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PEDAGOGÍA DE LA MUERTE EN EDUCACIÓN INFANTIL FORMACIÓN Y CONCEPCIÓN DE LOS DOCENTES Autor: Saray Bulnes González Tutor: María Puig Gutiérrez 2018
RESUMEN Con esta investigación se pretende realizar un acercamiento a la actual formación y a las concepciones que los docentes de Educación Infantil tienen a cerca de la Pedagogía de la Muerte, así como su importancia en la educación. Para llevar a cabo esta investigación, en primer lugar, se ha realizado una búsqueda bibliográfica que nos permitiera elaborar un marco teórico fundamentado en la muerte y la Pedagogía de la muerte en la etapa de Educación Infantil. Posteriormente se ha diseñado un guion de entrevista como instrumento para recabar la información deseada en una muestra compuesta por 122 docentes de Educación Infantil procedentes de distintas regiones de España. Tras el análisis de los datos obtenidos, se concluye que el tema de la muerte sigue siendo un tema tabú, evitado e ignorado por los docentes que en ocasiones se sienten inseguros para abordarlo. El motivo se encuentra principalmente en la falta de formación. Así, aún habiendo vivido experiencias personales de pérdidas y considerar en diversas ocasiones que estas son suficientes para abordar el tema, carecen de la formación y de las herramientas suficientes para hacer frente al tema sin tabúes y con seguridad. Palabras claves: educación de la primera infancia, muerte, formación del profesorado, estrategias educativas, investigación educativa.
El presente documento utiliza lenguaje no sexista. Las referencias a personas o colectivos citados en los textos en género masculino, por economía del lenguaje, debe entenderse como un género gramatical no marcado. Cuando proceda, será igualmente válida la mención en género femenino.
ÍNDICE 1. JUSTIFICACIÓN………………………………………………………………………...1 2. OBJETIVOS………………………………………………………………………….......4 3. MARCO TEÓRICO………………………………………………………….………..…5 3.1 CONCEPCIÓN DE LA MUERTE……………………………………………...........5 3.1.1 EL MIEDO A LA MUERTE EN LOS NIÑOS………………………………6 3.1.2 CONCEPTO DE MUERTE EN LOS NIÑOS: COMO EL ADULTO PUEDE AYUDAR A QUE LOS NIÑOS LO ENTIENDAN…………………………8 3.2 ¿QUÉ ES LA PEDAGOGÍA DE LA MUERTE?......................................................11 3.2.1 PEDAGOGÍA DE LA MUERTE EN EL AULA…………………………...13 3.3 PRINCIPALES AUTORES Y ESTUDIOS SOBRE LA PEDAGOGÍA DE LA MUERTE……………………………………………………………………………18 4. METODOLOGÍA……………………………………………………………………….24 4.1 PROCEDIMIENTOS……………………………………………………………….25 4.2 MUESTRA………………………………………………………………………….26 4.3 INSTRUMENTO……………………………………………………………………26 4.4 ANÁLISIS DE DATOS…………………………………………………………….28 5. RESULTADOS…………………………………………………………………………39 6. DISCUSIÓN DE LOS HALLAZGOS……………………………………………….....48 7. CONCLUSIONES, IMPLICACIONES Y LIMITACIONES…………………………..50 8. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS………………………………………………….52 9. ANEXOS………………………………………………………………………………..55
1 1. JUSTIFICACIÓN Cuando hablamos de educación no solo nos referimos a la transmisión de conceptos concretos, sino también a la de valores y conocimientos que, directa o indirectamente, nos configuran como personas y nos permite convivir en sociedad y avanzar. Es dentro de la sociedad donde encontramos a la escuela y la familia, los agentes socializadores responsables de la educación de los niños. Ambos tienen como objeto formarlos para la vida, pero sin embargo no para el fin de esta, para la muerte, como si esta no formara parte de la vida. El ser humano es finito y la muerte forma parte de nosotros desde el momento en que nacemos, es inherente a la vida y la encontramos a diario en las canciones, los medios de comunicación, las películas, libros y juegos infantiles. En la actualidad el tema de la muerte y su didáctica no es aceptado por la sociedad, la cual lo evita, lo ignora y lo oculta. No está integrado, como si la muerte no fuera a llegarnos nunca. Las diferentes concepciones de la muerte residen en la cultura, ya que cada una tiene una visión de la muerte que es decisiva para comprender su visión de la vida. De esta manera, vida y muerte no se oponen, sino que se complementan porque la visión que tengamos de la vida depende de la visión que tengamos de la muerte, y viceversa (Poch, y Herrero, 2003). Por esta razón, tenemos que aprender a aceptarla, a entenderla y a valorarla desde pequeños, cuando la mentalidad es abierta, no está contaminada por los prejuicios y existe disposición a descubrir, conocer, experimentar y aprender. De lo contrario, como ocurre en los adultos, la dificultad es mayor debido a que las ideas, valores y creencias se encuentran fijados, y el rechazo es lo frecuente. La verdadera educación es aquella que se compromete continuamente a fomentar el conocimiento, la exploración, la experimentación y la búsqueda de significados que den sentido a nuestra vida y nos permitan desarrollarnos como personas. El objetivo principal es que el alumno parta de las propias cuestiones internas promovedoras de la búsqueda del conocimiento. La idea de la muerte, como cualquier otra, aparecerá en algún momento de la vida del niño, ya sea por curiosidad o por experiencia, y es en ese momento cuando los docentes deben intervenir. La realidad es que esto no ocurre así, y los docentes inseguros, poco familiarizados con el tema y desconocedores de técnicas y métodos para afrontarlo huyen de ella (Sanz, 2016). La realidad es que la muerte intenta ser ocultada e ignorada porque nos asusta, y porque desconocemos lo que ocurre después de ella, convirtiéndose en un tema tabú en nuestra sociedad. De la muerte solo nos quedamos con el dolor por la ausencia de los seres queridos, pero no nos paramos a pensar en cómo aprovechar la vida cuando la muerte es quién se ausenta.
2 Los motivos que me mueven para realizar este trabajo son el interés por el tema de la muerte a raíz de las propias experiencias tanto personales como las observadas durante mis prácticas, y la curiosidad de conocer lo que los docentes piensan sobre el tema de la muerte, la formación que tienen al respecto y los motivos por los que estos son o no capaces de abordar el tema de la muerte en las aulas. Como cualquier persona, a lo largo de mi vida me he encontrado en la situación de tener que hacer frente a la pérdida de un familiar. Ha sido en este último año donde he sido consciente de la verdadera importancia de abordar la muerte desde pequeños, así como de hacerlo tanto dentro como fuera del aula. La primera experiencia fue durante mis prácticas, donde me encontré con una niña de 4 años que recientemente había perdido a su padre y a la que se le evitaba el tema diciéndole que estaba tocando en el cielo, ya que su padre era músico. Ante las preguntas de la niña su madre le insistía diciéndole que no preguntara más, pero la pequeña preguntaba cuánto tiempo iba a tardar en volver y la respuesta siempre era “mucho”. En clase la niña no solía hablar del tema, pero tenía presente a su padre en sus dibujos y si hablaba sobre él lo hacía como si no estuviera muerto. Esta situación me llamó bastante la atención y aunque es un proceso duro para la familia, también lo es para la niña, a la cual se le están creando unas expectativas falsas sobre el regreso de su padre que nunca más volverá. La finalidad de esta actuación por parte de su madre no es otra que la de protegerla, pero en su buen hacer olvida que la ausencia del padre puede ser comprensible para ella durante un tiempo, pero no se le podrá ocultar siempre. Posiblemente cuando se enfrente a la verdad sea un momento doblemente doloroso porque tendrá que asimilar la muerte y el engaño al que ha estado sometida durante todo ese tiempo pudiendo desencadenar una reacción negativa hacía todos aquellos que le han estado ocultando la verdad. Además de esta situación, una amiga sufrió un accidente de coche en abril de 2017, en el cual estuvo a punto de fallecer porque no llevaba el cinturón de seguridad. En la actualidad sufre secuelas de movilidad y de lenguaje. Esto me hizo plantearme la fragilidad de la vida y la importancia de mostrarles a los niños que debemos cuidarla. Pero lo que más me influyó fue el accidente que sufrió mi padre a finales del mismo año. Es el segundo accidente que sufre y fue tan grave que podría no haberlo contado, pero afortunadamente solo fueron daños materiales y él está con nosotros. Esto me hizo ver que pensamos que nunca nos va a llegar, que no le va ocurrir a las personas de nuestro entorno y mucho menos a nosotros mismos. Nos pasamos la vida como si nunca fuéramos a morir y cuando la muerte nos visita de cerca no sabemos qué hacer, algunos nos hundimos tanto que difícilmente volvemos a ser como antes y entramos en una espiral donde nada tiene sentido, ni si quiera la vida. Con el fin de aprender de todo ello y transmitir lo positivo que queda de todo esto, creo que no solo es importante, sino que es necesario educar a los niños en la muerte, para que desde pequeños aprendan a afrontar sus vaivenes, a valorar la vida, pero sobre todo que
3 vivan, que aprovechen cada momento sin miedo a la muerte y que la acepten como lo que es, el fin natural de todos los que están vivos “La muerte es una vida vivida” (Borge, J., s.f).
4 2. OBJETIVOS Es una realidad el hecho de que la muerte se oculta, se ignora y se evita por la sociedad en general, pero de una forma particular de cara a los niños, pensando que de este modo estamos evitándoles miedos y traumas. Pero la muerte forma parte de nosotros mismo, de nuestra condición humana y finita, y es un tema real, que aunque queramos que se encuentre ausente, está presente en nuestra vida diaria y más cerca de nosotros a medida que transcurre el tiempo. Por ello, es importante brindarle la naturalidad que conlleva y mostrarla a los más pequeños al igual que se les enseña a descubrir el mundo. El objetivo general planteado para este estudio es el de realizar un acercamiento a las actuales concepciones que los docentes del segundo ciclo de Educación infantil tienen acerca de la Pedagogía de la Muerte. Este objetivo principal se concreta en los siguientes objetivos específicos: - Descubrir y analizar qué entienden los docentes por Educación para la Muerte - Determinar el grado de necesidad que los docentes consideran que tiene la Pedagogía de la Muerte en el segundo ciclo de Educación Infantil - Conocer el grado de formación y/o capacitación que los docentes tienen sobre la Pedagogía de la Muerte - Indagar sobre las experiencias y motivos que han determinado que un docente trabaje o no el tema de la muerte dentro del aula - Descubrir cómo los docentes trabajan o trabajaría el tema de la muerte con sus alumnos.
5 3. MARCO TEÓRICO 3.1 CONCEPCIÓN DE LA MUERTE La muerte es tan antigua como lo es la vida, y a medida que ha transcurrido el tiempo y evolucionado la historia, su concepto también ha ido modificándose y amplificándose por la influencia de las distintas culturas. En la primera mitad del siglo XX la muerte se vivía como un acontecimiento social. Para nuestros antepasados la muerte era considerada “buena” cuando ésta les permitía conocer los últimos momentos del moribundo para organizar los asuntos personales, sociales y religiosos que permitieran la partida del difunto en paz, mientras que era considerada “maldita” cuando la muerte era súbita o por accidente. Hace aproximadamente medio siglo estas concepciones comenzaron a cambiar radicalmente y actualmente la muerte ideal es aquella que se produce sin dolor, rápidamente y de forma placentera (Poch, 2003). A pesar de ser concepciones distintas, todas resultan válidas y respetables ya que cada individuo es libre de entender la muerte como quiera. En base a esto, cada persona enfrenta la muerte, tanto la suya como la ajena de distinta manera debido a que la muerte es como la vida; cada uno decide como vivirla. A pesar de esto, la muerte siempre llevará consigo una connotación negativa que el hombre no ha sabido eliminar aún habiéndola superado en ocasiones (Kubler-Ross, 2005). La presencia de esa connotación negativa e inherente al concepto de “muerte” induce a que sean pocos los que se sienten capacitados y preparados para tratarla, por lo que solo los profesionales del ámbito se atreven a hacerlo. Por ello, en la actualidad se intenta proteger a los niños y se les aleja de la muerte natural, individual o la de los seres queridos, pero sin embargo son conocedores de la muerte impersonal y violenta que los medios de comunicación, las películas, los libros y las canciones presentan. En este sentido, los adultos han de ser conscientes de que el hecho de que no se trate directamente, no se hable abiertamente o no se haga visible no significa que no esté, siempre lo está. (Poch, 2003) La diferencia radica en que mientras que para los animales la muerte es un acontecimiento natural para el que están preparados, para los hombres es considerada un problema, una amenaza y un drama difícil para el que se preparan (Besave, 1965). Arnáiz (2003) afirma que los seres humanos son los únicos seres vivos conscientes de que morirán y que la muerte forma parte de su pasado en forma de pérdida que cada uno afronta personalmente, pero a la vez tenemos la seguridad de que la muerte también forma parte de nosotros y de nuestro futuro individual. En ese sentido, la existencia de la muerte permite al hombre valorar la vida y vivirla, pues de no ser así tal vez no la apreciaríamos e incluso carecería de sentido (Poch, 2009). En la misma línea, Savater (2008) mantiene que es la muerte lo que realmente nos hace humanos y explica que ser conscientes de que vamos a morir es una capacidad humana que
12 ayudan a entender la vida. De esta manera, lograremos comprender a la muerte tanto ajena como propia, y educar para la muerte se traduce en educar transversalmente en valores que nos construyen como personas. Finalmente van más allá y califican a la Educación para la muerte de la comprensión e integración de la muerte en el ámbito educativo y en la formación de educadores (familiares, profesores, orientadores, etc.), para contribuir desde su desarrollo a la evolución de las personas como integrantes y cooperadores de la humanidad, desde propuestas didácticas adecuadas La Pedagogía de la muerte es entendida por algunos autores como una forma de adaptación a la realidad que tiene la ventaja de ayudar a los demás a aprender a asumir sus limitaciones, superar sus miedos y crecer interiormente (Girardi, San Gil y Santillán, 2009). Por eso podemos estar de acuerdo con Rodríguez, Herrán, y Gasset, (2013) que argumentan que la educación para la muerte es un área formativa que puede desarrollarse con cualquier persona, independientemente de su edad, origen y diversidad funcional o discapacidad, debido a que la educación para la muerte es para toda la vida, sin importar las características del alumno o si está o no escolarizado. Estos autores centran la atención en la discapacidad y entienden que la ausencia de educación para la muerte en este grupo de personas se debe a los temores y prejuicios de los profesionales debido a la falta de formación y/o educación que estos tienen sobre la muerte, pero en ningún caso a las limitaciones cognoscitivas o las conductas adaptativas de las personas con discapacidad. De esta manera podemos ver como la muerte nos incumbe a todos, e independientemente de nuestras características y/o capacidades, ha de ser abordada para comprenderla. Pero en la educación para la muerte también ha de tenerse en cuenta a los docentes y abordarla desde su perspectiva entendiéndola como un conjunto de acciones formativas dirigidas a que estos tengan un mayor conocimiento sobre la muerte que dé lugar a un cambio en el concepto y los esquemas afectivos y cognoscitivos que tienen de la muerte y su abordaje en el ámbito educativo (Herrán, 2011). De esta manera, será más fácil para ellos transmitir y abordar el tema de la muerte, porque los docentes estarán más concienciados y preparados, y se sentirán confiados para llevarlo a cabo con los alumnos. En definitiva, podríamos decir que Educar para la muerte es sinónimo de educar para vivir siendo más conscientes de la realidad que nos rodea, y dando sentido e importancia a aquello que realmente lo tiene. Las diversas concepciones de la pedagogía de la muerte aportadas por numerosos autores tienen en común que en ellas se expresan aspectos los positivos y los beneficios que tiene abordar la muerte. Por estos motivos, los autores apuestan por la inclusión e integración de la muerte en el ámbito educativo, con el fin de que desde pequeños, y sean cuales sean sus capacidades, los niños entren en contacto con lo que significa, y adquieran las herramientas necesarias para afrontar este evento natural e inevitable, aceptando todo lo que este conlleva, pero fundamentalmente, siendo capaces de vivir sin el miedo o la angustia que provoca.
13 3.2.1 PEDAGOGÍA DE LA MUERTE EN EL AULA Aunque la muerte está permanentemente presente en nuestras vidas, en nuestra cultura es frecuente mostrar una actitud de negación ante ella, pero la pérdida de un ser querido o cercano nos enfrenta con la posibilidad de nuestra propia muerte que es generalmente entendida como crisis de la existencia humana, parte inherente de la vida y aquello que irrumpe o sucede en lo cotidiano de vivir (Escatena y Correia, 2011). Debido a esta negación, propia de la sociedad actual, se aleja a los niños de todo lo relacionado con la muerte, provocando que estos afronten el duelo en solitario y conceptualicen el fenómeno de morir sin guía. Aunque esta actitud tiene una intencionalidad protectora, la realidad es que les impide captar los modelos adultos de afrontamiento del dolor, así como descubrir que pueden enfrentarse a las dificultades con éxito y que la unión ante la desgracia nos hace más humanos (Pardo y Feijoo, 2009). Los/as niños/as como personas con derechos y sujetos de aprendizaje han de conocer a la muerte, lo que implica y lo que provoca su presencia. Por eso es importante que desde la escuela, como agente garantizador de la educación, se aborde este tema con naturalidad y se les transmita la verdad sobre ella al igual que se hace con el resto de contenidos (Escatena y Correia, 2011). En nuestro sistema educativo existe un sistema de intenciones educativas con carácter prescriptivo denominado “Currículas oficiales” que recogen aquello que la sociedad solicita a las escuelas para que se enseñe y aprenda en ellas. Actualmente, ningún currículo oficial incluye la muerte como ámbito formativo, deduciéndose de ello que ninguna Administración educativa europea lo considera importante para la educación, y por tanto hacen como si la muerte no existiera y no formara parte de la formación (De la Herrán, y Cortina, 2008). De la Herrán, González, Navarro, Bravo y Freire, en el libro “¿Todos los caracoles se mueren siempre?” (2000), afirman que tratar el tema de la muerte no responde a un tema “troncal”, sino “radical” es decir, fundamental, y que por ello requiere que se le preste la atención que merece. Para su entendimiento establece una metáfora en la que expresa que la muerte, como contenido de gran importancia para el desarrollo de la vida, debe ser abordada en la escuela de la misma forma que en la vida se atiende cualquier dolor físico o herida. La muerte da sentido a la vida, pero a la vez nos angustia, nos hace sentir dolor y nos preocupa. Por consiguiente, la escuela debe atender este tema y abordarlo con la misma naturalidad e importancia que se abordan el resto de temas. De la misma manera que atendemos cualquier dolor físico, la escuela debe abordar la muerte como un contenido de gran importancia para la vida, en tanto que le da sentido y la orienta. Pero la realidad es que el miedo que la muerte genera la deja fuera del aula, traducido en un tema tabú del que nadie quiere hablar y que todos evitan, aún en contraposición de las consideraciones sobre que la muerte forma parte de la vida y de la misma manera que se educa para vivir, la muerte también debe formar parte de la educación. Abordar la muerte desde el aula no es una tarea fácil. González y De la Herrán (2010), recogen los motivos por los que el tema de la muerte es aún un tabú en la educación:
14 Es un tema que carece de tradición profesional en Didáctica Siempre han sido otras instituciones, no la escuela, las que se han encargado de tratar este tema y han preferido actuar solas, por eso no cuentan con la colaboración de la escuela porque, al carecer de tradición en ella, no confían en que pueda ser la institución más adecuada. Además la escuela podría aparecer como gran competidora, quizá por un reconocimiento implícito de su competencia. El elevado grado de manipulación social en los medios de comunicación, culturas, ideologías, etc. impiden la correcta y directa comprensión de la muerte El desconocimiento y el miedo a la muerte alejan al sujeto de la vida. Como no conviene abordar el tema, se aparta a la muerte y todo lo que esté relacionado con ella. La evolución de la propia educación que cuestiona o hace reflexionar sobre si es demasiado pronto, demasiado tarde o si quizás sea éste el mejor momento. La falta de formación pedagógica específica del profesorado-tutor y de los orientadores. Sorprende como ni profesores ni orientadores reconocen al tutor como el profesional adecuado para desarrollar la Educación para la Muerte. El tabú social de la muerte se refleja en la escuela como un tabú profesional, en el que uno de sus indicadores es la ausencia, casi total, en proyectos educativos y curriculares de etapa de los centros docentes. Lo que todos estos datos nos muestran es que la sociedad intenta educar para la vida ocultando aquello que le angustia o desconoce como la muerte, contradiciéndose así con los valores que pretende transmitir para poder hacer frente a las distintas situaciones que la vida pueda plantear, olvidándose de que la muerte es tan natural, evidente, y real como la vida. Por ello “si no se incluye la muerte en la enseñanza, no se estará educando para la vida” (De la Herrán y Cortina, 2008, p.409) porque para morir hay que estar vivos y para vivir hay que ser conscientes de la muerte. Sin embargo, podríamos decir que cuando se educa al alumno para la muerte, se educa para lograr una educación abierta y orientada al progreso y al desarrollo del ser humano. Actualmente, la educación integral de los alumnos exige una mayor a la atención psicoevolutiva y moral. Por ello, cuando se trabaja Educación para la muerte, se aprenden contenidos relacionados con ella que producen, de manera consciente o inconsciente, diversos y complejos conocimientos intelectuales, cognitivos y afectivos emocionales, que pueden contribuir positivamente a afrontar y dar respuesta a las distintas situaciones que la muerte nos plantea. Por lo tanto, uno de los primeros beneficios que tiene trabajar la muerte en el aula es que no solo se educa para ello, sino que se educa para la paz, se educa en valores, se educa para vivir, y se aprende a ser y a convivir. Aprendizajes primordiales y necesarios para la vida, que es única y valiosa. Abordar la muerte en el aula supone numerosos beneficios que repercuten en las distintas actividades, áreas y ámbitos dentro del centro, además de ser beneficiosa porque ayuda a desarrollar la inteligencia y a profundizar en el ámbito de la inteligencia emocional, así
15 como a trabajar la independencia y la creatividad. Para ello es importante apostar por un trabajo cooperativo y un aprendizaje basado en el diálogo intergeneracional, sin olvidar la importante y necesaria implicación desde la educación no formal (Cantero, 2013). Cantero (2013) recoge los beneficios más destacados de la Educación para la muerte en el aula: Mejora de la comunicación. Respeto de los derechos. Educa en valores. Respeta la diversidad. Trabaja la inclusión. Fomento de la participación y el diálogo. Solidifica el trabajo en equipo. Propicia la innovación y creatividad. Procura una intervención realista, interactiva y solidaria. Impulsa el desarrollo de valores y actitudes positivas. Desarrollo de la empatía. Favorece las habilidades sociales. Posibilita la toma de decisiones. Crea ciudadanos capaces de adaptarse. Promueve la formación continua de los profesionales. Teniendo en cuenta tanto los beneficios anteriormente citados, como la dificultad que supone incluir a la muerte en la vida y en la escuela, con la intención de incluir la muerte en la escuela facilitando el camino a su conocimiento y aprendizaje, surge la Didáctica de la Muerte, que es entendida por De la Herrán y Cortina (2006, p.97) como: La aplicación de la "Educación para la muerte" al conocimiento y la comunicación desarrollados en contextos educativos, contemplados desde la perspectiva de la planificación y el currículum, la metodología didáctica, los recursos didácticos, la evaluación, la investigación de la enseñanza-aprendizaje, la creatividad, la conciencia, la (trans)formación del profesorado, etc. La Didáctica de la Muerte se orientaría a fundamentar el enseñar, el aprender, el desaprender y el reaprender en función de la (auto)formación de alumnos y profesores. Pero aún en ese primer intento por incluir a la muerte en el ámbito educativo, estos mismos autores (2007) afirman en su artículo “Introducción a una pedagogía de la muerte” que la muerte es considerada aún una cuestión educativa de máxima resistencia porque carece de tradición profesional en el ámbito educativo y porque su tradición reside en otros ámbitos como la familia, la religión, la cultura, etc. Además de la negatividad y miedo que ha ido recubriendo al tema de la muerte. Este podría ser el motivo por el que actualmente el sistema educativo no concibe incluir la muerte en el ámbito formativo.
16 Por eso no es suficiente con su inclusión e incorporación en la escuela ya que el motor principal y fundamental para llevar cabo en el aula esta pedagogía es el docente, que debe estar formado adecuadamente para ser capaz de afrontar el tema. Feijoo y Pardo (2017) afirman que la formación del profesorado en relación con la muerte tiene dos objetivos fundamentales: 1. Fomentar la madurez personal ante el hecho de la finitud y de la fragilidad de la existencia, que requiere: – Entrar en contacto con los miedos asociados al tema de la muerte y disminuir su negación – Manifestar el miedo a la muerte y saber afrontar la ansiedad que ocasiona cuando llega. – Admitir la propia muerte e integrarla en el sentido de la vida. 2. Fortalecer la acción educativa, que se basa en: – Llevar a cabo actividades en el aula relacionadas con la finitud, dialogar sobre la muerte y responder con claridad a las preguntas y preocupaciones de los alumnos. – Ayudar al alumnado a construir el aprendizaje en momentos de pérdidas significativas y detectar a los alumnos que precisen ayuda psicológica preventiva. Por lo tanto, el profesor ha de ser el primero en ser consciente de la muerte, de su propia finitud, porque de lo contrario sería muy difícil por su parte ayudar a los niños a conocer y comprender la muerte. Para conseguirlo es importante una buena formación que les permita poder llevar a cabo actividades con los alumnos con el fin de que puedan descubrir y construir el propio conocimiento, así como saber intervenir adecuadamente ante una pérdida. Pero lo que verdaderamente ocurre es que los docentes no están preparados para afrontarlas y por ello suelen emplear distintas estrategias para abordar o en ocasiones esquivar la muerte en el ámbito educativo (De la Herrán et al. 2000): Evasiva: evitar el tema y hacer como si no existirá Sustitutiva: reemplazar el tema con otros contenidos. Tanto la evasiva como la sustitutiva tienden a disminuir y descentrar la vivencia de este acontecimiento, pero esto puede ser peligroso porque se pueden estar desatendiendo posibles necesidades en el alumno o los alumnos. Solo emocional: mostrar una actitud de afecto hacia el dolor vivido o imaginado consolándole, besándole, ayudándole desde la empatía. Tiene como ventajas la sensación de cariño y comprensión, así como la seguridad emocional que el niño recibe del adulto. Tradicional: dar respuesta predeterminada y rápida que no siempre responden a las preguntas. Tiene como ventajas que el niño se siente comprendido y recibe respuestas útiles para desvincularse del dolor que les provoca la pérdida, pero a veces no responde totalmente al desequilibrio emocional y da soluciones que no siempre son válidas para todos.
17 Didáctica o educativa: es la única que no se centra en el adulto y se organiza a partir de propuestas formativas, planificadas y personalizadas para el alumno con fundamentación científica e investigación reflexiva. Su principal ventaja es que parte de la sensibilidad y el respeto al niño y que conduce a una mejor comprensión de la vida-muerte. Esta estrategia requiere de una buena formación por parte del profesorado, de sensibilidad y madurez, así como de una buena coordinación con los padres (De la Herrán y Cortina, 2006). De esta manera, haciendo una síntesis de todo lo recogido anteriormente, encontraremos que son diversos los motivos por los que la muerte deberían abordarse en la escuela: Todos los seres vivos vamos a morir. “Tan pronto como nacemos empezamos a morir” (Poch y Herrero, 2003, pág.15). Actualmente la educación, tanto en el ámbito formal (escuela) como en el ámbito informal (familia) no prepara para muerte. La muerte está presente en nuestra vida y tarde o temprano llega para todos, pero si no educamos para la muerte tampoco educamos para la vida. El miedo por la muerte nos impide vivir la vida plenamente. Aceptar la existencia de la muerte nos permite ser conscientes de nuestra finitud y plantearnos cuestiones fundamentales sobre el sentido de la vida. En conclusión, podemos decir que el tema de la muerte es necesario en la educación y que se debe enseñar desde infantil, ya que es un tema que se puede integrar perfectamente en todas las asignaturas y que contribuye a la formación integral del alumno y a las exigencias actuales de los alumnos tanto a nivel emocional como cognitivo. La educación para la muerte permite crear personas críticas que sepan desenvolverse en los problemas actuales y que sobretodo sepan aprovecha la vida plenamente alejando el miedo a la muerte, que es algo evidente e inevitable que no podemos controlar. La educación necesita romper con el tabú sobre la muerte y mostrar al mundo su presencia para ayudar a su aceptación y comprensión. Para ello debemos ser conscientes de que la muerte requiere de un aprendizaje que se debe desarrollar a lo largo de toda la vida. Para ello, es necesaria una buena formación por parte del profesorado que debe saber abordar este tema desde edades tempranas y atendiendo a las características de cada etapa evolutiva.
18 3.3 PRINCIPALES AUTORES Y ESTUDIOS SOBRE LA PEDAGOGÍA DE LA MUERTE. En la actualidad el tema de la muerte es frecuentemente eludido tanto en el ámbito familiar como en el escolar, pero no por ello deja de ser un tema educativo que los niños han de conocer y trabajar. La educación es un proceso que dura toda la vida y que comienza dentro del núcleo familiar y continúa en la escuela, pero es necesaria la colaboración de ambas para conseguir un desarrollo integral del infante (Domínguez, 2010). Por ello, para abordar este tema que parece tan complejo para los adultos, es necesaria la colaboración de ambas partes para intentar hacer entender al niño lo que la muerte significa, de manera que comprendan su naturalidad y lo que esta provoca en las personas que siguen vivas. Desde hace varios años, diferentes profesionales del ámbito educativo han ido desarrollando trabajos en los que se reclama y se fundamenta la necesidad de incluir la Pedagogía de la Muerte en las escuelas como un tema natural En 1989 el profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona, Joan Carles Mèlich, plasma en su tesis doctoral, Situaciones límites y educación. Estudio sobre el problema de las finalidades educativas, una fundamentación desde el punto de vista de filosófico sobre la normalización de la muerte en el ámbito educativo, realizando así la primera inclusión de la muerte en la educación española. Para este autor la Pedagogía de la muerte es considerada parte fundamental de la Pedagogía existencial, ya que la muerte nos afecta a todos y por ello debemos darle la importancia que merece, con el fin de adquirir las herramientas que nos permitan enfrentarla. Para ello y teniendo presente que es labor de la escuela facilitar estas herramientas a los alumnos, este autor propuso introducir la muerte en la escuela mediante actividades didácticas en las distintas áreas curriculares de religión, ciencias naturales y sociales, lengua y literatura, y música y filosofía (Rodríguez et al. 2012). Además, este autor es escritor de varios libros, entre los que podemos destacar Pedagogía de la Finitud (1987) donde señala que esta pedagogía no elimina la angustia que la muerte provoca, sino que se trata de una manera de vivir siendo conscientes de la vulnerabilidad y la fragilidad de la vida. Por otro lado, en el libro Filosofía de la Finitud (2002) expone una interpretación filosófica sobre la finitud en la que más allá de significar la muerte, la describe como el camino trazado desde el nacimiento hasta la muerte, es decir, la vida. Señala que cuando llegamos a la vida interpretamos el mundo que ya existía, y por ello necesitamos establecer relaciones, entre las que se encuentra la de la educación, en la que el educador debe explicar a los alumnos las características de esa condición humana que es la finitud. Con ello quiere expresar la necesidad de abordar el tema de la muerte desde la escuela para que los alumnos lleguen a comprender el proceso de una vida temporal. La psicopedagoga y filosofa Concepción Ponch, también colaboradora de Mèlich en la década de los noventa, realizó diversos trabajos sobre cómo normalizar el tema de la muerte y el duelo enfocado desde la religión cristiana (Rodríguez et al. 2012). Es autora de numerosos libros entre los que destacan dos sobre educación y muerte; “De la vida y de la muerte (1996)” compuesto por una primera parte en la que expone el sentido de la vida y de la muerte, y una segunda parte centrada en diversas propuestas didácticas para trabajar tanto
19 en primaria y secundaria, como con las familias (De la Herrán y Cortina, 2006). Por otro lado encontramos el libro La muerte y el duelo en el contexto educativo (2003) escrito con la colaboración de la psicóloga Olga Herrero en el que reflexionan y dan respuesta a diferentes preguntas sobre la pedagogía de la muerte en la escuela, referidas a su importancia y finalidad. Además, recogen testimonios de docentes y alumnos, explican el proceso del duelo y ofrecen distintas actividades preventivas y paliativas tanto generales como para materias específicas, útiles ante situaciones de pérdidas significativas que puedan surgir en el aula. Pero esta no son las únicas aportaciones que realiza esta autora, en Ponch (2009a) la autora aporta orientaciones para introducir la Pedagogía de la muerte en las escuelas partiendo de distintas experiencias y ofreciendo diversos recursos a educadores de distintos niveles educativos. (Rodríguez et al. 2012) Resulta interesante resaltar como en su libro La muerte nunca falla. Un doloroso descubrimiento (2009b) esta autora incide especialmente en la importancia de no improvisar la respuesta que se les da en el aula a los alumnos que han sufrido una pérdida. Otro de los autores más significativos en el ámbito de la Pedagogía de la Muerte es Agustín De la Herrán, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid en la cual ha desarrollado la línea de investigación “Pedagogía de la muerte” que actualmente sigue en activo en España y de la que surgió la tesis doctoral de M. Cortina (Rodríguez et al. 2012) Además es el precursor de una asignatura de libre configuración llamada “La muerte y su didáctica en Educación infantil, primaria y secundaria” ofertada para cursar en todas las especialidades de Magisterio y psicopedagogía en la facultad de formación de Profesorado y Educación de la Universidad Autónoma de Madrid (De la Herrán, y Cortina, 2006). Entre sus publicaciones podemos destacar El ser y la muerte: Didáctica, claves y respuestas que escribe en solitario en 1997. Posteriormente escribiría ¿Todos los caracoles se mueren siempre? Cómo tratar la muerte en educación infantil (2000) con la colaboración de las autoras González, Navarro, Freire y Bravo, donde se recogen experiencias de la práctica en Educación Infantil como modelo y algunas aportaciones teóricas para los profesionales de este nivel. Y La muerte y su didáctica. Manual para educación infantil, primaria y secundaria (2006) escrito conjuntamente con Cortina, donde ambos exponen las regularidades evolutivas más relevantes de los niños de 0-16 años, recogen opiniones de padres y profesionales, argumentan la importancia y la necesidad de llevar a cabo una Pedagogía de la Muerte en la escuela desde edades tempranas y ofrecen numerosos recursos metodológicos para llevar a cabo la Educación para la Muerte en las distintas etapas educativas. Mar Cortina, maestra y psicóloga que investiga y trabaja en la psicopedagogía de la muerte desde el 2001, ha realizado, en colaboración con otros autores, numerosas aportaciones dentro del ámbito de la Didáctica de la Muerte mediante el cine y la literatura como recursos. (Cortina, 2003a, 2003b, 2010; Cortina y Herrán, 2005, 2008; Cortina, Herrán y Nolla, 2009), que culminan en su tesis doctoral titulada El cine como recurso didáctico de educación para la muerte: implicaciones formativas para el profesorado (2010). Además,
20 desde que en 1992 se formara en Acompañamiento creativo, lleva a cabo diferentes actividades como escuelas de padres, acciones formativas con docentes, publicaciones y mesas redondas en las que se exponen recursos con el objetivo de normalizar la muerte desde la Educación (De la Herrán y Cortina, 2006). Y como el tema de la muerte nos concierne a todos de igual manera, Rodríguez Herrero incidió en la posibilidad de incluir la pedagogía de la muerte dentro de la atención a la diversidad, adaptándola a las características y necesidades de los alumnos con necesidades educativas e intelectuales. De esta manera, surgió en 2011 el Programa de Educación para la Pérdida, la Muerte y el Duelo de la mano de Rodríguez Herrero, que está dirigido a personas con discapacidad intelectual (Rodríguez et al. 2012). En el ámbito de la práctica, encontramos a Vicenç Arnáiz, licenciado en psicología, que además de ser colaborador de la revista Aula de Innovación es miembro del consejo de dirección de la revista “Aula de Infantil” en la que coordinó un monográfico en 2003 sobre la muerte y la educación. Este autor trabaja para ayudar a las escuelas a convertirse en talleres de cultura educativa y para ello propone complejas actividades en las que apuesta por la colaboración familiar y erradicar tabúes como la muerte. En la misma línea la logopeda, pedagoga, maestra Anna Nolla, realizó un trabajo de investigación sobre la vida y la muerte y desde entonces imparte cursos para docentes en los que pretende ofrecer herramientas que llamen a la reflexión para elaborar ideas más sólidas sobre la muerte que permitan generar una intervención educativa de calidad (De la Herrán y Cortina, 2006 y Escolar, 2016). Como hemos podido comprobar, son numerosos los autores que destacan en este ámbito y que a través de sus investigaciones, trabajos y experiencias nos han mostrado la importancia de abordar el tema de la muerte con la misma naturalidad que tiene la muerte en nuestras vidas. Hemos visto como estos autores aportan recursos didácticos con el fin de facilitar a los docentes las herramientas adecuadas para elaborar intervenciones pedagógicas y concienciar de la importancia de abordar el tema de la muerte con la misma naturalidad con la que esta está en nuestras vidas. Pero, a pesar de ello los centros educativos y, muchos de los docentes no se atreven a plantear la muerte en el aula como tema fundamental y necesario en la educación, formación y desarrollo de los niños. Quizás sea importante no solo conocer estas investigaciones y trabajos, sino ser conscientes de los fundamentos y resultados de ellos para atender la necesidad de abordar el tema y acoger en nosotros la idea de Herrán y Cortina (2009) que proponen incluir la muerte como proyecto emergente, no solo para que sea tratada por los profesores más atrevidos e innovadores, sino para que se generalice, se acoja y se ponga en marcha desde el currículum oficial en todos los proyectos curriculares y en las aulas de todos los centros educativos. Llegados a este punto, es interesante destacar los estudios que autores e investigadores han realizado a lo largo de los últimos años sobre la formación de los docentes tanto de primaria como del segundo ciclo de Educación Infantil a cerca de la muerte. En primer lugar, destacamos el estudio llevado a cabo por Cortina (2010) en el cual los docentes entrevistados calificaron el tema de la muerte con adjetivos como delicado, difícil,
21 tabú, conflictivo, etc. mostrando un primer rechazo a este. Coincidieron en que es un tema que no se trata en educación y, a excepción de una entrevistada, mostraron diferentes grados de interés en la relación de muerte-educación expresando, generalmente, que es un tema con muchas posibilidades que algunos ya trataban en sus aulas con total naturalidad. De acuerdo al grado de necesidad de ser educados para la muerte, solo uno de ellos lo expresó claramente. El resto consideró que forma parte de la formación integral, se acercaban al tema como si se tratara de algo nuevo y otros estimaron oportuno que debían ser las familias quienes se hicieran cargo de esta formación. Los docentes expresaron reflexiones sobre su importancia, tanto a nivel profesional como social, debido al interés que ha suscitado este tema desde siempre y la existente falta de conciencia sobre la finitud. Por ello, están de acuerdo con que se debe tratar con los niños para normalizar el tema y evitar los efectos negativos que tiene su negación o evitación. El autor De la Herrán et al. (2000), también realizó un estudio en el que se entrevistaron a 123 docentes de Educación Infantil, se reflejó que entre los docentes que habían tenido alumnos con experiencias de pérdidas de familiares, solo en un 10% de los casos se lleva a cabo alternativas didácticas que parten de las ideas de los niños, de sus reflexiones sobre experiencias anteriores apoyadas en las opiniones y experiencias de otros compañeros, pero ningún entrevistado encontró apoyo específico de formación como cursos, seminarios, textos, materiales curriculares, etc. que trataran sobre el tema. Poch y Herrero (2003) recogen en su libro reflexiones y opiniones de docentes de diferentes niveles y especialidades, los cuales han expresado que resulta difícil trabajar el tema en el aula, principalmente, por la falta de recursos pedagógicos, además de la poca preparación personal del docente. En estas reflexiones y respuestas, se mezclan lo profesional con lo personal. Los docentes como personas no se sienten preparados tampoco en ocasiones para afrontar una pérdida significa, y por ello difícilmente se sienten capacitados para tratarla con los alumnos. A esto se le suma la escasa, e incluso inexistente, formación que los docentes reciben sobre la muerte para adquirir las herramientas necesarias que les permitan elaborar recursos útiles y eficaces en el tratamiento de la muerte. En el estudio realizado por Fernández (2014) para su trabajo fin de grado, esta compañera concluyó que a los docentes entrevistados les hubiera gustado recibir más apoyo e información pedagógica del centro para contar con las herramientas adecuadas ante las situaciones de pérdidas. Y en el único caso en el que la docente si contó con esa ayuda por parte del centro expone la importancia de que el centro se involucre ante estas situaciones. También la compañera Sanz (2016) llevó a cabo para su trabajo fin de grado un estudio acerca de la Pedagogía de la Muerte. Los datos obtenidos de las entrevistas realizadas a docentes de primaria, mostraban que la Educación para la Muerte es inexistente en la formación de los docentes, y solo uno de los entrevistados había recibido formación voluntariamente sobre ciertos aspectos.
28 4.4 ANÁLISIS DE DATOS Una vez extraídas las respuestas de cada una de las entrevistas realizadas, se procedió a agrupar dicha información en función a cada una de las preguntas formuladas en el guión. Para cada una de las preguntas se crearon diferentes categorías que agrupaban aquellas respuestas con contenido similar. Para la pregunta nº 1 (tabla 1) se crearon únicamente 7 categorías, mientras que para las preguntas nº 2,3,4 y 5 (tablas 2-5) se crearon categorías principales, en función de la respuesta que los entrevistados aportaban, que estaban compuestas a su vez de diferentes subcategorías. A continuación se muestran las tablas correspondientes a cada una de las preguntas que contienen las categorías que fueron determinadas para el análisis de la información. Pregunta 1. ¿Qué entiende usted por Pedagogía de la Muerte? Pedagogía de la Muerte Abarca las ideas de los entrevistados que mejor explican el concepto de Pedagogía de la muerte: Introducir y explicar en el aula la muerte y lo que esta conlleva a nivel emocional y social para que los niños entiendan su significado y sepan gestionar las emociones ante ella, incluso antes de que la muerte aparezca. “La metodología por la que se trata la conciliación con este concepto como ayuda al duelo ante la muerte o no temer su aparición con ansiedad”. (Sujeto 92) Emociones Esta categoría recoge las respuestas que hacen referencia al tratamiento de las emociones de los alumnos a nivel de aula, aportándoles métodos, estrategias y herramientas que les permitan gestionar las emociones que surgen ante situaciones de perdidas, sin hacer referencia a explicación del concepto de muerte, sino centrándose en las emociones y recursos necesarios para afrontarlas. “Tema de la vida misma que se debe tratar en la escuela, trabajando las emociones y sentimientos”. (Sujeto 56) Concepto de muerte Hace referencia a las ideas que los entrevistados tienen de dar una explicación conceptual de la muerte sin entrar a trabajar las emociones que surgen ante estas pérdidas, ni las estrategias y “Enseñar a los niños lo que es la muerte”. (Sujeto 47)
29 herramientas necesarias para su gestión. Duelo Recoge las ideas referentes a la intervención ante las pérdidas para acompañar al alumnado, de manera individualizada, y ayudarles a gestionar las emociones que aparecen durante la etapa del duelo. “Cuando en tu aula algún alumno/a tiene una pérdida, la forma en la que ayudas a esa persona a que lo afronte”. (Sujeto 19) Formación para el docente Hace referencia a las respuestas que han manifestado que la Pedagogía de la muerte hace referencia a la formación que los docentes reciben o han de recibir sobre el tema de la muerte a nivel profesional. “Metodologías y didácticas para trabajar el tema como docentes”. (Sujeto 24) No sabe En esta categoría se recogen las respuestas de los entrevistados que expresan no tener conocimientos sobre el tema o el concepto de muerte. “Desconozco el término”. (Sujeto 88) Otros Recoge las ideas que no han podido ser clasificadas en otra categoría dadas sus características. “El tratamiento de aquellos aspectos que relacionados con la muerte pueden vincular la responsabilidad y la acción social en este tema.”. (Sujeto 5) Tabla nº 1. Categorías pregunta 1.
30 Pregunta 2. ¿Considera usted necesario educar para la muerte en la etapa de infantil? ¿Por qué? SI: Esta categoría recoge todas las respuestas que expresan la necesidad de trabajar la muerte en Educación Infantil Etapa adecuada Esta categoría hace referencia a las respuestas que explican que la etapa de Educación infantil es la más adecuada “Sí, cuánta menor edad mejor comprende esta situación, si es tratada con naturalidad”. (Sujeto 120) Forma parte de la vida Abarca las ideas de que la muerte es un acontecimiento natural y cotidiano que forma parte de nuestra vidas y por ello debe estar presente en Educación Infantil “Si. Porque es un proceso natural que forma parte de todos nosotros y los niños deben conocer que ocurre”. (Sujeto 35) Trabajar las emociones En esta categoría se recogen todas las respuestas que expresan la necesidad de educar para la muerte en la etapa de infantil porque es importante atender las emociones y sentimientos que conlleva una pérdida significativa. “Si, a través de las emociones ponemos nombre a situaciones de la vida y que toda persona lo ha tenido que afrontar en su vida. A veces los niños son más naturales y admiten los hechos mejor que un adulto”. (Sujeto 56) Tabú Esta categoría abarca las respuestas que expresan la necesidad de trabajar la muerte en Educación Infantil porque es un tema tabú que debe dejar de serlo. “Si. Creo que la muerte es un gran tabú y debemos comenzar a educar para entenderla mejor y perder un poco el miedo y desmitificarla”. (Sujeto 6) Llama la atención de los niños Hace referencia a aquellas respuestas que expresan la necesidad de educar para la muerte en Educación Infantil porque es un tema que causa interés, curiosidad, dudas y preguntas a los niños, las cuales deben ser resueltas por los adultos. “Desde luego que sí. Porque los niños y niñas a estas edades son muy curiosos quieren saber todo y la pérdida de un familiar es difícil de abordar”. (Sujeto 83) Tratar el tema sin profundizar Recoge las respuestas referente a la necesidad de educar para la muerte en Educación Infantil sin profundizar, solo dando pinceladas. “Creo que se les puede dar unas pinceladas sobre ese tema pero sin profundizar en exceso”. (Sujeto 17) NO: Esta categoría recoge las respuestas que manifiestan que no es necesario tratar la muerte en la etapa de Educación Infantil. Tema inadecuado para Educación Infantil Esta categoría recoge las respuestas que hacen referencia a que no es necesario educar para la muerte en Educación Infantil porque esta etapa educativa no es “No. no creo que sea la etapa adecuada”. (Sujeto 38)
31 la adecuada por la edad y el nivel madurativo de los alumnos. Tema a tratar en casa y bajo responsabilidad de la familia Abarca las respuestas que expresan que educar para la muerte en infantil no es necesario ya que es un tema que no debe ser tratado en la escuela, sino en casa y bajo responsabilidad de las familias. “No. Considero que se trata de algo muy personal que debe quedar restringido al ámbito familiar. En tanto entran en juego aspectos culturales, personales y religiosos”. (Sujeto 34) Educar sobre la vida Esta categoría hace referencia a las respuestas que explican que no es necesario educar para la muerte porque más bien es necesario educar para la vida. “No, es un error, hay que educar en base a todo lo contrario, buscando la creatividad de los niños y niñas, llevando a cabo una educación activa, motivadora etc.”. (Sujeto 43) NO SABE: En esta categoría se recogen las respuestas que hacen referencia a un desconocimiento por parte del docente sobre la necesidad de abordar el tema de la muerte en Educación Infantil. DEPENDE: Recoge aquellas respuestas que han manifestado tratar el tema de la muerte en determinadas circunstancias Experiencias Esta categoría recoge las respuestas que han manifestado que no tratarían el tema de la muerte de forma general, pero sí ante situaciones de pérdidas significativas. “Sí, siempre y cuando en esa etapa se haya tenido alguna experiencia de muerte o de algún familiar o de alguien muy cercano”. (Sujeto 101) Tabla nº 2. Categorías pregunta 2.
32 Pregunta 3. ¿Se siente usted capacitado para tratar este tema con sus alumnos? SI: Recoge las respuestas que manifiestan sentirse capacitados Experiencias Esta categoría abarca las respuestas de quienes expresan sentirse capacitados para explicar el tema de la muerte por las experiencias personales que han podido sufrir a lo largo de su vida. “Creo que sí por experiencias personales”. (Sujeto 24) Ha recibido formación: En esta categoría se recogen las respuestas que manifiestan haber recibido formación profesional y disponen de la información, formación y herramientas necesarias para abordar el tema de la muerte. “Más o menos, he realizado algún curso donde se ha tratado el tema y poseo algún libro o recurso para ello”. (Sujeto 98) Trabaja en cooperación de otros profesionales Abarca las respuestas de quienes expresan sentirse capacitados para explicar la muerte debido a que cuando se dan perdidas o se decide abordar el tema, los entrevistados cuentan con la ayuda y cooperación de profesionales especializados en el tema, o con formación para ello. “Creo que no, aunque si me hubiera pasado hubiera pedido ayuda al equipo de orientación”. (Sujeto 74) Busca y utiliza recursos Esta categoría recoge las respuestas que expresan que de una forma autodidacta y debido, en ocasiones, a las vivencias de alguna pérdida significativa dentro del aula, los entrevistados han buscado información y recursos para poder afrontar el tema y dar respuesta a las necesidades de los alumnos. “Sí, tras mucha búsqueda de información”. (Sujeto 120) Enfoque natural Hace referencia a las respuestas de los entrevistados que manifiestan sentirse capacitados para explicar el tema de la muerte abordándolo de la naturalidad que esta conlleva. “Si. Porque trato de darle un enfoque normalizado”. (Sujeto 44) Enfoque Religioso Hace referencia a las respuestas que expresan sentirse capacitados para explicar el tema de la muerte abordándolo desde el ámbito religioso. “Sí, tengo fe cristiana”. (Sujeto 81)
33 NO: Recogen las respuestas que manifiestan no sentirse capacitados Necesita formación Hace referencia a las respuestas de los entrevistados que expresan no haber recibido formación y manifiestan la necesidad de recibirla. “No lo suficiente. Considero que necesitaría formación porque no sabría trabajarlo con seguridad y soltura como quizás trabajo otros temas más comunes”. (Sujeto 26) Nunca lo ha tratado Abarca aquellas respuestas que hacen referencia a que no se sienten capacitados porque nunca han experimentado una situación de pérdida en el aula a la que hayan tenido que atender. “No porque nunca he tenido que tratarlo y de tener que hacerlo no sabría bien cómo”. (Sujeto 107) Aún habiéndolo tratado, no está seguro de haber actuado correctamente. Recoge las respuestas de los entrevistados que han tenido experiencias de pérdidas dentro del aula pero aún habiéndolas abordado, no se sienten seguros de haber actuado correctamente. “Depende. He tenido situaciones para tratarlos. Ante la pérdida de un abuelo o persona mayor es más fácil porque parece parte natural de nuestro ciclo de vida pero ante otras situaciones como pérdida de padres o hermanos es más difícil y no me veo tan preparada”. (Sujeto 58) No sabe gestionar el tema personalmente Hace referencia a las respuestas de los entrevistados que manifiestan no sentirse capacitados porque no son capaces de gestionar y afrontar el tema en su ámbito personal. “No todo lo que debería, ya que me siento inseguro a la hora de abordar el tema”. (Sujeto 45) Tema complejo y/o responsabilidad de las familias. Esta categoría recoge las respuestas de los entrevistados que argumentan que el tema de la muerte es un tema complejo y/o que debe ser tratado por la familia. “No. Por lo que explico anteriormente. No sé qué religión profesa cada familia, sus circunstancias personales ni el tratamiento que ellos quisieran para sus hijos en relación al tema”. (Sujeto 34) Tabla nº 3. Categorías pregunta 3.
34 Pregunta 4. ¿Ha recibido formación sobre Pedagogía de la Muerte? SI Pregunta 4.1 ¿Qué tipo de formación? Autodidacta Esta categoría hace referencia a las respuestas de los entrevistados manifiestan haber aprendido de manera autodidacta, siendo ellos mismos quienes han buscado información y recursos para informarse, formarse y hacer frente tanto al abordaje del tema de la muerte, como a las situaciones de perdidas en el aula. “Como comenté antes no se si llamarlo formación, lo que hice fue investigar y dejarme asesorar por profesionales por que en un momento determinado lo necesité”. (Sujeto 71) Universidad En esta categoría se recogen las respuestas en las que los entrevistados manifiestan haber recibido formación sobre la muerte durante la carrera universitaria. “SÍ durante la carrera, aunque no se profundizó mucho”. (Sujeto 59) Cursos y seminarios Abarca las respuestas de aquellos que han recibido formación sobre el tema de la muerte y su tratamiento en el aula a través de cursos y seminarios. “He recibido formación en emociones, mindfulness... La muerte se trabaja en estas formaciones”. (Sujeto 3) Religiosa Recoge las respuestas de los docentes que han recibido formación religiosa para tratar el tema de la muerte. “Religiosa”. (Sujeto 81) NO Pregunta 4.2 ¿Le gustaría recibir formación? SI/FORMACIÓN: En esta categoría se recogen todas las respuestas de aquellos entrevistados que han manifestado su interés por recibir formación. Importante y/o necesario en educación Esta categoría hace referencia a las respuestas que manifiestan que SÍ les gustaría recibir formación porque consideran que la muerte es un tema importante y/o necesario a tratar en la escuela. “Sí, ya que creo que es muy relevante tratar este tipo de tema en clase”. (Sujeto 28) Formación importante para el docente En esta categoría se recogen las respuestas de los entrevistados que han manifestado la importancia que en general tiene para ellos recibir formación para mejorar su práctica diaria. “Si. Es formación y el docente debe reciclarse continuamente”. (Sujeto 22) NO/FORMACIÓN: En esta categoría se recogen todas las respuestas de aquellos entrevistados que han manifestado no necesitar recibir formación, principalmente porque consideran el tema poco interesante Tabla nº 4. Categorías pregunta 4.
35 Pregunta 5. ¿Ha tratado alguna vez el tema de la muerte en el aula? SI LO TRATA Pregunta 5.1 ¿Qué le llevó a tratarlo? Muertes de familiares y personas cercanas En esta categoría se recogen aquellas respuestas en las que los entrevistados manifiestan haber tratado el tema de la muerte como consecuencia del fallecimiento de algún familiar, el cual no indican. “La muerte de un ser querido en una familia”. (Sujeto 28) Programación Hace referencia a las respuestas que han manifestado haber trabajado la muerte en el aula porque ha surgido al hilo de algún proyecto que estuvieran desarrollando. “Sí, con Laika en el proyecto del espacio y fue complicado, al final para no entrar más lo deje en la estrella, porque se lo tomaban muy mal. Salió el tema de los abuelos y hablamos del ciclo de la vida. Pero reconozco que no estamos educados para la muerte”. (Sujeto 60) Emociones y sentimientos Esta categoría hace referencia a las respuestas de aquellos que afirman haber trabajado la muerte en el aula cuando han abordado el tema de las emociones y los sentimientos. “Cuando trabajo el sentimiento de la tristeza”. (Sujeto 3) Mascotas y Plantas Hace referencia a las respuestas de los entrevistados que trabajaron el tema de la muerte en clase a partir de la muerte de animales y plantas de su entorno. “La muerte de la mascota de algún alumno”. (Sujeto 40) Otros Abarca las respuestas de los entrevistados que dadas sus características no han podido ser incluidas en ninguna de las categorías anteriores. “(…) A veces también por el tema de alguna catástrofe, accidente o guerra”. (Sujeto 78) Pregunta 5.2 ¿Adaptó usted la programación del aula para abordar el tema de la muerte? ¿Cómo lo hizo? Si/adapta Adaptaciones prolongadas En esta categoría se recogen las respuestas de los entrevistados que manifiestan haber modificado su programación llevando a cabo actividades durante un periodo prolongado “Tuvimos que hacer el tema desde cero porque no estaba programado”. (Sujeto 56)
36 en el tiempo. No/adapta No adapta nada Hace referencia a las respuestas de aquellos entrevistados que no llevaron a cabo ningún tipo de adaptación en su programación para atender el tema. “No”. (Sujeto 98) Acciones puntuales Esta categoría abarca las respuestas de los entrevistados que manifestaron haber atendido puntualmente el tema de la muerte dentro de su programación. “En la asamblea hablamos y les leí el cuento "El árbol de los recuerdos"”. (Sujeto 25) Pregunta 5.3 ¿Considera que las actuaciones realizadas fueron beneficiosas? ¿Explique por qué? SI/BENEFICIOSAS: Esta categoría recoge todas las respuestas que manifestaron que las actuaciones llevadas a cabo fueron beneficiosas para el alumnado. “Si porque lo entendieron y se familiarizaron con ello”. (Sujeto 9) NO SABE/BENEFICIOSAS: Esta categoría abarca las respuestas de aquellos entrevistados que manifestaron no saber si las actuaciones realizadas fueron beneficiosas para el alumnado. “Si, pero no sé si fue suficiente”. (Sujeto 103) NO LO TRATA Pregunta 5.4 ¿Por qué motivos? No ha surgido En esta categoría se recogen las respuestas de los docentes que manifiestan no haber trabajado el tema de la muerte porque nunca se ha dado una situación para ello o no ha surgido el tema “No sé me ha dado el caso”. (Sujeto 7) Padres Abarca las respuestas de los entrevistados que muestran preferencia porque este tema sea abordado por las familias fuera del centro escolar. “Prefiero que sean los padres quienes lo aborden”. (Sujeto 34) Inadecuado para la edad Hace referencia a las respuestas de los docentes que manifiestan no haber trabajado el tema de la muerte porque consideran que no es un tema apropiado para tratar en estas edades. “No se ha presentado ninguna situación, no forma parte del currículo y los niños a esta edad 3 años todavía no son conscientes de lo que verdaderamente es la muerte. A veces desaparece una
37 persona pero no se preguntan por la razón o la causa simplemente asumen que no está.”. (Sujeto 61) No se siente capacitado Se incluyen en esta categoría aquellas respuestas que explican no haber trabajado el tema de la muerte porque no se sentía capacitado o con la formación y seguridad suficiente para abordarlo, dada la complejidad del mismo “No es un tema que resulte fácil tratarlo, a pesar de los cuentos que existen que habla de ella.”.m(Sujeto 107) No contemplado en la programación Esta categoría recoge las respuestas de los docentes que dicen no haber trabajado el tema de la muerte porque este tema no se encontraba dentro de la programación. “Nunca ha surgido el tema y además no está incluido en la programación del centro”. (Sujeto 121) Pregunta 5.5 ¿Qué recursos utilizarías? Cuento Esta categoría incluyen las respuestas de los entrevistados que expresan que en caso de tener que abordar el tema del a muerte, utilizarían como recursos los cuentos “Libros y cuentos”. (Sujeto 19) Asambleas/diálo gos Recoge las respuestas que expresan que en caso de tener que abordar el tema de la muerte, utilizarían como recursos las asambleas y el diálogo generalmente para compartir experiencias. “El diálogo, ejemplo cercanos a los niños.”. (Sujeto 7) Videos y películas Esta categoría abarca las respuestas de los docentes que expresan que en caso de tener que abordar el tema del a muerte, utilizarían como recursos vídeos y películas. “Un cuento, canción o asamblea, una película...”. (Sujeto 47) Canciones y retahílas Recoge las respuestas de aquellos que expresan que en caso de tener que abordar el tema del a muerte, utilizarían como recursos canciones y/o retahílas. “(…) retahílas, incluso contando experiencias en la asamblea de algún animalito... hormiguita, mosquito, araña que han visto ellos muerto...”. (Sujeto 31) Juegos Hace referencia a las respuestas de los entrevistados que expresan que en caso de tener que abordar el tema de la muerte, utilizarían como “Juegos, cuentos, dramatizaciones”. (Sujeto 111)
44 4.2. En caso negativo: ¿Le gustaría recibir formación acerca de la Pedagogía de la muerte? Entre todos los que contestaron que no habían recibido formación un 10,81% declaró no querer recibir formación a cerca de la Pedagogía de la Muerte, frente al 98.99% que si le gustaría recibir formación. Ejemplo: “No, pues es un tema que no despierta mi interés ni a nivel personal ni a nivel profesional”. (Sujeto 5) Todos los que manifestaron interés por recibir formación argumentaron en un 78,795 que consideran la muerte un tema importante a tratar en la escuela, mientras que el 21,21% restante de los entrevistados alegaron que la formación es importante a nivel profesional para mejorar su práctica diaria. Algunos ejemplos son: “Sí claro. Es importante saber dar respuesta a los alumnos y si el tema surge en clase debo estar preparada para afrontarlo”. (Sujeto 106) “Si, nunca está de más aprender para que la enseñanza sea de calidad”. (Sujeto 15) 5. ¿Ha tratado alguna vez el tema de la muerte en el aula? A esta pregunta, el 70,49% afirmó haber tratado la muerte en el aula en alguna ocasión, pero por el contrario el 29,51% dijo no haberlo hecho. En caso afirmativo: 5.1 ¿Qué le llevo a tratarlo? Atendiendo a los motivos de aquellos que contestaron afirmativamente, pudimos determinar cinco categorías. El motivo principal que había llevado a los docentes a tratar la muerte en el aula era en un 79,07% la muerte de familiares o personas del entorno más cercano de los alumnos, como recogen los siguientes ejemplos: “La muerte de padres de alumnos”. (Sujeto 8) “Muerte de personas cercanas: una abuela de una alumna y una hermana no nata de otra alumna”. (Sujeto 2) En segundo lugar, con un 18,6% de respuestas, la muerte de mascotas domésticas y plantas de su entorno Ejemplo: “La muerte de pequeños animales como gusanos de seda, la muerte de las plantas que hemos cultivado en nuestro huerto y que no llegan a buen término, (…)” (Sujeto 62)
45 Un 4,65% manifestó que el motivo por el que la trató surgió al hilo de algún proyecto que se estuviera desarrollando contemplado en la programación. Un ejemplo sería la siguiente respuesta: “A través de la unidad didáctica de Egipto, hablamos de quienes eran las momias y poco a poco fue saliendo el tema”. (Sujeto 63) En cambio, un 2,33% expresó haberlo hecho cuando se ha abordado el tema de las emociones y sentimientos. Ejemplo: “El trabajo de las emociones a través del cuento El Monstruo de Colores”. (Sujeto 87) Por último, con un 9,3% encontramos otros motivos distintos a los anteriores, como por ejemplo: “Si. Desde un hospital nos ofrecieron una sesión sobre ese tema. Luego continuamos hablando del tema”. (Sujeto 14) 5.2 ¿Adaptó usted la programación del aula para abordar el tema? ¿Cómo lo hizo? Aun habiendo abordado el tema de la muerte en alguna ocasión, solo el 9,3% de los entrevistados adaptó la programación y la trabajó de manera prolongada en el tiempo con diferentes recursos y actividades como se expresa en el siguiente ejemplo: “Si la adapte y realizamos una serie de talleres, cuenta cuentos en lo que busqué algunos que hablaban sobre la muerte, un pequeño debate, etc.”. (Sujeto 10) Entre el 90,7% que no adaptó la programación encontramos que el 98,72% sí que la atendió de manera puntual mientras que el 1,28% no hizo nada. Veamos algunos ejemplos de respuestas: “No la adapte. Surgió en la asamblea, se habló y se explico lo programado ese día”. (Sujeto 15) “No”. (Sujeto 98) 5.3 ¿Considera que las actuaciones realizadas fueron beneficiosas? De entre todos los docentes que manifestaron haber adaptado su programación y aquellos que la trataron de forma puntual, el 92,94% manifestó que dichas actuaciones habían resultado beneficiosas para sus alumnos. En cambio, un 7,06% confesó no estar seguro de si fue o no beneficiosa. Algunos ejemplos de respuestas son los siguientes:
46 “Sí. Las alumnas afectadas (eran mellizas) se sintieron muy bien al comprender que significa morir, el positivismo en la clase fue generalizado, porque los recuerdos nunca mueren. Se hizo en comunicación con la familia para abordar el tema de la misma manera”. (Sujeto 102) “No estoy segura de si lo que hice estuvo bien. El alumno seguía preguntando”. (Sujeto 109) En caso negativo: Por otro lado, atendiendo a los que contestaron que no habían abordado el tema de la muerte se le realizó las siguientes preguntas para conocer los motivos y los recursos que utilizarían si tuvieran que hacer frente al tema. Entre las respuestas, los docentes dieron en ocasiones argumentos con múltiples respuestas que permitieron ser incluidas en distintas categorías a la vez. 5.4 ¿Por qué motivo? Los motivos que surgieron fueron muy diversos y nos permitió establecer cinco categorías que agruparan dichas respuestas. Por un lado, el 86,1% de los docentes explicó que no había trabajado el tema porque hasta ese momento no había surgido. Ejemplo: “No ha surgido”. (Sujeto 22) En cambio un 11,11% se centró en la programación y expresaron no haberla trabajado porque no estaba incluida en esta. Ejemplo: “No estaba en temario” (Sujeto 18) El 5,56% argumento no haberla trabajado porque no es un tema adecuado para trabajar a estas edades, y otro 5,56% confesó no sentirse capacitado o con la formación suficiente para abordarlo, debido a la complejidad del tema, como por ejemplo expresan las siguientes respuestas: “Porque no lo veo adecuado para esas edades”. (Sujeto 38) “No me siento capacitada para abordar todo el tipo de preguntas que puede surgir sobre el tema.”. (Sujeto 111) Por último, con un 2,78% de respuestas, los docentes mostraron su preferencia a que el tema sea abordado por las familias fuera del centro escolar. Ejemplo: “Prefiero que sean los padres quienes lo aborden”. (Sujeto 34)
47 5.5 ¿Qué recursos utilizaría para abordar el tema de la muerte en el aula? En esta pregunta los recursos nombrados fueron diversos y por ellos se crearon 11 categorías que permitieran su clasificación. Un 77,78% utilizaría los cuentos y un 41,67% la asamblea. Ejemplos: “Supongo que un cuento sobre el que luego reflexionaremos”. (Sujeto 54) “Ninguno. Lo hablaría en la asamblea”. (Sujeto 55) En cambio un 5,55% utilizaría videos y películas para tratar el tema, y un 2,78% acudiría a internet. Ejemplos de respuestas: “(…) cuentos y vídeos que traten de explicarla de una forma más amena y sencilla”. (Sujeto 26) “Posiblemente acudiría a recursos en Internet”. (Sujeto 17) Un 2,78% se decantó por los juegos y un 5,55% por las canciones, como por ejemplo: “Juegos, cuentos, dramatizaciones”. (Sujeto 111) “Un cuento, canción o asamblea, una película…”. (Sujeto 47) En un 2,78% los docentes recurrirían a otros temas para explicar el de la muerte, así como también con un 2,78% utilizaría los dibujos, o las dramatizaciones, también con un 2,78% de respuestas. Veamos algunos ejemplos de respuestas: “La religión y el ciclo de la vida“. (Sujeto 5) “Cuentos, diálogo, dibujos para expresar emociones”. (Sujeto 29) “(…) dramatizaciones”. (Sujeto 111) El 5,55% respondió no saber que recurso utilizaría y en cambio un 8,33% nombró otros recursos que dadas sus características no han podido ser clasificados en las categorías anteriores. Algunos ejemplos de estas respuestas son los siguientes: “No tengo ni idea”. (Sujeto 74) “Cuentos, cajas de los recuerdos, cartas o palabras que quisiera decirle, ritual para cerrar el duelo...” (Sujeto 13)
48 6. DISCUSIÓN DE LOS HALLAZGOS Centrándonos en la importancia de la Pedagogía de la Muerte en los centros educativos, podemos observar que más del 70% de los docentes consideran necesario educar para la muerte en Educación Infantil incluso antes de que se den experiencias de pérdidas en los alumnos, respaldados en la inherencia de la muerte en la vida. Estos datos coinciden en parte con los datos recogidos en el estudio de Cortina (2010) en el que la mayoría de los docentes expresaron dicha necesidad debido al interés que este tema genera entre los niños y la existente falta de conciencia sobre la finitud, aunque solo uno expresó claramente la necesidad de ser educados para la muerte. Aún así, muchos de los docentes ya trataban el tema en sus aulas con total naturalidad debido a que la muerte forma parte de la vida y con el fin de naturalizar el tema y evitar los efectos negativos que tiene negarlo o evitar, coincidiendo con los datos obtenidos de nuestra investigación. En cuanto al estado de capacitación de los docentes para abordar este tema, hemos obtenido como resultados que más de la mitad de los docentes se sienten capacitados por las experiencias personales que han sufrido a lo largo de su vida, dato que se contradice con las reflexiones y opiniones que Poch y Herrero (2003) exponen en su libro “La muerte y el duelo en el contexto educativo. Reflexiones, testimonios y actividades” en el que los entrevistados reconocen la difícil labor de trabajar el tema en el aula debido a la falta de recursos y a la poca preparación personal de los docentes que en ocasiones no son capaces de afrontar pérdidas significativas. En nuestro estudio, la muestra que ha expresado no saber afrontar estas situaciones de manera personal ha sido de un 5,36%. En relación a este contenido, podemos hablar de la formación que los docentes han recibido sobre Pedagogía de la Muerte. En nuestro estudio hemos obtenido como resultado que un 90,98% de los docentes no ha recibido ningún tipo de formación, aunque la gran mayoría ha expresado su deseo por recibirla, frente al 10,81% al que no le gustaría. Esta falta de formación, coincide con los resultados obtenidos en el estudio realizado por Tracey y Holland (2008) en distintas escuelas primarias de Irlanda del Norte, en las que se descubrió una deficiencia en la formación del profesorado en el tema, aun habiendo asistido a jornadas de formación, conferencias y cursos, o también con los resultados del estudio de Sanz (2016) en el que solo uno de los entrevistados había recibido formación sobre ciertos aspectos relacionados con el tema. Por otro lado, los entrevistados que si han acudido a cursos y seminarios, han expresado que estos no han sido específicos sobre el tema, y la formación por tanto no ha sido la más completa. Estos datos coinciden con los del estudio realizado por De la Herrán et al. (2000) en el que se entrevistaron a 123 docentes de Educación Infantil y ninguno encontró apoyo específico de formación que trataran el tema. Cabe destacar de los datos obtenidos referentes a la capacitación y formación de los docentes, que la mayoría se sienten capacitados para afrontar el tema en el aula aún no
49 habiendo recibido formación, porque consideran que las experiencias personales son de gran ayuda para explicar la muerte. A la hora de abordar el tema, la gran mayoría que lo había tratado contestaron que el motivo principal fue la muerte de algún familiar, y solo un 9,3% atendió la situación realizando adaptaciones en la programación de aula. Podríamos decir que estos datos se asemejan a los del estudio realizado por De la Herrán et al. (2000) en el que solo un 10% de los docentes llevó a cabo alternativas didácticas. Hubo un 98,72% de docentes que aunque no realizaron modificación en la programación, sí atendieron la situación con actividades puntuales. Los docentes que actuaron de manera puntual, junto con los que declararon que si realizaron una modificación prolongada en el tiempo, manifestaron en un 92,94% que las actuaciones fueron beneficiosas, mientras que el resto declaró que no estaba seguro de ello. Respecto a aquellos docentes que no habían tratado el tema de la muerte en el aula, podemos decir que el motivo principal es porque no se ha dado la situación de abordarlo porque no ha hecho falta o porque no se han producido pérdidas significativas. Finalmente, observamos que los recursos en los que los docentes se apoyarían, aún no habiendo tratado el tema aún, son diversos. En su mayoría, cuentos y la asamblea porque consideran que se adaptan mejor al nivel madurativo y resulta más fácil de entender para ellos, ya que pueden compartir experiencias y reflexiones. Además de estos, los docentes han propuesto otros como canciones, películas, juegos, dramatizaciones, actividades plásticas, internet, entre otros, mostrándose así una contradicción con las opiniones y reflexiones recogidas en el libro de Poch y Herrero (2009) donde los docentes expresan que existe una falta de recursos pedagógicos que les facilite trabajar el tema con sus alumnos.
50 7. CONCLUSIONES, IMPLICACIONES Y LIMITACIONES Esta investigación surge a partir de una realidad presente pero evitada por gran parte de la sociedad. Se trata de la muerte y sobre todo, de educar para ello, mostrando lo que la muerte es y significa atendiendo al antes, durante y después de una pérdida. Con esta investigación se ha querido investigar qué grado de formación tienen actualmente los docentes en España, y cuál era la realidad de este tema en las aulas, pues sabemos que la muerte es un tema tabú que evitamos e ignoramos por miedo, porque la desconocemos. Por ello, queríamos saber qué tan preparados y capacitados se sienten los docentes para actuar ante estas situaciones con alumnos de Infantil, una etapa primordial en la que se establecen las bases de la persona y donde se puede tratar cualquier tema sin prejuicios. De las conclusiones extraídas de dicha investigación, podemos comenzar, en primer lugar, haciendo referencia al Concepto de Pedagogía de la muerte. Se ha podido observar que la gran mayoría de los docentes solo contempla una de las dimensiones de este concepto, no teniendo por tanto el conocimiento suficiente sobre el mismo. Para la mayoría de los docentes este concepto implica tratar la muerte ateniendo solo a la explicación del concepto, o el hecho de recibir formación, centrada en el docente como profesional, con el objetivo de adquirir conocimientos sobre este tema, pero sin hacer relación a su puesta en práctica en el aula. En cuanto a la Necesidad de educar para la muerte en Educación Infantil, los datos reflejan que la gran mayoría considera necesario educar para ello, debido a que se trata de un aspecto inherente a la vida que forma parte de nuestra naturaleza como seres humanos, y por tanto lo trabajan desde la naturalidad que conlleva así como incluso antes de que se den situaciones de pérdidas. Por el contrario en una muestra más reducida, pero destacable, se ha detectado que los docentes solo actuarían ante un caso específico de pérdida porque consideran que es un tema que no debe ser abordado si el alumno no ha tenido la experiencia debido a la complejidad del tema. En relación al Grado de capacitación de los docentes, los datos revelan que más de la mitad se sienten capacitados para abordar el tema debido, principalmente, a las experiencias personales que han sufrido a lo largo de su vida, motivo al que se suma el enfoque natural que adoptan para abordarlo. Otros, en menor afluencia, han realizado una búsqueda de recursos que les permitiera abordarlo y llama la atención que solo dos docentes han pedido colaboración a otros profesionales o compañeros. Respecto a la Formación del docente en Pedagogía de la Muerte, podemos decir que ésta se encuentra ausente, y en los casos en los que algún docente posee conocimientos sobre el tema, es como consecuencia de la formación voluntaria en algunos aspectos mediante cursos, que en ningún caso han sido específicos sobre la Pedagogía de la Muerte. Centrándonos en el Tratamiento de la muerte en el aula, se puede ver que en ningún caso los docentes lo han trabajado por iniciativa propia, sino que lo han hecho en su mayoría como consecuencia de una situación de pérdida y/o duelo por parte del alumnado que han tenido que atender. En la mayoría de los casos, los docentes no adaptaron su programación y
51 solo actuaron de manera puntual para atender las necesidades que surgieron de las situaciones de pérdida. Por otro lado, tanto los que manifestaron haber realizado adaptaciones en su programación, como los que atendieron esta situación de forma puntual, han manifestado mayoritariamente que las actuaciones fueron beneficiosas para los alumnos, porque consiguieron resolver las dudas que aparecían y permitieron al alumno expresar y compartir sus sentimientos y emociones. En cuanto a los que no la trataron, el motivo principal ha sido la falta de experiencias en el aula, que puede haber sido, en ocasiones, por falta de comunicación e información a los propios docentes de las situaciones de pérdidas o duelo en los alumnos. Por último, destacar que los recursos que más utilizarían los docentes para trabajar la muerte ante estas situaciones serían los recursos literarios y la asamblea. En cuanto a las limitaciones encontradas durante el desarrollo de esta investigación, podemos decir que al tratarse de un tema tabú, la más evidente ha sido la escasa existencia de información y de otras investigaciones realizadas a nivel de Educación Infantil en España. Esto ha dificultado que los resultados obtenidos en esta investigación puedan ser comparados con datos de estudios similares dentro del mismo rango territorial en el que se ha realizado. Por ello sería interesante que se realizaran más estudios sobre la Pedagogía de la muerte, tanto en Educación Infantil como en el resto de niveles educativos, con el objetivo de facilitar futuros trabajos a cerca del tema y acabar con el tabú existente hacia el tema de la muerte. Con esta investigación se ha querido dar respuesta a ello para así contemplar el punto donde se encuentran nuestros docentes y hasta dónde son capaces de llegar para ofrecer una educación integral y real que atienda a cada una de las necesidades del alumnado. Este trabajo solo es el primer paso para comenzar un camino en el que sea posible la difusión de determinadas situaciones, temas y experiencias, por ello consideramos importante y necesario compartir la información que aquí se recoge para seguir avanzando en este ámbito y normalizar un tema conocido y desconocido a la vez. Este trabajo no hubiera sido posible sin la colaboración de todos los docentes que han decidido compartir experiencias, opiniones y conocimientos para que podamos tomar conciencia de la importancia de atender el tema de la muerte. El objetivo ahora es seguir profundizando en el tema para descubrir nuevas investigaciones, trabajos y publicaciones que vayan sucediéndose y permitan ampliar el conocimiento.
52 8. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Arnáiz, V. (2003). Pensar, hablar de la muerte y comprometerse con la vida. Aula de Innovación Educativa, 122, 37-38 Besave, A., (1965). Metafísica de la muerte. Augustinus. Madrid, España Blasco, T. y Otero, L. (2008). Técnicas conversacionales para la recogida de datos en investigación cualitativa: La entrevista (I). Nure investigación, 33. Recuperado de: http://www.nureinvestigacion.es/OJS/index.php/nure/article/viewFile/379/370 Bowie, L. (2000). Is there a place for death education in the primary curriculum? Pastoral care in Education, 18(1), 22-26. Bravo, S., De la Herrán, A., Freire, V., González, I. y Navarro, M. J. (1998). La educación para la muerte como tema transversal de transversales. Consideraciones para la educación infantil. Recuperado de: http://www.waece.org/biblioteca/pdfs/d052.pdf Cantero, M., (2013). La educación para la muerte. Un reto formativo para la sociedad actual. Psicogente, 16(30), 432-434. Cid, L. (2011). Explícame qué ha pasado, guía para ayudar a los adultos a hablar de la muerte y el duelo con los niños. Fundación Mario Losantos del Campo. Madrid, España. Cid, L. (2010). Explícame qué ha pasado, guía para ayudar a los adultos a hablar de la muerte y el duelo con los niños. Fundación Mario Losantos del Campo. Madrid, España. Cortina, M. (2010). El cine como recurso didáctico de educación para la muerte: implicaciones formativas para el profesorado (Doctoral dissertation, Tesis doctoral, Universidad Autónoma de Madrid). De la Herrán, A. y Cortina, M. (2008). La educación para la muerte como ámbito formativo más allá del duelo. Psicooncología, 5(2-3), 409-424. De la Herrán, A., González, I., Navarro, M., Freire, V., y Bravo, S. (2000). ¿Todos los caracoles mueren siempre? Cómo tratar la muerte en Educación Infantil. Madrid: Ediciones de la Torre De la Herrán, A., y Cortina, M. (2006). La muerte y su didáctica. Manual para educación infantil, primaria y secundaria. Madrid: Universitas. Díaz, L., Torruco, U., Martínez, M., y Varela, M. (2013). La entrevista, recurso flexible y dinámico. Investigación en educación médica, 2(7), 162-167. Feijoo, P., y Pardo, A. (2017). Muerte y educación. Tarbiya, revista de Investigación e Innovación Educativa, 33, 51-76. Fernández, C. (2014). Programa sobre la Muerte y la elaboración de los procesos de Duelo positivos en el Segundo Ciclo de Educación Infantil (Trabajo fin de Grado) Universidad Internacional de la Rioja, Madrid.
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