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Aportación al platero Juan Bautista de Herrera

Dabrio González, María Teresa

Abstract

Con este trabajo se pretende dar a conocer nuevos datos sobre el platero cordobés Juan Bautista de Herrera, y su actividad en la ciudad durante la primera mitad del siglo XVII. Se aportan referencias biográficas inéditas y se documentan obras del maestro hasta ahora desconocidas, que corresponden tanto al ámbito de la platería religiosa como al de la plata de uso doméstico. También se amplían datos sobre algunas de las obras ya conocidas del artista.

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Aportación al platero Juan Bautista de Herrera 165 LABORATORIO DE ARTE 23 (2011), pp. 165-184, ISSN 1130-5762 APORTACIÓN AL PLATERO JUAN BAUTISTA DE HERRERA SILVERMITH JUAN BAUTISTA DE HERRERA IN CORDOBA Por maría teresa daBrio gonzález Universidad de Córdoba, España Con este trabajo se pretende dar a conocer nuevos datos sobre el platero cordobés Juan Bautista de Herrera, y su actividad en la ciudad durante la primera mitad del siglo XVII. Se aportan referencias biográficas inéditas y se documentan obras del maestro hasta ahora desconocidas, que corresponden tanto al ámbito de la platería religiosa como al de la plata de uso doméstico. También se amplían datos sobre algunas de las obras ya conocidas del artista. palabras clave: Platería, siglo XVI, Platería Cordobesa, Maestros Plateros This article aims to release new data about the silversmith from Cordoba Juan Bautista de Herrera and his work in this city during the first half of XVII century. Unpublished biographical references are provided and hitherto unknown works of the artist, as in the ambit of religious silverwork as in the domestic use silver, are also documented. Extra information regarding some previously studied works of the artist is also provided. Keywords: silverwork, 17th century, Spain, Andalusia, Cordoba. De la abundante nómina de plateros activos en Córdoba entre los años finales del XVI y la primera mitad del XVII, la investigación va destacando cada vez más la figura de Juan Bautista de Herrera. Sobre este maestro había un cierto número de referencias documentales, casi todas extraídas de los protocolos cordobeses por José de la Torre, además de otros datos proporcionados por Dionisio Ortiz. En 2004 Pilar Nieva Soto publicó un primer estudio de conjunto sobre el artífice, ofreciendo un bosquejo biográfico y, sobre todo, realizando la primera recopilación de sus obras, tanto las hechas en tierras andaluzas como las que hizo posteriormente al trasladarse a Murcia1. Con el presente trabajo, fruto de la revisión documental que estamos realizando desde hace años en el Archivo de Protocolos Notariales de Córdoba, centrada en plateros cordobeses de la Edad Moderna, pretendemos aportar nuevos datos sobre este platero, concernientes tanto a aspectos biográficos, como a su actividad profesional en la ciudad, 1 NIEVA SOTO, P.: “Obras documentadas y conservadas del platero cordobés Juan Bautista de Herrera” Estudios de platería. San Eloy 2004, 2004, p. 381-394. María Teresa Dabrio González 166 LABORATORIO DE ARTE 23 (2011), pp. 165-184, ISSN 1130-5762 permitiéndonos ampliar la nómina de sus obras, en unos casos conservadas y en otros solamente documentadas. ASPECTOS BIOGRÁFICOS Uno de los aspectos más interesantes es el de conocer cuándo y dónde nació el maestro. Aunque por el momento no hemos hallado su partida bautismal, se sabe que sus padres fueron Lorenzo Fernández, de profesión mercader, e Inés de Herrera, quienes probablemente estaban avecindados en los aledaños de la catedral. Juan Bautista debió nacer en torno a 1580, pues según su propio testimonio, en 1605 tenía 25 años2. En cuanto a su domicilio, siguiendo la pauta habitual en el gremio, estuvo ubicado en la collación de Santa María, en la zona conocida como de la Platería, localizada en la parte sur de la Catedral, cercana a su vez a la Alcaicería y a la Alhóndiga, ubicación tradicional del gremio desde el medievo3. No es fácil delimitar con precisión el lugar concreto en que vivió, ni si el platero cambió de vivienda durante los años en que residió en la ciudad, pues hasta el momento no hemos podido documentar ni arrendamientos de casas ni de tiendas por parte de Herrera. Como suele ser habitual, la documentación alude de manera genérica a la collación, siendo escasas las veces en que se menciona la calle concreta en la que estaba la casa. Sólo en dos ocasiones se especifica algo más, y ya en fechas tardías; la primera corresponde a 1620, cuando se le menciona empadronado en la Alhóndiga4. Un año después, en 1621, se hace constar, con ocasión de su matrimonio, que “viven a la Puerta de la Alcaicería”5. Hasta ahora, en lo que a la actividad profesional se refiere, se tenía como su fecha más temprana 1613, año en el que acepta por aprendiz a Juan de Almoguera6. Así mismo, se consideraba como su primera obra conocida unos blandones labrados para el convento de Madre de Dios de Baena, realizados en 16167; a ellos seguirían el cáliz procedente de la Compañía y la cruz procesional de Santa Marta8. Estas piezas se han visto incrementadas no sólo con las localizadas y estudiadas por Nieva Soto en la capital 2 Archivo Histórico Provincial de Córdoba (en adelante AHPCO), Sección de Protocolos Notariales de Córdoba (SPNCo), Of. 14, Legajo 14027 P, (1603-1604-1605), 1605, mayo 4, sin foliar. 3 VALVERDE FERNÁNDEZ, F.: El Colegio-Congregación de plateros cordobeses durante la Edad Moderna. Córdoba 2001, p. 79. 4 De ese modo lo recoge NIEVA SOTO, P.: “Obras documentadas..”., p. 382. 5 Así se indica en el Acta matrimonial de la Parroquia del Sagrario, Archivo de la Parroquia del Sagrario de Córdoba (en adelante APSCO), Libro de Matrimonios, (1620-1643), 1621, enero 20, folio 12vº. Es probable que se trate de la misma vivienda, dado lo impreciso de la referencia y la cercanía entre ambas ubicaciones. 6 DE LA TORRE Y DEL CERRO, J.: Registro documental de plateros cordobeses. Ordenación e índices: Dionisio Ortiz y M. José Rodríguez. Colección Textos para la Historia de Córdoba, Excma. Diputación Provincial, Córdoba, 1983, p. 112. 7 NIEVA SOTO, P.: “Obras documentadas..., p. 382. 8 ORTIZ JUAREZ, D.: Punzones de platería cordobesa. Córdoba 1980, p. 82. Aportación al platero Juan Bautista de Herrera 167 LABORATORIO DE ARTE 23 (2011), pp. 165-184, ISSN 1130-5762 cordobesa9, sino también con las que hizo para otros lugares. Otros investigadores, por su parte, han dado a conocer que el maestro, al menos entre 1628 y 1639 estuvo afincado en tierras de Murcia, donde constan varias actuaciones suyas10. Por nuestra parte, gracias a la documentación manejada, podemos aportar una serie de datos que suponen un cambio sustancial con respecto a lo sabido hasta ahora. En primer lugar, podemos afirmar que la actividad de Juan Bautista de Herrera debe adelantarse casi en una década. En efecto, las fuentes documentales han revelado que ya estaba activo en Córdoba en 1603, año en que es designado por el prestigioso maestro Pedro Sánchez de Luque para tasar unas obras que éste había hecho para una cofradía de Montoro (Córdoba)11. La relación entre Sánchez de Luque y Juan Bautista de Herrera nos ha parecido de especial interés y es un aspecto que hasta el momento había pasado desapercibido. No sabemos qué unía a estos maestros, pero se pueden apuntar varias posibilidades; Pedro Sánchez de Luque, que tenía entonces 36 años, era ya un maestro consagrado, mientras que Herrera aún no había cumplido los 25. Es bastante verosímil que se trate de una relación de discipulazgo, lo que explicaría algunas similitudes estéticas entre ambos, pero de momento no hay constancia documental. Otra posible causa de relación es la de tipo familiar, frecuente en los maestros cordobeses; sin embargo no hemos podido establecer este tipo de vínculos entre ellos, si bien no lo descartamos. Sea cual fuera el origen de la relación, no se trató de un contacto esporádico, sino que se mantuvo durante el tiempo que Juan Bautista de Herrera vivió en Córdoba; así en septiembre de ese mismo año figura como su testigo en un poder y lo hará también en 1605. Finalmente, en 1625, Herrera volverá a aparecer de nuevo en relación con Sánchez de Luque al ser designado por el cabildo catedralicio, junto con Melchor de los Reyes, como tasadores y apreciadores de la gran cruz que Sánchez de Luque había realizado para la catedral por encargo de fray Diego de Mardones12. Todo ello permite suponer que sus comienzos deberían situarse en torno a 1600 o 1601, años en los que probablemente se examinara ante las autoridades gremiales, puesto que para entonces empieza a aceptar aprendices. Sin embargo no consta por esas fechas ningún platero de ese nombre en las relaciones conservadas del Colegio de San Eloy13. Hasta 1608 no aparece el nombre de Juan Bautista de Herrera, fecha que se nos antoja tardía para el examen del maestro que estudiamos, pero que es perfectamente posible en el caso de la Congregación14, ya que la adscripción a ésta 9 Véase referencia en la nota 1. 10 MUÑOZ, M-SÁNCHEZ, E: “Noticias documentales sobre plateros y platería en Lorca”, Estudios de platería. San Eloy 2003, 2003, p. 417-419. 11 AHPCO, SPNCo, Oficio 13, Legajo 17044 P, 1603, Marzo 24, folios 301vº-304. 12 AHPCO, SPNCo, Oficio 13, Legajo 17044 P, 1603, septiembre 5, folios 1020-1021vº. AHPCO, SPNCo, Oficio 14, Legajo 14027 P, (1603, 1604, 1605), 1605, abril 28, sin foliar. AHPCO, SPNCo, Oficio 29, Legajo 10777, 1625, marzo 3, f. 213-216. 13 ORTIZ JUAREZ. D: “El libro registro de hermanos y actas de visita de la Congregación de San Eloy” Boletín de la Real Academia de Córdoba, 1973, nº 93, p. 78. 14 VALVERDE FERNÁNDEZ, F.: El Colegio-Congregación... p. 324. María Teresa Dabrio González 168 LABORATORIO DE ARTE 23 (2011), pp. 165-184, ISSN 1130-5762 era en ese periodo totalmente voluntaria, aunque no puede descartarse que se refiera a un homónimo15. Es por estos años cuando el platero debió casar por primera vez; por propia confesión del maestro sabemos que la esposa se llamaba María de Hortigosa y probablemente fueron sus padres Alonso Núñez y Jerónima Méndez16; precisamente esta dama había solicitado ante la autoridad eclesiástica la anulación de su matrimonio y, al serle concedida, se obligaba al demandado a entregar ciertos bienes a su esposa. En esa entrega se menciona como testigo a “Juan Bautista de Herrera platero su yerno”17. Se desconoce cuánto tiempo duró este matrimonio, si tuvieron hijos y cuándo se produjo la defunción de la esposa; es probable que muriera en torno a 1618-1620, pues como es sabido, Herrera contrajo nuevas nupcias en 162118. Como se dijo más arriba, era conocido que Juan Bautista de Herrera aceptó de aprendiz en 1613 a Juan de Almoguera, tenido como el primero y único, dado que no se conocían referencias que apuntaran a la existencia de otros discípulos. Sin embargo podemos afirmar que hubo otros. En efecto, en 1605 el maestro, que se dice vecino en Santa María, admite como oficial al platero Rodrigo de Agudo. Tal como se refleja en el documento, éste había llegado al taller de Herrera en calidad de aprendiz en torno a 1601 pero, por razones desconocidas, se había marchado del mismo cuando aún le faltaba un año para completar la formación; ahora el maestro volvía a admitirlo, ya como oficial, por un periodo de diez meses. Además de las habituales condiciones relativas a la comida, la casa y la cama, comunes en este tipo de contratos, en este caso encontramos un aspecto novedoso, pues se establece, a cargo del maestro, el pago mensual de dos ducados, haciendo constar también que se eximía al oficial del cumplimiento del año de aprendizaje que había quedado pendiente. La vulneración del acuerdo por cualquiera de las partes conllevaba el pago de 10.000 maravedíes, destinados “para la cámara de su majestad”. Juan Bautista de Herrera se declara aquí mayor de 25 años y casado, mientras que el nuevo oficial dice tener 2019. Sobre el joven Juan de Almoguera, llegado al taller el 13 de mayo de 1613, podemos añadir que era huérfano y sobrino del presbítero Andrés González de Caracena, que actúa como tutor. A diferencia de otros contratos, se estipulan aquí algunas condiciones novedosas, pues se hace constar que el aprendiz no tenía que hacer “más que las cosas tocantes al dicho oficio”; en contrapartida el maestro que- 15 En los Protocolos Notariales aparece un platero de ese nombre que no sabe firmar, mientras que el artista que nos ocupa tiene una firma muy característica. 16 Hemos buscado infructuosamente la correspondiente partida en los libros de Matrimonios del Archivo de la parroquia del Sagrario. Es posible que la boda se celebrara en otra parroquia. 17 Probablemente tales bienes corresponderían a la dote que doña Jerónima había aportado al matrimonio. AHPCO, SPNCo, Oficio 13, Legajo 17044 P, 1603, septiembre 11, folios 1062-1066vº. 18 El artista se casó por segunda vez el 20 de enero de 1621, por lo que es de suponer que pasara viudo al menos uno o dos años. La pérdida de los Libros de Defunción de la parroquia de El Sagrario, correspondientes a estos años, nos impide una mayor concreción. 19 AHPCO, SPNCo, Oficio 14, Legajo 14027 P, (1603, 1604, 1605), 1605, mayo 4, sin foliar. Aportación al platero Juan Bautista de Herrera 169 LABORATORIO DE ARTE 23 (2011), pp. 165-184, ISSN 1130-5762 daba eximido de la cobertura habitual en este tipo de transacción y no le debía “de dar otra cosa alguna más de enseñarle el dicho oficio como dicho es ni ha de asistir en la tienda los días de fiesta”. El periodo de aprendizaje se estipuló en tres años y en caso de incumplimiento por cualquiera de las partes, se establecía una multa de 5.000 maravedíes20. Entre 1605 y 1607 el platero aparece en varias ocasiones actuando en calidad de testigo, tanto en asuntos entre colegas como en causas de particulares, lo que parece indicar un cierto grado de consideración social21. Fuera del entorno de los plateros, Herrera también gozó de estima y consideración entre otros artistas de la ciudad; en 1616 se convirtió en fiador del maestro Sebastián Vidal cuando éste contrata la realización de un retablo para una capilla en la iglesia parroquial de Espejo, lo que a su vez parece indicar cierta solvencia económica22. Poco sabemos del maestro entre 1617 y 1621; son los años en que realiza trabajos para Antequera23, y suponemos que es también el periodo en el que fallece María de Hortigosa, su primera esposa. En cualquier caso la viudedad no le duró mucho, pues en 1621 Juan Bautista de Herrera casa por segunda vez; lo hace ahora con una dama llamada Mariana Fernández del Castillo, hija de Pedro Fernández, urdidor de seda y de su primera esposa Ana del Castillo24. La dote, entregada por el padre y por el presbítero Antonio del Castillo, hermano de la novia, ascendió a 3.374 reales, de los cuales 1.100 se le abonaron en metálico y el resto en ajuar25. Aunque predominan las prendas de vestir y de uso doméstico, hay algunas piezas de interés entre las que cabe destacar un cuadro del Crucificado, que debía ser pequeño pues se valora en veinte reales, dos Agnus Dei, uno de oro, tasado en ciento cuarenta reales y otro de plata en sesenta, una sarta de corales en ochenta y ocho y “dos juguetes de plata en doscientos seis reales”. Como solía ser costumbre, el platero incrementó la dote con las correspondientes arras, que se establecieron en 700 reales. Probablemente el acuerdo resultaba muy grato a la familia pues, además de lo ya señalado, se añadió una nueva cláusula según la cual se incrementaba la dote con otros 1.100 reales, que se darían al matrimonio más adelante, 20 AHPCO, SPNCo, Oficio 22, Legajo 12445 P, 1613, mayo 13, sin foliar 21 AHPCO, SPNCo Of. 14, Legajo 14027 P, (1603-1604-1605), 1605, septiembre 30, sin foliar. Of. 14, Legajo 14029 P, 1607, enero 29, sin foliar. Oficio 29, Legajo 10768 P, 1616, diciembre 15, folio 1636vº-1637. 22 AHPCO, SPNCo, 1616, diciembre 15, Oficio 29, Legajo 10768 P, folio 1636vº-1637. 23 En este periodo Herrera labra los portapaces para la iglesia de San Sebastián y la custodia para Madre de Dios, ambos en Antequera. SÁNCHEZ-LAFUENTE GÉMAR, R.: El arte de la platería en Málaga. 1550-1880. Málaga 1997, p. 247. NIEVA SOTO, P.: “Obras documentadas... p. 392. 24 DE LA TORRE Y DEL CERRO, J.: Registro...p. 130. NIEVA SOTO, P.: “Obras documentadas... p. 381-394 25 AHPCO, SPNCo, Oficio 4, Legajo 16126 P, 1621, enero 10, f. 51-56vº. María Teresa Dabrio González 170 LABORATORIO DE ARTE 23 (2011), pp. 165-184, ISSN 1130-5762 fraccionados en tres pagos: 550 el día de San Juan, 275 en Pascua de Navidad y el resto el día de San Juan de 162226. Los desposorios se celebraron días después, el 20 de enero, en la parroquia del Sagrario; según se hace constar, ambos contrayentes eran viudos, él de María de Hortigosa, y ella del platero Fernando Díaz; todos eran vecinos de la collación y se dice también que vivían “a la puerta de la Alcaicería”, indicación que suponemos alusiva al domicilio del platero y donde se establecería el nuevo matrimonio27. Las últimas referencias al artífice nos llevan hasta 1625, año en el que de nuevo, como ya se dijo, aparece relacionado con el platero Pedro Sánchez de Luque28. Antes, en 1622 y 1623, sigue labrando y recibiendo pagos por la custodia de las agustinas antequeranas y figurando como testigo de una venta, en la que firma por el otorgante29. Un año después consta su primera vinculación de importancia con el Colegio-Congregación de San Eloy; en efecto, en junio de 1624 aparece nombrado como veedor, cargo que solía ser por designación directa del prioste, que ese año era el platero Alonso Ortiz Deza30. NUEVAS OBRAS EN CÓRDOBA Como se indicó más arriba, junto a los datos de carácter biográfico hemos podido documentar la creación de varias obras de manos de Juan Bautista de Herrera; son hallazgos de interés básicamente por dos razones, una, porque suponen un adelanto cronológico con respecto a la producción conocida hasta ahora y otra, porque permiten ampliar la nómina de obras conservadas del artista, lo que sin duda ayudará a definir mejor su concepción estética. En efecto, se trata de cuatro encargos inéditos, tres de carácter religioso y uno de tipo profano, que fueron contratados entre 1607 y 1621. A ellos hay que añadir la aparición de nuevos datos sobre una obra ya relacionada con el platero, como es la desaparecida custodia del convento de Madre de Dios de Antequera. Entre los nuevos contratos, el más temprano se firma en 1607 y se refiere a una cruz procesional para el convento de Santa Cruz de Córdoba31. Un mes más tarde se comprometerá a realizar varias piezas de ajuar doméstico para un caballero de la Orden de Santiago avecindado en Granada, si bien, como luego se verá, esta obra no llegó a realizarse. Tras un periodo de siete años en el que de momento no se han podido documentar obras, concierta en abril de 1614 la cruz procesional para la parroquia de Aguilar de la Frontera32. La década de 1620 supone una reactivación de la labor 26 Ibídem. Como garantía del acuerdo, la familia hipotecaba unas casas y ollerías junto a la torre albarrana, cercanas a la Huerta de la Reina; por su parte el platero se comprometía a dar cartas de pago de las cantidades que recibiera. 27 APSCO, Libro de Matrimonios (1620-1643), 1621, enero 20, folio 12vº. 28 AHPCO, SPNCo, 1625, marzo 3, Oficio 29, Legajo 10777, f. 213-216. 29 AHPCO, SPNCo, 1623, enero 21, Oficio 29, Legajo 10775, folio 30 y vº. 30 VALVERDE FERNÁNDEZ, F.: El Colegio-Congregación..., pp. 629 Y 634. 31 AHPCO, SPNCo, Oficio 14, Legajo 14029 P, 1607, febrero 12, sin foliar. 32 AHPCO, SPNCo, Oficio 14, Legajo 14034 P, 1614, abril 11, folios 167-169vº. Aportación al platero Juan Bautista de Herrera 171 LABORATORIO DE ARTE 23 (2011), pp. 165-184, ISSN 1130-5762 profesional, pues no sólo recibe financiación para proseguir trabajos ya iniciados, sino que también concierta nuevas obras; así, a lo largo de 1621 y 1622, el monasterio de la Encarnación le entrega diversas cantidades de plata para que labre la custodia que ya tenía empezada33, y en ese mismo periodo recibe también cantidades diversas para proseguir su trabajo en la custodia de Madre de Dios de Antequera34. Las obras religiosas La cruz procesional para el convento de santa cruz se concertó el 12 de febrero de 1607, cuando el maestro contaba 27 años35. El encargo se lo había hecho la anterior abadesa, doña Francisca de los Ríos, aunque se desconoce si hubo un contrato previo o se trató de un acuerdo verbal. Lo que sí queda claro es que ella ya no era abadesa del convento. Con respecto a la cruz en sí, no se dan demasiados datos; se indica que era grande, de las llamadas de manga, y para que pudiera comenzar el trabajo ya se le había dado por adelantado cierta cantidad de dinero: cinco marcos y un real en plata, y cuatrocientos treinta reales en moneda común. La pieza debía alcanzar un peso de 10 marcos “y no más”. La hechura se estipuló en 400 reales, un precio que se nos antoja más bajo que el habitualmente acostumbrado para este tipo de piezas, pues solía fijarse una cantidad similar al valor del material empleado36. A pesar de no darse una razón al respecto, es probable que fuera por propia voluntad del platero, quizá para asegurarse el encargo, pues se indica que con “los dichos cuatrocientos reales se contenta y satisface por la hechura de la dicha cruz”. Como plazo de ejecución se fijaron seis meses, comprometiéndose a terminarla para el 15 de agosto de ese mismo año, y en caso contrario, devolvería el dinero recibido. Como solía ser frecuente cuando eran piezas de envergadura, una vez acabada la labra de la cruz, se procedía a su aprecio por dos expertos nombrados por las partes; según recoge el contrato, si el resultado final excedía al precio fijado, Juan Bautista de Herrera aceptaba “no de pedir ni llevar más de la dicha contía porque con ellos como dicho es se satisface”. Por el contrario, si la obra no alcanzaba el valor acordado, el maestro se comprometía a cobrar solamente la cantidad designada por los tasadores. 33 AHPCO, SPNCo, 1621, julio 14, Oficio 29, Legajo 10773 P, folio 813 y vº. AHPCO, SPNCo, 1622, agosto 17, Oficio 29, Legajo 10774 P, folio 1009 y vº. 34 AHPCO, SPNCo, 1622, junio 27, Oficio 29, Legajo 10774 P, folio 796. AHPCO, SPNCo, 1622, agosto 12, Oficio 29, Legajo 10774 P, folio 1003vº-1004. AHPCO, SPNCo, 1622, septiembre 15, Oficio 29, Legajo 10774 P, folio 1133 y vº. AHPCO, SPNCo, 1622, diciembre 5, Oficio 29, Legajo 10774 P, folio 1482 y vº. AHPCO, SPNCo, 1623, febrero 20, Oficio 29, Legajo 10775, folio 132 y vº. 35 AHPCO, SPNCo, Oficio 14, Legajo 14029 P, 1607, febrero 12, sin foliar. 36 Otro factor a tener en cuenta era la presencia o no de elementos ornamentales. Sobre el particular puede verse MUÑOZ SANTOS, E: “Las artes decorativas en Alcalá de Henares: la platería y la rejería en la Capilla de San Ildefonso y magistral. Siglos XVI-XVIII”. Quinientos años de la Universidad de Alcalá. Alcalá de Henares 2001, p. 118. María Teresa Dabrio González 172 LABORATORIO DE ARTE 23 (2011), pp. 165-184, ISSN 1130-5762 Aunque este tipo de cláusula, con pequeñas variantes, suele aparecer en esta modalidad de contratos, no obstante el platero parece mostrarse generoso con sus clientes, quizá porque ya hubiera trabajado anteriormente para este convento o bien porque hubiera alguna relación personal con alguna de las religiosas. Desgraciadamente la pieza no se ha conservado. Nada recoge la erudición cordobesa en relación con esta obra; ni Ramírez de Arellano, ni Miguel Ángel Orti aluden al ajuar de plata del convento, ni tampoco se hacen eco de la existencia de ninguna cruz37; en obras más recientes se relacionan algunas de las piezas de platería del tesoro, pero tampoco se menciona la presencia de la obra que comentamos38. Desconocemos si su desaparición es fruto de la ocupación francesa, o se produjo en la Desamortización; tampoco descartamos que el tiempo la hubiera deteriorado o que los nuevos gustos estéticos hubieran llevado a emplear la plata en una obra nueva que, curiosamente, tampoco ha llegado a nuestros días39. Siete años después, el 11 de abril de 1614, contrató la cruz parroquial para Aguilar de la Frontera; la obra le fue encargada por el presbítero don Cristóbal del Pino, en representación de la parroquia y de la cofradía del Santísimo Sacramento40. Como en la pieza anterior, no abundan los datos relativos a cómo debía ser la obra, pues se declara que “ha de ser conforme al modelo que entre ambas las dichas partes está tratado”. De ese modo se evitaba extenderse en detalles técnicos en el momento de firmar el contrato, pero en contrapartida, nos impide conocer el diseño consensuado entre el platero y el cliente. No obstante se indica que sería de plata blanca y dorada, adornada con esmaltes, que debían encargarse aparte, aunque nada se dice sobre la medida que debía tener. Se le encargaba también la vara de soporte, especificando sus medidas, tres varas y media. El peso de ambas piezas se estipuló en 10 marcos, pudiendo subir hasta medio marco más. La hechura se concertó a razón de tres ducados el marco, pagándose aparte los esmaltes y el oro que se necesitase. Como anticipo se le daban 400 reales, y lo demás se le abonaría al finalizar el trabajo. Las labores se iniciarían enseguida, concretamente el día 14, y trabajaría en ella sin alzar la mano “hasta darla acabada de todo punto”, para el domingo de la Santísima Trinidad de ese año, corriendo de su cuenta el llevarla hasta Aguilar. Finalmente, cliente y maestro declaran estar de acuerdo con todos los términos del contrato porque “confesaron estar hecho el dicho concierto en su justo precio y no haber lesión ni engaño contra ninguna de las partes”. En la parroquia de nuestra Señora del Soterraño de Aguilar se conserva una hermosa cruz que creemos corresponde a la concertada con Herrera. La pieza en cuestión carece 37 RAMIREZ DE ARELLANO, R: Inventario..., p. 296. ORTI BELMONTE, M. A.: Córdoba monumental, artística e histórica. Reedición, Córdoba 1980, p. 368-370 38 VILLAR MOVELLÁN, A (dir): Guía artística de la provincia de Córdoba. Córdoba 1995, p. 156. 39 Agradecemos a la comunidad de religiosas del Convento de Santa Cruz la ayuda prestada para poder llevar a cabo nuestro estudio. 40 AHPCO, SPNCo, Oficio 14, Legajo 14034 P, 1614, abril 11, folios 167-169vº. Aportación al platero Juan Bautista de Herrera 173 LABORATORIO DE ARTE 23 (2011), pp. 165-184, ISSN 1130-5762 de punzones, pero los caracteres que muestra se ajustan a la estética del momento. En efecto, se trata de una obra de brazos planos y rectos, rematados con perillones, que lucen recuadros centrales con placas semejando labores esmaltadas. El cuadrón es circular adornado con un relieve que representa la Jerusalén Celeste, en cuyo contorno aparecen pequeños aletones y perillones. En el centro luce una imagen del Crucificado de elegante factura. La cruz descansa en una manzana circular asimismo adornada con aletones y recuadros. Pilar Nieva, siguiendo a Ortiz Juárez, consideró de su mano y marcada, la cruz procesional del convento de Santa Marta de Córdoba, fechándola en la década de los 20. Aunque el citado investigador cordobés mencionó la existencia de marcas en la cruz de las jerónimas, nosotros no hemos podido constatar la presencia de ninguna de las preceptivas, ni de contrastía, ni de autor ni de la ciudad. Es posible que el paso del tiempo y las limpiezas las hayan borrado, pero no se aprecian en ella rastros que delaten que, al menos en algún momento, hubo marcas41. A pesar de ello, mantenemos como posible la autoría del maestro, lo cual nos permite a su vez establecer semejanzas y diferencias entre ambos ejemplares. En ambos casos se emplean brazos rectos y planos, pero a diferencia de la de Aguilar, la cruz de Santa Marta presenta expansiones ovaladas dispuestas en vertical, decoradas con rectángulos enmarcados por picado de lustre, en los que se inscriben óvalos lisos, completando la ornamentación con esquemáticas labores incisas. Los extremos lucen esferas con botones ovalados y perillones piramidales. La mayor diferencia entre ambas se aprecia en el cuadrón, pues en el modelo jerónimo son figuras pintadas, mientras que la cruz aguilarense recurre al empleo de relieve42. Otro elemento digno de destacarse es la ornamentación; la pieza de las jerónimas resulta más sencilla, sin concesiones a lo figurativo, empleando sólo motivos geométricos, pequeñas ces incisas, contornos picados, los diminutos botones. El ejemplar de Aguilar, en cambio, muestra los recuadros de los brazos adornados con placas que semejan esmaltes, y proliferan las asitas y perillones adornando los contornos. También se ha cuidado y dado mayor resalte a la transición entre cruz y manzana, pues se le da aspecto de edículo con aletones laterales y remate en frontón partido y enroscado; en la cruz conventual, en cambio, vemos una placa lisa en la que apenas quedan atisbos de la decoración incisa que debió lucir. También hay diferencias entre las manzanas de ambas obras. En Santa Marta se concibe con un cilindro central con costillas doradas, enmarcado por platos lisos cerrados por medias naranjas. En Aguilar se mantiene el cilindro, pero han aumentado las costillas y la parte inferior sustituye la media naranja por una solución cónica con asitas; todo ello, unido al uso de oro, contribuye a que la cruz de Aguilar ofrezca una sensación general de más riqueza y ornamentación que la obra de Santa Marta. 41 En un lateral del estipes hay una huella muy frustra de lo que podría ser una A, pero nada de las demás letras, por lo que no nos atrevemos a considerarla una marca. 42 Como se ha dicho, el anverso muestra la vista de Jerusalén mientras en el reverso aparece otro relieve con la imagen de la Virgen del Soterraño con el Niño. María Teresa Dabrio González 180 LABORATORIO DE ARTE 23 (2011), pp. 165-184, ISSN 1130-5762 mecheros cada uno de plata de manera que el aceite no se salga por ellos por ningún caso ni por ninguna soldadura de los caños”69. Se dan pocos datos relativos a diseño, motivos ornamentales, tamaño, etc., porque se hace constar la existencia de un modelo, que suponemos diseño del autor y aceptado por el cliente; el modelo en cuestión se había exhibido ante el escribano y luego se lo había quedado el platero. Como sucede en contratos de este tipo, se hace especial hincapié en el peso, fijado en 500 reales “y si tuviere más peso el dicho don Alonso se los ha de pagar y ha de tener antes más cantidad que menos”. Esa expresión pone de manifiesto, una vez más, cómo la posesión de objetos de plata se convierte en una forma de ostentación o, si se quiere, en un modo de marcar la importancia social del cliente. En cuanto a los detalles formales, se menciona que éstos se harían siempre a gusto del comitente, pues “los dichos candiles con sus bolas molientes y corrientes y los remates y garabatos han de ser a contento del dicho don Alonso de los Ríos”70. Como precio de la manufactura se establecieron 450 reales; una cantidad indudablemente alta, que buscaba estimular al artista y asegurarse la entrega de los candiles en la fecha acordada, pues según se recoge en el documento, sólo la cobraría en el caso del cumplimiento riguroso de los plazos establecidos “sin que haya cosa por hacer en ellos”. Si el encargo no se entregaba el día 31, aunque el retraso fuera mínimo, la cantidad a pagar serían 300 reales; a la firma del contrato se le dieron 1400 reales en concepto de anticipo. Dentro de las piezas de iluminación, los llamados candiles eran bastante frecuentes, pudiendo ser tanto de pie como para colgar. El peso de estas piezas oscilaba entre los 3 marcos de los ejemplares más pequeños y los 28 de los más excepcionales71. Los labrados por Juan Bautista de Herrera pueden ser calificados de tamaño mediano, pues su peso se estableció en algo más de siete marcos y medio cada uno y, a juzgar por el precio, debían ser de especial significación para el cliente, ya que puede considerarse elevada la cuantía establecida como pago por los mismos. El número de luces de estas piezas dependía del tamaño de las mismas, siendo el más habitual el de cuatro, que es el que debían tener los que comentamos. Por lo general estaban formados por un pie, un vástago, un tapador y un asa. Los ejemplares cordobeses se denominan “de bola”, lo que parece indicar cierta semejanza con el velón, pieza que habitualmente disponía de este elemento para salida de los mecheros, y en los que también se empleaban garabatos, o ganchos, usados generalmente para poder colgarlos.72 No hemos hallado referencias a este tipo de piezas en la platería andaluza, ni tampoco hemos hallado modelos entre los libros de dibujos para exámenes que han 69 AHPCO, SPNCo, Oficio 29, Legajo 10774 P, 1622, diciembre 5, folio 1479-1480. 70 Tanto De la Torre como Nieva hablan de “candiles de boda”, pero en el documento se lee con claridad la palabra “bola”, que es uno de los elementos propios de estos objetos. 71 PUERTA ROSELL, M. F.: Platería madrileña. Colecciones de la segunda mitad del XVII. Madrid, 2005, p. 58. 72 PUERTA ROSELL, M. F.: Ibídem, p. 148. Aportación al platero Juan Bautista de Herrera 181 LABORATORIO DE ARTE 23 (2011), pp. 165-184, ISSN 1130-5762 llegado hasta nuestros días73. Es probable que la ejecución de estas piezas no fuera especialmente compleja, y de ahí que no se consideraran oportunas para apreciar el grado de maestría de los plateros examinados. Finalmente, a modo de conclusión, queremos referirnos a la marcha de Juan Bautista de Herrera al reino de Murcia. Hasta ahora se ha creído que el maestro debió abandonar Córdoba en torno a 1623, apareciendo afincado en Lorca al menos desde mayo de 1628 hasta 21 abril de 163974. Sin embargo, puede afirmarse que aún permanecía en Córdoba en 1625; en efecto, como ya se dijo, en ese año el Cabildo de la Catedral lo nombra para tasar la cruz hecha por Pedro Sánchez de Luque75; además, no descartamos que fuera también Juan Bautista el tasador de los ciriales que Sánchez de Luque había realizado para Bujalance en 162776. Confiemos en que la revisión documental nos ayude a seguir ampliando su catálogo y a situar su labor profesional en el lugar que justamente le corresponde dentro de la platería cordobesa del primer tercio del Seiscientos. Fecha de recepción: 15 de diciembre de 2010. Fecha de aceptación: 21 de enero de 2011. 73 GARCIA GAINZA, M. C.: Dibujos antiguos de los plateros de Pamplona. Pamplona 1991. SANZ SERRANO, M. J.: Antiguos dibujos de la platería sevillana. Sevilla 1986. COTS MORATÓ, F.: El examen de maestría en el arte de plateros de Valencia: Los libros de dibujos y sus artífices (1505-1882). Valencia 2004. 74 NIEVA SOTO, P.: “Obras documentadas..., p. 393. 75 AHPCO, SPNCo, Oficio 29, Legajo 10777, 1625, marzo 3, folio 213-216. 76 Ortiz Juárez, que recoge el dato hallado por Nieto Cumplido, duda entre Herrera o Juan Bautista de Heredia, platero del que no hemos hallado otras referencias. ORTIZ JUAREZ, D.: Punzones..., p. 82. María Teresa Dabrio González 182 LABORATORIO DE ARTE 23 (2011), pp. 165-184, ISSN 1130-5762 Figura 1. Juan Bautista Herrera. Cruz procesional del Convento de Santa Marta de Córdoba. Figura 2. Nudo de la cruz procesional del convento de Santa Marta de Córdoba Aportación al platero Juan Bautista de Herrera 183 LABORATORIO DE ARTE 23 (2011), pp. 165-184, ISSN 1130-5762 Figura 3. Detalle del brazo de la cruz del convento de Santa Marta de Córdoba Figura 4. Juan Bautista de Herrera. Cruz procesional de la parroquia de Nuestra Señora de Soterraño de Aguilar de la Frontera. María Teresa Dabrio González 184 LABORATORIO DE ARTE 23 (2011), pp. 165-184, ISSN 1130-5762 Figura 5. Detalle del crucero y crucificado de la cruz de la parroquia de Nuestra Señora de Soterraño de Aguilar de la Frontera Figura 6. Nudo de la cruz de la parroquia de Nuestra Señora de Soterraño de Aguilar de la Frontera.