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¿Sueñan los traductores con ovejas eléctricas? La IA y la traducción literaria, de José Francisco Ruiz Casanova; Madrid: Cátedra, 2023 [Reseña]

Fernández Serrato, Juan Carlos

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139 ISSN: 2174-8454 – Vol. 26 otoño 2023), págs. 139-142, DOI: 10.72033/eutopias.26.28058 José Francisco Ruiz Casanova, José Francisco Ruiz Casanova, ¿Sueñan los ¿Sueñan los traductores con ovejas eléctricas?traductores con ovejas eléctricas? La IA y La IA y la traducción literaria. Madrid, Cátedra, la traducción literaria. Madrid, Cátedra, col. +Media, 2023, 211 Págs.col. +Media, 2023, 211 Págs. En la colección +Media, serie de ensayos académicos con vocación de acercarse a un público no necesariamente especializado que dirige Pilar Carrera, aparece este volumen de Francisco Ruiz Casanova dedicado a los avances (¿y a la colisión?) de la IA de los lenguajes aplicada a la traducción automática. ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? es una conocida novela de Philip K. Dick, popularizada por la versión cinematográfica de Ridley Scott, Blade Runner, en la que se presentaba un futuro distópico donde los humanos convivían con androides, los “replicantes”, que no solo eran indistinguibles de los humanos, sino que además eran mejores que ellos. Quizá por esta razón Ruiz Casanova ha elegido la cita alterada como título de su libro, porque si vamos a vérnoslas con la IA, más vale que estemos preparados desde la portada para encontrarnos con un desarrollo tecnológico que podría ser mejor que nosotros los humanos en tareas que hasta ahora desempeñábamos desde nuestros propios parámetros de calidad y eficacia. Los replicantes elegidos para la ocasión son los programas de traducción automática, espacio en el que la IA ha entrado ya como un elemento disruptivo que ha copado en pocos años los espacios de la traducción de aquellos textos lingüísticos donde menos relevantes son los giros retóricos, la polisemia o el uso estético del lenguaje. Faltaba un estudio sobre cómo afectarán, están afectando ya, los algoritmos neurolingüísticos a la traducción de eso que llamamos obras literarias u obras de arte verbal, un estudio que no fuera ni un lamento por el mundo perdido ni un canto entusiasta a las virtudes de la tecnología y su carácter liberador, democratizador. A llenar este hueco viene ¿Sueñan los traductores con ovejas mecánicas? La IA y la traducción literaria. El ensayo de Ruiz Casanova examina con detalle y multitud de ejemplos prácticos la evolución de las máquinas virtuales de traducción y su evidente mejora en el campo de la versión literaria. Aún están lejos de poder sustituir la labor humana por completo, aunque parece que no queda mucho tiempo para que una versión maquinal pueda acercarse a lograr traducciones competentes de textos verbales de creación estética, casi a la altura de las versiones de la traducción experta humana. Con escritura fluida y amena, el autor trata en espiral diversos motivos temáticos, ampliando en cada uno de los once breves ensayos (más unos convenientes prólogo y epílogo) que componen el volumen la ejemplificación y el diálogo con textos científicos y filosóficos que se han ocupado de los profundos cambios que la IA puede provocar en el orden de lo económico, lo social, lo político y lo lingüístico. El planteamiento de Ruiz Casanova tiene como punto de partida la absoluta necesidad de que en nuestro presente las Humanidades colaboren con los últimos desarrollos 140 CALEIDOSCOPIO: José Francisco Ruiz Casanova, ¿Sueñan los traductores con ovejas eléctricas? ISSN: 2174-8454 – Vol. 26 (otoño 2023), págs. 139-142, DOI: 10.72033/eutopias.26. 28058 de la tecnología y, a su vez, los enfoques de ingeniería se abran a un diálogo productivo con los de valores y modos de concepción de la cultura propios del pensamiento humanístico y de las ciencias sociales. El autor se decanta por una visión realista de los cambios que van a producirse tras la normalización del uso de los programas de IA, que tenga plena conciencia de que “vivimos en un mundo donde la desconexión digital absoluta está próxima a desaparecer como idea, como elección o como realidad” (p.38). En el asunto particular de los usos sociales lingüísticos, la revolución de la IA ha llevado al hecho indiscutible de que en determinados campos de la traducción y del periodismo ya no es posible diferenciar entre “el lenguaje humano y el lenguaje replicado” (p. 39), dada la mejora experimentada por los programas de traducción más populares que circulan en la red. Por el momento, la traducción literaria se mantiene como el último bastión de la resistencia a la traducción automática realizada a través de programas informáticos basados en algoritmos que utilizan memorias de traducción o redes neuronales, puesto que los resultados de las máquinas de IA generativas no consiguen en la mayoría de sus resultados prácticos mantener los criterios de “la relevancia, el valor o la excelencia de lo traducido” (p. 43) que suele exigir la versión de textos literarios, aunque la capacidad de aprendizaje de los programas informáticos augura un rápido acercamiento a los estándares exigibles. Ruiz Casanova advierte, además, que en lo referente a los cambios que podrá provocar en la profesión del traductor literario, estos van más allá de la discusión sobre la competencia de las traducciones generadas por IA con la traducción humana en términos estrictamente ligados a la producción de textos. Los intereses económicos de las editoriales podrían provocar alteraciones en las formas de relación laboral habitual con los especialistas en traducción literaria. Razones de abaratamiento de costes podrían llevar a las empresas editoras a preferir las versiones proporcionadas por las máquinas de traducción a las de los expertos humanos, como parece apuntar el hecho, afirma Ruiz Casanova, de que dentro del mundo de la edición ya hay pruebas del privilegio de la rentabilidad sobre la calidad del trabajo de traducción cuando se reeditan ediciones libres de derechos de autor, sin tener en cuenta otra cosa que el aumento de los márgenes de beneficio, sin considerar el valor de las diferencias de calidad u oportunidad lingüística de “las versiones propias, reproducidas o simplemente captadas de una traducción que circulan con total impunidad y en los formatos más diversos (desde html, pdf, epub u otros)” (p. 44). La lógica del abaratamiento de costes podría llevar en poco tiempo a la industria editorial a prescindir del trabajo de traductores humanos especializados. ¿Hay que temer la obsolescencia de la profesión? La respuesta de Ruiz Casanova es ponderada y fruto de un análisis comparativo sobre ejemplos empíricos de traducciones de textos literarios. Se aleja de las profecías apocalípticas y plantea que simplemente la labor del traductor literario tendrá que cambiar. Para empezar deberá acostumbrarse a la competencia con las máquinas virtuales de traducción automática y aportar un plus que los algoritmos de la IA no pueden asumir: “La IA no tiene en cuenta el tiempo de escritura, ni el estilo, ni maneja información relativa a la autoría del texto […] o si lo sabe no resulta relevante para su proceso de traducción” ni tampoco es capaz de “datar la escritura del texto que traduce, sino que tan solo lo traduce como emitido hoy mismo” (p 49). Así las cosas, el traductor, muy probablemente, se convertirá en el futuro en un editor del texto traducido generado por la IA, que, siendo mucho más rápida en la labor mecánica de la traducción que un actor humano, carece, en cambio, de un conocimiento profundo de las peculiaridades del estilo de un autor determinado, de las sutilezas estéticas y/o ideológicas que pone en práctica su escritura como elecciones intencionadas y dirigidas a la obtención de un cierto efecto en el lector, ni tampoco es capaz de conocer la razón de los usos y giros idiomáticos propios de la época o del contexto social, político o vital del autor. Es en esos aspectos, donde la traducción automática ha de ser corregida por la mano experta de un profesional humano bien formado en la identificación de los contextos de escritura y en el conocimiento profundo de la obra y la estética del autor del que en cada caso se trate. Por otro lado, un uso inteligente y crítico de las herramientas de la IA podrían facilitar su trabajo, de ma- 141 CALEIDOSCOPIO: José Francisco Ruiz Casanova, ¿Sueñan los traductores con ovejas eléctricas? ISSN: 2174-8454 – Vol. 26 otoño 2023), págs. 139-142, DOI: 10.72033/eutopias.26.28058 nera que el traductor literario se irá transformando poco a poco en un experto en la edición de textos que trabajará de manera parecida a las rutinas que son habituales en la profesión hoy, pero con más apoyos técnicos que los diccionarios, los repertorios léxicos y los tratados sobre gramática y pragmática lingüística que se suelen manejar en la actualidad, pero con el mismo fin: la búsqueda de una versión lo más fiel posible en la lengua de recibo de la propuesta de escritura artística defendida por el autor del texto sobre el que trabaja. La labor de la traducción, muy especialmente la literaria, no es un proceso de traslado mecánico de palabras o de frases, sino de recreación del espíritu global que animó la creación de una obra literaria. El traductor humano, al contrario que la máquina virtual, no trabaja sobre un mero corpus de palabras, oraciones y párrafos, sino sobre un mundo ficcional marcado por peculiaridades estéticas e ideológicas, inserto en una determinada tradición artística, cultural e incluso nacional, y que se relaciona activa y dialógicamente con la enciclopedia, con las peculiaridades formales de un tipo concreto de género discursivo y con la historia de sus formas, proyecciones estéticas y estructuras conceptuales. Por el momento la IA no puede adoptar esos enfoques. Tampoco es que los traductores humanos sean infalibles. Los deslices humanos en las labores de traducción no son escasos. A modo de ejemplo, Ruiz Casanova se detiene, entre las páginas 63-67 de su libro, a examinar una divergencia bastante notable, fruto de una mala elección de uno de los traductores, entre un texto original, el ensayo de de M. Polizotti Sympathy for the Traitor. A Translation Manifesto (2018), y su versión en lengua española. Polizoti en un momento de su libro estudia cómo un traductor automático propone una versión fría, “palabra a palabra”, de la famosa frase con que Proust comienza su À la récherche du temps perdu, menos sugerente que la traducción ofrecida por la versión en inglés que realizó Scott Montcrieff en su edición canónica de la novela proustiana. Cuando el traductor de la obra de Polizotti pasa al español su juicio sobre las diferencias entre la traducción automática al inglés de la frase proustiana y la versión de Montcrieff, acaba afirmando en su versión publicada en nuestro idioma en 2020 algo muy distinto a lo que decía Polizotti en inglés en su ensayo original de 2018. La divergencia se produce cuando el traductor español elige la traducción de la frase de Proust empleando la edición más respetada de la novela proustiana de entre las publicadas en español, la de Pedro Salinas, al igual que Pezotti había hecho con la inglesa eligiendo la de Scott Montcrieff. Pero el problema es que las traducciones que habían hecho Motcrieff y Salinas del texto de Proust representaban matices diferentes en le interpretación del sentido de lo que escribió el novelista francés. Al comentar las diferencias entre la traducción de la frase de Proust que hace Google Translate y las humanas consideradas canónicas, lo que dicen al respecto Polizzotti y su traductor español es harto diferente… Ruiz Casanova constata que las afirmaciones respecto de la distancia sobre el original francés de Proust entre sus traducciones humana y maquinal son expresadas de manera muy disímil en las ediciones inglesa y española de su ensayo, de manera que al leer en español el ensayo de Polizotti este parece haber afirmado algo que en realidad no dijo en el original escrito en inglés. La conclusión, para Ruiz Casanova es que la fidelidad de las traducciones al original no es un asunto fácilmente discernible, se podrá optar por tal o cual versión humana, pero nunca encontraremos la versión totalmente “fiel” al texto de origen (aunque sí puede determinarse fácilmente una mala traducción), porque tal cosa es imposible, de manera que la traducción en IA puede en algunos casos concretos de traducción de obras literarias lograr resultados sorprendentes y no menos válidos que las traducciones humanas. Por otra parte, la mejora en afinación de los traductores automáticos en los últimos años hace que estemos ante una perspectiva diferente respecto a cómo se enfocaban las críticas a estas máquinas virtuales en sus inicios, cuando sus resultados eran tan pobres que no se podía pensar en que llegaran convertirse algún día en instrumentos útiles para la traducción de textos lingüística y retóricamente complejos. Sin embargo, tras las pruebas concretas y los análisis que lleva a cabo Ruiz Casanova con las últimas versiones gratuitas de Google Translate y DeepL Translator, nos adelanta que “estamos a un paso, y muy leve, de que la traducción automática, so metida a una edición hu- 142 CALEIDOSCOPIO: José Francisco Ruiz Casanova, ¿Sueñan los traductores con ovejas eléctricas? ISSN: 2174-8454 – Vol. 26 (otoño 2023), págs. 139-142, DOI: 10.72033/eutopias.26. 28058 mana, dé como resultado una ver sión notable, o incluso excelente, nos guste o no” (p. 71). Además, el uso de las IA de fondos documentales, bibliográficos y hemerográficos permite que sea posible para el algoritmo acceder a traducciones humanas digitalizadas, que también podrá usar como bases para la traducción de un texto concreto o simplemente para rescatarlas y ofrecerlas como una versión no artificial, aunque sí proporcionada por la interfaz virtual, o para aprender y mejorar sus opciones de traducción generales. Ahí está ya el proyecto MarIA, desarrollado por el Centro Nacional de Supercomputación de Barcelona, que se presenta como el primer modelo masivo de la lengua española y del que se ocupa el autor en el capítulo 10 del libro. Estas mejoras de las redes neuronales profundas y del empleo de documentos archivados digitalmente y que circulan por la red, van a plantear, además, serios problemas relacionados con el copyright y los derechos derivados, que afectarán a autores y traductores en una medida cuyo alcance real aún no conocemos. El camino hacia una globalización lingüística propiciará entre otros efectos el monolingüismo, aunque no la unificación en una lengua franca, presumiblemente el inglés, que se imponga sobre otras (Ruiz Casanova habla por ello de espejismo monolingüístico). La creciente sofisticación y facilidad de uso de la traducción automática, potenciada por las ediciones en ebook, que pueden llevar incorporado un sistema de IA, permitirá, adquiriendo solo el texto original, acceder a distintas posibilidades de versiones a otras lenguas, como ya ocurre con los productos audiovisuales de las plataformas de streaming. Esto, paradójicamente, provocará también la potenciación de las lenguas nacionales, pues ya será cada vez menos necesario el estudio de otras lenguas para que un hablante de una lengua cualquiera pueda comunicarse en el extranjero con hablantes de otros idiomas nacionales distintos al suyo. En este escenario de globalización del monolingüismo y refuerzo del uso de las lenguas nacionales, la labor del traductor no va a desaparecer, solo cambiará de procedimientos de trabajo y tendrá fines distintos a los que desempeña la profesión hoy en día. “Cuando todas estas realidades (pues de realidades y no de distopías hablamos) se barajan con otras consideraciones de carácter industrial, comercial o económi co, sí, los traductores —también los traductores literarios— deberán comenzar a prever un mundo en el que su actividad pervivirá pero convivirá con la traducción de las IA” (P. 62). Ante esta situación, en la que el traductor ha de adaptar su trabajo a la revolución tecnológica, Ruiz Casanova propone un retorno, con planteamientos renovados al Humanismo clásico, a la lectura y a la escritura, al aprendizaje en profundidad de las proyecciones ideológicas del lenguaje literario, al examen atento de los textos. Será necesario el conocimiento de las lenguas para los traductores, naturalmente, pero con un nivel de dominio de la escritura y la lectura (no pueden existir la una sin la otra, sostiene el autor) que les haga comprender y saber usar las sutilezas propias de empleo literario de las lenguas, aunque ahora los papeles que deberán desempeñar sean los de corrector, editor y refinador del texto producido por los algoritmos de la IA. En definitiva, José Francisco Ruiz Casanova nos ofrece en ¿Sueñan los traductores con ovejas eléctricas? La IA y la traducción literaria, un recorrido por las transformaciones de la IA basada en redes neuronales profundas y enfocada a la traducción automática, de gran profundidad reflexiva, no reñida en ningún momento con una lectura amena, propiciada por una escritura elegante (no tan frecuente en los ensayos académicos como sería deseable), trufada de ejemplos que hacen comprender con claridad de qué manera operan las máquinas virtuales de traducción, cómo hay que emplearlas desde la profesión de traductor y que plantea, además, cómo ha de transformarse a la par la enseñanza en las facultades de traducción, defendiendo un retorno al Humanismo y no su entrega en derrota ante el poder de la ingeniería. Juan Carlos Fernández Serrato Universidad de Sevilla