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http://doi.org/10.30827/cnova.v0i49.26887 - Chronica Nova, 49, 2023, 17-43 NAVIEROS DE LA CARRERA DE INDIAS EN VÍSPERAS DEL LIBRE COMERCIO: TRAYECTORIAS PERSONALES Y PERFILES FAMILIARES Shipowners of the Carrera de Indias on the eve of free trade: individual trajectories and family profiles JUAN JOSÉ IGLESIAS RODRÍGUEZ* Recibido: 20-12-2022 Aceptado: 27-04-2023 RESUMEN En las últimas décadas los historiadores han tratado ampliamente los grupos mercantiles que jugaron un papel protagonista en el comercio atlántico gaditano del siglo XVIII, ocupándose tanto de sus negocios como de sus perfiles sociológicos. Sin embargo, todavía son pocos los trabajos específicamente centrados en los navieros empleados en el comercio español con las Indias Occidentales, quizás porque no actuaron como un sector claramente diferenciado, dado que solían ser simultáneamente comerciantes, financieros y aseguradores. Este trabajo trata de identificar un conjunto significativo de aquellos navieros involucrados en el comercio americano durante la segunda mitad del siglo XVIII, así como esclarecer los principales aspectos definitorios de sus carreras, a fin de encontrar recurrencias y patrones característicos de este dinámico segmento social. Palabras clave: Armadores y fletadores, comercio americano, redes relacionales, Cádiz, siglo XVIII. ABSTRACT In the last decades historians have extensively addressed mercantile groups which played a leading role in eighteenth-century Cadiz Atlantic trade, aiming at both their business and sociological profiles. However, there are still few works specifically focused on the shipowners employed in the Spanish trade with the West Indies, perhaps since they did not act as a clearly differentiated sector, given that they used to be businessmen, financiers and insurers, simultaneously. This paper aims to identify a significant segment of those shipowners engaged in colonial America trade during the second half of the 18th century, as well as clarifying the main defining aspects of their careers in order to find recurrent patterns and characteristics of this dynamic social segment. Keywords: Shipowners, American trade, relational networks, Cádiz, 18th century. INTRODUCCIÓN Los estudios realizados sobre el comercio gaditano del siglo XVIII han incidido poco en la actividad y la trayectoria de los navieros 1. Posiblemente, una de las causas a que ello se debe es que estos no constituyeron un grupo 1. En dos estudios clásicos de espléndida factura sobre la temática, como son los de Antonio García-Baquero y Manuel Bustos, no encontramos ningún apartado específico sobre los navieros. El primero de ellos, sin embargo, sí dedica un buen capítulo a los navíos como vehículos del comercio, * Universidad de Sevilla. [email protected]
18 JUAN JOSÉ IGLESIAS RODRÍGUEZ Chronica Nova, 49, 2023, 17-43 - http://doi.org/10.30827/cnova.v0i49.26887 nítidamente diferenciado de los cargadores a Indias y los grandes comerciantes. En efecto, los hombres de negocios gaditanos, al mismo tiempo que se empleaban en las prácticas mercantiles, ejercían a menudo como prestamistas, aseguradores y propietarios o maestres de navíos, transportando mercancías por cuenta propia y como consignatarios de otros comerciantes, o fletando el buque de sus embarcaciones. Esta polivalencia de funciones fue estudiada por M.ª Dolores Herrero para la compañía Ustáriz y San Ginés (1772-1780), que se ocupó en actividades navieras, en el tráfico de mercancías y en la financiación de la Carrera de Indias, mediante la suscripción de préstamos con riesgo de mar y seguros marítimos 2. Sin embargo, el ejemplo de M.ª Dolores Herrero no ha sido seguido hasta ahora por otros autores, al menos en lo que respecta al siglo XVIII 3, por lo que nos encontramos todavía con lagunas en la historiografía del comercio gaditano en relación con la actividad naviera. El objetivo de este trabajo no es, sin embargo, realizar un estudio económico sobre las actividades de los navieros gaditanos, sino analizar sus trayectorias individuales y su perfil social y familiar. El primer problema para ello es identificar de forma nítida al grupo, dada la ausencia de una identidad colectiva que lo diferencie específicamente y la confluencia en los individuos que lo integraron de ocupaciones muy diversas, en las que las mercantiles aparentan ser en todo momento las principales. Sin embargo, las fuentes que hemos manejado aluden con frecuencia a una categoría, los dueños de navíos, por ejemplo en relación con la compleja problemática desarrollada en torno al caño del Trocadero, que ofició como arsenal naval de la Carrera de Indias y del que nos hemos ocupado en otros pero no así a sus propietarios. Antonio García-Baquero González, Cádiz y el Atlántico, 1717-1778. El comercio colonial español bajo el monopolio gaditano (Cádiz: Diputación Provincial, 1988), 227-260. Manuel Bustos Rodríguez, Cádiz en el sistema atlántico. La ciudad, sus comerciantes y la actividad mercantil (1650-1830) (Madrid: Sílex, 2005). Por su parte, Marina Alfonso Mola ha dedicado algunos trabajos a los armadores y a los cambios en el sector naviero. Marina Alfonso Mola, “Los navieros naturalizados de Cádiz (1778-1820)”, en La burguesía de negocios en la Andalucía de la Ilustración, Ed. lit. Antonio García-Baquero (Cádiz: Diputación Provincial, 1988), vol. 1, 207- 226; “Armadores y flota mercante colonial. La guerra y las transformaciones del sector naviero en el Antiguo Régimen”, en España y el comercio marítimo internacional (siglos XVII-XIX). Quince estudios, Dirs. Carlos Martínez Shaw y Marina Alfonso Mola (Madrid: UNED, 2009), 487-528. A este panorama hay que añadir el reciente trabajo de Guadalupe Carrasco González, “El puerto de Cádiz en el tráfico marítimo entre el Atlántico y el Mediterráneo (1789-1815)”, en Juan José Iglesias Rodríguez, José Jaime García Bernal e Isabel M.ª Melero Muñoz (coord.), En torno a la Primera Globalización: conexiones y circulaciones entre el Atlántico y el Mediterráneo (1492-1824) (Sevilla: Editorial Universidad de Sevilla, 2022), 365-396. 2. María Dolores Herrero Gil, El mundo de los negocios de Indias. Las familias Álvarez Campana y Llano San Ginés en el Cádiz del siglo XVIII (Madrid: CSIC, 2013). 3. En cambio, para el siglo XIX contamos con el trabajo de María del Carmen Cózar Navarro, Ignacio Fernández de Castro y Cía. Una empresa naviera gaditana (Cádiz: Universidad de Cádiz, 1998).
NAVIEROS DE LA CARRERA DE INDIAS EN VÍSPERAS DEL LIBRE COMERCIO 19 http://doi.org/10.30827/cnova.v0i49.26887 - Chronica Nova, 49, 2023, 17-43 trabajos anteriores 4. En 1777 un colectivo importante de propietarios de navíos firmó una representación dirigida al presidente de la Casa de la Contratación en la que propugnaban soluciones para la conservación de dicho caño, que oficiaba como un útil carenero y representaba, por tanto, un lugar estratégico para asegurar la infraestructura de la Carrera 5. En este documento aparecen representados un total de veinticinco individuos 6. De ellos, la mayoría actuaba en nombre propio, mientras que el resto representaban a compañías o a otros navieros 7. Tomaremos a este grupo como base para el presente trabajo. Nuestra indagación se orientará a aclarar, en lo posible, su procedencia geográfica y social, su recorrido en el mundo de los negocios, sus redes familiares, sus niveles de fortuna, su trayectoria social y sus rasgos de mentalidad 8. Buscaremos las recurrencias, los caracteres que ayuden en lo posible a la definición de un grupo con perfiles propios, pero no por ello ignoraremos las diferencias entre individuos, que la historia social ha detectado incluso en grupos socioeconómicos similares 9. 4. Juan José Iglesias Rodríguez, “El Trocadero en la política atlántica durante los siglos modernos”, en Estudios de Historia Moderna en homenaje al profesor Antonio García-Baquero, Coord. L. Carlos Álvarez Santaló (Sevilla: Universidad de Sevilla, 2009), 141-158; “El ‘canal prodigioso’: el caño del Trocadero en el siglo XVIII”, Matagorda, nº 1 (2015): 47-77; “Las infraestructuras portuarias de la bahía de Cádiz ante el reto del monopolio gaditano”, Studia Historica. Historia Moderna, vol. 39, nº 2 (2017): 185-219; “El Trocadero: datas para carenas y almacenes (1739-1845)”, Trocadero. Revista de Historia Moderna y Contemporánea, nº 32 (2020): 81-98. 5. Archivo General de Indias (AGI), Consulados, 1367, nº 1. 6. Francisco Guerra de la Vega, Lorenzo Beyens, José Antonio Rivero, Juan Antonio García Vía, Ignacio Suárez, Vicente Reimundo de Eguía, Ustáriz, San Ginés y Compañía, José Retortillo, Juan Isidoro Monsagrati, Juan Domingo de la Torre, Francisco del Valle Martínez de Vallejo, José Antonio de Almerá, José de Llano y San Ginés, Pedro Pumarejo, José de Miranda, Cosme Joaquín de Terreros, Juan Esteban de Lizardi, José Padrés, Domingo de Ibarra, Patricio Álvarez, Francisco de Sierra, Antonio Tazón, Francisco Solivera, Joaquín de Arizaga y José Ramos. 7. Así, por ejemplo, Juan Isidoro Monsagrati era factor de la Compañía de La Habana, Juan Domingo de la Torre representaba a los Cinco Gremios Mayores de Madrid y Joaquín de Arizaga a la Compañía de San Fernando. Por su parte, Patricio Álvarez actuaba en nombre de su hermano, Pablo Álvarez. 8. Esta línea de indagación en las trayectorias individuales, familiares y grupales va en la misma dirección de las recientes propuestas de Francisco García González (ed.), Familias, trayectorias y desigualdades. Estudios de historia social en España y en Europa, siglos XVI-XIX (Madrid: Sílex, 2021) y Jesús M. González Beltrán y Francisco García González (eds.), ¿Destinos inmóviles? Familias, estrategias y cambio generacional en España y América Latina (siglos XVI-XIX) (Granada: Comares, 2022). 9. El análisis matizado a cargo de la historia social ha llegado incluso a detectar la existencia de culturas familiares específicas dentro de un mismo grupo. Véase, como ejemplo, la reciente aportación de François-Joseph Ruggiu, Vincent Gourdon y Cecile Alexandre, “Les cultures familiales dans la France de la fin du XVIIe siècle au debut du XIXe siècle”, Obradoiro de Historia Moderna, 31 (2022), consultado 3 de noviembre de 2022: https://revistas.usc.gal/index.php/ohm/ article/view/8698/12187.
20 JUAN JOSÉ IGLESIAS RODRÍGUEZ Chronica Nova, 49, 2023, 17-43 - http://doi.org/10.30827/cnova.v0i49.26887 El grupo seleccionado representa casi la mitad del total de propietarios de las embarcaciones mercantes de la Carrera de Indias que aparecen consignadas en las relaciones elaboradas en los años 1773 y 1776, que incluyen algo más de cincuenta nombres para un total de 73 embarcaciones 10. Lógicamente, puede que la representación dirigida al presidente de la Casa de la Contratación no fuera suscrita por todos los dueños de embarcaciones, pero también es cierto que pudo haber modificaciones en la nómina de estos, que puntualmente pudieron significar el cese o el cambio de actividad por parte de algunos de ellos. Por otro lado, no todos los que firmaron la representación de 1777 figuran en los listados de los años anteriores, lo que puede responder a que habían adquirido sus embarcaciones con posterioridad o que actuaron en representación de otros propietarios. Todos estos cambios resultan lógicos en un mundo tan mudable como el de los negocios, sujeto a constantes variaciones y alternativas. En todo caso, el grupo de navieros seleccionado resulta altamente representativo de un conjunto que sin duda fue mayor y que además creció de manera acelerada a raíz del decreto de libre comercio, si damos crédito al dato apuntado por el viajero inglés Joseph Townsend, quien habla de más de 110 navieros en Cádiz en el año 1795 11. La muestra escogida resulta en cualquier caso válida y servirá de manera útil a nuestro propósito de aproximarnos al perfil social del naviero gaditano en tiempos del libre comercio. EL ORIGEN GEOGRÁFICO Y SOCIAL De los veinticinco navieros firmantes de la representación de 1777 al presidente de la Casa de la Contratación, una mayoría, prácticamente la mitad de ellos, eran de origen cántabro, vasco o navarro. Entre los primeros, Francisco Guerra de la Vega era de Santander; Juan Antonio García y Vía, de Laredo; Juan Domingo de la Torre, de Valdeprado, en el valle de Liébana; Francisco del Valle Martínez de Vallejo, del valle de Mena, y Pedro Pumarejo, de Santoña. Los vascos eran Vicente Reimundo de Eguía, natural de Vitoria, y los vizcaínos José de Llano San Ginés, originario de Galdames; Cosme Joaquín de Terreros, de Zalla, y Domingo de Ibarra, natural del valle de Oquendo. Así mismo, Joaquín de Arizaga era muy probablemente vasco, aunque no hemos podido documentarlo de manera fehaciente. Navarros eran, por su parte, Juan Bautista Ustáriz, originario de Oyeregui, y Juan Esteban de Lizardi, de Vera de Bidasoa. Cántabros y vascos entroncaban con una larga tradición de navegantes y marinos que se 10. Herrero Gil, El mundo de los negocios de Indias, 91-95. 11. Juan José Iglesias Rodríguez, Ciudades-mundo. Sevilla y Cádiz en la construcción del mundo moderno (Sevilla: Universidad de Sevilla, 2021), 43.
NAVIEROS DE LA CARRERA DE INDIAS EN VÍSPERAS DEL LIBRE COMERCIO 21 http://doi.org/10.30827/cnova.v0i49.26887 - Chronica Nova, 49, 2023, 17-43 remontaba a varios siglos atrás. Los navarros pertenecían a esas generaciones que protagonizaron la hora navarra del siglo XVIII 12. A este grupo de navieros procedentes del norte de España hay que unir dos gallegos: Ignacio Suárez, natural de Muros, y José Ramos, de La Coruña, aunque la identificación de este último resulta algo dudosa. El predominio de los navieros y hombres de negocios de origen norteño en el comercio gaditano y en el mundo de los negocios de Indias coincide con el fenómeno que Imízcoz ha caracterizado como la “hora del siglo XVIII”, aprovechando la expresión acuñada por Caro Baroja y haciéndola extensiva al País Vasco y Cantabria, según la cual hombres de la periferia norteña procedentes de la nobleza media y baja protagonizaron una importante renovación de las élites de la monarquía 13. También del norte, aunque en este caso de la fachada mediterránea peninsular, eran los catalanes José Padrés y Francisco Solivera, ambos gerundenses. Por el contrario, sólo se cuenta un castellano, José Retortillo, natural de Berlanga de Duero (Soria). Así mismo, del total de los navieros que firmaron la representación de 1777 sólo tres habían nacido en Cádiz: Lorenzo Beyens, originario de Cádiz, aunque de ascendencia flamenca, José Antonio Almerá y Antonio Tazón. Tres más procedían de otros lugares de Andalucía: el ayamontino José Antonio Rivero, el cordobés José de Miranda y el estepeño Patricio Álvarez. Uno solo era de origen extranjero, Juan Isidoro Monsagrati, natural de Lucca, en Italia. Finalmente, de Francisco Sierra no hemos podido determinar la procedencia. Tabla 1. Origen geográfico de los navieros gaditanos (1777). Cántabros: 5 Vascos: 5 Navarros: 2 Gallegos: 2 Castellanos: 1 Catalanes: 2 Gaditanos: 3 Andaluces (otros): 3 Extranjeros: 1 Sin datos: 1 Fuente: Archivo Histórico Provincial de Cádiz. Protocolos notariales. 12. Julio Caro Baroja, La hora navarra del siglo XVIII (personas, familias, negocios e ideas) (Pamplona: Comunidad Foral de Navarra, 1985). 13. José María Imízcoz Beunza, “La ‘hora del XVIII’. Cambios sociales y contrastes culturales en la modernidad política española”, Príncipe de Viana, 254 (2011): 37-64.
22 JUAN JOSÉ IGLESIAS RODRÍGUEZ Chronica Nova, 49, 2023, 17-43 - http://doi.org/10.30827/cnova.v0i49.26887 En cuanto al origen social, resulta más difícil determinarlo, ya que en la mayor parte de los casos las fuentes no ofrecen indicios claros. El testamento de Francisco Guerra de la Vega lo retrata como el vástago de una familia hidalga, pero de modestos recursos. Procedía de una familia muy numerosa. Su padre tuvo doce hijos de sus dos matrimonios. Al fallecer en 1744 dejó deudas por un monto superior a 37.000 reales. La delicada situación de la familia obligó a Francisco a emigrar a Cádiz muy joven, a la búsqueda de mejores oportunidades 14. Sin embargo, otros armadores procedían de familias ya asentadas desde tiempo atrás en el mundo de los negocios y la navegación a Indias. Así, por ejemplo, José Antonio Rivero Cordero era hijo de Manuel Rivero, un ayamontino de origen modesto emigrado a Cádiz que amasó una importante fortuna en la Carrera de Indias 15. Es el caso también de José Antonio Almerá, quien sucedió a su padre, Félix Almerá, comerciante y naviero de origen catalán, a quien sustituyó al frente de sus negocios. En general, estos son los dos patrones mayoritarios a los que se ajustan los navieros estudiados, desde el punto de vista de su origen social: o bien se trata de emprendedores de origen en general modesto, que vieron en Cádiz y en América una oportunidad para progresar, o bien de individuos pertenecientes a una segunda generación familiar de comerciantes ya establecidos y que habían alcanzado éxito anteriormente, cuyos negocios y dependencias continuaron. Sin embargo, estos dos perfiles no agotan todas las posibilidades. Encontramos también alguna excepción, como la de Antonio Tazón, quien estuvo empleado como contramaestre en los almacenes que el Consulado tenía en el Trocadero. Esta ocupación, aunque relativamente modesta, y el continuo contacto con el mundo de la navegación a Indias que conllevaba quizás le depararon la oportunidad, que no desaprovechó, de adquirir su fragata, La Esmeralda, y ocuparse en los negocios de la Carrera. DE LOS VIAJES INICIÁTICOS A AMÉRICA A LA PROPIEDAD DE NAVÍOS Para los que llegaron a Cádiz desde otros lugares, las redes de parentesco y paisanaje jugaron un papel importante de cara a su inserción en el mundo de los negocios americanos. Las circunstancias precisas de su llegada y primeras 14. Juan José Iglesias Rodríguez, “La burguesía atlántica gaditana del siglo XVIII: visiones del mundo y transformaciones de mentalidad. Francisco Guerra de la Vega, comerciante y naviero”, en Andalucía en el mundo atlántico moderno. Agentes y escenarios, Coords. Juan José Iglesias Rodríguez y José Jaime García Bernal (Madrid: Sílex, 2016), 355-388. Sobre Guerra de la Vega, vid., también, Manuel Bustos Rodríguez, El consulado de cargadores a Indias en el siglo XVIII (Cádiz: Editorial UCA, 2017), 174-176. 15. Manuel Moreno Alonso, Retrato de familia andaluza con las Indias al fondo. El memorial de El Pintado (1697-1780) (Sevilla: Alfar, 2000); Los Solesio. Historia de una familia andaluza (1780-1901) (Sevilla: Alfar, 2009).
NAVIEROS DE LA CARRERA DE INDIAS EN VÍSPERAS DEL LIBRE COMERCIO 23 http://doi.org/10.30827/cnova.v0i49.26887 - Chronica Nova, 49, 2023, 17-43 actividades en la ciudad gaditana no son fáciles de desvelar, pero la documentación ofrece algunas transparencias que proporcionan pistas útiles. Así, por ejemplo, sabemos que el santanderino Francisco Guerra de la Vega llegó a Cádiz muy joven, hacia 1737, cuando apenas contaba catorce años de edad, y que muy probablemente entrara a trabajar en la casa de comercio del también cántabro Francisco Tabernilla Escajadillo 16. Este era natural de Hoz de Marrón, en el municipio de Ampuero, un lugar cercano al de nacimiento de la madre de Guerra de la Vega, que era originaria del lugar de Matienzo. En 1750, Guerra se matriculó en el Consulado de Cádiz 17. En 1754 otorgó su primer testamento, quizás en vísperas de un viaje a Indias 18. En 1756 viajó a Nueva España como factor, con mercancías consignadas por diversos comerciantes (textiles, cera, canela, hierro y acero) 19. Dos años después contrajo matrimonio con la hija de Tabernilla. Según declaración de este último, “por haberse mantenido y mantenerse en mi casa y compañía (aunque bajo reglamento que Guerra y yo hemos hecho), no les he dado dote alguna, pero sí algunas alhajas de oro y piedras preciosas, ropa de uso y muebles, que aparecen en mis papeles apuntadas” 20. Los rápidos progresos de Guerra de la Vega en el comercio de Indias permitieron que en 1773 fuera ya propietario de dos fragatas: La Aurora, de 246 toneladas de arqueo, y Los Placeres, de 490 toneladas 21, con las que navegó al Callao y a Veracruz 22. En 1775 La Aurora navega a Río de la Plata, para cargar cueros en Montevideo 23. En 1776 estaba de partida hacia Buenos Aires 24. Otro caso de debutante en el comercio de Indias desde una posición modesta es el de Vicente Reimundo de Eguía. Este vitoriano viajó a Nueva España por primera vez en 1729, como criado del mercader Juan Félix de Garaicoechea, natural de México, aunque probablemente también de ascendencia vasca 25. En 1754 era ya maestre del navío Nuestra Señora de Ariarte (a) La Limeña, de 625 toneladas de arqueo 26, y poco después formó compañía con Juan de Olave 16. Juan José Iglesias, “La burguesía atlántica gaditana…”, 359-360. 17. Julián B. Ruiz Rivera, El Consulado de Cádiz. Matrícula de comerciantes, 1730-1823 (Cádiz: Diputación Provincial, 1988), 167. 18. Archivo Histórico Provincial de Cádiz (AHPC), Protocolos notariales de Cádiz (CA), 2448, ff. 342-343. 19. Archivo General de Indias (AGI), Contratación, 5499, N. 61. 20. AHPC, CA, 4498, ff. 896-898. Testamento de Francisco Tabernilla Escajadillo, 25 de junio de 1760. 21. María Dolores Herrero Gil, El mundo de los negocios de Indias, 206. 22. AGI, Consulados, L.712. 23. Archivo Histórico Nacional (AHN), Consejos, 20222, Exp. 10. 24. AGI, Consulados, L.712. 25. AGI, Contratación, 5477, N. 71. 26. AGI, Contratación, 1152, N. 2. Registros de ida de las naos sueltas que fueron a Veracruz en 1754.
24 JUAN JOSÉ IGLESIAS RODRÍGUEZ Chronica Nova, 49, 2023, 17-43 - http://doi.org/10.30827/cnova.v0i49.26887 y José de Guisasola. En la mayor parte de los casos analizados se observa una evolución similar. Los navieros de la Carrera de Indias hacen sus primeros viajes a América como simples pasajeros, como empleados de otros comerciantes, como factores o como mercaderes. Posteriormente aparecen como maestres, capitanes y dueños de navíos, viajando con estos al otro lado del Atlántico. Finalmente los encontraremos ya asentados como comerciantes, formando compañías, y como armadores, dirigiendo sus empresas navieras desde Cádiz. Así, por ejemplo, Lorenzo Beyens viajó a Veracruz como pasajero a Indias en 1751 27, y como mercader y factor cinco años más tarde 28. Entre 1761 y 1763 lo encontramos viajando a Cartagena de Indias ya como maestre de la fragata La Galga 29. En 1774 y 1775 es su hermano Rafael el que se ocupa de conducir este navío a Cartagena, mientras que Lorenzo permanece en Cádiz 30. Parecida trayectoria siguió José Antonio Rivero. Si en 1756 marchaba a Nueva España como mercader y factor 31, en 1766 retornaba de los puertos del Mar del Sur como maestre del navío El Gallardo 32. O también Ignacio Suárez, viajero a Honduras en 1763 como mercader y factor 33 y que seis años después hacía la misma travesía como maestre de la fragata El Venturoso 34. El acceso a la propiedad de navíos significaba que se había logrado ya un nivel de fortuna importante en el comercio americano y que se disponía de una elevada capacidad de inversión. Un navío de la Carrera de Indias podía llegar a costar hasta cuarenta mil pesos si alcanzaba las quinientas toneladas de arqueo, aunque el tipo de embarcación mercante más frecuentemente utilizado en el comercio colonial durante el siglo XVIII fue la fragata de entre 100 y 300 toneladas 35. Sin embargo, no todos los armadores tuvieron que afrontar tan gravosos desembolsos. Algunos, como el mencionado José Antonio Almerá, heredaron los navíos que utilizaron en sus viajes. También existió un mercado de embarcaciones de segunda mano, en el que se aprovecharon oportunidades de adquirir barcos a precios relativamente bajos 36. Así, por ejemplo, Juan Archimbaud vendió en 1766 la fragata llamada La Margarita, de 235,5 toneladas de arqueo, que se hallaba anclada en el Trocadero, a Juan María Solari por un precio de solo 2.715 pesos. 27. AGI, Contratación, 5492, N. 2, R. 50. 28. AGI, Contratación, 5499, N. 36. 29. AGI, Contratación, 2919, R. 16 (año 1761); 1660 (año 1763); 1663, N. 3 (año 1765). 30. AGI, Contratación, 1666, N. 4; 1668, N. 2. 31. AGI, Contratación, 5499, N. 19. 32. AGI, Contratación, 2799. 33. AGI, Contratación, 5506, N. 3; R. 60. 34. AGI, Contratación, 1603, N. 1. 35. Antonio García-Baquero, Cádiz y el Atlántico, 229-260. 36. Marina Mola Alfonso, “El mercado de embarcaciones de segunda mano en la Carrera de Indias (1778-1797)”, Jahrbuch für Geschichte Lateinamerikas, 34 (1997): 127-157.
NAVIEROS DE LA CARRERA DE INDIAS EN VÍSPERAS DEL LIBRE COMERCIO 25 http://doi.org/10.30827/cnova.v0i49.26887 - Chronica Nova, 49, 2023, 17-43 La fragata se hallaba en aquel momento embargada por Nicolasa Chabaudis por el importe de un préstamo que había tomado Archimbaud en el último viaje que el navío hizo a Cartagena de Indias, sobre cuyo cobro inició autos ejecutivos el tribunal del Consulado 37. Tabla 2. Buques propiedad de navieros gaditanos en 1777 Nombre Nombre Tn. de arqueo Francisco Guerra de la Vega La Aurora Los Placeres 246 490 Lorenzo Beyens Nuestra Señora del Carmen (a) La Galga 252 Rivero e Hijos El Gallardo Nuestra Señora de Begoña 476 919 Ignacio Suárez Venturoso 141 Vicente Reimundo de Eguía La Limeña 625 Ustáriz Hermanos y Ustáriz San Ginés El Aquiles El Hércules (Ustáriz y San Ginés) El Toscano La Purísima Concepción La Ventura (Ustáriz y San Ginés) Nuestra Señora de la Victoria San Nicolás de Bari 945 447 449 828 426 590 685 José Retortillo Jesús, María y José San Esteban 78 134 Cinco Gremios Mayores de Madrid Ntra. Sra. Del Rosario y S. Francisco de Asís 590 Francisco Martínez de Vallejo Santa Gertrudis 134 José Antonio Almerá Ntra. Sra. del Rosario y S. Francisco Javier 755 José de Llano y San Ginés El Brillante 764 Cosme Joaquín Terreros El Vigilante San Nicolás de Bari 358 195 Juan Esteban de Lizardi La Ventura San Juan Bautista La Paz 426 118 144 Pablo Álvarez San Pablo Ntra. Sra. de los Dolores San Esteban 577 180 - Francisco de Sierra Angélica 244 Antonio Tazón La Esmeralda 143 Compañía de San Fernando Matamoros 591 Fuente: Elaboración propia a partir de datos de M.ª Dolores Herrero Gil, El mundo de los negocios de Indias, Madrid, CSIC, 2013, pp. 91-95. 37. AHPC, CA, 1473, ff. 515r.-520v.
32 JUAN JOSÉ IGLESIAS RODRÍGUEZ Chronica Nova, 49, 2023, 17-43 - http://doi.org/10.30827/cnova.v0i49.26887 La búsqueda de rentabilidad para el capital llevó a los navieros a la práctica del préstamo, sobre todo bajo la modalidad de riesgo marítimo, adelantando cantidades a otros comerciantes a cambio de un interés y participando así en la financiación de la Carrera de Indias 61, pero también a colocar dinero en fondos, créditos, vales reales y acciones. La partición de bienes del conde de Torres nos revela el peso que alcanzaron este tipo de inversiones a fines del siglo XVIII y comienzos del XIX. José Retortillo adquirió siete cédulas de capital, con un valor de 281.750 reales de vellón, al 9% de interés anual, sobre el fondo vitalicio de la ciudad de Cádiz. Participó con 145.680 reales en el empréstito de un millón de pesos fuertes que el comercio de Cádiz hizo al rey para atender a las urgencias de la guerra. Adquirió una obligación de la Caja General de Consolidación por 41.289 reales y 12 maravedís de vellón, a un interés del 3% anual. Así mismo, adquirió vales reales por un total superior a 3,1 millones de reales, al 4% de interés, acciones del Consulado por 662.588 reales, al 6% de interés anual, y otras acciones del préstamo patriótico y del Real Empréstito. En total, unas inversiones a interés fijo de más de 4,2 millones de reales de vellón 62. Tabla 4. Estructura del capital de José Retortillo (1806) Concepto Cantidad (rvn.) % Metálico en caja 2.938.722 14,2 Suplementos hechos a la viuda e hijos 1.806.181 8,7 Plata, alhajas, muebles, menaje, ropa, pinturas, coches y otros 280.687 1,4 Valores, créditos, vales reales y acciones 4.267.773 20,6 Propiedades inmuebles 3.316.446 16,0 Título de Castilla 666.221 3,2 Existencias en Cádiz, Chiclana, Veracruz, Guatemala y Buenos Aires 2.781.601 13,4 Créditos en España, Europa y América 63 4.318.056 20,8 Capital aportado al matrimonio 376.312 1,8 TOTAL 64 20.751.999 100 Fuente: AHPC, CA, 2255, ff. 291-389. Partición de bienes de José Retortillo García, conde de Torres. Elaboración propia. 61. Vid. Antonio Miguel Bernal, La financiación de la Carrera de Indias (1492-1824). Dinero y crédito en el comercio colonial español con América (Sevilla: Fundación El Monte, 1993), 449-462, y el extenso estudio que le dedica a esta cuestión M.ª Dolores Herrero, El mundo de los negocios de Indias, 307-432. 62. AHPC, CA, 2255, ff. 291-389. 63. De los créditos a favor, 1.359.369 reales de vellón se consideraban de dudoso cobro y 3.466.939 más, incobrables, por lo que, en realidad, el saldo de los créditos a favor y en contra podía ser negativo en 508.252 reales de vellón. 64. Del total del cuerpo valorado de bienes hay que rebajar 68.243 reales de vellón de gastos del funeral, misas y limosnas. Se repartieron entre los herederos solo 11.126.923 reales, habida cuenta
NAVIEROS DE LA CARRERA DE INDIAS EN VÍSPERAS DEL LIBRE COMERCIO 33 http://doi.org/10.30827/cnova.v0i49.26887 - Chronica Nova, 49, 2023, 17-43 La mayor parte de estos capitales procedían, en última instancia, del comercio con América. El conde de Torres tenía en el momento de fallecer mercancías remitidas a Veracruz en varias expediciones por valor de más de 1,4 millones de reales. Se trataba de una actividad que proporcionaba beneficios muy altos, aunque también estaba sujeta a azarosas contingencias que podían causar un grave quebranto al estado de los negocios. El mismo conde de Torres sufrió en 1805 el apresamiento por los ingleses de la fragata Nuestra Señora de la Piedad, en la que llevaba embarcados diversos efectos y frutos por un importante valor 65. Por otra parte, en numerosas ocasiones los individuos analizados actuaron formando compañías mercantiles. Juan Baptista Ustáriz tuvo compañía con su primo Juan Agustín Ustáriz y otras personas, y más tarde con José Llano San Ginés 66. Vicente Reimundo Eguía tuvo sociedad con Juan de Olave y José de Guisasola. Esta compañía solicitó una moratoria en 1756 para pagar sus créditos 67, y finalmente entró en quiebra 68. José de Miranda formó una compañía familiar con sus tres hermanos (Francisco, Antonio y Gaspar) que operó en Cartagena de Indias, aunque sin llegar a formalizar contrata, “porque siempre nos hemos gobernado con la unión y buena fe que corresponde entre hermanos” 69. Juan Isidoro Monsagrati estuvo asociado con Rafael Montis 70. Después de su muerte, la compañía pasó a ser Monsagrati Hijos, Montis y Cía, operando entre 1781 y 1799 71. Francisco Guerra de la Vega estableció compañía en 1791 con su hijo y su sobrino, Venancio Díaz Guerra, invirtiendo en ella un fondo de 60.000 pesos. Esta compañía giró con el nombre de Guerra y sobrino 72. Por último, José Retortillo actuó como consiliario de la compañía de seguros de Cádiz María Santísima de los Dolores 73. los créditos de dudoso cobro e incobrables y las cantidades que les habían sido adelantadas sobre la herencia. 65. Ibid. 66. M.ª Dolores Herrero Gil, El mundo de los negocios de Indias, 77-88. 67. AGI, Escribanía, 1132. 68. AHN, Consejos, 20210, Exp. 3. El marqués de Negreiros, vecino de Lima, con Lorenzo Arístegui y Francisco Aguirre, interventores nombrados por el común de acreedores de la casa en quiebra de Vicente Reimundo Eguía, Olave y Guisasola, sobre paga de cuatro mil pesos, año 1766. 69. AHPC, CA, 2465, ff. 476-479. Testamento de José de Miranda, 2 de septiembre de 1770. 70. AGI, Ultramar, 931. 71. AGI, Ultramar, 987. 72. Juan José Iglesias, “La burguesía atlántica gaditana del siglo XVIII: visiones del mundo y transformaciones de mentalidad…”, 362. 73. AHN, Consejos, 20277, Exp. 5. José Retortillo y José Goin, como consiliarios de la compañía de seguros María Santísima de los Dolores, contra Juan José de Santibáñez y José López de Salces, directores de la casa de comercio en Cádiz de los Cinco Gremios Mayores de Madrid, como síndicos del concurso a la quiebra de García Bermúdez, vecino de Cádiz, sobre pago de cantidades procedentes de premios de seguros (1790-1794).
34 JUAN JOSÉ IGLESIAS RODRÍGUEZ Chronica Nova, 49, 2023, 17-43 - http://doi.org/10.30827/cnova.v0i49.26887 Acerca de la evolución del capital de los navieros estudiados podemos formar una idea mediante la comparación entre el capital habido en el momento del matrimonio y el declarado en sus testamentos o en la posterior partición de bienes, cuando estos extremos constan, lo que tampoco es muy frecuente 74. En la tabla 5 figuran los datos que hemos podido recabar, reducidos a reales de vellón. Se refieren a siete de los navieros firmantes de la representación de 1777 dirigida al presidente de la Casa de la Contratación. Puede observarse que dos de ellos, Juan Baptista Ustáriz y José Llano San Ginés, habían llegado al matrimonio con un capital ya consolidado, superior a los dos millones de reales en el caso de Ustáriz y a los tres millones en el caso de Llano San Ginés; sin embargo, ambos estaban en situación de quiebra en el momento de otorgar testamento. El primero de ellos declaró, en efecto, la quiebra en 1786 ante el Consulado de Cádiz, debido al descubierto en que se encontraba con varios comerciantes tanto españoles como de otros países. En 1794 fue constituida la correspondiente junta de acreedores, que se hizo cargo de todos los bienes de Ustáriz para atender al pago de las cantidades reclamadas 75. Por su parte, Llano San Ginés disponía, en el momento de su matrimonio en 1774 con Elvira Elizondo, de un capital de hasta 226.600 pesos escudos en dinero efectivo, alhajas y dependencias buenas, además de la antigua casa torre infanzona de su familia en el concejo de Galdames, pero en 1789 padecía notorios quebrantos en el giro de su comercio, por lo que se vio forzado a solicitar una moratoria de diez años para pagar a sus acreedores 76. Por el contrario, otros navieros habían conseguido acumular a lo largo de sus vidas unas fortunas considerables, de las que siguieron disponiendo hasta el final de sus días. Francisco Guerra de la Vega multiplicó por 9 su capital desde que casó hasta que dictó testamento. Lorenzo Beyens lo multiplicó por 28 en similar lapso de tiempo. Ignacio Suárez lo hizo por 58, José Retortillo por 55, y Francisco Solivera por 32. La diferencia de años transcurridos entre ambos momentos, matrimonio y testamento, oscila para todo el grupo entre 15 y 46, situándose el promedio en 33,7. Estas situaciones diversas hablan bien a las claras de las grandes posibilidades de enriquecimiento que el comercio colonial deparaba, pero también de los enormes riesgos que conllevaba. La participación en los negocios de Indias podía propiciar, pues, amasar una enorme fortuna, pero también arrastrar a estrepitosas quiebras. Se trataba de la cara y la cruz de una misma moneda lanzada al aire con desigual suerte para unos y otros. 74. El capital aportado al matrimonio no incluye la dote de la esposa, que se declaraba aparte a efectos del cómputo de la legítima materna. 75. AHPC, CA, 4543, ff. 182-189. Testamento del conde de Reparaz, 23 de enero de 1795. 76. AHPC, CA, 4529, ff. 2.806-2.819. Testamento de José Llano San Ginés, 12 de noviembre de 1789.
NAVIEROS DE LA CARRERA DE INDIAS EN VÍSPERAS DEL LIBRE COMERCIO 35 http://doi.org/10.30827/cnova.v0i49.26887 - Chronica Nova, 49, 2023, 17-43 Tabla 5. Evolución del capital de siete navieros gaditanos Nombre Capital al matrimonio Capital al testar Diferencia de años Incremento porcentual Francisco Guerra de la Vega 745.745 6.622.671 35 888 Lorenzo Beyens 144.000 4.000.000 46 2.777 Ignacio Suárez 105.000 6.158.104 28 5.864 Juan B. Ustáriz 2.100.00 Quiebra 36 - José Retortillo 376.312 20.751.999 46 5.514 José Llano San Ginés 3.399.000 Quiebra 15 - Francisco Solivera 22.500 719.346 30 3.197 Fuente: Protocolos notariales de Cádiz. Elaboración propia. RASGOS DE MENTALIDAD Un rasgo recurrente y ampliamente documentado en la trayectoria de los comerciantes enriquecidos por los negocios de Indias fue el afán de ennoblecimiento 77. Esta tendencia se manifestó de diversas formas, a veces constituyendo etapas sucesivas de un mismo cursus honorum: obtención de cartas de hidalguía, de hábitos de órdenes militares, de señoríos jurisdiccionales y, finalmente, de títulos nobiliarios, muchas veces por procedimientos venales 78. Idéntica propensión a la obtención de la nobleza, como mecanismo de prestigio y ascenso social, ha sido constatada entre los comerciantes gaditanos del siglo XVIII 79. En los navieros analizados está también presente la tendencia a ennoblecer, como así mismo la de fundar vínculos y mayorazgos para los sucesores, aunque, en este caso, la emulación de los usos de la nobleza viene también acompañada por una estrategia consciente de amortización del capital, orientada a garantizar su 77. Juan José Iglesias Rodríguez, “El afán de reputación en la burguesía de negocios española moderna: entre el prejuicio social y la estrategia ascensional”, en La Reputación. Quête individuelle et aspiration collective dans l’Espagne des Habsbourg, Dir. Béatrice Perez (París: Sorbonne Université, 2018), 561-586. 78. María del Mar Felices de la Fuente, La nueva nobleza titulada de España y América en el siglo XVIII (1701-1746). Entre el mérito y la venalidad (Almería: Universidad de Almería, 2012); Condes, duques y marqueses. Biografías de nobles titulados durante el reinado de Felipe V (Madrid: Doce Calles, 2013). 79. Lidia Anes Fernández, “Comercio con América y títulos de nobleza: Cádiz en el siglo XVIII”, Cuadernos Dieciochistas, 2 (2001), 109-149. Pablo Ortega del Cerro, “Ennoblecimiento y elitización de los comerciantes gaditanos en los siglos XVIII y XIX: análisis a partir de los ingresos en la Real Armada”, Tiempos Modernos, 30 (2015), consultado 8 de noviembre de 2022: http://www.tiemposmodernos.org/tm3/index.php/tm/article/view/381/449
36 JUAN JOSÉ IGLESIAS RODRÍGUEZ Chronica Nova, 49, 2023, 17-43 - http://doi.org/10.30827/cnova.v0i49.26887 conservación en el seno de la familia 80. Un ejemplo claro de promoción nobiliaria es el de José Retortillo, quien pasó de litigar su hidalguía, en los años setenta y ochenta del siglo 81, a obtener en 1796 el título de conde de Torres. Alegó diversos méritos para solicitar este título de Castilla: en primer lugar, que había sido diputado del comercio de la Carrera de Indias para el servicio de veinte millones de reales que pidió el rey con motivo de la guerra; en segundo lugar, ser caballero de sierra o montanero real de la ciudad de Soria, como miembro de uno de sus doce linajes; en tercer lugar, en 1790, teniendo cargada la fragata Nuestra Señora de la Piedad y Santa Ana para Veracruz, le manifestó el gobernador de Cádiz que debía enviar a Puerto Rico a la oficialidad del Regimiento de Infantería de Cantabria y la del fijo de aquella isla, a lo que se ofreció Retortillo, desviando y retardando el viaje previsto a Veracruz, lo que le ocasionó mayores gastos; por último, hallarse con las calidades necesarias de nacimiento y nobleza 82. Sin embargo, en su testamento y partición de bienes aflora la realidad de un título venal: Retortillo pagó por él 666.221 reales y 5 maravedís de vellón, de los cuales 299.264 reales y 24 maravedís por la redención de los servicios de lanzas y media annata 83. Precisamente, el carácter venal del título estuvo en el origen de un litigio seguido en el juzgado civil de Cádiz a la muerte del marqués entre su hijo y sucesor, Manuel Retortillo, y el resto de los herederos, pues surgieron diferencias sobre si a aquel se le debía cargar en su parte de herencia el costo que el título había tenido 84. Una trayectoria muy similar fue la de Francisco Guerra de la Vega. Aunque este personaje blasonaba de nobleza notoria, siguió pleito de hidalguía en la Chancillería de Valladolid en 1762 85. Años después, entre 1769 y 1781, litigó su hidalguía con la ciudad de Cádiz 86 y con las villas de Chiclana y Puerto Real 87, ganando finalmente ejecutoria 88. En 1772 obtuvo licencia real para crear un mayorazgo vinculando todos sus bienes, aunque esperó a 1793 para formalizar la fundación. En 1791 fue nombrado caballero de la orden de Carlos III 89. 80. Isabel M.ª Melero Muñoz, Linaje, vinculación de bienes y conflictividad en las élites nobiliarias de la España moderna. Los conflictos en torno a la sucesión del mayorazgo (siglos XVII-XVIII) (Sevilla: Universidad de Sevilla, 2023. 81. Archivo de la Real Chancillería de Valladolid (ARChV), Sala de Hijosdalgo, Caja 1340, 21, 82. AHN, Consejos, 8978, A.1798, Exp. 5442. 83. AHPC, CA, 2261, ff. 106-133. Testamento en virtud de poder del conde de Torres, otorgado por su viuda, María Gertrudis Yungh y Polein, 20 de febrero de 1809. 84. Ibid. 85. ARChV, Sala de Hijosdalgo, caja 1128, 30. 86. Archivo de la Real Chancillería de Granada (ARChG), caja 4669, piezas 254 y 258. 87. ARChG, caja 4649, pieza 295; caja 4669, pieza 274; caja 4671, pieza 112. 88. AHN, Consejos, 35601, Exp. 48. 89. AHN, Estado-Carlos III, Exp. 581.
NAVIEROS DE LA CARRERA DE INDIAS EN VÍSPERAS DEL LIBRE COMERCIO 37 http://doi.org/10.30827/cnova.v0i49.26887 - Chronica Nova, 49, 2023, 17-43 Finalmente, su trayectoria nobiliaria ascendente culminó con la obtención del título de marqués de la Hérmida 90. Otros navieros también alcanzaron títulos de Castilla. Es el caso de Lorenzo Beyens, nombrado conde de Villamar en 1773 91. Beyens fue también caballero de la orden de Carlos III, desde 1778, y maestrante de la Real Maestranza de Caballería de Valencia. Fundó un vínculo y mayorazgo sobre el tercio y remanente del quinto de sus bienes, “deseoso de perpetuar no solo el lustre de mi familia, si también los bienes que poseo”, a favor de su primogénito varón, José María y sus descendientes, “para que mejor sirvan a Dios Nuestro Señor, a los señores reyes de España y mantengan la debida decencia (…) del condado de mi propiedad” 92. Así mismo, Juan B. Ustáriz protagonizó una destacada carrera nobiliaria, al ingresar como caballero de la orden de Santiago y obtener en 1763 el título de conde de Reparaz, que en 1795 cedió a su sobrina María Francisca, hija de su difunto hermano Juan Felipe de Ustáriz, con motivo del casamiento de aquella con Francisco Javier García de Quesada, hijo del marqués de Navasequilla de Jaén 93. José Llano San Ginés no llegó a conseguir un título de nobleza, aunque procedía de una casa infanzona de Vizcaya y alcanzó a vestir el hábito de caballero de Santiago. Fundó con facultad real por voluntad testamentaria dos mayorazgos con su caudal y bienes para sus dos hijos varones, pero, hallándose en quiebra, la dotación de estas fundaciones era en la práctica nula 94. Los testamentos y escrituras de última voluntad de los navieros contemplados en este estudio ofrecen también pistas acerca de sus visiones del mundo y su mentalidad. En otro lugar nos hemos ocupado por extenso del caso de Francisco Guerra de la Vega, quien en su testamento ofreció una rica información acerca de sus convicciones en relación con la familia, la administración del patrimonio, la educación de los hijos, la patria o la religión 95. No disponemos aquí de espacio para tratar por extenso todas estas cuestiones, pero sí para ofrecer algunas breves pinceladas que ilustren sobre el universo mental del grupo estudiado. En torno a las actitudes ante la muerte, resulta obligado remitirse a los estudios de María José de la Pascua 96. En nuestros navieros contrastan las manifestaciones de humildad ante el tránsito al otro mundo con disposiciones exageradas en torno a las exequias fúnebres o las misas pro anima. Estas contra- 90. AHN, Consejos, 8976, Exp. 408. 91. AHN, Consejos, 11759, Exp. 18. 92. AHPC, CA, 421, ff. 1681-1698. Testamento en virtud de poder de Lorenzo Beyens, conde de Villamar, otorgado en virtud de poder por su hermano Rafael Beyens, presbítero. 93. AHPC, CA, 4543, ff. 182-189. Testamento del conde de Reparaz, 23 de enero de 1795. 94. AHPC, CA, 4529, ff. 2.806-2.819. 95. Juan José Iglesias, “La burguesía atlántica gaditana del siglo XVIII…”, art. cit. 96. María José de la Pascua Sánchez, Vivir la muerte en el Cádiz de finales del siglo XVII y el siglo XVIII, Cádiz: Universidad de Cádiz, 1987.
38 JUAN JOSÉ IGLESIAS RODRÍGUEZ Chronica Nova, 49, 2023, 17-43 - http://doi.org/10.30827/cnova.v0i49.26887 dicciones nos sitúan unas veces ante un horizonte mental que evoluciona hacia una concepción más racional y burguesa y otro que nos recuerda aún las hipérboles del Barroco. Así, por ejemplo, Juan Antonio García Vía manifestaba en su testamento, otorgado en 1789, que quería que su entierro fuera “de los más humildes (…), sin aparato pomposo, ni acompañamiento de coches, ni otra cosa que no respire humildad, edificación y devoción”, pero al mismo tiempo dispuso que su funeral fuera acompañado por pobres del Hospicio de la Caridad, “aunque exceda el número de doscientos”, portando cada uno un cirio encendido y ordenados en dos filas, como en procesión 97. Por su parte, Ignacio Suárez dispuso que tras su muerte se dijesen por su alma y las de sus padres y abuelos nada menos que dieciséis mil misas en Cádiz y en su villa natal de Muros 98. Sin embargo, el adinerado José Retortillo quiso ser despedido con el funeral, entierro y acompañamiento más humilde que dispusiesen su viuda o sus hijos 99. Así mismo, Domingo Ibarra dejó expresado en una declaración manuscrita de sus últimas voluntades que quería un entierro común, sin pompa ni otra disposición extraordinaria, “excusando honras y otros aparatos de esta naturaleza” 100. La fuerza de los lazos familiares y los vínculos afectivos con el lugar de origen influyeron de manera poderosa a la hora de disponer el legado de los bienes. Lo habitual era que los hijos los heredasen, pero, a falta de ellos, eran destinados a otros familiares residentes en Cádiz o en las poblaciones de las que los testadores procedían. No era infrecuente tampoco la disposición de legados testamentarios para familiares, deudos y sirvientes, así como también otros destinados a instituciones caritativas o a las hermandades y cofradías de las que los navieros formaron parte. Así, por ejemplo, José Antonio Almerá, persona muy devota de la cofradía del Rosario, sita en el convento de Santo Domingo de Cádiz, de la que era cofrade, sufragó velas y obsequió dos faroles de plata para las salidas procesionales de la Virgen, dando “pruebas del fervoroso celo y devoción que me asiste”. También era devoto de San Antonio, en su convento de San Francisco de la Observancia, a cuyo altar también sufragó velas. Hombre generoso, dispuso numerosas mandas testamentarias destinadas a familiares, empleados de su casa de comercio y sirvientes, así como al hospicio de la Santa Caridad, los hospitales de San Juan de Dios y de Mujeres, la Casa de Recogidas de San Pablo y la hermandad de los Benditos, para ayuda de vestuario 97. AHPC, CA, 1879, ff. 569-578. Testamento de Juan Antonio García Vía, 6 de junio de 1789. 98. AHPC, CA, 1706, ff. 628-651. Testamento de Ignacio Suárez, otorgado en virtud de poder por su viuda, Magdalena Viso, 27 de mayo de 1805. 99. AHPC, CA, 2247, ff. 573-578. Poder recíproco para testar de los condes de Torres, 30 de agosto de 1800. 100. AHPC, PSM, 790, ff. 568-582. Testamento de Domingo Ibarra, otorgado en virtud de poder por José Santiago de Casas, 12 de septiembre de 1792.
NAVIEROS DE LA CARRERA DE INDIAS EN VÍSPERAS DEL LIBRE COMERCIO 39 http://doi.org/10.30827/cnova.v0i49.26887 - Chronica Nova, 49, 2023, 17-43 destinado a los pobres de la cárcel real de Cádiz 101. Por su parte, Cosme Joaquín de Terreros, que no tenía herederos forzosos, dispuso en 1779 que la mitad de sus bienes los heredase su alma, a fin de que se invirtiese en sufragios, y la otra mitad sus hermanos, primos y sobrinos 102. En 1800 dispuso que, con cargo a su caudal y por devoción, se procediese a hacer la obra de reconstrucción de la iglesia de Nuestra Señora de la Peña, en el lugar de Herrera, concejo de Zalla, del que Terreros era natural, por hallarse dicha iglesia vieja y ruinosa 103. Sin embargo, once años después de su muerte, acaecida en 1808, esta obra no se había ejecutado aún, por las dificultades económicas que Terreros, al parecer, padecía en el momento de fallecer 104. CONCLUSIONES El hecho de que aparecieran firmando conjuntamente una representación dirigida al presidente de la Casa de la Contratación, en la que defendían sus intereses de cara a la mejora de las infraestructuras portuarias disponibles en el caño del Trocadero, identifica a un grupo específico de presión dentro del comercio gaditano de la segunda mitad del siglo XVIII, el formado por los navieros. Este grupo compartiría, sin duda, motivaciones y objetivos con el resto de los comerciantes gaditanos de la Carrera de Indias, pero también mantenía determinadas expectativas específicas que determinaron que se organizaran dentro del conjunto más amplios de los cargadores. Ello favorece identificarlos como colectivo y nos mueve a preguntarnos por sus perfiles y trayectorias. El intento, no obstante, tropieza con dificultades. Los navieros no aparecen definidos como un grupo perfectamente diferenciado por su actividad. Por el contrario, no existió un grado de especialización tal dentro del complejo mundo de los negocios de Indias que los singularice de forma taxativa. Los propietarios de navíos no sólo operaron como armadores dentro de la Carrera, sino también como comerciantes, financieros y aseguradores. A pesar de ello, tanto el denominador común de la propiedad de buques mercantes como la consecuente existencia de una problemática específica ligada a su actividad como tales permiten individualizar a este segmento de los agentes del comercio atlántico, en un momento también singular de su evolución, como es el período marcado por el protagonismo gaditano. 101. AHPC, CA, 900, ff. 302-315. Testamento de José Antonio Almerá, 29 de julio de 1768. 102. AHPC, CA, 5766, ff. 910-913. Poder para testar de Cosme Joaquín Terreros, 20 de mayo de 1772. 103. AHPC, CA, 5584, ff. 245-248. Poder para testar de Cosme Joaquín Terreros, 15 de mayo de 1808. 104. AHPC, CA, 5590, ff. 257-264. Testamento en virtud de poder de Cosme Joaquín Terreros, otorgado por Joaquín de Labarrieta, 25 de mayo de 1819.
40 JUAN JOSÉ IGLESIAS RODRÍGUEZ Chronica Nova, 49, 2023, 17-43 - http://doi.org/10.30827/cnova.v0i49.26887 El análisis sociológico de los componentes del grupo nos permite dibujar un colectivo de individuos originarios en su mayor parte de las regiones del norte de España, y muy especialmente de Cantabria, el País Vasco y Navarra. Desde el punto de vista social, procedían también mayoritariamente de áreas que eran semilleros de hidalgos. Muchos de ellos provenían de una matriz social característica: la nobleza inferior con recursos modestos, lo que los empujó a emigrar en busca de fortuna. Esta oleada migratoria formó parte, además, de la denominada “hora navarra”, redefinida más recientemente como “hora del siglo XVIII”, según la cual hombres de la periferia norteña procedentes de la nobleza media y baja protagonizaron una importante renovación de las élites de gobierno de la monarquía y -podríamos añadirde las élites mercantiles y financieras que operaron en los grandes centros urbanos peninsulares y americanos que fueron nodos activos del Atlántico español. El recorrido vital de estos hombres coincide en sus aspectos esenciales. Llegados a Cádiz, se vincularán al mundo del comercio; viajarán a América en sus años jóvenes como empleados de comerciantes o ya como mercaderes y factores, llevando mercancías por cuenta propia y ajena; se matricularán en el Consulado de cargadores; acumularán capitales; contraerán matrimonio con mujeres a menudo pertenecientes a familias también dedicadas al comercio, que a veces les aportarán sustanciosas dotes; levantarán fortunas; invertirán en nuevos negocios mercantiles, en bienes inmuebles, en iniciativas industriales o en valores; prestarán dinero a riesgo de mar; comprarán navíos, establecerán redes mercantiles en América y Europa; protagonizarán a veces sonadas quiebras, de las que unas veces se recuperarán y otras no; mantendrán pretensiones de ascenso social que focalizarán hacia la carrera nobiliaria; litigarán su hidalguía, alcanzarán hábitos de órdenes militares y adquirirán títulos de nobleza; fundarán vínculos y mayorazgos; pretenderán en suma el éxito en la tierra y la perpetuación de sus nombres y sus fortunas más allá de la muerte. Este perfil colectivo, que pone el acento en los rasgos comunes compartidos, no impide reconocer trayectorias individuales dignas de análisis particular por su específica singularidad. El análisis prosopográfico y el método biográfico, el estudio general del conjunto y el singular de los individuos que lo integraron, pueden combinarse con provecho y contribuir a partes iguales eficazmente al conocimiento de un grupo todavía escasa o fragmentariamente estudiado que jugó, sin embargo, un papel destacado en los desarrollos del comercio colonial español del siglo XVIII y que es, por ello mismo, digno de una mayor atención por parte de la historiografía especializada.
NAVIEROS DE LA CARRERA DE INDIAS EN VÍSPERAS DEL LIBRE COMERCIO 41 http://doi.org/10.30827/cnova.v0i49.26887 - Chronica Nova, 49, 2023, 17-43 BIBLIOGRAFÍA Alfonso Mola, Marina. “Los navieros naturalizados de Cádiz (1778-1820)”. En La burguesía de negocios en la Andalucía de la Ilustración, coordinado por Antonio García-Baquero, vol. 1, 207-226. Cádiz: Diputación Provincial, 1988. —“El mercado de embarcaciones de segunda mano en la Carrera de Indias (1778- 1797)”. Jahrbuch für Geschichte Lateinamerikas, nº 34 (1997): 127-157. —“Armadores y flota mercante colonial. La guerra y las transformaciones del sector naviero en el Antiguo Régimen”. En España y el comercio marítimo internacional (siglos XVII-XIX). Quince estudios, coordinado por Carlos Martínez Shaw y Marina Alfonso Mola, 487-528. Madrid: UNED, 2009. Anes Fernández, Lidia. “Comercio con América y títulos de nobleza: Cádiz en el siglo XVIII”. Cuadernos Dieciochistas, nº 2 (2001): 109-149. Bernal, Antonio Miguel. La financiación de la Carrera de Indias (1492-1824). Dinero y crédito en el comercio colonial español con América. Sevilla: Fundación El Monte, 1993. Bustos Rodríguez, Manuel. Cádiz en el sistema atlántico. La ciudad, sus comerciantes y la actividad mercantil (1650-1830). Madrid: Sílex, 2005. —El consulado de cargadores a Indias en el siglo XVIII (1700-1830). Cádiz: Editorial Universidad de Cádiz, 2017. Caro Baroja, Julio. La hora navarra del siglo XVIII (personas, familias, negocios e ideas). Pamplona: Comunidad Foral de Navarra, 1985. Carrasco González, Guadalupe. “El puerto de Cádiz en el tráfico marítimo entre el Atlántico y el Mediterráneo (1789-1815)”. En En torno a la Primera Globalización: conexiones y circulaciones entre el Atlántico y el Mediterráneo (1492-1824), coordinado por Juan José Iglesias Rodríguez, José Jaime García Bernal e Isabel M.ª Melero Muñoz, 365-396. Sevilla: Editorial Universidad de Sevilla, 2022. Cózar Navarro, María del Carmen. Ignacio Fernández de Castro y Cía. Una empresa naviera gaditana. Cádiz: Universidad de Cádiz, 1998. Felices de la Fuente, María del Mar. La nueva nobleza titulada de España y América en el siglo XVIII (1701-1746). Entre el mérito y la venalidad. Almería: Universidad de Almería, 2012. –Condes, duques y marqueses. Biografías de nobles titulados durante el reinado de Felipe V. Madrid: Doce Calles, 2013. Fernández Pérez, Paloma. El rostro familiar de la metrópoli. Redes de parentesco y lazos mercantiles en Cádiz, 1700-1812. Madrid: Siglo Veintiuno, 1997. García-Baquero González, Antonio. Cádiz y el Atlántico, 1717-1778. El comercio colonial español bajo el monopolio gaditano. Cádiz: Diputación Provincial, 1988.