Welbeck estate: desde las entrañas de la tierra John Cavendish-Scott-Bentinck, 5th Duque de Portland (1800-1879)
Abstract
Esta es la historia de una ciudad transformada desde las entrañas de la tierra, un más allá donde las leyes de la razón quedan en suspenso. Una especie de “otra naturaleza”, entendida como un inmaterial desconocido con el que reflexionar sobre la hipótesis de que toda ciudad contiene en sus dobleces un mundo natural. Este ensayo es un posicionamiento, un dialogo en torno a esta singular relación entre ciudad y naturaleza; una reflexión sobre la forma en que las cosas ocurren en el espacio, y aquellas que suceden en el tiempo. Espacios y tiempos desdoblados y plegados sobre sí mismos, como inmateriales con los que el 5th duque construyó esta fascinante escenografía en la que representar su propia vida
Full text
01
TOPO, INVISIBLE Y SOLITARIO La historia de la transformación de Welbeck Estate entra en su etapa decisiva con la sucesión, en 1845, del Marqués de Titchfield, John William Cavendish-Scott-Bentinck, como quinto Duque de Portland. Fue él quien se encargó de diseñar y construir los misteriosos espacios subterráneos por los que son conocidas estas tierras. Miles de túneles fueron trazados por el duque bajo el subsuelo, construyendo un fascinante laberinto subterráneo de más de 10 km de extensión, que se mantiene oculto bajo la superficie de su finca en el bosque de Sherwood, Nottinghamshire, en Inglaterra. La leyenda y el mito han tejido la historia de este enigmático lugar, tan marcado por su condición natural y por la Tomás García García Doctor en arquitectura por la Universidad de Sevilla, con la calificación de “sobresaliente cum laude”, 2017. Desde 1999 es profesor en el Dpto. de Proyectos Arquitectónicos, Universidad de Sevilla. Tesis doctoral seleccionada para la Bienal de Arquitectura de Venecia 2018 y finalista en la II Muestra de Investigación de la XIV Bienal Española de Arquitectura y Urbanismo, 2018. Miembro fundador del Grupo de Investigación HUM-992: Arquitectura y Prospectiva, Universidad de Sevilla. En la actualidad compagina la actividad profesional en su estudio con una intensa actividad docente e investigadora, desarrollada en el marco de la Unión Europea con varias líneas de investigación abiertas y activas, publicaciones científicas y participaciones en congresos con carácter nacional e internacional. Orcid ID 0000-0003-4575-7683 Francisco Montero-Fernández Profesor Titular de Proyectos Arquitectónicos desde 1997. Profesor de Análisis de Formas Arquitectónicas (1987-1995) y de Proyectos Arquitectónicos desde 1995. E.T.S.A de Sevilla. Arquitecto desde 1987 y doctor arquitecto desde 1995. Becado en la Academia de España en Roma durante el curso 1992-93. Docencia en doctorado y máster desde 1995, en el I.U.A.C.C (1996-2000), en el Departamento de Proyectos Arquitectónicos (2000-2012). Coordina la línea de Investigación “Vivienda y Hábitat Contemporáneos” en el actual programa de doctorado de la E.T.S.A de Sevilla. Pertenece al Consejo de Redacción de las Proyecto, Progreso y Arquitectura de la Universidad de Sevilla y Boletín de Arte de la Universidad de Málaga. Orcid ID 0000-0002-0985-7612 10 RA. Revista de Arquitectura Núm. 20 – 2018 P. 152–161 ISSN: 1138-5596 DOI: 10.15581/014.20.152-161 Recibido: 23 de enero de 2018 Aceptado: 22 de junio de 2018 Welbeck estate. Desde las entrañas de la tierra John Cavendish-Scott-Bentinck, 5th Duque de Portland (1800-1879) Tomás García Francisco Montero-Fernández 153 Esta es la historia de una ciudad transformada desde las entrañas de la tierra, un más allá donde las leyes de la razón quedan en suspenso. Una especie de “otra naturaleza”, entendida como un inmaterial desconocido con el que reflexionar sobre la hipótesis de que toda ciudad contiene en sus dobleces un mundo natural. Este ensayo es un posicionamiento, un dialogo en torno a esta singular relación entre ciudad y naturaleza; una reflexión sobre la forma en que las cosas ocurren en el espacio, y aquellas que suceden en el tiempo. Espacios y tiempos desdoblados y plegados sobre sí mismos, como inmateriales con los que el 5th duque construyó esta fascinante escenografía en la que representar su propia vida. PALABRAS CLAVE Espacio oculto, invisibilidad, tierra, naturaleza KEYWORDS Hidden Space, Invisibility, Earth, Nature Fig. 01 Welbeck Tunnes Run, 2015. El autor prefiere no desvelar su identidad.
Tomás García García Francisco Montero-Fernández RA 20154 extravagante personalidad de su propietario. Un personaje que por su trayectoria y estatus está envuelto en un halo de excepcionalidad, ficticio o no, merecido o no, que lo elevan, sin duda, a la categoría de genio. En los archivos consultados en la Universidad de Nottingham, se hace referencia a él en varias ocasiones como el hombre del subsuelo, el topo, el duque madriguera, invisible y solitario. Su correspondencia manuscrita desvela una personalidad fascinante y un arquetipo de aristócrata inglés de lo más excitante. En una de las escasas cartas encontradas del 6th duque de Portland en la que se hace referencia a la singular vida de su predecesor, se narra que al llegar por primera vez a la Abadía de Welbeck (fig. 02), en la Navidad de 1879, justo después de su muerte, encontró que para poder acceder a la casa tuvieron que poner tablas temporales para salvar un pantano de aguas infiltradas y que, al entrar aquel día en la Abadía, la sala de recepción carecía de suelo y un gran árbol asomaba desde el subsuelo1. Sin duda estas palabras dan muestra de la ambiciosa tarea en la que el difunto duque estuvo absorto durante toda su vida. Una curiosa obsesión por la ocultación y por rastrear las profundidades de sus tierras, que lo llevaron a apartarse del contacto con la gente, y a proponer encuentros insólitos entre arquitectura y naturaleza. Muchos rumores no confirmados han rodeado la personalidad del duque, multiplicándose en número y fantasía para construir entorno a él un excéntrico relato de vida que, sin confirmar, ha conseguido perdurar hasta nuestros días. Se dice que pasó la mayor parte de su vida dentro de su casa, oculto en una suite de cinco habitaciones conectado con el resto del mundo mediante un sistema de corredores y grutas que se extendían bajo el subsuelo de su finca. Cuentan que este ingenioso laberinto, permitía satisfacer algunas de sus extravagantes solicitudes, entre las que estaban, dicen, viajar a Londres sin ser visto, usando el pasadizo que se extendía hasta la estación de Worksop, a decenas de kilómetros de la Abadía; o que si una criada se cruzaba con él tenía prohibido mirarle a los ojos, y debía alejarse de inmediato volviendo su cara contra la pared. Comentarios y anécdotas, algunas de las cuales hemos podido confirmar en la correspondencia consultada en los archivos de la familia, y otras forman parte de la constelación de ideas que han ayudado a construir la biografía de este enigmático personaje2. William John Cavendish Bentinck Scott nació en 1800, el segundo hijo del IV Duque de Portland, conocido como Lord John 02 Fig. 02 Welbeck Abbey, 1860.
RA 20Welbeck estate. Desde las entrañas de la tierra. John Cavendish-Scott-Bentinck, 5th Duque de Portland (1800-1879) 155 Bentinck, se convirtió con 24 años de edad en el Marqués de Titchfield y futuro heredero del ducado, como resultado de la inesperada muerte de su hermano mayor. Sin otras preocupaciones que no fuesen los caballos, las carreras y la caza, renunció a su escaño como miembro del Parlamento para King’s Lynn, en favor de su hermano pequeño, Lord George Bentinck, afirmando que su mala salud le impedía participar en asuntos públicos. Es el primer indicio que se tiene acerca de su dificultad para asumir el patrón esperado según su posición social, decidiendo desde este momento desaparecer para siempre de la vida pública. Hay dudas en relación a las verdaderas causas que fundamentan su comportamiento como topo y su obsesión por la ocultación; entre los papeles familiares encontramos algunas cartas que podrían justificar esta actitud. Resulta curioso el uso de la correspondencia como única forma de contacto con los miembros de su familia, así como con su círculo de agentes, gerentes, capataces y sirvientes. Gracias a las numerosas cartas que se conservan en sus archivos sabemos de sus problemas de salud. Una enfermedad en la piel, en forma de psoriasis aguda, que más adelante se agrava con una molesta artritis y una terrible neuralgia, lo llevaron a alejarse del contacto con la luz y el ruido, y a ir construyendo bajo su finca una nueva idea de naturaleza, entendida como espacio arquitectónico de ocultación y remanso. Un lugar mágico, de paseo, silencio y penumbra, ideado con fenómenos naturales, que enraíza para siempre la arquitectura a esta tierra. Esta curiosa obsesión, poco a poco, lo lleva a inventar toda una serie de espacios y artilugios que terminaran convirtiéndolo en un topo de su propia vida. Un coche de caballos especialmente ideado para desplazarse sin ser visto, trampillas, dobles puertas, sistemas de comunicación con el personal, pasadizos y túneles imposibles, atajos secretos construyen un doble mundo, un doble fondo donde instalar su vida. En su forma de vestir, en los objetos y artilugios diseñados alrededor de sus hábitos de vida, en los espacios y corredores ocultos bajo el suelo de la Abadía, en los túneles y grutas construidos bajo el paisaje; en todos ellos la invisibilidad y el engaño ocupan un lugar destacado. Se movía siempre a hurtadillas, apareciendo aquí y allá sin previo aviso, desplazándose por la tramoya de un espacio, natural y sugerente, que consiguió construir por sí mismo. Dicen que su amor juvenil nunca fue correspondido3, llevándolo a un estado de rechazo de la mujer y por extensión de la humanidad que prolongó hasta el final de su vida. Cuentan que rara vez paseaba en público, cuando lo hacía, siempre de noche, nunca correspondía un saludo y a menudo recriminaba a la persona por la intrusión en sus dominios. Prefería sin duda pasear bajo el suelo, usar ese otro lugar, ese extraño espacio desdoblado del mundo visible que había construido para sí mismo. Artilugios y mecanismos arquitectónicos ideados por una especie de genio, secretos para lograr una invisibilidad que no hicieron otra cosa que aumentar la curiosidad por desvelar su presencia. Estrategias que poco a poco lo fueron convirtiendo en un personaje de fantasía, un icono cada vez más deseable, enmascarado y siempre escondido. William John Cavendish Bentinck Scott, quinto duque de Portland, marqués de Tichfield, conde de Portland, vizconde Woodstock, Barón de Cirencester y Cooheir a la Baronía de Ogle, de Welbeck Abbey, Nottinghamshire; Fullarton House, Ayrshire; Langwell Goldspie, Caithness; Castillo Bothal, Northumberland, y Harcourt House, Cavendish square, Londres, falleció en 1879, después de haber alcanzado casi
Tomás García García Francisco Montero-Fernández RA 20156 ochenta años de vida. Pasó sus últimos años oculto en las entrañas de su mundo, donde falleció paseando una lluviosa tarde de diciembre. Aquel fue su último viaje, un último paseo a modo de despedida. Como él mismo solía finalizar sus cartas de condolencia: Paz a sus cenizas. TIERRA NEGRA John William Cavendish-Scott-Bentinck, quinto Duque de Portland, transformó su estado en una extensión de su personalidad y su propio comportamiento. En Welbeck Estate se entrelazan naturaleza y arquitectura, obsesión e ingeniería, mostrando la marca indeleble de su propio dueño. Es una escenografía hecha a su medida, repleta de objetos y estrategias no generalizables. Su casa y por extensión su estado, lo convirtieron en una especie de “arquitecto de naturalezas”, en la que dejar la huella personal e intransferible de su propietario. Convirtió su estado en un gigantesco mecanismo de invisibilidad, transformó su propiedad en una ciudad doble. Una visible, construida con los materiales de la corteza terrestre e instalada en el paisaje; otra desdoblada e invertida, oculta en sus estratos inferiores, formando parte de un mundo sumergido, inmaterial e invisible. El duque empleó para ello un extenso repertorio de tácticas y espacios ocultos, soluciones técnicas de camuflaje aprendidas seguramente de su enorme afición por la naturaleza y la ópera4. Welbeck Estate se desvela entonces como una escenografía natural, un ritual mágico, de acercamiento e invisibilidad que convierte la fantasía en realidad (fig. 03). Esta es una ciudad misteriosa, como lo son una chistera o el escenario de un teatro, en la que la ilusión y los secretos se superponen para formar parte indivisible de la realidad cotidiana. Ver esta ciudad en acción es una experiencia fascinante; se asiste con naturalidad y emoción a situaciones inexplicables, cosas jamás vistas que nos colocan fuera de toda lógica. De manera que el duque hizo posible, por ejemplo, hacer realidad el sueño de poseer simultáneamente en una misma casa, varias de estilos y épocas diferentes, concéntricas y ocultas en sus intersticios; o mejor aún, diferentes casas que convergen en una sola. El resultado ha sido una especie de naturaleza arquitectónica construida con estancias temporales, laberintos y corredores naturales5, una especie de truco que como en el original hombre transportado nos permite decidir en cada momento la ocupación deseada. Agujeros y puertas; hondonadas, depresiones, caminos y pasadizos, se entrecruzan para desembocar en un mismo lugar o en lugares diferentes, y sólo tienen sentido cuando se dibujan en conjunto (fig. 04). En Welbeck Estate se hace posible acceder por un agujero del siglo XIX para aparecer en un espacio del siglo XXI, o circular de adelante para atrás como si estuviéramos en un túnel del tiempo con el que alcanzar los orígenes de la propia familia. Una escenografía construida que pone en conexión los tiempos de la historia de este lugar; puertas que nos conducen a espacios insólitos, túneles para la nobleza y sus sirvientes, mecanismos y artilugios escénicos capaces de albergar, sorprender y entretener a la propia monarquía. Esta ciudad guarda infinitos paisajes, permanentes y variables, visibles y ocultos. Este lugar es un paisaje completo, un paisaje dentro de otro, un universo de formas naturales que esperan pacientemente ser descubiertas. Esta tierra es un paraíso, rico en restos de árboles cortados, de las antiguas huertas, y en humedad procedente de las numerosas inundaciones del rio. Raíces talladas en una tierra negra que conectan 03
RA 20Welbeck estate. Desde las entrañas de la tierra. John Cavendish-Scott-Bentinck, 5th Duque de Portland (1800-1879) 157 con los bosques de Sherwood, madrigueras y grutas ocultas tras el musgo y la hojarasca, sombras y silencios usados como materiales de construcción del espacio. Todos estos pensamientos, estas experiencias de lo real e imaginado, nos obligan a pensar en la relación que existe aquí entre naturaleza y arquitectura. De nuevo nos asalta la idea de encontrarnos entre bambalinas, en un lugar que pertenece a su intimidad y supervivencia, un espacio más natural que arquitectónico. Se desconoce el motivo que llevo al duque a realizar una empresa de tal envergadura; años de trabajos y cientos de miles de libras invertidas en la construcción de esta escenografía que no solo delatan una personalidad fascinante, sino que hablan de formas de desplazarse sin ser visto, de perderse sin buscar un destino, de andar bajo la tierra para encontrarse a uno mismo (fig. 05). Tanto los procedimientos empleados como el proceso de manipulación delatan el interés del 5th duque por la naturaleza como ar- 04 05 Fig. 03 The Portland Collection, Harley Gallery, Welbeck Estate. Fig. 04 Paseos por Welbeck Estate. Madrigueras y túneles. Fig. 05 Naturalezas subterráneas, Welbeck Estate.
Tomás García García Francisco Montero-Fernández RA 20158 quitectura. Sus materiales de trabajo fueron la tierra, la piedra, los árboles, el agua, el viento, la niebla, la madera, el silencio, y su objetivo la reconquista de la oscuridad como campo de trabajo para la arquitectura, provocando en la persona estados perceptivos y fisiológicos alterados. En los sustratos más profundos de Welbeck Estate el espacio, su materialidad, se muestra de manera casi invisible, sin apenas presencia visual; no define figuras, activando los otros sentidos para difuminar la imagen, o incluso la arquitectura en sí misma. Un lugar creado para la ausencia de espacio, y el exceso de tiempo, pensado como refugio del individuo6. Las renovaciones del quinto Duque de Portland en Welbeck Estate pueden considerarse, técnica y conceptualmente, pioneras en la relación entre arquitectura y naturaleza. Welbeck es el mejor ejemplo de la teoría de la naturalización del espacio domestico avanzada por Chase y Levenson7, de esa especie de naturaleza arquitectónica pensada como mecanismo escenográfico que permite la exposición pública de la vida de sus propietarios. El duque reclama el espesor de la tierra, el ámbito subterráneo como un lugar privado, que surge de la propia naturaleza, una madriguera, un agujero en el que guardar con celo su propia intimidad. Sin tener conciencia de ello construyó una nueva realidad; una topografía invertida que nos invita a ensayar una nueva mirada, a mirar con los otros sentidos y, a su través, alcanzar un mundo hasta ahora desconocido. Una amalgama de elementos naturales repletos de raíces de la memoria, en la que se diluyen los límites tradicionales entre naturaleza y arquitectura. Todo lo que ocurre en esta ciudad conspira contra el mundo tal y como hoy lo conocemos. Este nuevo inmaterial, poroso y fibroso, oscuro, denso y estable, líquido y desleído, nos permitirá repensar a través de la arquitectura la posición del hombre frente a la naturaleza. Raíces, retales y trozos de túneles de escalas diversas; atajos, pasadizos y desvíos que conectan y articulan las líneas principales, tejiendo una extensa red bajo la superficie de la finca. Un túnel a modo de gruta, tallado profusamente en la piedra (grotto túnel), permite pasar a caballo por debajo de uno de los caminos que dividen el bosque, otro emerge en rampa por debajo de la Escuela de Equitación, hay varios en los que aún se conservan los carriles de vía estrecha, y otros de sección rectangular y proporciones esbeltas, decorados con pinturas y cornamentas, que conducen a algunos espacios subterráneos que sorprenden por sus dimensiones y belleza. Decenas de estos pasajes dispersos por el territorio construyen una especie de laberinto que se extiende en el subsuelo, algunos han sido ya deglutidos y cerrados por la propia naturaleza, otros se conservan en un estado difícilmente reversible; la mayoría esperan pacientes un nuevo futuro (fig. 06). CONCLUSIONES ABIERTAS. TOPOGRAFIAS INVERTIDAS Todas las ciudades son dobles, aunque aún no lo sabemos. Esta extraña topografía en la que el duque convirtió este lugar, es una escritura de formas deformes, una sismografía de geometrías apretadas e inverosímiles, una superposición, una sedimentación de reacciones emocionales8. Sirva como conclusión a este ensayo el objeto de madera construido en el FabLab de la Escuela de Arquitectura de Sevilla9, en el marco de un Convenio de investigación docente suscrito entre la Universidad de Nottingham, Welbeck Estate Corporation y la Universidad de Sevilla. El modelo muestra Welbeck Estate como un territorio doble.
RA 20Welbeck estate. Desde las entrañas de la tierra. John Cavendish-Scott-Bentinck, 5th Duque de Portland (1800-1879) 159 Arriba la ciudad seccionada, construida en la superficie, abajo un aire de mayor densidad en el que las cosas parecen flotar, suspendidas en una sustancia con menor gravedad. El objeto resultante se asemeja a un tapiz, a una especie de madriguera tejida, un entramado de senderos, complejo y aleatorio cuyo destino es indefinido y cuyo proceso es abierto (fig. 07). Cada hilo representa un material de la naturaleza, de alguna forma esta especie de topografía invertida utiliza la naturaleza como material de construcción. La apertura de la pieza desvela un mundo insospechado, un auténtico arsenal creativo de formas y situaciones. La piel interior se estría, se retuerce y deforma aprisionando estas sugerencias en el interior. Lugares entrelazados, espacios vaciados en la materia que a su vez contienen otros, repletos de vientos, sonidos, arrugas, sueños y recuerdos. Este objeto es un lugar practicado, que se activa con nuestra exploración y que nos aproxima a esta especie de ciudad táctil como ciudad de experiencias, de acontecimientos. Frente a la idea de construir naturaleza, frente a la imposición de un verde ficticio en nuestras ciudades, este ensayo propone descubrir y reciclar lo natural que existe en sus dobleces. Escorrentías, refugios, acuíferos, tierras. Estamos, ante una nueva idea de ciudad natural. Descender para descubrir, cavar para encontrar; esa será la estrategia de investigación propuesta. Cada ciudad conserva en espejo su ciudad natural. 06 07 Fig. 06 Naturalezas subterráneas, infraestructuras abandonadas. Fig. 07 Welbeck Estate, La imagen muestra el interior de esta naturaleza invertida. Maqueta cerrada, DM 10mm, cortado con láser, dimensiones cerradas 300x180 cm.
Tomás García García Francisco Montero-Fernández RA 20160 La luz es blanca y la tierra negra. Este objeto muestra un espacio desgastado por el paso del tiempo, que acoge en su interior desviaciones materiales y geométricas. Este espacio negativo simula un corte geológico, una herida que guarda y fosiliza en su interior todas las acciones derivadas de nuestra investigación. El envés del objeto desvela un mundo de infraestructuras naturales, acuíferos, escorrentías, aguas y grutas infiltradas en la tierra. Con materiales naturales, lisos y rugosos, se han imaginado derivas y pliegues entre las vidas cruzadas del duque, encuentros casuales que forman este tapiz de madera. Como en una especie de yacimiento arqueológico, de cata o prospección geológica, el objeto desvela una nueva iconografía repleta de elementos y espacios residuales, desviaciones materiales y errores de esta difícil obra de construcción. En el interior de la maqueta, una película de DM fundido por el láser envuelve un espacio horizontal y profundo, una especie de tierra negra que camufla en su oscuridad la diversidad en sus formas (fig. 08). Este lugar escapa a la lógica del espacio pensado por sus arquitectos; surge de manera inconsciente, allí donde la arquitectura se sorprende a sí misma. Espacios recónditos, lugares concebidos para capturar hilos de luz, para producir oscuridades y beneficiarse de ellas. En esta penumbra espesa, en la que a veces es difícil advertir los detalles que se ocultan en su interior, emerge un nuevo espacio, un lugar insólito que aflora de la sombra cuando la pupila se acostumbra. Como si poco a poco, la luz consiguiera irradiarse de ella misma. Nuestro cometido será entonces tocar con las manos este objeto, y estar atentos al paso del tiempo, de los vientos, del ruido, de todo aquello que a ciegas se deja ver. Un viaje que nos lleva a través del tiempo, saltando sin orden aparente, recorriendo lugares muy distintos, situaciones presuntamente distantes, pensamientos cruzados, señales, arañazos y acontecimientos. Me gustaría pensar que los arquitectos, cuando proyectamos arquitecturas concebimos su masa como territorios naturales sin escala, potencialmente creativos e ilimitados. Esta es la intención de este ensayo, hacer partícipe esta especie de arquitectura natural, simular su experiencia atrapando, como en el modelo, sus formas en la madera (fig. 09). Vivimos, refugiados, en las tinieblas a las que pertenecemos, en sus sombras naturales. Y cuando la naturaleza no basta la transformamos con arquitecturas. El hombre nace de la tierra y a la tierra vuel- ve. Quizás haya llegado el momento de dejar entrar lo natural en nuestras ciudades, de permitir que aflore desde el otro lado, para reconsiderar su verdadero valor como sustancia arquitectónica, de convertirnos en topos de nuestro propio tiempo. RA 08 09 Fig. 08 Naturalezas arquitectónicas. Fig. 09 Welbeck Estate, La imagen muestra el interior de esta naturaleza invertida. Maqueta abierta, DM 10mm, cortado con láser, dimensiones cerradas 300x180 cm.