Vacuo Abhorrere: ergonomía de un espacio ocupado
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- 75 - INTRODUCCIÓN A UNA IDEOLOGÍA DE LO LLENO Natura [a] vacuo abhorret reza una antigua tesis sobre la acción retráctil de lo que existe hacia aquello que por excelencia repele; el vacío, la nada, lo que no es y lo que no está. La turbación ante el vacío en la Φυσις o Naturaleza adelanta otro horror aún más profundo, en el que de forma instrumental, materia, espacio y Metafísica concurren; un miedo a oquedades que se resisten a ser ocupadas por el saber. Encierra por tanto este horror al vacío, esta repelencia de la materia hacia su alter ego, no solo un rechazo a lo incógnito, a la impenetrabilidad que la Nada presenta al conocimiento. También un malestar abstracto ante la posibilidad de fisuras surgidas de una inimaginable des-coincidencia entre Dios y lo creado, y donde toda posibilidad de axiomas queda anulada. A diferencia de la Filosofía oriental, para la cual el vacío o MU (無) es VACUO ABHORRĒRE: ERGONOMÍA DE UN ESPACIO OCUPADO BEATRIZ V. TOSCANO sinónimo de un elevado grado de conocimien- to que la desposesión del yo en sus incógnitas permite, la biografía de Occidente parece tenazmente ligada a lo lleno, a una insistencia por desterrar lo vacante, por cerrar intervalos y por codificar el espacio. El pensamiento, animado por lo ignoto y como estructura dirigida a colonizarlo, acaba secretamente naturalizándose en formas de vida: Destinado a uniformizar lo discontinuo, al racionalizar el espacio, también lo produce. La organización del espacio es en su homogeneidad producto de un análisis; nivelado y orientado por el gesto consistente en darle un centro, en referirlo a un punto de presencia, a un origen fijo1. Es esta la planicie en la que lo lleno y lo equilibrado, lo homogéneo y determinable por fin coinciden y que, al menos en apariencia, 1 En Derrida, Jacques. „La estructura, el signo y el juego en el discurso de las Ciencias Humanas“, La escritura y la diferencia. Anthropos: Barcelona, 1989. Los Massai empezaron a ulular en la entrada del poblado llamando a los demás por lo que aquellos puntitos rojos que casi no se divisaban por su lejanía a la escasa luz del atardecer empezaron a hacerse cada vez más grandes y cercanos a gran velocidad pues corrían hacia nosotros como solo corre un Massai (Pedro Vargas. Animales grandes con piel fina. 1996) ASTRAGALO, 23 (2017) Attribution-NonCommercial-ShareAlike - CC BY-NC-SA Article, ISSN 2469-0503 https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.2017.i23.06 Investigadora Instituto de Arquitectura - Universidad Politécnica de Düsseldorf
VACUO ABHORRERE: ERGONOMÍA DE UN ESPACIO OCUPADO - 76 - cree imponerse a la amenaza desestabilizadora del vacío y lo carente de sentido. No es de extrañar entonces que, tanto Henri Lefebvre, en sus meditaciones acerca de la producción y distribución del espacio, como Jacques Derrida en las suyas, a cuenta de la producción y distribución del sentido, sitúen en el vacío, en lo no-homogéneo, en definitiva; en la diferencia, el punto de partida de una radical des-funda- mentación, tanto del saber como de su posible declinación espacial. Baste para ello acercarse a obras como Manifiesto diferencialista, en Lefebvre (Lefebvre habla ahí del espacio diferencial en su capacidad de resistencia a la estandarización capitalista), o a Derrida, en La escritura y la diferencia y en Parergon, donde las elipsis entre corchetes señalan los espacios vacíos del texto; donde propiamente, el vacío del texto emana del texto mismo2. A la producción del λόγος tanto como a la producción del espacio subyace un impulso común de dominación y de poder, una voluntad por eliminar el vacío y por neutralizar lo discordante, perpetuándose así la Metafísica del sentido o Logocentrismo, como una Ideología espacial de lo lleno. Es Michel Foucault ciertamente quien ve simetrías entre lo espacial y lo metafísico, asociando la invención del espacio al desarrollo de esa otra estructura de sancionar el sinsentido3. En su conferencia De los espacios otros, nos dice Foucault que la nuestra es la época del espacio, de lo relacional, de lo próximo y lo lejano, dónde éste, más que como una dimensión, se 2 Véanse respectivamente: Lefebvre, Henri. Le manifeste différentialiste. Gallimard: Paris, 1970; Derrida, Jacques. “Parergon”. La verdad en pintura. Paidós: Barcelona, México, Buenos Aires, 2001. 3 Foucault, Michel. „De los espacios otros“. El cuerpo utópico. Las heterotopías. Nueva Visión Argentina: Buenos Aires, 2010. presenta como la imagen coagulada y presencial de un devenir histórico. Como instrumento para descifrar e interpretar tal devenir, el espacio es en Foucault una Episteme, una Weltanschauung, un punto de vista o estructura desde el cual organizar la experiencia del presente, en definitiva; una ideología. (…) Almacenamiento, circulación, identificación, clasificación… son estas funciones relacionales del espacio que la jerarquía de emplazamientos y valores del saber perpetúa4. De nuevo planteado por Foucault en obras como El pensamiento del afuera, La arqueología del saber y finalmente De los espacios otros (de dónde proceden los fragmentos aquí citados) el papel normalizador del saber o Episteme, lo que aquí se viene llamando Metafísica, deviene del carácter eminentemente espacial de esta Metafísica, que como ideología primera, determina y sanciona el conocer y el habitar. Recordemos que para Kant, a cuyos postulados Foucault a menudo críticamente refiere, la verdad epistemológica descansa sobre un apriorismo categorial que debe situar al espacio y al tiempo como interior y anterior a toda experiencia fenoménica: el espacio en Kant es previo a la experiencia, a la cual nos acercamos como desde un sistema de precondicionamientos5. 4 El texto de Foucault dice: De una manera todavía más concreta, el problema del sitio o del emplazamiento se plantea para los hombres en términos de demografía; y este último problema del emplazamiento humano no plantea simplemente si habrá lugar suficiente para el hombre en el mundo –problema que es después de todo bastante importante–, sino también el problema de qué relaciones de proximidad, qué tipo de almacenamiento, de circulación, de identificación, de clasificación de elementos humanos deben ser tenidos en cuenta en tal o cual situación para llegar a tal o cual fin. Estamos en una época en que el espacio se nos da bajo la forma de relaciones de emplazamientos. 5 Contrástese esta posición de Foucault en una entrevis-
Beatriz V. Toscano - 77 - El acierto de Foucault frente a otras corrientes hermenéuticas más conservadoras, reside en haber comprendido que, no es que el espacio sea legible temporalmente, es decir, que su interpretación esté a merced de contingencias históricas, coyunturas u opiniones. Si Foucault organiza el espacio en estratos, y tal es una de las líneas argumentales de Arqueología del saber, es porque, a diferencia tanto de la Metafísica kantiana, como del concepto de devenir histórico en Heidegger, el tiempo, es decir la Historia como aparato ideológico -interpretativo es interior al espacio. Para Foucault, el devenir histórico es interior al espacio como distribución. Para Heidegger por el contrario, el espacio como cobijo ante la nada es interior a la realización histórica del ser, es interior al tiempo. Atravesado por la línea de lo temporal y contingente y según Foucault, el espacio está en su constitución a merced de las fuerzas de lo ideológico. Es a la luz de este singular planteamiento que deben leerse los argumentos que siguen. Si el espacio es una construcción ideológica, lo es precisamente por sus aspiraciones metafísicas, es decir, por su pretensión de saber primero; y como si de un engarce perfecto se tratara, metafísica y espacio quedan articulados en una Fenomenología del adentro. En un interior sin fisuras. Por ello, el texto de Foucault invita a percibir lo discordante –las fisuras; aquellos lugares donde todos los emplazamientos reales de ta realizada por François Ewald en 1984, publicada con el título “The Concern for Truth” en la colecciónn Live: Collected Interviews, 1961-1984, ed. Sylvère Lotringer. New York: Semiotext(e), 1996. Así mismo, el razonamiento sobre la naturaleza apriorística y categorial del espacio y del tiempo que a Kant se atribuye procede de su Crítica a la razón pura, en la primera parte de la Estética transcendental, “Sobre el espacio y el tiempo”. una cultura están a la vez representados e invertidos, especies de lugares que están fuera de todos los lugares, y que reproducen aquel punto imposible en el que lo real colapsa en lo utópico. Son estos los lugares-otros, los contra-emplazamientos o heterotopías; realidades de una topografía distorsionada de cuya indeterminación se alimenta la inquebrantable lógica de ese vasto paisaje que constituye nuestra continuidad cultural. En relación a su carácter de contraemplazamiento, la heterotopía no es lo opues- to, lo contrario del espacio. No es lo dialéctico sino lo paradoxal, lo propio de la heterotopía. En un intento por explicarla, podríamos asemejar la heterotopía al fenómeno de la anamorfosis en pintura: a aquella configuración visual presente en algunos cuadros, que exterior a su lógica compositiva y formal, permite la reconstrucción de su sentido más interno y profundo. El ojo ya habituado o que haya recorrido la superficie del cuadro a la búsqueda de una clave integradora del trasunto, se hallará repentinamente incapacitado para leer formalmente ese otro aspecto marginal, de apariencia anecdótica y deformada que es la anamorfosis. Podríamos decir que, la heterotopía como anamorfosis le es al cuadro tanto lo más interior y fidedigno por cuanto que le es de suyo lo más exterior, deformado, inquietante y foráneo. (Ver figura1). La anamorfosis desvela en fin hasta qué punto la coherencia y lógica interna de la Totalidad depende de la parte en la cual se refleja, como su deformación más radical y exterior. Hasta qué punto la claridad o lógica de la imagen está sustentada por un eidos (del griego εἶδος o explicación) que como su explicación, le es exterior o eido-lógico. Llevado este razonamiento al ámbito del paradigma urbano, al que como en breve se ASTRAGALO, 23 (2017)ISSN:2469-0503
VACUO ABHORRERE: ERGONOMÍA DE UN ESPACIO OCUPADO - 78 - argumentará, subyace una ideología compositiva de lo lleno, el espacio vacío, lo yermo e inútil, constituye hoy la heterotopía por excelencia. Espacios baldíos u obsoletos, solares, eriazos, lugares deshabitados u abandonados, intersticiales al macizo tectónico de la urbe, depósitos de su acumulación entrópica y desordenada En su capacidad crítica y des-fundamentadora, el vacío urbano es ese ángulo ciego, ese Otro del espacio programático y civilizado que desde el fondo del espejo nos devuelve su mirada cóncava. El espacio vacío es la anamorfosis a través de la cual el espacio habitado se reconoce como fragmentario, ideológico e irracional. Y es que, en un modelo de urbanidad omnímoda (por cierto, también gracias o quizá muy a pesar de las tesis de Lefebvre) en el cual el existir debe adaptarse al flujo ininterrumpido de una productividad siempre en movimiento, el baldío, el eriazo, el solar son los espacios improductivos donde la sedimentación humana, las formas de habitar propiamente, tienen lugar sin seguir más ley que la de su concurrir espontáneo. A nivel de sus implicaciones micropolíticas, esto es, en lo que respecta al conjunto de realidades (simbólicas, materiales, económicas etc ) que estas fuerzas o corrientes internas del espacio humano “lo vacío y lo lleno” producen y gestionan, cabe aquí preguntarse: ¿cuáles son o han sido las dinámicas constitutivas entre lo lleno y lo vacío, entre las Epistemes y sus heterotopías?, ¿qué papel ha jugado el vacío en ellas, cuál la imagen deformada que al lleno le devuelve? Lejos de tratarse de meras metáforas o conceptos, lo lleno y lo vacío son fuerzas relacionales internas al espacio, a través de cuya fluctuación este se realiza, se materializa propiamente, permitiendo o sancionando formas de vida urbana. En parte semejante a un Ritornello; lo vacío y lo lleno se articulan como un paradigma, como una morada o agenciamiento territorial inseparable a la distribución del espacio, FIG 1 – Anamorfosis. Detalle. Los Embajadores. Hans Holbein el Joven, 1533. Galería Nacional de Londres
Beatriz V. Toscano - 79 - constituyendo algo así como la apertura de una madriguera y desde la cual se quiere entender lo que sucede6. En lo que respecta a una investigación en las claves de la era actual, en la cual la mercancía parece haberse impuesto como forma estructural-ontológica, la nuestra no es solo la episteme del espacio, sino de un espacio que es tanto más complejo como numerosas son las corrientes que lo atraviesan7. Ahora mistificado y apropiable, con la urbe transformada en mercancía, al espacio habitado le son transferidas potestades ideológicas de segregación, desposesión y exclusión. Cabría quizá hablar aquí de intra-epis- temes o momentos de éstas que conectan y se explican por estados materiales del espacio. Si cupiera afirmar que asistimos a una era del espacio como saturación, a la intra-episteme del espacio como lo lleno y de lo lleno como dominación, ¿Cómo entonces reivindicar sobre lo lleno el potencial des-fundamentador del espacio vacío, qué formas de habitabilidad preconiza o desaparecen con su extinción? * * * Ya la literatura, las artes plásticas, el cine, la fotografía etc., han intuido y reflejado el carácter singular que el espacio vacío adquiere en el tejido de la urbe moderna; en la fabricación de 6 Deleuze&Guattari. “Del ritornello”. Mil mesetas. Pre- Textos: Valencia, 1994. 7 La idea de la realidad definida a través del prisma de la “mercancía”, no solo de forma ontológica, definiéndola, dándole un sentido, sino también y principalmente como construcción o estructura organizadora procede de Nancy Fraser. Véase su “A TRIPLE MOVEMENT? Parsing the Politics of Crisis after Polanyi”, en New Left Review, no 81. Mayo-Junio, 2013. un imaginario que explique su surgimiento y desarrollo8. En Terrain vagues: Ästhetik und Poetik urbaner Zwischenräume in der französischen Moderne Jacqueline Broich y Daniel Ritter realizan una compilación exhaustiva de estos exponentes estéticos. Casi como un denominador común a la reflexión urbana de modernidad, en autores como Balzac, Nerval, Breton, Man Ray, Queneau, Carné e.o. el vacío urbano es ese otro del espacio habitado y funcionalizado en el que lo poético, lo imaginario, lo fragmentario y lo indeterminado concurren. Vestigio de una herida histórica y de una civilización errada; de un Funcionalismo fallido y de sus trágicas consecuencias bélicas. De manera casi cronotopográfica, el destino emancipador del vacío se encuentra irremediablemente ligado a la Modernidad. Las sensaciones de alienación y de liberación creativa y lúdica que éste simultáneamente evoca, lo convierten en reducto territorial donde aquella promesa de emancipación que la Modernidad sostenía se vuelve aún realizable. Imaginemos aquí escenas de encuentros fortuitos en los descampados, la desolación de las afueras, lo que queda tras los bombardeos de las dos Guerras Mundiales: reductos para la experiencia de lo desplazado y lo deslocalizado, pero también potenciales espacios para un apropiamiento creativo y liberador9. 8 El 20 de Septiembre del 2017 Eva Morales Soler defendió una tesis doctoral con el título de El vacío urbano como oportunidad. Procesos colectivos para la activación y puesta en uso de espacios habitacionales vacíos. Las tesis de Morales no han sido aún formalmente publicadas, pero se sugiere su lectura para un entendimiento más amplio de los procesos que aquí se refieren. 9 Véase Jacqueline Maria Broich / Daniel Ritter Die Stadtbrache als »terrain vague« Geschichte und Theorie eines unbestimmten Zwischenraums in Literatur, Kino und Architektur. Transcript, 2017. Broich y Ritter listan un amplio elenco de autores teóricos, artistas y literatos en torno a la temática ASTRAGALO, 23 (2017)ISSN:2469-0503
VACUO ABHORRERE: ERGONOMÍA DE UN ESPACIO OCUPADO - 80 - La actividad arquitectónica y urbanística de posguerra transfiere al espacio vacío esta cualidad conceptual de representar la pérdida y la agresión, actuando como catalizador emocional de los procesos histórico-identitarios que aquí se describen. Según Peter Watts, la recuperación urbanística de Londres tras el Blitz fue impulsada por un énfasis mediático puesto en el coste humano de la destrucción bélica, énfasis sin el cual, muchas de las decisiones que se tomaron en el seno del subsiguiente desarrollismo urbano, no hubieran sido condonables. Quedando ya para siempre ligadas, destrucción y construcción: se trataba de movilizar conciencias, de apelar a las emociones, para hacer que una actividad constructiva de la cual se beneficiarían unos pocos, apareciera como un hecho emancipador de la que participarían todos10. Son estos los términos de una narrativa histórica de la urbe marcada por una tensión entre el impulso voraz del funcionalismo productivista y sus drásticas fracturas, por la convivencia con lo fragmentario y alienante de sus arquitecturas, y donde el espacio vacío, en esa su indefinición e improductividad, en ese su ser yermo y desolado se corresponde con el Lichtung (o claro en el bosque); aquel lugar en donde la verdad en forma de emancipación se revela11. Pero, tras del terrain vague, entre los cuales, con vistas a los propósitos argumentativos de este artículo, de entender la vertiente mediática del terrain vague, destacaríamos la obra de Ignasi Solà-Morales Rubio. En esta línea se cita también la aportación de Gil Dorón “The Dead Zone and the Architecture of Transgression” publicada por Debates, Vol. 4. No 2, 2000. pág.. 247-263. 10 Watts, Peter. “Blitzed, rebuilt and built again: what became of London’s bomb sites?”. The Guardian, 2 Septiembre, 2015. 11 Las obras de Heidegger en las cuales se puede seguir este razonamiento son: La carta sobre el Humanismo, comentada aquí según el ensayo de Dirk Mende, “Brief über den Humaestos tropos del mito existencial-urbano de posguerra (alienación, vacío, claro en el bosque, cobijo), y no muy lejos del desarrollismo urbano o acumulación de poder espacial que desencadenaría, habremos ya reconocido los rasgos de una historiografía de corte heideggeriana. Según ésta angustiarse abre original y directamente el mundo como mundo y en la que solo ante la nada y la muerte, alcanza el ser-ahí comprender la transcendencia de su destino colectivo, que es lo que constituye lo pleno y propio [de su] gestarse histórico12. Incendiarias palabras… Para Heidegger esa búsqueda de cobijo o retorno al hogar (a lo patrio o Heimat) como lo propio de la existencia humana y su devenir histórico, tiene su origen en la experiencia del vacío y la Nada; en el desamparo propiamente dicho y en un anhelo realizable o no por re-pa- triarse o re-enraizarse13. El espacio vacío como nismus. Zu den Metaphern der späten Seinsphilosophie”, para la publicación de Dieter Thomä, con título Heidegger Handbuch. Metzler Verlag: Stuttgart 2003; Construir, habitar, pensar. Publicada en Castellano por Oficina de Arte y Ediciones, 2015; El ser y el tiempo, en la versión de José Gaos para el Fondo de Cultura Económica de 1998, concretamente en las secciones I. VI y II. V, respectivamente tituladas “La cura, ser del ser-ahí” y “Temporalidad e historicidad”. 12 Fragmento cit. “La cura, ser del „ser-ahi”, en (Gaos: 1998, pág.. 207) 13 De la versión alemana de Construir, habitar, pensar, como Bauen Wohnen Denken (Klett-Cotta, 2017). Citando a Heidegger: Wir versuchen, dem Wesen des Wohnens nachzudenken. Der nächste Schritt auf diesem Wege wäre die Frage: wie steht es mit dem Wohnen in unserer bedenklichen Zeit? Man spricht allenthalben und mit Grund von der Wohnungsnot. Man redet nicht nur, man legt Hand an. Man versucht, die Not durch Beschaffung von Wohnungen, durch die Förderung des Wohnungsbaues, durch Planung des ganzen Bauwesens zu beheben. So hart und bitter, so hemmend und bedrohlich der Mangel an Wohnungen bleibt, die eigentliche Not des Wohnens besteht nicht erst im Fehlen von Wohnungen. Die eigentliche Wohnungsnot ist auch älter als die Weltkriege und die Zerstörungen, älter auch denn das Ansteigen der Bevölkerungszahl auf der Erde und die
Beatriz V. Toscano - 81 - destrucción debe actuar como desencadenante de un empeño común y liberador de construir y de encontrar morada. El retornar al hogar, al hábitat es, al menos como intento, lo propio del ser-ahí que, como Caín ha sido arrojado, botado al mundo, de manera que, su historicidad, su curso, procede de este encuentro aterrador y alienante14. También Sloterdijk propone la búsqueda de cobijo, en el útero, en la esfera donde el Ser se guarece de un vacío que a la Nada le recuerda, como aquel proceso por el cual el espacio deviene al fin como algo interior a la Historia15. La narrativa elíptica moderna se reproduce en lo presencial del espacio vacío, en sus cesuras y ausencias donde el ser busca lo interior, lo insulado y lo sellado. Es por ello que Sloterdijk calificará la Modernidad como esa época que se autodisuelve y que se niega a toda continuidad16. En este orden de ideas, la pertinencia de Lage des Industrie-Arbeiters. Die eigentliche Not des Wohnens beruht darin, daß die Sterblichen das Wesen des Wohnens immer erst wieder suchen, daß sie das Wohnen erst lernen müssen. Wie, wenn die Heimatlosigkeit des Menschen darin bestünde, daß der Mensch die eigentliche Wohnungsnot noch gar nicht als die Not bedenkt? Sobald der Mensch jedoch die Heimatlosigkeit be-denkt, ist sie bereits kein Elend mehr. Sie ist, recht bedacht und gut behalten, der einzige Zuspruch, der die Sterblichen in das Wohnen ruft. 14 El término usado por Heidegger en El ser y el tiempo para describir este proceso es Geworfenheit. 15 Publicada como Sphären I - Blasen, Mikrosphärologie. Suhrkamp: Frankfurt am Main, 1998. Para una lectura de Sloterdijk como continuador de las tesis heideggerianas, véase: “Being-With as making worlds: the ‘second coming’ of Peter Sloterdijk”, artículo de Stuart Elden y Eduardo Mendieta para Society and Space, Vol. 27, Special Issue: The Worlds of Peter Sloterdijk (editores Nigel Thrift, Stuart Elden, Eduardo Mendieta) P pág.. 1-11. 2014. 16 Según el artículo “Söhne ohne Väter” de Thomas E. Schmidt publicado por el diario Die Zeit, 18 Junio 2014, y en el que Peter Sloterdijk comenta su obra Die schrecklichen Kinder der Neuzeit (Berlin, 2014). Opus. Cit. Según las palabras las tesis de Sloterdijk como aguda continuación del Ser en el tiempo como el Ser en el espacio es pasmosa, especialmente si se atiende a la época en la que estas se emiten: finales de los Noventa. Coicidiendo con el fin de la Guerra Fría, La Perestroika, la Reunificación Alemana, la Consolidación de la Unión Europea, etc. Pero paradójicamente, será esta una década en la que el cumplimiento de la profecía moderna debe convivir con la proclamación del Fin de la Historia. Los resultados de esta difícil pero estimulante torsión histórica no dejan de ser ventajosos cara a la mercantilización del espacio. Porque a partir del fin de todos los relatos, en su cumplimiento, la profecía de emancipación se presentará, no ya como realización climática, sino como recordatorio, como copia, reproducible ad infinitum. A partir del Fin de la Historia, el gesto creador de la destrucción se perpetuará solo a través de sus reproducciones; es decir, a través de sus imágenes, como cultura, mercado, imaginario o propaganda. Llegado el Fin de la Historia el terreno urbano vacío continúa siendo interpelado, casi podría decirse que explotado, en su capacidad evocadora de un proyecto histórico que parece como disuelto en su propia apoteosis. Abocado a hacerse siempre presente, su actualización tendrá lugar no ya en la experiencia directa del vacío, sino a través de sus imágenes; como reflejo y como reproducción fotográfica. En esta línea, la posición teórica del arquitecto Ignasi de Solà-Morales i Rubió en su ensayo Terrain vague se torna especialmente relevante17. Solà-Morales, quien en su labor como de Peter Sloterdijk: Die Selbstauflösung der Moderne, die alle Kontinuitäten verweigert. 17 “Terrain Vague” de Ignasi Solà-Morales ha sido publicado en varias compilaciones. En este caso véase: “Terrain Vague”, en Manuela Mariani y Patrick Barron, Interstices at ASTRAGALO, 23 (2017)ISSN:2469-0503
VACUO ABHORRERE: ERGONOMÍA DE UN ESPACIO OCUPADO - 82 - restaurador, ejerce la arquitectura como quehacer reproductivo, también nos acerca al espacio vacío a través de sus imágenes, con la ayuda de la reproducción fotográfica18. En Terrain vague Solà-Morales no habla del espacio urbano vacío en sí, sino de este como mirada. Su significación en el tejido de la urbe deviene de su adecuación a un lenguaje mediático, de su fotogenia, si se quiere. Es su magnetismo estético para el cine y la fotografía de postguerra lo que importa a Solà-Morales. Como no podía ser de otra manera, el texto está ampliamente ilustrado por unas imágenes urbanas del Berlín tras la caída del muro: el Lichtung de la era Kohl y en el que la emancipación moderna se adaptará sin protestar al encuadre de un cliché fotográfico. El terrain vague, dice Solà-Morales, es al mismo tiempo la expresión física de nuestros temores e inseguridades (…) tanto como de nuestras expectativas ante lo otro, lo futuro y lo utópico. El encuentro con el terrain vague evoca la paradoja con la que el hombre moderno está condenado a habitar; la paradoja que reflejan sus ciudades, en las cuales los espacios vacíos son a la par lugares de desolación y de invitación a lo azaroso, lo improductivo y lo lúdico. La relación entre la ausencia de uso y la sensación de libertad, de expectación, es fundamental para entender el potencial evocativo de los terrain vague urbanos... Y continúa: La segunda imagen muestra la Alexanderplatz en 1945, tras su persistente bombardeo por parte de los aliados. En ella se revela una ciudad desfigurada, un espacio dislocado, the Edge of the Pale. Routledge: New York, 2014. 18 El equipo formado por Solà-Morales Cristian Cirici y Fernando Ramos restauró el Pabellón Barcelona de Ludwig Mies van der Rohe, obra inaugurada en 1986. Así mismo a Solà-Morales se le encargó la restauración del Liceu de Barcelona, reinaugurado en 1999. el vacío, la imprecisión, la diferencia. El espacio urbano se convierte en terrain vague a través de la violencia de la guerra. La contradicción de la guerra trae a la superficie lo extraño, lo indiscernible y lo inhabitable. Y esta discontinuidad de la que es sinónimo el espacio vacío hallará por fin su más concreta y contundente determinación geoestratégica: el yermo berlinés como terrain vague de una Historia fracturada, en esa otra falla que divide a la ciudad como escenario de una mitología de aspiraciones paneuropeas. Nos encontramos aquí ante una singular caracterización; la metrópolis alemana como observatorio de las heridas de Europa en su cruzada histórica. En el corredor entre los dos muros, en los yermos, en esos espacios vacantes donde concurrirá el hombre nuevo, renovado, el habitante de una nueva Europa Unida Y al fondo de muchas de las imágenes que adornan el texto, particularmente en aquellas que ilustran el terrain vague que circunda(ba) a la Plaza de Potsdam, se avistan grúas de la construcción; entonces asociadas con un sentimiento reparador, con una esperanza liberadora de algo que se reconstruye y sana. Son estas las tesis de Heidegger sobre la Historia y la destrucción. La misma tensión entre alienación y libertad propia de la promesa emancipatoria de Modernidad. Un poder liberador que deviene de un encuentro con lo desolado y a la vez motivador que en lo vago concurren. En su exaltación de la herida alemana, espacialmente patente en las heridas abiertas de Berlín, será esta una pieza propagandística fundamental en el advenimiento de un espacio europeo concreto, donde éstas supuestamente cerrarán. La popularidad de Berlín como encarnación de una narrativa existencial, a la postre
Beatriz V. Toscano - 83 - elevada a la posición de sensación mediática, proviene de aquí. Transcendiendo su mera realidad geográfica, Berlín logrará convertirse en un símbolo cultural al uso, en un laboratorio de ideas. Se trata del surgimiento de un tema recurrente en sintonía con un programa cultural de corte germano-céntrico para la futura Unión Europea. Un Berlín en cuyas heridas Europa se redime, un Berlín en cuya retórica visual de yermo y fractura, Europa reencuentra su misión histórica: La Europa de las Naciones y de las Libertades. Cineastas, reporteros, fotógrafos, también turistas… todos se acercarán a Berlín como a un santuario. Ávidos por participar de esa su aura liberadora, una fuerza mítico-histó- rica que emana de sus quebradas arquitecturas. Los espacios vacíos, las ruinas de guerra, la desolación de los yermos blindados que separaban sus dos mitades todo esto parece destinado a convertirse en propaganda; en una estética orquestada para movilizar una esperanza en un proyecto común y emancipador que la ciudad en ruinas preconiza…19 Hoy el espacio vacío es un bien escaso si no inexistente en Berlín. Ya nadie confía en el poder emancipador de la (re)construcción urbana. El magnetismo totémico que las grúas suscitaban para Solà-Morales, ha sido substituido por una franca aversión ante su tan profana presencia como profética amenaza. En la 19 Un caso comparable, en cuanto a su significación político-mediática sería el de la restauración de la Iglesia de Nuestra Señora o Frauenkirche en Dresde (y aquí cabe recordar la empresa colectiva que resultó en la reconstrucción de la Frauenkirche en Dresde, (1726-1743 / 1993 – 2005) FIG 2 - Tacheles Kunsthaus ASTRAGALO, 23 (2017)ISSN:2469-0503
VACUO ABHORRERE: ERGONOMÍA DE UN ESPACIO OCUPADO - 90 - German cities are in a state of upheaval. Hamburg, Duisburg, Düsseldorf and Cologne are reclaiming the urban periphery of their former port areas for the city. Berlin is repairing its historical centre and making it more dense27. Los centros de las ciudades son caóticos, los espacios vacíos afean su estética, es necesario convertir la ciudad en un todo armónico y civilizado que anime a más pobladores: The city centre, viewed for a long time as being noisy, unattractive and dangerous, is once more esteemed by people of all ages and lifestyles. Si aumentar la presión poblacional también eleva el precio de la vivienda, promover la densificación urbana, hacer del suelo urbano un bien escaso, también asegura mayores réditos a aquellos que con él se enriquecen. Se trata para Convertible Cities de hacer de la masificación algo atractivo y vivificante para el morador del nuevo milenio, del resquicio habitable un privilegio plutócrata. Solo los pobres y los perdedores viven en las afueras, lo denso is the new rich. De acuerdo a esta lógica hay que presentar el baldío urbano como lo no deseable, como lo opuesto a la belleza de la smart city. Son los lugares basura, carentes de sentido o no-lugares. Son los lugares donde nunca pasa nada excitante. El nuevo vacío millennial, no es ya aquel vacío en el que Estragón y Vladimir esperaban a la muerte. Ni aquel otro en el que reflexionar sobre nuestro papel mítico en una mítica historia. Es el espacio sin acontecimiento, el espacio del sinsentido, de lo que ni siquiera puede apelar a una significación histórica, a una identidad que lo redima del anonimato por una temporalidad o presencia humana que lo avale (recordemos la condición apátrida y nómada del morador del 27 “Convertible City - Ausstellungskatalog des Deutschen Pavillons. Venice Biennale 2006”, Arch+ 180, Septiembre, 2006. baldío). Este es el No-Lugar, la distopía de las sociedades supermodernas, verdaderas cloacas, síntomas de un mundo de quebrada armonía. Así condena Marc Augé al espacio vacío urbano: los espacios deshabitados, las zonas obsoletas, zonas abandonadas o que se niegan a integrase en la ciudad (sic). Es lo que él llama los no-lugares; en un ensayo con el mismo título y que, en la era de la intencionada sobredensificación y explotación del espacio urbano irá a convertirse en un best seller28. Como referente imprescindible de una sección de la crítica a la supermodernidad, por otra parte, tan inocua como cándida, lo mejor que la obra de Augé propone para estos no-lugares, no es ya aprovechar críticamente su condición heterotópica y de síntoma. Si el no-lugar es lo carente de sentido, rescatarlo implica re-significarlo. Es la re-signi- ficación de lo vacío, según Augé, su integración en el discurso logocéntrico de la ciudad como totalidad, lo que devuelve la ciudad a su orden cósmico, al ciudadano a un Edén pre-moderno. La supermodernidad y sus espacios basura es una vieja fascinación de Rem Koolhaas. Como tantos otros arquitectos, imbuido en un tipo de actividad constructiva que ha rebasado ya los límites de lo puramente edificatorio o estético, y que está prácticamente concebida a gran escala, para Koolhaas el espacio urbano va a adquirir en su constitución plástica una singular condición rítmica de continuos e interrupciones, de útil o residual. En su ensayo dedicado al espacio en tanto que, según lo expresa Fredric Jameson, what is left over after the dialectic, or after your psychoanalytic cure, el Junkspace o espacio basura, es el remanente de 28 Augé, Marc. Non-Places. An Introduction to Supermodernity. Verso: Londres, 2008. Los comentarios aquí referidos se basan en el texto inglés de la citada edición. pág.. 63.
Beatriz V. Toscano - 91 - la civilización humana, el producto construido de la modernización, lo que queda de la modernización después de que ésta haya seguido su curso29. Detesta Koolhaas el Junkspace? Hay una extraña conexión aquí entre las tesis de Augé y las de Koolhaas: vinculando el espacio vacío a una condición procesual, no es la ausencia, lo que va a caracterizarlo, sino el sinsentido. Es el pasar de las cosas, su apelotonamien- to, es el pasar del espacio sin el pasar del tiempo lo que hace de un espacio un espacio basura: Un sinsentido que procede del apelmazamiento de esa procesión de simulacros que genera el transcurrir anodino y poco espectacular de una clase social que ya ni siquiera logra hacer Historia. El Junkspace se perpetúa por proliferación, por acumulación, por acción de descamar y desechar las carcasas de artefactos que no prometen ni novedad ni excitación: los pasillos de los aeropuertos, los corredores de los centros comerciales, los pasajes de las estaciones, las escaleras mecánicas 29 Koolhaas, Rem. “Junkspace”, en October, Primavera 2002, No. 100, pág. 175–190. desiertas en su fantasmagórica emulación de movimiento, invisibles en su banalidad. Pero al tratarse de un espacio cuyo vacío no procede de la ausencia de lo tectónico, sino de esa optimización formal exhaustiva que hace desaparecer FIG 6 - Femme Maison - Louise Bourgeois 1946-1947 ASTRAGALO, 23 (2017)ISSN:2469-0503
VACUO ABHORRERE: ERGONOMÍA DE UN ESPACIO OCUPADO - 92 - a los objetos, diluidos en lo insípido de su tan logrado diseño, el Junkspace también es producto de un proyecto histórico fallido. Para Koolhaas el nuevo espacio vacío de la era millennial, no es el espacio obsoleto, cesura a la ciudad en su continuación y lógica. El Junkspace es el espacio vacío por su condición de super-lleno. Por hallarse carente de un sentido humano que transcienda su mero funcionamiento, por tratarse de un lugar donde la ciudad acumula el desecho de su permanente auto-reciclado y eficaz funcionamiento. Como Augé, Koolhaas equipara el vacío a la no-signi- ficación, al resto, a lo que no se deja romantizar. El terrain vague de nuestra era no es ya el espacio donde no hay nada sino el espacio donde no sucede nada; el espacio informe donde no sucede nada significativo o que merezca formar parte de la Historia. De una historia. El hábitat de la ciudad barroca de lo lleno (donde hasta el espacio vacío está generado por una acción acumuladora) debe necesariamente adaptarse a dos flujos: el de sedimentación hacinada y de fluidez productiva. La atención que recibe el equipamiento de las vías de movilidad urbana, orientadas a un transporte humano cada vez más eficaz, de los lugares de producción a los de consumo, es prueba de ello. Como en un perfecto metabolismo, lo útil queda seleccionado y separado de lo nocivo. Es aquí que cabe introducir el concepto de lo ergonómico para entender los matices de un hábitat, de una existencia precaria modulada por la demandas de flexibilidad, de adaptación elástica y dúctil al movimiento y al trabajo. En su referencia al término trabajo (ἔργον) y al término regla o ley (νόμος) el hábitat ergonómico sugiere una existencia que se acopla a los resquicios de algo que está siempre en movimiento. Como en el trirreme, remero y remo son como los tendones de una máquina perfecta. Apretujándose por los vaivenes de una existencia incierta, el hábitat de la ciudad sin vacío se asemeja más a una articulación que a un fundamento: regímenes de precariedad junto a otros de acumulación exorbitada de capital en forma de espacio urbano, fenómenos de impermanencia como los de air b&b o incluso food sharing transforman nuestras ciudades en lugares donde todo está de paso. (Ver figura 6). También la sedimentación humana indeseada y que escapa a lo funcional, va a tener lugar en lo lleno. Como sombras invisibles, la humanidad residual y nómada, esa que es repelida por un ímpetu que el diseño adquiere por purificar el espacio urbano, se acopla a los pasillos de los aeropuertos, a los ángulos ciegos de los centros comerciales, a los sotechados de los puentes y los viaductos. Ante la sobre-sa- turación y sobre-planificación de las ciudades, el espacio vacío como territorio ilícito y transgresor ocupa ahora un universo que es del todo virtual, superpuesto e invisible. Repudiando las virtudes de [vuestro] mundo, dice Jean Genet, los criminales están irremediablemente de acuerdo en organizar un universo prohibido. Están de acuerdo en vivir en él. El aire allí es nauseabundo: pero pueden respirarlo30. 30 Genet, Jean. Diario de un ladrón. RBA: Barcelona, 2010.
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