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¿Cómo mejorar el modelo educativo de nuestro país?

Sánchez Lissen, Encarnación

Abstract

A la vista de los resultados que vienen obteniendo los alumnos españoles en los Informes PISA y en otras evaluaciones realizadas en los últimos años, no nos equivocamos demasiado si afirmamos que nuestro sistema educativo está en “baja forma” y que no es el referente de un modelo de calidad educativa. Ciertamente no parece fácil encontrar soluciones a corto plazo, pero resulta urgente ponerse a trabajar con orden y con rigor en ello. ¿A quién compete esta tarea y a quién incluye? Es una labor de conjunto, es una tarea compartida pero además, es un esfuerzo que requiere la implicación de todos los agentes directos o indirectos que pasan por el sistema. Implica por tanto al Estado, al equipo político que se encuentre en esos momentos en el poder, a los profesores, padres y también a los propios estudiantes. Cada uno tiene que poner un poco de sí mismo y tiene que propiciar y favorecer el trabajo colaborativo con los demás. Como verán, se trata de que cada uno asuma su responsabilidad con propiedad. Ciertamente, el factor económico ocupa un lugar destacado en todo esto, pero no es el único ni es definitivo. Hacer una buena educación requiere excelentes agentes; empecemos a construirla.

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Revista Diálogo Familia Colegio. (2012), 291, 11-19 1 ¿CÓMO MEJORAR EL MODELO EDUCATIVO DE NUESTRO PAÍS? Encarnación Sánchez Lissen Universidad de Sevilla RESUMEN: A la vista de los resultados que vienen obteniendo los alumnos españoles en los Informes PISA y en otras evaluaciones realizadas en los últimos años, no nos equivocamos demasiado si afirmamos que nuestro sistema educativo está en “baja forma” y que no es el referente de un modelo de calidad educativa. Ciertamente no parece fácil encontrar soluciones a corto plazo, pero resulta urgente ponerse a trabajar con orden y con rigor en ello. ¿A quién compete esta tarea y a quién incluye? Es una labor de conjunto, es una tarea compartida pero además, es un esfuerzo que requiere la implicación de todos los agentes directos o indirectos que pasan por el sistema. Implica por tanto al Estado, al equipo político que se encuentre en esos momentos en el poder, a los profesores, padres y también a los propios estudiantes. Cada uno tiene que poner un poco de sí mismo y tiene que propiciar y favorecer el trabajo colaborativo con los demás. Como verán, se trata de que cada uno asuma su responsabilidad con propiedad. Ciertamente, el factor económico ocupa un lugar destacado en todo esto, pero no es el único ni es definitivo. Hacer una buena educación requiere excelentes agentes; empecemos a construirla. A esta pregunta que da título al artículo, cabría añadir, en estos momentos, ¿y cómo mejorarlo en tiempos de crisis? Si el primer interrogante no parece tener una respuesta fácil, el segundo se complica aún más. En cualquier caso, no podemos perder de vista la realidad que nos atrapa actualmente y que nos condiciona sobremanera. De forma genérica podríamos compartir que, como en otras tantas cosas, la educación y la economía van de la mano y ambas se influyen intensamente. Es más, en muchos aspectos son dependientes y están interrelacionadas. Desde esta perspectiva podríamos avanzar que, para mejorar cualquier modelo educativo, existe un factor determinante que es el económico. Sin embargo, y sin dejar de reconocer su valor y su importancia en la educación y en los procesos educativos, me atrevo a sugerir que no es el único aspecto que debemos tener en cuenta ya que también existen otros factores, incontrovertibles, que influyen sustancialmente en el modelo educativo que caracteriza a cada país. Revista Diálogo Familia Colegio. (2012), 291, 11-19 2 Un ejemplo muy claro lo podemos ver en los datos referidos al PIB dedicado a educación en diversos países de la OCDE y, de manera comparativa, a los resultados que cada uno de ellos obtiene en los Informes PISA que se vienen publicando desde el año 2000. Desde esta perspectiva, las relaciones pueden resultar algo curiosas. ¿Acaso piensan que los que más gastan en educación son los que obtienen mejores resultados en el ranking de PISA? Pues no, no siempre esta relación es directa y a veces, hasta sorprende las diferencias encontradas en determinados países. La clave de todo ello es la buena o mala gestión que en cada caso se haga. Por tanto, y a pesar de la crisis, a pesar de los recortes que se pueden realizar en materia educativa, debemos seguir apostando por mejorar la calidad y el modelo educativo de nuestro país. En determinadas ocasiones, los esfuerzos que se realizan son mayores pero también quedan más recompensados y eso contribuye en la calidad de los resultados. Lógicamente, no estoy sugiriendo que se recorte ni un solo euro en educación, pero sí, que los responsables lo sepan gestionar mejor. Aunque podríamos hacer “mucha filosofía” de este asunto y, posiblemente, toda ella sería oportuna y necesaria, quisiera detenerme en otros aspectos o elementos básicos de la educación que también influyen en un modelo educativo de calidad. Pues bien, junto a los elementos económicos del sistema, parece necesario que nos fijemos en los agentes principales que conforman el proceso educativo como son: los propios estudiantes, los profesores y las familias; tres agentes que necesitan por un lado, conocer y mejorar sus propias competencias, reconocer sus derechos pero también acuñar sus deberes con objetividad, sensatez y perseverancia, y por otro, saber llevarlo a la práctica. Aunque de manera breve sugerimos, a continuación, una reflexión en torno a cada uno de ellos. El modelo educativo mejorará si los estudiantes reconocen cuáles son sus deberes. Compartirán conmigo que uno de los ejes principales de la educación son los estudiantes, son el objeto final del proceso y también el principal referente del mismo. De su calidad formativa dependerán muchos de los resultados del sistema y, consecuentemente, el desarrollo de cada sociedad. En torno a ellos mencionamos tres deberes muy concretos. El primero, poner énfasis en el esfuerzo, el segundo centrado en el respeto y la convivencia con los demás y el tercero, en el valor de la responsabilidad. Revista Diálogo Familia Colegio. (2012), 291, 11-19 3 Los tres valores son, a su vez, y desde nuestro punto de vista complementarios e indisociables. Además, cada uno de ellos se sustenta en otros valores que nos parecen igualmente necesarios. Ya decía Hesiodo que la educación ayuda a la persona a ser lo que puede ser. En ese reto y en el momento actual, el papel que tienen los propios estudiantes es especialmente preciado, pero éste será aún más productivo si tanto él como el resto de los agentes implicados en la educación, saben cuáles son sus responsabilidades y la practican. Todos los valores en general y de manera particular, estos que acabamos de citar, representan una parte fundamental del desarrollo de una persona. Tal como lo han definido algunos teóricos de la educación, el concepto de valor se refiere a la creencia sobre algo y que lleva a estimarlo. Por eso, un valor adquirirá todo su sentido en el momento en que se interiorice, se asuma y se reconozca como propio. ¿Qué os parece el valor del esfuerzo? ¿Qué lugar ocupa en el desarrollo integral de una persona y en su formación? No somos muy originales diciendo esto, lo sé, pero estamos convencidos que se trata de uno de los retos más importantes en la educación. En todo aquello en lo que uno invierte tiempo, en el que dedica un espacio de creatividad e intelectualidad personal, que pone voluntad, etc. va a sentir de una manera definitiva, el esfuerzo que ha realizado para su logro. Esto va a generar en él un mayor intimismo, una mayor proximidad e incluso un mayor conocimiento de lo que significa y trasciende ese beneficio, a diferencia de todo lo que se logra sin esfuerzo y que llega a pasar desapercibido. Pero el esfuerzo también debe ver detrás la recompensa. Y no estamos pensando en un premio económico o de otro calibre, que a veces puede ser, puntualmente, necesario, estamos pensando sencillamente en lo importante que es ver equilibrio en los resultados y en recibir una recompensa afectiva e intelectual. Por eso es tan importante que padres y adultos reconozcan y aprecien este sentir y sepan participar de ello. Detrás del valor del esfuerzo hay una serie de hábitos que nos parecen tan importantes como el propio esfuerzo o incluso más. Entre ellos se encuentra la disciplina, la voluntad, el trabajo, el aprecio por el tiempo o la comunicación. ¿Acaso no merece la pena cuidar escrupulosamente cada uno de ellos para lograr mejores estudiantes y mejores personas? Puede ocurrir que, en estos momentos, el modelo de sociedad en el que vivimos no refuerce este sentir, sino que más bien lo aniquile. La publicidad desborda este sentimiento y hasta lo hace tambalear. Algunos slogans como “adelgaza sin esfuerzo en pocos días” o “aprende inglés sin esfuerzo”, ya llevan implícito un deseo muy sugerente para que los aspirantes obtengan resultados muy pronto y sin gastar demasiadas energías. Con ello se anuncia lo fácil, lo cómodo, lo ideal y, además, enganchan de una manera tan provocativa que nos lleva a pensar que aquel que no elija esta opción es un poco necio. Revista Diálogo Familia Colegio. (2012), 291, 11-19 4 Insistiendo en esta misma línea de los valores, el respeto y la convivencia con los demás, son otro de esos valores que nos hace creer en la educación y en el sentido que ésta tiene en el crecimiento de una sociedad. Comparto con la profesora Buxarrais (2000:89) que “el respeto a la autonomía personal, y la consideración de los temas conflictivos a través de un diálogo fundamentado en buenas razones, son condiciones básicas para conseguir formas de convivencia personal y colectiva más justas”. Finalmente, el valor de la responsabilidad. Este es un valor incómodo, ¿no les parece? Requiere de un compromiso y del cumplimiento de un deber, así que nada baladí. Pero precisamente por ello, requieren una especial atención en el ámbito escolar y familiar y un espacio para la interiorización y el aprendizaje. El modelo educativo mejorará si padres y madres son conscientes de su compromiso para la educación. ¿Qué debe mejorar cada familia y más específicamente los padres para favorecer este proceso? Resulta evidente que tanto los estudiantes como los profesores tienen un papel muy relevante en la educación pero, no podemos olvidar que en un modelo educativo de calidad, los padres también ocupan un lugar importante. En cada caso, la formación y el desarrollo de cada uno de ellos se convierten en pilares básicos para el sostenimiento del mismo. A veces delegamos, en exceso, la educación de los hijos a la escuela y olvidamos las atribuciones que corresponde a los padres. En todo este camino, padres y madres tienen que estar presente y sobre todo, tienen que reconocer cual es su papel y cumplirlo. La ausencia de muchos padres no sólo afecta al desarrollo del niño a corto plazo, sino que también lo hace más vulnerable a medio y largo plazo. En casa y fuera de casa, el niño tiene que sentir el acompañamiento de sus padres, de su familia y tienen que hacerlo visible. Realmente se puede estar al lado de alguien y, sin embargo, sentirse en la oscuridad, también se puede acompañar a alguien y no tener la luz de su compañía. ¿No le parece triste? La participación de los padres en la educación y de manera particular, la participación de los padres en el colegio, debería tener un espacio relevante en el deseo de cada uno de ellos de encontrar su verdadera responsabilidad. Los padres se deberían atribuir, entre sus retos diarios, el procurar charlar y hablar con sus hijos. Distinguimos entre estos dos conceptos porque el primero me parece más trivial, dado que propicia conversaciones más intrascendentes, mientras que el segundo requiere de diálogo, de consejos, de planteamientos, de ayudar a recapacitar, de formular interrogantes, etc.; pero en definitiva, los dos tienen sus tiempos y los dos son necesarios. Ambos son la base de una buena y sólida comunicación. Pero, Revista Diálogo Familia Colegio. (2012), 291, 11-19 5 ¿sabemos comunicar? Parece que no todos lo hacemos bien y con eficacia. Sin embargo, la comunicación primero requiere la comprensión y el conocimiento de uno mismo y luego, el sentir y la comprensión de los demás. Realmente, este proceso requiere de una buena disposición por parte de los interlocutores y, en consecuencia, tanto el emisor y más aún el receptor, debe saber cuál es su papel y cultivarlo. Uno y otro deben aprender a dialogar, pero antes, deben aprender a escuchar. El escritor italiano Massimo Bontempelli se refiere a la comunicación y al diálogo en estos términos: “Conversar es entrar cada uno en el surco de lo que ha dicho el otro, y de proseguir una línea o perfeccionar aquel surco; diálogo es, en suma, colaboración”. Padres y madres tienen en este sentido una tarea vital y muy elocuente. Se deben implicar no sólo en el producto final, estando al corriente si su hijo aprueba o no, si hace bien un examen o si pasa al curso siguiente, se trata de lograr una mayor implicación en todos los procesos de aprendizaje o, en todos los procesos de socialización en los que participa activamente. Este sentir el día a día de sus hijos, el compartirlo y el de participar en las actividades relacionadas con el colegio que se vayan propiciando, son una buena forma de empezar y de apreciar el valor de las tareas que realizan sus propios hijos en el centro. El modelo educativo mejorará si se reconoce la labor del profesorado y éste sabe interiorizar los valores de su profesión. En el deporte del fútbol vemos muy claro que cada entrenador utiliza sus propios métodos, mantiene unas reglas propias o despliega unos hábitos y formas de trabajar muy personales. Si se trata de un entrenador con éxito, es fácil que otros quieran imitarle, quieran hacer lo mismo que él y, sin embargo, no sólo no es posible sino incluso se me antoja decir que puede llegar a ser perjudicial. Ese entrenador necesita conocer muy bien a sus jugadores y una vez logrado esto, plantear las estrategias más adecuadas. Un entrenador bueno no es aquel que enfoca su trabajo desde una sola perspectiva sin atender a quién le afecta, sino un profesional que con sus estrategias, se sabe adaptar a su grupo de jugadores, a su nuevo equipo. Esta metáfora me resulta especialmente significativa para aplicarla y comprenderla desde la educación. Con nuestros alumnos, el profesor debe, en primer lugar, conocer a sus estudiantes y luego, saber arbitrar las estrategias más acordes y adecuadas en cada caso. Lo que a uno le va bien, puede no ser tan bueno para otro. Concretamente en educación, encontrar las formas y metodologías adecuadas, es un logro no siempre fácil de alcanzar. Tal como se recoge en el Informe McKinsey, “la calidad de un sistema educativo no puede ser mejor que la de su profesorado”. Revista Diálogo Familia Colegio. (2012), 291, 11-19 6 Un paso decisivo en todo ello son, desde nuestro punto de vista, los procesos de selección de los docentes. Tenemos ejemplos muy paradigmáticos en relación a este tema, y donde se comprueba que este factor propicia en muchos casos buenos resultados. Por ejemplo: Finlandia, Corea del Sur o Canadá se vienen caracterizando por llevar a cabo un proceso de selección del profesorado muy riguroso y preciso. Se trata de elegir a un colectivo que se identifique por la dualidad de querer y poder. Unos candidatos a la profesión que aterrizan en una carrera con vocación y formación, con actitudes y aptitudes. La motivación que impregna aquél que se encuentra motivado, tiene un valor incalculable en un proceso de aprendizaje. El resto se logrará con la propia formación durante la carrera. Ojalá logremos que se produzca en nuestro país, en los próximos años, un cambio sustancial en este sentido que logre mejores resultados y una mayor calidad educativa. Salvando las distancias, añoramos el respeto al profesorado del siglo pasado y aspiramos al prestigio del docente del siglo XXI. ¿No parece que se mezclan dos realidades? Por una parte, el deseo de autoridad que debería acompañar al docente en el ejercicio libre de su profesión, reconociendo el valor que se le otorgaba en otros momentos de la historia y, por otra, el deseo inquebrantable de buena fama, de calidad y de notoriedad que debería caracterizar a un profesional de este siglo con el valor incalculable de su profesión y de las atribuciones que muestra. Por otra parte, nos parece encomiable, la filosofía que caracteriza el modo de proceder en relación a la distribución de los docentes en las distintas etapas del sistema educativo finlandés. Ésta, en general, se caracteriza por cumplir el siguiente principio: “Los mejores docentes deben situarse en los primeros años de enseñanza, al inicio del aprendizaje, donde se aprenden los fundamentos de todos los posteriores aprendizajes: lenguaje, estructura mental, hábitos, etc.” (Linnäkylä, 1997) Esta propuesta no es baladí. Se trata de compartir experiencia y disponibilidad, aprendizaje y oportunidad. Todo esto también forma parte de lo que significa una buena gestión. El modelo educativo mejorará si los gestores y responsables de la educación saben ser emprendedores de la educación. Para arbitrar un modelo educativo de calidad se requiere una sintonía entre la teoría y la práctica, un equilibrio entre los teóricos de la educación y los agentes de la práctica, entre los cuales conviene también estrechar la colaboración. La teoría sirve, como mínimo, para saber aplicar el trabajo de cada uno al ámbito en el que éste se desarrolla y la práctica, para consolidar y dar fe de las teorías y corrientes suscitadas a propósito. Realmente, teoría sin práctica no es posible y tampoco a la inversa. De ambos deben aprender los responsables de la educación. Revista Diálogo Familia Colegio. (2012), 291, 11-19 7 Atendiendo a un punto de vista económico, nuestro país se encuentra en una situación modesta si analizamos las cifras referidas al gasto en educación y lo vemos en relación con otros países. Concretamente, en los últimos diez años, el aumento del gasto por alumno de Educación Infantil, Primaria y Secundaria ha sido bastante similar a las cifras alcanzadas por la OCDE y por el conjunto de países de la Unión Europea. En la siguiente tabla podemos apreciar algunos de estos datos: Tabla1. Gasto público en educación como porcentaje del PIB. OCDE, 2011 Valorando y analizando estos datos, uno de los más significativos corresponde al caso de Japón cuyo PIB no llega al 3,5 y, sin embargo, en los Informes PISA, los resultados son excelentes. Tanto en comprensión lectora como en competencia matemática y también en competencia científica, Japón suele ocupar posiciones por encima de los diez primeros países, concretamente entre el nivel 5 y 8. Debemos recordar que España, en el Informe PISA de 2009, se situó por debajo de la media de la OCDE, concretamente entre los puestos 33 y 36 de un total de 65 países implicados. En el otro extremo, es decir, aquellos países que cuentan con una cifra elevada del PIB, tienen, en general, unos resultados más moderados. Irlanda, por ejemplo, no tiene buenos resultados en competencia matemática, ya que se sitúa por debajo de la media de la OCDE (posición 32). Brasil refleja también cifras muy desconcertantes, tanto en cuanto los datos del PIB son del 5,5 y, sin embargo, los resultados obtenidos en las pruebas PISA dejan mucho que desear, ya que se sitúa por encima del puesto 50 de la lista de países participantes. 0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 3,4 4,6 4,6 4,9 4,9 5,4 5,4 5,4 5,4 5,5 5,5 5,6 5,7 6,1 6,8 9 Revista Diálogo Familia Colegio. (2012), 291, 11-19 8 Lógicamente, y como no puede ser de otra manera, en estos análisis hay que reconocer las características y también las circunstancias económicas y sociales de cada país objeto de estudio, dado que muchos de estos aspectos influyen globalmente en los resultados. En cualquier caso, son datos muy significativos. A la vista de estas reflexiones, comprobamos una vez más que tanto la función política como la función económica son dos de los factores y funciones más destacadas que se le atribuyen a la educación. En estos términos, los profesores García Garrido y García Ruiz (2005:139) subrayan que “la función política de la educación radica especialmente en la necesidad de provisión de líderes a todos los niveles de la sociedad democrática”. Y a su vez, se trata de lograr que esos líderes se formen en el deber y la responsabilidad para desarrollar un servicio adecuado a la sociedad de cada momento. Por otra parte, estos mismos autores también se refieren a la función económica de la educación advirtiendo en ella, “la necesidad de garantizar la existencia de los profesionales que las sociedades necesitan para su adecuado desarrollo presente y futuro, en un mundo dominado por la competitividad y la globalización” (García Garrido y García Ruiz, 2005: 140) En definitiva, la educación y el sistema educativo de un país, debe preparar lealmente y de manera genuina, a todos los ciudadanos de un país. Debe sentar las bases y arbitrar un escenario que atienda el capital humano, reconozca las nuevas demandas de la sociedad y logre, desde una buena formación curricular del presente, buenos profesionales del futuro. Queremos ser optimista y pensar que cada uno de los agentes implicados tiene algo que decir, sabe hacerlo y tiene disponibilidad para ello. Y junto a esto, se debe arbitrar un buen marco de política educativa que aúne todas las expectativas e intereses y genere una dinámica educativa de calidad. Nos quedamos, en estos momentos, con la expresión de J. Ringer que dice que “Si se practican sencillos hábitos de éxito, día a día, lo más seguro es que se acabe triunfando”. Ojalá podamos hablar del éxito de nuestro sistema educativo en pocos años. El modelo educativo mejorará si prospera el todo y las partes. Como pueden imaginar, el modelo educativo no es sólo una suma de partes, sino que es un todo global y estéticamente interconectado. Como tal modelo sistémico, éste se caracteriza por la conexión entre cada uno de sus elementos, por los agentes intervinientes, por los contextuales y también por los sociales. Por tanto, este modelo se caracteriza por las interacciones que se establecen entre ellos desde un proceso continuo de feed-back. Tanto es así, que a veces resultan inexplicables determinados Revista Diálogo Familia Colegio. (2012), 291, 11-19 9 hechos que ocurren en el sistema educativo si estos no se analizan desde una visión holística. Mejorar cada una de las partes nos ayudará a mejorar el todo. Para ello, cada uno debe saber cuál es su compromiso, saber cuáles son sus límites y sobre todo, no escaquearse de las funciones. La OCDE ha realizado un estudio mediante encuestas (en torno a las 90.000 encuestas) a directores y profesores de 200 centros de 23 países. Éste ha dado lugar al conocido como Informe TALIS (2009). Algunas de las conclusiones obtenidas nos ayudan a entender la importancia de los docentes, así como su dedicación y esfuerzo en el desarrollo de su trabajo. En todo ello, la administración tiene un papel fundamental, reconociendo, por un lado y contribuyendo, por otro, al desarrollo de este colectivo. El Informe TALIS subraya entre otras ideas que: El 25% de los profesores dedica un 30% de su tiempo a mantener el orden y a realizar tareas administrativas. ¿Acaso se pierde demasiado tiempo y esfuerzo en este tipo de asuntos? El profesorado necesita ver que su esfuerzo es reconocido y recompensado. En estas condiciones admite la evaluación y pide conocer los resultados. Un 42 % de los profesores considera que no hay suficientes oportunidades de desarrollo profesional. Para los docentes, como para cualquier profesional, no nos parece aconsejable tener un camino de futuro vetado al progreso, a una mejora y al desarrollo profesional. Esto quiebra su voluntad, sus intereses e incluso su motivación. Todos estos factores y porcentajes no se pueden entender por sí solos, sino que los debemos interpretar en relación al resto de elementos del sistema educativo, con los ideales educativos de nuestro país y con la idiosincrasia y modelo cultural que éste lleva asociado. En todo este entramado resulta fundamental el que tanto los profesores como los estudiantes, los padres y también los responsables de la educación transmitan conocimientos, a la vez que sensibilidad, para atender con rigor los temas educativos. Y las evaluaciones, ¿son un buen recurso para mantener siempre “en alerta” a los estudiantes? En el ámbito escolar y universitario es muy habitual que el alumnado estudie, sólo, cuando se aproxima un examen, cuando el profesor les pone fecha y les convoca a realizar, en breve, una prueba de evaluación. Compartirán con nosotros que es una realidad y que no resulta fácil cambiarla, ya que se trata de concienciar a esos jóvenes de la importancia de ir estudiando todos los días y mantener ese hábito como disciplina personal. En este sentido, aunque a mayor escala, varios países tienen un sistema de control y seguimiento de sus estudiantes a través de los estándares de evaluación. El caso más paradigmático lo encontramos en Estados Unidos. Desde los años sesenta, USA se caracteriza por llevar a cabo una evaluación sucesiva de sus