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Problemas emocionales y comportamentales en niños adoptados y no adoptados

Sánchez Sandoval, Yolanda; Palacios González, Jesús

Abstract

El objetivo de este trabajo es conocer si niños y niñas adoptados manifiestan problemas emocionales y comportamentales en distinta medida que sus iguales no adoptados. Se analiza la manifestación de problemas, según la versión del profesorado, en un total de 569 chicos y chicas de entre 7 y 16 años de edad. Se establecen tres grupos de comparación de niños no adoptados. Los resultados muestran que los adoptados manifiestan, como media, más problemas que sus actuales compañeros de aula. Los mayores problemas son manifestados por los chicos en acogimiento residencial, situándose los adoptados en una posición intermedia. Por otro lado, aunque en general los chicos del estudio manifiestan mayores problemas que las chicas, en el grupo de las adoptadas los problemas manifestados son mayores de lo esperado por su género. Por último, no existen diferencias entre chicos en edad de educación primaria y de educación secundaria. Se discute la necesidad de estudiar la variabilidad en el grupo de adoptados.

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Clínica y Salud Vol. 23, n.° 3, 2012 - Págs. 221-234 Copyright 2012 by the Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid ISSN: 1130-5274 - http://dx.doi.org/10.5093/cl2012a14 Problemas Emocionales y Comportamentales en Niños Adoptados y No Adoptados Emotional and Behavioral Problems in Adopted and Non-Adopted Children Yolanda Sánchez-Sandoval Jesús Palacios Universidad de Cádiz, España Universidad de Sevilla, España Resumen. El objetivo de este trabajo es conocer si niños y niñas adoptados manifiestan problemas emocionales y comportamentales en distinta medida que sus iguales no adoptados. Se analiza la manifestación de problemas, según la versión del profesorado, en un total de 569 chicos y chicas de entre 7 y 16 años de edad. Se establecen tres grupos de comparación de niños no adoptados. Los resultados muestran que los adoptados manifiestan, como media, más problemas que sus actuales compañeros de aula. Los mayores problemas son manifestados por los chicos en acogimiento residencial, situándose los adoptados en una posición intermedia. Por otro lado, aunque en general los chicos del estudio manifiestan mayores problemas que las chicas, en el grupo de las adoptadas los problemas manifestados son mayores de lo esperado por su género. Por último, no existen diferencias entre chicos en edad de educación primaria y de educación secundaria. Se discute la necesidad de estudiar la variabilidad en el grupo de adoptados. Palabras clave: adoptados, problemas emocionales, problemas de conducta, hiperactividad Abstract. The aim of this paper is to determine whether adopted children are more likely to have emotional or behavioral problems than non-adopted children. Emotional and behavioral problems were investigated in a sample of children aged 7 to 16. There were three comparison groups of non-adopted children. The results indicate that adopted children show, on average, more problems of this type than their peers. The biggest problems are expressed by children in residential foster care, with other adopted children in an intermediate position. In addition, in general, boys manifest greater problems than girls; but the problems of adopted girls are greater than would be generally expected for their gender. Finally, there are no differences between children of primary education or secondary education age. Additional research examining the variability in the group of adopted children is warranted. Keywords: adopted children, emotional problems, behavioral problems, inattention/overactivity. La adopción se plantea como una medida de protección a la infancia que pretende ofrecer a los niños y niñas que lo necesiten un contexto familiar saludable. Los niños y niñas adoptados se incorporan a las familias creando vínculos de filiación y, como norma general, se produce una ruptura de vínculos personales, familiares y jurídicos entre los niños y sus padres biológicos. Hay otras medidas de protección como el acogimiento familiar y el acogimiento residencial. El acogimiento familiar es la convivencia e integración de un niño o niña en una familia, extensa o ajena, cuando debe ser separados temporal o permanentemente de sus padres o tutores. Ofrece la posibilidad de desarrollarse en familia, al tiempo La Correspondencia sobre este artículo debe enviarse a la primera autora al Departamento de Psicología, Facultad de Ciencias de la Educación, Universidad de Cádiz, Campus Universitario Río San Pedro, CP 11510 PUERTO REAL (Cádiz). E-mail: yolanda.san [email protected] que mantiene la vinculación con su familia biológica. En el acogimiento residencial, sin embargo, los niños y niñas separados de su familia biológica residen en centros. La adopción como intervención supone aportar las condiciones que posibiliten un adecuado desarrollo psicológico para estos niños y niñas. Aunque esto sea así, algunos estudios han indicado una mayor tendencia de los chicos y chicas adoptados a manifestar problemas psicológicos (Juffer y van IJzendoorn, 2005; Juffer, van IJzendoorn y Palacios, 2011). En las últimas décadas hemos conocido en España un importante incremento del número de adopciones. Tiene sentido analizar ahora si niños adoptados en nuestro país presentan diferencias con niños no adoptados, a nivel de problemas comportamentales y emocionales, una vez que llevan años de convivencia con su familia adoptiva. En las décadas de los 80 y 90 gran parte de la investigación sobre adopción versaba sobre la manifestación de problemas entre la población adoptiva. Han sido muchos los investigadores que han defendido y analizado empíricamente la mayor tendencia de los niños y niñas adoptados a presentar problemas y dificultades en su ajuste personal en comparación con otros niños de su edad. Especialmente se han destacado los problemas de comportamiento y la mayor presencia de adoptados entre la población clínica que recibe o ha recibido tratamiento en salud mental. Un modelo de déficit o un modelo psicopatológico acompaña a muchos de los estudios que se han dedicado a muestras adoptivas. Referirse a los problemas de los adoptados es tan frecuente que se ha podido incluso hablar de la “psicología y psicopatología de la adopción” (Amorós, 1987, p. 55) o incluso del “síndrome del niño adoptado“ (Kirschner, 1990). Esta situación se nos presenta como realmente preocupante, e interpretable de muy diferentes formas: ¿significa que todo adoptado tiene mal pronóstico?, ¿es que la adopción en sí supone riesgos para el desarrollo personal?, ¿o es que los niños adoptados parten de una situación de desventaja tal que les impide alcanzar el nivel de comportamiento y desarrollo de sus iguales no adoptados? Como investigadores preocupados por el bienestar de la infancia, no sólo estamos interesados en que los niños que lo necesiten sean adoptados, sino que esta adopción se dé en las mejores condiciones posibles y, además, que aporte a los niños un contexto de desarrollo saludable, que promueva en ellos un crecimiento y progreso en todas las facetas de su vida. No nos conformamos, por tanto, con un modelo de déficit que nos presente sólo las dificultades y problemas de ser adoptado, sino que aspiramos a conocer, en primer lugar, si en nuestra comunidad los niños y niñas adoptados se encuentran en la problemática situación descrita por muchos investigadores. Los estudios centrados en investigar la presencia de problemas comportamentales y emocionales en los adoptados han seguido varias estrategias. Cuando se han analizado muestras clínicas, se ha encontrado una sobrerrepresentación de niños y adolescentes adoptados entre los usuarios de consultas psiquiátricas o departamentos psiquiátricos de hospitales en comparación con la proporción que representan los adoptados entre su comunidad (DeFries, Plomin y Fulker, 1994; Goldberg y Wolkind, 1992; Moore y Fombonne, 1999). Este dato ha recibido diferentes interpretaciones, planteándose incluso la hipótesis de la mayor tendencia o sensibilidad de las familias adoptivas a buscar recursos externos ante las dificultades. Estudios más recientes en esta línea indican que, aunque la mayoría de los adolescentes adoptados están psicológicamente sanos, parecen tener un riesgo mayor para problemas externalizados (Keyes, Sharma, Elkins, Iacono y Mcgue, 2008). En este tipo de estudios, otro tema de interés ha sido conocer si hay diferencias entre los diagnósticos psicológicos y/o psiquiátricos de los adoptados y los de los no adoptados: las diferencias suelen identificar una mayor sintomatología conductual entre los adoptados. Por ejemplo, Smith, Howard y Monroe (2000) analizaron el tipo de problemas manifestados por chicos de 292 familias adoptivas que acudieron, de manera voluntaria, a un servicio de ayuda post-adopción para familias con problemas o en riesgo de fracaso de la adopción. Los profesionales de estos servicios identificaron en más de la mitad de los niños comportamientos externalizados característicos de problemas de conducta (por ejemplo, un 81% manifestaba mentiras y manipulación de los otros, un 80% oposicionismo, un 77% agre- 222 PROBLEMAS EMOCIONALES Y COMPORTAMENTALES EN NIÑOS ADOPTADOS Y NO ADOPTADOS Clínica y Salud Vol. 23, n.° 3, 2012 - Págs. 221-234 Copyright 2012 by the Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid ISSN: 1130-5274 - http://dx.doi.org/10.5093/cl2012a14 sión verbal, un 69% violación de las normas familiares, un 64% problemas con los iguales, o un 45% hiperactividad). Un grupo más minoritario, pero con porcentajes también importantes, presentaba serios problemas; por ejemplo, en un 21% se habían dado comportamientos suicidas, o en un 22% problemas con la justicia y detenciones. Algunos autores han sugerido que los estudios realizados con muestras clínicas de personas adoptadas pueden no ser generalizables al conjunto de adoptados (Smith, 2001). Cuando las diferencias se han analizado en muestras no clínicas, el perfil que presentan los adoptados no es tan uniforme ni problemático (Sharma, McGue y Benson, 1998). Algunos instrumentos cumplimentados por padres o profesores permiten identificar a niños que se encuentran en un rango clínico en alguna de las dimensiones analizadas. Varios trabajos identifican una mayor proporción de adoptados que de no adoptados con puntuación en el rango clínico (Berry y Barth, 1989; Brodzinsky, Radice, Huffman y Merkler, 1987; Verhulst, Althaus y Versluis-Den Bieman, 1990; Versluis-den Bieman y Verhulst, 1995). Entre el tipo de problemas manifestados destaca la presencia de problemas externalizados. En Simmel, Brooks, Barth y Hinshaw (2001), con una amplia muestra de 808 chicos adoptados de entre 5 y 18 años, el 29.9% de los chicos presentaba este tipo de problemas; en concreto, un 9.5% eran problemas de atención e hiperactividad, un 8% de conducta oposicionista, y un 12.4% ambas sintomatologías. Estos porcentajes representan al menos el doble de la incidencia con que los problemas externalizados se dan en la población general a esas edades. De igual manera, en el estudio realizado por Quinton, Rushton, Dance y Mayes, (1998) en el Reino Unido, la mitad de los niños presentaban dificultades de atención, concentración e hiperactividad; una proporción importante manifestaban agresividad en su relación con otros niños (28%) o aislamiento social (28%). Cuando esta hiperactividad es evaluada por padres, profesores, otros examinadores y a través de los resultados de un test, el 15% de los chicos son identificados como hiperactivos o con problemas de atención por las cuatro fuentes. Cuando las comparaciones en la manifestación de problemas se hacen no sólo teniendo en cuenta el grupo de rango clínico, sino el total de la muestra, algunos estudios han identificado puntuaciones medias superiores en problemas de comportamiento y/o emocionales que los no adoptados (Lindholm y Touliatos, 1980; Quinton et al., 1998; Sharma, McGue y Benson, 1996; Verhulst et al., 1990). Otros investigadores, sin embargo, no han encontrado una mayor incidencia de problemas de comportamiento entre los adoptados (Feigelman, 2001). Así, Tieman, van der Ende y Verhulst (2005) no encuentran diferencias en la prevalencia de trastorno de comportamiento antisocial en una gran muestra de adoptados y no adoptados. Igualmente, Grotevant et al. (2006), tras controlar la influencia de variables sociodemográficas y familiares, muestran que el estatus adoptivo no es predictor del comportamiento antisocial. A partir de los años 90 han empezado a utilizarse diseños más complejos en la selección de la muestra (Bohman y Sigvardsson, 1990; Palacios, Sánchez-Sandoval y Sánchez-Espinosa, 1996; Fernández-Molina, del Valle, Fuentes, Bernedo y Bravo, 2011), permitiendo comparar a los adoptados con distintos grupos de no adoptados. Los mayores problemas de comportamiento encontrados por Bohman y Sigvardsson (1990) entre los adoptados y sus compañeros a los 11 años desaparecen cuando alcanzan los 15 años, mientras que siguen existiendo en otros grupos de comparación formados por niños en acogimiento y por niños cuyas madres biológicas se plantearon en un principio dar a sus hijos en adopción pero que cambiaron de decisión y los mantuvieron con ellas. Palacios y Sánchez-Sandoval (1996), por su parte, no encuentran diferencias significativas entre los niños en edad preescolar al comparar a los adoptados con sus compañeros de aula, con niños en acogimiento residencial, y con niños que proceden de las zonas de origen de los adoptados y viven con sus familias biológicas. Tampoco Antolín, Oliva y Arranz (2009) encontraron diferencias en el desarrollo de conductas antisociales infantiles entre chicos que crecían en familias con distintas estructuras (tradicionales, adoptivas, monoparentales, reconstituidas, homoparentales, de partos múltiples) una vez controlados los efectos ejercidos por Clínica y Salud Vol. 23, n.° 3, 2012 - Págs. 221-234 Copyright 2012 by the Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid ISSN: 1130-5274 - http://dx.doi.org/10.5093/cl2012a14 YOLANDA SÁNCHEZ-SANDOVAL Y JESÚS PALACIOS 223 variables asociadas, como la edad y el estilo educativo paterno. Por su parte, en Fernández-Molina et al. (2011), la mayoría de los adolescentes en acogimiento preadoptivo se encontraban en el rango de la normalidad (evaluados con CBCL); los chicos adoptados presentaban las puntuaciones medias más bajas, tanto en problemas externalizados como en internalizados, seguidos por los acogidos por abuelos y los acogidos en centros. Por último, los trabajos más recientes en este ámbito vienen a señalar las notables diferencias encontradas en el mismo grupo de adoptados. Los mayores problemas son presentados por los adoptados más mayores y con institucionalizaciones más prolongadas (Groze e Ileana, 1996; Rutter et al., 2001; Palacios et al., 2005); mientras que los que fueron adoptados a una edad más temprana y tras una institucionalización más corta (Levy-Shiff, Zoran y Shulman, 1997; Rutter et al., 2001) no destacan por presentar más problemas que los no adoptados. Es necesario seguir investigando en la prevalencia y tipología de problemas emocionales y de comportamiento manifestados en la infancia en general, y en la infancia en protección en concreto. Como indica Aznar (2009), intervenir en la infancia y la adolescencia contribuye a realizar un trabajo preventivo de la psicopatología posterior. El objetivo de este trabajo es comparar el comportamiento de niños y niñas adoptados y no adoptados. En concreto, nuestro objetivo de investigación es comparar las puntuaciones medias de niños adoptados y no adoptados en manifestación de problemas según la valoración de sus profesores, teniendo en cuenta también las semejanzas y diferencias en relación con el género y edad. Método Participantes Han participado 569 chicos y chicas entre 7 y 16 años de edad; de los cuales 80 eran adoptados (A), 140 compañeros actuales de los adoptados (C), 174 vivían con sus familias biológicas en las zonas geográficas de procedencia de los adoptados (ZO), y 175 se encontraban en Acogimiento Residencial (AR). En la tabla 1 se muestra la distribución de la muestra según género, edad y grupo. Los criterios de selección han sido los siguientes. Los Adoptados procedían de adopciones nacionales realizadas en Andalucía, y forman parte de un proyecto de investigación longitudinal de seguimiento de las adopciones realizadas en esta comunidad (Palacios et al., 1996). Los datos de este trabajo se refieren a la segunda recogida de datos (T2). Los Compañeros son niños y niñas que viven con sus familias biológicas y comparten con los adoptados la localización geográfica de residencia. Se seleccionó al azar un niño y una niña del mismo aula de cada adoptado de la muestra. Los del grupo de Zonas de Origen viven con sus familias biológicas en zonas con graves conflictos socioeconómicos y familiares. Se identificaron seis zonas, a través de la Dirección General de Atención al Niño de la Junta de Andalucía, como áreas de las que procedían la mayoría de los adoptados de la muestra. Con la colaboración de la Consejería de Educación y Ciencia de la Junta de Andalucía se eligió un colegio de cada una de las seis zonas, y en cada uno de ellos fue seleccionado al azar un grupo de niños de cada aula formando un grupo comparable en edad al de adoptados. El grupo en Acogimiento Residencial, son niños y niñas 224 PROBLEMAS EMOCIONALES Y COMPORTAMENTALES EN NIÑOS ADOPTADOS Y NO ADOPTADOS Clínica y Salud Vol. 23, n.° 3, 2012 - Págs. 221-234 Copyright 2012 by the Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid ISSN: 1130-5274 - http://dx.doi.org/10.5093/cl2012a14 Tabla 1. Características de la muestra Total Adoptados Compañeros Zona de origen Acogimiento Residencial N (%) N (%) N (%) N (%) N (%) Total 569 80 140 174 175 Género Niñas 286 (50.3) 40 (50.0) 68 (48.6) 86 (49.4) 92 (52.6) Niños 283 (49.7) 40 (50.0) 72 (51.4) 88 (50.6) 83 (47.4 Edad 7 a 11 años 323 (56.8) 48 (60.0) 88 (62.9) 122 (70.1) 65 (37.1) 12 a 16 años 246 (43.2) 32 (40.0) 52 (37.1) 52 (29.9) 110 (62.9) que vivían en protección en centros de acogida de la comunidad andaluza. Se realizó una selección representativa teniendo en cuenta la dependencia administrativa y tipología de los centros de la comunidad. Finalmente, participaron 25 centros residenciales ubicados en 7 de las provincias andaluzas. Procedimiento Se contactó con las familias adoptivas y con los centros de Acogimiento Residencial seleccionados a través de una carta, enviada desde la Dirección General de Atención al Niño de la Junta de Andalucía, que explicaba los objetivos del estudio y pedía su colaboración. Posteriormente, las familias y centros fueron telefoneados por el equipo encargado de la recogida de datos, y se concertó una cita para visitarles. Además, se les informaba del interés de visitar el centro escolar de sus hijos, entrevistar al tutor y administrar a los niños algunas pruebas. Se envió una carta a los directores de los centros escolares pidiendo su colaboración para poder entrevistar a profesores y niños. Los niños y niñas de los cuatro grupos fueron entrevistados en sus centros escolares. Medida Manifestación de problemas. El instrumento utilizado fue el Revised Rutter Teacher Scale (RRTS) (Hogg, Rutter y Richman, 1997). Este instrumento permite obtener tanto una puntuación total de manifestación de problemas, como información sobre cuatro áreas distintas: problemas de comportamiento, problemas emocionales, problemas de atención /hiperactividad y problemas en el comportamiento prosocial. Está compuesto por 59 items, en los que se van presentando distintos comportamientos problemáticos, y los profesores deben evaluar su frecuencia de aparición (como 0, nada; 1, algo; 2, muy frecuente) en los niños que están valorando. Un ejemplo de ítem de la subescala de problemas emocionales sería “Se preocupa con frecuencia, cualquier cosa le preocupa”, de problemas de atención/hiperactividad “Muy inquieto, le cuesta quedarse sentado durante mucho tiempo”, de problemas comportamentales “Desobedece con frecuencia”, y de problemas prosociales “No se preocupa por los demás”. La puntuación utilizada, tanto en la escala global como en cada una de las subescalas, representa la media de las puntuaciones de los items que las componen; es, por lo tanto, un valor que oscila entre 0 y 2; puntuaciones superiores indican mayor manifestación de problemas. Su análisis psicométrico muestra una alta consistencia interna, tanto en el instrumento en conjunto (alfa de Cronbach = .94) como en cada subescala (entre .73 y 91). Análisis estadísticos El análisis de los datos se ha llevado a cabo con el paquete estadístico PASW 18. En primer lugar, se muestran los estadísticos descriptivos, tanto para el total de la escala como para cada una de las cuatro subescales. Estos estadísticos se presentan para el total de la muestra, y para subgrupos en función de las variables género, edad y grupo de niños. A partir de estos datos, hemos realizado un Análisis de la Varianza Univariante (AVAR), con el total de sujetos, estudiando los efectos principales y de las interacciones de las variables sexo, edad y grupos de niños sobre cada indicador. En los casos en que el AVAR general muestre relaciones significativas, se han realizado también AVAR de efecto simple. En casos de no homogeneidad de la varianza se han realizado pruebas no paramétricas, comparando las diferencias entre grupos a través de la prueba de Kruskal-Wallis. Mientras que los análisis anteriores estaban más centrados en el estudio de las diferencias entre los cuatro grupos de niños, en un segundo grupo de resultados nuestro interés radica más bien en conocer con mayor profundidad las semejanzas y diferencias entre el grupo de adoptados y cada uno de los otros tres grupos de chicos (C, ZO y AR). En esta línea, hemos estudiado el tamaño del efecto (TE) para conocer la magnitud de las diferencias entre el grupo de los adoptados y cada uno de los otros grupos (C, ZO e AR), en caso de existir tales diferencias. El tamaño del efecto se presenta en unidades de desviación tipo, de manera que si, en la comparación A-C, por ejemplo, el tamaño del efecto es d = .50, significaría que los adoptados Clínica y Salud Vol. 23, n.° 3, 2012 - Págs. 221-234 Copyright 2012 by the Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid ISSN: 1130-5274 - http://dx.doi.org/10.5093/cl2012a14 YOLANDA SÁNCHEZ-SANDOVAL Y JESÚS PALACIOS 225 estarían puntuando .50 desviaciones típicas más alto que sus compañeros; si el valor es negativo, es que los adoptados están puntuando más bajo. Para la interpretación de este valor, Cohen (1988) sugiere que, en ciencias del comportamiento, d = .20 será considerado un tamaño del efecto bajo, d = .50 un tamaño del efecto medio, y d = .80 un tamaño del efecto elevado. Resultados Comparaciones por edad, género y grupo En la tabla 2 se recogen los estadísticos descriptivos del total de problemas, así como de cada una de las subescalas (problemas emocionales, de atención/hiperactividad, comportamentales y en la conducta prosocial). Se presentan las medias y desviaciones típicas en cada una de estas variables diferenciando por género (niños y niñas), por edad (de 7 a 11 años, y de 12 a 16 años) y por grupo (adoptados, compañeros, zonas de origen y en acogimiento residencial). Total de problemas Respecto al total de problemas, el AVAR general F(15, 553) = 5.699, p = .000 muestra que son significativos estadísticamente los efectos principales de las variables género F(1, 553) = 14.061, p = .000 y grupo de niños F(3, 553) = 17.957, p = .000. No son significativos el efecto principal de la variable edad, ni los de ninguna de las interacciones entre estos factores (p> .05). Respecto al género, como se muestra en la tabla, las chicas (M = .51, DT = .30) presentan como media menos problemas que los chicos (M= .63, DT = .32). Al realizar AVAR de efectos simples en cada grupo de niños, vemos cómo estas diferencias entre chicos y chicas sólo alcanzan la significatividad estadística en los grupos de zonas de origen F(1,1 72) = 18.219, p = .000 y en acogimiento residencial F(1, 181) = 12.025, p = .001. En cuanto a las comparaciones por grupos de niños, la prueba K de Kruskal-Wallis1muestra diferencias significativas entre los grupos (x2(3) = 49.178, p = .000). Las puntuaciones medias indican que los compañeros son los que menos problemas manifiestan, según la valoración de profesores; en un término medio se encuentran los adoptados y los niños de zonas de origen y, por último, son los chicos en acogimiento residencial los que más problemas presentan. Las pruebas de comparaciones múltiples C de Dunnett sólo muestran significativas las diferencias entre los compañeros y las de cada uno de los otros tres grupos. Tipos de problemas Como ya señalamos, además de esta puntuación total, la escala nos aporta información sobre cuatro áreas: problemas de conducta, de hiperactividad, emocionales y en las relaciones prosociales. Hemos realizado Análisis de la Varianza respecto a cada una de las subescalas, y los resultados van en la misma línea que respecto al total de problemas. En cuanto a los problemas emocionales, el AVAR muestra relaciones significativas del modelo F(15, 553) = 2.697, p< .01. Sólo es significativo el efecto principal de la variable grupo de niños F(3, 553) = 10.074; p< .01. El grupo de niños en acogimiento residencial presenta como media más problemas emocionales que el resto de los grupos. En relación con los problemas emocionales, la presencia es similar entre chicos y chicas, así como entre los chicos de primaria y los de secundaria. En cuanto a los otros tres tipos de problemas (de atención/hiperactividad, comportamentales y en la conducta prosocial), los AVAR son significativos (F(15, 553) = 4.316, p < .001; F(15, 553) = 3.814, p < .001; y F(15, 553) = 4.976, p < .001, respectivamente), siendo significativos los efectos principales de las variables género F(1, 553) = 12.809, p < .001; F(1, 553) = 9.337, p < .01; y F(1, 553) = 15.248, p < .001, respectivamente) y grupos de niños (F(3, 553) = 11.678, p < .001; F(3, 553) = 10.650, p < .001; F(3, 553) = 13.081, p< .001). No son significativos los efectos principales de la variable edad ni los de las interacciones entre estos factores (p> .05). 226 PROBLEMAS EMOCIONALES Y COMPORTAMENTALES EN NIÑOS ADOPTADOS Y NO ADOPTADOS Clínica y Salud Vol. 23, n.° 3, 2012 - Págs. 221-234 Copyright 2012 by the Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid ISSN: 1130-5274 - http://dx.doi.org/10.5093/cl2012a14 1El estadístico de Levene muestra diferencias en las varianzas de los grupos: F(3, 565) = 4.279, p = .005. En cuanto al género, las diferencias muestran que las dificultades relacionadas con la atención e hiperactividad, con los problemas conductuales y prosociales, se manifiestan en mayor medida entre los chicos que entre las chicas. En cuanto al grupo de pertenencia, las comparaciones muestran diferencias significativas en todas las subescalas (problemas de conducta: x2(3) = 32.768, p = .000, problemas de hiperactividad: x2(3) = 28.918, p = .000, problemas emocionales: x2(3) = 31.819, p = .000, y problemas en el comportamien- to prosocial: x2(3) = 38.196, p = .000)2. En cuanto a los problemas de conducta, los compañeros actuales son los que menos manifiestan. La prueba C de Dunnet muestra la puntuación media de los compañeros como significativamente inferior a la de los otros tres grupos, que de menos a más problemas son los adoptados, zonas de origen e institucionalizados. Las diferencias entre estos tres grupos no son significativas. Las comparaciones entre los grupos en las subescalas de problemas emocionales y de hiperactividad son bastantes similares. Los compañeros presentan significativamente menos problemas que los otros tres grupos (C de Dunnet) en ambas subescalas. A continuación es el grupo de zonas de origen el que menos problemas manifiesta; las diferencias de este grupo con el de institucionalizados, que es el más problemas presenta, son significativas. El grupo de adoptados no muestra diferencias significativas ni con el de zonas de origen, ni con el de acogimiento residencial. Por último, los chicos en acogimiento residencial manifiestan más problemas en el comportamiento prosocial que los chicos de los otros tres grupos. Además, el grupo de compañeros, que es el que menos problemas manifiesta, aparece co-mo significativamente diferente al de zonas de origen. Comparaciones entre adoptados y los otros grupos Se ha realizado un análisis más pormenorizado de los tamaños del efecto de las diferencias entre adoptados y cada uno de los otros tres grupos. En la tabla Clínica y Salud Vol. 23, n.° 3, 2012 - Págs. 221-234 Copyright 2012 by the Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid ISSN: 1130-5274 - http://dx.doi.org/10.5093/cl2012a14 YOLANDA SÁNCHEZ-SANDOVAL Y JESÚS PALACIOS 227 Tabla 2. Estadísticos descriptivos Total Niñas Niños 7-11 12-16 Adoptados Compañeros Zonan Acogimiento l años años de origen Residencia M DT M DT M DT M DT M DT M DT M DT M DT M DT Total de problemas .57 .32 .51 .30 .63 .32 .56 .32 .58 .32 .56 .33 .43 .27 .58 .33 .67 .30 Pr. Emocionales .31 .26 .31 .26 .31 .25 .31 .25 .32 .26 .32 .26 .22 .21 .31 .23 .38 .29 Pr. Atención/hiperactividad .89 .66 .77 .63 1.01 .66 .88 .66 .89 .65 .99 .69 .66 .58 .87 .69 1.05 .62 Pr. Comportamentales .45 .41 .38 .38 .52 .44 .45 .41 .45 .42 .45 .40 .30 .34 .52 .45 .51 .40 Pr. Prosociales .80 .45 .71 .44 .89 .45 .78 .44 .82 .47 .74 .47 .65 .41 .79 .47 .96 .41 N 569 286 283 323 246 80 140 174 175 Tabla 3. Tamaños del efecto de la comparación en RRTS adoptados / no adoptados por grupo Adoptados /Compañeros Adoptados /Zonas de Origen Adoptados /Acogimiento Residencial Niñas Niños Niñas Niños Niñas Niños Total .48 .63 .36 -,06 .22 -.35 -.36 -.20 -.58 Emocional .47 .19 .86 .04 .10 .05 -.20 -.23 -.17 Hiperactividad .56 .80 .37 .17 .43 -.03 -.09 -.03 -.18 Conducta .44 .94 .12 -.15 .11 -.40 -.15 .14 -.44 Prosocial .21 .23 .18 -.10 .16 -.36 -.53 -.39 -.69 Nota:Tamaño del efecto = (Media de los adoptados - Media del grupo de comparación (C, ZO o I)) / Desviación Típica del grupo de comparación (C, ZO o I). 2El estadístico de Levene muestra diferencias en la homogeneidad de la varianza entre los grupos en las cuatro subescalas: problemas de conducta (F(3, 565) = 8.257, p = .000), de hiperactividad (F(3, 565) = 4.072, p= .007), emocionales (F(3, 565)=5.715, p=.001) y prosociales (F(3, 565) = 4.321, p= .005). 3 presentamos los tamaños del efecto de cada una de las comparaciones A/C, A/ZO y A/AR, diferenciando a su vez entre niños y niñas, en cuanto a la puntuación total y a cada subescala del RRTS. En cuanto a las comparaciones entre A y C, en primer lugar, los valores dson siempre positivos (mayores problemas en los adoptados), de tamaño medio (a excepción de las diferencias en problemas emocionales, de tamaño bajo), y nos presentan mayores tamaños del efecto entre las chicas que entre los chicos. Destacan los TE elevados de las chicas en los casos de problemas de conducta e hiperactividad (0.94 y 0.80, respectivamente); o, lo que es lo mismo, las diferencias entre las adoptadas y sus compañeras son mucho mayores que entre los adoptados y sus compañeros. En estas dos mismas subescalas, en el caso de los chicos no es considerable el TE de los problemas de conducta, y el de problemas de hiperactividad es pequeño (0.36). Por último, los problemas emocionales entre los chicos tienen un TE alto, y menor de .20 para las chicas. La magnitud de las diferencias en problemas prosociales entre A y C es pequeña. La comparación A/ZO nos muestra menos diferencias entre estos dos grupos que, como ya hemos presentado anteriormente, se situaban en un nivel intermedio de manifestación de problemas entre C y AR. Entre las chicas, los mayores problemas de las adoptadas en el total de la escala y en la subescala de problemas de hiperactividad tienen una magnitud entre baja y media. En el caso de los chicos, los adoptados presentan menores problemas que en el total de la escala, en problemas de conducta y en problemas prosociales; el TE oscila entre bajo y medio. Por último, entre niñas adoptadas y niñas en acogimiento residencial la magnitud de las diferencias parece ser menor que entre los niños (aunque en ambos casos, en chicos y en chicas, los adoptados presentan menos problemas que los institucionalizados). Respecto a los TE que superan el valor .20, la magnitud de las diferencias es pequeña en las chicas tanto en el total de problemas, como en las subescalas de problemas emocionales y prosociales; entre los chicos, los TE se sitúan en torno a los valores medios en el total de la escala, en los problemas de conducta y prosociales. Discusión La principal aportación de este trabajo es que el análisis del ajuste de los niños adoptados se hace a partir de muestras no clínicas. Como ya comentamos, cuando sólo se tienen en cuenta muestras clínicas, hay una gran coincidencia en que el porcentaje de adoptados que recibe tratamiento en salud mental es mayor al que la población adoptiva supone en la población general. Una de las explicaciones de esta mayor presencia de los adoptados entre las poblaciones clínicas la realizan algunos autores al referirse al sesgo en la derivación de estos niños a consultas en salud mental (referral bias), en el sentido de que los adoptados son remitidos a este tipo de tratamiento más frecuentemente que los chicos no adoptados con niveles similares de desajuste. Son varias las hipótesis planteadas respecto a esta mayor remisión de adoptados a consultas psiquiátricas: los padres adoptivos ponen el umbral más bajo para buscar asistencia en salud mental para sus hijos, los padres adoptivos tienen un mayor nivel socioeconómico y mayor relación con profesionales, o existe mayor implicación de los padres adoptivos respecto a la cohesión familiar y más baja tolerancia al mal comportamiento (Peters, Atkins y McKay, 1999). Warren (1992), por ejemplo, encontró que, en un grupo importante de adoptados y no adoptados (3698 adolescentes de los que 145 eran adoptados), ante problemas de igual gravedad, los padres de los adoptados buscaban ayuda profesional con más frecuencia que los de los no adoptados. Para este autor, por tanto, los adoptados no estarían más representados en poblaciones clínicas sólo porque tengan mayores problemas, sino por ese sesgo a la sobredetección por parte de los adoptantes. Probablemente, se necesite mayor evidencia empírica para poder aceptar o rechazar esta hipótesis. En todo caso, nosotros preferimos hacer un estudio más amplio que no estuviese exclusivamente circunscri- to a las adopciones clínicas. Como queda dicho, para analizar el ajuste de los adoptados seleccionamos distintos grupos de comparación. Este diseño nos permite, por tanto, conocer el ajuste de los adoptados en comparación con distintos colectivos, y no con uno solo. En nuestro caso, no podemos generalizar los resultados a la 228 PROBLEMAS EMOCIONALES Y COMPORTAMENTALES EN NIÑOS ADOPTADOS Y NO ADOPTADOS Clínica y Salud Vol. 23, n.° 3, 2012 - Págs. 221-234 Copyright 2012 by the Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid ISSN: 1130-5274 - http://dx.doi.org/10.5093/cl2012a14 comparación adoptados frente a no adoptados, ya que son muy distintas las conclusiones en función de con qué grupo de niños se compare a los adoptados. Los resultados del Análisis de la Varianza muestran que son significativos los efectos principales de las variables grupo de pertenencia y género. En cuanto a la edad, no hay evidencia de que existan diferencias respecto a los problemas de comportamiento entre escolares y adolescentes, no encontrando ninguna relación significativa ni entre los adoptados ni en los otros grupos. En líneas generales, tanto en el total de problemas como en cada una de las subescalas, los compañeros actuales son los que muestran menos dificultades medias, seguidos por los adoptados y por los chicos de zonas de origen; los institucionalizados son los que suelen presentar mayores problemas. Si nos fijamos en la comparación con sus compañeros actuales, nuestros datos en este sentido irían en la misma línea de los estudios que identifican mayores problemas emocionales y comportamentales en los adoptados respecto a sus iguales (Juffer y van IJzendoorn, 2005; Juffer et al., 2011). Estas diferencias tienen un moderado tamaño del efecto, tanto en el total de problemas manifestados, como en los subtipos de problemas emocionales, comportamentales y de atención/hiperactividad. El tamaño del efecto de las diferencias entre estos dos grupos respecto a la manifestación de problemas prosociales es, sin embargo, bajo. Si tomamos como referencia el grupo de niños en acogimiento residencial, vemos cómo los chicos adoptados presentan como media menos problemas que los institucionalizados, tanto entre chicos como entre chicas, sobre todo en educación primaria, pero también en secundaria (a excepción de que los adoptados presentan a estas edades niveles de hiperactividad comparables a los de los institucionalizados). Las diferencias entre ellos, sin embargo, no siempre son significativas. Aunque muchos de los adoptados estuvieron en acogimiento residencial antes de su adopción, e incluso a edades inferiores que las de estos chicos institucionalizados, parece que no es en sí mismo el paso por centros colectivos lo que está prediciendo un peor ajuste, sino su estancia prolongada en los mismos. Así, cuando estos análisis los realizamos en T1 con chicos en edad de educación infantil, las diferencias entre los grupos eran prácticamente inexistentes tanto en problemas de conducta como en autoestima (Palacios et al., 1996); ahora, en T2, el cúmulo de experiencias en las vidas de estos chicos hace que las diferencias sean importantes como media tanto en primaria como en secundaria. Por lo demás, no estamos diciendo que los niños institucionalizados de nuestro estudio presenten en todos los casos alteraciones a nivel clínico, sino que como media presentan mayores problemas que el resto. Estos datos coinciden con los de Fernández- Molina et al (2011), que encontraban una menor incidencia de problemas de comportamietno entre chicos en acogimiento preadoptivo que entre chicos en acogimiento residencial. Como indican Bravo y Del Valle (2009), uno de los grandes retos del sistema de protección son precisamente los problemas de conducta de los adolescentes en acogimiento residencial. La interacción entre grupo de pertenencia y género no resultó estadísticamente significativa. Sin embargo, cuando se analizan los tamaños del efecto de las diferencias entre adoptados y no adoptados de manera independiente en chicos y chicas, destacan los mayores problemas de conducta y de atención/hiperactividad de las chicas adoptadas respecto al grupo control de compañeras, mientras que entre chicos el nivel de problemas de conducta era muy similar, y más moderadas las diferencias respecto a los problemas de atención/hiperactividad. Resultados muy similares a estos han sido encontrados por Bricker et al. (2006), Iervolino (2003) y Nilsson et al. (2011). Estos últimos autores plantean la hipótesis de que los problemas psicológicos planteados por la adopción afectan en mayor medida a las chicas adoptadas que a los chicos. Sin embargo, ya que nosotros no sólo hemos tenido en cuenta la presencia de problemas conductuales, sino también emocionales y en las relaciones prosociales, podemos concluir que la mayor diferencia entre los chicos adoptados y sus compañeros tiene lugar, sin embargo, a nivel de problemas más emocionales, mientras que en el caso de las chicas es más a nivel de problemas comportamentales y de hiperactividad. Igualmente, en el grupo en acogimiento residencial llama la atención que las diferencias con los niños adoptados tienen un tamaño entre medio y Clínica y Salud Vol. 23, n.° 3, 2012 - Págs. 221-234 Copyright 2012 by the Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid ISSN: 1130-5274 - http://dx.doi.org/10.5093/cl2012a14 YOLANDA SÁNCHEZ-SANDOVAL Y JESÚS PALACIOS 229