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LA SÍFILIS EN LA ILUSTRACIÓN. APORTACIONES A PARTIR DE LA REAL ACADEMIA DE MEDICINA Y CIRUGÍA DE SEVILLA Y ASTRUC. MARÍA FABIOLA TEJADA ROMERO SEVILLA, JUNIO DE 2024 Foto de portada: “La Sífilis” de Abrecht Dürer 1496 Universidad de Sevilla Facultad de Farmacia
Grado en Farmacia LA SÍFILIS EN LA ILUSTRACIÓN. APORTACIONES A PARTIR DE LA REAL ACADEMIA DE MEDICINA Y CIRUGÍA DE SEVILLA Y ASTRUC. María Fabiola Tejada Romero Departamento de Farmacia y Tecnología Farmacéutica Tutora: Dra. Rocío Ruiz Altaba Cotutor: Dr. Antonio Ramos Carrillo Trabajo Experimental Sevilla, junio 2024 Universidad de Sevilla Facultad de Farmacia
1 RESUMEN El propósito de este trabajo fin de grado es el estudio de la sífilis a lo largo del siglo XVIII y su tratamiento empleado durante esta época mediante una serie de manuscritos conservados en la Real Academia de Medicina y Cirugía de Sevilla (RAMSE) y la opinión y experiencia de médicos de este centenario. El trabajo destaca que, durante el siglo XVIII, la sífilis era una enfermedad prevalente y de gran preocupación médica. Según la medicina de la época, los tratamientos incluían el uso de diversas sustancias, siendo el mercurio una de las más comunes debido a su gran capacidad para revertir la enfermedad. Existían diversas formas de administración, incluyendo aplicaciones externas como ungüentos, emplastos y fumigaciones, así como preparaciones internas en forma de píldoras o licores. A pesar de su frecuente utilización, a menudo causaban efectos secundarios graves como salivación excesiva, daños en la piel y, en algunos casos, la muerte, debido a su elevada toxicidad. El estudio también describe la evolución del tratamiento mercurial, desde dosis inespecíficas hasta el desarrollo de métodos concretos para maximizar su eficacia y minimizar sus efectos adversos. Se consideraba que el mercurio administrado externamente era menos dañino comparado con su ingesta, que podía causar daños internos severos. Además, el documento aborda las opiniones de médicos destacados de la época, como Jean Astruc o Francisco Suárez de Ribera, quienes defendían el uso del mercurio, aunque también reconocían sus peligros. Con el tiempo, el uso de preparaciones mercuriales fue disminuyendo debido a la aparición de métodos más seguros y eficaces, como la llegada del salvarsán de Ehrlich y finalmente, la penicilina de Flemming. Por tanto, la memoria subraya el impacto significativo del mercurio en el tratamiento de la sífilis en el siglo XVIII y su posterior declive debido a los riesgos asociados. Este análisis histórico proporciona una profunda comprensión del progreso de la enfermedad, junto con los tratamientos médicos y sus consecuencias a lo largo del tiempo. Palabras Clave: lúe venérea, mercuriales, Ilustración, siglo XVIII, morbo gálico.
2 ÍNDICE 1. Introducción .......................................................................................................................... 3 1.1. Siglo XVIII: La Ilustración .......................................................................................... 3 1.2. ¿Qué es la sífilis? .......................................................................................................... 5 1.3. Estadios de la sífilis ...................................................................................................... 7 1.4. Etiología ....................................................................................................................... 8 1.5. Origen demográfico y las distintas teorías que explican el origen de la sífilis. ......... 10 2. Objetivos ............................................................................................................................. 12 3. Metodología ........................................................................................................................ 12 4. Resultados y discusión ........................................................................................................ 14 4.1. Transmisión o forma de contagio ............................................................................... 14 4.2. Manifestaciones causadas por la sífilis ....................................................................... 15 4.3. Métodos para tratar el mal venéreo ............................................................................ 17 4.3.1. El guayaco .............................................................................................................. 20 4.3.2. El mercurio ............................................................................................................. 21 4.3.3. Fumigaciones mercuriales ...................................................................................... 26 4.4. El método más simple, seguro y eficaz para tratar el mal venéreo ............................ 28 4.5. Evolución del tratamiento a lo largo de la historia ..................................................... 29 5. Conclusiones ....................................................................................................................... 31 6. Índice de figuras .................................................................................................................. 33 7. Bibliografía .......................................................................................................................... 34
3 1. Introducción 1.1. Siglo XVIII: La Ilustración Se conoce al siglo XVIII como el "Siglo de las Luces" o el "Siglo de la Ilustración". Fue un movimiento cultural e intelectual que tuvo lugar en Europa y significó un cambio decisivo en la historia de la humanidad. Estuvo caracterizado por un énfasis en la razón, la ciencia y el progreso, desafiando las estructuras tradicionales de poder y las creencias establecidas. Desde el punto de vista de los sabios, fue preciso definir lo que era la Ilustración y la civilización para así establecer los intereses de su escuela. Decían que las ideas y los sentimientos estaban ligados con mucha intimidad, y, por tanto, eran el objeto de la Ilustración. La definían como una irradiación sucesiva del alma por medio de luces que le vienen de fuera de ella misma. Por otro lado, la civilización era el progreso, siempre ascendente, del hombre en la cultura de su entendimiento y en la mayor perfección de sus sentimientos. Por tanto, llegaron a la conclusión de que la Ilustración y la civilización no solo eran propiedad del propio individuo, sino que lo han sido, es y será perteneciente de todas las épocas, ya que forman parte de esta obra los hombres pasados, presentes y futuros (Martínez y Sáez, 1873; Robertson, 2015). Este período se caracterizó por un gran avance en el pensamiento y la cultura, así como por cambios significativos en política, sociedad y economía. La Ilustración impulsó la educación, el progreso y la razón, al igual que las ideas filosóficas y científicas. Es complicado establecer unas fechas concretas relacionadas con su inicio y fin. Sin embargo, puede establecerse la Revolución Francesa (1789) como hito histórico que marcó su comienzo. En cuanto a su finalización, es algo más ambiguo, pero viene admitido por la derrota de las tropas napoleónicas en Waterloo (1815) (Puerto Sarmiento, 1997). Durante el llamado siglo de las luces, se dio una verdadera influencia intelectual y social por parte de los filósofos. Nace una nueva manera de vivir fundamentada en el raciocinio, que rompería con la tradición para tratar de dominar la naturaleza y así transformar la sociedad. Se comprometieron con la crítica de los valores tradicionales, para así darle importancia a la razón, que debía iluminar los errores cometidos anteriormente. Todas las instituciones establecidas hasta entonces fueron criticadas, sin embargo, acusaron a la Iglesia y la religión como las más perjudiciales. Además, las instituciones sociales y políticas recibieron duras críticas, especialmente la monarquía absoluta (González Núñez, 2006).
4 Desde finales del siglo XVII y principios del XVIII, políticos de distintos países europeos se cuestionaron cuáles debían ser las políticas gubernamentales más adecuadas para lograr un aumento de la riqueza y con ello, del poder de cada país. Observaron que para incrementar los niveles de productividad era esencial mejorar la atención ofrecida a los trabajadores. Por lo tanto, los países interesados debían considerar la enfermedad y la muerte como cuestiones políticas de suma importancia debido a su innegable impacto económico. Hasta entonces, la salud de las personas se había considerado un asunto personal. Los adinerados recibían atención médica individualizada mientras que los más necesitados se las arreglaban como mejor podían. La relación entre medicina y sociedad comienza a cuestionarse durante este siglo ya que se empieza a entender que la salud no es solo un tema fundamentalmente personal, también es económico y social (Carrillo, 1993; Puerto Sarmiento, 1997). Se desarrollaron principalmente tres sistemas médicos representados por Stahl, Hoffmann y Boerhaave. En este último se fusiona uno de los elementos más cruciales y significativos de la medicina Ilustrada, la nueva relación que se propone entre el Estado y la sanidad. Estos sistemas de medicina se apoyaron en doctrinas vitalistas que aspiraban a explicar las peculiaridades de los organismos vivos a través de sus propias facultades. Por ejemplo, en el caso de Boerhaave, médico que procedía metódicamente ajustándose al más justo razonamiento en la cura de enfermedades, defendía que la parte corporal es la que interesa desde una perspectiva médica, ya que está formada por un conjunto de partes sólidas y líquidas. Afirmaba que la salud o la enfermedad dependía de la aptitud para el ejercicio de todas las acciones del cuerpo. (La enfermedad sería la carencia de tal aptitud como consecuencia de la alteración de las partes sólidas o líquidas del cuerpo humano) (Gimel, 1771; González Núñez, 2006). Después de los esfuerzos intelectuales realizados durante la Revolución científica para desarrollar la ciencia moderna, la primera mitad del siglo XVIII parece ser un periodo aparentemente sin actividad, en el que se produce la unificación entre la ciencia recién desarrollada y su definitivo asentamiento y desarrollo, con una serie de características muy distintivas. El conflicto entre la ciencia y la fe se resuelve temporalmente en favor de la primera, no es casualidad que se le conozca como la época de la razón. Además, la ciencia preferida es la que se considera útil y, en particular, sus aplicaciones tecnológicas. En consecuencia, hay una renovación en la formación social de científicos y tecnólogos, con el establecimiento de algunas instituciones derivadas de la Revolución Científica y la aparición de otras enfocadas en el avance de la ciencia moderna. Sin embargo, la ciencia farmacéutica no destacaría hasta finales de siglo, ya que continuaría con el modelo establecido en el Barroco, sin apenas cambios (Carmen Calleja, 1992; Carrillo, 1993).
5 La popularización de la ciencia tuvo dos efectos notables. El primero, su acercamiento a la población ilustrada a través del fenómeno de las enciclopedias; se debió a que la mayoría de los médicos se basaron en observaciones clínicas asociadas a pruebas reveladoras de anatomía y fisiología experimentales. El segundo, un impacto más fuerte en ellas, en el cual la ciencia comenzó a formar parte de los programas políticos de los estados (Puerto Sarmiento, 1997). 1.2. ¿Qué es la sífilis? La sífilis es una afección generalizada causada por la bacteria Treponema pallidum subespecie pallidum de la familia Spirochaetaceae. Se encuentra extendida por todo el mundo y únicamente afecta al ser humano. Existen otras treponematosis que también perjudican al ser humano, estas son causadas por T. pallidum subsp. pertenue, T. pallidum subsp. endemicum y T. carateum. Producen yaws o pian (enfermedad no venérea con síntomas similares a la sífilis), bejel y pinta respectivamente. Todas estas son bacterias gramnegativas que tienen en común una forma helicoidal peculiar, siendo indistinguibles según su morfología. Se diferencian entre ellas en base a su epidemiología, cuadros clínicos y su zona geográfica (Arando Lasagabaster and Otero Guerra, 2019; Radolf et al., 2016). Este trabajo de investigación se centra en el estudio histórico de la sífilis y la evolución de los distintos tratamientos empleados. La bacteria Treponema pallidum subsp. pallidum se caracteriza por ser la única respecto a las demás que se transmite principalmente por dos vías; la sexual, que incluye sexo oral, vaginal o anal, o la vertical durante la gestación, que pasa la enfermedad de la madre al feto. Generalmente ocurre a través de la placenta, no obstante, también puede suceder durante el parto, debido a lesiones en los órganos genitales de la madre (Hussain et al., 2024; Sanz et al., 2020). La infección del feto antes del cuarto mes de gestación no es común, por lo que los abortos tempranos son poco frecuentes. Se diferencia de otras infecciones neonatales en que puede prevenirse eficazmente mediante pruebas de detección, como la prueba reagina plasmática rápida (RPR), y tratando a las gestantes lo antes posible. Por lo general, tratar a la madre durante los primeros cuatro meses previene la transmisión de la infección al feto. Sin embargo, pueden darse consecuencias terribles cuando la gestante se encuentra en periodos de gestación más avanzados, como aborto, afección neonatal o muerte del neonato (Genç and Ledger, 2000; Hussain et al., 2024; Ron Ballard et al., 2004).
6 Su incidencia es mundial y exclusiva del ser humano. La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que cada año 12 millones de personas se contagian en todo el mundo. Destaca por ser una de las mayores pandemias dadas en nuestra historia y por seguir vigente en la actualidad. En España se convirtió en una enfermedad de declaración obligatoria individualizada en el año 2007 (Buchacz et al., 2005; Ficarra & Carlos, 2009). La Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica de las Infecciones de Transmisión Sexual en España (figura 1) notificó en 2022, 8141 casos de sífilis (tasa: 17,10 por 100.000 habitantes) donde la mayoría fueron hombres entre 25 y 34 años. Especialmente entre el 50 y 60% se atribuye a hombres que tienen encuentros sexuales con individuos del mismo sexo (Hernando et al., 2024; Ros-Vivancos et al., 2018). La palabra sífilis nace en 1530 a raíz de la obra “Syphilis sive morbus Gallicus” del italiano veronés Girolamo Fracastoro (1478-1553). Este poeta, médico y astrónomo, dedicó este poema al Cardenal Pietro Bembo, donde en él, describe la evolución de la sífilis. Lo escribió en latín, y fue traducido a italiano por Benini. Se divide en tres libros; el primero trata sobre el comienzo de la enfermedad, su difusión por América y su gran impacto, el segundo describe qué consecuencias causaba y los tratamientos empleados en aquella época, y finalmente, el último relata la historia de un pastor llamado “Syphilo” que fue castigado tras ofender a “Apollo”. Este lo sancionó con una espantosa enfermedad que perturbaba la belleza con la presencia de úlceras por el cuerpo, como consecuencia de una “vida inmoral y llena de vicios”. Se presenta una nueva, aterradora y Figura 1. Tabla sobre las tasas de incidencia por grupos de edad y sexo en 2022 de sífilis en España, sacado de la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica de las Infecciones de Transmisión Sexual en España (Hernando et al., 2024).
7 desconocida enfermedad que causaba estragos en la sociedad, la sífilis (Iommi Echeverría, 2010; Maradona Hidalgo, 2010; Ramírez y de las Casas-Deza, 1863). A continuación, una estrofa de su famoso poema “Syphilo”: “Vi si narra la storia di Sifilo, giovane pastore, che, avendo offeso Apollo, viene da questi punito con una terribile malattia che ne deturpa irrimediabilmente la bellezza: "tosto, pel corpo tutto, ulceri informi usciano e orribilmente il viso[...]” (Benini Colognese, 1765). Muchos conocían la sífilis como lúe venérea. Lúes es sinónimo de sífilis, y en latín significa epidemia. Por otro lado, venérea en latín significa “relativo de Venus”, esta era la Diosa del amor, belleza y fertilidad. Combina lo amoroso y femenino, explicando así que el contacto sexual es la causa de contagio y transmisión de la enfermedad. Fracastoro establecía que la propagación de la sífilis se originaba además de por el deterioro del aire, por el contacto sexual, donde en su Libro II relató: “Aléjate de Venus, y sobre todo evita los suaves placeres de la copulación, pues nada es más dañino. La misma hermosa Venus odia el contagio tal como las jóvenes doncellas” (Iommi Echeverría, 2010; Ramírez y de las Casas-Deza, 1863). Por otro lado, esta enfermedad ha recibido diferentes nombres a lo largo de su historia. Entre ellos, “bubas”. Además, en función del lugar que se creía como origen, era conocida como “mal francés”, “morbo gálico”, “mal napolitano” o “mal portugués” (Fernández de Oviedo y Valdés, 1851; Iommi Echeverría, 2010; De Torres, 1600). 1.3. Estadios de la sífilis La infección no tratada progresa en diferentes etapas. Se clasifica como sífilis temprana o sífilis tardía según la duración desde la infección hasta el diagnóstico. Según el European Centre for Disease Prevention and Control (ECDC), la sífilis temprana es la sífilis adquirida durante el último año y se caracteriza por su naturaleza contagiosa (Arando Lasagabaster and Otero Guerra, 2019; Ficarra and Carlos, 2009; Sanz et al., 2020). Se divide en: 1) Sífilis primaria o chancro sifilítico: Es una infección local en el sitio de inoculación microbiana. El período de incubación suele ser de 2 a 3 semanas, seguido de la aparición de pápulas en el lugar de inoculación. Cuando se desarrollan úlceras se produce el
14 “Mito de Panacea: Compendio de Historia de la Terapéutica y de la Farmacia” de Francisco Javier Puerto Sarmiento que fue de gran ayuda para comprender el desarrollo del siglo XVIII, facilitado por la biblioteca de la Universidad de Sevilla. 4. Resultados y discusión 4.1. Transmisión o forma de contagio Tras el descubrimiento de América por Cristóbal Colón, su tripulación sufría dolores que nunca habían experimentado y los achacaban al mareo producido durante la navegación de vuelta. El comercio con mujeres fue descartado como causa del mal venéreo, ya que los infectados camuflaban cómo habían contraído la enfermedad. Los médicos creían entonces que esta enfermedad era epidémica y, por lo tanto, que provenía de una causa externa, que decían ser un mal régimen o aire causado por las lluvias o las inundaciones. Sin embargo, más tarde se descubrió que el mal venéreo se trasmitía por la comunicación entre una persona enferma con otra sana. Este contacto podía ser de dos tipos; hereditario, por el paso de la madre al feto, o accidental, donde el enfermo contagiaba al sano (Astruc, 1791; Gimel, 1771; Van Swieten, 1761). Veamos las distintas formas de contagio según los autores citados de la época: 1) Por el comercio carnal, en la que destaca la prostitución en aquella época. Puede darse el caso de que una mujer sana mantenga relaciones con un hombre cuyo pene esté cubierto de úlceras. También a la inversa, que un hombre sano tenga contacto con una mujer cuyas partes estén afectadas por lesiones sifilíticas. En el primer caso, el fluido purulento que secreta el pene ulcerado penetra en la vulva, vagina y útero, zonas que se encuentran calientes, y en poco tiempo la enfermedad y sus síntomas se desarrollan. En el segundo, el glande de naturaleza esponjosa se empapa profundamente de ese líquido seroso sin pus, que sale de las úlceras de la mujer (Astruc, 1791; De Torres, 1600). Esta forma de contagio puede trasladarse al contacto entre personas del mismo sexo, pues el que está sano adquiere de la misma manera el mal, se contagia del infectado (Astruc, 1791; De Torres, 1600). 2) Por medio de la lactancia, donde una madre infectada, diera de mamar a un niño sano, donde su leche estuviera contaminada y así comunicaría la enfermedad a su hijo. También, al contrario, que un niño contagiado, habiendo heredado la enfermedad de sus padres, mamara de una madre sana. La saliva del niño infectada se introduciría en los pezones porosos, transfiriéndole la enfermedad (Astruc, 1791; De Torres, 1600).
15 En la actualidad se confirmó que el contagio materno-fetal podía ser a través de la placenta durante el embarazo, o a través del canal del parto por la presencia de úlceras sifilíticas. De cualquier manera, produce terribles consecuencias para el feto como: retraso en el crecimiento, meningitis y hepatoesplenomegalia. Incluso puede llegar a producir abortos y la muerte (Genç and Ledger, 2000; Hussain et al., 2024). 3) A través de los besos entre un sano con un enfermo, teniendo este último úlceras en labios, lengua, paladar y encías. La saliva infectada penetrará con facilidad los poros de la persona sana, llegando a la sangre y finalmente, desarrollará la enfermedad. Este es el caso que expone Carlos Musitano, médico y sacerdote italiano que se dedicó a la ginecología y al tratamiento de las enfermedades de transmisión sexual en el siglo XVIII. Refiere que unas religiosas de Sorrento, Italia, se infectaron del mal venéreo tras besar a una niña que presentaba úlceras en la cara (de Torres, 1600; Gimel, 1771; Musitano, 1741). 4) Mediante la introducción de los dedos o la mano en las zonas infectadas por úlceras. Este contagio era común en comadronas y cirujanos que asistían partos de mujeres que presentaban esas lesiones características. Estos solían presentar cortes o rozaduras en las manos que impulsaban la infección (de Torres, 1600; Gimel, 1771). 5) Por medio del sudor, ayudado del flujo, el calor y la fricción, se introduce en los orificios de la superficie a la que se adhiere. Por este motivo, se forman úlceras en las áreas genitales de ambos sexos si la enfermedad se contrae mediante relaciones sexuales, y en la boca, lengua, encías o paladar, si el mal se adquiere a través de felaciones. Así, el virus (SIC) se transmite mediante la penetración en los vasos linfáticos, cuando las partículas ingresan por los poros y alcanzan los vasos linfáticos que irrigan la piel, siendo transportadas por la linfa hacia las glándulas inguinales (Astruc, 1791; Fritze, 1796). De cualquier manera, siempre es debido al diminuto tamaño de las gotas, su movimiento fluido y el calor que disipa. Estos factores combinados, contribuyen para que pueda penetrar en los poros que atraviesan la piel (de Torres, 1600). 4.2. Manifestaciones causadas por la sífilis En la disertación de Don Juan Herrera de 1776 situada en el RAMSE (figura 4) define que la sífilis produce en toda zona afectada, enrojecimiento, aumento de temperatura, tensión y dolor. Lo definía como “flogosis” o “inflamación”. Se observa que en hombres se inflama la próstata y las vesículas seminales y, en mujeres, la vagina, la vulva y las glándulas de Cowper. Por tanto,
16 cursa con naturaleza inflamatoria. Como consecuencia y síntoma principal se dan las úlceras (figura 5). Eran clasificadas según el grado de irritación; las indolentes que se caracterizaban por ser poco dolorosas, y las inflamatorias que eran muy dolorosas, de naturaleza flemonosa y con tendencia a supuración. Tanto unas como otras, se dividen también según el tamaño; grandes o pequeñas, el lugar; superficiales o profundas y la forma; longitudinales o redondas. Por lo general, cualquier úlcera de estas características suele aparecer tanto en la ingle como en la cavidad bucal, y afecta por igual tanto a hombres como mujeres. Según Herrera, en cuanto a la curación local de las úlceras venéreas de la boca y garganta, debía limitarse a unas gárgaras con el agua de cebada, linaza y malvavisco endulzado con miel. Este procedimiento debía considerarse como accesorio, ya que, siempre era acompañado del tratamiento mercurial. Toda úlcera gálica tiene peligro, y por pequeña que sea, tiene la capacidad de crecer y corroer otras zonas hasta llegar al hueso. Son bastante peligrosas cuando ocupan alguna de las tres principales cavidades como boca, vagina y ano. En esta última, se debía proceder con muchísimo cuidado debido a que los síntomas son extremadamente dolorosos. Era muy importante la rapidez del cirujano, en el momento de notificar la infección, debía comenzar el tratamiento para que no progresara la lúe venérea. Este se le administraba en la cabecera del enfermo, ya que así podían determinar la gravedad y el avance de la infección. Eso sí, muy importante previo a él, establecer una correcta dieta y pautas que se citarán más adelante (Disertación quirúrgica de Don Juan de Herrera de 1776 del RAMSE, Sección: división científica, Serie: disertaciones escritos científicos, Año: 1776). Figura 4. RAMSE. 1776. Disertación de Juan de Herrera el 15 de febrero de 1776. Figura 5. Ilustración de Gautier d’ Agoty y Jacques Fabien que representa las afecciones venéreas a nivel del pene en el siglo XVIII (Potenziani Bigelli and Potenziani Pradella, 2007).
17 Según Matoni, las partículas de Treponema pallidum tienen una forma, tamaño y movilidad, que les permite cortar, fragmentar y dañar las áreas inflamadas, causando como consecuencia la ulceración. Su acción corrosiva genera escirros, tumores escirrosos y callos en las áreas afectadas. Además, suele afectar a las glándulas del mesenterio, a los nódulos glandulares del hígado y a los vasos linfáticos de los pulmones. La agresividad de este microorganismo es tal, que una vez dentro, aun incapaz de provocar ulceración, al menos espesa el humor linfático que los irriga, los endurece y produce numerosas callosidades (Matoni, 1774). Como decía Després, este virus (SIC) no se caracteriza de ser volátil ni penetrante, ni capaz de esparcirse por el aire, sino todo lo contrario, se caracteriza de partes pesadas o fijas que no pueden interaccionar entre sí a menos que sean estimuladas por el calor, y que haya un contacto estrecho que dure algún tiempo (Després, 1875). En efecto, Astruc afirmaba que el mal venéreo se transmitía principalmente por el contacto sexual, y, por ende, mediante el semen y los fluidos sexuales, ya que estos al tener una naturaleza ácida, son más propensos a adquirir esta enfermedad (Astruc, 1791). Centrándonos en la persona sana, esta también puede contribuir a propagar la enfermedad. Siendo la zona de contacto inicial, esponjosa y blanda, con alguna erupción de la epidermis, será la que facilitará el contagio. Pongo de ejemplo el caso de varones que tengan el pene más poroso, con una tez más fina, y el de mujeres con vagina y vulva más delicadas, esponjosas o escocidas, penetrará con mayor facilidad el humor venéreo que siendo, al contrario (Gimel, 1771). 4.3. Métodos para tratar el mal venéreo Los médicos presentes durante el inicio de la propagación del mal venéreo se sorprendieron con la velocidad y violencia de este mal, y estuvieron mucho tiempo sin saber que hacer para su curación. Esto consta en distintos testimonios de autores que vivían en aquel tiempo. Como el caso de Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés, donde en su obra “Historia general y natural de las Indias…” (figuras 6 y 7), refiere que este mal era extremadamente cruel y complicado de tratar. Al no ser conocida, los médicos desconocían el modo de curarla (Fernández de Oviedo y Valdés, 1851).
18 Debido a la acelerada difusión y al constante aumento en el número de enfermos, los médicos iniciaron la búsqueda de métodos para tratarla. Fue a finales del siglo XVI (1587) gracias al Cardenal Don Rodrigo de Castro, quien, debido a la evidente decadencia, redujo los 75 hospitales existentes en Sevilla a tan solo dos. Estos dos hospitales en un principio deberían haber sido el ya existente Amor de Dios y el Hospital de San Juan de Dios, sin embargo, prevaleció la propuesta del Cardenal de establecer uno en otro enclave, y en lugar del Hospital San Juan de Dios, se fundó el Hospital del Espíritu Santo. El Hospital del Amor de Dios, situado en la calle Pellejería en la collación de San Andrés, se dedicaría a tratar a los enfermos de calenturas, mientras que el Espíritu Santo se dedicaría a la curación de bubas, llagas y otras dolencias, de enfermos de ambos sexos infectados de sífilis. Se pensó instaurarlo inicialmente en uno de los hospitales reducidos, el de Santa Catalina de los Desamparados, en la Calle Colcheros, actual Tetuán, sin embargo, esta propuesta generó bastante revuelo entre los vecinos de la zona debido al miedo y peligro de contagio. Por esta razón, los vecinos rogaron al Cabildo para que mediara con el Cardenal, y así intentar trasladarlo a las afueras, no obstante, se desestimó la opción de desplazarlo, y se situó en la Calle Colcheros. Fue preciso priorizar la curación de este tipo de enfermedades en Sevilla debido al aumento de casos. Sevilla se fue popularizando, incrementó en gran medida el mercantilismo, y llevó consigo a un aumento de un gran número de prostitutas que atraían a Figuras 6 y 7. “Historia General y Natural de las Indias” por Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés.
19 marineros y soldados picarescos y expandían la enfermedad debido al contacto íntimo (Martínez García & López Díaz, 1997; Moreno Toral et al., 2023). Emprendieron un tratamiento racional y metódico, que se caracterizaba por (Astruc, 1791; Gimel, 1771; Hermosilla Molina, 1970): 1) Establecer una dieta donde únicamente se permitían alimentos de buen jugo y fácil digestión para corregir la alteración sanguínea. 2) Hacer sangrar al enfermo al principio de la enfermedad, según su edad y fuerza. Los más débiles se abstenían de las sangrías, se suplían con sanguijuelas o ventosas. 3) Evacuar los excrementos con laxantes o purgantes como maná o jarabe de chicoria. 4) Hacer uso de bebidas alterantes que ayuden a asimilar los desequilibrios en la sangre. Algunas más suaves como las apócemas, compuestas de infusiones de chicoria silvestre, mientras que otras veces pueden ser más potentes, como los brebajes de la raíz de apio, perejil e hinojo. 5) Con el mismo objetivo empleaban baños de agua tibia, unas veces pura y otras veces cocían en ella las raíces de malvavisco y nenúfar. 6) Después de haber digerido y diluido los humores, los evacuaban mediante purgantes fuertes. 7) Si la piel presentaba costras, los untaban tras salir del baño con un ungüento elaborado de sustancias limpiadoras y secantes, como la mirra. 8) Si los pacientes experimentaban dolor intenso, se restregaban con frecuencia las áreas doloridas utilizando aceite de laurel, manzanilla y eneldo. 9) En casos en los que la enfermedad resultaba resistente, recurrían a estufas que, el calor del agua hirviendo inducía una sudoración profunda en el enfermo, eliminando así las impurezas adheridas a la piel. En el caso de personas sin recursos, en lugar de estufas, los colocaban en un horno moderadamente caliente para provocar la sudoración. 10) Finalmente aplicaban un cauterio en alguna de las extremidades, para eliminar gradualmente los restos de la enfermedad. Todos estos métodos podían reducir la intensidad de la enfermedad y contrarrestar la violencia de los fluidos, y por eso, se usaban para preparar a los enfermos previamente a las unciones mercuriales. Sin embargo, estos remedios no eran capaces de desarraigar esta enfermedad tan cruel y extinguir el mal que envenenaba todos los humores. Por esta razón, usaron otros que sí actuaban de manera más eficaz frente la enfermedad (de Torres, 1600; Gimel, 1771).
20 4.3.1. El guayaco Llegó de las Indias el “Guayacán” (guayaco), un árbol o arbusto del género de las cigofiláceas que se halló por primera vez en la Isla de Santo Domingo y era utilizado por los nativos para la curación de bubas. Extraían de su interior, el llamado lignum vitae y según decían, curaba perfectamente el mal venéreo sin peligro alguno. Llegado a España, pasó a llamarse “Palo Santo” y se administraba en forma de bebida caliente (Maradona Hidalgo, 2010). El Dr. Don Francisco Reyna en 1807 en su disertación médico-práctica “Cuales sean los casos de la lúe venérea en que son preferibles los sudoríficos al mercurio” (figura 8), afirmaba que los acometidos de este terrible mal se curaban con las aguas cocidas con el guayaco, raíz de china y zarzaparrilla de Honduras y por esto, muchos viajaban hasta allí para ser tratados. Sin embargo, este tratamiento no era efectivo para todos, únicamente para aquellos que no presentaran ulceración en ninguna parte del cuerpo, ya que estos deberían recurrir al mercurio para ser tratados. Puso de ejemplo el caso de Andrés Márquez, quien no presentaba dolor reumático ni ulceración, solo padecía de comezón y ardor fuerte en una infinidad de costras en cabeza, mejillas, parte superior del pecho, muslos y brazos. Su curación se resumió en tomar el cocimiento de guayaco junto con la ptisana (caldo de cebada), y cada mañana medio vaso de leche de cabra. A los 30 días se le habían caído la mayor parte de las pústulas, quedando nada más que la señal de tales costras (Disertación médico-práctica del Dr. Don Francisco Reyna de 1807 del RAMSE, Sección: división científica, Serie: Disertaciones escritos científicos, Año: 1807). Figura 8. RAMSE. 1807. Disertación de Francisco Reyna el 21 de mayo de 1807.
21 En el pasado, la preparación tradicional de la cocción de guayaco implicaba hervir 10 libras (aproximadamente 4.5 litros) de agua junto con doce onzas de este leño durante 24 horas. La madera se cortaba o raspaba y luego se cocía a fuego lento hasta que se reducía una cuarta parte. Una vez que el cocimiento se enfriaba, se filtraba y se almacenaba en frascos de vidrio herméticamente cerrados. El restante depositado en la vasija se utilizaba nuevamente, añadiéndole una cantidad adicional de agua, la cual también se cocía a fuego lento hasta disminuirse un cuarto. Esta segunda preparación se almacenaba igualmente en frascos de vidrio. El primero se empleaba como remedio, mientras que el segundo se consumía como una bebida habitual (Arceo de Fregenal, 2009; Astruc, 1791; Monardes, 1580). Una vez la preparación estuviera lista, sometían al enfermo a un suave proceso de purga. Este era mantenido en una ligera y estricta dieta compuesta por pasas, almendras y bizcocho en mediana cantidad. A primera hora de la mañana le daban un vaso del primer cocimiento caliente, mezclado con vino u otras bebidas para disimular su sabor amargo. A continuación, lo acostaban, y arropándole bien, le hacían sudar. A las cuatro horas le daban de beber el segundo cocimiento y así sucesivamente. Este tratamiento se mantenía durante 15 días, una vez pasado ese tiempo, purgarían al enfermo durante un día completo. Seguidamente, volverían al tratamiento inicial durante otros 20 días, que, pasado ese periodo, lo volverían a purgar. Finalmente, volvería a tomar ese cocimiento durante 40 días más (Gimel, 1771; Monardes, 1580). Según Monardes en su obra “Primera y segunda y tercera partes de la historia medicinal de las cosas que se traen de nuestras Indias Occidentales que sirven en medicina”, esta curativa era la mejor solución para acabar con la enfermedad. “Esta es la mejor manera que se tiene, de tomar el agua del palo, la qual sana muchas enfermedades incurables, esta agua es el mejor remedio que ay en el mundo para curar el mal de Buuas, qualquiera y de qualquier especie que sea, porque lo extirpa y desarraiga del todo […]” (Monardes, 1580). Sin embargo, malas experiencias posteriores manifestaron que los que eran de constitución débil caían en una tisis incurable debido a la rigurosa dieta. Así mismo, afirmaron que los excesivos sudores provocados causaban grandes irritaciones. Además, aclararon que en los casos dónde hubiera ulceración, los sudoríficos no eran efectivos. Al final, todos estos obstáculos fueron detonantes a la hora de seguir buscando un tratamiento eficaz, y llevó al mercurio (Astruc, 1791). 4.3.2. El mercurio
22 El mercurio, también conocido como argento vivo, es un metal líquido y móvil de considerable densidad, que adopta una forma redondeada y presenta un color blanco plateado. Es un potente diurético que, a dosis tóxicas, puede inducir la salivación. Existen dos tipos, uno de origen natural que es extraído de las minas en forma de mercurio fluido, llamado mercurio virgen, y otro artificial que se mezcla con azufre y forma cinabrio (Astruc, 1791; Ros-Vivancos et al., 2018). Los médicos de la antigua cultura árabe fueron pioneros en el uso externo del mercurio, tanto para la erradicación de piojos como para tratar afecciones como la sarna, herpes, heridas causadas por la rabia y otras enfermedades de la piel. Al observar que sus predecesores empleaban ungüentos a base de mercurio para tratar enfermedades cutáneas, llegaron a la conclusión de que no habría método mejor para tratar esta enfermedad, ya que los principales síntomas eran pústulas y úlceras malignas que dañaban la piel. Carlo Musitano definió al mercurio como domador de la lúe venérea, ya que era capaz de destruir su virtud corrosiva (Astruc, 1791; Musitano, 1741). Al principio, este se usaba con mucha cautela y en pequeñas dosis, ya que era un remedio que no era muy bien conocido. Existían principalmente dos vías para su administración; exteriormente como ungüento e interiormente ingerido en forma de polvos, píldoras o licores (Astruc, 1791; Gimel, 1771; Lancereaux, 1875). Aplicado exteriormente en forma de unciones, producía distintos efectos como (Astruc, 1791; Gimel, 1771): 1) Atenuaba y fundía la sangre remediando eficazmente la espesura. 2) Restablecía la circulación, ya que abría todos los vasos, incluidos los obstruidos. 3) Establecía un equilibrio uniforme en magnitud, duración, celeridad e intervalo, en cuanto a la diástole y sístole. 4) Aumentaba la secreción de los humores que separan la sangre, principalmente los serosos y linfáticos. 5) Proporcionaba la salivación, que mejoraba grietas, úlceras y ampollas corrosivas localizadas en la boca. Antiguamente las tres formas de aplicar el mercurio de manera externa eran las siguientes; en forma de ungüento, emplasto (preparado farmacéutico de uso tópico) o fumigaciones. 1) El mercurio administrado como unción, podía fácilmente penetrar hasta el interior gracias a los poros de la piel, y, de ahí, ser conducidos a través de los conductos excretorios hasta las venas. La cantidad de mercurio dependía del tipo de piel del enfermo, ya que, si esta era muy delgada, tendría un mayor número de poros de mayor tamaño, y, por tanto, necesitaría menor cantidad y viceversa. También dependía de la limpieza de esta, ya que
23 mientras más higienizada estuviera, sus poros estarían más abiertos, y por tanto tendrían mayor capacidad de absorber el ungüento. Al administrarlo como ungüento, se frotaban fuertemente las articulaciones y los propios miembros, incluidas las axilas y la ingle. Según decía Antonio Hermosilla Molina en su libro “Cien años de Medicina Sevillana”, se aplicaban en forma de friegas un total de doce veces hasta conseguir el ptialismo (Fritze, 1796; Hermosilla Molina, 1970). 2) La fórmula del emplasto mercurial era idéntica a la del ungüento, pero con menor proporción de manteca. Para compensar esta diferencia, se añadía cera para obtener la consistencia adecuada. Estos se mantenían hasta que aparecieran señales de salivación. Sin embargo, incomodaban a los enfermos ya que les causaban comezones, granos y heridas. Se reservaban para tratar tumores escirrosos (Astruc, 1791; Desruelles, 1841). 3) Las fumigaciones se componían de mercurio apagado con saliva y otros materiales grasos y aceitosos, propios para encenderse, arder durante un periodo prolongado y producir humo (Vidal de Cassis, 1854). Sin embargo, de los mencionados, la forma común usada era el ungüento mercurial, ya que los otros dos eran demasiado agresivos y dejaban al enfermo en deplorables estados. Se llegó a un ungüento mercurial mucho más simple, compuesto solo por mercurio muy puro, obtenido del cinabrio, tratado con saliva y mezclado con manteca fresca de cerdo sin sal, donde la cantidad solía ser igual de mercurio que de manteca. La frecuencia de las unciones dependía principalmente de la edad, fuerza del enfermo y naturaleza de la enfermedad. En algunos casos era necesario administrar las unciones a diario para conseguir una salivación copiosa, mientras en otros, bastaba con aplicarlas cada dos o tres días para obtener una más ligera (Bésuchet de Saunois, 1833; Gimel, 1771; Lagneau, 1808) Estas se aplicaban durante la primavera en unas salas específicas del hospital, llamadas salas de unciones, situadas en lugares caldeados y alejadas de corrientes de aire (Astruc, 1791; Fritze, 1796; Martínez García & López Díaz, 1997). La manera correcta de administrar este ungüento era de la siguiente forma (figura 9) (Astruc, 1791; Fritze, 1796; Gimel, 1771; Hermosilla Molina, 1970): 1) Antes de aplicar el ungüento mercurial, era importante rascar las friegas hasta que se encarnaran, para que se abrieran los poros y así penetrara mejor el mercurio. 2) Aplicar el ungüento frotando, por tanto, este debía ser un poco espeso, de esta manera, agitadas las partículas mercuriales con el movimiento y la frotación, penetraría más
30 administrando un único tratamiento. También se utilizaba en solitario, en los casos en los que los tratamientos mercuriales se encontraban contraindicados. Este solía administrarse en disolución acuosa a una dosis de entre 1 y 2 gramos al día (Niemeyer, 1870). Posteriormente, el bacteriólogo alemán, Paul Ehrlich (1854-1915), buscando tratamiento para “la enfermedad del sueño”, llegó a un compuesto que no era efectivo para esta tripanosomiasis, pero descubrió que si lo era para acabar con Treponema pallidum, la bacteria causante de la sífilis. Este fue el “Salvarsán”, un compuesto que adquirió tras modificar la estructura del atoxil para dejar atrás los efectos negativos de este. Según decía, era una “bala mágica” capaz de eliminar los microorganismos nocivos sin causar daño al organismo sano (Jácome Roca, 2003; Saldaña Lagos, 2023; Strebhardt & Ullrich, 2008). Más tarde, Ehrlich desarrolló el “Neosalvarsán”, un compuesto mejor tolerado y con menor toxicidad, gracias a su menor contenido en arsénico. Sin embargo, únicamente fue usado durante pocos años, y fue sustituido poco tiempo después, debido a los elevados efectos adversos producidos por su contenido en arsénico (Jácome Roca, 2003). El sustituto fue la Penicilina, un importante antibiótico que ha supuesto un hito en la medicina, gracias a su potente eficacia de frenar diversas enfermedades bacterianas. Esta fue descubierta por Alexander Fleming (1881-1855), observó como las colonias de Staphylococcus aureus habían sido eliminadas por un hongo que había crecido en la misma placa de Petri. Ese moho era Figura 12. Fotografía propia del Neosalvarsán situado en el museo de Historia de la Facultad de Farmacia de Sevilla.
31 Penicillium chrysogenum, el cual se aisló y se obtuvo la penicilina en 1928. Fue entonces en 1943, cuando John Mahoney y otros colaboradores, utilizaron por primera vez la penicilina como tratamiento de la sífilis. Al ver que era efectiva, esta sustancia pasó a ser el tratamiento de elección para esta enfermedad, debido a la inmensa sensibilidad de T. pallidum a este antibiótico (Kelley, 1993; Ros-Vivancos et al., 2018). 5. Conclusiones Primero, el origen de esta enfermedad es uno de los puntos que más controversia ha generado desde su inicio. Como se ha mencionado, existen diversas hipótesis que atribuyen el comienzo de este mal a uno de los dos mundos; el Viejo y el Nuevo, y todas tienen a Cristóbal Colón en común. Realmente, no puede conocerse con certeza, ya que serían necesarias numerosas investigaciones de restos óseos de cientos de años de antigüedad. La teoría más coherente es la que defiende que tras el descubrimiento de América, fueron Colón junto a su tripulación quienes trajeron la enfermedad y los que posteriormente fueron esparciéndola al Viejo Mundo. Hecho que se respalda con que no existe evidencia de sífilis anterior a su llegada. Segundo, hoy en día, se conocen dos formas de contagio posibles. Por un lado, durante relaciones sexuales a través del contacto directo con una úlcera infecciosa; y por otro, de madres a hijos a través de la placenta o por el contacto directo del feto con las lesiones sifilíticas maternas en el canal del parto. Además, se descubrió que ni los besos, ni la introducción de los dedos en zonas íntimas, eran razón de contagio, como se pensaba antiguamente. Sin embargo, en cuanto al contagio durante la lactancia, se ha comprobado que, si la madre presenta úlceras infecciosas en las mamas, puede ser un medio de infección para el recién nacido. Por ello, se debe restringir la lactancia en estos casos, evitando así los riesgos relacionados. Tercero, de los tratamientos considerados efectivos para la cura de la sífilis en el siglo XVIII, subrayar tanto el guayaco como el mercurio. El guayaco, introducido desde las Indias a Europa, fue inicialmente considerado un remedio efectivo. Sin embargo, su uso riguroso, las complicaciones observadas en pacientes débiles y la ineficacia frente a las úlceras, llevaron eventualmente al abandono de este tratamiento en favor del mercurio. Este cambio en la práctica médica refleja la evolución constante de los tratamientos a lo largo de la historia, en respuesta a la experiencia clínica y la búsqueda de terapias más avanzadas y completas.
32 Cuarto, es importante detallar las nefastas consecuencias que ha tenido el mercurio como principal tratamiento de la sífilis durante este siglo. Existieron figuras médicas influyentes, como Girolamo Fracastoro, Ruy Ruiz de Isla y Paracelso, que defendían que la aplicación de este compuesto era la única solución para eliminar la enfermedad. Mientras, otros como Jean Fernel y Ulrich von Hutten, alertaban sobre su elevada toxicidad y eficacia limitada. Es decir, la sífilis era una enfermedad devastadora y la falta de alternativas seguras y eficaces de aquella época dificultaban la recuperación de los enfermos, empeorando sus síntomas e incluyendo otros nuevos como daño renal, pérdida de dientes y daños neurológicos. Eran tales estos efectos, que muchos miembros de la población enferma no fallecían a causa de la propia sífilis, sino en consecuencia de los efectos tóxicos causados por el mercurio. Quinto, la persistencia de la sífilis como una preocupación de salud pública acentuó la necesidad de un tratamiento efectivo y seguro. Este objetivo se logró gracias a la introducción de la penicilina en el siglo XX, antibiótico que ha demostrado ser efectivo contra esta infección, causada por la bacteria Treponema pallidum. Esta alternativa supuso un hito en la medicina puesto que se consiguió prescindir del mercurio, y, por consiguiente, de sus efectos tóxicos. Sexto, la comparación de las prácticas médicas antiguas con las modernas ha evidenciado no solo un gran avance científico, sino también una evolución en la ética médica, que prioriza la seguridad y el bienestar del paciente. Se puede decir entonces que la historia de la sífilis ha sido un claro ejemplo de los numerosos retos a los que se enfrentan los profesionales sanitarios y sirve para remarcar la gran importancia que tiene la investigación científica.
33 6. Índice de figuras Figura 1. Tabla sobre las tasas de incidencia por grupos de edad y sexo en 2022 de sífilis en España, sacado de la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica de las Infecciones de Transmisión Sexual en España........................................................................................................6 Figura 2. Morfología T. pallidum. A) Diámetro y longitud de la espiroqueta Treponema pallidum. B) Estructuras características de su morfología...............................................................................9 Figura 3. 1791. Portada del libro Tratado de las Enfermedades Venéreas de Jean Astruc............13 Figura 4. RAMSE. 1776. Disertación de Juan de Herrera el 15 de febrero de 1776......................16 Figura 5. Ilustración de Gautier d’ Agoty y Jacques Fabien que representa las afecciones venéreas a nivel del pene en el siglo XVIII..................................................................................................16 Figura 6 y 7. 1851. Historia General y Natural de las Indias por Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés...........................................................................................................................................18 Figura 8. RAMSE. 1807. Disertación de Francisco Reyna el 21 de mayo de 1807.......................20 Figura 9. 1709. El martirio de mercurio. John Sintelaer. 1709.....................................................24 Figura 10. 1659. Ilustración de Jacques Laniet de un hombre situado en un pabellón para recibir las fumigaciones mercuriales en París...........................................................................................27 Figura 11. RAMSE. Disertación de Don Honorio Cotte y Cobián el 30 de marzo de 1776..........29 Figura 12. Fotografía propia del Neosalvarsán situado en el museo de Historia de la Facultad de Farmacia de Sevilla.......................................................................................................................30
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