La morfología histórica del español en los últimos cien años
Full text
LexisXXVIII. 1-2 (2004): 71-104. La morfología histórica del español en los últimos cien años* Rafael Cano Aguilar Universidad de Sevilla Entre las subdisciplinas de la lingüística histórica aplicada al español, el análisis diacrónico de la morfología parece, a primera vista (y sólo a primera vista), un sector bien roturado: se encuentra en todos los grandes manuales, antiguos y modernos, en los que se le dedica una atención considerablé; y cuenta con un manual propio, elaborado por Alvar y Pottier. En este sentido, su situación se aproxima bastante a la de la fonología, y contrasta radicalmente con la de la Sintaxis, la gran desconocida para la historia del español durante muchos años. 1 Y si bien no todas las unidades y paradigmas se tratan con el mismo pormenor, sí parecería lícito afirmar que en esas obras se nos presenta un panorama bastante completo de la historia de las formas gramaticales de nuestra lengua. Sin embargo, vista más de cerca, la situación de la morfología histórica del español no es tan favorable (aunque quizá no tanto * Por razones de espacio, sólo nos ocuparemos aquí de la "morfología gramatical", la que constituye las diversas formas de una palabra, y no de la "morfología léxica", la creadora de distintas palabras. 1 Hay que recordar aquí nuevamente que en el análisis histórico casi todos los autores trabajan con una clara separación entre morfología y sintaxis, si bien en ningún momento se reflexiona sobre ello, ni tal separación se hace corresponder con ningún tipo de presupuesto teórico.
72 Lexis XXVIII.l y 2 como era la de la sintaxis hasta Lapesa). En la exhaustiva Lingüística iberorrománica de Diego Catalán no hay referencias a monografías de temática morfológica, y el autor llega a afirmar: "Indudablemente, ni en España ni en Portugal han abundado las publicaciones sobre morfología histórica. Sólo hace excepción un campo muy restringido: el de los suf~os diminutivos" (Catalán 1974: 303); sobre estos tratan las referencias bibliográficas que aduce, para ampliarse en seguida hacia la "morfología léxica" revitalizada por Yakov Malkiel y sus discípulos. En efecto, si se repasa detenidamente la bibliografía sobre morfología histórica española salta a la vista el vacío señalado por Catalán (con la notable excepción de Malkiel), vacío que sólo en los últimos años está empezando a llenarse. Tanto más extraña ese vacío cuanto que, como se ha dicho más arriba, la morfología nunca ha estado ausente de las grandes composiciones sobre historia lingüística hispánica. Ciertamente, el "hueco" de la morfología histórica está siendo rellenado. Pero, al contrario que la sintaxis, no parece que su cultivo atraiga a las nuevas generaciones de estudiosos de la historia del español; y muchos de los pertenecientes a las anteriores generaciones tienen la morfología como campo de trabajo ocasional. Con algunas excepciones, el estudio de la morfología histórica española sigue siendo ampliamente minoritario y sin visible capacidad de expansión. Buena muestra indicativa de ello pueden ser los materiales recogidos en las Actas de los Congresos de Historia de la Lengua Española celebrados hasta el presente; dentro de la sección Morfasintaxis histórica, y siendo generosos en la atribución de determinadas comunicaciones al campo que interesa, las proporciones son las siguientes (en primer lugar figura el número total de comunicaciones de esa sección, y en segundo las que pueden calificarse de "análisis morfológico"): I, 34/6 (17,65%); II, 55/7 (12,73%); III, 3113 (9,68%); IV, 50/3 (6%); V, 48/8 (16,67%). Varias de esas comunicaciones son recurrentes, por lo que ·el abanico de cuestiones morfológicas tratadas se muestra notablemente reducido: manifestación de la superlación, morfología de los perfectos "fuertes", diptongación vs. no diptongación en la vocal radical, formas analíticas vs. sintéticas de los futuros.
Cano • La morfología histórica del español 73 l. La morfología histórica "clásica": de Menéndez Pidal a Alvar-Pottier 1.1. Como es bien sabido, casi la mitad del Manual de gramática histórica fue dedicada por Menéndez Pidal a la historia de las formas gramaticales, subdividida en cuatro grandes categorías o clases de palabras (nombre, pronombre, verbo y partículas). En nombre y verbo dedicó además notable atención a los mecanismos, derivativos y compositivos, de formación de nuevas unidades léxicas de esas dos categorías: morfología gramatical y léxica aparecen así claramente unidas, aunque se expongan en forma secuencial. Igual de completa es la morfología analizada en la monumental edición del Cantar, con ciertas diferencias en la exposición: ahí aparece el artículo desgajado de los pronombres, y colocado al principio, antes del nombre, y las partículas aparecen diferenciadas en las secciones sobre adverbio, preposición, conjunción e interjección. En principio, también es completa en su ámbito de análisis la morfología presente en Orígenes del españo~ si bien ahí el espacio que se le dedica contrasta, de forma desfavorable, con el que ostentan los grandes temas (grafías y fonética, áreas léxicas, constitución y evolución de áreas dialectales, etc.) tratados en esta obra. Por otro lado, el tratamiento de las distintas cuestiones es muy desigual, dependiendo la mayor o menor atención de lo efectivamente presente en los documentos, pero también de que sean cuestiones más conocidas (presentes en los tratados de lingüística románica o en su Manua~ o no tanto. Lógicamente, hay también diferencias según la intención de la obra: el Manual es descriptivo y explicativo; las otras dos, básicamente descriptivas. En el Manual se afirma la existencia de "leyes morfológicas", que parecen consistir en: a) la tendencia analítica del romance, b) la influencia analógica, y e) la tendencia a diferenciar las formas gramaticales confundidas por la fonética. Por otro lado, Pidal no se limita a la conjunción neogramática de cambio fonético y analogía para explicar la evolución morfológica: para la desaparición de los casos latinos señala que "[ ... ]otras [razones] psicológicas y sintácticas, [fueron] las que más contribuyeron a la pérdida de la declinación latina". Este recurso a la sintaxis, a los "usos" de las formas, está presente también al hablar de los pronombres, bien en la génesis de las modificaciones o acompañando a la constitución de
74 Lexis XXVIII.! y 2 las formas correspondientes. En cambio, en el verbo se parte de la conservación, aunque no de forma perfecta, de la conjugación, dado que su estructura formal era más nítida para el hablante, y remitía además a conceptos claros para éste. De ahí que toda la atención se concentre en cuestiones estrictamente de forma, y que en el verbo sí se aplique el principio de análisis neogramático, tal como se formula en el epígrafe 104: "La fonética turbada por la analogía". Sin embargo, Pidal ha de enfrentarse en seguida con divergencias en la morfología verbal que parecen ir más allá de su formulación, y para las que, en algunos casos, no parece contar con una respuesta: así ocurre con la radical diferencia en el vocalismo verbal de los verbos en -er e -ir, los primeros sin hacer ningún caso de la yod derivativa o desinencia!, y los segundos con cierre vocálico ante ella, salvo por disimilación ante - ídesinencia!, más explicable ciertamente en los verbos e ... ir que en los o ... ir {convertidos estos casi sin excepciones en u ... ir invariable). La analogía puede explicar que no se den ciertos cambios fonéticos: así, la apócope en el presente de subjuntivo de los verbos en -ar, o la no asibilación de -TJ-, -CJ- {en METIO(R) o FACIO, por ejemplo). Pero el hecho de que la yod de -TJ- parezca inflexionar las vocales, lo que no ocurre en el sistema nominal, sólo lo explica por otra analogía de efecto contrario a la que impide que dicho grupo se asibile {llegando así a la contradicción de afirmar en párrafos inmediatos que esa yod desinencia! no dejó apenas rastro en español y que se extendió en latín vulgar): con todo ello la analogía adquiere progresivamente el aspecto de un mecanismo de acción tan amplio que sus virtudes explicativas empiezan a ponerse en duda. 2 Tampoco se explica por qué los perfectos "fuertes" generalizan la vocal cerrada, incluso en entornos donde en los "regulares" o "débiles" de -ir actúa la disimilación (hiciste, hicimos, hicisteis 1 serviste, servimos, servisteis). La exposición de hechos es, pues, muy completa, mientras que en la explicación quedan puntos oscuros que la investigación posterior tratará de dilucidar. Finalmente, hay puntos cuyo tratamiento es mucho más somero, como los indefinidos 2 Al cierre vocálico contribuiría también, en los verbos con raíz latina en -1'.- breve, la monoptongación ie > ~ que si en algunos casos tiene paralelismos con lo que ocurre en el nombre (así, Si".RVIT > sierve > sirve, Vi".STIT > vieste > viste), en otros no tiene nada que ver con el entorno habitual de dicha monoptongación (rtriT > piede >pide).
Cano • La morfología histórica del español 75 (analizados en menos de una página) y las "partículas", Pidal se limita a dar los étimos respectivos, los tipos de combinaciones habituales (así, en los adverbios las combinaciones de preposición más adverbio, dos adverbios, etc.), y algunas indicaciones ocasionales, muy pocas, de fonética histórica {así, en el caso de f.T > e(t) 1 ye >y). De las otras dos obras en que Pidal se ocupó de la morfología ya se apuntó que la edición del Cantar es la que presenta un repertorio de cuestiones más amplio, dado que, en principio, todos los fenómenos morfológicos pueden encontrarse en un texto como éste. Pidal los enumera, con indicaciones etimológicas, brevemente explicativas en algún caso. Por la naturaleza del texto, y por su relevancia para la cronología y la métrica, así como para la derivación de los apellidos, Pidal se interesa aquí muy especialmente por la apócope de los pronombres enclíticos; también vuelve a recibir un extenso tratamiento la morfología de la copulativa. En los demás casos, la enumeración exhaustiva y la referencia a otros textos más o menos coetáneos con formas semejantes o diferentes ocupan todo el estudio morfológico. Por el contrario, en Orígenes, donde la inmensa cantidad de documentos despojados invitaría a un tratamiento exhaustivo, la selectividad es mucho mayor: así, el espigueo de cuestiones {a veces, anécdotas léxicas) en que consiste el estudio de nombres y pronombres contrasta fuertemente con el extenso, y valiosísimo, tratamiento que se dedica a la morfología primitiva del artículo. En el verbo, frente al casi nulo espacio concedido a las variaciones radicales, destacan el análisis de la variación en la -T desinencia!, el de las formas de ser, y, sobre todo, el de los perfectos, en especial los "fuertes". En los apartados de adverbios, preposiciones, etc., hallamos un tratamiento casi lexicográfico de las formas y combinaciones que considera más relevantes o llamativas en los documentos (si(c), formas de hasta, etc.). En suma, de la combinación de todos estos estudios surge lo señalado al principio, y que quizá fuera la causa del relativo estancamiento de la Morfología diacrónica del español: una visión muy completa, y ejemplificada con riquísimos datos en el Cantar o en Orígenes, del origen y evolución de las formas gramaticales del español en general, y del castellano medieval en particular.
76 Lexis XXVIII.l y 2 1.2. Frente a la exposición de Pidal, poco aportan en general las otras dos Gramáticas históricas "clásicas" del español: las de Hanssen y García de Diego. En la de Hanssen, que, como todas, separa claramente morfología de sintaxis, llama la atención que adverbios, preposiciones, conjunciones y algunos otros elementos semejantes se vean tratados, tanto en lo que se refiere a su forma como a sus valores y empleos, en el capítulo sobre sintaxis. En cambio, nombre, pronombre y verbo ven nítidamente diferenciada la evolución de sus formas de la de sus contenidos. Por su parte, en García de Diego la presentación de la morfología es bastante sistemática, frente a la de la sintaxis, mucho más anecdótica (dividida, además, de forma extraña: Concordancia y Propiedad). En la Gramática de Hanssen domina una presentación escueta, casi telegráfica, en la que a veces los fenómenos expuestos se amontonan sin una clara ilación ni estructuración. Aporta en general más información dialectal, leonesa y aragonesa, que el Manual de Pidal. Pero las explicaciones, aunque correctas en el fondo, no suelen desarrollarse ni justificarse.3 En general, coincide con Pidal, aunque en ocasiones ofrece interpretaciones propias, que, no obstante, no enuncia de forma radical: así, en lo que se refiere a la formación de los posesivos proclíticos y a las "confusiones" entre mio y m~ so y su. Por otra parte, respecto del vocalismo de los verbos, su presentación es más clara que la de Pidal, a costa de renunciar casi por completo a la discusión de las causas, a las que sólo se alude de forma muy ocasional, y alguna vez, sin que el autor parezca darse cuenta, sin entender a Pidal, el cual por su parte podía ser autocontradictorio.4 No obstante, es más. prolijo Hanssen en la presentación de las peculiaridades individuales en la morfología de numerosos verbos, por lo que a veces adopta más bien la forma de un tratamiento lexicográfico. También discrepa Hanssen de Pidal en el origen de los pretéritos 3 Obsérvese el enunciado de la evolución EGO> yo: "ego se convirtió en *eo en el latín vulgar. Resultó * ío y después yo". O a propósito de la variación elle - elli, la noticia sobre una variante leonesa illi, de la que se dice: "Sería fonética la variante i/1!1 ... ]", de lo que hemos de inferir que se formó a partir de metafonía de la -i final. 4 En ciño, ciñes, Pida!, a propósito del vocalismo, parece considerar ciñes analógica con ciño {pero)cómo se cerró la vocal de CINGO?: no se explica en el Manual. Pero Hanssen, remitiendo precisamente al Manua4 y también hablando de la vocal radical, considera que "cingis, tingis se transformaron fonéticamente en ciñes, tiñes''.
Cano • La morfología histórica del español 77 con ie, que para Hanssen proceden de los pretéritos fuertes, sin dar más especificaciones (ni siquiera al hablar luego de tales pretéritos), mientras que para Pidal provienen de las variantes -ii'MUS, -li'STIS, alternativas a -IMUS, -ISTIS (en este caso, Hanssen estaba más próximo al más común sentir de los romanistas). Puede decirse, pues, que la Morfología histórica presente en la Gramática de Hanssen5 no muestra diferencias ni ventajas destacables con respecto al Manual de Pidal: su información dialectal es más rica, pero en las explicaciones es mucho más pobre (aunque sean aprovechables ciertas intuiciones distintas de la opinión pidaliana). Se atiene, finalmente,· mucho más de cerca al modelo expositivo neogramático, que él pudo tomar directamente de la tradición germánica. La Gramática histórica de García de Diego, pese a las notables transformaciones que sufrió desde su primera edición en 1914, no ofrece especiales novedades, ni en el análisis ni en la documentación de fenómenos. Se atiene más aún a la presentación desnuda de los hechos, con muy pocas explicaciones, y, lo que sorprende más en un autor como éste, sin que la aportación de formas dialectales o populares sea especialmente rica. Llama la atención también, en lo que se refiere a la presentación como tal, que determinados hechos que afectan a las formas gramaticales se incluyan, no en la Sección de morfología, sino en una abigarrada y heterogénea sección denominada Analogía, en la que caben desde los trueques de fonemas a las modificaciones en la forma léxica de tales o cuales palabras o elementos de formación (prefijos, sufijos, etc.), y hasta las influencias entre formas de un mismo paradigma (lo que llama analogía autonímica, en la que se hallan junto a los cambios en la raíz verbal, en vocales o consonantes, nivelaciones como las de antig(u)o - antigua o el cruce repuso para responder). En algún caso, como en derivar mi no sólo del femenino mi(e) sino también del masculino mi(o), parece seguir más a Hanssen que a Menéndez Pidal. Es peculiar su presentación de la morfología verbal, en la que distingue nítidamente verbos "regulares" (en los que analiza las desinencias de los diferentes tiempos) de "irregulares", con los que establece una clasificación 5 No olvidemos, sin embargo, que este autor tenía una larga experiencia previa en el análisis de la morfología histórica del verbo en diversos textos medievales, en especial pertenecientes al mester de clerecía (Berceo y el Apolonio).
78 Lexis XXVIII.I y 2 de doce grupos, según la irregularidad de que se trate en cada caso (alternancias entre diptongo y vocal simple, cierre vocálico o no, alteraciones diversas de consonantes, etc.), incluyendo en la serie tanto las irregularidades que afectan a todo el verbo como las que se dan en tiempos concretos. Con ello quizá se gane en claridad expositiva, pero se disocian fenómenos que se deben a un mismo principio o a principios que se entrecruzan (así ocurre en lo referente a las modificaciones de la raíz verbal), y se hace más difícil la explicación. En este punto, García de Diego, cuando da alguna, no sólo no va más allá de Pidal o Hanssen, sino que en ocasiones supone un paso atrás (por ejemplo, no tiene en cuenta la disimilación en la constitución de formas como herimos, medimos, decimos). Si acaso, son de agradecer las listas, bastante exhaustivas, de verbos incursos en unos u otros tipos de irregularidades. Sus noticias, en cambio, sobre adverbios, preposiciones y conjunciones son mucho más parcas y en ocasiones discutibles y aun erróneas. 6 1.3. La publicación en 1982 de la Morfología histórica del español de M. Alvar y B. Pottier supuso la presencia por primera vez en español de una obra de conjunto sobre una sola de las subdisciplinas de la Gramática histórica. 7 Como es de esperar de sus autores, la presentación de las nociones teóricas fundamentales es clara y precisa (Cap. 1: "La estructura de las palabras"), y la aportación de datos dialectales, aunque también de textos castellanos medievales y clásicos, es extraordinariamente amplia, con lo que se amplía de forma notable el corpus empírico sobre el que se pueden establecer los cambios en la constitución de la morfología gramatical del español. 8 Es digna de elogio, igualmente, la mayor extensión que dedican a los problemas históricos de paradigmas poco tratados en otras obras de conjunto, como los numerales y, especialmente, los indefinidos. La disposición es la habitual y las cuestiones tratadas también; no 6 No parece que tampoco haya de remontar a un latino TAM PAUCU, ni tampoco es aceptable una afirmación como esta: "Rara vez se aceptó la aspiración árabe hata y algunas veces [ sitj se transcribió por f, [asta". 7 De hecho, los manuales sobre fonética histórica española aún habían de tardar en aparecer (el de Ariza, por ejemplo, es de 1989). 8 Naturalmente, es muy rica también la información sobre la historia de la morfología léxica, pero de esta no se tratará aquí.
Cano • La morfología histórica del español 79 obstante, es de reseñar la presencia de apartados más o menos amplios dedicados a cuestiones sintácticas y de uso: sobre los demostrativos, sobre el leísmo y fenómenos conexos,9 sobre las formas de tratamiento, sobre los valores de tiempo y modo verbales. Si la aportación de datos es un logro indiscutible de esta Morfología, no lo son tanto varias de las explicaciones que se ofrecen. En algún momento, la parquedad en este punto puede llevar a la oscuridad, como al tratar de la constitución de los posesivos, donde el origen de las series mi 1 tu 1 su y mío -a 1 tuyo -a 1 suyo -a queda sin aclarar y sin saber si se decantan por la tradicional hipótesis de Pidal (es lo que parece más probable). Para el artículo masculino se descarta tajantemente un posible origen en el nominativo ILLE (menos aún se contempla la posibilidad de una declinación bicasual), pero no se explica claramente cómo ILLUM dio el Puede ocurrir que la parquedad explicativa se una a afirmaciones apresuradas y discutibles: es lo que ocurre con el tratamiento de los cambios en la vocal radical verbal, mucho más insatisfactorio que el de las obras clásicas analizadas, pues más que desarrollar el análisis empírico de los hechos parece que se ha recurrido a un espigueo de ejemplos para explicar los modos de funcionar que presenta la analogía. 10 Y es confusa la explicación de cómo se originaron las formas con -g no etimológica (tengo, vengo, etc.). Finalmente, tampoco queda claro el origen del -ie- del pretérito (ant. comiemos, comiestes; general comieron), pues oscilan entre la tesis de Pidal (alternancia -fi-11/-i) y la atribución a un origen analógico en viemos, diestes, estos explicados por 9 Posiblemente, la fecha aducida de composición de esta parte ( 1964-1966) impidió a los autores aprovechar los trabajos, citados en nota a pie de página, de Lapesa o de Echenique. Menos comprensible (pues aducen la fecha de 1976-1977? [süj para la composición de los temas sobre el verbo) es que se desconozcan las aportaciones de Lapesa (de 1970) sobre las vicisitudes de la desinencia -des (aunque se cite sin más explicaciones: "Otra explicación propone R. Lapesa[ ... )", la página de la Historia donde se resume esta hipótesis). 10 A veces, la exposición puede ser contradictoria: a propósito de los verbos en -ir se dice que es lógico que tengan siempre u como radical tónica, dando para ello el ejemplo de FÜGIRE > huir, para añadir inmediatamente que "cabe la posibilidad de que la u se continuara etimológicamente en o", con los ejemplos de podrir (ü breve en latín), dormir y morir (O breve). 11 Aquí, sin embargo, con secuencia 1 breve + 1 larga (por el principio de abreviamento de vocal antevocálica) contraria a la de Pida!, 1 larga + 1 breve.
86 Lexis XXVIII.l y 2 de -edes, así como -áis, -ois lo son de -ades, -odes (-ides > -ís puede explicarse por analogía con -éso con otras desinencias de -ir); -és acabó restringíéndose al singular (en principio "de respeto", luego desvalorizado), generando así, a principios del XVI, analógícos -ás, -os, mientras que las otras valían tanto para singular como para plural; -éis surgíó, no por analogía con -áis del indicativo de la 10 sino por analogía con el subjuntivo -áis de su misma conjugación, y acabó especializándose frente a -és en la marcación del plural (de ahí el valor de la semivocal -z~ como plural en el verbo, tal como muestran la contraposición amaseis/ amases (español voseante), ambas surgídas de -edes, y el paso en el pretérito de -stes a -steis en la 2a pl.). Finalmente, también se ha vuelto sobre la historia de los imperfectos en -ie (Imhoff, 1998 y 2000), pero sólo para vincular su origen con los pretéritos en -ie del aragonés antiguo. Ha sido precisamente uno de los lingüistas estadounidenses citados antes, y al que se puede considerar en la estela de Malkiel,Joel Rini (1992 y 1999), quien más detenidamente ha estudiado muy diversas cuestiones de la evolución morfológíca del español, y no sólo en el campo del verbo, tal como parecía prescribir la tradición de esta escuela. Así, propone la derivación de los pronombres tónicos ti y sí de TIBI, SIBI, y mí del analógíco MIBI (frente a la visión de Pidal: MIHI > *MI> mí, y por analogía los otros); la de nos y vos en NOBIS, VOBIS, a través de supuestos *nois, *vois, atraídos, por razones formales y sintácticas, por los herederos de los nominativo-acusativos NOS, vos (que ya no serían, pues, las únicas fuentes de dichos pronombres); igualmente, tras un exhaustivo análisis comparativo con otros romances, en especial de Italia, sugíere que me, te dativos pueden proceder de primitivos dativos *MI, *TI, conformados por el otro dativo, le (< ILLI), y posiblemente también por gelo (< ILLI ILLU), con lo cual vendría a confluir con el acusativo heredero de ME (y se diferenciaría así de los dativos, convertidos ahora en las formas tónicas, de acuerdo con la reestructuración del sistema pronominal casual); reformula la cronología de conmigo, contigo, consigo, frente a todas las propuestas con anterioridad (el primer paso sería el cambio fonético de -CUM en -go, por lo que se reintroduce con, y se reanaliza me como mí, la forma propia tras preposición); algo parecido apunta para connosco, convosco - connusco, convusco, aunque para la vocal cerrada de las formas triunfantes reconoce no tener mejor hipótesis que
Cano • La morfologia histórica del español H7 la de Pidal (por razones de acento, no admite aquí la posibilidad, sugerida por Hanssen, de partir de NOBISCUM, VOBISCUM); y analiza con detalle la sustitución de connusco, convusco por con nos, con vos (luego, con nosotros, con vosotros), atestiguada desde muy pronto, y que triunfaría debido a que el exceso de analogias formales que había conformado connusco, convusco, las había hecho opacas para los hablantes. Más recientemente, se ha vuelto a ocupar de cuestiones de morfologia verbal, analizando, otra vez, los cierres vocálicos en los verbos -ir (recibir, etc., sin disimilación, se deberían a los futuros sincopados recibré, etc.: no se entiende, entonces, por qué sintré no generó * sintir) y en los perfectos fuertes del tipo ove; la contracción veer > ver, que hace nacer también de los futuros veeré > veré; el imperativo cantá del voseo, frente al cantad del resto del español, justificado, de manera muy discutible, por la reinterpretación de -d como plural en el verbo; las formas hay y eres que interpreta, increíblemente, como "retroformaciones" de los subjuntivos haya y fueres (sobre la ¿correspondencia? fueraseras). Dos rasgos pueden considerarse comunes a todos los trabajos de morfologia surgidos a la sombra de Yakov Malkiel: en primer lugar, la exhaustiva aportación de datos, en lo cual no hacen sino seguir una de las mejores tradiciones de la lingüística románica que Malkiel intentó aclimatar en Estados Unidos (no obstante, hay que decir que en riqueza de información ninguno de los discípulos ha llegado a superar al maestro). En segundo lugar, la búsqueda de la causación múltiple en el cambio lleva en muchas ocasiones (también ocurría con el maestro) a imaginar motivos y a complicar los procesos de cambio en formas no debidamente justificadas por la documentación histórica; la sofisticación y complejidad en descripción y explicación pueden convertirse en meras elucubraciones, en revoloteos insustanciales. Lo que ninguno de los discípulos o seguidores continuó fue la vívida, dramática a veces, forma en que Malkiel presentaba el devenir del cambio, donde los fenómenos mismos adquirían papel protagonista, o donde los hablantes parecían ensayar con los resultados de los cambios, reales o posibles, como en una investigación de laboratorio. 2.3. La impronta de Malkiel se observa también, evidentemente, en los dos mejores manuales sobre historia del español (mejor, sobre
88 Lexis XXVIII.l y 2 "gramática histórica" del español) surgidos del mundo anglosajón en los últimos 15 años, los de Lloyd (Del latín al españo~ y Penny (Gramática histórica del españo4 si bien su título original era muy otro: A History of the Spanish Language). Lloyd dedica en su introducción teórica un apartado también al cambio morfológico, al que viene a identificar prácticamente con la analogía, expuesta según los tratados de Matthews y Anttila. En cuanto a la descripción, al igual que en fonología, la evolución del sistema morfológico se ve en cuatro estadios: latín, latín tardío, castellano primitivo y medieval, del castellano medieval al moderno; en ellos reparte los fenómenos, de acuerdo, obviamente, con la cronología respectiva, solucionando con elegancia los casos en que la continuidad del fenómeno a lo largo del tiempo obliga a la reiteración en diversos capítulos. No obstante, a veces hay ciertos desajustes: en el latín "tardío", obligatoriamente, ha de acumular situaciones de cambio morfológico más o menos documentadas (por ejemplo, las referentes a la pérdida de la declinación nominal) con otras supuestas, reconstruidas, a partir de los romances (la reestructuración de los demostrativos, la pérdida de la pasiva sintética, etc.). Por lo demás, en el tratamiento de las cuestiones que toca, el manual de Lloyd es bastante completo, y recurre en general a la bibliografía adecuada en cada caso (Alvar-Pottier, Lapesa, y, por supuesto, Malkiel y los hispanistas anglosajones); el seguimiento a Malkiel es matizado por las aportaciones posteriores de otros estudiosos (así, en el análisis de la vocal radical verbal están presentes por igual Malkiel, Montgomery o Penny). Pero es cierto que la extensión y atención que dedica a las diferentes cuestiones está muchas veces en función de la existencia o no de bibliografía previa dentro del hispanismo malkieliano: así, la morfología del pronombre se trata de forma mucho más escueta que la del verbo; y quizá por considerar que su historia atañe más a la sintaxis que a la morfología, no hay rastros en él de la historia de indefinidos, numerales, adverbios, preposiciones y otros elementos de relación. En este sentido, el tratamiento de la historia morfológica que hallamos en la Gramática de Penny es más completo, pues incluye todas las categorías que en Lloyd están ausentes. Por otro lado, frente a lo habitual en los manuales de Gramática histórica, Penny reúne en su apartado sobre morfosintaxis los niveles de análisis que en los demás
Cano • La morfología histórica del español 89 se analizan separadamente. No obstante, mientras que en algunos casos esa reunión le permite explicaciones integradoras, como en la pérdida de la declinación nominal o en la formación del artículo, en otros, como en el verbo, la fuerza de los hechos lo lleva a separar en epígrafes distintos evolución formal y de contenido. Por otro lado, son claramente perceptibles, por la mayor extensión y atención que les dedica, los casos en que hay bibliografía previa del mismo Penny: ello ocurre con la simplificación de la flexión nominal y el origen casual de los nombres españoles, o con el tratamiento del vocalismo radical verbal; su tratamiento contrasta con el relativamente más breve de otros fenómenos también importantes. Ahora bien, es de reseñar el esfuerzo del autor por limitarse a la exposición de hechos, y remitir para las interpretaciones y explicaciones más o menos desacordes a la bibliografía selecta citada en cada caso: así se ve cuando habla de los posesivos, de la desinencia -des, de los imperfectos en -ie, o incluso del vocalismo radical verbal, en donde su afán de objetividad lo lleva a integrar todas las explicaciones fonéticas y analógicas dadas {con la curiosa exclusión de la monoptongación stRVIT > sierve > sirve), y sólo al final aduce como "probable" la diferenciación de conjugaciones como razón de todos esos cambios; claro que en algún caso, como en el de los pretéritos antiguos con -ie-, Penny, como ya había ocurrido con Lloyd, no hace referencia alguna a la idea de Pidal, seguida en España, de su origen en formas latinas no contractas de los perfectos de -IRE. 3. La morfología histórica española de los hispanistas franceses El tratamiento de la historia morfológica del español entre los hispanistas franceses merece mención aparte por las bases teóricas y metodológicas en que se sustenta: la teoría psicomecánica desarrollada en su día por Gustave Guillaume. En estos análisis, funcionan como ideas guía los supuestos de que nada hay en el significado que no se refleje en el significante, de que toda variación en el significante, y sólo ella, implica variación en el significado, y de que la configuración del significante puede transparentar las bases mismas del significado.
90 Lexis XXVIII.! y 2 En este sentido, la evolución morfológica no puede depender básicamente de los caprichos de la historia fonética: es la analogía la que gobierna los cambios fónicos de las formas gramaticales, sobre la base de muy diversas realidades de sentido. Las "irregularidades" formales lo son sólo en apariencia: frente a la idea tradicional, el que tener haga su futuro sincopado tendré, y meter no, remite a un sentido {que gramáticos y lingüistas han descuidado por entero). Un trabajo claramente ilustrativo de esta metodología es el que dedicó Mauricio Molho {1983) justamente a las alteraciones en la raíz verbal. Sin conocer los trabajos realizados en Estados Unidos (al menos, no cita ninguno, sólo a Pidal), niega la pertinencia de la metafonía, y señala que el cierre en - z~ de la vocal radical se inscribe en la dimensión aspectual de la oposición entre -er {'perspectivo', 'potencial) e -ir {'determinativo', 'puntual'); igualmente, intenta justificar las diferencias entre formas diptongadas y simples y entre -i- y -e- en las distintas formas de los verbos en -ir, la generalización de -u- en -ir, la persistencia de diptongo en siento o duermo, recurriendo a dimensiones significativas de exposición oscura y razonamiento circular, por lo que, al final, su trabajo acaba siendo una justificación a posteriorz~ sin ninguna otra base externa, de las diferencias formales que encuentra en las formas verbales. Algo parecido ocurre en los trabajos de Gilles Luquet {2000), quizá el lingüista de esta procedencia que más ha profundizado en la morfología histórica del español. Así, explica la apócope en la 3a sg. del presente de indicativo (quier, etc.) porque la ausencia de -e refle- ja la persona "ausente" en que consiste la 3a persona, y la de -e en la 2a sg. del pretérito ( cantast) e incluso en la 1 a de los pretéritos fuertes { quis) porque la 'anterioridad' de este tiempo se muestra en que la forma apocopada refleja la forma "anterior" a su conclusión formal; en cambio, la persistencia de -e en el presente de subjuntivo -ar 19 se debería a que, en un tiempo y un modo como éste, nada motiva la apócope, pues nada justifica la oposición de persona "ausente" a personas "presentes" como sí ocurre en el indicativo (en cambio, la "anterioridad", presente de un modo u otro, en cantare o cantase justificaría la apócope de estas formas). La misma idea de "anteriori- 19 Son ciertamente irrelevantes los casos de apócope en este tiempo, lo que siempre ha desconcertado a los estudiosos del fenómeno.
Cano • La morfología histórica del español 91 dad" le sirve para intentar explicar también el hecho de que sean casi los mismos los verbos que en español moderno mantienen los perfectos "fuertes" y los futuros sincopados. Lógicamente, no podemos desarrollar los contenidos nocionales que un análisis como el de Luquet "lee" en los significantes verbales (es muy probable que aquí se hayan simplificado en exceso sus propuestas). Pero, más allá de la agudeza y la brillantez de sus análisis, y más allá del hecho de que se ocupan de puntos que la lingüística histórica no había sabido resolver, hay que reconocer que en muchas ocasiones tales interpretaciones no parecen sino el intento de dotar de algún tipo de sentido a una evolución, la morfológica, que no parece estar gobernada por ninguna intención previa ni tampoco tener ningún objetivo final predeterminado. 4. Los nuevos caminos de la morfología histórica del español en la lingüística hispana 4.1. En la no demasiado abundante contribución hispana20 reciente a la morfología histórica del español, hemos de contar en primer lugar con la perpetuación del tipo de análisis tradicional: cambio fonético y analogía, con ampliación de datos, antiguos o dialectales, que vienen a rellenar huecos de información o a proponer alguna otra explicación; la perspectiva, como decimos, es la tradicional, revestida del ropaje estructural que la lingüística hispánica adoptó a partir de la década de 1960. Dentro de los trabajos construidos según esta orientación, el abanico de problemas elegidos no ha sido muy amplio. Destacan los dedicados a la formación del sistema de pronombres posesivos: el estudio de Méndez García de Paredes ( 1988) aportó nuevos datos, con los que reinterpretó las etapas de las alternancias so - su y sus distintas razones en cada momento, la igualación de mio y mi, y la formación de suyo y suya, reafirmando con todo ello la vieja hipótesis de Pidal, de forma más precisa y compleja. Martínez Alcalde ( 1996) amplía el análisis de la constitución del sistema de posesivos, incorporando nuevas aportaciones sobre su historia fonética procedentes de Lloyd y otros, pero también recuperando otras antiguas, ~o Con el término hispano incluyo a lingüistas españoles e hispanoamericanos.
92 Lexis XXVIII.l y 2 entre ellas de Hanssen, con lo que llega a una concepción flexible sobre el origen de m~ tu, su (de la apócope de los femeninos, pero también de la de los masculinos mío, túo, súo); extendió además el análisis de los posesivos hasta la lengua moderna. Sobre la misma base, y apoyándose en documentación que se aduce pero que no se presenta, recientemente Espinosa Elorza {2002) ha rechazado con más vehemencia la tradicional idea de la procedencia de m~ tu, su del femenino, y ha propuesto un curioso, y difícilmente aceptable, reparto de las formas antiguas del posesivo en "populares", "semicultas" y "cultas". Por otro lado, Líbano Zumalacárregui {1988, 1991) ha aportado más datos textuales para la historia de las sustituciones de connusco y convusco y para la historia de las formas de tratamiento. Girón Alconchel {1998) se ha ocupado de la desaparición de las formas reforzadas aqueste y aquese en el español clásico. Finalmente, en lo que se refiere al verbo, González-Ollé { 1995) ha estudiado nuevamente la alternancia ie -e en el verbo, intentando hallar factores que la favorezcan o perturben: la alternancia es más probable en los verbos de introducción antigua {el XV sería una frontera decisiva) y en los que cuentan con el apoyo de formas nominales con alternancia, y cuya relación con el verbo sea transparente; cree detectar por último una mayor inclinación hacia la alternancia en Aragón en textos medievales y post-medievales. Y López Bobo { 1998) ha acumulado más datos sobre diversos aspectos de la variación en los pretéritos, en vocales radicales átonas y en las alteraciones consonánticas en la historia de ciertos verbos (ver, reír, etc.). 4.2. En otros casos, difíciles a veces de separar del grupo anterior, la investigación morfológica diacrónica tiene como objetivo el replanteamiento teórico-metodológico de los análisis efectuados hasta el momento. Esta fue la intención del estudio de Cano Aguilar { 1986) sobre el vocalismo radical del verbo. Más habitual es la incorporación de nuevas concepciones teóricas al análisis de viejos problemas, o la consideración de estos como banco de pruebas para la validación, o no, de tales teorías. En este sentido, la historia de las formas pronominales del español recibió nuevos impulsos en estudios que, junto a la insustituible fundamentación empírica de todo análisis lingüístico histórico, intentaban introducir mecanismos de interpretación surgidos en el
Cano • La morfología histórica del español 93 seno de la Gramática cognitiva o de otras tendencias post-generati- vas. En algún caso, se trata de estudios de clara factura tradicional, que sólo ocasionalmente utilizan aportaciones de la teoría lingüística reciente, y que acaban proponiendo hipótesis no necesariamente "nuevas": es lo que puede verse en el estudio de Carmen Pensado (1984) sobre la -i de ciertas formas pronominales del castellano antiguo, que atestiguarían en los pronombres personales, demostrativos y en el indefinido otro una oposición 'nominativo' 1 'caso preposicional', procedente este último del dativo latino (con -1), y que acabaría desapareciendo por su debilidad formal y funcional. Más o menos dentro del mismo tipo han de considerarse los estudios de la argentina Éríca C. García sobre ciertas formas pronominales, estudios que se engloban dentro de un amplio conjunto de trabajos sobre el pronombre español, visto desde la historia y desde el presente, desde la forma y desde el contenido. Son de destacar, en especial, su estudio sobre la génesis de os y de vosotros (García et al. 1990), que considera como partes de un mismo cambio en la diferenciación frente a vos; y sus dos estudios (García 1991 b, 1997) sobre la desaparición de connusco y convusco, en el segundo de los cuales hubo de rehacer la interpretación ante las objeciones de Rini: en la actualidad considera la aparición de con vos, y con nos, en determinados contextos sintácticos de los que se va liberando progresivamente; la contienda entre las formas analíticas y las sintéticas, en especial convusco, sobre bases semántico-pragmáticas (convusco acentúa el carácter "central" del (los) destinatario(s)); desaparición de convusco al generalizarse en el plural vosotros y desarrollarse para el trato cortés Vuestra Merced. En este proceso, García insiste en la relación icónica que puede establecerse entre las distintas variantes formales y los contenidos, más bien pragmáticos, que se les atribuyen; y en la semejanza de este mecanismo de reemplazamiento con el observable en otros fenómenos (vos> vosotros, ha> hay, 0 1 a+ O. D. personal, etc.). 21 La incorporación de nuevos planteamientos tuvo también su lugar, naturalmente, en la morfología verbal. En este sentido, son de destacar los trabajos de Bustos Gisbert que da cabida a perspectivas 21 Es lo que denomina el principio de la "mano invisible" en la explicación del cambio lingüístico, de acuerdo con Rudi Keller, Sprachwande~ Tübingen: Francke Verlag, 1990.
94 Lexis XXVIII.l y 2 innovadoras, aunque en general no pasan aquí también de ser elementos auxiliares en la reinterpretación de viejos problemas {así, en la asimetría hemos 1 habéis) (Bustos Gisbert y Moreno Bernal 1992), y aun puede ocurrir que ni siquiera aparezcan, como en la revisión de otra asimetría, la de los pretéritos pude 1 ove (Bustos Gisbert 1992), y de los pasos que siguió la generalización de la vocal cerrada {Bustos Gisbert 1989). Pero lo más notable es que el autor haya de reconocer que las nuevas propuestas no supongan ninguna mejora frente a las "tradicionales": así lo ha de señalar a propósito de J. W Harris y J. Klausenburger, en lo referente a las alternancias vocálicas y consonánticas en el tema de presente. Su trabajo más ambicioso en este punto, el que intenta plantear alternativas a la analogía en la explicación de las alternancias vocálicas en el verbo {Bustos Gisbert 1998b), ha de comenzar también señalando las debilidades de las tesis generativas en este ámbito de la lingüística diacrónica; por otro lado, si bien es cierto que las críticas de Bustos a la utilización omnímoda y polisémica de la analogía son justas, las alternativas propuestas dentro de la línea generativa {"interacción de reglas", "inversión de reglas", "reanálisis"), presentadas, por cierto, de forma poco diáfana, también dejan, como el mismo autor reconoce, muchos puntos de la evolución sin explicar. Por su parte, el estudio de Ridruejo {1998) sobre la inserción de -g- en ciertos verbos (caigo, oigo, traigo) alude también a la reciente "morfología natural", pero su análisis y explicaciones se producen dentro de un marco mucho más "tradicional", aunque presente propuestas concretas de interpretación distintas a las comúnmente seguidas; distintas, eso sí, más bien en la mayor o menor relevancia otorgada a determinados factores que en el tipo mismo de explicaciones aducidas. 5. Conclusión Se ha acusado en numerosas ocasiones a la morfología histórica en general y a la hispánica en particular de "ateórica", de vivir al margen de las novedades de la ciencia lingüística y de desaprovechar las innovaciones y avances que en ésta continuamente surgen. La crítica puede ser justa: en efecto, muy pocas son las aportaciones puramente teóricas de la lingüística hecha en España o en Hispanoamérica al análisis y motivación de los cambios en las formas de
Cano • La morfologia histórica del español 95 los paradigmas gramaticales de nuestra lengua (o de otras lenguas): sólo en los últimos años las aportaciones de Mendoza (1986), Elvira (1998b) o Bustos Gisbert (1998a) permiten el optimismo. La incorporación, por otro lado, de esas innovaciones en el estudio empírico de la historia del español tampoco ha sido especialmente provechosa: determinadas descripciones se han revestido del ropaje estructural o de la terminología generativa, pero, por lo general, no se ha pasado de decir lo mismo con otras formas. En realidad, las innovaciones más notables han venido de una tradición, la de Malkiel, a la que difícilmente se podría calificar de revolucionaria, por su decidido empeño de insertarse en los parámetros de la lingüística románica europea. En este sentido, la figura de Menéndez Pidal sigue siendo referencia indiscutible para cualquier estudio dentro de esta subdisciplina. Pero no sólo porque los que han venido después no hayan logrado relegarlo, sino porque sus incursiones en la morfología, sólidamente ancladas en el andamiaje teórico de su tiempo, el neogramático, supieron describir los hechos de manera nítida y sugerir, como explicaciones centrales o caminos posibles que otros después siguieron, las causas que había detrás de esos hechos. Más que en otros terrenos, la historia de la Morfología histórica del español en los cien años posteriores a la primera publicación de su Manual nos muestra la grandeza del pionero y la dificultad de los herederos por construir un nuevo edificio.
102 Lexis XXVIII.l y 2 1984 "Rising Diphthongs in the Paradigms of Spanish Learned "-ir' Verbs". Hispanic Review. 52. 3: 303-333. 1985 'jerzy Kuryowicz's analysis of Old Spanish conjugation classes". General Linguistics. 25. 3: 141-170. Martínez Alcalde, Ma José 1996 Morfología histórica de los posesivos españoles. Universitat de Valencia. Méndez García de Paredes, Elena 1988 "Pronombres posesivos: constitución de sus formas en castellano medieval". En Eds. M. Ariza et al Actas del 1 Congreso Internacional de Historia de la Lengua Española. Madrid: Arco Libros. 533-540. Menéndez Pida!, Ramón [1904]1968 Manual de gramática histórica española. Madrid: Espasa-Calpe [1908]1976 Cantar de Mio Cid. Texto, gramática y vocabulario. 50 ed. 3 vols. Madrid: Espasa-Calpe. [1926]1976 Orígenes del españoL 80 ed. Madrid: Espasa-Calpe. Molho, Mauricio 1983 "Del significante verbal en español". En Serta Philologica F Lázaro Carreter. l. Madrid: Castalia. 391-411. Mondéjar, José 1995 "Los presentes de subjuntivo anómalos en -G-. -Y-. -IG-. Intento de explicación". En Estudis de lingüística i filología oftrts a Antoni M. Badía Margarit. II. Universitat Autónoma de Barcelona!Publicacions de !'Abadía de Montserrat. 11-23. Montgomery, Thomas 1978 "Complementarity of Stem-Vowels in the Spanish Second and Third Conjugations". Romance Philology. XXIX. 3: 281-296. 1979 "Sound Symbolism and Aspect in the Spanish Second Conjugation". Hispanic Review. 47. 2: 219-237. 1980 "Vocales cerradas y acciones perfectivas". Boletín de la Real Academia Española. LX (Cuad. CCXX): 299-314. 1985 "Sources of vocalic correspondences of stems and endings in the Spanish verb". Hispanic Linguistics. 2. 1: 99-114. 1995 "A Latin linguistic icon readapted in Proto-Romance and in Medieval Spanish". Hispanic Review. 63. 2: 147-155. Mourin, Louis 1980 "La fermeture en i et en u a la conjugaison espagnole en -ir'. En Études de Philologie Romane et d'Histoire Littérarire offerts a jules Horren!. Liége. 771-777.
Cano • La morfología histórica del español 103 Penny, Ralphj. 1972 "Verb-class as a determiner of stem-vowel in the historical morphology of Spanish verb". Revue de Linguistique Romane. XXXVI: 343- 359. [1991]1993 2002 Gramática histórica del español. Barcelona: Ariel. "Procesos de clasificación verbal española: polaridad de vocales radicales en los verbos en -ere -ir''. En Eds. C. Saralegui y M. Casado. Pulchre. bene. recte. Estudios en homenaje al Prof Fernando González-Ollé. Ediciones Universidad de Navarra. S.A. 1053-1070. Pensado, Carmen 1984 "Sobre la "i" de algunas formas pronominales en los antiguos dialectos hispánicos". Boletín de la Real Academia Española. LXIV (Cuads. CCXXXI-CCXXXII): 143-170. 1999 "El artículo el! y otras formas con -ll final en castellano medieval". Boletín de la Real Academia Española. T. LXXIX (Cuad. CCLXXVIII): 377-406. Ridruejo, Emilio 1998 "La inserción de -{f en el presente de caigo, oigo, traigo". En Eds. C. Rini,Joel 1990a 1990b 1992 1992-1993 1995 1996 1999 García Turza et al. Actas del IV Congreso Internacional de Historia de la Lengua Española. I. Universidad de La Rioja. 725-734. "On the chronology of Spanish conmigo, contigo, consigo, and the interaction of phonological, syntactic and morphological processes". Hispanic Review. 58. 4: 503-512. "Excessive analogical change as an ímpetus for lexical loss - Old Spanish connusco, convusco". Romanische Forschungen. CII. 1: 58-64. Motives for Linguistic Change in the Formation of the Spanish Object Pronouns. Newark. DE: Juan de la Cuesta. "On the Form connosco in the Estoria de Espanna. JI and the lmplications of an Overlooked Scribal Error". La Coránica. 21. 2: 66-85. "Syntactic and Pragmatic Factors in the Morphological Reduction of Latín HABEO > Spanish (h)i!'. Neophilologus. 79. 2: 421-432. "The vocalic formation of the Spanish verbal suffixes -áis/-ás, -éisl- és, -ís, -oisl-os. A case of phonological or morphological change?". Iberorromania. 44: 1-16. Exploring the Role of Morphology in the Evolution of Spanish. Amsterdam/Philadelphia: John Benjamins Pub!. Co.
104 Lexis XXVIII.l y 2 Sánchez Miret, Fernando 2002 "Aspectos de la historia de los verbos con alternancia monoptongo/diptongo en español". En Eds. Ma T. Echenique et aL Actas del V Congreso Internacional de Historia de la Lengua Española. Madrid: Credos. 991-1000. Spaulding, Robert K 1933 "On the Introduction of the Preterites in U (HUBO and its Congeners)". Hispanic Review. l. 2: 161-167. Togeby, Knud 1972 "L'apophonie des verbes espagnols et portugais en -ir''. Romance Philology. XXVI. 2: 256-264. Torreblanca, Máximo 1989 "De morfología histórica española: los pronombres personales". Glosa. 1: 195-201.