scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Bienvenido Mister Krens [Reseña]

Haba Morales, Juan de la

Full text

BIENVENIDO MISTER KRENS * Juan de la Haba M ichel Leiris: «Un museo: nada me resulta tan parecido a una casa de putas». Thomas Krens: «Soy en cierta forma la mayor puta del mundo». No se confunda el lector; la obra que con entusiasmo le proponemos no va de esos lugares más o menos mórbidos donde unos pecan por la paga o pagan por pecar, no es la historia de unos pecadores y de sus infamias más o menos pueriles. Trata, como verá, de otro tipo de sirenas, quizás más broncíneas, sí, pero menos carnales, tal vez menos virginales pero con menos calor humano. Esas dos afirmaciones, la primera de un africanista y la segunda del director de la Fundación Guggenheim, podrían sintetizar las negociaciones y los acuerdos que han llevado a la creación de un sofisticado producto cultural, de alto copete y frígida ironía, como es el museo Guggenheim-Bilbao. De él se ocupa esta reciente obra del antropólogo Joseba Zulaika, obra que, apoyándose en una buena cantidad de entrevistas y en una amplia variedad de materiales y fuentes, adopta la forma de una crónica detallada y lúcida, a través de la cual se escrutan los recovecos que arrojan luz sobre los lances y el desarrollo de los acontecimientos de lo que algunos han considerado una épica heroica, pero que el ' Reseña publicada en Archipié/ago/34-35. lector descubre penosa e inquietante. Tras esta épica, la de la construcción del imponente museo Guggenheim-Bilbao, hay algo más que historia del arte contemporáneo, más que unos fines estéticos y una función educacional; por encima de todo, descubrimos juegos de poder y seducción, de dinero y arte. El interés de esta crónica es triple o cuádruple. Monumentalismo, catarsis y coartadas arquitectónicas, seducciones y dominio de apariencias, epifanías milenarias y letanías conceptuales, afirmaciones nacionales y aventuras 1 O 1 posnacionales en el pórtico del milenio ... todo ello se entrelaza o enreda en este ya emblemático museo, cuya aventura Zulaika desvela y nos narra casi con la trama de una novela social, incluido el suspense necesario, del final incierto (aunque previsible), permitiéndonos a los lectores tomar posición y reflexionar sobre sus implicaciones. El libro de Zulaika no es, pues, la fabricación de una triste polémica más. Por el contrario, la marca Guggenheim, ahora inscrita en la topografía bilbaína, a orillas de la ría, es demasiado rica en ironías y provocaciones sorprendentes como para que el autor, y también nosotros, los lectores, nos permitamos el lujo de desaprovechadas. Y éstas, como hemos apuntado, son muy diversas. - CI - ASTRAGALO, 11 (1999) Attribution-NonCommercial-ShareAlike - CC BY-NC-SA Review, ISSN 1134-3672 https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.1999.i11.13 Antropólogo, Equip de Recerca en Antropología deis Processos Identitaris, ERAPI, Departament d'Antropología Social, Universitat de Barcelona. 102 En primer lugar, lo que otorga verdadero interés al Guggenheim es que proporciona un paradigma de lo que algunos han definido como la decisiva afinidad electiva entre posmodernismo y capitalismo tardío, una concreción de lo que podemos considerar como un rasgo destacado de nuestro tiempo, esto es, la intensificación de las relaciones entre los territorios de la economía y los de la cultura de la estética y del mercado. No escapa tampoco esta historia a esa ideología regeneracionista que impregna el discurso urbanístico que desde la década de los setenta viene apoderándose de las ciudades industriales rezagadas, y para el que los equipamientos y las industrias culturales y la arquitectura-es- pectáculo deben ser el motor de la regeneración de los tejidos urbanos deprimidos, el factor estratégico para internacionalizar y hacer competitivas las economías de las grandes metrópolis. ¿Qué mejor que un exquisito y espectacular museo de arte contemporáneo para revitalizar la ribera ruinosa y obsoleta del Nervión y para una refundación del «Bilbao 2000»? Se hacía necesario, pues, formalizar y resignificar urbanísticamente estos espacios y ponerlos, sin mayores contemplaciones, a disposición del capital transnacional, como antes se había comenzado a hacer en Barcelona y en Sevilla. La génesis del Guggenheim en la capital vizcaína ilumina también sobre la cultura de partido político, sobre las estructuras opacas y el poder real que están detrás del funcionamien- to de las instituciones vascas, en especial el Euskadi Buru Batzar (ERB). Pero no se puede ignorar el peso de otro factor clave para estas instituciones: había que lavar la imagen del País Vasco. Zulaika muestra cómo el estigma del terrorismo y la violencia es revelador de la actitud de autoinculpación y dependencia del colonizado ante el civilizado -esto es, de la administración vasca ante el museo neoyorquino-, que lo coloca en posición de inferioridad a la hora de negociar, por mucho que la corporación norteamericana esté financieramente con el agua al cuello. Este «nacionalismo del bienestar», como alguno ha dicho, tan independiente él, que debe su éxito y estabilidad a una combinatoria de consumismo y esencialismo, se comporta en estos asuntos como una región periférica ante el capitalismo internacional, como una cultura marginal frente a los managers y tiburones iluminados de la ola de la globalización. Mientras los del Guggenheim tienen claro que su arte hace economía, ¿en qué invierten las autoridades vascas? Intervienen enfuturo. Eso es el Guggenheim para ellas, un billete de entrada en el milenio inmediato. No se trata, pues, sólo de arte. Hay una economía discursiva que subyace y que se metaforiza en la arquitectura de ese museo-fran- quicia levantado en la margen izquierda de la ría: de las ruinas industriales a la ciudad posfordista del arte y las finanzas, de la ciudad como máquina productiva a la ciudad expuesta, a la ciudad-museo, de la goma-2 al estallido de formas en la arquitectura de Gehry. En suma, del hierro al resplandeciente titanio. Los museos se han desarrollado históricamente en sintonía con los estados modernos, colaborando a conformar la gramática de la nación. Siempre han sido poderosas máquinas -en- de mediación cultural minuciosamente jerarquizadas y jerarquizadoras, encargadas de controlar y gestionar la representación coherente de una comunidad, admitiendo a unos y excluyendo a otros. ¿Qué pasa con estos sofisticados artefactos en nuestros días? El lector encontrará algunas buenas pistas para pensar las paradojas de la identidad y la globalización en la aventura de este experimentofranquicia en Bilbao, sucursal de lo que quiere ser una industria multinacional del arte dirigida desde Nueva York -la empresa matriz pone el arte y la ciudad huésped acepta sus directrices, paga una cuota por la marca Guggenheim, paga la sede y todos los demás gastos- dispuesta a convertir sus colecciones en un capital circulante. Era de esperar, como muestra Zulaika, que el discurso trascendente por el que el museo sea percibido y aceptado por la opinión pública como un reto necesario, como un proyecto cultural serio y de gran alcance. Como hemos querido mostrar, no debe entenderse esta Crónica de una seducción como un mero clamor moral contra las manipulaciones y engaños de unas u otras instituciones, contra los extravíos y el secretismo de los burlados y el mesianismo del burlador. Para el autor, el Guggenheim puede ser considerado como el texto fundamental para entender hoy la política cultural del gobierno vasco. La crónica de su génesis -en la que encontramos, vuelvo a insistir, un complejo maridaje entre economía y cultura, entre urbanismo e imagenpretende desvelarnos las fallas y paradojas de nuestra pos modernidad protagonismo en esta operación recayera prin- y enfrentarnos con ellas. Por ello es de agracipalmente en los responsables de Hacienda decer que el autor no se haya limitado a pavascos (y tras ellos, el ERB) y no, como cabría rasitar las instituciones que han financiado su suponer, en los de Cultura. A éstos sólo les coinvestigación, entre ellas el mismo Guggenrrespondía en la función el papel de proporheim, ni haya adocenado y suavizado esta cionar cobijo ideológico a lo que no es más crónica desveladora. que una concreción de la proliferante indus- • JOSÉ ZULAIKA, Crónica de una seducción. El museo trialización de la cultura, proporcionando un Gu¡:genheim-Bilbao. Nerea, Madrid, 1997. 305 págs. • - CIII- 103 ASTRAGALO,11(1999)ISSN 1134-3672 Kiko Mozuna, "Kojiki of Architecture», 1991. - CIV-