-285, habla, en general, de “eliminación sistemática de pronombres de la primera persona” en P. Sin duda, esto favorece el enriquecimiento léxico que caracteriza la edición póstuma, como señala Pepe Sarno (“L’ennunciato diventa più corposo”, v parte, p. 52) al tratar sobre la eliminación, en general, de elementos gramaticales redundantes o superfluos. 27 Con antirrítmico nos referimos al acento “situado en posición inmediata a la de un acento rítmico” (José Domínguez Caparrós, Diccionario de métrica española, Madrid, Paraninfo, 1992, p. 9). Sobre la secuencia antirrítmica y su uso por parte de Herrera, vid. William Ferguson, La versificación imitativa en Fernando de Herrera, Londres, Tamesis, 1980, pp. 47-116. 28 Aparte de este caso, solo se dan otros dos de empero en OP¸ ambos en poemas exclusivos de P (P i, lxxxv, 12 y P ii, El x, 22). Por cierto, que el verso resultante en P recuerda este otro de Garcilaso, El. i, 7: “quise, pero, probar si me bastase”. Lo subrayamos porque es más frecuente lo contrario: que P elimine los más perceptibles ecos garcilasianos de B (pero no todos), como se irá señalando.
165 Creneida, 10 (2022). 149-192. www.creneida.com. issn 2340-8960 Juan Montero, Variantes de autor en un poema de Fernando de Herrera: Elegía a la muerte de don Pedro de Zúñiga de dolor, en lugar de tristeza. Una pareja de adjetivos se adosa en P a sentimiento: quejoso, en lugar de lloroso —que será rescatado, sin embargo, en el v. 23 de P29— y extraño, que prepara la ponderación del v. 9. En este, el desplazamiento de daño a la posición de rima posibilita una expresión más enfática (cuánto era grande), tanto en lo semántico como en lo prosódico, a causa de la secuencia antirrítmica entre las sílabas cuarta y sexta30. En la misma dirección apunta la sustitución de declaró por descubrió, ya que el segundo —a la zaga de hirió (v. 1) y de enfrió (v. 3)— contribuye a reforzar la coherencia fónica del verso: “me descubrio, cuanto era grande’l daño”, endecasílabo a minore que se hace eco del esquema rítmico del v. 7, también a minore después de la revisión. Ante la pesadumbre que causa la conciencia del mal presente, el sujeto trata de refugiarse en el recuerdo del bien pasado (vv. 10-12), idea que en B viene expresada en términos algo confusos31, pero clarificados en P, cuya redacción aglutina, además, los componentes de la frase mediante la geminación de sustantivos del v. 11 (suceso y memoria)32. Que el consuelo no deja, en cualquier caso, de resultar imaginario lo subraya el v. 10, que en P prescinde nuevamente del yo redundante, para introducir con ay mísero un lamento más eficaz y que evita, a su vez, la repetición de triste, ya empleado en el v. 2. En este punto, en B se leen nueve versos que, anclados al término memoria del v. 11, evocan las cualidades de don Pedro: su dominio de 29 La reescritura del v. 7 elimina, por tanto, el sintagma lloroso estado, que ya estaba en Garcilaso, El. i, 18. 30 Localizamos la misma construcción cuanto más en P ii, xcv, 12, referida a Ulises: “Cuanto fueras más grande y valeroso”. 31 En gran medida por el uso del sintagma alegre nueva, que si —como parece— se refiere a la muerte de don Pedro, solo puede entenderse con el sentido latino de alacer (‘vivo, ligero’). 32 Este verso presenta en P la primera palabra rima terminada en consonante, que en B no llegaba hasta el v. 36 (sin contar los nueve suprimidos). Recuérdese lo dicho por Herrera, Anotaciones, pp. 442-443, a propósito del soneto xxv de Garcilaso: “Dirán los toscanos que este soneto, i el décimo i vigésimo, i otros que ai de Garci Lasso, carecen de dulçura i suavidad por acabar en consonantes, porque a su parecer, sólo es buen verso el que se termina en vocal (…). Mas casi oso afirmar que es vicio acabarse siempre en vocales, porque carecen de variación i se pierde mucha parte de la grandeza, sonoridad i número”. En la Elegía se comprueba que P no cambia apenas las palabras rima de B terminadas en consonante (con la mínima excepción de los vv. 88 y 90) y que, en general, esos versos presentan un porcentaje de intervenciones inferior al resto.
166 Creneida, 10 (2022). 149-192. www.creneida.com. issn 2340-8960 Juan Montero, Variantes de autor en un poema de Fernando de Herrera: Elegía a la muerte de don Pedro de Zúñiga las armas y de la equitación, junto con sus valores intelectuales, morales y religiosos (santo celo, v. 12+7)33. Todo ello, como ya se ha dicho, se elimina en P para resumirse en las gracias venturosas del v. 1534, como germen de esperanzas gloriosas (v. 13), sintagma cuyo núcleo nominal ya estaba en B por partida doble, pues se repetía en 12+6 y en 13. La explicación del drástico cambio parece residir en la distancia temporal que implica la revisión P: desaparecida la urgencia del encomio fúnebre, el poeta enfoca el evento desde la sola y tópica perspectiva de las esperanzas perdidas por la prematura muerte del caballero, algo que en esta parte de P se expresa como mera percepción individual, tras la eliminación de esperanza de Occidente en B, 12+6. Por lo demás, el terceto resultante en P evita los términos más que convencionales de B (tierna flor, rigurosa mano) y gana tanto cohesión sintáctica, mediante la geminación de cuán mal, como emotividad, por la apelación directa a la Muerte35, en un verso que muestra, otra vez, una cuidada prosodia de los acentos antirrítmicos (1-2-3, 5-6) y las repeticiones fónicas: “cuan mal surten! cuan mal divides, Muerte” (v. 14)36. De este modo, el terceto cumple de manera más eficaz su función como epifonema conclusivo del exordio. 5. Las dos redacciones de la lamentatio y consolatio Dentro de esta parte, la breve lamentatio (vv. 16-30) ha sufrido una revisión moderada en comparación con la consolatio (vv. 30-54), de mayor aliento y también más profundamente revisada. Con todo, no dejan de 33 Hay en esos versos algunos ecos garcilasianos; por ejemplo, del elogio de Albanio en boca de Salicio: “Manso, cuerdo, agradable, virtüoso, / sufrido, conversable, buen amigo, / y con un alto ingenio, gran reposo” (Égl. ii, vv. 904-906), pasaje que mereció esta nota herreriana: “Para más que pastor es este elogio” (Anotaciones, p. 857). 34 Herrera tenía el precedente de Garcilaso, El. i, 71 (“tus gracias y virtudes”). 35 Macrí, op. cit., p. 343, comenta este cambio como una activación y vivificación de “lo abstracto alegorizado”. El mismo procedimiento se repite luego con España (v. 39). Recuérdese lo que Herrera prescribe para la elegía en Anotaciones, pp. 558-559: “que tenga frequente conmiseración [sic por: comiseración], quexas, esclamaciones, apóstrofos, prosopopeyas, escursos o parébases”. 36 Solo hay otro caso de surtir en OP (PvarB i, xvi, 9), con deseo como sujeto; unión es caso único en OP, aunque sí se documenta dos veces en la prosa de An.
167 Creneida, 10 (2022). 149-192. www.creneida.com. issn 2340-8960 Juan Montero, Variantes de autor en un poema de Fernando de Herrera: Elegía a la muerte de don Pedro de Zúñiga apreciarse retoques significativos en la expresión del dolor, empezando por el cambio de los tiempos verbales en el arranque, con la sustitución del pasado en B (vio, quedase, temblase) por el presente en P (ve, acabe, estalle), solución que actualiza la vivencia de la pérdida por parte del sujeto lírico37. Al mismo efecto se llega, pero por la vía opuesta, en los vv. 19-20, donde la secuencia murió … no se rompe de B cede su lugar a murió … y no rompió en P —con uso intransitivo de romper—38, enfatizando el sentimiento de pesar mediante la idea de que la noticia de la muerte de don Pedro tendría que haber causado sin dilación la del propio poeta; todo ello subrayado por la inserción en P del vocativo ay, dolor (v. 19). La misma intención de reforzar el patetismo afectivo se percibe en los retoques léxico-sintácticos de P: quedase en lágrimas deshecho → acabe (‘muera’) en sus lágrimas deshecho (v. 17), con un enfoque más dinámico de la acción verbal39; temblase con tan grave suerte → estalle, estrechado (‘puesto en aprie- to’) de tal suerte (v. 18)40; triste hecho → acerbo hecho (v. 21), que introduce un cultismo de acepción y evita, además, la redundancia con tristes en el v. 23. En los vv. 19-20 la intervención afecta tanto al léxico como, particularmente, a la sintaxis. Primero, por la concentración expresiva del v. 19 en P, fruto de la depuración de elementos accesorios (la mención de don Pedro) o poco afortunados de B (el adjetivo terrible ‘¿duro, insensible?’). Luego, por el enriquecimiento léxico y la mejora tanto sintáctica, mediante la geminación de sustantivos, como prosódica del v. 20: “que mal, que pena espera mi dureza”; sin olvidar la mentada sustitución triste → acerbo (v. 21: “despues d’este cruel i acerbo hecho?”). Un criterio similar 37 Esta sustitución en los tiempos verbales es rasgo habitual en las correcciones de P, como explica Macrí, op. cit., pp. 338-340. 38 Uso bien documentado en todas las secciones de OP, como señala Kossoff, Vocabulario, s. v., ac. 16. Entre los ejemplos que aduce, destacamos este: “¡O duro corazón qu’en mal tan fuerte / no rompes!” (OP, i, p. 158; son los vv. 7-8 de la Elegía a la muerte de Juan de Mal Lara). 39 Lo señala Macrí, op. cit., p. 331. 40 Tanto estallar como estrechar y estrechado son voces exclusivas de P. La primera solo aparece, además de aquí, en P i, lxxxvi, 14 (“¿Cómo sufre i no estalla un tierno pecho?”). Entre los pocos casos de la segunda, cabe resaltar la sustitución cansáis → estrecháis en PvarH xii, 14. Obsérvese, asimismo, el resultado fónico de la revisión: “que no estálle, estrechado de tal suerte?”. La lección de B, en fin, estaba más cerca de Garcilaso, El. i, 22-23: “que temo ver deshechas tus entrañas / en lágrimas”.
168 Creneida, 10 (2022). 149-192. www.creneida.com. issn 2340-8960 Juan Montero, Variantes de autor en un poema de Fernando de Herrera: Elegía a la muerte de don Pedro de Zúñiga preside la revisión del siguiente terceto: depuración y concentración en el v. 22, retoques léxico-sintácticos para alcanzar un endecasílabo bimembre en quiasmo (v. 23). Finalmente, los seis versos que restan de la lamentatio permanecen intactos, salvo dos leves pero eficaces retoques léxicos: duro sentimiento → eterno sentimiento (v. 25: “I en esequias d’eterno sentimien- to”), hieran como abrojos → espinen como abrojos (v. 30)41. El arranque de la consolatio sigue en P la tónica de la depuración y revisión en aras de la coherencia sintáctica, plasmada en la geminación ya veo, ya conozco (v. 31), que marca, ahora de manera más enfática, el inicio de esta parte de la composición. También resulta funcional el ajuste sintáctico de los vv. 34-35, que, además de esquivar la cacofónica secuencia si su espíritu de B42, motiva un significativo hipérbaton combinado con el encabalgamiento, siendo su espíritu desierto (‘desamparado’) objeto dependiente de si lloro, como ya lo era en B43. En cuanto a la revisión léxica, hay que reseñar nuevamente dos simples y oportunos retoques: nueva luz → viva luz (v. 32)44; dejando en tierra el cuerpo → desamparando el cuerpo (v. 36). La revisión de los vv. 37-39 presenta como rasgo más destacado la conversión de España en vocativo del sujeto lírico, subrayando así el tono afectivo de la momentánea queja. Lo mismo vale para la reescritura del v. 38, que gana énfasis, coherencia fónica y riqueza léxica mediante 41 Aparte de este registro, solo hay otro de exequias en OP: P i, lxvii, 4. En el caso de espinar, esta es la única ocurrencia. Garcilaso, por su parte, había escrito (Égl. i, 306-307): la tierra “produce agora estos abrojos / ya de rigor de espinas intratable”. 42 Pepe Sarno, op. cit., v parte, pp. 44-49, identifica como un rasgo dominante del paso entre H y P “…quel vasto numero di modifiche tendenti a eliminare fonemi uguali in stretto contatto o troppo vicini”, afirmación que ilustra con diferentes ejemplos. Parece que el cambio operado en el v. 34 se explica, más que por la proximidad de las sibilantes, por la secuencia vocálica i-u, ya que detectamos varios casos de si su(s) en OP: la elegía “Si puede dar lugar a mi tormento”, v. 100; H, El vi, 105; P ii, El v, 96; P ii, xc, 8 (contra sí sus). 43 Con respecto al v. 35, merece apuntarse tanto la conservación del sintagma región de la alegría (ya usado por Garcilaso, El. i, 261 y también presente en H, xxiii, 14) como la supresión en P del artículo determinado ante región. Ambos rasgos los relaciona María Rosa Lida de Malkiel (Juan de Mena, poeta del Prerrenacimiento español [1950], México, El Colegio de México, 1984, 2ª ed. adicionada por Yakov Malkiel, p. 364) con un posible influjo del cultismo de Mena. 44 El sintagma viva luz consta en H, xlvii, 13 (pero sustituido por serena luz en P ii, lxxxi, 13) y en P i, xliii, 3.
169 Creneida, 10 (2022). 149-192. www.creneida.com. issn 2340-8960 Juan Montero, Variantes de autor en un poema de Fernando de Herrera: Elegía a la muerte de don Pedro de Zúñiga la sustitución de cuánta confianza por cuán alta confianza, con acento antirrítmico añadido en la quinta sílaba, secuela del previo trueque léxico considero → contemplo. El terceto siguiente solo trae en P unos cambios menores, en principio, centrados en el léxico45: revuelvo intento → vuelvo intento ‘le doy vueltas atentamente’ (v. 40)46; y más dichoso → venerable (v. 41), que es el primero de esta parte que afecta a la cadena de las rimas, como indicio de que a partir de ahora la revisión va a ganar intensidad. En efecto, el terceto que sigue (vv. 43-45) sufre una completa reescritura en P, que en el primer verso se concreta, primero, mediante la inversión es envidia → envidia es, que enfatiza el esquema lógico-sintáctico A no B, y luego se completa con la sustitución llanto lastimoso → congoja lamentable, que aporta un léxico menos corriente y, otra vez, densidad sonora al endecasílabo. La frase iniciada continúa hasta el final del terceto tanto en B como en P, pero en este lo hace con andadura más firme, tras la reducción sintáctica envidia … que se tiene a quien huye → envidia … al que huye, que permite introducir un complemento antes inexistente (en la senda peligrosa, referido al arduo camino de la vida), para rematar en el v. 45 con el objeto —ahora de expresión más sintética—, resultado de un doble cruce léxico: miseria → miserable (en posición de rima) y trabajoso (en posición de rima) → trabajos, trasposición obligada para recomponer la secuencia de la rima. Esto último se proyecta, lógicamente, sobre los vv. 46-48, condicionamiento del cual saca P oportuno rendimiento. Así, la expresión plana y poco precisa (pues se refiere a la vida post mortem) viva descansado da paso a goce en paz dichosa, mucho más pertinente y rica en significado —siendo este el único caso de paz dichosa en OP—. Similarmente, el cambio léxico del v. 47 (lejos de las congojas → lejos de estos euripos ‘estrechos’, con evidentes 45 Merece la pena, con todo, destacar en el v. 40 la sustitución Mas si → Pero si –asociada con la subsiguiente de revuelvo → vuelvo–, porque representa una intervención que se repite en otros lugares para evitar la colisión de las dos sibilantes iguales (vv. 11 de P / 12+1 de B, 52, 148, pero no en 133 y 149). Vid. al respecto Pepe Sarno, op. cit., v parte, p. 47. 46 Kossoff, Vocabulario, s.v., señala que este es el único caso del latinismo intento en OP. En cuanto a vuelvo (‘revuelvo’), vale el apunte de Juan Gil, Los cultismos grecolatinos en español, Salamanca, Universidad de Salamanca – Cilengua, 2019, p. 242, a propósito de Herrera: “…se emplea, como en latín, el verbo simple por el compuesto”.
170 Creneida, 10 (2022). 149-192. www.creneida.com. issn 2340-8960 Juan Montero, Variantes de autor en un poema de Fernando de Herrera: Elegía a la muerte de don Pedro de Zúñiga efectos fónicos) viene condicionado por la previa introducción en P (v. 43) de congoja, pero salta a la vista que sirve para la inserción de un término de carácter erudito, aquí lexicalizado. Asimismo, la revisión previa del v. 46 conduce en el 48 a la sustitución viva descansado … el que → goce en paz dichosa … l’alma, que propicia un desarrollo del verso más sintético y hasta más claro en su significado, gracias al escueto de quien (‘de aquel a quien’) amó, que deja espacio versal para la adjetivación más gloriosa, referida en posición hiperbática a alma y coherente con paz dichosa en lo fónico y en lo semántico. Por el contrario, los cambios del siguiente terceto (vv. 49-51) no vienen condicionados por los versos previos, sino que obedecen a la pura voluntad de mejora que anima la revisión de P. Así se ve en el v. 50, que, articulado sobre un uso enfático del polisíndeton, remata en un clímax ascendente con la eficaz sustitución la tristeza → error ciego, acentuando la rotundidad verbal, a la vez que fuerza un cambio en la secuencia de rimas47. Análogamente, el retoque no turban escondida → no alteran escogida elimina, de un lado, el perturbador eco fónico que se daba en quietud no turban, y de otro introduce un adjetivo que casa mejor con la paz celestial de la que goza el difunto, al tiempo que evita la repetición de un término (turbar) ya introducido en el v. 4 de P. Finalmente, la revisión del último terceto (vv. 52-54) debe abordar la reanudación de la cadena de la rima y lo hace mediante la reubicación de términos ya presentes en B, simpleza y sosiego, más la sustitución seguro → amable, de ecos luisianos, que trae consigo una equilibrada variación en la calidad sonora del verso: “Mas la simpleza amable i el sossiego”48. La reacomodación de elementos previos continúa en el v. 54 con el desplazamien- to que lleva el sintagma de la inmortal belleza al primer hemistiquio, en paralelismo quiasmático con respecto a simpleza amable (v. 52). De ahí la reelaboración del segundo hemistiquio mediante la sustitución de divino amor —sintagma ya usado por Garcilaso, El. i, 294 — por ardiente fuego, en la que fuego adquiere el valor metafórico de amor y, junto con ardiente, 47 El sintagma error ciego consta en H, lxvi, 6 (inalterado en P iii, xlvi) y en P i, El xi, 18 (con secuencia antirrítmica en 9-10, como en la Elegía). Garcilaso había escrito (El. i, 264-265): “la vanidad de los mortales, / ciegos, errados”. 48 Recuérdese la “…pobrecilla mesa / de amable paz bien abastada” de la oda A la vida retirada, vv. 71-72. Solo hay otro caso de amable en OP: amable virtud (P iii, Can i, 72).
171 Creneida, 10 (2022). 149-192. www.creneida.com. issn 2340-8960 Juan Montero, Variantes de autor en un poema de Fernando de Herrera: Elegía a la muerte de don Pedro de Zúñiga enriquece la esfera semántica del verso, frente a la más bien redundante presencia de divino e inmortal en B. Desde el punto de vista sintáctico, este verso cumple la función de sujeto del verbo en posición de rima del precedente, objeto de sustitución en P (asienta → presenta ‘regala, ocasiona’). Se trata de un cambio no forzado y obedece, por tanto, a un criterio estilístico49. La explicación reside, a nuestro juicio, en las connotaciones prosaicas (notariales, mercantiles, forenses) que podían contaminar el término usado en B, siendo este el único caso en OP. 6. Las dos redacciones de la muerte de don Luis Ponce de León (vv. 73-90) La noticia de la muerte (vv. 73-75) es objeto de reescritura en P, mediante cambios tendentes a enfatizar el efecto patético del evento, como la inserción de la exclamación oh dolor, o los reemplazos adverso hado → impio hado y nos llevó (v. 73) → arrebató (v. 74)50. Este último —que recupera un verbo previamente eliminado en el v. 39— implica el desplazamiento del predicado verbal y, tras la supresión del apellido de León (que sí se conserva en el v. 84), propicia un endecasílabo que resume a lo esencial y universaliza la desgracia (v. 74). Significativamente, el terceto que sigue (vv. 76-78), dedicado a informar de cómo quedó muerto don Luis, es el primero (luego vendrán otros) que pasa entero de B a P51. Sí hay cambios en el siguiente, pero ceñidos a tres sustituciones léxicas: baja → cala, arrebatada → acelerada, resonante → penetrante52. Si la segunda viene condicio- 49 A lo sumo, podría haber influido la presencia no lejana del sustantivo asiento en el v. 66. 50 El sintagma impio hado —mantenemos la acentuación herreriana en el adjetivo— es exclusivo de P en otras dos elegías: P ii, El v, 121 y P iii, El i, 102. Arrebatar sí se documenta en H, pero solo en canciones y elegías: El iii, 40,41; Ca iii, 115; El vii, 178. Nótese, por lo demás, que arrebató potencia aquí el arranque de una enfática secuencia antirrítmica en los vv. 4-5-6. 51 El pasaje presenta en las dos redacciones algunos ecos de la muerte de Adonis en la égloga iii de Garcilaso: joven animoso evoca “mozo no menos animoso” (v. 175); y tendido … en la desnuda tierra trae el recuerdo de “en tierra estaba ya tendido” (v. 179). 52 Cabe subrayar que el único caso de acelerado en H se da justamente en el sintagma rayo acelerado (El iv, 29). En cuanto a resonante, en H solo lo encontramos aplicado a rayo, antepuesto (Ca iii, 1-2, inalterado en P ii, Ca i) o pospuesto (Ca iii, 135, eliminado en
172 Creneida, 10 (2022). 149-192. www.creneida.com. issn 2340-8960 Juan Montero, Variantes de autor en un poema de Fernando de Herrera: Elegía a la muerte de don Pedro de Zúñiga nada por la previa inserción de arrebató, las otras dos obedecen a puras razones estilísticas. En el caso de cala, este verbo aporta mayor riqueza semántica con respecto al neutro baja; en el de penetrante, hay un cambio de enfoque que subraya eficazmente la potencia devastadora e imparable del rayo sobre el cuerpo de don Luis. En el terceto siguiente, los cambios se dan en el plano sintáctico: primero mediante la reordenación del primer hemistiquio del v. 82, que realza el verbo situándolo en el arranque versal, antepuesto al sujeto, y, al tiempo, elimina la cacofonía que se daba en Betis turbó; y luego con el cambio de tiempo verbal lloraban → lloraron, que encaja mejor en la secuencia del periodo. Las sustituciones léxicas reaparecen en el v. 87 de P, cuya lección no aporta una mejora evidente de la que traía B: hiere → toca, para la que no encontramos una motivación clara —más allá de la previa inserción de herir en el v. 1 de P—, pero que seguramente condiciona la de alto → hondo, que elimina el latinismo de B al tiempo que evita el eco fónico que se hubiera producido en *toca el alto53. Los ajustes léxicos siguen marcando la pauta de los cambios en el siguiente terceto (vv. 88-90), empezando por la eliminación de triste en el trabajado v. 90 de B, supresión que —como se dirá más abajo— se enmarca en una revisión global de la expresión del duelo. Dos de esos cambios se dan en posición de rima y van condicionados entre sí: dolorosas → congojosas y congojosas → lastimosas (que evita el dudoso eco fónico quejas congojosas de B). Más significativos resultan otros dos: memorias → membranzas y España → Hesperia (Esperia en la ortografía herreriana), la primera por el recurso a un arcaísmo ya presente en Algunas obras54, y la P). En fin, este es el único caso de penetrante en OP, aunque penetrar sí se usa tanto en H como en P (por ejemplo, “ni que mas algun rayo penetrara” en P i, El i, 18). 53 En efecto, alto y hondo se alternan en OP aplicados a mar, océano y piélago. Un caso de hondo piélago ofrece H Ca iv, 16. 54 Concretamente, H xix, 13 y H xxxvii, 12. Colin C. Smith, “Fernando de Herrera and Argote de Molina”, Bulletin of Hispanic Studies, 33 (1956), pp. 63-77, incluye esta voz en el grupo más importante de los arcaísmos usados por Herrera, los que tienen “…a fifteenth-century flavour and are the typical voces graves so dear to Herrera (cedo, crueza, dende, do ‘doy’, laso, ledo, membranza)” (p. 74). Sobre el “fondo arcaizante” de la lengua poética herreriana ya había llamado la atención Lida de Malkiel, op. cit., pp. 360-361. El asunto constituye un apartado relevante en la controversia crítica entre Oreste Macrí, op. cit., pp. 200-204, y José Manuel Blecua (OP, i, pp. 42-56) acerca de la plena autenticidad de P.
173 Creneida, 10 (2022). 149-192. www.creneida.com. issn 2340-8960 Juan Montero, Variantes de autor en un poema de Fernando de Herrera: Elegía a la muerte de don Pedro de Zúñiga segunda por la referencia culta, que enlaza bien con la previa mención de Atlante (v. 87)55. 7. Las dos redacciones de la apoteosis de don Pedro Este breve trecho de la composición (vv. 130-141), si bien no es de los más revisados en P —cuatro de sus doce versos no sufren alteración alguna y varios más las tienen de entidad menor—, sí que presenta alguna de las intervenciones más significativas. Así, en el primer terceto el único cambio es la sustitución de bajo de por el arcaizante yuso de, que claramente obedece a una decisión estilística, pues está libre de cualquier otro condicionamiento56. En el terceto siguiente, al margen de la sustitución nuestro clamor → nuestras voces —que elimina el acento antirrímico en quinta sílaba de B a favor de un vocalismo más equilibrado: “i nuestras vozes oyes i querellas”—57, la intensa reescritura del v. 134 llega al punto de introducir un cambio en la cadena de rimas mediante el triple desplazamiento de esparcido, la palabra-rima de B, al eje del verso; de errando a la posición de rima, ahora como errante, segundo componente ya de un esquema de adjetivación doble58; y de ilustran al primer hemistiquio, dando pie así a un endecasílabo que el lector puede reconocer como prototípicamente herreriano: las estrellas “qu’ilustran esparzido el aire [éter, 55 En OP hay otro caso de sustitución de España por Hesperia: PvarH i, lxxxiv, 11. Hesperio como adjetivo ya se usa en H v, 10; Ca ii, 31; Ca iv, 13, etc. Dado que no analizamos los versos que siguen, apuntamos aquí que P suprime en el v. 92 otro eco garcilasiano: sacro y patrio río → nuestro río; el toledano había escrito: “el patrio, celebrado y rico Tajo” (son. xxiv, 12) y “sacro Tormes” (Égl. ii, 1042). De hecho, patrio río es sintagma exclusivo de B, siempre suprimido en P (PvarB i, lxxxii, 7; PvarB ii, Ca ii, 36). 56 Esta es la única ocurrencia de yuso en OP, junto con un caso de yusano en P ii, el ix, 31. Vid. Macrí, op. cit., p. 431, que recuerda que ambos aparecen en Mena y que el segundo consta en un verso del cordobés citado en An., p. 962. En cuanto a la locución común bajo de, también este de B es caso único en OP. 57 En OP solo hay tres casos de clamor(es), todos ellos en B, aunque uno se mantiene inalterado en P i, liv, 10. 58 El adjetivo errantes aplicado a las estrellas consta en B, H y P, como se ve, por ejemplo, en las tres versiones de H x, 10. De hecho, cabe una duda razonable sobre si el errando que trae B en la Elegía no será un error de copia por errante.
180 Creneida, 10 (2022). 149-192. www.creneida.com. issn 2340-8960 Juan Montero, Variantes de autor en un poema de Fernando de Herrera: Elegía a la muerte de don Pedro de Zúñiga 9. Pautas generales de la revisión De acuerdo con el conjunto de los cambios analizados, cabe ya señalar como vectores de las correcciones operadas en P el refuerzo de la cohesión conceptual, sintáctica y prosódica de la composición, así como una más eficaz, compensada y variada selección léxica: todo ello con visible potenciación de los rasgos cultistas y, ocasionalmente, arcaizantes. El aspecto de la variación léxica se hace más patente a medida que avanza la Elegía, hasta convertirse en uno de los rasgos más relevantes de la redacción P, según se ha podido verificar —mediante cálculo computacional— con dos parámetros diferentes. Por un lado, se identifican 108 lemas exclusivos de P con respecto a B, frente a 79 en relación contraria (y eso a pesar de que P tiene nueve versos menos)80; por otro, se comprueba la mayor riqueza léxica de la redacción P, que, medida en type-token ratio (TTR), arroja un resultado de 51,44 % para P y de 47,15 % para B81. Dentro del campo léxico, llama poderosamente la atención el gran número de variantes encadenadas a lo largo del poema. Esto permite observar cómo un término (o términos, eventualmente) eliminado en un determinado verso de B se recupera luego en otro de P, a veces mediando una gran distancia entre ambos. Por ejemplo: 80 Entre esos lemas exclusivos de la redacción P de la Elegía, hay 21 que solo aparecen como “lecciones variantes finales de P respecto a B, H, presentes o no en otros textos de P, pero no en B, H” (Macrí, op. cit., p. 174). Son: abete, alterar, amable, calar, empero, enfriar, ensanchar, estallar, estrechar, impresión, inmensurable, monarquía, pujante, surtir, triunfante, unión, yuso, vital, Euripo, ideo, Islanda. Se trata de una proporción alta, dado que la lista que ofrece Macrí para el conjunto de OP es de 230 términos. La lematización de las dos redacciones del poema se hizo con el programa Freeling (Lluís Padró, “Analizadores multilingües en Freeling”, Linguamática, 3 (2011), pp. 13-20), mientras que las listas de lemas exclusivos de cada redacción fueron obtenidas mediante el programa de análisis de corpus Litcon (Hernández Lorenzo, op. cit., i, pp. 191-192). Los resultados fueron revisados y se comprobó su pertinencia. 81 A causa de la diferente extensión de las dos redacciones, se ha comprobado el resultado anterior con el cálculo de la llamada standardized type-token ratio o STTR, gracias a la cual se obtiene la TTR en fragmentos de texto de igual extensión y se calcula la media de los índices obtenidos para ese texto concreto. Los valores resultantes de la STTR son: de 50,5 % en P frente a 47,2 % en B con segmentos de 1000 palabras, y 57,1 % frente a 55,3 % con segmentos de 500 palabras. Se han calculado con el script en R desarrollado en la tesis doctoral de Hernández Lorenzo, op. cit., ii, p. 489.
181 Creneida, 10 (2022). 149-192. www.creneida.com. issn 2340-8960 Juan Montero, Variantes de autor en un poema de Fernando de Herrera: Elegía a la muerte de don Pedro de Zúñiga 3-4 turuose el coraçón, vn yelo hecho. / Quise’engañar yo mesmo a mi sentido B enfriò el coraçon un ielo vivo. / Quise empero turbar a mi sentido P82 7 Mas el lloroso estado y la tristeza B → Mas el quexoso sentimiento estraño P 23 sino suspiros tristes y lamento B → suspiros tristes i lloroso acento P 18 que no temblase con tan graue suerte? B → que no estálle, estrechado de tal suerte? P 65 viuimos, enemigos de la gloria B → temblamos, enemigos de la gloria P 19 Murió don Pedro, y mi terrible pecho B → Murio, ai dolor, i no rompio mi pecho? P 91 A ti aora tanbién su estrecho amigo B → A ti, ô gran Pedro, a ti su estrecho amigo P83 39 a España’arrebató vn oscuro día. B → España, te robò un oscuro dia. P 73-74 Entonçes nos lleuó el aduerso hado / de León aquel iouen animoso, B Entonces (ô dolor) el impio hado / arrebatò aquel Ioven animoso, P 79 No baxa con tal furia’arrebatada B → No cala con tal furia acelerada P84 41 y ueo a quien suspiro más dichoso, B → i veo, a quien suspíro, venerable, P 46 ¿Quién llora porque biua descansado, B → Quien llora, porque góze’n paz dichosa, P85 80 el rayo resonante, despedido B → el rayo penetrante, despedido P 138 al mar, que no se estienda enbraueçido, B → al mar; que no s’estienda resonante; P 82 Además, en P se conserva turbar en el v. 82 y se sustituye en el v. 51: no turban → no alteran. 83 P ha conservado en este caso el eco de Garcilaso, Égl. i, 94 (“causar la muerte de un estrecho amigo”). Otro tanto ocurría en el v. 70 con furor de Marte, ya en Garcilaso, son. xxxiii, 1. 84 Por otra parte, arrebatado se conserva en el v. 130. 85 Además, dichoso se suprime en B 12+5 y se conserva en el v. 130.
182 Creneida, 10 (2022). 149-192. www.creneida.com. issn 2340-8960 Juan Montero, Variantes de autor en un poema de Fernando de Herrera: Elegía a la muerte de don Pedro de Zúñiga 94 Quema el duro rigor del seco estío B → Quema el fogoso ardor d’el seco estio P 123 camino a la dureza de la muerte. B → muestra’l mortal rigor abierta senda. P86 107 refrena y el amor desuaneçido B → i amor desvanecido i ciego enfrena P 111 del çielo, que resiste a mi sentido. B → d’el cielo; que mis impetus refrena. P 159 y siente’en su profundo al sol secreto, B → i acoge’n su profundo al Sol secreto; P 165 do imprime’el yelo, do arde el sol caliente, B → do rigida impression Islanda siente; O complementariamente, un término (o términos) introducido en un verso de P resulta eliminado posteriormente en otro de B. Por ejemplo: 21 después deste cruel y triste hecho? B → despues d’este cruel i acerbo hecho? P 145 permite que a tu açerua y graue muerte B → Permite, que tu muerte i pena mia P 22 ¿Qué muestras podré dar de mi tristeza, B → Que señales darè de mi tristeza? P 146 publique, con señales de tristeza, B → publíque’n cuanto la grandeza Ispana P 25 y en exequias de duro sentimiento B → I en esequias d’eterno sentimiento P 126 son dolor y tormento sobrevmano. B → son congoxa i temor de fuego eterno. P 129 iaze’, en eterna pena’aflige y trata. B → yaze,’n pena immortal aflige i trata. P 156 que tu nombre no bañe’eterno’oluido. B → que no asconda tu nombre ingrato olvido. P 86 Rigor se conserva en el v. 71 y rígida se incorpora en el v. 165 de P.
183 Creneida, 10 (2022). 149-192. www.creneida.com. issn 2340-8960 Juan Montero, Variantes de autor en un poema de Fernando de Herrera: Elegía a la muerte de don Pedro de Zúñiga 36 está, dexando en tierra el cuerpo muerto. B → està, desamparando el cuerpo muerto. P 101 y desampara el corporal aliento, B → i fallece’l vital i amado aliento, P 87 que hiere’el alto piélago de Atlante B → que toca el hondo pielago de Atlante. P 149 estos hondos suspiros y lamentos B → estos suspiros, qu’osan, i lamen- to P 102 jamás el pie’estampamos en el suelo. B → jamas el pie imprimimos en el suelo. P87 165 do imprime’el yelo, do arde el sol caliente, → do rigida impression Islanda siente; P 146 publique, con señales de tristeza, B → publíque’n cuanto la grandeza Ispana P 150 que muestran su dolor con tu grandeza. B → mostrar su afan i tu onra soberana. P88 Tampoco faltan ejemplos de intervenciones consistentes en la supresión reiterada de un mismo término en B, ya sea mediante sustitución o por simple eliminación: 30 ¿Quién palabras que hieran como abrojos? B → quien palabras, qu’espinen como abrojos? P 87 que hiere’el alto piélago de Atlante, B → que toca el hondo pielago de Atlante. P89 89 con su muerte, y España fue testigo B → con su muerte, i Esperia fue testigo P 146-147 publique, con señales de tristeza, / quánto España sintió tu dolor fuerte. B 87 El verso de B recuerda a un pasaje de Garcilaso, Égl. ii, 698-699: “ir do nunca pie humano / estampó su pisada en el arena”. 88 Previamente, ya se había suprimido grandeza en B, vv. 9 (en beneficio de grande) y 12+9. 89 Pero se conserva hirió en el v. 1.
184 Creneida, 10 (2022). 149-192. www.creneida.com. issn 2340-8960 Juan Montero, Variantes de autor en un poema de Fernando de Herrera: Elegía a la muerte de don Pedro de Zúñiga publíque’n cuanto la grandeza Ispana / dilata la pujante monarquia. P90 148 Afetos son de la immortal dureza B → Afeto son de la rudeza umana P 25 y en exequias de duro sentimiento B → I en esequias d’eterno sentimiento P 94 Quema el duro rigor del seco estío B → Quema el fogoso ardor d’el seco estio P 123 camino a la dureza de la muerte. B → muestra’l mortal rigor abierta senda. P91 Los ejemplos de una u otra casuística podrían multiplicarse92. Pero donde mejor se muestra el arduo trabajo de reelaboración léxica operado en P es dentro del campo semántico del pesar, ya sea este el duelo causado por la muerte de don Pedro, ya sea la aflicción por la menesterosa condición humana. Un buen ejemplo lo tenemos en esta secuencia de cambios, que no hemos incluido en la lista previamente elaborada: 37 Gran causa de llorar es esta mía, B → Grande causa de llanto es esta mia, P93 43 es inuidia y no llanto lastimoso B → Invidia es, no congoxa lamentable, P 47 lexos de las congoxas desta vida, B → lexos d’estos Euripos de la vida, P 88 creçiendo las memorias dolorosas B → Crecieron las membranças congoxosas P 90 del triste llanto y quexas congoxosas. B → d’el llanto i de las quexas lastimosas. P 121 - 122 hasta que la fatal postrera suerte / rompe’el impedimento y dexa llano B94 90 Además, se conserva España en v. 39 y español en v. 162. 91 Pero dureza, duro se conservan en los vv. 16 y 20. 92 Algunos casos: mismo, suprimido en vv. 4 y 93, pero conservado en 109; nombre, conservado en v. 156, pero suprimido en vv. 166 y 171; siempre, suprimido en vv. 48 y 60 y conservado en vv. 151 y 171; vano/a, conservado en vv. 10 y 64, suprimido en vv. 13 (en vano) y 124; muerte, conservado en vv. 14, 89, 128, 145, pero suprimido en vv. 109, 123 (aquí sustituido por mortal rigor). 93 El verbo llorar mantiene, con todo, una notable presencia en ambas redacciones: vv. 35, 46, 83, 168. 94 No está de más recordar que postrera suerte es eco de Garcilaso, Ca. iii, 34. Lo mis-
185 Creneida, 10 (2022). 149-192. www.creneida.com. issn 2340-8960 Juan Montero, Variantes de autor en un poema de Fernando de Herrera: Elegía a la muerte de don Pedro de Zúñiga Hasta qu’allana el fin de la contienda / el ierto passo, i con tormento interno, P95 126 son dolor y tormento sobrevmano. B → son congoxa i temor de fuego eterno. P Asimismo, se observa que términos como tristeza o triste sufren una drástica reducción, pasando de cuatro ocurrencias en B a una en P, y de cinco a dos, respectivamente96. En el caso de dolor, la diferencia no es tanto cuantitativa (ocho casos en B por seis en P) como de redistribución, dado que P lo elimina en 5 versos (61, 112, 126, 147 y 150)97 y lo reintroduce en otros tres (8, 19, 73), al tiempo que lo mantiene en los vv. 58, 85 y 109. En compensación, P introduce dos casos de pena (vv. 20 y 145) —que se suman a los dos conservados (vv. 60 y 129)—, otros dos de congoja (vv. 43 y 126, pero suprimiéndolo en v. 47) y uno de mal como sustantivo (v. 20). No menos relevancia tiene, en el marco del incremento de riqueza léxica antes señalado, la introducción en P de términos que no figuraban en B —siempre en lo relativo a la expresión del pesar—: ay (vv. 10, 19), el arcaísmo cuita (v. 60), espinar (v. 30), estallar (v. 18), estrechado (‘puesto en aprieto’, v. 18), lamentable (v. 43), pasión (v. 112), quejoso (v. 7). Del conjunto de las innovaciones léxicas de P hay que destacar, obviamente, aquellas que se producen sin que haya un forzoso condicionamiento contextual inmediato, sea de tipo sintáctico o métrico-prosódico. Ahí podemos incluir los casos siguientes: declaró → descubrió (v. 9); triste → acerbo (v. 21); duro → eterno (v. 25); hieran → espinen (v. 30); nueva → viva (v. 32); dejando en tierra → desamparando (v. 36); congojas → euripos (v.47); turban → alteran (v. 51); asienta → presenta (v. 53); vivir → luchar (v. 56); sujetos → opresos (v. 62); vivimos → temblamos (v. 65); supremo → felice (v. 66); cansa → ofende (v. 67)98; ilustra → ensancha (v. 68); contino → mo ocurre con ánimo mezquino en el v. 120 de P con respecto a “ánima mezquina” en Garcilaso, Égl. i, 81 y 368. 95 Es el único caso de este sintagma en P, pero sí consta mal interno en P i, El vi, 30. Igualmente, pasión interna en H, El iv, 212. Sobre ierto ‘erguido’ volvemos más abajo. 96 En B el sustantivo consta en los vv. 7, 22, 50, 146; en P, solo en v. 22. El adjetivo figura en B, vv. 2, 10, 21, 23, 90; en P, solo en 2 y 23. 97 Igualmente, se elimina dolorosas en el v. 88. 98 El verso de B está más cerca de Garcilaso, El. i, 82-84: “¿A quién ya de nosotros el exceso / de guerras, de peligros y destierro / no toca y no ha cansado el gran proceso?”.
186 Creneida, 10 (2022). 149-192. www.creneida.com. issn 2340-8960 Juan Montero, Variantes de autor en un poema de Fernando de Herrera: Elegía a la muerte de don Pedro de Zúñiga ansi so (v. 72); adverso → impio (v. 73); baja → cala (v. 79); arrebatada → acelerada (v. 79); resonante → penetrante (v. 80); hiere → toca (v. 87); alto → hondo (v. 87); España → Hesperia (v. 89); duro rigor → fogoso ardor (v. 94); estampamos → imprimimos (v. 102); el dolor → la pasión (v. 112); engañados → ofuscados (v. 119); bajo de → yuso de (v. 132); celestial → celeste (v. 139); eterno → ingrato (v. 156); donde Betis → do el Tarteso (v. 157); estendido vaso → vaso inmensurable (v. 158); siente → acoge (v. 159); donde el rojo puesto → do el límite rojo (v. 163)99. Aun aceptando que la casuística es variada, puede decirse que, de manera general, los cambios privilegian un léxico cuya carga semántica resulta más específica y adecuada, o que se caracteriza por un mayor rebuscamiento, concretado a menudo en rasgos cultistas o, en el caso de yuso de, arcaizantes100. Entre los cultismos, nos detendremos brevemente en uno de ellos, ardor (v. 94), por su posición destacada como la cuarta de las palabras claves en OP101. Aparece 85 veces en P, y 33 en el resto de la poesía herreriana, de las cuales siete en H y 26 en los poemas sueltos. De las 85 ocurrencias de P, 44, es decir, poco más de la mitad, se encuentran en los poemas exclusivos, y las otras 41 en poemas compartidos con otros testimonios. En tales casos, ardor sustituye a voces como resplandor, llamas, fuego, sol, etc.; de hecho, son tres los poemas de B en los que se produce el reemplazo fuego B → ardor P, por lo que el sintagma fogoso ardor viene a ser una síntesis de ese cambio repetido. El sintagma yuso de hay que agru- 99 De esta lista, son ocurrencias únicas en OP: espinar, euripo, calar, penetrante (pero no penetrar), ofuscado (pero no ofuscar), yuso, inmensurable. 100 En las Anotaciones, las ideas dispersas de Herrera sobre el empleo de arcaísmos, voces foráneas y, en general, neologismos en la lengua poética oscilan entre el entusiasmo y la prudencia, de manera que lo mismo han valido para hacer del sevillano un partidario decidido o moderado de su uso; vid. Macrí, op. cit., pp. 186-204, y la síntesis de Cuevas, “Introducción”, pp. 74-75. Con todo, es innegable la decisiva aportación de Herrera al cultismo en la lengua española, como evidencian las continuas referencias al sevillano en el completo estudio de José Luis Herrero Ingelmo, “Cultismos renacentistas (cultismos léxicos y semánticos en la poesía del siglo XVI)”, Boletín de la Real Academia Española, 74 (1994), pp. 13-192, 237-402, 523-610; y 75 (1995), pp. 173-224, 293-394. 101 Hernández Lorenzo, op. cit., i, pp. 221-225; revisado en Laura Hernández Lorenzo, “Nueva luz para la problemática de Versos: una aproximación a su léxico desde las Humanidades Digitales y los estudios de corpus”, en De Herrera, pp. 169-175.
187 Creneida, 10 (2022). 149-192. www.creneida.com. issn 2340-8960 Juan Montero, Variantes de autor en un poema de Fernando de Herrera: Elegía a la muerte de don Pedro de Zúñiga parlo con los restantes arcaísmos del poema: cuita (v. 60), membranzas (v. 88) y yerto (v. 122). Aunque estos tres ya están presentes en H, de cuita (un caso en 1582) puede decirse que es voz característica de P102. Pero en el caso de membranza y de yerto (‘empinado’) —que es un latinismo (seguramente con la mediación del it. erto) ya en desuso103—, el reparto resulta más equilibrado. La conclusión es, por tanto, que en este aspecto P no hace sino desarrollar e intensificar tendencias que ya pueden apreciarse en H, sin que el empleo de yuso en la Elegía suponga una radical solución de continuidad entre una y otra sección textual. Los cambios de estructuras sintácticas potencian rasgos preexistentes en B conforme a dos tendencias básicas: el cultivo en varios niveles de la geminación (o, en sentido más amplio, de la repetición), por un lado, y el recurso al hipérbaton, por otro. En cuanto a lo primero, cabe destacar aquellos casos en que una voz de B (casi siempre un adjetivo) ha generado dos en P (vv. 1-2, 6, 23, 101, 145 y 107), e igualmente el empleo de esquemas tales como la bimembración en quiasmo del endecasílabo (v. 23)104, la fórmula “A no B” (v. 43), o la anáfora (vv. 14, 20, 31, 91)105. Por lo que hace al hipérbaton —sin duda, uno de los aspectos más trabajados en la revisión de P, especialmente en la parte final del poema—, la diversificación es la regla, dentro de las dos modalidades básicas de la inversión y de la disyunción106. A la primera de ellas corresponden, por ejemplo, los cambios operados en los vv. 52-54, 82, 91-93, 117, 121-123 (abierta senda es el objeto), 143, 146-147 (la grandeza hispana es el objeto), 156, 163-164, 165, 168 y 171; a la disyunción, los que se dan en los vv. 41, 46-48, 92-93, 134, 149-150 y 170. Una combinación de ambas posibilidades se da, por fin, en los vv. 34-35 y 109-110. 102 Hernández Lorenzo, Los textos poéticos, i, pp. 238-239. 103 Gil, op. cit., p. 246. 104 Por contraste, P prescinde del esquema bimembre del endecasílabo en el v. 90. 105 A estos casos habría que añadir la reelaboración del esquema anafórico que presenta B en los vv. 160-165 (si aceptamos que de es errata de copista por do en el v. 160), que en P se prolonga entre los vv. 160-166. Sobre las repeticiones anafóricas en P, véase Macrí, op. cit., pp. 353-356. 106 Véase la detallada casuística que recoge Macrí, ibidem, pp. 348-353. De utilidad resulta también la que propone Bartolomé Pozuelo Calero, “El hipérbaton de Góngora y el latín”, e-Spania, 32 (2019): <http://journals.openedition.org/e-spa- nia/30358>, (consultado el 09/09/2022).
188 Creneida, 10 (2022). 149-192. www.creneida.com. issn 2340-8960 Juan Montero, Variantes de autor en un poema de Fernando de Herrera: Elegía a la muerte de don Pedro de Zúñiga La reelaboración de las estructuras sintácticas guarda relación con un aspecto importante de la revisión operada en P: el cuidado del orden de las palabras y sus efectos prosódicos. Por lo que atañe a la configuración rítmica del endecasílabo, los cambios de P tienden a favorecer la conversión del esquema a minore en a maiore, como se aprecia por ejemplo en los vv. 15, 18, 101, 117, 166, 168, 170; mientras que el paso contrario solo se da en los vv. 7, 23, 122, 146107. Esto enlaza con otro aspecto relevante: los frecuentes casos en que los cambios de P se traducen en el refuerzo de la cohesión del verso en el aspecto sonoro (vgr.: vv. 1, 9, 20-21, 25, 47, etc.), con efectos más o menos evidentes de fonosimbolismo108. Dentro de este apartado destaca el recurso a los acentos antirrítmicos, tan característico de la poesía herreriana, que ha merecido el estudio ya citado de Ferguson. En la Elegía a la muerte de don Pedro de Zúñiga hemos localizado hasta 27 versos que llevan algún acento antirrítmico en B y/o P, lo cual representa un 15,6 % del total. En consecuencia, la casuística se antoja bastante variada. Así, encontramos casos donde el verso pasa a P sin ningún retoque, por lo que la secuencia antirrímica (SA) permanece intacta (vv. 49, 58, 64, 100, 131); y otros en los que la revisión de P, incluso si interviene en las palabras implicadas en la SA, no modifica el esquema de esta (vv. 16, 37, 46, 79, 112, 113, 124, 172). Unos pocos versos revisados en P suprimen acentos antirrítmicos de B (vv. 135, 139, 147); otros los reacomodan o varían (vv. 14, 18, 48, 60, 74, 91, 141); otros, por fin, los introducen 107 Tendencia que Macrí, op. cit., p. 363, considera dominante en el paso de H a P. 108 La sensibilidad de Herrera (Anotaciones, p. 367) para detectar y apreciar este tipo de sutilezas queda de manifiesto, por ejemplo, en su conocida nota a la dialefa del verso garcilasiano “de áspera corteza se cubrían” (son. xiii, v. 5): “I con esta diéresis denota Garci Lasso, apartando aquellas vocales, l’aspereza de los miembros, i la repunancia de la trasformación [de Dafne en laurel]. I sin duda que estas divisiones hechas artificiosamente dan grande resplandor a la poesía i la retiran de la comunidad de los que sólo hazen versos. Usolas Virgilio en muchos lugares…”; Juan Francisco Alcina Rovira, “Herrera y Pontano: la métrica en las Anotaciones”, Nueva Revista de Filología Hispánica, 32.2 (1983), pp. 340-354 (especialmente, pp. 346- 349) relaciona este pasaje con el Actius de Pontano. Ferguson, op. cit., pp. 15-46 repasa las observaciones herrerianas sobre la relación entre sonido y sentido. Para una amplia contextualización del asunto, vid. María José Vega Ramos, El secreto artificio. “Qualitas sonorum”: maronolatría y tradición pontaniana en la poética del Renacimiento, Madrid, CSIC-Universidad de Extremadura, 1992 (especialmente para Herrera, pp. 227-242).
189 Creneida, 10 (2022). 149-192. www.creneida.com. issn 2340-8960 Juan Montero, Variantes de autor en un poema de Fernando de Herrera: Elegía a la muerte de don Pedro de Zúñiga donde no los había en B (vv. 9, 38, 50, 161). Algunas tendencias pueden percibirse dentro del conjunto de cambios. Así, la SA en 9-10 siempre se ve afectada en aquellos versos de B que pasan con cambios a P, ora porque se suprime la SA (vv. 14, 139, 147), ora porque se altera la voz que lleva el acento en la novena sílaba (v. 124)109. En esos mismos versos también se detecta una preferencia por ubicar la SA en las sílabas 5-6 (vv. 9, 14, 38, 49, 60, 74, 161) o 2-3 (vv. 14, 91, 141)110, a veces como remate (vv. 9, 14, 74) o arranque (v. 91) de secuencias de tres acentos111. A este respec- to, destaca el v. 14 de P (“cuan mal surten! cuan mal divides, Muerte”), que suma en las seis primeras sílabas dos SA, la primera de tres acentos, generando un verso que con su abrupta prosodia pretende enfatizar el destrozo causado por la muerte de don Pedro —mientras que en B solo había una SA en 9-10, ahora suprimida—. 10. Conclusiones Nuestro análisis evidencia que el texto P es el fruto de una intensa y coherente revisión del poema tal como se lee en la fase redaccional representada por B. En resumen, la revisión de la Elegía ha potenciado sus tres componentes esenciales. En primer lugar, la esfera subjetiva del duelo, actualizando y dando énfasis expresivo tanto al sentimiento de pérdida como a su atenuación consolatoria. En segundo lugar, la dimensión pública del suceso, haciendo más patente y —de nuevo— enfática la vincu- 109 Al tiempo, P introduce la SA de 9-10 en los vv. 18 (donde B la tenía de 7-8) y 50 (sin SA en B). Sobre la SA en 7-8, vid. Ferguson, op. cit., pp. 62-65. 110 “Las transiciones textuales muestran una clara predilección de P por las SA en 5-6” (Ferguson, op. cit., p. 93). Para el v. 60 vale esta observación: “…P prefiere y tolera la SA en 6-7 cuando la ruptura que puede causar es marcada e inconfundible. Cuando no es así, P tiende a refundir el verso, o eliminando la SA del todo, o bien reemplazándola por otra sobre otro par de sílabas” (Ferguson, op. cit., p. 79). Para el v. 141, remitimos a la p. 94. 111 Sobre las SA de tres acentos, vid. Ferguson, op. cit., pp. 114-116. En B destacan tres casos de la SA en 6-7-8 (vv. 16, 37, 48), de las cuales se conservan en P los dos primeros, a pesar de los cambios operados en dichos versos. El tercero, en cambio, se reduce en P a 6-7, un tipo de SA con un tratamiento muy variado en OP (Ferguson, op. cit., pp. 78-83).