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El Hispalense : periódico de intereses generales, ciencias, artes y literatura

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Año I. ríúill. 1. PRECIOS DE SÜSCRICION En Sevilla 4rs. al mes. Fuera, de Sevilla, un mes 57'S. Trirnestre 14. PERIODICO DE PUNTO DE SUSCRICIQN. En Sevilla, en la Imprenta del Circulo Liberal, calle O'-donnell núm. 34, INTERESES GENERALES, CIENCIAS, ARTES YLITERATURA. SeA^illa. 6d.e JNÍ c^^iemJDre de 1870. ADVERTENCIA. Alas personas que reciban el presente número yno lo devuelvan áesta administración tendremos el gusto de considerarlas en el número de nuestros suscritores. OTRA.—Los suscritores de fuera de esta capital se servirán remitirnos el importe de sus abonos en sellos del franqueo ólibranzas de fácil cobro. ANUESTROS SUSCRITORES. Siendo muy corto el número de suscritores á la segunda sección, los que nos impide verificar la combinación de regalos en la forma que teníamos proyectada, hemos determinado de acuerdo con los mismos, hacer un regalo general á todos nuestros abonados, consistente en una variada colección de lindísimas novelas debidas todas áliteratos de esta capital, las que insertaremos sucesivamente en nuestro periódico en forma ápropósito para su encuadernación. Aeste fin tenemos hecho con los mencionados autores un contrato especial que les obliga áno poder insertar mas que en nuestras columnas las obras que esclusiva yespresamente han de escribir para la biblioteca de EL HISPALENSE. Al final de cada tomo, daremos ánuestros suscritores una preciosa cubierta de color, impresa con esmero yelegancia. Como nuestros lectores comprenderán, son inmensos los obstáculos que hemos tenido que vencer ygrandes los sacrificios que hemos hecho para llevar ácabo nuestro pensamiento yno dudamos que el inteligente público que nos favorece, los sabrá apreciar en todo su valor. Para el primer tomo de nuestra Biblioteca empezamos hoy ápublicar una preciosa novela fantástica, original del jóven yya reputado novelista D. Manuel Cano yCueto, donde campea al par que una brillante imaginación, para revestir admirablemente las descripciones mas nuevas yfantásticas, un verdadero sentimiento yun profundo conocimiento del corazón humano. Dicha novela es una joya. Nuestros lectores la apreciarán en lo que vale, no dudando de los grandes sacrificios que hemos tenido que hacer para adquirirla. NUESTRO PROGRAMA. ¡Un nuevo periódico! ¿Qué significa el nacimiento de un periódico literario como el presente?... Para muchas personas no significa nada. Unos ambiciosos de gloria que se agrupan y venden, casi de valde, las inspiraciones de su alma. ¡Unos poetas! Unos obreros de la inteligencia que no encuentran trabajo. Unos obreros de la civilización que llevan su piedra para el inmenso edificio del adelanto yde la cultura. Para los sensatos un periódico nuevo significa mucho, muchísimo. Dejadnos que seamos modestos ydadnos el placer de no decíroslo. Falta, mucha falta hacia en Sevilla, un pueblo patria de Herrera yde Rioja, que la literatura dormida como está, vergüenza dá decirlo, despertase de un sueño tan profundo como largo. Llamando ála juventud estudiosa álas grandes empresas yaplaudiendo sus trabajos es como se hacen semilleros de grandes hombres. La publicación que hoy nos ocupa, agena átoda cuestión política, respetando todas las opiniones ytodas las creencias, solo pretende fijar un momento la atención pública, ydar pasto ála inteligencia de la juventud, abriendo sus puertas átodo aquel que aspire ácrearse un puesto y un nombre literario. Necesitamos que el público nos auxilie ynos auxiliará, no lo dudamos un momento. 2El Hispa.len.se. Sevilla no seria un pueblo culto, si solo amase ¡ las corridas de toros ylos espectáculos callejeros. ¡ Los sacrificios que se imponen son ningunos. I Tío queremos el lucro. Solo buscamos el sostej nimiento de un palenque donde, el talento, el sa- i i ber yla imaginación de los bijos de éste suelo ! I privilegiado puedan rivalizar dignamente para aprovecbamiento de todos. | Nuestro periódico se ocupará preferentemente | f de ciencias, literaturas yartes, procurando unir i del modo mas armónico posible los intereses morales con los materialesj ydeseando complacer i ánuestros apreciables favorecedores, al final de cada número publicaremos un estenso boietin de cuantas noticias yanuncios de verdadera importancia para el público, creamos deber poner en su conocimiento. Ardua ydifícil en estremo es la tarea cxue nos imponemos voluntariamente, pero todos nuestros afanes serán suficientemente recompensados,si como creemos, logramos ver apoyada nuestra idea por el inteligente público áquien nos dirigimos. La Redacción. SECCION POÉTICA. AB Me preguntas muger encantadora, si la risa en mis Libios se apagó; si es cierto que por tí suspira yllora mi pobre corazón. ¿Porqué te vi?—No sé. —Yo no debiera quemarme de -tus ojos en la luz. No sabes qué feliz, ¡qué feliz fuera si me quisieras tú! Yo escribo esos poemas que hay sin nombre, desde el dia primero en que te amé, allá, dentro del pecho, donde el hombro jamás llega áleer. Nada tengo, me humilla mi pobreza. Antes muriera que mirarte yo. Oh! desde ahora ¡canta tu, cabeza, llora tib corazonf M. Cano yCueto. Madrid.—Octubre . ENT EN ALBUM. LA ESPEfSANZA. SONETO. Sublime emanación del alto cielo, Iris de paz, de dicha ybienandanza Por cuyo influjo,, quien padece, alcanza Dar treguas ásu amargo desconsuelo. El que mísero gime en triste duelo. Aunque su mal no tenga semejanza. Halla resignación en la Esperanza Virtud santa que al alma da consuelo. Por ella, el desvalido, el indigente Su infortunio soportan con paciencia. Confiando en que el ser Omnipotente En su escelsa ymagnánima clemencia. Premia con sus altísimos favores Ael que sufre con calma sus dolores. Ricardo de Burgos. IMITACION DE TRIM. Seamos amigo, bellas ypuras ninas de mi alma. Permitidme estrechar entre mis ásperas manos, vuestras maneciias de nieve, ycontadme todos esos deliciosos secretos que murmuráis al oido de vuestra madre; yo no os reñiré, os lo juro, aunque me' confeséis, alguna que otra diablurilla. Pero ¡ay! apartais de mi, vuestros celestiales ojos, os asusta mi presencia, ycorréis áencerraros en vuestro cuarto, yáreiros tal vez de mi audacia. Perdonadme.—No me atrevo átocar^ esta flor, de inocencia, de gracia yde pureza. No me atrevo áperseguir esta mariposa, por temor de hacer caer el polvo de oro de sus alas. Privar áun pajarilio de libertad ¡que sacrilegio! dejadla que ria ycante, no espiéis su alegría, Este papel que tenéis en vuestras pequeñas manos, necesita de protectoras, sedlo vosotras yeste pobre aprendiz de literato, os dará las mas sinceras gracias. ¡Que pocos han dedicado una página ávuestros encantos! El silencio, quizás el olvido, no puede menos de haberos disgustado mucho. Yo me voy áocupar de vuestra encantadora individualidad No les irrita que los hombres nos ocupemos de ellas. Que bagamos resaltar la inágia de su juventud, la suavidad de su candor, el destello de sa belleza, no les disgusta que mano profana, alce el velo del santuario de su alma. ¿Que queréis? cuando no tienen nadie que las mire, buscan áhurtadillas un espejo. Siu embargo, creedme, señoritas, no os voy á decir que sois bellas.... ¡os lo habrán dicho tantos! Creedlos....mas encargaros lo que ya habréis hecho tantas veces... .es -una necedad. El primer sentimiento que el Demonio infunde álas mugeres es la vanidad, el orgullo. Es preciso encontrar un medio de pintaros sio madrigales... ysin acaloradas hipérboles. Sin hacer bajar vuestros ojos de confusión ósli' hacer que fijéis en mis audaces miradas, lo que, á decir verdad, me causaria pavor. Sentaos alrededor de mi tal como esteis al re' cibir este periódico,—en trage de mañana, por ejempío,—las trenzas de vuestro pelo deshechas, la ra' ya un poco irregular, las manos sin guantes, los diminutos pies encerrados quizás en un mismo fol' go, como dos palomas en un mismo nido. ¿Que importa el trage? No os veo. s ¡Soy tan corto de vista! Solo os pido que al leer lo que de vosotras voy ádecir, no frunzáis vuestras cejas, yno os mordáis los labios con vuestros dientes de maríil, por incitador que sea el carmin que atesoran. Tengo trece años...yhe hecho mi primera comunión. He oido decir áJuana, que estaba muy bonita con mi vestido blanco. Mamá rae ha dado mil besos... encargándome que fuese buena. Yo se lo he prometido yen celebridad del dia me ha dado una onza de oro. Juana estaba presente yme llamó «señorita». Yo la di un duro. El resto no sé en qué emplearlo. He rogado ámamá que dé álos pobres la mitad yque me guarde lo restante. He ido ácasa de mi prima Cecilia. Juanito me llamó de Vd., yno me dió un beso;—Mamá le mandó que me llamase de tu, como siempre, pero respecto al beso no hablo nada. Cecilia es mas gruesa que yo ymenos bien educada, sin embargo tenia un trage precioso. Me preguntó cuanto dinero tenia ahorrado yyo la dije que 6duros...Me ha recomendado que compre un sombrero como el suyo. Se lo he dicho ámamá yme ha respondido que cuesta muy caro, yque para nada lo necesito estando en eí colegio. Se ha representado en mi colegio, Ester. Yo hacia de Mardoqueo, con una barba postiza muy grande. El maestro de música me dijo en voz baja que yo le habia hecho entrar en ganas de abrazar el judaismo... Le he preguntado ála maestra qué me queria decir...yella me ha respondido... que eso no importa. Ya tengo diez ysiete años; ¡cómo envejezco! Ayer vi en el teatro áun joven que me pareció muy bello. El me miraba mucho. Mi prima Cecilia me ha dicho que es preciso que piense en tener un novio. Si el joven déla otra noche quisiese Cecilia me asegura que se oyen cosas muy buenas de la boca de un amante. No me he atrevido ádecir ámi madre nada de esto. He estado en un baile... con un vestido de color de rosa ymargaritas naturales en mis cabellos. Había veinte espejos en el salón. Regla de multiplicación aplicada ámi belleza.... Pidió vvalsar conmigo un señor muy grueso. Mamá otorgó mi consentimiento. El jóven que vi el otro dia en el teatro, me pidió el mismo wals, ymamá le otorgó el siguiente. El señor grueso^., no seguia el compás, era un fardo... era preciso arrastrarle. El jóven sí que bailaba bien! Al dejarme con mi madre me apretó fuertemente la mano. ¿Por qué he de pensar en él?—¿Por qué habré ' dejado perder el rosal de mi ventana? ! ¿Por qué mamá me dice que estoy triste? No le he vuelto áver mas. ¿Qué es esto que siento en mi corazón? ¡Qué in- Tbietad! ¡como torturo mi pensamiento! ¿Cómo se llama, he preguntado ámi prima, esto que siento ahora? —Amor, me ha dicho. ¿Por qué veo en mi mente un horizonte que nunca puede llegar áser realidad? —Porque abrigas la esperanza. ¡Oh! qué feliz soy, le he vuelto áver. ¡Qué palabras tan dulces ha pronunciado! Me ama. ¡Soy feliz! "¿Comunicaré ámamá mi pensamiento? Nos amamos. Hoy le he llamado de tú. Cuando pronuncié esta palabra, me puse muy colorada... ysentí que mi corazón dió un latido muy fuerte. ¡Dios mió! ¡Dios miol Mamá me acaba de decir que piensa casarme con un jóven excelente, yque es un partido muy ventajoso. Yo me he retirado ámi cuarto, yallí he llorado mucho. Cuando esta noche ha venido Enrique, se lo he contado todo. El se echó áreir. Ese jóven escelente, dijo apretando mis manos éntrelas suyas, soy yo.... Yo he creido desfallecer de alegría. ¡Cuántos besos he dado ámi madre! ¿Porqué no me contabas tus amores? me ha dicho. Mamá, creia, le respondí, que el amor debia ser un secreto. ¡Cuántos vestidos.—¡cuánta alhaja!=¡qué bordados, qué profusión de adornos!=Mi futuro, que ya es casi presente, es tímido, tiembla, como un niño al temer que sus regalos no sean de mi gusto... Mi madre me ha abrazado arrasada en lágrimas. Yo también he llorado. La dejo en esta casa donde he nacido^ donde las mas puras ilusiones acariciaron mi niñez. Yo vendré todos los dias áverte, madre mia. Cumple hija del alma con tus deberes de esposa como has cumplido con los de hija... me ha dicho entre sollozos. Juana se ha despedido de mí llamándome «Señora.» Tiemblo cual la hoja del árbol agitado por la brisa. Una claridad tibia alumbra la habitación. Mi esposo está sentado junto á mí. Estamos solos. Su mirada tiene algo de extraordinario. Yo tengo mis ojos casi cerrados. Mis megillas arden. . Aquí, señoritas, concluye vuestro retrato. Si no encontráis el parecido, no me culpéis, perdonad mi temeridad, siquiera por el cariño que os profesa M. Cano yCueto. MESA REVUELTA. Epigrama. Mandó un cesanie llamar ámi médico cierto dia, pues muy malo se veia yera preciso sacar. 4El Hispalense. I Llegando ála habitación le toma el pulso, después lo mira, ydice; esto es una fuerte iudig-estion. Yel enfermo al escuchar el insulto del doctor, sintióse mucho peor yul otro mundo fué ádar. \ Ala empresa del Coliseo Sevillano. ' Muy señora mia... hasta cierto punto: Sé quéhan en- Ireg-ado áusted algunas comedias, yseguramente no ha sido para que usíed se quede con ellas entre pechos yespaldas; sino para que se apresure ádarlas áconocer al público. Creo que asi lo hará usted; hágalo yalcanzará, pésele al Oriente, gloria imperecedera, (ya que de usted está muy lejos toda idea de lucro,) gloria y¡qué demonios! buenas entradas también. Soy de usted... también hasta cier- to punto. ¡Ahí se me olvidaba, diga al apuntador que apunte mas bajito. k-k Soaieto Olosóíieo. Sí partes pronto ála región del Norte Yen ella puedes ver ámi adorada, Dila que está mi alma enamorada Yque pronto seré su fiel consorte. Dila que me fastidio en esta córte; Que ni como, ni duermo, ni bago nada, yque si tarda mucho su llegada Quizás mi pecho mas no lo soporte. Dila en fio, que ella sola es mi alegría, Que anoche la escribí trece cuartetas Yque en ellas mi amor le definia; Mas como encuentro limpias mis gavetas Yno lomo café ni un solo dia, Dila si puede darme unas pesetas. J. G. * Jerga hilada en los lupanares de París llama nuestro Zorrilla al género bufo. Mucho nos parece aun. Se conoce que el poeta no tiene noticias de eso que se llama Abelardo yEloísa. * ^'k ~k —Dígame usted, ¿porqué el dia de los difuntos lo conmemoran las empresas teatrales con la representación del | Tenorio? —Diré áusted. ¡Como en ese drama loman parte algunos difuntos! —Vamos, ¡no es poca la analogía! * Su retraío- Recoge rosas, jazmines, violetas, lirios, claveles, yazucenas; haz un ramo, riega sobre eí ramo nieve ytendrás la fiel imagen de la niña que me quiere. -¥ Entre bastidores* Dice bien, según se dice, ygrita de vez en cuando, yaunque de cuello robusto es un arlista delgado. Según se nos asegura, es una cosa que espanta la figura ¡de toda una pguranlal Siur. No hay duda que la siguiente receta es mas que sUs fieiente para verse libre no solo de la fiebre amarilla, sU no de todas las enfermedades conocidas ypor conocer. Come gallina yjamón, bebe vino seco yduro, duerme en un lecho seguro con buen mullido colchón; desecha toda aprensión, ten pacífica tu mente, vive álodo indiferente con esperanza ycon fé, y¡a pebre que le dé me la clavo yo en la frente. % Mañana lunes se ejecutará en el teatro de los Bufos • Arderius, Madrid, una variada función en la quesees- | trenará el gran baile El espíritu del vino, parodia del Espíritu del mar, para la que se han pintado nuevas de- | coraciones yconstruido un gran vestuario. También se estrenará un pasillo nuevo, original dcl Sr. Puente yBra-^ ñas, música del maestro RogeU titulado El matrimonio. j REVISTA DE TEATROS. Mal, muy mal ha empezado el presente año cómico y como sea verdad el refrán de «que quien mal empieza mal acaba» medradas están las empresas yparticularmente la de San Fernando. El empresario de este teatro sin duda ha creído que coq rebajar la dignidad del arle dramático español yponerlo muy por debajo de las piernas de unas bailarinas francesas, italianas yespañolas estaba todo hecho yme parece ámí que trazas lleva de sufrir un completo desengaño. En las entradas de abono, en los prospectos de idem y en todas partes, se nos hablaba mucho del baile francés y muy poco de la compañía de declamación. ¡Vergüenza dá haber visto en grandes letras anunciado Gretchen ydebajo y en muy pequeñas Hetmán Cortés, siendo este drama la primera obra que se daba aquella noche ycoincidiendo el ser de un distinguido hijo de Sevilla, yuna obra maestra en su género, áquien el público de Madrid saludó conuna de esas grandes ovaciones que crean un nombre para la posteridad! Un renglón en prosa española vale mas que cuantas piruetas se han dado yse darán eo todo el mundo. Si solamente hubiese actuado en San Fernando una compañía de baile, nada hubiéramos dicho, pero habiendo una ¡compañía de declamación en la cual figuran artistas como Iles S:es. Mata, Maza, Buron, Carsi ySras. como la Lirón, !Zapatero, García, Andradeetc., nos parece altamente reprensible que en vez de encabezarse los abonos ylos prosipectos ylos anuncios con los nombres de dicha compañia se vea esta postergada ála cáfila de mímicas yfigurantas 'que nos han venido de Madrid, IOcupémonos ahora de ios artistas yde las obras repre- ;sentadas. IEl señor Mata, sigue la escelente escuela de Romea. Para él no hay mas principio que el Realismo, la Verdad le conduce algunas veces ála exageración, pero muchas veces en esta se encuentra escondida la sublimidad. Buena y arrogante figura que se plega álas transformaciones del dolor físico ydel dolor moral, acento seguro yelegancia en los movimientos yen el vestir, posee esas buenas dotes que le hacen estar ála altura de los primeros maestros en su :difícil arte. Estudia yanaliza filosóficamente los personajes. Podrá equivocarse en el papel pero nunca en el tipo. IEl Sr. Maza es ya conocido. Simpático cual ninguno el público lo quiere yle aplaude. .detrás de este año deja otros de verdadera gloria para é!. Ei Sr. Buron, joven, de magnifica voz, dotado de esce- :lentes facuUades, estudioso por la razón de ser joven y Inuevo en la carrera que emprende; si sigue como hasta El Hispalense. 5 limpio esplendente yazul, vag’a el ang-el misterioso de los misticos amores, plegando en las gayas flores sus alas de blanco tul. El viene al mundo, hijo mío, para calmar nuestro anhelo llevando amante hasta el cielo la esencia del corazón. Porque al besar nuestra frente, con su inefable suspiro, en blando yamante jiro se lleva nuestra oración. Yal depositarla humilde ante la divina planta, de la Virgen sacrosanta, de la rosa de salem. Besando su pura huella dice «dulce madre mía la creación toda te envía esta perli de su fé. Recíbela que es el canto con que el mundo te saluda, con él ¡Oh Virg-en! escuda su amargura ysu dolor, con él vienen de las flores los perfumes mas suaves, *los cánticos de las aves yde la selva el rumor.» Yla Virgen, hijo mío, al recibir nuestro canto trueca en perlas nuestro llanto Ynuestra angustia en placer. Que en estas benditas horas de grata melancolía en el alma vida mía, brola la luz de la fé. —Di madre, ¿será mi hermano el ángel que hoy viene al mundo con afan tierno yprofundo, áinspirar nuestra oración? ¿Será su aliento hechicero el que acaricia mi frente? será su vuelo inocente el que cerca siento yó? —¡Quien sabe! quizá, hijo mió, ese rumor misterioso será el suspiro amoroso de sus labios de coral, óel beso tierno ytranquilo de su boca fresca ypura que viene desde la altura nuestro dolor ácalmar. Ven yjuntos rezaremos, dame, hijo mío, tu mano yen los brazos de tu hermano deposita tu oración, que al tender sus frescas alas por el azul firmamento llevará tu puro acento hasta las plantas de Dios. Erivxii'da Moreno de López Muño. ALGO DE NUESTRO SIGLO. ¡Bailar! Hé aquí una palabra mágica que nos hace estremecer apenas susurra en nuestros oidos. Mirada filosóficamente, una pareja danzante, nos simboliza la unión estrecha que existe entre el hombre yla muger. El baile, ha sido un hecho en todas las sociedades yuno de los pensamientos mas altos de la humanidad. En el Parnaso, creación elevada de la inteligencia, se encuentra Terpsícore. Apolo bailaba. Pan, al sonido agreste de su flauta, hacia difíciles contorsiones; yel alado Mercurio, se deslizaba por las nubes llevando sus piernas el compás de olímpica sinfonía. Algunos jóvenes de Grecia, rollizos yguapotes, al par que entonaban el ditirambo, hacían movimientos pedestres que eran aplaudidos por la multitud. En los romanos lupercales se veían zanguangos que, con mas luz que la que el sol ministra, corrían calles yplazas haciendo difíciles yvistosas ;flexiones de piernas. Siempre se há danzado en todas las épocas encontraremos mas ómenos ejercitado el báile. Apenas concebimos la hermosa figura de Cieopatra sin saber el paso de galop; ni áCalígula sin suponerlo entregado, siquiera por cortos instantes, álas delicias de un tango. Pero hablemos de la marcha que ha seguido el báile en nuestro suelo; yveremos como, empezan- ^do pobre con el siglo, se alza después hasta un Igrado del que apenas se concibe un mas allá. IRelegados al olvido los minués yotras cuan- Itas combinaciones bailables, por poca espresion en Isus movimientos, comenzaron, siguiendo su natu- Iral desarrollo, otros bailes mas esp?^esivos yde for- I mas mas elevada.s... jAsí como entre los diferentes sistemas de imantación, se encuentra el de contacto simple ycontacto separado ycomo entre los caracteres mineralógicos el de pegadizo^ poco pegadizo., también en el báile se encontraron sistemas ycaracteres distintos que establecían diferencias entre unos y otros. El «wals», la ((mazurka» etc., fueron cultivados felizmente. El primero, caracterizaba la rapidez de nuestro siglo; en unión de otro sin numero de bailes, nos pintaba afectos amorosos. Todos sabemos, que en las figuras de «cotillón» es preferido el buen mezo, al de figura raquítica yel jóven al viejo. La señorita que hacia en un principio esta elección poniéndose encendida, concluyó por complacerse en mostrar sus rigores al que le era menos simpático. El baile «adelantaba» en su desenvolvimiento. Al cabo llegó un tiempo, en que los bailes conocidos no satisfacían. Era tañía la candidéz de sus movimientos, eran tan rápidos, que mal se acomodaban ála espresion de un amor dulce y tranquilo. Entonces tuvimos que hacer un esfuerzo. 6El HisTDalenso. \ K4 A I IEeriódico de intereses generales,oieia- ;cías, artes -y literatnra. VMS • 1 'Se publica cuatro veces al mes, conteniendo toda clase de artículos instructiv'os yrecreativos, poesías, cuentos, anécdotas, etc., ycuatro páginas de lindísimos éinéditas novelas, con las que sus suscritores podrán formar fácilmente una interesante yamena biblioteca, para cuyo efecto, ála conclusión de cada tomo, se les repartirá una elegante cubierta de color esmeradamente impresa. ^Precios de suscricion: En Sevilla 4rs. al mes. Fuera de Sevilla: mes, 5rs., trimestre 14. Se suscribe en la imprenta del Círculo Liberal, calle 0‘Donnell, núm. 34. LENSE. EL HIS ISTABIECIMIOIO TIPOGRAFICO DEL CIRCULO LIBERAL, O‘l>onnell 34.—SEVILLA. En este establecimiento que se acaba de montar con arreglo álos últimos adelantos tipográficos, se hacen impresiones de todas clases ydimensiones, con el mayor esmero yprontitud. Al efecto cuenta con magníficas máquinas, semejantes álas que usan en Paris para la tirada de las obras ilustradas, ycon bien acabadas prensas francesas yalemanas, que contribuyen áque las impresiones se hagan con la perfección de que son susceptibles. Asimismo tiene una numerosa yelegante colección de tipos de todas clases ydimensiones^ procedentes de las mejores fundiciones españolas, francesasj inglesas yalemanas; podiendo las personas que se sirvan de este establecimiento consultar, si gustan hacerlo, el muestrario de aquellos, para elegir los que hayan de emplearse en sus trabajos. Se encarga de la impresión de cualquier obra que se desee publicar por entregas ótomos, trayendo para ellas fundiciones nuevas águsto de los autores; sirve inmediatamente álas corporaciones municipales ymilitares de toda clase de documentos, así como se encargará también de todos los trabajos que necesiten las empresas de ferro-carriles,- teatros^ toros, ydemás trabados para las sociedades mercantiles, mineras, de crédito óbanca: todo con perfección y economía. ARRENDAMIENTO. Eq ]a plaza de los Maldonados núm. 11 se arrienda una casa apropósito para establecimiento. Dan razón en la calle de las Sierpes núm. 3. LA EXACTITUD. Casa de préstamos, caja de ahorros, yventas públicas. Ballestilla núm. 7, Sevilla. PÁGINAS DE UN LIBRO. Manaes.—Tres besos.—Amores de an estudiante, por S>. Manuel Cano yCueto. Esta interesante colección de novelas tan justamente celebradas por la prensa de esta capital yla de Madrid, se halla ála venta en nuestra redacción al precio de 6reales. Para los suscritores ánuestro periódico á3rs. CRÓNICA DE LA CAPITAL. Mevista de Sevilla, por 9. Manuel Cano y Cueto yD. Tuis Montoto. Esta obra que tantos aplausos mereció el año pasado en el teatro de San Fernando, se halla ála venta en nuestra redacción, al precio de 4rs. VAPORES. El vapor español DURO, saldrá de este puer- to el sábado 12 de noviembre, para los de Sanlúcar, Cádiz, Vigo, Carril, Goruña, Gijon (en cuya dársena entrará,) Santander yBilbao. Admite carga ypasageros. Consignatarios, Sres. Martinez hermanos ycompañia, Catalanes 60. PARA LA HABANA DIRECTAMENTE. El bergantín español ENCARNACION, que saldrá del 15 al 20 del próximo mes de noviembre su capitán D. Luis Montes, admite carga ypasageros. Consignatarios, Placentines 29, M. M. de Pininos éhijos. SEVILLA 1870. Im.p. del Círcialo Liberal. O'^donnell 34. I El Hispa-lense. 5 aqui, podremos decir mucho bueno de é!. Tiene corazón yjLos aspirantes que se han presentado al concurso pasiente. Estudia ¿interpreta. ira la provisión de las cátedras de tagalo, historia deFi- El Sr. Carsi es gracioso, ¿qué mas podemos decir de un actor cómico? Orig’inal en sus chistes, ni es Pedro García, ni Arturo Tormo; hace reir como ellos yeste es su mérito. Golpes de verdadera viveza, inflexiones felices de voz, movimientos inesperados, algunas detenciones maliciosas en los parlamentos... esto es loqué hemos hasta ahora encontrado en dicho artista. Peí resto de la compañía, del baile ydel Coliseo Sevillano hablaremos en el número próximo, (Se continuará.) isroa:xox-A-s. Hoy ála una de la tarde tendrá lugar en el paraninfo de la Universidad de Madrid, con asistencia de S. A. él Regente, la inauguración del centro ele enseñanza libre. Los Sres D. Federico Soriano, D. Rufo Gordo yD. Francisco Alonso Gamo, que invitaron áS. A. salieron altamente complacidos del afable ybenévolo recibimiento qué les dispensó el general Serrano, cuyo señor es el primero de los socios de honor de la referida instilipinas yde las colonias, creadas por el decreto de 2de Octubre, son los siguientes: Para las tres cátedras. —D. Victor Camacho yFlorencio. Para la de tagalo éhistoria de Filipinas. —D. Joaquit de Coria. Para las dos de historia.'-D. Antonio de Aquino é Izardo, D. Florencio Janer, D. Vicente Guimera, D. Manuel del Valle yCárdenas, O. Emilio López de Berg&s y Merino, D. Enrique Loguina, D. Eduardo Orodea é Izarra. Para la de tagalo.— D. Rafael Enriquez yVillanueva, D. Gregorio Abreu de la Rosa, D. Mariano Pardo, D. Francisco Arriaga. Parala de historia de las colonias. —D. Joaquín Maldonado yMacanaz, D. Jacinto Rojas yVerdaguer, D. 'José de Lassa yGuisseme, D. Rafael Maria de Labra yCadrana, D. Rafael de Echevarría yPolauco. Para la de historia de Filipinas. —D. Matías Barrio y Mier, D. José Ramón de Villalon, D. José de Keyser yPalacio, D. Rafael de Cozar yBusch, D. Victor Baiaguer, D. Manuel Regidor yJurado, D. Pedro Arias :Aranaz. i ~^’ iUniversidad Literaria de Sevilla. i tucion. El acto será público yasistirán áel ámas de el regente, el presidente de las cortes yotros altos funcionarios del Estado, El jueves, yen presencia de una brillante concurrencia, se puso por primera vez en escena en el teatro Español la dolora dramática del ingenioso y profundo poeta D. Ramón Campoamor, titulada Guer- 7'aála guerra. Imposible es señalar todas las bellezas que resaltan en esa obrita, que no vacilamos en llamar verdadera joya literaria. Los profundos pensamientos abundan, ylos detalles admirables, producto del grande talento del autor, proporcionaron áeste y álos Sres. Catalina yOltra, que interpretaron la obra, una completa ovación. Felicitamos al señor Campoamor yálos dos distinguidos actores, ysentimos que aquel no haya resistido ásu modestia que le obligó áno presentarse ante el público á recojer el premio del fruto de su talento ysus vigilias. Anoche hubo también la novedad de debutar el joven actor D. .Julián Romea, sobrino del eminente actor cuya pérdida lloran los verdaderos amantes del arte. El joven artisía tiene grandes disposiciones^ que demostró en la chistosa piececita de Castillo titulada Luna llena. Se haya vacante, en la secretaria de esta Universidad una plaza de escribiente dotada con el sueldo anual d 750 pesetas, la cual ha de proveerse por oposición. El examen versará sobre gramática castellana yseñaladamente sobre el tratado de ortografía, sobre nociones de geografía política ysobre elementos de arltméíi- * ca, exigiéndose el conocimiento del sistema métrico de- ^ cimal. Los opositores escribirán al dictado. ^ Alas solicitudes acompañarán csrtificado de buena ] conducta. ] El término para presentar las instancias será el de i quince dias acontar desde aquel en que se publique es- ^ te anuncio en el Boletin Oficial de la provincia. í Conciuido el plazo se publicará por medio de anuncio que ha de fijarse en el tablón de edictos de esta Escuela el dia en que empezarán los ejercicios ante el tribunal nombrado al efecto. Ypara que llegue ánoticia de las personas áquíeg nes pueda interesar, se publica el presente dado en la j cámara rectoral de esta Universidad literaria de Sevilla á3de noviembre de 1870.—El rector, Castro. —1 ^JSTTXñSrCXOS. f TABACO DE LA HABANA. Gran surtido de tabacos, cigarros ypicadura de las mejores íábiicas de la Habana en la antigua yacredid lada tabaquería de la calle de las Sierpes, esquina ála s Campana. ^ Año I. PRECIOS DE SUSCRICION En Sevilla 4)'s. al mes. Fuera de Sevilla, un mes 5rs. Trimestre 14. PERIÓDICO DE PUHTO DE SUSCRICION. En Sevilla, en la Imprenta dxl Circulo Liberal, calle O'-donnell núm. 34, INTERESES GENERALES, CIENCIAS, ARTES YLITERATURA. Sevillca 14= d.e JNÍ oviemtir'e «de 1870. ©íBECTOfl, ,XD01sr IDE EXJEO-OS. C0Í.-1.B0ÍIABO2SES. Srta. de Velilla yKodriguez, Doña Mercedes. Sres. Giles yRubio, D. José. Sres. Aivarez Surga, D. Hafael. 0Jiménez Placer, D. Cárlos. »Cano yCueto, D. Manuel. »López Muñoz, D. Antonio. »Cano yGarcía, D. Manuel. »Montoto, D. Luis. »Domínguez yLópez Roda, D. José. »Nieto, D. Luis. »Escudero yPeroso, D. Luis. »Perez yGonzález, D. Felipe. »Esteban de Eliás, D. Gregorio. »Sánchez Moguel, D. Antonio. )) Ester, D. Cayetano de »Velilla yRodríguez, D. José do SUMARIO. Estudios filosófico-morales, por D. José Bominyuez. — Entre clérigos yddablos, (crítica) ,por X.—Losmensageros, por B. José de Yelilla yRodndguez. —¡Quien sabe! por M. =Cantares, por B. Felipe Perez yGonzález. —Apuntes de mi vida, por B. J. G. yR. —¡Allá vá eso\ =Rpvista d.e teatros. —Olga, (continuación) poí’ B. M. Cano yCueto. —•...-«^1.— Al comenzar esta publicación, no nos animó otro móvil que el de estimular ála juventud estudiosa, conñando en que contribuirla al propósi- to que nos impulsaba, acudiendo presurosa á nuestro llamamiento. Hoy que nuestros deseos se han visto realizados en mucho mas de lo que esperábamos, tenemos un grato placer en dar al público la lista de nuestros colaboradores, áquienes damos las gracias mas encarecidas por su cooperación franca ydesinteresada. La Redacción. .II — La Redacción de El Hispalense, se asocia al inmenso dolor que hoy aflige á los señores duques de Montpensier. Alos desventurados padres les enviamos toda la espresion de nuestro profundo sentimiento. ESTUDIOS FILOSOFICO-MORALES. Al comenzar hoy, la série de artículos objeto del epígrafe con que encabezamos estas líneas, no se nos oculta, ni ia grande.za de la obra, superior ánuestras débiles fuerzas, ydesautorizada voz; ni la escasa atención^ que en general merecen escritos de esta clase, en épocas como la presente, en que la sociedad, casi perdido el punto de vista objetivo ymoral de la humanidad, parece caminar ásu disolución aun contra la gran fuerza de la ley de conservación áque obedece. Mas, si nuestra humilde voz logra, en medio de las convulsiones políticas ysociales, porque atravesamos, conseguir la cooperación de personas mas autorizadas ycapaces, hacer lijar la atención pública, nuestra ambición se hallará satisfecha. Importancia de ¡os Estudios morales en la situación actual de Europa. En que época fueron mas necesarios los estudios morales! Una agitación violenta conmueve la Europa; multitud de ideas opuestas circulan, se combaten, ydespedazan; yentre el clamoreo confuso de esa multitud de voces, solo una cosa es posible comprender distintamente, yés, que muchos hombres aspiran ácambiar de situación. Privados de ideas morales las solas capaces de dar una sabia dirección álos espíritus, nos estraviamos en tres opiniones divergentes; opiniones que siempre tienen algo de vagas yexaltadas. Un publicista aleman decía, no há muchos años hablando de nosotros: No saben si desean tornar la coraza de los caballeros,la cogulla de los monjes, óla toga de los Romanos. ¡Que gran verdad encierran estas palabras, que retrato tan acabado hacen de nuestra instabilidad de ideas! Pueda enseñarnos la filosofía moral que no es necesario ser ni señor feudal para renovar nuestra gloriosa epopejm de ocho siglos, ni fraile para adorar al sublime mártir del Gólgota, ni Romano para conquistar ydar su derecho al mundo: sino ser hombre para concurrir á la civilización de la humanidad! La Europa puede decirse con seguridad que acaba de salir de la pubertad, que empieza áhacer uso de su razón. Sus leyes, sus cosíurnbres, son sus- 2El Hispalense. ceptibles de grandes reformas; por eso cuando consideramos nuestra agitación presente, ylos peligros áque se haya espuesta la actual generación ácausa de no querer ver el fin racional yobjetivo que está llamada á cumplir nos alarmamos de ver tantas personas que se dedican ála política, ytan pocas que se instruyan en la moral. No somos inclinados ála sátira, sabemos estimar nuestra patria. Pensamos que los españoles de hoy valen mas que los del pasado siglo. Observemos sino con imparcialidad la clase menesterosa, esos desheredados de la fortuna, áquienes tampoco puede pedirseles, sin darles el bienestar nece- . sario ytendremos que reconocer grandes mejoramientos: un ejemplo reciente podemos presentar como afirmación de esta verdad, yes, el buen sentido político ymoral de esa clase, después de una revolución que necesariamente ha roto lazos numerosos, ydesencadenado pasiones turbulentas; pocas provincias han presenciado desórdenes; la mayor parte han visto desgraciados sufrir el hambre, ysucumbir antes de envilecerse. El sentimiento de la humanidad humana parece haberse infiltrado hasta en las últimas capas sociales. Las convulsiones políticas que ha largo tiempo se suceden, han fuertemente excitado ánuestros conciudadanos árefiexionar; ycomo, desde que la refleccion llega, s^ aprende á conocer con mas ómenos exactitud L.. intereses ydeberes, esto ha suplido en un tanto álos estudios positivos sobre la moral, tan olvidados hoy entre nosotros: Mas existe una clase de la sociedad ála cual, ni los someros principios déla ciencia moral, ni las reflexiones incompletas de sus deberes, le bastan; yque, en un grado superior álas otras, necesita de firmes principios, de una alta moral, álos que el poder de la razón sujete todos sus actos. Privada de tal ayuda, la vemos falta de integridad yaun de conocimientos. Esta clase la componen hombres de todas opiniones, que por su posición, su talento^ ó actividad, ejercen óquieren ejercer gran influencia en los destinos del Estado. Esta clase está entre nosotros desmoralizada; ycomo en último resultado ella dispone de la dirección social, el lector puede comprender sin dificultad los peligros áque nos expone la ignorancia ódesden del fin supremo de la humanidad. Estraña contradicción! ün siglo que se distingue por e> examen de tantas cuestiones imoortantes, por la discusion de un número tan prodigioso de ideas, ¡ de opniiones, de principios délos cuales parece depender la suerte del género humano, desdeña las luces que solo la moral racional puede ofrecerle. Es quizá, que en nuestros debates se agitan solo intereses egoístas ytransitorios, yno el interés universal yeterno? La moral forma hombres; yquien no desea ser hombre? Observad aquellos que en el mun io pasan por sentirse con miras elevadas; este qu ere ser magistrado', aquel, geney'ac, esotro, ministro. Recordarles áalgunos de estos las ileas del gran Sócrates: decidles que, para ser magistrado, ueneral óministro, es necesario ser antes 7mm- hre. ydudo que lenguaje tan claro, les parezca inteligible. En el transcurso de algunos años, cuantos hom- I 1>T3S débiles yversátiles, rne ha presentado nuestra j escena política, grandes un dia, ypequeños al ^ guíente, llevados por la esperanza de uñ vil egok mo, ópor los delirios de alguna absurda exaopreJ ración! Para conocer lo que les faltó, osemos co'^ pararlos con un verdadero hombre de estado. áFranklin; qué rectitud de miras! qué unidad e sus principios! qué perseverancia en su conduce De donde nace esa prodigiosa superioridad sobt^^^ nuestros políticos de un dia? Vamos áesplicarlo nuestros lectores. Antes de soñar en reformar lrd^®_ hombres ylas leyes, Franklin se ocupó de conoce Vreformarse así mismo. (Se continuará.') José Domínguez.- tig- Ltri \n ki O RQ- drs quí ma EL ENCAPUCHADO. nut Em ira El . Pa.rtida e.i tres jugadas, puesta en acción por L. Zorrilla. SU I Con este título se estrenó en el año cómico sado yen uno de los teatros de Barcelona, la última producción dramática de D. José Zorrilla: no ha^g , muchos dias se representaba en el teatro íCspañol Madrid, y, según se dice, muy en breve se pondr en escena en el coliseo de S. Piernando. La aparicio de una obra, debida ála pluma que escribiera le Cantos del Trovador, verdaderamente es un acor tecimiento literario que reclama la atención de cuar tos aman la literatura. La obra de Zorrilla fue acogida por el público c Barcelona con verdadero entusiasmo, si creemos que se lee en la primera página de la Partida', m; no ha sido igual el éxito que ha alcanzado en el te¡ tro Español: El Encapuchado, apenas si ha podk resistir cinco representaciones. Esta noticia que le mos en un periódico de Madrid, nos sorprendió mi mucho, ynos hizo dudar del buen criterio con qt siempre salvas ligeras escepclones, aquel público 1 juzgado las obras literarias. Hoy, que hemos leidoi producción de Zorrilla, comprendemos el por que ! el éxito eoGíraordmarisírno que alcanzase en Barc lona yel por que de la fria acogida que obtuvo i el teatro Español, El público de Barcelona aplaud al poeta yel de Madrid juzgó la obra, olvidando del nombre de su autor. ¿Qué es, pues, El Encapuchado^ Su autor nos' dice en la dedicatoria de su trabajo: «Esta obra mia no es mas que un juguete: ni puf de aspirar ámás éxito que al.de pasar sin ser de airada, ni la he escrito con otra pretensión que 1; de entretener dos horas al público. Es una tela ¿gon no mal ver, mas de trama débil, que no puede x^ria sistirja inspección del lente de una crítica justa' imparcial; pero es de una estofa que no está tramíqel da con los groseros hilos de esa jerga de aljofifa' con que alfombra hoy ios tablados de nuestros te? tros, la desvergüenza del género bufo ycancanesf importado dé los lupanares de París.» Estafranca declaración está conforme con el jui cío de la critica /?í5A? éimparcial No es mas qH' un juguete, no ciertamente por su brevedad, sinop*^ ±ül Hispalexase. 3 Itálica, no había escuchado antes otra voz tan sublime, EÍ después ha vuelto áresonar en aquellos solitarios campos otra que dig’na sea de igualarse con ella. Quirós, Mediano yRioja, en sus sonetos, Laraarque yNúñez, en sus odas, nos ofrecen ejemplo vivo de cuanto acabamos de decir; que, de aquellos sonetos, solo el de Quirós, y, de estas odas, solo )a de Lamarque, atesoran bellezas merecedoras de loor. El soneto de Rioja és por demás insulso yfrío, y el peer de los tres citados. y, sí esto es así, si tan altas prendas avalora, ¿como dudar ni poi' un instante que, en el siglo décimo sesto, ni León ni Herrera, ni, en el -presente, Gallego yQuiniana, i cuenten ninguna inspiración mas preciada? Podrán tener, ' álo sumo, alguna que se iguale; mejor que cüa ninguna; I porque méjor que ella no tiene ninguoa el Parnaso casle- !; llano, porque «basta ella sola ácaliñcar ásu autor de j 5gran poeta (1); porque la Poesía no liega ámás (2); porsque DO se igualan coa ella ni aun las odas do los mayores | sliricos de la antigüedad clásica, Pindaro yHoracio.» (.3) 1 Qué mucho, pues, que así sea delicia de propios yes- ; traños? ¿Que mucho que nuestros críticos mas ilustres, co- ! mo Quintana, Lista (4), Martinez de la Rosa (5), Marchena j yRíos, la ofrezcan, como acabado modelo, ála admiración | de todos? ¿Dónde hallaríamos espacio bastante, las veces i ánumerar que ha sido impresa desde que en el pasado si- | glo salió álu/. por vez primera? (6) | Sus pensamientos, su estilo, su dicción, han inspirado I copiosas consideraciones ánuestras preceptistas; yhasta 1 Hermosilla, el desabrido retórico que despreciaba atrabií liariamente nuestro Romancero, aquel que solo veia de- i fectos en poetas de la talla de un Lope, de un Balbuena, ! casi siempre por accidentes gramaticales, no tiene para | esta canción mas que elogios (7); yés que en ella se her- i manan admirablemente la idea yla forma, privilegie» solo'j de las grandes obras, yal critico de pensamientos, como I al critico de palabras, tiene, áno dudarlo, que agradar 1 sobre manera. | ¿Qué mucho, también, que haya sido llevada álas na- | cienes extrañas como brillante muestra del lirismo espa- ; ñol.^ Mauri (8), Lampillas (9), yBolh de Faver flO), uno I en Francia, otro en la patria del Dante yel último en la moderna Grecia. Alemania, cóimania de elogios en sus pu- | blicaciones; mientras Latour (11) el ilustre crítico francés, ' áquien España debe eterna estimación, la traduce ásu idioma patrio con singular acierto, yel Vate del Rhin, el Lope de Vega germánico, el insigne Fastenrath (12), la vierte, con su acostumbrada maestría, en la rica lengua que hablaran Gultemberg ySchieg-el. Y, sin embargo, obra tan magnifica estuvo Inédita siglos enteros, durmiendo en empolvados estantes, corno Itálica en su tumba; y, cual ella, también, su verdadero origen, su verdadera historia, se ha desconocido de público hasta ha poco; siendo tanta la ligereza de los eruditos al Iralar de este origen, de esDi historia, sus errores tan graves, cuanto que llegaron hasta atribuirle diverso i (1) Amador de los Ríos, Traducción de la literatura española de Sisrnoitdi . (2) Quintana, «Colección de poesías selectas castellanas. (3) El Abate Marchena, Lecciones de Filosofía, Moral y Elocuencia. (4) Lista, Tronos escogidos de los mejores hahlistas castellanos. (5) Martínez de la Rosa, Notas dla «.Poélica.» (6) En el Parnaso español. Colección de poesías selectas castellanas. Madrid, imprenta de Sancha. 177-i. (7) Arte de hablar en prosa yverso. Madrid 1839. (8) Espagne poetique. Pefris 1826. (9) Saggio storivo-apologetico del\?. lettcratura spagnuola. Genova 1779. (10) Rimas antiguas castellanas. Hamburgo 1823. (11) Études sur L'Espagne.—Seviile et 1‘aridakiusie. París 1855. (12) Sesperische '&lvJhen. Leipzig, 1809. autor, desconociendo de todo pnnto cual fuese el inspirado yVerdadero cantor. ¿Cómo, pues, ha podido ocurrir? ¿Como ha tenido lugar tan alto olvido, tan alta contrariedad? ¿Como, en fin, ha podido tener arraigo creencia tan absurda? He aquí lo que va áscrobjetode los presentes «Estudids críticos.» Demostrar que DO el «Dulcísimo cantor de las ñores,» Francisco de Río- ja, sino el docto historiador de Sevilla, Rodrigo Caro es único yverdadero autor de aquella admirable canción: trazar la historia de esta admirable poesin, las razones que se han Unido para creerla primero «en todo» y luego «en parle» de Rioja, las que hoy se tienen para negarle toda participación; evidenciar cuales sean en justicia los autores de este descubrimiento literario, respondiendo así ála ruidosa polémica que viene agitándose en la prensa acerca de estos particula.rcs, tal és en nuestro propósito; tal, de consiguiente, el obligado tema de los siguientes artículos. AjSTO>'ío Sa?;chez Moguel. EN LA MUERTE DEL .JOVEN POETA JESTTS :r,oii>:eixo-tjez O.AO. 4r Vate, si en aciaga hora cortó la muerte tu aliento, ytu alma dejó este mundo por otro mundo mas bello, nunca de la mente mía se lia de borrar tu recuerdo, yaquí vivirá tu nombre, tu nombre que será tatemo. Ardió en lu frente la llama de la Inspiración del cielo, yhoy láuro inmortal la ciñe, iáuroque conquista el génio. Para cantarte, poeta, no tendré seniido íicento, ni arrancaré de mi lira dulces ysonoros ecos, llornenage átu memoria en pobre cantar ofrezco. ¿.mas como dignos cantares tampoco ofrecerte quiero, si harpa que vibre armonías entre mis manos no tengo? ¿si no me abrasa ia mente de la inspiración el fuego? Ami tu claro renombre trajo la fama en su vuelo, yde tu mágica lira triste suspirando el viento ámi en sus ligeras alas trajo los sones postreros. ¡Ave que el nido perdiste formado en valle risueño, flor que el aromado cáliz aun no mo.-trastes abierto, yen tu primera mañana ya deshojada te vieron! ¿Que importa que de la muerte duermas en la tumba el sueño? Dejó anhelante tu alma VB. sus cadenas rompiendo, este valle de amarguras donde lloró tu destierro, yáhabitar fuiste dichoso de la gloria el sacro templo. De la muerte éntrelas sombras, radiante de luz te veo, cual sol que rasga las nubes lanzando vivos reflejos. 11j 1Hispalense. El laurel que mereciste, nunca lo deshoja el tiempo, ysi la traidora envidia sus negras alas batiendo sobre ti, pudiera acaso oscurecerte un momento, la ardiente voz de tu fama la habrá de lanzar muy lejos, ypublicando su triunfo, mas esplendorosos luego el claro sol de tu gloria Derramará sus destellos. Mercedes de Velill.\ tRodríguez. Sevflla, 2de Setiemire de 1869 •^ LAS ROSAS. En noche pura ycallada á una estrella contemplaste^ ysu fulgor eclipsaste al fuego de tu mirada. Ysi la estrella yel mar yla flor, cándida ypura, se rinden átu hermosura ¡como yo no te he de amar! Gregorio Esteban de Elias. APUNTES DE Mí VIDA. (Conclusión.) ATIl. Balada. I. ¿Á donde vas, niña hermosa? ¿Porque veloz, como el aura. Alegre bajas del monte, Si apenas apunta el alba? —Yoy ácoger en el prado Bellas rosas encarnadas, Que formen para mi frente Sencilla ynupcial guirnalda; Ytemo, si mucho tardo En bajar esta montaña. Que el sol marchite las flores Antes que pueda arrancarlas. II. ¿Á donde vas tan llorosa. Bajando de la montaña? ¿No miras que el sol ardiente Sus vivos fulgores lanza? —Voy al prado, voy al prado En busca de rosas blancas, Para coronar la frente Del hijo de mis entrañas. En sus purísimos labios Celeste sonrisa vaga, Y, aunque sonrio, en su cuna Ya ensueño eternal descansa. Hoy no temo, si me tardo En bajar esta montaña^ Que ei sol marchite las flores Antes que pueda arrancarlas: N6, las que yo corte ahora Con mi llanto irán regadas... .1. Giles yRubio. AM. V. .. Aorillas del mar te vi yálas olas envidié, porque besaban tu pié enamoradas de ti. Sintió tu aliento una rosa yla flor se marchitó, porque abrasada murió al besar tu boca hermosa Nuestra felicidad no había de ser eterna. Llegó un dia en que me notificaron, tenia que abandonar el pueblo de Matilde. Debía dirigirme áAmérica. Como la tórtola que recibe en su nido ei helado copo de la nieve, así fué la impresión que me causó tal noticia.. Matilde la escuchó con el majmr sentimiento. .abundantes perlas escaldaron sus mejillas, yprodujeron en mí un nuevo dolor. En vano pretendía consolarla, hablándole de mi regreso. Matilde al pensar en nuestra separación, se estremecía Yo me estremecía también; pero procuraba ocultarle mi honda pena, con objeto de mitigar la suya. Llegó el momento fatal. Lloramos juntos; ytras nuevos juramentos ypromesas de amor, me alejé de su lado, llevando su imágen en cambio de mi alma. IX. El viaje se hizo intenninable. Recorrí toda la costa setentrional del Nuevo-Mundo. Tuve ocasión de admirar el poder de la Naturaleza, Aquellos desiertos, aquellos vírgenes bosqnes, fueron á mis ojos otros tantos motivos de admiración. Pero bien pronto abandonaba mi pensamiento, el panorama sorprendente que ante mi vista se desplegaba. Era para volver á Matilde. Matilde, ála que amaba un grado mas, por cada minu- to de ausencia. ¡Cuantas veces me deleitaba en su dulce recuerdo, contemplando su imágen en la espumosa estela, óen el plateado. disco de la noche..! X. Todos los correos recibía carta suya. Después de haberla leído un millón de veces, me estasiaba contemplando los caracteres que habia producido su diminuta mano. Hasta los dobleces del papel, eran para mí, objeto del mas detenido exámen. Llegó un correo, yno recibí carta. La creí estraviada, pues cada dia estaba j'o mudando de lugar. Esperé impaciente el segundo correo. Tampoco la recibí. Pasaron dos años sin tener noticias suyas. En vano dirijia mis cartas áalgunas personas del pueblo. En vano escribía áAlatiide, Todos guardaban el mismo silencio. ¿Habría muerto? He aquí el juicio que formaba, pues no podía dudar de su cariño. Mas de una vez rodaron lagrimas por mis mejillas, asaltándome la idea de que Matilde hubiera dejado de existir. Me amaba tanto, que solo de este modo podía esplicarme su silencio. Asi pasaron algunos años. ¡Cuantos fueron mis sufrimientos...! ;Que insoportable me fué entonces la existencia...! El Ex^palense. (D XI. Todo tiene fin en este mundo. 'Ojalá no hubiese vuelto de America....! Lleno de júbilo, comencé mi viaje hacia España. Volvía áser feliz. La dicha me embargaba el espíritu, yenloquecía con la idea 'de ver áMatilde. Que largo se me hizo el viaje..../ Cuantas veces creí ver en las lejanas olas, los pintorescos festones de nuestra península...! Al cabo, una mañana se convirtieron mis sueños en realidad. Distinguí, aunque álarga distancia, un manto de flores que se estendia sobre el azul del mar. Aquel manto de flores, era España. La figura de Matilde se elevaba ante mis ojos, ysobre aquella pradera, velada por densa niebla. Arrebatado por la magia seductora del espectáculo, no pude ahogar un grito de alegría; ycubriéndome el rostro con las manos, quedé abismado por algunos instantes.. .. XII. En una tarde de Abril ycuando el sol se reclinaba en los mares de occidente; cabalgaba yo, acariciando dulces pensamientos, hacia un pueblecito que por su blancura se destacaba entre lo oscuro de los cercanos montes. Próximo áel, hice alto en una ermita casi derruida por el abandono del vecindario, yla implacable furia de los elementos. Mis ojos buscaron ansiosos la fuente que en otro tiempo de ventura, se hallaba cerca de la ermita. Un triste presentimiento hizo latir mi corazón. El tosco pilar de ladrillos que aprisionaba el cristalino néctar, no existia, yel liquido turbio por el contacto del terreno, se derramaba áborbotones por la abertura de una roca. Un suspiro se escapó de mi pecho al contemplar destruido aquel objeto, testigo de mis mayores dichas, ypenetré en el pueblo, envuelto por las sombras de la noche. XIII. /Que terrible desengaño me esperaba....! Ya ha trascurrido tiempo de los sucesos que refiero; y sin embargo, cuando evoco su recuerdo para pasarlo al papel siento que mi pecho desfallece. La primera noticia que me dieron en el pueblo, acerca de Matilde, fué: que poco antes de morir su anciana madre, se habla desposado con un rico propietario del lugar. Entonces me consideré el mas desdichado de los hombres... Renegué de mí suerte, pero no dudé de Matilde. Matilde me amaba tanto....! ¿Quién sabe, me decía, si alguna necesidad le ha impedido átal sacrificio? Entonces me avergonzaba, considerando mis fuerzas inferiores álas suyas. Pero esto no me satisfacía; yo necesitaba verla oir de sus labios, que aun me amaba. En una palabra; yo quería que se cruzáran nuestros suspiros en señal de despedida; suspiros que equivalían álas siguientes frases; Adiós. Si la suarte nos ha separado, yo me resigno della-, pero jamas se apartará de tí rni pensamiento. XIV. Tuve una entrevista con Matilde. Aquella entrevista fué el triste desenlace del drama da mis amores. Matilde me recibió con la mayor frialdad. Apenas se acordaba de mí ... Alo exijente de ráis palabras, solo contestó, qué habían trascurrido catorce años ypor lo tanto la muger había SQStituilo ála niña. Yo le recordé sus antiguas promesas de amor. Ella contestóme, se había casado profundamente enamorada. Era verdad. Matilde no me había amado nunca.... La muger, es cierto, no ama mas que la primera vez, fiero no siempre se apasiona del primer hombre que la galantea. Los momentos que duró mi entrevista con Matilde fueron los mas terribles de toda mi vida. Sus palabras habían helado mi corazón. Un vértigo horrible se apoderó de mi. Entonces dudé de todo. Maldije el momento en que se enjendró en mi. pasión tan desgraciada; yhubiera maldecido á la muger, si un nombre santo no hubiera venido ámi pensamiento Era el de mi madre. Mi madre, única muger que en la tierra podía enjugar mi llanto. Unica de quien no podía dudar, porque su amor era desinteresado. Ella me aguardaba con los brazos abiertos, ella podía cicatrizar mi herida, por que una madre es el balsamo que Dios puso sobre la tierra para calmar los infortunios de los hombres. ¡Desgraciados los que pierden tan preciosa joya..!. Triste humanidad, que se estremece de placer al sentir el ósculo embriagador del amante-sobre sus labios; yrecibe cor indiferencia el beso maternal depositado en su frente. XV. Yo abandoné para siempre el pueblo de Matilde. No la olvidé, por que mi amor hacia ella no había sido un luminoso meteoro; pero logré que se disipara un tanto la honda huella que en mi corazón había impreso. Matilde no habia cometido un crimen, pero sí una faltado resultados lamentables. Aquel desengaño entivió mis pasiones yme proporcionó alguna esperiencia. Vosotras, jovenes, que poseéis el misterioso secreto para rendir al hombre, hiriendo las fibras de su corazón; Compadeceos; no abuséis de el, por que semejante al niño, se engaña con facilidad, pero sus desengaños le dejan sin alma: existencia mas honfible que la muerte. J.G.yR . REVISTA DE TEATROS. Tócanos hoy decir alg/o del Coliseo Sevillano; yasi, cumpliremos nuestro proposito, exponiendo el juicio que nos ha merecido. El local, si bien no puede competir con el de un teatro de primer orden, es por lo menos muy aceptable; yen sus pequeñas decoraciones se nota propiedad yalgunos toques felices. Al hacer una ligera reseña de sus actores, escluimos los que actuaron antes de nuestra publicación. El Sr. Delgado, no necesita nuestra alabanza. Los genios del arte se recomiendan por si solos. Siente, yhace sentir. Su voz sonora ysu admirable interpretación, no pueden por menos que arrancar los merecidos aplausos que se le tributan. La Sra. Perez, recita con facilidad, se impresiona las mas veces, ysiempre estudiosa, interpreta felizmente los pensamientos del poeta. El Sr. Galvan, es un buen actor. Sus dificiies papeles, por lo odiosos que ála visfa del público se presentan, los ejecuta con maestría. La Srla. Santos, la hemos visto con placer, en la escena, tanto en los dramas como en los juguetes cómicos donde su intencionada frase, suele con frecuencia arrancar nutridos aplausos. El Sr. 'esejo, es uno de los primeros actores cómicos de nuesho teatro. Su voz, ora temblorosa como la del viejo, ora fina yamanerada como Ja de un tímido joven, nos pono de relieve todo Jo ridiculo de nuestra sociedad. El Sr. Diaz, es un actor joven digno de elogio. Las Seas. Carvajal yRomero ylos Sres. Feimandez. Ladislao, Ferié, Gómez, Guillen yGarrido, son actores, muy aceptables. Los espectáculos dados hasta ahora, merecen nuestra aprobación; tanto por la elección de obras, cuanto por la ejecución de ellas. La mayor parte han sido dramas, álos que el publico há prodigado infinitos aplausos, prueba 6El KispeLleTi.se. evidente de que el drama no ha muerlo, como algunos >. pretenden demostrar, haciendo ver que la comedia de eos- • lumbres es hoy la única que puede tener vida ea nuestro , teatro. El drama se verá con placer ejecutado, siempre que ; haya actores que sepau interpretar sus altos senliinientos ysus diñciles situaciones. El ANILLO DEL REY, TRAIDOR, IXCOXFESO Y3IAR- TIR, EL ZAPATERO Y' EL REY, hau sido produciones admirablemente ejecutadas. Ea, LA JERA EY SAYTA GADEA, estuvo el Señor Delgado, á!a altufa de la idea que tenemos formada de YUESTRO HEROE. La entonación coa que recitaba en algunas escenas, nos puso de relieve la altivez de aquel caudiüo que hasta en presencia del autor desús dias, esdamaba: iALLi VA ESO! Entre las varias erratas do nuestro número anterior =se cometieron ea el articulo Estcdios Filosofico-momles, las siguientes, que son de consideración. En la columna 2.^^ de la pagina linea .23, dicese ev tres opimokes divergentes; debiendo leerse entre opiniones divergentes: en la columna l.“ de la 2.^ linea 2.3, se lee hluunidad hü.oiana debiendo entenderse DiGNiD.tD huniana, yen la úilima linea Ide la expresada columna, donde se dice nie h.v present.vdo, idebe leerse no sa presentado. S¿ no fuerades mipo.d're Diej'civos de hofeiadas. Jimena, Alfonso ydemas personajes, estuvieron interpretados. No tan feliz el leslo de la compafiia en el drama SANCHO GARCIA, el Sr. Delgado, nos hizo ver en el tercer acto de la obra, lodo el encono que contra un sarraceno cabía en el corazón de un castellano de aquel siglo. En D. FRANCISCO DE QUEVEDO nos habló el S;\ Fernandez con toda la astucia del favorito. Las Sras. Perez Santos, estuvieron acertadas; yel Sr. Delgado, ora con sus chistes, ora con sus filosóficos pensamientos, nos mostró claramenle el corazón de nuestro desgraciado poeta. Pero la obra, donde mejor hemos podido apreciar el mérito de este actor, fué en la elegí apara la noche de su beneficio. OTELO, arreglo que honra ásu autor D. Francisco Luis de Retes, si bien, tiene algunos lunares, fué la obra en que por sus difíciles ytrájicos momentos, pudimos admirar en toda su estension, ei arle del Sr. Delgado. Los celos, pasión funesta que arrastra ai hombre hasta el crimen, la vimos pintada admirablemente por el beneficiado. üiia sospecha cruza por la mente de Otelo: duda yvacila, ptro las pruebas que le presenta un miserable, lo arrastraa al precipicio. El Sr. Delgado, supo graduar convenientemente la marcha de la acción, yapenas concebimos, dada la elevación del segundo ytercer acto, como pudiera ir mas allá, en el último de la obra. Su ronca voz, nos hacía temblar, aquella idea le devoraba. Desdémona, suspirando ante su rada faz, no logra con sus lágrimas, disipar de la mente de Otelo, aquel terrible pensamiento, yhunde despiadado el puñal en el pecho de ia muger que idolatraba. Todos estos momentos fueron sublimes en ei ir. helgado. Su entonación, sus ademanes, después de haber cometido el sacrificio, hasta que viendo ia inocencia de la víctima, se suicida, fueron inimitables. Ei público premió con aplausos, coronas ypuesias, trabajos tan maestros. La Sra. Perez, estuvo bastante bien. >u amor, su inocencia, yel temor de morir ámanos del ser áquien amaba, fuerun interpretados con sumo acierto. El Sr! -Gulvun, en su difícil papel de Yago, nos hizo ver un corazón de hiena. El resto de ia compañia, no nos dejó que desear. Después de! drama, tuvimos el justo de ver un pasillo de D. Ramón de La Cruz, fuente inagotable de sainetes. Nos agradó por ia es' raordin aria facilidad de su verificación, ypor lo bien ejecutada: particuiarriicnte por el Sr. Mesejo, que tan bien caracteriza los tipos en esta cLaso de composiciones. Cese por hoy nuestra revista: ysiga trabajando la compañía del Coliseo Sevillano, como hasta ahora, sin olvidar el precepto del vate, que tanto puede aplicarse á autores, como áactores; Si el empresario de S. Fernando ha tenido en cuenta nuestras escitaciones para variar el orden de anuncios le damios las mas espresivas gracias; si ha obrado de moto PROPIO le feliciiamos sinceramente. De una óde otra manera, siempre aconsejaremos al público que llene las localidades de S. Fernando, pues el vacío epac se nota en el primer Coliseo de la capital, ámas do ser injustificado, dá pobre idea de la sociedad Sevillana. ¥• Tenemos entendido, que, en la presente semana, se pondrá eu escena, en el teatro de S. Fernando, el juguete cómico Lo QUE TIENE MI MUJER 01'i jiual de nuestro querido amigo ycolaborador D. Gregorio Esteban de Elias.—Sabemos, que eu el mismo coliseo, ymuy en breve, se estrenará Un CORAZON EN PEÑARANDA, juguete del que tenemos las mejores noticias. ¥ La Academia de Buenas Letras de esta capital, acaba de dar áluz las Obras literari.vs del malogrado ingenio D. Luis Segundo Huidobro, uno de los hijos mas ilustres de Sevilla. 'Eu hispalense, üó respenderia ásus propósitos, si uo se apresurara árendir un público ymerecido tributo de adiniracion al grande hombre, cuya temprana m.uerte, lamen- 1tan de consuno su apreci;tble familia, sus numerosos amigos ycuantos tuvieron ia señalada honra de conocer y apreciar sus envidiables prendas. Asi, que, desde nuestro próximo número, tendremos la particular complacencia de ocuparnos de .sus admirables produciones publicando aljiv DOS arlieuios, que, referentes álas mismas, viene escribiendo uno de nuestros colaboradores, bien conocido en la república literaria. ¥ it: Han empezado los ensayos clei drama, orijinal de un literato de nuestra capital, titulado T\itiza. Esperamos que los actores del Coliseo sevillano, sepan interpretar los pensamientos del poeta. -IWiJuJW II SEVILLA. 1870. SI VIS ME FLERE DOLENDüM EST... 1 Imp. d.el Círcialo LÜbe-ra.1, 0'donne2l34. 4: íijI i±íspa.Iexise. En los primeros dias está fascinada ycomo encantada de vivir al lado de su esposo. Él se pregunta mil veces, ¿será verdad? ¡Es mía! Ysu corazón rebosa ydá gracias áDios, y siente un arrebato de orgullo delirante ysiempre acaba por arrojarse álos pies del ángel de su vida ycubrirlos de besos. Ella, no cree que pueda acabarse tan apacible encanto, yabismada en su pensamiento amoroso, dejará ásu amado, hablar de amor yde esperanzas, empapándose en el rocio de sus palabras, como el cesped, en el agua de la fuente. En su jardín, ála tibia luz de la luna, se paseará apoyada en el brazo de su esposo, con paso lento, con completo abandono, cruzando las manos, con ademan indolente, yembriagándose en su mirada éinundando su corazón de poética delicia. —Ah¡- Que bien estoy átu lado, esclamará sin cesar. (1) Llega un dia en que la esposa es madre, en que ; la flor ha dado su capullo. Cuando la mente evoca la noble figura de la madre, el corazón palpita lleno de entusiasmo. ¡Vosotros, los que hacéis de la rauger un padrón de ignominia, vosotros Tenorios tísicos, raza de víboras, ateos del amor, fanfarrones éhipócritas del viciOj vosotros, (que en los cafés yen las reuniones crapulosas, para aparecer como seres gastados) escarnecéis la virtud de las mujeres ynegáis su pureza como una preocupación de los buenos y de los honrados, no mereceis haber tenido madres, debíais ser unos hongos! Oh! sol, oh! mar, oh! rosa, oh! maire! La madre es igual al padre por derecho divino. Se dijo un diá.. La muger no dá hijos, única- • mente los lleva. (2) Aristóteles, esclamaba. «Solo el padre es creador.» (.3) La ley india dice.. «Respeta átu padre yátu madre,» pero en seguida añade.'» Solamente el respeto átu padre te abrirá el mundo superior de la atmosfera.» (4). En las Eurnénides de Esquilo se sienta el principio monstruoso de que Orestes no era parricida porque solo mató ásu madre. (5) Principios tan absurdos, tan monstruosa doctrina no es preciso rebatirla. M. Serres (6) discípulo del ilustre Géoffroj- Saint-Hiloire, el sábio áquien todos los médicos de Francia eligieron por gefe en el congreso médico, inspirándose en los trabajos desconocidos de muchos sábios de siglos anteriores, atacó enérgicamente ese vituperable menosprecio de la madre. (1) Michelet. (2)Leyes de Manú.-lib, IV. v. 28 y29. (3) Legouvé. (-i) id. (5) Esquilo -Eumenides p. 254. (6) Compendio de anatomía trascendental.-cap. VI de la Epigénesis. El padre ama mucho ásus hijos, pero la madre los ama mas. En el amor maternal es donde la muger se muestra más fuerte yfiera que el hombre ysobre todo mas constante. Por el amor maternal el animal se aproxima ála naturaleza humana, yla naturaleza humana se eleva hasta la divina. Entre los animales, solamente la maternidad se parece áun sentimiento; el amor paternal es una escepcion, el amor sexual es un instinto: la maternidad les dá precisión, amor, abnegación y hasta heroísmo. Yo he sido testigo del valor de una tierna curruca que había construido un nido en un zarzal. El padre yla madre siguiendo la costumbre de esos hermosos pájaros, permanecían alternativamente en el nido: si yo me acercaba cuando el macho lo guardaba, huía inmediatamente áJas ramas superiores, revoloteando, chillando y" agitándose, pero huía; si rae aproximaba cuando se hallaba la hembra, ésta se mantenía en su sitio, por más que me acercaba' áella, yhasta llegar átocarla no se movía. Yo veia latir su corazón debajo de sus plumas, veia como se abrían ybrillaban de terror sus negros ojos, yápesar de es- to permanecía quieta. Esto ora realmente un sentimiento; había solicitud porque había miedo, había abnegación porque habia sacrificio. (7) ¿Qué padre se atrevería ácomparar su amor al de una madre? Al morir un hijo, el padre llora, mas el tiempo borra su dolor: para la madre es una herida incurable yeterna. ¿No habéis visto esos rostros pálidos, que llevan impreso un sello particular de aflicción? Su ternura, el débil acento de su voz ysu frente inclinada ymarchita, la luz opaca de sus ojos, revelan algún pesar oculto^ que les oprime el corazón. No preguntéis que cáusas tiene su pesar. Son madres; mirad su vestido, es negro, han perdido un hijo. Así las vereis, un año yotro año.... Una muger atacada de unaenfermedad mortal, que también le habia arrebatado áun hijo diez años antes, esclamó en medio de las angustias de la agonía. ¡Oh! cuánto debió sufrir mi pobre hijo! (8) Suponed un mónstruo; Lucrecia Borgia^ por ejemplo; el ilustre poeta de las Orientales, reuniendo en este personaje el incesto, el robo, el asesinato, todos los crímenes que ha enseñado el infierno, creyó que para levantarlo ála condición de criatura humana, bastaba poner en su corazón el amor maternal y que el nombre de madre era capaz de lavar el de Borgia. La madre es en la tierra el único Dios sin ateo. La querida os hará sufrir por egoísmo ópor vanidad; la esposa, os hará derramar lágrimas, porque (7) Legouvé. (8) id. El Hispalense. 5 es mujer ydébil, solamente vuestra madre no habrá tenido para vosotros mas que besos, consejos yun raudal perenne de dulzuras. Besad la casta frente de vuestra madre, yregeneraos al dar ese beso. No permitáis que vuestros i labios, manchados por el contacto de una cortesana, ¡ Gue los labios envilecidos con la embriaguez de una j ora-ia, vayan luego ámanchar la frente de vuestras I madres. I La madre es un altar, nunca debe ser profanado, i Oh! hijos, amad á\njestras madres. ¡Cuando la perdáis, entonces llorareis, comprendiendo todo su valor! Recordad cuando estuvisteis enfermos! ella no S8 separaba de vuestro lado; recordad cuando estuvisteis tristes, ella enjugaba vuestras lágrimas; recordad cuando le contasteis vuestras faltas, ella ; 03 dió un consejo, os suplicó, no os riñó nunca. ! Oh, madre, tu eres la dulzura^, tu eres el con- | suelo, tu eres la esperanza! Bucldha predicaba un dia ante sus discípulos | diciéndoles: «Suponed un hijo, que durante cien años enteros lleva ásu madre ácuestas, óbien que á fuerza de trabajo le asegura toda clase de bienes, todas las riquezas que la tierra produce: joyas, perlas, esmeraldas: ápesar de esto no habrá hecho nada para su madre^ nada la habrá dado, porque ella le ha alimentado con su leche yeducado con sus palabras,» (9) M. Cano yCueto. ¡¡¡MAÑANA!!! FANTASIA. Cuantas veces, queridísimo lector yno menos qneridisima lectora, esta palabra habrá sido pronunciada por tus labios ó habrá llegado átu oido, mensajera siempre de esa multitud de ideas que se suceden sin cesar en nuestra mente ante la idea de ei porvenir! Cuantas veces habrá el júbilo ensanchado tu corazón bajo el influjo de esa mágica palabra ytu frente abatida por el dolor se habrá reanimado al escucharla! Cuantas.^ imposible seria numerarlas. El hombre jamasen su porvenir vé una mancha que ¡e empañe, jamás en el cielo de su mañana vé la mas leve nube que le oscurezca. La ilusión solo viste de placer, el traja del dolor está reservado para la realidad. Por eso en la cadena de la vida el hoy yel mañana se enlazan por esa bella ilusión el ayer yel hoy por esa aciaga realidad. La humanidad es la lechera de la fábula que llevando su cántaro de leche forja mil ymil vagas esperanzas, llena su mente de fantásticas ilusiones, de bellísimos castillos en el aire pero que roto su cántaro, su mañana no para vuelve, repite mil ymil veces su cuento. (9) introducción ála historia del Budhismo-Burnouf. Ah! si el mañana no llegase, si no se despertara jamás de ese mágico yvoluptuoso sueño que precede al mañana sueño de ilusiones que solo vé un cielo de ventura un horizonte color de rosa cuan feliz sería el hombre! Si la realidad, si esa horrible noche no llegase jamás si el dia de la ilusión fuese eterno!... Pero no; ese sueño termina, ese dia no es infinito yla punzadora realidad viene ádemostrar al hombre, que la ventura, eterna está muy lejos de la tierra. Terrible es el desengaño, amarga es la verdad, pero la mente como el cuerpo necesita alimento para vivir yel alimento déla ine’ite es la ilusión. .Por eso ála herida que deja el hoy, el hombre aplica el bálsamo del mañana, por eso con el placer ele la, ilusión trata, de calmar el dolor de la realidad,. Yque es el mañana? El mañana es el ideal de la ventura, es la aspiración del alma, es la gloria. .A.SÍ el insensato hombre la define. Insensato, si, por que el mañana, e! mañana no es mas que el hoy de ayer, ciue el ayer de antes de ayer. Porque esa gloria futura no es mas que el infierno presente, no es mas que el infierno pasado. Mas no, digo mal, si el mañana se trueca en hoy para que este ásu vez pase al ayer queda otro mañana, si bien queda otro hoy, el mañana no muere aunque tampoco el hoy paerece. La ilusión continúa, la realidad no termina, La gloria sigue, el infierno no retrocede. Mañana mañana!! Pero que es esto.? En que honduras me meto. Basta, mente, basta. Conten tu vuelo por hoy, mañana será otro dia. F... ¡ALLÁ VA ESO! Retiramos gran parle de los originales que teníamos preparados para este número, con el fin de dar cabida en él al notable juicio crílieo del drama de nuestro querido amigo ycolaborador don José de Velilla yRodríguez, debido ála pluma del muy aplaudido autor dramático, también nuestro amigo ycolaborador, el Sr. don Carlos Jiménez Placer. -k -k So nos dice que en !a presente semana tendrá lugar en el Coliseo Sevillano, el estreno del juguete cómico en un ac- to titulado «Una pasión de verano», original de uno denuestros conocidos literatos. Tenemos los mejores informes de esta obrita que esperamos ver puesta en escena con el acier- to que distingue álos actores dcl citado coliseo. 'k ~k 6Ef Kispalense. DOLORA, Aunirse vienen dos, de amor perdi<jOs, Ei novio es muy g-alan; ¡a novia es bella. ¿Serán en alma como en cuerpo uniucs? Teslig'os, primos de él yprimos de ella. En nombre del señm son bendecidos, Vence el yugo al doncel yála doncella, Deian el templo y, al salir, se arrima En primo ála muger yél áuna prima, H.BE CaViBOAOICR, kk SOVETO. Yo ho encontrado muchachas celestiaics. cuyos ojos mis ojos inñamaban yhe encontrado usureros, que llevaban por cada duro al mes doscientos reales. Yo encontré multitud de irracionales, que entre los racionales se niezclaban ytambién botarates, que ocupaban en la Nación los puestos principales. Yencontré al inocente encarcelado yal criminal én libertad completa, por doquier paseando descuidado ysin ser -carnaval mucha careta todo esto hallé.... mas fui tan desdichado,. que no encontré jamás una peseta. F, PEREZ GoXZA-LEZ. .^ EN EL CAFÉ. « —Dime, Perico, ¿ha estado aqui Rosario? -r-¡Y que guapa, canario! —¿Con quién? —Con un alférez de marina, que por cierto me dió buena propina. —(¡Oh, furor! ¡Ah, veletas!) Le traeré las chuletas. (i'Mugeres! ¡Siempre ingratas!) —¿Solas las quiere usted?— No, con patatas. kk Hablando del baile El Espiritu del mar, decía un pedante, que paseaba por los pasillos del teatro de San Fernando, acompañado de algunos amig-os: —Este baile me gusta, sobre todo, par ei pensamiento, por lo que encierra, en una palabra, por la esencia. Uno de los que le acompañaban csclamó: —Pues ámi, como lodos los bailes, por las formas, k k —Mamá, ahí viene Antoñito. —No lo saludes, niña, que no trae g’uantes. Esta noche tendrá lugar en el coliseo de San Fernando una escogida función ábeneficio de la primera, j actriz Sra. Lirón, poniéndose en escena el magnífico dra, !ma original del Sr. don Cayetano de Ester, titulado La Pendiente Suave, obra conocida ya del público seviUan.o yque por si sola basta áformar la reputación literarij de un autor dramático. Estrénase, además, un juguete oj. mico del aplaudido Eusebio Blasco, titulado La seíiora del piso bajo, remitido por su autor al Sr Mata, para qae en nuestro teatro vea por vez primera la luz pública, jpodemos menos de dar las mas encarecidas gracias álog directores de escena de los dos principales teatros de esta !capital por el interés que se toman en dar vida yanf ímacion ála literatura dramática-sevillana: el Sr. Delgaido dá á conocer (Witiza,) El Sr. Mata, repite, ¡cosa rara :en provincias! una obra estrenada hace dos años en el Imismo teatro. Anímense, pues, los autores sevillanos, den I ála escena sus obras, que Sevilla despierta dcl largo jyprofundo sueño que le embargaba. I Ikk I IHemos tenido la satisfacción de leer el «Manual de la Saflud,» qne nos ha remitido su autor D. Cesáreo Martin Somolinos. Agradecemos ádicho señor su recuerdo, yno dudamos en irecomendar álos partidarios de ia homeopatía su librito útil Ipor todos conceptos. i ‘¥ kk El sábado último tuvo lugar en el Coliseo de S. Fernando el beneficio de. la Srla. Pinchiara, estando el teatro mucho mas concurrido que de ordinario. La beneficiada fue aplaudida frenéticamente, tanto en el baile cómico un divertimiento chino, como en el bailo español La Lerla de Andalucía, compuesto espresamento para esta nueva hija del aire. k Habíamos visto áValero interpretar el dificil drama LA CÁRCxlJADA, con la maestría yel sentimiento pro- < pió del gran artista, joya de nuestra escena. El Sr. Mata, luchaba con el recuerdo del grao actor; Sevilla le ha aplaudido fervorosamente, lo que muestra o,ue el Sr. Mata es uno de nuestros actores que mas se prestan átodos los géneros yque es uno de los grandes génios de la escena española. ¡Lástima que las revueltas políticas porque atravesamos, el poco gusto titerario yquizás el ,poco dinero, hagan que nuestro principal coliseo se haiHe casi vacio diariamente! Anímese el público. IEl Sábado de la presente semana, creemos se pon- , j drá en escena en el Coliseo de S. Fernando, las tan es-! peradas piezas «Lo que tiene mi muger» y«Un corazón en Peñaranda» ysegún hemos oido una comedia de eos- . j lumbres debida ála pluma de un distinguido poeta de 'esta capital. Deseamos álos autores un completo éxito. ¡SEVILLA 1870. Irxap. del Círcrrlo Liberal. IO'clonnell 34. Año I. Núm. 5. PRECIOS DE SUSCRICÍON E,i Sevilla 4rs. al mes. Fuera de Sevilla, ten mes 5rs. Trimestre 14. PEBIÚDiCO DE HlftECTOH, iDOisr xde sxjx^o-os. COEAeOSAUÍíBES. PUNTO DE SUSCRICION. En Sevilla, en la Imprenta del Círculo Liberal, ca lie 0‘donnell núm. 34, Srta. de Velilla yBodriguez, Doña Mercedes. Sres. Alvarez Surga, D. Bafael. )> Cano yCueto, D. Manuel. »Cano yGarcía, D. Manuel. )) Domínguez yLópez Boda, D. José. »Escudero yPeroso, D. Luís. »Esteban de Elias, D. Gregorio. »Ester, D. Cayetano de SUMARIO. ¿A ciué altura^ se encuentran lashellas artes?, por J. D. —TVitiza, drama histórico en tres actos; continuación del juicio crítico por D. Carlos Jiménez Placer.—Album poético. —Al eminente actor don Pedro Delgado, en la representación de Otelo, por Doña Mercedes de Yelilla yRodrriguez . —En el álbum de. .., por C. de Ester.—Sueiios, por llafaM Alvarez Surga.—Principio yfin,por M. — AB..., por M. Cano yCueto.=Elprecio de la vida, por E. Scribe; traducción al castellano por don Luis Nieto. — \Alld vd esol —Olga (continuación), por 31. Cano yCueto. ¿Á QUÉ ALTURA SE ENCUENTRAN LAS BELLAS ARTES? Si álos verdaderos amantes de las «artes bellas» preguntáramos cual es esa altura, seguros estamos que su contestación sentida ydolorosa, pero franca, seria decirnos «es nula: la generación presente, materializada ydescreida, está incapacitada para sentir ycomprender las ideas grandes yelevadas engendradoras de las artes». Ver si esto es una verdad, analizar en todo caso la causa,’ tratando de ver en un porvenir mas ómenos lejano la esperanza que pueda cabernos, hé aquí nuestro plan en el presente artículo.=Empresa es, sin duda^ árdua, escasos también nuestros conocimientos; mas*si logramos, al cumplir con uno de los fines que se propusiera nuestra humilde publicación El Hispalense, escitar ápersonas mas capaces, de ilustrar esta cuestión, quedaremos bien recompensados. Si cierto es, que el fin de las artes liberales, es la realización de la belleza; si la belleza no es mas que el resplandor de la verdad^ ysi esta no puede encontrarse más que en la naturaleza fisica ymoral, álas que sus leyes asignan por fin el bieiii parece evidente, que el fin de las bellas artes ha de ser realizar el bien por medio de la verdad en la belleza. Mas el bien que realiza la naturaleza fisica es armó- Sres. Giles yBubío, D. José. ») Jiménez Placer, D. Cárlos. »López Muñoz, D. Antonio. »Montoto, D. Luís. »Ñieto, D. Luis. »Perez yGonzález, D. Felipe. »Sánchez Moguel, D. Antonio. i> Velilla yBodriguez, D. José de nico, como lo es así misnm el que realiza la naturaleza moral yracional, ycomo las dos realizaciones tienden al infinito, una por su permanencia enla materia, la otra por su permanencia en lo absoluto de su razón, podremos deducir que las artes liberales están llamadas con sus bellas creaciones cada vez mas armónicas, j, por consiguiente, mas cerca del infinito, áelevar ai hombre i. hasta el yo absoluto, para que de este modo pueda I sentir mejor el carácter racional ydivino del suyo, y :mejor cumplir el bien general, ylos particulares que le asigna. Si han llenado, óllenan hoy las artes el fin que ílas hemos asignado, problema’ es qué no puede resolverse sin investigar antes cual sea el modo de ser de la humanidad, ylas leyes áque obedece en su desarrollo. La humanidad en nuestro humilde juicio se ha sentido siempre; ysiempre ha estado realizada en la concreción relativa éinfinita de todas sus manifestaciones desde que se ha visto; porque siendo esta una parte del yo absoluto, un conjunto orgánico, ni ha podido menos de ser increada, ni dejar de desarrollarse toda dentro de su relatividad ysalvo los predominios consiguientes átodo organismo. Examinando el cuerpo humano como organismo físico (estudio tan necesario éindispensable átodos los que se dedican álas bellas artes); encontramos que desde que se forma ycomienza su desarrollo, hay unidad relativa en su desemvolvimiento, yvariedad en cuanto álos predominios de órganos ósistemas, predominios que no tienden ánegar la unidad sino ádar un sello especial ácada una de sus partes yequilibrar sus fuerzas vitales, llevándolas, allí do son necesarias; hasta que armonizadas todas, el hombre se presenta en la plenitud yapogeo de todas sus fuerzas. Esto mismo sucede en sus fuerzas morales, en su organismo intelectual, nace sintiéndose, se desarro-' lia con unidad relativa, dentro de' una síntesis que se le impone, ymediante ála variedad que le dá urí 2El Hispalense. análisis que ve yconoce poco ápoco por los predominios que vá formando, hasta que desarrollada por completo su razón, esta tiende ácomprobar el ideal óla síntesis que se le impusiera por el análisis ya hecho; se lo apropia ólo rechaza formándose otro, y la razón realizada en su propio yo dentro de la unidad yvariedad de sus manifestaciones relativas, la vemos dispuesta ácontinuar su progreso infinito. Estas consideraciones nos conducen ádeducir que debe reconocerse ála humanidad como conjunto orgánico yarmónico, como concretada yrealizada siempre en todas sus manifestaciones en la relatividad de todas sus épocas; ycomo efectuando esto, dentro del análisis yla síntesis, con predominio de uno úotra, predominio que tiende ápresentarla mas tarde, en la armonía de todas sus fuerzas, 5^ miembros, de todas sus naciones yrazas. La época presente está caracterizada por el predominio del análisis sobre el organismo, síntesis que parece perder sus fuerza yforma; la humanidad presiente una nueva síntesis, un nuevo ideal parece como’ afilar ypreparar todas sus armas; todas las ramas del saber son objeto de su estudio, todas trata de perfeccionarlas, ysi no encontramos unidad en sus manifestaciones, porque no es un ideal la que la guía sino todos los que han sido anteriormente áella vemos perfeccionamiento en todas sus partes. Admiremos los grandes monumentos que representan ideales que fueron, yque han de serlo otra vez armonizados con el que llega, bajo una forma mas perfecta; pero sin desconocer que la generación presente es mas grande en sus obras de análisis yperfeccionamiento que preparan el nuevo ideal, que lo fueran lasque le precedieran concretando ydando formas ásus ideales. iCuando ni en qué época se han visto mas perfeccionadas todas las ramas del saber, ni han sido mas acabadas sus particulares manifestaciones! Es cierto que no tienen fondo propio, que viven de ideal prestado, pero el momento de presentarse con el suyo no tarda ycon sus perfeccionados medios es lógico predecir, que sus manifestaciones han de apagar el brillo que aun fulguran las creaciones del antiguo €lacisismo, ódel Renacimiento. J. D. WITIZA DRAMA IH TRES ACTOS YEN VERSO. original de I). José de Velilla yRodríguez. (Contin nación .) La voluntad paterna, no la ley de! amor, llevó álas gra” das del Altar áAurelia donde juró fidelidad ysumisión, que era todo lo que podía jurarle, ásu esposo Teodomiro, descendiente de una familia ilustre yya denodado campeón entre la nobleza goda. Para él. su amor yel Rey, fueron los polos de su existencia. De ella, lo fueron el Rey yel honor de su marido, que era también su propio honor. La felicñlad sin embargo parecía estrechar con aquel doble lazo los corazones de los esposos. Pero llega un dia en que el imperio se estremece al recrujir de las armas que se aprestan en la sombr.-» contra Witi- 2a; yeste es el dia primero que el sereno cielo en que hasta entonces había Teodomiro intimamente vivido, amanece para 41 anublado, como presagio triste de inminente desgracia. En vano la nobleza ocultaba sus designios, la córte romana sus ulteriores planes, ysus adelantamientos yconquistas, para engrosar el bando, sus parciales; que nada desconocía Witiza; quien concediendo mercedes de todo género, trataba de enderezar torcidas voluntades, yhacer de enemigos, los más declados, sus más acérrimos defensores. Aeste fin fué llamado Teodomiro, áquien dió una plaza entre la primera grandeza yun nombramiento para la cámara de la reina en favor de su esposa Aurelia. Rechazar estas munificencias cuando la hora de estallarla rebelión no había sonado, hubiera sido prevenir sobre lo que más empeño se tenia en que germinara oculto. YTeodomiro tuvo que mostrar el agradecimiento en sus lábios, ypresentar en palacio áAurelia, conduciéndola luego hasta los pies del monarca. Una ilusión fácilmente se pierde; un deseo prontamente se amortigua úolvida; el amor mismo, degenera en un tranquilo afecto con el tiempo, cuando no se estingue. Pero cuando esa ilusión se acaricia, llegando áser amor; yese amor siente correspondencia; yel deseo atiza su. fuego, de suerte que en él se abrasael alma, logrando hacer de la razón cenizas, la llama de la pasión que arde viva en el pecho, nunca muere: el corazón acaso logre entre tormentos comprimirla, mas tema que al menor incentivo salte con ímpetu redoblado álos ojos; brote de ios labios; ysalga como desbordado rio, amenazadora y siniestra. Tal se pintó la pasión en el semblante de Witiza á la presencia de Aurelia radiante de belleza, de sus mejores galas ataviada, desnudos su cuello yhombros hermosamente raorvidos, en el momento de su presentación en palacio, por Teodomiro. Esta afición ygoce de los sentidos, viólos también el esposo de .Aurelia retratados en las facciones del liviano monarca; yatento al recibimiento presente, jrecordando qu aquella muger yaquel Witiza. antes de que la férrea corona ciñera sus sienes, se habian amado; tuvo miedo. Que custodia yguarda de la honra yvida, como de la hacienda, es la prudente desconfianza. Vio su honra amenazada, tembló por ella; yavaro de guardarla, como sediento de vengar la nueva afrenta que presentía, juró en el fondo de su alma derrocar al coloso ó perecer en la empresa. Mas, ¿quién sabe si Witiza anhelaba este juramento? ¿Quién -sabe, si comprendiendo el temple de alma de Aurelia, si conociendo su resistencia heróiea, su virtud, fué su intento romper aquel eslabón de la cadena de su vida en la que su honra y voluntad suspiraban aprisionadas? Es lo cierto que Teodomiro levanta allí mismo los ánimos, antes de salir del palacio, yque al cerrar la noche próxima reúne en el jardín de su propia casa los conjurados; reuní n en la que ya hemos visto aparecer, clamando también venganza contra Witiza. al capitán Sisberto; yal dia siguiente, Teodomiro, por mandato del rey, yace en un calabozo sentenciado. Aurelia entonces corre desolada ála presencia del monarca. He aquí la escena: .Aurelia. La salvación, AAfitiza, de mi esposo espero conseguir. Witiza. ¡Nunca lo esperes! Aurelia. Sí, demuestra tu instinto generoso. Witiza. Calla, calla. .Aurelia. No manches, no. tu gloria, ¿Tu propio corazón no lo resiste? Yo te lo ruego, si, por la memoria.... de nuestro antiguo amor.... Witiza. ¡Ah! ¿Qué digiste.? Recordar el arpor que en el abismo hundió mi plañía yque mi pecho hiere, es inútil piedad, porque es lo mismo que decir que no muera al que se muere! Déjame ásolas con mi amarga pena, déjame ásolas con mi mal profundo, que esa palabra que en tu boca suena ha despertado de ilusión un mundo. ••• Aurelia. jCalla, calla por Dios! Witiza. Lucho yme agito, herida el alma de mortal tristeza: para vivir, Aurelia, necesito idolatrar el sol de tu belleza. {.Ay, si pudieras mirar mi corazon!=Yerto. sombrío ±ül Hispalense. 3 como aquel dia en que dejé de verte está mi corazón. Por tí suspira, ysueña en el amor que le dá muerte: por tus encantos, sin cesar delira; los placeres me dan viles enojos ylloro, siendo un liombre, como un niño. Bien hacéis en llorar... ¡Llorad, mis ojos, la perdida ilusión de mi cariño! Aurelia. Recuerda que el destino nos separa yapiádeifea mi queja lastimera. No me hables de tu amor. ¡Oh, quién pensara que en pena dicha lal se convirtiera! Witiza. ¿Tienes el corazón tan inhumano que viendo amor tan grande no se doma.? Pues bien... ¡mia serás! /siempre el milano deshizo entre sus garras la paloma! Aurelia. Tuya. ., ¡jamás! Witiza.. Yel adorado esposo, cuando asome la luz del nuevo dia dormirá de la muerte en el reposo, que así lo exige la venganza mia! Aurelia. ¡Ay mísero de él! Witiza. ¡Y ella le llora, yállorarlo se atreve en mi presencia! ¡Ese llanto no más que miro ahora ese llanto es no más quien le sentencia. Aurelia. ¿Le niegas tu perdón? Witiza. ¡Ella le ama/ hoy mismo morirá. Aurelia,' Sangre respira.... Mas ymás langre en tu furor derrama; tiembla de Dios ante la justa ira. Su mano poderosa te abandona yte empuja álos bordes del abismo, ¡Tú morirás sin cetro ysin corona, trémulo, yespantado de tí mismo! ¡Huye de aquí! Witiza. La muerte me desea.... ¡Yo mil veces también, también la imploro! Aurelia. ;Huye, Witiza, ádonde no te vea! W'itiza. /Ay infeliz de mí! Aurelia. ¡Le odio!.... ¡Le adoro!» La venganza real se ha cumplido. El bárbaro cuchillo ha segado la cabeza del infeliz Teodomiro. Yla esposa sin ventura, está loca. WYtiza puede ya acariciar en su pecho de hiena la idea inhumana de la soledad ydesvalimiento en que dejó áesa muger que cree que adora. Pero, tiemble el monstruo!... Esa sangre recientemente vertida muy pronto inundará su trono, ysu realizada venganza traerá sobre su cabeza la mas terrible de las justicias. Trasladémonos ála morada de la pobre loca: Teodosinda, á su lado, la compadece ysirve. Sisberto aparece en la estancia cuando es menos esperado de su amante, el que entonces la informa de que Toledo se alzará aquel dia contra el tirano. Y como Teodosinda tema por la vida de Sisberto, éste le dice: «En mi causa yo confío, seguro del triunfo estoy. ¿Porque Dios le sufra hoy sufrirá siempre al impío? Pronto has de ver cómo alcanza el castigo ásu malicia, porque es mayor la justicia Si llega con mas tardanza.» YSisberto sale: aunque no sin que antes le haya arrancado Teodosinda la promesa do que volverá vencedor 6vencido; ácuyo fin, ypreviniendo este último acaso desgraciado, le ha dicho que hará dejar las puertas de la casa abiertas durante la noche para darle asilo ófacilitar su huida. Aurelia vaga por la estancia llena de melancolía, teñida de mortal lividez su semblante. Aurelia. Esa inquietud.. .dime, dime, ¿Qué tienes? Teodosinda. Y'o.... Aurelia. ¿Te han herido en lo profundo del alma? Entonces llora conmigo. Hoy siento un afan.,.. Teodosinda. Aurelia.... Aurelia. Afán que nunca he sentido. Paréceme que es el dia postrero de mi martirio.» Lágrimas de gratitud ytierna compasión se desprenden de los ojos de Teodosinda viendo la terrible desgracia de su dulce amiga, por cuya vida teme. Yolvidada de su propio dolor, esfuérzase por darle consuelos, ylogra llevarla hasta el lecho donde al fin consigue que repose algunos momentos. Luego, la misma Teodosinda esclama, contemplándola: «¡Se ha dormido! Sueña..., murmura.... sonríe.,.. Tal vez el sueño benigno ofrézcale, en su locura, la imágen de un bien divino. Ella es feliz en su sueño, *yo infeliz seré en el mió; mi sueño me ofrece siempre la imágen de un bien perdido.» La noche ha cerrado lóbrega. La escena ha quedado desierta; pero se oye lejos, muy léjos, un ruido sordo, mas prolongado, imponente ysiniestro. Siéntese en este punto, abrirse una de las puertas del foro con estrépito, yun hombre aparece en ella azorado, descompuesto el semblante, al aire su cabeza, con los cabellos ysu trage en completo desórden. Ha entrado apenas, cuando se ha vuelto precipitadamente para cerrarla, permaneciendo algunos instantes de espaldas, junto á ella; con el oido pegado á la cerradura; como quien desea no percibir átravés de ella ni el leve rumor del viento; como quien teme no e.«tar aun seguro de los que le perseguían. ¿Quién es este hombre? ¿Es Witiza.? Oigámosle; —«Esa puerta me salva de la muerte que mtí sigue tenaz. ..¿Dónde me encuenti’o? —¡Oh, si la hallase aquí/... Mas si es mi suerte, ¿qué importa hallarla fuera óaquí dentto.? Hasta el último instante he batallado.... Adversa mi fortuna.... Los traidores mi trono ymi poder han derrocado.... Mi valor indomable se quebranta. En esta soledad ni el viento zumba. Este silencio lúgubre me espanta.... So parece al silencio de una tumba. Sombra de la muger que el alma mia idolatró con ardoroso extremo, hoy se cumple tu negra profecía. Pido la muerte como bien supremo. De los hombres yel cielo abandonado busco la oscuridad como un bandido, del rencor de mi pueblo amenazado, cual lobo carnicero perseguido. ¿En dónde está la Providencia justa que reparte los males ylos bienes, cuando yo siempre la desdicha adusta he sentido pesar sobre mis sienes? C. JIMENEZ Placer. Concluirá en el número próximo.) ALBUM POETICO. AL EMINENTE ACTOR =:«Yo era un ángel que vivía.... ¡ vivía en el Paraíso, i yDios me arrojó álá tierra I de mis culpas en castigo.» Murmura: luego se detiene delante de Teodosinda, yfijando en ella su mirada yasiéndole una mano, la dice: «Tú tiemblas. ¡ Teodosinda. ¿No he de temblar si está Sisberto en peligro? JD, jp:EnD:EiCD z:>siua-jviDO, en la representación de OTELO, Otelo... ¿Y'o no soñaba? ¿Y eras tú quien lo fingia? ¿Tuya la voz que escuchaba? 4=El Hispalense. por sus cadenas ¡mísero! lloraba. Supe ebatir ála nobleza toda yde mi pueblo mejoré la suerte Aurelia. Yes se pueblo... Witiza. ¡La nobleza goda es, no mi pueblo, quien me da la muerte! No ignoro que la Historia ha de infamarme, que el odio ha de escribirla—la presiento — que no sabrá entenderme ni juzgarme, ni adivinar mi justo pensamiento. Mas ¿quien sabe?... Tal vez la edad futura esta inscripción en mi sepulcro lea: aqni yace un monarca sin ventura mártir valiente de su grande idea. Hoy ni piedad ni compasión merezco. Aurelia, Núnca supo olvidarte el alma mia. ¿Y has podido pensar que te aborrezco?.. Witiza. ¡.Ih! Podremos amarnos todavia... Aurelia. Un imposible tu esperanza invoca. Sábelo, pues. Mi corazón te ama, pero mi vida al término ya toca. Witiza, ¿A su término dices? Aurelia, 'Dios me llama. Siento venir la muerte. Horrible frió circula por mis venas.... Witiza. ¡.\h, me espanto! Aurelia. Escucha, escucha: el pensamiento mió solo es del hombre que adoraba tanto. Witiza. Pero ¿vas ámorir? Aurelia. La calentura, la calentura solo me animaba, mas ella se acabó con mi locura yahora mi vida, por' mi bien, acaba. Acércate Tu labio no blasfeme ymira resignado mi sentencia. Quién ha sufrido mucho nunca teme ** ver cortada la red de su existencia. Aurelia, que ha ido perdiendo visiblemente las fuerzas, cae desplomada. Su agonía, lenta, dulce, tranquila, comienza desde este instante. Sus manos estrechan las de Witiza; ycon voz entrecortada ydébil, continua: ¿Te acuerdas..... di del placentero día en que me abriste tu alma enamorada? ¿Recuerdas que mi labio sonreia, recuerdas..,,? (sollozando, contesta): /Todo, sí! ¡No olvidé nada! ¡Cuán felices pudiei’amos ahora haber sido los dos! Dios no lo quiso ¡Ah!.... Yo muero, señor Mi voz te implora... ¡Es un ángel que sube al Paraiso! Muero, señor El frió de la muerte rápido por mis venas se desliza ¡Ten de mi compasión!¡Oh pena fuerte! ¡Ten de mi compasión!.... Adiós Witiza ¡Muerta!... ¡Muerta!... Imposible... no está muerta, no lo quiero creer.,... ¡Vano es mi empeño! ¡Aurelia, Aurelia mia!.... ¡Ay, no despierta Sí. nunca se despierta de ese sueño! Yo quisiera dudar No ni un latido mueve su corazón ¡Witiza ahora también quiere morir....! Pierdo el sentido.,.., ¡Oh, cuan hermosa está!.... ¡Witiza... llora! (dentro). ¡Muera Witiza!.... ¡.Muera! (volviendo precipitado al balcón). ¿Qué oigo?.. Pasa buscándome mi pueblo se detiene yme busca feroz de casa en casa ¡Ven pueblo, ven aquí!..., ¿Por qué no viene? ¡Yo soy Witiza! ¡Muera! Me detesto. Siento tan solo que la muerte tarde. ¡También pido mi muerte!.... Ven, ven presto... ¡Muera Witiza! ¡Ven, pueblo cobarde! Conjurados ygente del pueblo entran en este momento en la estancia, algunos con hachones encendidos, todos armados. Sisenando ySisberto vienen también con ellos. El último con la espada desnuda se adelanta. Todos. ¡Muera! Witiza. Dios lo quiere. ¡Libradme de la vida! ¡Pronto! Sisberto, ¡Muere! Witiza, (cae, yesclama:) ¡Aurelia! soy feliz... ¡Muero contigo! Así termina el drama del Sr. Velilla yRodríguez; del que creemos haber expuesto ydicho lo suficiente para que nuestros lectores puedan formar siquiera una idea ligera respecto al mérito de la composición, ysirva al propio tiempo de satisfacción yestímulo merecido átan jóven autor. En cuanto ála representación de dicha obra, nada dejaron que desear al público los artistas que en ella tomaron parte. Don Pedro Delgado, que como primer actor ydirector de escena, desempeñó el difícil papel de Witiza, ámas de caracterizar este personaje, como el sabe, tratándose de este género, estuvo más que feliz: inimitable, sublime. No recordamos haberle visto igual ni en El Zapatero yel Rey, ni en Ea Jura en Santa Gadea ni en Otelo. En las escenas del segundo acto yen todo el tercero, el Sr. Delgado, áigual altura que el ideal del poeta, logró arrebatar ála concurrencia de modo que los bravos y aplausos de ésta, casi no interrumpidos, que atronaban el teatro, estuvieron más de una vez ápunto de cortar la representación. La señora Perez, acertadísima también en el desempeño del papel de Aurelia, consiguió impresionar al público, que rindió un tributo de admiración ásu talento aplaudiéndola con grandísimo entusiasmo^ La señora Santos, en el de Teodosinda, tuvo momentos verdaderamente inspirados, de un decir lleno de dulce ternura, como una melancolía dolorosa; tales fueron los de su escena con Aurelia, ysu inmediato soliloquio del acto último; en los que el público la aplaudió unánime yespontáneamente. Para,concluir, el señor Galvan, en quien todos reconocemos rarísimas facultades yun talento superior, con cuyas dotes, domina casi sin esfuerzo la escena, estuvo ála altura de su reputación en el corto papel de Teodomiro. La escogida ynumerosa concurrencia que llenaba el teatro, hizo salir al palco escénico repetidamente yal fin de cada uno de los actos al autor yartistas que habían tomado parte en la obra. C. JIMENEZ PL.4.CER. ALBUM POETICO. LA ORACION. AMI QUERIDO HIJO EDUARDO. Ven árezar, hijo inio, que la oración está dando yya baja en vuelo blando el arcang^el del Señor. Ven, ydobla reverente }a cabeza y)a re¿j})a. yuna plegaria sencilla brote de tu corazón. —Di madre, ¿por qué rezamos cuando suena esa campana? de la risueña mañana entre la primera luz, óen la tarde misteriosa entre la dulce armonía, dime ¿por qué madre mia al sonar te inclinas tú? —¿Por qué? porque en esas horas melancólicas ybellas de las últimas estrellas con el vago resplandor, óal lanzar entre celages la postrera luz el dia en el alma, vida mia, brotan torrentes de amor. Yentre las doradas nubes de refulgente topacio que circundan el espacio Witiza, Aurelia. Witiza. Aurelia. Witiza. Aurelia. Witiza. El pueblo, Witiza, El pueblo Witiza. El pueblo Witiza. 6El Hispalense. I Era preciso un baile que reuniese todas las condiciones que la sociedad ecsigia. Lo buscamos. Yfuimos mas felices que Diógenes. La Danza con todos sus atractivos, sentó el pié en nuestra península ypor todas partes se escu- ^charon sus armoniosos ecos. En las tertulias de confianza, en los grandes soirés, en las reuniones de alto ybajo coníurno, no se bailaba mas que Danza. Doña Pepa que, daba reuniones los jueves yDomingos, decía que era un baile que encantaba yque lo prefería álos demás, por estar en completa armonía con la duración de sus alfombras. En casa de D. Pancho, gobernador que fué de la Habana yque había arribado ála península, con tres hijas como tres soles, era condición indispensable para ser presentado, saber ioca'n las hahaneras óbailarlas. Si algún joven tecleada en alguna tertulia, se hacía mas grato el piano para los concurrentes, si trasmitía los acordes de una Danza, que los de Semíramis. Si pasábamos por cualquier teatro, óescuchábamos cualquier murga, siempre vibraban en nuestro tímpano los sonidos de la Danza. Si nos deteníamos en el pórtico de alguna escuela, percibíamos la vmz del dómine que esclarnaba idanzar! yel chico destinado para el ejercicio comenzaba: yo danzo tu danzas el danza.. todos concluían por ejecutar él verbo. El artista tenia que bailar una danza para inspirarse. Los matrimonios no dormían tranquilos si no danzaban antes. Todo en fin, era una verdadera «danza». El siglo adelantaba yel baile se veia próximo ála cúspide de su desenvolvimiento habiéndonos convertidos en danzantes. Pero la humanidad es descontentadiza. Llegó un dia en que renegamos de nuestra ciencüi pantorrilluda . Ya no mirábamos en la danza, aquel dulce atractivo, ni aquella espresion amorosa yckelicada que tanto nos había seducido. Nos pareció fria ymonotona. En una palabra, necesitábamos un nuevo báile que uniendo la rapidez del «vvals» con lo apacible de la danza^ nos presentase un todo armónico. Era necesario un nuevo esfuerzo, pero nuestras fuerzas eran demasiado escasas para tal adquisición. Sin embargo, no se debía desmayar, yno se desmayó. Retiramos la vista del «Nuevo mundo» áquien ya no considerábamos capaz de satifacernos, yla fijamos en nuestros vecinos. Todos agrupados en los Pirineos aguardamos anhelantes nuestra felicidad. Al fin, la vñmos lucir... Una creación ideal que nosotros ni aun concebíamos, nos sorprendió estraordinariamente. Cerramos los ojos, abrimos las bocas, ynuestras piernas por intuición hicieron unas cuantas piruetas.Un baile parisién, mas perfecto aun que el que nosotros habíamos soñado, pisaba nuestro suelo. Al ve-rle, esclamamos llenos de emoción: ¡Ah! ¡Oh! Era el «Can-can.» El báile llegaba ásu perfección. Después del can-can no se concibe nada Un Danzanie. ¡ALLÁ VA ESO! Tenemos el gusto de contar entre nuestros colaboradores ála inspirada poetisa Granadina S.® Doña Eduarda Moreno de López Ñuño, autora de la delicada ybella composición inserta en nuestro álbum poético de lioy. 'k En la noche del pasado Miércoles se pusieron por vez Iprimera en el teatro de S. Fernando, las comedias en un iacto «Un corazón en Peñaranda,» «En medio de la dicha> iy«lo que tiene mi muger» Original la primera de nuestro !querido amigo ycolaborador D. Manuel Cano yCueto, agraidó al público por ser tan linda en sus formas, como lige- ;ra en su pensamiento, agradable por la ingenuidad de su Iesposicion ysalpicada de chistes de buen género. «En me- Idio de la dicha» es un arreglo discretísimo de un original jfrancés, debido al talento yálas disposiciones del Sr. Seigovia y«Lo que tiene mi muger,» del Sr. Esteban de Elias, ies un boceto en que la atención descubre con agrado al joven autor de esperanzas felices yde indudables condiciones para el género cómico.» Tal es el juicio que han merecido las piezas últimamente estrenadas ánuestro ilustrado Cólega «La revolución española ynosotros añadiremos que los ' autores deben estar muy satisfechos por el lisongero éxito Ique obtuvieron sus trabajos. i^^ I* jEn la noche del mártes fue puesto en escena en el co- Iliseo de S. Fernando, el lindo juguete «Una culebra de eas- Icabel, original de nuestro querido amigo ycolaborador!). ,Luis Escudero yPeroso. Representada en Madrid, en Cádiz yen nuestra capital en el teatro de Lope de Rueda, habíamos deseado ardientemente verla puesta en escena en nuestro principal coliseo ynuestras esperanzas se han visto realizadas. El autor fué calorosamente aplaudido yllamado con insistencia al palco escénico. Reciba nuestra enhorabuena. -k k El Teatro, revista de Literatura yArtes, que con grande aceptación se publica en Madrid, se ocupa en su último número del drama del Sr. Velilla, Witiza, estrenado en el Coliseo Sevillano con verdadero aplauso, haciendo una ligera descripción de la obra copiando uno de los trozos más notables, ytermina con estas palabras: Damos la mas cordial enhorabuena ai vate sevillano ydesearíamos juzgar en nuestro teatro Español el drama que tantos apláusos ha valido en la capital de Andalucía ásu autor yal apreciable actor Sr. Delgado, encargado de interpretar el dificil papel de protagonista.» k Extractamos de nuestro colega matritense El Teah'O. «Sevilla dá el egemplo átodas las provincias de España estrenando en uno de sus teatros el drama Witiza, en otro representando la obra del Sr. Ester La pendiente suave'S un juguete cómico del Sr, Blasco, titulado La señora del cuarto bajo.» Aestos estrenos hay qne añadir la comedia del Sr. Cano, En corazón en Peñaranda; el arreglo del Sr. Segovia, En medio de la dicha, yel juguete del Sr; E. de Elias. Lo que tiene mi muger. SEVILLA 1870. Ircxp. del Círcialo LiLeral. Murillo 6. Año í. Núm. 7. PRECIOS DE SUSCRICION Ea Sevilla 4rs. al mes. Fuera efe Sevilla, un mes 57-s. Trimestre 14. PUNTO DE SUSCRICION. E/i Sevilla, en la Tmprenta, clel Circulo Liberal, ca lie Murillo núm. 6. Fí ”Q rtñ i%í\ EINTERESES GEREBALES, CIENCIAS, ARTES YLITERATURA. Sevillea. 2Q cié XDiciei:¡cil:)re cié 18/O. BIKECTOfS, íOlSr TDE SXj^IO-OS. COE^.^HOSIAIíOISES. Sra. Moreno de liopes liuño, D.® Eduarda. Srta. de Veiilia yKoariguez, Doña Mercedes. Sres. Aivarez Surga, D. Eafael. )) Cano yCueto, D. Manuel. »Domínguez yLópez Boda, D. José. »Escudero yPeroso, D. Luis. )) Esteban de Elias, D. Gregorio. »Ester, D. Cayetano de Sres. Giles yRubio, D. José. »Jiménez Placer, D. Cárlos. »López Muñoz, D. Antonio. »Montóte, D. Luis. »INieto, D. Luis. »Perez yGonzález, D. Eelipe. »Sánchez Moguei, D. Antonio. »Velilla yEodriguez, D. José de -SUMARIO. Artes.—Descripción de los baños musulmanes, en Beyrut, perteneciente al PacJialato de Acre, etc., por J. D. —Album poético.—El Nacimiento de Jesús, por la Srta. doña Mercedes de Yelilla. yllod.riguez.—llosas yIrrios, por Luis Montoto.—La Noche Buena, por AL. Cano yCue- to. —El precio de la vida, por E. Scribe, traducción por don Luis Nieto. —\Allá vd eso'. —Olga {continuación), por AI. Cano yCtcefo. LJ ludo al Sr. Eslaba, asociándose con el más vivo entusiasmo ácuantas manifestaciones tenga: líente Alaestro. aciones tengan lugar en loor de tan emi- Despiies de una larga ausencia, el Sr. D. lilLARíOX ESLABA, acaba de llegar áSevilla, la ciudad encanto de su alma, donde pasára su juventud, donde, siendo Maestro de Capilla de nuestra Catedral, escribiera sus primeras obras, donde compusiera, en fin, ese magnífico Miserere^ esas sublimes Lamentaciones , que por sí solas bastarían áconquisiarle imperecedera fama, si obras de más importancia, escritas posteriormente, no le hubieran valido ya el primer lugar entre ios compositores de nuestra pátria yel envidiable nombre áe Rossini español. LA RED-ACCION DE «EL HISPALENSE,» tiene el señalado honor, de tributar el más espresivo bomenaje de admiración Vresneto, de enviar el más afectuoso sa- ¡ D. Eduardo Cano, pintor seviliano ygloria de España . premiado diíercnlcs veces coa ios primeros premios en las exposiciones de pinturas celebradas en Madrid yParís, ha hecho un retrato de nuestro inmortal Cervantes, para la galería de hombres ilustres de la biblioteca de esta Universidad literaria. Este retrato, no sólo tiene el mérito artístico de la más brillante ejecución, sino el de la originalidad, toda vez que se aparta no poco de los que con más ómenos conjeturas, pero sin pruebas irrefutables, se han hecho hasta hoy. El Sr. Cano se ha inspirado ante todo en la descripción que en el pról(igo de sus novelas hace de si propio el príncipe do los ingenios españrdes. Reciba nuestros más sinceros plácemes el Sr. D. Eduardo Cano, que con su última obra ha dado un solemne yglorioso mentís álos que en Madrid aseguraron no ha mucho con necia avilantez, que el arte habla muerto en la pátria de Murillo \de Velazqucz. Ha muerto el ilustre yfecundo novelista francés x\lcjandro Dumas. La esclarecida poetisa baronesa de Wilson, ha escrito ur^a curiosa éinteresante biografía del autor del Conde de Monte-Cristo, que en breve se publicará. También desearíamos que viei’a la luz pública la obra póstuma do Damas, titulada «La España contemporánea», donde, según nuestros informes, trataba de refutar su célebre frase de «El 4fríca empieza en los Pirineos». Ko há muchos dias paseábamos dos de los que pertenecemos ála humilde redacción de este periódico. Nuestros pasos se dirijian álas orillas del claro Guadalquivir, no tanto ácontemplar sus deliciosos paisajes yágozar del ardoroso Febo, como áadmirar las graciosas ylindísimas 2El Hispalense. hijas de esta bendita yhermosa tierra de María Las casas de techos planos, ybalaustradas Santísima, nuestra patria. Engolfados íbamos en almenadas; sus ventanas con mil ojivas, sus ceuna acalorada discusión de política palpitante, losías de madera desde donde ven, sin ser vismotivo inagotable de conversación en nuestros tos; sus pinos redondeados en forma de parasodias, cuando nos hallamos de manosá boca en el les, sus construcciones pintorescas; conventos Triunfo con un amigo nuestro que gran admigriegos ómaronitas de sólida arquitectura, mezrador yaficionado álas bellas artes, viviendo mas quitas con magníficos ’inter columnios, santos en el pasado yen el porvenir que en el presente, misteriosos ysolitarios, estos árabes que dis- Estaba embebecido admirando por millonésima putan, aquellos camellos que grúñen, estos pervez, mas con la imajinacion que con la vista, ora ros que ladran, esto és el Oriente, esta és tamnuestra majestuosa catedral, sublime concreción del arte cristiano, ora la severidad yrectitud de líneas de la gran obra de Herrera, el Consulado, recordando las gloriosas tradiciones encerradas en estos edificios yen el Alcázar. Nos saludó nuestro amigo con la acostumbrada, aunque muchas veces inconveniente pregunta de ¿á dónde bueno? Le satisfacimos su pregunta, invitándole á acompañarnos: él nos expuso que no le era posible por tener que ir al gabinete de un pintor amigo suyo que vive en el patio de Banderas del Alcázar, que en otro tiempo disfrutara de una inmensa fortuna yque después se vio precisado á ejercer el arte de la pinutra para adquirir su subsistencia. i Entramos en curiosidad de conocer áese pintor, pobre hoy, millonario ayer, yrogamos ánuestro amigo que se sirviera presentarnos áél. Asintió ánuestro deseo, ytodos juntos nos dirijimos ála casa del pintor, yal verlo no pudimos menos de comprender que era una persona acostumbrada al trato social de las clases mas encumbradas .I Después de los saludos ycumplimientos acostumbrados en estos casos, con amabilidad esqui- | sita ymodestia suma, nos enseñó su estudio; en donde admiramos antiguos ybellísimos objetos de arte, ycuadros de un mérito extraordinario debi- ; dos ásus pinceles yásus asiduos, ímprobos yglo- : bien la Siria. Una vez puesto el pié en tierra, estas impresiones confusas ygenerales, al principio, se fijan, se detienen, se especializan; ypueden observarse las costumbres árabes en toda su deslumbrante sencillez. Todo su mayor lujo lo tienen en las armas ycaballos; las mujeres se ven pasar con sus turbantes yvestidos bordados, las unas; otras con una especie de corpiño de oro cincelado, adornado de perlas ypiedras, y anchos vestidos de diafana muselina; ytodas dejando caer sobre sus espaldas, largos cabellos trenzados con sartas de perlas ósequies venecianos. Los hombres agrupados delante de los cafés, fumando en sus largas pipas; las mujeres atravesando la ciudad, cubiertas con grandes velos blancos, para ir al baño, su mayor distracción yalegría; los jornaleros ylos borriqueros que transitan para ir ásu trabajo, los buhoneros que gritan sus mercancías... mientras que de lo al- to de los minaretes, los munesines, entonan una áuna las palabras de la plegaria, los versículos del Coram. Así es Beyrut, así son todas las ciudades orientales: Aquellos pueblos sometidos ála obediencia pasiva, yal fanatismo religioso, llevan una vida monótona pero tranquila, con pocas alegrías ypocas penas. riosos trabajos. ¿Saben nuestros lectores quien es ese ex -mi- llonario, ese pintor que en su pobreza, no debida al despilfarro de las orgías ybacanales, sino áuna de esas infames quiebras de las casas de crédito, se ha sabido conquistar una envidiable posición artística; creando indudablemente uno de los mejores gabinetes que hay en España? Ciertamente que no lo ignorarán: el nombre de ese ex-millonario yde ese pintor es D. Manuel Wssel, persona que ha sabido adquirirse una admirable reputación de artista, ynosotros dejariamos de probar nuestro cariño yentusiasmo álas bellas artes, si nó rindiéramos al Sr. Wssel este tributo público ásu modestia, que iguala ásu mérito. DESCRIPCION de los baños rraisulmanes, en Bey7'iitj perteneciente al Pachalato de Acre, en la ai'itigua. Tiro; traducción de los viajes escritos en francés por el Baroyi Taylor. El mayor placer de las mujeres yde los hombres, es el baño oriental que en nada se asemeja álos nuestros, sino és en el nombre. Los baños en el Oriente son las estufas griegas yromanas con mas refinamiento ymas sensualidad. Las salas del baño se componen de una continuación de piezas que alumbran pequeñas medias naranjas con cristales de colores; el suelo de mármol de diversos colores en cada habitación, las paredes de mosaico óde mármol esculpido. La pieza que sirve de entrada al baño público es grande, alta, aérea, adornada con magníficos divanes donde se depositan los vestidos; luego se pasa áotras salas, donde la atmósfera va aumentando el calor por grados casi insensibles; en la primera se siente casi la misma temperatura del aire esterior, después una atmósfera dulce ytivia, luego un enrarecimiento algo mayor, hasta la última sala donde el vapor de agua que impregnado de esencias odoríferas, se respira, casi sofoca álos que llegan. En Beyrut, mejor'que en ninguna otra ciudad, En este santuario de la sensualidad ósibaniedio mulsumana, medio cristiana, puede lorritismo, no hay sino una luz muy dudosa, yen marse el viajero una idea de las costumbres vano será que busquémos como en Europa ba- Orientales que tan mal conocemos, aunque las ños de figura oblonga, ócuadrada, hayamos visto muchas veces descritas. El baño oriental no se compone sino de in- ±Lil Hispeileixsemersiones yaspersiones, de frotamientos ychor- ¡ ros de agua: ningún baño espera álos bañis- ‘ tas, sino que acostado sobre el mármol, se quedan inmóviles en aquella nube olorosa, que va penetrando poco ápoco, todos los poros de su j cuerpo; estos se abren áesta dulce temperatu- I ra, yuna gran molicie ylanguidez se apodera i de sus miembros. Después de está primera imí presión, llegan los servidores del baño que se | apoderan del sibarita, lo acuestan en una estera fina, con un almohadón en la cabeza; cuya ca- ¡ beza ycuerpo casi enervados, prestan una gran i laxitud ásus miembros; el criado golpea sus carnes, hace crujir las coyunturas, ycon la mano metida en un guante de erin, frota todo su cuerpo con un movimiento rápido, que llama la sangre ála piel, con una gran vivacidad. Cuando esta Operación está concluida, un adormecimiento vago ycompleto se apodera del bañista, se llena de sudor yexhala todas sus fuerzas. Este estado si durase seria peligroso, así no lo prolongan sino poco tiempo, como se hace en las estufas de nuestros baños sulfurosos óferruginosos. En seguida los pasan de esta atmósfera fuerte yvaporosa, recorriendo otras en que va disminuyendo por grados; en una de ellas, el criado le echa agua tibia por las espaldas lo que repara sus fuerzas; yle lava con jabón yaguas olorosas destinadas áperfumar el cuerpo. Después dejan al bañador tendido en un sunluoso divan, donde el aromático café, yel tabaco también aromático, ylos sorbetes, reparan sus fuerzas ycompletan esta série de goces. Este baño que dura asi muchas horas, constituye la gran ocupación de los musulmanes; es un deber religioso de que el pueblo ha hecho una diversión óplacer social. En el baño es donde las mujeres encuentran la sola distracción que las és permitida, allí tratan de sus pequeños negocios, de vestidos, bailes, ymatrimonios, ylos hombres se reúnen como en un círculo para tratar de asuntos de comercio óde política. J. D. ÉLBUM PQEÜCO. EL NACIMIENTO DE JESUS. La luna desde su trono sus blancos fulgores lanza, yen ios mares yen los rios su disco hermoso retrata. Noche apacible yserena, noche feliz, noche clara es la que esliendo su manto sobre la tiera callada. Los án.geles en el cielo con ''oz dulcísima cantan, pulsando alegres las cuerdas de sus celestiales arpas. Que ya en un lusUco albergue nació el cordero sin mancha que ha de redimir el mundo en una cruz sacrosanta. Siendo Dios omnipotente. Dios mismo, ácuya palabra brotó un mundo en el vacio ylos espacios poblara; que formó la mar inu ensa ylo dió coral ynácar, olas de eterno rumor que amantes besan la playa yllegan al firmamento alzando turbias monlañas, que cuando aparece ei dia con mil rayos abrillanta ese so! radiante ypuro que^ ilumina la montaña; que' puso miles de estrellas en la bóveda azulada que es de la tierra el doséi yes el suelo de su alcázar; que formó las altas rocas, jigautes que ci ciclo escalan, que águilas diera álos vientos ydelfines álas aguas; que al ave vistió de plumas yal pez la luciente escama; el que matiza los campos del color de la esperanza ydió frutos al eslió yála primavera galas, grato perfume álas flores, líquidas perlas al alba, ved como tranquilo duerme en pubre cuna de pajas. En el portal de Belen que le sirve de morada, solo unos pobres pastores le adoran yle acompañan. Duerme, yla virgen le mira, le mira ysu sueño guarda. Contémplalo, Virgen pura, en tus amorosas ansias, brindele dulces cantares " tu voz melodiosa yblanda, estréchalo fuertemente, junta átu rostro su cara, yósculos mil de cariño en sus megillas estampa. Si, que vá llegar un dia en que triste ydesolada en el Calvario contemples vertiendo mares de lágrimas, en una cruz enclavado al hijo de tus entrañas. Despierta el niño, ysonríe, contempla la humilde estancia, luego en su madre querida sus ojos divinos clava. Despierta, ymas dulcemente la brisa en las enramadas murmura, mas grato aroma al viento la flor exhala, mas melodiosos las aves sus himnos de amores alzan yentonan dulces canciones desde sus nidos de ramas. Yallá en la celeste altura en resplandores bañada, una cruz yuna corona los ángeles le mostraban, en sus liras entonando mil. cánticos de alabanza. Mercedes de VeiHla yRodrigue 1 4:El Hispalense. ROSVS YLIRIOS. I. —¿Por qué. mi vida, por que, mi estrella, bajas al valle cuando risueña vierte la aurora líquidas perlas? —Madre, allí busco las rosas bellas con que se adornan mis rubias trenzas. —Ydime, niña, ¿por qué con ellas así engalanas tu cabellera? —Junto al arroyo, que flores besa, vi la otra tarde —Sigue; no temas. —Vi el ser que adoro, que es mi existencia. Ydesde entonces, las rosas, bellas busco en el valle para mis trenzas. II. ¡Ah de la anciana’ ¿Por qué se aleja yviene al valle cuando en la aldea todas las gentes ' ; lloran yrezan? —Junto al arrovo, que flores besa^ busco unos lirios para unas trenzas que en otros tiempos rosas ciñeran. Esos suspiros, que el viento lleva, son por la virgen que amor sintiera, son por el calle mi lengua; diga mi llanto quien era ella. Luís Montoto ángel.., R. LA NOCHE BUENA. Estábamos en el cafó Universal, sentados al rededor de una mesa, en cuyo centro humeaba una enorme ponchera. Hablábamos de lo que siempre, de literatura. Allí, no se leían mas que nuestros trabajos, para auxiliarnos mútuamente, porque un amigo leal es siempre el crítico mas imparcial ydesinteresado. -Precioso libro! esclamé estrechando la mano de mi amigo Z., que ac.ababa de leer lleno de emoción el último cantar de la preciosa colección que prepara aia prensa. [ —¡Bravo, bravo! esclaniamos en coro. —Silencio, señores, orden ante todo. Si es que el ponche no se ha subido aun ávuestras cabezas, escuchad; y, con un acento grave jsolemne, nos leyó una composición admirablemente versificada. El aplauso fué unánime ynutrido. J. improvisó un romance en su alabanza, —Este es el Parnaso, dije loco de entusiasmo. Yuestras’ musas se habían enardecido demasiado yen uno de sus ímpetus habían volcado la finchera, cuyo contenido habia convertido el blanco mármol de la mesa en una nueva laguna Estigia, donde un habano de tres cuartos hacia las veces de barca de Carente. La risa yla desbordada algazara que produjo tal suceso fué interrumpida, formando un notable contras’e con la aparición del director del HISPALENSE •nuestro querido amigo Ricardo de Burgos, que con la gTavedael que le distingue, retorciéndose como siempre las puntas da su bigote ylos finales de sus patillas, que nadie en Sevilla usa patillas de la forma de las de Burgos, mirando atentamente las cataratas de ponche que al suelo caían jdoliéndose tal vez de que el líquido corriera en valde, tomando una actitud trágica ycomo quien va ádecir una sentencia, digna del Koran, dando dos palmadas, esclamó: . —¡Voto al chápiro! —Mozo! otro ponche. I.,a mesa fué limpiada escrupulosamente. Nuestro amigo ocupó la presidencia, votada por unanimidad, ydespués de un largo silencio, esclamó: —Mañana —Se estrena tu comedia.... —Mañana — —Silencio! —Mañana.... —Qué sucede mañana? —Sale el «Hispalense.» —Y” bien, —Y: ma!, muy nía! I, dijimos auna voz. intemimpiónosu os habéis I dormido, nada habéis hecho, falta un artículo, el principal artículo, un artículo qae llevase el tiínlo de «La noche buena.» —A"o no lo escribo. —Ni yo. —Ni yo. —Ni yo. —Ami me gustan los pavos, pero no hablar de ellos. —Yo los ódio. —Yo adoro el turrón. —Harás carrera. —Pero el articalo.... —No tongo tiempo, compongo una égloga. —Yo unos cantaros. —Yo un juguete bufo. —Yo un cuento fantástico. —Justamente, un cuento fantástico jruso. —Ruso, por escelencia. —Ysabes riisoí? <—Ni una palabra. —Has visto áRusia? —Si, en el mapa. —Tú escribirás «La noche huella.^ —Ypor qué.^ —Porque el que tiene valor para escribir en ruso