Han, Byung-Chul. El espíritu de la esperanza. Contra la sociedad del miedo. Con imágenes de Anselm Kiefer. Traducción de Alberto Ciria. Barcelona: Ed. Herder, 2024, 144 pp. [Reseña]
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380380 Thémata. Revista de Filosofía • nº 70 • julio-diciembre (2024) pp. 380-384 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2024.i70.20 Francisco Rodríguez Valls1 Universidad de Sevilla, España Han es un autor fecundo que aúna el análisis filosófico de la sociedad occidentalizada con la delicadeza literaria que debe a sus raíces orientales. El efecto estético del libro aumenta por las ocho imágenes en color de obras del artista Anselm Kiefer que lo ilustran, elegidas entre Han y el propio Kiefer con ese propósito. También suma a la edición de la editorial Herder el dominio lingüístico y el gusto por el buen estilo del traductor de la obra, el Dr. Alberto Ciria, cuya labor realza el espíritu y la letra del filósofo surcoreano. Muchos profesionales veíamos en Han, hasta ahora, buenas descripciones de trazo grueso de la crisis de las sociedades neoliberales, pero no propuestas iluminadoras para salir de ella. En este libro no solo ofrece apuntes sueltos para hacerlo, sino que va entero dirigido a transformar la imagen social sesgada de la existencia humana que ha sido dominante en Occidente desde la Revolución Industrial. Para presentar las líneas de análisis de Han sintetizaré cada una de las cuatro secciones en las que divide el libro y concluiré con una valoración sobre lo que, a mi juicio, alcanza y sobre el terreno que queda por andar para acercarse algo más al horizonte que abre. El primer apartado tiene el título de Preludio (pp. 13-35). No he consultado la palabra en el original alemán y no puedo decir, por tanto, si es acierto del autor o del traductor, pero el término tiene un aire de juego (lúdico) y 1 [email protected] Han, Byung-Chul. El espíritu de la esperanza. Contra la sociedad del miedo. Con imágenes de Anselm Kiefer. Traducción de Alberto Ciria. Barcelona: Ed. Herder, 2024, 144 pp. RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS
381381 Thémata. Revista de Filosofía • nº 70 • julio-diciembre (2024) pp. 380-384 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2024.i70.20 HAN, BYUNG-CHUL EL ESPÍRITU DE LA ESPERANZA. CONTRA LA SOCIEDAD DEL MIEDO POR FRANCISCO RODRÍGUEZ VALLS fiesta que guarda relación de amistad con la esperanza. Ese enunciado cobra un especial protagonismo cuando, a la sociedad del miedo, la angustia y la muerte, Han opone sin radicalismos otra de la esperanza, el gozo y el nacimiento. En esta parte sostiene la tesis de que el concepto de angustia de Kierkegaard como vértigo/miedo ante la libertad presenta y destaca la elección libre como una carga que, en buena lógica, acaba históricamente siendo arrojada lejos con gusto por el común de los mortales. El filósofo danés y el pensamiento que sigue su orientación no atisban el sano gozo del riesgo y el beneficio del juego (otium versus negotium) para una vida saludable y buena. Al dilema antiguo de tener el “deber” de realizarse ejerciendo la acción “libre”, sobre todo en el trabajo, que concluyó en un rigorismo opresivo subrayado por el cristianismo protestante, le falta la sal de “jugarse” la vida y, por tanto, su dimensión de apuesta. Al fin y al cabo, gozar con el riesgo de lo que ensaya es lo propio de todo creador y todo ser humano es causa y efecto de sí mismo y de su mundo. En el primer compás de su libro, Han logra en algunos párrafos una síntesis de crisol de sus obras anteriores de crítica a la sociedad neoliberal. Un botón de muestra: Incluso la autocreación, la autorrealización creativa, acaba asumiendo un carácter coercitivo. Nos optimizamos figurándonos que nos estamos realizando, pero en realidad nos explotamos matándonos a trabajar. Estas presiones interiores intensifican el miedo y nos acaban causando depresiones. La autocreación es, en definitiva, una forma de autoexplotación, cuyo objetivo es el incremento de la productividad. (p. 28) Una reflexión cabal sobre este fragmento hace incomprensible que algunas ideologías de la liberación humana sigan depositando en la actividad laboral, en la práctica del neoliberalismo, el camino exclusivo para el florecimiento de la existencia. El trabajo por objetivos, incluso en el sector de los servicios, puede dañar más que el látigo de un negrero si hacen depender de la voluntad de un jefe (y peor si soy mi propio jefe) la satisfacción de las necesidades básicas tanto propias como aquellas de los que están a nuestro cuidado. La insatisfacción generalizada con el trabajo remunerado conduce a la separación, a veces radical, entre actividad pública y privada y resulta nefasta para la acción que busca un bien “común” que acaba importando a muy pocos en un “sálvese quien pueda” global. La creación puede ejercerse en la actividad laboral, pero un puesto de trabajo oneroso al que se está ata-
382382 Thémata. Revista de Filosofía • nº 70 • julio-diciembre (2024) pp. 380-384 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2024.i70.20 HAN, BYUNG-CHUL EL ESPÍRITU DE LA ESPERANZA. CONTRA LA SOCIEDAD DEL MIEDO POR FRANCISCO RODRÍGUEZ VALLS do con cadenas gruesas, por muy bien remunerado que esté, no realiza. En este caso, parafraseando uno de los lemas de la llamada Revolución del 68 francés, la imaginación de lo que es un trabajo no lleva al poder, sino a una nueva forma de dominio mediante un espejismo colectivo que identifica el éxito laboral con la realización personal. La segunda parte, la más extensa de la obra, lleva como motivo general Esperanza y acción (pp. 37-92). Su propósito es presentar los principios sobre los que se asienta la esperanza frente a las ensoñaciones del optimismo. Sintetizando su tesis filosófica: la esperanza no es mantener la actitud panglosiana de que el mundo es bueno y pensar que, de alguna forma, todo saldrá bien; es la decisión de transformarlo conforme a lo que puede dar de sí bajo la acción creadora humana. El siglo XX está plagado de teorías que fundamentan la acción y Han referencia y evalúa algunas de autores muy señeros: Camus, Bloch, Fromm, Heidegger, Arendt y Benjamin, entre otros. El abanico de posiciones va desde el quietismo nihilista hasta el activismo del horror vacui, pero, como suele ser habitual en casos similares, las reflexiones más sugerentes de Han se hacen sobre los “términos medios” excluyendo los extremos. Más allá de entenderla como una emoción o un sentimiento, Han denomina a la esperanza, con toda la gravedad de esos términos, como un temple de ánimo, una disposición afectiva permanente que permite idear de forma nueva los hechos y operar para transfigurarlos. A diferencia de otros autores que la describen como un fenómeno negativo, se examina específicamente la teoría de Arendt al respecto, el pensador surcoreano sitúa en la esperanza el principio de la acción humana: reparar el pasado y prometer el futuro requieren su presencia. La acción a la que empuja la esperanza salva el mundo haciéndolo renacer. Su forma más pura germina en las cenizas estériles de un mundo destruido cuando el espíritu humano entiende que, a pesar de todo el mal que ha existido, es mejor que la nada concebir la posibilidad de un bien futuro y afirma, ante la indignidad pútrida del presente, que la primera sonrisa de un por nacer redime todo el dolor de la historia. En la tercera, Esperanza y conocimiento (pp. 93-115), se muestra que la imagen -cierta- del ser humano como caminante y peregrino es completa solo si se la sitúa entre un origen y un destino. Un recorrido que no tenga un sentido para andarlo no justifica dar un paso más allá de donde se está. Cuando anda, como en su condición más propia, el ser humano no suele deambu-
383383 Thémata. Revista de Filosofía • nº 70 • julio-diciembre (2024) pp. 380-384 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2024.i70.20 HAN, BYUNG-CHUL EL ESPÍRITU DE LA ESPERANZA. CONTRA LA SOCIEDAD DEL MIEDO POR FRANCISCO RODRÍGUEZ VALLS lar. El camino, de hecho, no es más importante que conocer dónde se está y elegir a dónde se quiere ir. Viajar requiere orientarse. Por eso, por utilizar la imagen de Heidegger, acabar en un sendero de bosque sin salida posible es una experiencia tanto o más valiosa para el ser humano que satisfacer por caminos carreteros todos sus deseos. El camino que se anda con la esperanza se distingue del deambular en que, en el primero, el caminante sueña -sobre todo despiertocon alcanzar la meta y encuentra y abre senderos nuevos si los antiguos no llevan a ninguna parte. Por último, en la cuarta sección, Esperanza como forma de vida (pp. 117-140), ofrece Han una idea con suficiente fuerza como para replantear los fundamentos de la existencia que hemos heredado de las corrientes más importantes de la filosofía del siglo XX. Cito una afirmación clave en ese sentido: Priorizar ontológicamente la angustia por encima de todos los demás temples anímicos no es, en realidad, una decisión meramente metodológica, sino una decisión existencial, pues la angustia no es el único estado de ánimo que abre y esclarece la existencia humana, habiendo también otros temples positivos que lo hacen tan ampliamente como ella. (p. 119) Valorando con brevedad la obra, Han marca una meta enjundiosa para la renovación social de la humanidad y acierta al proponerla, pero creo que no emplea de manera suficiente algunos elementos del pensamiento de nuestra época que fortalecen su órdago a los valores del neoliberalismo. A mi parecer, esos instrumentos se concentran en la expresión paulina “qué tienes que no hayas recibido” (I Corintios, 4:7), tan opuesta a la imagen neoliberal del self-made man que no debe nada a nadie y de nada se arrepiente. Reconocer el don, que une singularmente en una raíz griega común (cha-) la alegría, la gracia y el amor, es el principio de un tipo de acción que busca la verdad, hace el bien y genera belleza. A partir de la gratitud a la tradición, la esperanza se emplea en crear dimensiones nuevas que ofrece a los que deseen recoger su testigo para que prosigan en condiciones renovadas el camino de la historia. Para concluir, Han arbitra como alternativa al nihilismo más coetáneo que pone su horizonte en la paz del cementerio, una visión romántica en sentido estricto -evidentemente, no la de unos adolescentes ensoñando un idilio irrealizable en su facturacon hondo calado filosófico y existencial. El ser es fuerza creadora y el fin de la vida es hacer nacer, engendrar en la
384384 Thémata. Revista de Filosofía • nº 70 • julio-diciembre (2024) pp. 380-384 • ISSN: 0212-8365 • e-ISSN: 2253-900X • DOI: 10.12795/themata.2024.i70.20 HAN, BYUNG-CHUL EL ESPÍRITU DE LA ESPERANZA. CONTRA LA SOCIEDAD DEL MIEDO POR FRANCISCO RODRÍGUEZ VALLS belleza según el cuerpo y según el alma, tal y como describe Platón el amor en El banquete (210a-212a). Si la vida tiene tanta fuerza para que en la tumba trepe la hiedra y germine la flor silvestre, ¿qué no hará el poder del espíritu creador en este y en otros mundos posibles? ¿Que esa visión de esperanza es un sin sentido? Es, más bien, una orientación diferente que da valor ontológico a la locura del genio cuando genera lo impensable para todos. Quien sostenga que es un absurdo y un sin sentido que pregunte, si se atreve, a la hiedra y la flor más que al cadáver que, por cierto, es quien les da la energía con que crecen. Renacer es una experiencia cotidiana que nuestra atención ya no percibe. Transformar requiere hoy recordar la causa que nos trajo a la vida. Necesitamos imbuirnos de reminiscencias. Oriente, encarnado en Han, nos está descubriendo el valor de la sabiduría que dio lugar al espíritu de Occidente.