El cuatro de mayo de 1282
Full text
147 IV SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES El cuatro de mayo de 1282 Peter Linehan ST John’s College. Cambridge Hoy a hablarles sobre Alfonso X y su relación con la Iglesia Hispánica. O, más bien, sobre una pequeña parcela de tan amplia materia. Fundamentalmente sobre un día concreto del mes de mayo de 1282 y sobre lo que un único documento puede revelarnos sobre la ruptura de relaciones entre Alfonso y sus eclesiásticos. Por lo tanto, éste será un ejercicio histórico a la antigua usanza, cuyo título, expresado en términos más à la mode podría ser algo así como: ‘Hacia una aproximación a la historia del día 4 de mayo de 1282: un ensayo positivista de historia eclesiástica’.1 Pero antes de entrar en materia debo reseñarles brevemente el devenir de esas relaciones durante la década anterior, es decir, desde las portentosas cortes de Burgos de 1272. Tal y como nos informa la Crónica del reino, en aquella ocasión –víspera de la rebelión acaudillada por el infante don Felipe–, los prelados trataron de complicar la vida al monarca con premeditación y alevosía: “Los perlados del regno que eran alli con el rey en aquellas Cortes trabajáronse de poner departimiento entre el rey e aquellos ricos omnes et plazíales que non ouiese y asosiego”. No obstante, la Crónica, esta Crónica tan discutible, dice que un escollo considerable impedía a Alfonso desterrar a tales obispos de su reino (‘Quisiéralos 1 Agradezco la ayuda que me han prestado con la traducción de este trabajo Javier Rodríguez Molina y, una vez más, Francisco Hernández, principal enderezador de mi torcido castellano. Alcanate IV [2004-2005], [147 - 165]
IV SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES 148 Peter linehan Alcanate IV [2004-2005], [147 - 165] echar del regno’2). Este escollo no era otro que la necesidad de contentar al pontífice, de quien en última instancia dependían en 1272 las aspiraciones del monarca para acceder al trono imperial. De esa misma fecha procede una carta enviada al recientemente elegido Gregorio X, que se ha conservado en un borrador y que probablemente fue enteramente compuesto por el notario de Castilla, Gonzalo Pérez, el mal llamado ‘Gudiel’. En dicha carta el rey resalta todos los servicios que sus antecesores habían llevado a cabo a favor de ‘la Iglesia’: “A lo que nos conseiades que siempre amemos la Eglesia, este conseio tenemos por bueno e por sancto e gradeçemosuoslo mucho e fazemoslo assi quanto nos podemos e deuemoslo fazer, por dos razones: la una por la bondat e securidat del regno, e la otra porque lo fizieron todos aquellos onde nos venimos”.3 En este momento tan delicado de su reinado, Alfonso deja bien claro cuál es su actitud respecto a ‘la Iglesia’, pero guarda silencio respecto a los obispos. Quizá prudentemente. La Crónica también calla y nos deja a oscuras sobre la identidad de los obispos confabulados de 1272 y sobre la naturaleza de sus reivindicaciones. Respecto a los obispos, Ballesteros ha sugerido que probablemente fueran los titulares de las sedes gallegas y leonesas;4 aspecto que conviene tener en cuenta cuando lleguemos a los sucesos de 1282. En cuanto a sus reivindicaciones, podemos pensar que no serían muy diferentes de aquellas gravamina que los universi prelati Hispanie habían dirigido al colegio cardenalicio en 1262-63, protestando contra el impuesto decretado por Urbano IV a la Iglesia Castellana para sufragar a los exiliados del reino de Apulia y del Imperio Latino de Constantinopla.5 También podemos suponer que esto no era sino un anticipo de nuevas demandas papales en beneficio del moribundo reino latino de Jerusalén porque, a lo largo de todo su pontificado, la Cruzada de Oriente fue, en palabras de Runciman, una ardiente aspiración (‘burning desire’) de Gregorio X.6 2 C[rónica de] A[lfonso] X [según el Ms. II/2777 de la Biblioteca del Palacio Real] (Madrid), ed. M. González Jiménez, Murcia, 1999, c. 26. 3 AC Toledo, dsn, publ. F. J. Hernández y P. Linehan, The Mozarabic Cardinal. The life and times of Gonzalo Pérez Gudiel, Florencia, 2004, 439. 4 Alfonso X, Barcelona, 1963, p. 584. 5 E. Benito Ruano, “La iglesia española ante la caída del Imperio Latino de Constantinopla”, Hispania Sacra, 11 (1958), esp. p. 17; P. Linehan, “The Gravamina of the Castilian Church in 1262-3”, English Historical Review, 85 (1970), 730-754 [reimpr. Linehan, Spanish Church and Society, 1150- 1300, London, 1983]. 6 The Sicilian Vespers, Harmondswoth, 1960, 167.
149 IV SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES El cuatro de mayo de 1282 Alcanate IV [2004-2005], [147 - 165] Pero en 1272 esta no era la única preocupación económica de los prelados, que debían enfrentarse con otro problema que pesaba sobre ellos como una losa. Este problema lo encarnaba el propio rey, cuya apropiación indebida de las ‘terciae decimarum’ había denunciado Clemente IV en 1265 como ‘rapinam vilissimam tam dampnabilem quam dampnosam’.7 La subvención de la décima parte de las rentas eclesiásticas que Alfonso solicitó para sufragar los gastos militares durante la revuelta de los mudéjares le fue otorgada a condición de que el rey renunciara públicamente a la contribución forzosa otorgada a su padre por Inocencio IV exclusivamente para la campaña de la reconquista de Sevilla.8 El arzobispo de Sevilla, Raimundo de Losana, leal servidor del rey, fue la persona elegida para recordar a Alfonso, simpliciter et secreto, que mientras continuara beneficiándose de las tercias estaría en pecado mortal: una situación ciertamente poco propicia para un candidato al trono del Sacro Imperio Romano.9 Tampoco era una tarea fácil para el arzobispo, quien, como era previsible, dejó de cumplirla. Dos años después, el pontífice tuvo que volver a escribirle de nuevo sobre el mismo asunto. El hecho de que lo hiciera dos días después de escribir a Alfonso en relación con su pretensión de acceder al trono imperial no sería ninguna coincidencia10. Roma no olvidaba tales cosas. Todo esto sucedía en junio de 1265. Y así continuaron las cosas. Toda la atención recaía ahora sobre el monarca. En marzo de 1267 los prelados de Castilla se reunieron en Brihuega bajo la presidencia de Sancho de Aragón, arzobispo electo de Toledo. Lamentablemente, el documento palentino que recoge estas intervenciones resulta ilegible en su mayor parte, por lo que ignoramos cuáles fueron los defectos sobre la administración del Rey Sabio denunciados por los prelados castellanos. Pero lo que sí sabemos es que en aquella ocasión estuvieron presentes al menos seis de los ocho sufragáneos de la provincia toledana, obispos a quienes desagradaba sobremanera la excesiva confianza con que Alfonso trataba a sus ‘blasfemos consejeros judíos’, como ellos les llamaban. ‘Nephas est’, dice el documento, nefasto es preferirles a los cristianos.11. En este contexto resulta chocante que entre los firmantes de las actas de esta asamblea exclusivamente episcopal, se encontraran Pedro Lorenzo de Cuenca y Agustín de Osma, personajes ambos que pertenecían a aquella corte alfonsina tan dominada por los judíos. 7 Les Registres de Clément IV, ed. E. Jordan, París, 1893-1945, n. 890 (=S. Domínguez Sánchez, Documentos de Clemente IV (1265-1268) referentes a España, León, 1996. n. 32). 8 P. Linehan, The Spanish Church and the Papacy in the Thirteenth Century, Cambridge 1971, 111-12. 9 Les Registres de Clément IV, ut. cit. 10 Ibid., nos. 1205, 1206 (=Domínguez Sánchez, Documentos de Clemente IV, nos. 131, 132). 11 “…quia nephas est ut blasphemantibus Christi iudeis maior habeatur fides quam Christi fidelibus christianios”: AC Palencia, 4/1/3.
IV SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES 150 Peter linehan Alcanate IV [2004-2005], [147 - 165] Después de 1272, cuando Fernando de la Cerda, ‘por mandado del rey’, se entrevistó con los prelados en Peñafiel mientras Alfonso se dirigía a Beaucaire (1275), también acudieron ricos omes, pero no hubo quejas específicas contra el rey. En Peñafiel, las quejas se redujeron a cuestiones jurídicas relativas a la intromisión de algunos jueces seculares en materias de competencia eclesiástica y al fracaso de las autoridades seculares a la hora de validar y ejecutar sentencias eclesiásticas.12 Sólo después de Beaucaire comenzaron los eclesiásticos a manifestar abiertamente su malestar contra Alfonso y su manipulación de los textos de las cartas papales – hasta tal punto que en 1276, con los moros a las puertas, el mismísimo prior provincial de los dominicos declaró que no estaba dispuesto a predicar la Cruzada.13 Así fue como ocurrió finalmente el encotronazo con el monarca en 1279. En 1269, el consejo del rey Jaime de Aragón a su yerno, Alfonso de Castilla, había sido “Que si se veía incapaz de mantener el amor y el afecto de todos sus vasallos, que mantuviera al menos el afecto de la Iglesia, del pueblo y de las ciudades … porque Dios ama a estas gentes más que a los caballeros, porque los caballeros se alzan más fácilmente contra su señor que los otros”.14 Pero en 1279, Alfonso había perdido todos esos apoyos: la Iglesia, el pueblo y las ciudades, los caballeros. Tras conocer la decisión de Beaucaire, nada de lo que anteriormente le había disuadido de expulsar a los obispos tenía ya fuerza alguna. Así que, al igual que el rey Juan de Inglaterra durante el entredicho de su reinado a principios de siglo, Alfonso se sintió libre para apropiarse hasta del plomo de los tejados de las iglesias. En consecuencia, durante este año el conflicto entre Alfonso X y sus obispos se desbordó y provocó una catarata de denuncias ante el Papa Nicolás III, cuyo eco no tardó en llegar a Castilla a través de la legación del obispo de Rieti. Esta vez, estaba bien claro quién era el responsable de todos sus problemas. El responsable de todos sus problemas no era otro que el rey. El rey tuvo que responder a quince reivindicaciones. En 1980, cuando publiqué sus réplicas, señalé cómo actuaron Alfonso y el infante don Sancho. En verdad, no se tomaron mucho interés en el asunto. Más de la mitad de sus réplicas no ofrece justificación alguna. Nada dijeron, por ejemplo, sobre el problema 12 Ibid., 1/1/2; R. Menéndez Pidal (ed.), Docs. lingüísticos de España, Madrid, 1919, n. 229. 13 P. Linehan, “‘Quedam de quibus dubitans’. On preaching the crusade in Alfonso X’s Castile”, HID, 27 (2000), 103-128 14 Llibre dels Fets del rei En Jaume, ed. J. Bruguera, Barcelona 1991, c. 498.
151 IV SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES El cuatro de mayo de 1282 Alcanate IV [2004-2005], [147 - 165] recurrente de sus consejeros judíos. Pero no quiero perder más tiempo relatándoles todas y cada una de las réplicas que dirigieron a los que les pedían explicaciones, como por ejemplo la exorbitante exigencia de que el rey fuera beneficiario vitalicio de las tercias y de los ingresos procedentes de las iglesias vacantes. Tampoco tengo intención de volver a indagar en la idea de que fue Gudiel quien orquestó la protesta episcopal.15 Pero sí me detendré, apenas un instante, en las razones que Alfonso dio sobre el exilio forzoso del obispo de León, dada la importancia que el informe del nuncio concede tanto a este hecho como al maltrato del arzobispo de Compostela, y dado que en la traducción gallega de la Crónica de Castilla podemos leer que el informe negativo de estos dos obispos sobre las acciones de Alfonso fue lo que provocó la decisión papal de negar el imperio al rey, si bien esta afirmación resulta cronológicamente inadmisible.16 El exilio forzoso había sido un instrumento de control de la política alfonsina durante mucho más tiempo del que los historiadores de su reinado se han preocupado de reconocer. Nada menos que en 1263 –mucho antes de los ‘desnaturamientos’ voluntarios de 1276 y de los años siguientes– el Papa Urbano IV había intercedido ante Alfonso a favor de cuatro miembros de la Orden de Calatrava –Alfonso Garcés y tres más– quienes, en opinión del pontífice, habían sido falsamente acusados de haberse coaligado con los enemigos del rey, y que por esa razón habían sido desterrados (‘forbanniri’). El papa solicitó al rey que anulara dicha sentencia (‘rebanniri’).17 Ambos términos pertenecen al lenguaje jurídico, y son poco usuales en una carta papal. Seguramente Alfonso 15 Hernández & Linehan, The Mozarabic Cardinal, 180-1. 16 AC Toledo, X.1.B.1.4; P. Linehan, “The Spanish Church revisited: the episcopal gravamina of 1279”, en B. Tierney y P. Lomehan (eds.), Authority and Power. Studies on medieval law and government presented. to Walter Ullmann on his Seventieth birthday, Cambridge, 1980, 127-47 [reimpr. Spanish Church and Society]; Idem, History and the Historians of Medieval Spain, Oxford 1993, 509. Véase también C. de Ayala Martínez, “Las relaciones de Alfonso X con la Santa Sede durante el pontificado de Nicolás III (1277-1280)”, en J. C. Migrel Rodríguez et al. (eds.), Madrid, 1989, 137-51. 17 “Sane ex petitione dilectorum filiorum Alfonsi Garsie, Gomecii Gundisalvi, Martini Lupi et Raynerii, fratrum ordinis Calatraviensis, nobis innotuit quod olim falso excellentie regali suggesto quod iidem fratres contra eam [scil. regiam maiestatem] adversariis tuis prestiterant et prestabant auxilium, consilium et favorem eos occasione huiusmodi ab eorum domo in tuo regno consistente fecisti eici et de regno ipso nichilominus forbanniri, qui hac de causa extra idem regnum coguntur non sine approbrio dicti ordinis exulare. Quia igiitur in hiis si vera sunt evidenter anime tue saluti detrahitur serenitatem regiam rogamus et hortamur attente quatinus dictos fratres pro nostra et apostolice sedis reverentia facias rebanniri ac in domo et regno predictis libere commorari permictas”: Salutem tuam plenis, 18 Jan. 1263: Madrid, AHN, OO. MM., Calatrava, carp. 444, n. 57. Cf. Ballesteros, Alfonso X, 350, quien, citando a J. Ortega y Cotes, Bullarium Ordinis Militiæ de Calatrava, Madrid, 1761, 121, cree que el documento lo encabezan seis individuos y no cuatro, por haber leído mal ‘Gomecio’ como ‘Genecio’ y ‘Lupi’ como ‘Luys’, asombrándose
IV SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES 152 Peter linehan Alcanate IV [2004-2005], [147 - 165] Garcés y sus compañeros, que conocían bien las definiciones jurídicas con las que operaba el rey, sugirieron al papa la inclusión de estos términos en su carta. No está muy claro de qué manera había ofendido al rey Alfonso Garcés –el comendador de Martos que tan funestamente aconsejó al arzobispo Sancho de Aragón en 127518. Sin embargo, conocemos de sobra la ofensa que llevó al exilio al obispo de León, Martín Fernández, antes notario del rey en León. Su ofensa consistía en ser el padrino de Fernando de la Cerda. Por lo tanto, es perfectamente comprensible que hubiese sido un firme defensor de la causa de los hijos del Infante. Canónicamente era obligatorio.19 Por esta razón, tal y como el nuncio recoge en su informe de 1279, “manifiesta cosa es que el fuyendo la persecucion del Rey que mendiga y anda desterrado en tierras estrannas”20 . Lo que resulta un tanto incomprensible es la rapidez con que el obispo y su iglesia se alían en 1282 con el enemigo declarado de la causa de la Cerda, es decir con el infante don Sancho. Contra la acusación de que se había impedido a los obispos reunirse para discutir sus reivindicaciones, en 1279 el rey y su hijo dieron la callada por respuesta21. La razón de tal prohibición era, por supuesto, que reuniones de ese tipo podrían resultar subversivas. Circunstancia que se había verificado en la reunión de Brihuega de 1267, y que se verificaría de nuevo en Valladolid en mayo de 1282. Pero antes de centrar mi atención en este último suceso, déjenme que les cuente algo sobre una obra comenzada en 1281 por un judío castellano que vivía en Egipto, Isaac ibn Sahula, titulada Meshal Haqadmoni, de la cual contamos desde hace poco con una excelente traducción inglesa a cargo del Prof. Raphael Loewe. Una de las fábulas protagonizada por animales que contiene esta aguda sátira de la sociedad castellana en tiempos de Alfonso X, cuenta que los animales convocaron una asamblea para debatir cómo debían proceder ante a continuación de que el documento “nos revela un hecho del cual no poseemos antecedente ningun.”. Ortega y Cotes había contado cinco. 18 CAX, c. 63. 19 En 1270 Fernando de la Cerda había recibido a los vasallos del obispo y sus posesiones bajo su protección “como si fueran míos”: J. M. Ruiz Asencio y J. A. Martín Fuertes, Colección documental del Archivo de la Catedral de Leon, IX (1269-1300), León, 1994, n. 2294. Durante los primeros años del reinado alfonsí, Martín Fernández había sido un leal servidor de la monarquía, y por lo menos hasta mayo de 1254 ocupó el cargo de notario de León (el infante don Fernando había nacido en octubre de 1255: M. González Jiménez, (ed.), Diplomatario andaluz de Alfonso X, Sevilla, 1991, n. 136; G. Daumet, Mémoire sur les relations de la France et de la Castille de 1255 à 1320, París, 1913, 11, y en 1269 había sido testigo de los esponsales del infante con su prometida francesa: ibid., 156, donde se le describe (p. 15) como “canciller del Infante”. 20 Linehan, “Spanish Church revisited”, 142. 21 Ibid., 146.
153 IV SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES El cuatro de mayo de 1282 Alcanate IV [2004-2005], [147 - 165] los incesantes estragos que su rey, el León, les infligía. A través de esta alegoría, el autor describe cómo el buey incitó a todos los animales que tenían cuernos a acorralar a su torturador y luchar con él hasta matarlo. Pero el asno silvestre aconsejó obrar con precaución. Porque “Repression on himself he needs must bring Who insurrection moves against his king. Was ever there a subject raised his arm Against the Lord’s anointed, without harm?” [“Quien se alza en rebelión y al rey quiere suplantar Bien merece la pena que viene de traicionar. Nadie puede amenazar al ungido del Señor Si no quiere terminar castigado y sin perdón”]. En lugar de lo que proponía el buey, el asno les recomendó partir hacia ‘tierras lejanas’ y, a su debido tiempo, hacer lo que se proponían, ya que allí descubrirían ‘una tierra fértil, generosa y llena de paz’.22 Evidentemente, Ibn Sahula, que era originario de Guadalajara, estaba pensando al escribir esto en la situación de Castilla en los exiliados en Francia y Roma –Lope Díaz de Haro y los prelados de León y Compostela– y en Alfonso, a quien claramente veía reflejado en la figura del León. Cierto es (creo yo) que Alfonso jamás había sido ungido.23 Pero no debemos olvidar lo reacios que se mostraban los hombres del siglo XIII a la hora de atacar directamente al rey, incluso si éste no había sido ungido. Esto fue exactamente lo que sucedió en Valladolid cuando el infante don Sancho llamó a los exiliados a su lado y el modo de acción propuesto por el buey fue el que prevaleció. 1282 fue un año decisivo para la Historia de España, y el encuentro planeado en Valladolid en Pascua pudo haber sido su apogeo. El Infante don Sancho había invitado al rey de Aragón con el objeto de que éste tuviera representación en aquel encuentro el domingo, 29 de marzo, circunstancia que don Pedro mencionó a Alfonso dos días después de la reunión.24 Pero mientras infantes y procuradores se reunían en Valladolid, en Palermo un soldado francés que se 22 R. Loewe (ed. y trad.), Isaac Ibn Sahula. Meshal Haqadmoni. Fables from the Distant Past, Oxford/ Portland, OR., 2004, 60-66. 23 P. Linehan, “The accession of Alfonso X (1252) and the origins of the War of the Spanish Succession”, en D. W. Lomax y D. MacKenzie (eds.), God and Man in Medieval Spain. Essays in honour of J. R. L. Highfield, Warminster, 1989 [reimpr. Past and Present in Medieval Spain, Aldershot, 1992], 59-79. 24 M[emorial] H[istórico] E[spañol], II, Madrid 1851, n. 197.
IV SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES 154 Peter linehan Alcanate IV [2004-2005], [147 - 165] había emborrachado intentó violar a la mujer de un siciliano; en cuestión de horas la guarnición angevina fue pasada a cuchillo, se iniciaron las operaciones para expulsar a los franceses de Italia, y el reino fue ofrecido a los aragoneses. De este modo, la Pascua de 1282 se convirtió en una fecha triunfal para Aragón, y los sucesos de estos días terminaron con las ambiciones castellanas en Europa durante los siguientes doscientos años, por lo menos. Por este motivo, la Pascua de 1282 pasó a ser conocida con el nombre de ‘Vísperas Sicilianas’. Entretanto, la reunión de Valladolid que, por pura coincidencia, había sido convocada para el mismo día, fue aplazada. Para que se lograra hubo que recurrir a otro tipo de argumentos, tales como amenazas e intimidaciones. Así es como se trató a los dirigentes de la Iglesia. Una cosa era la adhesión a la causa rebelde de la reina y los infantes, pero otra muy distinta era llevar este apoyo a sus últimas consecuencias. Como en la fábula de Isaac ibn Sahula, los castellanos no estaban habituados a derrocar a sus reyes. Los allí presentes no sabían muy bien qué hacer. ¿No se había dado una situación similar anteriormente, en tiempos de Alfonso III?, tal vez se preguntaría alguno. Pero aquello había sucedido cuatrocientos años atrás. ¿Qué pensaban los obispos, quienes, al menos ellos, podrían haber entendido la relevancia del caso de otro ‘rey inútil’, Sancho II de Portugal, un precedente que parece haber ocupado algunas mentes desde la vuelta real de Beaucaire.25 Durante años, los obispos se habían quejado del trato que el rey les había dispensado. Pero en abril de 1282, al menos al principio, dudaron sobre la conveniencia de romper sus relaciones con la corona y aliarse con los rebeldes. Tales dudas se ven reflejadas claramente en la protesta elevada por los obispos de Burgos y Palencia, quienes, en vista de las bien conocidas simpatías hacia Alfonso del arzobispo de Sevilla, Remondo de Losana, y debido a las ausencias de los arzobispos de Toledo y Compostela, eran los prelados de mayor rango e importancia residentes en el reino, y no solo por ese motivo, sino también debido a la influencia internacional de la orden franciscana, a la que pertenecía el miembro el primero, y por razón del importantísimo peso político del segundo, que era a la vez primo del infante don Sancho y hermano de la mujer a la que éste se uniría en una relación absolutamente probibida por todas las reglas del derecho canónico. Así, cuando el día 22 de abril los infantes Pedro y Juan, hermanos del rey, irrumpieron en sus aposentos de forma “violenta e inesperada” y les conminaron a ponerse de lado del infante para que apoyaran la idea de que el rey 25 R. P. Kinkade, “Alfonso X, Cantiga 235, and the events of 1269-1278”, Speculum, 67 (1992), 312, 321. Cf. Hernández & Linehan, The Mozarabic Cardinal, 234.
155 IV SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES El cuatro de mayo de 1282 Alcanate IV [2004-2005], [147 - 165] don Alfonso debía ser privado de su autoridad para gobernar, ellos se negaron a hacer tal cosa. Pensaban que esta decisión era (según decían) “en extremo difícil de tomar, y que requería una reflexión más cuidadosa antes de llevarse a cabo.” Especialmente desagradable les resultaba el espectáculo de “tantos abades de nuestras diócesis que confraternizan y se conjuran con los laicos, en perjuicio de la libertad eclesiástica” y –esperen a oír esto– “y en contra de los estatutos del Señor de Sabina”. Esta última apelación a su conciencia es especialmente jugosa, porque este ‘Señor de Sabina’ no era otro que Juan de Abbeville, el legado pontificio cuyas prescripciones sobre la reforma de la iglesia castellana, especialmente las que exigían convocar concilios y sínodos periódicamente, habían sido alegremente olvidadas por clérigos y obispos durante … más de cincuenta años. No obstante, cuando se les amenazó con la muerte si no obedecían, ambos asistieron a la lectura de la sentencia contra el rey –“si sentencia puede llamarse”, como dijeron–, aunque no estuvieron presentes a su publicación durante la lectura. Declararon que si habían añadido sus sellos al documento, lo habían hecho por miedo, y así trataron de desvincularse de un instrumento que privaba al padre del poder regio y designaba a su hijo para sustituirle.26 Este hecho muestra que en una fecha tan tardía como el 22 de abril, don Sancho no tenía todavía todos los votos. Pero durante el fin de semana del 2 al 4 de mayo el curso de los acontecimientos cambió radicalmente. El sábado (día 2), cuarenta abades cluniacenses, cistercienses y premonstratenses de los monasterios de Castilla y León seguían mencionando al viejo monarca como reinante sobre la lista usual de reinos con que era siempre citado, sin proponer cosa más subversiva que la idea de rezar unos por otros. Ocho o nueve eran leoneses27. Esto fue el sábado. Llegado el lunes, día 4, las cosas habían cambiado. Algo había sucedido el domingo. Puede que la voluntad de los obispos y abades se viera influenciada por todos los privilegios que el Infante generosamente les estaba otorgando.28 O tal vez –tal vez– al comenzar aquella semana de ruegos, el Espíritu Santo había respondido a sus súplicas en busca de consejo. 26 F. J. Pereda Llarena, Documentación de la catedral de Burgos (1254-1293), Burgos, 1984, 237-41. En la legislación del Concilio de Valladolid de 1229(?) no encontramos tales statuta domini Sabinensis: Colección documental del Archivo de la Catedral de Leon, VI (1188-1230), León, 1991, n. 1955. Cf. P. Lomehan, “A papal legation and its aftermath: Cardinal John of Abbeville in Spain and Portugal, 1228-1229”, en I. Birocchi et al., A Ennio Cortese, Roma, 2001, II. 236-56. 27 MHE, II, 67-8, mal fechado el 3 de mayo; y seguido por L. Fernández Martín, “La participación de los monasterios en la ‘hermandad’ de los reinos de Castilla, León y Galicia (1282-1284)”, Hispania Sacra, 25 (1972), 9. Véase Apéndice. 28 M. González Jiménez, “Sancho IV, Infante”, HID, 28 (2001), 194-9.
IV SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES 162 Peter linehan Alcanate IV [2004-2005], [147 - 165] A. S. Pedro de Montes Tumbo Viejo, fo. 148 B. AC Zamora, leg. 13, no. 23 C. AC Zamora, leg. 13, no. 23, marginalia D. AC Coria, leg. 14, no. 1 OBISPOS Melendus Astoricensis / / Sugerius Zamorensis / / Munio Mindoniensis / Fernandus Tudensis / Egidius Pacensis / / Alfonsus Coriensis / ABADES/PRIORES *Martinus S. Facundi (Sahagún) / / *Johannes Celenove (S. Salvador de Calanova) / / Johannes S. Martini [S. Martín Pinario] civ. Compostellane / / Arias de Spinareto [unidentified: ?=S. Martín de Sperautano] / / Fernandus [S. Juan Bautista] de Corias / / Pelagius de [S. María de] Obona Hoc Bona Hecbona Petrus de (S. Pedro de) Antealtares / / *Johannes S. Petri de Montibus / / Johannes prior S. Petri de ?Rocins (S. Pedro de Rocas) de Rochis / Fernandus Villenove de Laurenciana / /
163 IV SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES El cuatro de mayo de 1282 Alcanate IV [2004-2005], [147 - 165] A. S. Pedro de Montes Tumbo Viejo, fo. 148 B. AC Zamora, leg. 13, no. 23 C. AC Zamora, leg. 13, no. 23, marginalia D. AC Coria, leg. 14, no. 1 *Petrus Martini S. Petri Elisoncie, OSB (Eslonza) X Petrus S. Petri de Allonza [sic] Petrus S. Petri de Aldonça Antonius Pontis de Dios, OSB (?dioc. Braga) / *Martinus de More-ruela / / *Dominicus Vallis Paradisi (Valparaíso) / / *Dominicus Saltus Novalis (Sandoval) / / Petrus de Melone (Melón) / / / Henricus de Onya Oya) / / Dominicus de Sobrado / / Arias de Osoria, Cist. Ord. (Osera) X abbas Ursarie (Osera) Fernandus de Usaria Martinus abb. de Nucariis (Nogales), Cist. Ord. / Dominicus de Villoria (de Orbijo) / / ?*Dominicus S. Leonardi de Alva / / *Petrus S. Michaelis de Monte / / Fernandus S. Saturnini Metinensis (Medina del Campo), O. Praem. / / fr. Petrus, Ord. Sepulcri Dominici in Yspania ‘Gerardus prior Sepulcri Dominici in Yspania’ fr. Petrus prior Ord. Sepulcri Dominici in Yspania
IV SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES 164 Peter linehan Alcanate IV [2004-2005], [147 - 165] A. S. Pedro de Montes Tumbo Viejo, fo. 148 B. AC Zamora, leg. 13, no. 23 C. AC Zamora, leg. 13, no. 23, marginalia D. AC Coria, leg. 14, no. 1 POST HEC… Martinus Johannis Legionensis archidiaconus et domini principis [sic] capellanus… Legionensis cap. procurator ‘Martinus Johannis archidiaconus Legionensis et domini pape capellanus et notarius ep. Legionensis cuius sum procurator’ Fernandus prior S. Cristine de Ripa Silis (Biba de Sil) …et pro mon. S. Stephani de Ripa Silis …et pro mon. de Juncaria de Spadanedo (Junquera) ‘J. Petri can. de Juncaria procurator prioris et conventus eiusdem…’ Rodericus archidiaconus procurator cap. Salmantine Johannes Petri procurator S. Ysidori Legionensis Johannes Petri procurator cap. Auriensis P. Velasci procurator cap. Auriensis Alfonsus Fernandi procurator cap. Lucensis * monasterios leoneses así indicados se habían asociado con los monasterios castellanos día 2 de mayo (…) Pelagii procurator ep. et cap. Mindoniensis
165 IV SEMANA DE ESTUDIOS ALfONSÍES El cuatro de mayo de 1282 Alcanate IV [2004-2005], [147 - 165] Carta de hermandad de los abades de monasterios del reino de León. Archivo Catedral de Zamora