La publicidad como fuente documental: La industria en Sevilla a comienzos de 1920
Abstract
Sevilla experimentó un notable crecimiento durante las primeras décadas del siglo XX, especialmente en la década de 1920 debido a la celebración de la Exposición Iberoamericana de 1929. La infraestructura del acontecimiento sirvió de motor de desarrollo a la economía local, especialmente a los sectores relacionados con la construcción. El crecimiento de la actividad económica tiene un reflejo evidente en la aparición de anuncios publicitarios de fábricas y talleres que aprovecharon la bonanza económica para promocionar sus productos y servicios. Nuestro principal objetivo es determinar si la publicidad nos ofrece información complementaria sobre la industria de Sevilla en los primeros años de 1920.
Full text
VISUAL REVIEW | 2022 | ISSN 2695-9631 International Visual Culture Review / Revista Internacional de Cultura Visual https://doi.org/10.37467/revvisual.v9.3569 © GKA Ediciones, authors. Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada LA PUBLICIDAD COMO FUENTE DOCUMENTAL La industria en Sevilla a comienzos de 1920 Advertising as a documentary source Industry in Seville in the early 1920s JUAN CARLOS RODRÍGUEZ-CENTENO 1, ISABEL JORQUERA-FUERTES 2 1 Universidad de Sevilla, España 2 EUSA, España KEYWORDS Advertising Industry History Seville Economy Document 1920 ABSTRACT Seville experienced remarkable growth during the first decades of the 20th century, especially in the 1920s due to the celebration of the Ibero-American Exposition of 1929. The infrastructure of the event served as a motor for the development of the local economy, especially the sectors related to the construction. The growth of economic activity is clearly reflected in the appearance of advertisements from factories and workshops that took advantage of the economic boom to promote their products and services. Our main objective is to determine if the publicity offers us complementary information about the industry of Seville in the early years of 1920. PALABRAS CLAVE Publicidad Industria Historia Sevilla Economía Documento 1920 RESUMEN Sevilla experimentó un notable crecimiento durante las primeras décadas del siglo XX, especialmente en la década de 1920 debido a la celebración de la Exposición Iberoamericana de 1929. La infraestructura del acontecimiento sirvió de motor de desarrollo a la economía local, especialmente a los sectores relacionados con la construcción. El crecimiento de la actividad económica tiene un reflejo evidente en la aparición de anuncios publicitarios de fábricas y talleres que aprovecharon la bonanza económica para promocionar sus productos y servicios. Nuestro principal objetivo es determinar si la publicidad nos ofrece información complementaria sobre la industria de Sevilla en los primeros años de 1920. Recibido: 06/ 04 / 2022 Aceptado: 26/ 06 / 2022
VISUAL Review, 2022, pp. 2-15 1. Introducción evilla en el siglo XVI fue una de las ciudades más importantes del mundo. Durante este siglo que siguió al Descubrimiento de América y se produjo la expansión territorial por todo el nuevo continente, el Imperio Español alcanzó su cénit. Al igual que la ciudad de Sevilla, cuyo puerto se erigió en la entrada de todo tipo de riquezas y epicentro del comercio mundial. Llegó a alcanzar los 150.000 habitantes aproximadamente, una cifra que la convertía en la tercera urbe más importante de Occidente, tras París y Nápoles. La importancia económica de Sevilla queda de manifiesto con la implantación de la Casa de la Moneda, que durante más de dos siglos tuvo la exclusividad de acuñar las monedas que circulaban por gran parte del Imperio. El devenir y el destino de España y Sevilla parecían correr en paralelo, pues la decadencia de ambos se inició en los albores del siglo XVIII, cuando el país se desangraba en una Guerra de Sucesión que duró catorce años y dejó su destino ligado a los Borbones y su dependencia de Francia, y Sevilla perdió el monopolio del comercio con América, cuando en 1717 Felipe V firma el Real Decreto que traslada la Casa de la Contratación de Sevilla a Cádiz. Un claro indicador de su decadencia fue que en un siglo la ciudad había perdido casi la mitad de sus habitantes, contando con aproximadamente 75.000 personas en el año de 1821 (Bernal y Arenas, 1992, p. 267). A principios del siglo XX España y Sevilla no eran más que el recuerdo de un pasado glorioso y un presente de depresión económica y moral. En este sombrío contexto surge el 1909 la idea de una exposición que reivindicara los nexos de España con Hispanoamérica y reactivara la economía local. Como afirma Pérez Escolano: La ciudad debía realizar la exposición, por ello Sevilla debía resolver también los problemas urbanos pendientes: el ensanche, alcantarillado, pavimentación, agua, luz, viviendas, hoteles, etc. En 1909 se inicia un despertar hacia la solución de esos problemas. Al tiempo se desea resolver otras dos carencias de la estructura colectiva, primero potenciar el comercio, y de otro lado, también como reflejo del deseo de fomentar el desarrollo y la estabilidad de una incipiente burguesía, el establecimiento del pleno empleo mediante el conjunto de obras públicas proyectadas, con la consiguiente disminución de las tensiones sociales, muy activas en aquellos años (Pérez Escolano, 2017, pp. 74-75). En 1911 el arquitecto Aníbal González ganaría el concurso de proyectos de la futura Exposición, que tras numerosos contratiempos acabaría inaugurándose en mayo de 1929. Durante casi veinte años la ciudad experimentó una transformación urbanística que reactivó la deprimida estructura económica local y que afectó de diferentes formas a la industria productiva de la capital y su provincia. Este trabajo se incardina temporalmente en los primeros años de la década de 1920 (1921-1923), cuando según afirman los investigadores consultados se produce el máximo nivel de actividad económica de producción industrial para iniciar un descenso progresivo hasta finales de la década. 2. Objetivos Este trabajo tiene dos objetivos. En primer lugar analizar la presencia de la industria sevillana en la publicidad. En segundo lugar, como consecuencia del primer objetivo, ¿pueden los anuncios aportar información complementaria a la obtenida con otros documentos históricos? En nuestro estudio tendremos como obra de referencia la investigación de José Almuedo Palma, Ciudad e industria en Sevilla. 1850-1930, editada por la Diputación de Sevilla en 1996. En su exhaustivo trabajo de reconstrucción histórica de la industria local el profesor Almuedo recurre a las siguientes fuentes directas: de tipo fiscal (como las Estadísticas Administrativas de la Contribución Industrial y de Comercio), de tipo administrativo (como el Archivo Administrativo Municipal de Sevilla), de tipo jurídicos (como reglamentos y ordenanzas municipales, y reales-decretos estatales), y de tipo cartográficos (mapas históricos de Sevilla). También se recurre a fuentes indirectas como monografías, informes y revistas. En este trabajo no se incluye la publicidad como fuente documental. Somos conscientes de las limitaciones de la publicidad en este sentido. Los anuncios dependen de la voluntad del anunciante, nadie obliga a un empresario a utilizar la publicidad. Esta voluntariedad conlleva al reconocimiento que una parte de la estructura económica no se refleja en nuestra fuente. Pero la utilización de fuentes de registro obligatorio también tiene aparejados ciertos inconvenientes, por ejemplo el Reglamento para la instalación, seguridad y servicio de las calderas y motores de vapor S
VISUAL Review, 2022, pp. 3-15 obligaba desde 1884 a los empresarios a declarar su maquinaria, sin embargo “el miedo a los impuestos y a cualquier tipo de control hacía a los empresarios ocultar información” (Almuedo, 1996, p. 79). Hemos reconocido en la voluntariedad publicitaria un inconveniente, pero también debemos reconocer en ella una ventaja, el objetivo de la publicidad es informar sobre la existencia de productos, servicios, empresas, marcas, y promover su consumo y usos, y en la búsqueda de este objetivo los anunciantes pueden ofrecer más información que la que difunden en otros documentos de obligado registro como hemos señalado. Además de la investigación del profesor Almuedo Palma también recurriremos a las publicaciones de otro de los investigadores de la industria sevillana en el periodo que nos ocupa, Carlos Arenas, en especial la obra Sevilla y el Estado, segunda parte, capítulos IV, V y VI, editada en 1995 por la Universidad de Sevilla. Con relación a la publicidad como documento histórico son numerosas las publicaciones existentes, y cabe resaltar por su reciente publicación el Monográfico Documentación Publicitaria de la revista Documentación de las Ciencias de la Información, publicado en julio de 2021. 3. Metodología Los anuncios seleccionados para nuestra investigación fueron publicados en la revista La Semana Gráfica, editada en Sevilla entre el 13 de abril de 1921 y el 6 de octubre de 1923, y que hemos seleccionado porque abarca temporalmente el periodo de nuestra investigación. La revista editó 131 números (129 números regulares y 2 números extra). La Semana Gráfica era un semanal de información general, con declarada vocación monárquica, como así atestiguan los numerosos reportajes de la Familia Real de Alfonso XIII. Iba dirigida a un público burgués de clase acomodada, con formación e intereses culturales, donde se incluían reportajes sobre obras teatrales, entrevistas a escritores (el primer número incluye una interviú a los hermanos Álvarez Quintero), publicación de poemas, reportajes sobre moda, viajes, toros, deportes, exposiciones museísticas, etc. La revista también destaca por sus colaboradores, nombres que con el tiempo dejaron su huella en la cultura, especialmente la literatura: Rafael Laffón (miembro de la Generación del 27), Matilde Chacón, Adriano del Valle, Blanca de los Ríos, Juan Eugenio Hartzenburg, Gabriela Mistral, Santiago Montoto y Wenceslao Fernández Flórez, entre otros. Otro de los valores de la revista era su calidad en la impresión, lo que se evidenciaba principalmente en sus reportajes fotográficos, en los que colaboraron los fotógrafos locales más reputados como Serrano y Sánchez del Pando. Hemos seleccionado los anuncios de fábricas y talleres ubicados en la capital de la ciudad. En el caso de los talleres hemos desechado algunos que tenían una actividad de tipo artesanal no industrial, como el caso de talleres de relojerías y aquellos que tenían una actividad de reparación no productiva, como los talleres de automóviles y motocicletas. Hemos seleccionado un número total de 827 anuncios. La mayoría de ellos se repiten en muchas ediciones y en otros casos las diferencias son de tamaño y contenido. En este caso hemos seleccionado el reclamo que nos ofreciese una mayor información. Tras la criba tenemos un anuncio representativo de cada anunciante, un total de 64 anuncios. Esta muestra la hemos clasificado según los sectores productivos que utiliza el profesor Almuedo Palma y que aparecen en la tabla comparativa siguiente:
VISUAL Review, 2022, pp. 4-14 Tabla 1. Establecimientos fabriles y talleres. 1922 Sector José Almuedo Publicidad Semana Gráfica Siderometalúrgico 34 15 Trasformación minerales no metálicos 19 12 Textil 19 10 Papel y derivados 2 8 Madera y corcho 40 4 Alimentación, bebida y tabaco (Agroalimentario) 24 4 Químico 16 4 Energético 8 2 Cuero 1 1 Otros - 4 Total 163 64 Fuentes: Elaboración propia partir de Almuedo Palma, 1996. 4. La industria en Sevilla. Aportaciones desde la publicidad La ciudad de Sevilla experimentó un notable crecimiento poblacional en los primeros decenios del siglo XX. Según los datos recogidos por Bernal y Arenas (1992, p. 273) la capital hispalense contaba en 1900 con 148.315 habitantes, una cifra que había subido a 158.287 en 1910, un aumento que podemos considerar modesto si tenemos en cuenta que en el periodo 1910-1920 la capital aumentó en 47.424 personas (205.529 habitantes), y en 1920-1930 se sumaron al censo otras 23.200 (228.729). Si centramos la contabilidad en las dos décadas que ocuparon las obras de la Exposición Iberoamericana de 1929, la población aumentó en más de 70.000 personas, casi un 50% más que en 1910. Como indica el profesor Almuedo (2009, p. 33) “el incremento de la población durante todo este periodo, y sobre todo hasta el tercer decenio del siglo, se debió a un alto saldo migratorio positivo”. Durante las dos primeras décadas el crecimiento vegetativo fue insignificante debido a las altas tasas de mortalidad (especialmente entre la población infantil) y las bajas tasas de natalidad. El crecimiento se debió a la llegada masiva de inmigrantes rurales en busca de trabajo en una ciudad que se había reactivado industrialmente, debido al motor económico que supuso la Exposición y la creación de dos nuevos barrios alejados de la antigua ciudad amurallada: Nervión y Heliópolis. La transición de la Sevilla artesanal a la industrial comenzó en las primeras décadas del siglo XIX, y como norma general la inversión se ligó a la iniciativa extranjera (sobre todo inglesa) y catalana y vasca. La fábrica de curtidos de Nathan Wetherell, la fábrica de loza de Charles Pickman, la fundición de Narciso Bonaplata, y la Catalana de Gas fueron los hitos pioneros de una industria que se acrecentó en la segunda mitad de la centuria con la introducción de las nuevas tecnologías, especialmente los motores a vapor, en los antiguos talleres artesanales y las nuevas factorías. Con el nuevo siglo la electricidad protagonizó un cambio tecnológico, que sumado a la abundante mano de obra ya citada, y el factor Exposición dinamizó la industria sevillana hasta conducirla a una de sus épocas más brillantes. Sin embargo el fulgor fue efímero, “terminada la Exposición y con la crisis económica de los treinta, la industria sevillana surgida con el siglo entró en un declive general y definitivo”. (Arenas, 1995, p. 103). A continuación desarrollaremos la presencia publicitaria en cada uno de los sectores. 4.1. El sector agroalimentario En este apartado se incluyen los subsectores de alimentación, bebida y tabaco. Según la contabilidad del profesor Almuedo constituye el tercer sector por importancia en número de fábricas y talleres (24), sin embargo su presencia publicitaria es mínima (4). El motivo por el que iniciamos nuestro trabajo con la industria agroalimentaria se debe a que su importancia radica en su carácter nuclear en relación al resto de la industria sevillana, y en concreto el sector del olivo y sus derivados. Alrededor
VISUAL Review, 2022, pp. 5-15 de la industria aceitera gravitan numerosas fábricas y talleres de otros sectores, especialmente el siderometalúrgico, la industria química y de la madera, como comprobaremos más adelante. En el primer tercio del siglo XX “Sevilla era el epicentro de los intereses relacionados con la producción y la exportación de aceite. El barrio de La Calzada, concretamente, era uno de los más importantes mercados aceiteros del mundo” (Arenas, 1995, p. 167). En este mismo sentido José Almuedo afirma: El sector agroalimentario fue… uno de los sectores industriales con mayor crecimiento. Los subsectores aceitero y de aderezo de aceitunas tuvieron un incremento superior, construyéndose varias fábricas de refinado de aceite que aplicaban el sulfuro de carbono, todas de grandes dimensiones. Entre ellas cabe citar las de Hijos de Ibarra, Fabián Tapia Guerra, Carbonell y Cía., Miguel de Longoria… y la de la Compañía General de Aceites de Oliva, s.a., abriéndose todas ellas antes de 1920 (Almuedo, 1996, p. 66). Llama la atención el contraste entre la importancia del sector y la poca presencia publicitaria, y aún es más llamativo que de los cuatro anuncios encontrados ninguno corresponde con la industria del olivar. En un sector con gran producción y alta concurrencia de oferentes la publicidad se muestra necesaria para crear una marca que identifique y distinga por un lado, y por otro que estimule la demanda. El motivo de la ausencia publicitaria en esta industria puede radicar en: …a comienzos del siglo XX, el principal destino de los aceites españoles seguía siendo la exportación a granel, dado el diferencial ente producción y consumo en España. El principal mercado del aceite en España era Estados Unidos, aunque su finalidad allí no era ser consumido, sino mezclado con aceite de algodón -en proporción de una a tres respectivamente-, para elaborar un aceite con menos olor y sabor con destino a los mercados latinoamericanos (Arenas, 1995, 168). Es evidente que el producto a granel no necesita el uso de la publicidad, ya que no se dirige al consumidor final, sino a intermediarios y mayoristas que decidían sus compras por el factor precio. Un caso similar al del aceite es el subsector del vino, licores y aguardientes, donde tampoco encontramos ningún anuncio de presencia fabril en la ciudad. En este caso si detectamos en la ciudad una gran actividad en el sector de la distribución y venta, es decir, bodegas y expendedurías y también constatamos por la publicidad la existencia de fábricas en las proximidades de los centros productivos y extractivos, como es el caso de Cantillana en los licores y aguardientes y la zona del Aljarafe en los vinos. Entre los anuncios encontrados destaca la “gran fábrica de dulce de membrillo y conservas de frutas de todas clases” El Patrocinio 1 , propiedad de Francisco Olivares Prast, ubicada en el barrio de Triana. Este es un caso típico de la dependencia del sector transformador agroalimentario de la producción hortofrutícola provincial. También hay que reseñar la “manufactura de azúcares estuchados” de Tomás Torres 2 , cuya producción iba dirigida al abastecimiento del sector hostelero (cafeterías, restaurantes y hoteles, principalmente). 4.2. El sector siderometalúrgico El descubrimiento de América convirtió a Sevilla en uno de los puertos más importantes de Occidente, y la necesidad de proteger con cañones los barcos que cruzaban el Atlántico fue el origen de la Real Fábrica de Bronce, a mediados del siglo XVI. Dos siglos más tarde, ya bajo la dinastía borbónica, la Real Fábrica de Artillería, la Real Maestranza de Artillería y la Fábrica de Salitre (pólvora), situaban la capital hispalense como un centro de primer nivel en la industria armamentística europea. El capital privado comenzó su andadura en el sector a mediados del siglo XIX, destacando entre los pioneros los catalanes Bonaplata (Bonaplata Hermanos, 1840), y los mexicanos hermanos Portilla y el inglés Isaías White (Portilla Hermanos and White, 1857). Durante la segunda parte del siglo XIX las instalaciones fueron creciendo en la ciudad y a comienzos del nuevo siglo el número superaba la veintena de fábricas. En el periodo que ocupa esta investigación el sector siderometalúrgico es el 1 7 de abril de 1923, nº 104, p. 5 2 14 de noviembre de 1921, nº 32, p. 36
VISUAL Review, 2022, pp. 6-15 segundo en importancia en número de instalaciones (34) y el primero en número de anunciantes (15). Entre estos encontramos los dos principales fabricantes de Sevilla, la Fábrica de San Clemente y la Fundición de San Antonio. De ambas encontramos referencias en la bibliografía consultada, centrada en algunos datos básicos como los propietarios y las actividades genéricas. Sin embargo hemos podido comprobar que la publicidad aporta información más detallada como vemos a continuación. Un anuncio ilustrado con dos imágenes de la Fábrica de San Clemente3, nos informa de su ubicación, calle Crédito, 5 (entre la Alameda de Hércules, el río y la estación de ferrocarril MZA), de su actividad: “fundición, maquinaria, cerrajería y calderería”; de su gama de productos: “Calderas y máquinas de vapor. Molinos aceiteros. Prensas hidráulicas. Fábricas de extracción de aceite de orujo por el sulfuro de carbono. Tubos de plomo, bombas, norias”. También nos muestra dos imágenes de sus máquinas más complejas: “Prensa hidráulica de 500 toneladas” y la “Bomba hidráulica. Modelo 1917 para prensa de aceitunas”. En el citado anuncio también se informa de una “fábrica de vagones en San Jerónimo, con apartadero especial”. En la zona de San Jerónimo, al norte de la ciudad, se encontraba el nudo de empalme de líneas férreas y las naves que acogían vagones y máquinas para su mantenimiento y reparación. Es decir, la publicidad nos informa que la empresa siderúrgica propiedad de la sociedad Pando, Rodríguez y Compañía era una importante empresa auxiliar del sector ferroviario. La otra gran factoría siderometalúrgica de la ciudad, la Fundición de San Antonio, fundada en 1840 por Narciso Bonaplata, publicitaba4 sus especialidades en: “fundición acerada, cerrajería artística, construcciones metálicas, instalaciones aceiteras modernas”. Aquí comprobamos que la actividad de la Fundición se concentraba en el suministro de los dos sectores que en aquellos años constituían el motor económico: la construcción y el olivar. La fundición de hierro y bronce del ingeniero José Chico se anunciaba5 como “constructor exclusivo de los molinos de aceite patentados del señor Marqués de Cabra”. En este caso se refiere a Francisco de Paula Méndez de San Julián y Belda (1858-1925), heredero del marquesado de la localidad egabrense, que alternó la vida militar y política con la propiedad de una fundición en Sevilla especializada en el desarrollo de máquinas enfocadas en la industria aceitera, en la que tenía grandes intereses al ser propietario de varias fincas en su pueblo natal. Dentro de su actividad empresarial desarrolló varios modelos patentados de molinos aceiteros, siendo uno de ellos el aludido en el anuncio. En 1925, poco tiempo antes de su fallecimiento, se reconoció su trayectoria y valía siendo nombrado Presidente de Honor de la recién fundada Asociación Nacional de Olivareros de España. Dentro de este sector encontramos empresas especializadas en la fabricación de envases de “hoja de lata”, como la “Fábrica y Litografía de Envases metálicos Hijo de M. González Montes. Casa fundada en 1876. Carteles, anuncios y artículos de propaganda”6. Actualmente el soporte publicitario en hojalata es una reliquia del pasado, los originales son piezas de coleccionistas y las copias se encuentran a precios asequibles en tiendas de decoración. Sin embargo durante finales del siglo XIX y principios del siglo XX fue un formato publicitario habitual en locales públicos de restauración: bares, tabernas, tablaos flamencos, etc. A partir de la posguerra española, la escasez y el encarecimiento de la materia prima provocó la sustitución de la hoja de lata por otros soportes más económicos y efímeros como el papel. Otro de los grandes talleres litográficos en hoja de lata en la ciudad era la fábrica de Gallardo y Núñez, que se había especializado en “bidones para aceites y aceitunas”7. Es decir, de nuevo aparece el sector olivarero como eje central de la actividad de otros sectores productivos. La especialización de la fábrica de la sociedad en comandita Cortázar y Peña Pérez era la de “camas de hierro y doradas. Soumiers metálicos”8. Es lógico colegir que el aumento de población en la ciudad y la expansión del sector de la construcción llevara a un crecimiento de la demanda de mobiliario para las viviendas, entre ellas camas y somieres. 3 Mayo de 1923, nº Extra de primavera, p. 60 4 Mayo de 1923, nº Extra de primavera, p. 32 5 5 de octubre de 1921, nº 26, p. 32 6 Mayo de 1923, nº Extra de primavera, p. 82 7 Mayo de 1923, nº Extra de primavera, p. 66 8 12 de octubre de 1921, nº 27, p. 4
VISUAL Review, 2022, pp. 7-15 Para concluir este sector referenciamos el anuncio que más información aporta sobre la producción siderometalúrgica: La Fundición de hierro de Juan Miró: Cerrajería artística. Maquinaria y Construcciones metálicas. Molinos aceiteros, harineros y máquinas de aserrar. Arados. Maquinaria agrícola. Accesorios para agricultura e industria. Correas de cuero y de pelo de camello. Balata y algodón. Aceites. Valvolinas. Grasas. Empaquetaduras. Cabos de algodón. Planchas Kingerint para juntas. Amiantos. Gomas. Mangueras. Engrasadores. Grifería en general. Tubos para calderas y accesorios para molinería 9 . 4.3. Transformación de minerales no metálicos En este epígrafe se concentran los materiales destinados al sector de la construcción: ladrillos, tejas, azulejos, losetas, etc. El inicio de las obras de la Exposición Iberoamericana en los primeros años de la década de 1910 dinamizó el sector de la construcción y las industrias auxiliares que les suministraban el material. Un dato significativo lo aporta Carlos Arenas (1995, p. 161) al indicar que la inversión en el periodo 1913-1922 de la industria de materiales de construcción se elevó a 2.311.500 pesetas de la época, una cantidad que superaba sensiblemente la inversión en los 24 años anteriores, que ascendió a 647.843 pesetas (1888-1912). La actividad industrial relacionada con la construcción se ubicaba tradicionalmente, desde tiempos de la dominación romana, en el populoso barrio de Triana, con dos notables excepciones: la fábrica de La Cartuja de Charles Pickman (1841), ubicada en el convento desamortizado del mismo nombre, en el oeste de la ciudad; y la fábrica de Cerámica de San Juan (1918), creada por lo británicos John Samson McDougall y Ernest Albert Sandeman tras la compra de los arruinados talleres Rodríguez y Cía, sitos en la cercana localidad de San Juan de Aznalfarache. Dentro de este sector la actividad más reconocida y característica de los talleres y fábricas trianeras es la cerámica artística o azulejería, que debido al estilo arquitectónico Regionalista o Neomudéjar que imperó en la mayoría de los edificios de la Exposición, un estilo donde el barro vidriado era un componente arquitectónico y decorativo característico e indispensable, llevó a los hornos de Triana a una época de esplendor productivo y artístico. Un buen ejemplo de ello es el conjunto de la Plaza de España. Según la Guía Comercial e Industrial de Sevilla, en 1922 había en Triana ocho fábricas de cerámica (Gómez-Zarzuela, 1922, p. 687), a las que había que sumar otras seis ubicadas en otros barrios de la ciudad. De todas ellas solo hemos encontrado anuncios de cuatro, ubicadas en Triana, y tres forman parte de la mitología ceramista sevillana: Ramos Rejano, Mensaque, y Montalbán. La fábrica de Manuel Ramos Rejano, instalada previamente en Los Remedios, se traslada a Triana en 1905 y desarrolla su actividad hasta 1965, fecha de su cierre. Ramos Rejano es una “rara avis” en el negocio ceramista, ya que no tiene antecedentes familiares, sino que proviene del comercio local. En 1876 abrió en el centro de Sevilla el Bazar Sevillano, que en poco tiempo se convirtió en uno de los locales comerciales más populares de Sevilla. Su vocación fue tardía, con más de cuarenta años se inicia en el negocio del azulejo, y su gran acierto es atraer a su firma a los artistas ceramistas más importantes del primer tercio del siglo XX: Pedro Navia, Vigil-Escalera, García Bermúdez y sobre todo el maestro Enrique Orce, responsable de la azulejería de la Plaza de España. Además de su presencia en la Exposición sevillana, uno de los mayores hitos de la fábrica de Ramos Rejano fue la decoración del pabellón español en la Exposición Universal de París de 1900. Desgraciadamente Manuel Ramos Rejano no pudo ver su contribución a la muestra sevillana de 1929, ya que falleció en 1922, pasando la propiedad de su factoría a su viuda e hijos. El anuncio que hallamos y reproducimos a continuación se debe a esta nueva etapa tras su fallecimiento. Viuda e Hijos de Manuel Ramos Rejano. Perfecta imitación de los mejores ejemplares hispanoárabes, de reflejo metálico con irisaciones. Especialidad en cerámica de arte decorativo. Diplomas de honor y medallas de oro, en varias Exposiciones Universales. Cerámica artística. Fábrica de Azulejos de todas las épocas y estilos 10 . 9 Junio de 1922, nº Extra de primavera, p. 57 10 Mayo de 1923, nº Extra de primavera, p. 6
VISUAL Review, 2022, pp. 8-15 Los hermanos José y Enrique Mensaque abrieron su fábrica en 1880 en la popular calle de San Jacinto. La incorporación a la empresa de Fernando Soto, que ejercería la dirección artística de la firma, y el pintor Manuel Arellano Campos llevan a Mensaque a los mejores años de su producción, en las postrimerías del XIX y los primeros años del siglo XX. De sus hornos salieron obras emblemáticas que decoran monumentos como el Alcázar (León rampante) y la Catedral, y mansiones de la aristocracia sevillana como La Casa Pilatos, el palacio del Conde de Aguiar y la finca de los Ybarra en Dos Hermanas. Con el tiempo los hermanos Mensaque iniciaron la separación de la empresa, que culminó en 1917, tras la muerte de Enrique, cuando su hijo del mismo nombre se une a dos socios y funda Mensaque, Rodríguez y Cía. El anuncio11 que encontramos es de esta época, que reproduce un azulejo de un paisaje trianero obra del artista Francisco Morilla, donde observamos el río Gualdalquivir, el puente de Isabel II, y la fachada de las “Fábricas de Cerámica Artística y Materiales de Construcción. San Jacinto 93”. Un buen ejemplo de la tradición familiar en la industria ceramista la encarna la familia Montalván. Los orígenes del primer taller se sitúan a mediados del siglo XIX en la figura de Saturnino García- Montalván, al que sucedieron sus hijos Francisco y Joaquín, hasta llegar a su nieto Manuel García Montalván, que aúna gestión empresarial y artística y eleva la firma a sus más altas cotas de prestigio entre los hornos trianeros con el nombre comercial de Nuestra Señora de la O. Con una gran formación técnica e histórica, como afirma Rafael Doménech: …pocos ceramistas en esta época se encuentran con una preparación tan amplia como variada en el hacer de la cerámica artística, pues al mismo tiempo que dibuja del natural en Bellas Artes, asiste a clases particulares y a las de la Sección Artística del Ateneo y Sociedad de Excursiones. Durante dos años tiene de maestro para las prácticas de alfarería a Manuel Soto Tello… (Doménech, 1988, 95). Su estilo artístico luce en algunos edificios de la Exposición del 29 (Pabellón Real, Plaza de América), y colabora en la decoración azulejera de edificios del celebérrimo Aníbal González, como la capilla de la Virgen del Carmen. El anuncio 12 hallado es meramente informativo: “Nuestra Señora de la O. Talleres de Cerámica Artística. Manuel G. Montalván”. El reclamo nos aporta información sobre un hecho muy común en la publicidad, pero no muy difundido en otros archivos. Así conocemos que la fábrica se ubicaba entre las calles Antillano Campos, 23 y Covadonga, 4 (aparece en los archivos, como los de contribución industrial), y la atención al público, es decir “escritorio y despacho” se ubicaban en otra calle cercana, Alfarería, 13 (este dato no es muy habitual en los archivos). Si bien fue la industria del barro vidriado la que otorgó fama e identidad a la actividad productiva del barrio de Triana, hay que afirmar que desde el punto de vista cuantitativo el protagonismo lo detentaba la producción de ladrillos y tejas. Gómez-Zarzuela (1922, p. 719) notifica que dieciocho de un total de diecinueve fábricas existentes en la ciudad se ubicaban en el arrabal trianero. Según Carlos Arenas (1991, p. 190) la construcción era el sector que más obreros industriales empleaba en Sevilla en los albores de la década de 1920, unos 9.000 aproximadamente. Sin embargo, en contraste con el alto número de fábricas solo hemos encontrado anuncios de una única firma, la “Fábrica de ladrillos y toda clase de materiales de construcción de Jacinto Flores. Evangelista, 33 y 37” 13 . Con la misma materia prima de la cerámica, pero con un destino completamente diferente encontramos en Triana la “Fábrica de figuras artísticas y religiosas de Plácido Estévez” 14 , ubicada en la calle Vesubio, 3. Esta fábrica nutría los numerosos comercios de decoración religiosa que había en Sevilla, una ciudad que contaba con un número muy alto de consumidores de imaginería, los mismos que seguían con profusión los numeroso actos religiosos que trufaban el calendario local: Semana Santa, Corpus, Jubileos, Besamanos, Triduos, etc. Como hemos comprobado el barrio de Triana gozaba de una actividad industrial sobresaliente que tenía una tradición de muchas décadas. Sin embargo en los últimos años del siglo XIX y los primeros del siglo XX otras zonas de la ciudad extramuros comenzaron a acumular fábricas y talleres, como el 11 Mayo de 1923, nº Extra de primavera, p. 46 12 Mayo de 1923, nº Extra de primavera, p. 59 13 27 de julio de 1921, nº Extra de primavera, p. 28 14 Mayo de 1923, nº Extra de primavera, p. 50
VISUAL Review, 2022, pp. 9-15 eje Carretera de Carmona-Avenida de Miraflores. En esta avenida comenzó la construcción en 1900 de la fábrica de vidrios de La Trinidad, y dos años más tarde empezaría su producción y comercialización de productos para el consumo doméstico (vasos, platos, jarras, etc.) y decoración. Sin embargo la producción de botellas, que hubiera podido ser uno de sus productos de mayor fabricación y rentabilidad, se vio lastrado por la reducida demanda de los sectores aceitero y vinatero, ya que como afirma Arenas Posadas: …una industria como la del vidrio ligada a la refinación, identificación y mejora en el tratamiento de las mercancías no pudo alcanzar un mayor desarrollo, al estar sometida a las peculiaridades de un comercio de exportación de caldos que se distinguió hasta bien entrado el siglo XX por la venta a granel (Arenas, 1995, p. 176). Pese a esto, la diversificación de la oferta y la especialización en la producción convirtieron a la fábrica de la Trinidad en una de las empresas más importantes de la Sevilla del primer tercio de siglo. Su fundador fue el comandante de artillería Luis Rodríguez Caso, nombre relevante en la historia local que en 1909 sembró el germen de la celebración de la futura Exposición de 1929. Estuvo al frente de la fábrica durante dos décadas, y fue traspasada a una sociedad en comandita presidida por Fernando Barón, nombre que aparece en el anuncio 15 que hemos localizado. Fernando Barón era conde de Colombí, fue alcalde de Sevilla a principios de siglo y su figura también está ligada a la Exposición, de la que fue Comisario Real entre 1922-26. Durante su gerencia la fábrica se amplió en dos ocasiones, llegó a ocupar más de diez mil metros cuadrados y llegó a tener unos quinientos empleados aproximadamente. También en el sector del vidrio encontramos anuncios de la fábrica de Valeriano Díaz con una detallada exposición de sus actividades: “Vidrio plano. Servicio para hoteles, cafés y restaurants. Baldosilla (vidrio estriado). Vidrio imprimé en todos los colores y dibujos y baldosas para piso. Cristalería. Vidrieras artísticas” 16 . 4.4. Sector textil La manufactura de tejidos había tenido una fuerte implantación en Sevilla desde que la ciudad fue epicentro del comercio y la economía mundial en el siglo XVI. El asentamiento en la ciudad de una burguesía mercantil exterior (ingleses, italianos y germanos, principalmente) e interna (catalanes y vascos), junto a los comerciantes locales y la acumulación de aristócratas de nuevo y viejo cuño, elevó la demanda de un producto fundamental para la representación social: la vestimenta; y un tejido: la seda. La paulatina pérdida del protagonismo de la ciudad corrió paralela al deterioro de telares y talleres que fueron disminuyendo y desapareciendo. Ya en el siglo XIX los avances tecnológicos, el vapor como fuente de energía, provocó la trasformación del sector, con la aparición de fábricas y un producto-estrella: “De las diez fábricas existentes en 1890, cinco se dedicaban a la producción de sombreros, artículo en el que Sevilla era la principal productora nacional” (Almuedo, 1996, p. 50). Treinta años después, la producción de este tipo de producto todavía tenía una presencia importante en la ciudad, como señala el hecho de que de los diez anunciantes del sector textil, cuatro se dedicaban al tocado, y en especial a la fabricación de gorras, como vemos en estos anuncios. “Fábrica de gorras. Sombreros de tela. Félix Pérez Pinillos. Puente y Pellón, 14” 17 ; “Fábrica de gorras. Ventas por mayor y menor. Sombrerería. Teodoro Ocaña. Tetuán, 1” 18 : Gran fábrica especial de gorras. Mauro Labanda. Especialidad en las de novedad y para empleados, colegiales y uniformes. Feria 68, 70 y 72 y Cruz Verde, 3. Sucursal, Alcaicería, 4. Sevilla. Exportación a provincias 19 . 15 Mayo de 1923, nº Extra de primavera, p. 77 16 Junio de 1922, nº Extra de primavera, p. 31 17 6 de octubre de 1923, nº 129, p. 28 18 6 de octubre de 1923, nº 129, p. 28 19 Mayo de 1923, nº Extra de primavera, p. 26