Full text
275 Colegio Oficial de Psicología de Andalucía Occidental, Universidad de Cádiz, Universidad de Córdoba, Universidad de Huelva y Universidad de Sevilla Apuntes de Psicología, 2012, Vol. 30 (1-3), págs. 275-288 Número especial: 30 años de Apuntes de Psicología ISSN 0213-3334 Conmemoramos en 1998, entre otros hechos, cien años de la tesis doctoral de Thorndike y con ella la presentación de la Ley del Efecto como principio fundamental para dar cuenta de cómo se aprende una nueva habilidad. No es extraño, por tanto, que siendo el principal objetivo de Thorndike el establecimiento en sus animales de conductas novedosas (“creativas”) llevara a cabo sus investigaciones en el contexto de resolución de problemas, donde la aparición de esas conductas resulta más evidente. Puede decirse que la obra de Thorndike Animal Intelligence (1911) y la propia tesis doctoral aparecida en 1898, en la que se asienta dicha obra, constituyen el primer intento de explicación objetiva desde la psicología científica acerca de la evolución ontogenética, incluidos aspectos de la conducta compleja considerados exclusivamente humanos, tales como la evolución del intelecto. Para Thorndike, tanto la evolución biológica como la conductual son posibles debido a la actuación de un proceso de selección: selección natural en el caso de la evolución de las formas vivientes y actuación de la Ley del Efecto, en la evolución de la conducta. No obstante, tal y como se recoge en su enunciado, la actuación de la Ley del Efecto requiere de la presentación previa de comportamiento sobre el que actuarán las consecuencias: «Entre las diversas respuestas dadas en una misma situación...» (Thorndike, 1911, pág. 244). Pero, ¿cómo surgen estas respuestas?, La Ley del Efecto y el origen de la conducta Mª. Francisca ARIAS HOLGADO Francisco FERNÁNDEZ SERRA Santiago BENJUMEA RODRÍGUEZ Universidad de Sevilla Resumen El Análisis Experimental de la Conducta (AEC) puede considerarse uno de los herederos naturales de la tradición iniciada por Thorndike en 1898. Aspectos recogidos en la Ley del Efecto, tales como la selección y el mantenimiento de la conducta, han sido ampliamente abordados por los analistas de la conducta, convirtiéndose en un campo tradicional y fundamental de estudio del AEC. Sin embargo, y por contraste, con frecuencia suele achacársele al AEC el escaso tratamiento –o incluso el rechazo y abandono– dedicado al problema del origen, la novedad y la variación conductual. En este trabajo se revisan algunas aproximaciones teóricas que, dentro del AEC, se han ocupado de esa parte supuestamente olvidada de la Ley del Efecto, así como los principios propuestos por dichas teorías para dar cuenta de la novedad y variación conductual. Tal revisión abarca desde los iniciales planteamientos de Thorndike y de Skinner acerca del origen de la conducta, hasta las nuevas aproximaciones seleccionistas referidas a la conducta novedosa y compleja. Palabras clave: Ley del Efecto, Análisis Experimental de la Conducta, conducta novedosa, variación, selección. Abstract Experimental Analysis of Behavior (EAB) can be considered one of the natural inheritors of the tradition initiated by Thorndike in 1898. Aspects reflected in the Law of Effect, such as behaviour selection and maintenance, have be en greatly taken into consideration by behaviour analysts, thus becoming a tradicional and fundamental field of study for EAB. However, and in contrast with this, EAB is frequently accused of rarely considering –or even rejecting and abandoning – the problems of the origin, novelty and variation in behaviour. In this anicle we review sorne theoretical approaches that, within EAB, have studied this supposedly abandoned aspect of the Law of Effect. Principies proposed by these theories in order to explain behavioural novelty and variation are also presented. The revision begins with Thorndike and Skinner´s initial proposals about the origin of behaviour, moving on to to the most recent selection approaches refered to novel and complex behaviour. Key words: Law of Effect, Experimental Analysis of Behavior, novel behaviour, variation, selection. Este trabajo ha sido posible gracias a una ayuda PB94-1456 concedida por la Dirección General de Investigación Científica y Técnica del Ministerio de Educación y Ciencia dentro del Programa de Promoción General del Conocimiento. Referencia de la publicación original: Arias Holgado, M.F., Fernández Serra, F., & Benjumea Rodríguez, S. (1998). La ley del efecto y el origen de la conducta. Apuntes de Psicología, 16 (3), 259-282.
276 M.F. Arias Holgado, F. Fernández Serra y S. Benjumea Rodríguez La Ley del Efecto y el origen de la conducta Apuntes de Psicología, 2012, Vol. 30 (1-3), 30 años de Apuntes de Psicología, págs. 275-. ¿cuáles son los mecanismos que hacen posible que una variedad de conductas estén disponibles para que opere el proceso de selección por las consecuencias?, ¿cuál es el origen de la conducta? En el Análisis Experimental de la Conducta (AEC), tradición continuadora en muchos aspectos de la corriente iniciada por Thorndike y representada, en primer lugar, por B.F. Skinner, volvemos a encontrar el mismo problema. Así, por ejemplo, Skinner (1953) utiliza la Ley del Efecto como sinónimo de Condicionamiento Operante, reconociendo en Thorndike el mérito de haber sido pionero en ofrecer una explicación de los cambios de la conducta ocasionados por las consecuencias mediante un proceso similar en la ontogenia al que opera en la evolución de especies. De manera análoga a la Ley del Efecto de Thorndike, en el condicionamiento operante siempre es necesario que el organismo emita previamente una serie de respuestas para que sean reforzadas y, a partir de ese material conductual indiferenciado, componer una operante. Tal observación lleva irremisiblemente a la siguiente cuestión: Si la conducta debe ocurrir primero para ser reforzada, ¿de dónde surge la primera respuesta? Y de manera adicional, ¿cómo un análisis basado en la operante puede dar cuenta de la variación o de la novedad conductual? Las cuestiones en relación al condicionamiento operante acabadas de plantear han favorecido que el análisis de la conducta reciba numerosos ataques desde diversos frentes (etología y psicología cognitiva), presentándolo como una propuesta incapaz de ofrecer explicaciones satisfactorias acerca de la novedad y complejidad conductual. Por extensión, el análisis experimental de formas de comportamientos en los que la novedad y complejidad constituyen rasgos definitorios (tales como resolución de problemas, creatividad o conducta verbal); han sido descartados por su simplicidad. Además, cuando desde el análisis de la conducta se ha recurrido a la analogía evolucionista para explicar el origen de la conducta, se ha argumentado que el modelo skinneriano de selección por las consecuencias adolece de la falta de un mecanismo explicativo –con funciones similares a las de los genes en la evolución de las especies– que de cuenta de las variaciones conductuales y de la perpetuación o retención de lo aprendido a lo largo del tiempo; a partir de aquí se ha concluido que el único recurso de los analistas de la conducta para explicar el origen y diversidad del comportamiento es la “espontaneidad” (ver, por ejemplo, el debate establecido al respecto entre Richelle, 1987 y Plotkin, 1987, o Quiroga, 1995). No obstante, y con independencia de la mayor o me- nor fundamentación de las críticas anteriores, hay que reconocer dentro del AEC la existencia de un tratamiento teórico (y, sobre todo, experimental) desigual de las variaciones conductuales –fuente de novedad– respecto a los aspectos de selección y mantenimiento de la conducta; tratamiento desigual y claramente a favor de estos últimos. Las razones históricas y metodológicas que abocaron a los analistas de la conducta de la década de los cincuenta y sesenta a esa situación (ver Richelle, 1987) hoy no sirven como justificación para una dedicación desproporcionada al estudio de la selección de la conducta a costa de la variación y novedad conductual. Afortunadamente, en las últimas décadas hemos asistido a la presentación de propuestas teóricas y demostraciones experimentales que, bajo diferentes denominaciones –conducta emergente, conducta creativa, conducta compleja, etc.– se han ocupado de manera especial por los determinantes del origen de la conducta y las fuentes de novedad conductual. En este sentido, cabe señalar que el presente no es un trabajo primordialmente centrado en Thorndike y su obra sino en los desarrollos posteriores de la Ley del Efecto, que tiene en el AEC una de las concreciones más fructíferas y elaboradas. En el transcurso de este trabajo analizaremos algunas de las propuestas teóricas que, dentro del AEC, se han ocupado de esa parte “supuestamente olvidada” de la Ley del Efecto, así como de los principios planteados para dar cuenta de la novedad y variación conductual. Antes de pasar a la exposición de tales propuestas conviene hacer explícitos brevemente tanto los antecedentes como el marco teórico explicativo donde éstas cobran sentido. Planteamientos iniciales acerca del origen de la conducta Si bien es cierto que Thorndike en su tesis doctoral no hace referencia expresa a Darwin, puede afirmarse que en el contexto histórico e intelectual en el que desarrolla su trabajo las ideas darvinistas sobre la evolución de las especies por el mecanismo de selección natural se hallaban muy presentes. Baste recordar que Thorndike se hallaba inmerso en la corriente funcionalista norteamericana e influido fuertemente por la tradición de la psicología comparada británica, ambas tributarias de las ideas evolucionistas. Más concretamente, Thorndike (1911) en el capítulo dedicado a La evolución del intelecto humano. apunta que el proceso implicado en el aprendizaje según la Ley del Efecto es un proceso de selección en sentido darviniano del que no escaparían los comportamientos más complejos y atribuidos en exclusividad a la especie humana. Consecuente con su primera Ley de la Conducta: «la conducta es predecible sin recurrir a agentes mágicos» (1911, pág. 241), Thorndike se aproxima al problema del origen del comportamiento desde una posición determinista y no esencialista. donde no tiene cabida la espontaneidad en la conducta. Si esto es así, en la medida en que podamos identificar los factores que determinan la aparición de un tipo de comportamiento habremos identificado cuáles son las fuentes de novedad conductual. En este sentido, las Leyes del Instinto del Ejercicio y del Efecto (ver Papini, en este mismo número), propuestas por Thorndike, darían
277 M.F. Arias Holgado, F. Fernández Serra y S. Benjumea Rodríguez La Ley del Efecto y el origen de la conducta Apuntes de Psicología, 2012, Vol. 30 (1-3), 30 años de Apuntes de Psicología, págs. 275-288. cuenta tanto de la aparición como del mantenimiento de esas diversas respuestas dadas por un individuo en una situación sobre las que actuarán selectivamente las consecuencias. En la misma línea que Thorndike, Skinner ha plantado explícitamente que los principios claves que dan cuenta del origen de la operante son los mismos sobre los que Darwin hacía descansar el proceso de evolución de las especies: variación y selección (Skinner, 1953, 1963, 1966a, 1970, 1972. 1981, 1984, 1986, 1990). «La palabra «origen» en “El origen de las especies” es importante, puesto que el libro es esencialmente un estudio de la originalidad. La multiplicidad de las formas vivas es explicada por la mutación y la selección.» (Skinner, 1970, pág. 380). Así, Skinner (1981, 1984, 1990), ha defendido que esos mismos principios actúan en tres niveles: a) filogenético (evolución de las especies a través de la selección natural). b) ontogenético (evolución de la conducta individual por las consecuencias) y, c) social (evolución de las prácticas culturales o sociales). Ello implica un mismo tipo de causalidad, no eficiente ni finalista. para los tres niveles. Bajo su punto de vista, con un modelo de selección por las consecuencias no es necesario «explicar» el «origen» de la conducta operante, si lo que se pretende con ello es identificar el agente causal –interno o externo– que haga las veces de «Mente Creadora». Análogamente a como hiciera Darwin en El origen de las especies (1859), para Skinner (1972) los cambios fortuitos en la conducta pueden ser seleccionados por sus consecuencias; ello bastaría para explicar la novedad conductual sin apelar a un agente previo responsable de su aparición y/o finalidad. Sin embargo. una y otra vez, como también le ocurriera a Darwin, Skinner ha chocado frontalmente con las posturas creacionistas y esencialistas acerca del comportamiento –que él identifica con el cognitivismo (Skinner, 1990), para las que resulta indispensable la acción de un agente que de forma deliberada provoque la aparición de nuevas conductas: «Y de igual modo que hoy se nos dice que un análisis de la conducta no puede explicar el número «potencialmente infinito » de frases que un orador es capaz de componer, se arguyó que no existía ningún proceso físico ni biológico que supiese explicar el número potencialmente infinito de cosas vivas que existen sobre la superficie de La Tierra.» (Skinner, 1972. pág. 396). Al mismo tiempo, la ausencia de un agente causal previo no debe confundirse con la ausencia de controlo de determinación que deje un margen a la espontaneidad. Recurrir a esto último resulta fácil y puede tener importantes implicaciones prácticas cuando se trata de abordar el pensamiento creador o la originalidad de las ideas; llevado hasta su extremo habría que considerar que “el genio nace, no se hace”. Frente a lo sostenido desde posiciones creacionistas y nativistas, Skinner (1953) plantea: «Podemos, por tanto, reconocer La aparición de nuevas ideas –como respuestas que no se han producido anteriormente bajo Las mismas circunstancias–, sin implicar ningún elemento de originalidad en los individuos que las “tienen”. (…) El problema de la originalidad puede ser solventado siempre que se den descripciones plausibles del modo como un idea determinada pudo haber ocurrido (...) Mientras la originalidad se identifique con la espontaneidad o la ausencia de leyes en la conducta, parece una tarea sin esperanza enseñar al hombre a ser original o influenciar de forma sustancial sus procesos de pensamien- to.» (págs. 246-247). En suma, puede decirse que para Skinner la conducta novedosa (como aquella que no ha sido producida antes bajo las mismas circunstancias) se origina por los mismos mecanismos que la conducta (operante) en general: a través del proceso de selección por las consecuencias. Las consecuencias, a su vez, actuarán sobre un repertorio conductual diverso y más o menos diferenciado ya disponible por el sujeto. Dicho repertorio, en tanto da lugar a las variaciones conductuales mínimas que conforman la estructura de la conducta, puede estar constituido por unidades conductuales de origen filogenético (reflejos, conductas vinculadas con la supervivencia de la especie, etc.) o de origen ontogenético (conductas previamente aprendidas que se hacen presentes, por ejemplo, por generalización de estímulos y/o respuestas o por recombinación de unidades simples en otras más complejas). Sobre esa organización estructural actúa el proceso de selección por el consecuencias, dando lugar a la emergencia de una nueva operante que, a su vez, pasará a engrosar el conjunto de variaciones conductuales de un sujeto. No insistiremos más en este trabajo en los paralelismos existentes entre la propuesta darvinista sobre el origen y la evolución de la especies y los planteamientos de Skinner sobre el origen y la evolución de la conducta. Tales coincidencias han sido brillantemente expuestas en muy diversos trabajos aparecidos en los últimos años (ver, por ejemplo, Alessi, 1992; Baum & Heat, 1992; Catania, 1992a; Chiesa, 1992; Donahoe, 1984, 1991; Donahoe, Burgos & Palmer, 1993; Donahoe & Palmer, 1989, 1994; Glenn, Ellis & Greenspoon, 1992; Glenn & Field, 1994; Glenn & Madden, 1995; Guerin, 1994; Johnson & Layng, 1992; Morgan, Morgan & Toth, 1992; Palmer & Donahoe, 1992; Richelle, 1985, 1987, 1992, 1993; etc.). Sirva lo expresado anteriormente como muestra del pensamiento evolucionista de Skinner en relación al origen de la conducta, sus principios explicativos, el modelo de explicación adoptado y lo que entiende por novedad conductual.
278 M.F. Arias Holgado, F. Fernández Serra y S. Benjumea Rodríguez La Ley del Efecto y el origen de la conducta Apuntes de Psicología, 2012, Vol. 30 (1-3), 30 años de Apuntes de Psicología, págs. 275-. El marco teórico-explicativo: la propuesta seleccionista basada en los principios de variación y selección A partir de lo expuesto en el apartado anterior, nos parece adecuada la definición propuesta por Donahoe (1991) y Donahoe y Palmer (1994) para referirse al marco teórico general desde el que abordar el proceso y los resultados de la evolución de la conducta: la aproximación seleccionista. A nuestro juicio, dicha propuesta recoge en lo esencial las ideas seminales de Thorndike y supone, a la vez, una elaboración sistemática de los planteamientos de Skinner acerca de la evolución de la conducta. A ello se suman importantes incorporaciones procedentes de décadas de análisis de la conducta y hallazgo acaecidos en el ámbito de las neurociencia. Los siguientes constituyen los rasgos generales de la aproximación seleccionista: 1. «El conductismo radical es una forma de seleccionismo, una aproximación general al estudio de la complejidad en la que la organización de nivel superior es el subproducto de la acción de procesos de nivel inferior. A nivel teórico. el ejemplo más avanzado de seleccionismo es el informe darvinista de la evolución de la complejidad orgánica a través de la selección natural. El conductismo radical es la aplicación de una aproximación seleccionista al desarrollo de la complejidad conductual y su principal proponente es B. F. Skinner.» (Donahoe, 1991, pág. 119). 2. El objeto de estudio de todo enfoque seleccionista es un sistema complejo. altamente organizado. cuyo pasado o desarrollo evolutivo es total o parcialmente desconocido y de difícil acceso. No obstante, el desconocimiento acerca de los antecedente del fenómeno bajo estudio puede suplirse, por ejemplo, y según el dominio del fenómeno complejo bajo estudio, rastreando la historia a través de fósiles, reproduciendo en el laboratorio las condiciones físico-químicas de un determinado momento evolutivo o dotando a un sujeto de una historia de aprendizaje suficiente. 3. La diversidad y complejidad se originan a partir de la repetición cíclica de procesos relativamente simples. Esos proceso no son otros que los de variación, selección y retención. 4. La complejidad organizada es el resultado «inintencionado» de la actuación de los procesos de variación. selección y retención, no su propósito. Un fenómeno complejo no es el resultado de algún proceso inherente que «persiga» un determinado fin, sino que es el subproducto de la actuación repetida en el tiempo de un conjunto de proceso que actúan a un nivel más molecular o inferior en complejidad al del fenómeno sujeto a análisis. 5. El poder explicativo de las propuestas seleccionistas debe juzgarse más por la suficiencia de sus principios que por Su necesidad. Si una vez identificadas las condiciones que razonablemente podían haber existido en el pasado, la actuación de procesos a un nivel inferior de complejidad son suficiente para producir un rango de fenómenos actuales más complejos, tales proceso pueden considerarse como interpretaciones adecuada de los fenómenos complejo en la situación presente. No obstante, aunque seamos capaces de identificar un conjunto de principio suficientes que den cuenta de la complejidad, no deben ser tomados como absolutamente certeros y definitivos, puesto que nunca conoceremos con exactitud las condiciones del pasado. Sin duda la incertidumbre acerca de las condiciones iniciales sobre las que actúan los procesos básicos limita el alcance de nuestra comprensión acerca de la complejidad; por ello, con sólo un conocimiento parcial del pasado, un enfoque seleccionista proporciona informes plausibles acerca del presente, pero el presente puede que no sea el único resultado posible. En otras palabras: «una ciencia histórica es suficiente para dar cuenta del presente, pero el presente no es una consecuencia necesaria de sus principios.» (Donahoe y Palmer, 1994, pág. 17). Variación y novedad conductual en el Análisis Experimental de la Conducta Principios de variación como fuente de novedad conductual (Staddon & Simmelhag, 1971) En la elaboración de su propuesta teórica, Staddon y Simmelhag (1971) parten de los resultados de su replicación del experimento de Superstición en la paloma (Skinner, 1948), interpretándolos a la luz del marco conceptual de la teoría de la evolución darvinista. Para ello toman como referencia una versión neutral de la Ley del Efecto expresada en los siguientes términos: «Si en una situación dada, se impone una correlación positiva entre algún aspecto del comportamiento del animal y el proporcionar comida u otro reforzador, este comportamiento tenderá a predominar en tal situación.» (Staddon & Simmelhag, 1971, pág. 407 de la versión castellana). En el enunciado de la ley del efecto acabado de presentar, cabe destacar los siguientes aspectos: a) el comportamiento inicial del sujeto previo a la presentación del reforzador; b) el proceso por el que el comportamiento anterior se transforma en el comportamiento dominante; c) el papel del reforzador. Estos aspectos constituirán los ejes fundamentales de la propuesta teórica de Staddon y Simmelhag que pasamos a exponer. El comportamiento de un sujeto, anterior a la presentación del reforzador en una determinada situación, obedece a una serie de factores incondicionales y/o aprendidos, entre los que podemos incluir factores motivacionales, reacciones incondicionales, experiencia previa, etc. Todos estos factores quedan englobados bajo la denominación de principios de variación, responsables de los «fenotipos conductuales»: la estructura o la topografía sobre los que actuará la selección. Staddon y Simmelhag utilizan el término variación –de una forma que nos parece muy acertada y recomendable– para denotar «no la mera variabilidad. sino la producción ordenada de novedad en sentido darviniano» (pág. 408, op. cit.); es decir, la variación
279 M.F. Arias Holgado, F. Fernández Serra y S. Benjumea Rodríguez La Ley del Efecto y el origen de la conducta Apuntes de Psicología, 2012, Vol. 30 (1-3), 30 años de Apuntes de Psicología, págs. 275-288. hace referencia a la producción de conducta novedosa en situaciones nuevas, conducta susceptible entonces de selección por reforzamiento (Gilbert, 1972). La generación de novedad conductual compete enteramente a los principios de variación. Como consecuencia, no es necesario apelar a la naturaleza espontánea o aleatoria del comportamiento previo a cualquier operación que conduzca al aprendizaje; en último extremo, las variaciones conductuales podrían estar reflejando ciertas probabilidades de ocurrencia para determinadas conductas seleccionadas en la filogenia. Con esta idea, similar a la ya expresada por Thorndike en la Ley del Instinto, se hace mucho más explícita la consideración de Skinner (1966a) acerca del papel de filogenia sobre el origen de la conducta aprendida. La transición desde el comportamiento inicial al comportamiento final puede verse como la interacción de dos procesos contrapuestos actuando simultáneamente: un proceso que genera comportamiento en virtud de los principios de variación y un proceso que selecciona comportamiento. A este segundo proceso Staddon y Simmelhag lo denominan principio de refuerzo y actúa eliminando el comportamiento «inútil» o inefectivo para satisfacer las contingencias de reforzamiento programadas. En este aspecto, Staddon y Simmelhag se separan de la noción de estampación presentes tanto en Thorndike (1911) como en Skinner (1948), quienes atribuían al reforzador una función fijadora, de adhesivo, entre el ambiente y la conducta (establecimiento de conexiones entre las condiciones antecedentes y la conducta para Thorndike, o de relaciones entre la conducta y sus consecuencias para Skinner). Según Staddon y Simmelhag el reforzador cumple una función puramente selectiva, eliminando las variaciones menos adaptativas, de manera que entre todas las variaciones, la conducta seleccionada por el reforzador será la que se «reproduzca», la que de mantenerse constantes las condiciones que la seleccionaron tendrá mayor probabilidad de producirse en el futuro. Hemos destacado el hecho, fundamental para los objetivos de este trabajo, de que Staddon y Simmelhag hicieran recaer sobre los principios de variación la generación de comportamiento novedoso. Dichos autores llaman la atención acerca de la provisionalidad del listado de principios de variación que presentan, pendiente de posteriores investigaciones. No obstante, podemos agrupar los principios propuestos en dos categorías que hemos denominado principios de variación de naturaleza filogenética y principios ontogenéticos de variación, según se aprecie un mayor o menor peso, respectivamente, de la historia evolutiva de la especie o de la historia particular de cada individuo sobre la aparición de la conducta novedosa en una situación de aprendizaje. Dicho de otro modo: los principios filogenéticos de variación suponen la transferencia (o persistencia) de comportamientos adquiridos en el proceso evolutivo de la especie sobre el desarrollo ontogenético de un individuo; los principios ontogenéticos de variación implican transferir conductas previamente adquiridas en el curso de la ontogenia sobre otra nueva situación de aprendizaje. Entre los principios filogenéticos de variación que Staddon y Simmelhag (1971) proponen, podemos identificar los siguientes: a) Respuestas de orientación, incluyendo tanto las respuestas incondicionales dirigidas hacia una fuente de estimulación como aquellos otros comportamientos «transitorios» (tales como el juego o la exploración) que exponen al sujeto a nuevos estímulos a la vez que proporcionan la posibilidad de transferencia a futuras situaciones. b) Respuestas específicas de la situación y típicas de la especie, tales como, las reacciones específicas de defensa (Bolles, 1970), la deriva instintiva (Breland & Breland, 1961), el comportamiento adjuntivo (Falk, 1961, 1971) o el aprendizaje biológicamente especializado (García & Koelling, 1966). c) Sustitución de estímulos: bajo los criterios de categorización de Staddon y Simmelhag (1971), este principio se ha sugerido como una fuente de variación para describir, por ejemplo, el origen de la respuesta terminal de picoteo en paloma bajo los procedimientos de automoldeamiento (Brown & Jenkins, 1968) y la «superstición», así como para dar cuenta del origen de la conducta de rastreo de meta o la alivación condicionada. Toda estas conductas están estrechamente vinculadas a la presentación de un reforzador incondicional (la comida) y, si bien no pueden considerarse como respuestas reflejas en el sentido en que no son fisiológicamente provocadas de forma directa por la aparición de la comida, sí parecen poner de manifiesto una vinculación directa con la historia tilogenética de la especie. De esta manera, podemos considerar a este tipo de respuestas como la más simple manifestación conductual de transferencia de conductas del pasado hacia el presente, en el sentido en que la estructura de la conducta o fenotipo conductual sobre el que actúa el reforzador se hace disponible mediante mecanismos seleccionados en la filogenia, más que por la historia de aprendizaje de un individuo. Dicho de otro modo, las respuestas seleccionadas en la filogenia (por ejemplo, picotear, salivar, etc.), adaptadas a un tipo de presión selectiva por parte del ambiente (por ejemplo comer y tipo de comida), se presentarán en aquellas situaciones de aprendizaje donde aparezcan también las condiciones estimulares que las eleccionaron en el curso de la evolución de cada especie. Junto a las fuentes de variación acabadas de enumerar, Staddon y Simmelhag (1971) nos proponen otra fuentes
280 M.F. Arias Holgado, F. Fernández Serra y S. Benjumea Rodríguez La Ley del Efecto y el origen de la conducta Apuntes de Psicología, 2012, Vol. 30 (1-3), 30 años de Apuntes de Psicología, págs. 275-. de novedad que se nos antojan más interesantes, en cuan- to ponen de manifiesto el papel de la historia de aprendizajes previos en la aparición de conductas novedosas; son los principios ontogenéticos de variación: a) Los procesos de transferencia de la experiencia previa a nuevas situaciones: Generalización de estímulos, generalización de respuestas (inducción) y transferencia compuesta o recombinación de repertorios previos en una nueva organización conductual. b) Restricciones sintácticas o secuenciales: La aparición de un comportamiento puede verse determinado por alguna de las propiedades de otras conductas que le preceden en una secuencia de comportamiento (aprendizaje serial, encadenamiento, etc.). c) La extinción resulta ser una fuente de novedad en un doble sentido: En primer lugar, si el condicionamien- to implica una reducción progresiva de la variabilidad por la acción selectiva del reforzamiento, la eliminación del reforzador (extinción) producirá una relajación de la selección, con el subsecuente incremento de la variabilidad; esto favorecería, por ejemplo, la aparición de conductas antes inefectivas o incompatibles con la seleccionada. Lo anterior también sería aplicable a la programación intermitente del reforzamiento: cuanto mayor sea el grado de intermitencia del programa mayor variabilidad conductual. En segundo lugar, como ya fuera observado por Darwin, el efecto de la relajación de la selección también puede llevar, a la vez que a la extinción de características fenotípicas del presente, a la reaparición de los tipos ancestrales. Este es el fenómeno que Darwin denominó reversión y para el que no pudo dar una respuesta satisfactoria por desconocer los mecanismos de la herencia que hacían posible la transmisión y retención de caracteres. En la extinción conductual este fenómeno se conoce como resurgencia y supone la reaparición, en el transcurso de la eliminación de comportamientos actuales, de comportamientos previamente considerados extinguidos (sean o no compatibles con la conducta actualmente en curso de extinción). Naturalmente, tal como los propios autores plantean, los principios de variación propuestos constituyen sólo una primera aproximación, que podrá ampliarse o revisarse según se vaya demostrando su viabilidad mediante un análisis experimental o descubriendo nuevas fuentes de variación. Sin embargo, como veremos posteriormente, constituyen una aproximación bastante ajustada acerca de lo que actualmente podemos identificar como fuentes de novedad conductual. En este sentido, nuevas propuestas surgidas casi al mismo tiempo de la de Staddon y Simmelhag o con posterioridad, vendrán a reorganizar, complementar o ampliar los principios de variación ya enumerados. El papel de la inducción en la procedencia de la operante (Segal, 1972) Mientras Staddon y Simmelhag trabajaban sobre los principios de variación conductual, Segal (1972) abordaba la cuestión del origen de la conducta preguntándose acerca de dónde provienen las unidades mínimas sobre la que se sustenta la construcción de la operante. Tres ideas básicas constituyen el punto de partida del análisis de Segal: a) comparte la noción de operante como “clase” propuesta por Skinner y, a partir de ella, distingue entre operante funcional (definida por sus consecuencias) y operante estructural (definida por sus características topográficas); b) las operantes son construidas por las contingencias de reforzamiento (operante funcional), que actúan sobre unidades mínimas filogenéticamente determinadas (operante estructural) y c) el proceso de inducción, en el sentido de «estimular la ocurrencia de» y sin connotaciones esencialistas o finalistas, juega un importante papel en la formación de operantes. Para el moldeamiento de una operante, Segal plantea que la materia prima la constituyen las topografías de respuesta inducidas por alguno de los siguientes principios: a) Reforzamiento: El reforzamiento no sólo fortalece la instancia de respuesta sobre la que actúa directamente, sino que fortalece inductivamente la clase entera de la que esa respuesta forma parte como miembro (la generalización es, presumiblemente, el mecanismo que lo hace posible). La inducción dentro de una misma clase de respuestas es una cuestión básica para el moldeamiento de una operante, que procede aprovechando una característica fundamental de ésta como es la posibilidad de solapamiento intra y entre clases de respuestas. Es decir, diferentes topografías pueden pertenecer a una misma clase funcional si todas están bajo control de las mismas contingencias e, igualmente, una misma topografía puede pertenecer a varias clases funcionales si participa en las contingencias de reforzamiento que definen a cada clase. Así por ejemplo, podemos reforzar una topografía de respuesta y después, al haberse fortalecido inductivamente la clase entera, observaremos la aparición novedosa de otra topografía de la misma clase; posteriormente, mediante reforzamien- to diferencial seleccionamos una de esas topografías inducidas que forme parte, además de la primera clase, de una segunda clase de respuesta que incluya topografía próximas a las de la operante meta; al reforzar la topografía de la segunda clase, inductivamente se fortalecen todo los miembros de esa clase; si reforzamos ahora una topografía de la segunda clase, que a su vez sea miembro de una nueva clase, se fortalecerán inductivamente todos los miembro
281 M.F. Arias Holgado, F. Fernández Serra y S. Benjumea Rodríguez La Ley del Efecto y el origen de la conducta Apuntes de Psicología, 2012, Vol. 30 (1-3), 30 años de Apuntes de Psicología, págs. 275-288. de esa clase etc. Así procede el moldeamiento por aproximaciones sucesivas. b) Control discriminativo: Además del reforzamien- to, el encadenamiento también puede contribuir en la aparición de una nueva operante en el curso del moldeamiento. Así, las consecuencias de la respuesta de una clase pueden funcionar como estímulo discriminativo para una respuesta de otra clase diferente y la de ésta para una tercera, y así sucesivamente. La generalización de estímulo permitirá ampliar y extender el rango de conexiones entre las distintas clases. Pero hasta ahora estamos asumiendo implícitamente que en el repertorio de un sujeto estaba disponible alguna respuesta, como unidad mínima, a partir de la cual iniciar el moldeamiento de la operante. Sin embargo, con frecuencia no se dispone de manera inmediata de la primera respuesta que constituye una aproximación a la conducta final que queremos instaurar. En este caso, esa primera topografía a partir de la cual moldear debe ser inducida por alguno de lo principios que aparecen a continuación y que, para Segal, son los últimos responsables de la inducción de nuevas respuestas: a) Privación: La privación del estímulo que va a utilizarse como recompensa tiene como principal finalidad el establecimiento de dicho estímulo como un reforzador efectivo. Al mismo tiempo, el estado de privación también actúa como discriminativo para la emisión de topografías que fueron seleccionadas en el pasado bajo similares condiciones (Segal, 1959); así, por ejemplo, una paloma hambrienta presentará una alta movilidad y actividad general que la capacita para la exploración de zonas donde puede hallar alimen- to, incrementando con ello las probabilidades de su supervivencia. En una situación de aprendizaje (por ejemplo, en el moldeamiento) suele aprovecharse este bagaje para seleccionar la primera re puesta sobre la que aplicar el reforzamiento. b) Inducción emocional: En la taxonomía de Segal ésta es la categoría que cubre una más amplia gama de fenómenos inductores de conducta novedosa. Hace referencia a aquellas operaciones que, al igual que la privación, son insuficientes por sí solas para dar lugar a una topografía particular, pero que constituyen la ocasión para que ciertos estímulos sean efectivos inductores de determinadas conducta. La conducta inducida por programa, la agresión inducida por extinción o por castigo, el contra te conductual o las variaciones en la tasa de una respuesta operante en una situación de respuesta emocional condicionada, son buenos ejemplos de ello. c) Elicitación refleja: Su papel sobre el moldeamien- to de una operante es menos claro y más controvertido que el de la privación, puesto que no suele medirse la actividad refleja concurrente con la operante; no obstante, en situaciones operantes, algunas respuestas esqueléticas pueden producirse en primer lugar debido a este mecanismo. Tal es el caso, por ejemplo, de la respuesta incondicional a una descarga eléctrica para terminar instaurando por moldeamiento una respuesta operante como la de presión de palanca en una rata. Normalmente, la respuesta provocada de forma refle- ja no termina formando parte de la operante sometida al control por las consecuencias. d) Condiciones internas y externas para la elicitación de patrones de conducta instintiva compleja (pautas fijas de acción) por estímulos desencadenadores: Para que se desencadene una pauta de acción fija en un determinado animal deben reunirse un conjunto de condiciones externas (estimulo signo específico para la pauta en cuestión, externo al sujeto, presentado de forma antecedente y de naturaleza gestáltica o con figurativa) e internas (cambios hormonales producidos, por ejemplo, en la época de celo aportan la motivación necesaria a un sujeto macho para cortejar a una hembra) y será la conjunción de factores –y no ninguno por separado– lo que logre elicitar la pauta. Básicamente, como señala Gilbert (1972), el análisis de Segal y el de Staddon y Simmelhag sobre las fuentes de novedad conductual son coincidentes en muchos aspectos y en otros se complementan. Ambas propuestas tratan de responder a cuestiones similares: ¿Cuál es la materia básica que conforma una operante y de dónde procede? Desde una perspectiva que integre a las de los autores que hemos tratado, la respuesta se hallaría en las topografías inducidas bien por los principios de variación incondicional o bien por aquellas operaciones que favorezcan la transferencia de la historia previa a una nueva situación de aprendizaje. La teoría de la generatividad (Epstein, 1985,1990) La teoría de la generatividad constituye «una teoría formal de los determinantes del continuo conductual» (Epstein, 1985a, pág. 625), formulada para tratar de responder a las siguientes cuestiones: cuando aparece una conducta que no ha sido explícitamente entrenada –reforzada–, ¿de dónde procede?, ¿existe algún modo o instrumento para predecir su ocurrencia? La teoría comenzó a tomar forma a partir de los resultados de una serie de estudios con palomas (el Columban Simulation Project) realizados, en primera instancia, por Skinner y Epstein a partir de 1978 y continuados con posterioridad por Epstein y colaboradores. Como resultado de estos trabajos se obtuvieron análogos y simulaciones de formas de conducta humana compleja y novedosa, tales como la comunicación simbólica (Epstein, Lanza & Skinner, 1980), la autoconciencia (Epstein, Lanza & Skinner, 1981), el uso espontáneo de la agenda (Epstein
282 M.F. Arias Holgado, F. Fernández Serra y S. Benjumea Rodríguez La Ley del Efecto y el origen de la conducta Apuntes de Psicología, 2012, Vol. 30 (1-3), 30 años de Apuntes de Psicología, págs. 275-. & Skinner, 1981), el uso de instrumentos (Epstein & Medalie, 1983), situaciones tipo insight que suponen la interconexión espontánea de dos (Epstein et al., 1984), tres (Epstein, 1985b) o cuatro repertorios de conducta (Epstein, 1987), etc., todos ellos utilizando palomas como sujetos experimentales. En la formulación de la teoría de la generatividad, Epstein (1985a, 1990) sostiene, como Skinner, que la característica fundamental de la conducta es que siempre es nueva, fluida y probabilística. Pero, a diferencia de aquél, considera que es posible estimar directamente la probabilidad de ocurrencia de la conducta y, por lo tanto, predecir momento a momento a lo largo del tiempo lo que hará un sujeto en una nueva situación. Con objeto de responder a los interrogantes planteados, Epstein parte del principio de novedad, principio básico que resume el planteamiento general de su teoría (Epstein, 1985a, 1986, 1987) y que podemos enunciar así: Conductas previamente establecidas pueden manifestarse en nuevas situaciones para producir nuevas conductas. La conducta emergente será una función ordenada de la historia filo y ontogenética del individuo, así como de los estímulos presentes y de la manera en que éstos son cambiados a lo largo del tiempo, ya sea por el propio organismo u otros agentes. Para someter a prueba dicho principio, la teoría requiere la puesta en marcha de las siguientes estrategias: a) determinar la contribución que la historia previa del organismo –tanto filogenética como ontogenética– tiene sobre la aparición del nuevo repertorio conductual; b) determinar los procesos que hacen posible la conversión de conductas previamente adquiridas en otras nuevas: procesos de transformación; c) determinar las ecuaciones que permiten predecir la transformación en cada momento de conductas antiguas en conductas nuevas: funciones de transformación. La contribución de la historia previa en la aparición de una conducta compleja puede examinarse experimentalmente dotando a diferentes sujetos de distintas historias de entrenamiento y sometiéndolos después a una misma situación de prueba (ver por ejemplo, Epstein, 1985a, 1987, 1990; Epstein et al., 1984). Haciendo esto podrá demostrarse que la conducta emergente, en tanto conducta nueva, presentará características bien distintas a las de los repertorios establecidos por separado con anterioridad pero en ella sera posible identificar los repertorios instaurados con anterioridad. Obviamente, la valoración de la función que cumple la historia previa sobre una ejecución compleja y novedosa puede resultar relativamente fácil de llevar a cabo cuando se trata de organismos no humanos, pero entraña múltiples dificultades cuando se trata de sujetos humanos; en este último caso, siempre nos encontraremos con un insuficiente control sobre la historia previa del sujeto. Esta es una de las razones por la que Epstein aborda el análisis de la conducta compleja utilizando palomas como sujetos experimentales (Epstein, 1984). Una empresa algo más compleja que la anterior resulta ser la determinación momento a momento de cómo repertorios previos de conducta se organizan para dar lugar a una conducta nueva; es decir, cuáles son los procesos de transformación que intervienen en la aparición de nuevas conductas. A partir de la simulación de diversos fenómenos conductuales complejos, Epstein ha identificado cuatro procesos de transformación que actúan continua y simultáneamente haciendo más o menos probable la ocurrencia de múltiples conductas a lo largo del tiempo. Se trata de fenómenos experimentales conocidos, algunos de ellos con un gran apoyo empírico en el análisis experimental de la conducta, teniendo Epstein la virtud de reunirlos en el contexto de sus investigaciones sobre solución de problemas y creatividad, dotándolos de una mayor generalidad y apoyo empírico e identificando para cada uno de ellos funciones nuevas e insospechadas (Epstein, 1984, 1985a, 1985b 1985c, 1986, 1987, 1990; Epstein et al., 1984; Epstein & Medalie, 1983; Epstein & Skinner, 1981). Los procesos de transformación son: a) Estímulos controladores múltiples o igualación de estímulos: Cuando un organismo se enfrenta por primera vez simultáneamente con varios discriminativos que controlaban de manera independiente respuestas distintas en el pasado, cada una de las respuestas controladas por esos estímulos tienden a ocurrir. Así, por ejemplo, si se tratara de dos respuestas compatibles, ante la presentación simultánea de los respectivos discriminativos se producirá la emisión conjunta de ambas respuestas (Benjumea & Arias, 1993; Catania & Cerutti, 1986); si, por el contrario, se tratara de dos respuestas incompatibles, en la nueva situación, una y otra respuesta se presentarán en una alternancia brusca (ver, por ejemplo, Cross & Lane, 1962; Cumrning & Eckerman, 1965; Migler, 1964; Ray, 1969; Skinner, 1953; Staddon & Simmelhag, 1971; Wildemann & Holland, 1972, como antecedentes teóricos y/o experimentales de este proceso). En algún sentido, la actuación de este principio podría suponer apoyo empírico a Thorndike en relación al establecimiento de conexiones entre las condiciones antecedentes y la conducta como resultado de la actuación de la Ley del Efecto. b) Resurgencia: Cuando en una situación dada, una conducta que estaba siendo reforzada es ahora sometida a extinción, otras conductas que anteriormente fueron exitosas en situaciones similares tienden a recurrir. Antecedentes de este fenómeno en la literatura sobre análisis experimental de la conducta pueden hallarse, por ejemplo, en Lindblom y Jenkins (1981), Millenson (1967), Pryor, Haag y O’Reilly (1969) y Staddon y Simmelhag (1971). c) Generalización funcional: Consiste en la emisión de una misma conducta en situaciones diferentes (generalización), no a causa del parecido físico entre ambas
283 M.F. Arias Holgado, F. Fernández Serra y S. Benjumea Rodríguez La Ley del Efecto y el origen de la conducta Apuntes de Psicología, 2012, Vol. 30 (1-3), 30 años de Apuntes de Psicología, págs. 275-288. condiciones estimulares (generalización morfológica o topográfica), sino debido a su semejanza funcional, historias de reforzamiento comunes o a una conexión intermedia (ver, por ejemplo, Bruner, Goodnow & Austin, 1961; Hull, 1943; Skinner, 1953). Como en toda situación de generalización, el hecho de que aparezcan viejas conductas en situaciones diferentes a las de entrenamiento, constituye una fuente de novedad. Y si la conducta que aparece fue previamente extinguida nos hallaríamos ante un caso de resurgencia explicable por el mecanismo de generalización funcional. d) Encadenamiento automático: La emisión de una conducta puede tener como consecuencia un cambio en el ambiente o en la orientación del sujeto, hecho que puede servir como discriminativo para la emisión de otras conductas que se vuelven así más o menos probable (ver, por ejemplo, Blough, 1963; Findley, 1962; Hull, 1935; Millenson, 1967; Ray & Sidman, 1970; Segal, 1972; Skinner, 1953; Staddon & Simmelhag, 1971). La diferencia entre el encadenamiento automático y otros tipos de encadenamiento estriba en que la cadena conductual que en el primer caso se desarrolla, no ha sido expresamente entrenada. Además, la presentación de los eslabones conductuales en este tipo de encadenamiento pueden obedecer a mecanismos de control discriminaúvo múlúple o de resurgencia. Pero, la teoría de la generatividad no sólo pretende ofrecer interpretaciones verbales, más o menos ajustadas, en términos de principios del análisis conductual, sino que claramente nace con una vocación predictiva. Precisamente, esta constituye, a nuestro juicio, la mayor diferencia entre la teoría de la generatividad y las anteriores propuestas seleccionistas: tratar de predecir momento a momento la probabilidad de ocurrencia de una conducta, dadas unas determinadas condiciones iniciales. A las ecuaciones matemáticas que predicen los cambios conductuales que se producirán en el transcurso del proceso de transformación Epstein (1985a, 1990) las denomina funciones de transformación. La teoría utiliza cuatro funciones, cada una de ellas representando un fenómeno conductual con un amplio apoyo empírico: reforzamiento, extinción, resurgencia y encadenamiento automático. Dos de esas funciones –reforzamiento y extinción– darían cuenta del incremento o decremento en la probabilidad de ocurrencia de una conducta, en un momento dado, en función de las consecuencias que dicha conducta tiene sobre el ambiente; las otras dos –resurgencia y encadenamiento automático– reflejarían cambios en la probabilidad de ocurrencia de la conducta, en un determinado momento, dado un evento conductual producido por el propio organismo con anterioridad. (Para un análisis más detallado de las funciones de transformación, formulación matemática y descripción de sus parámetros, ver Epstein 1985a, 1990). Fundamentalmente, la teoría acabada de exponer da cuenta de la generación de conducta novedosa y compleja característica de aquellas situaciones que podemos identificar como creativas. En estos casos, como ha sido puesto de manifiesto, la novedad procede de la interconexión espontánea de repertorios previos de conducta. Aunque no desarrolla ningún análisis experimental al respecto, Epstein (1986) sugiere que este mismo mecanismo de interconexión de repertorios previos de conducta también está en la base de ciertos aspectos productivos de la conducta verbal (ver también, Benjumea & Arias, 1993; Catania, 1980, 1992b, Catania & Cerutti, 1986; Place, 1981, para una observación similar). El seleccionismo de Donahoe y Palmer (1989, 1994) La aproximación de Donahoe y Palmer a la complejidad conductual puede considerarse como un enfoque general acerca de la conducta, donde tienen cabida desde los mecanismos más simples de adaptación de un organismo a su ambiente, hasta las formas de comportamiento más complejas y típicamente humanas, puesto que todos ellos constituyen el resultado emergente de la actuación de unos mismos principios: variación, selección y retención. Esta concepción general evolucionista se apoya empíricamente tanto en los resultados que proporciona el análisis experimental de la conducta, como en los descubrimientos procedentes del ámbito de las neurociencias. Partiendo de tales resultados como condiciones iniciales, la simulación por ordenador de redes adaptativas se presenta como un modelo formal interpretativo acerca de cómo la acción repetida de los procesos básicos de variación, selección y retención puede dar lugar a la complejidad. No resulta fácil presentar en pocas líneas las ideas principales venidas en la obra de Donahoe y Palmer (1994) y, al mismo tiempo, hacer justicia al alcance de su propuesta acerca de la complejidad conductual. Trataremos de exponer los pilares básicos sobre los que se asienta dicha propuesta, articulándolos en torno a los tres pincipios seleccionistas cuya actuación simultánea hace posible la emergencia del comportamiento complejo y novedoso: variación, selección y retención. Variación: Como ya hemos dicho, la variación constituye para todo enfoque seleccionista la fuente, el manantial de la conducta creativa y novedosa; proporciona el material, la estructura a partir de la cual se construye un fenómeno complejo; no está dirigida a ninguna meta y ocurre con independencia de las características que posteriormente serán seleccionadas. En un recién nacido o en un organismo ingenuo –desde el punto de vista experimental–, la fuente última de variación procede del intercambio establecido entre el ambiente y la herencia, esto es: entre determinadas variaciones ambientales –estímulos– y las