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República y republicanismo en la comunicación. VIII Congreso de la Asociación de Historiadores de la Comunicación

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1 EL MAR KETING A UDIOVISUAL COMO INSTR UMENTO P ARA EL ESTUDIO DEL C INE Ana B elén Gutiérrez F ernán dez (Universidad de M ála ga) reixana@hot mail.co m reixana@terr a.es M esa 4: Met odología y rec uperación de fuent es de la H isto ria de la Co municación 1. El márketing en el sector cinematográfi co actual 2. Las herramientas del marketing y la p romoción audiovisual como fuentes para el estudio de la di stribución y la exhibición cinematográfica 2.1) Marketing en la producción: festivales y mercados 2.2) Marketing en la distribución: estrategias de lanzamiento, inv ersión publicitaria y promoción 2.3) Marketing en la exhibición: circuito de exhibición en salas, recaudación en taquilla y número de espectadores 2.4) Explotación en mercados subordinados: vídeo y televisión 3. Los festivales cinematográficos como plataf orm a para la dif usión y promoción de obras audi ovisuales 3.1) Estructura y participación de pro y ectos 3.2) Recepción de las películas participantes 3.3) Distribución y comercialización: circuito comercia l de la obra 2 1. El marketing en el sector cinematográfi co actual La comunicación que aq uí presentamos propon e un método novedoso para utiliz ar el cine como fu ente de est udio. Hasta ahora, la mayor ía de los trabajos metodológicos basados en el medio cinematográfi co como instrum ento de análisis se ha n centrado en los contenidos. Sin e mbargo, esta propuesta metodológica tom a co mo fuente de investigación la información referida a las acci ones promocionales y de marketing cinematográfico. L os datos drivados del uso de dichos i nstrumentos en c ada una de las fases de producción, distribución y ex hibición de una película, proporcionan una información que puede ser de gran util idad para el análisis científico en el ámbit o cinematográfico. En p articular, la inv estigación de estos recursos resulta i nteresante en el sector de la distribución, ana lizando la relación del marketing audiovisual con los resultados finales de difusi ón y comercialización de las obras cinematográficas. El cine, ademá s de un medio artístico y cultura l, está concebido a gran escala como una industria que mueve anualmente elevadas cantidades de recurso s económicos. Además, como s eñala Cuevas (1.999), estos d os factores domi nantes en el medio cinematográfico, el eco nómico y el artístico, conflu y en en p roporciones simi lares, a diferencias de otros p roductos c ulturales o i ndustriales. Es tas circ unstancias se dan desde sus comienzos, cuando ya se consider aba no sólo como un nuevo medio para la epresión artística y cultural, sino además como una gran industria en potencia, debido a su finalidad de entretenimi ento para las masas. No obstante exist en obras audiovi suales en l as que predomina la verti ente económica, como es cas o de las superp roducciones de Holl ywood, o bien la vertiente artística, como ocurre en el cine experimental, por citar dos ejemplos ext re mos. Aún así, todas las empresas imp li cadas en el s ector cinem atográfico n ecesit an dar a conocer su s proyectos al público y al mercado en ge neral para lograr su difusión, independientemente de s u ma y or o m enor vincul ación al aspecto cultural o al aspecto comercial de su producto. Como toda indust ria, también en el cine estan pre sentes los tres s ectores que intervienen en todo proceso económico, como s on la producción, l a distribución y el consumo, que en este cas o t iene lugar m ediante la ex hibición de la película en salas y su explotación a través de los denominados merc ados subor dinados, consti tuidos por el vídeo y la televisión. D ebi do a su doble carácter como producto ec onómi co y cultura l, las obras cinematográficas presentan una serie de peculiaridades en lo que respecta a su 3 difusión 1 . Entre ellas destaca el he cho de que tant o su aceptac ión entre el público como su éxit o económico son im previsibles, y a qu e ambos d ependen de l a valoración subjetiva del espectador. Para dismunir en la medi dad de lo posibl e este rie sgo inherente a toda obra audiovisual resulta fundamental un uso adecuado de diver sas técnicas e instrumentos específicos de promoción y ma rketing, qu e varían en cada un a de las fases de producción, distribución y exhibición de la película. De este mo do, nos encontramos con una fas e ini cial de vent a de la i dea en l a que todas las ac ciones de marketing están diri gidas a la búsqueda de finan ciación por p arte del productor p ara poder desarrollar el pro ye cto. Dura nte el rodaj e y a la f inalización de éste, una de las actividades promocionales que más se suelen llevar a la práctica consiste en p resentar la p elícula en mercados y festivales cinematográficos. Con ello se persigue la venta de la película a empresas distri buidoras o cade nas de tel evisión, en el primer caso, y la promoc ión y el prestigio de la p elícula entre el público y la p rensa, en el segundo, para potenciar así su salida al mercado. Cuando la película está acabada y lista para su estreno comienza la fase del lanzamiento publicitario a t ravés de los medios de comunicación. P ara llevar a c abo esta campaña de promoción, se hace uso de una serie de recursos como f otografías de escena, trailer, spots para televisión, making off , carteles, press-books , guías comerciales de l a pelí cula, merchandi sing , etc., que se utiliz ar án en ma yor o menor me dida seg ún el presupuesto de distribución y el objetivo comercial perseguido. En lo que se refiere a la ex hibi ción, uno de los aspectos más interesantes consiste en determinar si el estreno se realiz ará progresivamente o de for ma masi va, es d ecir, simultáneamente en todo el país. Todos los datos que se de rivan del uso de l as técnicas y metariales señalados constitu y en una informa ción de gran relevancia para el an álisis científico en el ámbito cinematográfico y un m étodo de investi gación muy novedoso para est e campo. La aplicación de t ales he rramientas puede ser investigada p rincipalmente desde dos pun tos de vis ta qu e darían lugar a investigaciones d e dive rsa índole, r eferidas a mbas a la difusión final del product o. La primera s e refiere a las acc iones promocionales llevad as a cabo por una produ ctora o una distribuid ora para la difusión de s us obras, centrándonos para ello e n una determinada pelícu la o bien en un grupo de proyectos que tengan como característi ca común el haber sido adquiridos por una m isma empresa para 1 Cuevas, A (1.99 9). Economía cinema tográ fica. La produc ción y el c omercio de película s . Madrid: Audiovisual I maginó grafo. 4 su distribución en un periodo establecido. El segundo caso para el cual r esultarían de gran interés estos datos es el estudio del funcionamiento d e l os festivales cinematográficos como p lataforma d e difusión de un determinado conjunto de pelí culas vinculadas por su pertenencia a un género, corriente o nacionalidad específica. A conti nuación present aremos los medios y p rocedimientos necesario s para desarrollar ambos tipos de pro y ectos. El m étodo de análisis q ue aquí proponemos resulta útil para investi gaciones centradas en la situación actual e n los sectores de la distribución y exhibición cinematográfica. Sin embarg o, su aplicación también puede ser de gran interés para estudi os relacionados con l a historia del cine, como por ejemplo analizar el éxit o de determinadas películas en una época o periodo concreto, t eniendo en cuenta las t écnicas de pr omoción empl eadas. Otra posibilidad sería estudiar la evolución y labor de di fusión de u n festival cinematográfico de l arga tradición a lo largo de su historia, como por ejemplo la S emana Inter nacion al de Cine de Valladolid. 2. Herramientas del marketing y la promoción au d iovisual com o f uentes para el estudio de la di stribución y la exhibición cinem a tográfica La prim era modalidad de estudio que hemos prop uesto consiste en investi gar la c arrera comercial seguida por la obra o cojunto de obras s eleccionadas, relacionando los resultados finales de s u comercialización con las actividades llevadas a cabo par a su promoción. Se trata, por tanto de estudiar la estrategia de comunica ción y venta seguida por c ada un a d e las empresas impl icadas desde l a etapa de preprodu cción d e l a ob ra y el comienzo del rodaje, hasta su ex hibición en salas y s u ex plotación a través de otr as ventanas como el vídeo y la televisi ón. Para una ma yor efectividad del análisi s es recomendable acotar el e studio de l a difusión de la o las películas a una z ona geográfica o a un país en concreto. 2.1) Marketing en la producción: festivales y mercados Esta fase del aná lisis se refiere a l as actividadesones que s e llevan a cabo en la fase de producción de la pelí cula para bus car y garantizar los cauce s para su distr ibución. Una de las acciones promocionales de ma yor inte rés que lleva a c abo el p roductor, bien durante la producción o bien una vez finalizada la película, es la presentación del proyecto en mercados y festi vales cinematográfico s. Para estudiar el circuito de difusión de una pelí cula o conj unto de películas conc retas, en esta fase es imprescidible investigar su participación e n cada un a de l as s ecciones d e l os festivale s y m ercados 5 nacionales e internacionales a los que s e ha presentado 2 . Estos datos nos proporcionan información en torno a tre s aspectos fundam entales. En lo que s e refiere a la participación en m ercad os, el prime r paso consiste en investi gar la presencia d e la empresa productora en dicho espacio, o de a gentes de venta contratados por ella. Uno de los aspectos que debemos tener e n cuenta es si se ha inscrito sin proy ec to o con proyecto. Estos datos p roporcionan información i nicial para investi gar en una fase posterior si gracias a esta participación en el mercado se han conseguido cont actos para comercializar la película o para iniciar un pro yecto en co producción. Otro factor d e gran impo rtancia que d ebemos considerar en cuanto a la pre sencia de l a productora en el merca do se refiere a su participación en las sesiones de pi tching . Se t rata de un m étodo h abitual en este tipo de eventos para obt ener financiación que permita a las p roductoras desarrollar sus p ro yectos. Para participa r, l as empres as inscriben su ob ra en desarrollo en un a bol sa de p ro y ectos. Entre ellos un comité internacional de expertos, selecciona un número determinado de títul os que podrán presentarse ante u n tribunal de representantes de diversas empresas o cadenas de televisión interesadas en financiar al gún proyecto. Con respecto al p aso por los festivales de cine, el análisis debe tener en cu enta si la obra h a sido seleccio nada para su p articipación en la sección oficial a concurso, en secciones i nformativas o en o tro tipo de proyecciones alternativas, así como la obtención de premios o menciones especiales. Los aspectos citados nos permiten averiguar si el paso de la película por el festival ha sido beneficioso para la promoción de la película y, de est e modo, analizar po steriormente en que medida este ti po de eventos ha impulsado su promoción. 2.2.) Marketing en l a distribución: estrategias de lanzamiento, invers ión publicitaria y promoción Una vez que la película ha sido vendida a una distribuidora, la promoción y lanzamiento de l a obr a es r esponsabil idad de la empresa que adquirido sus derechos de explotación. En esta fase, los datos para la investigación pueden obtenerse mediante el análisis y recopilación d el material promocional generado por las acciones de ma rketing d e l a 2 Para averiguar lo s festivales y mercados por los que h a p asado una obra cinem ato gráfica se puede contactar d irectamente con la prod uctora por medio de entrevistas o encuestas. Si no es posible, siem pre se puede cons ultar la ficha té cnica, donde su elen aparecer las nominacione s y premios o btenido s por la película, o bases de dato s de cine co mo I MDB. Otr a forma d e c onseguir esta i nform ación consiste en consultar los catálo gos de los principa les festi vales cinematográ ficos de la zona sele ccionad a para el análisis, au nque esto requiere un trabaj o más lab orioso y una may or d edicació n. 6 empresa publicitado en los medios de comunicación. De este modo, artículos de prensa, trailers, anuncios y spots televisivos, rueda s de prensa, entrevistas con el director y los actores, etc. constitu yen un material interesante para seguir el lanzamiento de una película. La in formación obtenida permitiría ex plicar l a repercusión de la película y proporcionar datos para relacionarlos con los posteriores resultados de recaudación en taquilla y de asistencia de espectadores. Inte rnet también puede constituir unmedio interesante p ara investigar la promoción de la p e lícula, y a que en mu chas ocasiones s e elaboran pá ginas webs oficiales d e determinad os tí tulos o realizadores de pr estigio, donde se ofrecen mate riales adicionales como entr evistas con el dir ector y los actores, la banda sonora, making off , etc. Otros datos int eresantes que podrían d eterminar el efescto d e la promoció n en la difusión de final de la pelí cula son las cifras de inversión en publicidad y promoción, siempre que l a distribuidora esté dispuesta a facilitarnos dichos d atos. Si esto no es posible, parte de esta i nformación puede obtene rse a partir de Infoadex. Esta consult ora se enc arga de elaborar y comercializar estudios relativos a l as inversiones publicitarias en los principa les medio s de comunicación en lo que se re fiere a l precio del espacio ocupado en dichos m edios, según las tari fas oficiales. Entre estas cifr as deberíamos separar las relativas a los anuncios de pelí culas y las de publicidad corporat iva. En este sentido resulta inte resante investigar la p roporci ón de la inversión publi citaria en los distintos medios (radio, prensa, televisión, Internet, publicidad ex terior...), determinado así el alcance de la campaña. 2.3) M arketing en la exhibición: circuito de exhibición en salas, recaudaci ón en taquilla y número de espectadores El análisis de la exhibición de la pe lícula puede llevar nos también a conclusiones significativas. En prime r lugar debemos analizar el tipo de lanzamiento realizado, que como y a se h a mencion ado puede ser masivo o progresivo. Ésta ú ltima m odalidad es la que siguen normalmente algunas películas de car ácter independiente que comienzan a exhibirse en salas especi aliz adas de al gunas ciudades. El número d e salas y las z onas geográficas en l as que se ha pro y e ctado, l a reca udación en t aquilla y la cantidad de espectadores que asistió a su pro y ección pueden ser indicadores d el éxi to o fracaso de toda la campaña de promoción que ha seguido la película. 7 A la hora de ev aluar el éxito de una película en lo que resp ecta al número de espectadores en s ala, deb emos tener en cuenta la fecha s eleccionada para su estreno 3 . Si coincide con el estreno de otros títulos de g ran espectación, es posible que este fa ctor influya de forma negativa en la recepción de la pe lícula. 2.4.) Explotación en mercados subordinados: vídeo y televisión Por úl timo, el estudi o se completaría con el análisis de la ex plotación en m ercados subordinados, es de cir, l a distribución de la p elícul a en vídeo y su emis ión en emisoras de televisión. En ambos casos resultaría interesante analizar si al gunas de estas ventas se han originado a partir de algún contacto establ ecido durante la edición de algún f estival o mercado cinematográfico. En el caso de l a distribución en vídeo, es i mportante analizar al gunos aspectos relativos a la campaña de lanz amiento de la película en este m ercado. D e este modo, podemos determinar si se ha comercializ ado al m ismo tiempo mediante venta y alquiler o no. También resulta interesante relaciona r del número de espectadores y recaudación que ha tenido la obra en salas de cine, con las ci fras relativ as a las ventas y al alquiler producidas en el sector del vídeo. Con respecto a la emi sión de l a película en televisión, u no de los apsectos principales que deben considerar se es el tipo de campaña promocional del estreno llevado a cabo en una determinada cadena, d istinguiendo entre las privadas y las públicas. Posteriormente, la actividad promocional llevada a ca bo durante dicha campaña puede relacion arse con los resultados de audiencia, y éstos c on el público propio de la cadena en cuestión y el tar get propio de la película. Ha y que tener en cuenta que l a campañ a dep ende exclusivamente de la cadena que ha ya adquirido los dere chos del producto audiovisual y no en este caso de la dis tribuidora o de la productora. Por úl timo, podemos completar la investi gación in teg rando todo lo s datos obtenidos al relacionar los resultados de audiencia en TV con los del cine y el vídeo. 3 La infor mación que se i nclu ye en la pá gina 6 relati va la inv ersión publicita ria, el lanzami ento y la fechas de estre no se han co nsultado en Redondo , Ignacio ( 2.00 0). Marketing en el cin e . Madrid : Ed. P irám ide (Grupo Anaya S.A.) 8 3. Los f estivales cinematográficos co mo pl ataforma d e dif usión y promoción de las obras aud iovisuales En el caso anterior, l a m etodología de trabajo t omaba como punt o de partida la lí nea seguida por una determinada compañía para promocionar y vend er s us proy ectos. Pero existe o tra posibilidad de análisis t ambién de gran interés en la que el objeto de investigación se tr aslada a uno de los acontecimie ntos promocionales en sí. En este caso la investigación gira en torno al funcionamiento de los festivales cinematográficos y mercados de ventas como medio de difusión de las obras audiovisuales. Los festivales y me rcados cinem atográficos s on acontecimientos que desempeñan un papel fu ndamental en l a comercializ ación de las películas, puesto que en ellos se dan cita a profesionale s de todos los ámbitos del sector audiovisual. L os productores tienen la oportunidad de dar a conocer sus pro y ectos y establecer contacto con di stribuidoras o cadenas de t elevisión para c omercializar sus películas en mu y diversas áreas g eográficas, espe cialmente si se trata de eventos de carácter internacional. T ambién e s un momento clave p ara contactar con otros productores en busca de fin anciación y, al mismo t iempo, constituye n un punto de en cuentro entre cineastas que puede ser el origen de futuros proyectos en coproducción. Podemos citar como ejemplo el caso del documental Bola de N ieve (José Sanc hez Montes. España- México-Cuba, 2003). Las tres entidades qu e parti cipan en la coproducción, Canal Once (México), Ático Siete ( España) y el Instituto Cubano de las Artes y la Industria Cinematográfica ( I C A IC) establecieron sus pri meros contactos en las dos primeras ediciones de Mercadoc. Esta coproducción se pro y ectó en una se sión especial organizada en la sext a e dición del Festival de cine de Málaga y también se presento en Mercadoc el mismo año, en este caso p ara negociar su distribución 4 . Este caso nos da un ejemplo del alc ance que puede llegar a obten er es te tipo de eventos en la producción y distribución cinematográfica. En algunos casos, com o el y a mencion ado, est os acontecimientos pueden desempeñar un papel c lave para la difusión d e determinadas cor rientes o géneros minoritarios, como el documental latinoamericano, al proporcionar un a vía alt ernativa para la difusión de estas películas que se alejan del cine comercial. 4 Esta infor mación ha sido extr aída de la investigación q ue la autor a está d esarro llando actu al m ente p ara la elabo ració n de la te sis doctoral “La di fusión del do cumental ibero americano en E spaña. Los festivales cinematográ ficos españole s co mo instru mento d e divulgació n del género”. 15 El inicio de la investig aci ón hemerogr áfica pu ede fijarse entr e l os dos o tres meses anteriores a la celebr ación del festival o mercado, fecha en la que normalmente comienzan las ruedas de prensa y d emás accio nes promocionales para presentar l as novedades de la nuev a edición. El final del p eriodo de investi gación tamb ién puede establecerse dos o t res meses después de la finali zación del evento para co mprobar si en la prensa ha y algún indicio del camino que han seguido l as películas p articipantes, como estreno en salas comerciales, paso por otros festivales, etc. El resultado de este an áli sis d e la prensa puede mostrar el dispositivo con el que cuenta el festival para pr omocionar las pelí culas que pro y ecta, así como las actividades realizadas en el marco de cada certamen 5 . Al mismo tiempo, el papel que se otroga a estos acontecimientos en los medios de comunicación es un indicador de l a relevancia y prestigio que tienen dentro de su entorno, influ y endo en el público a la hora de acudir al certamen. Por ello es mu y i mportante relacionar el estudio realizado del eco social en l a prensa con los resultado s de audiencia obtenido s por las películas p ro yectadas en el festival. 3.3) Distribución y comercialización: circuito com ercial de la obra En el apartado anterior nos referíamos a los resultados de difusió n de las películas entre el público y la prensa, análisis que es más apropiado pa ra investigar el funcionamiento d e un festival como medio de difusión de obras audiovisuales. Ya se ha mencionado que los festivales de cine están más enfoca dos al público y a la crítica, mientras que l os m ercados tienen como destinatarios más directos a los p rofesionales de la producción audiovisual y sobretodo de la distribución. C omo señala R edondo (2.000) los m ercados ejercen un menor impacto en el púb li co que los festivales, pero en muchos casos la participación en estos espacio resulta decisiva para la comercialización de la obra y l a venta de derechos para su ex plotación. Por esta razón, si la investigación se centra en un mercado ex iste otro método para evaluar sus efectos en la producción y en la distribución de obras audiovisuales. Para el lo, resulta interesante i nvestigar l os acuerdos d e comerciali zación de determinados p royectos a partir de contactos establecidos entre p rod uctoras, distribu idoras o cadenas de tel evisión durante l as distintas ediciones del mercado. 5 Nos re feri mos aquí a las ac tivid ades p aralelas q ue se desar rollan al margen d e la pr o yección de pelíc ulas que co mpiten en las secciones a co ncurso, tales co mo mesas red ondas, congresos , exposiciones, publicacio nes de libr os ed itados p or e l festival, etc. 16 El seg u imiento de dicho s acuer dos se puede realizar mediante la elaboración de un listado re presentativo de un número determinado de películas i nscritas en la videoteca del foro y presentadas en el pitching durante todas las ediciones que abarque el periodo temporal seleccionado para el estudio. Si el mercado está vi nculado a la edición de un festival cinematográ fico, como es el caso de Mercadoc y el Festival de Cine Español de Málaga, en este list ado e s i nteresante incluir las películas premiadas en el festival que también participan en el mercado. De este modo se puede comprobar en que medida los premios suponen un atractivo para los posibles compradores de la película. Otro modo de llevar a cabo el análisis sería realizando una li sta, también representativa, de productoras o agentes de ventas, distribuidoras y cadenas de televisión participantes. En tal caso, sería int eresante incluir en esta list a tanto a empresas independientes como aquellas otras vinculadas a grupos de comunicación. De este modo podremos com probar al final de la in vestigación que tipo de empresas han obtenido mejores resultados en la comercialización de sus productos. El objetivo consiste en d eterminar los pro yectos o las empresas que h an e stablecido negociaciones durant e el mercado. Norm alment e, la or ganización de este tipo de eventos no suele di sponer de esta información. En algunos casos, los re sponsables suelen r edactar unos info rmes en los que comunican al productor las empresas que han visionado su proyecto en l a videotec a y el resultado de la encuesta que d eben r ellenar los interesados tras su vis ionado 6 . Pero esta in formación suele ser confidencial, por lo que no está disponible al público. Ante esta situaci ón, el método m ás fiable para acceder a dichos datos es el contac to directo con las productoras de los p royectos seleccionados o con las empr esas d e la lista, normalmente a través d el co rreo ele ctrónico. Esta información puede agruparse en torno a los dos siguientes aspectos: - Coproducciones realizadas a partir del contacto de dos productoras en el mercado - Acuer dos de dist ribución o ventas para la emis ión en televisión a partir del contacto establecido entre productoras o age ntes de ventas con distribuidoras o cadenas de televisión. Una vez obtenida la resp uesta de las empresas co nsultadas es importante analizar las características y estru ctura ta nto de las p roducto ras como de los compradores de sus películas. Con ello podemos determinar el tipo de empresas obtienen mejores resultados en la difusión y com ercializ ación de sus producciones, así como l a empre sas que están 6 El pr ocedimiento e xplicado es el q ue sigue Merca doc, celebr ado en el marco del Festival de Cine Español d e Málaga, seg ún fue ntes de la o rganizac ión del p rop io mercado . 17 más interesadas en la adquisición de nuevos productos. La i nvestigación puede completarse analiz ando la temática d e l as p elículas comercializadas para c omprobar que líneas argumentales son las que más interesan pa ra su difusión a los pro fesion ales que participan en estos mercados cinematográficos y audiovisuales. La aplicación d e esta s egu nda propu esta metodoló gica pe rmite u na investi gación completa y nov edosa de la actuación de l os festiv ales y m ercados cine matográficos como plataforma de di fusi ón de obras audiovisua les. Por una p arte, h ace p osible definir las estructuras puestas e n marcha por este t ipo de espacios cinemato gráficas para la promoción y difusión de obras audiovisuales. Por otra parte, comprueba el efecto real que ha t enido la di fusión de dichas películas teni endo en cue nta su impacto tanto entre el público y la crítica como en el sector profesional. Por tanto, las dos propu estas m etodológicas presentadas en e sta comunic ación ofrecen la posib ilidad de realizar investi gaciones de gran novedad e interes para el estudio de los s ectores de la distribución y de la exhibición cinematográficas en l a actualidad, pero qu e tam bién pueden ser válidos en el estudio de cu alquie r otro pe riodo histórico, si empre que dispongamos de las fuentes y datos necesa rios para su elaboración. 18 BIBLIO GRAF ÍA Y FUE NTES CONS ULTADAS - Cuevas, A (1.999). E co nomía cinematográf ica. La producción y el com ercio de películas . Madrid: Audiovisual I m aginógrafo. - Redondo, Ignacio (2.000). Mark eting en el cine . Madrid: Ed. P irámide (Grupo Ana y a S.A.). - V.V.A.A. (2.004). Cr eando empresas para el sector audiovisual: cine televisión, documental y animació n. Sevill a: Fundación Audi ovisual de Andalu cía. Col. Andalucía Formación Audiovisual.,. - V.V.A.A. (2.005 ). Guía del audiovisual en An dalucía. Producción de cine y televisión . Sevilla: Fundación Audiovisual de And alucía. - V.V.A.A. (2.005) IV Jornadas Profesionales: Marketing audiovisual y prom oción para el sector audiovisual de And alucía. S evill a: Fundación Audiovisual de Andalucía Páginas web: - Ministerio de Cultura de España < http://www.mcu.es > consultado el 20/01/20 06 - Festival de C ine Esp añol de Málaga < http: //www.festivaldemalaga.com/ > consultado el 20/01/2006 - Semana Inter nacional de Cine de Valladolid “SEMI NC I” < http://www.seminci.com/ > consultado el 20/01/2006 1 La ignorancia a firma o nie ga rotundamente, la ciencia duda ( Voltaire) LA POLÍTICA EDUC ATIVA REPUBLICANA Y SU PROYECCI ÓN EN EL EXILIO MEXICANO . ANA BONED COLERA (UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID) ÍNDICE EPÍGRAFES: 1.- Prólogo 2.- El Sistema de enseñanza republicano. Por una formación humana e integral. 3.- El Franquismo: ¡muerte a la inteligencia! 4.- La experiencia republicana: aprender del pasado RESUMEN: Recorrido por las p áginas de la historia de la II R epública Española, p eriodo en el que la edu cación, com o base de la democracia, cobró una importancia inusual en l a política general, con el compromiso de una p arte significativa del pueblo español. Recordatorio del legado, en materia de enseñanza, del exi lio republicano en México. ABSTRACT: A stroll throu gh the hist ory of the Second Spanis h Republic, a pe riod in which education, as the foundation of democracy, gained an unusuall y important role in politics as a whole, with th e comm itment of a si gnificant portion of the Spanish people. A reminder of the educational herita ge of the Republicans exil ed in Mexico. PRÓLOGO El tema de esta comunica ción se inscribe en el contexto del exilio republicano en México, y tien e por obj eto averiguar la pro yección que tuvo la gran obra educ ativa emprendida durante el pr imer bienio de la Repúbli ca, y continuada du rante los años de 2 poder republi cano, en conjunción con las fuerzas y partidos proletarios, i ncluso en los difíciles ti empos de guerr a. Con el triunfo del nacional-ca tolicismo, España quedó convertida en un erial en muc hos sentidos y , por supuesto, la C ultura fue la g ran perdedora, dado el elevado número de personas de alta t alla humana y formación que tuvieron que m archar. Todas ellas significadas p or su contribución al enriquecimiento cultural del país y por su espíritu librepensador, lai co y democrático, que hi cieron ll egar a las gentes d e los l ugares más recónditos de la geografía española, ha sta entonces, aisladas y sumidas en la m ás absoluta i gnora ncia. L as palabras de León Felipe dan l a medida de la desertización cultural que supuso para la España franquista el forzoso destierro de estas gentes: “los exiliados se han lleva do la palabra y la pala bra en griego significa logos . El que se ll eva la palabra se lleva la razón”.(Au b, 1992, p. I ) En Méxi co, pervivirá entre los exi liados el pensamiento que alum bró la p olíti ca cultural y educativa de la República, y s on muchas las m uestras, ho y todav ía existentes, del empeño del ex ilio por continuar la l abor iniciada en suelo español. Los transterrados llevaron al otro l ado de l Atlántico ideas y mé todos para edu car en u nos valores e instruir en unos conoci mientos, desde una vi sión humanista, ra cional y c rítica. Colaboraron en instituciones de i nvestigación y educación superior, cre adas expresamente po r inicia tiva del presidente m exicano C árdenas, como el C olegio de México, que abrió sus puertas para aco ger a intelectuales y personalidades republicanas del m undo de la c ultura y al que fueron invitad os, entre otros muchos, J osé Ignacio Mantecón, Agustín Mil lare s Carlo, y R amón I glesias, los tres relacionados con el Cuerpo de Archiver os y Bibliotecarios que tan magna labor desarrolló durante los primeros años de la República y l a contienda civil. Además participaron en universidades y escu elas nacionales mex icanas, en cu ya s nóminas ap arecen nombres como el de los catedrá ticos de Filosofía Adol fo S ánchez Vázquez y J osé Gaos, la catedrática d e Teoría Política Auror a Arnáiz, todos ellos de la UNAM, o el de María Za mbrano, en el colegio de M orelia. Otros exil iados, con el apo y o de l os organismos republicanos, fundaron s us propios centros de enseñanza ( Instituto L uis Vives, Instituto Hispano-Mexicano Ruiz de Alarcón, la A cademia Hisp ano-Mexicana, el C olegio Madrid, los Colegios Cervantes y las Escuelas Fre inetistas). “Cautivo y desarmado e l ejérc ito rojo, han alcanz ado las tropas nacionales sus últimos obj etivos militares” ..., triun falistas pa labras, sobradamente conocidas, del último parte de gue rra emitido el 1 de abril de 1939. Así las cosas, y con medio millón 3 de personas que abandonaron España par a evitar la política de terror de los vencedores y sustraerse a la d epuración, la redención por la s angre y los trabajos forzad os, al exilio le quedó únicamente el recurso a l a palabra, arma que s ustituirá al fusil en los nuevos países de acogida, para hacer más soport able e l peso de la derrota. Po rque l os que marcharon salvaron l a vi da, pero fue mucho lo que perdi eron: el alejamiento de la t ierra que les vio nacer, sus seres queridos, s us pro y e ctos personales y pro fesionales, y los que tenían p ara cambiar España. Pero, pese al dolor y la incertidumbre de no saber cuándo regresarían, mantuvieron l a esperanza y l a memoria, a sabiend as de que s ólo con ella s podrían sobrevivir preservando su di gnidad. Como decía uno de los pasajeros del Sinaia , de avanzad a edad, m archaba d e Españ a, para, por lo menos, po der m orir con dignidad. El obligado alejamiento de España y l a necesidad de mantener la cohesión entre los refugiados, les l levó a busc ar medios d e expresión en los qu e plasm ar su sentir y recuperar algo parecido a la normalidad en sus vi das. De modo q ue, desde los primeros momentos, a sí lo hi cieron, y no habí a sobrepasado e l Peñón d e Gibral tar el barco expedicionario Sinaia cuando, bajo la di rección de Juan Rejano, s e editó el primer número de l a publicación hom ónima que les ac ompañaría durante toda la travesía. En este órgano de p rensa no faltarán las crónic as sobre la actividad de los maestros dirigidas a los niños y a dolescentes que iban a bordo, porque como comentaba el redactor había que promover inquietudes y despertar la int eligenc ia de los rapa ces, pue s “serán los futuros defensores de la i deología que no animó la g uerra y que caracteriz a nuestro exilio”( Sinaia , 1939, 11 j unio). Para entonces, e l bando vencedor, ya había iniciado su po lítica de aniquilación de todo lo que repr esentaba el ideario r epublicano y de quienes se h abían comprometido con su causa, d e modo que s us represalias alcanzaron a los hijo s de los “rojos”, que llevaban inoculado el mal heredado, por lo que estos niños estuvieron en el punto de mira de la sistemática política de terror dirigida a erradicar el mal en su origen. No en v ano, pues el régimen vio en los niños la esperanza de la nueva España. EL SISTEMA DE E NSEÑANZA REPUB LICANO. POR UNA FORMAC IÓN HUMANA E INTEGRAL. 4 Es conocida la declara ción de guerra al anal fabetismo y el fértil tr abajo desarrollado, desde 1931 , por i nstituciones, asociaciones y particulares para elim inar el alto índice de analfa betos -en torno al 40% de los 22 millones de españ oles ex istentes en esa fecha -, y h acer llegar la cultur a a las ciudades y, sob re todo, a lo s lugares más apartados d e la geografía rur al española. Hasta allí llega rán libros, a rte, música, teatro, cine..., gracias a la labor re alizada por las Mision es Pedagógicas, la Red de Bibliot ecas Municipales, que creó 5.000 bibliotecas ambulantes sólo en 1931, las o rganiz aciones proletarias, y la contribu ción de los maestros en las num erosas escuelas creadas. Por fin, se reconocía el valor de la cultura como medio de liberación y elevación social de l os pueblos, y la necesidad de erradicar uno de los males endémicos, la ignorancia, que había favorecido el domi nio de las oligarquías co nservadoras en estrecha alianza con la jerarquía eclesiástica y el ejército, ambos bastiones del poder. Así pues, con el rég i men republicano, l a ens eñanz a además de s ervir como sistema d e transmi sión de conocimientos y d e va lores, s e conve rtía en un instrumento para combatir las influencias conservadoras y clericales, y dicha empresa fue reforzada de sde el poder legislativo con la Cons titución y l a L e y de Con greg aciones, al orden ar el al ejamiento de la Iglesia de las tareas docentes. El pro y ecto educati vo de la República estaba inspirado en ideas r acionales y liberales, y en los presupuestos krausistas s obre la reforma étic a del hom bre mediante l a educación. El obj etivo era regenerar el país y aproximarlo a la m oder nidad socio económica y cultural que encarnaban las naciones del entorno europeo, y a tal fin era pertinente ext ender un modelo educativo, humanist a y tol erante, que recogiese la esencia filosófica de l a Institución Libre de E nseñanza, cu ya andadura había sido continuada por otros centros de formación como l a Asocia ción para l a Enseñanza de la Mujer, la Junta de Aplicación de Estudios, la Residenc ia de Estudiantes, la Residencia para Seño ritas, el centro exp erimental para la segunda enseñanza, Instituto Escuela, (1918) y las mism as Misiones Pedagógicas. Algunos m iembros de la bur guesía avanzada y culta se fo rmaron en estos centros, que eran ex presión cultural de es a misma clase social a la vez que catalizadores de las corrientes más vanguardistas del pensamiento científico y peda gógico. Sus hijos e hijas, aunque éstas en menor número, seguirán sus pasos, en c ontacto con l os debates que se l ibraban en las más avanzadas instituciones educativas europeas como el Instituto Pedagógico J .J . Rousseau, l a escuela de Ma ría Montessori, de las h ermanas Agazzi, o de Jean P iaget. Paralelamente, esas 5 nuevas ideas par a la re novación cultural y educati va, per o bajo la influencia marxista, habían en contrado su modo de expresión a parti r de la inici ativa de Man uel Núñez de Arenas, fundador con ot ros socialistas de la Escuela Nueva. Sus pl anteamientos, favorables a la int egración de lo cultural en todo lo social, servirán de guía a Ferna ndo de los Rí os, seg undo titular del Mi nisterio de Instrucción P ública de l a República y, anteriormente, colabo rador del centro s ocialista, conver tido en lu gar de r eunión de los ateneístas al clausurar Primo de Ri vera el Ateneo madrileño. E sta orientación pedagógica soci aliz ante tuvo sus represe ntantes en el ex ilio m exicano, siendo uno de ellos el fundador del C olegio Cerv antes de Veracruz en México, J osé María Sánchez Sansano (Cruz, 1994, p.122). Durante los mand atos de Marcelino Doming o y d e Fernando de los Ríos, desde el Minist erio de I nstrucción Púb lica se sientan l as bases par a el des arrollo d e un sist ema educativo que, a corto o medio plazo, permitiera cambiar la realidad cultural española. La apu esta es por una enseñanza científic a, a lejada d e supe rsticiones y verd ades sustentadas e n la fe como fuente de conocimiento, y p or tanto, a jena a la nefasta influencia religiosa. De modo que la libertad de l a ciencia, la libertad de p ensamiento y de conciencia p residirán el pro yecto educativo, y sobre estos p rincipios se definirán nuevos objetivos, nuevo s programas y contenidos, y nuevos m étodos, con el propósi to último de e ducar en valores d emocráticos y potenciar l a función s ocial de los individuos, finalidad que se traduce en la i ncorpo ración de un a asi gnatura específica en los programas escolares. En este sentido no pu edo evitar una mirada retrospectiva a la legislación republicana en materia de enseñanza, y com probar cierto paralelism o, o po r lo menos una estela de inspi ración, entre a q uella y la reciente Le y Orgánica de Educación, en cuestiones como la inserción en l os nuevos planes de estudio de una materia – Edu cación para la Ciudadaní a - di rigida a formar a los jóvenes para su participación como ciudadanos en l a cosa pública. También la documentaci ón histórica nos permite comprobar s imili tudes entre el a y er y el ho y en la int ransigente a ctitud que un sector de la opinión, con el i ncondicional apoyo de la jerarquía ec lesiástica, ha mostrado ante la observancia del mandato constit ucional que reconoce l a aconfesionalidad del Estado español, y, p or tant o, el carác ter laico de l a enseñanza pública obligatoria. Parece que no colm a sus expectativas el qu e l a L e y Orgánica de Educación contemple que la asi gnatura de r eligión sea de of erta obligatoria para los centros, aunque de elección voluntaria para los alumnos. 6 El proy ecto cultural y educativo republicano r equería de una Ley d e Instrucción Pública en la que se fijaran sólidamente los principios políticos y técnicos para su realización, y “quedaran corregidos o en tra nce de ser enmendado s los m ales heredados”, según pal abras del titular de Instruc ción Fernando de los R íos (Molero, 1977, p.313). De t al manera que, en di ciembre de 1932, se presenta ba un proyecto de Bases p ara l a Primera y Segunda Ens eñanza mientras se debatían con todos los interesados los problemas de la enseñ anza superi or y sus posi bles s oluciones. Además se creaba el Consejo Nacional de Cultura, que sustituí a al Consejo de I nstru cción Pública, con la misión fundamental de verificar el cumplimiento de las dire ctrices ministeriales de la reforma educativa en todos los centros de enseñanza. Para ll evar a cabo empresa de tal envergadura ser á clave, además de la posición oficial y de las instituciones culturales y edu cativas bajo su patroc inio, el compromiso que adquieren intele ctuales y partidos obreros con la R epública, viendo en ella el marco favorable para l a renovación material y espiritual del país, desde una posi ción ética y estética de ruptura con el pasado, y cu y a impronta quedará indeleble en l a obra realizada por estas personas, ya fuera en materi a de ciencia, de educa ción, de arte, literatura, cin e, u otras manifestacion es de la cultura. Pero si alguien se merece un auténti co reconocimiento, por la b uena marcha de l a reforma educativa en nuestro país, son los maestros, devotos trab ajadores al servicio de l os niños a los que se entregaron co n pasión, conscientes de que su capacitación pr ofesional y, más impor tante aún, su preparación moral y hu mana para encarar l a v ida, dependía de la form ación que recibieran en los primeros años de su desarrollo. En este sentido, me parece plausible la labor qu e d esarrollan algunos maestros, continuadores de Célestin Freinet, como el comunista catalán Ramó n Cost a y los libertarios J osé de Tapia y P atricio Redondo, quienes orient aron su actividad docente a estimul ar la libe rtad y l a auto nomía de los niños, y a re forzar sus capac idades mediante l a técnica de ex presión libre de sus pensamientos y s ensaciones. L os tres, pa rte del c olectivo Batec, dejaron su huella en escuelas rurales d e Lérida y Barcelona durante los p rimeros a ños de la República, y después, en tres cole gios de Méjico. Fu eron además numerosas sus publicaciones, conferencias, y colaboraciones con otros do centes para difundir este método pedagógico, así como los cuadernos compi latorios de los t extos libres realiz ados por sus alumnos. 13 antes o durante la instauración de la República, s iendo te stigos de l de venir de los acontecimientos in situ y colaboradores, des pués, en algunas de las empresas emprendidas por el exilio en M éxico. Son los casos, entre o tros, de Riva Palacio, que fue vicepresidente de l a Asociación de Escritor es y Ar tistas en 1892 y p r esidente del Círculo de Bellas A rtes e n 1894, de Alfonso R eyes, S ecretar io del Aten eo madrileño, de Rodolfo Reyes, president e de l a Se cción de Cien cias Morales du rante la R epúbli ca. A l a buena predisposición de unos y otros, ha y qu e su mar la p olítica de Estado desarrollada durante el mandato de don L áz aro, con un fue rte i mpulso a la educación, pues era evidente que el grado d e analfabetismo y la fal ta de prepar ación de profesionales y técnicos nacionales representaba, igual que e n España, un lastre del que tenía que desprenderse el país si quería emprender el camino del desarrollo. Ob viamente, hubo total si ntonía entre el exili o republicano y las au toridades mex icanas en l os proyectos educativos, d e t al m anera que, los r ecién lle gados encontraron un terreno que a bonar contando con la connive ncia instit ucional mexi cana. Pero p ara el colectivo de ex iliados, la cooperación con el pueblo que le había ofrecido su hospitalidad, iba dirigida a acrecentar el acervo cultural del mism o, coadyuvando a su bienestar y al desarr ollo y la independencia económica de M éxico. C on esta fi nalidad se c reó una C omisión especial que e studiaría con los gobiernos locales las n ecesidades de ca da estado mexicano. Quizás con l a intención de animar a la mut ua colaborac ión, el Bol etín al Servicio de la Emigración española , órgano oficial d el SER E, publicaba el si guiente anuncio : “Emigrado, por inte rés t u yo y a la vez por interé s de España, de México y de todos tus compatriotas emigrados contigo, conviene que la ocupación que encuentres, sea adecuada a tu capacidad y m aestría profesional, porque es en ella don de serás más útil y tu esfuerzo más fecundo y eficaz. Haz lo posib le por encontrarla en estas condiciones, pero s i el hallaz go se di lata y te sale a l paso un medio de coroso d e ganarte l a vida, acéptalo. Es la mejor manera, por di gna y por pr áctica, de esperar la ocasi ón de t rabajar en tu profesión v erdadera” ( 1939,15 agosto, p.4 ). Otra lectura del re curso publicitario podría indicar la l imitaci ón de los fondos del S ER E , y el aviso para que cada p ersona y familia buscara los medios de resolver su vida. Los Colegios del P atronato Cerva ntes se crearon en ciudades fuera de l a capital mexicana, que era el au téntico centro del universo de ex iliados, y por t anto fueron concebidos en respuesta a una realidad m uy dif erente: poca concentración de exiliados, importancia de l a colonia espa ñola o europea, y demanda de centros educativos, igual 14 para los maestros autóctonos que para los niños de l lugar. De tal manera que los Colegios Cervantes, centros de enseña nza privado s, a los tres años de su cr eación tenían un 75% de niños mexi ca nos y el número de prof esores del exilio era reducido. Similar situación ofrecía la Aca demia Hispano-M exicana, en la qu e, t ras cub rir sus plazas e l primer año con hi jos del ex ilio y un p rofesorado casi en su tot alidad es pañol, pasó a escolarizar a ma yoría de niños mex icanos a los que, c ada vez más, impartirán clas es docentes nacionales. La fundación del C olegio R uiz de Alarcón fue la re spuesta a las necesidades de los niños de la colonia española residente e igualmente de los mexicanos. Los s eguidores de l a técnica Freinet, Patricio Redondo, J osé Tapia y Ramó n Costa J ou crear on sus propias escuelas con alumn os y profesores mex icanos, sobre todo. En estos casos, el vínculo con el ex ilio republicano eran los propios maestros fundadores, no obs tante, ac tuaron con gran autonomía respecto a las directrices pedagógicas y la financiación de las instituciones republicanas, probablemente porque, exceptuando el caso de l a escuela de San Andrés de Tuxtla, su creación fu e más t ardía. Además lo que definió su tra ye ctoria fue el empeño de sus insp iradores en continuar con el desarrollo del particul ar método Freinet en el que creían plenamente. La prácti ca y difusión de estas té cnicas fue su p rioridad y cara cterizó la actividad d e estos m aestros pioneros en suelo mexicano. No creo ne cesario en esta breve comunicación ha cer un a h istoria pormeno rizada de cada uno de l os cent ros escolares de prime ra y segunda enseñanza c reados por e l exilio , y a qu e sobre ello disponemos de estudios, algunos tan ex haustivos como los realizados por J osé Ignacio Cruz, quien ha sido comisario de la exposición sobre las escuelas d el exil io celebrada en la Residencia de Estudiantes el p asado año. Sí qui ero señalar que algunas publi caciones del exi lio consultadas dejan constancia e n sus páginas de l os primeros centros fundados en Méx ico, detallando en algunos casos, como el del Instituto L uis Vives, el c apital de 66 pesos aportado por el Comité Té cnico de A yuda a los Españoles ( Boletín al Servicio d e l a emigración española , 1939, 15 a gosto, p.1), así como en otras, editadas por el colectivo de enseñantes, se ofrecen da tos sobre el profesorado, el alumnado, los niveles de enseñanza impartidos, la localización geográfica y l a finalidad de los colegios e institutos asociados al Magisterio español ( Trabajadores de la Enseñanza , 1943, agosto, p.3) . Esta última publicación, de tendencia socialista, s e hace eco de la labor desarroll ada por el colectivo de maestros y profesores del ex ilio, a la vez que propone directr ices para la acción de los miembros de 15 la Federac ión Española de Trabajadores d e la Enseñanza, asocia ción que comenzará a reorganizarse en México y en otros países latinoamericanos como Cuba, Venezuela y Chile. Su órgano de expresión publica el program a elaborado por la militancia, en el qu e incluye la petición de s olid aridad del Magisterio en el exil io con sus homólogos en España, la apertur a de su scripciones para el envío de dinero y víveres, y la información sobre lo que ocurría en España con los profesionales de la enseñanza, creándose, a tal efecto, una Comi sión de estudio que anali zará la situación de la edu cación allí. Pero el punto principal es el llam amiento al colecti vo de maestros y pr ofesores pa ra organizar la acción políti ca a fin de liberar España y recuperar la República. E ste objetivo, constitu y e el caballo de batalla de todas las fuerzas antifranquist as, si bien, la división existente en su seno desde tiempo atrás, hará de la ll amada a la unidad l a cuestión preferente, d e ésta y otras publicaciones del ex ilio ( Independencia , 25 juli o 1944, p.1 y Acción , 4 agosto 1945). La denuncia d el régimen de Franco, de la nueva legislación universitaria española, y de la represión ejercida sobre los representantes de l a cultura, son también temas repeti dos en los artículos políticos que public aron los m iembros de la Unión de Profesores Universitarios Españoles en el Extranjero. Además se interesaron por asuntos de carácter puramente profesional, de manera que editar on dieciséis números del Bol etín y en ellos di eron informaciones br eves sobre la Un iversidad del exilio , recopilándose las publicaciones científicas y humanistas de los univ ersitarios con difusión internacional ( Boletín UPUEE , 1943). Al pensar en tan alto número de refugiados republicanos en M éxico, entre 15.000 y 20.000, y como encontraron allanado el camino para hacer más fácil su vida en el destierro, no pod emo s pasar por alto los moti vos altruis tas y humanitarios de sus autoridades, que casi i ncondicionalmente les di eron su apo y o, como ya hi cieran en 1937 con l os niños de la guerra. Fue Amalia So lórzano, mujer del presidente, quien dirigió e l Comité de A yuda a l os niños españoles y s e ocupó de pr eparar su aloj amiento en la Escuela Industrial España-Méx ico (Morelia), anti guos seminarios transformados en colegios para los niños y las niñas. Uno de los adolescentes que arribaron entonce s fue Vicente Carrión Sos, futuro fundado r del Colegio Ciudad de México, en el que qu edó también el poso de la experiencia pedagógica rep ublicana, a pesar de que su formación fue totalmente m exicana. En este sentido ha y que señalar que no en t odos los centros creados po r el ex ilio se dio igual re spuesta ante una realidad física, c ult ural y social diferente a la suya, a unque acabara siendo la única. En unos casos, como los del 16 Instituto L uis Vives, el Colegio Madrid y la Academia Hispano-Mex icana en sus inicios, l os docentes crearon espacios c omo si fueran una prolon gación del uni verso español y republicano, ll evados por l a necesidad de preservar sus señ as d e identidad, o por lea ltad a la tierra que le vio nacer, como dec ía el poeta Tom ás Seg ov ia que estuvo sesenta años ex iliado en Méx ico. En otros, los colegios Cerv antes, y el Instituto Hispano-Mexicano Ruiz de Al arcón, desde el principio se volcaron con el p aís de acogida y hubo una predisposi ción a la integ ración, que el I nstituto Hispano-Mexicano explicitaba inequívocamente en l os obj etivos d el centro “enseñar a los hijos de l os extranjeros residentes e n México a p ensar y sentir en mex icano”(Cruz, 1994,p.67). Estos centros siguieron un camino di ferente a los exponentes más represen tativos d e la obra r epublicana en el ex ilio, de manera qu e actuaron para desprenderse de la tutela de los orga nismo republica nos y buscaron vías de financiación de pro cedencia mexicana, o, como el Cole gio Ruiz de Alarcón, de l a coloni a española. Su objetivo i ntegrador se reflejará en l os pro gramas y asi gnaturas i mpartidas que giraban en torno al conocimiento de todo lo mex icano. Sin embarg o, con el paso de l os años los centros de l exilio cambiarán su fisonomía, por la mezcla hu mana y cultural qu e s e ex perimenta en ellos y por el inevitable arraigo en el país de adopción de los hijos y nietos del exili o. Lo que prevalece como r asgo común a todos los colegios e i nstitutos cread os p or el ex ilio es la continuidad de los obj etivos y del método peda gógico desarrollado durante la República, y en ello radica la pervivencia de estos centros, co nvertidos hoy en espacios d e formac ión personal y académi ca de calidad, sobr e la base de l conocimiento analítico y razonado, de la participación activa del alumno, de su relación directa con el entorno social y natural, y d el d esarrollo de actitudes de tol erancia y cooperación. Est e fu e el legado que dejaron l os exiliados al magisterio mexicano, y en él se descubre la huella republicana. LA EXPERIENCIA REPUBLICANA: APREND ER DEL PASADO Los r efugiados en Méx ico pasaron po r todo ti po de vicisitudes desde que emprendieron el camino del exilio. No les fue fácil superar el des garro que les había producido el éx odo f orzoso ni tampoc o rehacer sus vidas. Más doloroso todavía se rá asumir el no retorno a España, tras la tr aición de las democracias occi dentales a la República. Cabía la posibilidad de plantearse la vuelta, y al gunos lo hicieron, pero los más trataron de ace ptar que qui zás morirían en el país que les albergó, aun a costa de 17 “un terrible desdoblamiento, un continuo zi gzag mental y sentimental, de cabeza y de corazón, entre su a y er y su ho y .” (Esteban Salazar, en El Maquinista , 2001, p.37). Cierto que lo tuvieron más fácil que otros, por l a hermandad del idioma y por el apoyo de un a parte importante del pueblo mexi cano, al que c orresponderán dejando lo mejor de cada uno, su hue lla particular en los di stintos ámbitos de la vi da m exicana, no sólo en ese mundo, tan esencial, de la enseñanza. Ahí están l os vestigios de su paso por el país latinoamericano, de sus aportaciones al desarrollo económic o y cultural (VV:AA, 1976). Conoc idas ho y, no cabe du da que dejaron alto el pabellón que representaba a la España republicana perdid a, y r esulta inacepta ble, no sólo desde un punto de vista romántico y sentimental, el olvido d e todas estas personas por parte de las instituciones españolas en tiempos democráticos. Por el contrar io, los transterra dos, no olvidaron la España que dejaron atrá s, y probablemente olvi dar les hubiera hecho más fácil el camino, pero sabían de la i mportancia de la memoria y d e la nec esidad de no traicionarla, y lucharon p or conserv arla. S us testi moni os escritos dan prue ba de ello. Un esfuerzo y una labor real izada, sólo rec ientemente rec onocida por los representantes de la pol ítica oficial, que parece comienzan a hac erse eco d e l a ne cesidad de ha cerles justicia, pues como expresaba el filósofo Adolfo Sánchez Vázquez, en el hom enaje que la Universidad Complutense dedicó al presidente mexicano Lázaro Cár denas, “es d e justicia re ivindicar la labor de los exiliados que durante años fuimos la conciencia de España que no podía manifestarse ni residir en s u país de ori gen” (Sán chez Vázquez, entrevista Tribuna Complutense ,11 oct. 2005). Silenciada esta parte de la historia de España, el exilio interior espera todavía ho y a qu e se le dé l a voz que dur ante un cuarto de siglo se le ha negado, como señalaba, a sus 62 años, una de las niñas encarce ladas por Franco. El t riunfo de la Repúbli ca provocó un a reacción d e entusi asmo y d e confianz a en una parte considerabl e del pueblo español. Con su proclamación s e iniciaba el c amino de la primera democracia en la hi storia de Esp aña, y fue ron ti empos de esperanza, com o dijo Antonio Machado “...aquellos días, Dios mío, tejidos todo s ellos co n el más p uro lino de la esperanza... ”. Para unos, gente inmer sas en el mund o de l a i nteligencia y económicamente acomodada, si gnificaba alcanzar su ideal democrático y de libertad. Para ot ros, las clases t rabajadoras, era el mo mento de contribuir al desarr ollo y consolidación del ma rco burgué s, y apr ovech ándose de las condiciones favorables resultantes -la democr acia políti ca y l a indust rialización-, crecer y or ganizarse para la 18 lucha por el socialismo. La mili tancia anarquista, la más numerosa entonces, vio en la proclamación de la República el momento para el gran salto revolucionario. Pero el sueño de libertad y de justicia social, aún con visos de realidad y fundado, se vio truncado por el golpe militar, y s ólo quedó a los vencidos la posibi lidad de pro yectar sus principios y convicciones en los lugares de aco gida, siempre c on el pesar de l a dis tancia insalvable. En m i opinión, la grandeza de la Repúbli ca radica precisamente en el compromis o de todo un pueblo, de gente de todas l as clases, para hacer la andadura de un camino que se p resum ía di fícil s in que ello mermar a sus convicciones ni le restara esperanza. Quiz ás los mismos motivos que le llevó a defender lo conquistado en una larga y c ruenta guerra, y le permitió soportar el destierro o la oscuridad en que qu edó sumida España durante cuarenta años. “Feliz el pueblo que puede recuperarse t antas veces pa ra sobre vivir. Es el or gullo d el desdic hado, l o sé. Tal vez pretendiéramos lo im posible, pero seguiremos andando hasta que todo se desvanezca o se il umine. Nos dirán que somos ob stinados. Pero ¿qui én se atrevería a hacer crítica de los sentimientos que nos a y ud aron a vivir” (Le ón, 1977, P rólogo). La s palabr as de Mª Ter esa León, similares a las de otros testimonios, recuer dan a los desmemoriados el e mpeño de hombres y m ujeres por construir y mantener una sociedad democrática, en el sentido amplio del término, lo que sólo podía lograrse con criterios de justicia so cial y equidad. Esta fue la “utopía” de muchas personas para l as que transformar la realidad entraba de ll eno en el plano de lo posible. Con esa idea iniciaron un proceso de re volución cultural e intelectual en una España en la que se respiró una libertad hasta entonces desconocida, y yo diría que una situaci ón parecida, que despertara tanto entusiasmo y tantas esperanzas , no se di o hasta el t riunfo socialista de 1982. El deseo de rom per las cadenas imp uestas por el ré gimen dictatori al, las ansias de aprehenderlo todo: n uevas exp eriencias, nu e vos conocimientos, nuevos contactos con el mundo...,. y, sobr e todo, e char una mirada atr ás para ver como la ciudad anía pensaba y vivía la li bertad. Pero p asados esos primeros años, ll egó el desencanto, y, e n mi opinión, en España, como en el resto de las sociedade s d emocráticas, se hace cada vez más necesario repensar la esencia de la democracia, y de volver a los pode res políticos el papel que les corresponde en ella, tal es proteger y garantizar los derechos y las libertades, sin olvidar nunca que son meros de positarios transitorios de la soberanía del pue blo. Sin embarg o, nin gunea dos éstos por los g rand es poder es económicos, 19 términos como la liber tad, la igualdad y la s olidaridad van quedando vacíos de contenido. La s reform as educativas de l a República alcanzaron un importante grado de madurez, aunque interrump idas, únicamente se salvó aquello que los exiliados pudieron llevar consi go. P ero, l a recuperación de la democracia en España, aún sin la mayoría de los auténticos responsables de la perviv encia del espírit u que propició el clima cultural y educativo de la Repúblic a, nos rec uerda día a dí a que aún se puede aprender mucho d el pasado a l a hor a de replantearse las concepciones y prácticas educativas , basta co n poner “inter és, entusiasmo, locura, arte, pes e a escépticos y detr actores”, fórmula mágica de Freinet (Jim énez Mier, 1992, Introd.). BIBLIO GRAF ÍA ACCIÓN . Publi cación Española Republicana Independiente (1945, 4 agosto), México. ALTED, A.(2005). La voz de los vencidos. Mad rid: Aguilar. AUB, M. (1992). Epi st olario del exilio (1940-1972. Castellón: Fundación Caja de Segorbe. BOLETÍN AL SERVICIO DE LA EMIGRACIÓN ESPAÑ OLA (1939, 15 agosto), México. BOLETÍN INFORMATIVO DE LA UNIÓN D E PROFESORES UNIVERSITARIOS ESPAÑOLES EN EL EXILIO (1943), 2-5, México. CRUZ, J. I .(1994). L a educac ión republicana en América ( 1939-1992). 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Bibli ografía (pág . 20) La incorporación de un as pocas mujeres a l a prim era línea de la política du rante la II República no vino acompañada de cambio s en l a ideología patriarc al dom inante. Dolores Ibárruri adecu ó su imagen públi ca y su discurso a los valores morales dominantes en aras de la aceptación de su lideraz go. The involvement of som e women in first-rat e polit ics during the II Repub lic in Spain di d not bring about a ny changes in t he dominant patriarchal ideolog y. Dolores Ibárruri adapted her public image as well as her discourse to the dom inant moral values for the sake of her leadership being generall y accepted. 1. Las mujeres y la II Repúb lica Para situar l a aparición d e la figura de Dolores I bárruri en su contex to histórico, debemos emp ezar por d escribir el momento por el que atravesaban l as muj eres y los movimientos sociales en los que tom aban p arte en España durante aquellos años. Con tal fin, nos remontaremos hasta el periodo qu e comprende desde la Restauración monárquica hasta la dictadura de Miguel Primo de Riv era . Podemos decir que las reivindicaciones de las mujeres siempre han tenido en nuestro país un marca do carácter social, supeditando peticiones políti cas tales como el derecho al sufra gio femenino en 1 LA RA DIO EN LA SEGUN DA R EPÚBLICA ESPA ÑOLA: SOCIEDAD Y PU BLI CIDAD. Autor: Ana Seba stián M orillas (Universidad de Vallado lid) El artículo vers a s obre la evolución del medio radio durante la II República Española a la vez que analiza la publicidad radiofónica d e la época y sus efectos en una sociedad a punto de dividirse en dos bandos enfrentados en armas. This article is about the evolution of th e r adio broadcast durin g the Se cond Spanish Republic. I t also anal y ses the r adio commer cials i n that time, and how this commerci als had a great influence on S panish society, which was close to a civil war. 1. Introducción a la radio en la época estudiada 2. Análisis de la publicidad radiofónica y su incidencia social 3. Conclusiones 1. Introducción a la radio en la época estudiada. No debemos cometer el err or d e im aginar, des de la persp ectiva actual , cuál podría ser el ambiente en el que la radiofonía española dio sus prim eros pasos s in conocer l a realidad política y social de esos primeros años. La radio en España nace e n el año 1924 y sur ge primero, como producto de la industrialización del paí s. Y serán la explosiva situación política y el crítico equilibrio social los que l a definan durante más de diez años, dotándola de una madurez sorprend ente que se verá cortada de raíz por l a Guerra Civil. La Segunda República e spañola e stuvo marcada por una profunda ag itación social y una fu erte inest abilidad políti ca. Se dieron en ella las condiciones necesarias para un enfrentamiento c ivil. L a sep aración de la I glesia y el Estado llevó a promul gar la extinción de presupuesto en dos años del clero y culto, di solución de la Com pañía de Jesús, y confis cación de sus bienes, matrimoni o civil y divor cio... incluso se llegó a prohibir a enseñ ar a las ordenes r eligiosas, cu ando el Estado no contaba con aulas, profesores, ni medios para hacerse cargo de la enseñanza del país. Estas circunstancias infl uirán decisivamente en los primeros pasos de la radiofonía. En esta época histórica nuestro estado vive una situación ambigua desde el 8 En estos momentos y a se consideraba la radio como medio ex traordinario de difusión de la palabra habla da y d e la música, arma de propaganda comercia l, de información, de cultura literaria y artística... y de simple placer. La s emi soras locales nacidas a raíz del decreto 1932 ofrecen una progra mación más sencilla y de m enor duración. En 1935 exist en 61 estaciones de estas características y su hor ario de emisión abar ca cu atro o cinco hora s de programación diaria. En este año la publicidad constitu y e la principal fuente de ingresos en las grandes ciudades. La info rmación radiofónica t ambién ha evolucio nado. El s ervicio informativo "La palabra", estrenado a finales de 1930 en Unió n Radio, cuenta en 1936 con diez ediciones diarias. Cada sali da al aire a lo largo de la jornada está dedica do a un tema distinto y profundiz a un aspecto informativo determinado: noti cias de i nt erés general, información come rcial, l ocal, deportes... nin gún otro m edio de comunicación de m asas puede comp etir con l a agilidad d e r apidez informativa del m edio radio fónico, factor muy i mportante en un per íodo histórico con cambios constantes. La radiodifusión pasa entre los años 1931 y 1936 por una prime ra etapa dorada, ya que adquiere un gra n reconocimiento entre to dos los sectores de la población. Hombres, mujeres, ni ños, clases altas, gente humi lde... Todos escuchan en algún momento d el d ía la emisión radiofónica. 2. Análisis de la publicidad radiofónica y su incidencia social. El periodo comp rendido entre el año 1 924 -nacimi ento de la radio en España- y el fin de la República en 1936, la actividad public itaria era mucho may o r de lo que podemos ll ega r a pensar observando el escaso número de gra baciones que se han conservado hasta la fecha. En la actualidad, t an sólo se han podi do reunir 19 canciones comerciales. El resto de publicidad de esta época, para vergüenza de unos y desconsuelo de la ma y orí a, ha s ido d estruida. El objetivo de éste estudio d e elaboración propia ha sido establecer la relación entre l as canciones comerciales emitidas en l a ra dio de la época, los productos anu nciados y una s ociedad a punto de divi dirse e n dos bandos enfrentados en armas. De las 19 Canciones Comerciales, (se utiliz a el término canción comercial par a d esignar al formato publicitario dominante en esta época, en el que u n autor m usical -habitualm ente de reconocido presti gio- escr ibe una composi ción en cu ya letra s e a laba al product o o mar ca en cuestión. Aún no pode mos emplear el término "cuña", ya que los fo rm atos de esta épo ca no se adaptan a su defini ción, ni en l a duración ni en el estilo) los productos que más se anuncian son bebidas sin alcohol 9 (31,5%), seguido de higiene y belleza (21%) y en un porc entaje menor, hogar, almacenes y p roductos a grícolas (2 anun cios por sector, lo que si gnifica un 10,5% cada uno). Un anuncio de limpieza, otro de complementos y uno último de alim entación forman el porcentaje de “otros”. La sociedad e spañola en l os años precedentes a la Guerra Civi l m ostraba una esquizofrénica división. Esta es la razón por la que no se puede deducir fácilmente el estilo de vida a partir d e los productos anun ciados. Quizá, lo m ás que podríamos llegar a suponer (escuchando estas canciones come rciales) sería que la mujer, tras m aquillarse para toma r un m osto con las amigas, s e va de compras a los almac enes... ¿ hasta que su marido llegue de trabajar en el campo? Algo falla. La m a y oría de la publi cidad conservada se dirige, sin lugar a d udas, al público femenino. Sin embargo, no t odas las mujeres son iguales. En las grandes ciudades, las progresistas estaban l uc hando por conseguir derechos qu e las equipa raran de al guna manera con los hombres. Sin duda, el hecho de p oder t omarse un a soda, s in su novio o marido, en al guna cafetería de renombre ya era un paso adelante. Contrast ando con esta imagen, en el resto del p aís la mujer viví a en su gran ma y oría en un estado m uy cercano a la miseria, en un am biente rural, con un nivel de analfabetismo elevado y una ignorancia total de la "lucha" que mantenían las jóvenes feministas en las ciudades. Lógicamente, la primera pu blicidad en radio se dirigía a estas últi mas. P or un lado, no se re cibía emisión en todo el te rritorio n acional. Tan sólo en l as ciudades podía disfrutarse de un invent o que no era barato. P or otro, si l a publicidad bus caba la contratación tendría que encontrar a aquellos que vivieran en una sit uación económica desahogada. R azones demográficas y econó micas que ya marcaban, desde s u nacimiento, a la publici dad radiofónica. Conforme la ra dio evolucionaba y llegara la década de los treinta, la recepción serí a posible en z onas mucho m ás am plias de l a nación. A ellos se dirigi rían en su momento productos como el Mo sto Vitamín, que podía ser degustado "En el bar elegante y en el pu eblo distante". El porcentaje de c anciones comerciales por tipo de producto rev ela, por lo tanto, que el medio radio tenía un aire femenino. Bebidas sin alcohol (most os, caf és, m alta y sodas) compiten en mi nutos con higiene y belleza. Por otro lado, estos datos demuestran la sutil tendencia elitista de la radio, de la que hablaremos más adelante, y a que estas mujeres pert enecían a u n nivel social elevado, que tan sólo se daba en las grandes ciudades. 10 Fijándonos en las letras -a veces interminabl es, en temas de más de t res minuto s- de estas Canciones Comerciales, podemos co mprender al go m ejor a lo s hombres y mujeres de la época. La delicadeza bus cada en un a fémi na ( "su piel blanca y fina / pues usa N ievina" ) podía ser di fícil de encontrar: " Busque ust ed / una chica rechipén / que muy lejos esté de los cuarenta / de cintura esbel ta y muy gentil / de aire primoroso y sutil / pues si no / aprove cha ust ed l a lección / corre el riesgo de dar / con un f urgón". Puede que el "furgón" no considera ra políticamente correcto este anuncio de Soda Magnesia. Pero lo estamos valorando desde un pu nto de vista actual. Está claro que para el autor de esta c anción de Pekán y La Dalia, las mujeres son como son, y no l o pueden evitar: "Si desea el amor de una dama / cómprela ust ed pieles / Si desea el amor de una dama / no le ponga un p iso / ni le compre tampo co una moto / que es un compromiso / Cómprela un abriguito enseguida / y comprobará / que por muy pedigüeñ a que sea / ya no pide más" . Curiosamente, muchas de estas canciones o frecen, casi en exclusiva, como argumento racional la co nquista de la m ujer: "Si desea el a mor de una dam a / cómprela usted pieles / que si son de La Dalia o el Pekán / se le harán de mieles" . ¿ Será posi ble que detectemos un ci erto tufillo machista en est os tex tos? Ya que la post ura de los hombres es un tanto des pectiva hacia la mujer en los ejemplos anteriores, veamos qué palabras ponen en boca de las m ujeres: "Ay Car melo / ya sab emos que adivinas / que por ti e stamos gallinas / porque v as muy bien peinao" . El f ijador Loras debía h acer maravillas, está claro. P or lo menos, no llega remos a presenciar m alos tratos a la mujer y los hijos... si empre que no ol videmos obsequiar al marido con un a buena taza de café La Est rella: " Y la señora y los chiquillos / para eludir las furias de Satán / atravesaban cuartos y pasillos / para esconderse en el desván" . Aunque resulte divertido destacar estos fragmentos, lo único que hacía el letrista era recrear este reotipos bien conocidos por el público. L a imagen d el c hulapo (sobre todo, como veremos má s adelante, cu ando la m ayoría de los t emas son c hotis) gozaba del agrado de los oy entes, principalmente por la ge neral afición a la zarzuela. En cualquier caso, los posibles toques machistas aparec en dentro de un contexto cómico, en el que la posible agresividad queda diluida entre las buenas intencion es. Ha y que d estacar qu e hablamos de "contexto cómico" en un a so ciedad cruelmente divid ida, de manera mu y cla ra, en d os clases sociales diferenciadas. Es la paradoja de estos años. Por supuesto, clase alta y clase baj a van a verse reflejadas en la publicidad. Hemos vis to que y a en lo s primeros a ños de la radio -no y a como estrategia 11 publicitaria, sino por la propia naturaleza del invento- las emisiones eran elitis tas. Y, lógicamente, los produc tos que se anunciaban también l o s erían. Por ejemplo, la peletería Pekán y l a Dal ia, s egún cantaba An gelita Galvani: “ Es la casa madrileña donde encuentran marav illas las señoras de postín” , y por si no quedara c laro, repiten: "para calefacción de las señoras bien" . L os hombres, para poder luci r palm ito junto a su enviso nada esposa, podían asisti r a Sastre Carmena, pues y a se sabía eso de “Carmena se llama el sastre que viste a la gente bien” . Pero el tirón popular de la radio hizo que todo ti po de anuncia ntes aprov echara el m edio para publ icitar sus productos. A los atributos "ca lidad", " exclusivo", "magnífico" ( e incluso "chipén" o “jamón ") se añadieron otros que pretendían abarcar todo tipo de client es potenciales. I ntentando interesar tanto a emp resarios como empleados: " Lo mismo que el potentado / precisa el t rabajador / tener en su hogar amado / un lecho conf ortador" . El somier Numancia era un producto claramente democrático, que ofrecía descanso sin importarle la clase social del usuario. Son varios los ejemplos que podemos encontrar haciendo mención a dos atributos mu y preciados por los más humildes: precio y duración del producto. P or ejemplo, el " Fijador Lora s / es el pri mer f ijador / más bar ato que ninguno " , y y a podía uno gastar litros de fijador, no como con otras m arcas: "aunque hay muchos / que muy poca gente gasta / porqu e cuestan mucha pasta" . Nievina era el no va plu s : "Y el uso es tan fácil / y el prec io tan bueno / que puede llamarse / l a crema ideal" . A rit mo de chotis, el s omier Meseguer nos informaba: " debe usté saber / que el m ejor tesoro / es la marca Mese guer / por su calidá y su duración" . Y quiz á por aquello de que la " calidá" no distrajera d el mensaje principal, repetían: "hay que ver / lo que dura un somier de Meseguer". Ya bien entrados los años treinta, con un público más numeroso y no restringido a l as gra ndes ciudades l os productos agrícolas salen al escenario para a y uda r a “ El sencillo y esforz ado labrador / ve c almados sus temores y sus males / pues t iene Cupreclor” . Y en un delirante cuadro coral, l os campesinos españoles s e lanzan a las calles llenos de r egocijo, dando gracias a la radio por haberles p ermitido conocer e l azufre Medem: "C ampesinos y huertanos / celebr an su aparición / y ent onan todos ufanos / las not as de una c anción" . Del total de canciones comerciales, el 42,2% está clara mente dirigido a la clase alta, el 21% a la clase baja, y el 36,8% no establece un t arget claro atendiendo a su nivel económico. L os product os anuncia dos en estas primeras canciones comerciales no son 12 de primera nec esidad. Esto delata la tendencia elitist a de la que hablábamos con anterioridad, ya qu e de mala manera v amos a c omprarnos un abr igo nuevo si apenas tenemos par a comer. Sin embar go, sí s e obs erva un a intención por parte d e los anunciantes de no dejar de lado a todo tipo de clientes. La duración media de es tos temas es de 3 minutos. Esto se traduce en una g ra n cantidad de atribut os, ya sean físicos, funcionales o simbóli cos. La reiteración -a veces, casi abusiva- de la marca busca el recuerdo d el o y ente, repetir con asiduidad busca el rápido aprendizaje y eficaz memorización. El estribillo de l a canción, sea un chotis o un cha-cha-cha, es un momento ideal para rep etir hasta la saciedad la naturaleza del producto y el nomb re d e la ma rca. Este es un recurso tan uti lizado, y obviam ente valioso en la actualid ad, que resulta curioso descubrir que, y a en el nac imiento de la publicidad radiofónica, se usaba el t irón po pular de un estribillo o una tonada para imprimir en la mente del o ye nte una determinada marca comercial. El poder de la combin ación es tan explosi vo, que muchos de esos temas comerciales s iguen siend o rec ordados en la actualidad. I n cluso por aquello s que no los han escuchado sino un par de veces. La intu ición de los primeros a nunciantes es sorprendente. Ninguno de ellos desperdi ció un minuto en pensar cuál podría ser el mejor formato para publicitar s us productos. Sim plemente, y como ocurriría durante algunas décadas, se dejaron llevar por los gustos populares. Y acertaron. Los o yentes adoptaron esos temas, sin plante arse su origen comercial, con el mi smo agrado con e l que aco gían otro tipo de canciones. De hecho, las letras de algunos de estos temas son tan poéticas que apenas dejan entrever que es una Canción C omercial: " Cuando Dios creó este mundo / quiso dar a Adán y E va / las delicias más hermosas / que es posi ble suponer. / Mas la dicha fue incompleta / pues entre tantos placeres / les f altó en el Par aíso / una ta za de café" . Cafés la Estrella a penas lograba igualar en lirismo a Cocaína en f lor, que se lleva la palma: " Qué dulce impresión siento / al acercarme junto a tu vera / me aprisiona un delirio / siento quime ra, dicha y placer. / Esto es un gran misterio / que tú no entiendes y yo tampoco / sé que te vue lves loco / con mi placer, con mi querer" . Una pasión no dirigida a un hom bre, sino a un bote de aromas. De esta manera, la publi cidad radiofónica consigue romper la barrera establecida en la mente del oye nte entre publicidad y manifestación artística. El acabado de estas canciones tuvo mucho que ver con esto, por supuesto. Los autor es de los temas conocían las claves de l éx ito. No en 13 vano y a habían creado canciones que eran tarareadas por cientos de mil es de p ersonas en todo el país. El ser aceptado como una canción más tiene sus pros y sus contras. Por un lado, la canción se populariza enormemente. P ero, por otro, puede perderse el objetivo principal: promocionar nuestra marca sin g énero de dudas. Quiz á ante el miedo de este efecto indeseable, los au tores inclu y en en la can ción la presencia d el loc utor. La voz, por tanto, sigue ligada a l os ti empos de la m úsica. La l ocución no aparece aún en solitario en las canciones comerciales de esta ép oca, aunque rompe claramente con el estilo de la canción interpretada. De la muestra analizada, casi en la mi tad aparece el locutor (que en la a ctualidad domina sin discusió n el dis curso publicita rio radiofónico): un 42% de las Canciones C omerciales d e estos años inclu y e n esta fi gura (o al mismo intérprete del tem a, que deja de cantar p ara recitar el mensaje) mi entras que todavía el 58% de la muestra sigue el esquema clásico de cualquier tema musical. En las canciones con locución, no se puede establecer dónde aparecerá esta. En algunos c asos, aparece en medio de la canción. En ocasiones actúa co mo cierre del mensaje, y en otras el cantante hace su entrada tr as un enunciado del locu tor, pero este último jamás aparecerá s i no es en compañí a del tema musical central. En el caso d e la locución, el mensaje alejado por unos instantes del cuerpo musical, podemos descubrir que la mujer se encuentra claramente en inferioridad en este aspe cto. Tan sólo en una de las Canciones Com erciales ana lizadas aparece la voz de una locutora. La voz poderosa del hombre, que en muchos casos se acerca al grito del mensaje publicitario, resulta para la época más llamativa que el cierre efectuado por una mujer. La lo cución en e stas Ca nciones Co merciales os cila entre el estilo gritado y el feriado (el profesional tiene un control continuo y total sobre los tonos que está emitiendo) . El l ocutor intenta llamar l a atención del oyente de la manera más arcai ca posible: gritando. L a voz se encuentra en una tesitura altísima que, sumada al volumen que intenta alcanza r, roz a el gr ito. Junt o al cantan te y locutor, una t ercera f igura ap arece en estas C anciones C omerciales: el a ctor. El actor (o a ctriz) va a aportar nu evos atributos al anuncio. Abrirá nuevos caminos al mensaje publicitario, haciendo más cercano el producto al oyente o explot ando la situación cómica del m ensaje. Sin embargo n o es aún un re curso mu y ut ilizado, pues tendremos que esperar hasta los años 50 para qu e se escrib an diálogos "puros", como corazón del mensaj e pub licitario y no subordinados al tema musical. Un ejemplo : Están L aurel y Oliver Ardi (sosias radiofónicos de los conocidísimos El gordo y el flaco ) comentan las bondades de los 14 sastres m adrileños: "Sé, Laurel, de un sastre/ que vive en Madrid/ Ay, Ardi, te marchas/ ¿Y que hará s al lí?/ Me voy a casar/ con una morena/ Y hacerme un gabán/ en casa Carmena". La i nclusión de di álogos en las Canciones Comerciales se trat a, en definitiva, d e un recurso interesante, que a y udaba a potenciar la argumentación y creaba pequeñas situaciones dramatiz adas tan del gusto de lo s oyentes. De ahí qu e el género predominante sea el exclusivamente m usical, con un 73,7% del total, mientras que los temas que i ncluyen diál ogos son mucho m ás escasos, un 26, 3%. El diálog o a yuda al anunciante a ex poner sus argumentos, i ndependientemente del cors é musical, que ex ige al texto una sum isión métrica. Además, es intere sante descubrir que ( en l a ma y oría de los casos) el sexo de los actores responde al target del anuncio. En productos para hombres, e l diálogo es masculino. L as m ujeres prefie ren confiar en el diálogo "casual" entre dos féminas que comentan las virtudes de un producto. El diálo go h ombre-mujer suele producirse en c anciones comerciales de pr oductos cuyo uso no es propio de un sexo en particular. La s voces intérpr etes de las canciones son pr incipalmente femeninas, un 37% del total. L os temas inter pretados por hombres o por una pareja hombre- mujer, una de cada sex o, son siete en ambos ca sos (el 31,5 %). Al contra rio a lo que sucedía con el diálogo dr amatizado, no parece ex istir una rela ción directa entr e el se xo de la vo z cantante y el producto anunciado. Volvemos a encontrarnos con la falta de método y la carencia de modelos publ icitarios en la radio de aquella época. La elección de un, o una, cantante dependía en gr an m edida de su fama y d el g énero de la can ción, que podía s er más adecuada para uno u otro sexo. Esa fo rma intui tiva de realizar l as canciones comerciales hace que p roductos a grícolas com o C upreclor o Azufres Medem sean cantados por hombr es, pero que esa co rrespondencia no se siga en ot ros productos claramente destinados a un sexo determinado. En cuanto al núme ro de vo ces qu e podemos escuc har en estos temas, predominan l os coros (47,5%) formados de tres o cuatro voces distint as. También las parejas ap arecen con frecuencia, un 36,8% del total. El intérprete solista tan sólo podemos encontrarlo en t res de estas Can ciones Comerciales (15,8%). En e stas primeras Canciones Comerciales s e tiende a utiliz ar varias voces para d ar al tema más din amismo e implicar a l receptor. Hay que destacar que todas las voces pertenecen a adultos (hombres o mujeres). Un re curso que se e mpleará más adelante con asi duidad no ha aparecido aún: en estas canciones no apa recen niños, jóvenes, n i personas mayores, y a 15 sea cantando, int erpretando o locutando. Curiosamente, nin guno de los productos se dirige especialmente a estos sectores minoritarios. Un fenómeno l lamativo a destacar es la mención a famosos en varias de estas Canciones Comerciales. En estos casos se nombra a personajes reales de reconocido prestigio que son usados para legitimar el product o. De esta manera se justifica su valor y le añ aden c redibilidad a la marca anunci ada. Por un lado, nos encontra mos ante la contratación de nom bres famosos en la creación de las canciones: m úsicos n otables, letristas célebres (por ejemplo, el nov elista Álv aro Retana -que s e con sideraba a sí mismo como el novelista más guapo de España, c omo letrista del popularísimo chotis de la peleter ía el Pekán de Don Cirilo Fernánde z), o ca ntantes famosos, especialmente por sus apar iciones en z arzuelas. En otros casos, el t ext o del anuncio radiado h ace expresa mención a un personaje célebre bien conocido por el oyente de la época. Exist e una relación di recta entre los produ ctos dirigidos a l a clase alta y el empleo de e ste recurso. Tomar café La Estrella ya n o sería l o mismo tras sab er q ue "Hoy lo toma Don Ped ro Rico / y por eso e stá tan hermoso / y lo toma Paulino Uzcúdum / porque así s ale victorioso" . Hoy no son personajes populares, per o en su momento eran mu y nom brados. Pedro R ico fue alcalde de Mad rid entre lo s años 1931 y 1934, mientras que Pauli no Uzcúndum se hizo con el títul o europeo de bo xeo en 1926. La Est rella realizó varias canciones nom brando a personajes prestigi osos: " Ay, el cafetito / bien to stadito / nunca sienta mal / y lo dice así Pérez Madriga l" . Aquí se usa la imagen de Pér ez Madrigal, di putado y polí ti co muy popula r de la é poca. S astre Carmena s e decidió por el mundo del espectáculo. No só lo creó unos clónicos de S tan La urel y Oliver H ard y (l lamados Están y Ardi) para qu e prota gonizaran una de s us canciones comerciales, sino que incluía en el t ex to a Adolfo Menjou, actor francés que a raíz de su papel en Una mujer de París bajo las ordenes de Chaplin, en carnó pa ra el público el arquetipo de dandi parisino, elegante y vividor. "C uando me lo ponga /ya vas a ver tú /seré más esbelto /que Adolfo Menjou" Otra m odalidad de este fenómeno consist ía en incluir en la canción el nom bre del dueño de la tienda, q ue se presentaba a sí mis mo como garante de la calidad de los productos. Esto sucede, por ejemplo, en Pekán y La Dalia: " Ti endas de primera / que ninguno ha superado / pues jamás con Don Ci rilo / fue posi ble competir" y " Don C irilo Fernández l e br inda / lo mejor que existe / con que váyas e a Prín cipe, 9 / y no se despiste". No o bstante, los t emas musi cales en cu y os tex tos encontramos nombres 16 célebres son es casos. Del t otal analizado, sólo ha y un 23,3% (5 can ciones) que s i que lo hacen, mientras que el resto, un 73 ,7%, no lo hacen (14 canciones). En los primeros casos, el anunciante parece estar aprovechándose de l a fama de un tercero de manera i lícit a. P uede que fuera así, puesto que no exist ía contrapr estación económica por el uso de esa mención. De todas formas, esos establecimient os ya eran lo suficientemente prestigiosos como para que el propio personaje nombrado viera acrecentarse su notoriedad social. De algún m odo, ambos resultaban beneficiados. Tendría que pasar casi medio s iglo antes de que se publi cara una norma legal que regulara el derecho a la propia imagen. Los gustos musi cales de los oye ntes er an una bue na referencia a la hora de crear una C anción C omercial. Un t ema de moda (por e jemplo, una mazurca) podía provocar la inmediata aparición d e vari as canciones publi citarias d e e ste estilo. Si er a posible, escrita e interpretada por los mismos autores del éxito. El contenido altamente expresivo de la música relata, acompaña, entretiene, y es fuente de cultura en cualquier sociedad. La g ente cantaba l os anuncios como ca ntaba las canciones de moda o las tradicionale s. Por eso era tan import ante conseguir una música p egadiza, letra con gancho y una buena rima para facili tar su r ecuerdo. Se convirtie ron en un vehículo idón eo para h acer recordar las bondades de los productos. Era durant e la mañan a cuando sonaban los anuncios más postineros, como Pekán y la Dalia, Café la Estrella... Lo importante era recordar la letra. Los compositores de esta é poca tenían v arias fuentes musicales d e donde conseguir inspiración: procedente de Europa, como l a ma zurca polaca d el Paraguas Vizcaíno; ritmos americanos como el foxt rot de Nievina, el slow foxtrot de Hojas Beter o la rumba tropical afrocubana del Café La Est rella. Sin embargo, l os t emas musi cales nacionales ganan aún por golea da. Tendrán que pas ar diez años y una Guerra Ci vil hasta que las Canciones C omerciales usen en su ma yoría rit mos extranjeros, como pericones urugua y o s, habaneras, rancheras y hasta danzas persas. Estas ca nciones nacionales son, principalmente, chotis (peletería P ekán y La Dali a, S omier Numancia) y pa sacalles (Sastre Carmena). Aunqu e un re corrido por estas canciones publicitarias es un rec orrido por la geografía española: jot as valencianas (arroz S os), pasodobles m adrileños (Café La Estrella), p arrandas murcianas (azufres Médem ) o sardanas (Cupreclor). Exist e una tendencia, d e incluir el pre cio como elemento de decisi ón a la compra. No sucede en pr oductos claramente destinados a la clase alta, pero ha y un g ran porcentaje d e canciones en las que se menciona su ajustado precio. Much as veces, esto 17 no significa que nos enco ntremos ante ma rcas d est inadas a un público humil de, pero el anunciante no quiere perder nin gún posible cliente por lo que junto a valores como “calidad” o “presti gio” puede incluir “frases com o “precio razonable”, “nada caro”, “barato” o “todos los pre cios”. Tan sólo encontramos dos Canciones Comerciales en l as que aparece el precio exacto del producto. S e trata del Fijador L o ras ( me da un brillo colosal / y me lo preparo en casa / y pa mi no hay ot ro igual . /¿Y eso es muy caro? Sesenta céntimos / y el sobre grande una peseta” ) y el S omier Numancia ( Olvida ya t us apuros / y dices a tu muj er: / C ipriana, toma seis duros / para un somier” ). Estos dos casos en particul ar son marcas diri gidas a l a clase baja. No debemos p ensar que el Fijador Loras, al ser un producto cosmético, se al eja de l as person as hum ildes. En su texto se hace mención a aquellos fi jadores tan car os que no hay quien s e l os compre. O, si ahorramos, nos da reparo gastarlos. Por tanto, tan sólo dos canciones m encionan expresamente el p recio (10,5%). Pero s on frecuentes las que ha cen m enci ón indirecta a su atractivo económico, el 26% del total. Pero, como hemos comentado, l a ma yor ía de p ro ductos no se detiene en hacer referencia al precio. P refiere n convencer al públ ico con argumentos persuasivos. Esto se demuestra en las canciones analizada s, pues un gran porcentaje util iza argumentos pe rsuasivos (42,2%), el 20,8% se decanta por un estilo persuasivo- implicativo, un 26,3 prefiere l a i mplicación pu ra y solamente dos temas uti lizan el recurso del h umor pa ra atraer al o yente. por ot ro lado, los atributos dest acados en las letras de estos temas son principalmente físicos, como su diseño, b ri llo... aunque convenientemente arrop ados por atributos psic ológicos como el prest igio. En tres minutos da ti empo a dec ir muchas cosas. Los tex tos de estas C anciones Comerciales muestran la tendenc ia de los letrist as a u sar los a rgumentos persuasivos, en los que el beneficio suele ser tan gible, físico: “ Si desea el amor de una dama / cómprela usted pieles (...) cóm prele un abriguito / y se le harán de miele s”. Algunos productos, como el Mosto Vit amín, incluso se ofr ecen como p anaceas contr a la v ejez: “ Lo toma el abuelo / y te digo que alarga l a vida”. El recurso del humor destaca en una canción de Café La Estrella: “L as broncas de Don Facundo al i r a desayunar/eran lo más tremebundo que s e pued a imagin ar/. Antes de ir a la oficina le servían el c afé/ que era un agua de cocina mezclad o con no se qué/.Y la señora y todos los chiquillos, para eludir las furias del Sat án/atravesaban cuarto s y pasillos a r efugiarse en el des ván/.Y la pobre cocinera, que era la mayor culpable/dentro de la carbonera se ponía negra, ya n o hay quien le hable”. 5 más importantes, m encionaremos Mujeres Antifascistas ( AMA ), que estaba bajo el amparo del Partido Comunista; Mujeres Libr es , na cida en el seno de la CNT; y Unión de Muchachas , ór gano d e la J uventud S ocialista Unificada 5 . Todas éstas se maneja ron en torno a lo que se ha dado en llamar “ feminismo proletario”, pero, co mo veremos, tenían concepciones bast ante diferentes a cerca d el papel que d eberían ocupar las mujeres en la sociedad, sobre t odo en un a soci edad en crisis como lo er a en aqu ellos años la española. Mujeres Antifas cistas fue la que alcanzó mayor relevancia al recibir el encargo del g obi erno republicano de a y udar en la r etaguardia de los distintos fre ntes. Esta organización de fendió la dic otomía entre l os ámbitos masculino y femenino y una maternidad de responsabilidad social. Sin embargo, pese a la g ran difusión que alcanzó su revista, Muj eres , y a lo eficaz que r esultó com o elemento de movil ización femenina, nunca describió a las mujeres como sujetos con identidad propia 6 . Mujeres Libres , en cam bio, propuso desde un p rincipio un cambio en el papel que las mujeres juegan en la soci edad, con lo que se apostaba por u na estrategia feminista, ade más de por la vía de t ransformación social s e gún l os parámetros libertarios. La e volución de los acontecimientos bélicos hizo que el o bjeti vo de l a igualdad de los sexo s palideciera ante nec esidades más perentoria s, a pesar de la fuerte implantación que consi guió esta organización, s obre t odo en las zonas e n l as que los ácratas predominaban so bre otras opciones polí ticas 7 . Por úl timo, Unión de Muchachas , creada y a en plena Guer ra Civi l, y su órgano oficial, la revista Muchachas , intentaban introducir a las j óvenes en cuestiones educativas, culturales y políticas. Sus mi embros cumplían funciones de intendencia y a yuda logística tra s las líneas del frent e. La situación de las muj eres en España al finali zar la Guerra Civil puede ser calificada de paradójica, y a que, además de formar un colectivo fragmentado por la pertenencia a diferentes cla ses s ociales de sus componentes, t ienen ent re ellas otro factor sustancial qu e las divide: el hecho de p ertenecer al b ando de los vencedores o de los vencidos. El nu evo régimen surgido tras l a s ublevación y l a contienda se enc argará de abortar todos los mecanismos en pro de la i gualdad sexual puestos en marcha durante el período de la II Repúb lica: el d erecho al sufra gio, al m atrimonio civil, a l divorcio, al 5 Núñez Pérez, M. G. (1989 ). Trabaj adoras en la Segunda República . Madr id: Ministeri o de T rabaj o y Seguridad Social. 6 Mangini, S. (19 97). Recuerdos d e la Resistencia. La voz de las mujeres en la Guerra Civil e spañola. Barc elona: P enínsula. 7 Nash, M. ( 198 9). Las mujer es en la Guerra Civil. Mad rid: Taurus. 6 acceso a todos los niveles educativos en parid ad de condiciones que los hombres, apertura del mercado laboral para las mujeres, in centivos a l a participaci ón en la vida pública (tanto en instituciones como en pa rtid os políticos, sindicatos y otras asociaciones). La anulación de todos est os logros se produjo gracias a la acción e n di versos frentes. En primer lugar , desde el punto de vista de los mecanismos represivos que dispuso el nuevo gobierno en su ordenamiento legal, con normas t ales como la L e y de represión de la m asonería y el comunismo o la L ey de Se guridad del Estado. Asi mismo, la actuación de l as fuer zas policiales persiguiendo a todas a quellas mu jeres que se habían sig nificado por su militancia en partidos y s indicatos de izquierda hiz o que a éstas sólo les qued ara e l ca mino de la c árcel, el exi lio polít ico o, e n el mejor de los casos, el miedo y el silencio para aquellas que perm anecían en el país. Otro campo en el que s e puso especial én fasis por parte del régimen franquist a fue el educativo: tanto desde las escuelas como de sde las otras instit uciones fomentadas y f avorecidas por el Estado (la Iglesia y la S ección Femenina de Falange, dirigida en sus primeros años por Pilar , hermana de José Ant onio Primo de Rivera ) se intentaba transmitir el discurso d e l a dom esticidad y de la p erfecta casada. Durante l a dictadura s e asumen l os principios pedagógicos más re accionarios del siglo X IX, que i mpulsaban la división de los contenidos educativos en base a la divi sión de los sex os. Por tanto, según lo visto podemos decir qu e uno de los rasgos car acterísticos y definitorios del ré gimen franquista es el patriarcal; la sociedad se encontraba jerarquizada no s ólo en r azón de las diferencias d e clase, sino que además lo estaba en términos de dominación y tutela de género. Las mujeres v olvían a ser consideradas como seres apegados a la naturaleza por su capacidad reproduc tiva (incluso las solteras, viudas y casadas sin descendencia tenían la res ponsabilidad de lo que dio en llamar “maternidad social” ), r eservándose el espacio de a ctuación públic a ex clusivamente a los hombres. Según la auto ra Marina S ubirats (1983), este hecho se puede deber a que “ hombres y mujeres tenían misiones total mente d iferentes en la sociedad ” 8 , por lo que se o pinaba que l a educación diferenciada s exual mente er a n ecesaria para conseguir los objetivos pretendidos de ca da uno. Sin embargo, no sólo se of recían dos modelos educativos dife rentes, sino que uno d e ell os era superior al otro y l es ot orga ba e l rol 8 Subirats, M. ( 1983) . La educació n feme nina: la e mergen cia d e la escuela sepa ra da en España. Barc elona: Universid ad Autón oma de Ba rcelona. 7 dominante a los hom bres, of reciéndoles de este mod o unas m a y ores posi bilidades de actuación en el entorno social. En cuanto al asoci acionism o femenino durante el primer período de l a dict adura, caben destacar dos de los ag entes soc ializadores más importantes para las mujeres durante todo el franquismo: la y a mencionada S ección Femenina , y Acción Cató lica . Ambas instituciones ( y a que no eran simples asoc iaciones al estar bajo el amparo directo del Estado) tenían una concepción similar de los que deberían se r los pilare s fundamentales en los que se basara l a educación d estinada a las mujeres: la P atria, la Fe católica y e l natalismo, principal aportación fe menina a la construcción del Est ado ideado por los jerarcas del régimen. 2. Pasionaria : militante co munista Dolores Ibárruri Góme z (aunque su verd adero nombre era Isidora ) n ace en Gallarta, provincia de Viz caya , el 9 de diciembr e de 1895 en el seno d e una familia minera pobre. Se crió bajo la influencia de los ideales carlistas de su padre, c osa bastante frecuente por aq uel ti empo en esa zo na, uno de los ce ntros sidero metalúrgicos de la España de finales del s .XI X. Parece ser que fue acudiendo a l os mítines carlistas cuando se forjó el carácter de ex celente oradora d e la que posteriormente s ería conocida como “La Pasionaria”. El pseudónim o que la acompañaría toda s u vida y que la haría una figura reconocida internacionalmente surge a raíz de la publi cación con tal sobrenom bre de su primer artículo en el diari o El minero vizcaíno en 1918. Ya por entonc es había contraído matrimonio con el socialista J ulián Ruiz dos años antes; el 15 de abril de 1920 la agrupación del P artido Socialist a Obrero Esp añ ol de Somorrost ro , en l a que ambos militaban, se une a la fundación del Partido Comunista Español e inmediatame nte Pasionaria es nombrada m iembro del Comité P rovincial del pa rtido. Al año s iguiente, dicha forma ción se fusio naría con ot ra creando el Partido Comunista de España (PCE) que persiste aún en nuestros días y en el que Dolores mili taría hasta su muerte en 1989 9 . En 1930, t ras la caída de la dictadura del General Miguel Primo de Rivera y en los estertores del reinado de Alf onso XIII , es nombra da m iembro del C omité Central del PCE, cargo q ue revalidaría en el Congre so celebrado en S evilla en m arzo de 1932 , en el 9 Peña, L. (19 99). No ta biográfica de la P asionaria. Esp aña Roja . [publicació n en línea]. Di sponible d esde Internet e n: http:// www.eroj .org/biblio /ibarr uri/biografi.ht m [con acc eso el 1 9-11-20 05]. 8 que José Díaz sería no mbrado Secretario General en susti tución de José Bullejos . Un año antes se había trasla dado a Madrid para trabajar en la redacción de Mundo Obrero , órgano ofi cial del Partid o Comunista de España. En el p eriodo comprendi do entre 1931 y 1933, es de cir, una ve z proclamada la II Repú blica , es encarcelada en dos ocasiones siempre por participar en actos de reivindicación obrera. Tras el triunfo del Fren te Popular , coalición d e partidos de iz quierda q ue s e presentó a las ele cciones de feb rero de 1936, e s elegida diputada por Asturias. Aquí comienza una de sus etapas de m a y or actividad políti ca y de agitación, pronunciando discursos que acrecentará n su f ama de orador a vehemente, entre los que cabe destacar el que realizó en las Cortes el 16 de junio de 1 936, esca samente un mes antes del comienzo de l a Guerra Civil (y que está incluid o como objeto de estudi o en la presente comunicación), en el que denunciaba al gunas maniobras de la derecha pol ítica conducentes a provocar un golpe mi litar para derrocar al recién constituido Gobierno. Tras l a sublevación a rmada, esta actividad se verá incrementada, mu lti plicando sus alocuciones y a fuera con motivo de alentar a las t ropas en el frente o a l a r esistencia de la población, o bi en con la finalidad de obtener a y uda ex terior a los gobiernos democráticos de nu estro entorno. Todo esto tendrá que compa ginarlo con el cargo de Vicepresidenta de las Cortes, para el que es nombrada en 1937. Una vez en el exilio, en 1942 es elegida Se cretaria Gen eral del PCE a la muerte de José Díaz. En este ti empo, el p artido estará bajo el amparo especial de l a Unión Soviética estalinista; sin embargo, también será u na de las époc as más dur as que tendrá que vivir Dolores Ibárruri, ya que su hijo Rubén muere en la de fensa de Stali ngrado . Éste y a había combatido en el bando republicano durante la Guerra Civil , re nunciando de esta maner a al status de hijo de dirige nte de la República que lo ex imía a priori de esas responsabilidades. Aún con los contratiempos personales, la ya por aquel entonces histórica diri gente se m antendrá como una ac tiva r epresentante es pañola en l a Internacional Comunista . No ser á h asta el VI Co ngreso del Partido Com unist a de España en el exi lio, celebrado en 1960, cuando di mita del cargo de Secretaria General, siendo nom brada para el puesto honorífico de P residenta del partido; sin embarg o, el poder fáctico dentro de l a organización lo detentaba desde mediados de la déca da de los 50 el q ue ocuparía su lugar, San tiago Ca rrillo , l íder de un grupo de presión proveniente de l as J SU ( Juventudes Socialistas Unificadas ), coalición juvenil de las j uventudes del PS OE y 9 PCE creada poco antes de l a contienda civil. Pasionaria, siempre partidaria del centralismo democr ático y de seguir la dis ciplina interna en el partido, secundó la línea del nuevo Secretario Gener al que proponía el principio de reconciliación nacional. Dicha postura no se alteraría tampoco en uno de los ma y ores m omentos de crisis interna y discusión en la dir ecc ión, como fue el de la ruptura del PCE con M oscú t ras la ocupación militar de Praga en 1968, pese a su consabido posicionamiento pro- soviético. Después d e 38 años, Dolores Ibárruri regresaría a España en 1977 tras la muerte de Franco y la l egalización del Partido Com unista. Volvió a s er ele gida por Astu rias como diputada d e las n uevas Cortes Constitu yentes, aunque su pap el f ue escaso y permaneció poco tiempo en el carg o, dada su avanz ada edad y sus problemas de salud . A pesar de todo ello, mantuvo su carácter comba tivo y reivindicativo hasta el final de sus días, apoy ando t odo tipo de problemáticas sociales, como por ejemplo la que le hizo acudir a una manifestación de apo y o a las Madr es de la Plaza d e Mayo argentinas en 1983. Como y a se ha dicho anteriormente, m uere en 1989 a los 94 años de edad, dejándonos en sus numerosos escritos su legado político; entre ellos, destacaremos “ El único camino ”, “ En la lucha ”, sus “ Memorias ” e “ Historia del Part ido C omunista de España ”. 3. Dolores Ibárruri: una vida p rivada silenciada La biografía privada de Dolores I bárruri es anula da por la dimensión pública del personaje hasta extremos insospechados, porque a su vez su bi ografía se ent relaza y se confunde con la pr opia historia del PCE. L os datos q ue poseemos sobre esta vida privada ha cen referencia a los hitos considerados más importantes en la vida de una mujer y s e relacionan con el propio status vicario fijado para la totalidad de las mu jeres: la condición de hi ja, esposa y madre. L a estatura pública del personaj e se construy e en parte por la anul ación de las referencias al ámbito de lo privado. No sól o sus biógr afos, notablemente hagio gráficos l a ma y oría, sino l a propia P asionaria en s us memorias prescinden de a quellos elementos personales que al pa recer parecieran enturbiar la grandeza de la dirigente comunista. Los orígenes familiares de Dolores Ibárruri s on s obradamente conocidos. Asimismo, lo es su matri monio con el también mili tante comunis ta Julián R uiz y lo son 10 sus avatares des graciados de sus di versas maternidades. Pero ha y datos qu e faltan en sus biografías, h echos no expli cados y circunstanci as silenciadas. Pasionaria se sep ara de facto de J ulián Ruiz al marchar a Madrid a asumi r responsabilidades en l a dirección d el PCE, pero está separación nunca es oficial y algunos elementos sueltos pa recen indicar un comportamiento poco satis factorio de Juli án Ruiz con Dolores I bá rruri, apareciendo con posterioridad y siempre de forma velada l a palabra maltrato en r eferencia a la relación. Hasta qu é punt o esto fue así es difícil de valorar porque la p ropia Dolores d eja en la oscuridad e ste episodio de su vi da. L a qu e sí es cierta es la consideración, por parte de d eterminados camaradas su yos, de Julián Ruiz aún como el marido de Pasionaria, dando po r hecho que el matrim onio es un vínculo no disuelto e indiscutible en fechas y a mu y poste riores a la sep aración; est o nos da una idea de ci ertos valores morales sostenidos por estos defensores de la emancipación humana. A pesar de t odo, el ep isodio más significativo y silenciado de la vi da de Pasionaria es s u relación amorosa con el ent onces secretario polít ico del comité provincial del PCE en Madrid, Francisco Antó n. Antón es un hombre 17 años más joven que Pasionaria y s u clandestina relación consti tuye un motivo de escándalo entre los camaradas masculin os, a pesar de que se posee la suficiente infor mación sobre muchos de ellos que abundan en el tradicional dobl e rasero para medir las conductas masculinas y l as femeni nas. Algunos de los com entarios registrados son de c arácter abiertamente reaccionario, además de fuertem ente machistas. La intromisión del partido en la vida privada de Dolores obligan a ésta a abandonar su rel ación y l a abocan a colaborar en s u propia anulación como mujer, como individuo se x uado. Desde este momento Dolores ha sid o la hija, la esposa, es y será sobre todo la madre, además de la mít ica agitadora comunista, pero ha eli minado la posibilidad de que siquiera pueda se r contemplada como una muj er que posee sexualidad. Su brutal expropiación del cuerpo, tan cercana por otr a parte a los tradicionales valores burgueses y cristi anos, es el precio que tiene que pagar una m ujer tan rompedora para conservar su respetabilidad . De una pionera e n un mundo exclusivamente masculino es la renuncia a un a pa rte tan importante de la existencia de cualquier ser humano. 11 4. Análisis d e los discursos selec cionados 4.1 El discurso patriarcal: realidad, r epresentación e imagen La investi gación social que traba ja con anális is del dis curso intenta ex plicitar el vínculo existente entre la realidad y su representación, se i ntenta de alguna manera mostrar la capacidad d e aceptación y permanen cia de determinadas r epresentaciones entre las que s e en cuentra de form a destacad a la del género 10 . La categoría género es aquí entendida como la abstracción concreta marx iana. Esta determinación abstra cta 11 nos permit e analizar un fenómeno social dado, si ntetizando sus rasgos es pecíficos. No se trata de proponer una construc ción idea l, sino tal como s ucede con otras c ategorías marxianas, se pretende abstraer los car acteres específicos para su uso com o herra mienta metodológica en un cont exto teórico para la prax is social. Esta categoría opera no en un contexto neutro, sino en una formación social concreta, donde se des pliegan unas determinadas relaciones de poder. La simplificación de la realidad que supone su representación puede ser justificada como una forma de aprehensión de aquella. Si seguimos el razonamiento propuesto por Ber ger y Luckmann, podemos con statar que la rela ción ent re categoría e identidad social define el puesto que las personas ocupan en la sociedad, pues, p ara estos autores, el autoreconocimiento supone una d efinición social. La s características de l a categorización d e los g én eros giran en t orno a una representación estereotipada d e lo masculino y de lo f emenino y de la relación de dicotomía varón/muj er en la que se tiende a asim il ar lo masculino a la cultura frente a l a relación entre lo feme nino y l a n aturaleza 12 . Es ta conc reción de u na serie de características en torno a una categoría concret a es lo que podríamos definir como 10 Sobre la r ealidad y su representación resulta básico el libro de Berger, P. y Lu ck mann, T . (1979). La construcció n social de la rea lidad. Buenos Aires: Amorror tu. 11 “Lo concreto es concr eto porque es la síntesi s de m últiples de terminaciones, por lo tanto , unidad de lo diverso. Aparec e en el pensa miento como p roc eso d e sí ntesis, como resultad o, no co mo punto de partid a, y en co nsecue ncia, el p unto de par tida también d e la intuición y de la rep resentació n. En el pr imer camino, la rep resentación p lena es vola tilizada e n una d eterminació n abstrac ta.; e n el segu ndo, las determinacio nes ab strac tas co nduce n a la re pro ducción d e l o concreto p or el camino del pensamiento . H e aquí por qué Hegel cayó en la ilusión de conceb ir lo real co mo re sulta do d el pensamiento que, penetrad o de si mi smo, se co ncentra en s i mismo, p rofundiza e n si mismo y se mueve por si mismo, mie ntras q ue el método que consiste e n e levarse de lo ab stracto a lo concreto es, par a el p ensamiento s olo la manera de apro piarse lo c oncreto, d e r eproducirlo un co ncre to esp irit ual. Pero esto no es de ni ngún m odo el proceso de formació n de lo concr eto mismo”, seg ún las pa labras d e Mar x, K. (19 72). E lem entos funda menta les para la crítica de la economía po lítica (B orrad or 1857-18 58). Madrid : Siglo XXI. 12 Esta clase de dico to mía se enc uentra inser ta en los plantea mientos de mu chos pensado res, especial mente en lo s de estruc turalistas c o mo Levi-Strau ss. 12 estereotipo, a pesar de l as variadas de finiciones que pueden encontrarse en los diversos autores que han reflexionado sobre estas cuestione s desde el pionero Lippmann 13 . La presentación sesgada de l a r ealidad que puede suponer la utili zación del estereotipo femenino puede contribuir de forma po derosa a la generación de una opinión a priori sobre la relación de géneros y, sobre lo que aún puede ser más p r eocupante, la evolución de esta relación. Esto se produce porqu e en palabras d e Mila gros Domínguez (Domínguez J uan, 1996), “Lo interesante de la representación, en este caso circunscrita a la mujer como grupo específico, es que o pera simult áneamente e n l os pl anos cognoscitivo y valorativo” 14 . La representación de lo femenino codificada en rol es constitu y e un me canismo de perpetuación del confinamiento de l as mujeres en l a esfera de l o privado. Esto s e sigue re flejando en los diversos estudios en los cu ales se analiza el c ontenido del discurso donde las mujeres siguen estando vinculadas al ámbito de lo afec tivo- sentimental, que corresponde a lo t radicionalmente a lo privado y son sistemática mente ignoradas en los espacios que podríamos denominar de “poder”, relacionados con lo público. Pese a esta pe rsistencia de la representación social de una identidad femenina que podríamos denominar “tradicional” y el sostenimi ento de roles que sitúan a la m ujer en el ámbito privado y reproductivo se h a des arrollado en paralelo una n ue va definición que asimila a la mujer al modelo dom inante 15 , el masculino. S e anulan los valore s asociados a la identidad femenina, que en el imaginario vigente previo a la incorporación de las m ujeres al ámbito de lo público eran compl ementarios a l os representados por la iden tidad m asculina. Este proceso de anulación es abs oluto, porque supone una caracterización previa de la identidad femenina en negativo. La ausencia de los valores históricos d e la identidad 16 de las m ujeres en el nuevo r ol femenino manifiesta la escasa val oración q ue los roles f emeninos tienen social mente. Así, la 13 Nu merosos a utor es ha n inte ntad o definir el c o ncepto de e stereotip o q ue ha pasado en los últi mos a ños del ámbito de lo ac adé mico al lenguaje cotidia no: Lippmam m, Vinacke, Ha rding, McCaul e y, Schaff etc. 14 Do m ínguez J uan, M. (1 996 ). Aproximación a u n análisis de las representacio nes sobre los géneros. E n R. Mª. Radl Philipp ( Ed.), Mujer es e institución universitaria en Occid ente (pá g. 23 3). S antiago de Compostela: U niversida de d e Santiago de Co mpostela. 15 Estas cuestiones las ha expue sto con gran clarida d Radl Phi lipp, R. (1993) . La nueva definición de l rol femenino. E n R. Radl Phili pp y M. C. García Negro ( Eds.) , A muller a s úa imax e. Santiago d e Compostela: U niversida de d e Santiago de Co mpostela. 16 Es interesante destacar que la concepción ahistór ica de formación d e la identidad sostenido por Freud es contes tada también desde las po siciones feministas, véase: M itchel l, J . (1977) . Psico análisis y feminismo. Bar celona: Anagra ma y el ar tículo d e Rohr, E. (1 993). Fe minismo y p sicoa nálisis. E n R. Radl Philipp y M.C. Garc ía Negro (Eds.) o.c . nota 15. 13 asimilación absoluta al rol masculino preexist ente podría llegar a provocar l a desaparición absoluta de la identidad de género de las mujeres. Se ha producido un a lenta transformación d e las imá genes que la so ciedad proyecta de las muje res. Mucho más lenta aún si la comparam os con las transformaciones socio económi cas y t ecnológicas s ufridas po r la sociedad occidental durante los siglos XIX y XX. La realidad de las mujeres y l a vi sión que éstas poseen de su entorno y del mundo han pad ecido un cambio sustancia l que sin emba rgo no se ha proyectado en una renov ación significativa de las imág enes femenin as. L os mecanismos y e structuras de socializ ación mantienen estereotipos que sust entan en parte l os roles de la época preindustrial. E stos estereotipos de género en los q ue se ven encasilladas l as mujeres, a menudo nada tienen que ver con la real idad, ni con la ima gen que las muj eres tienen de si mis mas. El m antenimiento de estos e stereotipos se relaciona en gran m edida con la continuidad de una i deología patriarcal. Se pretende fijar la r espuesta a los deseos y la s atisfacción de l as necesidades de l os hombr es en un i maginario feme nino reflejado en un nivel simbólico como forma de perpetuar la dominación masculina 17 . Resulta interesante cons tatar que a pes ar de l o m encionado anteriormen te, la enorme transformación de la realidad social y de la percepción que las mujeres pos een del mundo se d ebe a la suma de v arios factores. Se podría destacar entre ellos el acceso a la educación y la toma de concienc ia de las propias mujeres de su realidad, al margen de las imágenes construidas por los hombres. L a toma de conciencia se t raduce en el descubrimiento de la potencialidad transformadora sobre el entorno y l a propia situación, que daría lugar al nacimiento y desarrollo del movimiento feminista 18 La construcción de la i dentidad social de las mujeres en el momento histórico de la II R epúbli ca se r ealiza a t ravés d e las tr es estructuras b ásicas d e socializ ación y , por ende, de reproducción de los valor es establ ecidos por el p ropio sistema: la familia, la escuela y L a Iglesia Cató lica. La configuración androcéntrica de la propia sociedad y la articulación de los mecani smos de control y p erpetuación de la mi sma, pasa , no solo por la necesaria colaboración de estas i nstituciones, sino también por la propia adecuación de estas a una concepción social androcéntrica. 17 Sob re la importancia de lo s sí mbolos sociale s en la re lación de los hombres co n las mujeres realiza una interesante ap ortac ión Bo rdieu, P . (2000 ). La d omin ació n masculina. B arcelo na: Anagra ma . 18 Sobre estas c uestiones r esult a una interesa nte a portac ión B allarín, P. , Birr iel, M., Mar tínez, C. y Ortiz, T. (2000). E d ucación y m odelo s de género e n E uro pa. En P . Balla rín ( Dir.), Las muj eres en Europ a: convergencia s y diver sidade s. Granada : Universidad de Granad a. 14 Desde una posición biologicista la asignación d e roles viene dada por la propia naturaleza y , por el hecho obvio, de la capacidad reproductiva de l as mu jeres. Esta circunstancia biológica ha sido tomada históricamente como pretex to para definir un comportamiento, tanto in dividual como social, d e las mujere s, sustancialmente distinto al de los v arones. Este ar gumento es el qu e ha justifica do l a asi gnación de valo res y actitudes estereoti padas en l a r epresentación so c ial de las mujer es. La asunción por parte de la ma yor ía de l as organizaciones de iz quierda de que es la cult ura, y no la naturaleza, l a que si gnificaba l os comportamien tos, no influ yó sobre la difusión de estereotipos que situaban a la mujer como parte de la n aturaleza, a la par qu e la separaban de la cultura. L os comportamiento s aprendidos, en gran m edida por identificación o emulación en el ámbito familiar, educativo y social , eran percibidos como naturales, con una clara aceptación del deter minismo biológic o, donde la maternidad sería el cond icionante máxim o para el de sarrollo de las actitudes y valores femeninos. La aceptación de la nat uraleza como just ificaci ón de determi nados papeles sociales, podría s er aplic ada por extensión a l as persona s de otras etnias, o con algún tipo de discapacidad, lo q ue justificaría la conservación del o rden establecido en fun ción de la aceptación del prejuicio de la imposibi lidad del cambio. Pero la propia modificación de los role s masculino y femenino a lo largo de la historia y las, m ás qu e destacables, diferencias detectadas entre la cultura oc cidental y o tras, parecen presuponer que l a, in cuestionada dur ante si glos, vigencia de determinad os roles que conducen a los estereoti pos de género pos ee un carácter ahistórico a la par que etnocentrista que no fue contestada desde las posiciones materialistas de l as organizaciones políticas marxist as de la épo ca que asumieron la i deología patriarcal sin detectar la contr adicción que pudi era significar en el contexto global de un discurso emancipador. A pesar de las continuas referencias a la difere nciación bioló gica como razón última de la construcción social de la id entidad fem enina, es bien cierto qu e es la cultur a la que asi gna los distinto s papeles que a lo largo d e la hi storia se han atribuido a v arones y mujeres y que han teni do su fundamento en una división s exual del trabajo. Esta afirmación qu e t iene su precursor en Federico Engels 19 , encontró eco en el llamado feminismo socialista y en ciertos sectores del movimiento fe minista norte america no, y 19 Engels, F. (19 99). El origen de la familia, la prop iedad privada y el Estado . Ba rcelona: De barr is. ESPAÑA CO N HO NRA Y CARLOS E SPLÁ : LA LABO R PROPAG ANDÍST ICA DE UN E XILIADO REPUBL ICANO . Ángel L. Rubio M ora ga Departa mento de Histo ria d e la Co mu nica ción Soc ial Faculta d de Ciencia s de la I nfor mación Universidad Co mpluten se d e M adrid e- m a il: a ngel.rubio@y a.co m 1. Intro ducción 2. Una vida en defensa y al servicio de la República. 3. La config uración del ideal re publicano en E splá. 4. Un f oro y órgano de expresión para los exiliado s repub licano s: España con ho nra. 5. Co nclusión. 6. B ibliografía . Abstract Carlos Esplá and his defense of the republican ideal will have a faithful emulation in España c on honra . This publicati on was founded b y t he alicantino journalist i n his Parisian exil e and, betwe en oth ers, it will enjo y the work of Mi guel Unamuno and Vicente Blasco Ibáñez i n the m ission to attack the dictatorial regimen of Primo de Rivera and the monarch y of Alfonso X III . Resumen Carlos Esplá y s u defen sa del ideal republicano tendrán fiel r eflejo en E spaña con honra , publicación que el periodista alicantino funda en su exilio parisino y en la que contará entre otros con Miguel de Unamuno y Vi cente Blasco I báñez en su tarea de atacar al régimen dictatorial de Primo de Ri vera y la monarquía de Alfonso XIII. 1. Introducción A través del presente artículo pretendemos analiz ar la importante labor propagandística y p eriodí stica que, en d efensa de la I I R epública Española, realiz ó Carlos Esp lá R izo, uno de los m uchos lí deres republicanos muertos en e l exilio cuya memoria ha sido recient emente res catada del ol vido por la bi ografía pub licada por el historiador Pedro L uis Angosto ( Sue ño y pesadilla del republicanismo español. C arlos Esplá: una biografía polí tica ) 1 . Teniendo en cuenta el excepcional tr abajo biográf ico que supone dicha obra, no pretendemos aquí realizar un análisis ex haustivo del pensamiento y los hechos de Carlos Esplá, sob radamente estudiados en la obra de Angosto, pero sí que creemos oportuno glosar l a evolución periodística y participación de Esplá en al gunas de las publicacione s más i mp ortantes de la época. E n este sentido, tomaremos la actividad periodística y propag andística desempe ñada por Esplá -si bien en ocasiones resulta ex tremadamente complejo s eparar la un a de la otra -, primer o en defensa del ide al republ icano desde su ex ilio parisino antes de ser p ro clamada l a II República Española en 1 931, para pasar después a apo y ar y defenderla desde dentro y frente al levantamiento mili tar l lega ndo a ocup ar la C artera de Propaganda entre 1936 y 1937 y , finalmente, p a ra seguir atacando al régimen franquista desde el ex ilio nuevamente, esta vez en Méx ico, donde finalmente moriría en 1971. Con t al fin, y dad a la enorme cantidad de publi caciones en l as qu e Espl á dejó constancia de su talent o periodíst ico, hemos optado por seguir l as ideas, origen y evolución de España con Honra, periódico en el que en su corta exist encia, apena s un año de 1925 a 1926, escribirían la mayoría de los exiliados españoles en París y que fundó el propio Esplá en compañía de Eduardo O rtega y Gasset y J uan Durá. De forma casi paralela a este pro yec to Esplá colaborará también en el e x ili o parisi no con Blasco Ibáñez y en pa rticular en la redacción y difusió n de sus famosos manif iestos contra Alfonso XIII de los cuales tene mos una amplia muestra g r acias al magnífico tra bajo realizado por el Ar chivo Carlos Espl á y el p ro y ecto “Bibliot eca Virt ual Miguel de Cervantes” del Ministerio de Cultura 2 . Para la realiz ación de est e artículo ha sido de obligada r eferencia la bi ografía de Pedro L uis Angosto sobre la figura de Carlos Esplá (2001). Muchas de las referencias de publicac iones, fondos y ar chivos que aparecen en este artí culo proceden de dicha obra, sin la cual hubiera sido imposible encontrar una mínima orientación s obre nuestro objeto de estudio. 2. Una vida en d efensa y al servicio de la República Carlos Esplá nace el 23 de junio de 1895 en el barrio alic antino de Benalúa y durante toda su vida representará un ejemplo ins uperable de coh erencia políti ca, de 1 Angosto, P. L. (2001 ). Sueño y pesadilla del republicanismo españo l. Carlos Esplá: una biografía política . Mad rid: Bib lioteca Nueva. 2 Archivo Carlo s Esp lá. B iblioteca Virtual Mi guel de Cer vant es. Disponible e n http:// www.cer vantesvirtual.co m/po rtal/ace/i ndex.sht ml lucha por los ideales democráticos, de lea ltad y de ética 3 . Formó parte de una de la s generaciones más activas, comprometidas y culta s surgidas del levante es pañol y entre las que se encontraban Lorenzo Carbonell, Pascual Leone, Alonso Mallol, Paco Balaguer, Ri goberto S oler, Rodolfo L lopis, Góme z Serrano, J osé Irles, Do rado Martín y Juan, Álvaro y Fermín Botella. Pero, sin duda, de entre todos ellos destacará Carlos Esplá, a qui en sus méritos li terarios y políticos le har ían gozar del r econocimiento ca si unánime de sus contemporáneos. Sus primeras ex periencias periodísticas t endrán lugar en la Escuela d e Comercio de Bernacer y Mileto, donde editará junto a otros compañeros de curso el periódico literario L a Ilustración y después el semanario La constancia , pero será en El L uchador de Ali cante donde Esplá dará sobrada cuenta de su talento periodística y d e su ansia de libertad. C omo líder político fue i gualmente un inc asable luchador. Participó e n l a reorganización del Partido Republicano alicantino desde 1912 para lo cual contó con l a inestimable ay uda de l os redactores y ami gos de El luchador , perió dico que se convertirá en portavoz de los republicanos de iz quierda en la ciudad levantina y en el cual el propio Espl á publicará numerosos a rtículos que le costarían un primer destierro a Valencia en 1916. Allí trabajará en el diario republicano El Pueblo , fundado p or Vicente Blasco Ibáñez, y di rigido por Felix de Az zati. Durante su etapa valenciana Esplá entrará en contacto con personajes d el ámbito periodístico y artístico tales como Roberto Castrovido, Marco Miranda, Pedro Vargas, Juli o Just, Puig-Esper t o J ulio Antonio, pero, sob re tod o, ampli ará sus horizontes políticos gracias a la influencia y el conocimiento de person alidades de la talla d e Marce lino Domingo, Vi cente Llo réis, Eugenio Noe l, Santiago Rusiñol, Amadeo Hurtad o y el propio Blasco Ibáñez, quien se convertirá a partir de 1 921 en su principal r eferencia y mod elo a se guir durante su estancia en Valencia y el posterior exi lio parisino. En 1923 Carlos Espl á abandona V alencia y llega a París y conti núa ampliando su círculo de amist ades. All í conoce a Eduardo Ortega y Gasset, Juli án Gorkín, Aurelio Natoli o a León Hollín, entre otros. S in duda será ésta la etapa peri odística más fructífera en la vida de Carlos Esplá. Sus artículos y corresponsalías empiez an a g anarse la admiración intern acional y se publi carán en los principales di arios españoles ( El Heraldo, La Voz, La Publicidad, El Liberal, E l Sol, La Vanguardia, Rambla, Las 3 Esplá Rizo , C. (20 02) Unamuno , Blasco Ibáñez y Sá nch ez Gue rra en Parí s. Crón icas de Pa rís y otros escritos period ístico s (1916 -1930 ). Alicante: Instit uto Alicantino d e Cultura J uan Gil Albert. ( pág. 9 ) Provincias, El Pueblo, Diario de Alicante ), franceses ( L e Quotidien, L ’Humanité y L’Oeuvre ) e italianos ( Il Corriere degli ital iani ). Su nombre es ya ampli amente conocido en los círculos periodí sticos internacionales, siendo elegido Vicepresidente de la Asocia ción Internac ional de Periodistas de l a S ociedad de Nacion es. En su afán por lograr el triunfo de la República frente a la monarquía alfonsina, Esplá i ntroducirá en Esp aña propagan da c ontra el régimen monárquico y la dictadura de Primo de Rivera. Para esta difícil tarea contará con l a inestimable colaboración de Unamuno y Blasco Ibáñez, a quienes obli gará a olvidar antiguas r encillas para presentar un frente común contra la monarquía y por la libertad de España y es así como nace España con Honra, periódico de lucha fundado por Esplá y escrito en castellano al que dedicaremos gran parte del presente artículo. En París continuará Esplá desempe ñando su ac tiv idad propa gandística contra el régimen estable cido. Fruto de esa luch a será el f racasado movimiento revolucionario de enero de 1929 que, organi zado junt o a Sánchez Guerra, supondría el pri mer golpe serio contra la Dictadura del General Primo de Rivera. En 1930 Espl á decide re gresar a España p ara tom ar parte de form a directa en los acontecimientos y en el proceso electoral que tendría lugar un año m ás tarde. Con la proclamación de la Repúbli ca Esp lá será nombrad o Gobernador Civil de l a p rovincia de Alicante y po co más tarde ocupará el mi smo cargo en la provincia de Barcelona, donde contribuirá de forma deci siva a la elaboración del Estatuto de Nuria y al ap aciguamiento de los conflictos obre ros que habían sur gido en la capital catalana en los pri meros meses de la República. Durante el gobierno de Azaña, Esplá se rá nombrado S ubsecretario de Gobernación y Presidente de la Com isión de T r ansferencias del Estatut o de Cataluñ a para ocup ar unos años más tarde el puesto de Subsecretario de la P residencia, cargo qu e ocupaba en el momento de la sublevación militar. Un año antes y siemp re fiel a su instinto periodístico, había fundado, junto a L ui s Bello, el periódico Polí tica , órgano de expresión independiente de la izq uierda re publica na. Tras el estallido de la Guerra Civil Española, Esplá ocupará la cart era de Propaganda y c entrará sus esfue rzos en la difusión de la cultura y la c ausa republicana en España y en todo el mundo. Resultado de este esfuerzo es la revista Hor a de España . Tras el triunfo de la insurrección y después d e h aber desempeñado otros cargos de gran importancia como el de Subsecretar io de Estado desde abril de 1937 a ma y o de 1938, marchó nuev amente al exi lio parisino para r etomar una frenética actividad publicística en def ensa si empre de l a República. En París trabajará de corre sponsal para el diario argentino Noticias Gráficas. Con la llegada de las tropas alemanas a Francia Esplá se ve obli gado nuevamente a partir. En esta ocasión y previo paso por Argentina será a Méx ico donde s erá reclamado por J osé Giral e Indalecio Pri eto con el fin de organizar los fondos de la J unta de Auxilio a los R epublicanos Españoles, institución que se estaba viendo en aquellos momentos gra vemente pe rjudicada por las campañas lanzadas contra ella por algunos sectores del exilio y por la propia prensa m exi cana. Durante este l argo y úl timo exilio mexicano for mará parte de l a J unta Española de Liberación y de Acció n Republicana Española, constitu y éndose como uno de los m ás firmes apo y os de I ndalecio Prieto en su afán por evitar cualquier tr ansformación de las estructuras políticas cr eadas en t erritorio español y en su defens a d e la política plebiscitaria como medida para reinstaurar la democracia en España. Antes de morir en 1971 después de una lar ga y profunda depr esión alternó diversos trabajos de trad uctor en l as Naciones U nidas con el ac tivismo político al que nunca renunció y permaneció en permanente conta cto con destacados antifranquistas del interior como Francisco Bustelo o Enrique Tierno Galván. 3. La confi guración del ideal republicano en Esplá. La ciudad de Alicante qu e vio nacer a Carlos Espl á no s e caracterizaba a fi nales del XI X y principios del XX p or su republicanismo, sino más bien al contrar io. L os republicanos alicantinos estaban divididos en corrientes casi irreconciliables. Seg ún Angosto “había tantos partidos como r epublicanos (2001, pá g. 28)”. Todos los esfuerzos unificadores que habían tenido lu gar acababan fragmentando aún más al republicanismo alic antino, si bien este hecho acabaría p rovocando la renovación republicana mediante e l proceso de fusión o f ederación de l as distintas agrupaciones locales. La pr ensa alican tina, sin embar go, vivirá en estos años una époc a de relativo esplendor pues sólo en el úl timo cua rto del s igl o X IX aparecen en la ci udad más de doscientas publicaciones periódicas, la ma y oría de ellas dep endientes de pa rtidos políticos. A pesar de la carencia de cohesión republicana en la ciudad, Carlos Esplá contará con la ventaja de nacer en el seno de una familia republicana de rancio abolengo en cu y o entorno se moví an algunas de las p ersonas que ma y or influencia iban a ejercer en la formación polít ica de Espl á, destacando p or encima de tod as ell as la figura del doctor Antonio R ico Cabot, presidente de la Unión R epublicana hasta 1 905, y en meno r medida la del escritor Salvador Sellés. Esplá tomará de ellos “el compromiso con los débiles, con l os desprotegidos, el a nticlericalis mo, el amor a la libertad y a todas las expresiones del intelecto hum ano” 4 . La s fig uras de su abuelo Rafa el Riz o, el doctor Rico y Sellés de jarían en él una impronta que acabaría configurando su educ ación sentimental y pol ítica, a la que contribuiría también l a admiración qu e el joven Esplá sentía por el escritor Gabriel Miró. En 1909, coin cidiendo con la Seman a Tr ágica y la muerte de Ferrer y Guardia, muere el p adre de Carlo s Esplá. Estas circ unstancias marcarán su evolución inmediata en estos años y contribuirán a su despertar civil y polít ico, tal y como el propio Esplá reconocía en uno de sus artículos: “Desperté a esa vi da de lucha por el ideal en 1909. Tenía catorce años. Aquel año fue de cisivo para mí. Murió mi padr e, tuve que abandonar l os estudios y empecé a trabajar, bárba ramente explotado por una gente mu y católica. Aquel año se il uminaron m uchas conciencias al resplandor d e las hog ueras de Barcelona y se fusiló a Ferrer, a cu yo recuerdo está dedicado el presente artículo. En aquel año e n qu e tanto s ufrieron mi madre y mi padre n ací y o a la vida civil y pura de las ideas y la vida fecunda y dolorosa del trabajo” 5 . A partir de este momento la influencia en Esplá del doctor R ico será determinante. El anc iano doctor estaba conve ncido de que el l iderazgo re publicano de Salmerón había llegado a su fin. Por este motivo y en compañía de la mayor parte de los integrantes de Unión Republi cana di rige una carta en 1908 a Aleja ndro Ler roux reconociéndole como autoridad máxima del republicanismo, hecho éste qu e daría lugar a la entente republicano-socialista que obt endría mu y buenos resul tados en las elecciones municipales de di ciembre de 1909. Si n embargo, la actitud demagógica y un tanto confusa de Lerroux provocará las c ríticas de Rico que intentará en 19 11 con p oco éxito desligar al Círculo Republicano del grupo l errouxista. A pesar de este relativo fracaso, muy pronto un ampl io sector del republicanismo ali cantino constituirá la J unta Municipal Autónoma Republi cana, dent ro de lo que luego s e llamaría “ Concentración Republicana Autónoma”, formación i nspirada y dirigida por el doctor Rico y en el que militarán entre otros Lorenzo Carbone ll, los hermanos Botella, Álvaro Pascual, Alonso Mallol y el propio Carlo s Esplá. De este círculo surg i rá el diario El Luchador , fundado por J uan Botella en enero de 1912 y qu e se constitui rá, junto a Diari o de Alicante , como 4 Angosto, P. L. (2001 , pág. 40) 5 Esplá Rizo , C. (1 92 4, 21 de Octubre) , El Lu chador. principales re ferentes de la prensa republicana alicantina. Esplá, bajo el pseudónimo de Valentín Carrasco , participará de forma activa y casi desde su fund ación en El Luchador , cu ya nómina de colabo radores estab a integrada entre otros por Antonio Zozaya, R. Castrovido, L. de Zulueta, L uis Bello, Marcelino Domingo, Eduardo Orte ga y G asset, Francisco Madrid, J ulián Zugazagoitia y Rafael Altamira 6 . Esplá compaginará su actividad periodística con un activismo político cada vez mayor y así pasará a formar pa rte del Centro A ntiflamenquista Cul tural de Alicante cuyo líder espiritual era Eugenio Noel y qu e te nía como principal objet ivo la lucha contra el casti cismo i mperante en la cultura española medi ante campañas de propaganda, comunicados en la prensa o disertaciones de personalidades p róx imas a su programa, su lema era el siguiente: “¡Muera la España de pandereta!¡Viva la cultura!, ¡Abajo las corridas de toros!¡Viva la España co nsciente!” 7 . También for mará parte de Juventud Republicana , s ección juvenil del Partido Republicano Aut ónomo, desde donde defenderá la idea de un nuevo republica nismo m ás vital, si ncero y moderno, alejado de la corriente propuesta por el grupo de Lerroux y más cercano a las nuevas tendencias que ll egaban d e l a m ano de l as nuevas generaciones republic anas en cabezadas por Domingo, Azaña, Albornoz y Zulu eta. Durante sus p rimeros añ os de colaborador en El Luchador Esplá desarrollará un lenguaje cargado de excesos verbales e i mpetuosidad, directo, valiente y provocador, lo que le conllevará nume rosos problemas le gale s, llega ndo in cluso a dar con sus huesos en prisión. Entre su s temas preferidos destacan las críti cas al a y untamiento de Alicante 8 , a Fra ncos Rodríguez –e x ministro y Jefe del Partido L iberal- y M elquía des Álvarez, cuya teoría de la “insustancialidad de las formas de gobierno” p rovocó un estallido d e cólera del joven Esplá que acabaría pagando nuevamente con la cárcel en enero de 1913 9 . Para Esplá, al contrario de lo que pensa ba M. Álvarez, la única vía para acabar con la monarquía era la revolución y que tr as é sta se impondría la Repúbl ica como 6 Angosto, P. L. (2001 , pág. 50) 7 Ibíd em , pá g. 54 8 Esplá Rizo , C. (1 91 5, 3 de Noviembre) E l Luch ado r. 9 Melquíades Álvarez, en e nero de 1913 viajó a A licante par a dar un m itin e n e l Tea tro de V erano. En su alocución dio mu estras d e lo que iba a ser su lí nea p rogra mática: “ Si n osotro s lo s ref ormistas – dij o- conseguimos su stituir la monar quía tradicional y patrimoni al por una m o narquía altame nte progresiva y europea , ser éis unos insen sato s si me co m batís o si discutís tod avía las formas de gobierno ”. Melquíades continuó a fir mando q ue “la revolució n no se haría nunca e n Esp aña a ca u sa de la i mpotencia republica na”, en ese momento Carlos E splá le interru mpió g ritándo le: “mie ntras haya traid or es co mo tú”; se organizó un sob erano tu multo y entre r ecri minaciones y aplausos E splá fue d etenido y e ncar celado . Melquíades Álvarez re tiro la denuncia y Esplá q uedó lib re a las p ocas horas. En Angosto , P . L. ( 2001, pág. 60 ) forma m ás r acional d e gobierno. A pesa r de s u convencimiento republi cano, Espl á admiraba profundamente el si stema parlamentario inglés y a sus princip ales líderes, Lloyd George y R. Mac Donald, por lo que su republicanismo, tal y como afirma Angosto (2001), “podría circunscr ibirse a l ámbito nacional […] Dada la formación teórica e i deológica de E splá es seguro que en cualquier país del m undo hubiese sido un republicano conv encido, pero t ambién es cierto qu e sus actitudes hubiesen sido otras de haber vivido en un país con una m onarquía parlamentaria como la inglesa, aunque su modelo político intelectual estuviese mucho más cercano al de la República francesa” (pág. 62). El 8 de Ag osto de 1916 Esplá abandona Alicante en cumplimi ento de una orden de de stierro pr ovocada por sus continuos ataque s a Francos Rodríguez y Melquíades Álvarez. Inicia así una fr uctífera etapa de t res años en l a v ecina y republicana ciud ad de Valencia, cuyo pano rama político estaba c asi totalmente dom inado por el blasquismo y su idea de que sólo la acción del pu eblo podrí a conseguir un cambio de régimen 10 . Según Alfons Cuco “con Blasco Ibáñez se inaugura una nueva etapa de la vida política valenciana, y , evidentem ente, del vi goroso republ icanismo valen ciano” 11 . E ntre 1901 y 1933 Valencia se rá el gran balua rte del republicanismo español y durante su estancia en esta ciudad el prestigio de Esplá entre los republicanos alicantinos no haría si no crecer. Hasta su definitiva ent rada como redactor habit ual en el di ario de Blasc o Ibáñez, El Pueblo , Esplá, que se guía colaborando en El Luchador , emprendería dos aventuras periodísticas de es caso éx ito. La primera de ellas sería Renovación , qu e duró muy poco tiempo debido a proble mas económicos insuperables. Más éx ito lograrí a el segundo intento, Alma Joven , para el cu al contó con la co laboración de Eu genio N oel, Amparo Iturbi, Ri goberto Sol er, los hermanos Estell és, Vicente Alfaro, J ulio y Alfredo J ust, Julio Blasco I báñez, Paco Bala guer, Bohórquez y Álvaro Pas cual. Este úl ti mo, tom ando el nombre d e la revista, bautiz aría a este gr upo con el nombre de Generación del alma joven 12 . En Valencia Espl á entrará a formar p arte d e la logia masóni ca Feder ación Valentina con el nombre sim bólico de Gorki 13 y a través de su afiliación pr omoverá e l 10 Cuco, A. (197 9) Sobre la ideolog ía blasq uista. Vale ncia: Eliseu Cli ment (p ág. 11 ). 11 Ibíd em ., pág. 10 12 Pascual Leone, A. (1 951 , 24 de febr ero) “La generación del Alma J oven”, Espa ña Nueva . 13 AHNS, Secció n Guerr a Ci vil. Masonería, ficha de afil iación masó nica de Esp lá a la Federa ción Valentina, 1 41-14 3 en Angos to , P . L. (2001, p ág. 76) conocimiento de la Liga de los Der echos del Hombre d e la cual l legaría a se r vicepresidente en 1922. Ya como colaborador asiduo del diario El Pueblo aboga desde sus artículos por la unión de todos los republicanos en un a gran federación regional, poniendo d e manifiesto u na y ot ra v ez el gran fracaso d e los partidos republicanos n acionales por culpa d e su centralismo y divi sión 14 . Mientras tanto, l a situación política nacional iba deteriorándose poco a poco. En Ma rzo de 1917 Largo C aballero, Pabl o Ig lesias, Lerroux y M elquíades Álvarez firman un acuerdo con el objeto de restablecer la voluntad soberana de la nación. Dos meses más tarde se c rean las Junt as de Defensa mientras las pretensiones nacionalistas van en aumento en C ataluña y s e suced en las huelgas y los enfrentami entos callejeros. Al débil gobierno de García Priet o le suc ederá el aún más débil de Dato, que en n ingún momento contará con suficient e res paldo s ocial y aún así tendrá qu e hacer fr ente a las p retension es de la Lliga Re gionalista, amparada en el apo yo d e Cambó, Giner de los Ríos, Pablo Iglesias, Lerroux, Castrovido y Azz ati entre otros, quienes solicitan la convocatoria de Cortes Constituyentes para decidir l a forma de organiz ación del Estado. A ell o ha y que sumar el estallido de l a huelga general de ferroviarios valencia nos que acabaría ext endiéndose por tod o el país y finalizaría después de un a durísi ma represión cu yo balance fina l fue d e ochenta muertos y m ás de dos mil detenidos, incluido el Comit é de Huelga 15 . Esplá no se mantendrá al margen de esta sit uación y desde su espacio en El Pueblo y El Luchador centra s sus críticas en l a progresiva ingerencia de los militare s en los asuntos del gobi erno a raíz d e la creación d e las J untas de Defensa: “ Vemos con disgusto cómo se aparta a los militares de sus funciones propias para llevarlos a gobernar mal, casi s iempre, lo que por algo y pa ra algo s e llama Gobierno Civi l. Suele equivaler la entrega d e una provincia a un general a declararla de hecho en estado de guerra” 16 . Esplá considera el conflicto de Marruecos como la principal causa de esta situación: “Mientras subsi sta entre nuestras realidades dolorosas el problema en Marruecos, en España habrá mili tarismo. Ni juntas, ni i mpunidad, ni l ey de jurisdicciones, ni Marruecos. Ese ha de ser el grito unánime del español liberal, civi l y ciudadano de nuestros días” 17 . 14 Angosto, P. L. (2001 , pág. 78) 15 Ibíd em , Págs. 82 -83. 16 Esplá Rizo , C.(Sin fecha, AP CE, Reco rtes de Pr ensa, Alicante) El P ueb lo. 17 Esplá Rizo , C. (1 92 2, Noviembre) “Las Juntas, la s rep onsab ilidade s…”. El Pu eblo . Respecto a la cuestión r egionalista, Esplá “ consideraba el regionalismo al uso como una salmodia de agravios y discriminaciones perdida en la noche de l os tiempos, manipulada por ciertos s ectores de l a oli garquía para satisfa cer sus ansias de poder y sus intereses económicos. Era una visión m elancólica de u n pasado qu e nunca había existi do. El país debía estructurarse de otro modo, pero no como pretendían l os regionalistas, se trataría d e construir una nueva fór mula para organiz ar el E stado, basada en criterios de eficacia y de justicia, pero no de volver a modelos del pasado ya superados” (Angosto, 2001, pág. 86). El activismo político de Esplá irá en aumento a p artir de 1918 coincidiendo con la muerte de su madre, J osefina Riz o Alb erola, y su pro gresivo alejam iento de las actividades periodísticas, a pesar de que a pa rtir de e nero de 1919 ser á nombrado redactor de El Pueblo 18 . Ese año tendrán lu gar en t oda Es paña, p ero so bre todo en Barcelona, los enfrentamientos entre l as organizaciones obrera s anarqui stas y las fuerzas policiales y parapol iciales. Esplá se m ostra rá siempre disconforme c on la actitud del anarcosindicalismo por considerar que con sus actos sól o contribu ye n al reforzamiento mor al de l as fuerzas monárqui cas y a justificar cualquier acc ión de fu erza por parte d e éstas. No iba nada d esencaminado pues al sigui ente año s e producirá l a definitiva ruptura entre la UGT y la CNT al no lle gar a un acuerdo en cuanto al modo de operar. T ambién se pr oducirá la división del Partido Socialista dando l ugar al nacimiento del Partido Comunist a. Una vez cumplida la pena de desti erro y d espués de ser nombrado en abril de 1920 presidente de l a Ju ventud Republicana regresa mom entáneamente a Alicante el 28 de junio recibiendo un caluroso homenaje por part e de sus correligionarios. Desde entonces y hasta principios de 192 3, C arlos Esplá manifestará reiteradamente s u des contento respe cto a l a línea política seguida p or el blasquismo y el diario El Pueblo . A pesar de ello, y en vez de contribuir con sus actos y de claraciones a fomentar aún más la división entre republic anos, Esplá dec ide abandonar Va lencia y marcha a París en marzo de 1923 19 . Allí seg uirá desempeñándose como cor responsal de El Pueblo , Las Pr ovincias, El Luchador y Diar io de Alicante e iniciará su etapa más activa periodíst ica y vitalmente hablando 20 . Allí entrar á e n contacto con t odo tipo de personajes, d esde políticos a es critores, a rtistas de fama y , s obre to do, exi liados 18 El Pu eblo (1919 , Ener o), Valencia. 19 Reila, L. (1 931 , 15 d e Junio), “Vida i anecd otar i de Carles E sp lá”, La Ramb la. 20 Angosto, P. L. (2001 , pág. 93) Ibáñez, Andrenio y u n lar gísimo etcétera. P ero p or encima de sus cualidades periodístico-políticas fue sobre t odo u n hom bre honesto, fiel y consecuente con sus ideales, respetuoso y siempre dispuesto a sacrificar su pro y ección personal y profesional al servicio de aquello en l o que creía: el ide al republicano, la República com o una forma viable de gobierno en España. Su lucha en defensa de ese ideal será constante . Primero contra la monarquía alfonsina y la di ctadura de Primo de Ri vera; d espués, ya en el gobierno, contra los detractores y enemigos de la Repúblic a; y , fin almente, desde el exilio final en Méx ico contra la di ctadura franquist a que había puesto fin a aquello en lo que tantas esperanzas había depositado. En esa lucha, su a ctividad y tal ento periodí stico serán su p rincipal a rma. De entre todos sus proy ectos , aventuras editoriales y periódicos en los que participó hemos optado por el estudio de un a de sus más esperanzadoras y a la vez más frustrantes experiencias: España co n honra , cu yo éxi to ini cial y fracaso casi in mediato da bu ena muestra de l as des avene ncias y divisiones exis tentes entre los republic anos españoles incluso en el ex ilio. Esp lá será no sólo el alma d el exilio parisino, sino el editor de su expresión escrita: Españ a con ho nra. Y ese es e l mérito de esta publicación, haberse constituido a l menos durante un año en el f oro de reunión de todos los e spañoles exiliados contrarios al régimen de Primo de Rivera y Alfonso XIII y propo rcionarles un vehículo de expresión para sus ideas, sus críticas y des eos. El fracaso de esta ex periencia, mot ivado fundamentalmente por problemas económicos aunque t ambién los hubiera de carácter p ersonal, no desanimó a su impulsor, sino que mu y al contrario lo reafirmó en sus ideales y lo diri gió a un ca mino más activo en la lucha polí tica. El apoyo que Blasco Ibáñez y Unamuno brindaron a Esplá p ermitió que éste pudiera dar fo rma a es e deseo tan anhel ado po r el periodista alicantino, pero l a desvinculación pro gresiva de ambos del pro y e cto contribu yó i gualmente a la m uerte precipitada de España c on honra . El t rabajo y a estaba hecho, p ero aun q uedaban años de dudas, represiones, con spiraciones y aventuras novelescas que t endrían un entre acto feliz, la proclamación de la II República Española en 1931, y un desenlace tristemente fatal con la derrota final de ésta frente al bloqu e sublevado encabezado por Francisco Franco. Probablem ente, según se decía Esplá, aún se podía hacer algo, pe ro su optimism o había de saparecido, se había quedado en la mesa de un ca fé parisino, L a Rotonde. 6. Bibli ografía • Ang osto Vé lez, P. L. ( 2001). Sueño y pesadilla del republicanismo es pañol. Carlos Esplá: una biograf ía polític a. Madrid: Bibl ioteca Nuev a . • Blasco I báñ ez, V. (1926). Por Españ a y contra e l Rey. París. • Cuco, A. (1979) S obre la id eología blasq uista, 1874-1 936. Valencia: Eliseu Clim ent. • Esplá R izo, C. (2002). Unamuno, Blasco I báñez y Sánchez Gu erra en París. Crónicas de París y otros escritos per iodísticos. 1916-1930. Alicante: Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil- Alber t. • Esplá Rizo, C. (2004). Mi vida hecha cenizas (Diarios 1920-1965) . Sevill a : Renacimiento. • Esplá Rizo, C. (2004). Pensamiento s, sentimientos y añoranzas de un desterrado. Artículos y discursos ( 1931-1965). Alicante: I nstituto Alicantino de Cul tura Juan Gi l- Albert. • Esplá Rizo, C . 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Antonio Checa Godoy Facultad de Comu nicación Universidad de Sevil la Si bien no f a ltan pe riódicos republicanos en d istintos periodos de l largo reinado de Isabel II (etapas de a perturas como 1 840-1843 o e l bienio progresista 1854-1856), y aunque sim patías republicanas se detectan también en a lgún periodo precedente (como el trienio liberal, 1820-1823), lo cie rto es que es el intenso Sexenio Re volucionario que abre el triunfo de la Gloriosa en la bahía d e Cádiz en septiemb re de 1868 e l que po sibilita un llamativo d espliegue de la pren sa repub licana en E spaña. Coyuntura, como suele ocurrir en los periodos políticamente agitados, mal representada en las he merotecas, acaso la peor re presentada de t oda la histo ria d el periodismo e spañol, la reconst rucción d e esta red d e prensa repub licana, en su in men sa m ayoría repu blicano-federal, brinda notables sorpresa s, entre otras e l número e xtraordinariamente alto d e periód icos de esta ideología, también su fugacidad, q ue dificu lta la localización. El cen so que se of rece aglutina los títulos po r comunida des autónomas y dent ro de ellas por ciudades en o rden alfabét ico. Para su elabora ción se ha proced ido, además de a utilizar la amplia bibliograf ía ya d isponib le so bre esta e tapa, a la lectura d e una treintena de diarios del periodo de toda España, tanto de ámb ito estatal com o regiona les o loc ales, preferentemen te de ideolo gía rep ublicana – La Igua ldad , d e Madrid, La Andaluc ía , de Sevilla, La Idea , de Granada... - pero también de otras tendencias que destacan po r ser puntua les cron istas de altas, b ajas e incidencia s en el pre nsa de su ciudad o incluso fu era d e ella, como El Diario de Barcelona , e l Diario de Cádiz o El I mparcial y La Correspo ndencia de España , de Madrid. El censo incluye un tot al de 750 títulos, ci f ra suf icientemente expresiv a de la vitalidad de esta prensa en e sos año s, y que sup one aproximadam ente un 2 7% de los publicados en esos añ os. Se incluyen periódicos demó cratas de los inicios de la revolución, que en su gran m ayoría e volucion an hacia el republicanismo , periódicos propiamente rep ublicanos, casi todos f ederale s, aun que ent re ellos hemo s distinguido los cantonalistas, pe riódicos satíricos que se muestran y declaran repub licanos y títulos ob reristas, e ntre e stos hay dos n úcleos, los re publicano- obreristas, m uy f recuentes, y los exclusivam ente obreros, que casi sin excepción se acercan al republicanismo e n e stos año s, y se han excluido tí tulos de ot ros contenido s –periódicos ma sónicos, por ejemp lo-, que si bien no ocultan sus simpa tías po r el republi canism o no lo tien en co mo objetivo o contenido relevante. Si se reflejan títulos que e n algún m omento del Sexenio se de cla ran republicano s, aunque antes o después tuvieran otras tendencias. Hay, sin dud a, u na g eograf ía del rep ublicanismo en estos años. Sólo en dos ciudades capitales de p rovincia, B urgos y Ciud ad Re al, no se e ditan periódicos repub licanos en esos añ os. Y son e n tota l más de cien las localidades es pañolas que co ntabilizan en esos años algún pe riódico f edera l. De A ndalucía a Cataluña, junto con Mad rid, se registra la m áxima densid ad d e pre nsa repub licana, mucho m ás débil en las dos Castillas y León , Navarra y Rioja. El trián gulo Anda lucía-M adrid- Cataluña, que repr esentan en e so año s un tercio de la población esp añola, recaba por sí solo e l 56% de los títulos editados. Censo de prensa republicana del Sexenio Revolucionario (1868-1874 ) Comunidad Ciudad Título Año Tendencia Periodici dad Andalucía Algeciras Federación d el Campo de Gibralta r, La 1872 republ icano sem anal Garrote, El 1873 satírico federal semanal Almería Aurora, La 1870 republicano Campana de la Vela, La 1868 republicano diario Ciudadano , El 1868 republicano diario Democ racia, La 1870 republicano Federalista, El 1870 republicano Revolución, La 1868 demócrata diario Voz Republicana, La 1873 republicano diario Andúja r Eco de Alcolea, El 1868 demócrata semanal Gorro Frigio, El 1869 republicano semanal Cádi z Amigo de los Pob res, El 1868 republicano diario Antón Pe rulero 1864 satírico federal semanal Boletín Oficial del Comité de Salud Pública de Cádiz 1873 canto nalista diario Ciudadano , El 1868 republicano Correo Andalu z, El 1869 republicano diario Demóc rata Andaluz, El 1869 republicano diario Diario del Pueblo 1872 republicano diario Eco de Cádi z, El 1864 demócrata diario Eco Nacional, El 1868 republicano diario Federación An daluza, La 1873 republicano diario Federal Andalu z, El 1869 republicano diario Hoja Republicana, La 1873 republicano diario Internacional, L a 1872 obrero semanal Juventud Rep ublicana, La 1870 republicano diario Noticiero de Cádiz, El 1874 republicano diario Opinión Nacion al, La 1868 republicano diario Pacto Fede ral, El 1869 republicano diario Perico el Revolucionario 1868 satírico federal semanal Progreso Democ rático, El 1868 republicano diario República Federal Universal, La 1870 republ icano diario República Federal , La 1868 republicano diario Rojo Intransigente , El 1872 satírico federal semanal Siglo, El 1871 republicano semanal Soberanía Nacional , La 1868 republicano diario Voz de Ale rta, La 1872 republicano semanal Voz del Puebl o, La 1872 republicano diario Carmona Bandera Negra , La 1873 republicano semanal Demóc rata, El 1872 republicano Grito Carmone nse, El 1870 republicano Luce ro, El 1869 republicano semanal Since ridad, La 1861 demócrata bisemanal Córdob a Alerta, El 1873 republicano diario Betis Republicano, El 1869 republicano diario Democ racia, La 1873 republicano Derecho, El 1870 republicano diario Eco Republicano, El 1872 republicano semanal Federación Bético-Extremeña, La 1869 republ icano diario Federal Cordobés, El 1873 cantonalis ta diario Juventud Rep ublicana, La 1870 republicano semanal Obrero de Córdoba, El 1871 obrero Relámpago, El 1868 demócrata República Federal , La 1873 republicano diario Revolución, La 1868 republicano diario Salud Pública, La 1868 demócrata Sufragio Uni versal, El 1869 demócrata Suprimido , El 1869 republicano Voz del Puebl o, La 1868 republicano diario El Puerto de Santa María Libertad, La 1868 demócrata Trompeta, La 1869 satírico federal semanal Orden, El 1873 obrero Granada Cantón Granadino, El 1873 canto nalista diario Club Revoluciona rio de Granada 1868 demó crata diario Concordia, La 1869 demócrata Crónica Municipal, La 1869 republicano semanal Democ racia, La 1868 republ icano diario Eco Revoluciona rio, El 1872 republicano bisemanal Hombre , El 1869 republicano diario Idea Re volucionaria, La 1869 republicano bisemanal Idea, La 1868 republicano diario Justicia, La 1872 republicano diario Libertad, La 1870 republicano diario Obrero de Granada, El 1873 obrero semanal Propaganda Republicana, La 1871 republicano diario Propagandista , El 1869 republicano Rebelde, El 1870 obrero semanal Revolución Fede ral, La 1873 cantonalis ta diario Revolución, La 1868 demócrata diario Tribuno, El 1873 republicano diario Voz de la República, La 1870 republicano semanal Huelva Centinela Republicano, El 1869 republicano Federación L atina, La 1870 republicano trisemanal Pitorra, La 1869 satírico federal semanal Progreso, El 1869 demócrata Jaén Amigo del Pue blo, El 1871 republicano Centinela de la Revol ución, El 1868 republ icano diario Federación, La 1873 republicano diario Federal de Jaén, El 1871 republicano Giennense , El 1870 republicano diario Redento r Humano, El 1871 obrero semanal Revista de Jaén , La 1868 demócrata semanal Jerez de la Frontera Amigo del Pue blo, El 1873 republicano diario Club Democ rático, El 1868 republicano diario Club Republicano Democ rático Federal, El 1868 republ icano diario Club y la Revolución, El 1868 republicano diario Conciliador, El 1869 republicano diario Democ racia, La 1871 republicano diario Estado Federal , El 1873 cantonalis ta Federal Andalu z, El 1869 republicano diario Federal Radical, El 1870 republicano diario Hoja Democ rática 1868 demócrata diario Opinión, La 1873 republicano diario Patria Libre, La 1868 demócrata Reforma Radica l, La 1868 demócrata República, La 1870 republicano diario Revolución de Se ptiembre, La 1868 republ icano diario Revolución, La 1868 republicano diario Tribuno, El 1869 republicano Linares Diluvio, El 1873 republicano bisemanal Fomento, El 1868 republicano semanal M álaga Amigo del Pue blo, El 1871 republicano diario Bandera Roja , La 1873 republicano Cantón M alagueño , El 1873 cantonalis ta diario Demóc rata Malagueño, El 1868 demócrata diario Derecho, El 1869 republicano diario Diario del Pueblo, El 1870 republicano diario Eco Revoluciona rio, El 1868 demócrata diario Escobas , Las 1870 republicano semanal Espíri tu de la Revolución, El 1868 republicano Grito de la Re volución, El 1869 republicano diario Huracán, El 1870 satírico federal semanal Internacional, L a 1873 obrero semanal Justicia, La 1872 obrero semanal Juventud Rep ublicana, La 1869 republicano Lealtad Re publicana, La 1873 republicano semanal Nuevo día, El 1869 republicano bisemanal Papel Verde, El 1867 republicano cada 5 d ías Porvenir, El 1872 republicano bisemanal Pueblo Sob erano, El 1868 republicano semanal Republicano Federal, El 1869 republicano semanal Revolución, La 1872 republicano Soberanía del Pueblo, La 1869 republicano diario Tempestad, La 1870 satírico federal semanal Tribuna, La 1871 republicano diario Trueno, El 1868 satírico federal semanal Voz del Puebl o, La 1874 republicano diario Zurriago, El 1869 satírico federal semanal M ontil la Pendón Italia no, El 1871 republicano semanal M ontoro Barba Azul 1869 satírico federal semanal M otril República, La 1871 republicano diario Ronda Federal Rondeño, El 1873 republ icano Juventud Rep ublicana, La 1869 republicano bisemanal Luce ro, El 1869 republicano Rondeño, El 1868 demócrata Voz del Puebl o, La 1868 republicano diario San Fernando Áncora de la Libe rtad, El 1868 republicano diario Justicia, La 1871 republicano Primer Eco de la Revolución, El 1868 demó crata diario Sanlúcar de Barrameda Luce ro, El 1870 republicano Sevilla Andalucía, La 1858 republicano diario Anunciador de Sevilla, El 1870 republicano diario Avisador de Se villa, El 1870 republicano diario Bética, La 1869 republicano diario Boletín de Anuncios 1866 republicano diario Centinela del Pueblo, El 1868 republicano diario Círculo Li beral, El 1868 demócrata diario Clarín, El 1868 republicano diario Demóc rata, el 1868 republicano diario Diario del Pueblo, El 1872 republicano diario Estado And aluz, El 1873 republicano diario Fraternidad, La 1870 republicano diario Gavilán, El 1873 satírico federal semanal Hispalense, El 1870 republicano semanal Juventud, L a 1872 republicano semanal Libertad, La 1870 republicano diario M ilano , El 1872 satírico federal semanal Novedades de Sevilla, Las 1864 republicano diario Padre Adán, El 1868 republicano bisemanal Pulga, La 1869 satírico federal semanal Razón, La 1871 obrero semanal República Española, La 1869 republicano Tío Clarín, El 1870 republicano semanal Voz del Progreso, La 1869 republicano semanal Voz del Puebl o, La 1868 republicano diario Zurra, La 1869 republicano cada 5 d ías Úbeda Cantón Granadino, El 1873 republicano semanal Fraternidad, La 1869 republicano semanal Libertad, La 1868 republicano bisemanal Aragón Barbastro Boletín Extraordina rio de la Junta Revolucionaria d e Barbastro 1868 demó crata Libertad, La 1868 republicano Caspe Descamisado, El 1868 republicano semanal Huesca Federal Aragonés, El 1871 republicano M ontañ a Arago nesa, La 1870 republicano Neo, El 1869 satírico federal semanal Pirineo, El 1870 republicano Redención de l Obrero, La 1869 obrero semanal Revolución, La 1868 republicano trisemanal Teruel Centinela de Aragón , El 1868 republicano diario Federal, El 1873 republicano bisemanal Fraternidad, La 1869 republicano Idea, La 1869 republicano Salud y Fraternidad 1870 republicano bisemanal Sol Teruelano, El 1868 demócrata Valderrobles Algarabía, La 1869 republicano semanal Zarago z a Autonomía de Zaragoza, La 1873 republicano Bomba, La 1869 satírico federal semanal Cantón Aragonés, El 1873 cantonalis ta diario Crónica Aragonesa, La 1869 republicano diario Democ racia, La 1870 republicano diario Eco Republicano, El 1870 republicano diario Estado Arag onés, El 1873 cantonalis ta diario Franco Oliván 1872 obrero semanal Fritada, La 1869 satírico federal semanal Gorro Frigio, El 1868 satírico federal semanal Látigo, El 1868 satírico federal semanal Padre Angus tias, El 1868 satírico federal semanal Porra, La 1871 satírico federal semanal Progreso Aragonés, El 1873 republicano diario Propaganda , La 1871 republicano diario Rebelión, La 1872 republicano República Democ rática, La 1871 republicano diario República, La 1872 republicano diario Republicano Federal, El 1868 republicano diario Revolución, La 1868 republicano diario Sopa Boba, La 1870 satírico federal semanal Tribuna, La 1869 republicano diario Verdad, La 1869 republicano diario Asturias Avilés Agente de Avilés, El 1868 demócrata semanal Hijo del Puebl o, El 1868 republicano semanal Luz de Avilés, La 1869 republicano semanal Gijón Aurora, La 1871 republicano semanal M unic ipio Federal, El 1873 republicano semanal M unic ipio , El 1872 republicano semanal República Española, La 1869 republicano bisemanal Oviedo Amigo del Pue blo, El 1868 republicano Constituyente, El 1868 demócrata diario Federal As turiano, El 1872 republicano Joven Asturias , La 1862 demócrata Nueva Astu rias, La 1869 republicano Obrero, El 1869 republicano semanal Patriota, El 1868 demócrata Trancazo, el 1869 satírico federal semanal Baleares M ahón Bomba, La 1870 satírico federal semanal Burinot, El 1868 satírico fede ral semanal Diario de Mahón 1868 demócrata diario Es Fabiol 1871 satírico federal semanal Es Pandero 1869 satírico federal semanal Hoy 1874 republicano diario Locomotora, La 1871 republicano semanal M enorqu ín, El 1869 republicano diario Noticiero de M enorca , El 1874 republicano diario Sa Simbomba 1869 satírico federal semanal Volcán, El 1872 satírico federal semanal Palma de M allor ca Cantón Balear, El 1873 cantonalis ta Iris del Pueblo, El 1869 republicano diario Obrero, El 1869 obrero semanal Proleta riado, El 1869 obrero semanal Rayo, El 1869 satírico federal semanal Revolución Soci al, La 1871 obrero semanal Trompeta de la Revolución, La 1874 republ icano sem anal Trueno, El 1870 satírico federal semanal Canarias La Orotava Asociación , La 1869 republicano semanal Las Palmas de Gran Canaria Defensa, La 1871 demócrata bisemanal Eco de Gran Ca naria, El 1868 republicano Federal, El 1868 republicano Guiniguada , La 1873 republicano semanal M equet refe, El 1869 satírico federal semanal M orali dad, La 1871 republicano País, El 1863 republicano Periquillo el de los Palotes 1869 satírico federal semanal Popula r, El 1873 republicano Santa Cru z de La Pal ma Clarín, El 1870 republicano semanal Santa Cru z de Tenerife Eco del Comercio , El 1852 republicano bisemanal Emancipación, La 1870 obrero semanal Estado Cana rio, El 1873 cantonalis ta Federación, La 1869 republicano Guanche, El 1858 republicano Igualdad , La 1873 republicano Justicia, La 1872 republicano cada 5 d ías Libertad, La 1868 republicano Nueva Justicia , La 1874 republicano cada 5 d ías Progreso de Cana rias, El 1868 republicano Prospe ridad, La 1874 republicano semanal Pueblo, El 1870 republicano semanal Voz del Teide, La 1869 republicano Zapirón, El 1869 satírico federal semanal Cantabria Santander Adelante, El 1868 republicano Boletín Oficial de la Asociación de Obreros de Santander 1872 obrero sem anal Cántabro, El 1869 republicano diario M ontañ és, El 1871 republicano diario Voz Montañesa, La 1873 republicano semanal / Torrelave ga Porvenir de Torrela vega, El 1873 republicano semanal Castilla La Manc ha Albacete Cantón M anch ego, El 1870 republicano semanal Debate, El 1870 republicano diario Eco de la Provincia, El 1869 demócrata Farol, El 1868 progresista semanal Independiente, El 1868 republicano cada 5 d ías Cuenca Bandera, La 1868 republicano semanal Vangua rdia, La 1869 republicano cada 5 d ías Guadalajara Voz de la Alcarria, La 1871 republicano semanal Quintanar de la Orden Semanario Democrático, El ¿1869? demócrata semanal Toledo Adelante 1868 demócrata semanal Boletín Revolucionario d e la 1872 republicano diario Provincia de Toledo Cantón Toledano, El 1873 cantonalis ta semanal Comunero de Cas tilla, El 1870 republicano semanal Cueva de Marat, La 1873 republicano semanal Federal Toledano , El 1873 republicano bisemanal Sancho Pan za 1871 satírico federal semanal Castilla y Le ón Ávila Huracán , El 1868 republ icano Béjar Federal Bejarano, El 1871 republicano semanal Obrero Bejaran o, El 1869 republicano semanal Ciudad Rodrigo Progreso, El 1869 demócrata bisemanal Proleta rio, El 1869 republicano semanal Propagador, El 1870 republicano bisemanal Propaganda Republicana, La 1871 republicano Propaganda Republicana, La 1874 republicano Propiedad y la Familia, La 1870 republicano semanal Pueblo Rey, El 1869 republicano diario Pueblo, El 1861 republicano diario Puerta del Sol, La 1874 satírico federal semanal Rayo, El 1868 republicano semanal Recogida, La 1869 republicano semanal Reforma, La 1865 republicano diario Reformista, El 1873 republicano diario República Democ rática, La 1873 republicano diario República Federal , La 1870 republicano diario República Ibé rica, La 1869 republicano diario República, La 1869 republicano semanal República, La 1873 republicano diario Republicano, El 1869 republicano semanal Resumen, El 1870 republicano semanal Revista federal 1870 republicano semanal Revista Ibérica 1872 republicano semanal Revolución Soci al, La 1871 republicano semanal Revolución, La 1870 republicano semanal Revolución, La 1868 republicano diario Revoluciona rio, El 1873 republicano Rojo, El 1870 republicano semanal Roque 1873 satírico federal semanal Salvación Pú blica, La 1869 republicano semanal Segundo Ref ormista, El 1874 republicano diario Situación, La 1868 demócrata diario Solidaridad, La 1870 obrero semanal Sufragio Uni versal, El 1870 republicano diario Tío Clarín, El 1865 satírico federal semanal Tribunal del Pueblo, El 1872 republicano diario Trueno, El 1869 republicano bisemanal Vals, El 1870 satírico federal semanal Vangua rdia Federal, La 1870 republicano Voz del Siglo , La 1868 demócrata diario Murcia Cartagena Calma , La 1870 republicano semanal Cantón M urciano, El 1873 cantonalis ta diario Cuarentena, La 1873 republicano irregular Huracán, El 1868 demócrata diario Pirata, El 1873 satírico federal semanal Radical, El 1868 republicano diario Tempestad, La 1870 republicano semanal Lorca Avanzada, La 1872 republicano Bandera Federal , La 1873 republicano Bandera Int ransigente, La ¿1871 republicano Demóc rata, El ¿1871 republicano M urcia Adelante, El 1868 republicano diario Amigo del Pue blo, El 1868 republicano Conciliación, L a 1870 republicano Correo Murcian o, El 1873 republicano Correspondenc ia M urcia na, La 1873 republ icano Derecho, El 1872 republicano semanal Eco del Puebl o, El 1869 republicano Fin del Mundo, El 1873 republicano semanal Fraternidad, La 1873 republicano semanal Justicia Feder al, La 1868 republicano Libertad, La 1874 republicano semanal M urcia no, El 1871 republicano semanal Obrero, El 1870 republicano semanal/trise Perico el de los Palotes 1868 satírico federal bisemanal Provincia, La 1873 republicano Radical, El 1873 republicano República Federal , La 1870 republicano Trueno, El 1869 satírico fede ral semanal Zorongo, El 1871 satírico federal semanal Zoronguini, El 1871 satírico federal semanal Navarra Pamplona Hoja Volante, La 1873 republ icano diario M ontañ a, La 1870 republicano semanal País Vasco Bilbao Federación, La 1868 republicano semanal Laurac-ba t 1869 republicano diario República, La 1872 republicano semanal Voz del Trabajado r, La 1870 obrero semanal San Sebastián Aurrerá 1868 republ icano trisemanal Eco de los Traba jadores, El 1871 obrero semanal Justicia, La 1870 republicano bisemanal Látigo, El 1872 satírico federal semanal Tolosa Eguía 1872 republicano semanal Vitoria Contrabajo, El 1869 satírico federal semanal Federal Ala vés, El 1873 republicano Norte de España, El 1869 republicano Pueblo, El 1869 republicano Trompeta, La 1868 satírico federal semanal Rioja, La Logroño Sol de la República, La 1868 republicano bi sem anal Valencia Alcoy Boletín de la Federación 1873 obrero semanal Regional Controversia, La 1872 republicano semanal Protesta, La 1873 republicano semanal Alicante Alerta, El 1868 republicano bisemanal Correo de España , El 1869 republicano diario Correo, El 1873 republicano Derecho y El Deb er, El 1869 republicano diario Independiente, El 1873 republicano diario M unic ipio , El 1871 republicano diario Noticiero, El 1868 demócrata Nuevo Municipio, El 1873 republicano diario República Española, La 1870 republicano diario Revolución, La 1868 republicano diario Castellón Centinela Federal, El 1872 republicano semanal Libertad, La 1868 republicano semanal Propaganda , La 1869 republicano semanal Protesta, La 1871 republicano semanal Radical, El 1869 republicano diario República Española, La 1873 republicano semanal Voz del Puebl o, La 1868 republicano Denia Federal de la Marina, El 1873 republicano diario Hoja Volante, L a 1871 republicano irregular Soberanía Nacional , La 1868 republicano semanal Játiva Federación, La 1870 republicano semanal M orell a Alto Maestrazgo, El 1873 republicano semanal Juventud Rep ublicana, La 1873 republicano semanal Sueca Imparcial Su ecá, El 1869 demócrata semanal Valencia Alianza del Pueblo, La 1869 republicano semanal Cantón Valenciano, El 1873 cantonalis ta diario Cantón Valenciano, El 1871 cantonalis ta semanal Centro Popul ar 1869 republicano diario Ciudadano , El 1868 demócrata semanal Club, El 1870 republicano semanal Comuna, La 1872 republicano semanal Correspondenc ia Republicana, La 1870 republ icano diario Cosmopolita, El 1873 republicano diario Despertar del Pu eblo, El 1871 republicano diario Dos de Enero, El 1873 republicano diario Eco del Puebl o, El 1874 republicano Estado de Guerra, El 1868 demócrata Federación Valencia na, La 1871 republicano diario Federal Valencia no, El 1872 republicano semanal Federal, El 1868 republicano diario Germanías, Las 1871 republicano diario Interino, El 1869 republicano diario Juventud Rep ublicana, La 1869 republicano decenal Libertad, La 1868 republicano diario Organización Federal, La 1872 republicano Patria, La 1872 republicano semanal Popula r, El 1874 republicano diario Propaganda Republicana, La 1869 republicano semanal Provincia, La 1871 republicano diario República Española, La 1871 republicano diario Revista Feder al, La 1870 republicano semanal Revolución Soci al de Valencia , La 1872 republ icano sem anal Revolución, La 1868 demócrata semanal Trabajo y La Industria, El 1872 obrero semanal Verdades del Barquero, Las 1870 satírico federal semanal Vigía de la Libert ad, El 1870 republicano diario Cuadro resumen Comunidad Títulos repub licanos editados Diarios repub licanos Ciudade s con títulos repub licanos Ciudade s con diarios repub licanos Anda lucí a 179 87 21 10 Aragón 39 14 6 2 Asturias 15 1 3 1 Balea res 19 5 2 2 Canarias 25 - 4 - Cantabria 6 2 2 1 Castilla-La Mancha 16 1 5 1 Castilla y León 49 2 10 1 Cataluña 112 25 15 5 Ceuta/ Melilla - - - - Extremadu ra 15 3 6 2 Galicia 41 8 9 2 Madrid 127 41 1 1 Murcia 31 4 3 2 Navarra 2 1 1 1 País Vasco 14 1 4 1 La Rioja 1 - 1 - Valen cia 59 24 8 4 Total 750 219 101 36 Fuente: e laboración propia Principales per iódicos consulta dos Barcelona Diario de Barcelo na (HMS) La Flaca (BN) La Humanidad (HMM) Cádiz Diario de Cádi z (HCC) La Opinión nacional (HMM ) Cartagena El cantón murciano (HMM ) Granada El Hombre (HCT) La Idea (HCT) Madrid El Cence rro (HMM) La Correspon dencia de España (HMM) El Diario esp añol (HMM) La Discusió n (HMM) La Epoca (HMM) La E mancipación (BN) El Estanda rte (HMM) La Iberia (HMM) La Igua ldad (HMM) La Ilu stración republicano federal (BN) El Imparcial (HMM) El Pen sam iento e spañol (HMM) El Pueblo (HMM) La Reforma (HMM) La Regeneración (HMM) El Tiempo (HMM) Málaga El avisador malague ño (HD- E) Salaman ca La A lianz a del pu eblo (BUS) El Eco popular (BUS ) Rochefort (BUS) Sevilla La Anda lucía (HMS) El Porven ir (HMS) La Revolución española (HMM) El Tío Clarín (HMS) Historia de la Comunicación e Historia Cuantitativ a. Algunas sugerenc ias. Antonio Checa Godoy Facultad de Comu nicación Universidad de Sevil la La historia cuantitativa, quizás hoy menos vigente de lo que estuv iera hace u n cuarto de siglo, resulta, sin embarg o, un auxili ar p oderoso cuando nos interesamo s por co nstruir la historia de la comunica ción. S in dejarse fascinar por los números o las series est adísticas, y te niendo bien presen te que necesitan normalmente una interpretación y una valoración adecuadas, e sa s fuentes cuantitativas deb en utilizarse, a nuestro ju icio, co n má s incidencia d e l a que hasta aho ra, con alg unas excepciones, se ha he cho 1 . Esa historia cuantitativa o cliom etría no se limita a a spectos puramente económ icos, aun siendo estos tan rele vantes. Analizar los altibajos de los precios de determinados productos puede ser interes ante para e l h istoriado r de la economía, pero la evolución del precio de un periódico suele ser un dato más, y quiz á no re levante, para el historiado r de la comunicación. Tamb ién debe e vitarse caer en algunos excesos f á ciles. Por ejemplo, la historia de lo s periódicos, las emisoras de radio o los canales de telev isión no gira exclusivam ente en t orno a la audien cia, como a veces p arece presen társenos, aun que hoy día los da tos so bre difu sión sean por lo general abundante s y accesible s y su uso exhau stivo una tentación permanente para el historiado r. Esas f uentes cu antitativas no son las m isma s ni tie nen la m isma relevancia e n todas las ép ocas, y el historiado r de la comunicación de be saber utilizar las más idóneas y represe ntativas, o a veces sencillam ente las únicas dispon ibles en c ada coyuntura; incluso p uede bu scar y crear sus f uentes 1 Algunos volúm enes colecti vos, ya clásicos, s obre hist oria de l a prens a españo la, inclu y en estu dios c uantitati vos. As í Prensa y Socied ad en España, 1 820-193 6 (19 75), o Metodologí a de h istoria de la prensa esp añola ( 198 2). O tro estud io “clásico” con abund ante utilización d e datos c uantit ativos es el de A lfonso N ieto, La empres a perio dística en Esp añ a (1973). cuant itativ as que pueden ha ber p asado inadvertidas o no haber sido suficientemente valorad as. Crear fuentes Así, el historiador que se a cerque a la pren sa españo la de la larga eta pa del f ran quismo, por ejemplo, y quiera conocer su verdade ro impacto y la evolución de su audiencia, no dispone de los socorrido s y sol ventes dat os de la OJD hasta mayo de 1965 y aun en e l lustro siguiente son muchos los diarios españoles –sobre todo si son ú nicos e n su ciud ad- que no se so meten a este control voluntario y to davía cua ndo e l periodo histórico concluye carecen de este dato má s de un t ercio de los diarios e spañoles, bien que los meno s relevantes por lo general. Sin embargo, ese histo riador tien e a su dispo sición otras f uentes, menores, de no fá cil acceso, pero que pu eden completar y mejora r su s datos. Un a es ha sta cie rto pu nto pintoresca, la contribu ció n obligada que los p eriódicos españoles d e la épo ca ha cen al In stituto S an Isidoro, para h uérfanos de periodistas. Se estable ce en 1944 y consiste en la entrega a l citado Instituto de un porcentaje pequeño del precio – aproximadament e una vig ésima pa rte- por cada e jemplar vendido e l primer marte s de cad a m es. Com o e sta apo rtación es discreta, l os periódicos no pagan más de lo que ob liga su tirad a, por lo que esto s datos son buen barómetro sobre la venta du rante tres décadas, de 1944 a 1975, pues la institución de saparece con la democracia 2 . Otro dato muy útil en esos años es el de l c onsumo de papel. Co mo es sabido, d urante todo el pe riodo del f ran quismo el consumo d e pa pel-prensa español, má s caro y d e p eor calida d, está primado, y los periód icos recibe n un a subvención po r su co mpra. El consumo de pa pel es c analizado y cont rolado a través d el Sindicato Nacio nal d e Papel, Prensa y A rtes Gráf ica s. Seguir los dato s de consumo de p apel pren sa en esos a ños 3 , aporta datos relevant es sobre la prensa española de es ta etapa. Gaziel, po r ejemplo, en un breve 2 La docum endación pasa, c om o muc has otras f uentes cuantitat ivas de l periodo, a l Archivo Ge neral de la Adm i nistr ación d e Alcalá d e He nares . 3 Desaparec ido el s indicato v ertical, pasa a can alizar e l c onsum o de papel pr ensa español la Asociaci ón de Editores de Diari os Esp añoles , AEDE, has ta la def initiva liberalizaci ón del sector a pr incipios de los años oc henta. ensayo, L a prensa diaria española 4 , redact ado en 1942, compara el consu mo de papel de la prensa diaria en 1935 y en 1941, 5 9.212 toneladas en el p rimer caso y 13 .750 en el segundo, dato elocuente para ilustrar la p ostración de la prensa dia ria espa ñola tras la guerra civ il. En efecto, el c onsumo de p apel por los p eriódicos e spañoles e s u n da to que se pu ede rastrear desde la c reación de la empresa La Papelera Españ ola SA en 190 1, que en los años siguientes prácticamen te monopoliz a el aba stecimiento de pa pel a los d iarios esp añoles, y así lo hace el period ista catalán. La a udiencia d e u n periódico , pongamos p or caso, como el d iario mad rileño Arriba , ó rgano oficial d el Movimiento de sde 1939 y que no se som ete nunca a control de tirada, solo es posible r a strearla a partir de esas fuentes alterna tivas, pues los da tos declarados en los d istintos Anua rios de Prens a del franquismo , p or o tro lado no m uy a bundantes n i sistemáticos, pues son cinco a lo largo d e 35 año s, están v isiblemente inflados –a v e ces hasta se is u ocho veces la difu sión real- en la gran mayoría de los dia rios del momento. Estas f uentes, sin demérito de las fu entes cualita tivas, de los análisis d e contenido s y de tantos otros fa ctores decisivos e n la evolución de los medio s de comunicación , contribuyen a conse guir una perfil más completo y ajustado del medio en su historia gl obal o en determ inada co yuntura y pueden e xplicar aspectos poco claros de los contenidos o de las dec isiones de las empresas. Sin emba rgo, constatamos un u so poco generalizado y poco p rofundo d e estas f uentes, que qued an en mucho s casos lamentab lement e desaprovechad as. E stán más presentes en estudios sobre empresas periodísticas, y u n buen ejemplo es el tra bajo de Franc isco I glesias sobre Prensa Española 5 , o tro excelente ejemplo, y m ás reciente, es la obra de Carlos de las He ras La prensa del Movimiento y su gestión p ublicitaria, 1 936-1984 6 , que muestra un ampli o y ú til rastreo por f uentes poco usuales, pero s on mu cho más raros si lo que se a naliza e s el avatar de un d iario o alguna revista. E s u na lástima que el camino abierto por Celso Almu iña Fernánde z en su relevante 4 Gaziel (194 2), La pr ensa di aria españ ola , en Llanas, Manuel (199 6), “Una m ono graf ía inèdita de G aziel sobre la p rem sa españo la”, en Ana lisi, B arcelona, nº 19, pp 11-5 4. 5 Iglesias, Franc isco (1 980), His toria de un a empr esa periodíst ica. Prensa es pañol a (1891-1978), Editor ial Pre nsa Es pañola, M adrid. 6 De las Heras Pedrosa, Carl os (2000), La prens a del Movimient o y su g estión publicitaria , 1936-1 984 , Un ivers idad de M álaga, Má lag a. historia de la prensa vallisoletana d el XIX 7 , que mu estra las posibili dade s de conseguir datos cuantitativos en la prensa del XIX h aya tenido en g enera l po co seguimien to. No se trata, desde luego, de u n problema de la historiograf ía española, está b ien pr esent e, según hemos podido constatar, en la de otros países con ya larg a investigación e n histori a de la c omunicación, caso d e Francia. Se tra ta d e carencias quiz á explica bles en p aíses e n los q ue por lo general no hay transparencia sobre la situación int erna de los medios. Méx ico puede ser un buen ejemplo de p aís con un excelente n ivel de investig ación sobre med ios, pero con muy escasas posibilidades de investigación cuant itativ a, co menzando por las t iradas, pues el In stituto Verificador d e Medios, mu y criticado, abarca sólo una m inorí a de d iarios. Examinemos el caso francés. En los últimos años se han editado e n el país vecino muc hos y m uy notables e studios generales sob re gr ande s diarios en publicación – Ouest France , L a Dépeche du Midi, Liberation, L e Mon de ...-, en la mayoría de los caso s por in vestigadores que h an podido acceder a los archivos de la s empresas edit oras. Sin embargo, en eso s trabajos domina la historia po lítica, los an álisis de contenidos o de actitude s e n coyunturas claves, en tanto son escasos los datos sobre la economía, la vida interna y ot ros aspectos cuantitativos de los medio s est udiados. No f altan po r lo general datos sobre audiencias, pero si sobre rentabilidad y recursos económicos d el m edio, evolución y rasgos d e las plantillas, dotación te cnológica de los talleres, ingresos y rasgos d e los co nten idos publicitarios, ent re otros fact ores. E l historiado r del tiemp o presente d ispone con frecuen cia de un a gama de fuentes interna s y de una accesibilidad a las mism as dif ícil p ara el historiador orien tado a tiem pos a nteriores, pe ro aun así se co nsta ta un escaso aprecio p or esos dato s y su siem pre comp leja b úsqueda, que a veces d eja i ncompletos los análisis. En su h istoria de Ouest France , Guy Delorme , e xredactor del diario de Renne s, analiza sobre t odo l as orientaciones b ásicas del periódico, los contenido s, incluso cuan do analiza la s razone s del éxito de u n diario re gional que se convierte en el princip al del paí s, apenas of rece elemento s eco nómicos, cuant itativ os, al m argen de la tirada. En s u minucioso e studio –9 00 páginas- sobre La Depeche du Midi d e Toulou se, Félix Torres, utiliza co n f recuencia los 7 Alm uiña F ernánde z, Celso (1 977), La prensa vallisole tana dur ante el s iglo XI X,, 1808 - 1894 , Inst itución C ultural S im ancas, Valladolid, dos tom o s. dato s sobre evolución de la a udiencia, aunque sólo en aspectos globales y distribución geográ fica, pero también es parco en datos sobre la situaci ón económ ica – salvo en alguna coyuntura, como la II guerra mundial y sus secuela s- y co nocemos ma l aspectos como salarios o régimen de trabajo de sus reda ctores. Más llamativo incluso es el caso de los e studios sobre el diario Le Monde , d e París. Con po cos me ses de intervalo apa recen e n Francia tres estud ios, digamos fa vorable, crítico y ne utral, so bre e l gran diario p arisino 8 , pero dos de esos t res e studios se vuelca n casi e n exclusiva e n el análisis político. La excepción es la obra de Patrick Eveno, la m ás f avorable hacia el diario parisino, que evidentemente ha tenido muchas f a cilidades para la investigación intern a. Of rece un estudio equilibrado en el que n o fa lta el análisis de contenido o político, incluida desde luego la relación con el p oder en cada coyuntura, pero concede amp lia y o portuna atención a lo s f actores cuant itativ os. Así, en los cap ítulos dedicados a la etapa de n eta ex pansión que abarca de 1962 a 197 6, incluye epígr af es a nalíticos y cua dros con re fe rencias a evolución d el número de páginas publicadas, su cont enido en publicidad, el emp leo gene rado por el d iario, los re sultados eco nómico s... El análisis d e las ventas n o se re duce a datos gl obale s de las tirada s, sino que muestra excelentes referencias y cuad ros so bre, por ejemplo , la venta e n dí as de cisivos de la historia reciente de Francia y de l mundo, y so bre el perf il de los le ctores del periódico –edad, profesión , n ivel económico.-. Especia l atención concede a los ingresos pub licitari os, su evolución a lo largo de l año y en distintas coyunturas, compa ran do los contenidos publicitarios básico s –inmob iliarias, cines... - con los de otros diarios pa risinos relev ante s, además de su incidencia en la economía de l d iario, incluida la comparación co n las ventas en quioscos y los su scriptores. An aliz a la pla ntilla, caracte rísticas y e volución, lo s co stes y problemas que p lante a la distribución, in cluso lo que supone la ayuda esta tal 8 Evdno, Patr ick (2004), Hist oire du journ al Le Monde. 1944-2 004 , A lbin Miche l, Pa rís. Poulet, Ber nard (2003), Le pouvoir du Monde. Q uand un journ al veut c hanger la Fr ance , La Découverte, París, y Pean, Pierre, y Cohen, Philippe ( 2003), L a face c achée du M onde. Du contre-pouvo ir aux abus de pouvo ir , Mille et une nui ts, París. mundial de la comunicación 21 . No se trata de un a moda, sino de la lógica y necesaria resp uesta desde el mundo de la investigación a la e volución misma de la Comun icación, con la configuración de poderosos grupos mediáticos c on tanto po der como los propios estados, la irrupción continua de nue vos med ios y novedades te cnológicas d e amplia inf luencia en la comun icación y la simp le constatació n del poder e influjo sob re la sociedad que ejerce n h oy me dios como la telev isión. Los estudios sobre industrias culturales, aunque enfocados al presen te y rara vez co n vocación histó rica, se con vierten de f orma ine vitable en una su gestiva a portación pa ra el h istoriador de la comunicación, toda vez que prácticamente no hay h oy industria cultural que no sea comunicación o n o tenga d ecisiva rela ción con ella. Pero al historiador de la comunic ación queda una i mportante labor de sel e cción: l os ac ontecimientos e n el mundo de la comunicación sufren h oy tal a celeración que cua lquier estudio media namente amb icioso sobre ellos ame naza nacer desfasado. Con riesgos com o volcarse en aspectos que al p oco tiempo devienen secundarios u obsole tos. Es precisamen te la distinci ón e ntre lo efímero y lo duradero, lo secundario y lo inf luy ente, lo que queda y lo que pasa , lo que no t rasciende y l o que deja huella, lo que tiene categoría d e símbo lo y lo que carece de ejemplaridad, lo que verdade ramente ayuda a la comunicación entre las pe rson as y lo que tiende a incom unicarlas, la tare a p rincipal que a guarda al historiador d e la comunicación co n esos mu chos materiales, a veces t odo un diluvio de números, que le ofrecen hoy los estudios sobre las industrias culturales. Estimaciones cuantitativ as Incluimos a con tinuación –a modo de ejem plo- v a rios cuadros estad ísticos sobre la prensa española no diari a a pa recida –e s d ecir, creada, no ante rior- durante la transición y la p rimera dé cada dem ocrática. Son elabo raciones a pa rtir sob re todo de datos extraídos de los bo letines an uales o bianuales d e la Dirección General d el L ibro y Bibliot ecas – Sup lem e nto de publicacione s periód icas -. E sos anuarios, y otros p aralelos – catálogos de revistas co n ISB N, boletine s del depósito legal de diversas comunidades... -, 21 Bu stam ante, Enri que (co ordinador) ( 2002) C om unicación y cultura en la er a digita l. Industrias, m ercados y d ivers idad en Es paña, Ged isa, Barc elona, y Bustam ante, Enrique (coordinador) (2003) , Hac ia un nue vo sistem a m undial de com unicación. Las ind us trias culturales e n la era digital, Gedisa, Barc elona. son una est imable fuen te cuantitativa, no obstante relacionan sólo la pren sa con registro legal, lo que deja fue ra, estimamos, alrededor de un 10 o incluso en algún m omento un 1 2 o 15% de l as p ublicaciones a parecidas en eso s a ños, pues son mu chas – colegiales, e cológicas, p olíticas...- las que no llegan a registrarse. Conviene a demás utilizar co n cuida do eso s da tos. Hay, por ejemplo, repeticiones –publicacione s que aparecen po r varios concepto s o en más d e un año-. Pe ro so bre todo s on llamativas las diferencias, cuando no las contrad icciones, a la ho ra de clasificar los títulos. Así, el boletín de una hermandad de Semana Santa puede aparecer en el e pígrafe Religión, p ero también con f recuencia en el d e Folklore, incluso en el d e Usos y co stumbres o en el de Fiestas Popul ares; el boletín cultural de un grupo o asocia ción puede apare cer e n Cultura, Litera tura u O rganizaciones no gubernamentales, ent r e otros. Una rev ista feminista puede f igurar en Femin ismo, Situación social, Sociología o Aso ciaciones. Hay epígr af es e n los que parece caber todo, como el de Movimientos de reforma s ocial, en el q ue suele n incluirse lo mismo revistas cu lturales que boletines municipa les, o pu blicaciones de centros regionales o prisiones. En otra s ocasiones las divisiones so n superfluas o inseguras, co mo Publicacione s de cont enido general y Pu blicacione s de comunicación so cial. At endiendo a esas dificultades y salvedade s, hem os colabo rado unos cuadros que nos parecen sig nif icativos sobre e l m ovimiento periodístico en Esp aña en esos años cruciales agrupando los títulos aparecid os en grandes apartado s. Así el de Cu ltura ref leja d esde revi stas y b oletine s literarias a toda clase de publicaciones cient íficas y d e pensamiento o especia lizadas en cine, música , historia o arte . En el de Economía se contemp lan títulos sobre agricultura, comercio, pub licidad, turismo, industria o consumo , a demás de boletines internos de e mpresas, cooperativas o asociaciones y publicaciones sobre trabajo no sindicales y todas las ref eridas a tecno logí a s. Otro gran apartado, el de Información general, of rec e desde los múltip les b oletines municipa les a los de aso ciaciones d e vecinos y las propiamente informativ as d e t odo ámb ito. Pese a es os agrupamien tos, no faltan publicaciones de d ifícil en casillamiento – conmemo raciones, o cultismo, militares, heráldica, relacione s interpersonales... -, que obligan a un capítulo de “otros”. Así, los datos ofrecido s permiten resaltar, por ejemplo, que si en los años setenta del pasado siglo aparecen aproximadame nte m il títulos al año en España, dos tercios de ellos entre M adrid y Barcelon a, el número s e v a incrementand o noto riamente en los años ochenta, con aumento de prácticamen te todas las e specializaciones, pero sobre todo de las informativas, culturales, económicas y e duca tivas, aunque con fu ertes variacione s interanuale s. Cuadro nº 1 Estimación de la prens a no diaria aparec ida e n España durante la transici ón (1973-1978) por comunidades autónomas. Comunidad Títulos Comunidad Títulos Anda lucía 345 Ceuta / Melilla 6 Aragón 133 Extremadura 33 Asturias 145 Galicia 114 Balea res 113 Madrid 2.449 Canarias 62 Murcia 33 Cantabria 32 Navarra 75 Castilla-La Man cha 100 País Vasco 227 Castilla y León 292 La Rioja 14 Cataluña 2.003 Valen cia 364 Total 6.540 Fuente: elaboración pro pia a p artir de Revistas españolas 1 973-1977 y Revistas españolas 1977-19 78 , Instituto B ibliográfico Hispánico, Dirección Gene ral del Libro y Bibli oteca s, Madrid, 1978 y 197 9. Cuadro nº 2 Estimación de la pre nsa no diaria aparecida en E s paña e n el periodo 1979-1987 Especia lidad 1979 1980 1981- 1982 1983 1984- 1985 1986 1987 Cultura, Cien cia y Pensa miento 193 216 439 297 810 454 372 Econo mía, Publicidad, Tra bajo y 198 207 376 288 686 327 523 Tecnología Educa ción, Medio Ambiente, Infantiles. 71 117 206 145 311 152 276 Derecho 21 10 44 38 50 24 54 Información g eneral y local, bolet ines municipales y vecinales 194 306 547 247 626 225 531 Ocio, e spectáculos y Deporte 56 120 174 121 177 91 173 Política y sindicalismo 88 71 157 87 223 61 132 Religión 33 70 54 52 112 54 71 Sanidad y Seguridad Social 56 84 176 128 165 134 146 Otros 92 141 332 311 412 18 38 Total 1.002 1.342 2.505 1.714 3.572 1.540 2.839 Fuente: e laboración propia a partir de Bibliog rafía española. Su plem ento de publicacione s periód icas , Dirección gen eral de l Libro y B ibliotecas, Mad rid. Volúmenes edita dos entre 1980 y 1989. Cuadro nº 3. Estimación de la s publica ciones no diarias a parecidas en Andalucía en 1986-1992 Especia lidad 1986- 1988 1989 1990 1991 1992 Cultura, Cien cia y Pensa miento 86 57 59 53 60 Econo mía, trabajo y Tecnología 61 23 41 48 51 Educa ción, Medio Ambiente. Infantiles 52 32 51 52 36 Información g eneral y local, boletines municipale s y vecinales 66 44 48 70 80 Ocio y Deporte 42 15 33 22 32 Política y Sindicalismo 31 21 23 12 21 Religión, Ética. 80 35 65 42 29 Sanidad, Seguridad Social. 17 15 12 10 26 Otros 137 38 85 53 77 Total 572 280 417 362 412 Fuente: elaboración prop ia sobre d atos del Boletín del De pósito Legal de Anda lucía, Granada, volúmenes del periodo 1986-1992. Conclusiones El historiador de la comun icación dispone hoy d e mu chas posibilidades para utilizar f uente s cuan titativas que le ayud en e n su reconstrucción de la evolución d e los medios. El a cceso a ellas no siemp re es fá cil, pero poco a poco va simplificándose. Ese investigado r tiene adem ás recurso s para convertir en fuentes útiles datos poco o n ada utiliz ados e n historia de la co mun icación. Sin embargo, las fu entes cuantitativas son e n general poco apreciadas y po co utilizadas todavía por los h istoriadores de la comunicación. Fuentes bibl iográficas Allen, Robert C. (1995), Teoría y práct ica de l a histo ria del cine , Paidós Comunicación, B arcelona, 338 pp. Almuiña Fernández, Celso (1977), La p rensa vallisoletana en el siglo XI X, 1808-1894 , Institución Cultural Simancas, Vallado lid, dos tomos, 887 + 807 pp. Aróstegui, Ju lio (2001), La investigación histórica: teoría y método , Crítica, Barcelona, 460 pp. Bustamante, E nrique (coordinador) (2002) Comunicación y cu ltura en la era digital. Ind ustrias, mercados y diversidad en España , Ged isa, Barcelona, 382 pp. Bustamante, E nrique (coordinador) (2003), Hacia un nuevo sistema m u ndia l de comunicación. 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Un recorrido fotográfico desde la Segunda República hasta la Transición democrática Antonio Pantoja Chaves ( Universidad de Extremadura ) [email protected] RESUMEN La fotografía in tegra la memoria desde el momento de su concepción, al demostrar que es capaz de preservar en el tiempo la fuerza de los instantes y la trascendencia de los acontecimientos. Una cualidad que nos va a permitir presentar al republicanismo español como un epi sodio vivo de nuestra historia reciente. Igualmente desarrollamos una última cualidad, la fotografía como expresión y fuente de la comunicación visual, que siempre se le había presumido pero que nunca antes había sido concebida hasta su introducción en los soportes digitales. ABSTRACT Photography, from the very moment it is shoot, keeps the memory of the moment by preserving in time the power and importance of actions. This feature will allow us to present Republicanism as a still living chapter of the Sp anish recent history. Simultaneously, we present the quality of photography as an expression and source of visual communication empowered by the new digital media. ÍNDICE 1. Introducción 2. La memoria en la fotografía. Propiedades de la imagen fotográfica 3. Del instante al proceso. Un recorrido fotográfico desde la Segunda República hasta la Transición democrática 4. Imagen histórica y edición digital 5. Referencias bibliográficas Introducción Cada vez con más frecuencia se recurre a las fuentes visuales para hacer memoria de lo pasado, para recordar por medio de la contemplación y la evocación las imágenes de aquellos acontecimientos de la historia más reciente. La fotografía, como recurso para la memoria, consigue traer estas sensaciones a nuestro presente y nos permite rememorar las escenas, los retratos colectivos y los lugares que parecían condenados al olvido. Gracias a la fotografía presenciamos una imagen del pasado en blanco y negro que atestigua cómo era el mundo antes de que sobrevinieran los cambios y de que apareciesen nuevas imágenes. En la actualidad se está generalizando la idea de hacer memoria, de preservar todo ese patrimonio visual y esos recuerdos imborrables incentivando la nostalgia con el fin de recuperar la memoria colectiva. Es evident e que la fotografía cumple con esta función esencial y mucho más en un momento en el que se necesitan las imágenes para tener un conocimiento directo de lo que ha acontecido, una mirada que se fomenta y que responde a la manera cómo contemplamos el present e. La emotividad es por tanto un distintivo que contiene toda fotografía, pero al mismo tiempo, esta fuente sugiere otras posibilidades y posee otras propiedades que desarrollamos en nuestra forma natural de hacer memoria y que son diferentes a las que s e derivan de un repaso meramente contemplativo de las imágenes de nuestro pasado. La fotografía es ante todo un medio de conservar un recuerdo en imágenes, pero a su vez es mucho más que eso, es un estimulo dinámico para la compresión, la asociación e inte rconexión de conceptos, de ideas, de experiencias e, incluso, es punto de partida para incentivar la imaginación, por el grado de subjetividad que contiene toda fotografía. Esta interpretación de la fotografía como fuente para la memoria nos parece más sug erente que la idea de seguir potenciando el sentimiento nostálgico, del que, por otra parte, ninguna fotografía se puede desprender. Asimismo, la fotografía está alcanzando otras consideraciones en las nuevas tecnologías para la imagen. Hasta fechas muy r ecientes los diferentes soportes en los que el hombre sustentaba su memoria visual han mostrado sus limitaciones e, incluso, sus insuficiencias, lo que ha provocado en muchos casos que se negara su validez para hacer memoria. Los antiguos soportes para la imagen, como por ejemplo el muro, que se erigió como el medio de referencia más potente para la transmisión de ideas y de valores determinados durante varios siglos, o como la página del libro, cuya aparición significó toda una evolución cultural, no han s abido dotar a la imagen de un estatuto propio y significativo, relegándola a un segundo plano. Sin embargo, en la actualidad está emergiendo otro nuevo soporte, el espacio digital, que viene a cumplir las mismas funciones que sus predecesores pero, ademá s, nos revela mayores prestaciones para la imagen, y al tiempo integra una serie de propiedades que recogen y amplían a la vez las aportaciones realizadas por los soportes precedentes. En definitiva, se trata de hacer un uso exhaustivo de la fotografía, co mo fuente para la memoria, pero en un nuevo soporte que facilita la construcción y el desarrollo de esa memoria. Ambas necesidades, la de hacer memoria con la imagen fotográfica y la de contar para ello con el concurso de los medios adecuados según las ne cesidades de nuestro tiempo, no se manifiestan como una preocupación prioritaria para la sociedad actual, sin embargo, debe significar un motivo de reflexión tanto para las disciplinas humanísticas como las relacionadas con la comunicación audiovisual , pla ntear toda una serie de interrogantes investigadores , iniciativas y contenidos que desemboquen en el intento y, por qué no, en la necesidad de hacer memoria visual en los soporte s propicios para la imagen . Del instante al proceso. Un recorrido fotográfico desde la Segunda República hasta la Transición democrática Como un recuerdo, una fotografía es un fragmento que con el paso del tiempo se transforma y evoluciona. Pero si tan válidos son los instantes fotográficos com o los recuerdos, mucho más interesante puede resultar la concatenación de distintos instantes en una secuencia temporal y espacial, que nos permitan saltar del instante al proceso . El instante detenido en el tiempo es un momento de un proceso, que surge an te nosotros entre un supuesto antes y un evidente después. Al igual que cuando recordamos los momentos registrados en nuestra memoria y los conectamos con otros, en un proceso dinámico que nos permite poner en relación distintas experiencias que aparenteme nte parecen tener una escasa conexión, podemos construir un discurso trenzando unas fotografías con otras en el que se pueden incluir desde varias a cientos de instantáneas en el ejercicio de hacer memoria. La fotografía salpica todas las facetas del exis tir cotidiano y conforma una especie de espejo roto en mil pedazos — los instantes fotográficos aislados — a los que los historiadores podemos dotar de sentido si intentamos recomponer un proceso, conformar un discurso que utiliza las imágenes como tinta y q ue es posible desarrollar sobre los soportes propicios para la imagen . En la construcción de un discurso basado en fotografías son suficientes dos instantes para levantar el arco de proceso 4 , e incluso podemos enriquecer esa misma secuencia con el número de fotografías que estimemos necesarias para conferirle más coherencia narrativa al discurso visual. Dos instantes o más separados en el tiempo (fotografías distintas), no son dos instantes aislados sino que es posible sostener un proceso (y no es obligato rio c ontemplar todos los instantes — todas las fotografías — para captar el proceso), se desprecia entonces la información no necesaria , una solución muy necesaria en una sociedad sobreexpuesta a información vis ual . 4 Esta expresión es la que ha utilizado Rodríguez de las Heras para definir la relación, al menos, entre dos instantes, convertidos en punt os de apoyo del discurso visual, y de la que hace una exhaustiva explicación en (1996), Imagen histórica y edición electrónica , Revista Ayer , nº 24, pp. 178 - 179. Este recurso anuncia otra de las cualid ades que aporta el instante fotográfico frente a la proliferación de imágenes, la fotografía filtra información y posibilita hacer memoria. Como ya hemos apuntado anteriormente a la hora de presentar a la fotografía como una fuente de la memoria, cuando qu eremos recordar algún pasaje personal importante en nuestra mente se conforma una imagen instantánea que concentra el conjunto de datos que complementan ese recuerdo, y no sentimos la necesidad de recurrir a más imágenes porque ese instante que nuestra mem oria selecciona ya resume toda la información sobre lo acontecido. Esta misma función que realizamos con la memoria natural se cumple con la fotografía. Frente al exceso de imágenes sobre cualquier acontecimiento histórico cada instantánea condensa toda la información, cuanto más explícita sea la fotografía más decisiva e importante será para hacer memoria. No todos los instantes fotográficos son recordables, muchos, por no decir la mayoría, caen en el olvido de la historia, al igual que cada persona olvida muchos momentos de su vida, y sólo perviven los importantes y los necesarios para el buen funcionamiento de la memoria. En otros medios como el video, la televisión o el cine el tiempo es un factor realmente evidente, que transcurre en conformidad con la dinámica de percepción propia de la actividad visual del ser humano. Por el contrario, con la fotografía la realidad es capturada y el tiempo no fluye. La situación, el momento permanece ahí, en el instante, y ninguna imagen lo reemplaza, lo que le permit e apresar reacciones complejas y efímeras que en otros medios resbalan por la sucesión ininterrumpida de imágenes que incluso escapan a nuestra propia percepción visual. Un ejemplo práctico es válido para entender la función que cumplen dos instantes dent ro de un proceso , que el lector puede revisar si vuelve a contemplar las fotografías insertadas en el capítulo anterior. En apariencia no hay ninguna relaci ón entre ellas — proc lamación de la Segunda República; los principales líderes republicano s en el parlamento; miliciano republicano caído en el frente de la guerra civil; y la actitud de Pasionaria a su regreso a España durante la Transición , tras un largo período en el exilio —, salvo que todas hacen una mención directa a escenas y personajes r elacionadas con el republicanismo español en diferentes momentos y lugares . P ero una lectura detenida y guiada nos sugiere una relación diferente al sentido con el que han sido utilizadas para la anterior explicación. Una de las primeras lecturas que podr íamos hacer poniendo en relación dos instantes podría ser la de la trayectoria que ha experimentado la propuesta política iniciada durante la Segunda República en los años treinta del siglo pasado, mediante la primera instantánea — la imagen de la proclamac ión — , al compararla con la fotografía de Pasionaria en un acto político en memoria de la República , en la que su actitud personal denota el estado en el que se encuentra el movimiento republicano durante el proceso de Transición democrática en España. Esto s dos instantes definen todo un proceso del republicanismo español en el siglo XX, en el que se concentran no sólo los acontecimientos representados sino que sugiere otros momentos que no se explicitan per o que se desprenden de su lectura : como son la cris is del régimen político en los años finales de la República; la derrota militar en la guerra civil; los largos años de exilio durante el franquismo; el compromiso con un sistema de v alores e ideales democráticos; o la debilidad política en los años de la T ransición. Quizás por su simplificación, dos instantes seleccionados de entre millones de fotografías que se realizaron durante todo ese proceso ocurrido, o por la identificación tan precisa de las imágenes, que deja en el tintero muchas otras cu estiones y manifestaciones relacionadas con el republicanismo español, esta relación no satisface al lector con respecto a nuestra propuesta de hacer memoria. De ahí que lo interesante y necesario sea poner en marcha nuevas r elaciones entre otros instantes , y así enriquecer con más fotografías el discurso que pretendemos sostener con este ejemplo. O tra de las posibles interpretaciones o expli caciones que podríamos hacer nos traslada al tiempo histórico de la Segunda República, a l os años en los que el régi men político se hace presente . Para este caso establecemos un proceso más corto , al engarzar la primera fotografía de nuestra secuencia con la imagen de los líderes republicanos en los escaños del Parlamento. Esta confrontaci ón nos permitiría , en su caso, profundizar en la explicación de las distintas fuerzas políticas que defienden y representan a la República — desde las propuestas izquierdistas de Manuel Azaña o Fernando de los Ríos, a las más conservadoras de Alcalá Zamora o Alejandro Lerroux , incluyend o la de los socialistas, con Indalecio Prieto, junto al resto de los grupos políticos —. Esta capacidad que demuestran dos instantes para sugerir todo un proceso — L a Segunda República. 1931 - 1936— nos permite descartar de nuestro discurso visual a cientos de fotografías tomadas sobre el mismo período : como son otros escenarios de la proclamación de la República, tras las ele cciones del 12 de abril de 1931; los mítines celebrados por las distin tas opciones políticas republicanas; el ambiente de las tertulias de los intel ectuales en el Ateneo de Madrid; la cola de votantes en las que la mujer podía ejercer por primera vez su derecho al voto en unas elecciones democráticas; la quema de conventos e iglesia s de las princi pales capitales; la det ención y juicios de campesinos anarquistas en los levantamientos de Casas Viejas o Castilblanco ; la pr ocla - mación del Estado Catalán; las matanzas cometidas du rante la revolución en Asturias; así como tantas otras fotografías, o tantas otras vidas, que se vieron c ondicionada s por el drama que supuso la guerra civil española. Y para finalizar, podríamos además cerrar con una de las lecturas sobre la que más han incidido la mayoría de los estudios realizados sobre la Segunda República . E n la idea de Proclamación , Mue rte y Olvido de la República, mediante la con frontación que apuntan estos instantes fotográficos. Una serie de instantes que sugieren todo un proceso , y que se identificaría con nuestra propuesta de hacer memoria del republicanismo español d esde la Segunda República hasta la Transición democrática , mediante la fotografía como fuente para la historia . Tras un primer golpe de vista, el efecto de confrontación de estos instantes, nos anuncia que existe todo un proceso de cambio evidente. Una tra nsformación tanto de las instituciones políticas, en las manifestaciones ideológicas como en la presencia de protagonistas destacados en uno y en otro momento. Unos instantes que sugieren una transición, en los que podemos contemplar el cambio pero también la pervivencia de algunas , muy pocas tal vez , continuidades lógicas en el desarrollo del proceso . D ebido a las limitaciones que comporta el soporte papel, sobre el que estamos desarrollando esta explicación, no presentamos otros ejemplos y reflexiones po sibles sobre la trayectoria del republicanismo en España , ya que mitiga rían el efecto de confrontación entre los instantes. En primer lugar, porque la cantidad de fotografías que deberíamos insertar para ampliar el proceso estaría limitada por el número de páginas ; y en segundo lugar, porque su organización sería necesariamente lineal, con lo que simplemente pasaríamos a hojear fotografías, reduciendo notablemente las funciones y recursos expresivos que ofrece otros soportes idóneos para la imagen, como es el entorno digital. La imagen histórica y la edición digital No es objetivo de este apartado ahondar mucho más en torno a l soporte digital y sus distintas aplicaciones , debido a que, e insistimos nuevamente , la elaboración de discursos visuales en el sop orte papel condiciona no sólo la lectura sino la pro pia organización . Pero para que el lector en este punto entienda aún más todas estas cuestiones relacionadas con los discursos visuales y su estrecha relación con el soporte adecuado para su lectura, debe decirse que en estos momentos la imagen está padeciendo una mala utilización en los medios en los que se instala y que son consumidos de forma masiva. En primer lugar, por defecto, ya que la reproducción de imágenes fotográficas en papel — nos referimos e n este caso a la tendencia comercial de las editoriales por almacenar en libros las colecciones de fotografías más importantes — , genera una parcelación de la memoria visual, en la que cada fotografía se encuentra aislada en su correspondiente página. Y en segundo lugar, por exceso, ya que la multiplicación de imágenes que emiten otros medios, como la televisión, conforman discursos incoherentes e inconexos, hasta tal punto que cuando abandonamos su lectura, es decir cuando desconectamos el televisor, no ret omamos la lectura en el punto exacto en el que nos encontrábamos, pues la transmisión se mantiene independiente de la presencia o no del telespectador. Por el contrario, el soporte digital al tiempo que permite albergar millones de imágenes en un mismo es pacio — a diferencia de la página — , no impone ningún tipo de fractura tanto en la lectura como en la continuidad de los discursos visuales — a diferencia de la televisión — . Los actuales soportes relacionados con el entorno digital han empezado a apuntar una nueva forma de trabajo con las fuentes visuales. Primero, porque permiten relacionar coherentemente diversos instantes dentro de un proceso, facilitando la tarea de crear discursos visuales a partir de la organización de todo el corpus fotográfico del que disponemos , para nuestro caso de las imágenes históricas sobre el republicanismo español ; y segundo, porque esta renovada tarea, sobre la que intentamos justificar gran parte de nuestra investigación exige de la creatividad y del esfuerzo de todo aquel que pretenda hacer memoria en el soporte digital. De la síntesis que proponemos entre fotografía y soporte digital , surge la propuesta que reivindica un nuevo discurso histórico fundado en la imagen, sin desmerecer a otros recursos que pueden igualmente aprov echarse sobre los nue vos soportes. Lo viejo y lo nuevo se unen así para procurar algo distinto, pero participando de la naturaleza de las dos manifestaciones y en la medida en la que ambas pueden beneficiarse conjuntamente de las cualidades y versatilidad de cada uno. La adecuación de estos discursos en el soporte digital ? en el que además podemos incorporar todo tipo de recursos del tipo del lenguaje hablado, escrito, imágenes y sonidos ? , no obedecen a un capricho académ ico por la novedad que comporta e ste medio , sino porque no sólo permiten construir procesos históricos fundamentados en las fuentes visuales en una estructura narrativa coherente y con grandes aportes de potencialidad significativa, sino porque además, posibilitan una interactividad y un flujo diverso del discurso dentro del entorno que se conoce como multimedia . De esta manera y operando desde el soporte digital, tanto los signos lingüísticos como los no lingüísticos pueden ser elementos integrantes de un texto, es decir sólo si se entie nde por texto lo que su raíz etimológica designa como "tejer", un tejido o hilado de signos de variada naturaleza que constituyen un todo significante. Cada recurso se contempla como una hebra con la que podemos urdir nuestro discurso, en algunos casos pre valecerá la imagen para trans mitir ciertas ideas, para explotar determinados conceptos, y en otros momentos la palabra, tanto escrita como escuchada, servirá para articular otros con tenidos del mismo discurso. Ante tales elementos de creación, el histori ador puede contemplar de esta manera nuevas fórmulas de escritura, renovar, si así lo estima oportuno, las preexistentes en cuanto a lo que se refiere a su organización, para que, finalmente, la imagen se convierta en la nueva tinta con la que podamos hace r historia en un nuevo entorno que propician las tecnologías digitales. Para definir el diseño de la estructura multimedia recurrimos a la figura de las metáforas de la memoria, que resumen cada uno de los accesos a los distintos recorridos que configuran la arquitectura de nuestro discurso visual. El soporte digital, aunque permite la lectura multilineal y no dirigida, no exime de presentar un comienzo con distintos arranques que resolvemos mediante este recurso. De esta forma, presentamos un libro en el que se integran distintos recorridos vis uales del movimiento republicano en España durante el siglo XX que permite ser leído de distintas formas. Una obra con la que el lector mantiene una relación distinta a la que ha seguido en otros soportes de lectura, pero que no le es ajena ya que se asemeja a la s formas de discurrir que presenta n otros entornos multimedia . El resultado visible de nuestra propuesta investigadora se concreta en la presentación de una serie de metáforas de la memoria de l republicanismo español , que encierran los distintos recorridos visuales que componen la obr a multimedia en soporte digital. Las metáforas empleadas se basan en la concepción del espacio y el tiempo a través de la fotografía, que se adecúan al devenir histórico que p retendemos recrear gracias a la conexión entre instantes, pero también a la relación entre personajes, objetos y lugares, generando posibilidades para conformar los recorridos por la memoria de la República española . En la actualidad se ha evolucionado ta nto en la utilización y fusión de los distintos medios que ya no se habla, o escasamente, en el entorno digital de productos audiovisuales sino, más bien, de ediciones multimedia. En este sentido, podemos concluir diciendo que las creaciones multimedia son el resultado de intentar unir e integrar las ventajas expositivas de los medios audiovisuales con la posibilidad de control y organización de la información que ofrece la informática. Ante este hecho, la imagen se está se convirtiendo en una manifestación potente en el entorno multimedia al combinar lo visual con recursos textuales y auditivos. La adición de imagen y sonido a los sistemas informáticos ha sido uno de los avances más significativos de la computación de los últimos años, con un impacto en nue stra cultura que, probablemente, será mucho mayor que todas las predicciones que en la década de los setenta y ochenta auguraban a la Inteligencia Artificial. Las propiedades de la imagen se ven potenciadas hasta el punto que permiten generar un nuevo disc urso, en el que se integran a la vez imagen, texto, sonido etc., es decir la mayoría de los elementos que disponen los medios audiovisuales. Esta condición permite extraer de la imagen unas posibilidades, quizás sospechadas por la capacidad de sugerencia q ue siempre ha tenido, pero nunca explotadas con anterioridad. Es por ello que, cada vez con más urgencia, estos entornos necesitan de una dimensión humanística y se complementen con unos contenidos adecuados al rigor que han mantenido disciplinas como la Historia en otros medios. De no ser así, nos mantendremos maravillados con la tecnología y las prestaciones que conlleva el entorno multimedia, de una forma parecida a cómo otras tecnologías, como el libro, irrumpieron en su momento sin que fueran atendida s sus potencialidades. Esta coyuntura nos brinda, por tanto, la posibilidad de escribir nuevos libros que en el espacio digital se hacen multimedia, ya que no existe impedimento material para que congenien texto, imagen y sonido, y ante los que sólo queda definir la tarea del autor, en la medida que sepa dosificar y distribuir la presencia de cada uno de ellos en esta nueva estructura. Referencias bibliográficas DÍAZ BARRADO, Mario P. (coord. ), (1996), Imagen e Historia , en Revista Ayer , nº 24 . 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El Diario de Jerez se “public aba con censura eclesiástica”, mientras que Don Fasti dio , un periódico satírico que sólo había sacado dos números a la calle era definido como, “un libelo que inspiran determinadas personas de todas conocidas y de todos señaladas por sus actos indignos y despreciables” 36 . No faltaban, por otra parte, las críticas a los políticos m onárquicos que gobernaban la ciudad, que eran d efini dos como “una odiosa pl aga del caciquismo clerical y reaccionario” que estaba aniquilando a España y que tenía en Jerez, “la más repugnantes de sus manifestaciones” 37 . Sin embargo, enfrasca dos de ll eno en la lucha polí tica y habiendo perdido g ran p arte de la influen cia qu e tuvieron entre los t rabajadores en el J erez de entre siglos, por l a competencia d el sindical ismo de clase qu e practicaban u getistas y cen etistas, para los republicanos jerezanos l a prensa o brera habí a dejado de ser un preocupación prioritaria, porque lo que les interesaba, de form a exclusiva, era el combate polít ico con los monárquicos. Los y a veteranos di rigentes del republicanismo local l o que pre tendían ahora era s er concejales en el A y untamiento o diputados a Cortes y sus apoyos en el movimiento obre ro se lim itaban a concretos sectores de la “aristocr acia obrera” relacionados con el m undo del vi no. La etiqueta de “obrero” había qu edado ya para sus correligionarios más jóv enes. Si a esta circunstancia l e unimos el hecho de que una nueva prensa “obrera” va a empezar a publicarse en la c iudad de la mano de la s organizaciones uge tistas locales, a través de El Martillo- en su s egunda época- y Fuerza Obrera, era evidente que l a pr ensa obrera republicana tenía sus dí as contados y 35 Ibíd em., p. 2. 36 Ibíde m. 37 Suplemento al nº 23 de Alma Reb elde, titulado “El con flicto de Jerez”, donde recogía la noticia que daba sobre los prob lemas municipales d e la po blación el diario republicano E l País, q u e se editab a en Madrid , en sus número s 8.7 84 y 8.785 . “La palabra…”. Diego Caro. UCA. 15 no t ardaría en d esaparecer en la segunda década del siglo XX, cuando Alma Rebelde dejó de publicarse. BIBLIOGRAFÍA.- -Arcas, F. (1985). El republ icanismo malagueño durante la Restauració n( 1875-1923 ). Córdoba. A y untamiento de Córdoba. -Calero, A. M. (1973). Historia del movimien to obrero en Granada, 1909-1923. Madrid. Editorial Tecnos. -Caro, D. (1990). 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El d iscu rso r epublicano en lín ea tiene en c uenta las referencias que la prensa hace a la te mática republicana, tal y como indica que en la mayoría de ellas exis ta un enlace con un dossier de prensa. Índice de epígrafes: 1. Introducción 2. Presupuesto 3. Hi pótesis d e t rabajo 4. Primera reflexi ón 5. We b, política y comunicació n. 6. Objetivos 7. Mét odo de búsqueda 8. Resultados 9. Conclusiones 10. Bibl iograf ía y pá g i nas web 1. Introducción Los condicionantes sociopolíticos derivados del devenir histórico contemporáneo de España han propiciado un t ratamiento social de la Repúbl ica, como modelo de Est ado, y del republicanis mo, como opción ideloló g ico-política, coercitivo y hasta maniqueo, mas bie n alejadas de una s ituación de libertad y normalización de la vida pública. Los si glos X IX y X X han acog ido en el país dos etapas republicanas convulsas, además de br eves: la Prime ra República, datada entre febrero d e 1873 y diciembre de 1874, y la Segunda R epública, de abril de 193 1 a j ulio de 1939. Ambas estuvieron precedidas o seguidas de hondas y graves d esestabilizaciones so ciopolíti cas, con 2 conflictos bélicos de calibre hist órico como la Revolución de 1868, la Dictadura de Primo de Rivera, la G uerra Civil y la Dictadura de Franco. Conflict os que no se zanjaron con su resolució n política o militar, sino que han i do creando un p oso de recelo mutuo, ori ginando l o que ha quedado en la memoria colectiva co mo el conflicto de “las dos Españas” –llámense la progresista y la conse rvadora, la liberal y la absoluti sta, la proletaria y la oligárquica caciquil, o l a republicana y la monárquica–. Este estado secula r de co sas ha t enido una pro y ección trascendental en el ámbito de las mentalidades, ll ega ndo a convertir el te ma “República y republi canismo en España” en uno de l os asuntos tabú de m ás ardua superación social; t abú p olítico como también lo fueron en sus momentos históricos la e xpulsi ón de los judíos, las pérdidas d e las últimas colonias, la Guerra Civil, el exili o de la posguerra o el co munismo. Los resultados de numerosas investigaciones per miten afirmar que los medios de comunicación so cial a ctúan en la conformación de la mem oria c olectiva. En a lgunos ámbitos territoriales llegan a hacerlo de manera decisiva, contrapesando el proceso de globalización con reacci ones identit arias re g ional es. En el siglo XIX y dur ante el primer tercio del XX fue la Prensa, luego se le un e la ra dio y más tarde la televi sión; en estos casos, prensa , radio y televisión son verdaderas h erramientas ideológico-identitarias al servicio de partidos polít icos de corte nacionalista con cot as de poder. Ahora, desde hace una es casa quin cena de años, s e les suma Internet, la Red d e r edes en tanto que fenómeno comunicativo social amplio y atípico. 2. Presupuesto de partida Desde q ue s e establece el reconoci miento del valor y de las exp ectativas de la W o rld W i de W eb ( WWW ), la red electrónica mundial, los i ndividuos y l as sociedades han ido siendo partícipes de lo que se ha deno minado por algunos autores “revolución silenciosa”; u n térm ino que se p ropone co mo cont raste con la forma y las repercusiones y cambios, c aracterísticos de l a Revolución i ndustrial, dentro de una nueva R evolución Mundial, en palabras de Raúl Trejo (1996). Desde enton ces, la glob alización, dis par como ha quedado d emostrado en numerosos estudios , se ha di sparado con abundancia de direcciones, foros, servicios y espacios cada vez má s di versificados, que h an pasado a s er i ncontrolables a pesar de los 3 localizadores o busca dores. De ahí la importancia d e que se investigue pa rceladamente sobre las p áginas w eb, i dea que sub y a ce en la j ustificación y objetivos de la p resente comunicación, centrada en c ontribuir a ampliar l os conocimientos sobre la República y el republicanis mo en Es paña, y su re percusión gracias a los recursos multimedia de la Red. Ést e sería el propósit o de la presente comunicación, centrada en acercar la percepción de una realidad ideoló gico-política por la opinión púb lica usuaria de Internet, un cibere spaci o en donde las car acterísticas de la interac tividad, según la definición de Derrick De Kerckhove (1999), ofrece la posibilidad d e seleccionar contenidos, acorde con la fragmentación de las audiencias con intereses diversos, y a experimentada en otros medios de comunicaci ón. Tal cualidad genera imágenes fraccionadas y t ransitorias; unas informaciones tal vez inconex as que es oportuno investi g ar. Además, el p resente trabajo se en marca en las posibili dades de la virtualización, entendida desde l a perspectiva d e Pierre Lév y (1999), quien estima qu e su principal efecto es la separación o desterritorialización de lo s contenidos a t ravés de l as redes, cualidad que aporta gran si g nificado pa ra afront ar el asunto que nos ocupa en estas páginas. El análisis de l as pá g inas web dedicadas al repub licanismo en Españ a –en especial a la III República como pro yección hipot ética de un s entir que y a no se o culta por el ciudadano y l a s ociedad– p er mite, en de finitiva, inda gar en un a for ma particula r de activismo soci al, y en un canal abier to d e tr ansmisión de i deolo g ía política apo yada en Internet. Así, en estas páginas se pretende aportar algunos datos sobre lo que sugieren las innovaciones comunicativas a una sociedad in mersa cada ve z más en la Red, tal y como preconizaban en clave o ptimista autores como Nicholas Negroponte (1 999) 1 , Ignacio Ramonet (1998) 2 , Manuel Castell s (2001) 3 o Javier Cre mades (2001) 4 , y muestra John V. Pavlik (2005) en el caso del periodismo presen te 5 . 1 Negrop onte, N. (19 99). El mundo digital. Un futuro q ue ya ha llegado . Edicion es B, Barcel ona. 2 Ram one t, I. (e d.) (1998 ). In ternet, el mund o q ue lleg a. Los n uevo s camino s de la comu nicación . Alianza Edit orial, Mad rid. 3 Cast ells, M. (2001). La galaxia I nternet . Pla za & Ja nés, Barcel ona. 4 Crem ades , J . (2001). El pa raíso digital. Claves p ara entend er la revolució n de I nternet y la s telecomu nicac iones . Pla za & Janés Editore s, Barcelon a. 5 P avlik, J .V. (2005). El pe riodismo y los n uevo s med ios d e co munic ación . Paidós Com uni cación, Barcel ona. 4 3. Hipótesis de trabajo Es l a relación entre “República y republicanismo en España”, por un lado, e Internet, po r otro, a lo qu e mira esta comunicación. La obs ervación del discurso vertido en la Red en los últimos tiempos permite plantea r la hipótesis de trabajo si guie nte: las características comunicol ógicas de Internet han contribuido a erosionar y r educir d e forma sust ancial el c arácter d e tabú de l a ideolo gía republicana e n Esp aña. C uando decimos c aracterísticas comunicológicas no s referimos en especial a do s de ellas: el anonimato y la falta de control y c ensura de los contenidos verti dos en la Red, y d el comportamiento espontá neo y desinhi bido de sus usuarios. Mientras que cuando hablamos de tabú nos re ferimos a vetos de r aíz antropoló g i ca, cultural o i deológica de definición sintetizada en la acepción 1 del Diccionario de la Real Academia Española: « C ondi ción de las personas, instituciones y co sas a las qu e no es lícito censurar o mencionar.». Hablamos, pues, de aquello a lo que no pudiéndose referir na die de forma explícita, lo alude con circunloquio s y eufemismos. 4. Primera reflexión La consecución d e una tarea de investi gación de esta índol e obli ga a varias reflexiones. L a pri mera de ellas consis te en saberse inmerso en una tar ea q ue es g radual y procesal, i mposible q ue sea definit iva, ínt egra o completa, puesto que es más que consabido el riesgo de las afirmaciones d eterminis tas en un ámbito co mo es e l de Internet, que es el cambi ante de las Nuev as Tecnolo gía s y , por consiguiente, de ca mbios conceptuales y estructurales de sus usos. Es por ello que el presente trabajo pretende aportar un a persp ectiva ambicios a, pero pl enamente consciente de q ue cualquier conclusión e invitación a la reflexión se circuns cribe en retos para futur os trabajos de profundización. La tarea de d escripción que plantea mos está fund amentada en l a premisa de que la tecnolo g ía, las pos ibilidades que b rinda, ta mbién avanzan por d elante de los lo g ros de las investi ga ciones como la qu e aquí se aborda. En ese sentido, las web, cualquie r trabajo que q uiera centrarse en ellas, por el momento, se en cuentra íntim amente l igado, desde nuestr a pe rspectiva, a los cambios s upuestos en l a comunicación social periodística convenciona l. Esto es, en el análisis de sus crisis y de sus andares pa ra mantener su vigencia e interés gracias a acuerdos tácitos, en una p rimera instancia, pe ro 5 más explícitos rec ientemente, con los re volucionarios sistemas de información más ‘individualizados’ c omo son los we blog s, c on los que enlaza n de sde sus edicione s digitales. En cualquier caso, muchas de las pr emisas p ara l a reflexi ón parten de la consideración de la ex istenc ia de una sobreabundancia infor mativa, que es tá presente en la socied ad desd e la últi ma déc ada del p asado si glo y de todas sus posi bilidades que conforman un panorama de cierta incerti dumbre. Son num erosas las aportaciones sobre este t érmino, que nos atreve mos a resumir en la s i g uiente i dea: la consideración de que es t an ex traordinario el a vance científico que llega desde las nuevas tecnol ogías que no camina paulatinamente en el avanc e social y con la reflexión sobre hacia dónde han de encaminarse los contenidos, dado el ámbito de la l ibertad en que se promueven. Los últimos años han su puesto, desde esta perspectiva, que ex ista una tendencia a plantear y pensa r l a comunicación con los pa rámetros de anti guos esquemas. Esta reflexión primera, po r tanto, ha servido p ara darnos pistas de pens amientos nuevos para ahondar en las pá ginas web. Pero, no queremos sustraernos en ni ngún sentido a l a influencia de nu merosos pensadores d e la a ctualidad que nos han il ustrado sobre esta dicotomía. 5. Web, política y comunicación En su confer encia titulad a “Idea de Eu ropa” 6 St einer reflex iona sobre lo s od ios y las reivindi caciones r egionalistas que han asolado a Europa, para adentrarse en u na reflexión sintética sobre la uniformización y la universalidad p ropugnada con la globalización a t ravés de I nternet. Sin emb argo, desde su p arecer afirma qu e ese ideal es sólo una parte de la realidad. Más halagüeñas son otras consideraciones sobre l as posibili dades de la W WW. Así, el trabajo de Lévy plantea desde su reflex ión una perspectiva de l a que denomina Ciberdemocracia y cuestiona: “¿Y qui én habría p odido prever el W o rld W id e W eb, en las décadas ante riores a su aparición, salvo un puñado de filósofos y sabios , de 6 Pa rafr aseamos el cont enido de su int ervenció n en l a XII Confer encia Nexus Institute , edit ada ínt egrament e por Siru ela, en una edició n prolo gada por el escritor Ma rio Va rgas Llos a. 6 delirantes in genieros y s urrealistas pensado res?” (2004, 16), en una clara postura de las ventajas que aporta desde la introducción de su ensa y o sobre filosofía y política. Además, el mism o auto r ase gura: “[…] nos est amos diri gie ndo a gran velocidad a una situación en la q ue todos los documentos y mensajes producido s por nuestra especie acabarán for mando virtualmente parte de un único y ex clusivo metatexto planetario. Este tejido vi viente, o esfera del e spíritu, t ermina rá por materializar la “cultura” o el “ horizonte de s entido” huma no, que estará co mpuesto del entrecruzamiento activo y la i nterconexión de manera cr eativa d e la tota lidad de las voces” (Lév y , 2 004, 24). Ubicado en esa s concepciones e l mismo autor apuntala las ideas de que la democracia y el cib erespacio están irremediablemente li gados, porque comparten las aspiraciones a la libertad y el pod er creativo de la conciencia colectiva. Esa conciencia colectiva, también en pro ceso, se fundamenta a la ve z en l a conjugación d e dos factores: la capacidad de pr oducir, registrar, ut ilizar y transferir información; y en la conciencia de la interdependencia. Por otra parte, todos l os supuestos del ámbito de la ciberdemocracia se basan, consecuentemente, en la superación d e una información jerarquizada d esde los m edios de comuni cación y en la transformación necesaria en un siste ma de comunicación hori zontal. De es ta forma, uno de los principales puntos de apo y o, que ta mbién –como se exp one en la hip ótesis de trabajo– analiz amos aquí, está basada en la pro gresiva li beración de la palabra y d el discurso: “ […] ahora el ciberciudadano pued e descubrir en l a red un a multitud de i deas y propuestas que jamás habría ima g inado conoc er de no m antener al guna implicación con ell a” (2004, 46). De ahí el postulado del presente trabajo: “del tabú a la normalización” para a frontar la difusión de la R epública y el republicanis mo en nuestro país a través de las web. En cualquier caso, todo se ma nifiesta en un enjambre de posiciones en las que las perplejidades y l as nu evas perspectivas d e una auténtica política en la red, en l a que se diseñan la movilización social y los movimientos sociales. Nuestras perspectivas analíti cas, por otra p arte, no deben obvia r las consideraciones abordadas desde la comunicación social tradicional y su s medios de 7 comunicación consolida dos, y están obli gadas también a las apo rtaciones de qui enes hacen propuestas para una información de calidad a través del soporte Internet. Paralelamente a la difus ión y normalización del us o de las posibilid ades de la globalización, los m edios de comunicación se han acercado a e sas posi bilidades, c on consecuencias, ent re ot ras, harto estud iadas, la concentración de medios . Ramonet (2005) asegura que “el ‘cuarto p oder’ mediát ico no puede hacer co mprender la mundialización, puesto que él es pro pa gandista y actor princip al”. De e sta mane ra propugna la i dea de qu e se hace necesario un “quinto poder” cuya fun ción sería l a de denunciar el supe rpoder de los medios de comunicación, de los grandes grupos mediáticos, cómplices y difusores de la globalizac ión liberal. La comunicación, por tanto, se entiende inmersa en un factor industrial, promovida por una ven eración a la tecnolo gía (Montesa, 2005, 58). Marco en el que también se desarrollan l as páginas web analizad as, y en el qu e está la sombra de la proliferación pero tambi én las múltipl es dificultades del ma ntenimiento y actualización de esos portales par a la difusión de ideas de cualquier índole, siempre de sde el criterio de que la información exi ge renovación const ante y no vedad co mo concept os heredados de los conceptos de comunicación social tr adicional. 6. Objetivos El objetivo trazado en est e estudio es inda gar en las pá ginas web españolas más señaladas por sus contenidos , enfoques, formatos y autores dedicadas a la República y al republicanismo en e l país. Interesa datar sus inicios, conocer sus propósit os ideológicos y pol íticos, su vinculación a inst ituciones, asociaciones u o rganismos, o saber s i, por el contrari o, p redomina el carácter indivi dual en s u autoría . Otros da tos orientativos s on el númer o d e visitas por aportar una estimación relativa de su incidencia, y l os enlaces p roporcionados de pá g inas si milares. Observaremos asim ismo la posib ilidad de interacti vidad que ofrecen sus autores a los internautas a través de correos electrónicos, chats , foros, blogs , w eblogs o bitácoras. INFORMA CIÓN, OPINIÓN Y PR OPAGAN DA EN LA PRENSA DEL SUR DE GA LICIA DUR ANTE LAS ELECC IONES DE LA II REPÚBLICA 1936 (I) 1 EN PON TEVEDRA: FARO DE V I GO Emma To rres Ro may y Féli x Bla nco Gonzá lez (Universidad de Vigo) ÍNDICE 1. CONTEXTUALIZACIÓN, HI PÓTESIS Y OBJETO DE ESTUDIO 2. ESTRUCTURA Y CONTENIDOS DE L FARO DE VIGO 3. INFORMACIÓN Y OPINIÓN POLÍTICA EN FARO DE VIGO 3.1. Información electoral 3.2. La opin ión política 3.3. La fotograf ía de contenido político. 4. LA JORNADA ELECTORAL Y SUS CONSECUENCIAS 1. CONTEXTUALIZACIÓN, H IPÓTESIS Y OBJ ETO DE ESTUDIO. El 16 d e febrero de 1936 tuvieron l ugar las que s erían las últi mas elecciones de la República en España. Estos comicios se produce n en un momento socio-políti co especialmente delicado, e incluso después de su celebración, y tras confirmar la victoria del Frente Popular, se demostró que el país era un polv orín que aca bó por e stallar. En este p anorama, l a prensa “de p rovincias” era un instrumento m ás de transmisión no sólo de informaciones y opini ones políticas, sino también de propaganda. En el caso de Ga licia, el panor ama mediático del 36 contaba con numerosas c abeceras en las cuatro provincias. N uestra p retensión es ana lizar los dos periódicos de refere ncia qu e se pu blicaban en el su r de Galicia a co mienzos de ese año, centrándon os en el trata miento otorgad o a las elecciones. Par a este fin, se determinarán cuáles eran las principales publicaciones de Ourense y Pontevedra. En el caso de Ourense , la prensa diari a durante la Segunda Repúblic a tuvo su mayor exponente en el diario La Región, que se consolidó como diario de referencia de la provincia. Precisamente en este año, 1936, este periódico no tenía más competidores en l a ciudad de las Burgas que el diario “calvos otelista” Gali cia (19 30-1937), el semanario d e los lunes Heraldo de Galicia (1930-1936) y La Z arpa, diario de los agrarios gallegos, fundado por el cura orensano Basilio Álvarez. 1 Por cuestio nes técnicas el present e trabajo se ha dividi do en dos comunicaciones. En la primera se abordan los aspectos metodol ógicos del estudio y se centran en el ca so de Po ntevedra, tomando como referencia el perió dico Faro de Vigo. Mientras, en la segunda, se realiza lo p rop io co n La R egión d e Ourense, ad em ás d e inclu irse las conclusiones y la base bibl iográf i ca e mpleada para la investigación. En lo referido a l a provincia de Pontevedra, es in discutible el fundamental papel del Faro de Vi go que, c omo diario De cano de l a Prensa gallega, supone un referente importante par a c onocer cómo se estaban viviendo estos comicios en la re gión. P ero además de Faro, no debemos pasa r por alto Diari o de Pontevedra como diario fundamental de la ciudad del Lérez. J unto a estas publicaciones t enemos que hacer mención a El Paí s, periódico republicano de la tarde editado en Pon tevedra y qu e venía a sustituir, desde 1933 a El Pueblo . Tomando como referencia fundamental L a Región y el Faro de Vigo en Ourense y Pont evedra, respectivamente, se realizará un análisis de la cobertura i nformativa pre y post-electoral en tod as l as cab eceras mencionadas , acotando di cho estudi o en el m es de febrero de 1936 que es el que se tomará como bas e para poner en marcha el análisis. A partir de la recopilación de datos, el mencionado análisis se realizará estructurando los contenid os en dos ejes básicos: la información y la opini ón. L a diferencia entre ambas radicará, en muchas ocas iones, en criterios de for ma, más que contenido. En cualquier caso, el objetivo fin al es in tentar identif icar ele mentos propagand ísticos em itid os desde estos medios, q ue condi cionarán el posicionamento político de los mismos y que, por lo tanto, pod rían haber i nfluído en l a op inión pú blica de aqu ellos mome ntos. De esta forma, t ambién aportaremos algunas ideas sobre el papel de la prensa en el sur d e Galicia durante la II República. Esta investigación permi tirá realizar aportaciones sobre el estudio histórico del tratamiento mediático de l os procesos electorales que, en caso de Esp aña, no cuentan con demasiada bibliografía de r eferencia. Ademá s, nos centramos en Gali cia, donde la comunicación política cuenta con particularidades con respecto al resto del país 2 . Son numerosos los estudios que destacan qu e los acontecimientos de la primavera del 36 que d esencadenaron en la Gu erra C ivil deben ser analizados desde una perspectiva mu y anterior, es decir, teniendo en cuenta todo el proceso el ectoral vivido en febrero sobre todo p or la importancia de “la propa ganda que los distintos grupos políticos util izaron, ponie ndo especial atención en la viol encia del lenguaje empleado” 3 De esta forma, parece confirmarse la importancia de estas elecciones, que no sólo se refiere a l a transcedencia posterior de las mismas sino al hecho de que, después de ellas, fue necesario esperar 40 años para la celebración de otras, con la gran diferencia de haber pasado por una dictadura y llegar a una monarquia const itucional. 2 nacionalis mo, regio nalis m o, pe riferia, etc. 2. ESTRUCTURA Y CO NTENIDOS DEL FARO DE VIG O Faro de Vigo s e presentaba, y a en 1936 como el “Diario decano d e la prens a de Galicia y el de m a y or ci rculación”. En esas fechas contaba con una serie de secciones fijas p ero que no se publ icaban siempre en las mismas p ágina s. En concre to solía publicar doce pá ginas entre las que incluía espacios dedicados a “info rmación del extranjero”; “información de P ontevedra”; “i nformación reli giosa”; “actualidades viguesas” o “vida ob rera” teniendo espe cial i mportancia la información que podemos considerar de servicio, como podí a ser la dedicada a los horarios del transporte marítimo entre Vigo y C angas, una a genda cultur al, o la programación radiofónic a. No p odemos tampoco p asar por alto las fotogra fías d e Pacheco 4 , que este per iódico se enc argaba d e publicar, casi de forma diaria, en su portada. No se trata de fotoperiodi smo entendido desde una perspectiva actual, sino de fotos de lugares de la provincia a mod o de postal. Pero si nos centramos más concretamente en los contenidos que se inclu yen en dichas secciones, tenem os que llamar especialmente la atenc ión sobre el hecho de que los comentarios “reco gidos” de la p rensa madril eña t enían m ucha im portancia en el periódico que los colocaba como eje ce ntral de la información nacional. Entre las cabeceras que se tomaba n como referencia estaban periódicos de ideología y con fesión muy diversa pero que tenían en común la preemin encia de la información políti ca. Estas referencias a periódicos “de la capital” junto, a la información “Telegráfica y telefónica” de la Agencia Manch eta subtitulada como “informa ción de Madrid” e ran, por lo tanto, las principales fuentes d e la información nacional y, por extensió n, de la información política. E ran noticias que se elabo raban de forma directa por el per iódico que sólo contab a con información dire cta d e asuntos locales o regionales. Precisamente, debemos incidir en que la importancia dada a la i nformación de Madrid no suponía que el Faro s e olvidara de l as noticias locales y pr ovinciales. De h echo, la i nformación procedente de instit uciones políti cas más p róx imas tenía una especial p resencia y aún que no solía ocupar el titular de la portada (que era sólo uno) s i estaba en el resumen que se incluí a b ajo el titu lar. Para la cabecera se reservaban decisi ones que im plicaban a todo el país o, en su defecto, a la capital del Estado 5 . 3 BEJARANO GONZÁLEZ-SENRA, C. (20 05 ) “Sobre la propaganda electoral en las elecciones de 1 936” en Revista de Aula de Letras, Humanidades y Enseñanza. http://www .auladel etras.net/revista 4 Xaime Pacheco fue co rresponsal de Faro de V igo, El Pueblo Ga llego, Abc, Blanco y Negro, Cifra, Marca... Los fondos del d enom inado “Archivo Pacheco” son amplisímos tanto en t rabajo de estudio como en reportajes. 5 E n alguno s casos resulta chocant e enco ntrar titu lares como “S e ha pub licado la cand idatu ra d erechista p or Madr id”, con su correspondiente subtítulo explicando dicha candidatura (en Faro d e Vigo. 5 f ebrero 1936. P ág 1. Ta l f ue la importancia dada a este grupo político que incluso se reprodució la lista íntegra de los candidatos en primera página) 3. INFORMACI ÓN Y OPINIÓN POLÍTICA EN FARO DE VIGO Lo fundamental que tenemos que evaluar en este periódico es, evidentemente, la cobertura informativa r ealizada sobre las elecciones. Est as se convir tieron en el principal tema de los primeros meses de 1936 ocupando todas las port adas del Faro de Vigo. L a crisis del Go bierno de Lerroux y los líderes del Partido Radical quedó definitivamente confi rmada con el escándalo suscitado por la corrupción, lo que provocó la c onvocatoria de unas elec ciones a nticipadas en un ma rco socio-político especialmente delica do. En Faro de Vigo se le da mucha i mportancia a l a información pre-electoral: se trataba de unos comicios fundamenta les para la República. En el resumen de l a prensa d e Madrid publicado el 26 de enero se recoge la afir mación de El Liberal señalando qu e en estas elecciones “el dil ema es: o con la R epúbli ca o contra la República”. En este co ntexto , lo primero que debemos ha cer pa ra l levar a cabo el análisis es diferenciar ent re información y op inión, para después hacer re ferencia a las fotografías y, concretamente, a la cobertura hecha de la jornada electoral. 3.1. Información electoral el Faro de Vigo La i nformación referida a las elecciones va siend o m ás amplia a medida que se acerca la fecha de los comi cios y , al mismo t iempo, también van incrementando la variedad de temas dent ro de lo electoral. De esta forma, unos dí as antes de l as votaciones l os incidentes, detenciones y agresione s que se producen en distintos lugare s de Espa ña f ormarán también parte de la informa ción política. También es de stacable que, ante el aumento d e l as not icias referidas a lo electoral, desde comienz os d el mes s e crea una nueva sección d enominada “ Ante las pró xi mas elecciones: un a i mpresión de l a jornada política”. En la m isma, se hace un repaso por los distint os actos electorales e incidencias relacionadas con los comicios en tod a la geografía española. En cualquier caso, y como y a hemos s eñalado, el aumento de l a i nformación el ectoral p rovoca que la mayor parte del periódico este centrada en el tem a. Desde ot ro punto de vista, también es importante difere nciar entre l a información de pol ítica n acional, l a ma yor parte e xtraída de la prensa de M adrid, y l a de política local. En este últim o caso encontramos que el periódico le dedica menos espacio. De h echo, resu lta curioso encontrar info rmaciones sobr e la presentación de candidatos de Acción Popular en Madrid en la portada, mi entras que lo referido a Vigo o Pontevedra se r eserva par a páginas interiore s. Esto no quiere decir que no se le diera importancia a los asunt os locales, y a que los ac ontecimientos de este ti po siempre estaban presentes, pero por detrás de las informa ciones sobre asuntos nacionales. También debemos referi rnos a la atención prestada a los distint os partidos concurrentes a las elecciones. En los primeros dí as de febrero, las noticias parecían centrarse tan s ólo en los partidos de derechas pero , según av anzan l os dí as, van teniendo más cabida l as izquierdas, hasta dar una apari encia d e equil ibrio. Com o ejemplo, podemos mencionar la página 10 del día 11 de febrero. En ella s e publica una información sobre un mitin de AP en Madrid y ot r a sobre el discurso de Azaña también en Madrid. Lo cie rto es que la prim era in formación ocupa un ma yor espacio, pero el hecho de incluír los titulares a la misma altura transmite cierto equilibrio. Desde un a pe rspectiva formal y teniendo en cu enta un punto de vista actual, resulta llamativa la inexistencia de siglas o ac rónimos para referirse a los partidos y coaliciones que concurrían a l as elecciones 6 , teniendo como única ex cepción, l as siglas JAP, de J uventudes de Acción Popular, i ncluídas en algún ti tular. Además, cuando se referían a los candid atos se hacía empleando nombre y apellidos pero nunca s e identificaba a la formación de la q ue formaba parte, a no ser pequeñas excepciones como las referencias a candidatos “gubernamental es”. Pero, las informaciones recogidas en este periódic o, como en todos los comicios, respondía a tres contenidos básicos: a) Elementos organizativos de las el ecciones: t odo l o relacion ado co n l os dispositivos puestos en mar cha para el correcto desarrollo de la jornada. b) Cuestiones de organización de los partidos: referida s a las disti ntas decisiones internas tomadas por l os partidos o coaliciones que con currían y qu e guar dan relación con alianzas, selección de candidatos o ac ciones de estrategia electoral. c) Declaraciones y activi dades de l os candidatos: lo que supondría la vi sión más externa de la contienda electoral, donde ser haría incapié en la actividad de l a campaña de los políti cos participantes desde el punto de vista de los actos y declaraciones públicas que buscaban captar el voto de los ciudadanos. a) Elementos organizativos de las elecciones 6 Algo m u y di stinto a lo que sucedi ó en las siguientes elecciones democráticas celebradas en España en 1977, como lo que se acabó llamando “sopa de siglas”. Como se pu do com prob ar en el análisis realizado en el trabajo de investigación “Información, prensa e prop aganda na prensa galega durante as primeiras eleccións d a democracia: La Región, Faro de Vigo, El Progreso e La Voz de Galicia” financiada p or la Secretaria X eral d e Relacións cos Medios Informativos de la X unta de G al icia. E sta investigación fue realizada p or el grupo de trabajo c ompuesto po r Xosé Rúas Araújo, Alberto Pen a Rodríguez, Emma T orres Ro may y Félix Blanco González. Agruparíamos aquí toda s aquellas informaciones que facilitan datos relat ivos a los aspec tos electorales que se necesiten conocer para el correc to ejercici o del d erecho al voto. En el análisi s realizado de l as elecciones de 1977, por ejemplo, vimos como t ras 40 años de dictadura, los periódicos necesitaron ejercer una “función educativa” para explicarle a los ciudada nos hasta los mínimos detalles técnicos de l a vot ación. Sin embargo, en el caso de la prensa de este periodo, queda mu y claro qu e no era necesario dar demasiadas instrucciones sobre el funcionamiento de unas elecciones . Los temas relacionados con est e asunto se l imitaban a la reproduc ción de l as normativas electorales 7 o l a enumeración de los candid atos de t oda España, agrupados por provincias 8 , asunto al que el p eriódico le dedica dos pá ginas 9 . El único cambio destacable en estos comicios está en el p aso del sistema de distrit o al de circunscripción. El Faro de Vigo publica una en trevista con el Conde d e Rom anones, donde e ste opina s obre el particular s eñalando que “ (...) la c ircunscripción es más caciquil que el distrito, se envían a las provincias a hombres que las desconocen (...)” 10 . A diferencia de ot ras el ecciones ( actuales) la info rmación publicada en Fa ro de Vigo no permiten establ ecer un calendario d el “ proceso” electoral. El dí a 7 aún h abía listas sin presentar . De hecho, en esta fecha el part ido del Gobierno no hab ía presentado los candidatos por la circunscripción de Madrid, l o que se convirtió en portada 11 . No debemos olvidar que se trataba de unas elecciones celebradas en un contex to socio-político inestable y es a situación fu e la que fa cilitó i nformaciones para este apartado. El Gobi erno se vió obligado a tomar medidas poco habituales para garantizar el correcto des arrollo de l a mis ma. Quizá fue esto lo que llevó al Gobierno a nom brar “delegados de orden público” que a ctuarían en aq uellas localidades en que los alca ldes no ofrecían g arantías de imparcialidad. También fueron frecuentes titula res como “El Gobierno está pr eparado par a garantiz ar la emisió n del sufra gio” e incluso el del dí a antes de las votaciones: “No se podrán llevar arma s aunque se tenga licencia” 12 7 “Las p róxi ma s elecciones. Ident ificación de lo s electores. E l n ombram iento de apo derados” en Faro d e Vig o. 8 de febrero de 1936 . Página 9. 8 “Proclamación d e los candidatos en toda España” en Faro de Vigo. 11 de febrero de 1936. Página 8 . 9 Las listas van acompañadas d e un anuncio p ublicitario con la candidatura encabezada p or Manu el Portela Valladares. Además del anu ncio, tamén se pub lican varias esqu elas y llama la aten ción u na de ell as. Se in formaba del fallecimiento de u n joven de qu e murió “vilmente asesinado”. Se trataba d e un miem bro de la Falange de las J.O.N.S. por lo qu e al pi é d e la esqu ela esta agrupación “ruega a lo s a filiados, si mpatizantes y al p ueblo d e Vigo en general, la asistencia a estos actos fúnebres”. Aunque n o se tienen más datos, tod o parece indicar que el j oven habría fallecido en uno de los m uchos altercados que se estaban p roduciendo. En cualquier caso, sin entrar en con sideraciones éticas, lo que queda patente es cierta in tencionalidad política en la esquela. En Faro de Vigo. 11 febrero 1936. Página 8. 10 “Romanones opina sob re el sistema elec toral” en Fa ro de Vigo. 13 de febrero d e 1936. Página 6. 11 “El Gobierno no p resenta candidatos por Madrid” en Faro de Vigo. 7 de febrero d e 1936. Página 1. 12 “No se podrán lleva r armas aunque se ten ga licencia” en Faro de Vigo. 16 de febrero 1936 . Página 1. b) Cuestiones de organización de los p artidos. Estrategia electoral Uno de los ejes informat ivos de may or importancia en el Faro d e Vi go es aquel que guardaba relación con cuestiones relativas a la estrategia electoral de lo s partidos, es decir, a los m edios que empleban (mítines, manifiestos...) y a los mensajes que difundían. Previamente, debemos establecer quiénes concurrían a los comicios. Sobre este último aspecto, y si tenemos en cuenta las aportaciones de M artínez Sospedra (1996, 246) tenemos que a las elecciones de 1936 se present aron dos grupos básicos: 1. L a der echa , compuesta por un sector más moderado que apo yaba la polít ica de Gil Robles de partici pación en el Gobierno y otro más ex tremista que consideraba imposible y perjudicial t oda colabo ración c on los gobiernos re publicanos y cualquier forma de a catamiento d e la C onstitución. Quedaba al m argen de ambo s un pequeño grupo falangista que, tras la eliminación de Ledesma Ramos, se había agrupado en torno a Primo de R ivera. 2. La i zquierda que s urgió debido a el “descuido” del Gobi erno que no consideraba adversario s importantes a los partidos republicanos de izqui erda y autorizaba cada vez con más frecuencia l a cel ebración de conferencias y actos públ icos con l a i ntervención de sus dirige ntes. Incluso se puede señalar que se cometieron fallos en la gestión del papel de Az aña: “(...) La acu sación cr imina l en las Cor tes co ntra A za ña y Casares Q uiroga fue una t o rpeza política d e las derechas, que así pr opo rcionaban al líder de Iz quierda Republicana la ocas ión de un éxito par lamentario que lo s medios de comunicación hiciero n transcende r a to das p a rtes. A partir d e aquellos momento s ( última semana d e marzo ) la fi gura de Azaña se e ngrande ció y pasó a constituir la pieza clave par a tod a opera ción de unidad que se inte ntara (.. .)” 13 De esta for ma, al rededor de l a fi gura de Azaña se a glutinaron los p artidos de izquierdas que, a pesar de no ll egar a confi gurar nunca un verdadero F rente P opular, incluso después de hab er firmado, en enero de 19 36, el pacto de coalición electoral que lleva es nombre, consiguieron mantener una unión s uficiente para ganar las elecciones. En este campo, el de la unidad de los bloques, los rumores y especulaciones fueron mediáticamente muy importantes. En los p rimeros días de fe brero, por ejemplo, Acción P opular t uvo que encargarse de desmentir uno de esos rumores, desmentido que fue reproducido con detalle en el Faro. En igual tesitura se encontraró la iz quierda. “En las o ficinas d e Acción P opular se han desme ntido los rumores relativos a que hubier an llegado a una intelige ncia elec tor al los señore s Gil Robles y P or tela”. en Faro d e Vig o. 8 d e febrero de 1 936. P ágina 8. “El rumor del d ía ha sido la prob able abstención electo ral de las izquierd as” en Faro d e Vig o. 9 d e febrero de 1 936. P ágina 10. 13 TUÑÓN DE LARA,, Manuel “La España del Fren te P opular” en BELVER, Arturo (coo r.) La Guerra Civil Española: La E spaña del Frente Popular . Barcelona: Folio. Página 17. Pocos días d espués se confirman acuerdos y alianz as que, en muchos casos, fue necesario justificar. Por eso se le dió importancia al discurso de L erroux en B arcelona, donde explicó los mot ivos de la denominada “alianza electoral antirrevolucionaria”. Pero una vez creados los bloques, e i ncluso antes, la propaganda electo ral era crucial p ara la estr ategia electoral de los partidos y los medios de comu nicación eran muy conscientes d e qu e durante este p eriodo serían bomba rdeados con m ensajes persuasivos. Ambos b andos se centraron e n la ar dua tarea d e cons eguir votantes y ambos bandos emplear on todos los medios a su alcance para conv encerlos. Sin embargo, p ara Faro de Vigo l a estrat egia seguida por l a iz quierda siempre era más criticable y así lo expresaba de forma explícit a: “Hay dos maneras de dirigir se a la opinió n pública e n vísperas de la s grandes b atallas electora les, la una fác il y simple sob re manera, es de e fectos seg uros pero fugaces e inútiles para toda empresa seria y estable. Consiste e n deslubrar a las masas co n la perspectiva y p romesa del copio so b otín que d ebe arra ncarse del campo c o ntrario, en el cual no se ve a co mpatr iotas y conciudadanos merecedo res d e estima y cariño, sino enemigos encarnizad os a quienes ha y que condenar a l despo jo , a la exclavit ud, al e xter minio. El señor P ortela Valladar es y sus c o mpañer os de Go bierno han querido hablar un le nguaje más franco” en Faro d e Vig o. 2 d e febrero de 1 936. P ágina 14. Pero el punto fundamental de la estrategia electoral de los pa rtidos, si te nemos en cuenta las informaci ones re cogidas en este periódico, estab a en el empleo de los medios de comuni cación para hacer llegar sus m ensajes a los vot antes. En realidad, existí an importantes restricciones para el uso de ciertos medios de com unicación. El Gobierno había determinado, ya en enero, que nin gún partido podía utiliz ar la radio para difundir l a p ropaganda por ser este un m edio e statal que sólo podía s er utiliz ado por fuentes gubernamentales 14 . También eran significativas l as limit aciones ex istentes en la utiliz ación de los cartel es, ya que debían s er sellados por el Gobierno antes d e s er pegados, de manera que no fueran ofensivos ni c ausaran altercados entre la población. Una norma que, pese a todo, pareció no tener dem asiada aplicación y a que la car telería empleada se caracterizaba, precisamente, por la violencia de su lenguaje. Algo semej ante sucedió con las sup uestas limitaciones que se les puso a los mítines, prohibiendo, entr e ot ras cosas, las críticas al Gobierno, al régimen, al ejército... ejes que se convirtieron en fundamentales en el desarrollo de los mism os. De i gual forma se est ablecía qu e este ti po de actos debían celebrarse en lu gares cerrados, de manera que grupos de ideología distintas no pudieran coincidir caus ando dist urbios. 14 E n esta p rohibición d el uso d e la radio pudo h aber influído la experiencia del fallido int ento de golpe militar co ntra la Rep úbli ca en 1932. Durante el mism o la radio fue un instrumento de lo s sublev ados para d ifundir ma nifiestos, informar del movimiento y, en general, crear un estado de o pinión f avorable a sus in tereses. (Cfr. P iza rroso, A (199 3) Historia d e la p ropaganda. Madrid: Eudem a. P ágina 139) De esta forma, y un a vez comprobada la im portancia de la radio o incluso la torpeza del Gobierno para m an ejarla, debió de parecer necesario limitar su d isponibilidad. Con la mis ma finalidad s e prohibía la exhi bición de banderas, emblemas o uniformes en sitios públicos: “la accidentada vida de la II República no le permi tió ser u n ejemplo de libertad de expresión inmaculada, la censura siguió funcionando. De h echo, las medidas de carácter represivo se prodigaron” 15 . Pero i nsistim os en que los partidos parecían s er mu y cons cientes del importante papel que ju gaba la prensa en la contienda ele ctoral, no sól o por la ausencia de ot ros medios, sino por el propi o poder persuasivo de la misma 16 . Su utilidad no se limitaba tan sólo a la captación de voto sino también, i ncluso con más importancia, a funcionar de elemento de coexi ón interna de las agrupaciones, especialment e a niv el p rovincial. Esta confianza en la p rens a guardaba quiz á relación con el hecho d e que muchos de l os líderes políticos implicados en est as elecciones tenían o habían tenido al guna relación con el periodismo. Tal era el caso de Calvo S otelo, Gil Robles o el propio Lerroux 17 . Por todo esto, d ebemos estudiar la actividad desplegada por los partidos en la prensa que es obj eto de nuestro estudi o pa ra poder así l legar a algún tipo de conclusión sobre la estrategia ele ctoral. P ara ello hare mos referencia a dos elementos que fueron los más destacados en el Faro de V igo: los mítines y los m anifi estos : 1. Mítines: En la prensa los mítines fueron un contenido fundamental que era analizado pormenorizadamente, por esa r azón contamos con muchas referencias, no sólo de los pa rticipantes en los m ismos sino de las interv enciones y di scursos todos ellos caracterizados po r la búsqueda de la exaltación para tr ansmitir miedo al adversario. En todos los casos se exalta al pueblo para que vaya a las urnas y también para que vigile qu e la m anipulación no se produz ca. Pero, sobr e todo, se les ex alta ante la posibilidad de que acabe el régimen republican o y de libertades. A diferencia de lo que ocurría con la infor mación política de los meses anteriores, dond e la referencia a Madrid era fun damental, en el caso de los mí tines tenían ma y or interés para el periódico los celebr ados en G alicia. Tal f ue el caso, po r ejemplo, del mitin de Calvo Sotelo en Santi ago y los posteriores que este mismo 15 Pizarroso Quintero, Alejandro. Op. Cit. Página 16 S obra decir que en la épo ca tod os los partidos tenían un ó rgano de expresión en el que p ublicaban sus ideas y manifiestos, así estaba El Debate como órganoo cedista, a la Unión com o tradicio nalista, etc... 17 Calvo Sotelo canalizaba su activid ad pública durante el exilio a través de sus trab ajos periód isticos “de tinte más polí tico en La Nación , de corte e conómico en Abc, en dond e firma ba con el pseudómino de Máximo. Paralelamente, y en la rev ista Acción Española desarrol laba una t area como comentarista de temas hacend ísticos y d e comerc io” (Soriano Flores, J. (1975, 126)). Gil Robl es había estado vinculado a la redacción d e El Deba te desde comienzos de los años 20. Fue subd irector d e esta c abecera e in cluso, duran te u n breve p eriodo en 1931, su director. El pro pio Lerroux fue redacto r y director de varios p eriódicos co mo el madri leño El País y el barcelonés La Publicidad. Además fund ó ot ros diario s como El Progreso, E l Intran sigente y El Radical. Su exilio en Bruxelas se hab ía deb ido, precisamente, a una artícu lo que fue denunciado. político dió en C oruña y Ferrol, en los que lle gó a tener que p edir dis culpas por el cansancio 18 , algo que nos da datos sobre la ampli a agenda que llevaban los candidatos. En términos generales, referidos a toda Esp aña, fueron m ucho más nu merosos los mítines del Bloque Antirrevolucionar io y a que parecían dispo ner de muchos más medios para ello. En el análisis del Faro de Vigo vemos que esta mayor pr esencia de la derecha también se correspondí an con lo que sucedía en la provincia de Pont evedra. La s crónicas que el pe riódico realiza de los discur sos se estructura en: una descripción del ambient e del lugar donde se cel ebra y un p osterior res umen de las intervenciones de los p arti cipantes, c entrándose en la principal estrella del m ismo, es decir, el polít ico de ma yor peso n acional qu e intervenga. De esas intervenciones, nos quedamos con la idea de q ue en los m ítines se producía una total ausencia de temas de carácter local o p rovincial. Todos los polít icos, de uno u otro bando, centraban sus discursos en asuntos de política “nacional” b asando sus argumentos en la necesidad de defender España, manteneniendo su coexión y e l a taque a los grupos políticos opuestos. La de recha hizo de lo s t érminos religión, f amilia y p atria su p rincipal arma, intentando captar así a un electorado mu y disti nto del que votaría a la izquierdas. Este era el m ensaje qu e difu ndía en sus míti nes y q ue el Faro de Vigo s e encargaba de repetir. Además tambi én buscaban el miedo, haciendo referencia ant e t odo a la intención de lo s socialistas y comunistas, a l os que identificaba con la totalidad del Frente, de separar España e introducir a ésta en las directrices de la URSS y el proceso comenzaría medi ante l a c oncesión d e los Estatut os que convertirían a M adrid en “un corral de vacas y s aldría hierba en la Puerta del Sol ” afirmaciones que se m ueven dentro del alarmismo que es la tónica dominante en estas elecciones. 2. Manifiestos: A demás de la importancia que tenían los mítines, debemos llamar la atención sobre la importancia de los manifiestos. E n este caso, podemos matizar que se trataría, h asta cierto punt o, de un instrumento equivalente a un prog rama electoral actual aunque, evidentemente, mucho más breve, menos estructurado pero que tendría la finalidad de definir, no sólo el posicionami ento del p artido, sino también l as principales medidas de aplicación en caso de ser e legidos, pero poco concretadas. El primer manifiesto que encontra mos en Faro de Vigo es, precisamente, el del Gobierno al que después le sucederían los de otras agrupaciones. El Partido Radical, el segundo que difunde su manifiesto, uti liza un leng uaje m ucho más agresivo q ue el Gobierno: “a la patria en peligro s e le defiend e con armas en l a mano. Y c odo con codo, 18 “Calvo Sotelo pid e disculpas” en Fa ro de Vigo . 2 de febrero d e 1936 . Página 7. Este mismo autor i ntroduce , el 14 de febrero, un tema que décadas más tarde se convertirá en crucial en las posteriores elecciones en Galicia, la emigración: “(...) Es necesario q ue el Estado español les preste el calor de su p rotecc ión en aquellas latitudes y le s pro por cione los medios necesarios para que el produc to de su trabaj o no se desvalor ice a través del ca mbio y las traba s fiscales (.. .)” 32 El otro no mbre que debemos mencionar en la opinión del Faro de Vigo es el de Isidoro Millán, quien se presentaba a las el ecciones por la p rovincia de P ontevedra por la candidatura Republicana d e centro qu e estaba encabezada por M anuel Portela Valladares. Este políti co se arriesga, en los primeros días de febrero, a realizar un análisis de “Galicia en l as elecciones”, teniendo en cuenta las particular idades de l a comunidad autónoma a nte la cita e lectoral. En realidad, M illán t iene una visi ón mu y pesimista de la situación: “(...) Galicia, ta nto o más que el resto para esta colab oración, es r equisito previo i neludib le que cada extre mismo, cada algo de sus pe rjucicio s y e goísmos d e España, nece sita e sfuerzo mancomunado de todos sus h ijo s, pa ra hacer frente a la crítica situación que e stos cala mito sos tiempos le ha n creado y a fin de coincid ir en la fór mula d e inteli gencia y a mistoso ac uerdo q ue satisfaga a todo s sin humillar a nadie (...) ” 33 Pero se puede ent rever la ideología del autor en muchos de sus artículos, ideología d e centro qu e, por lo tanto, crítica a l os principales bloques ele ctorales. Como ejemplo encontramos una en la que analiza la campaña propagandística, criticando los excesos de uno y otro lado. Además, la i dea y a mencionada de de fender a la p atria es otro de los ejes que este autor emplea: “(...) E n nombre d e esta Esp aña, que g uarda de la liber tad de opinión d e todos su s hijo s ha de acadar un id eal superior co m ú n del que no habla nadie. T odas las ideas que vemos in vocad as en las arenga s electorale s lle var la ad ición de un adjetivo r estrictic tivo, la Esp aña b lanca, la r o ja, la negra, la gris. Cad a una d e ell os no sola mente excl uye si nó que e ncade na, a menaza y maldice a la o tra. El triunfo de cualquier a de esas p retendidas Españas es la derr ota de las r estantes; su fortuna y alegría es la r uina y el do lor de las d emás (...) ” 34 . Después d e habla r d e algunos de los tem as t ratados y d e algunos d e los principales autores que tienen esp acio en l a opinión de este p eriódico, tamb ién d ebemos destacar que, desde esa sección, se intenta ejercer una cierta función educadora del electorado. La ma yor p arte d e las columnas, l as recogidas anteriormente y otras, incluían algún tipo de indicación o directriz, sean de tip o formal, o de tipo ideológico: “(...) Consciente de be ser el elector p ara que la pa sión no le engañe. Medite sobre España y ha ga sus d ecor aciones, que de seguro las h ará pensando en su bien, porq ue siente del corazón d e España el d olor d e su quej um bre que la hará reflexio nar. Y cr ea que e l b ien q ue de sea no se 32 LANDÍN, P rudencio “La Gal icia a usente” e n Faro d e Vig o. 14 de febr ero de 1936 . Página 1 . 33 “Galicia a nte las elecc iones” en Faro d e Vig o. 11 de febrero d e 1936 . Página 11. 34 Millán, Isido ro “Por E spaña” en Fa ro de Vigo . 12 de febre ro de 193 6. Página 1. puede co nseguir si nó por acción. Y acció n es s u voto, for ma sensible d e su voluntad y e xp onente de sus ideas ( ...)” 35 Introducimos así otro elemento característico de la opi nión en este periodo, lo que podemos denominar “función ped agógica” ya que en estos a rtículos se pretende educar al elector en uno u otro sentido. En cu alquier caso, l a conclusión fundamental que extraemos del anális is de l a opinión sobre los t emas electorales en Faro de Vigo es que exist ía cierta flexibilidad en sus contenidos, ya que encontra mos colu mnas en uno u otro sentido. Flexibilidad que, además, no sólo se refiere a los contenidos, si no también a la forma y a qu e nos encontramos i ncluso con columnas de opinión en verso 36 y, por supuesto algunos contados ejemplos (3) de humor gráfico. 3.3. La fotograf ía de contenido político en Faro de Vigo La s limitaciones técnicas de la época hacen qu e l a fotografía fuera utilizada con poca asiduidad en la m ayor parte de los p eriódicos. S in embar go, desde un punto d e vista técnico, debemos considerar la gran calid ad de im presión del Faro que, y a en aquellas fechas publi caba im ágenes con un a r esolución mu y aceptable. Muchas de ellas, como y a h emos com entado, se cor respondían c on paisajes o vistas de la p rovincia firmadas por Pache co pero, una vez comenzada la campaña electoral, el periódico también publicó imágenes sobre este tema. I má genes que procedían de dos fuentes: 1. Las fotografías de c arácter local realizadas por personal contratado por el periódico, sobre las que planea la som bra de una intencionalidad pr opagandística, no por la foto propiamente d icha, sino por l os pi és que las acompañaban. Com o ejemplo, el 14 de febrer o se publica una imagen con el si guiente t exto: “Oficinas de la Uni ón Regional de Derechas de Pontevedra en la plena actividad electoral y en la s que trabajan distinguidas señoritas de la capital de la provincia” 37 . También se publican im ágenes d e actos electorales celebrados en Galicia pero estas s on poco numerosas siendo utilizadas, en la ma y or pa rte de los casos para ilustrar la publicidad de alguna de las coaliciones concurrentes, como veremos má s adelante. 2. Las imágenes “ de agencia ” que, sobre to do, recogían el d esarrol lo de campaña en M adrid. Sob re estas quizá lo más dest acable es lo qu e podem os denominar “desubicación informativa” ya que estas nunc a se publicaban en las páginas de información política sino que se colocaba en l as páginas de sociedad o de deportes. Así 35 Méndez Ro dríguez, Gab riel “Ante las elec cio nes” en Fa ro de Vigo . 13 de febr ero de 1936. P ágina 1. 36 Matas, Gr egorio H. “Cousas do d ía” en Fa ro de Vig o. 14 de febrer o d e 1936. Página 5. 37 En Faro de V igo. 14 de febrero d e 193 6. Página 5. podemos encontrarnos, por ejemplo, un grupo de fotografías en l as que, junt o a un “grupo de señoritas tudenses que toman parte en una velada” vemos a “el jefe de la CEDA, señor Gil Robles, pronunciando el sexto discurso” El mencionado referente de Madrid como capital electoral tambi én se dejaba notar en las imágenes. E l Faro de Vi go publicó, entre otras, la fotografía de la fachada del Banco Hispano Americano llena d e carteles electorales o el p residente y los adjunto s de una de las mesas electora les de Mad rid. Incluso, si realizamos un a nálisis más exhaustivo de estas imágenes, también nos damos cuenta de qu e los candidatos de derecha t ienen una ma yor “visibili dad” en este periódico, apareciendo en l a mayor parte de las fotos, frente a la ex cepción de dos imágenes de un mitin de Azaña en Madrid. 4. LA JORNADA ELECTORAL Y S US CONSECUENCIAS La jornada ele ctoral d el 16 de f ebrero iba a desarrollarse en un cli ma de incertidumbre e inestabilidad. El propio día de las votaciones, la edición del Faro de Vigo se abre centrándose en informaciones sob re las medidas de cont rol puestas en marcha por el Gobierno 38 . Además de la importa ncia dada a este tipo de datos, la edición de este día s e co mpletaba con informaciones que p odemos considerar “tópicas ” en una jornada ele ctoral. Ta l es e l caso del editorial (el primer o que en contramos en todo el proceso) en el que s e habla del “Día de la ciudadanía”, en el que se l lama a los españoles a ej ercer su d erecho al voto: “(...) ¡A votar! ¡A votar! lo reclama el propio instinto de supervivencia. Que no se aplique a los ciudadanos de la provincia de Pontevedra aqu ella frase de que el hombre es el único animal que t ropieza dos veces con el mismo obstáculo (...) ¡A votar! ¡A votar! (...)” El cuadro de contenidos de Faro de Vigo del día de l as vot aciones se re mataba con una entrevista a Gil R obles, referencias a los m ítines del día anterior, concretamente a un mit in antirrevolucio nario en M adrid, información de utilidad sobre l a s ituación de los coleg ios electo rales en el A y untamiento del Vigo e incluso el habitual apartado de “Portela y los periodistas” y , por supuesto, mucha publ icidad electoral. Durante la j ornada el ectoral votó el 72% del c enso electoral. Cerca de diez millones de personas de un censo d e tr ece millones y m edio. E ra l a participación más alta que se había registrado hasta entonces en l a historia de España 39 . Pero todos estos 38 “El Gobier no ado ptó medidas p ara gara ntizar el or den” en Fa ro de Vigo. 1 6 de febre ro 1936. Página 1. 39 El Frente Popular tri unfó en 37 circun scripciones y en to das las ciudades de m ás de 1 50.000 ha bitantes. Dada la fuerte p revalencia q ue la ley electoral daba a las m ayorías (q ue debían contar con un mínimo de 4 0% de lo s vo tos datos no estab an en el Faro en los días si guientes. Debemos t ener en c uenta que l os lunes no se editaba el periódico y , este hecho, podría haber facilitado que el día 18 se pudieran difundir datos pero, en realidad, se adelantaba el resultado – la victoria de la izquierda – pero sin poder facilitar cifras concretas. De esta forma , en el periódico del 18 se recogen opiniones sobre esa victoria y se hace ba lance sobre las vota ciones: “(...) E stamos a nte un mo mento difícil par a la vida nacion al. De más gra vedad aún q ue en los primeros días del cambio de régimen. La realidad no se puede negar y q ueramos o no ha y que acatarla. Y esta es – se gún e l sentir del Gobie rno – que l as eleccione s generale s q ue hubo e l domingo en toda España modificarán, por el resutaldo izquierd ista que e n e llas se ha señ alado , los pro cedimiento s guberna mentales ( ...) P or lo que afecta a nuestra pro vincia, se notó e n Vigo y en otr as lo calidad es, g ran movimiento electoral p ero no así en ge neral e n tod os los p ueblos, incluso e n la capital ponteved r esa, d onde la ab stencio nes fuero n muy numero sas, e specia l mente de hombres. Sola mente vot aron en masa, los e lectores d e ambos sexos p ertenec ie ntes a sociedad es agrarias y otr as si milares. Cualquiera que haya sido la pape leta depositada, cumpliero n co n sude d eber y ello se viene a d e mostrar la labo r intensa de c arácter p olítico que se ha ve nido realizando e n esto s centro s. ¿ Cumplier on o tros e lementos no per tenecientes a esto s sectores i gualmente co n su d eber? Pued e afirmarse ro tunda mente q ue no en c uanto al sexo fuerte. El caso de P ontevedra así lo d e m uestra ( ...)” 40 De nuevo nos encontramos con una cobertur a info rmativa que, desde el pu nto de vista actual, puede consi derarse “tópi ca”: anécdotas de la jornada o las vot aciones de los principales personajes pol íticos. La in formación de la Agencia M ancheta q ue diariamente publi caba el periódico estaba dedi cada a “La lucha electoral en toda España”. En realidad, se dedica un amplio artículo a informar sobre l as elecciones en Cataluña, mientras que, sobre ot ras z onas del pa ís se van dando p equeñas res eñas, haciendo especial hi ncapé en las manifestac iones organizadas espont áneamente pidiendo l a amnistía o demost rando apo yo a la R epública. También se recogen los resultados de Madrid y , en la pág ina siguiente, se reproducen l os de todas la s provincias por orden alfabético. Los resultados de Galicia se reservan, sin e mbargo, a la contraportada, concreta mente, se reproducen los datos de la ciudad de Vigo para después prestar atención a los de Pontevedra ciudad y los de algunas otras comarcas En los primeros días, p ese a algunos incidentes en l a liberación de presos, fue el júbilo la nota d ominante en los medios popular es. Quizá por esta razón, al día siguiente de conocerse los datos, ya se van introduciendo i nformaciones diferentes que consi guen, en sólo unos días, hacer desaparecer los comicios de la portada. válidos) l os resul tados se tradujeron en una may oría d e e scaños apra el Frente Po pular. Tras la segun da vuelt a en la provincias con falta de quoru m había 265 del Frente Popular, 142 de derechas, 59 de centro y 8 nacionalistas vascos. 40 “Después de la j ornada electoral” e n Faro d e Vigo. 1 8 de febr ero de 1936. Página 1. RESUMEN En esta comunicación p retendemos analiz ar la co bertura mediática realiz ada de las elecciones d e 1936 e n la pr ensa d el sur de Galicia. Concretamente nos centraremos en la información, l a opinión y la propaganda que se puede recoger de los principales periódicos de Ourense y Pon tevedra. ABSTRACT In this paper we tr y to e xpl ain how the media play in the 1936 elections. With this in our minds, we make the research over the south Galicia newspap ers. The analis y s has three items: information, opini on and propaganda using in the electoral battle. INFORMA CIÓN, OPINIÓN Y PR OPAGAN DA EN LA PRENSA DEL SUR DE GA LICIA DUR ANTE LAS ELECC IONES DE LA II REPÚBLICA 1936 (II) 1 EN OUR ENSE: LA REGIÓN Xosé Rúas Ar aújo y Fé lix Blanco González (Universidad de Vigo) ÍNDICE 1. ESTRUCTURA Y CONTENIDOS DE LA REGIÓN 2. INFORMACIÓN Y OPINIÓN POLÍTICA EN LA RE GIÓN 3.1. Información electoral 3.2. La opin ión política 3.3. La publicid ad electoral. 3. LA JORNADA ELECTORAL Y SUS CONSECUENCIAS CONCLUSIONES BIBLIO GRAF ÍA RESUMEN En esta comunicación p retendemos analiz ar la co bertura mediática realiz ada de las elecciones d e 1936 e n la pr ensa d el sur de Galicia. Concretamente nos centraremos en la información, l a opinión y la propaganda que se puede recoger de los principales periódicos de Ourense y Pon tevedra. ABSTRACT In this paper we tr y to e xpl ain how the media play in the 1936 elections. With this in our minds, we make the research over the south Galicia newspap ers. The analis y s has three items: information, opini on and propaganda using in the electoral battle. 1. ESTRUCTURA Y CO NTENIDOS DE LA REGIÓN La p rensa di aria dur ante la Segunda República t uvo su mayor ex ponente, en el caso de Ourense, e n el diario La Región , fundado en 1910 por la “Acción Social Católica”, sociedad p erteneciente a l a Edi torial Cat ólica, y que años despué s de ini ciada la guerra civil pasaría a manos de los hermanos Alejandro y Ricardo Outeiriño, que adquirieron la m a y oría de las acciones. De est e modo, en septiembre de 1932, el periódico pasaría a ser di rigido por Ricardo Outeiriño, hasta 1968, fecha en la que fue sustituido en el cargo por su hermano Alejandro O uteiriño. 1 Por cuestio nes técnicas el present e trabajo se ha dividi do en dos comunicaciones. En la primera se abordan los aspectos metodol ógicos del estudio y se centran en el ca so de Po ntevedra, tomando como referencia el perió dico Faro de Vigo. Mientras, en la segunda, se realiza lo p rop io co n La R egión d e Ourense, ad em ás d e inclu irse las conclusiones y la base bibl iográf i ca e mpleada para la investigación. La Región , se consolidó como el diario de ref erencia en la p rovincia. Dura nte la Segunda Repúblic a y más concreta mente, en el añ o 1936, fec ha de la celebración de las elecciones, L a Región no tuvo más “competidores” en Ourense que el diario calvosotelista Galicia ( 1930-37), el semanario de los lun es Heraldo de Gali cia (1930- 36), o La Zarpa , diario de los agrarios gallegos fundado por el cura our ensano Basilio Álvarez y qu e, igual qu e el anterior, d esapareció en j ulio de 1936, con el alzamiento franquista y el est allido de la Guerra Civil . Una competencia relativa si t enemos en cuenta que Galicia fue i nicialmente dirigido por Ri cardo Ou teiriño y que Heraldo de Galicia , era propi edad de éste y d el periodista Isidoro Gwede, que con el tiempo también sería subdirector de La Región . Además, Herald o de Gali cia se imprimió en La Región , a cu yos talleres tam bién recurrieron al gunas de la s revistas m ás rep resentati vas del g alleguismo his tórico, como la reedición de O Tío Ma rcos da Portela , revista q uincenal fundada po r miemb ros de las Ir mandad es da Fa la de Our ense y diri gida en su primera etapa por el poeta Val entín La mas C arbajal, o el caso de los quince primeros números de la revista Nos . Incluso el He raldo Orensano , antecesor del Heraldo de Galicia , tuvo como fundador, director y prop ietario, al p eriodista J osé Fernández Gallego, que pasaría a ser director de La Región entre septiembre de 1930 y ag osto de 1932. Estamos, por lo tanto, h ablando de un diario, L a Región , en cu y a órbita g iró la práctica totalidad de la prensa ourensana durante la Segunda República. Este periódico era un “diario ind ependiente, d e intereses generales, de no ticias y avisos”, t al y como s e indica en el subt ítulo de la cabecera d el periódico, aunque respondía más fielmente, por esta época, a la última d escripción d e su enun ciado, es decir, la d e un dia rio de avisos, propio de los primeros diarios que mostraban un interés más pub licitario o propagandístico que informativo. De las seis pá ginas que el periódico tiraba en el año 36, la p rimera siempre estaba destinad a a artícu los de opi nión sin firma , salvo una columna periódica firmada por B. P érez de Cabo y algunos comentarios bre ves, también sobre distintos aspectos políticos, recogidos en “Golpecitos”, otra de las h abituales tiras periódicas. Por lo que respecta a la tendencia d el periódico, al tratarse de un di ario dependiente po r aquel e ntonces de l a Acción Social Católica, puede intuirse: artículos en contra de t odas las iz quierdas, con especial crítica hacia el centro, el socialismo y marxismo, y , por el contrario, grandes laudatorias hacia las fo rmaciones de derechas, sobre todo, en el caso de l a provincia de Ourense, en apoyo de las candi daturas de Acción F emenina Gallega y Acción Popular (A P), que incluía a representantes de la Ceda, Renovación Española y el sector tradicionalista. Quizá l o m ás dest acable de este periódico en estas fechas era la i mposibilidad de distinguir entre informaciones, opini ón y prop aganda, acentuada por t extos que se insertaban en ocasiones ora como publicidad, ora como m ódulo de información. 2. INFORMACIÓN Y OPINIÓN PÚBLICA EN LA REGIÓN A pesar de la afirmació n anterior, siguiendo co n el modelo de análisis que ya hemos empleado para el caso de la provincia de Pontevedra, intentarem os diferenciar entre la información y la opinión p ublicada en este periódico. 2.1. Información electoral Lo principal que t enemo s que destac ar de la inform ación electoral de La Región es la diferencia d e tratamiento entre los partidos de d erechas y los d e izqu ierdas . Como ejemplo, se publicaron div ersas noticias s obre la “intensísima propaganda” desarrollada por Acción P opular en toda la pro vincia de Ourense, indicando que las juventudes del partido t rabajaban “inc ansablemente” repartiendo la propaganda d el partido que había llegado en un camión procedente de Madrid, haciendo constar , en la misma información, que “en todos los lugares visi tados se observa especial animación, efusión cordial y ánim os despiertos par a la l ucha que s e avecina” y que carteles pasquines, folletos y octavillas fueron colocados por l a provi ncia y “no se descansa un solo momento en esta tarea”. “En las ofici nas de Acción Popula r se trabaja intensamente, con encendid o entusiasmo”, se indica ba en otro ti tular cor respondiente a la portada del periódico del 7 de febrero, en alusión a la sede del partido si tuada en el número 18 de la calle Paz Novoa, en Ourense, a donde llegan “personas de todas las clases sociales” para informarse. No ocurrirá lo mismo con l as informaciones al re specto sobre las form aciones de izquierdas, que, tal y como se expresaba en un editorial publicado en la página tercera del 2 de febrero firmado por Salvador Ming uijón, “la propaganda de las izquierdas no presenta la m isma altura intelectual”, pues está “como destinada a multit udes poco preparadas, rudamente pasionales”. Esta realidad reafirma la afirmación de Gil Pecharromán (1997, 175) de qu e: “en las elec ciones de 1936 se midieron dos bloqu es a ntagónicos r epresentat ivos de las dos Españas que meses después se iban a enfrentar en la Guerra Civil. Si nos atenem os al tono dominante en la propaganda electoral, a l os r esultados más aún a las consecuencias de los comic ios, éstos reflejan, en efecto, la profunda, insalvable división de gran parte de la sociedad españ ol”. Claro está que, se gún i ndicaron investi gaciones posteriores m encionadas por este mismo autor: “ni las dos coalic iones eran t an monolíticas – la de derechas ni siquiera cuajó- ni l as fuerzas ce ntristas parec ían tan incapaces de jugar un destacado papel. Si A lcalá Zam ora y Portel a decidieron disolver el Parlam ento fue porque consideraban posible la consolidación de un c entro a utónomo que pudiera evitar la bipolarización de las fuerzas republicanas y recuperar en ellas el cont rol de la sit uación”. Cabe pre guntarse s i existían ot ras opciones que t uvieran espacio en este periódico. S orprende, en este sentido, un artículo publicado en gallego en la edición del 12 de febrero, un “Manifiesto de la derecha gallegista a la opinión g all ega”, que así es como se titul a, e n el que se indica que “uns ca ntos g aleguistas, de fonda convicción (...)”. El artículo estaba firmado por Vicente Risco, Jo sé Fernández Borrajo, José Antonio Var ela, I si doro Guede, José Luis Parente, Angel Martínez Doval, J osé Perilla Garra y J osé Goyanes y en el mismo se pedía que l as adhesiones e ins cripciones se remitiesen al número 58 de la calle Progreso. De todas formas, a pesar de esta pequeña conc esión a la der echa ga llegist a y a un g allego cu y a utiliz ación estaría prohibida con la llega da de Fra nco al po der, el periódico vol verá a re ferirse a la “cruzada salvadora” y “misión santa” qu e inspiraba a sus editores y public ando artículos como el referido al “comunismo en nuestro medio rural” (e dición del 13 de fe brero), en el qu e advierten sob re la existencia de “ma estros comunistas” q ue en Ourense “han vuelto a pla ntar s u campo de operaciones”, q ue “despliegan un proselitismo i ncansable que tiene dado ya sus frutos de perdición”. De esta forma, in cluso a t ravés d e la info rmación la tendencia i deológica del periódico y a s e pue de obse rvar cla ramente. En la p ortada del 1 de febr ero dond e se hablaba de la “dichosísima política” de “nuevos mo dos y maner as que quería alzarse” y que “fue arroj ada d el po der para dar paso a esta otra de dio secillos repugnantes y d e turiferarios con opíparo estipendio”, alude en un lenguaje barroco, p ara poner en contraste los nuevos tiempos con los anterio res, en los que también “se ha cían trampas y chanchullos”, pero “sin perderle a nadie el respeto”. Sin ne cesidad de r ealiz ar intrepretaciones d e me nsajes implí citos, el periódico afirma claramente: “Los orensanos t odos deben votar ín tegr amente la candidatura contrarrevolucionaria, n o deben hacer una sola abstención, ni una sol a elimi nación. Cuando nos j ugamos n uestra civiliz ación, l a d isciplina, la obediencia cie ga es l a consigna salvadora. Todos contra la revolución y sus cómplices”. Bastante revelador resulta también el titular p ublica do en la portada del 2 de febrero: “No sólo a t riunfar, sino además a ven cer la r evolución”, porque se trata de “dominarla, sojuz garla y de pul verizarla”. Podemos menc ionar, otra s informac iones sobre las deten ciones pr acticadas a “or adores de rechistas” y edit oriales en los que se aseguraba que “el triunfo del bloque antirrevolucionario parece indiscutibl e”. Además de la diferencia de tratamiento entre las d ere chas y las i zquierdas y la claridad del posicionami ento ideológico debemos determinar cu áles eran l os principales temas que se utiliz aban en las informaciones de La Región. Previamente, también podemos subrayar el particular lenguaje empleado para muchas de la s noticias de carácter electoral en este periódico, del que recogemos l os siguientes ejemplos: “de lerrouxismo no queda ni pelo. Se han d esg ajado el r amism o, el basilism o, el fabreguism o y algún otro is m o de menor cuantía” “Todo menos que aquella tribuna lo pueda ser de literatura ro jizoide o vocing lería banderiza”. Si en el caso de Faro de Vigo nos r eferíamos a la ausencia de si glas o denominaciones d e los p artidos políticos, en este tenemos que incidir en el empleo d e una “clasificación” de corrientes políticas que requería cierto conocimiento por parte de los votantes. A partir d e esto podemos señ alar al gunas c aracterísticas de l a i nformación de este periódico, prese ntado especial atención al hecho de que la infor mación local tenía una gran p resencia. Encontramos, po r ej emplo, un editorial en el que se hac e un análisis de la actividad electoral de Acción P opul ar en l a provinci a de Our ense, indicando que es nec esario “centrar” su actividad en la provincia y asegurando que “el entusiasmo” que despiert an los ideales de estos partidos están “más vi vos que n unca”; insistiendo en que “a trabajar si n ni ngún desma y o ”; pues “nuestr a provinci a es la que ha dado a España más diputados derechistas”. b) La actividad electoral d e los partidos Como no podí a ser de otra forma, las accion es propagandísticas que est aban realizando los partidos políticos eran un contenido fundamental de las informaciones electorales de este periódi co. Ig ual que señalamos antes, la mayoría de l as noticias sobre este tema eran laudatorias de la actividad ele ctoral de los partidos de der echas a nivel digna, igual a la que tú quieres y nosotros aspi ramos, y compara qué poco cuesta esta gran felicidad: sólo tu v oto, ese voto que debes deposit ar mañana en las urnas, sin ha cer caso de las brav atas de tant os cobardes em bo scados que, por am e nazar, am ena zan solamente a las m uj eres, porque ignoran seguramente l a f ortaleza espiritual de la mujer española. Acude mañana a cumplir con ese deber de católica y de or ensana, que Dios te lo pagará”. Del m ismo modo, el periódico también dedicaba “unas últi mas palabra s para l os hombres”, para indica rles que “las m ujeres españ olas, las santas m ujeres españolas, las que h an de salvar a Es paña, tienen que votar mañana”. “Vuestras madres, muestras mujeres, vuestras hijas, vu estras hermanas, vuestras novias NO DEBEN I R S OLAS. DEBEN I R CON HOM BRES. ¡CON HOM BRES!”, finaliz aba el artículo en mayúsculas. El diario de los agra rios gallegos ta mbién incluyó al pie de su cabecera, durante diversos números, una viñeta de Catelao de evidente contenido político- reivindicativo, q ue il ust raba una serie deno minada “ Zarpazos” 8 , reproducida a continuación y que, tal y como describió el propio artista en l a edición del periódico del 11 de marzo de 1922. 2.2. La opin ión sobre los asuntos elector ales A pesar de la dificultad y a mencionada de distinguir entre información y opinión, podemos señalar algunos de los autores que realizaron columnas de este tipo para La Región, además de destacar los editoriales que publi có este periódico. Entre esos editoriales se realizan profundos análisis de la si tuación política, pero análisis condicionados por l a particular i deología del periódico. En una portada se publica uno de estos tex tos sobre el el “maridaje ” que se estaba producie ndo entre el galleguismo y el sociali smo, indicando que “ta mbién al galleguismo le ha dado por creer que lo principal es la reconquista de la R epública del 14 de abril”, cuando “nos representaba el s eñor C asares Quiroga” y “la Diputación de Galicia de aquellas C ortes también se deshacía por hac ernos los hombre s más felice s del mundo”. “ Ahora el galleguismo se alía, pact a alianza y soci edad con el socialismo y el comun ismo, que son todo el reverso de l as personalidades regionales, de las autonom ías”, pues “Galicia y el 8 El pr opio fundador del diario agrarista llegó a afirmar, e n uno de sus “zarpazos”, q ue “un p er iódico es un volcán que vo mita ideas, v ale más que mil e scuelas, q ue d os mil pue ntes, que tres mil ca rreter as, que cuatro mil asilos y que cinco mil graner os. ¡Aso maos al cráter que ya corre lava b endita, co mpañeros!”: Valcarcel, M (1 987): A prensa en Ouren se , Ourense: Dip utac ión Pr ovincial. Asimismo, e n “El libr o de l perio dista”, q ue Basilio Álvarez pub lica en Mad rid, ya se m uestra par tidario de una escritura f ugaz, de párr afo bre ve, que le ha d e llevar al “zarpazo ”, a tra vés de un estilo de r edacció n que se ac erc a al aforismo. Vid. Pe rez P ais, M.C. Gran Enciclo ped ia galleg a , T. II , pp.10-11 . [Document text truncated for crawler view.]