Las «Xaveriadas» de Bernardo de Monzón [Reseña]
Full text
Atalanta . Revista de las Letras Barrocas 287 Las «Xaveriadas» de Bernardo de Monzón Ed. Giuseppe Marino (Berlín-Boston, De Gruyter, 2023) Las Xaveriadas es un poema épico cristiano acerca de la vida del célebre misionero jesuita Francisco Xavier, nacido Francisco de Jaso y Azpilcueta (1506-1552). Como explica Giuseppe Marino en su excelente edición de esta obra, la poesía de Bernardo de Monzón (1600-1682) mezcla la poesía épica de corte caballeresco con la hagiografía en un lenguaje poético típico del barroco en lengua castellana. En las estrofas predominan los endecasílabos, la rima consonante y un rebuscado culteranismo. Se trata de un poema eminentemente cortesano y dedicado, presumiblemente, a los jesuitas hispanos y europeos, así como a sus poderosos admiradores. La estrofa predominante a lo largo del poema es la octava real, aunque se intercalan sonetos, redondillas y otras formas poéticas comunes en la poesía en lengua castellana de acuerdo con la situación o tema tratados. En su breve y sustancioso estudio introductorio, Marino ubica el poema como parte del abundante y relativamente poco estudiado corpus de la épica religiosa española del siglo XVII. Este tipo de obras gozaron del apoyo de las autoridades religiosas y políticas del mundo católico pues promovían entre sus élites ideales religiosos y espirituales posttridentinos. De hecho, la ambiciosa tarea evangelizadora de Francisco Xavier en las Indias Orientales fue motivo de todo tipo de obras literarias compuestas en su honor y como ejemplo de vida cristiana. Dos de estas obras, la História da Vida do Padre Francisco de Xavier (1600) de João de Lucena, y las cartas del misionero jesuita publicadas por Horacio Turselino bajo el título de Francisci Xaverii epistolarum libri quatuor, fueron fundamentales para la obra de Bernardo de Monzón. El autor de Las Xaveriadas fue un sacerdote jesuita que pasó toda su vida en España y que escribió también un extenso Menologio de diferentes sacerdotes de la Compañía de Jesús, en un manuscrito que permanece inédito en la Biblioteca Nacional de España y cuya atribución se debe al acucioso trabajo de investigación de Marino. El manuscrito en el que se basa esta edición de Las Xaveriadas se conserva en la British Library y es una copia en limpio de otro manuscrito más antiguo, realizada por al menos tres copistas. La edición conserva las anotaciones marginales, presumiblemente
Reseñas bibliográficas 288 escritas por Monzón originalmente, y que clarifican algunas de las muchas referencias culteranas del poema. Las anotaciones del manuscrito han sido preservadas como notas a pie de página, entre corchetes, y acompañan las explicaciones y referencias a pie de página que Marino añade con excelente criterio. Acompañan también a esta edición una tabla que explica el esquema métrico que sigue cada uno de los doce cantos, un breve resumen de los rigurosos criterios filológicos que sigue Marino para la modernización ortográfica del poema, y una breve sinopsis de la obra. Las Xaveriadas inician con un exaltado elogio del territorio y la historia de Navarra, la patria de Francisco Xavier, así como de la familia del futuro santo, estableciendo incluso un paralelo entre su nacimiento y el de Jesucristo. El poema narra después la decisión de Francisco Xavier de seguir el camino de la Iglesia y no el de las armas, como hubiera deseado su padre. Prosigue con la estancia del futuro jesuita en la Universidad de La Sorbona, donde se relaciona con Ignacio de Loyola y Pedro Fabro, los otros ilustres fundadores de la Compañía de Jesús. De París parte Francisco Xavier a Venecia, en un camino lleno de peripecias que incluyen un frustrado viaje a Tierra Santa debido a la guerra entre Venecia y Turquía. Tras su ordenación, el futuro misionero imita a Cristo al retirarse a un desierto durante cuarenta días antes de iniciar su labor como predicador, cuya habilidad persuasiva se volvería legendaria. De Venecia pasa a Bolonia, donde conversa con el Papa Paulo III acerca de todo tipo de cuestiones eruditas y aún científicas. Tras un sueño premonitorio, el futuro santo decide viajar a las Indias Orientales. Se despide antes de Roma, sede de la Iglesia, donde tiene visiones sobre sus futuros trabajos y padecimientos. Parte después rumbo a Lisboa; el mundo portugués, base de la expansión cristiana rumbo a las Indias Orientales, merece otro extenso elogio por parte de Monzón, complementando los de Navarra, París, Venecia y Roma. Tras su estancia en el Hospital Real de Lisboa para ayudar a los pobres, Francisco Xavier recibe por fin el nombramiento de Nuncio Apostólico por parte del papa y puede embarcarse rumbo a la India, pasando por las islas Canarias las islas Afortunadas y Cabo Verde. Tras su estancia en la India, llega después a Japón y finalmente a China. Nos parece importante hacer notar que el mundo asiático aparece muy poco en el extenso poema de Monzón. De hecho, la vida de Francisco Xavier en India, Japón o China está del todo ausente en la obra. El poema narra en unos cuantos versos, y en sus últimas páginas, el viaje de Francisco Xavier por Asia. De lo que trata la obra de Monzón en realidad es de la preparación europea y cristiana del misionero jesuita, sazonada con elogios eruditos a diferentes personajes y geografías del mundo católico, así como con
Atalanta . Revista de las Letras Barrocas 289 sueños premonitorios, apariciones milagrosas y alegorías con el pasado grecorromano y cristiano medieval. Se trata, pues, de un extenso elogio al peregrinar inicial, formativo y milagroso, de Francisco Xavier en el mundo europeo. Monzón cuenta la historia de cómo el misionero se vuelve un elegido para una prédica asumida como exitosa y legendaria. El texto de Monzón es una épica misionera con una extensión más que considerable y escrita en un estilo poético que imita a Góngora y Quevedo, pero que por lo general carece de la sensualidad, la gracia o la ironía de los grandes poetas del barroco hispano. El mismo Monzón reconoce en su prólogo que mientras escribía se percató de que se estaba extendiendo demasiado y que hubiera sido mejor escribir su épica hagiográfica en prosa. Podría decirse, incluso, que se trata de un poema que nació anacrónico. Por supuesto, la obra no carece de interés para la crítica. Al contrario, permite analizar el uso de formas comunes del barroco en un poema épico cristiano, incluida la manera en la que los jesuitas exaltaban, literariamente, su trabajo misionero, entendiéndolo como continuación de un patrimonio cultural proveniente del mundo de la Antigüedad clásica, renovado por el cristianismo y catapultado a las Indias gracias a la expansión geográfica de los reinos de España, Portugal y Venecia a partir del siglo XV. Es sin duda valioso el cuidadoso trabajo filológico de Marino para rescatar y analizar con el detalle y la profundidad que merece esta obra: una justificación que de sí mismos hicieron los jesuitas en los inicios de la llamada Edad Moderna, a través del ejemplo paradigmático de la vida de Francisco Xavier. Para ellos, como escribe Monzón en su Canto primero: «ni que, él, el Mayor más, que él, ni el Mayor» (116). Jaime Marroquín Arredondo