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Filosofía para Irene

Choza Armenta, Jacinto Luis

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FILOSOFÍA PARA IRENE JACINTO CHOZA FILOSOFÍA PARA IRENE THÉMATA SEVILLA • 2014 Título: Filosofía para Irene Primera edición: Mayo 2014. © Jacinto Choza, 2014. © Editorial Thémata, 2014. Editorial thémata C/ Italia, 10. Valencina de la Concepción 41907 Sevilla, ESPAÑA TIf: (34) 955 720 289 E–mail: [email protected] Web: www.themata.net Diseño, corrección y maquetación: JFM ISBN: 978-84-941231-3-9 DL: SE 1056-2014 Imprime: Esugraf imprEsorEs Impreso en España • Printed in Spain Reservados todos los derechos exclusivos de edición para Editorial Thémata. El contenido de esta obra está protegido por la Ley, que establece penas de prisión y/o multas, además de las correspondientes indemnizaciones por daños y perjuicios a cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública y transformación, total o parcial, de esta obra sin contar con la autorización escrita de los titulares del Copyright. Para Ananí y para Irene, con quienes he escrito este libro y para quienes lo he escrito. – 9 – ÍNDICE Prólogo ............................................................................................................. 17 Capítulo 1. Introducción. §1. Filosofía como afición y como profesión ............................................... 19 §2. Orden y desorden del conocimiento ...................................................... 20 §3. El comienzo de la filosofía ....................................................................... 22 §4. El amor a la sabiduría ............................................................................... 23 Capítulo 2. Como entendían el mundo los hombres del paleolítico. La comprensión de la vida. §5. La caza y la comida. Agradecimiento a los cielos ................................. 25 §6. La fuerza de la vida, sus momentos, su expresión y su comprensión .... 27 §7. Ciframiento y desciframiento de los ritos paleolíticos. El primer mandala .. 28 §8. Contarlo bailando y saltando. La rayuela .............................................. 30 Capítulo 3. Como entendían el mundo los hombres del neolítico. La invención del lenguaje. §9. Sistema social e identidad personal ........................................................ 33 §10. Sistema cultural y esferas de la cultura. Práctica y teoría ................. 36 §11. Construir santuarios y construir poemas ............................................ 38 §12. La piedra, la aldea y la eternidad ......................................................... 39 Capítulo 4. Como empezó la Filosofía. El descubrimiento de las cosas. §13. Hablar y escribir. Medir y calcular ....................................................... 41 §14. Las herramientas del pensar. Consenso y categorías ......................... 43 §15. El escenario del pensar. El orden trascendental .................................. 45 §16. Los primeros filósofos. De Pitágoras a Anaxágoras ........................... 46 – 17 – PRÓLOGO Este librito es una síntesis pedagógica de la Filosofía, que tiene como primer objetivo ser claro y breve, pero que a la vez es novedoso y original. Porque no hay tratados de filosofía que dediquen tanta atención al paleolítico y al neolítico y a la continuidad de ambos periodos culturales con la edad de los metales y el nacimiento de la filosofía. Porque no hay estudios de filosofía que dediquen tanta atención a la relación con sus fronteras naturales, la religión, la política y la ciencia, o sea, con la cultura en general. Y porque no hay exposiciones sencillas de la filosofía desde el interior del pensamien- to siguiendo el proceso de desarrollo del propio pensamiento (eso que los filósofos llaman el punto de vista trascendental). Intenta mostrar la estrecha relación y la profunda continuidad entre la filosofía y el conjunto de la cultura, en un relato que abarca toda la historia humana desde hace 80.000 años hasta el presente. Toda esa novedad debería haber tenido algún apoyo crítico. Pero aquí no lo lleva. Eso se opone diametralmente a las pretensiones del librito. Toda la documentación crítica hay que buscarla en las obras del autor, que aparecen al final del texto. No hay ninguna nota a pie de página. Es un relato de un padre filósofo a su hija adolescente sobre lo que es la filosofía, sobre lo que él ha aprendido a lo largo de su vida, y lo que le quiere contar a ella para que sepa a qué dedicó su padre su vida profesional. El relato surgió por la ocurrencia de un amigo y colega. Una mañana del 26 de noviembre de 2013, Witold Wolny me dijo en su despacho del College de la Universidad de Virginia en Wise: «tienes que escribir un libro titulado Filosofía para Irene, en el que tú le expliques a tu hija lo que es la filosofía de manera que todo el mundo lo entienda .Porque el libro de Gardner, El mundo de Sofía, no es realidad una buena explicación para todos. No dice lo que es la filosofía. Pero tú, Jacinto, puedes decir unas cosas muy sencillas y muy claras, que le dejes a tu hija como un regalo, como un testamento intelectual. Puedes poner por escrito lo que nos has explicado a Clara y a mi sobre Platón y Aristóteles, San Agustín y Santo Tomas, sobre el nuevo comienzo de la filosofía con Wittgenstein…». – 18 – Y así empezó la aventura, en vísperas del Thanksgiving Day, con una lluvia y una nieve horribles, y con inundaciones en los valles de los Apalaches. Witold sugirió que Irene me ayudara y me corrigiera, pero es porque no sabe lo que es tener una hija adolescente y cuánto es lo que se le puede pedir a una hija en esas circunstancias. No obstante, y para mi sorpresa, Irene se sumó al trabajo enviándome comentarios y correcciones de vez en cuando. Al poco de empezar el libro recibí también la ayuda de Ananí G utiérrez Aguilar, desde Arequipa primero y en Sevilla después, y desde mediados de enero de 2014, ya en Sevilla, la del equipo de traductoras de Chapell Hill, Gabrielle Scott, Kane Hollingsworth, Emily Latham yAllison Wall. Ananí enseña filosofía en la Universidad Nacional San Agustín de Arequipa y en la Universidad Católica de Santa María de Arequipa, Perú, y me iba confirmando lo útil que podría ser a sus alumnos cada capítulo que escribía. Las traductoras cursan estudios muy ajenos a la filosofía en la University of North Carolina en Chapell Hill, y asisten a mi curso de “Filosofía de la cultura” en la Universidad de Sevilla. Gracias a su carencia de estudios filosóficos me podían confirmar si, efectivamente, cada uno de los capítulos que iban traduciendo al inglés podían entenderlo con facilidad, en español y en inglés, un profano en la materia, si, efectivamente, conseguía explicar a todo el mundo qué es la filosofía. El librito se pudo terminar en abril de 2014, y pudo editarse gracias a la ayuda de Jesús Fernández Muñoz. No hace falta ya decirlo para comprender que sin la ayuda de todas estas personas no habría salido, y que mi gratitud hacia todas ellas no puede expresarse con palabras. Big Stone Gap, Virginia, 26 de noviembre de 2013 – Sevilla, 26 de abril de 2014, fiesta de San Isidoro de Sevilla, patrono de Internet. – 19 – CAPÍTULO 1 INTRODUCCIÓN. §1. Filosofía como afición y como profesión. §2. Orden y desorden del conocimiento. §3. El comienzo de la filosofía. §4. El amor a la sabiduría. §1. Filosofía como afición y como profesión. La gente no pregunta qué son las matemáticas, ni qué es el derecho o la biología, porque más o menos creen saber de qué van, pero sí pregunta qué es la filosofía. Conocen a profesores de matemáticas, a abogados, y han visto videos sobre animales. Pero solo conocen a profesores de filosofía después de los 16 años, si estudian bachillerato. Sin embargo, «Filosofía» es una palabra que sale de vez en cuando en las conversaciones normales y en los medios de comunicación. Hay una «filosofía» del Computer propia del Mac, hay una filosofía de la empresa de transportes, un líder político tiene una filosofía distinta de otro líder de su mismo partido y, por supuesto, de las del partido opuesto. En este caso «Filosofía» significa el modo de entender cómo debe funcionar un ordenador, una empresa de transportes o un partido político. Otras veces, más frecuentemente, se trata de entender la vida en general, y puede uno encontrar que las personas más mayores tienen «su filosofía», su modo de entender el mundo y la vida, su modo de creer o de no creer en ellos y de saber lo que son. Quizá la mayoría de la gente tiene su filosofía, una filosofía parcial o una filosofía amplia y completa. Quizá la mayoría de la gente tiene su comprensión de la juventud, de los españoles o de la democracia, o quizá más ampliamente, su comprensión de los seres humanos, de la vida humana y del más allá. Bueno, pues resulta que hay profesionales de eso. Hay gente que se dedica profesionalmente a estudiar si los hombres son buenos o malos de nacimiento, si el mundo puede ser eterno o acabarse pronto, o si Dios pudo crear el mundo realmente. – 20 – Muchas actividades profesionales son cultivadas también por muchas otras personas, o por casi todas las personas. Por ejemplo, casi todo el mundo baila en discotecas, juega al futbol o le escribe a su pareja pero, además, hay bailarinas, futbolistas y escritores profesionales. Otras veces la gente tiene gran pasión por unos asuntos y se convierten en hobbies. Hay obsesos de la espeleología y de las cuevas, de los cactus, de los periódicos antiguos, y saben de eso más que los profesionales. Con la filosofía puede suceder algo parecido. Uno encuentra gente obsesionada con el universo, con los juegos matemáticos, con la libertad humana o con la existencia de Dios, que son temas de estudio de los filósofos profesionales. En realidad, casi todos los niños han tenido un periodo de intenso interés filosófico y se han preguntado si existen las hadas y los vampiros, si los animales piensan, o qué hace la gente después de morirse, en el cielo. Mi hija Irene me preguntó un día: «papá, ¿dónde estaba yo antes de nacer?» «Pues… en el cielo». «¿Viva o muerta?» «Viva, hija, viva. De la única manera que se puede estar en el cielo es vivo». Cuando uno se hace mayor se olvida de esas preguntas profundas y de cómo se hacen, o no les presta atención. Si les presta atención y le interesan más que todo lo demás, entonces puede ocurrir que se haga filósofo. Entonces estudia en la Universidad una carrera que se llama filosofía, o bien hace otra cosa pero además compra y lee libros de filosofía. §2. Orden y desorden del conocimiento. Hay muchas maneras de empezar a estudiar filosofía, de ir aprendiendo por orden, de colocar lo que se aprende nuevo junto a lo que ya se sabía. Un procedimiento bastante bueno es volver a recorrer la historia y ver cómo iban los hombres aprendiendo y haciendo filosofía en cada época. También hay muchas maneras de aprender una lengua, y muchas teorías sobre cuál es la mejor que, además, cambian cada cierto tiempo. Un buen modo de aprender una lengua es seguir el procedimiento que siguen los niños. Primero aprenden verbos y nombres. Luego aprenden adjetivos, pronombres y adverbios y lo último de todo aprenden son los tiempos subjuntivos y condicionales de los verbos. Eso tiene que ver con el modo en que los niños empiezan a tener conciencia del yo, del lugar, del tiempo y cosas así. El aprendizaje de la lengua está muy ligado al de la maduración psíquica y personal, y el de la filosofía también. Yo sé que yo siempre seré yo. ¿Qué pasaría si no existiera nada, ni yo ni nada? ¿Qué es la electricidad? – 21 – Los filósofos profesionales, y los aficionados, van teniendo primero chispazos inconexos, en los que ven como interrogantes muy grandes que se abren para ellos, o certezas como muy grandes. Como islas de luz y de comprensión de cosas, que van emergiendo de esa gran neblina que es uno y su pasado cuando empieza a entrar en la adolescencia. Entonces uno entiende que hay otra manera de mirar las cosas, de comprenderlas, que uno ya no es un niño. La inteligencia y la curiosidad funcionan para el aprendiz de filósofo como cazadores furtivos. A salto de mata, al ver una película, una serie, al discutir con un profesor, al enamorarse. De pronto aparecen preguntas y certezas, descubrimientos de nuevos territorios. En principio, todo eso es filosofía. Luego, cuando se empieza a estudiar en serio y por orden, profesionalmente, empieza uno a ver que la filosofía empieza por la admiración y la interrogación. La noche y el cielo estrellado son magníficos ambientes para la filosofía. También el mar. El infinito. Lo que no acaba. Las multitudes en las que uno se pierde y en las que percibe la pequeñez humana y la propia. Lo que lleva a asombrarse ante la insignificancia propia, como la muerte, y ante la grandeza propia, como la conciencia de estar solo entre las estrellas. También el amor. Y la belleza. Enamorarse dispara la imaginación y la inteligencia a muchos territorios. Sobre todo al futuro y a la eternidad. La familia y los amigos. La compañía y la soledad. La soledad puede tener una fuerza especial. Puede llevarle a uno a muchos pensamientos y a no darse cuenta de que está solo. Cuando se mete uno mucho en los pensamientos no se da cuenta de que está solo. Y ni siquiera se da cuenta de que está. Muchas veces cuando uno piensa se olvida de sí mismo. Cuando uno empieza a dedicarse profesionalmente a la filosofía, o a cualquier otra cosa, uno se encuentra con cosas que no entiende, y lo que es peor, que se tiene que aprender aunque no las entienda. No es solo porque a veces los profesores y los autores de libros no sean buenos pedagogos. La vida también es así. Uno tiene que vivir cosas que no entiende, que no le da tiempo a pensar hasta mucho más tarde, quizá hasta que uno se jubila. Muchas veces la vida tampoco es buena pedagoga. La vida acumula acontecimientos sobre la mente humana aunque la mente no esté preparada, pero la mente tiene que hacer frente a eso. Se puede enfadar o desesperar pero es mejor tener paciencia. La paciencia es una de las virtudes más importantes para la filosofía. Porque al final, las cosas se entienden. Siéntate a la puerta de tu casa, dice un proverbio árabe, y veras pasar el cadáver de tu enemigo. – 22 – §3. El comienzo de la filosofía. Aristóteles empieza su libro sobre la Metafísica, con las palabras «todos los hombres desean por naturaleza saber», y por eso estiman la vista más que ningún otro sentido, porque es el que más saber proporciona, y eso es lo que más asemeja los hombres a los dioses. A lo mejor tiene razón. Uno de sus grandes discípulos, Cicerón, se lo discutía. Decía: «todos los hombres desean por naturaleza mandar», tener el poder, porque así es como son más semejantes a los dioses y como más favores pueden hacer a los demás, que es lo más bonito del mundo. Cicerón tal vez tiene igualmente razón, pero también mandar es una cosa que hay que saber hacerla. La filosofía empieza normalmente por el conocimiento de la naturaleza, del universo. No solo estudiando el conocimiento que tienen los científicos, sino también indagando si ese conocimiento de los científicos es todo o hay más, y cómo está hecho, y cuánto es de fiable. Después sigue por el conocimiento de la sociedad. Lo que en la enseñanza primaria se llama conocimiento de «el medio natural» y «el medio social», y en la secundaria «ciencias naturales» y «ciencias sociales». El conocimiento de las cosas naturales son las ciencias: matemática, física, química, biología. El conocimiento de las cosas sociales son las letras: lengua, historia, literatura, derecho, sociología, economía, política, filosofía. Las ciencias estudian el funcionamiento de las cosas, y las letras el de las personas. Se llaman ciencias porque casi todo lo que las cosas naturales hacen se expresa en lenguajes «científicos» o artificiales y exactos, como las matemáticas, los símbolos de la química, los de la informática, y otros de ese tipo. Se llaman letras porque casi todo lo que los hombres hacen lo hacen o lo cuentan mediante la escritura, mediante lenguajes corrientes, no exactos ni científicos, sino muy simbólicos y evocadores. Así lo describió Cicerón, y así se ha transmitido. Además de las cosas naturales y las sociales, están los fenómenos que se podrían llamar «personales» o «íntimos», como por ejemplo la conciencia, la afectividad, la inteligencia, la libertad, la persona. Y además de las cosas del mundo y del hombre, está el más allá del mundo y del hombre, y que la mayoría de los filósofos han llamado Dios. El mundo, el hombre y Dios, son los asuntos que ha estudiado siempre la filosofía, y los filósofos han creído que es lo suyo. Y como son tres asuntos que globalmente interesan a casi todo el mundo, y casi todo el mundo a lo largo de la vida se hace una idea global de ellos, por eso la filosofía es un asunto que atrae a muchos no profesionales (aunque, claro, no saben que eso se llama «filosofía») En algunos ambientes se une mucho la filosofía con la religión. Por ejemplo en las culturas orientales, pero también en las bibliotecas y – 23 – librerías occidentales, donde suelen colocarse juntos los libros de filosofía y los de religión. El la cultura occidental la filosofía y la religión se separaron casi desde el principio, porque los filósofos querían elaborar un saber «científico», lo que en la Antigua Grecia significaba «desinteresado», y la religión era y es un saber de lo más interesado. La religión trata de como el hombre puede ser bueno y feliz, en su relación con la divinidad y con su ayuda. Pero la filosofía se elaboró en Grecia para averiguar lo que el hombre podía conseguir de eso, para averiguar lo que los dioses habían comunicado a los hombres sobre eso. §4. El amor a la sabiduría. La filosofía nació sin diferenciarse de la teología, y poco a poco se fue diferenciado, porque a los filósofos lo que más les interesaba de todo era saber, como le ocurre casi siempre a los niños y a los jóvenes bien dotados. Creyeron que el saber era lo más propio de los dioses, a la vez que el poder, pero pronto se dieron cuenta de que ellos nunca conseguirían un saber ni un poder como el de los dioses, y entonces se preguntaron qué era lo que podían conseguir, sin desesperarse. En realidad entonces, como ahora, los hombres siempre quisieron saber, especialmente los jóvenes, a ser posible, saberlo todo y además cuanto antes, pero ese deseo se va cambiando con los siglos. Ahora esa aspiración se encuentra con muchos obstáculos y con muchas ayudas. Ahora hay mucho más saber objetivo acumulado que capacidad subjetiva para asimilarlo. Eso es una ayuda, porque uno puedo ir a Internet para averiguar todo lo que quiera, y también es un obstáculo, porque lo que uno quiere saber de verdad es «todo». Si uno no sabe «todo», si uno no tiene una imagen de «todo lo que hay que saber y se puede saber», no sabe situar lo que sabe y lo que ignora en el conjunto de todo el saber, y si no sabe eso, está perdido. Eso les ocurría a los navegantes portugueses y españoles en el siglo xv y xvi cuando hicieron los descubrimientos geográficos. Cuando llegaron a Cuba, a Brasil o a Australia, sabían que estaban en tierra, pero no sabían si esa tierra era una isla, una península o un continente, ni qué extensión tenía. Tardaron un siglo en averiguar todas esas cosas. Y después, y a la vez, ya se pusieron a averiguar lo que había en el interior de aquellos territorios. La filosofía enseña cuántos y cuáles son las islas, la península y los continentes del saber, y luego enseña lo que hay en el interior de esos territorios. No como lo enseñan los matemáticos, físicos, químicos, biólogos, psicólogos, – 24 – sociólogos, economistas, historiadores, juristas y lingüistas, sino desde el punto de vista de la comprensión de cada uno de esos saber en relación con los demás. Pero como es muy difícil enseñar la filosofía bien, frecuentemente los estudiantes no la comprenden y se desesperan. Unas veces porque cuando oyen las explicaciones les parece que no se entiende nada. Por ejemplo, si oyen decir que la persona es «supuesto individual de naturaleza racional», que es la definición que dio Boecio en el siglo v, aunque entiende cada una de las cinco palabras de la frase por separado, cuando las juntan todas en la frase, no entienden la frase. Otras veces entienden la frase, por ejemplo «pienso luego existo», que es el gran descubrimiento de Descartes en el siglo xvii, pero tienen la sensación de que es una tontería, y de que la filosofía está llena de cosas absurdas y tontas. Saberlo todo, en la medida en que a los seres humanos les está dado alcanzarlo, es averiguar y comprender de qué va todo esto, de qué va el universo, el mundo y la vida, dónde empieza y dónde termina. De qué va el hombre y la sociedad y la historia, y el arte, y la ciencia, y la religión. De qué se trata cuando se trata de Dios. Comprender el sentido de todo eso, y a esa comprensión, no se le llama ciencia, sino que se le llama sabiduría. Por ese motivo los que buscaban eso se pusieron a sí mismos el nombre de filósofos, que en griego significa «amantes de la sabiduría». Si uno no lo encuentra y declara que no lo tiene, es un filósofo un poco especial, porque el deber del filósofo es encontrar el sentido del conjunto total y decirlo, y eso es normalmente lo que hace. La mayoría de los filósofos le encuentran sentido al mundo y a la vida, generalmente relacionado con Dios. Otras veces no lo encuentran, o lo encuentran parcialmente, y lo declaran humildemente así. Por eso se les llama sabios y son hombres buenos. Porque dedican su vida a descubrir el sentido que tienen las cosas para decírselo a los demás y que tengan una vida bonita. Ser sabio es eso, encontrar el sentido de las cosas. Estar reconciliado con la realidad, con el mundo y con la vida. Eso es lo que hacen los filósofos, como los poetas y los místicos. A veces parece que dicen cosas muy diferentes, e incluso incompatibles entre sí. Pero cuando uno pasa más tiempo estudiando a los filósofos, acaba dándose cuenta, como declaraba Leibniz en el siglo xviii y Heidegger en el xx, que todos se han hecho siempre las mismas preguntas y han dado siempre las mismas respuestas. Bueno, ahora hay que empezar a ver cómo ha sido eso, y como se han descubierto las islas, las penínsulas y los continentes de saber. – 25 – CAPÍTULO 2. COMO ENTENDÍAN EL MUNDO LOS HOMBRES EN EL PALEOLÍTICO. LA COMPRENSIÓN DE LA VIDA. §5. La caza y la comida. Agradecimiento a los cielos. §6. La fuerza de la vida, sus momentos, su expresión y su comprensión. §7. Ciframiento y desciframiento de los ritos paleolíticos. El primer mandala §8. Contarlo bailando y saltando. La rayuela. §5. La caza y la comida. Agradecimiento a los cielos. Los primeros seres humanos, que aparecieron en África hace 150.000 años, y pasaron al resto del mundo hace 60.000 años, no es que fueran unos animales especialmente torpes, ni unos hombres especialmente brutos, es que eran como niños recién nacidos que no saben nada. No sabían comer ni beber, andar ni vestirse, hacer pis ni caca, ni hablar ni qué era cada cosa que tenían alrededor. Además, no tenían a nadie que les enseñara todo eso. Tenían que inventárselo todo. La mayoría de los animales saben las cosas más imprescindibles para la vida por instinto, por un conocimiento que traen ya de serie inscrito en sus genes. Pero en los hombres, esos genes que contienen información para sobrevivir están casi vacíos, y forman un sistema de memoria que puede contener más datos que los necesarios para construir el organismo animal. Un sistema de memoria distribuido por todo el organismo, y que está concentrado especialmente en el cerebro. Esa memoria es tan grande que puede contener la información sobre todo el universo, sobre la historia del universo y la de los hombres, que es lo que la humanidad puede aprender a lo largo de la historia. Al principio no contiene nada, y así los hombres pueden disponer y organizar sus conocimientos en ella como quiera. Así es como tienen el máximo grado de libertad, aunque también así corren muchos riesgos, porque no saben ni entienden nada. Los primeros seres humanos eran como recién nacidos, pero sin nadie que les enseñara. – 33 – CAPÍTULO 3. COMO ENTENDÍAN EL MUNDO LOS HOMBRES EN EL NEOLÍTICO. LA INVENCIÓN DEL LENGUAJE. §9. Sistema social e identidad personal. §10. Sistema cultural y esferas de la cultura. Práctica y teoría. §11. Construir santuarios y construir poemas. §12. La piedra, la aldea y la eternidad. §9. Sistema social e identidad personal. Los ritos paleolíticos son signos que tienen poderes, signos eficaces. Así es como se definen en las religiones los sacramentos: signos sensibles que causan lo que significan. Si a un niño se le pone un nombre como signo o señal de que Dios lo reconoce y acoge como cristiano, entonces ese niño es cristiano, y si no, no. El «nombre» que se pone al niño en el bautismo es signo de que ese niño se ha hecho cristiano y lo hace cristiano realmente. Si un hombre y una mujer deciden tomarse como marido y mujer, usando como signo la promesa de entregarse el uno al otro, entonces son esposos, y si no, no. La «promesa de entrega» mutua es signo de que son esposos y los hace realmente esposos. Si un hombre pide perdón a otro al que ofendió, o a su representante, usando como signo la súplica, y éste le perdona usando como signo un abrazo, entonces queda perdonado, y si no, no. La súplica y el abrazo son signos del perdón y perdón real. Si unos hombres nombran a otro como su representante, o su jefe, mediante el signo de un voto, y el otro acepta mediante el signo de decir «sí, acepto», entonces el otro es su representante o su jefe, y si no, no. El voto y las palabras «si, acepto» son el signo de que el otro es jefe y constituyen realmente al otro en jefe legítimo. En la mayoría de los casos los ritos son sacramentos, que confieren poderes a los hombres. Esos poderes los hacen capaces de determinadas actividades, y hacen que sean lo que son. Los hacen miembros del grupo de «los cristianos» o «los españoles», y les confieren las capacidades o derechos de hacer las cosas que pueden hacer los españoles, o «los casados», o «los – 34 – inocentes», o «los culpables», o «los representantes», y que no pueden hacer los que no son eso porque no han adquirido esas capacidades mediante los correspondientes ritos. Los ritos son, pues, la atribución de una porción del poder supremo a un individuo, que lo convierten en un elemento de ese sistema de poder en que consiste la sociedad humana y le dotan de identidad en ese sistema. Los ritos convierten a un grupo humano en una sociedad humana. Por ellos los hombres son esposos o esposas, propietarios, presos, ciudadanos libres, hijos herederos, y un montón de cosas más. Cuando se dice que el hombre es una animal social por naturaleza se quiere decir que es todas esas cosas y tiene el comportamiento correspondiente a ellas, no por instinto biológico o por el resultado de procesos naturales, sino por costumbres, por ritos, por el resultado de procesos sociales o culturales. Como si el seno materno del que brota no fuera solo el útero de la hembra sino el entramado de costumbres y comunicación del grupo social. Pues bien, la invención de la sociedad humana y de las identidades humanas con esas características es el mayor logro de nuestros antepasados del paleolítico y del neolítico, la mayor y mejor herencia que nos han dejado. En el paleolítico el poder supremo reconocido por todos se designaba con el nombre de «mana» u otros parecidos, y la porción de «mana» que se tomaba para construir una función social y una identidad personal se le llama «tótem». En la cultura occidental antigua y moderna el poder supremo reconocido por todos se designaba con el nombre de Dios, y la porción de poder suyo que se tomaba para construir las funciones sociales y las identidades personales se llaman «gracias». En las culturas contemporáneas el poder supremo reconocido por todos es el Estado, y sus porciones de poder se llaman «títulos» y «formas de legitimación». El sistema social y la identidad personal de esos distintos periodos se pueden representar en el siguiente cuadro: – 35 – Sistema social e identidad personal en A) Sociedad Totémica paleolítica B) Sociedad Feudal cristiana C) Sociedad Nacional moderna 0) Poder supremo Mana Dios Estado 1) Poder personal Rito de nacimiento, Bautismo, Registro Civil, 2) Poder grupal Ritos de iniciación poder del Tótem Integración en Estirpe, Feudos. Mayoría de edad Nación, Ciudadanía 3) Indumentaria de poder Tatuajes y amuletos de caza, guerra, etc. Emblemas y escudos, Estandartes militares, Tarjetas de visita Uniformes, moda 4) Herramientas de poder Hacha, amuletos de curación, etc. Armas, instrumentos gremiales, etc. Títulos profesionales Logo de la empresa, 5) Capacitación para nuevos poderes Ritos de aumento de poder: matrimonio Sacramentos, profesión religiosa Formación - ascensos profesionales 6) Protección del sistema de poderes Ritos-Promulgación de tabúes Promulgación de códigos morales Promulgación de Código penal 7) Ámbito de vigencia del poder Ritos de constitución de Poblado y Tribu Constitución de Ámbitos de Vasallaje Constitución nacional Fueros particulares 8) Formas de intensificación / anulación de poder e identidad Ritos de refuerzo Fetiches, Amuletos, Ritos-debilitamiento Maldiciones, vudú. Consagraciones, Honores, títulos Destierro Excomunión Premios, Homenajes, Distinciones Multas Condenas judiciales 9) Lugares y depósitos del poder Montaña Sagrada Animal sagrado Arca de la alianza Templo Parlamento, Banco central 10) Simbolización de permanencia de poder e identidades Ritos-Eternización, Tumbas, memoria de antepasados Cementerios, Memoria de héroes y santos Plazas, Museos, nombres de edificios y vías públicas 11) Símbolo simple y sustancial del poder Ritos del culto a la Imagen del Tótem Ritos del culto al Estandarte, a la Cruz Ritos del culto a la Bandera, nación – 36 – §10. Sistema cultural y esferas de la cultura. Práctica y teoría. El sistema social determina la identidad personal: cuándo y cómo empieza a existir uno para la sociedad, qué signos personales y grupales tiene de quién es (nombre y apellidos), qué signos visibles le corresponden (indumentaria y herramientas profesionales), qué poderes puede ejercer, cuándo y cómo (herramientas profesionales y funciones sociales) cómo pueden aumentar y disminuir esos poderes y ser más o menos valiosa esa identidad, y cómo se garantiza su uso legítimo (premios y honores públicos, prohibiciones de usurpación de títulos, etc.). Ese sistema y esa identidad, se fundamentan en lo que se reconoce como poder supremo y absoluto, y lleva consigo una concepción de cómo ese poder hace que la realidad sea como es. Esa realidad se nos da en ocho ámbitos o dimensiones articulados entre sí, desde el punto de vista del eje corporal, que es la posición que cada uno ocupa en el espacio y que son el ámbito espacial inmediato y el general (cuya descripción corresponde a la geografía [4] y la cosmología [3]), el ámbito metafísico de lo real e irreal, lo efectivo y lo posible (que corresponde a la ontología [2]), el ámbito de lo que se percibe como agradable y habitable (que corresponde a los valores objetivos de la estética [5] y a los afectivos [6]), el ámbito de lo que se percibe como bueno (que corresponde a los valores de la ética [7]), y el ámbito de lo útil (que corresponde a la técnica [8]). Así queda formada la concepción del mundo, la worldview, de un grupo humano que, en términos del antropólogo Clifford Geertz, es un sistema unitario en el que «los símbolos sagrados refieren una ontología y una cosmología a una estética y a una moral», es decir, una organización de los ámbitos de la realidad, que resulta garantizada por las concepciones religiosas [1]. La concepción del mundo constituye un sistema cultural que puede representarse así: – 37 – Onto/teología Cosmología Estética Ética 0) Tótem/ Nombre 1) sentido religioso 2) topos metafísico 3) topos geográfico 4) eje corporal 5) valor estético 6) valor afectivo 7) valor ético 8) valor técnico a) Zeus Dios Ser cielo arriba luz sublime santo mágico b) Polis amigo/ enemigo devenir tierra dcha/ Izda. bello/ feo agradable/ desagradable bueno/ malo útil/ inútil c) Efesto demonio nada infierno abajo tinieblas horrible sacrílego destructor x) Categoría. Orden epistémico Institución. Orden pragmático Herramienta. Orden poiético Desde el punto de vista de la subjetividad singular, el sistema cultural es la estructura de la psique individual, el sistema operativo con el que comprende y decide. Desde el punto de vista objetivo, es el sentido común, el conjunto de valoraciones compartido por todos los individuos. Que el hombre es un ser social por naturaleza quiere decir que comprende y actúa en comunicación con los demás, en un mundo compartido. Todo eso puede hacerse solo con danzas y cantos, sin el lenguaje como se conoce ahora. Desde el punto de vista de la organización de la sociedad y del ejercicio y distribución del poder, la cultura se desglosa en ocho esferas agrupadas en dos grandes sectores: el sector de las esferas de lenguaje performativo o de los saberes prácticos, a saber 1) religión, 2) política, 3) derecho y 4) economía, y el sector de las esferas de lenguaje descriptivo o de los saberes teóricos, que son 5) arte, 6) técnica, 7) ciencia y 8) sabiduría. Las cuatro esferas de lenguaje performativo, del lenguaje que es eficaz y que causa lo que significa, son de origen paleolítico, surgen entonces de ritos que ya están bien documentados, y se mantienen con el mismo valor performativo en las sociedades modernas, con los ritos transmutados en ceremonias civiles. La identidad personal de los hombres actuales se determina igual que en el más remoto paleolítico, y ahora como entonces la religión determina cuándo los hombres son santos o pecadores; la política cuándo son jefes o súbditos, aliados o enemigos, representantes o representados; el derecho determina cuando son culpables o inocentes, propietarios o ladrones, maridos y padres o amigos y vecinos; y la economía determina – 38 – cuando son acreedores o deudores, cuándo pueden tener crédito y cuándo no. Y todo eso, en virtud de palabras, orales o escritas, que funcionan como signos que causan lo que significan. Las cuatro esferas de lenguaje descriptivo, de lenguaje predicativo, ese que no causa lo que significa y que es en cierto modo un lenguaje impotente, son las esferas de los saberes teóricos, con los que se desarrollan los signos y la actividad del hemisferio cerebral izquierdo. Son de origen neolítico, y surgen como los juegos de corro o el juego de la rayuela para decir cómo son las cosas. No producen la realidad, sino que la cuentan, y están en relación con el nacimiento y desarrollo del lenguaje narrativo. §11. Construir santuarios y construir poemas. Los sapiens salieron de África hace unos 60.000 años, y las primeras construcciones de santuarios, torres y aldeas aparecen en Oriente Medio hacia el milenio 12 a. C. Durante esos 50.000 años el grupo inicial de menos de 1000 sapiens había crecido hasta 3 millones de individuos y se había esparcido por los cinco continentes. En ese tiempo fueron cazadores recolectores, nómadas, y vivieron en grupos de unos 50 individuos practicando los ritos mencionados, como se ve en las películas a los indios de Norteamérica. Para vivir de esa manera no hace falta un leguaje descriptivo. Todo lo que hay que enseñar y aprender se enseña y se aprende mejor con la práctica y la imitación que con la información de un manual de instrucciones. Lanzar flechas o descuartizar bisontes en el paleolítico, se enseñaba mejor por imitación, como ahora lavarse los dientes o planchar camisas. Hacia el milenio 12 a. C., grupos de varios miles construyen santuarios como los de Gobekli Tepe (Turquía), Çatal Hoyuk (Turquía) o Stonhengen (Inglaterra). Estas construcciones articulan moles de piedra de varias toneladas, ajustadas mediante movimientos para los que hacen falta de 100 a 500 hombres. Para dar órdenes a grupos de 100 y 500 hombres sobre cómo cortar las moles de piedra, transportarlas y disponerlas en determinadas posiciones, y darlas de modo que se entiendan y que se ejecuten, no bastan el imperativo y el infinitivo usados en los ritos paleolíticos. Hace falta conjugar en un tiempo real único varios tiempos irreales, o sea, hace falta manejar el tiempo indicativo de los verbos (un presente real o un presente intemporal) y componer con él los tiempos condicionales y subjuntivos, y los futuros. Por ejemplo: «cuando ellos traigan la piedra grande, vosotros tenéis que tener el agujero abierto; ellos la pondrán aquí…» etc. Y, además, tampoco bastan los sustantivos y adjetivos indeclinados usados en los ritos. Hace falta declinarlos, ponerles pre-posiciones y post-posiciones para indicar hacia dónde, de – 39 – quien, para qué, quiénes y a quiénes. Por ejemplo: «la piedra grande la ponéis sobre la pequeña, de manera que el lado de la izquierda quede libre…» Y eso se dice con los nombres «piedra grande» en nominativo, ablativo o acusativo. Los grupos de trabajo ejecutaban las órdenes cantándolas. Así aprendían cómo se decía lo que hacían. Si tardaban en hacer un santuario 192 años, como tardaron en hacer la catedral de Sevilla, tuvieron 2.304 meses para aprenderse unas conjugaciones y unas declinaciones que nosotros hemos tenido que aprendernos en los nueve meses de un curso normal. Pues bien, las herramientas y la precisión lingüísticas que hacen falta para construir esos santuarios neolíticos, son las mismas que hacen falta para construir los primeros poemas épicos como el Poema de Gilgamesh o la Ilíada. §12. La piedra, la aldea y la eternidad. Mientras se construye un santuario así, grupos de mucha gente vive en el sitio de la construcción y, entonces, las cosas y la vida, las cosas de la vida, ya no son como cuando había poca gente, viviendo en pequeños grupos y cambiando con mucha frecuencia de lugar. Cuando la humanidad estaba formada por muchos grupos pequeños que vivían de la caza, se movía continuamente. La vida venía del movimien- to y estaba en él. Cuando está formada por muchos que viven en un mismo sitio y viven de la agricultura, entonces la vida y el alimento vienen de la quietud, de la estabilidad. Las viviendas no son tiendas de pieles perecederas, como las de los sioux, sino residencias de piedras trabadas que duran más que la vida de los hombres, con dibujos e inscripciones que duran siempre, dispuestas alrededor de unas residencias más estables aún que son las de los dioses, o sea, los templos. La vida no se cuenta mediante danzas ni se expresa tanto en símbolos, sino que se cuenta mediante marcas pintadas, o sea, mediante signos y mediante la escritura. Mientras que el tiempo de los símbolos es el ciclo de las estaciones, el tiempo de los signos es la eternidad. Los dioses y lo que dicen los dioses duran tanto como las piedras. Son eternos. Y la vida humana podría aspirar también a eso. – 41 – CAPÍTULO 4. CÓMO EMPEZÓ LA FILOSOFÍA. EL DESCUBRIMIENTO DE LAS COSAS. §13. Hablar y escribir. Medir y calcular. §14. Las herramientas del pensar. Las categorías §15. El escenario del pensar. El orden trascendental. §16. Los primeros filósofos. De Pitágoras a Anaxágoras. §13. Medir y hablar. Calcular y escribir. Medir es tomar un elemento y ver cuántas veces se repite, de un modo más o menos aproximado. En los ritos paleolíticos se habían gritado muchas veces los vocablos «agua» o «fuego» para llamar o para ahuyentar a diferentes tipos de agua: ríos, lluvias e inundaciones, o para llamar o ahuyentar a rayos, sol intenso, lava volcánica, y así. Y se habían gritado muchas veces los vocablos «mujer» o «padre» para llamar o ahuyentar la comida, la protección, la ayuda, la fuerza, etc… En el neolítico, esos vocablos que eran interjecciones, imperativos o vocativos, pasaron a ser sustantivos y verbos, y a designar cosas y acciones, o sea, a medir cosas y acciones. La figura que tiene barbas es «un papá», y la que tiene pechos es «una mamá», como dicen los niños. Así se puede decir qué personas y qué cosas hay en un lugar «midiéndolas» con su figura, metiéndolas dentro de los ficheros «figura con barba» y «figura con pechos». De los primeros gritos surgieron los nombres y los verbos, luego, cuando se empezaron a construir ciudades y había que transmitir información muy precisa, junto al grito y el canto empezó a usarse un sonido más suave y calmado, el habla. Con objeto de transmitir información cada vez más precisa, el habla generó declinaciones para los nombres y conjugaciones para los verbos, y con el mismo propósito surgieron pronombres, adverbios y conjunciones, como se ha dicho (§§11 y 12). Se puede saber cuántos «papás» y «mamás» hay en un lugar mirando las diferentes veces que se pueden repetir sus nombres en relación con barbas individuales y parejas de pechos individuales. Eso es contar numerando, o numerar. – 49 – CAPÍTULO 5. ¿POR QUÉ TODO EL MUNDO ESTUDIA A PLATÓN (427-347 a. C.)? EL NACIMIENTO DE LA GEOMETRÍA. §17. La era axial. La escuela de Atenas. §18. El nacimiento del mundo y de la geometría. §19. La verdad de la belleza y el amor a la idea. El bien. §20. Los principios y la organización de las cosas humanas. §17. La era axial. La escuela de Atenas. La filosofía surge a partir del siglo vi a. C., con la emergencia de la subjetividad y del logos, mediante las prácticas desarrolladas en las cuatro esferas prácticas de la cultura ya mencionadas: religión, política, derecho y economía. Religión Política Derecho Economía Paleolítico Sacrificio-ofrenda de animal cazado Bandas Jefes, Chamanes Derecho del más fuerte. Vis. Bien raíz: la mujer. Trueque Neolítico Sacrificio-ofrenda de sí mismo mediante obediencia a las normas Poblados, Reinos Jefes, Reyes Derecho dado por los dioses. Fas Bien raíz: la tierra. Varios tipos de dinero Calcolítico, Hierro Sacrificio-ofrenda de sí mismo mediante la fe en la salvación Reinos, Imperios Sátrapas, Faraones Derecho dado por el grupo. Ius Propiedad inmobiliaria. Unificación del dinero Historia, Escritura Sacrificio-ofrenda de sí mismo mediante la meditación-plegaria Republicas Senadores Derecho abstracto Lex Acuñación de Moneda Desde el milenio 60 a. C. hasta el año 600 a. C. la prácticas religiosas, políticas, jurídicas y económicas han configurado las mentes humanas de tal manera que las esferas «teóricas» de la cultura pueden empezar su – 50 – desarrollo y, en efecto, a partir de ese siglo empiezan a practicarse las actividades protagonizadas por el pensamiento puro, el arte, la técnica, la ciencia y la filosofía, tal y como las practicamos ahora en oriente y en occidente, todavía estrechamente vinculadas a la religión. El siglo VI a. C. es el momento en que se toma conciencia del logos, del intelecto y de la intimidad espiritual en muchos sitios a la vez muy distantes entre sí y sin relación entre ellos, el momento a partir del cual se generaliza el uso de la escritura y empieza la historia basada en documentación escrita. Por eso el filósofo Karl Jaspers le llamó el comienzo de la «era axial» del «eje del tiempo». Ese es el siglo de la reforma religiosa de Zaratustra (+ 583 a. C.) en Irán, de Buda (563 a. C. - 483 a. C.) en la India, de la predicación de Confucio (551a. C. - 479 a. C.) y Lao-Tse en China, de la caída de Jerusalén (587 a. C.), de la cautividad de los hebreos en Babilonia, del culto desligado del templo y de la tierra prometida y apoyado en la predicación de los profetas, del nacimien- to y del descubrimiento del logos por parte de Pitágoras (570 a. C. - 495 a. C.) y Heráclito (535 a. C. - 475 a. C.) en Grecia. La filosofía y las ciencias empiezan y se desarrollan a partir del siglo VI a. C. en Sicilia y sur de Italia (la Magna Grecia), en Grecia y en las costas de Anatolia. Grecia, el centro más activo y cosmopolita, fue la ciudad más importante donde empezó con Sócrates la Escuela de Atenas y donde su discípulo Platón (428 a. C. – 348/347 a. C.) fundó un centro de investigación al que llamó «La Academia». Sobre su puerta de entrada estaba colocado este letrero: «No entre aquí quien no sepa geometría». En esa época Atenas tenía unos 150.000 habitantes y era, con Babilonia, la ciudad más poblada del mediterráneo oriental. Es donde había más concentración de riqueza, de actividad comercial y cultural. Platón era de una familia rica, y uno de los hombres más idealistas que han existido nunca. Eso fue su gloria y su martirio. Todavía usamos la expresión «amar platónicamente» para designar una pasión muy elevada (poco práctica) por algo muy sublime (por algo muy inmaterial) que acepta no alcanzar nunca su deseo. §18. El nacimiento del mundo y de la geometría. Platón, como cualquiera que haya descubierto las ideas, tenía sobrados motivos para amarlas y para vivir para ellas y por ellas. Acabamos de decir que en el neolítico los hombres empiezan a calcular el trigo que necesitan para vivir y la cantidad de tierra que tienen que sembrar para conseguirlo. Además, acabamos de decir que calcular es medir y que se vive con más – 51 – seguridad apoyándose sobre lo que uno calcula en su interior que apoyándose en lo que uno encuentra buscando en el exterior. Tierra se dice en griego «gea» o «gaia», y medir se dice «metron», por eso la práctica de medida de los campos (en latín «ager, agri»), se denomina «agrimensura» y la teoría de la medida de la tierra se llama «geometría». Cuando el campo que se quiere medir es pequeño, llano, y más o menos cuadrangular, los agrimensores se ponen con sus cuerdas, de uno a cien codos, las tensan, y miden los lados del campo. A partir de los lados, calculan el área, y por el área calculan los metros cúbicos de grano que pueden producir en un año sabiendo lo que producen otro campos. Pero si los pedazos de tierra son redondos, u ovalados, o muy grandes, o tienen fosos grandes o montículos altos, entonces esas superficies no se pueden medir, a menos que se averigüe el modo de medir superficies redondas o muy irregulares. Eso se puede averiguar si se pueden descomponer esas superficies irregulares en otras regulares y se inventa el modo de medir las áreas de los círculos, los triángulos, los cuadrados. Platón sabía componer y descomponer polígonos (figuras planas formadas por rectas) y poliedros (figuras formadas por planos) irregulares con los regulares. Sabía que hay muchos polígonos regulares y 5 poliedros regulares (convexos), y cómo se podían hacer muchos cálculos de ese tipo. Era uno de los mayores geómetras de la historia, un geómetra teórico, no un agrimensor práctico. Por eso era consciente de que no hay nada tan práctico como una buena teoría, aunque con frecuencia la práctica le traía sin cuidado. Platón sabía que los volúmenes se generan girando planos, que los planos se generan girando rectas y que la recta es la línea que mirada desde un extremo se reduce a un punto, a una cantidad cero de espacio. Platón sabía que de ese cero, de ese no ser espacio, surgía el ser espacio, o que el no-ser y el ser estaban juntos desde el principio. La geometría, la teoría del espacio y del mundo, de las esferas celestes en las que circulan las estrellas, es también el conocimiento de la formación del mundo, desde Pitágoras a Einstein y Planck. Las cosas complejas y complicadas surgen de la composición de cosas simples. El universo se compone de cuatro elementos: tierra, agua, aire y fuego, o bien la materia se encuentra distribuida en cuatro estados: sólido, líquido, gaseoso e ígneo. Esos elementos se corresponden con formas geométricas calculables, con relaciones calculables entre sí, ya sean triángulos y esferas, ya sean ondas, cuerdas y partículas elementales. Los movimientos de las esferas dan razón de las estaciones, las temperaturas, la luz, los movimientos de los mares, y dan razón de los desplazamientos del sol y de las estrellas. Permiten conocer cuánto puede durar – 52 – el universo funcionando en su ciclo, aunque no dan suficientes pistas para saber si esos ciclos son infinitos o no. Y eso parece ser así tanto en los tiempos de Platón como en los de Tomás de Aquino o Averroes o en los actuales. En todas esas épocas hay expertos que creen que el universo es eterno y expertos que creen que no. §19. La verdad de la belleza y el amor a la idea. El bien. Queda pendiente, desde los cambios del neolítico, la cuestión de la verdad de las medidas, de los cálculos, de las teorías. Las unidades de medida son siempre iguales pero las realidades medidas no, y eso parece dar mayor verdad y realidad a lo mensurado, a lo medido, que a lo mensurante, a la unidad de medida, que es una construcción ideal convencional. Mirando más de cerca el asunto, Platón, como otros matemáticos y filósofos posteriores (por ejemplo, Hegel), dicen que todo lo contrario. Así, cuando Galileo dice que los graves caen con una aceleración de 9’80665 m/s, cuando Newton dice que los cuerpos se atraen con una fuerza directamente proporcional al producto de sus masas e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia, o cuando Boyle-Mariot- te afirma que, a temperatura y cantidad de gas constante, la presión de un gas es inversamente proporcional a su volumen (o que el gas ejerce la misma presión en todas direcciones del espacio en que se encuentra), dicen que así es como está construido el universo, y que así es como funciona. Y si el universo no funciona así realmente, si los graves no caen con esa aceleración, si las masas no se atraen con esa fuerza, y si los gases no ejercen esa presión, entonces es porque hay lo que Hegel llama «impurezas empíricas» que impiden que la realidad se comporte como debe comportarse, impiden que sea como debe ser. No nos damos cuenta de las «impurezas empíricas» que afectan en sus trayectos a los graves, las masas o los gases, y no nos importan mientras no trabajemos con ellos. Pero sí nos molesta, y mucho, que un árbol se esté secando, que un caballo esté cojo o que una niña sea disléxica. Nos duele. Y nos duele porque la exigencia de realización del ideal que está inscrita en ellos y en nosotros está impedida en su alcance. Ese dolor y esa exigencia es lo que se puede llamar y se llama amor platónico, o simplemente amor, y lo que Platón define como «afán de engendrar en la belleza según el cuerpo y según el alma». Platón dice que el mundo que conocemos es como un mundo de sombras. Que lo que vemos son como sombras en la pared del fondo de – 53 – una caverna, sombras de las cosas que hay en la entrada y que la luz del sol proyecta en la pared del fondo. Los hombres creemos que las sombras son la realidad, pero no es así. La realidad es lo que nos duele si falta y lo que amamos y queremos realizar. Lo que se quiere engendrar en el árbol, en el caballo y en la niña es lo que les falta para realizar el ideal, para ser como deben ser. En los ejemplos puestos el amor apunta a la perfección física del caballo y la niña, a la realización de una perfección física ideal. Pero, podría apuntar también a la realización de una perfección espiritual como hacer que no fueran rencorosos y que fueran agradecidos, a engendrar en su alma sabiduría o belleza. Así lo dice el poeta Pedro Salinas: «Perdóname el dolor alguna vez. Es que quiero sacar de ti tu mejor tú. Ese que no te viste y que yo veo». Lo primero que se percibe es la belleza del árbol, del caballo y de la niña. La belleza despierta el eros, el amor, que es afán de engendrar en esos seres bellos su más profunda verdad. La belleza es la belleza de la verdad que hay y el bien y la verdad que falta. La belleza que hay atrae, y el bien que falta impulsa a la realización plena. Esa es la dinámica del universo, la del eros. No solo la de los hombres, los caballos y las plantas, sino también la de los gases, las masas y los graves. Cada cosa en el universo aspira a su plena realización, a su verdad, a su idea, que según Platón es mucho más real que el gas, las masas, el caballo y la niña en esta situación deficiente, y por eso nos duelen realmente. Hay que precisar que, siendo la belleza lo que atrae, no es la belleza lo que se quiere realizar. Lo que se quiere engendrar en esa criatura bella es el bien. «Tu mejor tú». Y ese bien es lo que dice Platón que es la clave del conocimiento. Conocemos porque amamos el bien que falta. Los enamorados conocen sobre todo, y a veces solamente, en función de la persona amada. Ortega y Gasset comentaba jocosamente que para el amante el verde no es un color, sino esa blusa con la que ella esta tan hermosa, y que una lechuga no es una hortaliza, sino eso con lo que ella prepara una ensalada tan maravillosa, y que esta calzada no es una vía transitable sin más, sino la calle de la que ella viene y a la que vuel- ve. Ella es la fuente del sentido, lo que ilumina y da relieve a la blusa, la lechuga y la calle. Por eso, cuando el amor o ella se extinguen, «tu calle ya no es tu calle/ es una calle cualquiera/ camino de cualquier parte», como dicen los versos de Antonio Machado. La luz del conocimiento es el bien porque el amor es amor del bien. Y el bien, no es solamente el bien de ella. Es el bien de cada cosa, la realización de cada cosa. Los graves, las masas, los gases, los árboles, los caballos y los hombres. – 54 – §20. Los principios y la organización de las cosas humanas. Platón concibe lo real organizado a partir de cuatro principios: 1) el uno o el bien, que es lo que hace que las cosas sean y que sean amadas, 2) las ideas, que son la verdadera realidad, y el modelo al que las cosas tienen que parecerse, 3) el número y 4) la geometría, que son el modo mediante el cual las ideas adquieren espacio y volumen, y surgen las cosas materiales, los vivientes y el hombre. Así se constituye la realidad, y lo mejor que puede hacer el hombre es organizar su vida y la de la comunidad para que todas las cosas imiten realmente a las ideas. Por eso cree que los gobernantes deben ser filósofos. Como era rico y de una familia influyente, tenía un amigo que gobernaba en Siracusa (Sicilia) y le convenció para implantar allí su modelo de sociedad. Parece que no le salió bien el experimento, y que acabó vendido como esclavo en un mercadillo de por allí. Menos mal que otro amigo rico que tenía lo rescató y lo devolvió a casa. Platón estudia profundamente al hombre, lo propio de su cuerpo y de su alma, las posibilidades de su inmortalidad, el tipo de existencia posible en otra vida, en relación con su conducta en esta, las exigencias de su educación en orden a su felicidad y al buen funcionamiento de la polis, según las funciones que fuera a desempeñar en ella. Estudia también las mejores formas de organización para la polis. Son muy conocidas algunas de sus propuestas extremosas, como la abolición de la propiedad privada, la abolición de la familia, la comunidad de mujeres e hijos, y algunos otros. Es decir, además de elaborar una metafísica, una física, una teología y una teoría del conocimiento muy completas, Platón elabora una antropología y una psicología, una teoría de la educación, una ética, una sociología y una política. Es decir, abre todos los campos de la filosofía y plantea los problemas fundamentales de cada una de ellas. Por eso todo el mundo estudia a Platón, porque en él se encuentra toda la filosofía. Él construye el primer mandala del hombre moderno, la primera «rayuela» de ideas, hecha para ser recorrida con el pensamiento. Para Platón la filosofía se distingue muy netamente de la religión, pero a pesar de eso también es cierto modo un saber de salvación, un saber relacionado con las religiones mistéricas y los misterios. No es porque él aceptase los relatos míticos como algo más que como meros recursos pedagógicos o literarios. Es porque el amor a la sabiduría lleva a la purificación del alma, porque el estudio de la geometría lleva a la verdad del ser y a la verdad del hombre y lo purifica. Y el tipo de existencia que lleva en esta vida le dispone para la otra, en la cual Platón cree profundamente. Algunas corrientes del platonismo han llevado a sus discípulos a fundar escuelas religiosas, o bien filosóficas y religiosas a la vez, que han perdurado hasta el momento presente, en el que se mantienen con renovada vitalidad. – 55 – CAPÍTULO 6. ARISTÓTELES (384-322 a. C.) Y EL INVENTARIO DE LAS COSAS. §21. Reconocimiento del maestro. §22. El hombre y las cosas. §23. El inventario. §24. La filosofía completa. §21. Reconocimiento del maestro. Entre Platón y Aristóteles hay una relación muy especial, muy importante para la filosofía y para la historia del pensamiento. Platón es el cabeza de fila de los planteamientos idealistas y Aristóteles el de los realistas o incluso materialistas. Platón es, sobre todo, un geómetra y mira la realidad desde el punto de vista de la geometría. Aristóteles es un físico y un biólogo, y la mira desde el punto de vista del movimiento y el cambio, físico o biológico. Esa divergencia es permanente en la historia de la cultura occidental, y es posible que derive de dos modos de ser y de entender muy radicales en el ser humano. Platón cree que la realidad tiene que ser fija porque si es demasiado móvil no se podría conocer. Por ejemplo, la forma de las llamas no se puede conocer porque en realidad las llamas no tienen forma, y lo mismo pasa con algunas especies de virus, que viven unos segundos y se transmutan en otros. Hay científicos contemporáneos que piensan como Platón. Aristóteles ve las cosas de otra manera. De entrada, le parece que a la realidad le importa muy poco que el hombre pueda conocerla o no y, por otra parte, no le parece que lo realmente real sea la idea, el ideal. Cree que es la vida, el movimiento, la acción. Platón, por otra parte, cree que la filosofía es un saber de salvación, y los platónicos mucho más. Cree que el alma es inmortal de suyo, que pre-existe a esta vida histórica, que el estudio de la geometría y de la filosofía hace al alma más espiritual, que tiene un cierto valor ascético y purificador, moral y religioso. En ocasiones el platonismo se ha desarrollado como una religión mistérica, como en el caso del gnosticismo y el maniqueísmo. – 56 – Aristóteles no cree que la filosofía llegue a tanto. Desde luego, no cree en la pre-existencia del alma, y tiene serias dudas de que sea inmortal. Bueno, cree que el intelecto (el «nous») es lo único divino e inmortal que hay en el hombre, pero no se pronuncia sobre la relación de Dios y los hombres en esta vida y menos aún en otra posible vida ulterior. La pasión más fuerte de Platón es el amor, contribuir a la realización perfecta de algo o alguien, y cree que es el amor lo que nos hace conocer todo. La pasión más fuerte de Aristóteles es el saber, contemplar la perfección realizada de algo o alguien, y cree que es la luz lo que nos hace conocer todo. La aspiración máxima para ambos es ser como Dios, pero para Platón eso quiere decir salir de sí y vivir en la realización del otro, en el éxtasis amoroso, mientras que para Aristóteles quiere decir admiración, contemplación de lo otro, de todo. Platón cree que se puede llegar a la purificación completa y a la unión con Dios. Aristóteles se inclina a pensar que el hombre no puede llegar a un saber total, a identificarse con Dios hasta ese punto, pero cree que si no lo intenta es indigno. Platón fue el maestro y Aristóteles el discípulo. Aristóteles le reconoció siempre su magisterio, y puso en su tumba un epitafio con estas palabras de agradecimiento: «al hombre que me enseñó cómo ser bueno y feliz a la vez». Porque los dos sabían que son cosas diferentes y que no tienen por qué ir juntas. §22. El hombre y las cosas. Todo el mundo estudia a Platón porque él señaló todos los problemas de la existencia del mundo, de Dios y del hombre y de la relación entre ellos, los problemas que más le importan al ser humano, y a eso es a lo que se le llamó filosofía desde entonces. Y todo el mundo estudia a Aristóteles porque él fue el que hizo el mapa de todo eso y señaló qué lugar ocupa cada cosa y como se relaciona con las demás. Él organizó o sistematizó la filosofía y desde varios puntos de vista. Porque un conjunto de cosas se pueden ordenar u organizar de varias maneras. Una suposición de bastantes filósofos es que hay una cierta correspondencia entre la realidad y las capacidades cognoscitivas humanas, y según ese principio, la filosofía de Aristóteles es una especie de inventario de las cosas, que no empieza y acaba con la geometría, sino con los seres vivos. Según Aristóteles se pueden diferenciar 7 niveles de actividades humanas, que se pueden colocar en una columna (A), en relación con 7 niveles de realidad, que se pueden colocar en otra columna (C). Esa – 57 – relación corresponde con 7 niveles de conocimientos, que se pueden poner en otra columna (B). A. Funciones cognoscitivas (orden antropológico) B. Elementos conocidos (orden psicológico-lógico) C.Tipos de realidad (orden ontológico) 1. Sustancia o sujeto Intelecto agente El ser, la realidad El ser, la realidad, Dios. 2. Intelecto y razón teórica Ámbito del ser y sus límites. Orden trascendental. Metafísica, lógica y saberes filosóficos. Ser, nada, caos, libertad, mal, bien 3. Intelecto y razón práctica Proyectos éticos y políticos, decisiones, acuerdos. Futuro a construir 4. Entendimiento y categorías Cosas y relación entre las cosas. Ciencias positivas y técnicas Cosas (sustancias) y relaciones entre cosas (accidentes) 5. Valoración-memoria Experiencia Pasado propio, peligro, seguridad, Causalidad, Belleza 6. Imaginación y sentido común Cantidades y cualidades archivadas en el interior Espacio, tiempo, continuidad, numero, 7. Sentidos externos Luz-Colores/oscuridad, Sonidos/silencio Aromas, Sabores, Movimientos externos, reales. Nivel elemental de cantidades y cualidades Gravedad, temperatura, humedad, luz Para un viviente, el conocimiento empieza en el nivel más elemental, el de los sentidos (fila 7). Si miramos en la oscuridad más absoluta no vemos nada, y si podemos diferenciar bien la oscuridad de la ceguera es porque, al mirar en la oscuridad, sentimos la actividad del ojo mirando sin lograr ver nada. Lo mismo pasa cuando se escucha en el silencio, que podemos sentir la actividades del oído escuchando sin lograr oír nada y entonces distinguimos bien entre el silencio y la sordera. La oscuridad y el silencio abren toda la capacidad cognoscitiva de la vista y el oído, el ámbito donde se dan los colores, la luz y la oscuridad, y los sonidos. Y lo mismo pasa con los olores, sabores y sensaciones táctiles (dureza, temperatura, movimiento, etc.). Los sentidos son el contacto inmediato con la realidad. – 64 – a su mayoría de edad, es decir, llega a la medida de su esencia, que es lo que se llama filosofía. Poco a poco, y mediante el intercambio con las demás culturas, esa esencia y el conocimiento de ella se consolida en su plena consistencia. Ese momento se contabiliza en la cultura occidental como año 0 (cero) porque es considerado en ella como el momento más importante de la historia y el punto en el que todo empieza. Aunque la esencia humana alcanza su madurez entre el siglo V a. C. y el año 0, y aunque esa madurez lleva consigo un conocimiento propio adecuado a la mayoría de edad, mediante la filosofía y el derecho, no obstante, hay aspectos de esas dimensiones esenciales que salen a la luz precisamente con el crecimiento de la humanidad en edad y en tamaño. Los nuevos aspectos de la esencia humana que se hacen visibles por influjo del judaísmo y el cristianismo, son la libertad y la dignidad de la persona. La experiencia y la idea de libertad aparecen en el judaísmo a finales del neolítico, también en oriente medio, entre el milenio 4 y el 3 a. C. Surge primero en relación con el concepto de creación: Dios crea porque quiere. La libertad es el modo de ser de un Dios cuya cualidad principal es la omnipotencia, la cual se invoca en la profesión de fe cristiana diciendo «creo en Dios Padre Todopoderoso». En las religiones paleolíticas no suele encontrarse la idea de creación. Se encuentra en las religiones neolíticas en relación con un caos originario de aguas informes, quizá relacionado con la experiencia de inundaciones, diluvios, etc., producidos por el fin de la glaciación Würm. En algunas religiones neolíticas Dios crea a partir del caos, mediante la palabra, y en algunas religiones afro-asiáticas, por ejemplo en la biblia hebrea, crea libremente. En segundo lugar, la libertad aparece en el judaísmo en relación con la experiencia y la idea de pacto, lo cual es más bien insólito en las religiones neolíticas. Dios no engendra a su pueblo como un padre engendra a sus hijos, para establecer con ellos una relación natural, que suele ser lo más frecuente, sino que lo elige y establece con él un pacto. A su vez, el pueblo acepta la elección y el pacto libremente, pues en ocasiones lo rechaza y vuel- ve a él en otros momentos. Pues bien, un pueblo que mantiene con su Dios una relación libre, en la que se producen aceptaciones y rechazo, tiene una conciencia de la libertad, del pacto y de la negociación, que no se manifiesta sólo en el culto y en el comportamiento religioso. Por último, el pacto no se refiere a la eternidad ni a la vida eterna, ni a una promesa de salvación. El judaísmo no es una religión mistérica o de salvación. Sus promesas se refieren a la historia. El mundo es este de aquí, y la gloria que se espera es de aquí, aunque hay un más allá desde el que habla Yahveh. Las religiones neolíticas no tienen estos rasgos, y las religiones – 65 – mistéricas de la edad del hierro tampoco. Ni Egipto, ni Mesopotamia, ni Grecia, ni Roma conocen una religión así entre el milenio 3 y 1 a. C., que es cuando el judaísmo nace y se consolida. Estos rasgos los mantiene el judaísmo en la historia europea, y se encuentran en la obra de filósofos como Filón de Alejandría, Maimónides de Córdoba y el alemán Martin Buber. §26. El cristianismo. Persona, libertad y dignidad. El sentido hebreo de la omnipotencia y la libertad divinas, así como el del pacto y la libertad humana, lo recoge el cristianismo tal como estaba, puesto que el cristianismo se considera la realización de las promesas de Yahveh al pueblo elegido. Desde el punto de vista del cristianismo, dicha realización no acontece en términos de triunfo histórico y terreno, sino en términos de promesa de salvación eterna y de primicia de dicha salvación, en la persona del Hijo de Dios, que se identifica a sí mismo como el Mesías prometido. El cristianismo vive y concibe la experiencia de la identificación de Dios Hijo con el hombre, por el procedimiento encarnarse como humano naciendo de una mujer. Como es la hembra quien determina la naturaleza, lo que nace de mujer es humano como lo que nade de vaca es vacuno. Así que si Dios Hijo nace de mujer, es un ser humano aunque no deje de ser divino. Para entender que Dios Hijo es Dios y es hombre a la vez, hay que comprender y asumir el tipo de relación que hay entre el Padre, el Hijo y el Espíritu. Pues bien, para alcanzar esa comprensión es para lo que los filósofos y teólogos cristianos elaboran el concepto de «persona». Hasta el año 0 persona significa personaje, o papel. El que interpretan los actores en el teatro y los magistrados en los pleitos, pero que no tiene nada detrás o, mejor dicho, tiene detrás, precisamente, a un actor, que en la vida real es otra cosa. Entre los siglos 1 y 4 d. C., para ir aclarando las cosas, se definen al Padre, al Hijo y al Espíritu como papeles, como personajes y al actor que hay detrás de esos papeles como la divinidad, de manera semejante a como padre, madre e hijo son papeles y el actor que hay detrás de ellos es la humanidad. Un varón, una mujer y un hijo son las tres modalidades de «humanidad». El papel «madre» no expresa mejor al actor «ser humano» que el papel «padre» o el papel «hijo», y el papel «Padre» no expresa mejor al actor «ser divino» que el papel «Hijo» o el papel «Espíritu». Así se pone en claro que ser «humano» quiere decir formar parte de una familia de, al menos, tres miembros y que ser «divino» quiere decir formar parte de una familia – 66 – de tres miembros. En esos dos tipos de familia la «persona» es el papel, la función diferente de otras funciones, y el «actor» es el fondo, quien está detrás o debajo, la sustancia o la esencia en que consiste la humanidad y la divinidad de cada una de las tres personas. En el caso de Jesús, para aclarar un poco las cosas, se le define como un ser, por una parte con un fondo divino y, por otra parte, con un fondo humano, fondos con los que actúa un solo actor que es una «persona» divina. Aquí, en el caso de Jesús, los teólogos acordaron decir que es un solo actor, con dos actores detrás, una sola persona que actúa desde su fondo divino unas veces y desde su fondo humano otras. Con esto, aunque algunos asuntos queden confusos, lo que queda muy claro es que ser «persona» significa tener como dotación de fondo la infinitud insondable del ser. Así el cristianismo enseña que ser persona es una manera de ser que ejerce unas funciones diferenciadas, en relación con otros que ejercen otras funciones, pero que son igual de humanos y de divinos entre sí, porque, en el fondo, el actor que actúa en cada persona diferente es la misma humanidad o la misma divinidad. Al entender a la persona así y al vivir la relación con las demás personas así, como réplica de la estructura divina, el cristianismo traslada la igualdad y la fraternidad de los seres humanos, que había sido formulada por los filósofos griegos y estoicos como un principio de derecho o como una norma moral, a la estructura esencial (se dice también estructura ontológica, de esa esencia) del ser humano. La igualdad y fraternidad de todos los hombres no es un asunto de leyes promulgadas para todos, de igualdad de derechos, ni de buenas intenciones morales. Es que la estructura esencial de los seres humanos tiene esas características. Por eso en los siglos siguientes la exigencia de realización política y social de esa igualdad y fraternidad es tan fuerte, y por eso tal exigencia determina el desarrollo de la cultura europea con una intensidad que no se muestra en el desarrollo de las demás culturas. Lo descubierto en el ámbito de la religión tiene que ser comprendido en el ámbito de la filosofía y realizado en el de la política y el derecho. §27. El reciclaje de la existencia. El perdón. La igualdad y la fraternidad tienen que realizarse, pero tienen que realizarse libremente. Porque los hombres, además de contar con esa estructura esencial de tener que ser en familia, solo pueden ser cristianos si lo aceptan libremente, y solo pueden seguir siéndolo si cada paso que dan para que se hagan más amplias y fuertes sus capacidades, lo dan libremente. – 67 – Se es esposo y esposa con las capacidades correspondientes si se acepta libremente, se alcanza el perdón y la regeneración si se acepta libremente. Esa es la estructura y el modo de operar de los sacramentos cristianos, del conjunto de procedimientos de reciclaje, de reparación y de regeneración de la existencia que el cristianismo lleva consigo. Pero, al igual que sucede con el pacto del pueblo elegido, el reciclaje de la existencia no es algo que quede limitado solamente al mundo de las relaciones religiosas. Si se recuerda la descripción evangélica de la misericordia: «tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme» (Mat. 25, 35-36). Se puede advertir hasta qué punto esos ideales están asumidos en las correspondientes instituciones de la sociedad civil: sistema de enseñanza obligatoria y gratuita, sindicatos, ley de asilo y extranjería y cuotas de inmigración, sistema de atención sanitaria, seguro contra accidente, planes de pensiones, residencias y asistencia a pensionistas, leyes penitenciarias, de libertad condicional y redención de penas, garantías legales del delincuente y, en conjunto, estado de bienestar. Conseguir todo eso en el plano teórico y en el práctico, fueron los fines que las revoluciones y las reformas políticas querían traer del futuro al presente, del ideal eterno a la realidad temporal. Libertad de culto, de conciencia, de expresión, de comercio. Cultura, educación, vivienda, trabajo. Justicia social, igualdad, fraternidad, solidaridad. Las revoluciones y las reformas triunfaron y el futuro se hizo presente. Primero en los países occidentales de cultura cristiana y luego en el resto de los países del mundo. §28. Cristianismo y cristiandad. La cultura de los occidentales. El cristianismo se esparció desde Palestina en todas direcciones, pero hizo especial fortuna en unos territorios del norte y noroeste dotados de unas culturas muy peculiares, a saber, Grecia y Roma. Los griegos son los inventores de la ciencia y la filosofía, y convierten en concepto todo lo que tocan, y los romanos son los grandes creadores de las organizaciones y del derecho, y convierten en administración todo lo que cae en sus manos. Desde tiempos de los apóstoles, hay cristianismo en Etiopía, Armenia, Ucrania, y muchos otros sitios de oriente, pero no son como el cristianismo greco-romano, no son «cristiandad». El cristianismo greco-romano se transforma en cristiandad a partir del 27 de febrero del año 380, en que el emperador Teodosio lo establece como religión oficial del Imperio con el edicto de Tesalónica. – 68 – «Ordenamos que tengan el nombre de cristianos católicos quienes sigan esta norma, mientras que los demás los juzgamos dementes y locos sobre los que pesará la infamia de la herejía. Sus lugares de reunión no recibirán el nombre de iglesias y serán objeto, primero de la venganza divina, y después serán castigados por nuestra propia iniciativa que adoptaremos siguiendo la voluntad celestial» Dado el tercer día de las Calendas de marzo en Tesalónica, en el quinto consulado de Graciano Augusto y primero de Teodosio Augusto. A finales del siglo iv ya se había generalizado la costumbre de bautizar a los recién nacidos y el bautismo había dejado de tener como requisito la libre elección del fiel y había pasado a ser requisito para la integración en la sociedad. De ese modo, el cristianismo deja de ser solamente una religión para aquellos que la eligen, como eran las religiones mistéricas de entonces, y pasa a ser un sistema cultural al que pertenecen los seres humanos por nacimiento. De nuevo la religión, como en el paleolítico y el neolítico, determina la identidad de cada individuo en cada momento de su existencia. Se es ciudadano por el sacramento del bautismo, mayor de edad por el de la confirmación, casado y padre de familia por el del matrimonio, reprobado o aceptado socialmente por el de la penitencia, consagrado por el del orden y antepasado difunto por el de la extremaunción y el viático. Los occidentales han acabado imponiendo en todo el mundo los parámetros de sus esferas culturales: en política la democracia, en derecho los derechos humanos, en economía el libre mercado, los procedimientos en arte (la escritura en la música, los materiales y procedimientos de su elaboración y uso en arquitectura), en ciencia el método experimental y en técnica la síntesis de la ciencia y técnica en que consiste la tecnología. No han impuesto su religión ni su filosofía, a no ser que la religión y la filosofía de occidente estén también en esas esferas de la cultura. La globalización del siglo xxi lleva consigo una síntesis de todas las culturas entre sí, pero no es probable que el tiempo global deje de contarse según el calendario de los occidentales, porque mediante él se lleva a cabo la contabilidad financiera global, y los costes del cambio serían tan enormes que difícilmente se encontraría una voluntad política tan fuerte como para afrontarlos. – 69 – CAPÍTULO 8. SAN AGUSTÍN (354-430) Y EL DESCUBRIMIENTO DE LA INTIMIDAD. §29. La intimidad y la filosofía de la vida. De Séneca a Agustín. §30. Torbellino existencial. «Hazme casto, Dios mío, pero no ahora». §31. El juego de la libertad. §32. La interpretación de la historia. §29. La intimidad y la filosofía de la vida. De Séneca (4-65) a Agustín. En el seno del Imperio Romano, se desarrolla un nuevo tipo de filosofía que no sigue las directrices de la ciencia griega, sino que abre un espacio nuevo entre las diversas formas de lo que ya era literatura y lo que empiezan a ser reflexiones personales para uno mismo. Es el nuevo género literario de las máximas, memorias, consejos, etc. La filosofía romana de la vida surge en el seno del estoicismo. En el seno de una escuela y una actitud filosóficas propias de unos hombres que tienen como polis el cosmos y que son, por eso, unos cosmopolitas, es decir, unos desarraigados, de unos hombres que han sido homologados por el poder y la administración de Roma y que tienen experiencia de la extensión y unidad de «la humanidad». Es la filosofía de unos hombres que han experimentado el exilio, el cambio de la riqueza a la pobreza, que han pasado de propietarios a vagabundos, que han perdido sus templos y que han aprendido a encontrar a Dios en los espacios siderales y en su interior. Tiene sus primeros representantes en Cicerón y en un escritor nacido en Córdoba, Hispania, en el año 4, y que de algún modo marca los rasgos básicos de la filosofía española para siempre, Lucio Anneo Séneca. Con él se abren a la reflexión y a la lectura las modalidades de la condición humana, y se pone de manifiesto que el hombre donde pasa más tiempo es en su intimidad y con quien pasa más tiempo es consigo mismo. Los asuntos que Séneca trata en sus diálogos son sobre todo los estados de ánimo: la ira, la serenidad, la clemencia, la felicidad o el ocio, y aporta una descripción de ellos y una guía para asumirlos y sobrellevarlos. También hace lo mismo en sus epístolas morales y en sus tragedias. – 70 – Séneca vive para la política, el arte y la literatura, experimenta triunfos y fracasos y, al final, se queda con la reflexión sobre lo que todo eso significa para la vida humana, lo que le aporta de positivo y la engrandece, y lo que la deteriora y disminuye. Pero no en general, sino para él en concreto. La filosofía romana de la vida marca el momento de la historia de la reflexión en que la filosofía deja de hablar en tercera persona y empieza a hablar en primera persona del singular. No indaga sobre lo que es el mundo, el hombre y Dios, sino también, y muy especialmente, sobre lo que me pasa a mí. Y ya nunca dejará de hacerlo. En la misma línea de Cicerón y Séneca escriben en el siglo ii, Epícteto en el iii el Emperador Marco Aurelio y en el iv San Agustín. En todos ellos la acción política, la creación artística y el compromiso moral y religioso se asumen y se esclarecen en la reflexión, en la declaración y en la conversación íntima. La vida de esos hombres del siglo i, la social externa, la privada interna y la íntima, tiene los mismos registros y los mismos acordes que la de los hombres del siglo xx. §30. Torbellino existencial. «Hazme casto, Dios mío, pero no ahora». En el siglo iv d. C. Grecia y Roma habían extendido su lengua, su religión cristiana, su sistema administrativo y político, su derecho, su moneda, su arte, su técnica, su ciencia y su filosofía por todas las orillas del Mediterráneo, y habían extendido su estilo de vida hacia el interior de Europa, de África y de Asia. Y eso no solo como una cuestión de hecho, de difusión espontánea de la cultura, sino como una cuestión de reflexión consciente y voluntaria, que es lo que llevan a cabo las leyes de los estados como el edicto de Tesalónica. Cuando a mediados del siglo iv nace Agustín en Tagaste (noroeste de la actual Argelia), en el seno de una familia influyente, el centro absoluto del mundo es Roma. Por eso los poderosos de provincias mandan allí a sus hijos, o ellos mismos se instalan en la urbe. Realiza el equivalente a nuestros estudios de secundaria en su tierra natal, donde su madre, Mónica, le instruye en el cristianismo y los estudios superiores en Cartago, donde escucha a los mejores, y lee a los clásicos, especialmente a los maestros Platón y Cicerón. Allí asume las doctrinas maniqueas y ejerce con éxito su profesión de abogado. En 383 marcha a Roma. Llega con 29 años, con muchas ganas de comerse el mundo y con no demasiados escrúpulos para hacerlo. Entre los anuncios públicos que se exhiben en la urbe encuentra el de un certamen en loor de la belleza de la emperatriz, dotado con más de quinientos sestercios, – 71 – y se decide a participar, «dispuesto por quinientos sestercios a mentir todo lo que hiciera falta en alabanza de quien fuese». Habla latín con acento púnico, o sea, es el equivalente en España a hijo de criollos, o el equivalente a un hispano en Estados Unidos. Es un torbellino de pasión y talento, un entusiasta del teatro y, en general, de los espectáculos públicos, un cosmopolita y un latín lover. Sin abandonar su inquietud y su búsqueda religiosa, indaga en el cristianismo y sus diversas modalidades, a la vez que da cauce a sus pasiones amorosas. El contraste entre sus inquietudes cristianas y su pasión es lo que se expresa en su célebre plegaria «hazme casto, Dios mío, pero no ahora». De su época en el gnosticismo y el maniqueísmo le queda el ser muy exagerado en la valoración negativa del sexo y en el sentimiento de pecado relacionado con la vida sexual. No tuvo un amigo que le hiciera ver que eso, en realidad, no era tan grave. A lo mejor hubo problemas entre su madre Mónica, quizá demasiado celosa, y su amante, y un conflicto entre suegra y cuasi-nuera ayuda también a explicar algunas de esas valoraciones tan negativas. Era también muy radical y, con frecuencia, lo que hacía tenía que hacerlo al cien por cien. Después de su encuentro con Ambrosio de Milán, y tras la lectura de Cicerón, de Plotino y de las Epístolas de San Pablo, se convierte al cristianismo en 385 a los 31 años, y en 387 se bautiza. En 391 la comunidad de Hipona (Annaba, en la actual Argelia) le elige para ser ordenado sacerdote y en 395, con 41 años, le nombra obispo. Durante los 35 años en que ocupó la sede episcopal influyó decisivamente en la configuración de la Iglesia, como participante distinguido o como presidente de concilios regionales y ecuménicos. Y eso, después del edicto de Tesalónica, en que la religión se convierte en un asunto de estado, y en que por tanto el estado queda convertido también en asunto religioso, también significa que influye en la configuración política y administrativa de algunas regiones del imperio. Su influjo se percibe en la actual Iglesia Católica, que mantiene hasta el siglo xxi muchos rasgos que se acuñaron en el norte de África. Algunos de ellos se valoran muy positivamente, como los procedimientos de interpretar las escrituras o de elaborar la teología dogmática, y otros se valoran actualmente de modo negativo, como el celibato sacerdotal. Se le atribuye la doctrina del apoyo del estado a la iglesia con la fuerza física (policial o militar), aunque en realidad en este aspecto no hizo otra cosa que exponer, incluso suavizándolo, el sentido del Edicto de Tesalónica, vigente desde que él tenía 26 años. – 72 – §31. El juego de la libertad personal. Como extranjero y nativo de las colonias, Agustín tiene una lengua natal distinta de la del imperio, la lengua púnica, conoce alguna de las lenguas habladas en los territorios egipcios, conoce el griego y es un maestro en la lengua latina. Es decir, habla idiomas e inicia la tradición de la gran filosofía que trabaja analizando y comparando las palabras y su historia. De su maestro Cicerón asume y perfecciona el sentido de la justicia, del derecho y de la libertad, así como el de la universalidad del género humano, y de su otro maestro, Ambrosio de Milán, los valores más específicamente cristianos. Agustín es, pues, un jurista y un filólogo, además, un filósofo formado en el platonismo y el neoplatonismo, y por encima de eso, un cristiano. Pocas veces la vida, la profesión, la reflexión y el estudio han estado tan unidas en un hombre. Agustín elabora la doctrina de la libertad, presente en el sentido hebreo de la creación y del pacto, y presente en la práctica cristiana de los sacramentos, en el plano filosófico, en el existencial y en el especulativo. La libertad es una novedad, que no se encuentra en la filosofía griega. Así como Séneca había meditado y escrito sobre la clemencia o la ira, Agustín escribe los primeros tratados de la historia sobre la mentira. No sobre la verdad y la falsedad, que es un asunto ampliamente tratado por los griegos, sino sobre la mentira, que es un acontecimiento propio de la intimidad humana y que solo puede analizarse buceando minuciosamente en ella. En esa intimidad es donde puede analizarse en qué consiste el conocimiento y su expresión externa, el lenguaje, cómo se pone o no se pone en él ese individuo que ahora empieza a llamarse persona, cómo y por qué uno puede encontrarse a sí mismo o alejarse cada vez más de sí mismo, qué es ese sí mismo y dónde se apoya, cómo es ese punto de apoyo, cómo y porqué tiene sentido la vida o no lo tiene. Agustín está convencido de que el punto de apoyo del sí mismo es Dios, que actúa dando luz y vida desde dentro, aunque uno no se dé cuenta. En ese contexto de la vida íntima es donde Agustín entiende que el mal es la destrucción, la autodestrucción, la reducción a nada, entiende cómo se relaciona uno con la nada, qué es el pecado, cómo se relaciona uno con lo que Platón había llamado la idea y el ideal, y cómo es eso de creer o no creer en Dios. Agustín escribe unas Confesiones, el libro que constituye la primera autobiografía, el primer libro en que se muestra el modo en que el hombre se toma a sí mismo, se pierde a sí mismo y se recupera y se recoge, el modo – 73 – en que la vida está dada en el tiempo y es tiempo, y el modo en que lo supera y lo recomienza en el arrepentimiento y el perdón. El conocimiento, la acción y la producción técnica y artística tienen como motor el amor, la realización de la idea platónica, y el amor, que en último término es Dios, es lo que ilumina lo real, cada cosa y cada situación, y lo que nos permite conocerlas, comprenderlas. Esa primacía del amor sobre cualquier otra actividad humana, como fundamento, motor y meta final de todas ellas, que habían formulado por primera vez los griegos, volverá a aparecer en la historia de la filosofía, en los medievales como Duns Scoto, en el romanticismo alemán y en la filosofía fenomenológica del siglo xx. §32. La interpretación de la historia. El mismo año en que recibe la ordenación episcopal y asume el gobierno de la diócesis de Hipona, Agustín vive la división del Imperio Romano en las dos partes de oriente y occidente, que es lo que se cumple al morir el emperador Teodosio, en 395. A partir de entonces presencia la caída de las provincias romanas occidentales ante las invasiones de godos, ostrogodos, visigodos y vándalos, y los sucesivos ataques de Alarico a Roma. Muere en 430, mientras los vándalos asedian su ciudad, en vísperas de la construcción del gran imperio de los hunos por parte de Atila en 434 y de la devastación de la Europa civilizada. Agustín percibe la caída del Imperio Romano como si fuera el fin del mundo. No tiene la experiencia de los occidentales modernos de una caída y un renacimiento de la civilización. No tiene, justamente, la experiencia de la disolución de Roma y de la emergencia de Europa, sino solamente la del final de la civilización. Y tiene que pensarla en clave apologética y polémica contra los que creen que esa ruina la ha provocado precisamente el cristianismo y los que lo han asumido como espíritu de Roma, especialmente Constantino y Teodosio. De este modo Agustín, además de elaborar la estructura y el contenido del despliegue biográfico del individuo en las Confesiones, elabora la estructura y el contenido de la historia del género humano, en su tratado La Ciudad de Dios. Esta obra no es solamente la primera filosofía de la historia, sino también la primera teología de la historia. Una filosofía de la historia es una comprensión de la humanidad entera en el proceso temporal que va desde su comienzo a su término, una comprensión de las fases de ese proceso y del sentido que tienen cada una de ellas y su conjunto. En el paleolítico, en el neolítico y en la antigüedad griega y romana no hay algo así. En los mil años que median entre el siglo – 80 – totalidad de lo real en un conjunto ordenado y transitable. La totalidad de lo real que es en cada cultura y en cada época lo que está dado a los hombres. Y conjunto ordenado y transitable que es en cada cultura y en cada época lo que los hombres pueden expresar y comunicar en los lenguajes de esos momentos. La cuestión clave es si la realidad y el lenguaje están conmensurados. Aristóteles y Tomás de Aquino creen que sí, que hay una cierta conmensuración entre la realidad y el lenguaje. Los dos saben también que lo que no está conmensurado es el ser con el intelecto y mucho menos Dios con el intelecto. Los dos creen que el conocimiento está diseñado para un viviente que habita en el planeta tierra o, como lo llaman los griegos, en el «mundo sublunar» y, por eso, para conocer las cosas de ese mundo, «las esencias de los entes materiales» como decía Tomás de Aquino. Pero también saben que el conocimiento de esas esencias no termina nunca. «Comparado con lo que veo, lo que he escrito es paja», decía Tomás cuando se acercaba a los 50 años de vida y a la muerte. El lenguaje filosófico aristotélico y tomista esta conmensurado con el mundo occidental de los siglos xiii y xiv, pero el mundo de los siglos xv y xvi duplica en amplitud y en población la extensión del anterior. Los océanos y continentes se dilatan, lo espacios siderales también, las culturas y los grupos humanos igualmente. Para conocerlos surgen nuevos lenguajes generados en el seno de las tradiciones platónicas, o sea, lenguajes geométricos y aritméticos, que dan lugar a un nuevo tipo de ciencia que no capta y expresa la vida, sino que mide y calcula la fuerza. Este nuevo tipo de construcción y expresión del conocimiento adquiere predominio en la interpretación pública de la realidad, y los modos antiguos pierden vigencia en ese ámbito público, van marginándose poco a poco y pasan a una cierta clandestinidad en la forma de astrología, alquimia o química. No desaparecen del todo, y adquieren presencia incluso en los ámbitos académicos oficiales en la modernidad, pero la pujanza y vitalidad del nuevo lenguaje matemático del saber es tal que frente a la nueva «ciencia» los otros lenguajes pasan a formar el grupo algo sospechoso de las «ciencias ocultas». – 81 – CAPÍTULO 10. EL DESCUBRIMIENTO DE LA RAZÓN. DESCARTES. §37. Lo que se puede medir. §38. El saber nace y vive en su casa, que es la razón. §39. Los controles de calidad del conocimiento. §40. El yo y las máquinas. §37. Lo que se puede medir. Estamos acostumbrados a decir que un armario tiene tres dimensiones, ancho, alto y largo (o profundo). Y lo mismo decimos de una mesa o un televisor. Y por eso creemos que hay tres dimensiones. Pero la palabra dimensión viene de la palabra «mensura» que quiere decir medida, de manera que en general una dimensión es un aspecto medible de las cosas, cualquier aspecto medible. Por ejemplo, el cambio de tamaño a lo largo del tiempo también es una dimensión. Se puede decir que una niña de 10 años tiene unas medidas de 1’50 de altura, 0’70 de anchura y 0’30 de profundidad, que a los once años esas medidas son otras, que a los 18 son otras y a los 60 otras. La edad es otra dimensión de la niña, que altera las demás dimensiones espaciales. Pero también el peso es otra dimensión. Que puede modificar, o no, las otras dimensiones. Con 10 años puede pesar 30 kilos, con once 35, con 18 años puede pesar 45 kilos y con 60 años puede pesar 60 kilos. Además del peso también está el volumen. Con el mismo peso una niña puede tener más volumen o menos, aunque lo más frecuente es que si hay más peso haya más volumen. La mejor manera de representar las dimensiones de una niña de 18 años es hacer una fotografía, a ser posible en bikini. También se pueden decir sus dimensiones, por ejemplo, 90-60-90, que enuncian la anchura no de todo el cuerpo sino de algunas partes de eso que convenimos en llamar «cuerpazo», y uno se hace una idea. Pero los médicos, dietistas, diseñadores, estetas, etc. tienen otra manera de representarlo. – 82 – En el eje de coordenadas A se puede representar cualquier figura espacial, y en el eje de coordenadas B la evolución ideal de un cuerpo femenino: mediante la cruz central se representan la altura y la anchura; mediante los círculos se representa el tiempo: el primer círculo corresponde a los 15 años, el segundo a los 20, el tercero a los 30 y el cuarto a los 40. Las otras seis líneas corresponden a otras variables físicas (pechos, cintura, caderas, peso, volumen, color de la piel). Se le pueden añadir tantas líneas como dimensiones se quieran medir, porque un cuerpo femenino es un cuerpo de ‘n’ dimensiones, es decir, de un número indefinido de dimensiones. De la misma manera, del río Guadalquivir, a su paso por la «Torre del oro» en Sevilla, se pueden medir ‘n’ dimensiones: temperatura del agua, color, densidad, sabor, suspensión de tierra, ranas, carpas doradas, y una cosa parecida es lo que tienen los científicos de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir. Así pues, las coordenadas cartesianas son una herramienta para representar tanto la expansión del universo como el desarrollo de una epidemia de gripe en todo el planeta. B.- Eje de coordenadas de 2 dimensiones espaciales (la cruz central) 4 dimensiones temporales (los 4 círculos) 6 dimensiones de otras variables físicas A.- Eje de coordenadas de tres dimensiones Espaciales. Y = alto X = ancho Z= largo o profundo – 83 – §38. El saber nace y vive en su casa, que es la razón. Esos ejes de coordenadas se llaman cartesianos porque los inventó Rene Descartes (1596-1650), un filósofo y matemático francés que murió de frío el pobre en 1650 en Suecia, donde se lo llevo la Reina Cristina para que inventara y enseñara más cosas en su palacio. La geometría la inventaron, seguramente, Pitágoras y Platón, en el siglo v a. C. y la sistematizo Euclides en el siglo 3 a. C. Sistematizar quiere decir poner por orden «lógico». Aunque el cuadrado se descubrió antes que el triángulo, al ordenar los polígonos se pone primero el de tres lados, luego el de cuatro, luego el de cinco, y así. Bueno pues la organización de todo el espacio que hizo Euclides consistió en decir: - Un punto genera una recta. Si se pone un lápiz sobre un papel, sale un punto. Si se mueve el lápiz, sale una recta. - Una recta genera un plano. Si una recta se mueve hacia un lado u otro, o si se gira, surge un plano. - Un plano genera un volumen. Si un plano se gira sobre si mismo surge un volumen. Luego dijo por orden lo que se podía hacer con una recta, con dos, con tres, y lo que se podía hacer con un plano, con dos con tres, y así ordeno toda la geometría. O sea, Euclides contó cómo había surgido el espacio y cómo se construían y disponían los cuerpos en el espacio. Pues bien, Descartes hizo lo mismo pero lo construyó y dispuso todo en el espacio mental. En realidad Descartes descubrió el espacio mental, la razón, las posibilidades de la razón. Si el centro del espacio era el punto, y a partir de ahí se construía todo, el centro de la razón tenía que ser el yo, puesto que la razón es de la persona y existe en ella, y Descartes pensó que la persona era el «yo». La razón podía representar en su propio espacio «racional», y según el orden más lógico y más cómodo posible, la evolución del cuerpo de Claudia Shiffer o las cualidades del rio Guadalquivir a su paso por Sevilla. Como mejor se comprenden las cosas y su funcionamiento no es representándolas en la misma realidad en que ocurren, sino en el espacio mental en el que se comprenden. La razón tiene muchas ventajas sobre la realidad, y permite manejarla muy bien en muchos aspectos. – 84 – Eso de que el punto de partida o el punto cero de la ciencia, del saber y del ser, es la razón y, más en concreto, el yo, también se le había ocurrido a otros pensadores de esa época. Por ejemplo, se le había ocurrido a Cervantes, que en 1605 había escrito «El Quijote», y con ello había inventado la novela moderna. Don Quijote es el nombre que se da a si mismo Alonso Quijano, que abandona su nombre, sus apellidos, sus tierras y posesiones, su casa y su ciudad, lo que tiene y es por herencia de sus padres y antepasados, y quiere ser solamente lo que él haga de sí mismo. Eso que los americanos llaman el self made man, el que se ha hecho a sí mismo con su trabajo y su esfuerzo, y no le debe nada a nadie porque no ha recibido nada del pasado, ese modelo de «hombre» es el que crean en el siglo xvii Cervantes, Descartes, y otros. Higinio Marín dice que ese modelo lo crearon las órdenes mendicantes del siglo xiii. Los que se hacían frailes, se ponían un nombre nuevo y se iban a vivir de lo que les daban por predicar. Hasta el siglo xvii los hombres estaban orgullosos de su linaje y sus apellidos, de sus antepasados y de sus títulos nobiliarios. Ahora cada vez había más hombres en el mundo y, además, que no derivaban de antepasados ilustres sino que habían surgido de su propio esfuerzo. Su valor dependía de ellos, y no de otros. Ese modo de entenderse a sí mismo es lo propio del «hombre moderno». §39. Los controles de calidad del conocimiento. Si cuando uno pone un lápiz en un papel, lo que surge es un punto, y cuando lo mueve lo que surge es una línea, ¿qué es lo primero que surge ante el pensamiento cuando se pone a pensar? Descartes cree que lo primero que aparece es «yo», que lo primero que se piensa cuando se piensa es el «yo», que el «yo» es como el punto. Y cree que lo segundo que aparece es «existir», que si yo pienso, entonces lo que aparece y es seguro es que yo existo. Bueno, Descartes dice que es «evidente». Lo tercero es que Dios existe, porque como el yo no se da el ser a sí mismo, sino que lo recibe, se lo tiene que haber dado Dios. De manera que si «yo pienso luego existo» es evidente, «Dios existe» es igual de evidente, porque el existir, el ser, solamente lo produce Dios, y no el pensamiento. Lo primero es el yo, lo segundo el existir y Dios, y lo tercero, el mundo exterior. Eso se parece a lo que Euclides dice del punto que genera la línea, de la línea que general el plano y del plano que genera el volumen. – 85 – Pero por lo que se refiere al tercer paso, a Descartes le entran dudas: que el yo existe y que Dios le ha dado esa existencia y, por tanto, también existe, es mucho más «evidente» que la existencia del mundo exterior. Porque el mundo exterior no pertenece al yo y al pensamien- to tan inmediatamente, tan intensamente como el yo, la existencia del yo y la existencia de Dios. ¿No podría ser un conjunto de apariencias ficticias? Descartes pensó que Dios no iba a permitir que el hombre se engañara de esa forma, y que si Dios era evidente, bien podía creer que el mundo exterior existía. Ahora se trataba de representarlo mentalmente con la misma certeza que la de la existencia del yo y la de Dios. Bueno, pues esa representación mental del mundo exterior, basando todas las representaciones y conexiones en «evidencias», es lo que Descartes llamo «ciencia». ¿Cómo hemos llegado a saber todo lo que sabemos? No lo sabemos. Pues si no lo sabemos, ¿cómo podemos saber que es cierto? En realidad todo lo que sabemos, más que saberlo, lo creemos. Si no sabemos cuántos de nuestros conocimientos son verdaderos y cuántos falsos, ¿no estaríamos mucho mejor si basáramos nuestras vidas solamente en conocimientos verdaderos, en la certeza que proporciona la «evidencia», o sea en conocimientos científicos, en la ciencia? En tal caso, todo lo que sabemos es incierto hasta que no haya sido comprobado científicamente, mediante representaciones y conexiones «evidentes», y se puede dudar de ello. A eso le llamó Descartes «duda metódica», no porque él y sus paisanos dudasen realmente de lo que sabían, sino porque, al haber descubierto la ciencia, les parecía un saber tan seguro y maravilloso que lo que no se sabía de ese modo no tenía verdaderamente la dignidad de algo que mereciera llamarse «sabido». A partir del siglo xvii la ciencia empieza a generalizarse como un control de calidad del conocimiento. Eso que hay para cualquier producto de supermercados, controles de calidad, eso es lo que Descartes descubrió y aplico al conocimiento. Por una parte, fue un gran acierto que trajo muchas consecuencias muy buenas y, por otra, tuvo una serie de inconvenientes que no se descubrieron hasta tres siglos después. §40. El yo y las máquinas. Además de la matemática, la otra ciencia por la que Descartes sentía una gran pasión era la mecánica. Había descubierto que el hombre, el yo, era por una parte, pensamiento, que en el latín que los sabios de aquella – 86 – época usaban se decía res cogitans, y fue unos de los primeros y mejores exploradores de la razón, de las máximas profundidades de la razón. Por otra parte, comprendía muy bien que el hombre era un ser corporal, que el yo, además de ser pensamiento, era material, y él lo llamó en latín res extensa. El hombre en cuanto que res cogitans, en cuanto que razón, era el centro del saber, pero estaba muy claro que en cuanto res extensa no era el centro del universo. Pero el yo sí podía ser el centro de la actividad del cuerpo. Pero como el cuerpo era una realidad material, Descartes pensó que las reglas por las que se regía el movimiento del cuerpo tenían que ser las mismas que las reglas por la que se regía el movimiento de todas las demás cosas en el universo, a saber, las reglas de la mecánica. Y así se puso a describir las capacidades motoras del cuerpo humano como si estuviera compuesto de palancas, poleas, muelles, y cosas así. Más de un siglo antes, un ingeniero en Italia, gran dibujante y pintor, había pensado lo mismo y lo había representado en unos dibujos sensacionales. Se llamaba Leonardo da Vinci (1452-1519). La mecánica de los siglos xvi y xvii estaba en plena evolución, y no estaba muy relacionada con la química y la biología, y por eso se pensaba que los seres vivos estaban hechos también como las máquinas. Por otra parte, el universo también tenía que haberse formado así, porque era material. Descartes inventó un modelo de remolinos, como los que se forman en el agua con las virutas de la madera al salir por el desagüe, y explicaba con ellos la formación del universo, los planetas y las galaxias. Pero no tuvo especial interés en aplicar la matemática, el cálculo, al peso que tenían que soportar las piernas de un hombre en reposo o en movimiento, o la fuerza con que podía lanzar una piedra un brazo humano. Tampoco aplicó el cálculo a los remolinos, a la cantidad de viruta que tenía que haber, la velocidad a que tenían que girar los trocitos antes de salir por el desagüe, para que se pareciera al movimiento de las estrellas por las noches en el cielo. A Descartes, como a Leonardo, se le daba mucho mejor inventar que calcular, y se movía mucho mejor por las alturas y profundidades de la razón que por las del universo. Para terminar su sistema y explicar científicamente cómo estaba hecho el hombre, que es una unidad, pensó que la res cogitans y la res extensa que eran dos realidades muy diferentes, se unían en un punto del cuerpo, la glándula pineal. – 87 – La glándula pineal está en el punto de unión de la medula, que mue- ve todo el cuerpo, con el cerebro, entre los dos lóbulos del cerebro, que es donde se procesa toda la información cognoscitiva y consciente. En el siglo xvii no se sabía tanto como ahora de anatomía cerebral, pero la mayoría de las cosas que dijo Descartes entonces han dado mucho que pensar en los siglos posteriores y dan mucho que pensar aún hoy. – 89 – CAPÍTULO 11. LA INVENCIÓN DE LA CIENCIA. CÓMO LOS HOMBRES SE EMBORRACHAN CON ELLA. §41. Observar y calcular. Galileo (1564-1642). §42. Extrapolar y generalizar observaciones. Newton (1642-1727). §43. ¿No hay una armonía universal? Leibniz (1646-1716). §44. Cómo los hombres se emborrachan con la ciencia. §41. Observar y calcular. Galileo (1564-1642). Galileo era un astrónomo italiano, 32 años mayor que Descartes, que ha pasado a la historia como uno de los fundadores de la ciencia moderna, porque a él, en contraste con Descartes, se le daba mejor calcular que inventar. Así como Descartes hizo una filosofía muy completa de la razón, el hombre, Dios y el mundo, Galileo mantuvo una actitud y una idea que en su tiempo fueron muy audaces e hicieron fortuna, y que se expresan bien en la afirmación: «yo, para saber algo, no necesito saberlo todo». Antes de Galileo la mayoría de los sabios, que eran científicos y filósofos a la vez, se sentían inclinados y obligados a saber de todo, y a saberlo todo. Una filosofía tenía que ser una filosofía de todo, una teoría tenía que ser una teoría de todo. Pero Galileo decidió que no, que él no quería saberlo todo, sino solamente los movimientos de los astros en el firmamento, y todavía más en concreto, quería saber cómo cae una piedra al suelo. Y para saber eso lo que hizo fue experimentar y medir. Por eso es el padre de la especialización. Construyo unas rampas y midió el tiempo que tardaba una bola de piedra en llegar desde la parte superior de la rampa hasta la mitad, y luego desde la mitad hasta el suelo. Observó que en la segunda mitad la bola iba más rápida que en la primera. Volvió a construir más rampas, a hacerlas más largas y a dividirlas en más partes. Observó que en las partes más cercanas al suelo la bola iba cada vez más rápida. – 96 – Hume y Adam Smith era escoceses, y Locke inglés. O sea, los tres eran británicos. Los británicos no tienen eso que los alemanes llaman «subjetividad transcendental» y «punto de vista transcendental» que es una especie de punto de vista muy general. No es demasiado difícil de comprender, porque los occidentales que no somos británicos lo tenemos, y muchos orientales también. La mayoría de los seres humanos creemos que si observamos cómo caen las piedras o cómo se dilatan las barras de hierro en el fuego, y lo contamos, eso lo puede comprobar por sí mismo cualquiera en cualquier parte del mundo, porque las piedras y las barras de hierro caen y se dilatan igual en todas partes. Que ese es el modo en que la piedra, cualquier piedra, cae y el hierro, cualquier hierro, se dilata. Bueno pues la piedra y el hierro ese son la piedra y el hierro universales. Además llegamos a creer que hay algo que causa la caída de la piedra y la dilatación del hierro, y luego decimos que la tierra atrae a la piedra y que el calor dilata los metales. Pero un empirista, un británico, no dice eso. Él dice que la causa no se ve, que él nunca la ha visto. Y que los que dicen que sí, no es que la vean, sino que creen en ella, creen en una cosa que nunca han visto o que no se ve. Si en lugar de examinar la piedra y el hierro examinamos la inteligencia humana, ocurre lo siguiente. En muchas culturas los hombres tenemos la convicción casi inconsciente de que todo lo que uno piensa está pensado por una inteligencia humana (la de uno) o lo que es lo mismo, por la inteligencia humana en general (como las piedras que caen en general y las barras de hierro que se dilatan en general), y creemos que hay una inteligencia humana en general. Muchos tenemos la convicción inconsciente de que la inteligencia de cada uno funciona como funciona la inteligencia en general. Bueno, pues los británicos no creen que exista algo así como la inteligencia en general, y tampoco creen que cuando uno piensa algo es que así lo piensa la inteligencia en general, sino que lo piensa la inteligencia de uno, la suya. Los alemanes son los que más intensamente creen en esa inteligencia en general, y le llaman la inteligencia trascendental. Además suponen que en todas las culturas hay un mecanismo que conecta la inteligencia de cada uno en particular con esa inteligencia en general o inteligencia trascendental. En la mayoría de las culturas existe ese mecanismo, pero en la británica, no. Los británicos creen que lo único que es igual para todas las mentes de cualquier cultura son los números, y por eso los matemáticos de todas las culturas se pueden entender bien entre ellos. – 97 – §46. El consenso. Más vale ponerse de acuerdo que tener razón. La gente de las culturas que cree en la inteligencia en general, cree que lo que ellos ven y entienden es lo que ve y entiende todo el mundo, y que eso es la verdad en general, o la verdad absoluta. Y que lo que ellos valoran como bueno es lo que todo el mundo valora como bueno, y que eso es el bien en general, o el bien absoluto. Y creen que quienes están en desacuerdo con ellos no entienden la verdad y entonces son tontos, o no quieren el bien y entonces son malos. A veces incluso se sienten legitimados para maltratarlos, meterlos en la cárcel, echarlos del propio país y cosas así. La gente que cree esas cosas y hace esas cosas es gente a la que se le suele llamar dogmática. Esa gente cree que está en la verdad y en el bien, que tiene razón, y maltrata a los que piensan y quieren de otra manera. Los empiristas no son dogmáticos. Creen que es más importante ponerse de acuerdo con los demás que tener razón. Porque creen que la verdad, como la mayonesa, tiene su momento, y que el bien tiene muchas maneras de realizarse, y que aunque unas sean mejores que otras, para vivir en sociedad las mejores son las que permiten ponerse de acuerdo a más gente aunque no sean las más perfectas. Durante muchos siglos los hombres creyeron que lo verdadero y lo bueno era lo que decían los padres, los profesores y los gobernantes, pero cuando pasaron los siglos y los hombres se sintieron mayores de edad, empezaron a creer que lo que se les ocurría a cada uno y lo que quería cada uno también era verdadero y bueno, y que podían organizarse y vivir según lo que creía la mayoría de ellos. Y así descubrieron el consenso como fundamento del orden social. El consenso sale de revoluciones y de protestas violentas, o de evoluciones pacíficas, pero sobre todo sale de una filosofía de la libertad humana, del conocimiento humano y de la sociedad humana, de una compresión de cómo puede y debe funcionar el hombre y la sociedad, a partir de un determinado momento en que los hombres empezaron a sentirse mayores de edad. Esa teoría o esa filosofía la hicieron, entre otros, Locke y Hume en la Inglaterra y la Escocia del siglo xviii. Como empiristas que eran, no creían que estaban en la verdad ni que lo que ellos querían era el bien. Así es como habían actuado los griegos, los romanos, los reyes cristianos en las cruzadas, los portugueses y españoles en la formación de sus imperios, y la Unión Soviética y los Estados Unidos de América en la formación de los suyos. Pero ese no fue el caso del imperio británico. Los británicos, no eran dogmáticos y no creían que estaban en la verdad. Consecuentemente tampoco creían que lo que ellos deseaban era el bien para todos, sino el bien – 98 – para ellos. Por eso no actuaban, como los demás, en nombre de la verdad y del bien, sino en nombre de los intereses británicos. Aunque los intereses británicos resultaron tan eficaces como la verdad y el bien absolutos a la hora de construir un imperio. §47. Un camello es un caballo diseñado por un comité. Pasar de un régimen teocrático, en el que los hombres están gobernados por Dios («Dios» en griego se dice «theos»), a un régimen democrático, en el que los hombres están gobernados por el pueblo («pueblo» se dice en griego «demos»), o sea por el acuerdo de los hombres, puede ser un golpe muy duro. Pero después de milenios de teocracia a todo el mundo le pareció que Dios también estaba de acuerdo con la mayoría de edad de los hombres y que les dejaba que se gobernaran solitos. Un diseño que se hace entre muchos no sale igual que el que hace uno solo, y un proverbio inglés dice que «un camello es un caballo diseñado por un comité». En la historia, no siempre los cambios son para mejor, y Winston Churchill decía que la democracia es el peor de todos los regímenes políticos si se exceptúan todos los demás. Gobernarse por acuerdo de la mayoría tiene muchos inconvenientes, porque salen leyes y decisiones que no son buenas, salen «camellos», y luego eso es lo que uno tiene para cabalgar. Pero eso puede ser mejor que cualquier otra cosa. Otro escritor inglés, Gilbert. K. Chesterton, dice: soy demócrata porque hay tres cosas que todo hombre debe hacer por sí mismo aunque las haga mal, que son, limpiarse sus propias narices, elegir a su propia mujer y decidir en los asuntos públicos. También los tontos y los malos tienen derecho a elegir a sus esposas y a sus maridos. Los británicos y los empiristas están, pues, más interesados en los procedimientos de buscar, encontrar e intercambiar cosas que les interesan a ellos, que cosas absolutamente verdaderas y buenas. Ya hemos quedado en que buscar uno sus propios intereses es algo tan legítimo como buscar la verdad y el bien. Bueno, pues una de las cosas que más le interesa a más gente es vivir bien, tener recursos para vivir, tener bienes, o sea, ser medianamente rico. Ese es un descubrimiento importante que se repite en la historia de la filosofía, y en el siglo xviii lo hizo de nuevo un británico, Adam Smith. – 99 – §48. Los países más ricos del mundo. Aristóteles había dicho que todos los hombres desean por naturaleza saber, y Cicerón, que todos los hombres desean por naturaleza mandar. Adam Smith no dice que todos los hombres desean por naturaleza ser ricos. Dice que la mayoría de los hombres persiguen su propio interés, y que eso tiene unas consecuencias muy interesantes. Estudiando lo que ocurre cuando los hombres siguen sus propios intereses descubrió una serie de comportamientos bastante comunes, unas reglas generales que explicaban ese modo de funcionar, y así creó una nueva ciencia: la economía. Lo que ocurre cuando la mayoría de los hombres siguen sus propios intereses es que se crea riqueza. Así descubrió qué es la riqueza y cómo cambia en la historia. Hasta el siglo xviii se creía que la riqueza era algo que había en algún sitio, y que había unos hombres afortunados que la encontraban y otros malvados que se la quitaban a quienes la habían encontrado. Los niños leían en los cuentos que un hijo de un leñador muy pobre se encontraba un tesoro y con eso volvía a casa y sacaba de la mala situación a la familia, o que una chica lindísima se casaba con un príncipe muy rico y así salvaba a mucha gente de su pueblo de la miseria. El tesoro era riqueza porque era oro y plata y joyas, y el príncipe era rico porque tenía muchas tierras. Y es que hasta el siglo xviii la riqueza era eso, y casi todos los cuentos de niños están escritos en el siglo xviii. Pero si ahora le preguntamos a la gente quiénes son los hombres más ricos del mundo, a nadie se le ocurren nombrar a alguien que tiene muchas joyas o muchas tierras. En los libros de historia se cuenta que Italia, la Galia y la Hispania eran territorios muy ricos porque estaban llenos de trigo, olivos y vid, y que con lo que ellos producían se podía alimentar a toda la población de Roma. También se cuenta que México, Brasil y Perú eran países muy ricos porque estaban llenos de oro y plata y cobre, y que con lo que ellos producían se podían costear los imperios de Portugal, España e incluso de Francia. Adam Smith descubrió que Holanda e Inglaterra eran países ricos porque estaban llenos de holandeses y de ingleses, y más tarde se descubrió que Somalia y Afganistán eran países pobres porque estaban llenos de somalíes y de afganos. Se descubrió que los holandeses y los ingleses se dedicaban a hacer cosas que todos los demás querían, mientras que los somalíes y los afganos se pasaban la vida pegándose tiros por cosas que solo querían algunos de ellos. – 100 – Para la gente que está siempre en guerra, como los somalíes y los afganos, la vida es «solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta», como dice Hobbes, y para los que están en paz y trabajan, para los holandeses e ingleses, apetecible. Trabajar es, precisamente, hacer cosas que los demás necesitan o quieren. Los hombres se suelen dar cuenta de esas necesidades, hacen cosas para remediarlas, las suministran a los demás y así obtienen beneficios para vivir ellos y todos. Adam Smith descubrió que la mayor fuente de riqueza es la libertad humana, la creatividad y el ingenio humano, el esfuerzo de horas y horas de trabajo humano, y el interés propio de cada ser humano por ganarse la vida con lo que hace. El hombre no solamente desea por naturaleza saber y mandar, sino también seguir sus propios intereses, británicos o personales, y así es como surge la riqueza y vive, siguiendo sus intereses. «No es de la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero, de la que esperamos nuestra cena, sino de la atenta consideración de su propio interés». El carnicero y el panadero no nos dan una carne y un pan buenos porque son muy humanitarios y caritativos (que también pueden serlo), sino porque les interesa que sus clientes les sigan comprando a ellos para poder vivir de su trabajo. Adam Smith descubrió como la cadena de esfuerzos, servicios y beneficios genera una sociedad en la que todos quieren lo que hacen todos los demás, y así se crea riqueza. A la altura del siglo xviii la población humana había crecido mucho, la gente se había ido concentrando en las ciudades, y en ellas surgieron necesidades que no las había en el campo y que había que resolverlas con ingenio. Por ejemplo, había mucha gente que necesitaba comprar y vender cosas para vivir: viviendas, comida, ropa, herramientas de trabajo, medios de transporte para trasladar todas esas cosas de unos sitios a otros. Eran necesarios libros, gafas, relojes, bombillas, coches, ordenadores… Se inventaron muchas cosas, entre ellas las Universidades y los bancos, y la gente iba allí a estudiar y a pedir dinero a crédito para hacer cosas que todo el mundo necesitaba. La riqueza salía del saber y del trabajo. De un saber y un trabajo nuevos. Y la gente que más y mejor sabía hacer esa cosas se hacía rica. Adam Smith descubrió en qué consistía la nueva manera de ser rico, lo escribió en un libro titulado La Riqueza de las Naciones, publicado en 1776, y desde entonces las naciones procuran dar una buena educación a sus habitantes, el «capital humano» como se le llama a veces, sabiendo que ese capital humano es más valioso mientras más saber hay en conjunto. – 101 – CAPÍTULO 13. LA INVENCIÓN DE LA DEMOCRACIA. LUTERO (1483-1546), HOBBES (1588-1679), ROUSSEAU (1712-1778) Y JEFFERSON (1743-1826). §49. Todos los hombres son iguales porque cualquiera puede matar a cualquiera. §50. Lo que todos los hombres quieren. La voluntad general. §51. El estado y la ciudadanía. §52. La primera declaración de los Derechos Humanos. Thomas Jefferson. §49. Todos los hombres son iguales porque cualquiera puede matar a cualquiera. Desde el descubrimiento de América y de la ciencia moderna, del consenso y de las nuevas formas de riqueza, las ciudades crecen mucho en Europa y en todo el mundo. La educación se hace cada vez más generalizada, y las nuevas masas de población no están formadas por esclavos, campesinos incultos, y súbditos obedientes. Ya Tomás de Aquino había enseñado que la norma moral suprema es para cada uno su propia conciencia, y los juristas españoles de la Escuela de Salamanca habían empezado a diseñar el derecho internacional proclamando la igualdad de todos los hombres y, en concreto, el derecho de los indios americanos, en tanto que personas, a la propiedad y administración de sus tierras. Todavía Lutero había dado un paso más y había proclamado el derecho de cada cristiano a la libre interpretación de las Escrituras Sagradas, de manera que en orden a las creencias más importantes para los seres humanos, la soberanía de cada uno era completa. En esa situación un número de individuos cada vez mayor se sentía legitimado para decidir por sí mismo sobre asuntos religiosos, económicos y políticos. Por eso no era posible mantener mucho tiempo más el Edicto de Tesalónica sobre la unidad religiosa de los reinos, el poder absoluto de los reyes que gobernaban esos mismos reinos, y los monopolios sobre la riqueza y la tierra que tenían los príncipes y nobles. – 102 – Cada vez había más personas realmente iguales y cada vez más todas ellas querían ser reconocidas como iguales por las autoridades políticas, religiosas y económicas. Pues bien, eso es lo que pidieron esas personas de un modo más o menos pacífico, eso es lo que lograron de quienes tenían el poder religioso, político y económico y eso es lo que les reconocieron no sin luchas, deportaciones y guerras. Mientras una gran cantidad de individuos sostenían todas esas luchas por un reparto más igualitario del poder, una pequeña cantidad de individuos, una minoría de políticos e intelectuales, buscaba las razones para mostrar que ese reparto igualitario del poder era justo, aunque nunca se hubiera practicado antes. Porque aunque algo sea justo, si no se ha practicado antes, resulta difícilmente aceptable como justo por quienes están viviendo las cosas de otra manera. Ese reparto equitativo del poder es lo que se llama democracia. La habían inventado los griegos, y la habían practicado durante algunos siglos, pero luego se perdió, hasta que la recuperaron los políticos y filósofos de la Europa moderna. Un paso clave hacia la democracia, teórico y práctico, lo dio Lutero al declarar la libertad de conciencia en materia religiosa. Pero la teoría de la democracia, la descripción de lo que es y la razón de por qué es y tiene que ser así, la formula Hobbes al mostrar la igualdad de todos los hombres en relación con la esencia de la actividad política, el poder. Cicerón había afirmado, frente a Aristóteles, que todos los hombres desean por naturaleza mandar. No desean tanto saber como tener el poder. Y Hobbes consigue mostrar que desde el punto de vista del poder todos los hombres son iguales. Son iguales porque todos tienen el poder supremo, que es el de matar a otro, ya sea directamente, ya sea por encargo, ya sea con astucia o de otros modos. La conciencia de esa igualdad en el poder empieza a ser más viva en el siglo xvii, cuando el número de gente que vive junta, en las ciudades, empieza a ser muy alto y cuando esos ciudadanos que se ven unos a otros a diario empiezan a sentirse más iguales a todos los demás y a reclamar su parte de poder. Antes también era verdad que cualquier hombre podía matar a cualquier otro, pero cuando la vida transcurría más en el campo, alrededor de los castillos y abadías, y la sociedad estaba compuesta por campesinos y soldados, clérigos y nobles, bastante separados entre sí, la conciencia de la igualdad no era tan vida, y no se reclamaba tanto el reparto equitativo del poder. Cuando muchos hombres viven juntos, se sienten iguales y quieren su cuota de poder, entonces es cuando en la práctica la democracia resulta necesaria y la teoría sobre esa práctica también. Si todos quieren poder – 103 – y no se ponen límites entonces lo que hay es guerra continua e imperio del más fuerte, y en esa situación la vida es «solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta». La mejor manera de llegar a una paz provechosa para todos es el acuerdo sobre el reparto equitativo del poder, lo cual se consigue gracias a la creación de un monopolio sobre la violencia legítima que se establece mediante un pacto. Se pacta que sólo una institución puede ejercer la violencia legítimamente: ajusticiar, encarcelar, exilar, premiar, honrar, legitimar, etc., después de probar que un individuo se merece eso. Esa institución es el Estado, y así hay paz. El Estado se forma por acuerdo de los ciudadanos, cumple los acuerdos y las leyes que los ciudadanos aprueban y el rey también está sometido a su poder. Eso es lo que se instaura en Inglaterra al final de la guerra civil en 1651 y se inaugura así un régimen político que dura desde entonces y que se ha mostrado el más estable del mundo. §50. Lo que todos los hombres quieren. La voluntad general. Cuando lo que todos los hombres quieren está expresado y legislado, aplicado y aceptado, la situación de cada individuo está respaldada por la voluntad de todos. Así, cuando alguien compra una casa, no es simplemente el poseedor de la casa, como es poseedor de todo lo que tiene, sino que además es propietario. Ser poseedor es algo que quiere el individuo, pero si la comunidad entera le reconoce la posesión y quiere que la ejerza, entonces eso no es simplemente posesión sino que se llama propiedad, y al poseedor se le llama propietario. Y cuando se llega a esa situación, si alguien le roba al poseedor su casa entonces no solamente le está haciendo a él un daño contra su voluntad, sino que está actuando en contra de toda la comunidad, está cometiendo un delito contra la voluntad de todos. Porque no solamente ocurre que ese individuo quiere tener su casa, sino que toda la comunidad quiere que la tenga. Eso mismo que ocurre con la situación del poseedor cuando pasa a la situación de propietario, ocurre cuando se pasa a la situación de casado, de médico o de defensor de la ciudad. No solamente los cónyuges se aman, quieren vivir juntos, tener hijos y cuidarlos. La comunidad también quiere que lo hagan, y si alguien sustrae un niño a sus padres no solo ataca a la familia, sino a toda la sociedad. No solamente el experto en medicina quiere curar a la gente, la sociedad también quiere que lo haga, y le reconoce su título para hacerlo. Si alguien suplanta al médico en sus actividades no solamente está robando al médico su medio de vida, sino que está atacando a – 104 – toda la sociedad, que quiere que ese experto en medicina cure a la gente, y quiere que los expertos en defensa sean los militares y policías de la ciudad. Rousseau es el filósofo que más reflexiona sobre esa unidad de la voluntad de todos en un solo querer, sobre esa unanimidad, que es el fundamento de la sociedad y del derecho, y la llama «la voluntad general». §51. El Estado y la ciudadanía. La voluntad general, o sea, todos los miembros de la comunidad unánimemente, quieren que todos los hombres sean reconocidos como lo que son, a saber, como libres, como iguales, como dotados de razón y sentimientos, como inclinados a reconocer y a venerar Dios y al prójimo, y un montón de cosas más que constituyen las características propias de la esencia humana. La voluntad general quiere que haya un conocimiento y un reconocimiento de la esencia humana. Quiere que se conozca lo que es el hombre y se reconozca. Reconocer quiere decir no simplemente saber cuáles son esas cualidades y capacidades, sino organizar la vida social para que sea posible ejercerlas y, en general, para favorecer su realización. Y eso lo hace el Estado, el gobierno de la nación, que reconoce a todos los que la integran como ciudadanos y les otorga la ciudadanía. Así pues, los derechos del hombre expresan la esencia humana y expresan su reconocimiento por parte del Estado. Y por otra parte el Estado proporciona a los ciudadanos medios para realizarse como hombres, para reclamar sus derechos. Es decir, los ciudadanos son aquellos que disponen de medios proporcionados por el Estado para realizarse como seres humanos, y el conjunto del derecho a esos medios, del derecho de los ciudadanos a esos deberes del Estado para con ellos se llama ciudadanía. La ciudadanía, en este sentido, la inventan los romanos. Roma conquista todo el mundo conocido en la antigüedad, y otorga la ciudadanía romana a los que nacen en ciudades reconocidas por Roma como romanas. Pero también algunos compraban la ciudadanía pagando mucho dinero, como ahora se paga un seguro médico o un plan de pensiones. Cuando Roma crece y llega a su extensión máxima en la época del Imperio, otorga la ciudadanía romana a todos los hombres que habitan dentro de las fronteras del imperio. Roma conoce y reconoce un conjunto de cualidades de la esencia humana. A esa esencia le llama humanitas, y al cultivo y protección de ella mediante la educación y el derecho le llama «humanismo», y se contiene en los libros de historia, derecho, literatura, historia, que en conjunto se llaman saberes humanísticos o «humanidades». – 105 – Cuando después de la caída del imperio se fragmenta aquella comunidad del género humano que Roma ha formado, se crean reinos derivados de tribus de invasores asiáticos. Cuando esos reinos empiezan a alcanzar un nivel de civilización como el romano, cuando superan el nivel romano en casi todos los ámbitos culturales, y cuando crea el estado en la Edad Moderna, entonces los nuevos estados se plantean el régimen de la ciudadanía: se plantean cuáles son los derechos que tienen los hombres por ser hombres, y cuáles son los que el estado tiene que garantizar a los anteriormente llamados súbditos y ahora llamados ciudadanos. En el plano teórico el humanismo es universal, pero en el plano práctico es nacional. Los derechos del hombre pueden garantizarlo los estados a los ciudadanos, no a todos los hombres en general, y eso es lo que ocurre todavía en el siglo xxi. En una sociedad democrática como la que describen Hobbes y Rousseau, aunque en teoría todos los hombres son iguales, quieren unas mismas cosas y respetan las leyes, en la práctica están rivalizando y compitiendo por superar a los demás y acumular más poder político, jurídico y económico que los demás. Rousseau cree que antes del pacto social los hombres no eran tan competitivos y egoístas, pero que la sociedad les hace vanidosos y al hacerles vanidosos les hace huecos, vacíos. Rousseau no dice que todos los hombres desean por naturaleza saber, ni tampoco mandar, sino ser reconocidos, ser famosos, ser admirados, alabados y queridos. Por eso «al pedir a los demás lo que no encontramos en nosotros mismos, tenemos una intimidad menesterosa y vacía: placer sin felicidad, ciencia sin sabiduría y honor sin virtud». El hombre en sociedad tiene tanta pasión por el reconociendo de los demás que se olvida de sí mismo y abandona el proyecto de realización de la esencia humana y de sí mismo, abandona la aspiración a ser feliz, a ser sabio y a ser bueno. Se centra en acaparar y en tener, y se olvida de la aspiración a ser, a ser sí mismo y a ser plenamente humano. Para evitar tanto extravío a Rousseau se le ocurren varios remedios, entre los cuales se le ocurrió que uno podía ser la abolición de la propiedad, como ya se le había ocurrido a Platón en la Grecia clásica. Pero Rousseau encontró más tarde alguien que se tomó en serio esa teoría y la aplicó. §52. La primera declaración de los Derechos Humanos. Thomas Jefferson. A diferencia de Hobbes y Rousseau, que son intelectuales, Thomas Jefferson es un político profesional, un hombre de estado. Es uno de los Padres Fundadores de América (American Founding Fathers), el principal autor de la – 112 – aromas, sabores y cualidades táctiles (que Kant llama cualidades secundarias) y también como cantidades y tamaños grandes o pequeños, movimientos rápidos o lentos (que Kant llama cualidades primarias). Las cualidades secundarias se montan o se engarzan sobre las primarias, y eso es el modo en que trabaja la sensibilidad humana. Por su parte la imaginación monta una cualidad secundaria o una sensación de «verde» con una de «dulce» y otra de «duro», sobre una cualidad primaria de «superficie esférica» y resulta, por ejemplo, la imagen de una manzana. En concurrencia con la sensibilidad y la imaginación, el entendimiento dispone de unas claves de clasificación de los montajes. Según la relación que los elementos para el montaje tienen entre sí desde el punto de vista del tiempo, unas cosas son permanentes y constantes, y son sustanciales, otras transitorias, otras sucesivas, otras simultáneas. Una manzana es una cosa, lo que Aristóteles llamaba una sustancia y Kant también. Hay cosas subsistentes en sí, como las manzanas, los animales y las casas, y otras que no subsisten en sí como la felicidad, la temperatura o el dinero. Así resultan los modos de ser de las cosas, lo que Aristóteles había llamado «categorías», al hacer su inventario de la realidad. Pero Kant analiza esos modos de ser, no desde el punto de vista de cómo son las cosas, sino desde el punto de vista de cómo las clasifica el entendimiento. Finalmente, en concurrencia con la sensibilidad y sus datos, la imaginación y sus esquemas de montaje, el entendimiento y sus categorías, la razón establece el modo de ser de las cosas. ¿Qué modo de ser tienen esas cosas, qué es lo que pueden hacer y cómo se pueden relacionar? Pues hay cosas que pueden estar juntas o no, y formar otro tipo de cosas o no. Por ejemplo, puede haber montañas o no, puede haber manzanos o no. Esas cosas se llaman «contingentes», y pueden existir o no existir. Pero hay cosas que no pueden no darse. Por ejemplo, el teorema de Pitágoras no puede no darse. No es contingente, sino necesario, y no tiene que ver con el tiempo. Las cosas pueden ser reales o irreales, posibles o imposibles, necesarias o contingentes, desde el punto de vista del modo de ser, desde el punto de vista de una cierta relación con el tiempo. Toda esa maquinaria constituida por la sensibilidad, la imaginación, el entendimiento y la razón, puede trabajar usando datos que vienen de fuera y organizarlos según sus propios protocolos. Entonces salen ciencias como la física o la biología. Pero puede trabajar analizando sus propios protocolos, sin fijarse en lo que llega de fuera, y entonces resultan ciencias como la geometría y la aritmética. La física de Newton está hecha midiendo los datos externos de masas, fuerzas, distancias y posiciones, y organizándolos según los procesos internos de contigüidad en el espacio y sucesión en el tiempo. La geometría – 113 – analítica de Descartes está hecha más bien sólo con protocolos internos, mirando cómo se le pueden asignar valores numéricos a las posiciones espaciales. El cálculo infinitesimal de Leibniz está construido también solo con protocolos internos, para calcular cómo pueden medirse extensiones de espacio que tienden a cero pero sin que desaparezca del todo el espacio. Así es como pensó Kant que organizamos nuestro conocimiento de las cosas y como las cosas se organizan en la realidad, y así es como pensó que se explica por qué cuando la ciencia hace cálculos, luego al aplicarlos a la realidad concuerdan con ella. Los cálculos funcionan y la nave espacial aterriza en la luna. Así es como el hombre puede hacer ciencia, como puede conocer, y si no procede así, porque no toma datos del exterior, pues no puede. Por eso el hombre puede hacer física y química, o geometría y aritmética, pero no puede hacer metafísica, ni teología, porque no tiene datos sensibles del ser en sí ni de Dios. Kant publicó todos estos estudios en la Crítica de la razón pura, en 1781 (la segunda edición, más famosa, es de 1787), y con ella quiere contestar a la pregunta «¿qué puedo saber?». Con la Crítica de la razón práctica contesta a la pregunta «¿qué debo hacer?» y con otras obras a la pregunta «¿qué me cabe esperar?». Se trata de preguntas que formula el hombre individualmente en relación con sus posibilidades individuales, y con cuyas respuestas puede diseñar de nuevo un mándala, como el de la niñas que juegan o el de Tomás de Aquino, pero a la altura de su época, de lo que entonces se sabe. Kant siente que esas preguntas pueden formularse y responderse también desde el punto de vista de la comunidad humana, pero en ese caso responderlas le parece mucho más complicado. – 115 – CAPÍTULO 15. EL ROMANTICISMO EN LA POLÍTICA Y EN EL ARTE. §57. La revolución francesa y la universalización del mercado. §58. Napoleón (1769-1821), Lincoln (1809-1865) y la abolición de la esclavitud. §59. Goya (1746-1828), Beethoven (1770-1827), Víctor Hugo (1802-1885). §60. Las perversiones románticas de la política y del arte. El fascismo y la bohemia. §57. La revolución francesa y la universalización del mercado. La independencia de los Estados Unidos y la primera Declaración de los Derechos Humanos es de 1776, y ese es un punto de referencia político permanente. La riqueza de las naciones de Adam Smith se publica en 1776, y ese es un punto de referencia económico permanente. La Fundamentación de la metafísica de las costumbre de Kant es de 1785, y ahí está la fundamentación filosófica de la dignidad humana. La Revolución Francesa estalla en 1789, y se considera el detonante de la caída del Antiguo Régimen y la inauguración del periodo contemporáneo en todo el mundo occidental. Caída del Antiguo Régimen quiere decir disolución de la vieja organización de la vida, desaparición de costumbres que empiezan en el neolítico, con la aparición de las ciudades, como la jerarquización del poder según el orden de reyes, nobles, sacerdotes y pueblo, como la división en clases sociales, como la esclavitud, como la tierra y la propiedad inmobiliaria como bien raíz. Desde tiempos romanos y medievales la tierra está vinculada a la sangre, es de quienes la conquistan, que pasan a ser nobles y que la trasmiten por herencia a los que son de su sangre. A su vez, el trabajo, la mano de obra, los campesinos y los esclavos, están vinculados a la tierra, viven allí donde trabajan y pertenecen al dueño de la tierra. Ni la tierra ni el trabajo se pueden vender ni comprar. Pero cuando las ciudades se desarrollan más y más, aparecen más servicios y la generación de la riqueza depende más de lo que hacen los hombres que de lo que hay en la tierra o se produce en ella, entonces empieza a haber más riqueza, más dinero, los que lo tienen, o sea, los comerciantes de las ciudades y los que realizan servicios (profesiones liberales) quieren – 116 – decidir en las organización de la vida común, quieren poder político y decidir en el parlamento, como se consigue con la guerra civil inglesa de 1651, y quieren poder económico, quieren poder comprar tierra y trabajo. En la segunda mitad del siglo xviii se inicia la revolución industrial, y los que inventan y tienen máquinas necesitan trabajadores para sus fábricas. Necesitan que los campesinos puedan dejar sus tierras, acudir a las ciudades, y cobrar los salarios que la naciente industria les ofrece. La revolución francesa es la ruptura de los vínculos entre el trabajo y la tierra y entre la tierra y la sangre. A partir de entonces los hombres pueden vivir de su trabajo mediante el salario. La riqueza de las naciones depende de la cantidad de gente que viva haciendo cosas que los demás, de esa y de otras naciones, quieren. La dignidad humana se mide ahora también en lo que se le paga monetariamente a un individuo por su actividad. Eso es valorar al alguien, como decía Hobbes, pagarle. El salario es una medida de la dignidad humana. Todo hombre merece que se le reconozca valor a su trabajo, y merece que ese reconocimiento se exprese en una cantidad de dinero que le permita vivir. Para abrir esas posibilidades nuevas hay que deshacer vínculos antiguos, y reducir la resistencia de quienes viven sobre esas prácticas y costumbres. A veces eso se logra de grado, otras veces mediante una lucha violenta. La libertad, que antes podían ejercer unos pocos que disponían de medios materiales para ello, ahora pueden ejercerla todos, porque se abre a todos el camino para disponer de medios. §58. Napoleón (1769-1821), Lincoln (1809-1865) y la abolición de la esclavitud. Kant es uno de esos individuos que vive ya de su salario como profesor. Ese salario lo paga el estado prusiano. Se puede proclamar que todos los hombres son iguales y libres y tienen abiertas las posibilidades de obtener los medios para su realización como personas, y así se dice en la Constitución americana y en la francesa. Pero luego esa institución en que se expresa la reflexión de la sociedad sobre sí misma y la voluntad general de esa sociedad, el Estado, tiene que proporcionar medios. Tiene que conseguir que los profesores cobren su salario, y en general, todos aquellos que no cobran inmediatamente por un servicio. Tiene que crear cuerpos de funcionarios. Es decir, el Estado tiene que crear una administración que tenga como deberes prestar u otorgar a los ciudadanos los derechos que la Constitución les adjudica. – 117 – Los diversos estados europeos habían ido generando sectores administrativos desde la edad media. Especialmente en lo referente a la administración de justicia y recaudación de impuestos. Pero todas esas creaciones son ahora sistematizadas junto a otras nuevas formando el cuerpo de la administración del estado. Esa es la obra de Napoleón Bonaparte, en virtud de la cual los juristas dicen que por primera vez en la historia el poder se inclina ante el derecho. A través del derecho administrativo, el poder supremo del estado se pone al servicio de los derechos de los ciudadanos. Ya no se trata de gracias de los reyes, de ocurrencias de afortunados mecanismos gubernamentales. Hay una institución, unos estatutos, leyes que establecen el modo de actuar para atender a unos derechos de los ciudadanos, que no solo se proclaman en el asalto a la Batilla, sino que están escritos en una ley. El Código Civil que Napoleón promulga en 1804. La caída del Antiguo Régimen no acontece de una vez por todas tras la independencia americana o tras la revolución francesa. El triunfo de los revolucionarios sufre estancamientos y conoce transacciones con los intereses y fuerzas de los poseedores de las tierras durante los periodos de la restauración. Los avances y estancamientos se prolongan durante todo el siglo xix. Entre los episodios más relevantes para la historia occidental en relación con la caída del Antiguo Régimen se cuenta la guerra civil de los Estados Unidos (1861-1865). La guerra entre los confederados esclavistas, terratenientes del sur y los abolicionistas del norte, unionistas industriales que necesitaban para sus empresas esa mano de obra que sería liberada de la esclavitud. La guerra civil norteamericana, con la victoria de Abraham Lincoln y los unionistas, es el triunfo de la industria sobre la agricultura, de la productividad de la libertad sobre la productividad de la naturaleza, y en cierto modo la consumación de la caída del Antiguo Régimen. Es la liquidación de unas formas de vida que se inician en el neolítico y que desaparecen con declaraciones del siglo xix y las prácticas del siglo xx. §59. Goya (1746-1828), Beethoven (1770-1827), Víctor Hugo (1802-1885). En el lenguaje ordinario el término «romántico» está asociado a los ideales imposibles, a los sueños más audaces, a los amores más abnegados y difíciles, al poder de los sentimientos frente a la eficacia del cálculo racional, a lo arcano y remoto frente a lo cotidiano y ordinario, a lo grandioso frente a habitual, a lo entrañable e íntimo frente a lo distante y frío. Como decía el poeta Hölderlin, el hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona. – 118 – Todas esas connotaciones tienen los intereses e ideales de los hombres que luchan en la batalla de Saratoga, asaltan la Bastilla o se levantan contra las tropas napoleónicas en Madrid en 1808. Esos intereses e ideales se recogen luego en las constituciones de los Estados Unidos, de Francia o de España. Pero no es en esos textos políticos y jurídicos donde mejor se expresan. Donde mejor se expresan es en los cuadros de Goya «La carga de los mamelucos» o «los fusilamientos del dos de mayo», en el cuadro de Delacroix «La libertad conduciendo al pueblo», en las sinfonías de Beethoven y especialmente en el «Himno a la Alegría» de la novena, en las polonesas de Chopin, o en novelas como «Notre Dame de París» o «Los miserables» de Víctor Hugo. Ahora son imágenes, melodías y relatos que pertenecen a la memoria de la humanidad. Estas obras expresan la necesidad y el afán de libertad que mueven a los revolucionarios, políticos y guerreros, que mueven a los artistas en tanto que ciudadanos y patriotas y que, además, les mueven especialmente en cuanto creadores a expresar con un lenguaje nuevo realidades y vivencias también nuevas. Goya, Napoleón, Beethoven y Hegel mueren entre 1827 y 1831. Beethoven dedica a Napoleón la tercera de sus sinfonías la «Heroica», porque es el gran heraldo de la libertad, aunque le borra la dedicatoria cuando invade con sus tropas la ciudad de Viena. También Hegel lo alaba como el hombre en el que la libertad de la humanidad toma conciencia de sí misma y se realiza de modo autoconsciente para todos. Napoleón es el libertador porque quiere un derecho administrativo y un código civil como el francés para todos los países de Europa. Y además es consciente de que se los puede dar. Sabe que puede hacerlo. Y una prueba de ello es que después de derrotarle en los campos de batalla todos esos países se lo copian. El estado y el derecho napoleónico es no confesional, liberal, liquida de una vez por todas el edicto de Tesalónica, pone fin a la cristiandad y la reubica como cristianismo en la matriz institucional de las iglesias cristianas, despeja el campo para la revolución industrial estableciendo la universalidad del mercado y del salario, y crea una administración que puede otorgar y tutelar los derechos humanos de los ciudadanos. El despotismo ilustrado de los monarcas y la revolución industrial del siglo xviii han dado como resultado una explosión demográfica y el triunfo de la ilustración. La urbanización y la racionalización del trabajo producen en los ciudadanos una conciencia clara y viva de la igualdad de todos los hombres. Porque todos empiezan a recibir educación y pueden leer los mismos periódicos y libros, pueden acudir a los mismos hospitales y empiezan a disfrutar de los mismos sistemas de saneamiento y alcantarillado. Y esa conciencia de igualdad hace posibles nuevas revoluciones con logros – 119 – de mayor igualdad. Con la revolución francesa, con el romanticismo, nace una nueva humanidad y una nueva sociedad. La que puede llamarse la sociedad de la gente, frente a la sociedad de los estamentos y de las clases que empieza con la revolución neolítica. El estado, aunque dispone de una administración amplia y eficaz, no es la única forma ni la única fuente de la autoconciencia de la sociedad. La autoconciencia social más clara y más rápida está en la sociedad civil misma, y no en el estado, está en el arte. Goya y Delacroix, Beethoven y Chopin, tienen una conciencia más clara y distinta, porque no están volcados a la acción práctica de gestionar la marcha de la nación. La conciencia de los gobernantes es más corta y va más a los detalles. Está obligada a la acción y al corto plazo, y no tiene libertad para el libre y creativo despliegue de los propios ideales. Los artistas, académicos y pensadores, sí. Ellos dicen a los ciudadanos quienes son y donde están ellos y sus países. §60. Las perversiones románticas de la política y el arte. El fascismo y la bohemia. La reflexión de la sociedad sobre sí misma, que se expresa en el estado moderno, acentúa la reflexión del pensamiento y de la voluntad de los ciudadanos sobre su país, que entonces constituye una nación. Una de las formas de esa reflexión es la entrega de las propias capacidades para su desarrollo y defensa, que también Napoleón institucionaliza. Napoleón nacionaliza la libertad de los ciudadanos y la concentra reflexivamente sobre la sociedad y el estado estableciendo un servicio militar obligatorio que les lleva incluso a morir por la patria. Un servicio militar obligatorio, durante unos años determinados para la totalidad de los ciudadanos, no había existido nunca antes. Ni en Esparta, ni en Roma, donde surge y se consolida la ciudadanía. Hay raíces arquetípicas de una entrega como la de espartanos y romanos en las conquistas de Numancia por los romanos y de Sagunto por los cartagineses en la Hispania prehistórica. Son los casos de una entrega hasta la muerte en defensa de la propia ciudad, de la propia familia y de la propia tierra. También Tácito cuenta casos similares entre los germanos primitivos. Pues bien, de esas raíces primordiales, de esos arquetipos del arraigo en la comunidad, nacen el patriotismo y el nacionalismo de la sociedad civil y su perversión más propia, el fascismo. La sociedad civil, la sociedad de los ciudadanos, de las familias que viven en la ciudad o en los burgos, y que también se llama sociedad burguesa, nace tras la caída del Antiguo Régimen con el desarrollo de la revolución industrial y bajo el – 120 – impulso de los ideales ilustrados de emancipación, autonomía, libertad igualdad y fraternidad. Con el romanticismo los sentimientos del propio pasado, de las propias raíces, de la propia tierra y de la propia gente, se fusionan con los ideales universalistas y cosmopolitas de los ilustrados. Entonces surgen los sentimientos de identidad y afirmación nacionales que se expresan en todas las artes y las humanidades, y que se mantienen hasta el siglo xxi. Cuando esos sentimientos de afirmación de la identidad y territorio nacionales se radicalizan hasta tal punto que se excluyen absolutamente a los demás seres humanos que son de «otra sangre» (otra raza) y de «otra tierra», surge el fascismo, que es la egolatría de los que se consideran egregios y elegidos para conducir a la humanidad a su salvación. En el plano del arte, a la universalidad y cosmopolitismo ilustrado el artista romántico opone la singularidad de su genio creador, que le lleva justamente a inventar nuevos lenguajes y nuevas formas de decir en las que pueden expresarse las nuevas formas de vida. Ese genio creador es un don divino, que convierte al artista en un ser excepcional, mimado por los dioses. Por otra parte, esas nuevas formas de vida son las de la sociedad de los ciudadanos, las de la sociedad burguesa y la de las familias burguesas, que tienen un cierto carácter estándar. Ese nivel estándar implica un cierto grado de bienestar, un cierto grado de cultura y un cierto grado de honorabilidad, que se relaciona con la tutela de la nación. En realidad, se trata del nivel estándar que se corresponde con la realización efectiva de los Derechos Humanos y que las constituciones proclaman como ideal para todos los ciudadanos. La aspiración de ese nivel y su logro, es la aspiración y logro de un placer, una ciencia y un honor, que puede ir o no ir acompañado de la dicha, sabiduría y virtud de la que habla Rousseau, y frecuentemente se da la paradoja de que mientras más fuertemente se desean y se poseen las tres primeras, que son objeto del «tener», menos se dan las tres segundas que son objeto del «ser». Por eso la sociedad civil se califica como «sociedad burguesa» para expresar su hipocresía. El artista generalmente busca la verdad y rechaza la hipocresía. Cuando además de rechazar los valores del «tener», rechaza también los valores del «ser» y, persiguiendo la creatividad de un modo absoluto y radicalizado, vive alejado de la dicha (en la desgracia), alejado de la sabiduría (en la obsesión por los valores estéticos), y alejado de la virtud (de la preocupación y atención a los demás), entonces acuña un género de vida que es «la bohemia», y que se adopta como imagen de autenticidad para los artistas durante todo el siglo xix y el xx. Lo más frecuente, con todo, es que el artista, aun desviándose del orden social y familiar, viva su arte al servicio de la comunidad, como los antiguos frailes mendicantes. – 121 – CAPÍTULO 16. HEGEL (1770-1831) Y EL DESCUBRIMIENTO DEL ESPÍRITU. ARTE, RELIGIÓN Y FILOSOFÍA. §61. Las realidades en la naturaleza, en la vida y en el espíritu. §62. Despliegue del espíritu humano. Las instituciones y el Estado. §62. Las formas del espíritu: el arte, la religión y la filosofía. §64. La meta del espíritu. Los derechos humanos y el sentido de la historia. §61. Las realidades en la naturaleza, en la vida y en el espíritu. Kant desglosa la maquinaria del conocimiento en cuatro niveles, como Aristóteles y Tomás de Aquino, y se detiene a examinar cómo están construidas la mecánica de Newton y el cálculo infinitesimal. Su interés máximo es, como también le sucede a Platón, las matemáticas y la física. Con esas ciencias se alcanza un conocimiento de la realidad suficientemente maravilloso, y cree que no cabe un conocimiento de profundidades ulteriores. Es un matemático y un ilustrado. Pero Hegel es un biólogo y, además un romántico, y las profundidades son lo que más le atrae. Está situado en un momento histórico en el que presencia la convergencia de muchos saberes y de muchos sucesos, siente que el espíritu humano, habiendo salido de un cierta minoría de edad, alcanza su madurez y expone en qué consiste eso. La realidad del mundo material, exterior, puede explicarla muy bien la matemática y la física, como ha probado Newton, y así es como se conocen la gravedad, la luz, el color, y otras muchas cosas interesantes. Así se conoce lo que las cosas son «por fuera» y cómo se relacionan «desde fuera»: con choques, golpes, atracciones, etc. Pero además las cosas también tienen un «dentro» y se relacionan entre sí «desde dentro», unen sus propiedades primitivas y se trasforman en otras completamente nuevas. Es el fascinante mundo de la química, el de lo que las cosas son «por dentro», «para sí mismas». Robert Boyley en el siglo xvii y John Dalton en el xviii sustituyen el sistema de los cuatro elementos (tierra, agua, aire y fuego) por el de los elementos atómicos que formarían – 128 – Año Población Asia Europa URSS África América Oceanía Mundo 1750 500 111 35 104 18 3 771 1800 631 145 49 102 24 2 954 1850 790 209 79 102 59 2 1.241 1900 903 295 127 138 165 6 1.634 1950 1.376 393 182 224 332 13 2.560 2000 3.611 510 291 784 829 30 6.055 Las emigraciones del campo a la ciudad, debidas a las mejores condiciones de vida de las ciudades, provocan una explosión demográfica que alarma a no pocos economistas. Uno de ellos es Thomas Robert Malthus, que calcula lo que hay en el planeta de tierra cultivable, el crecimiento de la producción agrícola, y el crecimiento de la población humana, para sacar la descorazonadora conclusión de que no pasarían muchos años antes de que no hubiera alimentos para todos. Desde 1820 en que Malthus hace esos cálculos, otros colegas suyos han calculado que no habría espacio en Londres para almacenar el estiércol de caballo, según el ritmo al que crecía el número de vehículos tirados por équidos en la capital británica, o que no habría suficiente campo en Inglaterra para cultivar abejas, según la producción de cera requerida en el alumbrado de la ciudad. Desde entonces y periódicamente, los economistas calculan que no habrá suficiente tierra (terreno cultivable), suficiente fuego (carbón, petróleo, gas, etc.), suficiente agua (reservas de agua potable) o suficiente aire (polución y calidad del aire de la atmósfera) para una población humana como la que se prevé llegará a haber. Marx estima superfluos la mayoría de eso caculos, porque observa que la humanidad genera soluciones para sus problemas incluso antes de que se planteen. Sin embargo, hay un cálculo al que no se resiste. Calcula el ritmo al que se acumula el dinero en manos de los empresarios de las ciudades y el ritmo al que se empobrecen los grupos de individuos que llegan a ellas desde el campo, formando lo que a partir de Marx se llama la masa de proletarios o el proletariado, o sea, los pobres. §66. Marx y el nacimiento del proletariado. Marx, junto con Platón, es el filósofo que con más fuerza decide asumir como objetivo de la acción política los procesos de realización de la esencia – 129 – humana. En el caso de Marx, dicha realización es la que Hegel ha descubier- to, la realización de los derechos humanos. Pero Marx cree que lo que Hegel llama lógica dialéctica en el plano intelectual, en el plano de la realidad social es la apropiación por parte de los ricos del fruto del esfuerzo (del trabajo) de los pobres, que tendrá como segundo momento la apropiación por parte de los pobres de la riqueza de los ricos. La lógica dialéctica la interpreta Marx, en el plano de la realidad social y política, como lucha de clases. Marx crea un movimiento político, el socialismo científico (también llamado comunismo), para conducir voluntaria y conscientemente los procesos históricos de transformación social que el calcula. O sea, que quiere asumir como asunto de la práctica política lo que la teoría dice que es la realidad. No se trata solamente de emborracharse de ciencia, como les ha ocurrido a otros anteriormente, sino de emborracharse de historia, pero de una historia a la que se ha convertido en ciencia. Marx advierte que los grupos que toman la Bastilla en Francia o ganan la guerra civil en Estados Unidos, que consiguen que la tierra y el trabajo se pueda comprar y vender, que logran la abolición de la esclavitud y la universalización del salario, y la realización del hombre a través de su trabajo, como habían señalado Adan Smith y Hegel, forman en las ciudades grupos que acumulan casi todo el dinero, y que difícilmente permiten a los inmigrantes del campo, al proletariado, acceder a las buenas condiciones de vida de la ciudad, del burgo, o sea, la vida de la sociedad burguesa. La familia burguesa, la sociedad burguesa (cuya perversión es el fascismo), adquieren una especie de monopolio del dinero, y con ello una especie de monopolio de la moral, el arte, la religión y la filosofía, es decir, una especie de monopolio de la cultura en general. Eso produce una escisión de la sociedad en dos clases muy diferenciadas y antagónicas, que pone en peligro los ideales de la ilustración y sus logros. Si no se contrarresta la tendencia de la burguesía al exclusivismo, los ideales de la ilustración formulados en la proclamación de los derechos del hombre y del ciudadano pueden quedar cancelados, y la afirmación de la libertad de un modo extremoso puede impedir realmente la igualdad y la fraternidad proclamadas también en las revoluciones. Si la religión y el poder de decidir, el derecho y los recursos económicos, la ciencia y la moral, no son los mismos para todos, como habían dicho Adam Smith y Kant, Jefferson y Rousseau, Napoleón y Lincoln, entonces la Ilustración fracasa y sus dirigentes, la burguesía, retroceden a las condiciones de vida del Antiguo Régimen y asumen de nuevo los papeles de la antigua aristocracia. Esa alternativa la perciben así quienes protagonizan las revoluciones liberales en el siglo xviii, y también los dirigentes de los movimientos socialistas que protagonizan las revoluciones del siglo xix. Pero Marx y el socialismo – 130 – científico tiene un punto más de radicalidad y extremismo y creen que la realización de los ideales ilustrados solo es posible si se produce una total abolición de la propiedad privada, si se produce una nueva lucha contra las clases altas y se las lleva a la guillotina, y si se construye una nueva administración como la de Napoleón pero aplicada a la igualdad. Los liberales creen que si se deja a su libre espontaneidad el juego de la creación de empresas y de la demanda y oferta de puestos de trabajo, las desigualdades sociales se irán nivelando, y que el reconocimiento de hecho de la dignidad humana vendrá solo. Los socialistas creen que si los ideales de las revoluciones no los impone el estado a través de la administración pública las desigualdades crecen, que el reconocimiento de la realidad metafísica de la dignidad humana hay que imponerlo por ley. §67. Faraday, la revolución industrial y el descubrimiento del capital humano. Mientras Malthus hace sus cálculos económicos y Lincoln y Marx sus revoluciones políticas, un modesto aprendiz inglés (ayudante de un encuadernador) Michael Faraday, protagoniza uno de los mayores descubrimientos científico-técnicos de la humanidad, el de la energía eléctrica. Newton elabora y sistematiza las leyes de la energía gravitatoria, Faraday junto a otros las de la energía eléctrica, y los físicos del siglo xx las de la energía atómica. Michael Faraday, quizá el mayor benefactor de la humanidad, mediante la aplicación de un descubrimiento científico a una utilidad técnica, inaugura lo que llamamos tecnología. La tecnología de Faraday libera al ser humano de todo esfuerzo laboral productivo al inventar el procedimiento para que ese trabajo pueda realizarse con energía eléctrica. En el paleolítico para todo trabajo se utiliza como energía la tracción humana. En el neolítico, la tracción animal, la energía hidráulica o la eólica. En el postneolítico, la tracción mecánica en general, o sea, la energía eléctrica. Cuando después de la segunda guerra mundial todos los hogares del mundo abrieron sus puertas a las máquinas lavadoras, y en general a todo el conjunto de electrodomésticos, desaparecieron las últimas condiciones de vida paleolíticas, el uso de la tracción humana femenina. Las personas que vieron lavar la ropa a mano a las mujeres han vivido en el paleolítico, las que sólo han conocido las lavadoras y los electrodomésticos, no han vivido en el paleolítico ni en el neolítico. Han nacido directamente en el postneolítico. – 131 – Los descubrimientos e inventos de Faraday constituyen la mayor liberación del hombre que cabe realizar porque gracias a ellos los seres humanos dejan de ser utilizados como fuerza animal en las tareas productivas, lo que los economistas llaman sector primario de la actividad económica (producción de bienes), para concentrarse en el llamado sector secundario (transformación y distribución de bienes) y en sector el terciario (bienes de atención, asistencia y ayuda). El descubrimiento y uso de la electricidad, que se generaliza desde mediados del siglo xix hasta mediados del siglo xx, potencia tanto las revoluciones industriales y las revoluciones democráticas, que produce una completa transformación del mundo y de la sociedad. En la industria, que cada vez es mayor y mejor, trabajan cada vez más las máquinas y cada vez menos las personas. En las sociedades humanas en las que se mantienen los programas ilustrados de educación universal, cada vez son más los hombres, y cada vez son más las mujeres, que saben hacer más cosas que los demás quieren, es decir, cada vez son más los países que son ricos por su capital humano, por lo que sus hombres y mujeres pueden hacer y hacen, desde inventar coches y medicinas, hasta inventar fregonas y tiritas. A partir del uso generalizado de la electricidad la riqueza de los países consiste, como Adam Smith había dicho, en la libertad de quienes se llamaban y eran sus ciudadanos. §68. El imperio de las ideologías. En el plano político, el esfuerzo por realizar los ideales ilustrados se polariza durante los siglos xix y xx en dos estrategias divergentes que caracterizan de una parte a los liberales (también llamados «la derecha») y de otra a los socialistas (también llamados «la izquierda»). Estas estrategias son corrientes de pensamiento llamadas también ideologías, que de algún modo sustituyen y engloban los ideales religiosos que provienen del medievo, y que adquieren un cierto carácter de moral civil secular. Las tesis de las ideologías se pueden resumir en un cuadro de los principios, valores, instituciones y máximas de gobierno, utilizados por cada una en ellas en esos 200 años. – 132 – A. Ciclo liberal. Derecha. De 1789 (Revolución francesa) a 1889 (Segunda Internacional) B. Ciclo socialista. Izquierda. De 1889 (Segunda Internacional) a 1989 (Caída muro de Berlín) 1 Principio fundamental Espontaneidad de la libertad natural Establecimiento legal de la dignidad humana 2 Máxima de gobierno Dejar hacer, Costumbre Corregir, Ley 3 Institución hegemónica Sociedad civil Ámbitos privados Estado Ámbitos públicos 4 Ámbitos de aplicación Nacional, Regional Internacional, Global 5 Derechos promovidos Derechos humanos políticos Derechos humanos sociales 6 Economía Economía de libre mercado Economía de planificación central 7 Política económica Privatizaciones de los bienes públicos Nacionalizaciones de bienes privados 8 Protagonistas Burguesía, capitalistas Proletariado, obreros 9 Rasgos morales positivos Virtudes: creatividad, audacia y magnanimidad Virtudes: justicia, constancia y solidaridad 10 Rasgos morales negativos Vicios: egoísmo, avaricia, arrogancia. Vicios: pereza, envidia y resentimiento. 11 Preferencias Guerra, Prostitución, Pena de Muerte Revolución, Divorcio, Aborto A lo largo del siglo xx la divergencia ideológica más importante no es la que se produce entre liberales y socialistas, sino la que se registra entre países de régimen democrático o con pluralidad de partidos políticos, y países totalitarios o con un único partido político, generalmente el partido comunista. Y dentro de esos dos grandes bloques se pueden encontrar a su vez planteamientos más inclinados a los principios de la columna A y otros más inclinado a la columna B. – 133 – CAPÍTULO 18. LA MÍSTICA Y EL DESCUBRIMIENTO DEL LENGUAJE. KIERKEGAARD (1813-1855), SCHOPENHAUER (1788-1860) Y NIETZSCHE (1844-1900). §69. La existencia contra la ciencia. Kierkegaard. §70. Lo interior y lo exterior. Schopenhauer. §71. La muerte de Dios. El nihilismo y el superhombre. §72. El arte, el lenguaje y la cultura. §69. La existencia contra la ciencia. Kierkegaard. El segundo de los tres caminos que emprende la inteligencia una vez que llega al final de la reflexión, y después de iniciar el de la transformación del mundo natural y social, es mirar fuera. La ciencia se construye operando con la maquinaria de la inteligencia y elaborando en ella datos procedentes del exterior, pero ¿qué es lo que hay en el exterior? Lo que hay en el exterior es el ser, la existencia, la vida, y eso no puede ser pensado. O bien al pensar se pierde de vista eso. Eso es lo que descubre y proclama con fuerza el filósofo, literato y predicador religioso danés, Soren Kierkegaard. Descartes había desplegado el camino de la inteligencia hacia el interior para construir la ciencia. Había fundamentado la inteligencia en el yo y el yo en la existencia y había expresado su descubrimiento con la fórmula «pienso, luego existo». Para recorrer el camino de la inteligencia hacia el exterior Kierkegaard hace un trabajo inverso y lo expresa con una fórmula también inversa: «pienso, luego no existo». Para entenderlo se puede realizar la siguiente experiencia intelectual. Piensa un árbol. ¿Está? ¿Sí? Pues ahora piénsalo existiendo. ¿Se diferencian en algo? No, en nada. ¿Qué significa eso? Significa que la existencia no añade ningún rasgo nuevo al árbol, que no es más inteligible o no se entiende más ni mejor el árbol, la esencia del árbol, por el hecho de que exista. – 134 – Kant expresa esto diciendo que no hay más contenido inteligible en 100 táleros (el euro de su época) imaginados que en 100 táleros reales, y diciendo que la existencia no es un predicado. Kierkegaard lo expresa diciendo que la existencia es lo que queda fuera del pensamiento cuando se piensa algo. Lo que se capta, se entiende y se calcula de ese algo es la esencia, y lo que queda fuera, la existencia. La existencia es la vida, la actividad, la duración y la realidad de lo que entendemos. Entonces, ¿cómo se puede comprender la existencia? Pues no haciendo ciencia, ni tampoco haciendo filosofía, sino viviendo, y, sobre todo, prestando atención al vivir mismo. Al vivir, la conciencia puede estar atenta a lo que resulta divertido, placentero, y fascinante. Eso es lo que se llamaba en el siglo xix la existencia burguesa, que se consideraba irresponsable y frívola, y que Kierkegaard llama existencia estética. En ella uno no presta especial atención a uno mismo, al sí mismo, como decía Rousseau. Hay otro tipo de existencia, más responsable, en que uno asume la tarea de la realización de sí mismo y la de los demás. Kierkegaard la llama existencia ética, en la que uno toma decisiones pensando en el futuro y en cierto modo lo controla. Es lo que ocurre en el matrimonio y la política. Y hay otro tipo de existencia en la que uno tiene como único asunto a sí mismo, frente al comienzo de su ser, la nada de la que uno parte, y frente al término de su ser, la muerte y el más allá. Un ser humano en la cultura occidental empieza a ser consciente de sí mismo en la adolescencia. Entonces siente que no es nada y que quiere ser algo o alguien, triunfar, tener una familia, etc. El sentimiento de no ser nada lo llama Kierkegaard angustia y lo describe en su libro más conocido, El concepto de la angustia (1844). Cuando se siente eso se puede sentir también miedo ante la propia libertad y ante la propia responsabilidad, y uno puede intentar huir, escapar de esa situación o de sí mismo. Uno puede no querer ser sí mismo y llevar una existencia estética, querer ser otro y tener las cosas que otro tiene, o bien no querer ser un yo en absoluto para no tener tanta responsabilidad. También puede uno enfrentarse a Dios por haberle puesto a uno en esa situación, como hizo Abraham, y hacer con él un pacto de confianza completa o no. Kierkegaard describe así la estructura de la existencia humana y el modo como se puede tomar conciencia de ella. Es decir, construye un mandala como el de Platón, Santo Tomás o Hegel, pero no solamente para ser contemplado y aprendido, sino para ser vivido y practicado, es decir, construye una rayuela en la que el jugador lo que juega es su vida. – 135 – §70. Lo interior y lo exterior. Schopenhauer. Schopenhauer, que es contemporáneo de Hegel y de Kierkegaard, también es consciente de que la inteligencia ha agotado de algún modo el camino de la reflexión y mira hacia afuera igualmente. Pero su mirar hacia afuera va guiado por los libros sagrados de las religiones orientales, especialmente por el Bhagavad-Gita («El libro del Señor»), que es una parte del Mahabharata hindú, y que constituye una de las claves de la mística asiática. Además, su mirar hacia afuera está marcado con el sello de su personal pesimismo, condensado en su sentencia: «solo tenemos una idea innata, y es falsa: que hemos venido al mundo para ser felices». Schopenhauer conoce muy bien la filosofía de Kant, tiene una idea muy elaborada de cómo la realidad se despliega en el espacio y el tiempo reales, y de cómo se conoce mediante su reelaboración en el espacio y el tiempo de la imaginación y las categorías del entendimiento. Pero también cree, como Kant y como Kierkegaard, que eso es el mundo representado, que no es real ni verdadero. En su obra máxima, El mundo como voluntad y como representación, que publica primero en 1818, y que reelabora y amplia mucho en la segunda y definitiva edición en 1844, expone que las representaciones imaginativas y conceptuales del mundo que proporcionan las ciencia y las artes plásticas son como los velos de Maya del hinduismo. Maya es la materia o la irrealidad dispersa en el espacio y en el tiempo, y la diosa que personifica la dispersión y la irrealidad. La verdadera realidad, lo que Aristóteles llama la sustancia y Kant llama la cosa en sí incognoscible, es actividad, energía, voluntad. Lo realmente real es el mundo como voluntad, al que se puede acceder principalmente mediante la música y que se supera mediante la ascética y la mística, como Platón enseña una y otra vez. Lo decible es pura ilusión, lo verdaderamente real está más allá de lo decible. Lo real es la vida, lo que se vive, y eso se expresa en la música, porque la música, elaborada con tiempo y sentimientos, está hecha con los elementos de la voluntad, del querer, que son amor, ira, ternura, coraje, triunfo, poder, tristeza, etc., o sea, sentimientos. Las artes plásticas superan de algún modo la dispersión espacial y temporal, y pueden mostrar de un golpe la unidad y la verdad de las cosas, pero la música es el arte que lleva al interior de ellas, a sentir lo que a ellas les pasa, lo que sentirían si tuvieran sensibilidad, cosa que las plantas y los animales tienen. La música es una forma o la principal forma de la com-pasión universal, que es la clave de lo que Schopenhauer llama ética. La com-pa- – 136 – sión es compartir la vida y la desgracia de los demás, los sentimientos de los demás, y eso es lo que hace la música. La voluntad se dispersa en la pluralidad de cosas reales y oscila entre el tedio por no desear y el sufrimiento por no alcanzar nunca lo que se desea. A su vez la compasión, que es lo propio de los humanos que tienen corazón, lleva al hombre desde la oscilación entre el tedio y el sufrimiento propios a la oscilación entre el tedio y el sufrimiento de todos los vivientes. La forma más adecuada de superar el sufrimiento es la negación de la voluntad de vivir, que es la ascética, y la forma de encontrar la felicidad es entrar en la unidad del Nirvana, de la nada. Este planteamiento y enfoque de Schopenhauer hacia la exterioridad de la inteligencia, hacia la vida y hacia el nirvana permanece presente en el siglo xix y xx en la obra de Nietzsche, Freud, Jung, Schrödinger, Wittgenstein y algunos otros. §71. La muerte de Dios. El nihilismo y el superhombre. Nietzsche es un filólogo, un catedrático de griego de la Universidad de Basilea, Suiza, muy reprimido por su familia en la niñez en nombre de la religión, y que encuentra en el ateísmo una forma de vida sana y normal. Es quizá el más histriónico y oracular de los filósofos y, como discípulo de Schopenhauer y de Wagner, es un apasionado de la música. Nietzsche se encuentra en una extraña y finísima sintonía o pre-sinto- nía con los hombres de su época, y siente que el final del camino reflexivo de la inteligencia, que se inicia con Platón y antes aún con Sócrates, es percibido o va a ser percibido por las personas normales y corrientes, no intelectuales, como advertencia de que todo lo que se ha dicho y se ha creído sobre la trascendencia y lo divino no es sabiduría divina, sino como dice en el título de uno de sus libros, de 1778, un saber Humano, demasiado humano. Tiene la certeza de que lo real es el movimiento, la vida, y que eso se capta y se vive, no mediante el pensamiento, las ideas, ni, en general, mediante la conciencia intelectual, calculadora o representativa, sino mediante la fusión de las conciencias que se produce en la música, la danza y la embriaguez. Lo que Schopenhauer llama velos de maya y Kierkegaard modo de la existencia estética, Nietzsche lo llama ámbito u orden de lo apolíneo, lo representable y lo bien formado, y lo que Schopenhauer llama mundo como voluntad y mundo de la música, Nietzsche lo llama ámbito u orden de lo dionisíaco, que es donde aparece tal como es la vida, la realidad. – 137 – Pero Nietzsche no cree que el orden de la voluntad, de la música, la danza y la embriaguez haya de ser superado para pasar a un estadio ético o religioso, o para llegar al final del sufrimiento en el nirvana o en la nada mística. Cree que más allá del orden de lo dionisíaco no hay nada, y que afirmar que hay algo es mentir. Más allá no hay el ser ni lo divino. No hay nada. Y además, en la certeza de la eternidad de la voluntad, cree que esa nada es lo más terrible e insoportable que le queda al hombre para la eternidad. Junto a la certeza de la eternidad de la voluntad, Nietzsche tiene la certeza de que los hombres de su época presienten que las teorías filosóficas y las prácticas religiosas, construidas en y mediante la reflexión, no conducen al ser ni a lo divino, a realidades vivas. Siente que la humanidad de su época está empezando a dejar de creer en las representaciones tradicionales, en la filosofía y en la religión heredadas, como también lo habían sentido Kierkegaard y Schopenhauer, y a eso le llama “muerte de Dios”. La muerte de Dios es simplemente el experimentar como increíble lo que la filosofía y la religión dicen del ser y de Dios. El hombre que descubre esto, lo acepta y lo soporta es el superhombre, porque hay que ser mucho más que hombre para descubrir y aceptar que la verdad es la nada, y encima seguir viviendo, seguir afirmando la vida. Esa es la ética del superhombre, afirmar la vida, querer vivir a pesar de todo y poder hacerlo. La comprensión de la voluntad de vivir y su descripción es la ética de Nietzsche. La voluntad de vivir es voluntad de poder, voluntad de dominio, y hay dos modos de ejercerla, desde la debilidad, que es lo propio de los hombres comunes, del pueblo, y desde la fuerza, que es lo propio del superhombre. Los débiles acumulan y ejercen el poder dando lástima y moviendo a compasión, que es lo que hacen las mujeres, los cristianos y los socialistas (Nietzsche considera que el socialismo es una especie de cristianismo secularizado). Los fuertes lo acumulan y ejercen desplegando su imaginación creadora, que es lo que hacen los artistas y en general todos los emprendedores. §72. El arte, el lenguaje y la cultura. La ética y la religión del superhombre consisten en la afirmación de la creatividad, en el ejercicio de la construcción artística y en el éxtasis de la embriaguez estética. Se crea valorando lo percibido según pulsiones e instintos del organismo biológico, de la animalidad, se construye nombrando lo que se percibe y elaborando imaginativamente sus cualidades, y se entra en el éxtasis estético identificándose uno con la naturaleza construida. Un filólogo como – 144 – etc.). En las muchachas la pulsión de ser madres, y en los muchachos la de ser padres. En las muchachas, además, las pulsiones y fantasías de ser virgen, de ser deseadas por millares de hombres y ser prostituta. En los muchachos las de ser militar y alcanzar victorias, curar a los hombres, dominar las fuerzas de la naturaleza, coronarse rey, y quizá en las muchachas también. En los hombres y las mujeres adultos se dan las pulsiones y fantasías de ser ancianos, de reunirse con los antepasados, de retornar al seno del universo y de lo sagrado, de encontrarse con Dios. Jung encuentra todas esas pulsiones y fantasías entre sus pacientes, que al relatarlas refieren sin conocerlas las historias de Antígona, de Aquiles, de Prometeo, de Ulises, de Abraham o de Moisés. Es decir, lo que Jung encuentra en sus pacientes de la primera mitad del siglo xx en Suiza, y que él llama arquetipos, son las pulsiones encaminadas a realizar los ritos que determinan las etapas y las modalidades de la existencia humana, señaladas en el capítulo 3, §9 y §10, al exponer cómo se constituye el sistema social y el sistema cultural. O bien lo que encuentra son los relatos correspondientes a los mitos que recogen la versión narrativa de esos rituales. Esos mitos y esos ritos se corresponden con los ritos de paso de las culturas primitivas y con los sacramentos de las religiones abrahámicas, especialmente los del judaísmo y el cristianismo. Esos rituales se expresan y se llevan a cabo mediantes símbolos naturales, como agua, ceniza, aceite, etc., que pertenecen al orden de la naturaleza y remiten a él, y no mediante signos artificiales, como letras y números, que pertenecen al orden de la objetividad y remiten a él. Jung llama inconsciente colectivo al conjunto de esos arquetipos porque supone que se encuentra en todos los individuos de la especie humana. Por este procedimiento Jung dota a la mente humana de una gran cantidad de «presagios innatos de acciones», de «presagios de relatos de acciones», o de «ideas innatas», que dan lugar a los ritos y a los mitos. Los mitos, a comienzos del siglo xx, son todavía expresiones irracionales ininteligibles, y hay que esperar a que a lo largo del siglo se produzca la recepción de Vico y el trabajo de Eliade, Ricoeur, Levi-Strauss, Geertz, de la semiótica y de la lingüística evolutiva para que a finales del siglo xx se comprendan y acepten como expresiones legítimas de la inteligencia humana. – 145 – CAPÍTULO 20. EL DESCUBRIMIENTO DE LA RELATIVIDAD. HUSSERL (1859-1938), EINSTEIN (1879-1955), PLANCK (1858-1947) Y LA NUEVA MATEMÁTICA. §77. Conocimiento científico y conocimiento normal. Objetividad y realidad. §78. El punto de vista del observador. Lo continuo y lo sucesivo. §79. Lo discontinuo y lo simultaneo. §80. La nueva matemática. §77. Conocimiento científico y conocimiento normal. Objetividad y realidad. Como se ha dicho, el camino del pensamiento en tanto que reflexión iniciado en Platón termina con Hegel. Después la inteligencia humana empieza caminos nuevos. El nuevo comienzo puede situarse en el año 1900, fecha en que se publican las Investigaciones Lógicas de Husserl, La interpretación de los sueños de Freud, y el Quantum de energía de Planck. Estas obras inician un proceso que cuestiona el canon de los «libros sagrados», los que contienen conocimientos verdaderamente revelados, establecido por el fervor científico postcartesiano. El gran descubrimiento de la fenomenología, consiste en advertir que el conocimiento científico es un tipo de conocimiento rebuscado y cauteloso, pero no es el modo natural y espontáneo de ejercer el conocimiento. Los seres humanos no se levantan, se asean y desayunan científicamente, los padres no pasean, besan o riñen a sus hijos científicamente, y los enamorados tampoco se abrazan científicamente, y sin embargo todo eso está guiado por el conocimiento. Si la vida se quiere convertir en un sistema científico como Descartes proponía, puede convertirse en un suplicio. ¿Cómo es la forma natural, espontanea, del conocimiento?, ¿cómo opera el conocimiento en la vida normal?, ¿cómo aparecen las cosas reales en la vida y en la conciencia de la gente? Para formular y responder a esas preguntas sistemáticamente surge un enfoque de los temas y de los problemas que se llama fenomenología, y es la aportación de Husserl. – 146 – Estas interrogaciones llevan al descubrimiento de la diferencia entre la objetividad y la realidad. El hallazgo platónico de la geometría abre el mundo objetivo, el universo de las ideas eternas, y Husserl explora y describe su estructura. Ese hallazgo sitúa lo verdaderamente real en un ámbito lejano al mundo de las apariencias, que no es el auténticamente real. Lo que hay entre los dos mundos, es lo que Platón considera el tercer principio al que llama «numero intermedio» y que es el tiempo. Lo eterno es lo real y lo temporal y cambiante es la apariencia. El programa de la fenomenología es, por una parte, analizar la estructura del mundo ideal, y por otra, la estructura del mundo cambiante de las apariencias, o sea, el tiempo, pero el tiempo tal como aparece en la conciencia, lo cambiante tal como aparece en la conciencia, para descubrir la relación entre lo ideal y lo temporal, lo eterno y lo sucesivo, y tener así un conocimiento verdadero de lo temporal en tanto que temporal, y no un conocimiento de lo temporal en tanto que ideal o eterno, que es como la ciencia cuenta el mundo real. Husserl quiere unir los dos mundos, y eso es lo que quiere también Dilthey. Por eso se escriben y se cuentan sus ideas. Cuando los matemáticos dicen que un punto genera una recta, lo que ocurre es que el punto se estira. Deja su principio donde estaba y el pun- to mismo se estira. Al estirarse, ¿genera antes el tiempo o el espacio? Al estirarse genera a la vez el tiempo y el espacio porque el tiempo es una dimensión del espacio. El espacio se genera temporalmente y el tiempo indica la «talla» del espacio, su edad, lo que ha crecido y la forma que tiene hasta ese momento. Este asunto no solo interesa a los historiadores que se ocupan de la «talla» del espíritu humano, como Dilthey, el propio Nietzsche y Ortega y Gasset, o a los matemáticos que se ocupan de la «talla» del espacio puro, como Husserl o Frege. Interesa también a los físicos. §78. El punto de vista del observador. Lo continuo y lo sucesivo. Entre los físicos hay uno, Albert Einstein, que también está interesado en averiguar cómo el movimiento aparece en la conciencia del científico, en ese conocimiento especial que es el de la ciencia. Al investigarlo descubre, como Husserl, que la posición del observador influye en lo observado, y que según donde se sitúe los fenómenos son de una manera o de otra. Para asegurarse de obtener en cada caso un conocimiento verdadero, añade información sobre el tiempo de la observación. El tiempo tiene mucho que ver con la «talla» de lo observado porque en cada posición que se sitúe el observador la «talla» del universo observado es diferente. De esa – 147 – manera Einstein realiza en cierto modo el sueño de Dilthey de una «crítica de la razón histórica» o una «crítica de la razón temporal», aunque deja claro que en cada observación del universo lo observado es diferente. A esta manera de entender el universo en función del tiempo Einstein lo llama teoría de la relatividad, porque de algún modo supera lo relativo del conocimiento tomando conciencia de su relatividad y haciéndola constar. Introduce ese factor en los cálculos físico, y así las leyes físicas siguen teniendo valor absoluto. ¿Y no sería posible mirar el universo desde fuera, desde un punto de vista «objetivo», analizarlo todo a la vez como hacía Newton, para tener un conocimiento absoluto? No. El universo no se puede analizar todo a la vez porque no es todo a la vez, no existe todo a la vez. Si existiera así no sería un universo físico. Sería un universo geométrico, si acaso. Cuando un punto genera una recta el espacio se genera temporalmente. Y el universo es espacio generado temporalmente, o sea, es expansión a partir de un punto, es movimiento a partir de un punto, y ese movimiento es despliegue sucesivo, no despliegue de un golpe y todo a la vez. El universo se expande a un ritmo, a una velocidad, que siempre es finita y tiene un límite insuperable, que puede decirse que es la velocidad de la luz. Para que el universo pudiera darse todo a la vez y ser observado todo a la vez, tendría que estar terminado al empezar, pero entonces no habría tiempo y tampoco habría espacio. Eso sería el mundo ideal o el mundo espiritual, el mundo de la conciencia o del pensamiento, ese del que dicen los filósofos que no tiene extensión y no está distendido, sino que es todo simultaneo. Pero en física no es así. La noción de simultaneidad no tiene sentido físico. La física es el cálculo de procesos temporales, de velocidades, duraciones, recorridos y distancias, y la teoría que relaciona esos cálculos. Es la medida de lo espacio-temporal, la medida del movimiento, o si se quiere, del tiempo, y así había definido Aristóteles el tiempo, como la medida del movimiento según el antes y el después. La física es el mundo de lo sucesivo, no de lo simultáneo. Dos cosas, una al lado de la otra, pueden verse a la vez, y parece que lo que se ve a la vez está dado al observador y a la conciencia simultáneamente. Pero en la realidad una cosa al lado de otra es una cosa después de otra. Cuando se canta o se habla, se tiene en la imaginación y en la mente simultáneamente todo lo que se va a expresar al exterior, y en el exterior se va expresando sucesivamente, pero en el interior está todo a la vez, está todo simultáneamente. Lo mismo pasa con el proceso de formación de un embrión y con los procesos biológicos en general, que se producen todos a la vez y son simultáneos y encajan unos con otros. Efectivamente es así, pero esos procesos no son físicos y no pertenecen al mundo físico. Son procesos – 148 – regulados y coordinados desde un centro de control que Aristóteles llama psique, y que los filósofos aristotélicos consideran que es «inmaterial». También lo consideran así los no aristotélicos. Los platónicos, los cartesianos y la mayoría de los filósofos. Creen que la psique tiene una parte a la que se le llama inteligencia, mente o espíritu, que es consciente de sí misma y de sus operaciones, y que opera en el mundo de la simultaneidad, de las ideas, de lo que se entiende todo a la vez y solamente puede existir de golpe y todo a la vez, como la comprensión o la audición de una melodía. Entre los filósofos que han estudiado más la relación entre lo sucesivo y lo simultáneo están también Leibniz, Schopenhauer, Bergson, Teilhard de Chardin y otros. Además de los filósofos, algunos médicos y algunos psicólogos, como Freud y Jung, también entienden la conciencia o el espíritu así, y analizan cómo se relacionan el mundo de lo simultáneo y el mundo de lo sucesivo. §79. Lo discontinuo y lo simultáneo. En el orden ideal de la geometría y en el orden real de la física, un pun- to genera una recta si se distiende en una dirección, un círculo si se distiende en las dos dimensiones de un plano y una esfera si se distiende las tres dimensiones de un volumen. Si el punto en vez de estirarse se desplaza, no genera nada, y tampoco se puede desplazar, porque no hay ningún punto de referencia respecto del cual se pueda decir que hay desplazamiento. Por eso el espacio y el tiempo son siempre ‘interiores’ al ‘punto’ que los genera. Se generan «dentro del punto». Pero un punto material, un volumen pequeño como una canica, cuando se estira no genera una recta, genera una curva, genera algo así como un plátano, porque ese es uno de los modos en que la línea se refiere a sí misma, volviéndose hacia sí misma. El universo parece haberse formado así, a partir de una canica que se estira en dos direcciones, formando una curva con las puntas hacia arriba en una dirección, y con las puntas hacia abajo en la otra. Esa es la forma que Einstein dice que tiene el universo, la de una silla de montar, que los geómetras llaman un «paraboloide hiperbólico». Y así parece que es como el universo se expande. En 1900 el físico Max Planck, realizando unos experimentos, comprueba que, cuando un punto genera una recta, un plano o una esfera, cuando una partícula o conjunto de ellas emite energía, el punto o el círculo o la esfera no se estiran o expanden de un modo continuo, sino que se estiran o expanden dando saltitos, como latiendo. Al medir esos intervalos encuentra que el tiempo y el espacio que se generan en el movimiento se generan a una velocidad constante y a intervalos constantes y soltando cantidades – 149 – constantes de energía. Como si el mundo físico, el tiempo y el espacio, se formasen de modo discontinuo, o sea, mediante el ritmo. A esa cantidad de energía que se emite discontinuamente Planck le llama Quantum de energía, y al estudio de los intervalos y relaciones entre esos paquetitos de energía se le llama física cuántica. No se le llama física sin más, sino física cuántica, porque las relaciones entre esas unidades minúsculas de energía no son como las relaciones entre los cuerpos en el universo físico que describen la física de Newton y la física de Einstein. Lo que Newton y Einstein describen es lo que hace la fuerza de la gravedad o la energía gravitatoria, pero los paquetitos de Planck se relacionan según la fuerza electromagnética o la fuerza nuclear, que tienen otro comportamiento, y quizá otras velocidades y otros límites de velocidad, quizá más cerca de procesos casi simultáneos. Si un punto al generar una recta, volviera hacia su punto de partida, generaría una curva, y si la curva se cerrara generaría un círculo. Un círculo es el modo en que un punto vuelve sobre sí mismo con una vuelta completa. Volver sobre sí mismo con una vuelta completa es lo que algunos filósofos platónicos y aristotélicos, como Proclo y Santo Tomás, han llamado «sustancia», ser una cosa, la cosa que existe en sí y recogida sobre sí, y no lo que está distendido. Como si un punto al estirarse pudiese generar un espacio, un campo espacial o un campo de fuerza, una superficie en la que laten las ondas como el agua, y al recogerse sobre sí se convirtiera en un pequeño cuerpo, en un corpúsculo, en una cosa o una sustancia. Una sustancia es lo que es de golpe y todo a la vez, según una interacción unitaria y simultanea de todas sus partes, sin distensión temporal. Sin tiempo. El hidrógeno y el oro son hidrógeno y oro de golpe y todo a la vez. Un embrión empieza a ser embrión de perro, de alcachofa o de hombre de pronto, y sus partes se van componiendo para ajustar simultáneamente unas con otras. El proceso de empezar a ser y de realizar unas actividades mientras se está siendo y para seguir siendo, Aristóteles lo llama «esencia», pero cuando se trata de seres orgánicos a esa esencia la llama «psique». La esencia, sea o no sea psique, en el orden ideal se llama esencia y en el orden real se llama sustancia, y su principal característica es la unidad, unicidad e identidad. De entre los físicos cuánticos el austriaco-suizo Wolfgang Pauli es el que más estudia la unicidad e identidad de las partículas (del electrón), el que más interesado está en estudiar las relaciones entre lo simultaneo y lo sucesivo, y los fenómenos de «Sincronicidad». Hay en física cuántica unos experimentos en que se pone de manifiesto una simultaneidad entre fenómenos experimentales en un punto del planeta y el mismo fenómeno en – 150 – otros puntos muy alejados del primero. Pauli y Jung, también suizo, inician las investigaciones sobre sincronicidad, que en el siglo xxi empieza a converger con investigaciones en biofísica, neuro-psicología, geomedicina, etc. Como si se iniciara el deshielo comunicativo entre la ciencia moderna y los saberes excluidos del canon postcartesiano de libros sagrados. §80. La nueva matemática. Platón lleva a cabo la primera aritmetización de la cosmología y de la filosofía, y desde entonces se busca la correspondencia entre los procesos reales y su expresión matemática. Unas veces cada nuevo descubrimiento de la física busca su expresión matemática y otras nuevas expresiones matemáticas se descubren como expresión de fenómenos físicos reales. En el orden ideal el tiempo se expresa mediante los números y constituye la matemática, y en el orden real mediante el movimiento y constituye la física. La organización del movimiento mediante el número es uno de los modos en que Aristóteles define el tiempo (medida del movimiento). La correspondencia entre las expresiones filosóficas del tiempo y sus expresiones matemáticas y físicas se puede representar en el siguiente cuadro. Tiempo- Filosofía Numero - Matemática Movimiento - Física Sucesión Positiva Síntesis Distensión, Suma, Multiplicación Funciones logarítmicas, Integrales Expansión, crecimiento Procesos antientrópicos Sucesión Negativa Análisis Resta, División. Funciones logarítmicas, Derivadas Descomposición Procesos entrópicos Simultaneidad entre elementos de un mismo sistema Algebra, trigonometría, matrices, topología Conexión, interdependencia, interacción Tiempos irreales, futuro Probabilidades, teoría de juegos Movimientos posibles Simultaneidad entre sistemas distintos Teoría de conjuntos Teoría de cuerdas Relación entre procesos sucesivos y procesos simultáneos, causalidad Como ya se ha dicho, Platón señala que hay cuatro principios de todo lo real. El primero es el Uno o el Bien, el segundo es el conjunto de las ideas o esencias, el tercero es el tiempo y el número, y el cuarto el mundo sensible. En su diálogo Parménides, expone su doctrina del Uno, en La República – 151 – su teoría de las ideas, en su diálogo Timeo expone la formación del mundo sensible, del orden empírico, a partir de la geometría. Y el estudio del tiempo y la matemática, que es el enlace entre el mundo de las ideas y el mundo empírico, queda más diseminado entre otras obras. Después de Platón se desarrolla mucho la ciencia basada en la matemática, y se establece un abismo entre lo material, lo matematizable, y lo inmaterial o espiritual, lo no matematizable, hasta que en el siglo xxi empieza la convergencia entre los dos ámbitos, entre el orden de lo sucesivo y distendido, y el orden de lo simultaneo. Surgen entonces nuevas formas de expresión matemática que permiten señalar correlaciones y correspondencias entre órdenes heterogéneos. – 153 – CAPÍTULO 21. LA SEGUNDA ILUSTRACIÓN Y LA NUEVA UNIDAD DEL GÉNERO HUMANO. §81. Bernstein (1850-1932), Gandhi (1869-1948) y Mandela (1918-2013). §82. Keynes (1883-1946) y la convergencia de las ideologías. §83. Sociedad de bienestar, segunda Ilustración y nuevo modelo de estado. §84. Lenguajes representativos y lenguajes creativos. ¿Qué era el patrón oro? §81. Bernstein (1850-1932), Gandhi (1869-1948) y Mandela (1918-2013). Cuando en 1883 muere Carlos Marx, su albacea intelectual, el encargado de ejecutar el testamento de su doctrina es Edward Bernstein, y lo hace buscando las líneas de acción menos costosas y más eficaces. Como Dilthey recoge las descripciones de Nietzsche y las reelabora prescindiendo de sus interpretaciones particulares y subjetivas, así Edward Bernstein hace lo mismo con las de Marx. Sigue la espontaneidad de las corrientes socio-culturales hacia los ideales ilustrados de realización de la esencia humana, más que optar por su imposición rápida y violenta. Dicho de otra manera, con una actitud y una estrategia que puede calificarse de liberal o de derechas, según las claves del cuadro del §68, utiliza la dinámica de la sociedad civil, del mercado y del capital, para la construcción del estado socialista, y así lo declara en su libro Las premisas del socialismo y las tareas de la socialdemocracia, de 1899, que constituye el texto fundacional de los partidos socialdemócratas. Marx y el socialismo científico están convencidos de que el capital tiene una dinámica que lleva a la extinción de los capitalistas, y por eso es partidario de adoptar ya los procedimientos para acelerar ese proceso y alcanzar ya la realización de la esencia humana, la salvación del hombre. Esos procedimientos y esa anticipación de la salvación son la lucha de clases, la abolición de la propiedad privada, la eliminación de la religión y la dictadura del proletariado, o sea, el establecimiento de la igualdad universal y la garantía universal de los derechos humanos. La libertad es un valor prescindible en ese proceso y queda compensado por la superioridad del valor de la justicia.