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Los dioses que se deleitaban con la sangre: el sacrificio cruento en Roma

Lozano Gómez, Fernando

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Francisco José García Fernández Fernando Lozano Gómez Álvaro Pereira Delgado (coords.) SPAL MONOGRAFÍAS XX Dentro del ámbito de las creencias religiosas, los alimentos y todo lo relacionado con su preparación y consumo han ocupado un lugar destacado, ya sea en forma de tabúes, preceptos, símbolos o prácticas rituales, lo que incluye lógicamente el sacrificio. Este último refleja, además, la relación de reciprocidad que se establece en muchas culturas entre los seres humanos y sus dioses, convirtiéndose en una metáfora de los esquemas económicos desarrollados por estas sociedades, a la vez que permite comprender la propia percepción de la divinidad y sus atributos. Esta monografía está destinada, pues, a analizar el papel de la alimentación y los sacrificios en la historia de las religiones, teniendo como marco temporal preferente el Mediterráneo antiguo, en un sentido amplio. Para ello se llevará a cabo un recorrido diacrónico y geográfico por las principales culturas y tradiciones religiosas de la Antigüedad, algunas de las cuales se prolongan hasta el mundo actual, empezando por Egipto y Mesopotamia, Grecia y Roma, incluyendo el judaismo y el cristianismo, con sus ulteriores desarrollos, para terminar con el Islam como última gran “religión del Libro”. En las diferentes contribuciones se abordan tanto aspectos generales como manifestaciones concretas de cada uno de los temas seleccionados, haciendo especial hincapié en su dimensión política, socioeconómica, simbólica y, por supuesto, religiosa. Asimismo, se pretende dar a conocer las distintas fuentes de información (materiales, literarias, epigráficas, etc.), las principales líneas de investigación e interrogantes planteados con una bibliografía actualizada. Últimos títulos publicados en la Colección SPAL MONOGRAFÍAS XIX. Hijas de Eva. Mujeres y religión en la Antigüedad. Eduardo Ferrer Albelda, Álvaro Pereira Delgado coords . XVIII. Imagen y culto en la Iberia prerromana II: nuevas lecturas sobre los pebeteros en forma de cabeza femenina. Ana María Jiménez Flores y María Cruz Marín Ceballos, coords. XVII. Piratería y seguridad marítima en el Mediterráneo Antiguo. Alfonso Álvarez-Ossorio Rivas, Eduardo Ferrer Albelda y Enrique García Vargas, coords. XVI. La religión del mar. Dioses y ritos de navegación en el Mediterráneo Antiguo. Eduardo Ferrer Albelda, Mª Cruz Marín Ceballos y Álvaro Pereira Delgado, coords. XV. Grecia ante los imperios. V Reunión de historiadores del mundo griego. Juan Manuel Cortés Copete, Rocío Gordillo Hervás y Elena Muñiz Grijalvo, coords. XIV. Salvación, infierno, olvido. Escatología en el mundo antiguo. Eduardo Ferrer Albelda, Fernando Lozano Gómez y José Mazuelo Pérez, coords. XIII. Piedras con alma. El betilismo en el mundo antiguo y sus manifestaciones en la península ibérica. Irene Seco Serra. XII. Ofrendas, banquetes y libaciones. El ritual funerario en la necrópolis púnica de Cádiz. Ana María Niveau de Villedary y Mariñas. XI. De dioses y bestias. Animales y religión en el mundo antiguo. Eduardo Ferrer Albelda, José Mazuelos Pérez y José Luis Escacena Carrasco, coords. X. Las instituciones en el origen y desarrollo de la Arqueología en España. María Belén Deamos y José Beltrán Fortes, eds. IX. Imagen y culto en la Iberia Prerromana: Los pebeteros en forma de cabeza femenina. Mª Cruz Marín Ceballos y Frédérique Horn, eds. VIII. Testimonios arqueológicos de la antigua Osuna. José Ildefonso Ruiz Cecilia. VII. Entre Dios y los hombres: El sacerdocio en la Antigüedad. José Luis Escacena Carrasco y Eduardo Ferrer Albelda, eds. Catálogo completo de nuestras publicaciones en la página web <http://www.editorial.us.es> Francisco José García Fernández Fernando Lozano Gómez Álvaro Pereira Delgado (coords.) SPAL MONOGRAFÍAS XX EL ALIMENTO DE LOS DIOSES Sacrificio y consumo de alimentos en las religiones antiguas Listado de autores Codigo de barra EL ALIMENTO DE LOS DIOSES Sacrificio y consumo de alimentos en las religiones antiguas Francisco José García Fernández José M. Serrano Delgado Josué J. Justel Vicente José Ángel Zamora López Miren Junkal Guevara Llaguno Fernando Notario Pacheco Xosé-Lois Armada Fernando Lozano Gómez Jaime Alvar Ezquerra Álvaro Pereira Delgado Carlos Gil Arbiol Sergio Rosell Nebreda José Ramírez del Río EL ALIMENTO DE LOS DIOSES EL ALIMENTO DE LOS DIOSES Sacrificio y consumo de alimentos en las religiones antiguas Francisco José García Fernández Fernando Lozano Gómez Álvaro Pereira Delgado (coordinadores) SPAL MONOGRAFÍAS Nº XX Sevilla 2015 Colección: Spal Monografías Núm.: XX Reservados todos los derechos. Ni la totalidad ni parte de este libro puede reproducirse o trasmitirse por ningún procedimiento electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación magnética o cualquier almacenamiento de información y sistema de recuperación, sin permiso escrito de la Editorial Universidad de Sevilla. © Editorial Universidad de Sevilla 2015 c/ Porvenir, 27 - 41013 Sevilla. Tlfs.: 954 487 447; 954 487 451; Fax: 954 487 443 Correo electrónico: [email protected] web: <http://www.editorial.us.es> © Francisco José García Fernández, Fernando Lozano Gómez, Álvaro Pereira Delgado (coords.) 2015 © De los textos, los autores 2015 Impreso en España-Printed in Spain Impreso en papel ecológico ISBN: 978-84-472-1787-8 Depósito Legal: SE Maquetación e Impresión: Pinelo Talleres Gráficos, Camas-Sevilla. Motivo de cubierta: Diseño original de B. del Espino Hidalgo a partir de las escenas representadas en las cílicas áticas de figuras rojas conservadas en el J. Paul Getty Museum, Malibú (84.AE.569) y el Toledo Museum of Art, Ohio (1972.55). Comité editorial: Antonio Caballos Rufino (Director de la Editorial Universidad de Sevilla) Eduardo Ferrer Albelda (Subdirector) Manuel Espejo y Lerdo de Tejada Juan José Iglesias Rodríguez Juan Jiménez-Castellanos Ballesteros Isabel López Calderón Juan Montero Delgado Lourdes Munduate Jaca Jaime Navarro Casas Mª del Pópulo Pablo-Romero Gil-Delgado Adoración Rueda Rueda Rosario Villegas Sánchez Esta edición ha contado con la colaboración financiera del Servicio de Asistencia Religiosa de la Universidad de Sevilla (SARUS), de las ayudas del Servicio de Extensión Universitaria (convocatoria 2012) y del Proyecto de Investigación “Sociedad y Paisaje. Alimentación e identidades culturales en Turdetania-Bética (Siglos VIII a.C. – II d.C.)” (HAR2011-25708/Hist), integrándose dentro de sus objetivos y difusión. ÍNDICE Presentación Francisco José García Fernández ....................................................................... 9 Sacrificio de animales en los rituales funerarios egipcios: algunos casos particulares José M. Serrano Delgado ................................................................................... 15 Alimentación y ritual en Mesopotamia: el consumo de alimentos en las ofrendas, las fiestas y el culto a los difuntos Josué J. Justel Vicente ........................................................................................ 35 “Que coman y beban los dioses” Religión y alimentación en el mundo fenicio (desde sus precedentes orientales al occidente púnico) José Ángel Zamora López .................................................................................. 57 La utópica dieta de un Dios que no come: las ofrendas vegetales en la tradición bíblica Miren Junkal Guevara Llaguno .......................................................................... 89 Despedazando el sacrificio: lo comible, lo incomible y el descuartizamiento de la víctima sacrificial en el mundo griego Fernando Notario Pacheco ................................................................................. 103 Sacrificio, consumo cárnico y religión del Bronce Atlántico a los celtas occidentales Xosé-Lois Armada .............................................................................................. 123 Los dioses que se deleitaban con la sangre: el sacrificio cruento en Roma Fernando Lozano Gómez ................................................................................... 157 Bodas, banquetes y comuniones. Más cornadas da el hambre que los rituales mistéricos Jaime Alvar Ezquerra ......................................................................................... 181 “Pablo libado”: la metáfora de la libación y del sacrificio en Filipenses 2,17 Álvaro Pereira Delgado ...................................................................................... 193 Comida y sexo en el cristianismo naciente Carlos Gil Arbiol ................................................................................................ 213 El papel de la eucaristía en el Nuevo Testamento y su recepción e interpretación en la tradición reformada Sergio Rosell Nebreda ........................................................................................ 229 Alimentos y tabúes alimentarios en la religión islámica José Ramírez del Río .......................................................................................... 253 Los dioses que se deleitaban con la sangre: el sacrificio cruento en Roma1 Fernando Lozano Gómez Universidad de Sevilla En efecto, si alguien lleva a cabo un sacrificio, [los dioses] devoran alegremente con sus bocas abiertas el humo y como moscas beben la sangre que se derrama de los altares. κἂν μὲν θύῃ τις, εὐωχοῦνται πάντες ἐπικεχηνότες τῷ καπνῷ καὶ τὸ αἷμα πίνοντες τοῖς βωμοῖς προσχεόμενον ὥσπερ αἱ μυῖαι Luciano de Samosata, Acerca de los sacrificios 9. 1. EL SACRIFICIO ANIMAL EN LA RELIGIÓN ROMANA: UNA APROXIMACIÓN HISTORIOGRÁFICA El sacrificio animal es considerado generalmente el ritual fundamental de la religión romana y el vehículo óptimo para honrar a los dioses en esta sociedad. Una categoría que comparte con el sacrificio cruento en Grecia, que también se interpreta como la pieza central de la religión helénica. Esta opinión la expresan con claridad Beard, North y Price en su influyente obra The Religions of Rome (1998: I, 36): “El sacrificio animal, la muerte ritual de un animal y la ofrenda a los dioses de partes de su cuerpo, quemados en un altar, fue un elemento (quizás el elemento) central de los rituales romanos”. De la misma forma se posiciona Woolf (2009: 239) cuando afirma que “los cultos públicos se encuentran en el corazón de la religión romana y el sacrificio está en el corazón ritual de la mayoría de estos cultos”. Se trata de una posición compartida también por Muñiz Grijalvo (2008: 14): “El sacrificio fue el rito nuclear de casi todos los cultos de la Antigüedad grecorromana”. 1. Este trabajo se ha llevado a cabo en el marco del Grupo de Investigación “Pensamiento y religión en el Mundo Antiguo” (HUM-545) de la Junta de Andalucía y del Proyecto de Investigación "Adriano: Imágenes de un Imperio" (HAR2011-26381) del Ministerio de Economía y Competitividad. 164 Fernando Lozano Gómez y único, pues se dieron numerosas variantes, hasta tal punto que se ha cuestionado la propia existencia de la categoría de sacrificio (Vernant 1981: 1). Estas divergencias se debieron a la combinación de muchas posibilidades, entre las que cabe destacar las víctimas que se emplearon, las personas o instituciones implicadas en el culto, el lugar en el que se celebraba el acto, el fin que se esperaba conseguir y las divinidades concretas a las que se confería el honor. Se trata de un rasgo de la ritualística romana que ha llevado a Scheid (2005b: 15) a afirmar que “cada sacrificio y cada fiesta poseía su originalidad”. Una característica que compartía con la religión griega antigua (Prêtre 2009). Si se toma en consideración los oferentes, el sacrificio se puede calificar de público o privado, aunque existen asimismo numerosos rituales en los que es difícil establecer nítidamente esta división. También habría que considerar, en cuanto a los protagonistas, la escasez de sacrificios realizados por mujeres (Huet 2008; Hemelrijk 2009; Rives 2013; Oria Segura 2010 y 2012). Cuando se presta atención a la finalidad de la acción, Macrobio señaló que existieron dos tipos de víctimas: “Una en la que la voluntad del dios es investigada en sus entrañas; otra en la que únicamente su espíritu se consagra al dios” (hostiarum genera esse duo, unum in quo voluntas dei per exta disquiritur, alterum in quo sola anima deo sacratur: Macrobio, Saturnales III, 5, 1). La adivinación de los designios de los dioses, esto es, la investigación sobre el futuro, y la ofrenda, por tanto, están en el centro del sacrificio romano. La ofrenda se llevaba a cabo también por diversas razones, que Porfirio resumió en tres: “Debemos sacrificar a los dioses por tres motivos: para honrarlos, para mostrarles nuestra gratitud y para obtener de ellos algún bien” (καὶ γὰρ ὅλως τριῶν ἕνεκα θυτέον τοῖς θεοῖς· ἢ γὰρ διὰ τιμὴν ἢ διὰ χάριν ἢ διὰ χρείαν τῶν ἀγαθῶν: Porfirio, De abstinentia II, 24). Hay que señalar, por otra parte, que, pese a la importancia del sacrificio animal en Roma, no se debe soslayar, como han destacado recientemente Scheid (2011 y 2012) y Alvar Nuño (2011), la centralidad que tuvieron asimismo las ceremonias no cruentas en las que se ofrecía grano, vegetales y otros productos a las divinidades, sometiéndolos también a la acción del fuego. Se trata, además, de un tipo de sacrificio que Ovidio situó en los orígenes de la religión romana (Fastos I, 337-53): Antiguamente la forma que tenían los hombres para ganarse el favor de los dioses era la ofrenda de espelta y granos de sal. Todavía no había traído una nave extranjera, surcando las aguas del mar, la mirra, lágrimas destiladas de una corteza, ni el Éufrates había enviado el incienso ni el bálsamo de la India, ni eran conocidos los hilos del rojizo azafrán. Un altar, contento con las hierbas sabinas, y el laurel, quemado con no chico crepitar, exhalaban el humo. Si había alguno que pudiera añadir a las coronas hechas con flores del prado las violetas, era rico. Este cuchillo que ahora abre las entrañas del toro abatido no tenía en las ceremonias oficio alguno (trad. Segura Ramos, BCG). ante, deos homini quod conciliare valeret, far erat et puri lucida mica salis. nondum pertulerat lacrimatas cortice murras acta per aequoreas hospita navis aquas, tura nec Euphrates nec miserat India costum, nec fuerant rubri cognita fila croci. ara dabat fumos herbis contenta Sabinis, et non exiguo laurus adusta sono; 165Los dioses que se deleitaban con la sangre: el sacrificio cruento en Roma siquis erat factis prati de flore coronis qui posset violas addere, dives erat. hic, qui nunc aperit percussi viscera tauri, in sacris nullum culter habebat opus. Aunque la idea transmitida por Ovidio, que también se recoge en otros autores como Plutarco (Vida de Numa Pompilio 8, 8), es sin duda una licencia literaria, una creación melancólica (Alvar Nuño 2011), constituye asimismo una llamada de atención para el investigador sobre la variedad y riqueza del sacrificio romano. El uso que se hace de este ritual en la poesía latina merece ser destacado, como queda de manifiesto en el iluminador trabajo de Feeney (2004). En este sentido, Scheid (2012: 84) ha concluido recientemente que: “Los sacrificios de grano y vino tuvieron la misma importancia que el sacrificio animal”. Se trata, con todo, de una cuestión abierta a debate que Patton ha tratado recientemente por extenso (2009: 27-56). La importancia que tuvo el sacrificio en la religión tradicional romana explica la abundancia, siempre relativa para el Mundo Antiguo, de los testimonios que permiten hacerse una idea cabal de las fases y los actos que se llevaban a cabo -de qué ocurría, en definitivadurante una de estas ceremonias. Una de las vías para conocer el sacrificio en época romana es, sin duda, el estudio de las representaciones del ritual en el arte (Huet 2005 y 2008, y Elsner 2012). La arqueología del sacrificio en época romana, aunque todavía no se ha extendido demasiado, también aporta información de sumo interés sobre las víctimas, el despiece y la repartición de la carne, así como sobre los lugares en los que se llevaba a cabo cada parte del ritual (Van Andringa 2007, y Lepetz y Van Andringa 2008). Sin embargo, las fuentes más ilustrativas, y las que han recibido mayor atención por parte de los investigadores, son las literarias y epigráficas. Scheid (2005b: 18-20) ha destacado tres grupos de testimonios que son de especial relevancia para el conocimiento del sacrificio romano. Se trata de la epigrafía relativa al Colegio de los Hermanos Arvales, de las descripciones conservadas de los Juegos Seculares y, por último, de algunos pasajes de la obra De agricultura que escribió Catón el Viejo en el siglo II a.C. La obra de Catón, en concreto, contiene un ejemplo clásico de sacrificio privado, el famoso pasaje sobre la purificación de un campo, en el que se combinan las libaciones y ofrendas vegetales, que se mencionaron antes, con la muerte ritual de varios animales. Se trata, además, de una suovetaurilia, la muerte ritual de tres animales -habitualmente un cerdo, una oveja y un toro-, que era uno de los tipos de sacrificio más singulares y al que se atribuía más potencia religiosa. A pesar de su extensión, el texto merece ser citado por extenso (Catón, De Agricultura, 141): Conviene purificar un campo así: ordénese en estos términos que la procesión de los suovetaurilias dé la vuelta al campo: “Con la aquiescencia divina y a fin de llegar a un resultado bueno, te ordeno, Manio, que te encargues de que estos suovetaurilias aquí presentes recorran mi propiedad y mi tierra, por alguna parte determinada o en todo su contorno, si así lo consideras”. A Jano y Júpiter hágaseles antes una invocación, ofreciéndoles vino, en los siguientes términos: “Marte, padre, te ruego y suplico que de buen grado me seas propicio, y a mi casa y esclavos: por este motivo he ordenado que esta suovetaurilia recorra mi campo, mi tierra y mi propiedad; a fin de que tú, las enfermedades visibles, la esterilidad, la desolación, las 166 Fernando Lozano Gómez calamidades y el mal tiempo, los alejes, nos defiendas de ellos y los apartes; para que permitas que los frutos, los cereales, las viñas y los renuevos granen y lleguen a feliz término; para que conserves a los pastores y al ganado a salvo y des buena salud y prosperidad a mí, mi casa y mis esclavos. Por esto, por la purificación de mi propiedad, mi tierra y mi campo y por esta purificación, como he dicho, sé glorificado con la inmolación de esta sovetaurilia lactante: ‘Marte, padre, por esto, se glorificado con esta suovetaurilia lactante’”. Además se levanta un promontorio y se presenta el pastel sagrado: entonces se hace la ofrenda. Una vez que se haya inmolado el cerdo, el cordero y el becerro, se debe agregar: “Por esto, sé glorificado con la inmolación de esta suovetaurilia” [...] Agrum lustrare sic oportet. Impera suovitaurilia circumagi: “Cum divis volentibus quodque bene eveniat, mando tibi, Mani, uti illace suovitaurilia fundum agrum terramque meam quota ex parte sive circumagi sive circumferenda censeas, uti cures lustrare.” Ianum Iovemque vino praefamino, sic dicito: “Mars pater te precor quaesoque uti sies volens propitius mihi domo familiaeque nostrae; quoius rei ergo agrum terram fundumque meum suovitaurilia circum agi iussi: uti tu morbos visos invisosque viduertatem vastitudinemque, calamitates intemperiasque prohibessis defendas averruncesque; uti tu fruges frumenta vineta virgultaque grandire dueneque evenire siris, pastores pecuaque salva servassis; duisque duonam salutem valetudinemque mihi domo familiaeque nostrae: harunce rerum ergo fundi terrae agrique mei lustrandi lustrique faciundi ergo, sic ut dixi, macte hisce suovitaurilibus lactentibus immolandis esto: Mars pater, eiusdem rei ergo macte hisce suovitaurilibus lactentibus immolandis esto.” Item cultro facito struem et fertum uti adsiet, inde obmoveto. Ubi porcum inmolabis, agnum vitulumque, sic oportet: “eiusdem rei ergo macte hisce suovitaurilibus immolandis esto.” [...] La combinación de plegarias, libaciones, procesiones y sacrificios que describe Catón en este texto para la purificación de un labrantío incluye la mayor parte de los elementos típicos del sacrificio romano. La información que transmite este fragmento se puede contrastar, por otra parte, con testimonios como el altar de Ahenobarbo que representa también una suovetaurilia de época republicana, aunque en este caso se trata de un ritual público con motivo de la ceremonia lustral en ocasión del censo que se llevaba a cabo cada cinco años en Roma (fig. 1). El sacrificio ritual de tres animales se Figura 1: Representación de suovetaurilia. Altar de Domicio Ahenobarbo. Museo del Louvre. 167Los dioses que se deleitaban con la sangre: el sacrificio cruento en Roma solía realizar en honor a Marte, aunque, como se ha señalado, también otras divinidades podían recibir este tipo complejo de ofrendas. La vinculación al dios de la guerra hace que este sacrificio sea frecuente entre las ceremonias del ejército y se represente habitualmente a los emperadores o generales oficiándolas, como sucede en la Columna de Trajano o en el famoso relieve del Arco de Constantino (fig. 2). A pesar de que nunca existió un modelo ideal de sacrificio, pues la variedad de las manifestaciones rituales romanas, como se ha señalado antes, fue inmensa, el conjunto de los testimonios conservados permiten reconstruir las partes fundamentales en las que se dividía el sacrificio romano. En primer lugar, antes de que se llevaran a cabo manifestaciones públicas de piedad, se debía seleccionar la víctima, pues el sacrificio tenía que ser agradable a los dioses que iban a recibirlo. En el culto público especialmente, la elección del animal correcto para cada divinidad era fundamental para conseguir los bienes que se pedirían al dios. La complejidad semántica del sacrificio en Roma queda así de manifiesto, ya que el animal es una ofrenda, un regalo, mediante el cual se quería obtener una contraprestación divina (Alvar 2011: 26). Las divinidades celestes solían recibir animales blancos o claros, mientras que las víctimas oscuras o negras se reservaban para las deidades ctónicas. En la selección de la víctima también se tenía en consideración si la divinidad era femenina o masculina, pues el animal y la divinidad receptora solían coincidir en género. Por otra parte, la mayor parte de las divinidades tenían sus animales preferidos, como se ha explicado antes en el caso de Marte y la suovetaurilia, de tal forma que, aunque en el ámbito doméstico la elección del regalo cárnico era más flexible, en el culto público las ofrendas quedaron fijadas en su mayoría en época republicana y las innovaciones fueron siempre criticadas como muestra de impiedad. Así se debe entender el famoso pasaje en el que Suetonio incluye entre los comportamientos deplorables del emperador Calígula los animales que seleccionó el emperador para su propio culto: “Las víctimas eran flamencos, pavos reales, codornices, gallinas númidas, pintadas y faisanes, y cada día debían inmolarse animales de la misma especie” (Hostiae erant phoenicopteri, pauones, tetraones, numidicae, meleagrides, phasianae, quae generatim per singulos dies immolarentur: Suetonio, Vida de Calígula 22, 3-4). Con todo, tanto en el espacio público como en el ámbito privado, el animal, con independencia de su especie y sexo, debía ser de la mejor calidad, inmaculado, y se confería especial importancia a que fuera el primero del rebaño. 168 Fernando Lozano Gómez Figura 2: Escena de suovetaurilia. Arco de Constantino, Roma. 169Los dioses que se deleitaban con la sangre: el sacrificio cruento en Roma En segundo lugar, tras la elección de la ofrenda, ésta debía ser llevada ante el altar en el que se inmolaría. La procesión era uno de los momentos más importantes del sacrificio público, pues reunía en su cortejo a los ciudadanos organizados por clases y sexo, que acompañaban a la víctima, engalanada para hacerla aún más apetecible y agradable a los dioses, y, en ocasiones, a las imágenes de las propias divinidades a las que estaba consagrada la fiesta. Se trataba, por tanto, de una representación de la comunidad en la que se plasmaban nítidamente las desigualdades sociales y políticas que caracterizaban a la sociedad romana. La preeminencia de los privilegiados se debe a que son ellos los que financiaron habitualmente los sacrificios, pero no se debe entender esta acción evergética como una muestra de armonía entre órdenes (Fishwick 1991: en esp. 575) o conciencia cívica (Cascajero 1995), sino más bien como la autorrepresentación interesada de los aristócratas, que festejaban su propia situación al frente de la comunidad (Gordon 1990c, y Hopkins 1999: 38-39). Junto a la víctima y los ciudadanos marchaban los sacerdotes y sus asistentes que solían ser libertos (kalatores) o esclavos contratados por el estado o los propios oficiantes. El altar de los vicomagistri representa una de estas procesiones (fig. 3). En la escena se puede apreciar tanto los ciudadanos que encabezan el cortejo, como a los trompetas (liticines) que anuncian la llegada de las víctimas. Junto a las ofrendas se encuentran otros asistentes, los victimari, entre los que destaca el popa que era el encargado de golpear con un hacha o martillo al animal. Por último, cierra la procesión un grupo de sacerdotes que portan las imágenes de los dioses, en este caso, pequeñas estatuillas de genios. El altar de los vicomagistri es sólo un ejemplo, pues existieron muchas variantes de cortejos y conocemos, asimismo, muchos asistentes y elementos que no se utilizaron en la celebración que recuerda el ara. En algunos casos el acompañamiento musical se llevó a cabo con otros instrumentos como la lira (fidicines), la flauta (tibicines) o el cuerno (cornicines). También desarrollaron una labor fundamental y se representan con frecuencia los niños (camilli o camillae) que asistían en las labores sacrificiales del sacerdote, portando varios objetos como la caja con el incienso (acerra), el plato (patera) y la jarra con agua o vino (guttus). Figura 3: Desarrollo de una procesión (pompa). Altar de los Vicomagistri. Museos Vaticanos. 170 Fernando Lozano Gómez Finalmente el cortejo llegaba al lugar en el que se iba a dar muerte al animal que solía ser un altar monumental delante del templo de la deidad (fig. 4). En torno a este ara se llevaban a cabo las actividades centrales del sacrificio, pues a partir de este momento, tras ofrecer vino, incienso y granos de cereal a la divinidad en el altar, se haría la petición y se presentaría a la víctima. Es por esta razón por la que la escena de las actividades que se suceden en el altar es la más representada del sacrificio (Gordon 1990b). Uno de los relieves del Arco de Marco Aurelio ofrece un resumen visual del final de la procesión y el comienzo de las libaciones (fig. 5). Como se aprecia en la imagen, el sacerdote, en este caso el propio emperador, se encuentra delante de un altar portátil, mientras una niña le ofrece una caja con incienso. Alrededor del César se distribuyen todos los protagonistas de la procesión -la víctima, el popa, los músicos y los ciudadanos-. La composición aporta otra información adicional, pues al fondo se alza el templo, que es la morada del dios y certifica su presencia. Hay dos acciones que forman parte del sacrificio habitual en Roma y que también se llevaban a cabo en torno al altar. Se trata de la inmolación y el examen de las entrañas. En la primera de estas acciones rituales el animal era ungido con la mola salsa, una pasta Figura 4: Escena de una procesión (pompa) con la víctima y varios asistentes. Relieve de un Arco del triunfo del s. II d.C. Museo del Louvre. 171Los dioses que se deleitaban con la sangre: el sacrificio cruento en Roma realizada por las vírgenes vestales que estaba compuesta de harina, sal y agua. Este acto ritual (fig. 6) suponía efectivamente la transferencia del animal a la esfera divina. La ofrenda ya estaba lista para ser eliminada que era el acto que se producía a continuación. Tras la muerte de la víctima, un especialista, el haruspex, examinaba las entrañas de la bestia, utilizando una técnica de raigambre etrusca, con el fin de averiguar la disposición y la voluntad de los dioses hacia la comunidad (fig. 7). Es interesante señalar, por otra parte, que las aras que se empleaban para el sacrificio pudieron acoger tanto rituales públicos como privados, como queda patente en el altar que levantaron los ciudadanos de Narbona en honor de Augusto (CIL XII 4333A, líns. 12 y ss.; Gradel 2002): El pueblo de Narbona ha erigido un altar en el foro en el que tres caballeros y tres libertos sacrificarán una víctima cada uno el noveno día antes de las calendas de octubre [23 de septiembre], el día en el que la buena fortuna de la Era lo trajo al mundo [a Augusto] para que fuera su gobernante; y ese mismo día proveerán incienso y vino a los colonos y a los demás habitantes pagado con sus propios fondos para que veneren su numen. Y el octavo día antes de las calendas de octubre [24 de septiembre] también ofrecerán incienso y vino a los colonos y los demás habitantes. Que también ofrezcan vino e incienso para los colonos y los demás habitantes en las calendas de enero [1 de enero]. El séptimo día de los idus de enero [7 de enero], el día que Figura 5: Ofrenda y petición ante el altar. Arco de Marco Aurelio. Museos Capitolinos. 172 Fernando Lozano Gómez comenzó a ejercer su poder sobre el mundo, harán una petición con vino e incienso y sacrificarán un animal cada uno, ofreciendo también el mismo día vino e incienso a los colonos y los demás habitantes. Y el día antes de las calendas de junio [31 de mayo], puesto que ese día, cuando eran cónsules Tito Estatilio Tauro y Mario Emilio Lépido, el emperador reconcilió a la gente con los decuriones, también sacrificarán cada uno una víctima pagada de su propio bolsillo y ofrecerán vino e incienso a los colonos y los demás habitantes. Pleps Narbonensium aram narbone in foro posuit, ad quam quotannis VIIII k(alendas) octobr(es), qua die eum saeculi felicitas orbi terrarum rectorem edidit, tres equites Romani a plebe et tres libertini hostias singulas inmolent et colonis et incolis ad supplicandum Numini eius thus et vinum de suo ea die praestent, et VIII k(alendas) Octobr(es) thus vinum colonis et incolis item praestent, k(alendis) quoque Ianuar(iis) thus et vinum colonis et incolis praestent, VII quoq(ue) idus Ianuar(ias), qua die primum imperium orbis terrarum auspicatus est, thure vino supplicent et hostias singul(as) inmolent et colonis incolisque thus vinum ea die Figura 6: Preparación de la víctima (immolatio). Altar de Escipión Orfito. Museos Capitolinos. 173Los dioses que se deleitaban con la sangre: el sacrificio cruento en Roma praestent. Et pridie k(alendas) Iunias, quod ea die T. Statilio Tauro M(anio) Aemilio Lepido co(n)s(ulibus) iudicia plebis decurionibus coniunxit, hostias singul(as) inmolent et thus et vinum ad supplicandum Numini eius colonis et incolis praestent. A las ofrendas que los ciudadanos realizaban en tanto que comunidad, que se debían celebrar en días concretos y con un protocolo definido de antemano por el pueblo, se podían sumar otras acciones rituales de carácter privado, como también atestigua la misma inscripción (CIL XII 4333B, líns. 11 y ss.): Si alguien quiere limpiar, decorar o restaurar [el altar] como un servicio gratuito, será legal y apropiado que lo haga. Si alguien sacrifica un animal, pero no ofrece la parte adicional, aún así, el acto será considerado correcto. Si alguien quiere hacer una donación a este altar o embellecerlo también se permite hacerlo. Si quis tergere ornare reficere volet, quod benificii causa fiat, ius fasque esto; sive quis hostia sacrum faxit, qui magmentum nec protollat, idcirco tamen probe factum esto; si quis huic arae donum dare augereque volet, liceto Ya se tratase de acciones públicas o privadas, la muerte ritual del animal, el sacrificio, culminaba con el consumo de la carne. Conviene destacar, en este sentido, que el Figura 7: Examen de las entrañas. Relieve del extispicium, Foro de Trajano, Roma. Museo del Louvre.