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Los inmigrantes españoles repatriados desde México por el Estado español durante los años treinta

Gil Lázaro, Alicia

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79 Los inmigrantes españoles repatriados desde México por el Estado español durante los años treinta 80 Los inmigrantes españoles repatriados desde México por el Estado español durante los años treinta Alicia Gil Lázaro 1 Introducción La crisis económica internacional, expandida tras los sucesos de 1929 en los Estados Unidos, llevó a una contracción de los mercados en los países latinoamericanos, el hundimiento de los precios mundiales de muchos productos básicos y el desempleo masivo, especialmente en aquellos lugares más dependientes de la economía agroexportadora (Díaz, 1988, pp. 31-32). Durante el primer lustro de la década de 1930, los desplazamientos intercontinentales experimentaron un importante reflujo debido a los efectos globales de la crisis; las salidas de emigrantes europeos se frenaron, mientras que amplios sectores de inmigrantes residentes en diversos países —especialmente los americanos— optaron por regresar a sus lugares de origen. De este modo, se invirtió la corriente migratoria secular que en buena medida había poblado el continente americano, cuando el número de retornados comenzó a superar ampliamente al de emigrantes (gráfica I). Miles de españoles residentes en distintos puntos de América Latina tomaron la decisión de volver a sus lugares de origen en España. A pesar de que el flujo de retorno adquirió unas dimensiones considerables en esta coyuntura de crisis, muy 1 Doctora en Historia por El Colegio de México. Trabajo actual: profesora ayudante Doctora en el Área de Historia e Instituciones Económicas, Departamento de Economía e Historia Económica de la Universidad de Sevilla (España). [email protected] 81 pocos historiadores han abordado su estudio. Un breve artículo de J. Hernández García a principios de los años noventa describió muy someramente los problemas de miles de individuos de origen español desde Argentina y Uruguay en los primeros años de la recesión y los intentos consulares de repatriarlos (Hernández, 1989). Consuelo Naranjo y José Moreno, por su parte, estudiaron procesos similares en Cuba en dos momentos de crisis, 1920-1921y 1929-1933 (Naranjo y Moreno, 1990). Asimismo, Nuria Tabanera señaló las dificultades en las que se vieron envueltos los gobiernos de la Segunda República en España a la hora de afrontar el retorno de miles de emigrantes españoles afectados por la crisis (Tabanera, 1999). En México, el caos financiero y la consiguiente contracción económica general dejó, como había hecho veinte años atrás, en el tiempo de la revolución, un saldo migratorio negativo que se extendió a lo largo de la primera mitad de la década de 1930 (gráfica 2). Este texto explora el retorno subvencionado de la emigración española desde dicho país en el período comprendido entre los años 1929 y 1936. En primer lugar trazamos un breve panorama de las políticas migratorias españolas del período —necesario para entender el contexto legal en el cual se efectuó la concesión de pasajes subvencionados— y, a continuación, presentaremos una estimación del tamaño y el perfil demográfico del grupo repatriado por las autoridades diplomáticas emplazadas en la capital mexicana. 82 La legislación migratoria La Ley de Emigración de 1907 constituyó la base legal migratoria en España durante este período. Su artículo 46 (el 47 a partir de la refundición continuista de la Ley efectuada en 1924) obligaba a las compañías de navegación a repatriar, a mitad de precio, a un número no mayor del veinte por ciento de emigrantes llevados a un determinado país en el trimestre anterior. 2 Dicho artículo constituyó la vía legal a través de la cual el Estado español canalizó su acción tutelar hacia aquellos inmigrantes con una mala situación socio-económica en los países de acogida. Ante situaciones de emergencia, las autoridades diplomáticas emplazadas en un país receptor de inmigración española apoyaban, bajo un régimen restringido, a individuos que estuvieran faltos de recursos para efectuar el viaje de retorno por su cuenta y con necesidad de volver. Los Consulados acordaban con las empresas de vapores la entrega de los billetes semi-gratuitos y con las asociaciones filantrópicas de las comunidades inmigrantes se gestionaba usualmente el pago de la otra mitad así como el apoyo a los agraciados en otros aspectos hasta que los barcos zarparan. Esta ley —aun con algunas modificaciones— se mantuvo vigente durante la Segunda República y en las primeras décadas del franquismo. La economía española del período que arranca en la Primera Guerra Mundial y termina en la Guerra Civil ha sido calificada desde la historia económica como una verdadera edad de plata. Sin embargo, la instauración de la Segunda República se llevó a cabo en el contexto internacional de crisis económica y en un país eminentemente agrario y con un 2 LEY DE EMIGRACIÓN de 21 de diciembre de 1907, Cap. IV, art. 46, p. 15. 83 notable atraso en sus estructuras industriales (Comín, 2010, p. 154), de modo que cualquier consideración sobre las políticas migratorias españolas en este período de crisis ha de tener en cuenta estas premisas. Así pues, a partir de 1931 comenzó a exigirse un depósito antes de salir de España, con el cual la administración pretendía cubrir los posibles gastos de repatriación posteriores. Desde entonces —y ante el rápido empeoramiento de las condiciones de vida de un número creciente de inmigrantes desempleados en ultramar— se elevarían numerosas disposiciones para contener la emigración, así como para frenar la inmigración de extranjeros a España (Maluquer de Motes, 2007, pp. 141-148). El último gobierno de la monarquía dejó la cuestión migratoria en suspenso y durante once meses las repatriaciones por cuenta estatal fueron canceladas desde Madrid. Con el advenimiento de la Segunda República en marzo 1931, la repatriación se convirtió en el problema migratorio prioritario para las nuevas autoridades. En un principio, la administración española se sirvió de la legislación preexistente aunque su aplicación experimentó importantes modificaciones en el transcurso de estos años. En septiembre de 1933 se puso en marcha un sistema de cobro de billetes bonificados, con el que se generaban una serie de vales que el consignatario del buque con destino a los países americanos debía entregar al Inspector de Emigración y que éste a su vez debía remitir directamente a los Cónsules de la nación a donde se dirigían los embarcados para ser rápidamente empleados en futuras repatriaciones (Gil Lázaro, 2008, pp. 238-240). La “repatriación bonificada” intentaba superar las dificultades que afrontaban las autoridades migratorias para hacer cumplir la legislación a las compañías navieras, reticentes a cumplir el 84 veinte por ciento de repatriaciones subvencionadas estipulado en la ley. Finalmente, el Ministerio de Estado español incluso terminó impidiendo el retorno a América a todos los repatriados por cuenta del Estado hasta que no reintegraran los gastos que su regreso había ocasionado al erario público. De algún modo se quiso justificar esta medida como una mayor protección que el Estado brindaba a los emigrantes, con el fin de evitarles un nuevo fracaso en el extranjero aunque en realidad se trataba de una limitación en toda regla de la emigración y un intento de aplicación correcta de los fondos para repatriaciones con el fin de evitar posibles fraudes. En los países receptores, por otro lado, se generalizaron en este tiempo medidas restrictivas que configuraban toda una política de “puertas cerradas” a la inmigración extranjera, como las limitaciones a la contratación laboral de no nacionales, que a la vez de proteger el empleo de los naturales del país, desalentaba a los que deseaban instalarse en él. Las leyes de trabajo aprobadas en esta década limitaron el porcentaje de trabajadores extranjeros en las empresas. Algunas de ellas venían desde atrás, cuando a mediados de los años veinte Estados Unidos inició esta práctica legal en el marco de la crisis de 1921-1922. En este sentido, el gobierno de México adoptó una nueva ley migratoria con un carácter fuertemente restrictivo en 1926, que fue acompañada por medidas todavía más severas en algunas administraciones del interior del país en los años siguientes. Multitud de solicitudes personales de individuos o grupos afectados, constantes exhortos de las asociaciones privadas de inmigrantes, e incluso manifestaciones violentas ante los Consulados y Embajadas españolas en diferentes puntos del continente americano, mostraron el desbordamiento 85 de las instancias diplomáticas ante la creciente necesidad de repatriación de indigentes y la falta de presupuestos para llevarlas a cabo. Las agrupaciones españolas en los países de ultramar tomaron parte activa en el problema: sociedades de beneficencia y de socorros mutuos, cámaras de comercio españolas, centros regionales con perfil asistencial, así como instituciones creadas especialmente para captar recursos con el fin de repatriar a compatriotas empobrecidos, paliaron en alguna medida sus necesidades más inmediatas, cubriendo los gastos de un considerable porcentaje de repatriaciones (Gil Lázaro, 2008, pp.34-101; González Madroño, 2006, pp. 161- 177 ; Hernández y Hernández, 1993, pp. 99-115; Naranjo y Moreno, 1990, 203-230). En México la colaboración de la Sociedad de Beneficencia Española situada en la capital fue primordial en el proceso repatriador (Gil Lázaro, 2010). Por otro lado, cabe decir que México no formó parte de los países que recibieron el aluvión migratorio español de forma masiva, como Argentina, Uruguay, Cuba o Brasil. 3 Desde los tiempos coloniales la presencia de españoles en este país fue muy limitada. El Censo Nacional de 1910 contabilizó 29 541 españoles repartidos por toda la geografía mexicana, con una alta concentración en las ciudades, especialmente en la capital, donde su número rebasaba el cuarenta por ciento del total. A la altura de 1930, el Quinto Censo Nacional reveló que en México residían 47 239 españoles de uno y de otro sexo y 3 México ocupa el séptimo lugar de recepción de inmigrantes en el continente americano (0,4 por ciento de un total de casi 54 millones de individuos desplazados a lo largo del siglo que va de 1821 a 1932), después de los siguientes países: Estados Unidos (que absorbió el sesenta por ciento), Argentina (doce), Canadá (diez), Brasil (ocho), Cuba (1,5) y Uruguay (1,3). 86 de todas las edades. 4 Según Clara Lida, esta corriente de población se produjo de manera libre, retomando las redes y cadenas migratorias que existían desde el período virreinal. Aunque el incremento durante el porfiriato fuera significativo siempre guardó una proporción muy limitada respecto a la población general del país (tablas 1, 2 y 3). Sin embargo, su poder económico y cercanía con el poder político fueron intensos en el momento de auge agroexportador durante el porfiriato. En 1930, la capital albergaba algo más de la mitad de los españoles residentes en la República y sus principales actividades económicas eran las comerciales e industriales, los servicios y el empleo doméstico (Lida, 1997, p. 89-92). Con el estallido de la revolución mexicana la influencia española en los ámbitos de poder político y económico se redujo y el flujo migratorio se contrajo sensiblemente. Sin embargo, la colectividad retomó sus actividades económicas con buen ritmo en la década de los veinte, tras concluir el período de lucha armada revolucionaria y al instituirse un sistema presidencial más estable. Si bien no recuperaron el lugar prominente que tuvieron durante el porfiriato, los españoles continuaron siendo un importante grupo económico extranjero, aunque sus espacios económicos se vieran limitados al mundo del comercio y de la propiedad urbana. A continuación analizaremos el perfil demográfico de los españoles repatriados desde la capital mexicana durante la primera mitad de la década de 1930. 4 Los datos sobre el tamaño del grupo son cualitativamente desiguales y deben ser tomados con cautela. Esto es debido a que las fuentes disponibles para contabilizar la presencia española en México pueden ser confusas en la definición de la nacionalidad o el lugar de nacimiento. 87 2. Los repatriados por cuenta del Estado español La documentación primaria esencial para aproximarnos al fenómeno de la repatriación consta, en su mayoría, de peticiones de pasaje de retorno gratuito, cartas de recomendación que acompañaban algunos de los expedientes, informes de cónsules y funcionarios y una abundante correspondencia entre los directivos de las asociaciones asistencialistas de la comunidad, las instancias diplomáticas, el Ministerio de Estado y las compañías navieras. La contabilidad de los billetes de repatriación concedidos provino en su mayor parte de las listas de pasajeros que las compañías navieras enviaban al Consulado General en las que aparecían pasajeros españoles que viajaban con medios pasajes gratuitos y a partir de 1933 de las fichas personales de repatriación bonificada que se han conservado íntegramente. El promedio anual de repatriados en esta década de los años treinta marca una cifra de ciento cuarenta individuos, aunque las variaciones son notables entre unos años y otros; el máximo número de retornos subvencionados se produjo entre los años 1932 y 1933, los más críticos de la crisis en México y también los dos años más activos desde el punto de vista de la actividad repatriadora de los gobiernos republicanos. Algo menos de un millar de individuos en total regresaron en estas condiciones desde México a España a lo largo de estos años. Sin ser una cifra elevada frente a la población española en la capital mexicana (alrededor del diez por cien), la movilización de recursos en el grupo y por parte de las autoridades españolas convierte el proceso de la repatriación en un fenómeno cualitativamente significativo en tanto constituyó, 94 efectos de la crisis fueron paliados en gran medida por la acción de esta red, la ayuda diplomática y el recurso a la repatriación. De esta manera, los afectados en modo alguno pertenecían a un lumpen migratorio. Los recién llegados adoptaban pronto un estatus de “clase media” respecto de la sociedad mexicana. Su perfil los acercaba más bien a una población trabajadora en los primeros pasos del proceso de ascenso y sin las seguridades con las que pudieron afrontar los malos tiempos sus patronos, propietarios o arrendadores de algún negocio. La repatriación por cuenta del Estado español constituyó, ante todo, una medida extrema, el last resort para quienes otras opciones habían resultado fallidas. Volver significaba renunciar al proyecto migratorio sin el aura de triunfo con el que otros habían regresado. Representaba, de algún modo, la idea del fracaso. Pero el retorno en estas circunstancias, el desempleo y la pérdida de recursos para la supervivencia, se convertía en una esperanza, en un horizonte nuevo, cerca de las familias, en el entorno conocido. Constituía una salida dentro de un abanico de posibilidades — la nacionalización o la movilidad geográfica pudieron ser otras— y aquellos que solicitaron un pasaje sabían que las redes del grupo en su conjunto se estaban movilizando por lograr cubrir cuantos más pasajes mejor, en un contexto donde garantizar el trabajo era prácticamente imposible pero lograr financiar un pasaje tal vez no tanto. La colonia se sacudía de esta manera particular un problema de encima, problema que empañaba su imagen de grupo emprendedor y económicamente fuerte. Frente a la parquedad de la financiación por vía estatal, las repatriaciones propiciadas por el grupo debieron ser muchas más, aun cuando no tengamos datos que permitan demostrarlo. 95 Así pues, el recurso a la repatriación asistida fue bastante transitado durante los años de la gran depresión. La muestra que hemos analizado en estas páginas no es sino un ejemplo, una medida —hasta donde las fuentes permiten alcanzar—, de un fenómeno que a todas luces se anuncia de mayores dimensiones, en un mercado laboral migratorio que se estrechó durante la crisis. Gráficas y Tablas Gráfica 1. Emigración, retorno y saldo migratorio entre España y América, 1900-1936 Fuente: Fuente: Series del Instituto Geográfico y Estadístico, en Yáñez Gallardo, César, La emigración española a América (siglos XIX y XX). Dimensión y características cuantitativas. Gijón, Archivo de Indianos, 1991, p. 121. -50000 0 50000 100000 150000 200000 250000 300000 Salidas Retornos Saldo 96 Gráfica 2.Emigración, retorno y saldo migratorio de los españoles en México, 1900-1936 Fuente: Series del Instituto Geográfico y Estadístico Español, en Yáñez Gallardo, C. La emigración española a América (siglos XIX y XX). Dimensión y características cuantitativas. Gijón, Archivo de Indianos, 1991, p. 68. -3000 -2000 -1000 0 1000 2000 3000 4000 5000 1900 1903 1906 1909 1912 1915 1918 1921 1924 1927 1930 1933 1936 Salidas Retornos Saldo 97 Tabla 1. Población extranjera en México (Censos de 1900 a 1930) Año Población total Población extranjera % extranjeros 1900 13 549 080 58 179 0,42 1910 15 043 843 116 526 0,76 1921 14 226 700 108 080 0,75 1930 16 412 135 140 587 0,84 Fuentes: Población según su lugar de nacimiento. Salazar, D. La población extranjera en México (1895-1990). Un recuento con base en los Censos Generales de Población. México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, Fuentes, 1996, p. 99. Tabla 2. Población española en México (Censos de 1900 a 1930) Año Población total Población española % españoles 1900 13 549 080 16 302 0,12 1910 15 043 843 29 541 0,19 1921 14 226 700 26 675 0,18 1930 16 412 135 28 855 0,17 Fuentes: Salazar, D. La población extranjera en México (1895-1990). Un recuento con base en los Censos Generales de Población. México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, Fuentes, 1996, pp. 99 y 101. Población según lugar de nacimiento. 98 Tabla 3. Porcentaje español sobre la población extranjera (Censos de 1900 a 1930) Año Población extranjera Población española % españoles 1900 58 179 16 302 28,02 1910 116 526 29 541 25,35 1921 108 080 26 675 24,68 1930 140 587 28 855 20,52 Fuentes: Salazar, D. La población extranjera en México (1895- 1990). Un recuento con base en los Censos Generales de Población. México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, Fuentes, 1996, pp. 99 y 101. Población según lugar de nacimiento. Tabla 4. Repatriaciones gratuitas de españoles (1929-1936) Años Pasajes CEM Pasajes SBE 1929 24 138 1930 92 127 1931 77 105 1932 285 -- 1933 207 -- 1934 113 -- 1935 97 6 1936 75 8 Total 970 384 Fuente: elaboración propia a partir del AGAE, CEM, Fondo “Repatriaciones”, 1929-1936; Memorias de la Sociedad de Beneficencia Española (MSBE), 1929-1936. Población según nacionalidad. 99 Tabla 5. Estructura familiar de los españoles repatriados (1929-1936) Estructura familiar Frecuencias Porcentajes Mono-parental 62 36,4 Nuclear 61 35,8 Matrimonio sin hijos 19 11,1 Filial 12 7,05 Familia extensa (3 generaciones) 5 2,9 Nuclear más otro familiar 5 2,9 Primos 3 1,7 Tíos y sobrinos 2 1,1 Menores con tutor 1 0,5 Total 170 100 Fuente: elaboración propia a partir de AGAE, CEM, Fondo “Repatriaciones”, 1929-1936; y MSBE, 1929-1936. Población según nacionalidad. 100 Gráfica 3. Perfil laboral de los repatriados (1932-1936) Fuente: elaboración propia a partir de AGA, CEM, Fondo “Repatriaciones”, fichas personales de repatriación, 1932-1936. Población según nacionalidad. Empleado, 49, 21% Artesano, 17, 7% Obrero, 9, 4% Profesional, 10, 4% Artista, 25, 11% Agricultor, 11, 5% Comerciante, 29, 12% Estudiante, 13, 6% Ama de casa, 64, 27% Otros, 7, 3% 101 Gráfica 4. Distribución de los repatriados por edad y sexo (1932-1936) Fuente: elaboración propia a partir de AGA, CEM, Fondo “Repatriaciones”, fichas personales de repatriación, 1932-1936. Población según nacionalidad. Bibliografía CARRERAS, A. y TAFUNELL, X. “La edad de plata de la economía española (1914-1936)”, en Historia económica de la España contemporánea. Barcelona: Crítica, 2007, pp. 223- 261. CERUTTI PIGNAT, M. Empresarios españoles y sociedad capitalista (1840-1920). 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