Comunicación, diversidad cultural y crítica feminista
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ABSTRACT In the following study we intend to reflect about the development and current state of Communication and Gender studies, and some possible ways to further, update, and orient the future evolution in this field of study in relation to the advances produced within feminist critical theory. Likewise, the interest to incorporate an attentive look at cultural diversity has brought us to approximate to many of the different levels of analysis that constitute this field of study from a concrete perspective, one that departs from the reality of feminine transnational migrations and the increase of cultural diversity in the core of our societies. INTRODUCCIÓN. En el presente trabajo nos proponemos reflexionar sobre el desarrollo de los estudios en Comunicación y Género, su estado actual y algunas posibles vías para ampliar, actualizar y orientar la evolución futura de este campo de estudio. El interés por incorporar una mirada atenta a la diversidad cultural nos ha llevado a aproximarnos a muchos de los niveles de análisis que conforman este campo de estudio desde una óptica concreta, entre otras posibles, aquella que parte de la realidad de las migraciones transnacionales femeninas y del consecuente incremento de la diversidad cultural en el seno de nuestras sociedades, lo que nos obliga a revisar nuestros marcos y categorías de análisis, dirigir la mirada hacia nuevos objetos de estudio y abrir nuevas líneas de investigación, tanto en los estudios feministas como en las Ciencias de la Comunicación, capaces de abordar la complejidad y el dinamismo social. A fin de establecer algunas pautas que nos sitúen en el marco contextual en el que nos movemos, comenzaremos con un breve recorrido por algunas de las transformaciones acaecidas en distintos ámbitos de nuestras sociedades a través del estudio de las migraciones femeninas transnacionales y del consecuente incremento de la diversidad cultural en las democracias capitalistas occidentales, pues entendemos que estos fenómenos sociológicos, íntimamente relacionados entre sí, constituyen un área especialmente interesante para analizar los cambios que se producen en las estructuras, lógicas, prácticas y discursos sociales; las formas de sociabilidad que se van configurando en la vida cotidiana entre los distintos colectivos, individuos e instituciones; los puntos de consenso pero también de desencuentro y conflicto social; así como los retos y dificultades que se deben afrontar de cara al futuro. Junto a las transformaciones producidas en los últimos años en nuestras sociedades se analizará el modo en que el movimiento Comunicación, diversidad cultural y crítica feminista Alicia REIGADA OLAIZOLA Redes.com Nº 3 | 53 ÍNDICE
54 | ISSN 1696-2079 ALICIA REIGADA OLAIZOLA feminista se ha visto afectado por estos cambios y se ha ido adaptando a las nuevas realidades sociales. Finalmente, en este marco contextual se incluirá un apartado centrado en los elementos que caracterizan a los distintos espacios y medios de comunicación social y el papel que juegan en el panorama contemporáneo. En segundo lugar, señalar que el campo de estudio que nos ocupa constituye, igualmente, un área de investigación idónea para abordar las revisiones que se han realizado de los paradigmas científicos y marcos de análisis habitualmente utilizados, a fin de comprender y explicar los fenómenos que preocupan hoy día a las ciencias sociales en toda su complejidad. En esta misma línea se enmarca el análisis que realizaremos de las consecuencias que ha tenido la influencia de la teoría feminista en las ciencias sociales, y en el ámbito concreto de las Ciencias de la Comunicación, lo que ha favorecido la consolidación de un campo de estudio específico sobre Comunicación y Género. Asimismo, se atenderá a la revisión autocrítica que se ha visto obligada a afrontar la propia teoría feminista con el objetivo de ampliar sus miras en un contexto en el que el sujeto de conocimiento y de transformación social del feminismo se muestra extremadamente diverso y plural. En último lugar, y a partir de la revisión teórica, se apuntarán algunas de las posibles vías para ampliar y enriquecer los estudios sobre crítica feminista y comunicación. Se trata, pues, de elaborar una propuesta de investigación, más que una investigación en sí misma. Propuesta que queda abierta al debate y la reflexión teórica y, sobre todo, a su puesta en práctica a través de análisis empíricos que contribuyan a consolidar y avanzar en este campo de estudio. APUNTES CONTEXTUALES PARA ABORDAR EL CAMPO DE ESTUDIO. 1. Crisis y transformación social en el marco de la globalización. Como hemos apuntado en la introducción, en este primer apartado nos detendremos en las transformaciones principales que han marcado la configuración de nuestras sociedades y que nos ayudan a entender y explicar, a modo de marco contextual, las características de los fenómenos sociales convertidos en objeto de estudio. Comencemos observando los cambios sucedidos en el ámbito político desde la óptica de las migraciones femeninas que tienen como destino los países europeos. Las políticas en materia de inmigración vienen a reflejar, de un lado, los espacios de poder que continúan ejerciendo los Estados-Nación al imponer la clásica vinculación entre ciudadanía y nacionalidad,1 bajo una concepción de nación que se piensa unificada y desde la que se pretende negar la diversidad cultural y nacional tanto interna como procedente del exterior . Pero, de otro lado, tales políticas también reflejan el vaciamiento de poder que están sufriendo los Estados-nación, que quedan supeditados a las directrices de instancias supranacionales, como refleja la elaboración de las políticas migratorias y leyes de extranjería en la línea de la normativa impuesta por la Unión Europea a los países miembros, progresivamente orientada hacia el cierre de fronteras y la construcción de la Europa Fortaleza, donde la libre circulación de capitales no se corresponde con el control sobre el desplazamiento de las personas. Esta pérdida de poder queda patente también en la creciente adaptación de las leyes de extranjería y sus respectivas modificaciones según los intereses del mercado, como evidencia de un modo ejemplar el sistema de cupos y la política de contingentes, medidas orientadas en
Redes.com Nº 3 | 55 Comunicación, diversidad cultural y crítica feminista una proporción muy significativa a la contratación de mujeres inmigrantes para trabajar en el servicio doméstico y la nueva agricultura española2 con el único objetivo de cubrir las necesidades de los mercados de los países centrales, mercados que ya no son nacionales sino que están globalizados y requieren mano de obra femenina y barata, a la vez que se controla y restringe la presencia de la población extranjera en nuestro país al periodo de tiempo estrictamente necesario para cubrir esa demanda de fuerza de trabajo. Estos cambios en la esfera de la política están intrínsecamente ligados a las transformaciones en el mundo de la economía, y más concretamente del mercado. Como ya hemos apuntado, las migraciones femeninas transnacionales no se pueden entender al margen de los procesos de globalización y las consecuencias de éstos en los contextos locales de origen y de destino. En los primeros debemos contemplar los efectos especialmente negativos que la aplicación de las políticas de ajuste estructural (PAE) impuestas por el BM, el FMI y la OMC han tenido sobre las mujeres (López, 1997), incrementando la feminización de la pobreza y, con ello, la creciente feminización de los flujos migratorios. En los segundos habría que atender a la reestructuración de los mercados capitalistas del norte y de los procesos de trabajo, que, organizados ahora bajo la lógica postfordista, reclaman mano de obra femenina, flexible y barata para realizar los trabajos que antes cubrían las mujeres autóctonas (prostitución, trabajo doméstico, servicios de limpieza, trabajos de atención y cuidados a niños, ancianos y enfermos) y que en los últimos años han pasado a realizar las mujeres inmigrantes no comunitarias, lo que supone la reproducción de los modelos de género a lo largo del proceso migratorio, así como el mantenimiento de la división sexual del trabajo en nuestra sociedad en articulación con otras divisiones sociales como la clase y la etnicidad. Esta situación nos permite contemplar a su vez la creciente mercantilización de diferentes esferas de la sociedad que hasta hace poco no estaban reguladas por las leyes del mercado, como es el caso del trabajo doméstico en muchos hogares y la mayor parte de las tareas de atención y cuidados,3 antes realizadas por las propias mujeres de la familia. El nuevo panorama político y económico va acompañado de cambios significativos en el sistema social y en la esfera de la cultura. Son numerosos los autores que se han detenido en analizar las nuevas formas de sociabilidad que emergen en el contexto actual: relaciones menos estables y duraderas, sustentadas en vínculos frágiles que se corresponden con una acentuación del individualismo y con la penetración de ese grado de incertidumbre, inseguridad y riesgo propios del mercado en el mundo de la vida cotidiana, de las relaciones personales y sociales.4 Sin embargo, junto a este panorama marcado por la crisis de la sociedad y el aumento de la vulnerabilidad en las relaciones humanas, encontramos, simultáneamente, la emergencia de nuevas redes sociales, ciertamente flexibles pero sólidas y estables, nuevos espacios de encuentro y modelos de organización impulsados desde la sociedad civil que vienen a responder y reducir el riesgo social instaurado en nuestras vidas cotidianas. La presencia de nuevos agentes sociales como los colectivos de mujeres inmigrantes, que constituyen uno de los grupos más vulnerables y desanclados a la vez que encarnan uno de los posibles modelos de organización en red5 que puede convertirse en un espacio desde el que plantear nuevas experiencias y estrategias de acción social, nos invita a pensar en estas dos caras contradictorias que integran nuestro sistema de relaciones sociales. Junto a ello debemos contemplar la dimensión cultural de este sistema de relaciones sociales, marcado por la mezcla de culturas y los consecuentes retos que ello supone para sociedades como la nuestra, que cuentan tan sólo con dos décadas de recepción de flujos de inmigrantes. Todo intercambio cultural conlleva cambios en las distintas culturas que entran en relación,
56 | ISSN 1696-2079 ALICIA REIGADA OLAIZOLA las cuales se hacen más permeables y complejas, lo que a su vez implica nuevas experiencias culturales, formas de comportamiento y pautas de relación, así como reformulaciones en los imaginarios simbólicos y percepciones sociales. Sin embargo, este intercambio no está exento de conflicto. De forma paralela al incremento de la diversidad cultural en nuestras sociedades se va consolidando la nueva versión del racismo contemporáneo —el denominado “racismo diferencial” o “racismo simbólico” que se inscribe en el marco de “un racismo sin razas”(Balibar, 1991)— que ahora encuentra en la cultura lo que a lo largo de la historia de Occidente había explicado a través de la biología, esto es, el espacio en el que legitimar su hegemonía y reproducirse. Desde la “teoría racista imperial” Michael Hardt y Antonio Negri (2002), siguiendo la obra de Deleuze y Guattari, nos desafían a comprender la práctica racista no como divisiones binarias basadas en la exclusión del Otro, sino como una estrategia de inclusión diferencial de manera que el racismo imperial actual integra a los Otros en su orden —ya no existe el exterior— y luego organiza las diferencias dentro de un sistema de control y segregación donde la jerarquía racial se determina sólo a posteriori, ésta ya no se plantea como una causa sino como un efecto de sus culturas.6 En este sentido, nos parece especialmente relevante contemplar el encuentro entre culturas desde una perspectiva de género y atendiendo a la situación específica de las mujeres en relación con la de los hombres, pues es sobre ellas (y aquí incluimos también a las mujeres occidentales) sobre las que tiende a recaer el mayor peso de la cultura a la que pertenecen. Además, son las situaciones de las mujeres inmigrantes las que en mayor medida tienden a ser instrumentalizadas desde los países occidentales para desacreditar y criminalizar sus culturas de origen, como ilustra de un modo ejemplar la permanente alusión en discursos políticos y de los medios de comunicación a la situación de las mujeres arabo-musulmanas, no tanto con el fin de mejorar la realidad de estas mujeres como de criminalizar a los países de los que proceden.7 2. Los caminos del movimiento feminista en un contexto de cambio social. Los cambios acaecidos en las sociedades contemporáneas corren de forma paralela a los intentos realizados desde el seno del movimiento feminista por adaptarse y redefinir su espacio de pensamiento y acción en función de las características de la sociedad y del periodo histórico en el que se desenvuelve. En este sentido, nos parece necesario contemplar junto a la mirada que brevemente hemos realizado sobre el contexto político, económico y socio-cultu- ral que nos ocupa la evolución que ha sufrido el propio movimiento feminista en las últimas dos décadas. Desde mediados de los ochenta, con la consolidación del sistema democrático en España, determinados sectores empiezan a hablar de una crisis del movimiento, el cual ha perdido fuerza en relación con el carácter combativo y la capacidad organizativa de la década anterior; se compara así la solidez de la primera y la segunda ola del movimiento feminista con lo que se entiende como la entrada en un periodo de crisis y desestructuración del mismo. Sin embargo, la noción de crisis no debemos entenderla como sinónimo de desaparición, sino más bien de transformación y renovación de ciertos planteamientos y modelos organizativos anteriores. Esta crisis se puede contemplar desde distintos niveles y viene condicionada tanto por la propia lógica interna del movimiento como por los retos que se le presentan ante algunos de los cambios descritos en las sociedades contemporáneas.
Redes.com Nº 3 | 57 Comunicación, diversidad cultural y crítica feminista Efectivamente, uno de estos niveles tiene que ver con la institucionalización del feminismo tras la llegada de la democracia. La extensión entre distintos sectores de la sociedad de muchas de las reivindicaciones principales del movimiento (el derecho al divorcio, la igualdad en el hogar familiar, el derecho al control de la sexualidad, a la incorporación de la mujer al mercado de trabajo, la igualdad en las condiciones de trabajo, la lucha contra la violencia hacia las mujeres, la participación en órganos políticos, etc.), las cuales comienzan a ser asumidas por el propio Estado, va acompañada por un proceso de institucionalización que, aunque ha supuesto ventajas importantes a la hora de obtener derechos y reconocimiento social, también ha conllevado la pérdida de actitud crítica y combativa de algunas organizaciones feministas. En los diferentes campos de acción social —asociaciones de vecinos, partidos políticos, sindicatos, organizaciones sociales, centros de salud y de planificación familiar, universidades, etc.— vamos a encontrar el doble filo que presenta este proceso de institucionalización de las reivindicaciones feministas. Pero encontramos también crisis en los planteamientos de partida y en las bases del movimiento. A raíz de los cambios en el contexto social contemporáneo determinados debates clásicos del feminismo pierden vigencia o son redefinidos a la vez que aparecen nuevos ejes de reflexión y puntos de interés. Los debates sobre el trabajo de las mujeres dentro y fuera del hogar, sobre el modelo de organización más efectivo y coherente, sobre la doble militancia, sobre los orígenes y las causas de la opresión femenina, sobre la cuestión de la sexualidad o el problema de la diferencia/igualdad ya no pueden desarrollarse y comprenderse al margen de los cambios que ha supuesto el capitalismo en su fase actual, globalizada y postfordista, en las condiciones de trabajo de las mujeres tanto autóctonas como inmigrantes, y de las relaciones entre las condiciones de trabajo de unas y otras; ni sin atender a la crisis que han presenciado modelos de organización anteriores como los partidos políticos y sindicatos pero también como los grupos de mujeres de autoconciencia que permanecían aislados del resto de los feminismos y de otros movimientos sociales; tampoco se pueden obviar las divisiones entre las propias mujeres y las distintas formas de opresión que sufren los diversos colectivos de mujeres a la hora de retomar los debates sobre la militancia y las causas de la opresión femenina; ni se pueden abordar las reivindicaciones relacionadas con la sexualidad de las mujeres sin atender a las distintas formas de entender y practicar la sexualidad por parte de éstas, sin redefinir los límites entre placer y opresión, esto es, entre las libertadas ganadas en este terreno y las nuevas y viejas formas de dominación y mecanismos a partir de los cuales desde distintas instituciones como la familia, el mercado o la Iglesia se controla o se expropia la sexualidad de las mujeres; y, finalmente, se hace necesario redefinir el debate de la igualdad/diferencia ante las nuevas formas de concebir las relaciones entre hombres y mujeres y el papel que debe asumir cada uno de ellos en la lucha por la igualdad social, y ante el marco de relaciones que se establece entre las propias mujeres, donde se visibilizan las diferencias existentes entre ellas. Algunas de las cuestiones que acabamos de plantear están ligadas a su vez a aquella otra crisis que afecta al sujeto del feminismo. Desde mediados de los ochenta el sujeto del feminismo pensado como universal y singular (La Mujer) y en relación con el sexo opuesto (El Hombre), igualmente concebido en términos estáticos y ahistóricos, comienza a ser revisado. No sólo las distintas experiencias y puntos de partida en el seno de nuestra sociedad plantean contradicciones a los planteamientos totalizantes del pensamiento feminista de aquella época, sino también, y muy especialmente, las críticas realizadas desde los diversos feminismos periféricos (el feminismo negro, obrero, de los países del sur, árabe, el ecofeminismo, el movimiento lesbiano)
58 | ISSN 1696-2079 ALICIA REIGADA OLAIZOLA a un feminismo occidental, blanco y de clase media que asumía sus problemas y soluciones como comunes a todas las mujeres. Con la entrada de nuevos sujetos en escena —mujeres con diferentes historias de vida, experiencias, visiones de mundo, necesidades y problemas— asistimos a una apertura del movimiento, a una mayor diversidad y heterogeneidad en los enfoques y estrategias de intervención. Esta pluralidad de voces que conforman el sujeto del feminismo, que genera contradicciones internas, se va a ver plasmada en la creación de encuentros y redes de mujeres a escala internacional. A esta diversificación y complejización del movimiento en su lógica interna debemos sumar también su apertura hacia el exterior, que va a reorientar su proyección hacia la sociedad: en los últimos años se han incrementado las relaciones de los feminismos con toda una pluralidad de instituciones, agentes y movimientos sociales (ecologistas, organizaciones marxistas, movimientos autónomos, anarquistas, pacifistas, sindicatos, ONG´s). Todas estas vías de apertura y articulación con otras formas de pensamiento, problemas sociales y modos de organización van a afectar de un modo directo a un movimiento feminista que va a continuar su desarrollo en un marco de relaciones cada vez más diverso, complejo y plural. 3. Recorriendo los escenarios de la comunicación social. Al plantear algunas de las principales tendencias y transformaciones que se han producido en distintas esferas de la sociedad y en la propia evolución y configuración del movimiento feminista hemos intentado dibujar el contexto de fondo que nos permitirá adentrarnos en el campo que nos ocupa, el estudio de la comunicación social, entendida ésta, como intentaremos reflejar, en un sentido muy amplio. Lejos de reducir la noción de comunicación al análisis de los medios de comunicación de masas, como tiende a suceder en no pocas ramas de investigación en Ciencias de la Comunicación, nuestro objetivo es el de contemplar el papel que juega la comunicación y la forma que adoptan los procesos comunicativos en diferentes espacios, niveles y contextos contemporáneos, prestando atención, a su vez, al modo en que los cambios sociales han afectado a los medios y modos de comunicación social y viceversa, cómo éstos han provocado transformaciones en el resto de la sociedad. Si comenzábamos este trabajo refiriéndonos a los cambios acaecidos en la esfera de la política y la economía en el marco de la globalización desde la óptica de las migraciones femeninas transnacionales y el incremento de la diversidad cultural, a continuación nos detendremos precisamente en el papel que juega la comunicación en dicho contexto globalizado. Desde hace ya algunos años, bajo la forma de un capitalismo inmaterial donde la información ha pasado a formar parte de la infraestructura, convirtiéndose en una mercancía más, se ha empezado a denominar la fase actual en términos de Sociedad de la Información,8 término profundamente ideologizado que pretende definir e interpretar la fase actual a partir de un modelo concreto de comunicación a la vez que legitima dicho modelo. Sin embargo, tras los discursos triunfalistas sobre las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación, asociadas éstas al progreso, el desarrollo y la modernización, encontramos una acepción instrumental de la información, que es la que está en la base de las actuales políticas de comunicación de corte economicista y neoliberal implantadas desde la Unión Europea y asumidas por los estados y los gobiernos autonómicos. Desde el punto de vista de la crítica feminista debemos denunciar cómo estas políticas de comunicación, al igual que ocurre con las políticas macroeconómicas, tienen implicaciones
Redes.com Nº 3 | 59 Comunicación, diversidad cultural y crítica feminista diferenciales en función del sexo, siendo las mujeres, y más aún las inmigrantes, uno de los colectivos que sufre mayor discriminación tras la aplicación de dichas políticas. La brecha digital, la estructura de los flujos informativos, la propiedad de los medios, el desigual acceso a la información o la implantación de políticas de corte economicista son aspectos que sólo pueden comprenderse adecuadamente en el marco de la globalización, la centralidad del mercado, la crisis de los Estados-nación y el reforzamiento de las relaciones desigualitarias entre el centro y la periferia, a pesar de que hoy en día los límites entre ambos no estén claros ni se limiten al esquema Norte/Sur, sino que asistimos a una creciente diversificación de la periferia en el plano transnacional y una deslocalización de los centros. Las regiones del sur, las zonas excluidas pertenecientes a los países del norte, buena parte de la ciudadanía y, muy especialmente, los grupos más discriminados —como las mujeres, los inmigrantes, las minorías étnicas, etc.— sufren en mayor medida las consecuencias de las políticas de comunicación vigentes, quedando excluidos de los circuitos transnacionales de producción y, en muchos casos, de recepción de información así como de las innovaciones tecnológicas en materia de comunicación. Es en este mismo contexto donde debemos abordar otro de los espacios de comunicación más relevantes, el de los medios de comunicación de masas, organizados a partir de una estructura vertical y mercantilizada marcada por los intereses económico-políticos de las industrias culturales. Éste es otro de los ámbitos en los cuales las mujeres no sólo siguen siendo excluidas de los procesos de producción de la información sino que además continúan siendo objeto de representaciones sexistas y racistas que las recluyen en los tropos y espacios históricamente atribuidos a la feminidad y a la diferencia cultural, percibida ésta en términos de inferioridad y desigualdad social. Sin embargo, más allá de la dimensión macro, no podemos olvidar el papel que juegan como mediadores sociales y culturales entre las diversas instituciones, colectivos e individuos. Desde el punto de vista de lo que supone la presencia de migraciones femeninas y el incremento de la diversidad cultural en el seno de nuestra sociedad, la importancia de los medios de masas viene marcada por su capacidad para ofrecernos pistas sobre cómo debemos interpretar el mundo, en este caso el mundo de las relaciones entre hombres y mujeres y entre los distintos colectivos de mujeres, qué aspectos de sus vidas se consideran relevantes y, por ello, mediáticos, y cuáles, por el contrario, quedan al margen de la agenda mediática; nos ofrecen reelaboraciones de los imaginarios sociales sobre ellas y ellos, sus modos de vida y sus culturas de origen, modelos de relación, pautas de comportamiento y experiencias que van a influir en las percepciones y relaciones entre los distintos grupos sociales. Junto a los medios de comunicación de masas debemos contemplar todo un abanico muy amplio de medios de comunicación social, anteriores a aquéllos, que igualmente asumen el papel de mediadores, aportándonos interpretaciones sobre el mundo, experiencias y modelos de vida. De la mano de la televisión, la radio, la publicidad o el cine encontramos la música, el arte o la industria editorial. Además, esta diversidad de medios se caracteriza en la actualidad no sólo por su creciente concentración en los mismos grupos empresariales, sino también por la permanente retroalimentación, contaminación y fusión entre unos medios y otros, y entre los distintos géneros discursivos. Ejemplo de ello es la permanente relación entre cine y literatura; el acceso a la música a través del vídeo y la televisión y su presentación en géneros muy diversos que van desde el videoclip hasta las galas y concursos musicales pasando por el género documental o los programas de música; así como la incorporación de los medios audiovisuales o géneros como el comic al mundo del arte. Por tanto, junto al análisis de los medios de comu-
60 | ISSN 1696-2079 ALICIA REIGADA OLAIZOLA nicación de masas, también debemos reflexionar sobre el tipo de discursos, representaciones sociales, actores y acontecimientos que circulan y son reelaborados a través de estos otros espacios de comunicación social, los cuales se convierten en un referente fundamental a la hora de percibir nuestra propia cultura y aquéllas que nos resultan extrañas o diferentes. Terminaremos mencionando precisamente uno de estos espacios donde la comunicación social ocupa un lugar central y que, sin embargo, suele ser excluido de la agenda actual de investigación en comunicación. Nos referimos a la comunicación interpersonal que articula nuestras relaciones sociales en la vida cotidiana. Si ya hemos apuntado cómo los medios de comunicación de masas y otros medios de comunicación social nos ofrecen modelos de experiencia para comunicarnos y relacionarnos entre los sexos y con las personas extranjeras,9 no podemos olvidar los lazos de comunicación —o incomunicación— que se establecen en las interacciones interpersonales: en los espacios familiares, en los espacios públicos como mercados, plazas y calles, en los centros de enseñanza, de salud y de trabajo así como en ceremonias y rituales culturales y fiestas populares. Son todos ellos espacios en los que se reflejan los cambios que se están produciendo en el sistema de relaciones sociales y las nuevas pautas de comunicación que surgen en sociedades multiculturales marcadas por los encuentros y desencuentros entre diferentes grupos sociales. Junto a estos cambios señalar que, si anteriormente definíamos la etapa actual como un periodo caracterizado por la fragmentación y vulnerabilidad del sistema de relaciones sociales, tanto en la esfera íntima o privada como en los espacios públicos, debemos pensar igualmente en la fragilidad de los vínculos comunicativos sobre los que se sustenta ese sistema de relaciones sociales. De ahí que diferentes autores aludan a las relaciones de incomunicación para describir las grandes ciudades de la modernidad tardía, en parte como consecuencia, paradójicamente, de la saturación de información, por el predominio de formas de comunicación más instrumentales, fragmentadas y esporádicas. Sin embargo, al igual que frente a la sociedad de riesgo se han alzado las voces de las redes sociales y las respuestas de la sociedad civil, frente a la fragilidad de los encuentros comunicativos y el incremento de la incomunicación encontramos los esfuerzos desarrollados desde los movimientos y redes sociales para fortalecer esos vínculos, construir nuevos espacios sustentados sobre concepciones más participativas y horizontales de comunicación. Es por ello que en el marco de la comunicación interpersonal entre individuos y grupos sociales en la vida cotidiana nos gustaría prestar especial atención al papel que juega la comunicación social en los movimientos sociales y las iniciativas impulsadas desde la sociedad civil. En este sentido, cabe destacar el interés puesto desde las organizaciones feministas, entre otros movimientos de izquierda, en la reflexión sobre los procesos de comunicación y en la transformación de los modelos de comunicación hegemónicos. En primer lugar, esta cuestión podemos percibirla en la propia lógica de organización de muchas de estas redes feministas. Se apuesta por organizaciones más horizontales, preocupadas por la construcción de vínculos comunicativos estables entre sus integrantes y por el establecimiento de formas de identificación sólidas. En esta línea debemos dirigir la mirada a la historia del propio movimiento feminista, a los primeros grupos de autoconciencia en los que la comunicación constituía el medio para compartir experiencias y construir una comunidad. Si bien es cierto que la comunicación siempre ha estado en la base de toda forma de organización y encuentro social, el aspecto novedoso que podemos destacar es que en la actualidad los denominados nuevos movimientos sociales empiezan a tomar conciencia de la importancia de la comunicación a la hora de establecer
Redes.com Nº 3 | 61 Comunicación, diversidad cultural y crítica feminista redes sociales, a reflexionar de un modo explícito y sistemático sobre esta cuestión y no darla por supuesta, a dedicar tiempo y esfuerzo a la tarea de construcción de vínculos y relaciones afectivas.10 No podemos olvidar tampoco la importancia de estos lazos comunicativos a la hora de construir redes con otros movimientos sociales no específicamente feministas, así como con redes feministas a nivel internacional. Ese sujeto del feminismo mucho más diverso y complejo que conforma el feminismo actual nos obliga a entablar comunicación con otras visiones de mundo y evidencia la necesidad de repensar el modo con que nos comunicamos y establecemos puentes de diálogo con otras experiencias feministas hasta ahora olvidadas por el feminismo occidental. Por otra parte, también debemos tener en cuenta la creciente incorporación de las nuevas tecnologías y medios de comunicación alternativos a las organizaciones sociales. Esta apropiación de los medios por parte de las mujeres mejora la propia organización interna y la comunicación con el resto de la ciudadanía, convirtiendo a las mujeres en agentes de transformación social, capaces de controlar los medios de comunicación que utilizan y de generar discursos alternativos, elaborados desde las bases de la sociedad civil, frente al modelo vertical y hegemónico impuesto desde los medios de comunicación de masas. NUEVAS APROXIMACIONES CIENTÍFICAS A NUEVAS REALIDADES SOCIALES. 1. Algunas claves para reorientar el paradigma de investigación en Ciencias Sociales. Las transformaciones en el marco de la globalización, tanto en las sociedades contemporáneas y en el ámbito de la comunicación como en el seno del movimiento y el pensamiento feminista, van a ir acompañados de cambios en la forma de mirar y analizar esa realidad social desde el conocimiento científico. Octavio Ianni (2003) considera que lo que está en curso, cuando se trata de la globalización, es una ruptura que es al mismo tiempo histórica y epistemológica. El objeto de estudio de las ciencias sociales deja de ser la realidad histórico-social nacional o el individuo y pasa a ser la sociedad global: cuando se multiplican las relaciones, los procesos y las estructuras de dominación y de apropiación, así como de integración y fragmentación, a escala mundial, aparecen nuevas exigencias epistemológicas (2003: 87) que desafían a las ciencias sociales a recrear su objeto y sus procedimientos. La posibilidad de conocer desde la mirada de las migraciones femeninas y la diversidad cultural algunos de los cambios y dinámicas principales que caracterizan el devenir de las sociedades contemporáneas nos lleva, desde un primer momento, a replantearnos la ubicación del objeto de estudio que nos ocupa. Si durante décadas, e incluso siglos, el estudio de aquellos colectivos considerados extranjeros —“extraños” y “diferentes”— se llevaba a cabo como si de fenómenos sociales ajenos a nuestra cultura se tratase, en la actualidad, las interconexiones que se establecen a escala global nos impiden comprender estas culturas de un modo aislado, desconectadas de la historia de nuestras propias sociedades. En primer lugar, porque la situación de esos pueblos y culturas del Sur y Oriente que tradicionalmente han atraído la mirada de Occidente ya no se pueden analizar (si es que alguna vez se pudo) en sí mismas, al margen de la historia de otros pueblos y regiones. Lo que sí resulta novedoso del periodo actual es el incremento de las relaciones de interdependencia entre unas zonas del planeta y otras, de ahí la
68 | ISSN 1696-2079 ALICIA REIGADA OLAIZOLA código compartido y de una diferencia”. Pensar la comunicación intercultural nos obliga, por tanto, a reconocer no sólo las diferencias que nos separan y debemos negociar, o no, sino también los puntos y códigos comunes, pues lo contrario nos puede conducir a la doble aporía de la que nos previene Miquel Rodrigo Alsina (1999): creer que en la comunicación intracultural todo es comprensible y en la intercultural todo incomprensible, como a menudo nos hacen creer los mensajes difundidos por los medios de comunicación de masas. En los debates contemporáneos, las reflexiones sobre el concepto de diferencia aparecen ligadas a la noción de identidad. Si las identidades individuales y sociales se construyen a partir de procesos y contextos de interacción social, de la posición que los individuos y grupos ocupan en la estructura social así como de las historias de vida particulares, nos interesa estudiar cómo se redefinen y activan las identidades en la vida cotidiana, esto es, cómo las mujeres inmigrantes redefinen su identidad a lo largo del proceso migratorio, tras el intercambio permanente de los elementos de su cultura de origen y de aquéllos que toma de las nuevas culturas con las que entra en relación. Por otra parte, no podemos minusvalorar la capacidad de los medios de comunicación de masas para ofrecer modelos identitarios de referencia, en la medida en que, a la vez que reflejan, median y modulan las identidades. Asimismo, los medios de comunicación social constituyen un espacio idóneo para analizar los cambios que se producen en las relaciones e identificaciones identitarias en un contexto de permanente transformación, redefinición y disolución de los límites identitarios. Otra de las posibles vías de análisis se abre con las propuestas de acción impulsadas desde determinadas propuestas teóricas y sociales encaminadas a promover nuevos modos de concebir las identidades menos dicotómicos y jerarquizados, estrategias que van desde la puesta en escena de acciones performativas en los espacios cotidianos hasta las acciones y propuestas que trastocan y subvierten las identidades a través de las redes sociales, el arte feminista y los medios audiovisuales. Apostar por otras formas de concebir las identidades y las diferencias supondría repensar el modo en que éstas se visibilizan y encaran en los cuerpos sexuados y marcados por otros criterios de clasificación como la clase social y la etnicidad, cuerpos sobre los que se materializan las diversas formas de desigualdad social. Como hemos ido apuntando, todos estos conceptos y problemas de investigación aparecen atravesados por la cuestión del poder, en la medida en que son abordados desde un enfoque crítico y comprometido con la parcela de la realidad social que se pretende estudiar. Sin embargo, se hace necesario continuar incorporando, como se viene haciendo desde los años ochenta, tanto al campo de los estudios en comunicación como a los estudios feministas, la revisión del concepto de poder mecanicista presente en buena parte de la tradición de la teoría crítica. Desde distintas perspectivas, entre las que destacamos la influencia de Michel Foucault, la obra de Pierre Bourdieu y la revisión realizada desde los estudios culturales británicos, y su posterior influencia en América Latina, se inició una crítica a esa interpretación omnipotente y estática del poder ejercido desde las instituciones, entre ellas los medios de comunicación de masas, supeditados a su vez a los intereses de la sociedad de consumo y del Estado. Se propone así una noción de poder más compleja, menos unidireccional, atenta a los micropoderes, a los modos difusos y contradictorios de ejercer el poder no ya sólo desde las grandes instituciones sino también en las interrelaciones entre individuos y grupos sociales. Si nos trasladamos al campo de estudio sobre comunicación y género se nos presenta la oportunidad de analizar los distintos mecanismos a partir de los cuales se ha silenciado y/o deslegitimado la voz de las mujeres a lo largo de la historia, negándoles con ello su derecho a
Redes.com Nº 3 | 69 Comunicación, diversidad cultural y crítica feminista comunicar sus historias de vida, opiniones, puntos de vista y reivindicaciones. Al recluirlas en los espacios domésticos se les atribuía todo un conjunto de tareas y trabajos basados en buena medida en la capacidad para comunicar, nos referimos a los trabajos de atención y cuidados, a la responsabilidad en la educación y socialización de los niños o en la transmisión de la cultura; espacios de comunicación que, sin embargo, no eran valorados ni considerados socialmente. Esta reclusión en los espacios de comunicación privados se correspondía con la exclusión de los espacios de comunicación pública. De ahí que las historiadoras/es, a la hora de rescatar la historia de muchas mujeres, especialmente de aquéllas de clase trabajadora, se vean obligadas a recurrir a los testimonios orales, pues la escritura fue en sus orígenes y durante muchos años un medio de comunicación social ligado a la burguesía masculina, en la misma medida que el arte, la fotografía, los inicios del cine o el periodismo. Actualmente, aunque se observan cambios relevantes en esta situación, todavía existen barreras que impiden que las realidades y experiencias específicas de las mujeres contadas desde una perspectiva feminista ocupen un espacio significativo en los medios de comunicación de masas, donde continúan siendo relegadas a la sección de sociedad, destinada a las denominadas noticias “blandas”; en la esfera de la política, más aún de la política internacional, como evidencian las fotografías protagonizadas casi exclusivamente por hombres de las cumbres de la UE o los encuentros del G-8; y qué decir del mundo de la economía. Sin embargo, la comunicación ha sido igualmente un medio para subvertir el poder y el orden establecido. La revisión de esa noción de poder mecanicista y unidireccional que negaba la capacidad de agentividad de los sujetos sociales, considerados meros objetos pasivos víctimas de las instituciones dominantes, situaba en un primer plano la cuestión de la agencia. Ésta es una de las nociones reivindicada por el feminismo contemporáneo, que plantea la importancia de considerar a las mujeres como agentes de transformación social, y más aún en el caso de las mujeres pertenecientes a los grupos más excluidos —inmigrantes, gitanas, procedentes de países del sur, etc.— a las que en mayor medida se las concibe como sujetos pasivos. Esta noción refleja así el paso del sujeto del feminismo anterior, que era un “sujeto sujetado”, a un sujeto activo y situado.26 A pesar de las barreras sociales, debemos estudiar cómo las mujeres se fueron apropiando de los espacios de comunicación de los que, en principio, eran excluidas: desde las formas de resistencia silenciada, basadas paradójicamente en encuentros de puesta en común, de comunicación entre redes de mujeres en los espacios cotidianos, hasta las mujeres que ocupaban los espacios eminentemente masculinos como las artes, la escritura o los mítines políticos, pasando por espacios originariamente impulsados por mujeres como los grupos de autoconciencia y de intercambio de experiencias. Hoy en día encontramos una diversidad de experiencias que reflejan cómo las mujeres se han ido apropiando de los medios y espacios de comunicación como la radio, los proyectos de medios de comunicación comunitarios y participativos y de apropiación de las nuevas tecnologías de la información. Experiencias que, sin negar la permanencia de viejas y nuevas formas de poder, dirigen nuestra mirada hacia los procesos de empoderamiento protagonizados por mujeres. La noción de agencia nos obliga a incorporar la cuestión de la ciudadanía, nociones ambas que están íntimamente conectadas. En la actualidad habría que estudiar cómo los conflictos de reconocimiento ponen en tela de juicio la noción de ciudadanía liberal, concepto basado en el principio de inclusión/exclusión de aquellos a los que no se les concede el estatus de ciudadano, y cuáles son las causas y las consecuencias de la crisis de este concepto en el
70 | ISSN 1696-2079 ALICIA REIGADA OLAIZOLA marco de la desestructuración del modelo de Estado-nación y el incremento y mayor visibilización de la diversidad cultural.27 También habría que profundizar en el modo en que esta crisis de la ciudadanía se extiende de los grupos y minorías históricamente excluidas de este derecho al resto de la sociedad en general tras el desmantelamiento del Estado de bienestar keynesiano y la subordinación de cualquier derecho de ciudadanía a los derechos de propiedad28 (Alonso, 1997). En el marco de una democracia representativa, debemos detenernos en uno de los derechos de ciudadanía negados a la mayor parte de la sociedad y generalmente desconsiderado en los análisis sobre el tema, el derecho a la comunicación: a la posibilidad de producir información y de acceder a buena parte de ella; de apropiarse de los espacios de comunicación pública restringidos hasta ahora a las instituciones autorizadas; el derecho a comunicar las propuestas, valoraciones y demandas sociales elaboradas desde la sociedad civil, apostando así por un sistema democrático y participativo; el derecho a que los espacios comunicativos de la ciudadanía sean legitimados y reconocidos por las instancias que están en el poder. Las experiencias impulsadas desde la comunicación para el desarrollo y desde los nuevos movimientos sociales que promueven medios de comunicación alternativos ilustran algunos intentos de la sociedad civil por ejercer su derecho a la comunicación y, más concretamente, a otros modos de hacer comunicación. Finalmente, uno de los ámbitos ineludibles de reflexión al hablar de cambio social, ciudadanía y comunicación es el del mundo del trabajo. La crisis de la ciudadanía aparece ligada a la crisis del trabajo, que a su vez afecta al resto de la vida social del individuo: a su calidad de vida, a su integración social, a la construcción de su identidad individual y colectiva, a su red de relaciones sociales. Sin embargo, la crisis del trabajo no anula su absoluta centralidad en la sociedad, una vez más proponemos entender la noción de crisis no tanto como desaparición, como anuncian los teóricos que proclaman “el fin del trabajo”, sino en términos de transformación. Encontramos una alteración de las condiciones de trabajo, de las características de los procesos de trabajo y del sentido social que éste adquiere, aspectos que requieren de un análisis desde la perspectiva de género con el objetivo de contemplar las consecuencias específicas que el nuevo contexto de trabajo tiene sobre las distintas mujeres y sobre los trabajadores y trabajadoras inmigrantes así como las nuevas modalidades a partir de las cuales el modelo capitalista se apropia del trabajo de las mujeres. Por otra parte, debemos destacar junto a la importancia de continuar estudiando estas alteraciones en el mundo del trabajo y sus consecuencias diferenciales en función del sexo, la clase social y el origen étnico, una nueva dimensión del trabajo que pasa a ocupar un lugar fundamental y que, sin embargo, no siempre es tenida en cuenta en las investigaciones, la dimensión comunicativa. Si desde hace unos años numerosos analistas procedentes de distintas disciplinas apuntan la centralidad que adquiere la comunicación en el modo de producción capitalista en su fase actual, que algunos han calificado de capitalismo informacional, se hace necesario trasladar estas reflexiones a la agenda de investigación en Ciencias de la Comunicación, a fin de profundizar en el objeto y enriquecerlo desde el desarrollo teórico de la disciplina. Michael Hardt y Antonio Negri (2002) se refieren a la reducción del protagonismo del trabajo industrial en fábricas, desplazado por la prioridad que se le da hoy al trabajo comunicativo, cooperativo y afectivo.29 En la fase actual el valor de un producto ya no se define tanto en torno a sus cualidades materiales sino inmateriales, en esta línea, el trabajo de diseño, el marketing publicitario, las industrias culturales y el marketing social promocionado desde la propia empresa
Redes.com Nº 3 | 71 Comunicación, diversidad cultural y crítica feminista pasan a desempeñar un papel central en la reproducción del sistema. Se abre aquí, por tanto, una línea de investigación clave para explicar las transformaciones y las lógicas que caracterizan al periodo actual, la cual no puede seguir siendo eludida, como viene sucediendo hasta ahora, por los estudiosos en Ciencias de la Comunicación. BIBLIOGRAFÍA. ALONSO, L.E. (1997): Trabajo y ciudadanía, Madrid, Trotta. BACH ARÚS, M. et al. (2000): El sexo de la noticia, Barcelona, Icaria. BALAGUER, Mª L. (1985): La mujer y los medios de comunicación, Málaga, Arguval. BALIBAR, E. y WALLERSTEIN, I. (1991): Raza, nación y clase, Madrid, Iepala. BARTH, F. (1976): Los grupos étnicos y sus fronteras. La organización social de las diferencias culturales, México, Fondo de Cultura Económica. BECK, U. (1998): ¿Qué es la globalización? Falacias del globalismo, respuestas a la globalización, Barcelona, Paidós. BUTLER, J. (2001): El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad, México, Paidós. CASADO, E. (1999): “A vueltas con el sujeto del feminismo”, Política y Sociedad, nº 30, UCM, Madrid, pp. 73-91. COLAIZZI, G. (1990): “Feminismo y teoría del discurso. Razones para un debate, en COLAIZZI (Ed.), Feminismo y Teoría del discurso, Madrid, Cátedra, pp.13-25. COLAIZZI, G. (1997): “Género y tecnología(s): de la voz femenina a la estilización del cuerpo”, Revista de Occidente, nº 190, pp. 104-119. DAVIS, F. (1992): La comunicación no verbal, Madrid, Alianza. FAIRCLOUGH, N. (2003): Discurso e mudança social, Brasilia, UNB. FRASER, N. (2000): “¿De la redistribución al reconocimiento? Dilemas de la justicia en la era postsocialista”, New Left Review, nº 0, Madrid, Akal, pp. 126-155. GALLEGO, J. (dir.) (2002): La prensa por dentro. Producción informativa y transmisión de estereotipos de género, Barcelona, Los Libros de la Frontera. GONZÁLEZ, J. (1993): “ La cofradía de las emociones (inter)minables. (Parte primera). Construir las telenovelas mexicanas”, en MAZZIOTTI (Comp.), El espectáculo de la pasión. Las telenovelas latinoamericanas, Buenos Aires, Colihue, pp.63-110. GRIMSON, A. (2000b): Interculturalidad y comunicación, Buenos Aires, Grupo Editorial Norma. HARDT, M. y NEGRI, A. (2002): Imperio, Barcelona, Paidós. IANNI, O. (2003): “Las ciencias sociales y la modernidad-mundo”, en VV.AA, Desigualdad y globalización. Cinco conferencias, Buenos Aires, Manantial, pp. 81-118. IZQUIERDO, A. (1996): La inmigración inesperada. La población extranjera en España (1991-1995), Madrid, Trotta. JANKOWSKI, N. W. y WESTER, F. (1993): “La tradición cualitativa en la investigación sobre las ciencias sociales: contribuciones a la investigación sobre la comunicación de masas”, en JENSEN y JANKOWSKI (Eds.), Metodologías cualitativas de investigación en comunicación de masas, Barcelona, Bosch, pp.57-91.
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Redes.com Nº 3 | 73 Comunicación, diversidad cultural y crítica feminista NOTAS. 1. Recordemos que, ante la crisis en la que se encuentra inmerso el Estado-nación, entre las escasas tareas que continúa asumiendo se encuentran las de control y represión de la ciudadanía. 2. Antonio Izquierdo (1996), en sus investigaciones sobre la evolución de los perfiles de los flujos migratorios, analiza precisamente cómo la orientación que han ido tomando las políticas migratorias y las leyes de extranjería hacia el sistema de cupos, principalmente en el sector del trabajo doméstico —y actualmente en el sector de la nueva agricultura andaluza—, han determinado la creciente feminización de inmigración extracomunitaria, pasando así de una inmigración mayoritariamente masculina a una inmigración que, en determinados colectivos como el de personas dominicanas, ecuatorianas y de Europa del Este, está protagonizada por mujeres. 3. En esta línea debemos explicar la invasión del mercado en el marco de la globalización de diferentes espacios de la vida cotidiana antes no mercantilizados como las relaciones familiares, de amistad o sentimentales. 4. Esta situación ha desembocado en lo que Ulrich Beck (1998) ha denominado la “sociedad de riesgo mundial”, en la que la precariedad y vulnerabilidad social dejan de ser exclusivos de los países pobres y pasan a afectar a todas las sociedades postindustriales y a todos los ámbitos de la vida social. 5. Desde distintos ámbitos se viene insistiendo en los últimos años en el modelo de sociedad red, desde los documentos elaborados en el seno de las grandes instituciones transnacionales y los análisis de determinados intelectuales que recurren al término para describir las ventajas del proceso de globalización presentado éste como inevitable e incuestionable, hasta los intelectuales de izquierda y los nuevos movimientos sociales, que se han apropiado de dicha metáfora para desarrollar formas diferentes de organización más horizontales y participativas, y adaptadas al carácter flexible e inestable del modelo social actual. En ambas acepciones la noción de red aparece estrechamente ligada al papel que juegan las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, concebidas éstas, igualmente, de modos diferentes cuando no opuestos. Al referirnos a las redes de mujeres inmigrantes sugerimos la necesidad de comenzar a contemplar este tipo de redes, habitualmente desconsideradas tanto desde las instituciones como desde los movimientos sociales, como un ejemplo muy ilustrativo de las redes que se establecen a escala transnacional (entre las familias que están en los países de origen y las mujeres inmigrantes) y local (entre las propias mujeres inmigrantes instaladas en los mismos barrios y entre éstas y diferentes actores sociales autóctonos —vecinos, ONGs y asociaciones, mediadores culturales, profesores de colegios, trabajadores sociales, profesionales sanitarios, entidades religiosas, etc.). Estas redes pueden constituir un espacio clave de integración y transformación social. 6. Los autores señalan que una de las diferencias principales entre la teoría racista imperial y la teoría racista moderna se encuentra en que mientras que esta última partía de una jerarquía de las razas justificada a priori a partir de una supuesta inferioridad biológica, el racismo imperial acepta que la naturaleza no puede dividirse en razas diferentes y jerarquizadas, y en este sentido se apropia de los argumentos del antirracismo moderno, sino que se plantea en términos de diferencias culturales donde la supremacía y la subordinación racial surgen “a través de la libre competencia, una especie de meritocracia de mercado de la cultura” (Hardt y Negri, 2002:183). 7. En el marco de las teorías basadas en la tesis del choque de civilizaciones, las cuales constituyen una de las principales manifestaciones del nuevo racismo cultural difundido desde ciertos círculos intelectuales, es común insistir constantemente y generalizar determinadas prácticas como el uso del hijab o la ablación del clítoris para legitimar los discursos que se refieren a las dificultades de integración social y a la incompatibilidad cultural de las comunidades inmigrantes de origen arabo—musulmán. Ejemplo de ello es la estrategia discursiva que utilizó el diario ABC cuando saltó a los medios de comunicación el debate del uso del pañuelo en España, en el año 2002, a partir del caso de la joven Fátima Elidrisi a la que se le prohibió en un principio asistir a clase con el pañuelo. ABC publicó junto a las noticias informativas sobre el tema una entrevista a Giovanni Sartori (18/02/02)
74 | ISSN 1696-2079 ALICIA REIGADA OLAIZOLA en la que se argumenta la necesidad de que los inmigrantes se adapten a las costumbres y normas españolas y se diferencia entre comunidades plurales, tolerantes y abiertas (como las occidentales) y comunidades cerradas (las de los inmigrantes musulmanes). Se recurre así a las opiniones de un politólogo que pasaría a cumplir el papel de experto con el objetivo de avalar la postura defendida por este diario en relación con la polémica del pañuelo. 8. Una de las cuestiones básicas a tener en cuenta hoy día es la convergencia entre la informática, las telecomunicaciones y el audiovisual, sin la cual no podríamos entender la globalización en la forma característica que presenta en el periodo actual. 9. Recordemos que buena parte de la sociedad no tiene contacto directo con las mujeres inmigrantes en su vida diaria y es en gran medida a partir de los medios de comunicación como acceden a sus historias de vida y elaboran sus percepciones sobre ellas. 10. Baste recordar la importancia que se le concede a la comunicación social en los procesos de participación ciudadana impulsados desde metodologías de investigación-acción participativa (IAP) a fin de que la ciudadanía se identifique e implique activamente en el proyecto. Desde este tipo de metodología cualitativa se desciende desde los procesos globales de la comunicación de masas al marco de las relaciones interpersonales entre agentes, instituciones y movimientos sociales. 11. En esta línea, Saskia Sassen (1994) cuestiona las tesis oficiales de las instituciones y grupos políticos que sitúan las causas de la emigración en la pobreza, el paro y los conflictos en los países de origen, contemplando con ello la emigración al margen de otros fenómenos internacionales, y propone atender a los puentes entre los países de emigración y los de inmigración, a fin de comprender el modo en que los países capitalistas occidentales crean las condiciones que llevan a las poblaciones de las zonas periféricas a emigrar. 12. Debemos hacer mención especial de las contribuciones realizadas al debate metodológico sobre la posición y relación del sujeto y del objeto de estudio desde las investigaciones feministas, las cuales, al partir de una orientación basada en los estudios críticos, tienden a emplear los métodos de investigación cualitativa; defienden un componente de acción o emancipatorio en la estrategia de investigación, apostando por una articulación entre epistemología, metodología y política; y han alterado la relación sujeto/objeto, al tener como objeto de estudio a las propias mujeres cuya realidad se pretende transformar (Jankowski y Wester, 1993). 13. Para una aproximación a las revisiones realizadas a las limitaciones del concepto de género desde finales de los años ochenta véase (Scott, 1990; Butler, 2001; Turbet, 2003). 14. Las primeras investigaciones de Michèle Mattelart (1986) en las que analiza el papel de las mujeres en momentos de crisis social, en los que se produce un repliegue hacia la tradición y la institución familiar, se enmarcan en este enfoque. Destacan sus trabajos sobre el papel que jugaron las representaciones de género (especialmente aquellas transmitidas por los medios de comunicación y las revistas femeninas) en la movilización de las mujeres conservadoras contra el gobierno democrático de Salvador Allende. 15. Este desplazamiento se corresponde con el cambio de paradigma que se produce en las Ciencias de la Comunicación, que supone una nueva interpretación del proceso comunicativo, que conlleva a su vez un cambio en la concepción del poder, de la influencia mediática, de la audiencia. 16. Destaca el estudio de Tania Modleski titulado Seach for tomorrow in todays soap operas, donde la autora concluye que el placer de las espectadoras se encuentra en las estructuras estéticas y narrativas de este género, que se ajustan bastante al modelo de vida de estas mujeres. Otros de los libros más representativos de este periodo son Reading de Romance. Women, Patriarchy and Poular Literature, publicado en 1984 por Janice A. Radway, y Watching Dallas (original de 1985), de Ien Ang. El primero tiene como objetivo establecer un nexo decisivo entre el placer de leer ficción romántica y la posición que la mujer ocupa en los hogares patriarcales, y el segundo analiza, a través de la teleserie Dallas, la relación entre ideología y placer, afirmando que las espectadoras se mueven entre una posición de identificación y distanciamiento, entre el control y la ironía. En el contexto latinoamericano este nuevo enfoque sobre los géneros consumidos por audiencias mayoritariamente
Redes.com Nº 3 | 75 Comunicación, diversidad cultural y crítica feminista femeninas se va a aplicar al estudio de las telenovelas. Destacan los análisis realizados por Sonia Muñoz (1995) en Colombia sobre los distintos “modos de ver telenovelas” (competencias, saberes y hábitos) en función de la edad, la clase social, la historia y las experiencias de las espectadoras; Nora Mazziotti (1993) se ha preocupado de estudiar los rasgos definitorios de las telenovelas; desde la perspectiva de las mediaciones, Jesús Martín-Barbero (1995) sitúa el melodrama en el vértice mismo del proceso que lleva de lo popular a lo masivo. Otros autores han intentado ampliar y complejizar el estudio de las telenovelas atendiendo a tres dimensiones de análisis: la económica (la inserción del género en los circuitos de las industrias culturales), la semiótica (las relaciones entre texto y sujeto) y aquélla atenta a los diferentes modos en que se relaciona la sociedad con los melodramas televisivos (González, 1993). Al igual que ha ocurrido en el contexto internacional, el giro que dio la crítica feminista hacia una (re)lectura de los géneros consumidos por mujeres también se ha visto reflejado en la producción teórica española. Destacan las iniciativas y líneas de investigación impulsadas en los seminarios sobre “Género y Comunicación” organizados por Cristina Peñamarín desde el Instituto de Investigaciones Feministas de la Universidad Complutense. Véase el número monográfico de la Revista de Occidente (nº 190, 1997) y Peñamarín y López Díez (1995). 17. Destacamos los trabajos de Giulia Colaizzi (1997) y Ann Kaplan (2000) que aplican la perspectiva semiótica al análisis fílmico. Patrizia Violi (1990) realiza una revisión del sujeto en la lingüística de Saussure, Chomsky y Benveniste, y propone la construcción de un sujeto femenino frente al sujeto universal y trascendente de la lingüística moderna; desde la teoría del discurso, Giulia Colaizzi (1990) también se adentrará en los debates sobre el sujeto, destacando el papel fundamental que ha jugado la teoría feminista en la desestructuración del Sujeto cartesiano al poner en entredicho su voluntad universalista, tarea realizada a través de dos movimientos estratégicos: marcar sexualmente e historizar el sujeto. 18. En el panorama español, este campo de estudio se caracteriza por el predominio de los estudios sobre la reproducción de estereotipos femeninos y masculinos en los medios de comunicación, planteados desde distintas perspectivas teórico-metodológicas (análisis del contenido, del discurso y etnográfico). Sobresalen las investigaciones impulsadas por Manuel Martín Serrano (1995) orientadas desde una perspectiva cuantitativa desde la que se estudian los modelos arquetipos femeninos y masculinos a partir de análisis del contenido (Martín Serrano, 1995). En un intento por combinar la capacidad analítica de los instrumentos cuantitativos y cualitativos se abrió una línea de estudio centrada en las distintas estrategias discursivas que condicionan la aparición de estereotipos (Balaguer, 1985) y el uso sexista del lenguaje y la presentación de la noticia (Bach Arús et al., 2000). Desde una perspectiva bien distinta, la de la investigación etnográfica centrada en la técnica de la observación participante y la entrevista formal e informal, Juana Gallego y su equipo de investigación (2002) han observado las rutinas de trabajo periodísticas y los procesos de toma de decisiones en las redacciones que afectan a temas de género. 19. En esta línea, Norman Fairclough (2003) propone dirigir el análisis hacia las estrategias de resistencia y vías alternativas que desarrollan los sectores sociales no dominantes. Igualmente, Antonio Méndez Rubio (2003) mantiene la necesidad de tener en cuenta no sólo las prácticas institucionales que refuerzan el sistema sino también las prácticas sociales que lo cuestionan. Es decir, de identificar las posibles maneras de superar los obstáculos trasladándonos del discurso dominante al discurso de la resistencia. Ejemplo de ello son los múltiples espacios abiertos en Internet por organizaciones feministas o asociaciones de inmigrantes en los que se ofrecen otras visiones de mundo e interpretaciones de los problemas sociales. 20. Para un análisis detallado de la evolución de los enfoques feministas desde los años sesenta hasta nuestros días véase Elena Casado, 1999. La autora analiza las distintas fases y corrientes atendiendo a los cambios producidos en el modo de pensar el sujeto del feminismo y de interpretar la diferencia, donde incorpora una revisión crítica de los problemas comunes que presentan el feminismo de la igualdad y de la diferencia. 21. El problema es que se exageran las diferencias con los Otros y se minimizan las diferencias existentes dentro de una misma cultura. A su vez, estos presupuestos llevan implícita una concepción
76 | ISSN 1696-2079 ALICIA REIGADA OLAIZOLA estática tanto de la cultura ajena como de la propia, y se olvida el carácter fluido y de intercambio, el carácter relacional inherente a la comunicación intercultural. 22. Nos parece interesante rescatar aquellas investigaciones impulsadas desde los estudios sobre etnicidad, las cuales sitúan el foco de análisis precisamente en el “límite étnico” (Barth, 1976), por medio del cual persisten las unidades y las diferencias culturales en contextos de interacción social donde se activan las señales de identificación —marcadores de identidad— de los distintos grupos étnicos, y trasladar estas investigaciones al estudio no sólo de las diferencias étnicas sino también de otras diferencias sociales como las de sexo o las de clase. 23. Debemos destacar el papel que juegan los medios de comunicación de masas, que a su vez beben de otros discursos sociales e imaginarios simbólicos consolidados a lo largo de la historia de Occidente, en la construcción de la diferencia en relación con las mujeres inmigrantes. Tomemos como ejemplo los discursos sobre la mujer arabo-musulmana y el uso del hijab, o las representaciones discursivas sobre las mujeres procedentes de Europa del Este contratadas para la recogida de la fresa de Huelva, los cuales han tenido gran resonancia en los medios y, en buena medida, han sentado las bases de la percepción que el resto de la sociedad tiene de estas mujeres. 24. Desde un enfoque alternativo, se podrían concebir los medios de comunicación de masas como espacios públicos a través de los cuales negociar las diferencias en términos de igualdad social. 25. La autora diferencia dos dimensiones de injusticia, la socioeconómica y la cultural o simbólica, sin embargo, entiende que ésta es sólo una distinción analítica porque en la práctica se entrecruzan, se encuentran imbricadas hasta el punto de reforzarse dialécticamente. El dilema redistribución-reco- nocimiento necesitaría de soluciones transformadoras que combinasen el enfoque deconstructivo y el socialista, el primero desmantelaría el eurocentrismo y el androcentrismo desestabilizando las dicotomías “raciales” y de género, que serían reemplazadas por redes no solidificadas y cambiantes de diferencias múltiples y entrecruzadas, y el segundo reestructuraría el sistema económico subyacente (Fraser, 2000). 26. Elena Casado hace un repaso de las “visualizaciones” feministas de la agencia, entre las que destaca las propuestas de Judith Butler, Rossi Braidotti y Donna Haraway. La redefinición del concepto de agencia aparece ligado al concepto de política de la localización, que se asienta en la década de los ochenta y que aparece ligado a una interpretación del cuerpo “como metáfora de nuestro carácter situado en el tiempo y en el espacio y, por tanto, del carácter limitado de nuestra percepción y conocimiento” (1999:83). Unido a esto aparece el concepto de fronteras, de márgenes, que son siempre permeables y conciben la identidad como proceso. 27. Javier de Lucas (2002) se refiere a la “jaula de hierro de la ciudadanía en la modernidad” para describir el vínculo que identifica ciudadanía, nacionalidad y condición de trabajo formal en el seno del Estado nacional. En este sentido, el paradigma pluralista apuesta por la ciudadanía diferenciada frente a la ciudadanía uniforme. 28. Como advierte Luis Enrique Alonso (1997), la ciudadanía nacional está siendo sustituida por un concepto más difuso que es el de ciudadanía blindada transnacional, restringida a las regiones y elites triunfantes que consumen y circulan por las grandes redes de alta velocidad social. 29. Los autores advierten que “en la posmodernización de la economía global, la creación de la riqueza tiende aún más hacia lo que llamaremos la producción biopolítica, la producción de la vida social misma, un proceso en el cual cada vez más lo económico, lo político y lo cultural se superponen e invierten recíprocamente” (Hardt y Negri, 2002:15).