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Título abreviado: Experiencia percibida de la fatiga 1 Experiencia percibida de la fatiga en población clínica y general: descriptores y reactividad asociada Fuentes-Márquez, S 1 , Senín-Calderón, C. 2 , Rodríguez-Testal, J.F. 3 , Carrasco, M.A. 4 1 Psicóloga Clínica. Hospital Juan Ramón Jiménez. Roda Exterior Norte, S/N, C.P. 21005, Huelva (España). 2 Investigadora del Servicio de Atención Psicológica y Psicopedagógica de la Universidad de Cádiz. Campus Universitario de Puerto Real. Av. República Árabe Saharaui s/n, 11519, Puerto Real, Cádiz (España). 3 Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológicos. Universidad de Sevilla. C/ Camilo José Cela s/n 41018 Sevilla (España). 4 Facultad de Psicología. Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). Fecha de franqueo: 24-01-2014 Fecha de franqueo del 1º y 2º manuscrito revisado: 22-04-2014 y 14-07-2014 Correspondencia Miguel Ángel Carrasco Ortiz Departamento de Psicología de la personalidad, evaluación y tratamientos psicológicos Facultad de Psicología. Universidad Nacional de Educación a Distancia C/ Juan del Rosal, 10 28040 Madrid
Título abreviado: Experiencia percibida de la fatiga 2 Experiencia percibida de la fatiga en población clínica y general: descriptores y reactividad asociada Fecha de franqueo: 24-01-2014 Fecha de franqueo del primer manuscrito revisado: 22-04-2014 Fecha de franqueo del segundo manuscrito revisado: xx-07-2014
Título abreviado: Experiencia percibida de la fatiga 3 Abstract The aim of this study is the analysis of different terms and reactions related to the experience of fatigue. Two groups were compared: one clinical (n 1 = 92, 31 males, mean age =38.87) and other non-clinical (n 1 = 225, 135 males, mean age =32.45). The sample was composed of 317 participants (52% males), ranging in age from 18 to 76 years. Findings shown the experience of fatigue was mainly related to somatic terms (76% in the total sample). Specifics results were found for the clinical group (not for the general group): (a) significant relations between fatigue and, anxiety (χ 2 (1) = 34.71, p< .01), tension (χ 2 (1) = 16.80, p< .01) and sad (χ 2 (1) = 24.59, p< .01); (b) higher intensity of fatigue (F= 84.15, p = .000), and predominance of the cognitive components of fatigue. Results showed fatigue in subjects with a clinical disorder versus those without, is associated both, to negative emotional states and, a higher intensity of fatigue, especially in its cognitive elements. Important clinical implications for the assessment and intervention are discussed. Key words: fatigue, negative emotions, somatic descriptors
Título abreviado: Experiencia percibida de la fatiga 4 El recorrido histórico del término de fatiga y sus diferentes usos ponen de manifiesto la amplitud y confusión conceptual acerca del mismo (Caballo, Salazar, & Carrobles, 2011; Hernández, Berrios, & Bulbena 2000; Orsat, Ernoul, Canet, Grandin-Goldstein, & Richard-Devantoy, 2013; Rey-González, & Livianos-Aldana, 2000). Desde mediados del siglo XIX la fatiga se ha entendido como laxitud y cansancio, y se ha vinculado tanto a trastornos funcionales (e.g., neurastenia y psicastenia) como infecciosos (e.g., Síndrome Crónico de Epstein-Barr). En 1987 se delimita la entidad clínica conocida como Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) (la clásica encefalomielitis letárgica), relacionada con el estrés (hipofunción del eje HHA), sin relación con el esfuerzo y sin mejoría por el descanso, pudiendo participar en su origen desde experiencias tempranas adversas al TDAH (Chaudhuri & Behan, 2004; Sáez-Franca et al., 2012). Siguiendo los criterios de Fukuda et al. (1994) se identifica con al menos 4 indicadores: afectación de la memoria a corto plazo y la concentración (además de disnomias y anomias), diferentes algias (destacan cefalalgias), sueño no reparador (e hipersomnia), y malestar tras esfuerzo con duración superior a 24 horas. En los manuales de criterios diagnósticos internacionales (DSM y CIE), la inclusión de la fatiga como manifestación clínica no ha sido estable. Concretamente en las ediciones del DSM, la fatiga aparecía inicialmente en la neurastenia con entidad diagnóstica propia, y desde la tercera edición hasta la más reciente (DSM-5, APA, 2013), como síntoma inespecífico del Trastorno de síntomas somáticos (se menciona la fatiga, pp. 311, pero no el SFC) si bien excluye expresamente a la Fibromialgia (Fb) y el Síndrome del Intestino Irritable (SII). En las ediciones CIE (OMS, 1992), en cambio, permanece la entidad diagnóstica “neurastenia” como alteración diferenciada de los trastornos somatomorfos.
Título abreviado: Experiencia percibida de la fatiga 5 A lo largo de este devenir histórico, la fatiga se ha vinculado con numerosos términos: astenia, anergia, cansancio, debilidad, agotamiento, apatía, inercia, aburrimiento, adinamia, tedio, psicastenia, pusilanimidad, laxitud, o vulnerabilidad. Se ha asociado tanto con manifestaciones fisiológicas como intelectuales resultado del esfuerzo físico y mental, y se ha entendido tanto como una experiencia primaria como una lectura introspectiva de sensaciones periféricas. En suma, perdura la ausencia de delimitación y claridad del término, del mismo modo que su etiología sigue siendo una cuestión controvertida (Afari & Buchwald, 2003). Más recientemente se ha propuesto diferenciar la fatiga (percepción de fatiga) de la fatigabilidad (cambios objetivos en la ejecución de una tarea) (Chaudhuri & Behan, 2004). La percepción de fatiga se refiere a las sensaciones subjetivas de cansancio, esfuerzo incrementado o dificultad para el inicio y mantenimiento de actividades físicas y mentales que requieren de motivación (Sáez-Francàs, Hernández-Vara, Corominas- Roso, Alegre, Jacas, & Casas, 2014). No hay correspondencia entre el esfuerzo desarrollado y el rendimiento, y ello se traduce en agotamiento. Se incluyen factores homeostáticos en su origen, además de factores psicológicos (siendo centrales el estado de ánimo y la motivación) (Kluger, Krupp, & Enoka, 2013). Estos factores psicológicos se incluyen en el concepto de fatiga central (e.g. en la depresión o en el SFC). En esta fatiga central a su vez se distingue una fatiga física (estrés muscular tras el esfuerzo y sin descanso, sin alteraciones del sueño, y no debida a la medicación) de una fatiga mental; esta última es la percepción del esfuerzo que ha de ponerse para poder atender a una tarea (Sáez-Franca, Hernández-Vara, Corominas Roso, Alegre Martín, & Casas Brugué, 2013), así como una menor disposición a actuar, lo que reduce la competencia para iniciar o mantener una orientación hacia un objetivo y una ejecución adecuada (Michielsen, De Vries, Van Heck, Van de Vijver, & Sijtsma, 2004).
Título abreviado: Experiencia percibida de la fatiga 6 La fatigabilidad es la magnitud de un cambio en el nivel de ejecución en un tiempo dado o la medida de producción mecánica en función de un valor de referencia (Kluger et al., 2013). Entre sus factores etiológicos se indican los de origen periférico (donde se situaría la debilidad), y la etiología estructural cerebral: en las demencias, la enfermedad de Parkinson, o las consecuencias de los accidentes cerebrovasculares (Kluger et al., 2013). La percepción o sensación de fatiga, como fatiga central, se considera un síntoma principal de diversas entidades clínicas y como el SFC, la Fb o el SII (Wessely & White, 2004; White, 2010). Tiene un papel destacado tanto entre los trastornos de ansiedad como, especialmente, en los trastornos del estado de ánimo (depresiones unipolares, bipolares y distimia), principalmente en forma de pérdida de energía (anergia) a la que se añade la ausencia de disfrute (anhedonia) (Brown & Kroenke, 2009; Demyttenaere, De Fruyt, & Stahl, 2005; Doyle, Conroy, McGee, & Delaney, 2010; Swindle, Kroenke, & Braun, 2001; Tylee, Gastpar, Lépine, & Mendlewicz, 1999). Aparte del malestar físico (síntomas corporales, alteraciones del sueño, la propia fatiga física) y cognitivo (temor desproporcionado, rumia, pensamiento automáticos…), una parte de la experiencia de la fatiga tiene que ver con la propia retroalimentación y mantenimiento por los estados emocionales negativos y la fatiga precedente (Goldstein, Greer, Saletin, Harvey, Nitschke, & Walker, 2013; Helbig-Lang, Lang, Petermann, & Hoyer, 2012; Ruscio, Seitchik, Gentes, Jones, & Hallion, 2011) La percepción de fatiga en estos estados emocionales forma parte de un conjunto de síntomas entre los que destaca la desvalorización personal por encima del síntoma físico en la depresión (Moss-Morris & Petrie, 2001; Noonan, Lindner, & Walker, 2010; Priebe, Fakhoury, & Henningsen, 2008), y la expectativa aprensiva en la ansiedad (Grupe & Nitschke, 2013), lo que permite suponer la importancia del concepto de fatiga mental. La sintomatología ansiosa y depresiva (sobre todo esta última), acompaña tanto
Título abreviado: Experiencia percibida de la fatiga 7 al SFC, la Fb, como al SII, aunque se excluyen de sus criterios diagnósticos específicos, lo que da buena cuenta de la dificultad de la consideración del concepto de la fatiga. Por último, es preciso distinguir la percepción de fatiga de manifestaciones cercanas como la somnolencia (e.g., trastornos del sueño) o la apatía (pérdida de la motivación por falta de interés y de iniciativa con aplanamiento de las emociones en tareas orientadas a una meta (Robert et al., 2009). De todo lo dicho se desprende que la percepción de fatiga en la población clínica es parte de una constelación de componentes cognitivos y emocionales, en los que son comunes las respuestas ansiosas y depresivas en diferentes entidades diagnósticas y que requieren una delimitación que atienda a sus aspectos subjetivos, así como la intensidad de la fatiga y la reactividad emocional y conductual asociadas, aspecto que no se ha abordado en la literatura hasta donde hemos tenido conocimiento. A pesar del énfasis que se ha concedido a los componentes emocionales y cognitivos en las alteraciones psicopatológicas, es importante recordar que los síntomas somáticos, como la fatiga física, constituyen con frecuencia la principal vía de entrada de los pacientes a los Servicios de Salud (Demyttenaere, De Fruyt, & Stahl, 2005). Se estima que aproximadamente el 25% de los pacientes comunican tener sensación de fatiga y ésta ocupa el séptimo de los diez primeros y más comunes síntomas en los centros sanitarios (De Vries & Van Heck, 2002; Walker, Katon, & Jemelka, 1993). Por tanto, dado que la percepción de fatiga es una experiencia tan común, el análisis tanto de los aspectos cualitativos del constructo (concepto y términos asociados), como de los aspectos cuantitativos (intensidad de la experiencia) contribuirá a dilucidar si se corresponde con una experiencia similar o diferente en la población clínica o general.
Título abreviado: Experiencia percibida de la fatiga 8 Así, este trabajo trata de realizar un análisis de los contenidos y variaciones del término fatiga a partir de la experiencia de sensación de fatiga percibida en dos grupos de población, uno compuesto por pacientes diagnosticados por primera vez con diferentes alteraciones psicopatológicas y que solicitan atención psicológica (en adelante grupo clínico) y otro procedente de la población general. Esperamos que el término fatiga se relacione significativamente con el término de cansancio de entre un conjunto de estados alternativos (i.e., aburrido, decaído, soñoliento…), dada la asociación que a lo largo de la historia se ha producido entre estos dos términos y la cercanía de significado entre ellos. Esta asociación será independiente de la pertenencia al grupo clínico o general. Por otra parte, esperamos que la experiencia percibida de fatiga en el grupo clínico, a diferencia del grupo general, se relacione con conceptos que abarquen o se amalgamen en la esfera emocional negativa (ej. términos de ansioso o triste) pues, como se ha dicho, la percepción de fatiga va unida a la sintomatología ansiosa y depresiva (Brown & Kroenke, 2009; Demyttenaere et al., 2005). Finalmente, cabe esperar diferencias en la experiencia percibida entre el grupo clínico y general. El grupo clínico presentará mayor reactividad a la fatiga (e.g., irritabilidad, soñolencia, hambre…) e intensidad, tanto en la experiencia general de fatiga como en sus componentes cognitivos, que serán superiores a las del grupo general. Método Participantes La muestra estuvo compuesta por 317 participantes, 92 (29%) procedentes de la población clínica y 225 (71%) de la población general. Los pertenecientes al grupo clínico (GC) procedieron de una Unidad de Salud Mental Comunitaria y de una clínica psicológica privada. Este último grupo incluyó 31 hombres y 61 mujeres de edades
Título abreviado: Experiencia percibida de la fatiga 9 comprendidas entre 18 y 76 años (Media de edad, M = 38.87 años, desviación tipo, Dt.=14.31). El grupo general (GG) incluyó 90 hombres y 135 mujeres con edades entre 18 y 70 años (M = 32.45, Dt. = 12.94). La selección de los participantes del grupo clínico fue incidental, no aleatoria, mientras que la del grupo general se extrajo mediante bola de nieve de la población general a partir de un grupo de estudiantes universitarios. Las características de los grupos y su equivalencia se recogen en el apartado correspondiente a los resultados. Instrumentos -Hoja de Información demográfica y clínica (elaboración ad hoc). Mediante este autoinforme los participantes reportaban sobre su nivel de estudios alcanzados, profesión, estatus sociodemográfico o clase social (SDS) (Hollingshead, 1975), enfermedades actuales, antecedentes psicopatológicos personales y familiares, historia y duración de los síntomas, tratamientos psicofarmacológicos, y consumo de otras drogas. El índice de Hollingshead es una puntuación obtenida a partir del nivel de ocupación profesional (profesión) y el nivel educativo (estudios cursados). La puntuación obtenida es clasificada en un rango de puntuaciones que se corresponde con cinco niveles de clase social desde muy alta hasta muy baja. En el presente trabajo se consideró la puntuación media cuantitativa como estimación de la clase social (altas puntuaciones son indicativas de baja clase social). -Escala de Sensación de Fatiga (Hernández, Berrios, & Bulbena, 2000). Consta de 8 ítems con análogos visuales gráficos y descriptores semánticos variados referidos a la experiencia percibida de la sensación de fatiga. De los 8 ítems dos de ellos (ítems 1 y 8) se analizaron pormenorizadamente de acuerdo con los objetivos del presente estudio: El ítem 1 recoge 11 diferentes estados asociados a la sensación de fatiga (apático/a, decaído/a o aplatanado/a, lento/a o aletargado/a, cansado/a, ansioso/a, mal cuerpo –
Título abreviado: Experiencia percibida de la fatiga 16 (Insertar Tabla 2) Discusión La presencia frecuente de fatiga en numerosas entidades clínicas y la queja que esta ocasiona entre los pacientes ha llevado a diversos autores a reclamar la necesidad de una mejor delimitación y estudio pormenorizado de este constructo (Berrios, 2000; Costello, 1992; Rodríguez-Testal & Mesa, 2011). Derivado de este reclamo el presente trabajo ha analizado los contenidos y variaciones de la experiencia percibida de sensación de fatiga en personas con y sin alteración clínica. Los resultados han mostrado que los sujetos, independientemente de que padezcan o no una alteración clínica, describen la sensación de fatiga fundamentalmente con el término de cansancio. Sin embargo, son aquellos con un trastorno clínico los que más frecuentemente asocian la fatiga a estados emocionales negativos de ansiedad, tensión y tristeza. Además, los sujetos clínicos utilizan prioritariamente descriptores referidos a estados emocionales negativos mientras que los no clínicos utilizan prioritariamente descriptores somáticos. De acuerdo con lo esperado, el término cansancio fue el descriptor nuclear de la sensación de fatiga complementado con descriptores somáticos o de emocionalidad negativa según la ausencia o presencia de patología en la persona que informaba. Estos resultados son consistentes con la delimitación que a lo largo de la historia se ha realizado del constructo fatiga (Caballo et al., 2011; Hernández et al., 2000; Rey-González et al., 2000) pero introducen un elemento diferencial que contribuye a la clarificación y delimitación de la sensación de fatiga cuando ésta se presenta en la población general frente a la clínica (aplicable a muestras con psicopatología o psiquiátricas): la presencia de descriptores emocionales negativos asociados. La vinculación de emociones negativas con la sensación de fatiga es
Título abreviado: Experiencia percibida de la fatiga 17 congruente con aquellos autores que han asociado principalmente esta sensación con la sintomatología ansiosa y depresiva (Brown & Kroenke, 2009; Demyttenaere et al., 2005; Schneider, 1997; Swindle et al., 2001; Tylee et al., 1999; Walker, 1993; Wessely et al., 1996) y pone de relieve la importancia de considerar la fatiga como manifestación no sólo somática sino fundamentalmente emocional entre las personas que padezcan una alteración clínica. Probablemente, esto indique que ambos componentes (somáticos y emocionales) son manifestaciones diversas de una misma alteración más global o trastorno clínico. Particularmente, en relación con los cuadros depresivos, la presencia de fatiga se ha asociado con un incremento futuro de padecer depresión (Addington, Gallo, Ford, & Eaton, 2001; Kroenke & Price, 1993). No obstante, la asociación entre cuadros depresivos y fatiga debe considerarse desde un planteamiento bidireccional e interdependiente dado que cualquiera de estas podría facilitar la aparición de la otra (Hickie, Davenport, Issakidis, & Andrews, 2002; Mason & Wilkinson, 1996; Pawlikowska et al., 1994). De esto se deriva, por una parte, la necesidad de delimitar y evaluar con precisión ambas manifestaciones cuando concurren en la misma persona; y por otra, la necesidad de evaluar la presencia aislada de cualquiera de éstas (fatiga o depresión) más allá de la aparición o no de la otra (Walker et al., 1993). Más allá de los descriptores específicos utilizados en la delimitación de la sensación de fatiga en el grupo general y clínico, esperábamos encontrar niveles de intensidad y reactividad superior entre los pacientes. Nuestros resultados sólo apoyan parcialmente lo esperado: si bien los participantes clínicos respecto a los no clínicos informan de niveles de fatiga física y mental más elevados, la intensidad en las reacciones asociadas a la fatiga (e.g., irritabilidad, torpeza, soñolencia, hambre, excitación sexual) es similar en ambos grupos. Es razonable encontrar una intensidad superior en la experiencia de fatiga entre los sujetos clínicos, dado que la presencia de una alteración clínica se
Título abreviado: Experiencia percibida de la fatiga 18 acompaña de mayor gravedad y malestar del estado psicológico de la persona que la padece. Sin embargo, es posible que al no tratarse únicamente de trastornos donde la fatiga es el síntoma central, las reacciones asociadas a la fatiga pueden resultar más cercanas entre ambos grupos o, como se ha puesto de manifiesto en otros trabajos, algunas diferencias podrían depender de otros factores intervinientes como la regulación del afecto positivo (Zautra et al., 2005). Un resultado relevante apareció entre los análisis realizados. La fatiga mental en el grupo clínico fue superior a la fatiga física, dato que no se replicaba en el grupo general. Esto pone de manifiesto la importancia de elementos cognitivos en la experiencia de sensación de fatiga en la población clínica y establece un nuevo marcador diferencial entre la población general y clínica. La predominancia de elementos cognitivos asociados en los trastornos clínicos es consistente con el incremento de sesgos cognitivos, hiperreflexividad, de pensamientos desadaptados que reiteradamente se han asociado a las alteraciones psicológicas (e.g., Beck & Alford, 2009; Clark & Beck, 2009; Pérez-Álvarez, 2012), así como de otras variables neuropsicológicas implicadas en el concepto general de fatiga central como el esfuerzo que se requiere para aplicar los recursos atencionales, memoria de trabajo, fluencia verbal, secuencia de habilidades, o en la toma de decisiones (Kluger et al., 2013; Lou, 2009; Sáez-Francàs et al., 2014). Mencionar algunas limitaciones de este trabajo que han podido sesgar en algún grado los presentes resultados: el número reducido de sujetos en el grupo clínico, la distribución desigual de los diferentes trastornos dentro de este grupo, la selección no aleatoria de los participantes clínicos y las diferencias de edad entre los grupos de comparación.
Título abreviado: Experiencia percibida de la fatiga 19 En síntesis y a modo de conclusión, la sensación de fatiga en los sujetos que presentan una alteración clínica frente a los que no, se asocia en mayor medida a estados emocionales negativos y muestra una mayor intensidad, especialmente en sus elementos cognitivos. Estas diferencias contribuyen a la mejora del diagnóstico y a la comprensión del significado y la fenomenología de la fatiga percibida en personas que padecen un trastorno psicológico. Por tanto, de estos resultados se derivan importantes implicaciones clínicas para la evaluación y la intervención clínica de la fatiga: necesidad de evaluar e intervenir sobre los componentes somáticos y cognitivos de la fatiga; evaluar la intensidad desde una perspectiva dimensional; considerar la especificidad de los componentes y características diferenciales asociadas a la fatiga en la población clínica frente a la general. Asimismo, estas diferencias pueden ser relevantes para un diagnóstico diferencial más preciso entre las entidades clínicas en las que la fatiga es un núcleo patológico organizador, así como permitir establecer el papel que desempeñan las variables anímicas (Hadlandsmyth & Vowles, 2009). Futuros trabajos deberán ahondar en las tesis aquí expuestas y replicar los presentes resultados a fin de contribuir a esclarecer el posible efecto de estos sesgos.
Título abreviado: Experiencia percibida de la fatiga 20 Referencias Addington, A. M., Gallo, J. J., Ford, D. E., & Eaton, W. W. (2001). Epidemiology of unexplained fatigue and major depression in the community: the Baltimore ECA follow-up, 1981-1994. Psychological Medicine, 31, 1037-1044. DOI: http://dx.doi.org/10.1017/S0033291701004214 Afari, N., & Buchwald, D. (2003). Chronic fatigue syndrome: a review. American Journal of Psychiatry, 160, 221-236. http://dx.doi.org/10.1176/appi.ajp.160.2.221 American Psychiatric Association. (2000). Diagnostic and statistical manual of mental disorders, text revision. DSM IV-TR (4th ed., text rev.). Washington DC: APA. doi:10.1176/appi.books.9780890423349 American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders, DSM-5. Washington DC: APA. Beck, A., & Alford, B. A. (2009). Depression: Causes and Treatment (2ª ed.). Philadelphia: University of Pennsylvania Press. Berrios, G. E. (2000). Concepto de Psicopatología Descriptiva [Concept of Descriptive Pschopathology]. En R. Luque & J.M. Villagrán, Psicopatología Descriptiva: Nuevas Tendencias (pp. 109-145) [Descriptive psychopathology: New Trends]. Madrid: Trotta. Brown, L., & Kroenke, K. (2009). Cancer-Related Fatigue and Its Associations With Depression and Anxiety: A Systematic Review. Psychosomatics, 50, 440-447. http://dx.doi.org/10.1176/appi.psy.50.5.440 Caballo, V. E., Salazar, I. C., & Carrobles, J. A. (dirs.) (2011). Manual de Psicopatología y Trastornos Psicológicos [Handbook of Psychopathology and Psychological Disorders]. Madrid: Pirámide. Chalder, T., Berelowitz, G., Pawlikowska, T., Watts, L., Wessely, S., Wright, D., & Wallace, E. P. (1993). Development of a fatigue scale. Journal of Psychosomatic Research, 37, 147-153. http://dx.doi.org/10.1016/0022-3999(93)90081-P Chaudhuri, A., & Behan, P.O. (2004). Fatigue in neurological disorders. The Lancet, 363, 978-988.
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