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Memoria, Maestros y Pasajes. La Facultad de Derecho en su Quinto Centenario: para una intrahistoria jurídica de la ciudad

Castro Sáenz, Alfonso

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MEMORIA, MAESTROS Y PASAJES. LA FACULTAD DE DERECHO EN SU QUINTO CENTENARIO* PARA UNA INTRAHISTORIA JURÍDICA DE LA CIUDAD "Hay destinos humanos, ligados con un lugar o con un paisaje" Luis Cernuda, 'Jardín antiguo', Ocnos "A ciegas acumulo Destino: quiero ser". Jorge Guillén, Cántico I, i, 1 1 El Sur del Aire Un poco todas las vidas son aquello inolvidable que Ramón Gaya, él mismo un escritor (mucho más que un pintor) inolvidable', dejó escrito sobre Luis Cernuda, que * Este prólogo adelanta, ligeramente reducido y con algún cambio menor, como allí se indica, el texto de mi Introducción al volumen Quinto Centenario de la Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla (1518-2018). Maestros, memoria y pasajes, en prensa; cfr. Annaeus, 11 (2014, public. 2018), pp. 3-225. 1. "No es corriente comentar a un pintor por lo que escribe, no por lo que pinta" apunta ya J. Gil-Albert, Pensamiento y prosa de un pintor, en Homenaje a Ramón Gaya (Madrid — Murcia, Editora Regional de Murcia, 1980), p. 67. Algo que lo asocia a Leonardo o a Delacroix, aunque en Gaya, "pintor nato, pero ambivalente", es "la pintura la que incita su pensamiento" porque "no le ha bastado la pintura", lo que le llevará a plantear, sobre todo en su Velázquez, pájaro solitario (Barcelona, Ediciones R.M., 1969), una metafísica de la pintura: Gil-Albert, loc. cit., pp. 67-68, 70. Coincido básicamente con este planteamiento. Algunos aforismos del pintor Ramón Gaya (Granada, Comares, 2019), compilado por R. Fuster para La Veleta, es una magnífica plataforma para comprobarlo. 5 CJH 16-17 • 2018-2019 fue su amigo 2 : que su vida misma quizá fuera "el boceto de una vida no vivida" y que esa percepción le acompañaba siempre como una cierta sombra, perro inseparable y misterioso 3 . Lo que vale para las personas vale para los colectivos; lo que sirve para el poeta lo hace para la Facultad que lo acogió en su juventud primera, entre los diecisiete y los veintitrés años (1919-1925), los años decisivos'', en que se forja lo que luego se será y un poco lo que no se será ya nunca. Como nos ha ocurrido a todos. Esa Facultad, que es la nuestra; y un poco —o sea un mucho— también la Ciudad, que es cambio en medio de una permanencia substantiva que da la historia, pero ante todo el sol y la lluvia, el aire mismo sobre la piedra. Ese aire (ese vuelo) a que aluden tantos poetas de Sevilla desde el germinal Bécquer 5 y no pocos de los poetas intelectualmente criados en nuestra Facultad, entre ellos el propio Cernuda, autor de un Perfil del aire (1927) 6 , cuya primera recepción tanto hirió al joven poeta', ya licenciado 2. Y dejó de serlo, ya en 1950, del lado de Cernuda, como tantos otros (infra, nn. 34-35): vid. P. W. Silver, Luis Cernuda en América: El poeta y el hombre, en Historial de una vida. Homenaje a Luis Cernuda en el centenario de su nacimiento (1902-2002) (Sevilla, Fundación José Manuel Lara, 2003, ed. J. Cortines), p. 99. Un apunte reciente sobre la postal enviada por Cernuda a Juan Gil-Albert, fechada el 12 de diciembre de 1950, en que alude a su distanciamiento de Gaya, con algún enfado mucho más antiguo en el tiempo (explícito en una carta al mismo destinatario de 21 de noviembre de 1938, firmada desde Inglaterra, en plena guerra civil), puede hallarse en M. Polaino Orts, Luis Cernuda erga omnes, en Entorno literario. Revista de letras, 5 (Granada, 2019), pp. 11 y ss., en concreto 16, 17, con reproducción fotográfica ibíd., pp. 9-10. Es la generación de los solitarios, de los difíciles (Cernuda, Gil-Albert, Gaya, Bergamín, Zambrano) como los llamó A. Trapiello en diversos lugares: también en Para una antología de Ramón Gaya. Prólogo a R. Gaya, Antología (Madrid, Fundación Santander Central Hispano, 2003), p. xii, para la Colección Obra fundamental. Se distanció de casi todos, incluido del también sevillano Vicente Aleixandre, de quien fue muy amigo en Madrid, tras abandonar Sevilla: baste cfr. L. A. de Villena, Luis Cernuda (Barcelona, Omega, 2002), muy rico de confidencias del propio Aleixandre, que muestran lo íntimo de esa amistad: cfr, por ejemplo, ibíd., pp. 49-50. 3. Vid. R. Gaya, Obra completa (Valencia, Pre-Textos, 2000, ed. N. Dennis), p. 153 y ss., con trasplante en Entre la realidad y el deseo: Luis Cernuda 1902-1963 (Madrid, Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales — Residencia de Estudiantes, 2002, ed. J. Valender), p. 31. Coincido con el diagnóstico de 1. M. Díaz de Guereñu al reseñar su Antología cit. para Revista de Libros, 2 a época, 91-92 (julio-agosto 2004): "Gaya pertenece, quizá por edad, a una estirpe de artistas que, escriba lo que escriba, lo escribe apoyándose en las posibilidades formales y expresivas del lenguaje, sin renunciar a ninguna de antemano, porque da por supuesto que la única manera de explicarse y hacerse entender es hallar en ellas la de explicarse y entender él mismo lo que le ocupa". Es algo que lo asocia, emblemáticamente, a María Zambrano, José Bergamín, Juan Gil-Albert, acaso (junto a él) los mejores ensayistas españoles del siglo, y sin duda desde el valor estético de su prosa. 4. Sobre esos años de juventud sevillana y universitaria de Cernuda, por todos, vid. J. M. Capote Benot, El período sevillano de Luis Cernuda (Madrid, Gredos, 1971); J. Valender, Cronología y 1. M. Barrera López, Luis Cernuda: una juventud sevillana 1919-1928, ambas en Entre la realidad y el deseo, cit., respectivamente pp. 107-119, (184) 185-209; A. Rivero Taravillo, Luis Cernuda. Años españoles (1902-1938) (Barcelona, Tusquets, 2008), pp. 33-152 (pero también 153-155); vid. un apunte en mi De la Casa de las Dudas a la de las Certezas, en Boletín del Colegio Notarial de Andalucía (2018), en prensa, que recoge mi Discurso de agradecimiento como Decano en el Acto de Entrega de la Medalla de Oro del Colegio Notarial de Andalucía a la Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla por su Quinto Centenario, incluido infra en esta misma revista, n. 6. 5. Luz, aire, pensamiento (cfr. Rima 31); visiones que flotan en el aire y llegan con la luz, el viento y el sonido (cfr. Rima 60). 6. L. Cernuda, Perfil del aire (Málaga, Litoral, 1927), con algunos poemas luego ahí incluidos publicados ya en 1925 en Revista de Occidente: contextualización en D. Musacchio, La Revista Mediodía de Sevilla (Sevilla, Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 1980), pp. 86-87. 7. Con la particularmente dolorosa e insistente de Francisco Ayala sobre su guillenismo (vid. infra 5 24 y n. 564): cfr su Perfil del aire, en La Gaceta Literaria, 9 (Madrid, 1 de mayo de 1927), p. 4 y, frente a la crítica a su crítica de 1. Bergamín, El idealismo andaluz, ibíd., 11 (1 de junio de 1927), p. 7, de nuevo en su Escollos, ibid., en Derecho por la Hispalense, o Pedro Garfias, que no acabará la carrera y marchará pronto a Madrid a continuarla, con su El ala del sur (1926) 8 , contemporáneos rigurosos, ambos en sus primeros libros. Aire a veces "nada festivo, aire de siempre"' el aire a menudo en la ciudad: lo sabemos los que la hemos vivido, e incluso amado, sin renunciar a mirar por encima de los hombros demasiado bajos que aquí —¿en todas partes?— abundan tanto. La ciudad se aboceta hacia afuera como también nosotros en nuestra percepción desde dentro, siempre a punto de ser lo que luego es otra cosa siempre. Los espejismos que levanta la ciudad son también los que lleva consigo el hombre; la ciudad solo vive en él: es solo en él. Es el silogismo de la ciudad, o sus espejismos, de los que teorizó Antonio Núñez de Herrera'° con esa perspectiva de taberna y biblioteca enlazadas tan propia de aquí, en el quizás mejor libro que se ha escrito jamás sobre Sevilla (y no tanto en ella), que es mucho más —y también mucho menos— que lo que su título promete". (La Semana Santa como medio: la Semana Santa como excusa. Tan lejos de los tópicos pseudo—literarios que han apestado nuestras Fiestas y agostado nuestras letras, volviéndolas, unas y otras, un parque recreativo avant la lettre, como cerca de la auténtica, la más pura literatura: la que busca la verdad literaria donde está a diario la verdad de la vida: en todas partes). Quizás el secreto sea acompasar, en la medida de lo posible, lo que queremos ser con lo que al final somos, resituando nuestro deseo de ser a nuestra posibilidad de estar, pero sobre todo ahormar ese estar en que nos vemos ser con la visión de los demás: hacer que nos vean como somos, como creemos ser. Hasta donde sea posible, sin dejar de ser lo que se es, pues "ser" lo que los demás quieren que seamos no es el camino ni siquiera modesto (siempre modesto lo grande a que aspiramos) de autenticidad —lo sabemos—, conseguida por tan pocos, sino su definitivo abandono. Eso es lo que hemos pretendido estos años en la Facultad desde el Decanato. Ser cuanto podemos ser y que así nos vean. Imponer nuestra visión de nosotros mismos frente al espejo de los otros. Es, por lo demás, quizá la lección de los grandes nuestros. Dentro y fuera de estos muros, cambiados cuatro veces (y solo una vez a peor: la última) en nuestra historia. Puerta (de) Jerez, Anunciación, Tabacos, Pirotecnia 12 . Pues la Facultad también vive fuera de ella y hay una Facultad fuera de la Facultad'', tan grande, o casi, o más, que la de dentro, siempre más el afuera del adentro que lo que se pierde en un exceso de ensimismamiento. Ante todo, la de quienes pasaron 13 (1 de julio de 1927), p. 5: resume la cuestión J. M. Barrera López, Luis Cernuda: una juventud sevillana, cit., pp. 199-202. 8. P. Garfias, El ala del sur (Sevilla, Imprenta de Rafael Herrera, 1926); vid. infra § 18 y nn. 377-379, 1410-1411. 9. Así, L. Cernuda en su poema en prosa 'Domingo', publicado ya en Mediodía, 8 (1927), p. 7: vid. D. Musacchio, La Revista Mediodía, cit., pp. 92-93. 10. A. Núñez de Herrera, Teoría y realidad de la Semana Santa (Sevilla, Ediciones Espuela de Plata, 2006 4 , prol. J. L. Ortiz de Lanzagorta), pp. 36, 39. 11. El título original fue A. Núñez de Herrera, Sevilla: Teoría y realidad de la Semana Santa (Sevilla, Mediodía, 1934'). 12. Sobre la sede originaria, infra § 31 y nn. 766, 770-773, 793-798, 931; sobre los tres traslados, § 33 y nn. 863-865, 976; § 46, in fine y nn. 178, 1116, 1277; § 35 y nn. 937, 1117. 13. Vid. infra 5 13 y nn. 271, 315. CJH 16-17 • 2018-2019 por ella, sin que ella no dejase de pasar por ellos siempre medularmente. Si hay una Sevilla de Cernuda, tan estudiada ya, desde su anti-sevillanismo recalcitrante (la forma extrema de sevillanía) 14 , hay también un Cernuda conformado mentalmente desde (y no contra: no solo) sus estudios de Derecho en la Hispalense (pues ningún contra es sin un desde y a veces se confunden) y ese es un tema -el de su conformación mental en los años de juventud, en que estudió Derecho-, al que me he referido algunas veces'', apenas tocado por la crítica cernudiana o la historiografía local, que sí ha dedicado tiempo a la historia de nuestra Facultad o al paso externo del poeta por ella 16 . 2 Una tumba en México Una Sevilla la suya, en todo lo que pudo serlo, distinta a la nuestra, polis auténtica o civitas de horizonte de aire humano, nacido el poeta en la calle Acetres, entonces del Conde de Tójar, donde al decir de Murube "las rendijas del aire metían cuchillos de frío" 17 (de nuevo el aire: el aire sevillano), muy cerca -apenas una esquina- de donde había nacido ya en 1882 (en la calle Ballestilla, hoy Buiza y Mensaque), un año después que Juan Ramón en Moguer o que Picasso en Málaga, el músico por excelencia de la ciudad del Novecientos, Joaquín Turinals, a quien evocaría quizá 14. Supura su rechazo a la ciudad en toda su obra (vid. infra n. 104), explicitándose de modo muy evidente en su recapitulatorio Historial de un libro, con un proceloso iter editorial (embrionario, sobre todo en la tercera parte, publicado originariamente en México en la Cultura, 504, 505 y 508 [10 nov., 17 nov. y 8 dic. 1958] y, expurgado, en Papeles de Son Armadans, 35 [Palma de Mallorca, feb. 1959], pp. 121- 172), incluido luego en Poesía y Literatura (Barcelona - México, Seix Barral, 1960 1 ) (= Obra completa 2. Prosa, 1 [Madrid, Siruela, 1994, eds. D. Harris - L. Maristany], pp. 625-661, por donde cito, en concreto 632-633, 659) y causante de sus problemas con la censura franquista (cfr. ibíd., pp. 845, 855, con la explicación anotada); en la primera recopilación de prosas cernudianas, debida a los mismos editores, Prosa completa (Barcelona, Barral Editores, 1977), puede hallarse igualmente. Centrado en su relación con la ciudad, más allá de sus años propiamente en ella, vid. ante todo R. Reyes, Luis Cernuda y Sevilla. Entre la eternidad de Albanio y la temporalidad del desterrado, en Historial de una vida, cit., pp. 17 y ss., y más en concreto 20-32. 15. En concreto en mi La herramienta cotidiana, en La Toga. Revista del Ilustre Colegio de Abogados de Sevilla, 197 (jul.-dic. 2018), pp. 18 y ss., en concreto 20, que incorpora el texto íntegro de la intervención con que agradecí como Decano el 13 de diciembre de 2018 la Medalla de Oro otorgada a la Facultad en su Quinto Centenario por el Ilustre Colegio de Abogados de Sevilla, reproducido también infra, en este misma revista. Vid. en todo caso infra § 24 y nn. 550-559. 16. Vid. ante todo J. Valender, Cronología, cit., pp. 112-114 (116) y J. M. Barrera López, Luis Cernuda: una juventud sevillana, cit., pp. 185-190, con aparato fotográfico. Para la Facultad de la época post-cernudiana vid. infra § 10-13 y nn. 197, 231, 243, 285. 17. J. Romero Murube, Responso difícil por un poeta sevillano, en ABC, 10 de noviembre de 1963, recogido en Los cielos que perdimos (Sevilla, Gráficas sevillanas, 1964), p. 153, por donde cito. 18. Donde lo recuerda una placa, colocada por el Ayuntamiento presidido por el Alcalde Jerónimo Domínguez y Pérez de Vargas, marqués de Contadero: sobre hecho, origen e infancia, por todos aquí, vid. E. Sánchez Pedrote, Turina y Sevilla (Sevilla, Servicio de Publicaciones del Ayuntamiento de Sevilla, 1982), p. 19 y ss. indirectamente 19 en una página de Ocnos", mudado luego el futuro poeta, a la muerte del padre militar en 1920, a quien nunca quiso mucho (no así a la madre, muerta ocho años después 21 ) y por el que no parece haber sido amado sino desde esa forma de (no)amar con que los padres antiguos miraban (o más bien no) a sus hijos 22 , a la más célebre casa de la calle del Aire, entonces del Conde de Benomar, 19. Podría partirse en principio en un primer momento de L. Cernuda, 'La música y la noche', en Ocnos (1942 1 -1949 2 -1963 3 ), obra que citaré por tres ediciones emblemáticas: la primera, ya definitiva, de la obra, aún cuidada por el poeta, que es la tercera ampliada; la sevillana, publicada en su Centenario, junto a las en cierto modo complementarias (infra, n. 1416) Variaciones; y la que reúne sus obras completas: cfr. Ocnos (Xalapa, Universidad Veracruzana, 1963 3 ), pp. 89-90 (= Ocnos. Variaciones sobre tema mexicano [Sevilla, Ayuntamiento de Sevilla - Diputación de Sevilla - Fundación El Monte, 2002], pp. 85-86 = Obra completa 1. Poesía completa [Madrid, Siruela, 1993, eds. D. Harris y L. Maristany], pp. 89-90), con aquel "rasguear" de "guitarra". Lo sugiere casi, traída a colación como dato de ambiente, E. Sánchez Pedrote, Turina y Sevilla, cit., pp. 84-85. A. Rivero Taravillo, Luis Cernuda. Años españoles, cit., p. 40 ignora esta página de Ocnos para referirse al primer contacto con la música y se centra en otras dos: 'La poesía' (Ocnos 3 , cit., pp. 9-10 = Ocnos. Variaciones, cit., pp. 13-14 = Obra completa, cit., 1, p. 554) y 'El piano' (infra, n. siguiente), donde la música es de piano y no de guitarra. 20. Pero se adapta más 'El piano', con la casa frontera en que vivía aquel famoso pianista siempre en tierras lejanas, con su "halo mágico", de pronto vuelto no porque lo hubiese visto en la calle, sino porque "el piano al anochecer te lo decía"; y la evocación ya de mirada adulta, cuando añade cómo años "después otras veces oíste los mismos sones", reconocibles entonces, obra conocida del "músico de ti amado": cfr. Ocnos 3 , cit., pp. 15-16 (= Ocnos. Variaciones, cit., pp. 19-20 = Obra completa, cit., 1, pp. 555-556). A. Rivero Taravillo, Luis Cernuda. Años españoles, cit., p. 40 anota de que hasta la fecha se había pensado que el músico que inspiraba tales páginas era Falla (y no menciona al mucho más claro Turina), pero que Ángel María Yanguas, sobrino y heredero de Cernuda, lo había aclarado, aludiendo a la vecindad con la casa de Cernuda de la del precoz pianista Rafael Montis: un Montis "odiado" por el también vecino niño Turina (cfr. A. Morán, Joaquín Turina a través de sus escritos [Sevilla, Ayuntamiento de Sevilla, 1981], p. 9, traído a colación por Taravillo, loc. u/t. cit., n. 12 [en p. 410]). Pero no es imposible que las resonancias de ambos nombres se volcasen en la mentada página de Ocnos. Las convergencias de Cernuda con Turina son obvias, por lo demás, y tienen mucho que ver con la Sevilla idéntica en que se desenvolvieron sus primeros pasos, con veinte años de diferencia: aunque no en el mismo local, ambos habían probablemente estudiado en el mismo colegio (el San Ramón) la primera enseñanza: es propuesta de Rivero Taravillo, ibíd., pp. 47-48. 21. L. Cernuda, Carta a Juan Guerrero, de 7 de julio de 1928, donde le relata la muerte de su madre y "cuánto la quería": cfr. J. Valender, Cuatro cartas de Luis Cernuda a Juan Guerrero (1928-1929), en Cuadernos Hispanoamericanos, 316 (Madrid, octubre de 1976), pp. 51-52 y el eco expreso en J. M. Barrera López, Luis Cernuda: una juventud sevillana, cit., p. 209 y n. 95. Es entonces, al morir su madre, cuando decide abandonar Sevilla: "Estaba harto de mi ciudad nativa, y aún hoy, pasados treinta años, no siento deseo de volver a ella" escribe rememorando el momento de abandonar la ciudad en 1928: L. Cernuda Historial de un libro, cit. (supra, n. 14) (= Obra completa, cit., 2, p. 632). Llama la atención que en ese momento, en el recuerdo, lo que le embriague, ante todo, sea "la sensación de libertad". Vid. para la muerte de sus padres A. Rivero Taravillo, Luis Cernuda. Años españoles, cit., pp. 75-76, 150-151, respectivamente. 22. Tremendo su poema 'La familia', en Como quien espera el alba [1941-1944], en La realidad y el deseo [1924-1956] (México, Fondo de Cultura Económica, Tezontle, 1958 3 ), pp. 201-204 (= Obra completa, cit., 1, pp. 334-337), que escandalizó a Leopoldo Panero, algo subido de coñac, cuando le pidió a Cernuda que le leyese algún inédito en un encuentro (entre las dos Españas) propiciado a petición del primero en Inglaterra por Martínez Nadal, que ofició de intermediario, en 1946, al que asistió también Felicidad Blanc, la mítica madre de Juan Luis, Michi y sobre todo Leopoldo María Panero, centro auténtico de El desencanto (1976), el mítico filme de Jaime Chávarri, que se proyectó, tras nuestra llegada al Decanato, en el curso 2014-2015 en el primer Ciclo de Cine de la Facultad de Derecho, 'Transiciones', dirigido por Manolo Grosso, Víctor Vázquez y Alfonso Crespo: vid. sobre el encuentro entre los dos poetas M. Mayoral, Cernuda y España, en Historial de una vida, cit., pp. 64-65; más brevemente, G. Insausti, Luis Cernuda en Gran Bretaña, en Entre la realidad y el deseo, cit., p. 297; A. Rivero Taravillo, Luis Cernuda. Años de exilio (1938-1963) (Barcelona, Tusquets, 2011), CJH 16-17 • 2018-2019 el punto topográficamente más elevado de la ciudad", que evocaría indeleblemente su profesor en el preparatorio de Derecho, Pedro Salinas 24 , "tan humana, tan hecha a la medida del hombre", que es desde la que vivió (casi todos) sus años universitarios", calle donde no entraba la rueda, "como en las civilizaciones felices"". O el propio Juan Ramón, antiguo alumno de la Facultad un cuarto de siglo antes, en una estampa del año 27 27 , en que ya destila el falso ermitaño que, sin necesitar envidiar a nadie, zahiere desde su escondite "cuanto creía que le hacía sombra", en la mítica caracterización de una de sus víctimas propiciatorias, Pablo Neruda". Ciudad distinta, pero también idéntica a sí misma y por tanto a la nuestra de hoy, como todas las ciudades que mudan la piel pero no el alma, ni la identidad -ni el airebajo unos rasgos cambiantes solo en parte. "Universitario de la calle del Aire" le llamó al morir su compañero de estudios jurídicos en la Facultad, Joaquín Romero Murube, solo dos años más joven", en un ensayo preciso -precioso también- luego reunido en su célebre libro (colectáneo, como casi todos los suyos) Los cielos que perdimos 30 , publicado (1964) cuando Cernuda llevaba apenas un año muerto y a Murube le quedaban solo cinco años de vida. En la muerte del primero, solo ese artículo apareció en la prensa sevillana (en ABC, nada menos) 31 , siempre personal Murube en su aislamiento que supo ser central en la ciudad que para tantos sevillanos representó como ningún otro escritor del siglo. Ya había ocurrido en tiempos más difíciles, en la muerte de Lorca", con sus reiterados y a veces oblicuos homenajes, en medio del silencio oficial, la conmoción callada, de aquel asesinato, evitable como todos los demás, pero resonante como ningún otro, sajante de flor pp. 162-166, especialmente 164-165. El encuentro tuvo lugar en la casa de la suegra de Nadal, viuda del antiguo Catedrático de Derecho romano en nuestra Facultad (1904-1908), José de Castillejo (infra, nn. 239, 340, 342-344, 468), con quien Cernuda había coincidido en Inglaterra ya en 1941, en actividades del exilio republicano (ibid., pp. 89-90). 23. Donde la ciudad antigua alcanza la altura máxima de su cota 17: cfr ya A. Blanco Freijeiro, Historia de Sevilla. La ciudad antigua (de la Prehistoria a los visigodos) (Sevilla, Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 1984), p. 135. 24. Sobre la vinculación del poeta con la Hispalense y con Sevilla, por todos, J. M. Barrera López, Pedro Salinas y la Universidad Literaria de Sevilla (Sevilla, Universidad de Sevilla, 1991). 25. Realiza petición de matrícula oficial y presenta cédula personal en la Universidad de Sevilla en septiembre de 1919, el 9 de marzo de 1920, durante su año de preparatorio en Derecho muere su padre y ese verano, tras haberlo aprobado, la familia se muda a la casa de la calle luego del Aire: vid. J. M. Barrera, López, Luis Cernuda: una juventud sevillana, cit., pp. 185-186, con apoyo bibliográfico previo; sobre su periplo -con las calificacionesuniversitario por nuestra Facultad vid. infra § 24 y nn. 536, 538-541, 543-544. 26. P. Salinas, Nueve o diez poetas, en Ensayos de literatura hispánica (Del Cantar de Mio Cid a García Lorca) (Madrid, Aguilar, 1958 3 ), p. 372. 27. J. R. Jiménez, Españoles de tres mundos, lxi: cfr. Obras de Juan Ramón Jiménez, 38. Españoles de tres mundos. Viejo mundo, Nuevo mundo, otro mundo (Caricatura lírica) (1914-1940) (Madrid, Visor libros - Diputación de Huelva, 2009, ed. J. Blasco y F. Díaz de Castro, ord. y rey. F. Silvera, prol. J. M. Caballero Bonald), pp. 201-202. 28. P Neruda, Confieso que he vivido (Barcelona, Seix Barral, [1974] 1984), p. 150. 29. ¿0 no, en puridad? Vid. infra n. 592. 30. J. Romero Murube, Los cielos que perdimos, cit., p. 153. 31. Lo destaca ya J. Lamillar, Joaquín Romero Murube. La luz y el horizonte (Sevilla - Barcelona, Fundación José Manuel Lara, 2004), p. 238. 32. De nuevo, vid. J. Lamillar, Joaquín Romero Murube, cit., pp. 96, 106-107, 121, 114, 238. aún en feliz apogeo, aterrador por lo que significó: por lo que quiso significar desde antes de ser. Sevillano difícil, en cuya obra no se nombra la ciudad, siempre en ella latente sin embargo; sevillano entre Bécquer y la Epístola moral a Fabio, huyendo siempre de Sevilla; sevillano medular, "tocado por la gracia de los dioses": así lo recordó Murube", a quien Cernuda detestó siempre (a a quién no?) 34 y con el que Murube tuvo una relación difícil, áspera, transida de desencuentros, pero también de intimidad", la más fuerte que existe, la de los primeros, porosos tiempos, cuando aún todo es, o parece ser, posible: lo que vuelve, o tiende a volver, en la hora final si es que ha existido. Amigos desde la juventud, con lo que eso tiene y eso deja. Escribe: "Hoy que la muerte te pone tan cercano, he ido a buscarte por todos los rincones del recuerdo"". No hay flores en la tumba mejicana del poeta ni en su ciudad en medio del vien- to agrio de noviembre (ni violetas ni tulipanes, que Cernuda tanto amó) y lloran los jazmines, sin alma ya de olor", y apenas sin cuerpo. Un nardo postrero se obscurece "con el frío de lo que acaba"" y Murube le envía, desde la distancia, un poco de humedad de calle, patio gris, mármoles sevillanos". Un poco mármol y algo flor 33. Todo ello en J. Romero Murube, Los cielos que perdimos, cit., pp. 154-155. 34. Vid. ya R. Reyes, Luis Cernuda y Sevilla, cit., pp. 24-27 y supra n. 2 sobre la relación con Gaya; sobre la relación difícil y compleja (ante todo por su parte, pero no solo, como muestra el intenso intercambio epistolar de Salinas con Guillén: baste aquí cfr. Correspondencia (1923-1951) [Barcelona, Tusquets, 1992, ed. A. Soria Olmedo], pp. 197, 284) con el que fuera su profesor en la Hispalense, por todos, vid. J. M. Barrera López, Los límites de la amistad: Pedro Salinas y Luis Cernuda, en El siglo que viene, 49-50 (oct. 2002), pp. 44-49; más recientemente, A. Rivero Taravillo, Luis Cernuda. Años españoles, cit., pp. 37, 68, 70-74, 80-84, 92, 97, 99, 102, 106, 109, 114, 119-122, 129, 137, 142, 147-149, 153, 157,  159, 163, 167, 174, 177-178, 183, 186, 189-190, 220, 222-224, 244, 247, 249, 253, 261, 272, 276, 285-286, 304, 313, 327-328, 331, 334, 336, 342; Luis Cernuda. Años de exilio, cit., pp. 56, 90, 104, 123, 170, 183, 189, 192-195, 200-202, 217-218, 223, 225-226, 229-230, 235, 307, 320; vid. infra n. 525. 35. Ya en una carta de juventud, con que se abre un epistolario cernudiano que sistemáticamente ignora a Murube (al que solo dirigirá una breve misiva más sobre una colaboración con Mediodía), Cernuda le reprocha las supuestas inexactitudes ("que en otros no importarían, pero en ti, sí") de un artículo publicado en prensa (El Noticiero Sevillano, 20 de agosto de 1924), con motivo de la visita de Juan Ramón a Sevilla en 1924; vid. infra 19 y n. 413; 5 21 y nn. 481, 483. Pero Juan Ramón volverá a la ciudad en 1925, como prueba una carta de Salinas a Guillén de 25 de octubre: Correspondencia (1923-1951), cit., p. 54. Sobre el encuentro entre el joven Cernuda y el ya consagrado Juan Ramón ese septiembre, con mención de esa carta, vid. A. Romero Taravillo, Luis Cernuda. Años españoles, cit., pp. 98-103, especialmente 99-101; añádase, sobre la difícil relación posterior, ibid., pp. 110, 113, 126, 129-130, 137, 148-149, 219-221, 223, 247-248, 260-261, 273, 287, 304, 308, 323, 326-329, 332, 334, 338, 341, 346, 350; Luis Cernuda. Años de exilio, cit., pp. 81, 85, 139, 160, 187, 229, 255, 269, 272, 286, 292-293, 307, 329-330, 339, muy injusta: el infantilismo de Cernuda para con Juan Ramón a que alude Gaya es simétrico al del niño mayor que parece temer por su sitio. Como quería Salinas, Cernuda "juanramoneaba", idénticos el uno y otro para Guillén, a quien repugnaba o acabó repugnando: cfr de nuevo Correspondencia (1923-1951), cit., pp. 284, 576, respectivamente. Vid. sobre el encuentro en todo caso infra 8 y n. 181; § 24 y n. 562; § 30 y nn. 764-765. Repaso y contextualización de la relación entre Cernuda y Murube puede hallarse en J. Lamillar, Joaquín Romero Murube, cit., pp. 10-11, 21-22, 29, 30 (n. 16), 35, 52-53, 59, 61-62, 72, 78-79, 81, 96, 115, 207, 231, 235, 238-239, 241, 249, 252, pero especialmente 38-39, por lo que aquí respecta; vid. también infra n. 413. 36. Así empieza el recuerdo necrológico: J. Romero Murube, Los cielos que perdimos, cit., p. 153. 37. Vid. sobre todo ello J. Romero Murube, Los cielos que perdimos, cit., p. 155. 38. Cierra su recuerdo así J. Romero Murube, Los cielos que perdimos, cit., p. 155. 39. J. Romero Murube, Los cielos que perdimos, cit., p. 155. r CJH 16-17 • 2018-2019 siempre Cernuda 40 . Un poco humedad siempre su poesía, como toda gran poesía, la de estos hijos de la Ciudad y el Río. 3 La Ciudad fuera de ella A la muerte de Murube, a diferencia de lo ocurrido seis años antes con Cernuda, se suceden en Sevilla las necrológicas y obituarios, en testimonio de quien había detentado una suerte de centralidad literaria en la ciudad sin abandonar la periferia en el ámbito de la cultura nacional, regida en los últimos tres siglos y medio desde Madrid, en torno a la cual casi todo lo demás lejanamente gira. Quizás no pueda hacerse otra cosa: quedarse y ser engullido por la Ciudad, siéndola, deshaciéndose en ella, despersonalizándose al encarnarla; o marcharse, ser uno siéndola así de otra forma, más intensa o más profunda quizás, más autónoma, con la profundidad que otorga la lejanía y con la posibilidad de seguir siendo uno mismo lejos de ella'". Tristeza de sevillano profundo, como la y lo llamase Lorca 42 : un Lorca a quien quiso tanto Cernuda'''. Es esa "sevillanía huyendo de Sevilla" que percibirá Murube en Cernuda" la que caracteriza en general a la deslumbrante literatura errante de Sevilla, iniciada en el siglo XVII, cuando la Ciudad al perder la centralidad pierde o parece perder su mismo centro. Blanco White y Bécquer, Machado y Machado, e incluso el menos sevillano de todos, Aleixandre. Diáspora sevillana. A partir de Fernando de Herrera, vivo y muerto en Sevilla y enterrado aquí (1534-1597) con su fama obscurecida progresivamente 45 junto al ocaso de la urbe cosmopolita y aún central que él conoció, todos 40. Vid. sobre la tumba, sus cercanías y soledades M. Polaino Orts, Cernuda, Prados: México destino final, en Entorno literario. Revista de letras, 2-3 (Granada, 2016-2017), pp. 150-154; infra, § 56 y nn. 1417, 1419-1420, pero también § 48, in fine, y n. 1305. Es estremecedor que apenas la separen unos metros de la tumba de Emilio Prados, amigo de los tiempos malagueños de Litoral: vid. sobre ellos A. Rivero Taravillo, Luis Cernuda. Años españoles, cit., pp. 119 y ss., 153, sobre todo 155 y ss.; sobre la posibilidad de una relación -unidireccional- de tipo afectivo, entre ambos, ibid., pp. 218-219 y ya antes L. A. de Villena, Luis Cernuda, cit., pp. 49-50, en quien aquel expresamente se apoya: cfr loc. ult. cit., n. 3 (en p. 420). La relación entre los dos poetas se deterioró extraordinariamente, fruto de los chismes de Prados y de las suspicacias de Cernuda, que se negó a una reconciliación, propiciada por Concha Méndez, primera mujer de Altolaguirre, y ello se acentuó en los largos años de exilio fuera de España: vid. A. Rivero Taravillo, Luis Cernuda. Años de exilio, cit., pp. 99, 131, 199, 228-229, 232, 238, 265, 267-268, 276, 278, 280, 294-295, 301, 321, 328, 330, 346. 41. Así, en mi El breviario de Sevilla (Sevilla, El Giraldillo, 2014), pp. 41-42, 45, 82-85, 125-126, 172-173. 42. Al presentar en abril de 1936 la primera edición de La realidad y el deseo (Madrid, Cruz y Raya, 1936'): vid. M. García-Posada, Cernuda y las tradiciones andaluzas, cit., p. 39. 43. Con atención escrita nada irrelevante, a lo largo de los años treinta: vid. L. Cernuda, Federico García Lorca (1931), en El Heraldo de Madrid, 26 de noviembre de 1931, p. 12; Federico García Lorca, Romancero gitano (1937), en Hora de España, 9 (Valencia, septiembre de 1937), pp. 67-69; Federico García Lorca (Recuerdo) (1938), primero aparecido en versión inglesa en Left Review, III, 16 (Londres, mayo de 1938), pp. 976-981 y luego, ya en español, en Hora de España, 18 (Barcelona, junio de 1938), pp. 13-20 y en El Universal (Caracas, 20 de octubre de 1939) y como Recuerdo del amigo y del poeta, una década después, en Espiral, 14 (Bogotá, julio de 1948), pp. 6, 15 (= Obra completa 3. Prosa, 2 [Madrid, Siruela, 1994, eds. D. Harris - L. Maristany], pp. 40-43, 127-130, 148-154, respectivamente). 44. J. Romero Murube, Los cielos que perdimos, cit., p. 155. 45. A ello se debieron varios factores y no tanto aún el que será determinante a la larga, con la decadencia de la ciudad, de no haber salido de Sevilla: su elitismo arrogante, despectivo e incluso punzante, que lo alejó los grandes autores sevillanos abandonarán la ciudad, antes o después, y ello alcanza un paradigma temprano en la vida errante de Mateo Alemán, antiguo alumno de la Facultad, aunque no terminara la carrera", como tantos otros más tarde, empezando por Juan Ramón, que vino a estudiarla y no la estudió, aunque se matriculase en ella'''. Si su periplo por buena parte de la geografía española es manifestación de una vida violenta y torturada, que conoció el éxito pero sobre todo el fracaso en su ciudad natal, entonces la primera de España, metáfora al tiempo de las amplias sendas de la España del Siglo de Oro, preñadas de sedimentos folklóricos 48 enredados a una visión del mundo, su marcha y posterior muerte en el olvido y la lejanía de México 49 es, entre otras cosas, un preaviso de lo que les ocurrirá a tantos otros, culminando en Blanco White, exiliado en Inglaterra y muerto en Liverpool". En México morirá también 51 el autor del mejor poema sevillano del siglo XVII, muy del gusto de Cernuda", la Epístola Moral a Fabio (ca. 1612), el capitán Andrés Fernández de Andrada", capitán e de no pocos autores sevillanos, como Juan de la Cueva; la enemiga de poetas y eruditos castellanos, como el Brocense o el Prete Jacopín, adalides de un Garcilaso como modelo puro en cierto modo por él cuestionado desde la explícita atalaya de sus Anotaciones (1580) y la más implícita de sus propios poemas, menos naturales, más conscientemente construidos, a los que se les nota más el artificio; el ascenso de Góngora, casi treinta años más joven, como máximo exponente de una poesía culta y exigente andaluza, que terminará por desplazarle del canon andaluz; el oscilar de los gustos estéticos, incluso entre los jóvenes poetas andaluces más proclives a su fama, como Rioja o Rodrigo Caro, editor el primero de su poesía (1619); vid. sobre alguno de estos asuntos V. Núñez Rivera, Hacia un doble paradigma. Lírica ornada y poética familiar, en AA.W., La "Idea" de la Poesía Sevillana en el siglo de Oro. X Encuentro Internacional sobre Poesía del Siglo de Oro, Universidad de Sevilla, 23-25 de noviembre de 2011. Organizado por el Grupo de Investigación PASO (Sevilla, Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 2012, dir. B. López Bueno), pp. 197-254, en concreto 199 y ss., 220 y ss., 232 y ss., 239 y ss.; sobre De la Cueva y Herrera, cfr también E. J. Burguillo, Juan de la Cueva y el nacimiento del teatro histórico en España (Salamanca, Universidad de Salamanca - Departamento de Literatura española e hispanoamericana, 2010), p. 335 y ss. 46. Infra, § 38 y n. 1030. 47. Infra, § 29 y nn. 725-726. 48. Un aspecto del substrato folklórico, agarrado siempre a la geografía concreta, de su obra puede hallarse analizado por M. Joly, Geografía y folklore: en torno a tres etapas del itinerario de Guzmán de Alfarache, en Estado actual de los estudios sobre el Siglo de Oro, 2 (Salamanca, Universidad de Salamanca, 1993), pp. 537-542. 49. Vid. por todos I. A. Leonard, Mateo Alemán en México, en Boletín del Instituto Caro y Cuervo, 5 (1949), pp. 356-371; V. de Pedro, Mateo Alemán acaba sus días en Nueva España, en América en las letras españolas del Siglo de Oro (Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1954), pp. 225-235; M. D. Johnston, Mateo Aleman's Voyage to a New World: The 'Ortografía castellana' of 1609, en Dispositio, 7 (1983), pp. 87-100. 50. Sobre las circunstancias de su muerte en el exilio inglés, por todos, E Durán López, José María Blanco White o la conciencia errante (Sevilla - Barcelona, Fundación José Manuel Lara, 2005), pp. 580 y ss., especialmente 592 y ss., y en concreto 601-602. 51. Vid. al respecto S. Cruz, La 'Epístola Moral' y sus personajes en México, en Memorias de la Academia Mexicana, 22 (1976), pp. 122-138, con iluminador buceo documental. 52. Como muestra su ensayo dedicado a las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique, la Epístola a Arias Montano de Francisco Aldana y la Epístola moral a Fabio, cuyo autor ("poeta anónimo", aunque en puridad ya no lo era: infra, n. 572) no nombra: L. Cernuda, Tres poetas metafísicos (1946), en Bulletin of Spanish Studies, 25 (1948), pp. 109-118 (= en ínsula, 36 [1948], pp. 1-2), incluido en Poesía y Literatura, cit., 1, pp. 55-74 (= Obra completa, cit., 2, pp. 502-516); sobre la impresión del libro supra n. 14. 53. Sobre autor, obra, fechas y vida imprescindible D. Alonso (ed.), Andrés Fernández de Andrada 'Epístola Moral a Fabio' y otros escritos (Barcelona, Crítica, 1993 2 , est. prel. J. F. Alcina y F. Rico), pp. 5 y ss., especialmente a lo que aquí hace 6, 10-19, que supone, con aditamentos previos ajenos, una reedición de su libro clásico La 'Epístola Moral a Fabio' de Andrés Fernández de Andrada. Edición y estudio (Madrid, Gredos, 1978). r 9 1 CJH 16-17 • 2018-2019 hijo del amigo de Herrera Pedro Fernández de Andrada, autor del Libro de la Gineta (1599) 54 , Rimbaud avant la lettre que abandonó la literatura para marchar al otro extremo del mundo", y antes que todos ellos el poeta Gutierre de Cetina, sevillano de 1514 o 1517 (quizás 1520), luego en Valladolid, graduado en Cánones o Leyes según López de Sedano", famoso por sus versos pero también por su vida" entonces típica en España de letras y armas según el modelo garcilasiano, manriqueño, sobre la que espigó notable documentación nuestro antiguo alumno Rodríguez Marín", asesinado en fecha imprecisa pero antes de 1557 en un lance violento en Puebla de los Ángeles, que adquirió tintes legendarios", cuya influencia es más que perceptible en el Cancionero de Baria Poesía recoxida de varios poetas españoles, recopilado en México en 1577, con más de ochenta composiciones suyas". Un irse casi siempre 54. Vid. A. L. Luján Atienza, Andrés Fernández de Andrada, en DB -e de la RAH (cons. 5-7-2019), completísima. 55. Comparación que está ya en D. Alonso explícita o implícitamente: cfr, junto a op. u/t. cit. supra n. 53, El Fabio de la 'Epístola moral'. Su cara y cruz en Méjico yen España, en Obras completas, III. Estudios y ensayos sobre literatura, 2. Finales del siglo XVI, y siglo XVII (Madrid, Gredos, 1974), pp. 515-699; eco expreso reciente del símil puede hallarse en A. L. Luján Atienza, Andrés Fernández de Andrada, en DB -e (cons. 5-7-2019), completísima. 56. J. J. López de Sedano, Parnaso Español (Colección de poesías escogidas de los más célebres poetas castellanos), VIII (Madrid, Antonio de Sancha, 1774), p. xxiii; infra, § 38 y n. 1017. No en Sevilla para A. Martín Villa, Reseña histórica de la Universidad de Sevilla y descripción de su iglesia (Sevilla, Imprenta de Enrique Rasco, 1886), p. 28, publicada póstumamente, con prólogo de F. Collantes de Terán, pues no consta su nombre en los registros, que él conoció bien por su larguísima condición de Secretario general y luego Rector de la Hispalense durante más de treinta años (entre 1834 y 1868): vid. sobre él infra § 33 y nn. 840, 843; § 34 y n. 892; § 42 y nn. 1161-1162; sobre su acceso a la secretaría general, sucediendo a la estirpe de sus protectores, los Baquerizo, infra § 42 y nn. 1166-1167; sobre los registros, además, nn. 75, 772. "Quizá estudió humanidades antes de partir a la Corte, en Valladolid" es lo máximo que concede, respecto a su formación sevillana, J. I. Díez Fernández, Gutierre de Cetina, en DB -e (cons. 5-7-2019), en una línea ya ensayada por M. Méndez Bejarano, Diccionario de escritores, maestros y oradores naturales de Sevilla y su actual provincia, 1 (Sevilla, Tipografía Gironés, 1922 1 ), p. 131, que le atribuye estudios humanísticos en su ciudad natal. 57. Sobre su biografía, aún bastante en penumbra, y las dudas sobre su datación, por todos, R. Lapesa, Gutierre de Cetina. Disquisiciones biográficas, en Estudios hispánicos. Homenaje a Archer Huntington (Wellesley, Wellesley College, 1952), pp. 311-326 y N. Alonso Cortés, Datos para la biografía de Gutierre de Cetina, en Boletín de la Real Academia Española, 32 (1952), pp. 73-118. 58. F. Rodríguez Marín, Documentos sobre Gutierre de Cetina, en Boletín de la Real Academia Española, 6 (1919), pp. 54-115 y en Nuevos datos para las biografías de cien españoles de los siglos XVI y XVII (Madrid, Tipografía de la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, 1923), pp. 105-182; sobre el erudito y su condición de antiguo alumno y licenciado en nuestra Facultad, infra, § 4 y nn. 90, 772; § 37 y nn. 1004, 1011; § 38 y n. 1054; § 45 y n. 1232. 59. Sobre la imprecisión de la fecha, que ha de situarse antes de la tradicional de 1557, y el proceso criminal iniciado ya en 1554 contra Hernando de Nava por las heridas a su instigación infringidas parece que al poeta y no a un homónimo, a resultas de las cuales terminaría muriendo, vid. A. de María y Campos, La muerte equivocada de Gutierre de Cetina (poeta sevillano del siglo XVI) (Puebla, Gobierno del Estado de Puebla, Comisión Puebla Quinto Centenario, 1991), con exhumación de documentación en el Archivo de Indias, así como la síntesis de J. I. Díez Fernández, Gutierre de Cetina, en DB -e (cons. 5-7-2019); vid. infra n. 1018. 60. Vid. J. I. Díez Fernández, Gutierre de Cetina, en DB -e (cons. 5-7-2019). El Cancionero mejicano (infra, § 37 y nn. 980-981), al estilo de las Flores típicas de la poesía española, que alcanzan su máximo exponente en las (de Poetas ilustres de España), muy célebres, de Pedro Espinosa (infra, n. 962), "natural de la ciudad de Antequera", editadas en Valladolid bajo esa aclaración el año mismo que el Quijote en Madrid (1605), son fuente básica para el conocimiento de la de Cetina, pues diecisiete de esas ochenta y seis composiciones no aparecen en el manuscrito RM-B (Biblioteca Rodríguez Moñino-María Brey) que reproduce la Primera Parte de las obras en verso de Gutierre de Cetina, la más importante fuente para el corpus poético del poeta sevillano: definitivo para la Ciudad, que olvidó casi de inmediato a Blanco, apenas recordado en la Sevilla oficial sino por su amigo Mármol'', Académico, profesor y licenciado en Leyes en Sevilla, y un exiguo círculo de amigos ilustrados, y que nada parecía tener que recordar inicialmente de Bécquer, modelo finisecular de gloria póstuma", que apenas publicó en vida una quincena de rimas y aun muchas anónimamente", aunque tanto recordase el poeta de ella, desde los álamos a la luz, pasando por su riquísimo cancionero popular tan presente en el telar de su propia poesía 64 . Incluso Francisco de Rioja cambió la dedicatoria de su silva 'Al verano', "bellísima y muy sevillana" al decir de Dámaso Alonso (no tan proclive a lo sevillano otras veces)", eliminando el nombre de su amigo Andrada, a quien había sido dedicada originalmente, para substituirlo por el de Juan de Fonseca y Figueroa, canónigo de Sevilla 66 : pues la ausencia en Sevilla es la muerte, y no solo la literal; una ausencia total que en el Siglo de Oro era por encima de todas las demás el paso a América". "Si apenas hay de lo que fui despojos" escribirá Rioja en un soneto": aplicable a él, a Andrada lejos, a todos más o menos cerca. Donde cabe un Andrada cabe un Fonseca ("Fonseca, ya las horas/del i[n]vierno aterido" 69 , con eco inolvidable del diffugere nives de Horacio"), aunque luego olvidó substituirlo, once versos antes del final del poema 71 , manteniéndose el "Arde Andrada, en aquel divino fuego" con que no saben qué hacer (o sí) los editores modernos". Cabe un Fonseca, pero no dos en estos versos... Tal vez "un dios vengador de la amistad le obnubiló la mente", como recalca Dámaso Alonso", el filólogo sobre ambos manuscritos, vid. ya G. Torres Nebrera, Antología lírica renacentista, 1 (Madrid, Narcea, 1983), p. 217 e infra n. 1020. Sobre la técnica y concepción de tales antologías, punto de partida en B. Molina Huete, La trama del ramillete. Construcción y sentido de las 'Flores de poetas ilustres' de Pedro Espinosa (Sevilla, Fundación José Manuel Lara, 2003), passim y pp. 137-150. 61. Vid. sobre este aspecto J. Rey, La pasión de un ilustrado (Sevilla, Fundación Fondo de Cultura de Sevilla, 1990), pp. 44-45, 50, 76, 93. 62. Vid. al respecto por todos R. Montesinos, La semana pasada murió Bécquer (ensayos y esbozos, 1970- )991) (Madrid, Ediciones El Museo Universal, 1992), pp. 38, 40. 63. R. Montesinos, La semana pasada murió Bécquer, cit., pp. 40-41. Sus Obras (Madrid, Imprenta de T. Fortanet, 1871) fueron editadas, tras su muerte prematura en 1870, por un grupo de amigos: cfr íd., Bécquer. Biografía e imagen ([Barcelona, RM, 1977 1 ] Sevilla - Barcelona, Fundación José Manuel Lara, 2005 2 ), pp. 320-325. Sus leyendas fueron apareciendo en vida del poeta en periódicos, diez de las dieciséis en El Contemporáneo, trece entre 1861 y 1863: J. Estruch (ed.), Gustavo Adolfo Bécquer, Leyendas (Barcelona, Crítica, 1994, est. prel. R. P. Sebold), pp. 3-4. 64. Vid. al respecto por todos R. Montesinos, La semana pasada murió Bécquer, cit., pp. 35, 41-42, 195-204. 65. D. Alonso (ed.), Andrés Fernández de Andrada, cit., p. 92; sobre esa no proclividad, infra n. 478. 66. Al que ya dedica su Soneto xxix, que sigo por la edición de G. Chiappini de Francisco de Rioja, Poesía (Sevilla - Barcelona, Fundación José Manuel de Lara, 2005), p. 67. 67. Es la sugerente lectura de D. Alonso (ed.), Andrés Fernández de Andrada, cit., pp. 10-11, 91-94. 68. F. De Rioja, Soneto xlvii, 14, que sigo por la edición G. Chiappini de Francisco de Rioja, Poesía, cit., p. 115. 69. F. De Rioja, Silva vi, 1-2 e infra n. 72. 70. Horacio, Carm., IV, 7, 1-4: cfr. G. Chiappini (ed.), Francisco de Rioja, Poesía, cit., p. 89, n. 2. 71. F. De Rioja, Silva vi, 79. 72. G. Chiappini (ed.), Francisco de Rioja, Poesía, cit., p. 93 y n. 79 prefiere leer "Arde en aquel ilustre y blando fuego", prescindiendo de apellidos, pero cfr ibíd., p. 89, n. 1 (supra, n. 69). 73. D. Alonso (ed.), Andrés Fernández de Andrada, cit., p. 94. 14  15 CJH 16-17 • 2018-2019 al que se le nota tanto el poeta, y permaneció el nombre del amigo ido, olvidado en esto por el mismo olvido. 4 Ida y vuelta Rioja, sevillano de Omnium Sanctorum y la calle Feria, de cuyos estudios se sabe poco, estudiante de Humanidades y Teología en el colegio de la Universidad de Sevilla —donde conoció a Rodrigo Caro y a Francisco Pacheco 74 , maestro y suegro luego de Velázquez—, pero también de Derecho según López de Sedano en su Parnaso español" (y Méndez Bejarano con él en su Diccionario"), fue otro poeta que abandonó la ciudad para acudir a la Corte, hacia 1617, un año después de la muerte allí de un Cervantes que lo elogia en su Viaje del Parnaso en 1614 77 , como hará en 1619 el poeta y pintor Juan de Jáuregui, bautizado en la Magdalena 78 , preanunciando la marcha inmediata de Velázquez solo unos años más tarde, en una diáspora pendular tan sevillana, donde Madrid y las Indias son destinos naturales para los hombres de la ciudad (su hermano Antonio de Rioja, como Alemán justo por entonces y Andrada poco después, marcha a México en 1610) 29 . A diferencia de Velázquez, cuya vuelta (en todo caso episódica) no está probada", o de Jáuregui, que morirá en Madrid en 1641, intensamente inmerso en la vida cultural de la Corte y sus polémicas", Rioja 74. G. Chiappini (ed.), Francisco de Rioja, Poesía, cit., p. xiv, que se hace eco de la información de J. J. López de Sedano ibíd. y n. 11, con mínima imprecisión de página. 75. J. J. López de Sedano, Parnaso Español, cit., VIII, pp. xxvii-xxviii. No en Sevilla para A. Martín Villa, Reseña histórica de la Universidad de Sevilla, cit., p. 28 al no aparecer su nombre en los registros, como tampoco los de Cetina (supra, n. 56) o Rodrigo Caro (infra, n. 938). No es argumento definitivo ante el estado de los mismos (infra, n. 772), pero que Rioja no aludiese a su condición de jurista, sino de teólogo graduado en Sevilla, muy docto por ello en latín, griego y hebreo, en el memorial dirigido al Rey para obtener una canonjía, probablemente escrito hacia 1617, lo es algo más, aunque bien pudo haber estudiado Leyes sin alcanzar el grado y era típico de los teólogos por lo demás rozarse con Cánones: y más que rozarse. Lo que escribe textualmente es: "natural de la ciudad de Seuilla i graduado en sagrada teolojía por aquella universidad, dize que a estudiado en su facultad con el cuidado i diligencia de que vuestra majestad se podrá mandar informar": cfr para el dato B. López Bueno, Francisco de Rioja, en DB -e (cons. 5-7-2019). 76. M. Méndez Bejarano, Diccionario', cit., 2, pp. 280-282 sostiene que estudió Teología y Jurisprudencia y, tras hacerlo en su patria, residió en Madrid. 77. M. Cervantes, Viaje del Parnaso, iii, 122-124. 78. J. M. Rico García, Juan de Jáuregui y Aguilar, en DB -e (cons. 5-7-2019). 79. Vid. ya J. Coste, Hermanos y hermanas de Francisco de Rioja (Madrid, Artes Gráficas Soler, 1968), con eco en G. Chiappini (ed.), Francisco de Rioja, Poesía, cit., p. xii y n. 6. 80. B. Bassegoda, Velázquez visto por Pacheco: de la perplejidad a la admiración, en El joven Velázquez. A propósito de 'La educación de la Virgen' de Yale: Actas del Simposio Internacional celebrado en el Espacio Santa Clara de Sevilla, 15-17 de octubre de 2014 (Sevilla, Ayuntamiento de Sevilla - Instituto de la Cultura y de las Artes, 2015, coord. B. Navarrete Prieto), p. 346 y ss. ha conjeturado sugerentemente con una posible estancia en Sevilla a su vuelta del primer viaje de Italia, en 1631, lo que hubiese podido tener indirectas consecuencias para la pintura sevillana (infra, n. 119). Pero es cosa no probada y, quizás, nunca probable. 81. Vid. J. M. Rico García, Juan de Jáuregui y Aguilar, en DB -e (cons. 5-7-2019); sobre su frontal ataque a Góngora, por todos, R. Jammes, L'Antidote de Jáuregui annoté par les amis de Góngora, en Bulletin Hispanique, 64 (1962), pp. 193-215; M. Romanos, Nuevos aportes al problema de las versiones del 'Antídoto', en Filología, 15 (1971), pp. 215-226; M. Rico García, La perfecta idea de la altísima poesía. Las ideas estéticas de Juan de parece vuelve a Sevilla en 1627, el año de la muerte en Córdoba de un desengañado Góngora, vuelto a morir en "su huerta" 82 desde un Madrid donde Quevedo llegará a desahuciarlo tras comprar el inmueble donde vivía", que termina por entonces de entronizarse como el poeta andaluz máximo, y de nuevo al menos en 1645 hasta 1654, pues alquila casas 84 y deja huella estable durante nueve años de su paso, con su casa lujosa con jardín junto al Compás de San Clemente, donde "congregaba a nobles, artistas y literatos" 85 . Su presencia en Madrid se verifica por largas épocas en las décadas siguientes a su primer retorno sevillano, y fue allí donde pasó sus últimos años, muriendo en la Corte en su casa de San Mateo en 1659 86 . El propio Las Casas, sevillano de El Salvador (como no pierde ocasión en proclamar, un poco a todas horas)", tras una larga vida viajera, preanuncia esa diáspora sevillana a Madrid tan frecuente luego y muere por los años en que Felipe II instala allí la capital del reino (1561), justo cuando el dominico fija su residencia madrileña: su muerte allí cuatro años después de esa fecha resulta en cierto modo tan metafórica de ese giro, que cambiará pronto el contrapeso del poder en el país, como el nacimiento un año después, en 1562, de Lope de Vega, madrileño de San Miguel, poeta nacional en unas pocas décadas, las mismas que tarda su ciudad en erigirse en centro mucho más que geográfico de una península auténticamente descentralizada hasta entonces no solo en su estructura, sino en encajes, influencias y modelos, plena de centros radiales: periféricos y magnéticos". Metáforas del crepúsculo y el alba, ahora madrileños por Jáuregui (Sevilla, Diputación Provincial, 2001); J. M. Rico García (ed.), Antídoto contra la pestilente poesía de las Soledades, por Juan de Jáuregui (Sevilla, Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 2002). 82. Asociado el poeta tradicionalmente a la huerta cordobesa de Don Marcos, donde se supone escribió en retiro sus poemas mayores, en especie acuñada por escrito ante todo por M. Artigas en su Don Luis de Góngora y Argote. Biografía y estudio crítico (Madrid, Tipografía de la Revista de Archivos, 1925), p. 129; vid., recientemente, el documentado replanteamiento de la cuestión por A. de Paz, La huerta de don Marcos, en NRFH, 60.1. Homenaje a Antonio Latorre (2012), pp. 181-198. 83. Sobre la fiera enemistad entre ambos y el desahucio del viejo poeta cordobés por su rival madrileño, en el crudo invierno de 1625, dos años antes de su muerte (cfr., por extenso, P. Jauralde Pou, Francisco de Quevedo (1580-1645) [Madrid, Castalia, 1999, prol. A. Zamora Vicente], pp. 147-148, 205-206, 533-536, 592-593, 732-733, y especialmente 889-924), a muy pocos metros de donde vivía Lope y había vivido y muerto, casi diez años antes, Cervantes (ambos en la misma calle perpendicular, hoy de Cervantes), no es cosa de extenderse aquí y ya traté en La ciudad del hombre (Ciudad de México, Flores, 2018 [pero 2019]), pp. 314, 370. Baste recordar que en el inmueble de la calle, hoy de Quevedo, reluce desde antiguo una placa que recuerda que allí vivió el autor de El Buscón, y solo tras la protesta de algún viandante (yo mismo, modestamente, entiendo que entre otros), el Ayuntamiento de Madrid reflejó, pero en el suelo de la calzada, en la época en que el centro viejo de los Austrias fue cuajándose de leyendas alusivas al Madrid de las Letras, que allí vivió también Góngora (y nació Echegaray, escritor, matemático y Nobel cuasi-olvidado, en una especie de cuota adherida de madrileñismo). 84. Vid. ya J. Coste, Las casas sevillanas de Francisco de Rioja (Madrid, Artes Gráficas Soler, 1969), p. 6 con eco en G. Chiappini (ed.), Francisco de Rioja, Poesía, cit., p. xxv y n. 48. 85. M. Méndez Bejarano, Diccionario', cit., 2, pp. 280-281; cfr. B. López Bueno, Francisco de Rioja, en DB -e (cons. 5-7-2019). 86. Vid. la síntesis de G. Chiappini (ed.), Francisco de Rioja, Poesía, cit., pp. xviii-xxvii. 87. P Castañeda Delgado, Bartolomé de Las Casas, en DB -e (cons. 5-7-2019). 88. Sobre esto vid. ya, si se desea, mi El titán y la flecha. Nueve ensayos de literatura española (Sevilla, GnE, 2002'), pp. 34 y ss., 67 y ss., 77 y ss., 83 y ss., que ahora se reedita (Granada, Comares, 2020 2 ), con revisión de erratas y un segundo apéndice; vid., además, sobre esa bgEculación orgánica Madrid-Sevilla, por lo común 9 11 CJH 16-17 • 2018-2019 el despunte. Es también esa de Rioja la época de los círculos conversos con que se vincula a Baltasar del Alcázar 89 , el Marcial sevillano, íntimo de Cetina, quizá también de origen converso 90 , muerto en 1606, casi a la par que Medrano —otro grande sevillano- 91 , y enseguida la Sevilla densísima y ya decadente del criptojudío Antonio Enríquez, que describe en trazos inolvidables — dibujo "vivo y estremecido", con "apenas línea muerta", al decir de Luis Rosales 92 — al hilo de su Gregorio Guadaña en El Siglo pitagórico (1644) 93 , y que, de creer a Révah 94 , vuelto tras su forzado exilio francés a la ciudad de su infancia y juventud, contempla, desde la clandestinidad, envuelto en la personalidad de Fernando de Zárate —un heterónimo, avant la lettre - 95 , su propia quema sevillana en efigie por la Inquisición, el 14 de abril de 1660, tres meses antes de la muerte del propio Velázquez en Madrid. 5 Cernuda, o la diáspora Ningún poeta sevillano encarna no obstante mejor el magma derramado por Cavafis en su poema más célebre que este Cernuda llevándose consigo la Ciudad 96 obviada en nuestra historia de los dos últimos siglos a favor de la dualidad Madrid-Barcelona, frecuentemente desarmónica, infra n. 663. 89. Sobre el tema, desde una panorámica completa, vid. J. Gil, Los conversos y la Inquisición sevillana, 3 (Sevilla, Universidad de Sevilla - Fundación El Monte, 2001), pp. 195-204; más en concreto, R. Pike, The converso family of Baltasar del Alcázar, en Kentucky Romance Quarterly, 14 (1967), pp. 349-365 (= en español, en Aristócratas y comerciantes. La sociedad sevillana en el siglo XVI [Barcelona, Ariel, 1978], pp. 45-59); M. E. Panford, Baltasar del Alcázar: la poesía autobiográfica como evasión de la ascendencia conversa, en Hispanófila, 139 (2003), pp. 17-30; V. Núñez Rivera, Baltasar del Alcázar, en DB -e (cons. 5-7-2019). 90. A ello se inclinan R. Pike, The converso origins of the Sevillian Poet Gutierre de Cetina, en Ibero-romania, 32 (1990), pp. 47-54 y J. Gil, Los conversos y la Inquisición sevillana, cit., 3, pp. 512-513; sobre la relación entre ambos poetas baste aquí vid. la edición clásica de nuestro antiguo alumno en la Facultad (supra, n. 58) F. Rodríguez Marín, Poemas de Baltasar del Alcázar. Edición de la Real Academia (Madrid, Librería de los sucesores de Hernando, 1910), pp. 20-25; más recientemente, V. Núñez Rivera, Baltasar del Alcázar, en DB -e (cons. 5-7-2019), editor más moderno del poeta, doctor en la Hispalense: cfr. Baltasar del Alcázar, Obra poética (Madrid, Cátedra, 2001, ed. V. Núñez Rivera), pp. 21-22 (introd.), 161-167, con los cuatro sonetos misivos dirigidos a Cetina. 91. Vid sobre él infra § 5 y n. 114; § 36 y n. 950; cfr también n. 570. 92. L. Rosales, El sentimiento del desengaño en la poesía barroca (Madrid, Cultura Hispánica, 1966), p. 53. 93. La descripción de ambientes sevillanos ante todo puede hallarse en el cap. I: vid. El Siglo pitagórico y Vida de Gregorio Guadaña (Madrid, Cátedra, ed. T. de Santos, 1991), pp. 134-147. La historia de Guadaña ya se editó en formato independiente al resto de El Siglo pitagórico como mínimo desde la edición francesa de Baudry (París, 1847) y en España en la BAE de Rivadeneyra (Madrid, 1854): cfr. T. de Santos, ed. cit., p. 35 y n. 78. 94. I. S. Révah, Un pamphlet contre l'Inquisition d'Antonio Enríquez Gómez: la secondie partie de la 'Política angélica' (Ruán, 1647), en Revue des Études Juives, 121 (1962), pp. 81-168. 95. Vid., para esa identificación, la curva que va de Adolfo de Castro, Poetas líricos de los siglos XVI y XVII, 2 (Madrid, Rivadeneyra, BAE, 1857), pp. lxxxix-xci al. S. Révah, Un pamphlet contre l'Inquisition, cit., passim Y p. 148 y casi unánimemente a partir de ahí (salvo para J. G. García-Valdecasas Andrada, Las "Academias morales" de Antonio Enríquez Gómez. Críticas sociales y jurídicas en los versos herméticos de un "judío" español [Sevilla, Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 1971], pp. 35, 39 y ss.); elenco bibliográfico, que me sirve de guía para indagar por mi cuenta, puede hallarse en T. de Santos, ed. cit., pp. 11-35, 51-53 y nn. 1-3, 6-7. 96. Ya en mi El breviario de Sevilla, cit., pp. 41, 45. pese a cambiar de mar y de aire": poeta el alejandrino con el que tantas similitudes guarda Cernuda 98 , que sí probó, a diferencia del griego, en su sangre y su vida la honda verdad de aquel poema", aunque fuese El dios abandona a Antonio, "sobre tema de Plutarco", leído en versión inglesa el que le impresionó como "una de las cosas más definidamente hermosas de que tenga noticia en la poesía de este tiempo" 100 . Imagen en la vieja, y vuelta del revés, estela de Horaciom. Imagen de huida hacia fuera, que lo es también de adentro: adentro que se lleva consigo a los afueras. Su sevillanía substantiva en Madrid fue percibida por ese fino percibidor que fue Juan Ramón 102 , que tanto supo de poetas y de Sevilla, pese al odio expreso a la ciudad y su "ambiente letal" 1 ° 3 que Cernuda no se cansa de reiterar una y otra vez y que estalla, incluso, en su último poema 104 , "sobrebecqueriano" 97. Las ediciones españolas de la poesía de Cavafis son ya múltiples: últimamente vid. la integral y bilingüe Cavafis, Poesía completa (Córdoba, Almuzara, 2017), a cargo de P. Badenas de la Peña, en concreto pp. 71-72, 701 con la glosa, para su más célebre poema, 'La ciudad', en 'Poemas canónicos', 1 [23], fechado tras largo trabajo de años de depuración en 1910. 98. No solo por la común homosexualidad, que es una forma de amar como otra cualquiera pero que ambos vivieron también desde la honda conciencia de la diferencia y hasta de la marginalidad, sino en la propia percepción histórica, tan obvia en la temática de Cavafis, pero que también alienta en la concepción de los "poemas históricos" de Cernuda: vid. un análisis de estos poemas y su contexto en M. Mayoral, Cernuda y España, cit., pp. 59-77, pero también en M. García-Posada, Cernuda y las tradiciones andaluzas, ibíd., pp. 55- 57; cfr., para el detalle y algunos aspectos concretos, J. Larios, La España imperial en la poesía de Luis Cernuda: ecos de Ortega en 'El ruiseñor sobre la piedra', 'Quetzalcóatr, y 'Silla del Rey', en Journal of lberian and Latín American Studies, 15 (agosto 2009), pp. 139-152. No es casualidad: estallan en cascada en los años británicos, más españoles quizás por eso que nunca; sobre esos años, G. Insausti, Luis Cernuda en Gran Bretaña, cit., p. 302 y ss.; en general, A. Rivero Taravillo, Con otro acento. Divagaciones sobre el Cernuda 'inglés' (Sevilla, Diputación de Sevilla, 2006). 99. Sobre su exilio, que adquirió los tintes de una metáfora de su entera vida, y su peripecia en ellos vid. A. Rivero Taravillo, Luis Cernuda. Años de exilio, cit., passim y especialmente pp. 11 y ss. (para los años ingleses); 181 y ss., y de otro modo 315 y ss. (para los estadounidenses); 211 y ss. y sobre todo 265 y ss., 337 y ss. (para los mexicanos); previamente, ya B. Sicot, Exilio, memoria e historia en la poesía de Luis Cernuda (1938-1963) (Madrid, Fondo de Cultura Económica, 2003); sobre los años en Estados Unidos, J. Teruel, Los años norteamericanos de Luis Cernuda (Valencia, Pre-Textos - Fundación Gerardo Diego, 2012); sobre los años en México, A. Sánchez Andrés (ed.), La etapa mexicana de Luis Cernuda 1952-1963 (Morelia - Madrid, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo - Comunidad de Madrid, 2002); AA.VV., Luis Cernuda en México, (Madrid, Fondo de Cultura Económica, 2002, ed. J. Valender); cfr también J. Neira - J. Pérez Bazo, Luis Cernuda en el exilio (Lecturas de 'Las nubes' y 'Desolación de la Quimera) (Toulouse, Presses Universitaires du Mirail, 2002); sobre algunos aspectos que lo trascienden, sin erradicarse de él, C. Blanco Aguinaga, Ecos del discurso de la Hispanidad en la poesía de Cernuda, en Ensayos sobre la literatura del exilio español (México D. F., El Colegio de México, 2006), pp. 91-121. 100. Así expresamente lo declara en la entrevista Con Luis Cernuda, en su exilio, que le hace Fernández Figueroa para Indice literario, 124-125 (Madrid, abril-mayo, 1959), al aludir a Rilke y a "Cavafy, el poeta griego de Alejandría" como dos de los definitivamente poetas grandes de nuestro tiempo, titulada Entrevista con un poeta para el póstumo Poesía y Literatura, 2 (Barcelona, Seix Barral, 1964 [public. 1965]) (= en la versión corregida de Obra completa, cit., 2, pp. 809 y ss., en concreto 811-812). 101. Horacio, Epist., 1, 11, 7: breve lectura cavafiana en P. Badenas de la Peña, ed. cit., p. 701. 102. Vid. R. Montesinos, La semana pasada murió Bécquer, cit., pp. 46-47. 103. L. Cernuda, 'El destino', en Ocnos 3 , cit., p. 97 (= Ocnos. Variaciones, cit., p. 93 = Obra completa, cit., 1, p. 582). 104. Aquel 'A sus paisanos', escrito en San Francisco un año antes de su muerte, entre febrero y abril de 1962, y tenido por su último poema (cfr. A. Rivero Taravillo, Luis Cernuda, Años de exilio, cit., pp. 309-310, 329), que empieza resonante: "No me queréis, lo sé, y que os molesta/ Cuanto escribo. ¿Os molesta? Os ofende./¿Culpa r CJH 16-17 • 2018-2019 máximo para W 5 , en elogio envenenado 10 €. Aquel "moreno amarillo", vestido "de actual modo negro" 1 " 7 , parecía en Madrid tener una morenía "más malaya, palúdica, verde-sur" 108. El viso de malevolencia que le adivinó Cernuda ahí (no era difícil, y menos para alguien tan abierto a la malevolencia como él mismo) es aquí muy obvio y, como supo ver tan bien el sevillano, no estorba la representación y aun a veces "ayuda a sorprender los recodos espirituales del modelo"'": a veces. (Aunque le pese a Cernuda, esta es una de esas veces). Vuelo lírico el del poeta ahí que alcanza —color y trazo, pero no solo— la estatura de ciertos retratos del Greco y de Goya 11 °. Es un pulso, un saberse mirar donde uno no quiere que le mire otro: y menos que nadie, entre los otros todos, ese en concreto. Un pulso en que apenas cabe el ten con ten. "Libre de Sevilla", lo notaba Juan Ramón más enjaulado en Sevilla y sus arquitecturas'". ¿Cómo interpretar, si no, su querencia rara vez destacada por el teatro de los Álvarez Quintero, por el lado más tópico y extendido de aquella sevillanía 112 ? No menos que por el lado más noble y minoritario de su mía tal vez o es de vosotros? /Porque no es la persona y su leyenda/ Lo que ahí, allegados a mí, atrás os vuelve": cfr. L. Cernuda, Desolación de la Quimera 1956-1962 (México, Joaquín Matiz, 1962'), p. 79 (= Obra completa, cit., 1, p. 546), que continúa la inacabada sección xi de La realidad y el deseo', cit., pp. 327-334: cfr. Desolación de la Quimera', cit., p. 7. Vid. supra n. 14 y ante todo infra § 19 y n. 416. 105. J. R. Jiménez, Españoles de tres mundos, lxi: cfr. Obras de Juan Ramón Jiménez, cit., p. 201. 106. Baste cfr. L. Cernuda, Bécquer y el romanticismo español (7935), en Cruz y Raya, 26 (Madrid, mayo de 1935), pp. 45-73 y Dos reseñas (1947), en el Boletín del Instituto Español, 2 (Londres, junio de 1947), pp. 24-25 (= respectivamente, Obra completa, cit., 3, pp. 66-81, 193-195, por donde cito: infra, nn. 370, 460), la primera de ellas sobre las Rimas de Bécquer, en que coloca al poeta sevillano en la poesía moderna al nivel de Garcilaso en la clásica. Que se refiera a que solo tiene tres cuartos de siglo la obra poética de Bécquer no deja de aludir -y estremecer- a la movilidad inherente, desde cada nuevo presente, a toda perspectiva intermedia por el transcurso del tiempo. Que, por lo demás, captó el fino envenenamiento insuflado hacia él -decretado- por el de Moguer desde su posición de centralidad en la poesía moderna en español, lo muestra la atención a la poesía y la persona de Juan Ramón presente en su obra ensayística durante décadas y la evolución progresiva de ella hacia derroteros muy matizados: cfr. Juan Ramón Jiménez (1941), en el Bulletin of Spanish Studies, XIX, 76 (oct. 1942), pp. 163-178 (reproducido enseguida en El Hijo pródigo, 1-3 [México, junio de 1943]); Juan Ramón Jiménez, en México en la Cultura, 291 (17 oct. 1954), p. 3 y ss.; Los dos Juan Ramón Jiménez (1958), en México en la Cultura, 482 (8 jun. 1958), pp. 1, 3, con el significativo co-título de El Doctor Jekyll y Míster Hyde; Jiménez y Yeats, en La palabra y el hombre. Revista de la Universidad Veracruzana (oct.-dic. 1963), pp. 591-594 (= respectivamente, Obra completa, cit., 3, pp. 155-174, y Obra completa, cit., 2, pp. 141-151, 731- 734, 821-825, por la que cito a partir de ahora el texto). 107. J. R. Jiménez, Españoles de tres mundos, lxi: cfr. Obras de Juan Ramón Jiménez. Españoles de tres mundos, cit., p. 201. 108. J. R. Jiménez, Españoles de tres mundos, lxi: cfr. Obras de Juan Ramón Jiménez. Españoles de tres mundos, cit., p. 202. 109. L. Cernuda, Juan Ramón Jiménez (1941), cit. (supra, n. 106), en Obra completa, cit., 2, p. 173. 110. L. Cernuda, Juan Ramón Jiménez (1941), cit. (supra, n. 106), en Obra completa, cit., 2, p. 173. Claro que no siempre lo consigue, faltaría más, a juicio de él: vid. infra § 29 y nn. 735-739. 111. J. R. Jiménez, Españoles de tres mundos, lxi: cfr. Obras de Juan Ramón Jiménez. Españoles de tres mundos, cit., p. 202. 112. No se le ocultaba ese carácter del teatro de los dos hermanos a Cernuda, que gustó siempre, no obstante, de sus primeras piezas dramáticas cortas (en comparación con Malvaloca y otras de asunto o enfoque pretendidamente más serio, que se les venían grandes, lejos de "la ligereza y elegancia de sus comedias más breves") y que evoca expresamente, con inequívoco placer, cierta representación de El patio: explícito es en L. Cernuda, Los Quintero (1962), en índice, 184 (1964), pp. 23-24 (= Obra completa, cit., 2, pp. 722-730), en uno de sus textos críticos más originales y refinados. Vid. sobre otro aspecto de esto infra n. 457. defensa cerrada de los "bellísimos" sonetos clásicos sevillanos, esgrimida en su introducción al frente de una selección, hecha precisamente en el Madrid de 1936, de poemas de Arguijo, Medrano y Rioja, ninguno de los cuales acumuló "obra sin peso" —entre otras cosas por lo poco escrito, pero también por lo mucho dejado inédito 13 y por su alto nivel poético substancial—y a los que vincula, en el terreno de la ascendencia lírica andaluza, "o concretamente sevillana", con Bécquer 14 : precisamente. Velázquez y Murillo en cierta forman preanuncian esta dualidad''' cuando la ciudad que había sido centro se vuelve inexorablemente ya periferia 16 , en una percepción de contrastes solo diluida en parte por el enorme éxito de la pintura de Murillo en la Europa del siglo XIX, a la que siguió un progresivo obscurecimiento de su tamal'', aplastado en cierta forma por la Ciudad crecientemente encerrada en sí que no abandonó nunca' 18 , a diferencia de un Velázquez que no regresó a Sevilla al abandonarla para siempre a los veinticuatro años camino de la Corte, siguiendo el rastro de los tiempos'''. Pero en ningún caso se ha llevado esa dicotomía entre (las) dos formas de ser sevillano en literatura o arte como en el de esos dos antiguos alumnos de la Facultad de Derecho, rigurosos coetáneos, Cernuda y Murube, quizá los dos poetas sevillanos más célebres nacidos en el siglo XX. No puede extrañar, desde esta óptica 113. Rioja, que es quien nos interesa más de los tres aquí, por su vinculación casi segura al mundo del derecho y posible también en eso al colegio de Santa María (vid. supra nn. 74-76), cultivó la poesía como un adorno casi privado, creyendo que su vida pública y quehaceres eruditos eran -y seríanla base de su fama, ocurriendo exactamente lo contrario cuando se esfumaron poder y vida; sus propios Papeles diversos, que se guardan en la Biblioteca Capitular y Colombina (85-4-2), son muestra de todo ello: cfr. B. López Bueno, Francisco de Rioja, en DB -e (cons. 5-7-2019). 114. Vid. sobre ellos L. Cernuda, Sonetos clásicos sevillanos (1936), en Cruz y Raya, 36 (Madrid, marzo de 1936), pp. 104-106 (= Obra completa, cit., 3, pp. 106-109). 115. Así, en mi El breviario de Sevilla, cit., pp. 45, 170, 172-173. 116. Quizás nunca mejor representado, ya desde el mismo esenciador título, que en A. Domínguez Ortiz, Orto y ocaso de Sevilla ([Sevilla, Excma. Diputación Provincial de Sevilla, 1946] Sevilla, Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, [1974 2 ] 1981 3 ), pp. 21 y ss. para el orto (con sus sombras ibid., p. 107 y ss.), 116 y ss. para el ocaso. 117. Ese obscurecimiento en su fama ya está percibido (y auscultado: con teoría conspirativa e, incluso, conspiranoica) por J. Romero Murube, Otra vez Murillo, en Los cielos que perdimos, cit., p. 190. Ambas percepciones se hallan, por lo demás, y se envuelven, en el paradigmático análisis que le consagra A. L. Mayer en su La pintura española (Barcelona, Labor, [1926] 1937 3 , trad. M. Sánchez Sarto), pp. 182-197; más ponderado y rico, y más liberado de las trabas de los vaivenes en el juicio del pasado, me parece el de A. E. Pérez Sánchez, Pintura barroca en España (1600-1750) (Madrid, Cátedra, [1992] 2005 4 ), pp. 347-362. No es necesario extender aquí la inacabable lista. 118. Salvo para algunos viajes (Madrid, Cádiz): vid. ahora, sobre Murillo y su ciudad, el espléndido AA.W., Murillo y Sevilla (1618-2018). Conferencias en la Facultad de Geografía e Historia (Sevilla, Editorial Universidad de Sevilla, 2018, coord. J. Palomero Páramo), con nota previa del Decano de la Facultad, Javier Navarro. 119. No es imposible la vuelta transitoria de Velázquez a Sevilla al regreso de su primer viaje a Italia, lo que, de poder confirmarse documentalmente, indirectamente habría permitido que un Murillo de trece años, que aún no había entrado en el taller de Juan del Castillo, y en cualquier caso este y sus discípulos, hubiesen podido conocerlo, como apuntan más recientemente haciéndose eco de la hipótesis (supra, n. 80) M. Alvarez-Garcillán - J. García-Máiquez, Velázquez, Murillo y la aristocracia del arte, en Velázquez Murillo Sevilla (Sevilla, Fundación Focus, 2016, ed. G. Finaldi), p. 61. Pero es solo una elucubración, no inverosímil, pero aún (y quizás siempre) sin apoyo textual. nesa (1924) 218 en aquellos asombrosos años veinte sevillanos, que parecieron por su densidad poética durar mucho más que unos años. Es la Facultad que en 1931 se abre a la Segunda República y que deslumbrará a la joven gaditana Mercedes Formica, que ingresa ese mismo año como estudiante de Derecho (que simultaneará con Filosofía y Letras) y será la única alumna del centro, hija de la burguesía andaluza más culta de entre la acomodada, admiradora entre sus profesores ante todo de José Antonio Rubio Sacristán, figura cosmopolita, Catedrático de Historia del Derecho recién llegado a la Facultad desde su cátedra de La Laguna, amigo y compañero de Lorca en la madrileña Residencia de Estudiantes, donde vivió entre 1920 y 1921 218 , y de Manuel Giménez Fernández, que aún no había sido ministro 220 , pero no de otro debutante en Sevilla, Francisco de Pelsmaeker, procedente como Rubio también de La Laguna, del que no guardará buen recuerdo, una disonancia entre aquella nueva hornada republicana de catedráticos de Universidad, procedentes en su mayoría de la Institución Libre de Enseñanza, "que la ayudaron a abrir su horizonte vital "221. Trasladada a Madrid tras la separación de sus padres, terminará la carrera de Derecho interrumpida tras la guerra y se colegiará como abogada: será entonces solo la tercera mujer del Colegio de Abogados de Madrid y compatibilizará el ejercicio de la abogacía con su actividad literaria 222 , en ese punto de fuga donde su falangismo de origen le vedará el reconocimiento de la izquierda y su actividad en pro de los derechos entonces de vanguardia en la España cercenada el aprecio desde dentro del régimen mismo 223 . Afiliada a Falange en su juventud, delegada del SEU y admiradora de José Antonio, casada con uno de los dorados infantes de la escena literaria sevillana de los veinte y los treinta, Eduardo Llosent, director de Mediodía 224 , y separada luego de él, Real Academia Sevillana de Buenas Letras - Fundación El Monte, 2003, eds. P. González - R. Reyes), sobre la que puede cfr la reseña de P. García, en ABC de Sevilla, 20 de enero de 2004. 218. I. del Vando-villar, La sombrilla japonesa (Sevilla, Imprenta La Exposición, 1924). 219. No siguió su trágica suerte, pero tampoco la tuvo: sobre él y ello infra § 14 y nn. 302, 304-305. 220. Lo sería, fugazmente, en 1934: sobre él y ello infra § 15 y n. 312. 221. R. Ruiz Franco, Mercedes Formica Corsi-Hezode, en DB -e (cons. 9-7-2019). Vid. A. Gómez López, Visión sobre Mercedes Formica, en Los Sabios del Toreo, XIX, 70 (ene.-feb. 2015), pp. 44-50, que recoge el recuerdo destinado a la Real Academia de Córdoba, con eco entre otras fuentes directas del testimonio de su padre, amigo y compañero de Formica mientras simultaneaban ambos los estudios de Derecho y Filosofía y Letras entre 1931 y 1933. Otras valoraciones sobre Pelsmaeker pueden hallarse infra § 48 y n. 1300 (añádanse para el retrato nn. 1298, 1303; además, § 47 y n. 1280). 222. Vid. sobre su trayectoria M. Soler Gallo, Hurgando en el 'Desván de los malditos': unas notas sobre Mercedes Formica, en Perífrasis, 2, n.° 3 (Bogotá, ene.-jun. 2011), pp. 40-55, en especial 47-48 sobre su acceso a la abogacía, tras vedársele, por su condición de mujer, el acceso a la carrera diplomática; cfr. R. Ruiz Franco, Mercedes Formica Corsi-Hezode, en DB -e (cons. 9-7-2019). 223. La invisibilidad fue la consecuencia de todo ello: al respecto, vid. M. Soler Gallo, La invisibilidad de Mercedes Formica en el canon narrativo de posguerra, en La mujer en la literatura, la sociedad y la historia: identidad, cambio social y progreso en las culturas mediterráneas (Santiago de Compostela, Andavira, 2010, coords. M. González de Sande - F. López Criado), pp. 247-254; cfr, como excepción a ese silencio, J. de D. Ruiz-Copete, Narradores andaluces de posguerra. Historia de una década (1939-1949) (Sevilla, Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 2001), p. 103 y ss. 224. Sobre él, por todos, puede partirse de M. Soler Gallo, En busca de Eduardo Llosent y Marañón (1905- 1969), en Estudios sobre el patrimonio literario andaluz, V Homenaje al profesor Cristóbal Cuevas (Málaga, AEDILE, 2013, coord. A. A. Gómez Yebra), pp. 473-489. 91 OH 16-17 • 2018-2019 de quien con todo dejó un límpido y atractivo retrato 225 , se convertirá, en el interior del sistema jurídico franquista, en una defensora de los derechos de la mujer y su El domicilio conyugal en 1953 226 será sin duda uno de los artículos de índole jurídica en la prensa convencional más influyentes de la historia de la prensa española y en motor de la fuerte controversia, de eco internacional, en la que intervendrían desde Castán a Hernández Gil, que terminaría por dar lugar a la Ley de 24 de abril de 1958, en un proceso que concluirá con la profunda revisión del derecho codificado: hasta sesenta y seis artículos del Código civil fueron reformados. La Reformica, como se la llamó por ello, es una figura mucho más interesante de lo que ha sido usual considerar, con sus logros y sus contradicciones 227 , arrastradas desde sus años más jóvenes. Son los días aquellos de su juventud sevillana en la Facultad de Derecho en que el Claustro de la Universidad de Sevilla se adhiere entusiasta —9 de mayo de 1931— a la República recién instaurada y aprueba la propuesta a favor de que "todas las reformas de enseñanza se inspiren en un amplio espíritu democrático "228. Aire eléctrico, diría cualquiera, aéreo claustro bogando con el espíritu de los tiempos. Y tanto... Suelen hacer eso los claustros, y no digamos los sevillanos. Y además ese fue de verdad. Como siempre la "verdad" en estos casos. Lástima que solo cinco años después, el 2 de octubre de 1936, el mismo órgano felicite "con todo entusiasmo" al nuevo Jefe del Estado, Generalísimo Franco, para dar "su entera aprobación" el 11 de mayo de 1939 al proyecto de ley franquista sobre reforma universitaria 229 . Como si importase algo la tal "aprobación"... salvo a la historia. Jaime Claret, que en su muy conocida monografía sobre la depuración franquista de la Universidad republicana destaca tal "sorprendente" convergencia en tan pocos años, no deja de incidir en la puerilidad del arrebato de felicitación al poder nuevo 230 , poco permeable a las recomendaciones del "saber" y no digamos a las de "poderes" más pequeños que el suyo. Podríamos invitarle, cuando quiera, a los claustros actuales, salvando todas las distancias de quienes solo se juegan ahora prebendas y palmadas en el hombro. Hay cuerpos que mudan de piel, pero jamás de esencia. 11 ... y un abrupto final Mundo cercenado este el de nuestra Facultad de la belle époque por lo que vino inmediatamente después en el país, pero también, y paradigmáticamente, en 225. M. Formica, Visto y vivido (Barcelona, Planeta, 1982), p. 196. 226. En ABC, 7 de noviembre de 1953, tras meses retenido por la censura del régimen. 227. Vid. el vislumbre de R. Regás, Mercedes Formica o la ideológica contradicción, en El Mundo, 3 de septiembre de 2013. 228. Libro de Actas de Claustro y Juntas de Gobierno, legajo 1998, claustro ordinario de 9 de mayo de 1931, pp. 88-90. 229. Libro de Actas de Claustro y Juntas de Gobierno, legajo 1998, claustro ordinario de 11 de mayo de 1939, pp. 133-134. 230. J. Claret Miranda, El atroz desmoche, cit., p. 230 y n. 45 (en p. 425), con la referencia documental a AHUS, carpeta 3082, núms. 9 y 10, y los correspondientes libros de actas cit. supra, nn. 228-229. 9 11 CJH 16-17 • 2018-2019 la Universidad española 231 . De las doce Universidades que existían en España en 1936 232 , tras las últimas reformas universitarias 233 , ocho se encontraron al estallar la 231. Los datos son inseguros, pero se sabe que 194 catedráticos fueron depurados en España, de los que 139 acabaron separados de servicio, lo que supone un 32% del escalafón: cfr. M. Baldó Lacomba, Represión franquista del profesorado universitario, en Cuadernos del Instituto Antonio de Nebrija, 14 (2011), pp. 31-51, en concreto 33-34. Otros cálculos hablan de 118 profesores universitarios que marcharon al exilio; de los que se quedaron fueron renovados y depurados el 55'7% entre 1938 y 1945: vid. F. Moreno Sáez, Educación y cultura en el franquismo, en El franquismo. Visiones y balances (Alicante, Universidad de Alicante, Servicio de Publicaciones, 1999, coord. F. Sevillano Calero y R. Moreno Fonseret), pp. 169-224. Los profesores republicanos en el exilio, a través de la Unión de Profesores Universitarios Españoles en el Extranjero (UPUEE), calcularon que el 42% del total fue depurado: vid. M. F. Mancebo, La España de los exilios (Valencia, Universidad de Valencia, 2008), p. 259 y su eco en M. Baldó Lacomba, op. cit., n. 13. Cfr. además G. González Roldán, El nacimiento de la Universidad franquista. La depuración republicana y franquista de los catedráticos de Universidad (Madrid, UNED, 2001), tesis doctoral dirigida por J. Tusell; J. Claret Miranda, El atroz desmoche, cit., passim; G. Gómez Bravo, Del expediente de depuración y otras responsabilidades, en AA.W., La destrucción de la ciencia en España. Depuración universitaria en el franquismo (Madrid, Editorial Complutense, 2006, dir. L. E. Otero Carvajal), pp. 156-157; M. Núñez Díaz Balad (coord.), La gran represión. Los años de plomo de la posguerra (1939-1948) (Madrid, Flor de Viento, 2009). Centrados en el ámbito del derecho, vid. M. J. Peláez Albendea - P. Zambrana Moral, Más noticias sobre la depuración politica universitaria de Catedráticos de Derecho en España (1936- 1943), en REHJ, 29 (Valparaíso, Chile, 2007), pp. 465-480. Sobre otros aspectos de la represión, en el medio sevillano, vid. I. Grana Gil, El Archivo Histórico de la Universidad de Sevilla, testigo de la depuración franquista del profesorado normalista, en AA.W., lmatges de l'escola, imatge de l'educació: Actes de les XXI Jornades d'História de l'Educació, Palma, del 26 al 28 de novembre de 2014 (Palma, Universidad de las Islas Baleares, coord. F. Comas Rubí et alii), pp. 415-424. Sobre los instrumentos de inmediata represión utilizados tras la ocupación de Sevilla por Queipo de Llano en 1936 puede partirse de A. Rosa Félix, Represión en Sevilla: el tribunal de responsabilidades políticas, en Revista de Humanidades, 20 (2013), pp. 105-130. 232. Salamanca (fundada en 1218), con 46 catedráticos; Valladolid ([1241-1295] 1346), con 42 catedráticos; Barcelona (1450, cerrada entre 1714 y 1842), con 71 catedráticos; Madrid ([1293] 1499, en Alcalá como Complutense; desde 1836 en la capital), con 124 catedráticos; Valencia (1499-1502), con 48 catedráticos; Sevilla (1505), con 71 catedráticos, repartidos en dos ciudades (Sevilla y Cádiz: 45 + 26); Santiago de Compostela (1495-1522), con 43 catedráticos; Granada (1536), con 54 catedráticos; Zaragoza (1542), con 49 catedráticos; Oviedo (1574-1608), con 24 catedráticos; La Laguna (1792, degradada a instituto en 1845 y restaurada como Universidad en 1913), con 14 catedráticos, y la más moderna de todas, Murcia (1914, con múltiples intentos previos, sobre todo en el siglo XIX), con otros 14, cuya Facultad de Derecho databa solo de 1916, fecha de la primera cátedra de Carande, obtenida allí, que trocó en 1918 por la de Sevilla. Los datos de cátedras, pero no de antigüedad universitaria, aquí utilizados, están consignados en M. Baldó Lacomba, Represión franquista del profesorado, cit., p. 35, con bibliografía. 233. Un buen número de Universidades españolas ya decadentes o de segundo nivel que habían aflorado a la Edad Moderna, entre ellas la de Toledo pese al apoyo arzobispal, fueron eliminadas como entes universitarios autónomos por la Ley de Reforma de 1807 dictada por Carlos IV: en concreto, además de Toledo, esa supresión afectó a Osma, Oñate, Orihuela, Ávila, Irache, Baeza, Osuna, Almagro, Gandía y Sigüenza, ciudades históricas todas en decadencia, con estudios sin prestigio comparativo, ninguna de las cuales (salvo Ávila para una demarcación despoblada) sería cabeza en el reparto provincial que se emprendería en 1833 por Javier del Burgo -claramente inspirado en el proyecto de 1822- durante el gobierno de apenas tres meses de duración de Francisco Cea Bermúdez, a la muerte de Fernando VII el 29 de septiembre de 1833, que entre otras cosas previamente había abierto ya -como Ministro de Estado y Presidente del Consejo de Ministros en el crepúsculo del "Deseado"- las Universidades, cerradas desde hacía dos años, y amnistiado a los liberales en octubre de 1832 (cfr sobre su labor política E. R. Eggers - E. Feune de Colombí, Francisco de Zea y su época. 1779-1850 [Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1958]; J. M- Donézar Díez de Ulzurrun, Francisco de Cea Bermúdez y Buzo, en DB -e [cons. 5-7-2019]): una época refundacional para el país, en que nace el moderno Derecho administrativo español (vid. al respecto J. A. Santamaría Pastor, Sobre la génesis del Derecho Administrativo español en el siglo XIX (1812-1845) [Sevilla, Universidad de Sevilla, 1973]) y en el que el papel de del Burgo fue decisivo pese a su estricta brevedad, con una obra político-administrativa de granítica permanencia, como es obvio: vid., por todos, A. Mesa Segura, Labor administrativa de Javier de Burgos (Madrid, IEP, 1946); J. Gay Armenteros, Javier de Burgos (Granada, Comares, 1999); Javier de Burgos. El reformista sublevación en territorio controlado por los sublevados (Zaragoza, Valladolid, Salamanca, Santiago de Compostela, Oviedo, Sevilla, La Laguna y Granada) y cuatro en el territorio controlado (es un decir) por el gobierno republicano (Madrid, Barcelona, Murcia y Valencia) 23 G. En la zona republicana, cada vez más convulsa, fueron depurados durante la guerra 51 profesores en Madrid, 37 en Barcelona, 20 en Valencia ¡l us t r ado (Madrid, FAES - Gota a Gota, 2014); Francisco Javier Burgos y del Olmo, en DB -e (cons. 5-7-2019). En el ámbito universitario, en el Plan de 1824, tras la Guerra de Independencia y los trastornos posteriores sufridos por el país, las Universidades españoles habían sido reducidas a trece: Salamanca, Valladolid, Alcalá, Valencia, Cervera, Santiago, Zaragoza, Huesca, Sevilla, Granada, Oviedo, Mallorca y Canarias. No existía aún la de Murcia, pese a los intentos casi reiterados cíclicamente, que habría de esperar al nuevo siglo, Madrid no había tenido nunca Universidad y Barcelona la había perdido, tras la Guerra de Sucesión, en 1714, trasladados los estudios a Cervera, en un mundo nuevo estructurado por los Borbones victoriosos con los Decretos de Nueva Planta (1715). En el Plan Pidal de 1845 Canarias, Huesca y Mallorca fueron convertidas en institutos de segunda enseñanza (infra, n. 242), certificándose el cierre ya decretado del centro toledano, pese a la ya languideciente resistencia, confirmándose los traslados recientes de las Universidades de Alcalá y Cervera respectivamente a Madrid, que por fin se convirtió en ciudad universitaria (infra, n. 1069), y a Barcelona, que volvía a serlo (supra, n. anterior). Madrid, de hecho, pasaría de no tener Universidad a convertirse en poco tiempo en la Universidad, por antonomasia, única en poder emitir títulos de doctor en todo el Estado. La Ley Moyano de 1857 culminó este proceso uniformizador y centralizador que establecía en España diez distritos universitarios (Madrid, Barcelona, Salamanca, Valladolid, Valencia, Sevilla, Granada, Zaragoza, Santiago y Oviedo) y cinco Facultades, de las que solo Derecho se cursaba en todas las Universidades: Derecho, Medicina, Filosofía y Letras, Ciencias (la gran novedad de la Ley, independizada de Filosofía: infra, n. 870) y Farmacia, que solo se ofrecía en cuatro distritos. Teología fue suprimida definitivamente, tras largo declive y no pocas oscilaciones, en 1868, con la Gloriosa. Para la acusada oralidad de las Universidades del período, verdadera factoría de tribunos para la España liberal, en ningún lugar como en las Facultades de Derecho, vid. C. Petit, Discurso sobre el discurso. Oralidad y escritura en la cultura jurídica de la España liberal (Madrid, Universidad Carlos III de Madrid, 2014), p. 26 y ss.; sobre los exámenes y ejercicios de grados en la uniformada Universidad de Moyano, ibld., p. 31 y ss.; repárese en la nula libertad del doctorando para la elección de tema de tesis (término por lo demás tardío, que aplicado al grado máximo solo introducen las leyes educativas de Gamazo en 1883): para todo ello, ibld., p. 33; para las oposiciones, ibíd., p. 35 y ss. Eran centros universitarios muy desiguales, por lo demás. A fines de siglo, la Universidad de Madrid tenía unos cuatro mil ochocientos estudiantes matriculados (menos que los que solo nuestra Facultad tiene ahora) y el Oviedo de Clarín (el catedrático Clarín) unos cuatrocientos; casi todas las demás oscilaban entre los mil y mil quinientos estudiantes: los datos numéricos son accesibles en La Universidad española a fines del XIX, en Alma mater hispalense. 500 años (cons. 7-5-2019). Sobre esta evolución, que es a la vez súbita y progresiva, impulsada desde fuera y sentida por dentro no siempre a partes iguales, se ha escrito no poco desde ópticas muy diversas; baste remitir aquí para una panorámica impresionística de algunas de sus vicisitudes, como se hace por lo demás ibídem, a AA.W., Las universidades hispánicas: de la Monarquía de los Austrias al Centralismo Liberal. V Congreso Internacional sobre Historia de las Universidades Hispánicas (Salamanca, 1998) (Salamanca, Universidad de Salamanca y Junta de Castilla y León, 2000, coord. L. E. Rodríguez-San Pedro Bezares), en dos vols.; cfr desde luego R. Navarro Hinojosa, La Universidad de Sevilla durante la Década absolutista y la consolidación del Estado liberal (1823-1868), en AA.W., V Centenario. La Universidad de Sevilla 1505-2005 (Sevilla, Universidad de Sevilla - Fundación El Monte, 2005, coord. R. M. Serrera - R. Sánchez Mantero), p. 270. La posición de Madrid, desde que obtuvo su Universidad (a costa de Alcalá), fue de absoluta preeminencia, llegando a ser el destino más codiciado y no solo por ser la única Universidad en la que se podía obtener el doctorado, hasta que -efluvios aparte del gran Centenario salmantino y del Sexenio revolucionario: infra, n. 900- la Segunda República, en un intento compensador, rompió el monopolio concediéndoselo también a la Universidad de Barcelona "autónoma" (por eso, entre otras cosas), situación que el franquismo revertió a partir de 1939, en una dinámica favorecida por la dimensión simbólica adquirida en la guerra por la Ciudad Universitaria madrileña, frente de guerra: un apunte sobre esto, en parte coincidente, puede hallarse en J. Claret Miranda, El atroz desmoche, cit., pp. 287-288. 234. Lo recuerda L. G. Martínez del Campo, La razón al servicio de la fuerza. El apoyo universitario a la sublevación franquista (1936-1940), en Europa, 1939 = Europe, 1939: el año de las catástrofes = The Year of the Catastrophes = L'Année des catastrophes = L'any de les catástrofes: actes del congrés internacional, Barcelona, 22,23 i 24 d'abril de 2009 (Barcelona, Península, 2009, ed. P. Ysás), p. 10. CJH 16-17 • 2018-2019 y 7 en Murcia, casi todos catedráticos que se pasaban a la zona franquista; en la zona ya no controlada por la república —y por tanto no efectivas— sumaron otras 40: en conjunto, 155 depuraciones 235 , a las que se sumaron ocho fusilamientos 236 . Terminada la guerra, la depuración allí, tras el triunfo de Franco, fue particularmente quirúrgica, aunque naturalmente no lo fue solo por eso y la depuración empezó de modo inmediato respecto de las Universidades que cayeron al estallar la guerra en zona de control franquista. Las dos Universidades más significativas del país (la tercera, en gran medida, ya era la de Sevilla) se encontraban en el núcleo fiel al gobierno legal y, producido el triunfo de la sublevación, hubo que erradicar de ella, en la óptica del vencedor, "las malas hierbas" que recordasen al período anterior. En la Universidad de Barcelona más del 50% de los catedráticos (y 135 profesores de todas las categorías) se vio afectado directamente por la represión y fue separado del servicio: veintisiete catedráticos fueron sancionados y veinticinco separados de modo definitivo 237 . En Madrid, si cabe, fue aún peor, paradigma la Universidad Central (hoy Complutense) de la Universidad republicana y de la renovación impulsada, en el caldo generado por la Institución Libre de Enseñanza, desde la creación de la Junta para la Ampliación de Estudios, una de las grandes obras históricas de la España contemporánea —que fue presidida por Ramón y Cajal desde su fundación en 1907 hasta su muerte, en 1934 238 —, y la sanción alcanzó al 44'4% de los catedráticos y al 46'7% de los auxiliares y ayudantes, siendo separados el 40% de los sancionados: en total cincuenta y seis catedráticos fueron sancionados, de los 235. Vid. G. González Roldán, El nacimiento de la Universidad franquista, cit., pp. 106-107; M. Baldó Lacomba, Represión franquista del profesorado, cit., p. 49. 236. G. González Roldán, El nacimiento de la Universidad franquista, cit., pp. 59-63; J. Claret Miranda, El atroz desmoche, cit., pp. 136, 260, 293; M. Baldó Lacomba, Represión franquista del profesorado, cit., p. 50 y n. 96. 237. Vid. M. Baldó Lacomba, Represión franquista del profesorado, cit., p. 34. 238. G. Marañón en su Prólogo a M. Pérez Ferrero, Vida de Antonio Machado y de Manuel (Madrid, Espasa-Calpe, 1952 1 [1973 3 ]), pp. 14-15 refleja el sentir generalizado de cierta clase intelectual española sobre el esplendor cultural alcanzado por el país esos años, que él hace arrancar de los últimos del siglo XIX, naciendo con la Restauración (Galdós, Alarcón, Pereda) e hinchándose en ola magnífica con la plenitud de la generación del 98 (Unamuno, Valle Inclán, Ganivet), para romperse en el trance de 1936: "Si íbamos a la Universidad podíamos oír la palabra de Menéndez y Pelayo, de Giner, de Cajal". No hace falta insistir en la palabra que podían oír los estudiantes en la Universidad alemana de su tiempo, pero Marañón se extasia con lo propio, admirado de la recuperación patria experimentada en aquella auténtica Edad de Plata, recayendo en el vicio de la comparación descontextualizada: "¿qué otro país, en la misma época, podía presentar una legión parecida?". Mejor no hablar por lo obvio en lo relativo a la Universidad, elevado su nivel en la española indiscutiblemente, mas por contacto ante todo con la alemana, gracias sobre todo a la Junta de Ampliación de Estudios, sobre la que vid., por todos, J. M. Sánchez Ron, (coord.), 1907-1987. La Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas 80 años después (Madrid, CSIC, 1988), dos vols., y más en concreto, para el período de que se habla, E. Caballero Garrido y M.a C. Azcuenaga Cavia, La Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas: historia de sus centros y protagonistas (1907-1939) (Gijón, Trea y Asociación Nacional de Estudiantes e Investigadores Siglo XXI, 2010). Aunque sí es de justicia hacerlo en lo relativo al panorama cultural y sobre todo en la creación literaria y artística a reivindicar (Rosales, Sorolla, Pradilla, Romero de Torres... son los nombres que aporta, muy significativamente para sus propios gustos), a la que cabe mejor aquel ditirámbico aserto, no exento del todo de verdad (ni de exageración), al calificarla (ibíd., p. 11) como "una de las eras más singulares, más plenas, más saturadas de interés que haya gozado jamás pueblo alguno de la tierra". La época de Picasso, cuyo nombre silencia, pensemos (o queramos pensar) que porque, como declara (ibíd., p. 15), no recuerda "ahora más que a los muertos". que fueron separados de la docencia cuarenta y uno, entre ellos algunos de los más célebres del país 239 . Mucho peor fue en zona franquista, antes y después del triunfo militar. En la ciudad de Sevilla, en poder de los sublevados desde casi el principio de la contienda, de un total de cuarenta y cinco catedráticos (de los seiscientos que tenía España repartidos entre las doce Universidades), fueron depurados diez (entre los ciento noventa y tres depurados en el país por la administración franquista) y finalmente separados once de sus cátedras (de ciento cuarenta en toda España) 240 , a los que cabe unir los afectados en la Facultad de Medicina de Cádiz, dependiente de la Universidad de Sevilla, donde esta mantenía veintiséis catedráticos 241 , en un distrito universitario que incluía, junto a estas dos provincias con centros superiores de enseñanza, las peninsulares de Huelva, Córdoba y Badajoz, cuyos institutos dependían del Rectorado hispalense 242 : un total de setenta y un catedráticos en el conjunto de la Universidad de Sevilla, la segunda de España junto a la de Barcelona, solo superada por la Universidad 239. Sobre los docentes sancionados y sobre los separados en Madrid vid. M. Baldó Lacomba, Represión franquista del profesorado, cit., p. 34. Baste consignar la relación de los depurados solo en su Facultad de Derecho para comprobarlo (vid. infra n. 1268): Luis Jiménez de Asúa (Derecho penal), uno de los grandes nombres universitarios españoles del siglo (sobre el que vid. ahora E. Roldán Cañizares, Luis Jiménez de Asúa: Derecho penal, República, Exilio [Madrid, Universidad Carlos III de Madrid, 2019]); Fernando de los Ríos y Urruti (Derecho político), Rector en 1936, que había sido Ministro; José Castillejo Duarte (Derecho romano), que había sido Catedrático antes en Sevilla (1904-1908) y luego en Valladolid (1908-1920), antes de ganar la cátedra romanística de Madrid (vid. supra n. 22; infra § 16 y nn. 340, 342-346; sobre su papel medular en la ciencia jurídica complutense y el engarce en ella con su discípulo Ursicino Álvarez, por todos, J. Paricio, Un siglo de la romanística complutense (1880-1987) [Madrid — Barcelona, Marcial Pons, 2017], pp. 25 y ss., 36 y ss.); Felipe Sánchez Román Gallifa (Derecho civil); Luis Recasens Siches (Filosofía del Derecho); Agustín Viñuales Pardo (Hacienda pública); Antonio Flores de Lemus (Economía política) y Constancio Bernaldo de Quirós Pérez (Derecho penal), eximio criminólogo, casi todos los cuales murieron lejos de España, en el exilio: cfr listado en M. Baldó Lacomba, Represión franquista del profesorado, cit., p. 36, n. 17 ab initio; asimismo, vid. J. Claret Miranda, El atroz desmoche, cit., pp. 287-317. 240. Según el gráfico trazado por M. Baldó Lacomba, Represión franquista del profesorado, cit., p. 35, con la importante n. 16, que recoge con minucia las fuentes en que se basa (entre otras, la incluida infra, n. 241). 241. Las cifras eran y fueron 26, 6 y 4, respectivamente (en parte, supra n. 232): cfr el gráfico en M. Baldó Lacomba, Represión franquista del profesorado, cit., p. 35, que incurre quizá en la confusión de separar la Universidad de Sevilla de la Facultad de Medicina de Cádiz (correctamente presentada como Facultad y no Universidad), que formaba parte de la primera. Cuando se refiere al fusilamiento del profesor Calbo (infra, enseguida, nn. 245-246) lo sitúa como profesor de la Universidad de Sevilla: lo era; de su Facultad de Medicina en Cádiz. (En algunos lugares, como en la Fundación Pablo Iglesias, el infortunado profesor y diputado socialista aparece confusamente llamado Calvo y no Calbo). Sobre la represión en esta vid. J. Claret Miranda, El atroz desmoche, cit., pp. 226-230; cfr J. L. Rubio Mayoral, El profesorado de la Universidad de Sevilla. Aproximación al proceso de depuración política (1936-1939), en AA.W., Universidad y poder. Problemas históricos (Sevilla, Gihus, 1993, ed. M. N. Gómez García), p. 87. 242. En 1845 el Plan Pidal había degradado la vieja Universidad de San Fernando de La Laguna a la categoría de instituto de segunda enseñanza y Canarias pasó a depender del rectorado de la Hispalense e integrarse en el distrito universitario de Sevilla. La Laguna no recuperaría su Universidad hasta 1913 (vid. supra nn. 232-233), tras una visita a la isla en 1906 de Alfonso XIII, e inicialmente solo incluyó en su oferta primero de Filosofía y Letras y el preparatorio de Derecho, carrera esta última que no se completaría con la licenciatura entera hasta 1921, momento en que La Laguna volvió a ser, de nuevo, una ciudad universitaria. El XII Distrito universitario, ya independizado plenamente de Sevilla, no se creó hasta 1927, nueve años antes del estallido de la Guerra civil. Vid. sobre todo ello M. F. Núñez Muñoz (ed.), Historia de la Universidad de La Laguna (Tenerife, SPULL Publicaciones Institucionales, 1998), en dos vols. Central de Madrid (con ciento veinticuatro catedráticos), de los que fueron depurados en total dieciséis y separados quince 243 . La tragedia se cobró precio aún más alto. La represión franquista fusiló veinticuatro profesores de Universidad y a una bibliotecaria en todo el país y otros dos murieron en la cárcel 244. En la Universidad sevillana fue fusilado el auxiliar de Medicina, encargado desde octubre de 1933 de las enseñanzas correspondientes a la cátedra vacante de Histología y Anatomía Patológica en Cádiz, Rafael Calbo Cuadrado (1906-1936), diputado del PSOE, masón y dirigente de la UGT, por orden directa de Queipo de Llano 245 . Ante "su reciente fallecimiento", la Universidad de Sevilla le cesó en sus funciones 246 , con ese fulgor de nácar blanco que tiene cierta de la peor prosa administrativa. La depuración franquista afectó, en diversos grados, en Sevilla a los Catedráticos Pedro de Castro Barea (Facultad de Ciencias), José Antonio Rubio Sacristán (Facultad de Derecho); Rafael de Pina Milán (Derecho), Ramón Carande Thovar (Derecho), Felipe González Vicén (Derecho), Juan Manuel Aguilar Calvo (Facultad de Letras), Manuel Martínez Pedroso (Derecho), Demófilo de Buen y Lozano (Derecho), Jorge Guillén Álvarez (Letras), Francisco Candil Calvo (Derecho), Francisco Murillo Herrera (Letras), José Cruz Auñón (Medicina) y Luis Recasens Serrano (Medicina) 247 y no escapó de ella ni de su larga mano Juan de Mata Carriazo (Letras), el célebre estudioso del Carambolo, directamente encarcelado 248 , ni José Quero Molares (Derecho), viéndose afectado también Giménez Fernández (Derecho), todos por aspectos ideológicos 249 : una nómina apabullante, en la que se congregaba buena parte de lo mejor de la cultura académica de la ciudad, desde el poeta memorable de la Generación del 27 hacedor de Cántico y de Clamor (futuro Premio Cervantes en 1976) hasta el emblemático impulsor providencial del célebre Laboratorio de Arte de la Hispalense, uno de nuestros orgullos universitarios, tras su acceso a la cátedra en 1907 250 . Muchos años después recordará Guillén, que hubo de exiliarse en 1939, acosado por las delaciones y sanciones recibidas tras volver a la 243. Para el caso sevillano cfr ante todo J. L. Rubio Mayoral, El profesorado de la Universidad de Sevilla, cit., pp. 57-112, que ocupa todo el capítulo II del volumen (supra, n. 241); más recientemente, J. Claret Miranda, El atroz desmoche, cit., pp. 207-235. 244. M. Baldó Lacomba, Represión franquista del profesorado, cit., p. 44. 245. Junto con dos militares, el presidente de la diputación y un obrero: cfr ante todo L. Álvarez Rey, Los Diputados por Andalucía de la Segunda República 1931-1939, 1 (Sevilla, Centro de Estudios Andaluces -Consejería de la Presidencia, 2009), pp. 493-499, que suministra la información más completa; apunte en J. Claret Miranda, El atroz desmoche, cit., p. 232 y M. Baldó Lacomba, Represión franquista del profesorado, cit., p. 47 y n. 78. 246. AHUS Leg. 1992: vid. al respecto L. Álvarez Rey, Los Diputados por Andalucía, cit., p. 495. 247. Vid. M. Baldó Lacomba, Represión franquista del profesorado, cit., pp. 36-37 a lo largo de la n. 17, con el listado completo para toda España. No hace falta insistir en que las cicunstancias estrictamente personales influyeron en la apertura e incoación de los expedientes: como en todo poder pervertido, que se quiere absoluto. Recasens Serrano, por ejemplo, estaba divorciado y eso se incluyó como elemento del expediente depurador; no logró su rehabilitación hasta 1946: vid. J. Claret Miranda, El atroz desmoche, cit., pp. 217, 225-226 e infra § 12-16. 248. Vid. J. Claret Miranda, El atroz desmoche, cit., p. 215 y n. 18 (en p. 421): AHUS, legajo 1992; y legajo 1994-C, expediente n.° 3. 249. Vid. para el alcance en la prensa convencional F. Villegas, Galones que sentaron cátedra, en Diario de Sevilla, 27 de abril de 2005. Sobre Giménez Fernández, infra § 15 y nn. 311-316; sobre Quero, infra § 14 y nn. 293-300. 250. Al respecto, por todos, vid. C. Petit, Francisco Murillo Herrera (1878-1951), catedrático de Arte, en Archivo Hispalense, 291-293 (2013), pp. 363-384; Francisco Murillo Herrera (1878-1951). De la Cátedra al Laboratorio, en Laboratorio de arte, 26 (2014), pp. 333-348. r "-- 911 CJH 16-17 • 2018-2019 "trampa" de Sevilla"' y huyendo de ella, mientras Miguel Hernández, autor ya del incenciario —e incendiado— El rayo que no cesa (1936) 252 , acudía a la ciudad intentando encontrarlo, lo sucedido atrozmente en la guerra en un poema estremecedor dedicado a la memoria de Leopoldo García-Alas, el hijo de Clarín, Rector de Oviedo, asesinado en febrero de 1937 por los franquistas 253 . Delatado seguramente por un campesino mientras huía a Portugal, encarcelado en Sevilla, liberado en Madrid, vuelto a detener, ahora en Orihuela, tras desoír el consejo de su amigo sevillano Llosent, compañero de tiempos de las Misiones Pedagógicas republicanas, y encarcelado ya sin salida en un rosario de prisiones (Madrid, donde le dibujó al carboncillo Buero Vallejo; Palencia, Ocaña, Alicante), Hernández se pudriría enfermo en la cárcel hasta morir con treinta y un años, dejando manuscrito Cancionero y romancero de ausencias, en el que trabajó en prisión 254 . Mientras Miguel escribe el 19 de abril del 39 a su amigo y benefactor José María de Cossío 255 indicándole que confía en ver a Guillén en Sevilla y ser allí bien acogido, un sobrino suyo, destinado a hacer historia en la ciudad jurídica y en nuestra Facultad como Catedrático de Derecho civil, está a punto de iniciar su larga historia sevillana 256 . Su primer curso efectivo en la Facultad será el de la muerte en Alicante del poeta a 251. Vid. G. Carnero Arbat, Jorge Guillén y la guerra civil: la trampa sevillana (Con Documentos inéditos), en Boletín de la Fundación Federico García Lorca, 35-36 (2005), pp. 135-172. Llegó a pedir la excedencia voluntaria en octubre de 1939, tras ser sancionado en diciembre de 1937, pese a pronunciar ante Queipo el Discurso en la Fiesta de la Raza de 1936, y partió con su familia primero a Francia y luego a Canadá: vid. J. Claret Miranda, El atroz desmoche, cit., pp. 225-226. 252. Provocado por su amor por Maruja Mallo, que lo había sido antes de Alberti (baste aquí cfr. J. Cano Ballesta, La imagen de Miguel Hernández: iluminando nuevas facetas [Madrid, Ediciones de la Torre, 2009], p. 25) y aquel inigualable "A ti sola, en cumplimiento de una promesa que habrás olvidado como si fuera tuya", la mejor dedicatoria, quizás, que uno ha leído nunca, que abre El rayo que no cesa (Madrid, Espasa Calpe, 1936), justo antes de aquel primer poema: "Un carnivoro cuchillo/de ala dulce y homicida". 253. "¿Crímenes a cada bando?/ De diferente sentido:/ Hacia un pasado bramando,/ Al porvenir dirigido./ ¿Dos Españas? En efecto,/ Una asesinó a la otra,/ Y el país quedó perfecto": J. Guillén, Guirnalda Civil (Cambridge, MA, Halty Ferguson, 1970), p. 13. J. Claret Miranda, El atroz desmoche, cit., p. 361 y n. 43 (en p. 456) cierra su obra sobre la represión franquista de la Universidad española con este poema. Semblanza ajustada sobre el Rector (y antes Decano de Derecho) asesinado, hijo de Clarín, puede hallarse por G. Anes y Álvarez de Castrillón, Leopoldo García-Alas y García-Argijelles, en DB -e (cons. 7-7-2019); por supuesto, J. M. Coma Fort, García-Alas y García-Argüelles, Leopoldo, en Diccionario de Catedráticos españoles de Derecho (1847-1943) (Madrid, Universidad Carlos III de Madrid - Instituto Figuerola de Historia y Ciencias Sociales, 2012); desde perspectiva ovetense, añádase J. Tolivar Faes, Nombres y cosas de las calles de Oviedo, 1985 (Oviedo, Ayuntamiento de Oviedo, 1986), pp. 491-493; para el infame proceso, infra n. 264. 254. El itinerario de su huida hacia Portugal, detención, tortura, liberación y definitiva detención, prisión y muerte en 1942 puede seguirse resumido por F. Esteve Ramírez, Miguel Hernández Gilabert, en DB -e (cons. 6-7-2019); cfr. J. Guerrero Zamora, Proceso a Miguel Hernández. El Sumario 21.001 (Madrid, Editorial Dossat, 1990), con sesenta y cinco documentos, y vid. infra § 17 y nn. 359-361; 5 30 y nn. 757, 759. El Cancionero no vio la luz hasta dieciséis años después de su muerte (Buenos Aires, Lautaro, 1958). 255. Carta a José María de Cossío, de abril de 1939 (= M. Hernández, Obra completa, II [Madrid, Espasa Calpe, 1992, eds. A. Sánchez Vidal y J. C. Rovira, con C. Alemany], p. 2535). La correspondencia entre ambos ha sido objeto de colección propia: vid. Las cartas a José María de Cossio (Santander, ICC, 1985), con prólogo, estudio y notas de R. Gómez, que incluye Presencia de Miguel Hernández por Vicente Aleixandre. 256. Infra, § 46 y nn. 1270, 1272. S OI CJH 16-17 • 2018-2019 quien su tío solo pudo salvar una vez la vida 257 , enfermo de tuberculosis, desde la desnuda garganta que le supo ver otro grande 258 . 12 Luz y Candil La Facultad que más sufrió la represión fue la más importante, la más comprometida, la más peligrosa siempre para un poder que la mira casi siempre con desconfianza, aunque la necesite y se sirva de ella: Derecho. Francisco Candil, Catedrático de Derecho mercantil, Rector desde 1934 259 , presenta su renuncia ante el "virrey" Queipo de Llano en 1936 260 , forzado por las circunstancias, y aunque esta inicialmente se le rechaza es destituido doce días después 261 , y, a punto de perder la vida violentamente, es expedientado en parte por su amistad con el socialista Pedroso, en parte por denuncias falsas 262 , apartándosele de una cátedra que no 257. No son lugar ni momento estos para detenerse en la ayuda prestada a Miguel Hernández por José María de Cossío, contratándole primero en Espasa para trabajar en Los toros, e intercediendo por él las dos veces que fue encarcelado por los vencedores de la guerra, logrando que se le conmutase la pena de muerte por treinta años de carcel: baste aquí remitir a G. Castanedo, Un triángulo literario: José María de Cossío, Miguel Hernández y Pablo Neruda (Santander, Asociación Voces del Cotero, 2005); vid. infra nn. 361, 1270. La mítica enciclopedia taurina de Cossío, cuya idea germinal partió de Ortega y Gasset, vio la luz muerto ya el poeta, en varios tomos, publicados paulatinamente, en cuyos primeros cinco volúmenes la autoría del impulsor se mantiene: I (1943 [19676; 199314• ]); II (1943 [1984 10 ; 1995 13 ]); III (1943 [1994 14 ]); IV (1961 [1993 10 ]); V (1979 [19861), publicado muerto ya José María de Cossío, con Antonio Díaz-Cañabate al frente de la culminación; bajo su dirección vio también la luz el tomo VI (1981); con el impulso editorial básico desde 1980 de Ricardo López de Uralde, y editados por Francisco de Cossío y Corral, fueron publicados los volúmenes VII-X (1988- 1986-1987-1992), de contenido fuertemente interdisciplinar el primero; por Alvaro Domecq Díez y Juan José de Bonifaz e Ibarra el XI (1988) y bajo la dirección de José María Sotomayor Espejo-Saavedra el XII (1997). La edición de Espasa de 2007 se dividió en treinta tomos, con unas 700 páginas cada uno y rico contenido fotográfico. 258. "Había que ver a Miguel, con su tez propagada, el ocre de sus pómulos subido un grado en su color, nunca rojo, porque la tierra no arde, pero guarda el fuego, exhalar sus palabras, tenso el brazo, la voz más clara que nunca, y ya no con el son del arroyo, sino con el ruido de la voz del hombre cuando sale del pecho. Henchido pecho y voz de él. He oído a muchos poetas decir sus versos. Pocos me han dado esta sensación tan completa del hombre expresado en acto, desde la desnuda garganta": V Aleixandre, Miguel Hernández: nombre y voz, en Los encuentros ([1958] Madrid, Austral, 1985, ed. J. L. Cano), pp. 199-200. 259. Vid. S. Montoro Ballesteros — R. M. Montoro Rueda, Francisco Candil, Rector de la Universidad de Sevilla durante la ll República (Sevilla, Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 2012), con prólogo de M. Olivencia, con edición también aparte, revisada y ampliada, por la que citaré: Prólogo para una biografía de mi maestro Francisco Candil Calvo, en Boletín de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras. Minervae Baeticae, 39 (2011), pp. 121-136; N. Araque Hontangas, Candil Calvo, Francisco (1887-1959), en Diccionario de Catedráticos españoles de Derecho (1847-1943) (Madrid, Universidad Carlos III de Madrid — Instituto Figuerola de Historia y Ciencias Sociales, 2014); sobre su pensamiento y circunstancias vitales y profesionales, añádase R. Montoro Rueda, Francisco Candil Calvo. Su contribución al derecho privado español (Murcia, Editum Derecho. Ediciones de la Universidad de Murcia, 2014); sobre su depuración, J. L. Rubio Mayoral, El profesorado de la Universidad de Sevilla, cit., p. 108 y ss.; J. Claret Miranda, El atroz desmoche, cit., pp. 209-211. 260. M. Olivencia, Prólogo para una biografía, cit., p. 131. 261. J. Claret Miranda, El atroz desmoche, cit., p. 209 y n. 9 (en p. 420): AHUS, carpeta 3082, n.° 7 y 8. 262. J. Claret Miranda, El atroz desmoche, cit., p. 209 recuerda cómo Queipo llegó incluso a multar al denunciante Francisco Iriarte por su ligereza. La vida de Candil, que estuvo a punto de ser fusilado al poco del levantamiento militar, fue salvada por el Alcalde de Friego, su pueblo natal, en Córdoba, futuro gobernador de recuperaría hasta 1940 283 , siendo substituido en el rectorado por el afín Mota Salado, decano de la Facultad de Ciencias, al borde de la jubilación con sesenta y nueve años, que impulsó el escrito de adhesión expresa a Franco de 10 de junio de 1937 de los rectores de Salamanca, Valladolid, Zaragoza, Sevilla, Granada y Santiago (con la conformidad de los de Oviedo y La Laguna) 264 y se mantendría como rector de la Hispalense nada menos que hasta su muerte en 1951, cuando tenía ochenta y cuatro años de edad, más que ninguno otro en la historia sevillana (un hecho, en sí, muy significativo) 265, en que le substituiría el recurrente decano de Derecho, Sevilla y discípulo dilecto suyo, José Valverde: cfr ibíd., p. 208 y n. 7 (en p. 420), y el conocido relato en que se basa de J. Cuenca Toribio, Semblanzas andaluzas (Galería de retratos) (Madrid, Espasa, 1984), p. 174. 263. Vid. M. Olivencia, Prólogo para una biografía, cit., pp. 125, 131-132. 264. Vid. al respecto de encuentro y manifiesto J. Claret Miranda, El atroz desmoche, cit., pp. 109-110 y nn. 72-73 (en pp. 396-397), y pp. 211-212. El Rector legítimo de Oviedo desde 1931, Leopoldo García-Alas, el hijo de Clarín, Catedrático de Derecho civil como su padre lo había sido de Derecho romano y luego de Derecho natural (también, de Economía política y estadística), había sido fusilado apenas cuatro meses antes, el 20 de febrero, en uno de los actos más ignominiosos de la guerra y la represión que la acompañó: sobre ello, J. Claret Miranda, ibíd., pp. 196-198, que destaca como el odio de cierta clase privilegiada ovetense hacia su padre, muerto en 1901, fue clave en su asesinato, y vid. supra n. 253. 265. Vid. sobre el papel de Mota en la depuración hispalense J. Claret Miranda, El atroz desmoche, cit., pp. 208, 210-212, 214, 216-218, 228; J. L. Rubio Mayoral, El profesorado de la Universidad de Sevilla, cit., p. 73 y ss.; cfr. en la prensa convencional O. Carballar, La Universidad ajusta cuentas con el franquismo, en Público, 2 de noviembre de 2009, que se hace eco de la condena de la purga y la restitución del honor (en puridad nunca perdido) de los profesores depurados por el franquismo realizada por el claustro de la Hispalense (bajo el rectorado de Joaquín Luque) y la retirada del nombre del rector Mota (con algún error o errata en fechas) del colegio público que lo llevó durante medio siglo en el barrio obrero de San Jerónimo, substituido, tras una consulta en el barrio, en que se propuso como alternativa también el nombre de Francisco Candil, el Rector represaliado (durante el rectorado eterno de Mota). No cotizan alto al parecer los nombres de rectores de la Hispalense, por desgracia en algún caso. Ganó el de Buenavista, que el colegio mantiene. Sobre el ideario de Mota es muy significativo el contenido de AHUS, legajo 1257, que reproduce J. Claret Miranda, loc. u/t cit., p. 212. Describe su carrera universitaria y académica, sin entrar en los sucesos de este período (sevillano de 1867; catedrático de Química general de la Facultad de Medicina de Cádiz, dependiente de Sevilla, en 1904, y luego en la Hispalense desde 1920 en la Facultad de Ciencias, de la que fue decano; Académico de Buenas Letras y director en 1943, cuando ya era rector desde hacía nueve años [hay error o errata en fecha]; Gran Cruz de Alfonso X el Sabio; hombre al parecer "bondadoso", sobre todo con los estudiantes, etc.) y su muerte, el 7 de febrero de 1951, tras ser zarandeado en un tumulto de alumnos "no precisamente izquierdista" por uno de ellos, junto a la estatua del fundador Santaella, J. M. Martínez Moreno, Tres científicos que fueron miembros de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras: Don Mariano Mota, Don Patricio Peñalver y Don Francisco Yoldi, en Boletín de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras. Minervae Beticae, 20 (1992), pp. 7 y ss., en concreto 8-10, 17-18, con reproducción de las cartas autógrafas (no enviadas, al morir enseguida) en que el rector Mota presentaba su dimisión al Director General de Universidades y al Ministro de Educación Nacional. Para el bajo nivel comparativo de la química en la Hispalense en esa época de Mota, doctor desde 1890, sucesor de Relimpio en Sevilla al inicio de los años veinte, vid. J. M. Cano Pavón, La química en la Facultad de Ciencias (1912-1978), en AA.W., La Ciencia en la historia de la universidad española: 92 años de química en Sevilla (Sevilla, Universidad de Sevilla, 2004, coords. M. Castillo Martos — M. Ternero Rodríguez), p. 67 y ss. Naturalmente en la Facultad de Ciencias sevillana (en la que entonces solo se impartía la licenciatura de Química) hubo también profesores comprometidos con la república. El caso del prometedor, genial investigador León Le Boucher, profesor auxiliar de Química inorgánica, "un hombre de excepción" incluso para Lora Tamayo, que lo evoca en una página insubstituible, ha adquirido un cierto carácter simbólico: murió en el frente, alistado en el ejército republicano, antes de poder acceder a una cátedra que le fue negada injustamente a lo largo de los años treinta: vid. el relato sobre todo ello de M. Lora Tamayo, Discurso en la Real Academia de Ciencias (Madrid, Real Academia de Ciencias, 1974), pp. 129-130 y el eco expreso, sin el detalle bibliográfico completo, en J. M. Cano Pavón, La química en la Facultad de Ciencias, cit., p. 68 y n. 5. Que Lora Tamayo, Ministro de Educación y Ciencia con Franco entre 1962 y 1967, en que dimitió quebrantado tras la explosión estudiantil del 65 y sus Carlos García Oviedo, que había llegado a la Facultad en 1913, desde su cátedra (en Derecho penal y no administrativo) de Granada 266 . La respuesta viril y decidida de Candil a las acusaciones que se le dirigieron, envueltas en envidias múltiples y la conveniente pátina de anonimato, son de lo más emocionante que uno ha leído en mucho tiempo 2 " y describen a un hombre valiente y un universitario integral, en una época en que serlo fue mucho más difícil de lo que lo es en esta, cuando tantos callan ante cualquier ignominia. Con indignación y transparencia. Sin adulaciones ni miedos, tan comunes en la época (en todas las épocas): tan comprensibles —incluso justificables— si no caían en el contrapeso de las delaciones, que ensució tantas conciencias, que manchó tanta vida para salvarse (peor fue cuando se hizo por interés u odio, como contra Candil). No es de extrañar que Olivencia recordase siempre su figura y le reconociese como su primer maestro 268 . Catedrático de Derecho civil en Murcia desde 1920 (el año de su doctorado en Madrid) había llegado a Sevilla el año emblemático de 1927 para hacerse cargo de la cátedra de Derecho mercantil de España y Principales Naciones de Europa y América, después de una densa etapa formativa de primer nivel que le había llevado a la Sorbona, donde trabajó con Planiol, Saleylles y Girard, y pensionado por la nunca suficientemente destacada Junta de Ampliación de Estudios a Halle, con Stammler; a Leipzig, con Wund, Holdag, Sohm y Mitteis y a Berlín, donde estudió con Kipp, Simmel y Cohen, añadiendo a la rutilante colección Nápoles, donde trabajó nada menos que con Benedetto Croce, y La Sapienza, en Roma, en que lo hizo con Filomusi, Gianturco y Gabba, para culminarlo con un año adicional más en el Centro de Estudios históricos (Sección de Derecho civil) con Clemente de Diego 269 . Amigo de republicanos ilustres, como lamentables e injustas consecuencias contra algunos Catedráticos universitarios (incluido uno que lo había sido poco antes de nuestra Facultad, Aguilar Navarro: infra, § 47 y n. 1285; § 49 y nn. 1315-1316), Catedrático en la Facultad hispalense en los años treinta (y luego, trasladado a Madrid, Presidente de la Academia de Ciencias y Presidente del CSIC entre 1967 y 1971), evoque en público y por escrito, aún en el tardofranquismo, la calidad de investigador excepcional de Le Boucher, perjudicado en su acceso a cátedra alevosamente, su persistencia en el trabajo solitario de primer nivel y su condición de "hombre íntegro, de honesta ideología izquierdista", que dio su vida en el ejército republicano, dice mucho de uno pero no poco también del otro. 266. No fue decano desde 1930, como suele decirse, durante veinte años, hasta la antesala casi de su nombramiento como rector. De hecho, tras ese primer nombramiento, de 15 de mayo, renunció menos de un año después, el 1 de abril de 1931, por "motivos de salud y deseo de dedicarse a sus trabajos de investigación". Volvió a serlo en 1934, brevemente, y lo fue de nuevo desde el 30 de abril de 1936. Fue elegido decano otras dos veces y vicerrector en 1942 cuando era decano. Su trayectoria académica arranca casi con el siglo: licenciado en 1905, doctor al año siguiente, alcanza la cátedra granadina en 1910. Puede cfr sobre esos datos M. P. Hernando Sierra, García Oviedo, Carlos (1884-1955), en Diccionario de Catedráticos españoles de Derecho (1847-1943) (Madrid, Universidad Carlos III de Madrid — Instituto Figuerola de Historia y Ciencias Sociales, 2016); sobre él vid. además M. J. Peláez, García Oviedo, Carlos, en Diccionario crítico de Juristas españoles, portugueses y latinoamericanos [hasta 2005], I (A-L) (Zaragoza — Barcelona, Cátedra de Historia del Derecho y de las Instituciones de la Universidad de Málaga y otros, Talleres Editoriales Corneta, 2005, ed. y coord. M. J. Peláez), pp. 354-355. Sobre su papel corno decano tras el triunfo de la sublevación añádase J. Claret Miranda, El atroz desmoche, cit., pp. 208, 220, 230- 231, pero vid. sobre todo B. Clavero, A vueltas con nosotros los del 68, en Pasos a la izquierda, 16 (mayo, 2019). 267. AGA caja 15.047. Está(n) reproducida(s) por J. L. Rubio Mayoral, El profesorado de la Universidad de Sevilla, cit., pp. 110-111. 268. M. Olivencia, Prólogo para una biografía, cit., pp. 121, 133-135 y vid. infra n. 548, con más detalles. 269. Puede seguirse el itinerario profesional en N. Araque Hontangas, Candil Calvo, Francisco (1887-1959), en Diccionario de Catedráticos españoles de Derecho (1847-1943) (Madrid, Universidad Carlos III de Madrid — Instituto Figuerola de Historia y Ciencias Sociales, 2014). 44 g l CJH 16-17 • 2018-2019 Carande, De Buen, Pedroso, Sánchez Román o Martínez Barrio, de ideas liberales y progresistas nutrido por el krausismo y la Institución Libre de Enseñanza, amigo y alumno de Gumersindo de Azcárate, su entierro en Priego, el 29 de enero de 1959, menos de dos años después de su jubilación como Catedrático de Derecho Mercantil de la Hispalense, fue un acontecimiento inolvidable 270 . Es su retrato el que luce en el despacho que ocupo como Decano en la Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla en su honor y su recuerdo. 13 La Facultad fuera de la Facultad 271 La nómina de afectados en nuestra Facultad no concluyó con quien era Rector al estallido de la guerra. Varios auxiliares de la Facultad se vieron también salpicados por su adscripción "izquierdista"; en Derecho, en concreto, José María de la Peña y de la Cámara y Francisco Javier Conde García, ayudante de prácticas en 1928 y auxiliar en 1930 de Pedroso, que fue suspendido de empleo y sueldo y no pudo culminar su carrera académica hasta 1943 con su acceso a la cátedra de Derecho político, al "zafarse de la sombra de su maestro" 272 , primero en Santiago y desde 1949 en Madrid, donde había permanecido agregado desde su acceso a cátedra. El socialdemócrata durante la II República, según Fernando Ortega, había evolucionado hacia la defensa de la política franquista como "miembro activo de Falange española" 273 , lo que le llevó a ser Embajador en Filipinas, China, Uruguay y Canadá entre 1956 y 1969 y de nuevo en 1971 en Alemania, donde moriría en 1974 274 . Tiempos difíciles para el intelectual libre en la Universidad, que Dioniso Ridruejo, desde un adentro cada vez más excentrado, supo percibir muy bien desde el otro lado, con toda su sucia gavilla de bajos intereses y arribismos de río revuelto, odios y resentimientos acumulados entre 270. Puede seguirse el itinerario vital en N. Araque Hontangas, Candil Calvo, Francisco (1887-1959), en Diccionario de Catedráticos españoles de Derecho (1847-1943) (Madrid, Universidad Carlos III de Madrid — Instituto Figuerola de Historia y Ciencias Sociales, 2014). 271. Esta que se cuenta aquí, en relato impresionístico, es otra muy distinta, por lo dramático de su naturaleza y circunstancias, que aquella a que me refería con la misma expresión en el Homenaje a Giménez Fernández con que la Promoción de Derecho 1964-1969 quiso celebrar el Cincuentenario de su graduación en la Hispalense (vid. infra n. 315): que una Facultad (de Derecho) es también la que sale fuera de sus muros a través de quienes se formaron en ella (abogados, jueces, notarios), mostrando cada día, en el día a día, lo que es. Vid. también supra § 1 y n. 13. 272. Vid. J. Claret Miranda, El atroz desmoche, cit., pp. 214, 216-217, 219. Su expediente de depuración está minuciosamente resumido por S. Martín, Conde García, Francisco Javier (1908-1974), en Diccionario de Catedráticos españoles de Derecho (1847-1943) (Madrid, Universidad Carlos III de Madrid — Instituto Figuerola de Historia y Ciencias Sociales, 2016). 273. F. Ortega Barriuso, Diccionario de la cultura de Burgos (Burgos, Dossoles, 2001) y el eco expreso en S. Martín, Conde García, Francisco Javier (1908-1974), en Diccionario Diccionario de Catedráticos españoles de Derecho (1847-1943) (Madrid, Universidad Carlos III de Madrid — Instituto Figuerola de Historia y Ciencias Sociales, 2016), cuya muy documentada semblanza sigo. 274. S. Martín, Conde García, Francisco Javier (1908-1974), en Diccionario Diccionario de Catedráticos españoles de Derecho (1847-1943) (Madrid, Universidad Carlos III de Madrid — Instituto Figuerola de Historia y Ciencias Sociales, 2016). 45 CJH 16-17 • 2018-2019 hombres y capillas rivales 275 . Mal endémico del español y de la Universidad española, acendrado como nunca en esta época terrible. Las presas mayores fueron, naturalmente, y más en una Universidad como aquella, administrativa y espiritualmente jerarquizada, los Catedráticos. Manuel Martínez Pedroso, nacido en La Habana aún colonial de 1883, licenciado y luego doctor en la Central con una tesis de Derecho romano, que amplió estudios en Berlín al año siguiente (1912-1913) 276 , políglota y traductor eximio (peligrosamente para él, entre otros muchos, de Marx) 277 , Catedrático de Derecho político en 1927, en España siempre en Sevilla, donde su nombramiento coincidió con el de Candil, Vicerrector en 1931 (como también luego Candil 278 ) y Magistrado del Tribunal Supremo al estallido de la guerra, coincidiendo allí con su compañero Demófilo de Buen, diputado socialista en 1933 y 1936, fue depurado 279 , se le incautó su biblioteca (adjudicada de hecho luego a la 275. D. Ridruejo, Escrito en España (Buenos Aires, Losada, 1964 2 ), p. 96. 276. M. Martínez Pedroso, El estudio del Derecho romano. Problemas. Interpolaciones. Papiros (Madrid, 1910), tesis doctoral inédita conservada en la Biblioteca de la Universidad Complutense, Sección de Tesis Doctorales, con sig. T4871; vid. sobre ambos datos, tesis y estancia, S. Martín — E. E. Martínez Chávez, Martínez Pedroso, Manuel (1883-1958), en Diccionario de Catedráticos españoles de Derecho (1847-1943) (Madrid, Universidad Carlos III de Madrid — Instituto Figuerola de Historia y Ciencias Sociales, 2016). 277. K. Marx, El capital. Crítica de la economía politica (Madrid, Aguilar, 1931). No se le escapa a J. Claret Miranda, El atroz desmoche, cit., pp. 218-219 el carácter fuertemente estigmatizador de ese "delito" (y del inmediatamente seguido: la traducción de M. L. Schlesinger, El estado de los soviets [Barcelona, Labor, 1932]) en la peligrosa coyuntura del triunfo del levantamiento. Pedroso, entre otros, tradujo nada menos también que a Heine, a Strindberg o a Kleist y siguió haciéndolo en su exilio mejicano: con Guizot y con Ranke. No hace aquí la acerada crítica de Roces, Catedrático de Derecho romano que fue sin ser también en Sevilla y traductor de Marx (infra, § 48 y nn. 1295-1297, 1301, respectivamente), en su Una edición completa de 'El Capital', en Bolchevismo, 3 (1932), pp. 60-64, en concreto 61, a este trabajo marxiano de Pedroso: existió, y esa fue la clave: la clave de que fuese utilizado políticamente contra él. Puede cfr al respecto de su traducción D. Guerrero Jiménez, 150 años de "El capital" de Marx: análisis de su difusión en España (1867-2017), con algunas consideraciones sobre su recepción, en Política y sociedad, 55.3 (2018), pp. 873-892, en concreto 877-878, a quien sigo en buena parte de lo que sigue, que la considera superior a la de Roces pero inferior a la de J. B. Justo (K. Marx, El capital, libro I [Madrid, Imprenta de Fernando Cao y Domingo del Val, 1898]), siguiendo a R Scaron, Advertencia del traductor, en K. Marx, El capital, I (Buenos Aires, Siglo XXI, 1975), p. xxi, durísimo con la traducción de Roces: cfr ibíd., pp. xxi-xxviii. La traduccion mexicana de Roces para Fondo de Cultura (1946- 1947'), luego reeditada, efectivamente, no estuvo exenta de puntos negros, dificilísimo de traducir Marx, como ya señaló E. Pernett García, en una pesquisa en que no le faltó la convergencia de E. Von der Walde (cfr. BBC Mundo — El Comercio, 23 de octubre de 2017), e incluso J. Fontana, El pensamiento económico marxista en España, en E. Fuentes Quintana (dir.), Economía y Economistas españoles, 5. Las críticas a la economía clásica (Barcelona, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 2001), pp. 746-763, en concreto 752 la calificó de claro ejemplo de traducción instrumental, no científica, concebida ante todo para la lucha política. 278. No coincidieron: Pedroso fue nombrado Vicerrector el 20 de mayo de 1931 y dimitió el 30 de octubre; Candil fue nombrado Vicerrector el 31 de noviembre, una década después de haberlo sido en Murcia (1 de octubre de 1921: infra, n. 548). Ninguno en el rectorado de Carande, pese a (¿y aun a causa de?) la realidad convertida en mito de su amistad, contra lo que pueda suponerse en un vistazo epidérmico a las fechas, que suele quedarse en los años y prescinde de los días y aun los meses: Carande dejó de ser Rector de Sevilla el 30 de marzo de ese año, cuando le substituyó Miguel Royo González, con quien Pedroso (pero no Candil) fue Vicerrector (Candil lo fue con Estanislao del Campo y López, rector desde el 11 de noviembre de ese mismo año, a quien substituiría como Rector dos años y medio después): cfr. Gaceta de Madrid, núm. 89, de 30 de marzo de 1931 y núm. 315, de 11 de noviembre de 1931 (así como núm. 26, de 26 de enero de 1934). 279. Vid. al respecto M. Peláez, La depuración política y universitaria de Manuel Martínez Pedroso (1936-1946), catedrático de Derecho político de la Universidad de Sevilla y diputado del Partido Socialista Obrero Español, en Facultad) 28° y hubo de marchar al exilio 281 , instalándose como tantos otros en un México con el que España tiene contraída por ello una deuda de gratitud eterna, donde contó con el apoyo expreso de Alfonso Reyes, director de la Casa de España, y llevó su magisterio en la Escuela Nacional de Jurisprudencia (luego Facultad de Derecho de la UNAM), de la que llegó a ser catedrático 282 , ejerciendo una notable influencia en intelectuales mexicanos del relieve de Carlos Fuentes o Sergio Pitol 283 . Como Pedroso, Rafael de Pina Milán (que no Millán), Catedrático de Derecho procesal, y José Queró Molares, que lo era de Derecho internacional público y privado, directamente vinculados a la Segunda República y a partidos republicanos de izquierda, fueron suspendidos definitivamente de empleo y sueldo "con incautación de haberes no recibidos" el 29 de octubre de 1936 por la Junta Técnica del Estado que hizo definitivo el informe (decisivo) con recomendación de sanción transitoria del rector; es lo que le ocurrió también al historiador Juan María Aguilar Calvo 284 . El triunfo franquista, temprano en Sevilla, convirtió en un erial la Facultad durante la guerra 285 , reducida su actividad a un encefalograma plano de vida espiritual, vitalmente anestesiada. Pina Milán, murciano de Yecla (la Yecla natal donde vivía justo entonces el adolescente José Martínez Ruiz, futuro Azorín 286 ), licenciado en Valladolid y doctor en Madrid en 1929, Catedrático en La Laguna desde ese mismo año y en Sevilla desde 1932, hubo de exiliarse a México en 1939, donde murió en 1966 y fue profesor primero del Instituto Luis Vives creado por el exilio español en 1939 y después en la Cuadernos republicanos, 51 (2003), pp. 81-90; cfr también, más brevemente, J. L. Rubio Mayoral, El profesorado de la Universidad de Sevilla, cit., pp. 76, 90 y ss. 280. Vid. J. Claret Miranda, El atroz desmoche, cit., p. 219. ¿Una infamia y un despojo reparados, siquiera moralmente, por la Universidad de Sevilla? 281. Lo resalta incluso, como hecho de alta significación, F. Aguilar Piñal, Historia de la Universidad de Sevilla (Sevilla, Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 1991), p. 166. 282. J. Romo Michaud, Manuel Pedroso, filósofo, maestro y humanista por excelencia, en Los maestros del exilio español en la Facultad de Derecho (México D.F., Porrúa — Facultad de Derecho UNAM, 2003, coord. F. Serrano Migallón), p. 251 y ss. 283. Vid. S. Martín — E. E. Martínez Chávez, Martínez Pedroso, Manuel (1883-1958), en Diccionario de Catedráticos españoles de Derecho (1847-1943) (Madrid, Universidad Carlos III de Madrid — Instituto Figuerola de Historia y Ciencias Sociales, 2016). 284. Se refiere a los cuatro casos, con detalle meticuloso de fuentes documentales, J. Claret Miranda, El atroz desmoche, cit., p. 218 y nn. 25-26 (en p. 422). 285. Reconstruye su existencia ante todo administrativa, sobre la base de sus actas y documentación diversa, A. Merchán, La Facultad de Derecho de Sevilla durante la Guerra Civil (1935-1940) (Sevilla, Editorial Universidad de Sevilla, 2018): vid. infra n. 1398. 286. Es la Yecla impregnada y pregnante de La Voluntad (1902'; 1913 2 ), Antonio Azorín (1903'; 1913 2 )o Las Confesiones de un pequeño filósofo (1904'; 1909 2 ), antes de marchar Azorín a Valencia para estudiar Derecho: tierra de labriegos de fe mística en la tierra, característica para él de la vieja España (cfr apunte sobre ello en El Perlodico de Yecla, 2 de marzo de 2017). Vid. M. Ortuño Palao, La región de Murcia en la obra de Azorin, en Murcia y los pueblos de España. Actas del XXVII Congreso Nacional de la Asociación Española de Cronistas Oficiales, Murcia, 11-14 de octubre de 2001 (Murcia, Asociación de Cronistas Oficiales de la Región de Murcia, 2002, coord. M. Herrero Carcelén), pp. 321-329; L. Ruiz Molina, Forma urbis, forma animis: El paisaje urbano de Yecla en La Voluntad de Azorín, en Educar en el 2000, 10 (2006), pp. 77-89 = en Yakka. Revista de Estudios Yedanos, 14 (2004), pp. 115-129 (= incluido en Forma urbis, forma animis. "Azorín" y Yecla. Las voluntades de Azorín y Lasalde [Beau Bassin, Editorial académica española, 2018]). Esa es la Murcia también, y la Yecla, de Pina Milán. CJH 16-17 • 2018-2019 Escuela Nacional de Jurisprudencia (Facultad de Derecho desde 1955) 287 , tras la sanción, decretada pese al cumplimiento de sus obligaciones docentes reconocido por el rectorado franquista de la Hispalense 288 . Su accidentado viaje a México a bordo del célebre Sinaia, donde también viajaban Rejano y nuestro Garfias 289 , ha sido relatado por su hijo en una narración dura, inolvidable, que ha resumido recientemente Castillo Ruiz, en una pintura que no parece olvidar ninguna de las experimentadas emociones del trayecto de aquellos hombres y mujeres, entre la agresividad que percibieron al intentar desembarcar en las Azores, el acoso del ejército yankee en Puerto Rico (no de su gente) y el entusiasmo del recibimiento en Veracruz 290 . Pina, hombre realista, supo que el régimen franquista no caería pronto, tras el triunfo de los aliados en la Guerra Mundial, y que no volvería a España, y prefirió construirse desde el principio una nueva vida en México 291 : un poco como aquel peregrino de Luis Cernuda, en un poema tardío, mejicano, inolvidable 292 . Allí, en México, dejó un Sevilla en la Cruz (1945), dedicado a seis diputados asesinados en Sevilla, que permaneció inédito y convendría fuese conocido y viese la luz. Allí vivió y enseñó. Allí murió dejando la huella profunda que en España se diluyó, como un miembro que se amputa y que se olvida. Y allí está enterrado. Como supo que ocurriría, nunca volvió a España. 14 Las voces y el silencio La lista es mucho más amplia. Quero Molares, barcelonés hijo de gaditano y pontevedresa, que en su juventud había ampliado estudios de Derecho romano en Alemania (Historia, Procedimiento y Sistema) con Kipp y Rabel y de Derecho Civil con Wolff, encauzó finalmente un futuro que percibía en principio como romanístico al Derecho internacional privado siguiendo el consejo de Rabel, leyendo sobre esa materia su tesis doctoral en Madrid en 1930 y consiguiendo la cátedra en Sevilla en 1935 (tomó posesión en Nochevieja), después de haber sido ayudante de clases prácticas de José Xirau, Catedrático de Derecho procesal, desde 1928 y auxiliar de José María Trias de Bes, Catedrático de Derecho internacional público y privado, ambos en la Universidad 287. E.E. Martínez Chavez, Pina Milán, Rafael de (1888-1966), en Diccionario de Catedráticos españoles de Derecho (1847-1943) (Madrid, Universidad Carlos III de Madrid — Instituto Figuerola de Historia y Ciencias Sociales, 2012). 288. Claro que matizado por el acompañamiento del inciso rectoral "intensas actividades políticas de carácter extremista": cfr. AHUS legajo 1992, Expediente 6, 1932-1937 y legajo 1992-10, Depuración del Personal Docente, Administrativo y Subalterno de la Universidad de Sevilla y Centros de Enseñanza del Distrito Universitario de Sevilla 1936-1939; puede seguirse el relato, sobre tales fuentes, de E.E. Martínez Chavez, Pina Milán, Rafael de (1888-1966), en Diccionario de Catedráticos españoles de Derecho (1847-1943) (Madrid, Universidad Carlos III de Madrid — Instituto Figuerola de Historia y Ciencias Sociales, 2012). 289. Infra, § 18 y n. 389. 290. R. Castillo Ruiz, Rafael de Pina Milán: maestro y jurista, en AA.W., Los maestros del exilio español, cit., p. 77 y ss. 291. R. Castillo Ruiz, Rafael de Pina Milán, cit., p. 78. 292. Infra, § 56 y n. 1415. de Barcelona, desde 1930 293 . Su paso por nuestra Facultad fue brevísimo, de apenas unos meses, menos fáctico que jurídico (aunque cumplió con "las obligaciones de su cargo", según el informe rectoral) y no solo debido al estallido de la guerra; ya en enero de 1936 intentaba que se le adjudicase una cátedra en Barcelona, cuya tramitac ión interrumpió el conflicto 294 . Estallado el levantamiento militar, Quero se presentó al rectorado barcelonés y, agregado a la Universidad catalana durante la guerra, allí fue profesor agregado interino de la Facultad de Derecho y Ciencias Económicas y Sociales, Director del Instituto (luego Seminario) de Estudios Internacionales y de Derecho comparado creado en la Universidad y, desde octubre a diciembre, Rector-Comisario de la Universidad Autónoma de Barcelona en sustitución del Rector-Comisario titular Pere Bosch i Gimpera, antes de ser nombrado dos veces a lo largo de 1938 Subsecretario del Ministerio de Estado 295 . Quero fue hombre honorable y valiente. Su papel, mientras fue Consejero de Justicia de la Generalitat en 1936, fue decisivo para salvar la vida de varios profesores de la Universidad Autónoma de Barcelona amenazados de muerte por presunta connivencia con los sublevados, entre ellos el propio Trias de Bes y Jaime Mans Puigarnau, y del mismo modo su declaración a favor de los acusados en el proceso seguido ante el Tribunal de Espionaje y Alta Traición de Cataluña contra un nutrido grupo de jueces y magistrados, acusados de prestar colaboración al bando franquista, logró su absolución en 1938 296 . Pese a todo ello, fue sancionado por la Administración franquista y despojado de su cátedra sevillana en 1937 y en febrero de 1939, ante la inminencia del triunfo enemigo, se exilió en Francia, donde formaría parte de la Unión de Profesores Universitarios Españoles en el extranjero y llegaría a estar internado en el campo de concentración de Voves, cerca de Chartres, durante cerca de un año, en 1941 297 . Tras una larga vida en el exilio, repartida entre Francia, donde trabajó como periodista, Washington, donde prestó servicios en la Oficina 293. Vid. J. Peláez, Quero Molares, José (1905-1987), en Diccionario crítico de juristas españoles, portugueses y latinoamericanos [hasta noviembre de 2006], II, 1 (M-Z) (Zaragoza — Barcelona, Cátedra de Historia del Derecho y de las Instituciones de la Universidad de Málaga y otros, Talleres Editoriales Corneta, 2006, ed. y coord. M. J. Peláez), pp. 356-357; M. Cachón Cadenas, Quero Morales, José (1905-1987), en Diccionario de Catedráticos españoles de Derecho (1847-1943) (Madrid, Universidad Carlos III de Madrid — Instituto Figuerola de Historia y Ciencias Sociales, 2015). José Xirau, íntimo de Calamandrei, hermano mayor de Antonio, histórico de ERC, y sobre todo de Joaquín, filósofo, Decano de Filosofía y Letras en Barcelona, exiliado en México, sobre cuyo hijo —también filósofo— la Facultad ha editado, con motivo de su Quinto Centenario, Presencia de Ramón Xirau (Ciudad de México, Flores, 2018), a cargo de M. Polaino Orts, había sido Catedrático antes en Sevilla (y aun antes en Murcia), donde dio clase a Cernuda, y terminaría exiliándose en Francia, tras el triunfo franquista, donde moriría en 1982, tras haber trabajado para la UNESCO: vid. infra § 24 y n. 542, con bibliografía. 294. Vid. M. Cachón Cadenas, Quero Morales, José (1905-1987), en Diccionario de Catedráticos españoles de Derecho (1847-1943) (Madrid, Universidad Carlos III de Madrid — Instituto Figuerola de Historia y Ciencias Sociales, 2015). 295. Vid. M. Cachón Cadenas, Quero Morales, José (1905-1987), en Diccionario de Catedráticos españoles de Derecho (1847-1943) (Madrid, Universidad Carlos III de Madrid — Instituto Figuerola de Historia y Ciencias Sociales, 2015). 296. Vid. M. Cachón Cadenas, Quero Morales, José (1905-1987), en Diccionario de Catedráticos españoles de Derecho (1847-1943) (Madrid, Universidad Carlos III de Madrid — Instituto Figuerola de Historia y Ciencias Sociales, 2015). 297. Vid. M. Cachón Cadenas, Quero Morales, José (1905-1987), en Diccionario de Catedráticos españoles de Derecho (1847-1943) (Madrid, Universidad Carlos III de Madrid — Instituto Figuerola de Historia y Ciencias Sociales, 2015). 48 49 Sanitaria Panamericana de la Organización Mundial de la Salud, y, tras su jubilación, Ginebra, y vuelto a España en 1978, cuando se instaló en Barcelona y más adelante en Vilanova i la Geltrú, donde viviría hasta el final, en 1980, justo el año de la vuelta de Juan Antonio Carrillo como Catedrático de Derecho internacional a Sevilla 298 , resultó elegido miembro de honor de la Asociación Española de Profesores de Derecho Internacional y Relaciones Internacionales en las V Jornadas, que se celebraron en nuestra Facultad 299 , la única de la que él fue Catedrático de Universidad. Le quedaban siete años de vida"°. José Antonio Rubio Sacristán, al que aquí se ha visto llegando a la electrizada Sevilla de 1931 a hacerse cargo de su cátedra hispalense de Historia del Derecho 301 , retenido en Santander al estallido de la guerra como Secretario de la Universidad Menéndez Pelayo (lo era desde 1932), fue denunciado y separado del servicio en 1937 durante casi una década, hasta que a mediados de los años cuarenta un nuevo dictamen lo condenaba al traslado a otra Universidad con pérdida de los haberes no percibidos, pero conservando su lugar en el escalafón, siendo destinado a Granada, para pasar poco después a Valladolid (1948) 3 Ó 2 . No volvería a estar vinculado más con nuestra Facultad, que sufrió con ello una objetivamente muy grave pérdida. En Valladolid sería decano durante catorce años y dejaría profunda huella. Se trataba de una figura cosmopolita, que en su primera juventud había realizado ya una estancia en Estrasburgo para aprender alemán, para posteriormente coincidir en Múnich con Carande y ampliar su formación en Friburgo de Brisgovia con Heinrich Finke y Georg von Below, doctorándose en 1925 en la propia Albert Ludwigs Universitát y, de nuevo, en 1927 en Madrid, bajo la dirección del genial Díez Canseco 303 . Su relación con los mundos de la cultura española era profunda y fue duradera, y ya había intimado en la Residencia de Estudiantes madrileña no solo con Lorca, que le dedicaría el célebre poema 'Muerte de Antoñito el Camborio' del Romancero gitano (1928), publicado un año antes de su acceso a cátedra, sino también con Pedro Salinas y Jorge Guillén, que reencontraría en Sevilla de Catedrático el mismo año que él, así como con Dámaso Alonso y Emilio Prados, además de Salvador Dalí, Luis Buñuel, José Bergamín, Pepín Bello o el poeta y pintor José Moreno Villa: una rutilante nómina 3 o 4 , parte de lo mejor de aquella España cristalina, amenazada de tantos modos y por tantas cosas. Hacia la 298. Infra, § 51, ab initio y n. 1335. 299. Vid. M. Cachón Cadenas, Quero Morales, José (1905-1987), en Diccionario de Catedráticos españoles de Derecho (1847-1943) (Madrid, Universidad Carlos III de Madrid - Instituto Figuerola de Historia y Ciencias Sociales, 2015). 300. Muerto el 12 de octubre de 1987, festividad nacional, O. Casanovas y la Rosa le consagró un amplio obituario en el recién nacido canal de la doctrina internacionalista española: J. Quero Molares (1905-1987), en REDI, 1 (enero-junio, 1988), pp. 127-140. 301. Supra, § 10 y n. 219. 302. Vid, J. Claret Miranda, El atroz desmoche, cit., p. 221. 303. Vid. sobre su trayectoria J. M. Vallejo García-Hevia, José Antonio Sacristán Rubio, en DB -e (cons. 7-7- 2019); M. Martínez Neira, Sacristán Rubio, José Antonio (1903-1995), en Diccionario de Catedráticos españoles de Derecho (1847-1943) (Madrid, Universidad Carlos III de Madrid - Instituto Figuerola de Historia y Ciencias Sociales, 2012); sobre Canseco, primer maestro de Blas Ramos Sobrino en Valladolid, vid. ya supra § 8 y nn. 189, 191. 304. Lo destaca J. M. Vallejo García-Hevia, José Antonio Sacristán Rubio, en DB -e (cons. 7-7-2019). 9 11 CJH 16-17 • 2018-2019 mitad de los años cuarenta, "cansado de aguardar en vano su reposición en la cátedra universitaria", como se ha escrito, durante "los largos años de forzada marginación académica", que se extendieron durante 544 días de ostrascismo jurídico separado del servicio universitario, se dedicó al mundo empresarial, convirtiéndose en un importante hombre de negocios, años en los que supo no abandonar su vocación científica 305 . Hijo de sus lecturas, pero también de su tiempo, se ha destacado que secundó en relación a lo primero la idea de Werner Sombart de que sin teoría no hay Historia (en lo que estamos substancialmente de acuerdo, frente a un positivismo que reduce la historia a un acarreo documental, que es solo el principio de la historia: de la actividad del historiador) y respecto a lo segundo, consciente "de lo rápido que suelen envejecer las modas intelectuales, se mostró satisfecho de haber escrito poco, y errado menos" 306 , lo que ante todo es privilegio de un tiempo universitario donde podía prosperarse así, pero también peaje de una época mucho menos escrituraria en la Universidad que la nuestra o los densos mundos intermedios entre aquella y esta que hoy vivimos. Los honores se reanudarían progresivamente para él, muy lejos de Sevilla. Repuesto en la Universidad, y tras acceder a la cátedra de Valladolid, donde sería Decano de 1957 a 1972, un año antes de su jubilación, fue elegido miembro de la Real Academia de la Historia en diciembre 1984 substituyendo a Claudio Sánchez Albornoz de la mano de Gonzalo Anes, tomando posesión en abril de 1987 3 ° 7 , siete años antes de su muerte. Felipe González Vicén, Catedrático de Filosofía del Derecho desde 1935, tras la marcha de Ramos Sobrino a Valladolid 308 , santanderino de Santoña, doctor desde 1933, se encontraba en Berlín en una estancia de investigación al estallar la guerra y fue expedientado por su tardanza en regresar a Sevilla (lo hizo el 21 de noviembre del 36), pese a haber advertido por escrito de la dificultad que entrañaba para él hacerlo, acompañado como estaba por su mujer e hija. En 1937 fue separado definitivamente del servicio por su "izquierdismo marcado", pese al informe favorable del jefe de Prensa y Propaganda de Falange en Andalucía y la ascendencia que se le suponía a su hermano Luis como presidente de la Junta Política de FET y de las JONS, por lo que volvió a Alemania, donde llegó a ser lector de español en la Universidad de Berlín, no logrando la reincorporación a la Universidad española hasta diez años después, en 1946, destinándosele a La Laguna —donde se jubilaría en 1978 y llegaría a ser Decano y Rector en funciones—, al estar ocupada la cátedra de Sevilla desde 1944 por Joaquín Ruiz-Giménez 309 , que en 1951 sería nombrado 305. Para los entrecomillados, J. M. Vallejo García-Hevia, José Antonio Sacristán Rubio, en DB -e (cons. 7-7-2019). 306. Es la literal expresión de J. M. Vallejo García-Hevia, José Antonio Sacristán Rubio, en DB -e (cons. 7-7- 2019); cfr., desde luego, como hace él, J. A. Rubio Sacristán, Werner Sombart y la teoría histórica de la Economía, en Revista de Estudios Políticos, 1, 3 (jul.-sept. 1941), pp. 487-516. 307. M. Martínez Neira, Sacristán Rubio, José Antonio (1903-1995), en Diccionario de Catedráticos españoles de Derecho (1847-1943) (Madrid, Universidad Carlos III de Madrid - Instituto Figuerola de Historia y Ciencias Sociales, 2012). 308. Supra, § 8 y n. 179. 309. Vid. C. Petit, González Vicen, Felipe (1908-1991), en Diccionario de Catedráticos españoles de Derecho (1847-1943) (Madrid, Universidad Carlos III de Madrid - Instituto Figuerola de Historia y Ciencias Sociales, 2011); cfr. J. Claret Miranda, El atroz desmoche, cit., pp. 220-221 y n. 30 (en p. 423): AHUS, legajo 1993, expediente n.° 20. 9 1 CJH 16-17 • 2018-2019 Ministro de Educación Nacional, cargo que ocuparía hasta 1956: un intelectual que desempeñaría un papel muy importante desde dentro del régimen hacia la transición a la democracia pero ya después de su breve etapa sevillana, con la fundación junto a Elías Díaz, Mariano Aguilar Navarro y Gregorio Peces-Barba, entre otros, de Cuadernos para el diálogo en 1962, cuando ya había accedido —dos años antes— desde Salamanca a la tercera cátedra de Derecho natural y Filosofía del Derecho en la Universidad Madrid, y que sería el primer Defensor del Pueblo de la democracia, elegido en 1982 310 . 15 Pre-posdemocracia y 'damnatio memoriae' Dos gigantes de la Facultad de Derecho sevillana explican, quizás como ningunos otros, el alcance y las diferencias en los procesos de depuración que barrieron el escalafón y depauperaron la vida universitaria, provocando un páramo cuya precariedad no se le ocultaba siquiera al rectorado de la Universidad pese a su inequívoca adscripción franquista 311 . Manuel Giménez Fernández, licenciado en Letras y Derecho por la Universidad de Sevilla, Catedrático de Derecho canónico, americanista insigne y Ministro de Agricultura por la CEDA durante la República, entre 1934 y 1935, cuando no logró sacar adelante su ambiciosa Reforma agraria, consiguió salvar la vida en Chipiona, donde acostumbraba a veranear y estuvo a punto de perderla en dos ocasiones al estallar la guerra, a manos de falangistas y requetés 312 , pese a su condición de republicano de derechas (y quizás por ella misma), reingresando tras el expediente de depuración a su cátedra en 1937 313 , convirtiéndose en una suerte de 310. Aunque Ruiz-Giménez obtuvo la cátedra hispalense el 29 de diciembre de 1944 se le concedió la excedencia forzosa menos de dos años después, el 5 de octubre de 1946, y no se reintegró a la Universidad hasta 1956, ya en Salamanca, tras la permuta de 21 de mayo de 1951, donde conoció a profesores como Prados Arrarte y Tierno Galván o "a ya destacados estudiantes, todos ellos agrupados en torno al colegio mayor Fray Luis de León, como Elías Díaz o Fernando Ledesma": cfr. C. Nieto Sánchez, Ruiz-Giménez Cortés, Joaquín (1913- 2009), en Diccionario de Catedráticos españoles de Derecho (1847-1943) (Madrid, Universidad Carlos III de Madrid - Instituto Figuerola de Historia y Ciencias Sociales, 2013). Su paso por nuestra Facultad fue, pues, breve. 311. J. Claret Miranda, El atroz desmoche, cit., p. 231. 312. Vid. D. Barba, La oposición durante el franquismo 1. La Democracia Cristiana (Madrid, Ediciones Encuentro, 2001), p. 40; L. Álvarez Rey, en El profesor Manuel Giménez Fernández (1896-1968). Desde el exilio interior, en Andalucía en la Historia, 75 (julio 2015). Parece salvó la vida en una de ellas cuando, al ir a ser disparado, le vieron y oyeron rezar un padrenuestro. 313. Fue confinado en Chipiona ("residencia forzosa gubernativa") hasta el mes de abril de 1939. En el expediente de informe a efectos de depuraciones abierto al personal de la Universidad de Sevilla por el rector José M. Mota Salado, con fecha de 28 de septiembre de 1936, se le describe como "diputado a Cortes por Acción Popular, persona de orden, de buena conducta moral y religiosa, fiel cumplidor de sus obligaciones profesionales". El 4 de marzo de 1937 Giménez Fernández solicita ante la Comisión de Cultura y Enseñanza de la Junta Técnica del Estado el reingreso en el servicio activo y esta acuerda el 24 de marzo de 1937, considerando que "se adhirió desde el primer momento al Movimiento Nacional", su reingreso en el servicio activo como Catedrático de Derecho Canónico de la Universidad de Sevilla, "desde la fecha de la iniciación del Alzamiento Nacional, para todos los efectos procedentes": cfr. AGA Educación, 21/20406 (expediente personal, que contiene expediente de depuración) y vid. la semblanza de C. Petit, Giménez Fernández, Manuel (1896-1968), en Diccionario de Catedráticos españoles de Derecho (1847-1943) (Madrid, Universidad Carlos III de Madrid - Instituto Figuerola de Historia y Ciencias Sociales, 2011), en que me apoyo. referente democrático 314 para buena parte de la juventud antifranquista que frecuentó la Facultad de Derecho de la Hispalense durante los años cincuenta y sesenta 315 : alguien que nunca apoyó aquella "mística de la guerra civil" que pareció apoderarse de buena parte de los españoles de su generación y aun de las otras y arriesgó la vida por ello 318 . Alguien que había vivido la democracia, con todas sus imperfecciones inherentes y alguna nueva fruto del tiempo, y que anhelaba volver a vivirla, instalado en una suerte de limbo prepostdemocrático. Demófilo de Buen, madrileño licenciado en Barcelona (1907-1911), doctor en 1915 depués de haber ampliado estudios con Stammler en Halle gracias a una ayuda de la Junta de Ampliación de Estudios, Catedrático de Derecho civil español común y foral de nuestra Facultad desde 1920, a la que se había trasladado desde su cátedra en Salamanca (obtenida en 1917), donde fue amigo de Unamuno, jurista de enorme prestigio, excedente en Madrid al ser nombrado Consejero de Estado desde 1931 y Magistrado del Tribunal Supremo desde 1933, Académico de Jurisprudencia y Legislación, fue separado definitivamente de la Universidad en 1939 317 y procesado y sentenciado como masón en noviembre de 1941 318 , y pasó su exilio primero en Francia y luego sobre 314. J. Tusell -1. Calvo, Giménez Fernández, precursor de la democracia española (Madrid, Mondadori - Diputación Provincial de Sevilla, 1990), que destacan ibíd., p. 22 el magisterio recibido por Manuel Sánchez de Castro, marqués de Monasterio, Catedrático de Derecho natural de Sevilla controvertidamente entre 1890 y 1921, hombre tradicionalista, cofundador de la Liga Católica de Sevilla: vid. S. Martín, La facultad hispalense de derecho en la España liberal: catedráticos, textos e ideas, en CJH, 9 (2011), pp. 535-605, en concreto 566-570; íd., Sánchez de Castro, Manuel (1859-1929), en Diccionario de Catedráticos españoles de Derecho (1847-1943) (Madrid, Universidad Carlos III de Madrid - Instituto Figuerola de Historia y Ciencias Sociales, 2015). 315. Sobre su personalidad en clase, en esa época, "crítico apasionado del régimen", hay testimonio de M. Mantero, Había una ventana, cit., p. 142. Llegó a identificarse de un modo particular con él la promoción 1964-1969, a que pertenecen, entre otros, José Rodríguez de la Borbolla, Bartolomé Clavero y Antonio Merchán, por citar solo a los tres profesores numerarios de la Facultad entre sus antiguos alumnos, que convirtieron el acto de cincuentenario en la primavera de 2019, celebrado en el Archivo de Indias con las intervenciones de Rodríguez de la Borbolla y Ramón Serrera Contreras, bajo mi presidencia como Decano, en un homenaje al viejo maestro desaparecido un año antes de que se licenciasen: cfr., también sobre esa Facultad fuera de la Facultad como quise destacar (supra, nn. 13, 271), una crónica del acto por F. Correal, Homenaje a Giménez Fernández. Su clase lo dejó, sus alumnos no, en Diario de Sevilla, 1 de junio de 2019. Más resituador a la baja de ese papel de conciencia antifranquista se muestra el propio B. Clavero en su El árbol y la raíz. Memoria histórica familiar (Barcelona, Crítica, 2013), pp. 81-82, que lo define como persona de carácter y compromiso, "pero muy venida a menos" ya en esa época, en que se había convertido en un personaje pintoresco, que se podía permitir ataques al régimen "porque fuera del recinto no se le tomaba en serio". 316. Son accesibles sus dramáticas declaraciones al respecto en C. Seco Serrano, Política y ética: el ejemplo de Manuel Giménez Fernández, en El País, 13 de febrero de 1991. 317. Vid. para su trayectoria M. J. Peláez, Buen Lozano, Demófilo de, en Diccionario crítico, cit., I, pp. 167- 168; J. M. Castán Tobeñas, Demófilo de Buen Lozano, en DB -e (cons. 5-7-2019); E. E. Martínez Chávez - E. Conde Naranjo, Buen y Lozano, Demófilo de (1890-1946), en Diccionario de Catedráticos españoles de Derecho (1847-1943) (Madrid, Universidad Carlos III de Madrid - Instituto Figuerola de Historia y Ciencias Sociales, 2012). 318. E. Martínez Barrios y P. Zambrana Moral, Notas sobre la depuración política universitaria: algunos casos concretos, en Cuadernos republicanos, 46 (2001), pp. 19-52 y P. Zambrana Moral y E. Martínez Barrios, Depuración política universitaria en el primer franquismo: algunos catedráticos de derecho (Barcelona, Universidad de Málaga, 2001), pp. 64-66, con eco expreso en M. Baldó Lacomba, Represión franquista del profesorado, cit., p. 40 y n. 32; cfr. J. Claret Miranda, El atroz desmoche, cit., pp. 70, 221, 305, 327. Murube, en cambio, quintaesenciará una cierta forma de ser Sevilla que esta reconocerá por encima de otras, hecha de nostalgia, patrimonio de la juventud que de toda vida escapa (y de una vieja ciudad, donde todo es pasado a cada paso, un poco detenido en eso): una umbilicalidad que busca, porque ama, a una ciudad que no ha de cambiar, pero cambia, intacta en su idealidad como en la mente del poeta. Pero solo ahí. En el alma. Una ciudad como centro consciente y querido, que se sabe (o más bien se siente) única, frente al rechazo cosmopolita (o provinciano: que de todo hay) del ombliguismo sevillano, que es explícito en Cernuda'''. Una ciudad que se niega a cambiar, negándose a aceptar que todo es cambio, inevitablemente. Es el mundo al margen de la realidad externa, pero no del todo, de Mediodía y sus amigos Rafael Porlán y Alejandro Collantes, Rafael Laffón o Juan Sierra —prematuramente desaparecidos los dos primeros en la juventud, perdidos en la neblina de los tiempos; muertos mucho después que Cernuda los dos segundos— el que subyace en esta predilección de la ciudad por quienes se quedaron en ella, sacrificando glorias por el amor anclado físicamente al propio paisaje: Izquierdos redivivos, en la ciudad que todo lo olvida, menos a sí misma. Como Núñez de Herrera, nacido en Campanario (Badajoz) en 1900, funcionario de telégrafos, amigo entrañable de todos ellos y escritor extraordinario y postergado 418 (una de las grandes especialidades de la Ciudad la de postergar), fundador de la Hemeroteca municipal, colaborador de la revista 419 , muerto en el Algarve en 1935 y allí enterrado, a los treinta y cinco años, al que apenas recordaron en Sevilla más que Murube y Sierra durante largos años, como recordó a su vez Ortiz de Lanzagorta 420 : una mirada extraordinariamente sutil, profunda, verídica sobre la ciudad, bella como algo que se dice sin esperar ser escuchada 421 . Como Juan Sierra, nacido en la Plaza Nueva cuando aún tenía esta ese aire "unitario y romántico infra nn. 482, 1068, por comparación; enseguida, n. 417. Pero todo es más complejo. Profundo ejecutor, y sevillanísimo, fue Cernuda cuando quiso de silencios (y de olvidos): y quiso (infra, 5 21 y nn. 481, 483, 486; § 24 y n. 561). Pero también profundamente sevillano (y eso lo vio muy bien Lorca: supra, n. 42) fue en su nostalgia y en su amor por la ciudad pese a ella misma (y pese a él mismo): supra, nn. 398, 401-402, 459; infra, n. 1425. 417. "Eso me ayudó a escapar al peligro de lo provinciano, habiendo pasado la niñez y juventud primera en Sevilla, donde la gente pretendía vivir, no en una capital de provincia más o menos agradable, sino en el ombligo del mundo, con la falta consiguiente de curiosidad hacia el resto de él": L. Cernuda, Historial de un libro, cit. (supra, n. 14) (= Obra completa, cit., 2, p. 659). El rechazo a tal ombliguismo en 1928 es más visceral que fruto de un cosmopolitismo de alguien como Cernuda que aún no había convertido su vida en la gran sucesión de vidas, viajes y experiencias en otros lugares que luego sería; cuando escribe esas líneas, treinta años después, y ya las tiene de sobra, todo se une, acendra, pero también matiza: una vida en que no sería su ciudad natal el único lugar donde llegaría a vivir que censuraría. Sobre esa condición insatisfecha de Cernuda, base de su rebeldía, que no le llevó a censurar todo cuanto recibía pero sí a un perpetuo cuestionamiento de espacios, tipos y herencias, vid. en parte desde otra perspectiva L. A. de Villena, Rebeldía, clasicismo y crisis (Luis Cernuda, asedios plurales a un poeta príncipe) (Valencia, Pre-Textos, 2002). 418. Cfr muy recientemente, llenando un dramático vacío ciudadano, A. Núñez de Herrera, Estampas. Literatura y periodismo de vanguardia (Sevilla, El Paseo, 2018, eds. D. González Romero, C. Rina y J. M. Rondón) y la reseña de E. Díaz Pérez, Antonio Núñez de Herrera: La pluma heterodoxa de la generación Mediodía, en ABC de Sevilla, 28 de noviembre de 2018. 419. Apenas le concede atención personalizada D. Musacchio, La Revista Mediodía, cit., passim, que se limita a registrar su presencia como colaborador: cfr ibíd., p(p. 67), 68 y n. 33. 420. J. L. Ortiz de Lanzagorta, Obra, lugar y tiempo de Antonio Núñez de Herrera, Prólogo a Teoría y realidad 4 , cit., pp. 26, 31. 421. Supra, 5 1 y nn. 10-11; infra, § 56 y nn. 1408-1409. 66 5 01 CJH 16-17 • 2018-2019 de salón decimonónico y liberal" 422, en 1901, como nuestros Collantes o Garfias 423 , funcionario de Hacienda toda la vida tras dejar los estudios de Arquitectura 424 , autor casi secreto de cuatro poemarios religiosos que no tienen igual en la poesía española del siglo XX 425 y de un libro en prosa aún más secreto, misceláneo, inolvidable sobre la ciudad, su vida y sus poetas 426 : un hombre oculto que parecía prendido a otra época como una línea, una referencia llena de significado —de belleza, sin más— para los más informados, como si se hubiese ido hacía mucho, con un algo o un mucho de un "viejo rabino de Rembrandt" 427 . Manuales sacrificados a cambio de un paisaje vivido en la realidad tangible de la carne y los ojos todos los días: el ligado a un lugar y una tierra, como Murube percibe en su admirado José María Izquierdo, al que dedica algunas indiscutiblemente de sus mejores páginas. No menos Izquierdo que Izquierdo en esto 428 , aunque fuese un escritor más dotado y sobre todo más cumplido, pese a su complacientemente recordada indolencia 429 : un tema profundamente sevillano y, como tal, también cernudiano el de la indolencia. "He cerrado la puerta dejando fuera el invierno" dirá Cernuda en un texto poco conocido sobre ella 430 . Como quien deja fuera un perro fastidioso. La vida misma. Que a veces no te deja vivir. Izquierdo, muerto en 1922 cuando Murube está por sus dieciocho años 431 , estudiante brillantísimo de Derecho a principios de siglo en nuestra Facultad 432 , que 422. Como reza en la magnífica necrológica publicada por A. Pérez Guerra en ABC de Sevilla, 12 de septiembre de 1989, p. 43. 423. Vid. precisamente J. M. 8 Barrera López (coord.), Tres poetas en su centenario (Garfias, Sierra y Collantes), en El Siglo que viene, 45-46 (septiembre de 2001), pp. 28-58. 424. Sobre él vid. A. Reyes Juncosa, Vida y obra de Juan Sierra (Sevilla, Universidad de Sevilla, 1984), tesis de licenciatura; J. M. Barrera López, Juan Sierra González, en DB -e (cons. 5-7-2019). 425. J. Sierra, María Santísima (Sevilla, Mediodía, 1934); Palma y Cáliz de Sevilla (Madrid, Afrodisio Aguado, 1944); Claridad sin fecha (Sevilla, Gráfica La Gavidia, 1947); Álamo y cedro (Sevilla, Renacimiento, 1982). Su obra poética completa fue reunida en Poemas (Granada, Comares, 1992, ed. y pról. J. Cortines). 426. J. Sierra, Sevilla en su cielo (Sevilla, Junta Municipal del Distrito III, 1984). 427. Expresivo C. Colón, en El País, 13 de septiembre de 1989. 428. Lo ve, acertadamente, ya el propio J. Lamillar, Joaquín Romero Murube, cit., p. 11. Para el Izquierdo de Murube, infra § 20-22 y nn. 442-443, 466, 473, 475, 479, 496-497, 503. 429. J. Romero Murube, Sobre algunos problemas de Sevilla, apuntes manuscritos para una conferencia en el Circulo Mercantil de Sevilla (1967), que recoge P. Márquez Romero, 'Mi indolencia', en Poeta en Sevilla. El memorial de Joaquín Romero Murube (Los Palacios, Ediciones El Desembarco, 2004, rev. F. Aranguren Urriza y R. Márquez Romero), pp. 196-197 y n. 215. 430. L. Cernuda, El Indolente, en La Verdad, 56 (Murcia, 18 de julio de 1926), s.p. (= Obra completa, cit., 3, pp. 729-730), escrito de juventud reeditado sin puntos aparte a la luz de su carta a José de Montes de 27 de julio de 1926 (cfr ibíd., p. 830), en que D. Musacchio, La Revista Mediodía, cit., p. 197 ve "un guión completo de película": nada extraño, en puridad, pues Cernuda fue "uno de los primeros en ver en el cine unas posibilidades de inspiración, de renovación". Un relato del mismo título fue escrito por Cernuda entre agosto y diciembre de 1929, según cartas a Higinio Capote de 31 de agosto y 7 de diciembre de ese mismo año, y se incluyó en su libro Tres narraciones (Buenos Aires, Cía Impresora Argentina, 1948), con numerosas erratas, subsanadas en su reedición para O. C. (= Obra completa, cit., 3, pp. 270-303): cfr nota explicativa ibíd., p. 824. 431. Lo destaca expresamente J. Lamillar, Joaquín Romero Murube, cit., p. 32; vid. en todo caso, sobre la edad de Murube, infra n. 592. 432. Obtuvo sobresaliente en todas las asignaturas de la carrera: vid. E. Barrero González, Noticias de la vida y de la obra de José María Izquierdo con sus manuscritos conservados por Miguel Romero Martínez (Sevilla, 67 CJH 16-17 • 2018-2019 llegó a becario para ampliar estudios en italia 433 , desde donde envió unas deliciosas crónicas viajeras 434 , y en ella profesor de Derecho canónico encargado de la cátedra (que no catedrático), colaborador ya en su época de estudiante en la cátedra de Derecho romano de Francisco de Casso 435 , materia en la que dejó incluso unas Las leyes regias, Disertaciones de Derecho romano (1902-1903) que dicen mucho de sus intereses intelectuales y del peso incluso espiritual de la asignatura en la formación aún mantenida de los juristas, será el icono modélico de ese sacrificio, esa inmolación, al altar de la sevillanía y quedará como el ejemplo del escritor sevillano malogrado por excelencia, cumplido al menos en eso: en malograrse en Sevilla y por ella: para ella, que recordará el sacrificio, entre tantos otros que olvidó, como si algo sevillanamente conmovedor atase a la Ciudad respecto de este hijo suyo. El más amado, o uno de ellos, pero este en concreto. ¿Piensa en él Cernuda cuando escribe solo cuatro años después El Indolente o piensa ante todo en quien es él mismo, a los veinticuatro años, y en quien cree que será, un poco ya para siempre? Escribe: "no seré nada, y entonces mi vida tendrá esa admirable gratuidad de las existencias perfectas" 43 fi. Hay algo del nihilismo que ya ensaya desde hace años por las mismas fechas Fernando Pessoa en otra ciudad del Oeste de Europa 437 , fuera del mundo también como esta otra nuestra. Algo, o mucho, de una forma hondamente sevillana de pasar por la vida, resbalando por ella, fluido, gas, aroma. Apenas una nada bella. Desde esa perspectiva, Izquierdo, hombre de silencios ante todo en todo, dibujó una existencia perfecta, precedente anunciador de tantas cosas que no se cumplían en él ninguna, incluido ese andalucismo al que se adhirió en 1914 y que el propio Blas Infante le reconoce en su Ideal andaluz de 1915 438 . Ateneo de Sevilla, 2006), p. 25, sobre la base de informaciones ya espigadas por A. Ribelot; J. Calvo González, José María Izquierdo Martínez, en DB -e (cons. 5-7-2019). 433. Sigo a E. Barrero González, Noticias de la vida, cit., pp. 104-106. 434. J. M. Izquierdo, Divagaciones itálicas (Sevilla, Ateneo de Sevilla y Algaida Editores, 2007, introd. M. D. Ramírez Almazán, N. Matarredona Vizcaíno, J. Sánchez López y I. Martínez Carretero), con prólogo de E. Barrero González, que recoge las crónicas italianas aparecidas en El Noticiero Sevillano. 435. Vid. E. Barrero González, Noticias de la vida, cit., pp. 21 y ss., 45 y ss.; cfr. AA. W., José María Izquierdo (1886-1922): recuerdo y homenaje académico que le dedicó la Fundación Blas Infante en el centenario de su nacimiento (Sevilla, Fundación Blas Infante, 1986); R. Reyes Cano, Izquierdo Martínez, José María, en Diccionario de ateneístas, cit., 1, pp. 233-236; P. J. Sánchez Gómez, José María Izquierdo (1886-2007) (Sevilla, autoedición, 2007); J. Calvo González, José María Izquierdo Martínez, en DB -e (cons. 5-7-2019); sobre la en cierto modo heterodoxa figura de Casso vid. infra § 21 y sobre todo n. 468. 436. L. Cernuda, El Indolente (artículo), cit., s.p. (= Obra completa, cit., 3, p. 729). 437. "Mi instinto de perfección debería inhibirme de acabar; debería de inhibirme hasta de dar comienzo": F. Pessoa, Libro del desasosiego, § 182 = Libro del desasosiego de Bernardo Soares (Barcelona, Seix Barral, 1984 1 , ed. A. Crespo), p. 164 (= [Planeta, 1997], p. 204). Baste aquí, aunque cabe añadir a vuelapluma: "He matado a la voluntad a fuerza de analizarla": ibid., § 215 = 1 p. 184 (= p. 229). Ha habido reciente (¿definitiva?) reordenación portuguesa de los materiales completos a cargo de R. Zenith: cfr. Livro do desassossego. Versáo integral (Porto, Assírio & Alvim, 2014), en concreto pp. 146, 367, sin numeración de fragmentos. Ahí queda, con la fuerza de la lengua original en que se gestó el poema (en prosa): "0 meu instinto de perfeicáo deveria inibir-me de acabar; deveria inibir-me até de dar comeco". "Matei a vontade a analisá-la". 438. B. Infante, Ideal andaluz (Sevilla, Joaquín L. Arévalo, 1915), cap. II y la reciente lectura al respecto de J. Calvo González, José María Izquierdo Martínez, en DB -e (cons. 5-7-2019). Un Blas Infante, padre del andalucismo, un año mayor, que estudia Derecho en Granada (1904-1906) 439 por las mismas fechas que Izquierdo en Sevilla. 20 La invención de la Ciudad Juan Ramón"°, Cernuda"' y Murube 442 , antiguos alumnos de la Facultad, le dedicarán páginas de insuperable belleza 443 , impactados por ese mudo ejemplo, y rescatarán para nosotros la estatura de un ser que de otro modo habría quedado perdido sin más en la malla del tiempo, asociado a una concreta época de la ciudad y a ciertas costumbres que aún perduran y hallan en él su eslabón genético, en relación casi siempre al Ateneo de Sevilla, que durante la presidencia de quien sería su biógrafo, Enrique Barrero González, Académico de Legislación y Jurisprudencia, antiguo alumno y licenciado de la Facultad, Profesor asociado nuestro de Derecho político y Derecho administrativo y Letrado Jefe de la Asesoría Jurídica del Ayuntamiento de Sevilla durante medio siglo, renovó interés por el hombre e impulsó la reedición de sus obras 444 . Izquierdo nació en 439. Sus años granadinos de estudiante de Derecho fueron trascendentales para la conformación intelectual de su andalucismo (en puridad, como los de Izquierdo en Sevilla para el suyo y su sevillanismo de adentros): así, en relación a lo primero, J. L. Ortiz de Lanzagorta, Blas Infante: vida y muerte de un hombre andaluz (Sevilla, Fernández-Narbona - Grafitálica, 1979) y resumen reciente de ello, en el germen mismo de su trayectoria, en L. Palacios Bañuelos, Blas Infante Pérez, en DB -e (cons. 6-7-2019); cfr también J. A. Lacomba Abellán (ed.), Blas Infante, perfiles de un andaluz (Málaga, Servicio de Publicaciones de la Diputación Provincial, 1985); J. Hurtado Sánchez, Infante Pérez, Blas, en Diccionario de ateneístas, cit., I, pp. 228-233; AA. W., Homenaje al ateneísta Blas Infante (Sevilla, Ateneo de Sevilla, 2004); M. Ruiz Romero, Blas Infante Pérez (1885-1936) (Sevilla, Fundación Pública Andaluza, Centro de Estudios Andaluces, Consejería de la Presidencia, Junta de Andalucía, 2010). 440. J. R. Jiménez, Españoles de tres mundos, xxxii: cfr. Obras de Juan Ramón Jiménez. Españoles de tres mundos, cit., pp. 127-128. 441. L. Cernuda, 'José María Izquierdo', en Ocnos 3 , cit., pp. 85-87 (= Ocnos. Variaciones, cit., pp. 82-84 = Obra completa, cit., 1, pp. 578-579). 442. J. Romero Murube, José María Izquierdo y Sevilla (Sevilla, Imprenta Municipal, 1934 1 [reed. íd., Ateneo de Sevilla, 2001 2 ]). La convergencia -un auténtico volcamientocon las páginas dedicadas por Murube a Izquierdo en el tercer capítulo ('Un escritor sevillano') de su Discurso de la mentira, cit. en 1943 es total: vid. ibld. 2 , pp. 41-76. 443. Lo destacaron, tan distintos, ya A. Burgos, Sobre José María Izquierdo, en Boletín de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras. Minervae Baeticae, 15 (1987), pp. 33-35, en concreto 34, que recoge su intervención en la Sesión celebrada en homenaje a J. M. Izquierdo el día 10 de octubre de 1986, o M. García-Posada, Cuando el aire no es nuestro. Memorias II (Barcelona, Península, 2001), p. 45. 444. Con diversos patrocinios e impulsados por Enrique Barrero González como Presidente del histórico Ateneo sevillano, los ocho primeros volúmenes con prólogo del propio Barrero, vid. J. M. Izquierdo, Tránsito y transfiguración (Sevilla, Ateneo de Sevilla, 2006), que recoge gracias a J. Sánchez López las crónicas sevillanas de tal título aparecidas en El Noticiero Sevillano en 1921; Divagaciones itálicas, cit. supra n. 434; Por la Parábola de la Vida (Sevilla, Ateneo de Sevilla, 2007 3 , introd. A. Ribelot); Relieves... sin relieve (Sevilla, Ateneo de Sevilla, 2007 2 , introd. M. Cruz Giráldez); De las Normas y de las Formas (Sevilla, Ateneo de Sevilla, 2008 3 , introd. P. L. Serrera Contreras y R. Rodríguez Sández); Guía de Sevilla (Sevilla, Ateneo de Sevilla y Algaida Editores, 2008 2 ), texto preparado para el Congreso de las Ciencias celebrado en nuestra ciudad en 1917; Discurso sobre Cervantes y el Quijote pronunciado en Constantina en 1916 (Sevilla, Ateneo de Sevilla, 2008, introd. N. Matarredona Vizcaíno); Discursos pronunciados por José María Izquierdo en las Conferencias de San Vicente de Paúl, 1915 y 1920 (Sevilla, Ateneo de Sevilla, 2008, introd. P. L. Serrera Contreras y R. Rodríguez Sández), con carta de Fray C. Amigo Vallejo; Recuerdo de un día de colegio (Sevilla, Ateneo de Sevilla, 2008 2 , introd. A. Domínguez Ortiz), y este último con textos reeditados de E. Iniesta Coullaut-Valera y L. Montoto y Rautenstrauch, y colaboraciones de M. Aguilar García, J. C. Aguilar Moreno, R. Alonso González, 1886, en la calle Castellar, la misma en que había nacido el poeta Francisco de Rioja tres siglos antes 445 , y murió de apendicitis en 1922, apenas con treinta y seis años (edad becqueriana casi para morir; edad de Byron), en su casa de la calle Santa María la Blanca" 6 , la misma junto a la que había vivido cuatro siglos atrás otro poeta histórico de la ciudad, Gutierre de Cetina 447 , vinculados al mundo del Derecho los tres, por sitios, o más bien por ángulos, no muy distintos. A diferencia de Cernuda, en el que la formación jurídica es interna y clarificadora 448 , o de Juan Ramón, en que es inexistente, pese a su decorativa matrícula finisecular en la Facultad, que solo le dejó —con no ser poco— una impregnación externa unida a otros muchos estímulos simultáneos, unió Izquierdo explícitamente su preparación de jurista a su vocación literaria y dejó así un ensayo sobre el derecho en el teatro español 449, recientemente reeditado por el Ateneo 45 o, como también sobre un tema similar su amigo, el poeta y ensayista de Los Palacios Felipe Cortines Murube 451 —nacido en 1883 y pariente maior de Joaquín Romero Murube, impulsor de la revista Bética 452 , licenciado en nuestra Facultad en 1905 con Premio Extraordinario, autor de un De Andalucía (1908) que elogiase Menéndez Pelayo 453 —, a quien dedicó páginas que han quedado como un monumento de amistad 454 a la sevillana. (O como Pérez Clotet, otro poeta-jurista de la Hispalense 455 , doctor en Derecho necesariamente en Madrid dada la época, con una tesis jurídica C. Arenas Núñez, J. Bolaños López, J. M. Cabeza Méndez, J. C. Campos Camacho, M. Cruz Giráldez, J. A. Díaz-Borrego Romero, J. García Casas, L. M. Martín Rubio, C. Muñiz Romero, M. Navarro Palacios, M. Pérez García, D. Pineda Novo, J. Rojas Rodríguez, A. Romero Pérez, J. Ruesga Navarro, A. Sedano, F. Suárez Oliva, M. del Valle Arévalo, J. M. Vázquez Sanz e I. Yebra Sotillo; Del Pragmatismo (Sevilla, Ateneo de Sevilla, 20092, introd. R. Rodríguez Sández, J. Nubiola y J. C. Mougán Rivero), con prólogo de M. Olivencia; El Derecho en el teatro español (Sevilla, Ateneo de Sevilla — Ilustre Colegio de Abogados de Sevilla, 2009 3 , introd. E. Barrero González y N. Matarredona Vizcaíno), con prólogo de M. Olivencia; añádase Con Santo Tomás no se puede divagar (Sevilla, Ateneo de Sevilla, 2005), que incluye el discurso pronunciado por Izquierdo en el Homenaje dedicado a Santo Tomás de Aquino por la Asociación de Estudiantes de Sevilla en el año 1920, y José María Izquierdo, pacificador (Sevilla, Ateneo de Sevilla, 2007), que transcribe las palabras pronunciadas en la Junta General de 16 de junio de 1922, días antes de su muerte. 445. Lo recuerda ya R. Reyes Cano, Izquierdo Martínez, José María, cit., p. 233. 446. Vid. E. Barrero González, Noticias de la vida, cit., p. 107 y ss. 447. En la calle Madre de Dios, 10, con fachada a San José: cfr en conjunto T. Falcón Márquez, La Iglesia de Santa María la Blanca y su entorno. Arte e historia (Sevilla, Editorial Universidad de Sevilla, 2015) y muy en concreto la reseña de E. Díaz Pérez, en El Mundo, 5 de octubre de 2015. 448. Infra § 24 y nn. 550-558. 449. J. M. Izquierdo, El Derecho en el teatro español. Apuntes para una Antología jurídica de las Comedias del Siglo de Oro (Sevilla, Imprenta Ángel Saavedra, 1914). 450. Supra, n. 444. 451. Doctor en Derecho en efecto luego: cfr. F. Cortines Murube, Ideas jurídicas de Saavedra Fajardo (Sevilla, Imprenta de Izquierdo, 1907), que recoge su madrileña tesis doctoral y vid. J. Cortines, Cortines Murube, en Diccionario de ateneístas, cit., I, pp. 115-117. 452. Vid. un apunte en J. Lamillar, Joaquín Romero Murube, cit., pp. 18, 43. 453. Los dos últimos datos pueden espigarse ya en M. Méndez Bejarano, Diccionario', cit., 1, p. 143. 454. J. M. izquierdo, Divagando por la ciudad de la gracia (Sevilla, Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 1978 2 ), pp. 256-283, poeta urbano Cortines unido en la evocación yen el paisa(na)je al poeta campesino José Muñoz San Román. 455. Infra, § 26 y nn. 615-631. 9 11 CJH 16-17 • 2018-2019 sobre Quevedo 456 ). Sevillanos todos siempre, Cernuda evocaría, al borde mismo de su muerte 457 , el estudio incluido por Izquierdo en su obra más célebre sobre el teatro de los Quintero 458 , algo que ocultamente acercó al poeta universal con el viejo símbolo local desconocido por completo fuera de la ciudad, muerto cuando él tenía veinte años. ¿No hay algo profundamente sevillano en el amor casi natural de Cernuda por el teatro de inspiración regionalista 459 de los Quintero; algo más conmovedor que aquel detenerse en las deliciosas escenas primeras del Don Álvaro ola fuerza del sino (1835), con el puente de Triana al fondo "y aquel coloquio al atardecer estival, acerca del agua fresca de Tomares", de un teatro en verso que por lo demás él detesta 46 °? Por no faltar no falta (Bécquer mediante, tema sevillanísimo del ensayo), ni en la pieza del duque de Rivas ni en la evocación de justo un siglo después, en 1935, cuando Cernuda ya no está en Sevilla desde hace años, el aguador inevitablemente sevillano antes aún que (o precisamente por eso) de Velázquez 461 . Cinco años más joven, en cambio, que Juan Ramón, al que parece haber conocido en la universidad de las calles y en las calles del Ateneo 462 , Izquierdo evocó "el jardín encantado" donde moraba "el espíritu exquisito" del poeta supremo —ya por excelencia— y el fuego sevillano del que brotó"el milagro de su poesía" 463 . Juan Ramón le correspondió póstumamente, dedicándole una de sus estampas más generosas y bellas, evocándolo en el barrio de Santa Cruz en 1924 464 , como solo tres años después evocaría a Cernuda 465 , laberínticos, secretos, ellos como el espacio que los acogía, en la ciudad laberíntica ella misma, por dentro más aún que por fuera, como ninguna otra. 456. Vid. P. Pérez Clotet, La política de Dios de Quevedo. Su contenido ético-jurídico (Madrid, Reus, 1928), una de sus pasiones al margen del derecho, pero no en contradicción a él: cfr su De Quevedo a Jules Renard, en Isla: verso y prosa (Jerez de la Frontera, 1939) (= facs. Renacimiento, 18-19 [Sevilla, 2006], pp. 214-215). 457. L. Cernuda, Los Quintero, cit. (supra, n. 112) (= Obra completa, cit., 2, p. 729). 458. Cfr. J. M. Izquierdo, Divagando por la ciudad', cit., pp. 122-126, pero sobre todo 194-203, al que llama "teatro de la gracia" e incluso "de la gracia inefable" y "de la elegancia suprema"; vid. para la primera edición infra n. 492. 459. Así lo califica expresamente en un escrito de los años cuarenta: cfr. L. Cernuda, Teatro español contemporáneo (resumen), en Boletín del Instituto Español, 1 (Londres, febrero de 1947), pp. 12-13 (= Obra completa, cit., 3, pp. 189-190), en comparación con el "europeo" de Benavente; vid. supra § 5 y n. 112. 460. L. Cernuda, Bécquer y el romanticismo, cit. (supra, n. 106) (= Obra completa, cit., 3, p. 71). 461. Sobre el cuadro y sus sedimentos baste aquí cfr. J. Gallego, en A. Domínguez Ortiz, A. Pérez Sánchez y J. Gallego, Velázquez (Madrid, Ministerio de Cultura, 1990), pp. 68-73. 462. A los ojos ante todo de Juan Ramón, explícito pese a la modulación fuertemente poética de la estampa en Españoles de tres mundos, xxxii: cfr. Obras de Juan Ramón Jiménez. Españoles de tres mundos, cit., pp. 127- 129, donde se refiere a él con conocimiento directo y antiguo: "Tenía José María...". Izquierdo dice no haberlo visto nunca y haberlo conocido en sus versos (cfr. Divagando por la ciudad', cit., p. 244), pero dice recordarlo también de "las veladas áticas de aquellos días geniales", entre el grupo de jóvenes del Ateneo de Sevilla (ibíd., pp. 234-235). "¿Quién conociendo a Juan Ramón no lo reconoce como a un amigo, como a un hermano?" (lid., pp. 239-240). Muchos "días geniales" en la Ciudad, como aquellos, tres siglos antes, de Rodrigo Caro: infra, § 36 y nn. 958-960. 463. Para los entrecomillados, J. M. Izquierdo, Divagando por la ciudad', cit., p. 283. 464. J. R. Jiménez, Españoles de tres mundos, xxxii: cfr. Obras de Juan Ramón Jiménez. Españoles de tres mundos, cit., p. 128. 465. J. R. Jiménez, Españoles de tres mundos, ixi: cfr. Obras de Juan Ramón Jiménez. Españoles de tres mundos, cit., p. 201. 9 , 1 cm 16-17 • 2018-2019 21 El Divagante El 12 de julio de 1922, junto a la esquela en que participó el Decano de la Facultad de Derecho (como también el Rector de la Universidad y el Presidente del Ateneo), un jovencísimo Murube firmó un artículo, Estudiantina, en su recuerdo y ese mismo día apareció una carta abierta de los estudiantes de Derecho de la Universidad de Sevilla en honor de Izquierdo 466 . Murube el alumno; Izquierdo el profesor. No siempre es difícil esa relación potencialmente escorable hacia alguna de las esquinas donde el corazón se acoda al rencor o la mirada al olvido. Pero no hay buen discípulo que no aproveche lo que de aprovechable tiene su maestro, cualquier profesor, a poco que esté dispuesto a mirar a aquel lugar al —y desde — el que se le mira tantas veces sin verlo del todo. O de nada. (Como, del revés, Salinas a Cernuda, en los pasillos de nuestra Facultad, para no ir más lejos, por los días en que Izquierdo se aproximaba a la muerte aún sin saberlo... quizás) 467 . El 14 de julio se publica un In memoriam del antiguo Catedrático de Derecho romano, Francisco de Casso, en que evoca el recuerdo de quien había sido su alumno y colaborador 468 . Eugenio d'Ors le dedica, junto a Ramón 466. Vid. E. Barrero González, Noticias de la vida, cit., pp. 108-109. 467. Sobre esa relación, infra 5 24 y nn. 559-560, 562-565. 468. Vid. sobre ello E. Barrero González, Noticias de la vida, cit., pp. 23-24, 109. La figura de Casso fue particular y aún más lo fue su trayectoria: cfr., como yo hago, el minucioso repaso de F. Moreno y C. Petit, Casso Fernández, Francisco de (ca. 1853 - ca. 1926), en Diccionario de Catedráticos españoles de Derecho (1847- 1943) (Madrid, Universidad Carlos III de Madrid - Instituto Figuerola de Historia y Ciencias Sociales, 2015). Sevillano, se ignoran con exactitud fechas de nacimiento y muerte; no que fue hombre de salud quebradiza y constantes permisos y ausencias por enfermedad, que acumuló deudas y tuvo algunos graves problemas con una parte de su alumnado sevillano. Auxiliar en Sevilla durante no pocos años, tras licenciarse en la Hispalense en Filosofía y Letras y en Derecho en la primera mitad de los años setenta, alcanzó tardíamente la condición de catedrático, para lo que se estilaba en la época, y peregrinó a partir de entonces por una gran variedad de cátedras y destinos: Catedrático de Derecho Mercantil en Santiago en 1891; de Civil en Salamanca en 1892; de Romano en 1894 en su Sevilla natal, condición en que dio clase al joven Izquierdo (supra, 5 19 y n. 435); de Civil en la misma Facultad en 1904 (en la cátedra romanística le sucedió ese año precisamente Castillejo, que no encontró ninguna Instituta en la biblioteca hispalense, en algo de ser cierto en parte achacable a él: supra, § 16 y n. 344); y, tras sus mencionados problemas, que se enquistaron (entre otras cosas, por la inquina de sus denunciantes y la actitud del rectorado: infra, n. 541) y le obligaron a trasladarse de destino, de Romano de nuevo en Santiago, cátedra a la que faltó con asiduidad, alegando la enfermedad de una hija y sus propios padecimientos de salud; de Civil allí en 1907; de Civil en 1915 en Zaragoza y, finalmente, de nuevo, en 1919, de Historia general del Derecho en su natal Sevilla, donde se jubiló un año después de la muerte de Izquierdo, en 1923, y muy próximo a la suya propia, en un rodeo sorprendente que le llevó de nuevo a los orígenes, que había abandonado tras culminar una primera vuelta desde el exterior. En esa condición dio clase a Cernuda: infra, § 24 y n. 540. Entre sus hijos, uno, Ignacio de Casso y Romero, sevillano que terminó Derecho en Sevilla en 1903 con Premio Extraordinario y fue luego doctor en Madrid en 1906, realizó una carrera académica más ortodoxa, menos zigzagueante: Catedrático en nuestra Facultad de Derecho civil en 1911 y Vicerrector en dos períodos distintos, accedió a la cátedra madrileña en 1940, después de haberse puesto a disposición de las autoridades franquistas al inicio de la guerra, sucediendo nada menos que a Clemente de Diego, cuya senda también siguió en Madrid, tras su muerte en 1945, al ser elegido Académico de Ciencias Morales y Políticas en 1949. Su prestigio social en Sevilla fue también mayor o al menos más convencional y menos asediado que el de su padre, pleno de rebordes universitarios en lo que la Universidad tiene de imbricación con la sociedad y la cultura: en la ciudad fue Hermano mayor de los Estudiantes en 1927 y Académico de Buenas Letras en 1935, aparte de concejal y diputado provincial. Como Catedrático sevillano fue nombrado Vocal de la Comisión general de Codificación (1938) y a un año de trasladarse a Madrid Director general de los Registros y del Notariado de Basterra 469 , "bajas en mi tropa", su Nuevo glosario ese mismo año 470 . No acabará todo ahí. En un crescendo que no ha estallado nunca del todo en la almendra de una popularidad desatada, la ciudad oficial le recuerda: le sigue recordando. Sus restos son trasladados veintidós años después, en 1944, desde la Hermandad de Pasión al Panteón de Hombres Ilustres de la Universidad en La Anunciación, donde fueron enterrados, muy cerca de los hermanos Bécquer 471 , Gustavo Adolfo, el poeta, y Valeriano, el pintor. Llegó demasiado tarde a todo el hombre que se iba demasiado pronto de cualquier lado. Pronto y en silencio. Ni a su discurso en la Academia Sevillana de Buenas Letras llegó, porque, electo, prefirió no darlo y quedó sin tomar posesión 472 . Murube, que vivió más, le imitó también en esto 473 , "izquierdista" irredento, por lo que tenían ambos de sevillano de adentro. La muerte del más célebre ateneísta de su historia 474 cinco años antes de la reunión poética de 1927 en el Ateneo de Sevilla, a quien Murube recuerda desde su juventud allí, "fugitivo y silencioso", junto a los antiguos alumnos y licenciados de la Facultad, mayores que él, Luis Montoto y Joaquín Hazañas y La Rúa oficiando de grandes popes 475 , Académicos de Buenas Letras ya ambos 476 , vedó a Izquierdo su participación en el acto consagratorio de la generación más joven 477 . Difícil calibrar lo que hubiese sido para su fama posterior su eventual (1939); en su vida madrileña sería Rector del CEU y detentó allí una cátedra de Derecho inmobiliario. Sobre él y su trayectoria vid. C. Petit, Casso y Romero, Ignacio de (1884 - 1953), en Diccionario de Catedráticos españoles de Derecho (1847-1943) (Madrid, Universidad Carlos III de Madrid - Instituto Figuerola de Historia y Ciencias Sociales, 2015); J. T. Velasco Sánchez, Ignacio de Casso y Romero, en DB -es (cons. 10-7-2019). 469. Sobre la relación de Basterra, licenciado en Derecho, con Sevilla vid. E. Ortega Gallarzagoitia, Ramón de Basterra en Sevilla, en Revista de Comunicación Social, 16 (La Laguna, 1999); sobre el propio Basterra y su relación con los círculos intelectuales de la época, incluido d'Ors, vid. como punto de partida B. Cava Mesa, Ramón de Basterra, en DB -es (cons. 12-7-2019). 470. Cfr. E. D'Ors, Nuevo glosario. Hambre y sed de verdad (Madrid, Editor Caro Raggio, 1922) y vid. ya E. Barrero González, Noticias de la vida, cit., p. 74. 471. Vid. E. Barrero González, Noticias de la vida, cit., pp. 120-121; sobre la sepultura de los Bécquer y su traslado allí, supra § 19 y n. 411. 472. Vid. E. Barrero González, Noticias de la vida, cit., pp. 122-123. 473. Elegido en 1942, y pese a la insistencia del Director de la Academia, Mota Salado, rector de la Hispalense del que aquí ya se ha hablado (supra, nn. 265, 313), Murube jamás leyó su discurso de ingreso y decayó en su derecho, declarando vacante la Academia su plaza a los seis años del nombramiento, en 1948, uno más de lo que marca el Estatuto. Y no porque en medio no escribiese, que hasta fue pregonero de la Semana Santa en 1944 y publicó su Kasida del olvido en 1945, sino por una desidia enigmática... o por razones que sería arriesgado enunciar en un escrito de esta naturaleza solo porque quepa intuidas. Vid., en todo caso, el relato de J. Caro Romero, Romero Murube, la Academia y Villalón, en Boletín de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras. Minervae Baeticae, 23 (1995), pp. 61-68, que recoge el texto leído el 25 de noviembre de 1994 en la sesión académica en que se conmemoró el XXV Aniversario de la muerte de Romero Murube. 474. Lo llama "nuestro primer ateneísta" E. Barrero González, Noticias de la vida, cit., p. 134, al cierre de su texto, y lo fue. Si otros ateneístas superiores a él como escritores hubo, ninguno lo superó como ateneísta. 475. Vid. el recuerdo de J. Romero Murube, El poeta y los barrios, de 'Divagaciones del alto estío', en Memoriales y divagaciones (Sevilla, Gráficas Tirvia, 1950 [1951]), p. 122. 476. Montoto desde 1882; Hazañas desde 1892, con contestación de Montoto; sobre ambos "popes", infra § 27 y nn. 645-646, y § 38 y nn. 1020-1021, respectivamente. 477. Sobre la reunión poética del 27, en lo que suele considerarse su acto estético fundacional, puede partirse de R. Reyes Cano, El grupo poético del 27 y Sevilla. Crónica de un acto fundacional, en Anales de Filología Hispánica, 3 (1987), pp. 5-23; añádase, diez años después, F. Narbona, Sevilla, Góngora y la Generación de127 (crónica y protagonistas) (Sevilla, Fundación Sevillana de Electricidad - Real Academia Sevillana de Buenas Letras, CJH 16-17 • 2018-2019 participación, siquiera como co-anfitrión, porque de hecho fueron preteridos para la gran historia de la literatura otros escritores sevillanos que sí participaron, mucho más poetas que él, como el mismo Murube, en un paso del tiempo que solo devuelve la sombra engrandecida de un poeta sevillano allí presente, Luis Cernuda 478 . Lo único que cura las injusticias del tiempo es tiempo: más tiempo. La historia resulta inmisericorde, pero dista de estar escrita; se escribe y reescribe constantemente. El cruel (e incierto) aserto de que Izquierdo era un invento de Romero Murube 479 se enreda con aquel otro demoledor de Max Aub de que a Murube se lo tragó Cernuda 480 : verdad a medias, que no rige por lo demás para Sevilla, como casi ninguna cosa dictada desde el exterior. (Que quiso "tragárselo" no lo dudo, substituyendo con el silencio que sobre él dirigió como un manto extenso en su obra ensayística el dardo con que se abre un epistolario cernudiano que a partir de ahí sistemáticamente ignora a Murube, hecho que me resisto a creer gratuito 48 '). Ciudad intangible, fuera del tiempo. Ciudad de silencios, en que algunos gritan. Silencios de dentro afuera, pero también de fuera adentro. De la Ciudad fuera de la ciudad, casi más grande que la de adentro: Velázquez, Bécquer, Machados, Cernuda, Blanco. Sin casi. Quiere silenciar Cernuda a la ciudad, pero solo le roba el nombre, sin parar de no nombrarla una y otra vez de otra forma 482 . Silencios que gritan lo que callan, borrando solo los nombres concretos de la juventud a ella agarrados: 1997); para la presencia de la ciudad aglutinante en lo simbólico en los poetas canónicos de la generación, R. Reyes Cano, Sevilla en la Generación del 27: estudio y antología de Salinas, Guillén, G. Diego, Aleixandre, García Lorca, D. Alonso, Cernuda y Alberti (Sevilla, Área de Cultura del Ayuntamiento de Sevilla, 1997 [2002 2 ]). 478. Baste cfr la biblia en cierto modo canonizadora de uno de ellos, D. Alonso, Poetas españoles contemporáneos (Madrid, Gredos, 1952' [19651) para comprobarlo. Sevilla, pero sin sevillanos... casi. Tras Bécquer (vid. infra n. 1059) y los Machado, en el ensayo Una generación poética (1920-1935), publicado originariamente en Finisterre, 1/35 (marzo de 1948), pp. 193-220 e incluido como pieza clave del volumen (ibíd. 3 , pp. 155- 177), con el propósito de enhebrar los hilos básicos a su juicio de la Generación del 27, en que Cernuda (a su entender, y no del todo infundadamente) se sintió minusvalorado por su "Distinguido amigo", que lo recrea incluso "aislado en Sevilla" con cierto tufillo de superioridad geográfica, contestándole "el poeta mozo" en una Carta abierta a Dámaso Alonso que no tiene desperdicio (cfr. L. Cernuda, en ínsula, 35 [Madrid, noviembre de 1948], p. 3 = Obra completa, cit., 3, pp. 198-200), y aun si cabe más en los ensayos siguientes que integran el libro, Alonso consagra atención especifica, dentro de los autores que integran su propia generación, a Salinas, Guillén, Gerardo Diego, Lorca, Aleixandre (más madrileño que sevillano para Alonso, amigo suyo en Madrid), para luego descender, en una serie de ensayos ya menores, hacia los poetas de la generación siguiente: Panero, Carmen Conde, Rosales, Pimentel o Gaos... una cascada nunca mejor dicho descendente en que Cernuda, desde luego, no es individualizado. Por supuesto, son ignorados todos los demás poetas sevillanos digamos de nivel no inferior a... Pimentel. Sin comentarios. Da igual que Rioja, tres siglos atrás, sea sevillanísimo autor para él de poemas tan sevillanos (supra, n. 65): queda eso muy lejos. Un contrapeso necesario de esta visión madrileño-céntrica puede hallarse confrontando, desde perspectivas diferentes, algunas obras: entre otras, J. de D. Ruiz-Copete, Poetas de Sevilla: de la Generación del 27 a los Taifas del cincuenta y tantos (Sevilla, Caja de Ahorros Provincial San Fernando, 1971) o R. de Cózar (ed.), Panorama del 27, diversidad creadora de una generación: Sevilla 1927-1997 (Sevilla, Universidad de Sevilla — Fundación El Monte, 1998). 479. Recordada como epílogo por E. Barrero González, Noticias de la vida, cit., p. 133, que omite el nombre del "destacado escritor sevillano". 480. Recordada en el prólogo por J. Laminar, Joaquín Romero Murube, cit., p. 10, sin detenerse en aportar la referencia exacta. 481. Vid. ya supra § 2 y n. 35. 482. Lo percibió muy bien Murube: cfr. Los cielos que perdimos, cit., pp. 154-155 y vid. ya supra § 1 y n. 33. aplastados en ella: por ella. Pero no el gran Nombre al que el silencio nombra de otro modo. Constantemente. Pues el silencio es forma de decir también las cosas. El silencio, cuando retumba. El silencio es en su obra lo que más nombra a Sevilla. Pero otros silencios más concretos opacan lo no tan claro, al no circundarlo siquiera. Otros silencios silencian. (El otro grita: clama). Ni una sola referencia a Murube puede espigarse en la obra literaria de Cernuda, que le hurtó cualquier consideración en su obra crítica por mínima que fuese 483 . Si a Juan Ramón, maestro consagrado, lo atacó con la palabra (en medio de elogios inevitables y sesgados 484 ), al viejo amigo de juventud odiado lo hizo con el desprecio: nada natural, desde luego, o no solo; todo consciente, deliberado. Pero el contraste no es con Juan Ramón, padre a la postre al que hubo que matar (padre devorador de hijos 485 ), sino con Izquierdo, hermano mayor, único contemporáneo al que se saca en Ocnos (y no de él) por su propio nombre. Homenaje máximo de aquel gran silenciador de sevillanías que fue Cernuda 486 , que a Izquierdo da lo que a Murube quita. Son historias encadenadas, algunas universales, otras solo sevillanas. De estarse ahí, mecido por la ciudad, diluido en ella. Pero no otra cosa quiso Izquierdo, perdido religiosamente 487 en su "error de amor" por la ciudad "de espléndido pasado" 488 , en aquel mundo milenario que ya no es horizontal, sino una corriente de sombra "en un arriba borrado" 489 (pero, acaso, "bajo el cielo nativo, tal vez gozó gloria mejor y más pura que ninguna" 4 9, y casi no otra cosa tampoco Murube, parado en el tiempo de los jardines y su paso lánguido del tiempo en los rincones bellos 491 : tiempo viendo pasar el tiempo, el más sevillano de los tiempos. 22 La vía izquierda Las frases que le consagró en su primer aniversario el entonces Presidente del Ateneo y luego Decano de Derecho, Carlos García Oviedo, considerándolo, sobre 483. He leído, como otros, toda la obra de Cernuda, con edición completa reciente y accesible, y jamás he encontrado una sola referencia a Murube. Desde luego tampoco los editores, D. Harris y L. Maristany: cfr su índice onomástico, correspondiente a toda su obra en prosa (vols. II y III), en Obra completa, cit., 3, pp. 835 y ss., en concreto 843, 845, para acreditarlo. 484. Supra, § 5 y nn. 109-110; infra, § 29 y nn. 735-739. 485. Vid. supra § 2 y nn. 27-28. 486. Infra, § 24 y nn. 560-561. 487. J.R. Jiménez, Españoles de tres mundos, xxxii: cfr. Obras de Juan Ramón Jiménez. Españoles de tres mundos, cit., p. 128. 488. L. Cernuda, 'José María Izquierdo', en Ocnos 3 , cit., p. 86 (= Ocnos. Variaciones, cit., p. 83 = Obra completa, cit., 1, p. 578). 489. J.R. Jiménez, Españoles de tres mundos, xxxii: cfr. Obras de Juan Ramón Jiménez. Españoles de tres mundos, cit., p. 128. 490. L. Cernuda, 'José María Izquierdo', en Ocnos 3 , cit., p. 87 (= Ocnos. Variaciones, cit., p. 84 = Obra completa, cit., 1, p. 579). 491. Sobre ese Murube, ante todo, infra § 30 y nn. 760-761 (y n. 1413), pero también ya supra § 19 y n. 429. CJH 16-17 • 2018-2019 la base (pero no solo) de Divagando por la ciudad de la gracia (1914) 492 , autor de una "excelsa visión" sobre la ciudad, que no halla apenas parangón en otras ciudades, pues pocas en el mundo "tienen la fortuna de poseer un espíritu tan propio como Sevilla y pocas han tenido también la dicha de encontrar su hombre como Sevilla lo halló" 493 , resultan a todas luces excesivas y no ayudan a la adecuada reevaluación de lo que Izquierdo supuso verdaderamente para la literatura local en su corta vida (vivió lo que Garcilaso de la Vega: tampoco se olvide), que en todo caso parece bastante menos que lo mucho que supuso para su intrahistoria este soñador del "despertar de Sevilla a la pura vida del espíritu" 494. Discreto Sócrates sevillano, halló su Platón, su Jenofonte (también su Aristófanes) en la ciudad, en alguno de sus más privilegiados miradores literarios: acaba de verse, de Cernuda a Juan Ramón. Habló en su escritura, pero sobre todo hizo hablar a la de otros: otros que escribieron sobre él, que es siempre escribir sobre uno mismo, pues toda escritura es de un modo u otro (auto)biográfica y el yo se apodera de el él; el desde del hacia. Aún lo vemos, con Murube, a quien introdujo en el Ateneo en 1920, cuando era estudiante 495, fino, enlutado, como un Cristo moreno 496 , un poco en todas partes (por el río o la Universidad, en la biblioteca o por la calle) "aunque no se le veía entrar en ninguna" 497 , el río en que lo vio también Cernuda 498, ángel anunciador de Juan Ramón 499 "que desaparecía de todas partes""°, algo confusamente tradicional 501 , lastimado por dentro, con su fatal sonrisa "rajada" 502 y esa dedicatoria de su libro más famoso, casi muda, a Alejandrina Guichot, la hija menor de Alejandro Guichot, en que queda condensada, como en una célula silenciosa, el cordón quizá último de su vida'''. 492. J. M. Izquierdo, Divagando por la ciudad de la gracia (Sevilla, Imprenta de Joaquín L. Arévalo, 1914'). 493. Reproduce su intervención E. Barrero González, Noticias de la vida, cit., p. 117. 494. J. M. Izquierdo, Divagando por la ciudad', p. 153. 495. El documento de solicitud de ingreso, suscrito entre otros por Izquierdo, abre una interesante perspectiva sobre la vida y la personalidad de Murube: vid. infra n. 592. 496. J. Romero Murube, José María Izquierdo', cit., p. 18; cfr su Discurso de la mentira', cit., p. 47. 497. J. Romero Murube, José María Izquierdo', cit., p. 18; cfr su Discurso de la mentira', cit., pp. 48-49. 498. L. Cernuda, 'José María Izquierdo', en Ocnos 3 , cit., pp. 85, 87 (= Ocnos. Variaciones, cit., pp. 82, 84 = Obra completa, cit., 1, pp. 578, 579). 499. J.R. Jiménez, Españoles de tres mundos, xxxii: cfr. Obras de Juan Ramón Jiménez. Españoles de tres mundos, cit., p. 127. 500. J.R. Jiménez, Españoles de tres mundos, xxxii: cfr. Obras de Juan Ramón Jiménez. Españoles de tres mundos, cit., p. 129. 501. J.R. Jiménez, Españoles de tres mundos, xxxii: cfr. Obras de Juan Ramón Jiménez. Españoles de tres mundos, cit., p. 129. 502. J.R. Jiménez, Españoles de tres mundos, xxxii: cfr. Obras de Juan Ramón Jiménez. Españoles de tres mundos, cit., p. 128. 503. La dedicatoria en J. M. Izquierdo, Divagando por la ciudad', cit., p. vii. Quizá ahí repose la intuición de Romero Murube sobre el origen del dolor, la tristeza permanente luego agravada del escritor y jurista "al terminar su vida universitaria" ("algo hubo que conmovió por entonces a Izquierdo de una manera violenta -¿la ciudad, una mujer, Dios?-"): reproduzco lo apuntado en su Discurso de la mentira', cit., p. 69, que cabe unir con lo dicho ibid., pp. 52, 54. 23 Los adioses Se enredan la vida de los grandes nombres citados con otros grandes nombres de la institución en una estela que es también un tapiz donde se refleja buena parte de la intrahistoria sevillana, que en parte es historia íntima de nuestra Facultad. La noche que murió Murube, la del 14 de noviembre de 1969, el poeta había cenado con dos jóvenes Catedráticos que habían llegado a la Facultad mucho después de que él abandonase sus estudios de Derecho hacia 1923, para hacerse cargo de las cátedras de Hacienda (desde 1970 de Derecho financiero 504 ) y de Derecho mercantil de la Hispalense, convertidos hoy en memoria viva de la Universidad y la cultura no solo ciudadana de Sevilla, Jaime García Añoveros y Manuel Olivencia, en una velada que se desarrolló en la casa del primero, de la que ambos han dejado testimonio"' y de la que ha quedado en la memoria colectiva dibujada huella'". La memoria termina por configurarse como si fuese en cierto modo un laberinto de pérdidas: de pérdidas que lo son menos desde la memoria. Memoria que rescata y fija en el vacío la ausencia, y que así lo llena: con ella. Añoveros, Ministro de Hacienda en los gobiernos de Adolfo Suárez y Leopoldo Calvo Sotelo y vocal del Consejo Económico y Social, muere prematuramente, pero tras larga enfermedad, aún en activo en la cátedra y no solo el bufete, durante el Paso del Milenio, el 15 de marzo del año 2000 5 ° 7 , mereciendo al año siguiente un volumen de homenaje que coordinó su discípulo Francisco Escribano 508 . El segundo de ellos, Manuel Olivencia, maestro de tres generaciones de mercantilistas andaluces, Medalla de Honor del Colegio de Abogados de Sevilla, que le fue entregada el 28 de noviembre de 2017 5 ° 9 , en un acto que contó con la presencia del Ministro Rafael Catalá y la Consejera Rosa Aguilar, murió en cambio inopinadamente el primer día del año del Quinto Centenario, 1 de enero de 2018 510 , y la Facultad y su Departamento de Derecho mercantil lo homenajearon solemnemente el 26 de abril en una jornada académica, inaugurada en el salón de grados 504. Sobre ello y su peso en el desarrollo del derecho financiero y tributario andaluz, nacional y americano, vid. resumen en M. V. Malavé Verdejo, Jaime García Añoveros, en DB -e (cons. 5-7-2019). 505. Declaraciones a Guzmán, El Correo de Andalucía, 16 de noviembre de 1969. 506. J. Lamillar, Joaquín Romero Murube, cit., pp. 252-253 y n. 187, a quien sigo. 507. Obituarios en El Mundo, 15 de marzo de 2000 y El País, 16 de marzo del 2000, donde aparecieron también escritos de L. Cazorla Prieto, J. M. Martín Patino, J. L. Leal, F. Pérez Royo, J. V. Sevilla Segura y M. Cortés. Sobre Añoveros, supra § 16 y nn. 336-338; infra § 49 y nn. 1312, 1316-1317. 508. AA.W., Derecho financiero constitucional: estudios en memoria del profesor Jaime García Añoveros (Madrid, Civitas, 2001, coord. F. Escribano). 509. Vid. La Toga. Revista del Ilustre Colegio de Abogados de Sevilla, 195 (jul.-dic. 2017); crónica por A. F. Lérida, en Diario de Sevilla, 29 de noviembre de 2017. 510. Vid. crónica de A. García Reyes, en ABC de Sevilla, 2 de enero de 2018, con artículos también de Ignacio Camacho, Antonio Burgos, Francisco Robles, J. A. Gómez Marín y Alvaro Ybarra; crónica de D. J. Géniz, en Diario de Sevilla, 2 de enero de 2018, con artículos también de Manuel Clavero, Carlos Amigo, Juan Ignacio Zoido, Guillermo Jiménez Sánchez, José Luis Ballester, José Joaquín Gallardo, Juan Antonio Carrillo Donaire, Manuel de Cossío, Francisco Correal, Luis Carlos Peris, Manuel Ricardo Torres, José Joaquín León, José Francisco Acedo o yo mismo como Decano de la Facultad; en este mismo volumen de OH, vid. infra el obituario de Guillermo Jiménez Sánchez. 5 111 CJH 16-17 • 2018-2019 de la Facultad por los Decanos de las dos grandes Facultades de la Hispalense de las que fue Decano él mismo, Derecho (1968-1971) y como Decano fundacional Económicas (1971-1975) 51 , Carmen Núñez y yo mismo, y el Director del Departamento de Derecho mercantil, Rafael La Casa, Secretario de la Facultad hermana durante diez años, a quien sucedió otra mercantilista condiscípula, Raquel López Ortega, con la intervención de todos los Catedráticos hispalenses en activo de Derecho mercantil que cerró su primer discípulo, Guillermo Jiménez Sánchez, Rector de la Universidad (por sufragio universal ponderado) 512 entre 1981 y 1984, sucesor de don Manuel como segundo Decano de Económicas (1975-1980), así como las tres Academias sevillanas a que perteneció (Buenas Letras, Legislación y Jurisprudencia y Medicina como Académico de erudición) el 13 de junio'''. No fue el único homenaje tributado por el mundo del derecho y la cultura al gran maestro, pues Cuatrecasas puso en marcha las Becas Manuel Olivencia, otorgables a un alumno de Universidades andaluzas para desarrollar en un centro de prestigio en el extranjero sus estudios de posgrado, en cuyo jurado fuimos integrados dos profesores de la Facultad, su discípulo Guillermo Jiménez y yo mismo en mi condición de Decano de Derecho: punta de dos lanzas, o lanza de dos puntas, en cuyo otro extremo vibra el Premio Olivencia a las Buenas Prácticas Corporativas, ya fallado en su primera convocatoria, cuya entrega tuvo lugar en la Bolsa de Madrid el 30 de octubre de 2018, con la presencia e intervención del Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en un acto al que asistí como Decano en representación de la Facultad 514 . La jornada académica que tributaron a su memoria Departamento y Facultad culminó por la tarde con la proyección inolvidable en el salón de grados de la versión en una hora de la entrevista (en dos) que Alberto Díaz Moreno le realizó en 2017 para el Archivo Fílmico de la Facultac1 515 , junto al Programa de Doctorado el más querido y quizá personal de los proyectos que ha puesto en marcha este Decanato desde que fui elegido Decano en enero de 2014, en un adelanto de lo que, culminado este 2018, se presentará en los meses siguientes, con la presencia del Alcalde de la Ciudad y la vista puesta en las generaciones venideras. El Archivo consta de una sucesión de largas entrevistas, filmadas (que no grabadas) por Víctor Vázquez, con operador y dos cámaras de cine, realizadas por compañeros de disciplina, discípulos ("hijos" y en su caso "nietos" o "sobrinos" jurídicos), a los grandes maestros vivos de la Facultad jubilados administrativamente antes del año del Quinto Centenario ("De Clavero a Clavero"), que incluye las realizadas ya a Manuel Clavero Arévalo, Manuel Olivencia Ruiz, Miguel Rodríguez Piñero, Guillermo Jiménez Sánchez, 511. Crónica de la jornada por M. Benítez, Olivencia abrió Europa a los alumnos de Derecho de los 60, en ABC de Sevilla, 27 de abril de 2018. 512. Crónica por J. Aguilar, en El País, 5 de abril de 1981. 513. Crónica por T. Ybarra, Tres academias sevillanas rinden homenaje al maestro Olivencia, en ABC de Sevilla, 14 de junio de 2018. 514. Anuncio de la creación del Premio en La Vanguardia, 30 de mayo de 2018; R. Durán, en Cinco Días. El País, 4 de junio de 2018; anuncio del fallo, en Expansión, 9 de octubre de 2018; crónica del acto en Europapress, 30 de octubre de 2018. 515. De lo que se hace eco igualmente en su crónica cit. de la jornada M. Benítez, en ABC de Sevilla, 27 de abril de 2018. Alfonso Pérez Moreno, Javier Pérez Royo, Ángel López y López, Antonio Ojeda Avilés, Antonio Enrique Pérez Luño, Miguel Polaino Navarrete, Francisco López Menudo, Pedro Cruz Villalón y Bartolomé Clavero Salvador. En el elenco inicial del Archivo se incluye a un Ministro de España; dos Presidentes y un Vicepresidente del Tribunal Constitucional; un Presidente del Parlamento andaluz; un Consejero de la Junta de Andalucía; Vocales de la Comisión General de Codificación y de UNCITRAL; Padres del Estatuto de Autonomía de Andalucía; dos miembros del Consejo de Estado y dos que lo fueron del Consejo Consultivo de Andalucía; tres Rectores de la Hispalense; cuatro (pero en puridad cinco) Decanos de Derecho; dos de Económicas; directores del Instituto García Oviedo; incontables años de dirección de departamento y de grupo de investigación; docenas de direcciones de tesis doctorales; cientos, incluso miles de páginas de doctrina jurídica de primerísmo nivel; manuales y monografías jurídicas que han acompañado nuestra vida desde nuestra primera juventud y han ayudado a configurar y no pocas veces a reformular nuestro derecho positivo y nuestra ciencia del derecho... Realizadas siempre por alguien vinculado y distinto, para abrir el abanico de voces y de ecos, cercano al entrevistado y por ello elegido, capaz de establecer un diálogo sobre la trayectoria vital e intelectual, pero también acerca de la disciplina, la Facultad, la nación y los cambios producidos en ellas en el latido mismo de unas vidas tan relevantes en todos esos ámbitos. De ese modo las entrevistas —largos diálogos, cargados de momentos de alta significación— fueron desarrolladas por Francisco López Menudo a Manuel Clavero; como se ha mencionado ya Alberto Díaz Moreno a Manuel Olivencia; Jesús Cruz Villalón a Miguel Rodríguez Piñero; Pedro Baena a Guillermo Jiménez; Concepción Barrero Rodríguez a Alfonso Pérez Moreno; Miryam Rodríguez-Izquierdo a Javier Pérez Royo; Francisco Capilla a Ángel López; Juan Gorelli y Cristina Sánchez Rodas a Antonio Ojeda; Fernando Llano a Antonio Pérez Luño; Myriam Herrera y Miguel Polaino Orts a Miguel Polaino Navarrete; Juan Antonio Carrillo Donaire y Emilio Guichot a Francisco López Menudo; Fernando Álvarez Ossorio y Joaquín Urías a Pedro Cruz Villalón; (Jesús Vallejo y) Sebastián Martín a Pipo Clavero'''. 516. En el último caso, activo y por tanto coautor el primero en la preparación conjunta de las preguntas pero no en la escenificación filmada de las mismas, acometida solo por el segundo. Las entrevistas serían ubicadas y fueron realizadas en el espacio concreto que eligieran los entrevistados: aspecto este último que me pareció clave desde el principio al concebir y poner en marcha como Decano el proyecto. Así, respectivamente, en su casa de Plaza de Cuba, a sus más de noventa años, a Manuel Clavero; en su despacho profesional de siempre en Plaza Nueva, cabe al Ayuntamiento (sede ahora de Cuatrecasas en Sevilla, tras la fusión de las firmas), a Manuel Olivencia; en dependencias del Rectorado de la Universidad a Miguel Rodríguez-Piñero, Consejero de Estado y antiguo Decano de la Facultad y Presidente del Tribunal Constitucional; en la Biblioteca de la Facultad de Derecho, en la planta de investigadores, junto a la sección de libros de Derecho mercantil, a quien no dejó una semana de pisarla en sus trece años como Magistrado en el Constitucional, Guillermo Jiménez; en su bufete como abogado, frente al Hotel Alfonso XIII, junto a la calle San Fernando, a Alfonso Pérez Moreno; en la sala de juntas del Rectorado a quien las dirigió no pocas veces, Javier Pérez Royo, último Rector de Derecho; en la sala de reuniones del Departamento de Derecho civil e Internacional privado, que durante un cuarto de siglo dirigió, a Ángel López; en sus casas sevillanas de Heliópolis y el Porvenir respectivamente a Antonio Ojeda y Antonio Enrique Pérez Luño, amigos antiguos, coincidentes hasta en eso; en su despacho de Catedrático en la Facultad a quien apenas lo ha abandonado en sus largas jornadas de trabajo en ninguna de sus dos últimas sedes, Miguel Polaino; en el Instituto García Oviedo a quien fue su director y es ahora uno de sus tres miembros honoríficos, Francisco López Menudo; en su casa sevillana de San Luis a Pedro Cruz, historia también un poco la suya de dos ciudades; y en su casa de descanso (o más bien de trabajo) en Cazalla a Bartolomé Clavero. CJH 16-17 • 2018-2019 Divagaciones filmadas de algunos de los maestros vivos de la Facultad que han marcado, no solo a esta y su propio devenir decisivamente, sino también a la ciudad, la región, el país, el mundo de nuestro Derecho. El más sevillano de los artes divagar, por lo demás, que Murube llevó a una exacta cima de imprecisa precisión, antes pero sobre todo después de pasar por nuestra Facultad y vivir aquí su primera juventud sevillana. Como aquella tarde final en la casa de Añoveros, antes de la noche final. Vapor de tarde: o tarde vaporosa, bajo el sol, o en la sombra, resguardándose. Esas divagaciones andaluzas de Murube, diletante refinado, inventor incluso —con una patente en materia publicitaria que le registró Rodolfo de la Torre Roselló 517 , abuelo de nuestro compañero Gonzalo Cobo, en una historia íntima de la ciudad que alguna vez habrá que contar por extenso—, se oponen al ansia de definir (también a Andalucía) del madrileño y germanófilo Ortega'''. Luz y horizonte como secretos sevillanos 519 , en esta cosmovisión de andar por casa... sin salir de casa. Tan sevillano Murube en "ese hacer sin aparentar, ese saber sin peso", que le atribuía, en inolvidable retrato, el quizá mejor prosista de su generación, Muñoz Rojas 520 . Divagar; deambular: por libros o por calles, por olvidos y recuerdos, lo más sevillano que hay en la vida y en la historia de esta ciudad centralmente periférica, periféricamente central, dirigiendo una página substantiva de su historia desde una esquina de su geografía: una esquina esencial. "Izquierdo comienza a divagar""'; divaga también Murube. Como percibió Salinas y ha recordado aquí Cruz Giráldez, cómo no verse forzado a cambiar el rumbo prefijado, o a no tenerlo, al ver aquella ciudad que parecía extenderse pero bullía ante todo cerca, complicadísima, "esquiva siempre a la línea recta", con su voluntad, en el fondo rectilínea, de hacer cambiar sin tregua el propio camino, "capricho de la ciudad""' llevando siempre por la línea curva, obligando al rodeo, convirtiendo al viandante en vagabundo, en errante, en deambulador, casi inevitablemente. Fláneur de Baudelaire, pero también de Cernuda 523 . Será esta una realidad descompuesta por Salinas en planos fragmentarios y geométricos 524 : 517. Vid. J. Lamillar, Joaquín Romero Murube, cit., p. 210. 518. "Ortega intenta siempre definir, y nosotros vamos a divagar": así, emblemático, R. Romero Murube, Entrada a 'Divagaciones andaluzas', en Memoriales y Divagaciones, cit., p. 14. 519. J. Romero Murube, Ángeles, musas y duendes, de 'Divagaciones andaluzas', en Memoriales y Divagaciones, cit., p. 33 y ss. 520. J. A. Muñoz Rojas, Amigos y maestros (Valencia, Pre-Textos, 1992), pp. 134-135, con eco fino en J. Lamillar, Joaquín Romero Murube, cit., p. 255, n. 188. 521. Lo extraigo directamente de J. Romero Murube, Discurso de la mentira', cit., p. 59. 522. P. Salinas, Víspera del gozo', cit., p. 31, correspondiente a 'Entrada en Sevilla'; el eco de M. Cruz Giráldez, en Sevilla y Pedro Salinas, cit., p. 144. 523. Sobre el Baudelaire callejero es necesario partir de las páginas de W. Benjamin, Baudelaire o las calles de París, incluidas en Iluminaciones II. Baudelaire. Un poeta en el esplendor del capitalismo (Madrid, Taurus, 1972, prol. y trad. J. Aguirre), p. 185 y ss., a las que debe unirse El París del Segundo Imperio en Baudelaire (c - fr. /bid., pp. 23 y ss., 49 y ss., 85 y ss.), consagradas a los dos hijos inevitados del fláneur baudelariano: la bohemia y lo moderno. He tratado del tema en La ciudad del hombre, cit., pp. 21 y ss., 57 y ss. Sobre algunos sedimentos de la visión de la urbe moderna en aquel gran caminante que fue Cernuda vid. en parte F. Ruiz Soriano, Ejemplos coincidentes de los tópicos de "La ciudad estéril" y "Los hombres vacíos" en T.S. Eliot, Luis Cernuda y Rafael Alberti, en Anales de la literatura española contemporánea, 18, 1/2: 20th Century Spanish Poetry (Part II) (1993), pp. 295-308. 524. A. del Olmo, Teoría y práctica del relato vanguardista: 'Víspera del gozo' de Pedro Salinas, en Grama y cal. Revista insular de Filología, 2 (1998), p. 46. fragmentaria siempre la ciudad antigua, fragmentaria de horizontalidad cortada de recovecos, pero vertical de sedimentos. En ese contexto de densidades que los protagonistas percibieron ya en su tiempo, en las aulas de la Facultad entonces en la calle Laraña y en la casa del profesor excepcional en María Auxiliadora, donde continuaba las tertulias, Salinas fue para Sevilla y su juventud, en el recuerdo de un Cernuda que no fue gran alumno suyo, como el mismo Cernuda precisa 525 , un "Boscán que fuese un Garcilaso" 526, recuerdos enredados también, al bien del Navagero y una conversación mítica, a la Sevilla del Quinientos, en que Carlos V contrae matrimonio en el Alcázar con Isabel de Portugal, en 1526 527 , y dos poetas —uno único— incendian el Renacimiento en español en un momento para la historia: el Alcázar luego de Olavide, cuya tertulia presidirá allí un retrato de Voltaire528; el Alcázar que acoge a la Academia de Buenas Letras, en los tiempos memorables de Blanco y Lista, Mármol y Reinoso, Sotelo, Vácquer y Arjona"' y que durante la Guerra de Independencia se convertirá en un lugar preservador de la memoria nacional 530 ; el Alcázar, mucho después, de Romero Murube, que en él morirá tras un reencuentro nocturno con lo mejor de su Facultad abandonada hacía tanto tiempo 531 . Es ese mismo Alcázar donde Manuel Olivencia recibirá, casi medio siglo después de aquella cena y aquella muerte, el VI Premio Manuel Clavero, apenas medio año antes de morir él mismo, en un acto en que evocó la pérdida de su hijo Luis, el inolvidable compañero, mi joven profesor en los años noventa, y resonaron aquellos versos de Rudyard Kipling en la Gran Guerras", que aún puedo recordar recitándolos don Manuel por fuera, como yo ahora por dentro: 525. L. Cernuda, Historial de un libro, cit. (supra, n. 14) (= Obra completa, cit., 2, pp. 626-627). Le puso aprobado, como ya he recordado en otros lugares (La herramienta cotidiana, cit., n. 22; más lateralmente, De la Casa de las Dudas a la de las Certezas, cit., n. 6, ambas infra en esta misma revista), pero sobre todo no lo recordaba apenas como alumno, lo que lamentó hondamente más tarde: P. Salinas, Nueve o diez poetas, cit., p. 78. El propio Cernuda era muy consciente de ello: infra, 5 24 y n. 559. Para esa relación vid. ya supra § 2 y n. 34; para el expediente completo de Cernuda y cuáles fueron sus profesores en la Facultad vid. enseguida infra 5 24 y nn. 536-544; para esto, n. 538. 526. L. Cernuda, Pedro Salinas y su poesía, en Revista de Occidente, 25 (1929), pp. 251-254 (= L. Cernuda, Obra completa, cit., 3, pp. 18-21, en concreto 19). 527. Vid. J. Lamillar, Joaquín Romero Murube, cit., pp. 88, 161 desde la perspectiva de Murube; cfr. M. Gómez-Salvago Sánchez, Fastos de una boda real en la Sevilla del Quinientos. Estudio y documentos (Sevilla, Universidad de Sevilla, 1998) desde la del propio, resonante acontecimiento. Para Facultad y Alcázar en esta coyuntura, infra 5 31 y n. 793. 528. J. Romero Murube, 'Aquel retrato', en Los cielos que perdimos, cit., pp. 79 y ss., en concreto 82; vid. supra n. 367. 529. Vid. J. Rey, La pasión de un ilustrado, cit., pp. 32-33. 530. M. Moreno Alonso, El Alcázar de Sevilla en la Guerra de la Independencia: un lugar de memoria nacional (Sevilla, Patronato del Real Alcázar de Sevilla, 2010). 531. Vid. J. Lamillar, Joaquín Romero Murube, cit., pp. 74 y ss., 84 y ss., 201 y ss. Sobre esa cena con Olivencia y Añoveros, supra, nn. 505-506. Ya idos los tres. 532. Fue el 18 de mayo de 2017, en acto al que asistí como Decano y que contó, entre otros, con la presencia de los Ministros de Justicia y de Interior Rafael Catalá y Juan Ignacio Zoido (antiguo alumno de la Facultad), el Vicepresidente de la Junta de Andalucía Manuel Jiménez Barrios y el Alcalde de Sevilla Juan Espadas, igualmente licenciado en Derecho por nuestra Facultad: una espléndida crónica —que no elude a Kipling— puede hallarse a cargo de L. Sánchez Moliní, en Diario de Sevilla, 19 de mayo de 2017. 80  81 ji CJH 16-17 • 2018-2019 "De pequeñas ciudades en tierras lejanas llegamos, a salvar nuestro honor y un mundo en llamas. En pequeñas ciudades de tierras lejanas dormimos; y confiamos en el mundo que ganamos para que tú lo mantengas" 533 . El Alcázar donde la Facultad despidió, con la hospitalidad siempre de nuestro Alcalde, Juan Espadas, allí presente, los Actos del Quinto Centenario el 19 de diciembre de 2018, entre Decanos, Catedráticos y Profesores, rodeado de Ilustres antiguos alumnos, como quedó eco cierto en la prensa sevillana 534 . 24 La carrera de Cernuda Contrariamente a lo que pudiera pensarse fue Cernuda un buen alumno de Derecho, aunque se retrasase ligeramente en el término de sus estudios en la retina de su amigo Higinio Capote, quizás como consecuencia del servicio militar: un servicio militar que rondó también por esa misma época a Romero Murube 535 . Su evolución así lo acredita 536 . Cernuda obtuvo en el preceptivo curso preparatorio de Derecho (1919-1920), a mediados del cual muere su padre y es emancipado ante notario (mudándose en verano a la casa célebre de la calle del Aire) 537 , aprobados en las tres asignaturas que cursa: en Lengua y Literatura españolas (iSalinas le puso aprobado!), en Lógica fundamental y en Historia de España 538 ; aprobado en las tres asignaturas del primer curso jurídico de la carrera (1920-1921), en la convocatoria de junio en Instituciones de Derecho romano con José López de Rueda y en la de septiembre en Elementos de Derecho natural y Economía política con Joaquín Campos Murilla y Ramón Carande, respectivamente 539 ; en su tercer año, segundo propiamente de 533. R. Kipling, Dos conmemoraciones canadienses, ii, en Epitafios de la guerra (1914-1918), 12, que cito en versión de L. Cremades. 534. Cfr. Editorial (Enfoque) y crónica con fotos en ABC de Sevilla, 20 de diciembre de 2018, pp. 8, 27; vid. infra § 56. 535. El testimonio sobre el servicio militar de Cernuda, con la posible relación con su ligero retraso en acabar la carrera, es de José de Montes y está recogido por J. M. de la Rosa, Luis Cernuda: inéditos, cit., p. 55, con eco expreso en J. M. Barrera López, Luis Cernuda: una juventud sevillana, cit., p. 189, n. 16; sobre el servicio militar coincidente de Murube vid. enseguida infra nn. 543, 586. 536. Las calificaciones que constan en su expediente académico como alumno de Derecho en la Facultad sevillana (Expediente, núm. 1.866, n.° 3) pueden hallarse ya en F. López Estrada, Estudios y cartas, cit., p. 3, n. 2 y están consignadas por J. M. Barrera López, Luis Cernuda: una juventud sevillana, cit., pp. 185-188; sobre su paso por la Facultad, pero sobre todo acerca de los años que coincidieron con su paso por ella, cosa distinta, puede cfr. A. Rivero Taravillo, Luis Cernuda. Años españoles, cit., pp. 69-96. 537. Vid. J. M. Barrera López, Luis Cernuda: una juventud sevillana, cit., p. 185. 538. Vid. J. M. Barrera López, Luis Cernuda: una juventud sevillana, cit., p. 185; vid. infra nn. 559-560 y ap. n. 551 539. Vid. J. M. Barrera López, Luis Cernuda: una juventud sevillana, cit., p. 185. López de Rueda, hijo del Catedrático de Procedimientos Judiciales y Práctica Forense de la Hispalense José López Romero, licenciado en Sevilla en 1880, como el célebre pintor Gonzalo Bilbao, con Premio Extraordinario, doctor en Madrid en 1881, fue Catedrático de Instituciones de Derecho romano en nuestra Facultad desde 1913 hasta su jubilación (y con- Derecho (1921-1922), obtuvo aprobado en Historia general de Derecho español con Francisco de Casso y Fernández, notable en Instituciones de Derecho canónico con Eloy Montero y aprobado en Derecho político español comparado con Enrique Martí Jara s ', en el siguiente curso (1922-1923), sacó notable en Derecho civil español l con Demófilo de Buen, sobresaliente (nada menos) que en Derecho administrativo con Carlos García Oviedo, notable en Derecho penal con Federico Castejón, aprobado (de nuevo un aprobado) con Carande, esta vez en Elementos de Hacienda pública, y notable en Derecho internacional público con Adolfo Moris 541 ; en su cuarto curso trovertida substitución en 1931 por Pelsmaeker: infra, § 48 y [n]n. [1295]-1298), tras larga espera como auxiliar desde 1887 en un sinfín de materias y múltiples fracasos al intentarlo, tras permutar la suya de Oviedo conseguida en 1911 (a la que jamás se integró) en la materia de su padre con Manuel Miguel de las Traviesas, Catedrático de Romano en Sevilla desde 1911, que de ese modo pudo volver a su Asturias natal, trocando enseguida su cátedra procesalista (que le interesaba menos) por la romanística de Oviedo, que desempeñó hasta su muerte en 1936, como en el siglo anterior había hecho unos años Clarín: vid. por todos sobre ambos catedráticos M. A Bermejo Castrillo, López de Rueda, José (1860-1933) y M. J. Muñoz García, Miguel de las Traviesas, Manuel (1878-1936), ambos en Diccionario de Catedráticos españoles de Derecho (1847-1943) (Madrid, Universidad Carlos III de Madrid — Instituto Figuerola de Historia y Ciencias Sociales, 2015 y 2011), respectivamente. La vida romanística y en cierto modo universitaria de López de Rueda se vio marcada por la fatalidad de su cándida Qpero cierta?) aceptación del "descubrimiento" de una presunta decimotercera Tabla: cfr. A. Guarino, La tredicesima tavola, en Labeo, 1 (1955), pp. 241-243 (= Pagine di diritto romano, 2 [Napoli, Jovene, 1993], p. 445 y ss.); A. d'Ors, Pro domo, ibíd., pp. 383-384 (= Papeles del oficio universitario [Madrid, Rialp, 1961], pp. 111-112); muy ponderado y completo debe acudirse sobre la figura de Rueda y su legendaria anécdota ahora a B. Periñán, La tredicesima tavola, 'revisited', en ANDE, 87 (2017), pp. 757-794; durísimo con d'Ors, en su descalificación de Rueda, M. J. Peláez, en Diccionario crítico, cit., 1, pp. 488-489. Sobre Carande vid. supra § 7-9 y sobre todo 16. 540. Vid. J. M. Barrera López, Luis Cernuda: una juventud sevillana, cit., p. 187. Eloy Montero, salmantino de El Bodón, fue considerado el mejor canonista de su época mientras estuvo en activo: sacerdote con una intensa actividad eclesiástica, estudiante en Salamanca desde 1910 y doctor en 1914, en 1916 aprobó los ejercicios de catedrático en su Universidad y accedió a la cátedra sevillana en 1921, tomando posesión al año siguiente, y trasladándose a la de Madrid en 1929, donde sería Académico y Decano concluida la guerra, entre 1939 y 1951, después de haber sido cesado por el gobierno republicano al no presentarse a la cátedra, huyendo a zona controlada por los sublevados en 1937: sobre él, vid. V. Cárcel Ostí, Eloy Montero Gutiérrez, en DB —e (cons. 9-7-2019) y J. M. Puyol Montero, Montero Gutiérrez, Eloy (1887-1972), en Diccionario de Catedráticos españoles de Derecho (1847-1943) (Madrid, Universidad Carlos III de Madrid — Instituto Figuerola de Historia y Ciencias Sociales, 2012). Enrique Martí Jara, manchego, formado en las Universidades de Valencia y Madrid, donde se licenció en 1912 con gran brillantez, vinculado a Clemente de Diego pero sobre todo a Adolfo Posada en el ámbito jurídico y en el político a Manuel Azaña y Alianza Nacional Republicana, de la que fue Secretario en el transcurso de su densa actividad política, redactor de El Socialista, donde coincidió con Manuel Pedroso (supra, § 13 y nn. 279-281, 284), y Académico de Legislación y Jurisprudencia de Madrid, marchó en su juventud quince meses a París y Londres entre 1912 y 1914 con ayuda concedida por la Junta de Ampliación de Estudios, doctorándose a su vuelta en 1915 con Premio Extraordinario y alcanzando la condición de Catedrático de Derecho administrativo en Santiago en 1918 y en Salamanca en 1919, y de Derecho político en Sevilla en 1920, en la que permaneció hasta la excedencia voluntaria concedida tras el golpe de Estado de Primo de Rivera de 1923, a cuyo término solicitó en 1930 la reintegración en la cátedra salmantina de Administrativo, falleciendo ese mismo año, a los cuarenta: sobre él, vid. S. Martín, Martí Jara, Enrique (1890-1930), ibíd. (2015). Sobre Casso Fernández, que había sido antes Catedrático de Derecho romano en Sevilla y muchas otras cosas antes y después, vid. supra nn. 435, 468. 541. Vid. J. M. Barrera López, Luis Cernuda: una juventud sevillana, cit., p. 187. Federico Castejón, cordobés, licenciado en Derecho en Sevilla en 1908 con Premio Extraordinario, amplió estudios en Roma con Enrico Ferri, Salvatore Ottolenghi y Pietro Cogliolo, en una importante estancia financiada por la Junta de Ampliación de Estudios que incluyó una expedición científica al manicomio criminal de Aversa (Caserta), escribiendo a propósito un Estudio de las nuevas direcciones del derecho civil en Italia (1911), alcanzando a su regreso la cátedra de Derecho penal en nuestra Facultad en 1913, donde fundó diez años después el Instituto de Criminología de la Universidad de Sevilla; en 1935 fue nombrado Profesor de Sociología y Estadística criminales de la Escuela de 82  83 9 1 OH 16-17 • 2018-2019 propiamente de estudios de Derecho, quinto en la Universidad (1923-1924), no se presentó en junio y en septiembre obtuvo notable en Derecho civil español II y aprobado en Derecho internacional privado, respectivamente con Demófilo de Buen (por segunda vez, con idéntica calificación) y Adolfo Moris, suspendiendo en cambio Procedimientos judiciales con José Xirau y Palau (que en una de esas curiosas paradojas que tiene la vida había obtenido la única calificación mediocre de su brillante licenciatura barcelonesa precisamente en la materia de la que sería catedrático) 542 , todo ello quizás provocado por la simultaneidad con el servicio militar comenzado en el Tercer Regimiento de Artillería en 1923 en el edificio que luego albergaría la Universidad (y la Facultad de Derecho), la Fábrica de Tabacos, que finalizó en 1925 543 ; en el último curso de Derecho (1924-1925) obtendrá sus mejores notas, en asignaturas puras de derecho positivo: de nuevo Procedimientos judiciales, además de Derecho mercantil y Práctica forense, calificadas en junio respectivamente con sobresaliente, notable y sobresaliente 544 . Sus dos últimos profesores serían dos Decanos del Colegio de Abogados de la ciudad: quien ya lo había sido entre 1912-1916, Ricardo Checa, Criminología de Madrid, en virtud de concurso; en 1938, comprometido con la causa de los sublevados, Magistrado del Tribunal Supremo franquista y en 1950 miembro de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación: sobre él, vid. C. Petit, Castejón y Martínez de Arizala, Federico (1888-1972), en Diccionario de Catedráticos españoles de Derecho (1847-1943) (Madrid, Universidad Carlos III de Madrid - Instituto Figuerola de Historia y Ciencias Sociales, 2011). Adolfo Moris, ovetense, Catedrático de Derecho internacional en Santiago de Compostela desde 1886 y en Sevilla desde 1893, fue Rector en dos breves períodos, en 1898-1899 y 1905-1907, en que hubo de lidiar, no muy airosamente, con el asunto Casso (supra, n. 468), incurriendo en múltiples atrasos, de lo que se deduce cierta anidmadversión o no pocas dudas, y luego por un largo período Decano de Derecho, desde 1919, en substitución de Ricardo Checa (infra, nn. 546-547), admitiéndose su dimisión en 1930, en un nuevo lapso al frente de la Facultad (pues lo había estado ya entre ambos rectorados, en 1902-1904), debiendo asumir de nuevo el decanato, tras la dimisión de García Oviedo, al año siguiente, para un tercer período, que se extendió entre 1931 y 1934, ya jubilado, lo que la legislación entonces vigente excepcionalmente permitía: sobre él, vid. C. Prados García, Moris y Femández-Vallín, Adolfo (1860-1948), ibid. (2016). Sobre Demófilo de Buen, supra § 15 y nn. 317-324; sobre García Oviedo, supra nn. 266, 493 e infra n. 1277. 542. Fue un aprobado, en una licenciatura cursada en Barcelona (1909-1914) cuajada en todas las demás asignaturas de matrículas de honor y sobresalientes, Universidad a la que regresó como Catedrático en 1925, después de haberlo sido de Murcia en 1918 y de Sevilla menos de un año después, en 1919, tras su doctorado en 1916 y su densa vinculación con el Centro de Estudios Históricos, la Institución Libre de Enseñanza y Manuel Bartolomé Cossío, de quien siempre se consideró discípulo: sobre esto vid. M. Cachón Cárdenas, Xirau Palau, José Ramón (1893-1982), en Diccionario de Catedráticos españoles de Derecho (1847-1943) (Madrid, Universidad Carlos III de Madrid - Instituto Figuerola de Historia y Ciencias Sociales, 2011); puede añadirse sobre su trayectoria N. Alcalá-Zamora y Castillo, Necrología de José Ramón Xirau Palau, decano de los procesalistas españoles, en Estudios diversos de derecho procesal (Barcelona, Librería Bosch, 1985), pp. 263-267; M. J. Peláez, Xirau Palau, Josep Ramon (1893-1982), en Diccionario critico de juristas españoles, portugueses y latinoamericanos [hasta abril de 2008], 11.2 (Zaragoza-Barcelona, Cátedra de Historia del Derecho y de las Instituciones de la Universidad de Málaga y otros, Talleres Editoriales Corneta, 2008, ed. y coord. M. J. Peláez), pp. 143-144; vid. supra § 14 y n. 293. 543. Vid. J. M. Barrera López, Luis Cernuda: una juventud sevillana, cit., pp. 187-188 (con errata en el apellido de Moris, escrito correctamente antes) y la importante n. 13, con el apoyo textual para fijar el final del servicio militar en 1925 y no en 1924; vid. infra n. 586. Se conserva carta de Cernuda a Elena Lozano Vranich de 29 de diciembre de 1962 (en L. Cernuda, Epistolario (1924-1963) [Madrid, Residencia de Estudiantes, 2003, ed. J. Valender[, p. 1085), en que este se hace eco del traslado y situación de la Universidad en el inmenso lugar donde hizo el servicio militar: cfr. A. Rivero Taravillo, Luis Cernuda. Años españoles, cit., p. 89 y n. 40 (en p. 414). Allí sigue, aunque ya no los primeros en llegar (nosotros: los suyos), expulsados ominosamente en 2008 contra la voluntad de la mayor parte de la Facultad: vid. infra § 40 y n. 1117. 544. Vid. J. M. Barrera López, Luis Cernuda: una juventud sevillana, cit., p. 188. colegiado en Sevilla desde 1880, Catedrático de Derecho mercantil desde 1889 (tras la muerte de su antecesor, Narciso Joaquín Suárez, que también fue Decano del Colegio, entre 1877 y 1888, y abogado consultor en San Telmo del duque de Montpensier 545 ), en su ciudad natal (algo no tan frecuente en la época) tras haberlo sido de Zaragoza dos años antes, Rector de la Universidad en 1915-1916 y Decano de la Facultad en 1918-1919 54 ' (cuando los cargos no se eternizaban, porque eran ante todo cargas, asumidas por responsabilidad, y un Rectorado, para cualquier jurista puro pero no para uno impuro, un político, significaba menos que un Decanato de Derecho y podía desempeñarse antes, o simplemente ignorarse 547 ), que moriría aún en activo en 1927, fecha en que le substituiría el Catedrático de Derecho civil de Murcia y también futuro Rector, Francisco Candil (quien andado el tiempo sería primer maestro de José Girón Tena y luego, ante todo, de Manuel Olivencia 548 ); y quien iba a serlo, Adolfo Cuéllar Rodríguez, Decano del Colegio de Abogados de Sevilla desde 1961 hasta su muerte en 1963, abuelo de Adolfo Cuéllar Portero, abogado de prestigio indiscutido, 545. J. C. García Rodríguez, Montpensier, biografía de una obsesión (Córdoba, Almuzara, 2015), p. 98. 546. Sigo la semblanza de Checa a cargo de S. Martín, Checa y Sánchez, Ricardo (1857-1927), en Diccionario de Catedráticos españoles de Derecho (1847-1943) (Madrid, Universidad Carlos III de Madrid - Instituto Figuerola de Historia y Ciencias Sociales, 2015); cfr también íd., La facultad hispalense de derecho en la España liberal, cit., pp. 579-582. 547. Vid. sobre esto infra § 55, in fine. Le ocurrió lo mismo a Adolfo Moris (supra, n. 541), que fue rector a finales del siglo XIX y luego Decano de Derecho a principios de siglo, para volver a ser rector y luego, muy largamente, de nuevo Decano de la Facultad sucediendo precisamente a Checa y aun después otra vez más, tras la dimisión de García Oviedo. 548. En la cátedra de Candil, "mi maestro en la Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla" como lo califica Manuel Olivencia, se formó también inicialmente el sanluqueño José Girón Tena, licenciado en Derecho en Sevilla en 1940 y al término ayudante de clases prácticas de Candil, que alcanzó la cátedra de La Laguna en 1943, maestro luego en Valladolid -adonde llegó en 1945- de Fernando Sánchez Calero y sucesor de Joaquín Garrigues en Madrid en 1970 hasta su jubilación en 1986. Con Candil sirvió - de "servicio" habla Olivenciacomo profesor ayudante de clases prácticas él mismo, tras concluir la carrera en 1951, y por indicación suya ("verdadero maestro universitario, que encendió la vocación de sus discípulos y los guió en el camino de su formación") marcharían ambos, en momentos distintos, a Madrid a trabajar bajo la dirección de Garrigues (Girón en 1942, año por lo demás de su doctorado): vid sobre todo ello M. Olivencia, Prólogo para una biografía, cit., pp. 121, 133-135 y supra n. 268; sobre Candil, en general, supra, § 12 y nn. 259-260, 263, 326, 348; sobre la trayectoria académica de Girón, sevillana solo inicialmente, A. Menéndez, José Girón Tena, universitario, jurista y amigo, en RDM, 196-197 (1990), pp. 245-254; C. Petit, Girón Tena, José (1917-1991), en Diccionario de Catedráticos españoles de Derecho (1847-1943) (Madrid, Universidad Carlos III de Madrid - Instituto Figuerola de Historia y Ciencias Sociales, 2014). Un acto de generosidad de Candil vincular a sus dos mejores discípulos a lo largo de dos décadas distintas con la gran referencia del mercantilismo español, con el objeto de blindar la mejor formación posible y asegurar sus carreras (o más bien al revés), aun a riesgo de que a la larga se difuminase su papel en ellas, ante la sombra inmensa del maestro mejor y más joven. Así, G. Esteban Velasco, en Fernando Sánchez Calero, en DB -e (cons. 10-7-2019), afirma del biografiado: "Fue el primer discípulo de José Girón Tena, quien a su vez lo era del profesor Joaquín Garrigues". Una línea reduccionista, pero no inexacta del todo. La (bastante breve) semblanza para la RAH en DB -e (cons. 10-7-2019) del profesor Garrigues se debe precisamente a F. Sánchez Calero, que habla de la importante escuela mercantilista por él fundada sin entrar en nombres. Garrigues, nacido en Madrid en 1899, era Catedrático de la disciplina en la Universidad Central de Madrid desde los veintiocho años, tras el concurso de 1927, y se le consideraba ya desde los años treinta el gran renovador de la doctrina mercantilista y del derecho mercantil en España. Candil, doce años mayor, nacido en Priego de Córdoba en 1887, era Catedrático de Derecho desde siete años antes (en la más reciente de las Universidades españolas, Murcia, donde realizó una labor extraordinaria, y fue Vicerrector un año después de alcanzar la cátedra, en 1921, diez años antes de serlo también en Sevilla; vid. supra nn. 269, 278), pero de Derecho mercantil solo desde la misma fecha que Garrigues: 1927. CJH 16-17 • 2018-2019 de la noche 624 y el camino 625 , poeta de la luz 626 y del paisaje 627 , "la gran jurisprudencia de todo lo maravilloso "628, que en la Guerra civil se inclinó por el bando franquista 629 y llegó a ser alcalde en su pueblo natal. Poeta de verdad Clotet, que murió en Ronda, tres años después que Cernuda en México, tres antes que Murube en Sevilla, coetáneos los tres de Facultad y desvelos literarios. Andaluz poeta cualquiera de ellos, y no poeta andaluz, en la finísima distinción que hizo de sí mismo otro de los nuestros, y de ellos, Manuel Mantero 630 . Otoño siempre en verano"'. Laffón, a diferencia de Murube, acaba la carrera de Derecho, que había iniciado en 1912 632 , y aun estudia —desde Sevilla— Filosofía y Letras en la Universidad de Granada, que no concluye 633 , pero no será docente, como ansió en un primero momento, salvo en un breve lapso de tiempo en el colegio San Francisco de Paula 634 (donde estudió mucho después el Rector Ramírez de Arellano o aún después yo mismo, y donde oí la historia antes de haberla leído), sino funcionario en la Seguridad Social, tras haber sopesado ejercer en Sevilla el Derecho 635 . Académico de Buenas Letras desde los años cuarenta, es entonces cuando su presencia parece diluirse, en medio de la densa atmósfera de la ciudad creciente, a lo largo de la vida del poeta como nunca antes en su historia: un adentramiento en medio del continuo dilatarse 636 . Crece uno hacia 624. P. Pérez Clotet, Noche, memoria, en Espadaña, 31 (León, Casado, 1947), p. [5]; Noche del hombre, en Cántico, 1.a época, 3 (Córdoba, [s. n.], feb. 1948), p. 5; Noche del hombre: poema (Madrid, [s. n.], Talleres Soler Hermanos, 19501), 148 págs.; Noche, en Platero: verso y prosa, 2a época, 9 (Cádiz, [s. n.], sept. 1951), p. [11]; vid. enseguida infra n. 631. 625. P. Pérez Clotet, Primavera eterna; Imagen de la rosa; Caminos, en Mensaje: (poesía) (Santa Cruz de Tenerife, Círculo de Bellas Artes, Sección de literatura, mayo 1945), p. [7]; No hay caminos, en Papeles de Son Armadans, 11-4.11 (Madrid — Palma de Mallorca, Mossén Alcover [s. n.], feb. 1957), pp. 205-206. 626. P. Pérez Clotet, Trasluz (Cádiz, [s. n.], Imp. de Salvador Repeto, 1933), 127 págs.; La luz y el viento: Entrevisiones, en Isla: verso y prosa (Jerez de la Frontera, 1939) = facs. en Renacimiento, 17 [Sevilla, 2006], pp. 198-199). 627. P. Pérez Clotet, Paisaje y amor, en Isla: verso yprosa (Jerez de la Frontera, 1940) (= facs. en Renacimiento, 20 [Sevilla, 2006], pp. 232-233); Paisajes con figura, en Garcilaso: juventud creadora, 4 (Madrid, [s. n.] agost. 1943), p. [3]. También el por uno hecho: El poeta en su huerto, en Isla: verso yprosa (Jerez de la Frontera, 1938) (= facs. en Renacimiento, 12 [Sevilla, 2006], pp. 99-102). 628. Cfr sobre esto P. Pérez Clotet, Presencia fiel (Sevilla, Editorial Católica Española, 1944) y la lectura de J. M. Barrera López, Pedro Pérez-Clotet, en DB —e (cons. 6-7-2019); previamente vid. ya P. Pérez Clotet, Presencia fiel, en Garcilaso: juventud creadora, 7 (Madrid, [s. n.], nov. 1943), p. [4]. 629. Un significativo atisbo poético de su toma de partido puede verse en P. Pérez Clotet, Víspera de la sangre: en memoria de José Antonio, en Isla: verso y prosa (Jerez de la Frontera, 1938) (= facs. en Renacimiento, 14 [Sevilla, 2006], pp. 130-131). 630. "Soy un andaluz poeta, no un poeta andaluz" escribe M. Mantero, 'Para un mosaico futuro (Minipoética)'. Aplicado a Cernuda, "andaluza presencia", vid. su 'Encuentro de Luis Cernuda con Verlaine y el demonio', en Misa solemne (Madrid, Editora Nacional, 1966), p. 223 y ss. 631. P. Pérez Clotet, Otoño en estío; Noche de todos, en Isla: hojas de arte, letras y polémica (Cádiz, 1932) (= facs. en Renacimiento, 1 [Sevilla, 2006], p. 43). 632. Vid. M. Cruz Giráldez, Vida y poesía de Rafael Laffón, cit., p. 46 y ss. 633. Vid. M. Cruz Giráldez, Vida y poesía de Rafael Laffón, cit., p. 50 y ss. 634. Vid. M. Cruz Giráldez, Vida y poesía de Rafael Laffón, cit., pp. 50, 53. 635. Vid. M. Cruz Giráldez, Vida y poesía de Rafael Laffón, cit., pp. 52, 64. 636. Sobre ese crecimiento desbordado vid. por todos, en perspectiva, A. Braojos Garrido — M. Parias Sainz de Rozas — L. Álvarez Rey, Historia de Sevilla. La Sevilla del siglo XX (1868-1950) (Sevilla, Secretariado de Publicaciones adentro mientras pierde los suyos la ciudad al multiplicarse sus afueras. La ciudad de Laffón , ", yéndose como el propio Laffón en ella, diluido: disuelto. Serán Laffón y su Fantasma 638 , aumentada su lejanía vaporosa por la soledad que a veces impone la vida, dolorosamente" 9 . Solo el poeta en su jardín, como Murube en el suyo, casa propia o regido palacio 640 . En cuarenta años de amistad no habló Murube con Laffón más de cinco minutos seguidos 641 , "silencioso y esquivo "642, las mismas telas que se arrojaron sobre su propio tapiz de disidente instalado en la centralidad de la ciudad, siempre en boca de otros, ante todo en sus últimos años, aunque Murube siempre manifestó que él no era esquivo, sino difícil 643: como esquiva, a la postre, y difícil es la curva Ciudad por antonomasia en que vivimos 644 . 27 La Memoria de la Ciudad La nómina de licenciados y antiguos alumnos de la Facultad que contribuye a rescatar la memoria colectiva de la ciudad y la misma historia sevillana, así como el folklore andaluz, es extraordinaria y se acrecienta de modo decisivo en los últimos de la Universidad de Sevilla, 1990), en dos vols. A él alude el propio Murube, amigo de Laffón, en su Discurso de la mentira', cit., pp. 17, 19 y ss., y en él percibe el escenario idóneo para la tipificación despersonalizadora de la ciudad. Sobre el acceso de Laffón a la Academia, el año precisamente en que Murube da a la luz esa obra (1943'), vid. ya M. Cruz Giráldez, Vida y poesía de Rafael Laffón, cit., pp. 61-62. 637. Vid. apunte muy reciente sobre ella por A. Duque, La Sevilla de Laffón, en Clarín. Revista de nueva literatura, 138 (2018), pp. 31-33. 638. Justo así en J. Romero Murube, 'Rafael Laffón y su Fantasma', en Los cielos que perdimos, cit., p. 68 y ss. 639. Vid. sobre las causas, en que vibra ante todo la pérdida temprana de su mujer, M. Cruz Giráldez, Vida y poesía de Rafael Laffón, cit., p. 66 y ss. 640. Ya explícitos desde su colaboración 'Jardines de Sevilla' en Quien no vio a Sevilla... (Sevilla, Ayuntamiento de Sevilla, 1920) o en su celebrada Vigilia del jazmín (Valencia, Diputación Provincial, 1952'; Sevilla, Aldebacán, 1953 2 ): sobre estas obras y sobre su casa con jardín en Heliópolis, de la que se mudó luego a Cardenal Spínola (donde Murube vivió de joven: supra, n. 592), vid. M. Cruz Giráldez, Vida y poesía de Rafael Laffón, cit., pp. 65, 67-68. El jardín de Murube fue, ante todo, como es obvio, el del Alcázar, pero dedicó no pocas páginas a los jardines en general, poeta muy andaluz en esto (como en otras cosas): baste cfr. su 'Jardín enamorado', en Canción del amante andaluz (Barcelona, Luis Miracle, 1941), luego reeditado en Los Palacios (1999) y prendido por en medio a otras páginas dispuestas por otras manos (infra, n. 741), pero ya está presente en su primera obra "poética" publicada, tras su novelita La tristeza del conde Laurel (1923), Prosarios (Sevilla, Tipografía Gironés, 1924), con su 'Prosario del huerto profano' y "ese mundo de jardines, ese embelesamiento floral" (vid. J. Lamillar, Joaquín Romero Murube, cit., pp. 35 y ss., en especial 37), que vio la luz antes de su primer poemario en verso, Sombra apasionada (Sevilla, Mediodía, 1929); puede añadirse, a modo de ejemplo visto también desde fuera, 'Jardines', en Obra Selecta [I]: Silencios de Andalucía (Lírica y Narrativa) (Sevilla, Fundación José Manuel Lara, 2004, est. y sel. J. Cortines y J. Lamillar), pp. 139-140. El jardinero que siempre hubo en Murube, con su saber de plantas, flores y riegos como hombre de campo trasplantado luego al jardín (trasunto urbano del huerto), se advierte en su admiración por el Miguel León Vallecillo huertano de Lebrija y capataz de los jardines del Alcázar de 'Ataques a la moral' y su amor miniaturista y viril por los detalles: Discurso de la mentira', cit., pp. 129-139. 641. J. Romero Murube, 'Rafael Laffón y su Fantasma', cit., p. 70. 642. J. Lamillar, Joaquín Romero Murube, cit., p. 55. 643. J. Lamillar, Joaquín Romero Murube, cit., p. 251. 644. Supra, § 23 y n. 522 sobre la "curva" ciudad. dos siglos. Luis Montoto 645 , "espíritu maravillosamente equilibrado" 646 y su hijo Santiago Montoto 647 , nacido en la casa familiar de Levíes, Académicos ambos de Buenas Letras (en 1882 uno; en 1913 otro, contestado por Gestoso), licenciados en Derecho, cronistas ciudadanos, dejan una larga labor en tales campos, que entronca con la vieja tradición autóctona pero también con el positivismo por venir, engarce medular entre dos mundos en apariencia contrapuestos, con sus estudios sobre costumbres populares andaluzas y corrales de vecino el uno 648 ; con sus ensayos becquerianos, sus esquinas y conventos sevillanos el otro 649, apasionados ambos de las calles de Sevilla"°, por las que discurre buena parte de la historia de la ciudad y toda su riquísima intrahistoria. Mundo adensado por la colaboración con otros no menos activos, como Gestoso 651 , o por las inclinaciones historiográficas 652 , que serán muy evidentes en otro hijo notable de la Facultad y de la época, Mario Méndez Bejarano, licenciado en 1883 en Filosofía y Letras y estudiante de Derecho en Sevilla, que terminará en Granada, en 1888, al ganar una cátedra de instituto, en que dará clase a Ganivet, antes de trasladarse a Madrid, donde será catedrático en el Cardenal Cisneros y diputado en Cortes y donde morirá, desengañado, en 1931, tras el fracaso cosechado por su candidatura a las Academias de la Lengua y de San Fernando, pese al apoyo (y aun por eso mismo) en la primera nada menos que de Benito Pérez Galdós, José Ortega Munilla, padre de Ortega y Gasset, y José Echegaray 663 . Discípulo dilecto de Federico de Castro 654 , autor de 645. Vid. M. I. Gallardo Fernández, Vida y poesía de Luis Montoto (Sevilla, Universidad de Sevilla - Facultad de Filología, 1991), tesis doctoral; íd., Luis Montoto y Rautenstrauch, en DB -e (cons. 5-7-2019). 646. Al decir de M. Méndez Bejarano, Diccionario', cit., 2, p. 120. 647. Vid. J. Hernández Díaz, Santiago Montoto y el arte hispalense, en Boletín de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras. Minervae Baeticae, 2 (1974), pp. 105-111, con los datos biográficos. 648. Entre otros, L. Montoto, Los corrales de vecinos: costumbres populares andaluzas, originariamente incluido en El Folklore andaluz (Sevilla, Francisco Álvarez y C.', Editores, 1882-1883, dir. A. Machado Álvarez [= Sevilla, Ayuntamiento de Sevilla, 1981, est. prel. J. Blas Vega - E. Cobo]), p. 118 y ss. (vid. infra n. 717), pero también editado en edición separada en diversas ocasiones: entre otras, por el Ayuntamiento de la ciudad (Sevilla, Servicio de Publicaciones del Ayuntamiento de Sevilla, 1981); Biblioteca de las tradiciones populares españolas (Sevilla, Francisco Álvares y C.', 1883); Estafeta literaria (Sevilla, Imp. de A. Saavedra, 1913); De Cervantes y Sevilla. Crónica 1616-1916 (Sevilla, Tip. Gironés, 1916). 649. Entre otros, S. Montoto, La Catedral y el Alcázar de Sevilla (Madrid, Aldus / Plus Ultra, 1948 1 ; 1951 2 ); Biografía de Sevilla (Sevilla, Ayuntamiento, Delegación de Cultura. Sección de Publicaciones, 1960); Esquinas y conventos de Sevilla (Sevilla, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 1973, prol. F. Morales Padrón); Las parroquias de Sevilla. Nueva semblanza de Bécquer (Sevilla, César Viguera, 1981, prol. y selecc. D. Pineda Novo). 650. Entre otros, L. Montoto, La calle de San Fernando y la fábrica de tabacos: cartas al Sr. D. Federico de Amores, Conde de Urbina (Sevilla, Tall. Tip. Gironés, 1919); Nuevos nombres de calles sevillanas (Sevilla, Imp. Municipal, 1952); S. Montoto, El Arenal de Sevilla en la Historia yen la Literatura (Sevilla, Silverio Domínguez, 1934); Las calles de Sevilla (Sevilla, Nueva Librería, 1940). 651. Vid. J. Gestoso, Noticias inéditas de impresores sevillanos (Sevilla, Imprenta y Litografía de Gómez Hnos, 1924), con un informe de L. Montoto "como cronista de la ciudad". 652. Así, S. Montoto, Sevilla en el Imperio: Siglo XVI (Sevilla, Nueva Librería, 1938). 653. Lo registra, con su precisión de siempre, A. Ribelot, Mario Méndez Bejarano, en DB -e (cons. 5-7-2019). 654. Vid. R. Pérez Bustamante - M. R. García Paredes - J. M. Pradas Poveda, Federico de Castro y Fernández, en Memoria de la Abogacía española. Abogados de Madrid. Abogados de España, II (1838-1874) (Madrid, Thomson Reuters Aranzadi, 2014), p. 566. CJH 16-17 • 2018-2019 una obra extensa y peculiar, cuyo mejor conocedor fue el inolvidable Alberto Ribe- 1ot656, traducido 656 y traductor refinado 652 , historiador de la literatura española 658 y el medio ultramarino en su relación con España y Andalucía 659 , pero sobre todo erudito sevillanista, a que se reconduce buena parte de lo por él escrito, incluida su recuperación emocionante de Blanco White 66 ° (de quien recobró nada menos que La belleza, perdida por décadas 661 ), es ante todo el autor de un célebre Diccionario de escritores sevillanos (1922-1926), reeditado hace ahora treinta años 662 , del que han bebido varias generaciones de eruditos posteriores, en un ejercicio que prueba la amplitud enciclopédica de sus pesquisas y la arcaicidad querida (¿algo rancia?) de su prosa. Andalucista, feminista, adelantado a su tiempo, miembro de ese círculo de "sevillanos en Madrid", que se remonta a Velázquez y Olivares, sobre el que me he pronunciado en alguna ocasión 663 , y que en la época de su traslado era ya habitual y numerosa colonia, abanderada después "por nombres como los del conde de Colombí —José María Gutiérrez Ballesteros—, Manuel Díez Crespo, Manuel Halcón, Rafael Montesinos y muchos más "664, y a la que enseguida se integrarán otros antiguos alumnos de la Facultad, sevillanos o no, como Juan Ramón, Cernuda, Pérez Clotet o Garfias. Méndez Bejarano conformará, por sí mismo, exógeno pero no fuera (espiritualmente), una referencia sevillanísima (y no universal) de ser sevillano (y erudito) fuera de la propia ciudad. Rara avis también en eso. En el mundo artístico, será quizás ejemplo máximo el pintor Gonzalo Bilbao, licenciado en Derecho por la Facultad, que morirá en Madrid en 1938, en plena guerra civil, íntimo de Luis Montoto y José Gestoso, a quien pintará en uno de sus inolvidables retratos y a quien Montoto dedicará, con admiración, su La calle de las 655. Sigo la ficha bibliográfica compilada en la inconfundible semblanza académica a él consagrada: A. Ribelot, Mario Méndez Bejarano, en DB -e (cons. 5-7-2019); cfr íd., en Diccionario de ateneístas, cit., 1, pp. 286-288. 656. Histoire de la Juiverie de Seville (Madrid, Imprenta Ibero-Africano-Americana, 1922, trad. y notas de S. Hassan Benasayag y A. Benelbas Benasayag [reed. Sevilla, Rodríguez Castillejo, 1993]). 657. N. Boileau Despréaux, Arte poética de Boileau-Despréaux (Sevilla, Tipografía de la Revista de Tribunales, 1907, trad. y notas de M. Méndez Bejarano). 658. M. Méndez Bejarano, Literatura (Parte general) (Madrid, Imprenta de Antonio Marzo, 1902); Instituciones de Historia Literaria (Madrid, Imprenta Española, 1915); Historia de la filosofía en España hasta el siglo XX (Madrid, Renacimiento, 1927); vid. infra n. 660. 659. M. Méndez Bejarano, Bio-bibliografía hispánica de ultramar o papeletas bio-bibliográficas de escritores nacidos en la provincia de Sevilla que han tratado de las tierras y misiones de Ultramar (Madrid, Imprenta del Patronato de Huérfanos e Intendencia e Intervención Militares, 1915); Andalucía y Ultramar: breviario apologético (Madrid, s.p.I., 1929); Poetas españoles que vivieron en América: recopilación de artículos biográficos-críticos (Madrid, Imprenta Renacimiento, 1929). 660. M. Méndez Bejarano, Vida y obras de Don José María Blanco y Crespo (Blanco-White) (Madrid, Imprenta de la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, 1920 [reed. Sevilla, Editorial Renacimiento, 2009, pról. de M. Moreno Alonso]). 661. Lo declara orgulloso en M. Méndez Bejarano, Diccionario', cit., 1, p. 75. 662. M. Méndez Bejarano, Diccionario de Escritores, Maestros y Oradores naturales de Sevilla y su actual provincia (Sevilla, Padilla Libros, 1989 2 ); vid. supra n. 56. 663. Ante todo en Sevilla-Madrid: una conexión histórica, en El Español, 15 de octubre de 2016, ahora en Miradas sin miramiento. Artículos en prensa (2005-2018), 5 3, en vías de publicación; vid. supra n. 88. 664. Pero es ahí A. Ribelot, Mario Méndez Bejarano, en DB -e (cons. 5-7-2019) quien habla. CJH 16-17 • 2018-2019 Sierpes (1901) —"un poco de historia leída y otro poco de historia vivida" 665 —, que se cierra con una ilustración de La estrella de la calle del propio Bilbao, pintando Montoto la visita de ambos eruditos a su estudio de pintor, atravesando el río por el Puente de Isabel II y luego franqueando la calle Betis, en una bella estampa de intrahistoria sevillana 666 . Por esas mismas fechas en que esculpe su hermano Joaquín la magnífica estatua al —del— fundador de la Universidad, Maese Rodrigo de Santaella, en recuerdo de sus tiempos de estudiante de Derecho en la Hispalense, que será descubierta el 11 de diciembre de 1900 667 , en la senda iconográfica que une su nombre al de Alejo Fernández y al de Zurbarán 668 , pinta Gonzalo Bilbao quizá los dos mejores cuadros y sin duda los dos más representativos de la pintura sevillana del Paso de Siglo, uno de 1894 (La siega en Andalucía) y otro de 1915 (Las cigarreras, en puridad una serie), que lo asocian con el regionalismo imperante impregnado de costumbrismo 669 , pero desde una visión cosmopolita 670 , no exenta de cierta carga de simbolismo 671 , plenas de lirismo, y de una preocupación que lo asocia al regeneracionismo (al interés: a la preocupación por España) noventayochista 672 , elevadas sobre la base de un talento inmenso que solo ha podido relativizarse desde cierto esnobismo crítico —por fortuna crecientemente trasnochado él mismo 673 —, que parece tachar toda la pintura española 665. L. Montoto, La calle de las Sierpes (Sevilla, Tipografía Gironés, 1901 [facs. Sevilla, Gráficas Padura, 1982, prol. D. Pineda Novol), p. 1. 666. L. Montoto, Por aquellas calendas: vida y milagros del magnífico caballero don Nadie (Madrid, Compañía iberoamericana, Renacimiento, 1930). 667. Vid. J. M. Álvarez Cruz, Joaquín Bilbao Martínez, en DB -e (cons. 6-7-2019). 668. Vid. E. Valdivieso, en Zurbarán. IV Centenario, cit., pp. 194-195; c - fr sobre el pintor sevillanizado de origen alemán, como punto de partida, D. Angulo Iñiguez, Alejo Fernández (Sevilla, Laboratorio de Arte, 1946); M. L. Martín Cubero, Alejo Fernández (Madrid, Fundación Universitaria Española, 1988). Más próxima en el tiempo a la de Bilbao es la representación en 1871 del fundador por el pintor Manuel Wssel de Guimbarda, amigo de Fortuny, uno de los maestros pictóricos de nuestro antiguo alumno, el conde de Aguiar (infra, nn. 1016, 1228). 669. Vid. G. Pérez Calero, El costumbrismo regionalista de Gonzalo Bilbao, en Galería Antiguaría (1987), pp. 26-31; Gonzalo Bilbao y la Pintura del Regionalismo en Sevilla (1880-1930), en AA.W., Gonzalo Bilbao y la pintura sevillana de su tiempo (Sevilla, Monte de Piedad y Caja de Ahorros, 1988), catálogo de exposición; añádase, más específicamente, sus Gonzalo Bilbao, el pintor de las cigarreras (Madrid, Tabapress, 1989); Gonzalo Bilbao, un pintor para una tierra (Sevilla, Caja San Fernando, 1989). 670. Cfr. G. Pérez Calero, Gonzalo Bilbao Martínez, en DB -e (cons. 5-7-2019). 671. Vid. G. Pérez Calero, El Simbolismo en la pintura sevillana (1880-1936), en Laboratorio de Arte (1989), pp. 183-207. 672. En general sobre el tema, G. Pérez Calero, Pintura andaluza y Generación del 98, en C. Cid Priego (coord.), Las artes españolas en la crisis del 98 (Oviedo, Universidad de Oviedo, 1996), pp. 204-228. 673. Solo de esa forma puede entenderse la crítica desdeñosa de Muñoz Degrain, que fue jurado en la Exposición Nacional de 1895, a la que concurrió Bilbao con este prodigioso lienzo que es un homenaje poético y un poco acta notarial del campo andaluz -su luz sobre la tierra, sus hombres sobre la espiga: sobre la fatiga-, que se guarda en colección particular, al que tachó de "fotográfico", en una ocasión en que Sorolla concurrió con el extraordinario ¡Aún dicen que el pescado es caro!, hoy en el Museo del Prado. B. De Pantorba, Sorolla. Estudio biográfico y crítico (Madrid, Agulló, 1980), p. 158 destaca incluso este cristalino pintar de Bilbao como más claro y jugoso y en cierto sentido por encima de las calidades del arte rigurosamente coetáneo de Sorolla. Claro que Sorolla ha merecido en la misma dirección críticas iguales de severas, si no más ridículas, incluso de grandes (y aun por eso mismo incompatibles) como Zuloaga: eco de todo ello puede hallarse, respectivamente, en F. J. Pérez Rojas, Sorolla y la pintura española de su época, en J. L. Díez - J. Barón (eds.), Joaquín Sorolla (Madrid, Museo Nacional del Prado, 2009), pp. 150-151 y n. 65 y C. Reyero, Sorolla y la pintura internacional de su tiempo, ibíd., p. 161. 102 que circula entre Goya y Picasso como fuera del tiempo: como si el tiempo pictórico solo fuese el de sus hitos germinadores; como si abrir caminos nuevos implicase siempre para cierta crítica levantar un acta de defunción antes que de nacimiento. La que condena a Fortuny por no ser Cézanne o a Bilbao por no ser Seurat. (¿Pero no a David por no ser Goya?) 674 . El esnobismo suele trufarse también con los complejos. 28 La vida como biblioteca Es el ámbito donde vibra, casi poéticamente, con su nudo de engarces familiar con buena parte de lo mejor producido por el país en el cambio de siglo, Antonio Machado Álvarez 675 , Demófilo 676 , padre de los dos célebres poetas 677 , discípulo de Federico de Castro 678 y amigo del primer Montoto 679 , licenciado también en nuestra Facultad el año del famoso eclipse de sol (1870) 680 —el del rectorado de su maestro— y al año siguiente en Letras 681 , hijo del Rector (cuatro años, entre 1868 y 1874682) Machado Núñez 683 , folklorista 684 y profesor 685 , muerto prematuramente en 1893 686 , por la época en que Gonzalo Bilbao pinta su fabuloso lienzo sobre la siega en el campo andaluz, tan próximo a los intereses machadianos, en una página íntima la de su muerte de vida de la ciudad —que ignoró el suceso casi completamente, como se duele Montoto 687 : siempre olvidadiza la Ciudad demasiado llena 674. Todos estos pintores tienen la misma edad, aunque parecen pertenecer a tiempos distintos: viejos tiempos frente a los nuevos, aunque no son tiempos sino modos los que se confrontan; el espacio nuevo vuelve viejo al modo ajeno y son los que parecen transmutar espacio en tiempo. ¿Pero solo los españoles? La historia del arte, más que ninguna otra, atada inevitablemente al hecho de mirar, es siempre una cuestión de punto de vista: de perspectiva. Y nada cambia más con el tiempo. Algo sobre lo dicho aquí y supra, n. anterior, puede verse, con otro objetivo, en La ciudad del hombre, cit., pp. 171-172, 193, 231, 292, 361. 675. Vid. D. Pineda Novo, Antonio Machado yÁlvarez. Vida y obra del primer flamencólogo español (Madrid, Cinterco, 1991); E. Baltanás, Los Machado. Una familia, dos siglos de cultura española (Sevilla, Fundación José Manuel Lara, 2006), p. 83 y ss.; G. Salas Villar, Antonio Machado Álvarez, en DB -e (cons. 5-7-2019). 676. Vid. E. Baltanás, Los Machado. Una familia, cit., p. 75 y ss. 677. Vid. E. Baltanás, Los Machado. Una familia, cit., pp. 87-89, 113, 165 y ss., 179-180, 323-324. 678. Vid. E. Baltanás, Los Machado. Una familia, cit., pp. 56, 65, 83-84, 86 y ss., 90-91, 97, 334. 679. Vid. E. Baltanás, Los Machado. Una familia, cit., pp. 37, 77, 84, 137, 139 y ss., 160, 325, 334; cfr. E. Fernández Lam-Sen, La amistad y una realidad imposible: Demófilo y Luis Montoto, en Cuadernos hispanoamericanos, 799 (2017), pp. 60-69. 680. Sobre el fenómeno y su recepción E. Baltanás, Los Machado. Una familia, cit., p. 55. 681. Vid. E. Baltanás, Los Machado. Una familia, cit., pp. 83-87. 682. Vid. para el contexto E. Baltanás, Los Machado. Una familia, cit., p. 56 y ss., y vid. infra § 44 y n. 1207. 683. Vid. E. Baltanás, Los Machado. Una familia, cit., pp. 30 y ss., 75 y ss. 684. Vid. sobre este definidor aspecto de la obra y la personalidad de Machado Álvarez ya E. Baltanás, Los Machado. Una familia, cit., pp. 91 y ss., 114 y ss., 133 y ss., 152 y ss., 157 y ss., 163 y ss., 171 y ss.; sobre su más conocida obra en ese campo, infra n. 717; vid. supra n. 646. 685. Vid. E. Baltanás, Los Machado. Una familia, cit., p. 87 y ss. 686. Vid. E. Baltanás, Los Machado. Una familia, cit., p. 109 y ss., en concreto 112-113. 687. L. Montoto, Por aquellas calendas, cit., p. 105. Yo mismo, de otro modo, en El breviario de Sevilla, cit., p. 177. 103 CJH 16-17 • 2018-2019 de sí misma— que aún estremece y se ha contado no pocas veces 688 , continuador Machado padre, desde presupuestos distintos, de la labor de otro erudito pasado —y ganado— por las aulas de nuestra Facultad (desde 1806; bachiller en 1813 y licenciado en Derecho en 1817), Agustín (Gato) Durán (y de Vicente Yáñez), tío de su abuela 689 , hacedor célebre del Romancero general (1849-1851) 690 , ámbito hondo de la cultura española en que su atención fue antigua, continua, incansable, casi refundacional"', y que los hijos aun más célebres de Demófilo leerán y oirán leer desde la más tierna infancia 692 : figura descomunal esta de Durán, que por sí mismo ocupa una buena porción de la historia literaria española del Romanticismo"' como sus laterales descendientes lo harán del Modernismo y de su tiempo por razones distintas, bibliófilo superdotado, Bibliotecario Real (1834-1840; de nuevo en 1844) y director de la Biblioteca Nacional hasta su muerte (1856-1862), Académico de la Española desde 1847, crítico literario de perdurable recuerdo 694 , que entre 1826 y 688. Vid. I. Gibson, Ligero de equipaje. La vida de Antonio Machado (Madrid, Santillana Editores, 2006), p. 73. 689. Árbol genealógico en D. Thatcher Dies, Agustín Durán. A Biography and Litterary Appreciation (London, Tamesis, 1975), p. xiv, desde Francisco Gato Durán y Antonia de Vicente Yáñez, muerta en 1793, hasta los Machado Ruiz, muertos Manuel y Antonio, respectivamente, en 1947 y 1939: tres siglos de vida española, que se vuelven dos entre las vidas del insigne hermano de la bisabuela Durán Yáñez (1789-1862) y los eslabones geniales de nuestra literatura mayor, nacidos respectivamente en 1874 y 1875; sobre sus estudios en la Facultad, infra § 34 y nn. 890, 892-899. 690. A. Durán, Romancero general, o Colección de romances castellanos anteriores al siglo XVIII (Madrid, Imprenta Rivadeneyra, 1849-1851). 691. Obvio precedente en A. Durán, Colección de romances castellanos anteriores al siglo XVIII (Madrid, Imprenta de León Amarita, 1828-1832). Pero puede añadirse Romancero de romances moriscos compuesto de todos los de esta clase que contiene el Romancero general impreso en 1614 (Madrid, Imprenta de León Amarita y Librería Cuesta, 1828); Romancero de romances doctrinales, amatorios, festivos, jocosos, satíricos y burlescos, sacados de varias colecciones generales y de las obras de diversos poetas de los siglos XV, XVI y XVII (Madrid, Imprenta de León Amarita, 1829); Cancionero y romancero de coplas y canciones de arte menor, letras, letrillas, romances cortos y glosas anteriores al siglo XVIII, pertenecientes a los géneros doctrinal, amatorio, jocoso, satírico, etc. (Madrid, Eusebio Aguado, 1829); Romancero de romances caballerescos e históricos anteriores al siglo xviii, que contiene los de Amor, los de la Tabla Redonda, los de Carlo Magno y los Doce Pares, los de Bernardo del Carpio, del Cid Campeador, de los infantes de Lara, etc. (Madrid, Eusebio Aguado, 1832); más postreramente, con todo lo que ello implica, ya desde el mismo título, Este es un romance e unos polidos cantares fechos [..] a guisa de los que joglares e ciegos cantaran en el tiempo viejo. Contiénense aquí las aventuras e amores del buen Cavallero Don Flores de Trepisonda, et la muy verdadera, sabrosa y galante historia que se dize de las toronjas del Vergel d'Amor (Madrid, Eusebio Aguado, 1856). Debe cfr desde luego su Discurso sobre los romances antiguos caballerescos e históricos, y sobre los libros de caballerías (Madrid, Imprenta de León Amarita [1829]). Su atención al arte de trovadores antiguos en español fue una constante de su enciclopédico trabajo, donde se transparenta, por lo demás, qué benefactor (o más bien benefactora: infra, n. 711) buscó sobre todo en su primera década completa de nuevo en su Madrid natal, tras licenciarse en nuestra Facultad: vid. Trovas en lenguaje antiguo castellano al augusto enlace del 1...1 sennor D. Fernando VII con S.M. la Reyna Donna María Cristina (Madrid, Imprenta de Eusebio Aguado, 1829); Trovas en antigua parla castellana con motivo de la succesión qu'ofresce el Tálamo del Sennor Rey Don Fernando VII y su augusta espossa Donna María Cristina (Madrid, Imprenta Eusebio Aguado, 1829); Trovas a la Reina Nuestra Señora por la salud recuperada de nuestro amado monarca su augusto esposo el Señor D. Fernando VII, y en celebridad de sus benéficos decretos (Madrid, Imprenta de E. Aguado, 1832) (= en Memorias de la Academia Española, I, ii [1870], pp. 631-637). 692. Vid. E. Baltanás, Los Machado. Una familia, cit., pp. 31, 78, 80-81. 693. Baste cfr para comprobarlo, a modo de emblemático ejemplo, J. L. Alborg, Historia de la Literatura Española. El romanticismo (Madrid, Gredos, 1980), pp. 127-150. 694. Un punto de partida contextualizado puede hallarse en P. Sainz Rodríguez, Historia de la Crítica Literaria en España (Madrid, Taurus, 1989), pp. 179-195. 1834 editó ciento dieciocho comedias del teatro clásico españo1 695 , que defendió de modo casi germinal en un auténtico manifiesto a favor del teatro barroco nacional, su Discurso sobre el influjo (1828) 696 , "una de las obras más profundas que ha producido la crítica erudita en el siglo XIX en España" 697 , reeditado modernamente varias veces 698 , a que unió la edición de los maravillosos sainetes de Ramón de la Cruz en 1843, "monumentos históricos y literarios" 699 . Un gigante que descubrió a gran escala la bibliofilia y la poesía popular en la Sevilla de 1806 como estudiante de Lógica en la ciudad 7 " y desde 1808 mientras estudiaba Derecho en nuestra Facultad, a la sombra acogedora de un Lista que le enseñó seguramente Retórica 701 y el ejemplo de Bartolomé José Gallardo, a quien (re)encontrará en la ciudad, tras haberlo conocido en Madric1 702 , "el mayor bibliógrafo español desde Nicolás 695. A. Durán, Colección general de Comedias escogidas del Teatro antiguo español, con el examen crítico de cada una de ellas (Madrid, Imprenta Ortega y Cía., 1826-1834). 696. A. Durán, Discurso sobre el influjo que ha tenido la crítica moderna en la decadencia del teatro antiguo español, y sobre el modo con que debe ser considerado para juzgar convenientemente de su mérito particular (Madrid, Ortega y Cía., 1828). 697. Es el exacto juicio de P. Sainz Rodríguez, Bartolomé José Gallardo y la crítica literaria de su tiempo (Paris, Revue hispanique, 1921), p. 170; cfr. D. Thatcher Dies, Agustín Durán, cit., p. 18, n. 2. 698. Reproducido en Memorias de la Academia Española, I, ii (1870), pp. 280-336; en El Romanticismo Español. Documentos (Salamanca, Anaya, 1971, ed. R. Navas-Ruiz), pp. 54-100. Y en ediciones exentas: por D. L. Shaw en Inglaterra (Exeter, University of Exeter, 1973) y posteriormente en España (Málaga, Librería Ágora, 1994). 699. A. Durán, Colección de los sainetes tanto impresos como inéditos de Ramón de la Cruz (Madrid, Yenes, 1843), en dos vols., a los que calificó ibíd., pp. i y ss., en especial xii, en una introducción exquisita, como archivo auténtico, como es toda verdadera poesía popular (única, en puridad, la de Cruz de todo el siglo XVIII), de la vida íntima de la nación; cfr sobre esto la lectura de D. Thatcher Dies, Agustín Durán, cit., pp. 35-36. 700. Cfr. Matrículas. Lógica: 1781-1845, Universidad de Sevilla, Libro 502, Folio 398; para sus calificaciones, excelentes, cfr. Certificaciones: 1800 a 1820, Universidad de Sevilla, Libro 775, Folio 173: D. Thatcher Dies, Agustín Durán, cit., pp. 3, 5 y nn. 1, 8. 701. Vid. una semblanza reciente en J. Martín Abad, Agustín Gato y de Vicente, en DB -e (cons. 5-7-2019). 702. La presencia del extremeño Gallardo en Sevilla, un hecho clásico de la historiografía española del XIX, se destaca en su semblanza por A. Pérez Vidal, Bartolomé José Gallardo, en DB -e (cons. 5-7-2019) solo a raíz de la retirada en 1823 de las Cortes, de las que era bibliotecario, hacia Sevilla y después hacia Cádiz, tras la entrada en el país de los Cien Mil Hijos de San Luis para reponer el absolutismo de Fernando VII, situación en que se perdieron buena parte de sus riquísimos papeles en su traslado en barco (infra, nn. 707-708), y por la prisión que sufrió luego en ella; cfr, para completar el perfil, sus Bartolomé José Gallardo. Sátira, pensamiento y política (Mérida, Editora Regional de Extremadura, 1999); Bartolomé José Gallardo. Perfil literario y biográfico (Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2001). Pero lo cierto es que Durán, que conoció a Gallardo seguramente ya en Madrid, cuando entre los años 1803 y 1806 asistió, junto a su padre, a la tertulia madrileña de Manuel José Quintana, en el epicentro mismo del liberalismo intelectual (vid. D. Thatcher Dies, Agustín Durán, cit., p. 6; eco también en J. Martín Abad, Agustín Gato y de Vicente, en DB -e [cons. 5-7-2019]), volvió a verlo en Sevilla, en 1809, como el propio Gallardo le recuerda en una carta de 1831 (recogida por P. Sainz Rodríguez, Documentos para la historia de la crítica literaria en España: Un epistolario erudito del siglo XIX, en Boletín de la Biblioteca de Menéndez y Pelayo, 3 [1921], pp. 27-43, 87-101, 155-165, 251-262 y 4 [1922], pp. 153-170), en un encuentro naturalmente trenzado por las cuestiones bibliográficas (le conseguirá un libro), para no volverse a ver, por circunstancias de la guerra con los franceses (Gallardo permanecería en Cádiz), hasta 1820 (en que Gallardo podrá devolvérselo): lo trae a colación oportunamente para reconstruir la vida sevillana de Durán, cuando ha iniciado en ella ya sus estudios de Derecho (vid. infra § 34 y n. 891; § 40 y n. 1107, con la coyuntura en la Facultad), D. Thatcher Dies, Agustín Durán, cit., pp. 6-7 y n. 15, que añade sobre Gallardo: "He was a voracious collector and scholar, and it was he, more than anyone, who taught younger men to appreciate the values of long-forgotten books and manuscripts". 104  105 Antonio" 703 , autor célebre enseguida del Diccionario crítico-burlesco (1811) 704 , que se convirtió en símbolo del liberalismo gaditano en plenas Cortes de Cádiz, y cuyo póstumo Ensayo de una biblioteca española (1863-1889) 7 ° 5 resulta iluminador, no solo de las capacidades de un hombre nada común en materia bibliográfica, sino de las entretelas de un tiempo dominado por la búsqueda material (libresca) para reconstruir el pasado. Los papeles de Durán valdrán como mito y metáfora de ese tiempo 70 €, pero también los tuvo, y tristes, Gallardo, tras su dramática desaparición en Sevilla en 1823, "parte despedazados por el pueblo, parte arrojados á las aguas del Guadalquivir" 707 , en la terrible coyuntura en que la reacción pudo con el progreso 708 : canto muy español, que en este caso contó con decidido apoyo europeo (no todo es progreso, ni siquiera "progresía" ahí, ni siquiera de salón, como es obvio) y aún cuenta con su huella gráfica 709 . Existieron, por lo demás, como tal realidad espiritual pero mensurable, en un Gallardo que comisionó a los amigos de Juan Nikolás Bóhl von Faber por ver si encontraban restos en Sevilla de su inmensa pérdida redactándoles una apresurada nota hecha de memoria —no exenta por ello de errores— a modo de guía de " PUF- 5 01 CJH 16-17 • 2018-2019 lo que le fue desvalijado aquel día 710 , o en alguien tan tangible como Durán, figura entre dos tiempos, editor compulsivo de montañas de antiguos manuscritos, pero también testigo aún de un inmenso mundo oral, que llegó a convertirse en un experto encuadernador y a encuadernar parte de su propio trabajo, enviado a la reina María Cristina 711 en el momento quizás crucial de su carrera. No es ocioso conjeturar que la trágica pérdida en Sevilla del trabajo de tantos años de Gallardo, que acarició ya en 1816 el proyecto de publicar "su" Romancero, inviable a sus cuarenta años al perder libros y papeles de modo tan drásticom, así como el nombramiento de Durán para la sección de Manuscritos de la Biblioteca Nacional, puesto que en secreto ambicionaba él 713 , es lo que se esconde en el giro atroz en la relación entre ambos amigos, de la que tanto había aprendido el más joven, Durán, y los ataques brutales que hubo de sufrir ya desde 1836, pero sobre todo a partir de 1840, en carta 74 y en escrito público'''. Quizás ningún antiguo alumno de nuestra Facultad haya sido atacado, sin dedicarse a la política, de un modo más feroz (e inmerecido) que este. Impostor el triunfo, como lo es el fracaso 716 . 29 703. Como se lo llama con justicia en la Advertencia a B. J. Gallardo, Ensayo de una biblioteca española de libros raros y curiosos, III (Madrid, Imprenta y Estereotipia de M. Rivadeneyra, 1888, coord. y aum. por M. R. Zarco y J. Sancho Rayón), p. x, publicado veinticinco años después que el primero, aparecido a once años de su muerte (infra, n. 707). Un Nicolás Antonio, por partida doble, nuestro: infra, § 32 y nn. 804, 808, 811. 704. B. J. Gallardo, Diccionario critico-burlesco del que se titula "Diccionario razonado manual para inteligencia de ciertos escritores que por equivocación han nacido en España" (Cádiz, Imprenta de la Junta Superior de Gobierno, 1811), reeditado en el siglo XX (Madrid, Visor, 1994). 705. Se trata de cuatro tomos publicados entre 1863 y 1889, reeditados en facsímil en el siglo XX (Madrid, Gredos, 1968); vid. supra n. 703 e infra n. 707. 706. Vid. J. Simón Díaz, Los papeles de Durán, en Revista de Bibliografía Nacional, 6 (1945), pp. 111-113. 707. Prólogo de los coordinadores a B. J. Gallardo, Ensayo de una biblioteca española de libros raros y curiosos, (Madrid, Imprenta y Estereotipia de M. Rivadeneyra, 1863, coord. y aum. por M. R. Zarco y J. Sancho Rayón), p. vii; hay reimpresión posterior (Valladolid, Maxtor, 2012). 708. Vid. A. Rodríguez Moñino, Historia de una infamia bibliográfica. La de San Antonio de 1823. Realidad y leyenda de lo sucedido con los libros y papeles de Don Bartolomé José Gallardo. Estudio bibliográfico ([Valencia, 1957] Madrid, Castalia, 1965 2 ), que complementa, como él mismo afirma, su Las pérdidas literarias de Bartolomé José Gallardo (1823), en Revista de Estudios Extremeños, 13.1-2 (en.-jun. 1957), pp. 117-160; 13.3 (jul.-agos. 1957), pp. 349-391; 14.1 (en.-abr. 1958), pp. 23-73. Sobre sus papeletas bibliográficas, en general, F. Calero — V Moreno, Vocabulario provincial americano y otros léxicos. Transcripción y facsímiles de los manuscritos de Bartolomé José Gallardo (Badajoz, Alborayque — Junta de Extremadura, 2012) p. 17 y ss. 709. En concreto en la imprenta de campaña del teniente Salneuve, a quien se debe el grabado Vue de l'entrée de Tolosa: au moment oú la Division Loverdo y arrive et déftle devant S. A. R. Monsigneur Duc d'Angouléme / Salneuve (Tolosa, Imprimerie Lithographique de L'Armée, 1823), incunable litográfico que luego formó parte del Itineraire pittoresque du Grand Quartier Général pendant la campagne de 1823 en Espagne que el propio M. Salneuve publicó después en Francia (Paris, Langlumé & alii, s. d. [ca. 1825]), con 35 "planches lithographiées" (lith. par Le Camus): cfr., entre otros, http://Www.zumalakarregimuseoa.eus/es/actividades/investigacion-y-do- cumentacion/los-cien-mil-hijos-de-san-luis (cons. 15-9-2019). Inolvidable, por lo demás, para sumergirse en ambiente y época, desde el mirador de la mejor literatura, la novela de Galdós, Los cien mil hijos de San Luis (Madrid, Imprenta de José María Pérez, 1877), sexta entrega de la segunda serie de los Episodios Nacionales. Sobre la expedición y su contexto, por todos, R. Sánchez Mantero, Los Cien Mil Hijos de San Luis y las relaciones franco españolas (Sevilla, Universidad de Sevilla, 1981); sobre Fernando VII, baste aquí E. González-Duro, Fernando VII, el rey Felón (Madrid, Oberón, 2006). El regreso de Juan Ramón Tres generaciones después, esos densos mundos de oralidad, tan ricos en Andalucía, tan preñados de un aire denso de salina o de estepa, serán explorados con calas directas por el nieto de su sobrina: Antonio Machado Álvarez, nuestro antiguo alumno, mucho más que el padre de dos poetas excepcionales (con serlo). La Biblioteca de las tradiciones populares españolas, donde colaborarán entre otros sus amigos Montoto y Alejandro Guichot 717 , el autor de El Cicerone de Sevilla (1925-1935) 718 , 710. A. Rodríguez Moñino, Las perdidas literarias, cit., 1, p. 118. 711. Lo recuerda J. Martín Abad, Agustín Gato y de Vicente, en DB  (cons. 5-7-2019). Es aspecto en sí incluso estudiado: vid. M. López Serrano, Don Agustín Durán, encuadernador, en Revista Bibliográfica y Documental, 1 (1947), pp. 91-95. Sobre la vinculación tan buscada con la regente, supra ya n. 691. 712. D. Thatcher Dies, Agustín Durán, cit., p. 32 y n. 5. 713. D. Thatcher Dies, Agustín Durán, cit., p. 32 y n. 6. 714. Vid. M. Artigas, Una colección de cartas de Gallardo, en Boletín de la Real Academia Española, 16 (1929); 17 (1930); 18 (1931): cfr. D. Thatcher Dies, Agustín Durán, cit., pp. 32-33 y nn. 6, 8-9. 715. Vid. B. M. Gallardo, El Criticón, papel volante de literatura y bellas artes, 4 (1836), p. 3; ibld., 5 (1836), p. 64; cfr. D. Thatcher Dies, Agustín Durán, cit., pp. 32, 34 y nn. 3, 13. 716. No hace falta insistir mucho aquí en el lf, icónico ya, de Rudyard Kipling, escrito en 1895 y dirigido a su hijo: cfr. su Rewards and Fairies (Garden City, New York, Doubleday Page & Company, 1910), pp. 181-182; sobre Kipling, en el bies de Olivencia, supra § 23 in fine y n. 533. 717. A los que Machado Álvarez menciona como tales expresamente en el prólogo al primer tomo de Folklore [español]. Biblioteca de las tradiciones populares españolas (junio-agosto, 1883) (Sevilla, Francisco Álvarez y cia editores, 1883), p. v, escrito por ellos tres, cada uno con su "suite d'article", obra monumental que alcanzará los once tomos: II-VI (Sevilla, Alejandro Guichot y cia Editores, 1884); VII-XI (Madrid, Librería de Fernando Fe, 1885-1886); vid. supra n. 648. 718. A. Guichot y Sierra, El Cicerone de Sevilla. Monumentos y artes bellas (Compendio histórico de vulgarización), 1 (Sevilla, Imp. de Álvarez, 1925); El Cicerone de Sevilla. Monumentos y artes bellas (Compendio histórico de vulgarización), II (Sevilla, Imprenta Municipal, 1935). Pero, en puridad, el segundo tomo fue impreso en g l CJH 16-17 • 2018-2019 estudios en los años juveniles de Granada: que estudiaba "tercero de preparatorio" 724 . Venido de Moguer a estudiar Derecho por deseos paternos (historia arquetípica en las Facultades de Derecho de todos los tiempos) no pasará de él en cuatro años, pese a su mirarse retrospectivo estudiando mucho en la Hispalense, quizás por efluvio indirecto del mirado a quien miraba al decirlo: Nicolás Salmerón, Presidente de la I República y Catedrático universitario vinculado al krausismo y la Institución Libre de Enseñanza, íntimo de Giner de los Ríos y de Sanz del Río desde sus años de estudio granadino de Derecho y Filosofía y Letras 725 . Pintó, escribió poemas y corrió sus juergas, aprendiz de cosas distintas con los pintores Salvador Clemente y Salvador González 726 , pero estudiar estudió poco, no digamos derecho. Aquí aprendió el tan sevillano arte de la soledad rodeado de gente: nostalgia de gente sola, como escribió al acercarse a la figura de Turina, el músico de la ciudad por antonomasia, en una de sus estampas más sevillanas"', como sevillana fue esa música, hondamente'''. Seda de brazo, flor de alma: desde la azotea de Triana se ve toda Sevilla, larga, malva, llana, tendida 729 : ahuecada. En la estación regada, el sol se quiebra 730 . Todo parece conducir al Río, también para el poeta 731 , los poetas 732 . Es mejor prosista Juan Ramón casi que poeta en verso (o sin casi: con lo que eso significa para su prosa) y los retazos de su libro no cumplido pero tantas veces proyectado sobre la capital que le deslumbró de joven, Sevilla, lo reflejan a las claras, "ciudad de nácar y espuma" 733 , capital poética de España, cuyo kilómetro central ha producido más poetas que el poeta era Catedrático de Francés, como recuerda en su Antonio Machado en las tierras del Santo Reino, en Boletín de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras. Minervae Baeticae, 10 (1982), p. 107. Sobre el acceso a la Academia de Laffón, supra § 26 y n. 636. 724. L. Polaino Ortega, Bombones al perro (1927), recogido en las 'Anécdotas foráneas' de Anécdotas cazorleñas (Sevilla, Artes Gráficas Salesianas, 1983), p. 163. Sobre ese aspecto, en cambio, a diferencia de Juan Ramón, de la intraobra de Cernuda, sí preñada de sistematización propia de jurista llevada a otra acera, vid. supra § 24 y nn. 549-558. 725. Nada menos que con "ahínco" dirá que estudió en sus años universitarios: cfr. J. R. Jiménez, Españoles de tres mundos, iii, en una estampa dedicada a Nicolás Salmerón: Obras de Juan Ramón Jiménez. Españoles de tres mundos, cit., p. 47; y vid. ya mi Prólogo cit., a OH, 15 (2017), p. 18, n. 44. 726. Vid al respecto J. Urrutia, Sevilla en Juan Ramón Jiménez (Sevilla, Servicio de Publicaciones del Ayuntamiento de Sevilla, 1981); posteriormente, íd., Introducción a Primeros poemas. Juan Ramón Jiménez (Sevilla, Point de Lunettes, 2003, ed. J. Urrutia), en concreto pp. 41 y ss., especialmente 44, 55-56, 61: vid. de nuevo mi Prólogo cit., a OH, 15 (2017), p. 18, n. 44. 727. J. R. Jiménez, Joaquín Turina (Fuga), en Elejías andaluzas (Barcelona, Bruguera, 1980), p. 207, incluido en Sevilla, xxi (Sevilla, Fundación José Manuel Lara, 2002, ed. R. Reyes Cano), pp. 70-71, por la que citaré (previamente: 1961; 1963 2 , ed. F. Garfias): cfr. en todo caso Obras de Juan Ramón Jiménez, 34, Olvidos de Granada (1924-1928). Sevilla (Madrid, Visor libros — Diputación de Huelva, 2008, ed. J. Blasco y F. Silvera, prol. R. Álvarez). 728. Vid. al respecto, como punto de partida, E. Sánchez Pedrote, Turina y Sevilla (Sevilla, Ayuntamiento de Sevilla, 1982). 729. Vid. J. R. Jiménez, Joaquín Turina, en Sevilla, cit., p. 71. 730. J. R. Jiménez, Joaquín Turina, en Sevilla, cit., p. 70. 731. Vid. J. R. Jiménez, Sevilla, cit, i-iv: ibid., pp. 61-62. 732. Baste aquí J. Romero Murube, Un congreso de astrónomos, en ABC de Sevilla, 12 de septiembre de 1952. Juanramoniano máximo: infra, n. 744. 733. Subtítulo de la obra: de la no obra: cfr. J. R. Jiménez, Sevilla, cit., p. 57. 109 en una obra que une a dos de las estirpes de eruditos sevillanos más famosas de la ciudad, hijo Alejandro del historiador Joaquín Guichot Parody y padre del penalista Joaquín Guichot Barrera, antiguo alumno de la Facultad, tan celebrado por su amigo Izquierdo 719 , será el testimonio más acabado de este impulso en que hallará no pocas dificultades, pero también el impulso —y el ejemplo— de personas cercanas, como el de su madre, Cipriana"°, la abuela recordada de los Machado, presencia permanente en aquella vida delicada, apagada tan pronto. Alumnos ortodoxos Machado Álvarez (no sus hijos luego"'), Montoto, Guichot. No fue uno de esos el único Nobel salido de las aulas de la Universidad de Sevilla. Salido, y casi no entrado: Juan Ramón Jiménez. Estudiante en la ciudad entre 1896 y 1900 por los años del nacimiento de Laffón y a quien otro de los nuestros, Aquilino Duque, consagró un romance que viene al hilo, significativo ya desde su título: Sevilla, 1898. Desde (la ciudad, mental cuando menos, de) sesenta años después 722. Lo suyo no fue nunca dedicarse a nada que no fuera él mismo. Nadie más lejos de dejarse abducir por nada ni nadie. Ni por la ciudad, ni por el derecho, ni por otro ser humano. Nadie más sensible para la poesía y más intangible para las personas, en una naturaleza y una idiosincrasia en que fue más allá aún luego el propio Cernuda. A diferencia de este, por lo demás, los estudios jurídicos no le penetraron. Tiempo perdido, ganado al tiempo. En su periplo estudiantil, un poco se le puede aplicar a Juan Ramón aquello que otro penalista de la Facultad veinte años más joven que Guichot Barrera, Lorenzo Polaino, antiguo alumno de Antonio Machado y Académico luego de Buenas Letras como lo fue Laffón desde 1943 723 , escribió con agudo ingenio sobre un compañero de 1936, como ya señala M. Polaino Orts en su Prólogo a la reedición de El Cicerone de Sevilla, I (Sevilla, Editorial Universidad de Sevilla, 2017), p. xxxvi, al reparar en el texto previo al colofón con fecha de 11 de abril de 1936. 719. Vid. J. M. Izquierdo, Divagando por la ciudad', cit., pp. 327-333. 720. Vid. E. Baltanás, Los Machado. Una familia, cit., p. 33. 721. Licenciado aún joven Manuel en Filosofía y Letras en un interregno madrileño de vuelta a Sevilla; licenciado tardío y en cierto modo extemporáneo (entrañable: ridiculizado) Antonio, cuando era ya poeta famoso y sus examinadores lo conocían y apreciaban: por todos, aquí, E. Baltanás, Los Machado. Una familia, cit., pp. 232-233, 334-336. 722. Cfr. A. Duque, Sevilla, 1898 y J. R. J., en Caracola: revista malagueña de poesía, 60-61 (Málaga, [s.n.], oct.-nov. 1957), pp. [18]-[19]. 723. Lorenzo Polaino Ortega, licenciado en Derecho en Granada y en Filosofía y Letras en Sevilla, juez, secretario judicial y profesor universitario en la Facultad hasta 1969 (Adjunto de Derecho Procesal con Faustino Gutiérrez-Alviz padre y luego Adjunto de Penal y encargado de la cátedra tras la marcha de Manuel Serrano Rodríguez en 1963 a Salamanca, hasta la venida como Catedrático a Sevilla de José María Navarrete en 1965: infra, § 51 y n. 1329), padre de Miguel Polaino Navarrete, fue nombrado Académico correspondiente desde 1960 y numerario desde 1962 e ingresó en la Academia de Buenas Letras el 19 de abril de 1964 (Actas 1951-1971, fol. 166v) con un discurso sobre La delincuencia en la picaresca (editado ese mismo año en Sevilla en volumen independiente por la Imprenta del Consejo Superior de Investigaciones Científicas), que contestó precisamente el entonces Decano de Derecho Gutiérrez-Alviz (infra, § 47 y n. 1282; enseguida § 29 y nn. 750-751, 753), y aunó, como tantos otros juristas humanistas, conocimiento del derecho y erudición literaria: baste cfr aquí, en el medio académico, su El saber jurídico de Mio Cid, en Boletín de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras. Minervae Baeticae, 9 (1981), pp. 87-100, editado cinco años antes de su muerte, acaecida en noviembre de 1986, que completa un volumen suyo anterior, Valores humanos de Mio Cid (Sevilla, Tipografía Gráficas Cervantes, 1953), fruto de un decidido interés por el humus jurídico de la literatura medieval: así, también, El Derecho procesal en el 'Libro de Buen Amor' (Madrid, Imprenta Orellana, 1948). Jienense de Cazorla, donde nació en 1908, llegó a conocer a Machado cuando estudiaba entre 1920 y 1924 en el Instituto de Baeza, donde 108 CJH 16-17 • 2018-2019 cualquier otra ciudad española 734 , aunque Cernuda no estuviese siempre dispuesto a reconocérselo del todo, aludiendo, con esa agudeza en la crítica que se agudiza ella misma al referirse a alguien al que no soportamos, a que en ocasiones, "por reforzar la visión inédita", se añade "algo innecesario" 735 . (Lo que es verdad: verdad entre gigantes). Ataque máximo para el poeta que fue desnudándose hasta lo mínimo 736 . "Hermosa jaula de palabras" dan a veces la impresión de ser sus poemas en prosa o en verso, esgrime Cernuda 737 , con malvado escalpelo. Pero no siempre —como desliza con su alfiler de hilar fino y herir mucho— la realidad, o el pájaro que iba a alojarse en ella, ha huido 739 , y eso salva la deslumbrante imaginería verbal de Juan Ramón, que nos da en prosa mucho más que fuegos de artificio, renovándola como no se había hecho en la lengua desde los tiempos de Góngora, Quevedo, Gracián, grandes hacedores de palabras. Duelo mantenido, entre dos viejos alumnos de la Facultad, los dos poetas en español más brillantes quizá del siglo, que no tuvieron problema en escenificar ambos 739 . El final tiende, como quería San Jerónimo 74 °, a mirarse en el principio. Juan Ramón no olvidó la ciudad, ni siquiera la Universidad por la que pasó poco y que pisó nada, al menos en una retina como la nuestra tan alejada de él y de lo que él vivió en un adentro aún sin apenas afuera, en la que el tiempo parece borrar toda la pátina de recuerdos intransferibles que se quedan en la intimidad y que poco o nada tienen que ver con la fría prosa administrativa o los expedientes académicos que suele expurgar el historiador profesional. Algo más, claro, es lo que vibra con o en la poesía: pero transmutados; construidos en el alma, y solo entonces dados. O Juan Ramón miente cuando habla de lo que estudió en la Facultad (y por tanto de lo que vivió en ella) 741 o es simplemente la memoria preñante de aquellos días la que vuelve, atada a lo que nadie puede desempolvar, y quedó allí dentro, para siempre: el siempre que se hace literatura o muere en silencio para siempre. Su recuerdo de Federico de Castro, más bíblico y pastoril que Giner de los Ríos (más mundano este, más nuevo), 734. Vid. El breviario de Sevilla, cit., p. 105; sobre esa "capitalidad", supra § 26 y n. 608; en otro orden, complementario § 20 y nn. 462-463. 735. Consideraciones estéticas de gran interés sobre la prosa juanramoniana, que dicen no más de ella que de la personalidad (y motivaciones) de quien las consideró, pueden hallarse desgranadas por L. Cernuda en Juan Ramón Jiménez (1941), cit. supra n. 93 (= Obra completa, cit., 3, pp. 168-173, en concreto 171); vid. supra n. 484. 736. Pero más en verso que en prosa; cfr., por encima de todo, el que para muchos —empezando por mí mismo— es el mejor poema de Juan Ramón, y aun el mejor del siglo español, 'El viaje definitivo' (en 'Corazón al viento'), de Poemas agrestes (1910-1911), ix: cfr. Obras de Juan Ramón Jiménez, 13. Poesía Escogida 11(1909- 1913) (Madrid, Visor libros — Diputación de Huelva, 2011, ed. J. Blasco y F. Silvera, prol. J. M. Micó), p. 34. 737. L. Cernuda, en Juan Ramón Jiménez (1941), cit. supra n. 93 (= Obra completa, cit., 3, p. 171). 738. Solo a veces dan esa impresión para L. Cernuda en Juan Ramón Jiménez (1941), cit. supra n. 93 (= Obra completa, cit., 3, p. 171). Pero son siempre las que cuentan. 739. Juan Ramón contestó, a través de carta pública, en la misma revista mejicana con su A Luis Cernuda, en El Hijo Pródigo, 6 (México, septiembre de 1943), pp. 337-340 (= La corriente infinita [Madrid, Aguilar, 19611, pp. 171-179): cfr. Obras de Juan Ramón Jiménez, 47. Antología de prosa crítica (crítica y evocación) [I] (Madrid, Visor libros — Diputación de Huelva, 2013, ed. J. Blasco y F. Silvera, prol. F. Silvera), p. 287 y ss. 740. Cfr. Jerónimo, Epist., 69, 9. 741. De nuevo vid. la expresa referencia a ella en J. R. Jiménez, Españoles de tres mundos, iii: cfr. Obras de Juan Ramón Jiménez. Españoles de tres mundos, cit., p. 47, y supra ya n. 725. lo ata también a su Universidad de juventud 742 , como la juventud misma, que vuelve sobre todo cuando la hemos perdido, y nunca más que cuando vamos a perderla del todo, incluso como recuerdo, al irse la vida. Es la época, la Universidad, la luz también que conocieron el tío y ante todo el padre de María Zambrano, estudiantes en la Hispalense, este último entre 1889 y 1892. Luz, tan excesiva en la Ciudad, que a Blas Zambrano, "como a tantos no andaluces, le resultaba insoportable, haciéndole insoportable la propia vida en la ciudad misma", como su hija rememorará un siglo después en una carta a Jesús Aguado, vuelta a España ya de su largo exilio 743 . Muerta Zenobia, medio siglo después de haber abandonado Sevilla, pensó el poeta en volver a España y se elucubró con que residiese en la ciudad donde habían transcurrido sus primeros años como artista y estudiante universitario; el propio Murube, gran admirador de Juan Ramón desde su juventud, llegó a ofrecer la Casa del Moro como residencia urbana (y la Huerta en Los Palacios como alojamiento rústico) 744 . Volvió Juan Ramón a Sevilla, pero muerto, repatriado el cadáver desde Puerto Rico, pasando su comitiva desde Madrid hacia Moguer por la ciudad que lo acogió en sus primeros sueños, vagamente universitarios 745 . Rogelio Reyes ha dejado un relato inolvidable sobre aquella jornada de 1958, Corpus, 5 de junio 746 ; de nuevo, la mirada de una impregnada juventud, quedándose para siempre en el recuerdo de quien miró con los ojos nuevos con que se mira entonces. Su maestro, López Estrada, Decano entonces de la Facultad de Filosofía y Letras, confirmó a sus alumnos la muerte de Juan Ramón al día siguiente de la noticia anunciada por la prensa sevillana, así como que quien quisiese podría visitar el cuerpo a su paso por Sevilla, en la iglesia de la Universidad, en la calle Laraña 747 ; el entonces joven estudiante de Letras —aquella pequeña Facultad que no sobrepasaba los dos pequeños patios laterales 748 , recién llegada tras Derecho a la Fábrica de Tabacos, donde aún sigue, mucho mayor hoy— lo hizo cuando el féretro fue depositado en la Iglesia de La Anunciación, junto a la sede 742. J. R. Jiménez, Españoles de tres mundos, xv: cfr. Obras de Juan Ramón Jiménez. Españoles de tres mundos, cit., p. 252. Sobre Federico de Castro (el Federico de Castro por antonomasia, menos para el mundo del derecho), infra § 46 y n. 1261. 743. La carta está fechada en Madrid el 23 de julio de 1987 y echa la mirada al atrás de Blas Zambrano, que estudió Magisterio impidiéndole la crisis económica familiar cursar Filosofía, y al de su hermano José Diego, el tío de María, que sí estudió Filosofía y Letras en la Hispalense y alguna asignatura suelta en nuestra Facultad de Derecho (aparte de alguna de Ciencias), antes de marchar años después a estudiar Farmacia a Granada: vid. sobre ello J. C. Marset, María Zambrano, I. Los años de formación (Sevilla — Barcelona, Fundación José Manuel Lara, 2004), pp. 38-39, 355 y cfr. mi Prólogo, cit., a CJH, 15 (2017), p. 19 y n. 50, de donde además se extrae el entrecomillado. 744. Vid. al respecto J. Lamillar, Joaquín Romero Murube, cit., pp. 38, 228-229, respectivamente sobre admiración y ofrecimiento. 745. Sobre el ambiente que halló en esa Sevilla finisecular puede partirse de R. Reyes Cano, Juan Ramón Jiménez en la Sevilla del "Fin de siglo" entre Bécquer y el folklorismo científico, en Boletín de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras. Minervae Baeticae, 36 (2008), pp. 205-226. 746. 0 más bien dos, pues es extracto de R. Reyes Cano, Sevilla, el adiós a la ciudad de la poesía, en A. M. Aguirre, R. Fernández Berrocal, R. Reyes Cano y R. F. Cortés, Escalas de regreso. Juan Ramón Jiménez y Zenobia Camprubí (Sevilla, Ateneo de Sevilla — Fundación Cajasol, 2009), pp. 69-89 su El adiós de Sevilla a Juan Ramón Jiménez, en Boletín de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras. Minervae Baeticae, 38 (2010), pp. 111-124. 747. R. Reyes Cano, El adiós de Sevilla, cit., pp. 111-112. 748. R. Reyes Cano, El adiós de Sevilla, cit., p. 111. CJH 16-17 • 2018-2019 universitaria donde Juan Ramón había estudiado (o más bien no) el preparatorio de Derecho... durante cuatro años y se hallaba enterrado el principio de todo (también para él), Gustavo Adolfo Bécquer 749 . El joven estudiante registra a lo largo del día y cuenta mucho después 750 , como también su maestro, que participó destacadamente en la jornada en representación de su Facultad"', la presencia del Alcalde de Moguer (pero no de las autoridades de Sevilla 752 ), pero sobre todo del Rector José Hernández Díaz y de los Decanos de Derecho y Letras, Faustino Gutiérrez-Alviz, Catedrático a sus inicios de Derecho romano y ya entonces de Derecho procesal, y el propio López Estrada, de destacados universitarios sevillanos (Juan de Mata Carriazo o nuestros Alfonso de Cossío e Ignacio de Lojendio Irure) 753 , así como de los poetas de Sevilla, algunos de los cuales conocieron a Juan Ramón: Romero Murube y Rafael Laffón (de los que recuerda sus artículos publicados en la prensa 754 ), Juan Sierra, Aquilino Duque, antiguos alumnos casi todos de la Facultad, o en su última salida, Isaac del Vando, olvidado de todos, depositando un ramo de flores amarillas'". Y la gente, la gente de Sevilla en masa, acompañando al poeta en su despedida final de la ciudad que amó. Amor correspondido"'. 30 Interludio del pájaro Volvió Murube al Alcázar donde pensó en acoger un día al poeta mitológico. Donde acogió, según la leyenda o la memoria oral de la ciudad, en abril de 1939, a otro no menor pero muerto en la juventud plena, a los treinta y un años, en las cárceles de Franco, Miguel Hernández, cuando llegó a cruzarse con el dictador sin saber este quién era aquel jardinero 757 : un Hernández a quien Llosent ocultó en su casa de San Vicente y quiso esconder en el campo de la Dehesa del Hornillo, disfrazado —pastor él— de campesino. Lo cuenta la que entonces era su mujer, Mercedes Formica, antigua alumna de la Facultad 758 . Quizás hubiera sobrevivido. Son sus últimos días casi en 749. Supra, § 19 y n(n). 411 (y 471). 750. R. Reyes Cano, El adiós de Sevilla, cit., p. 118. 751. F. López Estrada, Juan Ramón pasó por Sevilla, en ínsula, 13 (1958), pp. 1-2. 752. R. Reyes Cano, El adiós de Sevilla, cit., p. 119. 753. Sobre Cossío y Lojendio, respectivamente, vid. infra, § 46 y nn. 1269, 1271-1277 (y 5 50 y n. 1325); § 47 y nn. 1287-1288, 1290-1291; para ambos, añádase § 49 y nn. 1316-1317; sobre Carriazo, uno de los grandes símbolos de la hermana Facultad de Letras, supra § 11 y n. 248. 754. R. Reyes Cano, El adiós de Sevilla, cit., p. 117. 755. R. Reyes Cano, El adiós de Sevilla, cit., p. 122. 756. Recuerda la emoción vivida F. López Estrada, loc. u/t cit., en una entrada la de los cuerpos que, en medio de un coro de ciento cincuenta voces, en gran canto para el gran poeta, vibrante el aire, "los ataúdes entre un mar de gente", como rememoraba Vázquez Díaz, fue "uno de los momentos más impresionantes del cortejo de Juan Ramón por las tierras de España"; cfr también el relato, con el eco de su maestro, de R. Reyes Cano, El adiós de Sevilla, cit., pp. 119-122. 757. Supra, § 17 y nn. 359-361. 758. M. Formica, Escucho el silencio. Pequeña historia de ayer (Barcelona, Planeta, 1982), p. 72; sobre Formica en la Facultad, supra § 10 y n. 221. libertad 759 . El Alcázar, de nuevo; ese Alcázar desde el que pensó y tantas veces dejó de pensar Murube, en esa suerte de síndrome de Stendhal que le invadió, rodeado de belleza, sobre todo en la fase final de su vida, en que todo parecía llegarle ya tarde y conducirle a la quietud o la desidia 760 : mañana siempre en el hoy que justifica no hacer nada que siempre podrá hacerse mejor otro día. Es la suya "quietud de flores y de pájaros" 761 . El Alcázar, también, desde el que recordó a Cernuda cuando le llegó la noticia de su muerte tan lejana en el espacio y como ya en el tiempo, pues uno parece morir para los demás en el recuerdo más impregnante con que los dejó en vida, y lo que es para la muerte en vida es para la muerte de verdad. La lejanía en el espacio parece congelar el tiempo, como si una lejanía trajese la otra, inevitablemente. El Andrada de Rioja 762 o el Cernuda de Murube 763 . El de Cernuda era para Murube un recuerdo de juventud, más aún que el de Juan Ramón: contacto, en la distancia, en cierto modo mantenido. Aquella juventud: aquel Alcázar de juventud, también, antes de que Murube morase en él y Cernuda dejase de poderlo ver para siempre. No muy lejos del puerto y del río. Del primitivo Colegio, también, de Santa María. Fue allí donde se había producido, en 1925 764 como él mismo recuerda, el primer encuentro de un joven apenas salido de las aulas de Derecho de la Hispalense con el poeta ya antológico que apenas pasó por ella, vestido de un todo negro, con su mirada dura y fija, que Cernuda no había visto nunca hasta entonces en hombre, sino solo en pájaro'''. 31 Colegio de Santa María Es en ese Puerto, y cerca de ese río, de ese Alcázar también, junto al que nació nuestra Facultad enredada a la modesta fundación del Colegio de Santa María en la Puerta de Jerez, junto a la muralla aún en pie por más de tres siglos, por el maestro Rodrigo Fernández de Santaella 766 , entre la teoría jurídica y en cierta forma virtual 759. Título incluso de alguna aproximación periodística al tema: A. Bulnes, Los últimos días en libertad de Miguel Hernández, en ABC, 28 de diciembre de 2010. 760. Supra, 5 19 y n. 429. Contesta, incluso, en una entrevista en El Correo de Andalucía que cree su obra no ha empezado siquiera todavía: "como no me dé prisa..." (cfr. J. Lamillar, Joaquín Romero Murube, cit., p. 254). 761. J. Romero Murube, 'Jardín enamorado': Soledad, cit. (supra, n. 640), poema recogido luego en Verso y prosa (Sevilla, Ayuntamiento de Sevilla, 1971), antología editada en homenaje al poeta por la Delegación de Cultura, con prólogo y selección del Decano anunciador de aquel día, F. López Estrada. 762. Supra, § 3 y n. 66. 763. Supra, § 2 y nn. 17, 30, 33, 35-39. 764. Pudo ser en 1924, con Juan Ramón en Sevilla y la huella de su paso en Murube (y Cernuda): mas vid. supra n(n). 35, (181 y 562). 765. Vid, para esto y el recuerdo del encuentro en el Alcázar L. Cernuda, en Juan Ramón Jiménez (1941), cit. supra n. 93 (= Obra completa, cit., 3, p. 115). 766. Al respecto, vid. M. González Jiménez, Orígenes medievales de la Universidad de Sevilla, en V Centenario. La Universidad de Sevilla 1505-2005, cit. (supra, n. 233), pp. 1-17; J. Sánchez Herrero, Julio II y la fundación de la Universidad de Sevilla, ibíd., pp. 19-39; J. Gil, Maese Rodrigo Fernández de Santaella. Vida y obra, ibíd., pp. 41-59; sobre el humus previo, añádase J. J. Sánchez Herrero, De las primeras letras a la Universidad en la Sevilla g il CJH 16-17 • 2018-2019 de 1505 y la realidad echada a andar de 1518 con la puesta en marcha efectiva de los estudios jurídicos, en esa Sevilla vertiginosa que dispone con ellos ya de Universidad y aun antes de imprenta precozmente 767 , y donde, en palabras inolvidables de Fernand Braudel, latía el corazón del mundo 768 . Fruto de ese latido, al año siguiente, desde la otra orilla del río, en la escasa distancia real que separaba al Colegio del llamado muelle de las Mu(e)las, partiría la expedición de Magallanes que, liderada a su muerte por Juan Sebastián Elcano, circunnavegaría por vez primera el mundo 769 . Tiempos frenéticos para la ciudad y su mundo: el mundo. El Colegio, llamado por todos popularmente de Maese Rodrigo en honor de su fundador, con su modesto número inicial previsto de quince colegiales internos 770 , como ya recuerda Argote de Molina 771 , que quizás estudió en élm, se configura desde el principio sobre la base real de los de fines del siglo XV (Sevilla, Universidad de Sevilla, 2010); sobre el fundador, hay clásico estudio de quien fue Rector de la Hispalense y alumno de la Facultad, J. Hazañas y La Rúa, Maese Rodrigo Fernández de Santaella, fundador de la Universidad de Sevilla (Sevilla, [s.n.], Imp. Izquierdo, 1900), ahora en Carel: Carmona. Revista de estudios locales, 5 (2007), pp. 1955-1980; para los desarrollos inmediatos y primeros pasos de la recién fundada institución, A. 011ero Pina, La Universidad de Sevilla en los siglos XVI y XVII, en V Centenario. La Universidad de Sevilla 1505-2005, cit., pp. 135-203. 767. La hay en Sevilla en 1477, una de las diez más antiguas del mundo fuera de Alemania, precediéndola en España solo Segovia (1472) y Valencia (1474), más próximas al foco irradiador alemán (1440-1450), desde donde alcanzó antes de tocar España a Roma (1467), Venecia (1469), París, Utrecht y Nápoles (1470), Milán y Florencia (1471), y ya algo más tarde a Ginebra (1478), Londres o Salamanca (1480): listado completo de la expansión en mi Compendio histórico de derecho romano. Historia de la cultura jurídica europea: Roma. Bizancio. Europa ([Madrid, 2006 3 ] Sevilla, El Giraldillo, 2015 4 ), p. 848. Vid. sobre el ámbito impresor sevillano del Quinientos F. López Estrada, Sobre la imprenta en Sevilla en el siglo XVI, en Archivo Hispalense, 57 (1953), pp. 37-48. 768. F. Braudel, La Civilisation materielle (Paris, Armand Colin, 1967 [1979]), p. 63. 769. No cabe extenderse sobre esto aquí, como es lógico; baste acudir a los volúmenes clásicos de M. Fernández Navarrete, Colección de los viajes y descubrimientos, que hicieron por mar los españoles, desde el siglo XV, 4. Expediciones al Maluco = Viage de Magallanes y de Elcano (Madrid, Imprenta Nacional, 1837); M. Fernández Navarrete - Miguel Salvá - Pedro Sainz de Baranda, Colección de Documentos inéditos para la historia de España, I (Madrid, Imprenta de la viuda de Calero, 1842), pp. 244 y ss., 337 y ss., con los relativos a Elcano; entre la bibliografía moderna, V. María de Sola, Juan Sebastián Elcano (Bilbao, Ediciones de la Caja de Ahorros Vizcaína, 1962); W. Brownlee, La primera vuelta al mundo (Torrejón de Ardoz, Akal, 1991, trad. M. Tiana Ferrer); I. Fernández Vial, La primera vuelta al mundo. La nao Victoria (Brenes, Muñoz Moya, 2001); M. Lucena Salmoral, Juan Sebastián Elcano (Madrid, Ariel, 2003); J. L. Comellas, La Primera Vuelta al Mundo (Madrid, Rialp, 2012); H. Kelsey, The First Circumnavigators. Unsung Heroes of the Age of Discovery (New Haven, Yale University Press, 2016); vid. infra § 35 y n. 910. 770. Al respecto, vid. M. J. Sanz, El Colegio y la Capilla de Santa María de Jesús, en V Centenario. La Universidad de Sevilla 1505-2005, cit., pp. 61-79. 771. Quince colegiales y un rector: vid. G. Argote de Molina, Aparato para la historia de Sevilla, fol. 45; Ms. 9.858 de la Biblioteca Nacional, fols. 58 y 59: cfr. A. Palma Chagnaceda, El historiador Gonzalo Argote de Molina. Estudio Biográfico, Bibliográfico y Crítico (Las Palmas, Excmo. Ayuntamiento de Las Palmas, 1973 2 , correg. y aum. A. Millares Carlo), respectivamente pp. 170; 32, n. 42 y Apéndice. 772. Es la hipótesis de A. Palma Chagnaceda (y A Millares Carlo), El historiador Gonzalo Argote de Molina, cit., p. 32, a tenor del mucho espacio que le dedica en su Aparato para la historia de Sevilla (cfr fols. 28, 45), en comparación al de Santo Tomás y su escueta mención; añádase A. Palma Chagnaceda (y A Millares Carlo), loc. cit., pp. 47, 119, 168, con atención en el apéndice. No lo menciona (como recuerda ibíd., pp. 10, 32, n. 45) en su elenco de ilustres alumnos A. Martín Villa, Reseña histórica de la Universidad de Sevilla, cit., pp. 19, 92 (vid. supra nn. 56, 75), y por lo demás tampoco lo recoge (ibíd., pp. 8, 32) entre los alumnos de Santo Tomás D. I. Góngora en su referencial Historia del Colegio Mayor de Santo Tomás de Sevilla (Sevilla, [s.n.], Imprenta de E. Rasco, 1890), pero nada significa (con razón) para Palma en relación al de Santa María, a tenor de lo incompleto de los archivos de la Universidad Hispalense (a cuyos registros y libros de matrícula expresamente se remite Martín estudios jurídicos romanísticos y canónicos, pese a cierta propensión fundacional por el ámbito teológico (diez becas previstas de Teología por cinco de Derechom), que le hurtará por vía de la competencia el colegio de Santo Tomás de Aquino de los dominicos, fundado en 1516, inaugurado en 1517 y con rango universitario desde 1545 774 , que nunca podrá ofrecer grados en Derecho (ni en Medicina), pero desde el principio sí en Arte, Gramática y Teología y todo lo a ella concernido 775 . Su situación, en el corazón mismo de la ciudad, entre las Atarazanas Reales y la muralla del Alcázar, próxima al Postigo del Carbón y a la Lonja 76 , y el decidido apoyo del Arzobispo de Sevilla, fray Diego de Deza, dominico, garantizaban su supervivencia y lo convertían en un competidor inmediato y temible de la Hispalense en los ámbitos relacionados con la formación de los clérigos. Un año antes de la fundación del Colegio de Santo Tomás, en 1515, es a él a quien acude otro futuro dominico destinado a ser mucho más famoso, Bartolomé de Las Casas, recién vuelto de su segundo viaje a América, ya ordenado sacerdote, a quien dará cartas para el rey Fernando 777 . (Será a Cisneros, y no al Católico, muerto el 23 de enero de 1516, a quien podrá ver Las Casas finalmente 77 9. Pronto el Colegio será una realidad: amenazante para el vecino de Santa María. El mismo Alfonso Chacón, historiador, teólogo, arqueólogo, epigrafista y bibliógrafo dominico de primera fila, formado inicialmente en su natal Baeza, a quien Pío V llamó a Roma en 1566 para hacerse cargo de la Biblioteca Vaticana y que contribuyó nítidamente a la formación de la biblioteca de El Escorial actuando como agente artístico de Felipe II, mediante el envío de códices y pinturas desde Italia 779 , donde revolucionaría la labor arqueológica con una ingente labor "de campo""° y bibliográfica 781 , Villa, loc. cit., p. 28), sobre todo con anterioridad a 1570, como señala ya F. Rodríguez Marín, que se licenció en ella en Derecho e hizo importante trabajo de archivo: cfr su Cervantes estudió en Sevilla (1564-1565) (Sevilla, Imprenta de Francisco de P. Díaz, 1901' [1905 2 ]), p. 26, en nota. 773. Ya desde las constituciones elaboradas por el fundador Santaella en 1506, antes de que llegase incluso la bula papal en 1508, justo seis meses antes de su muerte el 20 de enero de 1509: vid. A. 011ero Pina, La Universidad de Sevilla en los siglos XVI y XVII, cit., pp. 137 y ss., 141 y ss., especialmente 142. 774. Vid. ya D. I. Góngora, Historia del Colegio Mayor de Santo Tomás, cit., p. 85 y ss. 775. Vid. al respecto A. 011ero Pina, La Universidad de Sevilla en los siglos XVI y XVII, cit., p. 149; M. Fernández de Rojas, Patrimonio artístico de los conventos masculinos desamortizados en Sevilla durante el siglo XIX. Benedictinos, dominicos, agustinos, carmelitas y basilios (Sevilla, Secretariado de Publicaciones de la Diputación de Sevilla, 2008), p. 173 y ss. 776. Vid. al respecto A. Fernández González, El Colegio sevillano de Santo Tomás de Aquino. Consideraciones sobre su arquitectura y su inserción en la trama urbana, en Laboratorio de Arte, 25 (2013), pp. 659-674, en quien me apoyo como punto de partida para algunos datos de lo que sigue (infra, ante todo, nn. 784-785). 777. P. Castañeda Delgado, Bartolomé de las Casas, en DB -e (cons. 5-7-2019). 778. P. Castañeda Delgado, Bartolomé de las Casas, en DB -e (cons. 5-7-2019); vid. infra § 35, ab initio y n. 907. 779. Vid. H. Gimeno Pascual, Alonso (o Alfonso) Chacón, en DB -e (cons. 7-7-2019); cfr apunte en L. Méndez Rodríguez, Velázquez y la cultura sevillana (Sevilla, Universidad de Sevilla - Focus-Abengoa, 2005), pp. 217-220. 780. Vid. E. Tormo, El padre Alfonso Chacón. El indiscutible iniciador de la Arqueología de la Arte Cristiana, en Boletín de la Real Academia de la Historia, 111 (1942), pp. 151-199; Alfonso Chacón, primer estudioso del mosaico cristiano de Roma y algunos diseños chaconianos poco conocidos, en Rivista di Archeologia Cristiana. Miscellanea in onore di Luciano de Bruyne e Antonio Ferrua, III, anno L, 1-4 (1974), pp. 295-329. 781. Vid. A. Recio, La 'Historica descriptio Urbis Romae', obra manuscrita de Fr. Alonso Chacón, OP (1530- 1599), en Anthologica Annua (Roma, 1968), pp. 44-102; C. Gasparri y M. L. Ubaldelli, Le Antichitá Romane di Alonso Chacón. Prolegomena, en Studia Oliveriana, 11 (1991), pp. 57-94; sobre su obra, más recientemente, CJH 16-17 • 2018-2019 fue antes alumno, bibliotecario y dos veces rector en el Colegio sevillano de Santo Tomás (1562 y 1564), en el que permanecería quince años de intenso estudio, que se tradujeron en una densa y completa formación, como doctor en Teología y maestro en Artes 782 : en Roma, su éxito le convertiría en un faro para los viajeros y eruditos sevillanos, con los que no rompió el contacto (entre ellos, lo admiró Arias Montano), pese a las burlas no del todo encubiertas de Arguijo 783 , que transmiten un modo de sentir la ciudad entonces y sus propias interioridades, siempre difíciles de interpretar desde un afuera ayuno de sus "códigos" interiores. Pese a ello, las referencias físicas y jurídicas a Santo Tomás en la obra de Rodrigo Caro 784 y Ortiz de Zúñiga 785 no dejan lugar a dudas tampoco de su importancia desde la óptica de las letras sevillanas del período seiscientista, más de un siglo después de su nacimiento. Lo fue como centro de formación eclesial, pero también como generador de riqueza artística, en aquella ciudad—convento crecientemente retraída sobre sí (con lienzos de Murillo y Zurbarán, entre otros, que colgaron en sus muros y ahora brillan en el Museo del Prado, en el sevillano de Bellas Artes o en el Palacio Arzobispal de la ciudad 786 ), bien relacionado con el mundo mercantil de flamencos y alemanes residentes en Sevilla, a los que en 1604 cedió una pieza en que estaba la librería para que levantasen una capilla donde pudiesen celebrar fiestas y enterramientos 787 , y solo la violación física provocada en el edificio por los invasores franceses al entrar en la ciudad en 1810 788 y la desamortización iniciada en 1836 (a través de los Reales Decretos de 25 de julio y 11 de octubre, más el general de 8 de marzo y la Ley de 29 de julio de 1837) 789 , que certificó su cierre tras la reapertura al término de la Guerra de Independencia, clausurarán definitivamente su historia, ya decadente, más de tres siglos después de su fundación. Es en ese crepúsculo intermedio, antes del anochecer final, cuando estudió ya brevemente allí Humanidades el célebre pintor y escritor Antonio María Esquive1 790 , una de las grandes figuras decimonónicas del arte y la cultura sevillanas y uno de sus triunfadores en Madrid. Esa Universidad modesta de Santa María, llamada ya "Universidad de Sevilla" por las Cortes de Valladolid en 1537 como venían pretendiendo sus colegiales y claustrales apunte en J. Solís de los Santos, Escritos sobre biblioteca en el Siglo de Oro, en Humanismo y Pervivencia del Mundo Clásico II. Homenaje al profesor Luis Gil Fernández, III (Cádiz - Teruel, Universidad de Cádiz - Excmo. Ayuntamiento de Alcañiz, 1997, eds. J. M. Maestre, J. Pascual, L. Charlo), pp. 1205-1216, en concreto 1208, n. 19. 782. Vid. H. Gimeno Pascual, Alonso (o Alfonso) Chacón, en DB -e (cons. 7-7-2019). 783. Vid. un apunte desde la perspectiva sevillana en L. Méndez Rodríguez, Velázquez y la cultura sevillana, cit., pp. 217-220. 784. Cfr. R. Caro, Antigüedades y principado de la ilustrísima ciudad de Sevilla y chorografía de su convento jurídico o antigua chancillería ([1634] Sevilla, Alfar, 1998), pp. 59-60. 785. Cfr. D. Ortiz de Zúñiga, Anales eclesiásticos y seculares de la muy noble ciudad de Sevilla, III ([1677] Madrid, Imprenta Real, 1795-1796 [Sevilla, Guadalquivir, 1988]), pp. 310-311; IV, p. 169; V, p. 387. 786. Vid. al respecto M. Fernández de Rojas, Patrimonio artístico, cit., pp. 188, 196. 787. Vid. L. Méndez Rodríguez, Velázquez y la cultura sevillana, cit., p. 156. 788. A. Fernández González, El Colegio sevillano de Santo Tomás, cit., p. 660. Vid. infra n. 890. 789. Vid. al respecto M. Revuelta, La Exclaustración (1833-1840) (Madrid, CEU Ediciones, 2010), pp. 361-396. 790. Vid. A. Rodríguez Rebollo, Antonio María Esquivel y Suárez de Urbina, en DB -e (cons. 5-7-2019). en un proceso que culmina en 1551 791 , promesa de la impresionante institución de tiempos futuros, será casi sinónimo de su Facultad de Derecho durante sus tres primeros siglos, transcurridos casi hasta el final —hasta su traslado a la vieja Casa Profesa de los jesuitas en la hoy calle Laraña, junto a la Iglesia de la Anunciación, en 1771- 792 en los solares comprados a Juan de Millares, Racionero de la Catedral, por maese Rodrigo en el viejo "corral de Jerez", último asentamiento judío en la ciudad 793 hasta la definitiva expulsión de 1492, donde había estado el Monasterio de Madre de Dios: un lugar en que, sobre aquel detritus de casas medio derruidas y espacios inundables (y frecuentemente inundados) por la cercanía del río, entre el Postigo de Jerez y el Tagarete, se construyó entre 1505 y 1516 un edificio hasta el lienzo de muralla conservado en la calle de San Gregorio, descrito por González de León en 1844 (cuando estaba destinado a cuartel de la milicia local) 794 , en una descripción que seguirá Hazañas 795 , y que pudo ver y describir Gestoso en 1892 796 , del que solo se conserva la capilla, salvada por su intermediación decidida, que comprendió dos aulas, que albergaron a los doce colegiales originarios (quedaron tres puestos por cubrir) y sus servidores, unas veinte personas en total, que seleccionados desde 1517 tomaron posesión de sus becas el 27 de abril de 1518 797 , en un proceso de selección realizado por Alonso de 791. Vid. ya A. 011ero Pina, La Universidad de Sevilla en los siglos XVI y XVII, cit., p. 148 e infra n. 799. 792. La situación vino a mantenerse en el siglo XVIII, como he recordado en De la Casa de las Dudas a la de las Certezas, cit., incluido infra en esta misma revista, n. 13, con una Universidad girando en torno a su Facultad de Derecho como valor seguro: vid. infra 5 33 y n. 869. Sobre el traslado, primero y trascendental de su historia, vid. infra § 40 y n. 1115. 793. Eran en tiempos esas casas del Colegio de maese Rodrigo, en la Puerta de Jerez, "sinagoga de judíos", como recoge expresamente G. Argote de Molina, Aparato para la historia de Sevilla, fol. 28: cfr. A. Palma Chagnaceda, El historiador Gonzalo Argote de Molina, cit., p. 119 y n. 75. Muy pronto los colegiales intentaron su ampliación a los corrales vecinos, argumentando el mucho ruido que soportaban durante las lecciones (y hasta olores de cocina), y conocemos la petición hecha al Alcaide de los Alcáceres en 1526, aprovechando la estancia en la ciudad para su boda del emperador Carlos V: al respecto, A. 011ero Pina, La Universidad de Sevilla en los siglos XVI y XVII, cit., p. 48. Vid. supra § 23 y n. 527. 794. En F. González de León, Noticia artística, histórica y curiosa de todos los edificios públicos, sagrados y profanos (Sevilla, Imprenta de José Hidalgo, 1844 [197.3]), pp. 141-142. Sobre autor y obra, muy interesante la semblanza de M. Méndez Bejarano, en Diccionario', cit., 1, p. 270, por lo mucho que dice de uno pero también de otro, antiguo alumno de la Facultad (supra, 5 27 y n. 653). 795. J. Hazañas y La Rúa, Maese Rodrigo Fernández de Santaella, cit., pp. 118-119. 796. J. Gestoso, Sevilla monumental y artística, 3 (Sevilla, Oficina tipográfica de El Conservador, 1892 [1984]), pp. 34-35. 797. Son básicos, entre la bibliografía especializada, y en ellos me apoyo, los estudios de M. J. Sanz Serrano, La portada del Colegio de Santa María de Jesús, en Archivo Hispalense, 204 (1984), pp. 191-196; Imágenes de la primitiva Universidad de Sevilla, en Laboratorio de Arte, 18 (2005), pp. 89-106, que supone un desarrollo, con planos, de El colegio y la capilla de Santa María, cit., passim; entre la literatura clásica, D. Angulo Iñiguez, Arquitectura mudéjar sevillana de los siglos XIII, XIV y XV Discurso inaugural del Año Académico 1932-1933 (Sevilla, Universidad de Sevilla, 1932), pp. 137-138; puede añadirse, en general sobre el tema de la imbricación en términos arquitectónicos de la Universidad en la ciudad, J. Tejido, Las sedes universitarias en la construcción de la ciudad y M. C. Martínez Quesada - Z. de Jorge Crespo, Patrimonio, Universidad y Arquitectura, ambos en 1. L. Trillo de Leyva (ed.), Universidad y ciudad. Arquitectura de la Universidad Hispalense. Primer Foro de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Sevilla (Sevilla, Universidad de Sevilla, 2002), pp. 19-33, 77-82. Hay una magnífica descripción, con planos y fotografías históricas, del viejo edificio y su historia, desde sus primeros pasos colegiales hasta su demolición de 1920, cuando la Universidad lo había abandonado siglo y CJH 16-17 • 2018-2019 del país, continuando con la edición del feroz Seminario Patriótico, con ayuda de Blanco y de uno de los profesores emblemáticos de la Universidad, Lista; también de Gallardo, con artículos que fueron rechazados por una "excesiva violencia de lenguaje", demasiada fiereza incluso para el Seminario: la misma que, sin sospecharlo siquiera, se volvería más adelante contra el propio Durán 891 . Partiendo de un año realizado de Filosofía moral, requisito previo para matricularse en Leyes, y tras justo cinco años de estudios jurídicos, el 28 de septiembre de 1813 el Secretario General de la Universidad de Sevilla Francisco Baquerizo, cuyo sobrino y sucesor Juan Moreno Baquerizo acogería muy pronto bajo su protección precisamente a un adolescente y prometedor Martín Villa enviado a la capital por su familia desde Almonte 892 , le certificaría, siendo Rector el eterno teólogo Maestre 893 , aparte del curso iusfilosófico, dos de Historia y Elementos de Derecho romano, uno de Instituciones canónicas y dos de Historia y Elementos de Derecho real español, lo que le permitió examinarse para la obtención del título de bachiller. No eran, desde luego, muy apretados los horarios. Los cursos de Derecho romano llevaban entre hora y hora y media por la mañana y otro tanto por la tarde y los materiales que servían para el primero de ellos servían para el segundo 894 , llevados los planes de estudio, su mismo espíritu, por una percepción exacerbada del valor en derecho de la reiteración, tan substancialmente inherente a la ciencia jurídica (iurisprudentia) como cuajó y fue concebida en Roma dos milenios antes 895 . Los dos hermanos Durán los culminaron en junio de 1809 y junio de 1810, respectivamente 896 . La mañana y la tarde del curso seguido en el tercer año específicamente jurídico (cuarto propiamente en la Universidad), tenido en la Cátedra de Instituciones canónicas, se dedicaban al Compendio que hizo de sus propias instituciones Domingo Cabalario 897 . En los cursos de Historia y Elementos de Derecho español, que concluían en quinto, en sesiones de una hora por la mañana y otra por la tarde, se usaban los libros de Ignacio Jordán de Aso y Miguel de Manuel y Rodríguez, incluido el Proemio e Instituciones, no exento de errores 898 , acompañados de la memorización de las tablas de Juan Reguera Valdelomar 899 . La historia avanza, o sea cambia, jamás por renglones rectos; tampoco casi nunca del todo torcidos. Refiere en su Reseña Martín Villa la introducción de las cátedras de Administración, Economía Política, Derecho público e Historia del Derecho en la 891. Relato en D. Thatcher Dies, Agustín Durán, cit., p. 10; vid. supra § 28 y n. 702. 892. Infra, § 42 y nn. 1161-1162, 1166-1167. 893. Infra, § 42 y nn. 1165, 1167. 894. D. Thatcher Dies, Agustín Durán, cit., p. 9. 895. El carácter repetitivo del saber jurisprudencial romano —y de su práctica— es topos antiguo, ya percibido, no siempre con los mejores acordes, por Cicerón, desde la acera tan cercana de la abogacía más culta: cfr. De orat.,1, 43, 192 y al respecto, si se desea, mi acercamiento en Cicerón y la jurisprudencia romana, cit., p. 116 y n. 521 y ss. 896. D. Thatcher Dies, Agustín Durán, cit., p. 8. 897. Junto de arreglo, 14: D. Thatcher Dies, Agustín Durán, cit., p. 9, n. 13. 898. Junto de arreglo, 11: D. Thatcher Dies, Agustín Durán, cit., p. 9, n. 16 detalla sobre el material bibliográfico en relación a la docencia: "a work not fully trusted since the professor was explicitly instructed to correct aloud the mistakes, errors, and inexactitudes of the book". 899. D. Thatcher Dies, Agustín Durán, cit., p. 9. reforma de estudios de 1845 900 , siendo él ya Secretario general de la Universidad (sin detenerse en detallarlo, aspecto menor en una historia como la que pretende y en un hombre que no necesita "venderse" como producto en feria alguna), y se detiene luego morosamente en la descripción de la sede de la Facultad: patios, aulas, biblioteca 901 . Tiempo discurriendo, pero en un espacio. Retrotrayéndose a los tiempos heroicos su mirada nos rescata, desde un mirador privilegiado (el de un jurista y un Rector con sensibilidad histórica: rara avis, más por lo segundo que por lo primero), las tres cátedras que se impartían en el siglo XVI en Cánones (Prima, Decreto y Vísperas) y las tres cátedras impartidas en Leyes (Digesto viejo, Código e Instituta), siguiendo la división y nomenclatura boloñesa 902 , hegemónica en el Medievo y aun en el Siglo de Oro, inevitable en la mirada y la estela de un colegial boloñés como Santaella. La cronología en la aparición de las primeras cátedras universitarias en Sevilla es, por lo demás, reconstruible, aunque solo tendrán éxito las jurídicas 903 : originariamente destaca, establecida por el fundador Santaella a principios de siglo, la de Prima de Cánones y, coetáneas, existentes ya en los primeros decenios de funcionamiento de la institución, pues se requerían "para enseñar y graduar", la de Vísperas de Cánones y la de Instituta, que era por la que comenzaban los estudiantes de Derecho recién alojados en el Colegio de Santa María, que conformarían tres de las cinco que funcionaron en los primeros tiempos en la Universidad, junto a la de Prima de Teología —establecida también por el fundador— y Prima de Medicina, apareciendo la de Código —junto a la de Filosofía Natural— en 1562, la de Decreto en 1572 y la de Digesto Viejo en 1579. Junto a las de Súmulas y Lógica, en la Facultad de Artes, y la de Vísperas de Medicina, creadas antes de 1561, y la de Vísperas de Teología, establecida ese año, configuran el organigrama docente de la iniciática Universidad. 900. A. Martín Villa, Reseña histórica de la Universidad de Sevilla, cit., p. 76. Sobre los vaivenes de la segunda mitad del siglo XIX, que afectaron a los estudios jurídicos y universitarios en general (con la supresión y recuperación del Derecho administrativo en 1868), y la implantación de los estudios de doctorado reservados hasta entonces a Madrid, en una dinámica que sería oscilante en el futuro, financiados por la Diputación y de que se ocuparon en Derecho los profesores Antonio Benítez de Lugo, Francisco Miranda y Diego Álvarez de los Corrales, en un ambiente influido por el krausismo y sus revitalizaciones características (sus polémicas), vid. J. L. Carrillo y G. Trigueros Gordillo, La Universidad en el Sexenio Democrático (1868-1874), en V Centenario. La Universidad de Sevilla 1505-2005, cit., pp. 299 y ss., en concreto 302-304. 901. A. Martín Villa, Reseña histórica de la Universidad de Sevilla, cit., p. 77 y ss. 902. Para su relato en este punto, A. Martín Villa, Reseña histórica de la Universidad de Sevilla, cit., p. 26. La influencia boloñesa en esa división es evidente. En ese mundo de denso sedimento cultural, "el corpus iuris civilis medieval ya coagulado se presentará en cinco grandes partes o volúmenes y así llegará a la imprenta: tres de Digesta (Digestum vetus: libros 1-24, hasta el título 2; Infortiatum: libros 24, desde el título 3, a 38, denominándose a la última parte, que comenzaba en medio de D. 35, 2, 82, "tres partes"; Digestum novum: libros 39-50), uno de Codex (que comprendía los 9 primeros libros) y uno de Volumen o parvum (los tres libros finales del Código o tres libri, las Novellae y la Instituta)": descripción extraída de mi De Roma a Europa', cit., pp. 160-161; síntesis accesibles al respecto, como ibíd., n. 806 se consigna, podrían ser V. Arangio-Ruiz, Historia del derecho romano (Madrid, Reus, 1980 4 , trad. F. Pelsmaeker) p. 471 y G. Wesenberg — G. Wesener, Historia del derecho privado moderno en Alemania yen Europa (Madrid, Lex Nova, 1998, trad. J. J. de los Mozos), p. 62, entre otras muchas. La Instituta, naturalmente, era la de Justiniano (533) y no la de Gayo (siglo II), perdida en Europa durante milenio y medio: infra, nn. 1201-1204. 903. Tal reconstrucción está en J. A. 011ero Pina, La Universidad de Sevilla en los siglos XVI y XVII, cit., pp. 166-167, 169, a quien sigo en lo que sigue; vid. desde luego ya supra § 32 y nn. 802-803. [Document text truncated for crawler view.]