La urgencia de un ecologismo sociocomunicativo desde la comunicación participativa: una perspectiva biosistémica de las redes asociativas informacionales
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[ Sumario ] Revista INTERACCIÓN No. 36 a 40 - Sección INTERVISIONES Revista Interacción Números 36 a 40: Edición especial 10 Años LA URGENCIA DE UN ECOLOGISMO SOCIOCOMUNICATIVO DESDE LA COMUNICACIÓN PARTICIPATIVA: Una perspectiva biosistémica de las redes asociativas informacionales Por: Fernando Ramón Contreras "El futuro ya no es lo que era" Graffiti anónimo. No hablaremos en este artículo de la solidaridad que las redes de información (y por excelencia deberíamos referirnos a la comunicación en internet) ofrecen desde las oportunidades de la infraestructura de las tecnologías telemáticas, ni tampoco trataremos la generosidad libertaria, revolucionaria y democrática que fomenta la nueva mediación tecnológica. Observaremos aquellos fenómenos sociocomunicativos que pretenden desde el comunitarismo social de las redes informacionales establecer soluciones y salidas a la desigualdad social, a la injusticia y a la miseria cultural desde la crítica que permite nuestra propia perspectiva de un ecologismo social. La comunicación participativa es un proyecto de organización comunitaria que necesita de la libre asociación de los individuos para alcanzar un fin. Existe un principio instrumental que regula su funcionamiento: la asociación egoísta alrededor del mismo interés. Ese egoísmo vinculante es inevitablemente sacralizado por los miembros de la comunidad como medio aglutinante que evita en el futuro la disgregación cuando el individuo consiga su objetivo dentro del sistema comunitario (si ello sucediera hablaríamos de parasitismo social). Expresado desde una perspectiva binarista, el fenómeno de la comunicación participativa es acción/reacción; las asociaciones de individuos surgen alrededor de una necesidad que sólo puede saciarse a través del intercambio de información. Lo llamaremos asociaciones informacionales simbióticas y a su relación amistosa, biosolidaridad. Coldevin (2003) destaca la importancia de la identidad cultural, la acción concertada y el diálogo, el conocimiento local y la participación del interesado en todos los niveles: internacional, local y personal. Para este investigador, la comunicación es un detonante socioeconómico en el desarrollo de riqueza en las zonas rurales a través de la colaboración y el consenso que permita cambiar las actitudes de los agricultores (en este caso particular el objetivo consistiría en incrementar la producción de los alimentos) mediante el acceso a la información y los conocimientos que consideran pertinentes. La comunicación participativa no es un proyecto con bases teóricas autónomas, sino más bien una hibridación de las dos grandes doctrinas políticas y económicas de este principio de siglo: el liberalismo y el comunitarismo marxista. Mientras que el liberalismo surge en las democracias modernas en distintos grados de radicalización (desde el liberalismo exacerbado de Hayek al liberalismo moderado de Rorty), el comunitarismo marxista ensaya nuevas formas de cooperativismo social dentro de los marcos globales liberalistas. Curiosamente, ello origina situaciones tan asombrosas como China en la que Revista Interacción CEDAL - Centro de Comunicación Educativa Aud... http://www.cedal.org.co/index.shtml?apc=h1b1---&x=790&cmd[126]... 1 de 6 13/05/2015 9:51
gobierna una política de orientación marxista e impera un deseo de acomodar un modelo de economía liberal. La comunicación participativa se desenvuelve confusamente entre las políticas culturales y el empobrecimiento de la cultura política. No obstante, la experiencia de las redes informacionales simbióticas que nacieron de la humildad de las asociaciones cívicas poseen el impulso de la biosolidaridad que recupera la dimensión más humana de ambas tendencias contemporáneas políticas desde la recuperación del incompleto proyecto de la modernidad. El diálogo y el consenso desde la racionalidad técnica y una pequeña dosis de esencialismo platónico que recupera algunos grandes relatos perdidos en la posmodernidad, como siempre ha sustentado Habermas, son los generadores de sentido en estas asociaciones informacionales simbióticas. Las pequeñas asociaciones de agricultores y ganaderos en las zonas rurales, asociaciones de pesqueros en las zonas costeras, o asociaciones de vecinos en las zonas urbanas y su vinculación en redes a través de la infraestructura que permite internet recuerda a grandes rasgos los capítulos clásicos de la historia de la comunicación que explican como a principio de siglo XVIII se formalizaba la noción de esfera pública y de opinión pública en una red de cafeterías: "Fue en la Inglaterra de principios del siglo XVIII que se crearon condiciones más favorables para la aparición de la esfera pública burguesa. La censura y el control político sobre la prensa fue menos estricto que en otras partes de Europa, y proliferaron los folletos y publicaciones periódicas. Al mismo tiempo, se popularizaron las cafeterías para la primera década del siglo XVIII se ha estimado que, sólo en Londres, había unas tres mil cafeterías, cada una con su núcleo de clientes regulares. Muchos de los nuevos periódicos estaban estrechamente relacionados con la vida de las cafeterías, en las que eran leídos y discutidos por individuos que se reunían para debatir juntos las cuestiones diarias" (Thompson, 1997:101-102). La organización de los telecentros en estas redes telemáticas y su modelo de comunicación participativa son un testimonio del fuerte impacto sobre una esfera pública cuyo protagonista no es la burguesía más ilustrada y el juego de su rol formador de los nuevos Estados posnacionales o Estados Globales. Ya Habermas olvidó en su estudio sobre la configuración social de la opinión pública la existencia de una sociabilidad no burguesa como fueron los movimientos populares de carácter social y político de principios de la era moderna; nosotros no podemos repetir el error si deseamos contemplar en su totalidad este fenómeno de las redes asociativas informacionales. La comunicación participativa es muy limitada por la instrumentación del utilitarismo que encierra sus moderados postulados liberales: de hecho, puede de nuevo repetirse los mismos conflictos que en la Europa de los siglos XVIII y XIX, cuando los movimientos sociales populares chocaron con la variante del modelo liberal de la esfera pública burguesa. De manera similar, deben establecerse formas culturales más flexibles que permita una relación de aproximación satisfactoria para ambos sectores de la población. El ecologismo sociocomunicativo es un discurso marxista desde su esencialidad y curiosamente, liberalista en su relación económica con el mundo. La esencialidad marxista confiere el sentido de un gran relato, inspira confianza desde la urgencia de sentido que inicialmente surge del creer; la creencia da sentido y transmite significados que enriquecen la esperanza desde la actuación. El marxismo universaliza el modelo comunicativo y humaniza en cuanto que se le presupone un conocimiento profundo sobre la solución a los problemas de los hombres. Suaviza los efectos modernos de la tecnocracia e instrumentaliza con prudencia la necesidad material y espiritual del hombre. Aunque inicialmente parezca una contradicción, el modelo comunicativo es también liberalista utilitariamente cuando estudiamos la actitud psíquica del individuo que participa en la red civil: el impulso egoísta del individuo es atenuado mediante los sentimientos morales que aprueban o desaprueban las conductas, pero ya no desde el mito (doctrinas religiosas) sino desde la razón técnica que le demuestra la necesidad de la biosolidaridad o la solidaridad desde una relación de dependencia profunda con el entorno social para la sobrevivencia. El ecologismo social básicamente es la responsabilidad de vivir en una sociedad tecnificada considerando todas las consecuencias que se derivan de su complejidad sistémica. Estas consecuencias y su valoración es aquello que lo convierte en un sistema muy particular. El modelo de comunicación participativa es mayoritariamente aplicado a las zonas de la periferia del sistema mundial (países latinoamericanos, africanos y asiáticos) y en las zonas marginales del núcleo Revista Interacción CEDAL - Centro de Comunicación Educativa Aud... http://www.cedal.org.co/index.shtml?apc=h1b1---&x=790&cmd[126]... 2 de 6 13/05/2015 9:51
mundial. Hans Jonas (1994) explica desde la filosofía posmoderna tecnocientífica la urgencia de pensar sobre el futuro (cualidad del ecologismo) frente a la biodegradación del entorno vital ya no sólo pensado biológicamente sino social y culturalmente. También lo hace en el mismo sentido Sousa Santos coincidiendo con nuestra reflexión (1995:423): "Vencidos por los desafíos, la mayoría de los pueblos de la periferia del sistema mundial, no creen en él porque en su nombre descuidaron o rechazaron otros futuros, quizás menos brillantes y más próximos de su pasado, pero que al menos garantizaban la subsistencia comunitaria y una relación equilibrada con la naturaleza, que ahora les resultan tan precarias Dudan de él amplios sectores de los pueblos del centro del sistema mundial, porque los riesgos que conllevan –sobre todo los ecológicosempiezan a ser más ilimitados que él mismo. No sorprende que frente a esto, muchos hayan asumido una actitud futuricida; asumir la muerte del futuro para finalmente celebrar el presente, como sucede en cierto posmodernismo, o incluso para celebrar el pasado, como sucede con el pensamiento reaccionario. Lo cierto es que, después de siglos de modernidad, el vacío del futuro no puede ser llenado ni por el pasado ni por el presente. El vacío del futuro es tan sólo un futuro vacío". Con la reflexión de Sousa Santos podemos perfilar la necesidad en las redes asociativas informacionales de reconsiderar los valores ecologistas que diseñan la sociedad no sólo pensando en la generación presente, sino en los derechos objetivos que ya poseen en el presente las generaciones futuras. Por otro lado, como observa acertadamente Gellner y como se equivoca concretamente Rorty, el modelo liberalista dominante en los países centrales condiciona el progreso en sus sociedades en un movimiento de continuidad, mientras que en los pueblos de la periferia es necesaria la discontinuidad y ruptura sistémica como salida de la miseria y el subdesarrollo. Efectivamente, todavía podemos admitir la utopía occidental (el sueño americano) de Rorty cuando piensa que las sociedades occidentales pueden contar con una base social (seguridad, prosperidad, tolerancia e individualismo) sobre la que trabajar en su perfeccionamiento; pero como reconoce Gellner, en el resto de sociedades del mundo en la mayoría de los casos, no existe ninguna base social. Por tanto, este parámetro ecológico que es la propia noción de futuro puede considerarse como continuidad y discontinuidad en el sistema dependiendo de la territorialización de la sociedad. Como resultado de la aplicación sistemática de políticas de continuidad, el ecologismo social denunció el principio dominante de la economía de mercado que justificaba la explotación ilimitada de los recursos naturales y las sociedades del "Tercer Mundo" sin profundizar en los graves problemas que supone esta explotación con la ideología del consumo y el crecimiento de la población. Recordemos a grandes rasgos que los valores sociales que porta la ideología ecologista se basan en la solidaridad, en la hermandad, en una ética que respete a la vida en todas sus manifestaciones (la naturaleza, la cultura, las necesidades materiales), en la tolerancia, y en un sistema educativo que forme en el respeto a la pluralidad y promueva el pacifismo. Para ello, las redes asociativas informacionales pueden colaborar en las directrices políticas del ecologismo desde su propia organización: la descentralización del poder político y económico sería un primer paso que condujese a devolver el protagonismo responsable a las regiones y actividades locales y la producción a diferencia de la fabricación en masa de productos efímeros, podría ser de bienes de alta calidad y gran duración de la cual los individuos puedan enorgullecerse de sus logros. Las sociedades deben alejarse del control y la confianza en los ordenadores, a cambio de conseguir un equilibrio integral entre tecnología y naturaleza. Las redes asociativas informacionales pueden planificar el consumo de energías alternativas, reducir el turismo masivo (y delimitar el deterioro de la naturaleza que produce) e implantar un orden material de reciclaje de los recursos. Esta ideología ecologista, que recordemos, posee una conexión explícita con la tradición marxista que también arrastra sus inconvenientes. La herencia marxista genera modelos sociales universales y lineales, es decir, reproduce los mismos medios para distintos territorios culturales y lineales, porque no admite cambios en sus postulados que alteren el núcleo doctrinal. En este sentido, el marxismo (como el liberalismo) son formas políticas etnocéntricas fuertemente criticada por teóricos del discurso colonial (diáspora) como Ahmad (1992) que denuncia la implantación de estrategias de poder ajenas a sus tradiciones culturales (liderazgo/gobierno, propiedad privada/pública, mitos/religiones, cientifismo/literatura). El materialismo cultural de Williams o Hall no responden claramente a las expectativas del pluralismo cultural, sino en un último extremo a la interculturalidad. Por el contrario, el marxismo ha sido beneficiosamente utilizado por los teóricos de la diáspora para Revista Interacción CEDAL - Centro de Comunicación Educativa Aud... http://www.cedal.org.co/index.shtml?apc=h1b1---&x=790&cmd[126]... 3 de 6 13/05/2015 9:51
denunciar la situación de poscolonización y les ha armado de los medios para defenderse del imperialismo cultural, aunque desde la perspectiva como decimos occidental (aunque también algunos han reclamado más compromiso del marxismo a la lucha poscolonial). Chow, Venn, Spivak, Bhabha, Aijaz o Trinh han discutido extensamente sobre la acción hegemónica de las instituciones y sus textos culturales poscoloniales sobre la cultura popular. Las redes asociativas informacionales juegan un serio esfuerzo en este des-centramiento para romper con un pensamiento cultural lineal y maniqueo, como diría Martín Barbero. La diáspora es efectivamente un merecido nombre a la metáfora que explica la desterritorialización de estas culturas o dicho de otra manera, de las culturas históricamente de exiliados internos. Las culturas tradicionales han experimentado un primera fase de descentramiento temporal con el paso de la comunicación oral a la comunicación mediática; en una última fase, el descentramiento es espacial y hablamos de un extrañamiento que convierte a la culturas en nómadas, porque olvidando el modelo lineal de emisor-receptor ha pasado a circular sin dirección por las redes. Ello ha generado una multiplicidad de sentidos que nos permite pensar la comunicación humana como una diversidad de sentidos al entrecruzarse y dispersarse la información por los incontables circuitos redes. La relación entre la comunicación y las asociaciones informacionales en la red, como estamos pretendiendo mostrar, forman un concepto de sociedad que encuentra verdaderas dificultades de precisar por su complejidad. Tomemos la reflexión de Luhmann (1977) para nuestro objeto mentado. Las redes asociativas informacionales son sistemas autorreferenciales, es decir, necesitan disponer de la facultad de controlar la producción y distintividad de sus elementos. Son sistemas autopoiéticos en términos de Maturana y Valera. Ello significa que este sistema social es capaz de constituir los elementos de los que consisten a modo de unidades funcionales, y de, en las relaciones entre ellos, referirse a la vez a esta autoconstitución, que es así continuamente reproducida. Las redes asociativas informacionales, del mismo modo que cualquier sistema autorreferencial o autopoético, necesitan del contacto causal con su entorno del tipo autocontacto operativo y cognitivo. Sólo a través de la participación en la comunicación y que implica la capacidad observacional de las conciencias asociadas forman un sistema social. Estas asociaciones simbióticas lejos de considerarse abiertas realizan un cierre logístico y operativo. El contacto entre las conciencias que consolidan las asociaciones sólo es posible desde los contactos restringidos entre ellos, que permiten condiciones muy selectivas de la expresión y la comprensión de informaciones. Es Luhmann (1977: 57 y ss.) quien reconoce la necesidad de una noción que permita combinar la teoría de los sistemas con la comunicación para que podamos explicar como la comunicación es un medio para producir comunicación. Para ello, formula la distinción entre información, participación (Mitteilung) y comprensión. La comunicación sólo puede darse cuando los tres aspectos pueden ser sintetizados. Estos tres aspectos producen distinciones y por tanto, la comunicación puede desarrollarse. El concepto de sociedad de Luhmann que nos interesa podría concretarse en esta cita (1997:59): "La sociedad es el sistema que engloba todas las comunicaciones, aquel que se reproduce autopoéticamente mediante el entrelazamiento recursivo de las comunicaciones y produce comunicaciones siempre nuevas y distintas. La emergencia de un sistema tal incluye comunicaciones – ya que éstas solo son susceptibles de continuarse internamente- y excluye todo lo demás. La reproducción de un sistema así exige, pues, la capacidad de discriminar entre sistema y entorno". Esta diferencia entre entorno y sistema es reflejada en nuevas interpretaciones y en nuevos escenarios. González (1994:167): "En tanto que herramienta teórica, los Frentes Culturales deben ser comprendidos como un concepto abierto, o como un concepto sistémico. Es decir, que no puede ser aplicado separado de sus relaciones con otras construcciones: hegemonía, campos, redes ideológicas, discurso social, formas simbólicas y así diciendo". El ecologismo sociocomunicativo, como proponemos, deberá entenderse como una teoría de protección del medio ambiente sociocultural en la misma directriz como interpretamos el respeto a la vida en una perspectiva biológica. El respeto al entorno sociocomunicativo implicará la eliminación de una escala valorativa como el ecologismo vital ha desarrollado para concienciar sobre la importancia de la existencia de la naturaleza en su amplitud y variedad. Las redes asociativas informacionales protegerán las culturas más débiles en cuanto a su posición socioambiental. En este sentido, convendría señalar que el enfrentamiento surge cuando no interpretamos la realidad desde Revista Interacción CEDAL - Centro de Comunicación Educativa Aud... http://www.cedal.org.co/index.shtml?apc=h1b1---&x=790&cmd[126]... 4 de 6 13/05/2015 9:51
un darwinismo social exacerbado y consideramos que existen fuerzas externas al entorno medioambiental que desequilibran la sociedad. Estas fuerzas emanan sus propias manifestaciones: 1. la cultura de élite, respaldada por las clases sociales dominantes (aristocracia, empresarios, ejecutivos); 2. la cultura institucional, respaldada por las instituciones sociales (la Iglesia, el Estado, la Universidad, el Ejército); 3. la cultura mediática (industria cultural, medios de comunicación); 4. la cultura popular (el inconsciente imaginario de la tradición y herencia generacional). Las redes asociativas informacionales, como demuestran sus experiencias (Dabas/Najmanovich, 1995), pueden devolver el auténtico valor a las culturas no educadas en las poderosas tradiciones occidentales. Su desarrollo puede atenuar la acción posimperialista y neocolonizadora de la cultura blanca occidental del centro en las zonas periféricas. Ya que constituyen verdaderas redes de tránsito de signos culturales que lograrán entre otros beneficios, una recuperación paulatina de la indigenización de teorías e ideologías y un diálogo más sosegado entre la práctica periférica y la teoría metropolitana. Referencias bibliográficas: Aguado, J. M. (2003): Comunicación y cognición. Bases epistemológicas de la complejidad, Sevilla, Comunicación Social. Ahmad, Aijaz (1992): In theory: Classes, nations, literature, London, New York, Verso. Álvarez, Sonia E., Dagnino, E., Escobar, A. (1998): Cultures of Politics, Politics of Cultures: Re-Visioning Latin American Social Movements, Westview Press. Coldevin, G. (2003): Participatory communication, SDdimensions (Departamento de Desarrollo Sostenible), FAO. Dabas, E./ Najmanovich, D. (comps.)(1995): Redes. El lenguaje de los vínculos, Buenos Aires, Paidós. De Sousa Santos, B. (1995): De la mano de Alicia. Lo social y lo político en la posmodernidad, Santafé de Bogotá, Ediciones Uniandes. Downing, J. (1995): Questioning the Media: A Critical Introduction, Thousand Oaks, Sage Publications. Downing, J. (2001): Radical media: rebellious communication and social movements, Thousand Oaks, Sage Publications. Galindo, J. L. (1987a): Organización social y comunicación, México, DF., Premia. Galindo, J. L. (1987b): Movimiento social y cultura política: discurso, conciencia, historia, Colima, Universidad de Colima. Revista Interacción CEDAL - Centro de Comunicación Educativa Aud... http://www.cedal.org.co/index.shtml?apc=h1b1---&x=790&cmd[126]... 5 de 6 13/05/2015 9:51
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