La sabiduría infinita. La actitud de Vico ante los clásicos
Abstract
La actitud de Vico ante los clásicos greco-latinos se caracteriza por relegar a segundo plano la verdad, la belleza o la bondad de sus contenidos, y por resaltar el trasfondo que los posibilita.
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LA SABIDURÍA INFINITA. LAACTITUD DE VICO ANTE LOS CLÁSICOS Eduardo Villegas Megías La actitud de Vico ante los clásicos greco-latinos se caracteriza por relegar a segundo plano la verdad, la belleza o la bondad de sus contenidos, y por resaltar el trasfondo que los posibilita. Palabras clave: Vico, clásicos, poesía, verdad, conocimiento, sabiduría. Vico’s attitude towards classical Greco-Romans is characterised by considering as secondary the truth, beauty or goodness of their contents, and as principal the background that makes them possible. Keywords: Vico, classics, poetry, truth, knowledge, wisdom. Quiero comenzar planteando una pregunta ociosa: ¿qué antigua civilización nos gustaría visitar, si pudiéramos viajar en el tiempo? Al abrir el abanico de la ficción, se nos presenta, por citar sólo algunas, Menfis durante la construcción de las grandes pirámides, la Babilonia de Nabucodonosor II con sus jardines colgantes, la China de Confucio, el Yucatán maya del Nuevo Imperio, la Persépolis de Darío, y, no podían faltar, la Troya de Homero y la Roma de César; aunque quizás la mayoría en esta sala sería partidaria de la Atenas de Pericles. Digo que es una pregunta ociosa porque estos ejercicios, sin duda, al cerrar los ojos, nos transportan a lugares remotos, con indumentaria excéntrica y costumbres extrañas; sin embargo, además de despertar nuestra esclerotizada imaginación, nos conducen –si acaso– al anhelo imposible de revivir un pasado lejano que, casi con seguridad, nunca existió. Esas imágenes difusas que señalan hacia el inicio de los tiempos de la magna Grecia, la opulenta Roma, la magnífica China,etc., difieren mucho de ser fieles retratos de sociedades en sus primeros balbuceos como civilización. Pero la pregunta ya no es tan gratuita ni tan ociosa cuando dirigimos nuestros reflectores a la actitud con que ahora, en nuestra distancia, nos remitimos en específico a la lectura de los llamados “clásicos”, que, para evitar malos entendidos, voy a reducir –según un criterio totalmente arbitrario, caprichoso y hasta absurdo– a aquellos textos que por tradición están o podrían estar en la Biblioteca Clásica de la editorial española Gredos (o en las 271©Cuadernos sobre Vico 17-18 (2004-2005) Sevilla (España). ISSN 1130-7498 © Eduardo Villegas Megías
correspondientes de otras latitudes). En pocas palabras, los clásicos grecolatinos. En efecto, muchas veces nos hemos sentado en la orilla del ágora para observar a un Sócrates puntilloso que sólo sabe que no sabe nada, y que se regodea haciendo notar que sus interlocutores son más ignorantes porque no reconocen ni siquiera su propia ignorancia. También hemos presenciado con horror desde las puertas de Tebas cómo el destino se apodera sin remedio de un Edipo que lucha contra su circunstancia. En éstos y muchos otros casos nos representamos un viaje en el tiempo y en el espacio; viaje que se modifica sustancialmente de acuerdo con la actitud o disposición que despleguemos hacia estos mentados clásicos. No es lo mismo tomar la Iliada y la Odisea como cuentos para niños que como la historia verdadera de un pueblo. No es lo mismo considerar a los presocráticos como un manantial profundísimo de conocimiento iniciático, como lo sugiere algún aplaudido alemán, que hacer de ellos la antesala incómoda y oscura hacia el pensamiento posterior. No es lo mismo interpretar a Platón como un iluminado místico del cual todo lo posterior son meras acotaciones a pie de página, que hacerlo en función de su clase social o de su poca habilidad pragmática para la política. No es lo mismo, para no hacer más extensa la abrumadora lista de ejemplos, leer a Aristóteles con la reverencia que merece el maestro de los que saben, que acercarnos a sus textos con una visión fragmentaria y posmoderna. Tenemos, en resumen, actitudes diversas de desprecio, de admiración, de respeto, de celo, de alergia yde desdén; y estas actitudes transforman aquello que eventualmente podemos descubrir. Toda lectura es una búsqueda, aún en las ocasiones en que sólo hojeamos un libro para ‘pasar el rato’, buscamos algo, divertirnos; y, cuando buscamos algo esperamos encontrar justo ese algo. Es cierto que durante una exploración a veces nos topamos con cosas interesantes, maravillosas o desagradables que no teníamos contempladas; cosas que incluso nos hacen cambiar la perspectiva de eso que buscamos, o la forma en que lo buscamos, o el lugar en el que lo buscamos. También es cierto que, en una investigación, no siempre, o para ser sinceros más bien nunca, sabemos con exactitud milimétrica lo que investigamos, y ello porque si ya conociéramos a cabalidad lo que deseamos conocer, sencillamente no haríamos más averiguaciones. Pero, además, estos saberes, provisionales o preliminares respecto de un estudio, están cargados de una valoración que los hace atractivos, incoherentes, admirables o confusos, no por sí mismos, sino en relación con otros saberes, con cosas, con sucesos cotidianos o con la propia existencia. Esa carga valorativa de unas creencias acerca de otras creencias es la actitud. Pues bien, hoy es el cuarto día ya en que nos reunimos para celebrar la fiesta del pensamiento con un invitado de honor: Giambattista Vico. En julio de 1744, medio año después de su muerte, se publicó la tercera edición de los Principios de una Ciencia Nueva en torno ala Naturaleza común de las Naciones,obra que le concedió con justicia un lugar en el Panteón de los Grandes Pensadores (así, con mayúsculas). La idea más discutida, original e ingeniosa es la aplicación del principio, proveniente del ámbito teológico, de que verum ipsum factum (lo verdadero es lo hecho) al conocimiento histórico. En definitiva, su actualidad está asegurada mientras no se resuelva la controversia de la división entre Ciencias Naturales y Ciencias Humanas o Ciencias Sociales, o como declaran los eruditos, entre las Naturwissenschaften ylas Geisteswissenschaften.Pero, por otro lado, no ha merecido tanta atención el cambio de actitud relativa a los clásicos y que atraviesa medularmente la argumentación de la Ciencia Nueva.Hasta se podría afirmar que toda ella no es sino la ostentación de esta nueva actitud y que, inclusive, esa máxima tan llevada y traída de que, según señala Vico, “el mundo Cuadernos sobre Vico 17-18 (2004-2005)272 Eduardo Villegas Megías
de la sociedad civil ha sido, con certeza, hecho por hombres, y sus principios, por tanto, se pueden hallar en la modificaciones de nuestra propia mente humana”1,esa máxima podría ser, insisto, únicamente un intento escueto de su justificación teórica. A continuación, pues, voy a exponer brevemente dos aspectos desiguales de la Ciencia Nueva que nos dibujarán el paisaje de la actitud de Vico acerca de los clásicos. Primero, lo que tiene que ver con el lenguaje; en segundo término, las peculiaridades del proceso cognoscitivo. A partir de estas dos vertientes me arriesgaré a sostener que la actitud de Vico ante los clásicos se caracteriza por relegar a segundo plano la verdad, la bondad o la belleza de los contenidos y por resaltar el trasfondo que los posibilita. El lenguaje nos mostrará que la intención de comunicar va implícita en todas las expresiones, y que, por esta intención, es posible conocerlas. El proceso cognitivo nos permitirá manifestar que tanto la imaginación como el raciocinio son formas de estar en el mundo. En ambos casos, en la intención de comunicar y en las formas de estar en el mundo, Vico relega los contenidos positivos y se enfoca en aquello que los hace factibles. En cuanto al lenguaje, nuestro jurisconsulto reitera la preponderancia de las etimologías. En el texto De antiquissima italorum sapientia,de 1710, hace derivar del latín la incipiente formulación del verum et factum convertuntur, que lo verdadero y lo hecho son intercambiables, ya que los antiguos habitantes del Lacio podían responder a una pregunta “factum” cuando nosotros habríamos dicho “es verdad”2.En este sentido, el lenguaje es testigo de las costumbres de un pueblo. En particular, los lenguajes de antiguas naciones, que se hayan mantenido como la lengua dominante hasta su desarrollo acabado, serán una fuente inapreciable de los hábitos de los primeros días del mundo3.Casi todos los conceptos de uso corriente, y en especial, los universales que se requieren en las artes refinadas, tienen un origen rústico4.Y esto es así, porque se recurre a palabras simples del habla diaria para explicar asuntos que trascienden la individualidad efímera. Las etimologías no son entonces una mera curiosidad lingüística sino los testigos de las metamorfosis culturales de una nación. Las figuras poéticas, los tropos y las metáforas, que se habían considerado como ingeniosas quimeras de escritores, eran en realidad modos necesarios de expresión. Para comunicar algunas impresiones todavía no tenían estos primeros hombres la habilidad de abstraer formas o propiedades de los objetos. Los gramáticos, por ende, cometen un error al aseverar que la prosa es el habla más propia y que la poesía es impropia o antinatural5.Por el contrario, antes están las imágenes líricas que los conceptos universales, pues al inicio se inscriben las palabras como encarnaciones de cosas sensibles y gradualmente se empiezan aemplear para referirse a operaciones de mentes abstractas. El lenguaje heroico, el de los símiles, las imágenes y las comparaciones, germinó en una tierra que carecía de géneros y especies, la materia con la que se fraguan las definiciones6. Se da constancia de dos hechos simples: uno, que el hombre necesita comunicarse y,dos, que el lenguaje ha evolucionado no sólo en sus significaciones sino también en su estructura. Las necesidades de comunicación crean en los primeros hombres este recurso a las metáforas y las figuras que ahora con gran suntuosidad llamamos figuras literarias, en señal de su artificialidad, pero que en su origen era una exigencia y no un lujo. El lenguaje se ha transformado y se ha hecho complejo; las palabras mutan de sentido y el árbol de la significación se ramifica. Sin embargo, Vico nos resalta que sólo en una compenetración de la facultad imaginativa podemos entender afirmaciones de cierta época, dejando de lado la Cuadernos sobre Vico 17-18 (2004-2005) 273 La sabiduría infinita. La actitud de Vico ante los clásicos
verdad o falsedad de esas afirmaciones; lo importante es que en algún momento tuvieron la pretensión de comunicar algo y que esto es posible conocerlo. Retomando nuestro hilo conductor, ahora expondremos esquemáticamente el proceso cognitivo. Vico acomoda el axioma aristotélico de que “no hay nada en el intelecto que no haya estado antes en los sentidos” no tanto a los sujetos como a la raza humana en general7. Recordemos que en el libro alpha de la Metafísica,el Estagirita describe el hallazgo de un concepto según una secuencia escalonada: en la base se encuentra la sensación, de la que surge la memoria, y de ésta nace la experiencia. Al darse estas condiciones, la última etapa forja una noción universal sobre casos semejantes para dar paso al arte8.Para el autor de la Ciencia Nueva,esta secuencia escalonada se da en el devenir de la especie. De ahí que sólo por medio de un esfuerzo supremo de la imaginación9podamos aproximarnos a comprender la infancia de la humanidad, cuando apenas estaban formándose ideas que para nuestras naturalezas refinadas son una moneda común y gastada. En efecto, hay una analogía entre los primeros años del género humano y los primeros años de un hombre. Tal como los jóvenes son tenaces, memoriosos, de imaginación vívida y rápida invención, también la humanidad en sus orígenes tenía estas características10.Y, puesto que el proceso de la especie va de los sentidos ala razón, de igual forma, la educación de los jóvenes debe hacerse desde lo más colindante con los sentidos, como la geometría, a lo abstracto, como el álgebra, y no al revés11. En De nostri temporis studiorum ratione,interroga el napolitano cuál es el mejor método de estudios, si el ‘nuestro’ o el de los antiguos. Por sus instrumentos y sus medios, es evidente que nuestro método de estudios es mejor, pues contamos con una ingente copia de obras de arte, de libros, de información y de constantes nuevos inventos. Sin embargo, los modernos privilegian la crítica donde los antiguos preferían la tópica. Cuanto más firmes sean nuestros saberes mayor firmeza podrán tener nuestras determinaciones. Por ello es comprensible que cierta filosofía intente expulsar todo lo falso y lo verosímil, eso que se acerca peligrosamente a lo falso. Pero estas prerrogativas de la crítica sobre la tópica olvidan que es más fácil defender una causa verosímil aunque falsa, que una verdadera pero inverosímil. Entonces, antes que nada, se deben recorrer los lugares comunes, los tópicos y la retórica, para no dejarse embaucar por el primer charlatán que se nos cruce por la calle. Yes que la tópica es más afín con la juventud y los años mozos pues estimula la imaginación, la memoria y el ingenio12. Pues bien, ya que hicimos ese esfuerzo supremo de la imaginación para comprender las expresiones salvajes o recién salidas de la barbarie, observamos que su ignorancia respecto de todas las cosas, además de supersticiosos, vuelve a estos hombres propensos a exagerar y se hacen ellos mismos la medida de todo13.Todavía en nuestros días nos topamos con personajes singulares que se hacen ellos mismos la medida de todo, lo cual es signo inequívoco de su ignorancia y de su estado ferino. Por otro lado, también es una propiedad de la mente que cuando no puede formarse una idea de cosas distantes y desconocidas, juzga esto distante y desconocido por lo familiar y lo que está a la mano. De esta propiedad surgen dos tipos de pedantería, la de los doctos y la de las naciones14.La vanidad de los pueblos los hace creer que ellos son mejores, los elegidos, los únicos o los tocados por la divinidad para la redención del género humano. Se trata de lo que podríamos llamar etnocentrismo. Por su vanidad, los doctos creen que están en posesión de la sabiduría infinita de los antiguos. El proceso de conocimiento, entonces, es el siguiente: los hombres primero sienten sin percibir, después perciben, pero con un ánimo perturbado y conmovido, por último, refle- Cuadernos sobre Vico 17-18 (2004-2005)274 Eduardo Villegas Megías
xionan con la mente pura15.De manera que entre la razón y los sentidos se extiende un tortuoso camino de civilización. Quienes son agudos con los sentidos son torpes con la abstracción, y quienes son buenos para la abstracción son groseros con los sentidos. En este tenor, es injusta la crítica del ateniense cuando les preguntaba a los poetas qué era la poesía y éstos no sabían. En efecto, los poetas no tienen por qué saber qué es la poesía ya que la esencia de la poesía es una abstracción que requiere alejarse de las percepciones sensoriales. Pero si los poetas se alejan de las percepciones sensoriales dejan de hacer poesía. Por ello, dice Vico, es imposible ser al mismo tiempo un sublime poeta y un eminente metafísico16,con el perdón de los filósofos que escriben poesía y de los poetas que hacen metafísica. También el sistema numérico es un invento postrero de las naciones debido a su extrema abstracción17.Antes de la invención filosófica del infinito, se utilizaba algún guarismo limitado para denotar una cantidad muy grande o imposible de abarcar con la imaginación. Se me ocurre aquí esa bella imagen del famoso poema de Catulo dedicado a Lesbia, que en una traducción tosca diría: “Dame mil besos y después un ciento, Después otro millar, después el segundo ciento, En seguida también otros mil, y después una centena, Así, cuando muchos miles llevemos, Y la cuenta por la pasión hayamos perdido, Ningún perverso podrá adivinar Ni siquiera cuántos fueron los besos.”18 Estas reiteraciones de miles y de cientos son una imagen para personificar lo incalculable que se mezcla con un suspiro prolongado indeterminadamente en el placer. Catulo recurre de este modo a una representación cercana a los sentidos, porque exponer estas ideas en términos universales y abstractos, además de jactancioso y aburrido, volvería el poema en una disertación filosófica. Yno es pecado hacer filosofía, pero no es lo más adecuado para esta suerte de escenarios. Por esto es que el suplicio de entender relaciones entre números, para unas mentes acostumbradas a la percepción, debió representar un fuerte estremecimien- to, de tal magnitud que sus primeros conocedores se convirtieron en los sacerdotes embelesados y místicos de la nueva religión pitagórica. Incluso, era un asombro tan superior a sus mentes que debían pasar cinco años de sumisión para poder verle el rostro al maestro. Para finalizar con las notas relativas al proceso cognitivo, reparemos ahora en el interés de Giambattista por machacarnos que en los tiempos donde los hombres son como niños, se controlan unos a otros por medio de ejemplos, pues son incapaces de entender consejos razonados19.De ahí las fábulas con moraleja y las obras de teatro con moralina. En el fondo, toda creación artística que aspira a transmitir una lección de valentía, de prudencia o de honradez, está dirigida a esos jóvenes de imaginación vigorosa que aún no son hábiles para formarse en la mente leyes universales de su comportamiento. El somero análisis del proceso del conocer nos revela, de un lado, una dicotomía progresiva entre los sentidos y la razón que se matiza según los pueblos; pero también nos muestra, y en ello pongo el acento, la pertinencia tanto de los sentidos como de la razón. Las afirmaciones de un individuo, un grupo o una nación entera no son gratuitas sino que tienen una causa, independientemente de que bajo cierto marco de referencia sean o no ‘verdaderas’. No porque una frase sea abstracta será verdadera o porque apele a la imaginación será Cuadernos sobre Vico 17-18 (2004-2005) 275 La sabiduría infinita. La actitud de Vico ante los clásicos
falsa, ni tampoco a la inversa; se deben interpretar según el contexto. Pero, nuevamente, el énfasis es la posibilidad de conocer, con relativa autonomía de su valor de verdad, formas primitivas de haber estado en el mundo, si bien se requiere un gran esfuerzo imaginativo. En conclusión, después de este recuento muy superficial de la concepción viquiana sobre el lenguaje y sobre el proceso del conocimiento, tenemos elementos para defender la tesis de esta ponencia, a saber, que la actitud del napolitano ante los clásicos se caracteriza por relegar a segundo plano la verdad, la belleza o la bondad de sus contenidos, y por resaltar el trasfondo que los posibilita. Al hablar del lenguaje, nos hemos percatado de que las expresiones poéticas, en sus inicios, eran una forma necesaria para cumplir el objetivo de la comunicación y no una mera ilusión de la realidad. Esto nos ha empujado a reconocer que ciertas afirmaciones tuvieron la pretensión de participar algo, esto es, de que tomáramos parte en sus opiniones; sin embargo, como he repetido, predomina, por así decirlo, la perspectiva no del obje- to de la intención de verdad sino el punto de vista de la facultad misma por la cual podemos entender discursos tan distantes en el tiempo, en el espacio y en la civilización. El sumario ofrecido del proceso cognitivo de la humanidad también refuerza nuestra tesis. La imaginación y el raciocinio son, en alguna medida, polos opuestos; pero una y otro son formas de estar en el mundo, pues las cosas son indiferentes a nuestra presencia, pero nosotros no somos indiferentes ante ellas. En particular, el autor de la Ciencia Nueva se acerca a los clásicos con el cuidado de apreciar que los orígenes aún estaban frescos, por lo que la imaginación dominaba sobre el raciocinio. Sin embargo, los juicios de valor negativos o positivos de la ‘sabiduría infinita’de los antiguos pasan a segundo grado. Lo capital, como intenté dejar en claro en este escrito, es que Vico se acerca a los clásicos con el ánimo de comprender en qué condiciones fue posible que ciertos individuos afirmaran ciertas cosas y por qué. NOTAS 1. Princìpi di Scienza Nuova di Giambattista Vico d’intorno alla comune natura delle Nazioni (1744), §331. A partir de aquí, este libro se citará como SN,seguido del número del parágrafo. 2. Cfr. la Prima Risposta,que contesta las objeciones que aparecen en 1711 en el Giornale de’Letterati d’Italia. 3. SN, § 152. 4. SN, § 404. 5. SN,§§ 409-410. 6. SN, § 832. 7. SN, § 363. 8. Metafísica,A, 1. 980a23-981a7. 9. SN,§34. Cfr. § 338. 10. Cfr. SN,§211: “En los niños la memoria es muy vigorosa, y la imaginación es entonces excesivamente vívida, pues [la imaginación] no es sino memoria dilatada o compuesta.” 11. SN, § 159. 12. De nostri temporis studiorum ratione,III. 13. SN, § 120. 14. SN,§122-128. Cfr. §§ 180-181. 15. SN, § 218. 16. SN, § 821. 17. SN, § 642. 18. Da mi basia mille, deinde centum, / dein mille altera, dein secunda centum, / deinde usque altera mille, deinde centum, / dein, cum millia multa facerimus, / conturbabimus, illa ne sciamus, / aut nequis malus invidere possit. 19. SN, § 808. *** Cuadernos sobre Vico 17-18 (2004-2005)276 Eduardo Villegas Megías