La victoria de Bailén : oda premiada en el certamen abierto por la Real Academia Española en 2 de marzo de 1850
Full text
LA VICTORIA DI BAILEN.
LA VICTORIA DE BAILEN. ODA PREMIADA EN EL CERTAMEN ABIERTO POR LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA EN 2 DE MARZO DE 1850 . SUJ ¿KBíPvDIR DON EMILIO OLLOQUI. « Polius morí quarn fozdari .» MADRID. EN LA IMPRENTA NACIONAL. 1851 .
m mmm Tu ne cede malis; sed contra audentior ito, Quam tua te fortuna sinet. Via prima salutis, &c. . íEneid lib. VI. Tan dulce no es la vida Guando el yugo de un árbitro le espera, Que el alma ennoblecida Con la virtud austera Arrostrar la cuchilla no prefiera. Quien viva la honra guarde No tema de los déspotas el filo; Él vivirá mas tarde En perdurable asilo En el seno de Dios, dulce y tranquilo. 4
6 Mas busque en la batalla La senda del honor, que no en la oscura Cautividad se halla, Ni ahogando la bravura, Ni á los labios trayendo la amargura. Dios hunde al poderoso Que perturba la paz de los hogares: Dios arma al valeroso Humilde en sus altares, Rudo al son de las trompas militares. Dios honra y fortaleza Dá al siervo de su fé. ¡Plegue á tu gloria, Señor, que en tu grandeza Se encienda mi memoria, De tu España cantando la victoria! La cólera y venganza Recuerde, que estalló contra la altiva Muslímica pujanza; Y aquella verde oliva Símbolo fiel que de otra paz deriva. Como valiente garza Remóntase veloz buscando el cielo; Como tu mano engarza Verjel de fértil suelo Con la eminente cúspide de hielo;
7 De tu divino lampo Circundado, recuerde el heroísmo Que ardió en un mismo campo, Que abrió profundo abismo De una edad y otra edad á un crimen mismo. No paz, nunca sosiego Jussuf Miramolin , torvo africano, Dió á su violento fuego; Siempre al yugo inhumano Trayendo á Nazaret, ¡y siempre en vano! Si hierro al cautiverio Forjaba Tremecén, más la porfía Proterva del imperio Del Tártaro encendía La piedad de los siervos de María. La bárbara guadaña Siempre dócil del ímprobo al intenso Rencor; y siempre España, Por su fervor inmenso, Arbolada la cruz, el arco tenso. #
8 Sus flechas el malvado En la hiel de las iras empapaba; Mas el humilde, armado De fé y constancia, clava La bandera de Cristo en Calatrava. No tiembla estremecida La selva al rebramar de hórrido invierno, Como tembló vencida Del rayo del Eterno La cerviz de Satan dentro el infierno. Jussuf la negra copa De la rabia apuró que le concita, Y á la nefanda tropa Que en torno de él se agita Le entrega el corazón y alma precita. Ya la trompeta aguda Por la zona de Atlántide convoca La hueste mashamuda, Tropel que se desboca Ciego al grito infernal que le provoca. Ya desde el Níger vienen Al escape los Númidas veloces, Que de crúor mantienen Los rápidos feroces Que á la espuela se encienden de sus voces.
9 Ya el atroz oriundo' Del Vándalo, y el Gétulo intranquilo, Y el Árabe errabundo, Y astutos los del Nilo, Forrado el pecho en piel de cocodrilo. Ya carniceras aves, Con instinto voraz, del Sarraceno Cruzaron tras las naves Las sirtes del Tirreno, Para espanto mayor del Nazareno. Las cavernosas fraguas Del fulminado Encélado iracundo; Las turbulentas aguas Del negro mar profundo Amagando tragar el ancho mundo; Fragor ni tanto estrago Como el ímpetu engendran con que asorda, Con pensamiento aciago, La grey que se desborda, Frenética pasando horda tras horda. No desalienta al pió Rey Alfonso del reprobo la audacia: Su corazón mas brío, Su voz mas eficacia; Su mente mas se afirma en la desgracia.
16 «Mas pesa en la balanza «La clemencia; la ofensa queda inulta; «Y Dios en su bonanza «La infanda estrella oculta, «Y en el confín del éter la sepulta.» Así en el arpa de oro Con resonante voz cantó el Querube; Y el cielo hízole coro, Y al firmamento sube En espiral de púrpura en la nube. ¡ Sonó del trance hadado La hora fatal; cumplióse el vaticinio! El ambicioso airado Nació entre el exterminio , Llamando el Occidente á su dominio. La pavorida Italia Fia al Ruso y al Dálmata la ofensa. ¿Qué abismo ante la Galia Contra la audacia inmensa Del soberbio adalid será defensa?
17 Abrió sangriento surco Por Parténope y Roma, y la que baña El Adria, y contra el Turco, Y en contra tuya, España: Mas, ¡ay! que fementido ántes te engaña. La máscara del ruego Ciñe al rostro mendaz; pérfido atiza De la Discordia el fuego; Y ella en su frente eriza La guedeja de sierpes que horroriza. Ya la insolente furia De despojos hartándose inhumana ; Mas va del Segre al Turia, Del Miño al Guadiana Fecundando la sangre ira temprana. Mantua, venga tu ultraje: Corre, que en la tardanza está la afrenta: El español coraje Que á tu dolor fermenta, Arrojos, que no lágrimas, consienta. ¿No escuchas los redobles Del atambor ruidoso, reanimando Los corazones nobles? ¿No ves?... Ya en grueso bando Los ardientes jinetes galopando.
18 Mira que en la ardua liza Rostro á rostro el doncel armado espera: Prenda llama rojiza, Ruja la trompa fiera Desde el áspera cumbre á la ribera. ¡Adiós, tierno regazo De la esposa feliz! colmó de amores El cielo vuestro lazo, Y el vínculo de flores Ya la segur cortó de los horrores. ¡Adiós, dulce embeleso Del pacífico hogar! ¡ tiemble quien ama! «Madre, el. último beso; »Que la trompeta llama: » ¡ Y el mancebo una lágrima derrama! ¡ Oh campos de Castilla! Mudo aspecto de ayer ¡ ay! ¡ cuán distinto! Do quier de armados brilla Confuso laberinto; Do quier odio en los ojos, hierro al cinto. Do quier funesto gozo Al aplauso de cántico guerrero: Allí el anciano, el mozo, Y el prócer, y el pechero, El santo cenobita, el caballero.
19 Amor, ¿y cuántos pechos Rendidos viste al ocio y al regalo Guando con torpes hechos Y horribles iba el Galo La ciudad profanando de Gonzalo? Cual raudo se recobra De súbito pavor el campesino, Y audaz en la zozobra, Y armado, al convecino Campo vuela que holló monstruo dañino; Tanto al proviso armada, Cercando al corazón noble osadía, Volcánica, indignada La ardiente Andalucía Al ultraje de Córdoba acorría. Tú fuiste, ilustre anciano, CASTAÑOS piadosísimo, el robusto Broquel contra el tirano, Y oprobio del injusto, Y perpetuo esplendor del solio augusto. Tú del sagrado fuego De Alfonso coronaste la esperanza, Y el Santo oyó tu ruego, Y al campo de matanza A los impíos redujo á tu venganza.
20 Sí, león de la selva, Que del llanto y terror no te condueles: Tú, que te ornaste en Elba De espléndidos laureles: ¡Ay de tí, y de tu gloria y tus crueles! ¿No veis? vuelve triunfante Reding; Gobert murió; Liger desfila; Vedel le busca errante. ¡Dupont, Dupont, afila Tus garras, que el montero te vigila! Como el león las clava En la tierra, y saltando el polvo seco Ahóndala y socava, ' Y en el profundo hueco Ruge, y responde á su rugido el eco; Incierto así el caudillo, Su funesta ilusión le acorta el plazo: Teme el atroz cuchillo, Teme el oculto lazo, ¡ Y no teme de Dios el fuerte brazo! Sagaz en la alta noche A su encuentro Reding va apercibido; Va cauto en el aproche, Cuando al primer rugido Con la fiera encaró desprevenido.
21 Ensánchase la valla, Replegándose el tren: los batidores Divierten la batalla, Atentos los horrores Al primer vislumbrar de los albores. Mas ya el cañón anuncia Que el bélico furor blando la tea: Ya de Herrumblar la juncia La sangre colorea; Ya acérrima prorumpe la pelea. Rompe el ímpetu ciego Del indómito ardor de los Gascones; Mas ante el hierro y fuego De firmes batallones Retroceden sus raudos escuadrones. Preséntaseles hosca La batida campal de la jornada; Que aquellos de la tosca Guerrilla mal armada, De acero el alma tienen aforrada. Cien veces la osadía Del Francés arrostró hierro y metralla: Cien veces la porfía Levanta la muralla Si la abate mortal bomba que estalla. 2
22 Ya en la refriega entóneos Desatadas las iras se provocan: Allá contra los bronces Certeros bronces chocan; Allá fieros caballos se desbocan. Aquí vuela en pedazos Por el plomo la lanza arrebatada : Para matar no hay brazos: No corta ya embotada De tanto golpear la hacha pesada. « ¡ Mis lauros amancillo »Si no venzo á ese audaz que me provoca Frenético el caudillo Clamó, y avanza y toca Del hambriento mortero la ancha boca. « ¡ Mis lauros, mi esperanza!» Clamaba doloroso; y siempre via Do quier que á la venganza Sus fuerzas impelía, Reding y Coupigny; siempre Abadía: Y el resplandor sanguíneo Del arcabuz los aires encendiendo; Y su clamor fulmíneo Con humo y ronco estruendo La negra fiera pólvora envolviendo.
25 Asilo en tí buscaban, Pacífico Herrumblar; y escandecidos Tus ojos los miraban, Y sordos tus oidos Hiciéronse á los hondos alaridos. ¡Guerra, bárbara guerra, Generación de monstruos inhumanos! ¿Quién te arrojó en la tierra.? Mas no; que los tiranos Mueren también por dicha entre tus manos. Yedlos ora, humillada La soberbia arrogancia de su pecho, La faz en tierra ahogada, Y el corazón deshecho De fatiga, y de sed, y de despecho. Vedlos por una gota Del agua que á sus ojos ven vertida, Que de las hídrias brota Con dulce amor servida Sobre el campo español, perder la vida. ¡El agua! ¡Oh cuán hermosa! ¡Oh cuánto mas que el oro y que el diamante, Cuando por la ardorosa Montaña el caminante Ve saltar de la peña arco espumante!
24 ¡ Y ve cómo en sonoro Compás por enlre mármoles resbala; Y allá cisne canoro Que va con pompa y gala Cortando la onda azul, batiendo el ala! ¡ Oh sol! Tú convertías Tus luces en mortíferas saetas; Tú el paso detenias A intrépidos atletas Que inflamaba el clamor de las trompetas. ;Oh sol! ¡Olí aniversario! ¡Oh campos de Jaén! Allí en Tolosa Tumba de un temerario: .Aquí en BAILEN, bondosa, Negra sima de Francia poderosa. ¡Y cuál del anhelante Yedel la indignación! Águila opresa, Rompe el ñudo, y rampante Se arroja, haciendo presa, Contra el rojo león á la sorpresa. Mas el de las Asturias Iracundo rugió con trueno tanto, Que á las rebeldes furias Del reino del espanto Soterró, y escuchólo el cielo santo.
25 Al punto unce ligera A su carro los céfiros la Fama: Veloz por donde quiera, De puerta en puerta llama; De puerta en puerta el júbilo derrama. No deja, no hay vestigio; Nunca rueda mas rápida hirió el suelo: ¡Recóndito prodigio! Dióle potente el cielo Las alas del relámpago á su vuelo. Los címbalos sacuden Sus vibradoras lenguas; cien cañones Retruenan: ¡ah! saluden, ¡Oh patria! tus pendones Rescatados del polvo las naciones. No crédula imagines Que del fiero invasor templó la saña: No cumple así á los fines De Dios: aun la guadaña Lágrimas que arrancar tiene en España. Tres veces malhechora De Enero manchará la barba egena Con sangre: tres de Flora La cándida azucena; Tres del verano la caliente arena.